Sensores basados en bacterias, los nuevos guardianes invisibles del agua

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anna Salvian, Investigadora posdoctoral del Grupo BioE, IMDEA AGUA

“El agua es la fuerza motriz de toda la naturaleza”, escribió Leonardo Da Vinci. Abrir el grifo y que salga agua limpia parece sencillo, pero detrás hay un sistema complejo que va desde la captación y distribución hasta la depuración y, cada vez más, la reutilización.

Hoy ese equilibrio se complica: el cambio climático, la escasez de recursos, la contaminación y el elevado consumo energético del tratamiento hacen cada vez más difícil garantizar un suministro seguro y sostenible. Afrontar estas amenazas exige avanzar hacia una economía circular del agua, con decisiones estratégicas basadas en datos y más orientadas a la eficiencia y la resiliencia.

La revolución de los biosensores bioelectroquímicos

Hasta ahora, controlar la calidad del agua en cada etapa de su ciclo significaba recoger muestras y analizarlas en el laboratorio. El método es fiable, pero lento y costoso, y no siempre refleja lo que ocurre en tiempo real. Por eso, disponer de tecnologías que permitan controlar al instante y con fiabilidad la calidad del agua es esencial para optimizar su gestión a lo largo de todo el ciclo, desde la captación hasta su uso, tratamiento y reutilización.

En este contexto, los biosensores bioelectroquímicos destacan por su versatilidad y capacidad de adaptación a las distintas fases del ciclo del agua. Estos dispositivos emplean microorganismos capaces de “alimentarse” de los contaminantes presentes en el agua, utilizando esas sustancias como fuente de energía.

Durante este proceso metabólico, las bacterias liberan electrones –partículas atómicas cargadas negativamente–, que son captados por el sensor y transformados en una señal eléctrica medible. De esta manera, el nivel de corriente generado refleja directamente la actividad biológica y el grado de contaminación del agua en tiempo real.

Colocados en diferentes puntos del ciclo del agua, estos dispositivos permiten:

  • Detectar la contaminación en origen, antes de que llegue al consumidor.

  • Optimizar el tratamiento en las depuradoras.

  • Garantizar la seguridad de la reutilización.

Antes de la depuración: función preventiva

El ciclo comienza en manantiales, ríos y acuíferos, fuentes cada vez más expuestas a contaminantes químicos, vertidos ilegales o infiltraciones de aguas residuales.

Aquí, los biosensores instalados en aguas subterráneas o superficiales permiten detectar en continuo la presencia de contaminantes. Su función es preventiva: ayudan a evitar intoxicaciones y a garantizar que el agua llegue en condiciones seguras a las plantas de potabilización.

Por ejemplo, se ha demostrado que los biosensores bioelectroquímicos pueden detectar la presencia de hidrocarburos derivados del petróleo, un avance fundamental, ya que estos compuestos se encuentran entre los contaminantes más comunes de las aguas subterráneas.

Durante: tratamientos más eficientes

Tras su uso, el agua llega a las estaciones depuradoras, donde se eliminan los contaminantes antes de devolverla al medio natural. En esta fase, los biosensores bioelectroquímicos desempeñan un doble papel.

Por un lado, permiten monitorizar la carga total de contaminantes orgánicos de entrada: cuanto mayor es la carga orgánica, más electricidad generan las bacterias del sensor, y esa corriente eléctrica puede medirse para estimar la cantidad de materia que debe ser tratada.

En un estudio desarrollado por científicos de España y Reino Unido, demostramos que las comunidades bacterianas que crecen en el ánodo (uno de los electrodos) de estos sensores son muy resistentes, lo que les permite funcionar incluso en aguas sucias o entornos adversos sin perder eficacia.

Esta información es especialmente útil porque las depuradoras, aunque son instalaciones esenciales, tienen un alto consumo energético: gran parte de la electricidad se destina a la aireación de los reactores biológicos necesaria para que los microorganismos degraden los contaminantes orgánicos.

Al medir en tiempo real la demanda de oxígeno de los microorganismos para la degradación o la carga contaminante, los operadores pueden ajustar la aireación de forma dinámica. De esta forma, reducen el consumo eléctrico, disminuyen las emisiones de gases de efecto invernadero y mantienen la calidad del agua tratada. Una ventaja doble: económica y ambiental.

Por otro lado, estos sensores también pueden detectar la presencia de sustancias tóxicas que alteran la actividad de las bacterias encargadas de depurar el agua. Dado que el tratamiento biológico depende de la salud de estos microorganismos, es crucial asegurarse de que no estén expuestos a compuestos que los dañen.

En este contexto, se han desarrollado biosensores bioelectroquímicos capaces de identificar cambios en la actividad metabólica microbiana provocados por floculantes –sustancias empleadas en procesos industriales o en las depuradoras para aglomerar partículas– o sus residuos tóxicos, metales pesados y biocidas, como los pesticidas. Este sistema ofrece una señal temprana de toxicidad, permitiendo actuar de inmediato y proteger el equilibrio biológico del proceso de depuración.

Después: agua segura para su reutilización

Cada vez más, el ciclo del agua se cierra con la reutilización. En un contexto de sequías, el agua regenerada se destina al riego agrícola, la limpieza urbana o incluso a procesos industriales.




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Pero para reutilizar el agua se necesita garantizar su buena calidad. Los biosensores permiten vigilar en tiempo real el agua depurada, asegurando que cumple los estándares de seguridad antes de darle un nuevo uso. Gracias a ello, se fortalece la confianza en la reutilización y se avanza hacia un modelo de economía circular.

Además, este tipo de sensores no se limita al agua. También pueden aplicarse al estudio del suelo, especialmente en terrenos regados con agua depurada. Es posible monitorizar cómo evoluciona la actividad microbiana y las condiciones del suelo para garantizar que la reutilización del agua no altere su equilibrio biológico.

Esa información es muy valiosa porque la vida microbiana del suelo está directamente ligada a su fertilidad: un suelo con un microbioma equilibrado y activo favorece una mejor disponibilidad de nutrientes y, en consecuencia, una mayor productividad de los cultivos.




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Del control al futuro predictivo

La gran ventaja de los biosensores es que permiten pasar de un sistema reactivo a un sistema predictivo. Ya no se trata solo de comprobar la calidad del agua cuando el problema ya ha ocurrido, sino de anticiparse, gestionar mejor los recursos y responder en tiempo real.

Estos modelos predictivos son posibles gracias a la recopilación de grandes volúmenes de datos (big data) y al uso de herramientas de aprendizaje automático (machine learning) y aprendizaje profundo (deep learning). Todo ello permite analizar patrones y predecir el comportamiento futuro con gran precisión.

Un grupo de investigación en Estados Unidos ya ha aplicado estas técnicas a biosensores bioelectroquímicos, logrando identificar las variables que influyen en la generación de corriente eléctrica del sensor y predecir la eliminación de carbono y nitrógeno durante el proceso de depuración.

Integrados en la digitalización del ciclo del agua, estos avances abren la puerta a un modelo de gestión más transparente, eficiente y respetuoso con el medio ambiente, que protege la salud pública, mejora la eficiencia energética y reduce la huella de carbono de las infraestructuras hídricas.

Un futuro más seguro y sostenible

En un mundo donde la demanda de agua podría superar en un 40 % a los recursos disponibles en 2030, apostar por la innovación tecnológica es imprescindible. Los biosensores se perfilan como aliados clave para garantizar un agua limpia, segura y gestionada con criterios de sostenibilidad.

El agua, como decía Da Vinci, es la fuerza que mueve la naturaleza. Hoy, gracias a la ciencia, tenemos nuevos guardianes invisibles para protegerla: biosensores que la vigilan gota a gota, en tiempo real.

The Conversation

Anna Salvian recibe financiación del Programa de Investigación e Innovación Horizonte Europa de la Unión Europea (proyecto n.º 101058174 “TrineFlex”).

ref. Sensores basados en bacterias, los nuevos guardianes invisibles del agua – https://theconversation.com/sensores-basados-en-bacterias-los-nuevos-guardianes-invisibles-del-agua-268042

¿Cómo podemos conocer la historia de la Tierra?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Damas Mollá, Investigadora en Geología, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Formaciones con estratos bien visibles en Zumaia (Gipuzkoa, España). Guillermo Guerao Serra/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por el curso de 2º de la ESO del Instituto de Educación Secundaria Miguel de Unamuno, en Gasteiz (Álava)


Nuestro planeta es mucho, muchísimo más antiguo que cualquier civilización humana. Sus 4 500 millones de años de historia han dejado numerosas huellas en las rocas, y la geología es la ciencia que se encarga de descifrarlas para que podamos leer los diferentes capítulos del “libro de la Tierra”, con tramas que se entrelazan.

Hablan los sedimentos

Antes que nada, recordemos que las rocas tienen varios orígenes: a través de magma o lava se forman las ígneas y por transformación de otras rocas, las metamórficas. Pero aquí las que más nos interesan, de momento, son las del tercer grupo: las sedimentarias.

Las rocas sedimentarias nacen al acumularse partículas, más o menos finas, generadas por la descomposición y erosión de rocas que afloran en relieves elevados como montañas. Estas partículas son transportadas por distintas vías (ríos, viento, glaciares…) hacia las zonas de acumulación. Así, los sedimentos se van depositando, capa a capa, en niveles más o menos horizontales: los estratos.

Estratos de roca en Muskiz (Bizkaia, España).
Laura Damas Mollá

Según la llamada ley de horizontalidad de los estratos, establecida por el científico danés Nicolás Steno en el siglo XVII, el estrato inferior es el más antiguo. El problema es que no nos los encontramos siempre así.

Acantilados del Eoceno (hace entre 56 y 33,9 millones de años) formados por una alternancia de dos tipos de rocas: areniscas y lutitas. Aquí, los estratos se disponen verticalmente. San Sebastián, Gipuzkoa.
Laura Damas Mollá

Al estudiar las rocas sedimentarias, el primer dato que debemos deducir es dónde se depositaron sus materiales, o sea, saber si se formaron en mares, ríos, lagos…. Los restos fósiles de seres vivos nos pueden proporcionar la solución del problema. Así, una roca caliza con fósiles de organismos marinos, como moluscos o corales, surgió en un ambiente tropical de aguas poco profundas, porque la fauna es similar a la actual. Si esos fósiles se encuentran enteros podemos incluso llegar a reconstruir los arrecifes.

Por otro lado, si nos encontramos los fósiles rotos y mezclados, supondremos que algún tipo de corriente los ha removido y desplazado de su hábitat. En otras ocasiones, como ocurre con las areniscas, presentan finas líneas o lineaciones que marcan la dirección e incluso el sentido de las corrientes que transportaban los sedimentos, igual que pasa actualmente en la playa.

Estas piezas del puzle de la historia terrestre se interpretan según el principio del “actualismo”. Acuñado por el geólogo británico Charles Lyell en 1830, indica que “el presente es la clave para entender el pasado”.

Sección longitudinal de molusco bivalvo (rudista) del Cretácico, hace entre 143 millones y 66 millones de años. Cantera de Andrabide (Gautegiz Arteaga, Bizkaia).
Laura Damas Mollá

Detalles que delatan la edad

Con estas pistas es posible interpretar el ambiente donde se depositaron las rocas sedimentarias, pero aún no sabemos su edad. Para averiguarla también existen varias técnicas.

En primer lugar, los minerales que forman esas rocas contienen isótopos radioactivos, componentes químicos cuyo análisis nos permite saber cuánto tiempo llevan en la Tierra. Este método se basa en la desintegración de un isótopo “padre” que se va transformando de forma progresiva a lo largo del tiempo en su “hijo”. Al conocer la proporción existente entre ellos en la muestra se puede obtener su edad.

En el caso de la célebre técnica del carbono-14 se necesitan muestras con un origen orgánico, por lo que no se puede aplicar en muchas rocas y minerales. Además, la “vida” de ese isótopo es de poco más de 60 000 años. Para rocas, minerales y fósiles utilizamos otras relaciones de isótopos radioactivos, como el uranio/torio o el uranio/plomo, que permiten dataciones de entre 500 000 años y varios miles de millones de años, más adecuadas para conocer la larga historia de la Tierra.

Y una curiosidad: ¿sabías que existe también una técnica para saber la edad de la última vez que ha visto la luz del sol un grano de cuarzo? Se llama luminiscencia ópticamente estimulada y se utiliza para estimar la antigüedad de muestras de entre 1 000 y 500 000 años.

Pero estas herramientas no sirven para todo tipo de rocas, así que también usamos otros métodos de datación. El más conocido consiste en examinar la variación del contenido fósil a lo largo del tiempo; es decir, la evolución. La vida de la Tierra se transforma a lo largo del tiempo, y encontrar determinadas asociaciones de fósiles nos permite establecer un rango de edad para los estratos. Aunque los más famosos son los grandes fósiles, como los dinosaurios, normalmente utilizamos microfósiles que se estudian con lupas.

Rocas sometidas a “torturas” geológicas

Pero la historia de las rocas está incompleta si solo averiguamos el ambiente donde se forjaron y su edad. Diferentes procesos geológicos hacen que rocas nacidas en fondos marinos, por ejemplo, formen parte de las montañas actuales. Porque desde que se produce el depósito de los materiales hasta la actualidad, las rocas sedimentarias sufren un proceso que se llama diagénesis: se calientan, se aplastan por enterramiento y experimentan diversos cambios en sus componentes (algunos se disuelven, otros se transforman, otros se fracturan…).

La mayor parte del tiempo, una roca sedimentaria está sometida a esas “torturas”, que podemos entender y ordenar cronológicamente. Para ello utilizados unos microscopios especiales, llamados petrográficos, y láminas de rocas de 0,3 mm de espesor.

Y por si esto fuera poco, los estratos no siempre se encuentran en posición horizontal, como las capas de una tarta. Igual que cuando empujamos un mantel con la mano, las fuerzas de las placas tectónicas pliegan los estratos rocosos. Los geólogos tenemos que “leer” también los capítulos protagonizados por las rocas ígneas, que nos cuentan la historia de las erupciones volcánicas del pasado, y las metamórficas, que nos hablan de transformaciones de unas rocas en otras.

Así, poco a poco, reconstruimos la biografía del planeta, desde las variaciones ambientales a la evolución de la vida. Comprender esa historia nos permite entender los cambios que están ocurriendo hoy en día y reflexionar sobre nuestro breve capítulo como homínidos, ya que la Tierra seguirá transformándose más allá de nuestra presencia en ella.

Si miras a tu alrededor y te pones las gafas de geólogo o geóloga, descubrirás qué historias conservan las rocas para saber hacia dónde vamos.


La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Laura Damas Mollá no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cómo podemos conocer la historia de la Tierra? – https://theconversation.com/como-podemos-conocer-la-historia-de-la-tierra-266404

Pautas para seguir una verdadera dieta mediterránea

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén Ropero Lara, Profesora Titular de Nutrición y Bromatología – Directora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández

El pescado, las frutas y las hortalizas constituyen una parte esencial de la dieta mediterránea. monticello/Shutterstock

Inscrita en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO desde 2013, la dieta mediterránea es una parte esencial de nuestra cultura que, además, produce efectos beneficiosos en la salud. Pero su poder protector no reside en los hábitos alimentarios actuales o en los productos manufacturados en la región mediterránea. En realidad, proviene del patrón dietético clásico cuyos efectos han sido validados por decenas de estudios científicos con la participación de miles de personas.

Entonces, ¿a qué podemos llamar dieta mediterránea?

Según la definición de la UNESCO, “comprende un conjunto de conocimientos, competencias prácticas, rituales, tradiciones y símbolos relacionados con los cultivos y cosechas agrícolas, la pesca y la cría de animales, y también con la forma de conservar, transformar, cocinar, compartir y consumir los alimentos”. Por lo tanto, constituye también un patrón social.

De todos modos, el componente fundamental de este patrimonio cultural es, como su nombre indica, la dieta propiamente dicha. Para saber cómo de mediterránea es nuestra alimentación, debemos tener en cuenta 14 puntos. A mayor puntuación, más se le parece.

En primer lugar, los alimentos recomendados que suman puntos son:

  • El aceite de oliva.

  • Las verduras y hortalizas.

  • Las frutas.

  • Las legumbres.

  • El pescado y el marisco.

  • Los frutos secos.

  • La carne blanca (pollo, pavo, conejo).

  • El tradicional sofrito para acompañar platos principales.

Y los productos a evitar, los que nos alejan de la dieta mediterránea, son:

  • Las carnes rojas y procesadas.

  • La mantequilla, margarina o nata.

  • Las bebidas carbonatadas, ya sean azucaradas o no.

  • La repostería comercial.

Beneficios probados para la salud

El primer estudio sobre la dieta mediterránea se publicó en 1970, pero tuvieron que pasar aún más de 20 años para que volviera a despertar interés. Desde entonces ha sido foco de intensa investigación en nutrición.

Uno de los principales trabajos es español y en él participaron más de 90 investigadores. Se trata del estudio PREDIMED, diseñado para evaluar los efectos de este patrón alimentario en personas mayores con alto riesgo de enfermedad cardiovascular. Las conclusiones fueron inapelables: la incidencia de eventos cardiovasculares era claramente menor en los grupos de dieta mediterránea.

Ahora, después de décadas de investigaciones, los resultados no dejan lugar a dudas: la dieta mediterránea es una firme aliada para nuestra salud. Seguirla reduce el riesgo de mortalidad y de sufrir tres de las enfermedades más frecuentes de nuestro tiempo: las dolencias cardiovasculares, el cáncer y la diabetes tipo 2. Además, también protege contra el deterioro cognitivo, la demencia y el alzhéimer.

Menús poco mediterráneos

A pesar de todas estas evidencias, la realidad es que nuestra alimentación actual se parece poco o nada a la dieta mediterránea. Además, solemos creer erróneamente que alimentos muy consumidos, como el cerdo, el jamón o el queso, forman parte de ella.

Si echamos un vistazo a los 14 puntos mencionados en el estudio PREDIMED, leemos que uno de ellos es: “¿consume usted preferentemente carne de pollo, pavo o conejo en vez de ternera, cerdo, hamburguesas o salchichas?”. Para obtener un punto, la respuesta debe ser sí. Además, una de las recomendaciones adicionales es no tomar más de una ración de jamón curado o de carne roja a la semana.

La principal razón para esta restricción es que tanto el jamón curado como cualquier otro embutido son carnes procesadas, y estas aumentan las probabilidades de sufrir cáncer colorrectal, el segundo cáncer más mortal del mundo. Otra razón es su alto contenido de sal, que incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares y renales.

Además, en términos de salud, el cerdo se clasifica como carne roja, un riesgo adicional para contraer el citado cáncer colorrectal. Por si fuera poco, tomar mucha carne roja y procesada también aumenta las posibilidades de morir por problemas cardiovasculares.

En lo que se refiere a los quesos, los bajos en grasa no tienen límites estrictos en la dieta mediterránea, mientras que los curados o grasos (la gran mayoría) están restringidos a un máximo de una ración semanal. Esto se debe a su elevado contenido de sal y a que predominan las grasas saturadas, dos riesgos considerables para la salud.

¿Vino sí o vino no?

Uno de los aspectos más controvertidos de la dieta mediterránea es el vino. Aunque puntúa positivamente en el estudio PREDIMED, no se fomenta su consumo, sino que se limita la cantidad a quienes ya son consumidores habituales.

El vino, particularmente el tinto, goza de buena fama por la presencia de polifenoles procedentes de la uva. De hecho, en el propio estudio PREDIMED se observó que tomar más polifenoles puede disminuir el riesgo de mortalidad. Sin embargo, estos compuestos naturales también se encuentran en alimentos muy consumidos, como el aceite de oliva virgen, los frutos secos, las frutas y las verduras.

Además, el vino no deja de ser una bebida alcohólica y la conclusión de la Organización Mundial de la Salud al respecto es que beber alcohol puede causar más de 200 problemas de salud. De hecho, esta institución considera que no hay un nivel que no suponga un riesgo, por bajo que sea.




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Lo positivo es que siempre estamos a tiempo de mejorar nuestra salud. No importa la edad a la que lo hagamos: cualquier momento es bueno para acercar nuestra alimentación a los 14 puntos de la dieta mediterránea. Cada paso que demos hacia un mayor cumplimiento de este patrón alimentario, por pequeño que sea, supone un beneficio en la prevención de enfermedades.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Pautas para seguir una verdadera dieta mediterránea – https://theconversation.com/pautas-para-seguir-una-verdadera-dieta-mediterranea-266678

Enquête auprès de 2 400 professeurs d’EPS : « Nos élèves manquent de souffle et de force »

Source: The Conversation – in French – By David Matelot, Enseignant d’EPS, docteur en physiologie de l’exercice, Université Bretagne Sud (UBS)

Les performances des élèves français à un test d’endurance cardio-respiratoire, le Navette 20 mètres, ont diminué de 18 % entre 1999 et 2022. Konstantin Mishchenko/Unsplash, CC BY

Alors que les performances à l’endurance des élèves ont chuté de près de 18 % entre 1999 et 2022, l’éducation nationale commence à mesurer la condition physique des enfants en classe de 6e. Une vaste enquête menée auprès de 2 400 enseignants d’éducation physique et sportive révèle que ceux-ci constatent ce déclin, mais peinent à en faire une priorité, faute de temps, de moyens et de formation. Pourtant, améliorer l’endurance cardiorespiratoire et la force musculaire à l’école apparaît aujourd’hui essentiel pour prévenir les risques cardio-vasculaires et poser les bases d’habitudes durables. Une équipe de chercheurs propose cinq pistes pour redresser la barre.


Les performances des élèves français au Navette 20 mètres, un test d’endurance cardio-respiratoire, ont diminué d’environ 18 % entre 1999 et 2022. Pour comprendre cette évolution, nous avons interrogé environ 2 400 enseignants d’éducation physique et sportive (EPS) en collège et lycée. Plus de 90 % savent que l’endurance cardiorespiratoire et la force musculaire sont associées à une meilleure santé physique.

Parmi les répondants, 91 % considèrent que le niveau d’endurance des élèves a baissé ces vingt dernières années, et 66 % jugent qu’il en va de même pour leur force.

Travailler ces qualités physiques n’est pas une priorité en EPS

Cependant, comme le montrent les réponses ci-dessus, le développement de ces deux qualités physiques est un objectif plutôt secondaire de leurs cours. De plus, 47 % des enseignants considèrent que les objectifs de l’EPS dans les programmes officiels ne donnent pas une place prioritaire au développement de ces qualités, ce qui freine la prise en compte de cette problématique.

Le développement de la condition physique des élèves en EPS est difficile parce qu’il nécessite pour l’enseignant d’EPS de concevoir des cours adaptés à trois caractéristiques qui varient au sein des élèves d’une même classe : leurs niveaux de force et d’endurance cardiorespiratoire, leurs stades de croissance et de maturation, et leurs motifs d’agir.

Les résultats de ce questionnaire nous ont amenés à développer cinq pistes pour le développement des qualités d’endurance cardiorespiratoire et de force musculaire des collégiens et des lycéens.

Piste 1 : Proposer des pratiques « hybrides » motivantes pour tous les élèves

« La question des qualités physiques vient buter souvent sur le manque d’attrait pour les élèves d’un engagement dans des efforts […] il faut être habile pour habiller les situations et les rendre ludiques tout en travaillant les qualités physiques. »

Cette réponse illustre une difficulté importante à laquelle les enseignants d’EPS doivent faire face, qui semble également vraie chez les adultes comme le montrent les travaux sur le « syndrome du paresseux ».

Plus spécifiquement pour l’EPS, il semble important de s’intéresser au plaisir et au déplaisir ressentis par les élèves, car ces émotions influencent la construction d’habitudes de pratiques physiques durables. La difficulté principale ici est qu’un même exercice proposé à l’ensemble de la classe va susciter de l’intérêt et du plaisir chez certains élèves mais du désintérêt voire du déplaisir pour d’autres. Chaque élève peut en effet se caractériser par des « motifs d’agir » variés : affronter en espérant gagner, progresser pour soi-même, faire en équipe, vivre des sensations fortes…

Petites filles gym
Rendre les exercices attractifs est essentiel pour motiver les élèves.
Brett Wharton/Unsplash, CC BY

Les exercices dits « hybrides » sont une solution développée par des enseignants d’EPS : le principe est de proposer la même situation à tous les élèves, dans laquelle ils peuvent choisir leur objectif pour que chacun s’engage selon sa source de motivation privilégiée. Le « Parkour Gym » est une forme de pratique scolaire de la gymnastique artistique où les élèves composent un parcours en juxtaposant plusieurs figures d’acrobaties, en choisissant le niveau de difficulté. L’objectif pour tous est de réaliser ce parcours le plus rapidement possible, tout en réalisant correctement les figures acrobatiques choisies, qui rapportent des points selon leurs difficultés.

Cette pratique permet à chaque élève de se focaliser sur sa source de motivation privilégiée : améliorer son temps ou son score acrobatique, avoir un score final (temps et difficultés) le plus élevé possible, ou encore travailler spécifiquement la réalisation d’une acrobatie perçue comme valorisante ou génératrice de sensations fortes. Le travail ainsi réalisé en gymnastique, de par le gainage et les impulsions nécessaires, développe le système musculaire.

Piste 2 : Augmenter les temps de pratique d’EPS dans l’établissement

Le premier frein rapporté par les enseignants est le manque de temps en cours d’EPS, notamment au regard des multiples objectifs à travailler. Par exemple en Lycée Général et Technologique les programmes d’EPS contiennent cinq objectifs à travailler, en deux heures hebdomadaires. Une première solution qui apparaît serait d’augmenter le temps d’EPS obligatoire pour tous les élèves. Ou encore de prévoir des dispositifs de « soutien en EPS » avec des moyens supplémentaires dédiés aux élèves en difficulté dans cette discipline.

Des solutions existent également à moyens constants. La première possibilité est celle de l’association sportive scolaire qui existe dans chaque établissement, et qui propose des activités physiques et sportives aux élèves volontaires. Cette association est animée par les enseignants d’EPS de l’établissement, cette activité fait partie de leur temps de travail. Si les chiffres du graphique ci-dessous sont encourageants, il semble possible d’élargir encore davantage ces offres dans les collèges et lycées de France.

D’autres possibilités existent. L’équipe EPS du collège Les Hautes Ourmes (académie de Rennes) propose un dispositif intéressant, sur le modèle de ce qui est proposé en natation pour les non-nageurs, avec trois enseignants au lieu de deux qui interviennent sur deux classes en même temps. Ce fonctionnement permet de constituer des plus petits groupes de besoin encadrés par chaque enseignant, et de travailler une qualité physique ciblée prioritairement pour ce groupe (endurance cardiorespiratoire, vitesse, force et endurance musculaire, coordination, équilibre).

Enfin, l’académie de Limoges a mis en place des sections sportives scolaires « Sport-Santé ». Ce n’est plus la performance sportive qui est visée mais la recherche d’un bien-être physique, psychologique et social. La section donne l’opportunité aux élèves volontaires de s’impliquer dans la gestion de leur vie physique, en les sensibilisant à l’importance de la pratique sportive.

L’approche est axée sur la valorisation des réussites et de l’estime de soi, et propose des modalités de pratique novatrices et ludiques, adaptées aux spécificités des élèves. L’objectif est donc de donner ou de redonner le goût de la pratique physique à ces élèves, étape indispensable vers un mode de vie actif au-delà de l’École. Ces sections font partie, avec d’autres dispositifs, d’un réel système mis en place pour développer les qualités physiques de leurs élèves à différents niveaux. Nous espérons que cette démarche pourra se généraliser à d’autres Académies.

Piste 3 : Intégrer le travail des qualités aérobie et de force aux cours d’EPS

Les réponses aux deux questions ci-dessus indiquent qu’il serait intéressant de prévoir pendant les cours d’EPS plus de situations qui travaillent les qualités d’endurance cardiorespiratoire et de force musculaire des élèves. Celles-ci peuvent être stimulées et développées pendant toute la durée du cursus collège-lycée. Il est possible de développer ces qualités physiques pendant la pratique des activités physiques et sportives au programme en les intensifiant, ou alors lors de temps dédiés comme pendant un échauffement renforcé ou des exercices intermittents de haute intensité.

Piste 4 : Utiliser des tests physiques pour l’EPS

Parmi les répondants, 60 % des enseignants disent faire un test d’endurance cardio-respiratoire au moins une fois par an à leurs élèves, ce qui semble déjà élevé mais pourrait encore être généralisé. Pour la force seulement, 14 % des enseignants disent que leurs élèves font un test au moins une fois par an, et ils sont 63 % à ne jamais faire de tests de force pendant leur scolarité dans l’établissement.

Les tests physiques sont globalement assez peu exploités en France. En effet, aucune batterie de tests ni base de données nationale n’existe en France contrairement à d’autres pays (par exemple, les programmes Fitnessgram aux États-Unis, Youth-Fit en Irlande, ou Slofit en Slovénie). Mesurer les qualités physiques par des tests répétés met en évidence les progrès des élèves et améliore leur connaissance de soi, ces tests peuvent être un outil pour l’EPS.

Piste 5 : Renforcer la formation des enseignants

Globalement, les enseignants sont intéressés par une formation sur ce thème (cf. graphique ci-dessous). Si environ 80 % des enseignants disent avoir été suffisamment formés pour évaluer (83 %) et développer (78 %) l’endurance cardio-respiratoire de leurs élèves, concernant la force, ces chiffres descendent à 49 % pour son évaluation et à 58 % pour son développement.

Plusieurs études démontrent que les niveaux d’aérobie et de force des élèves sont liées à leurs risques de développer des pathologies cardio-vasculaires plus tard dans la vie, et plus globalement à leur espérance de vie. Cette association n’est connue que par 41 % des enseignants pour l’aérobie et par 22 % pour la force. La formation continue des enseignants d’EPS dans ce domaine pourrait donc également être renforcée.


Les auteurs tiennent à remercier François Carré, professeur émérite au CHU de Rennes, pour sa contribution à la rédaction de cet article.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Enquête auprès de 2 400 professeurs d’EPS : « Nos élèves manquent de souffle et de force » – https://theconversation.com/enquete-aupres-de-2-400-professeurs-deps-nos-eleves-manquent-de-souffle-et-de-force-266684

L’opéra aux Amériques, un héritage européen revisité par les identités culturelles locales

Source: The Conversation – in French – By Frédéric Lamantia, Docteur en géographie et maître de conférences, UCLy (Lyon Catholic University)

Le Palais des beaux-arts de Mexico (en espagnol : Palacio de Bellas Artes) est le premier opéra de Mexico. Sa construction fut achevée en 1934. Xavier Quetzalcoatl Contreras Castillo , CC BY-SA

L’opéra s’est enraciné sur le continent américain en hybridant répertoires et techniques d’outre-Atlantique avec des récits, des rythmes et des imaginaires empruntés aux populations autochtones. Nous poursuivons ici notre série d’articles « L’opéra : une carte sonore du monde ».


Ne cherchant ni à copier ni à rompre avec l’histoire de l’opéra en Europe, l’histoire de l’opéra aux Amériques est plutôt celle d’un long processus d’acclimatation. La circulation des artistes et les innovations esthétiques y rencontrent des terrains sociaux, politiques et économiques spécifiques selon les pays. Si depuis le XVIIe siècle, Christophe Colomb a inspiré de nombreux opéras, cet art est aujourd’hui présent sur tout le continent où il met en exergue des éléments locaux du patrimoine culturel conjugués avec la matrice européenne.

En Amérique du Nord, et notamment aux États-Unis, l’art lyrique trouve ses origines dans les ballad operas anglais du XVIIIe siècle joués dans les premiers théâtres à Philadelphie ou à New York.

Au XIXe siècle, l’opéra s’implante comme un divertissement « importé » et rencontre un certain succès dont bénéficient l’Academy of Music (l’Opéra de New York) ou le Metropolitan Opera tandis que la Nouvelle-Orléans, foyer francophone, sert de tête de pont aux opéras français mais aussi italiens. Ces derniers, apportés par nombre d’immigrants en provenance de Rome, de Naples ou de Palerme, ont nécessité la construction de théâtres, comme celui de San Francisco.

Spécificités états-uniennes

Au XXe siècle, l’art lyrique possède ses hauts lieux aux États-Unis, tels que le Metropolitan Opera (Met) qui s’impose comme le champion des créations nationales impliquant des spécificités états-uniennes quant aux sujets, aux styles et aux voix.

La quête d’une couleur « nationale » passe par le recours à des matériaux amérindiens puis par l’intégration de langages musicaux afro-américains comme les spirituals, le jazz, le ragtime, le blues, jusqu’aux sujets explicitement liés à l’esclavage, à la ségrégation et aux droits civiques.

De Porgy and Bess à X : The Life and Times of Malcom X ou The Central Park Five, l’opéra devient un miroir social avec des œuvres qui se fondent dans le paysage culturel, sa grande diversité et les conséquences de celle-ci. Le progrès technique s’invite aussi à l’opéra avec des œuvres comme Le téléphone, opéra comique de Menotti. Parallèlement, le langage musical évolue, porté par le néoromantisme de Barber, la satire politico-sociale de Blitzstein, le minimalisme de Glass ou d’Adams.

En Amérique du Nord, une économie fragile

Sur le plan économique, l’écosystème lyrique états-unien comme canadien combine recettes propres, dons privés et mécénat, le rendant particulièrement vulnérable à des crises, comme celle survenue lors de l’épidémie de Covid qui a vu ses publics se contracter, tandis que les coûts de production restaient élevés. Le marketing de l’opéra innove sans cesse, contraint à une nécessaire démocratisation garantissant le renouvellement de ses publics, avec des représentations dans des lieux insolites – Ikea à Philadelphie –, et à une digitalisation de l’espace lyrique et de sa programmation.

Si des réseaux efficaces, comme Opera America ou Opera Europa, facilitent communication, diffusion et levée de fonds, d’autres solutions ont pu voir le jour pour sécuriser l’activité lyrique aux États-Unis, comme cet accord pluriannuel signé entre le Met et l’Arabie saoudite.

Hybridations en Amérique centrale

En Amérique centrale, l’art lyrique s’inscrit également dans l’espace urbain comme en témoigne le Palacio de Bellas Artes à Mexico. Conçu en 1901 et inauguré en 1934, ce bâtiment fusionne art nouveau par son extérieur en marbre et art déco pour l’intérieur de la salle, décorée avec des fresques monumentales. Le modèle architectural comme une partie du répertoire – Mozart, Strauss, Puccini ou Donizetti – sont européens, mais l’institution a aussi servi de carrefour aux arts mexicains à l’image du Ballet folklorique d’Amalia Hernández ou de créations de compositeurs locaux comme Ibarra, Catán ou Jimenez.

Le rideau de scène représentant les volcans Popocatépetl et Iztaccíhuatl symbolise ce lien entre opera house « à l’européenne » et imaginaires locaux. Dans cette zone géographique, l’hybridation architecturale et artistique s’opère dans les institutions nationales avec une volonté d’articuler répertoire européen et identité culturelle locale, tant du point de vue musical, iconographique que chorégraphique.

Offenbach-mania au Brésil

L’Amérique du Sud a connu un développement de son territoire lyrique dans les grandes métropoles, mais également dans des lieux insolites comme à Manaus, au Brésil, en pleine Amazonie, où le théâtre d’opéra était la sortie privilégiée des riches industriels producteurs d’hévéa tandis que la bourgeoisie de Sao Paulo, souvent proche de l’industrie du café se retrouvait en son opéra.

L’import d’œuvres européennes, notamment d’Offenbach ou de Puccini dont le succès fulgurant a inspiré de nombreux compositeurs locaux, a façonné le paysage lyrique sud-américain. On note que dans les années 1860-1880, Rio connaît une véritable Offenbach-mania et devient un creuset pour des hybridations diverses : de nombreuses œuvres sont traduites en portugais tandis que des troupes francophones sont régulièrement accueillies.

Dans le même temps se développent des parodies brésiliennes qui, sans copier Offenbach, procèdent à une « brésilianisation » du style par l’insertion de danses et rythmes afro-brésiliens – polca-lundu, cateretê, samba de roda – et par l’apparition de la capoeira sur scène. Naît alors un débat, ressemblant mutatis mutandis à la « querelle des Bouffons » française, opposant « art national » et « opérette importée » et aboutissant parfois à une « parodie de parodie » d’Offenbach !

Ces échanges lyriques montrent que les Amériques ne se contentent pas d’importer de l’opéra occidental, mais qu’elles transforment puis réémettent des œuvres vers l’Europe, enrichies d’un apport exotique.

En Argentine, l’opéra comme symbole de réussite sociale

En Argentine, Puccini triomphe en 1905 à Buenos Aires alors qu’il vient superviser la nouvelle version d’Edgar. Il consolidera sa notoriété grâce à ses succès sur les scènes latino-américaines avant de livrer en 1910, à New York, La fanciulla del West(la Fille du Far-West), western lyrique basé sur l’imaginaire américain. Dans une capitale marquée par une importante immigration italienne initiée dès les années 1880, l’opéra reste un symbole de réussite sociale.

Le Teatro Colon, érigé en 1908, opère une synthèse architecturale entre néo-Renaissance italienne et néo-baroque français, agrémentée de touches Art nouveau. Dotée d’une excellente acoustique et accessible sur le plan tarifaire, la salle s’impose comme un centre lyrique important sur le continent. L’art lyrique argentin reste ouvert à de nombreux sujets, comme en témoigne l’opéra Aliados (2013), d’Esteban Buch et Sebastian Rivas, évoquant les liens entre Margaret Thatcher et Augusto Pinochet, alliés à l’époque de la guerre des Malouines en 1982.

On trouve ainsi des traits communs à l’art lyrique sud-américain, associant grandes maisons emblématiques, appropriations esthétiques locales et coopérations internationales par-delà une vulnérabilité économique due à sa dépendance au mécénat.

Au Chili et en Bolivie, des lieux d’échanges et de métissage

Le cas du Teatro Municipal de Santiago inauguré en 1857 avec une architecture néoclassique française et toujours intact malgré de nombreux séismes, a été victime de crises budgétaires récurrentes mais développe depuis 2023 un partenariat avec l’Opéra National de Paris.

L’objectif est de permettre une circulation des savoir-faire au sein d’une coopération Sud-Nord au service de la formation de talents locaux. Le Chili accueille également un théâtre musical ouvert à des sujets politiques.

En Bolivie, le théatre Grand Mariscal de Ayacuchode, dans la ville de Sucre, construit en 1894 sur un modèle inspiré de la Scala pour accueillir des opérettes et des zarzuelas est devenu malgré son inachèvement un lieu patrimonial mêlant histoire locale et pratiques lyriques au croisement de l’Europe et des cultures andines.

Par ailleurs, ce métissage a donné naissance à des œuvres parfois anciennes comme cet opéra baroque datant de 1740 écrit par un indigène évangélisé en bésiro, dialecte ancien en voie de disparition.

De New York à Buenos Aires, l’opéra aux Amériques s’est bâti une identité singulière par sa capacité à assimiler apports européens et patrimoine culturel autochtone. Sur l’héritage des techniques et du répertoire européen sont venus se greffer des spécificités culturelles locales issues de traditions propres aux indiens, aux créoles ou aux populations afro-américaines. Loin d’un modèle importé à l’identique, il constitue un « palimpseste lyrique » où se côtoient Puccini, Offenbach, jazz et capoeira. Les voix de l’Amérique sont devenues l’écho d’un territoire lyrique complexe, où traditions culturelles et mémoires collectives s’incarnent dans un patrimoine musical et architectural singulier.

The Conversation

Frédéric Lamantia ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. L’opéra aux Amériques, un héritage européen revisité par les identités culturelles locales – https://theconversation.com/lopera-aux-ameriques-un-heritage-europeen-revisite-par-les-identites-culturelles-locales-268684

L’intelligence artificielle peut-elle améliorer la prévision météorologique ?

Source: The Conversation – in French – By Laure Raynaud, Météorologiste, Météo France

L’intelligence artificielle a déjà impacté de nombreux secteurs, et la météorologie pourrait être le suivant. Moins coûteux, plus rapide, plus précis, les modèles d’IA pourront-ils renouveler les prévisions météorologiques ?


Transport, agriculture, énergie, tourisme… Les prévisions météorologiques jouent un rôle essentiel pour de nombreux secteurs de notre société. Disposer de prévisions fiables est donc indispensable pour assurer la sécurité des personnes et des biens, mais également pour organiser les activités économiques. Dans le contexte du changement climatique, où les épisodes de très fortes pluies, de vagues de chaleur ou de mégafeux ne cessent de se multiplier, les populations sont d’autant plus vulnérables, ce qui renforce le besoin en prévisions précises à une échelle très locale.

L’élaboration d’une prévision météorologique est un processus complexe, qui exploite plusieurs sources de données et qui demande une grande puissance de calcul. Donner du sens et une utilité socio-économique à la prévision pour la prise de décision est aussi un enjeu majeur, qui requiert une expertise scientifique et technique, une capacité d’interprétation et de traduction de l’information en services utiles à chaque usager. L’intelligence artificielle (IA) peut aider à répondre à ces défis.

L’IA : un nouveau paradigme pour la prévision météorologique ?

Comme on peut le lire dans le rapport Villani sur l’IA, rendu public en mars 2018, « définir l’intelligence artificielle n’est pas chose facile ». On peut considérer qu’il s’agit d’un champ pluridisciplinaire qui recouvre un vaste ensemble de méthodes à la croisée des mathématiques, de la science des données et de l’informatique. L’IA peut être mise en œuvre pour des tâches variées, notamment de la prévision, de la classification, de la détection ou encore de la génération de contenu.

Les méthodes d’IA parmi les plus utilisées et les plus performantes aujourd’hui fonctionnent sur le principe de l’apprentissage machine (machine learning) : des programmes informatiques apprennent, sur de grands jeux de données, la meilleure façon de réaliser la tâche demandée. Les réseaux de neurones profonds (deep learning) sont un type particulier d’algorithmes d’apprentissage, permettant actuellement d’atteindre des performances inégalées par les autres approches. C’est de ce type d’algorithme dont il est question ici.

La prévision météorologique repose actuellement, et depuis plusieurs décennies, sur des modèles qui simulent le comportement de l’atmosphère. Ces modèles intègrent des lois physiques, formulées pour calculer l’évolution des principales variables atmosphériques, comme la température, le vent, l’humidité, la pression, etc. Connaissant la météo du jour, on peut ainsi calculer les conditions atmosphériques des prochains jours. Les modèles météorologiques progressent très régulièrement, en particulier grâce à l’utilisation de nouvelles observations, satellitaires ou de terrain, et à l’augmentation des ressources de calcul.

La prochaine génération de modèles aura pour objectif de produire des prévisions à un niveau de qualité et de finesse spatiale encore plus élevé, de l’ordre de quelques centaines de mètres, afin de mieux appréhender les risques locaux comme les îlots de chaleur urbains par exemple. Cette ambition soulève néanmoins plusieurs challenges, dont celui des coûts de production : effectuer une prévision météo requiert une puissance de calcul très importante, qui augmente d’autant plus que la précision spatiale recherchée est grande et que les données intégrées sont nombreuses.

Gagner en temps et en qualité

Cette étape de modélisation atmosphérique pourrait bientôt bénéficier des avantages de l’IA. C’est ce qui a été démontré dans plusieurs travaux récents, qui proposent de repenser le processus de prévision sous l’angle des statistiques et de l’apprentissage profond. Là où les experts de la physique atmosphérique construisent des modèles de prévision où ils explicitement le fonctionnement de l’atmosphère, l’IA peut apprendre elle-même ce fonctionnement en analysant de très grands jeux de données historiques.

Cette approche par IA de la prévision du temps présente plusieurs avantages : son calcul est beaucoup plus rapide – quelques minutes au lieu d’environ une heure pour produire une prévision à quelques jours d’échéance – et donc moins coûteux, et la qualité des prévisions est potentiellement meilleure. Des études montrent par exemple que ces modèles sont déjà au moins aussi efficaces que des modèles classiques, puisqu’ils permettent d’anticiper plusieurs jours à l’avance des phénomènes tels que les cyclones tropicaux, les tempêtes hivernales ou les vagues de chaleur.

Les modèles d’IA sont encore au stade de développement dans plusieurs services météorologiques nationaux, dont Météo France, et font l’objet de recherches actives pour mieux comprendre leurs potentiels et leurs faiblesses. À court terme, ces modèles d’IA ne remplaceront pas les modèles fondés sur la physique, mais leur utilisation pour la prévision du temps est amenée à se renforcer, à l’instar du modèle AIFS, produit par le Centre européen de prévision météorologique à moyen terme, opérationnel depuis début 2025.

De la prévision météorologique à la prise de décision

Au-delà des modèles, c’est toute la chaîne d’expertise des prévisions et des observations météorologiques qui pourrait être facilitée en mobilisant les techniques d’IA. Cette expertise repose actuellement sur des prévisionnistes qui, chaque jour, analysent une grande quantité de données afin d’y détecter des événements potentiellement dangereux, d’élaborer la carte de vigilance météorologique en cas d’événements extrêmes, comme les fortes pluies, ou encore les bulletins à destination de différents usagers. Dans un contexte où le volume de données à traiter croît rapidement, l’IA pourrait aider les prévisionnistes dans l’extraction et la synthèse de l’information.

Une grande partie des données météorologiques étant assimilable à des images, les méthodes d’IA utilisées en traitement d’images, notamment pour la reconnaissance de formes et la classification automatique, peuvent être appliquées de façon similaire à des données météo. Les équipes de recherche et développement de Météo France ont par exemple mis en œuvre des méthodes d’IA pour l’identification du risque d’orages violents à partir de cartes météorologiques. D’autres travaux ont porté sur le développement d’IA pour la détection de neige sur les images issues de webcams, et l’estimation des quantités de pluie à partir d’images satellites. Enfin, des travaux sont en cours pour utiliser les grands modèles de langage (à l’origine des applications comme ChatGPT) comme support d’aide à la rédaction des bulletins météo.

Dans tous les cas il ne s’agit pas de remplacer l’humain, dont l’expertise reste essentielle dans le processus de décision, mais de développer des IA facilitatrices, qui permettront de concentrer l’expertise humaine sur des tâches à plus forte valeur ajoutée.

En poursuivant les efforts déjà engagés, l’IA contribuera à répondre aux défis climatiques et à renforcer les services de proximité avec une réactivité et une précision accrues. Faire de l’IA un outil central pour la prévision du temps nécessite néanmoins une vigilance particulière sur plusieurs aspects, en particulier la disponibilité et le partage de données de qualité, la maîtrise de l’impact environnemental des IA développées en privilégiant des approches frugales, et le passage de preuves de concept à leur industrialisation.


Cet article est publié dans le cadre de la Fête de la science (qui a lieu du 3 au 13 octobre 2025), dont The Conversation France est partenaire. Cette nouvelle édition porte sur la thématique « Intelligence(s) ». Retrouvez tous les événements de votre région sur le site Fetedelascience.fr.

The Conversation

Laure Raynaud a reçu des financements de l’Agence Nationale de la Recherche (ANR), l’Union Européenne.

ref. L’intelligence artificielle peut-elle améliorer la prévision météorologique ? – https://theconversation.com/lintelligence-artificielle-peut-elle-ameliorer-la-prevision-meteorologique-269457

La privatisation du service public, un non-sens économique et une menace pour notre démocratie

Source: The Conversation – in French – By Nathalie Sonnac, Professeure en sciences de l’information et de la communication, Université Paris-Panthéon-Assas

Les campagnes de dénigrement de l’audiovisuel public, portées par des médias privés, ont récemment pris une ampleur inédite. Le Rassemblement national ne cache pas son intention de le privatiser s’il arrive au pouvoir. Quelles seraient les conséquences de ce choix aux plans économique et politique ?


Nous assistons depuis plusieurs années à une crise des régimes démocratiques, qui se traduit par la montée de dirigeants populistes et/ou autoritaires au pouvoir et à une défiance massive des populations envers les institutions, journalistes et médias. En l’espace d’une génération, les réseaux sociaux les ont supplantés comme les principales sources d’information : 23 % des 18-25 ans dans le monde (Reuters Institute, 2024) s’informent sur TikTok, 62 % des Américains s’informent sur les réseaux sociaux, tandis que seul 1 % des Français de moins de 25 ans achètent un titre de presse.

Pour autant, dans ce nouveau paysage médiatique, la télévision continue d’occuper une place centrale dans la vie des Français, qu’il s’agisse du divertissement, de la culture ou de la compréhension du monde. Elle demeure le mode privilégié d’accès à l’information : 36 millions de téléspectateurs lors d’une allocution du président Macron pendant la crise sanitaire ; près de 60 millions de Français (vingt heures en moyenne par personne) ont suivi les JO de Paris sur France Télévisions. Le groupe public – qui réunit 28 % de part d’audience en 2024 – est la première source d’information chez les Français, il bénéficie d’un niveau de confiance supérieur à celui accordé aux chaînes privées.

L’impossible équation économique d’une privatisation de l’audiovisuel public

Pourtant, tel un marronnier, l’audiovisuel public est régulièrement attaqué par des politiques prônant sa privatisation, voire sa suppression, parfois au nom d’économies pour le contribuable ; d’autres fois, par idéologie. La « vraie-fausse » vidéo des journalistes Thomas Legrand et Patrick Cohen, diffusée en boucle sur la chaîne CNews, donne l’occasion à certains de remettre une pièce dans la machine.

Concrètement, privatiser l’audiovisuel public signifierait vendre les chaînes France 2, France 3 ou France 5 à des acheteurs privés, comme le groupe TF1, propriétaire des chaînes gratuites, telles que TF1, LCI et TFX ; le groupe Bertelsmann, propriétaire des chaînes gratuites M6, W9 ou 6Ter… ou encore le groupe CMA-CGM, propriétaire de BFM TV.

Sur le plan économique, cela relève aujourd’hui du mirage. Même les chaînes privées, pourtant adossées à de grands groupes, peinent à équilibrer leurs comptes. Dans un environnement aussi fortement compétitif, sur l’audience et les revenus publicitaires – les chaînes, les plateformes numériques, comme YouTube, et les services de vidéo à la demande (SVOD), comme Netflix ou Disney+ (qui ont ouvert leur modèle à la publicité), se livrent une concurrence acharnée. Comment imaginer qu’un nouvel entrant aussi puissant qu’une chaîne du service public soit viable économiquement ? Cela revient à ignorer la situation du marché de la publicité télévisée, qui n’est plus capable d’absorber une chaîne de plus.

Ce marché a reculé de 9 % entre 2014 et 2024. Et la télévision ne pèse plus que 20 % du marché total contre 26 % en 2019, quand le numérique capte désormais 57 % des recettes et pourrait atteindre 65 % en 2030. La fuite des annonceurs vers les plateformes en ligne fragilise toutes les chaînes gratuites de la TNT, dont le financement repose quasi exclusivement sur la publicité.

Le service public, pivot économique de l’écosystème audiovisuel

Une chaîne de télévision, ce sont d’abord des programmes : documentaires, films, séries, jeux, divertissements et informations. Or, malgré l’arrivée de nouveaux acteurs, comme les services de vidéo à la demande, qui investissent à hauteur d’un quart des obligations versées au secteur, la production audiovisuelle reste largement dépendante des chaînes de télévision. Ce secteur pèse lourd : plus de 5 500 entreprises, 125 000 emplois et un chiffre d’affaires d’environ 3 milliards d’euros.

Le paysage audiovisuel français reste dominé par trois groupes : TF1, M6 et France TV concentrent plus de 90 % du chiffre d’affaires des chaînes gratuites et assurent 75 % de la contribution totale de la production. Parmi eux, le groupe public France TV est le premier partenaire de la production audiovisuelle et cinématographique nationale : il investit chaque année 600 millions d’euros en achat de programmes audiovisuels et cinématographiques et irrigue ainsi toute l’industrie culturelle.

Le secteur de la production audiovisuelle, malgré l’arrivée des acteurs de la SVOD et leur demande croissante de programmes de création originale française (films, animation, documentaires), demeure largement dépendant des commandes des chaînes de télévision : la diminution du nombre de chaînes, notamment publiques, conduirait à fragiliser l’ensemble de la filière audiovisuelle et culturelle.

Une étude d’impact, réalisée en 2021, établit que le groupe France Télévisions génère 4,4 milliards d’euros de contribution au produit intérieur brut (PIB) pour 2,3 milliards d’euros de contributions publiques, 62 000 équivalents temps plein (pour un emploi direct, cinq emplois supplémentaires sont soutenus dans l’économie française), dont 40 % en région et en outre-mer » et pour chaque euro de contribution à l’audiovisuel public (CAP) versé, 2,30 € de production additionnelle sont générés. Loin d’être une charge, le service public audiovisuel est donc un levier économique majeur, créateur d’emplois, de richesse et de cohésion territoriale.

Le service public : un choix européen

Au-delà des chiffres, l’audiovisuel public constitue un choix démocratique. Les missions de services publics sont au cœur des missions de l’Europe, déjà présentes dans la directive Télévision sans frontière, à la fin des années 1980. Aujourd’hui, c’est la directive de services de médias audiovisuels qui souligne l’importance de la coexistence de fournisseurs publics et privés, allant jusqu’à formuler qu’elle caractérise le marché européen des médias audiovisuels.

Le Parlement européen l’a rappelé en réaffirmant l’importance d’un système mixte associant médias publics et privés, seul modèle capable de garantir à la fois la diversité et l’indépendance. Il ajoute en 2024 dans le règlement sur la liberté des médias l’indispensable « protection des sources journalistiques, de la confidentialité et de l’indépendance des fournisseurs de médias de service public ».

L’étude publiée par l’Observatoire européen de l’audiovisuel en 2022, malgré la diversité des médias publics européens, tous s’accordent autour de valeurs communes : l’indépendance face aux ingérences politiques, l’universalité pour toucher tous les publics, le professionnalisme dans le traitement de l’information, la diversité des points de vue, la responsabilité éditoriale.

Un rôle démocratique indispensable

En France, un suivi très concret et précis du fonctionnement des services publics est assuré par l’Autorité de régulation de la communication audiovisuelle et numérique (Arcom). Ces principes sont encadrés par des contrats d’objectifs et de moyens (COM) qui garantissent leur mission démocratique, leur transparence et font l’objet d’un suivi rigoureux par l’autorité de régulation. Plus de 70 articles déterminent les caractéristiques de chaque service public édité, qui vont de la nécessité de faire vivre le débat démocratique à la promotion de la langue française ou l’éducation aux médias et à l’information, en passant par la communication gouvernementale en temps de crise ou encore la lutte contre le dopage. Un cahier des charges est adossé à des missions d’intérêt général, il garantit le pluralisme, la qualité de l’information et l’indépendance éditoriale.

L’information est une de ses composantes essentielles de sa mission d’intérêt général. Elle représente 62,6 % de l’offre globale d’information de la TNT (hors chaînes d’information) en 2024 : JT, émissions spéciales au moment d’élections, magazines de débats politiques et d’investigations. Ces derniers apparaissent comme des éléments distinctifs de l’offre.

Une consultation citoyenne de 127 109 personnes, menée par Ipsos en 2019 pour France Télévisions et Radio France, faisait apparaître que « la qualité de l’information et sa fiabilité » ressortaient comme la première des attentes (68 %), devant « un large éventail de programmes culturels » (43 %) et « le soutien à la création française » (38 %). Dans un climat généralisé de défiance à l’égard des institutions, l’audiovisuel public demeure une référence pour les téléspectateurs.

Il est temps de siffler la fin de la récréation

Le cocktail est explosif : concurrence féroce entre chaînes d’info, fuite des annonceurs vers les plateformes numériques, déficit chronique des chaînes privées. En pleine guerre informationnelle, sans réinvestissement massif dans le service public et sans réflexion sur le financement de la TNT, le risque est clair : l’affaiblissement des piliers démocratiques de notre espace public.

En France, ce rôle doit être pleinement assumé. L’État, à travers l’Arcom, est le garant de la liberté de communication, de l’indépendance et du pluralisme. Il va de sa responsabilité d’assurer la pérennité du financement du service public et de protéger son rôle contre les dérives des logiques commerciales et idéologiques.

The Conversation

Nathalie Sonnac est membre du Carism et du Laboratoire de la République.

ref. La privatisation du service public, un non-sens économique et une menace pour notre démocratie – https://theconversation.com/la-privatisation-du-service-public-un-non-sens-economique-et-une-menace-pour-notre-democratie-266692

Infrastructures côtières menacées : comment mieux évaluer les risques climatiques pour mieux les anticiper ?

Source: The Conversation – in French – By Anthony Schrapffer, PhD, EDHEC Climate Institute Scientific Director, EDHEC Business School

Élévation du niveau de la mer, intensification des tempêtes… La concentration d’infrastructures sur le littoral les place en première ligne face au changement climatique. Les risques sont nombreux : paralysie des transports, coupures d’électricité, ruptures d’approvisionnement. De quoi inviter à mieux mesurer ces vulnérabilités pour mieux anticiper et prévenir les impacts. Ce travail est aujourd’hui compliqué par des données souvent partielles, des méthodes trop diverses et l’absence d’un cadre commun pour bien appréhender le risque.


La fin du mois d’octobre 2025 a été marquée par le passage dévastateur, dans les Caraïbes, de l’ouragan Melissa. Le changement climatique a rendu ce type d’événement quatre fois plus probable, selon une étude du Grantham Institute de l’Imperial College London. En plus de la soixantaine de morts déplorés à ce stade, le coût des dégâts engendrés a déjà été estimé à 43 milliards d’euros.

De nombreuses grandes agglomérations, ainsi que des ports, des zones industrielles et des infrastructures critiques, se trouvent en milieu littoral. 40 % de la population mondiale vit à moins de 100 kilomètres des côtes et 11 % dans des zones côtières de faible altitude – à moins de 10 mètres au-dessus du niveau marin. Ce phénomène s’explique en partie par la facilité d’accès aux échanges maritimes ainsi qu’aux ressources naturelles telles que l’eau et la pêche, et au tourisme.

Mais avec l’élévation du niveau de la mer et l’intensification des tempêtes, cette concentration d’infrastructures sur le littoral se retrouve en première ligne face au changement climatique. Transports paralysés, coupures d’électricité, ruptures d’approvisionnement… les risques sont plus divers et amplifiés.

La mesure de ces vulnérabilités s’impose pour anticiper les effets économiques, environnementaux et sociaux et, surtout, prévenir les ruptures. Mais comment prévoir l’impact du changement climatique sur les infrastructures côtières sans adopter un référentiel commun du risque ?

Des catastrophes climatiques de plus en plus coûteuses

Sous l’effet du changement climatique, de la montée du niveau des mers et de l’érosion qui rend les côtes plus fragiles, les tempêtes, cyclones et inondations côtières gagnent en fréquence et en intensité. Les infrastructures littorales sont particulièrement exposées à ces phénomènes extrêmes, avec des bilans humains et économiques toujours plus lourds.

En 2005, l’ouragan Katrina a submergé 80 % de La Nouvelle-Orléans et causé plus de 1 800 morts et 125 milliards de dollars (soit 107,6 milliards d’euros) de dégâts, dévastant des centaines de plates-formes pétrolières et gazières ainsi que plus de 500 pipelines. En 2019, le cyclone Idai a ravagé le Mozambique, entraînant 1 200 victimes, 2 milliards de dollars (1,7 milliard d’euros) de dommages et la paralysie du port de Beira. Deux ans plus tard, des pluies diluviennes en Allemagne, Belgique et Pays-Bas ont inondé villes et campagnes, avec pour conséquences : routes coupées, voies ferrées détruites, réseaux d’eau hors service et les transports ont mis plusieurs semaines à se rétablir.

Au-delà des dommages, ces catastrophes provoquent des interruptions d’activité des services produits par les infrastructures, et laissent moins de temps pour les reconstructions étant donné leur fréquence accrue.

Plus préoccupant encore, il existe des effets en cascade entre secteurs étroitement liés. Une défaillance locale devient le premier domino d’une chaîne de vulnérabilités, et un incident isolé peut tourner à la crise majeure. Une route bloquée par une inondation côtière, une panne d’électricité, sont autant de possibles impacts sur la chaîne d’approvisionnement globale. Faute de mesures adaptées, les dommages engendrés par les inondations côtières pourraient être multipliés par 150 d’ici à 2080.

Il y a donc urgence à mesurer les fragilités des infrastructures côtières de manière comparable, rigoureuse et transparente. L’enjeu étant de mieux anticiper les risques afin de préparer ces territoires économiques vitaux aux impacts futurs du changement climatique.

Vers un langage commun pour mesurer les risques

Estimer les potentiels points de rupture des infrastructures côtières n’est pas évident. Les données sont souvent partielles, les méthodes utilisées dans les études souvent diverses, les critères peuvent être différents et il manque généralement d’un cadre commun. Cela rend la prise de décision plus complexe, ce qui freine les investissements ciblés.

Pour bâtir un référentiel commun, une solution consisterait à mesurer les risques selon leur matérialité financière. Autrement dit, en chiffrant les pertes directes, les coûts de réparation et les interruptions d’activité.

L’agence Scientific Climate Ratings (SCR) applique cette approche à grande échelle, en intégrant les risques climatiques propres à chaque actif. La méthodologie élaborée en lien avec l’EDHEC Climate Institute sert désormais de référence scientifique pour évaluer le niveau d’exposition des infrastructures, mais aussi pour comparer, hiérarchiser et piloter les investissements d’adaptation aux risques climatiques.

Ce nouveau langage commun constitue le socle du système de notations potentielles d’exposition climatique (Climate Exposure Ratings) développé et publié par la SCR. Celle-ci s’appuie sur cette échelle graduée de A à G pour comparer l’exposition des actifs côtiers et terrestres. Une notation de A correspond à un risque minimal en comparaison avec l’univers d’actifs alors que G est donné aux actifs les plus risqués.

Comparaison des notations potentielles d’exposition climatique entre les actifs côtiers et l’ensemble des actifs pris en compte dans l’évaluation de l’agence Scientific Climate Ratings (fourni par l’auteur).
Anthony Schrapffer, Fourni par l’auteur

Les résultats de la SCR montrent ainsi que les actifs côtiers concentrent plus de notations risquées (F, G) et moins de notation à faible risque (A, B). En d’autres termes, leur exposition climatique est structurellement supérieure à celle des autres infrastructures terrestres.

Risque bien évalué, décisions éclairées

Dans le détail, la méthode de quantification du risque physique élaborée par l’EDHEC Climat Institute consiste à croiser la probabilité de survenue d’un aléa avec son intensité attendue. Des fonctions de dommage relient ensuite chaque scénario climatique à la perte potentielle selon le type d’actif et sa localisation. Pour illustrer cela, nous considérons par exemple qu’une crue centennale, autrement dit avec une probabilité d’occurrence de 1 % par an, correspond à une intensité de deux mètres et peut ainsi détruire plus de 50 % de la valeur d’un actif résidentiel en Europe.

Ces indicateurs traduisent la réalité physique en coût économique, ce qui permet d’orienter les politiques publiques et les capitaux privés. Faut-il construire ? Renforcer ? Adapter les infrastructures ? Lesquelles, en priorité ?

L’analyse prend aussi en compte les risques de transition : effets des nouvelles normes, taxation carbone, évolutions technologiques… Un terminal gazier peut ainsi devenir un « actif échoué » si la demande chute ou si la réglementation se durcit. À l’inverse, une stratégie d’adaptation précoce améliore la solidité financière et la valeur de long terme d’une infrastructure exposée aux aléas climatiques.

S’adapter est possible : l’exemple de l’aéroport de Brisbane

La résilience pour une infrastructure représente la capacité à absorber un choc, et à se réorganiser tout en conservant ses fonctions essentielles. En d’autres termes, c’est la capacité pour ces actifs à revenir à un fonctionnement normal à la suite d’un choc.

L’initiative ClimaTech évalue les actions de résilience, de décarbonation et d’adaptation selon leur efficacité à réduire le risque et leur coût. Cette approche permet de limiter le greenwashing : seules les mesures efficaces améliorent significativement la notation d’un actif sur des bases objectives et comparables. Plus on agit, mieux on est noté.

L’aéroport de Brisbane (Australie), situé entre océan et rivière, est particulièrement exposé aux risques climatiques.
Nate Cull/WikiCommons, CC BY-SA

L’aéroport de Brisbane (Australie), situé entre océan et rivière, en est un bon exemple. Des barrières anti-crues et la surélévation des pistes ont réduit à hauteur de 80 % le risque d’inondations pour les crues centennales. L’infrastructure a ainsi gagné deux catégories sur l’échelle de notation SCR : une amélioration mesurable qui accroît son attractivité.

Le cas de Brisbane révèle qu’investir dans la résilience des infrastructures côtières est possible, et même rentable. Ce modèle d’adaptation qui anticipe les dommages liés aux catastrophes climatiques pourrait être généralisé, à condition que les décideurs s’appuient une évaluation des risques fiable, cohérente et lisible comme celle que nous proposons.

Face au changement climatique, les infrastructures côtières sont à un tournant. En première ligne, elles concentrent des enjeux économiques, sociaux et environnementaux majeurs. Leur protection suppose une évaluation rigoureuse, comparable et transparente des risques, intégrant matérialité financière et évolution climatique. Une telle approche permet aux acteurs publics et privés de décider, d’investir et de valoriser les actions concrètes : rendre le risque visible, c’est déjà commencer à agir.

The Conversation

Anthony Schrapffer, PhD ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Infrastructures côtières menacées : comment mieux évaluer les risques climatiques pour mieux les anticiper ? – https://theconversation.com/infrastructures-cotieres-menacees-comment-mieux-evaluer-les-risques-climatiques-pour-mieux-les-anticiper-268859

COP30: Governments must empower forest communities to keep fossil fuels underground

Source: The Conversation – Canada – By Philippe Le Billon, Professor, Geography Department and School of Public Policy & Global Affairs, University of British Columbia

Brazilian President Luiz Inácio Lula da Silva has dubbed COP30 the forest COP. Taking place in Belém, a large urban centre in the Amazon, this choice signals a welcome shift from the capital cities of petro-states to the heart of the world’s most bio-diverse rainforest.

Yet, even as Belém hosts global climate negotiators, the Amazon and its coastline are under renewed pressure. While the spotlight is on protecting trees, new oil concessions are being awarded to keep rigs pumping.

On Nov. 11, dozens of Indigenous protesters forced their way into the COP30 venue demanding an end to industrial development in the Amazon. Indigenous leaders attending COP30 are demanding more say in how forests are managed.

Amid this tension, a new financial initiative has emerged as the potential solution: the Tropical Forest Forever Facility (TFFF). Managed by the World Bank as a multilateral trust fund, it would mobilize US$125 billion from public and private investors to reward forested countries for keeping their forests standing — forever.

The pitch is seductive — save forests, earn profits and mitigate climate change all at once. But the proposal raises two questions that demand scrutiny: Will this scheme actually make a major difference for the climate, and how will it impact communities who live in forests?




Read more:
From the Amazon, Indigenous Peoples offer new compass to navigate climate change


Protecting trees

The first question is easier to tackle. Yes, tropical forests store immense amounts of carbon so protecting them is vital. But this contribution is largely contingent on keeping global temperature below 2 C and is dwarfed by the emissions risked if fossil fuels buried beneath those same forests are extracted and burned.

Out of the 74 countries with TFFF-qualifying forests, 68 countries have fossil fuel deposits within them. In total, according to a study by the NGO Leave It In The Ground, there would be some 317 billion tonnes of potential carbon dioxide emissions from recoverable reserves and more than 4.6 trillion tonnes if all deposits were exploited.

Nearly all of it is concentrated in just three countries: China, India and Indonesia. To be truly effective, forest protection must come with a firm commitment: no fossil fuel extraction underneath.

To be equitable, a similar scheme must cover non-TFFF countries, and in particular those with boreal forests covering major fossil fuel deposits, namely in Canada and Russia.

That means prioritizing forests located above fossil fuel reserves and ensuring they remain completely off-limits to exploitation.

For this to happen, countries must make binding commitments, investors must accept lower-risk but longer-term returns and local communities must hold forest tenure rights that cannot be overridden by state ownership of subsoil resources. It’s a tall order — but without such a framework, the “forever forest” concept risks becoming just another limited climate solution.

The term forever forests evokes the advertising slogan of diamond company De Beers — “A Diamond is forever” — and reveals a similar logic: to turn nature into financial assets. A more fitting concept might be what fisheries economist Rashid Sumaila would call the infinity forest — a forest that, like fish stocks, is renewable when soundly managed as a common good.

Many of the world’s forests are not untouched wildernesses but co-created landscapes, shaped through millennia of Indigenous and local stewardship. The Amazon, for instance, is a complex social biome, nurtured through practices such as controlled burning, seed dispersal and farming.

While not all traditional practices are benign, archaeological and ecological evidence shows that many Indigenous and peasant communities have managed forests sustainably — often more effectively than state-led conservation programs and with major implications for biodiversity protection.

In fact, many studies show that biodiversity conservation is more effective in territories governed by Indigenous peoples than in state-managed protected areas.

A financial trap for forest communities

Beyond its likely ineffectiveness for the climate, the TFFF could also have devastating consequences for forest communities. Under Brazil’s current proposal, countries would receive around US$4 for every hectare of protected forest, with 80 cents trickling down to local communities.

But they would be fined US$400 per hectare for any deforestation. This creates a dangerous dynamic: states will crack down on small-scale forest use by local people while giving free rein to industries — such as oil — that generate far higher returns.

In effect, the scheme risks criminalizing traditional forest practices — from small-scale clearing to hunting or gathering — that have sustained these ecosystems for centuries.

As governments seek to avoid penalties, forest communities could face exclusion, forced resettlement or even violence, echoing a long history of displacement caused by “conservation” projects and carbon offset schemes such as REDD+.

Financializing the forest’s future

This brings us to the Indigenous and forest defenders who disrupted COP30 events on Nov. 11. Their protest highlighted the real danger behind the TFFF: the financialization of Indigenous territories.

The scheme does nothing to prevent oil and gas extraction beneath forest lands. What were once commons could become commodities promising investors lucrative returns.

In short, “forever forests” may deliver forever profits — not so much for the people who protect them as for those who exploit their value. This is, bluntly, a new form of green colonialism — a profitable appropriation of the forest’s future.

If the TFFF goes ahead, it must first grant some degree of self-government to Indigenous forest communities — as Colombia recently did — and explicitly prohibit fossil fuel extraction in protected forests.

Investors should pay a premium for forests covering fossil fuel reserves, and both state and community rights must be rebalanced to make no-go zones truly binding. In this way, “forever forests” can become territories of life — not assets of accumulation.

Ultimately, no financial mechanism will save the world’s forests unless it also saves the people who depend on them, and the carbon that must remain buried beneath.

The path to a livable planet runs not through markets or bonds, but through justice: recognition of forest community stewardship and a global commitment to keep fossil fuels in the ground.

The Conversation

Philippe Le Billon receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

ref. COP30: Governments must empower forest communities to keep fossil fuels underground – https://theconversation.com/cop30-governments-must-empower-forest-communities-to-keep-fossil-fuels-underground-269686

À moins de trois mois des JO d’hiver, quelles attentes environnementales ?

Source: The Conversation – in French – By Alizée Pillod, Doctorante en science politique, Université de Montréal

L’Italie s’apprête à accueillir cet hiver la 25e édition des Jeux olympiques d’hiver, prévus du 6 au 22 février 2026, suivis des Jeux paralympiques, qui se tiendront du 6 au 15 mars.

Après l’effervescence des Jeux de Paris, lesquels avaient placé la durabilité au cœur de leur stratégie de planification, ceux de Milan seront déterminants pour savoir si l’on assiste véritablement à un changement de paradigme au sein du mouvement olympique.

À moins de 100 jours de l’échéance, le comité organisateur des Jeux de Milan-Cortina sera-t-il capable de tenir sa promesse verte ?

Doctorante en science politique à l’Université de Montréal, mes travaux portent à la fois sur la communication climatique et l’élaboration de politiques environnementales, y compris dans le secteur du sport.

Les Jeux d’hiver dans la tourmente climatique

Tout d’abord, il faut souligner que peu de secteurs dépendent autant des conditions météorologiques que celui du sport.

Avec la crise climatique, la pratique sportive, en particulier celle des sports d’hiver, devient de plus en plus difficile. L’annulation de la Coupe du monde de ski alpin au Mont Tremblant l’an dernier, faute de neige, en est un exemple frappant.

Selon une étude de l’Université Waterloo, d’ici 2050, seuls 10 anciens sites olympiques demeureront viables pour accueillir de futurs Jeux d’hiver. À l’horizon 2080, ce nombre pourrait chuter à seulement 6.

Parallèlement, l’organisation de mégaévènements sportifs tels que les Jeux, engendre une empreinte carbone et environnementale considérable.

Bien que généralement plus modestes que celles estivales, les éditions hivernales des Jeux ont fait l’objet de nombreuses controverses écologiques, en lien notamment avec la destruction de réserves naturelles jusque-là préservées.

La plus récente, Pékin 2022, a conduit à l’abattage de plus de 20,000 arbres ancestraux pour permettre l’expansion du domaine skiable et la construction d’infrastructures en tout genre, telles que des routes d’accès, des stationnements ou encore des sites d’hébergement.

Le sport de haut niveau se trouve ainsi pris dans une relation à la fois de dépendance et de contribution au réchauffement climatique.

Les Agendas 20 et 20+5 comme nouveaux standards

Conscient de ces défis, le Comité international olympique (CIO) a adopté ces dernières années plusieurs politiques visant à réduire l’empreinte des Jeux, comme l’Agenda 20, dont les objectifs stratégiques ont été réitérés en 2021 avec l’Agenda 20+5.

Après Paris 2024, les Jeux de Milan-Cortina seront les premiers Jeux d’hiver à devoir respecter ces exigences.

Parmi les intentions formulées figurent la volonté de promouvoir des Jeux durables et de faire de ceux-ci un tremplin pour l’atteinte des objectifs du développement durable de l’ONU.

Pour cela, le CIO demande désormais aux villes hôtes de réduire leurs émissions de CO₂ et met de l’avant la notion d’héritage, en encourageant la réutilisation de sites déjà existants et la reconversion de ceux-ci une fois l’évènement terminé.

Milan-Cortina sur la piste verte

Heureusement pour nous, il semble que le comité organisateur italien ait décidé de faire de la lutte contre le réchauffement climatique un élément central de son plan stratégique. Dès le départ, celui-ci a mis en place un processus rigoureux d’évaluation de ses émissions de gaz à effet de serre.

Dans son deuxième rapport sur sa stratégie de durabilité, publié en septembre 2025, le comité a également présenté plusieurs mesures visant à réduire davantage l’empreinte carbone de l’événement.

Parmi les initiatives phares, le comité s’est notamment engagé à utiliser une alimentation énergétique 100 % renouvelable et à limiter le gaspillage alimentaire en redistribuant l’intégralité des surplus à des organismes caritatifs locaux. Dans une volonté d’encourager l’économie circulaire, plus de 20 000 équipements issus des Jeux de Paris ont aussi été rachetés.

Du côté des infrastructures, à l’instar de ce qui avait été fait à Paris, l’accent est à nouveau mis sur la réutilisation des installations existantes et sur le recours à des structures temporaires qui seront démantelées après les Jeux. Au total, près de 90 % des sites entreront dans cette catégorie.

Les quelques nouvelles constructions permanentes deviendront des centres d’entraînement pour la future élite sportive italienne, ou bien seront transformées pour d’autres usages. Tout comme celui de Paris, le nouveau village olympique à Milan deviendra, par exemple, une résidence universitaire.

Le plan comprend également des mesures d’adaptation. Avec le réchauffement climatique, l’enneigement naturel se fait de plus en plus rare et le recours à la neige artificielle devient la nouvelle norme pour continuer d’offrir aux athlètes des conditions de performances optimales. Dans ce contexte, le comité organisateur a décidé de moderniser ses systèmes de production de neige artificielle afin de pouvoir répondre plus efficacement aux besoins en cas de températures anormalement élevées cet hiver.


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Un plan italien ambitieux, non pas sans défauts

Si le plan semble rassurant sur papier, sa mise en œuvre comporte néanmoins son lot de défis.

Au-delà des retards chroniques dans l’avancement des travaux et des dépassements budgétaires colossaux (avec des dépenses multipliées au moins par deux par rapport au budget initial), la construction de nouvelles infrastructures en montagne a nécessairement une empreinte environnementale élevée.

Rappelons que les Jeux de Milan-Cortina se dérouleront sur des sites répartis dans quatre zones du nord de l’Italie : Milan, Cortina, la Valtellina et le Val di Fiemme. Ensemble, ces sites couvrent un territoire de plus de 20 000 kilomètres carrés, ce qui en fera les Jeux les plus dispersés de l’histoire. Ainsi, il n’y aura pas un mais plutôt six sites de villégiature pour les athlètes (oui, vous avez bien lu !).

Cela explique sans doute pourquoi la majeure partie du budget est allouée au développement des transports publics, notamment du réseau ferroviaire, afin de faciliter les déplacements entre les différents sites. Les infrastructures sportives, quant à elles, représentent moins du quart du budget total.

De plus, certaines constructions ont fait polémiques. La toute nouvelle piste de bobsleigh à Cortina a, par exemple, été fortement critiquée, du fait qu’elle a entraîné l’abattage de plusieurs centaines d’arbres. Même si l’on reste loin des chiffres observés à Pékin, il n’en demeure pas moins que l’organisation des Jeux perturbe la biodiversité locale.

En ce qui concerne les installations temporaires, le comité s’est engagé à restaurer les écosystèmes et, plus largement, à compenser l’ensemble des émissions résiduelles, notamment par l’achat de crédits carbone. Les plus pessimistes diront cependant que ce qui a été détruit ne pourra jamais être entièrement restauré, et qu’aucune compensation financière ou écologique ne saurait réellement en effacer l’impact.

En termes d’adaptation, notons que la production de neige artificielle, même si optimisée, nécessite beaucoup d’eau et d’énergie, en plus de dégrader la qualité des sols. Ainsi, cette solution, censée pallier les effets du réchauffement, finit paradoxalement par y contribuer. D’où l’importance de mieux penser les solutions d’adaptation.

Enfin, les habitants redoutent un effet d’embourgeoisement. À Milan, l’édification du village olympique a entraîné l’expulsion de résidents, et les loyers prévus une fois le site reconverti en résidence universitaire sont jugés trop élevés. Ainsi, dans une perspective de justice sociale, on peut se demander à qui profiteront réellement les nouvelles installations à plus long terme.

Peut-on parler d’un vrai tournant ?

Dans l’ensemble, la stratégie de Milan-Cortina montre une réelle évolution dans la façon de penser la durabilité des Jeux d’hiver. Les organisateurs ont appris des éditions précédentes et proposent désormais des approches d’autant plus innovantes.

Bien que les émissions de gaz à effet de serre anticipées soient moins élevées qu’à Pékin ou à Pyeongchang, celles de Milan-Cortina demeurent estimées à près d’un million de tonnes de CO₂ équivalent. Dans ce contexte, il reste à espérer que le comité parvienne véritablement à mettre en œuvre l’ensemble des mesures prévues afin d’en compenser la plus grande part possible.

Par ailleurs, la prochaine édition des Jeux d’hiver aura lieu, elle aussi, dans les Alpes, mais cette fois en territoire français. Le tout nouveau comité organisateur des Jeux de 2030 suit sans doute avec attention les choix faits du côté italien, conscient des défis climatiques croissants qui l’attendent.

D’ici là, on peut compter sur les athlètes et para-athlètes, lesquels sont déjà à pied d’œuvre au moment où j’écris ces lignes, pour nous éblouir encore, ne serait-ce le temps d’un instant.

La Conversation Canada

Alizée Pillod est affiliée au Centre d’Études et de Recherches Internationales de l’UdeM (CERIUM), au Centre de recherche sur les Politiques et le Développement Social (CPDS) et au Centre pour l’Étude de la Citoyenneté Démocratique (CECD). Ses recherches sont subventionnées par les Fonds de Recherche du Québec (FRQ). Alizée a aussi obtenu la Bourse départementale de recrutement en politiques publiques (2021), la Bourse d’excellence en études environnementales Rosdev (2023), ainsi que la Bourse d’excellence en politiques publiques de la Maison des Affaires Publiques et Internationales (2025). Elle a collaboré par le passé avec le consortium Ouranos, le ministère de l’Environnement du Québec et l’INSPQ.

ref. À moins de trois mois des JO d’hiver, quelles attentes environnementales ? – https://theconversation.com/a-moins-de-trois-mois-des-jo-dhiver-quelles-attentes-environnementales-268141