¿En qué se diferencia la posverdad de la propaganda tradicional? El filósofo Alexandre Kojève lo explica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Javier Pedrazuela Idoeta, Profesor de Filosofía Política y de Economía Política, Universidad Camilo José Cela

Uno de los mítines de agradecimiento de Donald Trump a finales de 2016 después de haber ganado las elecciones estadounidenses, uno de los eventos del año que más llevaron a usar el término ‘posverdad’. Mark Reinstein/Shutterstock

La RAE define “posverdad” como la distorsión intencional de la realidad para influir en la opinión pública, manipulando creencias y emociones. Elegida “palabra del año” en 2016 por el Diccionario de Oxford, se hace difícil distinguirla de la propaganda tradicional.

Tal vez el uso de “verdad” en “posverdad” le dé un aire de autenticidad, haciendo que las distorsiones parezcan más creíbles. Quizás en 2016 la posverdad se independizó de la propaganda y empezó a presentarse como una verdad propia, con muchas narrativas compitiendo entre sí y debilitando cualquier consenso compartido sobre lo real. Esto parece definir nuestro siglo, donde los hechos históricos cuentan poco y mucho los relatos que se los apropian.

En el siglo XX, el filósofo Alexandre Kojève dijo algo parecido: que la historia había terminado y solo quedaban relatos que aparentaban ser nuevos, pero repetían un discurso final. También propuso una teoría de la propaganda en la que esta aparece primero como crítica del viejo orden y luego como la “verdad” de la nueva sociedad después del terror revolucionario, una sociedad global en la medida en que su imperio cubriría todo el mundo.

Propaganda y agenda imperial

Es útil comenzar por el final. En 1968, Kojève escribió un ensayo titulado El emperador Juliano y su arte de la escritura. En él presenta la escritura del emperador Juliano como un “arte del camuflaje”. Según esto, Juliano escribe en dos niveles: uno serio, destinado a los “iniciados” en los objetivos de la agenda política imperial –la defensa de la continuidad del Estado romano, amenazada por la expansión del cristianismo– y otro propagandístico, dirigido a que la “gran masa” acepte sin resistencia dicha agenda.

La teología sería, para el filósofo, el arte de construir relatos falsos de forma que a esta gran masa le parezcan creíbles. Para ello, dichos relatos deben basarse en el “testimonio de las ciudades”, es decir, en los mitos a través de los cuales la gente interpreta y reconoce su día a día. Que las personas se plieguen a cambiar este según los dictados revolucionarios del emperador demostraría que este es un buen teólogo.

Juliano invierte la teología tradicional. Para Kojève, esta inversión rechaza la idea de un “más allá” divino y eleva el deseo de reconocimiento a fuerza motriz del mundo. Juliano supo ver que al deseo humano lo mueve sobre todo la vanidad. Lo que al emperador se le escapó fue que, para ser realmente operativo, este esquema ateo precisa del individualismo e igualitarismo cristianos.

Kojève alude, así, al origen cristiano del “sistema moderno de propaganda”, e introduce a San Pablo como creador de un activismo basado en la fe, capaz de suplir las carencias emocionales del universalismo racional griego –que afirmaba la existencia de una verdad universal, objetiva y eterna, común para todos los seres vivos–, deudor de una visión pagana del mundo sin recorrido histórico.

Revolución y simulacro

En Juliano, propaganda y acción política buscan “restaurar el paganismo en el Imperio romano” como vía hacia un ateísmo en el que los individuos se vean reconocidos. Pero Juliano fracasa por ser el suyo un ateísmo sin el filtro cristiano.

Su fracaso no es el único.

Retrato de Alexandre Kojève de joven.
Retrato de Alexandre Kojève de joven.
Wikimedia Commons

Kojève entiende que la propaganda ilustrada –libelos, panfletos, enciclopedias– actuó como una pseudoacción: no transformaba directamente la realidad, pero preparaba el terreno ideológico para la revolución. Para que tuviera eficacia real, debía completarse con el Terror, que abolió las viejas estructuras y creencias.

Sin embargo, muchos ilustrados no asumieron esa violencia fundacional como parte de su proyecto racionalista, escamoteando así la experiencia que habría permitido la instauración del Estado posrevolucionario. A ojos de Kojève, este Estado realiza en el mundo la noción de individuo que el cristianismo proyectaba en el más allá.

Desde el extremo opuesto, los revolucionarios profesionales –como los trotskistas– también obstaculizan esa realización al negarse a clausurar la revolución. Mientras los ilustrados renuncian al terror, ellos siguen dirigiéndose contra unos supuestos enemigos de clase. Y lo hacen aun cuando el conflicto ya ha sido resuelto mediante la nivelación impuesta por la violencia revolucionaria. En el Estado posrevolucionario, donde todos se reconocen como iguales, la propaganda deja de ser un instrumento de lucha para convertirse en una herramienta de perfeccionamiento del orden instaurado. Pero al mantener una lógica de confrontación, los revolucionarios perpetúan una falsa tensión entre discurso y realidad que ya no se sostiene.

Kojève plasma la superación de esta tensión en su concepto de “simulacro de idea revolucionaria”: un relato cuyo eventual contenido contrarrevolucionario no compromete la autoridad revolucionaria de la élite dirigente.

Con esta forma de posverdad, Stalin pudo justificar tanto sus virajes políticos como las purgas de revolucionarios profesionales, ya obsoletos en un Estado sin clases. Los giros del régimen –del pacto con Hitler a la guerra, de la colectivización a la Nueva Política Económica (NEP), de las hambrunas a las campañas agrícolas triunfalistas– muestran cómo la doctrina revolucionaria se vacía de contenido y queda subordinada a la estabilidad del Estado. El caso de Lysenko, cuyas teorías pseudocientíficas fueron impuestas como verdad oficial y agravaron las hambrunas, ilustra que, en el Estado posrevolucionario, la propaganda ya no disfraza la verdad, la sustituye.

El estudio de estos tres momentos clave de Kojève como propagandista –contra-teología, propaganda como verdad posrevolucionaria y simulacro revolucionario– quizá ayude a entender por qué la palabra “posverdad” fue designada “palabra del año” en su momento y por qué costará despojarla de semejante corona en el mundo globalizado de hoy, hecho de relatos que se presentan como verdades y de sujetos que fían a ellos sus identidades.

The Conversation

Luis Javier Pedrazuela Idoeta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿En qué se diferencia la posverdad de la propaganda tradicional? El filósofo Alexandre Kojève lo explica – https://theconversation.com/en-que-se-diferencia-la-posverdad-de-la-propaganda-tradicional-el-filosofo-alexandre-kojeve-lo-explica-253159

¿Tienen derechos las futuras generaciones? Los Estados comienzan a legislar para quienes aún no existen

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jose Manuel Olivar Julián, Profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, Universidad Pública de Navarra

Algunas constituciones ya reconocen derechos relacionados con el medioambiente a las futuras generaciones. AU USAnakul/Shutterstock

Las futuras generaciones heredarán este planeta. Aunque en ocasiones se incluya a los niños en esta definición, lo más adecuado sería referirse solamente a personas que aún no han nacido y de las que no conocemos ni sus nombres ni su apariencia ni sus deseos, pero que vendrán dentro de diez, cien o quizá mil años.

Nos planteamos si las futuras generaciones tienen derechos. La realidad es que casi la mitad de las constituciones de los Estados las mencionan y las vinculan a valores como la libertad, la justicia, la paz, la prosperidad, la democracia o la igualdad. En algunos países como Alemania, Noruega o Brasil incluso se les reconocen derechos en el ámbito del medioambiente.

Hungría, además de derechos relacionados con el medioambiente, reconoce a las futuras generaciones derechos culturales y creó una figura especializada para la defensa de sus derechos: el Comisionado Parlamentario para las Generaciones Futuras. Es de vital importancia, ya que estas no solo no se pueden defenderse por sí mismas, sino que no podemos ni siquiera conocer su voluntad. Debemos interpretarla desde nuestro deseo de legarles un mundo en el que puedan vivir con las mejores condiciones posibles. Algún día formarán parte de la humanidad como nos ocurrió a nosotros.

En el ámbito internacional existen varios tratados que hacen referencia a las futuras generaciones. La primera línea del preámbulo de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, el tratado más importante del derecho internacional actual, reconoce: “Nosotros los pueblos de las naciones unidas resueltos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra…”. Tras esta frase, establece el actual diseño de la sociedad internacional de nuestros días.

¿Solo tienes derechos medioambientales?

Mas de 30 tratados que se firmaron tras la Carta hacen referencia a las futuras generaciones. Los derechos que a día de hoy se les reconocen son principalmente los relacionados con los aspectos medioambientales que se han desarrollado desde la Conferencia de Estocolmo en 1972 hasta nuestros días y que pasan por multitud de acuerdos, muchos de ellos potenciados por las diferentes cumbres de la Tierra que han tenido lugar. También se les reconocen algunos derechos culturales, pero aún queda por elaborar un catálogo completo de derechos y que este compendio sea admitido por todos los Estados.

El papel de liderazgo de la ONU respecto al reconocimiento de los derechos de las futuras generaciones se ha acelerado en los últimos años, y no solo por la aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2015, que ya tenía su base en acuerdos anteriores, sino por toda una serie de iniciativas, entre las que destaca la Cumbre del Futuro celebrada en septiembre de 2024 en Nueva York.

Entonces, se acordó por consenso una declaración sobre las generaciones futuras sin valor obligatorio. Dicha declaración incluye unos principios que servirán a los Estados e instituciones internacionales a esforzarse para que las futuras generaciones hereden un mundo en paz, con respeto a los derechos humanos y en el que las personas puedan prosperar.

Hay países, especialmente en África, donde lo que se transmite entre generaciones no es la riqueza ni la prosperidad, sino la pobreza, el hambre, la desigualdad y la injusticia, y debemos tratar de evitar que esta sea la herencia. Ciertamente, tenemos que esforzarnos en entregar a las siguientes generaciones un medioambiente limpio, sano y sostenible, pero también, como la declaración señala, un planeta en el que haya igualdad de género, ausencia de racismo y en el que puedan desarrollarse con plenitud las personas con alguna discapacidad.

Un punto fundamental para la ONU

Para cumplir con estas propuestas se hizo un llamamiento a la sociedad civil, al mundo académico y a las empresas. La propia ONU se comprometió, por su parte, a nombrar a un Enviado Especial para las Generaciones Futuras y volver a tratar este tema, esta vez de manera específica, al más alto nivel en la Asamblea de la organización.

Esperemos que esa fuera una verdadera señal de salida para que los derechos de las futuras generaciones ganen en protagonismo y se conviertan un tema central en las agendas políticas nacionales e internacionales. Ojalá que en los próximos años un tratado internacional recoja un completo catálogo de derechos de las futuras generaciones y los haga obligatorios para los Estados firmantes.

The Conversation

Jose Manuel Olivar Julián no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Tienen derechos las futuras generaciones? Los Estados comienzan a legislar para quienes aún no existen – https://theconversation.com/tienen-derechos-las-futuras-generaciones-los-estados-comienzan-a-legislar-para-quienes-aun-no-existen-239790

Un rayo de esperanza para tratar las devastadoras enfermedades mitocondriales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lluís Montoliu, Investigador científico del CSIC, Centro Nacional de Biotecnología (CNB – CSIC)

Recreación 3D de mitocondrias. Kateryna Kon/Shutterstock

Existen enfermedades graves, muy graves, terribles y luego están las mitocondriales. En este tipo de dolencia de origen genético son las mitocondrias las que resultan afectadas. Así llamamos a los orgánulos de nuestras células que se encargan de producir la energía necesaria para sobrevivir.

Por eso, si fallan las mitocondrias, las consecuencias son catastróficas. Resultan afectadas todas las células del cuerpo, los músculos, las neuronas, el corazón, los órganos internos, el sistema inmunitario, la vista, el oído, el cerebro… todo se detiene o queda alterado y es muy difícil sobrevivir.

Las enfermedades mitocondriales son raras y heterogéneas, y su severidad depende del porcentaje de mitocondrias que estén afectadas, dado que en una persona pueden coincidir mitocondrias sanas y dañadas. Suelen presentarse en la infancia y, en los casos más graves, tienen consecuencias fatales. No hay cura, aunque algunos tratamientos pueden ayudar a retrasar los síntomas.

Asociación de bacterias

Habitualmente, heredamos las mitocondrias por vía materna, dado que las que tiene el embrión de una célula derivan esencialmente del óvulo. Gracias a la microbióloga Lynn Margulis sabemos que, hace miles de millones de años, las mitocondrias eran bacterias que se asociaron con otras bacterias para constituir las primeras células eucariotas, las células con un núcleo que tenemos los hongos, las plantas y los animales, por ejemplo.

Margulis propuso la teoría endosimbiótica del origen de las células eucarióticas, por la cual diferentes bacterias se organizaron y aprendieron a vivir conjuntamente, en simbiosis. Una de ellas dio lugar al orgánulo subcelular que hoy conocemos como la mitocondria, y otras dieron lugar al núcleo de la célula o al cloroplasto, en las células de las plantas.

Debido a su origen bacteriano, las mitocondrias tienen un genoma propio, muy simplificado tras miles de millones de años de evolución, dado que la mayoría de los genes que necesita para funcionar se han acabado trasladando al núcleo de la célula. Sin embargo, todavía retiene 16 569 pares de letras en una molécula de ADN circular (como tienen todavía todas las bacterias). Su función es codificar información genética (tan solo de 37 genes) para producir proteínas y ARN esenciales que necesita la mitocondria para seguir generando energía.

Mutación fatal

Naturalmente, una mutación en cualquiera de estos genes mitocondriales tiene consecuencias devastadoras para la vida de la persona que herede esa alteración genética. Por eso, las enfermedades congénitas de origen mitocondrial, muy poco frecuentes, son tan graves y pueden resultar mortales. Sus complejas manifestaciones patológicas acaban afectando a prácticamente todos los órganos y las partes del cuerpo.

Las casi todopoderosas CRISPR, descritas inicialmente por Francis Mojica como un sistema de defensa que usan las bacterias para combatir los virus que las acechan, y convertidas por Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna en verdaderas herramientas de edición genética, no pueden entrar dentro de las mitocondrias. Principalmente, porque las herramientas CRISPR necesitan una molécula de ARN guía que dirija la nucleasa Cas9 al gen concreto que se quiere editar, y es difícil introducir ADN o ARN en las mitocondrias. De ahí que las herramientas CRISPR no puedan usarse para editar el ADN mitocondrial.

La alternativa TALE

David R. Liu, investigador del instituto BROAD en Boston, sabía de las limitaciones de las CRISPR en mitocondrias y por eso se le ocurrió una solución, acudiendo al sistema de edición genética anterior: las proteínas TALE, derivadas también de bacterias que infectan a plantas.

El sistema TALE no necesita ARN para identificar el gen a editar, como hacen las CRISPR. Usa una parte variable de estas proteínas para aparearse con secuencias específicas de ADN.

La N de las TALEN es la nucleasa del sistema, la que corta el ADN. Pero si solamente se usa la parte TALE (sin la nucleasa), sirve para identificar una secuencia de ADN mitocondrial. Entonces solo hay que añadirle un módulo de deaminasa (como, por ejemplo, la enzima citidina deaminasa) para crear editores de bases del genoma de las mitocondrias, capaces de cambiar químicamente una letra C por una T. Este avance espectacular fue descrito por Liu en 2020.

Dos años después, Liu mejoró estos editores mitocondriales relajando las bases que debían estar en las posiciones anexas a la que debía ser editada, convirtiéndolos en unas herramientas de edición del genoma mitocondrial mucho más versátiles.

Investigación pionera

Ahora, todos estos conocimientos y extraordinarios desarrollos tecnológicos previos han permitido a unos investigadores de Utrecht (Países Bajos) utilizar los editores de bases TALE evolucionados de Liu para corregir, en modelos celulares y organoides, mutaciones patogénicas identificadas en el ADN mitocondrial de pacientes. La exploración terapéutica de estas herramientas supone un rayo de esperanza para tratar enfermedades congénitas de origen mitocondrial.

En este nuevo trabajo, los investigadores combinan el uso innovador de las versiones más evolucionadas de los editores de bases mitocondriales con las nanopartículas lipídicas (las que se desarrollaron para encapsular el ARN mensajero de las vacunas contra la covid-19), que les permiten dirigir los editores a las mitocondrias.

Los científicos también aplicaron métodos de última generación para analizar lo que sucedía en cada célula, dado que cada una puede contener de cientos a miles de mitocondrias. Así puedieron comprobar que la eficiencia de modificación oscilaba entre el 0 % y el 80 %, con diferentes niveles de heteroplasmia (mezcla de mitocondrias intactas y editadas/corregidas).

Ediciones no deseadas

El principal riesgo de la edición genética, en sus diferentes variantes, es acabar editando genes distintos a los planeados. El análisis de ediciones en otras secuencias no deseadas del ADN nuclear y del ADN mitocondrial produjeron resultados no significativos (en el ADN nuclear) o cambios inesperados (en el mitocondrial) cuya relevancia estaba asociada al porcentaje de edición en el gen seleccionado. Las posibles consecuencias de estas mutaciones no deseadas deberán ser investigadas en detalle para poder garantizar la seguridad de futuros tratamientos.

De cualquier manera, este trabajo es ciertamente relevante, pues abre las puertas a tratar las gravísimas enfermedades congénitas mitocondriales, hasta ahora incurables, mediante el uso combinado de diversas tecnologías de última generación.


Este artículo deriva de una reacción del autor publicada inicialmente en Science Media Centre España.


The Conversation

Los contenidos de esta publicación y las opiniones expresadas son exclusivamente las del autor y este documento no debe considerar que representa una posición oficial del CSIC ni compromete al CSIC en ninguna responsabilidad de cualquier tipo.

ref. Un rayo de esperanza para tratar las devastadoras enfermedades mitocondriales – https://theconversation.com/un-rayo-de-esperanza-para-tratar-las-devastadoras-enfermedades-mitocondriales-260836

Castigar con el silencio hace daño: cómo evitar la ‘ley del hielo’ en la crianza

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sylvie Pérez Lima, Psicopedagoga. Psicóloga COPC 29739. Profesora tutora de los Estudios de Psicología y Educación, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

fizkes/Shutterstock

No existe relación humana sin comunicación y, por eso, cuando dos amigos se enfadan decimos que “no se hablan”: que alguien nos retire la palabra es la representación más extrema y tangible de que no nos quiere en su vida. Pero cuando el enfado se produce en el seno familiar, cuando un hijo o una hija hace algo que nos altera, nos molesta o incluso nos enfurece, ¿es buena idea ignorarlo, dejar de comunicarnos con él, y “congelar” nuestra relación, aunque sea por unas horas?

Una cosa es tomarse un respiro en un momento de conflicto: esto puede ser una herramienta útil en la crianza. Una pausa breve, consciente, que permita regular las emociones y retomar el diálogo desde la calma. Pero cuando el silencio se convierte en una forma de castigo, repetida y mantenida en el tiempo, aplicamos lo que se conoce como la “ley del hielo”: una práctica relacional que rompe el vínculo y puede dejar huella en la salud emocional de niños y adolescentes.

Tratamiento de silencio y maltrato emocional

Entre adultos, cuando el silencio se impone de forma sistemática como respuesta a un conflicto, genera desconcierto, inseguridad y dolor.
Pero en la infancia, el impacto puede ser aún mayor. Ignorar deliberadamente a un niño o niña tras un conflicto –dejar de hablarle, de mirarle, de nombrarle– no es una pausa: es una exclusión. No se le ofrece una explicación ni una vía de reparación, bloqueando cualquier posibilidad de reconstrucción y enviando el mensaje: “Ya no existes”.

Por eso, cuando este patrón se repite, hablamos de una forma de maltrato emocional, definido por la negación reiterada del afecto y atención del cuidador, lo que vulnera el derecho del niño a ser escuchado, expresar su opinión y, por tanto, de entender qué ha ocurrido.

De hecho, la exclusión emocional activa las mismas zonas cerebrales asociadas al dolor físico: la corteza cingulada anterior y la ínsula anterior, particularmente sensibles a la exclusión social en la infancia. El rechazo y la ignorancia generan también dolor.

Consecuencias a medio y largo plazo

Los niños expuestos habitualmente a este tipo de castigo aprenden a asociar el afecto con la aprobación condicional y el silencio con la amenaza o el rechazo. Es decir, aprenden que el afecto está condicionado a aquello que hagan o no hagan y que cuando alguien se calla delante de ellos es porque los rechazan o castigan.

El “tratamiento de silencio” familiar se asocia con menor satisfacción relacional en adultos y baja autoestima. Además, se transmite de generación en generación: si nuestros padres lo usaron con nosotros, es probable que a nosotros nos surja esa reacción de manera espontánea cuando nos enfadamos. Esto último nos recuerda como nunca dejamos de ser modelos y ejemplo de lo que los niños serán en el futuro.

Este patrón de crianza que se basa en ignorar al menor cuando no cumple con nuestras expectativas puede generar ya desde la infancia:

  • Baja autoestima y sensación de no ser suficiente.

  • Dificultades para establecer relaciones seguras y confiables.

  • Miedo al conflicto, evitación emocional o respuestas desproporcionadas en crisis.

  • Problemas de comunicación emocional, mostrando incapacidad para expresar o identificar sentimientos.

Un daño que se produce sin pensar

Uno de los aspectos más insidiosos de la “ley del hielo” es que los padres, madres o cuidadores que la aplican no suelen ser conscientes de estos efectos tan devastadores.




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A menudo, no se realiza con intención voluntaria de dañar. Surge de la frustración, el agotamiento o la falta de recursos educativos. Muchos adultos, desbordados por conflictos diarios, optan por el silencio como forma de imponer autoridad sin enfrentarse al diálogo. Pero aunque no haya intención, el daño está ahí.

Alternativas para gestionar el enfado

Distinguir entre una pausa reguladora y un silencio castigador es fundamental. Parar para afrontar de manera más asertiva la resolución del conflicto es saludable. En cambio, si el silencio impide la reparación del vínculo y excluye emocionalmente al niño o niña, no es educativo: es destructivo.




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Educar implica acompañar los conflictos de forma respetuosa y sana. El apoyo emocional continuo y el contacto positivo actúan como amortiguadores frente a los efectos del maltrato emocional. Algunas estrategias eficaces para evitar la sistematización del silencio pueden ser:

  • Nombrar lo que sentimos, poner palabras antes del silencio y limitarlo en el tiempo: “Estoy muy enfadada, necesito unos minutos para calmarme y después hablamos”.

  • Retomar el diálogo siempre, para que el vínculo no sufra. Esto no implica mantener largas conversaciones donde el niño fácilmente puede desconectar. Permitir hablar, ser escuchado y posteriormente poder argumentar desde la protección y el límite sin fisuras.

  • Cuidar el tono relacional: a veces, el acto de ignorar proviene del lenguaje no verbal (mirada, gesto, postura). Se debe tener en cuenta para evitar dolor innecesario y para reforzar el modelo de conducta que queremos ofrecer a los pequeños.

  • Separar conducta de persona: recordar que el menor no es malo o un desastre o torpe; en todo caso será aquello que ha hecho lo que no está bien.

  • Prever y anticipar consecuencias con los menores: avisarles y explicarles qué ocurrirá si se transgrede una norma, los ayuda a autorregularse pero también sirve a los adultos para no tener que improvisar castigos o silencios impulsivos.

  • Distribuir el cuidado y la gestión de las dificultades: otro adulto puede contener cuando el principal está desbordado.

Y en caso necesario, buscar apoyo externo y soporte profesional.

No podemos obviar que cuando el silencio daña, es violencia emocional. Negar la palabra, la mirada o el acompañamiento emocional no es una técnica educativa, es una forma de violencia psicológica que provoca angustia, confusión y vulnera derechos fundamentales. Como adultos, nuestra responsabilidad incluye proteger, acompañar y asegurarnos de que nuestros hijos y alumnos puedan equivocarse sin perder su espacio emocional, ni sentir la pérdida del vínculo sin entender por qué.

The Conversation

Sylvie Pérez Lima no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Castigar con el silencio hace daño: cómo evitar la ‘ley del hielo’ en la crianza – https://theconversation.com/castigar-con-el-silencio-hace-dano-como-evitar-la-ley-del-hielo-en-la-crianza-260427

¿Qué le sucede a nuestro cerebro cuando vemos vídeos a velocidades más rápidas de lo normal?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marcus Pearce, Reader in Cognitive Science, Queen Mary University of London

Pressmaster/Shutterstock

Muchos de nosotros hemos adquirido el hábito de escuchar pódcast, audiolibros y otros contenidos en línea a velocidades de reproducción más altas. Para los jóvenes, incluso podría ser la norma. Por ejemplo, una encuesta realizada a estudiantes de California reveló que el 89 % cambiaba la velocidad de reproducción de las clases online, mientras que en los medios de comunicación han aparecido numerosos artículos sobre cómo se ha generalizado el visionado rápido.

Es fácil pensar en las ventajas de ver las cosas más rápido. Te permite consumir más contenido en el mismo tiempo o repasar el mismo contenido varias veces para sacarle el máximo partido.

Esto podría ser especialmente útil en un contexto educativo, donde podría liberar tiempo para consolidar conocimientos, hacer pruebas prácticas, etc. Ver vídeos rápidamente también es potencialmente una buena forma de asegurarse de mantener la atención y el interés durante todo el tiempo que duran, evitando así que la mente se distraiga.

Pero ¿qué hay de las desventajas? Resulta que también hay más de una.

Cuando una persona se expone a información oral, los investigadores distinguen tres fases de la memoria: codificar la información, almacenarla y, posteriormente, recuperarla. En la fase de codificación, el cerebro necesita cierto tiempo para procesar y comprender el flujo de palabras que recibe. Las palabras deben extraerse y su significado contextual debe recuperarse de la memoria en tiempo real.

Las personas suelen hablar a una velocidad de unas 150 palabras por minuto, aunque duplicar la velocidad a 300 o incluso triplicarla a 450 palabras por minuto sigue estando dentro del rango de lo que podemos considerar inteligible. La cuestión es más bien la calidad y la longevidad de los recuerdos que formamos.

La información entrante se almacena temporalmente en un sistema de memoria llamado memoria de trabajo. Esto permite que los fragmentos de información se transformen, combinen y manipulen hasta alcanzar una forma lista para ser transferida a la memoria a largo plazo. Dado que nuestra memoria de trabajo tiene una capacidad limitada, si llega demasiada información demasiado rápido, esta puede desbordarse. Esto provoca una sobrecarga cognitiva y la pérdida de información.

Visualización rápida y recuperación de información

Un metaanálisis reciente examinó 24 estudios sobre el aprendizaje a partir de vídeos de conferencias. Los estudios variaban en su diseño, pero en general consistían en reproducir una videoconferencia a un grupo a velocidad normal (1x) y reproducir la misma videoconferencia a otro grupo a una velocidad mayor (1,25x, 1,5x, 2x y 2,5x).

Al igual que en un ensayo controlado aleatorio utilizado para probar tratamientos médicos, los participantes fueron asignados aleatoriamente a cada uno de los dos grupos. A continuación, ambos grupos realizaron una prueba idéntica después de ver el vídeo para evaluar sus conocimientos sobre el material. Las pruebas consistían en recordar información, responder a preguntas de opción múltiple para evaluar su capacidad de recuerdo, o ambas cosas.

Botones de reproducción
La reproducción más rápida puede no ayudar al estudio.
V.Studio

El metaanálisis mostró que aumentar la velocidad de reproducción tenía efectos cada vez más negativos en el rendimiento de la prueba. A velocidades de hasta 1,5 veces, el coste era muy pequeño. Pero a partir de 2 veces, el efecto negativo era de moderado a grande.

Para poner esto en contexto, si la puntuación media de un grupo de estudiantes era del 75 %, con una variación típica de 20 puntos porcentuales en cualquier dirección, aumentar la velocidad de reproducción a 1,5x reduciría el resultado medio de cada persona en 2 puntos porcentuales. Y aumentar la velocidad a 2,5x supondría una pérdida media de 17 puntos porcentuales.

La edad importa

Curiosamente, uno de los estudios incluidos en el metaanálisis también investigó a adultos mayores (de 61 a 94 años) y descubrió que se veían más afectados por ver contenidos a velocidades más rápidas que los adultos más jóvenes (de 18 a 36 años). Esto puede reflejar un debilitamiento de la capacidad de memoria en personas por lo demás sanas, lo que sugiere que los adultos mayores deberían visualizar los contenidos a velocidad normal o incluso a velocidades de reproducción más lentas para compensar.

Sin embargo, aún no sabemos si se pueden reducir los efectos negativos de la reproducción rápida haciéndolo con regularidad. Por lo tanto, podría ser que los adultos más jóvenes simplemente tengan más experiencia con la reproducción rápida y, por lo tanto, sean más capaces de hacer frente al aumento de la carga cognitiva. Del mismo modo, esto significa que no sabemos si las personas más jóvenes pueden mitigar los efectos negativos sobre su capacidad para retener información utilizando con más frecuencia la reproducción más rápida.

Otra incógnita es si ver vídeos a velocidades de reproducción más altas tiene efectos a largo plazo sobre la función mental y la actividad cerebral. En teoría, estos efectos podrían ser positivos, como una mayor capacidad para manejar una mayor carga cognitiva. O podrían ser negativos, como una mayor fatiga mental derivada del aumento de la carga cognitiva, pero actualmente carecemos de pruebas científicas para responder a esta pregunta.

Una última observación es que, incluso si reproducir el contenido a, por ejemplo, 1,5 veces la velocidad normal no afecta al rendimiento de la memoria, hay evidencia que sugiere que la experiencia es menos agradable. Eso puede afectar a la motivación y la experiencia de las personas a la hora de aprender cosas, lo que podría hacer que encontraran más excusas para no hacerlo. Por otro lado, la reproducción más rápida se ha popularizado, por lo que quizá, una vez que la gente se acostumbre, no haya ningún problema. Esperemos que en los próximos años comprendamos mejor estos procesos.

The Conversation

Marcus Pearce no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué le sucede a nuestro cerebro cuando vemos vídeos a velocidades más rápidas de lo normal? – https://theconversation.com/que-le-sucede-a-nuestro-cerebro-cuando-vemos-videos-a-velocidades-mas-rapidas-de-lo-normal-260870

How a lottery-style refund system could boost recycling

Source: The Conversation – Canada – By Jiaying Zhao, Associate Professor, Psychology, University of British Columbia

Imagine you’re standing at a bottle depot with an empty pop can. You can get a dime back, or you can take a chance at winning $1,000. Which would you choose?

Every year, the world produces two trillion beverage containers but only 34 per cent of glass bottles, 40 per cent of plastic bottles and 70 per cent of aluminium cans are recycled.

To increase recycling rates, many countries have adopted deposit refund systems, where you pay a small deposit, say 10 cents, when you buy an eligible beverage container and get this deposit back when you return it to a local depot.

Through this system, approximately 80 per cent of containers in British Columbia and almost 85 per cent of containers in Alberta are recovered. Still, that leaves millions of containers as litter, in landfills or incinerated every year, contributing to pollution and greenhouse gas emissions.

With Canada’s goal of zero plastic waste by 2030 drawing near, a new approach to recycling beverage containers could make a difference.

We recently conducted a research experiment to find out if more people would recycle more often if they had a chance to win a prize.

A lottery-style refund to boost recycling

Psychology research shows that people tend to prefer a small chance to win a large reward over a guaranteed small reward. For example, people would more often prefer a small chance to win $5,000 over receiving a $5 reward.

Applying this insight to recycling, we turned the small guaranteed refund of $0.10 in B.C. and Alberta into a 0.01 per cent chance of getting $1,000. We set up recycling tables at food courts in Vancouver and at a RibFest event in Spruce Grove, Alta.

When people brought their beverage containers to us to recycle, we presented them with five options for a refund. They could get their guaranteed 10 cents, or a chance to win a larger amount of money, the highest option being $1,000.

We found that people preferred the chance to win $1,000 over the other options, and they felt the happiest after making this choice.

To see if the lottery option actually increased recycling, we conducted an experiment where we told people ahead of time that they would get their guaranteed 10-cent refund or that they had a chance to win $1,000 for each bottle they brought to our study.

We found that people brought 47 per cent more beverage containers when we offered them a chance to win $1,000 than when we offered them the guaranteed refund.

Overall, our findings suggest that offering a chance to win a larger amount of money can meaningfully boost beverage container recycling. The excitement of a potential big win can motivate people who may not be enticed by the typical small, guaranteed refund.

Choice matters

A one-size-fits-all approach won’t work. People recycle for different reasons. They also have different risk tolerances, and some may rely on the guaranteed refund for additional income. To capture diverse preferences and needs, it’s vital that the lottery-style refund is offered in addition to the guaranteed refund, not instead of it.

It would also be beneficial to include smaller, more frequent prizes alongside the grand prize, so people win relatively frequently to keep motivations high.

This is Norway’s approach to their recycling lottery, with 39 per cent of people choosing the lottery option when they recycle. In 2023, Norway’s recycling lottery achieved a 92.3 per cent container return rate.

Importantly, our research does not capture people who collect large bags of containers to return to the depot. It’s possible that this demographic may have different preferences for the refund, and future research should examine this group in particular.

Green lottery for good

The lottery-style refund has the same expected payout as the 10-cent refund per bottle. This means that, on average, people will take home the same amount of money as with the guaranteed option, without incurring additional losses or gains. This benevolent factor distinguishes the lottery-style refund from other types of lotteries or gambling that often profit off the players.

Since the only way to enter this lottery-style refund is to recycle beverage containers, it’s impossible to directly re-enter any winnings into the lottery. There are also no near-misses, losses disguised as wins, exciting lights and sounds or other sensory stimulation often associated with gambling.

Some might be apprehensive about potential gambling dangers of creating a lottery system. However, there has not been a single case linking the recycling lottery to gambling addiction. There is also no evidence that purchases of beverage containers would increase as a result of the lottery-style refund.

Our study’s transparent design, with clear odds, ensures fairness, unlike casino games built to take players’ cash. For this approach to be successful, deposit refund systems must maintain this transparency in lottery-style program operations and payouts.

If done right, offering a chance to win a higher amount of money for recycling can meaningfully increase recycling rates, contribute to a circular economy and allow people to choose the refund option that works best for them.

The Conversation

Jiaying Zhao receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

Jade Radke receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada Doctoral Fellowship and the University of British Columbia Indigenous Graduate Fellowship.

ref. How a lottery-style refund system could boost recycling – https://theconversation.com/how-a-lottery-style-refund-system-could-boost-recycling-259896

The Great Lakes are powerful. Learning about ‘rip currents’ can help prevent drowning

Source: The Conversation – Canada – By Chris Houser, Professor in Department of Earth and Environmental Science, and Dean of Science, University of Waterloo

Between 2010 and 2017, there were approximately 50 drowning fatalities each year associated with rough surf and strong currents in the Great Lakes.

In addition to the personal loss experienced by family and friends, these drownings create an annual economic burden on the regional economy of around US$105 million, and that doesn’t include the direct costs of search and rescue.

Types of rip currents

Rip currents — commonly referred to as rips or colloquially as rip tides — are driven by the breaking of waves. These currents extend away from the shoreline and can flow at speeds easily capable of carrying swimmers far from the beach.

Structural rips are common throughout the Great Lakes (Grand Haven on the eastern shore of Lake Michigan, for example) and develop when groynes, jetties and rock structures deflect the alongshore current offshore, beyond the breaking waves. Depending on the waves and the structure, a shadow rip can also develop on the other side of the groyne or jetty.

Rips can also develop anywhere that variations in the bathymetry (the topography of the sand underwater) — such as nearshore bars — causes wave-breaking to vary along the beach, which makes the water thrown landward by the breaking waves return offshore as a concentrated flow at the water’s surface. These are known as channel or bathymetric rips and are they can form along sand beaches in the Great Lakes.

While it can be difficult to spot a channel rip, they can be identified by an area of relatively calm water between breaking waves, a patch of darker water or the offshore flow of water, sediment and debris.

A person caught in a rip is transported away from shore into deeper water, but they are not pulled under the water. If they are a weak swimmer or try to fight the current, they may panic and fail to find a way out of the rip and back to shore before submerging.

Rip current hazards

Most rip fatalities occur on unsupervised beaches or on supervised beaches when and where lifeguards are not present. While many popular beaches near large urban centres have lifeguards, many beaches don’t. Along just the east coast of Lake Huron, there are more than 40 public beaches, including Goderich, Bayfield, Southampton and Sauble Beach, but only two have lifeguard programs (Sarnia and Grand Bend).

Simple warning signs are used on many beaches, but visitors either don’t pay attention or don’t know how to interpret the warning.

Non-local visitors are a high-risk group for drownings. They are less likely to make safe swimming choices than residents or regular beach-goers, because visitors are generally unfamiliar with the beach and its safety measures, have poor knowledge of beach hazards like rip currents and breaking waves and are overconfident in their swimming ability.

Recent findings from a popular beach on Lake Huron suggest that those with less experience at the beach tend to make decisions of convenience rather than based on beach safety. Residents with greater knowledge of the local hazards tend to avoid swimming near where the rip can develop.

But even when people are aware of rip currents and other beach hazards, they may not make the right decisions. Despite the presence of warnings, people’s actions are greatly influenced by the behaviour of others, peer pressure and group-think. The social cost of not entering the water with the group may appear to outweigh the risk posed by entering the water.

Rip channel and current on Lake Huron. (Chris Houser)

The behaviour of beach users is affected by confirmation bias, a cognitive shortcut where a person selectively pays attention to evidence confirming their pre-existing beliefs and ignores evidence to the contrary. When someone enters the water and does not encounter strong waves or currents, they’re more likely to engage in risky behaviour on their next visit to that beach or a similar beach.

Vacationers and day visitors can stay safe only if they are aware that there is the potential for rip currents and rough surf at beaches in the Great Lakes. Just because a beach is accessible and has numerous attractions does not mean it is safe.

Advocating for beach safety

In the United States, the National Oceanographic and Atmospheric Administration runs programs designed to educate beach users about surf and rip hazards. But Canada hasn’t implemented a national beach safety strategy.

Education about rips and dangerous surf falls on the shoulders of advocates, many of whom have been impacted by a drowning in the Great Lakes. The Great Lakes Surf Rescue Project has been tracking and educating school and community groups about rip currents and rough surf in the Great Lakes since 2010.

Several new advocacy groups have started in recent years, including Kincardine Beach Safety on Lake Huron and the Rip Current Information Project on Lake Erie. Given that there is limited public interest in surf-related drownings and limited media coverage, these advocacy groups are helping to increase awareness of rip currents and rough surf across the Great Lakes.

To ensure a safe trip to the beach, beachgoers should seek out more information about rip currents and other surf hazards in the Great Lakes.

The Conversation

Chris Houser receives funding from NSERC.

ref. The Great Lakes are powerful. Learning about ‘rip currents’ can help prevent drowning – https://theconversation.com/the-great-lakes-are-powerful-learning-about-rip-currents-can-help-prevent-drowning-260060

The toxic management handbook: six guaranteed ways to make your best employees flee

Source: The Conversation – France – By George Kassar, Full-time Faculty, Research Associate, Performance Analyst, Ascencia Business School

If performance management is not implemented properly, it can demotivate and drive out employees. PeopleImages.comYuri A/Shutterstock

Who said that an organization’s main resource and true competitive advantage lies in its employees, their talent or their motivation? After all, maybe your real goal is to empty out your offices, permanently discourage your staff and methodically sabotage your human capital.

If that’s the case, research in performance management offers everything you need.

Originally rooted in early 20th-century rationalization methods, performance management has become a cornerstone of modern management. It has evolved to adapt to contemporary HR needs, focusing more on employee development, engagement and strategic alignment. In theory, it should help guide team efforts, clarify expectations and support individual development. But if poorly implemented, it can become a powerful tool to demotivate, exhaust and push out your most valuable employees.

Here’s how to scare off your best talent. Although the following guidelines are meant to be taken tongue-in-cheek, they remain active in the daily work of some managers.

Management by ‘vague’ objectives

Start by setting vague, unrealistic or contradictory goals. Above all, avoid giving goals meaning, linking them to a clear strategy or backing them with appropriate resources. In short, embrace the “real” SMART goals: stressful, arbitrary, ambiguous, repetitive, and totally disconnected from the field!

According to research in organizational psychology, this approach guarantees anxiety, confusion and disengagement among your teams, significantly increasing their intention to leave the company.

Silence Is Golden

Avoid all forms of dialogue and communication. Never give feedback. And if you absolutely must, do it rarely and irregularly, make sure it’s disconnected from actual work, and preferably in the form of personal criticism. The absence of regular, task-focused and actionable feedback leaves employees in uncertainty, catches them off-guard during evaluations and gradually undermines their engagement.

How your employees interpret your intentions and feedback matters most. Be careful though: if feedback is perceived as constructive, it may actually boost motivation and learning engagement. But if the same feedback is seen as driven by a manager’s personal agenda (or, ego-based attribution), it backfires, leading to demotivation, withdrawal and exit.

A weekly e-mail in English featuring expertise from scholars and researchers. It provides an introduction to the diversity of research coming out of the continent and considers some of the key issues facing European countries. Get the newsletter!

Performance evaluation ‘trials’

Hold annual performance review meetings in which you focus solely on mistakes and completely ignore successes or invisible efforts. Be rigid, critical and concentrate only on weaknesses. Make sure to take full credit when the team succeeds; after all, without you, nothing would have been possible. On the other hand, when results fall short, don’t hesitate to highlight errors, assign individual blame and remind them that “you did warn them!”

This kind of performance evaluation, better described as a punitive trial, ensures deep demotivation and accelerates team turnover.

Internal competition, maxed out

Promote a culture of rivalry among colleagues: circulate internal rankings regularly, reward only the top performers, systematically eliminate the lowest ranked without even thinking of helping them improve, devalue the importance of cooperation and let internal competition do the rest. After all, these are the core features of the “famous” method popularized by the late Jack Welch at General Electric.

If you notice a short-term boost of motivation, don’t worry. The long-term effects of Welch’s “vitality curve” will be far more harmful than beneficial. Fierce internal competition is a great tool for destroying trust among teammates and creating a persistently toxic atmosphere, leading to an increase in the number of voluntary departures.

Ignore wellbeing and do not listen, no matter what

We’ve already established that feedback and dialogue should be avoided. But if, by misfortune, they do occur, make sure not to listen to complaints or warning signs related to stress or exhaustion. Offer no support or assistance, and of course, completely ignore the right to disconnect.

By neglecting mental health and refusing to help your employees find meaning in their work – especially when they perform tasks seen as meaningless, repetitive or emotionally draining – you directly increase the risk of burnout and chronic absenteeism.

In addition, always favour highly variable and poorly designed performance bonuses: this will heighten income instability and kill off whatever engagement remains.




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The subtle art of wearing people down

Want to take your talent-repelling skills even further? Draw inspiration from what research identifies as practices and experiences belonging to the three major forms of workplace violence. These include micromanagement, constant pressure, lack of recognition, social isolation and others that generate long-term suffering. Though often invisible, their reoccurence gradually wears employees down mentally, then physically, until they finally break.


Obviously, these tips are meant to be taken ironically.

Yet, unfortunately, these toxic practices are all too real in the daily routines of certain managers. If the goal is truly to retain talent and ensure lasting business success, it is essential to centre performance management practices around meaning, fairness and the genuine development of human potential.

The Conversation

George Kassar ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. The toxic management handbook: six guaranteed ways to make your best employees flee – https://theconversation.com/the-toxic-management-handbook-six-guaranteed-ways-to-make-your-best-employees-flee-260733

Exportation du modèle des « notes de la communauté » de X vers Meta, TikTok et YouTube : ce que ça va changer

Source: The Conversation – in French – By Laurence Grondin-Robillard, Professeure associée à l’École des médias et doctorante en communication, Université du Québec à Montréal (UQAM)

En s’engageant dans le sillage de X, Meta pourrait avoir précarisé la fiabilité de l’information sur ses plateformes. (Shutterstock)

En février 2024, Meta réduisait la découvrabilité du contenu jugé « politique » sur Instagram et Threads afin de limiter l’exposition des utilisateurs à des publications controversées et de favoriser une expérience positive. Moins d’un an plus tard, Mark Zuckerberg annonçait plutôt l’inverse : la fin du programme de « vérification des faits », remplacé par les « notes de la communauté » comme sur X (anciennement Twitter) ainsi qu’un assouplissement du côté des politiques de modération.

Meta souhaitait « restaurer la liberté d’expression » sur ses plates-formes.

Les notes de la communauté sont un système de modération dit « participatif » permettant aux utilisateurs d’ajouter des annotations pour corriger ou contextualiser des publications. D’un média socionumérique à l’autre, les conditions pour devenir un contributeur de cette communauté varient peu : être majeur, actif sur la plate-forme depuis un certain temps et n’avoir jamais enfreint ses règles.

Sans tambour ni trompette, même YouTube et TikTok essayent désormais ce type de modération aux États-Unis. Dévoilé comme une réponse innovante aux défis posés par la circulation de fausses nouvelles, ce modèle mise sur l’autonomisation des utilisateurs pour arbitrer la qualité de l’information. Pourtant, cette tendance révèle un mouvement plus large : le désengagement progressif des médias socionumériques face à la vérification des faits et au journalisme.

D’ailleurs, que sait-on vraiment des notes de la communauté ?

Professeure associée et doctorante en communication à l’Université du Québec à Montréal, je m’intéresse aux transformations qui redéfinissent nos rapports aux technologies et à l’information, tout en reconfigurant les modes de gouvernance des médias socionumériques.

La modération communautaire : ce que dit la recherche

Les notes de la communauté demeurent une fonctionnalité très récente. Connues sous le nom initial de Birdwatch sur Twitter, elles sont déployées à la suite de l’assaut du Capitole en janvier 2021 avec un premier groupe de 1000 contributeurs aux États-Unis. L’accès est progressivement élargi à un échantillon atteignant environ 10 000 participants en mars 2022.

Après le rachat de Twitter par Elon Musk la même année et les licenciements massifs qui en ont suivi, notamment dans les équipes de modération, ce système devient primordial dans la stratégie de modération décentralisée de la plate-forme.

La littérature scientifique traitant de la question est limités, non seulement parce que le modèle est récent, mais également parce que la plate-forme X est son unique objet d’étude. Cependant, elle met en lumière des éléments intéressants sur ce type de modération.

D’abord, les notes de la communauté contribueraient à freiner la circulation de la mésinformation, réduisant jusqu’à 62 % les repartages. Elles augmenteraient également de 103,4 % les probabilités que les utilisateurs suppriment le contenu ciblé en plus de diminuer son engagement global.

Toutefois, il importe de distinguer mésinformation et désinformation. Les études se concentrent sur la première, car l’intention malveillante propre à la désinformation est difficile à démontrer méthodologiquement. Celle-ci est même absente des catégories imposées aux noteurs par X, qui doivent classifier les contenus comme misinformed (mésinformé), potentially misleading (potentiellement trompeur) et not misleading (non trompeur). Ce cadrage restreint contribue à invisibiliser un phénomène pourtant central dans les dynamiques de manipulation de l’information.




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Ensuite, les utilisateurs jugeraient les notes de la communauté plus crédibles que les simples étiquettes de fausses nouvelles ou de désinformation, car elles fournissent un contexte explicatif. De plus, les contributeurs se concentreraient davantage sur les publications de comptes influents, ce qui pourrait limiter la portée de la mésinformation.

Enfin, la recherche souligne la complémentarité entre vérification des faits et notes de la communauté. Ces dernières s’appuient fréquemment sur des sources professionnelles, particulièrement pour les contenus complexes, et prolongent le travail amorcé par les professionnels.

Les vérificateurs et journalistes assurent rigueur, rapidité, fiabilité, tandis que les notes, plus lentes à se diffuser, bénéficient d’un capital de confiance sur une plate-forme où journalisme et médias d’information sont souvent contestés. Leur rôle conjoint s’impose donc comme une évidence, contrairement aux idées prônées par Musk et Zuckerberg.

L’illusion d’une communauté au service de la rentabilité

Les bénéfices tirés de l’adoption de ce modèle par les géants du Web sont loin d’être négligeables : non seulement on mise sur les utilisateurs eux-mêmes pour contrer la « désinformation », mais on stimule en même temps leur activité et leur engagement au sein de la plate-forme.

Or, plus les usagers y passent du temps, plus leur attention devient monétisable pour les annonceurs, et donc profitable pour ces médias socionumériques. Ce modèle permet en outre de réaliser des économies substantielles en réduisant les besoins en personnel de modération et en limitant les investissements dans des programmes de vérifications des faits.

Malgré son apparente ouverture, ce système, comme déployé sur X, n’est pas réellement « communautaire » au sens où peut l’être un projet comme Wikipédia. Il ne repose ni sur la transparence des contributions ni sur un processus collaboratif et un but commun.

En réalité, il s’agit davantage d’un système algorithmique de tri, soit un filtre sélectif fondé sur des critères de visibilité optimisés pour préserver un équilibre perçu entre opinions divergentes. Bien que les notes soient factuelles, elles ne sont rendues visibles qu’à condition de franchir une série d’étapes comme celle de l’algorithme dit de « pontage » (bridging algorithm), qui n’affiche une note à l’ensemble des utilisateurs que si elle est approuvée à la fois par des utilisateurs aux opinions opposées.

En pratique, cette exigence freine considérablement la capacité du système à faire émerger les corrections mêmes pertinentes. Selon une analyse de Poynter, moins de 10 % des notes proposées sur X deviennent visibles. Ce taux aurait d’ailleurs chuté après une modification de l’algorithme en février dernier, une semaine après qu’Elon Musk s’est plaint d’une note réfutant de la désinformation anti-ukrainienne.

De plus, il n’existe aucune mesure concernant l’exactitude ou la qualité des notes. Leur visibilité dépend uniquement de leur perception comme « utile » par des utilisateurs issus de courants idéologiques variés. Or, ce n’est pas parce qu’un consensus se forme autour d’une note qu’elle reflète nécessairement un fait.

L’information de qualité n’est pas la priorité

Les rhétoriques de « liberté d’expression » portées par ceux qui contrôlent les canaux de diffusion sur les médias socionumériques relèvent au mieux du contresens, au pire de l’hypocrisie. Les géants du Web, par le biais d’algorithmes opaques, décident de la visibilité et de la portée des notes de la communauté.

Ces mécanismes et discours alimentent l’érosion de la confiance envers le journalisme et la vérification des faits, car sur ces médias socionumériques, la qualité de l’information importe moins que sa capacité à générer de l’attention et à circuler. Le cas de Meta au Canada en est révélateur. En bloquant l’accès aux médias d’information en réponse à la Loi C-18, l’entreprise a démontré qu’elle pouvait agir presque impunément. Même en période électorale, les investissements publicitaires ont afflué, y compris de la part des mêmes partis et élus qui avaient pourtant dénoncé ledit blocage.




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Face à cette réalité, la lutte à la « désinformation » est un combat noble, mais inégal, contre un ennemi insaisissable, alimenté par la mécanique impitoyable des algorithmes et de l’idéologie d’une broligarchie bien ancrée.

Comme le notaient déjà en 2017 les professeurs et économistes américains Hunt Allcott et Matthew Gentzkow, les fausses nouvelles prospèrent parce qu’elles sont moins coûteuses à produire que les vraies, plus virales et davantage gratifiantes pour certains publics. Tant que les plates-formes continueront de privilégier la circulation de contenu au détriment de la qualité, la bataille contre la « désinformation » restera profondément déséquilibrée quelle que soit la stratégie.

Repenser la liberté d’expression à l’ère des algorithmes

Si l’exportation des notes de la communauté au-delà des frontières américaines se confirme, elle représentera un progrès uniquement pour les propriétaires de ces plates-formes. Le modèle se présente comme ouvert, mais il repose sur une délégation contrôlée, balisée par des algorithmes qui filtrent toujours ce qui mérite d’être vu.

Ce n’est pas la communauté qui décide : c’est le système qui choisit ce qu’elle est censée penser.

En cédant une partie du travail journalistique à ces dispositifs opaques, nous avons affaibli ce qui garantit la qualité de l’information : exactitude, rigueur, impartialité, etc. Loin d’une démocratisation, c’est une dépolitisation de la modération qui s’opère où tout devient question de rentabilité, même les faits.

Elon Musk affirme « Vous êtes les médias maintenant ». La question à se poser désormais est la suivante : avons-nous vraiment une voix libre, ou sommes-nous de simples variables formatées dans un algorithme ?

La Conversation Canada

Laurence Grondin-Robillard ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Exportation du modèle des « notes de la communauté » de X vers Meta, TikTok et YouTube : ce que ça va changer – https://theconversation.com/exportation-du-modele-des-notes-de-la-communaute-de-x-vers-meta-tiktok-et-youtube-ce-que-ca-va-changer-255680

Sacred sites in South Africa can protect natural heritage and culture: here’s how

Source: The Conversation – Africa – By Ndidzulafhi Innocent Sinthumule, Associate Professor, University of Johannesburg

Lake Fundudzi By Iris Auda – Own work, CC BY-SA 4.0, CC BY

Nature isn’t confined to officially protected areas. A lot can be done to conserve biodiversity in other places too. The United Nations Convention on Biological Diversity agreed in 2018 on the idea of “other effective area-based conservation measures” (OECMs). These are geographically defined areas which can be managed in ways that protect biodiversity, ecosystem functions and “where applicable, cultural, spiritual, socio-economic, and other locally relevant values.” Geographer Ndidzulafhi Innocent Sinthumule has explored the potential for sacred natural sites in South Africa to contribute to nature conservation.

Why does South Africa need to protect more land?

In South Africa, although protected areas play a vital role in biodiversity conservation, they are not sufficient. A lot of biodiversity occurs outside formal protected areas. Protected areas make up only 9.2% (or 11,280,684 hectares) of the country’s total land area. The National Protected Area Expansion Strategy, which was last updated in 2016, aims to increase the percentage of protected areas in the country to 16%.

My view is that the target can only be achieved by recognising other areas that have high conservation value, such as sacred natural sites. These are places with special spiritual and cultural value.

Recognising sacred natural sites as “other effective area-based conservation measures” entails officially declaring them as protected areas.

There are also other sites with conservation potential. These could be on public, private or community land. This means they are governed by a variety of rights holders. Apart from sacred natural sites, other examples include military land and waters, and locally managed marine areas.

Whatever their other, primary purpose, they can also deliver conservation of biodiversity.

Where are South Africa’s sacred natural sites?

There are areas in South Africa known as sacred sites because of their cultural, spiritual, or historical value, often linked to ancestral beings, religion and traditional beliefs.

They are often places of reverence, where rituals, ceremonies, burials, or pilgrimage are conducted, and where the custodians of the areas feel a deep connection to something larger than themselves.




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Examples of sacred natural sites include these in Limpopo province, in the north of the country:

In the province of KwaZulu-Natal, there are Mazizini and Mabasa forests, regarded as sacred by local communities.

In the Free State province, the local Basotho people regard certain caves as sacred and ancestral sites:

How do the sites fit in with protecting diversity?

The study aimed to assess opinions and perceptions about the opportunities and challenges of sacred natural sites in contributing to global conservation goals.

I interviewed academics involved in research on Indigenous knowledge, people involved in discussions about conservation, and custodians of sacred natural sites – 39 people in all.

Study participants identified a number of opportunities. They said:

  • Sacred natural sites frequently harbour high levels of biodiversity, including rare and endemic species, because they have been protected for a long time through cultural practices. Giving them more legal protection and funding, and integrating them into national conservation strategies, would protect hotspots of biological diversity.

  • Integrating traditional ecological knowledge and practices into mainstream conservation efforts would promote more inclusive and culturally sensitive approaches to environmental management.

  • It would expand the total land area under conservation.

  • It might create conservation corridors that would facilitate movement of animals and ecological processes between isolated habitat patches.

  • Sacred natural sites could serve as carbon sinks or storehouses of carbon emissions. Sacred forests have old, tall trees and well developed canopy – the layer of foliage that forms the crown of a forest.

  • They can serve as tourist destinations where visitors will learn about biodiversity and about religious and cultural practices.




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The study participants also identified challenges.

  • A big one was access rights and harmonising cultural and formal conservation practices. Access to sacred natural sites and the use of resources by the public is usually not permitted.

  • There was a fear that external intervention by government, nongovernmental organisations and conservationists might sideline local people and lead to the loss of their sacred sites.

  • External interventions might promote scientific knowledge at the expense of the traditional ecological knowledge that has protected sacred natural sites for millennia.

  • Respondents were concerned about elites capturing all the benefits and not sharing them equitably.

  • A methodological challenge might be how to study conservation effectiveness while respecting cultural sensitivities.

How would a sacred natural site be officially recognised?

At the moment, sacred natural sites are not designated or recognised as an “other conservation measure”. Currently, there are no standard procedures, criteria, or guidelines available for declaring them as such in South Africa. These would have to be determined by the national Department of Forestry, Fisheries and the Environment.

The process should begin with identifying all sacred natural sites to understand where they are and what contribution they could make towards biodiversity conservation. The department should do this in consultation with local communities and traditional leaders who understand the local environment. It should be in line with the international principle of Free, Prior, and Informed Consent. This acknowledges the right of Indigenous peoples to give or withhold their consent for any action that would affect their lands.




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This will set up sacred natural sites as a conservation model that contributes to both biodiversity protection and cultural heritage preservation. The involvement of communities will ensure that sacred natural sites are a sustainable solution.

All the respondents in my study said that designating a site as an “other conservation measure” should give control or legal protection, ownership and stewardship roles to local communities who have protected the area for ages.

The Conversation

Ndidzulafhi Innocent Sinthumule does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Sacred sites in South Africa can protect natural heritage and culture: here’s how – https://theconversation.com/sacred-sites-in-south-africa-can-protect-natural-heritage-and-culture-heres-how-260207