¿Somos “así” para siempre? La neurociencia del cambio psicológico y por qué repetimos lo que nos hace daño

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paloma López, Professor and researcher Cognition, Affect, and Resilience Research Group. Faculty of Health Sciences. International University of Valencia (VIU), Universidad Internacional de Valencia

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A veces basta un silencio. Un mensaje que no llega cuando esperamos en esta era de lo inmediato. Una respuesta corta, rápida, aparentemente más fría de lo habitual. De pronto aparece un nudo en el estómago. Pensamientos acelerados: “algo he hecho mal”, “ya no le importo”, “está molesto conmigo”.

Y, de pronto, el cuerpo reacciona antes que la razón: enfado, inquietud, pensamientos negativos que se disparan. Horas después, cuando todo se aclara, surge la misma pregunta: ¿por qué me afecta tanto?

¿Se reconoce en una situación parecida? Estas reacciones no suelen explicarse por simple inseguridad o porque seamos “demasiado sensibles”, sino por patrones emocionales aprendidos que el cerebro activa de forma automática.

El cerebro aprende a sentir y a relacionarse

Durante años se pensó que la personalidad era algo casi fijo. Los estudios clásicos mostraban que rasgos como la ansiedad o la sociabilidad se mantienen bastante estables con el paso de los años. Esta evidencia reforzó la creencia de que, en lo esencial, “somos como somos”.

Sin embargo, una gran revisión de investigaciones publicada en 2006 mostró por primera vez que estos rasgos pueden cambiar a lo largo de la vida, aunque lo hagan de manera gradual. La personalidad presenta continuidad, pero no está escrita en piedra.

La neurociencia aporta una clave importante: el cerebro posee neuroplasticidad, es decir, la capacidad de reorganizar sus conexiones en función de la experiencia. No solo aprendemos conocimientos: también aprendemos maneras de reaccionar emocionalmente y de interpretar a los demás. Como señaló el neurocientifico Eric Kandel, los cambios psicologicos duraderos implican cambios en los circuitos del cerebro.

Experiencias que marcan

Lo cierto es que las primeras relaciones de nuestra vida influyen de manera decisiva en el aprendizaje. Varios estudios han mostrado que las experiencias tempranas afectan al desarrollo y a la conexión entre la amígdala (implicada en la respuesta emocional) y la corteza prefrontal (que ayuda a regularla). Estas redes no solo almacenan recuerdos concretos, sino también expectativas: qué esperamos de los demás y cómo interpretamos sus gestos.

Si alguien ha crecido en un entorno donde la cercanía era impredecible o donde las emociones intensas no se regulaban bien, su sistema nervioso puede volverse especialmente sensible a señales ambiguas. Las investigaciones han relacionado esta mayor sensibilidad con diferencias en la comunicación entre regiones cerebrales emocionales y reguladoras. En la vida adulta, pequeños desencuentros pueden activar respuestas intensas que parecen surgir “de la nada”, pero que en realidad están conectadas con aprendizajes anteriores.

Por eso repetimos patrones. No porque queramos sufrir, sino porque el cerebro tiende a reaccionar según modelos que le resultan familiares. Aunque no es un destino ineludible, como veremos.

Vaivenes emocionales

La personalidad es la manera en que una persona vive, procesa y comprende la experiencia de sí misma y de los otros. No se reduce a etiquetas como “nervioso” o “impulsivo”: desde la psicología clínica se habla también de “organización de la personalidad”.

El psiquiatra y psicoanalista Otto Kernberg propuso que existen distintos niveles en dicha organización. Mientras que algunas personas presentan una identidad más coherente y estable, otras tienen mayor dificultad para integrar aspectos contradictorios de sí mismas y de los demás.

Cuando esta integración es menor, pueden aparecer oscilaciones intensas: idealizar a alguien y poco después sentirse profundamente decepcionado, interpretar una crítica leve como rechazo total o reaccionar con gran intensidad ante frustraciones pequeñas. No se trata de falta de carácter, sino de una forma concreta de funcionamiento psicológico.

La cuestión es si este funcionamiento puede modificarse.

Psicoterapia y cambio profundo

Algunos tratamientos psicológicos buscan algo más que aliviar síntomas. Trabajan sobre los patrones relacionales que organizan la experiencia emocional. Uno de ellos es la Terapia Focalizada en la Transferencia (TFP), desarrollada a partir del modelo del propio Kernberg. En esta terapia se analizan los patrones de relación que aparecen en la vida del paciente –y también en la relación con el terapeuta– para comprenderlos mejor y favorecer cambios más profundos.

En una investigación publicada en el American Journal of Psychiatry, se comparó la TFP con otros tratamientos para el trastorno límite de la personalidad y los investigadores observaron mejoras significativas en impulsividad, conductas autolesivas y funcionamiento global.

Otro estudio reveló que la TFP no solo reduce síntomas, sino que también modifica patrones de apego y mejora la capacidad reflexiva, es decir, la forma en que las personas comprenden sus propias emociones y las de los demás.

Estos resultados apuntan a algo más profundo que una simple mejoría superficial: sugieren cambios en la organización de la personalidad.

¿También cambia el cerebro?

Las investigaciones sugieren que una psicoterapia eficaz no solo puede cambiar cómo pensamos o sentimos, sino que también puede estar asociada a cambios en el funcionamiento del cerebro. Algunos estudios realizados con personas con trastorno límite de la personalidad han observado que, tras un tratamiento estructurado, disminuye la actividad de regiones implicadas en las emociones intensas —como la amígdala— y aumenta la actividad de otras áreas que ayudan a regularlas y a controlar los impulsos.

En otras palabras, comprender mejor nuestras reacciones, revisarlas en un entorno seguro y vivir experiencias relacionales más estables puede cambiar la forma en que interpretamos lo que nos ocurre. Algunas investigaciones sugieren que estos procesos también podrían estar relacionados con cambios en los circuitos cerebrales implicados en las emociones.

Hay margen de adaptación

La personalidad no es infinitamente flexible. Existen factores biológicos y temperamentales que influyen en nuestra forma de ser. Por lo tanto, el cambio profundo tampoco es inmediato ni sencillo.

Sin embargo, la evidencia actual no respalda la idea de que estamos condenados a repetir indefinidamente los mismos patrones. Más preciso sería decir que tenemos tendencias aprendidas que pueden reorganizarse.

Cambiar no significa dejar de ser uno mismo: supone ampliar la capacidad de regular emociones, mantener relaciones más estables y sostener una identidad más coherente. La neurociencia muestra que el cerebro conserva margen de adaptación a lo largo de la vida.

La pregunta, entonces, no es si somos “así” para siempre, sino en qué condiciones podemos dejar de repetir lo que nos hace daño. La ciencia sugiere que, dentro de ciertos límites, el cambio psicológico es posible.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Somos “así” para siempre? La neurociencia del cambio psicológico y por qué repetimos lo que nos hace daño – https://theconversation.com/somos-asi-para-siempre-la-neurociencia-del-cambio-psicologico-y-por-que-repetimos-lo-que-nos-hace-dano-276194

‘No se dice tete, se dice chupete’: ¿hay que corregir a los niños cuando están aprendiendo a hablar?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Clara Macarena Ponce Romero, Profesora del área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Universidade de Santiago de Compostela

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“No vocaliza”, “Habla mal”, “Habla raro”, “Habla poco”… ¿Quién no se ha preocupado alguna vez de si todo está yendo como debe cuando un niño o una niña pequeña empiezan a formar sus primeras frases?

A menudo, los adultos escuchamos con atención (y, en muchas ocasiones, con preocupación) cada una de sus palabras. No es raro que madres y padres busquen una segunda opinión, ya sea en las aulas de educación infantil o en gabinetes de logopedia. Sin embargo, lo que con frecuencia se interpreta como un problema es, en realidad, una parte normal y necesaria del aprendizaje del lenguaje.

Hablar diferente no es hablar peor

Cuando un niño dice “tete agua”, “perro grande ahí” o pronuncia una palabra de forma que a los adultos les suena extraña, es fácil fijarse solo en lo que le falta, en lo que consideramos “erróneo”. Sin embargo, desde el punto de vista del desarrollo del lenguaje, lo importante no es que esas formas se parezcan a las del habla adulta, sino que cumplan su función principal: comunicar.

La investigación en lenguaje infantil lleva tiempo mostrando que los niños pueden comunicarse con eficacia, porque el aprendizaje del lenguaje se construye primero sobre el uso y la interacción, y solo más tarde sobre las reglas.




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Pensemos, por ejemplo, en las interacciones entre madres, padres y bebés de apenas seis meses. A partir de gestos, miradas, sonidos o expresiones faciales, los adultos suelen identificar la causa del llanto y responder adecuadamente a sus necesidades. Incluso a edades muy tempranas, muchos niños muestran ya preferencias claras, formas propias de reaccionar y una personalidad incipiente.

Comunicación eficaz sin normas

A continuación presentamos el ejemplo de Nerea y César, dos hermanos de tres años. Esta grabación procede del corpus Koiné de habla infantil, un repositorio accesible en línea que reúne miles de interacciones espontáneas de niños de entre 18 y 53 meses, grabadas en escuelas infantiles de Galicia. Fragmentos como este permiten observar cómo la comunicación funciona incluso cuando el lenguaje aún no se ajusta a las formas adultas.

En esta breve interacción, Nerea y César apenas producen enunciados complejos. Sin embargo, la comunicación funciona perfectamente. Cuando César le ofrece el libro a su hermana para irse a jugar y Nerea se lo devuelve, ambos están expresando con claridad su intención: no quieren “jugar a los cuentos” en ese momento. El abandono de la escena por parte de César y el gesto de negación de Nerea refuerzan ese mensaje sin necesidad de palabras elaboradas. La interacción entre niños también es clave para el aprendizaje.

Qué ocurre en la mente de los niños

Desde los primeros meses de vida, los bebés son participantes activos en la comunicación, sensibles a las intenciones de quienes los rodean. Antes incluso de dominar el vocabulario o la gramática, aprenden a interpretar miradas, gestos y tonos de voz, y a usarlos para dirigir la atención, pedir algo, rechazar una propuesta o compartir una experiencia. En pocas palabras: transmiten lo que quieren a través de la interacción con el otro.

A medida que avanzan en el aprendizaje, los niños empiezan a detectar regularidades en lo que oyen. Generalizan patrones, los ponen a prueba y los ajustan poco a poco. Por eso es habitual que digan formas que no coinciden con las adultas. Cuando una forma no da resultado, la reformulan; cuando funciona, la mantienen.

Este proceso no es solo lingüístico, también es intrínsecamente cognitivo. Aprender a hablar implica coordinar memoria, atención, percepción y control de la acción. Por eso, muchas veces los niños saben perfectamente lo que quieren decir, pero todavía no disponen de los recursos formales para expresarlo como un adulto.




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Menos correcciones, más comprensión

Los niños no aprenden a hablar porque alguien les diga una y otra vez lo que hacen mal. Aprender a hablar es, ante todo, una experiencia compartida. Por eso, cuando nos dirigimos a niños pequeños, los adultos tendemos a ajustar de forma natural nuestra manera de expresarnos, por ejemplo, usando frases más simples, repitiendo palabras importantes y cambiando la entonación para hacernos entender mejor.

Este modo de hablar no empobrece el lenguaje: al contrario, lo hace más accesible y facilita que los niños comprendan y participen en la conversación sin sentirse evaluados. Por ejemplo, cuando un bebé llama a su mantita “maca”, muchos padres empiezan a utilizar esa expresión: “¿Quieres la “maca”?

Tenemos que comprender que los niños están inmersos en un proceso de aprendizaje. Esta expresión (“maca”) no es un error, es un proceso que paulatinamente les ayudará a consolidar el lenguaje adulto (manta).

Una manera de fomentar el aprendizaje lingüístico es integrarse en el mundo comunicativo infantil: “Sí, tu manta, la ‘maca’, está en la cama”. De esta forma, el niño escucha la forma convencional sin sentirse corregido ni examinado.

Otro ejemplo muy habitual ocurre cuando el niño dice “ete” señalando un juguete. En vez de exigir (“Coche, coche, se llama coche”), el adulto puede responder: “Sí, es un coche rojo. El coche hace brum brum”. Está validando la intención comunicativa y, al mismo tiempo, ofreciendo un modelo más completo y rico.

Acompañar el aprendizaje del lenguaje implica escuchar qué quieren decir los niños y responder a ello, más que centrarse en cómo lo dicen. Entender este proceso ayuda a reducir preocupaciones innecesarias y a recordar que hablar diferente no es hablar peor, sino parte del camino para aprender a comunicarse.

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Clara Macarena Ponce Romero forma parte del grupo Koiné de la Universidad de Santiago de Compostela. Actualmente, participa en el proyecto financiado por FEDER / Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades – Agencia Estatal de Investigación, Corpus y densidad de datos. Versión robusta del ‘corpus Koiné’ de habla infantil (PID2024-158897NB-100).

– ref. ‘No se dice tete, se dice chupete’: ¿hay que corregir a los niños cuando están aprendiendo a hablar? – https://theconversation.com/no-se-dice-tete-se-dice-chupete-hay-que-corregir-a-los-ninos-cuando-estan-aprendiendo-a-hablar-273054

¿Enseñamos el valor de la democracia en la escuela?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cruz Pérez Pérez, Catedrático del departamento de Teoría de la Educación, Universitat de València

Aunque sus orígenes están en la Atenas de Pericles (en el siglo V antes de nuestra era), la democracia como forma de vida y de gobierno ha tardado siglos en estar generalizada. En los países del ámbito occidental empezó a desarrollarse tras la Revolución francesa en 1789 y las posteriores revoluciones liberales del siglo XIX.

Este sistema de convivencia y gobierno se ha ido extendiendo por todo el mundo con constantes avances y retrocesos. Pero como todos los logros éticos de una sociedad, tal y como como plantea el filósofo alemán Jürgen Habermas, no permanece estable y requiere una tensión educativa constante.

En lo que afecta a los más jóvenes, en la Unión Europea se ha detectado durante los últimos años una pérdida de compromiso cívico de los jóvenes y una apuesta por modelos autoritarios. Tres aspectos que generan gran preocupación: indiferencia hacia la participación política, desinterés por los asuntos comunes y la participación social, e incremento de actitudes intolerantes.

En España, por ejemplo, uno de cada cuatro varones (25,9 %) de entre 18 y 26 años afirman que “en determinadas circunstancias” el autoritarismo puede ser preferible al sistema democrático.

El desafío: mayor educación

Teniendo en cuenta que la estabilidad del sistema democrático requiere de ciudadanos cívicos, comprometidos, que participen y que crean en estos valores, cabe plantearse si los datos mencionados son un fracaso de los sistemas educativos.

Tras muchos años de escolarización obligatoria, ¿hemos sabido o podido enseñar a las nuevas generaciones los contenidos históricos fundamentales, el sentido crítico para defenderse de las manipulaciones y la capacidad para analizar la realidad con profundidad, a actuar con criterio propio y fundado en el conocimiento científico y contrastado?




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Enseñar el valor de la democracia

En lo que respecta a la Unión Europea, la educación para la ciudadanía y los valores democráticos forma parte del currículo de todos los niveles escolares.

Adopta diferentes nombres en cada país: “educación para la ciudadanía”, “educación en valores sociales y cívicos” o “educación para la democracia, ética y democracia”. Y se plantea de tres formas combinadas: como tema transversal (que se trabaja en distintas asignaturas de manera intermitente); como materia propia, con horas lectivas dedicadas en exclusiva; y como contenido integrado en otras asignaturas como Geografía e Historia, con temas específicos dedicados a la materia.

En España, existe una asignatura de Educación en Valores Cívicos y Éticos en el último ciclo de educación primaria, y en un año de educación secundaria, enfocada en la autonomía moral, la democracia, la sostenibilidad y la igualdad de género. Esta materia persigue desarrollar el pensamiento crítico y la ciudadanía activa, no es alternativa a la religión y se basa en la inclusión, el respeto a los derechos humanos y la empatía.




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Participación e historia, las bases

Si consideramos que las propuestas educativas actuales son insuficientes, existen al menos tres estrategias fundamentales con las que se podría incidir en la educación para la ciudadanía democrática:

  • Fomentando la participación activa del alumnado en los centros escolares, especialmente en educación secundaria. La mejor manera de entender cómo funcionan los sistemas democráticos es tomando parte en los mecanismos de análisis y toma de decisiones. Hacerlo en el ámbito escolar abre el camino de la participación real en la vida pública, social y cultural en la edad adulta.

  • Potenciando la enseñanza de la historia de la humanidad, con especial énfasis en el origen de las continuas guerras y conflictos provocados por regímenes políticos autoritarios.

  • Enseñando en las aulas, tanto de un modo teórico como práctico, el valor de la democracia como forma de vida especialmente valiosa y de relación entre las personas: derechos y deberes de las personas establecidos en las constituciones de los países democráticos, valores éticos mínimos como el conjunto de los valores que todos podemos compartir independientemente de nuestras preferencias personales, condicionantes culturales o creencias religiosas, debates sobre temas fundamentales como la democracia, la vida o la sostenibilidad, dilemas morales de carácter ético, asambleas de aula y proyectos de aprendizaje-servicio, en los que los estudiantes aprenden ofreciendo algún servicio a su comunidad.




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Además, convendría incrementar las horas de las asignaturas específicas dedicadas a la educación para la ciudadanía con contenidos relativos a los valores éticos universales, declaraciones de derechos humanos y organismos supranacionales.

Formación del profesorado

El profesorado debería estar específicamente formado para impartir estas asignaturas, en base a unos conocimientos tanto teóricos como prácticos. Para ello sería necesario introducir en el currículo de formación de los docentes de primaria asignaturas referidas a la educación en valores y actitudes, así como en los contenidos específicos del máster de formación del profesorado de educación secundaria. Además, los centros dedicados a la formación permanente de los docentes deberían ofrecer cursos y talleres para actualizar los conocimientos del profesorado en activo.

Para llevar a cabo estas propuestas es condición necesaria reequilibrar el peso de los contenidos conceptuales: es decir, reducir el peso que tradicionalmente ha tenido el aprendizaje de datos, hechos y conceptos en las diferentes materias. Entender cómo y por qué vivimos en una democracia no es tanto un asunto de teoría, como de práctica.

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Cruz Pérez Pérez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Enseñamos el valor de la democracia en la escuela? – https://theconversation.com/ensenamos-el-valor-de-la-democracia-en-la-escuela-276291

Trabajan pero no cuentan: ¿por qué la inmigración es clave para el estado del bienestar en España?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alexis Cloquell Lozano, Profesor Sociología. Cátedra Caixa Popular para el estudio de los desafíos sociales y la vulnerabilidad., Universidad Católica de Valencia

El Gobierno de España ha anunciado su intención de avanzar en un nuevo proceso de regularización administrativa, apoyándose en las vías ya existentes de arraigo y en el despliegue del nuevo Reglamento de Extranjería, que entró en vigor el 20 de mayo de 2025. El objetivo declarado no es solo dar respuesta a una realidad social consolidada, sino incorporar plenamente a la economía formal a cientos de miles de personas que ya viven y trabajan en el país, reforzando así la cohesión social y la sostenibilidad del sistema de protección social.

En este contexto, el envejecimiento acelerado, el descenso de la población autóctona, la presión creciente sobre el sistema de pensiones y el aumento de las necesidades en sanidad y cuidados plantean una pregunta clave: ¿quién va a sostener el Estado del bienestar en las próximas décadas y mantener una parte considerable del sector productivo? Esta cuestión suele abordarse desde el lado del gasto, pero el último informe del Consejo Económico y Social (CES) de España invita a mirar en otra dirección: las aportaciones económicas y laborales de la inmigración.

La inmigración no es un fenómeno coyuntural ni marginal. Es ya un componente estructural de la economía española y de la financiación del bienestar colectivo. Sin embargo, su contribución está limitada por un factor decisivo: la persistencia de la irregularidad administrativa.

Cotizantes hoy para las pensiones de mañana

Según el balance del mercado laboral 2025 del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, desde diciembre de 2019 la afiliación de trabajadores extranjeros ha aumentado un 45 %, y en 2025 alcanzó el 14,1 % del total de las cotizaciones al sistema. De acuerdo con el informe del CES, esta afiliación se traduce en cerca del 10 % de los ingresos de la Seguridad Social, pese a que el gasto público asociado a la población extranjera representa en torno al 1 % del gasto público total.

Esta diferencia se explica por su perfil demográfico: se trata mayoritariamente de población en edad activa, con tasas de participación laboral elevadas y un uso reducido de las prestaciones asociadas al envejecimiento, como pensiones o dependencia.

En un país donde el crecimiento demográfico reciente depende casi exclusivamente de la inmigración y donde la población autóctona en edad de trabajar disminuye, esta aportación resulta clave para el equilibrio del sistema de pensiones. Sin nuevos cotizantes, la sostenibilidad del sistema se resiente. Y una parte relevante de esos cotizantes potenciales ya está en España, trabajando.

El trabajo existe, los ingresos públicos no

La irregularidad administrativa no implica inactividad económica. La inmigración en España es mayoritariamente de carácter laboral y las personas de origen migrante presentan altas tasas de participación en el mercado de trabajo. Se concentran sobre todo en sectores con déficit estructural de mano de obra como la construcción, la agricultura, la hostelería, el sector de los cuidados y atención a la dependencia.

El problema, por tanto, no es la inexistencia de empleo, sino que las restricciones y disfunciones del régimen de autorizaciones de residencia y trabajo desplazan una parte de esa actividad hacia situaciones precarias o informales. En la práctica, muchas personas migrantes trabajan sin poder hacerlo dentro de los cauces formales que permiten cotizar y tributar con normalidad.

Esto se traduce en que la regularidad administrativa debe ser una condición necesaria para una integración laboral digna y para la contribución plena al sistema de protección social. Cuando esa regularidad no existe, el trabajo realizado no se traduce en cotizaciones ni en ingresos fiscales acordes con la actividad económica generada, debilitando la base de financiación del estado del bienestar.

Una pérdida económica cuantificable

Un informe del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia señala que la discriminación afecta a la población extranjera en los ámbitos laboral y educativo. Esto incluye dificultades para encontrar trabajo, salarios más bajos, empleos más precarios, problemas para que se reconozcan sus estudios o menos oportunidades educativas. En 2022 esta discriminación tuvo un coste económico estimado de 17 000 millones de euros, una cifra equivalente al 1,3 % del PIB.

No se trata solo de salarios más bajos o trayectorias laborales truncadas, sino de una ineficiencia económica y fiscal de gran magnitud. Cada trabajador que no puede cotizar plenamente es un ingreso menos para la Seguridad Social y un margen menor para financiar sanidad, educación y políticas sociales, trasladando la carga al resto de contribuyentes. Desde esta perspectiva, la irregularidad no es una anomalía administrativa menor sino una ineficiencia estructural.

El debate que falta

El debate público sobre la regularización administrativa es amplio y complejo desde el punto de vista político y social. Sin embargo, en la práctica suele quedar atrapado en una lectura parcial, centrada casi exclusivamente en los costes y en la presión sobre los servicios públicos. Con los datos en la mano toca reformular la pregunta de fondo: ¿Puede España permitirse no integrar plenamente –también en términos fiscales– a quienes ya están contribuyendo de manera decisiva al sostenimiento de su economía a través del trabajo?

Como ha señalado el sociólogo estadounidense Douglas Massey, premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2025, las sociedades receptoras necesitan de la inmigración, pero, al mismo tiempo, desarrollan una resistencia política y social alimentada por el miedo. Esa tensión se traduce en políticas contradictorias y disfuncionales: se acoge a solicitantes de asilo, se les proporciona alojamiento y asistencia básica, pero se les impide acceder al empleo durante largos periodos.

Conviene recordar que el estado del bienestar se financia con cotizaciones e impuestos y que una parte creciente de quienes pueden garantizarlos trabaja hoy en España sin poder hacerlo plenamente dentro del sistema. No hay pensiones, sanidad ni educación pública sin una base suficiente de cotizantes, y una parte decisiva de esa base ya está aquí. Desde esta perspectiva, regularizar no es el problema: es parte de la solución.

The Conversation

Alexis Cloquell Lozano recibe fondos de del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, a través de la convocatoria Proyectos de Generación de Conocimiento 2025.

– ref. Trabajan pero no cuentan: ¿por qué la inmigración es clave para el estado del bienestar en España? – https://theconversation.com/trabajan-pero-no-cuentan-por-que-la-inmigracion-es-clave-para-el-estado-del-bienestar-en-espana-275755

Por qué las mujeres tienen que hacer cola para ir al baño y qué dice esto sobre el diseño de las ciudades

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Belen Martinez, Research Fellow, Centre for Regional Economic and Social Research, Sheffield Hallam University

Marcel Derweduwen/Shutterstock

¿Recuerdas la última vez que tuvo que hacer cola para ir al baño? Ya sea en teatros, aeropuertos, centros comerciales o festivales, el patrón se repite: los hombres entran y salen rápidamente del baño sin apenas esperar, mientras que las mujeres suelen guardar cola.

En la mayoría de los edificios públicos, el espacio del baño se reparte en función de la superficie, adjudicando a hombres y mujeres aproximadamente el mismo espacio. Aunque esto pueda parecer “justo”, distintas investigaciones sobre género y diseño de baños han demostrado que una superficie igual no se traduce en un acceso igualitario.

Suponer que varones y mujeres utilizan los baños de la misma manera y durante el mismo tiempo es un claro error.

Los baños masculinos suelen combinar cabinas con urinarios “compartidos”, que ocupan menos espacio y se pueden utilizar más rápidamente. Los baños de mujeres, por el contrario, se basan exclusivamente en cabinas, por lo que, incluso cuando ambos lados ocupan la misma superficie, las instalaciones de los hombres pueden atender a más usuarios.

El tiempo es otro factor a tener en cuenta. Las mujeres suelen tardar más porque necesitan sentarse en lugar de permanecer de pie, con frecuencia llevan ropa más compleja y pueden tener la menstruación o estar embarazadas. También es más frecuente que padezcan afecciones como incontinencia o infecciones del tracto urinario.

Muchas normas de diseño siguen basándose en un “cuerpo masculino por defecto”, asumiendo una entrada y salida rápida a los baños, orinado de pie y pasando un tiempo mínimo dentro. Cuando los espacios se organizan en torno al cuerpo y las rutinas de los hombres, los retrasos se achacan fácilmente al comportamiento de las mujeres –que “tardan demasiado”– en lugar de a un diseño inapropiado de sus baños.

La consecuencia más visible de estas normas de diseño es la cola que se forma fuera de los baños de mujeres. Pero, como muestra mi investigación, también puede haber consecuencias económicas y para la salud. Por ejemplo para quienes trabajan conduciendo taxis, el tiempo que pasan haciendo cola es tiempo que no dedican a ganar dinero.

El coste de la disparidad en los aseos

Y no se trata solo de la cola: la disponibilidad de baños es una decisión de diseño que afecta más a las mujeres que a los hombres, que suelen tener más facilidad para ir al baño donde quieran.

Para la mayoría de las mujeres, hacer cola para ir al WC es una pequeña molestia que aceptan sin darle mucha importancia. Sin embargo, los costes más graves de la disparidad en el acceso a los baños me quedaron claros mientras investigaba a las mujeres que trabajan como taxistas en España.

Cuando les pregunté por las frustraciones del trabajo, su primera respuesta rara vez fue el tráfico, los pasajeros difíciles o los turnos largos, sino los baños. Encontrar uno durante el turno a menudo requería una planificación cuidadosa y largas esperas, lo que les hacía perder ingresos. Sus compañeros masculinos, por su parte, podían entrar y salir en cuestión de minutos.

Rosario, una conductora de Uber de 26 años, describió la necesidad de ir al baño mientras trabajaba como “¡el drama del trabajo!”. Al igual que muchas otras conductoras que participaron en mi investigación, explicó que planificaba su ruta en función de los baños que sabía que había. Otras dijeron que evitaban beber agua para no tener que parar “todo el tiempo”, mientras que algunas relacionaban las infecciones urinarias recurrentes con “aguantar demasiado tiempo”.

Las cosas se complican durante la menstruación. Como explicó Juana: “Tienes que organizarte y obligarte a parar. Así que, después de un servicio, no vas simplemente a la parada de taxis más cercana para conseguir un nuevo cliente. En lugar de eso, tienes que conducir hasta una gasolinera para poder ir primero al baño”.

Un letrero de baño para todos los géneros
Los baños neutros en cuanto al género y otros diseños pueden hacer que los baños públicos sean más equitativos.
Heidi Besen/Shutterstock

Las investigaciones han demostrado desde hace tiempo que los baños públicos no son infraestructuras neutrales: se diseñan en función de qué cuerpos y comportamientos se consideran la norma. Mientras que las instalaciones para hombres priorizan la rapidez y la eficiencia mediante urinarios abiertos, en las mujeres se usan cabinas que priorizan la privacidad.

Además, desde el punto de vista anatómico, es más fácil –y a menudo socialmente aceptado– que los hombres orinen al lado de la carretera o en cualquier otro lugar cuando no hay baños públicos disponibles.

Las investigaciones sobre la “paridad en los baños” muestran solo optando por aumentar el número de cubículos o crear cubículos neutros en cuanto al género podremos reducir significativamente las colas de las mujeres sin apenas afectar a los hombres. Replantearse la capacidad de los urinarios para mujeres puede eliminar prácticamente las esperas.

La frustrante búsqueda de un baño no se trata solo de esperar, sino de dignidad y del derecho a ocupar la ciudad en igualdad de condiciones. Los baños, en este sentido, se comportan como un indicador silencioso pero poderoso de para quién está realmente diseñado el espacio público.

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Belen Martinez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Por qué las mujeres tienen que hacer cola para ir al baño y qué dice esto sobre el diseño de las ciudades – https://theconversation.com/por-que-las-mujeres-tienen-que-hacer-cola-para-ir-al-bano-y-que-dice-esto-sobre-el-diseno-de-las-ciudades-277891

¿Cómo se relaciona la identidad latina con el hecho de ser “americano”? La resaca de la Super Bowl de Bad Bunny

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Aurken Sierra Iso, Ayudante Doctor, Departamento de Comunicación Pública, Universidad de Navarra

Momento de la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl. NFL/YoutuBe

El 8 de febrero de 2026, la final de la Super Bowl LX marcó un hito en la historia de Estados Unidos. El espectáculo del descanso, protagonizado por Bad Bunny, fue interpretado íntegramente en español y reunió a una audiencia récord de 128,2 millones de espectadores, desplazando el foco del terreno de juego a la identidad nacional. Más allá de estas cifras y del entretenimiento, la reacción de la opinión pública y de la clase política ha generado un fuerte debate en torno a la identidad latina, abriendo la discusión de qué significa realmente “ser americano” hoy en día.

Un evento mediático como arena política

La Super Bowl es el evento de mayor audiencia en el calendario mediático estadounidense, capaz de superar en número de espectadores a cualquier debate presidencial o ceremonia de investidura. Precisamente por eso, el espectáculo del descanso funciona desde hace décadas como un escenario de negociación cultural: quién actúa, en qué idioma y con qué estética no son decisiones neutras, sino actos comunicativos cargados de significado político.

El lema proyectado en el balón oficial del encuentro, “Together, we are America” (Juntos, somos América), actuó como el detonante de una fractura social latente. En la esfera política, el presidente Donald Trump fue tajante, catalogando el evento como “absolutamente terrible”, “uno de los peores shows de la historia”, y centrando su rechazo en la barrera del idioma: “nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo”. Esta crítica, que no es aislada, guarda coherencia con la línea institucional fijada en 2025, cuando la Casa Blanca estableció el inglés como idioma oficial del Gobierno Federal. Para un sector relevante de la población, la lengua es un pilar innegociable de la cohesión nacional.

De hecho, sectores afines al movimiento MAGA como Turning Point organizaron una contraprogramación alternativa.
El impacto del artista en la opinión pública arroja datos que invitan a la reflexión. Una encuesta de YouGov y Yahoo reveló que el 42 % de los encuestados cree que Bad Bunny refleja mejor los valores del país que el presidente Trump, frente a un 39 % de respaldo que obtuvo el republicano. Las diferencias entre los seguidores del presidente y muchos ciudadanos son evidentes.

¿Existe una identidad latina unitaria?

La pregunta que da título a este artículo –si existe una identidad latina– encuentra en la Super Bowl una respuesta compleja. Desde fuera de Estados Unidos, a menudo se comete el error de tratar lo “latino” como un bloque homogéneo. Sin embargo, la realidad es bien diferente si atendemos a la procedencia, el tiempo de residencia y el nivel de integración.

Esta diversidad tiene incluso reflejo institucional. Las propias comunidades latinas llevan décadas presionando a la Oficina del Censo para que sus categorías reflejen esa pluralidad. Durante cuarenta años, de 1980 a 2020, el origen hispano se trató como una etnicidad separada de la raza, agrupando bajo una misma etiqueta realidades tan dispares como la de un inmigrante mexicano recién llegado, un puertorriqueño con ciudadanía estadounidense de nacimiento o un cubano exiliado.

No en vano, “mexicano” llegó a figurar como categoría racial propia en el censo de 1930, la única vez en la historia. El debate sigue abierto: para 2030 está prevista una reforma que fusionará por primera vez las preguntas de raza y etnicidad en una sola categoría.

Esta complejidad se manifestó con claridad durante la actuación de Bad Bunny. La opinión pública en Latinoamérica, por ejemplo, percibió el show con un sentimiento de orgullo y éxito regional. Para el ciudadano de Bogotá, San Juan o Ciudad de México, Bad Bunny fue un embajador del continente. Para los latinos residentes en Estados Unidos, en cambio, la lectura fue otra: no se trataba de una influencia externa que llega al país, sino de la reivindicación de un espacio que ya consideran propio. Muchos de estos ciudadanos celebraron el evento como una confirmación de su pertenencia.

Esta distinción no es baladí. Los republicanos han demostrado una capacidad creciente para atraer al votante hispano, especialmente en sectores que priorizan la estabilidad económica y los valores tradicionales. La identidad latina en Estados Unidos, por tanto, opera en dos planos: mantiene una vinculación con su herencia lingüística y cultural a la vez que se adapta a las dinámicas sociales y las preocupaciones diarias de la política estadounidense.

Más que una anécdota, el uso del español en la Super Bowl representa la consolidación de un idioma que ya funciona como un motor social y económico en Estados Unidos. Su uso fue una invitación a reconocer una lengua que comparten más de 500 millones de personas en todo el mundo.

Este hecho demográfico se traduce en un impacto económico imposible de ignorar: el peso de la comunidad latina en la riqueza nacional es monumental. Si los latinos en Estados Unidos fueran un país independiente, su Producto Interior Bruto, que ha superado los 4 billones de dólares en 2023, los situaría como una de las mayores economías del planeta, por delante de países como Francia, India o Reino Unido.

Perspectivas ante un año electoral

En el contexto político actual, este choque adquiere un peso mayor. El presidente estadounidense incrementó sustancialmente su apoyo entre el electorado latino en los comicios de 2024. No obstante, su retórica actual podría ser contraproducente para los republicanos, que enfrentan las elecciones intermedias (midterms) de noviembre con cierta desventaja frente a los demócratas y con el reto de consolidar ese voto sin ahuyentar a su base tradicional.

El caso del distrito 34 de Texas lo ilustra bien: con mayoría latina y rediseñado por los republicanos para asegurar su victoria en 2026, sigue siendo una carrera demasiado reñida para darse por ganada. Algunos votantes latinos que apoyaron a Trump en 2024 muestran hoy disposición a cambiar su voto. En un Congreso donde los republicanos no pueden permitirse perder más de dos escaños para mantener su mayoría en la Cámara de Representantes, el voto latino podría resultar determinante.

Al mirar hacia el futuro inmediato, la convivencia bilingüe en el país plantea serios retos. La definición de lo “americano” atraviesa hoy un proceso de redefinición. A través de él, la cohesión nacional debe aprender a convivir con una realidad demográfica y cultural cada vez más heterogénea.

En ese sentido, la actuación de Bad Bunny fue un anticipo de esa disputa. La pregunta de si el español tiene lugar en el espacio público estadounidense y la pregunta de si el voto latino tiene lugar en la coalición republicana son, en el fondo, la misma pregunta formulada en registros distintos.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Cómo se relaciona la identidad latina con el hecho de ser “americano”? La resaca de la Super Bowl de Bad Bunny – https://theconversation.com/como-se-relaciona-la-identidad-latina-con-el-hecho-de-ser-americano-la-resaca-de-la-super-bowl-de-bad-bunny-276490

Triple ultimátum energético: cómo Rusia, China y Trump ponen a prueba a Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Profesor de Derecho Internacional y de Relaciones Internacionales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Planta de perforación de petróleo y gas en el círculo polar ártico. Vladimir Endovitskiy/Shutterstock

Rusia, China y Estados Unidos han convertido la energía en un tablero de poder global, y Europa ha quedado justo en el centro de ese juego. La combinación de un posible corte anticipado del gas ruso, las restricciones chinas ligadas al conflicto en el golfo Pérsico y las amenazas de Donald Trump sobre el comercio y el gas natural licuado (GNL) que llega a nuestros puertos dibuja un escenario de “triple ultimátum” energético para el continente europeo.

Rusia: restringir el suministro

El primer movimiento viene de Moscú. La Unión Europea lleva años aprobando sanciones y diseñando una desconexión gradual del gas ruso: restricciones a nuevos contratos de GNL desde 2026 y veto casi total al gas por gasoducto hacia 2027.

Ante ese calendario, Vladímir Putin ha decidido adelantarse. En varias intervenciones públicas ha deslizado que Rusia se plantea cortar el suministro antes de que la UE cierre definitivamente la puerta, con una lógica sencilla: “Si ellos nos van a dejar de comprar en unos meses, mejor ser nosotros quienes decidamos cuándo se termina la relación”.

Al mismo tiempo, el Kremlin acelera el giro asiático, el gran polo de demanda de hidrocarburos, que depende en buena medida del petróleo que atraviesa el estrecho de Ormuz.

China: garantizar sus reservas

El segundo movimiento llega desde Pekín. La escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán ha puesto a Ormuz en el centro de todas las alarmas: por ese estrecho pasa en torno a una quinta parte del petróleo que se comercia en el mundo.

China, que importa millones de barriles diarios desde el Golfo, ha reaccionado con rapidez: ha ordenado a sus grandes refinerías suspender las exportaciones de gasolina y diésel, cancelar contratos y dejar de firmar nuevos acuerdos, con una prioridad clarísima: garantizar el suministro interno ante la posibilidad de un cierre parcial o total de Ormuz.

Este cierre del grifo hacia el exterior reduce la oferta global de combustibles refinados y contribuye a empujar al alza los precios que paga Europa, reabriendo el debate sobre su vulnerabilidad energética.

GNL estadounidense, instrumento de poder

El tercer movimiento viene de Washington y golpea directamente a España. En los últimos años, el GNL estadounidense se ha convertido en uno de los pilares del aprovisionamiento español: según los datos más recientes de febrero de 2026, alrededor de un 44 % del gas que se consume en España procede de Estados Unidos, una proporción que se ha ido incrementando tras la reducción drástica de las compras a Rusia.

Ese peso convierte al GNL en una herramienta de influencia política. Tras la negativa del Gobierno español a permitir el uso de las bases de Rota y Morón en una eventual operación contra Irán, el presidente Trump ha elevado el tono hasta el punto de amenazar con cortar relaciones comerciales, en un contexto en el que el gas forma parte del paquete. La posibilidad de que su suministro pueda usarse como palanca de presión añade un elemento de incertidumbre adicional sobre nuestra seguridad energética.

España tiene las infraestructuras

En este tablero, España ocupa una posición paradójica. Por un lado, es uno de los países europeos con mayor capacidad de regasificación: siete plantas en funcionamiento y una red gasista relativamente mallada convierten el territorio español en una puerta de entrada privilegiada para el GNL, que luego puede ser reexpedido hacia otros mercados europeos.

Esa infraestructura es una ventaja estratégica para la UE, que ve en la Península ibérica un posible hub energético para diversificar sus fuentes de suministro.

Pero, por otro lado, mientras las interconexiones con Francia sigan siendo limitadas, esa misma arquitectura la hace especialmente sensible a los vaivenes del mercado global de GNL y a las decisiones de actores como Estados Unidos o Qatar.

Las opciones de Europa

¿Qué puede hacer Europa –y España en particular– ante este triple ultimátum?

A corto plazo, las opciones pasan por reforzar los mecanismos de compra conjunta de gas, coordinar mejor el uso de las reservas estratégicas y acelerar proyectos de interconexión que permitan aprovechar plenamente la capacidad de regasificación española en beneficio del conjunto del mercado interior.

A medio y largo plazo, el debate vuelve inevitablemente a la mesa: acelerar la implantación de renovables, desplegar almacenamiento –bombeo hidráulico, baterías, hidrógeno– y avanzar en eficiencia energética. De momento, son las únicas formas de reducir de manera estructural la vulnerabilidad frente a shocks externos.

Autonomía energética europea

El caso europeo ayuda a visualizar algo que a menudo queda diluido en las grandes cifras: tras cada decisión de Moscú, Pekín o Washington hay un impacto directo en la factura de la luz, en el presupuesto de un bar de barrio o en la viabilidad de una fábrica en la periferia de Barcelona o de Bilbao.

Entender cómo se conectan esas piezas –gas ruso, Ormuz, bases militares, GNL estadounidense, China, Europa, regasificadoras españolas– es un paso necesario para participar de manera informada en el debate sobre qué modelo energético y qué grado de autonomía estratégica quiere construir Europa si no quiere que otros sigan decidiendo por ella.

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Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Triple ultimátum energético: cómo Rusia, China y Trump ponen a prueba a Europa – https://theconversation.com/triple-ultimatum-energetico-como-rusia-china-y-trump-ponen-a-prueba-a-europa-277773

Cuando todo tiembla: el papel de las mujeres en las crisis

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miryam Martín Sánchez, Adjunct assistant professor, Universidad Pontificia Comillas

GaudiLab/Shutterstock

Las crisis no son neutrales: reorganizan el poder. Cuando estalla una crisis, ya sea social, política o empresarial, no sólo se ponen a prueba las instituciones y las organizaciones. También se activan expectativas sobre quién debe liderar, quién debe sostener y quién debe cambiar las reglas. Cómo se reparten esos papeles no es casual.

Una investigación reciente ofrece algunas pistas para entenderlo. En ella se muestra que las mujeres tienden a ser interpretadas y posicionadas en tres grandes roles que se repiten de forma recurrente en tiempos de crisis: Autoridad, Infraestructura y Reconfiguración (AIR).

Autoridad: liderazgo bajo la lupa

En situaciones de crisis, la visibilidad y la legitimidad no siempre se distribuyen de la misma manera. Las mujeres que aparecen en primer plano como figuras de autoridad, ya sean presidentas, ministras, consejeras o directivas, suelen ser evaluadas bajo expectativas contradictorias. Se espera de ellas ética y empatía, pero, al mismo tiempo, se cuestionan sus actitudes hacia el riesgo y la incertidumbre.

Esta paradoja se hizo especialmente visible durante la pandemia de COVID-19. Los territorios gobernados por mujeres obtuvieron mejores resultados en indicadores como la tasa de mortalidad. Sus gobiernos fueron, además, más propensos a asumir riesgos económicos, por ejemplo, implementando confinamientos tempranos, para mitigar el coste humano de la crisis. Sin embargo, la percepción sobre su liderazgo no cambió necesariamente en la misma dirección.

Esa tensión convierte el liderazgo femenino en un símbolo que no siempre opera en igualdad de condiciones. Aquí encaja un fenómeno bien documentado: el glass cliff o “acantilado de cristal”. En momentos de crisis, se tiende a colocar a mujeres en puestos de poder, y no necesariamente como reconocimiento pleno de su trayectoria, sino porque la organización necesita transmitir un mensaje de cambio, reparación o renovación. Se las sitúa en primera línea cuando el terreno ya es inestable.

Este patrón se repite en distintos ámbitos: Theresa May en Reino Unido, en plena crisis del Brexit; Kamala Harris en EE. UU., cuando las encuestas ya daban como ganador a Trump o, en España, el caso de Inés Arrimadas que llegó a la presidencia de Ciudadanos después de que su partido perdiera 47 escaños en las elecciones generales de 2019. Fuera del ámbito político, Montse Tomé, la primera mujer al frente de la selección española femenina, fue nombrada tras un escándalo institucional que sacudió al fútbol femenino.

Infraestructura: sosteniendo el sistema

Si en el primer plano aparecen quienes lideran el sistema, en un segundo plano, mucho menos visible, están quienes lo sostienen. En tiempos de crisis, las mujeres actúan como auténticas infraestructuras sociales: sostienen la vida cotidiana, absorben impactos y amortiguan el colapso. Lo hacen en el empleo, en el hogar, en la comunidad y en múltiples espacios intermedios.

Las cifras son contundentes. Según ONU Mujeres, ellas realizan alrededor de tres cuartas partes del trabajo de cuidados no remunerado en el mundo. En Europa, durante la pandemia, dedicaban 36 horas semanales a estos cuidados, lo que equivale a unas 2 000 horas al año. En España, las estadísticas muestran que la brecha persiste, incluso en hogares donde ambos miembros trabajan a jornada completa. De hecho, las mujeres emprendedoras y trabajadoras asumen una carga adicional de cuidados, experimentando mayores niveles de estrés y desgaste emocional.

Estos datos no describen una inclinación natural, sino una estructura social que condiciona tanto las oportunidades de liderazgo como la forma en que se distribuyen los costes cuando el entorno se vuelve incierto.

Desde la cultura popular hasta ciertos discursos mediáticos, el trabajo de cuidado a veces se romantiza, por ejemplo, a través del fenómeno viral de las tradwives (“novia que se queda en casa”) o como una mera elección individual. Sin embargo, desde un punto de vista estructural, constituye una base económica y social sin la cual ninguna potencial recuperación sería posible. La cuestión no es solo su valoración simbólica, sino cómo se distribuye y qué reconocimiento institucional recibe.

Reconfiguración: cuando la crisis abre espacio para el cambio

Este tercer rol amplía el marco: no hablamos únicamente de quién lidera ni de quién sostiene, sino de quién redefine las reglas del juego. Esto incluye acciones de innovación social, redes de apoyo mutuo, activismo y propuestas de política pública que cuestionan prioridades previamente asumidas.

Se han documentado colectivos de mujeres que lideran movilizaciones en crisis económicas y redes feministas que articulan planes de recuperación tras la pandemia. Estas iniciativas parten de una idea sencilla pero potente: las crisis no son un paréntesis, sino una intensificación de desigualdades existentes.

En este contexto, no se trata solo de resistir la crisis, sino de decidir qué se protege, qué se prioriza y qué se considera recuperable cuando todo tiembla.

Un mapa más completo

Las crisis no solo revelan desigualdades: reorganizan responsabilidades y expectativas. Comprender el papel múltiple que ocupan las mujeres, como autoridad, como infraestructura y como agentes reconfiguradores es clave para entender cómo responden nuestras sociedades en momentos límite.

Cuando todo tiembla, no basta con mirar quién ocupa el despacho principal. También debemos observar quién sostiene la vida cotidiana, quién absorbe el impacto y quién impulsa su transformación.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Cuando todo tiembla: el papel de las mujeres en las crisis – https://theconversation.com/cuando-todo-tiembla-el-papel-de-las-mujeres-en-las-crisis-277119

El nuevo giro tecnológico de Starlink: del internet satelital a plataforma digital en órbita

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria

Starlink es una empresa que nació como proyecto de SpaceX para la creación de una constelación de satélites de internet. SpaceX, CC BY

Starlink nació con una promesa fácil de vender: internet rápido desde el cielo. Miles de pequeños (y baratos) satélites en órbita baja (LEO) para dar cobertura global y reducir latencia frente a los satélites (tradicionales y caros) geoestacionarios.

Sin embargo, en los últimos meses, la compañía de Elon Musk ha empezado a apuntar en otra dirección. Starlink ya no quiere ser únicamente un sistema de conectividad. Su ambición es convertirse en una infraestructura digital en órbita, capaz de transportar datos, procesarlos y gestionarlos como lo haría una gran plataforma de red. Es decir, Starlink quiere que su constelación se parezca menos a un conjunto de satélites y más a un ordenador distribuido.

Cuando la red empieza a pensar

Durante décadas, la imagen dominante del satélite de comunicaciones fue la de un repetidor. Recibe, amplifica y retransmite. La “inteligencia” de la red estaba en tierra (en estaciones, routers, centros de control y centros de datos).

Starlink quiere romper ese esquema. ¿Por qué? No se diseñó para trabajar como satélites aislados. Se diseñó como una red en la que cada nodo se mueve a gran velocidad, cambia de vecinos constantemente y tiene que mantener rutas estables en un entorno que no se parece en nada a internet terrestre. Y, aquí, los datos no tienen por qué bajar a la primera estación terrestre disponible. Pueden viajar de satélite en satélite hasta encontrar la salida más eficiente.

Ese detalle transforma el sistema. La constelación deja de ser un grupo de dispositivos que “dan servicio” desde arriba. Empieza a funcionar como una red troncal global, con rutas alternativas y capacidad de adaptación. Y, cuando una empresa controla una red troncal, el paso natural es intentar ofrecer algo más que servicios de conectividad. Ahí aparece el nuevo giro del que estamos hablando.

“Edge computing” versión Star Wars

Hablar de un “ordenador gigante en órbita” puede inducir a error. No significa que SpaceX pretenda entrenar modelos masivos de inteligencia artificial (IA) en satélites ni replicar un centro de datos convencional en el espacio. Eso sería ineficiente y técnicamente difícil por potencia, disipación térmica y logística.

La idea real es mucho más pragmática. Se quiere dotar a la red orbital de capacidad para ejecutar en ella funciones digitales que hoy se hacen en tierra. Es un concepto similar al edge computing: desplazar parte de la inteligencia hacia los extremos de una red, donde se necesita respuesta rápida o donde conviene filtrar datos antes de transmitirlos.

En una red satelital, esto tiene varias ventajas: permite reducir congestión, tomar decisiones en ruta, priorizar tráfico, detectar anomalías y, en ciertos servicios, procesar información antes de bajarla a tierra. En lugar de ser un tubo o una “carretera de paso”, la red se convierte en una plataforma.

¿Y por qué esto es tan interesante? Si Starlink puede ejecutar funciones en órbita, su valor ya no se limita a “más cobertura”. Puede ofrecer otras capacidades digitales a sus clientes.

Empieza la batalla por el servicio

Con tanta competencia en el sector, la conectividad, por sí sola, tiende a convertirse en un producto cada vez menos diferenciable. Cuando varias constelaciones ofrecen cobertura global y velocidades competitivas, el mercado deja de girar alrededor del megabit y el cliente comienza a buscar más servicios distintos.

En concreto, clientes como la industria marítima, la aviación, las emergencias o la logística buscan continuidad, calidad garantizada, priorización, seguridad, integración con sistemas industriales y operación en entornos críticos. Ellos no compran “internet”; compran fiabilidad y control.

Aquí es donde una constelación que toma decisiones desde arriba tiene ventaja. Puede reaccionar mejor a saturaciones regionales, gestionar rutas alternativas, ofrecer priorización dinámica y reducir dependencia de infraestructura terrestre. Ese tipo de capacidades permiten pasar de un servicio de acceso a un servicio gestionado.

¿Y qué pasa con el pequeño consumidor doméstico? Para él, el cambio será menos visible. Pero puede traducirse en estabilidad: menos degradación en horas punta, mejor comportamiento cuando hay congestión, y todo en una experiencia parecida a la de un operador terrestre.

Tenemos un problema: potencia, calor y física

Aparece, entonces, el primer problema. Convertir un satélite en un nodo de computación no es solo una cuestión de software. Obliga a replantear el diseño.
En la Tierra, si una empresa necesita más computación, instala más servidores. Si necesita más refrigeración, amplía su infraestructura de climatización. Si necesita más energía, paga la factura. En órbita, no existe esa flexibilidad.

Un satélite vive con un presupuesto energético rígido. Su energía depende de paneles solares, baterías y electrónica de gestión. No hay enchufe. Y todo lo que consume (por ejemplo, su procesador, un enlace láser o el sistema de comunicaciones), se convierte en calor.

En un ordenador terrestre el calor se evacua con ventilación o refrigeración líquida. En el espacio, el satélite solo puede disiparlo radiándolo. Eso obliga a diseñar superficies térmicas, radiadores y rutas de conducción. Cuanta más potencia se consume, más exigente se vuelve el control térmico. Y cuanto más exigente, más masa necesita, más complejidad tiene y más limitaciones.

Por eso, la energía no es un tema secundario. Es el factor que define cuánto puede “pensar” un satélite.

¿Cómo gestionar la energía?

La cuestión no es solo captar más energía. Es administrarla como un recurso programable.

En un satélite tradicional, la gestión energética se diseña para garantizar primero la supervivencia del sistema y el control básico (especialmente el control de altitud), y después alimentar la carga útil y las comunicaciones. En un satélite que también realiza procesos computacionales, la energía se convierte en un presupuesto dinámico. Es decir, algunas tareas pueden ejecutarse cuando el satélite está iluminado y con excedente, mientras que otras deben limitarse en sombra orbital. Así que la planificación de cargas energéticas se vuelve parte del sistema.

¿Qué es más “caro” energéticamente: transmitir datos o procesarlos? Obviamente, en una constelación, transmitir también cuesta energía. En ciertos casos, gastar vatios en procesar puede ser rentable si reduce el volumen de datos que hay que mover, si evita congestión o si permite tomar decisiones sin depender de estaciones terrestres. Y esto explica por qué el objetivo no es “subir más computación”, sino subir la computación justa, diseñada para mejorar la red.

La constelación se convierte en plataforma

Si Starlink logra este giro, el cambio no será solo técnico. Será industrial. La constelación pasará de ser un sistema de acceso a ser una plataforma. Y una plataforma no se limita a conectar: presta funciones.

Ese es el punto en el que Starlink deja de parecerse a un operador satelital clásico y empieza a parecerse a una infraestructura digital global. Con un matiz decisivo: su hardware se renueva a gran velocidad. Los satélites tienen ciclos de vida relativamente cortos y la constelación se actualiza continuamente. Esto permite que sus capacidades evolucionen de forma acelerada, casi como si se tratara de una red de software.

La consecuencia es evidente: el cielo empieza a parecerse a una red de ordenadores.

El final no es ciencia ficción: es ingeniería

La idea de una constelación que actúa como un ordenador distribuido es tecnológicamente plausible. Pero no es ilimitada. Cada mejora en computación compite con potencia disponible, disipación térmica, vida útil y fiabilidad.

En la Tierra, se puede comprar energía. En órbita, la energía se diseña. Y en ese detalle está el verdadero desafío del nuevo Starlink: no solo conectar el planeta, sino sostener en el espacio una infraestructura que, cada vez más, se comporta como un sistema computacional.

Otra cuestión que surge inevitablemente de todo esto y que debe ser abordada con urgencia es la saturación del espacio con estos dispositivos, con todos los riesgos que ello supone de colisiones y basura espacial.

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Este trabajo ha sido apoyado por el Gobierno Regional de Cantabria y financiado por la UE bajo el proyecto de investigación 2023-TCN-008 UETAI. También, este trabajo fue financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE bajo el proyecto de investigación PID2021-128941OB-I00, “Transformación Energética Eficiente en Entornos Industriales”. Además, fue financiado parcialmente por la Consejería de Educación, Formación y Universidades del Gobierno de Cantabria a través del Contrato Programa del Gobierno de Cantabria y la Universidad de Cantabria a través del proyecto 04.50.00.VQ25.541A.646.62, “Habilitando entornos residenciales más sostenibles mediante la transformación inteligente y activa de la energía eléctrica”.

– ref. El nuevo giro tecnológico de Starlink: del internet satelital a plataforma digital en órbita – https://theconversation.com/el-nuevo-giro-tecnologico-de-starlink-del-internet-satelital-a-plataforma-digital-en-orbita-276252

Cómo lograr que niños y niñas se muevan mejor en la escuela: más allá del juego libre en infantil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Vladimir Martínez-Bello, Profesor Titular de Didáctica de la Expresión Corporal, Universitat de València

¿Para qué van los niños y niñas de 3 a 6 años a la escuela? ¿Van a descubrir su cuerpo y sus posibilidades de acción? Probablemente a ninguno se nos ocurriría responder esto, pero así consta en el currículo de Educación Infantil español.

Esta etapa establece las bases de la actividad física como parte de una vida saludable, especialmente si el entorno fortalece su autoestima y les permite experimentar la satisfacción del logro. Los beneficios de la actividad física van más allá de lo meramente motor: influye positivamente en el desarrollo cognitivo, en la gestión emocional y en la adquisición de hábitos que configurarán su salud futura.

Más allá del juego libre

Tanto el juego libre como la actividad física estructurada benefician el desarrollo infantil, pero el primero, aunque esencial, no garantiza por sí solo la adquisición de competencias fundamentales en el desarrollo integral.

Las evidencias confirman que, complementando el juego libre, las experiencias estructuradas tienen un impacto más significativo en el desarrollo integral. De hecho, cuando se implementan propuestas estructuradas y participativas, los niños y niñas aumentan su actividad física, reducen conductas sedentarias y exploran nuevas posibilidades motrices.

Diseñar situaciones idóneas

¿Cómo podemos diseñar e implementar estas actividades de manera adecuada a cada edad y con un alto componente participativo? Se trata de fomentar con ellas no solo el reconocimiento del propio cuerpo, la superación de dificultades y la autoestima, sino también de aprender a resolver problemas. En definitiva, de darles las herramientas para sentirse capaces y felices.

La actividad física estructurada en las aulas de educación infantil suele trabajarse con actividades de psicomotricidad, educación física o motricidad. Con cualquiera de estos enfoques, lo que importa es que el profesorado diseñe experiencias en las que el movimiento tenga un sentido. No como un medio para otro fin, sino como un fin en sí mismo. Que sea un espacio de descubrimiento, social y participativo, que nazca también de los intereses de los propios niños y niñas. Así, les estaremos dando la oportunidad de conectar con ellos mismos, de mirarse por dentro.




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En este camino, el profesorado se convierte en un actor clave, un apoyo que ejerce un rol activo (acompaña, juega, anima, demuestra, promueve, instruye, disfruta) durante las oportunidades estructuradas y que ofrece seguridad y confianza para que el niño y la niña vivan el movimiento desde dentro y, a través de él, aprendan a conocerse.

Un desarrollo armónico

Podemos señalar tres claves de este enfoque: recuperar el valor intrínseco del movimiento –como fin en sí mismo y fuente de placer–, educar en el respeto a la diversidad desde la corporalidad y diseñar entornos seguros que aprovechen recursos como el juego simbólico.

A partir de los planteamientos de la psicomotricidad relacional o vivenciada, el objetivo es establecer espacios y rituales en los cuales los niños y niñas entren en una interacción con los objetos y con los otros a partir de sus intereses y que puedan dejar huella de su práctica motriz a través de la expresión plástica.

Acompañar mejor al profesorado

¿Estamos acompañando adecuadamente al profesorado en ejercicio y en formación para este rol? Aunque la actividad física se revela como un pilar indiscutible del desarrollo infantil, el profesorado reconoce sentirse poco preparado para incorporarla de manera efectiva en su práctica diaria. Esta brecha formativa –tal y como lo señalan diversos estudios– limita seriamente la calidad y frecuencia de las experiencias motrices que ofrecemos a los niños y niñas más pequeños.

Existen espacios de conocimiento compartido que permiten diseñar experiencias de movimiento que realmente impacten el desarrollo integral: la realización de proyectos conjuntos de investigación educativa (por ejemplo, la naturalización de patios escolares y los patios coeducativos) entre los centros escolares y las facultades de formación de profesorado; la puesta en marcha de proyectos de aprendizaje-servicio que respondan a las necesidades de la infancia y de los centros escolares; el establecimiento de propuestas interdisciplinarias que convoquen a diversidad de agentes (centros escolares, universidades, administración pública, tercer sector, etc.). En definitiva, fomentar la vinculación del profesorado de los centros en proyectos de investigación e innnovación no como simples reproductores, sino como verdaderos creadores; y el establecimiento de redes de profesorado universitario para mejorar la formación de los docentes.




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Podremos así formar un profesorado activo, capaz de crear entornos motores diversos y estimulantes que acojan cada individualidad desde un enfoque basado en los derechos de la infancia.

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Vladimir Martínez Bello recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación, proyecto financiado PID2022-141095NB-100 y de la Generalitat Valenciana, proyecto CIAICO/2023/091.

– ref. Cómo lograr que niños y niñas se muevan mejor en la escuela: más allá del juego libre en infantil – https://theconversation.com/como-lograr-que-ninos-y-ninas-se-muevan-mejor-en-la-escuela-mas-alla-del-juego-libre-en-infantil-268545