¿Puede la inteligencia artificial corregir errores ortográficos complejos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Manuel Moreno-Marcos, Profesor Titular en el Departamento de Ingeniería Telemática de la Universidad Carlos III de Madrid, Universidad Carlos III

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Durante siglos, antes de que existieran los correctores automáticos, la corrección de textos dependía de profesionales como escribas, copistas, correctores de estilo y tipográficos o, simplemente, de personas con buena formación en ortografía.

Fue así hasta las décadas de 1970 y 1980, con la llegada de los ordenadores personales. Entonces, la manera de escribir y corregir documentos cambió. La escritura comenzó a digitalizarse y los correctores automáticos surgieron como sistemas basados en reglas simples y comparación con diccionarios o listas predefinidas.

Uno de los primeros fue SPELL, diseñado en 1971 en la Universidad de Stanford (Estados Unidos). Este programa analizaba textos en inglés y detectaba palabras mal escritas al compararlas con un diccionario. Además, sugería correcciones para errores comunes como cambios de una letra o transposiciones. Sin embargo, no interpretaba el contexto, ni el significado de las palabras.

A finales de los años 1980 y principios de la década de 1990, programas como Microsoft Word empezaron a incluir correctores ortográficos integrados en sus aplicaciones de creación y edición de texto. Por ejemplo, en 1995, Microsoft Word introdujo los conocidos subrayados rojos que señalaban errores en tiempo real. Aún así, estas herramientas seguían sin interpretar el contexto ni la intención del mensaje.

A pesar de las limitaciones, dichos avances facilitaron el proceso de revisión de textos.

Escribir bien en la era digital

Aunque hoy en día contamos con muchas facilidades para escribir correctamente, la realidad es que, en un entorno donde elaboramos textos constantemente –correos, informes, mensajes en redes sociales, solicitudes…–, a menudo adoptamos hábitos incorrectos por comodidad o rapidez. Por ejemplo, es habitual ver preguntas que solo llevan el signo de interrogación al final o la omisión de tildes.

Por ello, los correctores automáticos siguen siendo imprescindibles. Mientras que muchos ya ofrecen soluciones eficaces para errores ortográficos simples (como confundir “v” con “b” u olvidar una tilde) y errores gramaticales o de estilo básicos, el verdadero reto aparece cuando son fallos más complejos que varían según el contexto.

¿Es capaz la inteligencia artificial (IA) de detectar y corregir este tipo de errores? ¿Puede, por ejemplo, identificar usos incorrectos del pronombre “tú” en textos formales, donde debería emplearse una forma impersonal?

Contextos limitados

Actualmente, muchas herramientas basadas en inteligencia artificial están preparadas para corregir errores ortográficos y gramaticales básicos. Por ejemplo, sistemas como Grammarly, LanguageTool o Microsoft Editor utilizan enfoques combinados de reglas lingüísticas con modelos estadísticos o de aprendizaje automático. Gracias a ello, son capaces de detectar faltas de ortografía, confusiones comunes entre palabras homófonas sencillas (como “echo” y “hecho”) y errores de concordancia gramatical o de modos verbales.

Sin embargo, muestran limitaciones cuando se enfrentan a errores que requieren una comprensión más global del texto. Una de las principales razones es que suelen procesar el contenido por fragmentos, con un límite de tokens (unidades lingüísticas que pueden ser palabras, partes de palabras o signos), lo que se conoce como “ventana de contexto”. Por lo tanto, no captan bien las relaciones entre distintas partes del documento.

Además, muchas de estas herramientas se basan en reglas predefinidas y en patrones aprendidos a partir de ejemplos limitados, lo que reduce su capacidad para detectar cambios de tono, variaciones que dependen del tipo de texto o del destinatario o redundancias de estilo, entre otras dificultades.

El desafío: corregir errores complejos con IA

Un ejemplo de error difícil de detectar es el uso incorrecto del gerundio. En frases como “Salí de casa, olvidándome la mochila”, su uso está mal empleado, debido a que el gerundio solo puede expresar acciones que ocurren antes o a la vez que la acción principal, pero no después.

En este caso, el olvido ocurrió antes de salir, por lo que ese uso es incoherente desde el punto de vista temporal. Para corregir esto, la IA debe mirar el contexto y la relación entre las acciones.

Con este objetivo, en proyectos de investigación como PALABRIA-CM-UC3M trabajamos en nuevas formas de detectar errores complejos, como el uso del “tú” impersonal en contextos formales, el gerundio no normativo o los marcadores discursivos. Se trata de errores de registro, sintaxis o cohesión que requieren una comprensión textual profunda.

Para abordar la corrección automática, se han propuesto distintos enfoques, entre los que destacan los métodos basados en reglas, los enfoques estadísticos y los modelos neuronales. Nuestro proyecto combina reglas lingüísticas con modelos de inteligencia artificial. En concreto, se están probando varios tipos de modelos basados en aprendizaje profundo, entre los que destaca la IA generativa con arquitectura tipo transformer.

Ventajas de la IA generativa

Con este enfoque, se pueden procesar textos más extensos y analizar todas las palabras de una secuencia al mismo tiempo –con un mecanismo conocido como self-attention–, a diferencia de los modelos anteriores. Esto le permite captar mejor la relación entre distintas partes del texto y detectar errores complejos relacionados con el registro, la sintaxis o la cohesión.

Otra ventaja de la IA generativa es su facilidad de uso. Funciona a partir de instrucciones escritas en lenguaje natural, llamadas prompts. Es decir, solo con expresar de manera clara y eficaz lo que se necesita –por ejemplo, que revise un texto y corrija ciertos errores–, el modelo puede generar una respuesta adecuada.

Por último, debemos recordar que el uso de la IA en la escritura no reemplaza la creatividad ni la intención comunicativa. Al contrario, si se usa de forma consciente, puede ser una herramienta muy útil, especialmente en ámbitos educativos. Puede detectar errores, proponer mejoras y fomentar una escritura más clara.

The Conversation

Pedro Manuel Moreno-Marcos recibe fondos del proyecto PALABRIA-CM-UC3M, financiado por la Comunidad de Madrid a través del convenio-subvención para el fomento y la promoción de la investigación y la transferencia de tecnología en la Universidad Carlos III de Madrid

MARINA SERRANO-MARÍN recibe fondos del proyecto PALABRIA-CM-UC3M, financiado por la Comunidad de Madrid a través del convenio-subvención para el fomento y la promoción de la investigación y la transferencia de tecnología en la Universidad Carlos III de Madrid.

Natalia Centeno Alejandre recibe fondos del proyecto PALABRIA-CM-UC3M, financiado por la Comunidad de Madrid a través del convenio-subvención para el fomento y la promoción de la investigación y la transferencia de tecnología en la Universidad Carlos III de Madrid.

ref. ¿Puede la inteligencia artificial corregir errores ortográficos complejos? – https://theconversation.com/puede-la-inteligencia-artificial-corregir-errores-ortograficos-complejos-259294

De Videla a Milei: el legado de los juicios a la última dictadura argentina 40 años después

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Sánchez-Moreno, Coordinador Académico del Máster Universitario en Cooperación Internacional al Desarrollo: Gestión y Dirección de Proyectos, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Juicio a las Juntas (22/05/1985). Integrantes de la Junta Militar ingresan a la sala de audiencias. Telam/Wikimedia Commons, CC BY

Hace 40 años, uno de los primeros juicios civiles en el mundo contra dictaduras militares se celebraba en Argentina, concretamente contra los nueve comandantes que lideraron las Juntas Militares de la última dictadura (1976-1983).

El régimen había colapsado por la severa crisis económica y la pérdida de las Malvinas, desacreditando a los militares y facilitando unas elecciones que ganaría Raúl Alfonsín. El presidente llevaba en su programa electoral la investigación de las Juntas Militares en forma de verdad, justicia y reparación. Algo disruptivo en una Latinoamérica que se miraba en el modelo de transición pactada que España estaba implementando.

El juicio fue grabado íntegramentre y retransmitido por el canal estatal Argentina Televisora Color. Hoy se puede ver en el archivo digital de Memoria Abierta. Aún estremece ver las caras incómodas de los jueces, el tragar saliva de los fiscales Julio César Strassera y Luis Moreno Ocampo (luego primer fiscal de la Corte Penal Internacional), los testimonios de las víctimas, las pruebas documentales y la soberbia de los imputados.

Cinco condenados y cuatro absueltos

Por dar algunos datos: 281 casos, 530 horas de audiencias, 833 testigos. La sentencia del 9 de diciembre de 1985 condenó a cinco de los nueve militares, mientras que cuatro fueron absueltos. Entre los condenados se encontraban Jorge Rafael Videla y Emilio Massera, quienes fueron sentenciados a reclusión perpetua.

Por primera vez en Argentina se juzgaba a los responsables de la represión estatal. Del mismo modo, se sentaban las bases para la persecución de los responsables de crímenes de lesa humanidad.

La sentencia de este juicio estableció la noción de un plan sistemático de exterminio y la responsabilidad de los militares por las violaciones de derechos humanos. Quedaron sobradamente probados en los testimonios y documentación los secuestros nocturnos, detenciones en prisiones y centros clandestinos, y toda clase de torturas: picana eléctrica, asfixia, violaciones y abusos sexuales, robo de bebés y la desaparición como trasunto del asesinato.

Buena parte de las pruebas fueron aportadas por organizaciones de la sociedad civil argentina como el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), organizaciones internacionales como el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la ONU o la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), una suerte de Comisión de la Verdad, cuyo informe Nunca Más fue clave en este proceso judicial.

Los acusados antes de la sentencia establecieron una estrategia de defensa centrada en la “teoría de los dos demonios”, que quedó desacreditada. Esta teoría explica que los delitos cometidos como parte del terrorismo de Estado quedan justificados ante los actos de violencia cometidos por las organizaciones guerrilleras que actuaban en el país, como Montoneros o el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

El almirante Eduardo Massera afirmó: “No he venido a defenderme. Nadie tiene que defenderse por haber ganado una guerra justa. Y la guerra contra el terrorismo fue una guerra justa. Sin embargo, yo estoy aquí procesado porque ganamos esa guerra justa. Si la hubiéramos perdido, no estaríamos acá”.

El hecho es que el actuar represivo no solo fue contra la guerrilla considerada “subversiva”, sino contra toda persona que se opusiese a los cambios políticos, económicos y sociales que pretendía imponer la dictadura. Durante este juicio se probaron hechos que, aún en una guerra “justa”, no se justificaban y eran constitutivos de crímenes de guerra.

Las palabras se Strassera

El alegato final duró seis días, concluyendo con unas inolvidables palabras del fiscal Strassera:

“Los argentinos hemos tratado de obtener la paz fundándola en el olvido, y fracasamos: ya hemos hablado de pasadas y frustradas amnistías. Hemos tratado de buscar la paz por la vía de la violencia y el exterminio del adversario, y fracasamos: me remito al período que acabamos de describir. A partir de este juicio y de la condena que propugno, nos cabe la responsabilidad de fundar una paz basada no en el olvido sino en la memoria; no en la violencia sino en la justicia. Esta es nuestra oportunidad: quizá sea la última… Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: ‘Nunca más’.”

Pero los caminos de la memoria y la lucha contra la impunidad no son fáciles. La cárcel fue leve para los condenados. Una serie de leyes de impunidad pusieron fin a otros posibles juicios contra otras personas implicadas. Y una serie de indultos en la década de los 90, durante el gobierno de Carlos Menem, pusieron a los militares en la calle.

Las víctimas y supervivientes tuvieron que esperar 20 años para que en 2003, durante el gobierno de Néstor Kirchner, se anularan las leyes y decretos de impunidad, reabriendo los juicios por crímenes de lesa humanidad que hoy siguen.

A 40 años de aquellos juicios aún estremece el visionado de los mismos, decía. Pero estremece del mismo modo la desarticulación de las instituciones estatales de derechos humanos y memoria por parte del presidente Javier Milei, así como su discurso negacionista y legitimador de las Juntas Militares. Se alinea con las palabras de Massera, mencionadas más arriba, para cambiar el relato.

Lo cierto es que ni aquellos juicios a las Juntas Militares, ni la acción judicial en curso, ni los movimientos sociales promemoria pueden ser borrados y parados por el actual gobierno.

También es cierto que la ciudadanía que en su día aupó a Alfonsín con los juicios a las Juntas Militares, aúpa ahora al Milei negacionista. Habría que analizar lo ocurrido en el país –y en el mundo– en ese lapso de tiempo.

The Conversation

Manuel Sánchez-Moreno no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De Videla a Milei: el legado de los juicios a la última dictadura argentina 40 años después – https://theconversation.com/de-videla-a-milei-el-legado-de-los-juicios-a-la-ultima-dictadura-argentina-40-anos-despues-257778

Meliterapia: engrasar el cerebro para curar enfermedades neurológicas complejas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrico Castroflorio, Neurocientífico especializado en función sináptica y lípidos, Universitat de les Illes Balears

Recreación artística de una neurona. nobeastsofierce/Shutterstock

¿Y si la clave para tratar el alzhéimer, la epilepsia o la depresión no estuviera en los genes o en las proteínas, sino en las grasas que recubren las neuronas?

Durante décadas, la investigación se ha centrado principalmente en estudiar las proteínas y genes defectuosos como la causa de enfermedades. A pesar de los avances científicos de los últimos años, aún no disponemos de tratamientos realmente efectivos para muchas patologías neurológicas.

Primeros resultados prometedores

La meliterapia (Membrane Lipid Therapy) es un nuevo campo de la biomedicina que busca tratar enfermedades modificando los lípidos de las membranas celulares del cerebro.

Los lípidos no son todos iguales: algunos, como los ácidos grasos poli-insaturados (entre ellos los famosos omega-3), pueden modificar la estructura de la membrana y, con ello, alterar la forma en que las proteínas se comportan. Esto significa que, ajustando el tipo de lípidos presentes en la membrana, podríamos recuperar funciones cerebrales alteradas en diversas enfermedades. Y los primeros resultados son prometedores.




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¿En qué consiste esta innovadora terapia?

Como apuntábamos, la meliterapia consiste en actuar sobre el entorno lipídico de las proteínas, la “alfombra” donde se apoyan, en lugar de atacarlas directamente. Al hacerlo, muchas proteínas podrían recuperar su forma y función originales. No es una terapia más: es un cambio de paradigma.

Ya se están desarrollando lípidos sintéticos capaces de integrarse en la membrana neuronal y modificar su organización. Uno de estos compuestos ha demostrado restaurar la función de proteínas alteradas en modelos experimentales de la enfermedad de Alzheimer], abriendo la posibilidad de recuperar circuitos neuronales dañados sin alterar el ADN ni manipular directamente el sistema nervioso con fármacos invasivos.

Pero ¿cómo se consigue? Debemos tener en cuenta que las membranas de las neuronas no son simples envolturas, sino estructuras dinámicas rebosantes de colesterol, fosfolípidos y ácidos grasos que influyen en la comunicación entre neuronas (sinapsis), la resistencia al estrés oxidativo, la supervivencia celular y en muchos otros aspectos clave para la vida de una célula.

Cuando estos lípidos se desequilibran, las neuronas funcionan mal y aparecen diversas enfermedades. La meliterapia busca corregir estos desequilibrios mediante cambios lipídicos o reajustes de la membrana plasmática de las células.




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Experimentos exitosos

He aquí algunos ejemplos de la meliterapia en acción:

  • Alzhéimer: recuperar las conexiones

En este trastorno, las neuronas pierden colesterol y ciertos fosfolípidos, lo que dificulta la formación de sinapsis, las conexiones fundamentales para la comunicación neuronal y, por lo tanto, para el funcionamiento del sistema nervioso. Un estudio reciente demostró que aumentar los niveles de omega-3 mejora la memoria en ratones.
Aún no hay resultados concluyentes en humanos, pero ya se están probando fármacos que estabilizan las membranas neuronales y podrían frenar el deterioro cognitivo que caracteriza a esta enfermedad.

  • Epilepsia: equilibrar los lípidos para reducir los ataques

Al reparar las membranas neuronales dañadas, se podría reducir las crisis resistentes a medicamentos. Estudios muestran que ajustar los lípidos cerebrales con omega-3, como DHA y EPA, disminuye la hiperexcitabilidad neuronal, el estado en el que las neuronas se vuelven más propensas a generar impulsos eléctricos. Los ensayos en humanos son preliminares, pero la combinación con nanotecnología promete tratamientos más precisos. Este enfoque innovador podría complementar, e incluso sustituir, los tratamientos actuales en casos de epilepsia refractaria, donde los fármacos no funcionan.




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  • Glioblastoma: avances esperanzadores en la lucha contra el cáncer cerebral más agresivo

Un ensayo clínico acaba de arrojar resultados esperanzadores en torno a un fármaco basado en lípidos combinado con radio y quimioterapia para tratar el glioblastoma recién diagnosticado, que es uno de los tumores cerebrales más agresivos.

Los primeros datos apuntan a una mayor supervivencia de los pacientes, especialmente en aquellos con una característica genética llamada metilación del gen MGMT, que actúa como un mecánico que repara el ADN dañado. En la mayoría de los casos, resulta beneficioso, pero en el glioblastoma, puede ayudar al tumor a resistir la temozolomida. Este es uno de los tratamientos más usados para este tipo de cáncer y funciona dañando el ADN de las células tumorales. Si el MGMT está activo, las repara y la quimioterapia pierde efecto. Sin embargo, cuando el gen está metilado –es decir, desactivado–, el tumor no puede defenderse frente a los tratamientos.

En el estudio, el fármaco meliterapéutico fue bien tolerado y no se observaron nuevos efectos secundarios, lo que sugiere un posible beneficio para este grupo de pacientes.

Los retos de la meliterapia

Aunque este tratamiento suena muy prometedor, hay obstáculos que deberá sortear:

  • La barrera hematoencefálica: muchos lípidos pueden llegar al cerebro desde la sangre, pero algunos necesitan unirse a transportadores o vehículos especiales, como nanopartículas.

  • Efectos secundarios: para evitar efectos no deseados, es fundamental diseñar moléculas lipídicas que actúen de forma específica en el órgano o tejido que se quiere tratar, sin interferir con las funciones normales del resto del cuerpo.

  • Personalización: no todos los cerebros responden igual. Se necesitan terapias individualizadas para cada paciente.




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Una terapia revolucionaria

¿Y por qué esta terapia se presenta como un cambio de paradigma?
Porque nos invita a observar el cerebro desde otra mirada. En lugar de seguir buscando la “molécula mágica” que explique el origen de tantas patologías neurológicas, quizá debamos aceptar que la salud cerebral depende también de la armonía entre grasas y proteínas en un lugar tan aparentemente modesto como la membrana celular. Justo en ese límite entre el mundo exterior y el interior de la neurona, podría estar una de las llaves para entender y tratar algunos de los trastornos más complejos de nuestro tiempo.

The Conversation

Enrico Castroflorio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Meliterapia: engrasar el cerebro para curar enfermedades neurológicas complejas – https://theconversation.com/meliterapia-engrasar-el-cerebro-para-curar-enfermedades-neurologicas-complejas-259581

Verano y piscinas, una combinación que aumenta el riesgo de padecer criptosporidiosis

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología., Universidad de Salamanca

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A pesar de que el cloro es un desinfectante muy eficaz para el agua de las piscinas y de los parques acuáticos, algunos microorganismos causantes de enfermedades son particularmente resistentes a su acción, lo que puede suponer un riesgo para la salud de los bañistas. Entre ellos destaca Cryptosporidium, un protozoo intestinal causante de diarrea acuosa que suele dar algún que otro disgusto en los meses de verano en países de altos ingresos. Este microorganismo ubicuo parasita a los animales domésticos y salvajes, pero también a los seres humanos. Es capaz de sobrevivir, durante días, en piscinas correctamente cloradas y es considerado uno de los principales responsables a nivel mundial de enfermedades gastrointestinales transmitidas por agua contaminada y alimentos.

En concreto, Cryptosporidium es la segunda causa principal de diarrea moderada a grave en niños menores de dos años y una causa importante de mortalidad en todo el mundo.

Piscinas y parques acuáticos

Hace unas semanas que se daba por finalizado el brote de criptosporidiosis vinculado a sesiones de alimentación y caricias de terneros y corderos en la granja Marlborough Grange en Cowbridge, Gales, que afectó a 89 personas.

Más allá de las granjas, la exposición al agua contaminada suele coincidir con la intensificación de la actividad acuática en verano. Es decir, cuando aumenta el uso de instalaciones de agua recreativa, como piscinas públicas y residenciales, jacuzzis, zonas de juegos acuáticos, parques acuáticos, etc.

Lejos de resolverse, el número de casos en Europa parece ir en aumento en los últimos años. Del año 2022 al 2023 hubo un incremento del 83% en los casos de criptosporidiosis en Reino Unido, con una concentración significativa en niños y en la región del Noroeste. Y solo en 2024 hubo 17 brotes relacionados con granjas en Inglaterra y Gales. Por su parte, España registró en 2023 un aumento significativo de la incidencia, con 4 061 notificaciones, lo que supone un incremento de seis veces en comparación con la mediana del período 2016-2022.

A nivel mundial, se estima que ocurren 823 000 casos de criptosporidiosis cada año. La dosis infecciosa puede ser tan baja como 10 ooquistes en algunas especies, lo que implica que basta una exposición mínima para causar la enfermedad. Históricamente, los brotes más importantes ocurrieron en 1993 en Milwaukee (EE.UU.), con 400 000 casos, y en el año 2010 en Suecia, con 27 000 casos.

¿Qué es la criptosporidiosis?

La criptosporidiosis es responsable del 0,6 al 7,3% de las enfermedades diarreicas en los países con sistemas de saneamiento modernos y de un porcentaje aún mayor en las áreas con saneamiento deficiente. El cuadro clínico general está caracterizado por una diarrea acuosa que puede ir acompañada de calambres abdominales, pérdida de apetito, febrícula, náuseas, vómitos y pérdida de peso.

La mayoría de las infecciones por Cryptosporidium desaparecen espontáneamente en huéspedes inmunocompetentes, pero pueden estar asociadas con síntomas crónicos, desnutrición y otras complicaciones en pacientes de alto riesgo. Aunque la enfermedad suele autolimitarse en individuos con sistemas inmunitarios sanos, puede ser mucho más grave, prolongada e incluso potencialmente mortal en personas inmunocomprometidas, como pacientes con VIH, quienes pueden experimentar diarrea acuosa profusa y difícil de tratar.

Las poblaciones con mayor riesgo de enfermedad grave o mayor susceptibilidad a la infección incluyen niños pequeños, especialmente los de 0 a 4 años.

El mecanismo de transmisión es fecal-oral, incluyendo la transmisión de persona a persona, de un animal a una persona y la transmisión de origen hídrico y alimentario. El patógeno puede persistir en el medio ambiente como un ooquiste que contiene cuatro esporozoitos, que son la forma infecciosa del parásito. Tras la exposición, el período de incubación oscila entre dos y diez días, con una media de siete días.

Verano: la época de mayor riesgo

Cryptosporidium hominis y Cryptosporidium parvum son los responsables de la mayoría de los casos de criptosporidiasis en seres humanos. Si bien se ha detectado algunas especies de criptosporidios en los zorros salvajes gallegos, lo que puede indicar la probable superposición de los ciclos selváticos y domésticos de este parásito en entornos rurales, el reservorio más importante para la enfermedad humana son los seres humanos, el ganado bovino y otros animales domésticos.

La ausencia casi total de especies zoonóticas en los brotes detectados en España en 2023 sugiere que la transmisión de persona a persona fue la fuente predominante, muy probablemente amplificada a través de actividades acuáticas recreativas. Esto sirve como un potente ejemplo del desafío de salud pública que plantea Cryptosporidium durante el verano.

Sin embargo, eso no merma el interés por identificar la presencia del patógeno en las especies animales de producción (ganado), de compañía (perros y gatos) y de vida silvestre, que puede sugerir un papel potencialmente importante como reservorios naturales de infecciones humanas.

Lavarse las manos tras tocar tierra y otras medidas

La prevención de la criptosporidiosis implica medidas sanitarias adecuadas y el correcto lavado de manos, especialmente en centros sanitarios y guarderías y después de tener contacto con tierra, personas o animales infectados. Algunas otras medidas preventivas útiles implican no beber ni tragar agua de ríos, arroyos o de procedencia no controlada. Y, por supuesto, no defecar en el agua.

Si ha padecido criptosporidiosis, es conveniente esperar al menos dos semanas después de que la diarrea haya cesado por completo antes de volver a nadar. Por otro lado, conviene desarrollar prácticas sexuales seguras para prevenir la infección por contacto anal.

En viajes internacionales a zonas donde el saneamiento es deficiente, conviene evitar beber agua del grifo. En localidades donde haya brotes activos es recomendable comer sólo alimentos cocinados, evitar la leche y los zumos no pasteurizados y hervir el agua potable, incluyendo el agua para el cepillado de los dientes y el lavado de alimentos.

La capacidad de las personas para excretar parásitos durante semanas después de que los síntomas han desaparecido, unido a la existencia de portadores asintomáticos, complica el control de los brotes. Sobre todo porque los individuos, incluso aquellos con sistemas inmunitarios robustos que se recuperan rápidamente, pueden seguir siendo vectores de la enfermedad sin saberlo. Por lo tanto, el rastreo de contactos y las recomendaciones de higiene deben extenderse más allá del período sintomático, especialmente para personas en profesiones de alto riesgo o aquellas que cuidan a grupos vulnerables.

El control eficaz de la criptosporidiosis exige un enfoque integral de “One Health” que involucre la colaboración entre los sectores de salud pública, veterinaria y agrícola. Además, la lucha contra la enfermedad también implica desarrollar campañas de concienciación pública y una posible aplicación más estricta de los protocolos de higiene en los entornos acuáticos compartidos.

The Conversation

Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Verano y piscinas, una combinación que aumenta el riesgo de padecer criptosporidiosis – https://theconversation.com/verano-y-piscinas-una-combinacion-que-aumenta-el-riesgo-de-padecer-criptosporidiosis-261674

¿Por qué tenemos una mano menos hábil que otra?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álvaro Carmona, Coordinador académico & docente, Universidad Loyola Andalucía

Aproximadamente un 10% de la población es zurda. Anastassiya Bezhekeneva/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Alejandro, de 15 años, del IES Sierra de las Villas, Villacarrillo (Jaén)


Seguro que te has fijado en que al escribir, jugar al fútbol o cepillarte los dientes siempre utilizas una mano con más destreza que la otra. No es casualidad: se trata de una característica llamada lateralidad manual, que significa que nuestro cerebro prefiere usar una mano concreta para tareas de precisión. Pero ¿por qué ocurre esto?

Una cuestión de ahorro energético

Cerca del 90 % de las personas son diestras, alrededor del 10 %, zurdas y muy pocas, menos del 1 %, ambidiestras (pueden usar ambas manos con igual habilidad). Esta característica tiene mucho que ver con cómo está organizado nuestro cerebro.

El cerebro humano está dividido en dos partes o hemisferios que se encargan de controlar movimientos diferentes. Mientras que el hemisferio izquierdo maneja principalmente la parte derecha del cuerpo, el derecho controla la parte izquierda. Esta organización cruzada explica por qué, si alguien sufre una lesión en el lado izquierdo del cerebro, su mano derecha podría perder movilidad o precisión.

La lateralización es una maravillosa estrategia para ahorrar energía. Si ambas manos hicieran todo con la misma eficacia, nuestro cerebro necesitaría más esfuerzo y energía para coordinarse. La naturaleza, que es muy práctica, optó por la especialización: una mano se convierte en la “principal” y se dedica a movimientos finos, mientras que la otra la apoya realizando tareas menos delicadas. De esta forma, el cerebro ahorra energía y mejora la coordinación.

Aunque no existe un gen de la mano izquierda o derecha, sí se sabe que la genética juega un papel clave. Un estudio realizado con más de 300 000 personas en Reino Unido descubrió decenas de genes relacionados con la lateralidad manual. Estos influyen en cómo crecen y se conectan las neuronas durante el desarrollo del cerebro, favoreciendo una preferencia hacia una mano u otra desde etapas muy tempranas.

Zurdos o diestros incluso antes de nacer

Gracias a las ecografías, hoy sabemos que muchos bebés ya prefieren chuparse un pulgar en particular desde antes de nacer, algo que ocurre alrededor de la 15ª semana del embarazo. Esto indica que la preferencia manual se empieza a formar muy pronto, probablemente influida por pequeñas diferencias en el desarrollo del cerebro dentro del útero.

Además de los genes y la biología, nuestro entorno y la cultura pueden influir en esa primacía. Por ejemplo, hasta hace no mucho tiempo, ser zurdo no estaba bien visto en la sociedad, por lo que muchos niños zurdos eran obligados a usar la mano derecha. Hoy sabemos que esto no es para nada recomendable, ya que fuerza al cerebro a usar circuitos menos eficaces, causando incomodidad, torpeza e incluso trauma.

Otra curiosidad sobre la lateralidad manual es su relación con el lenguaje. En la mayoría de los diestros, el hemisferio izquierdo controla la función lingüística. En cambio, en los zurdos esta distribución puede ser diferente: algunos utilizan el hemisferio derecho y otros tienen esta función repartida entre ambos hemisferios. Esto muestra lo increíblemente compleja que es la organización cerebral.

Entonces, ¿es mejor ser diestro o zurdo?

Aunque hay algunos estudios que relacionan la zurdera con ciertos trastornos del desarrollo del lenguaje, las personas “no-diestras” tienen una vida perfectamente saludable. De hecho, pueden disfrutar de ciertas ventajas, especialmente en deportes como el tenis, el boxeo o la esgrima, porque sus movimientos son menos predecibles para la mayoría diestra.

Además, creencias populares afirman que los zurdos pueden tener mayor creatividad y capacidad de adaptación por estar acostumbrados desde pequeños a un mundo diseñado mayoritariamente para diestros. En realidad, un estudio reciente concluyó que no existen diferencias significativas en creatividad divergente entre zurdos y diestros; de hecho, en algunos tests estandarizados los diestros obtienen puntuaciones ligeramente superiores. Este hallazgo desmonta el mito de la diferencia creativa entre zurdos y diestros y sugiere que la organización cerebral y la práctica individual, más que la lateralidad, determinan la creatividad.

Y aunque siempre tendremos una mano preferida, la buena noticia es que la menos hábil puede mejorar con la práctica. Realizar pequeñas actividades diarias, como cepillarte los dientes o escribir notas breves con tu mano más torpe, puede fortalecer sus conexiones neuronales y aumentar su precisión. Nuestro cerebro es muy adaptable y puede perfeccionar sus habilidades con el entrenamiento.

También es importante tener en cuenta la importancia del diseño inclusivo. Tijeras, pupitres y otros utensilios suelen estar pensados para diestros, dificultando las tareas cotidianas de muchas personas zurdas. Apostar por diseños cómodos y accesibles para cualquier mano es un paso más hacia un mundo más justo y adaptado para todos.

Así que la próxima vez que te sientas torpe al usar tu mano menos hábil, recuerda que detrás de esa simple preferencia hay un fascinante proceso que combina genética, cerebro y ambiente. Comprenderlo no solo es interesante, sino que también es un ejemplo diario que nos ayuda a apreciar mejor cómo funciona nuestro cuerpo.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Álvaro Carmona no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué tenemos una mano menos hábil que otra? – https://theconversation.com/por-que-tenemos-una-mano-menos-habil-que-otra-259918

Loi Duplomb : un grand bond en arrière environnemental et sanitaire ?

Source: The Conversation – in French – By François Dedieu, Directeur de recherche en sociologie, Inrae

En moins de quinze jours, une pétition demandant l’abrogation de la loi Duplomb a obtenu presque 2 millions de signatures – un record depuis la création de la plateforme de pétitions de l’Assemblée nationale. Les pétitionnaires refusent la réintroduction de pesticides dangereux alors que certains agriculteurs réclament le droit de les utiliser. Ces points de vue sont-ils irréconciliables ? Les recherches en agronomie montrent que protéger l’environnement et la santé, tout en assurant la compétitivité des productions agricoles, est possible.


La contestation de la loi Duplomb adoptée le 8 juillet s’est manifestée par une pétition recueillant plus de 1,8 million de signatures (en date du 24 juillet) – de quoi permettre l’ouverture d’un nouveau débat à l’Assemblée nationale. Les principaux points de contestation portent sur la réintroduction de deux pesticides controversés (l’acétamipride et le flupyradifurone) et sur le grignotage des prérogatives de l’Agence nationale de sécurité sanitaire de l’alimentation (Anses) dans la mise sur le marché des pesticides.

Face à cette mobilisation inédite, le porteur de la loi, le sénateur LR Laurent Duplomb, a déclaré que les centaines de milliers de signatures recueillies « ne lui inspire(nt) pas grand-chose », considérant que sa loi est « diabolisée et instrumentalisée par la gauche.

Un débat sur les pesticides fortement polarisé

Pour les écologistes et la gauche, soutenus par une partie de la communauté scientifique, la dangerosité des pesticides concernés n’est plus à démontrer. Ils sont multirisques pour la biodiversité, en particulier pour les abeilles, et suscitent de sérieux doutes quant à leurs effets neurodéveloppementaux sur la santé humaine selon l’European Food Agency. La ré-autorisation de l’acétamipride, interdite en France en 2023, mais toujours autorisée en Europe, apparaît inacceptable. Elle revient à privilégier les intérêts économiques au détriment de la santé humaine et environnementale.

De l’autre côté, pour les agriculteurs et leurs représentants, en particulier pour les producteurs de betteraves et de noisettes, l’acétamipride constitue le seul moyen efficace pour lutter contre le puceron vert qui transmet la maladie redoutable de la jaunisse. En 2020, celle-ci a provoqué la chute du tiers de la production de betteraves, entraînant une hausse des importations de sucre brésilien et allemand traités à l’acétamipride. Au final pourquoi l’agriculture française, effrayée par sa perte actuelle de compétitivité, devrait-elle payer le prix de son interdiction ?

Protéger la betterave sans pesticides, c’est possible

Ces deux positions clivées apparaissent aujourd’hui irréconciliables. Qu’en dit la science ? Tout d’abord, les preuves sont désormais suffisamment robustes pour établir que les dangers des néonicotinoïdes pour l’homme et l’environnement sont trop préoccupants et trop diffus pour penser les contrôler.

La technique d’enrobage (c’est-à-dire le processus par lequel des poudres et des liquides sont utilisés pour former une enveloppe autour de la graine) ne permet pas de limiter l’impact du pesticide. Outre ses dangers pour les abeilles, l’acétamipride s’insère durablement dans l’environnement. Le produit est soluble dans l’eau et possède une forte mobilité dans les sols, ce qui présente des risques énormes pour la biodiversité démontrés par l’expertise collective Inrae/Ifremer, de 2022.

Mais est-il pour autant possible de laisser les producteurs dans la situation consistant à être écrasés par la concurrence de denrées importées et remplies de substances interdites sur leur sol ? Tout le défi politique consiste ainsi à réunir « biodiversité » et « agriculture ». Or, les travaux d’expertise de l’Inrae montrent que l’agriculture peut s’appuyer sur la biodiversité pour obtenir des performances tout à fait satisfaisantes.

Cette approche avait été choisie par le plan pour la filière betteravière 2020 à 2023 pour faire face à l’interdiction des néonicotinoïdes. Le ministère de l’agriculture avait alors mis en place avec l’Inrae et l’Institut technique de la betterave, un « plan » permettant de trouver des substituts aux néonicotinoïdes.

Une autre manière de protéger les cultures était proposée : il ne s’agissait plus de s’attaquer au puceron qui provoque la jaunisse mais aux foyers propices à son apparition. Les résultats étaient probants : supprimer ces réservoirs permettait d’obtenir des rendements équivalents à ceux obtenus avec les traitements chimiques. Cette solution restait imparfaite puisque les pesticides pouvaient être utilisés en dernier recours (mais dans des quantités bien moindres), mais uniquement lorsque des solutions sans chimie échouaient. Par ailleurs, des solutions n’ont pas encore été trouvées pour toutes les cultures, notamment pour la noisette.

La loi Duplomb, une réponse simpliste et rétrograde

La loi Duplomb s’inscrit théoriquement dans la lignée de ces plans mais prend en réalité le chemin inverse : elle maintient la chimie comme solution prioritaire et ne pense les alternatives qu’en surface, et dans le plus grand flou. Les décrets de dérogations à l’usage des néonicotinoïdes seront, selon la loi, accordés moyennant « la recherche d’un plan d’alternative ». Mais comment le nouveau Comité d’appui à la protection des cultures prévu par le texte et placé sous la tutelle du ministère de l’agriculture pensera-t-il ces alternatives ? Avec quels moyens et quelle temporalité, alors que les décrets d’autorisation sont signés en parallèle au pas de course ?

La loi Duplomb nourrit finalement un puissant effet pervers : en allant au plus simple, elle retarde la recherche d’alternatives aux pesticides.

Pourquoi un tel recul ? Sans doute pour répondre au mouvement des agriculteurs de 2024 qui exprimait un « ras-le-bol » face aux normes environnementales et qui menace sans cesse de reprendre. Mais ces revendications masquent un problème profond que j’ai cherché à identifier dans mes travaux : l’incompatibilité entre normes environnementales et exigences commerciales qui peut conduire les producteurs à enfreindre la loi lorsqu’ils utilisent les pesticides (en dépassant la dose-hectare fixée par le réglementation, par exemple).

Mais la loi Duplomb répond à cette colère de manière doublement simpliste. Elle reprend sans discussion les revendications du mouvement de 2024 – demande de maintien des pesticides sans alternatives, souplesse dans l’autorisation des produits phytopharmaceutiques, ou assouplissement des formalités encadrant la taille des élevages et l’accès à l’eau (mégabassines).

En revanche, la loi ne traite nullement des réelles contraintes administratives qui pèsent sur les producteurs (déclarations, formalités en tous genres). Surtout, elle ne s’attaque pas à la racine des distorsions de concurrences qui se jouent au niveau supranational.

La réduction de la distorsion devrait passer par une possibilité d’harmoniser la décision d’homologation au niveau européen et non plus uniquement à l’échelle nationale. L’instauration de « clauses miroirs » dans les accords commerciaux internationaux permettrait d’interdire l’importation de denrées alimentaires produites avec des substances phytosanitaires interdites en Europe.

Menaces sur l’Anses

La loi Duplomb n’est-elle qu’une énième loi conçue pour envoyer des signaux symboliques aux agriculteurs ou est-elle l’outil d’une politique régressive plus profonde sur le terrain environnemental ?

Une disposition de la loi justifie cette inquiétude. Elle concerne les prérogatives de l’Agence nationale de sécurité sanitaire de l’alimentation (Anses) sur la commercialisation des pesticides.

Pour rappel, avant 2014, le ministère de l’agriculture délivrait les autorisations des pesticides après une évaluation scientifique réalisée par l’agence. À cette date, Stéphane Le Foll, alors ministre de l’agriculture, avait transféré cette compétence à l’Anses afin d’offrir de meilleures garanties contre la collusion d’intérêt pouvant exister entre le ministère de l’agriculture et les intérêts des filières agricoles.

Les concepteurs de la loi Duplomb ont envisagé plusieurs pistes pour réduire le pouvoir de l’Anses et pour restaurer les prérogatives du ministère de l’agriculture. Finalement, devant la menace d’une démission du directeur de l’agence, une solution de compromis a été trouvée : l’Anses devra désormais rendre davantage de comptes à ses ministères de tutelle en cas de rejet d’un pesticide.

Le texte prévoit aussi une liste des « usages prioritaires » de ravageurs menaçant le potentiel de production national. L’Anses devra donc considérer les priorités du ministère de l’agriculture lorsqu’elle établira son calendrier d’examen des autorisations de mise sur le marché. En somme, l’Anses conserve ses prérogatives mais avance désormais plus sous contrôle, quand il ne devrait être question que de renforcer ses compétences.

Ces dernières années, le ministère de l’agriculture a multiplié les tentatives de mise à mal de son expertise. En 2023, le ministère demandait expressément à l’Anses de revenir sur l’interdiction des principaux usages de l’herbicide S-métolachlore. Tout imparfaite que soit l’évaluation des risques, l’agence réalise un travail considérable de consolidation des savoirs scientifiques sur les dangers des pesticides, notamment à l’aide d’un réseau de phytopharmacovigilance unique en Europe.

Ainsi, la loi Duplomb semble bel et bien signer la volonté de revenir à l’époque où le ministère cogérait avec les syndicats toute la politique agricole du pays, comme il y a soixante ans avec le Conseil de l’agriculture française (CAF). Ceci au prix de la suspension des acquis scientifiques en santé-environnement s’ils contreviennent à court terme à la compétitivité agricole ? Les futures décisions politiques permettront de répondre avec plus de certitude à cette question.

The Conversation

Membre du comité de Phytopharmacovigilance de l’ANSES (2015-2024)

ref. Loi Duplomb : un grand bond en arrière environnemental et sanitaire ? – https://theconversation.com/loi-duplomb-un-grand-bond-en-arriere-environnemental-et-sanitaire-261733

Who Will Bury You? Short stories from Zimbabwe about women who refuse to be easily defined

Source: The Conversation – Africa – By Gibson Ncube, Senior Lecturer, Stellenbosch University

Zimbabwe-born, Canada-based Chido Muchemwa’s debut short story collection, Who Will Bury You?, was published late in 2024 and immediately attracted the right kind of attention.

Here was an unexpected range of themes: queer identity, dislocation in the diaspora, the lingering complexities of family and cultural belonging. The 12 stories, set between Zimbabwe and Canada, trace moments of rupture and reconnection across time and geography. And they’re mostly about women. Women, selfhood, loss and love.

Gibson Ncube, who researches queer African fiction, unpacks why it’s such a good read.


What are some of the stories about?

The recurring questions in Who Will Bury You? are: who will remain when we are gone – who will understand us, who will grieve for us, and who will honour the truths we live by? These questions are animated through emotionally layered stories that centre the lives of Zimbabwean women and queer characters.

Written with subtlety and care, some of the stories draw on Zimbabwean folklore, allowing Muchemwa to bridge the mythical and the present-day. She demonstrates how ancestral narratives continue to shape how people experience love, loss and belonging.

The title story introduces a Zimbabwean “church going woman” and her daughter, who is living in Canada and has embraced a lesbian identity. In Zimbabwe, same-sex relationships remain criminalised under laws inherited from colonial rule and reinforced by state-sponsored homophobia. Political leaders often frame queerness as un-African or morally deviant.

The story is told through alternating perspectives and offers a portrait of intergenerational estrangement, cultural friction, and love strained by silence. What one of the characters calls “things that might never feel sayable”. The theme of queerness recurs in several other stories like This Will Break My Mother’s Heart and If It Wasn’t for the Nights.

Muchemwa allows these stories to gather meaning through multiple vantage points. She seems to resist resolution in favour of complexity. The collection is a significant contribution to the small but growing body of Zimbabwean literature that openly addresses queerness.

What’s Muchemwa saying about queer African life?

One of Muchemwa’s most powerful acts in the book is to treat queer life not as peripheral, but as central to the cultural, emotional and political worlds her characters inhabit. Queer desire, intimacy and estrangement are not exceptional disruptions. They are ordinary realities that are woven into everyday life. In these stories, queerness is at once a site of tenderness, conflict and hope. The effects of religion and colonial morality continue to shape how love is expressed and denied.




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The stories challenge the erasure of queer voices by positioning them at the heart of families and communities. Queer characters are neither idealised nor victimised. They are allowed to simply be joyful, ambivalent, flawed, and resilient.

Aside from identity, what are some of the other themes?

The book also grapples with questions of memory, history and myth. In Finding Mermaids, Muchemwa blends contemporary reportage with folklore. A journalist and her grieving mother investigate the disappearance of young girls in a rural Zimbabwean town who are suspected to have been captured by njuzu, water spirits.

Other stories, like Kariba Heights and The Captive River, explore the legacies of colonialism and the spiritual power of the Zambezi River. In these stories, Muchemwa is attentive to how land, history and belief have an impact on personal experiences.

Living away from home, in the diaspora, is also a theme. Zimbabwe’s collapsing economy and ongoing political instability have driven many to seek better lives abroad, looking for jobs or educational opportunities.

Characters in Toronto grapple with cultural dislocation. They long for home as they tackle the challenges of forging new forms of kinship abroad. The Toronto that Muchemwa renders is richly textured. It’s far from a generic western backdrop. It is portrayed as a space of possibility and tension in which characters remake themselves in the face of displacement.

Why is it a special book to you as a scholar?

Muchemwa’s prose is precise, controlled, and emotionally resonant. She writes with confidence, trusting the power of implication and delicate shifts in tone. The plots of the stories are simple. They are not driven by dramatic revelations. Rather, by accumulative emotional insight. Her characters often seem to border on the edge of decision or reconciliation. In fact, their silences are as revealing as their speech.

Throughout the collection, there’s a sense of hushed intensity. The question of who will be there – at the end, in crisis, in love – lingers and ties the stories together. Even as her characters move between countries, generations and identities, they remain tied by their desire for recognition and care.




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Muchemwa’s debut contributes to a growing body of contemporary African writing that focuses on intimacy, friendship and queerness as legitimate and urgent narrative concerns. Who Will Bury You? offers a fresh take that avoids the clichés and stereotypes often associated with African literature – what Nigerian writer Chimamanda Ngozi Adichie has famously called the single story.

Rather than dwelling on recurrent tropes of suffering or political crisis, Muchemwa’s stories place a spotlight on private lives and emotional entanglements. They compel us to be attentive to the quiet yet consequential turmoil that takes place within families and intimate relationships.

The collection does not avoid the cultural and religious violences that have an impact on everyday life. But Muchemwa faces them through the perspective of those who survive, and remake, these constraints on their own terms.

Who Will Bury You? is a carefully crafted collection that demands close attention. It’s a book about women who refuse to be easily defined. With this collection, Muchemwa asserts herself as a compelling new voice in Zimbabwean and African literature. Her debut represents new African storytelling which continues to expand the narratives of African writers. It dares to centre the personal, the queer, and the emotionally complex.

The Conversation

Gibson Ncube receives funding from the National Research Foundation.

ref. Who Will Bury You? Short stories from Zimbabwe about women who refuse to be easily defined – https://theconversation.com/who-will-bury-you-short-stories-from-zimbabwe-about-women-who-refuse-to-be-easily-defined-261291

What makes a person cool? Global study has some answers

Source: The Conversation – Africa – By Todd Pezzuti, Associate Professor, Business School, Universidad Adolfo Ibáñez

From Lagos to Cape Town, Santiago to Seoul, people want to be cool. “Cool” is a word we hear everywhere – in music, in fashion, on social media. We use it to describe certain types of people.

But what exactly makes someone cool? Is it just about being popular or trendy? Or is there something deeper going on?

In a recent study I conducted with other marketing professors, we set out to answer a simple but surprisingly unexplored question. What are the personality traits and values that make someone seem cool – and do they differ across cultures?

We asked nearly 6,000 people from 12 countries to think of someone they personally knew who was “cool”, “not cool”, “good”, or “not good”. Then we asked them to describe that person’s traits and values using validated psychological measures. We used this data to examine how coolness differs from general likeability or morality.




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The countries ranged from Australia to Turkey, the US to Germany, India to China, Nigeria to South Africa.

Our data showed that coolness is uniquely associated with the same six traits around the world: cool people tend to be extroverted, hedonistic, adventurous, open, powerful, and autonomous.

These findings help settle a long debate about what it means to be cool today.

A brief history of cool

Early writing on coolness described it as emotional restraint: being calm, composed and unbothered. This view, rooted in the metaphor of temperature and emotion, saw coolness as a sign of self-control and mastery.

Some of these scholars trace this form of cool to slavery and segregation, where emotional restraint was a survival strategy among enslaved Africans and their descendants, symbolising autonomy and dignity in the face of oppression. Others propose “cool” restraint existed long before slavery.

Regardless, jazz musicians in the 1940s first helped popularise this cool persona – relaxed, emotionally contained, and stylish – an image later embraced by youth and various countercultures. Corporations like Nike, Apple and MTV commercialised cool, turning a countercultural attitude into a more commercially friendly global aesthetic.

This is what makes someone cool

Our findings suggest that the meaning of cool has changed. It’s a way to identify and label people with a specific psychological profile.

Cool people are outgoing and social (extroverted). They seek pleasure and enjoyment (hedonistic). They take risks and try new things (adventurous). They are curious and open to new experiences (open). They have influence or charisma (powerful). And perhaps most of all, they do things their own way (autonomous).

This finding held remarkably steady across countries. Whether you’re in the US, South Korea, Spain or South Africa, people tend to think that cool individuals have this same “cool profile”.

We also found that even though coolness overlaps with being good or favourable, being cool and being good are not the same. Being kind, calm, traditional, secure and conscientious were more associated with being good than cool. Some “cool” traits were not necessarily good at all, like extroversion and hedonism.

What about South Africa and Nigeria?

One of the most fascinating aspects of our study was seeing how consistent the meaning of coolness was across cultures – even in countries with very different traditions and values.

In South Africa, participants viewed cool people as extroverted, hedonistic, powerful, adventurous, open and autonomous – just like participants from Europe to Asia. In South Africa, however, coolness is especially distinct from being good. South Africa is one of the countries in which being hedonistic, powerful, adventurous and autonomous was much more cool than good.




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Nigeria was the only country in which cool and uncool people were equally autonomous. So basically, individuality wasn’t seen as cool. That difference might reflect cultural values that place a greater emphasis on community, respect for elders, or collective identity. In places where tradition and hierarchy matter, doing your own thing might not be cool.

Social sciences, like all science, however, are not perfect. So, it’s reasonable to speculate that autonomy might still be cool in Nigeria, with the discrepancy resulting from methodological issues such as how the Nigerian participants interpreted and responded to the survey.

Nigeria was also unique because the distinction between cool and good wasn’t as notable as in other countries. So coolness was seen more as goodness than in the other countries.

Why does this matter?

The fact that so many cultures agree on what makes someone cool suggests that “coolness” may serve a shared social function. The traits that make people cool may make them more likely to try new things, innovate new styles and fashions, and influence others. These individuals often push boundaries and introduce new ideas – in fashion, art, politics, or technology. They inspire others and help shape what’s seen as modern, desirable, or forward-thinking.

Coolness, in this sense, might function as a kind of cultural status marker – a reward for being bold, open-minded and innovative. It’s not just about surface style. It’s about signalling that you’re ahead of the curve, and that others should pay attention.

So what can we learn from this?

For one, young people in South Africa, Nigeria, and around the world may have more in common than we often think. Despite vast cultural differences, they tend to admire the same traits. That opens up interesting possibilities for cross-cultural communication, collaboration and influence.

Second, if we want to connect with or inspire others – whether through education, branding, or leadership – it helps to understand what people see as cool. Coolness may not be a universal virtue, but it is a universal currency.

And finally, there’s something reassuring in all this: coolness is not about being famous or rich. It’s about how you live. Are you curious? Courageous? True to yourself? If so, chances are someone out there thinks you’re cool – no matter where you’re from.

The Conversation

Todd Pezzuti received funding from ANID Chile to conduct this research.

ref. What makes a person cool? Global study has some answers – https://theconversation.com/what-makes-a-person-cool-global-study-has-some-answers-261266

Le pouvoir des petits changements : ce que nous enseigne Atomic Habits

Source: The Conversation – in French – By Gerardo Meneses, Profesor Primaria, Profesor asociado URV. Profesor Universidad Internacional de la Rioja. Profesor colaborador UOC, Universitat Rovira i Virgili

Dave Brailsford, directeur de l’équipe cycliste britannique, a mis en place dès 2003 une série de petits changements qui ont permis à son équipe de briller. (Raffaele Conti 88/Shutterstock)

Cet article fait partie de notre série Les livres qui comptent, où des experts de différents domaines décortiquent les livres de vulgarisation scientifique les plus discutés.


Le coussin de selle d’un cycliste peut-il vraiment faire la différence sur ses performances ? Suffisamment pour remporter un Tour de France ou améliorer nettement ses résultats ?

La réponse est oui, mais à condition de l’intégrer à de nombreux autres petits ajustements : revoir la conception des sièges, appliquer de l’alcool sur les roues pour augmenter la traction, porter des collants chauffants pour maintenir une température musculaire optimale, utiliser de capteurs pour surveiller la réponse de chaque cycliste à l’entraînement, tester des tissus plus légers et plus aérodynamiques… jusqu’à repeindre en blanc l’intérieur du camion de transport des vélos pour détecter pour repérer la moindre particule de de poussière.

C’est ce que Dave Brailsford, directeur de l’équipe cycliste britannique, a mis en place en 2003. Résultat : une équipe qui, en 100 ans, n’avait jamais brillé aux Jeux olympiques ni sur le Tour de France, a remporté entre 2007 et 2012 pas moins de 178 médailles aux championnats du monde, 66 médailles olympiques et paralympiques et cinq victoires au Tour de France.

L’idée derrière cette transformation? Améliorer chaque élément de 1 % au quotidien. Et c’est précisément ce principe qu’explore James Clear dans son livre, Atomic Habits (Un rien peut tout changer), devenu best-seller de la liste du New York Times avec plus de 15 millions d’exemplaires écoulés.

Devenir meilleur, un petit geste à la fois

Pour James Clear, la clé pour atteindre ses objectifs réside dans la formation d’habitudes simples, basiques – « atomiques » – et régulières. Accumulés, ces petits gestes finissent par produire des changements puissants dans nos carrières, nos relations et notre qualité de vie.

Son livre se veut un mode d’emploi pour devenir la personne que l’on souhaite être. Son approche s’appuie sur un modèle cognitivo-comportemental et repose sur quatre principes :

  1. Rendre l’habitude évidente

  2. La rendre attrayante

  3. La garder simple

  4. La rendre satisfaisante

Une fois que nous avons déterminé qui on veut devenir, il faut traduire cet objectif en une action réalisable en deux minutes et choisir un moment et un lieu précis pour l’« ancrer » dans notre quotidien. Il est également essentiel d’adapter son environnement et de limiter les obstacles. En se concentrant sur une action claire et en s’entourant d’un soutien social et de récompenses.

La règle des deux minutes

L’idée est de commencer par de petits objectifs, réduits à leur version la plus simple : une action qui prend deux minutes ou moins.

Par exemple :

  • Lire avant de dormir devient lire une page

  • Faire 30 minutes de yoga devient déplier son tapis

  • Écrire un livre revient à écrire une phrase

  • Courir 10 kilomètres commence par enfiler ses chaussures

Loin des clichés de la pensée positive

Atomic Habits ne se présente pas comme un simple ouvrage de développement personnel, mais comme un plan structuré pour améliorer ses habitudes progressivement. Clear ne nous dit pas que « rien n’est impossible » mais plutôt que « certaines choses finissent par être impossibles. » Autrement dit, la pensée positive seule ne fait pas disparaître les problèmes.

C’est une position qui est également défendue par le psychologue Buenanventura del Charco Olea dans Hasta los cojones del pensamiento positivo, où il décrit le « positivisme forcé et simple » comme un nouveau « dogme » qui finit par devenir oppressant.

Objectif : ce que nous voulons être, pas ce que nous voulons obtenir

James Clear soutient que la meilleure manière de changer nos habitudes n’est pas de se concentrer sur ce que nous voulons accomplir, mais plutôt sur la personne que nous voulons devenir. Comme le dit le personnage du « Commendatore » (Enzo Ferrari, fondateur de l’écurie Ferrari) dans le film Ferrari à propos de la rivalité entre Jaguar et Ferrari : « Jaguar gagne des courses pour vendre des voitures. Nous vendons des voitures pour gagner des courses. »

Pour construire ces habitudes, il est important de donner du sens à ce que l’on fait. Par exemple, deux personnes qui souhaitent arrêter de fumer peuvent réagir de deux manières différentes à l’offre d’une cigarette :

  1. « Non merci. J’essaie d’arrêter de fumer. »

  2. « Non merci. Je ne fume pas. »

Dans le second cas, la personne a déjà intégré ce changement à son identité : elle ne se considère plus comme un fumeur. De la même façon, il ne s’agit pas seulement de lire un livre, mais de devenir lecteur; pas seulement de courir un marathon, mais de devenir un coureur ; pas seulement d’apprendre à jouer d’un instrument, mais de devenir musicien. Nos comportements et nos habitudes construisent notre identité.

Atomic Habits ne propose rien de nouveau. Auparavant, Aristote ou Saint Thomas d’Aquin enseignaient déjà comment la répétition des bonnes actions est essentielle pour atteindre la vertu.

Croissance du personnel dans le domaine de l’éducation

Dans le milieu éducatif, la notion d’habitude est essentielle au développement personnel. Promouvoir certaines habitudes intellectuelles et morales peut rendre notre vie plus épanouissante. Les habitudes sont une extension de notre nature première ; elles rendent notre existence plus « vivable » et nous donnent accès à une plus grande liberté.

À l’école, la répétition d’actions simples – commencer une activité à temps, la mener à bien, aider un camarade de classe – peut être essentielle au développement des valeurs.

Dans deux chapitres téléchargeables, Jame Clear propose des applications concrètes de sa méthode dans le cadre de la parentalité et l’éducation des enfants et dans le monde des affaires.

Comme le chantait l’auteur-compositeur-interprète catalan Joan Manuel Serrat lors de son concert d’adieu : « Aujourd’hui peut être un grand jour… cela dépend en partie de vous ».

La Conversation Canada

Gerardo Meneses ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Le pouvoir des petits changements : ce que nous enseigne Atomic Habits – https://theconversation.com/le-pouvoir-des-petits-changements-ce-que-nous-enseigne-atomic-habits-254671

La misogynie, leitmotiv des manifestes extrémistes

Source: The Conversation – in French – By Karmvir K. Padda, Researcher and PhD Candidate, Sociology, University of Waterloo

Fin juin, un adolescent a été arrêté en France, soupçonné d’avoir projeté d’attaquer des femmes au couteau. Au Canada, où l’on observe une augmentation des actes violents motivés par la haine de genre, une chercheuse de l’Université de Waterloo – où, il y a deux ans, un homme a poignardé des participants à un cours d’études sur le genre – a analysé plus de 100 manifestes extrémistes au Canada et aux États-Unis notamment. Conclusion : la misogynie est une référence récurrente des assaillants isolés. Décryptage.


Il y a deux ans, un ancien étudiant de 24 ans est entré dans une salle où se tenait un cours d’études sur le genre à l’Université de Waterloo (province d’Ontorio, au Canada), et a poignardé une professeure ainsi que deux étudiants.

L’attaque a profondément secoué le campus et provoqué une vague d’indignation à travers le Canada. Si beaucoup l’ont perçue comme un acte de violence aussi choquant qu’isolé, une lecture attentive du manifeste de 223 mots rédigé par l’assaillant laisse entrevoir une rhétorique que l’on retrouve dans nombre d’autres passages à l’acte de ce type.

Ce qui en ressort, de manière glaçante, est la manière dont une misogynie profondément ancrée, dissimulée sous le masque du ressentiment et de l’indignation morale, peut mener à une violence idéologique. Bien que court, le manifeste est saturé de rhétorique antiféministe et conspirationniste.

En tant que chercheuse travaillant sur l’extrémisme numérique et la violence fondée sur le genre, j’ai analysé plus de 100 manifestes rédigés par des personnes ayant commis des fusillades de masse, des attaques au couteau, des attaques à la voiture-bélier et d’autres actes d’extrémisme violent motivés par l’idéologie, la politique ou la religion au Canada, aux États-Unis et ailleurs.

Ces assaillants n’appartiennent peut-être pas à des organisations terroristes formelles, mais leurs écrits révèlent des schémas idéologiques récurrents. L’un d’eux ressort nettement : la misogynie.

La misogynie comme « drogue d’initiation »

L’attaque de Waterloo n’est pas un cas isolé. Elle est le reflet d’une augmentation des actes violents motivés principalement par la haine de genre. Des rapports de l’Institute for Strategic Dialogue (un think tank) et de Sécurité publique Canada (le ministère chargé de la sécurité du Canada) montrent que l’extrémisme misogyne est en hausse au Canada. Il est souvent mâtiné de nationalisme blanc, de haine anti-LGBTQIA+ et d’hostilité envers l’État.

Selon la sociologue Yasmin Wong, la misogynie agit désormais comme une « drogue d’initiation » [une expression désignant l’usage de certaines drogues comme porte d’entrée vers des drogues plus dures, ndlr] vers des idéologies extrémistes plus larges. C’est particulièrement vrai en ligne, où la haine et les ressentiments sont cultivés de manière algorithmique.

Dans mon analyse des manifestes recueillis entre 1966 et 2025, la violence fondée sur l’identité de genre apparait dans près de 40 % des textes, soit comme la motivation principale, soit comme une motivation secondaire importante. On retrouve dans ces écrits des expressions directes de haine envers les femmes, les personnes transgenres et queer, ainsi que des références aux mouvements féministes ou LGBTQIA+.

L’extrémisme « à la carte »

L’assaillant de Waterloo ne s’est pas explicitement identifié comme « incel » (contraction en anglais de « involuntary celibate » – célibataire involontaire – désignant une sous-culture en ligne caractérisée par une haine des féministes, accusées d’entraver leur accès sexuel aux femmes), mais les termes utilisés dans son manifeste font étroitement écho à ceux que l’on trouve dans le discours incel et plus largement dans la « manosphère ».

Le féminisme y est présenté comme dangereux, les études de genre comme un endoctrinement idéologique, et les universités comme des champs de bataille dans une prétendue guerre culturelle.




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L’assaillant de Waterloo a détruit un drapeau LGBTQIA+ durant l’attaque, a qualifié la professeure ciblée de « marxiste » et a déclaré à la police qu’il espérait que son geste servirait de « signal d’alarme ».

Il a également fait l’éloge de dirigeants comme le premier ministre hongrois Viktor Orban et l’homme politique canadien d’extrême droite Maxime Bernier en les qualifiant de « based Chads » – un terme d’argot utilisé dans les milieux extrémistes en ligne pour qualifier les hommes dominants et affirmés.




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Au-delà de la rhétorique antiféministe, les écrits de l’assaillant reprennent des narratifs d’extrême droite classiques : peur du « marxisme culturel », mépris pour les élites libérales, et conviction que la violence est nécessaire pour réveiller le public. Il a mentionné des attaques de masse antérieures, dont le massacre d’Utoya et d’Oslo en Norvège en 2011 et l’attaque contre deux mosquées à Christchurch, en Nouvelle-Zélande, en 2019. Ces deux événements sont fréquemment célébrés dans les espaces d’extrême droite.

Ces références l’inscrivent dans une sous-culture numérique transnationale où la misogynie, la suprématie blanche et la violence idéologique sont valorisées.

Cela reflète un « extrémisme à la carte » : une vision du monde où l’on mélange misogynie, nationalisme blanc, haine du gouvernement et pensée conspirationniste pour justifier la violence.

Déshumanisation des féministes, des universitaires et des personnes LGBTQ+

Les auteurs de manifestes sont souvent considérés comme des « fous » – des personnes dérangées ou socialement instables.

Mais ces manifestes sont des documents précieux pour comprendre comment ces individus justifient la violence et d’où viennent leurs idées. Ils révèlent aussi le rôle des communautés numériques dans la formation de ces croyances.

Les chercheurs peuvent les utiliser pour cartographier des écosystèmes idéologiques. Ces analyses peuvent servir à élaborer des stratégies de prévention.

Le manifeste de Waterloo ne fait pas exception. Il puise dans une trame idéologique bien connue – celle qui déshumanise les féministes, les universitaires et les personnes LGBTQIA+, tout en présentant la violence comme à la fois juste et nécessaire.




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Ce ne sont pas des idées isolées ; ce sont les symptômes d’un écosystème numérique plus vaste, fondé sur la haine en ligne et le conditionnement idéologique.

Attaques délibérées et motivées par l’idéologie

Bien qu’une évaluation psychologique de l’agresseur ait soulevé des questions sur une possible rupture psychotique, aucun diagnostic clinique de psychose n’a été posé. Ses actions – planifier l’attaque, rédiger et publier un manifeste, choisir une cible précise – étaient délibérées et motivées par une idéologie.

Pourtant, l’accusation de terrorisme portée contre lui par les procureurs fédéraux a finalement été abandonnée. Le juge a estimé que ses convictions étaient « trop éparpillées et disparates » pour constituer une idéologie cohérente.

Mais son manifeste reprenait le langage et les cadres idéologiques reconnaissables dans les communautés incel, antiféministes et d’extrême droite. L’idée selon laquelle cela ne constituerait pas une « idéologie » illustre à quel point les cadres juridiques et politiques peuvent être dépassés.

Faire face à un danger persistant

La misogynie ne constitue pas seulement un point de vue, un problème culturel ou émotionnel. Elle fonctionne de plus en plus comme une porte d’entrée idéologique, reliant des frustrations personnelles à des appels plus larges à la violence.

À une époque de hausse des attentats commis par des individus isolés, elle constitue un puissant et redoutable moteur de l’extrémisme.

Si nous continuons à traiter la haine sexiste comme un phénomène périphérique ou personnel, nous continuerons à mal comprendre la nature de la radicalisation violente au Canada. Il faut nommer cette menace et la prendre au sérieux, car c’est la seule façon de nous préparer à ce qui nous attend.

The Conversation

Karmvir K. Padda ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. La misogynie, leitmotiv des manifestes extrémistes – https://theconversation.com/la-misogynie-leitmotiv-des-manifestes-extremistes-260276