‘Los domingos’ y la filosofía: ¿cómo afrontar la religión creamos o no en ella?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Agustín Moreno Fernández, Profesor de Filosofía, Universidad de Granada

Fotograma de _Los domingos_, con Blanca Soroa, que interpreta a la protagonista, Ainara. BTEAM

En otoño se estrenó en los cines españoles Los domingos, la última película de Alauda Ruiz de Azúa. El argumento es sencillo: a punto de acabar el instituto, Ainara, una adolescente cuya madre ha fallecido, anuncia en su familia que está considerando ser monja de clausura en vez de ir a la universidad. Cómo reciben sus allegados la noticia, cómo intentan disuadirla y cómo vive ella su vocación son los temas centrales del filme.

Ganadora de la Concha de Oro en el último festival de San Sebastián, la película es también una de las más taquilleras en las salas españolas, donde se mantiene meses después de su estreno. Esto demuestra que ha conseguido conquistar a la crítica y también a todo tipo de públicos.

La religión en el centro

Una de las virtudes de esta producción es mostrar las dificultades que tenemos los seres humanos para comunicarnos de forma íntima y profunda sobre aquello que más nos importa. Por ejemplo, la toma de decisiones cruciales que afectan al futuro, en las que cuentan mucho nuestra forma de ver el mundo y el sentido que damos a la vida. Estos, a la vez que tienen un gran protagonismo en la propia biografía, son indemostrables e irreductibles en su dimensión de apuesta personal.

Ruiz de Azúa bien podría resultar una seguidora de Ortega y Gasset. Ambos asumen que Dios, la religión y tantos otros elementos forman parte de esas circunstancias de la vida con las que algunos se encuentran. Y a ellas atiende Ainara, la protagonista, recordando a la máxima orteguiana: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.

Dos posturas antagónicas

La directora del filme se declara no religiosa. Estaría en línea con Sigmund Freud cuando, sin hallar en él sentimiento religioso alguno, y a pesar de considerar la religión una ilusión, se mostró interesado y presto a analizarlo, sin derecho a negarlo, en El malestar en la cultura.

En la ficción, el personaje que más desacredita lo divino es la tía Maite. Cual filósofa, combina algunas tesis de pensadores contemporáneos con raíces antiguas y considera a Dios y la religión en términos parecidos a los suyos: como proyección imaginativa (como Ludwig Feuerbach); opio del pueblo (Karl Marx); fenómeno de masas manipuladas por sacerdotes (Friedrich Nietzsche) y resultado de traumas psicológicos no superados, como perder un progenitor a quien se busca sustitución simbólica (Freud).

Tal vez Maite defendería mejor estos argumentos sin sus estallidos emocionales y alejándose de su interés en que Ainara no decida en contra de su visión del mundo sin Dios. Porque ¿busca Maite verdaderamente su bien y respeta a su sobrina a pesar de la discrepancia?

Una adolescente habla con un hombre mientras una mujer los mira.
Ainara le explica a su tío su vocación ante la mirada de Maite.
BTEAM

El personaje de sor Isabel está en las antípodas de Maite y pugna por ser el referente con más peso para Ainara. Sus intervenciones sobre el discernimiento de la adolescente no albergan dudas: el Señor la está llamando. Y, ante las reservas por la corta edad de la joven, esgrime que Él tiene sus propios tiempos. Sor Isabel y Ainara interpretan una experiencia del amor divino que demanda la entrega a su servicio de forma irresistible, y ese sentimiento sirve para justificar la decisión de hacerse monja de clausura.

Pero, si a esta superiora le importa respetar la voluntad de Dios, ¿por qué asume sin mayor escrutinio el sentimiento manifestado por Ainara? ¿Qué sabe ella –ni nadie– sobre los tiempos de Dios? ¿No sería recomendable buscar más signos genuinos de la vocación de una adolescente antes de que tome esa decisión? El afán y el provecho de sumar una nueva y joven hermana en el convento, ¿no podría ir en detrimento de lo mejor para la candidata? Tal vez hasta podría perjudicar una indagación más esclarecida de la supuesta voluntad divina.

Intentando comprender

El filósofo estadounidense Thomas Kuhn señaló que hay paradigmas o visiones del mundo tan diferentes que pueden resultar idiomas entre los que no fuera posible comunicarse. ¿Cómo situarse ante ellos en nuestras indemostrables concepciones últimas de la vida?

Nadie podría dejar de asumir los misterios del cosmos y del ser humano. Como defiende el filósofo y teólogo Juan Antonio Estrada, cualquier pretendida palabra divina siempre resulta inevitablemente humana, esté o no inspirada por Dios. Y cualquier persona con experiencias religiosas, como Ainara, las tiene a través de sus condicionamientos socioculturales, psicológicos y biográficos. Las religiones, la mística, las experiencias espirituales que expresan un más allá invisible, ¿se reducen a esos factores y circunstancias que las modelan, o pueden tener un referente real o sobrenatural –el mismo Dios, si es el caso– tras ellas?

Imagen de una monja en una iglesia.
Nagore Aramburu interpreta a sor Isabel, la madre superiora.
BTEAM

La tía Maite, sor Isabel y Ainara parecen tener clara su postura. Pero tarde o temprano podrían revisar el carácter certero que le han atribuido a su punto de vista. Podrían acoger una duda saludable y humana y reconocer las propias limitaciones y la ausencia de certezas objetivas. Podrían, sin cambiar de posición, ponerse en el lugar del otro, preguntarse si sus creencias son expresión o raíz de actitudes huidizas y reactivas o asertivas y constructivas, y examinarlas, viendo si redundan en su propio bien y en el de los demás.

Así lo consideró, pragmáticamente, William James en Las variedades de la experiencia religiosa. Después de todo, cabe el resentimiento con la vida, tanto en formas de afirmar a Dios como de negarlo, siendo religioso o no siéndolo.

Alauda Ruiz de Azúa observa y describe como una científica social. Advierte implícitamente lo mismo que la antropóloga Manuela Cantón en La razón hechizada: las preconcepciones hostiles que solo consideran la religión como alienante o manipuladora no ayudan a comprenderla.

Pero su película, integradora de ambigüedades, también posibilita la administración de una justa dosis de perspectiva, ganada, entre otras, por la llamada filosofía de la sospecha. En la constitución y funcionamiento de la religión, inspirada o no por lo divino, están no sólo las grandezas sino también las miserias y los intereses humanos, materiales e inconscientes. Es preciso mostrarlos, y sospechoso no hacerlo.

The Conversation

Agustín Moreno Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Los domingos’ y la filosofía: ¿cómo afrontar la religión creamos o no en ella? – https://theconversation.com/los-domingos-y-la-filosofia-como-afrontar-la-religion-creamos-o-no-en-ella-271442

Acuerdo UE-Mercosur: ¿por qué lo rechazan los agricultores?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Julián Briz Escribano, Catedrático emérito, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Protesta de agricultores durante la cumbre de la UE el 18 de diciembre de 2025 en la plaza de Luxemburgo de Bruselas, frente al Parlamento Europeo. PP Photos/Shutterstock

Después de décadas de negociaciones, el pasado 9 de enero la Unión Europea respaldó por mayoría cualificada la firma de un acuerdo comercial con el Mercado Común del Sur (Mercosur) –integrado por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia y con Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú y Surinam como asociados–. Previsiblemente, el acuerdo se firmará el próximo 17 de enero.

Desde el principio de las negociaciones, el acuerdo ha generado amplios debates y ha provocado el descontento de muchos agricultores, que critican el desconocimiento de su realidad por parte de los burócratas de Bruselas, cuestiones relacionadas con la Agenda 2030 y la asimetría de los Estados miembros en temas agrarios.

Esa insatisfacción ha derivado en numerosas protestas, como las ocurridas en los últimos días, que reflejan un malestar estructural del campo europeo frente a políticas que, desde la perspectiva de muchos agricultores, ponen en riesgo su viabilidad económica y la equidad competitiva del mercado agrícola comunitario.

Tensiones entre agricultores e instituciones europeas

Recientes estudios sobre movimientos de protesta agraria han mostrado que las reformas de la Política Agraria Común (PAC) –especialmente aquellas asociadas a mayores exigencias medioambientales y a la simplificación burocrática– han dado lugar a tensiones persistentes entre los agricultores y las instituciones europeas.

Las protestas que han generado no son inéditas, sino parte de una historia de movilizaciones que han influido en la evolución de la PAC desde sus primeras décadas. Las quejas de los agricultores abarcan desde la gran carga de regulaciones ambientales que deben cumplir hasta la percepción de que los mecanismos de apoyo financiero no reflejan adecuadamente los desafíos económicos contemporáneos del sector.




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¿Cómo perciben los agricultores la transición hacia la sostenibilidad marcada por la PAC?


¿Qué supone el acuerdo con Mercosur?

El acuerdo comercial entre la UE y el bloque sudamericano del Mercosur se ha negociado durante décadas y pretende crear una de las zonas de libre comercio más amplias del mundo. Aunque sus defensores destacan los beneficios macroeconómicos y geopolíticos de eliminar aranceles y facilitar el comercio entre regiones, numerosos agricultores en Europa han expresado su oposición por considerar que la apertura comercial puede traducirse en competencia “desleal” frente a productos agrícolas que no están sujetos a las mismas normas ambientales y sanitarias de la UE.

El acuerdo supone la eliminación de los aranceles del 35 %, que tenían que pagar las empresas europeas por acceder a los países del Mercosur. Esto multiplicará los flujos comerciales en la mayor área comercial del mundo, en un momento donde las relaciones con EE. UU. pasan por una situación crítica.

Como suele ocurrir, hay sectores perjudicados por la nueva competencia en las importaciones (cereales, arroz, vacuno o miel) y otros con posibilidad de expansión de mercado (aceites, vinos, porcino, lácteos).

Este tipo de acuerdos de libre comercio tiene efectos diferenciados sobre el comercio agroalimentario y puede generar tensiones específicas en sectores sensibles. Por ejemplo, la política de subsidios de la UE –parte integral de la PAC– afecta a la dinámica competitiva entre productores europeos y socios comerciales, así como las oportunidades de acceso al mercado para productores del Mercosur.

Manifestantes con pancartas con lemas en francés como
Protesta del sector agrario en Francia el 14 de octubre de 2025.
Pierre Laborde/Shutterstock

Manifestaciones recientes y demandas del sector

El 18 de diciembre de 2025, miles de agricultores europeos bloquearon el centro de Bruselas con tractores para protestar contra lo que consideran un recorte del presupuesto de la PAC y contra la firma del acuerdo entre la UE y Mercosur. Estas movilizaciones coincidieron con una cumbre de líderes europeos, subrayando la capacidad del movimiento agrario para influir en la agenda política comunitaria.

Organizaciones agrarias, como la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores (Asaja), la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) y la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), denunciaban que la propuesta del Marco Financiero Plurianual para 2028-2034 implicaría una reducción significativa de los fondos dedicados a las ayudas directas y al desarrollo rural, lo que, según sus representantes, pone en riesgo la seguridad alimentaria y la cohesión territorial en Europa.

Paralelamente, los manifestantes cuestionan que el acuerdo Mercosur se negocie sin mecanismos de reciprocidad que obliguen a que los productos importados cumplan con los mismos estándares ambientales, sanitarios y laborales que los productores europeos están obligados a respetar.

Estos movimientos expresan no solo reclamos económicos, sino también resistencias culturales ante cambios estructurales del sector y tensiones entre globalización comercial y políticas públicas nacionales o regionales. En particular, en las protestas de 2023-2024 los agricultores articularon demandas sobre precios justos, cargas administrativas y reglas de comercio internacional en el marco de una política agrícola que se enfrenta a la transición hacia sostenibilidad ambiental y competitividad global.

Además, algunos análisis señalan que las reformas ambientales vinculadas a la PAC, aunque necesarias para cumplir los objetivos climáticos de la UE, han sido percibidas como desigualmente costosas para pequeños y medianos productores –los primeros disponen de menos recursos para afrontar los cambios–, lo cual alimenta las tensiones entre agricultura tradicional y modelos de producción sostenibles.

Políticas agrícolas y comerciales más equilibradas

Las protestas de los agricultores europeos contra la PAC y el acuerdo con Mercosur reflejan una profunda disyuntiva entre las políticas comunitarias de sostenibilidad y liberalización comercial, por un lado, y la demanda de seguridad económica y estabilidad del sector agrario, por el otro. Estas movilizaciones ponen en evidencia la necesidad de diseñar políticas agrícolas y comerciales más equilibradas, que consideren tanto la competitividad internacional como la equidad social y ambiental dentro de la UE.

A pesar del descontento del sector, el presidente rotatorio de Mercosur, el canciller de Paraguay, Rubén Ramírez, ha asegurado que las medidas de salvaguarda para los agricultores europeos aprobadas por la Comisión Europea en diciembre “no forman parte del histórico acuerdo de libre comercio suscrito en Montevideo en diciembre del año pasado”.

El frente multipolar que se vislumbra nos traerá previsiblemente más protestas tanto a nivel comunitario como nacional y local, solapándose con otros aspectos de la coyuntura internacional, como los temas financieros de ayuda a Ucrania y las posturas trumpistas en comercio exterior, que sirven de marco para el desarrollo de la PAC. El declive geopolítico de la UE en el nuevo contexto, que desplaza el centro decisorio del Atlántico al Pacífico, supone una razón de peso para afianzar la sostenibilidad alimentaria como arma estratégica.

The Conversation

Julián Briz Escribano es presidente y fundador de PRONATUR, miembro de la Academia Francesa de Agricultura, miembro de las Juntas directivas de la World Green Infrastructure Network y la Federacion Europea de Infraestructuras Verdes EFB.

Isabel de Felipe Boente pertenece a la Junta Directiva de PRONATUR.

ref. Acuerdo UE-Mercosur: ¿por qué lo rechazan los agricultores? – https://theconversation.com/acuerdo-ue-mercosur-por-que-lo-rechazan-los-agricultores-273259

¿Es grave la desigualdad económica? Depende de nuestra ideología política y de quien nos informe sobre ella

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrea Velandia-Morales, Investigadora Asociada, Universidade de Santiago de Compostela

corlaffra/Shutterstock

¿Le preocupa que las personas con menos ingresos económicos no tengan las mismas oportunidades de educación y trabajo que las que tienen más recursos? Entonces le preocupa uno de los problemas sociales con mayor crecimiento de los últimos años: la desigualdad económica.

Las Naciones Unidas han incluido su reducción como una meta prioritaria dentro del Programa 2030 para el Desarrollo Sostenible. Una de las formas más efectivas de hacerlo a lo largo de la historia ha sido mediante medidas redistributivas, esto es, medidas que apoyan económicamente a las personas que tienen más dificultades económicas (por ejemplo, con subsidios) y medidas que buscan reducir la concentración de la riqueza (impuestos).

A pesar de promover la justicia social y de ser útiles para reducir la desigualdad, estas medidas no siempre cuentan con el apoyo de la ciudadanía. ¿Pero cuál es el motivo?

¿Qué nos dice la psicología social?

Desde la psicología social tenemos algunas respuestas a esta paradoja. Puede que nuestras percepciones y creencias personales sobre la desigualdad influyan en nuestras actitudes hacia la redistribución. Solemos subestimar el nivel de desigualdad económica, lo cual nos hace pensar que no es necesaria la redistribución. Pero si somos más consciente de la desigualdad que existe, es más probable que generemos actitudes más positivas hacia las políticas de redistribución.

Este razonamiento es útil, pero incompleto. Recibir información sobre la desigualdad existente no siempre motiva a las personas a apoyar la redistribución. Si creemos que la desigualdad está justificada –por ejemplo, que es el resultado del trabajo duro de unos y la pereza de otros (meritocracia)– o que unos grupos merecen más recursos que otros (dominancia), entonces es más probable que consideremos poco importante la desigualdad y, en consecuencia, no le prestemos atención a esta información.

El panorama hasta ahora parece desolador y con poco margen de cambio. No obstante, existen elementos que pueden persuadir y facilitar el razonamiento sobre la información recibida. Uno de estos elementos es la fuente de información, es decir, quién emite el mensaje. O mejor: son las características del emisor las que pueden hacer que un mensaje sea más o menos persuasivo.

Cuando hablamos de las características de la fuente o el emisor nos referimos a su credibilidad. Si una fuente se considera creíble, será más persuasiva. Imaginemos que estamos escuchando a una periodista hablar sobre desigualdad económica. Lo más probable es que juzguemos si la información es confiable en función de la credibilidad que le atribuimos. Por lo tanto, las características de la fuente de información, más allá del contenido implícito, serán fundamentales para que cambiemos la actitud hacia la redistribución.

No olvidemos que al ser la desigualdad económica un tema altamente politizado, nuestra ideología política puede condicionar la forma en la que procesamos la información sobre ella .Entonces ¿qué pasaría si a un grupo de personas con diferentes ideologías políticas les presentásemos una misma noticia sobre los actuales niveles de desigualdad en España, modificando únicamente la fuente de información?, ¿se podrían modificar sus actitudes hacia la redistribución en función de la credibilidad atribuida a la fuente y teniendo en cuenta su propia ideología?

Pues esto fue lo que estudiamos en el grupo de Psicología de los Problemas Sociales de la Universidad de Granada y encontramos que las personas aumentaron su apoyo a la redistribución cuando recibieron información de la desigualdad económica de una fuente que consideraron más confiable. Esto fue especialmente importante entre las personas que suelen justificar más la desigualdad.

Entonces, la información sobre la desigualdad es útil, pero necesitamos confiar en las fuentes que nos la proporcionan.

¿Cuál es la importancia de este hallazgo?

Primero, como consumidores de información, nos permite entender cómo nuestra forma de ver el mundo, marcada por nuestra ideología política, influye “sin darnos cuenta” en la credibilidad que le atribuimos a las fuentes de información e incide en nuestras actitudes hacia la redistribución.

Además, el mero hecho de recibir información sobre los niveles actuales de desigualdad económica no aumenta necesariamente el apoyo a la redistribución. En cambio, generar confianza hacia las fuentes de información es clave para que haya un cambio de actitud.

Construir confianza en los medios

A nivel práctico, este hallazgo nos puede ayudar a diseñar contenidos que animen a las personas a luchar contra la desigualdad. Así, cuando se informa sobre desigualdad económica, es importante tener en cuenta el público objetivo y cómo la fuente de información encaja con sus creencias, porque de esta manera podemos generar más confianza en la fuente y aumentar la eficacia de la información.

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Andrea Velandia-Morales no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es grave la desigualdad económica? Depende de nuestra ideología política y de quien nos informe sobre ella – https://theconversation.com/es-grave-la-desigualdad-economica-depende-de-nuestra-ideologia-politica-y-de-quien-nos-informe-sobre-ella-245633

Tres pautas para fomentar una resiliencia sensible en la escuela

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Manuel Martínez Domínguez, Profesor Titular en Teoría de la Educación, Universidad Rey Juan Carlos

Imaginemos a un astronauta en el espacio. Flota, no siente peso: sus músculos están por lo tanto a salvo de daños relacionados con esa presión. Sin embargo, sin la resistencia del peso de la gravedad, sus músculos se atrofian y sus huesos pierden densidad a una velocidad alarmante. Para mantenerse fuerte, el cuerpo humano necesita la carga de la gravedad.

Ahora traslademos esta idea a la educación. Ante el aumento de la ansiedad y el empeoramiento de la salud mental, podemos caer en el error de convertir las aulas y los hogares en cápsulas de “gravedad cero”, eliminando “pesos” o dificultades para que el niño no sufra.

Si combinamos esto con los enfoques modernos sobre crianza y pedagogía, que se alejan de la disciplina o la autoridad impuesta, podemos llegar a una situación de excesiva protección. Una posible solución sería avanzar hacia una “resiliencia sensible” o creativa.

Para entender cómo aplicarla, veamos tres enfoques distintos de educar.

1. La educación de invernadero

Nuestro instinto de protección básico nos hace acompañar al niño como a un brote tierno. Y está bien: se debe proteger la fragilidad de lo íntimo y evitar toda violencia o abuso.

Pero si solo hacemos esto, nos convertimos en “educadores invernadero”: los menores están bien mientras todo sea perfecto y predecible. Pero en cuanto salen al mundo real y sopla un poco de viento (un suspenso, una crítica, un “no” de un amigo), se marchitan. Al quitarles el estrés, les hemos quitado el crecimiento.




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2. La educación de muralla y veleta

Otras corrientes se centran en criar niños fuertes, “resilientes”, que resistan los golpes de la vida. Líneas de investigación destacadas en este sentido son la educación del carácter o ‘grit’ (en inglés, determinación o tenacidad) y la mentalidad de crecimiento.

Se enseña a los niños que la frustración no es una señal para detenerse, sino parte del proceso de aprendizaje. Se normaliza el esfuerzo “incómodo”.

Por ejemplo: un niño o una niña se apuntan a judo o piano. A las dos semanas, se aburren o les cuesta, y quieren dejarlo. Desde este planteamiento se les invita a resistir: “Entiendo que es difícil, pero es mejor no dejar las cosas a la mitad. Te comprometiste por un trimestre. Cuando acabe el trimestre, puedes dejarlo, pero hoy vas a ir y vas a intentar hacerlo lo mejor posible”. El niño aprende que puede sobrevivir al aburrimiento y a la dificultad.

Se cambia también la forma de elogiar. Nunca se elogia el talento innato (“Qué listo eres”), sino el proceso y la estrategia (“Qué bien te has esforzado”).

Pero esta fortaleza y adaptabilidad deberían ir acompañadas de una sensibilidad propia, y no convertirse en una desconexión de sí y de los demás. En este segundo caso, sobrevivir a la tormenta no nos ayuda a aprender nada de ella y corremos el riesgo de educar niños resistentes por su dureza (muralla) o por su adaptabilidad (veleta).




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3. La educación de la intemperie

Al igual que el sistema inmunológico no mejora en un entorno sin gérmenes, sino expuesto a la intemperie, el estudiante necesita realidad. Cuando enfrenta un virus o un problema, no solo lo “aguanta”, sino que aprende y se fortalece: es la resiliencia creativa.

Los niños y adolescentes necesitan estas “vacunas afectivas”: pequeñas dosis de adversidad y reto. Si les evitamos este clima real, les robamos la oportunidad de crear sus propias defensas.

Tres claves prácticas: las fases de la luna

¿Cómo llevamos esto al aula sin pasarnos de duros ni de blandos? La clave no es buscar un “término medio”, sino saber alternar entre distintas intensidades, igual que la Luna cambia de fase, para fomentar esta resiliencia creativa.

Estas intensidades o “estados lunares” se pueden ir alternando según la edad y la materia, y también dependiendo de los factores genéticos, ambientales y actitudinales del menor.

  • Luna llena (seguridad radical): para que un niño se atreva a saltar al vacío, primero necesita saber que hay una red debajo. En esta fase, el educador debe estar totalmente presente y ser radicalmente protector. En la escuela, lo fundamental de esta fase es que cada estudiante se sienta aceptado incondicionalmente, por quien es y no por lo que hace.

    Hace falta establecer normas claras y reciprocidad empática. El acoso, la burla o la falta de respeto no se negocian. El estudiante siente que nadie se va a reír si falla, que está a salvo. Si no hay seguridad psicológica, el cerebro se bloquea y no puede aprender. Aunque nos podemos ayudar de pantallas en momentos puntuales, predomina la lectura en papel y la escritura a mano. Los momentos de “baja tecnología” calman la mente y dan estabilidad para concentrarse.

  • Fase de cuarto creciente (el entrenamiento): corregimos la técnica, animamos y exigimos esfuerzo, pero nunca levantamos la pesa en su lugar. Es el momento de introducir la adversidad: pequeños contratiempos a propósito. Por ejemplo, cambiar alguna norma: “Tenéis diez minutos menos para el examen”, o “En lugar de usar dos caras del papel, tenéis que terminar en una sola cara”.

    No es para fastidiar, sino entrenar la adaptación. Validamos su queja (“Sé que molesta”), pero exigimos la solución (“¿Cómo lo arreglamos?”). Podemos sustituir algunos exámenes tipo test por defensas orales, para que el estudiante salga a la pizarra y defienda su trabajo ante las preguntas de los compañeros. El estrés de hablar en público, una vez superado, genera un orgullo real que sube la autoestima más que cualquier nota.

  • Fase de Luna Nueva (saber desaparecer): Cuando un estudiante levante la mano (“Profe, no lo entiendo”, “Profe, no me sale”), no acudimos inmediatamente a rescatarlo. La norma podría ser: “Antes de llamarme, tienes que intentarlo tres minutos más tú solo”. Así eliminamos la dependencia y obligamos a su cerebro a buscar sus propios recursos.

    También es el momento de introducir tareas con consecuencias reales cuya evaluación dependa del éxito externo: escribir un carta a una empresa y conseguir que les regalen algo. Organizar un mercadillo solidario. Observar las consecuencias reales de su trabajo ayuda a madurar y contextualizar el aprendizaje.

Oscilar como la luna

Educar no es envolver a los niños en plástico de burbujas; es darles la confianza necesaria para que superen sus propias batallas.

No buscamos crear un entorno perfecto para que parezca que crecen, sino prepararles para crecer en el mundo real, con todas sus imperfecciones. No se trata de buscar un equilibrio estático, sino dinámico. La resiliencia creativa supone saber oscilar como la luna: a veces protegemos y a veces exponemos, para que aprendan a brillar con luz propia.

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Luis Manuel Martínez Domínguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Tres pautas para fomentar una resiliencia sensible en la escuela – https://theconversation.com/tres-pautas-para-fomentar-una-resiliencia-sensible-en-la-escuela-271027

Comer tiene género: cómo los estereotipos influyen en nuestra alimentación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Purificación García Segovia, Catedrática de Tecnología de Alimentos, Universitat Politècnica de València

Imagine una comida con su grupo de amistades más cercano. De la carta, los hombres tenderán a pedir platos más contundentes, carnes rojas, hamburguesas… Las mujeres, por lo general, optarán por ensalada, pescado, opciones “más ligeras”. ¿Y a la hora del postre? ¿Cuántos hombres eligen tomarse ellos solos un delicioso postre? Sin embargo, es muy habitual que las mujeres propongan compartir postre o incluso se abstengan de tomarlo.

¿Coincidencia? No. Son expectativas sociales que hemos interiorizado tan profundamente que las confundimos con preferencias personales.

Esta influencia no se ejerce de forma consciente. De hecho, si preguntáramos directamente, la mayoría negaríamos que el género influye en nuestras elecciones alimentarias. Los estereotipos de género actúan como un filtro que moldea nuestras elecciones y percepciones en diversos ámbitos de la vida, incluida la comida. Estas expectativas culturales sobre los roles de género influyen en cómo vemos y seleccionamos los alimentos, asociando ciertos tipos de alimentos e incluso la cantidad de ingesta de los mismos con la masculinidad o la feminidad.

La comida es identidad

El acto de comer va más allá de la función nutritiva. La comida es identidad. Es un lenguaje con el que comunicamos quiénes somos, o quiénes creemos que debemos ser, según nuestro género. Y ese lenguaje se adquiere desde la infancia, y se va reforzando con las influencias sociales y culturales que regulan nuestros hábitos alimentarios.

¿Pero hasta qué punto estos estereotipos siguen vigentes? ¿Son iguales en todas las culturas? ¿Están cambiando con las nuevas generaciones?

Estas preguntas llevaron a nuestro equipo de investigación de la Universitat Politècnica de València a diseñar un estudio multicultural entre España y Ecuador. El objetivo era saber si realmente siguen existiendo asociaciones entre la comida y el género.

A menudo, las personas no pueden o no quieren revelar las razones subyacentes de sus elecciones de productos. Por lo tanto, si preguntáramos directamente “¿cree que hay alimentos de hombres y alimentos de mujeres?”, la mayoría respondería con un “no” o con frases como “No quiero ser sexista, pero…”. Las personas suelen dar respuestas que consideran socialmente aceptables, ocultando, incluso a sí mismas, sus verdaderos sesgos.

Los participantes de nuestro estudio realizaron un ejercicio muy simple para mitigar estos sesgos. Observando fotografías de diferentes platos, desde una ensalada hasta un plato de embutidos, pasando por salmón, carne con verduras, tarta de chocolate o un bol de frutas, debían “personificarlos”. Se les planteaba: si ese alimento fuera una persona, ¿sería masculino o femenino? ¿De qué edad? ¿Qué estilo de vida llevaría?

Esta técnica permite que afloren creencias y sentimientos inconscientes. Al hablar de una persona imaginaria en lugar de referirse a uno mismo, se pueden expresar asociaciones que, de otro modo, habrían sido censuradas.

Carne para ellos, ensalada para ellas: un patrón universal

De este modo encontramos que alimentos como frutas, ensaladas y dulces se asociaron con el género femenino. Por el contrario, las carnes y los embutidos se siguen relacionando con el género masculino.

No son asociaciones sutiles. Un simple plato de embutido fue identificado como “masculino” por la mayoría de los participantes, tanto en España como en Ecuador. ¿La razón? La carne sigue siendo vista como símbolo de fuerza, energía y virilidad. Las verduras, en cambio, se asocian con el cuidado y la salud, atributos tradicionalmente vinculados a la feminidad.

Aunque el patrón general era similar en España y Ecuador, en este último los estereotipos de género relacionados con la comida se manifestaron con mucha mayor fuerza. Todo era blanco o negro: comida masculina o femenina. En España, en cambio, aunque las asociaciones carne-masculino y verduras/frutas-femenino seguían presentes, había mayor flexibilidad.

¿Qué nos dice esto? Que estos estereotipos no son innatos ni universales. Son culturales, maleables y están cambiando, aunque a velocidades muy diferentes según dónde miremos.

¿Por qué seguimos comiendo según nuestro género?

Desde la infancia, se sigue transmitiendo que ciertos alimentos asumen ciertos roles. Los niños que comen mucho son “fuertes” y las niñas que comen porciones pequeñas son “delicadas”. Estos mensajes, además, se recalcan constantemente en la publicidad. Los anuncios de carne muestran hombres haciendo barbacoas, y reuniones con amigos. Los yogures, las ensaladas y los productos más “ligeros” se publicitan casi exclusivamente con y para mujeres preocupadas por su figura. Estos anuncios siguen reforzando los estereotipos de género.

Un estudio reciente muestra que los hombres que siguen dietas veganas o vegetarianas son percibidos como menos masculinos debido al estereotipo social que asocia la carne y su consumo con la masculinidad. Esto tiene impacto en las relaciones sociales y la percepción de identidad de quienes eligen dietas basadas en vegetales .

Además, existe un juicio social, que condiciona nuestras elecciones. Cuando comemos con otros comensales, creemos que nos están evaluando (por ejemplo, en parejas) y tendemos a elegir alimentos socialmente asociados con su género. Un hombre que pide una ensalada en una comida de trabajo puede ser calificado de “más femenino”. Una mujer que pide un chuletón grande puede ser calificada de “más masculina”. Afortunadamente, no siempre sucede, pero la posibilidad de ese juicio social está ahí y puede condicionar nuestras elecciones.

La importancia de ser conscientes de lo que comemos

Los estereotipos de género culturalmente construidos condicionan qué comemos y cuánto comemos, pero sobre todo, nuestra salud. Los hombres que evitan los alimentos saludables porque los perciben como “poco masculinos”, así como las mujeres que restringen sus porciones o evitan ciertos alimentos para no ser juzgadas, limitan la libertad de elección y pueden alejarse de dietas más equilibradas y saludables.

Los estereotipos de género pueden estar asociados a conductas alimentarias de riesgo. En concreto, las normas culturales asociadas a la feminidad (enfoque en delgadez y control del peso) pueden actuar como factores de riesgo para trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes y jóvenes, especialmente en mujeres.

La próxima vez que usted se siente a comer, observe qué pide y qué piden quienes le rodean. Observe si hay patrones. Observe si, en algún momento, se censura: “mejor pido esto en lugar de aquello”. Y pregúntese: ¿esto lo elegí yo, o lo eligió por mí una expectativa sobre cómo debe comer alguien de mi género?

The Conversation

Purificación García Segovia recibe fondos de la Generalitat Valenciana para la realización del estudio de investigación cuyos resultados se mencionan en parte en el artículo.

Maria del Carmen Molina Montero recibe fondos de la Universitat Politècnica de València para su contrato predoctoral.

ref. Comer tiene género: cómo los estereotipos influyen en nuestra alimentación – https://theconversation.com/comer-tiene-genero-como-los-estereotipos-influyen-en-nuestra-alimentacion-270689

AI could be your next line manager

Source: The Conversation – UK – By Kirk Chang, Professor of Management and Technology, University of East London

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AI is already doing a pretty good job at taking on some of the world’s workload. It has produced academic papers, enhanced space exploration and developed medical treatments.

And AI could soon be used in a managerial role too, making decisions that effect the working lives of human colleagues.

In some ways, this is an expected development. After all, AI is capable of learning, analysing, integrating and producing information.

It outperforms human intelligence in cognition (AI thinks more deeply and more quickly), reasoning (it has a wider scope of analysis and better accuracy) and coordination (it can handle highly complex tasks and process huge amounts of data).

As a result of these professional strengths, AI already has a pretty impressive CV. It has carried out repetitive manual work, intensive tasks on assembly lines and makes risk evaluations in space.

Meanwhile, research confirms that for many of us, AI is already a colleague of sorts, supporting businesses and human workers as they go about their daily tasks.

There are of course also jobs that have been lost, and people who feel justifiably threatened by AI’s increasing presence.

But for many organisations, AI has already proved invaluable. Recent research has shown that AI has increased the efficiency of marketing strategies, improved energy saving, and enhanced problem solving abilities – skills that take humans years of training and experience to match.

AI can also work 24 hours a day, seven days a week. It does not complain and never goes on strike.

Meet the new boss?

But can AI replace human managers? Recent research I was involved in suggests that it can.

We took one of the most important tasks a business can engage in – recruiting the members of its workforce – and entrusted it to an AI system that my colleague and I had developed.

Generally speaking, recruitment is a managerial task, carried out by senior employees or outsourced to specialist firms. But for our project, AI handled the whole recruitment process independently and competently, from selecting candidates to drafting contracts. Using online interviews, questionnaires and filters, over 100 people were offered jobs at an electronic manufacturing plant in China.

Overall, we showed that AI is capable of implementing managerial tasks, at least in the field of recruitment. The success of our project suggests to us that AI could carry out managerial tasks on a much larger scale within the next ten years, supervising, leading and managing human employees.

We also think that AI working at managerial level will first emerge in the tech industry, where it has already been extensively used in operational roles.

People power

But other industries will surely follow. Other research has shown that AI offers businesses much in terms of better performance, financial gain and competitive advantage.

There are downsides too, of course. For all its benefits, AI poses an existential threat to many people’s jobs and careers. And human managers may not be keen to work with technology which impedes on their own decision making freedom – or their status.

Robotic hand pointing.
‘You’re hired.’
Willyam Bradberry/Shutterstock

Nor is AI yet skilled in the kind of relationship building, camaraderie or team spirit which can drive successful organisations.

So while the competition between AI and human colleagues will probably continue to grow in some sectors, people still have valuable strengths which make them attractive as line managers. First, they are are capable of vision, passion and hopes for the future, which provide momentum for social and economic progress and development. AI does not operate in this manner.

Second, AI always needs external – human – power to direct its tasks. For the moment, it cannot manage or reason without the involvement of people.

But some form of AI management is probably heading for many of our offices and work places. It could enhance these places, through pre-programmed reliability and efficiency.

But we need to be ready for it, and to be familiar with its characteristics and functions, rather than fearing or belittling its existence. The more we understand AI, the better we can learn to live with it, even if it is one day tasked with managing our own working lives.

The Conversation

Kirk Chang does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. AI could be your next line manager – https://theconversation.com/ai-could-be-your-next-line-manager-199937

Will Japan build nuclear weapons? Why China’s concerns are unfounded, for now

Source: The Conversation – UK – By Lewis Eves, Lecturer in the School of Politics and International Relations, University of Nottingham

Tensions are growing in east Asia. The threat of a Chinese attack on Taiwan persists and, in recent weeks, North Korea has been testing its long-range missile capabilities. Russia’s reorientation of ties from Europe towards Asia is also accelerating and the America First rhetoric of Donald Trump is raising questions about the commitment of the US president to his country’s east Asian allies.

In navigating this context, Japan has returned to one of its recurring national debates: whether it should possess nuclear weapons. This debate was reignited in December following comments from an unnamed government security adviser that they believe Japan should have nuclear weapons given the severity of the surrounding security environment.

The Japanese government swiftly reaffirmed its commitment to nuclear non-proliferation. This response was probably, at least in part, intended to prevent relations with China from deteriorating further. China had already condemned any talk of a Japanese nuclear weapons programme, labelling Japan a “troublemaker” that was ignorant of its militaristic history.

Japan doesn’t seem likely to develop nuclear weapons in the short-term. However, the tensions that triggered this episode are not likely to end soon. This raises questions about the feasibility of a Japanese nuclear programme and the sustainability of Japan’s non-nuclear position.

Japan’s nuclear programme

The development of nuclear weapons is a lengthy process that requires years of research and infrastructure development. However, Japan’s extensive nuclear energy programme would shorten the timeline of nuclear weapons development significantly. This is because the infrastructure and expertise required to produce energy-grade nuclear material contributes to the development of more refined weapons-grade material.

In fact, Japan’s energy programme is already producing weapons-grade uranium and plutonium (the primary materials used in nuclear weapons) in its fuel production cycles. It is producing so much that, in 2014, Japan agreed to ship excess material to the US over fears that its storage sites would be targeted by terrorist groups seeking nuclear weapon capabilities.

So a Japanese nuclear arsenal is certainly feasible, with analysts in China predicting that such an arsenal could be developed within just three years.

The Mihama nuclear power station situated next to the sea.
The Mihama nuclear power station in Fukui, central Japan.
Mkaz328 / Shutterstock

However, there are several reasons why Japan is unlikely to develop its own nuclear weapons. First, developing nuclear weapons does not serve Japan’s immediate interests. Maintaining a nuclear weapons programme is expensive, with even the UK’s relatively small nuclear deterrent costing tens of billions of pounds annually. Given Japan’s vast public debt and its other economic challenges, this is money that could be put to use elsewhere.

Second, Japan’s current approach to foreign and security policy is well established and generally effective. This includes a so-called human security approach, through which Japan provides aid to address the underlying humanitarian causes of crises before they can escalate. The approach includes funding global healthcare initiatives to prevent the spread of diseases like malaria and tuberculosis, while fostering positive relations with developing countries.

Meanwhile, Japan has long managed relations with major international powers through economic and diplomatic dialogue and engagement. For its relationship with China, this takes the form of what some researchers have called “hot economics, cold politics”. This approach, which involves using intensive economic cooperation to avoid confrontation over contentious political issues, has been in place for decades and would almost certainly end should Japan pursue a nuclear weapon.

Third, there are constitutional barriers to a Japanese nuclear weapons programme. The “pacifist clause” of Japan’s constitution, Article 9, renounces aggression as a tool of foreign policy.

This does not strictly outlaw a defensive nuclear deterrent. But the act of launching a nuclear weapon, even in retaliation, is itself an offensive action incompatible with international law and human rights. Thus, even if Article 9 is interpreted in such a way that technically allows for nuclear weapons, their use would probably be restricted to a point of redundancy.

Japan’s parliament also passed a national policy known as the three non-nuclear principles in the 1970s. These commit Japan to not possessing, producing or permitting the presence of nuclear weapons in its territory. These principles would need to be overturned by parliament to allow for a nuclear weapons programme. However, this is unlikely given that recent polling indicates around 70% of the Japanese public oppose nuclear weapons.

And fourth, Japan’s nuclear programme would face international legal barriers. In 1970, Japan signed the Nuclear Non-Proliferation Treaty alongside 190 other countries. In signing, Japan agreed to prevent the spread of nuclear weapons and work towards nuclear disarmament. Failing to comply with this treaty could result in significant economic and diplomatic sanctions that would probably offset any security gain from a weapons programme.

A big, book-shaped dummy titled 'Treaty on the prohibition of nuclear weapons' left by peace activists outside a dutch military air base.
A total of 191 countries are party to the Nuclear Non-Proliferation Treaty.
Milos Ruzicka / Shutterstock

These factors make imminent Japanese nuclear weapons very unlikely. But the longer-term prospects are different. Japanese pacifism is slowly eroding, with repeated reinterpretations of Article 9 in recent years to permit more military autonomy.

In 2022, Japan adopted counterstrike capabilities into its defence policy, giving Japanese forces the capacity to launch offensive acts as part of a larger defensive strategy. This could, for example, involve launching missiles at an enemy port that is supplying a hostile fleet. These capabilities set a precedent that might eventually permit nuclear counterstrikes as part of a defensive deterrence programme.

This would still require legal change. However, young Japanese people are less opposed to nuclear weapons than their older counterparts. A 2025 survey found that around a third of Japanese teenagers support the development of a nuclear deterrent, coinciding with an increase in far-right and nationalistic views domestically. This opens the door for the eventual revocation of the non-nuclear principles.

Meanwhile, the Non-Proliferation Treaty is increasingly struggling to control the global spread of nuclear weapons, raising questions of whether it could deter states like Japan from pursuing nuclear weapons in the future. Should attitudes in Japan continue to shift and nuclear non-proliferation continue to struggle, a nuclear-armed Japan is a serious possibility over coming decades.

The Conversation

Lewis Eves does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Will Japan build nuclear weapons? Why China’s concerns are unfounded, for now – https://theconversation.com/will-japan-build-nuclear-weapons-why-chinas-concerns-are-unfounded-for-now-272849

How realistic is Mattel’s new autistic Barbie?

Source: The Conversation – UK – By Aimee Grant, Associate Professor in Public Health and Wellcome Trust Career Development Fellow, Swansea University

Autistic people are so rarely depicted in media and entertainment, it’s no wonder most people don’t really understand much about the neurotype.

So we were pleased to see the launch of autistic Barbie.

Autism is a life-long neurodevelopmental difference, meaning autistic children grow into autistic adults. As autistic researchers, who advocate for the increased meaningful representation of our community, it was a good sign that multinational toy company Mattel worked with an autistic-led advocacy organisation based in the US, the Autistic Self Advocacy Network, in creating this new toy.

We have seen mixed reviews from autistic people since the launch, with some praising representation while others have been more critical of the doll.

Here are some considerations about her features to help you make up your own mind.

The tablet

Autistic Barbie is shown with a tablet with an augmented and alternative communication (AAC) application, which speaks aloud when buttons are pressed.

Some autistic people find communicating extremely challenging, and around a third cannot communicate reliably by speaking. This leads to needs going unmet, feeling misunderstood and often significant distress.

That is, unless an alternative mode of communication is available. Applications available on tablets, such as Proloquo2Go and Coughdrop, are helpful for some autistic people to communicate their needs and preferences.

Although some non-speaking autistic people find it easier to communicate with non-digital options such as printed cards, or using a low-tech signboard with letter tiles alongside a skilled communication partner, we think it’s great that this Barbie comes with a tablet.

The headphones

Sensory sensitivities are a core element of autistic lived experience. Autistic people are commonly sensitive to noise, light, smells, textures and taste. To represent this, autistic Barbie comes with noise-cancelling headphones which can be vital for some autistic people with noise sensitivities. However, other autistic people may find them too uncomfortable to wear and prefer in-ear options. For this reason, autistic people should be allowed to wear ear protection any time it is safe.

Eye contact

The development team reportedly gave Barbie a sideways glance, which aimed to show that eye contact may be uncomfortable and thus avoided in autistic people. An additional way to strengthen autistic Barbie could be to show the potential of visual distress, and to provide her with a coloured glasses accessory. Coloured lenses are a helpful tool to reduce the pain some autistic people feel in response to light, movement and colours. In reality, a specialist test can be used to help autistic people figure out what colour is best for them.

The outfit

Mattel seem to have invested thought in making Barbie’s outfit comfortable from a sensory point of view. Her outfit does not come with labels sewn in – a common cause of irritation to autistic people.

Her dress is loose and flowing, which may appeal to those with tactile hypersensitivity. We didn’t have an autistic Barbie to hand, so we aren’t sure what the fabric is like, but soft and comfortable fabric is a must for many autistic people.

It is worth noting that autistic people often have individual clothing preferences, and some may prefer tight – or even restrictive – clothing as it provides proprioceptive feedback, which can be comforting. It can also support hypermobile joints, which are at least three times as common in autistic people compared to non-autistic people. Furthermore, many autistic people are gender non-conforming, so may not see themselves represented in this outfit.

Autistic Barbie is wearing Mary Jane-style flat shoes, rather than Barbie’s typical high heels. Many autistic people struggle with shoes and rigid slim shoes may be uncomfortable for some. Almost half of autistic young people also walk on their tiptoes as a way of stimming, so allowing a movable ankle would have allowed this to be visible.

The stim tool

Stimming is an important way for autistic people to stay comfortable and regulated. It can undo some of the pain and discomfort of an unsuitable sensory environment. For this reason, we were really pleased to see that Barbie has two opportunities to stim. First, she has bendable elbows and wrists – many autistic people do some form of repetitive movement of their arms and hands as part of stimming. Also, Barbie holds a fidget spinner. This is a small toy that creates an interesting tactile and visual response.

Although not all autistic people will like fidget spinners, most engage in stims with their hands, so this is a good representation of one object that autistic people use to stim.

So how did Mattel do?

Social science researchers have claimed that Barbie – regardless of neurotype – has historically been reductive and problematic. Barbie is unachievably thin, extremely feminine and all too often white. It is important not to ignore these criticisms, however, Barbies are very popular toys and have a reach beyond other brands, and their range of disabled Barbies feels important to raise awareness.

There is no single “look” to being autistic, so the Barbie Mattel created can’t represent everyone, especially as her design is limited to visual elements. Despite these issues, we think, in general, that Mattel and the Autistic Self Advocacy Network have done a great job of creating the autistic Barbie doll.

Her existence is an overall positive. Her inclusion creates a much-needed opportunity for representation, education and normalises the use of disability accommodations.

The Conversation

Aimee Grant receives funding from The Wellcome Trust and UKRI.

Rebecca Ellis does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How realistic is Mattel’s new autistic Barbie? – https://theconversation.com/how-realistic-is-mattels-new-autistic-barbie-273277

English lessons shouldn’t be an immigration test – why the UK’s new policy risks deepening exclusion

Source: The Conversation – UK – By Declan Flanagan, Lecturer in Applied Languages and Intercultural Studies, Dublin City University

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What happens when learning English stops being a bridge into society and starts to feel like a test of belonging you can fail?

That is the question raised by the the UK government’s proposed new immigration policy, which would raise English-language requirements for most visa routes, with the aim of improving integration and workforce readiness.

This represents an increase in emphasis on language proficiency. Applicants would have to demonstrate higher proficiency in speaking, reading, writing and listening. There would be stricter testing standards and fewer exemptions, aligning immigration with strong communication skills for employment and community participation.

Ministers say the proposed policies will promote “integration” and “opportunity”. But it risks doing the opposite, by turning English for speakers of other languages (Esol) into a tool of surveillance rather than inclusion.

We are part of the Coalition for Language Education, a network of academics, teachers and organisations. The group argues that the proposed policy treats the ability to speak English less as a means of empowerment and more as a mechanism of immigration control.

By tying long-term residence and citizenship to staged progress in learning English, the policy reframes language not as a shared public good, but as a condition of acceptance. In effect, English becomes a kind of border.

Language shapes how we live together. It’s how people build relationships, find work, take part in communities and participate in democracy. But it can also be used to divide and exclude.

For non-native speakers, learning English has long been about helping people navigate everyday life, express themselves and feel at home. The government’s proposals, however, position English proficiency as a test of belonging – something to be proved, measured and monitored.

A decade-long test of worthiness

Under the plan, migrants seeking settlement or citizenship would be required to show staged progress in English, moving from basic to upper-intermediate levels over a ten-year period. Language attainment would be linked to a points-based system that also tracks employment and civic participation.

Language acquisition, however, is not linear. Progress is shaped by trauma, health, caring responsibilities, work patterns and previous education. For refugees and others who have experienced displacement or interrupted schooling, the expectation of steady, testable improvement can be unrealistic and punitive.

Reducing these complex learning journeys to tick-box benchmarks turns learning English into a compliance exercise. Linguistic ability becomes confused with effort, morality and even loyalty. Passing tests is seen as proof of trying hard, so failure implies laziness. Fluency becomes linked to being a “good” or “deserving” migrant. High proficiency signals commitment to national identity, while lower ability is framed as resistance.




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This is not just a UK issue either. Around the world, language education has increasingly been tied to immigration control. What is new with this proposal is how openly English is framed as something to be audited.

In the UK, attendance, test results and progression targets risk becoming data points used to monitor behaviour, rather than tools to support learning. Teachers are pushed to prioritise performance indicators over dialogue, confidence-building and community connection.

When language becomes a tool of control, it reshapes citizenship itself, testing people against a narrow linguistic ideal and eroding democratic values. Equality, fairness, inclusion and participation erode when language becomes a gatekeeping tool. Narrow linguistic standards exclude diverse speakers, denying equal access to citizenship and civic rights.

A policy detached from reality

Beyond its ideology, the proposed policy also fails on practical grounds. Esol provision across the UK is already underfunded and uneven. Community and voluntary providers, who support many of the most marginalised learners, are expected to deliver high-stakes outcomes with limited resources.

But there are no commitments to teacher training, pay, or access for women, refugees, or rural learners. There is little recognition of the barriers many learners face, including trauma, caring responsibilities or lack of access to childcare and transport. Nor is there any serious engagement with trauma-informed or learner-centred teaching approaches. Instead, the policy doubles down on a technocratic model that values what can be measured over what actually matters in the classroom.

Language should help people connect, not police their right to stay. Integration cannot be engineered through fear of failure or threat of exclusion. It grows when education is welcoming, well resourced and rooted in respect.

Linguistic diversity is not a problem to be solved. It is a public resource that enriches communities and strengthens democracy. Teaching English works best when it builds on what learners already know, rather than treating their languages as obstacles to overcome.

A teacher gives an English lesson using a chalkboard.
shutterstock.
Alone Pik/Shutterstock

Instead of tethering language learning to immigration enforcement, the government should invest in trauma-informed, learner-centred provision that meets learners’ needs. Assessment, too, needs rethinking. It should prioritise real-world communication and participation, not abstract benchmarks that silence voices.

Most importantly, integration must be understood as a two-way process. Host communities have as much to learn as newcomers.

If the government believes in empowerment, then education should amplify voices, not diminish them. Language policy should open doors, not lock them.

By replacing the language of rights and participation – teaching English not just for jobs, but to empower migrants to understand, claim and exercise their rights and engage in civic life – with conditional belonging, the proposed policy risks reinforcing inequality rather than reducing it. Presenting linguistic mastery as proof of national worth corrodes the democratic values language education should uphold.

Language should unite, not divide. When the English language is turned into an instrument of control, the very medium through which democracy operates is weakened. The task ahead is not to “restore control” over language, but to restore trust – in learners, in teachers and in the power of linguistic diversity to bring people together.

The Conversation

Declan Flanagan is affiliated with NATECLA.

Mike Chick is affiliated with the Welsh Refugee Council.

ref. English lessons shouldn’t be an immigration test – why the UK’s new policy risks deepening exclusion – https://theconversation.com/english-lessons-shouldnt-be-an-immigration-test-why-the-uks-new-policy-risks-deepening-exclusion-268158

Jair Bolsonaro had surgery for his hiccups. How to know when hiccups need medical intervention

Source: The Conversation – UK – By Adam Taylor, Professor of Anatomy, Lancaster University

Jair Bolsonaro. Focus Pics/Shutterstock.com

Brazil’s jailed former president Jair Bolsonaro was recently reported to have undergone three medical treatments to stop a bout of persistent hiccups. While hiccups are usually harmless and short-lived, his case highlights a condition that can, in rare circumstances, become medically significant.

Hiccups are one of the few bodily functions named after the sound they make. The sound is caused by a sudden, involuntary spasm of the diaphragm – a large, dome-shaped muscle that separates the chest from the abdomen and plays an essential role in breathing.

When the diaphragm contracts unexpectedly, air is drawn rapidly into the lungs. At the same time, the vocal cords snap shut, producing the characteristic “hic” sound.

Most people hiccup between two and 60 times per minute. Episodes typically last a few minutes, sometimes a few hours, before resolving on their own. They are usually only a minor irritation.

Doctors become more concerned when hiccups persist. Those lasting longer than 48 hours are classified as “persistent”. If they continue for more than a month, they are described as “intractable hiccups” – a rare and often debilitating condition.

The causes of common, short-term hiccups are usually straightforward. They can be triggered by an overfull stomach, alcoholic or fizzy drinks, very hot or very cold drinks, or emotional states such as anxiety and excitement or stress. These factors irritate or stimulate the nerves involved in the hiccup reflex, briefly disrupting the normal control of breathing.

Given how common hiccups are, it is not surprising that there are countless suggested cures. Some are supported by scientific evidence, while others rely on anecdote and personal experience.

Many of the techniques that appear to work best have one thing in common: they affect how the diaphragm functions. By altering breathing patterns or briefly increasing carbon dioxide levels in the blood, they may help reset the nerves that control the muscle.

Several small studies have examined structured breathing techniques. One approach, called “hiccup-relief using prolonged active inspiration” – slowly breathing in very deeply and holding it to stop diaphragm spasms – showed success in 21 patients. Another technique, called supra-supramaximal inspiration (breathing in even more after you already feel completely full of air) relieved hiccups in six people in a separate study.

A device based on similar principles, using controlled sucking and swallowing to regulate diaphragm activity, demonstrated a nearly 92% success rate in over 200 people.

There are also many commonly cited home remedies, although these often have little or no evidence to support them. They include breathing into a bag, drinking or gargling iced water, pulling the tongue, biting a lemon, eating peanut butter, applying pressure to the eyeballs, rectal massage (yes, really), performing the Valsalva manoeuvre (trying to breathe out against a closed nose and mouth), or attempting to induce a sudden fright. However, for most people, a brief change in breathing or swallowing is enough to interrupt the hiccup reflex.

Woman biting into a lemon.
Most home remedies for hiccups lack evidence.
VikaNorm/Shutterstock.com

One reason hiccups are difficult to study is that they usually resolve quickly. Short episodes are hard to capture in controlled research settings, which limits large-scale studies. As a result, most published studies focus on persistent and intractable cases.

Intractable hiccups are rare, affecting about one in 100,000 people. They occur far more often in men, who account for more than 90% of cases, particularly those over the age of 50. In these people, hiccups can be exhausting and distressing, interfering with eating, sleeping and breathing.

In Bolsonaro’s case, the cause of his latest episode has not been made clear. In June 2021, however, he attributed a previous bout of persistent hiccups to medication prescribed after dental surgery. Although the specific drugs were not disclosed, several medications are known to trigger prolonged hiccups.

Corticosteroids, such as dexamethasone and methylprednisolone, particularly at high doses, are well-recognised triggers.

Unlike food or fizzy drinks, which irritate nerves directly, these drugs affect chemical messengers within the nerve pathways that control the diaphragm. Hiccups have even been reported following corticosteroid injections into the knee or shoulder, which are often given to relieve pain from arthritis.

Benzodiazepines (drugs to treat anxiety and insomnia) can also cause hiccups, sometimes even at low doses. Studies of procedures involving benzodiazepine sedation, such as endoscopy, show that around one in five patients given midazolam develop hiccups, compared with about one in 20 who are not given the drug. The effect is again more common in men.

Some antipsychotic medications, including aripiprazole, have also been linked to hiccups, which often resolve when the drug is stopped. These medications influence the same neurotransmitter systems involved in the hiccup reflex.

Not always benign

Treatment for persistent hiccups usually takes one of two forms: medication or physical procedures. The drugs doctors most often prescribe are baclofen and metoclopramide, which have been tested in small studies comparing them against placebos (dummy pills). If the medication doesn’t work or causes too many side-effects, doctors may consider more invasive treatments.

Bolsonaro underwent a phrenic nerve block, a procedure that temporarily reduces or paralyses the function of the phrenic nerve, which controls the diaphragm. The effect can last for hours, days or up to a few weeks.

Because the phrenic nerve plays a critical role in breathing, the nerves on both sides of the body are rarely blocked at the same time. When used appropriately, the procedure is highly effective.

In more severe cases, or when doctors find out what’s causing the problem, permanent treatments might be needed. These could include destroying the nerve that’s causing the hiccups using heat or freezing, or surgically cutting and sealing off the nerve to stop the signals.

Persistent hiccups after stomach surgery are common. Since Bolsonaro was previously stabbed in the abdomen, this could be playing a role in his hiccup problem.

Damage to the area of the brain responsible for regulating hiccups can also play a role. One well-known example is Charles Osborne who holds the record for the longest continuous bout of hiccups – lasting 68 years from 1922 to 1990.

Research shows they can sometimes be an early symptom of cancers of the oesophagus, colon, kidneys, or conditions affecting the brainstem. Studies have also found that men diagnosed with persistent hiccups have higher rates of certain cancers in the following 12 months.

Thankfully for most people, hiccups remain a harmless inconvenience. However, hiccups that persist for several days without an obvious trigger should be assessed by a doctor.

The Conversation

Adam Taylor does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Jair Bolsonaro had surgery for his hiccups. How to know when hiccups need medical intervention – https://theconversation.com/jair-bolsonaro-had-surgery-for-his-hiccups-how-to-know-when-hiccups-need-medical-intervention-272749