No todo está en las palabras: el infravalorado papel del hemisferio derecho en la comprensión del lenguaje

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Loles Villalobos Tornero, Facultad de Psicología. Departamento de psicología experimental procesos cognitivos y logopedia. Instituto de Tecnología del Conocimiento, Universidad Complutense de Madrid

Rimma Bondarenko/Shutterstock

Imagine que está en una habitación sofocante en pleno verano. Entra alguien y comenta: “Qué pena que se me haya olvidado traer el jersey”. La mayoría de nosotros entendemos inmediatamente que no habla en serio. No pensamos que tenga frío, sino que está haciendo una broma para remarcar el calor que hace. Pero ¿y si una persona comprende perfectamente todas las palabras de esa frase, pero no capta la intención? Entiende el significado literal, pero no el mensaje real. Esto puede ocurrir tras una lesión cerebral.

El lenguaje es una de las capacidades cognitivas más sofisticadas de los seres humanos. Aunque otras especies se comunican, ninguna lo hace con la complejidad que caracteriza a nuestra especie. Para que esa capacidad funcione, el cerebro debe coordinar una extensa red de regiones conectadas entre sí.

Los primeros mapas cerebrales del lenguaje

Los primeros avances en el estudio de las bases cerebrales del lenguaje se produjeron a mediados del siglo XIX. El neurólogo francés Paul Broca observó que las lesiones en una región de la parte frontal izquierda del cerebro provocaban en los pacientes dificultades para expresarse. Poco después, el investigador alemán Carl Wernicke describió que las lesiones en una zona temporal izquierda alteraban principalmente aspectos de la comprensión.

Los investigadores de la época trabajaban sin técnicas de neuroimagen. Sus conclusiones procedían principalmente de la observación clínica y del estudio post mortem del cerebro de pacientes que habían sufrido una lesión. Estas personas presentaban afasia, un trastorno adquirido del lenguaje que aparece cuando un daño cerebral altera esta capacidad previamente desarrollada con normalidad.

Con el paso de las décadas, los científicos comprendieron que el lenguaje no depende únicamente de áreas aisladas. Diseñaron modelos teóricos basados en el funcionamiento de regiones cerebrales conectadas. En la actualidad, ya se conocen los circuitos cerebrales que subyacen a la anatomía funcional del lenguaje.

El hemisferio izquierdo no trabaja solo

Durante mucho tiempo se asumió que el hemisferio izquierdo era el gran protagonista del lenguaje. Efectivamente, en la mayoría de las personas concentra funciones esenciales para hablar y comprender palabras.

Sin embargo, las modernas técnicas de neuroimagen han permitido observar el cerebro en funcionamiento y han revelado una realidad más compleja. Cuanto más exigente es una tarea lingüística, más regiones cerebrales participan en ella.

La comprensión de narraciones extensas o conversaciones o textos complejos activa no solo áreas clásicamente relacionadas con el lenguaje en el hemisferio izquierdo, sino también regiones del hemisferio derecho. Este último desempeña un papel especialmente relevante cuando necesitamos integrar información, interpretar el contexto o inferir significados que no están explícitamente expresados.

Más allá de las palabras: la pragmática

Aquí entra en juego un aspecto fundamental de la comunicación humana: la pragmática del lenguaje.

La pragmática hace referencia a nuestra capacidad para interpretar qué quiere decir realmente una persona teniendo en cuenta el contexto, la situación y sus intenciones. Gracias a ella comprendemos que el significado de una frase no depende únicamente de las palabras que contiene.

Por ejemplo, cuando alguien afirma “qué puntual eres” después de que lleguemos media hora tarde, entendemos que probablemente está expresando una crítica y no un elogio. Del mismo modo, sabemos reconocer bromas, ironías o dobles sentidos.
Esta capacidad resulta tan automática que rara vez somos conscientes de ella.

Sin embargo, esto constituye una de las habilidades más sofisticadas de la comunicación humana. A fin de cuentas, requiere combinar información lingüística, conocimientos previos, claves sociales e incluso la capacidad de comprender los pensamientos y emociones de los demás (un componente de la cognición social llamado teoría de la mente).

Cuando una broma deja de tener gracia

Numerosos estudios han mostrado que las personas con lesiones en el hemisferio derecho suelen conservar la capacidad de hablar y comprender palabras y frases: a simple vista, parece que su lenguaje funciona con normalidad. Sin embargo, habitualmente presentan dificultades para interpretar significados implícitos, detectar el sarcasmo o comprender el humor. También pueden tener problemas para seguir el hilo de conversaciones complejas o para captar matices emocionales en el discurso.

Esta situación plantea un desafío para los profesionales sanitarios. Las pruebas tradicionales de evaluación del lenguaje suelen centrarse en aspectos como la denominación de objetos, la repetición de palabras o la comprensión de frases relativamente simples. Como consecuencia, algunas personas pueden obtener resultados aparentemente normales y, sin embargo, experimentar dificultades significativas en situaciones comunicativas de la vida real.

Se trata de dificultades menos visibles que una afasia clásica, pero pueden afectar de manera importante a las relaciones sociales, familiares y laborales.

Un cerebro preparado para leer entre líneas

Entender el lenguaje no consiste únicamente en reconocer palabras o construir frases correctas. También implica interpretar intenciones, comprender emociones y descubrir significados implícitos.

La próxima vez que sonría ante una ironía o entienda una broma aparentemente obvia, recuerde que detrás de esa sencilla interacción cotidiana está trabajando una compleja red cerebral distribuida en ambos hemisferios del cerebro. Porque, en comunicación, las palabras son solo una parte del mensaje.

The Conversation

Loles Villalobos Tornero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. No todo está en las palabras: el infravalorado papel del hemisferio derecho en la comprensión del lenguaje – https://theconversation.com/no-todo-esta-en-las-palabras-el-infravalorado-papel-del-hemisferio-derecho-en-la-comprension-del-lenguaje-285074

¿Son mejores los futbolistas que aprendieron a jugar ‘en la calle’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Martín Acero, Catedrático de Universidad de Educación Física y Deportiva, Universidade da Coruña

En la clasificación para el Mundial 2026, varias decenas de jugadores menores de 20 años han participado con sus selecciones, y algunos pueden estar entre los más destacados en este Mundial. Casi todos ellos fueron “sacados de la calle” para integrarlos en academias y canteras de clubes bien organizados. Los medios destacan por ejemplo que Lamine Yamal, de la selección española, “es un chaval de 18 años que reivindica el fútbol de la calle”.

¿Pero hasta qué punto se puede considerar que un futbolista ha desarrollado su talento de forma autodidacta en la calle, en un contexto en el que la mayoría de las selecciones líderes son de países donde el juego en la calle apenas existe?

A todo apasionado del deporte le interesan los factores que explican una trayectoria de excelencia. En el caso de las grandes estrellas del fútbol actual, se defiende demasiado a menudo cierta superioridad del juego de calle frente al que desarrollan quienes se forman desde el principio en academias y equipos, como incluso argumenta Arsène Wenger, Jefe de Desarrollo Mundial del Fútbol de la FIFA.

Aprender jugando en la calle vs la academia

En futbolistas de máximo nivel se ha constatado una trayectoria de aprendizaje de gran componente autodidacta antes de la pubertad, como vemos en las historias de Pelé, Cruyff, Maradona o Messi.

La práctica de juego libre proporciona variabilidad de comportamientos técnicos, alta frecuencia de acciones con balón, numerosas situaciones de uno contra uno y una gran cantidad de tiempo efectivo de práctica libre y voluntaria. Pero esto solo explica una parte limitada de las causas por las que se alcanza el máximo nivel.

Si analizamos los itinerarios de futbolistas de alto nivel podemos ver que no aprendieron únicamente con el juego libre: en realidad, ellos mismos buscan de manera intuitiva la mejora de sus conductas específicas en juego tanto de ataque como de defensa.

La práctica del juego libre acaba siendo dirigida a través de un aprendizaje autorregulado. El cerebro del propio jugador diseña ciclos de retroalimentación (prueba, error y ajuste), ligados a su motivación intrínseca y a la regulación de sus conductas técnico-tácticas.

Por ejemplo, cuando un jugador en formación se da cuenta de que un regate, reiterado y eficaz, ya no le funciona contra sus compañeros habituales, tiene que adaptarse y probar nuevas soluciones en los siguientes intentos.

Captados en la infancia

Muchos jugadores de máximo nivel fueron captados tempranamente, como Cristiano Ronaldo o Iniesta a los 12 años, Messi a los 13 y Lamine Yamal antes de los 7 años, para ser incorporados a un ecosistema de aprendizaje más estructurado. Como miembros de la academia del Sporting de Portugal y del FC Barcelona respectivamente, recibieron atención especializada que, combinada con sus capacidades de autoconocimiento y regulación, dio como resultado la interacción y mutua potenciación de los dos tipos de prácticas.

Así, estos futbolistas incrementan conscientemente su formación, a través de su proceso autodidacta primero y después con la práctica de entrenamiento estructurada y dirigida por excelentes técnicos en las academias.

La combinación ganadora

Por lo tanto, el debate entre fútbol “de calle” y de “academia” plantea una falsa dicotomía. Las academias de alto nivel aportan enseñanza planificada, con retroalimentación experta y desafíos progresivos de rendimiento. El juego libre ofrece más autonomía, creatividad e iniciativa personal.

La mayoría de futbolistas que llegan al máximo nivel proceden de la combinación de ambos entornos: primero aprendieron a explorar como mejorar por sí mismos y, luego y al mismo tiempo, fueron estimulados por una práctica organizada de calidad desde edades tempranas.

Nuevos canales de aprendizaje

Además de las academias, existe otro factor que ha modificado mucho cómo los niños y las niñas observan y aprenden de fútbol: hoy se puede ver en directo e indirectamente en pantallas de televisión, internet, videojuegos o redes sociales, lo que permite identificar modelos exitosos a emular.

Ver a otros jugar mejora la toma de decisiones y ayuda a integrar gestos técnicos complejos. Gracias a la observación, se aprende a identificar cuándo conviene conducir o regatear, cuándo un equipo debe ampliar el juego por las bandas para encontrar espacios o cómo orientar el cuerpo antes de recibir un pase.

Así lo han manifestado jugadores como Neymar (“He aprendido mis trucos viendo vídeos en Internet… intento hacer lo que veo”); y otros como Romário, que aconsejó a Messi “aprender algunas cosas si ve los vídeos de Pelé”. Iniesta declaró que de pequeño miraba a jugadores como Laudrup, Guardiola o Valerón, y trataba de aprender de ellos; Lamin Yamal afirmaba “No he visto a Henry en directo, pero en vídeos me encantaba”; y Eric García veía “desde muy pequeño (…) cualquier partido que hubiese por la tele”.

En definitiva, todos los ejemplos apuntan a que el talento nacido del juego en la calle no es lo único que determina la calidad del futbolista. Quizás se trata de encontrar el equilibrio entre ambos enfoques. Como Lamine Yamal dijo recientemente la mezcla “de calle y academia” puede ser la mezcla perfecta, como la realidad y la evidencia científica muestran.

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Rafael Martín Acero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Son mejores los futbolistas que aprendieron a jugar ‘en la calle’? – https://theconversation.com/son-mejores-los-futbolistas-que-aprendieron-a-jugar-en-la-calle-285827

¿Por qué los jugadores zurdos como Messi son tan valorados en el fútbol?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Kylie A. Steel, Senior Lecturer in Motor Learning and Skill Acquisition, Western Sydney University

El argentino Lionel Messi, el inglés Bukayo Saka, el español Lamine Yamal y el egipcio Mohamed Salah son futbolistas de gran talento, cada uno a su manera. Como también lo es el noruego Erling Haaland, un jugador alto, potente y con gran técnica.

Sin embargo, lo que une a todas estas estrellas es una ventaja única que tienen justo a sus pies: todos son “zurdos” por naturaleza.

Mientras que el 14–17 % de la población mundial es zurda, en las selecciones de fútbol internacionales la proporción asciende al 23–32 %, e incluso alcanza el 41 % entre los defensas de los equipos juveniles de los Países Bajos.

¿Por qué? ¿Y cuáles son las ventajas de ser zurdo en el fútbol de élite?

Valor táctico

En parte se debe a que, a la hora de formar equipos, los seleccionadores no solo buscan la forma física, la capacidad de movimiento y las habilidades cognitivas, sino también que los jugadores sean zurdos, ya que esta característica tiene un enorme valor estratégico sobre el terreno de juego.

Un estudio neerlandés reveló que la tendencia a usar preferentemente la pierna izquierda aumentaba las posibilidades de ser elegido para las selecciones nacionales de categorías inferiores, como apuntábamos antes. Esto no garantiza el ascenso a los niveles de élite: en las fases de selección, estos deportistas son poco frecuentes, aunque una vez dentro del sistema futbolístico, la prevalencia de los zurdos aumenta significativamente, lo que supone una mayor competencia por las posiciones correspondientes.

Dicho esto, los seleccionadores saben que los equipos se benefician cuando los jugadores se sitúan en el lado del campo que se corresponde con su pie dominante.

Los deportistas ubicados en estas zonas, como el gran zurdo australiano Harry Kewell, pueden ejecutar de forma muy rápida y eficaz jugadas técnicas de un solo toque (pasar o chutar el balón con un solo toque en lugar de regatear). Es decir, no tienen que cambiar de postura para recibir o pasar el balón con su pie dominante: ya están en posición.

Ser zurdo es preferible en las posiciones del lado izquierdo porque, al conducir el balón hacia delante, el futbolista no tiene que llevarlo hacia su lado derecho; o sea, hacia el interior del campo, donde expondría más el balón a los rivales. Del mismo modo, ser diestro es una ventaja en el lado derecho del campo.

Las superestrellas zurdas, como Messi, también pueden aprovechar esta ventaja innata cuando se colocan en la banda derecha como extremo invertido (un extremo que juega en el lado opuesto a su pie dominante y puede regatear en diagonal por el campo).

Gracias a un buen manejo del balón con la derecha, que mantiene a los defensas en vilo, pueden recortar hacia el interior con su pie dominante. Esto abre su postura corporal y amplía el campo de visión del jugador, lo que crea buenos ángulos para pasar el balón a los delanteros.

Alterar el reconocimiento de patrones

Los rivales zurdos también pueden resultar difíciles de marcar. Esto se debe a que los jugadores buscan, de forma consciente e inconsciente, patrones en los movimientos que les ayuden a entender qué hará su rival a continuación.

Ya sea un ligero descenso de un hombro o un movimiento sutil del torso, la forma en que alguien se mueve por el campo puede delatar su intención o la estructura general de la formación de juego.

Cuando estos patrones se ven alterados debido a los movimientos menos habituales de los zurdos, los futbolistas rivales pueden necesitar más tiempo para procesar la información, tomar una decisión y actuar en consecuencia. Aunque los jugadores de élite tienen mucha experiencia a la hora de enfrentarse tanto a rivales zurdos como diestros, esos milisegundos podrían resultar cruciales en un evento como el Mundial.

¿Se puede entrenar el pie izquierdo?

Sí, y todo el mundo debería hacerlo si quiere mejorar como jugador. Dicho esto, no cambia su preferencia innata. En cambio, se desarrolla un nivel de ambidexteridad funcional (en el que se entrena el lado no dominante para que sea tan funcional como el dominante, o casi).

Pero lo más importante es que los jugadores que dedican tiempo y esfuerzo a ello son muy valorados.

Y dado que algunas investigaciones indican que las personas zurdas obtienen resultados ligeramente mejores en las pruebas de pensamiento creativo –debido a años de adaptación a un mundo diseñado para diestros–, quizá los jugadores zurdos tengan una ventaja similar.

Mientras admira la forma física, la inteligencia y la habilidad de sus jugadores favoritos durante el Mundial, quizá también se sorprenda ante la magia que los zurdos aportan al campo.

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Kylie A. Steel no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué los jugadores zurdos como Messi son tan valorados en el fútbol? – https://theconversation.com/por-que-los-jugadores-zurdos-como-messi-son-tan-valorados-en-el-futbol-286396

Limpieza voluntaria de playas: una actividad altruista fundamental para conservar nuestras costas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Otero Tranchero, Científico Titular, Centro Oceanográfico de Vigo, Instituto Español de Oceanografía (IEO – CSIC)

Apenas hace un par de horas que ha amanecido. Las gaviotas que descansan sobre la arena de la playa emprenden su vuelo ante el avance lento pero continuo de un grupo de personas. Alguien levanta una botella medio enterrada en la arena; otra persona llena una bolsa con fragmentos de plástico, el tipo de basura más abundante en las playas atlánticas europeas. No hay prisa, pero el gesto se repite una y otra vez, sin pausa.

En un par de horas, la playa parecerá otra: más limpia, más virgen. Como si la basura nunca hubiera estado allí. Cuando el grupo se marche, no quedará rastro de su trabajo. Probablemente, tampoco en las estadísticas. Y, sin embargo, ese esfuerzo —repetido cientos de veces a lo largo del año— tiene un valor económico, pero también ecológico y social que no podemos ignorar.

Un trabajo casi invisible

La gestión de residuos en playas suele asociarse a servicios municipales: maquinaria, operarios, contratos públicos. Es lo que aparece en presupuestos y estadísticas. Pero hay otra capa mucho menos visible pero esencial: el voluntariado.

A través de los informes de proyectos de voluntariado ambiental de varias ONG y fundaciones como Ambiente Europeo, Ocean Conservancy, proyecto Mares Circulares o PLANCTON entre otras, es posible tener una estimación de estas actividades en España. Sin embargo, otras muchas pequeñas acciones de voluntariado quedan al margen de estos documentos. ¿Cómo conocer entonces el volumen de estas iniciativas? ¿Cuánta gente se ofrece de forma altruista a limpiar nuestras playas?

Es esperable que cuando una asociación de vecinos, una ONG o cualquier otro colectivo planifica una limpieza voluntaria de playas, intente animar a la participación a través de redes sociales. En esta idea se basa un estudio publicado en la revista Marine Pollution Bulletin que, a través del análisis de miles de mensajes en X e Instagram, ha permitido hacer algo poco habitual: detectar y cuantificar esa actividad “invisible”.

Aplicado a la costa española, el estudio identificó 487 convocatorias ciudadanas de limpiezas de playas durante 2024; el 94 % no había sido incluido en los informes de otros proyectos ambientales de más envergadura. Pueden no parecer muchas, pero son algo más de la mitad de las actividades que sí fueron reportadas.

Más allá de la cifra total, los datos de redes sociales revelaron patrones interesantes. Galicia, la tierra del Nunca Máis, con 130 limpiezas detectadas en redes sociales es la comunidad que refleja mayor movilización ciudadana. La siguen en este orden Andalucía y Canarias. Sin embargo, si hacemos el ratio por número de playas de cada comunidad, entonces son Andalucía y la Comunidad Valenciana las que más insistencia ponen en limpiar sus arenales.

Con la marcada excepción de la movilización ciudadana por el vertido de pellets de plástico del carguero Toconao que se produjo en invierno, es durante la primavera cuando el voluntariado alcanza su punto máximo, descendiendo de nuevo en verano coincidiendo con el refuerzo de los servicios municipales de limpieza.

El valor del altruismo

Poner valor al voluntariado es difícil. Pero hay una forma indirecta de hacerlo: calcular cuánto costaría realizar ese mismo trabajo con medios profesionales. Siguiendo este enfoque, el estudio estima que el esfuerzo de quienes limpian playas de forma desinteresada rozaría los 3 millones de euros anuales en España.

No se trata de “pagar” al voluntariado. Tampoco de sustituir los servicios profesionales. Pero ponerle cifras ayuda a entender su magnitud. Cuando lo hacemos, lo que parecía una actividad puntual se convierte en un componente económico relevante del mantenimiento de los servicios ecosistémicos del litoral.

Sin embargo, el valor económico no es comparable a su valor ecológico y social. Las limpiezas realizadas por voluntarios suelen hacerse de forma manual, lo que las hace especialmente útiles en zonas de difícil acceso o bien ecológicamente sensibles, como dunas o áreas de nidificación, donde la maquinaria puede causar daños a la biodiversidad.

Además, estas acciones generan beneficios sociales de valor incalculable. Por una parte, refuerzan la conciencia ambiental de quienes participan y de quienes observan la actividad. Por otra, conectan a las personas con el entorno natural, con efectos positivos sobre el bienestar físico y mental, hasta el punto que hasta los suecos han hecho de ello un deporte. Y con playas más limpias, mejoran la percepción y el atractivo de las zonas costeras, clave en regiones dependientes del turismo.

La ciencia ciudadana que no sabíamos que existía

Un elemento interesante de este estudio es la forma en que se ha detectado este fenómeno. Las redes sociales, muy criticadas en tiempos actuales, se convierten aquí en una herramienta científica: permiten rastrear actividades espontáneas, descentralizadas y, sobre todo, no institucionalizadas. Este tipo de aproximación se conoce como “ciencia ciudadana pasiva”; en lugar de pedir datos a la población, se aprovecha la información que ya está generando.

Gracias a ello, es posible obtener una imagen mucho más completa del problema de la basura marina y también de las soluciones que aporta la propia sociedad.




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Ciencia ciudadana para salvar los océanos y las costas


Reconocer el papel del voluntariado

El voluntariado ambiental se ha visto tradicionalmente como un complemento, casi como un gesto simbólico frente a problemas de gran escala. Pero los datos apuntan en otra dirección. Cuando miles de personas actúan de forma distribuida, sus efectos se acumulan: toneladas de residuos retirados, hábitats protegidos, costes evitados, conocimiento generado. Y, quizá más importante, una comunidad más implicada en la conservación del entorno.

Reconocer este papel no implica sustituir políticas públicas ni servicios profesionales. Implica empezar a contar lo que antes no contábamos e integrar el voluntariado en la forma en que entendemos y gestionamos el litoral.

Hace poco que ha amanecido. Las gaviotas levantan el vuelo mientras un grupo de personas avanza despacio sobre la arena. Se agachan, una y otra vez, repitiendo un gesto sencillo que apenas deja huella. Las playas se limpian con máquinas, pero se cuidan con manos. Y ese esfuerzo, aunque muchas veces no aparezca en ningún informe, tiene un valor que no podemos ignorar.

The Conversation

Pablo Otero Tranchero ha recibido financiación parcial del Fondo Europeo de Desarrollo Regional, en el marco del proyecto FreeLitterAT (EAPA-0009/2022).

ref. Limpieza voluntaria de playas: una actividad altruista fundamental para conservar nuestras costas – https://theconversation.com/limpieza-voluntaria-de-playas-una-actividad-altruista-fundamental-para-conservar-nuestras-costas-284616

Qué nos dicen las necrópolis medievales sobre la convivencia entre musulmanes y cristianos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cláudia F. Lopes Gomes, Assistant Professor at Faculty of Medicine, Universidad Complutense de Madrid

Individuo enterrado según el rito islámico, en la necrópolis medieval de Girona. Maribel Fuertes.

En 2016, unas obras de rehabilitación en la calle del Riu Galligants de Girona, en España, dejaron al descubierto trece tumbas medievales. Ocho de ellas no respondían al ritual cristiano: las fosas eran más estrechas y profundas, cubiertas con alineaciones de piedras y baldosas, y los cuerpos yacían sobre el lado derecho, con los miembros semiflexionados y el rostro orientado al suroeste, hacia La Meca. Se trataba de enterramientos islámicos situados cronológicamente entre los siglos VIII y X, los primeros identificados biológicamente en Cataluña.

Casi una década después, un equipo multidisciplinar de arqueólogos, antropólogos y genetistas de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Autónoma de Barcelona hemos publicado el primer estudio genético de esta comunidad.

Los resultados no solo confirman la presencia musulmana en la antigua Djarunda –actual Girona–, sino que permiten caracterizar, por primera vez, quiénes eran y de dónde procedían algunos de los individuos allí enterrados.

Individuos hallados en el cementerio medieval, enterrados según el rito islámico.
Maribel Fuertes.

Cuando Girona era Djarunda

Djarunda estuvo bajo administración islámica desde su capitulación pactada alrededor del 717-719 hasta su incorporación al Imperio carolingio en el año 785. Fue una ocupación breve, de la que apenas existían evidencias materiales en la ciudad.

El descubrimiento de esta pequeña necrópolis, utilizada durante varios siglos, tiene por ello un valor excepcional: es la primera evidencia bioarqueológica de una comunidad musulmana asentada en el noreste peninsular.

Cabe señalar que en el registro arqueológico de Djarunda no existe evidencia de actividad militar, por lo que parece que fue un asentamiento pacífico.

Los sujetos estudiados no son necesariamente contemporáneos entre sí, ni tampoco de los enterramientos de rito cristiano que se documentaron en el mismo espacio. La sucesión estratigráfica indica que el uso del área funeraria se fue solapando a lo largo del tiempo, por distintos grupos y en distintas fases.

Plano del cementerio medieval hallado en Girona.
Maribel Fuertes.

Parentesco biológico y origen geográfico

El análisis genético revela que la mayor parte de los ocho individuos islámicos probablemente estaban emparentados entre sí: se detectan relaciones por linaje de primos, medios hermanos y posibles vínculos por línea paterna entre varios de ellos. El espacio funerario habría funcionado, por tanto, como un cementerio de uso familiar, empleado por varias generaciones de una misma comunidad.

Por lo que respecta al origen geográfico, los marcadores genéticos analizados de la mayoría de los individuos apuntan a una procedencia norteafricana, coherente con lo documentado en otras necrópolis islámicas de la península ibérica del mismo periodo, como la maqbara de Pamplona.

En varios casos, las líneas maternas corresponden a linajes característicos de poblaciones bereberes del norte de África.

Entre los ocho individuos, cuatro son infantiles. El más pequeño es un bebé de apenas seis semanas; hay también una niña de entre 12 y 18 meses, un niño de 4-5 años y otro de 7-8 años.

Los análisis genéticos sugieren que estos niños están emparentados con los adultos allí enterrados, lo que plantea que parte del movimiento de población hacia la península no respondía exclusivamente a dinámicas militares, sino que pudo incluir desplazamientos de grupos familiares.

El individuo con traumatismos múltiples

Uno de los adultos, datado en el primer tercio del siglo VIII, presenta en su esqueleto múltiples lesiones consolidadas: fracturas faciales, desviación del tabique nasal, fracturas en clavícula, radio y tibia, degeneración severa de vértebras lumbares y sacro y alteraciones compatibles con combate cuerpo a cuerpo. Todas las lesiones eran antiguas, es decir, el individuo había sobrevivido a ellas.

En un primer análisis, interpretamos que era un posible soldado, sin relación aparente con los demás enterrados en la necrópolis. Sin embargo, el examen genético sugiere que compartía marcadores paternos con, al menos, otro de los adultos presentes, un individuo que no presenta ningún signo de actividad violenta.

Esto indica que, dentro de un mismo grupo familiar, no todos sus miembros participaban necesariamente en actividades militares.

Un posible converso europeo

El individuo más difícil de encuadrar es uno cuyos marcadores genéticos –tanto maternos como paternos– corresponden a linajes con alta frecuencia en Europa, posiblemente en la península ibérica o en el sur de Francia, no en el norte de África ni en el Próximo Oriente. Sin embargo, fue enterrado siguiendo escrupulosamente el ritual islámico.

La hipótesis más coherente con el conjunto de datos disponibles es que se tratara de un converso al islam, lo que encajaría con los modelos de islamización documentados históricamente para este periodo.

Las fuentes escritas mencionan conversiones desde el inicio de la presencia islámica en la Península, pero hasta ahora carecíamos de evidencia biológica directa de este fenómeno en la región catalana.

La ausencia de mujeres adultas

Ninguno de los individuos estudiados corresponde a mujeres adultas. Hay una niña, pero ninguna mujer adulta. Esta ausencia se observa también en otras necrópolis islámicas del mismo periodo en la Península –como la de Pamplona, con más de 170 individuos–.

La explicación podría estar en la existencia de un espacio funerario diferenciado para las mujeres, la desaparición de sus tumbas como consecuencia de construcciones posteriores o una mayor mortalidad masculina en este tipo de contextos.

El estudio abre una importante ventana de investigación, ya que, de momento, las evidencias bioarqueológicas no permiten responder a estas cuestiones.

Un primer retrato de los musulmanes de Djarunda

La necrópolis de Galligants ofrece, por primera vez, un perfil biológico de algunos de los individuos que formaron parte de la comunidad musulmana de Girona en los siglos VIII-X. Se trataba de personas en su mayoría de origen norteafricano, probablemente bereberes y biológicamente relacionadas entre sí, entre las cuales había niños y al menos un posible converso de origen europeo.

No hay evidencia de que estos individuos fueran soldados en activo: el yacimiento no muestra ningún rastro de actividad militar y la composición del grupo enterrado no se corresponde con la de una guarnición.

Los datos apuntan a una presencia que combinó, en proporciones que no es posible determinar con los datos disponibles, distintos tipos de movimiento de población: migraciones civiles y religiosas junto a las dinámicas de conquista. Esta lectura no es nueva en la historiografía, pero el estudio de Galligants aporta la primera evidencia genética que la respalda en el contexto catalán.

_Eulàlia Subirà, profesora en la Universidad Autónoma de Barcelona, ha colaborado en la investigación y en la elaboración del presente artículo
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The Conversation

Este artículo está basado en un estudio financiado por la Fundación Palarq (Convocatoria de Analíticas 2022-2023) y por los proyectos de investigación Banco Santander-Universidad Complutense de Madrid (G/6401400/8000) y (PR41/17-21018). No existe ningún conflicto de interés.

Este artículo está basado en un estudio financiado por la Fundación Palarq (Convocatoria de Analíticas 2022-2023).
No existe ningún conflicto de interés.

Este artículo está basado en un estudio financiado por la Fundación Palarq (Convocatoria de Analíticas 2022-2023). No existe ningún conflicto de interés.

ref. Qué nos dicen las necrópolis medievales sobre la convivencia entre musulmanes y cristianos – https://theconversation.com/que-nos-dicen-las-necropolis-medievales-sobre-la-convivencia-entre-musulmanes-y-cristianos-282402

Cómo el cáncer aprende a sobrevivir sin oxígeno

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tania Payo Serafín, Investigadora predoctoral en Biomedicina y Ciencias de la Salud, Universidad de León

3dMediSphere/Shutterstock

Desde muy pequeños aprendemos que nuestras células necesitan oxígeno para obtener la energía que les permite funcionar. Cuando este oxígeno falta, las células mueren y los tejidos se dañan. Por lo tanto, en apariencia, sin oxígeno no puede existir la vida.

Sin embargo, el cáncer desafía esta regla básica. Dentro de los tumores sólidos, existen regiones donde el oxígeno escasea, una situación que conocemos como “hipoxia”. Y aunque podemos pensar que lo normal sería que las células en esa situación se murieran, la realidad es que las células cancerosas no sólo sobreviven, sino que se adaptan de maravilla a esta hipoxia, continúan creciendo y, en muchos casos, se vuelven incluso más agresivas.

Un tumor que crece más rápido

El carcinoma hepatocelular, el tipo de cáncer de hígado más frecuente, es un buen ejemplo de ello. A medida que el tumor aumenta de tamaño, las células proliferan tan deprisa que los vasos sanguíneos no siempre son capaces de aportar suficiente oxígeno a todas las zonas. Como consecuencia, aparecen áreas hipóxicas, es decir, regiones con niveles muy bajos de oxígeno.

Para una célula sana, sería un entorno hostil. Para una célula tumoral, en cambio, este ambiente se convierte en un estímulo que les permite activar mecanismos de supervivencia.

El Premio Nobel que descifró el “sensor de oxígeno” de las células

Durante décadas, los científicos se preguntaron cómo era posible que algunas células lograran sobrevivir, e incluso prosperar, en entornos donde apenas hay oxígeno.

La respuesta a esta incógnita llegó con los estudios de cuatro científicos que fueron galardonados con el Premio Nobel de Medicina en 2019 por descubrir el sistema que permite a las células detectar los niveles de oxígeno y adaptarse a ellos.

Uno de los protagonistas de este mecanismo es una proteína denominada factor inducible por hipoxia 1α (HIF-1α). Su función es actuar como un sensor molecular, ya que cuando el oxígeno disminuye, HIF-1α se acumula y pone en marcha mecanismos que ayudan a la célula a adaptarse.

Entre otras funciones, su presencia favorece la reprogramación del metabolismo para producir energía sin necesidad de oxígeno, estimula la formación de nuevos vasos sanguíneos y aumenta la capacidad de las células para migrar, invadir otros tejidos y resistir distintos tratamientos farmacológicos. En el contexto del cáncer, estas adaptaciones contribuyen directamente a la progresión tumoral.

Aquí es donde entra en juego un estudio reciente que hemos publicado en Biology Direct. La pregunta que nos planteamos fue sencilla, pero importante: ¿qué ocurre si las células tumorales pierden HIF-1α, su principal herramienta para adaptarse a la falta de oxígeno?

Responder a esta pregunta no ha sido fácil. Para entender realmente cómo se comporta el cáncer en condiciones de hipoxia, necesitamos modelos experimentales que se parezcan lo máximo posible a un tumor real.

El cáncer no vive en una superficie plana

La falta de oxígeno no solo afecta a las células tumorales: también modifica el entorno que rodea al tumor y favorece que algunos cánceres respondan peor a los tratamientos.

Para estudiar cómo ocurre esto, durante años se han utilizado cultivos celulares en 2D, donde las células crecen sobre superficies planas de plástico o vidrio. Estos modelos han sido fundamentales por su simplicidad y facilidad de uso, pero presentan una limitación importante: no reproducen la complejidad real de un tumor.

En un tumor sólido, no todas las células reciben la misma cantidad de oxígeno y nutrientes. Algunas se encuentran cerca de los vasos sanguíneos y reciben más, mientras que otras quedan atrapadas en regiones mucho más hostiles, donde el oxígeno escasea. Por ello, en los últimos años han cobrado fuerza los modelos 3D, que permiten recrear de forma más realista la estructura y los gradientes de oxígeno y nutrientes presentes en el tumor. Gracias a ellos, los investigadores podemos estudiar mejor cómo se adapta el cáncer a esta hipoxia y cómo esta heterogeneidad influye en la respuesta a los tratamientos.

La importancia de utilizar sistemas experimentales más representativos nos llevó a combinar ambos tipos de modelos y los resultados fueron claros: al eliminar HIF-1α, tanto la viabilidad como la capacidad de proliferación y de invasión de las células tumorales disminuyen de forma significativa. En otras palabras, al impedir que las células activen sus mecanismos de supervivencia frente a la hipoxia, las volvemos más vulnerables.

Imagen de un modelo 3D de carcinoma hepatocelular hipóxico. La tinción azul representa los núcleos de las células tumorales y la tinción roja representa la zona de hipoxia. Fotografía obtenida del estudio: https://link.springer.com/article/10.1186/s13062-026-00796-2.
CC BY-NC-ND

HIF-1α como posible diana terapéutica en cáncer

La hipoxia tumoral se asocia con un peor pronóstico de la enfermedad y con una mayor resistencia a los tratamientos. De hecho, algunas terapias intentan frenar el crecimiento del tumor reduciendo la formación de vasos sanguíneos, pero esto también agrava la falta de oxígeno y favorece la activación de mecanismos adaptativos mediados por HIF-1α. Dicho de otro modo, al intentar “asfixiar” al tumor, podemos favorecer la supervivencia de las células mejor preparadas para resistir estas condiciones.

Por ello, comprender cómo las células tumorales se adaptan a la hipoxia resulta fundamental para mejorar la eficacia de los tratamientos actuales. Si conseguimos bloquear la acción de HIF-1α, podríamos dificultar la capacidad de adaptación del tumor y hacerlo más vulnerable a las terapias.

Volviendo a la pregunta inicial, el oxígeno es esencial para la vida en condiciones normales. Sin embargo, las células tumorales son capaces de adaptarse y sobrevivir incluso en ambientes con muy poco oxígeno, reescribiendo en cierto modo las reglas de la biología. Comprender cómo el cáncer logra esta capacidad de adaptación no solo ayuda a entender mejor la enfermedad, sino también a encontrar nuevas formas de limitar su resistencia y frenar su progresión.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cómo el cáncer aprende a sobrevivir sin oxígeno – https://theconversation.com/como-el-cancer-aprende-a-sobrevivir-sin-oxigeno-282117

Intelligence artificielle générative et recherche académique : comment préserver éthique et intégrité scientifique

Source: The Conversation – in French – By Nathalie Guichard, Professeur des Universités, Université Paris-Saclay

Pour les scientifiques, l’intelligence artificielle générative peut apparaître comme une option pour gagner du temps et augmenter leur productivité, mais ce n’est pas sans risques.


Lors de la pandémie de Covid-19, le refus de se faire vacciner résultait notamment du manque de confiance dans l’efficacité et la non-dangerosité du vaccin. Les climatosceptiques (32 % en France) continuent de nier la responsabilité des activités humaines dans le changement climatique. Ces deux exemples ont en commun la remise en question des apports de la science, menant au « scientoscepticisme ».

L’intégration de l’intelligence artificielle à tous les niveaux de la production scientifique pourrait venir renforcer ce sentiment dans la population. Une recherche intègre, éthique et responsable est une condition indispensable au maintien de la confiance des citoyens. Face aux bouleversements induits par l’intelligence artificielle générative (IAG) et en l’absence de règles clairement diffusées au sein de la communauté scientifique, les chercheurs en sciences humaines et sociales (SHS) s’interrogent sur l’évolution et l’éthique de leurs pratiques.

Dans un contexte très concurrentiel où la carrière des chercheurs dépend en grande partie de leur production scientifique, le recours à des outils d’IAG peut apparaître comme une option – pour un coût supposément minime (la plupart des outils sont gratuits et leur utilisation en apparence aisée) – pour augmenter leur propre productivité en s’appuyant sur les capacités de synthèse de vastes ensembles de données et d’écriture des IAG. Cette délégation peut sembler séduisante, mais comporte des risques importants.

Un double questionnement pour les chercheurs

La qualité de la production scientifique repose sur un système d’évaluation par des pairs (peer-review), le plus souvent anonyme. Dans un processus de publication, les chercheurs sont soit auteurs, soit évaluateurs, avec des problématiques quelque peu différentes.

  • Pour les auteurs, l’IAG est susceptible d’être mobilisée à différentes étapes du processus de la recherche (revue de littérature, collecte et analyse de données, rédaction…), ce qui interroge la notion même de propriété intellectuelle. Dans les SHS, où le processus de recherche est souvent itératif, interprétatif et sensible au contexte (en raison de son objet – la société et les relations entre les humains – et pour lequel des méthodologies qualitatives sont souvent mobilisées ; par exemple une analyse de discours de patients au fur et à mesure de l’adoption d’une solution en e-santé), le recours à l’IAG peut ainsi transformer en profondeur les pratiques de recherche. S’il peut aider les chercheurs, il soulève également une question centrale : à partir de quel moment ce soutien devient-il une délégation de l’acte scientifique lui-même ? Or, il est un principe de base, quelle que soit l’intervention de l’IAG dans la rédaction d’un article scientifique, seul le ou les auteurs humains seront in fine responsables du contenu produit. Dès lors, il devient urgent d’élaborer des directives explicites partagées, sur la façon de l’intégrer de manière responsable et de déclarer son usage de façon transparente.

  • Pour les évaluateurs, l’IAG peut être intégrée dans leur propre processus d’évaluation d’un article (peer-review). En effet, les évaluateurs peuvent être tentés d’y recourir pour produire leur évaluation (décrire/synthétiser l’article, identifier ses points forts ou faibles, rédiger certaines parties de leur rapport). L’IAG peut aussi avoir été utilisée par les auteurs de l’article, et c’est alors aux évaluateurs de le détecter et d’apprécier si cette utilisation respecte l’intégrité scientifique exigée par la revue scientifique.

Le recours à l’outil Problematic Paper Screener (PPS), créé par Guillaume Cabanac, a permis de détecter, à ce jour, 25 000 articles utilisant des « expressions torturées » laissant à penser à un usage d’algorithme pour leur rédaction, sans discernement ni relecture humaine.

Or, si de nombreuses revues ont aujourd’hui fixé des règles, les principes éthiques restent flous et les pratiques hétérogènes laissant les chercheurs dans l’incertitude.

Aussi, apparaît-il clairement dans les discours et débats des sociétés savantes, un réel besoin de dialoguer sur ces questions mais aussi une absence d’unanimité sur les options envisageables avec des perceptions éthiques divergentes.

Vers un appauvrissement de la pensée ?

Une étude récente publiée dans la revue Science montre que l’adoption des grands modèles de langage (LLM) par les chercheurs (toutes disciplines confondues) accroît leur productivité (plus de 89 %) et ouvre de nouvelles opportunités (simulation de populations virtuelles lorsque celles-ci sont difficilement accessibles ; synthèse rapide d’une somme d’articles de recherche) mais qu’elle diminue aussi la qualité de leurs travaux en raison de ses capacités limitées à appréhender des tâches complexes.

De plus, le recours à l’IAG pour acquérir des connaissances et rédiger fait courir un risque d’uniformisation de la pensée et des connaissances : son recours ayant tendance à cantonner les chercheurs aux champs déjà bien établis, réduisant par le fait même l’exploration scientifique « en dehors des sentiers battus ». Le chercheur, conscient de ces limites, peut tirer parti de l’utilisation d’une IAG en l’interrogeant de manière précise et pointue, sans se contenter de la première réponse et en vérifiant systématiquement les contenus produits.

L’utilisation de l’IAG pour l’évaluation des articles : un risque majeur pour la fiabilité de la recherche et son utilité pour la société ?

L’IAG représente un problème majeur en ce que les textes qu’elle génère sont, pour le moment, impossibles à différencier automatiquement de ceux produits par les humains. Aussi, à ce stade, deux principes doivent permettre de s’affranchir de cette limite.

Le chercheur doit être le seul garant de la qualité scientifique de la recherche : les chercheurs sont sollicités pour évaluer des articles précisément parce qu’ils sont experts du domaine scientifique considéré. Leur analyse doit donc théoriquement émaner de leur propre jugement, sans délégation à une IAG. C’est d’ailleurs ce que précisent les chartes éthiques ou les consignes de certains éditeurs de revues académiques (à l’instar d’Elsevier ou Sage) qui, à ce stade, interdisent aux évaluateurs de téléverser un article dans un outil d’IAG. Toutefois, si l’IAG devient un outil de support, quelles seront les limites à poser pour son utilisation ?

La confidentialité des données de la recherche devient un gage de la qualité des recherches futures : utiliser une IAG hébergée dans un cloud pour évaluer un article revient à prendre le risque d’exposer à tous des données confidentielles et potentiellement sensibles, ce qui est problématique, notamment, dans le cadre de l’évaluation d’un article scientifique. Il pourrait être envisagé d’utiliser une IAG installée en local non seulement pour préserver la confidentialité des données de recherche mais aussi pour éviter de nourrir l’IA avec des documents non validés scientifiquement. Il en va de la crédibilité des résultats de recherche et de la confiance du grand public dans le discours scientifique.

Le développement rapide des IAG dans la rédaction et l’évaluation d’articles scientifiques oblige d’une part à repenser notre rapport à la connaissance et à sa construction et, d’autre part, à réfléchir en profondeur à la façon de préserver les fondements éthiques de la production et de l’évaluation du savoir. Malgré de premières initiatives pertinentes, une réflexion collective, sociétale, interdisciplinaire et internationale apparaît indispensable pour articuler innovation technologique et responsabilité scientifique.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Intelligence artificielle générative et recherche académique : comment préserver éthique et intégrité scientifique – https://theconversation.com/intelligence-artificielle-generative-et-recherche-academique-comment-preserver-ethique-et-integrite-scientifique-279944

Le Viêt Nam a franchi le cap des 100 millions d’habitants. Et demain ?

Source: The Conversation – in French – By Gilles Pison, Anthropologue et démographe, professeur émérite, Muséum national d’histoire naturelle (MNHN); Ined (Institut national d’études démographiques)

Le Viêt Nam vient de franchir le seuil de 100 millions d’habitants et sa population continue d’augmenter. Jusqu’où ? À quoi la population du pays ressemblera-t-elle demain ? Retraçons l’évolution démographique du Viêt Nam et comparons-la à celles d’autres pays d’Asie pour repérer les spécificités vietnamiennes.


La population du Viêt Nam a atteint 100 millions d’habitants en 2023. Le pays en comptait moins de la moitié (46 millions) il y a cinquante ans, en 1976, lors de sa réunification sous le nom de République socialiste du Viêt Nam, et seulement un sixième (16 millions) il y a cent ans, en 1926 (Figure 1).

Figure 1. Évolution de la population du Viêt Nam depuis 1900 et projections jusqu’en 2100.
Figure reprise de Pison et Scornet, 2026, « Population & Sociétés », 645, Fourni par l’auteur

D’après les projections moyennes des Nations unies, la population devrait continuer de croître et pourrait atteindre un maximum de 110 millions au milieu du XXIᵉ siècle, avant de diminuer jusqu’à 92 millions en 2100. Ce scénario fait l’hypothèse que la fécondité, estimée à 1,9 enfant en moyenne par femme en 2023, va baisser jusqu’à atteindre 1,7 enfant par femme en 2100.

Comment la population du Viêt Nam a-t-elle atteint 100 millions ? Pourquoi la croissance devrait-elle s’arrêter prochainement ? Et à quoi la population du pays ressemblera-t-elle demain ?

La croissance est liée à la transition démographique

L’importante augmentation de la population du Viêt Nam au XXᵉ siècle et au début du XXIᵉ est liée à la transition démographique. Comme partout dans le monde, la mortalité a baissé, notamment celle des enfants, entraînant un excédent des naissances sur les décès. La croissance de la population a atteint un pic de plus de 3 % par an au milieu des années 1950 et diminue depuis d’année en année, du fait d’une baisse de la fécondité.

En 2023, les Vietnamiennes mettent au monde 1,9 enfant en moyenne chacune comme déjà mentionné, au lieu de 6 enfants dans les années 1960 et au début des années 1970. La figure 2 permet de comparer l’évolution de la fécondité au Viêt Nam avec celles de trois autres pays d’Asie de l’Est et du Sud-Est : la Chine, la Corée du Sud et la Thaïlande.

Figure 2. Évolution de la fécondité au Viêt Nam, en Corée du Sud, en Chine et en Thaïlande, de 1950 à 2023.
Figure reprise de Pison et Scornet, 2026, « Population & Sociétés », 645, Fourni par l’auteur

La politique vietnamienne d’un ou deux enfants

Il y a quatre-vingts ans, les autorités du Nord-Vietnam, inquiètes de la croissance rapide de la population à l’époque, et souhaitant la ralentir, ont mis en place une politique de limitation des naissances. En 1963, le gouvernement restreint d’abord la famille à trois enfants, fixant la norme à deux ou trois enfants espacés chacun de cinq à six années.

La politique devient plus restrictive en 1988 : la règle devenant alors « un ou deux enfants » par couple.

Elle s’applique aux familles qui vivent en ville ou dans des zones de fort peuplement (zones industrielles, régions rurales du delta du fleuve Rouge et du delta du Mékong ou plaines des provinces côtières).

La politique est, en revanche, moins restrictive envers les ethnies minoritaires des régions pauvres, isolées et peu peuplées ; elle les autorise à avoir trois enfants.

La politique de limitation des naissances a-t-elle joué un rôle ?

La politique d’un ou deux enfants est-elle responsable de la baisse de la fécondité au Viêt Nam ? La question se pose de façon générale pour tous les pays du Sud, notamment ceux d’Asie, dont les gouvernements ont tous cherché à limiter les naissances lorsque la population augmentait rapidement et où la fécondité a fortement baissé. C’est le cas de la Corée du Sud, de la Chine et de la Thaïlande, la baisse ayant été plus précoce et plus rapide dans ces pays qu’au Viêt Nam, et la fécondité y ayant atteint des niveaux encore plus bas en 2023 – respectivement 0,7 enfant par femme, 1,0 et 1,2 (Figure 2).

Le gouvernement chinois a, par exemple, cherché à limiter les naissances dès le milieu des années 1950, mais il faut attendre le début des années 1970 pour que cette politique soit confirmée puis renforcée ensuite, notamment en 1979 avec la politique de l’enfant unique.

En Thaïlande, la fécondité a baissé au même moment qu’en Chine, et aussi vite. Mais la politique n’a pas été coercitive : elle a consisté, dès les années 1970, en mesures incitatives, telles que la libéralisation de l’avortement et de la stérilisation, et aides financières à la scolarisation et à l’économie agricole domestique pour les couples se limitant à deux enfants.

En Corée du Sud, la baisse rapide de la fécondité s’est produite quelques années plus tôt, avec des mesures visant à promouvoir la contraception et la stérilisation, mais sans mesures coercitives également.

La politique de limitation des naissances du Viêt Nam a finalement été intermédiaire entre celle de la Chine et celles de la Corée du Sud et de la Thaïlande, associant coercition comme la première (avec sa politique d’un ou deux enfants) et incitations.

Quant au rôle qu’ont joué ces politiques, il est difficile de le mesurer. Si la fécondité a baissé aussi vite dans les années 1970 et 1980 en Chine et en Thaïlande, c’est avant tout parce que, à l’époque, les familles dans ces pays souhaitaient avoir moins d’enfants – comme partout lorsque l’instruction progresse et les conditions de vie s’améliorent.

Changement de cap : quand l’État cherche à relancer la natalité

Inquiet du vieillissement rapide de sa population (voir les pyramides des âges de la figure 3), le gouvernement vietnamien a progressivement assoupli la politique d’un à deux enfants à la fin des années 2010, puis l’a définivement abandonnée en 2025 et prône désormais la famille à deux enfants.

Comme dans d’autres domaines, le Viêt Nam a suivi la Chine dans ce revirement, cette dernière ayant supprimé la politique de l’enfant unique en 2015 et institué en 2021 la politique de trois enfants – sans effet jusqu’ici apparemment, la fécondité chinoise n’ayant jamais été aussi basse.

Figure 3. Pyramide des âges de la population du Viêt Nam en 2025 et projection en 2075.
Figure reprise de Pison et Scornet, 2026, « Population & Sociétés », 645, Fourni par l’auteur

La sélection du sexe des enfants

La proportion de garçons chez les nouveau-nés a augmenté depuis les années 2000 au Viêt Nam, atteignant 114 garçons pour 100 filles dans la deuxième moitié des années 2010 (Figure 4). Le même type de hausse a été observé vingt ans plus tôt en Corée du Sud et en Chine, pays pionniers dans ce domaine.

Figure 4. Évolution du rapport de masculinité à la naissance au Viêt Nam, en Corée du Sud et Chine, depuis 1950.
Figure reprise de Pison et Scornet, 2026, Population & Sociétés, 645, Fourni par l’auteur

La hausse du rapport de masculinité à la naissance dans ces pays vient du désir marqué d’avoir au moins un garçon et aux avortements sélectifs de filles pratiqués pour y arriver. Plus précisément, le phénomène résulte de la conjonction de trois phénomènes : la réduction de la taille des familles, la volonté d’avoir un garçon à tout prix et la diffusion de l’échographie.

Mais tous les pays d’Asie ne sont pas touchés ; la Thaïlande, par exemple, ne l’a jamais été. En Inde, le phénomène ne s’est développé que dans le nord du pays. Il en est de même au Viêt Nam où le Nord est plus touché que le Sud, avec un rapport de masculinité des naissances particulièrement élevé dans le delta du fleuve Rouge et les régions montagneuses du Nord (Figure 5).

Ce contraste Nord-Sud est lié à des différences culturelles. Le delta du fleuve Rouge, au Nord, a été occupé par la Chine pendant plus de mille ans et cette région est la plus marquée du pays par l’influence chinoise et les traditions confucéennes. Dans ce type de région, les garçons sont souvent préférés, car c’est à eux qu’incombent la perpétuation de la lignée familiale et le devoir de piété filiale manifesté par le culte des ancêtres.

En revanche, le delta du Mékong, au Sud, a fait partie pendant plusieurs siècles de l’Empire khmer et est culturellement proche du Cambodge et de la Thaïlande.

Figure 5. Rapport de masculinité à la naissance par grandes régions au Viêt Nam, en 2024.
Figure reprise de Pison et Scornet, 2026, _Population & Sociétés_, 645, Fourni par l’auteur

Des générations avec les garçons surreprésentés : quelles conséquences ?

Le déséquilibre des sexes à la naissance régresse depuis quelques années, et le rapport de masculinité pourrait retrouver à terme son niveau normal, comme en Corée du Sud. Toutefois, des générations d’enfants vietnamiens où les garçons sont surreprésentés sont déjà nées. Ces garçons risquent d’en subir les conséquences tout au long de leur vie, notamment lorsqu’ils auront l’âge de se mettre en couple : les filles, minoritaires, n’auront pas de difficultés à trouver un conjoint, alors qu’une partie des garçons se retrouveront sans partenaire.

Quant aux perspectives démographiques, elles doivent en tenir compte : les premières générations touchées, celles nées au milieu des années 2000, arrivent en effet à l’âge d’avoir des enfants. Les femmes, peu nombreuses, mettront peu d’enfants au monde au total, insuffisamment pour remplacer leur génération : avec 105 garçons pour 100 filles, il faut déjà 2,1 enfants en moyenne par femme pour assurer le remplacement ; avec 113 garçons pour 100 filles, comme dans la deuxième moitié des années 2010, il en faut 2,2.

La croissance démographique du Viêt Nam pourrait ralentir plus vite qu’imaginé en ne considérant que la seule baisse de la fécondité. Le vieillissement démographique en serait accéléré, comme c’est déjà le cas en Corée du Sud et en Chine, pays pionniers en matière de sélection du sexe, où elle s’est développée vingt ans avant le Viêt Nam.

Reste à voir si le Viêt Nam va suivre le même chemin que ses voisins pour ce qui est de l’évolution de sa fécondité. Après avoir baissé dans les années 1970 à 1990, l’indicateur de fécondité semble s’être à peu près stabilisé autour de 2 enfants par femme depuis 2000. Va-t-il se maintenir à ce niveau, ou baisser jusqu’à des niveaux nettement moindres, tels qu’ils sont désormais observés dans les deux grandes régions du Sud (celles du Sud-Est et du delta du Mékong) et comme en Corée du Sud, en Chine et en Thaïlande ?

Ces pays ont, en effet, jusqu’ici devancé le Viêt Nam dans les évolutions de fécondité. Celle du Viêt Nam pourrait atteindre des niveaux encore plus bas qu’aujourd’hui dans les prochaines années si le pays suivait là aussi ses voisins.


Ce texte est adapté d’un article publié par les auteurs dans Population et Sociétés, n° 645 : « Viêt Nam : 100 millions d’habitants aujourd’hui, combien demain ? ».

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Gilles Pison a reçu des financements de l’Agence nationale de la recherche française et des National Institutes of Health américains

Catherine Scornet ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Le Viêt Nam a franchi le cap des 100 millions d’habitants. Et demain ? – https://theconversation.com/le-viet-nam-a-franchi-le-cap-des-100-millions-dhabitants-et-demain-286280

Savoir nager est essentiel, mais ne suffit pas à prévenir les noyades

Source: The Conversation – in French – By Emmanuel Auvray, Enseignant à l’UFR STAPS, Chercheur associé à l’équipe Histemé, Université de Caen Normandie

Durant l’épisode caniculaire que vient de traverser la France, le regain de baignades dans les espaces naturels, mais aussi en ville s’est accompagné d’une hausse marquée des noyades. Si la maîtrise des techniques de natation ne protège donc pas de tous les risques en milieu naturel, comment développer concrètement les réflexes de prévention nécessaires à tous les âges ?


Depuis le 18 juin 2026 en France, le ministre l’intérieur Laurent Nuñez a annoncé le décès par noyade de 74 personnes durant une période marquée par un épisode caniculaire. Comme le montrent les données de la surveillance épidémiologique des noyades menée par Santé publique France (2025), les épisodes de fortes chaleurs s’accompagnent d’une augmentation du nombre de noyades, dans la mesure où un plus grand nombre de personnes se baignent pour se rafraîchir.

Pour autant, une fois encore, d’aucuns attribuent ces noyades au fait que les Français ne sauraient pas nager du fait du manque de piscines permettant d’enseigner la natation.

Cette explication, souvent avancée dans le débat public, est-elle, à elle seule, suffisante pour comprendre et endiguer cette hécatombe ?

Différencier cause et corrélation

Entre le 1er juin et le 30 septembre 2025, 1 418 noyades ont eu lieu en France, dont 409 ont été suivies de décès. Ces chiffres pour l’été 2025 sont en hausse par rapport à la même période en 2024, où il y avait eu 1 246 noyades et 350 décès.

Les décès par noyade en cours d’eau ou plans d’eau ont représenté environ la moitié de ces décès, quel que soit l’âge. Pour les autres lieux, les décès par noyade ont davantage eu lieu en piscine privée en ce qui concerne les mineurs et en mer en ce qui concerne les adultes.

Bien que nous ne disposions pas encore de données précises sur les noyades de juin 2026, il semble qu’il s’agit principalement d’adolescents et de jeunes adultes masculins dans des lieux de baignade non surveillés, voire interdits. Si l’on se réfère aux bilans des années précédentes, nous savons que le fait de ne pas savoir nager était en cause dans 10 % des décès par noyade.

Dès lors, l’idée selon laquelle il existerait une forte corrélation entre le fait de ne pas savoir nager et se noyer mérite d’être nuancée. Dans la grande majorité des cas, les gens se noient dans des contextes où la maîtrise des techniques de nage ne prémunit ni contre les dangers propres à l’environnement (courants, vagues, variations de profondeur, température de l’eau, obstacles, etc.), ni contre les erreurs d’appréciation ou les comportements à risque.

Si le fait de ne pas savoir nager représente indéniablement un facteur de risque, il ne saurait, à lui seul, expliquer la survenue des noyades. Celles-ci résultent le plus souvent d’une combinaison de facteurs individuels, environnementaux et comportementaux.

L’apprentissage et la question des équipements

Face à un parc de piscines publiques vieillissant et particulièrement énergivore, l’État et les collectivités territoriales doivent poursuivre la mobilisation engagée par la ministre des Sports Roxana Maracineanu (2019-2022) en faveur de l’apprentissage de la natation et du développement des équipements. L’objectif est de permettre au plus grand nombre d’apprendre à nager dans le cadre scolaire, au sein du milieu associatif et à l’échelle des communes.

Or, la situation n’est pas homogène d’un territoire à un autre. Par exemple, entre la Seine-Saint-Denis et le reste de la France, malgré une hausse des ressources publiques consacrées au savoir-nager et aux équipements, l’écart par rapport à la moyenne nationale (86 %) continue de croître. Entre 2012 et 2023, on relève une baisse de 20 points de la maîtrise du savoir nager en dix ans (66 %) qui interroge l’organisation d’une éducation aquatique de qualité.

D’un autre côté, on ne compte plus les fermetures de piscines en raison de leur état de délabrement. Selon les estimations, il manque environ 400 piscines pour permettre un apprentissage plus massif de la natation et réduire ainsi les inégalités d’accès sur le territoire national.

Le développement de centres aquatiques et parcs de loisirs ne doit pas masquer une réalité préoccupante : la France manque aujourd’hui de piscines « basiques », c’est-à-dire d’équipements prioritairement pensés pour l’apprentissage de la natation et l’entraînement. Sans compter l’augmentation des dépenses, à la charge des collectivités, que supposent le déplacement des scolaires sur des piscines de plus en plus éloignées des établissements et sous tension pour obtenir des créneaux.

Comme le réclame le champion olympique Alain Bernard, il faudrait déployer « un plan Marshall » pour équiper de manière plus homogène la France de ce type de bassins. À l’heure où, face au réchauffement climatique, nous observons un regain d’intérêt pour la baignade urbaine et l’apprentissage de la natation en milieu naturel.

Bien que limitées dans l’espace et le temps et à rebours de l’histoire de l’enseignement de la natation scolaire, ces tendances sont légitimes et intéressantes. En miroir de ce qui se fait à l’étranger depuis déjà de nombreuses années (Danemark, Allemagne), elles offrent l’occasion, en plus des piscines, de pouvoir se baigner au cœur des villes, comme à Nantes et Paris, et d’apprendre à nager en analysant son environnement de nage naturel et tenir en conséquence les bonnes conduites face aux risques et vicissitudes d’un espace ouvert, en étant surveillés par des professionnels qualifiés.

Mettre l’accent sur la prévention

Inscrit, depuis 2006, dans le socle commun de connaissances et de compétences du collège, le savoir-nager est une priorité nationale qui s’inscrit dans le prolongement de l’aisance aquatique développée à l’école primaire. Or, selon les résultats fournis par le projet européen « Aquatic Literacy For All Children » (ALFAC), les enfants français ont un retard significatif par rapport aux standards européens. S’ils présentent un niveau inférieur dans les habiletés motrices aquatiques de base, ils progressent avec l’âge, sans toutefois combler l’écart avec les autres pays.

Comme le soulignent les travaux en matière de littératie aquatique, c’est-à-dire la capacité à évoluer en sécurité, avec confiance et plaisir dans le milieu aquatique, la prévention de la noyade fait encore souvent défaut dans les programmes de formation chez les 4 à 12 ans tant du côté des parents que des apprenants.

Les jeunes sont sensibles à un discours préventif même dès leur plus jeune âge. Du côté de l’attestation du savoir-nager en sécurité (ASNS), il repose sur l’enchainement, sans lunettes de natation, de 9 actions. Sa validation atteste de la maîtrise des compétences permettant d’évoluer en sécurité dans un milieu surveillé et fermé. En outre, il comprend l’enseignement d’un ensemble de connaissances et d’attitudes qui relève de la prévention :

  • savoir identifier la personne responsable de la surveillance à alerter en cas de problème ;

  • connaître et respecter les règles de base liées à l’hygiène et la sécurité dans un établissement de bains ou un espace surveillé ;

  • savoir identifier les environnements et les circonstances pour lesquels l’ASNS permet d’évoluer en sécurité.

Selon nos observations, ces dimensions ne sont pas suffisamment prises en compte et certifiées pour apprendre à l’élève à en faire un bon usage en fonction des lieux : piscine publique, piscine privative, espaces naturels surveillés ou non, etc. Pourtant, nous disposons aujourd’hui d’un ensemble d’outils pédagogiques qui permettent de prévenir et éduquer aux dangers de la baignade.

Adapter les baignades selon les âges de la vie

En ce qui concerne les noyades chez les adultes en 2025, par rapport à 2024, le nombre de noyades suivies de décès en mer a augmenté de 20 % et avec l’âge. En matière de prévention, il faut les sensibiliser au fait de faire évoluer leur manière de se baigner aux différents âges de leur vie. Par exemple, au lieu de nager en mer en s’éloignant de la plage pour aller rejoindre la bouée des 300 m, il devient plus raisonnable de nager parallèlement à la plage.

En vieillissant, il faut pas hésiter à demander l’avis d’un professionnel pour adapter sa nage à son état de santé et à sa condition physique avant de s’aventurer trop loin et trop longuement.

Réduire les noyades à une seule question de savoir-nager ou de déficit d’infrastructures revient à occulter la complexité du phénomène. Les circonstances de survenue des noyades mettent également en jeu d’autres facteurs : la surestimation de ses propres capacités, la méconnaissance des risques liés aux milieux aquatiques, les comportements à risque, la consommation d’alcool, les conditions environnementales, ou encore l’absence d’une véritable culture de la prévention en fonction des âges de la vie.

Dès lors, la lutte contre les noyades ne peut se limiter au seul apprentissage des techniques de nage ; elle suppose également le développement d’une véritable éducation à l’aisance aquatique, à la gestion du risque et à la prise de décision dans des espaces surveillés ou non par des professionnels qualifiés. Également exposée aux conséquences des épisodes caniculaires, cette profession est sous tension et mérite la plus grande attention de la part des pouvoirs publics et le respect des baigneurs/nageurs.

The Conversation

Emmanuel Auvray ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Savoir nager est essentiel, mais ne suffit pas à prévenir les noyades – https://theconversation.com/savoir-nager-est-essentiel-mais-ne-suffit-pas-a-prevenir-les-noyades-286377

Canicule : pourquoi le vrai coût des coupures d’électricité n’apparaît dans aucun chiffre officiel

Source: The Conversation – in French – By Jean-Baptiste Vaujour, Senior Professor of Practice – Directeur du Master in Strategy & Consulting – Energy Economist, EM Lyon Business School

Au cours de la canicule de juin 2026, au total 335 000 foyers ont été privés d’électricité au fil des incidents, en France. Anne Nygard/Unsplash, Fourni par l’auteur

Combien coûtent les coupures d’électricité provoquées par les canicules ? Si ce chiffre reste absent des données officielles, le chercheur en économie de l’énergie Jean-Baptiste Vaujour s’est néanmoins attelé à une estimation de ce coût pour la dernière vague de chaleur extrême, en agrégeant les différents chiffres disponibles. Il nous montre, à travers cet exercice, combien notre système semble voué à subir plutôt qu’à anticiper si l’on ne prend pas ce coût en compte.


Le 23 juin 2026, vers 21 heures, une explosion au poste électrique de Squividan près de Quimper, prive de courant jusqu’à 120 000 foyers du sud-ouest du Finistère. La préfecture attribue l’incident aux fortes chaleurs. La France traverse alors une canicule d’une sévérité exceptionnelle : le 25 juin deviendra la journée la plus chaude jamais relevée à l’échelle nationale depuis 1947.

Ces coupures ont des impacts directs et diffus sur la santé publique : arrêt des climatiseurs et des ventilateurs, mais aussi des machines respiratoires à domicile et généralement de tous les appareils médicaux, par exemple. Leurs conséquences contribuent à la dangerosité des épisodes caniculaires.

L’image est saisissante, mais elle pose également une question peu traitée : quel est le coût pour la collectivité de tels épisodes et, par ricochet, vaut-il la peine d’investir pour s’en prémunir ?


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Un épisode, un ordre de grandeur

Lors d’un pic de chaleur, le réseau électrique est fortement mis sous pression. Ses différents composants montent à des températures importantes, ce qui peut mener à des dysfonctionnements, combustions ou même explosions pour les transformateurs. La capacité de transit du système se trouve de plus contrainte, un câble chaud dissipant moins bien la chaleur et voyant de surcroît sa résistance augmenter.

Sur la période du 19 au 27 juin 2026, un recensement de la presse régionale (La Voix du Nord, Ouest-France, Le Télégramme, Sud Ouest, La Dépêche, Le Progrès, Le Dauphiné libéré, La Provence, Le Parisien, Le Monde, France Bleu/ICI et Actu.fr, notamment) et des communiqués d’Enedis et du Réseau de transport de l’électricité (RTE) permet d’identifier une trentaine de coupures localisées d’ampleur, pour un cumul d’environ 335 000 foyers privés d’électricité au fil des incidents, et près de 50 000 au plus fort simultané, le 25 juin, quand Enedis active sa force d’intervention rapide électricité (FIRE). Ces chiffres sont une estimation basse : seuls les incidents médiatisés sont captés, et les coupures brèves ou fortement localisées échappent au décompte.


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Combien cela représente-t-il en euros ? La grandeur la plus directe est l’énergie non distribuée, que l’on peut estimer à environ 2 gigawattheures (GWh) pour la période considérée, sur la base des profils-types de consommation, de la durée des coupures et du nombre de foyers concernés.

Valorisée au coût de l’énergie non distribuée (33 000 euros par mégawattheure [MWh], arrêté du 5 août 2022, sur proposition de la Commission de la régulation de l’énergie, CRE, et de RTE), elle situe le coût de cet épisode autour de 66 millions d’euros ; avec une hypothèse plus prudente (20 000 €/MWh, valeur illustrative du ministère), la fourchette descend à 40 millions d’euros. Soit un repère central de l’ordre de 60 millions d’euros.

Mais ce montant ne couvre que l’électricité non livrée. Il laisse de côté la mobilisation et les réparations d’Enedis, les pertes économiques indirectes des entreprises et des ménages, et surtout toutes les coupures diffuses non répertoriables dans le présent décompte. Le coût réel est donc significativement supérieur.


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Plusieurs fois par an désormais

À partir de là, l’erreur serait de lire ces 60 millions d’euros comme un accident isolé. Depuis 2000, une vague de chaleur frappe la France quasiment chaque année, et souvent plusieurs fois : deux épisodes en 2025, trois en 2022, selon Météo-France. Le nombre de jours de vague de chaleur a doublé entre 2006–2015 et 2016–2025, et la trajectoire de référence pour l’adaptation prévoit une multiplication par cinq de tels jours, d’ici 2050.

Si l’on retient deux épisodes majeurs par an, en tendance récente, le coût visible des seules coupures atteint déjà l’ordre de 120 millions d’euros par an. S’il devait être traduit par un prix dans les factures, cela équivaudrait à une hausse de 3 euros par client par an environ. C’est un flux récurrent, non un événement exceptionnel. Et ce flux croît avec le réchauffement du climat.

La partie immergée de l’iceberg

Sous la surface, un coût diffus s’accumule toute l’année : les coupures ordinaires, brèves et dispersées, que résume le critère B. Cet indicateur mesure la durée moyenne annuelle de coupure par client basse tension suivie par la CRE. Il est considéré, jusqu’à aujourd’hui, comme une mesure de référence pour jauger de la qualité d’un réseau.

En 2025, il s’établit en moyenne nationale à environ 62 minutes par client et par an, hors événements exceptionnels (Enedis). Cet indicateur agrège les coupures liées notamment aux travaux et aux incidents, sans identifier si ceux-ci sont dus à une chute de neige abondante ou à une canicule.

Une canicule record comme celle de juin 2026 bascule justement dans la catégorie « exceptionnelle » et sort donc du périmètre du critère B. L’indicateur officiel de qualité ne verra donc presque rien d’un épisode pourtant massif. Le décompte des chocs exceptionnels se fait à part (critère B « exceptionnel », par rapport au critère B hors événements exceptionnels, dit « HIX »). Les deux mesures répondent à des questions différentes, l’une sur le quotidien du réseau, l’autre sur les chocs.

La conséquence pratique est qu’aucun chiffre public unique n’agrège la totalité des effets du réchauffement climatique. Il reste fragmenté entre une partie émergée, suivie de façon agrégée un an après, et une partie immergée, diffuse et noyée dans les agrégats.


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Subir ou éviter ?

Mettons maintenant ce coût sociétal en regard de ce que coûterait de réduire le risque. Enedis porte un plan de développement de 96 milliards d’euros sur 2022–2040, dont environ 25 %, soit 1,2 milliard à 1,3 milliard d’euros par an, sont fléchés vers la résilience climatique, selon les données d’Enedis et du Sénat. Le levier le plus directement lié à la canicule est le réseau souterrain : le remplacement des câbles à papier imprégné, qui défaillent lorsque le sol dépasse 70 à 80 °C, représente plus de 5 milliards d’euros d’ici 2040. S’y ajoutent la consolidation du réseau aérien (de l’ordre de 9,4 milliards d’euros) et le renforcement des transformateurs (plus de 2 milliards d’euros).

L’enseignement tient dans la comparaison des ordres de grandeur. Le coût annuel récurrent des coupures visibles, de l’ordre de la centaine de millions d’euros, n’est plus marginal au regard de l’investissement annuel d’adaptation, autour de 1,2 milliard à 1,3 milliard d’euros. Si l’on y ajoute la partie immergée et les coûts indirects non chiffrés ici, l’investissement de résilience cesse d’apparaître disproportionné face aux dommages qu’il vise à éviter. L’arbitrage classique entre dépenser maintenant et subir plus tard se rééquilibre.

Pourquoi cet arbitrage est-il pourtant difficile ? Parce que les deux termes n’ont pas la même visibilité. Le coût subi est diffus, supporté par les ménages et la collectivité, largement hors facture. Le dédommagement réglementaire des coupures le confirme : 2 euros par kilovoltampère (kVA) par tranche de cinq heures, au-delà de cinq heures consécutives seulement, plafonné à 400 euros et hors dégâts matériels (CRE, délibération 2021-13). Il ne couvre qu’une part de la perte. À l’inverse, la dépense d’investissement est concentrée, visible et financée par l’intermédiaire du tarif d’utilisation des réseaux (TURPE), directement imputé sur la facture des consommateurs à hauteur d’environ un tiers du prix final de l’électricité. On investit donc difficilement contre un coût que l’on ne mesure pas.

Quelques pistes derrière les chiffres

La présente comparaison ne prétend pas livrer un ratio coût-bénéfice, hors de portée sur la base des données disponibles. Elle explicite une intuition : tant que chaque canicule est traitée comme un accident, l’investissement de résilience paraît lourd ; mais dès lors qu’on la lit comme une charge annuelle récurrente et croissante, à laquelle s’ajoute un coût diffus permanent, le même investissement change de statut.

Pour aller plus loin, il serait utile de refondre le calcul du critère B et sa mise à disposition du public, afin d’identifier clairement ce qui relève des aléas climatiques exceptionnels (impacts catastrophiques) et ce qui relève d’un changement de fond des conditions climatiques (impacts chroniques et diffus).

Cela contribuerait aussi à mieux informer les collectivités locales, propriétaires concédantes des réseaux de distribution, sur la vulnérabilité de leurs actifs, et à travailler avec Enedis à la priorisation des travaux et des mesures d’adaptation locales, selon le nombre de clients concernés et la criticité de la continuité de fourniture.

Derrière ces chiffres, ce sont aussi les équipes de terrain d’Enedis qui sont mobilisées dans des conditions particulièrement difficiles, voire dangereuses, et qui doivent réparer en urgence pour rétablir le courant. Au-delà des enjeux purement économiques, il y a, tant chez Enedis que chez les nombreux clients coupés, de lourds enjeux de santé publique, de sécurité et de résilience, qui ne sauraient se réduire à une approche purement économique.

The Conversation

Jean-Baptiste Vaujour ne possède aucun conflit d’intérêts avec les entreprises mentionnées. S’il a travaillé quatre ans à la Direction de la Stratégie d’Enedis (2012-2016) puis pour le groupe EDF (2016-2020), il n’a plus aucun lien avec ces entreprises depuis lors.

ref. Canicule : pourquoi le vrai coût des coupures d’électricité n’apparaît dans aucun chiffre officiel – https://theconversation.com/canicule-pourquoi-le-vrai-cout-des-coupures-delectricite-napparait-dans-aucun-chiffre-officiel-286415