Cuidar al que enseña: la naturaleza como medicina contra el estrés docente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isabela García Senent, Pedagoga, Profesora y Coordinadora de Innovación Pedagógica. Facultad de Educación UCJC, Universidad Camilo José Cela

Tatiana Beschastnova/Shutterstock

En las aulas españolas, cada vez más profesores llegan al final del trimestre con un desgaste que va mucho más allá del cansancio normal. Ansiedad, estrés, insomnio, sensación de agotamiento extremo… son síntomas frecuentes entre quienes dedican su vida a educar. Los datos lo confirman: el 63 % de los docentes en comunidades como Murcia sufren problemas de ansiedad, y en otras regiones como Madrid o Castilla-La Mancha la cifra alcanza el 80 %.

Un estudio piloto realizado en España mediante smartwatch muestra que el 84,4 % de los profesores manifestaron sentir estrés, y el 30,6 % lo considera “muy alto”. Otros informes recientes indican que dos de cada cinco docentes presentan síntomas compatibles con el síndrome de estar quemado, la ansiedad o la depresión.

A ello se suman las bajas laborales por depresión o sentirse quemado, que en los últimos años no han dejado de crecer. En otros países existen datos similares. Por ejemplo, en Australia el 90 % de los profesores reportan niveles de estrés entre moderado y extremadamente severo; y más de dos tercios muestran síntomas moderados o severos de depresión y ansiedad.

¿Por qué se queman los docentes?

La raíz de este malestar está en la burocracia excesiva, las clases con demasiados estudiantes por docente, la falta de recursos y, en muchos casos, la sensación de estar siempre “corriendo detrás” de demandas tecnológicas y sociales que cambian a un ritmo imposible de seguir.

En un mundo hiperconectado, donde la vida cotidiana ya acumula estrés por el uso constante de pantallas y redes sociales, la escuela se convierte en otro foco de tensión para el adulto que enseña.

Diversos estudios muestran que la tecnología puede contribuir significativamente al estrés y agotamiento docente, al aumentar las demandas laborales, como la preparación de clases digitales, la gestión de plataformas educativas o la disponibilidad fuera del horario laboral. Su impacto varía según el contexto y puede mitigarse cuando existe apoyo institucional, formación adecuada y recursos suficientes.

Volver a lo básico: tierra, plantas, aire libre

En este contexto, mirar hacia la naturaleza puede parecer una respuesta demasiado sencilla. Y sin embargo, los huertos y jardines han demostrado un poder terapéutico que la ciencia respalda desde hace décadas. En hospitales, centros de salud mental y programas de desintoxicación, la horticultura y la jardinería se usan como herramientas para reducir la ansiedad, mejorar el ánimo y favorecer la recuperación de pacientes).

Si la naturaleza ayuda a quienes atraviesan enfermedades o procesos de rehabilitación, ¿por qué no ofrecerla también a los docentes, cuya salud mental se resiente en silencio dentro de las aulas?




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Huertos escolares

Los huertos escolares ya han mostrado beneficios para los estudiantes: mejoran la alimentación, fomentan la concentración y fortalecen la relación con el entorno.

Pero hay un aspecto menos explorado: cuando el profesorado participa de manera activa en estos espacios, también obtiene un respiro. Cuidar plantas, ensuciarse las manos de tierra, respirar aire fresco o, simplemente, tener un espacio verde dentro del colegio son gestos sencillos que actúan como contrapeso al ritmo acelerado del día a día.

Del claustro a la tierra: propuestas concretas

Integrar la naturaleza en la vida docente no significa añadir más carga de trabajo, sino diseñar espacios y tiempos que humanicen la rutina. Algunas ideas que ya se aplican en escuelas pioneras:

  • Formación con raíces verdes: talleres de horticultura, jardinería urbana o ecoterapia, pensados no solo para aprender nuevas metodologías, sino para que los docentes se beneficien personalmente del contacto con la naturaleza.

  • Paseos terapéuticos: reuniones de claustro o sesiones de desarrollo profesional que se trasladan a paseos al aire libre, fomentando la reflexión y reduciendo la tensión.

  • Espacios reservados para el profesorado: huertos o terrazas verdes que no sean sólo para el alumnado, sino lugares de descanso y desconexión para los adultos. En algunos colegios de Estados Unidos y Australia, por ejemplo, se está reemplazando el pavimento por plantas nativas, además de instalar jardines de polinizadores y árboles resistentes al clima. Estos espacios no solo benefician a los estudiantes, sino que también proporcionan a los docentes áreas sombreadas para relajarse y celebrar reuniones informales, contribuyendo a su bienestar.

  • Proyectos comunitarios: abrir los huertos escolares a familias y vecinos, de modo que los docentes no se sientan solos en la carga, sino acompañados por una red de colaboración.




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Humanizar la escuela

Hablar de jardines y huertos no es hablar de moda, sino de salud pública y de educación sostenible. En un momento en el que cada vez más docentes solicitan la baja por ansiedad o depresión, cualquier inversión en su bienestar tiene un retorno inmediato en la calidad del aprendizaje de los estudiantes.

Cuidar a quien enseña es cuidar a toda la comunidad educativa. Y la medicina más accesible que tenemos a mano es también la más olvidada: volver a lo básico, a la tierra, a lo verde, al aire libre. Humanizar las escuelas significa reconocer que el bienestar del profesorado no es un lujo, sino la condición mínima para que pueda sostener el de sus alumnos.

The Conversation

Isabela García Senent no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuidar al que enseña: la naturaleza como medicina contra el estrés docente – https://theconversation.com/cuidar-al-que-ensena-la-naturaleza-como-medicina-contra-el-estres-docente-265357

¿Es realmente más eficiente la gestión privada de los hospitales? Lo que dicen los datos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Recio Menéndez, PROFESOR TITULAR UNIVERSIDAD DEL DEPARTAMENTO DE ECONOMÍA Y EMPRESA, Universidad de Almería

PRIYA2025/Shutterstock

En las cafeterías y en los parlamentos, el debate sobre la sanidad suele simplificarse en una dicotomía casi futbolística: si la gestión privada es sinónimo de eficiencia y agilidad, la sanidad pública garantiza la equidad pero se ahoga en burocracia.

Sin embargo, cuando analizamos la economía de la salud con el bisturí de los datos, descubrimos que esa premisa de “lo privado gestiona mejor los recursos” vemos que no estamos ante una ley universal. La realidad es mucho más matizada: la titularidad del hospital importa menos que las reglas del juego, los incentivos y, sobre todo, el tipo de paciente que se atiende.

¿Qué dice la evidencia científica internacional y la experiencia reciente en España sobre quién lo hace mejor?

El mito de la eficiencia económica pura

El argumento principal a favor de la gestión privada (especialmente en el modelo de concesión administrativa o modelo Alzira) es el ahorro. Y es cierto: diversos informes de la Sindicatura de Comptes han mostrado en el pasado que el coste per cápita en hospitales de gestión privada puede ser inferior al de los centros de gestión directa, cifrando ahorros de entre el 20 y el 25 %.

No obstante, en economía sanitaria, comparar costes sin ajustar por riesgo es hacerse trampas al solitario. Aquí entra en juego el concepto de selección de riesgos (o cream skimming, por su acepción en inglés), es decir, quedarse_ con los pacientes con menor riesgo o menos costosos de tratar, mientras se evitan los pacientes de alto coste o con enfermedades crónicas.

La sanidad privada tiende a ser muy eficiente en procesos estandarizables y de riesgo moderado (partos, operaciones de cataratas, prótesis de cadera). Pero la sanidad pública asume el grueso de la “no rentabilidad”: pacientes crónicos pluripatológicos, ancianos con largas estancias y urgencias de alta complejidad.

Estudios sobre la derivación de pacientes y selección de riesgos sugieren que si un hospital privado deriva los casos más costosos a la red pública, sus balances parecerán más eficientes artificialmente. Sobre todo si, como ocurre en España, no tiene que pagar por ello. La eficiencia técnica real solo se puede comparar cuando ambos modelos tratan exactamente a los mismos pacientes.

¿El ánimo de lucro afecta a la calidad asistencial?

La pregunta incómoda es: ¿se traduce el ahorro de costes en peores resultados de salud?

La evidencia académica más reciente ha endurecido sus conclusiones. En febrero de 2024, una revisión sistemática publicada en The Lancet Public Health por investigadores de la Universidad de Oxford analizó décadas de estudios internacionales sobre externalización sanitaria. Su conclusión fue contundente: la conversión de hospitales públicos a gestión privada no generó los ahorros prometidos y, en la mayoría de los casos analizados, se asoció con una peor calidad asistencial.

Los autores del estudio señalan que el afán de lucro genera incentivos para reducir personal o limitar servicios poco rentables. Eso explicaría por qué la privatización a menudo se correlaciona con peores resultados de salud que en la gestión pública directa.

La hipótesis económica detrás de estos datos es la asimetría de información. El paciente no sabe exactamente qué necesita pero el médico/gestor sí. En un entorno de gestión privada enfocado al beneficio, existe el incentivo perverso de recortar en aquellas cosas que el paciente no ve (ratio de enfermería por cama, cualificación del personal de guardia) pero que son determinantes para la supervivencia en situaciones críticas.

En España, la calidad de la red privada es indudable en términos de confort y tecnología diagnóstica, pero la red pública sigue ostentando la superioridad técnica en alta complejidad y formación de especialistas (MIR), aglutinando el 97 % de las plazas de formación médica.

La lección española: del auge a la reversión

España ha sido un laboratorio europeo de la colaboración público-privada. El “Modelo Alzira” (hospitales públicos de gestión privada) prometió traer lo mejor de los dos mundos.

Durante años, este modelo logró reducir listas de espera. Sin embargo, la Generalitat Valenciana revirtió estas concesiones (Alzira en 2018, Torrevieja en 2021) volviendo a la gestión directa. ¿Por qué?

Más allá de la ideología política, surgieron problemas de gestión económica estructural reflejados en auditorías públicas:

  1. Falta de transparencia: La dificultad para auditar realmente los costes y la facturación cruzada entre la concesionaria y la administración (la llamada “liquidación”).

  2. Rigidez contractual: La sanidad cambia rápido. Un contrato a 15 años difícilmente prevé una pandemia o una revolución tecnológica, lo que obligaba a renegociaciones constantes.

La lección económica es que externalizar no exime a la administración de controlar. Y controlar una concesión sanitaria es tan costoso y complejo que, a veces, elimina el ahorro que se pretendía conseguir.

¿Qué preferimos: hotelería o seguridad?

Para el ciudadano, la percepción de calidad varía según su necesidad.

La gestión privada ha demostrado ser superior en logística y hotelería hospitalaria: habitaciones individuales, menores tiempos de espera y agilidad administrativa, según reflejan los datos comparativos de satisfacción de 2024. Si usted necesita una operación de menisco, la privada probablemente le ofrezca una experiencia de usuario superior en términos de rapidez.

Sin embargo, la gestión pública es imbatible en equidad y seguridad ante catástrofes. La eficiencia de lo público no se mide en el dividendo, sino en la capacidad de mantener una red de seguridad que cubra el 100 % de las eventualidades. Informes de la Sociedad Española de Salud Pública (SESPAS) recuerdan recurrentemente que la equidad es el mayor activo del Sistema Nacional de Salud.

Eficiencia no es gastar menos sino tener más salud

El debate “Sanidad pública vs. Sanidad privada” es, en muchos sentidos, un falso dilema. La titularidad pública con herramientas de gestión empresarial (profesionalización de gerentes, incentivos por productividad) sería el modelo más robusto. Los sistemas sanitarios más exitosos no son los que eligen uno u otro, sino los que integran ambos con reglas claras.

La gestión privada tiene un rol fundamental como complemento para aliviar la presión asistencial en la sanidad pública. Pero, para abordar situaciones sanitarias de alta complejidad y garantizar la equidad, se sigue necesitando el músculo y la lógica del servicio público.

La eficiencia no es solo gastar menos. Eficiencia es obtener la mayor cantidad de salud posible con los recursos disponibles. Y en esa métrica, cuando la enfermedad se pone seria, el modelo público sigue siendo el refugio más seguro

The Conversation

Manuel Recio Menéndez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es realmente más eficiente la gestión privada de los hospitales? Lo que dicen los datos – https://theconversation.com/es-realmente-mas-eficiente-la-gestion-privada-de-los-hospitales-lo-que-dicen-los-datos-271651

Personalidad resistente: cómo hacer del estrés laboral un motor de crecimiento personal

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mihaela Enache Zegheru, Profesora, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Imagine a dos profesionales que atraviesan una misma situación laboral complicada: hay reorganizaciones internas, presión por cumplir objetivos y un clima de incertidumbre. Mientras uno se desmotiva y acaba agotado, el otro consigue mantener la calma y aprovechar la experiencia como aprendizaje. ¿Qué marca la diferencia? La psicología tiene una respuesta: la personalidad resistente (cognitive hardiness), un recurso que permite transformar la presión en oportunidades de crecimiento.

La psicóloga Suzanne Kobasa acuñó este concepto a finales de los años setenta tras estudiar a directivos sometidos a altos niveles de estrés. Observó que algunos, pese a estar expuestos a las mismas dificultades que sus colegas, presentaban menos problemas de salud. La clave no estaba en la ausencia de obstáculos, sino en la forma de interpretarlos.

Junto con el profesor e investigador Salvatore Maddi, Kobasa definió un modelo basado en tres dimensiones:

  1. El compromiso, que supone implicarse activamente en la vida personal y profesional y encontrar un propósito vital.

  2. El control, entendido como la convicción de que nuestras acciones influyen en los resultados y reducen la sensación de indefensión.

  3. El reto, que se refiere a la disposición a ver los cambios como oportunidades de aprendizaje en lugar de amenazas.

El estilo resistente no elimina el estrés pero cambia su impacto: lo convierte en motor de crecimiento personal y profesional.

Un protector frente al estrés crónico

Numerosas investigaciones han mostrado que la personalidad resistente actúa como un factor protector frente al estrés crónico. Quienes la desarrollan recurren con más frecuencia a estrategias activas, como resolver problemas o buscar apoyo social, en lugar de evadir la situación. Esto se traduce en una mayor capacidad de adaptación a reorganizaciones, en la posibilidad de mantener el rendimiento en entornos inciertos y en una menor probabilidad de sufrir ansiedad, depresión o burnout.

Un estudio con bomberos españoles demostró que aquellos con mayor nivel de personalidad resistente presentaban menos riesgo de agotamiento profesional, a pesar de trabajar en las mismas condiciones extremas que sus compañeros.




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Beneficios no solo en la salud individual

En el ámbito organizacional, los trabajadores con personalidad resistente suelen mostrar mayor perseverancia y capacidad para resolver tareas complejas, lo que favorece el rendimiento global. En los líderes, esta disposición se traduce en la transmisión de confianza y en la capacidad de guiar a los equipos con serenidad frente a la incertidumbre. Cuando las empresas fomentan actitudes de compromiso, control y percepción del cambio como reto, generan climas laborales más resilientes, caracterizados por la cooperación y la orientación a soluciones.

La relevancia de la personalidad resistente en el ámbito laboral es tal que el interés académico por el tema ha seguido creciendo y se proyecta como una línea de estudio clave en los próximos años. Algunos ejemplos actuales:

  • La transformación digital suele generar ansiedad en los equipos debido a la rapidez con la que se incorporan nuevas tecnologías. Sin embargo, cuando este proceso se interpreta como una oportunidad de aprendizaje, la adaptación se acelera y los resultados son más positivos.

  • En los equipos globales y virtuales, cada vez más frecuentes, la personalidad resistente facilita la cohesión y ayuda a gestionar malentendidos derivados de la comunicación a distancia o de las diferencias culturales.

  • En el mundo del emprendimiento, quienes trabajan en contextos de incertidumbre y riesgo constante dependen de esta resistencia para mantener la motivación y transformar los fracasos en aprendizajes valiosos.




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Entrenar la resistencia

Una buena noticia es que, a diferencia de otros rasgos más estables de la personalidad, la resistencia psicológica puede entrenarse. Existen programas de formación e intervenciones psicoeducativas que han demostrado su eficacia.

Entre las estrategias más habituales se encuentran el entrenamiento en resolución de problemas y toma de decisiones bajo presión, el diseño de programas que conectan metas personales con objetivos organizacionales, la promoción de la autonomía para reforzar la percepción de control y la construcción de una cultura de aprendizaje continuo. Muchas empresas han incorporado prácticas de mindfulness, programas de mentoring y talleres de gestión del cambio que fortalecen la confianza y el compromiso en entornos laborales exigentes.




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Y en el futuro, ¿qué?

El futuro del trabajo seguirá marcado por transformaciones rápidas e impredecibles. La pandemia, la digitalización y la globalización de los equipos muestran que la incertidumbre no es una excepción.

En este contexto, la personalidad resistente se convierte en un recurso imprescindible tanto para los propios individuos como para sus organizaciones. Invertir en su desarrollo no solo protege la salud mental de los trabajadores, sino que también impulsa la innovación, la productividad y la sostenibilidad empresarial.

La evidencia científica demuestra que esta capacidad puede entrenarse y potenciarse. Hacerlo será, sin duda, una de las claves para afrontar con éxito los desafíos del mundo laboral en los próximos años.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Personalidad resistente: cómo hacer del estrés laboral un motor de crecimiento personal – https://theconversation.com/personalidad-resistente-como-hacer-del-estres-laboral-un-motor-de-crecimiento-personal-268309

El peso de las desigualdades: así influye el lugar donde vivimos en la salud mental

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Nájera López, Profesor de Radiología y Medicina Física en la Facultad de Medicina de Albacete. Coordinador de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación (UCLMdivulga), Universidad de Castilla-La Mancha

Calle de Barcelona. malgosia janicka/Shutterstock

Si alguna vez se ha parado a pensar en por qué sufrimos determinadas enfermedades, en particular aquellas relacionadas con la salud mental, seguramente se le hayan venido a la cabeza factores como la genética, las experiencias personales o el consumo de ciertas sustancias.

Pero ¿y si el lugar donde vivimos también jugara un papel clave? Nos referimos al barrio, a la calle, a la zona de la ciudad en la que desarrollamos nuestra vida y que, seguramente, está muy condicionada por factores socioeconómicos.

Una de las patologías mentales más impactantes son los primeros episodios psicóticos. Se trata de alucinaciones, delirios, conductas desorganizadas e, incluso, ideaciones suicidas asociadas a la angustia que suelen manifestarse entre el final de la adolescencia y los 30 años y afectan a todas las áreas de la vida. Por eso, su detección precoz implicaría contener las consecuencias sobre el futuro laboral, la formación y, en definitiva, el proyecto vital de la persona afectada.

Mapeando la salud mental de una ciudad

Un grupo de investigadores e investigadoras nos hicimos la siguiente pregunta: ¿podría la dirección de nuestra casa condicionar el hecho de sufrir, por ejemplo, un primer episodio psicótico? Para averiguarlo, analizamos 106 casos de pacientes que lo experimentaron entre 2016 y 2022 en la ciudad de Albacete. Todos los casos se recogieron a través de un programa especializado del Hospital Perpetuo Socorro de esta localidad.

Primero se ubicaron en el mapa y se compararon con 383 controles aleatorios. Tales controles permiten, entre otras cosas, determinar las zonas con una mayor densidad de población y filtrar ese efecto sobre el número de episodios psicóticos: de no hacerlo así, tendríamos más casos allá donde vive más gente y no podríamos determinar si el factor que queríamos estudiar era el culpable o no. Esta metodología permitió identificar zonas donde el riesgo real era significativamente más alto.

El análisis no solo se centró en la situación geográfica del domicilio del paciente, sino que se tuvieron en cuenta otros factores de riesgo individuales ya conocidos como el consumo de sustancias. Pero lo novedoso aquí fue el análisis de cómo factores socioeconómicos y geográficos pueden contribuir a la aparición de un primer episodio psicótico.

Desigualdades económicas y género

Los resultados revelaron que las áreas con menores ingresos registraban tasas significativamente más altas de incidencia de ese primer episodio. Así se pone de manifiesto que las desigualdades económicas, lejos de ser un factor aislado, ejercen una influencia importante en la vulnerabilidad a trastornos mentales graves, amplificando las brechas ya existentes en la salud mental.

Además, las mujeres de esas áreas se perfilaron como un grupo especialmente vulnerable, no solo por las adversidades económicas, sino también por enfrentarse a una intersección de factores que agravan su situación.

Este escenario evidencia la urgente necesidad de diseñar e implementar enfoques de intervención que sean profundamente sensibles al sexo, reconociendo las realidades diferenciadas que afronta la población femenina. Abordar dicha vulnerabilidad con estrategias específicas es clave para romper el círculo de desigualdad y garantizar una atención en salud mental más equitativa y efectiva, con especial atención a las zonas de la ciudad más desfavorecidas.

La precisión espacial como herramienta de salud pública

El uso de herramientas de estadística espacial permitió ajustar los datos por densidad poblacional, asegurando que los resultados reflejaran riesgos reales y no simples concentraciones de población. Esto hace posible dirigir recursos hacia las áreas más vulnerables con intervenciones específicas, como programas de detección temprana o mejora en el acceso a servicios de salud mental.

Por otra parte, integrar herramientas como la cartografía catastral en futuros estudios podría aportar un nivel de precisión sin precedentes al análisis espacial. La cartografía catastral, con su capacidad para proporcionar datos detallados sobre el uso del suelo, la densidad y características de las edificaciones, la distribución de recursos y las características demográficas, ofrece una base sólida para identificar con exactitud las áreas de mayor riesgo. Este enfoque representa un cambio de paradigma, aportando evidencias relevantes de la importancia de considerar el entorno como un elemento crucial en la salud mental.

Hacia un modelo inclusivo y sostenible

Nuestro estudio no solo representa un avance académico, sino que puede constituir una hoja de ruta para diseñar políticas públicas más equitativas y centradas en las necesidades reales de las comunidades. Al conectar los puntos entre salud mental, desigualdades económicas y planificación urbana, se resalta el papel fundamental del entorno en la prevención y tratamiento de trastornos psicóticos.

Porque, como demuestra este trabajo, el lugar donde vivimos importa, pero también importa quiénes somos y las desigualdades que afrontamos. Abordar esas disparidades estructurales no es solo una cuestión de justicia, sino una necesidad para construir un futuro más saludable, equitativo y sostenible.

Prevenir trastornos como el primer episodio psicótico no debe ser visto como una tarea individual, sino como un esfuerzo colectivo que coloque a las mujeres y a las comunidades más vulnerables en el centro de las estrategias de salud pública.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El peso de las desigualdades: así influye el lugar donde vivimos en la salud mental – https://theconversation.com/el-peso-de-las-desigualdades-asi-influye-el-lugar-donde-vivimos-en-la-salud-mental-271440

Comment survivre au début de l’âge adulte ? Voici des stratégies d’adaptation

Source: The Conversation – in French – By Virginie Paquette, Chercheuse postdoctorale en psychologie organisationnelle/industrielle, Université du Québec à Trois-Rivières (UQTR)

Des bouleversements majeurs surviennent chez les jeunes adultes âgés entre 18 et 29 ans : départ du foyer familial, études supérieures, entrée sur le marché du travail, formation de relations significatives et, parfois, venue des enfants.

Tout cela en l’espace d’une décennie ! Ces changements, chez ce qu’on appelle l’«adulte émergent», peuvent parfois sembler insurmontables. Toutefois, le mot-clé ici est « peuvent ».

Dans une étude conduite par le Substantive Methodological Synergy Research Laboratory de l’Université Concordia, nous montrons que les jeunes adultes qui utilisent des combinaisons de stratégies d’adaptation majoritairement centrées sur la tâche traversent plus facilement cette période, alors que ceux qui utilisent majoritairement des stratégies centrées sur les émotions, ou qui recourent très peu aux stratégies d’adaptation, éprouvent plus de difficultés.


25-35 ans : vos enjeux, est une série produite par La Conversation/The Conversation.

Chacun vit sa vingtaine et sa trentaine à sa façon. Certains économisent pour contracter un prêt hypothécaire quand d’autres se démènent pour payer leur loyer. Certains passent tout leur temps sur les applications de rencontres quand d’autres essaient de comprendre comment élever un enfant. Notre série sur les 25-35 ans aborde vos défis et enjeux de tous les jours.

Les stratégies d’adaptation comme « outils »

Pour illustrer ces cheminements, prenons les cas de deux personnages fictifs : Christina et Laura. Diplômées en droit, elles tentent toutes deux d’entrer sur le marché du travail en tant qu’avocates. Face à un milieu très compétitif, Christina effectue des recherches sur différents cabinets, identifie leurs besoins et suit des formations pour améliorer sa prise de parole en public. Laura, en revanche, se sent anxieuse et rumine, craignant de ne pas être à la hauteur. Elle s’évade en jouant à des jeux vidéo ou en sortant avec des amis, plutôt que d’envoyer sa candidature.

Christina et Laura s’appuient sur différentes combinaisons de stratégies d’adaptation, ou « outils », pour gérer cette situation stressante. Selon Norman S. Endler et James D. A. Parker, deux chercheurs canadiens en psychologie, il existe trois types de stratégies d’adaptation : centrées sur la tâche, centrées sur les émotions et centrées sur l’évitement.

Christina incarne les stratégies centrées sur la tâche : elle identifie la cause de son stress et organise un plan d’action pour y faire face. Laura, en revanche, utilise des stratégies centrées sur les émotions : elle se concentre sur ses réactions émotionnelles (p. ex., elle rumine). Elle utilise aussi des stratégies centrées sur l’évitement : elle se distrait seule (jeux vidéo) ou via des interactions sociales (sorties entre amis).

La grande majorité des recherches ont examiné l’effet des stratégies d’adaptation de manière isolée, révélant que les stratégies centrées sur la tâche sont plus efficaces face aux situations stressantes que celles centrées sur les émotions ou l’évitement. Toutefois, comme le démontre notre exemple, les individus ont tendance à combiner différentes stratégies pour faire face aux situations stressantes. Ces combinaisons sont appelées profils d’adaptation.

L’approche de la « boîte à outils »

Ces profils peuvent être considérés comme des « boîtes à outils ». Chaque individu possède une boîte à outils représentant l’ensemble des stratégies, ou « outils », sur lesquelles il s’appuie pour affronter l’adversité.

Afin d’identifier les profils d’adaptation, ou « boîtes à outils », utilisés par les jeunes adultes lors de grandes transitions de vie (p. ex., poursuivre aux études supérieures ou entrer sur le marché du travail), nous avons mené une étude sur un large échantillon représentatif de jeunes adultes suivis de 19 à 29 ans.




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Notre étude a révélé six profils distincts : (1) Centré sur les émotions et l’évitement, (2) Centré sur les émotions, (3) Faible adaptation, (4) Adaptation moyenne, (5) Centré sur la tâche et l’évitement, et (6) Centré sur la tâche.

  • Les jeunes adultes appartenant aux profils Centré sur les émotions et l’évitement et Centré sur les émotions ont tendance à se concentrer sur les émotions négatives, et sur l’évitement dans le cas du premier profil.

  • Ceux des profils Faible adaptation et Adaptation moyenne ont recours à toutes les stratégies à des niveaux similaires (faibles ou moyens, respectivement).

  • Enfin, les individus des profils Centré sur la tâche et l’évitement et Centré sur la tâche tentent principalement de résoudre les problèmes, bien que les premiers aient parfois recours à l’évitement.

Dans notre exemple, Christina appartient au profil Centré sur la tâche : sa boîte à outils est remplie d’outils visant à régler directement les problèmes rencontrés. Laura, elle, relève du profil Centré sur les émotions et l’évitement. Sa boîte contient deux types d’outils : ceux visant à traiter les émotions négatives (p. ex., rumination) et ceux visant l’évitement (p. ex., jouer à des jeux vidéo ou sortir avec des amis).


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Les « boîtes à outils » ne sont pas égales

Les « boîtes à outils » ne sont pas toutes égales. Nos résultats montrent que les profils où prédominent les stratégies centrées sur la tâche sont les plus efficaces, tandis que ceux centrés sur les émotions sont généralement moins adaptés.

Surprenamment, nos résultats ont révélé qu’avec le temps, les profils centrés sur les émotions devenaient plus adaptatifs. Les individus dans ces profils ont vu leurs émotions positives augmenter et leurs symptômes physiques (p.ex., maux de tête) diminuer dans le temps.




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Si les profils centrés sur la tâche sont plus efficaces pour résoudre les problèmes à court terme, il semble que les profils centrés sur les émotions peuvent aider à traiter les expériences émotionnelles et à réduire les effets négatifs du stress sur la santé à long terme.

Ainsi, Laura pourrait ruminer ses angoisses pendant un moment, puis en parler à une amie qui l’aiderait à les surmonter. Ce soutien émotionnel pourrait lui donner la confiance nécessaire pour postuler à des postes.

Les « boîtes à outils » peuvent évoluer

Un autre résultat intéressant de notre recherche est que les jeunes adultes peuvent changer de profil au fil du temps.

Les mécanismes de ces changements restent encore flous, mais cela donne espoir : les individus ne sont pas contraints à une seule boîte à outils pour toujours. Ils peuvent expérimenter et trouver la combinaison de stratégies la plus appropriée à leurs besoins.

En résumé, notre recherche suggère que les jeunes adultes utilisent une combinaison de stratégies (boîte à outils) afin de s’adapter aux changements dans leur vie. Celles où prédominent les stratégies centrées sur la tâche sont plus efficaces, surtout à court terme.

Heureusement, les jeunes adultes peuvent apprendre quelles stratégies leur conviennent le mieux avec le temps et changer de « boîte à outils ».

La Conversation Canada

Virginie Paquette a reçu du financement de la bourse Horizon de l’Université Concordia et des Fonds de Recherche du Québec – Société et Culture (FRQSC).

Adam Danyluk a reçu des financements de Concordia University et de Simon Fraser University.

ref. Comment survivre au début de l’âge adulte ? Voici des stratégies d’adaptation – https://theconversation.com/comment-survivre-au-debut-de-lage-adulte-voici-des-strategies-dadaptation-267072

L’accès à la propriété, la fausse promesse canadienne

Source: The Conversation – in French – By Nick Revington, Professeur de logement et dynamiques urbaines, Institut national de la recherche scientifique (INRS)

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Avec l’augmentation des prix des maisons au cours des deux dernières décennies, l’accès à la propriété est devenu de plus en plus difficile pour les jeunes ménages au Canada, et ce, malgré un fort soutien dans les politiques publiques. Devenir propriétaire de son chez-soi demeure néanmoins désiré par les jeunes pour assurer une stabilité résidentielle difficilement retrouvée ailleurs.

Chercheurs en études urbaines à l’Institut national de la recherche scientifique, nous nous sommes penchés sur la question des aspirations des jeunes à accéder à la propriété dans ce contexte difficile à travers des entretiens approfondis avec une vingtaine de ménages dans le grand Montréal.


25-35 ans : vos enjeux, est une série produite par La Conversation/The Conversation.

Chacun vit sa vingtaine et sa trentaine à sa façon. Certains économisent pour contracter un prêt hypothécaire quand d’autres se démènent pour payer leur loyer. Certains passent tout leur temps sur les applications de rencontres quand d’autres essaient de comprendre comment élever un enfant. Notre série sur les 25-35 ans aborde vos défis et enjeux de tous les jours.

Des dispositifs pour l’accès à la propriété

Le dispositif le plus connu pour encourager l’achat d’une maison est peut-être le Compte d’épargne libre d’impôts pour l’achat d’une première propriété (CELIAPP), mais il existe d’autres programmes dont le Régime d’accession à la propriété, qui permet de retirer des fonds d’un régime enregistré d’épargne-retraite (REER) pour l’achat ou la construction d’une maison.




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L’État fédéral assure les prêts hypothécaires par le biais de la Société canadienne d’hypothèques et de logement (SCHL), ce qui accroît la disponibilité du capital destiné à l’achat de la propriété résidentielle.

Plusieurs municipalités offrent également des incitatifs pour les premiers acheteurs. Par exemple, dépendamment du statut du ménage et de la propriété, un nouveau propriétaire à Montréal pourrait obtenir une aide financière de la Ville, allant de 5000 $ à 15 000 $. La Ville de Québec, quant à elle, offre à des familles qui respectent certains critères d’admissibilité des prêts sans intérêt ni versement représentants 5,5 % du prix d’achat d’un logement neuf pour compléter une mise de fonds.

Le Canada en fait assez… pour les propriétaires

En parallèle cependant des dispositifs mis en place par le gouvernement pour encourager l’achat d’une première maison, d’autres dispositifs plus importants et souvent moins connus travaillent à enrichir les propriétaires existants. Cela représente une incitation majeure à rejoindre les rangs des propriétaires.

C’est le cas, par exemple, de l’exonération de l’impôt sur le gain en capital pour résidence principale. Autrement dit, le profit réalisé lors de la revente de votre maison n’est pas imposable. Cette subvention d’autour de 15 milliards $ par année dépasse le budget annuel de la Stratégie nationale sur le logement.

Encore plus ésotérique est la notion de « loyer imputé » : elle désigne tout propriétaire qui occupe le logement dont il est propriétaire. En occupant sa propriété, le propriétaire se verse à lui-même un loyer fictif. Contrairement aux Pays-Bas et à la Suisse, ce loyer imputé n’est pas imposable au Canada. Cette absence d’imposition représente un biais fiscal favorisant les propriétaires, car si le propriétaire décidait de louer ce logement plutôt que de l’occuper, il paierait des impôts sur ce revenu, qui sont, au final, payés par le locataire.

Toutefois, l’accession à la propriété promue par le Canada semble être une « fausse promesse ». Avec les politiques en place, les jeunes et les ménages à revenu modeste se trouvent progressivement exclus des opportunités d’accumulation de richesse qu’offre la propriété. Le logement devient dans ces conditions un vecteur d’inégalités importantes.


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Politiques pour la propriété, contre la location

En même temps, les politiques publiques canadiennes et québécoises défavorisent la location, ce qui rend la propriété encore plus attrayante. Les politiques actuelles s’éloignent du modèle des logements sociaux et communautaires, où les loyers sont déterminés en fonction de la capacité des ménages à payer. Elles promeuvent à la place le logement « abordable » relatif à la valeur marchande, avec des loyers qui sont en dessous du prix courant, mais qui sont parfois néanmoins hors de la portée des ménages à faible revenu.




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Dans le marché locatif, la pression du marché immobilier rend visibles les limites du régime québécois de protection des locataires à travers les hausses de loyers, reprises de logements, et rénovictions.

En permettant au locateur de refuser sans motif sérieux une cession de bail, la loi 31 adoptée en 2024 a éliminé l’un des derniers moyens de trouver un appartement à bon prix.

Une diversité de motivations pour accéder à la propriété

Nos recherches menées auprès de jeunes ménages aspirant à la propriété dans la grande région de Montréal révèlent une diversité de motivations. Si l’ensemble des ménages rencontrés se heurtent à la difficulté d’accéder à la propriété, pour la plupart, l’achat d’une maison n’est pas un objectif en soi.

Certains désirent un espace convenable pour leurs jeunes enfants, qu’ils ont de la difficulté à trouver dans le marché locatif. D’autres perçoivent la propriété comme un bon investissement. Plusieurs sont préoccupés par leurs expériences de précarité résidentielle, ou expriment des craintes face aux rénovictions, aux hausses de loyer ou à la négligence de propriétaires dans le marché locatif.

D’ailleurs, plusieurs d’entre eux ne sont pas contre la location à long terme. Ils sont nombreux à être attachés à la vie de leur quartier. Dans la mesure où l’achat d’une propriété nécessite souvent de se relocaliser dans un quartier dont les prix sont plus bas, la location reste fréquemment désirable. À cela s’ajoute que l’achat est souvent perçu comme un surétirement financier, qui amène un risque plutôt qu’une stabilité.




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Une remise en cause des politiques favorisant la propriété ?

À la lumière de cette diversité des motivations, serait-il nécessaire de remettre en cause les politiques publiques favorisant l’accession à la propriété ?

Au lieu de promouvoir la propriété dans l’espoir qu’elle répondra aux besoins des ménages, nos politiques en logement devraient satisfaire directement à ces besoins.

En tenant compte de la littérature scientifique sur le sujet, les politiques publiques devraient favoriser la stabilité ou la sécurité résidentielle, peu importe le mode d’occupation, en mettant en place une approche centrée sur une politique d’habitation neutre en matière de mode d’occupation. C’est ce qu’on appelle en anglais la « tenure-neutral housing policy ». Cette approche, contrairement aux politiques actuelles, ne privilégie aucun mode d’occupation par rapport à un autre.

Nos politiques en logement devraient, de la même manière, augmenter le financement du logement social et communautaire, et inciter la construction d’appartements qui répondent aux besoins des ménages avec enfants, par exemple avec une meilleure insonorisation et un accès à une cour intérieure.

Elles devraient enfin renforcer les protections des locataires contre des hausses abusives des loyers, des rénovictions et la discrimination.

Réduire la dépendance à la propriété

L’attrait de la propriété comme investissement demeure indéniable. Favoriser d’autres types d’investissements, comme des fonds de placement ou des actions, aurait le double avantage de diversifier les opportunités d’investissement des ménages et de libérer des capitaux qui sont investis dans l’immobilier en raison des augmentations des prix et non en raison de l’augmentation de l’offre.

Une amélioration des régimes de retraite publics ferait que l’achat d’une propriété ne soit pas perçu comme nécessaire pour sécuriser son avenir.

Plusieurs obstacles freinent toutefois la refonte des politiques de logement. Environ deux tiers des ménages canadiens et la majorité des ménages québécois sont propriétaires de leur logement. Il serait politiquement difficile de réduire les avantages dont bénéficie ce bloc électoral pour mettre en œuvre des solutions plus équitables.

Il demeure toutefois essentiel de maintenir ce débat, surtout pour assurer la sécurité résidentielle de la part des ménages qui sera inévitablement exclue de l’accession à la propriété.

La Conversation Canada

Nick Revington a reçu des financements du Fonds de recherche du Québec (FRQ) et du Conseil de recherche en sciences humaines du Canada (CRSH).

Emory Shaw a reçu des financements du Fonds de recherche du Québec (FRQ).

Mathiaz Lazo Mackay a reçu des financements du Fonds de recherche du Québec (FRQ).

ref. L’accès à la propriété, la fausse promesse canadienne – https://theconversation.com/lacces-a-la-propriete-la-fausse-promesse-canadienne-268154

L’internationale trumpiste : la Stratégie de sécurité nationale 2025 comme manifeste idéologique

Source: The Conversation – France in French (3) – By Jérôme Viala-Gaudefroy, Spécialiste de la politique américaine, Sciences Po

L’administration Trump vient de rendre publique sa Stratégie de sécurité nationale. Charge virulente contre l’Europe, affirmation de l’exceptionnalisme des États-Unis, présentation du président actuel en héros affrontant au nom de son pays des périls mortels pour la civilisation occidentale : bien plus qu’un simple ensemble de grandes lignes, il s’agit d’une véritable proclamation idéologique.


La Stratégie de sécurité nationale (National Security Strategy, NSS) est normalement un document technocratique, non contraignant juridiquement, que chaque président des États-Unis doit, durant son mandat, adresser au Congrès pour guider la politique étrangère du pays.

La version publiée par l’administration Trump en 2025 (ici en français) ressemble pourtant moins à un texte d’État qu’à un manifeste idéologique MAGA (Make America Great Again) qui s’adresse tout autant à sa base qu’au reste du monde, à commencer par les alliés européens de Washington, accusés de trahir la « vraie » démocratie. Pour la première fois, et contrairement à la NSS du premier mandat Trump publiée en 2017, la sécurité nationale y est définie presque exclusivement à partir des obsessions trumpistes : immigration, guerre culturelle, nationalisme.

Les trois principales articulations du texte

La NSS 2025 rompt complètement avec la tradition libérale de la démocratie constitutionnelle (respect des droits fondamentaux, primauté de l’État de droit, pluralisme) et avec sa traduction internationale — la promotion de la démocratie dans le cadre d’un ordre multilatéral fondé sur des règles. Elle réécrit l’histoire depuis la fin de la guerre froide, construit un ennemi composite (immigration, élites « globalistes », Europe) et détourne le vocabulaire de la liberté et de la démocratie au service d’un exceptionnalisme ethno-populiste.

Ce document présente une grande narration en trois actes.

Acte I : La trahison des élites.

C’est le récit de l’échec des politiques menées par les États-Unis depuis 1991, imputées à l’hubris d’élites qui auraient voulu l’hégémonie globale. Elles auraient mené des « guerres sans fin », mis en place un « prétendu libre-échange » et soumis le pays à des institutions supranationales, au prix de l’industrie américaine, de la classe moyenne, de la souveraineté nationale et de la cohésion culturelle. Ce premier acte souligne enfin l’incapacité à renouveler un récit national crédible après la fin de la guerre froide : c’est sur ce vide narratif que Trump construit son propre récit.

Acte II : Le déclin.

Le déclin des États-Unis tel que vu par l’administration Trump est à la fois économique, moral, géopolitique et démographique. Il se manifeste par la désindustrialisation, les guerres ratées, ou encore par la crise des frontières avec le Mexique. Il fait écho au « carnage américain » que l’actuel président avait dénoncé lors de son premier discours d’investiture, en 2017. L’ennemi est ici décrit comme à la fois intérieur et extérieur : l’immigration, présentée comme une « invasion » liée aux cartels, mais aussi les institutions internationales et les élites de politique étrangère, américaines comme européennes. Tous sont intégrés dans un même schéma conflictuel, celui d’une guerre globale que l’administration Trump serait prête à mener contre ceux qui menaceraient souveraineté, culture et prospérité américaines.

Acte III : Le sauveur.

La NSS présente le locataire de la Maison Blanche comme un leader providentiel, comme le « président de la Paix » qui corrige la trahison des élites. Trump y apparaît comme un « redresseur », héros (ou anti-héros) qui aurait, en moins d’un an, « réglé huit conflits violents ». Il incarnerait une nation retrouvée, prête à connaître un « nouvel âge d’or ». On retrouve ici un schéma narratif typiquement américain, issu de la tradition religieuse de la jérémiade : un prêche qui commence par dénoncer les fautes et la décadence, puis propose un retour aux sources pour « sauver » la communauté. L’historien Sacvan Bercovitch a montré que ce type de récit est au cœur du mythe national américain. Un texte qui devrait être techno-bureaucratique se transforme ainsi en récit de chute et de rédemption.

L’exceptionnalisme américain à la sauce Trump

À y regarder de près, la NSS 2025 foisonne de tropes propres aux grands mythes américains. Il s’agit de « mythifier » la rupture avec des décennies de politique étrangère en présentant la politique conduite par l’administration Trump comme un retour aux origines.

Le texte invoque Dieu et les « droits naturels » comme fondement de la souveraineté, de la liberté, de la famille traditionnelle, voire de la fermeture des frontières. Il convoque la Déclaration d’indépendance et les « pères fondateurs des États-Unis » pour justifier un non-interventionnisme sélectif. Il se réclame aussi de « l’esprit pionnier de l’Amérique » pour expliquer la « domination économique constante » et la « supériorité militaire » de Washington.

Si le mot exceptionalism n’apparaît pas (pas plus que la formule « indispensable nation »), la NSS 2025 est saturée de formulations reprenant l’idée d’une nation unique dans le monde : hyper-superlatifs sur la puissance économique et militaire, rôle central de l’Amérique comme pilier de l’ordre monétaire, technologique et stratégique. Il s’agit d’abord d’un exceptionnalisme de puissance : le texte détaille longuement la domination économique, énergétique, militaire et financière des États-Unis, puis en déduit leur supériorité morale. Si l’Amérique est « la plus grande nation de l’histoire » et « le berceau de la liberté », c’est d’abord parce qu’elle est la plus forte. La vertu n’est plus une exigence qui pourrait limiter l’usage de la puissance ; elle est au contraire validée par cette puissance.

Dans ce schéma, les élites — y compris européennes — qui affaiblissent la capacité américaine en matière d’énergie, d’industrie ou de frontières ne commettent pas seulement une erreur stratégique, mais une faute morale. Ce n’est plus l’exceptionnalisme libéral classique de la diffusion de la démocratie, mais une forme d’exceptionnalisme moral souverainiste : l’Amérique se pense comme principale gardienne de la « vraie » liberté, contre ses adversaires mais aussi contre certains de ses alliés.

Là où les stratégies précédentes mettaient en avant la défense d’un « ordre international libéral », la NSS 2025 décrit surtout un pays victime, exploité par ses alliés, corseté par des institutions hostiles : l’exceptionnalisme devient le récit d’une surpuissance assiégée plutôt que d’une démocratie exemplaire. Derrière cette exaltation de la « grandeur » américaine, la NSS 2025 ressemble davantage à un plan d’affaires, conçu pour servir les intérêts des grandes industries — et, au passage, ceux de Trump lui-même. Ici, ce n’est pas le profit qui se conforme à la morale, c’est la morale qui se met au service du profit.

Une vision très particulière de la doctrine Monroe

De même, le texte propose une version mythifiée de la doctrine Monroe (1823) en se présentant comme un « retour » à la vocation historique des États-Unis : protéger l’hémisphère occidental des ingérences extérieures. Mais ce recours au passé sert à construire une nouvelle doctrine, celui d’un « corollaire Trump » — en écho au « corollaire Roosevelt » : l’Amérique n’y défend plus seulement l’indépendance politique de ses voisins, elle transforme la région en chasse gardée géo-économique et migratoire, prolongement direct de sa frontière sud et vitrine de sa puissance industrielle.




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Sous couvert de renouer avec Monroe, le texte légitime une version trumpiste du leadership régional, où le contrôle des flux (capitaux, infrastructures, populations) devient le cœur de la mission américaine. Là encore, le projet quasi impérialiste de Trump est présenté comme l’extension logique d’une tradition américaine, plutôt que comme une rupture.

La NSS 2025 assume au contraire une ingérence politique explicite en Europe, promettant de s’opposer aux « restrictions antidémocratiques » imposées par les élites européennes (qu’il s’agisse, selon Washington, de régulations visant les plates-formes américaines de réseaux sociaux, de limitations de la liberté d’expression ou de contraintes pesant sur les partis souverainistes) et de peser sur leurs choix énergétiques, migratoires ou sécuritaires. Autrement dit, Washington invoque Monroe pour sanctuariser son hémisphère, tout en s’arrogeant le droit d’intervenir dans la vie politique et normative européenne — ce qui revient à revendiquer pour soi ce que la doctrine refuse aux autres.

Dans la NSS 2025, l’Europe est omniprésente — citée une cinquantaine de fois, soit deux fois plus que la Chine et cinq fois plus que la Russie —, décrite comme le théâtre central d’une crise à la fois politique, démographique et civilisationnelle. Le texte oppose systématiquement les « élites » européennes à leurs peuples, accusant les premières d’imposer, par la régulation, l’intégration européenne et l’ouverture migratoire, une forme d’« effacement civilisationnel » qui reprend, sans le dire, la logique du « grand remplacement » de Renaud Camus, théorie complotiste d’extrême droite largement documentée.




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L’administration Trump s’y arroge un droit d’ingérence idéologique inédit : elle promet de défendre les « vraies » libertés des citoyens européens contre Bruxelles, les cours et les gouvernements, tout en soutenant implicitement les partis d’extrême droite ethno-nationalistes qui se posent en porte-voix de peuples trahis. L’Union européenne est dépeinte comme une machine normative étouffante, dont les règles climatiques, économiques ou sociétales affaibliraient la souveraineté des nations et leur vitalité démographique. Ce faisant, le sens même des mots « démocratie » et « liberté » est inversé : ce ne sont plus les institutions libérales et les traités qui garantissent ces valeurs, mais leur contestation au nom d’un peuple soi-disant homogène et menacé, que Washington prétend désormais protéger jusque sur le sol européen.

La Russie, quant à elle, apparaît moins comme ennemi existentiel que comme puissance perturbatrice dont la guerre en Ukraine accélère surtout le déclin européen. La NSS 2025 insiste sur la nécessité d’une cessation rapide des hostilités et de la mise en place d’un nouvel équilibre stratégique, afin de favoriser les affaires. La Chine est le seul véritable rival systémique, surtout économique et technologique. La rivalité militaire (Taïwan, mer de Chine) est bien présente, mais toujours pensée à partir de l’enjeu clé : empêcher Pékin de transformer sa puissance industrielle en hégémonie régionale et globale.

Le Moyen-Orient n’est plus central : grâce à l’indépendance énergétique, Washington cherche à transférer la charge de la sécurité à ses alliés régionaux, en se réservant un rôle de faiseur de deals face à un Iran affaibli. L’Afrique, enfin, est envisagée comme un terrain de reconquête géo-économique face à la Chine, où l’on privilégie les partenariats commerciaux et énergétiques avec quelques États jugés « fiables », plutôt qu’une politique d’aide ou d’interventions lourdes.

Un texte qui ne fait pas consensus

Malgré la cohérence apparente et le ton très péremptoire de cette doctrine, le camp MAGA reste traversé de fortes divisions sur la politique étrangère, entre isolationnistes « America First » hostiles à toute projection de puissance coûteuse et faucons qui veulent continuer à utiliser la supériorité militaire américaine pour imposer des rapports de force favorables.

Surtout, les sondages (ici, ici, ou ici) montrent que, si une partie de l’électorat républicain adhère à la rhétorique de fermeté (frontières, Chine, rejet des élites), l’opinion américaine dans son ensemble demeure majoritairement attachée à la démocratie libérale, aux contre-pouvoirs et aux alliances traditionnelles. Les Américains souhaitent moins de guerres sans fin, mais ils ne plébiscitent ni un repli illibéral ni une remise en cause frontale des institutions qui structurent l’ordre international depuis 1945.

The Conversation

Jérôme Viala-Gaudefroy ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. L’internationale trumpiste : la Stratégie de sécurité nationale 2025 comme manifeste idéologique – https://theconversation.com/linternationale-trumpiste-la-strategie-de-securite-nationale-2025-comme-manifeste-ideologique-271768

Faut-il labelliser les médias pour promouvoir une information de qualité ?

Source: The Conversation – in French – By Alexandre Joux, Professeur en Sciences de l’information et de la communication, Aix-Marseille Université (AMU)

En évoquant un « label » pour l’information, le président Macron a déclenché une polémique alimentée par les médias de Vincent Bolloré, qui dénoncent une volonté de museler la presse. Les labels existants sont-ils efficaces pour promouvoir des médias de qualité ? Quels sont les critères de labellisation, et plus largement, comment définir le « bon » journalisme ?

[Note de la rédaction : The Conversation France a reçu le label Journalism Trust Initiative (JTI) en novembre 2025.]


Le vendredi 28 novembre 2025, dans un échange avec les lecteurs du groupe EBRA, Emmanuel Macron, président de la République, évoquait un « label » pour l’information. Il citait celui de la Journalism Trust Initiative (JTI), créé par Reporters sans frontières (RSF), sans en faire la norme par ailleurs, rappelant que l’engagement des rédactions sur la vérification des faits et de la déontologie est essentiel.

Cette déclaration, qui n’avait pas vocation à faire parler d’elle, sera largement débattue dans les médias du groupe Bolloré, qui vont dénoncer une mise sous tutelle de l’information. L’Élysée réagira dès le lundi 1er décembre et dénoncera une « fausse information ». Ainsi, en trois jours à peine, le trio JDD-Europe 1-CNews sera parvenu à mettre la question du « label » à l’agenda, et le président Macron en porte-à-faux. L’opération est réussie puisque la confusion s’est très vite installée entre, d’une part, un label qui garantit l’information produite par des journalistes selon un certain nombre de critères professionnels – que l’on pourrait appeler « vraie information » et, d’autre part, les velléités prétendues de certains politiques sur la sélection de la « bonne » information.

La Journalism Trust Initiative, une réponse aux logiques des plateformes

Le débat est légitime mais il ne porte pas, en fait, sur les médias entre eux, mais sur les réseaux sociaux et les algorithmes de recommandation. Il porte sur la signalisation de la « vraie » information, celle faite par des journalistes, dans des environnements où prolifèrent les contenus en ligne qui n’ont pas pour objectif la véracité des faits.

La Journalism Trust Initiative a été lancée en 2018 « comme dispositif innovant contre la désinformation », deux ans après la première élection de Donald Trump et le vote des Britanniques en faveur du Brexit, deux élections où les « fake news » ont émaillé les campagnes précédant le vote. La JTI n’avait donc pas pour objectif de discriminer entre « bon » et « mauvais » médias dans un contexte de polarisation des opinions, mais à demander « une distribution et un traitement privilégiés des [médias labellisés] par les algorithmes des moteurs de recherche et des réseaux sociaux ». Elle pointait les premiers responsables de l’actuelle foire d’empoigne médiatique : le relativisme informationnel, le grand gloubi-boulga des contenus sur les réseaux sociaux, où tout et n’importe quoi est mis sur le même plan pourvu que cela satisfasse les attentes des « profils ».

Quand les médias du groupe Bolloré envisagent les labels comme un moyen d’identifier les « bonnes » rédactions, et non pas comme un moyen de distinguer la « vraie » information du reste des contenus, ils déplacent le problème. Et dans ce cas, effectivement, les labels soulèvent des questions, avec trois difficultés au moins : celle de la définition du bon journalisme et de l’information vraie ; celle du thermomètre pour le mesurer ; celle des effets possibles du « label » auprès de ceux qui cherchent à s’informer. Avec, en fin de compte, un risque élevé pour la liberté d’expression.

Comment définir la valeur de l’information ?

Première difficulté : le bon journalisme n’existe pas, il n’y a que des bons articles ou de bons reportages, parce que la valeur de l’information est décidée avec les publics, au cas par cas. Cette valeur ne relève pas des règles que la profession se donne, même si ces règles sont essentielles.

Le journalisme a toujours été une profession « floue », qui s’adapte aux évolutions des techniques, des usages, plus largement des sociétés. D’ailleurs, rien ne définit le journalisme en France dans le Code du travail, sauf le fait d’être payé en tant que journaliste (article L7111-3). Ce flou est utile. Il permet parfois de dire que des journalistes payés n’en sont pas, trahissent les règles qu’ils disent respecter, quand d’autres font du journalisme sans véritablement s’en revendiquer.

Aujourd’hui, la chaîne YouTube HugoDécrypte contribue plus à l’information, notamment auprès des jeunes, que de nombreux médias « reconnus » qui font de l’information avec des bouts de ficelle, quand ils ne volent pas le travail de leurs concurrents, comme le soulignent les débats actuels sur le renouvellement de l’agrément de Var Actu par la CPPAP, la commission qui permet de bénéficier des aides de l’État à la presse. Voici un bel exemple des limites de tout processus de labellisation à partir de règles données.

Parce qu’il n’est pas seulement une profession avec ses règles et ses codes, mais parce qu’il a une utilité sociale, le journalisme se doit donc d’être en permanence discuté, critiqué, repensé pour qu’il serve d’idéal régulateur à tous les producteurs d’information. Le journalisme, ses exigences et la valeur qu’on lui accorde se définissent en effet dans le dialogue qui s’instaure entre les professionnels de l’information, leurs publics et la société. Certes, les journalistes doivent s’engager sur la véracité des faits, sur une exigence de rationalité dans le compte-rendu qu’ils en font, ce qui suppose aussi une intelligence a minima des sujets qu’ils doivent traiter mais, une fois ces règles minimales posées, les modalités de leur mise en œuvre vont varier fortement.

C’est la différence entre la « vraie » information, celle qui respecte des normes, des règles, ce que proposent les labels, et l’information « vraie », celle qui est perçue comme solide par les publics, quand ils reconnaissent, par leurs choix de consommation, la qualité du travail journalistique en tant que tel. Ici, l’information « vraie » recouvre finalement le périmètre de la « bonne » information.

C’est pour insister sur cet autre aspect plus communicationnel du journalisme que j’ai introduit la notion de « presque-vérité » journalistique. Elle permet de souligner que la réalité du métier, avec ses contraintes de temps, de moyens, de compétences rend la réalisation de cet idéal d’information « vraie » toujours difficile. Le terme permet également de souligner que l’information des journalistes entretient quand même un rapport avec la vérité, quand d’autres discours dans l’espace public se libèrent des contraintes de la factualité, de l’épreuve du réel. Elle permet enfin de souligner que l’information journalistique est toujours négociée.

Le journalisme et la vérité

Quel est, alors, ce rapport du journalisme à la vérité, quel serait, de ce point de vue, une « bonne » information ? En premier lieu, l’exercice du métier renvoie à des normes collectives d’établissement des faits – ce sur quoi toutes les rédactions peuvent s’accorder en définissant les critères pour un label. C’est ce qui permet de dire que les faits sont vrais, que leur existence doit être reconnue de tous.

En second lieu, toute information est construite à partir des faits, par le journaliste, en fonction d’une ligne éditoriale, d’un angle qu’il choisit, et en fonction des publics auxquels il s’adresse. Il ne s’agit plus des faits mais de leur interprétation. En la matière, on peut attendre d’un journaliste qu’il propose une interprétation la plus cohérente possible des faits, qu’il fasse un vrai effort de rationalisation, mais il n’y a pas de lecture des faits qui soit plus légitime qu’une autre, si l’exigence de rationalité est respectée.

Ici se joue la négociation de l’information avec son public, la définition de sa portée sociale. Ainsi, une lecture hayekienne ou marxiste d’un même fait seront toutes les deux cohérentes et légitimes, même si elles sont en concurrence. Dans les deux cas, l’information est « vraie », appuyée sur des faits établis, inscrite dans une grille de lecture assumée, expliquée de la manière la plus rationnelle possible, pensée aussi pour répondre aux attentes de certains publics. Il s’agit d’une vérité tout humaine, sans cesse renégociée, qui repose sur la reconnaissance de la pertinence du travail fourni par le journaliste. Et cette possibilité se joue sur chaque article, sur chaque reportage, parce que le journaliste remet en jeu, à chaque fois, sa crédibilité, quand il choisit de traiter l’actualité à partir d’un angle, d’une vision, d’une conception du monde.

De ce point de vue, un label ne permettra jamais de mesurer si le journaliste a fait les bons choix pour interpréter le plus correctement possible les faits, parce qu’il n’y a pas d’interprétation qui soit plus correcte qu’une autre dès qu’elle est rationnelle. La valeur sociale de l’information dépend de la relation entre les journalistes et leurs publics, elle n’est pas liée aux conditions professionnelles de son élaboration.

Qui mesure la qualité de l’information et comment ?

Deuxième difficulté, le thermomètre, c’est-à-dire qui mesure la qualité de l’information et comment ? La plupart des tentatives soulèvent la question de la légitimité de ceux qui définissent les critères, et surtout des fins que ces critères viennent servir. C’est toute la différence qui sépare deux autres projets d’évaluation nés après 2016 et le surgissement massif des « fake news », le Décodex d’une part, les avis du Conseil de déontologie journalistique et de médiation (CDJM) d’autre part.

Lancé en 2017, le Décodex est une initiative des Décodeurs, le service de fact-checking du Monde. Afin de lutter contre la prolifération des fausses informations, signalées jusqu’alors une à une, l’idée fut de catégoriser les sources émettrices, donc de dire quel site est fiable et quel site ne l’est pas. Cette entreprise de labellisation des sources d’information a été finalement très critiquée avant d’être abandonnée, car son résultat le plus évident fut de mettre en avant l’ensemble des médias institués face à des offres qui n’avaient jamais pour elles le journalisme comme étendard.

Au départ, trois pastilles de couleur verte, orange et rouge étaient proposées : tous les médias ont eu leur pastille verte, à de rares exceptions (Fakir, Valeurs actuelles). La confusion s’est donc immédiatement installée entre « vrais » médias et « bons » médias, avec Le Monde en distributeur de bons points, ce qui a conduit les Décodeurs à retirer très vite leurs pastilles. À vouloir qualifier les sources elles-mêmes et pas le travail concret des journalistes, sujet par sujet, le Décodex n’est pas parvenu à discriminer entre « bons » et « mauvais » médias. Il a rappelé que les médias font en général de la « vraie » information, mais il n’a pas pu statuer sur la pertinence de l’information qu’ils produisent. Comme pour le label évoqué par le président Macron, le déplacement du débat de la « vraie » information à la « bonne » information a provoqué une remise en question du « label » imaginé par les Décodeurs.

À l’inverse, le CDJM, lancé en 2019, se prononce bien sur les ratés déontologiques des médias d’information quand il publie ses décisions sur des cas concrets. Il permet de faire le tri entre le bon grain et l’ivraie parmi les informations produites par les rédactions, mais il ne permet pas de statuer sur la qualité des médias et sur les choix des rédactions, considérant que cet aspect de l’information relève de la liberté éditoriale, du jugement aussi des lecteurs (le CDJM inclut d’ailleurs des représentants des lecteurs au côté des professionnels de l’information). Ainsi, le thermomètre fonctionne quand il permet de signaler les manquements de certains journalistes et de leurs rédactions sur des cas concrets, parce que la décision est argumentée, adaptée à chaque cas, et le périmètre bien circonscrit au seul respect des règles qui permettent de garantir la véracité des faits. Mais c’est statuer sur la « vraie » information, et sur ses ratés, jamais sur sa qualité. Or l’idée de « label » véhicule avec elle, de manière latente, un jugement de valeur sur la qualité des médias.

Les risques de l’effet « label »

Le troisième problème d’un label est le label lui-même, comme indication communiquée aux internautes. Quand Facebook a souhaité lutter contre les « fake news », il les a signalées à ses utilisateurs avec un drapeau rouge, ce qui a produit deux résultats très problématiques. Le premier est celui de l’effet de vérité par défaut, un contenu non signalé étant considéré comme vrai par défaut. Dans le cadre d’un label, son absence pourrait signifier « non crédible », ce qui est absurde et confère au journaliste un monopole sur l’information, quand des sources différentes peuvent être très pertinentes. Le second effet est encore plus problématique car les contenus signalés ont été considérés par certains utilisateurs de Facebook comme plus vrais, justement parce qu’ils sont signalés comme problématiques pour et par « le système dominant ». Le non label pourrait dans ce cas devenir l’étendard de tous ceux qui dénoncent le conformisme ou l’alignement des médias sur une idéologie dominante. Et l’on sait combien ce discours est porteur…

En conclusion, le risque est grand de statuer sur les bons et les mauvais médias en transformant le label « info » évoqué par le président de la République en gage de sérieux journalistique. Il a été évoqué dans un contexte de dénonciation de la désinformation sur les réseaux sociaux, pas pour définir un « bon » journalisme réservé aux seules rédactions déclarées vertueuses.

Ce sont la liberté d’expression et la liberté de la presse qui permettent à des voix différentes de rappeler que certains cadrages sont peut-être trop convenus, que certaines sources sont peut-être trop souvent ignorées, soulignant ainsi que le pluralisme, s’il est bien défendu, est une meilleure garantie de qualité pour le journalisme dans son ensemble qu’un label attribué à certains et pas à d’autres. Les publics décideront à la fin car l’information est faite d’abord pour eux.

Il ne faut pas minimiser aussi le risque d’une suspicion accrue face au label, qui produira l’effet inverse de celui souhaité, à savoir mettre sur la touche les médias plutôt que de les replacer au cœur de l’organisation du débat public. C’est ce rôle-là des médias qu’il faut préserver à tout prix, en défendant le pluralisme et l’indépendance des rédactions, quand les plates-formes nous enferment à l’inverse dans des bulles où nos goûts font office de label pour la « bonne » information.

The Conversation

Alexandre Joux ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Faut-il labelliser les médias pour promouvoir une information de qualité ? – https://theconversation.com/faut-il-labelliser-les-medias-pour-promouvoir-une-information-de-qualite-271537

La Syrie d’Al-Charaa : opération séduction à l’international, répression des minorités à l’intérieur

Source: The Conversation – in French – By Pierre Firode, Professeur agrégé de géographie, membre du Laboratoire interdisciplinaire sur les mutations des espaces économiques et politiques Paris-Saclay (LIMEEP-PS) et du laboratoire Médiations (Sorbonne Université), Sorbonne Université

Le nouvel homme fort de Damas montre patte blanche sur la scène internationale, que ce soit quand il intervient à la tribune de l’ONU ou quand il s’entretient avec Donald Trump, Vladimir Poutine, Recep Tayyip Erdogan, Mohammad ben Salmane ou encore Emmanuel Macron. À l’en croire, l’ancien chef djihadiste souhaite installer un pouvoir – relativement – démocratique et inclusif envers les minorités ethniques de la Syrie. Or le sort des alaouites, des druzes et des Kurdes invite à considérer ces engagements avec la plus grande méfiance.


Les médias occidentaux ont souligné à raison la métamorphose spectaculaire du président syrien Ahmed Al-Charaa et de son image auprès des chancelleries internationales. L’ancien chef du front Al-Nosra (la branche syrienne d’Al-Qaida) s’est lancé depuis cet été dans une véritable offensive diplomatique internationale tous azimuts.

En octobre 2025, Al-Charaa a repris les relations avec la Russie, ancien soutien du régime d’Assad, en réglant la délicate question des bases russes de Tartous et Hmeimim, dont Moscou devrait conserver l’usage. Mais ce qui étonne le plus les journalistes tient à « l’opération séduction » que le président a engagée auprès des puissances occidentales avec des voyages très remarqués en France en mai 2025 et surtout à Washington en novembre 2025. En amont de cette dernière visite, il a obtenu la levée des sanctions onusiennes qui frappaient son groupe Hayat Tahrir al-Cham (HTC), ainsi que son retrait de la liste des organisations reconnues comme terroristes. Il a également pu s’exprimer à la tribune de l’assemblée générale de l’ONU.

Pour autant, si la presse a souligné, à raison, le rapprochement des intérêts de Damas et de Washington, notamment leur projet commun de lutter contre l’État islamique, qui demeure présent en Syrie, la plupart des analystes semblent négliger un paramètre essentiel : la diplomatie syrienne reflète davantage les contraintes géopolitiques qui s’imposent au nouveau régime qu’une véritable volonté de s’ouvrir à l’Occident.

Prisonnier d’une situation domestique très précaire, le pouvoir syrien se doit, s’il veut survivre à court terme, de ménager les intérêts des puissances qui pourraient facilement l’abattre. Il ne peut tenir qu’avec l’assentiment des alliés de Washington, comme Israël ou l’Arabie saoudite, ou des puissances régionales comme la Turquie, qui s’ingèrent dans le jeu politique syrien. Il donne donc des gages à ses partenaires extérieurs mais, dans les faits, le respect des minorités voire l’inclusion tant vantée par les observateurs occidentaux semblent avoir fait long feu, comme le montrent les violences ayant visé diverses communautés et la sous-représentation des minorités parmi les députés élus aux élections législatives d’octobre 2025.

Conserver le soutien de la Turquie dans un contexte domestique fragile

Avant de se rendre dans les chancelleries occidentales, Al-Charaa s’est d’abord assuré du soutien des puissances régionales capables de s’ingérer dans le jeu politique syrien, à commencer par la Turquie, où il s’est rendu dès février 2025. Rappelons que c’est l’alliance entre HTC et les milices de l’ANS, l’armée nationale syrienne, composées de supplétifs de l’armée turque, qui avait permis la rapide chute d’Assad en 2024.




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Aujourd’hui, la Turquie continue de dominer le nord de la Syrie, malgré l’intégration de l’ANS dans l’armée syrienne. La région d’Alep reste contrôlée par les ex-chefs du Jabah al-Shamia, ancienne faction de l’ANS, à l’image de tout le reste du nord du pays où les unités de l’ANS, bien qu’ayant officiellement rejoint l’armée syrienne, sont restées cantonnées dans leurs positions, ce qui indique que leur allégeance va plus à Ankara qu’à Damas.

Malgré les appels d’Al-Charaa à l’unité nationale, l’ANS s’est emparée en décembre 2024 et en janvier 2025 des villes de Tall Rifaat et de Manbij, jusqu’alors tenues par les forces kurdes, ennemies traditionnelles de la Turquie. L’ANS a également affronté les Kurdes entre fin 2024 et avril 2025 autour du barrage de Tishrin, qu’elle a finalement reconquis, ce qui lui donne un contrôle sur le débit en aval et une tête de pont sur la rive orientale de l’Euphrate.

Al-Charaa pourrait profiter de sa proximité avec Ankara pour soumettre définitivement le Rojava, c’est-à-dire les régions autonomes du Kurdistan syrien contrôlées par les milices kurdes (les FDS) et dirigées par l’administration autonome du nord et de l’est de la Syrie (AANES). Le contexte est d’autant plus favorable que de l’autre côté de la frontière turco-syrienne, le PKK abandonne progressivement la lutte armée depuis l’appel de son chef, Abdallah Öcalan, à renoncer au conflit avec l’État turc.

Sans l’appui du puissant parrain turc, la soumission du Rojava paraît une entreprise bien périlleuse pour Damas, qui sait pertinemment que les Kurdes n’abandonneront le Rojava que sous la contrainte, puisqu’ils se méfient du nouveau régime, comme le montrent les réticences des FDS à intégrer l’armée syrienne, malgré quelques vagues déclarations en ce sens.




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Donald Trump, qui lors de son premier mandat avait déjà abandonné son allié kurde lors des opérations turques Rameau d’Olivier en 2018 et Source de Paix en 2019, pourrait chercher à contraindre les milices kurdes à intégrer les forces du régime syrien et à renoncer ainsi à leur assurance-vie. Dans l’optique de Trump, le Rojava, principale réserve pétrolière du pays, doit être pacifié et intégré à l’espace national en vue de son exploitation par les majors pétrolières américaines. Washington, Ankara et Damas pourraient s’accorder sur la question kurde et œuvrer ensemble à la disparition politique du Rojava.

Permettre l’extension des accords d’Abraham sous la supervision américaine

L’intermédiaire américain joue aussi un rôle fondamental dans la normalisation des relations entre Damas et Israël.

Trump et son administration rêvent d’étendre les accords d’Abraham à la Syrie et de pérenniser ainsi la sécurité de leur allié israélien. De ce point de vue, le nouveau pouvoir de Damas fait preuve de Realpolitik puisqu’il refuse, pour l’instant en tout cas, de se confronter à l’État hébreu malgré l’extension par ce dernier de ses marges frontalières sur le Golan lequel, selon Benyamin Nétanyahou, a été annexé « pour l’éternité ». Al-Charaa sait son régime fragile et a conscience du fait que le rapport de force est infiniment favorable à Israël.




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En plus de s’attirer les faveurs de Washington, Damas souhaite empêcher par tous les moyens l’ingérence israélienne dans ses affaires intérieures. Soucieux de préserver sa sécurité et de créer une zone tampon en Syrie, Israël s’appuie, en effet, sur ses alliés druzes et utilise leur défense comme casus belli afin d’étendre sa profondeur stratégique dans la région.

L’extension des accords d’Abraham et du système d’alliance américain suppose aussi une normalisation des relations avec les puissances du Golfe, à commencer par l’Arabie saoudite qu’Al-Charaa a visitée dès février 2025. De ce point de vue, il est intéressant d’observer que le nouveau régime se garde bien de prendre des mesures qui pourraient provoquer la colère de Riyad ou de ses alliés arabes comme l’Égypte. La déclaration constitutionnelle de mars 2025 ne tombe pas dans les thématiques chères aux Frères musulmans, lesquels s’opposent frontalement aussi bien à la monarchie saoudienne qu’au régime d’Al-Sissi en Égypte.

En effet, cette Constitution provisoire place le régime dans la droite filiation du nationalisme arabe, comme le montre l’article 1 qui qualifie la Syrie de « République arabe ». Cette orientation rassure Le Caire et confirme l’éloignement par rapport à la mouvance frériste : régime autoritaire, le nouveau pouvoir syrien n’aspire pas à devenir la référence ou l’étendard des populations rejetant le joug des tyrannies miliaires (Égypte) ou monarchiques (Riyad).

Le processus démocratique cher aux fréristes est particulièrement freiné par la Constitution de 2025 puisqu’elle ne débouche que sur une participation très superficielle des électeurs syriens : elle ne prévoit qu’un scrutin indirect où seuls 6 000 électeurs, au préalable soumis au contrôle du régime, élisent 140 députés choisis parmi environ 1 500 candidats désignés parmi les notables locaux.

Ce mode de scrutin ne reconnaît par ailleurs que des candidats apolitiques, ce qui limite considérablement sa portée démocratique et l’enracinement des Frères musulmans, et valorise les Cheikhs c’est-à-dire les chefs de tribus. Ce système permet à Al-Charaa de contrôler la vie politique syrienne et place aussi la Syrie dans la continuité de ses voisins arabes, qui sont soit des régimes autoritaires assumés, soit des régimes hybrides semi-autoritaires comme la Jordanie. Al-Charaa n’entend pas faire de Damas l’épicentre d’un nouveau Printemps arabe placé sous le signe de l’islamisme ; une posture qui lui permet notamment d’apaiser les craintes de ses partenaires régionaux.

Damas veut donc, par sa diplomatie très active, ménager les puissances régionales que sont la Turquie, Israël ou les pays arabes. Dans les trois cas, le régime entend profiter de la médiation des Américains, qui espèrent construire un nouveau système diplomatique où la sécurité d’Israël soit garantie. On observe ici tous les paradoxes de la diplomatie syrienne, qui entend se rapprocher d’Israël tout en ménageant son parrain turc, deux projets a priori difficilement conciliables à long terme si on considère l’hostilité croissante d’Ankara envers Israël.

La Turquie émerge en effet de plus en plus comme le leader de l’opposition à Israël dans la région et pourrait occuper le vide laissé par l’effondrement iranien pour construire son propre « axe de la résistance antisioniste », étendant ainsi son emprise sur les sociétés arabes. On comprend dès lors que la diplomatie syrienne révèle les paradoxes, pour ne pas dire les hypocrisies du régime qui entend multiplier les efforts diplomatiques à court terme pour pérenniser son pouvoir, sans souci de cohérence à long terme.

Les minorités dans le viseur du régime

La réalité des projets de long terme d’Al-Charaa transparaît moins dans son activité diplomatique que dans sa gestion réelle des minorités, ainsi que dans sa position plus qu’ambiguë à l’égard du droit. Derrière la rhétorique inclusive, les premiers mois du nouveau régime permettent d’anticiper une dérive répressive envers les minorités dans les mois et les années à venir.




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Les Kurdes restent menacés, comme le montre la Constitution provisoire de 2025 qui rappelle dans son article 7.1 que l’État « s’engage à préserver l’unité du territoire syrien et criminalise les appels à la division, à la sécession ainsi que les demandes d’intervention extérieure ». Difficile de ne pas voir ici un message hostile envoyé aux Kurdes et à leur projet d’un Rojava autonome, ainsi qu’aux Druzes.

En optant non pas pour un régime de type fédéral mais pour un pouvoir centralisé ultra présidentiel, Al-Charaa nie les aspirations politiques des minorités du pays. Le système électoral confirme cette orientation puisque, nous l’avons dit, les candidats aux élections sont choisis par le président via une commission de sélection qu’il contrôle totalement. Comment s’étonner, dès lors, que les minorités ne représentent qu’une infime partie des élus lors des dernières législatives – 4 députés kurdes, 6 alaouites et 2 chrétiens sur 140, alors que chacune de ces communautés représente environ 10 % de la population totale ?

Surtout, le cycle de violence engagé par les massacres des populations alaouites en mars 2025 ne s’est jamais complètement arrêté, même si ces attaques ont constitué un pic. Les minorités sont quotidiennement victimes d’attaques qui, bien que limitées, instaurent un climat de terreur, ce qui pousse les populations à fuir le pays, comme en témoigne la migration de 50 000 à 100 000 alaouites vers le Liban.

La Syrie semble donc engagée dans la voie d’un long et progressif processus de nettoyage ethnique de facto. La nouvelle Constitution nous le rappelle puisque, comme le stipule l’article 3.1, « la jurisprudence, le Fiqh, est la principale source du droit ». On voit mal comment un État régi par l’orthodoxie sunnite pourrait tolérer les minorités alaouite ou druze dont l’approche syncrétique de l’islam, voire sécularisée dans le cas des alaouites, n’est pas compatible avec la charia.

En outre, la Constitution inscrit dans son article 49 le rejet de toute forme d’héritage de l’ère Assad :

« L’État criminalise la glorification de l’ancien régime d’Assad et de ses symboles, la négation ou l’apologie de ses crimes, leur justification ou leur minimisation, autant de crimes punissables par la loi. »

Étant donné que de nombreux anciens rebelles syriens assimilent les minorités au régime d’Assad, ce passage pourrait servir de base à une répression qui les viserait pour les punir de leur prétendue fidélité au régime déchu. La base militante de HTC n’a pas renoncé à se venger de communautés perçues, de façon simpliste et souvent injuste, comme des soutiens indéfectibles de l’ancien régime : les massacres visant les alaouites dans la région de Banias en mars 2025 l’ont tragiquement illustré. L’inclusivité affichée par le nouveau régime reste une apparence et permet d’anticiper un refroidissement des relations entre Damas et les Américains, une fois que sera revenue à la Maison Blanche une administration davantage soucieuse du respect du droit humanitaire international.

Pour résumer, Al-Charaa a inscrit son pays dans un spectaculaire processus d’ouverture diplomatique, l’amenant à normaliser ses relations tant avec les puissances régionales qu’avec les puissances internationales comme les États-Unis, dont le régime syrien reste pour l’instant à la merci. Il faut bien garder à l’esprit que cette offensive diplomatique, plus qu’une volonté de rapprocher durablement la Syrie de l’Occident ou de ses valeurs, traduit surtout la nécessité de limiter les ingérences étrangères dans un contexte intérieur fragile où la Syrie s’apparente encore à un État quasi failli.

Une fois que son emprise sur la société syrienne se sera durablement pérennisée, le nouvel homme fort de la Syrie, fort d’un pouvoir ultra présidentiel $et du soutien de ses parrains régionaux, pourrait, sur le long terme, sacrifier le sort des minorités et ses bonnes relations avec l’Ouest pour poursuivre une politique hostile autant aux intérêts de l’Occident qu’à ses valeurs.

The Conversation

Pierre Firode ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. La Syrie d’Al-Charaa : opération séduction à l’international, répression des minorités à l’intérieur – https://theconversation.com/la-syrie-dal-charaa-operation-seduction-a-linternational-repression-des-minorites-a-linterieur-271363

Le cash recule, mais reste solidement ancré dans les portefeuilles des Français

Source: The Conversation – France (in French) – By Timothée Waxin, Responsable du département Finance, Data & Performance, Pôle Léonard de Vinci

Le cash recule mais ne disparaît pas. Face à l’essor fulgurant des paiements numériques et aux ambitions européennes d’un euro digital, les espèces résistent, portées par la recherche de confidentialité, de contrôle et de résilience. À l’heure du tout dématérialisé, les Français n’ont pas encore remisé pièces et billets.


Le cash, c’est-à-dire l’argent liquide, tangible et immédiatement disponible, est très ancien, bien antérieur au mot lui-même. Les premières pièces de monnaie remontent à 600 avant notre ère environ en Lydie (actuelle Turquie). Les billets de banque remplacent progressivement les pièces à partir du XVIIe siècle.

Plus de 2 600 ans après son apparition, la monnaie fiduciaire (pièces et billets), par opposition à la monnaie scripturale (virements, cartes, paiements mobiles…), est-elle condamnée à disparaître ?

Un moindre usage des espèces au profit des paiements dématérialisés

L’usage des espèces recule progressivement en France au profit de la carte bancaire et des paiements mobiles. La quatrième enquête de la Banque centrale européenne (BCE) sur les habitudes de paiement des consommateurs en zone euro, publiée en décembre 2024, montre en effet que les paiements par carte représentent désormais 48 % des transactions, contre 43 % pour les paiements en espèces.

Pour la première fois, la carte dépasse donc le cash dans l’Hexagone – une situation qui contraste avec celle de l’ensemble de la zone euro, où les espèces demeurent le moyen de paiement le plus utilisé aux points de vente.

Répartition des moyens de paiement aux points de vente, en France et en zone euro (en % du nombre de transactions)

Cette évolution s’inscrit dans une tendance de long terme, nourrie par un environnement propice à l’innovation et à la numérisation des services financiers.

L’écosystème français des paiements, porté par un tissu dynamique de fintech, propose une offre diversifiée de solutions scripturales qui séduit un nombre croissant de consommateurs. L’essor du paiement sans contact accompagne ce mouvement. Apparue en 2012 avec un plafond initial de 20 euros, relevé successivement à 30 puis 50 euros, cette fonctionnalité concerne aujourd’hui près de sept paiements sur dix réalisés au point de vente. Le développement de la technologie dite « PIN online », permettant de dépasser ce seuil après saisie d’un code sur le terminal de paiement, devrait encore accélérer cette adoption. Parallèlement, la croissance du commerce en ligne a profondément transformé les usages.

Un quart des paiements en France s’effectue désormais sur Internet, une évolution largement stimulée par la crise sanitaire, qui a ancré durablement les réflexes numériques des consommateurs. Les paiements mobiles et les virements instantanés connaissent eux aussi une progression rapide, soutenue par l’émergence de solutions innovantes comme Wero, service européen de paiement instantané proposé par les banques de cinq pays européens.

Cette transition vers le numérique soulève des enjeux majeurs

Cette dynamique devrait se poursuivre à mesure que l’écosystème des paiements continue d’évoluer. De nouveaux acteurs – prestataires techniques, grandes entreprises technologiques, fintech spécialisées – renforcent leur présence dans la chaîne de valeur des paiements.

Dans ce contexte d’initiatives privées et de dématérialisation accrue, les banques centrales cherchent à préserver leur rôle dans les paiements. L’Eurosystème prépare ainsi l’émission d’un euro numérique, destiné à compléter les espèces et les moyens de paiement existants. Son déploiement pourrait intervenir à l’horizon 2027 ou 2028, malgré des interrogations persistantes sur sa complexité d’usage et sa valeur ajoutée perçue par le grand public.

De leur côté, les paiements en stablecoins progressent également, portés par des cas d’usage concrets dans le commerce numérique, les transferts de fonds et les paiements internationaux : ils s’intègrent de plus en plus à l’économie réelle et ne relèvent plus uniquement de la spéculation.

Toutefois, cette transition vers le numérique soulève des enjeux majeurs de souveraineté. Comme le souligne François Villeroy de Galhau, gouverneur de la Banque de France, dans sa Lettre au président de la République, d’avril 2025, 72 % des paiements par carte en zone euro au second semestre 2023 reposaient sur des réseaux internationaux. Christine Lagarde, présidente de la BCE, alerte également sur la dépendance de l’Europe à des infrastructures non européennes – Visa, Mastercard, PayPal, Alipay – issues pour la plupart des États-Unis ou de Chine.

Les infrastructures de cartes nationales, comme Carte bleue (CB) en France, s’érodent en Europe : seuls neuf demeurent actives dans l’Union européenne, tandis que treize pays de la zone euro dépendent entièrement d’acteurs internationaux. Cette dépendance accroît la vulnérabilité de l’Europe face à d’éventuelles restrictions d’accès aux systèmes de paiement. Dans un récent rapport de la Fondation Concorde, nous préconisons le développement de solutions européennes et le co-badging sur les cartes pour renforcer l’autonomie financière du continent.

Le numérique séduit, le cash rassure

Malgré cette dématérialisation rapide des paiements, les Français restent profondément attachés aux espèces. L’enquête de la BCE souligne en effet que 60 % d’entre eux jugent important de conserver la possibilité de payer en liquide. L’anonymat et la protection de la vie privée (d’ailleurs, crainte souvent émise à l’égard du projet d’euro numérique de la BCE), le règlement immédiat et la maîtrise des dépenses figurent parmi les avantages les plus fréquemment cités.

L’accès au cash demeure par ailleurs très satisfaisant : 94 % des commerçants acceptent encore les espèces, et la quasi-totalité de la population (99,9 %) vit à moins de quinze minutes de trajet par la route d’un site équipé d’au moins un distributeur automatique de billets (DAB) ou d’un point d’accès privatif chez un commerçant. Bien que le nombre de DAB ait reculé (42 578 DAB fin 2024, contre 52 697 en 2018), 91 % des Français estiment que l’accès au liquide reste « facile » ou « très facile » – l’un des meilleurs scores de la zone euro.

Assez paradoxalement, la Banque centrale européenne elle-même invite dans une note « Gardez votre calme et conservez de l’argent liquide : leçons sur le rôle unique de la monnaie physique à travers quatre crises », parue en septembre dernier, à ne pas tourner totalement le dos au cash. En cas de crise majeure – panne électrique, cyberattaque ou pandémie –, elle recommande de garder entre 70 et 100 euros en liquide par personne pour les dépenses essentielles. Un conseil révélateur : si le cash décline dans nos portefeuilles, il reste une valeur refuge, un symbole de sécurité et d’autonomie. Autrement dit, la France avance vers les paiements du futur… sans tout à fait lâcher ses pièces et ses billets.

Entre la carte et les espèces, les Français se montrent ainsi ambivalents. Ils adoptent avec enthousiasme les technologies sans contact, les paiements mobiles et les virements instantanés, tout en conservant dans leurs portefeuilles un peu de cash « au cas où ». Le futur du paiement s’écrira sans doute à deux vitesses : numérique par choix, mais liquide par prudence.

The Conversation

Timothée Waxin est administrateur et vice-président du conseil scientifique de la Fondation Concorde.

ref. Le cash recule, mais reste solidement ancré dans les portefeuilles des Français – https://theconversation.com/le-cash-recule-mais-reste-solidement-ancre-dans-les-portefeuilles-des-francais-268917