El departamento financiero: de ‘llevar la contabilidad’ de la empresa a gestionar un ecosistema complejo y diverso

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rodrigo Martín García, Profesor de Finanzas, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

Natali _ Mis/Shutterstock

Durante décadas, la imagen del departamento financiero fue relativamente estable: contabilidad, facturación, fiscalidad, tesorería. Esa visión, de hecho, se mantiene en muchas pymes donde, a veces, la contabilidad y las obligaciones fiscales se externalizan. Por el contrario, en las empresas medianas y grandes, el departamento financiero agrupa diversidad de funciones: tesorería y gestión de liquidez, informes de gestión, fiscalidad, planificación y análisis financiero, control de gestión, financiación bancaria y del mercado de capitales, relaciones con los inversores, auditoría interna y cumplimiento normativo. Y, en muchas compañías, además, coordina los informes de sostenibilidad.

Por tanto, se ha pasado de registrar lo que ocurre en la empresa a gestionar un sistema complejo de riesgos: de liquidez, solvencia, regulatorios, reputacionales y, más recientemente, los riesgos ESG (medioambientales, sociales y de gobernanza). Para responder a estos retos, en muchas empresas las funciones del departamento financiero se han convertido en una sucesión de juegos malabares.




Leer más:
Modelo ESG: El medioambiente, la sociedad y el buen gobierno, claves de la empresa actual


Los mimbres de un departamento financiero

La contabilidad constituye el núcleo de las funciones del departamento financiero. De ella, se nutren las áreas de fiscalidad y tesorería. Alrededor se encuentran las funciones transversales:

  • Operaciones, que genera las funciones básicas (contabilidad, tesorería) de un departamento financiero.

  • Control de gestión y elaboración de informes (reporting), para poder tomar decisiones informadas.

  • Auditoría interna y cumplimiento normativo (compliance), para que todo se haga conforme a las normas y a las políticas internas.

Sobre estos cimientos se apoyan la planificación financiera y fiscal y la relación con los inversores. El objetivo: tomar las mejores decisiones de inversión y financiación.




Leer más:
Creación de valor económico, ¿alquimia o realidad?


Liquidez y financiación en un entorno complejo

Entre julio de 2022 y septiembre de 2023, el Banco Central Europeo elevó los tipos de interés desde 0 hasta el 4 %. Aunque posteriormente han ido bajando, recordemos que a partir de 2012 estuvieron por debajo del 1 % y al 0 % de 2016 a 2022.

Aquí se presenta el primer malabar: asegurar que la empresa cumpla a tiempo sus compromisos financieros. Sin embargo, cuando los costes financieros suben (lo que se produce con las variaciones al alza en los tipos de interés) entran en juego medidas como refinanciar préstamos, renegociar condiciones, ajustar plazos de cobro a clientes y de pago a proveedores, emitir deuda, reducir dividendos para reforzar fondos propios o solicitar nuevas aportaciones a los socios.

Este tipo de decisiones no pueden tomarse sin un análisis suficiente o apoyándose en la intuición y no en los datos financieros de la empresa. De ahí la necesidad de construir un sistema de previsión por escenarios, estableciendo límites y alertas tempranas y aplicando una disciplina de decisiones basada en un cuadro de mando financiero (una herramienta de gestión que reúne los indicadores clave de rendimiento, ingresos, beneficios, etc., y permite medir la salud financiera de la empresa) y el permanente diálogo con los bancos.




Leer más:
Las nuevas cuentas del Real Madrid: ingresos récord, pero también una deuda financiera sin precedentes


Navegar la inflación regulatoria de la sostenibilidad

El segundo malabar es la adaptación al despliegue regulatorio que se ha venido produciendo en el ámbito de la sostenibilidad. La Directiva de Información Corporativa sobre Sostenibilidad (CSRD) amplió el perímetro de información de sostenibilidad de 11 000 a más de 50 000 empresas en la UE. No obstante, la Directiva stop-the-clock, de abril de 2025, ha retrasado dos años su aplicación en muchas compañías, y podría hacer que el 80 % de las inicialmente previstas quedaran exentas.

Para los departamentos financieros, el cumplimiento de normativas nacionales y supranacionales implica interpretar normas (que a veces se revisan sobre la marcha), coordinar información repartida por toda la empresa y garantizar su fiabilidad, juntando las piezas de un rompecabezas en movimiento.

En este caso, la solución está en tratar la sostenibilidad como un cierre contable más y asignar responsables claros, criterios homogéneos, controles internos y trazabilidad. Así, podrá proporcionar reportes consistentes, incluso en caso de ajustes normativos.




Leer más:
La sostenibilidad se ha vuelto insostenible en la Unión Europea


Tecnología y ciberriesgos

La digitalización y la inteligencia artificial están automatizando tareas financieras rutinarias: asientos contables, clasificación de gastos y modelos de previsión de tesorería.

Esto permite enfocarse en actividades de mayor valor. Pero, como contrapartida, incorpora nuevos riesgos: dependencia de sistemas opacos, ciberseguridad, posibles sesgos difícilmente trazables en modelos de previsión, y la necesidad de apostar por perfiles que conjuguen competencias financieras, tecnológicas y de análisis de datos.

La coordinación entre el departamento financiero y el de tecnologías de la información (IT) es clave en la prevención y detección de fraudes (internos y externos). El tercer malabar es, pues, triple: automatizar sin renunciar a la toma de decisiones, reforzar el control sin obstaculizar y mantener a raya la burocracia.

La solución, en este caso, pasa por la segregación de funciones, la monitorización continua, la formación y la integración de finanzas e IT en un marco único de gestión del riesgo, priorizando trazabilidad y respuesta ante incidentes. Algunos llaman a esto un ecosistema transversal de datos.




Leer más:
Ciberseguridad y resiliencia empresarial: cómo protegerse de un ciberataque


Más allá del organigrama

La estructura y el peso del área financiera indican qué metas u objetivos persigue la empresa y con qué herramientas cuenta para lograrlo. En el contexto actual, desde el departamento financiero se toman decisiones que van más allá del organigrama y afectan a distintas cuestiones. Por ejemplo, cómo afronta la empresa el riesgo climático, respeta los derechos laborales en su cadena de suministro o aprovecha las oportunidades de la transición verde y digital.

Por eso, son claves los controles internos, una adecuada formación y actualización de habilidades, saber atraer y retener talento, y contar con una cultura corporativa ética y responsable. Y, por supuesto, invertir en análisis de datos y en plataformas de business intelligence para el análisis de datos en el entorno empresarial, y de planificación de recursos empresariales (ERP).

Con esas herramientas es posible, por una parte, centralizar y automatizar la gestión de los procesos clave, y por la otra, detectar errores, anomalías o malas prácticas. De ello dependen la estabilidad del empleo, los plazos de pago a proveedores, la calidad de información a inversores y la credibilidad de los compromisos de sostenibilidad.




Leer más:
La recopilación e interpretación de datos es una parte fundamental de la estrategia empresarial


Recursos ‘todoterreno’

Los malabares del departamento financiero no son un número de circo que pueda contemplarse desde la grada. Además de la liquidez y los impuestos, hay varias bolas que no pueden caer, como la capacidad para combinar finanzas, sostenibilidad, gestión de riesgos y tecnología. Para ello, es clave contar con recursos todoterreno, establecer alianzas con otros departamentos de la empresa y disponer de expertos externos.

Decidir cómo manejar todos los malabares simultáneamente, y sin que ninguno caiga, es la misión principal del departamento financiero. Un auténtico ejercicio de funambulismo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El departamento financiero: de ‘llevar la contabilidad’ de la empresa a gestionar un ecosistema complejo y diverso – https://theconversation.com/el-departamento-financiero-de-llevar-la-contabilidad-de-la-empresa-a-gestionar-un-ecosistema-complejo-y-diverso-272631

Ocho cosas “gratis” que pagamos sin saberlo cuando usamos internet

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor Hugo Pérez Gallo, Assistant lecturer, Universidad de Zaragoza

moo photograph/Shutterstock

Vivimos en la era de la gratuidad. Redes sociales gratis, correo electrónico gratis, buscadores gratis, mapas gratis, noticias gratis, inteligencia artificial gratis. El capitalismo, ese sistema al que tantas veces acusamos de codicia, parece haberse vuelto generoso.

Pero hay un pequeño detalle incómodo: nada en este mundo se autoproduce. Como recordaba Karl Marx, todo valor requiere trabajo, energía y tiempo socialmente invertido. Ningún servidor funciona por altruismo. Ningún algoritmo trabaja por vocación social. Ningún paquete se transporta por inspiración poética. Si algo no lo pagamos con dinero, lo estamos pagando de otra manera.

La pregunta no es si pagamos, la pregunta es con qué.

Aquí van ocho cosas que creemos que son gratuitas.

1. Redes sociales: el precio de la atención

Publicar fotos, comentar, compartir memes, seguir debates políticos. Todo parece gratuito. Sin embargo, plataformas como Meta Platforms no viven del entusiasmo juvenil, sino de la publicidad segmentada.

La socióloga Shoshana Zuboff ha explicado cómo el capitalismo de vigilancia convierte nuestros comportamientos en materia prima económica. No pagamos con tarjeta: pagamos con tiempo, datos, comportamiento y patrones emocionales. Cada “me gusta” es información. Cada pausa frente a un vídeo es una señal comercial. Nuestro ocio es un recurso explotable.

Y lo más interesante es que no sentimos que estemos pagando. Sentimos que nos entretienen. Que nos dan un “placer” gratuito (cualquier comparación con Un mundo feliz, el libro de Aldous Huxley, es pura casualidad).

2. El buscador que todo lo sabe

Alphabet Inc. no nos cobra por buscar. Al contrario, nos facilita la vida. Nos encuentra restaurantes, médicos, vuelos, respuestas a preguntas existenciales.

Pero cada búsqueda revela intención, y la intención es oro. El sociólogo Pierre Bourdieu nos enseñó que incluso nuestras elecciones aparentemente libres están estructuradas por campos y capitales. Aquí, nuestras búsquedas alimentan un campo económico donde la información sobre deseos y necesidades tiene valor monetario.

Aunque no pagamos por la respuesta, pagamos al formular la pregunta.

3. Envío gratis (porque alguien lo paga)

El comercio electrónico ha perfeccionado el arte del “envío gratuito”. Sin embargo, el transporte tiene combustible, salarios, infraestructuras y logística.

Como subrayó David Harvey, el capitalismo reorganiza constantemente los costes para mantener la acumulación. El coste no desaparece. Se integra en el precio, se compensa con volumen o se sostiene sobre condiciones laborales ajustadas al milímetro.

La gratuidad es una redistribución estratégica del coste, no su evaporación.

4. Aplicaciones de entretenimiento

Series ilimitadas, vídeos infinitos, música al instante. A veces pagamos una suscripción; otras, ni siquiera eso. El modelo freemium nos ofrece una entrada sin barreras.

El filósofo Byung-Chul Han ha descrito cómo la sociedad contemporánea convierte la seducción en forma de control. Cuanto más tiempo pasamos dentro, más datos generamos, más afinado es el perfilado, más rentable resulta nuestra presencia. Nos integran a través de la comodidad.

5. Noticias digitales

Muchos medios ofrecen acceso gratuito a sus contenidos. ¿Filantropía informativa? No exactamente. La financiación proviene de publicidad, clics y tráfico.

El sociólogo Jürgen Habermas advirtió que la esfera pública depende de las condiciones materiales de comunicación. Cuando la atención se convierte en moneda, la información también entra en lógica de mercado. El lector no paga con dinero, paga con atención. Y la atención es monetizable.

6. WiFi público

Aeropuertos, cafeterías, hoteles: conexión gratuita. Basta con aceptar unas condiciones que rara vez leemos.

El filósofo Michel Foucault mostró cómo el poder moderno opera mediante dispositivos aparentemente neutrales que organizan conductas. El acceso “gratis” es también un dispositivo: a cambio, entregamos datos de navegación, ubicación y comportamiento. El coste está en la cesión silenciosa.

7. Inteligencia artificial conversacional

Las plataformas de IA permiten consultas de todo tipo. Resolver dudas, redactar textos, generar ideas. El usuario siente que accede a una herramienta avanzada sin pagar.

El sociólogo Antonio Gramsci habló de hegemonía como forma de dirección cultural que se normaliza. La IA gratuita puede entenderse así: parece servicio, pero cada interacción fortalece infraestructuras corporativas, modelos de negocio y acumulación de capital cognitivo.

La gratuidad aquí responde a una inversión a largo plazo.

8. El regalo más sofisticado: la sensación de que no debemos nada

Quizás el punto más interesante es que la gratuidad no solo redistribuye costes: transforma la experiencia del intercambio.

El filósofo Louis Althusser explicó que la ideología no funciona solo por discurso, sino por prácticas cotidianas que estructuran nuestra percepción. Cuando no pagamos dinero, no sentimos pérdida. Cuando no sentimos pérdida, no percibimos conflicto. Cuando no percibimos conflicto, el sistema parece neutral.

La gratuidad no elimina el intercambio, que sigue sucediendo sin que seamos conscientes de ello. Y eso tiene consecuencias sociales profundas.

La paradoja de la generosidad

El capitalismo digital no funciona ocultando información de forma burda, sino reorganizando la percepción. Si no vemos el coste, parece que no existe. Si no lo experimentamos como sacrificio, parece que no hay relación desigual.

Nada de esto implica conspiración: implica modelo de negocio. El sistema no necesita que creamos en su bondad, basta con que sintamos comodidad. Sin embargo, debemos tener en mente que en economía no existen milagros. Cuando algo parece gratis es porque el pago, simplemente, ha cambiado de lugar.

Y lo verdaderamente interesante no es que paguemos con datos, tiempo o atención, sino que, al no pagar con dinero, dejamos de sentir que estamos pagando. Ahí reside el regalo más perfecto de todos: la ilusión, cuidadosamente diseñada, de que alguien nos está dando algo sin pedir nada a cambio.

The Conversation

Víctor Hugo Pérez Gallo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ocho cosas “gratis” que pagamos sin saberlo cuando usamos internet – https://theconversation.com/ocho-cosas-gratis-que-pagamos-sin-saberlo-cuando-usamos-internet-277271

El microbioma del océano: cuando un órgano invisible decide quién sobrevive

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

El Atlántico en las islas Canarias. Cristian Palmer / Unsplash., CC BY-SA

La mayor parte de la vida marina no nada, no tiene aletas ni conchas y nunca aparece en los documentales. Vive suspendida en el agua, enterrada en los sedimentos o adherida a la superficie de algas y animales. Es microscópica. Sin embargo, de ella depende el funcionamiento entero del mar.

Ese mundo oculto recibe un nombre cada vez más utilizado en biología: el microbioma oceánico. No se trata solo de microbios aislados, sino de comunidades completas de bacterias, virus, arqueas y protistas, junto con su información genética y los compuestos químicos que producen.

Diversos tipos de protistas, es decir, organismos cuyas células contienen un núcleo celular (eucariotas), y que no son animales, plantas u hongos.
CC BY

En conjunto, forman una red invisible que regula los ciclos de nutrientes, controla la proliferación de algas, modula las enfermedades marinas y, en último término, decide qué organismos prosperan y cuáles desaparecen.

Un océano que funciona desde lo invisible

El microbioma marino es, con diferencia, la mayor biomasa viva del planeta. Se estima que los océanos albergan del orden de 10²⁹ células microbianas. Son ellas las que fijan una parte esencial del carbono atmosférico, reciclan la materia orgánica y mantienen activo el ciclo del nitrógeno. Sin este engranaje microscópico, el océano sería químicamente inerte en poco tiempo.

Por eso, cada vez más científicos hablan del microbioma como de un órgano. No porque tenga forma definida, sino porque cumple funciones esenciales, está organizado en el espacio y el tiempo y mantiene una cierta estabilidad, incluso, cuando cambian sus componentes. Como ocurre con el hígado o el intestino, lo importante no es cada célula por separado, sino el conjunto y su equilibrio.

El pacto silencioso entre algas, bacterias y virus

En la base de la red trófica marina está el fitoplancton, las microalgas que realizan la mitad de la fotosíntesis del planeta. Pero estas algas no viven solas. A su alrededor se agrupan bacterias que consumen los compuestos orgánicos que liberan y, a cambio, devuelven al agua nutrientes reutilizables. Es un intercambio constante y silencioso que mantiene el sistema en marcha.

Los virus añaden una capa más a esta compleja negociación. Al infectar y destruir bacterias y algas, liberan de nuevo carbono, nitrógeno y fósforo al medio. Lejos de ser simples agentes destructivos, los virus regulan poblaciones, evitan que unas pocas especies dominen el ecosistema y aceleran la evolución microbiana. En el océano, matar también es una forma de sostener la vida.

Cuando el equilibrio se rompe

El problema surge cuando este órgano invisible entra en disbiosis, es decir, cuando pierde su equilibrio funcional. El calentamiento del agua, la acidificación, el exceso de nutrientes o ciertos contaminantes alteran selectivamente las comunidades microbianas.

El resultado no siempre es inmediato ni visible, pero suele manifestarse en forma de proliferaciones algales tóxicas, zonas sin oxígeno o brotes de enfermedades en organismos marinos.

Muchas crisis ecológicas comienzan así: a escala microscópica. Cuando las consecuencias llegan a la superficie –cierres de bancos marisqueros, mortalidades en acuicultura o colapsos locales de biodiversidad–, el proceso llevaba ya tiempo en marcha.

Algunos casos documentados

La idea de que el microbioma oceánico actúa como un órgano puede parecer abstracta. Sin embargo, en organismos muy distintos, se muestra un patrón común: el desequilibrio microbiano precede al colapso y, en muchos casos, decide el desenlace.

En los corales, el aumento de la temperatura del agua no conduce siempre a la muerte. Estudios recientes muestran que el proceso ocurre por etapas. En una primera fase, el estrés térmico altera el equilibrio del microbioma, pero el coral aún puede sobrevivir si su comunidad microbiana logra reorganizarse y mantener funciones esenciales. En estos casos, se ha hablado de disbiosis adaptativa.

Cuando esa capacidad se pierde, proliferan bacterias oportunistas, se rompen las simbiosis con las algas fotosintéticas y el coral blanquea. En la fase final, la disbiosis se vuelve irreversible: el coral pierde sus simbiontes, es invadido por patógenos y muere. Lo más soprendente es que corales de la misma especie, expuestos a la misma temperatura, pueden sobrevivir o morir según cómo responda su microbioma.

Un patrón similar se observa en las primeras fases de vida de los peces. En acuicultura, la mortalidad larvaria durante el primer mes tras la eclosión puede alcanzar el 80–100 %. Durante años, se atribuyó este fracaso a causas nutricionales o genéticas. Hoy, se sabe que el microbioma del agua desempeña un papel decisivo.

Las larvas recién eclosionadas incorporan microorganismos, en un momento en el que su sistema inmune aún es inmaduro. Cuando el agua está dominada por bacterias oportunistas de rápido crecimiento, las mortalidades se disparan. En cambio, comunidades microbianas más diversas y estables reducen la proliferación de patógenos y aumentan drásticamente la supervivencia.

Ostras del Pacífico.
Guido / Wikimedia Commons., CC BY

Moluscos, filtros vivos del microbioma

El caso de las ostras del Pacífico también es interesante. El llamado síndrome de mortalidad de la ostra (POMS, por sus siglas en inglés) no está causado por un único patógeno, sino por una secuencia de eventos. Un virus debilita primero al animal, pero es la disbiosis posterior la que precipita el desenlace: las bacterias oportunistas invaden los tejidos y provocan la muerte.

Experimentos recientes han demostrado que la composición del microbioma previa a la infección permite predecir con bastante precisión la supervivencia, incluso antes de que aparezcan síntomas. Algunas comunidades bacterianas parecen proteger a la ostra; otras, cuando se vuelven dominantes, casi garantizan su muerte.

Corales, peces y moluscos pertenecen a linajes evolutivos muy distintos, pero muestran el mismo patrón: la disbiosis aparece antes que los síntomas, y el microbioma actúa como un sistema de decisión distribuido.

Así, los moluscos son un buen ejemplo de hasta qué punto el microbioma condiciona la supervivencia. Al filtrar grandes volúmenes de agua, acumulan microorganismos y reflejan lo que ocurre en su entorno. Su microbioma influye en su inmunidad, en su crecimiento y en su resistencia frente a patógenos.

Además, muchos moluscos albergan virus sin mostrar síntomas evidentes. Esto los convierte, al mismo tiempo, en centinelas del ecosistema y en posibles reservorios de patógenos que pueden afectar a otras especies. Entender esta dinámica es clave para anticipar problemas en acuicultura y para interpretar por qué algunas poblaciones colapsan mientras otras resisten.

Leer el océano a través de su ADN

Durante décadas, gran parte de esta vida pasó desapercibida porque no podía cultivarse en el laboratorio. Hoy, eso ha cambiado. Las nuevas técnicas de secuenciación masiva han hecho posible analizar el ADN y el ARN presentes en el agua, los sedimentos y los tejidos de los organismos.

Gracias a estas herramientas, es posible identificar miles de microorganismos a la vez, detectar virus desconocidos y saber qué funciones metabólicas están activas en un momento dado. No se trata solo de saber “quién está ahí”, sino de entender qué está haciendo esa comunidad microscópica y cómo responde a los cambios ambientales.

Estas técnicas también tienen límites: detectar ADN no siempre significa que el organismo esté vivo o activo. Pero, combinadas con observaciones ecológicas, ofrecen una ventana sin precedentes al funcionamiento interno del océano.

Un órgano que conecta clima, biodiversidad y economía

Pensar en el microbioma oceánico como un órgano cambia la forma de mirar el mar. La salud de los peces, de los moluscos, de los arrecifes y, en última instancia, de las actividades humanas que dependen del océano, está ligada a procesos invisibles que ocurren a escala microscópica.

Proteger el océano no consiste solo en contar especies ni en delimitar áreas protegidas. Implica mantener los procesos que lo hacen funcionar. Muchos de esos procesos están en manos, o mejor dicho, en los genomas de organismos que nunca veremos a simple vista.

Cuando comprendemos quién toma realmente las decisiones en un ecosistema, también entendemos mejor por qué algunos sobreviven… y otros no.

The Conversation

Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El microbioma del océano: cuando un órgano invisible decide quién sobrevive – https://theconversation.com/el-microbioma-del-oceano-cuando-un-organo-invisible-decide-quien-sobrevive-274872

Adolescentes y móviles en Colombia: cuando la conexión genera desconexión

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandra Barreiro Collazo, Doctora en Psicología y Educación , UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Body Stock/Shutterstock

Mirar el dispositivo móvil antes de dormir, sentir inquietud cuando la batería se agota o consultar notificaciones constantemente es habitual en la adolescencia. Estas conductas están normalizadas en la vida diaria. Sin embargo, pueden generar malestar cuando el uso del móvil deja de estar bajo control.

La vida de muchos adolescentes transcurre entre pantallas. En este contexto también se sitúan los adolescentes colombianos. Diversas investigaciones realizadas en el país han analizado su relación con el teléfono móvil, las redes sociales y otras pantallas, y su impacto en el bienestar emocional.

Los resultados muestran un patrón claro. Coinciden con la tendencia internacional. La hiperconectividad forma parte de la vida cotidiana, pero no siempre se acompaña de herramientas para gestionarla de forma saludable.

Recientemente hemos investigado cuál es la situación de los niños y adolescentes en Colombia ante la hiperconexión y la vida digital. En este país, el teléfono móvil está presente desde edades tempranas, pero en la adolescencia, el acceso es mayoritario: el 81 % dispone de teléfono propio (parecido por ejemplo al 92,8 % en España).

Sin embargo, existen diferencias en las condiciones sociales, económicas, políticas y educativas en las que se integra su uso. Analizar la situación de Colombia resulta especialmente interesante porque sigue estando menos representada en la investigación internacional sobre bienestar digital adolescente.

Nomofobia: cuando el móvil genera ansiedad

La nomofobia es el miedo extremo a quedarse sin acceso al teléfono móvil. Es un miedo que genera ansiedad y altera la vida diaria.

Algunos adolescentes sienten inquietud cuando el móvil se queda sin batería o sin cobertura. Otros evitan situaciones en las que no pueden mirar sus dispositivos, como reuniones familiares, clases o actividades sociales.

En Colombia, este problema silencioso afecta a nueve de cada diez estudiantes y es más frecuente en mujeres.

Más de la mitad de los adolescentes presenta niveles moderados de nomofobia y uno de cada cinco alcanza niveles graves.

En estos casos, el móvil deja de ser solo una herramienta. Se convierte en recurso central para regular el estado emocional. Esto refuerza la necesidad de promover un uso más responsable y atender sus implicaciones psicológicas.

FoMO: el miedo a quedarse fuera

El uso intensivo de redes sociales se asocia con otro fenómeno frecuente en la adolescencia: el Fear of Missing Out (FoMO) o miedo a quedarse fuera de lo que otros están viviendo. Genera inquietud constante.

Este miedo impulsa a revisar las redes de forma repetida. El objetivo es no perder mensajes, eventos o novedades.

En jóvenes colombianos, el FoMO se vincula con mayor tiempo de conexión diaria y con dificultades para limitar el uso del móvil.

Los adolescentes con niveles altos de FoMO muestran más malestar cuando no acceden a las redes. También presentan mayor dependencia de la interacción digital.




Leer más:
Desconectar unas horas al día: un reto alcanzable y saludable para los adolescentes


‘Infoxicación’ y ‘scroll’ infinito

Las plataformas digitales están diseñadas para mantener la atención durante largos periodos. El scroll infinito permite consumir contenidos sin un final claro, lo cual dificulta que los adolescentes regulen su tiempo de uso.

En Colombia, la hiperconectividad se intensificó tras la pandemia. El acceso constante a información y uso continuado de redes sociales se han convertido en una fuente habitual de “infoxicación”. Afecta a casi tres de cada cuatro adolescentes.

En muchos casos, el tiempo de conexión supera las nueve horas diarias. Este uso prolongado genera saturación, cansancio mental y dificultades de concentración. También complica distinguir información verdadera de la falsa. Esto afecta al bienestar psicológico.

Redes sociales, autoimagen y autoestima

Las redes sociales no solo conectan a los adolescentes con sus iguales. También fomentan la comparación social. La exposición a fotografías retocadas y vidas idealizadas genera presión e inseguridad.

En Colombia, la evidencia no permite afirmar que un mayor uso de redes sociales reduzca automáticamente la autoestima. Algunos estudios no encuentran una relación directa con la autoimagen negativa.

En cambio, otros trabajos indican que patrones de uso vinculados a la comparación corporal y búsqueda de validación aumentan la vulnerabilidad en algunos jóvenes.

Cuando la agresión también ocurre en línea

La hiperconectividad facilita ciberagresiones como insultos, humillaciones o exclusión digital. A diferencia del acoso tradicional, estos contenidos se difunden con rapidez. Permanecen en el tiempo y llegan a un público más amplio.

En Colombia, casi dos de cada diez adolescentes reconoce haber sufrido o ejercido algún tipo de agresión en línea.

Este fenómeno preocupa especialmente al profesorado, que señala una elevada presencia de casos en los centros educativos y dificultades para abordarlos eficazmente .




Leer más:
Ansiosos y sin controlar su tiempo: así se sienten muchos universitarios hiperconectados


Retos emergentes

La evidencia colombiana muestra que muchos adolescentes afrontan riesgos asociados al uso intensivo de tecnología. Estos riesgos afectan al bienestar emocional, al descanso y a la concentración. Aunque el móvil forme parte de su vida cotidiana, su uso no siempre incorpora estrategias saludables.

Junto a estos problemas emergen nuevas formas de consumo digital, como el speedwatching (ver vídeos o series a mayor velocidad para consumir más contenido en menos tiempo) o el second screen (usar el móvil simultáneamente a otro dispositivo principal). Aunque estudios realizados en otros contextos sugieren efectos sobre la comprensión y el procesamiento de la información, en Colombia todavía no existen investigaciones sistemáticas sobre su impacto en la adolescencia.

Identificar su frecuencia y sus efectos es un reto pendiente. En un entorno que invita a no parar nunca, saber desconectar se consolida como una habilidad clave para el bienestar emocional.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Adolescentes y móviles en Colombia: cuando la conexión genera desconexión – https://theconversation.com/adolescentes-y-moviles-en-colombia-cuando-la-conexion-genera-desconexion-267494

Planning a trip? Here’s what you should know before taking off

Source: The Conversation – Canada – By Frédéric Dimanche, Professor and former Director (2015-2025), Ted Rogers School of Hospitality and Tourism Management, Toronto Metropolitan University

Geopolitical tensions, rising gas and jet fuel prices and regional unrest are introducing uncertainty for many international travellers in 2026.

The ongoing war in the Middle East has disrupted airspace and tourism across the region, with flights cancelled or rerouted and major hubs like Dubai affected.

Rising oil prices tied to the conflict are already leading to higher ticket fares. Canadians in affected regions have been asked to leave at the earliest opportunity, and many are seeking help from the government to do so.

These challenges follow earlier disruptions closer to home. The American attack on Venezuela prompted the Canadian government to advise Canadians to avoid Cuba — a popular winter destination. This resulted in many returning early or cancelling trips.

In February, civil unrest in western Mexico, particularly in Puerto Vallarta, caused travellers to interrupt their vacations and others to cancel or reschedule flights.

With such disruptions causing anxiety for Canadian travellers, there are many uncertainties as to where it might be safe to travel, whether to cancel travel plans and what travellers should do to lower risks.

Disruptions reshape travel — but don’t stop it

Tourism researchers have long observed that global travel is highly sensitive to political, economic and environmental events. Tourism crises are disruptions that affect consumer confidence, travel demand, transportation networks and the reputation of destinations.

Yet when problems arise in one region of the world, travel does not stop; it often shifts to other destinations. Airlines adjust routes, tour operators move customers to alternative locations and travellers change their plans.

Recent patterns reflect this adjustment. As Canadians continue avoiding travelling to the U.S., industry travel experts have noted increased trips to France, Japan and Mexico.

While most international travel continues safely, Canadians should be aware of current disturbances and practical steps to mitigate risk and travel confidently.

1. Is flying safe?

Flying remains the safest mode of transportation. In times of conflict, countries collaborate with aviation authorities, airlines and air traffic controllers to define “safe corridors” for all civil aircraft to use.

These corridors around regions currently avoided (such as the Middle East and Ukraine) are easy to identify with websites such as Flight Radar. This site also provides an airport disruption map that identifies airports experiencing delays and cancelled flights.

How do planes fly safely through war zones? (Itineris)

2. Will the trip become more expensive?

Kerosene is one of airlines’ highest costs after labour, and fares have already become much more expensive for both domestic and international routes in the past few days.

Airline pricing depends on input costs, demand and network adjustments as airlines reallocate planes to alternative destinations. If travel demand decreases, airlines propose fewer flights to the destination.

It’s recommended to book refundable or exchangeable tickets as early as possible to get cheaper fares, with the flexibility to change them as needed.

3. Will travel cause more stress?

Travellers should prepare for possible longer flight times to avoid dangerous regions, missed connections or cancellations. Currently the Middle East war makes it difficult for Canadians to travel to (and from) the Indian subcontinent, Africa and the Asia-Pacific region.

Experienced travellers know that travel problems can lead to frustration, anxiety, fatigue and sometimes anger, all exacerbated by other passengers’ behaviours, long wait times at the gate and long customer service lines to rebook a cancelled flight.

Social and news media may magnify anxiety and stress, as travellers share concerns and read about others’ situations.

4. How should travellers adapt to avoid risk?

When disruptions affect a destination, travellers typically cancel plans and find substitutes. They shift to destinations that offer similar experiences with fewer risks.

For example, Canadians who might have chosen Cuba may instead opt for Mexico, the Dominican Republic or Jamaica. These destinations offer similar all-inclusive beach vacations and have strong airline connections with Canadian cities.

Travellers should pay attention to international news, especially in sensitive regions. The current situation in the Middle East remains unpredictable, and travel recovery progress can be promptly suspended.

Consumers react to crises by avoiding the destination and finding substitute destinations, sometimes domestically: risk avoidance and feeling safe remain essential conditions for people to travel.

Practical advice for travellers

  1. Check official travel advisories. Before leaving Canada, consult the government’s travel advisory website for up-to-date information about risks, entry requirements and local conditions.

  2. Book your trip with a travel advisor. Travel professionals can support you before, during and after your trip. They will act as your advocate in a crisis by helping to manage disruptions, rebooking plans and handling emergencies with access to 24/7 assistance.

  3. Register with the Canadian government. Canadians travelling abroad should consider registering with the Registration of Canadians Abroad service. This allows the government to contact travellers during emergencies or major disruptions.

  4. Choose flexible travel arrangements. Try to book flights and accommodations that allow changes or cancellations.

  5. Purchase comprehensive travel insurance. A good policy should cover medical emergencies, trip cancellations and travel interruptions. However, read the fine print; not all policies cover war or political events.

  6. Check airline policies. Airlines should offer flexibility during disruptions, including waiving change fees, providing full refunds if passengers choose not to fly and proactively contacting affected travellers. But previous crises have taught us that getting support or compensation from an airline is not easy.

  7. Finally, plan for contingencies. Travellers should have backup payment methods, keep copies of important documents and allow extra time for flight connections. In destinations experiencing disruptions, bringing small essentials (such as medications or portable chargers) can also be helpful.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Planning a trip? Here’s what you should know before taking off – https://theconversation.com/planning-a-trip-heres-what-you-should-know-before-taking-off-277823

Why Iran is attacking Gulf energy infrastructure

Source: The Conversation – UK – By Matthew Powell, Teaching Fellow in Strategic and Air Power Studies, University of Portsmouth

Iran targeted energy facilities across the Middle East on March 18, including the world’s largest liquefied natural gas hub in Qatar, in retaliation for Israeli strikes on an Iranian gas field hours earlier.

Iran has gone on to attack other energy facilities across the Gulf. This has included hitting a Saudi refinery on the Red Sea and setting two Kuwaiti oil refineries ablaze in an intensification of its campaign against energy infrastructure in the region.

As an expert on military strategy, I see the Iranian attacks on Gulf energy facilities as part of a broader strategic agenda the regime in Tehran has employed to try and ensure its survival.

Iran’s attacks on energy infrastructure since the start of the conflict have been accompanied with wider missile and drone strikes against US military bases and infrastructure in the region. Through these attacks, which have killed seven American service personnel so far, the regime has looked to demonstrate its capacity and capability not only to international audiences but also the Iranian population.

This includes, perhaps most importantly, those responsible for maintaining Iran’s internal security. If those tasked with this responsibility began to doubt the regime’s capacity to respond to attack, they might become less inclined to suppress rebellions and uprisings.

The ability to exercise force has long been central to maintaining the regime’s domestic political position in Iran. This has been demonstrated by the brutal repression of various protest movements over the past decade or so.

A gas processing facility near Doha in Qatar.
A gas processing facility near Doha in Qatar, pictured in 2005.
Plamen Galabov / Shutterstock

In its attacks on Gulf energy infrastructure, Iran has two main goals. The first is to hit the Gulf states economically in the hope that this will reduce their willingness to provide support to the US.

Gulf countries are heavily reliant on the export of energy for revenue. In Qatar, for example, earnings from the hydrocarbon sector accounted for 83% of total government revenues in 2023. These revenues help Gulf states maintain the low tax regime that is enjoyed by their populations.

If these revenues reduce substantially because energy cannot be processed, some of these nations may begin to question their alliances with the US. Such a scenario would reduce the ability of the US to conduct military operations in the Middle East and project its power and influence on the region.

The war is already having a significant impact on these countries. Goldman Sachs has estimated that Qatar and Kuwait could see their GDP drop by 14% if the war lasts until the end of April. Likewise, Capital Economics has suggested that GDP in the region could fall by between 10% to 15% if the conflict causes lasting damage to energy infrastructure.

Rifts do not yet appear to be emerging between the US and its Middle Eastern allies. But Tehran will be calculating that prolonged attacks – alongside continued disruption to the vital strait of Hormuz shipping lane – will add strain to relations.

Raising energy prices

Iran’s second, and wider, goal is to raise global energy prices. The Middle East is a key energy supplier globally, so disruption to supplies in this region can have an almost immediate impact on prices.

The price of a barrel of Brent crude, the global benchmark for oil pricing, has increased from around US$68 (£51) on February 27 to nearly US$100. This has so far largely been the result of disruption to the strait of Hormuz, which has prevented the Gulf states from supplying their energy to global markets.

But Tehran’s calculation appears to be that further efforts to reduce Gulf energy supplies will force nations worldwide, who are having to implement costly policies to reduce the impact of increased energy prices on their populations, to question the actions of the US in Iran.

In the Philippines, which is highly dependent on the Gulf oil, the government has told its agencies to cut electricity and fuel use by between 10% and 20%. Vietnam has introduced work-from-home policies for many public sector workers. And the UK government has announced a £53 million support package for people who rely on oil for central heating.

Iran’s final strategic consideration is that attacking energy facilities may help erode domestic support for Trump in the US. This could force a change in political direction. The price of petrol has already increased to an average of US$3.60 per gallon in the US – a level not seen since the opening days of Russia’s 2022 invasion of Ukraine.

This price increase will be passed on to consumers, creating a headache for Trump ahead of midterm elections in November. Trump’s platform of reducing the inflation seen under the Biden administration was a key part of the election campaign that successfully returned him to the White House.

Iran’s attacks on energy infrastructure are likely to continue. This is because they enable the regime in Tehran to increase the costs of the war even to those who are not directly involved, ramping up global pressure on the US to draw the conflict to a close.

The Conversation

Matthew Powell does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Why Iran is attacking Gulf energy infrastructure – https://theconversation.com/why-iran-is-attacking-gulf-energy-infrastructure-278815

Planning a trip in 2026? Here’s what you should know before taking off

Source: The Conversation – Canada – By Frédéric Dimanche, Professor and former Director (2015-2025), Ted Rogers School of Hospitality and Tourism Management, Toronto Metropolitan University

Geopolitical tensions, rising gas and jet fuel prices and regional unrest are introducing uncertainty for many international travellers in 2026.

The ongoing war in the Middle East has disrupted airspace and tourism across the region, with flights cancelled or rerouted and major hubs like Dubai affected.

Rising oil prices tied to the conflict are already leading to higher ticket fares. Canadians in affected regions have been asked to leave at the earliest opportunity, and many are seeking help from the government to do so.

These challenges follow earlier disruptions closer to home. The American attack on Venezuela prompted the Canadian government to advise Canadians to avoid Cuba — a popular winter destination. This resulted in many returning early or cancelling trips.

In February, civil unrest in western Mexico, particularly in Puerto Vallarta, caused travellers to interrupt their vacations and others to cancel or reschedule flights.

With such disruptions causing anxiety for Canadian travellers, there are many uncertainties as to where it might be safe to travel, whether to cancel travel plans and what travellers should do to lower risks.

Disruptions reshape travel — but don’t stop it

Tourism researchers have long observed that global travel is highly sensitive to political, economic and environmental events. Tourism crises are disruptions that affect consumer confidence, travel demand, transportation networks and the reputation of destinations.

Yet when problems arise in one region of the world, travel does not stop; it often shifts to other destinations. Airlines adjust routes, tour operators move customers to alternative locations and travellers change their plans.

Recent patterns reflect this adjustment. As Canadians continue avoiding travelling to the U.S., industry travel experts have noted increased trips to France, Japan and Mexico.

While most international travel continues safely, Canadians should be aware of current disturbances and practical steps to mitigate risk and travel confidently.

1. Is flying safe?

Flying remains the safest mode of transportation. In times of conflict, countries collaborate with aviation authorities, airlines and air traffic controllers to define “safe corridors” for all civil aircraft to use.

These corridors around regions currently avoided (such as the Middle East and Ukraine) are easy to identify with websites such as Flight Radar. This site also provides an airport disruption map that identifies airports experiencing delays and cancelled flights.

How do planes fly safely through war zones? (Itineris)

2. Will the trip become more expensive?

Kerosene is one of airlines’ highest costs after labour, and fares have already become much more expensive for both domestic and international routes in the past few days.

Airline pricing depends on input costs, demand and network adjustments as airlines reallocate planes to alternative destinations. If travel demand decreases, airlines propose fewer flights to the destination.

It’s recommended to book refundable or exchangeable tickets as early as possible to get cheaper fares, with the flexibility to change them as needed.

3. Will travel cause more stress?

Travellers should prepare for possible longer flight times to avoid dangerous regions, missed connections or cancellations. Currently the Middle East war makes it difficult for Canadians to travel to (and from) the Indian subcontinent, Africa and the Asia-Pacific region.

Experienced travellers know that travel problems can lead to frustration, anxiety, fatigue and sometimes anger, all exacerbated by other passengers’ behaviours, long wait times at the gate and long customer service lines to rebook a cancelled flight.

Social and news media may magnify anxiety and stress, as travellers share concerns and read about others’ situations.

4. How should travellers adapt to avoid risk?

When disruptions affect a destination, travellers typically cancel plans and find substitutes. They shift to destinations that offer similar experiences with fewer risks.

For example, Canadians who might have chosen Cuba may instead opt for Mexico, the Dominican Republic or Jamaica. These destinations offer similar all-inclusive beach vacations and have strong airline connections with Canadian cities.

Travellers should pay attention to international news, especially in sensitive regions. The current situation in the Middle East remains unpredictable, and travel recovery progress can be promptly suspended.

Consumers react to crises by avoiding the destination and finding substitute destinations, sometimes domestically: risk avoidance and feeling safe remain essential conditions for people to travel.

Practical advice for travellers

  1. Check official travel advisories. Before leaving Canada, consult the government’s travel advisory website for up-to-date information about risks, entry requirements and local conditions.

  2. Book your trip with a travel advisor. Travel professionals can support you before, during and after your trip. They will act as your advocate in a crisis by helping to manage disruptions, rebooking plans and handling emergencies with access to 24/7 assistance.

  3. Register with the Canadian government. Canadians travelling abroad should consider registering with the Registration of Canadians Abroad service. This allows the government to contact travellers during emergencies or major disruptions.

  4. Choose flexible travel arrangements. Try to book flights and accommodations that allow changes or cancellations.

  5. Purchase comprehensive travel insurance. A good policy should cover medical emergencies, trip cancellations and travel interruptions. However, read the fine print; not all policies cover war or political events.

  6. Check airline policies. Airlines should offer flexibility during disruptions, including waiving change fees, providing full refunds if passengers choose not to fly and proactively contacting affected travellers. But previous crises have taught us that getting support or compensation from an airline is not easy.

  7. Finally, plan for contingencies. Travellers should have backup payment methods, keep copies of important documents and allow extra time for flight connections. In destinations experiencing disruptions, bringing small essentials (such as medications or portable chargers) can also be helpful.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Planning a trip in 2026? Here’s what you should know before taking off – https://theconversation.com/planning-a-trip-in-2026-heres-what-you-should-know-before-taking-off-277823

From gym to jawline: What looksmaxxing says about modern masculinity

Source: The Conversation – Canada – By Jillian Sunderland, PhD candidate in Sociology, University of Toronto

Young men and teenage boys are learning to see their faces and bodies as projects to measure and optimize.

On social media platforms like Reddit, Instagram and TikTok, jawlines are dissected, cheekbones compared and percevied “flaws” catalogued. Widely viewed videos and reels help users to rank their faces and identify areas for improvement. They’ll also advise on just how best to bulk up, trim down, make over and become more desirable — and more masculine.

This growing practice of ritualized self-scrutiny, and the litany of “solutions” in service of it, is known as “looksmaxxing.”

These “solutions” range from bizarre but mundane ones like “mewing” — the practice of continuously flattening the tongue against the roof of the mouth to define the jawline — to far more dangerous ones like “bone-smashing,” which involves repeatedly tapping facial bones with solid objects like a bottle or even a hammer in order to force them to sharpen for a defined look.

For scholars who study masculinity and social media like we do, this phenomenon suggests that something about masculinity might require serious critical analysis. Our work examines the rise of male beauty culture, its concomitant demands, the increasing esthetic labour men invest in their appearance and the cultural pressures shaping young men today.

And what we found is that there is a common pattern. As traditional pathways to masculine status such as stable work, home ownership and long-term partnerships are delayed or feel out of reach, the body becomes a locus of control — a site on which to reclaim power and sculpt a new vision of modern manhood.

Appearance becomes one of the few domains where control still feels possible.

Inside the looksmaxxing culture

While some of these practices that young men and boys have become preoccupied with are innocuous enough, the popularity of looksmaxxing does raise concerns.

Self-described looksmaxxers organize their efforts through intensive ranking systems and pseudo-scientific hierarchies. For instance, online guides encourage users to measure facial symmetry, jaw width and “canthal tilt” — the angle of one’s eyes relative to their cheekbones — as if masculine desirability could be quantified through technical metrics.

Others insist that “nothing can upgrade the face faster than reducing body fat” and provide instructions on how to achieve a “lethal face card” — slang for someone who is exceptionally good-looking.

These difficult standards and ranking systems often reproduce deeply rooted hierarchies of race and class by centring the “Chad body” or the archetypal “alpha male” — a white, muscular, aggresively dominant and affluent male.

In recent years, looksmaxxing — initially confined to fringe incel spaces and the broader online “manosphere,” where communities of men debate status through often misogynistic beliefs about women — has been sanitized for public consumption. As the concept entered mainstream digital culture, these pressures increasingly encroach on the lives of young men and boys.

Its organizing logic is simple. In order to reassert power and to reclaim their place as “manly” citizens, meeting specific esthetic standards through a series of grooming tactics is a necessary strategy.

As many young men push back against gender equality and reframe it as producing male disadvantage, looksmaxxing offers a seductive explanation for exclusion: you are simply esthetically deficient, and that can be fixed.

Masculinity in an era of uncertainty

To understand why looksmaxxing has gained traction, we need to look beyond social media and toward the broader conditions shaping young men’s lives.

For much of the 20th century, masculine status was closely tied to the breadwinner model, through which men’s authority and status flowed from stable employment and the ability to provide for their families. That model has steadily eroded.

In much of the industrial world, stable career ladders have given way to a contract- or gig-based economy and less secure employment opportunities. The rise of artificial intelligence has intensified employment anxieties further as young men confront a labour market where entire sectors of white-collar work are unstable.

Other status markers of adulthood have eroded as well. Young people today are less likely to own a home, face higher levels of economic precarity and are entering romantic relationships later, with a growing share of young men reporting little to no dating experience.

As the economic and social foundations of traditional masculinity weaken, the cultural scripts linking men to guaranteed partnership, power and authority have become less certain. These shifts are also unfolding alongside changing attitudes toward gender.

According to Ipsos, nearly one-third of Gen Z men globally agree that a wife should obey her husband, suggesting a resurgence of hierarchical views of gender relations among some young men.

In this climate, looksmaxxing reframes structural barriers as individual shortcomings. Young men are told that recognition and status can be reclaimed through straightforward investments in their appearance. Things like sharpening their jaw, building muscle and cultivating the coveted “hunter eyes” — eyes that are deep-set, almond-shaped with minimal upper eyelid exposure and no white visible below the iris, often associated with intensity and confidence.

The business of self-optimization

Social media platforms and relevant industries — including male skin-care companies — profit from young men’s preoccupation with perfection often with little or no mention of the physical, social, emotional or economic consequences that accompany such appearance practices, let alone the structural issues that underscore them.

Male anxiety is being monetized in the form of supplements, fitness coaching and cosmetic interventions, including multi-step skin-care regimens and intensive injections.

In this appearance-oriented environment filled with brand messaging, masculinity becomes a competitive asset to be purchased. Boys and young men have gradually become a highly profitable demographic, with corporations and businesses doubling down on advertisements and product offerings targeted specifically at them.

According to a leading provider of global business intelligence, market research and consumer insights, the men’s beauty products and skin-care industry globally will be worth more than US$5 billion in 2027.

The question now is no longer whether young men will pay attention to looksmaxxers and invest, but how far they’ll go in pursuit of occupational, social, sexual and economic prestige.

The Conversation

Jillian Sunderland receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

Jordan Foster receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

ref. From gym to jawline: What looksmaxxing says about modern masculinity – https://theconversation.com/from-gym-to-jawline-what-looksmaxxing-says-about-modern-masculinity-277130

Palm oil, cocoa, coffee… who’s going to tend to tomorrow’s large tropical plantations?

Source: The Conversation – France – By Alain Rival, Agronome. Agrosystèmes Biodiversifiés,, Cirad

Palm oil plantations, for one, are increasingly struggling with the sector’s declining attractiveness, which has hardly changed since the colonial era.

Behind basic foodstuffs like palm oil, cocoa, coffee and bananas that are part of our daily diet lies a rarely asked question. Who will agree to work in the fields of the world’s large tropical plantations in years to come? Since producing countries gained independence, the sectors that deal with field crop production have relied on a model largely inherited from the colonial period when export crops were produced for global markets, and their profitability long depended on abundant, compliant, and inexpensive labour.

But this model is running out of steam. While public debate around major tropical crop production sectors has long focused on environmental issues, the central challenge today is the social attractiveness of these horticultural systems.

Sectors shaped by their colonial history

Large-scale tropical agriculture was built on territorial specialisation and dependency on export. As we showed in a previous book about how human wellbeing is dependent on nature and how ecosystems function, independence did not fundamentally transform this productive logic, despite technical and institutional adjustments.

Power dynamics, labour organisation, and the priority given to external markets remain deeply structuring forces.

Oil palm in Southeast Asia, cacao in West Africa, and bananas in Latin America follow comparable trajectories, where environmental sustainability – supported by increasingly robust certification standards – has progressed more rapidly than the social transformation of these sectors.

This gap between a productive model inherited from colonial history and the social aspirations of contemporary rural societies in the tropics largely explains the current employment crisis that is affecting plantations.

Young people are turning away from plantation work

In Indonesia and Malaysia, the world’s leading palm oil producers, plantations are now struggling to recruit locally. Research conducted by John McCarthy, a political scientist at the Australian National University, shows that rural youth are increasingly turning away from agricultural work, which is seen as physically demanding, socially undervalued, and poorly paid.

This hardship is compounded by still insufficient mechanisation in many tropical sectors. It also deepens gender inequalities: the most physically demanding tasks continue to fall largely to men, while women are frequently relegated to insecure and undervalued positions, with restricted access to wages and social protection. Moreover, they are expected to juggle plantation work alongside domestic responsibilities, which heightens exhaustion and reinforces economic dependence.

Over the past century, work in oil palm plantations has changed very little. It remains highly physical and poorly paid, with workers cutting and carrying heavy loads in isolated areas.

To maintain production, plantations increasingly rely on migrant labour, often vulnerable. In Southeast Asia, dependence on foreign workers in oil palm plantations varies widely by country. It is particularly high in Malaysia, where migrants account for about 70–80% of workers in the sector, mainly from Indonesia, Bangladesh, Nepal, and India. When foreign labour became unavailable during the Covid-19 pandemic, some large plantations tried to attract local workers – including former offenders – and offered free housing, but this was not enough to reverse the sharp decline in production.

By contrast, in Indonesia, production relies mainly on national labour, often from internal migration between islands, and the share of foreign workers remains marginal.

The question thus becomes crucial: would young Indonesian or Malaysian people willingly choose plantation work, unless compelled by geographic isolation or the lack of viable local economic alternatives? This growing disengagement poses a serious threat to the long-term social cohesion and productive stability of the tropical plantation industry.

Certifying sustainability: limited progress

In response to criticism – particularly regarding deforestation risks – the agricultural sectors have multiplied certification schemes. Sustainable palm oil, certified cocoa, or coffee promise traceability and improved environmental practices. These tools have enabled real progress, but they often leave labour issues aside.

Palm oil certification, notably through mechanisms such as the Roundtable on Sustainable Palm Oil (RSPO), remains a long, complex, and costly process. It relies on demanding specifications, regular audits, and high traceability requirements, requiring substantial administrative and technical expertise. While large, agro-industrial companies can pool these costs and absorb the associated administrative burden, they represent a major obstacle for smallholders, who account for around 40% of Indonesia’s national palm oil production.

In many crop-producing regions, smallholders lack the time, financial resources, and support needed to achieve sustainable certification.

Audit costs, administrative complexity, and ongoing compliance requirements effectively exclude a large proportion of independent producers. The result is a paradox: the most vulnerable actors are also those who face the greatest difficulties in accessing mechanisms designed to improve sustainability, thereby reinforcing inequalities within the oil palm sector.

Sustainability is therefore still too often conceived at the level of the plot or the supply chain, without fully integrating employment conditions, career paths, and workers’ social prospects.

More demanding consumers, but not enough debate

Consumers are increasingly questioning the origin of tropical products and the transparency of production chains. However, this demand remains largely environmental. The issue of employment – its evolution and attractiveness – remains largely absent from public debate.

As Stefano Ponte, a specialist in global agricultural value chains, has analysed, this imbalance carries a major risk: without tangible improvements in working conditions, sustainability schemes may become mere compliance tools, without structural transformation of the sectors.

This reassessment also concerns organisations that monitor production and governance. Cooperatives, agro-industrial companies, and sectorial organisations play a key role in structuring employment, training, and professional recognition, yet they remain too rarely involved in sustainability strategies.

Rethinking attractiveness

The future of large plantations will depend less on yields than on their ability to attract and retain workers. Decent wages and working environment, appropriate mechanisation, access to training, and
social recognition of agricultural professions are becoming essential levers.

As emphasised by the FAO, rural employment is now a key factor in the sustainability of agricultural systems in tropical countries.

This is something not only farmers must reassess but also plantation managers and executives, who are having to rethink training and become more aware of social and environmental issues.

Initiatives such as the TALENT project, supported by the French Development Agency (AFD) and Cirad – The French agricultural research and international cooperation organisation working for the sustainable development of tropical and Mediterranean regions illustrate this shift by seeking to strengthen skills, career pathways, and the attractiveness of agricultural professions in Southeast Asia within a sustainability perspective.

A political issue before an agricultural one

Behind palm oil, cocoa, and coffee lies a fundamental political question: what will the future look like for postcolonial tropical societies?

Continuing to anchor these economies in export crops governed largely by an extractivist logic undermines their social appeal and compromises their long-term resilience.

The challenge, therefore, is not only how to produce more sustainably, but also who will keep production going tomorrow – and under what social and economic conditions.


A weekly e-mail in English featuring expertise from scholars and researchers. It provides an introduction to the diversity of research coming out of the continent and considers some of the key issues facing European countries. Get the newsletter!


The Conversation

Alain Rival ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Palm oil, cocoa, coffee… who’s going to tend to tomorrow’s large tropical plantations? – https://theconversation.com/palm-oil-cocoa-coffee-whos-going-to-tend-to-tomorrows-large-tropical-plantations-278050

Du cowboy au croisé : comment Trump dévoie les vieux mythes américains dans la guerre contre l’Iran

Source: The Conversation – in French – By Jérôme Viala-Gaudefroy, Spécialiste de la politique américaine, Sciences Po

Le récit national des États-Unis repose sur de nombreux mythes que le président actuel recycle sans cesse dans ses discours en les centrant sur sa propre personne. C’était notable durant son premier mandat ; c’est devenu frappant depuis le début du second et, particulièrement flagrant, depuis le 28 février dernier. Face à l’Iran, Trump se présente comme un cowboy intrépide qui combat des « sauvages » le long d’une « nouvelle frontière », certain que sa violence est justifiée car la Providence l’a choisi.


La guerre contre l’Iran ne révèle pas seulement une escalade militaire. Elle éclaire la manière dont Donald Trump réactive de vieux mythes américains comme la « frontière » (The Frontier, en anglais, le récit mythique de la conquête de l’Ouest), le cowboy, la violence régénératrice et la Providence, en les vidant de leur part civique pour les convertir en récits de domination.

C’est là ce qui le distingue de ses prédécesseurs : il ne mobilise pas ces mythes pour exalter l’effort collectif ou l’idéal démocratique, mais pour mettre en scène la domination, l’épuration et la toute-puissance personnelle.

Une guerre nourrie par les mythes

Depuis le début de la guerre contre l’Iran, Trump parle moins comme un président que comme un conquérant. Il exige la « reddition sans condition » de Téhéran, promet que « des bombes tomberont partout » et évoque le choix de dirigeants « grands et acceptables » pour l’après-guerre. Ce langage ne décrit pas seulement une opération militaire : il réactive une vieille grammaire de la puissance américaine, sous une forme brutalement durcie.

Dans Republics of Myth (2022), Hussein Banai, Malcolm Byrne et John Tirman montrent que le conflit avec l’Iran n’est pas seulement alimenté par des intérêts stratégiques, mais par deux récits nationaux incompatibles qui transforment chaque crise en confirmation des humiliations, peurs et hostilités déjà présentes.

Du côté américain, le récit national reste structuré par le mythe de la « frontière » : un espace à dompter, des « sauvages » à vaincre, une mission à accomplir. Appliqué au Moyen-Orient, ce schème transforme l’Iran en frontière extérieure à discipliner. Trump ne crée pas ce récit ; il le radicalise.

La « frontière », de l’expansion à la prédation

Dans son discours d’investiture du 20 janvier 2025, Trump présente la « frontière » comme l’un des grands mythes fondateurs de la nation. Les États-Unis doivent redevenir « une nation qui accroît sa richesse, étend son territoire » et poursuit sa « destinée manifeste ». Il ajoute que « l’esprit de la “frontière” est gravé dans nos cœurs ». La « frontière » n’est plus ici une métaphore du progrès collectif : elle redevient un langage de puissance et d’appropriation.

Cette rhétorique n’est d’ailleurs pas restée théorique : dès les premières semaines du second mandat, Trump répète que le Canada devrait devenir le 51ᵉ État et affirme à propos du Groenland :

« Je pense que nous allons l’avoir, d’une manière ou d’une autre. »

Ce récit est enraciné dans un imaginaire puritain de mission dans les contrées sauvages (wilderness), de « Nouvelle Jérusalem » et de conquête violente d’un territoire peuplé de figures traitées comme des « barbares ». Republics of Myth montre aussi comment cette grammaire a été projetée vers l’extérieur, de l’Amérique latine au Moyen-Orient. Trump ne reprend donc pas une vieille image américaine ; il en réactive la version la plus expansionniste.

Le même mécanisme vaut à l’intérieur – à la frontière sud, Trump parle d’« invasion », d’« occupation migrante » et de « sauvages », là encore – comme à l’extérieur, puisque l’Iran est décrit en termes apocalyptiques comme une « force du mal » à abattre qui représentait un danger existentiel imminent.

Dans les deux cas, il s’agit moins de protéger une frontière que de théâtraliser une reconquête à travers un récit moral de lutte du Bien contre le Mal.

Le cowboy devenu culte du chef

Le deuxième mythe est celui du cowboy, tel que l’analyse l’historienne Heather Cox Richardson qui incarne l’idéal d’un « vrai » Américain, toujours blanc, qui agit seul, n’attend rien du gouvernement, protège les siens et impose sa volonté en dominant les autres. Richardson montre que ce mythe, recyclé depuis Barry Goldwater et surtout Ronald Reagan, est devenu central dans la culture politique du Parti républicain. Sous Trump, il passe à l’extrême.

Cette phrase prononcée lors de l’annonce du début des frappes contre l’Iran, le 28 février dernier, résume cette logique :

« Aucun président n’a été prêt à faire ce que moi, je suis prêt à faire ce soir. »

Le cowboy n’est plus une figure d’autonomie populaire ; il devient l’homme d’exception, celui qui ose seul, au-dessus des prudences institutionnelles. Trump absorbe le mythe dans sa propre personne. Ayant en tête le possible complot iranien visant à l’assassiner pendant la campagne de 2024, il présente même la mort de l’ayatollah Ali Khamenei comme un duel à OK Corral (dont l’un des protagonistes historiques, Wyatt Earp, est souvent érigé en héros par Donald Trump) :

« Je l’ai eu avant qu’il ne m’ait. »

Là où d’autres présidents pouvaient mobiliser des images pionnières pour raconter un effort national, Trump transforme le cowboy en matrice du chef charismatique et transgressif. Le héros ne représente plus un ordre collectif ; il externalise le conflit, polarise le monde en Bien et Mal, et ne se justifie plus que par sa capacité à vaincre.

Ce schéma n’est pas sans précédent : de l’« empire du Mal » dénoncé par Ronald Reagan à l’« axe du Mal » que George W. Bush disait combattre, la tradition présidentielle états-unienne a souvent opposé un « nous » vertueux à un « eux » menaçant, mais chez le président Trump, le récit moral ne sert plus seulement à défendre des valeurs ou le « monde libre », mais à magnifier un chef qui se légitime par sa seule capacité à vaincre.

La violence comme promesse de régénération

Le troisième mythe est celui de la violence régénératrice, identifié depuis longtemps par l’historien Richard Slotkin. Il montre combien l’idée selon laquelle la violence peut purger le désordre et restaurer l’ordre perdu se trouve au cœur du récit national dans l’histoire politique moderne des États-Unis. Cette violence n’est pas un accident de la « frontière » ; elle en est le moteur symbolique. Elle détruit l’obstacle, répare l’humiliation – par exemple, celle laissée par la crise des otages de 1979 que Trump rappelle dans son allocution du 28 février 2026 –, purifie l’espace et régénère la communauté.

Dès 2017, lors de son discours d’investiture, Trump parle de « carnage américain » et peint le portrait d’un pays ravagé qu’il faudrait restaurer par la rupture – un récit emprunté à la tradition rhétorique de la Jérémiade. En 2025-2026, cette logique s’étend à la politique étrangère. À West Point, s’adressant aux jeunes diplômés de l’Académie militaire des États-Unis, il exprime sa détermination à « tuer les ennemis de l’Amérique », à « écraser tout adversaire » et à « anéantir toute menace ».

Depuis le commencement de son second mandat, ce mythe est encore plus théâtralisé par une fusion assumée entre divertissement et réalité, comme en témoigne une vidéo publiée par la Maison-Blanche mêlant des images des frappes contre l’Iran à des scènes de films hollywoodiens et de jeux vidéo sous le slogan « Justice à l’américaine ». À ses ennemis, Trump promet la « mort certaine » et relie la destruction à une prétendue libération politique.

La violence n’est donc plus seulement un moyen ; elle devient la condition du renouveau. C’est ici que Trump s’écarte le plus visiblement d’un usage présidentiel plus classique de la puissance.

Là où ses prédécesseurs associaient la force à un projet explicite de transformation politique – démocratisation, state-building, refonte régionale –, Trump exprime une croyance bien plus radicale : la puissance y devient une vertu en tant que telle, et l’écrasement de l’ennemi sa preuve la plus éclatante. La violence ne prépare pas un ordre nouveau ; elle devient un objectif, comme si la seule démonstration de puissance suffisait à produire une solution politique.

Chez Trump, le vieux mythe américain de la violence est donc débarrassé de ses habillages universalistes : il ne reste que la destruction comme preuve de puissance.

La Providence réduite à la mission du leader

Le quatrième mythe est religieux, puisque la « frontière » américaine est, dès l’origine, liée à un imaginaire providentialiste : mission dans les contrées sauvages, peuple élu, rapport protestant direct à Dieu. Trump reprend cette tradition, mais en la déplaçant vers sa propre personne. Dans son discours d’investiture de 2025, il affirme que Dieu l’a sauvé pour une raison : rendre sa grandeur à l’Amérique.

Au National Prayer Breakfast, il déclare encore que Dieu a « un plan spécial et une mission glorieuse pour l’Amérique ».

Là encore, le mythe d’origine est perverti. La Providence n’est plus mobilisée pour rappeler une vocation collective de la nation, mais pour sacraliser la personne du président dans un rôle quasi messianique. Les soutiens de Trump aggravent cette dérive : une partie du trumpisme évangélique lit son rôle à travers l’onction, la prophétie ou la guerre du Bien contre le Mal. Le religieux sacralise la force.

Pete Hegseth, le ministre de la guerre, en est l’incarnation parfaite. Figure du croisé moderne, il associe christianisme nationaliste, virilité martiale et légitimation sacrale de la force.

Ce que révèle vraiment la guerre en Iran

Le récit que sous-tend la guerre contre l’Iran agit comme un révélateur. Il se fonde sur de vieux mythes américains qui ne sont pas seulement réutilisés par Trump, mais durcis et dévoyés. La « frontière » se mue en prédation, le cowboy en culte du chef, la violence en écrasement rédempteur et la religion en sacralisation du leader.

Trump ne s’inscrit pas simplement dans la tradition présidentielle états-unienne : il en radicalise les ressorts les plus sombres, en vidant ces récits de leur part civique, morale ou universaliste pour n’en garder que le noyau le plus brutal – conquête, force, droit divin, annihilation de l’ennemi –, ce qui semble séduire une majorité de sympathisants républicains.

The Conversation

Jérôme Viala-Gaudefroy ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Du cowboy au croisé : comment Trump dévoie les vieux mythes américains dans la guerre contre l’Iran – https://theconversation.com/du-cowboy-au-croise-comment-trump-devoie-les-vieux-mythes-americains-dans-la-guerre-contre-liran-278516