La adolescencia digital en la consulta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Ilzarbe, Investigador en Neuroimagen, psiquiatra infantil y adolescente, Institut d’Investigacions Biomèdiques August Pi Sunyer – Hospital Clínic Barcelona / IDIBAPS

Abro los ojos con el despertador del móvil. Mientras me bebo un café, leo las noticias de la prensa digital, y se me hace un poco tarde contestando los primeros correos electrónicos del día. Atravieso los tornos del metro gracias a la aplicación del abono transporte del móvil. Las ocho paradas que separan mi casa del trabajo pasan volando mientras escucho mi lista de canciones favoritas y contesto mensajes en grupos de WhatsApp.

Llego al hospital y enciendo el ordenador para llamar a mi primera visita. En la sala de espera está Antonio, un adolescente de 14 años, viendo vídeos y sentado entre su madre, que al verme aparecer abandona rápidamente una videoconferencia, y su padre, que aprovechaba para ponerse al día con las noticias.

Los padres entran en la consulta quejándose de que su hijo pasa mucho tiempo “en las pantallas”. “Yo también”, pienso, y les lanzo la pregunta crucial: “¿Y vosotros?”. Tragan saliva mientras el adolescente les mira, esperando la respuesta de sus padres con interés. Lanzamos esa misma pregunta a los lectores: ¿y ustedes?

Por la consulta pasan muchas familias con quejas sobre el uso que hacen sus hijos adolescentes de las pantallas. Algunos tienen serios problemas y otros no tanto. Pero, sin duda, son cada vez más los que sufren las consecuencias de un uso excesivo o inadecuado de los dispositivos digitales con conexión a internet. Así es una mañana en nuestra consulta.

Antonio: un trastorno de juego ‘online’

Hace más de un mes que Antonio dejó de ir a clase. Era un buen estudiante hasta que descubrió los videojuegos online. Inicialmente los usaba como una forma de divertirse con los compañeros de clase, pero gradualmente se convirtió prácticamente en su única actividad. Dice que quiere ser gamer profesional, y por eso pasa muchas horas jugando o viendo vídeos para aprender más.

Ha dejado de quedar con sus amigos y se muestra irritable y agresivo cuando sus padres intentan limitar su tiempo de juego. Una vez llegó a romper la puerta de su habitación. En la consulta, Antonio reconoce que siente ansiedad cuando no está conectado. Nos explica que, desde hace tiempo, sus amigos le han ido dejando de lado y se siente solo. Su identidad se ha construido en torno a un personaje virtual femenino (Osaki) y el mundo online es un refugio donde se siente aceptado y le reconocen sus habilidades.

El diagnóstico apunta a un trastorno de juego online, con un trastorno comórbido de ansiedad y síntomas depresivos. No es la primera vez que Antonio acude a los servicios de salud mental. Cuando tenía cinco años, fue diagnosticado con trastorno del espectro autista (en aquel momento, síndrome de Asperger).

Sus padres están pensando en separarse: el padre se pasa el día gritando a los hijos cómo hacer las cosas y la madre ha decidido no gritar más y dejarles hacer. Les pido que, para la próxima visita, acuda también el hermano mayor, que tiene un diagnóstico de trastorno por déficit de atención e hiperactividad, ha sido expulsado del colegio por colgar fotos inadecuadas de otras compañeras suyas en redes sociales, y se pasa el día navegando por internet y escribiendo mensajes en sus redes.

Aunque hagan caso a mi petición, el hermano de Antonio no podrá recibir un diagnóstico específico relacionado con el uso de pantallas, ya que en la actualidad ningún manual de trastornos mentales recoge la adicción a redes sociales como entidad diagnóstica (Clasificación Internacional de Enfermedades; Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders). Si bien la falta de diagnóstico puede ser una dificultad para la vinculación a los servicios de salud mental, la mayoría de comunidades autónomas dispone de recursos preventivos específicos para asesorar en estos casos.

Antonio sí tiene diagnóstico porque el trastorno por uso de videojuegos está reconocido y considerado una posible entidad diagnóstica a estudiar. Pero aún existe debate en la comunidad científica sobre si la adicción a los videojuegos o las redes sociales deben considerarse un trastorno mental.

El caso de Antonio y su hermano pone de relevancia situaciones familiares, escolares y sociales complejas, con niños y adolescentes con vulnerabilidades intrínsecas potenciadas por lo extrínseco, la punta del iceberg. El uso de pantallas asoma por encima de la superficie, pero por debajo está lo relevante: problemas en casa, en la escuela, malestar psicológico independiente o previo al uso de pantallas, etcétera.

Berta: la importancia del entorno en el abordaje terapéutico

Berta, una adolescente de 16 años, suele llegar tarde a las visitas. Cuando vino por primera vez a la consulta sus padres decían que vivía “pegada” a su teléfono móvil, que era “una víctima del scroll infinito”. Lo primero que hacía al despertarse era actualizar sus perfiles y revisar las redes sociales buscando “me gusta” y comentarios de aprobación de los demás. Por la noche, a veces le daban las 2 o las 3 de la madrugada haciendo “el último scroll”.

Todo comenzó durante el confinamiento. Berta, como muchos adolescentes, encontró en las redes sociales y las plataformas de streaming una forma de entretenerse y de mantenerse conectada con sus amigos. Descubrió una forma de obtener atención y validación fingiendo ser feliz y vivir una vida idealizada, como la de sus instagrammers favoritos. Pasaba cada vez más tiempo en las redes sociales, modificando sus fotos, respondiendo a comentarios y pensando qué colgar al día siguiente.

Al terminar el confinamiento y volver al instituto, la relación con sus amigas se había deteriorado. En casa, seguía comiendo sola en su habitación (algo que había empezado como algo temporal cuando tuvo la covid-19), y apenas cruzaba unas palabras al día con sus padres. Un día recibió un comentario negativo de un seguidor que la afectó muchísimo y empezaron las autolesiones: había visto por redes que otras adolescentes también lo hacían. Los padres ya habían solicitado seguimiento en el centro de salud mental y Berta accedió a ir a consulta después de una conversación con ellos.

Berta pudo explicar que estaba triste y ansiosa, que le costaba dormir y se sentía especialmente mal por la bajada de rendimiento en el instituto. Pudo reconocer que tenía “dependencia” del móvil. Accedió a comenzar una terapia para explorar su necesidad de validación de los demás, trabajar su autoestima y desarrollar habilidades de relación social más satisfactorias que las de las redes. Aprendió a regular el uso de las plataformas en línea y pudo volver a utilizar algunas de ellas, limitando las que le habían ocasionado más problemas.

La participación de los padres fue clave en el proceso de Berta: les permitió entender la sintomatología que perpetuaba el uso abusivo y desarrollar estrategias para acompañar a su hija, combinando amor y límites. Coordinarnos con el instituto también ayudó a reintegrar a Berta en su círculo social y a reengancharse al curso.

El abordaje terapéutico de estos casos requiere, además de la participación de los profesionales de salud mental, de todos los agentes involucrados que rodean a los adolescentes: escuela, actividades extraescolares, amistades y, sobre todo, los padres.

En situaciones excepcionales, como en el caso de Berta, que había llegado a pasar más de 24 horas comprobando publicaciones en redes sociales e internet, se proponen periodos de abstinencia temporales con ingreso hospitalario.

Durante estos días sin acceso a los dispositivos, se desarrollan estrategias de regulación, habilidades y búsqueda de otras actividades. Esta abstinencia es siempre temporal porque la abstinencia absoluta no es, ni puede ser, el objetivo. Especialmente en el mundo entre pantallas en el que vivimos en la actualidad.

Hoy Berta pide espaciar las visitas porque se siente mucho mejor, y asegura que ya sabe pedir ayuda, si la necesita.

Adrián: cuando el malestar e internet se retroalimentan

Adrián acaba de cumplir 15 años. A nivel académico siempre había sido brillante, especialmente en matemáticas y tecnología. Incluso es posible que tenga “altas capacidades”. Sin embargo, a nivel social siempre se ha sentido incomprendido por sus compañeros, percibido a menudo como “raro”.

Al empezar la ESO (Educación Secundaria Obligatoria) fue víctima de ciberacoso. Los mensajes hirientes y las burlas, tanto en formato digital como en la vida real, se extendieron rápidamente por toda la escuela; incluso se difundieron fotos falsas de Adrián creadas con inteligencia artificial. Le afectó mucho y minó su autoestima: se aisló, se volvió desconfiado y acabó manifestando síntomas de ansiedad y depresión.

En segundo de la ESO encontró refugio en el mundo online. Siempre le habían gustado mucho la programación, el diseño de páginas web, los videojuegos, las películas de anime y los foros de ciencia ficción. Con sus nuevos amigos online, Adrián se sentía aceptado y podía compartir sus intereses.

Su intensa dedicación a las actividades en internet afectó a su rendimiento escolar: dejó de entregar trabajos, suspendió algunas asignaturas… lo que le generó una gran frustración. La situación empeoró con la presión del padre, que tenía expectativas muy altas para su hijo, y le reprendía constantemente por su uso de las pantallas, alegando que, si no le dedicaba suficiente tiempo a los estudios, no conseguiría buenas notas ni llegar a la universidad.

Adrián se deprimió profundamente, no podía concentrarse para estudiar y rumiaba constantemente pensamientos negativos sobre sí mismo y el futuro. La frustración se transformó en rabia hacia su padre. Las discusiones en casa se volvieron más frecuentes y tensas, con Adrián mostrándose cada vez más irritable, desafiante y retraído. En la consulta confesó que tenía pensamientos obsesivos y sueños en los que se veía haciendo daño a su padre y a algunos compañeros del instituto con un cuchillo.

La literatura científica ha relacionado el uso de redes sociales con síntomas depresivos, obsesivos y de ansiedad, autolesiones y tentativas autolíticas, así como conductas de riesgo, como puede ser el uso de sustancias. Sin embargo, la evidencia actual no permite establecer causalidad.

Algunos autores sugieren que se potencian mutuamente: el tipo de uso que se hace de las redes sociales puede potenciar algunos rasgos de personalidad o síntomas de algunas patologías, y viceversa. En el caso de Adrián, el uso intensivo de internet le hacía aislarse más y aumentaba su malestar, y esto a su vez provocaba que pasase cada vez más tiempo en el ciberespacio.

Un círculo vicioso

¿Hasta dónde puede crecer este círculo vicioso? ¿Qué impacto pueden tener en su desarrollo los contenidos a los que tienen acceso los adolescentes en internet? Cada vez más series y documentales, como Adolescencia o Malas influencias, nos ofrecen escenarios, a veces extremos, a los que podría llegar esta situación de retroalimentación negativa: un malestar emocional que provoca uso excesivo de internet, lo que a su vez empeora el sufrimiento y provoca aún mayor uso de internet con riesgo de exposición a contenidos nocivos.

Esta espiral impacta en la percepción que los adolescentes tienen del mundo, las decisiones que toman y las consecuencias de salud, familiares, sociales e incluso legales. Detectar este círculo vicioso a tiempo es clave para poder entenderlo e intervenir de forma precoz y preventiva.

En nuestro trabajo diario como terapeutas vemos algunos adolescentes en los que los síntomas de psicopatología pueden llegar a ser graves, con desconexión de la realidad o conductas de riesgo dirigidas hacia sí mismos o hacia los demás.

Para ayudarles, es fundamental realizar una evaluación completa del patrón de uso, los posibles trastornos comórbidos y del contexto familiar y social. De este modo, conseguimos diseñar un plan de intervención individualizado y flexible.

Las terapias cognitivo-conductuales, las terapias familiares y los grupos psicoeducativos y terapéuticos son las herramientas imprescindibles para ayudar a los adolescentes y a sus familias a desarrollar estrategias de afrontamiento saludables, establecer límites en el uso de las pantallas, mejorar su autoestima y reconectar con el mundo social presencial.

El mundo digital es una realidad. El aprendizaje sobre él es una necesidad. Los adultos debemos ser ejemplo: mostrar cómo se realiza un buen uso de la tecnología, de forma segura y saludable, complementándolo con las experiencias en el mundo presencial. Es también nuestra responsabilidad como terapeutas. Ahora nos dirigimos a los lectores: ¿acaso no es la de todos?


Este artículo se publicó originalmente en la Revista Telos de la Fundación Telefónica, y forma parte de un número monográfico dedicado a la Generación Alfabeta.


The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La adolescencia digital en la consulta – https://theconversation.com/la-adolescencia-digital-en-la-consulta-260865

Gene-edited pigs may soon enter the Canadian market, but questions about their impact remain

Source: The Conversation – Canada – By Gwendolyn Blue, Professor, University of Calgary

The Canadian government is currently considering approving the entry of gene-edited pigs into the food system.

Using CRISPR gene-editing technology, genetic changes can be created precisely and efficiently without introducing foreign genetic material. If approved, these pigs would be the first gene-edited food animals available for sale in Canadian markets. My research examines how including the public in decision-making around emerging applications of genomics can help mitigate potential harms.

These pigs are resistant to porcine reproductive and respiratory syndrome (PRRS), a horrible and sometimes fatal disease that affects pigs worldwide. PRRS has significant economic, food security and animal welfare implications.




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The United States Food and Drug Administration recently greenlit the commercial production of gene-edited pigs. Will the Canadian government follow suit?

AquAdvantage and EnviroPig

In 2016, Canada approved the first transgenic animal for human consumption — an Atlantic salmon called AquAdvantage salmon that contains DNA from other species of fish.

This approval came more than 25 years after the genetically modified fish was created by scientists at Memorial University in Newfoundland. The approval and commercialization of AquAdvantage salmon faced strong public opposition on both sides of the border, including protests, supermarket boycotts and court battles. In 2024, the company that produced AquAdvantage salmon announced that it was shutting down its operations.




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In 2012, the Canadian government approved the manufacture of a transgenic pig known by its trade name, EnviroPig. Created by scientists at the University of Guelph, EnviroPigs released less phosphorus than conventionally bred pigs.

EnviroPig did not make it to market; the same year, the University of Guelph ended the EnviroPig project. Funding for the project had been suspended, in part because of consumer concerns.

Government regulation

Some researchers argue that government regulation of gene-edited animals should be less restrictive than for transgenic techniques. Gene editing introduces genetic changes that can occur with conventional animal breeding that is not subject to regulation. Gene-edited crops in Canada are treated the same as conventionally bred crops.

Others insist that stringent government regulation is necessary for gene editing to identify potential problems and ensure that laws keep up with industry and scientific ambition. Regulation plays a vital role in minimizing risk, encouraging public involvement and building trust.

Social science research has, for decades, demonstrated that resistance to biotechnology is not because of the public’s lack of knowledge, as is often argued by biotechnology proponents. Public resistance to biotechnology is better understood as a rejection of potential harms imposed by governments and industry without public input and consent.

Ethical, moral, cultural and political concerns

At present, little opportunity exists for public engagement in Canadian assessments of gene-edited animals.

Similar to the U.S., Canada does not have specific gene technology regulation. Rather, the federal government relies on pre-existing environmental and food safety legislation. Canadian regulatory agencies use a risk, novelty and product-based approach to assess animal biotechnology. From a regulatory standpoint, distinctions between technical processes — like transgenic modification versus gene editing — are less important than the safety of the final product.

The Canadian government has recently updated its federal environmental and health regulations. This includes introducing mandatory public consultations for animals (vertebrates, specifically) created using biotechnology.

Even with these changes, there’s still room for improvement. Public engagement is limited to consultations conducted within a short time frame. Interested parties are invited to provide scientific information about potential risks of animal biotechnology to human health or the environment, but comments that address ethical, moral, cultural or political concerns are not taken into consideration.

More broadly, regulatory and academic debates about the gene editing of animals are largely informed by scientists and industry proponents with considerably less input from the public, Indigenous communities and social sciences and humanities researchers.

Consulting the public

From a social standpoint, the process by which gene editing is assessed matters as much as the safety of the final product. Inclusive public engagement is essential to ensure that the production of gene-edited food animals aligns with societal needs and values.

Reactions to gene technologies are based on underlying values and beliefs, and sustained opportunities for public reflection and deliberation are vital for responsible innovation.

Important questions should be addressed: Who will reap the benefits of gene-editing techniques? Who will bear the costs and harms? What are the potential implications, including hard-to-anticipate social and political changes? How should decision-making proceed to ensure that Canadians have sufficient opportunities for input?

Currently, for the gene-edited pigs, members of the public can submit comments to the government until July 20, 2025.

Public reactions to previous biotech food animals in Canada — including AquAdvantage salmon and the EnviroPig — show that lack of inclusive engagement can contribute to the rejection of animal biotechnology.

The Conversation

Gwendolyn Blue receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council. She is a member of Gene Editing for Food Security and Environmental Sustainability, a multi-university consortium based at McGill University, and funded by the Natural Sciences and Engineering Research Council of Canada.

ref. Gene-edited pigs may soon enter the Canadian market, but questions about their impact remain – https://theconversation.com/gene-edited-pigs-may-soon-enter-the-canadian-market-but-questions-about-their-impact-remain-260627

International students’ stories are vital in shaping Canada’s future

Source: The Conversation – Canada – By Emilda Thavaratnam, PhD student, Leadership and Higher Education, University of Toronto

Over the past decade, international students have navigated a complex and challenging landscape shaped by neoliberal policies.

Neoliberal economic and political ideology upholds entrepreneurship, individualism, free trade, open markets, minimal government intervention and reduced public services for citizens.




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What exactly is neoliberalism?


Neoliberal governance has transformed higher education into a mechanism for economic growth, shifting the burden of funding onto students.

As my doctoral research examines, international students in Ontario’s colleges of applied arts and technology face barriers related to neoliberal restructuring. Drawing on interviews with students and front-line staff, my study examines experiences across five key themes: pre-arrival, housing insecurity, pandemic survival, precarious labour and future aspirations.

Through these challenges, the resilience and drive of international students to build community reveal powerful forms of everyday resistance.

This has been seen through their front-line work during the pandemic, their persistent pursuit of education and their collective efforts to challenge marginalization. Their stories are vital in shaping Canada’s social, economic and educational fabric.

Shifts towards neoliberal education

Since the late 1970s, higher education in Ontario and elsewhere has experienced significant changes. In the province, public funding per student has steadily declined, shifting the cost onto students, with higher educational institutions adopting models of privatization and corporatization to survive.

Though higher education continues to serve the public good, these changes reflect a broader adaptation to the new economic realities driven by market principles.

As David Harvey, a scholar of urban and political economy, explains, neoliberal approaches hold that economic growth and prosperity occur when markets are allowed to operate with minimal government regulation. Over time, these approaches have shaped policies and practices globally across various sectors, including education, media, corporations and international institutions such as the International Monetary Fund.

Neoliberal policies are presented as naturally occurring or unavoidable; however, this framing prioritizes market principles over social protections and often masks the deeper political and social dynamics.

Education as a product serving the job market

Neoliberal values have reshaped the purpose and practice of higher education. The problem with this market-driven approach is it often prioritizes individual gain and profit over social equity and the public good. This shift aligns learning with market-oriented approaches.

Scholars concerned with the adverse effects of neoliberal education policy highlight how education is often treated as a product designed to serve economic interests, with measurable outcomes and links to the job market becoming the primary focus.

This shift is evident when policymakers and institutions prioritize competition, performance, metrics and individual achievement — often at the expense of collaboration, critical thinking and shared goals.

COVID-19 pandemic

The COVID-19 pandemic highlighted the effects of neoliberal ideology in higher education, revealing both the precarity of post-secondary finance and living conditions for many international students.




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The pandemic exposed the vulnerability of international students in Canada


When colleges and universities faced pandemic closures and uncertain enrolment, international students came under scrutiny as learners who pay high fees. They contribute more than $21 billion annually to the Canadian economy and pay an average of five times more than domestic students.

It also became clear that international students make significant contributions to Canada by working on the front lines in sectors such as health care, long-term care and food supply chains.

At the same time, this situation revealed broader tendencies rooted in the neoliberal market logic.

During the pandemic, the federal government acknowledged how it has positioned international students as a flexible, commodified labour resource integral to the Canadian economy and essential services. For example, in April 2020, Immigration, Refugees and Citizenship Canada announced it would “temporarily lift the 20 hour per week work restriction on study permit holders working off-campus during their academic session, provided they are working in an essential service or function.”

While international student contributions are vital, this framing begs deeper questions around the protection of international students’ labour rights, student well-being and potential exploitation.

Housing, food insecurity, high tuition

Before the pandemic, many international students struggled with housing, food insecurity and tuition payments due to work restrictions and financial constraints.

With the current cap in place as of 2024, it’s ironic that international students have been treated as both “essential” and “disposable” simultaneously.

Despite facing housing insecurity, food shortages and inaccessible health care, international students have continued to demonstrate their resilience and resistance. Their efforts extend beyond individual acts of survival.

Post-pandemic protest

International students have also organized petitions, protests and advocacy campaigns to challenge unjust policies.

For example, in November 2022, hundreds of students (domestic and international) rallied at the Ontario legislature in Toronto under the banner “Need or Greed.” A coalition of student associations representing 120,000 students united to protest.

The protests were partly a response to unfair and unpredictable jumps in already high tuition fees for international students: the average undergraduate international tuition fees in Ontario rose from about $35,000 to just under $50,000 between 2018 and 2025. The coalition urged the provincial government and Colleges Ontario to freeze tuition for international students.

Following these efforts, nationwide protests erupted in August 2024 when 70,000 international student graduates faced possible deportation due to tightened immigration rules. Students set up encampments outside the Prince Edward Island legislative assembly for three months to protest the 25 per cent cut in permanent resident nominations, which left many students in limbo.

A notable aspect of this activism was the solidarity shown from labour organizations and people across the country. Laura Walton, president of the Ontario Federation of Labour, joined the protests in solidarity, stating: “Your right is our fight.

The Naujawaan Support Network, an advocacy group for youth and international students based in Brampton, Ont., issued a statement declaring:“International students are not the cause of the crisis, but we are being made into scapegoats.




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Power of collective organizing

Collective organizing and calls for action are powerful acts of resistance that transcend the neoliberal ideology of individualism. Through petitions and protests, international students demonstrate a profound commitment to their education and aspirations.

As Canada continues to welcome international students, and post-secondary institutions, governments and public sector organizations navigate turbulent economic times, it’s essential to uphold the rights of international students.

It’s also essential to provide the support necessary for them to succeed and affirm their value as vital members of the community.

International students’ resilience offers a valuable lesson about the human capacity to reframe challenges and persist. Students and citizens across the country have a role in celebrating their contributions and building bridges to foster more resilient communities.

The Conversation

Emilda Thavaratnam does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. International students’ stories are vital in shaping Canada’s future – https://theconversation.com/international-students-stories-are-vital-in-shaping-canadas-future-258271

Returning to the office isn’t the answer to Canada’s productivity problem — and it will add pressure to urban housing

Source: The Conversation – Canada – By Dilara Baysal, Research Fellow in Sociology, Concordia University

As companies face pressure to increase productivity, many are calling workers back to the office — even though there is limited evidence that return-to-office policies actually improve innovation or performance.

In cities like Toronto and Vancouver, where many major companies are headquartered, this is putting pressure on people to live near expensive downtown areas.

As of April 2025, average one-bedroom rents were $2,317 in Toronto and $2,536 in Vancouver, with North Vancouver even higher at $2,680. If return-to-office policies continue, more workers may be forced into these pricey city centres, adding pressure to already overheated housing markets.

Since early 2025, return-to-office policies have added to Canada’s housing stress. The Royal Bank of Canada, for instance, now requires staff in the office four days a week, and Amazon ended remote work in January. While rents haven’t jumped yet, similar policies in the U.S. have already pushed up demand, and may be a sign of what’s to come.

In Washington, D.C., rents rose 3.3 per cent after federal employees were called back to offices. Cities like New York and San Francisco also saw rent increases linked to companies like JPMorgan Chase, Meta and Salesforce reversed remote work policies.

The myth of office productivity

According to the Bank of Canada, Canada’s economy is being negatively affected by low productivity. Low productivity slows Canada’s economic growth and keeps wages low. It also makes inflation worse because supply can’t keep up with demand. A productive economy meets demand more easily, keeping prices stable.

In response, many companies are pushing return-to-office as the answer. RBC CEO Dave McKay endorsed a return to the office back in 2023, saying that “the absence of working together” has hurt innovation and productivity.

At Google, under mounting pressure to compete in artificial intelligence, co-founder Sergey Brin also pushed for full-time office work, calling a 60-hour week the “sweet spot” for productivity.

But recent research shows the story isn’t so simple. A University of Chicago working paper found that strict return-to-office rules can cause senior staff to leave, which hurts innovation.




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Working one day a week in person might be the key to happier, more productive employees


Another study of 48,000 knowledge workers in India found that hybrid setups — where some people are in the office and others work from home — can make it harder to share ideas and work together.

Meanwhile, a Stanford-led study found that working in the office just two days a week kept productivity strong and cut employee turnover by 33 per cent.

A mind map with productivity in the centre and different determinants of productivity branching out from it, including: entrepreneurship, human capital, finance, institutions, policies/regulations, demographic profiles and trends, infrastructure, governan
The determinants of productivity and their underlying factors. These determinants connect across industries, businesses and places.
(Organization for Economic Co-operation and Development), CC BY

Where people live matters more

Return-to-office mandates also aren’t a guaranteed way to boost productivity. A 2023 study supported by housing organizations across Canada found that affordable, well-located housing helps people find better jobs and specialize in their work.

But when housing costs are high and commutes are long, productivity drops, especially for lower-income workers. Long commutes and high living costs create stress, limit mobility and cause people to miss out on job opportunities.

Studies show that investing in technology and training workers matters much more. Research from the Canadian Research Data Centre Network finds that workplace training improves productivity in most sectors.

A recent report from the Canada Mortgage and Housing Corporation also shows that high housing costs make it harder for many people to live in big cities, which ultimately reduces diversity in the workforce and weakens the economy.

Affordable housing could boost productivity

Housing in Canada is often viewed in two ways. One treats it as a commodity, where prices follow supply and demand. In this view, policies focus on increasing supply and offering market incentives. The other sees housing as a public need and a basic right, and calls for government action to ensure affordability and stability.




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In practice, market forces can undermine policies designed to meet housing needs and ensure affordability. In Toronto, for example, developers resisted inclusionary zoning rules that require or encourage developers to include a certain percentage of affordable housing units within new residential developments. Instead, they delayed projects or chose to build high-end condos in different zones.

This tension between housing as a commodity and housing as a public good is central to Canada’s current housing strategy. Prime Minister Mark Carney’s government has pledged to build 500,000 new homes annually by 2035 using tools like public lands, modular housing and tax incentives.

While this supply-focused strategy targets long-term housing needs, it must also account for today’s complex economic realities such as inflation, increasing unemployment and economic stagnation due to lagging productiviy.

Without tackling affordability and access directly, building more homes alone won’t be enough.

Two line graphs showing how housing has increased since 2004 in Canada
Rising home prices and rents have played a major role in driving inflation. In Canada’s Consumer Price Index, shelter makes up about 29 per cent of overall household spending.
(Organization for Economic Co-operation and Development), CC BY

The real foundation of a productive economy

Return-to-office policies often focus too much on one thing: how much each worker produces. But that narrow view of productivity ignores what really supports good work: access to affordable housing, time for training and flexibility to relocate for better job opportunities.

To address productivity challenges, companies should invest in job-specific training, digital skills and ongoing learning to help employees adapt to new tools and processes, and the should offer more flexibility. What workers need most are affordable homes, shorter commutes and real opportunities to grow — not added stress and rising costs.

The Conversation

Dilara Baysal does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Returning to the office isn’t the answer to Canada’s productivity problem — and it will add pressure to urban housing – https://theconversation.com/returning-to-the-office-isnt-the-answer-to-canadas-productivity-problem-and-it-will-add-pressure-to-urban-housing-260395

¿Para qué viajar?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Cejudo Córdoba, Profesor Titular de Ética y Filosofía Política, Universidad de Córdoba

Fotograma de ‘Come, reza, ama’, una película en la que el personaje interpretado por Julia Roberts (a la izquierda) busca, a través del viaje, volver a sentir apetito por su vida. FilmAffinity

La “propensión a viajar” de un grupo mide la probabilidad de que sus miembros hagan turismo. Se puede definir como el porcentaje de población que viaja a otros países, o más en general, como el deseo que una persona tiene de hacer turismo.

En la actualidad esta propensión es más alta que nunca: 1 400 millones de turistas se movieron por el mundo el año pasado, 140 millones más que en 2023. Eso equivale aproximadamente a casi dos de cada diez habitantes del planeta. Europa es la región del mundo preferida. Concretamente, 747 millones de turistas la eligieron en 2024, mientras que a España llegaron 93,8 millones de viajeros.

Esto supone una riqueza extraordinaria. Con razón se dice frecuentemente que el turismo es “nuestro petróleo”. En Noruega este hidrocarburo y el gas equivalen al 20,5 % de su PNB, mientras que el turismo supone el 13,1 % del PIB español. Pero como el petróleo, la industria turística también tiene impactos medioambientales negativos muy importantes. Sabemos que entre 2009 y el comienzo de pandemia de covid, las emisiones contaminantes debidas al turismo crecieron un 3,5 % al año, lo cual es una tasa que dobla la del crecimiento del resto de emisiones.

Un hombre observa la esfinge sentado de espaldas a la cámara.
En Muerte en el Nilo un crimen interrumpe el crucero por Egipto de Hercules Poirot.
IMDB

Uno de los efectos negativos del turismo es saber que nuestra propia conducta contribuye a esos efectos negativos. Nosotros somos parcialmente responsables.
Y no solo porque consentimos actividades negativas para el entorno, sino porque directamente las causamos con nuestras elecciones y comportamientos de ocio.

Como en otras muchas situaciones, estamos ante un problema de acción colectiva. Por un lado, queremos cooperar porque eso nos beneficiaría a todos, aunque suponga actuar en contra de nuestros intereses inmediatos. Por otro, queremos hacerlo contando con que los demás, al menos la mayoría, también lo hacen, porque si no es así, nuestro esfuerzo será inútil y parecerá estúpido. No se trata de una cuestión de mero egoísmo personal; aunque nosotros sí hagamos lo correcto a pesar de todo, de nada servirá si los demás no lo hacen.

Tratándose de un problema como el descrito, la razón para viajar menos, o para viajar de otra manera, no es tanto disminuir el impacto negativo global sino rechazar la complicidad con el mismo… por sentido del deber o simplemente porque nos guste.

Viajar para descubrir

Montaigne, considerado el primer ensayista moderno, escribía en 1588 que viajar era positivo, al proporcionar novedades desconocidas: “como he dicho con frecuencia, no conozco mejor escuela para moldear la propia vida que mostrar continuamente la diversidad de tantas otras, sus opiniones y costumbres”.

El primer ensayista inglés, Bacon, afirmaba otro tanto en su ensayo titulado Viajar, publicado en 1625: “viajar es parte de la educación en los jóvenes, y parte de la experiencia en la madurez”.

Un grupo de mujeres pasean por una plaza en la que al fondo se ve el David de Miguel Ángel.
En Una habitación con vistas una joven visita Florencia en un viaje que puede cambiarle la vida.
IMDB

El mismo viaje, por tanto, es una experiencia diferente según la edad del que viaja. Pero Bacon va más allá de esta obviedad. Considerando la trayectoria vital de una misma persona, en su juventud viajar fue una forma de aprender, mientras que esos mismos viajes, mirados desde la cuesta abajo de la vida, son parte de su experiencia. Y si ya en la madurez se viaja de nuevo, viajar es haber viajado, porque se aprendió ya lo necesario para que el viaje sea una forma de ampliar y de probar la experiencia personal.

Ahora bien, cualquiera viaja como si fuera un joven ignorante e inexperto si desconoce el lugar al que va, especialmente su cultura característica. Dice Bacon que “aquel que viaja a un país antes de haberse iniciado en su idioma, va a la escuela, no a un viaje”.

Pero ¿qué aprendemos viajando?

En gran medida, viajamos para divertirnos. Si, por ejemplo, que hacemos turismo de riesgo o “Extreme Budget Travel” (intentar llegar lo más lejos posible gastando el mínimo), ¿qué queremos aprender con la aventura?

Lo que en el fondo quiere aprender el turista es cómo viviría si no fuera como es el resto del tiempo, si fuera alguien de otro lugar, con otras costumbres. Es decir, “cruzar la línea”, probar cómo sería librarse de las rutinas, normas y convenciones de nuestro día a día (sin riesgo, eso sí). Todo turismo es entonces cultural, en el sentido de ser una experiencia planificada de contacto con otra cultura, que puede ser más o menos genuina.

Un joven hace autoestop sentado en un sofá viejo al lado de una señal en la carretera.
Hacias rutas salvajes contaba la peripecia real de Christopher McCandless viajando por Alaska sin dinero y entrando en contacto con quienes se cruzaban en su camino.
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Tal como advirtió Freud en 1930, la vida en sociedad es inevitable por sus ventajas, pero también implica renunciar a satisfacer nuestros deseos de manera instintiva o inmediata. Por eso el turismo es una actividad liberadora y muy gratificante; consiste en dejar en casa, al otro lado de la línea, tanto la mochila de problemas como las máscaras que nos ponemos.

La industria turística juega con la apariencia de que podemos librarnos, siquiera unos días, de ser quien somos. Esta emancipación de la vida cotidiana puede resultar genuina, y no tiene que ser muy cara, si cambiamos nuestra perspectiva desde el objeto del viaje (a dónde viajo) al sujeto del mismo (yo que viajo).

El objeto del viaje o el sujeto que viaja

El ensayo de Bacon trata de los jóvenes miembros de la nobleza que viajaban desde Inglaterra a Italia (el llamado “Grand Tour”). Su finalidad era visitar lugares donde pudieran contemplarse monumentos y panoramas inolvidables. Lo visitado, el objeto del viaje, era su razón de ser. El viaje turístico conserva esta noción de que hay que viajar a donde merezca la pena ir.

Por eso existe la idea de los “lugares que visitar antes de morir” que masifica y degrada los destinos turísticos más conocidos. Incluso cuando se considera que el itinerario seguido es tanto o más importante que el punto de llegada, seguimos en el modelo de que el valor del viaje está en el objeto, en los lugares recorridos, y no en el sujeto que viaja.

Tres mujeres hacen fotos en Barcelona con la Sagrada Familia al fondo.
En Vicky Cristina Barcelona, las dos primeras son turistas en la ciudad del título.
FilmAffinity

Esta otra posibilidad, la de enfocarse en el sujeto, surgió en el siglo XIX con el Romanticismo y su importancia de la interioridad personal. “He viajado mucho en Concord”, decía el filósofo norteamericano Henry Thoreau en 1854, quien vivió toda su vida en ese pueblo o muy cerca de él. Lo importante no era haber visitado lugares lejanos, sino haber visto el propio pueblo y a sus gentes con otra mirada, una que sea crítica y que desvele las costumbres como meras costumbres, lo que vale la pena y lo que no.

Ese tipo de viaje al que se refería Thoreau, por Concord o por los alrededores de su río Merrimack, es una forma enriquecedora de pasear. El paseo es uno de los lujos más baratos; una actividad y sobre todo una actitud (la del paseante o flâneur), que no es un mero viaje para pobres, sino para quienes se distancian de lo cotidiano observando críticamente su realidad cultural.




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Walter Benjamin plasmó en cientos de páginas sus divagaciones por la ciudad de París. El paseante “va a hacer botánica al asfalto”, decía en El París de Baudelaire, pero no con una mente crítica y fría. Más bien al contrario, su característica es la empatía con la naturaleza (en el caso de Thoreau) o de la vibrante vida de la ciudad (en el de Benjamin). En este tipo de viaje no hay necesariamente un punto de llegada (el paseo es divagación), no hay ese “hemos hecho tal y tal pueblo”, ni tampoco aquel “conozco Viena pero no Budapest”.

Como decía Pessoa, regresando de Cascais a la capital portuguesa: “el tren se va parando, estamos en el Cais do Sodré. Llegué a Lisboa pero no a una conclusión”. Si aprendemos algo en nuestros paseos, es que casi todo sigue por aprender.

The Conversation

Rafael Cejudo Córdoba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Para qué viajar? – https://theconversation.com/para-que-viajar-260841

La satisfacción del cliente y su identificación con la marca, claves para la buena marcha del negocio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Jose Blazquez-Resino, Profesor Titular de Universidad, Área de Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de Castilla-La Mancha

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¿Cómo hacer que los clientes sean fieles a las marcas de fast fashion o moda rápida?

Además de motivos concretos –como su rápida adaptación a las tendencias, la variedad de productos o los precios competitivos–, las estrategias comerciales de estas empresas van más allá de la satisfacción de los compradores y buscan una vinculación emocional para convertirlos en prescriptores de sus productos.

La moda rápida

La industria de la moda se ha convertido en uno de los principales motores de la economía mundial. Sus cifras globales de negocio lo confirman: si para 2024 se prevén ingresos por más de 770 000 millones de dólares, una tasa de crecimiento anual calculada de casi el 9 % entre 2024 y 2029 generaría un volumen de mercado de cerca de 1,2 billones de dólares en 2029. Además, se prevé que en 2029 la penetración de usuarios sea del 37,8 % (2 800 millones de personas), cuando en 2024 es del 33,3 % en 2024.

En general, el éxito de las empresas de moda rápida depende de su capacidad de adaptarse rápidamente a las nuevas tendencias para poder satisfacer las necesidades y deseos de sus clientes.

La lealtad de los clientes

Las elecciones de los consumidores van más allá de la satisfacción de necesidades prácticas. Las marcas son un medio de autoexpresión por el que las personas transmiten su identidad y el concepto que tienen de sí mismas. En consecuencia, la identificación del cliente con la marca implica que alinea sus atributos personales con los de la marca.

Por otra parte, las marcas (en general) necesitan de la fidelidad de los clientes para su éxito. Esta fidelidad se mide por cuestiones como el comportamiento de recompra –que se produce cuando las compras anteriores han sido satisfactorias, pero también cuentan los propios hábitos de consumo de los compradores– o la voluntad del cliente de recomendar el producto o la marca (el boca a boca). En este punto, hay que diferenciar entre las recomendaciones espontáneas (activas) y las pasivas, a instancias del interlocutor (“¿Dónde puedo encontrar una falda bonita a buen precio?”, por ejemplo).

No obstante, el sector de la moda rápida tiene una particularidad: esa identificación no parece tener un efecto significativo sobre su fidelidad a la marca. Esto puede deberse tanto a la importancia que tiene el precio para los consumidores de fast fashion, como a la presencia de numerosas opciones (Primark, Zara, H&M, Uniqlo, etc.) que ofrecen productos similares en diseño y precio.

¿Qué investigamos y cómo?

Hemos desarrollado un estudio sobre la fidelidad y la voluntad de recomendar, activa o pasivamente, una marca de moda rápida española. Con base en una muestra de 424 consumidores, recopilamos los datos mediante encuestas en línea.

Para participar era requisito indispensable haber comprado al menos un producto durante el año anterior en la tienda analizada. Encuestamos a 368 participantes. La proporción de mujeres y hombres fue de 70,4 y 29,6 % respectivamente. En cuanto al rango de edad, el 61,4 % tenía entre 18 y 24 años, el 24,5 %, entre 25 y 44, y el 14,1 % restante superaba los 45 años.

Nuestros resultados ponen de relieve cómo actúan la identificación y la satisfacción para generar fidelidad a la marca:

  1. La identificación influye en las recomendaciones pasivas.

  2. La satisfacción influye en las recomendaciones activas.

  3. Si el cliente se siente identificado, mejora su satisfacción con la marca.

  4. La satisfacción del cliente y la recomendación activa de marca son importantes para el comportamiento de compra repetida.

¿Qué implican estos hallazgos?

Los resultados evidencian que la identificación con la marca impacta sobre la satisfacción del cliente (el principal motor para la recomendación activa y la recompra). Por otra parte, esa identificación es el principal determinante de la recomendación pasiva. Tales sutilezas muestran la complejidad del comportamiento del consumidor de moda rápida. Por tanto, para las marcas:

  1. La optimización de las estrategias comerciales mejora la satisfacción de los clientes. Si mantener el foco en las tendencias de moda es adecuado, perfeccionar la experiencia en las tiendas y optimizar la gestión de quejas y devoluciones refuerzan la satisfacción y la fidelidad del cliente.

  2. La creación de relaciones efectivas es fundamental para que los clientes se identifiquen con la marca. Las campañas publicitarias con alto contenido emocional reafirman el sentido de pertenencia, y potencian la identificación y el compromiso a largo plazo, incluso antes de que se realice la compra.

  3. Las marcas alientan a los consumidores satisfechos a compartir sus experiencias de manera proactiva, tanto en tiendas físicas como en plataformas digitales. Cada vez son más habituales las aplicaciones de fidelización y el envío de correos electrónicos que invitan a compartir la experiencia de compra, lo que ayuda a promocionar la marca de una manera auténtica a través de las experiencias de los propios clientes.

En definitiva, la identificación del cliente con la marca es un componente esencial en la estrategia empresarial del sector de la moda rápida. La fidelización no depende solo de ofrecer productos atractivos: también influye la capacidad de las compañías para conectar emocionalmente con sus consumidores.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La satisfacción del cliente y su identificación con la marca, claves para la buena marcha del negocio – https://theconversation.com/la-satisfaccion-del-cliente-y-su-identificacion-con-la-marca-claves-para-la-buena-marcha-del-negocio-244897

¿Por qué dejan de crecer los huesos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Robles Romero, Profesor Doctor de la Facultad de Enfermería, Universidad de Huelva

Pixel-Shot/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Carlota, de 12 años, del IES Santos Isasa (Córdoba)


¿Te imaginas que nunca dejáramos de crecer? Seríamos gigantes de más de tres metros a los 80 años, con huesos largos como postes de luz y una espalda que no cabría en una silla. Nuestro peso corporal aumentaría más allá de lo que las articulaciones, el corazón o los pulmones podrían soportar, provocando serios problemas de salud.

En muchas especies animales (como ciertos peces, reptiles y anfibios), el crecimiento no se detiene del todo y continúa lentamente durante toda la vida. Pero en los humanos, eso sería insostenible.

Cuando somos pequeños, una de las frases que más escuchamos es: “¡Qué alto estás! ¡Cómo has crecido!”. Pero llega un momento, generalmente en la adolescencia, en que ya no nos lo dicen. Dejamos de ganar altura y, aunque cambie nuestro cuerpo en otros aspectos, los huesos ya no se alargan. ¿Por qué ocurre esto?

La respuesta a esta pregunta se encuentra en una combinación fascinante entre biología, hormonas y estructuras muy concretas de nuestro cuerpo llamadas placas de crecimiento.

Los huesos no siempre son duros

Aunque solemos imaginar los huesos como estructuras duras y sólidas, no siempre fueron así. Cuando estamos en el vientre materno, comienzan siendo cartílago: un tejido flexible parecido al que tenemos en la punta de la nariz o en las orejas. Con el tiempo, este cartílago se va transformando en hueso gracias a un proceso llamado osificación.

En los huesos largos –como el fémur (muslo) o el húmero (brazo)–, el crecimiento en longitud ocurre en unos lugares especiales llamados “placas epifisarias”, o “placas de crecimiento”. Son zonas de cartílago ubicadas cerca de los extremos de los huesos. Allí se produce un constante recambio celular: unas células llamadas condrocitos se multiplican, se organizan y, finalmente, se transforman en hueso nuevo, alargando la estructura.

Imágenes de condrocitos (células) al microscopio
Imágenes de condrocitos al microscopio.
Por Emmanuelm/Wikimedia Commons, CC BY

Es importante saber que los huesos son estructuras vivas. Que continuamente tienen células que mueren y otras que nacen para sustituirlas. Esta renovación ocurre durante toda la vida, no sólo cuando nos los rompemos. En cambio, el crecimiento solo ocurre durante la infancia y gran parte de la adolescencia.

El papel de las hormonas

Durante la niñez, varias hormonas regulan el crecimiento óseo, como la hormona del crecimiento (GH) y los factores de crecimiento similares a la insulina (IGF-1). Sin embargo, cuando llega la pubertad entran en juego otras hormonas: los estrógenos y la testosterona. Aunque se asocian respectivamente con las chicas y los chicos, ambos sexos producen las dos (en diferentes cantidades), y ambas influyen en el crecimiento de los huesos.

Estas hormonas estimulan primero un “estirón” muy evidente (el típico de la adolescencia), pero después provocan que las placas de crecimiento se cierren. Es decir, ese cartílago que permitía que el hueso se alargara desaparece y se transforma completamente en tejido óseo. Es el final del crecimiento humano.

¿A qué edad dejan de crecer los huesos?

La edad puede variar de una persona a otra. En general, las niñas tienden a alcanzar su altura adulta entre los 14 y 16 años, y los niños, entre los 16 y 18. Sin embargo, hay adolescentes que siguen creciendo hasta que sus placas de crecimiento se cierran por completo, algo que puede ocurrir hasta los 20 años en algunos casos.

¿Sabías que los médicos pueden saber si aún sigues creciendo? Lo averiguan observando una radiografía de la mano o la muñeca: si las placas de crecimiento son aún visibles, probablemente esa persona todavía no haya alcanzado su estatura definitiva. Cuando siguen estando activas, dichas placas son más claras que el resto del hueso, debido a que su densidad es menor

Además, se trata de estructuras muy delicadas. Si un niño o adolescente sufre una fractura cerca de una de las placas, puede alterarse su crecimiento óseo. Por eso es tan importante tratar adecuadamente cualquier lesión en edades de desarrollo. Afortunadamente, los avances en traumatología pediátrica permiten hoy intervenir de manera muy precisa para evitar o corregir tales problemas.

¿Se podrían “reabrir” las placas de crecimiento?

La ciencia actual no ha encontrado una forma segura de reactivar las placas de crecimiento una vez que se han cerrado. Por internet circulan algunos mitos sobre suplementos, hormonas o ejercicios milagrosos para seguir ganando altura después de la adolescencia, pero no tienen base científica. Incluso el uso de hormonas de crecimiento en adultos no aumenta la estatura, y su uso indebido puede causar graves problemas de salud.

¿Y si alguien no crece lo suficiente?

En algunos casos, ciertas personas tienen problemas para crecer debido a causas genéticas u hormonales o determinadas enfermedades. Algunos trastornos, como el déficit de hormona del crecimiento o el hipotiroidismo, pueden detectarse y tratarse con ayuda médica. Por eso es importante realizar controles pediátricos regulares y acudir al especialista si fuera necesario.

Pero debemos tener en cuenta que existen muchas variantes que son completamente normales. No todas las personas alcanzan la misma estatura, y eso no significa necesariamente un problema. La genética tiene un peso enorme: si tus padres son bajos, es muy probable que tú también lo seas. Y eso es completamente natural.

Crecer no es solo hacerse más alto

Aunque nuestros huesos dejen de alargarse, el cuerpo sigue cambiando a lo largo de la vida. La masa ósea, por ejemplo, alcanza su punto máximo entre los 20 y los 30 años, y luego empieza a disminuir lentamente. Por eso, una alimentación adecuada y el ejercicio físico son fundamentales para tener huesos fuertes durante toda la vida.

Además, crecer no es solo una cuestión física. En la adolescencia también se desarrollan el cerebro, las emociones, la personalidad, la autonomía… Así que, aunque dejes de crecer en centímetros, puedes haciéndolo en muchos otros aspectos.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

José Miguel Robles Romero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué dejan de crecer los huesos? – https://theconversation.com/por-que-dejan-de-crecer-los-huesos-258942

Radiografía de la primera ola de calor del 2025: ¿qué podemos esperar para el resto del verano?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Martín Vide, Catedrático de Geografía Física, Universitat de Barcelona

Riccardo Cirillo/Shutterstock

La primera ola de calor del verano en España y en otros países de Europa occidental, como Portugal, Francia, Italia o Alemania, temprana en el calendario, batió récords de temperatura en el mes de junio en muchos lugares. En España, este pasado mes ha sido el junio más cálido desde 1961, en que comienza la contabilización de sus anomalías, al igual que en Europa occidental, donde ha supuesto el junio más cálido desde que se tienen registros.

Los 40 ºC se superaron con facilidad en la última semana del mes en amplios sectores de la mitad sur de la España peninsular, principalmente en Andalucía y Extremadura, y en otros lugares mucho más septentrionales, como en Orense (Galicia) o Gerona (Cataluña). Los valores extremos en los estados ibéricos fueron de 46,6 ºC, en Mora, a unos 100 km al este de Lisboa, y de 45,8 ºC, en El Granado, en
la provincia de Huelva.

Las noches han resultado insufribles, incompatibles con el descanso nocturno, en los centros de las ciudades mediterráneas y de la mitad sur de España y Portugal. El caso de Barcelona es muy significativo: en el barrio del Raval todas las noches de la última decena de junio fueron tórridas, es decir, con temperaturas mínimas de 25 ºC o superiores, y han continuado así hasta los primeros días de julio.

Las aguas del Mediterráneo muestran también unos valores exageradamente elevados para el momento del año. Son equivalentes a los récords de agosto de los últimos dos veranos. Y hay que pensar que la gran inercia térmica del agua prácticamente asegura que esta anomalía térmica marina durará todo el verano y hasta bien entrado el otoño. En este sentido podemos afirmar que el calor seguirá, al menos en las aguas marinas y en los espacios litorales e insulares.




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Toda Europa se calienta

También fuera de la península ibérica las temperaturas alcanzaron valores récord para el mes de junio, como en el norte de Alemania, en diversos lugares de Francia o en el Ártico noruego. Un potente anticiclón en altura con intrusión de aire del sur, sahariano, ha sido la causa de esta ola de calor temprana.

Gráficamente, el anticiclón supuso la tapadera de una enorme cúpula o domo de aire cálido, que ha cubierto la península ibérica y buena parte de Europa occidental. El persistente anticiclón ha ocurrido en los días con mayor insolación potencial, por ser los más largos del año y en los que el sol alcanza la mayor altura sobre el horizonte.

Es difícil saber si en el presente verano habrá más olas de calor. Las predicciones estacionales para el trimestre julio-agosto-septiembre indican que la probabilidad de que tenga una temperatura media superior a la normal es elevada, superior al 70 %, tanto en España como en gran parte de Europa. En los últimos veranos la ocurrencia de varias olas de calor en el sur de Europa ha sido la norma.

Efectos en la salud

El exceso de calor, diurno o nocturno, tiene una repercusión negativa en la salud humana. Los humanos somos animales homeotermos, de temperatura interna casi constante, entre 36,5 y 37 ºC. Cuando el exterior alcanza valores próximos o superiores, no nos sirve la vasodilatación cutánea, “ponernos rojos”, es decir, aumentar la sangre circulante por la periferia para desprender calor. Si el ambiente está a mayor temperatura, como el calor siempre se transfiere del cuerpo más caliente al de menor temperatura, el aire nos contagiará calor. Nos queda entonces un último mecanismo termorregulador para mantener la temperatura interna en sus límites: la sudoración.

No existe otro animal que tenga un número de glándulas sudoríparas ni una tasa de sudoración tan altos como los humanos. El sudor, formado por agua y sales minerales, al evaporarse desde la piel, produce, como toda evaporación, un enfriamiento. Naturalmente, habrá que reponer el agua bebiendo abundantemente, so pena de deshidratarnos.

Alimentos como el gazpacho, y las ensaladas nos aportan agua y sales. Igualmente, las frutas (melón, sandía, etc.) son recomendables y apetecibles en tiempo cálido.

Además de la deshidratación, los golpes de calor son efectos muy peligrosos del exceso de calor. Cuando la persona es incapaz de mantener su temperatura interna constante y se va elevando hasta alcanzar valores que superan los 40 ºC, se desvanece y requiere atención médica urgente. Cae en coma y los daños pueden ser irreversibles.

Durante esta última ola de calor, se han producido en varios países muertes por golpe de calor y otras, bastante más numerosas, también atribuibles a las altas temperaturas, aunque de forma indirecta, por agravamiento de enfermedades crónicas. En particular, las personas de edad avanzada y con enfermedades crónicas son muy vulnerables al calor, especialmente si están en condiciones de
pobreza energética. Es decir, si no disponen de un aparato de aire acondicionado. No descansan bien por la noche, se debilitan y aumenta su morbilidad: los ingresos hospitalarios, y también, desgraciadamente, su mortalidad. Es un problema de salud pública.




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Finalmente, aunque los países del sur de Europa son los expuestos con
mayor frecuencia e intensidad a valores muy altos de temperatura, la
adaptación al calor extremo debe ser también prioritaria en los países del centro y norte del continente, menos habituados a las olas de calor. La mayoría de los apartamentos y hasta los servicios públicos de estos países no disponen de aire acondicionado. Ni el modo de vida, ni la aclimatación al calor se corresponden con temperaturas exageradamente altas.

The Conversation

Javier Martín Vide no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Radiografía de la primera ola de calor del 2025: ¿qué podemos esperar para el resto del verano? – https://theconversation.com/radiografia-de-la-primera-ola-de-calor-del-2025-que-podemos-esperar-para-el-resto-del-verano-260752

El aumento de temperaturas hace estragos en los insectos acuáticos: así lo hemos estudiado

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Viktor Baranov, Investigador Ramon y Cajal, en ambito de Ecologia y Paleontologia de insectos y cambio global, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

Especie del género Chironomus pertenece a la familia Chironomidae Viktor Varananov, CC BY

Si se mantiene el ritmo actual de emisión de gases, la temperatura media global aumentará 2 °C hacia mediados de siglo, provocando fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes, el ascenso del nivel del mar y olas de calor prolongadas.

El calentamiento global también amenaza los beneficios de la naturaleza, conocidos como “servicios ecosistémicos”: disponibilidad de agua, pesca, recreación y valores estéticos y culturales.

Estos servicios que sostienen nuestras vidas dependen completamente del agua dulce, cuyos ecosistemas, incluida su fauna, están siendo perjudicados por los efectos del cambio climático.

Y de entre todos los animales de agua dulce en riesgo, los insectos acuáticos son especialmente vulnerables. En la Lista Roja de la biodiversidad española, cuatro especies de insectos acuáticos están en peligro crítico de extinción. Se trata del escarabajo Cybister vulneratus y tres plecópteros, moscas de las piedras: Leuctra bidula, Nemoura rifensis y Protonemura gevi. Este último, un insecto cavernícola, es endémico de España, lo que significa que no vive en ningún otro lugar.

Agentes invisibles pero imprescindibles

Los insectos acuáticos son esenciales para el buen funcionamiento de ríos y lagos. No obstante, en una investigación que llevamos a cabo en el año 2020 mostramos cómo un aumento de solo 1.8 °C en la temperatura media anual podía reducir en hasta un 82 % la abundancia de especies sensibles en apenas 42 años. Un fenómeno que ha ocurrido incluso en reservas naturales con escasa intervención humana.

En otro trabajo en el que se analizaron poblaciones de mosquitos no picadores en una reserva de Alemania central, detectamos una fuerte disminución en su capacidad de dispersión y reproducción tras un aumento de 1 °C durante un periodo de ocho años. Además, hemos documentado una tendencia general al menor tamaño corporal en insectos acuáticos en climas cálidos.

Las anteriores observaciones nos llevaron a una pregunta central: ¿cómo influye el aumento de temperatura en el crecimiento, tamaño y supervivencia de estos insectos?




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Un experimento controlado

El tamaño corporal es una variable clave en la biología. No sólo permite anticipar la capacidad de supervivencia y reproducción de este grupo de animales, sino también comprender cómo interaccionan con el calor para poder prever el futuro de los ecosistemas acuáticos.




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Con el fin de responder nuestra pregunta, realizamos un experimento con mosquitos no picadores, ya que son buenos modelos para estudiar los efectos del cambio ambiental en la fauna de agua dulce. Para ello, los criamos en tanques de prueba, recintos experimentales que simulan ecosistemas con ciertas variables controladas, conocidos como mesocosmos.

Diseñamos dos grupos principales: uno mantenido a 20 °C y otro a 30 °C, dentro de los cuales establecimos subgrupos con diferentes niveles de oxígeno disuelto, desde valores normales, un rango 100 %, 75 % y 50 % de saturación, hasta la mitad del nivel habitual.

El oxígeno como factor clave

Los resultados de nuestro ensayo fueron rotundos: los mosquitos no picadores se hicieron hasta un un 8-10 % más pequeños en ambientes cálidos con bajo oxígeno. Esto indica que el calor no es el único factor que causa el encogimiento.

El factor determinante parece ser la disminución del oxígeno disuelto, y su causa es fisiológica. A mayor temperatura, el metabolismo aumenta y los insectos necesitan más oxígeno. Pero el oxígeno se disuelve peor en agua caliente, generando un desequilibrio entre una mayor demanda y una menos disponibilidad. Y este desajuste limita el crecimiento de los insectos.

Desarrollo más rápido, pero menos sostenible

En la mayoría de los tanques de prueba, los mosquitos completaron siete u ocho generaciones, con una duración promedio de 18,5 días por generación. En condiciones de más calor y menos oxígeno, este tiempo se redujo a entre 17,3 y 13,4 días. Sin embargo, en esos mismos entornos las tasas de mortalidad aumentaron.

Después de 120 días, dejaron de emerger adultos en los tanques de prueba cálidos con bajo oxígeno, poniendo en evidencia que la alta mortalidad y la baja reproducción impidieron la continuidad de la población.

A tiempo de salvar a los mosquitos acuáticos

Nuestro estudio es un paso importante para una comprensión del declive de los insectos. La doble pérdida, tanto en número como en tamaño, ayuda a explicar la drástica disminución de insectos acuáticos en entornos afectados por el calentamiento. Esto representa una amenaza para funciones esenciales del ecosistema: mantener el agua limpia, reciclar nutrientes y sustentar la pesca recreativa e industrial.

La buena noticia es que hay formas de evitar este escenario tan pesimista. Ya que la baja concentración de oxígeno parece ser el factor decisivo, podemos aplicar soluciones basadas en él.




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Invertir en lo invisible

Además de reducir las emisiones de gases, es posible crear bancos naturales de arena o grava, disminuir la contaminación en ríos y proteger tramos de agua con buena oxigenación. Son acciones que, además de mejorar la calidad del agua, ofrecen condiciones más favorables para la fauna de agua dulce.

Los insectos acuáticos no suelen ser protagonistas en los debates sobre cambio climático, pero son fundamentales para el funcionamiento de los ecosistemas de agua dulce, que son, a su vez, esenciales para la vida humana. Protegerlos no implica solo conservar biodiversidad, sino garantizar la salud de los ríos, los lagos y nuestras propias comunidades.

The Conversation

Viktor Baranov recibe fondos de Agencia Estatal de Investigación y Consejo Superior de Investigaciones Científicas

ref. El aumento de temperaturas hace estragos en los insectos acuáticos: así lo hemos estudiado – https://theconversation.com/el-aumento-de-temperaturas-hace-estragos-en-los-insectos-acuaticos-asi-lo-hemos-estudiado-259772

How China’s green transition is reshaping ethnic minority communities

Source: The Conversation – Canada – By Reza Hasmath, Professor in Political Science, University of Alberta

China has emerged as a global front-runner in the fight against climate change, with sweeping policies aimed at curbing environmental degradation and building a more sustainable future.

Yet behind these green ambitions lies a more complicated human story. Ethnic minority communities — who make up roughly nine per cent of China’s total population and often inhabit ecologically sensitive regions like Tibet, Xinjiang, Yunnan and Inner Mongolia — are experiencing the transition in ways that involve significant trade-offs.

Where they live, how they work and the cultural practices they depend on have all been shaped by state environmental policies, often without meaningful input or representation.

My ongoing research examines the lesser seen consequences of China’s environmental agenda, focusing on how it affects the lives of ethnic minority communities across four critical dimensions: traditional livelihoods, internal migration, economic well-being and cultural identity.

Disruptions to traditional livelihoods

For centuries, many ethnic minorities in China have built their livelihoods around the land. Tibetan nomadic herders, Uyghur and Kazakh farmers and communities like the Yi, Qiang or Tu have long depended on agriculture, grazing and forest products not just for economic survival, but as a way of life deeply tied to ancestral customs and ecological knowledge.

That fabric is now fraying. Climate change, rising temperatures and desertification have degraded pasturelands in Tibet and farmland in Xinjiang, undermining herding and agriculture.

At the same time, state policies like the Grain for Green program, which converts farmland into forest to reduce erosion, have displaced upland farmers and restricted access to traditional lands.

These disruptions are compounded by restrictions on small-scale logging and non-timber forest product collection. These practices have long sustained communities such as the Hani, Dai and Yi.

Although these initiatives aim for environmental conservation, they often lack provisions for alternative livelihood options, rendering affected ethnic minority communities vulnerable to economic hardship.

Internal migration

As China’s environmental and development policies reshape rural regions, ethnic minority communities are increasingly affected by internal migration. Some ethnic minority families move voluntarily for work, while others are displaced by large-scale infrastructure or conservation projects.

In Tibet, expanded rail and road networks have boosted trade, but contributed to the migration of herding communities. In Yunnan, dam construction has displaced villages inhabited by ethnic groups such as the Nu, Lisu, Hani and Bai, often with minimal consultation.

Relocation into urban areas introduces new pressures: overcrowded infrastructure, limited services and increased competition for employment. These conditions can exacerbate the marginalization of ethnic minorities and heighten social tensions.

The effects are especially stark in Xinjiang. Uyghur communities have been relocated to new urban zones where efforts framed as economic development often fracture social structures and push assimilation.

Coupled with securitization measures, such transitions risk eroding cultural identity and deepening socio-economic disparities, particularly among ethnic minority women.

Ultimately, internal migration fragments extended family networks, an essential characteristic for many ethnic minority cultures. Without inclusive planning, these relocations can entrench the very inequities that sustainability efforts seek to address.

A double-edged economy

Green transition policies promise new livelihoods through eco-tourism, conservation work and renewable energy sectors. For some communities, these transitions have created new pathways.

Pilot programs in ecologically sensitive zones such as Qinghai have involved Tibetan herders as conservation workers, combining ecological protection with livelihood maintenance.

These examples remain exceptions. Most affected communities lack training and access to green jobs. The Grain for Green program offers short-term land conversion subsidies, but little in the way of long-term retraining. As a result, some households plunge deeper into poverty after losing access to their farmland or pasture.

Ironically, relocated families sometimes end up in low-paid construction jobs tied to the very projects that displaced them. This circular dependency — displaced by green projects, then employed in their construction — offers no route to upward mobility and deepens socio-economic marginalization.

Cultural displacement

Perhaps the most intangible impact of China’s green transition is cultural. In many ethnic minority communities, livelihoods are intertwined with the environment; rituals follow the seasons and sacred sites mark the land.

Conservation bans and resettlement disrupt ancestral customs and erase mobility patterns, as seen with the sedentarization of Tibetan nomads.

Eco-tourism campaigns and “heritage villages” try to preserve culture. However, they often turn it into a spectacle. Traditions become performances curated for tourists, while the deeper practices — language, inter-generational teaching and land-based rituals — fade.

Well-meaning efforts to promote ethnic minority festivals in the name of boosting tourism have also sometimes led to the standardization of diverse traditions into single narratives, minimizing internal variation in customs and flattening community voices.

A more inclusive green transition?

There is no doubt that China’s climate ambition is transforming its economy and the daily lives of millions. From the Tibetan Plateau to the Tarim Basin in Xinjiang and across the vast grasslands of Inner Mongolia, environmental protection is impacting the people whose lives are rooted in these fragile ecosystems.

Making this transition equitable means ensuring ethnic minorities shape, not merely receive, state policy. That includes integrating local ecological knowledge into conservation planning, providing long-term training for displaced populations and ensuring that relocation compensation reflects economic losses, as well as social and cultural costs.

China frames its environmental vision through the concept of “ecological civilization,” a philosophy rooted in Confucian ideals and socialist principles that seeks to harmonize human development with nature. At its best, this model aspires to align economic growth with ecological balance.

For ecological civilization to fulfil its promise, it must be inclusive and prioritize cultural rights alongside environmental goals. Environmental policymakers must recognize that sustainability is about both reducing emissions and preserving the dignity, heritage and agency of all communities.

China’s green transition has the potential to be a global model. To lead by example, however, it must confront not only the climate crisis, but also the deeper challenge of inclusion.

The Conversation

Reza Hasmath does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How China’s green transition is reshaping ethnic minority communities – https://theconversation.com/how-chinas-green-transition-is-reshaping-ethnic-minority-communities-259793