¿Son las relaciones abiertas y el poliamor la ‘solución’ a la infidelidad?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Barraca, Profesor de Psicología, Universidad Camilo José Cela

Alena Lom/Shutterstock

La infidelidad ya no es solo aquello que ocurre a escondidas en sábanas ajenas. Aunque las definiciones científicas clásicas la asocian al sexo o al vínculo amoroso fuera de una relación comprometida y “exclusiva”, esa frontera empieza a difuminarse. Hoy, el propio concepto de exclusividad –durante décadas indiscutido– está en el centro del debate.

Las parejas abiertas, poliamorosas y, en general, las que mantienen relaciones no monogámicas consensuadas –estos términos no son realmente equivalentes y pueden indicar diferentes tipos de acuerdos en la relación, aunque aquí se tomarán indistintamente, pues se plantea una comparación entre formas convencionales de relación (monogamia) y el resto– harían saltar por los aires esta conceptualización. ¿Podríamos suponer entonces que no deberían sufrir nunca una infidelidad?

De acuerdo con la psicoterapeuta estadounidense experta en el campo de las relaciones sentimentales Esther Perel, las infidelidades siempre reúnen tres componentes: secretismo, alquimia sexual e implicación emocional.

Hay que tener presente que hablamos del sentimiento de infidelidad, más que de unos hechos objetivos que podrían concurrir en el caso. Si se aceptan estas premisas, es posible que los miembros de una pareja abierta sufran, igual que los de una monogámica, este tipo de sentimiento. Pues aunque admitirían el deseo sexual hacia otra persona –e incluso cierto grado de implicación afectiva en el poliamor–, si este se oculta o no se explicita estaría produciéndose un engaño equivalente al de la infidelidad convencional.

“Sexo sí, pero nada de quedar luego”

Y, muchas veces, esa es la cuestión: por una u otra razón no se cumplen las reglas o los acuerdos establecidos en una pareja poliamorosa y que podrían ir del “sexo sí, pero nada de quedar luego” al “tengo que saberlo primero”, el “tengo que conocerla/o antes”, el “solo teniendo un encuentro, no repetidos” o “sin intercambio de mensajes”.

Estas y tantas otras normas tratan de ayudar a controlar los celos, los sentimientos de distanciamiento, la pérdida de una relación privilegiada frente a otras personas. O sea que, frente al acuerdo, normalmente tácito, de la relación tradicional (no hay sexo fuera de la pareja), en la pareja abierta ese pacto sería siempre explícito y más detallado.

Sin embargo, aunque se hayan establecido unas normas, ¿resulta posible desprenderse de los sentimientos de posesividad cuando la pareja está manteniendo relaciones sexuales con otra persona? Esta cuestión reabre el viejo tema de si la monogamia es algo natural para la especie humana o, únicamente, producto de las estructuras sociales, de nuestra inculturación. Probablemente, este debate sea tan estéril como tantos otros en los que se contrapone el nuture-narture (lo innato frente a lo aprendido).

Como afirma el/la psicólogo/a y activista Meg-John Barker, “la manera en que conformamos una relación está influida por una compleja red de factores biológicos, psicológicos y sociales que resulta imposible de desenredar”.

La clave está en cómo manejar el deseo

Indudablemente, el deseo o impulso sexual es algo natural, pero cómo lo manejemos y hacia dónde lo dirijamos es algo que no puede desvincularse de nuestra educación. Ocurre lo mismo con el apetito y la necesidad de comer: lo innato es el impulso por nutrirnos, pero lo trascendemos y creamos el arte gastronómico. Plantear, por tanto, que somos polígamos por naturaleza, por razones evolutivas, por impulsos biológicos o por pulsiones primarias siempre va a ser objeto de un debate simplificador.

En el libro Infidelidad. Una mirada contextual he planteado que esta es multicausal y dependiente del contexto. Que es reduccionista achacarla tanto a la propia forma de ser del “infiel” (su personalidad, impulsividad, problemas psicológicos, autoestima, niveles hormonales, deseo y frustración sexual, mala gestión emocional…) como a su educación y aprendizajes, a la mala relación con la pareja actual o a las experiencias con las anteriores, a las oportunidades disponibles, al consumo de alcohol u otras sustancias, al atractivo de la tercera persona o al ambiente en el que se está.

El fenómeno tiene que ver con todos estos factores y también con muchos otros, en un marco vital determinado y en un momento dado. Solo ese amplio análisis puede darnos una pintura acabada y, naturalmente, nada de esto es exclusivo de las parejas monógamas.

Dado que en las parejas poliamorosas la infidelidad se entendería como la ruptura de los consensos y las reglas sobre cuándo o cómo mantener otras relaciones sexuales, es difícil compararlo con la de las tradicionales y no hay estudios propiamente dichos sobre el malestar que provoca.

Sin embargo, algunas investigaciones sobre satisfacción con la pareja apuntan a que las relaciones abiertas serían igual de gratificantes que las monogámicas. No obstante, hay una notable controversia sobre su continuidad o estabilidad, pues varios trabajos señalan que estas parejas se enfrentan a un mayor esfuerzo emocional, comunicativo y de gestión de tiempo; y también a dificultades externas (el estigma social y el rechazo en un contexto cultural mononormativo).

Con todo, la escasa bibliografía que existe al respecto no permite extraer conclusiones certeras. Por otro lado, siempre resultará cuestionable si el consenso es semejante para las dos personas o una se está plegando a los deseos de la otra en aras de perpetuar la relación.

Además, de acuerdo con las manifestaciones de los participantes en las encuestas, los practicantes de las relaciones poliamorosas se identifican predominantemente con un tipo muy determinado de perfil (jóvenes, bisexuales, votantes de izquierda y agnósticos o ateos).

Manejo de emociones e infidelidad

En suma, las parejas poliamorosas podrían tener tantas dificultades en el manejo de sus emociones sobre la infidelidad como el resto. Seguramente, no las mismas, pero de lo que se trata es de entender que no se puede escapar de la infidelidad sencillamente optando por una forma de relación de pareja. La atracción de la transgresión de las normas es universal y las habilidades comunicativas, la asertividad, la templanza, el coraje para decir la verdad de lo que se siente nunca puede garantizarse, por muy comprometido que se esté con un modelo relacional.

Al fin, parece que no deja de ser verdad el viejo adagio: cambiar de pareja (o, en este caso, de estilo de pareja) no supone dejar de tener problemas, solo supone cambiar de problemas.

The Conversation

Jorge Barraca no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Son las relaciones abiertas y el poliamor la ‘solución’ a la infidelidad? – https://theconversation.com/son-las-relaciones-abiertas-y-el-poliamor-la-solucion-a-la-infidelidad-266413

The flu is everywhere. So why aren’t Canadians getting vaccinated for viral illnesses?

Source: The Conversation – Canada – By Andrea DeKeseredy, PhD student, Sociology, University of Alberta

The death of Prashant Sreekumar made headlines across Canada when the 43-year-old father of three died in the emergency room of Edmonton’s Grey Nuns hospital after waiting for eight hours with chest pains.

Recently, there have been other reports of preventable deaths in Alberta ERs. Alberta doctors have called the emergency room situation a disaster, citing a tsunami of seasonal respiratory illnesses that have overwhelmed hospitals and led to crowded emergency departments.

Widespread vaccination for common respiratory illnesses, including COVID-19 and the flu, would help to relieve the pressure on hospitals. Yet vaccination rates for seasonal illness are falling across Canada. Our research shows that conflicting messages across levels of government and skepticism about whether the vaccines work may be helping to fuel the emergency-room surge.

This winter is not the first bad virus season in Alberta, nor is it the first time we’ve seen patients die waiting for care. During the 2022-23 viral illness season, a “tripledemic” of viruses rolled across the country, as COVID-19, influenza and respiratory syncytial virus (RSV) circulated simultaneously.

Our research showed how this tripledemic also slammed working parents trying to maintain their jobs while they and their children were infected over and over again.

This year could prove even worse. The 2025-26 season marks a new height in influenza cases, rising above a three-season high. Hospitals across the country have been flooded with patients, and burnt-out health-care workers have been putting in extra shifts.

Despite all of this — and the overwhelming research that shows influenza vaccines keep people out of the hospitalfewer Canadians are getting vaccinated. With declining seasonal vaccination rates each year, Canada now falls far short of the vaccination coverage needed to protect at-risk groups such as seniors or people with chronic illness, which is 80 per cent.

Who do Canadians trust on health care?

Our research explored parental decision-making in Alberta during the tripledemic to understand why, or why not, people get themselves and their kids vaccinated for COVID-19 and influenza. Using Viewpoint Alberta survey data, we found that who parents trust and the messages governments provide around vaccination strongly influence whether they and their kids get shots.

During the pandemic, parents in Alberta faced conflicting messages from governments. Despite the promotion of vaccination by the federal government and public health agencies, the provincial United Conservative Party government took a strong stance against enforcing COVID-19 protective measures. For those who trusted the provincial government, this essentially negated any pro-vaccination messaging provided by other institutions.

Our study found that those who trusted the federal government as a source of health information were more likely to have vaccinated their children for COVID-19 than those who supported the Alberta government’s messaging. The same was true for those who trusted Alberta Health Services and the Chief Medical Officer of Health. Those who placed their trust in the elected UCP government had much lower vaccination rates.

Trust is important, but it’s not the only factor keeping seasonal vaccination rates low. The question of who is perceived to benefit from vaccination also shaped parents’ decisions.

Are seasonal vaccines worth the trouble?

In addition to looking at survey data, we also interviewed parents to better understand how they made their decisions regarding seasonal vaccination for themselves and their children.

We were surprised to learn that after repeated viral illness infections, parents were actually less likely to vaccinate their children. Persistent illness contributed to a sense that infection was both inevitable and mild, often not even worth preventing. Some parents were also skeptical of the novelty of the COVID-19 vaccine compared to more established vaccinations, despite assurances from health-care professionals.

These parents did not hold “anti-vaxxer” beliefs; instead they believed that viral illness season was inevitable, and of little risk to themselves and their children. On top of this, the struggle to balance work and child care already made it difficult for many families to get vaccinated. Because the vaccine didn’t prevent infections altogether, many parents believed it was not worth the added effort.

Canada needs a new approach

Canada does not have the resources to continue this yearly severe illness cycle. Without better uptake of seasonal vaccines, we are doomed to repeat the same mistakes year after year, resulting in more needless deaths and health system crises.

Clear and consistent messaging is key, and the messages of provincial leaders must match those of the federal government. Our research shows that all levels of government have a role to play in building public trust in seasonal vaccines, and in making sure those shots are accessible to everyone. Vaccines must be available freely, widely and early, without pre-booking and payment requirements.

The tragedy of patients dying while waiting for care in a busy emergency room illustrates the dangers of overcrowded facilities. Higher vaccination rates could help prevent respiratory illnesses from overwhelming hospitals. Our governments need to step up and step forward to build public trust and accessibility for seasonal vaccines.

The Conversation

Andrea DeKeseredy receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council (SSHRC).

Michelle Maroto receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council (SSHRC).

Amy Kaler does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. The flu is everywhere. So why aren’t Canadians getting vaccinated for viral illnesses? – https://theconversation.com/the-flu-is-everywhere-so-why-arent-canadians-getting-vaccinated-for-viral-illnesses-273354

What Canada can learn from Mexico’s approach to U.S. trade

Source: The Conversation – Canada – By Wolfgang Alschner, Hyman Soloway Chair in Business and Trade Law, L’Université d’Ottawa/University of Ottawa

When United States President Trump imposed tariffs on Canada and Mexico in early 2025, the two countries reacted very differently. Canada led with an “elbows up” campaign involving counter-tariffs and boycotts of American alcohol.

Mexico, by contrast, struck a more conciliatory tone and cautiously started to align its trade policy with the U.S. As Canada prepares for a turbulent 2026, Mexico’s experience offers valuable lessons.

Both Mexico and Canada depend heavily on trade with the U.S: both send three-quarters of their exports there. The Canada-United States-Mexico Agreement (CUSMA) underpins tariff-free access to the U.S. for most North American goods. But the deal is in jeopardy.

The U.S. alleges Mexico and Canada are being used as trans-shipment hubs for Chinese goods. These tensions will come to a head in July 2026 when CUSMA is up for review.

Mexico’s calibrated response

To pre-empt American concerns, Mexico has begun cautiously aligning with U.S. trade policy. As early as 2023, it pledged to work with the U.S. on foreign investment screening to address security issues around rising Chinese investment.

In late December 2025, Mexico followed up by raising tariffs on 1,400 Chinese items to between 35 to 50 per cent, including in sectors like electric vehicles and steel.

It would be wrong to dismiss these measures as capitulations to American demands. Instead, Mexico has cleverly navigated trade tensions with the U.S. while protecting its own values and interests. Mexico’s latest duty increases aim to protect domestic industries and counteract trade imbalances with China.

By raising duties only in select sectors, Mexico avoided putting duties on everyday consumer goods, which have driven up prices in the U.S. In addition, while the U.S. is imposing tariffs on friends and foes alike, the Mexican tariffs explicitly exempt countries with which it has free-trade agreements, supporting its broader trade diversification agenda.

Unlike the U.S. tariffs, which violate international trade law, Mexico’s measures are also fully consistent with its international obligations. As a developing country, Mexico committed to higher tariff ceilings at the World Trade Organization (WTO) than the U.S. This allows it to unilaterally raise tariffs up to the maximum levels permitted under international trade law.

Although China has criticized the move, Mexico’s non-discriminatory application of tariffs to all non-FTA partners avoids singling out any specific country and is legal.

Alignment without subordination

Mexico’s strategy offers a template for aligning with the U.S. without sacrificing sovereignty or respect for the rule of law. It is a far cry from a full North American customs union that some hope to achieve as part of the upcoming CUSMA review, which would unduly tie Mexican and Canadian trade policy to the whims of Washington, D.C.

It also demonstrates Mexico’s ability to walk the tight rope of seeking common ground with the U.S. while diversifying its trade and protecting its industry.

It is also superior to alternative ways of aligning with the U.S. Deals struck by the U.S. with Malaysia and Cambodia committed these countries to aligning with American import restrictions and export controls whenever it is in the U.S. national interest, effectively forcing them to forgo an autonomous trade policy altogether.

Canada also learned its lesson when it copied an illegal 100 per cent U.S. tariff on Chinese electric vehicles in 2024, only to face both U.S. auto tariffs and Chinese retaliation the following year.

Smartly, Ottawa has now partially reversed course by agreeing to allow 49,000 Chinese electric vehicles into the Canadian market at a tariff rate of 6.1 per cent. In return, China is expected to lower tariffs on Canadian canola to 15 per cent by March.

What Canada should do differently

In 2026, Canada will feel growing pressure to align with some U.S. trade-restrictive measures and, like Mexico, should do so smartly. Unlike Mexico, Canada has lower tariff bindings and cannot raise import duties without violating its commitments. Canada needs a bespoke approach, similar to Mexico’s, but implemented differently.

First, Canada should renegotiate its tariff bindings at the WTO in sectors critical to its industrial base. The European Union, for example, is preparing to increase its tariffs on imported steel by renegotiating its bindings at the WTO. This would provide a long-term solution offering predictability for both the affected Canadian sectors and trading partners and would be fully lawful.

In the steel sector, this route is preferable to the current Canadian tariff-rate quota regime, which is both WTO-illegal and hitting Canada’s closest free-trade agreement partners hard.

Second, Canada should actively pursue safeguard measures in sectors affected by trade diversion. U.S. tariffs have closed off the American market and diverted goods to Canada.

Safeguards are WTO-compliant trade defence instruments explicitly designed to counteract an unexpected surge of imports threatening serious injury to a domestic industry. That scenario has already played out in the Canadian lumber and downstream industry and will likely affect other sectors subject to U.S. tariffs.

Third, using the recent rapprochement with China as a blueprint, Canada should strive for similarly nuanced solutions in future partnerships. Rather than dropping electric vehicle tariffs altogether, Canada has negotiated a compromise that let some Chinese vehicles in, but not enough to endanger either its domestic auto-sector or relations with the U.S.

As U.S. trade representative Jamieson Greer recently stated, the U.S. is not asking its trading partners to mirror its trade policy. Rather, it’s looking for “similar trade actions” with “equivalent restrictive effect.”

This pragmatic formulation allowed Mexico to have its cake and eat it too: selectively align with the U.S. in key sectors to preserve its market access, protect domestic industries from trade diversion and avoid upsetting key trading partners elsewhere through WTO-illegal actions. Canada would be wise to follow Mexico’s lead. The recent China deal is a step in the right direction.

The Conversation

Wolfgang Alschner has received research grants from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

ref. What Canada can learn from Mexico’s approach to U.S. trade – https://theconversation.com/what-canada-can-learn-from-mexicos-approach-to-u-s-trade-273101

Aprender inglés para enseñarlo: intercambios virtuales para los futuros docentes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristina Gómez Castro, Profesora Titular de Universidad. Área de inglés, Universidad de León

GroundPicture/Shutterstock

El inglés es el idioma principal de comunicación a nivel internacional. En su etapa de formación en la universidad, los futuros docentes de inglés han de aprovechar todas las oportunidades para mejorar sus destrezas orales y escritas. Además del aprendizaje derivado de las clases que reciben durante el grado, la inmersión lingüística se considera un buen complemento.

La experiencia de estudiar en el extranjero se ha idealizado a menudo como la fórmula para aprender un idioma y su cultura. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la movilidad física no es una opción para todos? De la misma manera que una cinta de correr en el gimnasio puede suplir la posibilidad de correr al aire libre, existen alternativas para fortalecer esos “músculos del aprendizaje” sin salir de nuestra ciudad.

Los intercambios virtuales son una alternativa eficaz a las estancias presenciales y, siempre que se diseñen y evalúen de forma correcta, pueden ofrecer una experiencia rica y transformadora, preparando a los futuros docentes para un mundo globalizado.

Intercambios virtuales para futuros docentes

Nuestro proyecto de innovación docente se ha centrado en la “internacionalización en casa”, en asignaturas de inglés del Grado en Educación Primaria. Uno de los objetivos del proyecto es que todos los estudiantes participen en experiencias similares a viajar al extranjero sin la necesidad de desplazarse.

Para ello, se han combinado intercambios virtuales que se complementan. Están basados en distintas tareas de colaboración, gamificación y conversaciones con estudiantes de la universidad de Missouri Central en EE UU y con otros hablantes de inglés nativos a través de una plataforma online llamada Conversifi.

En tres cursos del grado (2º, 3º y 4º) se han realizado varias actividades en el marco de estos intercambios virtuales, con algunos elementos en común y algunas diferencias.




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En segundo, utilizamos la plataforma Conversifi. Esta plataforma permite llevar a cabo conversaciones cortas (de unos 15 minutos) con hablantes nativos de inglés sobre temas variados. Los estudiantes realizan su primera conversación en español. De esta manera, refuerzan sus habilidades de enseñanza a la vez que aprenden a utilizar la plataforma. Además, mantienen otras seis conversaciones en inglés sobre temas que el profesor elige según sus necesidades y el contenido de la asignatura. De todas estas eligen una y envían la grabación al profesor.

En tercero, realizamos un proyecto colaborativo con estudiantes de la universidad estadounidense de Missouri Central. Tienen que resolver juntos un escape room en inglés, con retos tanto lingüísticos como culturales. Además, los estudiantes participan en debates mediante videollamadas. En cada videollamada, un estudiante tiene el rol de moderador. Finalmente, diseñan sus propios escape rooms adecuados para utilizar con niños y niñas de entre seis y doce años.

En cuarto, los estudiantes vuelven a utilizar Conversifi. En esta ocasión entablan cuatro conversaciones en inglés de tema libre. Una vez acabadas las conversaciones, escogen una y envían la grabación al profesor. También presentan un análisis lingüístico de una de ellas. Esta reflexión les ayuda a ser más conscientes de su nivel oral de inglés y de su capacidad docente.

Las tareas de cada curso se adaptan, por tanto, a la especialización y nivel de los alumnos.




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Resultados y beneficios clave

Los resultados, tanto del intercambio con Missouri en 3º, como del uso de Conversifi en 2º y 4º, reflejan beneficios múltiples y tangibles:

• Los estudiantes indicaron haber experimentado una mejora significativa en su capacidad comunicativa (leer, hablar, escuchar y escribir). También en sus habilidades digitales, sociales e interculturales, su pensamiento crítico y lateral y su creatividad e iniciativa.

• Aumentaron su motivación para aprender inglés. Mejoraron, además, sus niveles de confianza al interactuar con hablantes nativos, superando el miedo a cometer errores.

• Los estudiantes mostraron gran interés en la utilidad didáctica que tuvieron para ellos los intercambios virtuales y los escape rooms. Comentaron que los incorporarían en su futura enseñanza en Educación Primaria.

• La gran mayoría de los estudiantes afirmaron que las ventajas de realizar estas actividades superaron a las desventajas. Entre estas últimas mencionaron la coordinación horaria o problemas técnicos puntuales.

En resumen, esta metodología no solo mejora las competencias clave de los estudiantes, especialmente el dominio del inglés, sino que también los prepara para aplicar estas dinámicas en sus propias aulas.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Aprender inglés para enseñarlo: intercambios virtuales para los futuros docentes – https://theconversation.com/aprender-ingles-para-ensenarlo-intercambios-virtuales-para-los-futuros-docentes-267803

La rehabilitación del ictus está cambiando: lo que la ciencia recomienda hoy

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Polo Ferrero, Profesor en Fisioterapia, Universidad de Salamanca

Halfpoint/Shutterstock

Decenas de miles de personas sobreviven cada año a un ictus, pero muchas quedan con secuelas que afectan su movilidad, el lenguaje, la memoria o las actividades más básicas del día a día. Hace apenas dos décadas, la rehabilitación se basaba en ejercicios repetitivos y en largos periodos de espera a la “recuperación espontánea”. Hoy sabemos que ese modelo se ha quedado corto.

La ciencia ha demostrado que el cerebro conserva una sorprendente capacidad de reorganización, incluso meses o años después del daño. Y ese hallazgo ha impulsado una transformación profunda en la forma de tratar a los pacientes.

Las guías internacionales más recientes coinciden en un mensaje central: la rehabilitación debe comenzar cuanto antes, ser intensiva, individualizada y mantenerse en el tiempo. Esta es la hoja de ruta que la evidencia recomienda para mejorar la recuperación y la calidad de vida tras un ictus.

Las primeras 48 horas: evaluar rápido y planificar mejor

La recuperación no empieza cuando el paciente llega a casa, sino desde las primeras 24–48 horas tras sufrir el accidente cardiovascular, siempre que esté médicamente estable. En ese breve margen se define gran parte del pronóstico funcional.

Un equipo multidisciplinar —neurólogo, médico rehabilitador, fisioterapeuta, terapeuta ocupacional, logopeda y neuropsicólogo— realiza una valoración completa: movilidad, fuerza, equilibrio, riesgo de aspiración, comunicación, cognición y estado emocional. Para establecer la situación de partida se emplean escalas reconocidas como la NIHSS, la Escala de Rankin Modificada o el Índice de Barthel. Con esos datos se diseña un plan de rehabilitación individualizado que servirá como guía durante las semanas siguientes.

Movilización precoz: un cambio de paradigma

Una de las recomendaciones clave de las guías actuales es la movilización precoz. Comenzar a mover al paciente en las primeras 24–48 horas, siempre con supervisión, reduce complicaciones como neumonía, trombosis venosa profunda o úlceras por presión. Pero además, activa la plasticidad cerebral: cuanto antes se moviliza al paciente, mayores oportunidades hay de reentrenar los circuitos motores. Lo que podría contribuir, aunque de forma variable, a su recuperación funcional

Durante años se pensó que el paciente debía “descansar” después de un ictus. Hoy sabemos que ocurre lo contrario: la intensidad favorece la recuperación, siempre ajustada al estado y a la fatiga, uno de los síntomas más característicos tras el ictus. Por eso, en esta fase se combinan sesiones frecuentes, con muchas repeticiones y centradas en tareas funcionales, pero dosificando el esfuerzo para evitar agotamiento.

Este equilibrio entre intensidad y manejo adecuado de la fatiga permite aprovechar mejor la plasticidad cerebral y avanzar con seguridad en la recuperación de la movilidad y la autonomía.




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Tratamiento basado en la evidencia

La fisioterapia actual combina intervenciones orientadas a recuperar movimiento, coordinación y autonomía desde un enfoque plenamente funcional. Uno de sus pilares es el entrenamiento de la marcha en cinta, con o sin soporte de peso, que permite practicar cientos de pasos en un entorno seguro, mejorar la velocidad y corregir patrones asimétricos desde fases tempranas. A ello se suma el uso de robótica y exoesqueletos, que aumentan la repetición de movimientos y facilitan la activación de los circuitos motores necesarios para reorganizar el cerebro.

El entrenamiento se orienta siempre a tareas reales —levantarse, alcanzar objetos o realizar transferencias— porque el cerebro reaprende mejor practicando actividades significativas que ejercicios aislados. Para reducir el riesgo de caídas y mejorar la estabilidad, se incorpora trabajo de equilibrio y fortalecimiento progresivo, combinando ejercicios de control postural con el refuerzo de los principales grupos musculares implicados en la marcha.

La rehabilitación incluye también entrenamiento aeróbico, que mejora la resistencia, reduce la fatiga y potencia la neuroplasticidad; y la reeducación del tronco, esencial para recuperar el control postural en sedestación, es decir, la posición del cuerpo sentado, apoyando el peso sobre la pelvis, y durante las transferencias, los movimientos seguros para cambiar a una persona de una superficie a otra.

Entre las técnicas más innovadoras destaca la terapia en espejo, especialmente útil para el miembro superior, ya que la observación del reflejo del brazo sano activa áreas motoras del lado afectado. El enfoque se completa con el entrenamiento dual, que combina tareas motoras y cognitivas, y con la hidroterapia, que facilita el movimiento gracias a la flotación y permite trabajar movilidad, equilibrio y resistencia en un entorno más accesible.

La repetición es el motor de la neuroplasticidad: cuanto más se practica un movimiento, más se consolidan las redes neuronales asociadas.

En este proceso también es fundamental abordar complicaciones frecuentes que pueden limitar la recuperación. La espasticidad, trastorno del movimiento donde los músculos se tensan o se contraen involuntariamente, se maneja inicialmente con fisioterapia, estiramientos y férulas. Cuando persiste, puede requerir toxina botulínica o fármacos como baclofén, siempre acompañados de ejercicio intensivo.

El dolor neuropático —incluyendo el hombro doloroso, muy habitual tras un ictus— se trata mediante ejercicio terapéutico, un adecuado posicionamiento del miembro afectado y, en algunos casos, medicación específica o infiltraciones. Finalmente, el riesgo de caídas se reduce combinando entrenamiento del equilibrio, fortalecimiento muscular y una revisión del entorno doméstico para eliminar barreras y peligros.




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El papel de otras especialidades

La rehabilitación del ictus no se limita al ejercicio. Para recuperar la máxima independencia es necesario abordar la vida diaria, la comunicación y la cognición. La terapia ocupacional ayuda a recuperar actividades básicas como vestirse, asearse o manipular objetos, y utiliza técnicas específicas para el miembro superior, como la CIMT o la terapia en espejo. También se encarga de adaptar el entorno y los productos de apoyo para facilitar la autonomía.

La logopedia trabaja tanto la deglución —evaluada siempre antes de la primera comida para evitar aspiraciones— como los problemas de lenguaje y comunicación mediante ejercicios estructurados, apoyos visuales y herramientas tecnológicas.

La neuropsicología aborda las dificultades cognitivas habituales tras el ictus —atención, memoria, funciones ejecutivas o negligencia espacial (cuando la persona deja de prestar atención a un lado del cuerpo)—. Pero también el impacto emocional, como ansiedad o depresión. Eso favorece una recuperación más completa y una mejor adaptación al día a día.

Además, la prevención secundaria desde la rehabilitación es fundamental: controlar la hipertensión, la diabetes, el colesterol, la dieta y la adherencia a la medicación reduce de forma significativa el riesgo de recurrencia. La rehabilitación también implica educación sanitaria: enseñar al paciente y a la familia a identificar señales de alarma y mantener hábitos de vida saludables.

Después del alta: la rehabilitación no se detiene

Cuando el paciente vuelve a casa comienza una fase crucial: la rehabilitación post-alta, que puede realizarse en hospitales de día, centros ambulatorios o directamente en el domicilio. La evidencia señala que la continuidad asistencial marca la diferencia en los resultados. Por eso, las guías recomiendan una transición bien organizada entre el hospital y la comunidad.

La rehabilitación a domicilio es especialmente importante para personas con movilidad reducida, porque permite entrenar en el entorno real: subir escaleras, desplazarse por habitaciones estrechas o ducharse con seguridad. En esta fase, el papel de la familia y los cuidadores es esencial: reciben formación y participan activamente en el proceso.

Rehabilitación a largo plazo: mantener lo ganado

El ictus no es un episodio que termina con el alta médica. Muchos pacientes empeoran a medio plazo si no mantienen un programa de ejercicio y seguimiento. Por eso las guías recomiendan:

  • Programas continuados de actividad física
  • Entrenamiento de fuerza, seguro y eficaz
  • Adaptaciones laborales cuando sea necesario
  • Grupos de apoyo y acompañamiento social

El objetivo no es solo recuperar funciones, sino mantenerlas, prevenir complicaciones y favorecer la reintegración social y laboral.

La revolución tecnológica: robots, realidad virtual y telerehabilitación

La tecnología ha entrado con fuerza en los últimos años, aunque su uso debe ser siempre complementario a la terapia profesional. La robótica permite alcanzar un volumen de repeticiones difícil de lograr con terapia manual y es útil tanto para la marcha como para el miembro superior. Por su parte, la realidad virtual ofrece entornos motivadores y seguros para practicar tareas y mejorar el equilibrio.

La estimulación cerebral no invasiva muestra resultados prometedores aunque aún se utiliza como complemento. Y la tele-rehabilitación ha demostrado ser eficaz en determinados perfiles y reduce desigualdades en pacientes de zonas rurales o con problemas de movilidad.




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¿Qué caracteriza a una rehabilitación de calidad?

Una rehabilitación eficaz comienza con una valoración completa en las primeras 72 horas, seguida de una movilización segura dentro de las primeras 48. Implica evaluar la disfagia antes de la primera ingesta para evitar complicaciones, diseñar un plan individualizado que acompañe al paciente desde el hospital hasta su vuelta al hogar y asegurar una coordinación fluida con atención primaria y los recursos comunitarios. No se trata solo de aplicar técnicas, sino de construir un proceso continuo, integrado y adaptado a cada persona.

La evidencia es clara: invertir en una rehabilitación temprana, intensiva y sostenida reduce la discapacidad, mejora la independencia y es coste efectivo a largo plazo. El éxito no depende únicamente del tamaño del infarto cerebral, sino de la calidad del proceso rehabilitador y de la continuidad del cuidado.

La rehabilitación del ictus está cambiando gracias a la ciencia. Y ese cambio, ya en marcha, está transformando vidas.

The Conversation

Luis Polo Ferrero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La rehabilitación del ictus está cambiando: lo que la ciencia recomienda hoy – https://theconversation.com/la-rehabilitacion-del-ictus-esta-cambiando-lo-que-la-ciencia-recomienda-hoy-270917

The flu is everywhere. So why aren’t Canadians getting vaccinated for viral illness?

Source: The Conversation – Canada – By Andrea DeKeseredy, PhD student, Sociology, University of Alberta

The death of Prashant Sreekumar made headlines across Canada when the 43-year-old father of three died in the emergency room of Edmonton’s Grey Nuns hospital after waiting for eight hours with chest pains.

Recently, there have been other reports of preventable deaths in Alberta ERs. Alberta doctors have called the emergency room situation a disaster, citing a tsunami of seasonal respiratory illnesses that have overwhelmed hospitals and led to crowded emergency departments.

Widespread vaccination for common respiratory illnesses, including COVID-19 and the flu, would help to relieve the pressure on hospitals. Yet vaccination rates for seasonal illness are falling across Canada. Our research shows that conflicting messages across levels of government and skepticism about whether the vaccines work may be helping to fuel the emergency-room surge.

This winter is not the first bad virus season in Alberta, nor is it the first time we’ve seen patients die waiting for care. During the 2022-23 viral illness season, a “tripledemic” of viruses rolled across the country, as COVID-19, influenza and respiratory syncytial virus (RSV) circulated simultaneously.

Our research showed how this tripledemic also slammed working parents trying to maintain their jobs while they and their children were infected over and over again.

This year could prove even worse. The 2025-26 season marks a new height in influenza cases, rising above a three-season high. Hospitals across the country have been flooded with patients, and burnt-out health-care workers have been putting in extra shifts.

Despite all of this — and the overwhelming research that shows influenza vaccines keep people out of the hospitalfewer Canadians are getting vaccinated. With declining seasonal vaccination rates each year, Canada now falls far short of the vaccination coverage needed to protect at-risk groups such as seniors or people with chronic illness, which is 80 per cent.

Who do Canadians trust on health care?

Our research explored parental decision-making in Alberta during the tripledemic to understand why, or why not, people get themselves and their kids vaccinated for COVID-19 and influenza. Using Viewpoint Alberta survey data, we found that who parents trust and the messages governments provide around vaccination strongly influence whether they and their kids get shots.

During the pandemic, parents in Alberta faced conflicting messages from governments. Despite the promotion of vaccination by the federal government and public health agencies, the provincial United Conservative Party government took a strong stance against enforcing COVID-19 protective measures. For those who trusted the provincial government, this essentially negated any pro-vaccination messaging provided by other institutions.

Our study found that those who trusted the federal government as a source of health information were more likely to have vaccinated their children for COVID-19 than those who supported the Alberta government’s messaging. The same was true for those who trusted Alberta Health Services and the Chief Medical Officer of Health. Those who placed their trust in the elected UCP government had much lower vaccination rates.

Trust is important, but it’s not the only factor keeping seasonal vaccination rates low. The question of who is perceived to benefit from vaccination also shaped parents’ decisions.

Are seasonal vaccines worth the trouble?

In addition to looking at survey data, we also interviewed parents to better understand how they made their decisions regarding seasonal vaccination for themselves and their children.

We were surprised to learn that after repeated viral illness infections, parents were actually less likely to vaccinate their children. Persistent illness contributed to a sense that infection was both inevitable and mild, often not even worth preventing. Some parents were also skeptical of the novelty of the COVID-19 vaccine compared to more established vaccinations, despite assurances from health-care professionals.

These parents did not hold “anti-vaxxer” beliefs; instead they believed that viral illness season was inevitable, and of little risk to themselves and their children. On top of this, the struggle to balance work and child care already made it difficult for many families to get vaccinated. Because the vaccine didn’t prevent infections altogether, many parents believed it was not worth the added effort.

Canada needs a new approach

Canada does not have the resources to continue this yearly severe illness cycle. Without better uptake of seasonal vaccines, we are doomed to repeat the same mistakes year after year, resulting in more needless deaths and health system crises.

Clear and consistent messaging is key, and the messages of provincial leaders must match those of the federal government. Our research shows that all levels of government have a role to play in building public trust in seasonal vaccines, and in making sure those shots are accessible to everyone. Vaccines must be available freely, widely and early, without pre-booking and payment requirements.

The tragedy of patients dying while waiting for care in a busy emergency room illustrates the dangers of overcrowded facilities. Higher vaccination rates could help prevent respiratory illnesses from overwhelming hospitals. Our governments need to step up and step forward to build public trust and accessibility for seasonal vaccines.

The Conversation

Andrea DeKeseredy receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council (SSHRC).

Michelle Maroto receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council (SSHRC).

Amy Kaler does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. The flu is everywhere. So why aren’t Canadians getting vaccinated for viral illness? – https://theconversation.com/the-flu-is-everywhere-so-why-arent-canadians-getting-vaccinated-for-viral-illness-273354

Trump’s Greenland ambitions could wreck 20th-century alliances that helped build the modern world order

Source: The Conversation – USA – By Donald Heflin, Executive Director of the Edward R. Murrow Center and Senior Fellow of Diplomatic Practice, The Fletcher School, Tufts University

French Gen. Jean de Rochambeau and American Gen. George Washington giving final orders in late 1781 for the battle at Yorktown, where British defeat ended the War of Independence. Pierce Archive LLC/Buyenlarge via Getty Images

Make Denmark angry. Make Norway angry. Make NATO’s leaders angry.

President Donald Trump’s relentless and escalating drive to acquire Greenland from Denmark, whose government – along with that of Greenland – emphatically rejects the idea, has unnerved, offended and outraged leaders of countries considered allies for decades.

It’s the latest, and perhaps most significant, eruption of an attitude of disdain towards allies that has become a hallmark of the second Trump administration, which has espoused an America First approach to the world.

Trump, Vice President JD Vance and Defense Secretary Pete Hegseth have all said a lot of things about longtime allies that have caused frustration and outright friction among the leaders of those countries. The latest discord over Greenland could affect the functioning and even existence of NATO, the post-World War II alliance of Western nations that “won the Cold War and led the globe,” as a recent Wall Street Journal story put it.

As a former diplomat, I’m aware that how the U.S. treats its allies has been a crucial question in every presidency, since George Washington became the country’s first chief executive. On his way out of that job, Washington said something that Trump, Vance and their fellow America First advocates would probably embrace.

In what’s known as his “Farewell Address,” Washington warned Americans against “entangling alliances.” Washington wanted America to treat all nations fairly, and warned against both permanent friendships and permanent enemies.

The irony is that Washington would never have become president without the assistance of the not-yet-United-States’ first ally, France.

In 1778, after two years of brilliant diplomacy by Benjamin Franklin, the not-yet-United States and the Kingdom of France signed a treaty of alliance as the American Colonies struggled to win their war for independence from Britain.

France sent soldiers, money and ships to the American revolutionaries. Within three years, after a major intervention by the French fleet, the battle of Yorktown in 1781 effectively ended the war and America was independent.

Isolationism, then war

American political leaders largely heeded Washington’s warning against alliances throughout the 1800s. The Atlantic Ocean shielded the young nation from Europe’s problems and many conflicts; America’s closest neighbors had smaller populations and less military might.

Aside from the War of 1812, in which the U.S. fought the British, America largely found itself protected from the outside world’s problems.

That began to change when Europe descended into the brutality of World War I.

Initially, American politicians avoided involvement. What would today be called an isolationist movement was strong; its supporters felt that the European war was being waged for the benefit of big business.

But it was hard for the U.S.to maintain neutrality. German submarines sank ships crossing the Atlantic carrying American passengers. The economies of some of America’s biggest trading partners were in shreds; the democracies of Britain, France and other European countries were at risk.

A century-old newspaper front page with headlines about the sinking of a British ocean liner by Germans.
A Boston newspaper headline in 1915 blares the news of a British ocean liner sunk by a German torpedo.
Serial and Government Publications Division, Library of Congress

President Woodrow Wilson led the U.S. into the war in 1917 as an ally of the Western European nations. When he asked Congress for a declaration of war, Wilson asserted the value of like-minded allies: “A steadfast concert for peace can never be maintained except by a partnership of democratic nations.”

Immediately after the war, the Allies – led by the U.S., France and Britain – stayed together to craft the peace agreements, feed the war-ravaged parts of Europe and intervene in Russia after the Communist Revolution there.

Prosperity came along with the peace, helping the U.S. quickly develop into a global economic power.

However, within a few years, American politicians returned to traditional isolationism in political and military matters and continued this attitude well into the 1930s. The worldwide Great Depression that began in 1929 was blamed on vulnerabilities in the global economy, and there was a strong sentiment among Americans that the U.S. should fix its internal problems rather than assist Europe with its problems.

Alliance counters fascism

As both Hitler and Japan began to attack their neighbors in the late 1930s, it became clear to President Franklin Roosevelt and other American military and political leaders that the U.S. would get caught up in World War II. If nothing else, airplanes had erased America’s ability to hide behind the Atlantic Ocean.

Though public opinion was divided, the U.S. began sending arms and other assistance to Britain and quietly began military planning with London. This was despite the fact that the U.S. was formally neutral, as the Roosevelt administration was pushing the limits of what a neutral nation can do for friendly nations without becoming a warring party.

In January of 1941, Roosevelt gave his annual State of the Union speech to Congress. He appeared to prepare the country for possible intervention – both on behalf of allies abroad and for the preservation of American democracy:

“The future and the safety of our country and of our democracy are overwhelmingly involved in events far beyond our borders. Armed defense of democratic existence is now being gallantly waged in four continents. If that defense fails, all the population and all the resources of Europe, and Asia, and Africa and Australasia will be dominated by conquerors. In times like these it is immature – and incidentally, untrue – for anybody to brag that an unprepared America, single-handed, and with one hand tied behind its back, can hold off the whole world.”

When the Japanese attacked Hawaii in 1941 and Hitler declared war on the U.S., America quickly entered World War II in an alliance with Britain, the Free French and others.
Throughout the war, the Allies worked together on matters large and small. They defeated Germany in three and half years and Japan in less than four.

As World War II ended, the wartime alliance produced two longer-term partnerships built on the understanding that working together had produced a powerful and effective counter to fascism.

'Teamwork that defeated Japan' blares a headline on a 1945 publication.
A ‘news bulletin’ from August 1945 issued by a predecessor of the United Nations.
Foreign Policy In Focus

Postwar alliances

The first of these alliances is the North Atlantic Treaty Organization, or NATO. The original members were the U.S., Canada, Britain, France and others of the wartime Allies. There are now 32 members, including Poland, Hungary and Turkey.

The aims of NATO were to keep peace in Europe and contain the growing Communist threat from the Soviet Union. NATO’s supporters feel that, given that wars in the former Yugoslavia in the 1990s and in the Ukraine today are the only major conflicts in Europe in 80 years, the alliance has met its goals well. And NATO troops went to Afghanistan along with the U.S. military after 9/11.

The other institution created by the wartime Allies is the United Nations.

The U.N. is many things – a humanitarian aid organization, a forum for countries to raise their issues and a source of international law.

However, it is also an alliance. The U.N. Security Council on several occasions authorized the use of force by members, such as in the first Gulf War against Iraq. And it has the power to send peacekeeping troops to conflict areas under the U.N. flag.

Other U.S. allies with treaties or designations by Congress include Australia, New Zealand, Japan, Israel, three South American countries and six in the Middle East.

Many of the same countries also created institutions such as the World Bank, the International Monetary Fund, the Organization of American States and the European Union. The U.S. belongs to all of these except the European Union. During my 35-year diplomatic career, I worked with all of these institutions, particularly in efforts to stabilize Africa. They keep the peace and support development efforts with loans and grants.

Admirers of this postwar liberal international order point to the limited number of major armed conflicts during the past 80 years, the globalized economy and international cooperation on important matters such as disease control and fighting terrorism.
Detractors point to this system’s inability to stop some very deadly conflicts, such as Vietnam or Ukraine, and the large populations that haven’t done well under globalization as evidence of its flaws.

The world would look dramatically different without the Allies’ victories in the two World Wars, the stable worldwide economic system and NATO’s and the U.N.’s keeping the world relatively peaceful.

But the value of allies to Americans, even when they benefit from alliances, appears to have shifted between George Washington’s attitude – avoid them – and that of Franklin D. Roosevelt – go all in … eventually.

_This is an updated version of an article originally published on Feb. 20, 2025. _

The Conversation

Donald Heflin does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Trump’s Greenland ambitions could wreck 20th-century alliances that helped build the modern world order – https://theconversation.com/trumps-greenland-ambitions-could-wreck-20th-century-alliances-that-helped-build-the-modern-world-order-273863

Mocos: ¿asquerosos o prodigiosos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By A. Victoria de Andrés Fernández, Profesora Titular en el Departamento de Biología Animal, Universidad de Málaga

Dmitrii Pridannikov/shutterstock

Pocas imágenes resultan más repulsivas que unas narices mocosas, no será mi yo cívico el que lo niegue. Pero sí que será mi otro yo, el científico, el que sugiera mirar más allá y reflexionar sobre cómo sin los mocos estaríamos muertos.

Sí, aunque cueste creerlo, el mucus (así suena mejor) es la materia física que permite la dinámica vital. Desde esta perspectiva, el moco es vida. Y lo es gracias a unas propiedades físicas fascinantes que le permiten realizar funciones increíblemente variadas y sofisticadas. Tanto es así, que determinados mucus (como el cervical) se han ganado el calificativo de “inteligentes”.

La insospechada física del moco

El mucus es lo que denominamos, aunque suene rarísimo, un material reológico (deformable) de tipo viscoelástico no newtoniano. Esto quiere decir que, a macroescala, se puede comportar indistintamente como un líquido (que fluye) o como un sólido (resistente a la deformación), dependiendo del esfuerzo aplicado. Por el contrario, a nanoescala, se comporta como un fluido de baja viscosidad. Por eso, aunque en reposo sea espeso, la fuerza de una potente tos o un estornudo lo vuelve fluido (ya que se adelgaza por cizallamiento o shear-thinning), lográndose su expulsión.

Esto es posible porque este coloide contiene, además de más de mil proteínas diferentes (entre defensivas, estructurales o factores de crecimiento), muchas moléculas de mucina. Estas glucoproteínas son las responsables de que el mucus, cambiante y pseudoplástico, obre maravillas funcionales. Sin mucus, los mamíferos ni respiraríamos, ni nos alimentaríamos ni, lo que es más sorprendente, nos reproduciríamos.

La mejor de las defensas

Las mucinas forman una red tridimensional, microscópica y muy pegajosa, que atrapa partículas en las entradas de nuestros “agujeros corporales”. Al inspirar, estas auténticas barreras físicas evitan que bacterias, virus, polvo y demás partículas ambientales contacten con las células epiteliales de la mucosa del tracto respiratorio. Las mucinas MUC5AC y MUC5B del moco pulmonar, además, aglutinan estas partículas extrañas y las expulsan al exterior mediante el movimiento ciliar coordinado de bronquiolos, bronquios y tráquea.

Pero no son solo defensores pasivos. Los azúcares de las mucinas (glicanos) alteran la superficie de los microorganismos, impidiendo que se “peguen” a nuestras células. Asimismo, el mucus contiene elementos que neutralizan o destruyen microorganismos, como anticuerpos (la inmunoglobulina A secretora neutraliza patógenos antes de que lleguen a contactar con las células) o enzimas antimicrobianas (la lisozima y otros péptidos dañan o inhiben bacterias y hongos).

Y no solo se trata de una cuestión de narices. En el tracto digestivo, el mucus segregado por las células globosas gastrointestinales nos defiende contra la multitud de patógenos que ingerimos normalmente con los alimentos o con los objetos que nos llevamos a la boca a lo largo del día.

El mucus es un excelente hidratante

El mucus sorprende también por su higroscopía, es decir, por su elevadísima capacidad de captar y retener agua. Se lo debe también a las mucinas, que forman múltiples puentes de hidrógeno con las moléculas de agua, configuran una especie de colchón de hidrogel sobre los epitelios que evita su desecación y amortigua los cambios térmicos y químicos.

Esto es más importante de lo que parece. En primer lugar, porque impide el daño mecánico de los tejidos expuestos al exterior, manteniéndolos lo necesariamente húmedos y lubricados para que sean funcionales. Pensemos en nuestros ojos: la fina capa de mucus superficial retiene una humedad que, junto con el parpadeo, nos asegura el nivel de hidratación necesario para poder ver. Pero también porque protege estructuras internas de la desecación que supone el contacto con el aire.

Me refiero no solo a la cavidad bucal, las fosas nasales, los conductos excretores o las aberturas reproductoras sino, sobre todo, a los órganos específicos de flujo de aire. ¡Qué sería de nuestros conductos respiratorios y de nuestros pulmones sin un mucus hidratador! Pasarían al estado de mojama en pocos minutos y no podríamos respirar.

Pero es más que un protector, porque los gases no difunden si no es a través de un medio fluido continuo donde sus moléculas puedan moverse. De hecho, el coeficiente D de la ley de Fick (J=−D∇c), que rige los procesos de difusión, solo está bien definido dentro de una fase continua que es lo que, precisamente, aporta el mucus. Ahora ya saben por qué los animales de respiración cutánea son tan babosos y tienen una piel tan mucilaginosa. También entenderán por qué nuestros alveolos pulmonares no son más que microbolsas de moco. Así aseguran la difusión del oxígeno hacia los glóbulos rojos de los capilares dispuestos bajo el epitelio respiratorio.

Igualmente se posibilita la difusión de los alimentos digeridos a través de las vellosidades intestinales. Sin su recubrimiento de mucus, sería inviable nuestra alimentación.

No hay máquina biológica que funciones sin una buena lubricación

La higroscopía del mucus, por otra parte, minimiza el rozamiento y facilita el tránsito de materia a través de los numerosos conductos anatómicos. Pensemos en la dificultad de tragar con la boca seca. Sería de lo más tortuoso (o imposible) el paso de los alimentos hacia el estómago, por no hablar del de las heces a través del recto (¡que se lo digan a los estreñidos!).

Mención aparte merece la función del mucus en los procesos reproductores, desde la cópula (qué sería de nosotros sin un buen mucus vaginal) hasta el alumbramiento de los mamíferos, especialmente el humano, donde algo enorme como un bebé tiene que salir por un estrechísimo y tortuoso canal de parto.

Las excepcionales propiedades lubricantes del mucus no solo facilitan el tránsito de materiales por nuestros aparatos y sistemas, sino que suponen el paraíso de desarrollo para microorganismos que nos ayudan a vivir. Me refiero al mucus intestinal, que sirve de hábitat y fuente de nutrientes para bacterias beneficiosas. Entre otras cosas, porque la microbiota intestinal utiliza los glicanos mucínicos como fuente de energía.

Por otra parte, nosotros no nos arrastramos para ir de un sitio a otro, pero pensemos en los invertebrados reptantes. Un caracol se puede desplazar porque tiene un pie reptador netamente mucoso de adhesión reversible y deslizamiento controlado. Por cierto, de esta capacidad higroscópica nos hemos aprovechado cosméticamente en forma de la famosa baba de caracol, que tan de moda se puso hace unos años.

Nada más sofisticado que el mucus cervical

Y por último, si me permiten la licencia, en el caso del mucus cervical femenino, el que forma el flujo vaginal, podemos hablar de un “mucus inteligente”. Tanto, que sus mucinas MUC5B y MUC5AC son capaces de modificar su estructura y reología en respuesta directa a las hormonas sexuales, regulando así de forma activa el paso de los espermatozoides y, consecuentemente, la fertilidad. Así, la elevación de estrógenos durante nuestra fase ovulatoria vuelve al mucus “fértil” (elástico y fluido), facilitando la natación de los espermatozoides. Por el contrario, la progesterona elevada de la fase lútea densifica el mucus, que se transforma en una densa barrera a patógenos y una auténtica defensa inmunológica.

Visto lo visto, más que asqueroso el moco es una maravilla biológica casi perfecta e, indiscutiblemente, vital. Pero, no se confunda. Continúe reprobando el impresentable gesto de hurgarse la nariz de algunos, por favor.

The Conversation

A. Victoria de Andrés Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Mocos: ¿asquerosos o prodigiosos? – https://theconversation.com/mocos-asquerosos-o-prodigiosos-273127

El estilo pulcro e internacional de la ilustradora Luci Gutiérrez

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Julia Sainz Cortés, Docente universitaria e investigadora, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Compendio de imágenes del Instagram de Luci Gutiérrez. Luci Gutiérrez/Instagram

Si usted abre una semana cualquiera la revista estadounidense The New Yorker, se encontrará con que la sección “Shouts and Murmurs” la ilustra habitualmente la española Luci Gutiérrez, Premio Nacional en 2023.

Su relación con la publicación neoyorquina se remonta a un viaje que hizo a esa ciudad, tras cursar estudios de ilustradora en la Escola Massana, con el objetivo de aprender inglés. Además de conseguirlo (al menos lo suficiente como para publicar un libro de gramática sobre el idioma), esta experiencia acabó convirtiéndose en una puerta de entrada a la prensa estadounidense. Así comenzó a colaborar con medios de gran prestigio como la revista ya citada, The New York Times y The Wall Street Journal

Gutiérrez, nacida en Barcelona en 1977, ha ilustrado asimismo numerosos libros –desde álbumes infantiles hasta títulos de contenido sexual– y obras más personales en las que explora su visión del mundo y sus propios temores. En varios de estos trabajos, la representación de la mujer y el género como sistema de opresión resultan ejes centrales.

Las ilustradoras en la España del siglo XX

Para contextualizar su lugar en la ilustración española conviene hacer un recorrido histórico.

La visibilidad profesional de las mujeres en ese ámbito se remonta a mediados del siglo XX. Hablamos de autoras nacidas a finales del XIX o principios del XX, como Carmen Barbará o Purita Campos, centradas mayoritariamente en la ilustración infantil o dirigida a público femenino. No obstante, algunas participaron también en trabajos de cartelería con contenido político.

En esta primera ola, encontramos la figura pionera de Núria Pompeia, nacida en 1931. Pompeia introdujo cambios significativos en el discurso icónico y textual y luchó explícitamente por sacar del silencio a las autoras, cuestionando el modelo machista que las había mantenido invisibles.

La situación de la mujer fue un tema transversal de su obra. Uno de sus logros más notables fue conectar con el público femenino, a quien el sector tradicionalmente había relegado a la prensa rosa o a los tebeos para chicas. Pompeia ofrecía representaciones reales de mujeres en cabeceras que hasta entonces no las habían tenido en cuenta.

Viñeta en la que una mujer se dispone a empezar una carrera de salto de vallas con un peso atado a la pierna.
Viñeta de Nuria Pompeia.
Instituto Quevedo de las Artes del Humor.

En este primer grupo se encuentran también ilustradoras autodidactas como Montse Clavé o Marika Vila, fuertemente vinculadas al activismo feminista.

En los años 80 surge una segunda ola de historietistas formadas en estudios artísticos reglados, como Isa Feu, Pilar Herrero, Laura Pérez Vernetti, Marta Guerrero y María Colino. Aunque se distancian de las reivindicaciones feministas explícitas, las mujeres y la sexualidad están fuertemente presentes en su obra.

Su producción destaca por la libertad creativa y estilística. Posiblemente, gracias a su tono erótico logran publicar en revistas de gran tirada y público mayoritariamente masculino como El Jueves o El Víbora. Este desplazamiento hacia la erótica y la pornografía coincide con un clima sociocultural marcado por el hedonismo y el individualismo de los años 80 y 90 en España. Estas décadas se consideran menos políticas y en ellas el feminismo se entendía con frecuencia como algo desfasado.

Llega Luci Gutiérrez

La situación actual de las mujeres en la ilustración ha cambiado sustancialmente, y hoy existe un número notable de ilustradoras de prestigio. Entre ellas se encuentra Luci Gutiérrez, con un estilo personal, clásico y despojado de artificios, centrado en la idea y el concepto.

Su trayectoria revela una preocupación clara por el género como sistema de dominación patriarcal. Esto se ve en la representación de mujeres diversas y, en ocasiones, poderosas o incluso violentas, en línea con su humor negro. Aunque debido a su flexibilidad profesional no puede considerarse una activista en sentido estricto, en sus proyectos personales emerge una mirada crítica hacia las desigualdades.

Esto se percibe, por ejemplo, en dos de sus libros ilustrados: English is not Easy y Las mujeres y los hombres.

Gramática en un libro ilustrado

English is not Easy surge de sus dificultades con el inglés durante su estancia neoyorquina. El libro funciona como un manual lingüístico atípico en el que entremezcla conceptos e ideas que rompen con las convenciones de un compendio de lecciones gramaticales. Su estilo visual se basa en la sencillez formal, el predominio de la línea y una paleta muy controlada. La obra utiliza únicamente el blanco, el negro y el rojo, un recurso cromático habitual en su trayectoria, que en ocasiones complementa con tonos vivos como el verde o el amarillo para enfatizar ciertos elementos.

Portada de English is not easy.

Luci Gutiérrez

En este libro combina ilustraciones inocentes con viñetas de humor negro o gran carga crítica. Un ejemplo destacado es la ilustración dedicada a los posesivos, donde aborda los asesinatos machistas y la percepción de algunas mujeres como propiedad.

El libro incluye numerosas escenas sobre las relaciones entre mujeres y hombres desde ópticas diversas, y destaca la variedad de cuerpos, edades y roles entre los personajes femeninos. Sus figuras apenas incorporan detalles accesorios y carecen de fondos, lo que refuerza la claridad del mensaje mediante poses y gestos expresivos.

Otra constante en su estilo es la combinación entre lo cotidiano y lo monstruoso o fantástico, mediante juegos de escala, hibridaciones y manipulaciones visuales vinculadas al texto. En muchos dibujos aparecen mujeres explorando su sexualidad o retratadas con sus caracteres sexuales expuestos, mientras que el cuerpo masculino se presta con frecuencia al sarcasmo al asociarlo a tópicos de la masculinidad. La temática se aborda con naturalidad y libertad.

Imagen de un hombre vestido y otro desnudo para enseñar el vocabulario en inglés.
Imagen de English Is Not Easy de Luci Gutierrez.
Luci Gutiérrez

En relación con el género como sistema de opresión, Gutiérrez manifiesta una preocupación recurrente por las limitaciones impuestas a los modales femeninos, ya sea representando personajes que se ajustan a los mandatos sociales o mostrando figuras femeninas que realizan acciones consideradas censurables o contrarias a los estereotipos.

Los 70 y el siglo XXI

Las mujeres y los hombres es un tomo diferente, de autoría ajena. Concebido originalmente en los años 1977 y 1978, el libro aborda el machismo y las desigualdades de género para un público infantil y juvenil. Media Vaca lo reeditó en 2015 dentro de la colección “Libros para mañana” considerando que el texto todavía estaba vigente.

Como ilustradora, Gutiérrez incorpora aquí, además del blanco, el negro y el rojo, un tono verde complementario, pero evita adjudicar cada color a un sexo concreto. El texto es directo y didáctico, y su aportación gráfica resulta especialmente significativa por las metáforas visuales que amplifican y contextualizan el mensaje. Una de las ilustraciones más potentes muestra simultáneamente la resistencia de la mujer frente al sistema que la oprime y el mandato de género como una carga para los propios hombres.

Un par de las imágenes de Las mujeres y los hombres.
Ilustración de Las mujeres y los hombres.
Media Vaca

El libro trata también la desigual participación de las mujeres en la toma de decisiones globales mediante una escena en la que cuatro líderes masculinos se pasan una pelota que simboliza el poder, mientras una mujer apenas logra acercarse. En el ámbito laboral, presenta a cuatro mujeres sosteniendo literalmente una mesa sobre la que descansa un directivo varón, metáfora del trabajo invisible que posibilita el éxito masculino.

Gran parte del contenido se centra en la educación diferenciada, los roles, los juegos y la diferente conducta de los adultos hacia niñas y niños, aspectos que la artista representa con gran precisión expresiva.

Como vemos, la inteligencia, humor e ingenio para traducir ideas en imágenes de Luci Gutiérrez explican el amplio reconocimiento alcanzado.

The Conversation

Este trabajo pertenece al proyecto “Mujeres + diseño (RED-Diseña) / Women + design” (INC-UDIT-2025-PRO20), un proyecto de investigación competitivo interno de UDIT; proyecto liderado por el Grupo de Investigación UDIT de Diseño, Cultura visual y Género (Grupo Genius), perteneciente a la Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología (UDIT) de Madrid (España).

ref. El estilo pulcro e internacional de la ilustradora Luci Gutiérrez – https://theconversation.com/el-estilo-pulcro-e-internacional-de-la-ilustradora-luci-gutierrez-269543

Inteligencia artificial y derechos digitales: ¿progreso o espejismo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nuria Oliver, Directora de la Fundación ELLIS Alicante y profesora honoraria de la Universidad de Alicante, Universidad de Alicante

La inteligencia artificial (IA) hoy está presente, de manera invisible, en prácticamente todos los ámbitos de nuestra sociedad. Su adopción, a escala masiva, no tiene precedentes y el potencial que nos brinda para tener impacto social positivo es inmenso. De hecho, necesitamos apoyarnos en la IA para abordar los grandes retos del siglo XXI, desde el cambio climático al envejecimiento de la población. Nos puede ayudar, por ejemplo, a detectar tumores antes de que sean visibles al ojo humano en pruebas radiológicas, a reducir el consumo energético de nuestras ciudades, hogares y empresas, o a encontrar patrones en datos científicos que a los humanos nos llevaría décadas descubrir.

Una de las aspiraciones es que la IA nos haga más humanos al liberarnos de tareas repetitivas, mecánicas y de poco valor. Dicha aspiración es posible, pero su consecución no está garantizada. De hecho, si dejamos que la IA tome decisiones por nosotros en exceso, corremos el riesgo de atrofiar nuestras propias habilidades: el pensamiento crítico, la empatía, la creatividad, la comprensión lectora, la capacidad de escribir… Esto puede conducirnos no solo a una dependencia silenciosa, sino a la pérdida de habilidades que nos definen como humanos, como nuestra capacidad para utilizar el lenguaje.

No es la solución para todo

Además, vivimos en un momento de cierto solucionismo tecnológico que nos empuja a recurrir a la IA incluso donde una solución más simple sería más eficaz, entendible y sostenible y también menos arriesgada. Por ejemplo, ¿realmente necesitamos un asistente inteligente para encender las luces de nuestra casa o un modelo complejo para organizar un calendario que podríamos gestionar con una sencilla aplicación? Innovar no es acumular tecnología, sino mejorar de verdad la vida de las personas. En muchos casos, un buen diseño de procesos o una interfaz clara vuelven innecesarios millones de parámetros entrenados con cantidades ingentes de datos y con un consumo energético inmenso.

Una pregunta que surge con frecuencia es si la IA es más inteligente que nosotros, los humanos. Sin duda, no lo es. Los sistemas de IA actuales son excelentes realizando tareas muy concretas como jugar al ajedrez, clasificar imágenes, traducir de un idioma a otro, predecir patrones y generar texto plausible. Probablemente, sean mejores que el mejor de los humanos, pero solo saben hacer dicha tarea: es lo que se conoce como “inteligencia artificial específica”.

Esos mismos sistemas que tanto nos impresionan carecen, entre otras cosas, de comprensión del contexto, de modelo del mundo, de sentido común, de emociones, de capacidad para aprender constantemente y adaptarse, de consciencia… Son programas de ordenador, sin cuerpo y sin experiencia vital en el mundo físico. Y aunque sintamos la necesidad de compararnos, y en algunos casos nos parezca que su inteligencia supera a la nuestra, es importante recordarnos que dicha comparación no tiene sentido. Un debate más productivo es preguntarnos cómo podemos aprovechar las innegables capacidades de la IA para que los humanos desarrollemos todo nuestro potencial.

Original, pero no creativa

El debate se intensifica con la irrupción de las técnicas de IA generativa, capaces de crear imágenes, vídeos, música, texto, código o incluso moléculas de manera automática y casi instantánea. ¿Puede ser la inteligencia artificial creativa? Ese contenido puede ser original y sorprendente, pero no nace de experiencias, emociones o intenciones propias. Es el resultado de procesar y recombinar patrones aprendidos de millones de obras previas. Un pintor humano puede decidir romper con todas sus influencias por una convicción íntima; un modelo de IA, por definición, no tiene convicciones. Eso no significa que no pueda ser útil en procesos creativos: puede inspirar, explorar variaciones y desbloquear ideas, pero su creatividad es instrumental.

La creatividad humana, en cambio, es vivencial: lleva consigo el peso de nuestras historias, ideas, emociones, deseos o miedos. No olvidemos que la expresión creativa humana es mucho más que la obra creativa, producto de dicha creación. La expresión creativa es también el proceso, el mensaje, la intencionalidad, el contexto… elementos fundamentales que no existen cuando un algoritmo de IA generativa produce un poema, una canción o un diseño gráfico, por muy sofisticados que sean.

El entusiasmo colectivo con el que hemos adoptado la inteligencia artificial en nuestra sociedad viene acompañado a menudo por una peligrosa idea: que la IA es siempre sinónimo de progreso, entendido como mejora de la calidad de vida de las personas (de todas, no solo de algunas), así como del resto de seres vivos del planeta y el planeta en sí mismo. Una IA que optimiza la logística de un almacén puede resultar útil, pero si para lograrlo recurre a una vigilancia excesiva, consume cantidades ingentes de agua potable y electricidad y precariza el trabajo humano, ¿podemos llamarlo progreso?

En última instancia, la IA debería evaluarse no por lo impresionante que pueda ser su rendimiento, sino por su impacto en la sociedad.

Además, los sistemas de inteligencia artificial no son perfectos. Adolecen de limitaciones importantes que, entre otras cosas, impactan directamente en los derechos fundamentales de las personas, como son la discriminación, los sesgos y la estereotipación algorítmica; la falta de transparencia, diversidad y veracidad; la violación de la privacidad; la excesiva huella de carbono; la manipulación subliminal de nuestro comportamiento; la difícil reproducibilidad; y las vulnerabilidades de seguridad.

Tomemos, como ejemplo, el reto de la discriminación. Los sistemas de IA actuales están basados en métodos de aprendizaje estadístico que necesitan ser entrenados con cantidades ingentes de datos, datos que en muchos casos reflejan nuestras desigualdades y prejuicios. Por tanto, si no corregimos los sesgos, estereotipos y patrones de discriminación existentes en la sociedad, los algoritmos de IA, entrenados con datos humanos, no solo los replicarán, sino que en muchos casos los amplificarán. Así darán lugar, por ejemplo, a sistemas de contratación que penalizan sin querer a mujeres o minorías, aplicaciones de reconocimiento facial que fallan más en personas con ciertos tonos de piel o sistemas de recomendación que nos encierran en burbujas de información y cámaras de resonancia que refuerzan nuestras propias creencias y prejuicios.

La discriminación automatizada no es más aceptable que la humana; de hecho, puede ser más peligrosa por su inmensa escalabilidad y su aparente –que no real– objetividad matemática. Además, las consecuencias negativas fruto del uso de la IA no solo son resultado de una negligencia o diseño deficiente, sino que también pueden ser intencionales, como cuando se usa la IA para manipular elecciones o vigilar masivamente a la población. Pero en todos los casos, el daño es real.

El código FATEN

El carácter transversal de la IA, es decir, su capacidad para ser aplicada prácticamente en todos los ámbitos y sectores de la sociedad, la dota de un inmenso poder, lo que nos obliga a preguntarnos cómo mitigar sus riesgos, invirtiendo en investigación en inteligencia artificial responsable, acompañando su despliegue en la sociedad con regulaciones sólidas, auditorías independientes y un compromiso ético firme e integrando los derechos digitales desde su concepción. Para recordar qué características debemos exigir a los sistemas de IA me gusta utilizar el acrónimo en inglés FATEN:

  1. F de fairness o justicia. Exigir garantías de no discriminación, sesgos o estereotipación fruto del uso de sistemas de IA.

  2. A de autonomy o autonomía. Según este valor central en la ética occidental, cada persona debería tener la capacidad de decidir sus propios pensamientos y acciones, asegurando por tanto la libre elección, la libertad de pensamiento y de acción. Sin embargo, hoy en día podemos construir modelos computacionales de nuestros deseos, necesidades, personalidad y comportamiento con la capacidad de influir en nuestras decisiones y acciones de manera subliminal, como ha quedado patente en los procesos electorales de Estados Unidos y el Reino Unido. Por ello, deberíamos garantizar que los sistemas inteligentes tomen las decisiones preservando siempre la autonomía y la dignidad humanas.

    La A también es de accountability o atribución de responsabilidad. Es decir, se trata de tener claridad a la hora de atribuir responsabilidad de las consecuencias de las decisiones algorítmicas. Y de augmentation o aumento, de manera que los sistemas de IA se utilicen para aumentar o complementar la inteligencia humana, no para reemplazarla.

  3. T de trust o confianza. La confianza es un pilar básico en las relaciones entre humanos e instituciones. La tecnología necesita un entorno de confianza con sus usuarios que cada vez delegan (delegamos) más nuestras vidas a servicios digitales. Para que exista confianza, han de cumplirse tres condiciones: (1) la competencia, es decir, la habilidad para realizar con solvencia la tarea comprometida; (2) la fiabilidad, es decir, la competencia sostenida en el tiempo; y (3) la honestidad y transparencia.

    Por ello, la T también es de transparency o transparencia. Hace referencia a la cualidad de poder entender un modelo o un proceso computacional. Estos serán transparentes si una persona puede observarlos y entenderlos con facilidad.

    Las decisiones algorítmicas pueden ser opacas por tres motivos: intencionalmente, para proteger la propiedad intelectual de los creadores de dichos algoritmos; debido a una falta de conocimiento por parte de los usuarios que les impida entender cómo funcionan los algoritmos y modelos computacionales construidos a partir de los datos; e intrínsecamente, dado que ciertos métodos de aprendizaje por ordenador (por ejemplo, modelos de deep learning o aprendizaje profundo) son extremadamente complejos.

    Asimismo, es imprescindible que los sistemas de inteligencia artificial sean transparentes no solo con relación a qué datos captan y analizan sobre el comportamiento humano y para qué propósitos, sino también respecto a en qué situaciones los humanos están interaccionando con sistemas artificiales (por ejemplo, chatbots) o con otros humanos.

  4. E de education o educación. Es decir, invertir en educación a todos los niveles, empezando por la educación obligatoria. En el libro Los nativos digitales no existen. Cómo educar a tus hijos para un mundo digital (Deusto, 2017) escribí un capítulo llamado “Eruditos Digitales” donde enfatizo la necesidad de enseñar tanto pensamiento computacional desde primero de primaria, como de desarrollar el pensamiento crítico, la creatividad y habilidades de las inteligencias social y emocional.

    Hoy en día no estamos desarrollando estas facultades, pero cada vez van a resultar más importantes para nuestra salud mental y nuestra coexistencia pacífica y armoniosa tanto con la tecnología como con otros humanos y con nuestro planeta. La adopción masiva de herramientas de inteligencia artificial generativa de textos, música, audios o vídeos cuestiona los modelos tradicionales de enseñanza y evaluación, dado que cualquier estudiante puede, en cuestión de segundos, producir redacciones, comentarios, resúmenes o artículos –veraces o no– sobre prácticamente cualquier tema y en cualquier idioma.

    El nivel de competencia de estos sistemas nos ha sorprendido a todos y todas, expertos y legos en la materia. Su falta de rigor y veracidad hace, hoy más que nunca, relevante la necesidad de desarrollar el espíritu crítico y de validar y contrastar la información con fuentes reputadas y solventes.

    Sin duda, cada vez más a menudo, no podremos ni deberemos creer todo lo que leemos, escuchamos o vemos en el mundo digital. La educación también es necesaria para la ciudadanía, los profesionales –sobre todo a aquellos cuyas profesiones están siendo transformadas por la tecnología–, los trabajadores del sector público y nuestros representantes políticos. Una apuesta ambiciosa por la educación en competencias tecnológicas es vital para poder reducir la situación de asimetría en la que nos encontramos inmersos hoy en día: asimetría con respecto al acceso a los datos y, aún más importante, con respecto al acceso al conocimiento experto para saber qué hacer con dichos datos. Comparto las palabras de Marie Curie: “Nada en la vida debería temerse, sino entenderse. Ahora es momento de entender más para así temer menos”.

    La E también es de beneficence o beneficiencia, es decir, maximizar el impacto positivo del uso de la inteligencia artificial, con sostenibilidad, diversidad, honestidad y veracidad. Porque no olvidemos que no todo desarrollo tecnológico es progreso. Y a lo que deberíamos aspirar y en lo que deberíamos invertir es en el progreso, entendido como una mejora en la calidad de vida de las personas, del resto de seres vivos y de nuestro planeta.

    Y de equidad. El desarrollo y crecimiento de internet y de la World Wide Web durante la Tercera y Cuarta Revolución Industrial ha sido sin duda clave para la democratización del acceso al conocimiento. Sin embargo, los principios de universalización del conocimiento y democratización del acceso a la tecnología están siendo cuestionados hoy en día en gran parte por la situación de dominancia extrema de las grandes empresas tecnológicas americanas y chinas. Es el fenómeno llamado “winner takes all” (el ganador se lo lleva todo). Juntos, estos gigantes tecnológicos tienen un valor de mercado de más de 5 millones de millones (billones) de euros y unas cuotas de mercado en EE. UU. de más de un 90 % en las búsquedas de internet (Google), de un 70 % de las redes sociales (Facebook) o de un 50 % del comercio electrónico (Amazon).

    En consecuencia, un elevado porcentaje de los datos sobre el comportamiento humano existentes hoy en día son datos privados, captados, analizados y explotados por estas grandes empresas tecnológicas que conocen no solo nuestros hábitos, necesidades, intereses o relaciones sociales, sino también nuestra orientación sexual o política, nuestros niveles de felicidad, de educación o de salud mental. Por tanto, si queremos maximizar el impacto positivo del desarrollo tecnológico y, en particular, de la inteligencia artificial en la sociedad –dado que dicha inteligencia necesita datos para poder aprender– deberíamos plantearnos nuevos modelos de propiedad, gestión y regulación de los datos. Sin embargo, la complejidad en su aplicación práctica pone de manifiesto la dificultad para definir e implementar el concepto de “propiedad” cuando hablamos de un bien intangible, distribuido, variado, creciente, dinámico y replicable infinitas veces a coste prácticamente cero.

  5. N de non-maleficence o no maleficiencia. Se trata de minimizar el impacto negativo que pueda derivarse del uso de las decisiones algorítmicas. Para ello, es importante aplicar un principio de prudencia, así como garantizar la seguridad, fiabilidad y reproducibilidad de los sistemas, preservando siempre la privacidad de las personas.

Solo cuando respetemos estos requisitos seremos capaces de avanzar y conseguir una inteligencia artificial socialmente sostenible, por y para las personas, ayudándonos a desarrollar nuestro potencial y salvaguardando lo que no queremos perder. Porque el verdadero avance no será el que nos deslumbre con algoritmos más rápidos o modelos más grandes, sino el que nos permita vivir mejor, con más justicia, más libertad, prosperidad y, sobre todo, sin perder lo que nos define como seres humanos.

Precisamente, para contribuir a hacer realidad esa visión es para lo que hemos creado ELLIS Alicante. Les invito a unirse a nuestra causa, apoyando el trabajo de nuestra fundación.


La versión original de este artículo se ha publicado en la Revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

Nuria Oliver no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Inteligencia artificial y derechos digitales: ¿progreso o espejismo? – https://theconversation.com/inteligencia-artificial-y-derechos-digitales-progreso-o-espejismo-272967