Macrófagos: el decisivo papel de las ‘células tragonas’ del sistema inmunitario en nuestra salud

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio J. Ruiz Alcaraz, Profesor de Inmunología de la Universidad de Murcia e investigador del Grupo de Inmunidad Innata del IMIB, Universidad de Murcia

El sistema inmunitario humano es una red compleja y altamente especializada de moléculas, células, tejidos y órganos que actúan coordinadamente para proteger al organismo frente a agentes patógenos. Dentro de este sistema, los macrófagos llevan a cabo un papel fundamental como centinelas y ejecutores de la llamada respuesta inmunitaria innata.

Estas células no solo participan en la defensa inmediata contra infecciones, sino que también están involucradas en procesos como la reparación de los tejidos, la homeostasis o equilibrio corporal y la modulación de las respuestas inflamatorias. Sin embargo, su participación prolongada o descontrolada puede contribuir al desarrollo y perpetuación de enfermedades crónicas inflamatorias.

¿De dónde vienen los macrófagos?

Los macrófagos tienen un doble origen. Tradicionalmente se pensaba que todos procedían de los monocitos, un tipo de leucocito o célula blanca que circula por la sangre. Los monocitos se originan en el interior de los huesos, en la médula ósea y, una vez reclutados hacia tejidos específicos en respuesta a señales inflamatorias o fisiológicas, se diferencian en macrófagos residentes en los tejidos. Este proceso es dinámico y permite al organismo responder de forma flexible a múltiples desafíos.

Sin embargo, investigaciones más recientes han revelado que muchos macrófagos tisulares residentes –es decir, aquellos que permanecen en tejidos de forma estable– no derivan exclusivamente de monocitos adultos. Algunos tienen su origen en etapas embrionarias tempranas, especialmente a partir del saco vitelino y el hígado fetal, colonizando diversos tejidos incluso antes del nacimiento.

Estos macrófagos embriogénicos pueden autorrenovarse localmente sin necesidad de un aporte constante de monocitos circulantes en la sangre y procedentes de la médula ósea.

Por sus nombres les conoceréis

Los macrófagos están distribuidos por todo el organismo y adoptan características especializadas según el tejido en el que residen. Esta plasticidad funcional se debe a la influencia del microambiente local, lo que les permite adaptarse a las necesidades específicas de cada órgano y cumplir funciones concretas.

Microfotografías de células de microglía.
Microfotografías de células de microglía.
Yang TD, Park J-S, Choi Y, Choi W, Ko T-W, Lee KJ/Wikimedia Commons, CC BY

Por ejemplo, en el hígado se conocen como células de Kupffer y desempeñan un papel clave en la eliminación de sustancias tóxicas y microorganismos procedentes del tracto digestivo. En el sistema nervioso central se les denomina microglía y están implicados tanto en la defensa frente a infecciones como en el mantenimiento de la homeostasis o salud neuronal.

Otros ejemplos incluyen los macrófagos alveolares de los pulmones, que eliminan partículas inhaladas a modo de basureros, y los osteoclastos, que participan en el remodelado óseo como escultores de los huesos.

Células multitarea

Las múltiples funciones de los macrófagos abarcan tanto aspectos inmunológicos como no inmunológicos. En primer lugar, son expertos en fagocitosis, el proceso mediante el cual engullen y destruyen partículas extrañas, células muertas y restos celulares. Esta capacidad los convierte en una primera línea de defensa contra infecciones bacterianas, virales y fúngicas.

Pero además, estas células resultan esenciales en la presentación de antígenos. Tras fagocitar un patógeno, procesan sus componentes y los exponen en su superficie mediante moléculas del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC). Esto permite activar a los linfocitos T, otras células clave en la función del sistema inmunitario, y poner en marcha la respuesta inmunitaria adaptativa. Esta, más específica y duradera, puede guardar una memoria de los patógenos concretos que los han activado.

Otra función crucial de los macrófagos es la secreción de citoquinas y factores de crecimiento. Se trata de moléculas solubles que regulan la inflamación, atraen otras células inmunitarias y favorecen la reparación de tejidos.

Dependiendo del tipo de señales que reciban, los macrófagos pueden diferenciarse como M1, asociados a respuestas proinflamatorias y microbicidas, o M2, vinculados a procesos antiinflamatorios, resolución de la inflamación y regeneración y reparación de tejidos.

Su papel en enfermedades inflamatorias crónicas

Ya hemos visto que los macrófagos son esenciales para la defensa y el equilibrio fisiológico, pero su activación prolongada o disfuncional puede tener consecuencias perjudiciales. De hecho, están estrechamente implicados en diversas enfermedades inflamatorias crónicas como la artritis reumatoide, la aterosclerosis, la diabetes tipo 2 y diversas dolencias neurodegenerativas como el alzhéimer.

En estas patologías, los macrófagos pueden mantener un estado de activación persistente, secretando citoquinas proinflamatorias como el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α), la interleucina-1 beta (IL-1β) y la interleucina-6 (IL-6). Estas moléculas actúan como sustancias mensajeras que contribuyen a mantener un entorno inflamatorio sostenido. Lejos de resolver el daño, este entorno promueve la destrucción del tejido, la fibrosis (cicatrización) y la progresión de la enfermedad.

Por ejemplo, en la aterosclerosis, los macrófagos fagocitan lípidos oxidados y se convierten en células espumosas que se acumulan en las paredes arteriales, formando placas que pueden obstruir el flujo sanguíneo. En la diabetes tipo 2, la inflamación crónica del tejido adiposo, mediada por macrófagos M1, se asocia con resistencia a la insulina. Y en el alzhéimer, la microglía activada (macrófagos del sistema nervioso) puede contribuir a la neuroinflamación y la degeneración neuronal al responder de forma inapropiada a la acumulación de placas de beta-amiloide.

En síntesis, los macrófagos son componentes clave del sistema inmunitario humano, actores centrales en la defensa del organismo, con una notable versatilidad funcional y adaptativa. No obstante, cuando su actividad se descontrola, pueden contribuir significativamente a enfermedades inflamatorias crónicas de gran impacto en la salud global. Comprender en profundidad su biología y su papel en las enfermedades resulta esencial para el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas dirigidas a modular su actividad y restaurar el equilibrio inmunológico.

The Conversation

Antonio J. Ruiz Alcaraz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Macrófagos: el decisivo papel de las ‘células tragonas’ del sistema inmunitario en nuestra salud – https://theconversation.com/macrofagos-el-decisivo-papel-de-las-celulas-tragonas-del-sistema-inmunitario-en-nuestra-salud-261694

Trump impone aranceles también a los envíos desde el extranjero: ¿seguirá siendo rentable vender por Amazon?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Professor de Direito Internacional, Relações Internacionais e Geopolítica/Geoeconomia, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

shutterstock Andrey_Popov/Shutterstock

Hasta ahora, uno de los mayores atractivos del comercio electrónico era la facilidad con la que los vendedores extranjeros podían introducirse en el mercado de Estados Unidos. La llamada cláusula de minimis, vigente durante décadas, eximía de pagar aranceles a los paquetes de menos de 800 dólares.

Esta era una vía abierta para millones de pequeños emprendedores de todo el mundo que –a través de plataformas como Amazon– lograban posicionarse en el codiciado mercado online estadounidense sin enfrentarse a su pesada burocracia aduanera. No obstante, esa etapa acaba de llegar a su fin.

¿En pro de la seguridad o de la economía nacional?

El gobierno de Donald Trump eliminó esta exención para China continental y Hong Kong en mayo pasado, pero este 29 de agosto de 2025 ha entrado en vigor para el resto del mundo. Ahora, todos los envíos deberán abonar tasas aduaneras, aunque se ha establecido una transición de seis meses. Mientras dure, se podrá optar por una tarifa plana que –dependiendo del país de origen– oscilará entre 80 y 200 dólares por paquete. Después, no habrá escapatoria: todo producto proveniente de otros países pagará aranceles en EE. UU., sin importar su valor.

Aunque la medida se presenta en clave de seguridad nacional –la Casa Blanca asegura que servirá para frenar el flujo de narcóticos y otros productos ilícitos–, el objetivo económico es evidente. Según el asesor presidencial Peter Navarro, eliminar la exención de minimis añadirá hasta 10 000 millones de dólares en ingresos arancelarios al Tesoro estadounidense.

El impacto no se limitará a gigantes chinos como Shein o Temu, que basaban buena parte de su modelo en el envío directo de miles de pequeños paquetes diarios. También alcanzará a los pequeños exportadores europeos y latinoamericanos que enviaban artículos de bajo valor, desde ropa hasta productos gourmet. Según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU., en 2024 llegaron al país 1 360 millones de paquetes bajo esta exención, con un valor total de 64 600 millones de dólares.

Cambio de reglas, pérdida de competitividad

Para los emprendedores que utilizan plataformas digitales como Amazon para vender sus productos en Estados Unidos esta medida supone un cambio de reglas radical.

El mercado estadounidense es el mayor del mundo en comercio electrónico y Amazon su escaparate principal. Muchos emprendedores han logrado vender sus productos desde productos gastronómicos hasta cosmética natural, pasando por libros, textiles o gadgets tecnológicos, aprovechando la posibilidad de enviarlos sin que el cliente tuviera que pagar impuestos adicionales.

A partir de ahora, quedan sujetos a aranceles que van a encarecer significativamente su precio final. La consecuencia inmediata será una pérdida de competitividad frente a los productores locales estadounidenses, que no cargan con este sobrecoste.

Un ejemplo sencillo: un paquete de 50 euros enviado desde España, que antes llegaba sin coste arancelario, ahora deberá asumir una tarifa mínima de 80 dólares. Para el cliente estadounidense el precio percibido puede duplicarse, desincentivando así la compra. Para el emprendedor, absorber parte de ese coste reducirá sus márgenes a niveles insostenibles.

Recalcular la estrategia

La primera reacción de los vendedores será recalcular precios y márgenes. Muchos, que ya operaban con beneficios ajustados, se verán obligados a replantear su estrategia. Una alternativa será recurrir al envío de grandes lotes de productos directamente a los almacenes de las plataformas digitales (fulfillment) dentro de Estados Unidos para luego distribuir desde allí. Esta vía sortea el problema de los aranceles individuales, aunque implica asumir mayores costes iniciales de envío, almacenaje y logística.

Otra opción posible es diversificar mercados. Si Estados Unidos se encarece, la Unión Europea sigue siendo un espacio atractivo, con un mercado único y regulaciones comunes. América Latina también aparece como un destino natural, aunque con desafíos propios en materia de infraestructura y barreras normativas.

Sin embargo, el atractivo del mercado estadounidense es difícil de sustituir. Su tamaño y capacidad de consumo lo convierten en un objetivo irrenunciable para muchas pymes. La clave será profesionalizar la estrategia de entrada, planificar costes logísticos y fiscales con más detalle y asumir que el modelo de enviar un paquete barato directamente al cliente ha quedado atrás.

Más allá de los emprendedores individuales, la medida forma parte de la escalada comercial de Washington contra el resto del mundo. Al eliminar excepciones, incluso para socios cercanos, Estados Unidos refuerza su tendencia proteccionista y obliga a otros países a replantearse su relación comercial. La Unión Europea ya ha mostrado preocupación y estudia cómo responder, aunque Bruselas es reacia a entrar en una espiral arancelaria que perjudique todavía más a sus exportadores.

Adaptarse para mantenerse en el mercado

El creciente ecosistema de pymes digitales que exportan a Estados Unidos a través de Amazon y otras plataformas se juega mucho con esta nueva medida. Pero deberán ser los países de origen los que negocien con EE. UU. algún tipo de flexibilidad o mecanismo bilateral. De lo contrario, los emprendedores tendrán que asumir que vender en EE. UU. será a partir de ahora más caro y complejo.

La pregunta que muchos vendedores se hacen es si merece la pena seguir apostando por Amazon en Estados Unidos. La respuesta no es sencilla. A corto plazo, habrá un claro encarecimiento que afectará tanto a consumidores como a vendedores. Pero a medio plazo, quienes logren adaptarse y profesionalizar sus operaciones podrían encontrar menos competencia de pequeños actores internacionales, lo que abriría espacio para empresas mejor preparadas.

En definitiva, no es el final del negocio, pero sí el final de la improvisación. Vender en EE. UU. desde otros países exigirá más inversión, más planificación y más capacidad de adaptación a un sistema que ya no será tan sencillo ni barato como hasta ahora.

The Conversation

Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Trump impone aranceles también a los envíos desde el extranjero: ¿seguirá siendo rentable vender por Amazon? – https://theconversation.com/trump-impone-aranceles-tambien-a-los-envios-desde-el-extranjero-seguira-siendo-rentable-vender-por-amazon-264231

Research shows English children’s wellbeing drops when they start secondary school – here’s why

Source: The Conversation – UK – By Paty Paliokosta, Associate Professor of Special and Inclusive Education, Kingston University

Rawpixel.com/Shutterstock

For many pupils, the move to secondary school is a moment of anticipation – new friends, new subjects, and a growing sense of independence. But research in England shows this transition often comes with a hidden cost: a sharp and lasting decline in wellbeing.

Data from a 2024-2025 survey carried out by education support and research company ImpactEd Group with over 80,000 pupils shows a drop in children’s wellbeing between year six – the last year of primary school – and year eight.

This report found that enjoyment of school plummets, feelings of safety decline, and belief that their efforts will lead to success (known as self-efficacy) drops significantly. Children receiving free school meals were also less likely to say they enjoyed school, with this gap continuing to widen into secondary school.

This isn’t just adolescent growing pains. Secondary school pupils in the UK are more miserable than their European peers. Data from the Pisa programme, which assesses student achievement and wellbeing internationally, shows that in 2022 the UK’s 15-year-olds had the lowest average life satisfaction in Europe.

It’s a systemic problem – but one that can be changed.

Difficult transitions

Moving to secondary school involves much more than a change of location. Pupils must adapt to new teachers, routines, academic demands and social dynamics. And this takes place while they are going through puberty, one of the most intense periods of emotional and neurological development.

Research on school transitions stresses that success depends not only on a child’s “readiness,” but also on the school system’s capacity to support them.

Unfortunately, many schools prioritise performance metrics over relationships. This may leave many pupils – particularly those who are neurodivergent, have special educational needs, or who come from minoritised backgrounds – feeling disconnected and unsupported. This can deeply affect their wellbeing.

One major barrier to belonging is the use of zero-tolerance behaviour policies. These strict approaches to discipline – silent corridors, isolation booths, high-stakes punishments such as suspensions – are becoming more common in large secondaries and academies. Advocates have claimed these policies create firm boundaries in schools. But for many pupils, especially those with ADHD, autism, or a history of trauma, they may instead create anxiety, alienation and disengagement from school.

Children with special educational needs are excluded from school at some of the highest rates in the country. According to the Children and Young People’s Mental Health Coalition, a collaborative network of over 300 organisations including mental health organisations and youth support services, many of these children are not “misbehaving,” but expressing unmet emotional and mental health needs. Punitive responses frequently worsen their difficulties.

Pupils on stairs at school
The environment of secondary school can be very different to that of primary education.
Rawpixel.com/Shutterstock

Schools that adopt behaviour policies that focus on emotional literacy and building trust have reported success in building a caring environment.

A hidden curriculum

While these challenges affect many students, working-class pupils often face a more acute and entrenched form of educational alienation. A deeper look into the structure of secondary education in England reveals systemic inequalities that shape how different children experience school.

According to Professor Diane Reay, a leading expert on education and social class, the British school system continues to fail working-class children. Her research suggests that schools in disadvantaged areas are more likely to feature rigid discipline, “teaching to the test,” and a narrow, fact-heavy curriculum. In such spaces, there is little room for creativity, critical thinking, or personal expression.

Instead of feeling seen and valued, many working-class students may experience school as a place of constant control and low expectations. They are more likely to encounter deficit narratives: being told what they lack, rather than having their strengths recognised or nurtured.

This dynamic plays out most starkly during the transition to secondary school. Pupils from working-class backgrounds often enter year seven already disadvantaged – socially, economically, and in terms of cultural capital. This means that in unfamiliar settings where middle-class norms dominate, they may not speak the “right” way, dress the “right” way, or know the unspoken rules. These students frequently find themselves on the outside looking in.

Beyond class, issues of race and cultural background also play a key role in how pupils experience school. Students from minority backgrounds often also encounter what researchers refer to as the “hidden curriculum”.

This is a set of unspoken norms that reflect white, middle-class values, and which they may be unfamiliar with. This affects everything from which stories are told in the curriculum to how the behaviour of students is interpreted by teachers.

The year-seven dip is not inevitable. But reversing it requires more than tweaks to transition plans or behaviour policies. It demands a fundamental shift in how we understand inclusion, belonging and educational success. Schools need to put policies in place that help students feel safe, connected and empowered to manage conflict. And they should recognise that working-class and marginalised pupils face systemic barriers, and commit to dismantling them.

The Conversation

Dr Paty Paliokosta is an Associate Professor in Inclusive Education and leads the Inclusion and Social Justice SIG at Kingston University, London. She co-leads the National SENCO Advocacy Network.

ref. Research shows English children’s wellbeing drops when they start secondary school – here’s why – https://theconversation.com/research-shows-english-childrens-wellbeing-drops-when-they-start-secondary-school-heres-why-260737

¿Qué pantallas usar en la escuela?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María del Mar Sánchez Vera, Profesora Titular del Departamento de Didáctica y Organización Escolar. Miembro del Grupo de Investigación de Tecnología Educativa, Universidad de Murcia

Carmen Conde, primera mujer en ingresar en la RAE, fue una de las grandes pedagogas –y, sin embargo, también una de las grandes olvidadas– en la historia de la educación. En los años 30 del pasado siglo escribió un ensayo sobre educación que la Universidad de Murcia rescató con la llegada de la democracia. En él, defendía de manera específica (y dedicándole un capítulo completo) el uso del cine en las aulas.

El cine era la nueva tecnología del momento, y las Misiones Pedagógicas lo utilizaban para acercar la cultura al pueblo. Entre los argumentos que planteaba Carmen Conde para fomentar su introducción en las aulas, indicaba que “las escuelas del Estado no pueden prescindir más tiempo del cinematógrafo entre el material de enseñanza que se les asigna”.

Resulta curioso comprobar que, en ese mismo espacio temporal, encontramos algunos artículos de prensa que alertaban de los riesgos que el uso del cine podía tener. El diario The New York Times, por ejemplo, alertaba en 1933 del efecto negativo que podían llegar a tener las películas en los menores, a partir de un estudio realizado con niños y niñas de cuatro años.

Con esto no se pretende ridiculizar la lícita preocupación de muchas familias y docentes sobre el uso de la tecnología en las aulas (el cine no se parece en nada al maremágnum de redes y aplicaciones que tenemos hoy en día), pero sí evidenciar que la relación entre la tecnología y la educación siempre ha sido compleja, y que toda la vida han existido temores sobre los problemas que podrían causar a los menores.

Además, la integración de las herramientas no siempre se ha realizado de manera adecuada. Un error frecuente que hemos experimentado con la digitalización educativa es asumir que, por el mero hecho de incorporar herramientas tecnológicas, se garantizaba la innovación pedagógica.

Un ejemplo paradigmático de este fenómeno son las pizarras digitales interactivas (PDI). Durante años, la presencia de este dispositivo en los centros se percibió como un indicador de innovación y calidad educativa; sin embargo, algunos estudios revelan que su uso suele limitarse a la presentación de contenidos, con un rol predominantemente pasivo por parte del alumnado y manteniendo el control de la herramienta por parte del docente, sin aprovechar realmente el potencial interactivo que ofrece la herramienta.

Si reflexionamos sobre ello, utilizar estas pizarras para explicar contenidos implicaría que no estamos haciendo nada diferente a lo que haríamos con una pizarra tradicional o un proyector de diapositivas. Es un ejemplo de innovación técnica que no implica una mejora educativa.

Un enfoque superficial, centrado más en la dotación tecnológica

Podemos decir que, salvo honrosas excepciones, la digitalización educativa en España ha seguido un enfoque superficial, centrado más en la dotación tecnológica que en la transformación pedagógica. Esto implica que, en muchos casos, la tecnología se ha limitado a sustituir formatos tradicionales, como libros impresos por sus versiones digitales pero para hacer las mismas tareas de siempre.

Sin embargo, el marco normativo actual indica que la “competencia digital” debería ir mucho más allá del manejo técnico de dispositivos: implica el pensamiento crítico, la gestión de la información, la creación de contenido digital y la comunicación responsable.

Curricularmente, la competencia digital está incorporada en el sistema educativo en todas las etapas. En Educación Infantil (hasta los 6 años) se deben sentar las bases de la alfabetización digital según establece la propia ley de educación, promoviendo el acceso a información digital, la comunicación tecnológica básica y la creación de contenidos sencillos, junto con hábitos de uso responsable.

Sin embargo, hay estudios que indican que en esta etapa no se suele trabajar ninguna competencia de ciudadanía digital, dejando a muchos niños y niñas sin educación formal sobre estos temas importantes.

Como se ha señalado, el elemento determinante es el diseño de tareas significativas que trasciendan el uso pasivo de la tecnología (como la mera visualización de vídeos) para fomentar experiencias activas y creativas. Esto implica plantear actividades donde los niños y niñas asuman un rol activo (grabaciones de audio, fotografías creativas, secuencias programables con robots…), con tareas adaptadas a su desarrollo.

La tecnología no debería reemplazar otros recursos, sino coexistir con otro tipo de materiales y formar parte de proyectos más amplios. Hay estudios muy interesantes que muestran el potencial que tiene para la etapa de Educación Infantil iniciarse en el pensamiento computacional.




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Por qué la programación debería ser tan importante como las matemáticas


Etapas educativas

En Educación Primaria (6 a 12 años), la competencia digital se define de manera más específica y se indican descriptores operativos que deben alcanzar los estudiantes al terminar la etapa educativa. Se mencionan habilidades básicas como búsquedas guiadas y creación de contenidos sencillos, mencionando de forma concreta qué se ha de trabajar para tomar conciencia de los riesgos y aprender a evitarlos.

También se aborda de manera más específica el pensamiento computacional en el marco de las asignaturas de Matemáticas y Ciencias de la Naturaleza, aunque hay enfoques que plantean que el pensamiento computacional puede trabajarse de forma transversal desde cualquier materia.

En Educación Secundaria (12 a 16 años) se profundiza más en los indicadores de logro. La propuesta amplía algunos aspectos relacionados con la programación y la robótica educativa, que se deben utilizar para resolver problemas de manera creativa, así como la gestión de la información digital y el uso de herramientas y plataformas virtuales para construir nuevo conocimiento y aprender comunicarse en red. También para esta etapa se plantea la necesidad de trabajar aspectos sobre el uso crítico y seguro de la tecnología.

Como vemos, la presencia que tiene que tener la tecnología en las distintas etapas educativas viene definida por la ley, y parece bastante razonable. La Ley Orgánica 3/2020 –conocida como LOMLOE– y sus desarrollos curriculares establecen con claridad tanto los marcos de competencia digital aplicables a docentes, a estudiantes y a instituciones, así como los contenidos específicos que deben trabajarse en cada etapa educativa.

Además, como hemos visto, se ha incorporado el “pensamiento computacional”, que implica que los jóvenes no solo sean usuarios receptores de tecnología, sino que les enseñemos a crear y a entender cómo funciona. Por lo tanto, quizás estamos errando en las preguntas que nos hacemos, y lo que deberíamos analizar es cómo se ha digitalizado el sistema educativo y qué errores hemos cometido que no nos dejan abordar la competencia digital de manera completa y adecuada.

Poner el foco en lo que hacemos con la tecnología

Entonces, más que revisar qué tecnologías incorporamos en cada etapa y seguir planteando medidas que nos ofrecen solo números (número de niños y niñas por portátil, número de horas de uso…), deberíamos reflexionar sobre qué tipo de actividades realizamos en cada etapa y sobre cómo se está formando a los centros y al profesorado.

Es frecuente encontrar que son las consejerías de educación las que deciden qué tecnología (robot, ordenador, tableta, impresora 3D) adquieren, y por supuesto esa perspectiva es importante. Pero no se suele preguntar a los docentes y a los centros qué tecnología necesitan, y esto es fundamental, porque dependiendo de lo que quieran hacer, de la tecnología de la que ya dispongan, de sus necesidades y de su formación, se podrían plantear dotaciones mucho más efectivas que podrían ser un mecanismo interesante que asegure que la tecnología no se infrautilice en el futuro.

Además, la formación continua debe garantizar apoyo y acompañamiento al docente, sin limitarse al uso técnico de las herramientas, sino enfocándose en su aplicación didáctica.

Diferenciar entre tipos de pantallas

También resultaría bueno para el debate educativo no hablar de “pantallas” de forma general. Las pantallas son muy diversas, y no es lo mismo disponer de un móvil personal que de un portátil en el aula, del mismo modo que no es lo mismo estar realizando apuestas online que estar aprendiendo la impresión 3D en un proyecto de aprendizaje-servicio (ApS).

Tenemos que empezar a superar los argumentos que plantean dicotomías. En ninguna etapa tenemos que sustituir el papel por un ordenador, sino que el enfoque debe estar en el diseño de tareas que integren todo tipo de recursos, entre ellos también los digitales. No consiste en debatir si hay que escribir a mano o con el ordenador, sino en que tenemos que combinar tareas en las que escribamos con ambos.

Docentes y formación

Como vemos, en la normativa está todo bien definido. Por lo tanto, la clave es preguntarnos por qué no aterriza del todo bien en la realidad de las aulas. En este sentido, sabemos que las creencias y actitudes de los docentes son clave en el desarrollo profesional y la práctica didáctica, y que el profesorado es el elemento más significativo en la integración curricular de los medios digitales.

También sabemos que la formación inicial en Tecnología Educativa es insuficiente en Magisterio, e incluso puede llegar a ser inexistente, como sucede en algunos casos, en el Máster de Formación en Educación Secundaria. Y que cuando se abordan enfoques de investigación más amplios, que tienen en cuenta el contexto y el aprendizaje, se encuentra que los jóvenes que reciben una adecuada educación digital están mejor preparados para afrontar sus riesgos, incluso en la etapa de Educación Infantil.

Sin embargo, estos temas rara vez aparecen en el debate público sobre tecnología y educación. Es necesaria una formación docente centrada en la pedagogía, y no solo en el manejo instrumental de herramientas, que priorice el diseño de proyectos didácticos, la multiplicidad de los medios en el aula, la participación activa del profesorado en las decisiones tecnológicas y la asignación de recursos para experiencias educativas realmente integradas. La digitalización debe construirse de abajo arriba, en diálogo constante con la investigación en tecnología educativa.


Este artículo se publicó originalmente en la Revista Telos de la Fundación Telefónica, y forma parte de un número monográfico dedicado a la Generación Alfabeta.


The Conversation

María del Mar Sánchez Vera colabora en TELOS, la revista que edita Fundación Telefónica.

ref. ¿Qué pantallas usar en la escuela? – https://theconversation.com/que-pantallas-usar-en-la-escuela-264278

Nuevo estudio: las victorias de guerra en el Neolítico se celebraban con sacrificios y trofeos humanos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Teresa Fernández Crespo, Investigadora Distinguida en Prehistoria, Universidad de Valladolid

Fosa con restos de humanos torturados, posiblemente cautivos de guerra, hallada en Achenheim (Alsacia) y datada entre 4300 y 4100 a. C. P Lefranc.

Durante siglos, el triunfo romano ha sido el modelo a seguir en toda celebración marcial. En la antigua Roma, cada gran éxito militar acababa en un fastuoso desfile encabezado por senadores y magistrados que recorría las calles de la ciudad. A estos les seguían los enemigos cautivos (la mayoría, individuos de alto rango), carros cargados con el botín y demás trofeos de guerra.

La fastuosidad de los expolios se entremezclaba con artistas, como acróbatas, músicos y cantantes, que aumentaban la espectacularidad de la procesión. A continuación, marchaba el general vencedor, montado en un carro. Cerraban el cortejo su familia y soldados.

Festejo y humillación, todo en uno

El desfile, que marchaba por la vía Sacra, cruzaba en su último tramo el foro, donde tenía lugar el encarcelamiento o la ejecución de los prisioneros. Finalmente, la procesión avanzaba hacia el templo de Júpiter, en la cima de la colina Capitolina, donde el general ofrecía un sacrificio al dios, generalmente bueyes blancos, como clausura del recorrido triunfal. La guinda era la celebración de banquetes y espectáculos en lugares públicos para deleite de los congregados.

El triunfo romano, una fiesta que humillaba a los vencidos. Mira la Historia.

Se trataba de un ritual destinado a festejar el poderío marcial y la humillación del conquistado. Todo esto lo sabemos esencialmente por las fuentes literarias y algunas representaciones artísticas. ¿Pero cuál es el origen y la historia primitiva de los triunfos marciales?

Sacrificios y torturas neolíticas

Los yacimientos neolíticos de Achenheim y Bergheim, en la región francesa de Alsacia, datados entre 4300 y 4100 a.e.c., ofrecen algunas pistas al respecto. En ambos casos, en una fosa circular, posiblemente ubicada en una plaza central del poblado, se arrojó un grupo de individuos brutalmente asesinados (seis y ocho, respectivamente), junto a una serie de brazos izquierdos cercenados que no correspondía a ninguno de ellos (cuatro y siete, respectivamente).

El ensañamiento con el que se había tratado a las víctimas, que mostraban multitud de fracturas en todo su esqueleto ocurridas alrededor del momento de su muerte, y la evidencia tafonómica de que los brazos cercenados pudieron estar a la intemperie un tiempo antes de su depósito en las fosas, no encajaban bien con lo esperable en masacres o ejecuciones documentadas en la prehistoria reciente.

Fosa con restos de humanos, posiblemente cautivos de guerra, hallada en Bergheim (Alsacia) y datada entre 4300 y 4100 a.e.c.
F Chennal.

En busca de una explicación

Esencialmente, este inusual contexto, que además se repetía con gran similitud en ambos yacimientos, sugiere tres posibles escenarios interpretativos. El primero sería la celebración de un triunfo marcial que combinara el sacrificio de cautivos enemigos con una violencia excesiva y la exposición de trofeos humanos recolectados en batalla, cuyo depósito conjunto en fosas clausurase el ritual.

El segundo consistiría en la repatriación y el enterramiento de miembros del grupo caídos en batalla (en forma de cuerpos completos o de brazos izquierdos).

Y el tercero comprendería el castigo de parias o delincuentes comunitarios, donde la tortura –incluyendo la mutilación– y la pena capital formaran parte del proceso.

Las víctimas, enemigos extranjeros

A fin de dirimir entre estas posibilidades, un equipo de especialistas de diferentes centros de investigación europeos, como las universidades de Valladolid, Aix-Marsella, Oxford, Bruselas y Estrasburgo, y empresas de arqueología como Arkikus y Antea, ideamos y realizamos un estudio multiisotópico completo de las biografías de estas víctimas y de una población de control del mismo contexto crono-geográfico.

La metodología multiisotópica se basa en la premisa de que somos lo que comemos y que esta información queda almacenada a nivel molecular en nuestro organismo y produce una firma isotópica distintiva, similar a una huella dactilar, que permite reconstruir la dieta y la procedencia de los individuos. Y como lo que comemos (alimentación), de dónde obtenemos los alimentos (origen) y con quién comemos (grupo social) está íntimamente relacionado con quiénes somos, con este enfoque también puede abordarse la identidad.

Nuestro objetivo era comparar ambos grupos y definir la identidad social de las víctimas. Los resultados, publicados esta semana en Science Advances, sugieren claramente que las víctimas no pasaron su infancia en la región y tuvieron una vida mucho más móvil, con una alimentación más cambiante y una mayor exposición al estrés fisiológico que la población de control. Todo ello es plenamente compatible con una forma de vida migrante.

Brazos y cuerpos enteros, de distinta procedencia

Además, el estudio ha permitido descubrir que aquellas víctimas representadas por esqueletos completos y aquellas representadas por brazos cercenados muestran señales isotópicas distintas, lo que sugiere un tratamiento diferencial vinculado con su origen geográfico.

Es posible que los brazos procedieran de grupos asentados en el norte de Alsacia, mientras que los cuerpos completos hubieran llegado del sur de la región, como origen más próximo. No obstante, es también posible que ambos grupos provinieran de regiones más distantes, como la zona más occidental de la cuenca parisina o la zona más oriental del valle alto del Danubio.

La evidencia de enemigos de distinta procedencia en las fosas es coherente con una guerra de conquista, en que los grupos foráneos llegarían en diferentes oleadas y se enfrentarían con la población local en distintos asaltos.

No es esta la única evidencia de conflicto que poseemos, ya que es en este momento cuando empiezan a documentarse en la región los primeros poblados rodeados por fosos y empalizadas. Asimismo, se observa en el registro arqueológico una rápida sustitución de tradiciones culturales locales por otras venidas de regiones adyacentes.

Violencia como espectáculo

La inusitada violencia-espectáculo ejercida en estas celebraciones hacia los enemigos cautivos, la “caza” y exposición de trofeos humanos y su depósito conjunto en lugares comunitarios difícilmente pueden entenderse fuera del marco de un teatro político que pretende la exaltación del poder y del triunfo y la deshumanización del enemigo.

En ese caso, solo tenemos la evidencia material más brutal de la victoria y su celebración, pero es muy posible que estos rituales del triunfo se acompañaran también de un componente festivo, incluyendo desfiles, música, bailes o banquetes, como hicieron más de tres milenios después los romanos. Al fin y al cabo, eran celebraciones que esencialmente buscaban la ostentación del éxito y la legitimación del poder a través de un pacto político-religioso.

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El proyecto del que se deriva esta investigación ha sido financiado por una ayuda del programa Marie-Slodowska Curie Actions (MSCA-IF-790491) de la Comisión Europea, concedida a Teresa Fernández-Crespo.

ref. Nuevo estudio: las victorias de guerra en el Neolítico se celebraban con sacrificios y trofeos humanos – https://theconversation.com/nuevo-estudio-las-victorias-de-guerra-en-el-neolitico-se-celebraban-con-sacrificios-y-trofeos-humanos-263356

La conversación docente: La paradoja del descanso y el olvido

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

¿Qué le pasa al cerebro en vacaciones? Raushan_films/Shutterstock

¿Alguna vez se ha adentrado por un sendero de un bosque muy poco transitado, en el que zarzas, helechos y piedras cubren gran parte del camino, y a menudo no está uno seguro de cuál era la ruta original? Pues una sensación parecida tenemos muchos cuando volvemos de vacaciones, si el descanso ha sido lo suficientemente duradero y lo suficientemente profundo. Las redes neuronales que se habían establecido durante el curso (los senderos cotidianamente transitados) facilitando rutinas y conocimientos, de pronto están menos claras (se han llenado de maleza), y nos cuesta más acordarnos de cosas que hacíamos casi sin pensar antes del verano.

El símil del sendero en el bosque lo utiliza Raquel García-Gómez, experta en neuroeducación, para explicar por qué es tan frecuente que niños y niñas se olviden durante el verano de cosas que aprendieron el curso anterior, y que maestros y profesores se encuentren con que tienen que dedicar las primeras semanas del curso a repasar lo que parecía ya consolidado. Los aprendizajes recientes, si no se practican lo suficiente a lo largo del tiempo, pueden llegar a “disolverse” en la memoria. La buena noticia es que no cuesta tanto recuperarlos como aprenderlos de cero. Aún quedan señales de que por ahí había un sendero.

¿Se podría evitar este olvido veraniego? Sí. Con un repaso espaciado en el tiempo, durante las vacaciones. O con vacaciones más breves y repartidas a lo largo del año. Una posibilidad es el calendario académico continuo, que propone 45 días lectivos seguidos de 15 días de descanso.

La paradoja es que al cerebro también le hace falta descansar, y por eso es tan importante encontrar un equilibrio. Además de a este asunto, en los últimos meses hemos revisado las últimas evidencias sobre el papel de la ratio en el aprendizaje. Y más específicamente, las investigadoras Marta Casla y Ana Moreno, de la Universidad Autónoma de Madrid, han comprobado que, cuando hablamos de desarrollo del lenguaje en la etapa infantil, lo verdaderamente importante no es tanto la ratio como el tamaño total del grupo. Es decir, que los pequeños tienen más oportunidades de practicar expresión y escucha en grupos de menos de 10 estudiantes con un solo docente que en grupos de 16 estudiantes con dos docentes.

Nuestros expertos han propuesto maneras de usar la inteligencia artificial en el aula de manera útil y crítica; analizado por qué los niños suecos aprenden inglés mejor que los españoles; o cómo se puede aprender historia a los 3 años visitando museos. También hemos publicado artículos sobre lo que es la pedagogía sensible y lo que puede aportar a la educación física, y sobre la necesidad de enseñar programación “desenchufada”.

Sirva esta selección de temas para desbrozar un poquito ese sendero olvidado, y comenzar el curso con inspiración y evidencias científicas.

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ref. La conversación docente: La paradoja del descanso y el olvido – https://theconversation.com/la-conversacion-docente-la-paradoja-del-descanso-y-el-olvido-264314

En Colombia no solo se hereda la guerra, también la paz

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Andrés Morales-Barreto, Coordinador académico y profesor del Departamento de Teoría Jurídica y de la Constitución de la Facultad de Estudios jurídicos, políticos e internacionales, Universidad de La Sabana

Centro histórico de Salento, en Colombia. mehdi33300/Shutterstock

Cuando se habla de violencia política, el mundo piensa en los Balcanes, Irlanda del Norte o Sudáfrica. Colombia comparte ese mismo destino: un país atravesado por guerras internas que se prolongaron durante más de medio siglo y que aún hoy continúan en formas distintas. El país ha sufrido distintas formas de violencia que se superponen, se transforman y resurgen.

Sin embargo, a pesar de tanta sangre derramada, Colombia permanece unida, aferrada a su democracia y a la idea de que siempre hay un mañana.

De La Violencia a las guerrillas

El primer gran ciclo comenzó en los años cuarenta y cincuenta, con la violencia bipartidista entre liberales y conservadores, conocida como La Violencia. Lo que empezó como rivalidad política se transformó en una guerra civil no declarada que dejó más de 200 000 muertos. Familias enteras fueron arrasadas por identificarse con el color del partido que para otro era el equivocado. En ese contexto, nació una memoria de odio cruzado, en la que ser de izquierda o de derecha podía costar la vida.

De esos escombros surgieron guerrillas marxistas en los años sesenta como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Ejército Popular de Liberación (EPL), que se proclamaban herederas de las luchas campesinas y de la Revolución cubana. Durante décadas, controlaron territorios enteros, impusieron su ley en regiones olvidadas por el Estado y financiaron su lucha a través del secuestro, la extorsión y, más tarde, el narcotráfico.

Paramilitares y narcotráfico

La otra cara del espejo llegó en los ochenta con el auge del narcotráfico y los grupos paramilitares. Mientras las guerrillas decían luchar por un cambio social, los paramilitares se presentaban como defensores del orden frente a la “amenaza comunista”. En la práctica, ambos bandos terminaron reproduciendo lógicas similares, controlando territorios, reprimiendo a civiles y aliándose con economías ilegales. La violencia contra líderes sociales, sindicalistas y campesinos se volvió cotidiana y, hasta nuestros días, parte de los titulares.

Tristemente, Colombia se convirtió en un laboratorio de horrores: bombas en ciudades, masacres rurales, magnicidios de candidatos presidenciales, persecuciones a periodistas… El dramaturgo griego Esquilo escribió que “la verdad es la primera víctima”, y en Colombia la verdad fue mutilada tantas veces como las comunidades que quedaron en silencio.

Las disidencias y el posacuerdo

En 2016, el Acuerdo de Paz con las FARC fue leído de maneras opuestas. Para algunos significó la firma de un verdadero pacto de paz, mientras que para otros apenas un armisticio frágil que no resolvía las raíces del conflicto. Lo cierto es que, más allá de esas posturas, el país vivió la ilusión de cerrar un ciclo para concentrarse en otros problemas urgentes, como la desigualdad, la reconstrucción de comunidades golpeadas por la violencia y la tarea pendiente de reconectar con los pueblos que durante décadas sintieron la ausencia del Estado.

Hombres y mujeres vestidos de blanco en un escenario firman un acuerdo ante gente que les observa desde el público.
Firma de la Paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC.
Gobierno de Chile/Flickr, CC BY

Sin embargo, como nos ha mostrado la historia universal de las guerras –desde la Rusia postsoviética hasta el posconflicto de los Balcanes, pasando por Irlanda del Norte y el Proceso de Paz de Viernes Santo o los intentos de reconciliación en España tras la violencia de ETA–, los acuerdos no borran las lógicas de violencia de un día a otro.

Hoy, en Colombia persisten disidencias de las FARC, el Clan del Golfo, el ELN aún activo y múltiples grupos locales que se disputan rentas ilegales. Son, en muchos sentidos, hijos de un conflicto que muta pero nunca desaparece del todo.

Violencias cruzadas: derecha e izquierda

La historia colombiana también enseña que la violencia no es patrimonio exclusivo de un sector ideológico. La izquierda armada justificó décadas de secuestros y atentados en nombre de la revolución. La derecha armada organizó masacres y desplazamientos bajo la bandera del anticomunismo. Y el narcotráfico, que no tiene color político, corrompió a unos y a otros.




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Estas violencias cruzadas no son ajenas al mundo. En la Europa del siglo XX, la derecha fascista y la izquierda estalinista practicaron sus propios regímenes del terror. En América Latina, dictaduras militares y guerrillas urbanas reprodujeron ciclos similares. George Orwell, en Homenaje a Cataluña, ya había descrito que las luchas fratricidas terminan devorando a quienes dicen combatir por un ideal.

La memoria y la unidad

Frente a tanto dolor, surge una pregunta inevitable: ¿qué mantiene unida a Colombia? La respuesta está en la vida cotidiana.

A pesar de la guerra, las elecciones nunca dejaron de celebrarse. De hecho, en 2026 tendrán lugar las presidenciales y, en caso de presentarse una segunda vuelta electoral, esta se cruzará con el mundial de fútbol que tendrá lugar en Estados Unidos, Canadá y México. Ese deporte, que para muchos es casi una religión civil, se convierte en un recordatorio de que hay símbolos compartidos capaces de superar las divisiones.

Pero no es solo el fútbol. La música, la gastronomía y la literatura colombiana han convertido la tragedia en relato universal. La cultura sigue floreciendo y el país resiste en medio de la adversidad. Gabriel García Márquez, narrador de estas tragedias, decía que “la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.

La Comisión de la Verdad establecida para investigar el conflicto armado tras el acuerdo de paz recogió miles de testimonios que muestran cómo, en medio de la barbarie, los colombianos nunca dejaron de reinventar formas de solidaridad y convivencia.

Los herederos de la paz

Colombia no es un mapa de disidencias, organizaciones armadas y conflictos; es un país que insiste en seguir siendo una democracia en medio de la tormenta. La guerra ha dejado cicatrices pero no ha logrado borrar la idea de comunidad. Esa resiliencia coloca a Colombia en un lugar singular en el mundo, el de un pueblo que ha sufrido la violencia de derechas e izquierdas, de guerrillas, paramilitares y represión estatal, y que aún así se reconoce bajo una misma bandera.

Los herederos de la guerra existen, pero también las generaciones que apostamos por no repetir la historia. Al final, lo que define a Colombia no es la guerra que heredamos, sino la paz que decidimos construir.

The Conversation

Sergio Andrés Morales-Barreto no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. En Colombia no solo se hereda la guerra, también la paz – https://theconversation.com/en-colombia-no-solo-se-hereda-la-guerra-tambien-la-paz-264187

The Thursday Murder Club: everything is eclipsed by the cakes in this sanitised Netflix adaptation

Source: The Conversation – UK – By Andrew Dix, Senior Lecturer in American Literature and Film, Loughborough University

In his essay Decline of the English Murder, the writer George Orwell evokes the pleasure to be had in reading about killing. After a good meal (including pudding), you are in the mood to read: “the sofa cushions are soft underneath you, the fire is well alight, the air is warm.” And what is it, in “these blissful circumstances”, that you want to read about? “Naturally,” says Orwell, “a murder”.

Substitute Orwell’s fires for contemporary radiators, and he might be describing the millions of readers in our own moment who have turned contentedly to stories of killing in the Thursday Murder Club books by Richard Osman. Comprising 2020’s title novel and three follow-ups (a fourth, The Impossible Fortune, is due in late September), these murder mysteries set in an idyllic retirement village in Kent have proved phenomenally successful.

Why have so many people, including some not previously invested in crime fiction, been drawn to these novels? It is not as if the series has been scrubbed free of potentially off-putting material. The Thursday Murder Club itself, for example, features not only two new killings for the quartet of older investigators to unravel, but memories of brutal gangland executions and a tragic suicide.

Such content, however, rarely ruffles The Thursday Murder Club’s smooth storytelling. The relaxed narrative voice, replicating Osman’s register as a genial quiz show host on TV, makes difficult things manageable. So, too, do the novel’s copious references to cakes: whenever a murder threatens to become too much, there is always a lemon drizzle or Viennese whirl to soothe.

Now The Thursday Murder Club has been adapted for the screen, enjoying a short cinema release before its streaming on Netflix. This adaptation has Hollywood heft behind it: produced by Amblin Entertainment (Steven Spielberg’s company), directed by Chris Columbus (veteran of Home Alone, Mrs Doubtfire and two instalments of the Harry Potter franchise), and with music by Thomas Newman (whose other composing credits include the Bond films Skyfall and Spectre).

If anything, Osman’s already sugared original has been further sweetened in its transit to the screen. The novel’s gangland subplot, for example, is shaved down to a few hints; and a doomed love affair that in the book precipitates suicide has been erased entirely. While some condensing is inevitable in transposing a 400-page novel to a two-hour film, the excisions made by Columbus and the co-screenwriters Katy Brand and Suzanne Heathcote are in the interests not only of economy, but of sanitisation for still further mass-market appeal.

One of the delights offered by Osman’s original is its knowing references to other crime fiction. In a suggestive scene, the investigators talk about their own favourites in the genre. Patricia Highsmith says one; Ian Rankin says another; Mark Billingham says a third. Here they evoke kinds of crime fiction entirely distinct from the novel in which they are situated as characters.

Columbus’s film doesn’t carry across such mischievous allusiveness. Given its medium, however, it can enlist visual pleasures unachievable by the print-bound Osman.

In the 1980s, film theorist Tom Gunning coined the term “cinema of attractions”. This he offered as a way of characterising films that suspend or downplay the storytelling itself and seek instead to engage audiences by other means, such as spectacle that is unusual, beautiful or amusing.

Gunning had especially in mind work produced in cinema’s inaugural decade from 1895 onwards, when a film’s running time was limited, allowing no scope for narrative development. But his idea is fruitful in thinking about filmmaking of later periods, too. If it offers us a framework for considering the Marvel Cinematic Universe – all those standalone CGI effects like the look of the villain Thanos or the rendering of otherworldly environments – it is also apt in reviewing the new Thursday Murder Club.

The film engages in some narrative business, of course, offering a set of murders for investigation and solution. Who killed two of the figures behind upsetting plans to bulldoze the retirement village in favour of an event centre? Whose body is the unexpected extra one found in a tomb in the graveyard adjoining the complex?

Arguably, however, the storytelling here is relatively uninvolving and peripheral to the film’s chief effects. Many viewers are likely to be absorbed instead by the abundant display of British and Irish acting royalty: in particular, Helen Mirren as resourceful former secret agent Elizabeth (“I have a wide portfolio of skills”), Pierce Brosnan as retired union leader Ron who is itching for new campaigns, and Ben Kingsley as suave former psychologist Ibrahim.

And then, as in Osman’s novel, there are the cakes.

Reviewing recipe books, the writer Angela Carter referred to the “awesome voluptuousness” taken on by food whenever it is photographed in that genre. Carter’s description fits perfectly the cakes we see in Columbus’s film. Indeed, the Victoria sponge and the coffee and walnut cake made by the fourth investigator Joyce (Celia Imrie) have a prodigious depth, a lavish creaminess, that threaten to act even these British stars off the screen.


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The Conversation

Andrew Dix does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. The Thursday Murder Club: everything is eclipsed by the cakes in this sanitised Netflix adaptation – https://theconversation.com/the-thursday-murder-club-everything-is-eclipsed-by-the-cakes-in-this-sanitised-netflix-adaptation-264228

ChatGPT only talks in clichés – here’s why that’s a threat to human creativity

Source: The Conversation – UK – By Vittorio Tantucci, Senior lecturer in Linguistics and Chinese Linguistics, Lancaster University

Ground Picture/Shutterstock

When you chat with ChatGPT, it often feels like you’re talking to someone polite, engaged and responsive. It nods in all the right places, mirrors your wording and seems eager to keep the exchange flowing.

But is this really what human conversation sounds like? Our new study shows that while ChatGPT plausibly imitates dialogue, it does so in a way that is stereotypical rather than unique.

Every conversation has quirks. When two family members talk on the phone, they don’t just exchange information — they reuse each other’s words, rework them creatively, interrupt, disagree, joke, banter or wander off-topic.

They do so because human talk is naturally fragmented, but also to enact their own identities in interaction. These moments of “conversational uniqueness” are what make real dialogue unpredictable and deeply human.

We wanted to contrast human conversation with AI ones. So we compared 240 phone conversations between Chinese family members with dialogues simulated by ChatGPT under the same contextual conditions, using a statistical model to measure patterns across hundreds of turns.

To capture human uniqueness in our study, we mainly focused on three levels of human interaction. One was “dialogic resonance”. That’s to do with re-using each other’s expressions. For example, when speaker A says “You never call me”, speaker B may respond “You are the one who never calls”.

Another factor we included was “recombinant creativity”. This involves inventing new twists on what’s just been said by an interlocutor. For example, speaker A may ask “All good?”, to which speaker B responds “All smashing”. Here the structure is kept constant but the adjective is creatively substituted in a way that is unique to the exchange.

A final feature we included was “relevance acknowledgement”: showing interest and recognition of the other’s point, such as “It’s interesting what you said, in fact …” or “That’s a good point …”.

What we found

ChatGPT did remarkably well – even too well – at showing engagement. It often echoed and acknowledged the other speaker even more than humans do. But it fell short in two decisive ways.

First, the lexical diversity was much lower for ChatGPT than for human speakers. Where people varied their words and expressions, AI recycled the same ones.

Most importantly, we spotted a lot of stereotypical speech in the AI-generated conversations. When it simulated giving advice or making requests, ChatGPT defaulted to predictable parental-style recommendations such as “Take care of your health” and “Don’t worry too much”.

This was unlike real human parents who mixed in clarifications, refusals, jokes, sarcasm and even impolite expressions at times. In our data, a far more human way of showing concern for a daughter’s health at college was often through making implications rather than direct instructions — for example, a mother asking, “Why in the world are you juggling two jobs?” with the implied meaning that she will burn out if she keeps being this busy.

In short, ChatGPT statistically flattened human dialogues in the context of our enquiry, replacing them with a polished, plausible but ultimately rather dry template.

Why this matters

At first glance, ChatGPT’s consistency feels like a strength. It makes the system reliable and predictable. Yet these very qualities also make it less human. Real people avoid sounding repetitive. They resist clichés. They build conversations that are recognisably theirs.

This is what defines unique identities in interaction — how we want to be perceived by others. There are words, expressions and intonations you would never use, not necessarily because they are impolite, but because they do not represent who you are or how you want to sound to others.

Being accused of being “boring” is definitely something most people try to avoid; it’s effectively what brings about American playboy Dickie Greenleaf’s death in the famous Patricia Highsmith novel, The Talented Mr Ripley, when he says it of his friend, Tom Ripley. The conversational choices we make are not simply appropriate ways to talk, but strategies for locating ourselves in society and constructing our singular identity with every conversation.

This gap matters in all sorts of ways. If AI cannot capture the uniqueness of human interaction, it risks reinforcing stereotypes of how people ought to speak, rather than reflecting how they actually do. More troubling still, it may promote a new procedural ideology of conversation — one where talk is reduced to sounding engaged yet remains uncreative; a functional but impoverished tool of cooperation.

Our findings suggest that AI is remarkably good at modelling the normative patterns of dialogue — the things people say often and conventionally. But it struggles with the idiosyncratic and unexpected, which are essential for creativity, humour and authentic human conversation.

The danger is not only that AI sounds nothing but plausible. It is that humans, over time, may begin to imitate its style in a way that AI’s stereotyped behaviour may start to reshape conversational norms.

In the long run, we may find ourselves “learning” from AI how to converse — gradually erasing creativity and uniqueness from our own speech. Conversation, at its core, is not just about efficiency. It is about co-creating meaning and social identities through innovation and extravagance, even more than we realise.

What might be at stake, then, assuming AI can’t overcome this problem, is not simply whether it can converse like humans — but whether humans will continue to converse like themselves.

The Conversation

Vittorio Tantucci receives funding from Leverhulme Trust.

ref. ChatGPT only talks in clichés – here’s why that’s a threat to human creativity – https://theconversation.com/chatgpt-only-talks-in-cliches-heres-why-thats-a-threat-to-human-creativity-263592

Four reasons why the UK lags behind its rivals on productivity

Source: The Conversation – UK – By Guilherme Klein Martins, Lecturer in Economics, University of Leeds

alice-photo/Shutterstock

Many people in the UK feel they are working harder than ever. A higher cost of living and more precarious work arrangements push many households to take on longer hours and multiple jobs. Data back this feeling: from 2010 to 2024, the UK had the largest increase in hours worked per person among OECD countries.

Yet headlines keep telling us that UK productivity is stagnating. So if everyone is working more, why isn’t the economy growing faster? Unfortunately, there’s a lot more in play than just how many hours we put in each week.

Labour productivity, measured as the total GDP produced per hour worked, is lower for the UK than for many of its peers, such as France, Germany and the USA. Yet from 2000 to 2010, UK labour productivity increased by 11%, more than France and Germany, where gains were 10.6% and 10.2% respectively.

Since then, though, the UK has faced a series of circumstances that have harmed the economy. From 2010 to 2024, fortunes shifted. While productivity in the euro area increased by about 10% and almost 15% in the US, the increase in the UK was only 6.2%.

So what happened to the UK during this time to damage its productivity, growth and earnings? Four forces stand out.

1. A prolonged dose of austerity

Beginning in 2010, the UK embarked on cuts to departmental spending and public investment at the same time as raising taxes. Austerity suppresses demand in the short run. More importantly, though, it reduces public investment and spending on things like infrastructure, skills, research and development, and public services that private firms need to expand and modernise.

The result is a slower diffusion of technology that would enhance productivity. My research has uncovered persistent “scarring” effects on output, employment and investment more than a decade after austerity.

2. Political uncertainty – Brexit and beyond

Uncertainty rose markedly from the early 2010s and spiked around the Brexit referendum and negotiations, as reflected in news-based uncertainty indices and business surveys. When uncertainty is high, firms delay or cancel investment. That is especially damaging for long-term projects (building factories, buying equipment, investing in training) and for intangible investment (spending on things like software and employee training, for example) that underpins productivity growth.

Economic uncertainty in Europe and the UK:

This leads to chronic under-investment. The UK has had the lowest level of investment among G7 countries for almost every year since 1990. And research has shown this to be the single most important element in the stagnation of UK productivity.

3. Weak industrial strategy

Across the OECD there has been a revival of modern industrial policy – multi-year programmes targeting green technologies, semiconductors, advanced manufacturing and their supply chains.

The UK published an industrial strategy earlier this year, but the mix has been comparatively light on direct public investment and specific sectors. Comparing industrial policy strategies is tricky, but evidence suggests that the UK’s approach has been smaller in scale, less predictable and less focused than that of its peers.

4. An economy tilted towards finance

A final aspect that helps explain general productivity in the UK is its economic structure – in particular, its concentration in finance. Around 8.7% of the UK’s GDP is in the financial and insurance activities, much more than that of the EU (4.6%) and more than double that of countries like Germany and France.

On the other hand, the share of manufacturing in the UK economy is 8.9%, compared to 15.7% in the EU, 10.7% in France, and 19.9% in Germany. This matters because sectors differ systematically in productivity levels and growth rates. Over the past three decades, sectors like machinery and equipment, chemicals and pharmaceuticals, and information and communications have shown much stronger productivity growth than finance.

Productivity growth in the UK:

De-industrialisation is not unique to the UK, and some of it reflects automation and reorganisation of global supply chains. But advanced economies that retained and upgraded segments of manufacturing – particularly those closest to the technology frontier – have tended to enjoy stronger productivity growth and more innovation in their service sectors.

Taken together, these forces interact and compound. Austerity removed public investment and corresponding benefits just when firms needed them, while uncertainty raised barriers and encouraged firms to wait rather than invest.

In that environment, the absence of coordinated industrial policy meant there were no clear signals or platforms for scaling new technologies. And the UK’s finance-heavy structure channelled talent and savings into financial assets rather than into projects that could expand capacity and accelerate innovation. Ultimately, this results in a chronic shortfall of productive investment.

A route out is straightforward, if politically demanding. Commit to a multi-year public investment programme that also attracts interest from the private sector. And adopt a stronger and more focused industrial strategy around the green, tech and science sectors (matched with planning and skills reform).

If these levers are pulled together – and sustained – UK productivity, and with it real wages, need not remain stuck.

The Conversation

Guilherme Klein Martins is affiliated with The Research Center on Macroeconomics of Inequalities (Made/USP)

ref. Four reasons why the UK lags behind its rivals on productivity – https://theconversation.com/four-reasons-why-the-uk-lags-behind-its-rivals-on-productivity-264149