Cómo la llegada de Robert F. Kennedy Jr. ha sacudido el sistema de salud pública en EE. UU.

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Isolina Egea Gutiérrez – Cortines, Profesora Políticas Públicas y Unión Europea, Universidad Francisco de Vitoria

El secretario de Salud estadounidense, Robert Jr. Kennedy. lev radin/Shutterstock

29 días duró en su cargo Susan Monarez, directora de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, nombrada por la propia Administración Trump.

Tras ella renunciaron cuatro altos cargos más del CDC. Todos argumentaron preocupación por los recortes en el organismo, la desinformación sobre las vacunas y la politización de los servicios de salud públicos que dirige Robert F. Kennedy Jr.

El cese de Monarez ha formado parte de un posicionamiento en materia de salud pública por parte del presidente Donald Trum que es más que discutible. La política influye en la salud, y esta no es ni la primera ni la última vez que lo veremos, pero este caso está teniendo especial relevancia.

No hay duda de que la sucesión de eventos políticos en Estados Unidos está provocando inestabilidad. La elección de Robert F. Kennedy Jr. como secretario de Estado de Salud generó un debate considerable en su día al haber sido un activista antivacunas durante la pandemia de la covid-19 y haberse unido a los que exponen que hay una unión entre determinadas vacunaciones y el autismo –algo más que descartado por la ciencia– .

Se han añadido recientemente a estos posicionamientos las declaraciones del presidente sobre la relación entre el consumo del Tylenol (que contiene paracetamol) y el autismo, en el fondo culpando de un problema muy complejo como es el autismo a la comunidad científica y también a las mujeres por el consumo de este medicamento durante el embarazo. Todo ello sin aportar evidencias sólidas y contribuyendo a la desinformación pública.

Desde que fue nombrado, su papel fue distinto al habitual en un puesto semejante. No hablaba de listas de espera o de lucha contra las enfermedades cardiovasculares, la gran pandemia estadounidense. Eso sí, adoptaba un tono claramente sanitario –terminar con la epidemia de enfermedades crónicas–, otro técnico –la vuelta a una medicina y ciencia basada en la evidencia– y uno político –la lucha contra la corrupción en las agencias de salud–.

Un presupuesto de 3,4 billones de dólares

Y Kennedy se puso a trabajar para ejecutar su mandato. Siguiendo la línea de otros miembros del gabinete, como el secretario de Estado Marco Rubio o el controvertido Elon Musk, impulsó reformas en las principales agencias federales de salud. Esto tenía un alcance mucho mayor que en otros departamentos, ya que de él dependen organismos tan decisivos como el NIH – Instituto Nacional de Salud–, que financia la investigación básica en salud; la FDA –Administración de Alimentos y Medicamentos–, que aprueba medicamentos, y los CMS –agencias de salud–, que gestionan Medicare y Medicaid para más de 100 millones de ciudadanos. El presupuesto bajo su responsabilidad asciende a 3,4 billones de dólares

El cese de gran parte de los equipos anteriores a los actualmente nombrados por Kennedy ha llevado consigo acusaciones de presiones de la comisión para la aprobación de las vacunas del CDC.

La relación entre salud y política es mucho más estrecha de lo que solemos imaginar. Lo vimos en los distintos modos de respuesta a la pandemia de la covid-19. Ocurrió en Brasil y en México, pero también en Bulgaria o incluso en Estados Unidos.

Las decisiones sanitarias tocan tres fibras muy sensibles a la vez: la redistribución de recursos, la identidad personal y el peso de la ciencia. Por eso debates sobre vacunas, seguros médicos o acceso a tratamientos generan tanta controversia.

Las críticas a los cambios realizados en las distintas agencias se han escuchado y reflejado en la prensa. El impacto que tiene en la sociedad una situación de inestabilidad en un sector tan importante como el de la salud es enorme.

Confianza en el profesional y en el sistema

En general, el sistema sanitario, incluidos los tratamientos, tiene un componente importante de confianza en el profesional y en el propio sistema. La crítica a los procesos de aprobación de las medicaciones o de las vacunas, al igual que a los profesionales que realizan esta aprobación, produce una falta de adherencia a los tratamientos y, como resultado, un impacto sobre la salud de los pacientes.

En este caso, la revisión –compleja e injustificada en su explicación– de la política de vacunación tiene muchos efectos. Las declaraciones del secretario de Salud exponiendo que no prohibiría el uso a un padre o una madre, pero que sería objeto de revisión, conlleva una posible salida de las vacunas de la cartera de servicios del sistema de salud público. Así, cada progenitor tendrá que cubrir las vacunas de sus hijos.

La privatización de uno de los elementos más importantes de la prevención sanitaria como es la vacunación podría tener consecuencias terribles. Y ya hemos visto cómo han aumentado los brotes de sarampión en Estados Unidos.




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Estamos presenciando un cambio en la manera de concebir la salud, marcado por tintes ideológicos, que traerá efectos muy graves.

The Conversation

Carmen Isolina Egea Gutiérrez – Cortines no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo la llegada de Robert F. Kennedy Jr. ha sacudido el sistema de salud pública en EE. UU. – https://theconversation.com/como-la-llegada-de-robert-f-kennedy-jr-ha-sacudido-el-sistema-de-salud-publica-en-ee-uu-264650

El arte como espejo de la ciencia: de los cielos volcánicos a la cámara oscura

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Manuel Peña García, Catedrático del Área de Ingeniería Eléctrica, Universidad de Granada

Cuadros como este _Paisaje nevado con patinadores_ (1565), de Pieter Brueghel el Viejo, ilustran el enfriamiento que sufrió el clima durante la llamada Pequeña Edad de Hielo (siglos XVI a XIX). Wikimedia Commons, CC BY

El 25 de octubre se celebra el Día Internacional del Artista, un buen momento para señalar que arte y ciencia y, más concretamente, pintura y física, siguen caminos frecuentemente entrelazados.

Aunque existen incontables ejemplos, si hay un terreno en el que físicos y pintores aprendemos unos de otros, ése es la atmósfera. Desde su modo caprichoso de tratar a los rayos solares hasta sus más violentas rabietas, la envoltura gaseosa que nos acoge y protege es el laboratorio total para científicos y artistas.

El ejemplo más famoso lo brindó el volcán Krakatoa que, tras varios días de actividad, el 27 de agosto de 1883 experimentó una de las erupciones más violentas jamás registradas. Ese fatídico día se produjeron decenas de miles de muertes y otros efectos que siglo y medio después siguen sonando a ciencia ficción. Pero también supuso un hito en la historia del arte.

El grito, de Edvard Munch (1893)
Wikimedia commons, CC BY

Una década después, el genial Edvard Munch plasmaba una angustiosa experiencia vivida años antes en El grito, obra maestra del expresionismo y quizá el testimonio más sobrecogedor de la unión entre arte y física. Su cielo estremecedor, que según el propio Munch “se tiñó de rojo sangre” al ponerse el sol, pudo ser algo más que una licencia artística.

El color de un volcán

Existe consenso en que durante los años posteriores a la erupción del volcán Krakatoa los atardeceres fueron especialmente rojizos en ciertas latitudes debido a la acumulación de sus cenizas en la alta atmósfera. Estas cenizas acentúan el fenómeno físico llamado scattering, que hace que las luces azules se distribuyan por toda la bóveda celeste (por eso es azul el cielo) y que las rojas nos lleguen en mayor medida cuando tienen que atravesar más distancia, es decir, al amanecer y en el ocaso.

O, al menos, eso pensábamos, porque un grupo de meteorólogos noruegos ha apuntado que aquel espectáculo de luces pudo deberse a la eventual presencia de un raro tipo de nubes que de cuando en cuando se dejan ver en las altas latitudes. Su afirmación se basa en aspectos concretos del trazo y colorido empleados por Munch. Controversias físicas por unas pinceladas.

Entonces, ¿volcán o nubes exóticas? La polémica sigue viva.

Munch no fue el único artista que incidió en atardeceres muy rojos en aquellos años. Entre una lista considerable, destaca William Ascroft, autor inglés que, sin sospechar la verdadera causa, dejó toda una colección de cielos en llamas en los años inmediatamente posteriores a la erupción del Krakatoa.

atardecer pintado
Un atardecer de junio de 1883, obra de William Ascroft.
WordPress.com, CC BY

Parece que esos cielos rojos que tanto fascinaron a los pintores de finales del XIX se vieron en muchos momentos y latitudes, independientemente de la eventual presencia de nubes polares.

Cambio climático en el museo

La pintura no solo nos muestra el aspecto del cielo. También es una valiosa herramienta para el estudio del paleoclima, pues aporta valiosas lecciones sobre la evolución climática desde tiempos remotos y la posible influencia antropogénica sobre la situación actual.

El estudio de pinturas rupestres en cuevas del actual desierto del Sáhara ha sido fundamental para saber que, hace miles de años, la vida de sus moradores y la fauna que los alimentaba eran muy distintas a las actuales, prueba de unas condiciones meteorológicas mucho más moderadas en ese inhóspito desierto africano.

Más recientemente, la llamada Pequeña Edad de Hielo que tuvo lugar entre los siglos XIV y XIX influyó poderosamente sobre la pintura, quedando numerosos testimonios de nevadas o ríos congelados en regiones en las que el clima es hoy más benigno.

El secreto de los maestros

Retrato del cardenal Hugo de Saint-Cher (fallecido en 1263) por Tommaso da Modena (1352). Es la primera representación conocida de unas gafas.
Wikimedia commons, CC BY

Podría pensarse que entre todos los físicos, solo los meteorólogos se benefician del estudio de las obras maestras. Nada más lejos de la realidad. La óptica, la optometría e incluso la fotografía están en deuda con la pintura.

Lo que hoy llamamos gafas fue un invento italiano de finales del XIII, aunque se usasen lentes para leer anteriormente. Su evolución técnica la podemos estudiar a través de retratos pintados hace siglos.

Pero hay más. Entre las incontables controversias del universo pictórico, pocas tan misteriosas como la de la cámara oscura, un invento que impulsó la física de la luz y la pintura a pares. La inventó un científico árabe, Alhacén, hace 1 000 años, y llegó a ella para rebatir las teorías aristotélicas de la luz. La cámara oscura consiste en la proyección de los rayos reflejados por un objeto a través de un agujero o lente sobre la pared de una estancia oscura. Con un papel fino permite calcarse fácilmente la imagen a menor tamaño o dibujar contornos de manera más fiel que si se pinta “a ojo”.

Ilustraciones de una cámara oscura pertenecientes al libro : El mundo físico : gravedad, gravitación, luz, calor, electricidad, magnetismo, etc. / A. Guillemin. – Barcelona Montaner y Simón, 1882.
Wikimedia commons, CC BY

Hoy sabemos casi con total seguridad que la cámara oscura la usaron grandes maestros como Leonardo da Vinci, Vermeer o Caravaggio, quien además fijaba las imágenes con sustancias químicas, estableciendo el germen de la fotografía (¡en el siglo XVI!). También se sospecha de Velázquez, pero solo Leonardo da Vinci lo admitió e incluso describió sus experimentos.

Celebramos el Día Internacional del Artista atónitos ante tanta belleza, pero también agradecidos a los artistas que nos han ayudado a estudiar los cielos, a comprender el cambio climático o a ver más allá de nuestras narices gracias a los instrumentos ópticos que perfeccionaron.

The Conversation

Antonio Manuel Peña García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El arte como espejo de la ciencia: de los cielos volcánicos a la cámara oscura – https://theconversation.com/el-arte-como-espejo-de-la-ciencia-de-los-cielos-volcanicos-a-la-camara-oscura-264438

Doctora, no puedo oler: ¿tengo párkinson?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jannette Rodríguez Pallares, Profesora Titular de Anatomía y Embriología Humana, Universidade de Santiago de Compostela

Denys Kurbatov/Shutterstock

En una mágica escena de la película Ratatouille (2007), el crítico gastronómico Anton Ego, famoso por su carácter hostil y oscuro, viaja instantáneamente al pasado al probar un plato que le revive su infancia. No fueron necesarias imágenes; solo un aroma.

El olfato es el más silencioso de nuestros sentidos, pero también uno de los más poderosos. Puede abrir de golpe la puerta a recuerdos que creíamos olvidados.

También es el más personal y subjetivo. De ahí que sea tan difícil establecer un ranking de los mejores olores. Donde sí parece haber consenso es en el “peor olor del mundo”, y no son sus zapatos. En 1889, en un laboratorio alemán, tras una reacción química con un compuesto químico llamado tioacetona se produjo un hedor tan terrible que causó vómitos y desmayos a kilómetros de distancia, obligando a evacuar la ciudad de Friburgo. Se desconoce en qué se convirtió la tioacetona para generar tal pestilencia, aunque nadie parece interesado en averiguarlo.

¿Pero qué ocurre cuando empieza a fallar? ¿Y si la pérdida de olfato fuera algo más que un síntoma pasajero?

Cuando un aroma habla de lo que sentimos

El olfato es una ventaja evolutiva: nos advierte de peligros invisibles y nos pone en guardia. Pero un aroma también puede influir en nuestras decisiones. Y esto lo saben bien las grandes marcas, que perfuman sus tiendas con fragancias que conectan con nuestras emociones y nos invitan a quedarnos.




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Y es que los olores tienen la capacidad despertar recuerdos y emociones intensas. El responsable es el bulbo olfatorio. Esta pequeña región, localizada muy cerca de la nariz, recibe las señales olfativas y las envía a las zonas del cerebro que manejan nuestra memoria y emociones.

Imagen anatómica con la localización del bulbo olfatorio y los nervios olfativos.
Localización del bulbo olfatorio y los nervios olfativos.
MattL_Images/Shutterstock

A pesar de su importancia, el olfato sigue siendo el más desconocido de los sentidos y, a menudo, el más subestimado. Cuando se desvanece, suele pasar desapercibido.

Y no somos conscientes de su importancia hasta que nos falta. Como le ocurrió a Michele Crippa, un afamado supercatador italiano que perdió su “herramienta de trabajo” durante la pandemia. Aunque recuperó el olfato semanas después, empezó su pesadilla particular. Su olfato se había distorsionado: las naranjas olían a plástico quemado, el melocotón a albahaca y la vainilla le daba asco. Posiblemente porque las neuronas de su bulbo olfatorio se habían dañado.

Sin embargo, su ausencia podría significar más: una señal de alerta que nos envía nuestro cerebro desde lo más profundo.

Pérdida de olfato, ¿resfriado o un signo de párkinson?

Todos, en alguna ocasión, nos hemos quedado sin olfato; basta un simple resfriado. Sin embargo, es mucho menos conocido que puede ser un síntoma temprano de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer o el párkinson. Es más, se sabe desde hace tiempo. Lo sorprendente es que la pérdida ocurre años antes de que aparezcan los síntomas de estas enfermedades.

Entonces, ¿podría servir la pérdida de olfato para predecir el párkinson? Y la respuesta, como buena gallega, es: depende. Vayamos por partes.

Una señal de socorro cuando los olores se desvanecen

Uno de los grandes problemas de las enfermedades neurodegenerativas es que, en el momento de diagnosticarlas, el daño ya está muy avanzado. En el caso de la enfermedad de Parkinson, cuando aparecen los primeros síntomas, como rigidez y temblores, se han perdido más de la mitad de las neuronas que producen dopamina, neurotransmisor que controla el movimiento.

La identificación de síntomas tempranos como la pérdida de olfato –que afecta hasta al 90 % de los pacientes– podría servir como biomarcador, alertándonos de la presencia de la enfermedad. De esta manera sería posible diagnosticarla mucho antes y acceder a tratamientos más efectivos.

El problema es que no es una manifestación exclusiva del párkinson: también puede aparecer con el envejecimiento, el estrés u otras patologías. Y, a menudo, le restamos importancia.

Aún no sabemos con certeza por qué se produce la pérdida de olfato en las enfermedades neurodegenerativas, aunque tenemos algunas pistas. En algunos pacientes de párkinson, la enfermedad podría comenzar en el bulbo olfatorio mucho antes de extenderse a las zonas que controlan el movimiento. La razón es que ciertos virus, pesticidas o toxinas que inhalamos podrían dañarlo y provocar alteraciones de ese sentido.

En el caso de la enfermedad de Alzheimer, los daños podrían empezar en una minúscula región azulada del tallo del encéfalo llamada locus coeruleus, como acaba de revelar un reciente estudio. Este “botón de alerta” nos mantiene despiertos y concentrados y conecta con el bulbo olfatorio, relacionando olores y emociones. Cuando esa comunicación se rompe, se producen problemas de olfato mucho antes de que aparezcan los primeros signos de demencia.

En definitiva, la pérdida de la capacidad de oler no sería un síntoma de la enfermedad en sí misma, sino una señal que nos alerta de que el proceso degenerativo ha comenzado.

El olfato al servicio del diagnóstico: cuando la nariz habla

Cuando un paciente llega a la consulta, no siempre es fácil distinguir entre la enfermedad de Parkinson y otras patologías motoras similares. La pérdida de olfato, combinada con otras pruebas y señales, podría ayudar a confirmar el diagnóstico.

Y no solo eso. Esa señal también podría ayudarnos a predecir su progresión, ya que se relaciona con formas más severas de la enfermedad.

Además, la pérdida de olfato en el párkinson es selectiva. Es decir, los pacientes perciben con normalidad olores agradables como el del chocolate, pero tienen dificultades para captar los neutros o desagradables, como el que emana el jabón, el humo o el caucho.

Otros pacientes, sobre todo mujeres, experimentan algo todavía más extraño: alucinaciones olfativas. Perciben olores “fantasma”, como tabaco o leña quemada, cuando realmente no existen.

Incluso, por increíble que parezca, el párkinson tiene su propio aroma: amaderado y almizclado. Y esto lo sabemos gracias a Joy Milne, una escocesa con un olfato extraordinario que logró reconocer este olor particular en su marido, afectado por la enfermedad.

La pérdida de olfato puede parecer solo una cuestión de “nariz”, pero en realidad es una ventana abierta al cerebro, y la ciencia lo sabe. Gracias a ella podremos asomarnos para descifrar sus secretos. Y esa valiosa información nos ayudará a cuidar y mejorar la calidad de vida de quienes padecen estas enfermedades.

The Conversation

Jannette Rodríguez Pallares es miembro de la Sociedad Española de Neurociencia y recibe fondos de investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. El grupo de investigación del que forma parte recibe fondos de investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Xunta de Galicia y FEDER.

ref. Doctora, no puedo oler: ¿tengo párkinson? – https://theconversation.com/doctora-no-puedo-oler-tengo-parkinson-264946

Cuando romper el techo de cristal no basta: las consejeras ejecutivas en España cobran hasta un 55 % menos que los hombres

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álvaro Melón Izco, Profesor Permanente Laboral de Economía Financiera y Contabilidad, Universidad de La Rioja

Raushan_films/Shutterstock

Aunque cada vez más mujeres llegan a los consejos de administración, la igualdad aún está lejos. En las empresas españolas cotizadas, las consejeras ejecutivas cobran entre un 43 y un 55 % menos que sus colegas masculinos en cargos equivalentes, y hasta un 80 % menos en bonus e incentivos variables.

En otros perfiles de consejeros, como los dominicales o los independientes, no se detectan diferencias significativas, lo que indica que el problema surge donde se concentra el mayor poder y capacidad de negociación.

Más mujeres en los consejos, pero todavía pocas

En España, las mujeres representan apenas el 35 % de los miembros de consejos de administración, aunque su presencia es mayor entre los consejeros independientes (54 %) que entre los ejecutivos (8 %) o los propietarios (27 %). Este dato refleja un patrón común: es más frecuente que las mujeres desempeñen roles externos o de supervisión que puestos ejecutivos, que es donde se toman las decisiones estratégicas y se negocian los salarios más altos.


Elaboración propia

Para 2026, la normativa europea exige que al menos el 40 % de los consejos de administración estén formados por mujeres, un objetivo ambicioso que España deberá cumplir. Sin embargo, el aumento de la presencia femenina no garantiza por sí solo ni igualdad salarial ni influencia real.

En países como Noruega, donde desde 2008 rige una cuota del 40 %, la representación de las mujeres en consejos es una realidad consolidada. Sin embargo, varios estudios apuntan a que la brecha salarial y la infrarrepresentación en puestos ejecutivos siguen siendo un desafío. El caso noruego muestra que la paridad numérica es condición necesaria, pero no suficiente, para alcanzar la igualdad efectiva.

Dónde se concentra la brecha salarial

Hemos visto que tanto la retribución fija como la variable –ligada a incentivos, objetivos y bonos de desempeño, y suele ser la más negociable– de las mujeres pertenecientes a consejos de administración son inferiores a las de los hombres.

Pese a que la brecha en la retribución variable puede alcanzar el 80 %, es más grave la existente en el salario fijo, que debería ser independiente de la negociación y el rendimiento individual. Esta diferencia indica que no solo influyen factores legítimos –como la experiencia o la formación– sino que existen sesgos de género sistemáticos que afectan la valoración del trabajo femenino en la cúspide de la empresa.

Por qué sigue existiendo la brecha

Las causas son múltiples. Por un lado, las mujeres suelen tener menor acceso a redes de influencia y contactos estratégicos, lo que limita su capacidad de negociación frente a sus compañeros masculinos. Por otro, existen estereotipos persistentes que subestiman su contribución en la toma de decisiones corporativas. Estudios previos confirman que los contratos ofrecidos a mujeres suelen ser menos sensibles al rendimiento y más conservadores, adaptándose a una supuesta aversión al riesgo.




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También hay un componente cultural: la presencia histórica de los hombres en la dirección de grandes empresas ha creado patrones que perpetúan la desigualdad. Las negociaciones salariales suelen ocurrir en contextos informales dominados por hombres, lo que coloca a las mujeres en desventaja. A esto se suma el llamado “castigo por maternidad”, que sigue influyendo en la percepción de disponibilidad y compromiso de las consejeras.

El efecto combinado de estas dinámicas genera un doble castigo: menos mujeres acceden a puestos ejecutivos y, cuando lo hacen, reciben compensaciones significativamente menores.




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Impacto y relevancia

Esta desigualdad no solo es injusta: afecta a la competitividad y reputación de las empresas. La presencia femenina en los consejos mejora la toma de decisiones y la reputación corporativa, y se ha asociado a mejores resultados financieros. Además, los inversores y los organismos de gobierno exigen cada vez más transparencia y equidad. Ignorar la brecha salarial no solo es un problema ético, sino también un riesgo reputacional y estratégico para las empresas.

En los últimos años la equidad de género ha sido un criterio clave en la inversión sostenible ESG (siglas de Environmental, Social and Governance). No obstante, este 2025 puede estar marcando un cambio de tendencia: BlackRock, uno de los mayores fondos de inversión a nivel global, ha puesto fin a sus objetivos de diversidad y ha fusionado el área de Diversidad, Igualdad e Inclusión con Talento y Cultura, y ahora se enfoca en crear un entorno “que atraiga a los mejores talentos”. En cambio, en 2021, la carta a los inversores de Larry Flink, su consejero delegado, proponía integrar los criterios de diversidad “en todo lo que hacemos”.




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Qué hacer ahora

Aumentar la presencia femenina en los consejos no es suficiente si no se garantiza la igualdad salarial. Las empresas deben implementar políticas de transparencia en remuneraciones, revisar los criterios de asignación de incentivos y retribuciones fijas, y asegurar que las diferencias no dependan del género. Reguladores y legisladores también pueden impulsar estándares que obliguen no solo a la paridad numérica, sino a la igualdad de condiciones económicas.

Existen ya buenas prácticas en algunos países, como la publicación anual de las brechas salariales de género en el Reino Unido, que obligan a las empresas a rendir cuentas públicamente. Una mayor visibilidad de los datos puede generar incentivos poderosos para el cambio.

Para las consejeras, conocer estas brechas es clave para negociar de manera informada y exigir compensaciones justas. Y para la sociedad en general, estos datos invitan a reflexionar sobre qué tipo de empresas y modelos de liderazgo queremos promover.

Hacia la igualdad real

Romper el techo de cristal es solo el primer paso. Si los sueldos continúan siendo desiguales, la igualdad seguirá siendo solo formal. El desafío es garantizar que las mujeres no solo ocupen los puestos de más poder, sino que también cobren lo mismo que sus colegas varones.

Para 2026, cuando la legislación española exigirá un mínimo del 40 % de mujeres en los consejos de administración, será crucial evaluar si estas medidas se traducen en igualdad salarial efectiva. La verdadera equidad corporativa exige mirar más allá de la foto y atender también a lo que aparece en la nómina.

The Conversation

Este trabajo fue financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2019-104304GB-I00/AEI/10.13039/501100011033) y la Universidad de La Rioja (REGI22-48).

María Dolores Alcaide Ruiz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando romper el techo de cristal no basta: las consejeras ejecutivas en España cobran hasta un 55 % menos que los hombres – https://theconversation.com/cuando-romper-el-techo-de-cristal-no-basta-las-consejeras-ejecutivas-en-espana-cobran-hasta-un-55-menos-que-los-hombres-265046

La familia unida siempre permanece unida… hace 3 000 años, también

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marina Bretos Ezcurra, Investigadora Predoctoral en Prehistoria, Universidad de Zaragoza

Túmulo 2 de Los Castellets, Mequinenza, en el proceso de excavación. José Ignacio Royo Guillén.

A finales de la Edad del Bronce, hace unos 3 000 años, en el poblado de Los Castellets de Mequinenza (Zaragoza), una familia extensa fue enterrada en un gran túmulo colectivo. Además, dos de las personas allí sepultadas eran hijas de primos, una endogamia asociada a la pervivencia de la identidad de linaje, o a reforzar alianzas familiares.

Sin embargo, el resto de los habitantes del poblado recibieron sepultura de forma individual o se incineraron. ¿Por qué no se enterraron todos de igual forma, siguiendo las mismas prácticas funerarias?

¿Cómo y por qué cambia nuestra cultura?

A lo largo de la historia, la humanidad se ha enfrentado a puntos de inflexión en sus prácticas culturales. Las razones por las que las sociedades adoptan novedades o mantienen tradiciones son muy diversas y dependen del contexto. Algunos factores son el contacto intercultural, las innovaciones internas, las transformaciones económicas, los cambios sociales…

Desde la arqueología, identificar cambios es relativamente sencillo, mientras que las continuidades pueden resultar más sutiles. Ahora bien, desentrañar las razones que explican ambas circunstancias suele ir más allá de lo que podemos aprehender.

En la Edad del Bronce final del continente europeo, en torno al 1300 a. e. c., nos enfrentamos, precisamente, a una de estas épocas de compleja transición.

Una nueva forma de transitar al más allá

Hasta entonces, las prácticas funerarias eran relativamente diversas, con una predominancia del enterramiento. Sin embargo, a partir de ese momento, algo cambió. Se instauró y difundió un nuevo ritual funerario: incinerar a los muertos y depositarlos en urnas enterradas. A este fenómeno se le conoce como la cultura de los campos de urnas.

¿Qué hizo que la mayoría del continente europeo cambiase parte de su cultura, de su tradición? Las teorías al respecto han variado a lo largo del tiempo y todo apunta a que puede tratarse de la combinación de factores sociales, culturales y, quizá, prácticos.

Además, la historiografía también se ha preguntado cómo se difundió esta nueva práctica, pasando desde grandes movimientos de población (con implicaciones de asimilación cultural y conquista) hasta una interpretación más reciente que resalta las diferencias regionales y duda de esa supuesta movilidad.

¿Qué herramientas tiene la arqueología para intentar responder a estas preguntas?

Un yacimiento excepcional

La primera fuente es el registro arqueológico. Y, si lo que nos interesa es el estudio de la transición de una práctica cultural a otra, el mejor escenario es aquel donde se han identificado ambas, la antigua y la moderna, la tradicional y la novedosa.

En el caso particular de la cultura de los campos de urnas, apenas contamos con dos o tres ejemplos en Europa donde se produzcan de forma sincrónica enterramientos e incineraciones. Los Castellets, en Mequinenza, es uno de ellos.

Localizado en 1976 y excavado en la década de 1980 por José Ignacio Royo Guillén, este yacimiento situado en un espolón rocoso estratégico junto a la confluencia de los ríos Segre y Ebro estuvo ocupado desde el Bronce Medio hasta la Edad del Hierro. Las personas que lo habitaron fueron depositadas en las necrópolis anexas, bien enterradas o incineradas.

Supone, por tanto, un lugar donde se manifestó la aparición, la convivencia y la posterior consolidación de la incineración como ritual único. Los enterramientos se utilizaron como práctica funeraria hasta el 800 a. e. c. Más adelante, las personas fallecidas únicamente eran incineradas.

La arqueogenética, una nueva mirada al pasado

Gracias a los avances en la genética, ahora somos capaces de recuperar parte del ADN de organismos que vivieron hace miles de años. Así, podemos extraer información sobre ascendencia, parentesco, patógenos, procesos de selección natural… Las posibilidades son enormes.

No obstante, hay barreras que todavía no hemos superado. En el caso de la arqueología funeraria, numerosos grupos culturales del pasado optaron por incinerar a sus difuntos, lo que ha acelerado o culminado la degradación del ADN. Todavía no somos capaces de recuperar información genética de las cenizas, por lo que nos tenemos que centrar en el estudio de individuos inhumados.

El túmulo 2, el mausoleo familiar del yacimiento

El túmulo más interesante del yacimiento es el marcado con el número 2. Por un lado, los análisis genómicos realizados por nuestro equipo demuestran que los ancestros de estas personas no provenían de un movimiento poblacional repentino y de gran magnitud, sino que resultaron de un flujo genético continuo de individuos procedentes de más allá de los Pirineos, con un aporte local del sureste de la península ibérica. Hace 3 000 años, la zona de Mequinenza no estaba aislada, sino que constituía un escenario de interacción y mezcla entre personas de ancestrías diversas.

Por otra parte, el túmulo 2 es el único de entidad colectiva y de tradición megalítica. Se han excavado otros con inhumaciones dobles o triples, pero este enterramiento reunía los restos de más de 30 personas. Los análisis genéticos han demostrado que se trata de un mausoleo familiar, donde dos de cada tres individuos estaban emparentados, con predominio de linajes masculinos y casos de endogamia moderada. Estos resultados de consanguinidad aparecen en sociedades donde se busca reforzar alianzas familiares o preservar la identidad de linaje.

Resulta especialmente interesante investigar si esta práctica social se trató de una estrategia específica de esta familia para reforzar su posición o identidad, o si reflejaba un patrón más general dentro de la comunidad. Que sea el único túmulo colectivo de la necrópolis tal vez apunte a la primera opción.

Así, gracias a las nuevas respuestas que obtenemos de la arqueogenética, nos surgen, de nuevo, interesantes interrogantes que resolver.

The Conversation

Marina Bretos Ezcurra recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades – Agencia Estatal de Investigación (proyecto PID2022-140671NB-I00).

Jesús Vicente Picazo Millán recibe fondos de proyecto es PID2022-140671NB-I00 Registros funerarios y paleoantropología en la Prehistoria Reciente del valle medio del Ebro, Agencia Estatal de Investigación-Unión Europea.

ref. La familia unida siempre permanece unida… hace 3 000 años, también – https://theconversation.com/la-familia-unida-siempre-permanece-unida-hace-3-000-anos-tambien-265297

Ted Bundy culpó a la pornografía de sus crímenes: ¿y si no estaba tan equivocado?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen María León Márquez, Profesora e Investigadora en Criminología, Universidad de Castilla-La Mancha

Imagen promocional de la serie _Conversaciones con asesinos: Las cintas de Ted Bundy_. Netflix

En 1989, días antes de su ejecución, Ted Bundy –uno de los asesinos en serie más notorios de Estados Unidos– concedió una entrevista que aún hoy suscita polémica. Frente a las cámaras, atribuyó el origen de sus despiadados crímenes a su adicción a la pornografía violenta. Muchas personas interpretaron estas palabras como una estrategia para desviar la atención de sus actos. Pero ¿y si su declaración apuntaba, al menos en parte, a un problema real?

Aunque conviene tomar su testimonio con escepticismo, lo cierto es que la relación entre el consumo de pornografía y la violencia contra las mujeres ha sido objeto de estudio durante décadas. Y si bien no existe un consenso absoluto, la evidencia empírica sugiere que este vínculo no puede continuar siendo ignorado.

Las investigaciones sobre este tema han arrojado resultados heterogéneos, aunque existe una tendencia clara: el consumo frecuente de pornografía –especialmente aquella de contenido violento o degradante hacia las mujeres– se asocia con actitudes más permisivas hacia la violencia sexual y con una menor empatía hacia las víctimas.

Como muestra de ello, un metaanálisis de 2016, publicado en Journal of Communication, reveló que el consumo de pornografía se relaciona con una mayor propensión a adoptar conductas sexuales violentas, especialmente entre hombres jóvenes. De forma consistente, una revisión sistemática más reciente encontró que el consumo de pornografía violenta incrementa la probabilidad de cometer agresiones sexuales, particularmente entre varones. Además, otro estudio mostró que quienes consumen este tipo de contenido tienden también a minimizar la gravedad de la agresión sexual, lo que podría contribuir a normalizar este tipo de conductas.

Dinámicas de humillación

Es importante señalar que no toda la pornografía posee el potencial de producir los mismos efectos. De hecho, numerosas investigaciones diferencian entre el contenido no violento y aquel que normaliza dinámicas de dominación, coerción o humillación. Sin embargo, la pornografía más consumida –es decir, la que circula en las principales plataformas digitales gratuitas– responde justamente a estos últimos patrones: relaciones asimétricas de poder, violencia física o verbal, mujeres cosificadas y hombres que ejercen un control absoluto sobre el acto sexual.

La pornografía no es el origen de la violencia sexual contra las mujeres, pero sí la amplifica y la erotiza. Sus imágenes refuerzan estereotipos profundamente arraigados sobre los roles de género: el hombre como sujeto dominante y activo; la mujer, como objeto pasivo y siempre disponible.

En un contexto en el que muchas personas, especialmente adolescentes, acceden a estos contenidos antes de haber recibido cualquier tipo de educación sexual formal, el riesgo de que actúen como una guía distorsionada del deseo es alto.

Numerosos estudios han demostrado que el consumo temprano de pornografía se asocia con expectativas sexuales poco realistas, dificultades para establecer relaciones afectivas saludables y confusión en torno al consentimiento. Más preocupante aún es que muchos y muchas jóvenes tienden a normalizar prácticas sexuales violentas o degradantes bajo la creencia de que forman parte del “sexo real”.

¿Por qué evitamos hablar del tema?

A pesar de su omnipresencia, la pornografía continúa siendo un tema incómodo, incluso en el ámbito académico. Las investigaciones sobre sus potenciales efectos existen, pero a menudo se discuten en círculos especializados, lejos del debate público. Esta distancia no es baladí: tiene consecuencias.

Diversos estudios indican que aproximadamente la mitad de los y las adolescentes han consumido pornografía online antes de los 15 años, y muchos de ellos y ellas manifiestan que estos contenidos modularon su forma de entender el sexo y las relaciones afectivo-sexuales.

Como se desprende de todo esto, el problema es estructural: gran parte de la pornografía más consumida refuerza patrones de dominación masculina, cosificación femenina y naturalización de prácticas sexuales violentas. No se trata de excepciones, sino de una narrativa dominante dentro del contenido pornográfico mainstream. La escasez de representaciones sexuales basadas en la reciprocidad, el consentimiento explícito y el placer mutuo no es casual, sino reflejo de una industria orientada a reproducir modelos hegemónicos del deseo.

Escuchemos a Bundy

El testimonio de Ted Bundy no constituye una prueba científica, pero tampoco debería ser desoído: en cierto modo, actúa como una advertencia. La ciencia ha demostrado que existe una relación, aunque compleja, entre el consumo de pornografía violenta y la normalización de actitudes sexistas, violentas o insensibles hacia las mujeres.

Esto no significa que todos los usuarios desarrollarán conductas violentas. Pero sí sugiere que, en contextos donde ya existen factores de riesgo (como déficits empáticos, masculinidades tóxicas o aislamiento social), el consumo habitual de pornografía puede favorecer la internalización de esquemas cognitivos que justifican o trivializan la violencia sexual.

La discusión no debería centrarse únicamente en el caso de un asesino serial, sino en cómo permitimos que millones de personas –en especial adolescentes– asuman la violencia como parte del sexo. ¿Qué se termina deseando cuando la violencia sexual se erotiza? ¿Y qué tipo de relaciones afectivo-sexuales estamos construyendo a partir de esos referentes?

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Ted Bundy culpó a la pornografía de sus crímenes: ¿y si no estaba tan equivocado? – https://theconversation.com/ted-bundy-culpo-a-la-pornografia-de-sus-crimenes-y-si-no-estaba-tan-equivocado-265456

Un estudio demuestra que aumentar la variedad de alimentos en la dieta puede alargar la vida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sangeetha Shyam, Miguel Servet Fellow in Nutrition, Ad Honorem Professor, Universitat Rovira i Virgili

Antonina Vlasova/Shutterstock

Desde los orígenes de la humanidad hemos buscado formas de comer mejor para vivir más y con mejor salud. Una senda que hoy continúa la ciencia de la nutrición.

Aunque existe un gran conocimiento sobre el equilibrio de calorías, proteínas, grasas, vitaminas y minerales que necesita nuestro organismo para llevar una dieta óptima, se trata de un campo del que todavía queda mucho por descubrir. Y, si bien estamos acostumbrados a escuchar consejos sobre los alimentos que nos hacen daño y que debemos evitar, también es importante hablar de los que son beneficiosos, lo que entronca con un concepto muy interesante: la biodiversidad alimentaria.

Desde la nutrición solemos hablar de tres pilares clave: equilibrio, moderación y suficiencia de los alimentos. Pero hay un cuarto pilar que muchas veces olvidamos: la variedad. Dicho de otro modo, la diversidad de especies que forman parte de nuestra dieta diaria.

Para entenderlo mejor, veamos un ejemplo:

Persona A: comió pan, queso parmesano, tomate, leche, un filete de ternera y dos manzanas; en total, 4 tipos de especies de animales y vegetales distintos.

Persona B: comió, en cambio, pan, queso, arroz, pollo, tomate, berenjena, cebolla, una naranja y un plátano. Lo que hace un total de 9 especies.

Aunque ambas personas ingirieron más o menos la misma cantidad de calorías y grupos de alimentos, la dieta de la persona B resultó mucho más heterogénea.




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¿Por qué importa la biodiversidad en la dieta?

La diversidad en lo que comemos es fundamental desde dos perspectivas:

  1. La salud humana: Una dieta más variada aporta más nutrientes y compuestos beneficiosos, y podría favorecer una microbiota intestinal más saludable.

  2. La salud del planeta: Al no depender siempre de las mismas y pocas especies, se reduce la presión sobre los ecosistemas y la pérdida de biodiversidad.

Pero la gran pregunta es: ¿un patrón de alimentación más variado podría además ayudarnos a vivir más años?

El caso de PREDIMED: biodiversidad y longevidad en España

Para dar respuesta a esta incógnita, nuestro grupo de investigación del Grupo Alimentación, Nutrición, Desarrollo y Salud Mental (ANUT-DSM) de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y del Institut d’Investigació Sanitària Pere Virgili (IISPV) llevamos a cabo el estudio conocido como PREDIMED, enfocado en evaluar si una mayor biodiversidad alimentaria se asociaba efectivamente con una menor mortalidad en adultos mayores.

Este trabajo, publicado en la revista Science of the Total Environment, analizó la dieta de 7 200 personas de entre 60 y 80 años con alto riesgo cardiovascular, a quienes se les hizo un riguroso seguimiento de una media de seis años. A través de cuestionarios alimentarios validados y herramientas estadísticas avanzadas, pudimos evaluar el número de especies diferentes que habían consumido mediante un indicador que creamos y al que llamamos Riqueza de Especies Dietéticas (DSR).

Con este índice pudimos no sólo estimar el número de especies animales y vegetales diferentes incluidas en la dieta habitual de cada uno de los participantes en nuestro estudio, sino también el el riesgo de mortalidad que presentaban.

Los resultados fueron sorprendentes: cada especie adicional consumida regularmente reducía en un 9 % el riesgo de morir por cualquier causa. Dado que los fallecimientos pueden ocurrir por motivos no directamente relacionados con la dieta –como accidentes, infecciones respiratorias, etc.–, intentamos analizar las causas específicas de las muertes vinculadas a la alimentación. Y encontramos que el riesgo de fallecer por enfermedades cardiovasculares disminuía en un 7 % y por cáncer en un 8 %.

En otras palabras, nuestro trabajo evidencia que una mayor diversidad en los alimentos se traduce en una vida más longeva y saludable.




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Otra de las conclusiones relevantes del análisis es que la asociación entre biodiversidad de la dieta y mortalidad era independiente de la calidad nutricional de los alimentos consumidos. No todos los participantes que seguían una dieta mediterránea mostraban hábitos de una alimentación diversa y viceversa.

¿Cómo funciona esta relación?

Aunque todavía no entendemos del todo esta relación entre heterogeneidad y longevidad, sí contamos con algunas pistas:

• Más especies significa más variedad de nutrientes y compuestos beneficiosos.

• También podría significar una microbiota intestinal más equilibrada y saludable.

Entonces, ¿qué conclusiones podemos sacar de nuestros resultados? Aunque comamos la cantidad adecuada de calorías y los grupos de alimentos recomendados, aumentar la variedad de especies en nuestra dieta suma beneficios adicionales. Una alimentación biodiversa no solo ayuda al planeta, también podría darnos más años de vida. Y lo mejor: hace que comer sea más entretenido y menos monótono.

Como apunta la traducción de una expresión muy común en inglés: “la variedad es la sal de la vida”. Y, según revela la ciencia, ¡también podría ser uno de los secretos para la longevidad!

The Conversation

Sangeetha Shyam recibe fondos de Instituto de Salud Carlos III.

Jordi Salas-Salvadó recibe fondos de Instituto de Salut Carlos III. JSS has also had his travel/ accommodation expenses covered for lectures in Congresses by the International Nut and Dried Fruit Foundation and reports receiving honoraria as the Member of the Spain Institute Danone Advisory Board. JSS is also Honorary Member of the Scientific Committee of Danone Institute International and the International Nut and Dried Fruit Foundation World Forum For nutrition research and dissemination. Patrimonio Comunal Olivarero provided olive oil free of cost to PREDIMED-Plus participants, coordinated by JSS. JSS’s institution has received research grants from the International Nut and Dried Fruit Foundation.

Nancy Babio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Un estudio demuestra que aumentar la variedad de alimentos en la dieta puede alargar la vida – https://theconversation.com/un-estudio-demuestra-que-aumentar-la-variedad-de-alimentos-en-la-dieta-puede-alargar-la-vida-264662

Why Argentina is looking to the Trump administration for a bailout − and what the US Treasury can do to help

Source: The Conversation – USA (2) – By Arturo Porzecanski, Research Fellow, Center for Latin American & Latino Studies, American University

Done deal? U.S. President Donald Trump shakes hands with Argentine counterpart Javier Milei during a bilateral meeting on Sept. 23, 2025. Chip Somodevilla/Getty Images

President Donald Trump vowed to help out his Argentine counterpart Javier Milei on Sept. 23, 2025, a day after the U.S. administration said “all options” were on the table in regard to a bailout for the Latin American country’s rocky economy.

A day after Trump and Milei’s meeting on the sidelines of the United Nations General Assembly in New York, U.S. Treasury Secretary Scott Bessent said he was prepared to lend Argentina up to US$20 billion via currency swaps and bond purchases.

But what caused Milei to go hat in hand to the U.S. in the first place? And what would a U.S. bailout of Argentina look like? For answers, The Conversation turned to Arturo Porzecanski, an expert on Latin American economies at American University.

Why is the Argentine government seeking a bail out?

The event that sparked discussion of U.S. intervention was a sharp sell-off of the Argentine currency, the peso, as well as the country’s stocks and bonds.

Over the course of three days ending on Sept. 19, the country’s central bank spent over $1 billion of its hard-currency reserves defending the Argentine peso from further depreciation. To be sure, instead of dialing up his contacts in the Trump administration, Milei could have allowed the currency to find its market-clearing value – that is, the price at which supply and demand match.

Alternatively, he could have kept up the effort to stabilize the peso by spending still more billions of dollars previously borrowed from the International Monetary Fund.

However, he decided to call Washington and ask for financial support, hoping that the friendship with Trump he has been cultivating from even before Milei was elected would finally pay off.

The Argentine authorities fear that a sharper depreciation will reignite expectations of high inflation, and they also wish to conserve those IMF funds to help cover nearly $20 billion in interest and principal payments on dollar debts coming due in the next 15 months. The Argentine government would also rather not have the central bank raise interest rates by tightening monetary policy still more, nor implement additional cuts in government spending given that the economy is either stagnant or already in a recession.

Argentina’s economy got here because prior to Milei taking office in December 2023, his predecessor applied very loose monetary and fiscal policies – such as keeping interest rates low and spending high to stimulate the economy – as well as business-unfriendly regulations. That rocketed annual inflation into triple digits and led to the crumbling of confidence among domestic and foreign investors, thus complicating the government’s ability to refinance its maturing debt obligations.

While Milei reversed many of those harmful policies during the course of 2024, notably achieving a balanced government budget and a sharp deceleration of inflation, his popular support and confidence in his ability to manage the country’s remaining challenges have weakened in recent months.

A woman casts a vote into a box.
Argentine voters handed President Javier Milei a political blow in legislative elections on Sept. 7, 2025.
Tobias Skarlovnik/Getty Images

The economy has stalled, with job losses and unemployment rising. Phone recordings suggesting corruption involving the president’s family were released. And Milei’s party did surprisingly poorly in recent elections that took place in the large province of Buenos Aires. With midterm congressional elections scheduled for Oct. 26, Milei badly needs political and financial support from the Trump administration in order to stabilize the local financial markets and project a sense of order.

What options are there for the US to help Argentina?

The U.S. government has already been unusually supportive of Argentina from its dominant positions on the board of directors of the IMF, World Bank and Inter-American Development Bank. Earlier this year, it helped the country to secure from them pledges and disbursements worth tens of billions of dollars in new loans.

What is very new and different now is the prospect of direct lending from the U.S. Treasury to the government of Argentina. As previewed by Treasury Secretary Scott Bessent on Sept. 24, his team is currently in negotiations with their counterparts in Argentina for a $20 billion swap line, which presumably would involve the Treasury’s temporary purchase of Argentine pesos in exchange for the delivery of U.S. dollars. This could possibly be supplemented by the Treasury’s temporary purchase of Argentine government bonds, likely payable in dollars, whether newly issued or already in circulation.

Bessent’s announcement, coming on the heels of Trump’s vow to help out his Argentine counterpart, has prompted local and foreign investors to regain confidence in Argentina, such that beaten-up stocks and bonds have bounced back and the currency has appreciated.

This immediate and enthusiastic market response, if sustained, means that the Treasury may not have to spend too many billions of U.S. dollars to boost public confidence in Milei and Argentina, at least until the upcoming midterm elections.

Should Milei’s party do well in the late-October contest, enabling it to gain seats in the House and Senate and thus have more political support in the national legislature, a relatively small and temporary investment may yield a worthwhile payoff for the Trump and Milei administrations.

Why is the US keen on helping out?

Normally the U.S. government does not involve itself directly in foreign bailouts unless a country is systemically important – namely, when its troubles affect its neighbors, a number of other countries, or the United States itself.

For example, in the 1990s the U.S. Treasury offered direct support to other countries during crises in Mexico, East Asia and Russia, and in 1995 Argentina was one of the beneficiaries. And in 2008, in the wake of the global financial crisis, the Fed made available dollars in exchange for the currencies of about a dozen foreign countries – currency swaps mainly with European countries but also with Brazil, Canada and Mexico, since the meltdown affected Washington’s North American neighbors and many nations in Europe.

Moreover, in most cases, whatever Treasury or Fed funding is made available is soon repaid by upcoming loans from institutions such as the IMF and the World Bank, or else by major banks or institutional investors. In other words, most U.S. official support has been of the “bridge lending” kind, because the Treasury and the Fed can act within days, whereas other financial actors require weeks or even months to approve and disburse funding.

In the case of Argentina, it is notable that Bessent has stated that Argentina is systemically important, even though its troubles have so far not affected any other country. Left unsaid is how Argentina would repay the U.S. Treasury, because the pipeline of upcoming disbursements from official international organizations is not very large.

Therefore, the funds under discussion are not clear bridges to anything. In similar circumstances in the past, the U.S. Treasury has sought payment guarantees from foreign governments. Given the transactional approach favored by Trump, certain conditions may be demanded from Argentina – a country endowed with lithium, rare earths, shale oil and other resources.

What is the US Treasury’s Exchange Stabilization Fund?

The Exchange Stabilization Fund is the Treasury’s crisis-funding vehicle through which the bridging loan to prop up the Argentine currency would be made.

The fund was established in the mid-1930s. It was endowed with the profits that the U.S. Treasury realized when the official price of gold rose from $20.67 to $35 per ounce, increasing the value of U.S. government gold holdings.

For several decades through the 1980s, namely before the U.S. currency was allowed to float freely, the fund’s main purpose was to provide the funding for Treasury operations to affect the price of the dollar. A secondary purpose was to provide short-term, government-to-government loans mainly to Latin American countries, yet starting in the mid-1990s this became its primary objective.

The last Exchange Stabilization Fund loan was granted to Uruguay in mid-2002, in the wake of a major financial crisis in next-door Argentina that had triggered a bank run in Uruguay – and threatened to spread elsewhere around the region. The Treasury sent $1.5 million to Uruguay on a Monday to back at least the government-owned banks, and the funds were returned to Washington that same Friday. The bank run was stopped and thus the loan succeeded magnificently.

The Conversation

Arturo Porzecanski does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Why Argentina is looking to the Trump administration for a bailout − and what the US Treasury can do to help – https://theconversation.com/why-argentina-is-looking-to-the-trump-administration-for-a-bailout-and-what-the-us-treasury-can-do-to-help-265924

How the First Amendment protects Americans’ speech − and how it does not

Source: The Conversation – USA – By Ray Brescia, Associate Dean for Research and Intellectual Life, Albany Law School

Demonstrators protest the suspension of the “Jimmy Kimmel Live!” show on Sept. 18, 2025, in Los Angeles, Calif. Photo by Mario Tama/Getty Images

Imagine a protest outside the funeral of a popular political leader, with some of the protesters celebrating the death and holding signs that say things like “God Hates the USA/Thank God for 9/11,” “America is Doomed” and “Don’t Pray for the USA.”

No matter the political leanings of that leader, most Americans would probably abhor such a protest and those signs.

What would tolerate such activities, no matter how distasteful? The First Amendment.

The situation described above is taken from an actual protest, though it did not involve the funeral of a political figure. Instead, members of the Westboro Baptist Church protested outside the funeral of Marine Lance Cpl. Matthew Snyder, a U.S. service member killed in Iraq.

Through demonstrations like this, members of this group were conveying their belief that the U.S. is overly tolerant of those they perceive as sinners, especially people from the LGBTQ community, and that the death of U.S. soldiers should be recognized as divine retribution for such sinfulness.

Snyder’s family sued for intentional infliction of emotional distress, among other claims. A jury issued a US$5 million jury award in favor of the family of the deceased service member. But in a nearly unanimous decision issued in 2011, the U.S. Supreme Court found that the First Amendment insulated the protesters from such a judgment.

This holding is particularly instructive today.

The Trump administration has vowed to crack down on what it calls hate speech. It has labeled antifa, a loosely organized anti-fascist group, a terrorist organization. And it has sought to punish figures such as TV host Jimmy Kimmel for statements perceived critical of conservative activists.

What the First Amendment makes clear is that it does not just protect the rights of speakers who say things with which Americans agree. Or, as the Supreme Court said in a separate decision it issued one year after the case involving the funeral protesters: “The Nation well knows that one of the costs of the First Amendment is that it protects the speech we detest as well as the speech we embrace.”

But free speech is not absolute. As a legal scholar who has studied political movements, free speech and privacy, I realize the government can regulate speech through what are known as “reasonable time, place, and manner” restrictions. These limits cannot depend upon the content of the speech or expressive conduct in which a speaker is engaged, however.

For example, the government can ban campfires in an area prone to wildfires. But if it banned the burning of the U.S. flag only as a form of political protest, that would be an unconstitutional restriction on speech.

Protected and unprotected speech

There are certain categories of speech that are not entitled to First Amendment protection. They include incitement to violence, obscenity, defamation and what are considered “true threats.”

When, for example, someone posts threats on social media with reckless disregard for whether they will instill legitimate fear in their target, such posts are not a protected form of speech. Similarly, burning a cross on someone’s property as a means of striking terror in them such that they fear bodily harm also represents this kind of true threat.

There are also violations of the law that are sometimes prosecuted as “hate crimes,” criminal acts driven by some discriminatory motive. In these cases, it’s generally not the perpetrator’s beliefs that are punished but the fact that they act on them and engage in some other form of criminal conduct, as when someone physically assaults their victim based on that victim’s race or religion. Such motives can increase the punishment people receive for the underlying criminal conduct.

Speech that enjoys the strongest free-speech protections is that which is critical of government policies and leaders. As the Supreme Court said in 1966, “There is practically universal agreement that a major purpose of (the First) Amendment was to protect the free discussion of governmental affairs.”

As the late Justice Antonin Scalia would explain in 2003, “The right to criticize the government” is at “the heart of what the First Amendment is meant to protect.”

Restrictions on government action

The First Amendment prevents the government from taking direct action to curtail speech by, for example, trying to prevent the publication of material critical of it. Americans witnessed this in the Pentagon Papers case, where the Supreme Court ruled that the government could not prevent newspapers from publishing a leaked – and politically damaging – study on U.S. military involvement in Vietnam.

But it also applies when the government acts in indirect ways, such as threatening to investigate a media company or cutting funding for a university based on politically disfavored action or inaction.

In 2024 the Supreme Court ruled unanimously that the state of New York’s efforts to punish companies that did business with the National Rifle Association because of the organization’s political positions violated the group’s First Amendment rights.

Similarly, in recent months, courts have ruled on First Amendment grounds against Trump administration efforts to punish law firms or to withhold funds from Harvard University.

And just last week, a federal court in Florida threw out a lawsuit filed by President Trump against The New York Times seeking $15 billion for alleged harm to the president’s investments and reputation.

Nevertheless, some people fear government retribution for criticizing the administration. And some, like the TV network ABC, have engaged in speech-restricting action on their own, such as taking Kimmel temporarily off the air for his comments critical of conservative activists in the wake of Charlie Kirk’s killing.

Before Kimmel’s suspension, Federal Communications Commission Chairman Brendan Carr described his negotiations with ABC’s parent company, Disney, to take action against him. “We could do this the easy way or the hard way,” Carr said. And Trump said that some media companies might “lose their license” for criticizing the president. It is encouraging that, in the face of these threats, ABC has reversed course and agreed to put Kimmel back on the air.

A man listens to reporters.
President Trump speaks to reporters aboard Air Force One after attending a memorial service for conservative activist Charlie Kirk in Glendale, Ariz., on Sept. 21, 2025.
AP Photo/Julia Demaree Nikhinson

The First Amendment protects speech across the political spectrum, even speech Americans do not like. Both liberal comedian Jon Stewart and conservative commentator Tucker Carlson have recently agreed on this. As Carlson said recently, “If they can tell you what to say, they’re telling you what to think. … There is nothing they can’t do to you because they don’t consider you human.”

Just last year in the NRA case referenced above, the Supreme Court clearly stated that even indirect government efforts to curtail protected speech are indeed unconstitutional. In light of that ruling, efforts to limit criticism of the administration, any administration, should give all Americans, regardless of their political views, great pause.

The Conversation

Ray Brescia does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How the First Amendment protects Americans’ speech − and how it does not – https://theconversation.com/how-the-first-amendment-protects-americans-speech-and-how-it-does-not-265655

Empathy is under attack — but it remains vital for leadership and connection

Source: The Conversation – Canada – By Leda Stawnychko, Associate Professor of Strategy and Organizational Theory, Mount Royal University

Once considered a universal good, empathy now divides as much as it unites. Empathy has long been viewed as a straightforward strength in leadership, but it has recently become a political flashpoint.

Some conservative voices, including billionaire Elon Musk, have criticized empathy, with Musk calling it a “fundamental weakness of western civilization.”

Joe Rigney, a theology fellow at New Saint Andrew’s College in Idaho, has gone further, calling it a “sin”. He argues “untethered empathy” can distort moral judgment because it may lead to people excusing harmful behaviour simply because they sympathize with the person experiencing it.

Few qualities in public life have undergone such a dramatic shift in perception as empathy. Once celebrated as both a marker of moral character and an essential leadership skill, empathy now sits at the centre of polarized debates about governance and policy.

The so-called “war” over empathy reveals not only divided views of leadership but also deeper anxieties about how we connect with one another. These tensions raise important questions about the history, promise, pitfalls and future of empathy.

What is empathy?

The modern term traces back from the German term einfühlung, which was first used in the context of esthetics to describe the emotional response a person feels when imagining themselves moving through a painting, sculpture or scene of natural beauty.

The English term “empathy” was coined in 1908. What began as a way of describing how people relate to art later moved into psychology and leadership as researchers began to study how people identify with the feelings of others.

From there, empathy evolved into a cornerstone skill in business and management to help leaders connect more deeply with others and improve both relationships and performance.

For decades, this was presented as a clear asset. Today, however, that same capacity is viewed by some as a liability rather than a strength.

Why empathy matters

Empathetic leaders can translate this capacity into practical advantage. In organizations, empathy fosters innovation by creating psychological safety — the sense that people feel they can take interpersonal risks, such as sharing ideas without fear of ridicule or retaliation.

Research shows teams learn faster and perform better when people feel safe to speak up. Empathy supports that safety by making listening genuine rather than performative. For example, when leaders regularly ask “What perspectives are we missing?” they signal that speaking up carries little risk. Empathy also strengthens collaboration by enabling leaders to recognize diverse perspectives and weave them into collective problem-solving.

By supporting growth and risk-taking, it reinforces succession pipelines and helps employees step into new responsibilities. Through deep listening and thoughtful responses, empathetic leaders build trust, inspire commitment and help teams remain resilient in the face of change.

Beyond the workplace, empathy also contributes to broader human flourishing. Findings vary across studies, but empathetic people tend to be happier, form stronger friendships and excel in their work. Health-care patients, employees and romantic partners all report higher satisfaction when empathy is present.

Still, despite its many benefits, empathy is not immune to distortion in workplaces, politics and society at large.

The paradox and politics of empathy

Empathy carries an inherent paradox: people can feel genuine compassion while also recognizing the practical limits of what can realistically be offered.

In workplaces, for example, managers may empathize with employees seeking flexibility while also facing pressure to deliver results. Leaders often face difficult questions about fairness when resources are tight and not everyone’s needs can be met.

In politics, a similar dilemma arises. Leaders may, for example, express concern for refugees fleeing conflict while balancing that compassion against constraints on housing, health care and employment in the host country. Here, empathy can clash with competing obligations.

Beyond these limits, empathy can also be distorted when it lacks ethical grounding. Without self-awareness and judgment, it can lead to compassion fatigue or even be used strategically as a tool of manipulation and control. For example, after a child in Texas died from measles, anti-vaccine influencers used the case to stoke outrage and influence public opinion.

Research on negotiations highlights a related risk. Being able to understand someone else’s perspective can help reveal the other side’s constraints and lead to better deals, but feeling their emotions too deeply can pull negotiators off their strategy.

These concerns echo in the broader culture. Critics of empathy argue it has been politicized or weaponized to enforce conformity, with those who fail to display it toward certain groups being portrayed as weak or immoral.

The future of empathy

Although findings are mixed, some studies suggest that empathy, especially among younger generations, has been in decline over the past few decades.

The reasons for this are debated, ranging from the rise of digital communication to broader social and political polarization. Regardless of the cause, the perception of decline has fuelled renewed interest in its study.

Empathy does not mean blindly agreeing with everyone or absorbing every emotion. It calls for listening with genuine curiosity, asking perspective-seeking questions and creating space for others to share their truths.

Simple practices such as naming emotions, noticing body language or imagining how a situation might feel to someone else can strengthen our capacity to connect.

When practised ethically and with courage, empathy has the potential to extend from private virtue to collective strength, and be used to rebuild trust, bridge divides, sustain communities and keep leadership anchored in humanity.

The Conversation

Leda Stawnychko has received SSHRC funding.

Kris Hans does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Empathy is under attack — but it remains vital for leadership and connection – https://theconversation.com/empathy-is-under-attack-but-it-remains-vital-for-leadership-and-connection-265468