Los disturbios de Belfast confirman cómo ayudan las redes sociales a que los mensajes antiinmigración calen

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paul Reilly, Senior Lecturer in Communications, Media and Democracy, University of Glasgow

El pasado lunes por la noche comenzaron a circular por las redes sociales imágenes de un terrible ataque con arma blanca en Belfast. Un solicitante de asilo sudanés de unos 30 años, que entró en el Reino Unido en 2023, ha sido acusado de intento de asesinato. Por su parte, la extrema derecha no tardó en aprovechar la situación para impulsar sus acciones antiinmigración.

El martes por la noche se produjeron violentos disturbios en las calles de Belfast y alrededores. Se incendiaron casas, coches y un autobús, y varios hombres enmascarados se dedicaron a romper ventanas. Por lo que sabemos, algunos de los ataques contra propiedades fueron de carácter racista.

En una publicación previa en las redes sociales, el activista Tommy Robinson (cuyo nombre real es Stephen Yaxley-Lennon) había instado a sus seguidores a unirse a las protestas callejeras contra este “ataque invasor”. Robinson facilitó una lista de lugares en toda Gran Bretaña e Irlanda del Norte donde se habían previsto protestas para la noche del martes.

Su publicación en X fue compartida por el empresario multimillonario Elon Musk, quien pidió a los ciudadanos que protestaran “repetida y enérgicamente” para cambiar las políticas gubernamentales en materia de inmigración. El líder del partido Restore Britain, Rupert Lowe, prometió que su partido iniciaría deportaciones masivas y reintroduciría la pena de muerte para prevenir los ataques cometidos por “bárbaros”.

Al mismo tiempo, comenzaron a circular mensajes de WhatsApp procedentes de cuentas anónimas en los que se instaba a los hombres mayores de 18 años de Irlanda del Norte a “estar preparados para luchar o ser detenidos”.

Llamamientos a la calma

Políticos de todo el espectro político de Irlanda del Norte hicieron un llamamiento a la calma, incluso algunos condenando a políticos ingleses de derechas como Lowe por parecer que explotaban el ataque en beneficio propio.

Y el jefe de la Policía de Irlanda del Norte (PSNI), Jon Boutcher, instó a los ciudadanos a no dejarse “engañar” por personas en internet decididas a propiciar que se produzcan disturbios violentos.

El hecho de que un hombre hubiera sido acusado de intento de asesinato no sirvió para disuadir a las multitudes, en su mayoría jóvenes, que se congregaron por todo Belfast, incendiando un autobús en Lower Newtownards Road y participando en enfrentamientos esporádicos con la policía por toda la ciudad.

Un autobús fue incendiado mientras estallaban los disturbios en Belfast.

Hubo actos violentos en localidades como Ballyclare y Portadown. En Ballyclare, el local de una peluquería turca fue objeto de un ataque. También se produjeron detenciones tras las manifestaciones en Glasgow, donde tres personas resultaron heridas.

Este guión no es del todo nuevo. En los últimos dos años, actores de extrema derecha han utilizado las redes para instrumentalizar incidentes que involucran a minorías como parte de sus campañas contra la inmigración. Entre estos incidentes se incluyen las denuncias de un intento de violación de una adolescente en Ballymena, el asesinato de tres niñas en Southport y el asesinato de Henry Nowak en Southampton.

La desinformación circula con frecuencia en internet a medida que las autoridades se ven presionadas para confirmar el origen étnico y la situación de asilo de los sospechosos. La PSNI se apresuró a facilitar estos detalles, presumiblemente para evitar crear un vacío informativo en el que las falsedades pudieran propagarse rápidamente.

Surgimiento de un discurso tóxico

Los hechos no parecen importar a quienes aprovechan el impacto y el trauma para promover sus afirmaciones de que la inmigración es la culpable de los actos de violencia. Las condenas de los políticos hacia los agitadores de extrema derecha en las redes suelen ir acompañadas de críticas a las grandes empresas tecnológicas por no hacer más para detener a los agitadores que incitan a la violencia en sus plataformas.

Los políticos y las figuras públicas deben hacer algo más que decir “no en nuestro nombre”. Deben asumir parte de la culpa por haber contribuido a crear un discurso tóxico en torno a la inmigración que “margina” a los solicitantes de asilo y a los migrantes.

Desinformación sobre inmigracion

La llamada Ventana de Overton, el barómetro de lo que se considera un argumento políticamente aceptable, se ha desplazado hacia la derecha, como demuestran las declaraciones de Lowe. La desinformación y la información errónea sobre la inmigración se arraigan en algunas comunidades porque estas escuchan con frecuencia que los solicitantes de asilo reciben acceso prioritario a unos servicios públicos que ya cuentan con fondos insuficientes.

Un argumento recurrente entre los políticos es que se trata de “preocupaciones legítimas”, incluso cuando hay pocas pruebas que respalden estas afirmaciones. Esto suele llevar a que se culpe a las comunidades minoritarias de problemas que no tienen nada que ver con ellas.

La normalización de las opiniones de la derecha sobre la inmigración se ve reforzada por una cobertura mediática que, con frecuencia, no verifica las afirmaciones sobre cuestiones como los solicitantes de asilo y las prestaciones sociales.

Ahora corresponde a los políticos decidir cómo responder a episodios de violencia como la observada en Belfast. Si bien es evidente que las plataformas de internet pueden mejorar a la hora de eliminar publicaciones incendiarias, las figuras públicas también deben solucionar el problema que ayudaron a crear. La ciudadanía necesita un discurso sobre la inmigración basado en hechos que deje de culpar a los solicitantes de asilo y a los refugiados de problemas sociales más amplios.

The Conversation

Paul Reilly no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Los disturbios de Belfast confirman cómo ayudan las redes sociales a que los mensajes antiinmigración calen – https://theconversation.com/los-disturbios-de-belfast-confirman-como-ayudan-las-redes-sociales-a-que-los-mensajes-antiinmigracion-calen-285092

‘Six-seven’ o lo que la semiótica nos dice sobre la identidad de la generación alfa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maria Piqueras-Pérez, Profesora ayudante doctora de filología inglesa, Universitat de les Illes Balears

Matt Fowler KC/Shutterstock

Hay algo que los profesores de toda España llevamos meses observando en las aulas: da igual la edad, da igual el nivel. Dices “sesenta y siete”, o simplemente aparece el número en una diapositiva, en un ejercicio, en cualquier sitio, y algo pasa. Los alumnos se miran. Algunos ríen. Otros hacen el gesto. Incluso los universitarios, que técnicamente no son generación alfa, lo hacen. Como si el código les perteneciera igual. Eso me llamó la atención. No el gesto en sí, sino el hecho de que funcione más allá de la generación que supuestamente lo inventó.

¿Qué es exactamente lo que se está transmitiendo?

La web Dictionary.com lo nombró palabra del año 2025 y reconoció, con cierta honestidad, que no sabía exactamente qué significaba. Adria Laplander, profesora de sexto grado en Míchigan, lo prohibió formalmente en clase. El vicepresidente estadounidense J. D. Vance bromeó en diciembre con proponer una excepción a la Primera Enmienda después de que su hijo de cinco años lo gritara en misa, un dato que el crítico literario, semiólogo y filósofo estructuralista francés, Roland Barthes, habría disfrutado.

Y si alguien todavía duda de su alcance: teclee “67” en Google y verá cómo la pantalla se balancea, haciendo exactamente el mismo gesto que hace la generación alfa con las manos. Hasta el algoritmo lo sabe.

Pero aún hay más. Durante su estancia en Madrid, el papa León XIV hizo un gesto similar al que los jóvenes hacen con los brazos al pronunciar los números “mágicos” mientras recorría las calles a bordo del papamóvil. Así se ganó a los jóvenes.

La respuesta fácil de muchos es: “Se trata de una moda y pasará”. Pero parece que eso no convence.

Un signo sin significado fijo

Su origen está en la canción “Doot Doot (67)”, del rapero Skrilla, pero el detonante fue un vídeo viral de marzo de 2025: un niño gritando “six seven” (seis siete) en un partido de baloncesto juvenil mientras hacía el gesto con las manos. En horas, el 6-7 dejó de ser una canción para convertirse en un fenómeno. Para algunos jóvenes equivale a “más o menos”. Para otros es simplemente una reacción sin definición concreta.

La semiótica lleva décadas estudiando cómo los signos producen significado, aunque probablemente nunca imaginó aplicarse a un número de dos cifras. Ferdinand de Saussure (1857-1913), padre de la lingüística estructural del siglo XX, argumentó que la relación entre una forma y su significado es arbitraria: no existe ninguna razón lógica que las una. Los signos adquieren sentido por contraste con otros signos, no por referencia al mundo real.

Aquí el 6-7 hace algo interesante, y un poco incómodo para la teoría: no tiene un significado estable ni siquiera dentro del grupo que lo usa. Saussure hablaría de comunidades interpretativas con códigos compartidos, pero el 6-7 funciona precisamente porque el código es opaco, incluso para quien lo usa. Su fuerza no viene de lo que significa. Viene de lo que hace: crear pertenencia y excluir a quien no pertenece. Los adultos que lo prohíben están, sin saberlo, garantizando su supervivencia.

Un fenómeno que ha existido siempre

Los jóvenes de los 50 tenían el “cool” y el “hip”, términos que sus padres tardaron años en entender y que hoy usamos sin pensar. Los de los 80 españoles tenían el “chachi”, el “guay” o el “pasota”. Los de los 90, el “mola”, que irritaba a los mayores precisamente porque no significaba nada concreto.

No es un fenómeno nuevo ni digital: es tan antiguo como la adolescencia misma. Lo que cambia con el 6-7 es la velocidad y la escala, un meme puede convertirse en seña de identidad global en semanas, y el hecho de que cruce generaciones dice algo sobre la necesidad que satisface.

Otros autores, siguiendo al sociólogo francés Pierre Bourdieu, recuerdan que cada intercambio lingüístico contiene la potencialidad de un acto de poder. Los grupos se constituyen a través de prácticas simbólicas compartidas: formas de hablar, de reaccionar, de gesticular. Estos códigos no son inocentes, establecen quién pertenece y quién queda fuera. El 6-7 nombra una generación. Y al nombrarse, esa generación existe con más fuerza.

Cómo un número deja de serlo

Roland Barthes (1915-1980) lo habría visto venir. En los años 50 ya argumentaba que los mitos modernos no son relatos épicos sino gestos cotidianos que se presentan como naturales cuando en realidad son construcciones sociales. Lo que llamó “sistemas semiológicos de segundo orden”: signos que acumulan una segunda capa de significado cultural hasta que ya no puedes verlos como simples palabras o gestos.

El 6-7 ha hecho ese viaje. Significa irreverencia, pertenencia, la capacidad de reírse de algo que los adultos se toman demasiado en serio. Cuando el profesor pregunta qué significa y el alumno responde “six-seven”, encogiéndose de hombros, no está siendo insolente. Está ejecutando el mito: demostrando que hay un mundo al que el profesor no tiene acceso, pero él sí. Y cuando ese mismo gesto lo hace un universitario de 22 años que tampoco es generación alfa, está haciendo exactamente lo mismo: buscar pertenencia, marcar distancia, construir identidad.

La reacción adulta suele ser la misma: “es una tontería”, “no significa nada”, “pasará”. Y en parte tienen razón: el 6-7 pasará. Pero es importante entender que los jóvenes no están hablando de números, están hablando de quiénes son. Y probablemente para cuando terminemos de entenderlo, ya habrán pasado al siguiente código. De hecho, el “4-1” ya está llamando a la puerta.

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Maria Piqueras-Pérez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ‘Six-seven’ o lo que la semiótica nos dice sobre la identidad de la generación alfa – https://theconversation.com/six-seven-o-lo-que-la-semiotica-nos-dice-sobre-la-identidad-de-la-generacion-alfa-282106

Eduardo Méndez, astrónomo y Premio Princesa de Girona 2026: “El universo está cruzado por rayos destructores que apenas conocemos”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Sánchez, Responsable de Eventos. Editora de Ciencia y Tecnología, The Conversation

José Eduardo Méndez Delgado, astrofísico de la UNAM galardonado con el Premio Princesa de Girona Internacional de Investigación 2026

“El universo entero está recorrido por rayos energéticos destructores de altísima intensidad. Parecen espadas láser cruzándose”, dice el astrónomo mexicano José Eduardo Méndez.

Le pregunto si son como los rayos C que el replicante Roy Batty menciona en Blade Runner.

“Podrían ser, sí, pero tendría que ver la película para confirmarlo”.

Méndez, premio Princesa de Girona Internacional Investigación 2026, tiene 31 años (su edad explica que no conozca Blade Runner) y ha dedicado buena parte de su carrera a estudiar algunos de los fenómenos más violentos del cosmos. Formado en la Universidad Nacuonal Autónoma de México (UNAM) y tras investigar en Alemania y España, trabaja en comprender cómo interactúan las estrellas recién nacidas con el gas que las rodea y cómo esos procesos moldean galaxias enteras.

Su investigación se ha centrado especialmente en la Nebulosa de Orión, una región de formación estelar que describe como “muy especial porque está justo geométricamente orientada hacia nosotros; es como si la hubieran puesto ahí para ser observada”.

Ahora, de regreso a la UNAM y a México, participa en uno de los proyectos internacionales más ambiciosos de cartografiado galáctico, Local Volume Mapper, que busca reconstruir en tres dimensiones la estructura y dinámica de nuestra galaxia. Esta conversación aborda tanto esos descubrimientos como los interrogantes que aún persisten sobre la evolución del universo.

Y hay que empezar, claro, por Orión.

¿Es uno de los lugares más hostiles imaginables?

Sí, en muchos sentidos, porque está lleno de radiación ultravioleta. Orión es la región de formación de estrellas masivas más cercana a la Tierra y presenta una estructura gaseosa muy compleja. Algunas de las estrellas recién nacidas emiten chorros de gas a gran velocidad que, al impactar en el entorno, comprimen y calientan el gas nebular, le arranca electrones y genera lo que conocemos como ionización. Esa interacción entre las estrellas, el gas y el polvo es muy importante y no la entendemos.

¿Esos chorros de gas, los objetos Herbig-Haro, son los que han centrado su investigación?

En mis primeras etapas como investigador me interesó mucho la física que existe entre las estrellas y el medio circundante. Ahí entran estos chorros de gas, llamados objetos Herbig-Haro.

Cuando se forman las estrellas, están rodeadas por un disco de material gaseoso. Ese material interactúa con los campos magnéticos de la propia estrella. Parte queda atrapada por esos campos y es expulsada en forma de chorros. Son impresionantes porque alcanzan velocidades muy altas, fácilmente de 100 o 200 kilómetros por segundo.

Cuando impactan contra el gas circundante, este se comprime, se calienta y, si hay polvo, lo destruye. Cuanto mayor es la velocidad del chorro, mayor es su capacidad de destrucción, de alterar el entorno.

¿Estos fenómenos existen solo en Orión?

No, aparecen en muchos lugares del universo. Cada vez descubrimos nuevos objetos y fenómenos que emiten radiación y que aún no comprendemos bien, y esto es relevante a escala de galaxias enteras. Existen numerosos estudios sobre estos objetos en ambientes fríos. La novedad de mi trabajo fue estudiarlos en ambientes calientes, donde las temperaturas son tan elevadas que dejan de ser visibles en luz óptica y pasan a observarse en ultravioleta y rayos X.

En condiciones más extremas, con más masa y campos magnéticos más intensos, los chorros son mucho más energéticos. Entonces, sus consecuencias son importantes y desconocidas para el conjunto de la galaxia.

Si pudiéramos verlos, ¿se parecerían a espadas láser cruzándose?

Podemos verlos. Y no solo observamos los chorros, sino también la huella que dejan tras de sí. Si examinamos un mapa de la Nebulosa de Orión en emisión de hierro gaseoso, aparecen chorros en múltiples direcciones, cruzándose entre sí como las espadas láser. Lo que realmente vemos es la huella de la destrucción que producen.

En uno de esos estudios encontró algo inusual: una gran concentración de azufre.

Estudiábamos un objeto llamado HH514 y nos dimos cuenta de que contenía muchísimo azufre. Tras analizarlo, concluimos que antes de la eyección del chorro ese azufre debió concentrarse de alguna manera. Después fue expulsado junto con el material del chorro. Ese proceso encaja con escenarios de formación planetaria.

¿Había encontrado un planeta?

Así es. Observábamos un filtrado de material consistente con la formación de planetas. Lo interesante era que ocurría en un ambiente muy hostil, donde no esperábamos encontrar este tipo de procesos.

Además, vimos que la formación planetaria podía ser más rápida de lo que se pensaba. Muchas estrellas terminan alejándose de las regiones más irradiadas, por lo que algunos de esos planetas podrían sobrevivir.

¿Hay estrellas que abandonan esos entornos llevándose sus planetas consigo?

Así es. Muchos estudios posteriores reforzaron esa hipótesis y descubrieron numerosos planetas en ambientes hostiles, especialmente gracias a observaciones posteriores del telescopio James Webb.

La idea que parecía loca no lo era tanto.

Ahora participa en el proyecto internacional Local Volume Mapper, que pretende cartografiar la Vía Láctea en tres dimensiones. ¿Cómo funciona?

Este proyecto partió desde cero. Hubo que construir el telescopio, reunir especialistas en instrumentación y coordinar un gran equipo internacional.

¿Qué telescopio utilizan?

Está operativo en el Observatorio Las Campanas, en Chile, y fue desarrollado dentro de esta colaboración. En realidad, más que un telescopio son cuatro pequeños telescopios trabajando simultáneamente. La Vía Láctea es demasiado grande y brillante, así que necesitamos cubrir enormes áreas del cielo en el menor tiempo posible. Llevamos aproximadamente tres años observando todas las noches y todavía no hemos terminado.

El objetivo es entender la llamada retroalimentación estelar, el proceso mediante el cual las estrellas jóvenes modifican el medio que las rodea. Hasta ahora podíamos estudiar estrellas individuales o galaxias lejanas, pero era difícil conectar ambas escalas.

¿Por qué resulta tan importante esta información para comprender las galaxias?

Porque hasta ahora observábamos una galaxia y deducíamos lo que estaba ocurriendo basándonos en modelos. Yo soy un astrónomo observacional y creo fuertemente que quien construye sobre modelos construye sobre arena, no porque estén equivocados, sino porque son incompletos. Y saber exactamente cuánto uno está equivocado es algo que solo se puede resolver con las observaciones.

Cuando tengan una gran parte de la Vía Láctea cartografiada en 3D, ¿se parecerá a las imágenes que conocemos?

Sí y no. Tendrá un aspecto reconocible, pero lo realmente importante no serán los colores más evidentes, sino la información escondida en ellos.

Muchas veces las señales que contienen más información física son precisamente las más difíciles de detectar. Son esas líneas de emisión casi invisibles las que nos permiten comprender mejor qué está ocurriendo.

¿Han publicado ya resultados?

Sí, ya estamos publicando algunos trabajos. Hay muchos objetivos científicos dentro del proyecto.

Uno de los estudios que más satisfacción me dio fue realizado junto a una colega alemana sobre una estructura en forma de bucle en el centro de la galaxia. No teníamos claro cuál era su naturaleza.

¿La estructura que parecía una rosquilla?

Exactamente. Parecía una estructura asociada al agujero negro Sagitario A y se pensaba que podía haber sido generada por una eyección de material procedente de su actividad.

Sin embargo, al analizarla dentro de nuestro cartografiado encontramos una explicación menos espectacular. Todo indica que no está relacionada con la actividad del agujero negro, sino que se trata de una nebulosa con propiedades similares a muchas otras.

¿Y realmente tiene esa curiosa forma?

No. Tiene esa apariencia únicamente desde nuestra posición dentro de la Vía Láctea. No todos los resultados importantes tienen que ser exóticos.

Permítame que termine con una pregunta sobre el porqué de su regreso a México, en un momento en el que la inestabilidad política se hace sentir.

Yo tenía muy claro que quería regresar a México. Creo que es importante aprender de todos, pero también retribuir a la sociedad que apostó por mí. Yo estudié siempre en la educación pública y todo lo que aprendí vino esencialmente de ahí. La UNAM me dio becas, ayudas alimentarias y acceso a programas culturales y deportivos; es una institución que apostó todo por mí y por la cual yo también apuesto todo.

Vivimos momentos complicados, pero esas situaciones nunca se van a resolver si todos los que tienen la capacidad de aportar algo se van. Todos los países han pasado por etapas difíciles y si se han levantado ha sido por la gente que se quedó a empujar.

Creo que una de las tareas más importantes en nuestra región es fortalecer nuestras instituciones educativas y de investigación. Necesitamos universidades sólidas y resilientes que sigan formando personas y generando conocimiento, incluso en momentos de inestabilidad.

The Conversation

– ref. Eduardo Méndez, astrónomo y Premio Princesa de Girona 2026: “El universo está cruzado por rayos destructores que apenas conocemos” – https://theconversation.com/eduardo-mendez-astronomo-y-premio-princesa-de-girona-2026-el-universo-esta-cruzado-por-rayos-destructores-que-apenas-conocemos-284511

¿Cómo se enamora la generación Z? Lo que ‘Off Campus’ revela sobre la educación sentimental contemporánea

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alicia Nila Martínez Díaz, Profesor Acreditado Contratado Doctor Filología Hispánica, Universidad Villanueva

Fotograma de _Off Campus_. Liane Hentscher/Amazon Content Services LLC

Ha incendiado las redes, disparado los likes y arrasado las pantallas con abdominales imposibles e hipnóticos ojos glaucos. El “fenómeno Off Campus” es un auténtico torbellino romántico. Librerías, plataformas de streaming y millones de conversaciones digitales nos recuerdan el extraordinario poder de la ficción romántica juvenil.

La cuestión es inevitable: ¿por qué estas historias despiertan semejante furor planetario?

Los territorios de la posibilidad

Detrás de sus exitosas líneas se encuentra la escritora canadiense Elle Kennedy, autora de la tetralogía Kiss me. Ambientadas en un imaginario campus universitario estadounidense, sus novelas combinan romance, humor y drama con la precisión de una formulación química. La eficacia del compuesto no se ha hecho esperar. Millones de visualizaciones, ventas y recomendaciones avalan el éxito de una fórmula que parece haber encontrado el camino más corto hacia el corazón de las nuevas generaciones.

La serie y adaptación del primer libro arranca cuando Garrett Graham, estrella del equipo universitario de hockey, necesita mejorar sus calificaciones. Para conseguirlo recurre a Hannah Wells, estudiante brillante que acepta ayudarle a cambio de fingir una relación que le permita acercarse al chico que realmente le interesa. Entre entrenamientos, exámenes y amistades, el relato enlaza amor y crecimiento personal mientras sus protagonistas descubren no solo a quién aman, sino también quiénes quieren llegar a ser.

A caballo entre la novela académica, la narrativa romántica y la tradición del Bildungsroman o novela de formación, Off Campus es solo el último vástago de una de las familias narrativas más exitosas de la cultura contemporánea. Las ficciones románticas juveniles son lugares narrativos diseñados para albergar los futuros no clausurados y los besos robados, pero también las promesas olvidadas. Por eso gustan, porque permiten imaginar quiénes llegaremos a ser o quiénes podríamos haber sido, parajes donde “hoy es siempre todavía”.

Un antiguo mapa del deseo

Otra de las claves de estos relatos es que, como señalaba el filósofo suizo Denis de Rougemont, “los amores felices no tienen historia”. Tristán e Isolda, Jane Eyre y Rochester, Edward y Bella… Gracias a ellos descubrimos que el deseo es un narrador mucho más interesante que la anhelada felicidad conyugal. Desde que el mundo es mundo, la literatura amorosa ha apostado siempre por la misma estrategia ganadora: retrasar el desenlace y alimentar la espera.

Esta lógica del deseo encuentra su máxima expresión en un potente catálogo de mecanismos perfeccionados durante siglos: secretos o vampiros, naufragios o malentendidos, amores imposibles o segundas oportunidades, poco importa. Son la masa madre de este género.

Estrategias que el viejo folletín decimonónico conocía bien y que ahora reaparecen en novelas, plataformas digitales y adaptaciones audiovisuales tan rozagantes como entonces. Shakespeare lo supo en su momento y la argentina Mercedes Ron lo certifica con fecha de hoy. Los seres humanos llevamos siglos habitando relatos amorosos.

Esta enorme maquinaria sentimental funciona 24/ 7 y a escala planetaria porque su combustible apela a sentimientos universales. Cambiarán los escenarios, los códigos y los soportes, pero estas historias se conservarán por siempre jamás tan lozanas como sus protagonistas.

La nueva educación sentimental

Emma Bovary aprendió a fantasear con el amor devorando novelas románticas. Hoy, la generación Z sigue haciendo exactamente eso, pero en un entorno de lectura radicalmente distinto.

Los jóvenes leen, imaginan, sueñan –si no, no serían jóvenes–, pero ahora comentan, reaccionan y producen contenidos a partir de las historias que consumen.
Las actuales formas de lectura social eran inimaginables para la pobre heroína de Flaubert. Sin embargo, bajo esa transformación tecnológica permanece una constante: la necesidad de recurrir a los relatos amorosos para interpretar y dar sentido a esa cosa llamada amor.

Quizá ahí resida una parte de la explicación del éxito de Off Campus. La novela recupera la vieja arquitectura sentimental -el deseo, la espera, los malentendidos y el enamoramiento-, pero la reconstruye con los ladrillos de un lenguaje afectivo reconocible para la generación Z. Donde otras ficciones amorosas hicieron de los celos, el sufrimiento o la dependencia emocional pruebas inequívocas del amor, las novelas de Kennedy reivindican relaciones edificadas sobre la comunicación, el consentimiento y la vulnerabilidad. Las preguntas siguen siendo las mismas; la gramática emocional es lo que ha cambiado.

Un chico y una chica se besan en un interior con una ventana cerrada de fondo.
Los protagonistas de Off Campus, Hannah (Ella Bright) y Garrett (Belmont Cameli).
Liane Hentscher/ Amazon Content Services LLC

La mayoría de estas ficciones románticas contemporáneas funcionan como simuladores emocionales. Permiten ensayar conflictos, deseos, decepciones y expectativas antes de experimentarlos en la vida real. Por eso participan tan activamente en la educación sentimental de sus lectores, porque les ofrecen escenarios donde pensar qué significa enamorarse, sufrir, confiar o construir una relación sana. Como ocurre en las batallas importantes, el combate aquí se libra más en el terreno de las preguntas que en el de las respuestas.

Las cucarachas de la Historia

Las novelas románticas llevan siglos mutando, pero para responder a las mismas preguntas. Off Campus es, en realidad, otro eslabón de una cadena sentimental mucho más larga. El bueno de Garcilaso no pudo expresarlo mejor en aquellos versos de doliente enamorado: “todo lo mudará la edad ligera por no hacer mudanza en su costumbre”.

Pocas narrativas han demostrado semejante capacidad de adaptación. Como las cucarachas ante una catástrofe nuclear, han sobrevivido a todos los intentos de extinción. Lo paradójico es que no sobreviven a pesar de cambiar; sobreviven porque cambian. Y seguirán mutando y existiendo mientras los seres humanos tengamos necesidad de amar.


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Alicia Nila Martínez Díaz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Cómo se enamora la generación Z? Lo que ‘Off Campus’ revela sobre la educación sentimental contemporánea – https://theconversation.com/como-se-enamora-la-generacion-z-lo-que-off-campus-revela-sobre-la-educacion-sentimental-contemporanea-284040

El talento en el fútbol: un viaje neuronal con parada en la emoción y la cognición

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rodrigo Ramos-Zúñiga, Neurocientífico, Universidad de Guadalajara

“La técnica es pasar el balón con un toque, en el momento adecuado, al lugar correcto”.
Johan Cruyff

En los deportes colectivos como el fútbol, no solo rueda el balón. También se conjugan la empatía y la sincronización cerebral para desarrollar estratégicamente el trabajo en equipo.

Del cerebro al músculo

Si bien dependen de recursos individuales, las habilidades y destrezas en el fútbol reflejan además la capacidad de una sincronización colectiva. En ella se contrastan emociones complejas, como la cooperación, la solidaridad y la empatía.

Esta ruta neuronal se expresa como un “arco reflejo” (respuesta automática del organismo) que involucra aspectos sensoriales. Estos se traducen y jerarquizan en la corteza cerebral humana para generar respuestas motrices planificadas que involucran elementos biomecánicos, movimientos de fuerza y resistencia, motricidad fina, coordinación y precisión en el toque ejecutivo del balón.

La red de movimientos deriva de un proceso de entrenamiento sistemático que conjuga la emoción y la cognición para realizar los cálculos precisos en el efecto cinético.

Esta respuesta interactúa con aspectos motivacionales de muy diversa índole: ego, reconocimiento, recompensa, beneficio económico, hedonismo… También está presente un componente público de carácter emotivo, identitario y afiliativo. En la cancha juega la vinculación con los seguidores del equipo (aficionados, hinchas o barras), que eventualmente se convierten en los más apasionados y autonombrados defensores del honor de su equipo.

No es extraño que estos grupos, además, puedan contener entre sus filas perfiles sociopáticos encubiertos, que pueden desbordar y dar lugar a conductas antisociales, violentas y extremistas.

Cognición y coordinación neuronal

Volviendo al terreno de juego, una clave del talento futbolístico es la coordinación motriz: por sí sola, resulta fundamental para desarrollar el toque del balón con la precisión, fuerza y dirección magistral para lograr el pase. También permite orientar, con una sintonía orquestal, el movimiento que alterna carrera, conducción y disparo.

Durante mucho tiempo se consideró que el cerebelo, una región del encéfalo ubicada en la parte posterior e inferior del cráneo, era estrictamente responsable de sus funciones. Desde este planteamiento, habría intervenido singularmente a la hora de fortalecer nuestra postura en bipedestación y el desarrollo de la marcha del Homo sapiens. Incluso resultaría determinante en la coordinación de movimientos que transformaron la expresión gutural de la laringe. Es decir, sería la base del lenguaje expresivo con códigos que denominamos palabras.

Sin embargo, ahora sabemos que el cerebelo no es un mero regulador mecánico, sino también un modulador de procesos mentales más complejos. La interpretación sobre cómo funciona este órgano ha evolucionado hasta entenderlo como parte de una estructura conectada con la cognición humana.

Así, las células del cerebelo operan como la estación de una ruta intelectual que vincula el movimiento con procesos de aprendizaje, preservación de la memoria y habilidades creativas y ejecutivas que requieren de planificación. Es esta la razón por la cual el movimiento coordinado es fundamental para desarrollar habilidades inteligentes, más allá del escenario lúdico.




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El cerebelo, una joya oculta del cerebro entre el arte y la ciencia


Sus efectos en la práctica clínica son los que sustentan la recomendación de que la danza es recomendable para el control del párkinson o que la caminata contribuye a funciones cognitivas de la memoria en el caso de la demencia.

La neurociencia del pase largo

La otra región clave, como vimos más arriba, es la corteza cerebral humana, donde existen vecindarios neuronales especializados en determinadas funciones. Pero también resulta innegable que los tractos que conectan esos territorios a través de “cableados” bajo la superficie de la corteza explican una integridad funcional.

Sólo de esta manera podemos entender por qué dos hemisferios cerebrales funcionan como un encéfalo. Las conexiones del cuerpo calloso y otras fibras confieren la posibilidad tanto de una función especializada como de una respuesta emocional y cognitiva más holística.

De esta forma surge la orden de patear un balón desde la parte motora en la región media del cerebro izquierdo (en el caso de un individuo diestro), pero se planea el toque, la fuerza y la dirección del impulso con el apoyo del cerebelo y otras estructuras conocidas como “relevo motor”, así como con la ayuda del sistema extrapiramidal. Por si fuera poco, planeamos las coordenadas de la trayectoria y la evolución cinética con la cognición y el “GPS intelectual”. Y ejecutamos la orden final con la corteza frontal.

El balón como eje emocional

El balón representa el centro de una serie de emociones individuales y sociales. No es extraño que con frecuencia se plantee usarlo como una prescripción terapéutica para tratar las frustraciones y la ansiedad cotidiana. Igualmente, puede validarse en el escenario del disfrute desde la perspectiva de las masas. Pero también puede ser motivo de duelo confrontativo, hostilidad, acoso y violencia.

Esa perspectiva lúdica, en un entorno social de disfrute como puede ser un Mundial de fútbol, requiere fortalecer los lineamientos básicos de empatía y comportamiento respetuoso con los demás. De este modo se preserva la magia colectiva de un deporte popular que ha prevalecido en la historia como fuente de sana diversión.

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Rodrigo Ramos-Zúñiga no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El talento en el fútbol: un viaje neuronal con parada en la emoción y la cognición – https://theconversation.com/el-talento-en-el-futbol-un-viaje-neuronal-con-parada-en-la-emocion-y-la-cognicion-279028

Por qué los pacientes con diabetes tipo 2 tienen la glucosa alta en ayunas (y cómo puede mejorarse su control)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Vázquez Carrera, Catedrático de Farmacología, Universitat de Barcelona

Media_Photos/Shutterstock

Muchos pacientes con diabetes mellitus tipo 2 se preguntan cómo es posible que tengan la glucosa elevada incluso en ayunas. La respuesta se encuentra en la llamada resistencia a la insulina, que no solo impide que las células de los pacientes capten la glucosa adecuadamente, sino que también propicia que el hígado continúe produciéndola. Veamos cómo sucede y cuáles son las líneas de investigación actuales para tratar este trastorno.

Energía siempre disponible

Por lo general, los niveles de glucosa en sangre están muy bien regulados gracias a un equilibrio entre la entrada de este tipo de azúcar que proporcionan los alimentos y su captación por los tejidos. Tal equilibrio depende sobre todo de la insulina:
después de comer, el aumento de glucosa en sangre es el principal estímulo para que sea secretada por parte de las células beta del páncreas. Esta hormona facilita la absorción, utilización y almacenamiento de la glucosa por los tejidos, permitiendo que el cuerpo tenga energía disponible cuando la necesita.

Ahora bien, si pasamos muchas horas sin comer, el cuerpo debe mantener un nivel mínimo de glucosa en sangre para evitar la hipoglucemia y garantizar el aporte de energía a los tejidos; especialmente al cerebro, que depende casi exclusivamente de ella.

En las primeras horas de ayuno, el hígado la produce rompiendo los depósitos de glucógeno, la forma de almacenamiento de la glucosa. Cuando el ayuno se prolonga y el glucógeno se agota, el hígado comienza a sintetizarla a partir de precursores que no provienen de los carbohidratos, un proceso conocido como gluconeogénesis.

Este mecanismo es esencial, ya que garantiza que nuestros órganos, y sobre todo el cerebro, continúen funcionando en ayunas.

Cuando se estropea la cerradura

La presencia de diabetes tipo 2 altera completamente la regulación normal de los niveles de glucosa en sangre, ya que los pacientes desarrollan resistencia a la insulina.

Una manera sencilla de explicarlo es imaginando a esa hormona como una llave que abre la puerta de las células para que la glucosa pueda entrar y ser utilizada como energía. En una persona sana, la llave encaja bien en la cerradura, la puerta se abre y la glucosa pasa de la sangre al interior de las células. En cambio, en los pacientes con resistencia a la insulina, la cerradura está estropeada. Aunque el cuerpo fabrique la hormona y haya llaves disponibles, la puerta no se abre lo suficiente. El resultado es que parte de esa glucosa no puede entrar en las células y se acumula en la sangre, provocando hiperglucemia crónica.

Pero no es la única acción de la insulina. Otra de sus funciones clave es frenar la producción de glucosa en el hígado mediante la inhibición de la gluconeogénesis hepática. En la diabetes mellitus tipo 2, la resistencia a la insulina impide que ejerza correctamente este efecto, lo cual provoca que el hígado continúe fabricando glucosa incluso cuando no es necesaria. La consecuencia es que sus niveles en sangre permanecen elevados en ayunas. De hecho, se ha descrito que la gluconeogénesis hepática en personas con diabetes tipo 2 puede estar aumentada entre un 40 y un 200 % en comparación con individuos sanos.

Por este motivo, reducir la producción hepática de glucosa se ha convertido en una estrategia prometedora para mejorar la eficacia de los tratamientos hipoglucemiantes disponibles en la actualidad.

Una nueva diana terapéutica en la diabetes tipo 2

Una de las claves para controlar la producción excesiva de glucosa por parte del hígado en la diabetes tipo 2 podría ser la molécula del estrés GDF15. De hecho, ratones que carecen de esta citocina muestran un incremento de la gluconeogénesis hepática, lo que sugiere que regular sus niveles podría ayudar a frenar la producción de glucosa en el hígado.

Además, estudios previos en pacientes con diabetes tipo 2 mostraron que el tratamiento con metformina –el antidiabético más prescrito para tratar la diabetes mellitus tipo 2 y que actúa principalmente inhibiendo la gluconeogénesis hepática– también aumenta los niveles de GDF15.

Esto apunta a que parte del efecto antidiabético del fármaco podría explicarse por su capacidad de elevar GDF15 y, con ello, de reducir la producción hepática de glucosa. De hecho, nuestro grupo de investigación observó recientemente que dicho efecto no se observa en ratones deficientes en GDF15.

Asimismo, en nuestro último estudio hemos observado que la metformina no logra aumentar los niveles circulantes de esa molécula en ratones que carecen del receptor PPARβ/δ. Seguramente sea debido a que PPARβ/δ es crucial para la maduración de GDF15 y, por consiguiente, el aumento de sus niveles en sangre.

En conjunto, estos hallazgos comienzan a revelar los determinantes clave en la regulación y función de GDF15, ofreciendo pistas prometedoras para mejorar el control de la glucosa en pacientes con diabetes tipo 2.

The Conversation

Manuel Vázquez Carrera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Por qué los pacientes con diabetes tipo 2 tienen la glucosa alta en ayunas (y cómo puede mejorarse su control) – https://theconversation.com/por-que-los-pacientes-con-diabetes-tipo-2-tienen-la-glucosa-alta-en-ayunas-y-como-puede-mejorarse-su-control-274453

¿Cómo se sabe cuándo empieza una era geológica y cuándo acaba?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Blanca María Martínez García, Doctora en Geología, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Detalle de la marca conocida como «clavo dorado», que señala sobre el terreno el punto exacto del límite (las perforaciones cilíndricas en los estratos por encima y por debajo del límite corresponden a muestras tomadas para análisis paleomagnéticos). Bahudhara / Wikimedia Commons., CC BY-SA

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por estudiantes de 3º de la ESO del Instituto de Educación Secundaria Berriz. Berriz (Bizkaia).


Los casi 4 600 millones de años de la historia de la Tierra son como un gran libro de aventuras, donde cada página es una capa de rocas. Y, como toda buena novela, esta historia también está dividida en partes: capítulos, subcapítulos, secciones, párrafos… De esta manera podemos seguir mejor el hilo narrativo, comprendiendo cómo, cuándo y por qué han sucedido todos los cambios que han modelado nuestro planeta.

Continuando con este símil, podemos equiparar las eras geológicas con subcapítulos que nos cuentan la historia terrestre. Pero, para entenderlo, vamos a empezar por el principio.

Una tabla utilizada como calendario oficial de la Tierra

La tabla cronoestratigráfica internacional, también llamada “tabla de los tiempos geológicos”, es una escala que ordena la historia geológica de la Tierra. Para ello, emplea una jerarquía de subdivisiones temporales, de mayor a menor nivel.

Su definición y actualización está supervisada por la Comisión Internacional de Estratigrafía, que es un organismo científico del ámbito de la geología. Uno de los criterios que emplea esta organización para definir las divisiones de la tabla son las unidades geocronológicas. Esta palabra procede del griego y se traduce como “estudio del tiempo de la tierra”.

Por tanto, estas unidades son intervalos de tiempo cuyos puntos de inicio y final se definen como edades absolutas en millones de años ocurridos antes de la actualidad. Su valor numérico se calcula gracias a la datación radiométrica de las rocas, un método que funciona como una especie de “reloj atómico”, aprovechando la desintegración natural y constante de la materia.

Dividamos las unidades de tiempo en geología

Las eras geológicas son una de las unidades geocronológicas en las que compartimentamos la historia de la Tierra. En primer lugar están los eones, que abarcan periodos de cientos a miles de millones de años. Las eras propiamente dichas son las unidades de segundo nivel, y comprenden de decenas a cientos de millones de años de historia.

En la tabla cronoestratigráfica internacional más actualizada podemos encontrar diez eras geológicas que, de más antigua a más moderna, son:

  • Dentro del eón Arcaico: Eoarcaica (desde hace 4 031 millones de años hasta hace 3 600 millones de años), Paleoarcaica (3 600-3 200 millones de años), Mesoarcaica (3 200-2 800 millones de años) y Neoarcaica (2 800-2 500 millones de años).

  • Dentro del eón Proterozoico: Paleoproterozoica (2 500-1 600 millones de años), Mesoproterozoica (1 600-1 000 millones de años) y Neoproterozoica (1 000-539 millones de años).

  • Dentro del eón Fanerozoico: Paleozoica (539-252 millones de años), Mesozoica (252-66 millones de años) y Cenozoica (66 millones de años hasta la actualidad).

¿Cómo se definen los límites entre las eras geológicas?

Al ser divisiones mayores de la tabla de los tiempos geológicos, los límites entre las eras se basan en grandes cambios en la historia de la Tierra. En otras palabras, lo que nos vamos a encontrar en las rocas a partir de este momento va a ser muy diferente de lo que hemos visto anteriormente. Además, estos cambios deben tener un registro global. Es decir, tienen que quedar preservados en las rocas presentes en todo el mundo.

Existen tres tipos de eventos globales que se utilizan para definir los límites entre las eras geológicas: los cambios biológicos, los cambios ambientales y los cambios tectónicos.

Los cambios biológicos se refieren a eventos de extinciones masivas o a grandes procesos evolutivos. Son transformaciones que quedan marcadas en las rocas gracias al contenido fósil. Este es el principal criterio para definir los momentos de inicio de las tres eras del eón Fanerozoico:

  • El comienzo de la era Paleozoica se caracteriza por el evento denominado “explosión del Cámbrico”, la primera aparición de organismos complejos, con caparazones robustos y capaces de enterrarse en el barro del fondo marino.
Ejemplar de un trilobites, uno de los grupos de organismos extintos a finales de la Era Paleozoica.
Dwergenpaartje/wikimedia, CC BY-SA
  • El límite entre la era Paleozoica y la era Mesozoica está marcado por la extinción del Pérmico-Triásico, la mayor extinción masiva de la que se tiene registro en la historia de la Tierra. Desapareció más del 95 % de las especies del planeta, por lo que se la denomina “la Gran Mortandad”.

  • Y el límite entre la era Mesozoica y la era Cenozoica se define por la quinta y última extinción masiva de los últimos 500 millones de años: la extinción del Cretácico-Paleógeno. Aquí desaparecieron más del 75 % de las especies, incluido el grupo que la ha hecho famosa: los dinosaurios no avianos (los que no eran aves).

En segundo lugar, los cambios ambientales o climáticos extremos incluyen aquellos eventos que modificaron la composición atmosférica u oceánica a escala planetaria.

Formación de Hierros Bandeados. Mineralizaciones de óxidos de hierro generadas durante el Gran Evento Oxidativo de la Era Paleoproterozoica.
André Karwath/Wikimedia, CC BY-SA

Un ejemplo muy llamativo es el “Gran Evento Oxidativo”, que marca el inicio de la era Paleoproterozoica. De manera resumida, consistió en la formación de una atmósfera con grandes cantidades de oxígeno gaseoso gracias a la actividad fotosintética de unos microorganismos llamados cianobacterias. Esto condicionó toda la evolución de la vida en nuestro planeta a partir de ese momento.

Y en tercer lugar, los cambios tectónicos son los procesos provocados como consecuencia del movimiento de las placas tectónicas. En especial, se refieren a la formación de grandes supercontinentes y cordilleras. El evento que define el límite entre las eras Eoarcaica y Paleoarcaica se incluye en este grupo: fue entonces cuando se formó el primer supercontinente de la historia de la Tierra, llamado Vaalbará.

Reconstrucción del supercontinente Vaalbará formado a inicios de la Era Paleoarcaica.
D A R C 12345/Wikimedia, CC BY-SA

Los clavos dorados

En la tabla de los tiempos geológicos que hemos visto, aparecen unas chinchetas amarillas al lado de la edad absoluta de los límites entre dos de las subdivisiones de menor nivel. Se trata de los “clavos dorados”.

Este símbolo indica que, para esa subdivisión, se ha definido un estratotipo. Con este nombre tan complicado se conoce a las capas de rocas que mejor registran ese límite en todo el mundo. Lo cual no es nada fácil, porque tales rocas tienen que cumplir unos requisitos geológicos muy estrictos:

  1. Presentar un registro temporal continuo y detallado, sin interrupciones en la historia que nos están contando.

  2. Estar bien conservadas y aparecer en un lugar accesible para todo el mundo.

  3. Registrar señales claras y reconocibles a nivel mundial, como la aparición o desaparición de ciertos fósiles, cambios químicos o eventos geológicos muy importantes.

  4. Poder ser datadas de manera precisa con una edad absoluta en millones de años. Así funcionan como un “reloj geológico” para el resto del mundo.

Gracias a estas características, los geólogos podemos reconocer estos cambios temporales en las rocas que encontramos en otros lugares del planeta. Y la manera de destacar estos estratotipos es colocando en ellos un clavo dorado.

En la península ibérica, se han definido siete estratotipos, señalados con sus correspondientes clavos dorados. Los podemos encontrar en las provincias de Murcia, Sevilla, Guadalajara, Navarra, Bizkaia y en Gipuzkoa (dos).

Las tres eras geológicas del eón Fanerozoico tienen secciones con clavos dorados, pero para las eras anteriores aún no se han encontrado lugares donde las rocas más antiguas cumplan con todos los requisitos que hemos comentado antes. Por lo general, suelen estar muy alteradas, apenas contienen fósiles, no aparecen en secciones temporales continuas y no están bien conservadas.

Así que, a pesar de ser las que nos cuentan la mayor parte de la historia de la Tierra, se tienen que quedar sin su “chincheta de color amarillo”.

La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Blanca María Martínez García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Cómo se sabe cuándo empieza una era geológica y cuándo acaba? – https://theconversation.com/como-se-sabe-cuando-empieza-una-era-geologica-y-cuando-acaba-283003

Cómo ha cambiado el mercado del petróleo y el gas tras 100 días de cierre del estrecho de Ormuz

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anna Marta Czarczynska, Profesora de Economía y Empresa, Universidade da Coruña

Petroleros en el estrecho de Ormuz. Boukhatala Chamseddine/Shutterstock

Tras poco más de 100 días de bloqueo del estrecho de Ormuz por la guerra de Estados Unidos-Israel contra Irán, que comenzó el pasado 28 de febrero, el precio del crudo sigue una trayectoria de gran volatilidad. Las pérdidas acumuladas de suministro de los productores del Golfo superan ya el millar de millones de barriles, con más de 14 millones de barriles diarios paralizados, un choque de oferta sin precedentes.

El déficit acumulado de inventarios es histórico. Según el Informe del Mercado del Petróleo de la IEA de mayo de 2026, las reservas mundiales cayeron 129 millones de barriles en marzo y 117 millones en abril, el ritmo de agotamiento de inventarios más rápido jamás registrado. El déficit total de petróleo podría alcanzar los 900 millones de barriles en septiembre de 2026, y para reconstruir las reservas agotadas se necesitaría aproximadamente un millón de barriles diarios de superávit durante los próximos tres años.

El mundo está viviendo una de las mayores perturbaciones energéticas de la historia que, debido a su magnitud y duración, tendrá graves repercusiones a corto y largo plazo. El mayor problema no es el precio de los derivados del petróleo, sino su escasez.

Dónde se deja sentir más la crisis energética

El estrecho de Ormuz es (o mejor dicho era) un punto clave en el mapa del comercio mundial del petróleo. Por él transita alrededor del 20 % de la producción mundial de petróleo y gas natural licuado (GNL). Aunque la mayor parte del petróleo que pasa por Ormuz se destina a Asia (China, India, Japón y Corea del Sur), una parte significativa también llega a Europa.

En cuanto al suministro de GNL, el sur de Asia se enfrenta a enormes perturbaciones: el 99 % de las importaciones de Pakistán provienen de Catar y los Emiratos Árabes Unidos, así como el 72 % de las de Bangladés y el 53 % de las de la India.

En cuanto al combustible de aviación, Asia importa del golfo Pérsico casi la totalidad del queroseno que utiliza ,y es casi la mitad del que importan la UE y el Reino Unido.

En el caso de este producto, además del precio está la escasez física, pues con Ormuz cerrado no hay suministros y, además, el combustible de aviación no se puede almacenar fácilmente.

Las consecuencias para las economías

Debido a la escasez de materias primas, el precio del petróleo ha subido un 50 % de media a nivel mundial, mientras que el precio de combustible de aviación se ha duplicado. Una tregua puede suponer un retroceso en los precios, pero no hay posibilidad de volver al nivel inicial (efecto cohete–pluma).




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¿Por qué en las crisis los precios de los combustibles suben como cohetes pero caen como plumas?


Cabe esperar un alza sostenida en los precios, aunque quizá no tan grande como durante las crisis del petróleo de los años 70. De hecho, a nivel global ya estamos observando una destrucción de la demanda. Este proceso comenzó con el aumento de los precios del petróleo, que en la práctica funciona como un impuesto directo para los hogares y empresas. Al hacer mermar el poder adquisitivo, esas subidas hacen caer la demanda de otros productos, lo que puede dar lugar a una desaceleración económica. A esto se añade la caída del nivel de optimismo y la pérdida de confianza de los ciudadanos en la economía.

La disminución prevista de la demanda de 1,5 millones de barriles diarios en el segundo trimestre de 2026 sería la más acusada tras las de la pandemia de la covid-19 y el estallido de la guerra en Ucrania.

A medida que persistan los desabastecimientos y los precios elevados, se extenderá la caída de la demanda. Se están revisando a la baja las previsiones de producción industrial y los niveles estimados de inversión, y la subida de los precios se ve reflejada en las expectativas de inflación.

El fortalecimiento del dólar, derivado de la subida prevista de los tipos de interés y del aumento de la inflación, animará a los inversores a desplazarse hacia la deuda estadounidense. El dólar caro seguirá con nosotros, ya que Europa y Asia pagarán más por la energía que importan.

Los sectores afectados

Los daños provocados por los ataques no se limitan a las instalaciones de producción de petróleo y a las alteraciones logísticas. La crisis afecta también a otros sectores:

  • Aviación y turismo: la subida del combustible y el funcionamiento limitado de los aeropuertos en Oriente Próximo ha contraído la demanda.

  • Automoción: en Europa crece la demanda de coches eléctricos, especialmente de segunda mano, con un incremento de entre 40 y 70 %. La cuestión es que las empresas automotrices europeas realizaron recortes considerables en sus planes de electrificación.

  • Industria: mientras que en Pakistán se está frenando la industria textil, en China cae la producción de ropa, juguetes y otros productos de plástico. Además, Oriente Próximo también representa un tercio de la producción mundial de fertilizantes nitrogenados (para lo cual se necesitan enormes cantidades de gas), lo que se traduce en fertilizantes más caros y, consecuentemente, mayores costes de producción agrícola.
    Por último, en Catar se ha destruido una planta de producción de helio (una de las 34 materias primas críticas para la UE) responsable de un tercio de la producción mundial. El helio líquido se utiliza en resonancias magnéticas, soldadura, pero sobre todo en la fabricación de procesadores y chips –para tecnologías de la información e IA– y principalmente en Taiwán, que representa el 60 % del mercado mundial de semiconductores y hasta el 90 % del mercado de procesadores.

¿Y ahora qué?

Si hoy mismo se restableciese la normalidad en Ormuz, el retorno a los niveles normales de producción de los yacimientos afectados podría llevar entre cuatro y cinco meses, lo que propiciará el agotamiento de las reservas. Los daños sufridos por la capacidad de refinería y el complejo de GNL de Catar implican que la plena recuperación de la infraestructura energética regional podría llevar años.

La Agencia Internacional de la Energía estima que el 80 % de las instalaciones de la región están dañadas y que el 10 % de la producción mundial de petróleo ha quedado totalmente fuera de servicio durante al menos dos años. El mercado seguirá sintiendo los efectos del bloqueo del transporte marítimo, incluso mucho después de que este se levante.

Los efectos de la guerra no se reflejarán en la coyuntura global hasta los próximos meses y, a pesar de ello, las bolsas parecen considerar que la mayor amenaza geopolítica ya ha pasado y que la economía mundial se las arreglará, incluso con un petróleo caro. En Europa, esta situación ha obligado a los gobiernos a intervenir, ya sea mediante la reducción de los impuestos indirectos o la imposición de precios máximos.

El vaso medio lleno

Ante la crisis, Asia busca nuevos proveedores mientras Estados Unidos aumenta su producción y espera superar el récord de 2025 de 13,6 millones de barriles diarios.

Los márgenes de refino han aumentado temporalmente, pues las diferencias de precios en los destilados medios han alcanzado máximos históricos. Todos pagamos por esta guerra, pero los grandes actores salen ganando. La petrolera saudí Saudi Aramco, la rusa Gazprom y la estadounidense Exxon Mobil prevén obtener este año unos 234 000 millones de dólares en beneficios adicionales.

Entre los posibles beneficiados, también hay que incluir a España, que espera un crecimiento récord del turismo.

Cambio de hábitos

En esta situación, lo más importante es el tiempo. Si el periodo de incertidumbre se prolonga lo suficiente cambiarán los hábitos de los ciudadanos como ya ha pasado antes. Tras las dos crisis del petróleo de los años 70, cuando el precio del barril de crudo se disparó un 400 %, Europa se pasó a los coches pequeños, y apostó por el desarrollo de la energía nuclear y la explotación de nuevos yacimientos de materias primas energéticas. Las consecuencias de aquella crisis incluyen también la popularidad de las bicicletas, el cambio horario y el concepto de eficiencia energética.

De momento parece haber una tendencia a un menor consumo, y el mantenimiento de los precios elevados. A más de 100 días del bloqueo, el mundo enfrenta simultáneamente el mayor choque energético registrado, una inflación reemergente con riesgo de estanflación, un agotamiento sin precedentes de las reservas estratégicas de petróleo y perturbaciones en cadena que van desde los fertilizantes hasta los chips.

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Anna Marta Czarczynska no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cómo ha cambiado el mercado del petróleo y el gas tras 100 días de cierre del estrecho de Ormuz – https://theconversation.com/como-ha-cambiado-el-mercado-del-petroleo-y-el-gas-tras-100-dias-de-cierre-del-estrecho-de-ormuz-284201

Del ‘fast fashion’ al lujo silencioso: el juego del lenguaje en la industria de la moda

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Teresa Sádaba, Dean at ISEM Fashion Business School, Universidad de Navarra

Creative Lab/Shutterstock

John Galliano ha fichado por Zara y ese movimiento ha revolucionado el sector de la moda. Es cierto que ya habían existido colaboraciones y colecciones cápsula (compuestas por pocas prendas, funcionales, versátiles y combinables entre sí) de muchos diseñadores en distintas marcas, pero en este caso se trata de un enfant terrible de la moda, con un genio creativo potente y controvertido que pasa a trabajar en una firma que, hasta hace no mucho se consideraba fast fashion puro y duro.

Ahora, Galliano trabajará en Zara durante dos años (en principio) con un propósito claro: reinterpretar los clásicos de la casa en un esfuerzo por crear iconos y ofrecer relevancia a la marca.

Del lujo a la moda ultra rápida

Lujo asequible, lujo silencioso, lujo artesanal, lujo experiencial, premium, smart luxury. Cuando a un nombre (lujo) se le ponen demasiados apellidos es que necesita tantos matices que no acaba de convencer del todo. La cuestión aquí no es una mera discusión sobre cómo llamar al lujo y eso resulta relevante por dos motivos:

  1. Por el posicionamiento de las marcas, del que dependen muchas estrategias de negocio.

  2. Por la conversación y las lecturas en torno a estos nombres.

Las colaboraciones entre marcas y diseñadores de alta costura, como las que en su día han hecho H&M, Uniqlo, Adidas o Nike, demuestran que los límites de las categorías usadas por la moda son cada vez más difíciles de contener: ¿dónde están las fronteras entre el lujo y la moda rápida? Es más, ¿realmente sirven esas categorías para definir lo que sucede?

Esas etiquetas rígidas resultan insuficientes para explicar el actual mercado híbrido de la moda, donde el valor percibido, la velocidad y las estrategias se entrelazan.

El lujo y sus múltiples formas

Hace más de un siglo, las obras clásicas del estadounidense Thorstein Veblen (1899) sobre el consumo conspicuo (la adquisición de bienes y servicios de lujo para exhibir riqueza y estatus, en lugar de por necesidad), y del alemán Georg Simmel (1904)
sobre la moda como modo de diferenciación social, establecieron que el lujo operaba como un sistema de distinción. Así, su valor radicaba no en la utilidad sino en la exclusión.

Sin embargo, en el siglo XXI, el modelo de grandes conglomerados del lujo (LVMH, Kering, Richemont, etc.) desmanteló ese mecanismo desde dentro, como explica el sociólogo francés Frederic Godart. La necesidad de volumen en el negocio hizo que el lujo jugara a la moda y que a través de los perfumes, el maquillaje y accesorios como cinturones, pañuelos o carteras –productos entry-level, para entrar en el mundo del lujo– se generara la idea de lujo accesible.

Como consecuencia, el concepto de lujo funciona como significante variable. Una marca puede reclamar el estatus de lujo apelando a su historia (herencia), a sus materiales (calidad), a su precio (exclusividad) o a su hacer (artesanía) sin que ninguno de estos criterios sea necesario ni suficiente.

Lo mismo sucede con el término fast fashion, un concepto que no termina de definir un modelo preciso, puesto que es el cajón de sastre para muchas marcas masivas que responden a los deseos del consumidor de modo acelerado. Aceleración que, por cierto, Gilles Lipovetsky y Elyette Roux
decían ya en 2004 que es la dinámica de cualquier sector, incluido el lujo, cuando necesita volumen para cumplir sus expectativas económicas.

En este entorno, otro concepto recurrente, pero más en desuso y menos sectorial es el de low cost, ligado a los precios democráticos de finales de los noventa. Y, décadas más tarde la ultra fast-fashion, que opera con lógicas de demanda algorítmica.

Marcos conceptuales y moda

Según la teoría del encuadre (framing), en el proceso de comunicación se seleccionan algunos aspectos de la realidad en detrimento de otros para definir un problema y sus causas, y proponer soluciones. Si los encuadres omiten algunos aspectos de la realidad, entonces, para definirla, hay que tener en cuenta tanto lo que describen como lo que dejan fuera.

La moda no es lugar de discurso sino de tendencias y productos, en el que el juego del lenguaje no es una prioridad. Pero empieza a verse que, en la era de la comunicación y de la creación constante de contenido, es cada vez más relevante.

Ya sucedió en el sector con el concepto de sostenibilidad, que al ser tan polisémico pronto se vació de contenido. El hecho de no concertar una definición común ha tenido consecuencias regulatorias y estratégicas para muchas empresas. Por ejemplo, se ha pasado del greenwashing al greenhushing, o sea, del maquillaje de logros en sostenibilidad al silencio comunicativo por miedo a las repercusiones legales.

Un nuevo lenguaje

Colecciones, drops, temporadas, pasarela… ¿Qué significado tienen estas palabras hoy? Hace unos años, Frank Luntz escribió el libro Words that work (“Palabras que funcionan”). El subtítulo de la obra era este:

“No es lo que dices sino lo que la gente entiende”.

Quizás ha llegado el momento de reflexionar sobre cómo el mundo de la moda se explica a sí mismo y cómo se entiende. No se trata de una cuestión académica: es un problema político, económico y cultural. Resolverlo empieza, necesariamente, por reconocerlo; aceptar que las categorías de la moda no son naturales sino históricas, que surgieron en contextos específicos y pueden volverse obsoletas.

Entender con honestidad que las prácticas del sector han cambiado y que el anclaje en las viejas estructuras solo lo alejará de un consumidor que no encuentra significado en los marcos establecidos es un primer paso para dar el salto de la semántica a la realidad.

The Conversation

Teresa Sádaba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Del ‘fast fashion’ al lujo silencioso: el juego del lenguaje en la industria de la moda – https://theconversation.com/del-fast-fashion-al-lujo-silencioso-el-juego-del-lenguaje-en-la-industria-de-la-moda-278763

Grupos de padres y madres en WhatsApp: ¿oportunidad o desafío para la convivencia escolar?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Gasco Capitán, Profesora Asociada (Teoría e Historia de la Educación), Universidad Rey Juan Carlos

Miguel, padre de tres hijos, llega a casa al finalizar la jornada y, mientras prepara la cena, consulta rápidamente el teléfono móvil. Entre las distintas notificaciones destaca una especialmente activa, el grupo de WhatsApp Los mejores del cole. Al abrirlo, descubre que se han acumulado más de ciento cincuenta mensajes en apenas una hora.

Todo comenzó con una pregunta aparentemente sencilla: “¿Cuándo hay que llevar la maqueta de los planetas?”. En pocos minutos aparecieron una avalancha de respuestas de todo tipo. Algunas familias recordaban una fecha, otras creían que era otra distinta. Pronto surgieron nuevas dudas sobre el tamaño de la maqueta, los materiales permitidos, si debía realizarse individualmente o en grupo y si era obligatorio incluir todos los planetas del sistema solar.

Lo que había comenzado como una simple consulta terminó convirtiéndose en una conversación extensa en la que convivían informaciones correctas, interpretaciones personales y nuevas preguntas.

La comunicación digital y la comunidad escolar

Hace algunos años, una duda sobre el proyecto de Ciencias probablemente habría seguido un recorrido muy diferente. Miguel habría esperado a la salida del colegio para preguntar a otra familia o habría anotado la consulta en su agenda para plantearla a la tutora al día siguiente. La respuesta llegaría más tarde, pero también con menos intermediarios.

Hoy, la misma pregunta sobre cuándo entregar la maqueta de los planetas, qué materiales utilizar o si debía incluirse todo el sistema solar puede generar en cuestión de minutos decenas de mensajes, opiniones y nuevas consultas compartidas simultáneamente por un abundante grupo de familias. La información circula con mayor rapidez que nunca y el reto consiste en que la comprensión y el contexto no queden rezagados.

Nuevos espacios de interacción

La comunicación digital ha creado nuevos espacios de interacción. En el caso de centros educativos los grupos de mensajes instantáneos (sean Whatsapp, Telegram, u otras opciones) cumplen funciones útiles como compartir información, resolver dudas cotidianas, organizar actividades y favorecer, en suma, el acompañamiento entre familias. A menudo potencian el apoyo mutuo y la colaboración comunitaria.

Sin embargo, investigaciones sobre ciudadanía digital
advierten que estos nuevos entornos comunicativos también pueden generar dinámicas complejas que requieren una reflexión pausada. La conectividad permanente favorece la participación y la colaboración, pero también puede propiciar presión social y dificultades para interpretar adecuadamente los mensajes. En esta línea, Daniel Innerarity advierte en Una teoría crítica de la inteligencia artificial del desafío de gestionar entornos cada vez más acelerados, automatizados y condicionados por dinámicas digitales que afectan a la forma de interpretar la realidad y relacionarnos con los demás.

¿De qué manera pueden los grupos de WhatsApp de familias contribuir o desgastar la convivencia escolar?

La inmediatez y la pérdida de contexto

La comunicación digital es rápida, pero la velocidad comunicativa favorece interpretaciones parciales y procesos de amplificación emocional difíciles de contextualizar. Situaciones cotidianas que probablemente requerían más tiempo, matices o, incluso, una conversación directa, terminan desarrollándose en entornos condicionados por la inmediatez.

Cuando la conversación avanza más rápido que la posibilidad de contrastar la información, la percepción de incertidumbre tiende a multiplicarse.




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Además, la comunicación escrita elimina elementos esenciales de la interacción humana como el tono de voz, los gestos y determinados matices emocionales que los “emojis” no son capaces de registrar. Una frase breve puede interpretarse de maneras diferentes según quien la reciba, y mensajes emitidos con una intención constructiva pueden producir efectos distintos a los esperados. La tecnología facilita la conexión, pero conectar no siempre significa comunicarse mejor.

Efecto en las relaciones del entorno educativo

Aunque estos espacios digitales estén integrados por adultos, sus dinámicas comunicativas pueden proyectarse indirectamente sobre el alumnado.

Los menores no permanecen ajenos al clima emocional que se genera en los entornos familiares, escolares y digitales. Cuando determinadas dinámicas comunicativas se prolongan, algunos niños y adolescentes pueden experimentar sentimientos de inquietud y vulnerabilidad.

No resulta difícil imaginar a una niña que llega preocupada al colegio después de haber escuchado en casa comentarios sobre una discusión mantenida entre adultos en torno a una actividad escolar o un conflicto entre compañeros. Inconscientemente, la emoción transmitida es más intensa que la información realmente comprendida, generando pesadumbre allí donde quizá solo existía una preocupación puntual.

Percepciones sesgadas

Existe, además, otro aspecto especialmente delicado. Se trata de la construcción de percepciones colectivas sobre situaciones escolares o conflictos sin disponer siempre de toda la información necesaria.

Basta una frase aparentemente inocente como “creo que al final no habrá excursión al Planetario” para convertirse en el punto de partida de un extenso diálogo digital. Lo que comienza como un comentario aislado termina propiciando preguntas, interpretaciones y explicaciones alternativas que circulan con rapidez entre familias.




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Irremediablemente, la percepción colectiva se construye antes incluso de que la información haya podido ser contrastada. Comprender estas dinámicas exige mirar más allá de la tecnología y centrarse en la responsabilidad que cada persona asume en los espacios compartidos.

Ciudadanía digital y corresponsabilidad comunicativa

Resulta pertinente proponer la idea de liderazgo cívico digital para referirse a la responsabilidad que asumen las personas en la configuración de los espacios de interacción online y en la construcción de comunidades basadas en la confianza, el respeto y la corresponsabilidad.

No se refiere únicamente al liderazgo formal de instituciones o equipos directivos, sino más bien a la capacidad que tiene cualquier persona para influir en los espacios compartidos, incluidos los virtuales. Las familias desempeñan un papel relevante como referentes de ciudadanía digital.

Las investigaciones sobre relaciones psicosociales muestran que los contextos comunicativos basados en la cooperación, el respeto y la corresponsabilidad favorecen conductas prosociales en los menores, como la empatía, la ayuda mutua o el cuidado del bienestar ajeno.

Educar también en la manera de comunicarnos

La educación no ocurre únicamente dentro del aula. También se construye a través de las relaciones cotidianas y de los modelos de interacción que el alumnado observa en sus entornos de referencia.

En una sociedad hiperconectada, la identidad digital comienza a configurarse desde edades cada vez más tempranas. Los menores aprenden progresivamente que la forma de comunicarse y relacionarse en espacios virtuales tiene consecuencias emocionales, sociales y relacionales. Y aprenden, sobre todo, de sus padres y madres, docentes, y de observarles cómo gestionar malentendidos o responder a determinadas situaciones complejas.




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Para ayudarles a desarrollar competencias vinculadas a la empatía “online”, la responsabilidad comunicativa, el pensamiento crítico y la conciencia sobre el impacto que las interacciones digitales pueden generar en los demás. ¿Qué debe hacer un padre o una madre en sus comunicaciones en los grupos de la escuela?

En muchas ocasiones, pequeñas decisiones comunicativas pueden contribuir a mejorar la convivencia digital: contrastar la información antes de compartirla, evitar respuestas impulsivas, recurrir a la conversación directa cuando una situación lo requiere y recordar que detrás de cada mensaje existen personas y circunstancias cuya complejidad no siempre conocemos.

The Conversation

Laura Gasco Capitán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Grupos de padres y madres en WhatsApp: ¿oportunidad o desafío para la convivencia escolar? – https://theconversation.com/grupos-de-padres-y-madres-en-whatsapp-oportunidad-o-desafio-para-la-convivencia-escolar-281761