Por qué la violencia de género golpea de forma distinta a las mujeres mayores

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Gracia Ibáñez, Profesor e Investigador Grado en Criminología y Grado en Derecho., Universidad San Jorge

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En 1997 Ana Orantes apareció en un programa de la televisión andaluza contando su vida marcada por los malos tratos de su marido. Unos días después de su desgarrador testimonio, fue quemada viva por su maltratador. Se convirtió en un símbolo de la violencia de género en España. Su caso despertó la conciencia social sobre el problema, lo que favoreció importantes reformas legislativas.

Ana Orantes tenía 60 años en el momento de su muerte. Era una mujer mayor que había sufrido violencia a manos de su pareja durante 40 años.

A pesar de lo simbólico de ese caso, las víctimas mayores de violencia de género continúan siendo un colectivo en el margen, prácticamente invisible. Se alejan del estereotipo social de víctima, que solemos asociar con una mujer joven, frecuentemente con hijos pequeños a su cargo.

Pero la violencia de género afecta a todo tipo de mujeres, de toda edad y condición. Es un fenómeno transversal. Aunque no todas las víctimas viven las mismas circunstancias. Por eso la intervención debe tener en cuenta esta realidad compleja para resultar eficaz.

Maltrato con historia y dependencia

A menudo este tipo de violencia se sitúa en la frontera entre dos realidades: una violencia de pareja con historia, que se ha prolongado durante años o décadas, y el maltrato a las personas mayores asociado con la dependencia y los cuidados, con frecuencia en forma de negligencia o violencia psicológica.

Cuando existen problemas de salud, fragilidad o necesidad de cuidados por parte de la pareja, puede resultar difícil distinguir entre ambas situaciones. Porque el marido actúa a la vez como cuidador y maltratador. De hecho, en ciertos supuestos, la dependencia de la mujer, debido a la sobrecarga que genera su cuidado, puede ser el factor desencadenante que saca a la luz una violencia que existía desde hacía tiempo de otras formas.

Además, muchas de estas mujeres crecieron en contextos marcados por modelos tradicionales de familia y de relaciones de género. Ideas como que el matrimonio es para toda la vida o que hay que anteponer la familia a los problemas personales han favorecido una “cultura del aguantar” que, en muchos casos, ha contribuido a normalizar el maltrato y a mantener relaciones abusivas durante décadas.

En ocasiones se observa una falta de apoyo familiar, por parte de los hijos, que han convivido también con un padre violento y que pueden reprochar a la madre el permanecer en la relación. A ello se suman otros factores que dificultan pedir ayuda o romper con la situación de violencia, como la dependencia económica, la disminución de las redes de apoyo, el miedo al futuro, a acabar en una residencia o el aislamiento.

Cuando el edadismo y la violencia se entrecruzan

Para entender en su complejidad este fenómeno es útil el concepto de interseccionalidad. Se trata de una idea sencilla: algunas personas sufren varias formas de discriminación al mismo tiempo. Y estas no solo se suman, sino que se combinan y generan situaciones de especial vulnerabilidad.

En el caso de la violencia de género, el enfoque ayuda a entender que no todas las mujeres la viven de la misma manera. Además, esta mirada permite analizar tanto los efectos que estas desigualdades tienen en la vida cotidiana como la forma en que las instituciones y las políticas públicas las reconocen y afrontan.

En estos casos, los ejes de desigualdad y discriminación presentes son, al menos, el ser mujer, víctima de violencia y persona mayor. Aunque pueden añadirse, según los supuestos, otros como vivir en un entorno rural, la discapacidad o la dependencia. Pero las formas principales de discriminación que interseccionan son el sexismo y el edadismo.

El edadismo se refiere a cómo pensamos (los estereotipos), cómo nos sentimos (los prejuicios) y cómo actuamos (la discriminación) respecto de las personas en función de su edad. Puede manifestarse en las instituciones, mediante normas o prácticas que discriminan por edad; en las relaciones entre personas o incluso de forma autoinfligida, cuando los propios estereotipos sobre la edad son interiorizados por quien los sufre.

La violencia de género y el edadismo son fenómenos distintos, pero relacionados. Ambos se basan en prejuicios profundamente arraigados sobre el género y la edad. En el caso de las mujeres mayores, estereotipos como su papel de cuidadoras, la dependencia económica del marido o la idea de que la fragilidad es propia de la vejez pueden contribuir a invisibilizar la violencia que sufren y dificultar el acceso a medidas adecuadas para salir de las situaciones de maltrato.

Intervenir adecuadamente

Hacen falta datos fiables sobre cuántas mujeres sufren esta violencia y cuáles son sus condiciones de salud, dependencia, situación económica y entorno familiar. Además, siguen siendo necesarias más investigaciones sobre el tema.

También es importante diseñar recursos específicos que tengan en cuenta su edad y otras circunstancias. Por ejemplo, adaptando las casas de acogida a las necesidades de mujeres mayores o creando plazas de urgencia en residencias públicas para mujeres víctimas con dependencia.

Las campañas de información y prevención deben incluir a las mujeres mayores y llegar a los espacios que frecuentan, como centros de día, asociaciones u hogares de personas mayores. Además, conviene simplificar los trámites administrativos y reducir las barreras relacionadas con el lenguaje o el uso de medios digitales.

Muchas mujeres mayores encuentran dificultades para acceder al sistema judicial o a los recursos de atención cuando los procedimientos son complejos. Por último, es necesario que los profesionales reciban formación para intervenir correctamente en estos casos. No todas las víctimas son iguales y, por lo tanto, deben ser apoyadas teniendo en cuenta esas diferencias.

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Jorge Gracia Ibáñez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Por qué la violencia de género golpea de forma distinta a las mujeres mayores – https://theconversation.com/por-que-la-violencia-de-genero-golpea-de-forma-distinta-a-las-mujeres-mayores-290285

Canadá y Europa: la nueva alianza que nace de la rivalidad con Estados Unidos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Profesor de Derecho Internacional y de Relaciones Internacionales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

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El 16 de septiembre, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, pronunció en Estrasburgo su discurso anual sobre el estado de la Unión con un invitado insólito en primera fila: el primer ministro canadiense, Mark Carney.

Ante los eurodiputados, ella propuso “abrir la puerta” a que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” de la UE, un estatus que hoy no existe en los tratados europeos, y anunció el paso del acuerdo comercial bilateral a una “alianza para el futuro”.

La propuesta arrancó una ovación en pie. Horas después, Donald Trump calificó la idea de “risible” y amenazó con cortar el comercio con la UE, cuyo acercamiento calificó de posible “acto hostil”. Al día siguiente, Carney defendió la asociación ante el Parlamento Europeo.

¿Cómo hemos llegado a este punto inédito entre aliados históricos? La respuesta es geopolítica: se está redibujando el mapa del Atlántico Norte.

El “ojo por ojo” entre EE.UU. y Canadá

La relación con Estados Unidos, que absorbe cerca del 72 % de las exportaciones canadienses de mercancías, se ha deteriorado aceleradamente. Tras el fracaso de las negociaciones comerciales a finales de agosto, Washington impuso aranceles del 50 % a buena parte de los productos canadienses y amenazó con duplicar, hasta el 50 %, los aranceles que gravan automóviles, camiones y piezas desde el 1 de enero de 2027.

Ottawa respondió con aranceles equivalentes –del 15 %, 25 % o 50 %, según el producto– sobre bienes procedentes de Estados Unidos por valor de 27 600 millones de dólares canadienses, unos 20 000 millones de dólares estadounidenses.

A la tensión económica se suma una retórica inusual entre socios tan estrechos: Trump ha reiterado que Canadá debería convertirse en el Estado número 51 de Estados Unidos. Para un país que ha construido su identidad en torno a la diferencia frente a su poderoso vecino, la respuesta ha sido diversificar.

Sobre la política exterior de Trump, el experto en ciencia política Robert S. Snyder afirma que la etiqueta de “transaccional” es engañosa: prima el poder sobre las alianzas. De hecho, otro autor, Simon Bulmer, en un trabajo publicado en febrero de este año por el Journal of European Integration, afirmó que la incertidumbre hegemónica obliga a recomponer vínculos.

El giro canadiense no parte de cero. El Acuerdo Integral sobre Economía y Comercio (CETA, por sus siglas en inglés) entre Canadá y la Unión Europea se aplica de forma provisional desde 2017 y ha eliminado el 99 % de los aranceles: el comercio bilateral en bienes y servicios superó el año pasado los 130 000 millones de euros, un crecimiento superior al 80 % desde 2016, según la Comisión Europea.

Además,la UE es ya el segundo socio comercial de Canadá. El marco político es denso: ambos son socios estratégicos, con un pacto de asociación ratificado por 24 de los 27 Estados miembros, aunque con un acuerdo comercial cuya ratificación completa sigue pendiente en diez capitales.

Asociados en seguridad y defensa

La gran novedad es militar. En junio de 2025, Canadá y la UE firmaron una asociación en materia de seguridad y defensa. El 14 de febrero de 2026, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, Ottawa cerró su adhesión al instrumento SAFE de rearme europeo, un programa de 150 000 millones de euros. El Consejo de la UE concluyó formalmente el acuerdo durante este verano: Canadá es el único país no europeo con acceso preferente, hasta el 80 % del valor de los contratos. La cooperación se extiende al Ártico, los minerales críticos, la energía y la ciberseguridad.

Este acercamiento es un síntoma de un mundo multipolar donde la geoeconomía sustituye a la diplomacia comercial tradicional, como explica la experta en ciencia política Beata Piskorska en su investigación sobre el “despertar” geopolítico de la UE. Para Europa, Canadá ofrece energía, minerales críticos y un socio fiable en defensa de Ucrania; para Ottawa, Bruselas es un seguro frente a la imprevisibilidad de Washington, en línea con la tesis de que la UE actúa como potencia geopolítica. Es la lógica de la autonomía estratégica compartida, y el análisis de la política comercial europea confirma que los acuerdos se han convertido en herramientas de seguridad.

Los obstáculos de una adhesión a la UE

Quedan obstáculos serios. El artículo 49 del Tratado de la Unión reserva la adhesión plena a los “Estados europeos”, de modo que el “miembro asociado” tendría que inventarse jurídica y políticamente, con aprobación unánime de los 27.

Por otro lado, la propuesta sorprendió a varios gobiernos y diplomáticos europeos. Carney, que acudió a Estrasburgo e instó a los diez Estados que aún no han ratificado el CETA a hacerlo, insiste en que Canadá no busca ser miembro, sino parte de una “alianza única” que proteja su soberanía.

Los detalles –incluida una posible movilidad para que los canadienses vivan y trabajen en la UE– se concretarán en la cumbre UE-Canadá de Montreal, los días 29 y 30 de octubre. El giro europeo de Carney constituye una previsión estratégica, con lecciones incluso para el Reino Unido. En un mundo abiertamente hostil, asistimos al rediseño de la geometría de Occidente.

El acercamiento entre Canadá y la Unión Europea señala algo muy profundo: cuando una alianza histórica deja de ofrecer previsibilidad, sus miembros buscan nuevos equilibrios. Ottawa y Bruselas tratan de convertir su afinidad política y económica en capacidad de decisión.

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Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Canadá y Europa: la nueva alianza que nace de la rivalidad con Estados Unidos – https://theconversation.com/canada-y-europa-la-nueva-alianza-que-nace-de-la-rivalidad-con-estados-unidos-292328

El miedo al lado oscuro de la IA en la comunidad matemática

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anabel Forte Deltell, Doctora en Matemáticas y profesora en la Universidad de Valencia, Departamento de Estadística e Investigación Operativa, Universitat de València

“El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento”.

Esta frase del maestro Yoda se repite una y otra vez en mi mente estos últimos días. Aunque yo le daría un giro y diría que la oscuridad también nos lleva al miedo. Porque cuando hay oscuridad no vemos nada y esa incertidumbre nos asusta.

Pero más allá de la broma, varios acontecimientos recientes han abierto la puerta a una reflexión profunda sobre el miedo que la inteligencia artificial comienza a despertar dentro y fuera de la comunidad matemática.

Por un lado, el reciente anuncio por parte de OpenAI sobre la resolución de uno de los siete problemas del milenio (todavía pendiente de validación por parte de la comunidad experta). Por otro lado, las declaraciones realizadas por Jacob Coxon, ex trabajador de OpenAI y Anthropic, sobre como la IA podría acabar con la humanidad antes de 2030.

A primera vista, puede parecer que se trata de dos cuestiones completamente diferentes. Sin embargo, ambas comparten una inquietud sobre como la
capacidad de estos sistemas esta avanzando mucho más deprisa que la nuestra para comprenderlos y supervisarlos. Esto nos deja en una oscuridad que, efectivamente, da miedo.

La oscuridad en matemáticas

Si nos centramos puramente en la cuestión matemática, es indudable que la IA puede ser una herramienta excelente en la resolución de problemas complejos. Sin embargo, como bien indican en la declaración A Severe Misalignment of AI in Mathematics un destacado grupo de matemáticos y matemáticas (algunos de ellos galardonados con la medalla Fields, uno de los mayores reconocimientos en esta disciplina), el problema está en el desajuste entre los objetivos de las empresas tecnológicas tras estos algoritmos y los de la comunidad matemática.

Para una empresa, resolver un gran problema funciona como demostración de capacidad tecnológica, instrumento publicitario y ventaja frente a sus competidores. Para nuestra disciplina, en cambio, lo importante no es solo la respuesta sino que la forma de llegar a esos resultados tenga sentido. En matemáticas necesitamos comprender por qué funciona, relacionar los resultados con los conocimientos ya existentes (dando crédito a quienes los desarrollaron) y, tras comprender todo esto profundamente, trasmitir el conocimiento a otras personas.

La probabilidad como ejemplo

Para explicarlo, me gusta usar un ejemplo del campo de la probabilidad. Si preguntamos cuál es la probabilidad de sacar un 1 en un dado equilibrado de seis caras, la gente lo tiene claro: 1 de 6, un sexto, un 16.6 % aproximadamente.

Hoy puede parecer evidente hasta para una clase de primaria, pero para que este conocimiento haya llegado a ser parte de nuestro ADN se ha tenido que dar un proceso histórico muy largo. En el Siglo XVII, Blaise Pascal y Pierre de Fermat intercambiaron varias cartas para resolver algunos problemas sobre juegos de azar. Sus cartas sirvieron para sentar las bases de la teoría de la probabilidad y con ello, a muchas discusiones, libros, etc. Años más tarde, Pierre Simone Laplace usó todos esos conocimientos para determinar la llamada fórmula clásica de la probabilidad que relaciona los casos favorables (el 1, solo un caso) con los casos posibles (las 6 posibles caras del dado).

Pero solo después de varios siglos más de discusiones, de enseñar esto primero en las universidades y después en las aulas escolares, el conocimiento acabó formando parte de nuestra vida cotidiana, lo que supone uno de los propósitos esenciales de las matemáticas.

Sin embargo, no debemos perder de vista una cuestión clave incluso dentro de este ejemplo: lo que lo hace un problema matemático es el razonamiento, la comprensión de lo que está pasando.

Para que el resultado de 1/6 sea correcto, es necesario haber partido de la premisa de que el dado es equilibrado, todas sus caras tienen la misma probabilidad de salir.

Sin embargo, puede que si entrenamos a una IA para que nos de una respuesta a esta pregunta también nos diga 1/6. Pero posiblemente lo haga porque sus datos de entrenamiento así lo dicen, no porque haya razonado correctamente que el dado está equilibrado, o porque conozca la base de la teoría de la probabilidad… o puede que sí.

Lo inquietante es no poder saberlo. La IA puede generar un resultado correcto pero no siempre nos proporciona las ideas claves que permiten comprenderlo, simplificarlo y establecer su relación con otros problemas abiertos.

Perder las fuentes de conocimiento

Y aquí de nuevo aparece el desajuste. Porque si en la carrera por la tecnología perdemos las fuentes de conocimiento de las que beben los resultados y no conseguimos entender el razonamiento que ha dirigido el resultado, nos estaremos alejando del fin último de las matemáticas. Además de que supone un riesgo para el reconocimiento de la creatividad y el talento (que siempre llevan a más creatividad y talento).

En el caso concreto del problema supuestamente resuelto por OpenAI, es especialmente sangrante que nadie mencionase que las ideas claves para llegar a la solución venían del trabajo, con lápiz y papel, de dos matemáticos españoles, Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa,, teniendo que corregir las referencias días más tarde.

Pero no solo se trata de no identificar qué datos que alimentan el conocimiento de estas IAs: también hablamos de su opacidad interna con redes neuronales profundas que contienen ingentes cantidades de parámetros. Realizan operaciones matemáticas simples, sí, pero tantas que somos incapaces de reconstruir el razonamiento que hay detrás.

Viejos conocidos para la estadística

Las distintas caras de la opacidad no son algo nuevo. En el mundo de la estadística, el problema recurrente de los sesgos en los datos de entrenamiento, que no podemos anticipar por la opacidad sobre su procedencia, es bien conocido y convierte los resultados poco menos que en armas contra la población más vulnerable. Así lo explica la matemática estadounidense Cathy O’Neil en “Armas de destrucción matemática”.

Se ha vuelto muy común utilizar redes neuronales profundas como herramienta para entender o predecir una enfermedad, el clima, determinar si se va a dar un préstamo o no a una determinada persona, etc.

En todos estos casos, la respuesta de la red suele ser cerrada: tiene la enfermedad o no; la temperatura media estimada para el próximo año; le doy el préstamo o no. Pero esa respuesta no contiene una explicación “humana” que pueda ayudarnos a mejorar nuestra comprensión de la enfermedad a dar recomendaciones claras para frenar el aumento de la temperatura o a saber que aspectos tengo que mejorar para que me concedan ese préstamo.

Tanto nos preocupa este tema en el campo, que ya se han empezado a trabajar en métodos de IA explicable (XAI) que nos permitan poner algo de luz, pero son todavía métodos preliminares que no consiguen desentrañar el proceso seguido por la red neuronal sino que usan los resultados de esta para intentar dar una explicación comprensible de su comportamiento. Y la cosa no parece mejorar porque el problema avanza mucho más rápido y con muchos más recursos que las soluciones.

Los agentes rebeldes

Y en ese rápido y opaco avance una de las cosas que más miedo parece dar son los famosos agentes de IA que “hablan entre ellos, mienten y manipulan para no ser apagados”. Agentes que pueden “escaparse” del sistema y causar el caos que nos lleve a la extinción.

La IA ha sido optimizada para resolver una tarea. Y, si en ese proceso aprende que mintiendo puede sortear una restricción que le impedía resolverla, no va a valorar, a no ser que la programemos para ello, si eso es “bueno” o “malo”. Lo hará y punto.

Cuanta más autonomía, capacidad de planificación, acceso a herramientas o comunicación entre sistemas existan más graves podrían ser las consecuencias de una instrucción (humana) ambigua o directamente mal intencionada. Cuanto menos reglas le demos a la máquina, cuanto más “libertad” y más herramientas tengan, más fácil será que se conviertan en armas al servicio de quién sabe quién (o de todos sabemos quien).

Así que, no sé si a las matemáticas, pero es normal que a los seres humanos, con todo este ruido mediático, la IA nos de miedo. Pero el miedo no tiene porque llevarnos directamente al lado Oscuro como decía Yoda: también podemos usarlo como una señal de alarma que nos invite a detenernos, hacer preguntas y tratar de encender la luz.

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Anabel Forte Deltell no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El miedo al lado oscuro de la IA en la comunidad matemática – https://theconversation.com/el-miedo-al-lado-oscuro-de-la-ia-en-la-comunidad-matematica-292151

Si su jefe presume de dormir poco, puede que la factura de su cansancio acabe pagándola usted

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alfredo Rodríguez Muñoz, Catedrático de Psicología Social y de las Organizaciones, Universidad Complutense de Madrid

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Son las nueve de la mañana. El jefe entra en la reunión y anuncia que ha dormido cuatro horas. Terminó una presentación de madrugada y antes de desayunar ya estaba contestando correos. Lo cuenta con orgullo. Alguien comenta que no sabe cómo aguanta, pero nadie pregunta cómo van a aguantar los demás.

Durante años, la cultura empresarial ha admirado esa figura: la del directivo que parece no necesitar descanso. Su cansancio funciona como una credencial. El mensaje implícito es claro: tiene demasiadas responsabilidades como para permitirse parar.
Así, dormir poco deja de ser una circunstancia y se convierte en una virtud profesional. Confundimos disponibilidad con compromiso y horas despiertos con capacidad para dirigir. Pero tener responsabilidades sobre otras personas hace especialmente importante en qué condiciones llegamos para ejercerlas.

Incluso en el entorno político internacional, en julio de este año saltó a las primeras planas de todos los medios del mundo la noticia de que la primera ministra japonesa Sanae Takaichi afirma dormir diariamente “entre 0 y 3 horas”.

El sueño puede ser una experiencia privada, pero sus consecuencias pueden alcanzar a todo un equipo. Aparecen en el tono de una respuesta, en la disposición para escuchar o en la forma de corregir un error. El descanso forma parte de la infraestructura biológica del liderazgo: ayuda a sostener las capacidades que permiten ejercerlo. Liderar bien puede empezar en la almohada, mucho antes de entrar en una reunión.

Aléjese de su jefe si ha pasado una mala noche

Solemos concebir el liderazgo como una cualidad estable. Hay jefes cercanos, otros autoritarios, otros inspiradores. Sin embargo, una misma persona puede escuchar con paciencia un martes y reaccionar con hostilidad el miércoles. Su experiencia no ha cambiado. Lo que puede haber cambiado es cómo ha dormido.

La investigación científica ayuda a comprender esta variabilidad, e indica que la privación de sueño reduce las emociones positivas y puede aumentar los niveles de ansiedad. El cansancio no es neutro: altera el filtro emocional desde el que interpretamos lo que sucede a nuestro alrededor y condiciona nuestras respuestas.

Esto importa porque buena parte de dirigir consiste en gestionar situaciones incómodas. Escuchar una discrepancia, contener una reacción o elegir las palabras adecuadas exige algo más que conocer las técnicas de liderazgo. Entre sentir irritación y descargarla sobre alguien existe un margen de control que el descanso puede ayudar a sostener.

Una mala noche del jefe puede convertirse en un mal día para su equipo. El investigador estadounidense Christopher Barnes y sus colaboradores encontraron que, tras dormir peor, los superiores tendían a mostrar más conductas hostiles hacia sus trabajadores. Ese trato se relacionaba con una menor implicación del equipo.

Cuando el cansancio apaga el carisma

El agotamiento también socava una cualidad más intangible pero crucial para la gestión de equipos: la capacidad de inspiración. Se puede dominar la materia técnica y contar con argumentos sólidos para defender un proyecto, pero transmitir entusiasmo requiere una energía emocional que no se improvisa.

El cansancio también puede restar carisma. La investigación muestra que quienes han dormido menos resultan menos carismáticos y tienen más dificultades para generar las emociones que intentan transmitir. Pero el efecto también aparece al otro lado: quienes han descansado poco tienden a percibir al líder como menos carismático. La capacidad de inspirar depende, por tanto, del descanso de quien habla pero también de quien escucha.

Estos hallazgos revelan que la capacidad de inspirar no depende únicamente de la brillantez del líder, sino del estado de descanso de ambas partes. Una organización que somete a su plantilla a jornadas agotadoras está destruyendo, por vía doble, la conexión emocional que después exige a sus cuadros directivos.

Cuando desconectar parece falta de compromiso

El problema no concluye al término de la jornada laboral. Quien presume de dormir poco lanza una señal sobre qué sacrificios se valoran en su empresa.

Cuando un superior transmite explícitamente que el sueño es prescindible frente al trabajo, sus subordinados tienden a informar de una peor calidad del descanso. No es necesario exigir por escrito contestar correos de madrugada: elogiar públicamente a quien lo hace puede transformar una conducta excepcional en una expectativa implícita. Si la disponibilidad nocturna se evalúa como una muestra de lealtad, desconectar empieza a percibirse como un riesgo para la carrera profesional.

En este punto, el descanso deja de ser una elección meramente individual para convertirse en un factor condicionado por la cultura corporativa. Un taller sobre higiene del sueño o una charla de bienestar pierden credibilidad si los plazos fijados por la dirección obligan a prolongar sistemáticamente la jornada. Los trabajadores reciben ambos mensajes, pero el que condiciona su futuro profesional probablemente termine pesando más.

El líder REM: descansar y dejar descansar

Frente a este modelo agotado cabe reivindicar la figura del “líder REM”: alguien que entiende que el descanso sostiene la capacidad de trabajar bien y protege tanto el suyo como el de su equipo. Lo demuestra al repartir tareas, negociar plazos y dejar claro que un mensaje fuera de horario puede esperar.

Alguien que permite que la jornada tenga un final y que desconectar no se interprete como falta de compromiso.

Esa coherencia importa más que cualquier declaración de intenciones. Programar un correo para las ocho de la mañana sirve de poco si cumplir el encargo obliga a trabajar hasta las tres de la madrugada. Proteger el sueño exige revisar cuánto trabajo se pide y qué tiempo se concede para hacerlo.

Mejorar el descanso de todos

A estas medidas pueden sumarse iniciativas que ayuden a mejorar el descanso. Ya existen programas de sueño en el ámbito laboral con resultados prometedores. En un estudio de nuestro equipo, observamos que, tras participar en uno de estos programas, los trabajadores dormían más tiempo y presentaban menos síntomas de insomnio y ansiedad. Proteger el descanso también implica ofrecer herramientas para mejorarlo.

Dormir bien no garantiza por sí solo ser un buen directivo. Sin embargo, glorificar la falta de sueño ignora que las capacidades cognitivas y emocionales más complejas que exigimos a la dirección requieren de un cerebro descansado para sostenerse.

Antes de admirar a un líder porque presume de dormir cuatro horas, convendría analizar de qué manera trabaja durante las veinte restantes y qué coste psicológico están pagando las personas que dependen de él. Porque el cansancio puede ser suyo, pero el coste se reparte entre todos.

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Alfredo Rodríguez Muñoz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Si su jefe presume de dormir poco, puede que la factura de su cansancio acabe pagándola usted – https://theconversation.com/si-su-jefe-presume-de-dormir-poco-puede-que-la-factura-de-su-cansancio-acabe-pagandola-usted-291521

¿Podría la computación cuántica ayudar a predecir el éxito de una ‘startup’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Sáez Ortuño, Profesora Dept. Empresa, Universitat de Barcelona, Universitat de Barcelona

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Cada año, miles de startups reciben millones de euros en financiación. Sin embargo, la mayoría nunca llegará a convertirse en una gran empresa. Algunas fracasan en pocos meses, otras sobreviven durante años antes de desaparecer. Solo unas pocas alcanzan valoraciones extraordinarias y entran en el exclusivo club de los unicornios: las empresas emergentes valoradas en más de mil millones de dólares.

Para los inversores, identificar cuáles serán esas excepciones es uno de los mayores desafíos del mundo empresarial. ¿Y si una nueva generación de algoritmos pudiera ayudar a hacerlo?

Nuestra investigación explora cómo la inteligencia artificial cuántica puede mejorar la predicción del éxito empresarial cuando la información disponible es incompleta o incierta. Lo más sorprendente es que el método funciona incluso en los ordenadores cuánticos actuales, que todavía cometen numerosos errores.

El problema de predecir el éxito

Analizar una startup es muy diferente a analizar una gran empresa cotizada.

Las compañías consolidadas generan años de datos financieros, históricos de ventas y métricas de rendimiento. Las startups suelen operar en mercados nuevos, cuentan con poca información disponible y dependen en gran medida de factores difíciles de medir como la calidad del equipo fundador, la capacidad de innovación o el potencial de crecimiento.

Por eso, las decisiones de inversión suelen incorporar las evaluaciones de expertos. Estas valoraciones aportan conocimiento especializado, pero también contienen incertidumbre. Dos especialistas pueden coincidir en que un proyecto es prometedor y, al mismo tiempo, discrepar sobre sus posibilidades reales de éxito.

Enseñar a una máquina a trabajar con información incierta sigue siendo un reto.

Cuando el ruido se convierte en información

La computación cuántica suele describirse como una tecnología capaz de realizar determinados cálculos de forma mucho más eficiente que los ordenadores convencionales.

A diferencia de los ordenadores clásicos, que utilizan bits con valores 0 o 1, los ordenadores cuánticos trabajan con cúbits, capaces de representar múltiples estados simultáneamente. Esta característica permite construir modelos matemáticos más ricos para analizar relaciones complejas entre datos.

Sin embargo, existe un inconveniente importante: los ordenadores cuánticos actuales son extremadamente ruidosos, es decir, sufren fácilmente de interferencias por cambios en la temperatura, el campo magnético o vibraciones que alteran los datos. Entonces, los errores aparecen constantemente durante los cálculos y limitan muchas de sus aplicaciones.

Lejos de considerar ese ruido como un obstáculo, nuestro trabajo plantea una idea diferente: aprovecharlo.

Desarrollamos un modelo que permite al ordenador tener en cuenta las dudas y diferencias presentes en las evaluaciones de los expertos. En lugar de obligar al sistema a tomar decisiones rígidas a partir de información imperfecta, permite introducir distintos grados de confianza en los datos disponibles.

Probando la idea con ‘startups’ reales

Para comprobar si el enfoque funcionaba, utilizamos datos reales de Capital Cell, una plataforma de inversión especializada en startups innovadoras y proyectos de ciencias de la vida.

El estudio analizó evaluaciones realizadas por expertos sobre distintos proyectos empresariales antes de que estos buscaran financiación. Las puntuaciones incluían aspectos como el grado de innovación, la calidad del modelo de negocio o la fortaleza del equipo emprendedor. A partir de esa información, el sistema intentó identificar qué empresas presentaban mayores probabilidades de obtener buenos resultados en el futuro.

Los resultados mostraron que el sistema cometía menos errores cuando tenía en cuenta esa incertidumbre. ¿Qué ocurre si enseñamos a un ordenador cuántico a trabajar con ella en lugar de intentar eliminarla?

La sorpresa llegó con el ‘hardware’ cuántico

La parte más llamativa del estudio apareció cuando probamos el sistema en un ordenador cuántico real.

Las pruebas se realizaron en Quantum Blue, un procesador cuántico superconductivo integrado en la infraestructura MareNostrum Ona del Barcelona Supercomputing Center.

Como ocurre con todos los ordenadores cuánticos actuales, la máquina cometió numerosos errores durante los cálculos. Aun así, la calidad de las predicciones apenas cambió. En otras palabras, el algoritmo resultó mucho más resistente a los errores de lo que normalmente cabría esperar en la computación cuántica actual.

Este resultado sugiere que algunas aplicaciones empresariales podrían beneficiarse de la computación cuántica antes de que existan máquinas perfectas y libres de errores.

¿Desaparecerán los inversores?

La respuesta corta es no. Los resultados no indican que un ordenador cuántico vaya a sustituir el criterio humano. De hecho, las variables más relevantes siguen siendo sorprendentemente intuitivas: la opinión de los expertos, la calidad del proyecto o determinados indicadores de negocio.

Lo que cambia es la capacidad para combinar toda esa información y detectar patrones que pueden pasar desapercibidos cuando los datos son ambiguos o contradictorios.

La tecnología no reemplaza la experiencia humana. La amplifica.

Una revolución más cercana de lo que parece

Cuando se habla de computación cuántica suelen mencionarse aplicaciones futuristas, como el descubrimiento de nuevos medicamentos o la simulación de materiales imposibles.

Sin embargo, sus primeras transformaciones podrían llegar por una vía mucho más discreta: la mejora de la toma de decisiones.

Elegir inversiones, evaluar riesgos o identificar oportunidades empresariales son problemas donde la incertidumbre es inevitable. Precisamente ahí es donde nuestros resultados apuntan a que la inteligencia artificial cuántica puede aportar valor.

Quizá la primera gran revolución de la computación cuántica no consista en resolver problemas imposibles, sino en ayudarnos a responder una pregunta mucho más cotidiana: cuál es la próxima gran idea que merece una oportunidad.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Podría la computación cuántica ayudar a predecir el éxito de una ‘startup’? – https://theconversation.com/podria-la-computacion-cuantica-ayudar-a-predecir-el-exito-de-una-startup-289543

Beber para encajar: por qué el consumo de alcohol juvenil no solo depende de una decisión personal

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mª Isabel Amor Almedina, Profesora Titular Universitaria. Departamento de Educación, Universidad de Córdoba

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Cada fin de semana, miles de estudiantes universitarios consumen alcohol como parte de su vida social. En una etapa de cambios profundos (a menudo, abandonar el hogar familiar, ampliar su círculo social, adquirir mayor autonomía y afrontar nuevas exigencias académicas y personales), el alcohol suele estar presente en buena parte de las actividades de ocio hasta convertirse, en ocasiones, en un elemento casi habitual de la vida universitaria.

¿Es una decisión personal? ¿Beben alcohol los universitarios porque quieren o es algo más complejo? Nuestro estudio analizó los factores asociados al consumo de alcohol y otras sustancias psicoactivas en una muestra de 924 estudiantes. Los resultados indican que estas conductas no dependen únicamente de la voluntad de cada persona, sino de la interacción entre factores personales, familiares y sociales.

Qué variables influyen

Variables como el sexo, el nivel socioeconómico o el contexto familiar aparecen relacionadas con diferentes patrones de consumo.

Por ejemplo, los hombres presentan una mayor frecuencia y niveles más elevados de ingesta, así como una mayor participación en actividades de ocio vinculadas a estas sustancias. Además, los estudiantes de familias con menores ingresos presentan mayores niveles de consumo de alcohol. En cambio, los estudiantes de niveles socioeconómicos más altos consumen menos, aunque participan con mayor frecuencia en actividades y contextos de ocio y socialización en los que el alcohol y otras sustancias están más presentes.

También encontramos diferencias relacionadas con la formación de los progenitores. Un mayor nivel educativo de las madres se asocia con una menor tendencia de los jóvenes a entender el alcohol como una forma de relacionarse socialmente. En cambio, la mayor formación de los padres no tiene este efecto, sino casi el inverso.

El peso del grupo

El entorno social también puede favorecer el consumo. Cuando los jóvenes perciben que el alcohol ayuda a divertirse, desinhibirse, sentirse aceptados, reducir el estrés o relacionarse mejor con los demás, la bebida puede adquirir una función que va más allá de sus efectos físicos y se percibe como una manera de relacionarse e integrarse.

A veces, no se bebe para emborracharse, sino para encajar y formar parte del grupo. Cuando el alcohol forma parte habitual de las reuniones y celebraciones, rechazarlo puede hacer que algunos jóvenes se sientan diferentes o fuera del grupo. De este modo, beber puede convertirse en una forma de participar en la vida social y sentirse parte del grupo, aunque se conozcan los riesgos asociados al consumo.

Más allá de las consecuencias negativas

Por esta razón las campañas centradas exclusivamente en informar sobre los riesgos del alcohol suelen tener un impacto limitado. La mayoría de los estudiantes conoce las consecuencias negativas para la salud, pero esa información no siempre basta para modificar la conducta cuando el entorno social transmite el mensaje contrario.

Además, la influencia familiar sigue siendo importante. Comprender esta diversidad ayuda a evitar explicaciones simplistas y favorece el diseño de estrategias preventivas más adaptadas a la realidad del alumnado.

La universidad también puede prevenir

Las estrategias preventivas más eficaces deberían promover competencias personales y sociales como la gestión emocional, el pensamiento crítico, la toma de decisiones o la capacidad para afrontar la presión del grupo.

Impulsar programas estables de promoción de la salud y ofrecer alternativas de ocio saludable puede contribuir a crear entornos universitarios más protectores y favorecer estilos de vida más saludables.

Comprender para actuar

Reconocer esta complejidad no significa restar responsabilidad individual, sino entender que las soluciones también deben ser colectivas. Si queremos reducir las conductas de riesgo en la universidad, no basta con pedir a los jóvenes que tomen mejores decisiones. También debemos construir entornos que favorezcan esas decisiones y situar la promoción de la salud como una prioridad dentro de la educación superior.

Porque cambiar esta realidad no depende solo de que los jóvenes decidan consumir menos, sino de que todos asumamos que el bienestar también se aprende, se promueve y se construye.

The Conversation

Mª Isabel Amor Almedina no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Beber para encajar: por qué el consumo de alcohol juvenil no solo depende de una decisión personal – https://theconversation.com/beber-para-encajar-por-que-el-consumo-de-alcohol-juvenil-no-solo-depende-de-una-decision-personal-285655

Volver a Jane Austen: cómo la serie ‘La otra hermana Bennet’ cambia nuestra lectura de ‘Orgullo y prejuicio’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rosa García-Periago, Profesora de Literatura Inglesa, Universidad de Murcia

Imagen de Ella Bruccoleri como Mary Bennet en _La otra hermana Bennet_. Movistar

“Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero en posesión de una gran fortuna necesita una esposa”. Pocas frases de la literatura son tan famosas como el comienzo de Orgullo y prejuicio. Pero La otra hermana Bennet, la nueva serie de la BBC (que en España emite Movistar), ha decidido sustituirla por otra muy distinta: “Es un hecho triste de la vida que, si una joven tiene la desgracia de venir al mundo sin perspectivas de futuro, más le vale hacer todo lo posible por ser hermosa”.

No es un simple cambio de estilo. Con esa frase, la serie deja claro que no quiere limitarse a volver a contar una historia conocida. Quiere invitarnos a leer desde otra perspectiva.

Portada de _La otra hermana Bennet_ de Janice Hadlow.

Libros de seda

En realidad, la serie adapta el libro homónimo de Janice Hadlow, una novela que imagina la vida de Mary Bennet, una de las hermanas a la sombra de Lizzy (protagonista de la obra de Austen). Ese detalle resulta revelador. Antes de llegar a la televisión, alguien sintió la necesidad de volver a Orgullo y prejuicio para contar otra historia.

Pero, por supuesto, Hadlow no es la única.

Un clásico que se sigue reinterpretando

Orgullo y prejuicio es una novela que ha dado lugar a multitud de reescrituras de ficción. Numerosos escritores y escritoras han vuelto al universo creado por Jane Austen para imaginar precuelas, secuelas, trasladar sus historias a otros contextos como al Pakistán contemporáneo o explorar personajes que aparecían en los márgenes del relato original.

Todos estos textos parten de una misma idea: un clásico nunca es un texto cerrado. Cada generación puede volver a él y formular nuevas preguntas.

Llama la atención que muchas de las reescrituras más recientes de Orgullo y prejuicio tienden a dar voz a personajes que apenas ocupaban unas páginas en la novela original. Entre ellos destacan, sobre todo, personajes femeninos como Anne de Bourgh (la hija de Lady Catherine de Bourgh, idealmente destinada a casarse con el protagonista, Mr. Darcy), Charlotte Lucas (la amiga pragmática de Lizzy Bennet que decide que un matrimonio conveniente es mejor que nada) y, por supuesto, Mary Bennet. En todos estos casos, la idea es similar: mirar una historia que creíamos conocer desde otro lugar.

¿Y si Mary Bennet siempre hubiera sido algo más?

La otra hermana Bennet resulta especialmente interesante porque elige como protagonista a Mary Bennet, probablemente uno de los personajes menos comprendidos de Orgullo y prejuicio.

Durante generaciones, a Mary, que buscaba leer y cultivar el intelecto, se la ha recordado como la hermana pedante, poco agraciada y que desafina. Se mostraba como un personaje cómico que contrastaba con la ingeniosa Lizzy o la bella Jane. Incluso las adaptaciones cinematográficas promovían esta imagen de Mary.

Cinco mujeres vestidas de la época de la regencia inglesa.
Las cinco hermanas Bennet en la serie La otra hermana Bennet con Mary en el centro.
Movistar +

Quizá por eso tantos escritores han querido darle una segunda vida. Ha viajado por Inglaterra y se ha visto envuelta en peligros y escándalos políticos, ha sido espía del gobierno británico e incluso la han imaginado enamorada del enigmático Víctor Frankenstein y entablando una amistad muy extraña con la criatura.

Janice Hadlow lleva esa idea un paso más allá. Su novela plantea una pregunta sencilla pero muy interesante: ¿y si Mary no fuera realmente un personaje cómico, como se nos ha hecho creer, sino alguien a quien nunca habíamos mirado desde la perspectiva adecuada?

Esta reescritura no cambia los acontecimientos fundamentales de Orgullo y prejuicio. Lo que cambia es nuestra posición como lectores. Multitud de escenas adquieren un nuevo significado cuando observamos la historia desde la experiencia de Mary.

Ese cambio de perspectiva también transforma nuestra lectura de los demás personajes. Elizabeth “Lizzy” Bennet es mucho más que una heroína ingeniosa que ha conquistado a generaciones de lectores. Es también una persona capaz de ignorar o malinterpretar a quien tiene más cerca. La serie no destruye nuestra imagen de Elizabeth, sino que la hace más compleja.

Los clásicos no cambian, nuestra lectura sí

Normalmente pensamos que los clásicos son inmutables y que son los nuevos trabajos los que los alteran. Sin embargo, no es tan sencillo. La relación funciona en ambas direcciones.

Cada nueva historia que se basa en una anterior, también altera, inevitablemente, nuestra lectura de esa obra. Pero ¿por qué ciertas historias vuelven una y otra a ser reescritas? La investigadora Erin Sullivan señala que los clásicos que son permanentemente reescritos actúan como un “barómetro” de los cambios culturales: regresar a ellos permite observar no sólo qué sigue igual sino, sobre todo, qué ha cambiado en la sociedad que los vuelve a leer.

Uno de esos cambios tiene que ver con la relación que tenemos con el canon. Los clásicos no sólo deben verse como obras que haya que conservar intactas, sino también como textos con los que podemos dialogar, e incluso discrepar. Es interesante volver a esas historias conocidas desde puntos de vista que antes quedaban fuera. Así, las experiencias de quienes han sido relegados por razones de clase, raza, género o sexualidad adquieren una nueva visibilidad que no tenían en los relatos originales. Las reescrituras permiten preguntarnos quién tenía voz en una historia y quién no.

Pero para que una reescritura funcione hace falta algo más que un clásico conocido. También hace falta que la obra ofrezca posibilidades que se puedan volver a explorar: personajes secundarios con historias apenas divulgadas, situaciones con otras interpretaciones posibles o silencios que nos permitan imaginar qué sucedía fuera del texto original.

Es lo que ocurre en Ancho mar de los Sargazos, en el que Jean Rhys vuelve a la novela Jane Eyre para contar la historia de Bertha Mason; en Penélope y las doce criadas, donde Margaret Atwood cuenta la Odisea desde la perspectiva de Penélope; y en James, en el que Percival Everett reescribe Las aventuras de Huckleberry Finn desde la perspectiva de Jim, el esclavo fugitivo de la novela original. No son simplemente versiones nuevas de historias antiguas: son también una manera de preguntarnos qué otros relatos estaban incluidos en ellas y nunca vimos.

Portadas de los libros James, El ancho mar de los Sargazos y Penélope y las doce criadas.
Algunos ejemplos de reescrituras modernas de clásicos del canon.
De Conatus/Penguin Books

Después de leer o ver La otra hermana Bennet es prácticamente imposible volver a Orgullo y prejuicio sin prestar más atención a Mary. Obviamente, la novela de Austen no ha cambiado, pero nuestra lectura sí.

Quizá por eso resulta tan significativo que la serie empiece cambiando una de las frases más conocidas de la literatura. No pretende reemplazar las palabras de Austen ni sugerir que su comienzo era incompleto. Lo que hace es recordarnos que incluso una frase que creíamos definitiva puede abrir la puerta a nuevas lecturas.
“Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero en posesión de una gran fortuna necesita una esposa” seguirá siendo el comienzo de Orgullo y prejuicio. Pero, después de acompañar a Mary Bennet en su propia historia, resulta inevitable preguntarse qué estaba ocurriendo mientras seguíamos a Lizzy.


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The Conversation

Este artículo es fruto del Proyecto 22623/PI/24 “Film And Fiction: Adaptation And Rewriting (Cine y Ficción: Adaptación y Reescritura),” concedido por la Fundación Séneca.

– ref. Volver a Jane Austen: cómo la serie ‘La otra hermana Bennet’ cambia nuestra lectura de ‘Orgullo y prejuicio’ – https://theconversation.com/volver-a-jane-austen-como-la-serie-la-otra-hermana-bennet-cambia-nuestra-lectura-de-orgullo-y-prejuicio-290475

Tápers seguros: cómo evitar los microbios cuando hacemos ‘batch cooking’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología, Universidad de Salamanca

Okrasiuk/Shutterstock

En los países desarrollados, mantener una alimentación sana es un reto para la sociedad moderna, entre otras cosas porque la falta de tiempo suele empujarnos a echar mano de los ultraprocesados. Una alternativa en auge es practicar lo que se conoce como batch cooking, es decir, cocinar en lote, durante una sola sesión, lo que consumiremos a lo largo de toda la semana.

Aunque esta práctica ha sido popularizada en la última década, como una tendencia urbana impulsada por la aceleración de los ritmos de vida, la búsqueda de eficiencia temporal y la gestión del presupuesto familiar, hunde sus raíces históricas en las técnicas de conservación masiva tradicionales y en la logística de raciones del meal prep industrial del siglo XX. Éste se refería a la estandarización, producción en cadena y empaquetado de porciones individuales de comida, diseñadas para ser almacenadas, transportadas y consumidas de forma rápida.

El modelo nació de la logística militar durante la Segunda Guerra Mundial, periodo en el que alimentar a millones de soldados requirió transformar la cocina tradicional en una ciencia de distribución cuantitativa e incluir las famosas raciones de campo. Con ellas, los ejércitos lograron ofrecer menús calculados al milímetro en términos de calorías, grasas y proteínas, sellados en recipientes impermeables o latas que no requerían refrigeración.

Esta novedad impulsó avances técnicos cruciales en la industria alimentaria, entre los que destacaron el sellado al vacío, la congelación rápida, la liofilización y el ensamblaje en cadena. Avances que ahora se aplican a las cocinas de fábricas, hospitales y comedores escolares.

Sí se puede enfriar comida en la nevera

Si bien es cierto que el batch cooking puede ahorrar tiempo y dinero, esta práctica de cocinar en lote para toda la semana plantea serios desafíos en materia de inocuidad alimentaria cuando no se controlan con rigor las diversas variables microbiológicas. El principal factor de riesgo tiene que ver con la permanencia prolongada de los alimentos dentro de la zona de peligro térmico, situada entre 5 °C y 60 °C. Este rango favorece la germinación de esporas y la proliferación acelerada de bacterias supervivientes al procesado térmico inicial.

Al cocinar grandes volúmenes, las endoesporas de bacterias como Bacillus cereus, común en arroz y pasta, pueden sobrevivir al cocinado inicial y germinar durante un enfriamiento lento a temperatura ambiente, dando lugar a nuevas bacterias que liberan toxinas resistentes al calor. Estas toxinas no se destruyen con un recalentado posterior y pueden causar graves problemas de salud.

¿Cómo lo evitamos? Eligiendo envases adecuados. Los protocolos de organismos oficiales como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA), aconsejan fragmentar los guisos en recipientes poco profundos que permitan acelerar la transferencia de calor entre el exterior y la comida. Así se garantiza un enfriamiento que baje de 60 °C a menos de 10 °C en menos de dos horas.

La temperatura de una cocina ronda entre 20 °C y 25 °C, un rango insuficiente para que la comida baje de los 10 °C por sí sola, lo que hace necesario el traslado al frigorífico o el uso de un baño de agua con hielo. La idea de que nunca debemos guardar alimentos calientes en la nevera proviene del riesgo que supone introducir ollas grandes con comida caliente, cuya masa térmica eleva la temperatura interna de la nevera y rompe la cadena de frío del resto de los alimentos.

No obstante, se puede introducir comida caliente en la nevera si repartimos la preparación en recipientes poco profundos, porque reduce la carga de calor a un nivel que el electrodoméstico gestiona con seguridad. Para lograr un enfriamiento rápido, conviene reposar la comida antes en esos envases llanos un máximo de 30 minutos sobre la encimera para liberar el vapor más denso, o bien reposar sobre una bandeja con hielo si tenemos más prisa. Tan pronto como disminuya la condensación visible, el recipiente debe pasar al frigorífico para completar el descenso desde 60 °C hasta menos de 10 °C en un lapso inferior a dos horas.

En el interior de la nevera es fundamental dejar espacio entre recipientes para permitir la libre circulación del frío, además de mantener la tapa entreabierta durante el proceso para dejar escapar el calor residual sin exponer la comida a contaminantes, cerrándola por completo una vez fría.

El tiempo total desde que termina la cocción hasta alcanzar una temperatura inferior a 10 °C no debe exceder las dos horas, plazo que baja a solo una hora si la temperatura ambiental supera los 30 °C.

Procediendo de esta manera evitamos también que haga de las suyas Clostridium perfringens, una bacteria que se asocia comúnmente a platos a base de carnes cocinadas, productos cárnicos cocidos, salsas de carnes, estofados, albóndigas, etc. producidos en grandes cantidades y refrigeradas en condiciones no adecuadas.

Hasta 4 días en la nevera

A medida que los alimentos cocinados pasan días en la nevera, el principal riesgo lo representa Listeria monocytogenes, un patógeno psicrótrofo capaz de multiplicarse lentamente incluso a temperaturas de refrigeración, convirtiendo las preparaciones guardadas durante más de cuatro o cinco días en un peligro significativo.

Por eso conviene limitar la conservación en refrigeración (≤ 4 °C) a un máximo de 3 a 4 días. Y congelar a -18 °C para períodos superiores. Además, es recomendable someter cada ración individual a un único recalentamiento uniforme que alcance al menos 74 °C en su centro térmico antes del consumo, porque esta temperatura es el estándar internacional de inocuidad alimentaria que garantiza la destrucción térmica instantánea de bacterias patógenas en su forma vegetativa, como Listeria monocytogenes, Salmonella, Escherichia coli y Campylobacter.

Las patatas en nevera cambian sus propiedades

Más allá del peligro microbiológico, el batch cooking tiene singularidades químicas y organolépticas de gran relevancia. Por ejemplo, el almacenamiento y posterior recalentamiento de carnes cocinadas desencadena la degradación lipídica conocida como warmed-over flavor (sabor a recalentado), que genera notas desagradables a rancio, cartón o viejo, debido a la oxidación de los ácidos grasos insaturados catalizada por el calor y el hierro libre.

También los platos que contienen patata cambian de textura en nevera. El cambio deriva de las transformaciones fisicoquímicas de los carbohidratos y la arquitectura celular del tubérculo. Durante la cocción, la gelatinización provoca que los gránulos de almidón absorban agua y aumenten de volumen, otorgando la consistencia blanda inicial. Al enfriar el plato mediante el batch cooking, los polímeros de amilosa y amilopectina experimentan una retrogradación, y el tejido se vuelve firme, harinoso o gomoso.

Esta reestructuración hace que se expulse la humedad atrapada. Como consecuencia se reseca la pulpa interna, la superficie exterior se humedece y se desestabiliza las salsas de los guisos con patata. La congelación intensifica el deterioro, porque la formación de cristales de hielo fractura las paredes celulares, provocando el colapso estructural y la aparición de una masa pastosa al descongelar.

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Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Tápers seguros: cómo evitar los microbios cuando hacemos ‘batch cooking’ – https://theconversation.com/tapers-seguros-como-evitar-los-microbios-cuando-hacemos-batch-cooking-273129

50 000 móviles sonando en el Camp Nou: ¿estamos aprendiendo a ignorar las alertas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Medina Morales, Profesor de Geografía, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Christian Bertrand/Shutterstock

Durante el partido entre el FC Barcelona y el Racing de Santander, los teléfonos móviles de buena parte de los 50 568 espectadores presentes en el Camp Nou empezaron a sonar simultáneamente. Un mensaje ES-Alert advertía de lluvias torrenciales y riesgo de inundaciones, y recomendaba evitar los desplazamientos y las actividades al aire libre. Sin embargo, el partido continuó y el público permaneció en las gradas.

La escena podría interpretarse como una muestra de indiferencia ante el peligro. Pero permanecer dentro del estadio quizá era más seguro que provocar la salida simultánea de miles de personas en plena tormenta. El episodio plantea, en realidad, una cuestión más compleja: ¿qué debe hacer la ciudadanía cuando recibe una alerta pero a su alrededor todo continúa con aparente normalidad?

La tecnología funcionó: el mensaje llegó en pocos segundos a miles de personas. Sin embargo, una alerta no es eficaz únicamente solo porque se haya recibido. Lo es cuando permite comprender el riesgo y tomar una decisión para protegerse.

Una herramienta para captar nuestra atención

ES-Alert es el sistema español de avisos de emergencia a teléfonos móviles. Utiliza la tecnología de difusión por celdas (cell broadcast) para enviar mensajes a los dispositivos conectados a las antenas de una zona determinada. No necesita conocer los números de teléfono de los destinatarios ni requiere ninguna aplicación, conexión a internet o registro previo.

Su principal ventaja es evidente: permite dirigirse de manera rápida y masiva a las personas que se encuentran dentro de un territorio amenazado. Además, el mensaje aparece acompañado de un sonido y una vibración difíciles de ignorar, incluso cuando el teléfono está en silencio.

Pero ES-Alert es solo una de las piezas del sistema de alerta temprana. Detectar el peligro y difundir un aviso no es suficiente. Para que la alerta reduzca realmente los daños, las personas deben entenderla, considerarla creíble, identificar qué comportamiento se espera de ellas y disponer de tiempo y capacidad para actuar.

Recibir no significa actuar

Las investigaciones sobre la respuesta ciudadana a las emergencias demuestran que entre la recepción de un aviso y la adopción de una conducta protectora hay un proceso de interpretación y decisión. El Modelo de Decisión de Acción Protectora explica que las personas no responden automáticamente a una alerta como si fueran interruptores que se puedan activar desde un centro de emergencias.

En un investigación realizada en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria por el grupo de investigación GEOTIGMA se denominó “latencia social” al tiempo que transcurre entre la recepción de una alerta y el inicio de la respuesta ciudadana.

Primero intentamos determinar qué está pasando: ¿la amenaza es real?, ¿me puede afectar?, ¿qué debería hacer? Después buscamos información adicional: consultamos las redes sociales, los medios de comunicación o las aplicaciones meteorológicas; hablamos con las personas que tenemos cerca y observamos cómo reaccionan los demás.

Este comportamiento también se ha observado empíricamente: en un estudio sobre ES-Alert en Gran Canaria, una parte de los participantes recurrió a las redes sociales o a los medios de comunicación para verificar o ampliar la información recibida.

Este comportamiento no tiene por qué ser necesariamente irracional. Contrastar la información puede ayudarnos a tomar una decisión correcta. El problema aparece cuando el mensaje es ambiguo o cuando las señales recibidas son contradictorias, porque la búsqueda de confirmación consume parte del tiempo disponible para protegernos.

En el Camp Nou, miles de personas recibieron un mensaje que advertía de un riesgo potencialmente grave mientras el partido continuaba disputándose. Los jugadores permanecían en el campo, el público continuaba en las gradas y no se transmitía ninguna instrucción específica por la megafonía del estadio. Ante esta situación, la conducta de los demás actuó como una segunda fuente de información: si nadie interrumpe el partido ni nos indica que debamos desplazarnos a otra zona, quizá el peligro no sea tan inmediato.

¿Salir del estadio o quedarse?

El mensaje recomendaba evitar los desplazamientos y las actividades al aire libre. Esta instrucción era razonable para quienes todavía se encontraban en casa, pero resultaba menos clara para las más de 50 000 personas que ya estaban dentro del estadio.

¿Debían abandonarlo a pesar de la recomendación de no desplazarse? ¿Era preferible permanecer en las gradas? ¿Había alguna zona interior más segura? ¿Qué había que hacer al terminar el partido si la tormenta continuaba?

No parece razonable interpretar la permanencia del público como una simple desobediencia. La evacuación de un estadio también puede generar riesgos, especialmente si decenas de miles de personas salen al mismo tiempo bajo una lluvia intensa. La cuestión no es, por tanto, si el partido debía suspenderse automáticamente, sino si la alerta iba acompañada de instrucciones adaptadas a las personas que se encontraban en un recinto de grandes dimensiones.

Una advertencia general difícilmente puede resolver por sí sola todas estas situaciones. Por eso es fundamental la coordinación entre Protección Civil, las autoridades locales, los responsables del evento y los servicios de seguridad. El mensaje enviado a los móviles, la información ofrecida por megafonía y las decisiones adoptadas por la organización deben transmitir una orientación coherente.

Cuando una alarma se convierte en ruido

El sonido de ES-Alert está diseñado para interrumpirnos. Su carácter excepcional forma parte de su eficacia. Si se utiliza con demasiada frecuencia, para territorios excesivamente amplios o con instrucciones poco relacionadas con la situación concreta de las personas que lo reciben, estas pueden acostumbrarse a él y, por tanto, restarle importancia.

El uso del sistema ha aumentado considerablemente en Cataluña. Según datos de Protección Civil, el número de alertas enviadas pasó de 36 en 2024 a 75 en 2025, más del doble en tan solo un año. Este incremento no significa que cada ciudadano recibiera todos estos mensajes, ya que muchas activaciones se dirigieron a zonas geográficas concretas. Tampoco demuestra, por sí solo, que las alertas fueran innecesarias, pero sí confirma que una herramienta concebida como excepcional se utiliza cada vez con más frecuencia.

Esto no significa que haya que enviar menos alertas a cualquier precio: no alertar ante una amenaza grave puede tener consecuencias irreparables. y tampoco significa que cualquier aviso que finalmente no acabe en una catástrofe constituya una falsa alarma: las decisiones deben tomarse con información incompleta y antes de conocer el desenlace.

El riesgo aparece cuando la ciudadanía recibe repetidamente avisos poco relevantes o que no le permiten saber qué tiene que hacer. Las investigaciones sobre la sobrealerta y la fatiga asociada demuestran que esta situación puede favorecer la desconexión de los usuarios e incluso la desactivación de determinadas notificaciones.

La tecnología no puede actuar por nosotros

El episodio del Camp Nou no demuestra que ES-Alert haya fracasado. Al contrario: pone de manifiesto su extraordinaria capacidad para captar simultáneamente la atención de miles de personas. Pero también muestra los límites de una comunicación que termina en la pantalla del teléfono.

Una alerta eficaz debe explicar qué ocurre, dónde está el peligro, a quién afecta, qué hay que hacer y durante cuánto tiempo. En lugares con grandes concentraciones de personas, además, debe estar coordinada con los responsables del recinto, que pueden convertir el aviso general en instrucciones concretas.

La pregunta no es únicamente si estamos aprendiendo a ignorar las alertas. También debemos preguntarnos si las estamos diseñando de manera que la ciudadanía pueda reconocer cuándo debe actuar y cómo hacerlo. Porque el verdadero éxito de ES-Alert no consiste en hacer sonar 50 000 móviles, sino en conseguir que 50 000 personas sepan qué deben hacer después.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. 50 000 móviles sonando en el Camp Nou: ¿estamos aprendiendo a ignorar las alertas? – https://theconversation.com/50-000-moviles-sonando-en-el-camp-nou-estamos-aprendiendo-a-ignorar-las-alertas-292393

La importancia de enseñar a los estudiantes lo que la IA no puede hacer

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Billy J. Stratton, Professor of English and Literary Arts, University of Denver

«Madeleine en el Bois d’Amour» (1888), de Émile Bernard. Art Media/The Print Collector via Getty Images

Resulta inquietante imaginar que el pensamiento humano pueda volverse obsoleto o ser considerado inferior debido a los avances en inteligencia artificial. Pero, a pesar de todos sus problemas, la IA no puede ignorarse ni descartarse. Ha llegado para quedarse, y quiero que mis alumnos comprendan lo que está en juego si dependemos demasiado de esta tecnología.

No puedo culparlos por preguntarse por qué deberían dedicar tanto tiempo y esfuerzo a perfeccionar su escritura y sus habilidades de pensamiento crítico si los grandes modelos de lenguaje parecen hacer un trabajo aceptable.

Sin embargo, esta situación tiene importantes implicaciones para la cultura y las sociedades.

Es fácil imaginar un futuro en el que la dependencia de la IA conduzca al conformismo intelectual y a la erosión del pensamiento crítico. Los investigadores ya están documentando estos efectos, que amenazan con convertir el esfuerzo de lidiar con las ideas en un arte perdido.

Por eso creo que es fundamental que los educadores enfrenten la IA de frente. La clave, en mi opinión, es enseñar a los estudiantes a distinguir las habilidades de reconocimiento de patrones de la IA de su incapacidad para soñar despierta, ponerse en el lugar de los demás y expresarse de manera auténtica.

Dime qué piensas

En un curso que impartí recientemente sobre literatura gótica sureña, les propuse un ejercicio a mis alumnos. Se les pidió que le pidieran a la IA que analizara la «atmósfera emocional» de una escena de la novela de Carson McCullers de 1940, «El corazón es un cazador solitario».

Muchos de los personajes que los lectores conocen en las obras del gótico sureño, como las de McCullers, son extravagantes y brutales. Retratados desde una perspectiva distorsionada y antinatural, hablan en dialectos extraños y evocan lo que Flannery O’Connor se refirió al «grotesco.»

Viven en lugares aislados que parecen anclados en el pasado y que, por usar otra expresión de O’Connor, están «perseguidos por Cristo».

A muchos lectores les cuesta asimilar los extraños mundos de estos personajes. A la IA le resulta aún más difícil generalizar las complejas tensiones entre la fe y la incredulidad, o entre el bien y el mal, que dan vida a estas historias.

Foto en blanco y negro de una mujer joven sentada en el escalón de una entrada, con la cabeza apoyada en una mano y un cigarrillo entre los dedos de la otra.
Carson McCullers.
AP Photo

Para limitar el abanico de respuestas y permitir comparaciones útiles, les proporcioné a los estudiantes escenas en las que aparecían los personajes principales de la novela. Una de ellas era la secuencia desgarradora en la que Spiros Antonapoulos, un personaje sordo, es enviado a un manicomio estatal, dejando atrás a su único amigo, John Singer.

La escena transmite una sensación palpable de angustia y tristeza. Además, despierta una ira justificada hacia el primo de Antonapoulos por haberlo alejado, una decisión motivada por la conveniencia y basada en un malentendido que interpreta las dificultades de Spiros como un comportamiento desviado y antisocial. El hecho de que provenga de una familia de inmigrantes y viva en un pequeño pueblo de Georgia le da a la escena un matiz aún más intenso.

ChatGPT, sin embargo, describió la escena utilizando una terminología estéril y abstracta. Para citar una respuesta representativa que compartió uno de mis alumnos: «La atmósfera es devastadoramente solitaria y parece suspendida en el tiempo. La escena se percibe como tranquila, desamparada y emocionalmente unilateral. No hay una despedida dramática; en cambio, el momento está marcado por la angustia silenciosa de Singer. La partida del tren simboliza una separación irreversible».

La descripción es fría y objetiva. No logra captar el peso de la profunda tristeza que emana de la separación de dos amigos que solo se tienen el uno al otro. Además, contiene un error factual: es un autobús, no un tren, el que se aleja.

También falta un reconocimiento claro del temor de Singer ante los horrores que le esperan a Antonapoulos, así como de la ironía dramática que genera la aparente inconsciencia de Antonapoulos respecto a cómo su vida está siendo trastornada. La IA simplemente carece de la experiencia vivida necesaria para desarrollar conciencia contextual de manera que le permita comprender verdaderamente la inquietante novela de McCullers.

Dado que la IA funciona en gran medida como un motor de optimización —basándose en la síntesis de enormes cantidades de datos en línea y en el resumen de los resultados—, sus análisis de esta escena y de otras fueron sistemáticamente superficiales; «carecían de profundidad» y estaban llenos de «tópicos vagos», como lo expresaron dos estudiantes.

Acceder a la experiencia corporal

A continuación, les pedí a mis alumnos que le pidieran a la IA que generara “una nueva escena con al menos tres personajes” de su elección.

El resultado creativo fue aún más insípido. A los alumnos les divirtió especialmente que la IA hiciera que John Singer, quien actúa como un eje que conecta a todos los demás personajes, hablara sobre una variedad de temas. El problema, por supuesto, es que Singer, al igual que Antonapoulos, también es sordo.

Fotograma de una película en el que aparece un hombre sentado, vestido con traje, con los ojos cerrados, la cabeza inclinada hacia abajo y las manos levantadas.
Alan Arkin interpreta a John Singer en la adaptación cinematográfica de 1968 de «El corazón es un cazador solitario».
Warner Bros.

No es de extrañar que esa IA no pudiera comprender la experiencia de no poder oír. Es importante recordar que interactuar con una IA significa tratar con una inteligencia sintética que carece de un cuerpo a través del cual experimentar e interactuar con el mundo.

Sin una presencia física, no puede ponerse en el lugar de sus usuarios ni experimentar nada que se acerque a la empatía humana. Si bien los multimillonarios de la tecnología, como Elon Musk y Marc Andreessen, pueden considerar la empatía y la introspección como debilidades, esos rasgos son el corazón palpitante de la literatura y el arte, la fuente de la creatividad y la conexión humana.

En otras palabras, la emoción, la empatía y la irracionalidad podrían considerarse algunos de los contrapisos más poderosos frente a la IA.

Aceptar la fragilidad humana

Puede haber situaciones en las que la IA resulte útil para mis alumnos, y creo que los esfuerzos por prohibir el uso de la IA son inviables y contraproducentes.

La posibilidad de prescindir por completo de estas herramientas es, en gran medida, un lujo. Así como muchas personas no pueden permitirse contratar a alguien para que limpie su casa, cuide su jardín o cuide a sus hijos, quienes luchan por llegar a fin de mes quizá necesiten recurrir a la ayuda de la IA.

Pero mi esperanza es que mis alumnos —especialmente en lo que respecta a su trabajo intelectual— comprendan que el uso de la tecnología implica renunciar a capacidades que son esenciales para el pensamiento y la creatividad humanos: la imaginación, la intuición y la autorreflexión.

Quiero que lo piensen dos veces antes de intentar ocultar, con un chatbot, las fragilidades, debilidades, obsesiones y divagaciones inherentes a la mente humana. En cambio, quiero que acepten estas tendencias humanas y se entreguen a lo que el poeta William Wordsworth llamó el «desbordamiento espontáneo de sentimientos poderosos».

Después de todo, el mejor arte suele surgir de quienes se encuentran en su momento de mayor vulnerabilidad, confusión y desorientación.

The Conversation

Billy J. Stratton does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. La importancia de enseñar a los estudiantes lo que la IA no puede hacer – https://theconversation.com/la-importancia-de-ensenar-a-los-estudiantes-lo-que-la-ia-no-puede-hacer-292126