Cómo logran los carteles reclutar, fidelizar y atraer a la violencia a decenas de miles de jóvenes mexicanos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Martín Flores Almendárez, PTC Asociado "B"; Especialista en Capital Humano e integrante del CA en Gestión, Innovación Educativa y Tecnología, Universidad de Guadalajara

Con el supuesto fallecimiento del líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), se ha desatado una ola de inestabilidad y violencia. Pese a ello, los operativos militares y los actos de “retribución” de los seguidores del capo están poniendo al desnudo el éxito del “poder blando” (soft power) del crimen organizado.

Lo que nos lleva a plantearnos la siguiente cuestión: ¿por qué un joven decide tomar un rifle y quemar un vehículo en una vía pública? La respuesta no es solo económica; es profundamente psicosocial.

La fidelidad como producto de consumo

La narcocultura ha diseminado un imaginario donde la adhesión al cartel se presenta como un rito de paso hacia la vida adulta y la relevancia. Según datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), se estima que entre 30 000 y 45 000 menores de edad han sido reclutados por grupos delictivos. Esto obedece a una estrategia corporativa bien diseñada para atraer y captar, que en el último lustro se ha incrementado, según palabras del colectivo de madres buscadoras (grupo informal voluntario organizado para buscar a familiares desaparecidos) en México.

Esta fidelidad no nace del vacío, sino de una estética de la lealtad que los corridos y las redes sociales glorifican.

El cartel se vende como una estructura de cuidado que el Estado no provee. Para el joven que incendia una calle, ese acto de terrorismo es, en su psique distorsionada, una prueba de valor y pertenencia a una familia. Una tribu que sí lo ve, aunque sea para usarlo como carne de cañón.

Hay una fractura en el tejido social, que tiene que ver con el papel de la familia, relacionada, en el pasado inmediato, con una formación rígida y poco afectiva. Y, en la actualidad, con una sobreprotección, pero a la vez, ajena e invisible hacia sus “crías”.

Narcocultura, violencia y el mito del sicario

La relación entre narcocultura y sicariado es una simbiosis de deshumanización. La cultura del narco ha logrado “estetizar” la violencia. El sicario no se ve a sí mismo como un asesino, sino como un “guerrero” o como actor necesario en un “operativo”.

Esta semántica es peligrosa porque dota de un propósito heroico a actos atroces. La violencia se convierte en su lenguaje. En la narcocultura, el ejercicio de la fuerza es el único mecanismo de ascenso social rápido. Se proyecta que el sicariado es una etapa transitoria hacia el lujo, ocultando la realidad estadística.

La vida media de un joven en estas estructuras rara vez supera los tres años tras su ingreso activo, pesar de contar con un “plan de vida” que los proyecta al ascenso de manera vertiginosa, a través de resultados concretos.

En 2023, un estudio publicado en la revista Science, establecía que los grupos criminales en México sumaban entre 160 000 y 185 000 integrantes, convirtiéndolos en uno de los principales empleadores del país. Según sus modelos matemáticos, los carteles reclutan unas 350 personas por semana. De continuar esta tendencia, se podrían alcanzar los 200 000 miembros en 2027.

El relato ante el descabezamiento

“El rey ha muerto, viva el rey” ¿Qué sucede cuando un cartel como el CJNG enfrenta el vacío de su líder? La narcocultura ya tiene preparado el relato: la mitificación del caudillo. Ante la posible muerte de El Mencho, el relato criminal no reconoce la derrota, sino que invoca la figura del “mártir” o del “invicto”.

Este relato sirve para dos cosas:

  1. Mantener la cohesión: evitar deserciones mediante la mística del líder caído.

  2. Legitimar la sucesión: preparar el terreno para que nuevos liderazgos, a menudo más violentos y jóvenes, ocupen el vacío. Para la narcocultura, el líder es un símbolo. Si el hombre muere, el símbolo debe ser defendido con más sangre.

Es sabido que, cuando no se desarticula desde el origen y sólo se presume la cabeza, emergen el resto de las cabezas de la hidra, de forma violenta y
descontrolada.

Una propuesta desde la educación

Nuestra respuesta no puede ser el silencio. Debemos proponer una contraestética. Si el narco ofrece una “identidad de muerte”, la educación debe ofrecer una “identidad de propósito”. Necesitamos gestionar espacios donde la rebeldía juvenil se canalice hacia la transformación social y no hacia la autodestrucción armada.

El reto es arrebatarles el relato. El joven con el arma en ristre es, en última instancia, una víctima de un sistema cultural que le hizo creer que su única forma de ser alguien era destruyendo a los demás.

El secuestro de lo cotidiano

La narrativa oficial habla de “daños colaterales” o “quema de vehículos” y dicen que lo peor ya pasó. Mientras, la ciudadanía observa que la estrategia de contención es negativa, pues en los lugares con presencia del cartel, donde actúan confrontados y aliados, permanece la intranquilidad y el caos.

Esa versión se ve rebasada por el ciudadano que tiene que correr a resguardarse en el baño de la autopista o mantenerse cautivo al interior de su auto varado por horas, ante la angustia, zozobra y caos a su alrededor. O por la madre que no puede recoger a su hijo porque el transporte público se detiene. La palabra no es operativo: es terror.

La ciudadanía se atrinchera no por falta de valor, sino por un pragmatismo doloroso: sabe que, en el intercambio de fuego entre el Estado y el cartel, el civil es invisible.

Cuando el hogar se convierte en búnker, el Estado ha fallado en su promesa básica de seguridad.

La trampa del poder blando en el caos

El grupo criminal aprovecha este vacío de autoridad para lanzar su propio relato: “Nosotros estamos aquí porque el gobierno los tiene abandonados”. Es una mentira perversa. No se puede proteger a un pueblo al que se le usa como escudo humano o al que se le incendia su patrimonio para presionar a la autoridad.

El mayor acto de resistencia ciudadana es no normalizar el encierro.

  • Frente al Gobierno: exigir que la transparencia no sea un ejercicio de relaciones públicas, sino una rendición de cuentas sobre por qué la prevención falló.

  • Frente al crimen: Negarse a replicar su propaganda. Cada video de un bloqueo compartido por curiosidad es un punto de rating para el terror.

El miedo es una herramienta de gestión para el narco y un costo político para el Gobierno.

Conclusión: arrebatarle el futuro al algoritmo

La narcocultura no es un accidente estético. Es el resultado de un vacío de Estado y una derrota de la imaginación colectiva. Nuestra angustia no nace de una postura moralista o conservadora, sino del dolor de ver cómo el talento de una generación es devorado por una maquinaria que los consume como mercancía desechable.

El poder blando del crimen organizado es sumamente eficaz porque sabe leer la soledad y la falta de pertenencia de los jóvenes, ofrece un “nosotros” –aunque sea uno violento–, en un mundo que los individualiza y los descarta.

Sin embargo, hay una grieta en su armadura: el hartazgo. Existe una juventud vibrante que está cansada de que su identidad sea un campo de batalla y su futuro una moneda al aire. Ellos no quieren ser los protagonistas de la próxima narcoserie; quieren ser los dueños de su propia historia, lejos del estigma y la sangre.

Resulta necesario deconstruir la gramática del poder criminal para demostrar que la opulencia del “capo” no es éxito, sino una jaula de oro con fecha de caducidad.

Revertir la narcocultura implica proponer un proyecto de vida que sea más seductor que la muerte. Es un pacto entre la sociedad que guía y el joven que sueña, basado en la convicción de que la legalidad debe ser, ante todo, una ruta hacia la dignidad y la paz. Si se recupera la capacidad de asombro y de movilidad real, le habremos ganado la partida al algoritmo del terror.

Es hora de que la juventud deje de ser el guión de una tragedia ajena para convertirse en la autora de su propio renacimiento.

The Conversation

Juan Martín Flores Almendárez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cómo logran los carteles reclutar, fidelizar y atraer a la violencia a decenas de miles de jóvenes mexicanos – https://theconversation.com/como-logran-los-carteles-reclutar-fidelizar-y-atraer-a-la-violencia-a-decenas-de-miles-de-jovenes-mexicanos-276886

Estudiantes ‘autónomos’: una meta que ha de construirse por etapas y con acompañamiento

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Díez Ruiz, Associate professor, Universidad de Deusto

AnnaStills/Shutterstock

La autonomía del alumnado se ha convertido en una de las grandes promesas del sistema educativo contemporáneo. Metodologías activas, aprendizaje basado en proyectos, evaluación formativa o trabajo cooperativo comparten un mismo trasfondo: formar estudiantes capaces de gestionar su propio aprendizaje.

Sin embargo, en las aulas aparece con frecuencia una paradoja incómoda. Pedimos autonomía a estudiantes que, en realidad, aún no han tenido la oportunidad de aprender a ser autónomos. Y esa contradicción tiene consecuencias educativas, emocionales y organizativas.

¿Qué es la autonomía?

La autonomía es la capacidad del alumnado para actuar de manera autodeterminada: fijarse metas, tomar decisiones sobre las tareas, supervisar y evaluar su aprendizaje. En primaria y secundaria, esto abarca desde trabajar de forma independiente en tareas establecidas por el profesorado hasta participar activamente en la definición de objetivos, contenidos o ritmos.

En muchos centros educativos, docentes de secundaria expresan una sensación recurrente: el alumnado “no se organiza”, “no planifica”, “no es responsable”. Al mismo tiempo, desde etapas anteriores se ha asumido que fomentar la autonomía significa, en gran medida, “dejar hacer”. El resultado es un desfase entre lo que esperamos del alumnado y las herramientas reales que le hemos proporcionado para llegar hasta ahí.




Leer más:
Cómo dar más autonomía a los alumnos en clase de Educación Física


Autonomía no es dejar solo

Conviene aclararlo desde el principio: autonomía no equivale a ausencia de acompañamiento. Ser autónomo no es aprender en solitario, sino desarrollar progresivamente la capacidad de tomar decisiones ajustadas sobre el propio aprendizaje: qué hacer, cómo hacerlo, cuándo pedir ayuda y cómo evaluar el propio progreso.

Desde la psicología educativa, la autonomía del alumnado se ha conceptualizado clásicamente como aprendizaje autorregulado. En el enfoque sociocognitivo del experto estadounidense Barry J. Zimmerman, la autorregulación no es una competencia innata que el alumnado posea o no: se aprende mediante instrucción, práctica guiada y retroalimentación progresiva.

Evitar la retirada prematura de la ayuda

Esta confusión entre autonomía y trabajo independiente conduce a una exigencia prematura que penaliza especialmente a quienes no han aprendido aún a planificar, supervisar y evaluar su propio aprendizaje.

Estos alumnos encuentran dificultades con las metodologías activas no porque no quieran aprender, sino por una retirada prematura del apoyo adulto. Cuando el andamiaje desaparece antes de tiempo, la autonomía no emerge; lo que aparece es desorientación.

Construir la autonomía por etapas

En la educación primaria, la autonomía es necesariamente guiada. El alumnado aprende a través de rutinas estables, modelos claros y decisiones pequeñas pero significativas: elegir el orden de una tarea, responsabilizarse de un material o revisar el propio trabajo con ayuda del docente.

El primer ciclo de educación secundaria es, probablemente, el tramo más delicado. Aquí se espera un salto cualitativo en la capacidad de autorregulación, pero no siempre se acompaña del apoyo necesario. Se amplían las tareas, se diversifican los profesores y se incrementa la exigencia, mientras que el acompañamiento se reduce de forma brusca. En muchos casos, el mensaje implícito es claro: “ya deberías saber hacerlo”. No todos pueden.




Leer más:
Transiciones educativas: ¿es posible evitar la ansiedad de los cambios de etapa?


Modular el apoyo

¿Qué hacer entonces con los que no pueden? La respuesta no pasa por reducir la exigencia, sino por modular el apoyo. Algunos estudiantes necesitan que se haga explícito lo que otros han aprendido de manera implícita: cómo planificar una tarea larga, cómo dividir un proyecto en pasos manejables, cómo anticipar dificultades o cómo revisar el propio trabajo antes de entregarlo. La autonomía no se impone: se entrena. Y ese entrenamiento requiere instrucciones claras desde el principio, práctica acompañada después y retirada progresiva del apoyo cuando las estrategias ya están consolidadas.

En los últimos cursos de secundaria, la autonomía debería consolidarse en forma de responsabilidad: planificación del tiempo, gestión emocional ante la evaluación, toma de decisiones académicas. Pero esta fase solo funciona cuando las anteriores han sido cuidadosamente construidas. Sin cimientos, la autonomía se convierte en una expectativa irreal.

Cuánta autonomía y para quién

Uno de los mayores retos para el profesorado es determinar cuánta autonomía dar y a quién. No todo el alumnado necesita el mismo nivel de apoyo, ni al mismo tiempo. Tratar la autonomía como un requisito uniforme puede generar desigualdades silenciosas.

Un mismo proyecto puede requerir distintos grados de estructura: más pautas para unos estudiantes, más libertad para otros. La autonomía eficaz es diferenciada, no homogénea. Ajustarla exige observación, criterio pedagógico y, sobre todo, tiempo para conocer al alumnado.

Cuando este ajuste no se produce, las consecuencias son claras: ansiedad, bloqueo, sensación de incompetencia e incluso abandono. La autonomía mal calibrada no empodera; desgasta.

Lo que necesitan los docentes

Paradójicamente, gran parte del debate sobre autonomía se ha centrado en el alumnado, cuando quizá deberíamos mirar antes al profesorado. Construir autonomía no es intuitivo: requiere formación específica, espacios de coordinación y una cultura compartida en los centros.

Un estudio realizado en Países Bajos mostró que incluso entre el profesorado no existe una definición compartida de lo que significa fomentar la autonomía del alumnado. Los varían desde instrucciones muy estructuradas hasta proyectos diseñados por los propios estudiantes.

Los docentes necesitan criterios claros sobre qué significa ser autónomo en cada etapa, cómo acompañar sin sobreproteger y cómo retirar la ayuda sin abandonar. Especialmente importante es la coordinación entre primaria y secundaria, para evitar rupturas bruscas que penalizan al alumnado.

Autonomía como resultado, no como punto de partida

Fomentar la autonomía del alumnado sigue siendo un objetivo irrenunciable. Pero conviene recordar algo esencial: la autonomía no es el punto de partida del aprendizaje, sino uno de sus mejores resultados.

Pedir autonomía sin haberla enseñado no es exigir más; es exigir antes de tiempo. Si queremos estudiantes capaces de aprender por sí mismos, primero debemos acompañarlos en el proceso de llegar a serlo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Estudiantes ‘autónomos’: una meta que ha de construirse por etapas y con acompañamiento – https://theconversation.com/estudiantes-autonomos-una-meta-que-ha-de-construirse-por-etapas-y-con-acompanamiento-274770

¿Por qué Punch nos rompe el corazón?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos José Monroy Barrero, Sociólogo, Mg Estudios Sociales, Doctorando en Estudios Sociales, Universidad de La Sabana

El mono Punch abraza a su orangután de peluche. Sana Muhy Ud Din/Shutterstock

El macaco Punch, un bebé primate en un centro de rescate en Japón, se ha convertido en un fenómeno global tras quedar huérfano y buscar consuelo aferrándose permanentemente a un oso de peluche. Su historia no solo inunda las redes sociales, sino que activa en nosotros una respuesta emocional inmediata que parece trascender fronteras y especies.

Sin embargo, este interés masivo requiere entender que en Punch convergen desde nuestros instintos biológicos más honestos hasta las mecánicas más complejas de consumo digital en la era moderna.

Podemos entonces analizarlo a partir diversas perspectivas complementarias: desde la psicología social, la sociología, la filosofía política y la ciencia cognitiva.

La paradoja de Punch: empatía dentro de la “cámara de eco”

Punch se presenta como el vehículo ideal para lo que la ciencia denomina contagio moral. Su situación de orfandad y cautiverio apela a un sentido universal de justicia. Sin embargo, el entorno digital transforma esta tragedia en un producto de consumo estético seguro.

La presencia de palabras morales y emocionales en los mensajes incrementa su difusión en un 20 % por cada término adicional que promueva emotividad. Desde esta perspectiva, el lenguaje moral-emocional aumenta la propagación de un mensaje de manera significativamente más fuerte dentro de grupos que ya comparten una misma visión del mundo. En cambio, su impacto disminuye drásticamente al intentar cruzar hacia grupos con valores distintos, por ejemplo, animalistas o de tráfico de animales.

En lugar de unirnos en una causa global por el cuidado de la biodiversidad, a menudo consumimos historias como las de Punch para reafirmar la propia identidad ante nuestros iguales. En este contexto, la empatía deja de ser un puente hacia el “otro” y se convierte en una moneda de cambio dentro de nuestras “cámaras de eco” digitales. Compartir el vídeo no busca necesariamente modificar la realidad del cautiverio de animales, sino demostrar a nuestro círculo cercano que somos personas sensibles, empáticas y morales.

La era del vacío y el narcisismo de la empatía

Desde la sociología de Gilles Lipovetsky, este fenómeno es un síntoma de “la era del vacío”. En la hipermodernidad, el individuo ya no se moviliza por grandes deberes sociales, sino por la búsqueda de afectos que no le comprometan a nada. El narcisismo es la otra cara de la moneda de desinterés social, donde el sujeto busca un “reciclaje del yo” a través de la comunicación y el afecto.

Nuestra insistente atención en torno al relato de Punch es, en última instancia, una manifestación de consumo afectivo propia de la hipermodernidad. Siguiendo a Lipovetsky, este fenómeno ejemplifica un proceso social que tiende a sustituir la coacción por el placer y el mando por la incitación: ya no nos movemos por rígidos deberes éticos o mandatos sociales que exigen sacrificio, sino por estímulos seductores que nos invitan a sentir. En este escenario, el interés por el macaco no nace de un despertar político contra el tráfico de especies, sino de una “seducción continua” que nos ofrece una gratificación emocional inmediata y sin riesgos.

Nos encontramos ante un narcisismo que se conmueve principalmente con aquello que refuerza su propia imagen. La historia “se resuelve sola” cuando el animal es acogido por otro primate o con un cambio de peluche, liberándonos de cualquier compromiso real a largo plazo. Al compartir la pena por Punch, no estamos actuando sobre la realidad del cautiverio, sino consumiendo una imagen de nosotros mismos que nos devuelve el reflejo de una identidad sensible y moral en un mundo indiferente.

La ‘emocracia’ en el régimen de la ‘infocracia’

Otra perspectiva es la que plantea el filósofo Byung-Chul Han cuando advierte de que este interés masivo es una pieza clave de la “infocracia”. En el régimen digital, la información ya no busca la verdad, sino la eficacia emocional. La información es un fenómeno del presente que carece de interioridad y se agota en el momento de su difusión.

Punch es el objeto informativo ideal porque no invita a la reflexión lenta que requiere la política real. Vivimos en una “emocracia”, donde las emociones son más rápidas que los argumentos y la comunicación digital es una comunicación afectiva.

El vídeo de Punch despoja al animal de su profundidad para convertirlo en una mercancía visual. La transparencia digital nos obliga a exponerlo todo, pero esa visibilidad total termina cegándonos: estamos tan ocupados consumiendo la estética de lo tierno que perdemos de vista causas estructurales como la pérdida de hábitat, el comercio de mascotas exóticas que pusieron al macaco y su especie en esa situación, e incluso que su sobreexposición podría aumentar la problemática.

El antropomorfismo como mecanismo automático

Pero ¿por qué nos interesa más el relato de Punch que el de otros animales?

La clave reside en cómo nos relacionamos con el mundo. Las imágenes del vídeo hacen que desarrollemos afecto automático ante su situación. No vemos a un primate silvestre en una situación de estrés biológico; vemos a un niño que busca refugio. Esta simulación mental nos permite “sentir” su soledad de manera directa. El peluche funciona como un puente simbólico que humaniza al animal, eliminando la distancia necesaria para cuestionar su realidad, reemplazándola por una proyección efímera de sentimientos puramente humanos.

Por lo anterior, no podemos solo reducir este fenómeno a un simple ejercicio de vanidad digital, dado que sería ignorar resortes biológicos y narrativos profundamente honestos. El antropomorfismo es un “mecanismo de interacción básico” y automático que aparece de forma temprana en nuestra especie. Al ver a Punch, no estamos simplemente cometiendo un error de juicio, sino activando una “atribución automática de estados mentales y afectivos” ante la vulnerabilidad.

Esta capacidad de imaginar la mente del otro animal o humano responde a una necesidad genuina de vinculación y consuelo. En un mundo hiperconectado, la potencia narrativa del macaco que busca refugio apela a un arquetipo universal de fragilidad. No solo vemos a un animal en Japón, sino que proyectamos en él de forma inconsciente nuestra propia necesidad de cuidado, convirtiendo la historia de Punch en un espejo de valores que expresan una humanidad compartida.

Hacia una empatía responsable

El relato de Punch nos interesa porque es cómodo. Nos permite ser “morales” sin ser políticos, y ser “sensibles” sin ser responsables. Pero para aportar soluciones reales, debemos transformar esta emoción en acción ciudadana consciente.

El primer paso es romper el sesgo de la transparencia: reconocer que detrás de una imagen viral hay un abuso hacia la naturaleza que un peluche y likes no pueden curar por sí solo. Cuando pasemos del consumo emocional a la exigencia de políticas públicas de conservación habremos dejado de tratar a los animales como espejos de nuestro propio vacío para verlos, finalmente, como seres con derecho a una vida en libertad, lejos de las cámaras y los peluches.

The Conversation

Carlos José Monroy Barrero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Por qué Punch nos rompe el corazón? – https://theconversation.com/por-que-punch-nos-rompe-el-corazon-277124

Diabetes y gasto sanitario: prevenir es más barato que tratar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Andrade-Gómez, Profesora del Grado en Enfermería de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de La Rioja, Universidad de La Rioja

Halfpoint/Shutterstock

La diabetes, una de las enfermedades crónicas más prevalentes a nivel mundial, es también una de las más costosas. Y no hablamos solo de salud: hablamos de economía, productividad y sostenibilidad de los sistemas sanitarios.

Un estudio macroeconómico publicado recientemente estima que, entre 2020 y 2050, la diabetes generará costes acumulados de 10,2 billones de dólares (8,6 billones de euros) a nivel mundial. En términos anuales, esto equivale aproximadamente al 0,22 % del PIB mundial. Si se incorporan los costes del cuidado informal –familiares que reducen su jornada laboral o abandonan el empleo para atender a un ser querido–, la cifra alcanza los 78 billones de dólares (65,7 billones de euros).

Son cifras difíciles de imaginar, pero detrás de ellas hay una realidad concreta: consultas médicas recurrentes, hospitalizaciones, tratamientos farmacológicos o complicaciones que requieren atención especializada.

Cuando la enfermedad avanza, el coste se multiplica

Si el diagnóstico se retrasa o el control metabólico no es adecuado, el riesgo de padecer complicaciones graves aumenta. Y cuando estas se presentan, el impacto sanitario y económico se dispara.

Problemas como los trastornos cardiovasculares, la insuficiencia renal, la neuropatía, la retinopatía o las amputaciones deterioran gravemente la calidad de vida e implican ingresos hospitalarios, intervenciones complejas, tratamientos crónicos y seguimiento multidisciplinar, lo que se traduce en un incremento significativo del consumo de recursos sanitarios.

Pero el impacto no termina aquí.

El coste invisible: productividad y cuidado informal

La diabetes también tiene un coste menos visible, pero igual de relevante: el económico indirecto, es decir, el que la enfermedad ocasiona en el ámbito laboral.

El absentismo, el presentismo (acudir al trabajo sin estar en buenas condiciones), la incapacidad temporal o la jubilación anticipada afectan a la productividad. A ello se suma el cuidado informal o no remunerado, que a menudo recae en familiares. Cuando un familiar reduce su jornada o abandona su empleo para cuidar a un ser querido, también disminuye la productividad, lo que incrementa la carga económica de la enfermedad.

A diferencia de estudios previos, el estudio macroeconómico considera también la pérdida de productividad y el efecto sobre el crecimiento económico. La diabetes, en este sentido, no es solo una cuestión clínica: plantea un desafío estructural.

La paradoja: una enfermedad en gran parte prevenible

Lo más llamativo es que buena parte de esta carga podría evitarse.

Se estima que hasta el 90 % de los casos de diabetes tipo 2 podrían evitarse mediante la adopción de hábitos de vida saludables, como aumentar la actividad física regular, reducir el sedentarismo, seguir una alimentación equilibrada y evitar el tabaquismo. Es decir, no hablamos de una condición inevitable, sino de una enfermedad fuertemente influida por el estilo de vida y el entorno.




Leer más:
¿Por qué la diabetes tipo 2 sigue ganando la batalla?


Además, la detección precoz y el control adecuado en personas ya diagnosticadas permiten intervenir antes de que aparezcan complicaciones irreversibles. Prevenir no significa únicamente evitar nuevos casos: también implica frenar la progresión de la enfermedad, retrasar complicaciones y mejorar la calidad de vida de quienes ya conviven con diabetes.

Invertir antes o pagar después

Desde una perspectiva estrictamente económica, la pregunta es sencilla: ¿es más eficiente invertir en prevención o asumir el coste creciente de las complicaciones?

La prevención requiere recursos: programas de promoción de actividad física, acceso a alimentación saludable, educación sanitaria, cribado poblacional y seguimiento clínico temprano. Dado que las complicaciones avanzadas concentran una parte sustancial del gasto sanitario, intervenir de forma temprana se perfila como una estrategia potencialmente más eficiente.

Además, la innovación farmacológica está aportando herramientas prometedoras. Nuevos tratamientos, como los agonistas del receptor GLP-1, no solo han demostrado mejorar el control glucémico, sino también reducir eventos cardiovasculares. Utilizados de forma adecuada, con supervisión médica y garantizando un acceso equitativo, podrían ayudar a disminuir complicaciones futuras y, con ello, parte del gasto.

No obstante, ningún medicamento puede sustituir a la prevención estructural. Sin entornos que faciliten elecciones saludables –ciudades caminables, acceso a alimentos frescos, políticas que reduzcan el sedentarismo…–, la tendencia difícilmente cambiará.

Más allá de los números

Las cifras macroeconómicas impresionan, pero no deben eclipsar lo esencial: detrás de cada dato hay personas que viven con una enfermedad crónica que condiciona su día a día.

El impacto no es solo sanitario ni laboral, también es social. Franz Martín Bermudo, catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad Pablo de Olavide y vicepresidente segundo de la Sociedad Española de Diabetes, explica que el coste social de esta enfermedad –entendido como el efecto en la esfera emocional, personal y familiar, incluyendo posibles estigmas o situaciones de discriminación– es 2,2 veces mayor que el de una persona que no padece la enfermedad, y hasta 5 veces mayor cuando aparecen complicaciones.

Invertir en prevención no es solo una estrategia para equilibrar presupuestos sanitarios, sino también una inversión en calidad de vida, en años de vida saludable y en sostenibilidad social.

La lección resulta clara: evitar complicaciones supone menos sufrimiento y menos gasto, el diagnóstico precoz ofrece oportunidades de intervención y las políticas públicas orientadas a la prevención generan un retorno tangible.

Quizá la pregunta más relevante no sea cuánto cuesta la diabetes, sino cuánto estamos dispuestos a invertir hoy para que no cueste aún más mañana. El reloj corre: ¿actuaremos a tiempo?

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Diabetes y gasto sanitario: prevenir es más barato que tratar – https://theconversation.com/diabetes-y-gasto-sanitario-prevenir-es-mas-barato-que-tratar-275342

Vitoria, 3 de marzo de 1976: la matanza que aceleró la Transición

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gaizka Fernández Soldevilla, Responsable del Área de Archivo, Investigación y Documentación, Centro Memorial para las Víctimas del Terrorismo

Carlos Arias anuncia la muerte de Franco en Televisión Española.
Archivo General de la Administración, CC BY

El 22 de noviembre de 1975, dos días después del fallecimiento del dictador Francisco Franco, Juan Carlos I fue proclamado Rey de España. Confirmó al entonces presidente Carlos Arias Navarro, pero le impuso como ministros a algunos de los políticos franquistas en principio más favorables a la apertura, como Manuel Fraga, al frente de Gobernación.

Pese a tal impulso, el Gobierno Arias fue un fiasco. El presidente temía que las reformas pusieran en peligro la esencia del régimen, por lo que su política resultó vacilante y contradictoria. No solo no se legalizaron partidos y sindicatos, sino que ni siquiera se aprobaron los derechos de reunión, manifestación y huelga. No es de extrañar que Arias suscitara el rechazo tanto de los antifranquistas y de los franquistas liberales como del sector más reaccionario. Este era conocido como “el búnker” y tenía un carácter minoritario, pero con presencia en las Fuerzas de Orden Público (FOP).

Por otro lado, la coyuntura socioeconómica resultaba adversa. La crisis del petróleo (1973) había producido carestía de vida, pérdida de poder adquisitivo, inestabilidad laboral, despidos y progresiva dureza de la patronal a la hora de la negociación de los convenios colectivos. De ahí que el clandestino movimiento obrero, con la impronta del Partido Comunista de España (PCE) y la extrema izquierda, protagonizase un ciclo de protestas de enorme incidencia.

Ese fue el contexto en el que hay que enmarcar los sucesos de Vitoria. Debido a un enconado conflicto laboral, las plantillas de varias empresas de la ciudad mantenían un paro desde comienzos de 1976. Tales movilizaciones no estaban impulsadas por los sindicatos, sino por asambleas de trabajadores.

Manifestación en Vitoria, 3 de marzo de 1976.
Fundación Juan Muñiz Zapico (CC OO), CC BY

Represión y muerte a las puertas de la parroquia

El 3 de marzo, por tercera vez consecutiva, llamaron al conjunto de la población a una huelga general en solidaridad con su lucha. Por la mañana se registraron piquetes, barricadas, pedradas contra los agentes y cargas policiales. Por la tarde se celebró una asamblea en la iglesia de San Francisco de Asís, situada en el barrio de Zaramaga. El Gobierno Civil ordenó el desalojo, pero no fue obedecido por las mil personas que se habían reunido allí.

El Correo Español, 4 de marzo de 1976.
Hemeroteca El Correo, CC BY

Como Fraga estaba en Alemania, el Gobierno trasladó la responsabilidad a los mandos policiales. Optaron por la mano dura. Incumpliendo el Concordato con la Santa Sede, que protegía el ámbito eclesiástico, la Policía Armada lanzó gases lacrimógenos dentro del templo, por lo que los asistentes a la asamblea se vieron obligados a salir. Los agentes no solo usaron porras y pelotas de goma contra ellos, sino también armas de fuego.

Todavía hay incógnitas por resolver. En palabras del historiador Carlos Carnicero, se trató de “una actuación criminal claramente, pero si hubo una orden directa de actuar así porque era aquello de especial gravedad o fue una decisión de los cuerpos policiales que estaban allí y fue una negligencia, eso es algo que por la documentación no hemos podido saber”.

En total, la Policía Armada mató a cinco trabajadores: Pedro María Martínez, Francisco Aznar, Romualdo Barroso, José Castillo y Bienvenido Pereda. A la lista habría que sumar cerca de un centenar de heridos, incluyendo algunos agentes. Por añadidura, el día 6 un manifestante que protestaba por aquella masacre en Tarragona, Juan Gabriel Rodrigo, falleció al caerse de una azotea cuando huía de la Policía.

El Correo Español, 6 de marzo de 1976.
Hemeroteca El Correo, CC BY

Huelga general en memoria de las víctimas

Siguiendo la consigna “Vitoria, hermanos, no os olvidamos”, se convocó una huelga general para el 8 de marzo. La oposición calculó que habían parado 500 000 trabajadores vascos y navarros. Aunque las fuentes oficiales rebajaban la cifra, reconocieron que tan solo en Guipúzcoa habían hecho huelga 105 000 empleados.

En aquella jornada se sucedieron los enfrentamientos entre los manifestantes y las Fuerzas de Orden Público, que se saldaron con una nueva víctima mortal: un guardia civil mató de un tiro al joven Vicente Antón Ferrero en Basauri. Al día siguiente unas 50 000 personas se concentraron en aquella localidad.

Ningún funcionario fue condenado por el brutal operativo de Vitoria. Tampoco dimitieron sus responsables políticos. Fraga, quien había acuñado el lema “la calle es mía”, se escudó en su ausencia. Al ser incapaz de modernizar las FOP, su imagen reformista y su gestión como ministro fueron muy cuestionadas.

La tragedia que aceleró la transición

La tragedia de Vitoria tuvo dos consecuencias políticas. Por una parte, empujó a la oposición moderada a fusionar los dos organismos en los que se encontraba dividida. Así se creó la Coordinación Democrática, más conocida como “Platajunta”.

Por otra, aumentó las tensiones entre Juan Carlos I y Arias, que a la postre provocaron su dimisión en julio de 1976. El Rey encargó la formación de un nuevo Gobierno a Adolfo Suárez, el hasta entonces ministro secretario general del Movimiento. A pesar de la lógica desconfianza inicial de la oposición, el nuevo presidente sumó voluntades y lideró la Transición democrática.

Enfrentamiento de manifestantes con la policía en el funeral por los cinco obreros asesinados el año anterior, marzo de 1977.
Germán Gallego Picó, CC BY

ETA vampirizó el 3 de marzo

¿Se ha recordado el 3 de marzo de 1976? Sí, pero con dos escollos. Por un lado, el olvido institucional. Durante décadas ni se amparó a las víctimas ni hubo homenajes oficiales. Por otro, la utilización política. Las reivindicaciones del movimiento obrero alavés, en gran medida nutrido por inmigrantes de la España rural, eran laborales, no abertzales. Ni ETA ni su entorno habían tenido incidencia.

No obstante, no tardaron en instrumentalizar los sucesos. El 6 de septiembre de 1980, ETA político-militar asesinó al capitán de la Policía Nacional Basilio Altuna con el pretexto de haber participado en el operativo. Posteriormente, usando la expresión del profesor Jesús Casquete, la izquierda abertzale ha vampirizado la memoria del 3 de marzo.

A pesar de todo, el trabajo del Instituto de Historia Social Valentín de Foronda de la Universidad del País Vasco, con historiadores profesionales como José Antonio Pérez, Antonio Rivera y Carlos Carnicero, ha servido para localizar las fuentes disponibles, analizarlas, contrastarlas y ofrecer un relato histórico documentado, sólido y riguroso.

En los últimos años, el compromiso de las instituciones ha permitido que las víctimas fuesen reparadas y homenajeadas de manera oficial. En 2024, el Gobierno Vasco, la Diputación Foral de Álava, el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, el Obispado de Vitoria y las asociaciones Martxoak 3 y Memoria Gara crearon la Fundación Memorial 3 de Marzo. Al año siguiente la iglesia de San Francisco de Asís fue declarada Lugar de Memoria Democrática por el Gobierno de España. En el futuro albergará un museo para recordar los sucesos de Vitoria.

Mural de las víctimas en la iglesia de San Francisco de Asís (Vitoria)
Wikipedia, CC BY

The Conversation

Gaizka Fernández Soldevilla no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Vitoria, 3 de marzo de 1976: la matanza que aceleró la Transición – https://theconversation.com/vitoria-3-de-marzo-de-1976-la-matanza-que-acelero-la-transicion-272637

La guerra por Warner y el futuro del entretenimiento: quién decidirá qué vemos y por qué debería importarnos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jose Antonio Cortés Quesada, Profesor Contratado Doctor por ANECA. Coordinador Académico del Grado en Marketing., UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Estudios de Warner Bros. en Burbank, CA. Robert V Schwemmer/Shutterstock

La posible compra de Warner Bros. Discovery (que nació en 1923 como estudio de cine y ahora es un gigante audiovisual propietario, entre otros, de la plataforma digital HBO Max) se ha convertido en uno de los mayores pulsos corporativos de la historia del entretenimiento audiovisual. Lo que parecía una integración entre Netflix y el histórico estudio cinematográfico ha derivado en una nueva fase de negociación encabezada por Paramount Skydance.

Más allá de cómo finalice el acuerdo, la operación muestra algo más profundo: el sector audiovisual ha entrado en una etapa de consolidación industrial. Los estudios tradicionales, plataformas digitales y empresas tecnológicas compiten por controlar el contenido, la distribución y los datos de los espectadores.

Una batalla corporativa con múltiples frentes

El 5 de diciembre de 2025 Netflix anunció que compraba Warner por casi 83.ooo millones de dólares. La operación fue interpretada como un movimiento capaz de redefinir Hollywood, al concentrar gran parte de la producción cinematográfica bajo una sola empresa, y generó inquietud entre reguladores y parte de la industria creativa estadounidense.

La situación cambió apenas cuatro días después, cuando Paramount lanzó una ofensiva corporativa para la compra de Warner aunque todo quedó en stand-by, a la espera de la junta de accionistas de Warner Bros. Discovery, que se celebraría el próximo 20 de marzo. Finalmente, la última semana de febrero Paramount mejoró su oferta, aumentando la presión financiera y legal sobre el acuerdo inicial, y Netflix optó por retirarse de la operación. El gigante del streaming afirmó que, en lugar de invertir en esta compra, dedicaría casi 20.000 millones de dólares en producir contenido para su propia plataforma.

El foco se desplaza ahora hacia los accionistas de Warner y hacia los organismos reguladores estadounidenses, que deberán evaluar si una integración de este tamaño altera el equilibrio competitivo del sector audiovisual.

De momento, tanto las acciones de Paramount como las de Netflix, se disparan en bolsa.

Mucho más que estudios de cine

Warner no es únicamente un estudio fundado hace más de un siglo. Su valor estratégico reside en combinar producción cinematográfica, franquicias globales, como Harry Potter, Juego de Tronos, The Last of Us, y muchas más, y una plataforma digital consolidada como HBO Max.

Además, Paramount, alineado con el entorno del mismo Donald Trump, se quedaría con el canal informativo CNN (https://cadenaser.com/nacional/2026/02/27/paramount-se-queda-con-mucho-mas-que-warner-asi-sera-el-nuevo-imperio-mediatico-de-sintonia-trumpista-cadena-ser/).

Así, en la economía del streaming, poseer contenido ya no es suficiente; lo decisivo es controlar todo el ciclo de consumo.

Las plataformas actuales funcionan como ecosistemas de datos. Cada reproducción, pausa o abandono alimenta sistemas algorítmicos basados en IA capaces de anticipar preferencias y maximizar el tiempo de visionado. Ese tiempo se traduce directamente en fidelización… y cada vez más, en ingresos publicitarios.

Por ello, independientemente del comprador final, Warner representa un activo clave para cualquier compañía que aspire a liderar modelos híbridos basados en suscripción y publicidad.

El segundo pilar del streaming: la publicidad

Durante años, el streaming se presentó como la alternativa sin interrupciones (publicidad) frente a la televisión tradicional. Sin embargo, el modelo ha evolucionado rápidamente. Hoy, prácticamente todas las grandes plataformas, incluidas Netflix, Disney+ o Prime Video, incorporan planes con anuncios (https://doi.org/10.5209/esmp.104856).

El crecimiento de suscriptores se ha ralentizado y la publicidad permite ampliar ingresos sin aumentar excesivamente los precios.

Este cambio introduce una transformación en la experiencia cultural. Las decisiones sobre qué contenidos se producen, promocionan o destacan dejan de depender de criterios creativos y pasan a ser estrategias de retención algorítmica. Series, películas u otros formatos comienzan a diseñarse pensando en mantener la atención del espectador el mayor tiempo posible.

Como señalaba recientemente el actor y productor Matt Damon (https://www.fotogramas.es/noticias-cine/a70048045/matt-damon-actor-netflix-trama-peliculas-repeticiones-dialogos-telefono-movil/), las plataformas prefieren impactos narrativos tempranos capaces de evitar que el espectador abandone el contenido en los primeros minutos. De esta manera, la narrativa audiovisual empieza a adaptarse a métricas más propias del entorno digital que del cine tradicional.

¿Qué ocurrirá con las salas de cine?

Otro de los grandes interrogantes afecta a la exhibición cinematográfica. Históricamente, las producciones de Warner seguían un modelo clásico, estreno en salas y posterior llegada a plataformas.
Las negociaciones recientes han puesto sobre la mesa modelos híbridos con ventanas de exclusividad cada vez más cortas, en torno a 45 días (https://es.hollywoodreporter.com/netflix-mantendria-los-estrenos-de-warner-en-cines-durante-45-dias/), que permiten combinar ingresos en taquilla con explotación rápida en streaming. Sea cual sea el resultado final de la operación, esta tendencia parece irreversible.
Quien controle Warner decidirá cómo se producen, distribuyen y monetizan las grandes producciones audiovisuales de los próximos años, aumentando la presión sobre salas independientes y productoras externas.

El cambio real: concentración y cultura algorítmica

La retirada de Netflix de la operación no supone el final de la historia, sino la confirmación de una tendencia más amplia. El entretenimiento audiovisual está entrando en una fase en la que contenido, distribución, datos y publicidad tienden a integrarse bajo grandes empresas globales.
La batalla corporativa por Warner Bros. Discovery ha mostrado que el futuro del sector ya no depende solo de quién produce las historias, sino de quién controla los sistemas que las recomiendan, las financian y las monetizan.
Este tipo de fusiones obliga a preguntarnos como consumidores no solo qué servicios pagamos, sino qué tipo de relación queremos mantener con el entretenimiento audiovisual: ¿una centrada en experiencias culturales comunitarias y cinematográficas o dominada por consumo inmediato, métricas algorítmicas y publicidad personalizada?
Ese es, en última instancia, el verdadero desafío para quienes, al final del día, solo buscan disfrutar de una buena historia.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. La guerra por Warner y el futuro del entretenimiento: quién decidirá qué vemos y por qué debería importarnos – https://theconversation.com/la-guerra-por-warner-y-el-futuro-del-entretenimiento-quien-decidira-que-vemos-y-por-que-deberia-importarnos-272109

Cuando la comida se convierte en un problema: trastornos de la conducta alimentaria en la adolescencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Viqueira Gutiérrez, Directora Máster Formación Profesorado Secundaria, Universidad Internacional de Valencia

New Africa/Shutterstock

La adolescencia es una etapa de profundas transformaciones físicas, psicológicas y sociales. En este contexto, los trastornos de la conducta alimentaria se han convertido en una preocupación creciente de salud pública, afectando a un porcentaje relevante de jóvenes en todo el mundo: a entre aproximadamente el 5,5 % y el 17,9 % de las mujeres y a entre el 0,6 % y el 2,4 % de los hombres jóvenes han experimentado un trastorno de la conducta alimentaria a lo largo de la vida.

Lejos de reducirse a una simple preocupación estética o a “modas”, se trata de trastornos mentales con causas variadas y complejas, que implican una alteración persistente en los hábitos alimentarios y en la percepción del propio cuerpo.

Trastornos más frecuentes en la adolescencia

Entre los más habituales en la etapa adolescente están la anorexia nerviosa, caracterizada por una restricción extrema de la ingesta y un miedo intenso a ganar peso; la bulimia nerviosa, con episodios de atracones seguidos de conductas purgativas, como vómitos autoinducidos o ejercicio excesivo; y el trastorno por atracón, marcado por ingestas compulsivas sin conductas compensatorias posteriores.

Estas condiciones pueden aparecer desde los primeros años de la adolescencia y se observan tanto en chicas como en chicos, aunque muchas veces queden infradiagnosticados en estos últimos.

Señales de alarma

Identificar estos trastornos en sus etapas iniciales es crucial para una intervención temprana. Algunas señales incluyen:

• Cambios en los hábitos alimentarios o evitar comidas en grupo.

• Preocupación excesiva por el peso o las calorías.

• Fluctuaciones importantes de peso.

• Aislamiento social y descenso del rendimiento escolar.

• Comportamientos extremos, como ejercicio compulsivo o purgas.

La evidencia muestra que cuanto antes se detecten estas señales, mejor es el pronóstico y menor el riesgo de complicaciones a largo plazo.

Factores de riesgo

El desarrollo de un trastorno de conducta alimentaria no responde a una única causa, sino a la interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales. La presión por cumplir idealizados estándares corporales (amplificada por las redes sociales) favorece la insatisfacción corporal entre adolescentes.

Además, características como el perfeccionismo, baja autoestima o experiencias de acoso escolar pueden incrementar la vulnerabilidad, así como cambios familiares o situaciones estresantes. Aunque tradicionalmente se han visto más en mujeres adolescentes, la diversidad de perfiles ha aumentado y hoy también se identifican casos en jóvenes varones y de distintas realidades sociales.




Leer más:
La anorexia nerviosa también es miedo a madurar


Consecuencias psicológicas, físicas y académicas

Las repercusiones de estos trastornos van más allá de la alimentación. A nivel físico, pueden provocar malnutrición, alteraciones hormonales, problemas cardiovasculares y hasta poner en riesgo la vida. A nivel psicológico, se asocian con ansiedad, depresión, pensamientos obsesivos y baja autoestima.

El impacto académico también es considerable: dificultades de concentración, mayor absentismo y rendimiento escolar deteriorado son comunes, lo que afecta el desarrollo educativo y las oportunidades futuras.

El papel de la familia y la escuela

Adultos de referencia en la familia y la escuela son quienes pueden observar los primeros signos de alerta de un trastorno alimentario; además tanto el hogar como el centro educativo son espacios clave para intervenir de manera preventiva y de apoyo. Relaciones familiares complicadas o disfuncionales (como poca cohesión, falta de comunicación abierta o niveles altos de conflicto) se asocian con un mayor riesgo de desarrollar y mantener conductas alimentarias problemáticas.

Esto no significa que la familia sea la causa, sino que la calidad del ambiente relacional influye en la forma en que un adolescente percibe su cuerpo, regula sus emociones y afronta el estrés. Espacios familiares donde se fomente el diálogo, se promueva la empatía y se reduzca la presión por la apariencia corporal pueden actuar como factores de protección importantes.




Leer más:
Jóvenes bajo presión: cuando los ‘influencers’ son sus modelos de cuerpo perfecto


Del mismo modo, la escuela tiene un papel crucial en identificar cambios de comportamiento, ofrecer apoyo emocional y promover programas educativos que integren salud mental, educación sobre alimentación saludable y aceptación del cuerpo.

La colaboración institucional entre docentes, orientadores escolares y equipos sanitarios facilita una detección temprana y un acompañamiento más eficaz. Por ejemplo, programas que fomentan la autoestima y la resiliencia han demostrado reducir factores de riesgo asociados a los trastornos de conducta alimentaria, especialmente cuando se implementan como parte de la educación regular.

Romper mitos para facilitar la ayuda

A pesar de la evidencia científica acumulada, estos trastornos de conducta aún están rodeados de mitos que dificultan la percepción real del problema. Un error común es pensar que se trata de una “fase”, de una elección o de una preocupación superficial por el peso. Nada más lejos de la realidad: son trastornos de salud mental complejos con raíces biológicas, psicológicas y sociales que requieren un abordaje profesional y multidisciplinar.

Además, existen otros mitos ampliamente extendidos, como la creencia de que los TCA solo afectan a mujeres adolescentes, cuando también se presentan en varones y en otras etapas de la vida; o que solo son graves cuando hay un peso corporal muy bajo, lo que invisibiliza cuadros clínicamente severos en personas con normopeso o sobrepeso. Asimismo, atribuir el trastorno a la responsabilidad individual o familiar refuerza el estigma y puede retrasar la búsqueda de ayuda.

Romper estos mitos es fundamental para fomentar una cultura de comprensión y apoyo que facilite la detección precoz y el acceso al tratamiento. Normalizar conversaciones sobre salud mental y alimentación —por ejemplo, en los medios de comunicación, en el ámbito educativo y en las familias— puede disminuir la vergüenza y la culpa que sienten muchos adolescentes antes de buscar ayuda profesional.

¿Cómo y cuándo se recuperan?

La recuperación de los trastornos de la conducta alimentaria es posible, aunque suele requerir un enfoque multidisciplinar y sostenido en el tiempo. Los tratamientos combinan atención médica para supervisar la salud física; apoyo psicológico para abordar los patrones de pensamiento y las emociones relacionadas con la alimentación; educación nutricional para establecer hábitos saludables; y trabajo con el entorno social, incluyendo familia, amigos y escuela, para garantizar un acompañamiento constante.

Además, la integración de programas de prevención y sensibilización en los centros educativos y la promoción de redes de apoyo comunitarias pueden fortalecer la resiliencia de los adolescentes y reducir el riesgo de recaídas.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Cuando la comida se convierte en un problema: trastornos de la conducta alimentaria en la adolescencia – https://theconversation.com/cuando-la-comida-se-convierte-en-un-problema-trastornos-de-la-conducta-alimentaria-en-la-adolescencia-272655

¿Por qué estudiamos mutantes en biología?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Monica Folgueira Otero, Profesora Contratada Doctora- Área Biología Celular, Universidade da Coruña

La langosta azul es un ejemplo de mutante. Steven G. Johnson / Wikimedia Commons., CC BY

En biología, usamos mutantes para entender cómo funcionan las células y qué pasa cuando algo falla. Pero nuestros mutantes se parecen poco a los X-Men, que tienen capacidades extraordinarias. En esta saga de Marvel, Lobezno tiene una capacidad asombrosa de curarse heridas y Cíclope puede disparar descargas de energía por los ojos.

En cambio, los peces cebra cíclopes tienen un solo ojo, el cerebro deformado y no vivirán mucho. No tienen superpoderes, pero nos permiten entender aspectos cruciales del desarrollo embrionario, incluido el de humanos. ¿Quién es el verdadero superhéroe?

Figura de cera del actor Hugh Jackman como Lobezno, en el Museo Madame Tussaud, Sydney, Australia.
Eva Rinaldi / Wikimedia Commons., CC BY

Como una radio estropeada

Hay un símil utilizado en biología para explicar por qué es tan útil estudiar mutantes. Lo compara con abrir una radio sin saber para qué sirven sus componentes. Si sacamos una pieza y el sonido cambia, podremos quizá inferir para qué sirve ese componente. De manera análoga, al observar qué falla cuando un gen muta, se puede deducir su función biológica.

Un pez cebra cíclope con los ojos fusionados (derecha) frente a un ejemplar normal (izquierda).
Universidade da Coruña.

Hay quien ha criticado este símil, diciendo que acabaríamos con un diagrama lleno de flechas que pocos entenderían y que no explicaría cómo funciona la radio realmente. Admito que, a veces, los biólogos deberíamos aprender de los ingenieros y adoptar una visión más pragmática, pero esa es otra historia…Podemos quedarnos con la primera versión del símil, la de la curiosidad por saber qué hace cada pieza de la radio.

Del hallazgo fortuito al diseño preciso

El biólogo Thomas Hunt Morgan, en 1891.
The University Press of Kentuky.

Los primeros mutantes que se usaban en biología aparecían de forma espontánea. Uno de los primeros científicos que trabajó con ellos fue Thomas Hunt Morgan (1866-1945). Su laboratorio en la Universidad de Columbia (Estados Unidos), llamado el cuarto de las moscas, estaba bastante desordenado y apestaba a plátano fermentado. Trabajaba con las moscas de la fruta, esas a las que a veces llamamos erróneamente “mosquitos” y que tienen afán suicida por nuestra copa de vino tinto.

Durante años, Morgan y sus discípulos intentaron introducir mutaciones en las moscas, sin éxito. Cuando estaban al borde de abandonar estos experimentos, apareció de forma fortuita un macho mutante con los ojos blancos en lugar de rojos. Se dice que Morgan estaba tan entusiasmado que se llevó al insecto a casa para cuidarla, pero no sabemos si esto es verdad.

Gracias a este macho, Morgan y su equipo demostraron que los genes están en los cromosomas y explicaron las bases de la herencia genética ligada al sexo. Un avance clave para entender muchas enfermedades hereditarias.

Ahora los científicos ya no tienen que esperar a que aparezca algún mutante por azar, los pueden generar en el laboratorio. Para ello se usan compuestos que inducen cambios en el ADN y, después, se seleccionan los que muestran características interesantes. Una vez seleccionado el rasgo, los científicos tendrán que localizar la alteración en el ADN responsable.

También se pueden hacer mutantes a la carta mediante edición genética por CRISPR, de forma que desde el principio se sabe qué gen está modificado.

El curioso nombre de los genes

Para poder referirnos a algo, le tenemos que dar nombre. Y si un científico es el primero en ver algo, tiene el honor de bautizarlo, sea una especie, un mutante o un gen. Sobre esto, hay muchas anécdotas divertidas. Y es que los científicos también somos humanos y, a veces, con sentido del humor. Vayamos a mutantes y genes, que es lo que nos ocupa.

Pez cebra con una mutación que afecta a los ribosomas, utilizado para investigar trastornos relevantes para la salud humana.
Mónica Folgueira.

Resulta que hay un gen fundamental para nuestro desarrollo embrionario que se llama igual que el erizo de los videojuegos de Sega, Erizo Sonic. Recibió este nombre porque los embriones de la mosca de la fruta con este gen mutado se parecen a un erizo, pues están cubiertos de pelos puntiagudos.

A la compañía Sega no parece importarle tener este alter ego de su personaje. No fue así con la compañía Pokémon, que amenazó con demandar a un centro de investigación en cáncer porque uno de sus grupos llamó Pokémon a un gen. Los titulares no se hicieron esperar: “Se revela el papel de Pokémon en el cáncer”. Ante la amenaza de demanda, los científicos cambiaron el nombre del gen a Zbtb7, lo cual es mucho más aburrido. Algo parecido también pasó con un gen inicialmente bautizado Velcro, que tampoco gustó a la compañía con el mismo nombre.

Divertirse mientras se aprende

Hay más mutantes y genes con nombres curiosos. Algún ejemplo más: Groucho (por el exceso de vello facial), Cita barata (por ser muy sensible al alcohol), Aún no estoy muerto (por ser más longevo) o Desaliñado (por sus pelos desordenados). Esto no solo denota humor entre científicos, sino que hace a los mutantes más memorables.

Un gen mutante hallado en la mosca Drosophila recibió el nombre de Groucho, en honor al comediante.
ABC Photo / Wikimedia Commons., CC BY

Pero nombres como estos pueden transmitir una idea poco rigurosa de la ciencia y los científicos. Y puede surgir un problema si el gen acaba teniendo un papel importante en alguna enfermedad humana. Lo que es gracioso en un laboratorio de moscas o gusanos puede ser ofensivo y plantear problemas éticos cuando atañe a humanos.

¿Se imaginan a un médico informando de un cáncer causado por un gen llamado Desaliñado? Podría ocurrir. Por suerte, la mayoría de los diagnósticos clínicos no son tan detallados y no mencionan genes. Además, como los nombres suelen venir del inglés, al menos, hablaríamos de dishevelled, que suena menos incómodo.

Así que la próxima vez que vean una mosca sobrevolando su copa de vino, no la miren con desprecio. Podría ser una “cita barata” o estar un poco “desaliñada” y esconder en su ADN la respuesta a muchas preguntas biológicas.

The Conversation

Mónica Folgueira Otero recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

– ref. ¿Por qué estudiamos mutantes en biología? – https://theconversation.com/por-que-estudiamos-mutantes-en-biologia-275327

El futuro de la aceituna está asegurado: ya hay semillas de olivo en la ‘bóveda del fin del mundo’ del Ártico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Morello Parra, Responsable del Banco de Germoplasma Mundial de Olivo de la Universidad de Córdoba, Universidad de Córdoba

Borkowska Trippin/Shutterstock

En pleno círculo polar ártico, aprovechando el permafrost natural del Polo norte, la Bóveda Global de Semillas de Svalbard ofrece almacenamiento seguro y prolongado de duplicados de semillas procedentes de bancos de germoplasma de todo el mundo. La instalación, conocida como “bóveda del fin del mundo”, está diseñada para funcionar incluso ante fallos eléctricos e incluye sistemas de refrigeración adicionales que mantienen las semillas a −18 °C, temperatura óptima para su conservación a largo plazo. Pues bien, desde este invierno también alberga semillas de olivo.

En un contexto de crecientes amenazas ambientales, el depósito refuerza la salvaguardia a largo plazo de la diversidad genética del olivo, asegurando su preservación para las generaciones futuras en caso de catástrofes naturales, conflictos o crisis globales.

La iniciativa surgió en el marco del proyecto europeo H2020 GEN4OLIVE, centrado en la conservación, caracterización y valorización de los recursos genéticos del olivo. Las semillas proceden de 50 variedades de esta especie arbórea, las más importantes y más difundidas a nivel mundial, recolectadas de árboles en polinización libre de la colección del Banco de Germoplasma Mundial de la Universidad de Córdoba (BGMO-UCO). Esta colección cuenta con 700 variedades de olivo distintas, algunas de ellas procedentes de poblaciones silvestres.

El Centro de Recursos Fitogenéticos (CRF) del INIA-CSIC conservará la copia de seguridad de las semillas, enviando un duplicado de estas a la Bóveda de Semillas de Svalbard.

Las amenazas del olivo

El olivo afronta importantes desafíos, entre ellos el cambio climático y la pérdida acelerada de diversidad genética, además de las plagas y enfermedades asociadas a los nuevos sistemas de producción, cada vez menos diversificados. Por este motivo, es necesario salvaguardar el patrimonio genético existente en los olivos silvestres y en las variedades tradicionales cultivadas.

Los Bancos de Germoplasma de Olivo conservan y estudian esta diversidad genética, conservando en colecciones de campo árboles de las distintas variedades existentes, ya que las variedades de olivo se multiplican por reproducción vegetativa, no por semilla. Por eso para el depósito en Svalbard se planteó un enfoque diferente: conservar la variabilidad genética existente en el olivo cultivado en forma de semillas y algunas poblaciones silvestres españolas.

Este depósito representa un hito histórico, ya que es la primera vez que se depositan semillas de olivo en esta infraestructura.

Controles periódicos cada diez años

El proceso técnico para realizar el depósito ha requerido varias etapas y se ha realizado conforme a los requerimientos específicos para el envío de semillas del NordGen. En primer lugar, la Universidad de Córdoba (UCO) seleccionó las 50 variedades de olivo más propagadas y difundidas a nivel mundial del BGMO-UCO. Para el olivo silvestre, la Universidad de Granada prospectó 4 poblaciones de acebuche de distintas zonas de la península ibérica y las islas Canarias.




Leer más:
¿Nos mantenemos fieles al aceite de oliva o nos permitimos algún escarceo?


De cada muestra recogieron más de 1 500 aceitunas que fueron procesadas en laboratorio, eliminando su pulpa, limpiando los restos orgánicos y secando los endocarpos (huesos), la envoltura natural que protege a las semillas. Las muestras fueron clasificadas y etiquetadas y se enviaron al CRF, donde se realizaron ensayos de germinación para evaluar su viabilidad y donde se establecerán controles periódicos cada diez años.

De todas estas semillas, una parte se conserva en recipientes herméticos a −18 °C, mientras que otras se introducen en sobres especiales con información detallada sobre su origen, códigos y lugares de recolección, datos que también se incorporan a las bases de datos de NordGen.

Finalmente, las semillas fueron transportadas desde los laboratorios españoles hasta Longyearbyen (ciudad cercana a la Bóveda Global de Svalbard) mediante transporte terrestre y aéreo. Las semillas permanecerán almacenadas a largo plazo en las cámaras subterráneas de la Bóveda.

El significado de esta iniciativa trasciende el ámbito científico. Además de brindar un ejemplo de cooperación internacional entre universidades, centros de investigación y organismos internacionales, para el sector oleícola y la sociedad en general, garantiza la conservación de un cultivo emblemático de la cuenca mediterránea y refuerza, así, la seguridad alimentaria global.

The Conversation

Pablo Morello Parra forma parte del proyecto europeo H2020 GEN4OLIVE, centrado en la conservación, caracterización y valorización de los recursos genéticos del olivo.

Hristofor Miho no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El futuro de la aceituna está asegurado: ya hay semillas de olivo en la ‘bóveda del fin del mundo’ del Ártico – https://theconversation.com/el-futuro-de-la-aceituna-esta-asegurado-ya-hay-semillas-de-olivo-en-la-boveda-del-fin-del-mundo-del-artico-276413

Trump y Netanyahu quieren un cambio de régimen, pero el régimen iraní se creó para sobrevivir más allá de Jamenei

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amin Saikal, Emeritus Professor of Middle Eastern Studies, Australian National University; The University of Western Australia; Victoria University

Los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán, que mataron al líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, seguidos de los ataques de represalia de Teherán contra Israel y los países árabes vecinos, han sumido de nuevo a Oriente Medio en la guerra.

El presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu han declarado que su objetivo es provocar un cambio de régimen favorable en Irán. No deben subestimarse las implicaciones que esto tiene para Irán, la región y más allá.

Aunque el asesinato de Jamenei supone un duro golpe para el régimen islámico, no es insuperable. Muchos líderes iraníes han sido asesinados en el pasado, entre ellos Qassem Soleimani, arquitecto de la seguridad regional de Teherán, que fue asesinado por Estados Unidos en enero de 2020. En esas ocasiones han sido sustituidos con relativa facilidad, y el régimen islámico ha perdurado.

Es poco probable que la muerte de Jamenei signifique el fin del régimen islámico a corto plazo. Él anticipó esta eventualidad y, según se informa, la semana pasada organizó una línea de sucesión para su liderazgo y el de los altos mandos militares, de seguridad y políticos en caso de que fueran “martirizados”.

Sin embargo, Jamenei era tanto un líder político como espiritual. Ha liderado no solo a los chiitas devotos de Irán, sino también a muchos musulmanes de toda la región. Su asesinato incitará a algunos de ellos a buscar venganza, lo que podría desencadenar una ola de acciones violentas extremistas en la región y más allá.

Un régimen construido para sobrevivir

En virtud de una disposición constitucional de la República Islámica, la Asamblea de Expertos, órgano responsable de nombrar y destituir al líder supremo, se reunirá ahora para nombrar a un líder provisional o a largo plazo, ya sea de entre sus propias filas o fuera de ellas.

Hay tres posibles candidatos para sucederle:

  • Gholam-Hossein Mohseni-Eje’i, jefe del poder judicial
  • Ali Asghar Hejazi, jefe de gabinete de Jamenei
  • Hassan Jomeini, nieto del fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruhollah Jomeini.

El régimen tiene todos los incentivos para hacer lo que sea necesario para garantizar su supervivencia. A lo largo de todo el país hay muchos ejecutores y defensores del régimen, liderados por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y su grupo paramilitar subordinado Basij, capaces de reprimir cualquier levantamiento interno y luchar por la perdurabilidad del régimen, al que está íntimamente ligada su suerte.

Lo mismo ocurre con una serie de administradores y burócratas del Gobierno iraní, así como con los simpatizantes del régimen entre los iraníes de a pie: están motivados por una mezcla de chiismo y feroz nacionalismo para permanecer leales al régimen.

Llamamiento a derrocar el régimen

Trump y Netanyahu han realizado un llamamiento al pueblo iraní, del cual alrededor del 60 % tiene menos de 30 años, a derrocar al régimen una vez que las operaciones estadounidenses e israelíes lo hayan debilitado.

Quieren aprovechar que muchos están profundamente indignados por las imposiciones teocráticas del régimen y la grave situación económica. De hecho, ya salieron a las calles en protesta a finales de 2025 y principios de 2026. El régimen reaccionó entonces con dureza, matando a miles de personas.

¿Podría producirse ahora un levantamiento popular? Hasta ahora, el aparato coercitivo y administrativo del Estado parece respaldar firmemente al régimen. Si no aparecen fisuras importantes entre estas figuras, en particular el IRGC, es de esperar que el régimen sobreviva a esta crisis.

El dolor económico mundial

El régimen ha demostrado su capacidad de responder con gran rapidez a la agresión exterior. Ya ha respondido a Israel y a las bases militares estadounidenses en el Golfo Pérsico, utilizando misiles balísticos avanzados de corto y largo alcance y drones. Aunque muchos de los proyectiles han sido repelidos, algunos han alcanzado sus objetivos, causando graves daños.

El IRGC también se ha propuesto bloquear el estrecho de Ormuz, la estrecha vía navegable estratégica que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el océano Índico. Alrededor del 20 % del petróleo mundial y el 25 % del gas licuado fluyen a diario por el estrecho.

Estados Unidos se ha comprometido a mantener abierto el estrecho, pero el IRGC está en una posición privilegiada para bloquear el tráfico. Esto podría tener graves consecuencias para el suministro energético mundial y la economía en general.

Ambas partes en este conflicto han traspasado todas las líneas rojas anteriores. Ahora se encuentran en una guerra abierta que está afectando a toda la región.

Parece probable una guerra prolongada

Si Washington y Jerusalén esperaban que sus ataques no conducirían a una guerra regional, estaban equivocados: la contienda ya ha empezado.

Muchos países que tienen acuerdos de cooperación estrecha con Irán, incluidos China y Rusia, han condenado las acciones de Estados Unidos e Israel. Por su parte, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, ha pedido urgentemente que se reduzca la tensión y se vuelva a las negociaciones diplomáticas.

Pero las posibilidades de que le escuchen ocurra parecen muy escasas. Estados Unidos e Irán se encontraban en medio de una segunda ronda de conversaciones sobre el programa nuclear de Teherán cuando se produjeron los ataques. El ministro de Asuntos Exteriores de Omán, que mediaba entre ambas partes, declaró públicamente hace solo unos días que “la paz estaba al alcance de la mano”.

Pero esto no fue suficiente para convencer a Trump y Netanyahu de que dejaran continuar las negociaciones. Consideraron que era el mejor momento para atacar a la República Islámica y destruir no solo su programa nuclear, sino también su capacidad militar, después de que Israel debilitara a algunos de los afiliados regionales de Teherán, como Hamás y Hezbolá, y ampliara su presencia en el Líbano y Siria durante los últimos dos años y medio.

Todo apunta a un conflicto prolongado

Aunque es difícil determinar con certeza hacia dónde conducirá la guerra, todo apunta a un conflicto prolongado. Puede que no dure días, sino semanas. Estados Unidos e Israel persiguen nada menos que un cambio de régimen. Y el régimen está firmemente decidido a sobrevivir.

Con esta guerra, el liderazgo de Trump también está enviando un mensaje a sus adversarios –en particular a China–: que Estados Unidos sigue siendo la potencia mundial por excelencia.

Es lamentable que el pueblo iraní, la región y el mundo tengan que soportar las consecuencias de otra guerra evitable en Oriente Medio en un mundo ya profundamente convulso.

The Conversation

Amin Saikal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Trump y Netanyahu quieren un cambio de régimen, pero el régimen iraní se creó para sobrevivir más allá de Jamenei – https://theconversation.com/trump-y-netanyahu-quieren-un-cambio-de-regimen-pero-el-regimen-irani-se-creo-para-sobrevivir-mas-alla-de-jamenei-277203