¿Dónde están las geólogas y paleontólogas en los libros divulgativos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dánae Sanz Pérez, Investigadora postdoctoral en Paleontología, Universidad Complutense de Madrid

Ilustración de las tres geólogas de países hispanohablantes mencionadas en los libros de divulgación analizados. De izquierda a derecha: Adriana Ocampo (Colombia), Carmina Virgili (España) y María Fernanda Campa Uranga (México). Dánae Sanz Pérez.

Marie Curie, Rosalind Franklin o Jane Goodall forman parte del imaginario colectivo cuando pensamos en mujeres científicas. Sus historias aparecen en libros, documentales y materiales educativos de todo el mundo. ¿Pero a cuántas geólogas o paleontólogas podríamos nombrar?

La dificultad no se debe a que no existan. A través del tiempo, mujeres de todo el mundo han realizado contribuciones fundamentales para comprender el pasado de la Tierra, los procesos que la modelan y la evolución de la vida en nuestro planeta. Sin embargo, sus nombres rara vez llegan al público general.

Es un hecho con implicaciones más allá de la mera curiosidad estadística, si tenemos en cuenta que la divulgación científica es un puente entre la ciencia y la comunidad. No solo acerca el conocimiento al público, también define qué historias se cuentan, qué referentes se visibilizan y, finalmente, a quiénes reconocemos como protagonistas de los avances científicos.

Es importante, entonces, que los contenidos que se comunican sean inclusivos y representen la diversidad de voces que conforman la ciencia. No obstante, los resultados de nuestro estudio muestran que la representación de las científicas en los principales libros de divulgación está marcada por fuertes desequilibrios disciplinarios, geográficos y lingüísticos.

Ciencia contada desde una mirada poco realista

En nuestra investigación, identificamos 194 científicas de 18 disciplinas diferentes, aunque no todas ocupaban el mismo espacio.

La medicina, la biología, la astronomía y las matemáticas concentran cerca de la mitad de los nombres presentes en los libros analizados. En cambio, en disciplinas como la geología y la paleontología apenas aparecen: para ser exactos, solo había 14 geólogas y tres paleontólogas.

La situación es especialmente llamativa en paleontología. La mayoría de los libros recurren a una misma figura: Mary Anning (1799-1847), conocida en todo el mundo por sus importantes hallazgos de los lechos marinos del período Jurásico en la localidad inglesa Lyme Regis, donde vivía. Su importancia histórica es indiscutible, pero una disciplina no puede resumirse en un solo nombre.

Otras investigadoras cuyos trabajos han sido trascendentales para la ciencia apenas se citan o están completamente ausentes. Por ejemplo, ninguno de los libros mencionó a Tilly Edinger, pionera del estudio de los cerebros fósiles o paleoneurología; a Elisabeth Vrba, reconocida por sus estudios que trasformaron la comprensión de la evolución, o a Mary Leakey, responsable de algunos de los hallazgos más importantes sobre evolución humana del siglo XX.

El idioma también marca diferencias

Los desequilibrios en la representación no afectan solo a las disciplinas. También encontramos un claro sesgo geográfico. Así, la mayoría de las científicas destacadas en los libros de divulgación provienen de países angloparlantes –Estados Unidos y el Reino Unido–. Solo el 5,7 % procede de países hispanohablantes.

Esta concentración geográfica refuerza la idea de que el conocimiento científico solo se genera en ciertas regiones y en determinados idiomas. Además, limita la diversidad de referentes disponibles para niñas y jóvenes, dificultando que encuentren modelos cercanos a su realidad cultural, lingüística o geográfica.

¿Dónde están las paleontólogas y geólogas hispanohablantes?

La brecha, de nuevo, es más evidente en las geociencias. Entre las 14 geólogas identificadas, solo tres proceden de países hispanohablantes: Adriana Ocampo (Colombia), Carmina Virgili (España) y María Fernanda Campa Uranga (México).

La situación es todavía más extrema en paleontología, ya que no encontramos ninguna paleontóloga hispanohablante en los libros de divulgación. Esta ausencia no refleja la realidad de la disciplina. América Latina y España cuentan con investigadoras reconocidas internacionalmente. Algunos ejemplos son la argentina Zulma Brandoni de Gasparini, la colombiana María Páramo Fonseca o la española Asunción Linares.

El problema, por tanto, no es la falta de referentes, sino que sus nombres permanecen invisibles para el público general.

La divulgación también puede reproducir sesgos

No debemos olvidar que la divulgación científica, además de acercar la investigación a la sociedad, influye en la imagen que construimos sobre la ciencia.

Los libros no solo explican descubrimientos. También muestran quién hace ciencia, desde dónde se produce conocimiento, qué disciplinas consideramos importantes y qué historias merecen ser recordadas. Estas narrativas son especialmente importantes durante la infancia y la adolescencia, etapas en las que se identifican vocaciones y se construyen referentes que ayudan a imaginar posibles trayectorias profesionales. Cuanto más diversos son esos modelos, más oportunidades existen para que niñas y jóvenes se vean reflejadas en ellos.

El objetivo de nuestro trabajo es resaltar el rol social de los contenidos divulgativos para, a partir de ello, reflexionar sobre quiénes se quedan fuera de estos relatos y con qué consecuencias. Cuando son excluidas determinadas disciplinas, países o idiomas, también se limita la diversidad de historias y trayectorias que integran esa imagen.

Para contribuir a cambiar esta situación, hemos puesto en marcha una base de datos abierta de paleontólogas de países hispanohablantes. La iniciativa busca reunir trayectorias, líneas de investigación y contextos geográficos diversos. Para ello, se ha habilitado un formulario abierto, dirigido a mujeres de esta disciplina.

Y es que las paleontólogas hispanohablantes existen y han realizado contribuciones fundamentales al conocimiento científico. El reto ahora es que sus historias también formen parte de los relatos divulgativos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Dónde están las geólogas y paleontólogas en los libros divulgativos? – https://theconversation.com/donde-estan-las-geologas-y-paleontologas-en-los-libros-divulgativos-284595

‘Weekendismo’: así es la tendencia que ha convertido los fines de semana en días agotadores

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sandra Bravo Durán, Socióloga y Doctora en Creatividad Aplicada, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Zhenny-zhenny/Shutterstock

El jueves por la tarde cambia algo en el ambiente. Los grupos de WhatsApp empiezan a llenarse de mensajes sobre escapadas, brunches, cenas o rutas improvisadas. El viernes ya no parece exactamente un día laboral, sino una transición emocional hacia otra vida más deseable. Y el domingo, casi siempre demasiado pronto, aparece esa mezcla extraña de ansiedad, cansancio y frustración difusa: el fin de semana tampoco ha sido suficiente.

Quizá llevamos años viviendo bajo una lógica contemporánea que apenas habíamos nombrado: el weekendismo. Aunque el término pueda sonar reciente, en realidad fue utilizado ya en 1963 por el antropólogo Theron Núñez para describir el turismo de fin de semana de las clases urbanas hacia pequeños pueblos y zonas rurales cercanas. Pero hoy el fenómeno parece haber adquirido una dimensión mucho más profunda.

El weekendismo contemporáneo ya no consiste únicamente en viajar durante el fin de semana. Consiste, sobre todo, en convertir el tiempo libre en un espacio de rendimiento emocional, social y simbólico. Dicho de otro modo, el fin de semana ha dejado de funcionar como pausa para convertirse en proyecto.

El descanso ahora también es una tarea

El sociólogo Hartmut Rosa lleva años explicando cómo la aceleración se ha convertido en una de las lógicas centrales de la vida contemporánea. Vivimos atrapados en una sensación permanente de falta de tiempo, intentando aprovechar cada minuto mientras sentimos, paradójicamente, que nunca llegamos a nada. Y esa aceleración ya no afecta solo al trabajo: también organiza el descanso.

En apenas 48 horas intentamos recuperar sueño, vida social, bienestar físico, cultura, ocio y autocuidado: hacer deporte, quedar con amigos, descubrir restaurantes, escaparse a otra ciudad, leer o, simplemente, desconectar.

La paradoja es evidente: el ocio empieza a parecerse demasiado al trabajo. Hay personas agotadas no solo por trabajar demasiado, sino por intentar tener un fin de semana a la altura de internet. Descansar ya no significa detenerse, sino seguir produciendo una versión deseable de uno mismo.

El bienestar convertido en identidad

El filósofo y ensayista surcoreano Byung-Chul Han explicaba en La sociedad del cansancio que hemos pasado de una sociedad disciplinaria a una sociedad del rendimiento donde el individuo ya no se siente obligado desde fuera, sino impulsado constantemente a optimizarse desde dentro.

Esa lógica va más allá del trabajo: afecta al cuerpo, las relaciones, el descanso y el ocio. Incluso el bienestar parece haberse convertido en una tarea productiva.

El auge global de la llamada wellness economy refleja precisamente esta transformación. Según el Global Wellness Institute, la economía mundial del bienestar ya superó los seis billones de dólares en 2023. Running clubs, pilates, mindfulness, journaling o entrenamientos como Hyrox funcionan cada vez más no solo como prácticas saludables, sino también como símbolos culturales asociados a disciplina, autocuidado y estatus aspiracional. El bienestar deja de ser únicamente bienestar: se convierte también en identidad.

Algo parecido sucede con la gastronomía, el deporte o el turismo. Las escapadas exprés, los brunches virales o determinados rituales contemporáneos del ocio funcionan cada vez más como formas de construir una narrativa visible de una vida interesante.

El economista y sociólogo estadounidense Thorstein Veblen, célebre por fundar la escuela institucionalista, observó a finales del siglo XIX cómo el ocio podía actuar como forma de exhibición social. Hoy esa exhibición se ha intensificado radicalmente a través de las redes sociales.

Más que interrumpir la lógica productiva, el ocio actual simplemente la disfraza de bienestar, autocuidado y autenticidad.

Vivir… y que parezca que vivimos bien

Además de vivir el fin de semana, ahora se documenta y se comparte. Gran parte de nuestra vida social funciona como una representación teatral: actuamos, construimos escenas y gestionamos constantemente la imagen que proyectamos hacia los demás.

Como consecuencia, el descanso contemporáneo también se estetiza. El café del domingo ya no es solo un café: es el matcha en una taza minimalista, el libro estratégicamente colocado sobre la mesa y la luz natural entrando por la ventana. El paseo debe parecer cinematográfico.
Incluso quedarse en casa necesita ahora cierta estética para resultar deseable.

Conceptos como aesthetic, main character energy o la romantización de la vida cotidiana reflejan precisamente cómo las redes sociales han transformado el ocio en narrativa visual aspiracional. Disfrutar el fin de semana se nos queda corto: debe parecer visualmente atractivo, equilibrado e interesante a ojos de los demás.

Basta abrir TikTok o Instagram un domingo por la mañana para encontrar una repetición casi coreografiada de rituales contemporáneos: cafés estéticos, carreras grupales, comidas fotogénicas, escapadas rápidas o rutinas de autocuidado convertidas en contenido visual. Hashtags como #slowliving –vida pausada o lenta–, #thatgirl –en redes sociales se utiliza para describir a una mujer que parece tener su vida perfectamente organizada, que es exitosa, se viste bien y mantiene hábitos saludables–, #weekendvibes –ambiente de fin de semana– o #romanticizeyourlife –convierte tu vida en algo romántico– acumulan millones de visualizaciones, mostrando una vida aparentemente pausada y consciente que, paradójicamente, exige una enorme producción estética constante.

Y es la pescadilla que se muerde la cola, porque deseamos no solo aquello que necesitamos, sino aquello que observamos constantemente en nuestro entorno social y digital.

La desaparición de la pausa

Ahí aparece una de las grandes contradicciones contemporáneas. Pasamos gran parte de la semana soñando con la libertad del fin de semana. Pero cuando finalmente llega ese tiempo libre, solemos ocuparlo siguiendo deseos, ritmos y aspiraciones que no hemos elegido completamente nosotros. Como advertia Jonathan Crary en 24/7: Capitalismo tardío y el fin del sueño, los espacios improductivos están desapareciendo.

Diversas investigaciones en psicología y comportamiento digital muestran además una creciente intolerancia contemporánea al tiempo vacío, al tiempo improductivo, que empieza a percibirse como tiempo desperdiciado. Hasta el descanso parece exigir ahora cierta utilidad: recuperarse, optimizarse, reconectar, mejorar hábitos o producir bienestar visible. El domingo ya no termina con descanso, sino muchas veces con la sensación de haber gestionado mal el tiempo libre.

Lo revolucionario ahora es recuperar formas de ocio que no necesiten productividad ni validación. Pasear sin objetivo. Escuchar música sin mirar el móvil. Tomar un café mirando por la ventana. Leer sin convertirlo en contenido. Quedarse en casa sin sentir culpa.

Quizá el verdadero lujo contemporáneo ya no sea viajar más, consumir más experiencias o llenar la agenda de planes, sino recuperar algo mucho más simple y cada vez más escaso: la posibilidad de descansar sin sentir que deberíamos estar haciendo algo mejor. Sin que los fines de semana sean otra forma más de rendimiento.

The Conversation

Sandra Bravo Durán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Weekendismo’: así es la tendencia que ha convertido los fines de semana en días agotadores – https://theconversation.com/weekendismo-asi-es-la-tendencia-que-ha-convertido-los-fines-de-semana-en-dias-agotadores-283635

Cómo responden a la misma pregunta de examen ChatGpT, Gemini y Claude, las tres IA más usadas del mundo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Esteban Vázquez-Cano, Catedrático de Universidad (Facultad de Educación), UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

Munthita/Shutterstock

Probemos algo sencillo. Demos a ChatGPT, Gemini y Claude la misma pregunta de un examen real de universidad y pidámosles que respondan en español, con el mismo tono y la misma extensión. ¿Qué esperaríamos?

Lo normal sería pensar que responderán de forma parecida. Al fin y al cabo, las tres producen textos fluidos, ordenados y aparentemente correctos. Pero la pregunta interesante no es solo si escriben bien. Es otra: ¿construyen igual las frases? ¿Organizan igual las ideas? ¿Usan los mismos patrones gramaticales? ¿Nos ayudan a pensar o nos empujan, sin notarlo, hacia una forma concreta de escribir?

La respuesta, según una investigación comparativa desarrollada por el Grupo de Investigación RADTE, de la UNED, es que no. ChatGPT, Gemini y Claude pueden parecerse en la superficie, pero difieren en cómo organizan el discurso. Y esto es importante.

Organizar una idea

Cuando leemos un texto generado por inteligencia artificial solemos fijarnos en si suena bien. Pero para entender qué hace cada modelo con esa misma pregunta hay que mirar otra cosa: cómo organiza una misma idea.

En nuestra investigación, hicimos una comparación controlada muy sencilla. Analizamos 90 textos académicos en español, 30 de ChatGPT, 30 de Gemini y 30 de Claude. Para que la comparación fuera justa, los tres trabajaron con el mismo prompt (el comando o petición que se realiza a la herramienta), el mismo texto de partida, el mismo registro y sesiones independientes.

En este sentido, una de las tareas fue responder una pregunta real de un examen de cuarto curso del Grado en Pedagogía de la UNED, a partir del mismo material que habían utilizado los estudiantes. La pregunta abordaba qué es y cuáles son las funciones de la dirección de los centros educativos, una pregunta pertinente para los estudiantes de Pedagogía. Aunque las tres respuestas parecían correctas a primera vista, no organizaban igual la explicación. Veamos el ejemplo:

1. ChatGPT: suma acciones con frecuencia en tríos

Respuesta a la pregunta de examen: “La dirección del centro coordina equipos, organiza recursos y supervisa acuerdos para mantener la actividad diaria, atender incidencias y sostener una línea común de trabajo”.

Aquí domina la coordinación: varios verbos en serie, enlazados por “y”, con avance por acumulación.

2. Gemini: ordena y delimita mejor el concepto

Respuesta a la pregunta de examen: “La dirección del centro, entendida como la función que articula la gestión pedagógica con la organización institucional, permite distribuir responsabilidades y sostener un proyecto compartido que dé coherencia a las decisiones”.

Aquí la diferencia se nota en la especificación: “que articula” y “que dé coherencia” no solo añaden información, sino que delimitan mejor el concepto.

3. Claude: matiza, contrasta y condiciona

“La dirección del centro resulta eficaz cuando coordina al profesorado, pero también cuando crea condiciones para que los equipos revisen sus decisiones y ajusten la respuesta educativa a cada contexto”.

Aquí manda el matiz: “cuando” y “pero también cuando” introducen una escritura más argumentativa y orientada al encaje entre ideas.

Lo que se analizó fue la salida directa de cada sistema.

Para entenderlo no hace falta imaginar una máquina “pensando”. Basta con leer el texto como una redacción en clase. Hay quien suma ideas, quien explica causas y quien llena la frase de matices. Ninguna opción es mejor por sí sola, pero todas cambian la manera de explicar y argumentar. Con la IA ocurre lo mismo: no importa solo qué dice, sino cómo lo dice.

Eso explica algo que ya vemos en el aula. Dos respuestas pueden ser correctas y, sin embargo, empujar a formas distintas de pensar. ChatGPT tiende a sumar. Gemini precisa más. Claude argumenta más. No solo cambian las palabras: cambia la construcción del razonamiento. Por eso es fundamental preguntarse qué forma de responder nos está proporcionando y cuáles son sus claves interpretativas.

Y eso tiene consecuencias. Si un estudiante trabaja siempre con el mismo modelo, o con el mismo prompt, puede acabar delegando su forma de ordenar e interpretar el mundo en patrones de escritura enlatados y con escaso juicio crítico.

Enseñar los patrones de la IA

Por eso, enseñar a utilizar IA no debería limitarse a pedirle cosas. También habría que enseñar a leer sus patrones: cómo empiezan, qué conectores repiten, cómo justifican y qué palabras usan para concluir. Se trata de que el alumnado actual aprenda a ver que la escritura artificial no es neutra y puede acabar imponiendo un modelo de pensamiento

La intervención educativa tiene que ser didáctica, no policial. Si enseñamos a reconocer estos patrones, también enseñamos a leer y escribir con más criterio. El estudio identificó correctamente el modelo generador en el 91 1% de los casos, aunque eso no significa que exista una huella infalible. Significa algo más útil: estas herramientas no son neutrales cuando escriben. Ordenan el discurso de una manera determinada.

La pregunta no es si escriben bien, sino cómo escriben y qué puede pasar si dejamos que esos patrones escriban por nosotros. No podemos depositar nuestro discurso en el algoritmo sin el suficiente conocimiento para criticarlo, enjuiciarlo y modificarlo.

The Conversation

Esteban Vázquez-Cano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo responden a la misma pregunta de examen ChatGpT, Gemini y Claude, las tres IA más usadas del mundo – https://theconversation.com/como-responden-a-la-misma-pregunta-de-examen-chatgpt-gemini-y-claude-las-tres-ia-mas-usadas-del-mundo-281544

¿Quién tomará el relevo de la pesca europea? La ciencia alerta de un problema silencioso

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lluís Miret Pastor, Catedrático de Economia Aplicada, Universitat Politècnica de València

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Pasear por el muelle y fotografiar las barquitas nos gusta y nos proporciona una indescriptible sensación de autenticidad. Pero ¿cuánto tiempo más se podrá disfrutar de las barcas y de los pescadores en los puertos españoles?

España tiene un problema con la pesca o, mejor dicho, muchos problemas. A menudo se habla de los impactos medioambientales y se responsabiliza a los pescadores de buena parte de los males que sufre el mar. En otras ocasiones, se pone el foco en los elevados precios del pescado y en los cambios de hábitos de consumo que, progresivamente, alejan a sus consumidores de la dieta mediterránea. Ahora bien, de lo que se habla muy poco es de los pescadores.

La pesca a pequeña escala está muriendo

Podemos discutir la velocidad, las causas o, simplemente, no hacer nada. Pero no hace falta ningún estudio estadístico para darse cuenta de que la flota pesquera española se ha reducido de manera drástica y continua desde, al menos, los años ochenta.

No es sencillo encontrar datos históricos, pero algunas cifras son muy reveladoras: entre 1990 y 2023 el número de barcos pesqueros en España ha caído un 57 %, y solo entre 2008 y 2021 el número de pescadores ha disminuido un 31 %.

En la actualidad, en España hay unos 31 000 pescadores, de los cuales unos 24 000 lo son a tiempo completo. Algunas estimaciones indican que hace pocas décadas podían superar los 100 000.

Hacerse a la mar con más de 45 años

El análisis de la edad confirma esta tendencia: la edad media de los pescadores es de 45 años, muy elevada, y solo la incorporación de emigrantes ha contribuido a paliar parcialmente el problema.

Aun así, la pesca tiene un problema muy grave de relevo generacional. No hay jóvenes que quieran hacerse a la mar. Las causas son múltiples: las duras condiciones laborales, las dificultades de acceso a la profesión, su imagen social, la irregularidad en los ingresos. Todo esto, además, en un contexto de crisis general del sector primario.

Este problema no es exclusivo del Mediterráneo ni de España. Se trata de una situación compartida, como mínimo, con el resto de la Unión Europea. Las cifras en el resto de países son similares o incluso peores. De hecho, solo tres países en la UE tienen más de 10 000 pescadores a tiempo completo (España, Italia y Grecia).

Los problemas del mar, más allá de la sobreexplotación pesquera

Alguien podría pensar que muerta la pesca, muerta la sobreexplotación pesquera y que, a partir de ahí, las especies marinas se recuperarán y el mar volverá a estar vivo, precioso y lleno de peces.

Desgraciadamente, la realidad no es tan sencilla. Los problemas del mar no provienen solo de la pesca: también hay vertidos, residuos, plásticos, acidificación, calentamiento, De hecho, en este contexto, es posible que pronto oigamos hablar de especies invasoras que entran desde el mar Rojo por el canal de Suez y se adaptan a un mar que ya no es tan frío.




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Paralelamente, la creciente popularidad del concepto de economía azul (sostenible y centrada en la gestión, uso y conservación de los recursos marinos y costeros) es un indicador claro de que la atención de la economía y de la geopolítica está puesta en la explotación de los mares y océanos. Cada vez habrá más intereses y más actores involucrados –energía eólica marina, transporte comercial, minería submarina, turismo, acuicultura– y, en consecuencia, una presión creciente sobre los recursos marinos.

Una política pesquera rigurosa y con criterio

La pesca tiene una responsabilidad medioambiental importante, especialmente en lo que respecta a las poblaciones de peces. En cualquier caso, en la Unión Europea, las medidas de control sobre las pesquerías han sido muy estrictas durante las últimas décadas. Se pueden discutir los resultados obtenidos –que varían según las especies y las regiones–, pero hay consenso sobre la necesidad de una política pesquera rigurosa y basada en criterios científicos.

De hecho, allí donde se aplica con coherencia, suele haber resultados. Son muchas y variadas las medidas aplicadas a nivel europeo: establecimiento de cuotas y límites de captura, planes plurianuales de gestión, limitación de días de actividad, prohibición de los descartes, aumento del control y la supervisión, o la creación de áreas marinas protegidas.

No obstante, muchos pescadores se sienten como los grandes damnificados de estas políticas, sometidos a una avalancha de restricciones, requisitos burocráticos y a una persistente sensación de señalamiento.

Mientras la política pesquera europea continúe midiendo el éxito exclusivamente en términos de biomasa y cuotas, sin integrar la dimensión social y cultural del sector, el declive continuará.

¿Quién pesca ahora y dónde?

A menudo, desde el propio sector se señala la Política Pesquera Común como una de las principales responsables de la caída sostenida de la pesca en la Unión Europea desde los años ochenta.

De hecho, a escala mundial no se ha producido una reducción similar: globalmente se pesca una cantidad comparable, lo que ha cambiado es quién pesca. De hecho, cabe preguntarse por los efectos globales que tiene la pesca europea, cuando hoy los barcos europeos representan menos del 2 % de los barcos globales. Europa solo es capaz de autoabastecerse con productos del mar en un 38 % y, solo entre 2013 y 2022, el déficit comercial en productos del mar creció un 56 %. Con estos datos, resulta inevitable preguntarse si el rumbo actual tiene mucho sentido.

Para concluir

Está muy bien –y es necesario– tener altos niveles de exigencia en términos medioambientales y de seguridad, pero, sobre todo en el medio marino, los problemas medioambientales son, por definición, globales.

Se está desmantelando la pesca europea. Quizás en un futuro no demasiado lejano no exista en Europa la pesca a pequeña escala y dependa de terceros países para seguir comiendo pescado. Esto implicará no tener ninguna capacidad de influencia sobre cómo se pesca ni con qué criterios. Y, de paso, se corre el riesgo de perder una parte significativa de la identidad y la cultura europeas.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Quién tomará el relevo de la pesca europea? La ciencia alerta de un problema silencioso – https://theconversation.com/quien-tomara-el-relevo-de-la-pesca-europea-la-ciencia-alerta-de-un-problema-silencioso-282170

Albinismo: el color blanco no es lo más relevante

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lluís Montoliu, Investigador científico del CSIC, Centro Nacional de Biotecnología (CNB – CSIC)

La piel pálida y el pelo blanco no son las principales consecuencias de ser una persona albina. oneinchpunch/Shutterstock

Hay muchas personas que conviven con una enfermedad rara y su patología pasa desapercibida al resto de la sociedad. Por ejemplo, si una persona tiene alguna alteración en su sistema inmunitario o alguna enfermedad metabólica, difícilmente alguien podrá identificarla como paciente, a no ser que pueda revisar sus análisis de sangre. Por el contrario, hay condiciones genéticas minoritarias que no pueden ocultar sus síntomas más evidentes. Es el caso del albinismo.

Aunque no todos los tipos de albinismo cursan con una pérdida total o parcial de la pigmentación, lo cierto es que los tipos más comunes sí la presentan, y esto hace que estas personas destaquen inevitablemente del resto.

Así, cuando vemos una persona de piel pálida, cabellos blancos y ojos claros o rojizos, inmediatamente pensamos que se trata de una persona con albinismo. Y deducimos que su principal preocupación será protegerse del sol, con cremas solares y con ropa adecuada, para no quemarse.

Pero que estas personas deban embadurnarse de crema todas las partes expuestas de su cuerpo antes de salir de casa cada día, haga sol o no –la radiación ultravioleta sigue llegando en los días nublados–, no es lo que más les preocupa, ni el síntoma de discapacidad que más altera su calidad de vida. Lo que tienen en común las personas con albinismo es una grave disfunción visual, un déficit importante de visión que las convierte en ciegas legales –entendiendo por ceguera legal la que sufren personas cuya agudeza visual es inferior al 10 % de la que tiene una persona vidente normalmente–.

Más albinismo en África que en Europa

El albinismo afecta en Europa a una de cada 10 000 a 20 000 personas nacidas. En España, con los 50 millones de habitantes que somos actualmente, debería haber entre 2 500 y 5 000 personas con algún tipo de albinismo. En África es más frecuente (1 de cada 3 000 a 6 000 personas nacidas) debido, principalmente, a la injustificable persecución que sufren, lo cual los lleva a crear comunidades cerradas (guetos) en los que aumenta la consanguinidad y, con ello, el porcentaje de nacimientos de personas con albinismo. Debido a ello, Naciones Unidas estableció desde 2015 que cada 13 de junio recordemos y condenemos estos execrables actos en el Día Internacional de Sensibilización sobre el Albinismo.

Hoy en día conocemos hasta 22 tipos de albinismo, asociados a mutaciones en otros tantos genes, de los cuales ya hemos identificado 21. Los nuevos tipos que se identifican son cada vez más minoritarios. Y es posible que se queden por describir aún algunos por mutaciones en genes cuya implicación en el albinismo es desconocida en la actualidad.

Agudeza visual limitada y fotofobia

A grandes rasgos, distinguimos entre albinismos sindrómicos y no sindrómicos, según afecten solo a las células pigmentarias o melanocitos o a más células. Lo que comparten todos los tipos de albinismo es el déficit visual. Adicionalmente, muchos tipos (pero no todos) presentan alteraciones pigmentarias. Y en los sindrómicos, además, pueden sumarse otras manifestaciones clínicas, algunas mortales, como trastornos en la coagulación sanguínea, problemas inmunitarios, fibrosis pulmonar, colón irritable y hasta alteraciones neurológicas. Conocemos dos modalidades de albinismo sindrómico: el síndrome de Hermansky-Pudlak (HPS, con once subtipos, HPS1-HPS11) y el síndrome de Chediak-Higashi (CHS, con un solo tipo).

Los problemas de visión de las personas afectadas incluyen ausencia de fóvea (retina central), transiluminación del iris y conexiones anómalas entre la retina y los núcleos visuales del cerebro. Estas alteraciones conllevan una agudeza visual muy limitada (inferior al 10 %), nistagmo (movimiento permanente de los ojos), fotofobia y una percepción tridimensional alterada. Por ello, en España, muchas personas con albinismo reciben o han recibido el apoyo de organizaciones como la ONCE.

Cómo han ayudado los ratones avatar a estudiar el albinismo

Las asociaciones de pacientes, como ALBA, y sus federaciones –entre ellas, FEDER– son esenciales para apoyar la investigación y para prestar apoyo a las personas con albinismo. Desde el CIBER de enfermedades raras (CIBERER-ISCIII), nuestro laboratorio sigue investigando las causas genéticas del albinismo, así como posibles tratamientos de terapia génica, usando modelos animales.

La investigación ha progresado de forma importante gracias a los ratones avatar, que reproducen prácticamente los mismos síntomas de los diferentes tipos de albinismo. Estos roedores se han generado gracias a las técnicas de modificación y edición genética como las CRISPR.

Hoy sabemos que la falta de pigmentación no es causa sino consecuencia del albinismo. Y que los déficits visuales no están causados por un déficit de melanina, sino de un precursor del pigmento: la L-DOPA.

Estudios recientes en ratones sugieren que la administración de esta molécula a niños con albinismo durante los primeros meses de vida podría ser beneficiosa para restaurar, al menos en parte, la visión. Pero de momento se han realizado ensayos clínicos piloto administrando L-DOPA a personas con el trastorno, con resultados no concluyentes.

Se ha propuesto también el uso de fármacos reposicionados, como la nitisinona, inicialmente aprobada para tratar la tirosinemia hereditaria de tipo I (otra enfermedad rara), en algunos casos, aunque aún no hay resultados concluyentes.

Puede que la solución acabe viniendo de mano de las propuestas de terapia génica intraocular. Es decir, de administrar copias de genes funcionales o herramientas de edición que corrijan las mutaciones, como ya ha sucedido en otras enfermedades de la visión como la acromatopsia. Pero para confirmarlo necesitamos seguir investigando.

The Conversation

Los contenidos de esta publicación y las opiniones expresadas son exclusivamente las del autor y este documento no debe considerar que representa una posición oficial del CSIC ni compromete al CSIC en ninguna responsabilidad de cualquier tipo. Lluís Montoliu lleva más de 30 años investigando sobre enfermedades raras, como el albinismo. Es miembro y asesor científico de ALBA, la asociación de ayuda a personas con albinismo. Ha colaborado con FEDER, la federación española de enfermedades raras, en diversas ocasiones. Lluís Montoliu es miembro y recibe fondos del CIBER de enfermedades raras (CIBERER-ISCIII) que ayudan a financiar sus investigaciones sobre este tema.

Almudena Fernández López es investigadora del CIBER de enfermedades raras (CIBERER-ISCIII), recibe fondos del CIBERER-ISCIII y de la Comunidad de Madrid.

Gema Garrido Martínez es personal CIBER de Enfermedades Raras (CIBERER-ISCIII)

ref. Albinismo: el color blanco no es lo más relevante – https://theconversation.com/albinismo-el-color-blanco-no-es-lo-mas-relevante-277166

Spielberg: ¿servirá una película de extraterrestres para volver a confiar en la humanidad?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Violeta Kovacsics, Profesora Lectora Serra Húnter, Universitat Rovira i Virgili

Una escena de la última película de Steven Spielberg, _El día de la revelación_. Universal Pictures

Toda película está ligada a su tiempo. Estrenada apenas un año después de los ataques a las Torres Gemelas en septiembre de 2001, Señales, de M. Night Shyamalan, sirve de paradigma de un cine que respondía al 11-S.

Se trataba, por un lado, de un cine que volvía al tema de la invasión alienígena y que, por el otro, exploraba cuestiones como el miedo al otro y la paranoia. En ella, el personaje interpretado por Mel Gibson era un reverendo que había perdido la fe tras la muerte de su esposa en un accidente de tráfico. La crisis de fe se presentaba aquí de dos maneras: el protagonista había dejado de confiar en los poderes divinos y, a la vez, no creía que los responsables de los hechos extraños que tenían lugar en su granja fuesen los alienígenas.

Un niño coge a un adulto por la barbilla y le tuerce la cara para enseñarle algo.
Mel Gibson y Rory Culkin en un fotograma de Señales.
Touchstone Pictures

El cine de extraterrestres como metáfora sobre el tiempo presente recuerda a la década de los cincuenta, cuando las películas se volcaron a las invasiones alienígenas como parábola de la amenaza comunista y de la idea de un enemigo exterior, como es el caso de la versión de 1956 de La invasión de los ladrones de cuerpos.

La caída de las Torres Gemelas provocó de nuevo el auge de géneros que permitían ahondar en la idea de invasión para poder explicar el miedo a aquello que venía de fuera. Cabe recordar que un mes después de esos atentados desde el Pentágono se organizó una comisión de profesionales del cine para que pensaran en posibles ataques.

Es decir, se les pedía que plantearan guiones de ficción, con la idea que estos pudieran tornarse reales el algún momento.

El 11-S como fricción

J. Hoberman, una de las plumas más brillantes de la crítica estadounidense, escribió que, ante el espectáculo real de la caída de las Torres Gemelas, el cine norteamericano se volcó hacia la hiperrealidad: la realidad no era suficiente, y la concepción de las películas como una experiencia sustituyó a la idea de espectáculo. Por ejemplo, La pasión de Cristo no se dedicaba únicamente a narrar el calvario de su protagonista, sino que intentaba, mediante su puesta en escena, que el espectador se viese inmerso en él.

En este sentido, Hoberman vió en filmes como La guerra de los mundos de Steven Spielberg un ejemplo de ese gusto del cine americano del siglo XXI por una puesta en escena que convirtiera la película en una experiencia: la cámara se mostraba frenética, pegada a los personajes, sin aliento.

Aquella historia sobre un padre que huye junto a sus hijos de la amenaza de seres desconocidos que llegan a la Tierra desde el espacio exterior se estrenó en 2005, y exponía que el miedo no era solo al extraño, sino también a los seres humanos. Es decir, en los momentos de crisis, era difícil confiar en la bondad.

Un hombre sujeta a una niña pequeña rodeado de militares.
En La guerra de los mundos la huida de los extraterrestres es caótica igual que las crisis que tenían lugar en aquellos momentos históricos.
Amblin Entertainment

Algo similar sucedía en Calle Cloverfield 10, realizada a la sazón del éxito de Monstruoso en 2008, película de Matt Reeves sobre una invasión alienígena. En Calle Cloverfield 10, un hombre intentaba convencer a la protagonista de que lo mejor era no salir de un búnker que él había construido, pues en el exterior se había desatado un verdadero desastre que podía terminar con la humanidad.

El ser humano es bueno

Señales establece un puente entre la fe de carácter místico o religioso y la creencia en que hay vida extraterrestre, algo que en cierta manera atraviesa también la última película de Steven Spielberg.

El día de la revelación se inscribe descaradamente en el contexto actual. El hecho de que una de las protagonistas (Emily Blunt) sea la presentadora del tiempo de un canal televisivo local de Kansas ayuda a que las noticias estén presentes constantemente: vemos a menudo a sus compañeros hablar, aunque sea de fondo, de los diversos conflictos que azotan nuestra época.

Aunque es una película de extraterrestres, también tiene mucho que ver con el periodismo y la libertad de prensa. Spielberg ya había tocado estos temas en Los archivos del Pentágono, situada a comienzo de los años setenta, cuando el Washington Post se mostró determinado a publicar una serie de documentos clasificados sobre la Guerra de Vietnam.

En El día de la revelación, el contexto es ficticio, pero está muy arraigado en nuestro tiempo presente. En él se desarrolla la trama sobre un experto en ciberseguridad que pretende divulgar al mundo que el gobierno estadounidense es conocedor de la presencia de alienígenas en la Tierra.

Si en La guerra de los mundos algunas escenas apuntalaban la desconfianza en la humanidad, en El día de la revelación se plantea una esperanza casi ingenua, la constatación de que el ser humano puede ser bueno. El protagonista, interpretado por Josh O’Connor, huye con la convicción de que el mundo puede y debe saber de la existencia de extraterrestres. Mientras, el personaje encarnado por Colin Firth sirve de contrapunto: es un hombre del Gobierno que no cree que el ser humano esté preparado para saber que no está solo en el universo.

En 1982, Spielberg estrenó E.T., una película en la que un extraterrestre bueno se hacía amigo de un niño que tenía que ayudarle a volver a casa. Unos años antes el cineasta ya había realizado Encuentros en la tercera fase, filme sobre los misterios de la vida alienígena, con el que entraba por la puerta grande en el imaginario de la ciencia ficción. Se retrataba ahí la necesidad de comprender al otro, algo que atraviesa las dos películas. En E.T. el niño confía en las bondades de lo desconocido; en Encuentros en la tercera fase los personajes no se mueven por el miedo, sino por la curiosidad y la necesidad de comprender.

Un niño y un extraterrestre en medio del bosque miran hacia el cielo.
Un fotograma de E.T., con el niño y el extraterrestre juntos.
Amblin

El día de la revelación hace suyo este objetivo también, mediante dos personajes que sirven de nexo entre las personas y los aliens. El experto en ciberseguridad interpretado por O’Connor comprende lo que dicen los extraterrestres, les traduce, les hace inteligibles; y la periodista que encarna Blunt puede sentir con los humanos. Este alegato en favor de la empatía da pie a algunas de las escenas más edulcoradas de la película. A la vez, la interpretación de Blunt es extraordinaria: modula de forma excelsa su registro desde la comicidad hasta la emoción.

A partir del sentimiento y de la necesidad de comprender al otro, Spielberg traza la posibilidad de diálogo en un momento en el que todos los puentes parecen rotos. En un contexto de guerras y de incertidumbre como el que vivimos, el cine fantástico vuelve a desplegar respuestas.

The Conversation

Violeta Kovacsics no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Spielberg: ¿servirá una película de extraterrestres para volver a confiar en la humanidad? – https://theconversation.com/spielberg-servira-una-pelicula-de-extraterrestres-para-volver-a-confiar-en-la-humanidad-285104

Los extraterrestres tal vez existan, pero hay tres razones por las que probablemente no nos han visitado ni vayan a hacerlo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carol Oliver, Professor in Science Communication and Astrobiology, UNSW Sydney

La nueva película de Spielberg, _El día de la revelación_, explora la idea de vida extraterrestre. Universal

La reciente publicación de cientos de casos de fenómenos anómalos no identificados (FANI o, por sus siglas en inglés, UAP) anteriormente clasificados, que abarcan desde la década de 1940 hasta la actualidad, junto con la nueva película de Steven Spielberg, El día de la revelación, sobre la vida extraterrestre, ha avivado la idea de que los aliens están visitando la Tierra.

De hecho, encuestas realizadas en Australia, Estados Unidos y otros lugares indican que alrededor de un tercio de la población cree que los extraterrestres están entre nosootros.

Sin embargo, aunque lo que sabemos sobre el universo sugiere que podrían existir, hay tres razones de peso por las que probablemente no nos hayan visitado ni vayan a hacerlo.

El espacio es grande, muy grande

Para empezar, el espacio es inmenso, más allá de lo que podemos imaginar.

Proxima Centauri, la estrella más cercana a nuestro Sol, está a unos 40 billones de kilómetros de distancia, 268 000 veces más lejos de lo que está el astro rey de la Tierra. Eso son 4,3 años luz, según las mediciones de los astrónomos. Un año luz es la distancia que recorre la luz en un año a 300 000 km por segundo.

Con la tecnología actual, solo podemos viajar por el espacio a una fracción de la velocidad de la luz. Incluso nuestra nave espacial más rápida, la Parker Solar Probe, viaja a una velocidad máxima de aproximadamente 191 kilómetros por segundo, el 0,064 % de la velocidad de la luz.

Con esa “parsimonia”, tardaría unos 6 650 años en llegar a Próxima Centauri, y eso solo en nuestro vecindario estelar local. Por lo tanto, los viajes interestelares dentro de la esperanza de vida humana requerirían velocidades mucho mayores.

Supongamos que tuviéramos los medios para viajar a una rapidez cercana a la de la luz. Esto nos lleva al primer problema: Albert Einstein demostró que el tiempo es relativo; la velocidad a la que transcurre el tiempo no es la misma en todas partes del universo.

Cuanto más rápido viaje una nave espacial desde la Tierra, más lento pasará el tiempo para sus pasajeros. Es lo que se denomina dilatación del tiempo.

Por ejemplo, cuando el astronauta de la NASA Scott Kelly regresó a la Tierra tras pasar un año en la Estación Espacial Internacional, era unos milisegundos más joven que su gemelo idéntico. Esto se debe a que el tiempo pasa más lentamente para los objetos en movimiento, y la Estación Espacial Internacional viaja a unos 28 150 kilómetros por hora.

Dicha diferencia era insignificante para los gemelos Kelly. Pero para cualquier extraterrestre que diera volteretas por nuestros cielos, sería significativamente mayor debido al viaje de ida y vuelta a la Tierra desde un sistema estelar lejano a una velocidad necesariamente mayor. Regresarían a un planeta mucho más viejo que el que dejaron, quizás un siglo o más. Serían exiliados del tiempo.

Una superficie lunar gris con tres puntos de colores visibles en el cielo.
Una fotografía de la misión Apolo 17 en diciembre de 1972.
NASA

Requisitos energéticos inimaginablemente elevados

Luego está el requisito energético inimaginablemente elevado que exige emprender un viaje interestelar: la masa del vehículo espacial aumenta con la velocidad, por lo que se necesita una cantidad creciente de energía para acelerarlo.

A la velocidad de la luz, la nave adquiere una masa infinita, lo que requiere una cantidad infinita de energía. Esto es claramente imposible.

Otra cuestión importante es que en el espacio impera el vacío, pero no del todo. Hay suficientes partículas como para preocuparse. Estas pueden causar radiación letal para los pasajeros y los instrumentos de una nave espacial de alta velocidad, o incluso destruirla. Los átomos de hidrógeno dispersos se convierten en radiación intensa a velocidades cercanas a la de la luz, y el calor generado abrasaría y acabaría destruyendo el casco.

Según el físico Miguel Alcubierre, viajar más rápido que la luz es posible, pero conlleva su propio conjunto de problemas y unos requisitos energéticos actualmente imposibles de alcanzar.

Esto plantea la pregunta: ¿por qué gastar toda esa energía para viajar a la Tierra? Los habitantes una civilización avanzada (como tendría que ser para llegar hasta nuestro hogar espacial) serían capaces de fabricar cualquier cosa que tengamos nosotros sin salir de su propio planeta.

Una biosfera única

Otro problema más es nuestra biosfera, única en la Tierra por lo que saben los científicos.

La vida y el planeta coevolucionaron. La vida compleja no existiría en la Tierra si las cianobacterias, un tipo de microbio unicelular, no hubieran inyectado oxígeno en nuestra atmósfera, compuesta principalmente por nitrógeno, hace 2 400 millones de años.

El oxígeno no resulta tóxico para nosotros, pero es reactivo y podría ser altamente corrosivo para los extraterrestres. Y aunque podrían llevar trajes protectores como hacen los humanos cuando se adentran en entornos inhóspitos, los informes sobre extraterrestres visitantes no incluyen ninguna descripción de trajes espaciales.

Entonces, ¿hay extraterrestres ahí fuera?

Si los aliens no están aquí, ¿están ahí fuera?

Es una pregunta interesante, tanto desde el punto de vista científico como filosófico. Los científicos aún no disponen de suficiente información, pero están trabajando en ello.

Se han encontrado unos 6 200 exoplanetas en más de 4 700 sistemas solares, aunque ninguno es como la Tierra o nuestro Sistema Solar.

La mayoría de las estrellas podrían tener al menos un planeta, y solo en nuestra galaxia hay más de 100 000 millones de estrellas. El número de mundos extrasolares es, por lo tanto, astronómico, y algunos podrían ser habitables.

Más cerca de casa, hay lugares con potencial para la vida microbiana, ya sea en el pasado o en el presente: Marte, Europa (una luna de Júpiter) y Encélado y Titán (lunas de Saturno). Si descubrimos que la vida surgió dos veces en nuestro Sistema Solar, eso aumentará las probabilidades de que exista en otros lugares.

Desde 1960, hemos tenido la capacidad de buscar inteligencia en otros mundos, aprovechando la radioastronomía convencional. Los proyectos de búsqueda de vida extraterrestre más importantes los llevan a cabo el Instituto SETI, en California, y el proyecto Breakthrough Listen, con sede en la Universidad de Oxford, en el Reino Unido.

Todas las búsquedas realizadas han sido infructuosas. Encontrar vida inteligente en nuestro marco temporal –unos cien años– dentro de los 13 800 millones de años de historia del universo es todo un reto.

Sin embargo, como señalaba un artículo de Nature de 1959, aunque es difícil estimar las posibilidades de éxito, si no buscamos, dichas posibilidades se reducen a cero.

The Conversation

Carol Oliver es copresidenta del Comité Internacional SETI de la Academia Internacional de Astronáutica.

ref. Los extraterrestres tal vez existan, pero hay tres razones por las que probablemente no nos han visitado ni vayan a hacerlo – https://theconversation.com/los-extraterrestres-tal-vez-existan-pero-hay-tres-razones-por-las-que-probablemente-no-nos-han-visitado-ni-vayan-a-hacerlo-285165

Los disturbios de Belfast confirman cómo ayudan las redes sociales a que los mensajes antiinmigración calen

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paul Reilly, Senior Lecturer in Communications, Media and Democracy, University of Glasgow

El pasado lunes por la noche comenzaron a circular por las redes sociales imágenes de un terrible ataque con arma blanca en Belfast. Un solicitante de asilo sudanés de unos 30 años, que entró en el Reino Unido en 2023, ha sido acusado de intento de asesinato. Por su parte, la extrema derecha no tardó en aprovechar la situación para impulsar sus acciones antiinmigración.

El martes por la noche se produjeron violentos disturbios en las calles de Belfast y alrededores. Se incendiaron casas, coches y un autobús, y varios hombres enmascarados se dedicaron a romper ventanas. Por lo que sabemos, algunos de los ataques contra propiedades fueron de carácter racista.

En una publicación previa en las redes sociales, el activista Tommy Robinson (cuyo nombre real es Stephen Yaxley-Lennon) había instado a sus seguidores a unirse a las protestas callejeras contra este “ataque invasor”. Robinson facilitó una lista de lugares en toda Gran Bretaña e Irlanda del Norte donde se habían previsto protestas para la noche del martes.

Su publicación en X fue compartida por el empresario multimillonario Elon Musk, quien pidió a los ciudadanos que protestaran “repetida y enérgicamente” para cambiar las políticas gubernamentales en materia de inmigración. El líder del partido Restore Britain, Rupert Lowe, prometió que su partido iniciaría deportaciones masivas y reintroduciría la pena de muerte para prevenir los ataques cometidos por “bárbaros”.

Al mismo tiempo, comenzaron a circular mensajes de WhatsApp procedentes de cuentas anónimas en los que se instaba a los hombres mayores de 18 años de Irlanda del Norte a “estar preparados para luchar o ser detenidos”.

Llamamientos a la calma

Políticos de todo el espectro político de Irlanda del Norte hicieron un llamamiento a la calma, incluso algunos condenando a políticos ingleses de derechas como Lowe por parecer que explotaban el ataque en beneficio propio.

Y el jefe de la Policía de Irlanda del Norte (PSNI), Jon Boutcher, instó a los ciudadanos a no dejarse “engañar” por personas en internet decididas a propiciar que se produzcan disturbios violentos.

El hecho de que un hombre hubiera sido acusado de intento de asesinato no sirvió para disuadir a las multitudes, en su mayoría jóvenes, que se congregaron por todo Belfast, incendiando un autobús en Lower Newtownards Road y participando en enfrentamientos esporádicos con la policía por toda la ciudad.

Un autobús fue incendiado mientras estallaban los disturbios en Belfast.

Hubo actos violentos en localidades como Ballyclare y Portadown. En Ballyclare, el local de una peluquería turca fue objeto de un ataque. También se produjeron detenciones tras las manifestaciones en Glasgow, donde tres personas resultaron heridas.

Este guión no es del todo nuevo. En los últimos dos años, actores de extrema derecha han utilizado las redes para instrumentalizar incidentes que involucran a minorías como parte de sus campañas contra la inmigración. Entre estos incidentes se incluyen las denuncias de un intento de violación de una adolescente en Ballymena, el asesinato de tres niñas en Southport y el asesinato de Henry Nowak en Southampton.

La desinformación circula con frecuencia en internet a medida que las autoridades se ven presionadas para confirmar el origen étnico y la situación de asilo de los sospechosos. La PSNI se apresuró a facilitar estos detalles, presumiblemente para evitar crear un vacío informativo en el que las falsedades pudieran propagarse rápidamente.

Surgimiento de un discurso tóxico

Los hechos no parecen importar a quienes aprovechan el impacto y el trauma para promover sus afirmaciones de que la inmigración es la culpable de los actos de violencia. Las condenas de los políticos hacia los agitadores de extrema derecha en las redes suelen ir acompañadas de críticas a las grandes empresas tecnológicas por no hacer más para detener a los agitadores que incitan a la violencia en sus plataformas.

Los políticos y las figuras públicas deben hacer algo más que decir “no en nuestro nombre”. Deben asumir parte de la culpa por haber contribuido a crear un discurso tóxico en torno a la inmigración que “margina” a los solicitantes de asilo y a los migrantes.

Desinformación sobre inmigracion

La llamada Ventana de Overton, el barómetro de lo que se considera un argumento políticamente aceptable, se ha desplazado hacia la derecha, como demuestran las declaraciones de Lowe. La desinformación y la información errónea sobre la inmigración se arraigan en algunas comunidades porque estas escuchan con frecuencia que los solicitantes de asilo reciben acceso prioritario a unos servicios públicos que ya cuentan con fondos insuficientes.

Un argumento recurrente entre los políticos es que se trata de “preocupaciones legítimas”, incluso cuando hay pocas pruebas que respalden estas afirmaciones. Esto suele llevar a que se culpe a las comunidades minoritarias de problemas que no tienen nada que ver con ellas.

La normalización de las opiniones de la derecha sobre la inmigración se ve reforzada por una cobertura mediática que, con frecuencia, no verifica las afirmaciones sobre cuestiones como los solicitantes de asilo y las prestaciones sociales.

Ahora corresponde a los políticos decidir cómo responder a episodios de violencia como la observada en Belfast. Si bien es evidente que las plataformas de internet pueden mejorar a la hora de eliminar publicaciones incendiarias, las figuras públicas también deben solucionar el problema que ayudaron a crear. La ciudadanía necesita un discurso sobre la inmigración basado en hechos que deje de culpar a los solicitantes de asilo y a los refugiados de problemas sociales más amplios.

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Paul Reilly no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los disturbios de Belfast confirman cómo ayudan las redes sociales a que los mensajes antiinmigración calen – https://theconversation.com/los-disturbios-de-belfast-confirman-como-ayudan-las-redes-sociales-a-que-los-mensajes-antiinmigracion-calen-285092

‘Six-seven’ o lo que la semiótica nos dice sobre la identidad de la generación alfa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maria Piqueras-Pérez, Profesora ayudante doctora de filología inglesa, Universitat de les Illes Balears

Matt Fowler KC/Shutterstock

Hay algo que los profesores de toda España llevamos meses observando en las aulas: da igual la edad, da igual el nivel. Dices “sesenta y siete”, o simplemente aparece el número en una diapositiva, en un ejercicio, en cualquier sitio, y algo pasa. Los alumnos se miran. Algunos ríen. Otros hacen el gesto. Incluso los universitarios, que técnicamente no son generación alfa, lo hacen. Como si el código les perteneciera igual. Eso me llamó la atención. No el gesto en sí, sino el hecho de que funcione más allá de la generación que supuestamente lo inventó.

¿Qué es exactamente lo que se está transmitiendo?

La web Dictionary.com lo nombró palabra del año 2025 y reconoció, con cierta honestidad, que no sabía exactamente qué significaba. Adria Laplander, profesora de sexto grado en Míchigan, lo prohibió formalmente en clase. El vicepresidente estadounidense J. D. Vance bromeó en diciembre con proponer una excepción a la Primera Enmienda después de que su hijo de cinco años lo gritara en misa, un dato que el crítico literario, semiólogo y filósofo estructuralista francés, Roland Barthes, habría disfrutado.

Y si alguien todavía duda de su alcance: teclee “67” en Google y verá cómo la pantalla se balancea, haciendo exactamente el mismo gesto que hace la generación alfa con las manos. Hasta el algoritmo lo sabe.

Pero aún hay más. Durante su estancia en Madrid, el papa León XIV hizo un gesto similar al que los jóvenes hacen con los brazos al pronunciar los números “mágicos” mientras recorría las calles a bordo del papamóvil. Así se ganó a los jóvenes.

La respuesta fácil de muchos es: “Se trata de una moda y pasará”. Pero parece que eso no convence.

Un signo sin significado fijo

Su origen está en la canción “Doot Doot (67)”, del rapero Skrilla, pero el detonante fue un vídeo viral de marzo de 2025: un niño gritando “six seven” (seis siete) en un partido de baloncesto juvenil mientras hacía el gesto con las manos. En horas, el 6-7 dejó de ser una canción para convertirse en un fenómeno. Para algunos jóvenes equivale a “más o menos”. Para otros es simplemente una reacción sin definición concreta.

La semiótica lleva décadas estudiando cómo los signos producen significado, aunque probablemente nunca imaginó aplicarse a un número de dos cifras. Ferdinand de Saussure (1857-1913), padre de la lingüística estructural del siglo XX, argumentó que la relación entre una forma y su significado es arbitraria: no existe ninguna razón lógica que las una. Los signos adquieren sentido por contraste con otros signos, no por referencia al mundo real.

Aquí el 6-7 hace algo interesante, y un poco incómodo para la teoría: no tiene un significado estable ni siquiera dentro del grupo que lo usa. Saussure hablaría de comunidades interpretativas con códigos compartidos, pero el 6-7 funciona precisamente porque el código es opaco, incluso para quien lo usa. Su fuerza no viene de lo que significa. Viene de lo que hace: crear pertenencia y excluir a quien no pertenece. Los adultos que lo prohíben están, sin saberlo, garantizando su supervivencia.

Un fenómeno que ha existido siempre

Los jóvenes de los 50 tenían el “cool” y el “hip”, términos que sus padres tardaron años en entender y que hoy usamos sin pensar. Los de los 80 españoles tenían el “chachi”, el “guay” o el “pasota”. Los de los 90, el “mola”, que irritaba a los mayores precisamente porque no significaba nada concreto.

No es un fenómeno nuevo ni digital: es tan antiguo como la adolescencia misma. Lo que cambia con el 6-7 es la velocidad y la escala, un meme puede convertirse en seña de identidad global en semanas, y el hecho de que cruce generaciones dice algo sobre la necesidad que satisface.

Otros autores, siguiendo al sociólogo francés Pierre Bourdieu, recuerdan que cada intercambio lingüístico contiene la potencialidad de un acto de poder. Los grupos se constituyen a través de prácticas simbólicas compartidas: formas de hablar, de reaccionar, de gesticular. Estos códigos no son inocentes, establecen quién pertenece y quién queda fuera. El 6-7 nombra una generación. Y al nombrarse, esa generación existe con más fuerza.

Cómo un número deja de serlo

Roland Barthes (1915-1980) lo habría visto venir. En los años 50 ya argumentaba que los mitos modernos no son relatos épicos sino gestos cotidianos que se presentan como naturales cuando en realidad son construcciones sociales. Lo que llamó “sistemas semiológicos de segundo orden”: signos que acumulan una segunda capa de significado cultural hasta que ya no puedes verlos como simples palabras o gestos.

El 6-7 ha hecho ese viaje. Significa irreverencia, pertenencia, la capacidad de reírse de algo que los adultos se toman demasiado en serio. Cuando el profesor pregunta qué significa y el alumno responde “six-seven”, encogiéndose de hombros, no está siendo insolente. Está ejecutando el mito: demostrando que hay un mundo al que el profesor no tiene acceso, pero él sí. Y cuando ese mismo gesto lo hace un universitario de 22 años que tampoco es generación alfa, está haciendo exactamente lo mismo: buscar pertenencia, marcar distancia, construir identidad.

La reacción adulta suele ser la misma: “es una tontería”, “no significa nada”, “pasará”. Y en parte tienen razón: el 6-7 pasará. Pero es importante entender que los jóvenes no están hablando de números, están hablando de quiénes son. Y probablemente para cuando terminemos de entenderlo, ya habrán pasado al siguiente código. De hecho, el “4-1” ya está llamando a la puerta.

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Maria Piqueras-Pérez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Six-seven’ o lo que la semiótica nos dice sobre la identidad de la generación alfa – https://theconversation.com/six-seven-o-lo-que-la-semiotica-nos-dice-sobre-la-identidad-de-la-generacion-alfa-282106

¿Cómo se enamora la generación Z? Lo que ‘Off Campus’ revela sobre la educación sentimental contemporánea

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alicia Nila Martínez Díaz, Profesor Acreditado Contratado Doctor Filología Hispánica, Universidad Villanueva

Fotograma de _Off Campus_. Liane Hentscher/Amazon Content Services LLC

Ha incendiado las redes, disparado los likes y arrasado las pantallas con abdominales imposibles e hipnóticos ojos glaucos. El “fenómeno Off Campus” es un auténtico torbellino romántico. Librerías, plataformas de streaming y millones de conversaciones digitales nos recuerdan el extraordinario poder de la ficción romántica juvenil.

La cuestión es inevitable: ¿por qué estas historias despiertan semejante furor planetario?

Los territorios de la posibilidad

Detrás de sus exitosas líneas se encuentra la escritora canadiense Elle Kennedy, autora de la tetralogía Kiss me. Ambientadas en un imaginario campus universitario estadounidense, sus novelas combinan romance, humor y drama con la precisión de una formulación química. La eficacia del compuesto no se ha hecho esperar. Millones de visualizaciones, ventas y recomendaciones avalan el éxito de una fórmula que parece haber encontrado el camino más corto hacia el corazón de las nuevas generaciones.

La serie y adaptación del primer libro arranca cuando Garrett Graham, estrella del equipo universitario de hockey, necesita mejorar sus calificaciones. Para conseguirlo recurre a Hannah Wells, estudiante brillante que acepta ayudarle a cambio de fingir una relación que le permita acercarse al chico que realmente le interesa. Entre entrenamientos, exámenes y amistades, el relato enlaza amor y crecimiento personal mientras sus protagonistas descubren no solo a quién aman, sino también quiénes quieren llegar a ser.

A caballo entre la novela académica, la narrativa romántica y la tradición del Bildungsroman o novela de formación, Off Campus es solo el último vástago de una de las familias narrativas más exitosas de la cultura contemporánea. Las ficciones románticas juveniles son lugares narrativos diseñados para albergar los futuros no clausurados y los besos robados, pero también las promesas olvidadas. Por eso gustan, porque permiten imaginar quiénes llegaremos a ser o quiénes podríamos haber sido, parajes donde “hoy es siempre todavía”.

Un antiguo mapa del deseo

Otra de las claves de estos relatos es que, como señalaba el filósofo suizo Denis de Rougemont, “los amores felices no tienen historia”. Tristán e Isolda, Jane Eyre y Rochester, Edward y Bella… Gracias a ellos descubrimos que el deseo es un narrador mucho más interesante que la anhelada felicidad conyugal. Desde que el mundo es mundo, la literatura amorosa ha apostado siempre por la misma estrategia ganadora: retrasar el desenlace y alimentar la espera.

Esta lógica del deseo encuentra su máxima expresión en un potente catálogo de mecanismos perfeccionados durante siglos: secretos o vampiros, naufragios o malentendidos, amores imposibles o segundas oportunidades, poco importa. Son la masa madre de este género.

Estrategias que el viejo folletín decimonónico conocía bien y que ahora reaparecen en novelas, plataformas digitales y adaptaciones audiovisuales tan rozagantes como entonces. Shakespeare lo supo en su momento y la argentina Mercedes Ron lo certifica con fecha de hoy. Los seres humanos llevamos siglos habitando relatos amorosos.

Esta enorme maquinaria sentimental funciona 24/ 7 y a escala planetaria porque su combustible apela a sentimientos universales. Cambiarán los escenarios, los códigos y los soportes, pero estas historias se conservarán por siempre jamás tan lozanas como sus protagonistas.

La nueva educación sentimental

Emma Bovary aprendió a fantasear con el amor devorando novelas románticas. Hoy, la generación Z sigue haciendo exactamente eso, pero en un entorno de lectura radicalmente distinto.

Los jóvenes leen, imaginan, sueñan –si no, no serían jóvenes–, pero ahora comentan, reaccionan y producen contenidos a partir de las historias que consumen.
Las actuales formas de lectura social eran inimaginables para la pobre heroína de Flaubert. Sin embargo, bajo esa transformación tecnológica permanece una constante: la necesidad de recurrir a los relatos amorosos para interpretar y dar sentido a esa cosa llamada amor.

Quizá ahí resida una parte de la explicación del éxito de Off Campus. La novela recupera la vieja arquitectura sentimental -el deseo, la espera, los malentendidos y el enamoramiento-, pero la reconstruye con los ladrillos de un lenguaje afectivo reconocible para la generación Z. Donde otras ficciones amorosas hicieron de los celos, el sufrimiento o la dependencia emocional pruebas inequívocas del amor, las novelas de Kennedy reivindican relaciones edificadas sobre la comunicación, el consentimiento y la vulnerabilidad. Las preguntas siguen siendo las mismas; la gramática emocional es lo que ha cambiado.

Un chico y una chica se besan en un interior con una ventana cerrada de fondo.
Los protagonistas de Off Campus, Hannah (Ella Bright) y Garrett (Belmont Cameli).
Liane Hentscher/ Amazon Content Services LLC

La mayoría de estas ficciones románticas contemporáneas funcionan como simuladores emocionales. Permiten ensayar conflictos, deseos, decepciones y expectativas antes de experimentarlos en la vida real. Por eso participan tan activamente en la educación sentimental de sus lectores, porque les ofrecen escenarios donde pensar qué significa enamorarse, sufrir, confiar o construir una relación sana. Como ocurre en las batallas importantes, el combate aquí se libra más en el terreno de las preguntas que en el de las respuestas.

Las cucarachas de la Historia

Las novelas románticas llevan siglos mutando, pero para responder a las mismas preguntas. Off Campus es, en realidad, otro eslabón de una cadena sentimental mucho más larga. El bueno de Garcilaso no pudo expresarlo mejor en aquellos versos de doliente enamorado: “todo lo mudará la edad ligera por no hacer mudanza en su costumbre”.

Pocas narrativas han demostrado semejante capacidad de adaptación. Como las cucarachas ante una catástrofe nuclear, han sobrevivido a todos los intentos de extinción. Lo paradójico es que no sobreviven a pesar de cambiar; sobreviven porque cambian. Y seguirán mutando y existiendo mientras los seres humanos tengamos necesidad de amar.


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Alicia Nila Martínez Díaz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cómo se enamora la generación Z? Lo que ‘Off Campus’ revela sobre la educación sentimental contemporánea – https://theconversation.com/como-se-enamora-la-generacion-z-lo-que-off-campus-revela-sobre-la-educacion-sentimental-contemporanea-284040