¿Por qué cuesta tanto ‘desengancharse’ de las redes sociales?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Muñoz Romero, Profesor de Comunicación Institucional e Imagen Pública Departamento de Teorías y Análisis de la Comunicación, Universidad Complutense de Madrid

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¿Se puede vivir sin redes sociales? Muchos jóvenes (un 30 %, según nuestro último estudio) se plantean eliminar estas aplicaciones de sus móviles o incluso llegan a hacerlo, pero no suele ser duradero. Durante unos días o semanas, quizá en época de exámenes, “resisten” sin TikTok o Instagram. Pero pasado un tiempo no tienen más remedio que volver si no quieren sentirse demasiado aislados. La “culpa” no es de ellos: es el sistema el que hace muy difícil vivir al margen.

Este estudio coincide con otros realizados con anterioridad en los que la depresión, la ansiedad, la confusión o la baja autoestima aparecen como patologías habituales provocadas por la inmersión de jóvenes y adolescentes en este nuevo mundo digital, que para ellos no es “otro” mundo sino el mismo que el mundo físico.




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Esta idea nos ayuda a entender el tremendo efecto de tracción que los medios y redes sociales ejercen en las vidas de todos, y en especial de jóvenes y adolescentes, y a explicar por qué es tan difícil salir de su influencia. El sistema de medios y redes sociales digitales está diseñado para vivir consumiendo. Por eso, más que de uso, se debería hablar de “consumo” de redes sociales.

La sociedad misma es ya una sociedad de redes y no se concibe, salvo marginación y pobreza extrema, a ninguna persona fuera de este sistema: por eso no es tanto que nos “expongamos” a ellas como que vivimos “inmersos” en este ecosistema.

¿Adicción o consumo compulsivo?

Aunque muchos autores, especialmente en el ámbito de la psicología, hablan de “adicción” para referirse a los efectos de consumo compulsivo de redes sociales (con sus picos y déficits de dopamina), el concepto se queda corto para describir su complejidad.




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Porque el impacto negativo en el bienestar y al equilibrio personal es sólo una de las dimensiones actuantes. Hemos apuntado muy brevemente las dimensiones cognitivas y neurológicas, pero hay que considerar también las sociológicas, industriales, económicas, ideológicas y políticas que hacen que no nos estemos enfrentando sólo a “daños colaterales” de las redes sociales en los jóvenes, sino que lo que tenemos delante es un nuevo proceso civilizatorio. Todos estamos adaptándonos a él en una dinámica ensayo–error, y está dando la vuelta a cómo ha sido hasta ahora la construcción de la identidad personal y de la identidad social.

Un nuevo paradigma social, político y económico

No podemos considerar solo “adicción” a algo que ha llegado y que se presenta exactamente como el entorno cultural y social natural en el que se tiene que vivir. No se puede ser “adicto” al conjunto de tecnologías que se han promovido desde la economía como parte esencial del sistema de producción. No se puede ser adicto a las tecnologías que se promueven desde los estados como paradigma de la nueva relación entre ciudadanos y administración.

Esta nueva sociedad en red es la realidad en la que vivimos, y de las que las plataformas de contenidos son parte indivisible. Todo ello configura un nuevo ecosistema social a través del cual nos matriculamos en el instituto, nos empadronamos, pedimos citas médicas, hacemos bizums, compramos la ropa o el abono transporte, organizamos las vacaciones o quedamos con otras personas. Uno no se puede considerar adicto al aire porque respire.

¿Cómo evitar ser atrapado?

Los niños y niñas acceden a las redes sociales a los 12 años y están en ellas, diariamente, una media de cuatro horas en la que recibirán 1 750 contenidos diferentes (uno cada diez segundos) en un mix de información, de ocio y entretenimiento, de promoción comercial, de crítica social, de opiniones políticas: podrán ver las imágenes del asesinato de Renée Good y Alex Pretti en Minneapolis empotradas entre un vídeo para adoptar gatitos y otro para promocionar un local de copas.

Es difícil pensar que este nivel de saturación indiscriminada no tenga efecto en el bienestar emocional o en la forma en la que los niños y adolescentes van construyendo su visión del mundo. Si esto es lo que ven y es lo único que ven, es normal que se tome como “lo real”.




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Porque, precisamente, el pensamiento abstracto se desarrolla en los seres humanos a partir de los 11 años y hasta los 15 aproximadamente. Los sistemas de creencias, y la capacidad de análisis y de reflexión profunda (abstracta), se forman en esta etapa en las que las redes sociales ponen delante de sus ojos una realidad algorítmica controlada y diseñada por empresas y corporaciones de derecho privado que atienden sobre todo a su cuenta de resultados.

Concienciación y legislación

Estamos ante un cambio de era en el que la tecnología y la economía se están transformando. Y esto provoca cambios en la organización social y política, como lo hizo también la Revolución Industrial en los siglos XVIII y XIX. Su alcance en todos los órdenes está por ver. Pero ante todos esos cambios, la respuesta tiene que ser democrática, global y coordinada: las familias y los estados tienen un papel decisivo. Además de legislar el acceso de los menores, debemos crear unas reglas de operación responsables en las empresas y supervisar los algoritmos.

La medida de nuestro éxito colectivo llegará por medio de la educación y la concienciación. En la familia, por supuesto, pero también preparando a nuestros jóvenes, dentro del sistema reglado de enseñanza obligatoria, para gestionar técnica y emocionalmente este nuevo mundo.

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Francisco Muñoz Romero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Por qué cuesta tanto ‘desengancharse’ de las redes sociales? – https://theconversation.com/por-que-cuesta-tanto-desengancharse-de-las-redes-sociales-274862

Del 23-F a Kennedy: la política de desclasificar el pasado en las democracias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Francisco Sánchez Barrilao, Profesor Titular de Universidad. Derecho Constitucional., Universidad de Granada

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El pasado 23 de febrero, el presidente de España, Pedro Sánchez, anunciaba en redes sociales la intención del Gobierno de desclasificar inmediatamente información sobre el golpe de Estado perpetrado hace 45 años. Para ello, el Consejo de Ministros acordaba al día siguiente la desclasificación de “cualesquiera asuntos, actos, documentos, informaciones, datos y objetos relativos al intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981”. En total, se han dado a conocer 153 documentos el 25 de febrero a través de la propia web del Gobierno.

Al margen del alcance del contenido de esos documentos (no pocos de ellos ya conocidos por muchos expertos) y de la propia desclasificación (pues algunos autores la califican de limitada), el anuncio y el acto de hacer pública la información vinieron a evidenciar nuevamente las deficiencias de la preconstitucional Ley sobre secretos oficiales (Ley 9/1968). También pusieron de relieve la discrecionalidad con la que actúan algunos gobiernos tanto a la hora de clasificar como de desclasificar una información como secreta y extraerla así del circuito democrático e histórico al impedir su debido control social.

En cuanto a lo primero, se ha de recordar que la Ley sobre secretos oficiales se aprobó en 1968, durante la dictadura franquista, y fue parcialmente enmendada ya en 1978 (Ley 48/1978). También es necesario saber que desde entonces se han presentados diversos anteproyectos y proposiciones de ley, sin éxito, con el fin de adecuar la norma a las actuales demandas de publicidad y transparencia.

Los sistemas de plazos y la discrecionalidad

En especial se ha propuesto introducir sistemas de plazos en la desclasificación, tal como lo hacen otras democracias occidentales. Con todo, se advierte que tales sistemas acaban por mantener cierta discrecionalidad a la hora de hacer pública información previamente declarada secreta, ya que permiten a los ejecutivos, con carácter general, retrasar todavía más la desclasificación de aquella información que consideren aún comprometedora para la seguridad nacional.

Esto último, a su vez, enlaza con la discrecionalidad del Gobierno de la que hablaba antes con ocasión de la reciente desclasificación de documentos del 23-F, tanto a tenor de la fecha elegida por el Ejecutivo (el 45.º aniversario del golpe), como en relación a los documentos efectivamente clasificados, ya que ni son hoy significativos para la seguridad nacional ni lo fueron hace diez años.

Pero lo cierto es que esto se produce también en otros Estados. Es usual que los gobiernos de democracias occidentales desclasifiquen información especialmente comprometida desde una perspectiva histórica en momentos relevantes y que las desclasificaciones sean finalmente parciales.

Estados Unidos, Francia, Alemania y otros casos similares

Así sucedió en marzo de 2025 con ocasión de la reciente y sorpresiva desclasificación masiva, pero no total, de documentos relacionados con el asesinato de John F. Kennedy (1963). El Gobierno de Estados Unidos ordenó la liberación de casi todos los archivos todavía retenidos por motivos de seguridad nacional (alrededor de 80 000 páginas).

También unos años antes, en diciembre de 2021, el Gobierno francés decretó una desclasificación parcial de información sobre la no menos traumática Guerra de Argelia.

Siguiendo los ejemplos mencionados en el propio acuerdo del Consejo de Ministros de España por el que se ha desclasificado documentación del 23-F, están los casos de Italia en 2014 y 2021, cuando se hizo pública información referente a grandes atentados terroristas cometidos entre 1969 y 1984; y en 2016, cuando se dio a conocer un archivo de 13 000 páginas sobre crímenes cometidos por tropas nazis y fascistas entre 1943 y 1945.

También tenemos el ejemplo de Grecia en 2024, que consistió en la desclasificación de 58 informes sobre el golpe de Estado de 1974 en Chipre.

En esa tónica de desclasificar información relativa a terceros Estados también está el caso de Alemania en 2012, cuando se hizo pública la transcripción de una reunión privada entre su embajador y Juan Carlos I poco después de los sucesos del 23-F; y el de Estados Unidos, cuyo Gobierno desclasificó en 2016 numerosa documentación sobre la dictadura argentina entre 1976 y 1983.

En esos casos, como en el supuesto que estamos comentado, se han alegado como razones la historia, la memoria e incluso la reparación para responder así a la demanda constante de acceso a documentación relevante y comprender el pasado mediante “una interpretación más completa y contrastada de los hechos”, en el conocimiento mismo “de nuestra historia colectiva”.

Y todo ello, claro, sin poner en riesgo las necesidades de secreto y discreción que exigen en cada momento la seguridad nacional (Ley 36/2015 de Seguridad Nacional).

Esto supone la apertura a una limitación discrecional al acceso público de información relevante para la sociedad; con especial consideración para periodistas e historiadores, que son agentes directos en la conformación de la opinión pública y de la memoria colectiva.

Solo una previsión normativa de desclasificación automático-temporal permitiría, aún de manera diferida en el tiempo, el conocimiento y el control directo por la sociedad de su propia historia. Eso sí, tal control quedaría aún limitado temporalmente, pero al final sería posible, permitiendo así a la ciudadanía reencontrarse con su pasado, en particular con ocasión de hechos potencialmente comprometedores.

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Juan Francisco Sánchez Barrilao no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Del 23-F a Kennedy: la política de desclasificar el pasado en las democracias – https://theconversation.com/del-23-f-a-kennedy-la-politica-de-desclasificar-el-pasado-en-las-democracias-276996

La mayoría de los suplementos son innecesarios, posiblemente peligrosos y mueven un gran negocio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Alfonso Revenga Frauca, Director experto, Grado de Nutrición Humana y Dietética, Universidad Internacional de Valencia; Universidad San Jorge

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Si Súper Ratón levantara la cabeza, no podría estar más orgulloso al comprobar el éxito de su recomendación después de ochenta años. Sus palabras, “… y no olviden supervitaminarse y mineralizarse”, resuenan hoy en día mientras disfrutamos de una accesibilidad alimentaria sin precedentes.

Sin embargo, actuamos como si este hábitat de superabundancia no fuera suficiente. Cada vez más gente recurre a la suplementación, mientras un creciente número de profesionales sanitarios se adhiere al consejo de Súper Ratón.

La ciencia es clara: el uso de suplementos suele ser innecesario, resulta caro y no está exento de peligros. Además, los embajadores que los promocionan suelen incurrir en diversos supuestos ilícitos.

Distintas son las situaciones concretas en las que la suplementación sí estaría indicada de forma protocolizada, como déficits secundarios (cuando a pesar de una ingesta adecuada y debido a condiciones subyacentes no se produce la correcta digestión, absorción, transporte o utilización de un nutriente), vegetarianismo o embarazo, que aquí no se cuestionan.

El origen

A principios del siglo XX se sentaron las bases de la fisiología y se describieron las funciones de diversas sustancias. Hacia 1910 fue identificada la primera vitamina, la tiamina, y en 1948, la última, la cobalamina. Eran tiempos difíciles en los que guerras, recesiones y depresiones se plasmaron en forma de graves hambrunas y deficiencias nutricionales. Esto justificaba el auge de la suplementación: a falta de suficientes alimentos, buenos eran los suplementos.

Hoy debería ser diferente: los suplementos no aportan nada que no podamos obtener de los productos alimenticios, y de estos tenemos abundancia. Sin embargo, el marketing nos ha vendido una falsa ilusión: llevamos siete décadas surfeando la ola del nutricionismo, convencidos de que lo importante es el nutriente, al margen del alimento.

El marco legal

Los popularmente conocidos como “suplementos” y legalmente como “complementos alimenticios” están sujetos a la normativa alimentaria. En sentido contrario a la opinión de muchas personas y profesionales sanitarios, de ellos no se pueden decir más cosas que aquellas que pueden atribuirse a los alimentos. Más allá de la popular –pero errónea– perspectiva hipocrática, los alimentos no son medicamentos legalmente, y los suplementos, por tanto, tampoco.

Pero los últimos cuentan con una baza ganadora: se comercializan en forma de cápsulas, pastillas, polvos, ampollas, cuentagotas, etcétera, lo que recuerda indefectiblemente a un fármaco. Su presentación, unida a ciertos mensajes publicitarios, incita a creer que adquirimos el remedio para combatir astenia, alopecia, debilidad, impotencia, obesidad, dolores articulares, menopausia, etcétera.

Además, a diferencia de los fármacos, no tienen que demostrar una eficacia clínica para ser comercializados. Basta cumplir con la legislación alimentaria, la misma que aplica a una mermelada de albaricoque. Así lo dice el RD 1487/2009: “Las empresas responsables de la producción, transformación, envasado, almacenamiento, distribución, importación y comercialización de complementos alimenticios estarán sujetas a lo dispuesto por el Registro General Sanitario de Alimentos”.

Los riesgos

Un estudio reciente con más de 20 000 consumidores de suplementos no encontró ningún dato objetivo que justificara su uso. Aunque los usuarios informaron que se encontraban mejor al tomarlos, ninguna variable analítica lo confirmaba. Pero hay algo peor que la ineficacia.

Dado el escaso control sobre su composición (a diferencia de los medicamentos), no es raro que algunos complementos contengan sustancias no declaradas, dosis erróneas o incluso fármacos, dando lugar a productos adulterados. Es solo la punta del iceberg: algunas publicaciones han cuantificado en más de un 80 % la adulteración intencionada con inhibidores de la fosfodiesterasa 5 en suplementos “naturales” para el aumento del rendimiento sexual; o en más de un 20 % en suplementos para la pérdida de peso (de nuevo “naturales”) con sibutramina.

Y en el caso de productos para la mejora del rendimiento deportivo, una revisión encontró casos de adulteración con sustancias dopantes entre el 14 y el 50 % de las muestras. Estos ejemplos ponen de relieve el riesgo que, sobre la salud pública, implica el escaso control que se ejerce sobre los suplementos en general.

El negocio

Existe un amplio ecosistema de fabricantes y laboratorios que ofrecen una generosa gama de suplementos listos para usar. No se trata del sistema tradicional de laboratorios que comercializan sus productos, sino el de compañías que venden sus formulaciones para que otros pongan su imagen. Estos intermediarios ofrecen catálogos con infinidad de formulaciones prediseñadas, así como la posibilidad de adaptar envases, etiquetado y mensajes comerciales, centralizando el negocio en la identidad de quien da la cara.

La organización belga sin ánimo de lucro Journalismfund Europe para el periodismo de investigación puso de relieve este entramado y reveló lo fácil que es crear nuestra propia línea de suplementos en unos pocos días. Su estudio se tituló El ‘influencer’ como traficante de pastillas.

El proceso es simple: elegir las categorías de productos, como suplementos deportivos (los de creatina y whey protein son clásicos), productos para aumentar la vitalidad (como el bisglicinato de magnesio) o preparados para hacer frente a la inflamación o para la salud femenina. A partir de ahí, la empresa fabricante se ocupa de la parte técnica y regulatoria, mientras la marca visible (el prescriptor-influencer) se centra en su promoción, habitualmente en redes sociales.

El quid de la cuestión está en que, legalmente, estos productos se regulan como alimentos, no como medicamentos: no se exige demostrar su eficacia. Sí será necesario inscribirse cuando proceda como operador alimentario y asumir las obligaciones fiscales. Pero no se requiere una titulación sanitaria específica –ni de ningún tipo– para poner tu marca de suplementos en el mercado.

El valor intrínseco del suplemento se concentra en el relato: promesas de “alta calidad”, “formulación propia” o “ingredientes prémium” que buscan diferenciar productos virtualmente idénticos. En este mercado, la capacidad de construir una historia atractiva alrededor de los suplementos pesa más que la consagración de su eficacia.

El problema

El 90 % de las afirmaciones de salud de influencers vinculadas a la promoción de suplementos en Instagram son inadmisibles. Este fue uno de los hallazgos de una evaluación llevada a cabo por un centro oficial alemán de control de alimentos. Además, son ilegales en el marco de la UE, empezando por el Reglamento 1924/2006. Esta normativa prohíbe de forma explícita (artículo 12) las recomendaciones comerciales provenientes de cualquier profesional de la salud.

En España, cerca de la mitad de las resoluciones y dictámenes de Autocontrol de la Publicidad del último año estuvieron relacionados con ilícitos vinculados a influencers. En el último, una farmacéutica quedó señalada al promocionar un suplemento “para las defensas” incumpliendo tres normas: el Reglamento 1924/2006, el Real Decreto 1907/1996, sobre publicidad […] con pretendida finalidad sanitaria y la Ley 17/2011, de seguridad alimentaria y nutrición.

El problema es que hoy en día la capacidad real de vigilancia queda muy por detrás del volumen de mensajes en redes y medios, de modo que la mayoría de estos actos ilícitos nunca se pondrá de relieve y casi ninguno llegará a tramitarse.

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Juan Alfonso Revenga Frauca no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La mayoría de los suplementos son innecesarios, posiblemente peligrosos y mueven un gran negocio – https://theconversation.com/la-mayoria-de-los-suplementos-son-innecesarios-posiblemente-peligrosos-y-mueven-un-gran-negocio-274876

Cómo cambia el impacto ambiental de los mejillones si los consumimos frescos, congelados o en lata

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Saralegui-Díez, Assistant researcher, Universidad Pablo de Olavide

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En España hablamos de “comer más pescados y mariscos” casi como un mantra: menos productos cárnicos, más productos de origen marino. La recomendación tiene una base de salud pública, pero también climática.

En términos globales, los sistemas alimentarios contribuyen de forma relevante a la generación de emisiones de gases de efecto invernadero, y la ganadería es una fuente importante de estas. En este marco, las proteínas de origen marino se presentan a menudo como una alternativa con un menor impacto ambiental –consumo de energía y agua, emisiones o huella de carbono, contaminación, pérdida de biodiversidad…– por kilogramo de proteína.

El problema es que “producto acuático” no es una categoría homogénea. No tiene el mismo impacto un alimento fresco de proximidad que uno sometido a varias etapas de procesado hasta ser comercializado. Cuando analizamos toda la cadena de valor que lleva el alimento del mar al plato, vemos que el impacto ambiental de la transformación es mayor. Y esto vale incluso para el mejillón, un icono de la acuicultura.

El cultivo del mejillón se considera una forma de acuicultura de bajo impacto ambiental, ya que se alimenta de fitoplancton –diminutos organismos fotosintéticos– y no requiere de alimentación artificial. Además, aporta proteínas y micronutrientes a las dietas, y genera empleo en las zonas costeras.

Aun así, el impacto climático del mejillón no depende únicamente de su cultivo. Depende también del procesado industrial, del tipo de presentación comercial, de los flujos de transporte y de la lógica del comercio, incluida la exportación e importación del producto en sus distintas formas.

La huella de carbono de toda la cadena del mejillón

Un equipo multidisciplinar hemos cuantificado la huella de carbono de la cadena alimentaria del mejillón en España, desde la fase de producción hasta el consumo, distinguiendo las principales presentaciones comerciales: fresco, congelado y en conserva. Nuestra investigación está disponible en acceso abierto en Resources, Conservation and Recycling.

La novedad es que hemos calculado por primera vez la huella de la cadena completa, integrando producción, depuración, transformación industrial, comercio y transporte a distintas escalas (internacional, nacional e intraprovincial).

El mejillón tiene asociada una baja huella de carbono en su producción, pero cuando se incorpora la realidad de la industria, el comercio y la logística, ésta cambia lo suficiente como para que el formato de presentación y la cadena de suministro sean las protagonistas de sus impactos.

Una producción concentrada y un consumo distribuido

La producción nacional de mejillón en sus tres presentaciones se concentra casi por completo en Galicia, con una serie de implicaciones ambientales y económicas. Por un lado, permite economías de escala y especialización productiva. Por otro lado, obliga a mover grandes volúmenes para abastecer el consumo en el resto de España. Todo ello, con flujos de exportación e importación que varían dependiendo de la presentación.

Aquí aparece la clave que a menudo se pierde en el debate público: la geografía de la producción no coincide con la geografía del consumo. El resultado es una cadena conectada, con múltiples trayectos, entradas y salidas, donde el producto puede cambiar de forma varias veces antes de llegar al consumidor.

El destino del mejillón fresco español ilustra esa dinámica. Solo el 25% de la producción de mejillón fresco se dirige al consumo doméstico. El resto se orienta a procesamiento industrial o se exporta. Y una fracción significativa del mejillón ya procesado también se exporta. Este comportamiento, que es habitual en otras cadenas alimentarias, tiene una consecuencia climática: una parte del impacto se desplaza hacia actividades industriales y logísticas.




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Impacto ambiental de la cadena del mejillón en España

Según nuestras estimaciones, la cadena alimentaria del mejillón en España genera alrededor de 288 000 toneladas de CO₂ equivalente al año (una medida del conjunto de gases de efecto invernadero equiparándolos al CO₂). Pero lo más interesante no es solo el total, sino cómo se reparte.

Aproximadamente el 45 % se asocia a la producción acuícola, incluyendo la depuración. Cerca del 43 % corresponde al procesamiento industrial y en torno al 12 % proviene del transporte. Dicho de otra forma: más de la mitad de las emisiones se relacionan con transformación industrial y logística, no con la fase de cultivo.

Este patrón tiene implicaciones claras para la política climática del sector. Si una estrategia se concentra exclusivamente en mejorar la producción acuícola, dejará fuera una parte importante del margen de reducción. En cambio, una estrategia que actúe sobre energía, eficiencia industrial, refrigeración, materiales y planificación logística puede recortar emisiones sin comprometer el papel del mejillón como alimento saludable.

La presentación cambia las emisiones por kilogramo

La comparación por kilogramo consumido muestra diferencias relevantes entre presentaciones, situándose las conservas en valores más altos que el producto fresco y el congelado. Así, las conservas oscilan entre 8,5 kg de CO₂eq por kg en escabeche y 6,7 kg de CO₂eq por kg en salmuera. El mejillón fresco ronda 4,1 kg de CO₂eq por kilogramo, mientras que el congelado supone en torno a 3,6 kg de CO₂eq por kilogramo.

En el caso del congelado, influye un factor logístico: el mejillón congelado se transporta sin concha, reduciendo la masa que se mueve por la cadena. Si se transporta sin esa parte no comestible, el impacto del transporte por kilogramo consumido baja. Esto no convierte al congelado en una solución universal, pero explica por qué puede tener un perfil climático competitivo cuando la logística está bien organizada.

Para poner estas cifras de emisiones en contexto, conviene recordar la huella de otros alimentos habituales. La carne de vacuno se sitúa muy por encima, con valores del orden de decenas de kg de CO₂eq por kg. El cerdo se acerca a rangos intermedios, alrededor de 7 kg de CO₂eq por kg. Y algunos pescados, como la merluza, pueden estar cerca de 4,4 kg de CO₂eq por kg. En esa comparación, el mejillón destaca como proteína marina de emisiones moderadas, pero con sensibilidad fuerte al nivel de industrialización y de flujos comerciales.

Consumo, exportación e importación: una cadena global

El balance de emisiones no se explica únicamente por el consumo interno. El estudio estima que la parte asociada al consumo ronda 190 000 toneladas de CO₂eq, mientras que la exportación suma unas 98 000 mil toneladas de CO₂eq. Además, alrededor del 21 % de las emisiones totales procede de productos importados en distintas presentaciones, en especial procesados desde países como Chile o Nueva Zelanda.

Este punto es relevante porque rompe una idea habitual: que el mejillón “es local” por definición. Puede serlo en su fase de cultivo en España, pero la cadena de valor funciona como una red global. En algunos formatos, como conservas, la materia prima importada puede tener un peso apreciable. El resultado es que el impacto climático del consumo depende no solo de la especie o del método de producción, sino de la ruta, el procesado, el origen y la logística asociada.

¿Qué significa todo esto para la transición alimentaria?

El mensaje final es sencillo: el mejillón es una buena opción en dietas con menor impacto climático, pero su potencial real depende de cómo se organice la cadena.

Para el sector, el margen de mejora está en reducir el grado de transformación y en optimizar la logística. Esto incluye eficiencia en calor y electricidad, mejora de materiales de envasado, organización de cargas, planificación de rutas y, cuando sea posible, reducir movimientos redundantes entre lugares de cultivo, plantas de procesado y centros de distribución.

Para el consumo, la recomendación no es “abandonar” las conservas. Tienen ventajas reales: vida útil, precio, disponibilidad. El consejo es entender que el formato importa y que, cuando se busca minimizar huella ambiental, el consumo de mejillón fresco o congelado puede ser una opción más favorable si procede de cadenas eficientes. En paralelo, es importante un etiquetado que haga visibles origen y rutas.

Los resultados ponen el foco en la importancia de las políticas públicas industriales y logísticas. Es necesaria una aproximación integral que permita relocalizar las cadenas, priorizar el abastecimiento doméstico y centrarse en premiar la eficiencia industrial y logística para alinear salud, economía costera y clima.

La huella ambiental del mejillón no se decide solo en la batea. Se decide también en la fábrica, en la cadena de frío y en la forma concreta en la que el producto viaja y llega a nuestros hogares.

The Conversation

Pablo Saralegui-Díez es miembro de Alimentta. Think Tank para la transición alimentaria.

Andrés Ospina-Álvarez es beneficiario de un contrato Ramón y Cajal financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (RyC2023–043454-I). Este trabajo es una contribución del “Centro de Excelencia” IMEDEA, María de Maetzu (CEX2021-001198). Andrés es miembro de Alimentta, think tank para la transición alimentaria.

Joan Moranta Mesquida recibe fondos de la Fundación Daniel y Nina Carasso y del proyecto de I+D+i PID2022-137648OB-C21 financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y “FEDER, UE”. Es miembro de Alimentta Think Tank para la transición alimentaria..

Sebastian recibe fondos de la Fundación Daniel y Nina Carasso y es miembro de Alimentta, Think Tank para la Transición Allimentaria; y de la Red CIGUS de la Xunta de Galicia.

Montserrat Ramón Herrero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cómo cambia el impacto ambiental de los mejillones si los consumimos frescos, congelados o en lata – https://theconversation.com/como-cambia-el-impacto-ambiental-de-los-mejillones-si-los-consumimos-frescos-congelados-o-en-lata-276132

Quevedo, Bad Bunny y Rawayana conectan con las raíces a través de las letras de sus canciones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isabel Cristina Alfonzo de Tovar, Doctora en español y su cultura, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

El cantante Quevedo en el Festival Arenal de 2023. Christian Bertrand/Shutterstock

El 13 de febrero de 2026 el cantante canario de música urbana, Quevedo, lanzó su nueva canción, “Ni borracho”. En la semana siguiente al lanzamiento, alcanzó el liderazgo en las listas españolas, tanto en la Chart Spain Songs de Billboard como en Top 100 Canciones de Promusicae, desbancando al omnipresente Bad Bunny.

Precisamente, venimos del espectáculo del puertorriqueño del medio tiempo de la Super Bowl (¿o Súper Tazón?) 2026 el 8 de febrero que generó mucha polémica. En primer lugar, por el uso del español en un contexto que, por tradición, siempre ha sido angloparlante. Además, porque se realizó mientras el país norteamericano atraviesa una difícil situación de polaridad entre los que apoyan o rechazan las acciones del gobierno estadounidense ante la migración. Y, por supuesto, se cuestionó la dificultad para comprender el español de una variedad local como la utilizada por Bad Bunny, incluso por hispanohablantes.

Dos ejemplos del éxito de una misma tendencia

También Quevedo, en su nuevo tema, apuesta por la identidad cultural de las Islas Canarias. Lo hace a través de un derroche de léxico compuesto por estructuras fraseológicas cargadas de referentes culturales que caracterizan al Archipiélago Canario. En las redes sociales se ha debatido mucho esta propuesta y la posible “referencia” al puertorriqueño.

Ambos intérpretes emplean una estrategia en la elaboración de sus canciones que está conectando con un público ávido por sentirse representado en la música que escuchan. Los dos, junto con otros muchos cantantes de todo el ámbito hispanohablante, utilizan sus raíces locales y su léxico más diferencial para que todo el mundo pueda sentirse incluido. Al fin y al cabo, todos tenemos una raíz y podemos conectar con el sentimiento que provoca la música global que nace desde sociedades locales. No es necesario entender lo que se dice; basta con saber que se dice desde dentro y que para el intérprete representa una descarga emocional.

Desde el punto de vista del léxico empleado, se trata en muchos casos de términos que se usan tanto en Canarias como en América, ya que ambos territorios comparten una buena cantidad de palabras y expresiones: pibe-a por chico-a, chance por oportunidad, guagua por autobús, etc.

Pero en su mayoría son vocablos exclusivos de los lugares donde crecieron. Así, Quevedo canta “¿Quién carajos dijo por ahí que en Canarias no hay enrale?”, que significa “diversión”. También dice “Se me está yendo el baifo”, donde “írsele a uno el baifo” quiere decir “despistarse”. Y entona “Mogollones, bailoteo, solo escucho: ‘Chacho, chacho’”. Los “mogollones” son las fiestas de los carnavales, similares a las verbenas, y “chacho” es una fórmula apelativa que se usa entre iguales, generalmente para llamar la atención o expresar sorpresa.

El texto está lleno de referencias culturales canarias: vírgenes locales, fiestas populares, topónimos, marcas comerciales exclusivas de las Islas, etc. Además, tanto él como Bad Bunny emplean múltiples referencias a la familia, sobre todo a la infancia de los músicos, la madre y los abuelos. En ambos casos se siguen reforzando así las conexiones locales.

Volver a las raíces

En este sentido, más que pensar en un plagio de estilo, habría que destacar el movimiento musical que está naciendo. Se trata de generar identidad cultural y reconocimiento de lo propio a través de la lengua y los referentes culturales vernáculos. Por supuesto, en ello ha de reconocerse el impacto mediático, social, cultural y lingüístico que ha provocado Bad Bunny.

Es curioso también el efecto que la Super Bowl ha tenido en el aumento del interés por hablar español en plataformas digitales como Duolingo o Preply, así como en la búsqueda de materiales y recursos para el aprendizaje de esta lengua. Por tanto, es necesario destacar la vinculación entre este movimiento musical y su impacto en la lengua española desde una perspectiva intercultural.

De hecho, esta tendencia musical crece en el ámbito hispanohablante. Muchos artistas se están uniendo a ella, lo que favorece el acercamiento entre culturas, independientemente de la dificultad que pueda presentar el intentar comprender la letra de las canciones.

Rawayana: identidad de una diáspora

Un claro ejemplo lo encontramos el grupo venezolano Rawayana, reconocido con el Premio Grammy en 2025 a Mejor álbum latino de rock o alternativo. La banda despertó, en torno a un vocablo de origen despectivo “veneka”, un movimiento de identidad cultural entre la diáspora venezolana.

“Veneka” (veneco) es un término que nace en los años 70 para referirse a los descendientes de migrantes colombianos que nacieron en Venezuela (Venezuela-Colombia). Durante la diáspora masiva de los últimos años, se recuperó el término para referirse de manera despectiva a los venezolanos migrantes, sobre todo en Colombia, Perú y Chile. En la actualidad, y teniendo la canción homónima como símbolo de reivindicación, el uso del término ha cambiado. Ahora representa la resistencia de, sobre todo, las venezolanas.

Caracterizada por su estilo trippy-pop, Rawayana ha lanzado recientemente su último disco: ¿Dónde es el After?. Muchas de sus canciones ya son trending topic en redes sociales. Por ejemplo, “Inglés en Miami”, una colaboración con el cantante colombiano Manuel Turizo, se volvió viral a partir del juego de palabras “tocotocoto”. El tema también incluye venezolanismos como tremenda nota (“muy agradable”) y expresiones propias del spanglish (“te voy a miss u”), un fenómeno lingüístico muy característico actualmente de la diáspora venezolana, cubana y puertorriqueña en Florida.

Finalmente, el tema “Qué rico PR!” promueve un acercamiento entre Puerto Rico y Venezuela a través del léxico y las referencias culturales, aunque también se incluyen vocablos de otras variedades del español.

Algunos ejemplos son los juegos de palabras entre palta (término utilizado en Chile, Argentina, Perú, Bolivia, Uruguay y algunas zonas de Paraguay y Ecuador) y aguacate (usado en México, Centroamérica, Colombia, Venezuela, España, República Dominicana y Puerto Rico); o guineo (Puerto Rico) y cambur (Venezuela) –para referirse al plátano–. Aunque se centra en topónimos puertorriqueños, la letra también hace uso de venezolanismos muy coloquiales –qué lacreo para decir “¡qué bien!”– o de spanglish –hoy hay un jangueo (“hoy hay una fiesta”), derivado del inglés hang out (“pasar un rato”)–.

Manual de resistencia musical

Desde hace tiempo la globalización parece estar generando un mundo uniforme y muchos pueblos sienten que están perdiendo su lengua (español frente a inglés), su música (ritmos latinos frente a músicas más comerciales) y, en general, su historia.

Esto está produciendo una reacción en la juventud que no quiere abandonar la globalidad que tantas cosas le proporciona (comercio, internet, movilidad), pero que se niega a renunciar a su cultura. Los artistas latinos están descubriendo una forma de llegar a todo el mundo sin soltar la conexión con lo propio. Todos podemos sentirnos identificados con ellos, sobre todo cuando hacen buena música.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Quevedo, Bad Bunny y Rawayana conectan con las raíces a través de las letras de sus canciones – https://theconversation.com/quevedo-bad-bunny-y-rawayana-conectan-con-las-raices-a-traves-de-las-letras-de-sus-canciones-276487

Si la mayoría de los adolescentes rechazan el acoso, ¿por qué les cuesta defender a la víctima?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Bravo, Investigadora predoctoral Psicología, Universidad de Córdoba

Monkey Business Images/Shutterstock

Cuando un grupo de escolares llaman a una estudiante “la empollona rarita” en el pasillo, decenas de compañeros y compañeras observan la escena. Algunos bajan la mirada para no meterse en problemas. Otros ríen para disimular y no perder su estatus en el grupo. Aunque la mayoría sabe que lo que sucede no está bien, pocos darán el paso de salir en defensa de la ofendida.

La investigación muestra que la mayoría de los adolescentes rechazan actos de acoso escolar como el descrito, y afirman que intentarían detenerlo. Sin embargo, una cosa es lo que uno piensa y sabe que es correcto, y otra muy distinta es actuar contra la violencia llegado el momento.

Defender a una víctima de acoso escolar supone un acto moralmente valiente que requiere de un proceso de toma de decisiones complejo. Y hay ciertos perfiles que tienden a defender a la víctima más que otros.

Dispuestos a intervenir

Lo hemos comprobado tras analizar durante dos años a más de 3 000 estudiantes españoles de entre 9 y 17 años. A diferencia de la mayoría de estudios, que ofrecen una fotografía fija sobre la implicación en el comportamiento, investigamos cómo evoluciona la implicación en defensa de la víctima a lo largo del tiempo.

La principal conclusión es que esta implicación es, de hecho, bastante estable: ocho de cada diez adolescentes se percibieron como defensores de forma continuada. Es decir, para la mayoría ayudar a quien sufre no es una reacción puntual, sino una disposición relativamente consolidada.




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En el extremo opuesto, un 7 % de los escolares mantuvieron de forma sostenida una actitud pasiva ante la situación, mostrándose indiferentes ante el sufrimiento de la víctima.

Identificamos además dos grupos más pequeños, pero especialmente reveladores, cuya actitud cambió con el tiempo. En torno a un 5 % redujeron su conducta de defensa, mientras que el 4 % aumentó su implicación.

Si la defensa de la víctima es una conducta que puede fortalecerse o debilitarse durante la adolescencia, ¿en función de qué factores lo hace? ¿Se trata de características personales o tienen que ver con el contexto?

La pasividad frente al acoso indica aislamiento

Quienes defienden de forma estable suelen sentirse más integrados en el grupo de iguales. También se perciben como más populares y muestran un mayor respeto por las normas de convivencia. En otras palabras, ayudar a quien sufre no parece aislar socialmente, sino todo lo contrario. Y eso podría generar una dinámica de retroalimentación que permite mantener el comportamiento.

Quienes no suelen salir a defender a sus compañeros, por el contrario, tienden a sentirse peor integrados en el grupo, menos populares y más desconectados de lo normativo. Esto sugiere que la pasividad frente al acoso no es simplemente “no meterse en problemas”, sino que puede ser, además, una señal de aislamiento y desconexión social y moral.




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Quienes aumentan su implicación en la defensa tienden a sentirse cada vez más aceptados y populares dentro del grupo de iguales. Estos resultados cuestionan una idea muy extendida: la de que intervenir en situaciones de acoso supone arriesgar el propio estatus social. Nuestros datos sugieren que, lejos de eso, defendiendo defender a un compañero puede ir de la mano de la cohesión grupal y la popularidad.

Por último, quienes dejan de defender muestran un progresivo distanciamiento de lo normativo. Por lo tanto, los adolescentes saben que defender a la víctima es lo esperable y que no hacerlo genera una falta de implicación con las normas que rigen la convivencia y la dinámica social del grupo de iguales.

En conjunto, los resultados dibujan una idea clara: el clima del aula importa. Cuando los estudiantes se sienten parte del grupo y se identifican con las normas que guían una convivencia sana y segura, aumenta la probabilidad de que ayuden a quien lo necesita. Cuando esa conexión falla, el silencio se vuelve más probable.

Complejidad en el pasillo del instituto

El pasillo del instituto no es un lugar neutro: se desarrolla en él una dinámica compleja de roles, interacción social, criterio moral y manejo de la popularidad. Por eso, no se trata de convencer a los adolescentes de que defender a la víctima es lo correcto. Esto ya lo saben. El reto está en crear un entorno que facilite actuar: que en ese pasillo, en esa aula, haya unas normas no escritas pero con las que todos se identifiquen.

Esto implica crear un contexto donde el ambiente del centro sea participativo, donde las reglas se acuerden de forma consensuadas y sean claras. También supone generar espacios de diálogo y reflexión compartidos a todos los niveles (docentes, estudiantes, familias) desde los que analizar cuáles son las implicaciones de su comportamiento.

Cuando las normas son compartidas y el grupo transmite apoyo y seguridad, la defensa se percibe como una responsabilidad, que les motivará y les dará el coraje de pasar de la intención a la acción real.

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Christian Berger recibe fondos de ANID BAND CIN250046

Eva M. Romera Félix recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Agencia Estatal de Investigación (PID2020-113911RB-I00)

Ana Bravo y Rosario Ortega Ruiz no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

– ref. Si la mayoría de los adolescentes rechazan el acoso, ¿por qué les cuesta defender a la víctima? – https://theconversation.com/si-la-mayoria-de-los-adolescentes-rechazan-el-acoso-por-que-les-cuesta-defender-a-la-victima-270098

Cómo y por qué viajar contamina: una radiografía de la huella de carbono del turismo español

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mario Burgui Burgui, Profesor Ayudante Doctor. Análisis Geográfico Regional., Universidad de Alcalá

A escala global, el turismo genera cerca del 8,8 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, responsables del calentamiento global. Es decir, unas 5,2 gigatoneladas de CO₂ equivalente (CO₂e), la medida métrica utilizada para cuantificar este impacto. Y, en la última década, las emisiones del sector crecieron casi el doble de rápido que las de la economía mundial.

La Organización Mundial del Turismo y el Foro Internacional del Transporte estiman que, si no se toman medidas, el transporte turístico emitirá un 25 % más entre 2016 y 2030. Para frenar esta trayectoria, la Declaración de Glasgow sobre Acción Climática en el Turismo ha hecho un llamamiento a reducir a la mitad el impacto climático del sector antes de 2030 y lograr “cero emisiones netas” lo antes posible.

España está en el centro de este dilema. El turismo representa más del 12 % del PIB y del empleo, lo que nos sitúa entre los países más dependientes del turismo. Al mismo tiempo, esta actividad es responsable de entre el 10 % y el 15 % de las emisiones nacionales. Para reducirlas, primero debemos saber cómo se producen.




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La primera radiografía detallada de quienes viajan desde España

En un estudio reciente hemos analizado a nivel de consumo la huella de carbono de los turistas españoles. El equipo encuestó a 980 turistas sobre su viaje más caro a lo largo de 2023. Se calcularon sus emisiones en transporte, alojamiento, comida, compras y ocio.

El resultado medio por viaje es de 662 kilos de CO₂e, con una estancia promedio de 6,7 noches. Esto equivale a la décima parte de las emisiones anuales totales per cápita (5,95 toneladas de CO₂e/año). O lo que es lo mismo: en menos de una semana viajando emitimos más que en cinco semanas en casa.

El transporte genera casi la mitad de esas emisiones (48%), siendo la principal causa el viaje hasta y desde el destino. La comida, el ocio y las compras suman un 33 %. El alojamiento aporta cerca del 20 %. Comer y beber, tanto dentro como fuera del hotel, suman en torno a una quinta parte de la huella total del viaje.

La diferencia entre viajar dentro y fuera de España es determinante. Para destinos nacionales, la huella por viaje es de unos 493 kilos de CO₂e. Para destinos internacionales, sube a casi 898 kilos. La razón principal es el uso de avión para los viajes de larga distancia.

No solo importa cuántos viajes se hacen, sino cómo y a dónde

El estudio confirma un patrón claro: a mayor renta, mayor huella turística. Las personas con ingresos mensuales superiores a 3 500 euros generan muchas más emisiones que las personas con menos recursos, porque viajan más lejos y gastan más en el destino. Es decir, lo que gastamos en vacaciones predice bien nuestra huella de carbono.


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También se observan diferencias geográficas. Las personas residentes en las áreas metropolitanas de Barcelona y Madrid presentan las emisiones por viaje más altas, mientras que algunas provincias del interior registran valores mucho más bajos.

Los datos encajan con estudios internacionales, que muestran cómo un porcentaje relativamente pequeño de viajes de larga distancia puede concentrar una parte muy importante de las emisiones del turismo. Y apuntan a una paradoja: las personas con más estudios no emiten menos. Al contrario, pues suelen tener más ingresos y, por ello, viajan más lejos y más a menudo.

En paralelo, España ya está empezando a notar los efectos del calentamiento sobre su modelo turístico. Informes del Banco de España y otras entidades financieras indican que el turismo se está desplazando desde el Mediterráneo a destinos del norte con veranos más frescos. Por tanto, el cambio climático obliga a repensar tanto la oferta turística como la forma de moverse.




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Qué pueden hacer las administraciones y quienes viajan

Este mapa de emisiones informa a las políticas públicas para actuar donde realmente se concentra la huella. Por ejemplo: incentivar el tren frente al avión en trayectos que lo permitan, mejorar el transporte público en los destinos, exigir alojamientos más eficientes en carbono y promover un suministro alimentario con menor huella.

Algunas ciudades, como Valencia, ya han empezado a calcular y certificar la huella de carbono del turismo. Extender estas mediciones a otros destinos ayudaría a mejorar las inversiones y promociones turísticas.

Por otra parte, las decisiones individuales no sustituyen a las políticas, pero son importantes y la mayoría están al alcance de cualquier turista: elegir destinos más cercanos, priorizar el tren cuando sea posible, reducir el número de vuelos a cambio de estancias más largas, evitar compras innecesarias o bufés desproporcionados, así como optar por alojamientos y operadores con planes de reducción de emisiones. La compensación voluntaria de la huella de carbono también puede ser útil como complemento de las reducciones, siempre que se base en proyectos verificados y de calidad. Este mecanismo se explorará con más detalle en la segunda parte de este estudio.

En un país líder en turismo como España, asumir el verdadero coste climático de las vacaciones y cambiar hábitos de viaje ya no es una opción estética. Se trata de una condición indispensable para que el sector siga siendo un motor económico, más competitivo y con menor impacto ambiental.

Una versión de este artículo se publicó en la revista Telos, de la Fundación Telefónica.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Cómo y por qué viajar contamina: una radiografía de la huella de carbono del turismo español – https://theconversation.com/como-y-por-que-viajar-contamina-una-radiografia-de-la-huella-de-carbono-del-turismo-espanol-275355

Las Capitales Europeas de la Cultura: ¿una herramienta de diplomacia cultural en un mundo inestable?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maria Elena Buslacchi, socio-anthropologue, chercheuse post-doc à L’Observatoire des publics et pratiques de la culture, MESOPOLHIS UMR 7064, Sciences Po / CNRS / Aix-Marseille Université, Aix-Marseille Université (AMU)

El castillo de Trenčín, en Eslovaquia. La ciudad es Capital Europea de la Cultura en 2026, junto con Oulu, en Finlandia. CC BY

En 2026, las ciudades de Trenčín (Eslovaquia) y Oulu (Finlandia) son las seleccionadas para promover la cultura en Europa. Dentro de un lustro, en 2031, España y Malta serán las encargadas de acoger las Capitales Europeas de la Cultura. Nueve ciudades españolas optan a la candidatura (Burgos, Cáceres, Granada, Jerez de la Frontera, Las Palmas de Gran Canaria, Oviedo, Palma, Potries y Toledo) y las finalistas se darán a conocer a mediados de marzo.

En un momento en que el Viejo Continente debe redefinir su papel en el tablero geopolítico mundial, el programa de Capitales Europeas de la Cultura (CEC) se encuentra en una encrucijada. Recientemente, la Comisión Europea abrió una consulta a los ciudadanos para replantearse colectivamente el futuro del programa después de 2033. Su papel como herramienta de diplomacia cultural es ahora más importante que nunca.

Unión a partir de un contexto

Creado en 1985 en un contexto de distensión de la Guerra Fría y de construcción política del proyecto de la Unión Europea, el título de “Capital Europea de la Cultura” se concibió inicialmente para celebrar la diversidad cultural del continente. Desde entonces, se ha convertido en un laboratorio de políticas contemporáneas, pero también en un termómetro de las esperanzas, contradicciones y retos de la propia Europa.

El lanzamiento de las capitales (inicialmente “ciudades”), las CEC, no puede entenderse sin su contexto histórico: el horizonte del fin de la Guerra Fría, en una Europa dividida en la que el telón de acero comenzaba a desmoronarse y la Comunidad Económica Europea (CEE) se ampliaba progresivamente. El programa vio la luz gracias a una conversación fortuita en el aeropuerto entre dos figuras políticas emblemáticas de la época: Jack Lang, entonces ministro de Cultura francés, y Melina Mercouri, actriz comprometida y ministra de Cultura griega.

Ambos tenían una visión ambiciosa: utilizar la cultura como vector de unidad cuando parece seguir siendo un aspecto ignorado del proyecto político europeo. La elección de las primeras ciudades –Atenas, Florencia, Ámsterdam y luego París– reflejaba la aspiración de dar una legitimación simbólica a la futura Unión Europea. Estas capitales históricas, portadoras de un patrimonio artístico e intelectual emblemático, encarnaban una Europa de las artes, la creación y las tradiciones que trascendía las divisiones políticas y económicas.

La cultura como instrumento de regeneración urbana

Y entonces llegó Glasgow (Reino Unido). Era una ciudad industrial en declive, marcada por la desindustrialización y el desempleo endémico. Pero desde finales de los 80, su administración había estado elaborando una estrategia de reactivación del centro de la ciudad con el objetivo de marcar un punto de inflexión simbólico y preparar el terreno para la CEC 1990.

La campaña de promoción “Glasgow’s Miles Better” asociaba de forma pionera los antiguos espacios industriales y la cultura. Su objetivo era revitalizar algunas instituciones culturales (Ópera, Ballet y Orquesta de Escocia, Orquesta Sinfónica de la BBC, Citizen Theatre) y crear un nuevo centro de exposiciones capaz de acoger a artistas y eventos locales e internacionales. El director artístico de la capital, Robert Palmer, futuro autor del primer informe sobre los CEC en 2004, consideró el evento como el punto de partida de un proceso participativo de redefinición “desde abajo” de la cultura local. Este podía incluir tanto la excelencia artística como la tradición histórica, rural e industrial, y retomar la ya consolidada cultura popular y el ocio.

Junto a los grandes conciertos de Luciano Pavarotti y Frank Sinatra, se subieron al escenario toda una serie de asociaciones y pequeños colectivos locales. En Glasgow, 1990 redefinió los límites de la palabra “cultura”, acabando por incluir la historia industrial de la ciudad y permitiendo a su población identificarse con ella. Este efecto regenerador sobre las imágenes y las identidades locales es el legado más fuerte y duradero de la CEC, más allá de los impactos económicos y materiales.

Este caso pionero, junto con otros como Bilbao o Barcelona en España, ha servido de modelo. En otras ciudades europeas, los espacios industriales se transforman en teatros, museos o acogen festivales: la “ciudad creativa” atrae a millones de visitantes y estimula la economía local.

Lille (Francia), CEC 2004, abrió una docena de “casas de la locura” entre su metrópoli y Bélgica, “fábricas culturales” de proximidad instaladas en su mayoría en sitios abandonados o antiguas zonas industriales en desuso. Liverpool (Reino Unido), en 2008, utilizó la CEC para rehabilitar su paseo marítimo y atraer inversiones. A principios de siglo, el programa de las CEC ya no se limitaba a valorar ciudades que brillaban en la escena cultural internacional, sino que se convertía en una verdadera herramienta de transformación urbana, utilizada por territorios en dificultades económicas o sociales para reinventarse y reposicionarse.

La Maison folie de Wazemmes, en Lille.
Wikimédia, Karlsupart, CC BY

Este cambio marcó una evolución en las políticas urbanas, en las que la cultura se percibía cada vez más como una palanca de desarrollo económico, al igual que las infraestructuras o las políticas de atractivo. Las CEC se convirtieron en un instrumento de esta política, capaz de atraer financiación pública y privada, crear puestos de trabajo en los sectores cultural y turístico y mejorar la imagen de ciudades a menudo estigmatizadas.

Laboratorio de las transiciones contemporáneas

Sin embargo, este enfoque recibió críticas. Los primeros estudios reflexivos realizados sobre las CEC, a principios de la década de 2010, subrayaban cómo estas podían también exacerbar las desigualdades sociales y espaciales si no iban acompañadas de políticas públicas inclusivas.

En Marsella (Francia), en 2013, la cuestión se hizo pública con la organización de una verdadera programación alternativa, es decir, eventos paralelos que denunciaban los efectos secundarios e indeseables de la programación oficial. Si bien la CEC de Marsella seguía siendo la expresión de la regeneración observada en años anteriores, también representó el momento en que la inclusión social emergió como un tema central de estos megaeventos.

El programa de las CEC siempre ha sabido integrar la crítica –entre otras cosas gracias a la propia mecánica del proyecto, que a menudo permite encontrar en los jurados de selección de las nuevas CEC a personas que han desempeñado un papel clave en las anteriores–. La participación, que se había cuestionado con motivo de Marsella-Provenza 2013, se convirtió así en un elemento imprescindible de las sucesivas CEC: en Matera-Basilicata (Italia) 2019, la implicación de los ciudadanos fue uno de los ejes fundamentales del proyecto.

A finales de la década de 2010, las Capitales Europeas de la Cultura se convirtieron también en un foro para los grandes retos del siglo XXI y en un espacio de experimentación de las transiciones ecológicas, sociales y digitales. Rijeka, en Croacia, CEC 2020, ilustra esta evolución.

La ciudad, marcada por un pasado industrial e importantes flujos migratorios, centró su programa en las cuestiones de la migración y las minorías, en respuesta a las crisis humanitarias que atraviesa Europa. Los proyectos culturales puestos en marcha –exposiciones, residencias de artistas, debates públicos reunidos bajo el lema “Puerto de la diversidad”– tenían como objetivo fomentar el diálogo intercultural y cuestionar las múltiples identidades de la Europa contemporánea.

Del mismo modo, en Francia, Bourges, futura CEC en 2028, basó su candidatura en la transición ecológica. El proyecto “Bourges, territorio del futuro” planteó el reto de la neutralidad carbónica de la visita, utilizando la CEC como catalizador de la acción climática a nivel local.


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2033 y más allá

Aunque las CEC están programadas por ahora hasta 2033, el futuro del título es objeto de debate. La Comisión Europea ha lanzado una consulta pública para imaginar las CEC del mañana, en un contexto marcado por crisis geopolíticas y medioambientales.

Las CEC 2025, Chemnitz (Alemania) y Nova Gorica/Gorizia (Eslovenia), han elaborado un “Libro blanco para el futuro de las CEC”, basándose en las observaciones pasadas y futuras. Se proponen cuarenta recomendaciones para influir en el proceso de reforma del programa en el ciclo posterior a 2034.

Entre sus temas clave, el libro blanco insiste en la voluntad de reforzar la dimensión europea. Esto podría hacerse introduciendo un criterio de selección fundamental basado en esa identidad, haciendo hincapié en los valores europeos en la programación, desarrollando una estrategia de marca unificada y reforzando la cooperación transfronteriza.

El proceso de selección y seguimiento, considerado demasiado burocrático, también se cuestiona, y la recomendación principal es dar prioridad a un seguimiento alentador en lugar de punitivo. Se cuestiona el legado del evento: las ciudades deberían ser responsables del cumplimiento de las promesas realizadas en sus candidaturas y los gobiernos nacionales deberían implicarse más en el apoyo a las ciudades durante y después de su año capital. La difusión de buenas prácticas, la evaluación por pares y la tutoría entre las antiguas y futuras CEC, que ya existen de manera informal, deberían reconocerse e institucionalizarse, en particular mediante la posible creación de una plataforma central respaldada por las instituciones europeas.

El reto consiste ahora en conciliar su papel simbólico y estratégico, velando por que las próximas ediciones no se limiten a celebrar, sino que tengan como objetivo reforzar la participación democrática y la solidaridad transnacional en un panorama geopolítico cada vez más fragmentado.

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Maria Elena Buslacchi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Las Capitales Europeas de la Cultura: ¿una herramienta de diplomacia cultural en un mundo inestable? – https://theconversation.com/las-capitales-europeas-de-la-cultura-una-herramienta-de-diplomacia-cultural-en-un-mundo-inestable-277145

La audiencia de los ‘youtubers’ puede tener la palabra sobre su tributación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antoni Bergas Forteza, Profesor de Derecho Financiero y Tributario, Universitat de les Illes Balears

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En los últimos años, el traslado de youtubers e influencers españoles al Principado de Andorra ha generado un debate tan intenso como polarizado. A menudo presentado como una “fuga fiscal”, este fenómeno ha puesto sobre la mesa cuestiones mucho más profundas que la simple comparación entre tipos impositivos.

En realidad, el caso de los creadores de contenido digital evidencia los límites de un sistema fiscal construido sobre categorías del siglo XX y aplicado a profesiones que operan en un entorno global, digitalizado y radicalmente diferente.

¿Hasta qué punto la fiscalidad tradicional es capaz de dar respuesta a estos nuevos modelos de negocio? El convenio para evitar la doble imposición entre España y Andorra introduce matices que a menudo pasan desapercibidos en el debate público.

La idea central es clara: la residencia fiscal es un elemento necesario, pero no suficiente. Para entender dónde deben tributar realmente los youtubers, hay que preguntarse dónde se realiza la actividad artística y dónde se encuentra la audiencia que genera valor económico.

Andorra no es un paraíso fiscal

Aunque en el relato mediático Andorra aparece a menudo como un paraíso fiscal, jurídicamente no lo es. Desde 2011, cuando entró en vigor el acuerdo de intercambio de información fiscal con España, el Principado dejó de ser considerado una jurisdicción no cooperativa, es decir, un país que no comparte información de carácter tributario o que no colabora con otros Estados. En 2015, con la firma del Convenio para evitar la doble imposición, esta integración se hizo aún más profunda.

Esto implica que España y Andorra intercambian información fiscal de manera regular Por tanto, el simple hecho de trasladarse allí no garantiza inmunidad tributaria y la clave pasa a ser determinar dónde se genera realmente la renta.

Aquí el análisis legal se complica y el caso de los creadores de contenido digital se convierte en un auténtico laboratorio para repensar la fiscalidad internacional.




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¿Qué son, fiscalmente hablando, los ‘youtubers’?

El punto de partida es determinar la naturaleza jurídica de su actividad. Tanto la normativa española como la andorrana coinciden en considerar que los creadores de contenido generan rendimientos de actividades económicas, ya que movilizan medios propios –equipo, tiempo, habilidades y, sobre todo, imagen personal– para producir un servicio. Ahora bien, ¿pueden considerarse artistas?

Según el modelo de convenio de la OCDE, la categoría “artista” incluye actores, músicos, deportistas y cualquier profesional que participe en espectáculos que generen entretenimiento. También pueden incluirse perfiles que actúan en anuncios o programas televisivos.

De acuerdo con esta interpretación amplia, los youtubers e influencers pueden perfectamente encajar dentro del concepto de artista. ¿Por qué? Porque basan su actividad en su propia imagen; generan espectáculo, entretenimiento o narrativa personal. Además, monetizan su notoriedad de manera directa o indirecta. Y, por último, obtienen publicidad y contratos derivados de su popularidad.

Si se admite esta consideración, las consecuencias fiscales son muy significativas, como demuestran estudios recientes.

El artículo que lo cambia todo

El convenio entre España y Andorra establece, en su artículo 16, que los artistas y deportistas pueden ser gravados por el país donde ejercen su actividad, aunque sean residentes fiscales en otro Estado. Eso significa que si un creador de contenido es residente en Andorra pero ejerce su actividad artística en España, España puede gravar las rentas generadas en este territorio.

Este punto desmonta parcialmente la percepción de que trasladarse a Andorra implica automáticamente “dejar de tener que pagar impuestos en España”.

La variable decisiva: la audiencia

En la economía digital, el creador de contenidos no actúa en un escenario físico. El escenario es la pantalla del consumidor. Por eso, el lugar donde se realiza la actividad no puede identificarse únicamente con la ubicación física del youtuber, sino con la localización del público que da sentido y valor económico al contenido.

Esto implica que, si se da alguna de las siguientes condiciones, existe un argumento sólido para concluir que la actividad artística se está ejerciendo principalmente en España, aunque la persona viva físicamente en Andorra:

  • Si la mayoría de las visualizaciones proceden de España.

  • Si las marcas contratan al creador porque es relevante en España.

  • Si el contenido se produce en castellano y con referentes culturales españoles.

  • Si los vídeos se graban a menudo en ciudades o entornos españoles.

Residencia fiscal vs realidad económica

Incluso si un creador de contenido cumple formalmente los requisitos para ser residente fiscal en Andorra (183 días, centro de intereses económicos, etc.), eso no tiene por qué impedir que España pueda exigir impuestos sobre las rentas generadas en su territorio, según el Convenio suscrito entre ambos Estados.

La clave está en distinguir que la residencia fiscal determina qué país grava la renta mundial. Pero también que el lugar de realización de la actividad artística determina qué país puede establecer una imposición sobre esas rentas concretas.

En un entorno digital, el segundo criterio gana protagonismo y obliga a reinterpretar conceptos clásicos como “territorialidad” o “fuente de la renta”.

En el caso de los youtubers e influencers, plataformas como YouTube o Twitch facilitan datos detallados sobre la procedencia geográfica de las visualizaciones, lo que permitiría a la Administración acreditar el origen territorial del valor generado.

Profesiones ‘nuevas’ con una fiscalidad ‘antigua’

El caso de los creadores de contenido digital revela que la fiscalidad del siglo XX no puede gestionar de manera eficiente las profesiones del siglo XXI, siendo necesario entender mejor el contexto y las características de la actividad digital.

Los youtubers pueden ser considerados artistas, con consecuencias fiscales específicas. Además, la residencia en Andorra no tiene por qué impedir que España grave rentas generadas por actividades ejercidas (material o virtualmente) en su territorio.

La audiencia, como hemos visto, es un indicador central para determinar dónde se realiza la actividad artística: la lengua, los referentes culturales, la localización percibida del contenido y la notoriedad mediática en un país refuerzan este criterio. Todos ellos son elementos clave en la determinación de la soberanía fiscal de un Estado concreto. De hecho, las plataformas proporcionan datos empíricos que pueden fundamentar esta atribución territorial.

Adoptar una interpretación funcional del convenio de tributación entre Andorra y España evita la desconexión entre la realidad económica y la realidad fiscal.

En definitiva, la fiscalidad de los creadores de contenido digital no es solo un debate sobre dónde tributan los youtubers, sino sobre cómo los Estados pueden adaptarse a una economía sin fronteras físicas pero con impactos económicos territorializados. El criterio de la audiencia puede convertirse en el puente conceptual necesario entre estos dos mundos.

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Antoni Bergas Forteza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La audiencia de los ‘youtubers’ puede tener la palabra sobre su tributación – https://theconversation.com/la-audiencia-de-los-youtubers-puede-tener-la-palabra-sobre-su-tributacion-277679

Punch, el apego y nuestra relación de pareja

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jesús Rodríguez de Guzmán, Profesor de Psicología del desarrollo y de la educación, Universidad de Cantabria

Punch y su inseparable peluche. Ichikawa City Zoo

Punch es una encantadora cría de macaco nacida en un zoológico, cerca de Tokio. Los vídeos que se han difundido aferrándose a un oso de peluche, editados e incluso adulterados mediante IA, no permiten completar el contexto real de la historia.

Sabemos que el mono nació en cautividad. Por algún motivo que desconocemos no pudo criarse con la madre y fueron separados tras el parto. También ignoramos cuánto tiempo transcurre entre la separación y el intento de vuelta al grupo que pretenden los cuidadores.

Parece evidente que nuestro protagonista tiene conciencia de especie, no necesariamente de parentesco, y se acerca a sus congéneres. Entre ellos puede, o no, estar la madre. Punch reconoce a los otros macacos, pero no sabe si entre ellos están sus hermanos o su madre; la cual, por otra parte, no tiene por qué recordar al vástago que le fue retirado poco después de nacer.

En ese contexto, hipotético, no es raro que Punch sea rechazado: no deja de ser un desconocido que se acerca al grupo. Una posible amenaza o, cuando menos, un competidor, una boca más que alimentar.

Cierto que la psicología es deudora de la etología. O sea, que la investigación con animales nos permite conocer y entender mejor nuestro comportamiento, pero no siempre es acertado interpretar la conducta animal desde parámetros de la conducta de las personas.

Qué es el apego

Hace más de 60 años se identificaron en humanos, y otros mamíferos, comportamientos de aproximación, representaciones mentales, recuerdos y sentimientos de seguridad (o ansiedad ante la separación) establecidos entre el bebé y quien lo atiende. Diferentes corrientes de la psicología identifican el apego como el principio del desarrollo afectivo y emocional.

Por eso, los cuidadores de Punch, ante el rechazo del grupo, le facilitan un peluche. Los sentidos y la percepción del pequeño macaco le informan: vista, tacto y, quizás, olfato indican que ese prototipo tiene mucho en común con un miembro de su especie.

Si, además, el peluche estuviera calefactado hasta la temperatura corporal de la madre, tuviera un reloj que hiciera tic-tac –imitando el latido que Punch percibía antes del parto– y un pezón artificial que le suministrara alimento, el vínculo maternofilial estaría consolidado.

El psicólogo británico John Bowlby (1907-1990), de orientación psicoanalista, defendió la importancia del vínculo afectivo que el bebé establece durante los primeros meses de vida, sobre todo, con la madre. Analiza los problemas psicosociales y de adaptación que surgen cuando se rompe o no se establece el apego, como puede ocurrir, por ejemplo, con menores institucionalizados.

El dilema entre la madre de alambre y la de felpa

En los años 50, el psicólogo estadounidense Harry Harlow diseñó un experimento con macacos rhesus que hoy bordearía los límites éticos de la investigación con animales.

Separados de la madre al nacer, los monos eran enjaulados en un espacio en el que tenían a su alcance dos prototipos “maternos”. La primera madre era de alambre, fría y llena de aristas, pero tenía una tetina que le suministraba alimento. La textura de la segunda era más acogedora: el armazón estaba recubierto de felpa acolchada y la expresión de la cara era más similar a la de un mono. La diferencia es que no tenía pezón.

El pequeño rhesus aprendió pronto a alimentarse de la progenitora de alambre, pero, después, ya saciado, prefería el contacto de la felpa. Para complicar más la situación, y el trauma del bebé macaco, Harlow introdujo en la jaula un terrible artefacto, de aspecto amenazador y ruidoso, provocando el pánico del mono.

Vídeo del experimento de Harlow.

Si la madre de felpa estaba disponible era en ella donde el mono se cobijaba, y si no lo estaba optaba por acurrucarse, pasivo y asustado, en un rincón.

En tiempos de disputa entre psicoanalistas y conductistas, Harlow parecía dar la razón a Bowlby: el contacto con la figura materna es más importante, incluso, que la necesidad primaria de alimentarse y, en situación de peligro, se busca el cobijo materno, aun siendo ineficaz.

La evolución y el conductismo interpretarían los resultados de otra manera: el condicionamiento operante explica la rapidez con la que el mono aprende a alimentarse de una madre de alambre. Saciado el hambre, el estímulo pierde eficacia y entra en juego la impronta evolutiva, que supone una ventaja adaptativa para los mamíferos: se orienta hacia algo parecido a una madre rhesus, un torso mullido, casi peludo, en el que buscar un nutritivo pezón que ponga en marcha el reflejo de succión del bebé, clave para su supervivencia. Obviamente, no lo consigue, por eso volverá a la mamá de alambre al sentir hambre.

El monstruo que entra en la jaula es automáticamente evaluado como una amenaza ante la que tendría dos opciones, luchar o huir, ambas imposibles en ese contexto. Así entraría en juego el paradigma de la indefensión aprendida, muy relacionada con la depresión: lo que ocurra en esta situación no depende de mi respuesta, no puedo hacer nada para evitar sus consecuencias, por tanto, no tengo más opción que la pasividad.

El apego en una “situación extraña”

Más tarde, la psicóloga norteamericana Mary Ainsworth diseñó a finales de la década de 1960 un elegante experimento con el que aplicó la teoría del apego a los humanos.

En la “situación extraña”, Ainsworth ubicó a los bebés en un espacio en el que ejercen su influencia dos fuerzas contrapuestas. Por una parte, la figura de apego –no necesariamente la madre– cercana, hace que el pequeño se sienta seguro a la vez que puede gatear y moverse libremente por la habitación. Por otra, juguetes de formas y colores atractivos llaman la atención del bebé, incitándolo a explorar el entorno. Se añade a la escena una persona desconocida cuya actitud no es ni amenazante ni reconfortante para el niño.

La investigación analiza la respuesta del pequeño ante la tensión que ejerce el impulso de acercarse a explorar los juguetes, a la vez que necesita certificar la seguridad que le da la presencia cercana de la figura de apego. En el siguiente paso, la mamá se marcha sin avisar y se registran las distintas respuestas que dan los pequeños ante el abandono. Poco después la figura de apego regresa a la habitación y se vuelve a analizar el comportamiento del bebé.

Las respuestas de los pequeños ante las distintas situaciones dan lugar a distintos tipos de apego. La investigadora describió en primer lugar el apego seguro, presente en más del 60 % de la muestra estudiada. Se caracteriza por interés por explorar con confianza el entorno mientras la madre está presente, sabiendo que puede volver, cuando necesite, a su “base segura”. También interactúan con el extraño cuando está presente la figura de apego, pero no le servirá de consuelo cuando la madre se marche.

El abandono provocará enfado, aflicción, llanto y una respuesta manifiesta de malestar que cederá poco después del regreso de la madre. El pequeño “perdonará el abandono” cuando, de nuevo, empiece a dejarse llevar por el impulso de explorar el entorno; comprobando periódicamente, eso sí, que la madre no vuelve a marcharse.

Cualquier otra reacción, de acuerdo con la investigadora, sería una muestra de un apego inseguro, ansioso, evitador, desorganizado o desorientado. Son manifestados por bebés que no se interesan por explorar el entorno, no son capaces de separarse mínimamente de la figura de apego, o, por el contrario, no se inmutan ante su marcha, aceptan igualmente a la persona extraña, o responden de forma indiferente, ambigua o desproporcionada cuando la madre regresa.

Después de la infancia

Una psicóloga contemporánea, Begoña Delgado, profesora de la UNED, ha estudiado cómo se trasvasa la relación de apego de los padres a los iguales, y de estos a la pareja.

Al finalizar la infancia, el vínculo se desplaza de la familia hacia la pandilla.
Las amigas y amigos son refugios a los que regresar tras incursiones, a veces arriesgadas, en un entorno que supone, a la vez, un reto, una oportunidad y una necesidad para el desarrollo adolescente, de acuerdo con el clásico trabajo del profesor Oliva.

Al final de la adolescencia los componentes del apego se traspasan a la relación de pareja, sin que la familia haya dejado de ser la base segura desde la que explorar el mundo. La relación de pareja estará influida por el modelo afectivo desarrollado con la figura de apego, ya que es en la relación familiar donde se aprendió, o no, la cercanía emocional y los intercambios físicos que se darán, con otro significado, en la pareja.

La calidad del apego, primero en familia y después en la relación de amistad, predice las características de la relación de pareja.

Así las cosas ¿de quién somos y a quién necesitamos en la etapa adulta como figura de apego? Será la persona que anime a desenvolvernos con confianza ante los nuevos retos y riesgos, con la garantía de que siempre estará disponible como base segura a la que volver.

Esa figura que Punch anda buscando.

The Conversation

Jesús Rodríguez de Guzmán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Punch, el apego y nuestra relación de pareja – https://theconversation.com/punch-el-apego-y-nuestra-relacion-de-pareja-276901