Irán no es Venezuela: la guerra que Trump y Netanyahu podrían no controlar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Priego, Profesor Agregado de la Facultad de Derecho- ICADE, Departamento de Dep. Público. Área DIP y RRII, Universidad Pontificia Comillas

El pasado sábado 28 de febrero el mundo se despertó con una nueva guerra. Las fuerzas armadas de Israel y de Estados Unidos atacaban por sorpresa y a traición a la República Islámica de Irán. Si bien la sorpresa forma parte de la lógica militar, la traición (se habían emplazado a verse el lunes 2 de marzo) se aleja de las normas básicas de la elegancia y la caballerosidad, dos cualidades que no poseen ni Donald Trump ni Benhamin Nentayahu.

La estrategia utilizada por Washington no difiere mucho de la empleada en Venezuela: golpear y descabezar pero no ocupar físicamente el territorio. Sin embargo, lo que nunca pudieron prever Trump ni Nentanyahu es que Irán sea un Estado militar y políticamente mucho más sólido que Venezuela.

Mientras que el país caribeño tiene un presupuesto militar de 4 000 millones de dólares, el país persa supera los 23 000. Mientras que las defensas antiaéreas venezolanas se limitan a los viejos S-125 y S-300 rusos, Irán posee tecnología propia (Bavar 373 y Karded) con capacidad para detectar y derribar aviones furtivos, como son los B-2, F22 o los F-35.

Por último, tampoco debemos olvidar que Irán tiene una industria militar orientada a la producción de drones y misiles, lo que le hace extremadamente peligroso ante un ataque.

Volviendo a las acciones iniciadas el pasado 28 de febrero, lo que se desprende es que tanto Jerusalén como Washington apuestan por una guerra corta. Lo que EE. UU. e Israel hicieron durante las primeras 48 horas fue golpear las defensas antiaéreas con la intención de controlar el espacio aéreo iraní.

Aunque los datos son escasos y confusos, todo apunta a que durante ese tiempo se habrían destruido buena parte de los radares y de la defensas antiaéreas iraníes.

Irán tiene una gran capacidad de resistencia

Si bien es cierto que Irán ha sufrido un serio correctivo, este no parece haber afectado a su capacidad para resistir y, sobre todo, parece no haber afectado a su estrategia para hacer daño en el exterior. En lo que a la capacidad de resistencia iraní se refiere, los ocho años de guerra con Irak han fortalecido no solo su capacidad para resistir sino también su capacidad para convertir la contienda en una guerra de desgaste.

En cuanto a su estrategia para hacer daño, hay que decir que desde que se iniciara la ofensiva, Irán no ha parado de bombardear las bases militares occidentales en el exterior, especialmente las americanas, pero también instalaciones militares de otros países como Reino Unido o Francia. Esta estrategia, que podríamos denominar como “estrategia mártir”, responde a un objetivo claro: alargar el conflicto para convertirlo en una guerra de desgaste.

Objetivo de Teherán: prolongar el conflicto

Tanto Estados Unidos como Israel todavía son estados con opiniones públicas libres y críticas. Si el conflicto se extendiera en el tiempo y en el espacio, los gobiernos de Trump y de Netanyahu podrían recibir duras críticas internas y también de sus aliados. Por ello, el objetivo de Teherán parece claro: prolongar el conflicto hasta cuatro semanas.

De prolongarse el conflicto ese tiempo se acabarían las reservas de crudo, lo cual dispararía el precio del petróleo por encima de los 100 dólares. Si esto llegara a pasar, nos veríamos en un escenario de recesión económica y, por lo tanto, los gobiernos americanos e israelí verían mermados sus apoyos internos y externos.

Otro de los elementos que no podemos dejar de mencionar es la resiliencia del régimen iraní. Irán es un régimen político mucho más sólido que el venezolano. Debido a la naturaleza del mismo y a la base ideológica que sustenta a la República Islámica, resulta impensable pensar en que alguien de dentro del régimen pueda ocupar el papel de Delcy Rodríguez.

Por lo tanto, todas las opciones de cambio de régimen pasan por la oposición de una importante proporción de la población (10 % del total) que vive directamente de las arcas de la República Islámica. Igualmente, Estados Unidos ha dejado claro que tal y como ocurrió en Venezuela, Washington no tiene ninguna intención de poner botas americanas en Irán, un hecho que limita las opciones de cambio de las acciones de una oposición que lleva años mostrándose incapaz de derrocar a los ayatolás.

Tampoco podemos olvidarnos de la complejidad la sociedad israelí, donde encontramos minorías azeries, baluches, árabes, kurdas, armenias, lures o turcomanas. Si el régimen se resquebrajara como consecuencia de las acciones de Estado Unidos o Israel, algunas de estas minorías podrían aprovechar la ocasión para declararse independientes e incluso para unirse a estados vecinos donde hay grupos étnicos afines.

¿Posibles escenarios?

Para concluir podemos plantear al menos tres posibles escenarios. El primero de ellos –que parece más improbable– sería un colapso del régimen acompañado de un cambio de gobierno liderado por los grupos opositores con Reza Pahlavi –príncipe heredero del sah de Persia, que actualmente vive en el extranjero– como enlace con EE. UU..

El segundo de los escenarios sería una guerra que se prolongara hasta un año con movimientos dentro del régimen que busquen acuerdos pragmáticos con el gobierno de los Estados Unidos.

El tercer y último escenario podría ser una guerra más larga (2-3 años) con mayor coste y con una desestabilización generalizada de la región. De darse este tercer escenario, las consecuencias serían globales e impredecibles.

A modo de conclusión debemos afirmar que aunque el régimen de los ayatolás ha violado reiteradamente los derechos humanos y que ha sido el mayor desestabilizador de toda la región, las acciones emprendidas por Washington y Jerusalén no van a traer paz a la región. Quizá es momento de parafrasear al poeta persa Saadi Shirazi: “Un fin puro no justifica un camino impuro”.

The Conversation

Alberto Priego no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Irán no es Venezuela: la guerra que Trump y Netanyahu podrían no controlar – https://theconversation.com/iran-no-es-venezuela-la-guerra-que-trump-y-netanyahu-podrian-no-controlar-277217

¿Estamos perdiendo el color?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Povo Grande de Castilla, Director del Grado en Publicidad y Creación de Marca, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

GE_4530/Shutterstock

Es un tema recurrente en estudios más o menos sesudos, e incluso en reels de redes sociales: el color está desapareciendo de nuestras vidas. Desde los coches a las casas, pasando por la moda y las marcas.

Del análisis realizado por el Science Museum Group con más de 7 000 objetos cotidianos de sus colecciones desde 1800 se desprende que los colores grises y desaturados se han hecho más habituales a medida que avanzaba el siglo XX.

Esta afirmación coincide con la percepción de muchos observadores anónimos que aseguran que cada día hay menos cosas de colores en sus vidas, que los coches son tristes, que la gente viste masivamente de negro y que el interiorismo está dominado por las paletas más desaturadas de la historia.

Colores y sentimientos

Los expertos en psicología del color atribuyen a los colores diferentes efectos: levantar el ánimo, excitar, relajar… Dice Eva Heller en su obra Psicología del color, una verdadera biblia para diseñadores, que “los colores y los sentimientos no se combinan de manera accidental; sus asociaciones no son meras cuestiones de gusto, sino experiencias universales profundamente enraizadas en nuestro lenguaje y nuestro pensamiento”.

Con esto en mente, es lógico que los diseñadores de espacios u objetos que tienen que funcionar para todos y hacerlo en cualquier momento intenten minimizar el impacto de utilizar colores no neutros. Tener un coche naranja significa ir siempre en una cápsula optimista y enérgica, algo habitual en los años 70, por ejemplo.

Ya explicaba la experta en color Leatrice Eisman que la paleta de tonos de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial buscaba el “optimismo terapéutico. Tras años de uniformes caqui y vehículos grises, en los 50 los colores saturados significaron progreso y modernidad, nuevos tiempos, adiós al sufrimiento”.

También Jean-Philippe Lencos, investigador del “geocromatismo”, documentó cómo las paletas de color resurgieron tras la guerra para devolver la identidad perdida con los bombardeos.

Esto tuvo su evolución y los años 80 redescubrieron, de algún modo, el color cemento, el blanco y negro y lo neutro, combinado con tonos saturados, dentro del movimiento pendular habitual en las tendencias.

Ya lo adelantaban en el 78 el libro High-tech: The industrial style and source book for the home, con una visión del color como funcional o señalético sobre el gris tecnológico o brutalista.

Librería de colores y formas variadas.
Separador de ambientes Carlton de Ettore Sottsass para Memphis, 1981, en el Milwaukee Art Museum.
Saliko/Wikimedia Commons, CC BY

En plenos 80, tendríamos que hablar del estilo Memphis, colorista donde los haya, y con saturaciones nunca vistas en moda, mobiliario e interiorismo. Para algunos expertos, el estilo Memphis de Ettore Sottsass era un gran grito de color antes de la monocromía de hoy, una reacción al racionalismo gris que empezaba a imponerse en arquitectura e interiorismo de alto standing.

¿No es posible que esta cromofobia de la que creemos ser víctimas en el primer cuarto del siglo XXI sea un simple espejismo? Pensemos que el color dominó durante unas décadas muy concretas el panorama de la moda, la automoción y la decoración. Una isla de color en medio de un mar de grises.

Siempre ha habido colores en arquitectura, moda y mobiliario. Incluso hoy. Del mismo modo, siempre ha habido tonos neutros, grises, blancos y negros.

Del Ford T a los supermercados

Pensemos en los siglos anteriores, en los edificios de piedra y mármol del siglo XIX (no en sus policromados ancestros grecorromanos), en las ropas decimonónicas. El negro fue el único color en los Ford T: “Cualquier cliente puede pintar su coche del color que desee, siempre y cuando sea negro”, decía Henry Ford, fundador de Ford Motor Company. Aquí mandaba la velocidad de secado de la pintura, esencial para el fordismo. Las razones técnicas y económicas son parecidas a las que se utilizan hoy para el resurgimiento de una paleta tan neutra y limitada.

¿Y los juguetes de los niños? ¿Han sucumbido a la dictadura monocromática? Hemos visto algunas habitaciones infantiles llenas de osos de trapo tristes y grises, pero que haya padres “desalmados” no quiere decir que sea la norma.

¿Y los productos de venta en supermercado? ¿No son una explosión de color, incluso por encima de los de los años dorados de la saturación? El psicólogo ambiental Paco Underhill explica que el ojo humano escanea colores en movimiento, identificando en los lineales la falta de color como “producto genérico o de bajo costo”.

Cuando hablamos de vender galletas, nos olvidamos de los tonos neutros. Para algunos autores el color comunica el sabor, la frescura y la categoría del producto. Aquí las tendencias tienen poco o nada que decir: manda la biología, no la moda o el gusto del diseñador.

Si hablamos de moda, hablamos de péndulo una vez más. Cada año van y vienen tendencias, y es falso que vivamos en una constante de grises y arenas. Siempre hay colores vivos, pastel, neón o matizados que van y vienen.

Existe una tendencia entre los creativos más jóvenes de empezar a detestar el minimalismo cromático (y de diseño en general) de sus padres y mentores y apuestan por un maximalismo cromático. El maximalismo es una forma de autorregulación emocional. En un mundo incierto, rodearse de colores produce una sensación de seguridad que el gris no ofrece.

El rojo sobre fondo gris

No quiero dejar de citar al maestro Jean Baudrillard, que escribió sobre la “semiología de los objetos” y cómo en esta época los objetos dejan de ser útiles para ser signos. El rojo en un entorno gris no es un color, es un signo de estatus y diseño. El color no es todo practicidad y tendencia.

¿Y si el espejismo se produce sencillamente cuando, arrastrados por nuestro sesgo cognitivo, comparamos hitos estéticos aislados? No estamos ante una muerte del color, sino ante su especialización funcional.

Hemos delegado el croma al estímulo inmediato del consumo (el supermercado) y a la rebeldía identitaria de los más jóvenes, mientras protegemos nuestros espacios de inversión con la neutralidad.

El color no ha desaparecido; ha dejado de ser un ornamento para convertirse en un recurso estratégico que dosificamos según el mercado o nuestra propia salud mental.

Quizás, al final, el gris no es tristeza, sino el silencio visual que necesitamos para procesar un mundo saturado. El color no ha muerto, solo se está tomando un respiro para ayudarnos con nuestra vida.

The Conversation

Rafael Povo Grande de Castilla no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Estamos perdiendo el color? – https://theconversation.com/estamos-perdiendo-el-color-273727

Cómo aprovechar el poder antioxidante de nuestros músculos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marcos Martín Rincón, Profesor Contratado Doctor en Departamento de Educación Física e Instituto de Investigaciones Biomédicas y Sanitarias (iUIBS), Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

CrizzyStudio/Shutterstock

Uno de los principales enemigos de nuestra salud y nuestra lozanía es el estrés oxidativo, causado por unas moléculas muy inestables llamadas especies reactivas del oxígeno y nitrógeno (RONS). Aunque surgen de forma natural en nuestras células durante los procesos de obtención de energía, situaciones como la inflamación, la radiación solar, la exposición a contaminantes o el ejercicio físico extenuante hacen que se incremente su producción.

Cuando su generación supera la “capacidad antioxidante” de la célula, nos enfrentamos al temido daño oxidativo (o estrés oxidativo), que produce alteraciones en lípidos, proteínas o el ADN. Si la situación se mantiene en el tiempo aumentan las probabilidades de que suframos enfermedades cardiovasculares, cáncer, envejecimiento, obesidad o sarcopenia.

Un escuadrón de defensa química

En cantidades controladas, las RONS son valiosas aliadas: [cumplen funciones esenciales] en la señalización celular, el metabolismo energético, la función inmune o la vasodilatación link text. El equilibrio redox (balance entre la producción y la neutralización de las RONS) se mantiene gracias a un sistema integrado por enzimas y otras moléculas que actúan como un “escuadrón de defensa química” para neutralizar compuestos oxidantes antes de que dañen las células. El control de este sistema antioxidante recae en la proteína Nrf2.

En condiciones de reposo, Keap1 (otra proteína) se une a Nrf2 y conecta a esta con una maquinaria que la degrada con rapidez y mantiene bajos sus niveles. Pero cuando aumenta la producción de RONS, Keap1 deja de ejercer transitoriamente ese papel y, además, puede reducirse su disponibilidad. Entonces, Nrf2 se sigue sintetizando, se acumula y pasa al núcleo celular, donde activa los genes que codifican enzimas antioxidantes y proteínas de desintoxicación.

Aunque este mecanismo se ha estudiado en el hígado o el cerebro, el papel del músculo esquelético ha recibido menos atención.

En condiciones basales, la proteína Nrf2 permanece unida a Keap1, que la dirige hacia su degradación y mantiene inactivo el programa antioxidante. Cuando aumentan las RONS, este ‘freno’ se libera, Nrf2 se acumula y activa en el núcleo los genes responsables de la defensa antioxidante.

El ejercicio “desoxida”

En modelos animales, el ejercicio regular reduce el estrés oxidativo y aumenta la actividad de enzimas antioxidantes en el cerebro, el hígado, el corazón y el músculo. Además, estudios en humanos muestran que, desde la niñez hasta edades avanzadas, las personas más activas presentan menor daño oxidativo y mayor capacidad antioxidante que las sedentarias incluso en edades avanzadas. Este efecto se explica por el fenómeno de “hormesis”: pequeñas cantidades repetidas de una sustancia potencialmente dañina (RONS, en este caso) promueven adaptaciones que permiten resistir dosis más altas sin que se produzcan efectos nocivos.

Las actividades de resistencia y de fuerza, los esfuerzos muy intensos y breves (lo que en entrenamiento se conoce como “esprints”) o el ejercicio que produce dolor muscular tardío (“agujetas”) se asocian a una mayor producción de RONS, que actúan como señales para activar las defensas y la reparación celular.

En un estudio reciente de nuestro grupo de investigación, revelamos que el ejercicio intenso activa en cuestión de segundos una potente respuesta antioxidante a través de la dupla Nrf2/Keap1, en un mecanismo regulado por la disponibilidad de oxígeno. De forma igualmente rápida, esa respuesta se atenúa una vez cesa el ejercicio.

Estos hallazgos muestran por primera vez en seres humanos la rápida dinámica de “encendido y apagado” de la respuesta antioxidante del músculo esquelético. Además, durante la contracción muscular también se liberan proteínas mensajeras (mioquinas) y señales químicas que contribuyen a la mejora de la capacidad antioxidante en otros órganos y tejidos. Tales procesos consolidan al músculo como un órgano clave en la defensa antioxidante del organismo.

Sesiones antioxidantes

Entonces, ¿podemos mejorar la capacidad antioxidante mediante el entrenamiento? ¿Y cómo funcionan los diferentes tipos de ejercicio en este empeño? Veamos qué dicen las evidencias.

  • Resistencia. El entrenamiento de resistencia, habitualmente en bicicleta a intensidad moderada (2–3 sesiones por semana), ha sido el más estudiado. En personas con insuficiencia cardiaca, diabetes mellitus tipo 2 u obesidad, programas de entre 8 y 24 semanas incrementan la cantidad de enzimas antioxidantes –como la superóxido dismutasa (SOD), la catalasa (CAT) o la glutatión peroxidasa (GPx)– y reducen la presencia de marcadores de oxidación. En jóvenes sanos, las mejoras son menores, lo que sugiere que el nivel inicial de forma física condiciona la adaptación.

    En el único estudio que evaluó el entrenamiento con pequeños picos de esfuerzo a máxima intensidad (esprints),la actividad muscular de GPx aumentó un 37 % y la de glutatión reductasa (GR) un 56 %, mientras que la SOD no mostró cambios. En modelos animales, según intensidad y duración, el entrenamiento de esprint puede elevar GPx o glutatión reductasa (GR).

  • Fuerza. En adultos mayores([https://doi.org/10.3390/antiox10030350]) y en hombres con diabetes mellitus tipo 2, programas de 6-13 semanas (2-3 días por semana, con cargas progresivas) aumentan los niveles de SOD, CAT, GPx o GR y reducen el daño oxidativo en músculo, aunque no todas esas enzimas antioxidantes responden igual.

  • Entrenamiento concurrente (combinación de resistencia y fuerza). Ninguna investigación ha evalúado adaptaciones antioxidantes en el músculo. En sangre, un único estudio observó que entrenar resistencia, fuerza y ambas de manera conjunto aumentan SOD y reducen MDA (un marcador de estrés oxidativo), con mejoras adicionales en la capacidad antioxidante total del plasma (TAC) y GPx.

Por qué importa la defensa antioxidante muscular

Los estudios con animales, que aportan información útil para orientar la investigación en humanos, han demostrado que aumentar enzimas antioxidantes musculares protege frente al estrés oxidativo generado por la actividad de los músculos, el humo de tabaco, la ventilación mecánica o fármacos prooxidantes como la doxorrubicina, previniendo la atrofia, la disfunción y la fatiga de los músculos.

En humanos, aunque hay menos datos, varios ensayos muestran que programas que elevan la capacidad antioxidante muscular reducen el estrés oxidativo agudo tras el ejercicio y mejoran la tolerancia al esfuerzo en adultos mayores y personas con obesidad. Estas mejoras podrían estar relacionadas con los efectos beneficiosos que produce el acondicionamiento físico antes de procesos quirúrgicos.

Recientemente, hemos demostrado en jóvenes sanos que un perfil antioxidante muscular más favorable está estrechamente ligado a la resistencia física: la capacidad de seguir rindiendo incluso en condiciones de fatiga extrema se asocia con más Nrf2 activado y menos Keap1. Así, esta capacidad no solo protege frente al estrés oxidativo, sino que también favorece la tolerancia a esfuerzos de alta intensidad.

El ejercicio físico regular incrementa transitoriamente las RONS en el músculo, lo que activa la vía Nrf2/Keap1 y estimula la producción de enzimas antioxidantes. Con el entrenamiento, esta adaptación mejora la capacidad antioxidante muscular, reduce el estrés oxidativo y se asocia con mayor tolerancia al esfuerzo y mejor capacidad cardiorrespiratoria (VO₂max).

La capacidad cardiorrespiratoria, evaluada como VO₂max, es un indicador clave de rendimiento y capacidad funcional, además de un fuerte predictor de la mortalidad por cualquier causa. Por tanto, no debe sorprender que el VO₂max se relacione también con la capacidad antioxidante muscular medida en una muestra amplia de personas.

En suma, una buena forma aeróbica y las adaptaciones inducidas por el entrenamiento se asocian con una mayor capacidad antioxidante del músculo. Esto puede ayudar a reducir el estrés oxidativo en situaciones patológicas o de alta demanda física, contribuyendo a proteger la función muscular y mantener el rendimiento.

Los estudios futuros deberán integrar información molecular, funcional y clínica para confirmar estos efectos y profundizar en mecanismos aún poco explorados, así como en las dosis y modalidades de ejercicio que optimizan los beneficios.


Víctor Galván Álvarez, profesor del Departamento de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Fernando Pessoa Canarias, es el autor principal de este artículo.


The Conversation

Marcos Martín Rincón recibe financiación para investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación y organismos públicos de investigación, incluyendo los proyectos PID2021-125354OB-C21, PID2024-156206OA-I00 y PDC2025-165723-I00. Declara no tener vínculos económicos ni conflictos de interés relacionados con el contenido de este artículo más allá de su actividad académica.

Ángel Gallego Sellés es beneficiario de la ayuda postdoctoral Catalina Ruiz (APCR2023010007), financiada por el Gobierno de Canarias y el Fondo Social Europeo, y recibe financiación pública para investigación de organismos nacionales y autonómicos. Declara no tener conflictos de interés relacionados con el contenido de este artículo.

Elisabetta de Nigris recibe financiación pública para investigación de organismos nacionales y autonómicos. Declara no tener conflictos de interés relacionados con el contenido de este artículo.

– ref. Cómo aprovechar el poder antioxidante de nuestros músculos – https://theconversation.com/como-aprovechar-el-poder-antioxidante-de-nuestros-musculos-239785

Los argumentos económicos de Donald Trump no son nuevos y no justifican la eliminación de las políticas climáticas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Linares, Profesor de Organización Industrial de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería ICAI, Universidad Pontificia Comillas

Robert V Schwemmer/Shutterstock

Donald Trump sigue empeñado en desmontar las políticas climáticas de sus predecesores en la presidencia de Estados Unidos. Se basa en argumentos que también se escuchan cada vez más en Europa: costes, competitividad, seguridad energética… ¿Tienen peso esos argumentos? Y, sobre todo, ¿justifican abandonar la lucha contra el cambio climático?

Sí, las políticas climáticas tienen un coste

La respuesta a la primera pregunta es que, a veces, sí, las políticas climáticas aumentan los costes a corto plazo para los consumidores. No en todos los casos, por supuesto: las energías renovables como la solar fotovoltaica o la eólica terrestre ya son más baratas que las basadas en fósiles a la hora de producir electricidad. Eso explica de hecho que ya en muchos países (como España, China o también en EE. UU.) ya dominen las nuevas inversiones o supongan una cuota elevada de la producción eléctrica.

Pero cuando queremos reducir las emisiones en sectores como el transporte o la industria, o incluso los edificios, las tecnologías que permiten descarbonizar (como los vehículos eléctricos, las bombas de calor o tecnologías aún más complejas para la industria) no son necesariamente más baratas que las actuales en términos puramente monetarios, o no tenemos acceso a la financiación necesaria para adquirirlas.

En estas ocasiones, para lograr que las tecnologías bajas en carbono ganen cuota de mercado, hace falta incorporar a las tecnologías fósiles un cargo que refleje el coste social de las emisiones de CO₂.

También podríamos subvencionar las tecnologías descarbonizadas, o el ahorro energético, pero eso no cambia su coste real para la sociedad. Y eso supone que el consumidor pague más que antes, bien directamente o bien mediante impuestos para pagar las subvenciones. Y también supone que, a la hora de competir en un mercado internacional en el que otros países no aplican este cargo por las emisiones, los productos vendidos puedan ser más caros, y por tanto perder cuota de mercado.

Pero mitigar el cambio climático supone beneficios

Ahora bien, esto no debería ser un argumento suficiente para cargarse las políticas climáticas. Porque esto es algo que conocemos desde el principio y que de hecho explica la dificultad de llegar a acuerdos internacionales que sean efectivos en materia de clima.




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Solucionar el cambio climático, algo que ofrece más beneficios que costes, requiere incurrir en costes ahora (con el fin de desincentivar emisiones o desarrollar nuevas tecnologías descarbonizadas) para lograr beneficios futuros en forma de un clima menos extremo o de unas tecnologías más eficientes y respetuosas con el medio ambiente. Unos beneficios que no conocemos con certidumbre –y eso es parte del problema–, y que además disfrutarán las futuras generaciones, pero no las que pagan ahora la factura.

Una factura, además, mal distribuida: pagarán más generalmente los sectores más vulnerables de la sociedad, los que menos capacidad tienen de invertir en las nuevas tecnologías descarbonizadas.




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Gráfico que muestra que los hogares con más renta tienen más vehículos eléctricos e híbridos
Hogares con vehículos híbridos o eléctricos según nivel de renta en España.
Jorge Galindo, Álvaro Fernández, Esade EcPol/Datos del INE, CC BY-SA

La dificultad de valorar las ventajas futuras

Pero esto no es nuevo. Y tenemos una respuesta racional para ello, basada en que, como he dicho antes, sabemos que los beneficios de actuar contra el cambio climático superan sus costes, aunque cueste a veces ver estos beneficios o sean inciertos.

En esa línea, igual que estamos dispuestos a comprar un seguro para nuestro coche o nuestra vivienda, deberíamos estar dispuestos a pagar algo más ahora para asegurarnos de reducir los daños que podamos sufrir en el futuro (o ya estamos sufriendo).

Además, los que nos hemos beneficiado de los combustibles fósiles para desarrollar nuestras economías deberíamos ayudar a los países potencialmente más afectados por el cambio climático (que además son generalmente los más pobres) para adaptarse y minimizar los daños que puedan sufrir. Y, si realmente queremos avanzar en la transición climática sin dejar a nadie atrás (y, por tanto, sin generar rechazo social), debemos disponer de mecanismos de solidaridad.

Alguien sostiene una pancarta que dice:
Pancarta en una manifestación por la justicia climática en Londres.
Valentino Bosa/Shutterstock

Los beneficios a corto plazo son más populares

El problema es que, en el contexto político actual, plagado de populismo, jugar la baza del corto plazo –o de los perdedores de la transición o del nacionalismo– en lugar de preocuparse por las generaciones futuras o por aquellos países a los que hemos creado un problema, tiene mucho rédito en término de votos.

Esto se observa en las distintas encuestas de opinión, tanto en EE. UU. como en España: los ciudadanos siguen apoyando la lucha contra el cambio climático, pero, al darse cuenta del coste de las políticas climáticas, el apoyo social se reduce.

De hecho, la narrativa buenista que nos decía que luchar contra el cambio climático no costaba dinero, sino que iba a traer beneficios inmediatos, también puede haber contribuido a esa desafección social y a ese rechazo actual a las políticas climáticas cuando esos beneficios no se materializan. Como decía hace poco un político español, “el populismo surge de los decepcionados. Por eso hay que combatir al populismo con resultados, con acción política y democracia. Y eso requiere pactos y acuerdos”.




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Medidas políticas necesarias

Entonces, desde el punto de vista político, ¿qué acción, qué pactos, qué acuerdos necesitamos? Estos son algunos de ellos:

  • Primero, debemos proporcionar información sin endulzar: la verdad por delante en cuanto a los costes (y no sólo a los beneficios) de las políticas climáticas. Eso evidentemente requiere consenso para que la información veraz no se utilice como arma arrojadiza.

  • Segundo, también necesitamos consenso político sobre las actuaciones fundamentales: políticas de innovación y competitividad para hacer realidad los beneficios de la transición en términos de renta y empleo y una política fiscal justa que incentive la descarbonización, pero también proteja a los perdedores o a los más vulnerables.

  • Tercero, debemos utilizar la diplomacia y política comercial climática para lograr un terreno de juego internacional equilibrado, tanto dentro como fuera de Europa.

Una respuesta populista, es decir, destruir las políticas climáticas, la terminaremos pagando con creces, y más pronto que tarde, como ya estamos viendo con los desastres naturales recientes.

The Conversation

Aunque gran parte de mi investigación está financiada por empresas, ONGs e instituciones públicas relacionadas con el sector energético y medioambiental, declaro que los resultados, conclusiones y opiniones de mis publicaciones no representan ni han sido influidas por estas entidades

– ref. Los argumentos económicos de Donald Trump no son nuevos y no justifican la eliminación de las políticas climáticas – https://theconversation.com/los-argumentos-economicos-de-donald-trump-no-son-nuevos-y-no-justifican-la-eliminacion-de-las-politicas-climaticas-276129

Biometría de la conducta: cuando nuestros últimos diez “me gusta” nos delatan

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marcos Rodríguez Vega, Investigador en inteligencia artificial, Universidad de La Laguna

La forma en que usamos las aplicaciones digitales hace que pueda obtenerse un retrato robot muy exacto de quiénes somos. Emily Rand & LOTI / https://betterimagesofai.org , CC BY-SA

En la escena de un crimen, un pelo puede situar en el lugar a una persona. En la red, sus diez últimos “me gusta” no solo dejan constancia de dónde estuvo y a qué hora, permiten perfilarle, anticiparle y empujarle a tomar decisiones. El ADN sirve para identificarle en un sentido biométrico y administrativo; la huella digital sirve para reconstruir su vida cotidiana: hábitos, relaciones, rutinas.

Lo decisivo no es el dato aislado, sino la combinación de varios rastros pequeños. Es un juego de identificación automático, que no pregunta “¿quién es usted?”, sino “¿a qué hora se conecta?”, “¿desde dónde?”, “¿qué mira después?”, “¿cuánto tiempo pasa en esa publicación?”. No hace falta acertar al cien por cien en las respuestas: con una probabilidad alta ya, es suficiente para tratarle como “la misma persona”.

Es precisamente en esa certidumbre estadística donde reside el verdadero poder. Es tentador pensar que nuestra identidad solo se limita a lo que pensamos o, en el caso administrativo, a un expediente. Sin embargo, para la maquinaria productiva y extractivista de datos, somos estrictamente lo que hacemos.

Y, cuando una empresa u organismo puede predecir nuestra próxima acción, también puede insistir con un estímulo, un anuncio con una determinada frase que apela a un sentimiento que nos empuja a un “es por aquí”. Esa presión es la antesala de una biometría algo más volátil: la de la conducta.

Biometría invisible: la conducta

Por esto es importante expandir el concepto de biometría: ya no es solo un pelo, la huella dactilar o el iris. La conducta forma parte de lo que somos y, bajo la lógica del mercado, se ha convertido en la materia prima más codiciada.

Para entender la magnitud de esta intrusión, primero debemos saber cómo funciona la biometría convencional a nivel matemático. Un lector de huellas o un escáner de iris no almacena una fotografía literal de esa parte del cuerpo. Lo que hace es convertir la anatomía en un problema geométrico y probabilístico. El algoritmo identifica puntos claves o patrones en la textura y, luego, los traduce a un modelo matemático que crea unas características numéricas.

La identificación, entonces, se reduce a comparar esas características con las almacenadas ya en una base de datos, calculando las similitudes entre ambas. Si las diferencias son pocas, el sistema asume que ha habido una coincidencia en la base de datos.

Como dicta la norma fundamental del mercado, donde hay un recurso cuantificable surge inmediatamente una industria dispuesta a privatizarlo. La biometría anatómica abrió una veta inmensa de especulación y mercantilización del cuerpo. Lo presenciamos con esas empresas que desplegaron escáneres en metros, centros comerciales y barrios obreros ofreciendo dinero por escanear el iris de los transeúntes o, incluso peor, ofreciendo un servicio de fotografía del ojo en el que se pagaba por obtener un retrato de tu iris.

Aprovechándose del desconocimiento y la ingenuidad de las personas, estas empresas compraron identidades inmutables a precio de saldo.

‘Brokers’ de intimidades

Este tipo de negocios siguen en nuestras calles y ahora se ha intensificado, ampliándose a la mercantilización de nuestra conducta. El engranaje técnico de este nuevo mercado lo operan los brokers de datos, empresas apenas legales que comercializan nuestro perfil conductual. Se escudan afirmando que sus bases de datos están desprovistas de nombres propios, pero la anonimización es un mito matemático en la era del big data. Gracias a las reglas de asociatividad y a la combinatoria, basta con cruzar un código postal, una fecha de nacimiento, el género y cómo mueve el ratón para aislar un perfil inequívoco.

Para mantener este mercado en perpetuo movimiento, instituciones y empresas imponen campañas invasivas. Nos obligan a usar códigos QR en la hostelería o descargar aplicaciones específicas para aparcar o acceder a un descuento, incluso usar códigos QR para acceder a horarios del transporte público, embudos diseñados para generar dependencia y succionar datos (qué servicio usamos, cuándo, dónde, etc) en tiempo real, que luego se venden al mejor postor.

La solución no es resignarse ni caer en la moralina del “deberíamos leer mejor los términos de uso”. Es necesaria una política estructural que desactive esa infraestructura que vive de rastrearnos y, en última instancia, nos polariza y nos aísla para la manipulación.

La neutralidad de la red debe entenderse en su sentido más amplio: significa garantizar que ninguna empresa pueda usar nuestros datos de navegación o ni pueda alterar, filtrar o manipular nuestra experiencia online.

La neutralidad como trinchera

Frente a esta vigilancia, la exigencia política pasa por prohibir la existencia de brokers digitales para que no especulen con nuestra conducta y para exigir la máxima transparencia en el funcionamiento de los algoritmos, que ahora son opacos pero dictan nuestras decisiones y acabar con la recopilación masiva de datos.

En caso contrario, el ecosistema digital se vuelve precario para el proletariado digital –que somos todos sus usuarios– y extrae valor de su atención. Recuperar el control no es una utopía inalcanzable, sino una alternativa real.

Salvaguardar nuestra identidad y nuestra privacidad hoy es tecnológicamente viable, las herramientas existen. La verdadera cuestión reside en el dilema político al que nos enfrentamos: ¿exigiremos a nuestros órganos estatales y corporativos que prioricen nuestra integridad o se permitirá por omisión que las plataformas digitales sigan ejerciendo un control invisible e impune sobre nuestras vidas?

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Marcos Rodríguez Vega no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Biometría de la conducta: cuando nuestros últimos diez “me gusta” nos delatan – https://theconversation.com/biometria-de-la-conducta-cuando-nuestros-ultimos-diez-me-gusta-nos-delatan-276017

‘Employee delight’, un nuevo concepto que va más allá de la satisfacción en el trabajo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alba Manresa, Profesora e investigadora de la Facultat de Ciències Econòmiques i Socials, Universitat Internacional de Catalunya

we.bond.creations/Shutterstock

Durante años, cuando se hablaba de bienestar en el trabajo el objetivo era claro: tener empleados satisfechos. Un buen salario, un ambiente correcto y unas condiciones estables parecían suficientes.

Sin embargo, las investigaciones recientes indica que la satisfacción ya no es el techo del bienestar laboral, sino su punto de partida. El nuevo concepto clave es el employee delight, que puede traducirse como deleite o entusiasmo laboral. Un estudio coliderado por la profesora Alba Manresa, de la Universitat Internacional de Catalunya, junto con Dalilis Escobar y Eva Rimbau, profesoras de la Universitat Oberta de Catalunya, pone el foco en esta idea.

Cuando las personas se sienten ilusionadas, valoradas y cuidadas en su lugar de trabajo, los beneficios se multiplican para ellas y para las empresas. Pero ¿qué significa exactamente employee delight? ¿Se diferencia en algo de la satisfacción laboral de siempre?

Más allá de las expectativas

Durante décadas, la satisfacción laboral ha sido el principal indicador de bienestar en las organizaciones. Una persona satisfecha considera aceptables sus condiciones de trabajo y no tiene grandes quejas, pero eso no implica que esté motivada o conectada con lo que hace.

En cambio, el employee delight puede definirse como un estado emocional intenso que aparece cuando las expectativas laborales no solo se cumplen, sino que se superan. Es una experiencia que combina reconocimiento, respeto y sentido de pertenencia. Para que pueda surgir este estado deben confluir tres factores:

  1. Relaciones humanas de calidad.

  2. Reconocimiento auténtico.

  3. Experiencias que muestran un cuidado real por las personas.




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Si la satisfacción laboral describe una situación estable, pero emocionalmente neutra, el employee delight implica emociones positivas intensas: entusiasmo, orgullo, gratitud o sentido de pertenencia. Es la diferencia entre cumplir con el trabajo o vivirlo como algo que aporta significado.

La comparación con la vida cotidiana ayuda a entenderlo. Un cliente satisfecho en un restaurante considera que todo ha estado correcto. Un cliente encantado sale con ganas de recomendar el lugar, quiere volver y contar su experiencia. En el trabajo ocurre algo parecido: la persona satisfecha cumple con su tarea, mientras que la que siente entusiasmo se implica, cuida los detalles y transmite energía positiva.




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Emoción, conocimiento y motivación

El estado de entusiasmo laboral tiene tres componentes esenciales: el emocional, las emociones positivas intensas; el cognitivo, pues se deriva de acontecimientos específicos relacionados con el trabajo; y el motivacional, que contempla la relación entre el trabajo y los valores individuales del trabajador.

El entusiasmo de los trabajadores puede ejercer efectos poderosos y duraderos en las organizaciones. Las emociones positivas amplían la atención, fomentan la creatividad, la conexión social y la resiliencia. A largo plazo, contribuyen al desarrollo de recursos personales y sociales. En el lugar de trabajo, esto podría traducirse en comportamientos orientados a la innovación, la colaboración y el compromiso organizacional.




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Cuando el trabajo afecta a cómo vivimos

Este enfoque es especialmente relevante en un momento en el que el trabajo ocupa una parte central de la vida de las personas. Lo que ocurre en él no se queda en el puesto de trabajo. Influye en el estado de ánimo, en la vida familiar y en la salud mental.

La Organización Mundial de la Salud advierte de que los riesgos psicosociales en el trabajo se relacionan con la ansiedad, la depresión y el burnout, o agotamiento emocional. Cuando las condiciones laborales fallan, no solo se resiente la productividad, sino que también se deteriora la calidad de vida de las personas.

Por el contrario, un entorno laboral que fomenta emociones positivas actúa como factor protector. Cuando las personas se sienten valoradas y respetadas el estrés disminuye y el bienestar general aumenta. Por eso, hablar de employee delight es pensar en el trabajo como un espacio de bienestar social.

En este sentido, la relación entre emociones positivas y rendimiento está bien documentada. Un estudio de la Universidad de Warwick (Inglaterra) mostró que los trabajadores felices pueden ser hasta un 12 % más productivos que los que no lo son. Esto sugiere que el bienestar no es un lujo sino un motor de eficiencia.

En esta misma linea, otros informes internacionales señalan que los equipos con mayor implicación emocional presentan menos absentismo, logran mejores resultados y alcanzan mayor estabilidad. El employee delight va un paso más allá del compromiso. No solo implica esfuerzo; implica una experiencia emocional de trabajo positiva y sostenida.




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¿Es caro apostar por el ‘employee delight’?

El employee delight no requiere de grandes inversiones. En muchos casos, nace de acciones sencillas que, cuando se repiten en el tiempo, construyen un clima emocional positivo.

Un agradecimiento sincero por una tarea bien hecha puede marcar la diferencia. También una conversación atenta sobre cómo se siente una persona o un reconocimiento público cuando se logra un objetivo. Incluso mostrar interés por el bienestar personal tiene un gran impacto.




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Esos gestos envían un mensaje claro: “Tu trabajo importa y tú importas”. Ese mensaje es una base esencial del bienestar emocional. El reconocimiento auténtico es uno de los factores más potentes para la motivación. Sin embargo, sigue siendo uno de los más olvidados en la vida laboral.

Tampoco depende del tipo de trabajo, sino del significado que las personas dan a lo que hacen. Incluso en tareas rutinarias puede existir orgullo y satisfacción. Basta con percibir que el trabajo tiene utilidad y valor para otros. Que el trabajador sienta “mi trabajo sirve para algo” es una fuente poderosa de bienestar.




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Una cierta mirada

En el fondo, el employee delight implica un cambio de mirada. Durante mucho tiempo, se entendió el trabajo como una obligación necesaria, un intercambio entre esfuerzo y salario. El employee delight propone verlo como un espacio donde puede haber reconocimiento y sentido. No se trata de idealizar el trabajo ni negar sus dificultades, sino de reconocer que los entornos laborales generan emociones que influyen en la vida, dentro y fuera del trabajo.

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Alba Manresa Trabaja para la Universidad Internacional de Catalunya como profesora

– ref. ‘Employee delight’, un nuevo concepto que va más allá de la satisfacción en el trabajo – https://theconversation.com/employee-delight-un-nuevo-concepto-que-va-mas-alla-de-la-satisfaccion-en-el-trabajo-273560

El silencio de la UNESCO ante la destrucción del patrimonio en Gaza sienta un peligroso precedente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Benjamin Isakhan, Professor of International Politics, Deakin University

La Gran Mezquita Omari en la ciudad de Gaza tras sufrir daños por un ataque israelí. Ali Jadallah/Anadolu/Getty Images

Desde octubre de 2023, la guerra de Israel en Gaza ha causado un sufrimiento humano masivo. Pero también ha devastado el patrimonio cultural del pueblo palestino.

En nuestro reciente artículo publicado en la revista International Journal of Heritage Studies, documentamos el alcance de la destrucción del patrimonio en Gaza y analizamos la respuesta sorprendentemente limitada de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Sostenemos que los fallos de la UNESCO tienen consecuencias más allá de Gaza, ya que debilitan la disuasión de los ataques contra los sitios patrimoniales a nivel mundial y corren el riesgo de normalizar la impunidad de este tipo de delitos en los conflictos.

Destrucción del patrimonio en Gaza

Gaza cuenta con un patrimonio rico y variado, con vestigios arqueológicos que se remontan al menos al año 1300 a. e. c. Durante mucho tiempo ha sido un cruce de culturas y ha estado bajo el control de los antiguos egipcios, griegos y romanos.

Gaza también alberga lugares históricos importantes para las tres religiones principales de la región: el judaísmo, el cristianismo y el islam.

Gran parte de este patrimonio cultural yace ahora en ruinas. La lista de evaluación de daños de la UNESCO en Gaza incluye 150 sitios que han sido dañados o destruidos desde que comenzó la guerra.

Algunos de ellos son lugares de importancia mundial. Dos figuran en la llamada Lista Indicativa, que incluye aquellos bienes susceptibles de ser declarados Patrimonio Mundial en un futuro:

Otros lugares dañados o destruidos incluyen:

  • La iglesia ortodoxa griega de San Porfirio, que data del año 425 y a veces se conoce como la tercera iglesia más antigua del mundo.

  • La Gran Mezquita Omari, del siglo VII, considerada la primera mezquita de Gaza, junto con su biblioteca del siglo XIII, que contiene manuscritos islámicos poco comunes.

  • El Qasr al-Basha, una fortaleza también conocida como Palacio Pasha, que fue construida a mediados del siglo XIII por el sultanato mameluco y se había convertido en un museo arqueológico.

  • Un cementerio romano (Ard-al-Moharbeen), que se cree que cuenta con al menos 134 tumbas que datan del año 200 a. e. c.

Los fracasos de la UNESCO

Aparte de crear esta lista, la UNESCO ha sido relativamente discreta en su respuesta, en comparación con el papel que ha desempeñado en otros conflictos.

Esto no significa que haya guardado silencio por completo. Ha emitido varias declaraciones condenando la destrucción en Gaza y pidiendo a “todas las partes implicadas que respeten estrictamente el derecho internacional”.

También ha elevado un sitio patrimonial a su Lista del Patrimonio Mundial en Peligro: el monasterio de San Hilarión. Esta medida refuerza la protección del sitio, con posibles sanciones por daños intencionados.

Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, nos preguntamos si la UNESCO realmente ha estado a la altura de las circunstancias. Nuestro análisis identifica un patrón de omisión y subestimación que es difícil de conciliar con el propio mandato de la UNESCO y la arquitectura jurídica que existe para proteger los bienes culturales en los conflictos armados.

Por ejemplo, la UNESCO no ha invocado públicamente la Convención de La Haya de 1954 en relación con Gaza, cuyo objetivo es proteger los sitios culturales durante los conflictos. La agencia la ha citado en prácticamente todos los conflictos importantes desde su ratificación.

Tampoco solicitó medidas urgentes al Consejo de Seguridad de la ONU ni a la Asamblea General de la ONU para proteger los sitios culturales. La agencia lo hizo en respuesta a los actos del Estado Islámico en Siria e Irak (incluida la profanación del sitio del Patrimonio Mundial de Palmira). En 2017, por ejemplo, el Consejo de Seguridad aprobó una resolución respaldada por la UNESCO que establecía una serie de medidas para ayudar a proteger el patrimonio cultural en situaciones de conflicto.

Del mismo modo, la UNESCO no ha colaborado con la Corte Penal Internacional ni con la Corte Internacional de Justicia para iniciar procedimientos contra Israel o funcionarios israelíes por la destrucción del patrimonio en Gaza. La agencia sí lo hizo tras los conflictos en los Balcanes y Malí. Estos juicios establecieron que la destrucción intencionada de bienes culturales durante un conflicto constituye un crimen de guerra.

Por último, la UNESCO no ha adoptado su enfoque habitual de nombrar explícitamente a Israel como responsable de la destrucción cultural en Gaza, paso que sí ha dado en muchos conflictos recientes. Esto incluye Ucrania, donde con frecuencia ha nombrado y condenado a Rusia como responsable.

¿Por qué la UNESCO ha sido tan cautelosa?

Una explicación ofrecida por los críticos es la restricción geopolítica. La UNESCO ha sido cada vez más criticada por su excesiva dependencia de las contribuciones voluntarias de los Estados. Esto puede hacer que la agencia se muestre reacia a enfrentarse a países poderosos por temor a alienar a sus partidarios.

Esta dinámica es evidente en la larga y tensa relación de la UNESCO con Israel y Estados Unidos. Ambos países se retiraron formalmente de la UNESCO en 2019 porque la agencia había descrito a Israel como una potencia ocupante en Gaza y Cisjordania, y había condenado su destrucción del patrimonio palestino.

Pero nosotros sostenemos que está ocurriendo algo más preocupante: la erosión de la voluntad y la capacidad de la UNESCO para activar las herramientas legales y normativas que ayudó a crear.

La UNESCO, que en su día fue una poderosa defensora de la protección de la cultura en todo el mundo, se ha ido convirtiendo poco a poco en una agencia tecnocrática y en gran medida ineficaz, que elude las cuestiones complejas y se ve paralizada por las divisiones internas.

Respuesta de la UNESCO

En respuesta a los argumentos aquí expuestos, la UNESCO envió un correo electrónico detallado en el que explicaba sus medidas para la protección del patrimonio en Gaza. Estos son algunos de los puntos planteados por un portavoz de la organización:

Sobre la cita de la Convención de La Haya de 1954:

En diferentes conflictos, la UNESCO a veces cita explícitamente la Convención de La Haya de 1954 […] y en otros casos utiliza la formulación más amplia “derecho internacional”.

La UNESCO también se comunica bilateralmente con los Estados Miembros interesados […] Esto se ha hecho en varias ocasiones mediante correspondencia dirigida a las autoridades de Israel, por ejemplo, para recordar a Israel sus obligaciones en virtud de la Convención de La Haya de 1954.

Sobre nombrar explícitamente a Israel como responsable:

La UNESCO no es un órgano judicial, por lo que su función no es asignar responsabilidades. En el caso concreto de Ucrania, hay varias decisiones del Consejo de Seguridad y/o de los órganos rectores de la UNESCO que pueden explicar determinadas declaraciones.

Sobre la falta de voluntad para utilizar sus herramientas y recursos en Gaza:

La UNESCO activa sus herramientas jurídicas, normativas y programáticas dentro de los límites de su mandato y de los fondos disponibles. Las necesidades son enormes, y aprovechamos esta oportunidad para renovar el llamamiento de la UNESCO en apoyo del pueblo de Gaza.


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Por qué Gaza es importante

La respuesta limitada de la UNESCO a la destrucción en Gaza es importante. La protección del patrimonio no consiste solo en salvar los sitios dañados e intentar reconstruirlos: también es fundamental para definir las conductas inaceptables y disuadir de futuras violaciones.

Cuando el organismo más importante del mundo en materia de protección del patrimonio cultural se limita a cautelosas generalidades, fomenta un entorno permisivo. Permite que esta destrucción se trate como un daño colateral lamentable de la guerra, en lugar de como un delito punible. Esto socava la credibilidad de la UNESCO.

También puede sentar un peligroso precedente. Si la destrucción a gran escala del patrimonio se produce a la vista de todo el mundo, sin repercusiones, los futuros beligerantes pueden creer que los costes de los delitos contra el patrimonio serán tolerados.

The Conversation

Benjamin Isakhan ha recibido financiación del Consejo Australiano de Investigación, el Fondo de Investigación e Innovación del Reino Unido y el Departamento de Defensa de Australia.

Eleanor Childs no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El silencio de la UNESCO ante la destrucción del patrimonio en Gaza sienta un peligroso precedente – https://theconversation.com/el-silencio-de-la-unesco-ante-la-destruccion-del-patrimonio-en-gaza-sienta-un-peligroso-precedente-276791

Suplemento cultural: el cine español de 2025

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Cultura, The Conversation

Bruno Núñez y Sergi López en una fotografía promocional de _Sirât_. BTeam Producciones

Una versión de este texto se publicó por primera vez en nuestro boletín Suplemento cultural, un resumen quincenal de la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música. Si quiere recibirlo, puede suscribirse aquí.


La del título es una expresión manida, lo sé, pero también cierta. Y probablemente este año más que ninguno. Aunque, como todas las quinielas pronosticaban, hubo dos películas que coparon muchos de los Premios Goya que se entregaron el sábado (con Los domingos llevándose el de Mejor Película), el 2025 ha sido un año excelente para la, y perdonen otra vez el cliché, cosecha.

Déjenme resumirles los hitos de este año: se consiguió el premio Panorama del público en el Festival de Cine de Berlín con una ópera prima; se enviaron dos películas a la sección oficial del Festival de Cannes –una de las cuales salió premiada y ahora tiene dos nominaciones a los Óscar–; un equipo de sonido compuesto por mujeres conquistó una de esas nominaciones, la primera hecha íntegramente a mujeres; una película española consiguió la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián; el público acudió en masa a las salas a ver películas no precisamente “fáciles” pero que han atraído audiencias y presentado debates y, entre otras cosas, se habló (con éxito) de historias de seres humanos que no siempre salen en la gran pantalla.

En el 40 aniversario de los Goya celebremos que en los últimos meses hayamos podido ver filmes como Sorda, Sirāt, Romería, Los domingos, Ciudad sin sueño, La cena, Maspalomas, Tardes de soledad, La furia, Muy lejos, Una quinta portuguesa, Un fantasma en la batalla o La buena letra, entre otros muchos.

Y para brindar por ello tenemos dos artículos nuevos (además de otros que se han ido publicando a lo largo del año) que explican, por un lado, la espiritualidad en Sirāt, la película de Oliver Laxe, y, por otro, el diseño sonoro de este filme y de Sorda, de Eva Libertad. Son dos análisis estupendos que ayudan a entender las profundidades de sus historias y también el hecho de que, en el cine, la técnica siempre funciona cuando está al servicio de aquello que se quiere contar al espectador.

Por cierto, aprovecho este hueco para mirar al pasado. El Goya de Honor recayó en el cineasta, escritor, artista y hombre que lo hace todo Gonzalo Suárez. Hace un tiempo publicamos un artículo que repasaba su carrera y que, sobre todo, destacaba su tremenda libertad a la hora de abordarla. Su discurso de la gala es, como todo lo de Suárez, imprescindible: “El cine es el último reducto en el que podemos soñar despiertos”.

También me gustaría recuperar un tema atemporal que lanzamos en 2024 por estas mismas fechas y que utilizaba siete títulos españoles para explicar en qué consiste eso que muchas veces llamamos “lenguaje cinematográfico”. Porque no hay nada como los ejemplos con obras maestras para hacernos entender algunos conceptos.

La otra cara de Estados Unidos

Las recientes protestas contra la detención de migrantes en Minneapolis y la despiadada reacción del gobierno estadounidense provocaron que muchos de los que seguíamos el desarrollo de la acción desde la distancia buscásemos refugio en la cultura.

Por un lado, se multiplicaron las referencias a la película Civil War, dirigida por Alex Garland y estrenada hace casi dos años, en la que un Estados Unidos distópico vive un conflicto civil bajo el mandato de un presidente autoritario que ostenta un (ilegal) tercer mandato.

Por otro, el sector musical, que se ha mostrado más combativo que Hollywood, dio la cara una vez más. Si la semana pasada los irlandeses U2 lanzaban por sorpresa un EP que analizaba los diferentes conflictos mundiales, incluidos los asesinatos de dos norteamericanos en las calles de esa ciudad, hace casi un mes era el jefe de todo esto, el mismo Springsteen, quien ponía música a la ira que le consumía.

Un crimen limpio

Recuerdo la época en leí las novelas de Henning Mankell como una de las más disfrutonas y, a la vez, sórdidas de mi vida lectora. Mankell desarrollaba asesinatos y truculencias mientras desnudaba la sociedad sueca y yo vivía enganchada a los casos del inspector Wallander. Al final tuve que desintoxicarme porque el mundo que él presentaba parecía tan real como cruel.

Como no todo van a ser tragedias, aprovechamos dos aniversarios (el centenario de la publicación de la novela El asesinato de Roger Ackroyd y los cincuenta años del fallecimiento de su autora, Agatha Christie) para rebuscar en lo que ahora se llama el cozy crime, que no es otra cosa que la investigación de crímenes en un entorno protegido.

En una época en la que el true crime parece ocuparlo todo, los seguidores (entre los que me incluyo) de series como Solo asesinatos en el edificio estamos de enhorabuena.

Todas esas palabras que soltamos

¿Alguna vez se ha apuntado a un gimnasio que le ofrecía un functional traininig? Está de enhorabuena. Está de enhorabuena. En The Conversation no podemos decirle cómo mejorar la técnica de las dominadas o conseguir meter más burpees en un minuto, pero podemos ayudarle a desmenuzar, lingüísticamente, aquello por lo que ha pagado una suscripción.

Nuestros expertos tan pronto analizan el “functional” como el “training”. Y para todo tienen reflexiones y respuestas.

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– ref. Suplemento cultural: el cine español de 2025 – https://theconversation.com/suplemento-cultural-el-cine-espanol-de-2025-277029

La selección: guardar lluvia para cuando falte

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lucía Caballero, Coordinadora internacional / Editora de Medio Ambiente y Energía, The Conversation

Tolobalaguer.com/Shutterstock

El pasado mes de enero y parte de febrero han sido especialmente grises en España. Durante semanas, se sucedieron días nublados y abundantes lluvias en un país donde, en general, aunque depende de la región y la época del año, no es habitual que el sol se ausente durante demasiado tiempo.

Y con tanto chaparrón llegaron también sus consecuencias: crecidas de ríos, inundaciones, daños en edificios e infraestructuras y en el campo… Un panorama que contrasta con el que suele predominar en los meses más secos, cuando el problema es el contrario: la escasez de agua.

Lo más lógico parece, entonces, aprovechar y guardar un poco de este preciado recurso para cuando nos falte. Y podemos hacerlo mediante soluciones que van más allá de los embalses, como nos explicó Javier Lillo Ramos, de la Universidad Rey Juan Carlos. Por ejemplo, en zonas urbanas, funcionan bien los humedales artificiales y los tanques de tormenta. En el campo, la restauración de cuencas y la renaturalización de riberas reduce la escorrentía y aumenta la recarga de los acuíferos.

Lluvias más intensas debido al cambio climático

Desde principios de año, se han sucedido más de una decena de borrascas. Una de las causas de que los episodios de lluvias sean cada vez más frecuentes e intensos podría ser el cambio climático y la expansión hacia el sur del vórtice polar, fuertes vientos que transportan aire frío en capas altas de la atmósfera.

Una región especialmente afectada por cambios en los regímenes de lluvias es el litoral mediterráneo, que ya sufrió el golpe de una fuerte dana en 2024. Las precipitaciones intensas a final de verano y principios del otoño son habituales en esta zona, pero se están haciendo más acusadas. Una forma de evitar daños importantes es rediseñar el territorio, ya que la construcción en zonas inundables o la modificación de los cauces de los ríos empeoran las consecuencias de estos fenómenos.

Por su parte, los embalses son esenciales para almacenar el agua, pero también causan impactos sociales y ambientales. Convierten los ríos en ecosistemas artificiales con escaso valor de conservación, atractivos para especies exóticas invasoras. Además, algunas presas han superado su vida útil o están colmatadas por los sedimentos, y parte del líquido que acumulan se pierde por evaporación.

Almacenes de agua subterráneos

La realidad es que son los acuíferos, y no las presas, los que almacenan la mayor parte del agua dulce del planeta. A pesar de ello, no los cuidamos: en épocas de sequía extraemos más de lo que se recarga naturalmente, los contaminamos y no los consideramos en la planificación hidrológica, como advertían Sergio Martos-Rosillo (IGME CSIC), Helena Gómez y Margarita García Vila (IAS – CSIC). Prueba de ello es el Parque Nacional de Doñana, en Andalucía, cuyo humedal se encuentra en grave peligro debido a la sobreexplotación de su acuífero causada, principalmente, por el turismo y la agricultura de regadío.

Qué duda cabe que necesitamos producir alimentos, pero de manera sostenible. Los propios agricultores pueden, de hecho, contribuir a llenar los acuíferos inundando de manera controlada campos en barbecho o ciertos cultivos tolerantes en épocas húmedas, permitiendo que se infiltre el agua, una técnica que ya usaban nuestros antepasados en zonas como Sierra Nevada.

Todo parece indicar que en el futuro tendremos que vivir con menos agua: la región mediterránea sufrirá intensas sequías debido al cambio climático, pero seguirá lloviendo. Solo queda reducir su uso y apostar por nuevas fuentes, como la desalinización, pero también valorar y cuidar las aguas subterráneas para que podamos recurrir a ellas cuando nos falten recursos.

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– ref. La selección: guardar lluvia para cuando falte – https://theconversation.com/la-seleccion-guardar-lluvia-para-cuando-falte-276450

La conversación docente: ¿aprender solos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

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¿Cuánto recuerda de lo que aprendió en el colegio? ¿Y en el instituto o la universidad? ¿Un 20 %, un 15 %? ¿Qué sentido tenía entonces todos esos años de apuntes, libros, estudio, exámenes, notas…? ¿Hace falta aprenderse tantas cosas para luego olvidarlas? ¿Es el mero ejercicio de aprenderlas algo positivo para nuestro desarrollo? ¿Sería yo la misma persona si nunca hubiera memorizado la tabla periódica, por ejemplo?

Obviamente, lo que aprendemos en la escuela es mucho más que lo que memorizamos para los exámenes. Y aunque hay quienes a los 70 años todavía pueden nombrar a los reyes godos, o recitar un poema de Espronceda, los sistemas educativos modernos intentan equilibrar contenido y competencias (es decir, más que “saberse” algo concreto, desarrollar las herramientas cognitivas para quererlo saber, para entender cómo se puede aprender, y para recibir la información de manera crítica). Evitar que la memorización sea, además de medio, fin.

Una de las maneras en que se trata de lograr este equilibrio es a través de metodologías activas, que buscan alternar la memorización mecánica y la escucha pasiva de la clase magistral. Y así, desde hace unos años los estudiantes se han encontrado con que sus profesores les exigen cada vez más que sean “autónomos”: que se lean determinadas lecciones en casa para discutirlas en clase o que se preparen un tema para explicárselo a sus compañeros, por ejemplo.

Esta autonomía, sin embargo, no surge espontáneamente porque el profesor o la profesora la exijan. Debe ser el objetivo final de un proceso que necesita unos pasos, unas pautas y cierta personalización. No todos los escolares están preparados ni tienen el mismo nivel de madurez.

En su artículo Estudiantes ‘autónomos’: una meta que ha de construirse por etapas y con acompañamiento
, Fernando Díez Ruiz, Luis Alarcón Massó y Pedro César Martínez Morán explican: “En muchos centros educativos, docentes de secundaria expresan una sensación recurrente: el alumnado “no se organiza”, “no planifica”, “no es responsable”. Al mismo tiempo, desde etapas anteriores se ha asumido que fomentar la autonomía significa, en gran medida, “dejar hacer”. El resultado es un desfase entre lo que esperamos del alumnado y las herramientas reales que le hemos proporcionado para llegar hasta ahí.“

Este desfase es una de las razones por las que, cuando se ponen en marcha las metodologías activas, a menudo, son los propios estudiantes los que se resisten. Sea por años de costumbre, por necesidad de rutinas, o por esa falta de preparación, muchos escolares, y especialmente alumnos de secundaria y universidad, mantienen una actitud pasiva hacia el aprendizaje y el acto de acudir a clase. Prefieren clases “cómodas”, en las que escuchar, apuntar y tener una idea clara de lo que deben memorizar para un examen. El día que el profesor o la profesora propone algo distinto, se percibe en el aula un cambio de energía, cierta resistencia, un “qué pereza” soterrado.

Y sin embargo, es justamente en ese momento de incomodidad, en ese momento de pensar, de hacer, de proponer, en lugar de recibir, en el que a menudo se produce el aprendizaje más significativo, más profundo. El que nos permite incorporar lo aprendido a lo que ya sabemos, utilizarlo, transformarlo.

Así nos lo ha explicado esta semana Juan Antonio Moreno Murcia,de la Universidad Miguel Hernández, en su artículo En defensa de las clases incómodas. Como él, muchos expertos en neuroeducación defienden que para aprender hay que pasar de la pasividad a la acción: comparar, relacionar, incorporar.

El esfuerzo ya no es “hincar los codos”, sino sacudirse la pereza y tener iniciativa. Y en este proceso, el papel del docente es si cabe más importante.

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– ref. La conversación docente: ¿aprender solos? – https://theconversation.com/la-conversacion-docente-aprender-solos-277257