Los récords del turismo comprometen el agua cuando y donde más escasea en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jaime Martínez Valderrama, Científico Titular, Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA – CSIC)

Veraneantes en una playa de Torrevieja, Alicante. Alex Tihonovs/Shutterstock

Cada año, España bate su récord de turistas. Los 58,1 millones de visitantes hasta julio –otro récord pulverizado– apuntan a que en 2026 rebasará los 100 millones de turistas. Son buenas noticias para las grandes cifras macroeconómicas. Más turistas implica un mayor crecimiento del PIB y del empleo. El sector turístico es un motor de la economía española. Se estima que ha supuesto en el año 2024 un 12,6 % del PIB, una cifra superior en un 109 % a la de 2021, y generó más de 2,7 millones de puestos de trabajo, el 12,3 % del empleo total.

Pero todos esos logros a escala de país no siempre coinciden con la percepción ciudadana. Cuando se orientan cada vez más hacia la demanda turística, los centros urbanos se transforman, perjudicando a la población local. Los barrios pierden su alma al mismo ritmo que las ciudades de todo el mundo adquieren un extraño parecido entre sí.

La presión turística puede terminar desplazando a los propios habitantes. Los precios de la vivienda –que también baten récords– aumentan y cada vez más inmuebles se destinan al alojamiento turístico. Cambia la vida cotidiana: desaparecen comercios de proximidad, sustituidos por negocios orientados al visitante; el ruido y la actividad constante dificultan el descanso y los espacios de encuentro y convivencia se convierten progresivamente en escenarios para el consumo turístico. El descontento ha llegado al extremo de alimentar movimientos contra el turismo masivo y de extender el término turismofobia.

Mayor consumo de agua cuando más escasea

En el plano medioambiental, esta presión turística se traduce, entre otros impactos, en desertificación y, más específicamente, en el deterioro y declive de los recursos hídricos de las zonas áridas. El grueso de turistas visita España en el peor momento del año hidrológico y se siente especialmente atraído por las zonas áridas, es decir, aquellas en las que menos llueve y más agua se evapora, con lo que su balance hídrico es muy pobre.

Mapa que muestra la aridez en las diferentes regiones de España por colores, de verde a rojo (mayor aridez).
Índice de aridez medio en España para el periodo 1991-2020.
Beguería et al. (2025)/Atlas de la Desertificación de España, CC BY-SA

Pasado el mes de junio, las reservas hídricas van menguando y es entonces cuando se llenan miles de piscinas y la población de muchos municipios aumenta considerablemente.

No se trata de un consumo de agua extraordinario si lo miramos a escala de país. El turismo apenas representa una pequeña fracción del abastecimiento urbano –alrededor de 130 hm³ al año, aunque este dato no considera las viviendas de uso turístico–, que a su vez representa el 17 % del consumo de agua (frente al 77 % del uso agrario, unos 22 000 hm³ al año). Sin embargo, al concentrarse en el momento y en los territorios más desfavorables desde el punto de vista hídrico, su incidencia a escala local puede ser mucho mayor de lo que refleja su peso en el consumo total de agua del país.

Las áreas más afectadas

El turismo se concentra principalmente en el litoral mediterráneo, Andalucía atlántica, Canarias y las grandes urbes de Madrid y Barcelona. Estos territorios forman parte de las zonas con un estrés hídrico extremadamente alto, que ocupan un 43 % del país. Este índice representa la ratio entre el total de agua utilizada y el total de recursos renovables y fluctúa entre 1 (poco estrés) y 5 (máximo estrés) de acuerdo al porcentaje de agua extraída anualmente.

Así, en los territorios con estrés hídrico 5 (supone extraer más del 80 % del agua renovable disponible), y durante cualquier período mínimo de sequía, el aumento repentino del consumo (como el causado por turismo) o alteración en la calidad del agua se traduce directamente en una crisis severa de desabastecimiento.

Algunos datos hablan por sí mismos de la presión a la que están sometidos territorios donde no sobra el agua. El 63 % de los municipios con más de un millón de pernoctaciones se encuentran en zonas con un estrés hídrico alto o extremadamente alto, y otro 35 % en zonas con estrés medio-alto. Además, el 69 % de las pernoctaciones entre junio y septiembre –el período más vulnerable desde el punto de vista del suministro de agua– tiene lugar en estas zonas sometidas a mayor estrés hídrico.

Si comparamos la población de los municipios (dato de 2020) con la media anual de turistas que reciben (período 2020-2025), nos encontramos con cifras difíciles de creer. Por ejemplo, Jávea (Alicante), con 20 016 habitantes, recibe una media de 283 590 turistas al año; Ciutadella (Menorca) recibe 15,8 veces más turistas que habitantes (30 588 frente a 485 069) y Roses (Girona), 16,8 veces más (19 807 frente a 332 793).




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Sin duda, esta avalancha de personas contribuye a la economía local, pero también conlleva impactos ambientales que, en muchas ocasiones, pueden ser irreversibles.

A ello se añade la apuesta por un modelo urbano disperso en muchos destinos turísticos, asociado a la búsqueda de una supuesta mayor calidad de la oferta, pero que implica un mayor consumo de recursos naturales, especialmente suelo y agua. En un adosado o un chalet, el consumo de agua puede multiplicar por cuatro o cinco el de un modelo de ciudad compacta.

También hay que considerar la proliferación de piscinas individuales, con ratios inferiores a 20 habitantes por piscina en muchas provincias del litoral mediterráneo, muy por debajo de la media nacional.

Lista y mapa que muestra el número de habitantes por piscina en las provincias españolas
Habitantes por piscina en las provincias españolas.
IGN-CNIG

Dunas, lagunas y ríos alterados

Además de añadir presión a unos recursos hídricos ya de por sí raquíticos, estas cifras del turismo han ido acompañadas del deterioro de buena parte de la franja litoral. Bajo el cemento, las urbanizaciones, los alojamientos turísticos, los campos de golf y las infraestructuras han quedado sepultados ecosistemas dunares y lagunas costeras desde los años sesenta del pasado siglo, al tiempo que se han alterado los desagües naturales del territorio.

Ramblas, rieras y torrentes reaparecen con fuerza durante los temporales de otoño e invierno, con su dinámica torrencial, poniendo de manifiesto las consecuencias de una ocupación poco ordenada del territorio.

La orientación del turismo hacia zonas áridas coincide, en realidad, con los lugares que la población general también ha elegido para vivir. Una gran parte de la población española y el grueso de los turistas que nos visitan se concentran en las zonas dotadas con mejores infraestructuras de todo tipo, las cuales están, en general, en zonas áridas.




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Aunque en el imaginario colectivo las zonas áridas se tienen por territorios pobres y despoblados, en los que el viento arrastra salicornios como en las películas del Oeste, lo cierto es que el 80 % de la población española vive en zonas áridas, una tendencia que se ha ido reforzando con el paso de los años.

Madrid y Barcelona, por ejemplo, se asientan en zonas áridas, como ocurre con otras grandes capitales y con buena parte del litoral mediterráneo. No debe sorprendernos si tenemos en cuenta que el 67 % de España es árido.

La desertificación –y, en este caso, el turismo masivo– debe abordarse desde la planificación territorial, mediante un conjunto de medidas que permitan ajustar las demandas a los recursos disponibles y utilizarlos de manera eficiente, sin olvidar que una parte de esos recursos debe quedar reservada para el sostener las funciones vitales de la naturaleza, imprescindible para nuestra supervivencia y bienestar.

The Conversation

Jaime Martínez Valderrama ha recibido fondos del proyecto ATLAS financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)

Javier Martí Talavera ha recibido fondos del proyecto ATLAS financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)

Jorge Olcina Cantos ha recibido fondos del proyecto ATLAS de la Desertificación en España, financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)

Juanma Cintas recibe fondos del proyecto ATLAS de la Desertificación en España, financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)

Fernando Gallardo Olmedo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Los récords del turismo comprometen el agua cuando y donde más escasea en España – https://theconversation.com/los-records-del-turismo-comprometen-el-agua-cuando-y-donde-mas-escasea-en-espana-289001

Los populistas afirman hablar en nombre de “el pueblo”, pero ¿a quiénes se refieren realmente?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Clara Juarez Miro, Investigadora Beatriz Galindo, Departament de Ciència Política, Dret Constitucional i Filosofia del Dret, Universitat de Barcelona

CC7/Shutterstock

A medida que crece el apoyo a los movimientos populistas en todo el mundo, el término se ha convertido en una especie de palabra de moda. Se utiliza para describir movimientos y figuras públicas muy diferentes en contextos políticos muy distintos. Estos abarcan desde figuras de la derecha, como Jair Bolsonaro en Brasil y Narendra Modi en la India, hasta figuras de la izquierda, como el estadounidense Bernie Sanders, el español Pablo Iglesias y el sudafricano Julius Malema.

Para complicar aún más esta cuestión, los estudiosos tienden a utilizar diferentes definiciones de populismo. Algunos lo consideran una ideología, otros un tipo de discurso, o incluso una forma de gobierno. A pesar de estas diferencias, la mayoría de las definiciones coinciden en una idea fundamental. El populismo divide a la sociedad en dos grupos opuestos: el “pueblo puro” y las “élites corruptas”.

El concepto de “el pueblo” es la piedra angular del populismo, pero aún sabemos relativamente poco sobre lo que realmente significa para sus seguidores verse a sí mismos como parte de este grupo. Gran parte de la investigación se ha centrado en los propios partidos y líderes populistas, incluyendo cómo presentan su versión de “el pueblo” como moralmente superior a las élites corruptas. Mi propia investigación analiza el otro lado, para averiguar qué significa para los seguidores que votan por ellos para que lleguen al poder.

Un concepto infinitamente flexible

Algunos expertos han argumentado que la vaguedad sobre quiénes son “el pueblo” es, en realidad, un elemento clave del fuerte atractivo del populismo. Al tratarse de un concepto amplio y flexible, puede traspasar fronteras e ideologías políticas, lo que permite a diferentes grupos de votantes identificarse con él e imaginarse a sí mismos como parte de una misma comunidad más amplia.

Esto no solo ocurre con “el pueblo”, sino también con términos como “establishment” o “élites” se utilizan con un efecto similar para identificar de manera general a quienes no forman parte de “el pueblo”.

Esta flexibilidad implica que los miembros de ese grupo pueden variar considerablemente. Los políticos pueden utilizar el término para referirse a quienes comparten una identidad cultural concreta, como hace la populista de derecha francesa Marine Le Pen cuando lo invoca para promover políticas que dan prioridad a los ciudadanos franceses.

Del mismo modo, otros lo consideran directamente superpuesto a las agrupaciones nacionales. Vox, por ejemplo, suele afirmar que habla en nombre de “el pueblo español”.

Sin embargo, otros, como la populista alemana Sahra Wagenknech –cuya posición política combina elementos de la extrema izquierda y la extrema derecha–, utilizan el término para referirse a grupos económicamente desfavorecidos, por ejemplo, defendiendo a aquellos que han sido “olvidados durante años por los políticos”, para promover salarios más altos y prestaciones sociales más sólidas.




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Aunque los miembros de este grupo imaginario pueden ser completamente diferentes, los populistas de todo el espectro político presentan a “el pueblo” como un colectivo unificado y moralmente bueno cuyos intereses están siendo ignorados o traicionados por élites corruptas. Las figuras y los partidos populistas se presentan a sí mismos como la solución, una fuerza que es la única capaz de comprender y servir a un electorado oprimido y desatendido.

Es tan importante prestar atención a quiénes incluyen los políticos en esta comunidad imaginaria como a quiénes excluyen. En la derecha, esto suele seguir líneas culturales o raciales, mientras que la izquierda suele excluir a las clases sociales más ricas.

Los políticos populistas pueden llegar incluso a sugerir que cualquiera que no esté de acuerdo con ellos no pertenece en realidad a “el pueblo”. El británico artífice del Brexit Nigel Farage lo expresó en los términos más literales cuando dijo: “Nosotros somos el pueblo. El Partido del Brexit es el pueblo”.




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Los seguidores populistas

Investigaciones anteriores han medido el grado de identificación de los votantes individuales con “el pueblo”. Sin embargo, para comprender mejor qué significa pertenecer a este grupo, también debemos dar un paso atrás y analizar las interpretaciones, emociones y experiencias que los simpatizantes asocian a esta comunidad imaginada.

Una forma de hacerlo es hablar con miembros de diferentes movimientos populistas, con el fin de comprender su visión. Otra forma puede ser analizar la comunicación entre ellos en comunidades en línea. Estos espacios ofrecen un entorno sin límites geográficos para interpretar conjuntamente los mensajes políticos, desarrollar un sentido compartido de identidad y pertenencia, y negociar quién está incluido –y quién excluido– en “el pueblo”.




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Mi propia investigación ha seguido estas dos líneas. En un estudio reciente, analicé 6 000 interacciones en comunidades en línea, así como 33 entrevistas en profundidad con simpatizantes populistas de derecha e izquierda. El análisis reveló que se identificaban con “el pueblo” de tres maneras: a través de cómo imaginan al grupo, cómo se sienten respecto a él y cómo experimentan el hecho de formar parte de él.

Tal y como sugieren investigaciones anteriores, los seguidores suelen imaginar a “el pueblo” como trabajador, merecedor y moralmente legítimo. Los partidarios de la derecha vinculan esta identidad con la pertenencia cultural, mientras que los de la izquierda hacen hincapié en la identidad de la clase trabajadora.

Sin embargo, esta identificación también es profundamente emocional. Los seguidores expresan un gran afecto y lealtad hacia sus políticos populistas preferidos, al tiempo que muestran ira y miedo hacia las élites, los oponentes y los grupos que consideran una amenaza para la comunidad. También expresan un profundo amor y comprensión hacia los demás miembros de “el pueblo”, tanto si esta comunidad es más abstracta como si está formada por personas concretas con las que están en contacto, ya sea en línea o en el mundo físico.

Asimismo, experimentan el grupo a través de las relaciones y la participación política. La interacción con otras personas que perciben como miembros genera un sentimiento de pertenencia, validación y propósito, mientras que la actividad política –ya sea en persona, en mítines y manifestaciones, o en línea– puede reforzar este sentido de comunidad y fomentar una mayor participación.

En conjunto, esto sugiere que el apoyo populista no se reduce únicamente a ideas o políticas concretas. La identificación con “el pueblo” funciona porque la flexibilidad del término permite a los políticos enmarcarlo de formas convincentes, y porque las interpretaciones de los simpatizantes coinciden con esos mensajes políticos.

Pero también es una fuente de aspiración, ya que ofrece un sentido de comunidad y pertenencia a quienes llegan a verse a sí mismos como parte de este grupo. Ayuda a los seguidores a sentir que pertenecen a algo, que los demás los comprenden y que están conectados a un propósito común.

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Clara Juarez Miro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Los populistas afirman hablar en nombre de “el pueblo”, pero ¿a quiénes se refieren realmente? – https://theconversation.com/los-populistas-afirman-hablar-en-nombre-de-el-pueblo-pero-a-quienes-se-refieren-realmente-291933

Gloria Steinem: el eco de la historia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Socorro Suárez Lafuente, Profesora de Literaturas y Culturas en Lengua Inglesa, Universidad de Oviedo

La escritora y activista por los derechos de las mujeres Gloria Steinem pronuncia un discurso en la Marcha de las Mujeres en Washington, el sábado 21 de enero de 2017. Michael Candelori / Shutterstock

Como otras muchas mujeres a lo largo de la historia, Gloria Steinem llegó al feminismo al preguntarse el porqué de las situaciones que veía a su alrededor.

Ya Christine de Pizan, en los albores del siglo XV, inició el debate conocido históricamente como “La querella de las mujeres” al escribir su La ciudad de las damas (1405). En el libro, Pizan construye una ciudad regida por las mujeres, siguiendo a nombres femeninos ilustres. Así demostraba que estas eran perfectamente capaces de participar en cualquier aspecto público y social si los hombres dejaban de obstaculizar con argumentos misóginos el acceso de las mujeres a la educación y al pensamiento activo.

Vinieron luego otros intentos, como la Declaración de Seneca Falls en 1848, que buscaba analizar el estado de los derechos de las mujeres, y, medio siglo después, el sufragismo. Hubo también mujeres que, individualmente, consiguieron hacerse oír en medio de la reacción del discurso dominante masculino.




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Mary Wollstonecraft escribió en 1792 La vindicación de los derechos de la mujer, en la misma línea que Pizan cuatro siglos antes. Y, en pleno siglo XX, Virginia Woolf se preguntó por qué las mujeres no podían estudiar, trabajar y ser independientes económicamente, lo que les hubiera permitido tener una habitación propia donde sentarse a pensar.

Así mismo, Simone de Beauvoir escribió El segundo sexo (1949) como reflexión histórica sobre la falta de nombres femeninos en la historia y en la filosofía.

El derecho a la palabra

Todas estas voces tuvieron eco en muchas mujeres que dejaron su voz inscrita en numerosas aportaciones artísticas y científicas, si bien fueron ignoradas por quienes ostentaban el poder de decidir qué debía llegar a oídos de la gente. Y aunque es lógico pensar que el desarrollo de las revoluciones occidentales (ciudadanía, industrialización, democracia, tecnología) habrían de propiciar un entorno favorable a la la igualdad, lo cierto es que en décadas tan recientes como los años 60 y 70, Gloria Steinem prueba, con su lucha y su palabra, que no es así.

Steinem se pronunció, junto con otras feministas, a favor de lo obvio: el derecho a la propia palabra, al propio cuerpo y a no ser usadas y cosificadas por el deseo masculino, entre otras cuestiones esenciales.

Portada de primavera de 1972 de _Ms._.
Portada de primavera de 1972 de Ms..
Ms. magazine/Liberty Media for Women, LLC, CC BY-SA

En 1972, fundó la revista Ms.. Su objetivo era que las periodistas dejaran de ser una anécdota en las publicaciones “para mujeres”, dedicadas a promocionar productos de belleza y artilugios para el hogar, y pudieran expresar opiniones y juicios de valor, con el consiguiente cambio en la manera de pensar de las lectoras.

Ella misma escribió artículos fundamentales para denunciar las desigualdades sociales y jurídicas en temas cruciales como el matrimonio, la contracepción o la sexualidad. De esa forma, consiguió que muchas mujeres la escucharan, despertaran del sueño del amor romántico y de la mística de la feminidad a la que estaban sometidas y salieran a la calle a luchar por sus derechos.

Steinem fue cofundadora de varias asociaciones de mujeres, junto con otras feministas notables como Betty Friedan, Robin Morgan y Kate Millett. Ya en 1971 pronunció un llamamiento en el que se refirió abiertamente al sexismo y la misoginia, pero también al racismo y a las desigualdades sociales evidentes. En este manifiesto encontramos la muy citada frase “Esto no es una simple reforma. Esto es realmente una revolución”.

El poder de nombrar

Ningún tema le fue ajeno a Gloria Steinem cuando se trataba de exponer desigualdades manifiestas y abusos de poder de todo tipo. Y no escatimó tiempo ni palabras para exigir derechos fundamentales y el cambio de la legislación pertinente para defenderlos. Trató amplia y públicamente, hace medio siglo, temas entonces tabú como todo lo referente al cuerpo de las mujeres, su uso y abuso, la reproducción, el aborto, la transexualidad o la mutilación genital. También la necesidad de que las mujeres desarrollaran su capacidad intelectual y profesional al máximo, lo que exigía corresponsabilidad absoluta en las tareas de casa y familia.

En seis décadas de trabajo incesante, escribiendo, dando charlas, viajando continuamente y hablando abiertamente, Steinem no hizo sino actualizar las reivindicaciones históricas de las mujeres, que no son otras que nombrar lo que aún es invisible y revisar las definiciones obsoletas. Porque el lenguaje, que está en continuo desarrollo, es testigo directo de los cambios sociales y se amplía con ellos.

En su artículo “Las palabras y el cambio” (1979) deja una de sus frases icónicas: “las palabras son importantes porque tienen el poder de excluir”. Esta sentencia, por sí sola, cambiaría el mundo si paráramos a pensar sobre ella.

Gloria Steinem ha dejado amplia constancia en sus escritos de que la libertad para desarrollar las capacidades personales solo puede repercutir en beneficio de la humanidad, pues no se perdería el potencial individual y habría menos ansiedad, menos miedo y menos tensiones sociales.

Y aunque no hay razones para un optimismo radical, tampoco debemos entregarnos a un pesimismo paralizante. Porque el mundo necesita que activemos el pensamiento de Gloria Steinem.


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The Conversation

María Socorro Suárez Lafuente no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Gloria Steinem: el eco de la historia – https://theconversation.com/gloria-steinem-el-eco-de-la-historia-291817

Volar más no implica volar mejor: qué hace eficientes a las aerolíneas europeas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Julio I. Lozano Ramírez, Doctor en Turismo / PhD in Tourism, Universidad de Cádiz

Fabian Montano Hernandez/Shutterstock

La aviación europea ha dejado atrás buena parte del desplome provocado por la pandemia. En 2025, la Organización Europea para la Seguridad de la Navegación Aérea (Eurocontrol) registró 11,12 millones de vuelos, un 4 % más que el año anterior.

Pero recuperar vuelos, pasajeros e ingresos plantea otra pregunta: ¿están las aerolíneas utilizando mejor sus recursos?

Para responderla, un estudio publicado en Research in Transportation Economics analiza 70 aerolíneas europeas entre 2022 y 2025. La comparación tiene en cuenta el número de empleados y aviones, los ingresos, los vuelos y los pasajeros. También incluye las emisiones de CO₂.

¿Qué significa que una aerolínea sea eficiente?

Una compañía puede transportar millones de pasajeros y facturar miles de millones de euros sin aprovechar sus recursos mejor que sus competidores. Del mismo modo, una aerolínea pequeña no tiene por qué estar en desventaja.

Lo importante es comparar los recursos que utilizan con los resultados que obtienen.

Para realizar esta comparación utilizamos DEA (Data Envelopment Analysis), una metodología que permite evaluar aerolíneas de tamaños y modelos de negocio muy diferentes. El método analiza cómo cada compañía transforma sus recursos en vuelos, pasajeros e ingresos, teniendo también en cuenta las emisiones que genera. Así, identifica las aerolíneas con mejor desempeño relativo, que sirven como referencia para comparar al resto.

Esta forma de comparar permite evitar conclusiones simples basadas únicamente en el tamaño. Una aerolínea puede transportar más pasajeros que otra y, aun así, utilizar peor sus recursos. El interés está en observar conjuntamente lo que emplea, lo que obtiene y el impacto ambiental asociado.

Dicho de otro modo: con una plantilla y una flota determinadas, ¿qué compañías consiguen transportar más pasajeros, realizar más vuelos y generar más ingresos sin olvidar su impacto ambiental?

El análisis no determina cuál es “la mejor aerolínea” en todos los sentidos. No estudia la puntualidad, los precios de los billetes, la comodidad o la satisfacción de los pasajeros. Se centra en cómo utiliza cada compañía los recursos de que dispone.

No existe un único modelo de aerolínea eficiente

Los resultados muestran una evolución favorable. En 2022, 20 de las 70 compañías analizadas formaban parte del grupo de referencia. En 2023 fueron 22. En 2024, 28, y en 2025, 27.

Además, 17 aerolíneas permanecieron entre las más eficientes durante los cuatro años. Entre ellas encontramos compañías muy diferentes, como Ryanair, Iberia, KLM, Turkish Airlines, easyJet, Wizz Air, Binter Canarias o La Compagnie.

La diversidad de esta lista es importante. No existe un único tamaño ni un único modelo de negocio que garantice la eficiencia.

Una gran aerolínea de bajo coste puede destacar, pero también puede hacerlo una pequeña compañía especializada. Cada una puede llegar a buenos resultados mediante una combinación diferente de empleados, aviones, vuelos, pasajeros e ingresos.

El análisis también permite comparar a las compañías que obtienen los mejores resultados. Ryanair ocupó la primera posición en 2022, mientras que La Compagnie encabezó la clasificación entre 2023 y 2025. Iberia y Turkish Airlines también aparecieron de forma habitual entre las primeras posiciones.

Mejorar no siempre significa estar entre las mejores

También estudiamos cómo evolucionó cada compañía entre 2022 y 2025.

El resultado es llamativo: 50 de las 70 aerolíneas, el 71,4 %, mejoraron su posición. Otras 18 terminaron el periodo prácticamente en la misma situación y solo dos empeoraron.

Sin embargo, mejorar no implica necesariamente llegar al grupo de las compañías más eficientes. Algunas redujeron mucho la distancia que las separaba de sus mejores referencias, pero todavía tenían margen de mejora en 2025.

Norse Atlantic Airways ofrece uno de los ejemplos más claros. En 2022 era la compañía que mostraba la mayor distancia respecto a las mejores de la muestra. Dos años después logró situarse entre ellas y mantuvo esa posición en 2025.

British Airways, Enter Air, TUI Airways y Air Nostrum también pasaron de tener margen de mejora en 2022 a situarse entre las compañías de referencia en 2025.

El CO₂ también cambia la fotografía

No basta con observar ingresos, vuelos o pasajeros. La actividad aérea también tiene un impacto ambiental.

La Agencia Europea de Medio Ambiente señala que la aviación internacional fue, en 2023, la segunda mayor fuente de gases de efecto invernadero del transporte en la Unión Europea, solo por detrás del tráfico por carretera. Por esta razón, nuestro análisis incluye las emisiones de CO₂.

Esto no significa que la clasificación indique qué aerolínea es “más verde”. Una compañía puede emitir mucho CO₂ en términos absolutos y, al mismo tiempo, utilizar de forma eficiente sus recursos en relación con el volumen de actividad que desarrolla.

Además, comprobamos que, cuando eliminábamos las emisiones del análisis, la clasificación de las aerolíneas cambiaba de forma apreciable. Por tanto, ignorar el CO₂ ofrece una visión diferente de su rendimiento.

La presión para reducir estas emisiones también está aumentando. Desde 2025, la normativa europea ReFuelEU Aviation exige que al menos un 2 % del combustible suministrado en los aeropuertos de la UE sea sostenible. Ese porcentaje aumentará progresivamente durante las próximas décadas.

Más que una clasificación de ganadores y perdedores

El objetivo de este tipo de análisis no es construir una lista de aerolíneas “buenas” y “malas”. Su principal utilidad es descubrir por qué unas compañías aprovechan mejor sus recursos que otras.

Dos aerolíneas pueden encontrarse a una distancia parecida de las mejores y tener problemas completamente distintos. Una puede utilizar demasiados recursos para su nivel de actividad. Otra puede generar menos ingresos o transportar menos pasajeros. Y otra puede presentar una mayor diferencia en emisiones respecto a compañías similares.

Por eso, observar qué hacen las aerolíneas de referencia puede ayudar a detectar dónde existe margen de mejora.

Para las propias compañías, este tipo de comparación puede servir como herramienta de diagnóstico. No ofrece recetas automáticas, pero sí permite detectar si el principal margen de mejora está en el uso de la flota, los recursos humanos, la generación de ingresos, la actividad operativa o las emisiones.

En una industria donde crecer suele identificarse con el éxito, los resultados introducen un matiz importante. No importa solo cuántos aviones tiene una compañía, cuánto factura o cuántos pasajeros transporta. También importa lo que consigue con los recursos que utiliza y el impacto ambiental asociado a su actividad.

Volar más, en definitiva, no significa necesariamente ser mas eficiente.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Volar más no implica volar mejor: qué hace eficientes a las aerolíneas europeas – https://theconversation.com/volar-mas-no-implica-volar-mejor-que-hace-eficientes-a-las-aerolineas-europeas-290493

¿Cuánto pesa un microbio?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología, Universidad de Salamanca

ALIOUI Mohammed Elamine7/Shutterstock

Si hubiera que seleccionar dos adjetivos para describir a los microbios me quedaría con alucinantes y necesarios. Saber que representan entre el 50 % y el 90 % de la biomasa de los océanos nos da una idea de su ubicuidad. La masa de las células microbianas de las aguas del planeta iguala al peso de 240 mil millones de elefantes africanos). Un gramo de suelo superficial puede contener más de mil millones de células de bacterias y de arqueas, billones de virus, decenas de miles de protozoos y microalgas y 200 metros de hifas fúngicas.

A pesar de la mala fama y de que la opinión pública acostumbra a vincular a los microorganismos con amenazas biológicas e infecciones graves, la mayoría de ellos o bien son beneficiosos o nunca han roto un plato. De las más de un billón de especies estimadas, solo algo más de 1 400 especies, incluyendo bacterias, virus, hongos, protozoos y helmintos, son patógenas para el ser humano. Esta cifra representa menos del 1 % del total de las especies de microorganismos conocidas y es una fracción insignificante de la biodiversidad microbiana planetaria.

Si seguimos analizando las cifras resulta que, en la escala biológica humana, el cuerpo funciona como un ecosistema complejo donde habitan cerca de 40 billones de bacterias, cifra que supera a los 30 billones de células propias del organismo. Esta convivencia armónica resulta vital para digerir fibra, sintetizar vitaminas o adiestrar al sistema inmune, entre otras muchas cuestiones.

Esenciales pero menospreciados

Si nos centramos en el terreno de la medicina y la farmacología, los microbios constituyen una fuente primordial de moléculas terapéuticas. El estudio del microbioma intestinal abre perspectivas innovadoras en la lucha contra afecciones inflamatorias crónicas, desórdenes metabólicos y diferentes tipos de cáncer. Además, el uso de virus capaces de destruir bacterias de forma selectiva resurge como una herramienta médica prometedora ante la proliferación de cepas patógenas resistentes a los antibióticos.

Los microorganismos también nos dan de comer. Por un lado, porque la producción alimentaria y el desarrollo agrícola dependen de la actividad microbiana del suelo. Por otro lado, son indispensables para elaborar pan, quesos, bebidas fermentadas, yogur, vitaminas, enzimas, bioplásticos, biocombustibles y un sinfín de productos más.

En cuanto a la salud del planeta, los microorganismos son aliados clave tanto en la mitigación del cambio climático como en la economía circular, que busca reducir el desperdicio y maximizar el uso eficiente de los recursos.

El animálculo

Si todo lo que los humanos necesitamos para sobrevivir está íntimamente ligado a la actividad de los microbios, parece lógico que les dediquemos una fecha especial en el calendario. El 17 de septiembre de cada año celebramos el Día Internacional de los Microorganismos (International Microorganism Day), una iniciativa global que persigue cambiar la percepción pública desmitificando la idea de que los microorganismos son únicamente patógenos causantes de enfermedades, concienciar sobre su función crítica en el medio ambiente, destacar sus aplicaciones industriales y biotecnológicas, promover la educación y la vocación científica y rendirles un necesario homenaje histórico.

La fecha conmemora un hito fundamental en la historia de la ciencia: el día en el que el comerciante holandés Antonie van Leeuwenhoek envió una célebre carta a la Royal Society de Londres en la que describía por primera vez un organismo unicelular, que llamó animálculo, observado a través de microscopios rudimentarios diseñados y creados por él mismo.

Van Leeuwenhoek fue un pionero, un científico del más alto nivel que en una de sus cartas, fechada el 12 de junio de 1716, escribió:

“Mi trabajo, al que me he dedicado durante mucho tiempo, no fue impulsado por el aplauso que ahora disfruto, sino principalmente por una sed de conocimiento que, según percibo, reside en mí más que en la mayoría de los hombres”

Reconocer la labor incesante y el valor extraordinario de los microorganismos permite cambiar una percepción fundamentada en el temor por una mirada de respeto hacia quienes sostienen la vida en la Tierra y el bienestar de los seres vivos.

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Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Cuánto pesa un microbio? – https://theconversation.com/cuanto-pesa-un-microbio-292201

Corriger la carte : une résolution de l’ONU pour mieux représenter le monde, et en particulier l’Afrique

Source: The Conversation – in French – By Sébastien Caquard, Professor in Geography, Concordia University

Certains pays et territoires, notamment le Canada, le Groenland et la Russie, paraîtront bientôt nettement plus petits sur les cartes officielles de l’Organisation des Nations unies (ONU).

Cela s’explique par une résolution récemment adoptée par l’Assemblée générale des Nations unies, intitulée : « Corriger la carte : rééquilibrer la représentation cartographique mondiale et promouvoir une représentation équitable des régions du monde, en particulier de l’Afrique ».

Cette résolution, présentée par le Togo au nom de l’Union africaine, remédie à 450 ans d’injustice cartographique en reconnaissant la déformation du monde telle qu’elle apparaît sur les cartes établies selon la projection de Mercator. Elle a été adoptée à la quasi-unanimité : 164 voix pour, une voix contre et six abstentions. Les États-Unis ont été le seul pays à voter contre la résolution.

En 1569, Gerardus Mercator, cartographe flamand aux multiples talents qui a consacré la majeure partie de sa vie à dessiner et à projeter des cartes avec la plus grande précision possible, a publié une carte du monde recourant à une nouvelle méthode ingénieuse pour représenter la Terre sur une surface plane.

Le principal avantage de cette projection résidait dans sa capacité à représenter les loxodromies (routes à cap constant) sous forme de lignes droites, fournissant ainsi aux marins des directions précises à suivre à l’aide d’une boussole. Ce système était d’une importance capitale pour les Européens durant cette période d’exploration et de colonisation.

Mais cette représentation améliorée pour la navigation comportait un défaut majeur : elle agrandissait de manière excessive les masses continentales situées près des pôles. Autrement dit, l’Amérique du Nord, la Russie et l’Europe apparaissaient beaucoup plus grandes que l’Afrique, l’Amérique du Sud et l’Asie du Sud. Cette situation s’est transformée en véritable problème lorsque la projection, initialement conçue pour la navigation, est devenue la norme pour toutes sortes de mappemondes, y compris les cartes politiques.

La projection de Mercator

une mappemonde
La projection de Mercator déforme considérablement la taille des masses continentales. Le Groenland y apparaît comme ayant presque la même taille que l’Afrique.
(Strebe/Wikimedia), CC BY

La distorsion technique de la projection de Mercator était connue des cartographes depuis longtemps, mais ce n’est que dans les années 1970 que ses implications, résultant de plusieurs siècles d’idéologies coloniales, ont été mises en lumière.

En 1973, l’historien allemand Arno Peters a proposé une nouvelle projection cartographique équivalente qui remettait totalement en cause la projection de Mercator et le message qu’elle véhiculait : l’Europe n’était pas aussi grande qu’elle le paraissait dans la projection de Mercator, tandis que ses anciennes colonies s’avéraient bien plus vastes.

Ce type de projection avait déjà été élaboré auparavant et s’apparentait fortement à une projection réalisée en 1855 par James Gall, ecclésiastique et cartographe écossais. La nouveauté résidait dans la vision politique d’une cartographie socialement équitable qui a inspiré Arno Peters.

Sa projection a suscité une vague de critiques, déclenchant ce que l’on a appelé les « guerres des cartes », mais elle a été adoptée par des organisations telles qu’Oxfam et l’Unesco. Tout comme Arno Peters, celles-ci comprenaient de toute évidence l’importance politique des projections cartographiques et le rôle que jouent les cartes non seulement dans la représentation de la réalité, mais aussi dans sa construction.

La récente résolution de l’ONU constitue une nouvelle avancée dans la lutte contre les déséquilibres hérités du passé et « ouvre la voie à une compréhension, un respect et une paix accrus entre les nations », comme l’a souligné le représentant du Togo.

Elle appelle à une représentation fidèle du monde grâce à l’adoption de projections cartographiques équivalentes, en particulier la projection Equal Earth, une option plus récente et moins controversée que la projection de Gall-Peters. Par cette résolution, les Nations unies reconnaissent que la projection de Mercator originale a été instrumentalisée à des fins coloniales durant des siècles.

Une représentation fidèle de la Terre

une mappemonde qui reflète la taille réelle des masses continentales
La résolution des Nations unies préconise une représentation fidèle du monde grâce à l’adoption de cartes telles que celles basées sur la projection Equal Earth.
(Equal Earth Projection)

Même si cette résolution contribuera à renouveler la vision du monde dans les écoles et les établissements de la planète entière, son impact sur les plates-formes de cartographie en ligne reste à déterminer.

La projection Mercator Web, une variante de la projection Mercator originale, demeure la projection par défaut des applications telle que Google Maps. Elle divise la Terre en carrés, ce qui permet d’agrandir et de rapetisser la carte de manière fluide, simple et conviviale. Précise à l’échelle locale, elle augmente aussi considérablement la taille des pays proches des pôles.

Non seulement ces cartes perpétuent-elles la même vision déformée du monde que la projection de Mercator originale, mais cette vision privilégie aussi les réseaux routiers et l’accessibilité commerciale.

La nouvelle représentation du monde entérinée par la résolution de l’ONU constitue manifestement un pas vers une représentation plus équitable du monde, mais elle n’en reste pas moins une interprétation.


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L’Ukraine s’est abstenue lors du vote sur la résolution visant à « corriger la carte ». Ses représentants ont déclaré que l’Ukraine « soutenait les efforts pour combattre les distorsions historiques », mais ont fait valoir que cette carte légitimait « l’annexion illégale de la Crimée par la Fédération de Russie en 2014 ».

Les cartes exercent une influence sur le monde non seulement par la manière dont elles représentent la taille des pays, mais aussi par le type d’informations qu’elles font ressortir, les technologies qu’elles mobilisent, les activités économiques qu’elles favorisent, la façon dont elles nomment les lieux et les frontières qu’elles tracent.

Avec cette résolution des Nations unies, nous devons prendre conscience que les cartes ne sont pas simplement des représentations banales et inoffensives du monde, mais aussi des instruments de pouvoir qui visent à influer sur notre manière de percevoir le monde et d’interagir avec celui-ci.

La Conversation Canada

Sébastien Caquard ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Corriger la carte : une résolution de l’ONU pour mieux représenter le monde, et en particulier l’Afrique – https://theconversation.com/corriger-la-carte-une-resolution-de-lonu-pour-mieux-representer-le-monde-et-en-particulier-lafrique-291923

Eisenkot-Nétanyahou : la bataille pour l’avenir d’Israël

Source: The Conversation – in French – By Elizabeth Sheppard Sellam, Responsable du programme « Politiques et relations internationales » à la faculté de langues étrangères, Université de Tours


L’ESSENTIEL

  • Aux législatives israéliennes du 27 octobre prochain, chacun des deux blocs – l’opposition de gauche et du centre d’un côté, les partis pro-gouvernementaux de l’autre – espère atteindre les 61 sièges nécessaires pour gouverner.

  • Les coalitions seront décisives : à droite comme à gauche, le scrutin dépendra des alliances. À ce stade, celles-ci ne sont pas encore toutes finalisées.

  • Le fond de la campagne dépasse le sort personnel des dirigeants des deux camps ; ce qui est en jeu, c’est la façon dont Israël voit les mesures à prendre pour assurer sa sécurité, dans un contexte qui a radicalement changé depuis trois ans.


À un peu moins d’un mois des élections législatives du 27 octobre, Gadi Eisenkot, ancien chef d’état-major de l’armée israélienne (2015-2019) et dirigeant du parti centriste Yashar, s’est imposé comme le principal concurrent de Benyamin Nétanyahou. Mais la course s’est resserrée et Yashar et le Likoud sont désormais au coude à coude, selon la plupart des derniers sondages.

Eisenkot conserve un avantage lorsqu’on demande aux électeurs qui ils préfèrent comme premier ministre, mais cela ne signifie pas qu’il pourra gouverner. En Israël, il faut réunir 61 des 120 sièges de la Knesset pour former une majorité.

Derrière cette bataille des chiffres se dessine une question plus profonde : quel Israël les électeurs veulent-ils construire après le 7-Octobre et quelle voie entendent-ils privilégier pour assurer la sécurité du pays ?

Un rapport de forces profondément recomposé

Depuis la recomposition de l’opposition, le rapport de forces au sein de l’opposition s’est inversé. Alors que la liste Bennett-Lapid apparaissait encore en juin comme la principale alternative à Nétanyahou, Gadi Eisenkot et son parti Yashar, créé en septembre 2025, l’ont progressivement dépassée dans les sondages. Eisenkot s’est ainsi imposé comme le véritable leader de l’opposition et le principal adversaire de Nétanyahou.

Sa progression traduit moins un déplacement de l’électorat vers la gauche que la recherche d’une alternative clairement située au centre droit, capable d’incarner la capacité à la fois à gouverner et à assurer la sécurité. Son passé de chef d’état-major confère à Eisenkot la légitimité nécessaire pour défier Nétanyahou sur ce dernier terrain, longtemps considéré comme l’un des principaux avantages du premier ministre sortant.

Mais le véritable enjeu apparaît lorsque l’on passe des partis aux blocs : Yashar et le Likoud (32 sièges dans la Knesset sortante) devraient obtenir un peu plus de 20 sièges chacun et se retrouveront donc, dans tous les cas de figure, contraints de passer des alliances pour pouvoir gouverner. Là aussi, les sondages ne dessinent pas, à ce stade, de majorité évidente.

En réalité, le scrutin se jouera autant, voire davantage, sur l’arithmétique des coalitions que sur l’ordre d’arrivée. Eisenkot peut devancer Nétanyahou sans pouvoir constituer de majorité ; de même, Nétanyahou peut arriver derrière lui et, par le jeu des alliances, conserver le pouvoir.

Des blocs aux coalitions : l’arithmétique décisive

Pour Nétanyahou, le premier risque est celui des voix perdues. Le seuil électoral est établi à 3,25 %. Une formation qui échoue à le franchir n’obtient aucun siège, ce qui peut faire basculer l’équilibre entre les blocs. C’est pourquoi Nétanyahou a poussé les petites formations situées à sa droite à se regrouper.

Il n’a que partiellement été entendu : certes, Bezalel Smotrich (chef du parti sioniste religieux, 7 sièges dans la Knesset sortante) s’est allié au petit parti Zehout, de Moshe Feiglin (non représenté dans la Knesset actuelle) ; mais les formations d’Itamar Ben Gvir (Force juive, 6 sièges) et d’Ofer Winter (général ultranationaliste qui vient de lancer un nouveau parti nommé « Ton peuple, Israël ») concourront chacune de façon autonome.

L’opposition affronte le problème inverse : elle peut disposer des sièges sans nécessairement pouvoir les additionner. Réussira-t-elle à atteindre 61 sans les partis arabes (Hadash-Ta’al et Ra’am disposent actuellement de 5 sièges chacun) ? Le choix de Yoav Segalovitz, ancien député du parti centriste Yesh Atid, juif et sioniste, de rejoindre en deuxième position la liste Ra’am de Mansour Abbas est significatif. Son ralliement vise à rendre envisageable une coopération judéo-arabe.

C’est précisément sur cette possibilité que l’opposition se divise. Yair Golan, chef du parti de gauche Les Démocrates, 4 sièges actuellement, assume la possibilité de gouverner avec les partis arabes.

Eisenkot, lui, reste plus prudent, tandis que les autres personnalités d’opposition de premier plan – les anciens premiers ministres Naftali Bennett (Bennett 2026, nouveau parti) et Yair Lapid (Yesh Atid, 24 sièges), qui présentent en vue de ces législatives une liste commune, B’Yachad, menée par Bennett avec Lapid en deuxième position, ainsi qu’Avigdor Liberman (Israel Beytenou, 6 sièges, à droite mais hostile à Nétanhyahou) – refusent jusqu’ici d’en dépendre.

Nétanyahou en a fait un argument de campagne : « Eisenkot n’a pas de gouvernement sans Yair Golan et les partis arabes », affirme-t-il, espérant que la perspective de voir arriver au pouvoir Golan, classé très à gauche, ainsi que les partis arabes, convaincra les électeurs hésitants à ne pas voter pour ses adversaires.

Au-delà du « tout sauf Bibi », quel Israël après le 7-Octobre ?

La question n’est plus seulement de savoir si Nétanyahou doit rester au pouvoir, mais quel Israël doit émerger du traumatisme du 7 octobre 2023. Au cœur de cette interrogation se trouve la sécurité.

Israël a démontré depuis le 7-Octobre qu’il possédait une puissance militaire considérable. Pourtant, celle-ci ne s’est pas traduite par un environnement durablement plus sûr. La guerre à Gaza se poursuit, la confrontation avec l’Iran a changé de nature sans disparaître, la situation au Liban demeure fragile et la menace houthiste persiste.

Le débat n’oppose pas simplement faucons et colombes. La nécessité de recourir à la force est largement partagée. Le désaccord porte sur ce qu’elle doit permettre d’obtenir. Une critique traverse une grande partie de l’opposition : les succès militaires ne constituent pas une fin en soi s’ils ne peuvent être transformés en sécurité durable. Eisenkot s’appuie sur son passé à la tête de l’armée pour porter cette critique, tandis que Nétanyahou présente son bilan militaire comme la preuve de sa capacité à protéger le pays.

C’est autour de Gaza que le débat devient le plus clivant. Ben Gvir, aujourd’hui ministre de la sécurité nationale, propose d’organiser sur sept ans ce qu’il qualifie d’« émigration volontaire » d’une grande partie de la population, un ministère ad hoc devant être consacré à cette politique.

Ces positions ne représentent pas un consensus israélien. Début août, 62 % des personnes interrogées ne croyaient pas que la « victoire totale » promise par Nétanyahou puisse être atteinte, contre 25 % qui y croyaient. Et 66,5 % des électeurs de la coalition au pouvoir estimaient qu’Israël avait gagné ou finirait par gagner contre le Hamas, alors que 21 % seulement des électeurs de l’opposition étaient de cet avis.

La puissance militaire reste un instrument, non une finalité. L’enjeu est de déterminer quelle stratégie peut la transformer en sécurité durable et, lorsque les conditions le permettront, créer celles de la paix.

Responsabilité et partage du fardeau

La sécurité pose aussi une question intérieure : qui en supporte le coût et qui en assume la responsabilité ? Une partie des citoyens d’Israel ont été rappelés à plusieurs reprises sous les drapeaux depuis le 7-Octobre, certains cumulant plusieurs mois, voire plus d’un an de service militaire, tandis que l’exemption dont bénéficient encore largement les hommes ultra-orthodoxes est de plus en plus difficile à accepter. Cette exemption touche directement à l’égalité devant les obligations collectives et au contrat social israélien.

En août, environ 70 % des réservistes interrogés estimaient que la manière dont le gouvernement traite la conscription des ultra-orthodoxes influencerait fortement leur vote. Le sujet traverse la droite elle-même : Ofer Winter, favorable à Nétanyahou comme premier ministre, conditionne sa participation au gouvernement à l’adoption d’une loi supprimant l’exemption.

Pour Eisenkot, cette question est également personnelle. Son fils a été tué au combat à Gaza en décembre 2023, puis deux de ses neveux. Son discours sur le service, le sacrifice et la responsabilité en prend une résonance particulière.

Mais le partage du fardeau ne peut être dissocié de la responsabilité. Qui doit rendre des comptes pour l’échec du 7-Octobre ? Près de trois ans plus tard, aucune commission d’enquête d’État n’a encore établi les responsabilités. La récente polémique provoquée par Sara Nétanyahou, qui a laissé entendre, sans preuve, que Yair Golan aurait pu connaître à l’avance l’attaque du Hamas, montre combien cette bataille demeure vive.

La question de la responsabilité a pris une nouvelle dimension en septembre. Selon une enquête de Haaretz, Mohammed ben Zayed, le président des Émirats arabes unis, aurait personnellement averti Benyamin Nétanyahou, dix jours avant le 7-Octobre, que Yahya Sinouar préparait une opération majeure. Nétanyahou, qui aurait assuré à son interlocuteur qu’Israël était préparé à tous les scénarios, n’aurait pas transmis cet avertissement aux responsables de la sécurité. Le premier ministre dément catégoriquement avoir reçu une telle alerte et qualifie ces révélations de « mensonge absolu ».

La campagne porte donc aussi sur le récit du 7-Octobre : elle met aux prises les interprétations contradictoires de ceux qui ont combattu, de ceux qui ont supporté l’effort de guerre, de ceux qui ont pris les décisions et de ceux qui doivent aujourd’hui en répondre. Responsabilité et partage du fardeau deviennent deux dimensions d’une même question : quel contrat peut unir la société israélienne aujourd’hui ?

The Conversation

Elizabeth Sheppard Sellam ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Eisenkot-Nétanyahou : la bataille pour l’avenir d’Israël – https://theconversation.com/eisenkot-netanyahou-la-bataille-pour-lavenir-disrael-291392

Il y a beaucoup moins de bombes atomiques qu’en 1990. Alors pourquoi le risque nucléaire augmente-t-il ?

Source: The Conversation – in French – By Laurent Vilaine, Docteur en sciences de gestion, ancien officier, enseignant en géopolitique à ESDES Business School, ESDES – UCLy (Lyon Catholic University)


L’ESSENTIEL

  • Le nombre d’armes nucléaires dans le monde a chuté de façon spectaculaire depuis la fin de la guerre froide.

  • Mais, depuis, de multiples accords de limitation des armements et de surveillance réciproque ont été annulés, et les puissances modernisent leurs arsenaux, tandis que la Chine accroît les siens.

  • En outre, le seul d’emploi de l’arme nucléaire semble baisser, et le risque de prolifération est réel. Il y a moins d’armes, certes, mais elles sont moins régulées qu’auparavant.


Soixante-dix mille têtes nucléaires : c’était le nombre extraordinaire de têtes nucléaires dans le monde dans les années 1980. Au début de 2025, on en recensait 12 241. Autrement dit, depuis la fin de la guerre froide, quatre têtes sur cinq ont disparu.

À première vue, cette diminution devrait être un facteur complet de satisfaction. Pourtant, l’évolution récente nous dit autre chose. La modernisation des arsenaux des puissances nucléaires est plus que jamais d’actualité ; la Chine augmente rapidement son arsenal ; la Russie utilise la menace nucléaire comme instrument coercitif central au cœur d’une guerre majeure en Europe. En outre, les derniers grands instruments de maîtrise des armements américano-russes ont été nettement affaiblis.

Est-ce vraiment un paradoxe ? Pas vraiment. Une approche quantitative n’est pas suffisante pour rendre compte du risque nucléaire. Celui-ci dépend certes du nombre d’ogives mais examiner qui les possède, comment elles pourraient être utilisées, comment elles sont — encadrées juridiquement et dans quelles crises elles interagissent est d’une grande importance.

La spectaculaire décrue de l’après-guerre froide

La réduction enregistrée depuis les années 1980 est le résultat de la fin de la guerre froide qui a mené à l’effondrement des gigantesques arsenaux américain et soviétique, puis russe. Les accords bilatéraux ont joué un rôle majeur : accords START, traité sur les forces nucléaires intermédiaires (INF), puis New START. Les deux grandes puissances ont également procédé à d’importantes réductions unilatérales.

Il est à noter qu’une partie de la diminution du total mondial provient du démantèlement de vieilles armes américaines et russes déjà retirées du service. Dans le même temps, plusieurs stocks militaires actifs et modernisés se stabilisent ou augmentent.

Les garde-fous ont disparu les uns après les autres

Le changement le plus important n’est pas visible dans les volumes des arsenaux. La guerre froide était angoissante mais ses processus étaient maîtrisés : Soviétiques et Américains se sont entendus pour rendre leurs comportements plus prévisibles. Les instruments majeurs de cette politique reposaient sur des inspections, des échanges de données, des notifications ainsi que des limites quantitatives.

Cette architecture s’est progressivement défaite.

Les États-Unis se sont retirés du traité ABM (armes antibalistiques) en 2002. Le traité INF, qui avait supprimé toute une catégorie de missiles américains et soviétiques, a pris fin en 2019. Les Américains ont pris cette décision après avoir accusé les Russes d’enfreindre régulièrement les clauses du traité. Les États-Unis ont quitté le traité Ciel ouvert (qui autorisait les deux pays à effectuer des vols de surveillance au-dessus du territoire de l’autre) (est-ce bien cela ?) en 2020, et la Russie en a fait de même en 2021.

La Russie avait suspendu en 2023 l’application du traité New START qui limitait les forces nucléaires stratégiques déployées des deux principaux arsenaux mondiaux. Le traité a finalement expiré le 5 février 2026, sans être remplacé par un accord équivalent.




À lire aussi :
Expiration du traité New Start : vers une reprise de la course aux armements nucléaires ?


Ces différents reculs du contrôle des armements sont délétères l’incertitude parmi les protagonistes. Réduire l’incertitude et donc augmenter la relative confiance envers l’autre, c’est savoir combien l’opposant possède de systèmes, quelle est sa modernisation, quelles activités militaires sont routinières. Plus l’autre possédera d’informations, moins grandes seront les chances d’interpréter le pire scénario comme le plus probable et de planifier sur la base d’hypothèses pessimistes. Et vice versa…

Quand la bombe redevient un langage de crise

Une deuxième transformation s’est produite lors de la guerre d’agression menée par la Russie envers l’Ukraine : le nucléaire est devenu un instrument de signalisation politique. Vladimir Poutine et d’autres responsables russes ont, à de nombreuses reprises, rappelé aux Occidentaux les risques d’une confrontation directe avec une puissance nucléaire, ce qui permet à la Russie d’agir sous « sanctuarisation agressive ».

En outre, les Russes ont procédé à d’autres signalements. On peut citer l’annonce du déploiement d’armes nucléaires tactiques en Biélorussie, de nombreux exercices nucléaires et la révision doctrinale russe de 2024 qui a modifié les conditions dans lesquelles Moscou se réserve la possibilité d’utiliser l’arme nucléaire.

Le problème, dans la posture russe, ne réside pas dans un emploi imminent de l’arme. Il réside plutôt dans la possibilité de brandir l’escalade nucléaire pour influencer le calcul des adversaires de Moscou.

Ce type d’actions coercitives sont-elles efficaces du point de vue russe ? Les avis sont partagés. Cependant, a minima, une coercition qui échoue peut augmenter le risque. Le principe du brinkmanship (politique du bord du gouffre) consiste justement à manipuler une possibilité de catastrophe que personne ne contrôle parfaitement.

La Chine change l’équation

Après être devenue une superpuissance économique, la Chine se donne les moyens de devenir une superpuissance militaire incluant des capacités nucléaires en très forte augmentation. En 2015, l’arsenal chinois était estimé à environ 260 têtes nucléaires. Son estimation pour 2026 est d’environ 620, soit le double en une décennie.

Mais le changement n’est pas seulement quantitatif.

Pékin construit un dispositif nucléaire multi-composante (développement de nombreux silos pour missiles intercontinentaux, de sous-marins nucléaires lanceurs d’engins et d’une aviation nucléaire) et consolide donc une véritable triade nucléaire. Selon certaines projections américaines, la Chine pourrait dépasser 1 000 têtes vers 2030 et éventuellement approcher 1 500 vers 2035.

Les intentions chinoises font aussi débat. La première explication est classique : Pékin chercherait surtout à rendre sa capacité de seconde frappe (la possibilité de conserver des moyens de représailles après une première attaque ennemie) impossible à neutraliser. La deuxième explication consiste à penser que la Chine cherche à adopter une posture plus ambitieuse, en se dotant de davantage d’options nucléaires, notamment dans le cadre de sa politique visant, à terme, à mettre la main sur Taïwan.

Là encore, nous avons à faire face à une incertitude préjudiciable pour la stabilité stratégique.

Des calculs de plus en plus complexes

Le risque nucléaire n’était pas inexistant pendant la guerre froide (la crise de Cuba et plusieurs autres incidents ont montré que ce n’était pas le cas). La bipolarité n’était pas synonyme de stabilité absolue. Pour autant, la stabilité stratégique mondiale reposait sur une interaction principalement à deux acteurs. Ce n’est plus le cas. Les préoccupations des États impliquent plusieurs acteurs simultanément. Par exemple, les États-Unis doivent opérer des calculs incluant la Russie et la Chine et la Chine doit inclure dans les siens les États-Unis et l’Inde. L’Inde doit intégrer dans ses réflexions la Chine et le Pakistan. L’arsenal nord-coréen modifie les évaluations américaines mais également les calculs sud-coréens ou japonais.

Les travaux récents sur la stabilité stratégique se focalisent sur la transition d’un système essentiellement bipolaire vers des interactions nucléaires beaucoup plus imbriquées. Par exemple, une augmentation de l’arsenal chinois peut provoquer une réponse indienne, laquelle peut modifier les choix pakistanais.

Cela ne signifie pas qu’un monde nucléaire multipolaire soit automatiquement plus instable. Cependant, il est incontestablement plus complexe à réguler.

Les nouvelles technologies compliquent encore les crises

L’émergence des technologies récentes tend à brouiller les frontières entre forces nucléaires et conventionnelles. Certains vecteurs, notamment les missiles à longue portée, les satellites et les armes antisatellites, les moyens de communication, les moyens cyber ou encore les systèmes d’alerte peuvent servir simultanément à des opérations conventionnelles et nucléaires.

Cette incertitude sur la nature exacte des moyens pourrait favoriser une escalade involontaire dans la mesure où, dans une guerre conventionnelle, détruire un système adverse pour des raisons militaires immédiates pourrait être interprété comme le début d’une attaque contre ses capacités nucléaires.

Le cas français, symptôme d’un changement d’époque

Le cas de la France illustre cette nouvelle phase.

Pendant des années, Paris a insisté sur une force dimensionnée selon le principe de « stricte suffisance ». Dans ce cadre, la dernière estimation indépendante publiée avant les changements de 2026 situait son stock autour de 290 têtes. Le 2 mars 2026, lors d’un discours sur la dissuasion à l’Île Longue, Emmanuel Macron a annoncé une augmentation du nombre de têtes et ajouté qu’aucun chiffre ne serait donné désormais. Cette augmentation ne constitue pas une atteinte au principe de stricte suffisance dans la mesure où ce concept ne définit pas une limite mais une adaptation raisonnée à la menace. Cependant, la politique de la France consistant à augmenter son arsenal répond à deux impératifs : d’une part, se positionner comme acteur stratégique influent en Europe ; d’autre part, répondre à la montée des tensions sur le continent.

L’importance de l’annonce est plutôt symptomatique dans la mesure où même une puissance ayant longtemps mis en avant la limitation quantitative juge désormais la situation si instable qu’elle en conclut à un nécessaire renforcement quantitatif.

Moins d’armes, mais davantage de chemins vers la crise

Toutes ces évolutions peuvent-elles nous permettre de conclure que « le risque nucléaire augmente » ? Non, si l’on entend par là un indicateur scientifique indiquant une probabilité précise et objectivable d’une guerre nucléaire ou d’un risque de guerre supérieur à celui qui existait durant la guerre froide – ne serait-ce que parce qu’un tel indicateur n’existe pas.

En revanche, certains phénomènes sont inquiétants. La disparition des instruments de transparence, le retour des menaces nucléaires dans les crises, la modernisation et parfois l’augmentation des forces, la multiplication des interactions entre puissances nucléaires, la vulnérabilité des systèmes de commandement et la réduction possible du temps disponible pour interpréter les actions adverses n’incitent pas à l’optimisme.

Le danger ne provient pas, comme au temps de la guerre froide, d’une accumulation démente d’ogives nucléaires mais de la disparition progressive des modes de régulation explicites ou tacites. En outre, en bonne logique, la montée des aspirations impériales ou revanchardes (Russie, Chine) combinée à la prolifération (Corée du Nord, un jour peut-être l’Iran ou l’Arabie saoudite) sous-tend une acceptation plus explicite de l’arme nucléaire comme instrument de coercition ou de démonstration, affaiblissant de facto la stabilité.

Le nouvel âge nucléaire est peut-être celui-ci : moins d’armes mais moins de régulation. L’augmentation du risque nucléaire dans un contexte où beaucoup moins d’ogives sont présentes n’est peut-être pas si paradoxale.

The Conversation

Laurent Vilaine ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Il y a beaucoup moins de bombes atomiques qu’en 1990. Alors pourquoi le risque nucléaire augmente-t-il ? – https://theconversation.com/il-y-a-beaucoup-moins-de-bombes-atomiques-quen-1990-alors-pourquoi-le-risque-nucleaire-augmente-t-il-291060

Comment l’écriture en miroir reflète la richesse de l’écriture manuscrite

Source: The Conversation – in French – By Jean-Paul Fischer, Professeur émérite de psychologie, Université de Lorraine


L’ESSENTIEL

  • Avec le numérique, les claviers s’imposent au quotidien et l’écriture manuscrite se raréfie.

  • Le geste d’écrire suppose un grand travail de motricité fine.

  • La question de l’écriture en miroir souligne la complexité de cet apprentissage.


Est-il pertinent d’apprendre à écrire à la main ? La question a connu un net regain d’intérêt suite à l’utilisation de claviers d’ordinateur, de smartphones ou de tablettes. Pour ces dernières, lorsqu’elles sont utilisées avec des stylets, la question ne se pose pas vraiment. Elles permettent simplement d’écrire à la main sur un support différent de celui qui prédomine dans l’école obligatoire depuis 1882. Mais l’utilisation des tablettes est présentement minoritaire et quasi-absente aux débuts de l’apprentissage de l’écriture, en école maternelle.

Le but de cet article n’est pas de tirer une conclusion des nombreuses recherches, y compris des méta-analyses, qui ont été conduites sur l’efficacité relative de l’écriture manuelle et de la frappe au clavier. On peut même s’interroger sur la légitimité d’une telle comparaison entre des processus aussi différents d’un point de vue visuel et moteur.

À l’heure où les claviers envahissent nos quotidiens, il s’agit d’abord de s’arrêter sur la richesse de cette écriture manuelle.

Des enjeux de coordination

Jacques Paillard, un grand neurophysiologiste de la seconde moitié du XXᵉ siècle, a décrit les deux composantes du contrôle de l’action impliquée dans l’écriture manuelle. La composante morphocinétique concerne la trajectoire cursive qui développe la forme caractéristique d’une lettre. Le support instrumental de cette morphocinèse est la motricité digitale et manuelle.

Au contraire, la composante topocinétique concerne une translation horizontale lente et continue de la main de la gauche vers la droite qui résulte des mouvements de l’articulation proximale de l’épaule.

Une bonne coordination des deux composantes est nécessaire pour une écriture fluide, notamment avec les lettres minuscules attachées. C’est dans la perspective de cet « attachement » (jonction par ligatures) que les pédagogues ont choisi, pour les premiers apprentissages graphiques à partir de 3 ans, d’enseigner un tracé des cercles dans le seul sens anti-horaire.

Dans les années 2010, Anne-Marie Koch, psychologue scolaire et chercheuse, avait ainsi pu constater sur une vingtaine de livrets d’exercices graphiques pour enfants de petite et moyenne section de maternelle, que presque tous imposaient aux enfants ce tracé anti-horaire des cercles. Or il incite à inverser certains caractères (chiffres ou lettres) ronds, comme 3 ou 2 si l’enfant commence le tracé par le haut.

À la suite des nombreuses écritures en miroir (les lettres apparaissent inversées) rapportées dans les classes au début des années 2010, un document ministériel a donc conseillé d’exercer les élèves à tracer des ronds aussi bien vers la gauche (sens anti-horaire) que vers la droite (sens horaire).

Des écritures, dans les deux directions droite-gauche et gauche-droite, par un enfant de 6 ans, avec sa main droite usuelle
Des écritures, dans les deux directions droite-gauche (écriture en miroir) et gauche-droite (écriture correcte), par un enfant de 6 ans, avec sa main droite usuelle.
Fourni par l’auteur

Un principe d’économie

On a pu expliquer que les enfants inversaient des caractères (par exemple le chiffre 3 ou la lettre J) parce qu’ils sont orientés vers la gauche. Les enfants, lorsqu’ils ignorent leur orientation, préfèrent alors les orienter vers la droite, la direction de l’écriture. Ils produisent ainsi des images en miroir.

La distinction entre les deux composantes de l’écriture permet de penser que ces enfants tentent simplement d’aligner la morphocinétique des caractères (la trajectoire de leur tracé) sur la topocinétique de l’écriture (c’est-à-dire sa direction dans leur culture, en l’occurrence de gauche à droite). Marie Portex et ses co-auteurs ont été les premiers à le vérifier en enregistrant le tracé des caractères inversés grâce à une écriture sur tablette qui a, ensuite, permis une analyse fine de ce tracé.

Les données sur l’écriture en miroir des prénoms nous ont permis d’en vérifier une conséquence immédiate : en écrivant leur prénom de droite à gauche, les enfants changent le plus souvent la morphocinétique des lettres par rapport à leur écriture usuelle.

La théorie de l’alignement de la morphocinétique sur la topocinétique s’appuie sur un principe d’économie dans l’écriture. Ce principe conduit à éviter deux mouvements antagonistes : écrire vers la droite et tracer les caractères vers la gauche. La difficulté, voire l’impossibilité de tels mouvements en sens contraire est « démontrée » par le test du pied droit récalcitrant : essayez de tracer le chiffre 6 normalement (c’est-à-dire de haut en bas dans le sens anti-horaire) tout en imposant à votre pied un mouvement de rotation dans le sens horaire !

C’est probablement ce principe qui a conduit nos ancêtres, il y a près de 2500 ans, à orienter certaines lettres vers la droite quand la direction de l’écriture s’est stabilisée de la gauche vers la droite dans nos cultures (voir l’évolution de l’alphabet). Selon Jérôme Bruner, le psychologue américain de l’enfant s’opposant ainsi à Jean Piaget, ce principe basique – économiser sa peine – relève de l’un des rares apprentissages spontanés des enfants.

Cette théorie de l’alignement ne remet nullement en question la fréquence des inversions, différenciée en fonction des caractères, établie antérieurement. Elle permet notamment d’expliquer par une morphocinétique globalement orientée vers la gauche les nombreuses inversions des caractères J, Z, 1, 2, 3, 7 et 9, qui semblent orientés vers la gauche. En revanche, elle remet en question l’appellation d’écriture en miroir. Il vaudrait mieux dire que les enfants produisent des écritures qui apparaissent en miroir, ou inversées gauche-droite par rapport aux écritures conventionnelles.

En conclusion, ces mouvements des doigts et poignet, et de l’épaule, merveilleusement combinés dans l’écriture manuelle, constituent une activité de motricité fine idéale à l’école maternelle. Certes, l’enfilage de perles, typiquement pratiqué dans le cadre de ces activités, n’est pas à rejeter. Mais avouez que l’écriture de son prénom, avec ses propres mains, est plus importante (permanence des lettres) et bien plus signifiante pour l’enfant (et ses parents !).

The Conversation

Jean-Paul Fischer ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Comment l’écriture en miroir reflète la richesse de l’écriture manuscrite – https://theconversation.com/comment-lecriture-en-miroir-reflete-la-richesse-de-lecriture-manuscrite-287819

Les agriculteurs de demain seront-ils encore des enfants d’agriculteurs ?

Source: The Conversation – in French – By Roland Condor, Titulaire de la chaire « Modèles entrepreneuriaux en agriculture », EM Normandie


L’ESSENTIEL

  • Pendant longtemps, être agriculteur signifiait avant tout être enfant d’agriculteur.

  • Ce n’est plus le cas aujourd’hui et l’arrivée d’investisseurs extérieurs dans le secteur suscite diverses craintes.

  • Mais la fin de l’agriculture familiale est-elle vraiment inéluctable ?


Qui nourrira la France demain ? Cette question se pose de plus en plus alors que de nombreux agriculteurs partent en retraite sans être remplacés par leurs enfants, comme ce fut, jusque-là, souvent le cas. Dans ce contexte, et alors que les instabilités géopolitiques rappellent la nécessité d’une souveraineté alimentaire, un risque inquiète de plus en plus : celui d’une prise de contrôle de l’agriculture par des investisseurs extérieurs agissant de manière mercantile.

Alors, l’agriculture familiale est-elle définitivement derrière nous ? Qui pour reprendre les fermes de demain et comment ? Tâchons de faire le point.

Un modèle familial en perte de vitesse

L’agriculture française a été pendant longtemps familiale, c’est-à-dire que les enfants des exploitants reprenaient les exploitations agricoles. Ce modèle familial garantissait un transfert des biens et des savoirs entre générations.

Mais ce modèle s’érode d’année en année. D’après un rapport de Terra Nova publié en 2024, les installations hors cadre familial intervenues depuis 2010 représentent 34,3 % des installations alors que ce chiffre était de l’ordre 22,7 % avant 2010.

Les raisons sont multiples : variabilité des revenus, contraintes réglementaires, pénibilité du travail, prix des exploitations agricoles, disponibilité du foncier, images des agriculteurs relayées par certains médias, discours teintés de pessimisme des syndicats, besoin d’exercer un autre métier avant éventuellement de revenir… Ces facteurs agissent comme des freins pour des jeunes qui connaissent la réalité du monde agricole, laissant le champ libre à nouveaux entrants.

Des entrepreneurs agricoles d’un nouveau genre

C’est dans ce contexte que de nouveaux profils de repreneurs de fermes sont apparus : ce sont les NIMA, un acronyme désignant les personnes non issues du monde agricole (NIMA), c’est-à-dire des repreneurs qui ne sont pas des enfants d’agriculteurs ou qui n’ont pas d’expérience en matière agricole.

On sait assez peu de choses sur ces nouveaux entrepreneurs qui représentent aujourd’hui près de la moitié des candidats à l’installation. Ils se sont fait connaître au milieu des années 2010 dans le cadre de projets d’agriculture urbaine. Le mouvement a ensuite pris de l’ampleur au moment de l’épidémie de Covid-19, période au cours de laquelle une reconversion dans l’agriculture a été envisagée par de nombreux individus en quête de sens.

Les recherches ont longtemps considéré qu’il s’agissait d’agriculteurs engagés, un peu utopiques, connaissant mal le métier d’agriculteur et investissant dans des fermes de petite taille, rurale ou urbaine.

Mais certaines études récentes montrent qu’on trouve des NIMA à la tête de grandes exploitations sans que l’on sache vraiment quelles sont leurs motivations profondes. S’agit-il d’entrepreneurs ayant un projet de reconversion mûrement réfléchi, souhaitant développer une affaire dans l’agriculture comme le font bon nombre de repreneurs d’entreprise en dehors du monde agricole ? Ou s’agit-il d’entrepreneurs agissant pour le compte de multinationales, de pays, en quête de terres agricoles ou considérant une exploitation agricole comme un placement foncier à rentabiliser ?

Des suspicions légitimes ?

Les NIMA sont une cible de choix pour les cédants et pour un monde agricole en général à la recherche d’un nouveau souffle, mais le nombre de prétendants non issus du monde agricole est encore insuffisant pour compenser tous les départs à la retraite à venir, d’autant que les arrêts d’activité précoces semblent plus importants chez cette population notamment dans des filières à forte pénibilité comme le maraîchage.

Le fait qu’une partie d’entre eux ne soit pas issue du monde agricole brouille également les repères du monde agricole qui n’a pas l’habitude de traiter avec des personnes dont le parcours, le fonctionnement, l’éducation et les réseaux professionnels sont différents. Ces différences génèrent naturellement des questionnements, des doutes voire des inquiétudes.

La prise de contrôle de centaines de milliers d’hectares agricoles en Roumanie, en Italie ou en Espagne par des pays du Moyen-Orient agit également comme un facteur de tension qui exacerbe les craintes. Compte tenu de l’émiettement des fermes en France et de la taille encore modeste des exploitations françaises (70 hectares en moyenne), une prise de contrôle de nos terres par des investisseurs extérieurs est-il envisageable ? Ne risque-t-on pas de dissuader des repreneurs fiables en les stigmatisant parce qu’ils ne viennent pas du monde agricole ?

Les modèles collectifs : un moyen de lever certains freins

Si les NIMA ne suffisent pas à compenser les départs à la retraite d’exploitants et si des doutes subsistent quant aux intentions ou aux capacités de certains repreneurs, comment favoriser un renouvellement des générations qui soit aussi synonyme de souveraineté alimentaire ? Une des réponses est à aller chercher dans l’entrepreneuriat collectif, c’est-à-dire lorsque deux entrepreneurs ou plus s’associent pour partager les risques, lever plus de capitaux et faire jouer les effets de complémentarité.

Le monde agricole connaît très bien ce modèle qui prend des formes diverses dont les plus connues sont les coopératives d’utilisation de matériels (CUMA), nées dans les années 1950, et surtout des groupements agricoles d’exploitation en commun (GAEC), apparus dans les années 1960. Il s’agissait à l’époque d’entreprendre la révolution agricole, laquelle nécessitait d’investir dans de nouveaux équipements. Cela impliquait de se regrouper pour permettre de lever des capitaux.

Aujourd’hui, ces modèles collectifs sont reconnus dans le monde entier et ont été étendus à d’autres projets agricoles. Dans la méthanisation, par exemple, il n’est pas rare de trouver des collectifs de plusieurs dizaines d’agriculteurs qui exploitent des unités de production de biogaz et en partagent les bénéfices.

Les GAEC, qui comptent entre 2 et 10 associés, ainsi que les entreprises agricoles à responsabilité limitée (EARL), qui incluent des modèles collectifs (50 % environ), ont le vent en poupe. Leur nombre est croissant depuis 2005 et il suit la tendance des fermes à s’agrandir. Le statut juridique des entreprises individuelles représentaient presque 70 % des exploitations en 2010. Le chiffre est descendu à près de 55 % en 2023.

Aujourd’hui, près de 25 % des nouveaux agriculteurs s’installent en GAEC et, d’après nos calculs, environ 7 % s’installent en EARL à deux associés ou plus. Un travail de recherche, publié en 2019, montre que plus de 90 % des GAEC sont familiaux, c’est-à-dire associant des pères, mères, enfants, petits-enfants et/ou frères et sœurs. C’est donc un modèle qui perpétue une tradition familiale.

Vers des modèles à gouvernance plus ouverte ?

Outre l’enjeu d’accumulation de capital, ces modèles collectifs s’adaptent bien aux enjeux actuels de l’agriculture : répartition du risque et des tâches, rupture de l’isolement, recherche d’un équilibre entre vie professionnelle et vie familiale, etc. En effet, les générations d’aujourd’hui souhaitent exercer leur travail comme n’importe quel entrepreneur, en s’investissant dans un travail qui a du sens et qui n’altère pas la vie de famille. En s’organisant avec les autres associés pour répartir les tâches quotidiennes, un agriculteur peut ainsi avoir du temps pour sa famille, mais aussi pour participer aux activités des réseaux agricoles qui sont très importants pour s’informer, expérimenter et monter des projets.

Ils permettent aussi de ne pas totalement rompre avec le modèle familial et même de créer des modèle hybrides composés de personnes issues du monde agricole et de NIMA, ce qui est probablement un atout pour transmettre les savoirs. La recherche citée précédemment montre d’ailleurs que les GAEC non familiaux et mixtes (incluant des membres et des non-membres de la famille) progressent tandis que les GAEC familiaux régressent en nombre, preuve qu’une ouverture du capital en dehors de la famille est en train de s’opérer.

Cela étant, le développement de ce modèle suppose de relever de nombreux défis : la capacité des agriculteurs à s’entendre autour d’un projet commun dans une logique gagnant-gagnant, l’anticipation et la gestion de la sortie d’associés au cours de la vie de l’entreprise, la capacité des acteurs du monde agricole à accompagner les agriculteurs dans leur organisation et leur management et pas seulement dans leurs stratégies financières et fiscales et, enfin, l’incitation à créer de tel collectifs par l’État. Aujourd’hui, un associé de GAEC est reconnu comme un entrepreneur individuel sur le plan fiscal, social et économique. C’est un des avantages reconnus de ce modèle collectif qui le rend attractif et duplicable.

Malgré un manque d’attractivité, l’agriculture française présente encore un intérêt pour de futurs repreneurs d’autant les exploitations grandissent, se modernisent et se diversifient. Elles deviennent ainsi attractives sur le plan économique sans pour autant faire l’objet d’intenses convoitises de la part de fonds souverains ou vautours.

La relève n’est pas encore assurée, mais il ne faudrait pas tuer cette relève dans l’œuf par une agitation excessive et une stigmatisation des entrepreneurs non agricoles. C’est par l’ouverture d’esprit que l’on peut construire cette relève qui peut d’ailleurs passer par des modèles hybrides proches du modèle familial et alignées sur les valeurs mutualistes qui font la force du monde agricole.

The Conversation

Roland Condor a reçu des financements de Cerfrance Seine Normandie, Cerfrance Normandie Ouest, Cerfrance Orne, Communauté Européenne, Crédit Mutuel Normandie, Groupama Centre Manche, Région Normandie, Fondation Sefacil. Ces partenariats n’avaient pas pour objet le financement de recherches portant spécifiquement sur le sujet de cet article.

– ref. Les agriculteurs de demain seront-ils encore des enfants d’agriculteurs ? – https://theconversation.com/les-agriculteurs-de-demain-seront-ils-encore-des-enfants-dagriculteurs-286767