Más allá del glifosato: radiografía de los pesticidas presentes en los cultivos europeos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Conde Cid, Investigador postdoctoral en el área de Edafología y Química Agrícola, Universidade de Vigo, Universidade de Vigo

BG Media/Shutterstock

El incremento en la demanda de alimentos debido al crecimiento poblacional, junto con la reducción de tierras cultivables, ha hecho que el uso de pesticidas en agricultura sea esencial para garantizar la seguridad alimentaria. Estos productos desempeñan un papel clave tanto en el aumento del rendimiento agrícola como en la mejora de la calidad de los alimentos. Se estima que reducen en torno a un 30 % las pérdidas de cultivos provocadas por plagas y enfermedades.

Como consecuencia, su uso ha crecido de manera notable en las últimas décadas. A nivel global, el consumo agrícola de pesticidas pasó de 2,8 millones de toneladas en 2010 a 3,5 millones en 2022, lo que supone un incremento del 25 % en apenas 12 años.

El uso de pesticidas en Europa

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los pesticidas se definen como cualquier sustancia o mezcla de sustancias destinada a prevenir, destruir o controlar plagas. Generalmente, se clasifican según el tipo de organismo que controlan. Los principales grupos son: insecticidas, fungicidas, herbicidas, nematicidas, acaricidas, rodenticidas y bactericidas.

El consumo agrícola de pesticidas en la Unión Europea (UE) supone aproximadamente un 13 % del total mundial. Aunque de manera más moderada que lo observado a nivel global, el uso de estos compuestos en Europa también presenta una tendencia creciente, pasando de 402 229 toneladas en 2010 a 449 038 en 2022, lo que supone un incremento del 12 %.

Este aumento más moderado se debe principalmente a las regulaciones más estrictas en Europa. En este sentido, en 2023 la UE disponía de 444 pesticidas autorizados para el control de plagas, mientras que 954 estaban prohibidos o no aprobados y 43 se encontraban en proceso de evaluación.

Impacto en el medio ambiente y la salud

Aunque los pesticidas han contribuido significativamente a aumentar la producción agrícola, su mala utilización y abuso ha generado importantes preocupaciones ambientales y de salud pública.

Se estima que menos del 15 % de los pesticidas aplicados alcanzan la plaga objetivo, mientras que el resto se dispersa en el medio ambiente, contaminando suelos, aguas y aire. Generan así importantes riesgos para la salud ambiental, tales como toxicidad hacia organismos no objetivo, pérdida de biodiversidad y desarrollo de resistencias en plagas, entre otros.

Además, los residuos de pesticidas pueden incorporarse a la cadena alimentaria a través de la ingesta de cultivos y agua, aumentando el riesgo de enfermedades humanas, como trastornos neurodegenerativos, cardiovasculares, endocrinos, respiratorios, renales, reproductivos e incluso cáncer.




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Pesticidas en campos de trigo europeos

El trigo es uno de los cereales más importantes del mundo y constituye la principal fuente de alimento para casi la mitad de la población mundial. Por eso, en el marco del proyecto SoildiverAgro (liderado por David Fernández Calviño, de la Universidad de Vigo), investigadores de distintos países europeos hemos analizado la presencia de 614 pesticidas en 188 campos de trigo (93 convencionales y 95 ecológicos) distribuidos en ocho países con diferentes climas y tipos de suelos.

Nuestros resultados se han publicado recientemente bajo el régimen de libre acceso en la revista Journal of Hazardous Materials.

Mapa de Europa con puntos de colores que indican la situación de los campos de trigo estudiados
Ubicación de los campos de trigo estudiados y zonas pedoclimáticas (definidas según el clima y el suelo) en las que se encuentran.
Fernández Calviño et al., 2025, CC BY-SA

El 99 % de los campos de trigo bajo agricultura convencional presentó al menos un pesticida. En total, se detectaron 73 compuestos diferentes. Los más frecuentes fueron el óxido de fenbutatín (insecticida) y el AMPA (metabolito del glifosato), ambos presentes en el 44 % de las muestras, seguidos por el herbicida glifosato y el fungicida epoxiconazol, presentes en el 39 % de las muestras.

Otros residuos de pesticidas frecuentemente detectados fueron boscalid, tebuconazol, bixafeno, diflufenican y metabolitos del DDT, siendo detectados en más de un 20 % de las muestras.




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Los resultados mostraron diferencias notables según la región de Europa. La zona continental (Alemania) registró la mayor presencia de residuos de pesticidas, tanto en cantidad (concentración promedio de 0,46 mg/kg), como en diversidad (promedio de 13,5 pesticidas diferentes por parcela). Le siguieron las zonas atlánticas de Dinamarca y Bélgica.

En el extremo opuesto, la región panónica (Hungría y Serbia) mostró los niveles más bajos (promedio de 0,02 mg/kg por parcela).

Químicos que persisten años después de su prohibición

Un hallazgo preocupante fue que en los campos ecológicos también se detectaron residuos de pesticidas. Concretamente 35 pesticidas diferentes, de los cuales solo uno (Spinosad) está autorizado en agricultura orgánica. Esto indica la persistencia durante años de dichos pesticidas una vez cambiado el sistema agrícola de convencional a orgánico, así como la transferencia de residuos de pesticidas entre diferentes campos agrícolas.

Además, 31 de los compuestos detectados estaban prohibidos en el momento de la realización del estudio. Esto confirma la alta persistencia de ciertos pesticidas, detectables incluso más de 40 años después de su prohibición.

También evaluamos el riesgo ecológico de los diferentes pesticidas detectados. Los pesticidas más preocupantes fueron los fungicidas epoxiconazol, boscalid y difenoconazol, y los insecticidas imidacloprid y clothianidin. Por el contrario, herbicidas como el glifosato y su metabolito AMPA, aunque omnipresentes, mostraron un riesgo ecológico relativamente bajo.

Un riesgo para los ecosistemas y las personas

Los resultados de nuestro trabajo demuestran que los residuos de pesticidas están presentes de forma generalizada en los campos agrícolas de Europa y del mundo. Para mejorar esta situación, es fundamental avanzar hacia un uso más sostenible de estos químicos.

En este sentido, la sustitución de compuestos altamente persistentes y tóxicos por alternativas menos dañinas, como bioinsecticidas, productos derivados de plantas y microorganismos benéficos, puede disminuir considerablemente la contaminación del suelo y del agua, así como el impacto sobre la biodiversidad.




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Otra vía complementaria es la promoción de prácticas agrícolas que mejoren la salud del suelo y la resistencia natural de los cultivos, como la rotación de cultivos, la labranza reducida, el uso de coberturas vegetales y la agricultura orgánica certificada. Estas medidas no solo ayudan a reducir la necesidad de pesticidas, sino que también facilitan la degradación y eliminación de los residuos existentes en el suelo, limitando su transferencia a otros ecosistemas y a la cadena alimentaria.

La combinación de regulación estricta y adopción de buenas prácticas agrícolas constituye, por tanto, un camino prometedor para minimizar los riesgos de los pesticidas mientras se mantiene la productividad agrícola.

The Conversation

Manuel Conde Cid recibe fondos de Xunta de Galicia (Axudas de apoio á etapa de formación posdoutoral).

ref. Más allá del glifosato: radiografía de los pesticidas presentes en los cultivos europeos – https://theconversation.com/mas-alla-del-glifosato-radiografia-de-los-pesticidas-presentes-en-los-cultivos-europeos-264288

¿Por qué la ciencia y el arte se necesitan?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elisa Garrido Moreno, Profesora del Departamento de Historia del Arte (UAM), Universidad Autónoma de Madrid

Versión coloreada de la lámina _Universum_, de Camille Flammarion (1842-1925), en _L’atmosphère : météorologie populaire_, Hachette, Paris, 1888. Camille Flammarion.

¿Realmente existe una mirada científica opuesta a una visión artística del mundo? Si repasamos la historia del arte y de la ciencia, encontraremos una respuesta rotunda.

Así, hace décadas que el historiador británico Martin Kemp ha analizado esta cuestión a través de sus estudios sobre la figura de Leonardo da Vinci, que encarna la fusión originaria de ciencia, naturaleza y arte. Sus estudios científicos no solo documentaron el cuerpo humano y la naturaleza con precisión, sino que generaron nuevas perspectivas estéticas en la pintura y la escultura.

Un vínculo muy estrecho

Más tarde, en el Barroco, el entendimiento de la perspectiva y el desarrollo de la óptica matemática permitió a artistas como Caravaggio (1571-1610) o Diego Velázquez (1599-1660) crear efectos dramáticos de luz y espacio.

Ascidiacea o ascidias, recogidas en el libro Kunstformen der Natur (1904).
Ernst Haeckel

Los avances científicos del siglo XIX marcaron profundamente obras como Frankenstein (1816) de Mary Shelley, donde la idea de dar vida a un ser humano a través de la electricidad se basaba en los experimentos de Luigi Galvani (1737-1798).

La observación de formas orgánicas a través del microscopio abrió a algunos artistas, como Joan Miró (1893-1983) o Vasili Kandinsky (1866-1944), una increíble ventana a un universo de formas. Como muestra el documental Proteus, científicos como Ernst Haeckel (1834-1919) popularizarían litografías detalladas de organismos que influirían en el Art Nouveau, el surrealismo y otros movimientos.

Bocetos de las fases lunares.
Galileo Galilei.

Astrónomos que bebieron del arte

Grandes artistas se inspiraron en el conocimiento científico, pero las ramas de la ciencia que tienen mucho que agradecer a las artes no se quedan atrás. Galileo Galilei (1564-1642) no solo observaba los cielos con su telescopio: fue capaz de mostrar con detalle todas las fases de la luna en unas excepcionales acuarelas. Sin ellas, hubiera sido imposible transmitir su conocimiento. De la misma manera, Maria Clara Eimmart (1676-1707), dibujante y astrónoma, nos dejó una importante colección de láminas que nos maravillan por su intersección entre arte y astronomía.

Viaje al interior del cuerpo

A través del lenguaje artístico, también Andrea Vesalio (1514-1564) abrió nuestra visión hacia el interior de esta máquina que es nuestro cuerpo. Su obra De humani corporis fabrica (1543) nos permitió descubrir la anatomía con todo detalle gracias a sus elaborados dibujos.

De humani corporis fabrica (1543) contiene muchos dibujos extremadamente detallados de disecciones humanas, algunos de ellos en posturas alegóricas.
Vesalio.

Siglos después, Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) nos mostró por primera vez las neuronas, hasta entonces invisibles para el ojo humano. Con sus dotes para la ciencia y el dibujo, nos enseñó la belleza de las conexiones neuronales.

Mundos lejanos sobre el papel

Además, la exploración de otros mundos y la ciencia de la navegación no hubieran sido posibles sin otra de las grandes artes visuales: la cartografía, que ha dado lugar a lo largo de los siglos a bellas ilustraciones de la Tierra.

Del esplendor de las profundidades del océano se ocupó Marie Tharp (1920-2006), quien creó el primer mapa científico en relieve del fondo del océano Atlántico. Producciones como estas nos demostraron que la naturaleza, además de formar un espacio vital para el desarrollo del conocimiento científico, es una fuente infinita de belleza.

Mapa panorámico de los fondos oceánicos del mundo basado en los apuntes científicos de Marie Tharp and Bruce Heezen, dibujado por Heinrich C. Berann (1977).

Con el desarrollo de las ciencias naturales, también las plantas, flores y animales de las regiones más lejanas llegarán a los gabinetes para poder ser estudiadas en forma de dibujos. Es imposible no maravillarse con las láminas de naturalistas como la científica y exploradora Maria Sibylla Merian (1647-1717), que ilustró, por primera vez, la metamorfosis de los insectos de la forma más bella y detallada.

Metamorphosis insectorum Surinamensium, lámina de Maria Sibylla Merian (1647–1717).
Wikimedia Commons.

La tecnocracia o estancar el saber

A pesar de las evidencias, el imparable camino hacia la hiperespecialización académica, cada vez más arraigada, hace resurgir el debate sobre artes o ciencias una y otra vez. Recientemente, el artículo “Art and Science. A Relationship that Permeates the Construction of Human Knowledge About the World” (Arte y ciencia. Una relación que permea la construcción del conocimiento humano en el mundo, 2024) defendía que la educación artística no solo beneficia al conocimiento de la ciencia en sus aspectos técnicos, sino que también es un factor necesario para comprender su dimensión filosófica y conceptual. La cuestión no es nueva.




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En una famosa conferencia, luego publicada con el título The Two Cultures and the Scientific Revolution (Las dos culturas y la revolución científica, 1959), el físico y novelista inglés Charles Percy Snow definió la separación entre artes y ciencias como “las dos culturas”, argumentando que esta ruptura de comunicación entre ciencias y humanidades es una de las principales razones que explican la incapacidad que muestran las naciones para resolver los grandes problemas mundiales.

Poco después, Snow publicó una secuela titulada The Two Cultures: A Second Look (Las dos culturas: una segunda mirada, 1963), donde afirmaba que la falsa creencia de la separación entre ciencias y humanidades se debía a un declive de la educación y el poco interés que había entre investigadores por colaborar entre disciplinas. Y, lo más importante: denunciaba que esta distancia es empobrecedora y limitante.

Progreso en busca de sentido

En el brillante ensayo La utilidad de lo inútil (2013), Nuccio Ordine amplió la cuestión y criticó la errónea consideración de las humanidades como algo prescindible, defendiendo el valor del arte, la literatura y el pensamiento libre frente a una sociedad obsesionada con la tecnocracia, la utilidad inmediata y el beneficio económico.

En palabras de Ordine, “si escuchamos únicamente el mortífero canto de sirenas que nos impele a perseguir el beneficio, sólo seremos capaces de producir una colectividad enferma y sin memoria que, extraviada, acabará por perder el sentido de sí misma y de la vida”.

Como conclusión, más allá de la evidente relación entre ellas, surge una cuestión más relevante: ¿por qué artes y ciencias se necesitan? Todas las investigaciones concluyen en un punto común: cuando personas de distintas disciplinas colaboran, producen interpretaciones más profundas, diversas y sensibles de la realidad. Algo muy necesario en un momento en el que urge que la ciencia y la tecnología asimilen sus sesgos y apelen a su dimensión más ética y humana.

The Conversation

Elisa Garrido Moreno no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué la ciencia y el arte se necesitan? – https://theconversation.com/por-que-la-ciencia-y-el-arte-se-necesitan-264303

¿Cómo llevar a los adultos a ver una película infantil? Poniéndoles su banda sonora

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Carlos Montoya Rubio, Especialista en didáctica de la música para el audiovisual. Profesor en la Facultad de Educación, Universidad de Murcia

Imagen de ‘Lilo & Stitch’, la versión animada de 2002, en la que el extraterrestre recibe clases de quién era Elvis. FilmAffinity

Una película de Minecraft, estrenada en abril de 2025, recaudó casi mil millones de dólares en la taquilla, probando su éxito entre el público familiar. Los adultos que hayan ido a verla habrán podido distinguir en su banda sonora una versión instrumental de “Just Can’t Get Enough”, de Depeche Mode.

La elección de esa canción no es casualidad. Desde hace tiempo el cine infantil no puede considerarse únicamente para niños. Es evidente que los argumentos de las películas han evolucionado, dejando de lado miradas ingenuas o inconvenientes con el momento actual.

No se trata solo de un cambio debido a la coyuntura social, sino que la propia manufactura de los filmes para el público infantil es cercana a la de producciones cinematográficas pensadas para otros sectores poblacionales. Esto hace, en ocasiones, que no sea sencillo definir franjas de edades para las películas. Y la música contribuye todavía más a difuminar las barreras entre generaciones.

Las motivaciones de una industria global

Preguntarse por qué interesa ampliar la audiencia de un producto cualquiera es hablar de la necesidad de buscar el éxito comercial, en este caso ligado al cine. Las películas infantiles actuales se consumen, en un porcentaje nada despreciable, en familia, y eso lleva mucha más gente a las salas que si su público objetivo fuese a ver una película solo o en pareja. De este modo, favorecer que el largometraje posea códigos que despierten el interés de los espectadores adultos es una estrategia sumamente acertada.

No cabe duda de que este público conecta de algún modo con los formatos y tramas de muchos contenidos audiovisuales dirigidos al mundo infantil. No obstante, se puede decir que, tras el modelo original de Disney, se produjo una evolución. En este sentido, compañías como DreamWorks remozaron argumentos y modelos de animación en aras de la generalización de las audiencias.

De igual modo, la propia adquisición de Pixar por parte de Disney responde, entre otros factores, a esta necesidad de revitalizar el cine infantil a través de un modelo de éxito probado entre crítica y público como son las producciones del estudio de animación digital.

La música en el cine: una herramienta poderosa

Una de las formas más potentes para cautivar al público adulto es el uso de la música. El cine es un compendio de lenguajes en donde el elemento sonoro penetra inconscientemente en el espectador.

En el plano al que nos estamos refiriendo, una de las formas más habituales y eficaces de atraer a ese público es la utilización de ciertos códigos culturales. Son elementos conocidos por los espectadores adultos que les sirven para generar una comprensión especial de la película.

Algunos de esos códigos se han ido perfilando a lo largo del tiempo y son usados a discreción y sin ningún pudor. Sirvan como ejemplo el uso de la wagneriana “Cabalgata de las Valquirias” ante la aparición de helicópteros en Apocalypse Now; la utilización de la “Tocata y Fuga en Re m.” de Bach para llevarnos a ambientes vinculados a vampiros; o la inclusión de “Pompa y circunstancia” de Elgar en todo tipo de actos académicos…

La ‘Cabalgata de las Valquirias’ de Wagner en Apocalypse Now.

Sin embargo, los que más nos interesan ahora se utilizan de manera puntual para asegurar que los espectadores adultos sigan enganchados a la película. Se trata de hacerles cómplices de su discurso para que lo asimilen mejor.

De Flashdance a Elton John

Son innumerables, y crecientes, los casos en los que los clichés musicales aparecen como elemento clave en las producciones cinematográficas actuales. En gran medida, el éxito a la hora de generar productos intergeneracionales se basa en el uso de estas referencias. No hay más que pensar en el modo en que la serie Los Simpson ha hecho de la alusión un elemento consustancial a su formato.

En las películas dirigidas al público infantil hay apariciones musicales que son clásicas por su nitidez. Por ejemplo, en Shrek 2 (2004), se apunta al mito cinematográfico de los ochenta Flashdance. Y en Gnomeo y Julieta (2011), la música de Elton John –y su propia estética– son un estímulo obvio para la comprensión adulta del largometraje.

‘Don’t Go Breaking My Heart’ de Elton John en Gnomeo y Julieta.

Por su parte, la española El lince perdido (2008) contiene una brillante referencia directa a la música de Antón García Abril (del programa televisivo El hombre y la tierra, de Félix Rodríguez de la Fuente). Este no es sino un guiño a un público que fue niño en la década de los setenta y los ochenta.

Seguimos en la actualidad

En las producciones recientes este proceder es una constante.

Así, por ejemplo, Kung Fu Panda 4 (2024) muestra adaptaciones de la ochentera “Crazy Train” de Ozzy Osbourne, y en Sonic 3 (2024), las niñerías de adultos se ilustran con el tema de los Beach Boys “Wouldn’t It Be Nice”.

No son las únicas. El éxito de Disney de este año Lilo y Stitch recurre, como ya hiciera la versión animada de 2002, a la música de Elvis Presley con una doble finalidad. Por un lado, busca evocar el ambiente hawaiano igual que el sonido de la steel guitar precede a las escenas de Bob Esponja. Por otro, intenta establecer un vínculo entre esa música y las circunstancias que llevan a identificar a Elvis con el archipiélago hawaiano, fundamentalmente el resorte de su éxito con el concierto Aloha from Hawaii.

Clip de una escena (en inglés) de Lilo & Stitch en la que el extraterrestre sirve como aguja y altavoz del tocadiscos para reproducir a Elvis.

En Gru 4, mi villano favorito (2024), los minions hacen referencia a Van Halen igual que en 2015 lo habían hecho con los Beatles. En aquella ocasión, los protagonistas salían por un alcantarillado de Abbey Road mientras los músicos cruzaban el paso peatonal al ritmo de “Love me do”.

Y, en un guiño de música a música, en la última versión de Cómo entrenar a tu dragón se genera una característica sonoridad al estilo del compositor John Williams, creador de las melodías de Star Wars, Indiana Jones o Parque jurásico, entre otras muchas.

Como vemos, la lista de ejemplos multirreferenciales no tendría fin. En esencia, son sonidos que nos abren a un cine para todos los públicos.

The Conversation

Juan Carlos Montoya Rubio recibe fondos del Ministerio de Educación y Formación Profesional a través de la Convocatoria de «Proyectos de Generación de Conocimiento» y a actuaciones para la formación de personal investigador predoctoral asociadas a dichos proyectos, en el marco del Plan Estatal de Investigación Científica, Técnica y de Innovación 2021-2023, como miembro del proyecto “Movimiento y música en el 1er ciclo de Ed. Infantil: diagnóstico y evaluación de la implementación de un programa de prácticas motrices musicalizadas con enfoque de género”

Alba María López Melgarejo y Norberto López Núñez no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. ¿Cómo llevar a los adultos a ver una película infantil? Poniéndoles su banda sonora – https://theconversation.com/como-llevar-a-los-adultos-a-ver-una-pelicula-infantil-poniendoles-su-banda-sonora-264161

La otra victoria de Carlos Alcaraz: el Abierto del Equilibrio Mental

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan González-Hernández, Professor and Researcher on Personality, Sport and Health Psychology, Universidad de Granada

El deporte de alto nivel requiere una alta capacidad de resistencia psicológica que no siempre es visible donde los y las tenistas compiten contra el cansancio, la presión y sus propios pensamientos. Como el propio Carlos Alcaraz ha reconocido en varias entrevistas desde que ganara su primer Abierto de Estados Unidos en 2022, la carga de ser y mantenerte entre los mejores supone un desafío tan grande como cada partido decisivo en sí mismo.

Hablamos del Grand Slam más intenso, el que se juega en todas las superficies y se mantiene toda la temporada. Junto con el Abierto de Australia, Roland Garros, Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos, es el quinto Grand Slam: el Abierto del Equilibrio Mental.

La autenticidad y aceptación como recursos estratégicos

En el deporte en general, y en las modalidades individuales en particular, el error se evidencia como mucho más inevitable y determinante. Es auténtico en su expresión y sincero en su esfuerzo. El tenista español Carlos Alcaraz ha tenido momentos de desconexión psicológica como en Roland Garros 2023, cuando los calambres en semifinales frente a Novak Djokovic se vieron agravados por el estrés competitivo. O tras la final olímpica de París 2024, que supuso un break mental” que le lastró hasta final de la temporada.

Tales experiencias, lejos de considerarse retrocesos, han sido lecciones. Ha sabido aceptar, parar, reformular, reconducir y dosificar la carga mental y física para convertir la temporada 2025 en la mejor trayectoria de un tenista a la edad de 22 años.

Lo demostró el pasado 7 de septiembre cuando conquistó su segundo título del Abierto de Estados Unidos, el sexto Grand Slam de su carrera, y se volvió a convertir en el número uno a nivel mundial.

Una mente extraordinariamente entrenada

Desde los ojos de un profesional de la psicología deportiva, y con el foco puesto como referencia para cualquier joven deportista, su puesta en escena y lo que proyecta sobre su funcionamiento psicológico es impecable. Se crece y se reafirma igual de honesto cuando se siente fuerte que cuando se muestra vulnerable.

Comparado con el adolescente que “pedía pista” en 2021 o 2022, el Alcaraz de 2024-2025 muestra un grado superior de madurez, de regulación psicológica y respeto por cada momento de su conexión con el momento deportivo.

Ya no se precipita en puntos o momentos de quiebre con la misma frecuencia; sabe manejar los silencios de la pista y la presión de ser favorito. En lo extradeportivo, probablemente lo más importante en su transición de joven a adulto, también ha sabido poner límites sanos como adolescente ante experiencias especiales: conserva momentos de desconexión con su familia y amigos en Murcia, mantiene una actitud cercana y humilde en el trato mediático y no oculta sus íntimos deseos de disfrutar de la vida, lo que contribuye a sostener su salud mental frente al ruido externo.

Probablemente veremos más de algún altibajo en el futuro –seguramente tenga que ver con el mantenimiento de su nivel competitivo, con su popularidad en cualquier rincón del mundo o con dejarse llevar y liberarse cuando se sienta vulnerable– como lo hay en la vida de cualquier persona, aunque en su caso se suma la gran carga de ser un prodigio.

Sus retos en tiempo real

Los retos se mantendrán y aparecerán otros nuevos, sus rivales buscarán nuevas formas de ganarle, recibirá las presiones habituales de todo lo que rodea al deporte de élite (la épica, la mercantilización…) y su vida personal propondrá nuevos esfuerzos y adaptaciones que nos harán ver nuevas versiones del talento de Carlos Alcaraz. Y todo ello, seguramente televisado y en tiempo real.

El Abierto del Equilibrio Mental no otorga un trofeo ni suma puntos ATP, pero define la duración y la calidad de una carrera llena de sensatez y sana autenticidad. Alcaraz, con solo 22 años, ya ha mostrado que su crecimiento no depende únicamente de su drive o de su físico privilegiado, sino de su capacidad de aprendizaje psicológico.

Gestionar la presión dentro y fuera de la pista (mucho más impredecible), aprender a mantener el foco constante y realista y recuperarse de los golpes invisibles son, en definitiva, de las victorias más difíciles y duraderas.

The Conversation

Juan González-Hernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La otra victoria de Carlos Alcaraz: el Abierto del Equilibrio Mental – https://theconversation.com/la-otra-victoria-de-carlos-alcaraz-el-abierto-del-equilibrio-mental-264848

“Esta es mi vida”: claves psicológicas y riesgos de la sobreexposición en redes sociales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

Anicka S/Shutterstock

“Hoy me han despedido y no sé qué hacer con mi vida”. “Acabo de salir de terapia y me siento rota”. “Aquí están las cosas que me da vergüenza admitir”. Frases como estas, acompañadas de vídeos llorando en TikTok o Instagram o hilos interminables en X, se han convertido en fenómenos virales. Lo que antes se reservaba a la intimidad de un diario personal o una charla con un amigo, hoy se expone ante millones de personas.

El oversharing –la tendencia a compartir en exceso la vida privada en redes– crece a un ritmo vertiginoso, impulsado por la promesa de empatía, validación y compañía digital. Pero ¿qué nos lleva a abrirnos de esta forma? ¿Qué ganamos y qué arriesgamos al desnudar nuestras emociones en público?

Confesiones virales e hilos emocionales

En TikTok, cobra fuerza la tendencia conocida como “social media is fake, here are things I’m ashamed to admit” (“las redes sociales son falsas, aquí hay cosas que me avergüenza admitir”, resumido en el hashtag #socialmediaisfake), donde usuarios –muchos de ellos de la generación Z– comparten sus inseguridades más profundas, desde la ansiedad ante la carrera profesional hasta temores sobre su valía personal. Este tipo de contenido despierta empatía y solidaridad, pero también abre la puerta a comparaciones poco saludables.

Por otra parte, en Reddit o X proliferan los hilos confesionales, donde frases como “necesito contar esto porque no puedo más” inician relatos de desahogo emocional, rupturas, soledad o ansiedad. Estas narrativas generan respuestas masivas de desconocidos que ofrecen consejos o simplemente compañía virtual.

En el ámbito familiar, un ejemplo específico es el fenómeno del sharenting, cuando progenitores publican detalles íntimos sobre sus hijos en redes sociales. Aunque muchas veces bienintencionado, este comportamiento puede afectar la autoestima y privacidad de los menores, pues crean una imagen idealizada e incluso expuesta sin su consentimiento.

¿Por qué compartimos tanto lo privado?

La validación digital –mediante likes y comentarios– activa circuitos de recompensa en el cerebro, incluyendo zonas como el núcleo accumbens, que también responden a estímulos gratificantes en entornos cara a cara. Esta retroalimentación rápida puede desencadenar una liberación de dopamina y reforzar la tendencia a compartir contenidos altamente emocionales.

Sin embargo, reducir el fenómeno del oversharing a un simple “subidón de dopamina” resulta demasiado simplista. Las motivaciones para exponer lo íntimo en redes sociales incluyen también factores sociales, culturales y psicológicos más amplios. Atribuir nuestras conductas digitales únicamente a este neurotransmisor no cuenta con respaldo neurocientífico ni promueve una comprensión profunda.

El apoyo social es otro motor clave de la sobreexposición en redes sociales. Compartir experiencias difíciles en redes puede generar una sensación de comunidad y contención, especialmente cuando hay respuestas empáticas de desconocidos. Algunas investigaciones señalan que publicar relatos sobre enfermedades mentales en redes facilita el acceso a redes informales de apoyo, aprendizaje de estrategias de afrontamiento y sensación de pertenencia.

Durante la pandemia, también se observó que el apoyo digital tuvo un impacto positivo en la salud mental de muchos usuarios, aunque se enfatizó que el tipo y la calidad de dicho soporte es lo que determina su eficacia.

Por último, también aparece el efecto catártico: plasmar lo que sentimos en forma de texto o vídeo permite organizar los pensamientos y enfrentar emociones. El oversharing puede verse como una versión digital de un diario íntimo, solo que con una audiencia dispuesta –y lista para responder– en tiempo real.

Los riesgos del oversharing

Sin embargo, esta transparencia emocional puede acarrear graves consecuencias. En TikTok, no faltan ejemplos de usuarios que comparten crisis personales para meses después afrontar críticas virales, burlas o incluso amenazas tras haber dejado al descubierto áreas de su vida que preferirían olvidar.

La comparación social es otro riesgo frecuente. Ver a otros compartir sus procesos de terapia o duelo puede generar presión para hacer lo mismo, como si la visibilidad fuera una prueba de autenticidad. Este dinamismo puede aumentar la ansiedad y la sensación de insuficiencia en quienes no se sienten preparados para exponer tanto.

La dependencia de la aprobación externa entra en juego cuando nuestro bienestar emocional empieza a medirse en interacciones digitales: si una publicación íntima no tiene suficiente eco, es fácil sentirse rechazado o ignorado. Esto impulsa a compartir más, con mayor intensidad emocional, en busca de esa respuesta confirmatoria.

Además, la huella digital emocional es duradera. Incluso contenidos eliminados pueden persistir en capturas o difundirse indirectamente, reaparecer cuando menos lo esperamos y afectar a nuestra reputación personal o profesional.

Por último, el ejemplo del sharenting nos recuerda otro tipo de vulnerabilidad emocional: la de quienes no tienen voz –los niños–, cuyos límites se exceden sin que ellos puedan decidirlo, generando consecuencias psicológicas a largo plazo.

Privacidad emocional como autocuidado

Antes de compartir, vale preguntarse: ¿qué busco realmente al publicar? ¿Necesito validación o contención genuina, es decir, alguien que pueda escucharme y sostener mis emociones en un espacio seguro?

Reflexionar ayuda a evitar la exposición impulsiva. De hecho, establecer límites claros permite sentirnos seguros y emocionalmente equilibrados: tal como señalan expertos en salud mental, identificar y aplicar nuestros propios límites es crucial para el bienestar psicológico.

Definir qué aspectos personales no queremos exponer –como salud mental, relaciones o conflictos familiares–no solo nos protege, sino que fortalece la autoestima. Las herramientas de privacidad en redes sociales, como compartir contenido solo con “mejores amigos”, restringir comentarios o limitar la visibilidad de las publicaciones, son recursos valiosos para mantener un equilibrio entre conexión emocional y protección personal.

Además, la dimensión offline sigue siendo fundamental. El apoyo presencial, ya sea de familiares, amistades o profesionales, suele ofrecer una escucha más auténtica y sostenida que las interacciones digitales. De hecho, algunas investigaciones han demostrado que combinar grupos de apoyo a través de internet y de forma física beneficia la recuperación emocional y permite responder mejor a necesidades individuales.

Por último, los registros privados –como llevar un diario, grabar notas de voz o expresar las emociones a través del arte– también ofrecen vías seguras para procesar sentimientos sin exponerse públicamente.

La paradoja de compartir: autenticidad frente a vulnerabilidad

El oversharing refleja una paradoja de nuestra época: buscamos autenticidad y conexión en redes sociales, pero terminamos exponiendo nuestras heridas en escaparates donde la empatía convive con el juicio y lo privado puede volverse público para siempre.

Compartir puede tener efectos positivos inmediatos –validación, apoyo, catarsis–, pero también encierra riesgos que van desde la ansiedad social hasta la vulnerabilidad a largo plazo.

Cuidar nuestra privacidad emocional no es un signo de aislamiento, sino una forma consciente de autocuidado. En un ecosistema digital que premia la sobreexposición, reservar espacios de intimidad puede ser el gesto más valioso para proteger nuestra salud mental.

The Conversation

Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. “Esta es mi vida”: claves psicológicas y riesgos de la sobreexposición en redes sociales – https://theconversation.com/esta-es-mi-vida-claves-psicologicas-y-riesgos-de-la-sobreexposicion-en-redes-sociales-264428

Middle East holds its breath after Israel launches attack on Qatar: expert Q&A

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Scott Lucas, Professor of International Politics, Clinton Institute, University College Dublin

Israel launched an unprecedented airstrike on the Qatari capital of Doha on September 9, the first time it has directly attacked a Gulf state. The “precision strike” as Israel has called it, targeted a building in which Hamas officials were reportedly discussing a peace proposal brokered by the US.

Al Jazeera has reported that it had been told by a Hamas official that none of its leadership had been killed in the strike.

The Qatari government said it “strongly condemns the cowardly Israeli attack”, which it described as “a blatant violation of international law”. Other Middle East states, including Saudi Arabia, condemned the Israeli strike, as did the secretary general of the United Nations, Antonio Guterres, who said it was a “flagrant violation” of Qatari sovereignty.

It has also been reported that Israel’s prime minister, Benjamin Netanyahu, informed the White House of Israel’s intentions before carrying out the attack. An Israeli official told local media that the US president, Donald Trump, had given the strike the “green light” but this has not been confirmed.

A statement released by Netanyahu’s office appeared to suggest that the strike had been at least party in retaliation for the killing of six Israeli civilians at a bus stop in Jerusalem, for which Hamas has claimed responsibility.

Scott Lucas, a Middle East expert at Dublin City University spoke to Jonathan Este, The Conversation’s senior international affairs editor shortly after the attack. He addressed several key questions.

What’s the thinking behind Israel’s strike on Qatar? Why now?

The Israeli government is going for the kill with Hamas. Having staked his political and legal future on the “absolute destruction” of the organisation, Netanyahu cannot agree to a settlement in which it retains any place in Gaza, let alone power.

So he and some of his ministers have not engaged in negotiations for a ceasefire since the start of March. At that point, they pulled out of any discussion of a phase two, resumed the military assault of Gaza, and cut off humanitarian aid. They have only turned it back on in dribs and drabs. But aid distribution has been sporadic and all too often deadly for the people who queue for food. And it’s not enough to prevent widespread famine in Gaza.

But the problem for Netanyahu and his allies is that others continued to push for a resolution: both inside Israel, where citizens are beginning to get sick of endless war and among Israel’s international allies, who are sickened by the images emerging from the Strip and under pressure from their own populations.

On more than one occasion, Hamas agreed – or at least came close to agreeing – terms put to them by mediators. In August, the Palestinian organisation did so again. At that point the Israel government had a choice: accept the settlement, get the hostages back and pull back on the plan for a long-term occupation of Gaza. Or try and push aside the settlement while blaming Hamas and expand military operations to take over Gaza City.

Netanyahu’s commanders, including the head of the Israel Defense Forces, Eyal Zamir, warned against the assault on Gaza City. Other advisers noted the risk of further international condemnation and isolation of Israel.

But Netanyahu and hard-right ministers in his government have persisted and urged the prime minister to go for broke. Within minutes of the strike on Doha, finance minister Bezalel Smotrich was on social media, praising the attack, writing: “Terrorists have no immunity and will never have immunity from Israel’s long arm anywhere in the world.”

So how to accomplish “absolute” victory? For Israeli hardliners it means levelling parts of Gaza City, while taking out Hamas’s leadership – both to break up the organisation and to ensure that there is no more talk of ceasefire, only capitulation.

What does this mean for the normalisation of relations between Israel and the Gulf States?

There is no normalisation. There probably was none before this attack. The Netanyahu government has decided on a course in Gaza that involves the mass killing of at least 65,000 people, most of them civilians, to displace up to 90% of the population of 2.2 million and to threaten all of them with starvation.

Not even the most cynical Arab government could risk the domestic backlash of continuing with “normalisation” in those circumstances.

So the Netanyahu government is not losing any possibilities with the brazen bombing in a sovereign Arab state. It is trying to set the terms for the future, perhaps a distant one: we’ll come back to normalisation from the position of imposing our will on Gaza, even if you might not have liked it.

Israel has said the US president gave the attack the ‘green light’. Where does this leave Washington?

It leaves the Trump administration where it has always been: supporting Israeli actions that has led to the mass killing of people in Gaza. The US president was reportedly briefed on Israel’s intention to strike at Doha – a US ally – before the attack went ahead. Trump’s ally, the Republican speaker of the House of Representatives, Mike Johnson, is now talking about Israel having to contend with “enemies encamped around them and they’re trying to bring peace”.

Yes, Donald Trump has pursued the chimera of a deal that would win him the Nobel Peace Prize. But when Israel effectively ended the deal at the start of March, Trump provided not only an excuse – Hamas is to blame – but also a rationale. Palestinians could be moved out of Gaza to allow Trump to create his “riviera of the Middle East” – a detailed prospectus for which was obtained and published last week by the Washington Post.

Each time that the Netanyahu government has walked away from a peace proposal, Trump and his senior officials have provided them with cover. So, as the Israelis approach their long-term occupation, we are at the same point as we were in March – Trump officials talking about the removal of the civilians.

I doubt that this attack will shake this position.

What does this tell us about negotiations over Gaza?

There are no negotiations over Gaza. There is a demand by the Netanyahu government for Hamas’s capitulation. If it does not capitulate, Hamas will be destroyed – no matter how many civilians pay the cost.

This is not just about the approach to Gaza. The Netanyahu government has now decided that its regional objectives will be pursued through “decapitation”.

It has not only tried to destroy the leadership of Hamas, with attacks in Gaza, Iran, Lebanon, Syria and now Qatar. It has killed most of the leadership of Lebanon’s Hezbollah. It laid waste to Iran’s political and military commanders in its 12-day war in June. On August 24, it assassinated Ahmed Ghaleb Nasser al-Rahawi, recognised by the Houthi people as their prime minister, and other senior Houthi officials in Yemen.

The deadly message of the Netanyahu government is clear: no one whom they consider an “enemy” is immune, wherever they are. Negotiations are peripheral, perhaps even irrelevant, to that commitment.

The Conversation

Scott Lucas does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Middle East holds its breath after Israel launches attack on Qatar: expert Q&A – https://theconversation.com/middle-east-holds-its-breath-after-israel-launches-attack-on-qatar-expert-qanda-264945

New report ranks Philadelphia and Allentown among toughest cities in America for people with asthma

Source: The Conversation – USA (3) – By Ana Santos Rutschman, Professor of Law, Villanova University

The top 5 ‘asthma capitals’ in the U.S. are Detroit, Rochester, Allentown, Philadelphia and Cleveland, according to the Asthma and Allergy Foundation of America’s 2025 report. Terry Vine/DigitalVision Collection via Getty Images

Philadelphia has once again been named one of the “asthma capitals” of the U.S. – ranking No. 4 in a report released on Sept. 9, 2025, by the Asthma and Allergy Foundation of America. Allentown was ranked No. 3, Harrisburg No. 15 and Pittsburgh No. 44.

The AAFA, which is the largest patient group in the country for people with asthma and allergies, ranks cities based on “how challenging they are to live in” for people with asthma. The ranking combines data on asthma prevalence rates, visits to the ER and deaths related to asthma.

Compared with 2024 data, Allentown’s ranking has improved: It went from No. 1, a position now occupied by Detroit, to No. 3. Philadelphia is doing worse, one place higher than in 2024.

I am a health law professor and the director of the Health Innovation Lab at Villanova University, where I have researched ways to make asthma medication more affordable for patients.

Here are some steps that individuals, schools and state leaders in Pennsylvania can take to reduce asthma triggers and the cost of asthma medications in their families and communities.

The September asthma peak in Pennsylvania

The ranking was published at an especially challenging time of the year for many asthma patients.

September is known as the “asthma peak month.” The third week of September typically registers the highest number of asthma attacks, as well as asthma-related hospital and ER visits, nationwide.

Asthma triggers include fall pollen and mold levels, which start increasing in the late summer and stay high through early fall.

Also contributing to the September asthma peak is poor indoor air quality, especially in older or poorly maintained school buildings where children are exposed to concentrated amounts of allergens and irritants.

A report released in August 2025 found that Pennsylvania schools face a variety of asthma triggers, such as exposure to radon, mold and lead paint. Yet, less than 4% of schools in Pennsylvania have an indoor air quality plan. The problem is especially acute in cities like Philadelphia, where many school buildings are over 70 years old and in disrepair.

Solving a problem as complex and widespread as asthma may require taking creative steps. These include initiatives led by schools and students. For example, students in Australia led a successful initiative to improve air quality around their schools by having parents cut down on engine idling time.

Former president Joe Biden speaks at podium alongside digital screen that says 'Lowering the cost of inhalers'
Speaking at the White House in 2024, former President Joe Biden credits Vermont senator Bernie Sanders with helping lower the cost of asthma inhalers from three of the four top companies to just $35 per month.
Chip Somodevilla via Getty Images

Affordable asthma medications

Asthma patients often need medication to manage their symptoms. Yet, over the past 15 years that medication has become increasingly unaffordable.

Last year, some pharmaceutical companies capped the price of their asthma inhalers at US$35 each.

But not all types of inhalers are covered. And other asthma medications, such as some drugs taken orally, remain unaffordable for many patients. Asthma drugs that are not subject to a price cap or other type of price control may cost patients thousands of dollars a year.

There are resources for asthma patients and parents of children with asthma that may help them save some money when filling their prescriptions. A good starting point is GoodRx, a free online platform that allows users to search and compare medication prices across pharmacies. The website currently lists 65 different types of asthma medication and their varying prices.

What Pennsylvania lawmakers can do

Since price caps don’t apply to all types of inhalers and asthma medication, states can pass legislation that imposes such caps, instead of relying solely on industry compliance. Before there was a federal Medicare price cap on insulin, several states took this route and implemented state caps.

Some states have now begun passing similar legislation for certain types of asthma medication. Minnesota, for instance, beginning Jan. 1, 2025, capped inhalers at $25, lower than the industry cap. Pennsylvania could follow suit and even consider asthma medication besides inhalers.

Pennsylvania can also address other facets of the asthma crisis. For instance, the state could offer funding or other incentives for schools to upgrade their ventilation systems or otherwise address poor indoor air quality.

Read more of our stories about Philadelphia.

The Conversation

Ana Santos Rutschman does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. New report ranks Philadelphia and Allentown among toughest cities in America for people with asthma – https://theconversation.com/new-report-ranks-philadelphia-and-allentown-among-toughest-cities-in-america-for-people-with-asthma-264084

As pine martens are reintroduced to south-west England, a new study shows why local people need to be involved

Source: The Conversation – UK – By Roger Auster, Lecturer in Environmental Social Science, Centre for Resilience in Environment, Water and Waste, University of Exeter

Fifteen pine martens have been reintroduced to the south west of England as part of the Two Moors project. Terry Whittaker 2020Vision, CC BY-NC-ND

Fifteen pine martens were relocated from Scotland to Dartmoor, Devon, late last year in the first phase of a reintroduction to south-west England. This autumn, more of these domestic cat-sized mammals will be released into Exmoor as part of a long-term recovery strategy to restore pine marten populations.

Pine martens live primarily in woodland habitats, feeding on fruits, small mammals and birds. They were once found throughout Britain, until habitat loss from woodland clearance and increased predator control led to population collapse. It is thought pine martens lived in south-west England until the late 19th century.

In 2023, before plans for this release had been agreed, my colleague Kirsty Frith and I were commissioned by the Two Moors Pine Marten Project – a conglomeration of seven organisations, including the county’s environmental charity Devon Wildlife Trust and Dartmoor National Park Authority – to independently capture perspectives of local people and interest groups on the proposals. This “social feasibility” assessment used an approach similar to one used previously for a release in Wales to determine how a pine marten reintroduction would be received in this area.

Our new study, published in Human Dimensions of Wildlife, outlines how we used a technique called Q-methodology. This method identifies shared perspectives and enables a rich understanding of subjectivity.

For participants, this involves a sorting exercise with discussion, placing written statements into a configuration to illustrate their levels of agreement with each. Once completed, their sorting arrangements are statistically compared and interpreted to identify perspectives which participants associate with.

small brown pine marten climbs out of enclosure onto ground
A remote camera trap captures the moment that a pine marten takes its first step into the Devon countryside.
Devon Wildlife Trust, CC BY-NC-ND

Pining for martens?

Three main perspectives were identified. The anonymised participants included farmers, land managers, shooting representatives, conservationists and local residents.

Two of these perspectives supported pine martens and their reintroduction. Although similar, they exhibited some differences. The first viewpoint was more favourable to pine martens and reintroduction as a point of principle, with fewer reservations about introducing wild animals into the countryside. As one environmental farm advisor commented, “living around more nature and wildlife is a good thing”.

Although the second viewpoint still agreed strongly with reintroduction in this region, emphasis was on the motivation to restore the native population of pine martens and natural habitats. Some people expressed concerns about whether there might be negative effects on threatened native wildlife, for example, bats or dormice.

Participants wanted further evidence about the effects pine marten would have on habitats and more information about future plans for monitoring them and dealing with any issues. One participant, an environmental professional and public official, held this viewpoint and agreed with the reintroduction of pine martens “if it is done well and it is well planned”.

The third perspective was opposed to pine martens and their reintroduction. These participants were worried about introducing a predator like pine martens because they perceived them to be a threat to native wildlife, poultry and gamebirds.

They were also concerned about the availability of management support if there were negative effects from the reintroduction of pine martens. As one gamekeeper and conservationist viewed it, “they would add to the taking of wildlife when we have already lost more than 50%”.

What next?

Our new paper and previous research highlight two key challenges for any pine marten reintroduction project. By addressing those, the ability to coexist with pine martens can be improved.

close up face of brown pine marten
Pine martens are acrobatic hunters and people’s perceptions of them vary drastically.
Terry Whittaker 2020Vision, CC BY-NC-ND

People can have very different, polarised views. To minimise any conflict, reintroduction projects need to support inclusive dialogue around pine martens and how they can be monitored and managed. Unanimous support may be unlikely, but more collaborative relationships can be developed when people are involved in making plans for reintroduction.

It also really matters that people have contrasting understandings of predation. While supporters of reintroduction believed pine martens would contribute towards a functioning ecosystem, people who were less supportive were concerned that pine martens could kill threatened wildlife. Giving space for sensitive, nuanced conversations helps build trust and mutual understanding.

Our findings highlight the importance of assessing social feasibility before wildlife reintroductions take place. To ensure future success, that dynamic is just as crucial as ecological feasibility.


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This research was commissioned by the Two Moors Pine Marten Project partnership. At the time of the research project, this included: Devon Wildlife Trust, National Trust, Woodland Trust, Exmoor National Park Authority, and Dartmoor National Park Authority.
Additional content contributed by Kirsty Frith.

ref. As pine martens are reintroduced to south-west England, a new study shows why local people need to be involved – https://theconversation.com/as-pine-martens-are-reintroduced-to-south-west-england-a-new-study-shows-why-local-people-need-to-be-involved-240559

Projecting dissent: China’s new politics of resistance under surveillance

Source: The Conversation – UK – By Tao Zhang, Senior Lecturer, School of Arts & Humanities, Nottingham Trent University

As China ramped up its security in Bejing ahead of its largest military parade in history, over in Chongqing, a city of 30 million people, slogans mysteriously appeared projected on the walls of a university residential complex. “Only without the Communist Party can there be a new China,” read one. “Freedom is not given but seized,” said another. A third urged: “Down with red fascism, overthrow Communist tyranny.”

When the police finally tracked down the source of these projections to a hotel room nearby, they found it empty apart from a projector and remotely controlled cameras which captured their confusion at the puzzling scene. This footage was uploaded on to X along with the slogans projected on the university building walls.

Translated X post with pictures of slgans projected on the walls of buildings.
News of the incident was quickly shared on social media.
@whyyoutouzhele via X

The man behind this coup de théâtre – Qi Hong, a 43-year-old Chongqing native – had already left the country with his family for a “holiday” in the UK, from where he operated the projector and cameras remotely. Within six days, the posts had been viewed more than 19 million times.

This striking act of defiance points to the fact that dissenting voices – given sufficient ingenuity and determination – are still able to penetrate China’s formidable surveillance state. Furthermore, it may signal that there are significant subterranean levels of opposition to the country’s leadership under Xi Jinping.

China’s embrace of digital technologies has always presented it with a dilemma: how to exercise control over this inherently expansive and unruly – yet economically indispensable – communications sphere. As the online world became the most important platform for change in China, giving rise to pro-democracy initiatives, environmental NGOs, human rights defenders and grassroots opposition, the state’s response has essentially remained the same.

Predisposed to top-down control throughout Communist Party history in order to maintain its grip on power, the Chinese state has never been capable of imagining political solutions. Rather, it has consistently fallen back on deploying technology in the suppression of opposing voices.

Hence the Great Firewall of China (also known as the Golden Shield), launched in the late 1990s, which combined censorship with multi-layered online monitoring. This was followed by Skynet, a mass video surveillance system introduced in 2005.

These technologies – later upgraded with big data, AI, facial recognition and cloud computing – were presented as tools against crime and foreign threats. But they have also been widely criticised, both inside and outside China, for silencing dissent and restricting press freedom.

By 2024, China had installed more than 600 million cameras – roughly one for every two adults – making it the largest video surveillance system in the world.

While some devices are used for urban management, Wall Street Journal reporters Liza Lin and Josh Chin have shown how the party-state increasingly harnesses surveillance for social control – often in harsh and coercive ways. During the COVID-19 pandemic, for example, lockdown policies borrowed from Xinjiang’s system of Uyghur surveillance were implemented nationwide under the banner of “Zero Covid”.

While this massive deployment of surveillance has been superficially effective in inhibiting overt demonstrations of opposition, it has also blocked any movement towards addressing political solutions to China’s fundamental internal problems: an over-centralised economy, stalling productivity, widespread corruption and the challenges of an ageing population. Meanwhile, new forms of dissent have emerged within this surveillance state.

Audacious dissent

In October 2022, on the eve the confirmation of President Xi’s historic third term, a Chinese physicist named Peng Lifa staged a dramatic solo protest.

From a busy Beijing bridge, he hung two banners: one demanded food, reform, freedom and elections instead of lockdowns and lies; the other called for boycotts and the removal of Xi himself. Peng was swiftly detained and has not been seen since – but images of his banners went viral on Chinese social media and internationally.

Many China-watchers believe this protest inspired its “White Paper” movement in November 2022, when youth-led demonstrations erupted across the country and overseas. Initially focused on ending zero-COVID policies, many protesters also demanded democracy, equality under the law and Xi’s resignation.

Peng was dubbed “Bridge Man” – evoking the “Tank Man” of China’s 1989 Tiananmen Square crackdown – and the White Paper protests have been described as the most significant movement since Tiananmen. The almost-foolhardy audacity of Peng’s dissent has been referred to as “storming the tower” – a term from gaming culture which describes acts of bold defiance despite enormous risks.

Qi Hong’s recent protest can also be viewed in this way. Although he successfully deployed technology to avoid arrest, the price of his protest is likely to be his self-imposed exile and the constant fear of the retributive reach of the Chinese state.

In a recent interview, Qi acknowledged his protest had been directly inspired by Peng and the White Paper movement. His actions, he said, arose from deep frustration and a desire for truth, critical thinking and freedom of expression – values he felt had been denied to him and his children by China’s party-state.

Qi said he felt compelled to express his view, and to urge more Chinese people to recognise what he described as the brutality and irrationality of the Communist Party’s rule.

Institutional contradictions

Episodes like the Chongqing projections reveal deep contradictions within the Chinese state. On one hand, decades of economic reform have produced a sizeable middle class with global exposure, higher education and expectations of autonomy. On the other, the Communist Party routinely tightens its monopoly on power, leaving little room for pluralism or independent civic life.

As philosopher Ci Jiwei – a professor at the University of Hong Kong – has argued, the issue is not simply the lack of everyday “practical freedoms”. Many Chinese enjoy wide latitude in their personal and economic lives.

Rather, it is the denial of freedom itself as a legitimate value by the state. Protesting Chinese citizens are not seeking adjustments to policy, but rather the recognition of their right to question, debate and express dissent.

Qi’s slogans appear to have resonated because they articulated grievances shared by many people in China – even if voiced only fleetingly. Slowing economic growth, rising youth unemployment and increasing perceptions of inequality sharpen these frustrations. No amount of technological monitoring or punitive threats can make these problems go away.

The Conversation

Tao Zhang does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Projecting dissent: China’s new politics of resistance under surveillance – https://theconversation.com/projecting-dissent-chinas-new-politics-of-resistance-under-surveillance-264838

Why people displaced by conflict are particularly vulnerable to climate risks

Source: The Conversation – UK – By Kerrie Holloway, Research Fellow in the Humanitarian Policy Group, ODI Global

After heavy rains, a landslide “completely levelled” a remote village in western Sudan in early September. It was the temporary home of hundreds of internally displaced persons (IDPs) who had fled the conflict between the Sudanese army and the Rapid Support Forces paramilitary, to what they had hoped would be a safe location. In all, more than 1,000 people are feared to have died in the landslide.

At the end of 2024, more than 80 million people were living in internal displacement worldwide. While more attention is usually paid to people who cross borders and become refugees, the reality is most people who are displaced stay within their own borders as IDPs.

A changing climate and the associated extreme or erratic weather affects everyone living in the same region – but it does not affect everyone equally.

IDPs have specific vulnerabilities because they’ve been displaced. They are likely to have used up whatever money and other assets they had prior to their displacement, leaving them unable to make the same adaptations as those who have not been displaced.


Wars and climate change are inextricably linked. Climate change can increase the likelihood of violent conflict by intensifying resource scarcity and displacement, while conflict itself accelerates environmental damage. This article is part of a series, War on climate, which explores the relationship between climate issues and global conflicts.


In northern Mozambique, the centre of a jihadist insurgency since 2017, hundreds of thousands of people have been forced to flee their homes – with many seeking refuge in the port city of Pemba. After their houses were destroyed by a cyclone in 2019, IDPs living in Pemba rebuilt temporary structures. But when these were burned down by insurgents, the IDPs were left with nothing at all.

Research I carried out with ODI Global colleagues on the city of Herat in western Afghanistan found that people who had not been displaced by conflict were able to make simple lifestyle changes during periods of drought and extreme heat. These included switching to clay or earthenware jars to keep their water cool, or buying air conditioners.

But IDPs were unable to make similar adjustments. Their coping strategies focused more on reducing consumption, such as skipping meals or no longer eating meat.

When IDPs arrive in a new area, the only land available to settle on is often free to use because no one else wants to live there. In Mosul, a city in northern Iraq, stagnated reconstruction following the liberation of the city from the Islamic State militant group in 2017 has resulted in a scarcity of adequate housing. This has left many IDPs residing in unfinished or makeshift shelters on unpaved roads that are prone to flooding during heavy rains.

And in Mocoa, where a large number of people moved after fleeing Colombia’s longstanding civil conflict, IDPs settled in an area susceptible to landslides as it was the only place with cheap accommodation and land available for building. A landslide in 2017 killed more than 300 people there, destroying several neighbourhoods that were populated almost entirely by people displaced by conflict.

Furthermore, IDPs are often overlooked in whatever disaster management or disaster risk reduction plans may exist. Low literacy or speaking a different native tongue – both common traits among displaced people – can result in them not heeding early warnings when they are given.

Evidence shows that early warning systems can be effective for displaced people who have sought refuge abroad. In Bangladesh, for example, Rohingya refugees from Myanmar are included in the national early warning system, allowing them to strengthen their shelters and stockpile food before cyclones hit.

However, early warning systems are only effective if they are implemented and understandable to all of the communities at risk. The UN’s Early Warnings for All initiative, which aims to ensure everyone has access to early warning systems for hazardous weather or climate events, has only been implemented very slowly. This is particularly true in the countries most vulnerable to climate change.

Reducing the risk

Reducing the vulnerability of displaced people to climate change and related extreme weather is no easy task. It will require decision-makers – humanitarian and development aid workers, government officials and local city planners – to listen and learn from what local populations are already doing to adapt and build their own resilience.

Indigenous knowledge has a huge role to play. But people who have just moved to a new area may not know about – or be capable of making – the same adaptations as people who have lived there for generations.

There are also limits to individual adaptation, of course. Displaced people need to be included in any disaster risk reduction or risk management efforts, as well as in national adaptation plans.

Yet in 2023, the OECD found that nearly three-quarters of all national adaption plans (31 of 42) did not address the effects of climate change on people who were already displaced. And this research did not include countries with high levels of displacement which lack national adaptation plans altogether.

Unless these issues are addressed, there will continue to be tragedies on the scale of the one seen recently in Sudan.

The Conversation

Kerrie Holloway works for ODI Global, which receives funding from many organisations and governments. Most of our climate-related work has been funded by GIZ, BHA and the Ikea Foundation, though other donors also contribute through our central funding mechanism.

ref. Why people displaced by conflict are particularly vulnerable to climate risks – https://theconversation.com/why-people-displaced-by-conflict-are-particularly-vulnerable-to-climate-risks-264647