Primera visita de niños con autismo al dentista: ¿cómo puede ayudar YouTube?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maria Pilar Pecci Lloret, Profesora Permanente Laboral, Universidad de Murcia

Pressmaster/Shutterstock

Los trastornos de espectro autista (TEA) afectan a la forma en que las personas se comunican, se relacionan, aprenden y se comportan, y comienza a desarrollarse incluso antes del nacimiento. Según la Organización Mundial de la Salud, uno de cada cien niños recibe este diagnóstico, lo que ha impulsado a la comunidad científica y a las autoridades sanitarias a buscar mejores estrategias de apoyo.

Entre los muchos desafíos que afrontan los niños con TEA se encuentra el cuidado de la salud bucal. Las dificultades de comunicación, la sensibilidad sensorial y la ansiedad hacen que la higiene dental y las visitas al dentista resulten especialmente complejas. Como consecuencia, estos menores presentan más caries, traumatismos dentales y otros problemas bucales que sus compañeros neurotípicos.

Por eso, la preparación previa y el acceso a información adecuada pueden marcar una gran diferencia en la experiencia tanto del niño como la de sus padres, quienes suelen experimentar altos niveles de estrés al intentar manejar la ansiedad de sus hijos durante las consultas.

En este contexto, las redes sociales se han convertido en una fuente clave de información. Concretamente, muchas familias recurren a vídeos disponibles en YouTube, aunque aún se sabe poco sobre la calidad y utilidad real de ese tipo de contenido. Averiguarlo fue precisamente el objetivo de nuestro estudio.

Discriminar entre vídeos fiables y peligrosos

En nuestro trabajo observamos como los vídeos que presentaban una mayor fiabilidad y veracidad fueron los realizados por dentistas; en concreto, entrevistas realizadas a estos profesionales de la salud y grabaciones en los que aportaban consejos claros y sencillos. Por el contrario, los vídeos realizados por familiares de niños con TEA se percibieron como menos fiables.

Estos resultados no solo dejan de manifiesto la necesidad de una mayor participación por parte de los profesionales de la salud para la creación de contenido de calidad, sino que también ponen de relieve la importancia de enseñar a los padres a identificar información fiable en internet.

Cabe destacar el hecho de que en nuestra revisión también nos encontramos también con afirmaciones sin ningún respaldo científico. Por ejemplo, en una grabación se decía que las restauraciones realizadas con la aleación llamada amalgama eran neurotóxicas para los niños con autismo y podía empeorar su conducta, lo que contradice las recomendaciones de organismos internacionales. Otro vídeo aconsejaba el uso de aceites esenciales para prevenir la caries en niños y evitar así la visita a la consulta.

Este tipo de mensajes pueden generar falsas expectativas y retrasar la atención odontológica necesaria, lo que reafirma la necesidad de mas estudios como el nuestro que identifiquen y filtren el contenido en YouTube. Pero, sobre todo, refuerza la necesidad de ofrecer a los padres herramientas claras y prácticas para actuar.

Preparando la visita

Entonces, ¿cómo pueden los padres preparar mejor esa primera visita un niño con TEA al dentista? Una de las principales estrategias consiste en explicar al menor con sencillez qué ocurrirá durante la consulta. Cuentos, imágenes y vídeos educativos permiten que se familiarice con el entorno antes de enfrentarse a él.

En este sentido, resulta muy interesante enseñar al niño grabaciones de YouTube que contienen experiencias de otros menores con TEA en el dentista. Así, aprende y comprende mas fácilmente a qué se enfrenta en esta primera visita.

Otra medida clave es la adaptación del entorno clínico. Se aconseja programar las citas en horarios tranquilos, evitar largas esperas y reducir estímulos como ruidos fuertes o luces intensas. Además, la comunicación debe ser clara y predecible, avisando al niño antes de cada procedimiento para evitar sorpresas que le puedan generar angustia.

Los expertos también destacan la importancia de realizar visitas progresivas, comenzando con encuentros breves destinados únicamente a conocer el consultorio y al dentista. Durante la consulta, el refuerzo positivo –basado, por ejemplo, en pequeñas recompensas– ayuda a consolidar una experiencia favorable. Asimismo, la presencia de los padres aporta seguridad emocional y facilita el manejo de la conducta.

Finalmente, mantener una rutina estable, con el mismo profesional y en un horario similar, contribuye a que el niño se sienta más cómodo en futuras visitas. Estas estrategias no solo mejoran la experiencia odontológica de los niños con TEA, sino que también reducen el estrés de las familias y aumentan las posibilidades de una atención dental adecuada y continuada.

Para facilitar las cosas, hemos creado la aplicación DienTEA, que ayuda a las familias a organizar contenido válido y pone a su disposición pictogramas que allanen la visita al dentista.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Primera visita de niños con autismo al dentista: ¿cómo puede ayudar YouTube? – https://theconversation.com/primera-visita-de-ninos-con-autismo-al-dentista-como-puede-ayudar-youtube-274043

Las escritoras hispanoamericanas que han reescrito el mito de Eva

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mónica Carbajosa Pérez, Docente e Investigadora del área de Literatura contemporánea, Universidad Villanueva

_Adán y Eva_ de Ludwig von Hofmann. Wikimedia Commons

El mito bíblico de Adán y Eva, uno de los relatos más influyentes y fecundos de la cultura occidental, ha desempeñado durante siglos un papel decisivo en la configuración de la imagen de la mujer. De la figura de Eva procede la asociación de la mujer con el pecado, la seducción y la culpa. Frente a ello, numerosas escritoras contemporáneas, de distintas nacionalidades y generaciones, han reescrito y reinterpretado el mito con el propósito de exculpar a Eva y dignificar su figura.

A lo largo del siglo XX y de las primeras décadas del XXI, diversas escritoras hispanoamericanas le han dado voz, poniéndose en su piel para afirmar que su historia no es –o no es exactamente– como se ha contado. Más que rechazar el mito, estas autoras lo revisitan y subvierten para cuestionar los modelos femeninos heredados y reivindicar una imagen de la mujer más compleja, diversa y emancipada.

¿Y si Adán y Eva no hubieran mordido el fruto prohibido?

Una de las reinterpretaciones más llamativas aparece en El mundo perdido (1948), de la escritora mexicana Magdalena Mondragón. En esta obra teatral, Eva no es ingenua ni perversa: es valiente, inteligente y amante de la vida.

Pintura de una mujer desnuda que le da una fruta a un hombre frente a ella, en un entorno natural paradisíaco.
El Paraíso según Hans Thoma.
Staatliche Kunsthalle Karlsruhe

Frente a ella aparece un Adán autoritario y soberbio, pero también temeroso e incapaz de cuestionar las órdenes divinas. Mientras él teme el cambio y defiende la obediencia, Eva reivindica la experiencia humana, incluso con todo lo que implica: dolor, incertidumbre y mortalidad. Adán acaba destruyendo el fruto que Eva desea comer.

Sin embargo, tras dos mil años de felicidad inalterable en un Paraíso donde todo permanece eternamente igual, termina admitiendo su hastío y descontento. El Paraíso se revela entonces como un lugar incompatible con la condición humana. La obra invierte así la interpretación tradicional del Génesis. Comer el fruto prohibido ya no representa una caída moral, sino el comienzo de la verdadera vida humana. Al final, incluso Adán reconoce su error: no haberse atrevido a morder la manzana.

Recuperando la inocencia perdida

En La mujer desnuda (1950), de la uruguaya Armonía Somers, la reescritura del mito adopta una forma más simbólica y perturbadora. La protagonista, Rebeca Linke, rompe con la mujer que había sido hasta entonces el día de su treinta cumpleaños. Emancipada de los prejuicios y convencionalismos socioculturales, inicia desnuda y descalza un recorrido simbólico de liberación, conocimiento y búsqueda de su identidad.

Rebeca se reafirma como una nueva Eva: pura, inocente, libre y profundamente conectada con la naturaleza. Recupera el poder de nombrarse a sí misma y la propiedad de su cuerpo y de su sexualidad, desligándose de las ataduras que asocian a la mujer con el pecado original, la culpa y la subordinación. Se aleja así de la Eva de la interpretación dominante para regresar a una Eva ajena a la idea de pecado. La desnudez ya no es un símbolo de vergüenza y culpabilidad, ahora es una forma de libertad.

La novela muestra, además, cómo una sociedad profundamente represiva reacciona con miedo y violencia ante una mujer que cuestiona y transgrede sus principios socioculturales, sexuales y religiosos.

Eva inicia la Historia

La escritora mexicana Rosario Castellanos recurrió al humor y a la ironía para desmontar los estereotipos femeninos en El eterno femenino (1975).

Pintura de una mujer desnuda de pie a punto de comer un fruto y un hombre detrás de ella observándola.
El hombre, la mujer y la serpiente, de Byam Shaw.
Wikimedia Commons

En esta farsa teatral, Eva aparece como una mujer inteligente, sarcástica y rebelde que cuestiona tanto a Adán como a Dios. El Paraíso deja de ser un lugar ideal para transformarse en un espacio inmóvil, donde nada cambia, nada sucede y nada progresa. Por eso, cuando Eva decide comer el fruto prohibido, lo hace conscientemente.

Su gesto representa el inicio de la Historia, del conocimiento y del progreso humano. La expulsión del Paraíso ya no se interpreta como una tragedia, sino como una conquista: el comienzo de una existencia plenamente humana. La última frase de Eva resume perfectamente esta nueva interpretación del mito: “La historia acaba de comenzar”.

La misión de Eva

También la escritora nicaragüense Gioconda Belli reinterpreta el relato bíblico en El infinito en la palma de la mano (2008). Belli reconsidera el sentido de la transgresión y libera a Eva de la carga de culpa con la que la tradición patriarcal la ha identificado.

En la novela, Eva –vitalista, inquieta, inquisitiva y valiente, frente a un Adán acomodaticio y temeroso– toma el fruto convencida de que está llamada a hacerlo. Una visión le ha revelado que ese gesto dará comienzo a la Historia humana y permitirá la existencia de generaciones futuras. Cree actuar libremente y de acuerdo con la voluntad divina; sin embargo, tras la expulsión comprenderá que se trataba de un hecho inevitable, parte de un designio que la trasciende. Eva se convierte así en cocreadora de la especie.

El acto se resignifica entonces como en el comienzo de la experiencia plenamente humana: el amor, el deseo, el sufrimiento, la conciencia del tiempo y la mortalidad. La novela transforma el mito bíblico en una reflexión sobre el libre albedrío, la responsabilidad y el precio de convertirse verdaderamente en seres humanos.

Pintura de un hombre y una mujer con dos niños en un bosque.
Adán y Eva y la primera familia, de Frans Floris de Vriendt.
Royal Museum of Fine Arts Antwerp

Desmentir lo contado por Adán

La versión más radical quizá sea la de la mexicana Carmen Boullosa en El libro de Eva (2021). La novela parte de una idea provocadora: el relato bíblico que conocemos no sería más que una invención construida por Adán y perpetuada por los hombres.

La Eva de Boullosa, tras años de sufrimiento y silencio, decide escribir por fin su propia versión de la historia para desmentir todo lo que se ha dicho sobre ella, menospreciándola e inculpándola. Ella no fue creada de la costilla de Adán ni introdujo el mal en el mundo al comer el fruto. Al contrario: la mordida fue lo que convirtió a Adán y Eva en seres verdaderamente humanos y lo que los condujo al verdadero Paraíso, la Tierra.

El verdadero problema, sugiere la novela, fueron los relatos construidos por los hombres para justificar la subordinación femenina y legitimar la violencia contra las mujeres. Porque las palabras, afirma, “no solo nombran, hacen”. Eva comprende entonces que nunca debió callarse. Mientras ella guardaba silencio, otros construían y falseaban la historia de las mujeres.

Reescribir los mitos

Reescribir a Eva significa cuestionar la tradición cultural. Las nuevas Evas creadas por estas autoras ya no son figuras pasivas ni pecadoras. Son mujeres curiosas, libres y conscientes; mujeres que desean conocer, elegir y contar su propia versión de la historia.

Estas obras muestran, además, que los mitos no son relatos inmutables ni poseen un significado único y definitivo. Su sentido cambia con el tiempo, las sociedades y las miradas que vuelven a narrarlos.


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The Conversation

Filiación: Profesora e investigadora en la Universidad Villanueva.
Este artículo es resultado del Proyecto competitivo de I+D «ANDRÓMEDA. Mito y representación: actividades teórico-prácticas de innovación en mitocrítica cultural», financiado por la Comunidad de Madrid (REF.: PHS-2024/PH-HUM-76).

ref. Las escritoras hispanoamericanas que han reescrito el mito de Eva – https://theconversation.com/las-escritoras-hispanoamericanas-que-han-reescrito-el-mito-de-eva-283171

¿Dormir poco ayuda a quemar grasa? Por qué hacer ejercicio tras dormir poco no compensa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Pérez-López, Profesor Titular de Universidad. Ejercicio físico, Nutrición y Metabolismo, Universidad de Alcalá

Voyagerix/Shutterstock

El sueño suele ser lo primero que sacrificamos en el ajetreo de nuestras vidas, pero no debería ser así. Dormir poco se ha convertido casi en una medalla cultural. Hay quien presume de funcionar con cinco horas de sueño, quien recorta descanso para entrenar más temprano y quien intenta ganar tiempo robándoselo a la noche. El problema es que el organismo no interpreta la falta de sueño como productividad, sino como estrés biológico. Nuestra fisiología empieza a cambiar mucho antes de lo que imaginamos.

No hacen falta semanas de insomnio para que aparezcan consecuencias medibles. Una sola noche durmiendo cuatro horas, o no durmiendo en absoluto, puede alterar la capacidad del músculo para generar fuerza o resistencia, empeorar la coordinación neuromuscular o el rendimiento cognitivo, aumentar la percepción de fatiga y modificar cómo el cuerpo utiliza grasas y carbohidratos durante el ejercicio.

En otras palabras, el sueño no es simplemente descanso. Es una parte activa del rendimiento físico, cognitivo y de la regulación metabólica.

Una sola noche durmiendo poco reduce la producción de fuerza

Un estudio reciente con adultos jóvenes entrenados comparó la capacidad de producir fuerza en press de banca y sentadilla tras dormir ocho horas, cuatro horas o pasar la noche en blanco. Los resultados fueron claros. En los hombres, la velocidad de ejecución cayó entre un 10 % y un 15 %. En las mujeres, la resistencia muscular se redujo entre un 7 % y un 12 %.

Pueden parecer cambios pequeños, pero fisiológicamente no lo son. La velocidad de ejecución es uno de los mejores indicadores de la producción de fuerza. Una caída de este tamaño significa que el sistema nervioso y los músculos están coordinándose peor.

Esto importa más allá del deporte. La capacidad de generar fuerza rápidamente está relacionada con la prevención de lesiones, la funcionalidad en el día a día, el envejecimiento saludable e incluso la mortalidad en personas mayores. Dormir poco daña precisamente esa maquinaria.

El músculo no funciona aislado: el cerebro dirige el rendimiento

Un error común es pensar que la fuerza depende únicamente del músculo. Pero el músculo solo ejecuta órdenes. Quien coordina el esfuerzo es el sistema nervioso.

Durante el sueño ocurren procesos esenciales para la función cerebral: restauración energética, regulación sináptica, equilibrio hormonal, eliminación de desechos y consolidación de lo aprendido.

Cuando dormimos poco, se acumula adenosina, disminuye la excitabilidad de la corteza cerebral y empeora la eficiencia de las señales motoras. Por eso, tras una mala noche, el ejercicio se siente más duro aunque la carga sea la misma. En este sentido, en estudios de privación de sueño los participantes suelen reportar más somnolencia o fatiga, peor estado de ánimo, menor memoria o una percepción del esfuerzo notablemente mayor.

La fisiología lo tiene claro: la fatiga no es solo muscular, también es cerebral.

El espejismo de quemar más grasa

La falta de sueño también altera el combustible que usa el cuerpo durante el ejercicio. En otro estudio reciente los investigadores analizaron la oxidación de grasas y carbohidratos en una prueba de resistencia en bicicleta tras dormir ocho horas, cuatro horas o no hacerlo. El hallazgo fue paradójico: después de una noche sin dormir, el organismo aumentó la quema de grasas en un 15 % y redujo la de carbohidratos en un 14 %.

Podríamos pensar, entonces, que dormir poco ayuda a quemar grasa, pero esa interpretación estaría equivocada. El organismo no quema más grasa porque funcione mejor, sino porque está intentando adaptarse a una situación de estrés. La privación de sueño reduce la sensibilidad a la insulina, empeora el control del azúcar en sangre, eleva el cortisol y activa el sistema nervioso simpático.

Cuando el cuerpo utiliza peor la glucosa, aumentar la dependencia de las grasas es una estrategia compensatoria, no una mejora metabólica.

Estos cambios no ocurren para rendir mejor. De hecho, van acompañados de mayor fatiga, peor percepción del esfuerzo, más somnolencia, mayor frecuencia cardíaca y aumentos de la presión arterial

En otras palabras, el organismo trabaja a destajo para hacer frente al estrés de dormir mal, no para funcionar de forma óptima.

Cuando dormir poco se vuelve crónico: el cuerpo no se acostumbra

Una sola noche de mal sueño ya produce efectos medibles, pero el verdadero problema ocurre cuando la privación parcial se convierte en rutina. Dormir seis horas o menos se ha normalizado, a pesar de que el organismo interpreta este hábito como estrés biológico persistente.

A nivel hormonal, el sueño profundo es clave para liberar hormona del crecimiento, sintetizar proteínas y recuperar el músculo. Dormir poco reduce la testosterona, eleva el cortisol y genera un entorno poco favorable para mantener masa muscular. También altera las hormonas del apetito (leptina y grelina, entre otras), lo que explica por qué dormir mal se asocia a más hambre, mayor ingesta calórica y preferencia por alimentos ricos en azucares añadidos y grasas. Muchas personas intentan compensar el cansancio con cafeína, azúcar y comida muy apetitosa.

A largo plazo, la restricción crónica de sueño se relaciona con un aumento de grasa corporal, resistencia a la insulina, inflamación sistémica, deterioro cognitivo y mayor riesgo cardiovascular. En deportistas, además, implica peor recuperación, más lesiones, alteraciones inmunológicas y menor adaptación al entrenamiento.

Uno de los aspectos más peligrosos es que muchas personas sienten que se acostumbran a dormir poco. La ciencia muestra lo contrario: la percepción subjetiva del deterioro se estabiliza antes que el deterioro fisiológico real. El cerebro deja de notar el cansancio, pero el rendimiento cognitivo, metabólico y físico sigue empeorando. Esa falsa adaptación explica por qué tantas personas subestiman el impacto del sueño insuficiente.

El sueño no es tiempo perdido

No todas las capacidades físicas se deterioran igual. Las tareas más afectadas por la falta de sueño son las que exigen precisión, resistencia muscular, toma de decisiones y atención sostenida. Los movimientos explosivos muy breves, como un salto, resisten algo mejor. Por eso alguien puede sentirse capaz de entrenar tras una mala noche, aunque su rendimiento físico general ya esté deteriorado.

Durante décadas, el entrenamiento y la nutrición acapararon toda la atención. Pero la ciencia nos recuerda que no debemos olvidarnos del sueño. Mientras dormimos, reorganizamos energía, restauramos el sistema nervioso, regulamos hormonas, consolidamos aprendizajes y modulamos la inflamación.

Dormir no es dejar de funcionar: es una de las formas más sofisticadas que tiene el cuerpo de seguir funcionando bien. El deterioro empieza antes de lo que creemos. No hacen falta meses de mal descanso, a veces basta una sola noche en vela.

Por tanto, cuando alguien aconseje dormir cuatro o cinco horas para ser más productivo, es importante recordar que la ciencia dice justo lo contrario.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Aulas a 40 grados: luchar contra el calor en los colegios no debería depender solo del aire acondicionado

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nazaret Ruiz Marín, Profesora del Departamento de Máquinas y Motores Térmicos, Universidad de Cádiz

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En las últimas semanas, familias y docentes han vuelto a denunciar temperaturas difíciles de soportar en centros educativos españoles. Algunas aulas superan ampliamente los 30 grados y, en los casos más extremos, se han registrado clases por encima de los 40. Asociaciones de madres y padres han reclamado medidas urgentes: más sombra, climatización y reformas estructurales para que los centros puedan funcionar durante episodios de calor extremo.

La situación es fácil de entender: niños intentando concentrarse en aulas convertidas en invernaderos, profesores dando clase con ventanas abiertas por las que solo entra aire caliente y familias preguntándose si estudiar en esas condiciones es razonable. Pero el problema no se limita a instalar o no aire acondicionado. La pregunta de fondo es cómo adaptar colegios diseñados para otra realidad climática a un escenario de olas de calor más frecuentes, intensas y tempranas.

Aprender en un aula caliente cuesta más

El calor en las aulas no es solo una molestia. Cuando la temperatura sube demasiado, mantener la atención, resolver problemas o seguir una explicación exige más esfuerzo.

Las últimas investigaciones al respecto apuntan en la misma dirección. Un estudio realizado en Estados Unidos, con más de 3 000 estudiantes de quinto curso repartidos en 140 aulas, observó mejores resultados en matemáticas en las clases donde el aire se renovaba con mayor frecuencia. El mismo trabajo encontró que, dentro del rango analizado de 20 a 25 °C, cada grado menos de temperatura se relacionaba con mejores puntuaciones académicas. Otro trabajo basada en 18 estudios previos, concluyó que el rendimiento en pruebas cognitivas y tareas escolares podía mejorar de forma apreciable cuando la temperatura del aula bajaba de 30 °C a 20 °C.

Estos datos no deben leerse como una receta universal, pero sí como una advertencia clara. Un aula sobrecalentada puede convertirse en una barrera silenciosa para la concentración, el bienestar y la igualdad de oportunidades.




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Así adaptamos colegios y patios escolares a las olas de calor


El límite del aire acondicionado

El aire acondicionado puede ser necesario en determinados momentos, especialmente durante episodios extremos o en espacios vulnerables. Sin embargo, convertirlo en la única solución tiene sus inconvenientes. Aumenta el consumo eléctrico, eleva los costes de funcionamiento y desplaza al exterior parte del calor que extrae de las aulas. Además, no todos los colegios tienen la misma capacidad económica o técnica para instalar, usar y mantener estos sistemas.

Este debate llega, además, en un momento clave para la edificación. La actualización del Código Técnico de la Edificación, ligada a la Directiva europea de eficiencia energética, busca avanzar hacia un parque inmobiliario de cero emisiones en 2050 y refuerza una idea básica: antes de climatizar más, hay que reducir la demanda energética de los edificios. En un sector que ya representa alrededor del 40 % del consumo energético mundial, adaptar los colegios al calor no puede consistir simplemente en consumir más electricidad.

Primero, evitar que el aula se recaliente

Una estrategia eficaz frente al calor empieza por una idea sencilla: impedir que el aula se sobrecaliente desde el principio. Esto se consigue con decisiones de diseño pasivo: orientar bien el edificio, proteger las ventanas del sol, mejorar la ventilación, incorporar sombra y vegetación, y usar cubiertas o fachadas que absorban menos radiación. Estos factores pueden marcar una gran diferencia.

Un estudio sobre escuelas primarias en Inglaterra estimó que las aulas orientadas al sureste podían acumular entre cuatro y seis veces más horas de sobrecalentamiento que las orientadas al norte. En una escuela de Chennai, India, el uso de cubiertas reflectantes redujo la temperatura interior entre 3 y 4 °C. Y otro trabajo realizado en patios educativos encontró que la vegetación podía disminuir entre 5 y 7 °C el calor que perciben las personas por la radiación del entorno.

Por eso, toldos, persianas exteriores, aleros, cubiertas ventiladas, patios con sombra, árboles, ventilación cruzada, fachadas claras o materiales reflectantes no son simples mejoras estéticas. Son formas de reducir la radiación solar directa, limitar la entrada de calor y facilitar que el edificio se enfríe cuando la temperatura exterior lo permite.

La lógica es sencilla. Cuanto menos calor recibe el aula desde el exterior, menos energía hará falta después para recuperar unas condiciones confortables.

Aislar es clave, pero no suficiente

Tradicionalmente, la construcción ha respondido al frío y al calor mejorando el aislamiento de cubiertas, fachadas y ventanas para limitar el intercambio de calor entre interior y exterior. Pero esa protección no siempre basta. Incluso en un edificio bien aislado, el aula puede acumular calor durante la jornada escolar por la radiación solar, la presencia de estudiantes y docentes, la iluminación y los equipos.

En ese contexto, los materiales de cambio de fase pueden desempeñar un papel decisivo. No generan frío como un aire acondicionado, sino que almacenan temporalmente parte del calor acumulado para retrasar la subida de temperatura. Integrados en techos, paneles, placas de yeso o morteros, absorben calor durante las horas críticas y lo liberan más tarde, cuando el aula está vacía o puede ventilarse mejor.

Esta capacidad permite retrasar y suavizar los picos de temperatura interior. Algunos estudios muestran reducciones de varios grados y, en ciertos casos, descensos de hasta 6 °C, aunque el resultado depende del clima, del edificio, de la cantidad de material y de su combinación con ventilación, aislamiento y protección solar. La clave no es solo aislar mejor, sino hacer que el edificio responda mejor al calor.




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Colegios preparados para el clima que viene

Adaptar las aulas al calor extremo no es solo una cuestión de comodidad: tiene que ver con salud, igualdad y calidad educativa. Un colegio preparado para el clima que viene no debería limitarse a corregir el calor cuando ya ha invadido el aula, sino anticiparse a él desde el diseño del edificio.

En esa transformación, los materiales de cambio de fase, aquellos capaces de almacenar o ceder energía en forma de calor latente cuanto alcanza el cambio de estado solido-líquido o viceversa, pueden desempeñar un papel silencioso pero decisivo. No siempre veremos cómo funcionan, porque pueden integrarse en paredes, techos o paneles. Pero precisamente ahí está su interés, ayudan a estabilizar la temperatura interior durante las horas críticas y reducen la dependencia de soluciones que consumen más energía.

La verdadera innovación no consiste solo en enfriar más, sino en diseñar aulas que protejan mejor a quienes aprenden y enseñan dentro de ellas. Porque una escuela que no puede hacer frente al calor extremo es, además de un edificio incómodo, un espacio que limita el bienestar, la concentración y las oportunidades de quienes lo habitan.

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Nazaret Ruiz Marín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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La curiosidad no envejece y la ciencia no debería ignorarlo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Delfina Roca Marín, Profesora de Comunicación y coordinadora de Divulgación Científica de la Universidad de Murcia, Universidad de Murcia

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En Una historia verdadera (David Lynch, 1999), Alvin Straight atraviesa más de quinientos kilómetros subido a un viejo cortacésped para reconciliarse con su hermano enfermo. La imagen resulta casi absurda al principio. Un hombre anciano, con movilidad reducida y la vista deteriorada avanza lentamente por carreteras infinitas mientras el mundo entero parece moverse a otra velocidad.

Lynch convierte esa lentitud en una forma de conocimiento. A cada parada, Alvin habla poco y escucha mucho. Cuando lo hace, sus palabras tienen el peso de los años. En ellas, la guerra, la familia, la culpa y la pérdida encuentran su lugar. Sencillamente, ha vivido mucho.

Ahí se revela una de las grandes cegueras de nuestra época, en la que confundimos rapidez con inteligencia y juventud con capacidad de aprender. Mientras la sociedad celebra la velocidad, las personas mayores siguen caminando con algo mucho más difícil de adquirir: la perspectiva.

Leonard Cohen escribió en su canción Anthem que “there is a crack in everything, that’s how the light gets in” –en todo existe una fractura, así es cómo penetra la luz–. La vejez también está llena de grietas y, sin embargo, a menudo olvidamos que es en esta etapa donde más vivencias y sabiduría se acumulan.

La edad, lejos de restar valor, se convierte en uno de los lugares donde el conocimiento adquiere más sustancia. ¿Por qué seguimos entonces construyendo buena parte de nuestras actividades culturales, educativas y científicas como si la curiosidad tuviera fecha de caducidad?

Aprendizaje durante toda la vida

El envejecimiento poblacional es uno de los grandes fenómenos estructurales del siglo XXI. La Organización Mundial de la Salud estima que, para 2050, más de una quinta parte de la población mundial superará los 60 años.

Sin embargo, esta nueva realidad convive todavía con una interpretación de la vejez asociada a la dependencia, el deterioro y la pasividad. Bajo el término edadismo se agrupan los estereotipos, prejuicios y prácticas discriminatorias basadas en la edad. Estas representaciones no solo afectan a la percepción social de este colectivo; condicionan también las oportunidades que se les ofrecen para participar en la cultura, el aprendizaje o la generación de saberes.

En este contexto, el paradigma del lifelong learning –aprendizaje durante toda la vida– adquiere una relevancia especial al postular que la formación no pertenece a una etapa concreta de la vida, sino que debe acompañarnos siempre. Garantizar oportunidades formativas en todas las edades no solo refuerza la autonomía y favorece la inclusión social, sino que ayuda a mantener viva la actividad intelectual.

¿Dónde queda la ciencia para mayores?

Durante décadas, la comunicación pública de la ciencia ha invertido enormes esfuerzos en escolares, jóvenes y familias. Museos, festivales y talleres científicos se diseñan mayoritariamente para ellos. Mientras tanto, las personas mayores apenas aparecen como público prioritario de estas actividades, a pesar de ser uno de los colectivos con mayor tiempo y disposición al diálogo.

Precisamente por su carácter de aprendizaje no formal, la divulgación científica podría ocupar un lugar central en la vida cultural de la población mayor, con espacios para actualizar conocimientos, sostener la curiosidad y fortalecer el vínculo con la ciudadanía.

Ahora bien, cuando la ciencia se dirige a las generaciones de mayores, suele arrastrar una forma de infantilización sutil que pasa desapercibida. El término elderspeak define ese lenguaje excesivamente simplificado, sobreexplicativo o paternalista que se utiliza con las personas mayores, incluso de forma inconsciente. Se manifiesta en gestos cotidianos, como bajar la voz innecesariamente, abusar de diminutivos, explicar obviedades o asumir limitaciones cognitivas que no existen. Este tipo de habla deteriora la autoestima y empobrece la calidad de la comunicación.

Este fenómeno pone de manifiesto un error de fondo: hacer accesible el conocimiento no significa simplificarlo hasta vaciarlo de sentido. Significa construir lo que la teoría de la comunicación denomina horizontalidad comunicativa, una relación basada en la reciprocidad, el respeto y el reconocimiento mutuo.

Y es aquí donde la paradoja se hace evidente. Pocos grupos sociales han acumulado tanta memoria del cambio como las actuales generaciones mayores. Han visto cómo la ciencia alargaba la vida con antibióticos, cómo la televisión transformaba los salones, cómo el ser humano llegaba a la Luna, cómo internet comprimía el mundo y cómo la inteligencia artificial empieza ahora a reescribirlo.

En una época dominada por pantallas, algoritmos y flujos constantes de datos, el colectivo de personas mayores está en una posición privilegiada para recordarnos que conocer no consiste únicamente en coleccionar información, sino en otorgarle sentido.

La Tercera Ciencia: práctica e investigación

La Tercera Ciencia, un proyecto de las universidades de Murcia y Valencia, lanza una propuesta singular. No solo divulga ciencia con personas mayores; investiga cómo se relacionan con ella. Es, a la vez, práctica e investigación.

La iniciativa reunió a 150 personas de 65 años en dos macroeventos celebrados en Murcia y Valencia, donde convivieron cuatro monólogos científicos centrados en neurociencia, envejecimiento saludable, sueño y alimentación, junto a cuestionarios secuenciales y once grupos focales simultáneos. El diseño metodológico combinó herramientas cuantitativas y cualitativas para observar no solo cuánto comprendían, sino cómo interpretaban, relacionaban y daban sentido a lo escuchado.

Los resultados son reveladores porque cuestionan numerosos prejuicios. Lejos de confirmar los estereotipos, muestran altos niveles de interés por la ciencia, una fuerte percepción de utilidad práctica y una clara demanda de actividades específicamente pensadas para ellos.

Las personas mayores valoran especialmente la cercanía, la posibilidad de intervenir y el lenguaje claro, pero no simplista. No quieren ser espectadores. Quieren ser interlocutores. Y eso cambia todo.

Porque, como explica la teoría de la apropiación social del conocimiento, la ciudadanía no incorpora la ciencia únicamente recibiendo información, sino integrándola en su experiencia, reinterpretándola y poniéndola en diálogo con su vida cotidiana.

Lo que sabe el tiempo

En el poema Ítaca, Konstantínos Cavafis aconsejaba desear un camino largo, lleno de aventuras, conocimientos y descubrimientos. El viaje importa más que la llegada. Es quizá la vejez el tramo del camino desde el que mejor se entiende el paisaje.

Hoy vivimos rodeados de información, pero escasos de contexto. Obtenemos más datos y comprendemos menos relaciones. Consumimos titulares como quien bebe agua salada y descubre que, cuanto más bebe, más sed siente.

Tal vez por eso la ciencia necesita algo que la población mayor puede ofrecer con especial claridad. Ese conocimiento que no aparece en los manuales, pero que permite distinguir lo importante de lo urgente, lo nuevo de lo superficial y lo complejo de lo simplemente complicado.

Alvin Straight tampoco emprendió su viaje solo para llegar, sino para recorrerlo con todo lo que la vida le había enseñado. Ahí reside también el verdadero valor de la vejez: no en seguir acumulando respuestas, sino en saber qué preguntas importan y en aportar esa mirada imprescindible a una conversación científica que necesita de su experiencia para entender mejor el mundo que intenta explicar.

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Delfina Roca Marín ha recibido financiación para el proyecto La Tercera Ciencia de la Fundación Española para la Ciencia y la tecnología (FECYT) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Soledat Rubio Candel ha recibido financiación para el proyecto La Tercera Ciencia de la Fundación Española para la Ciencia y la tecnología (FECYT) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

ref. La curiosidad no envejece y la ciencia no debería ignorarlo – https://theconversation.com/la-curiosidad-no-envejece-y-la-ciencia-no-deberia-ignorarlo-285950

Ya no habrá veranos sin olas de calor en gran parte de Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Martín Vide, Catedrático de Geografía Física, Universitat de Barcelona

Plaza Szent Gellért, en Budapest (Hungría), a 21 de junio de 2016. Csikiphoto/Shutterstock

Las olas de calor, como las que están afectando a muchos países en junio de 2026, constituyen el riesgo meteorológico más importante que está padeciendo el continente europeo en las primeras décadas del siglo XXI. Al aumento de la temperatura media global del aire se une ahora la ocurrencia, año tras año, de estos fenómenos. Todo ello a causa del cambio climático provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero.

Olas de calor más frecuentes, intensas y duraderas

Siempre ha habido olas de calor en Europa y en buena parte del planeta, pero ahora hay que añadir que en el presente siglo ha aumentado su frecuencia, su intensidad y su duración. Con cualquier criterio que se use para la definición de ola de calor, este riesgo ha duplicado por lo menos su ocurrencia en el primer cuarto del siglo XXI respecto al último cuarto del siglo XX.

Su severidad o intensidad también ha aumentado, algo que queda evidenciado en el gran número de temperaturas máximas que se han batido en los últimos años en casi todos los países europeos. Los 40 ºC ya no son exclusivos de la Europa mediterránea, sino que han llegado a París, al sur de Inglaterra, al norte de Alemania y a otros países europeos de clima no mediterráneo.

La temperatura máxima registrada en Francia alcanzó los 46 ºC en Vérargues, Hérault, durante la ola de calor de junio de 2019. En Inglaterra se llegó a superar los 40 ºC durante la ola de calor de julio de 2022, en Coningsby, Lincolnshire. Una ciudad alemana tan septentrional como Hamburgo llegó a 40,1 ºC durante la misma ola de calor. El récord europeo de temperatura máxima es 48,8 ºC en Siracusa (Sicilia, Italia), el 11 de agosto de 2021.

En España la temperatura más elevada ha sido de 47,6 ºC, registrados en La Rambla (Córdoba) durante el mismo gran episodio de calor, el 14 de agosto de 2021. Todos estos son registros acaecidos en el siglo XXI, determinados a partir de series climática largas e incluso seculares.

Gráfico que muestra un aumento de la temperatura global desde 1850 a 2026
Aumento de la temperatura media global del océano y la superficie terrestre para el mes de mayo desde 1850.
NOAA, CC BY-SA

También ha aumentado la duración de las olas de calor, es decir, el número total de días en que se superan los criterios que las definen. El exceso de calor es ahora más persistente que en el siglo pasado.

Además, las olas de calor en el siglo XXI son más tempranas en el calendario que en el siglo XX. Ya ha habido días de mayo en los últimos años, como en el actual 2026, en que el calor ha sido considerable. En el mes de junio ya no son raras las olas de calor, como la de la segunda quincena de junio de 2026, con valores de temperatura muy altos también de noche, o como en junio de 2019.

Este hecho del adelanto del verano y sus olas de calor ha interferido de forma grave en el calendario escolar. En España, en particular, en el último mes del curso escolar, desde finales de mayo a finales de junio, la temperatura en el interior de las aulas sobrepasa a menudo los valores del necesario confort que requiere el aprendizaje y el estudio de los niños y los jóvenes. Lo mismo ocurre al inicio del curso en septiembre, con veranos que se alargan. Está cambiando el calendario climático y esto interfiere en muchas actividades, no solo en las agrarias.

Impacto en el bienestar de los ciudadanos

Así, las olas de calor tienen un impacto notable en la vida y en la economía de muchos ciudadanos europeos, incluyendo un aumento de la morbilidad y la mortalidad. La grave ola de calor de 2003, poco después de arrancar el siglo XXI, produjo unas 70 000 muertes en Europa. Particularmente, Italia, con 20 000; Francia, con unos 15 000; España, con cerca de 12 000, y Alemania, con más de 9 000, fueron los países con un mayor número de víctimas humanas.

El exceso de calor en el norte de Francia y en otros países del centro y norte de Europa evidenció la vulnerabilidad y la exposición de muchos de sus ciudadanos a unas condiciones de calor desconocidas. Poco habituados a este exceso, sin apenas viviendas, ni servicios y espacios públicos con aire acondicionado, como los hospitales, se encontraron indefensos ante el súbito aumento térmico.

Aquella ola de calor de 2003 pilló desprevenidos a los habitantes y a las autoridades de estos países, con una escasa preparación para reaccionar ante un peligro prácticamente desconocido en el norte del continente y más virulento que de costumbre en el sur.

Diferencia en las temperaturas diurnas de la superficie terrestre registradas en julio del 2001 y en el mismo mes de 2003 por el satélite Terra de la NASA.
Cortesía de Reto Stockli y Robert Simmon, basada en datos facilitados por el equipo de Ciencias Terrestres del MODIS

Los valores de temperatura máxima son siempre muy llamativos, pero las temperaturas mínimas elevadas pueden tener también un efecto negativo en la salud humana. La imposibilidad del descanso nocturno reparador altera la salud de las personas de edad avanzada, las más vulnerables, sobre todo si padecen enfermedades crónicas.

Las condiciones de pobreza energética, sin aire acondicionado, de algunos ancianos agravan aún más la situación. Sometidos a estas condiciones, nuestros mayores se debilitan, aumentando los ingresos hospitalarios y, desgraciadamente, la mortalidad. Es ya un problema de salud pública en algunos países.




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¿Qué podemos esperar para los próximos años en Europa?

Sin duda, la temperatura media seguirá aumentando en todo el planeta y en el continente europeo, donde ya lo está haciendo a mayor ritmo que en otros continentes.

Asociado a ello, las olas de calor serán un elemento habitual de todos los veranos. En consecuencia, se impone la necesidad de primar la adaptación a los episodios de altas temperaturas, más incluso en los países del centro y norte de Europa, menos “aclimatados” al calor, que los del sur.

Todos los hospitales, si se excluyen los de latitudes altas, deberán disponer de climatización frente al calor. Las ciudades deben crear redes de refugios climáticos, y las urbes mediterráneas deben reverdecerse, con más parques, jardines, ejes verdes, etc. Además, los tejados y terrados han de ser más frescos, reflectantes y verdes, para disminuir la absorción de radiación solar durante el día.




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Los pueblos blancos del sur de España son un buen ejemplo de arquitectura tradicional que minimiza la absorción de radiación solar. Las calles más concurridas de las ciudades deben sombrearse con toldos en los días de verano. Los suelos duros deben permeabilizarse, para que el agua de lluvia o de riego los empape y, al evaporarse, se refresquen por la pérdida de calor latente o de evaporación.

En resumen, Europa debe prepararse para afrontar temperaturas cada vez más elevadas.

The Conversation

Javier Martín Vide no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ya no habrá veranos sin olas de calor en gran parte de Europa – https://theconversation.com/ya-no-habra-veranos-sin-olas-de-calor-en-gran-parte-de-europa-286166

La península ibérica también está en riesgo de sufrir terremotos, lo que no sabemos es cuándo ocurrirán

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Patricio Venegas Aravena, Profesor e investigador de física aplicada, Universidad Loyola Andalucía

Derribo de un edificio tras el terremoto que sacudió Lorca (Murcia) en 2011. Wikimedia Commons, CC BY

Cuando los científicos hablan de terremotos, suelen usar dos palabras que el público confunde con frecuencia: peligro y riesgo. El peligro sísmico describe la probabilidad de que el suelo alcance determinados niveles de sacudida en un lugar, mientras que el riesgo sísmico es la probabilidad de que ese peligro cause daños a personas o infraestructuras.

Con esta distinción observemos los mapas de peligro sísmico europeo. El modelo de referencia actual ESHM20 (European Seismic Hazard Model 2020) fue desarrollado por un amplio consorcio de instituciones del continente. Los tonos rojizos se concentran en el sur: Italia, Grecia y Turquía. Intuitivamente, interpretamos que estos son los lugares más peligrosos de Europa. Hasta cierto punto, esa interpretación es correcta, pero oculta una contradicción que merece una reflexión más detenida.

El mayor terremoto de Europa ocurrió en Portugal

Si grandes terremotos tienen potencial de generar más daño a una misma distancia, cabría esperar que el mayor registrado en Europa se hubiera producido en Grecia, Italia o Turquía. Sin embargo, el más grande del que tenemos constancia ocurrió el 1 de noviembre de 1755 frente a las costas atlánticas de la península ibérica. Con una magnitud cercana a 9 Mw (escala de movimiento sísmico), se conoce como el Gran Terremoto de Lisboa y probablemente se cobró la vida de 100 000 personas. Puesto en perspectiva, la península ibérica puede producir terremotos equivalentes a unas 600 millones de bombas atómicas como la lanzada sobre Hiroshima.

Podemos entender este seísmo contrastándolo con eventos más recientes. Fue similar en magnitud al de Tohoku-oki de 2011 en Japón, el cuarto más grande registrado con instrumentos modernos. A pesar de toda la tecnología antisísmica japonesa, generó daños directos de unos 185 000 millones de dólares y fue el desastre socio-natural más costoso de la historia. Se cobró más de 15 000 vidas y desplazó a cientos de miles de personas. Además, provocó el conocido accidente en la central nuclear de Fukushima Daiichi debido a la fuga de material radiactivo. Clasificado con el máximo nivel de gravedad, igualó al desastre de Chernóbil. Claramente, las consecuencias por terremotos pueden abarcar múltiples áreas.

Grabado de 1755 mostrando las ruinas de la ciudad en llamas y un maremoto arrollando los barcos del puerto.
Wikimedia Commons.

Lo que la ciencia nos dice

Estudios en el suroeste de España han identificado varios eventos grandes previos a 1755, incluidos en la época romana, lo que habla de una zona con largos registros de actividad sísmica. Para entender la distribución temporal de los terremotos se habla del “tiempo de recurrencia”: indica el lapso medio entre terremotos de magnitud similar en un mismo lugar, relacionado con la acumulación de energía a lo largo del tiempo.

Estimaciones sugieren recurrencias de mil años en la zona ibérica. Es decir, que faltarían más de 700 años para que pueda ocurrir de nuevo un terremoto de similar al de Lisboa. Sin embargo, en los mil años previos al terremoto de la capital portuguesa hay registro histórico de, al menos, cuatro eventos significativos en la región (en 881, 1048, 1356 y 1531). Luego no es seguro pensar que el siguiente gran terremoto ocurra dentro de varios siglos.

Importan el cuándo… y el dónde

A las personas le interesa saber cuándo experimentarán un terremoto destructivo, no si la fuente del mismo coincide en el espacio con eventos pasados. Un ejercicio útil consiste en tomar el intervalo medio observado entre terremotos. Por ejemplo, en Chile la recurrencia de grandes terremotos puede ser de 300 años. No obstante, seísmos en zonas contiguas pueden estar separados por solo 12-15 años.

Para el caso ibérico, este tiempo es aproximadamente de 220 años. Resulta llamativo que, desde 1755, haya transcurrido un tiempo comparable e, incluso, superior.

Suele considerarse el terremoto del 28 de febrero de 1969 (7.9 Mw), originado en el sudoeste de Portugal, como aquel evento “faltante”, pero su energía liberada fue 45 veces menor a la de Lisboa, una pequeña fracción. Además, ambos eventos ocurrieron cerca uno del otro. Si un lugar es capaz de generar eventos de en torno a 9 Mw, el terremoto de 1969 no tuvo tiempo suficiente de acumular una cantidad significativa de energía. No hay que descartar que el siguiente puede seguir esperándonos.

El fantasma de L’Aquila

Antes del terremoto de L’Aquila (Italia), sucedido en 2009, tuvo lugar una serie de temblores menores. Ante esto, unos pocos técnicos alertaban de un gran seísmo inminente, mientras muchos otros expertos pedían cautela. Sin embargo, algunas autoridades “tranquilizaban” a la desconcertada ciudadanía bromeando con “tomar vino” para relajarse. Lamentablemente, días después se produjo el terremoto principal, donde murieron más de 300 personas.

El terremoto de L’Aquila de 2009 fue un sismo de magnitud 6,3 en la escala sismológica registrado el día 6 de abril de 2009 en la zona central de la península itálica.
CC BY-SA

Estos hechos generaron un debate: ¿cómo comunicar riesgos inciertos pero potencialmente devastadores? La lección de desastres como L’Aquila o Tohoku es clara: la ausencia de certeza no justifica ignorar los escenarios extremos. Aunque sean poco probables, sus consecuencias pueden ser tan graves que merece la pena estar preparados para ellos.

Riesgos sísmicos en lugares como Sevilla

Aunque los modelos incorporan información histórica, la incertidumbre previa a los grandes terremotos genera dudas en la estimación del peligro sísmico ibérico.

El escenario empeora si consideramos zonas como Sevilla. En estos lugares, el terreno amplifica las ondas sísmicas, aumentando el potencial daño. Con peligros sísmicos potencialmente subestimados, es probable que la normativa de construcción vigente también esté afectada. Contemplar explícitamente terremotos del tamaño del ocurrido en 1755 cada pocos siglos cambiaría drásticamente el color del mapa del ESHM20 en la península ibérica.

Actualmente, la comunidad científica conoce la existencia de este riesgo. Entonces, ¿por qué terremotos como el de Lisboa siguen siendo tratados como excepciones históricas? Quizás para no enfrentarnos a una realidad incómoda. Ninguna persona actual vivió aquella catástrofe; asumimos que es una curiosidad inofensiva y que no nos alcanzará. Pero la evidencia muestra que este tipo de eventos podrían ser mucho más recurrentes de lo que pensamos. La cuestión es si estamos preparados para cuando se repitan.

The Conversation

Patricio Venegas Aravena no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La península ibérica también está en riesgo de sufrir terremotos, lo que no sabemos es cuándo ocurrirán – https://theconversation.com/la-peninsula-iberica-tambien-esta-en-riesgo-de-sufrir-terremotos-lo-que-no-sabemos-es-cuando-ocurriran-285099

El Tratado de Versalles, Keynes y las reparaciones alemanas tras la Gran Guerra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Ramos-Palencia, Profesor Titular de Historia Económica, Universidad Pablo de Olavide

Manifestación masiva frente al Reichstag berlinés en protesta contra la aprobación del Tratado de Versalles (15 de mayo de 1919). Wikimedia Commons, CC BY

Acabada la Primera Guerra Mundial, también conocida como la Gran Guerra, la Conferencia de París reunió en enero de 1919 a las potencias aliadas –Estados Unidos, Francia, Reino Unido e Italia– para acordar las condiciones de paz con los países derrotados: Alemania, el Imperio otomano, Bulgaria y, en representación del extinto Imperio austrohúngaro, Austria y Hungría.

Con la firma del Tratado de Versalles se establecieron las nuevas fronteras de Alemania y las compensaciones económicas a las que debía hacer frente: el artículo 231 del Tratado declaró a este país y a sus aliados como únicos responsables de la guerra.

Pagos de deuda

Alemania fue condenada a pagar reparaciones de guerra, principalmente a Francia y Reino Unido, por valor de 226 000 millones de marcos. Mientras, entre 1924 y 1929, la República de Weimar se mantuvo casi exclusivamente con los préstamos estadounidenses –más de un billón de dólares–, destinados, en parte, a pagar dichas indemnizaciones.

Con el desplome bursátil de 1929, la situación del país se hizo insostenible y fue necesaria una renegociación de la deuda. Las políticas deflacionistas y de austeridad, destinadas a reducir el gasto público y contraer la oferta monetaria, resultaron un rotundo fracaso. En 1930, se aprobó el Plan Young, que redujo la deuda a la mitad (112 000 millones de marcos).

Dada la catastrófica situación de la economía mundial, entre 1931 y 1932 EE. UU. condonó las deudas de guerra a Francia y Reino Unido. Al mismo tiempo, estos países renunciaron a buena parte de la deuda alemana. De hecho, hacia 1932, Alemania consiguió una reducción neta de más del 98 % de las deudas reflejadas en el Tratado de Versalles.

Debate entre expertos

Según la comisión del Plan Dawes para la reestructuración de la deuda alemana impulsado por Estados Unidos, las reparaciones que debían pagar las autoridades del país debían hacer frente a dos problemas:

  1. El problema presupuestario, relativo a si Alemania podía reunir la cantidad de dinero reclamada.

  2. El problema de la transferencia, relativo a si era factible hacer llegar los pagos de deuda a los países vencedores de la guerra. Este originó un debate entre el economista sueco Bertil Ohlin, Premio Nobel de Economía 1977, y el británico John Maynard Keynes, figura clave del pensamiento económico del siglo XX.

Según Keynes, cumplir las deudas de guerra exigía a Alemania una fuerte deflación,
lo que llevaría aparejadas graves consecuencias políticas y sociales: más desempleo, desigualdad y pobreza, y, por tanto, más descontento social e inestabilidad política.

En cambio, Ohlin sostenía que no eran necesarias las políticas deflacionistas para asegurar las transferencias. La propia reducción de la capacidad económica de la población y el Estado alemán por los pagos de las reparaciones debía ser suficiente para sostener el flujo de dinero de Alemania a los países acreedores.




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El oro alemán

Las indemnizaciones y reparaciones de guerra exigían una gran cantidad de marcos alemanes que debían ser transferidos en moneda extranjera; por ejemplo, libras esterlinas o francos franceses. La cuestión es que, si el mercado de divisas se inundaba de marcos alemanes, estos se devaluaban y se necesitarían más marcos equivalentes a las libras o los francos. Este es el problema de transferencia al cual se refería Keynes. Según Ohlin, dicho problema no existía gracias a los préstamos estadounidenses. Hasta 1930, Alemania estuvo pagando las reparaciones de guerra con dinero prestado.

Los préstamos estadounidenses a Alemania tienen su origen, principalmente, en el oro de la propia Alemania, que había sido vendido, hipotecado y perdido durante el periodo de hiperinflación (1921-1923) y que acabó en manos de EE. UU., que lo enviaba de nuevo a Alemania a través del Plan Dawes.

Alemania remitía este dinero a Francia y a Gran Bretaña que, a su vez, lo enviaban a EE. UU. en pago por los préstamos recibidos durante la Primera Guerra Mundial. El ciclo se cerraba cuando Estados Unidos enviaba de nuevo a Berlín el oro alemán, ahora en forma de préstamos, añadiendo así una nueva carga de intereses a la deuda del país.

Recapitulando

En esta coyuntura, Hitler prometió estabilizar los precios y acabar con el desempleo, lo que convenció a un amplio porcentaje de la población. En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de abril de 1932, el militar y político Paul von Hindenburg obtuvo el 53 % de los votos, Hitler casi el 37 % y el comunista Ernst Thälmann poco más del 10 %.

En enero de 1933, el presidente Hindenburg nombró canciller a Hitler. En marzo, el partido nazi ganó las elecciones parlamentarias con prácticamente el 44 % de los votos. La muerte de Hindenburg, el 2 de agosto de 1934, posibilitó que Hitler asumiese la presidencia y la cancillería. Con esto, desaparecía la República de Weimar. En 1939, tras la invasión a Polonia y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Hitler suspendió unilateralmente todos los pagos.

Tal vez el Tratado de Versalles fuera una condición necesaria para el ascenso de Hitler, pero no la única en juego. Sobre todo si comparamos lo que supusieron las transferencias alemanas entre 1925 y 1932 (2,5 % del producto nacional bruto) con exigieron a los franceses tras la guerra franco-prusiana (5,6 %), lo que tuvo que pagar Finlandia a la URSS tras el armisticio de la guerra de Continuación (4 %) o las transferencias de la República Federal de Alemania a la RDA (4,25 %).

The Conversation

Fernando Ramos-Palencia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El Tratado de Versalles, Keynes y las reparaciones alemanas tras la Gran Guerra – https://theconversation.com/el-tratado-de-versalles-keynes-y-las-reparaciones-alemanas-tras-la-gran-guerra-272922

Lutte contre les noyades : la sécurité de la baignade est une affaire de famille

Source: The Conversation – France in French (3) – By Jeoffrey Dehez, Chargé de recherche en économie des loisirs et environnement, Inrae

En présence de leur parents, la perception du risque des adolescents se modifie. Sonia Remizua/Unsplash, FAL

En France, chaque année, les plus jeunes payent un lourd tribut à la noyade : celle-ci est la principale cause de mortalité par accident de la vie courante. Comment les adolescents appréhendent-ils ce risque ? Quel rôle leurs parents ont-ils à jouer ? Une nouvelle étude esquisse des pistes de réponses.


Les épisodes de canicule qui se succèdent mettent nos organismes à rude épreuve. Pour espérer en atténuer (un peu) les effets, la baignade apparaît comme une solution naturelle.

Pour tous ceux qui n’ont pas la possibilité de profiter d’une piscine (publique ou privée), la France regorge de plages, de rivières et de lacs susceptibles de répondre à cet impérieux besoin de fraîcheur.

Mais se baigner dans le milieu naturel n’est pas sans danger. Or, les adolescents semblent particulièrement exposés à ces risques, comme le révèle notre nouvelle enquête.

La vulnérabilité des adolescents face à la noyade

En France, la noyade est la première cause de mortalité par accident de la vie courante chez les moins de 25 ans : en 2016, elle comptait pour près d’un quart de ces décès (23 %, soit 135 décès sur 591 cette année-là. Pour les 13-25 ans, ces noyades ont principalement lieu en milieu naturel, autrement dit à la mer, dans des cours d’eau ou plans d’eau.

Plusieurs facteurs de risques sont généralement invoqués pour expliquer ce triste constat : des aléas mal connus par les adolescents (tels que les courants de baïne à l’océan), une appétence pour le risque, un excès de confiance en soi ou l’influence des pairs, particulièrement chez les garçons. Ce phénomène n’est pas propre à la France. On l’observe également en Australie, en Nouvelle-Zélande ou aux États-Unis.

Depuis plusieurs années, les adolescents sont ainsi devenus une priorité des politiques de prévention et de sensibilisation.

Or, si cette période de la vie s’accompagne effectivement d’une volonté de mise à distance des parents, il serait assez rapide de conclure à une totale autonomie des adolescents vis-à-vis de ces derniers. Face aux risques de baignade, les parents ont un rôle à jouer, à tous âges.

Une enquête auprès de collégiens

Pour tenter d’apprécier l’influence des parents dans la prévention des risques de baignade chez les adolescents, nous avons réalisé une enquête auprès d’un échantillon de collégiens, âgés de 11 à 15 ans, dans un établissement scolaire de la région bordelaise. Le collège en question et les zones d’habitation environnantes se situent à une heure de route environ des plages les plus proches de l’océan (soulignons qu’en l’état, les résultats peuvent difficilement être généralisés à une population plus large).

Nous avons demandé à 416 élèves de répondre à un questionnaire destiné à mieux connaître la nature de leurs activités à l’océan, ainsi que leur connaissance des règles de sécurité et des dangers. Ils ont également dû se projeter dans un scénario hypothétique décrivant une situation sur une plage non surveillée, en présence de camarades de leur âge, avec ou sans leurs parents présents sur place. Ils devaient indiquer, sur une échelle à cinq niveaux, la probabilité qu’ils se baignent, ainsi que le degré de risque perçu.

Une originalité du questionnaire est d’avoir été co-conçu avec un panel d’élèves du collège inscrits à l’option « sauvetage aquatique », afin d’améliorer sa compréhension par les autres enfants (ces élèves n’ont pas participé à l’enquête par la suite).

Une forte exposition au danger

En dépit de leur relatif éloignement géographique vis-à-vis de l’océan, plus de 9 adolescents sur 10 (92 %) ont déclaré s’y être rendus au moins une fois durant les douze derniers mois. Sur place, presque tous déclarent se baigner (98 %). Près des deux tiers (68 %) ont également indiqué s’être baignés au moins une fois hors des zones surveillées.

À peine plus de la moitié (52 %) des jeunes gens interrogés a été capable d’expliquer correctement la façon dont les zones de bain surveillées sont matérialisées (à l’aide de drapeaux rectangulaires jaunes et rouges).

Parmi les dangers de l’océan, les courants de baïne ont été cités par 64 % des collégiens interrogés, devant les vagues (36 %) et la marée (17 %). Sur les plages océanes du Sud-Ouest, cette dernière ne constitue pourtant généralement pas en elle-même un aléa. En effet, à l’exception du voisinage des embouchures, elle ne génère pas de courant important. Elle module en revanche l’activité des aléas : en moyenne, les courants de baïne sont plus intenses entre la marée basse et la mi-marée, et les vagues de bord sont plus violentes à marée haute.

Face à ces courants potentiellement dangereux, 34 % des jeunes ont répondu qu’il fallait faire la planche, tandis que 23 % seraient prêts à demander de l’aide aux surfeurs s’il y en a à proximité, et 20 % appelleraient à l’aide. Si chacune de ces réponses est pertinente, on peut toutefois regretter qu’elles ne soient pas citées par un plus grand nombre d’élèves…

L’avis des parents compte

Pour les jeunes adolescents interrogés, les parents demeurent un repère. Durant notre enquête, ils constituaient la principale source d’information vis-à-vis des dangers à l’océan, citée par 57 % des répondants, devant la télévision ou la radio (citées par 20 % des enquêtés), à égale position avec Internet et les réseaux sociaux (20 % de citations). L’école arrivait ensuite (avec 17 %). Les amis n’ont été mentionnés que par 8 % des répondants.

L’influence des parents se fait également sentir au travers des scénarios hypothétiques auxquels les collégiens ont été soumis. Ainsi, la probabilité de se baigner (hors d’une zone surveillée, rappelons-le) s’est révélée plus élevée – et le danger perçu, plus faible – lorsque nous indiquions que les parents étaient présents à la plage, par rapport à la situation où ils ne l’auraient pas été.

Cette influence des parents diminue au fur et à mesure que l’âge des répondants augmente. On constate par ailleurs que la propension à entrer dans l’eau est plus élevée chez les garçons.

Ces relations sont significatives sur un plan statistique, même si les raisons d’un tel résultat sont naturellement sujettes à discussions. Pour les adolescents, la présence des parents a pu être interprétée comme une autorisation de fait (« si les parents sont là, alors j’ai le droit d’y aller »).

En outre, au cours de nos précédentes études menées en Nouvelle-Aquitaine, une majorité d’adultes déclarait se baigner hors des zones ou des périodes surveillées. Il n’est donc pas impossible que les enfants aient eux aussi été influencés par ces comportements, s’ils accompagnaient leurs parents à ces occasions.

La sécurité, l’affaire de tous

Dans notre échantillon, une très large proportion de collégiens (66 %) ont déclaré avoir pris des cours de natation en dehors de l’école. Si l’acquisition de telles compétences est hautement recommandable, elle ne doit pas être perçue comme une assurance.

Une étude menée aux États-Unis a en effet mis en évidence que la vigilance des parents avait tendance à baisser dès lors qu’ils estimaient que leurs enfants savaient nager. Or, il faut bien comprendre que, dans le milieu naturel, la natation n’a plus vraiment de point commun avec ce qu’on l’on apprend en piscine. Le vent, les courants, les vagues ou l’absence de repères changent radicalement la donne.

En outre, si la confiance que les enfants ont en leurs parents est parfaitement légitime, d’autres travaux menés en Australie ont montré qu’au moins un quart des adultes présents sur la plage avaient leur attention monopolisée par autre chose que la surveillance des enfants.

Autre point essentiel : sauver quelqu’un de la noyade ne s’improvise pas. Chaque année, de nombreuses personnes décèdent en tentant d’en secourir une autre.

Pour cette raison, il reste impératif de se baigner dans des zones surveillées par des professionnels du sauvetage, y compris lorsque l’on est à la plage avec ses parents. La mise en place de ces zones en des lieux où la fréquentation est avérée est une mesure de santé publique, car interdire de se baigner est souvent vain.

Enfin, notre étude montre également que la sensibilisation aux risques de baignade ne doit pas se cantonner aux espaces côtiers : elle doit se déployer sur l’ensemble du territoire national. Il est important que la communication touche toute la sphère familiale, y compris les adultes.

L’environnement aquatique est une source immense de bien-être et de bienfaits pour tous, y compris les plus jeunes. Il est primordial de fournir aux adolescents d’aujourd’hui les meilleures clefs de compréhension pour en profiter en toute sécurité, afin que demain, ils se comportent en adultes responsables.


Les auteurs remercient Jean-François Téchené, enseignant et nageur-sauveteur, pour son soutien lors de la mise en place et la diffusion de l’enquête.

The Conversation

Jeoffrey Dehez est membre du groupe de recherche sur la sécurité de la baignade de l’Université de Nouvelles Galles du Sud, en Australie (University of New South Wales Beach Safety Research Group). Il a reçu des financements de la région Nouvelle Aquitaine.

Bruno Castelle et Sandrine Lyser ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur poste universitaire.

ref. Lutte contre les noyades : la sécurité de la baignade est une affaire de famille – https://theconversation.com/lutte-contre-les-noyades-la-securite-de-la-baignade-est-une-affaire-de-famille-285973

Clean beauty : comment une notion aussi floue est-elle devenue incontournable ?

Source: The Conversation – France in French (2) – By Véronique Sadtler, Professeure, Université de Lorraine

Dans les rayons de cosmétiques, les promesses se multiplient : « naturel », « sans sulfate », « sans paraben », « 0 % silicone », « 95 % d’origine naturelle ». Ces mentions aujourd’hui omniprésentes sont devenues pour beaucoup de consommateurs des repères simples et rassurants face à des formulations souvent difficiles à décrypter. Mais que signifient-elles réellement ? Et comment une notion aussi floue que la « clean beauty » est-elle devenue en quelques années un argument majeur de l’industrie cosmétique ?


La question de l’exposition aux substances chimiques présentes dans les produits du quotidien fait régulièrement l’objet de travaux scientifiques. Une récente étude de l’Inserm a ainsi montré qu’une réduction temporaire de l’utilisation de certains produits cosmétiques et d’hygiène courants (shampooings, déodorants, dentifrices ou maquillage) pouvait entraîner une baisse mesurable de plusieurs polluants chimiques et perturbateurs endocriniens comme le bisphénol A.

Plus largement, les travaux consacrés aux perturbateurs endocriniens contribuent à alimenter les interrogations de la population sur les substances présentes dans les cosmétiques utilisés chaque jour. Les controverses régulièrement relayées dans les médias autour de certaines substances chimiques, ainsi que plusieurs procédures judiciaires récentes impliquant de grands groupes du secteur, entretiennent également ces débats dans l’espace public. Dans ce contexte, il n’est pas surprenant que la composition des produits soit devenue un critère de choix pour une part croissante des consommateurs.

C’est dans ce climat qu’a émergé la clean beauty. Apparue aux États-Unis dans les années 1990-2000 dans un contexte réglementaire beaucoup moins strict qu’en Europe, elle s’est progressivement diffusée à l’échelle mondiale. Les marques se sont à leur tour emparées de ces attentes, faisant de la clean beauty un argument central de communication. Cette tendance influence à présent l’ensemble du secteur cosmétique. Elle est souvent présentée comme l’une des grandes évolutions de l’industrie de la beauté au cours de la dernière décennie.

Cela témoigne d’un changement plus profond du rapport des consommateurs aux articles de soin et d’hygiène : au-delà de l’efficacité attendue, ils cherchent davantage à comprendre ce qu’ils utilisent au quotidien. Le succès de la clean beauty traduit ainsi un besoin croissant de réassurance. Face à des formulations complexes, beaucoup recherchent des repères plus simples pour guider leurs choix.

Une notion floue dans un secteur pourtant très réglementé

Mais derrière ce succès se cache un paradoxe. Contrairement aux labels ou certifications, la clean beauty ne repose sur aucune définition réglementaire harmonisée. Aucun texte européen ne définit ce qu’est une cosmétique « clean ». Chaque marque peut ainsi proposer sa propre interprétation : exclusion de certaines substances, limitation du nombre d’ingrédients, priorité donnée aux ingrédients d’origine naturelle ou encore mise en avant de procédés de fabrication particuliers.

Cette absence de définition contraste avec le niveau élevé de réglementation du secteur cosmétique européen. Les produits commercialisés en Europe font l’objet d’une évaluation de sécurité avant leur mise sur le marché. Plus de 1 300 substances y sont interdites et de nombreuses autres soumises à restriction.

On pourrait donc penser que ce cadre réglementaire répond déjà aux attentes d’un grand nombre de consommateurs. Malgré cela, les interrogations persistent. Les débats autour des perturbateurs endocriniens, des PFAS [13] ou de certaines substances classées CMR (cancérogènes, mutagènes ou toxiques pour la reproduction)) continuent d’alimenter les préoccupations de la population. Cette tension entre réglementation, perception du risque et attentes des utilisateurs apparaît également dans les débats récents autour du projet européen dit « Omnibus VI ». Présenté comme une simplification réglementaire, ce texte a suscité des inquiétudes chez plusieurs associations de consommateurs et organisations environnementales qui craignent un allongement des délais d’interdiction de certaines substances classées.

Quand la transparence ne suffit plus

On pourrait alors imaginer que la solution réside dans davantage d’informations. Après tout, la réglementation impose déjà une transparence importante. Tous les produits doivent afficher la liste complète de leurs ingrédients selon la nomenclature internationale INCI (International Nomenclature of Cosmetic Ingredients). La Direction générale de la concurrence, de la consommation et de la répression des fraudes (DGCCRF) rappelle régulièrement l’importance de lire l’étiquetage complet des cosmétiques et souligne que les allégations doivent être vérifiables.

Cependant, transparence ne signifie pas nécessairement compréhension. Paradoxalement, les utilisateurs n’ont probablement jamais eu autant d’informations à leur disposition. Toutefois, entre les listes INCI, les allégations marketing, les labels et les différentes définitions de la naturalité, il reste souvent difficile de s’y retrouver.

Pour répondre à cette difficulté, certaines marques complètent désormais la liste INCI par des explications simplifiées indiquant l’origine ou la fonction des ingrédients (« agent nettoyant », « conservateur », « issu d’huiles végétales », etc.). Malgré cette abondance d’informations, de nombreux consommateurs peinent encore à interpréter des termes comme « clean », « naturel » ou « sans… », faute de définition harmonisée.

De plus, la liste INCI renseigne sur l’identité des ingrédients mais rarement sur leur origine ou leur mode d’obtention. Ainsi, certains composés parfumants, comme la vanilline, peuvent être obtenus par extraction végétale, biotechnologie ou synthèse chimique, sans que cette origine apparaisse dans leur nom. La notion de naturalité elle-même peut prêter à confusion : certains tensioactifs utilisés dans les shampooings et gels douche, comme les glucosides, sont fabriqués à partir de sucres et d’huiles végétales mais nécessitent plusieurs étapes de transformation chimique avant d’être incorporés dans une formule. Autrement dit, « naturel » ne signifie pas nécessairement « non transformé ».

Face à cette complexité, les applications, les labels et les mentions « sans… » jouent un rôle de simplification. Certaines bases de données et associations de consommateurs recensent désormais plusieurs milliers de cosmétiques contenant des ingrédients considérés comme indésirables ou controversés, contribuant à renforcer la vigilance du public vis-à-vis de la composition de ce qu’ils utilisent. Le « clean » devient alors autant un signal de confiance et de lisibilité qu’une caractéristique objective du produit lui-même.

Une promesse de simplicité face à la réalité des formulations

Reste une question essentielle : cette recherche de simplicité se traduit-elle réellement par des formulations plus simples ? Le shampooing illustre bien cette évolution, où les mentions « sans sulfates » ou « sans silicone » se sont largement diffusées ces dernières années. Or, concevoir un shampooing suppose de concilier nettoyage, stabilité, conservation, texture, mousse et sensorialité. La suppression d’un ingrédient nécessite de rééquilibrer l’ensemble de la formule et parfois de reprendre une partie du développement. La longueur d’une liste d’ingrédients ne constitue donc pas, à elle seule, un indicateur pertinent de qualité.

Au fond, les consommateurs ne recherchent pas uniquement des produits jugés plus naturels ou plus sûrs. Ils cherchent aussi à mieux comprendre ce qu’ils utilisent. C’est sans doute ce qui explique le succès de la clean beauty auprès d’un public confronté à des formulations de plus en plus complexes à décrypter.

Pourtant, derrière une liste d’ingrédients raccourcie ou une promesse de naturalité se cache souvent la même réalité : un cosmétique doit continuer à remplir les fonctions attendues par l’utilisateur. La clean beauty apparaît ainsi moins comme une catégorie scientifique clairement définie que comme une réponse à une demande de lisibilité, de transparence et de réassurance.

The Conversation

Véronique Sadtler ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Clean beauty : comment une notion aussi floue est-elle devenue incontournable ? – https://theconversation.com/clean-beauty-comment-une-notion-aussi-floue-est-elle-devenue-incontournable-284880