Reconocer a los trabajadores con talento será más fácil gracias a la IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Vanessa Chávez Peña, Profesora y Coordinadora de prácticas del Máster Universitario en Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

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Durante años, encontrar empleo dependía casi exclusivamente de contar con un buen currículum, títulos académicos y experiencia laboral. Sin embargo, la automatización, el análisis de datos y la irrupción de la inteligencia artificial han transformado no solo la forma de trabajar, sino también la manera en que las empresas identifican el talento.




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La inteligencia artificial está cambiando los procesos de selección de personal


En este nuevo escenario, se comienza a cuestionar si un título universitario puede predecir realmente el éxito profesional. Es el concepto de degree inflation (inflación de titulaciones) y, como respuesta, surge la selección basada en habilidades (Skills-Based Hiring).

Este modelo de contratación evalúa a las personas, más que por sus credenciales tradicionales, por sus competencias reales, su capacidad de adaptación y su potencial de aprendizaje. Además, permite ampliar oportunidades laborales a personas con trayectorias no convencionales.

Con este cambio, el papel del psicólogo organizacional se vuelve más importante: además de realizar entrevistas o aplicar pruebas psicométricas, debe interpretar datos, supervisar herramientas algorítmicas y velar que la tecnología se utilice de manera ética y centrada en las personas.

La selección basada en habilidades

Tradicionalmente, las empresas priorizaban candidatos con títulos prestigiosos y amplios años de experiencia. Sin embargo, con los cambios tecnológicos, muchas habilidades necesarias en el mercado laboral actual no siempre se aprenden en la universidad.

Diversos estudios sobre el futuro del trabajo indican que las organizaciones están dando cada vez más importancia a competencias como el pensamiento crítico, la creatividad, la resolución de problemas, la inteligencia emocional, el aprendizaje continuo y la adaptabilidad.

IA para el análisis de candidatos

Con la incorporación de la IA al área de recursos humanos, se han desarrollado herramientas de análisis (People Analytics) capaces de procesar grandes volúmenes de información sobre los candidatos para optimizar la toma de decisiones en la gestión del talento. Actualmente, algunos sistemas pueden, entre otras funciones: filtrar currículums, evaluar competencias, analizar el lenguaje verbal y escrito, detectar patrones de comportamiento, y estimar la probabilidad de adaptación cultural y rendimiento laboral de las personas.

Además, algunas organizaciones están incorporando modelos de selección predictiva basados en algoritmos y análisis de datos para estimar resultados laborales futuros de los candidatos.

Sin embargo, dado que los algoritmos aprenden a partir de datos históricos que pueden reproducir o amplificar desigualdades relacionadas con el género, la edad o la etnia, el psicólogo organizacional resulta fundamental para supervisar los procesos de selección automatizados, evaluar la validez y equidad de las herramientas utilizadas y garantizar decisiones más justas y éticamente responsables.

El nuevo rol del psicólogo organizacional

La transformación digital está redefiniendo el perfil del profesional de selección de personal. Además de las funciones tradicionales, el psicólogo organizacional debe desarrollar competencias relacionadas con: el análisis de datos, la interpretación de algoritmos, la evaluación ética de la IA y la detección de sesgos.

Así, el psicólogo organizacional deja de evaluar e identificar capacidades y competencias para asumir funciones de mediación entre la tecnología y las personas.

Riesgos éticos y futuro de la selección

Aunque la IA promete procesos de selección más rápidos y eficientes, también plantea desafíos éticos. Entre los principales, los sesgos algorítmicos, los riesgos para la privacidad de los datos, la posible deshumanización de las entrevistas y la falta de transparencia en las decisiones automatizadas, especialmente cuando los modelos utilizados no permiten explicar con claridad los criterios que conducen a una determinada evaluación.

Por ello, numerosos expertos y organismos internacionales defienden el desarrollo de una IA responsable en recursos humanos, basada en principios de equidad, supervisión humana, transparencia y rendición de cuentas.

Todo indica que el futuro de la selección será híbrido: una combinación entre inteligencia artificial y evaluación psicológica. Paradójicamente, cuanto más automatizado sea el mercado laboral, más importantes serán las habilidades genuinamente humanas, como la empatía, la comunicación y la creatividad.

Para terminar

La selección de personal está viviendo una transformación histórica. El antiguo modelo, centrado exclusivamente en títulos y experiencia, está dando paso a una visión basada en habilidades, potencial y adaptabilidad.

En el área de recursos humanos, la inteligencia artificial no reemplaza al psicólogo organizacional sino que transforma y amplía su función. En la nueva era del trabajo, el desafío no será elegir entre humanos o máquinas, sino aprender a combinar inteligencia tecnológica con comprensión humana.

Y quizá la lección más importante de esta transformación sea que, cuanto más inteligente se vuelva la tecnología, más imprescindible será la inteligencia humana para usarla con responsabilidad, sensibilidad y propósito.

The Conversation

María Vanessa Chávez Peña no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Ir en bicicleta: algo más que infraestructura

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Brazo-Sayavera, Profesor del área de Educación Física y Deportiva, Universidad Pablo de Olavide

Usuarios de un carril bici en Sevilla (España). Carlos Koblischek/Shutterstock

En 2021 la industria de la bicicleta en España alcanzó su mayor nivel de facturación en lo que va de siglo. Aunque desde entonces la cifra ha ido decreciendo, la fabricación de estos vehículos es elevada en comparación con otros países del entorno, lo que nos puede llevar a pensar que se siguen demandando. Sin embargo, poseer una bicicleta no es sinónimo de utilizarla para el desplazamiento cotidiano.

Además de existir más bicicletas en circulación, en los últimos años ha habido una apuesta importante por la ampliación de la infraestructura ciclista en España. Se ha dado un paso fundamental en el diseño de entornos urbanos más sostenibles y amigables para este tipo de transporte. Por ejemplo, mediante la construcción de más de mil kilómetros de carril bici, aparcamientos y sistemas municipales de alquiler, así como el incremento de calles con tráfico calmado.

El urbanismo táctico y las políticas de movilidad han creado el escenario físico necesario para su uso masivo. Sin embargo, la evidencia científica nos advierte de que el entorno construido, por sí solo, no garantiza un cambio de comportamiento social.

Aunque se están produciendo avances en este sentido, menos de la mitad de la población utiliza la bicicleta semanalmente. Además, existen cuatro barreras para convertir la bicicleta en una aliada cotidiana en los pueblos y ciudades españoles:

  1. Dificultades para trasladar bicicletas en otros medios de transporte.

  2. El uso de vehículos a motor para trayectos cortos.

  3. El incremento en el uso de vehículos autopropulsados (patinetes eléctricos).

  4. Falta de empatía con los usuarios de bicicletas.

El uso real comienza en la juventud

Esta desconexión entre disponer de bicicletas e infraestructura y el uso real es crítica en la infancia y la adolescencia. Se trata de periodos clave para el aprendizaje y la consolidación de hábitos de vida activos.

Un ensayo realizado en España para fomentar el uso de la bicicleta en jóvenes confirmó esta idea. En él se observó un incremento de la percepción de barreras físicas y de seguridad en el grupo que utilizó la bicicleta frente al grupo control.

Es decir, cuando los jóvenes realmente se exponen al tráfico urbano, su conciencia sobre los peligros reales (tales como la velocidad de los coches y el hecho de compartir calzada con vehículos motorizados, incluyendo autobuses y camiones, o de afrontar cruces con tráfico) aumenta.

Esto subraya que no basta con animar a pedalear: debemos garantizar entornos donde la seguridad percibida y objetiva confluyan.

Por otra parte, la percepción de esas barreras es mayor en los progenitores de familias usuarias de transporte motorizado en comparación con las que emplean la bicicleta. Este hallazgo plantea una pregunta relevante: ¿perciben más barreras porque sus hijos no utilizan la bicicleta, o precisamente esas percepciones están contribuyendo a que no la utilicen?

Necesitamos un cambio de mentalidad colectiva

Para extender el uso de la bicicleta es necesario un cambio de paradigma. Debemos ir más allá de un gran parque de bicis y una infraestructura ciclista infrautilizada: es necesario un cambio en la mentalidad colectiva hacia el uso de este medio de transporte en las ciudades y los pueblos.

Todos conocemos trayectos de cinco o diez minutos a pie que, por costumbre, terminamos haciendo en coche. Hemos normalizado el uso del vehículo motorizado incluso para desplazamientos que podrían realizarse caminando o en bicicleta, y que justificamos bajo la premisa de la falta de tiempo o la comodidad. Campañas de concienciación como los “Metrominutos escolares” ayudan a entender distancias y tiempos, además de ser estrategias motivadoras.

También son necesarias una serie de medidas educativas que suelen olvidarse en las agendas políticas, como la promoción de cursos para ir en bicicleta en ciudades dirigidos a la infancia y adolescencia. Sin olvidar el desarrollo del currículo educativo relacionado con la movilidad activa, que puede seguir favoreciendo un cambio de mentalidad en el uso para los más jóvenes. Estos procesos formativos sirven para perder miedo y ganar confianza y, por tanto, para cambiar de mentalidad.

La paradoja del estatus

A veces pensamos que prosperar es ir en un vehículo más caro o con un mayor confort, lo que reduce nuestras oportunidades de tener mejor salud. Este concepto de “estatus” ligado al vehículo privado choca frontalmente con las necesidades fisiológicas de movimiento de nuestro cuerpo. La evidencia nos indica que el desplazamiento al centro educativo es una de las oportunidades más claras para acumular minutos de actividad física de moderada a vigorosa.

Sin embargo, un reciente estudio muestra cómo el nivel socioeconómico podría explicar el uso del transporte activo hacia y desde la escuela. El trabajo mostró que un mayor nivel estaría asociado con un menor uso de transporte activo.

Esta paradoja revela que, en muchas ocasiones, disponer de mayores recursos económicos se traduce en una sobreprotección que fomenta el transporte motorizado. Esto priva a niños y adolescentes de la autonomía, el desarrollo motor y los beneficios cardiovasculares asociados al desplazamiento activo.

¿Y qué pasa en España?

En España, la Dirección General de Tráfico ha informado recientemente sobre las nuevas normas del Reglamento General de Circulación. Pueden servir de protección para usuarios de la bicicleta y entran en vigor a partir del 1 de octubre de 2026.

Esta acción se alinea con la estrategia por la bicicleta del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, que incluye numerosas acciones y recursos para fomentar su uso.

Si queremos que la utilización de la bicicleta se extienda más allá de la práctica deportiva y se convierta en medio de transporte es necesario que nuestra sociedad lo entienda así. Es insuficiente que unos pocos usuarios de bici conozcan sus beneficios, normas y manejo; será imprescindible que la sociedad entera tenga esos conocimientos y después pueda decidir libremente si encaja en su vida cotidiana.

El verdadero avance no se medirá solo en los kilómetros de carril bici construidos o en la facturación anual de la industria ciclista, sino en nuestra capacidad para reeducar la mirada social. Necesitamos integrar el transporte activo en las políticas de salud pública, mejorar la educación vial desde el respeto mutuo y desvincular el concepto de éxito personal del uso del coche privado. Solo así conseguiremos que la bicicleta deje de ser un artículo de ocio de fin de semana para convertirse en un verdadero motor de salud pública.

The Conversation

Javier Brazo-Sayavera recibe fondos del Consejo Superior de Deportes para el desarrollo de la Red Española por una Infancia Activa y Saludable. Es miembro de la Alianza Global por una Infancia Activa y Saludable. Además, coordina la Red Española por una Infancia Activa y Saludable.

Daniel Camiletti Moirón es miembro fundador de la Red Iberoamericana de Investigación en Desplazamiento Activo, Salud y Sostenibilidad, y además, miembro colaborador de la Red Española por una Infancia Activa y Saludable.

Manuel Herrador Colmenero es miembro de la Red Española por una Infancia Activa y Saludable.

Pablo Campos Garzón recibe financiación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades a través del Programa Beatriz Galindo. Es miembro de la Red Española por una Infancia Activa y Saludable y de la Red Iberoamericana de Investigadores en Desplazamiento Activo, Salud y Sostenibilidad.

Palma Chillón Garzón es miembro fundador de la Red Iberoamericana de Investigación en Desplazamiento Activo, Salud y Sostenibilidad, y además, miembro colaborador de la Red Española por una Infancia Activa y Saludable.

Susana Aznar es la directora grupo investigación PAFS-UCLM. Coordinadora en España de la Alianza Global por una Infancia Activa y Saludable. Representante del grupo Focal de España en la HEPA (Health Enhancing Physical Activity). Miembro de la Red Española por una infancia Activa y Saludable.

– ref. Ir en bicicleta: algo más que infraestructura – https://theconversation.com/ir-en-bicicleta-algo-mas-que-infraestructura-292018

Xi y Trump lo intentan de nuevo: ¿puede la diplomacia bilateral evitar la guerra entre gigantes?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gracia Abad Quintanal, Profesora Agregada de Relaciones Internacionales, Universidad Nebrija

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Mucho se ha hablado en los últimos tiempos de “la trampa de Tucídides” –el patrón histórico según el cual cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a una potencia dominante establecida, el riesgo de guerra entre ambas aumenta considerablemente– y de la inevitabilidad de un conflicto armado entre la República Popular China y Estados Unidos.

Sin embargo, los líderes de las dos grandes potencias parecen más convencidos que el politólogo estadounidense Graham Allison de la posibilidad de gestionar su rivalidad y evitar tal escenario que sería, sin duda alguna, el más perjudicial para ambas y también para el resto del mundo.

En efecto, Donald Trump y Xi Jinping, adalides de sendas estrategias de recuperación del esplendor perdido en sus respectivos estados –hacer América grande de nuevo el primero y revitalización nacional el segundo–, parecen decididos a asegurar el mantenimiento de una relación de estabilidad estratégica constructiva que permita que la relación bilateral no sea un obstáculo, sino incluso un activo en las respectivas estrategias de fortalecimiento.

Ese objetivo explicaría que el presidente estadounidense, Donald Trump, al que siempre sus seguidores han atribuido una gran habilidad negociadora, y el chino, del que cabe esperar el pragmatismo del que siempre han hecho gala en el Imperio del Centro, vayan a celebrar a partir del próximo jueves 24 su segunda reunión en apenas cinco meses. La anterior tuvo lugar en Pekín el pasado mes de mayo. En esta ocasión Xi Jinping visitará la Casa Blanca.

Los dos temas de la reunión

En consonancia con la dinámica observable a lo largo de los últimos meses, dos serán las cuestiones que centrarán la cumbre y sobre las que necesitarían lograr un acuerdo: la relación comercial y el desarrollo de la inteligencia artificial.

En el plano comercial, ambos presidentes buscarán dar continuidad a la tregua comercial acordada en Busan el 30 de octubre de 2025, en virtud de la cual fue posible una reducción de los aranceles mutuos y la reanudación del comercio de determinados productos, entre los que hay que destacar las tierras raras y los minerales críticos, de importancia vital para Estados Unidos.

Con todo, las expectativas en relación con la prórroga del acuerdo son diferentes ya que, mientras que China ve con buenos ojos el mantenimiento de las previsiones del mismo, Estados Unidos desearía extender el compromiso de compra por parte de la República Popular China a nuevos productos.

En el ámbito tecnológico, las conversaciones de los dos líderes girarán previsiblemente en torno a la inteligencia artificial. Más allá de la competencia en este ámbito y las diferencias existentes entre ellos en torno a la conveniencia de ralentizar o dosificar el desarrollo de la misma, sí parece plausible que ambos acuerden el establecimiento de un sistema de alerta temprana de incidencias relacionadas con la IA.

El sistema, llamado a permitir una comunicación rápida y transparente entre las dos potencias en un ámbito tan sensible, buscaría contribuir a evitar crisis de seguridad y escaladas que pudieran derivarse de tales incidentes. Sería, en último término, una medida de confianza de comunicación comparable al “teléfono rojo” de la Guerra Fría creado, no lo olvidemos, tras la Crisis de los Misiles de 1963. Aquel momento es el que se considera que Estados Unidos y la Unión Soviética estuvieron más cerca de un conflicto directo.

Más allá de esas dos cuestiones, al valorar lo que puede suponer esta cumbre no sería sensato prescindir del turbulento contexto internacional en que se desarrolla. En este sentido, cabe señalar, en primer lugar, que será difícil que no sobrevuelen la reunión las diferencias y tensiones entre las dos potencias en asuntos como las guerras en Irán y Ucrania o el conflicto de Taiwán. Aunque no sería extraño que, como ya ha ocurrido en otras ocasiones, las conversaciones sobre esas cuestiones no trasciendan a la opinión pública.

Xi Jinping no asistirá a la cumbre de la ONU

Por otra parte, no podemos dejar de mencionar la paradoja de que vamos a ser testigos: Xi Jinping, líder de una de las dos principales potencias del momento y supuesto máximo defensor de la multipolaridad, va a pasar buena parte de esta semana en suelo americano, pero no va a acudir a la Reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas que se celebra en Nueva York en el mismo periodo. Enviará en su lugar al vicepresidente chino, Han Zheng.

El movimiento bien puede reflejar a partes iguales el desdén del líder chino por la organización sobre la que se ha erigido desde la Segunda Guerra Mundial el sistema internacional y también la pérdida de relevancia que en el momento actual parece experimentar dicha organización.

En definitiva, las dos potencias mundiales principales, más allá de la retórica de alguna de ellas, parecen confiar mucho más en la diplomacia bilateral y en los acuerdos entre ellas que en procesos más amplios en los que tengan cabida otros actores.

Solo cabe desearles suerte y aciertos porque los resultados de sus conversaciones les afectaran no solo a ellos, sino a otros muchos actores. Empezando, claro está, por la Unión Europea.

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Gracia Abad Quintanal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Puede un estudio equivocado parecer convincente? El caso de las vacunas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Felipe Reyes, Profesor de muy alto prestigio en Enfermedades Infecciosas, Universidad de La Sabana

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En los últimos meses, ha circulado ampliamente en redes sociales, en un documental y hasta en las audiencias del Senado de Estados Unidos un análisis que asegura que los niños vacunados se enferman más que los no vacunados. La cifra que se repite es llamativa: un riesgo dos veces y medio mayor de desarrollar enfermedades crónicas.

El problema es que ese estudio nunca pasó por revisión por pares, el proceso mediante el cual otros científicos examinan un trabajo antes de considerarlo fiable. Se trataba de un borrador interno de la institución Henry Ford Health que fue rechazado por el propio centro de investigación debido a sus deficiencias metodológicas. Sin embargo, sus conclusiones se difundieron como si fuera evidencia establecida.

Junto a un grupo internacional de investigadores en vacunología, pediatría, epidemiología y salud pública, examinamos ese análisis con detalle y publicamos nuestra evaluación en la revista científica Clinical Infectious Diseases. Lo que encontramos no revela una conspiración ni un fraude, sino algo más instructivo: un claro ejemplo de cómo un estudio con fallos metodológicos serios puede parecer, a primera vista, bastante convincente.

Una historia que ya conocemos

No es la primera vez que ocurre algo así. En 1998, un estudio publicado en The Lancet vinculó falsamente la vacuna triple viral (sarampión, paperas y rubéola) con el autismo. Fue retractado por la propia revista médica años después, pero el daño ya estaba hecho. La cobertura vacunal cayó en varios países y el sarampión, una enfermedad casi por completo prevenible, volvió a circular.

Un cuarto de siglo más tarde, el patrón se repite con otro nombre y otra plataforma, pero con la misma lógica. Una afirmación alarmante, difundida antes de que la comunidad científica pueda examinarla, gana terreno más rápido de lo que cualquier corrección puede alcanzarla.

El estudio en cuestión analizó a cerca de 18 000 niños atendidos en un sistema de salud de Estados Unidos entre 2000 y 2016, comparando a quienes habían recibido alguna vacuna con quienes no habían recibido ninguna. La cifra de afectados por autismo resulta alarmante. El problema es cómo se llegó a ella.

Por qué los números pueden engañar sin que nadie mienta

Una asociación estadística no es automáticamente una relación de causa y efecto. Para que lo sea, hay que descartar otras explicaciones posibles, algo que no se hizo en el caso de los niños vacunados con enfermedades crónicas.

La primera explicación es simple: los niños vacunados acudían al médico, en promedio, siete veces al año, frente a solo dos entre los no vacunados. Cuantas más veces ve un niño a un médico, más oportunidades hay de que se le diagnostique algo, desde una otitis hasta un retraso del habla. No es que las vacunas causen esas condiciones; es que quienes acuden más a consulta tienen más probabilidades de que se les detecte y registre cualquier problema. En epidemiología, esto se conoce como sesgo de detección y es una de las trampas más frecuentes al comparar grupos con distinto nivel de contacto con el sistema de salud.

La segunda tiene que ver con el tiempo. Los niños vacunados fueron seguidos, en promedio, el doble de tiempo que los no vacunados. Como muchas enfermedades crónicas (entre ellas, los trastornos del desarrollo o el asma) se manifiestan años después del nacimiento, un seguimiento más largo aumenta simplemente la probabilidad de detectarlas, independientemente de la vacunación.

A esto se suma que el estudio trató la vacunación como una condición fija desde el nacimiento, cuando en realidad los niños pasan de “no vacunados” a “vacunados” en distintos momentos de su vida. Ignorar ese detalle introduce un error conocido como sesgo de tiempo inmortal. Así, si tenemos 100 niños en total, de los cuales 50 están vacunados en un momento especifico de la vida (en este caso, al nacer), ese numero cambia con el tiempo, porque cuando lleguen a tener 10 años habrá muchos más vacunados. Por tanto, es inapropiado asumir que las vacunas causan autismo o cualquier enfermedad: con el pasar de los años, la mayoría de los niños van a estar vacunados y no se puede asumir que lo que les pasa se explica por la vacuna.

Finalmente, los investigadores examinaron decenas de posibles enfermedades sin ajustar sus cálculos por el número de comparaciones realizadas, algo parecido a lanzar una moneda cien veces y sorprenderse de que, en algunas tandas, salga cara ocho veces seguidas.

Ninguno de estos elementos, por separado, bastaría para invalidar un estudio. Juntos, sin embargo, apuntan en la misma dirección: hacia una sobrestimación sistemática del riesgo en el grupo vacunado, no por la vacuna en sí, sino por cómo se diseñó y analizó la comparación.

Lo que sí sabemos, con honestidad

Ningún estudio, ni el que criticamos ni la evidencia que lo contradice, puede descartar por completo efectos adversos raros o específicos de ciertas vacunas. De hecho, el sistema de vigilancia de seguridad vacunal ha identificado señales reales, como ciertos casos de miocarditis tras vacunas de ARN mensajero.

Lo que sí muestra la evidencia acumulada durante décadas, con estudios de cientos de miles de participantes en países con registros sanitarios muy completos, es que no existe una relación causal entre la vacunación infantil rutinaria y un mayor riesgo de enfermedades crónicas como el autismo, el asma o las dolencias autoinmunes.

Un problema que nos incumbe a todos

Lo preocupante, más allá de este caso puntual, es la velocidad con la que un análisis sin revisar puede convertirse en verdad pública antes de que la ciencia tenga tiempo de examinarlo, un proceso que ahora se acelera con sistemas de inteligencia artificial , capaces de repetir y amplificar conclusiones erróneas como si fueran hechos establecidos.

Adicionalmente, es importante recordar que esto no es solo un problema en la medicina, sino en todas las ramas del conocimiento y que se suma a la imposibilidad de reproducir los resultados de los experimentos, que se ha venido documentando recientemente y se conoce como “crisis de replicación” de la ciencia.

No se trata de censurar la ciencia abierta, sino de algo más simple: que los estudios sin revisar se etiqueten como tales, que los medios y los políticos eviten presentarlos como evidencia definitiva y que, como sociedad, recuperemos la costumbre de preguntar cómo se hizo un estudio antes de aceptar lo que dice haber encontrado.

En un momento en que enfermedades que creíamos controladas, como el sarampión, vuelven a aparecer por caídas en la vacunación, entender esta diferencia no es un ejercicio académico. Es, sencillamente, salud pública.

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Luis Felipe Reyes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Puede un estudio equivocado parecer convincente? El caso de las vacunas – https://theconversation.com/puede-un-estudio-equivocado-parecer-convincente-el-caso-de-las-vacunas-289630

Una década de informes Copernicus sobre el estado de los océanos: del conocimiento a la acción

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Marcos, Investigadora en IMEDEA (CSIC – UIB) y Profesora Titular de Universidad de Física de la Tierra, Universitat de les Illes Balears

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Este año se cumple la décima edición de la publicación anual del Informe del Estado de los Océanos del Servicio de Vigilancia Marina Copernicus de la Unión Europea. Basado en trabajos científicos de investigadores de todo el mundo, cada informe proporciona una visión actualizada del entorno marino, de su variabilidad y de sus efectos sobre el clima, la biodiversidad y la sociedad. Incluye observaciones remotas (mediante datos de teledetección), además de datos de la superficie y el interior (mediciones in situ) del océano global azul (hidrografía, corrientes), blanco (hielo marino) y verde (procesos biogeoquímicos, desde la acidificación al transporte de clorofila).

Tanto los datos en los que se apoyan los informes como sus resultados son completamente abiertos y accesibles, lo que favorece su comunicación y proporciona, mediante la solidez que aporta la evidencia científica, herramientas para la protección y sostenibilidad de los océanos.

¿Cómo medimos el océano blanco? Vídeo del Servicio Marítimo Copernicus.

Pasar de investigar a actuar

Desde su inicio en el año 2016, los informes anuales han descrito, investigado y cuantificado los cambios observados durante las últimas décadas, prestando especial atención a los eventos más recientes. Su décima edición, que se hará pública el 30 de este mes, corrobora las tendencias de calentamiento y acidificación y el aumento paulatino del nivel del mar.

Las observaciones indican que la temperatura superficial ha aumentado a un ritmo de 0.12 ºC por década entre 1982 y 2025, mientras que el calor del océano ha alcanzado su máximo en 2025.

En este contexto, el nivel del mar suma ya más de 4 milímetros al año de subida global desde 2012, a un ritmo que se ha ido acelerando en las últimas décadas. Por otro lado, en promedio, los océanos son un 17 % más ácidos que en el periodo 1985-2025.

El documento recoge también cambios significativos en las regiones polares, reflejados en la pérdida acelerada de hielo marino y en un incremento de la salinidad en aguas del Ártico en la última década.

Asimismo, como es habitual, incide en algunos de los eventos extremos recientes más dañinos para los ecosistemas y las regiones costeras, como las olas de calor marinas y los efectos de los temporales. Todo ello, con el propósito de transformar el conocimiento en acción, de desarrollar infraestructuras resilientes y estrategias adecuadas de conservación.

Un mar más caliente y tormentoso

Después de varios veranos en los que se han superado récords históricos de temperatura en Europa, las olas de calor marinas cobran especial relevancia. En las regiones costeras, influyen en la sensación térmica, principalmente, a través de la humedad. Un mar con una temperatura anormalmente cálida evapora más agua e incrementa la humedad de la atmósfera, que es transportada hacia tierra por las brisas. El resultado es un calor más húmedo, una sensación térmica más alta y un impacto mayor sobre la salud.

En el año 2024, el mar Mediterráneo y el mar Negro experimentaron olas de calor con intensidad y duración sin precedentes. En algunas regiones, las temperaturas de la superficie del agua excedieron las habituales en 4.6 ºC, con algunos episodios que duraron hasta 30 días. En parte, esto es debido al progresivo calentamiento del mar: en el Mediterráneo, la temperatura promedio de la superficie en 2024 ha sido 1.23 ºC superior al promedio desde 1982.

Un mar más caliente también favorece la intensificación de los episodios de tormenta. En el año 2023, el temporal Minerva causó inundaciones importantes en el Adriático, igual que la tormenta Boris, en 2024. También en el año 2024, la tormenta Louis cruzó la península ibérica, afectando a dos puertos en localizaciones tan diferentes como el de Langosteira, en Galicia, y el de Tarragona, en Cataluña. Los intensos vientos generaron olas de hasta 8 metros de altura; provocó interrupciones en el transporte, apagones e, incluso, un fallecido.

Pequeños Estados insulares

Como novedad, el informe de este año analiza los efectos de los cambios oceánicos en los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (abreviado como PEIDs), reconocidos por Naciones Unidas como un grupo de estados que afrontan vulnerabilidades sociales, económicas y ambientales específicas. Estos territorios dependen, en gran medida, de los recursos oceánicos y, por tanto, experimentan de forma desproporcionada y más aguda los impactos de los cambios en el entorno marino.

A pesar de su pequeño tamaño, sus zonas económicas exclusivas (ZEE) gobiernan el 8 % de la superficie global de los océanos y el 15 % de los océanos tropicales. Estos territorios son, al mismo tiempo, guardianes de valiosos ecosistemas marinos y centinelas de los impactos del cambio climático oceánico.

Así, el 65 % de sus ZEE están directamente expuestas al aumento acelerado del nivel del mar (muchos de estos territorios están formados por islas de elevaciones muy bajas) y a un calentamiento por encima de la media global. Al mismo tiempo, en el 56 % de ellos, se ha observado que el potencial de intensificación de ciclones tropicales ha aumentado desde 1960.

Un futuro oceánico resiliente

El informe sobre el estado de los océanos, un año más, demuestra que el conocimiento de los océanos no es solo importante desde una perspectiva científica. Una mejor compresión y observación son las herramientas imprescindibles para asegurar un entorno marino resiliente y proteger ecosistemas, poblaciones y economías frente al reto del cambio climático.

The Conversation

Marta Marcos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Una década de informes Copernicus sobre el estado de los océanos: del conocimiento a la acción – https://theconversation.com/una-decada-de-informes-copernicus-sobre-el-estado-de-los-oceanos-del-conocimiento-a-la-accion-291177

La desinformación ya no solo manipula: también aprovecha la confianza en empresas o instituciones para intentar estafarnos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Leticia Rodríguez Fernández, Profesora Titular en el Departamento de Marketing y Comunicación. Directora General de Comunicación Estratégica., Universidad de Cádiz

Pixelplus8/Shutterstock

Recibe un mensaje que le informa de que debe recoger un paquete de una compra que nunca ha realizado. Un contacto le reenvía por WhatsApp una supuesta promoción de una marca muy conocida que le pide sus datos personales como base para participar. Mientras navega por internet, aparece un vídeo, de mala calidad, donde el presidente de una gran compañía recomienda una inversión que le proporcionará beneficios extraordinarios. Estas situaciones, tan distintas, forman parte de nuestro día a día y tienen un elemento base en común: utilizan la confianza que depositamos en empresas e instituciones para intentar engañarnos.

La mayoría de las personas asocia la desinformación con elecciones, salud o seguridad ciudadana. Sin embargo, las empresas e instituciones también son objeto de este tipo de campañas, que pueden además enmascarar algún tipo de ciberdelito. Solo en 2025, el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) gestionó más de 122 000 incidentes de ciberseguridad, un 26 % más que el año anterior. El fraude online supone 4 de cada 10 incidentes de seguridad, y su frecuencia se ha incrementado un 19 % con respecto a 2024.

La desinformación y el fraude digital forman hoy parte de una misma cadena de ataque. La primera construye un relato creíble aprovechando la reputación de empresas e instituciones, mientras que el segundo materializa el engaño mediante el robo de datos, la suplantación de identidad o las estafas económicas.

En España, las empresas, especialmente las que pertenecen a los sectores del comercio minorista y la banca, son las principales víctimas de este tipo de desinformación. Por su parte, las instituciones públicas son las que sufren una mayor reiteración de ataques, convirtiéndose en objetivos recurrentes de esas campañas. Así lo recoge el estudio Desinformación sobre empresas e instituciones y sus estrategias de respuesta: análisis longitudinal de verificaciones en España (2023-2025), que analizó 630 verificaciones publicadas durante 2023 y el segundo trimestre de 2024 y 2025.

Cuando las respuestas llegan tarde

Pese a la creciente sofisticación de estas campañas, la respuesta de las organizaciones sigue siendo limitada. Solo en el 52,6 % de las verificaciones analizadas se documentó alguna actuación por parte de la entidad afectada. Además, las respuestas suelen ser reactivas: llegan cuando el engaño ya circula como una acción necesaria para paliar sus posibles consecuencias.

La estrategia más habitual consiste en desmentir la información a través de redes sociales, seguida de la publicación de posicionamientos en las páginas web corporativas o de declaraciones facilitadas a los verificadores. Frente a ello, los comunicados de prensa, el contacto directo con las personas afectadas o las acciones preventivas continúan siendo medidas de aplicación excepcional.

Las estafas económicas constituyen hoy la forma más frecuente de desinformación dirigida contra las organizaciones. La técnica más utilizada es el phishing, que consiste en engañar al usuario para que entregue datos personales o credenciales bancarias haciéndose pasar por una entidad de su confianza.

Estos fraudes pueden simular avisos de la Agencia Tributaria, multas de tráfico o comunicaciones oficiales, pero también recurren a mensajes SMS (smishing) o llamadas telefónicas (vishing), en las que los delincuentes se hacen pasar por empleados de un banco para obtener las claves de acceso de la víctima.

También son habituales los casos de suplantación de identidad corporativa e institucional mediante páginas web falsas y logotipos copiados, así como comunicados falsos o declaraciones irreales atribuidas a portavoces y directivos de empresas e instituciones. Destaca también el uso de deepfakes (vídeos manipulados) en los que una referencia conocida ofrece sus recomendaciones de inversión o recomienda algún producto.

La IA multiplica el problema

A esta coyuntura se añade el uso de la inteligencia artificial, que permite profesionalizar este tipo de campañas. En cuestión de minutos un ciberdelincuente puede clonar voces o crear páginas web prácticamente idénticas a las originales. Como si de una empresa se tratara, los recursos se explotan con distintos fines.

Así, los ciberdelincuentes reutilizan una misma plantilla para atacar a múltiples marcas, cambiando el nombre, el logotipo y los colores de la página para convertir una estafa dirigida a una cadena comercial en otra aparentemente vinculada a un banco o a una empresa de mensajería. La IA no solo hace más creíbles los engaños, también permite producirlos y adaptarlos a gran escala.

La desinformación es, por tanto, mucho más que un problema político o social: se ha convertido en una herramienta de ciberdelincuencia que explota la confianza que depositamos en las marcas y en las instituciones.

Por eso, además de verificar si una información es verdadera o falsa, resulta imprescindible aprender a reconocer los patrones con los que operan hoy las estafas digitales.

Independientemente de cual sea su objetivo, la desinformación busca aprovecharse de la confianza con la que actuamos. Una confianza que cada vez cuesta más construir y mantener desde la comunicación de las organizaciones.

The Conversation

Leticia Rodríguez Fernández recibe fondos de Proyecto de Investigación “Comunicación estratégica ante el reto de la desinformación, desafíos, innovación y respuestas (COMDESIR)” FEDER-UCA-2024-B1-01 cofinanciado por el Programa Operativo FEDER Andalucía 2021-2027 y por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía.

Alfonso Maximiliano Rodríguez de Austria Giménez de Aragón recibe fondos del Proyecto de Investigación “Comunicación estratégica ante el reto de la desinformación, desafíos, innovación y respuestas (COMDESIR)” FEDER-UCA-2024-B1-01 cofinanciado por el Programa Operativo FEDER Andalucía 2021-2027 y por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía.

Isabel Robles Márquez desarrolló la investigación de la que se deriva este artículo en el marco de la Beca Colaboración UCA (curso 2023/2024) del Departamento de Marketing y Comunicación de la Universidad de Cádiz, vinculada al proyecto ‘La comunicación de las organizaciones españolas frente a la desinformación’.

– ref. La desinformación ya no solo manipula: también aprovecha la confianza en empresas o instituciones para intentar estafarnos – https://theconversation.com/la-desinformacion-ya-no-solo-manipula-tambien-aprovecha-la-confianza-en-empresas-o-instituciones-para-intentar-estafarnos-286991

Logements pour femmes itinérantes à Montréal : de l’aide au loyer, mais qu’en est-il de la transition ?

Source: The Conversation – in French – By Mélanie Fournier, Doctorante en psychologie, itinérance féminine et expérience de l’habiter, Université du Québec à Montréal (UQAM)

Le projet Elmhurst, dont la construction doit débuter à l’automne 2026 à Montréal, comportera une cinquantaine de logements de transition pour des femmes en situation d’itinérance. Mais comme souvent pour de tels projets, l’aide financière est liée au logement plutôt qu’à sa locataire. La question du soutien aux occupantes pour la transition vers leur prochaine adresse demeure.


Le projet Elmhurst, qui a été annoncé le 15 juillet 2026, prévoit la construction, dans le quartier Notre-Dame-de-Grâce à Montréal, d’une cinquantaine d’unités modulaires destinées à des femmes en situation d’itinérance ou à risque de l’être.

Développé par Communia en collaboration avec l’Office municipal d’habitation de Montréal (OMHM), le projet doit entrer en chantier en septembre 2026. Il mise sur le préfabriqué pour livrer plus vite, contenir les coûts et reproduire le modèle ailleurs. Il s’agira de logements de transition — des unités individuelles et des espaces communs — avec un accompagnement assuré par la Mission Old Brewery.

Les résidentes admissibles pourront recevoir un supplément au loyer qui limitera leur contribution à 25 % de leur revenu. La Société d’habitation du Québec (SHQ) assumera 90 % de ce supplément, et la Ville de Montréal 10 %. Pour une femme vivant de prestations, d’un emploi précaire ou d’un revenu variable, c’est ce qui fait la différence entre un loyer payable et un loyer hors de portée.

L’aide suit-elle la femme ou le logement ?

Mes travaux doctoraux portent sur les trajectoires résidentielles de femmes après l’itinérance. Ils m’amènent à regarder moins le jour où une porte s’ouvre que ce qui permet de rester logée après l’avoir franchie.




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Elmhurst étant un milieu de transition, la question n’est pas seulement ce que les femmes y paieront, mais aussi ce qu’elles paieront à l’adresse suivante. Sortir de l’itinérance ne suffit pas, il faut aussi pouvoir ne pas y revenir.

La Ville affirme que les femmes pourront y vivre pour une période variable, selon leurs besoins et sans durée uniforme imposée au départ. Cette souplesse évite une sortie arbitraire, sans créer pour autant le logement permanent abordable qui doit suivre.

La Mission Old Brewery accompagnera les résidentes dans leur démarche vers un logement permanent. Ni cette fiche ni le communiqué ne précisent toutefois ce qu’il adviendra de l’aide au loyer au départ d’une résidente. Un modèle d’entente rattache le supplément au logement désigné, non au ménage qui l’occupe. Le montage retenu pour Elmhurst reste à confirmer.

Si cette règle s’applique, l’unité demeurera abordable pour la résidente suivante. On ignore toutefois quelle solution permettra à celle qui part de payer le logement suivant : s’agira-t-il d’un autre supplément, d’une place en HLM, d’un logement communautaire, ou d’une autre option durable ?

Voilà le point à clarifier. Sans passerelle, la transition devient un sursis.

Les avantages de l’approche à long terme

Une évaluation américaine a mesuré précisément ce que change la durée de cette aide et la forme d’intervention. Au début des années 2010, la Family Options Study, a mené une recherche commandée par le département américain du Logement et du Développement urbain (HUD) en partenariat avec l’Université Vanderbilt. Cette équipe interdisciplinaire réunissait notamment des spécialistes de l’évaluation des politiques publiques, de l’économie et de la psychologie communautaire. Elle a recruté 2 282 familles hébergées en refuge, dans 12 collectivités, et les a réparties au hasard entre quatre voies : une subvention à long terme, une aide courte au relogement, un logement transitoire avec services intensifs et enfin les services habituellement offerts en refuge.




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Au suivi de 37 mois, 16 % des familles auxquelles un accès prioritaire à une subvention à long terme avait été offert rapportaient avoir vécu, dans les six mois précédents, un épisode d’itinérance ou une cohabitation faute de pouvoir se loger. Mais dans le groupe des services habituels, la proportion atteignait 34 %. Les familles du premier groupe rapportaient aussi moins d’insécurité alimentaire, de détresse psychologique et de violence conjugale.

Cette population, composée de familles américaines avec enfants, ne correspond pas exactement aux futures résidentes d’Elmhurst, même si 91,8 % des adultes répondants étaient des femmes. L’étude montre néanmoins que, parmi les interventions comparées, l’offre d’une subvention à long terme produit les résultats les plus nets.

Au Canada, une équipe interdisciplinaire réunissant notamment des chercheuses et chercheurs de l’Université McGill, de l’Université Western et du Centre de recherche Douglas, a publié en 2024 une recension sur ce qu’il advient des femmes après un séjour en refuge. Elle n’a retenu que 20 études quantitatives ou mixtes : 16 aux États-Unis, trois au Canada et une aux Pays-Bas. Selon cinq d’entre elles, de 23 % à 46 % des femmes connaissaient encore une situation résidentielle instable dans l’année suivant leur sortie._

D’une étude à l’autre, les mêmes constats reviennent. Le logement subventionné et l’aide financière ressortent comme des facteurs favorables. Et les loyers élevés, les baux courts, les limites de durée et les listes d’attente sont des obstacles. Les chercheurs invitent à déplacer le regard de la gestion de crise vers la durabilité du logement.

Ces résultats ne veulent pas dire que l’accompagnement est accessoire. Ils rappellent qu’il ne remplace pas un loyer payable. Le logement met fin à l’absence de domicile, la subvention le rend payable et l’accompagnement soutient son maintien.

Suivre les résidentes après leur départ

Le projet Elmhurst est présenté comme une expérience pilote et reproductible. Son évaluation ne devrait donc pas s’arrêter au coût de construction, au délai de livraison ou au taux d’occupation. Le nombre de départs ne suffit pas non plus. Une sortie rapide n’est pas une réussite si elle mène à un logement impayable, et un séjour prolongé n’est pas nécessairement un échec quand rien de plus stable ne s’offre.


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Il faudra suivre les résidentes six mois, un an et deux ans après leur départ. Vivent-elles toujours dans un logement stable, et à quel prix ? Combien reviennent en refuge ou passent de nouveau par des cohabitations précaires ? L’aide financière et l’accompagnement survivent-ils au changement d’adresse ?

Construire rapidement une cinquantaine d’unités répond à une urgence réelle. Le chantier dira si la préfabrication permet d’ouvrir des portes plus vite. Les mois, puis les années suivant la sortie diront si ces portes mènent vers une stabilité durable.

La Conversation Canada

Mélanie Fournier travaille comme agente de recherche à La rue des Femmes, un organisme montréalais intervenant auprès de femmes en situation d’itinérance. La rue des Femmes n’est pas partenaire du projet Elmhurst et n’a pas participé à la préparation de cet article.

– ref. Logements pour femmes itinérantes à Montréal : de l’aide au loyer, mais qu’en est-il de la transition ? – https://theconversation.com/logements-pour-femmes-itinerantes-a-montreal-de-laide-au-loyer-mais-quen-est-il-de-la-transition-289582

Élections en Suède et au Québec : des enjeux similaires, des approches différentes

Source: The Conversation – in French – By Christophe Premat, Professor, Canadian and Cultural Studies, Stockholm University

Avec respectivement un peu plus de dix et neuf millions d’habitants, la Suède et le Québec sont d’une taille comparable et partagent un attachement important aux services publics et à la protection sociale. Les Suédois ont renouvelé leur Parlement le 13 septembre, tandis que les Québécois sont appelés aux urnes le 5 octobre.

Pourtant, derrière des préoccupations similaires comme le coût de la vie, la santé, l’immigration, le logement, l’environnement ou la sécurité apparaissent des cultures politiques sensiblement différentes.

En tant que chercheur en études culturelles francophones, je m’intéresse notamment aux discours politiques et à la manière dont ils font émerger certaines expressions qui finissent par caractériser une société à un moment donné.

Une campagne électorale constitue à cet égard un observatoire privilégié, car les partis ne cherchent pas seulement à proposer des mesures. Ils tentent aussi d’imposer des mots, des formules et des représentations capables de définir les problèmes d’une société et la manière dont celle-ci se raconte.

En Suède, un nouvel équilibre politique

En Suède, les élections ont mis fin à la majorité parlementaire sur laquelle s’appuyait le gouvernement d’Ulf Kristersson formé par les Modérés (Parti conservateur), les Chrétiens-démocrates et les Libéraux, et soutenu au Parlement par les Démocrates de Suède (extrême droite), sans que ces derniers participent directement au gouvernement.

Les quatre partis d’opposition disposent ensemble de 176 sièges contre 173 pour la droite sortante. Les Sociaux démocrates de Magdalena Andersson (centre gauche) doivent désormais réunir des soutiens suffisamment larges pour gouverner.

Au Québec, les sondages laissent prévoir un gouvernement minoritaire, où le parti élu devra forcément faire des alliances. Les cinq principales formations oscillent entre la gauche de Québec solidaire, représentée par Ruba Ghazal, le centre avec la Coalition avenir Québec de Christine Fréchette, le Parti québécois de Paul St-Pierre Plamondon, et le Parti libéral du Québec de Charles Milliard, et la droite, avec le Parti conservateur du Québec d’Éric Duhaime.

Deux manières de faire campagne

La différence apparaît d’abord dans le style des campagnes.

En Suède, la compétition demeure fortement structurée par les partis et par la logique des blocs parlementaires, si bien que la question de savoir quelles formations pourront gouverner ensemble accompagne constamment celle du parti qui arrivera en tête.

La personnalisation de la vie politique progresse néanmoins dans les deux systèmes. En Suède, elle se manifeste notamment par la mise en avant des prétendants au poste de premier ministre.

Au Québec, cette logique est plus prononcée. En effet, la campagne emprunte davantage aux codes nord-américains et s’organise largement autour des chefs, de leurs déplacements, de leurs annonces et des débats télévisés.

Cette différence de degré ne change pas la logique institutionnelle fondamentale : ni les Québécois ni les Suédois n’élisent directement leur premier ministre. Dans les deux cas, celui-ci émerge du jeu parlementaire.

Même parlementarisme, deux systèmes électoraux

En Suède, les 349 sièges du Riksdag sont répartis selon un système proportionnel qui permet au nombre de députés d’un parti de refléter assez fidèlement son poids électoral. Cette proportionnelle favorise la représentation de plusieurs formations et rend les négociations entre elles presque inévitables après le scrutin.

Le Québec offre presque l’image inversée puisque la province compte, pour l’élection de 2026, 127 circonscriptions dans lesquelles le candidat qui obtient le plus de voix remporte le siège, même lorsqu’il n’atteint pas la majorité absolue. Un parti peut ainsi recueillir une part importante des suffrages dans l’ensemble du Québec, mais obtenir relativement peu de députés lorsque ses électeurs sont répartis dans des circonscriptions où ses candidats terminent régulièrement en deuxième position.

Que peut encore promettre l’État social ?

Les deux campagnes se rapprochent davantage lorsqu’il est question de l’État-providence.

En Suède, les Sociaux démocrates ont replacé le système de santé, l’école et les soins aux personnes âgées au centre de leur campagne, tandis que les Modérés ne remettent pas en cause le principe d’une protection sociale développée, mais insistent davantage sur son efficacité et sur la fiscalité.

Le même débat apparaît au Québec sous une forme différente. Québec solidaire défend une intervention publique plus importante, tandis que le Parti conservateur souhaite réduire la place de l’État et accroître celle du secteur privé. Entre ces deux pôles, Christine Fréchette doit défendre huit années de gouvernement de la CAQ tout en imprimant sa marque après François Legault. Paul St-Pierre Plamondon conjugue défense du modèle social québécois et souveraineté, et Charles Milliard cherche à redéfinir l’offre du Parti libéral.

Immigration et identité

L’immigration fait apparaître une autre différence. En Suède, les Démocrates de Suède de Jimmie Åkesson (extrême droite) ont profondément transformé le débat depuis leur entrée au Riksdag en 2010 et leur influence a contribué au durcissement de la politique migratoire, y compris chez certains de leurs adversaires.

Le tournant est particulièrement visible depuis la crise migratoire de 2015, lorsque la Suède a reçu quelque 163 000 demandes d’asile en une seule année. Dix ans plus tard, le paysage est très différent : seulement 9 600 demandes ont été enregistrées en 2024, et les autorités en prévoyaient environ 7 000 pour 2025. Cette baisse accompagne un changement plus profond de doctrine. Après avoir longtemps mis l’accent sur l’accueil et l’accès aux droits, la politique suédoise insiste désormais davantage sur la réduction de l’immigration liée à l’asile et sur les exigences imposées aux nouveaux arrivants en matière d’intégration.

La langue occupe une place centrale dans ce changement. Le gouvernement Kristersson a renforcé les exigences entourant les cours de suédois pour immigrés (SFI) et défend une conception de l’intégration fondée sur la maîtrise du suédois, l’autonomie économique et la connaissance de la société. Depuis mars 2025, les nouveaux demandeurs d’asile doivent par ailleurs, sauf exception, résider dans un centre désigné par l’Agence des migrations pour bénéficier des allocations qui leur sont destinées.

Ces transformations interviennent dans une société dont la composition démographique a elle-même beaucoup changé. En 2025, 2,21 millions d’habitants étaient nés à l’étranger, soit un peu plus de 20 % de la population, contre environ un million en 2000. Si l’on adopte la définition plus large de « population d’origine étrangère » utilisée par l’agence statistique suédoise — personnes nées à l’étranger ou nées en Suède de deux parents nés à l’étranger — cette proportion atteignait 28 % de la population en 2025.

Au Québec, l’immigration s’inscrit dans l’histoire particulière d’une société francophone minoritaire en Amérique du Nord. Les enjeux linguistiques y occupent une place centrale : pour 2026, le gouvernement vise plus de 77 % de connaissance du français parmi les immigrants permanents admis et environ 45 000 admissions permanentes par année.

La question des capacités d’accueil a également pris de l’importance avec la forte croissance de l’immigration temporaire : au 1er janvier 2025, le Québec comptait près de 616 600 résidents non permanents. L’immigration touche aussi directement aux rapports avec Ottawa : en vertu de l’Accord Canada–Québec de 1991, Québec sélectionne notamment ses immigrants économiques, tandis que le gouvernement fédéral conserve la sélection dans certaines catégories, dont le regroupement familial.

À ce partage des compétences s’ajoute un clivage politique propre à l’histoire québécoise, entre souverainistes et fédéralistes : lors du référendum de 1995, le maintien dans le Canada ne l’avait emporté que par 50,58 % contre 49,42 % pour la souveraineté. Ce clivage continue de distinguer profondément le paysage politique québécois du cas suédois.

Il serait donc trompeur de rechercher un équivalent québécois exact pour chacun des partis suédois, puisque des préoccupations semblables sont absorbées par des systèmes politiques et des histoires nationales profondément différents.

Le Québec est-il un peu scandinave ?

Cette comparaison prend un relief particulier alors que le Canada cherche à approfondir ses relations avec l’Europe. Le 17 septembre, le premier ministre canadien Mark Carney s’est adressé au Parlement européen, à Strasbourg, en plaidant pour un rapprochement dans des domaines aussi différents que la défense, l’énergie, les minéraux critiques, l’intelligence artificielle et les services financiers. Son propos comportait également une dimension politique puisqu’il a présenté Canadiens et Européens comme des sociétés partageant des valeurs communes et disposant de systèmes compatibles.




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Les élections suédoise et québécoise permettent précisément de mettre cette proximité à l’épreuve. Le Québec reste profondément nord-américain par ses institutions, son mode de scrutin et la personnalisation de ses campagnes électorales. Il partage pourtant avec les sociétés scandinaves certains débats sur la place de l’État, le financement des services publics, la protection sociale ou encore l’équilibre entre prospérité économique et solidarité collective. Les réponses apportées ne sont pas nécessairement les mêmes, mais les questions posées se ressemblent suffisamment pour créer un terrain de dialogue.

Dans cette perspective, le modèle suédois pourrait constituer pour le Québec une porte d’entrée intéressante vers l’Europe. La Suède lui offre moins un modèle à reproduire qu’un point de comparaison : une petite société ouverte qui cherche, elle aussi, à conjuguer compétitivité, innovation et protection sociale face à des défis familiers, du vieillissement de la population au coût de la vie, en passant par l’intégration des immigrants.

La Conversation Canada

Christophe Premat est directeur du Centre d’études canadiennes de l’Université de Stockholm et membre de l’Association internationale des études québécoises (AIEQ). Ses recherches actuelles portent sur les représentations de la nation canadienne dans la presse suédoise entre 1864 et 1931, et plus particulièrement sur la manière dont les journaux suédois ont rendu compte de la construction et de l’évolution du Canada au cours de cette période. Il a notamment publié « Les usages du ‘modèle canadien’ dans la presse francophone », International Journal of Canadian Studies / Revue internationale d’études canadiennes, no 61, 2023, p. 60-80, DOI : 10.3138/ijcs-2022-0008.

– ref. Élections en Suède et au Québec : des enjeux similaires, des approches différentes – https://theconversation.com/elections-en-suede-et-au-quebec-des-enjeux-similaires-des-approches-differentes-292437

« Vous souffrez de bouffées de chaleur ? » La ménopause, ce tabou qui creuse les inégalités au travail

Source: The Conversation – France in French (3) – By Sophie Hennekam, Associate Professor in Human Resource Management, specialized in Diversity Management, Audencia

La ménopause agit comme un révélateur puissant d’inégalités sociales et professionnelles déjà existantes. Une étude menée dans plusieurs pays, sur trois continents, suggère que, loin d’être une simple transition biologique, elle met en lumière la manière dont le genre, la classe sociale, la culture et l’organisation du travail s’entrecroisent pour façonner les parcours professionnels des femmes.


La ménopause est encore largement pensée comme une question médicale individuelle.

Pourtant, nous montrons dans notre recherche qu’elle est avant tout une expérience sociale, profondément marquée par la culture et la classe sociale, avec des conséquences très différenciées sur les carrières des femmes.

La ménopause ne produit pas, à elle seule, ces inégalités. Elle révèle et amplifie des mécanismes déjà à l’œuvre, dont les effets diffèrent selon les ressources professionnelles, sociales et culturelles dont disposent les femmes.

En France, la ménopause au travail commence tout juste à émerger dans le débat public, alors même qu’elle concerne 17 millions de femmes. Chaque année, environ 500 000 femmes entrent dans cette période de leur vie ; 87 % d’entre elles indiquent des incidences sur leur activité professionnelle. Le nombre de femmes en emploi concernées ne cesse d’augmenter, sous l’effet du vieillissement de la population active et du recul de l’âge de départ à la retraite.

Longtemps tabou, ce sujet suscite désormais un intérêt politique croissant. En avril 2025, un rapport parlementaire a formulé 25 propositions visant à mieux intégrer la ménopause dans les politiques de ressources humaines et à améliorer les conditions de travail des salariées concernées. Il marque une prise de conscience certes tardive, mais indispensable.

Notre recherche s’appuie sur 205 témoignages de femmes en emploi dans plusieurs pays, notamment en Chine, en Afrique du Sud, aux États-Unis, au Zimbabwe et en Zambie. Elle analyse la manière dont elles vivent cette transition et met en évidence un constat central : les effets professionnels de la ménopause sont profondément inégalitaires.

Médicalisation de la ménopause

La ménopause n’est pas interprétée de manière universelle. Elle est principalement appréhendée dans de nombreux contextes occidentaux à travers un prisme biomédical, qui met l’accent sur les symptômes, la fatigue ou la baisse de performance.




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Même si les répercussions de la ménopause sur la santé des femmes ne doivent être ni niées ni minorées, cette médicalisation contribue à renforcer les stéréotypes liés à l’âge et au genre tout en alimentant des formes de stigmatisation au travail, en particulier dans les environnements compétitifs.

À l’inverse, dans les contextes africains et asiatiques analysés, la ménopause est perçue comme une transition sociale, parfois associée à un statut symbolique renforcé ou à une reconnaissance accrue. Certaines femmes interrogées décrivent cette période comme une étape de redéfinition de soi, y compris sur le plan professionnel. Une première femme interviewée témoigne :

« Après avoir traversé ces changements physiques et émotionnels, je me sens mieux armée pour gérer le stress et les situations difficiles. Je suis également devenue plus empathique envers les personnes confrontées à des difficultés personnelles, ce qui a renforcé mes compétences en matière de communication et de leadership. De plus, la ménopause m’encourage à fixer des limites plus saines et à donner la priorité à prendre soin de moi. »

Plus grande difficulté avec des emplois physiques

Sur tous les continents, en revanche, les femmes qui cumulent plus fréquemment des emplois physiquement exigeants, peu flexibles et offrant peu de marges de négociation, assument davantage de responsabilités domestiques. Ce phénomène est largement documenté dans la littérature sociologique, notamment par les chercheuses Jan Windebank ou Tracey Warren.

Pour ces femmes, les symptômes de la ménopause peuvent devenir particulièrement difficiles à gérer. Elles disposent de moins de ressources organisationnelles et se sentent souvent moins légitimes à demander des aménagements.

Une personne interviewée rappelle que :

« Le plus dur, c’est sans aucun doute le travail physique. Je me fatigue assez vite et j’ai ensuite des bouffées de chaleur si, par exemple, je dois aider quelqu’un à prendre son bain. »

Auto-exclusion professionnelle

La sévérité des symptômes peut affecter la santé, la productivité et la présence au travail). Notre recherche met surtout en évidence un phénomène plus discret : l’auto-exclusion professionnelle.

« Je pense que la ménopause m’a empêchée de postuler à d’autres emplois auxquels j’aurais pu prétendre. Cela me rend très peu sûre de moi et limite mes choix », relate une personne interviewée.

De nombreuses femmes expliquent renoncer à des opportunités de promotion, de mobilité ou de formation, non par manque de compétences, mais par une anticipation d’un coût personnel trop élevé. Ce mécanisme marque particulièrement les trajectoires professionnelles féminines en contexte de précarité.

« Je pense que depuis que je suis entrée en périménopause, je m’intéresse moins à l’évolution de ma carrière. J’ai l’impression de n’avoir plus rien à apporter à un poste à plus grandes responsabilités. J’ai perdu la confiance que j’avais autrefois… Je me demande sans cesse si je fais bien mon travail », souligne une autre personne interviewée.

Logique implicite d’adaptation individuelle

La ménopause devient un enjeu relevant de l’organisation du travail. Nous mettons en lumière que les difficultés rencontrées par les femmes tiennent moins aux symptômes eux-mêmes qu’à l’articulation entre les contraintes professionnelles et les ressources organisationnelles disponibles.

« Je n’ai pas parlé de mes symptômes à mon employeur. Mais si je le faisais, je ne recevrais aucun soutien », exprime une personne interviewée.

Les réponses organisationnelles reposent largement sur une logique implicite d’adaptation individuelle, supposant que les salariées disposent des marges de manœuvre nécessaires pour ajuster leur activité ou solliciter du soutien. Ces marges sont socialement différenciées :

  • les femmes les mieux dotées en ressources professionnelles et organisationnelles sont davantage en mesure de composer avec la ménopause ;

  • celles occupant des positions plus contraintes se trouvent plus exposées à la fatigue morale et au retrait professionnel.

En ce sens, les politiques organisationnelles existantes tendent à bénéficier prioritairement aux femmes disposant déjà de ressources, laissant de côté celles qui en auraient pourtant le plus besoin. Ceci confirme les appels récents à reconnaître la ménopause comme une véritable question de travail.

Ce que la ménopause révèle des inégalités au travail

Les effets de la ménopause ne sont ni uniformes ni automatiques. Ils dépendent largement des ressources disponibles – individuelles, sociales et organisationnelles – dont disposent les femmes pour y faire face.

Celles qui occupent des emplois autonomes, mieux reconnus et plus flexibles peuvent plus facilement ajuster leur activité, mobiliser du soutien ou redéfinir leur trajectoire professionnelle. À l’inverse, les femmes cantonnées à des postes contraints et moins aménageables se trouvent exposées à une dégradation de leurs conditions de travail et à des arbitrages défavorables pour leur carrière.

La ménopause apparaît comme un moment critique où des inégalités jusqu’alors latentes deviennent visibles : renoncements à des opportunités professionnelles, auto-exclusion de certaines trajectoires. Ces mécanismes contribuent à renforcer les écarts déjà observés en matière de progression de carrière, de reconnaissance et de santé au travail.

Penser la ménopause autrement, c’est dépasser une approche strictement individuelle ou médicale pour l’envisager comme un enjeu organisationnel et social à part entière. Cela implique de concevoir des politiques de ressources humaines capables de tenir compte de la diversité des situations vécues par les femmes, en intégrant explicitement les dimensions de conditions de travail et de culture organisationnelle.

À ce titre, la ménopause constitue un levier essentiel pour repenser les politiques d’égalité professionnelle, de santé au travail et de maintien en emploi des femmes tout au long de leur carrière.


Cet article a été corédigé avec Bruno Felix, professeur à Fundação Dom Cabral au Brésil.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. « Vous souffrez de bouffées de chaleur ? » La ménopause, ce tabou qui creuse les inégalités au travail – https://theconversation.com/vous-souffrez-de-bouffees-de-chaleur-la-menopause-ce-tabou-qui-creuse-les-inegalites-au-travail-281810

La santé ne commence pas à l’hôpital : Pourquoi la jeunesse doit être au cœur des politiques de prévention

Source: The Conversation – in French – By David Smadja, Professeur des Universités – Praticien hospitalier, Hopital Europeen Georges Pompidou, Université Paris Cité


L’ESSENTIEL

  • Les recherches les plus récentes nous ont appris que la santé se construit bien avant l’entrée dans le système de soin.

  • Les comportements favorables à la santé s’acquièrent dans des endroits et des secteurs très divers : dans les familles, à l’école, dans les clubs sportifs, dans les collectivités, etc.

  • Notre organisation institutionnelle doit être transformée pour tenir compte de l’évolution des connaissances scientifiques.


Jamais la prévention n’a autant été invoquée dans le débat public. Pourtant, notre système de santé continue d’intervenir principalement lorsque la maladie est déjà installée. Ce paradoxe est l’illustration de l’un des grands défis sanitaires du XXIᵉ siècle.

Pendant plus d’un demi-siècle, notre politique de santé s’est construite autour d’une ambition qui a profondément transformé la société française : garantir à chacun l’accès aux soins. Hôpitaux, médecine de ville, Assurance maladie, innovations thérapeutiques… Ce modèle a permis des progrès considérables et contribué à l’allongement de l’espérance de vie.

Le véritable défi du XXIᵉ siècle n’est plus seulement de soigner les maladies, mais de protéger et développer le capital santé dès les premières années de la vie.

Malheureusement, aujourd’hui, les politiques de santé, d’éducation, de jeunesse, de sport et de numérique demeurent largement organisées en silos. Cette fragmentation ne correspond plus aux déterminants contemporains de la santé, et nuit à l’efficacité de la prévention à destination des plus jeunes, qui devraient pourtant être au centre des préoccupations.

Des maladies évitables

Aujourd’hui, les principales menaces pour notre santé trouvent autant leur origine dans nos conditions de vie que dans les maladies elles-mêmes. Santé mentale, alimentation, activité physique, sommeil, exposition aux écrans ou inégalités sociales façonnent durablement notre état de santé.

L’Organisation mondiale de la santé (OMS) rappelle que les maladies non transmissibles sont responsables d’environ 75 % des décès dans le monde. Pour mémoire, ces maladies, également appelées maladies chroniques, se caractérisent généralement par leur longue durée. Les principales d’entre elles sont les maladies cardiovasculaires (telles que les crises cardiaques et les accidents vasculaires, les cancers, les maladies respiratoires chroniques, comme l’asthme et la bronchopneumopathie chronique obstructive, ou BPCO), ainsi que le diabète.

Si ces maladies résultent d’une combinaison de facteurs génétiques, physiologiques, environnementaux et comportementaux, on considère néanmoins qu’aujourd’hui, la plupart de leurs facteurs de risque sont évitables.

Ce constat marque un changement de paradigme. Dès 2008, la Commission de l’OMS présidée par Michael Marmot rappelait que notre état de santé dépend bien davantage des conditions dans lesquelles nous vivons que de la seule qualité du système de soins.

Or, si les maladies non transmissibles trouvent en grande partie leur origine bien avant leur apparition, alors la prévention devient notre premier traitement. Un constat qui s’applique aussi à la santé mentale, particulièrement dégradée chez les plus jeunes.

En 2025, l’OMS estimait qu’un adolescent sur sept souffrait d’un trouble mental. Toujours selon cette organisation internationale, la moitié des troubles psychiques apparaissent avant l’âge de 14 ans, et près des trois quarts avant 25 ans.

En France, le rapport Terram & Institut Montaigne consacré à la santé mentale des jeunes souligne lui aussi l’urgence d’une réponse publique plus ambitieuse. Pourtant, comme dans le cas des maladies non transmissibles, les interventions arrivent encore très, voire trop tard.

Les trajectoires de santé se construisent dès la jeunesse

Lorsqu’un adolescent victime de harcèlement perd le sommeil, cesse de pratiquer un sport, s’isole progressivement, passe plus de temps sur les réseaux sociaux et développe des symptômes anxieux, sa santé se dégrade, ce qui justifie les appels à une vigilance accrue concernant les effets des réseaux sociaux sur la santé mentale des jeunes.

Nous continuons pourtant à intervenir trop tard. C’est probablement le principal paradoxe de notre système : s’il est remarquablement organisé pour réparer les dégâts causés par la maladie, il l’est beaucoup moins pour construire durablement la santé. L’OCDE rappelle que les dépenses consacrées à la prévention représentent une part très limitée des dépenses de santé.

Les interventions se mettent le plus souvent en place lorsque les troubles psychiques ou les conséquences du harcèlement sont déjà installés. Or, ces vulnérabilités ne relèvent pas seulement de la médecine. Elles concernent tout autant l’école, le sport, le numérique, l’environnement social et la qualité de l’information. Un constat qui vaut aussi pour d’autres affections, telles que l’obésité, les addictions, etc.

Or, la jeunesse n’est pas seulement une période de la vie. Elle est le moment où se construisent les trajectoires de santé.

Modifier notre approche de la santé

Pendant longtemps, nous avons pensé que le système de santé produisait la santé.

En réalité, il produit principalement des soins. La santé, elle, se construit largement ailleurs, et bien avant l’entrée dans le système de soins.

Elle se construit dans les familles, à l’école, dans les clubs sportifs, dans les collectivités, dans nos choix alimentaires, dans notre rapport au numérique, dans les compétences psychosociales que développent les enfants…

La médecine curative demeure certes indispensable. Mais elle ne peut plus constituer l’unique horizon de notre politique de santé. Prévenir ne consiste plus seulement à dépister ou à vacciner. Prévenir, c’est agir suffisamment tôt pour éviter que les vulnérabilités ne deviennent pas des maladies.

Si les maladies chroniques se construisent progressivement au cours de la vie, alors la prévention doit agir bien avant leur apparition.

Prévenir, ce n’est pas non plus médicaliser. C’est sans doute le principal malentendu. Faire de la prévention ne signifie pas transformer chaque enfant en patient. Au contraire, la prévention consiste à agir sur les déterminants de la santé. Elle commence dans les lieux où les enfants grandissent et apprennent. L’école en est l’un des principaux.

La prévention passe bien entendu par l’activité physique. En 2012, une série d’articles publiés par la revue médicale The Lancet rappelait déjà que l’activité physique est l’un des déterminants majeurs de la santé tout au long de la vie. L’OMS recommande au moins 60 minutes d’activité physique quotidienne pour les enfants et les adolescents.

Or, selon les données collectées par Santé publique France, en 2024, seuls 33 % des filles et 51 % des garçons de 6 à 17 ans atteignaient les recommandations en matière d’activité physique.

Prévenir, c’est aussi donner aux jeunes les moyens de comprendre leur environnement et d’y évoluer de manière éclairée. Elle implique une véritable éducation à la santé et aux médias afin de mieux faire face à la désinformation.

Le défi n’est plus seulement de mieux soigner les maladies. Il est de mieux organiser la santé.

Changer l’organisation de la santé

On sait aujourd’hui que les déterminants de la santé sont transversaux. Ils traversent les politiques éducatives, sportives, sociales, environnementales et numériques.

Or, notre organisation administrative, héritée du XXᵉ siècle, n’est pas adaptée pour relever ce défi. La santé dépend d’un ministère. La jeunesse d’un autre. Le sport d’un troisième. L’éducation d’un quatrième. Le numérique d’un cinquième. Cette fragmentation ne correspond plus à ce que nous connaissons aujourd’hui des déterminants contemporains de la santé.

Les connaissances scientifiques ont évolué ; l’organisation de l’État doit évoluer elle aussi. Sa transformation pourrait passer par la création d’un ministère de la santé, des préventions, de la jeunesse et des sports, capable de mieux coordonner les politiques qui agissent sur les déterminants de la santé.

Mais la prévention doit dépasser le seul champ sanitaire. La santé doit cesser d’être considérée comme la seule affaire du système de soins : elle doit devenir un critère de décision des politiques économiques, industrielles, environnementales et scientifiques. Les déterminants commerciaux, tout comme les pollutions, montrent combien les choix économiques et industriels peuvent peser sur la santé des populations.

Cette exigence concerne également le système de soins lui-même. L’hôpital traite les conséquences des expositions environnementales, tout en contribuant à l’empreinte écologique collective. Nous avons pour cette raison proposé un label « Hôpital de santé environnementale », afin d’intégrer santé environnementale, pertinence des soins et transition écologique au fonctionnement hospitalier.

La grande réussite sanitaire du siècle dernier a été de garantir l’accès aux soins. La grande ambition du XXIᵉ siècle doit être de garantir à chacun les conditions pour rester en bonne santé. Il s’agit de déplacer le centre de gravité de notre politique de santé : des maladies vers leurs déterminants, du soin vers la prévention, de la réparation vers l’anticipation.

La prévention ne doit plus être « juste » une politique sanitaire. Cela doit devenir une politique de société, au service d’un projet collectif. À ce titre, faire de la jeunesse le premier investissement de notre politique de santé, c’est bel et bien choisir d’agir avant la maladie plutôt qu’après.


Pour aller plus loin

David Smadja, La République de la prévention, LEH Édition, 2026.

The Conversation

David Smadja est membre du Think tank Le Laboratoire de la République. Mon équipe de recherche a reçu durant ses 5 dernières années des financements de l’ANR, l’ANRS MIE, de la fondation air liquide et du consortium EU-Response pour travailler sur les thématiques de COVID-19 et de COVID Long.

– ref. La santé ne commence pas à l’hôpital : Pourquoi la jeunesse doit être au cœur des politiques de prévention – https://theconversation.com/la-sante-ne-commence-pas-a-lhopital-pourquoi-la-jeunesse-doit-etre-au-coeur-des-politiques-de-prevention-286711