Una bacteria marina conecta la conservación de los delfines con la salud humana

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Adriana Cuevas Domínguez, Investigadora predoctoral en enfermedades emergentes de mamíferos marinos, Universidad Complutense de Madrid

Delfín varado en una playa. Eric Schipper/Shutterstock

Un delfín nada desorientado, incapaz de flotar o dando vueltas en círculos, hasta quedar varado en la arena. Esta escena, que se repite en las costas del Mediterráneo cada año, parece a simple vista un problema puntual. Pero, en realidad, es un mensaje sobre la salud del océano y los riesgos a los que nos enfrentamos todos, humanos y animales, dentro de un mismo ecosistema.

Las causas tras los varamientos de delfines

Para quienes trabajan en su rescate o estudio, los varamientos de delfines en las costas del Mediterráneo constituyen un fenómeno desgraciadamente común.

Puede tener múltiples causas, como choques con barcos o enfermedades. Entre estas últimas, las infecciones son frecuentes: virus, bacterias y parásitos pueden causar patologías graves, sobre todo si afectan al sistema nervioso.

Una bacteria marina que causa enfermedad en animales y personas

Una de esas infecciones, poco conocida fuera del ámbito científico pero con un impacto considerable, es causada por Brucella ceti, bacteria perteneciente al mismo género que causa la brucelosis en animales terrestres y humanos. En el mar, afecta principalmente a delfines y ballenas, y se ha detectado con especial frecuencia en el Mediterráneo, lo que sugiere que esta región podría actuar como un área endémica para el patógeno.

Como otras bacterias del género Brucella, puede causar zoonosis, es decir, una infección susceptible de transmitirse de animales a humanos, aunque en especies marinas es poco frecuente. En la mayoría de los casos, la brucelosis en personas no está relacionada con el contacto con delfines, sino con el consumo de productos marinos crudos o poco cocinados.

Para la población general, el riesgo es bajo, pero se recomienda mantener la precaución. El contacto directo con animales o con sus restos, especialmente sin protección, es una potencial vía de infección. Por este motivo, se recomienda no tocarlos si los vemos varados en las playas y avisar siempre a los servicios especializados.

Brucella ceti en la costa mediterránea española

Un estudio reciente llevado a cabo por investigadores españoles, principalmente del ámbito veterinario, analizó cetáceos varados en el Mediterráneo occidental durante una década. Los resultados mostraron que casi la mitad de los animales sospechosos estaban infectados.

Además, la investigación permitió caracterizar las lesiones asociadas a la infección y comprender mejor su impacto sobre la salud de los cetáceos, algo importante en la vigilancia sanitaria en el medio marino. En conjunto, los resultados muestran que es un problema relevante, con implicaciones para la conservación y la salud de los ecosistemas.

Una infección que afecta principalmente al cerebro

Lo más llamativo de la brucelosis marina es su afinidad por el sistema nervioso central. En los animales incluidos en el estudio, las lesiones se localizaron casi exclusivamente en el cerebro, con inflamación grave (meningoencefalitis). Este daño neurológico explica muchos de los signos previos al varamiento: pérdida de coordinación, desorientación, convulsiones o comportamiento anómalo.

Este patrón permite diferenciar la brucelosis de otras enfermedades infecciosas descritas en delfines, como las causadas por herpesvirus o morbillivirus. Estas también pueden afectar al sistema nervioso, pero suelen producir lesiones distintas.

Impacto en la conservación

La afectación neurológica puede causar la muerte del animal, ya sea por el propio daño cerebral o como consecuencia del varamiento.

Además, en otras regiones del mundo, la infección por Brucella en cetáceos se ha asociado a abortos, infertilidad y otros problemas reproductivos. Esto plantea dudas sobre su posible impacto a largo plazo en poblaciones vulnerables.

Es un aspecto especialmente relevante en especies con tasas reproductivas bajas como los delfines, donde cualquier impacto negativo puede ser decisivo para su supervivencia. Así, para entender y reducir estos efectos, es crucial poder diagnosticar la infección de forma fiable.

¿Cómo se diagnostica una enfermedad en un delfín?

El estudio de animales varados es clave para analizar enfermedades en delfines y ballenas. Técnicas como el cultivo o la PCR permiten detectar la bacteria con fiabilidad. Sin embargo, la identificación de anticuerpos específicos plantea más desafíos. A diferencia de lo que ocurre en animales domésticos, no existen pruebas serológicas plenamente validadas para delfines.

En el trabajo mencionado, los investigadores adaptaron y evaluaron un test comercial para su uso en delfines. Por primera vez lograron validarlo, mejorando la detección y evitando errores.

Este avance no solo mejora el diagnóstico, sino que también permite aplicar programas de vigilancia sanitaria, más allá del estudio de animales varados.

La genética ayuda a seguir la pista de la bacteria

El análisis genético de las bacterias aisladas permitió identificar distintos linajes de Brucella ceti en el Mediterráneo. Como una huella dactilar molecular, este análisis permite comparar cepas y establecer relaciones entre ellas. Algunas eran muy similares, incluso, en animales varados en distintos años. Esto sugiere que ciertos linajes podrían persistir a lo largo del tiempo.

Esta información es clave para entender cómo se mantiene y se dispersa la infección en el medio marino, así como para detectar posibles conexiones entre casos.

Delfines como centinelas del mar

Los delfines actúan como auténticos centinelas de la salud del océano. Comprender las enfermedades que los afectan es fundamental para evaluar riesgos que, a largo plazo, podrían tener consecuencias para su conservación.

El Mediterráneo es uno de los mares más dañados por la actividad humana y el cambio climático. Tales factores podrían debilitar su sistema inmunitario y aumentar su vulnerabilidad frente a infecciones como las causadas por Brucella ceti.

Los hallazgos muestran que estos animales ya se enfrentan a un riesgo sanitario relevante. Aunque los casos humanos asociados son raros, ilustran cómo los ecosistemas alterados pueden favorecer la aparición o propagación de enfermedades zoonóticas, con potencial impacto en la salud pública.

Por ello, es imprescindible adoptar un enfoque integral que aúne distintos factores medioambientales. Solo así se podrá comprender el panorama completo, anticipar posibles brotes y proteger tanto a los cetáceos como a los ecosistemas y a las comunidades humanas que dependen del mar.

En definitiva, escuchar lo que nos dicen los delfines varados no es solo proteger animales emblemáticos. También nos alertan sobre la salud del mar y sus riesgos.

The Conversation

Ignacio Vargas Castro es Profesor Ayudante en la Universidad Complutense de Madrid, y durante su etapa predoctoral fue beneficiario de una Beca FPU del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades

Jose Angel Barasona García-Arévalo es beneficiario de un contrato Ramón y Cajal (RYC2022-038060-I) financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (MCIN/AEI) y el Fondo Social Europeo Plus (FSE+).

Adriana Cuevas Domínguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Una bacteria marina conecta la conservación de los delfines con la salud humana – https://theconversation.com/una-bacteria-marina-conecta-la-conservacion-de-los-delfines-con-la-salud-humana-279806

¿Pagar menos impuestos ayudaría a recuperar los territorios vaciados?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Guillermo Rodríguez Sánchez de la Nieta, Investigador, Hacienda Pública: Federalismo fiscal, Universidad de Castilla-La Mancha

Vistas de Alcalá del Júcar, población albaceteña que, según datos del INE (2023), ha sufrido un proceso de “intensa despoblación”.
Maria Albi/Shutterstock

En España, la despoblación rural se ha convertido en uno de los principales desafíos territoriales del siglo XXI. En amplias zonas del interior peninsular, la pérdida progresiva de habitantes está transformando el paisaje social, económico y demográfico. Municipios cada vez más pequeños, población envejecida y cierre de servicios básicos son algunas de sus consecuencias más visibles.

Ante esta situación, las políticas públicas están empezando a explorar nuevas herramientas. Entre ellas, una idea que hasta hace poco apenas formaba parte del debate público: utilizar la fiscalidad para atraer población y actividad económica al medio rural.

Ante esto, surge una pregunta inevitable: ¿pueden los incentivos fiscales ayudar realmente a revitalizar los pueblos?

Un problema estructural del territorio

La despoblación no es únicamente un fenómeno demográfico. También implica una profunda desigualdad territorial. Cuando un municipio pierde habitantes, mantener los servicios básicos –escuelas, centros sanitarios, transporte público o comercios– resulta cada vez más difícil.

En España, este fenómeno afecta especialmente a las regiones del interior. Castilla-La Mancha es un ejemplo claro. Aunque ocupa cerca del 16 % del territorio nacional, concentra apenas alrededor del 4,4 % de la población. Y más de la mitad de sus municipios tiene menos de 500 vecinos.

Además, en la última década, la región ha perdido más de 50 000 habitantes, una tendencia marcada por el envejecimiento de la población, la falta de oportunidades laborales para los jóvenes y la dificultad para acceder a determinados servicios.

Este proceso no solo tiene consecuencias económicas. También afecta al ejercicio efectivo de derechos fundamentales, como el acceso a servicios públicos, la igualdad de oportunidades o el desarrollo territorial equilibrado.

Una herramienta inesperada: la fiscalidad

Si, tradicionalmente, las políticas contra la despoblación se han centrado en mejorar infraestructuras, impulsar el desarrollo económico o reforzar los servicios públicos, ahora se plantea el uso del sistema fiscal como instrumento de política territorial. Las medidas fiscales por sí solas difícilmente revertirán décadas de pérdida de población. Sin embargo, pueden convertirse en una pieza relevante dentro de una estrategia más amplia.

En los últimos años, España ha comenzado a incorporar la despoblación como una prioridad en la agenda pública. A nivel estatal, se han impulsado iniciativas como la Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico, que reconoce la necesidad de abordar los desequilibrios territoriales mediante políticas coordinadas en ámbitos como la digitalización, el empleo o los servicios públicos. Además, varias comunidades autónomas han empezado a utilizar sus competencias normativas para introducir incentivos fiscales vinculados al territorio, explorando el potencial de la fiscalidad como herramienta para atraer población y actividad económica en zonas rurales.

Otros países han experimentado con este tipo de medidas para afrontar desequilibrios territoriales. En Italia, por ejemplo, se han aplicado reducciones impositivas y programas de atracción de residentes en municipios del sur y zonas rurales en declive, incluyendo beneficios para nuevos habitantes y emprendedores.
En Portugal, algunos territorios del interior cuentan con ventajas fiscales y programas de apoyo a la residencia en áreas de baja densidad. Y en el ámbito nórdico, países como Suecia o Finlandia han utilizado deducciones vinculadas a la residencia en regiones remotas para compensar los mayores costes de vivir en estos territorios.

¿Puede la fiscalidad cambiar la tendencia demográfica?

En este contexto, Castilla-La Mancha ha promulgado la Ley 2/2021 de medidas frente a la despoblación, que introduce incentivos fiscales específicos para quienes residan o desarrollen su actividad económica en municipios con riesgo demográfico. Entre los incentivos más destacados se encuentran:

  • Deducciones en el IRPF para quienes residan en municipios afectados por la despoblación.

  • Beneficios fiscales para la compra o rehabilitación de vivienda en localidades de menos de 5 000 habitantes.

  • Reducciones en el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados para la adquisición de vivienda o la instalación de empresas en zonas rurales.

La lógica de estas medidas es sencilla: reducir el coste de vivir, emprender o invertir en el medio rural para hacerlo más atractivo.

Además, estos incentivos se integran en una estrategia regional frente a la despoblación que también incluye políticas de vivienda, digitalización, transporte, emprendimiento rural y mejora de los servicios públicos. El objetivo es crear condiciones que permitan no solo atraer nuevos residentes, sino también facilitar que quienes viven en el medio rural puedan desarrollar allí sus proyectos de vida.

Aunque los principales incentivos fiscales siguen siendo los aprobados en la legislación de 2021 –especialmente las deducciones en el IRPF y las bonificaciones en impuestos patrimoniales–, su eficacia depende en gran medida de que haya políticas complementarias que refuercen el desarrollo económico y social del medio rural.

Según datos recientes del gobierno castellanomanchego, las zonas afectadas por la despoblación han sumado 4 700 habitantes desde la aprobación de la ley en 2021. Aunque estos datos son incipientes, sugieren que las políticas adoptadas podrían estar contribuyendo a frenar –o incluso revertir– la tendencia demográfica negativa en algunas de sus áreas rurales.

Repensar las políticas territoriales

Estas iniciativas abren una reflexión amplia sobre cómo diseñar políticas que permitan equilibrar las oportunidades entre territorios urbanos y rurales. La cuestión no es solo si pagar menos impuestos puede ayudar a salvar los territorios que se vacían. También es qué tipo de políticas públicas se necesitan para garantizar que vivir en el medio rural siga siendo una opción real para millones de personas.

The Conversation

José Guillermo Rodríguez Sánchez de la Nieta recibe fondos de un contrato investigador cofinanciado por la Universidad de Castilla -la Mancha y el Fondo Social Europeo.

Bárbara Marín-Cambronero y Juan José Rubio Guerrero no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. ¿Pagar menos impuestos ayudaría a recuperar los territorios vaciados? – https://theconversation.com/pagar-menos-impuestos-ayudaria-a-recuperar-los-territorios-vaciados-277874

¿Cuál es el valor de la literatura?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Gallego Cuiñas, Catedrática de literatura latinoamericana, Universidad de Granada

Gente revisando libros en los puestos de segunda mano en la Cuesta de Moyano de Madrid. rui vale sousa/Shutterstock

Nadie habla ya del valor de la literatura. O, cuando se hace, se confunde con otra cosa: precio, ventas, listas, premios, traducciones, número de seguidores. Es decir, se confunde valor con circulación. Pero ¿lo más visible es lo que más vale?

Hoy lo literario circula en el mercado como cualquier otro producto: un libro compite con una serie, un pódcast o un videojuego. Ya no organiza nuestra educación sentimental ni ciudadana, como lo hiciera desde el siglo XIX; es una pieza más en la economía de la atención. Y, como tal, obedece a sus reglas. No las del campo cultural –como pensaba el sociólogo francés Pierre Bourdieu–, sino las del mercado.

El valor es visibilidad

Durante décadas, el valor literario estuvo en manos de una élite: instituciones, academia, crítica, suplementos, premios. Ese ecosistema –nunca neutral, sino atravesado por lógicas mesocráticas, patriarcales y coloniales– dictaba qué valía y qué no, qué era “bueno” y qué quedaba fuera. Su legitimidad descansaba en una noción relativamente estable de “valor estético”: el uso del lenguaje, la complejidad formal. Hoy ese régimen no ha desaparecido, pero ha perdido el monopolio.

La cultura digital ha introducido una lógica distinta: la de la visibilidad, la circulación y la recomendación distribuida. En plataformas como X, TikTok o Instagram, un libro puede convertirse en fenómeno global en días. El caso de Romper el círculo, de Colleen Hoover, es elocuente: tras la atención de la comunidad #BookTok en TikTok el texto no cambió, cambió su circulación. Y con ella, su valor. O, mejor dicho, su visibilidad convertida en valor. Ya no importa solo cómo se escribe un libro: importa quién lo mueve. Ignorar estos nuevos parámetros no es defender la literatura: es renunciar a comprenderla.

Dos mujeres sobre un escenario.
Momento de los TikTok Book Awards durante la 77.ª Feria del Libro de Frankfurt en octubre de 2025.
Markus Wissmann/Shutterstock

No podemos obviar que el capital social, la juventud y lo nuevo han desplazado al valor estético en el capitalismo de plataformas. Importa menos la obra que quien la firma. El escritor ya no es solo autor: es marca, es relato, es cuerpo. Se convierte en lo que podríamos llamar un “sujeto-obra”: algo que se escribe tanto como se exhibe.

Pensemos en la centralidad de figuras como Mariana Enriquez, Sally Rooney u Ocean Vuong: su imagen, sus entrevistas, sus posts forman parte inseparable de la recepción de sus textos. La literatura entra así de lleno en la lógica del espectáculo –de la que siempre ha participado–, pero ahora la celebridad se intensifica y se vuelve radicalmente contingente. La “gran promesa” de hace diez años desaparece con la misma rapidez con la que fue consagrada. En este contexto, el valor ya no se consolida: circula y se agota.

Leer más o mejor

Este desplazamiento no solo afecta al presente: coloniza también el futuro. La literatura contemporánea aparece atravesada por un proceso de festivalización que pone en el centro la figura autoral. El valor no se produce únicamente en el texto, sino en el conjunto de dispositivos que lo rodean: editoriales, ferias, entrevistas, redes sociales. Es lo que el escritor y filósofo italiano Franco “Bifo” Berardi llama “futurabilidad”: no leer el valor, sino producirlo por adelantado.

El canon no se construye: se programa. Ya no se trata de reconocer el valor, sino de anticiparlo. Las listas, premios o festivales prescriben el canon, transforman la posibilidad en probabilidad y la probabilidad en mandato. En este régimen, lo que importa no es solo qué se escribe, sino lo que puede llegar a ser visible. El futuro de la literatura se fabrica en tiempo real.

Por otro lado, asistimos a una superproducción literaria sin precedentes: se publican más libros que nunca, todo el mundo quiere ser escritor, y, sin embargo, cada vez se lee menos literatura subversiva, en favor de formatos más evasivos.

En este contexto, leer literatura de vanguardia se ha vuelto un acto de resistencia. No porque sea minoritario, sino porque exige algo que el capitalismo neoliberal desincentiva: tiempo, atención, fricción. Leer literatura no es solo consumir historias, es aprender a percibir. Es detectar lo no dicho, sostener la ambigüedad, desconfiar de lo evidente. Es, en suma, una práctica crítica en un mundo que premia justo lo contrario.

Cómo leemos importa en un momento en que lo literario ya no se limita al libro, sino que se despliega en una cultura narrativa expandida –series, videojuegos, redes, oralidad– que consumimos sin descanso. Pero esa expansión no simplifica la lectura: la vuelve más compleja, más ineludible. Por eso siguen siendo imprescindibles espacios –aulas, librerías, bibliotecas– donde esa cultura se interrogue. Donde no solo consumamos relatos, sino que aprendamos a desmontarlos: a entender que una atmósfera puede ser un dispositivo de poder, que una voz narrativa construye ideología, que ninguna historia es inocente.

Biblioteca del Museo Nacional de Arte Reina Sofía de Madrid.
Biblioteca del Museo Nacional de Arte Reina Sofía de Madrid.
Fotokon/Shutterstock

El futuro de la literatura

En un ecosistema saturado de relatos rápidos, transparentes y diseñados para la identificación inmediata, la literatura introduce una anomalía: ralentiza, opacifica, incomoda.

Y ahí reside su valor de uso. Frente al valor de cambio –ventas, métricas, atención–, la literatura sigue siendo una tecnología de la conciencia: entrena la duda, desactiva automatismos, ensaya otras formas de vida. No confirma lo que somos: lo desarma. Por eso importa. No como refugio, sino como herramienta. En un mundo gobernado por algoritmos que refuerzan nuestras certezas, la literatura sigue siendo uno de los pocos dispositivos capaces de desprogramarnos.

Y tal vez ahí, en esa resistencia a volverse transparente, se juegue hoy su potencia más urgente: la de abrir grietas en el sentido común. La de devolvernos la posibilidad de pensar y, con ella, la de desobedecer.


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The Conversation

Ana Gallego Cuiñas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cuál es el valor de la literatura? – https://theconversation.com/cual-es-el-valor-de-la-literatura-279819

Leopoldo Calvo-Sotelo: los 644 días de gobierno del presidente desconocido

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José-Vidal Pelaz López, Catedrático de Historia Contemporánea, Universidad de Valladolid

Leopoldo Calvo-Sotelo (izquierda) y el secretario general del PSOE, Felipe González, reunidos durante el traspaso de poderes el 3 de noviembre de 1982, tras las elecciones generales del 28 de octubre, en las que el PSOE obtuvo la mayoría absoluta. Presidencia del Gobierno de España/Wikimedia Commons, CC BY

Nadie cuestiona que el carisma de Adolfo Suárez fuera determinante para poner en marcha la transición a la democracia en España, del mismo modo que tampoco se plantea la importancia del liderazgo de Felipe González para acometer la modernización del país en los años siguientes.

Sin embargo, la duda surge cuando nos preguntamos por la aportación de Leopoldo Calvo-Sotelo, el presidente casi desconocido que ocupó el Palacio de la Moncloa entre aquellos dos grandes líderes.

Hasta hace poco la historiografía tendía a considerar la etapa de Calvo-Sotelo como un apéndice de los últimos gobiernos centristas o el prólogo de los socialistas que vinieron a continuación, pero últimas investigaciones avalan la idea de que se trata de un momento histórico con perfiles bien definidos e identidad propia.

Un monárquico convencido

Calvo-Sotelo nació hace cien años en Madrid (el 14 de abril de 1926), aunque su infancia transcurrió en Galicia. Ingeniero de caminos y empresario, católico convencido, fue un monárquico seguidor de Juan de Borbón, el abuelo de Felipe VI, que se incorporó al mundo de la política en el primer gobierno de Juan Carlos I en 1975.

Desde entonces ocupó los ministerios de Comercio, de Obras Públicas, de Relaciones con Europa y la vicepresidencia para Asuntos Económicos. Fue también uno de los creadores de Unión de Centro Democrático (UCD), y finalmente presidió el gobierno durante 644 días, entre febrero de 1981 y diciembre de 1982.

Por biografía, por talante, por convicción y por sus hechos pertenece a la generación que lideró el proceso de transición desde la dictadura franquista a la democracia sobre la base del consenso, la moderación y la reconciliación nacional.

El reto: consolidar la democracia

Calvo-Sotelo llegó al poder seguramente en el peor momento tras la muerte del dictador Francisco Franco. Adolfo Suárez había dimitido, él había sido designado su sucesor por UCD y en medio de la sesión de investidura se produjo el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

La entrada del teniente coronel de la guardia civil Antonio Tejero en el Congreso extendió la impresión de que la democracia española estaba en el alambre y condicionó de una u otra manera todo lo que ocurrió después.

Así pues, frente a la magia de Suárez, capaz de remodelar el edificio y que los grifos siguieran funcionando (según definió su labor en un conocido discurso), la misión del ingeniero Calvo-Sotelo sería conseguir que las nuevas estructuras aguantaran la tensión y se mantuvieran en pie, incluyendo la sacudida de un terremoto golpista.

De este modo, consolidar la democracia se convirtió en el eje de su mandato. Para ello tenía que afrontar problemas no resueltos de la etapa anterior y buscar soluciones para los nuevos.

Con este objetivo de fondo se adoptaron numerosas iniciativas políticas, algunas de las cuales pueden ser consideradas esenciales para la configuración de España tal y como hoy la conocemos. Todo ello se afrontó buscando el acuerdo, cuando fue posible, con el PSOE, principal partido de la oposición.

Las medidas: luces y sombras

En aquellos meses se avanzó decisivamente en nuestra incorporación a la Comunidad Económica Europea, cerrando capítulos importantes de la negociación, y se produjo en 1982 la incorporación de España a la OTAN, la organización militar que agrupa a las democracias occidentales, a pesar de la existencia de una fuerte movilización de la izquierda en su contra. De esta manera se acababa con el secular aislamiento de España durante la Edad Contemporánea.

En política interior se aprobó la ley del divorcio, con lo que se avanzó definitivamente en la secularización de la sociedad española. Calvo-Sotelo racionalizó y ordenó el proceso autonómico generalizando el modelo (se aprobaron nada menos que 12 Estatutos de Autonomía) y homogeneizando las competencias y la arquitectura institucional de las distintas comunidades.

España pasaba a ser un Estado fuertemente descentralizado en la que resultó ser la mayor operación de distribución territorial de poder desde la creación de las provincias en el siglo XIX por los liberales.

También se combatió el golpismo y se asentó la preeminencia del poder civil sobre el militar con el recurso al Tribunal Supremo de la sentencia del 23-F, cerrando la intervención de los militares en política tan característica de nuestra historia.

En otros terrenos los logros fueron menos decisivos. Se intentó combatir la crisis económica a través de un acuerdo entre empresarios y sindicatos (ANE) y se pusieron las bases para la reconversión industrial, si bien el paro siguió aumentando y no se consiguió controlar la inflación.

Los constantes atentados de la organización terrorista ETA continuaron siendo la mayor amenaza de desestabilización del nuevo régimen. El Gobierno luchó contra el terrorismo mejorando las dotaciones policiales, facilitando la disolución de ETA político-militar, deslegitimando el discurso nacionalista violento e intentando conseguir la colaboración internacional.

Hubo también proyectos fallidos. Así, por ejemplo, se intentó aprobar una Ley de Autonomía Universitaria (LAU) que modernizara la enseñanza superior pero, por diversas razones, no se consiguió. Tras una ardua negociación con el Reino Unido estuvo a punto de abrirse la verja de Gibraltar, pero el estallido de la guerra de las Malvinas frustró aquella iniciativa.

La derrota de 1982

El final de la presidencia de Calvo-Sotelo vino determinado por la crisis interna de UCD, minada por los personalismos y las deserciones. El fracaso a la hora de crear un partido sólido y coherente había sido ya decisivo en la salida de Adolfo Suárez, y Calvo-Sotelo no consiguió tampoco mejorar la situación.

Tras varias derrotas en elecciones autonómicas y después de conocer que Suárez creaba otro partido,el Centro Democrático y Social, Calvo-Sotelo decidió anticipar las elecciones generales. El resultado fue una histórica mayoría absoluta del PSOE y la práctica desaparición del partido centrista que había liderado la Transición.

En octubre de 1982 la democracia estaba ya lo suficientemente asentada como para que se produjera la alternancia política con plena normalidad. En último término ese sería el mayor legado de los 644 días de Leopoldo Calvo-Sotelo.

The Conversation

Investigador principal del proyecto La presidencia de gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo (1981-1982), Referencia HAR2010-20762 (subprograma HIST) financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación desde 1-1-2011 hasta 31-12-2014.

Investigador principal del proyecto Perfiles del centro político : proyectos y realizaciones (1976-1986), Referencia HAR2016-75600-C2-2-P2., financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad desde el 30-12- 2016 hasta 29-12-2019.

Colaborador de la Fundación Transición Española

ref. Leopoldo Calvo-Sotelo: los 644 días de gobierno del presidente desconocido – https://theconversation.com/leopoldo-calvo-sotelo-los-644-dias-de-gobierno-del-presidente-desconocido-280689

¿Es posible construir carreteras sin petróleo? La respuesta está en los bioligantes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Mª Rodríguez Pasandín, Catedrática del área de Ingeniería e Infraestructura de los Transportes, Universidade da Coruña

Mayy Contributor/shutterstock

El betún asfáltico forma parte de nuestra vida cotidiana más de lo que imaginamos. Este derivado del petróleo es el ingrediente fundamental del asfalto por el que circulamos cada día.

No obstante, su utilización plantea varios inconvenientes. Por un lado, para poder trabajar con él se necesitan temperaturas muy altas, lo que deja una huella significativa. Se estima que la producción y puesta en obra del asfalto es responsable de aproximadamente el 0,35 % de todas las emisiones de CO₂ equivalente. Es decir, el 0.35 % de todos los gases de efecto invernadero que genera Europa convertidos a su impacto en CO₂.

Puede parecer una cifra pequeña, pero no es desdeñable. Y menos en un escenario como el actual en el que urge frenar la crisis climática y avanzar hacia modelos energéticos más limpios.

Por otro lado, nos encontramos en un entorno global cada vez más incierto. Las reservas de petróleo que se agotan, y las tensiones geopolíticas amenazan tanto su suministro como su calidad. En ese contexto, surge una pregunta inevitable: ¿seremos capaces de construir carreteras sin depender del petróleo? La ciencia empieza a apuntar que sí.

Concretamente, la investigación en bioligantes abre una vía prometedora. Estos materiales podrían reducir nuestra dependencia de los recursos fósiles y ayudarnos a avanzar hacia una economía más circular. Con ellos, las carreteras del futuro podrían ser más respetuosas con el medio ambiente, sin renunciar a la calidad.




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La revolución de las carreteras que se autorreparan para hacer más sostenible el sector transporte


¿Qué son los bioligantes?

El betún asfáltico consiste en un material negruzco que actúa como adhesivo e impermeabilizante en el asfalto, lo que ayuda a soportar el tráfico. Aunque es prácticamente sólido a temperatura ambiente, se vuelve casi líquido a altas temperaturas (160 ºC). Por eso hay que calentarlo tanto para trabajar con él.

Si bien el betún asfáltico se utiliza desde hace más de cien años en múltiples aplicaciones como impermeabilizaciones, aislamientos y materiales para cubiertas, su principal destino es la pavimentación de carreteras. En concreto, de los 120 millones de toneladas de betún producidas el año 2022 en todo el mundo, el 85 % se destinó a la pavimentación de carreteras.

Entre las alternativas al betún despuntan los bioligantes, que pueden considerarse su versión más sostenible. Se elaboran a partir de resinas naturales y de bioaceites de biomasa, de frutos y de semillas.

La proporción de bioligante a emplear junto con el betún varía en función de la aplicación. Existen formulaciones que lo sustituyen por completo, en un 100 %. Y otras en las que se emplean porcentajes muy bajos, inferiores al 10 %, destinados a modificar y mejorar el comportamiento del betún.

Ejemplos y proyectos en marcha

Aunque la utilización de bioligantes no está todavía lo bastante extendida, existen diversas investigaciones y tramos de prueba. Por ejemplo, en tres tramos construidos recientemente en los Países Bajos, en la carretera N-375, el 30 % del betún se sustituyó por un bioligante.

También hay casos en España. En Tarragona, en la T-240, se llevó a cabo un tramo de prueba de unos 300 metros. En este caso, el asfalto contaba con un 40 % de árido reciclado procedente del fresado de asfalto. El 100 % del ligante que se añadió era de base vegetal.

¿Se pueden emulsionar los bioligantes?

En nuestro grupo de investigación de Carreteras, Geotecnia y Materiales (CGM) hemos podido corroborar que los bioligantes se pueden emulsionar, entendiendo por emulsionar mezclar dos líquidos que no se juntan naturalmente, como el aceite y el agua.

En concreto trabajamos con un bioligante 100 % natural, renovable, elaborado por una empresa externa a partir de resinas de pino. Su color ámbar, en lugar de negro, lo hace especialmente adecuado para utilizarlo en pavimentos de colores. Con él se fabricó un producto equivalente a una emulsión bituminosa, es decir, una emulsión compuesta por diminutas gotas de betún dispersas en agua. Al no hacer falta calentarla para su puesta en obra, es más respetuosa con el medio ambiente.

Destacan tres grandes logros en este trabajo: poder fabricar una emulsión de bioligante –pequeñas gotitas del material dispersas en agua–, la total sustitución de betún por bioligante en la emulsión y demostrar que podían obtenerse emulsiones estables con un 60 % e incluso un 70 % de bioligante (y el resto, agua). Este último porcentaje, algo que suele ser difícil de alcanzar con betunes convencionales.

Retos y limitaciones

Hasta la fecha, la adopción de los bioligantes es limitada. Su variabilidad, la falta de un marco normativo y el hecho de que todavía no se tenga un gran conocimiento sobre su comportamiento y durabilidad son algunas de las posibles causas de que no hayan reemplazado aún al betún asfáltico. Además, que aún no exista una producción a gran escala de los bioligantes, también podría constituir otro inconveniente.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que el asfalto es un material 100 % reciclable. ¿Lo seguiría siendo si en lugar de utilizar betún se utilizasen bioligantes en su fabricación? Es una de las preguntas a responder si pretendemos que, en un futuro no muy lejano, las carreteras puedan construirse con mucho menos petróleo (o incluso sin él). Para que los bioligantes lleguen a convertirse en la alternativa real al betún se necesita más investigación, realizar nuevos tramos de prueba y una normativa que respalde su uso.

Los autores dan las gracias a Marc Serra Queralt, de la empresa Engiquia, por el desarrollo y suministro del bioligante a partir de resinas, así como por su participación en la caracterización del mismo. Y a Sabas Corraliza Tejeda, de la empresa Ecoasfalt, autor de la tesis doctoral vinculada a la investigación.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Es posible construir carreteras sin petróleo? La respuesta está en los bioligantes – https://theconversation.com/es-posible-construir-carreteras-sin-petroleo-la-respuesta-esta-en-los-bioligantes-273437

Por qué las familias dejan de implicarse en la vida académica de sus hijos cuando estos se hacen adolescentes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Alexis Alonso Sánchez, Profesor en el Área de Didáctica y Organización Escolar, Departamento de Educación, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Frame Stock Footage/Shutterstock

En muchas escuelas se repite una escena conocida: reuniones de tutoría con varias sillas vacías o actividades organizadas por el centro a las que acuden pocas familias. Ante esto, suele aparecer una explicación rápida: “Las familias no se implican lo suficiente en la educación de sus hijos”. Pero ¿es realmente así?

Cuando hablamos de participación familiar en la escuela, muchas personas piensan únicamente en asistir a reuniones o tutorías. Sin embargo, la implicación de las familias es mucho más amplia. Incluye, por ejemplo, comunicarse con el profesorado, seguir el proceso educativo de los hijos, apoyar el aprendizaje en casa, colaborar en actividades del centro o participar en la gestión del centro.

Numerosas investigaciones han mostrado que cuando las familias se implican en la educación de sus hijos, los beneficios son claros: mejora el rendimiento académico, aumenta el bienestar del alumnado y se fortalece el clima escolar.

En España, la participación familiar no es solo una recomendación pedagógica, sino un derecho dentro del sistema educativo. Aun así, la participación real sigue siendo desigual. Estas son las principales conclusiones que hemos alcanzado tras nuestro reciente estudio entre 1 433 familias españolas con hijos escolarizados desde Educación Infantil hasta Bachillerato.

Tres perfiles de familias

Para comprender mejor cómo participan las familias, el estudio analizó diferentes dimensiones de la relación entre familia y escuela: comunicación, apoyo pedagógico, implicación en la vida escolar y necesidades formativas.

A partir de estos datos se identificaron tres perfiles principales de participación familiar.

  • Familias con hijos en primaria: con progenitores de entre 36 y 45 años, con dos hijos. Muestran los mayores niveles de participación en diferentes aspectos: comunicación con el centro, implicación en actividades escolares y seguimiento educativo. La etapa de primaria parece ser un momento especialmente activo en la relación entre familias y escuela, especialmente en las dimensiones de la comunicación y de la implicación en la vida escolar.

  • Familias con hijos en infantil, muchas veces con un solo hijo. Aunque no siempre presentan los niveles más altos de participación, sí muestran una implicación más constante en distintos ámbitos. Destacan especialmente en aspectos relacionados con la formación y orientación educativa, algo comprensible en los primeros años de escolarización.

  • El tercer perfil es el más numeroso. Está formado principalmente por padres y madres de 46 a 55 años con hijos en educación secundaria. En este grupo los niveles de participación suelen ser más bajos, especialmente en la implicación directa en la vida del centro.

Este patrón no es exclusivo de España. Diversos estudios han mostrado que la participación familiar tiende a disminuir a medida que los hijos crecen, en parte porque los adolescentes buscan mayor autonomía y las dinámicas educativas cambian.




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Maneras de implicarse en secundaria

Con frecuencia se asume que en Educación Secundaria la implicación de las familias no solo disminuye, sino que incluso resulta poco deseada, tanto por los propios adolescentes –que buscan mayor autonomía– como por algunos profesores. Sin embargo, más que desaparecer, la participación familiar se transforma.

En lugar de una presencia constante en el centro, adopta formas más discretas pero igualmente relevantes, como el acompañamiento académico, la orientación en la toma de decisiones o la comunicación puntual con el profesorado. Es decir: es deseable que en la adolescencia los estudiantes adquieran mayor autonomía y capacidad de gestionar sus problemas académicos directamente, pero esto no quiere decir que las familias no sean igualmente fundamentales, de manera más indirecta, aconsejando, supervisando desde casa o hablando directamente con los docentes si es necesario.

Revisar con los docentes los informes de evaluación para acordar pautas de mejora, asistir a tutorías individuales y grupales, asistir a charlas sobre itinerarios académicos, participar en el Consejo Escolar, colaborar en grupos de trabajo del centro, e incluso ofrecerse para dar charlas en relación a experiencia profesional relevante son algunas de las muchas maneras en las que las familias se pueden sentir implicadas en esta etapa.




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Las madres participan más

Nuestro estudio también confirma algo que muchos docentes observan en su experiencia cotidiana: las madres siguen participando más que los padres. En promedio, las madres obtienen puntuaciones ligeramente superiores en todas las dimensiones analizadas, especialmente en la relación con el centro y en la implicación en la vida escolar.

Este resultado abre un debate relevante sobre la corresponsabilidad educativa y sobre cómo siguen influyendo ciertos roles de género en el seguimiento escolar de los hijos.

Un equilibrio necesario

En definitiva, nuestra investigación apunta a que a medida que los hijos se hacen mayores la implicación de los padres en la vida escolar disminuye. Sin embargo, esto no tiene por qué ser así, y de hecho, incluso en la adolescencia la participación de las familias en los centros escolares es beneficiosa para los estudiantes. Sin caer en la sobreprotección, y dejando espacio para el desarrollo de la autonomía, las madres y sobre todo los padres del alumnado de secundaria podrían y deberían, implicarse más.

Esto puede fomentarse mediante la puesta en marcha de estrategias sencillas pero efectivas por parte de los centros educativos, como facilitar canales de comunicación más flexibles y accesibles (por ejemplo, a través de plataformas digitales, tutorías en línea o en horarios adaptados, y sistemas de mensajería), ofrecer orientaciones claras sobre cómo acompañar el aprendizaje desde casa o compartir información comprensible y periódica sobre el progreso del alumnado.

También resulta clave implicar activamente a los padres, tradicionalmente menos presentes, y generar una cultura de colaboración en la que la participación no se limite a acudir al centro, sino que se entienda como un proceso compartido de apoyo al desarrollo académico y personal del alumnado.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Por qué las familias dejan de implicarse en la vida académica de sus hijos cuando estos se hacen adolescentes – https://theconversation.com/por-que-las-familias-dejan-de-implicarse-en-la-vida-academica-de-sus-hijos-cuando-estos-se-hacen-adolescentes-276451

If Justice Alito resigns before the midterms, a Trump nominee to the Supreme Court is likely to sail through confirmation

Source: The Conversation – USA – By Paul M. Collins Jr., Professor of Legal Studies and Political Science, UMass Amherst

Supreme Court Justices Samuel Alito and Clarence Thomas share a laugh at the U.S. Capitol on Jan. 20, 2025. Chip Somodevilla/Getty Images

Washington is buzzing with the possibility that President Donald Trump might name one or more Supreme Court justices before the November midterm elections.

In a conversation with Fox Business TV host Maria Bartiromo on April 15, 2026, Trump discussed the potential retirement of Justice Samuel Alito, 76, the reliably conservative justice appointed by President George W. Bush in 2005.

Trump praised Alito as “a great justice” and said that he is prepared to appoint a replacement, should Alito retire.

Trump added, “In theory, it’s two – you just read the statistics – it could be two, could be three, could be one.”

Trump didn’t say who the other potential retiring justices are. Speculation from pundits is that he is referring to Justice Clarence Thomas, 77, another solid conservative vote. Thomas, appointed by George H.W. Bush in 1991, is the court’s oldest justice and longest-serving member.

In the same Fox interview, Trump pointed to former Justice Ruth Bader Ginsburg, who was under intense pressure to retire during President Barack Obama’s presidency. Ginsburg opted to stay on the bench and died in September 2020.

Republicans blocked Obama’s appointment of Merrick Garland in 2016 after the death of Justice Antonin Scalia. Then, in 2020, Trump replaced Ginsburg with Justice Amy Coney Barrett, solidifying a 6-3 conservative majority.

As a scholar of the Supreme Court confirmation process, I know the timing of Trump’s comments is closely linked to November’s midterm elections.

If Democrats were to take over the Senate following the midterms, it is very unlikely they would confirm a Trump-appointed Supreme Court nominee. Instead, they would probably follow the precedent set by Republicans in 2020 and block a Trump pick.

The clock is ticking on November’s midterm elections, and Democrats’ chances of taking back the Senate are improving. Assuming a current Supreme Court justice retires, here’s what has to happen for Trump and Senate Republicans to successfully confirm a successor.

The Supreme Court confirmation process

The Constitution says that the Senate provides “advice and consent” on presidential appointments to the Supreme Court. Over the course of the nation’s history, this has developed into a complex process.

Once the Senate receives a nomination from the president, it goes to the Judiciary Committee.

This is where the most public part of the confirmation process takes place: confirmation hearings. These typically last three to four days and feature a high stakes question-and-answer session with the nominee.

Prior to the hearings, senators and the nominee engage in a substantial amount of preparation.

Senators, with their staffs, do extensive background research on the nominee, which helps inform their questioning. Some of this is accomplished through the Senate Judiciary Committee questionnaire, to which nominees provide written answers. Supreme Court Justice Ketanji Brown Jackson’s 2022 questionnaire was 149 pages long. It included questions about organizational memberships, public speeches and judicial opinions authored.

A Black woman with her back to the camera listens to a man speak behind a bench.
Supreme Court nominee Ketanji Brown Jackson listens to U.S. Senate Judiciary Committee members on Capitol Hill on March 21, 2022.
AP Photo/J. Scott Applewhite, Pool

Meanwhile, the nominee makes courtesy calls to senators to build support for confirmation.

At roughly the same time, the nominee takes part in hearing preparation, known as “murder boards.” Here, the nominee’s allies play the roles of members of the Judiciary Committee, anticipating the type of tough questions the nominee will face from skeptical senators from the opposition party of the appointing president.

During Jackson’s murder boards, for instance, the focus was on expected Republican attacks that Jackson was soft on crime.

Within a few days of the end of the confirmation hearings, the Judiciary Committee votes on its recommendation to the full Senate. Then the nomination goes back to the full Senate for more discussion and a final confirmation vote. A simple majority is needed to confirm a Supreme Court nominee.

For the nine members of the court, it has taken an average of 70 days between presidential appointment and Senate confirmation, according to data from The U.S. Supreme Court Database. But this number has decreased recently, with Barrett and Jackson taking 30 and 41 days, respectively, to be confirmed.

So, as long as there is roughly a month before the November midterms, it is likely that there is enough time for the Republican Senate to confirm a Trump nominee.

Democrats have limited options

In 2017, Senate Republicans ended the filibuster for Supreme Court nominees. It was a move to secure the confirmation of Neil Gorsuch.

This reduced the threshold for confirmation from 60 votes to 51 votes. Perhaps most importantly, it also severely limited the options available to the minority party to block a Supreme Court confirmation.

With a 53-47 Republican majority in the Senate, so long as Republicans stick together, it will be very difficult for Senate Democrats to block a Trump nominee.

There are some delay tactics available to Democrats – they can perhaps even grind the entire Senate to a halt – but they may pay a political price for these tactics. Republicans, for instance, may try to paint Democrats as obstructionist, potentially motivating a voter backlash against the Democratic Party in the midterm elections.

Nonetheless, Democrats may view this as a fight worth having, since the confirmation of another Republican-appointed justice will ensure conservative dominance on the court for decades – if not generations – to come.

The Conversation

Paul M. Collins Jr. does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. If Justice Alito resigns before the midterms, a Trump nominee to the Supreme Court is likely to sail through confirmation – https://theconversation.com/if-justice-alito-resigns-before-the-midterms-a-trump-nominee-to-the-supreme-court-is-likely-to-sail-through-confirmation-280887

Did NASA’s Curiosity rover find signs of ancient life on Mars? An astrobiologist explains how we determine ‘life’

Source: The Conversation – Canada – By Allyson Brady, Assistant Professor, Department of Biology, Carleton University

NASA’s Curiosity Mars rover took this selfie in 2020, after drilling a rock sample from a spot nicknamed “Mary Anning.” After years of extensive analysis, the sample has revealed the greatest diversity of organic molecules ever found on Mars.
(NASA/JPL-Caltech/MSSS)

NASA’s Curiosity rover has identified seven new organic compounds on the planet Mars, according to new research published in Nature Communications.

The researchers believe this organic matter may have been preserved on Mars for more than 3.4 billion years. But is it evidence of life?

It’s not yet possible to determine whether it was delivered by a meteor (or comet or interplanetary dust particles), was formed through geological processes or may be linked to potential ancient life on Mars.

This begs a few questions: What exactly is life? How do we know what to look for? Why is it so hard to determine if an organic compound came from life or not?

As an astrobiologist, my job is to study life in the universe. I have participated in several NASA and Canadian Space Agency (CSA) projects focused on learning how to detect signs of life, as well as training astronauts to be field scientists.

This has taken me to field sites in the Antarctic, hot springs in Western Canada, volcanoes in Hawaii and underwater in British Columbia.

The study of extreme environments on Earth, along with exploration of the lifeless surface of the moon, can help us understand what life can look like. It can also help us understand the other potential non-biological processes that can form organic compounds like ones that have been found on Mars.

Astronaut Chris Hadfield dives into Pavilion Lake, B.C., as part of an international, multidisciplinary project to explore the origin of rare freshwater carbonate rock formations (microbialites). Similar processes possibly occurred on other planets.
(CSA/Donnie Reid)

Life in extreme environments on Earth

On Earth, scientists study life in extreme environments that we might also expect to find on early Earth or other planets such as Mars. We call these “analogue” environments.

For example, micro-organisms can thrive in the hot springs of Yellowstone National Park, deep underground or in cold icy places like Antarctica.

Two people in red snow coats on a frozen lake with deep blue sky in the background.
The author (left) collects water samples from Lake Untersee for a biosignature study. This is one of Antarctica’s largest and deepest surface lakes, known for its distinctive water chemistry.
(Klemens Weisleitner)

As astrobiologists, we can use these analogue environments to test equipment and concepts of operation that may be used to plan life-detection missions on other planets. They also help us better understand how life can survive in extreme environments.

Importantly, these environments help us recognize what kinds of evidence life can leave behind. Identifying biosignatures, or unambiguous signs of life, that can be targeted when looking for life elsewhere is critically important.

On Earth, it’s not hard to find evidence of life. Simply look around you. We are also constantly discovering the existence of life in places where it may have once seemed impossible, such as these microbes buried deep in ocean mud.

Marine microbiologist Karen Lloyd introduces deep-subsurface microbes: tiny organisms that live buried deep in ocean mud.

In fact, finding locations where there is no life is often more challenging.

What is not a sign of life?

The moon does not contain life. Unlike Mars, where there’s mounting evidence of a warmer watery past, as far as we know there’s little evidence to suggest the moon ever had the right conditions to support life.

The moon is a valuable study site for astrobiology because it offers clues about what is not a sign of life. The moon is constantly being hit by objects such as meteorites and asteroids, objects that would have also hit early Earth and Mars, leaving visible craters on the surface.




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Meteorites can contain organic molecules such as amino acids and hydrocarbons that look very much like ones we would expect to be left behind by living organisms.

Micro-organisms, just like your own cells, contain lipids, proteins and nucleic acids. When they die, their organic molecules can become trapped in material such as sediments or minerals, and in some cases, preserved over long periods of time. Even if somewhat degraded, they might survive over millions or even billions of years in a recognizable form even if life itself is no longer present.

A closeup view of the moon's cratered surface, grey in colour.
A closeup view taken by the Artemis II crew of Vavilov Crater, on the rim of the older and larger Hertzsprung basin, on the surface of the moon.
(NASA)

But life is not the only way organic molecules can form. Some abiotic chemical reactions can produce organic molecules with no life required. These abiotic processes can lead to the formation of simple organic molecules, life’s building blocks, that form the basis of more complex components.

Reports of gases such as methane or the detection of hydrocarbons on Mars could be related to life. However, scientists know that there are other ways these could have formed. As with the compounds discovered by NASA’s Curiosity rover, they may not readily meet the biosignature criteria of being unambiguously biological.

It’s not easy to decide what is a biosignature and what might have an alternative explanation. Studying other locations or materials without life can help.

Analysis of samples brought back to Earth from the asteroid Bennu in 2023 found organics such as sugars, including ribose, for example. Ribose is a component of RNA. This does not mean that there is life on Bennu, instead it shows that these biologically important molecules may be widely distributed in the solar system.

These kinds of investigations tell us that there are some organics that may not make good biosignatures because there is an alternative non-biological explanation.

From the moon to Mars

Exploration of the moon helps create an inventory of organic molecules that, while often associated with life, also have another explanation. They may have been delivered by a meteorite and been preserved all this time.

For example, studies of lunar regolith — the dusty moon version of soil — brought back from the Apollo missions and from recent Chinese-led missions have identified organic molecules such as amino acids, ketones and amines. If these same organics are found on other planets, it means that they are not necessarily signs of life. At least, not on their own.

Prior to NASA’s recent Artemis II mission, astronauts, including Canadian Jeremy Hansen, underwent geology training at sites like the Kamestastin Lake impact structure in Labrador. This training prepared them to make detailed geological observations of the moon.

Artemis II crew Victor Glover, Reid Wiseman and Jeremy Hansen huddle around a camera in the Orion spacecraft.
Artemis II crew Victor Glover, Reid Wiseman and Jeremy Hansen configure their camera equipment shortly before beginning their lunar flyby observations, April 2026.
(NASA)

These geological features might play a role in the preservation of organics, possibly shielding them from high temperatures and destructive radiation, sort of like a fridge. Similar features on Mars may then be good targets for astrobiology investigations.

With a 2028 moon landing planned for NASA’s Artemis IV mission, we will soon have even more lunar material to study. These missions are critical for helping astrobiologists fine-tune those unambiguous signs of life that we can then search for when we get to Mars.

As NASA’s Curiosity and Perseverance rovers continue exploring Mars, and new missions are planned, in the future we may be able to more confidently answer the question of is it life?

The Conversation

Allyson Brady receives funding from the Natural Sciences and Engineering Research Council of Canada and has been supported by the Canadian Space Agency in the past.

ref. Did NASA’s Curiosity rover find signs of ancient life on Mars? An astrobiologist explains how we determine ‘life’ – https://theconversation.com/did-nasas-curiosity-rover-find-signs-of-ancient-life-on-mars-an-astrobiologist-explains-how-we-determine-life-280658

Extreme rain on snow is testing aging dams across Michigan and Wisconsin – this is the future in a warming world

Source: The Conversation – USA (2) – By Richard B. (Ricky) Rood, Professor Emeritus of Climate and Space Sciences and Engineering, University of Michigan

In the upper Midwest, aging infrastructure, from dams to city drains, was overwhelmed by floodwater in April 2026. Jonathan Aguilar/Milwaukee Neighborhood News Service/CatchLight via Getty Images

Michigan and parts of Wisconsin are in the midst of a historic flooding event in spring 2026. Days of heavy rainfall on top of snow have sent lakes and rivers over their banks and threatened several dams in both states, forcing people to evacuate homes downstream. By April 20, 2026, nearly half of Michigan’s counties were under a state of emergency. In Cheboygan, Michigan, large pumps were brought in to lower pressure on a century-old dam in the city.

The region’s aging water infrastructure was never designed for the volume of water it is facing. That’s a troubling sign for the future, with flooding becoming more common as global temperatures rise.

In many areas, the damage has been exacerbated by a culture of building homes and cabins on the shores of inland lakes and along riverine lakes behind small, often privately owned dams. Many of these dams were built over 100 years ago, with some long forgotten.

Michigan State Police captured scenes of stressed dams and flooding across Cheboygan County, near the tip of the Lower Peninsula, including the century-old dam in the city of Cheboygan that was nearly overwhelmed by flood water.

I am a professor emeritus of meteorology at the University of Michigan whose work focuses on helping communities adapt to climate change. The warming climate is worsening the flood risk, and disasters like the one Michigan is experiencing are setting higher benchmarks for safety as communities plan future infrastructure.

Where is all the water coming from?

For much of Michigan and Wisconsin, as well as northern Illinois, 2026 has been the wettest March and April on record.

In March, much of that precipitation fell as snow, including in an enormous blizzard that brought 3 feet of snow to parts of Michigan. In mid-April, persistent rains began. The rain, on top of all that snow, sent floodwaters running into rivers, streets and homes. The water carries large amounts of ice that damages shores, infrastructure and homes.

The moisture for much of these storms has been funneled northward from the warm Gulf of Mexico, thanks in part to a high pressure system sitting over the southeastern U.S.

A US map showing the highest increase in rainfall from extreme downpours across the Upper Midwest and Northeast.
Extreme downpours are becoming intense across the United states. This map shows the percentage change in total precipitation falling on the heaviest 1% of rainy days from 1958 to 2021.
NOAA/adapted from Fifth National Climate Assessment

The problem of warming winters

The kind of flooding Michigan and Wisconsin are experiencing in 2026 is what forecasters expect to see more of as global temperatures rise.

Winters have been warming faster than other seasons across the U.S. In Michigan and Wisconsin, winter months used to be reliably below freezing, but that’s changing. In the Cheboygan area, near the tip of Lower Michigan, March temperatures used to be below freezing on all but a few days. By the 1991-2020 period, the region averaged 10 days above or close to the freezing point – about twice as many as the 1951-1980 period.

Charts show the shift toward warmer March weather.
March is warming, as a comparison of daily high temperatures in the Cheboygan area in 1991-2020 and 1951-1980 shows. The bar chart comparison shows that the number days above freezing is rising.
GLISA

The air coming in from the south is also warmer than in the past. Nationally, 2026 was the warmest March on record in 132 years of record-keeping in the contiguous U.S., with an average temperature more than 9 degrees Fahrenheit (5 degrees Celsius) higher than the 30-year average. So, in addition to snowmelt starting earlier, melting is happening faster.

Michigan’s average wintertime temperature rose by more than 4 F (2.3 C) from 1951 to 2023. Though winter 2026 in Michigan was colder than the 1991-2020 average, the Gulf of Mexico, where the moisture originated, was warmer than average, accelerating the snowmelt.

How warming leads to downpours and flooding

A few aspects of a warming climate can lead to flooding.

First, temperatures are increasing. In higher temperatures, moisture evaporates faster from the ground, plants and surface water. That moisture, once in the atmosphere, eventually falls again as precipitation. However, for each degree Celsius that temperatures increase, the atmosphere can hold about 7% more moisture, resulting in more heavy downpours.

A warmer winter also means more melting snow and more rain-on-snow events that can quickly increase the amount of runoff into rivers.

Much of the upper Midwest was exceptionally wet in March and April 2026.
Since March 1, 2026, most of Michigan and Wisconsin have experienced their wettest stretch in the 134 years that the region’s precipitation has been recorded.
Iowa Environmental Mesonet

The Great Lakes region and much of the Northeast already experience more precipitation than in the past. Winters with more persistent wetness – not just snow but also rain – prime the region for floods. With continued warming in the coming decades, 2026 might be among the least disruptive in the future.

Data shows that a scenario of persistent wetness, changes in winter and seasonal runoff is part of the future for Michigan and the other states and Canadian provinces along the Great Lakes Basin, as well as New England.

Fixing dams for the future

All of this means communities across the region will have to pay closer attention to the growing risks facing their vital infrastructure – particularly dams.

Even prior to the 2026 floods, Michigan had a well-documented problem with its aging inventory of 2,600 dams. In May 2020, an intense storm system that stalled over the region brought so much rain that the Edenville and Sanford dams both failed near Midland, Michigan, forcing 10,000 people to evacuate and causing an estimated US$200 million in damage.

After that disaster, a state task force issued recommendations for fixing the state’s water control infrastructure to meet the growing risks. But a member of the task force told The Detroit News in April 2026 that little had been done to address those recommendations.

Water spills from the Cheyboygan dam, where the water level came close to the top, threatening the century-old dam's integrity.
Officials ordered evacuations as floodwater nearly overwhelmed the century-old dam in Cheboygan, Mich., in April 2026.
Michigan Department of Natural Resources via AP

Because warming will continue for the coming decades, the 2026 flooding should be considered at the lower end of capacity for stormwater infrastructure and dams. Rather than relying on the statistics that described floods in the past, planners will have to anticipate the floods of the future.

Michigan is often touted as a climate haven because it is relatively cool and has plenty of water. The state is not, however, immune to the amped-up weather of a warming climate. Environmental security in the future requires improved and more adaptive infrastructure.

The Conversation

Richard B. (Ricky) Rood receives funding from the National Oceanic and Atmospheric Administration.

ref. Extreme rain on snow is testing aging dams across Michigan and Wisconsin – this is the future in a warming world – https://theconversation.com/extreme-rain-on-snow-is-testing-aging-dams-across-michigan-and-wisconsin-this-is-the-future-in-a-warming-world-281221

Erectile disorder: How science is moving beyond viagra

Source: The Conversation – Canada – By Franklin Calazana, Ph.D student, psychology, Université du Québec à Montréal (UQAM)

Erectile disorder (ED) refers to a persistent difficulty achieving or maintaining an erection sufficient for satisfying sexual activity. It affects millions of men worldwide, including up to one in four in the United States. Beyond physical functioning, erectile difficulties can impact sexual confidence, self-esteem, relationship satisfaction and quality of life.

Although prevalence increases with age, age alone does not explain ED. Medical conditions such as diabetes, cardiovascular disease and the after-effects of surgery (prostate surgery particularly) can disrupt erectile functioning.

Psychological contributors are also common. Performance anxiety, stress and relational concerns frequently cause ED or interact with biological factors, making ED a complex condition, not a single, isolated problem.

Treatment for erectile dysfunction

Currently, most treatment approaches include medication, sex therapy or a combination of both. Phosphodiesterase type 5 inhibitors, such as Viagra and Cialis, are widely prescribed and increase blood flow to the penis in response to sexual stimulation.

Their on-demand dosing and ease of oral use make them appealing. However, they are not appropriate for everyone. Certain medical conditions, side-effects, concerns about reduced spontaneity, lack of efficacy or cost can limit their usefulness.

Sex therapy offers another well-established treatment option. It can help individuals and couples reduce performance anxiety, improve communication and sexual satisfaction and rebuild sexual confidence. Yet access is uneven. Cost, waitlists, geographic limitations and stigma prevent many people from receiving timely care.

At the same time, technology is transforming how ED is assessed and treated. From app-connected devices to immersive virtual-reality environments, new tools are expanding both research and clinical possibilities.

At the EROS Research Chair, we study how innovations can be integrated into ED treatment. Several promising directions are already emerging.

Monitoring erectile health: Anytime, anywhere

Smart penile rings are transforming assessment. These wearable devices are placed around the penis during sleep or sexual activity and collect continuous data on erection strength and duration. The data are stored online, accessible through the user’s app, and can be shared with specialists.

The data are more objective than patient recall and offer more information than a clinic visit can provide, making it possible to assess whether difficulties are consistent or situational, or if they are improving with treatment.

Devices such as the Techring connect to a smartphone app and can be used independently at home, providing greater privacy, convenience and patient engagement.

Virtual reality

Virtual reality (VR) creates immersive, computer-generated environments that simulate real-life experiences. In sexual health research, VR allows arousal and erectile responses to be examined in controlled, yet realistic contexts.

Recent studies show men with ED display different responses to VR sexual scenarios compared to men without the condition. In 2024, our team found reduced arousal levels, while other researchers observed weaker and shorter-lasting erections during scenarios such as masturbation, oral sex and penetrative intercourse.

Beyond diagnosis, VR may help identify which situations are most challenging for a given individual: specific activities, partner contexts or environmental factors. This information can guide more personalized treatment planning rather than relying solely on generalized recommendations.

The promise of regenerative medicine

Most existing treatments manage symptoms rather than address underlying tissue damage. Regenerative approaches, including platelet-rich plasma, stem cell therapies and low intensity shock-wave therapy aim to stimulate blood vessel and tissue growth and repair.

Pre-clinical studies, largely in animal models, suggest potential improvements in erectile function and acceptable short-term safety. Early human findings for shock-wave therapy indicate possible benefits for penile blood flow.

However, these interventions remain experimental. Protocols are not standardized and long-term effectiveness and safety are still unclear. Larger, high-quality human trials are needed.

Vacuum devices: A low-tech option, reimagined

Vacuum erection devices have existed for decades. They create negative pressure around the penis to draw blood in, then a constriction ring helps maintain the erection.

Older models use a physical pump to create that negative pressure. Newer models are battery-operated, quieter and can be app-connected, reducing awkwardness and required physical effort of older models.

Although not new, vacuum devices remain a valuable option, particularly for people who cannot use medications or prefer non-pharmacologic approaches. They may also be combined with medication for additive effect.

A new era for erectile health

For decades, ED treatment relied heavily on self-reporting and a narrow set of treatment options. Now, wearable technologies offer objective, real-time data, VR provides insight into situational and contextual factors and regenerative therapies seek to rectify damaged tissue. Even established tools like vacuum devices continue to evolve.

Together, these advances support an increasingly personalized, data-driven and patient-centred care model. Although many technologies are still emerging, they promise a future in which ED is understood and treated with greater precision, nuance and compassion.

This article was co-authored by Elisabeth Gordon, MD, CST. She is a psychiatrist and certified sex therapist and a fellow at the International Society for the Study of Women’s Sexual Health.

The Conversation

David Lafortune receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council (SSHRC).

Franklin Calazana and Éliane Dussault do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Erectile disorder: How science is moving beyond viagra – https://theconversation.com/erectile-disorder-how-science-is-moving-beyond-viagra-270935