Patti Smith, la indisciplinada poeta del punk

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristina Garrigós, Catedrática de Filología Inglesa, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

Tony Shanahan, Patty Smith y Lenny Kaye actúan en el Teatro Apollo de Nueva York en abril de 2019. lev radin/Shutterstock

Cuenta Patti Smith en su primer libro de memorias, Éramos unos niños (2010), que la lectura de la novela Mujercitas, de Louisa May Alcott, le proporcionó una perspectiva positiva sobre su destino como mujer.

Poco podía imaginar la joven adolescente Patricia, que devoraba toda la literatura que caía en sus manos, que esa sed voraz de arte –esa pasión por conocer todo lo posible sobre literatura, música, pintura y escritura– la convertiría en un referente para muchas mujeres. O quizá sí, porque en su interior albergaba un deseo incuestionable de ser artista y dedicó toda su energía a prepararse para ello: “Suspiraba por ingresar en el círculo de los artistas: su hambre, su modo de vestir, su proceso creativo y sus oraciones”.

Ahora, el jurado de los Premios Princesa de Asturias le acaba de conceder el galardón de las Artes “por su impetuosa creatividad, que conecta el rock, la poesía simbolista y el espíritu de la contracultura con una gran potencia expresiva”.

Una poeta en el mundo punk

El 10 de febrero de 1971, con 25 años, y acompañada de su inseparable Lenny Kaye a la guitarra, Patti Smith ofreció en Nueva York su primer recital de poesía. Desde entonces hasta hoy, su fuerza creadora se ha transmitido a través de sus actuaciones, sus composiciones musicales y su literatura: desde la poesía hasta el ensayo y las memorias.

Una foto en blanco y negro de una mujer actuando en un programa de televisión frente a mucho público.
Patti Smith en el programa Rockpalast de la WDR, grabado los días 21 y 22 de abril de 1979 en Essen (Alemania).
Bodow/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Se la considera la madrina del punk por su actitud irreverente y su estilo revolucionario, tanto en lo personal como en lo musical. Nadie que la haya visto actuar puede olvidar esa energía casi primitiva –feroz en su juventud, chamánica en su madurez– que busca, a través de la música y la palabra, llegar a lo más profundo del alma humana.

Podríamos decir que Smith es heredera de la tradición literaria de poetas románticos como William Blake o simbolistas como Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud –este último, su mayor inspiración–. De esta forma, concibe la palabra y la música como formas de un impulso místico: a través del lenguaje artístico busca alcanzar una experiencia transformadora que nos acerque a lo divino en lo humano. El arte se convierte así en experiencia límite y, como tal, debe trascender fronteras.

Con Walt Whitman y Allen Ginsberg comparte la idea del poeta como bardo, poeta del pueblo, así como la oralidad, la declamación y la celebración del cuerpo. Como en ellos, la composición poética se transforma en una experiencia colectiva.

Es esta conciencia del arte como experiencia transformadora –que aspira a cambiar la sociedad y no solo a reflejarla– la que forja la base del espíritu punk. Así se lo ha transmitido a numerosos artistas que han reconocido su legado, como Poly Styrene, Siouxsie Sioux, Kim Gordon, PJ Harvey, Shirley Manson, Kathleen Hanna y Alice Bag, entre otros.

Su rechazo a seguir moldes establecidos se manifiesta tanto en la estética –presentando una imagen propia y personal, a menudo clasificada como andrógina– como en la defensa de la libertad y la ruptura de corsés femeninos simbólicos. La obra de Patti Smith fusiona poesía, rock y performance, rompe moldes establecidos y propone una defensa de la artista como sujeto libre, creativo y político.

Un estilo sin censuras

La publicación de su primer álbum, Horses, del que se han cumplido recientemente 50 años, supuso un momento decisivo en la música contemporánea. Su imagen en la portada –una fotografía hecha por su gran amigo Robert Mapplethorpe–, con camisa blanca y corbata, y canciones como “Gloria”, “Redondo Beach” o “Break It Up”, forman parte de una obra que, según la musicóloga Sheila Whiteley, define un estilo caracterizado por situarse entre lo semiótico y lo simbólico.

‘Gloria: In Excelsis Deo’, la canción que abre Horses.

En Horses Smith utiliza el lenguaje de una religión extática, el poder de la palabra, la lucha contra las creencias inmutables aprendidas y un estilo musical indisciplinado, que revela las huellas sin censura del inconsciente.

Este estilo se reflejará también en discos posteriores como Radio Ethiopia, Easter, Wave, Dream of Life o el más reciente, Banga. Canciones como “People Have the Power” o “Because the Night” –esta última coescrita con Bruce Springsteen– se han convertido en verdaderos himnos intergeneracionales. La primera, con un claro contenido político, se ha erigido en símbolo de la defensa de la democracia y la libertad en tiempos convulsos.

Más allá de la música

Son numerosos los estudios académicos que, en los últimos años, se han dedicado al análisis de la obra de Patti Smith. Tesis doctorales, trabajos de fin de máster, artículos y monográficos han explorado tanto la temática como la composición formal de las letras de sus canciones y de sus poemas no musicados, así como el análisis de sus autobiografías.

Portada de Pan de ángeles de Patti Smith con una foto de la autora de joven tumbada en el suelo con un vestido blanco.
Portada de Pan de ángeles, su último libro de memorias.
Penguin Libros

Patti Smith ha publicado hasta la fecha cuatro libros de memorias: además del ya citado Éramos unos niños, M Train, El año del mono y Pan de ángeles. Estas memorias han inspirado a numerosas artistas –como Viv Albertine, Chrissie Hynde o Kim Gordon, entre muchas otras– que han visto en ellas el impulso necesario para narrar sus propias historias.

El reconocimiento de la artista como figura de indiscutible relevancia en la cultura contemporánea también se ha manifestado a través de diversos premios que han destacado su aportación a las artes y su influencia en las nuevas generaciones, especialmente entre las mujeres, desde la década de 1970. Entre ellos cabe destacar el nombramiento como comendadora de la Orden de las Artes y las Letras de Francia en 2005, el National Book Award por Éramos unos niños en 2010, la Legión de Honor francesa en 2022 y el reciente Premio Princesa de Asturias de las Artes (2026).

Todo ello demuestra de forma indiscutible que Patti Smith es una de las artistas estadounidenses más importantes de la historia. Su legado pervivirá no solo en el punk, sino en todas aquellas generaciones que conciben el arte como motor de cambio y transformación social.


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The Conversation

Cristina Garrigós no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Patti Smith, la indisciplinada poeta del punk – https://theconversation.com/patti-smith-la-indisciplinada-poeta-del-punk-281798

Pantallas, prisas y actividades: qué ocio necesita realmente un niño menor de tres años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mª Pilar Rodrigo Moriche, Prof. Ayudante Doctor del departamento de Pedagogía – Directora Escuela UAM de Animación, Universidad Autónoma de Madrid

Chepko Danil Vitalevich/Shutterstock

“¿Qué hacemos con los niños este fin de semana?” Esta es una pregunta recurrente en familias con bebés o niños muy pequeños. A menudo, el tiempo en familia se plantea como un espacio que hay que rellenar con actividades que entretengan y estimulen a los más pequeños.

Sin embargo, las investigaciones sobre ocio en la primera infancia coinciden en algo fundamental: no se trata de sumar estímulos, sino de elegirlos bien. Entre los 0 y los 6 años, el ocio no es un lujo ni un descanso, sino una necesidad vital que permite a los niños construir su desarrollo motor, emocional, cognitivo y social a través de experiencias de juego y de exploración.

Ocio humanista: qué significa y cómo se expresa

Cuando hablamos de ocio en la primera infancia no nos referimos a “entretener” ni a llenar el tiempo con actividades. Los investigadores distinguen entre tiempo libre y ocio: el primero es simplemente ausencia de obligaciones; el segundo es una experiencia libremente elegida, placentera, con sentido y motivación interna.

Una familia puede tener muchas horas sin tareas y, aun así, no vivir experiencias de ocio si lo que se ofrece al niño son actividades impuestas o poco significativas, como el uso temprano y prolongado de pantallas o la participación en actividades dirigidas pensadas por adultos que dejan poco margen al juego libre, la exploración y la iniciativa propia del niño.

El ocio humanista consiste en vivencias valiosas que cultivan la sensibilidad, los vínculos y el bienestar y que surgen a partir del interés del propio niño. Por eso, las mejores experiencias en estas edades nacen de condiciones sencillas y del tiempo sin prisa.

En niñas y niños de 0 a 3 años, el ocio humanista no pasa por planes sofisticados, propuestas ruidosas ni recursos digitales. Se manifiesta de manera natural como juego libre, exploración espontánea y curiosidad activa, siempre que el entorno sea seguro, simple y preparado para que puedan actuar y descubrir por sí mismos.

Materiales simples y entornos seguros

Las aportaciones de Emmi Pikler y Bernard Aucouturier, permiten comprender cómo viven el ocio los más pequeños. Para Pikler, la base del desarrollo –y también del ocio– está en la libertad de movimiento, el juego autoiniciado, el cuidado respetuoso y la observación sensible. Implica no colocar al niño en posiciones o retos que aún no alcanza, sino ofrecer materiales simples en un entorno seguro, confiando en que su curiosidad conducirá la acción.




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Por su parte, Aucouturier subraya que el movimiento y el juego espontáneo son vías esenciales de maduración psicomotriz y emocional. Su propuesta acompaña al niño en el paso del placer de moverse al placer de pensar, en espacios ritmados, previsibles y emocionalmente acogedores, donde el adulto está presente para contener y acoger, pero no para dirigir.




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Ambas perspectivas coinciden en que el ocio infantil no es entretenimiento ni estimulación constante: es un tiempo con sentido, donde el niño se siente seguro para explorar, repetir, descubrir, concentrarse y construir autonomía. Esto ocurre cuando el adulto prepara el entorno, respeta los ritmos y confía en la competencia natural del bebé y del niño pequeño.

Experiencias sencillas, no estímulos acumulados

En la primera infancia, el ocio construye las bases del desarrollo. Actividades excesivamente dirigidas o tecnológicas pueden desplazar oportunidades esenciales; por ello, frente a propuestas cada vez más estructuradas o digitales, resulta imprescindible recuperar el ocio humanista: menos actividades, pero mejor escogidas.

El juego sencillo es el núcleo de esta experiencia. Las vivencias más valiosas no son las más llamativas, sino las más simples: manipular objetos cotidianos, explorar texturas, moverse libremente, vaciar y llenar recipientes, imitar a los adultos o jugar simbólicamente con pocos elementos. Este juego sensorial, motor, heurístico y simbólico sostiene el desarrollo emocional, cognitivo, social y motriz; favorece la regulación emocional, reorganiza la atención, impulsa la imaginación y fortalece los vínculos.

Ir en autobús y observar el entorno

No se trata de hacer grandes planes, sino de ofrecer presencia y espacios cotidianos donde el juego pueda emerger. Cocinar juntos, inventar juegos, caminar observando lo que sucede alrededor o transformar rincones domésticos en escenarios imaginarios no requieren recursos especiales, sino una mirada atenta y tiempo sin prisa.

Incluso momentos rutinarios –poner la mesa, ir en autobús, esperar en una consulta– pueden convertirse en oportunidades de exploración si el adulto cuenta lo que ocurre, canta, cuenta historias, ofrece un objeto seguro o permite participar en pequeñas acciones. Son gestos pequeños con un impacto profundo en el bienestar infantil y en la vida familiar.




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Cómo elegir actividades presenciales

Con niños un poco más mayores, a partir de los tres años, podemos empezar a introducir actividades externas, teniendo en cuenta que no exijan atención sostenida, que utilicen materiales manipulables y ritmos lentos: malabares suaves, teatro gestual, juegos con telas o experiencias escénicas diseñadas específicamente para la primera infancia, basadas en movimientos lentos, objetos previsibles y atmósferas de calma y belleza.

El objetivo no es que los niños “miren”, sino crear espacios de calma, curiosidad y belleza donde puedan observar, explorar, imitar, participar espontáneamente y seguir jugando después.

No conviene hiperestimular

Los niños no necesitan muchos estímulos, sino experiencias que respeten sus ritmos e intereses. Cuando el entorno favorece la exploración libre, la concentración y la autonomía –tal como defienden los enfoques de la pedagogía del movimiento y el juego espontáneo– se potencian simultáneamente el desarrollo motor, emocional y cognitivo.

La cuestión no es cómo “entretener” a los niños o evitar que se aburran, sino cómo ofrecer tiempo, espacio y condiciones de calidad para que puedan desplegar su juego autónomo, incluso cuando los adultos no están disponibles.

La respuesta a la inquietud de muchas familias no pasa por multiplicar planes, sino por comprender que, en la primera infancia, el ocio auténtico –menos, pero mejor– es un motor de desarrollo tan poderoso como discreto.

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Mª Pilar Rodrigo Moriche no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Pantallas, prisas y actividades: qué ocio necesita realmente un niño menor de tres años – https://theconversation.com/pantallas-prisas-y-actividades-que-ocio-necesita-realmente-un-nino-menor-de-tres-anos-278904

El regreso silencioso del déficit de yodo: ¿tiene la culpa el tipo de sal que consumimos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Soriano del Castillo, Catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universitat de València

9dream studio/Shutterstock

El déficit de yodo parece un problema del pasado, pero no lo es del todo, tal y como ponía de relieve la periodista científica Alice Klein en un artículo reciente de la revista New Scientist . Durante el siglo XX, la yodación de la sal se convirtió en una de las intervenciones de salud pública más eficaces para prevenir trastornos por deficiencia de ese mineral, incluidos el bocio (agrandamiento de la glándula tiroides) y daños evitables en el desarrollo neurológico.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sigue considerándola una estrategia segura y eficaz, y UNICEF señala que continúa siendo la herramienta más utilizada para mejorar la ingesta de yodo en el mundo.

Ese éxito, sin embargo, ha generado una paradoja: precisamente porque funcionó tan bien, el yodo desapareció del debate público. Hoy, en varios países, vuelven a detectarse señales de ingesta insuficiente en determinados grupos, sobre todo en embarazadas, mujeres lactantes y personas con dietas restrictivas o mal planificadas. No se trata de un retorno dramático de los cuadros más graves en todas partes, sino de un riesgo silencioso de carencia en contextos donde se ha relajado la atención.

Qué hace el yodo en el cuerpo

El yodo es un micronutriente esencial para la síntesis de tiroxina (T4) y triyodotironina (T3), hormonas que regulan el metabolismo, el crecimiento y múltiples procesos fisiológicos. Su disponibilidad adecuada durante la gestación y la primera infancia resulta especialmente importante para el desarrollo normal del sistema nervioso central y para la maduración cerebral temprana.

Además, los requerimientos aumentan durante el embarazo y la lactancia debido al incremento de la producción materna de hormonas tiroideas, la mayor eliminación renal de yodo y la transferencia de ese mineral al feto y al lactante.

Por qué podría estar reapareciendo el problema

La cuestión no es que la población haya dejado de consumir sal, sino que ha cambiado qué tipo de sal consume y de dónde procede el sodio de la dieta. En los últimos años, la sal yodada ha sido desplazada en muchos hogares por sales “gourmet” o “naturales”, como la sal marina, la sal rosa del Himalaya, las escamas o la sal kosher, que a menudo se perciben como más saludables o sofisticadas, aunque no siempre estén yodadas.

La enriquecida tiene, en cierto modo, un problema de imagen: frente al prestigio culinario de sus rivales de moda, ha quedado asociada a un producto corriente, casi anticuado.

A ello se suma que una gran proporción del sodio ingerido procede hoy de alimentos procesados y ultraprocesados, en los que la presencia de sal yodada no está garantizada. La OMS ha insistido en que las políticas de reducción de sodio y de yodación de la sal deben coordinarse precisamente por esta razón.

También ha cambiado la composición de muchas dietas. El yodo se encuentra de forma natural sobre todo en alimentos marinos, en algunos lácteos y en huevos, aunque su contenido puede variar mucho según el entorno y el sistema alimentario. Cuando una persona reduce o elimina varias de esas fuentes a la vez, y además no utiliza sal yodada o alimentos fortificados, el riesgo de ingesta insuficiente aumenta.

El resultado es una paradoja: un micronutriente básico, barato y eficaz ha perdido visibilidad justo cuando ciertos grupos vuelven a correr riesgo de no consumir suficiente yodo.

El caso de las dietas basadas en plantas

Las dietas vegetarianas y veganas pueden ser saludables, pero nuestro protagonista es uno de los nutrientes que requieren más atención en su planificación. Una revisión reciente publicada en British Journal of Nutrition concluyó que quienes siguen patrones nutricionales estrictamente vegetales, especialmente veganos, pueden tener dificultades para alcanzar las recomendaciones de yodo solo a partir de los alimentos.

Esto no significa que una dieta vegetal sea deficiente por definición. Supone algo más simple: igual que ya se habla con naturalidad de la vitamina B12, el yodo debería incorporarse a la conversación nutricional cuando se reduce el consumo de pescado o lácteos, o cuando se sustituyen productos convencionales por alternativas vegetales no fortificadas.

Embarazo y lactancia: el punto más sensible

Si hay un momento en el que el yodo merece especial atención, es el embarazo. La evidencia es robusta respecto a que el déficit grave del micronutriente puede afectar al desarrollo fetal y a la función tiroidea, y por eso los organismos internacionales utilizan puntos de corte específicos para valorar el estado de yodo en embarazadas. El Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos recoge que una concentración urinaria de 150–249 microgramos por litro 150 (μg/L) en gestantes se considera adecuada a nivel poblacional.

Ahora bien, conviene matizar el debate. La preocupación por la insuficiencia leve o moderada es legítima, pero la evidencia sobre los beneficios cognitivos de suplementar a todas las gestantes en contextos de déficit leve no siempre resulta concluyente. Revisiones y ensayos han señalado que, aunque existe preocupación biológica plausible y algunos estudios sugieren una asociación con peores resultados infantiles, los ensayos controlados no han mostrado de forma uniforme mejoras claras en el neurodesarrollo.

Aun así, varias sociedades científicas han optado por una postura prudente. Por ejemplo, la Asociación Americana de Tiroides recomienda que las mujeres en preconcepción, embarazo y lactancia reciban 150 μg diarios de yodo en suplementos prenatales o multivitamínicos, normalmente en forma de yoduro potásico, para ayudar a cubrir unas necesidades aumentadas.

El error más común: pensar que la solución es “tomar más sal”

Aquí hace falta hacer una precisión importante. Defender la sal yodada no equivale a aconsejar un mayor consumo de sal. La OMS mantiene la recomendación de reducir la ingesta de sodio por su relación con hipertensión y enfermedad cardiovascular. La clave de salud pública no es “más sal”, sino menos, pero yodada. De hecho, la misma OMS ha subrayado que la reducción de este condimento y la fortificación con yodo son políticas compatibles si se ajusta adecuadamente la concentración del mineral y si la fortificación abarca también la sal utilizada por la industria alimentaria.

Este punto es central porque evita dos errores frecuentes: convertir el asunto en una defensa nostálgica de la sal de mesa o, en el extremo opuesto, asumir que cualquier reducción del sodio resolverá automáticamente todos los problemas de salud sin consecuencias nutricionales. El equilibrio correcto es combinar prevención cardiovascular y prevención de la deficiencia de yodo.

The Conversation

José Miguel Soriano del Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El regreso silencioso del déficit de yodo: ¿tiene la culpa el tipo de sal que consumimos? – https://theconversation.com/el-regreso-silencioso-del-deficit-de-yodo-tiene-la-culpa-el-tipo-de-sal-que-consumimos-281363

¿Qué nos dice la espuma del mar de la salud de las playas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gumersindo Feijoo Costa, Catedrático de Ingeniería Química. Centro de Investigación Interdisciplinar en Tecnologías Ambientales – CRETUS, Universidade de Santiago de Compostela

Gumersindo Feijoo

Un simple paseo por la playa en un día ventoso sirve para que el mar despierte nuestra admiración y curiosidad al ver romper las olas y observar la formación de espuma. Se trata de un fenómeno efímero y hermoso que, además, puede darnos pistas sobre la salud del océano.

Formación de la espuma de mar

La espuma de mar se genera por la agitación producida por la fuerza de las olas y los vientos que, al combinarse con la materia orgánica disuelta (fundamentalmente plancton, organismos microscópicos que habitan en el agua), forma una dispersión de agua y burbujas de aire que se agrupan y suben a la superficie en forma de espuma.

Esquema de la espuma de mar que distingue las burbujas de aire y la capa de agua
Estructura esquemática de la espuma de mar.
Gumersindo Feijoo, CC BY-SA

Esta dispersión coloidal se produce porque la materia orgánica reduce la tensión superficial, una propiedad fisicoquímica por la que los líquidos se comportan como si estuvieran recubiertos por una fina membrana elástica.

Así, si queremos mezclar sustancias en dos fases inmiscibles como agua y aire o agua y aceite, debemos reducir la tensión superficial con la adición de tensioactivos (compuestos químicos con una parte hidrófila e hidrófoba) que sirven de puente, creando una interfase de conexión entre las dos fases (líquida-gaseosa, líquida-sólida o entre dos fases líquidas: acuosa y orgánica).

Esta propiedad es fundamental, por ejemplo, para conseguir la biodisponibilidad de compuestos orgánicos en la formulación de productos agroquímicos, la biodegradación de mareas negras o la recuperación de suelos contaminados con combustibles. O simplemente para conseguir un lavado eficaz de la ropa con manchas de grasa persistentes.

¿Qué nos dice su aspecto?

La luz solar es una forma de radiación electromagnética esencial para la vida en la Tierra al proporcionar calor y energía. Se compone de radiación visible, infrarroja (calor) y ultravioleta (UV). Las principales características de la luz son la longitud de onda y la frecuencia.

Gráfico que muestra dos ondas de luz, una de alta y otra de baja frecuencia
Características básicas de la luz solar. La longitud de onda (λ) se mide en nanómetros (nm) y la frecuencia (f) en hercios (Hz). El símbolo ‘c’ en la ecuación representa la velocidad de la luz.
Gumersindo Feijoo, CC BY-SA

La luz visible (con una longitud de onda de aproximadamente entre 400 y 700 nanómetros) es una pequeña porción del espectro que el ojo humano percibe. Así, cuando la luz incide sobre un objeto, su superficie absorbe ciertas longitudes de onda y refleja otras. Solo las reflejadas podrán ser vistas por el ojo y por tanto en el cerebro solo se percibirán esos colores.

El color del mar cambia debido a la absorción selectiva de la luz por el agua derivada de su composición química, la vida marina y las condiciones climáticas. El agua es transparente, pero cuando hay gran cantidad de ella, también aumenta la absorción de luz en el espectro reflejando un patrón de color azul.

Espuma de mar blanca sobre la arena
Espuma de mar en un ecosistema sano.
Gumersindo Feijoo, CC BY-SA

En la espuma de mar, las burbujas de aire dispersan y reflejan la luz en todas las direcciones sin prácticamente absorberla, lo que explica nuestra percepción de color blanquecino. Es necesario distinguir esta realidad del concepto del color “espuma de mar” en pinturas o moda, que suele representarse como una mezcla suave de verde y azul para rememorar el ambiente marino.

De hecho, una espuma blanca que desaparece de forma casi instantánea es un claro indicador de un ecosistema sano. Por el contrario, una espuma persistente (por una alta densidad), una coloración oscura (parduzca) o algún olor desagradable son síntomas de contaminación bien química (por fertilizantes agrícolas, vertidos industriales o urbanos…) bien biológica (por ejemplo, por un crecimiento desmesurado de algas).

Un ejemplo de este fenómeno de contaminación son los episodios recurrentes de formación de espumas en las playas del sur de Australia durante los meses de febrero y marzo de los años 2025 y 2026 (verano austral), con consecuencias terribles para la salud de los animales y las personas.

Un surfista se adentra en las aguas espumosas afectadas por la floración de algas.
Un surfista entre la espuma del mar provocada por la floración de algas en Christies Beach (Australia), a 22 de octubre de 2025.
Troy Rigney, CC BY-ND

Si cuidamos del planeta y evitamos contaminarlo, nos seguirá ofreciendo entornos saludables y estampas de belleza extraordinaria. Si no lo hacemos, además de dañar la naturaleza y con ello, nuestra salud, estaremos renunciando a los paisajes de los que hoy todavía podemos disfrutar.

The Conversation

Gumersindo Feijoo Costa no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué nos dice la espuma del mar de la salud de las playas? – https://theconversation.com/que-nos-dice-la-espuma-del-mar-de-la-salud-de-las-playas-281042

España ya produce combustibles sostenibles para aviones que no dependen del petróleo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Bolonio Martín, Profesor de Química, Refino y Biorrefinerías, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Vista desde un avión sobrevolando campos de olivos. Carolina Santamarta

El transporte aéreo conecta territorios insulares y periféricos, sostiene cadenas logísticas y facilita una parte esencial del turismo (12,6 % del PIB español en 2024) y del comercio internacional. Se estima que Europa podría alcanzar 15,4 millones de vuelos en 2050, un 52 % más que en 2023.

Pero el actual escenario internacional deja patente un importante problema de la aviación: el motor depende de un suministro externo.

La inestabilidad global dispara los precios y amenaza con el desabastecimiento, pero existe una solución para reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles y de terceros países y disminuir la contaminación: el combustible sostenible de aviación, que ha dejado de ser una opción verde para convertirse en una cuestión de soberanía aérea.

El papel limitado de la electrificación

A diferencia de lo que ocurre en el transporte rodado, el uso de electricidad para la propulsión de aviones es todavía muy reducido.

Como explica Justo Hernández Soto, representante en España para el Comité de Protección del Medio Ambiente en la Aviación (CAEP), la electrificación avanza en aviación ligera (menos de 5 700 kg), con aeronaves recientemente certificadas, como la Pipistrel Velis Electo, o a punto de hacerlo, como la Diamond eDA40.

Sin embargo, los aviones eléctricos se enfrentan con un límite físico difícil de superar: la baja densidad energética de las baterías actuales. Las baterías más avanzadas alcanzan entre 200 y 300 vatios-hora por kilogramo (Wh/kg), muy lejos de los más de 11 000 Wh/kg del queroseno. Esta diferencia hace inviable, con la tecnología actual, electrificar vuelos comerciales de media y larga distancia.

El hidrógeno: una apuesta a largo plazo

Con el hidrógeno ocurre algo parecido. Se presenta a menudo como la gran alternativa de futuro, pero su despliegue en aviación comercial exige resolver obstáculos tecnológicos y logísticos importantes.

Airbus mantiene el programa ZEROe para desarrollar su primer avión comercial propulsado por hidrógeno. En 2025 eligió la pila de combustible de hidrógeno como sistema de propulsión, pero sigue señalando la criogenia como uno de los grandes retos. El hidrógeno líquido debe almacenarse a unos –253 °C, lo que obliga a rediseñar aeronaves, desarrollar depósitos específicos y adaptar la infraestructura aeroportuaria. En otras palabras: es una vía prometedora, pero no parece una solución de despliegue inmediato.




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El combustible sostenible de aviación

El combustible sostenible de aviación (SAF, por sus siglas en inglés) tiene la gran ventaja de que puede utilizarse en motores, redes logísticas e infraestructuras ya existentes. La Unión Europea, mediante el reglamento ReFuelEU Aviation, obliga a aumentar gradualmente su presencia en el combustible de aviación comercial con objetivos del 6 % en 2030 y el 70 % en 2050, consolidándolo como la principal vía para descarbonizar la aviación.

España no parte de cero en este terreno. Repsol ya produce SAF en su complejo industrial de Cartagena y desarrolla en Bilbao, a través de Petronor, su apuesta más innovadora con combustibles sintéticos (e-SAF) a partir de hidrógeno renovable y CO₂ capturado.

Moeve, por su parte, ya suministra SAF de forma regular en varios aeropuertos españoles y, junto con Bio-Oils, está construyendo en Huelva una gran planta de biocombustibles de segunda generación que ampliará de forma notable la capacidad industrial disponible en España.

Son vías distintas, pero complementarias: SAF producido a partir de materias primas biogénicas (aceites y residuos de biomasa) y e-SAF basado en combustibles sintéticos, ambas orientadas a sustituir parte del queroseno fósil sin rehacer por completo el sistema aeronáutico.




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La biomasa residual como baza española

Actualmente, la materia prima para producir SAF son aceites y grasas residuales (proceso HEFA). Es la ruta más madura, pero su crecimiento tiene un límite claro: la disponibilidad de estas materias primas es finita.

Ahí es donde entra en juego la biomasa lignocelulósica, especialmente relevante en un país como España, potencia agrícola y forestal. A través de gasificación y síntesis Fischer-Tropsch, la biomasa puede transformarse en SAF, con una producción potencial de 517,6 millones de litros anuales.

El cuello de botella es la logística: recogida, pretratamiento y agregación de la biomasa residual de forma estable, eficiente y económicamente viable. Si logramos sortear este escollo, el SAF se convertiría en una pieza de política industrial y de seguridad de suministro.

Una solución sería un modelo descentralizado que acerque la producción al recurso y reduzca los costes logísticos asociados al transporte de biomasa.

No es solo descarbonizar: es asegurar la aviación

La discusión sobre el futuro de la aviación no debería reducirse a una competencia simplista entre baterías, hidrógeno y combustibles sostenibles. Cada vía debe tener su espacio. Pero si la pregunta es qué puede sostener la aviación comercial durante las próximas décadas sin depender totalmente del exterior ni esperar a una renovación total de la flota y de los sistemas de suministro de combustible de los aeropuertos, hoy la respuesta apunta hacia los combustibles sostenibles líquidos.

Más allá de la reducción de emisiones de CO₂, el SAF es una garantía de autonomía estratégica y seguridad para el transporte aéreo. Para un país como España, la cuestión ya no es si merece la pena tomarse en serio el SAF, sino si podemos permitirnos no hacerlo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. España ya produce combustibles sostenibles para aviones que no dependen del petróleo – https://theconversation.com/espana-ya-produce-combustibles-sostenibles-para-aviones-que-no-dependen-del-petroleo-280952

Moda, personalidad y consumo, más allá de vestirse de Prada

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María de Jesús De la Mora, Negocios Internacionales, Universidad de Guadalajara

Meryl Streep, Anne Hathaway, Stanley Tucci y Emily Blunt en el estreno londinense de _El diablo viste de Prada 2_. Disney

Ante el impacto mediático que está teniendo el estreno a nivel mundial de El diablo viste de Prada 2 nos preguntamos: ¿consumimos lo que somos o lo que aspiramos ser? ¿Nuestra personalidad es el resultado de nuestro contexto, cultura y recursos o nuestra conducta y consumo vienen determinados por los estímulos que recibimos? ¿Las marcas venden bienes o identidades? Y el consumidor, ¿las consume de forma consciente?

Más allá de una historia ambientada en la industria de la moda, la franquicia El diablo viste de Prada se ha convertido en un referente cultural sobre estilo de vida, consumo, identidad y poder.

Tráiler oficial de El Diablo viste de Prada 2. Fuente: YouTube, 20th Century Studios LA.

La película, estrenada en 2006 (y antes la novela de Lauren Weisberger, basada en su experiencia personal), cuenta la historia de Andy Sachs (Anne Hathaway), una joven periodista que consigue un trabajo temporal en una revista de moda que se convertirá en su viaje personal hacia el autoconocimiento y la transformación personal.

Uno de los ganchos del filme es la pelea estilística entre Andy y su jefa, Miranda Priestly (interpretada por Meryl Streep), y la presión que ejerce el entorno sobre la joven para que cambie su vestuario. A nivel personal, su antagonista en la historia es Emily Charlton (Emily Blunt), la asistente personal de Miranda, una mujer glamurosa, ambiciosa y obsesionada con alcanzar el éxito en su trabajo.

Andy vive estas exigencias como una renuncia a sus valores, prioridades y percepciones para entrar en un mundo donde la apariencia decide quién pertenece a él y quién no.

La personalidad de las marcas

Las marcas han desarrollado sus propias personalidades, lo que les permite conectar emocionalmente con sus consumidores. En particular, las marcas de lujo funcionan como símbolos de estatus e identidad social. En la película de 2006, Miranda enseña a Andy que la ropa no sólo implica cubrirse: también se viste la filosofía de la marca. Por tanto, debe haber coherencia entre las prendas y la identidad que se desea proyectar.

Según el experto francés en marketing Jean-Noël Kapferer, una marca de lujo debe comportarse como una persona viva:

“La personalidad de la marca describe su carácter. La forma en que hablan sus productos o servicios muestra qué tipo de persona sería”.

De esta manera, las marcas deben desarrollar patrones o símbolos reconocibles colectivamente pero, al mismo tiempo, debe haber un toque de distinción que fortalezca la personalidad de la marca.

Únicas e inaccesibles

En las compañías de lujo hay dos principios fundamentales para la creación de su identidad de marca:

  • Diferenciación: una marca de lujo no es comparable con otra, tiene una personalidad única. Compararse es admitir que no es única.

  • Difícil acceso: la personalidad de una marca de lujo se vuelve aspiracional para el consumidor. Si se hace de accesible se pierde el deseo, la sensación de distancia y singularidad de la marca.

Jennifer Aaker, profesora de la Universidad de Stanford, definió cinco dimensiones de la personalidad de marca. Entre ellas está la sofisticación (estatus social, elegancia, encanto personal), que aplica en el caso de las marcas de lujo.

Arquetipos junguianos

También los arquetipos de la personalidad, desarrollados por el psiquiatra y psicólogo suizo Carl Jung a partir de 1916, pueden aplicarse a la personalidad de las marcas para establecer una conexión emocional con los consumidores, facilitar su posicionamiento y diferenciación de la competencia y dar coherencia a su comunicación.

Marcas, anhelos y ‘lifestyle’

El lifestyle marketing gira en torno a las actitudes, intereses, valores y sentimientos de las personas, y su afinidad con otras que comparten formas de vida similares. Esta estrategia de marketing busca dar significado a patrones de comportamiento y decisiones de consumo aspiracionales que revelan elementos demográficos, sociales y económicos.

El método VALS (valores y estilo de vida), una metodología de segmentación psicográfica desarrollada por el Stanford Research Institute (SRI), clasifica a los consumidores según sus motivaciones (ideales, logros, autoexpresión) y recursos (ingresos, educación, confianza), dividiéndolos en tres dimensiones:

  1. Consumidores orientados por principios: tienen ideales concretos, son pensadores y creyentes de lo que debe estar bien y es correcto.

  2. Consumidores orientados por estatus: motivados por el logro, los define ser triunfadores y luchadores.

  3. Consumidores orientados a la acción: los mueve la autoexpresión y son arriesgados, experimentadores y creadores.

Por encima de estas tres dimensiones están los innovadores, que poseen todos los recursos para ser consumidores con valores, tener su propio estilo de vida y estar motivados a la acción. Y por debajo, los supervivientes, con menos recursos y motivaciones, cuyo enfoque principal es la seguridad y la satisfacción de sus necesidades básicas.

Quién es quién en la peli

Desde esta perspectiva, los personajes de El Diablo viste de Prada pueden interpretarse de la siguiente manera:

  • Andy Sachs: al comienzo de la historia se la identifica más con los creyentes o pensadores. Su consumo está guiado por la funcionalidad y los valores personales. Luego evoluciona hacia un perfil de triunfadora, o incluso experimentadora, motivada por el éxito, la imagen y la validación social.

  • Miranda Priestly: se aproxima a los innovadores, posee altos recursos, liderazgo y orientación al cambio y la mejora continua.

  • Emily Charlton: puede vincularse con los triunfadores, su consumo está orientado al reconocimiento y la pertenencia (lifestyle).

Con El diablo viste de Prada el cine ha creado una narrativa que pone al descubierto cómo el consumo de moda es un proceso en el que influyen elementos psicológicos y sociales, y que vestirse es un acto simbólico que refleja identidad, aspiración y pertenencia.

The Conversation

María de Jesús De la Mora no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Moda, personalidad y consumo, más allá de vestirse de Prada – https://theconversation.com/moda-personalidad-y-consumo-mas-alla-de-vestirse-de-prada-280829

Ni solo salario ni solo vocación: qué esperan hoy los jóvenes del trabajo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco J. Pérez Latre, Profesor. Director Académico de Posgrados de la Facultad de Comunicación, Universidad de Navarra

WUT.ANUNAI/Shutterstock

¿Cómo sienten, valoran y proyectan el trabajo los jóvenes de entre 18 y 29 años? Esa es la pregunta a la que hemos querido contestar en el grupo de investigación internacional “Footprints” con el proyecto de investigación “Young People’s Values, Hopes and Expectations — Work and Civic Engagement”, que abarca nueve países de cuatro continentes.

Para ello, hemos entrevistado a 9 018 personas en Argentina, Brasil, España, Estados Unidos, Filipinas, Italia, Kenia, México y Reino Unido. Los hallazgos, con un 95 % de confianza y un margen de error de ±1,1%, desafían los estereotipos sobre la generación Z: ni son puramente materialistas ni plenamente idealistas. Son, sobre todo, gente pragmática con aspiraciones personales.

El salario manda, pero no lo es todo

Para el 29 % de los encuestados, un buen salario es el aspecto más importante del trabajo, por delante de la realización personal (14 %) y el buen ambiente laboral (13 %). Pero el valor que dan al dinero tiene sus límites. Un 48 % dice que abandonaría un trabajo ante un ambiente difícil, tenso o desagradable, aunque estuviera bien pagado y tuvieran un contrato indefinido. Entre las mujeres el porcentaje sube hasta el 53 %.

La incompatibilidad con los valores de la empresa (25 %), la dificultad de conciliación familiar (23 %) o el sentimiento de no poder realizarse profesionalmente (22 %), son otros motivos para el abandono.

El teletrabajo: libertad con coste social

El 71 % de los jóvenes ha trabajado o estudiado en remoto al menos ocasionalmente. La flexibilidad horaria (60 %) y el mejor equilibrio entre vida y trabajo (58 %) son especialmente valorados por los jóvenes. Pero un 44 % de los encuestados teme el aislamiento social que puede producir mientras que el 39 % cree que el teletrabajo empeora la comunicación de los equipos de trabajo.

La paradoja es elocuente: valoran la flexibilidad pero echan de menos la dimensión relacional del espacio de trabajo. Los jóvenes del Reino Unido (50 %) y Kenia (51 %) son los más preocupados por el aislamiento social que produce el teletrabajo.




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Optimismo selectivo y brecha entre países

Tres de cada cuatro jóvenes afirman tener algún tipo de vocación profesional. Además, el 55 % de los jóvenes con una vocación clara se consideran felices frente al 27 % de quienes no la tienen. Esta vocación es más habitual en las áreas de sanidad y educación (84 %) e ingeniería (81 %). “Pasión” (15 %) y “carrera profesional” (14 %) encabezan la lista de palabras con las que los jóvenes definen su relación con el empleo. Solo el 5 % lo asocia con “sacrificio” o “servicio”.

El 60 % de los encuestados cree que las oportunidades laborales serán mejores en el futuro. Pero ese optimismo no se distribuye de forma homogénea: en México supera el 70 % mientras que en Italia solo alcanza el 32 % y en Estados Unidos el 42 %.

La esperanza también tiene relación con la espiritualidad: los jóvenes creyentes muestran mayores niveles de esperanza y confianza en el futuro laboral (48 %) que los no creyentes (33 %).




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Los jóvenes españoles y latinoamericanos frente al trabajo

El joven español medio califica su satisfacción vital con un 6,7 sobre 10 y muestra un marcado pragmatismo: el sector público se alza como el destino preferido de empleo. Además, la tecnología proyecta inquietudes específicas y el 47 % teme que la inteligencia artificial reemplace sus funciones, tres puntos por encima de la media internacional.

En el ámbito del teletrabajo, España refleja la misma paradoja que sus pares: se valora la flexibilidad y la conciliación, pero se sufre el aislamiento social. Los jóvenes otorgan mucha más importancia a las habilidades humanas, como el trabajo en equipo (27 %) y la comunicación (24 %), que a las competencias digitales (11 %) o el dominio de idiomas (10 %).




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Por su parte, Latinoamérica lidera los índices de felicidad y satisfacción vital del estudio, con una conexión muy marcada con las creencias religiosas. Los jóvenes de Brasil (7.5/10) y México (7.4) encabezan el ranking global de felicidad, situándose significativamente por encima de países europeos como España (6.7) o Italia (6.5).

En cuanto al trabajo, el factor económico sigue siendo un motor primordial. Argentina y México son los países que más priorizan un “buen salario” (35 %) por encima de cualquier otro aspecto, superando el promedio global del 29 %.

Los jóvenes brasileños muestran una de las tasas de confianza más altas en la educación como herramienta para conseguir empleos bien remunerados (92 %). En cambio, Argentina destaca negativamente por ser el país donde los jóvenes reportan mayores dificultades para encontrar empleo debido a la escasez de vacantes (67 %) y la falta de experiencia previa (48 %).

Ante la incertidumbre, la familia sigue siendo el principal refugio. Cuando solo el 54 % de los jóvenes españoles dedica tiempo intencionado al descanso y la renovación personal –por debajo del 64 % global–, la familia se consolida como el principal sistema de apoyo frente a los obstáculos académicos y laborales.




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Lo que los empleadores deben escuchar

Los jóvenes no han renunciado al trabajo, pero le exigen una dimensión humana que las estructuras tradicionales a menudo ignoran. Quieren un sueldo digno, pero también un propósito que no colisione con sus valores y un ambiente que no les pase factura emocional.

Los datos sugieren que la respuesta al futuro del trabajo no es tecnológica sino profundamente relacional, y que el éxito de las organizaciones dependerá de su capacidad para ofrecer algo más que una nómina: un lugar donde ser y crecer.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Ni solo salario ni solo vocación: qué esperan hoy los jóvenes del trabajo – https://theconversation.com/ni-solo-salario-ni-solo-vocacion-que-esperan-hoy-los-jovenes-del-trabajo-280625

La penalización económica de la maternidad: por qué tener hijos sigue ampliando la brecha salarial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rebeca García-Ramos, Profesora de Economía Financiera, Universidad de Cantabria

Andrey_Popov/Shutterstock

La desigualdad salarial entre mujeres y hombres sigue siendo una realidad en el mercado laboral español. Este fenómeno se deriva de múltiples factores como la división sexual del trabajo, la segregación de las mujeres en sectores peor remunerados o la falta de corresponsabilidad. Sin embargo, al observar las trayectorias profesionales a lo largo del tiempo, hay un patrón claro: la maternidad marca un punto de inflexión en la carrera de muchas mujeres, mientras que la paternidad apenas altera la de los hombres.

Este fenómeno, conocido en la literatura económica como motherhood penalty o penalización por maternidad, ha sido documentado en muchos más países. El informe del Banco Mundial Women, Business and The Law 2026, muestra que la normativa sobre maternidad y cuidado sigue limitando las oportunidades laborales de las mujeres y contribuye a la persistencia de la brecha de género.
Así lo confirma [el Informe Mujeres y Hombres en España elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2024] (link text Mientras que la tasa de empleo de los hombres aumenta con la paternidad (del 85,8 % al 90,3 %), en las mujeres disminuye a medida que crece el número de hijos e hijas (del 77,9 % al 71,5 %, y hasta el 52,2 % con tres o más).

La penalización aparece tras el primer hijo

La evidencia económica muestra que el nacimiento de hijos e hijas marca un antes y un después en la carrera profesional de las mujeres. La economista estadounidense Claudia Goldin, Premio Nobel de Economía en 2023, especialista en la desigualdad laboral de género, ha documentado este patrón. Al inicio de la vida laboral las diferencias salariales son más pequeñas. Tras la llegada de la descendencia, persisten y crecen notablemente.

Un estudio realizado por investigadores del Banco de España, basado en la Muestra Continua de Vidas Laborales,revela que los ingresos de las mujeres caen alrededor de un 11 % el primer año tras la maternidad. Sin embargo, los ingresos de los hombres casi no cambian. Diez años después, las madres acumulan una pérdida cercana al 28 % respecto a su trayectoria previa.

Una brecha que se amplía con el tiempo

Otros datos confirman esta tendencia. El Instituto de las Mujeres, dependiente del Ministerio de Igualdad, sitúa (con datos del INE de 2023) la brecha salarial en España en el 15,74 %. La diferencia media salarial es de 4 781 euros anuales a favor de los hombres. Aunque es el valor más bajo desde 2008, la desigualdad alcanzó su punto máximo en 2013 (23,99 %) y aumenta con la edad. La mayor divergencia se da entre los 55 y 59 años.

Hay otros informes sobre desigualdad salarial que apuntan en la misma dirección. El Sindicato de Técnicos de Hacienda (Gestha) estima que la brecha salarial media supera el 20 % y crece a lo largo de la vida laboral.

A nivel europeo, los datos de Eurostat muestran que en 2024 la brecha salarial media en la UE fue del 11,1 %. Pero existen grandes diferencias entre países. La brecha oscila entre el -0,8 % en Luxemburgo y el 18,8 % en Estonia. España se sitúa en un nivel intermedio.

Qué cambia en la carrera profesional de las madres

La penalización por maternidad no tiene una única causa. Uno de los factores principales es la reducción en la participación laboral.

Después de ser madres, muchas mujeres reducen su presencia en el trabajo. Durante el primer año, se calcula que las madres trabajan alrededor de un 10 % menos de días. En cambio, los padres casi no cambian su actividad laboral.

También aumenta la probabilidad de que las mujeres trabajen a tiempo parcial o en empleos menos estables. Esto reduce sus ingresos y limita sus opciones de promoción.

El impacto no es igual para todas. Las mujeres con estudios superiores suelen seguir trabajando, pero con menos horas. Las que tienen menor nivel educativo trabajan menos días al año o interrumpen temporalmente su empleo con mayor frecuencia.




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El peso del reparto de los cuidados

Más allá de las decisiones individuales, el reparto de las tareas de cuidado sigue siendo la clave. En España, como en la mayoría de países, las mujeres asumen gran parte del trabajo doméstico y del cuidado de hijos e hijas. Esto provoca más interrupciones en sus carreras, menor disponibilidad horaria, mayor presencia femenina en el empleo a tiempo parcial y más barreras para acceder a puestos de responsabilidad.

Las investigaciones de Claudia Goldin también destacan el papel de aquellos empleos que premian la disponibilidad horaria total (los trabajos codiciosos o greedy jobs). Cuando los salarios dependen en gran medida de esa disponibilidad, cualquier interrupción o reducción de jornada puede tener un impacto económico considerable.

Una de las características más llamativas de este fenómeno es que no existe un efecto equivalente para los hombres. Los datos muestran que los ingresos masculinos apenas se ven afectados tras el nacimiento de los hijos o hijas. En algunos casos, incluso se observa un ligero aumento. Este fenómeno se conoce en la literatura económica como fatherhood premium o “premio a la paternidad”.

La persistencia de expectativas sociales que sitúan al hombre como principal sostén económico del hogar, y la mayor continuidad en las trayectorias laborales masculinas, podrían explicar este fenómeno.

Consecuencias económicas y demográficas

La penalización por maternidad tiene efectos que van más allá del salario. Amplía la brecha de género, genera carreras más cortas o intermitentes y reduce las cotizaciones y las pensiones futuras. También puede limitar el potencial productivo de la economía.

Además, puede influir en la decisión de tener hijos. En España, un país con una de las tasas de natalidad más bajas de Europa, la dificultad para compatibilizar empleo y cuidado pesa cada vez más en esa decisión.

Reducir la penalización

La evidencia internacional muestra que algunas políticas ayudan a reducir estas desigualdades. Entre ellas destacan los permisos parentales igualitarios para ambos progenitores, el acceso a servicios de educación infantil de calidad y modelos laborales menos dependientes de jornadas excesivamente largas.

Como indican los estudios citados, la penalización por maternidad y su impacto en la brecha salarial, no responden solo a decisiones individuales. También reflejan cómo se organizan el trabajo y los cuidados. Reducir esta penalización requiere actuar en ambos ámbitos. De lo contrario, tener descendencia seguirá contribuyendo a aumentar y mantener la brecha salarial a lo largo del ciclo vital.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La penalización económica de la maternidad: por qué tener hijos sigue ampliando la brecha salarial – https://theconversation.com/la-penalizacion-economica-de-la-maternidad-por-que-tener-hijos-sigue-ampliando-la-brecha-salarial-278477

La obsesión por el rendimiento puede quitarnos el placer de practicar deporte

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gonzalo Martín Pérez Arana, Profesor Titular de Anatomía y Embriología Humanas, Universidad de Cádiz

PeopleImages.com/Shutterstock

En las últimas décadas, la frontera entre la actividad física y la lógica de mercado se ha vuelto casi invisible. Lo que antes era una expansión natural del cuerpo, un espacio de recreo, ha sido colonizado por la lógica productiva. Hoy no “hacemos deporte”, sino que más bien “producimos bienestar”. El ejercicio físico se ha transformado en una extensión de la jornada laboral, afectando a la salud física y mental de niños y adultos, y desconectándonos de la esencia misma del movimiento humano: el placer.

La infancia bajo el cronómetro: el fin del juego libre

Un impacto preocupante de esto se observa en la infancia. Tradicionalmente, el juego era un espacio autogestionado, sin más reglas que las que los propios niños establecían y sin más fin que el disfrute. Sin embargo, la obsesión actual por el rendimiento competitivo precoz ha profesionalizado el patio de recreo.

Cada vez más temprano, los niños son inscritos en disciplinas con entrenamientos estructurados y metas rígidas. Esta exigencia no es gratuita. Desde el punto de vista fisiológico, la especialización temprana y el entrenamiento de alta intensidad provocan una epidemia de daños musculoesqueléticos antes exclusivos de atletas olímpicos: fracturas por estrés, tendinitis crónicas y daños en las placas de crecimiento, desoyendo los consejos de sociedades como la American Medical Society for Sports Medicine que recomiendan como norma no entrenar más horas semanales que la edad del niño en años.

Pero el daño más profundo es el simbólico. Al sustituir el juego libre por la competencia reglada, el niño deja de explorar su cuerpo de forma creativa. El movimiento se vuelve una respuesta a una orden externa, no un impulso interno. Cuando el deporte se convierte en “trabajo” antes de los diez años, el riesgo de abandono deportivo –el burnout infantil– es altísimo.

Al llegar a la adolescencia, muchos jóvenes asocian el ejercicio con la presión y el fracaso, alejándose para siempre de una vida activa.




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El adulto y el fitness como “segundo empleo”

En la edad adulta, la distorsión toma otra forma: la cuantificación. Vivimos en la era del self-tracking, la práctica de registrar y analizar datos personales de manera sistemática a través de la tecnología. Relojes inteligentes, aplicaciones de rendimiento y redes sociales han convertido el trote matutino o la sesión de gimnasio en un conjunto de datos que deben ser optimizados. El ejercicio ha pasado de ser un alivio del estrés a ser una de sus fuentes.

Cuando el valor de una actividad física depende exclusivamente de las calorías quemadas, los kilómetros recorridos o la comparación con los estándares de una comunidad digital, el cuerpo deja de ser un sujeto para convertirse en un objeto de gestión. Esta “obligación medible” genera una relación neurótica con la salud. Si el reloj no registra la actividad, parece que esta no ha ocurrido. Si no se superan las marcas del día anterior, el sentimiento es de ineficacia.

Esta presión no solo agota la mente: destruye el cuerpo. La lesión por sobreuso en aficionados es el resultado directo de ignorar las señales propioceptivas del organismo en favor de las métricas.

El adulto moderno, agotado por su jornada laboral, se impone un entrenamiento extenuante bajo la premisa del “no pain, no gain” (sin dolor no hay ganancia), ignorando que el cortisol generado por el estrés competitivo se suma al estrés profesional, lo que desemboca en fatiga crónica y desmotivación.

La desnaturalización del placer

La consecuencia final de todo lo anterior es la pérdida del placer natural. El cuerpo está diseñado para moverse; la dopamina y las endorfinas son los premios evolutivos por el movimiento. Sin embargo, cuando ese movimiento está mediado por la presión del resultado, la gratificación se desplaza del proceso al dato final. Ya no se disfruta el correr, se disfruta el haber terminado y haber cumplido la meta.

Esta desconexión nos vuelve analfabetos corporales. Dejamos de saber cuándo nuestro cuerpo necesita descanso, cuándo necesita un estiramiento suave o cuándo pide un esfuerzo explosivo, porque la planificación externa manda sobre la sensación interna. El ejercicio se despoja de su aura de libertad y se vuelve una tarea pendiente en una lista de deberes.




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Por la recuperación del movimiento lúdico

Para restablecer nuestra salud y equilibrio, es necesario desmantelar la idea del deporte como producción. Volver al movimiento lúdico significa redescubrir la actividad física como fin en sí mismo. No abandonar el esfuerzo, sino de cambiar el motor que lo impulsa.

En la infancia debemos reivindicar el juego, devolviendo a los niños ese tiempo no estructurado, con menos ligas competitivas y más árboles a los que trepar. El juego libre es la base del desarrollo cognitivo y emocional: el espacio donde se aprende a negociar, a imaginar y a amar el movimiento por lo que se siente, no por la medalla que se gana.

En los adultos, el primer paso hacia la salud es, paradójicamente, dejar el reloj en casa de vez en cuando. Escuchar el ritmo de la respiración sin compararlo con un gráfico de frecuencia cardíaca. Permitirse entrenar a una intensidad baja solo por el placer de sentir el aire o la fuerza de los músculos, sin la presión de la “quema calórica” y centrándonos en el propio movimiento lúdico como una invitación a la exploración. Probar una disciplina nueva no para ser el mejor, sino por la curiosidad de aprender un patrón motor diferente. Bailar, nadar sin contar largos, caminar por el monte sin mirar el GPS.

En definitiva, el ejercicio no debería ser un castigo por lo que comimos, ni una competencia contra nosotros mismos para demostrar productividad. Es, fundamentalmente, la celebración de estar vivos y capaces de interactuar con el mundo. Si logramos separar el movimiento de la lógica del beneficio y el rendimiento, no solo reduciremos las lesiones y el agotamiento, sino que recuperaremos un pilar esencial del bienestar humano: la alegría de moverse por el simple y maravilloso hecho de hacerlo. Solo así el ejercicio dejará de ser una carga para volver a ser una medicina no sólo para el cuerpo, sino para el alma.

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La crisis del queroseno amenaza al verano europeo: por qué España está mejor preparada

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá

Repostaje de queroseno. Jaromir Chalabala/Shutterstock

A principios de este año, el verano de 2026 prometía batir todos los registros históricos de visitantes para España. La patronal de líneas aéreas, ALA, tiene programados unos 260 millones de asientos, un 5,7 % más que en 2025, y Aena preveía, antes del inicio de la guerra en Oriente Medio, un incremento del 1,3 % de pasajeros hasta los 326 millones.

Pero el cierre efectivo del estrecho de Ormuz desde el pasado 28 de febrero ha desencadenado lo que la Agencia Internacional de la Energía ha calificado como “la mayor disrupción de suministro petrolero de la historia”.

No obstante, mientras Lufthansa cancela 20 000 vuelos y Bruselas busca activar un plan de emergencia, las aerolíneas españolas parecieran mantener su programación. La explicación no está en los contratos de suministro ni en las reservas estratégicas: está, en parte, en una carambola industrial decidida hace tres lustros y en una logística doméstica diseñada hace décadas.

La anomalía española: una inversión de hace quince años

España consumió 7,74 millones de toneladas de queroseno en 2025, según la Corporación de Reservas Estrategicas de Productos Petrolíferos (CORES), un récord histórico. El 78 % de ese combustible se produce en refinerías españolas lo suficientemente avanzadas para poder incrementar el rendimiento del crudo cuando las señales de precio lo justifican.

Infraestructuras petrolíferas (refinerías y oleoductos) en España (2015).
Fuente: Instituto Geográfico Nacional, CC BY

Esa flexibilidad operativa es resultado, en parte, de dos inversiones industriales ejecutadas hace tres lustros, cuando España importaba 13 millones de toneladas anuales de diésel y queroseno. En 2010 Cepsa (hoy Moeve), amplió y mejoró su planta de La Rábida (Huelva) y en 2011 Repsol hizo lo propio en su planta de Cartagena.

El objetivo de esos proyectos era el mismo: ajustar el binomio oferta-demanda de destilados medios –diésel y queroseno– del mercado español. La paradoja es que aquellas decisiones se tomaron pensando en asegurar el suministro de diésel y no en una crisis de queroseno por el cierre de Ormuz quince años después.

La carambola molecular

Para entender por qué España resiste hay que mirar dentro de una refinería. El petróleo se separa en una torre de destilación atmosférica por temperaturas: el queroseno (base del Jet A-1, el combustible estándar para los aviones de turbinas), más ligero, y el gasóleo, más pesado, son dos fracciones de destilados medios vecinos de piso. Y aquí está la clave: los límites entre ambos no son inamovibles.

Los técnicos de refinería pueden mover los puntos de corte para estirar la fracción de queroseno, robando moléculas que normalmente irían al depósito de un camión. Aunque existen restricciones físicas: un queroseno con demasiadas moléculas pesadas podría cristalizar a 10 000 metros, donde la temperatura cae por debajo de los -40ºC, y la seguridad aérea es el primer árbitro del juego. Pero, dentro de esos márgenes, hay flexibilidad operativa real. Siempre que se disponga de materia prima: petróleo.

No obstante, esa flexibilidad no es uniforme. En una refinería compleja se pueden romper las moléculas pesadas para fabricar destilados medios extra a partir de fracciones que, de otro modo, serían menos valiosas. La planta de hidrógeno se convierte así en el factor limitante: sin hidrógeno suficiente para esa transformación y para los hidrotratamientos posteriores, la flexibilidad operativa se acaba.

Y hay un competidor industrial silencioso para esa misma fracción del barril: la fabricación de alquilbenceno lineal, materia prima de los detergentes biodegradables y en la que España es potencia mundial, también utiliza moléculas que de otro modo irían al queroseno. Cuando las aerolíneas pujan por el combustible, los detergentes también pujan.

Hay que destacar que para la optimización de la producción de refinerías se utilizan modelos de programación lineal que integran miles de variables: los crudos disponibles, las especificaciones de cada unidad y las señales del mercado.

Reabrir Ormuz no resolverá el problema

Antes del conflicto, el golfo Pérsico exportaba 400 000 barriles diarios de jet fuel –un 20 % del comercio mundial– y, además, suministraba el crudo que refinan los grandes exportadores asiáticos. Al cerrarse Ormuz, la doble dependencia europea se activó en simultáneo (la del crudo y la de sus derivados ya refinados): Europa importaba 470 000 barriles diarios netos de queroseno, de los que hasta 375 000 procedían del Golfo.

Y aquí hay una idea que no se ha recogido bien: aunque Ormuz se reabriera mañana, la recuperación no sería ni rápida ni completa: los daños militares a las refinerías clave han provocado una pérdida estructural de oferta global de queroseno de 200 000 barriles diarios en 2026, con un pico de 500 000 en el segundo trimestre.

El cuello de botella no es el estrecho, sino la capacidad industrial destruida.

Crisis en los cielos de Europa

Casi dos meses después del inicio de la guerra entre Estados Unidos-Israel e Irán, las aerolíneas europeas viven su peor momento desde la pandemia: cancelaciones masivas, el precio del queroseno se ha duplicado y hay una advertencia del comisario europeo de Energía: el continente avanza “muy rápidamente” hacia una crisis de suministro que podría obligar a cancelar vuelos masivamente antes de que termine el verano.

En este contexto, la fotografía española desentona. Por ahora, Iberia, Vueling y Air Europa no han anunciado recortes y solo Volotea ha reducido sus vuelos (menos de un 1 %). Exolum –la empresa logística que mueve la mayor parte de los productos desde las refinerías– declara que la actividad de queroseno en marzo supera la del año pasado, mientras las petroleras españolas señalan que sus refinerías están operando al máximo.

No obstante, hay una distinción crucial que hacer: seguridad de suministro no es lo mismo que inmunidad al precio. Las aerolíneas españolas compran su combustible a precio de mercado, que hoy está un 80 % por encima de los niveles de febrero. Que la refinería sea española no abarata el billete, lo que hace es garantizar que el avión puede despegar. Escasez y precio son dos problemas distintos que exigen soluciones diferentes.

La paradoja regulatoria y el talón de Aquiles

Hay un factor regulatorio europeo que conviene conectar con la actual crisis energética. El Reglamento ReFuelEU Aviation, vigente desde enero de 2025, obliga a los operadores comerciales a repostar al menos el 90 % del combustible que necesitan en el aeropuerto europeo de salida para impedir el tankering –cargar deliberadamente más o menos combustible del necesario– como práctica de optimización de costes. Pero el mismo reglamento permite excepciones cuando hay restricciones de disponibilidad en destino.

Bruselas estudia activar entre sus Estados miembros un mecanismo de reparto de queroseno, el plan AccelerateEU. Si se pone en práctica, la capacidad productiva de España dejaría de ser un activo nacional para convertirse en un recurso compartido y la ventaja comparativa se diluiría por la vía de la solidaridad europea.

Jordi Hereu, ministro de Industria y Turismo, ha resumido en una frase el talón de Aquiles español: “Podemos llenar los aviones en Málaga, Barcelona o Madrid, pero también vivimos de que en Heathrow o Hannover puedan llenar los aviones de queroseno”. España puede garantizar el combustible en sus aeropuertos en los vuelos de vuelta, pero no que los de ida salgan de los aeropuertos de origen de sus turistas (alemanes, franceses, británicos).

Una soberanía escrita en la industria

La crisis del queroseno es un recordatorio de que tener capacidad industrial de refino e infraestructura logística doméstica son activos de seguridad nacional. No bastan los contratos de suministro ni las reservas estratégicas si el sistema depende estructuralmente de una cadena de valor que empieza y termina fuera de las fronteras.

En los últimos años, Europa ha cerrado o reconvertido sus refinerías en nombre de la eficiencia y la transición ecológica, subcontratando implícitamente el refino a Oriente Medio y Asia. El diseño fue racional para tiempos de paz y oferta abundante, pero en tiempos de incertidumbre geopolítica ha resultado ser frágil. Y España, que conservó y modernizó sus refinerías, tiene hoy uno de los sistemas más resilientes del continente.

La crisis de Ormuz es un aviso sobre en qué arena se jugará la siguiente ronda de seguridad energética. Esta vez la respuesta no está en los mercados sino en las plantas industriales y en los oleoductos.

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Enrique Parra Iglesias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La crisis del queroseno amenaza al verano europeo: por qué España está mejor preparada – https://theconversation.com/la-crisis-del-queroseno-amenaza-al-verano-europeo-por-que-espana-esta-mejor-preparada-281570