El gran reto técnico de proteger a los menores de las redes sociales sin poner en peligro su privacidad ni su derecho a la información

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Arroyo Guardeño, Científico Titular. Ciberseguridad y protección de la Privacidad. Instituto de Tecnologías Físicas y de la Información "Leonardo Torres Quevedo" (ITEFI), Instituto de Tecnologías Físicas y de la Información Leonardo Torres Quevedo (ITEFI -CSIC)

Impedir que los menores usen las redes sociales no es una cuestión técnica fácil de abordar. Reihaneh Golpayegani / https://betterimagesofai.org, CC BY-NC-SA

Dejando al margen el reto nada pequeño de establecer criterios para cualificar el contenido compartido en redes como dañino o potencialmente lesivo para menores, nos encontramos ante un doble desafío. Por un lado, cómo identificar a un menor que intenta acceder a un servicio o plataforma de internet. Por otro, cómo evitar que acceda a contenido no adecuado.

Esto ha de llevarse a cabo sin que ninguna de esas dos medidas suponga una pérdida de privacidad ni para los menores ni para adultos que quieran acceder a dicho contenido. Subrayemos algo crucial: en 2026, proteger la privacidad no es un derecho, es una obligación. No hacerlo, nos convierte en personas vulnerables a ciberataques, manipulaciones y todo tipo de efectos no deseados.

Verificación biométrica frente a verificación a través de autoridades

La primera cuestión a aclarar es cómo se puede determinar la edad de un usuario de internet. Hay dos opciones: usando biometría o usando credenciales emitidas por autoridades de confianza.

Con biometría, el principal riesgo radica en dónde se almacena y procesa la información biométrica –con el agravante de que hay ciertos rasgos biométricos que son insustituibles y, si esa información se filtra, no se pueden cambiar, dando pie a suplantaciones difíciles de detectar–. Quizá, lo positivo de las soluciones con biometría es que implicaría poco esfuerzo por parte de los usuarios.

Por otro lado, la principal dificultad de usar credenciales es que se necesita una infraestructura compleja: ¿cómo puede un usuario obtenerlas? ¿Dónde las guarda? ¿Y si necesita usarlas desde otro dispositivo? Son preguntas de difícil respuesta, si lo que buscamos es una tecnología accesible para cualquiera, especialmente usuarios sin conocimiento técnico.

Aquí, el usuario con escaso conocimiento técnico no es, en muchos casos, el menor, sino los tutores y la comunidad educativa encargados de velar por su formación y seguridad digital.

Identidades privadas frente a no privadas

En caso de contar con un mecanismo de validación de usuarios para permitir o evitar el acceso a servicios en internet, el siguiente paso es discutir si se quiere separar la asignación de una credencial de la obtención de una prueba criptográfica para demostrar que se tiene una “edad cualificada” para acceder a contenido o servicios inadecuados para población infantil.

Este es uno de los casos de uso paradigmáticos a la hora de introducir las llamadas pruebas de conocimiento nulo. Se trata del enfoque de partida del denominado EUDI Wallet, la solución que la Comisión Europea plantea para gestionar nuestra identidad digital a partir de finales de este año.

En efecto, su marco de diseño es compatible con mantener la privacidad como requisito fundamental e innegociable. Teóricamente, EUDI Wallet permitiría generar un identidad a través de una entidad cualificada y, tras ello, recurrir a otras entidades cualificadas que nos darían una prueba criptográfica para mostrar que tenemos una determinada propiedad; por ejemplo, una edad superior a un valor umbral.

Si existe una arquitectura que es capaz de impedir la colusión entre los actores encargados de emitir credenciales y aquellos responsables de certificar propiedades o atributos de las personas naturales tras dichas credenciales, tendríamos un esquema válido de verificación del atributo “edad cualificada” que protege la privacidad de usuarios de servicios de internet.

Para hacer que eso sea una realidad, necesitamos todavía implementar grandes avances técnicos a escala internacional-europea. En este sentido, la comunidad criptográfica ha puesto sobre la mesa retos técnicos sobre su arquitectura a la hora de impedir la monitorización de usuarios y garantizar la protección frente a intentos de suplantación.

¿Cómo se custodia una identidad digital?

Supongamos que tenemos un sistema de credenciales –que además ofrece privacidad máxima– y, cuando se entra en una web, desvela únicamente si su usuario es mayor de 16 años, cumpliendo artículo 8.1 del Reglamento General de Protección de Datos europeo.

Probablemente, esa credencial se almacenará en un teléfono móvil para que sea lo más usable posible. Por poner un ejemplo, ¿es realista suponer que un niño de 14 o 15 años no será capaz de aprovechar algún descuido de sus padres para desbloquear el teléfono de un adulto y usar sus credenciales de adulto? Es más, ¿debe tener acceso a un móvil un niño de menos de 16 años?

Finalmente, al margen de que se use un móvil u otra interfaz de acceso, si no existe una coordinación entre países a escala global, ¿cómo se puede impedir que un menor haga uso de servicios de red privada virtual (VPN) para acceder a contenido inadecuado, conectándose a distancia a través de ubicaciones geográficas en las que las plataformas implicadas no están obligadas a realizar verificación de edad cualificada de acceso al contenido concreto?

Por otra parte, lo cierto es que no hay consenso sobre cuál es esa edad mínima que cualifica para acceder a contenido inadecuado porque, además, tampoco hay consenso generalizado sobre todos los tipos de contenido inadecuado.

Recordemos que el debate actual está en torno al acceso a redes sociales. Las dificultades, en este punto, surgen de la divergencia de criterio en cuanto a edad mínima, pero también en la dificultad para acotar qué es una red social en 2026. ¿Por qué no restringirse a lo que establece el artículo 8.1 del Reglamento de Protección de Datos, solicitando el consentimiento informado de los tutores de todo menor de 16 años antes de acceder a servicios digitales?

¿Es un sistema fácil de usar para todos?

Si se pretende controlar el acceso a determinada información en internet, en base a atributos de la identidad –como la edad–, es imprescindible que el sistema que se utilice sea accesible para todo el mundo. De lo contrario, se estaría vulnerando el derecho a acceso a la información.

Esto, aunque pueda parecer una cuestión filosófica, tiene importantes implicaciones tecnológicas. ¿Qué mecanismos se van a utilizar para garantizar que cualquiera, independientemente de su habilidad con la tecnología, pueda acceder a la información que necesite? Aquí hemos de recalcar la perdida de derechos colectivos que llevamos evidenciando desde finales de 2024 en lo relativo a neutralidad de red para proteger un interés corporativo. Debemos evitar repetir este error.

Diseñar esquemas de gobernanza adecuados para el ecosistema digital demanda poner en juego intereses enfrentados y objetivos contradictorios. El fomento de un uso responsable de tecnología por parte de nuestros menores debe estar orientado a crear un marco tecnológico, legal y pedagógico que los integre de forma sana y saludable, en lugar de excluirlos para protegerlos.

No está en juego solo la confianza en lo tecnológico, sino también la misma confianza en nuestras instituciones democráticas. Y, en 2026, esas instituciones están necesariamente mediadas por lo digital.


Este artículo ha sido redactado en colaboración con Jesús Díaz Vico, Applied Cryptography Researcher.


The Conversation

David Arroyo Guardeño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El gran reto técnico de proteger a los menores de las redes sociales sin poner en peligro su privacidad ni su derecho a la información – https://theconversation.com/el-gran-reto-tecnico-de-proteger-a-los-menores-de-las-redes-sociales-sin-poner-en-peligro-su-privacidad-ni-su-derecho-a-la-informacion-275128

Les arbres indigènes pourraient être la clé d’une filière laitière résiliente au climat au Bénin, selon une nouvelle étude

Source: The Conversation – in French – By Alassan Assani Seidou, Research fellow at Future Africa and Senior Lecturer at University of Parakou, University of Pretoria

Dans les zones arides du Bénin, en Afrique de l’Ouest, l’élevage subit une pression croissante. Ces vastes étendues chaudes couvrent environ 70 % de la superficie du pays. Leurs pâturages clairsemés et leurs arbres dispersés nourrissent environ six millions d’animaux d’élévage, soit 2,5 millions de bovins, un million de moutons et 2,4 millions de chèvres qui parcourent de longues distances avec leurs bergers à la recherche de nourriture et d’eau.

La saison des pluies dans les zones arides du Bénin est de plus en plus courte et imprévisible. Les pâturages s’assèchent plus tôt qu’auparavant. Les vagues de chaleur sont plus fréquentes.




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Lorsque les vaches mangent moins parce que les prairies sont asséchées et qu’elles ne peuvent pas se rafraîchir sous la chaleur, la production de lait diminue. Les maladies telles que la mammite, les maladies transmises par les tiques, la trypanosomiase (maladie du sommeil) et les infections parasitaires gastro-intestinales augmentent. Toutes ces maladies sont aggravées par l’affaiblissement du système immunitaire et leur mauvaise condition physique.

Pour les ménages qui dépendent fortement de l’élevage, ces changements peuvent rapidement se traduire par une insécurité alimentaire et une perte de revenus.

Je mène des recherches sur les systèmes d’élevage adaptés au climat et l’agroforesterie (culture, élevage et plantation d’arbres).

J’ai fait partie d’une équipe qui a suivi 447 vaches laitières dans 40 petites exploitations agricoles des zones arides du nord du Bénin afin d’observer comment le bétail se comportait face au stress climatique dans les fermes traditionnelles par rapport aux systèmes agroforestiers (culture et arboriculture conjointes). Dans les systèmes traditionnels, le bétail était élevé en pâturage libre dans des prairies naturelles, avec très peu d’arbres dans la zone concernée. Bien que les éleveurs complétaient traditionnellement l’alimentation du bétail avec des feuilles d’arbres qu’ils ramassaient pendant la saison sèche, les arbres étaient généralement dispersés dans le paysage et ne faisaient pas partie de la zone de pâturage des animaux.




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Les fermes agroforestières étaient de petites exploitations agricoles où les agriculteurs avaient volontairement intégré des arbres avec les cultures et le bétail pendant plusieurs années.

Cette comparaison nous a permis d’évaluer comment les pratiques agroforestières établies depuis longtemps influencent la santé du bétail, la production de lait et la résilience face au stress climatique croissant. Dans notre récente publication, nous avons présenté nos conclusions sur la façon dont les différentes méthodes agricoles influençaient la quantité de lait produite par les vaches et leur succès en matière de reproduction.

Notre étude a révélé que l’élevage sylvopastoral (où le bétail paît sous les arbres) et les systèmes agrosylvopastoraux (où les arbres, les cultures et le bétail sont gérés ensemble sur les mêmes terres) aident les agriculteurs à s’adapter aux changements climatiques. Les arbres fournissent du fourrage pour le bétail, de l’ombre et des paysages plus sains lorsque l’herbe et l’eau se font rares.

Nous avons constaté que les vaches élevées dans des systèmes agricoles intégrant les arbres produisaient jusqu’à près de trois fois plus de lait par jour que celles élevées dans des systèmes conventionnels de pâturage en plein air. Le taux de survie des veaux était également plus élevé, ce qui laisse penser qu’une meilleure nutrition et une réduction du stress ont des effets à long terme sur la productivité du troupeau.

Les décideurs politiques et les institutions financières de développement devraient utiliser les résultats de nos recherches pour mettre en place des moyens d’encourager et de financer les petits éleveurs laitiers des zones arides afin qu’ils intègrent des arbres et des cultures dans leurs exploitations.

L’élevage face une pression climatique croissante

Les arbres ont toujours joué un rôle important dans les systèmes d’élevage en Afrique de l’Ouest. Bien avant que l’adaptation au changement climatique ne fasse partie des programmes de financement du développement, les agriculteurs utilisaient les arbres et arbustes indigènes pour nourrir les animaux pendant la saison sèche. Les feuilles, gousses et fruits d’espèces telles que l’acajou africain (Khaya senegalensis), le palissandre africain (Pterocarpus erinaceus) et l’Afzelia africana (une autre espèce d’acajou africain) étaient couramment consommés par le bétail pendant les périodes de sécheresse, lorsque les herbes disparaissaient.

Mais avec la pression foncière et l’expansion de l’agriculture, associer l’élevage aux arbres est devenu moins courant. Aujourd’hui, ce qui était vu comme une pratique traditionnelle ou informelle est reconnu comme une réponse adaptée au changement climatique par les agriculteurs face au réchauffement climatique.

Les agriculteurs qui ont participé à la recherche ont expliqué que les arbres et le bétail sont élevés ensemble de différentes manières. Certains éleveurs dépendent principalement des pâturages naturels, où les animaux se nourrissent eux-mêmes des arbres et des arbustes. D’autres agriculteurs ont déclaré avoir mis au point des systèmes où ils plantent des cultures comestibles pour les humains avec des arbres et des plantes fourragères pour le bétail.

Mes recherches ont montré que les microclimats plus frais sous les canopées des arbres aident à rafraîchir le bétail. Les feuilles des arbres fournissent aux vaches les protéines et les minéraux qui manquent dans les herbes séchées. Cela empêche la perte de poids et maintient le bétail en bonne condition pour la reproduction.




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La présence d’arbres dans les exploitations laitières enrichit le sol (lorsque les feuilles tombées, ou litière de feuilles, se décomposent sur le sol). Les arbres enrichissent le fumier du bétail, qui fertilise les champs. Certaines espèces d’arbres fournissent également des fruits, du bois de chauffage, du bois d’œuvre ou des produits médicinaux, offrant ainsi aux ménages agricoles une gamme plus diversifiée de ressources.

Les éleveurs de bétail du nord du Bénin sont confrontés à la sécheresse et à des pénuries alimentaires à chaque saison sèche, mais les familles pratiquant l’agroforesterie s’en sortent mieux. Mes recherches ont montré que les familles de petits exploitants agricoles disposaient d’une alimentation animale plus fiable, d’une production laitière plus régulière et d’une source supplémentaire de nourriture et de revenus provenant des arbres pendant la saison sèche que les familles qui faisaient paître leurs vaches dans les pâturages. Elles étaient mieux à même de faire face aux chocs climatiques et à l’incertitude économique.

L’intégration des arbres et du bétail contribue également à l’atténuation du changement climatique. Les arbres stockent le carbone dans leur biomasse et dans le sol. Ce qui contribue à compenser les émissions de gaz à effet de serre provenant du bétail.

Les agriculteurs ne décrivent pas leurs pratiques agricoles comme un moyen de réduire leur empreinte carbone, mais leurs systèmes s’alignent étroitement sur les objectifs mondiaux de durabilité.

Ce qui rend ces approches particulièrement précieuses, c’est qu’elles sont développées localement et adaptées à des contextes écologiques et sociaux spécifiques.

Ce qu’il faut faire

Alors que le changement climatique s’intensifie, l’expérience des éleveurs des zones arides du Bénin offre une leçon importante. L’adaptation ne passe pas toujours par de nouvelles technologies ou des interventions complexes. Elle passe parfois par la valorisation et le renforcement des pratiques que les agriculteurs ont perfectionnées au fil des générations, où les arbres, les animaux et les hommes coexistent dans des systèmes agricoles résilients.




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Malgré leur potentiel, les systèmes associant arbres et élevage restent sous-estimés dans les politiques agricoles. Les stratégies de développement de l’élevage se concentrent souvent sur l’amélioration des races ou l’apport d’aliments externes, négligeant le rôle des paysages et des écosystèmes.

Les agriculteurs ont besoin d’un soutien spécifique pour renforcer ces systèmes. Ils ont besoin d’un régime foncier sûr, d’un accès aux plants d’arbres et de cultures, et que les agents de vulgarisation agricole des gouvernements reconnaissent que les connaissances locales doivent être valorisées et non remplacées.

The Conversation

Alassan Assani Seidou reçoit un financement du Service allemand d’échanges universitaires (DAAD) dans le cadre du programme Climate Research for Alumni and Postdocs in Africa (ClimapAfrica).

ref. Les arbres indigènes pourraient être la clé d’une filière laitière résiliente au climat au Bénin, selon une nouvelle étude – https://theconversation.com/les-arbres-indigenes-pourraient-etre-la-cle-dune-filiere-laitiere-resiliente-au-climat-au-benin-selon-une-nouvelle-etude-275100

La selección: un San Valentín que solo durará tres meses

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lola Delgado, Editora de Política y Sociedad, The Conversation

SeventyFour/Shutterstock

“El amor eterno dura aproximadamente tres meses”, dijo en una ocasión la novelista y dramaturga Françoise Sagan, símbolo de la juventud hedonista y desinhibida de la posguerra francesa. Hace años ya de eso, pero lo cierto es que la frase ha envejecido más que bien.

Se acerca el 14 de febrero. Otro San Valentín más para regalar flores y peluches y para reflexionar sobre las nuevas formas de amar, ya sea entre personas del mismo o de distinto sexo.

En pleno siglo XXI, con la libido tan globalizada como las aplicaciones de citas, San Valentín puede ser un festival de amor romántico, poliamor, celos, infidelidad y notificaciones de Tinder a medianoche. Y la ciencia social nos lo confirma: no todo es monogamia ni chocolates con forma de corazón.

Pero empecemos por lo básico: ¿qué es ese amor idealizado que nos enseñan desde las películas hasta los álbumes de baladas que escuchamos? En el artículo “Qué es el amor romántico y por qué existe (de momento)” los autores exploran cómo la idea de un amor totalizante –una única alma gemela– no es una ley natural, sino una construcción social con raíces históricas profundas.

60 genes de amor romántico

Este modelo ha configurado nuestras expectativas del amor como algo que debe ser eterno, exclusivo y perfecto –una fórmula que a menudo choca con la realidad de los afectos humanos–. El amor romántico es probablemente la emoción con mayor presencia en nuestra cultura, dicen los autores, y aseguran que se han descrito más de 60 genes asociados a ciertas características del amor romántico: ¡60 genes!

Si el amor romántico es la receta tradicional, entonces llega el poliamor como el topping moderno que divide opiniones: dulce para unos, indigesto para otros. Este artículo de Jorge Barraca, de la UCJC, plantea que incluso en relaciones múltiples consensuadas los sentimientos complejos como los celos o la sensación de traición pueden aparecer si no se respetan los acuerdos.

En otras palabras, aunque una relación abierta tenga reglas explícitas –puede haber sexo, pero sin mensajes ocultos– el manejo de emociones sigue siendo tan complejo como en una relación monógama tradicional.

Claro, puede pensar que esa es una buena excusa para abandonarse a las emociones de las apps de citas y dejar que el algoritmo decida por usted. Pero cuidado: incluso aquí hay terreno pantanoso. Hoy, con las notificaciones de mensajes sobresaltándonos de emoción en mitad de la noche, muchas cosas que antes no contarían como “cuernos” ahora sí entran en la definición social de infidelidad.

Por ejemplo, una encuesta del CIS encontró que más del 60 % de los españoles considera infidelidad tener una conversación subida de tono por mensajes con otra persona, sin necesidad de contacto físico. Así que ese “hola, ¿qué haces?” puede sonar inofensivo hasta que lo lea junto a un emoji de corazón rojo.

Y, hablando de infidelidad, es cierto que no todo el mundo la ve igual. En el artículo “Por qué la infidelidad femenina todavía se condena y de la masculina se presume” se explica cómo la historia ha jugado con dos varas de medir: cuando el infiel es hombre, a menudo se romantiza su “aventura”; cuando es mujer, todavía se carga con estigmas históricos. Desde Helena de Troya hasta Cleopatra, pasando por ejemplos actuales, el debate muestra cómo las normas culturales moldean la manera en que juzgamos el deseo y la traición, incluso en pleno auge de libertades sentimentales.

La montaña rusa de atracción-traición

Pero si piensa que todo esto es pura teoría, basta encender la tele o abrir TikTok para recordar que la cultura popular sigue fascinada con la idea de la tentación. El artículo “Ver ‘La isla de las tentaciones’ es asistir a la enésima recreación del mito de Don Juan” analiza cómo formatos como el del famoso programa perpetúan el mito de que hay siempre una figura capaz de seducir y derribar cualquier pacto de pareja. En otras palabras, el entretenimiento nos ofrece esa montaña rusa de atracción-traición que, vista desde la distancia, puede parecer amor, aunque no es más que un culebrón.

Todo este aparataje emocional viene acompañado de esos compañeros a veces inseparables del amor llamados celos. En “La patologización de los celos” el texto plantea que sentirlos no es necesariamente señal de una relación enferma ni de un amor “menos verdadero”: son emociones humanas que se disparan cuando percibimos amenazas a lo que valoramos. El problema no es sentir, sino cómo gestionarlo sin caer en el espionaje de contraseñas ni en juramentos eternos que nadie puede sostener.

Y ya que hablamos de gestionar expectativas, no podríamos ignorar otra pieza clave del rompecabezas moderno: las apps de ligar. En “Busco, comparo y si me gustas, te amo” se reflexiona sobre cómo los servicios digitales han transformado el mercado del amor en una experiencia casi de consumidor: ver perfiles, comparar atributos y decidir rápido. Esta lógica puede parecer pragmática, pero también puede fomentar relaciones superficiales si no se acompaña de comunicación honesta y transparencia con las personas del otro lado de la pantalla.

Sea con quien sea que vaya a celebrar San Valentín, lo importante es hacerlo de una forma sana y, sobre todo, segura. Y, lo más importante: tenga muy presente, si acaba de conocer a su media naranja y va a acudir a esa cena íntima iluminada con velas llevando consigo un frasco de perfume o un ramo de rosas rojas, que, como decía Françoise Sagan, el amor eterno dura unos tres meses. Si es de las personas que lleva celebrando San Valentín con la misma pareja desde hace años, le felicitamos desde lo más profundo de nuestro corazón. Eso nos demostraría, una vez más, que los intelectuales no siempre están en lo cierto.

Lo celebre como lo celebre, incluso en soledad y delante de la televisión viendo una buena película romántica, disfrute de este día: ¡feliz San Valentín!

The Conversation

ref. La selección: un San Valentín que solo durará tres meses – https://theconversation.com/la-seleccion-un-san-valentin-que-solo-durara-tres-meses-275287

Recruter son remplaçant : réflexe naturel ou erreur stratégique ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Elodie Gentina, Professeur à IESEG School of Management, Univ. Lille, CNRS, UMR 9221 – LEM – Lille, IÉSEG School of Management

Qui mieux que le sortant pour recruter son successeur ? Qui, mieux que lui, connaît le poste et ses attendus ? Gare pourtant aux fausses bonnes idées car de nombreux biais peuvent conduire à des recrutements imparfaits.


Le départ d’un collaborateur entraîne une perte de savoirs explicites et tacites, une rupture dans les routines de travail et un affaiblissement des réseaux relationnels, tant internes qu’externes. Bien souvent, il s’agit également de la disparition d’un repère collectif : un collègue reconnu pour son expertise, porteur d’une mémoire organisationnelle construite au fil du temps. Cette discontinuité impose nécessairement une réorganisation du travail, qu’il s’agisse d’un remplacement poste pour poste ou d’une redistribution des missions au sein des équipes existantes.

Dès lors, l’idée d’associer le collaborateur sortant au choix de son successeur peut sembler pertinente. En tant que détenteur d’une connaissance fine du poste et de ses contraintes, il apparaît, à première vue, comme un acteur légitime du processus de succession. Cette légitimité ne saurait toutefois se traduire par un pouvoir décisionnel autonome : elle suppose un cadrage méthodologique, généralement porté par les ressources humaines, afin d’objectiver les critères de sélection et de limiter les effets de reproduction.

Transmettre son rôle sans façonner son double

Lorsqu’un collaborateur quitte son poste, il peut manifester le souhait de contribuer au choix de son successeur, ce qui apparaît légitime. En tant qu’acteur directement impliqué, il détient une connaissance fine des exigences du métier, des interactions construites au fil du temps et des dimensions informelles du poste, souvent invisibles pour un nouvel arrivant.




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Cette implication suppose toutefois un équilibre subtil. Il s’agit de transmettre sans chercher à modeler, d’accompagner sans contraindre. Une transmission authentique repose sur la capacité de partager son expérience avec sincérité, sans tenter de reproduire son propre profil. Elle implique de rendre compte aussi bien des réussites que des difficultés rencontrées, d’identifier les fragilités du rôle, les contraintes opérationnelles et les zones d’incertitude. Dans cette perspective, le rôle des RH consiste à aider à distinguer ce qui relève du poste de ce qui relève de la personne, afin que l’expérience individuelle ne devienne pas une norme implicite. En offrant une vision lucide et exhaustive du poste, le collaborateur sortant permet à son successeur de s’approprier la fonction de manière autonome, sur des bases réalistes plutôt que sur une représentation idéalisée.

Prévenir l’ « Alzheimer organisationnel »

Ce phénomène, parfois qualifié d’« Alzheimer organisationnel » correspond à une disparition silencieuse de l’expertise accumulée, faute de transmission structurée. Sans démarche volontaire et sans plan de succession clair, la mémoire collective s’effrite, et, avec elle, la capacité de l’organisation à apprendre et à se renouveler. Le principe fondamental en matière de transmission des savoirs consiste à anticiper.

Celle-ci ne devrait pas relever d’une logique d’urgence déclenchée par un départ imminent, mais s’inscrire durablement dans les politiques de gestion des compétences et des talents de l’entreprise. Dans les organisations disposant de fonctions RH structurées, cette anticipation permet de formaliser les compétences clés, d’identifier les zones de vulnérabilité et d’encadrer la participation du collaborateur sortant. Lorsqu’un départ est identifié suffisamment en amont, l’organisation peut mettre en place des dispositifs progressifs de formation et d’accompagnement, favoriser une passation fluide des responsabilités et limiter les tensions opérationnelles liées à la transition.

Attention au piège du « clone »

De nombreuses recherches récentes montrent que les biais – qu’ils soient humains ou issus d’outils automatisés – poussent souvent les recruteurs, mais aussi les collaborateurs directement impliqués dans le processus de sélection, notamment le salarié sortant, à privilégier des profils qui leur ressemblent ou qui correspondent à des modèles déjà présents dans l’organisation, renforçant ainsi l’homogénéité plutôt que la diversité.

En matière de recrutement, les biais et les stéréotypes n’épargnent personne. Si les stéréotypes sont naturels, c’est parce qu’ils reposent sur des heuristiques, des raccourcis que nous utilisons pour prendre des décisions rapides sans mobiliser des ressources cognitives. Lors d’un entretien, 87 % des décisions sont prises en moins de quinze minutes, le reste ne servant qu’à confirmer la décision déjà prise. Les sociologues nomment ce phénomène « homophilie » : inconsciemment, on tend à recruter des personnes qui nous ressemblent. Dans un contexte de succession, ce mécanisme est renforcé par l’enjeu symbolique du départ : désigner un successeur « similaire » permet de préserver une continuité rassurante. Au fil du temps, ce mécanisme renforce l’homogénéité au sein d’une organisation, où les individus partagent un même habitus qui devient la norme, puis un statu quo qu’on ne remet pas en question.

Gare aux biais

Par conformisme et en raison de biais cognitifs, les organisations passent à côté de nombreux talents. Trois biais cognitifs se combinent.

Le premier mécanisme inconscient à l’œuvre, c’est celui qui nous pousse à ne retenir que ce qui conforte nos convictions : on appelle cela le biais de confirmation. Au moment de confier sa place à quelqu’un d’autre, notre regard se porte spontanément vers celles et ceux qui nous ressemblent. Même manière d’être, mêmes codes, même façon d’occuper la fonction, cette continuité nous rassure et finit par passer pour la norme.

À l’inverse, toute proposition différente est facilement rangée du côté de l’exception, de l’essai provisoire, voire de la prise de risque inutile. Plutôt que d’interroger notre attachement à la reproduction du modèle existant, nous trouvons de bonnes raisons de le maintenir. Dès lors, l’enjeu ne tient plus tant à imaginer d’autres façons de faire le travail qu’à identifier qui détient le pouvoir de fixer ce qui, justement, ne doit pas changer.

Répéter ne prouve rien

Le second piège mental s’appelle l’erreur d’attribution : on attribue des comportements à la personnalité, en oubliant le contexte. Ainsi, une prise de parole discrète peut être interprétée comme un manque d’assurance, sans que l’on s’interroge sur les conditions de l’entretien (le cadre, la dynamique de l’échange, le temps laissé pour répondre ou encore la posture de l’intervieweur). Ce n’est alors pas le filtre d’analyse qui est questionné, mais le candidat qui se voit assigner une caractéristique durable.

Le troisième biais est le biais de vérité illusoire, encore appelé l’effet de simple répétition. Comme pour les fake news, une affirmation douteuse – voire complètement fausse – peut finir par paraître crédible à force d’être répétée. Plus une affirmation circule, plus elle s’installe dans les esprits, même lorsqu’elle repose sur peu de faits. Avec le temps, ces discours deviennent des évidences. Ils influencent alors nos jugements et nos choix, notamment quand il s’agit de confier sa place à quelqu’un d’autre. Sans y prêter attention, on privilégie ce qui correspond à ces idées largement partagées, au détriment d’options différentes mais tout aussi pertinentes. En particulier lorsqu’il faut choisir son propre remplaçant, une personne en poste aura souvent le réflexe de désigner quelqu’un qui lui ressemble, persuadée que le rôle exige « un certain profil » ou « une manière d’être » bien précise. Ce n’est pas que les autres candidats manquent de compétences, mais plutôt que ces croyances, répétées depuis longtemps, finissent par passer pour des évidences.

Comment recruter sans biais ?

Les mises en situation et les tests de compétence – où l’on demande simplement au candidat de faire la preuve de ce qu’il sait faire – sont des méthodes plus efficaces pour limiter l’impact des biais cognitifs en recentrant l’évaluation sur des preuves concrètes de savoir-faire. Quant aux entretiens structurés, ils conservent le format de l’échange, mais en limitent drastiquement la subjectivité : mêmes questions pour tous, critères d’évaluation préétablis, notation rigoureuse. Un entretien structuré ressemble alors moins à une discussion qu’à un oral noté… et c’est justement ce qui en fait sa force.

B Smart, 2025.

Remplacer ce n’est pas fabriquer un clone

Alors, est-ce une bonne idée de laisser un collaborateur choisir celui ou celle qui prendra sa place ? Remplacer quelqu’un ne consiste pas à fabriquer un double. L’essentiel n’est pas de reproduire un style ou une manière de faire, mais de transmettre assez pour que le successeur puisse s’approprier le rôle, l’exercer différemment… et peut-être même l’améliorer.

Tout se joue dans l’intention du recrutement. Si l’objectif est simplement de combler un vide, on cherchera le même profil. Mais si l’on considère ce départ comme une transition, alors il devient une opportunité : celle d’introduire d’autres compétences, un regard neuf, une dynamique différente, à condition que cette ouverture soit accompagnée par une méthode claire et un cadre RH explicite.

The Conversation

Elodie Gentina ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Recruter son remplaçant : réflexe naturel ou erreur stratégique ? – https://theconversation.com/recruter-son-remplacant-reflexe-naturel-ou-erreur-strategique-275052

L’« entreprise fantôme » : les jeunes diplômés face aux mythologies de l’entreprise

Source: The Conversation – France (in French) – By Thomas Simon, Assistant Professor, Montpellier Business School

Qu’advient-il quand l’« emploi de rêve », obtenu par telle ou tel jeune diplômé·e, se révèle vide de sens ? Comment comprendre ce décalage entre les promesses séduisantes de la « marque employeur » et un quotidien désenchanté, qui apparaît comme un sanctuaire contemporain des illusions perdues ?


Partons d’une expédition scientifique datée des années 1930. À l’invitation de l’ethnologue Marcel Griaule, l’écrivain français Michel Leiris embarque pour l’Afrique en tant que secrétaire-archiviste de la Mission Dakar-Djibouti. De retour de son périple africain d’ouest en est, il publie l’Afrique fantôme en 1934. Sous la forme d’un journal de bord tenu pendant deux ans, Leiris y consigne ses découvertes ethnographiques, la vie quotidienne des tribus qu’il rencontre, ses doutes existentiels et ses nombreuses déceptions… Le texte oscille en permanence entre littérature et anthropologie, entre confession intime et analyse scientifique, entre écriture de soi et récit des autres.

Quels liens cette expédition pourrait-elle avoir avec le phénomène contemporain de « révolte des premiers de la classe » décrit par le chroniqueur et journaliste Jean-Laurent Cassely ? Celui-ci dépeint dans son ouvrage un mouvement d’exode de jeunes diplômés qui quittent les grandes entreprises (conseil, audit, finance…) pour devenir entrepreneurs, artisans, bénévoles dans des ONG… Face à l’absurde et à l’abstraction qu’ils côtoient chaque jour au bureau, certains membres de cette jeune génération partent alors en quête de vérité en se tournant vers d’autres horizons professionnels.




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Artisanat : à la recherche des temps perdus ?


Dans le cadre d’un article de recherche récemment publié dans European Management Journal qui s’intéresse à la désillusion des jeunes diplômés en entreprise, nous nous appuyons sur l’expérience vécue par Leiris en Afrique et introduisons la notion d’« entreprise fantôme », qui permet de mieux comprendre le désengagement des jeunes vis-à-vis du monde du travail.

De l’Afrique de Leiris à l’entreprise des jeunes diplômés

Pourquoi reprendre le syntagme d’« Afrique fantôme » ? D’abord peut-être pour « faire sa part à la magie du titre ». À n’en pas douter, Leiris cherche à marquer les esprits avec ce titre énigmatique, qui fait entrer son travail dans le cénacle des œuvres littéraires. Au cœur de ce rapprochement, il y a avant tout l’idée d’une déception. Comme le souligne le professeur Guy Poitry, « l’Afrique “fantôme” est le continent rêvé dont on sait désormais qu’il ne correspond pas à la réalité ». En effet, tout le texte de Leiris est habité par le désenchantement. Il y a un véritable décalage entre le fantasme d’une Afrique mythique et la réalité du terrain.

En cela, les jeunes diplômés de l’enseignement supérieur peuvent eux aussi être en proie à une sorte de désillusion fondamentale lorsqu’ils intègrent les entreprises. Ce n’est fort heureusement pas toujours le cas, mais nombreux sont ceux qui témoignent tantôt d’un fantasme, tantôt d’une image idéale, qu’ils se sont constitués de l’entreprise, avant d’être finalement confrontés à une réalité qui n’est que l’ombre de leurs rêves. C’est comme si l’Afrique de Leiris reproduisait, à sa manière, l’expérience de ces jeunes diplômés en entreprise : l’histoire d’un rendez-vous manqué. Mais comment en est-on arrivé là ?

Aux origines de la désillusion

Comme toutes les sociétés humaines, les entreprises ont toujours mobilisé des mythes pour se mettre en scène. Les offres d’emploi, les histoires d’entreprises et les plaquettes de recrutement fonctionnent comme des épopées modernes, promettant aventure, épanouissement et sens. C’est dans cette perspective que le philosophe et sociologue Jean-Pierre Le Goff a théorisé ce qu’il appelle le Mythe de l’entreprise.

En usant massivement du storytelling, les organisations développent des récits semblables aux contes de fées, avec ses passages obligés : le fondateur héroïque, l’innovation disruptive, la mission mondiale… Loin d’être de simples histoires innocentes, les mythes peuvent aussi devenir de puissants outils de désinformation. Ils transforment le banal en héroïque, convertissant un peu vite des tâches triviales en missions fascinantes. Mais lorsque la narration s’éloigne trop de la réalité et que les promesses ne se traduisent pas dans l’expérience vécue, on court alors le risque de voir émerger une profonde désillusion.

Poétique du désenchantement : correspondances entre deux situations existentielles

Pour mieux comprendre ce phénomène, nous avons mené 35 entretiens avec des jeunes diplômés de Grandes Écoles françaises afin d’établir un dialogue sous un angle métaphorique avec les propos de Michel Leiris dans son journal de bord, l’Afrique fantôme. Leiris est alors trentenaire lorsqu’il rejoint la Mission Dakar-Djibouti, à l’instar de nos interviewés qui ont intégré leurs entreprises, tous âgés de 25 à 30 ans : l’épreuve initiatique, la recherche d’une place dans la société et la confrontation à l’inconnu sont autant de points de convergence entre deux situations existentielles qui se font écho sur le plan symbolique.

Dès lors, les jeunes diplômés découvrent souvent que les « emplois de rêve » qu’ils avaient imaginés peuvent en réalité être monotones, procéduraux et intellectuellement peu stimulants. Rêvant d’aventures et d’exotisme, ils se retrouvent comme enlisés dans des tâches bureaucratiques banales, ce dont témoigne à sa manière Leiris dans sa traversée du continent africain.

« Quant à moi, je continue mon travail de pion, de juge d’instruction ou de bureaucrate. Jamais en France, je ne fus aussi sédentaire. »

Au lieu de développer leurs compétences et de parcourir le monde, les jeunes diplômés sont eux aussi confrontés à des tâches répétitives de saisie de données, à des présentations PowerPoint insipides et à des feuilles de calcul Excel interminables. Voici ce qu’Estelle* nous confie lors de son entretien :

« Grosse déception par rapport à l’annonce qui m’avait été faite en me disant : “Tu vas aller fréquenter des gens, tu seras en interaction avec les clients…” Non en fait, j’étais juste en interaction avec des tableaux Excel […]. Pour moi, ce n’était pas ce que j’attendais. »

L’« entreprise fantôme » entre mythe et réalité

En s’appuyant sur le texte de Leiris, notre recherche introduit la notion d’« entreprise fantôme » pour qualifier cette entité spectrale qui existe dans l’écart entre l’image mythifiée de l’entreprise et sa réalité plus prosaïque. La dimension fantomatique surgit quand :

  • le travail inspirant promis se transforme en tâches fragmentées, ennuyeuses et répétitives.

  • l’impact escompté se résume à n’être qu’une simple contribution dans un mécanisme général.

Ghislain Deslandes – La révolte des premiers de la classe contre les métiers à la con (Xerfi Canal, 2018).
  • le cosmopolitisme imaginé se réduit à des heures interminables passées devant un écran d’ordinateur.

  • l’épanouissement intellectuel s’étiole sous le poids des tâches monotones.

  • l’authenticité glorifiée est trahie par le mensonge institutionnalisé.

Dans ces conditions, les jeunes diplômés se décrivent parfois comme vidés, fantomatiques, détachés d’eux-mêmes et de leur intellect. Clémentine* a même l’impression d’avoir perdu son « aspect vivant » tandis qu’Iris* se retrouve « désolidarisée de son être ». Toutes ces confessions nous ramènent à l’amertume leirisienne perdant pied face à l’abîme de sa déception :

« Gueule de bois. […] Adieu à l’Afrique. Froid. Tristesse. Dégoût d’être en Méditerranée. »

Quelques recommandations pratiques

Au vu du phénomène décrit, nous esquissons plusieurs recommandations à destination de trois parties prenantes distinctes (jeunes diplômés, entreprises et lieux de formation). Nous encourageons en premier lieu les entreprises à être plus prévenantes dans leurs messages dédiés aux futurs recrutés en adoptant une communication davantage axée sur l’humilité et sur la transparence. En d’autres termes, renoncer à l’usage abusif de la « novlangue managériale » pour se tourner vers un management plus éthique et plus incarné, capable d’écouter les signaux faibles.

Ghislain Deslandes – « Une morale dans les affaires et une éthique dans le management » (Xerfi Canal, 2016).

Du côté des grandes écoles et des universités, nous suggérons d’une part de multiplier les points de contact avec les entreprises pour réduire le fossé entre le monde académique et le monde professionnel (stages, tables rondes, parcours en alternance…). D’autre part, la présence d’un enseignement en sciences humaines et sociales (SHS) dans les cursus nous paraît être un élément fondamental, parfois négligé hélas, pour mettre en lumière les apories des discours promotionnels.

Cette prise de recul salutaire offre aux étudiant(e) s une mise en perspective des enseignements de gestion avec des dimensions plus existentielles, ô combien importantes pour leur épanouissement dans l’environnement de travail.

Du mythe à la trace : écrire l’entreprise vécue

Nous invitons enfin les jeunes diplômés à remettre en question leurs propres illusions, à aborder les promesses des entreprises avec discernement, voire à tenir un journal de bord – passant par un travail de démythification et d’écriture ritualisée – sur le modèle de Leiris pour convertir leur déception en enseignement susceptible de les réconcilier avec leurs motivations les plus profondes. Comme le rappelle Vincent Debaene, c’est « le rite de l’écriture quotidienne [qui] a donné au voyage de [Leiris] une valeur initiatique ».

En somme, nous n’appelons pas de nos vœux une disparition soudaine (et sans doute chimérique) d’une « mythologie de l’entreprise », mais à son ancrage dans une réalité plus tangible ; au sens où si l’entreprise est un conte collectif, il doit être raconté par ceux qui y vivent, au plus près de l’expérience effectivement vécue.

Se réconcilier avec ses propres fantômes ?

Rendre attractifs et passionnants des lieux qui le sont déjà – ici l’Afrique et les entreprises – supposerait donc de renoncer aux récits grandiloquents qui fabriquent méprises et amertume. Notre parti pris est de miser sur un dialogue réel entre les parties prenantes (jeunes diplômés, entreprises et lieux de formation) et d’activer une capacité réflexive nourrie par les humanités.

L’avenir de nos économies se joue peut-être aussi dans cette forme de lucidité : la vie en entreprise est loin d’être un long fleuve tranquille. Reconnaître ses tensions, ses possibles et ses limites ouvre la voie à des trajectoires plus responsables, plus habitées, où chacun peut alors contribuer sans renoncer à sa part de vérité.


*Les prénoms ont été changés.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. L’« entreprise fantôme » : les jeunes diplômés face aux mythologies de l’entreprise – https://theconversation.com/l-entreprise-fantome-les-jeunes-diplomes-face-aux-mythologies-de-lentreprise-273632

Les fonds vautours à l’origine des faillites de Camaïeu et de Vivarte (André, Minelli, Naf Naf)

Source: The Conversation – France (in French) – By Fidèle Balume, Professeur en Finance, ESSCA School of Management

Les fonds vautours se spécialisent dans l’achat à bas prix de dettes émises par des entreprises en difficulté financière. Kike Garcia 85/Shutterstock

En 2021, le groupe Vivarte aux marques célèbres, comme André, Minelli, Naf Naf ou Pataugas, est liquidé. En 2022, c’est au tour de Camaïeu. Une étude souligne une corrélation entre la faillite de ces entreprises et les « fonds vautours », ces fonds d’investissement spéculatifs qui rachètent les dettes des entreprises en difficulté afin de générer une plus-value. Alors, comment cela fonctionne-t-il concrètement ?


L’effondrement de Camaïeu et de Vivarte marque un tournant pour le secteur français du prêt-à-porter. Ces deux fleurons, autrefois leaders de l’habillement, ont succombé à une spirale de détresse financière exacerbée par des montages de type leveraged buy-out (LBO) successifs et un ralentissement structurel de la demande sectorielle.

Le LBO est un mécanisme de rachat d’entreprise qui repose sur l’effet de levier financier. Ce dernier utilise l’endettement pour accroître la rentabilité des fonds propres (grâce aux déductions fiscales) et l’effet de levier juridique, lié à l’intégration entre une société mère et sa fille.

Si ce dispositif vise théoriquement à rendre l’entreprise plus efficiente en réduisant certains coûts de gestion, il rend paradoxalement ses cibles beaucoup plus vulnérables aux chocs économiques et plus risquées que leurs concurrentes. Entre la crise des subprimes de 2008 et la pandémie de Covid-19 accroissant leur vulnérabilité, Camaïeu et Vivarte sont devenus des cibles privilégiées des fonds vautours.

Ma recherche publiée au sein de la revue Finance-Contrôle-Stratégie (FCS) contribue à comprendre les modes opératoires des fonds vautours, et les conséquences de leurs interventions sur la trajectoire de faillite des entreprises.

Racheter à « vil prix »

Les fonds vautours sont des fonds d’investissement spéculatifs qui interviennent aussi bien auprès des États que dans des entreprises en difficulté financière en rachetant leurs dettes afin de générer une plus-value. En général, leurs cibles présentent des risques de défaut élevés, c’est-à-dire des taux anticipés de faillite élevés.

Cette situation leur permet de racheter la dette d’une entreprise à une valeur de marché bien inférieure à sa valeur faciale. On parle alors de « dette décotée ». Selon les travaux du chercheur Miles Gietzmann, en ciblant les entreprises, la stratégie des fonds vautours ne se limite pas à l’utilisation d’un pouvoir de contrôle discrétionnaire. Elle s’étend à l’introduction des biais de valorisation pendant le processus de redressement de l’entreprise… à leur avantage.

Leur mode opératoire repose sur deux piliers :

  1. Le loan-to-own (prêt pour acquérir) : les fonds rachètent la dette pour devenir créancier, puis utilisent ce levier lors des restructurations pour convertir leurs créances en capital et prendre les commandes en tant qu’actionnaires.

  2. Le yield-chasing (recherche de rendement) : une fois au pouvoir, les fonds imposent des conditions de financement drastiques pour maximiser leurs gains immédiats.

Pour parvenir à leurs fins, les fonds vautours utilisent parfois des méthodes à la limite du légal, comme des campagnes médiatiques négatives visant à « dégouter les autres fonds » et à faire chuter la valeur des titres pour les racheter à « vil prix ».

Illustrations avec Camaïeu et Vivarte

Les groupes Camaïeu et Vivarte partagent une genèse de crise similaire, ancrée dans l’accumulation des dettes d’acquisition dans le cadre d’opérations de leveraged buy-out (LBO). Les trajectoires de faillite de ces figures du retail français prouvent que les fonds vautours ciblent des entreprises dont le modèle opérationnel reste souvent attractif, malgré l’asphyxie financière.

Devanture d’un magasin Camaïeu
Le 28 septembre 2022, le tribunal de commerce de Lille prononce la liquidation de l’entreprise Camaïeu, pourtant florissante dans les années 1990.
GrandWarszawski/Shutterstock

Camaïeu, créé en 1984 à Roubaix, a subi deux LBO successifs en 2005 et en 2007. De son côté, le groupe centenaire Vivarte, fondé en 1896 sous le nom d’André, a suivi une trajectoire parallèle avec des montages LBO en 2004 et en 2007. Dans les deux cas, ces opérations ont créé un déséquilibre structurel profond accroissant leur probabilité de faillite.

En appariant les informations disponibles au jeu de données de Distressed-Debt-Investing.com, mes résultats confirment la présence d’au moins un fonds vautour lors de chaque restructuration majeure de ces deux groupes. À titre d’exemple, lors de la restructuration de Vivarte en 2014, la dette a été convertie en capital, au cours du plus important debt-to-equity swap (conversion de la dette en actions) de l’histoire française ayant permis de convertir 2 milliards d’euros de dette en capital.

Ces fonds ont injecté 500 millions d’euros de liquidités supplémentaires à un taux d’intérêt de 11 %, contre un taux du marché proche de 1,6 % pour les emprunts d’État à dix ans, étouffant encore davantage le groupe. Finalement, Vivarte est liquidé en 2021, Camaïeu en 2022.

Soit se compromettre… soit s’opposer au prix de sa carrière

L’intervention des fonds vautours ne se limite pas à une ingénierie financière, elle génère des coûts cognitifs significatifs. Ces derniers résultent des désaccords profonds entre les dirigeants et les fonds sur la vision stratégique.

Ces fonds spéculatifs imposent souvent des stratégies dites low road : licenciement massif, ventes à la découpe et délocalisations pour mobiliser rapidement du cash, etc. Le dirigeant se retrouve face à un dilemme : « soit plier et se compromettre… soit s’opposer au prix de sa carrière », comme en témoignait Marc Lelandais, l’ancien président-directeur général de Vivarte.

On observe que les dirigeants qui coopèrent avec les fonds vautours, notamment ceux maintenus en place malgré un turnover élevé, ont tendance à négliger les activités de responsabilité sociale des entreprises. Cette pression a pu mener à des dérives, telles que l’implication de Camaïeu dans le scandale du Rana Plaza.

Encadrer les fonds vautours

Le cadre législatif actuel, incluant la loi Sapin II, vise à améliorer l’éthique des affaires. Elle s’avère souvent insuffisante pour protéger les entreprises en difficulté contre les tactiques prédatrices de « prêt-rachat ». Les résultats de cette recherche suggèrent plusieurs pistes de réforme :

Limiter les profits spéculatifs

À l’instar du modèle belge, la législation pourrait limiter la spéculation des fonds vautours. Suivant ce modèle, une fois qu’un fonds vautour est engagé dans une entreprise en détresse financière, si celle-ci vient à faire faillite, le remboursement de la mise de départ du fonds vautour devrait se limiter au prix payé lors du rachat.

Fonds souverain de dette

Créer un fonds public de dette pour les entreprises en difficulté, qui pourrait par exemple être géré par BpiFrance, pour offrir une alternative éthique aux fonds spéculatifs, dans le but de préserver la survie de l’entreprise et les emplois.

Le législateur contre les fonds vautours

L’Autorité des marchés financiers (AMF) ou la Banque de France pourraient être chargées d’évaluer et de fixer des seuils d’évaluation maximaux lors des opérations de LBO afin d’empêcher la formation de bulles de dette insoutenables qui attirent les fonds vautours.

L’action des fonds vautours peut être comparée à celle d’un remorqueur qui, voyant un navire en difficulté dans une tempête, n’accepterait de l’aider qu’à la condition d’en devenir le propriétaire légal pour le prix d’une épave. Une fois l’opération réalisée (le créancier devient actionnaire), au lieu de ramener le navire à bon port, il démonte les moteurs et vend la cargaison séparément pour maximiser son gain immédiat, laissant la coque vide couler définitivement.

C’est cela, en résumé, la trajectoire de défaillance accélérée par les coûts cognitifs et par les biais de valorisation occasionnés par les fonds vautours. Le législateur peut empêcher au navire en difficulté de disparaître.

The Conversation

Fidèle Balume ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Les fonds vautours à l’origine des faillites de Camaïeu et de Vivarte (André, Minelli, Naf Naf) – https://theconversation.com/les-fonds-vautours-a-lorigine-des-faillites-de-cama-eu-et-de-vivarte-andre-minelli-naf-naf-268593

La NFL débarque à Paris : signe avant-coureur d’une américanisation de la « fan experience » en France ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Boris Helleu, Maitre de conférences, spécialiste de marketing du sport, laboratoire NIMEC, Université de Caen Normandie

Les fans français de football américain auront l’occasion d’assister à un match officiel de NFL en octobre prochain en se rendant au Stade de France. Ce sera une première en France, mais la NFL comme les deux autres grandes ligues sportives états-uniennes que sont la NBA (basket) et la MLB (baseball), mais aussi des organisations comme l’UFC (sports de combat) et la WWE (catch), organisent déjà depuis des années des événements majeurs dans de nombreux pays étrangers. Au menu : une « fan experience » pensée dans les moindres détails ; ce modèle américain, désormais accessible régulièrement en Europe et notamment en France, va-t-il se diffuser massivement dans « nos » sports ?


Dans la nuit de dimanche à lundi, les Seattle Seahawks ont remporté la 60e édition du Super Bowl. En octobre 2026, la France accueillera pour la première fois une rencontre de saison régulière de la National Football League (NFL). Si cet événement s’inscrit dans la volonté des ligues nord-américaines de globaliser leur marque, assiste-t-on pour autant à une américanisation de l’expérience du fan ?

Le 2 février, la NFL a annoncé que les Saints de la Nouvelle-Orléans disputeront un match au Stade de France. Cette ligue a déjà organisé plus de 60 matchs de saison régulière en dehors des États-Unis (Londres, Berlin, Munich, Francfort, Madrid, Dublin, São Paulo, Mexico City, Toronto). Ces rencontres officielles s’inscrivent dans le calendrier des International Series, qui visent à générer de nouveaux revenus commerciaux et à développer de nouvelles fanbases locales dans de grandes villes de par le monde.

La NFL estime que la France est son troisième marché européen avec 14 millions de fans potentiels, derrière l’Allemagne (20) et le Royaume-Uni (19), mais devant l’Espagne (9). La franchise de Louisiane, ancienne colonie française, dispose des droits marketing internationaux en France depuis 2023 dans le cadre du programme Global Market ; autrement dit, elle exerce une forme d’exclusivité en France pour y développer son image de marque. Ainsi, à l’été 2025, une partie de l’équipe s’est déplacée en France pour y renforcer sa présence. Un partenariat stratégique a notamment été conclu avec les Musketeers de Paris qui évoluent dans l’European League of Football.

Le match de l’automne prochain est organisé avec le concours de l’entreprise française d’événementiel GL Events (qui a décroché la concession de l’exploitation du Stade de France en juin 2025), avec le soutien du ministère des sports, de la Fédération française de football américain (FFFA) et de collectivités locales. Selon Brett Gosper, directeur Europe et Asie-Pacifique de la NFL :

« C’est un mini Super Bowl ! On l’appelle comme ça, sans trop en promettre. On essaie de faire le maximum pendant la semaine. Parfois, les équipes arrivent cinq jours avant, ça aide aussi. Les activités dans le centre-ville sont importantes, surtout pour le premier match. Et puis, pour le show de la mi-temps, espérons que ce sera un ou une grand·e artiste. »

En somme, ce n’est pas simplement une rencontre sportive qui sera exportée à Paris, mais une autre façon de voir et vivre un match.

La Fan Experience : un concept académique

La fan experience est l’adaptation au domaine du sport de la notion d’expérience client applicable à divers domaines comme l’hôtellerie ou encore la SNCF. Elle est capitale dans l’industrie du spectacle sportif. Ainsi, Roger Goodel, le grand patron de la NFL, avait-il dès 2017 écrit aux fans pour expliquer comment il songeait améliorer la Fan Experience. Mais la prise en compte de cette Fan Experience dépasse le cadre des États-Unis.

En France, en ce début d’année, l’association Sporsora, qui regroupe les grands acteurs français du sport business, a publié une étude dédiée à l’expérience spectateur. En 2023, le Pôle ressources national sport-innovations du ministère chargé des sports publie une notice intitulée « La “Fan Experience”, outil incontournable des stratégies de développement numérique des acteurs du sport ». Bref, la Fan Experience est partout ; mais elle est aussi un objet d’étude prisé des universitaires spécialistes de marketing du sport.

Ces derniers considèrent que le spectacle sportif n’est pas un bien de consommation comme les autres. Il tire sa singularité de son caractère intangible et imprévisible. En effet, le match est co-produit par des équipes, spectateurs et médias et se consomme et fur et à mesure de sa production. De fait, il génère un bénéfice client de tout autre nature qu’un produit classique. On y recherche excitation, socialisation et évasion sans vraiment savoir si on va assister à un beau match ou si l’équipe qu’on encourage va gagner.

Aussi attractif que soit ce caractère imprévisible, il constitue un défi pour l’organisateur, qui ne peut se contenter de faire reposer la satisfaction de sa clientèle sur un match à l’issue incertaine. Si le match demeure au cœur de l’expérience de consommation, il est nécessaire d’optimiser la qualité de services périphériques (accueil, animation, restauration…) et ainsi, même en cas de défaite, inciter les spectateurs à revenir. Autrement dit, la satisfaction des fans ne repose pas seulement sur la qualité du match ou son issue, mais plus certainement sur la qualité du service.

Dans une étude de 1994 consacrée à la stratégie marketing employée par les franchises NBA pour favoriser les affluences, les auteurs ont identifié 21 techniques. Selon eux, avoir une équipe victorieuse n’est pas forcément ce qui conditionne la venue au stade (même si ça aide !). D’autres chercheurs ont entrepris de différencier la part de la satisfaction des fans qui provient de la qualité du service et celle qui résulte du match. Leur étude, menée au Japon et aux États-Unis, établit un lien puissant entre l’ambiance du match et la satisfaction des fans, laquelle dépend également du personnel du stade et de la facilité d’accès aux services. Dans un article intitulé « Marketing expérientiel et analyse des logiques de consommation du spectacle sportif », les auteurs montrent comment la consommation de spectacles sportifs est façonnée par la recherche d’expériences vécues qui relèvent, les uns comme les autres, de variables individuelles (recherche de sensations, recherche d’esthétisme, besoin de stimulation, implication…) et des variables sociales (recherche d’interactions spectateur/joueur, spectateur/personnes proches…).

La littérature académique a donc conçu de nombreux modèles de l’expérience de consommation des fans. On considère que le produit « match », détaillé en services de qualité, va procurer une bonne expérience émotionnelle, générer de la satisfaction, de la loyauté et de la recommandation. Une étude identifie 11 items classés en trois principales catégories : qualité des interactions (agents de sécurité, buvette, joueurs) ; qualité de l’environnement (interactions sociales, sons et lumières, accessibilité, propreté, places, configuration du stade) ; et la qualité de l’issue du match (ambiance, qualité de la rencontre, divertissements). La fan experience, concept central du marketing du sport, désigne donc l’ensemble des interactions vécues par un spectateur avant, pendant et après un match. Bref, la satisfaction du fan ne repose pas seulement sur la victoire de son club préféré, mais aussi sur la qualité des services périphériques : accueil, restauration, animation, confort, expérience numérique (détaillée ici en 2023) etc.

La restauration, un élément fondamental de la Fan Experience.
B. Helleu, Fourni par l’auteur

Ce que Paris peut apprendre de Londres

Olivier Ginon, président du Groupe GL Events qui organisera le match au Stade de France, explique :

« Accueillir le premier match NFL à Paris au Stade de France reflète une ambition partagée et illustre notre capacité à rassembler différentes cultures sportives, à garantir une excellence opérationnelle et à positionner Paris et la France comme une destination de choix pour les plus grands événements sportifs mondiaux. »

Mais, à ce jour, la capitale européenne du sport US est Londres. Si Paris accueille depuis peu des rencontres de NBA (en 2020 puis chaque année depuis 2023), Londres dispose d’une solide expérience dans l’organisation de rencontres de NBA, NFL et MLB. S’appuyant sur la longue histoire de sa relation avec le Royaume-Uni, la NFL y a organisé une quarantaine de matchs depuis 2007 aux stades de Wembley, Twickenham et Tottenham, mobilisant de 60 000 à 86 600 spectateurs selon la capacité des enceintes.

Le stade de Tottenham a d’ailleurs été conçu par le cabinet d’architectes américain Popoulous, qui s’est inspiré de stades états-uniens en prévoyant une pelouse synthétique rétractable, ce qui a permis au club de signer un partenariat de dix avec la NFL pour accueillir deux matchs par an. Après avoir délocalisé des rencontres au Mexique, au Japon et en Australie, la ligue de baseball (MLB) a organisé des matchs de saison régulière en 2019 puis en 2023 et en 2024 au London Stadium, pour des affluences allant de 55 000 à 59 600 spectateurs par match. Dans le même temps, la MLB a renoncé à organiser des rencontres à Paris en 2025.

Match de baseball au Stade olympique dans le cadre des MLB London Series 2024.
B. Helleu, Fourni par l’auteur

Au-delà des rencontres, les ligues états-uniennes investissent la capitale britannique en mettant en place des animations à Trafalgar Square, Piccadilly ou encore Regent Street. L’objectif est double : séduire les fans européens et offrir aux Américains expatriés ou en voyage une expérience fidèle à celle des États-Unis.L’idée est de faire vivre aux fans une expérience authentique en concevant une rencontre telle qu’on pourrait la vivre aux États-Unis. Ce faisant, les organisateurs contentent tout à la fois des fans européens venus éprouver l’expérience d’un match comme aux États-Unis et les fans nord-américains qui ont fait le déplacement. Les premiers sont là pour voir un match NFL, les seconds pour encourager leur équipe dans des conditions similaires qu’à la maison.

Les organisateurs s’assurent d’ailleurs, lors d’enquêtes de satisfaction, que le public présent a apprécié les activités proposées (course des mascottes, hymnes nationaux, musique, effets pyrotechniques, spectacle de mi-temps…). La NFL connait un tel succès à Londres que Roger Goodel a évoqué la possibilité d’y organiser un jour un Super Bowl.

Une américanisation du spectacle ?

En octobre 2020 paraît dans le journal suisse Le Temps un article intitulé « La revanche du sport américain : comment “aller au stade” est devenu “partager la fan experience” ». On y lit_ :

« Si les Américains ne parviennent pas à mondialiser leurs sports, ils sont en train d’exporter leur vision du sport-spectacle, que l’on pourrait définir comme un acte de consommation, massive mais passive, du produit d’un secteur de l’industrie du divertissement. […] Depuis une dizaine d’années, la transformation du langage a mis des mots sur ce phénomène d’américanisation de la culture sportive “à l’européenne”. Aller au match est devenu “vivre la fan experience”. »

Trois ans plus tard, dans le média en ligne Konbini, une journaliste relate son expérience d’un match de NFL délocalisé à Londres. L’article est intitulé « J’ai passé le week-end aux États-Unis à essayer de comprendre quelque chose au foot US (mais j’étais à Londres) ». Il faut alors se demander si les modalités de consommation du spectacle sportif s’uniformisent sous l’effet d’une américanisation définie comme une forme particulière de globalisation culturelle dans laquelle les normes et valeurs issues des États-Unis s’imposeraient au niveau international, ou relèvent plutôt d’une forme de glocalisation, c’est-à-dire de l’adaptation de stratégies d’internationalisation aux contextes locaux.

La boutique du club de foot de Brentford propose des maillots aux couleurs du club selon une coupe NBA, MLB ou NHL.
B. Helleu, Fourni par l’auteur

Parler d’américanisation de la consommation de spectacle sportif en Europe paraît abusif. Toutes les bonnes pratiques identifiées dans des rencontres de sport US ne se diffusent pas dans les sports européens. Au-delà de raisons culturelles, logistiques (configuration des stades), il faut considérer que si les événements sportifs européens et américains relèvent du domaine du divertissement, ils sont des produits totalement différents.

Un match de Premier League (deux mi-temps) va durer en moyenne 114 minutes pour 51 % de temps de jeu effectif. Un match NFL (quatre quarts-temps) dure en moyenne 208 minutes pour 8 % de temps de jeu effectif. Un match de baseball (neuf manches) dure en moyenne 225 minutes pour 10 % de temps de jeu effectif. Aussi, les diverses animations habillant une rencontre de sport américain n’apparaissent pas transposables au football européen. Aussi, ce qui est perçu comme une américanisation du sport européen n’est pas tant l’adoption d’animations, musiques ou nourritures existant outre-Atlantique, mais plutôt la prise en compte systématique des variables de l’expérience fan avant, pendant et après le match.

The Conversation

Boris Helleu ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. La NFL débarque à Paris : signe avant-coureur d’une américanisation de la « fan experience » en France ? – https://theconversation.com/la-nfl-debarque-a-paris-signe-avant-coureur-dune-americanisation-de-la-fan-experience-en-france-275396

Blanchiment d’argent : l’illusion de la transparence des cryptomonnaies

Source: The Conversation – in French – By Jean-Marc Figuet, Professeur d’économie, ISG Lab, Université de Bordeaux

Une adresse publique sur la blockchain se crée en quelques secondes, sans pièce d’identité, avec une clé privée connue uniquement du propriétaire des cryptoactifs. Max Acronym/Shutterstock

Une affirmation revient souvent : les criminels du monde entier utilisent les cryptomonnaies pour blanchir l’argent, en toute impunité. En effet, s’il est facile de tracer les échanges financiers via les blockchains, impossible d’identifier les personnes sans la coopération des acteurs comme Binance, Tether ou les prestataires de paiements. Car sur la blockchain, on peut tout voir sans savoir qui agit.


La promesse des blockchains publiques, comme Bitcoin ou Ethereum, est aussi simple qu’audacieuse : chaque transaction y est enregistrée, horodatée et visible par tous. À première vue, c’est un avantage décisif pour les enquêteurs financiers. À première vue seulement, car cette transparence se révèle souvent trompeuse. Si le registre décentralisé est public, les identités derrière les adresses restent inaccessibles sans intermédiaire.

Publiée en novembre 2025, l’enquête internationale The Coin Laundry (ICIJ) montre comment ce « paradoxe crypto » alimente une économie criminelle mondialisée, et comment l’identification des personnes dépend, en pratique, du bon vouloir d’intermédiaires privés, comme les plateformes (Binance) ou les guichets de conversion crypto-to-cash desks. Ces guichets sont des opérateurs, tels que Huione Guarantee ou Tether Operations Limited, souvent localisés dans des paradis fiscaux. Ces derniers convertissent des cryptoactifs en monnaie fiduciaire – euros, dollars – ou en actifs tangibles – or, immobilier – sans vérification systématique d’identité.

On peut tout voir sans savoir qui agit. Car la blockchain affiche seulement des transferts de crypto, pas des identités. Cet écart entre la traçabilité technique et la responsabilité juridique permet aux réseaux criminels de prospérer ; la transparence des flux ne garantit ni l’identification des acteurs, ni l’effectivité des contrôles.

Alors, comment concrètement ces transactions fonctionnent-elles ?

Piège de la pseudonymie

Sur une blockchain publique, l’unité de base n’est pas l’individu, mais l’adresse publique, c’est-à-dire une suite de caractères. Par exemple, 1A1zP1eP5QGefi2DMPTfTL5SLmv**** sur la blockchain Bitcoin. Cette adresse publique se crée en quelques secondes, sans pièce d’identité, en quantité illimitée. Elle est associée à une clé privée, par exemple L5oLkpXH3Z55rVgQv8gQJQ5v9X8fLpW7tQeNqW3TbKbYsZ1P**** qui elle, n’est connue que du propriétaire des cryptoactifs.

Les réseaux criminels exploitent cette pseudonymie en multipliant les adresses, en fragmentant les montants et en automatisant les transferts via des « services » variés – mixing, swaps décentralisés ou bridges. Le plus connu est le mixing, utilisé pour brouiller les traces des transactions en crypto.

Le mixing, une technique utilisée pour brouiller les traces des transactions sur une blockchain, suit un process complexe :
  • 1. Le dépôt des fonds : un utilisateur envoie ses crypto à une adresse pool gérée par un service de mixing, comme Tornado Cash.
  • 2. Le mélange des fonds : le service mélange ces crypto avec celles d’autres utilisateurs.
  • 3. La redistribution des fonds : après un délai aléatoire, le service renvoie les fonds, mais provenant d’autres adresses, vers une nouvelle adresse désignée par l’utilisateur, ce qui rend impossible le suivi des fonds originaux.

Le mixeur Tornado Cash a permis le blanchiment de plusieurs milliards de dollars en 2022 et 2023, dont certains directement liés à des cyberattaques et des ransomwares. En 2022, le groupe Lazarus, lié à la Corée du Nord, a utilisé un mixeur pour blanchir 615 millions de dollars (plus de 520 millions d’euros) volés lors du piratage du jeu Axie Infinity. Les hackers ont subtilisé des Ethereum (ETH) et les ont envoyés à Tornado Cash qui a fragmenté puis redistribué ces ETH vers des centaines d’adresses différentes, rendant le suivi impossible. Les fonds ont ensuite été convertis en monnaie fiduciaire via des guichets asiatiques ou réinvestis dans des casinos en ligne.

Relier une adresse à une identité

Les cellules de renseignements publiques comme Tracfin en France, Europol dans l’Union européenne, ou privées telles que Chainanalysis utilisée par le FBI ou Interpol peuvent identifier des schémas de blanchiment sur la blockchain. Mais relier une adresse à une identité relève de la seule volonté de l’intermédiaire.

Un exemple rapporté par l’ICIJ illustre ce piège. Entre juillet 2024 et juillet 2025, des adresses associées au groupe cambodgien Huione ont transféré au moins 408 millions de dollars (345,8 millions d’euros) en stablecoins USDT vers des comptes clients sur Binance. Ces transactions se sont poursuivies malgré le classement d’Huione en tant qu’entité majeure de blanchiment d’argent, ou primary money laundering concern, dès le 1er mai 2025, par le Financial Crimes Enforcement Network, un département du Trésor américain.

La visibilité des transactions n’est pas en cause. Ce qui l’est, c’est la difficulté à convertir cette visibilité en attribution fiable et en action rapide, comme le gel, la saisie ou les poursuites.

Les intermédiaires, le talon d’Achille de la traçabilité

Tant que les fonds en cryptomonnaie restent dans la blockchain (« on-chain »), leur traçabilité est totale. En revanche, dès que les fonds sortent de la blockchain (« off-chain ») par une conversion en monnaie légale ou l’achat d’actifs financiers… tout dépend des intermédiaires (plateformes, prestataires de paiement…). Ces derniers jouent un rôle comparable à celui de douaniers. Eux seuls peuvent relier une adresse à une identité, condition indispensable pour déclencher une action judiciaire.




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L’enquête de l’ICIJ insiste sur une réalité moins technologique qu’institutionnelle. Même lorsque des signaux d’alerte existent, la réaction des intermédiaires peut être tardive, incomplète ou absente. Leur activité demeure structurée par un modèle économique fondé sur les volumes et les frais.

Binance, la principale plateforme, a généré plus de 17 milliards de dollars (14,4 milliards d’euros) de commissions sur les transactions en 2023. Cela crée une tension durable entre la croissance des flux, génératrice de revenus, et la traque des flux illicites. Comme le secret bancaire suisse dans les années 1990, les intermédiaires crypto aujourd’hui privilégient la rentabilité à court terme au détriment de la lutte contre la criminalité financière.

La différence ? Leur modèle est encore plus difficile à réguler, car il repose sur une technologie conçue pour contourner les contrôles.

Trois obstacles se cumulent.

Complexité technique

Les fonds peuvent changer de libellé, circuler via des services de swaps qui permettent d’échanger instantanément une cryptomonnaie contre une autre, franchir des ponts entre blockchains, ou emprunter des infrastructures décentralisées. Chaque étape n’efface pas la trace, mais multiplie les embranchements, donc les hypothèses, et accroît la difficulté probatoire.

Fragmentation juridique

Les plateformes, les prestataires et les serveurs sont dispersés géographiquement. L’entraide judiciaire internationale est lente. Et certaines juridictions sont peu coopératives, notamment dans les paradis fiscaux.

Asymétries économique et temporelle

Un criminel peut créer une nouvelle adresse en quelques clics alors qu’un enquêteur doit engager des procédures multiples dont l’issue est incertaine. L’ICIJ souligne l’émergence de crypto-to-cash desks qui permettent de convertir de grosses sommes de crypto en cash, avec des contrôles variables.

Un indicateur aide à saisir l’ampleur du phénomène. Pour 2024, l’Internet Crime Complaint Center du FBI estime à 9,3 milliards de dollars (7,8 milliards d’euros) les pertes déclarées par des victimes de crimes liés aux cryptomonnaies. Au-delà du chiffre, cela dit la vitesse d’adaptation des fraudeurs et la pression sur les capacités d’enquête.

La régulation européenne en progrès

L’Union européenne a créé deux instruments majeurs pour renforcent la traçabilité aux points d’entrée et de sortie du système régulé.

Le règlement européen Markets in Crypto-Assets, dit MiCA encadre les prestataires de services sur crypto-actifs via un régime d’autorisation depuis le 30 décembre 2024. Il crée de fait des exigences de gouvernance et des obligations de conformité.




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La règle du « voyage des fonds » (règlement UE 2023/1113) impose, depuis le 30 décembre 2024, que certaines informations accompagnent les transferts afin de réduire l’opacité des flux dans les circuits régulés.

Leurs limites sont intrinsèques. Ils ne couvrent ni les échanges de pair à pair qui se réalisent sans intermédiaire (via des groupes Telegram), ni les plateformes offshore, localisées dans des paradis fiscaux, ni les portefeuilles auto-hébergés (MetaMask, Ledger…) où l’utilisateur contrôle seul ses clés.

En clair, la réglementation sécurise le pont sans combler les fossés.

La transparence ne suffit pas

Affirmer que « la blockchain est transparente » est un leurre. Cette transparence ne porte que sur les mouvements de fonds, jamais sur les acteurs et sur leur identité. La lutte contre le blanchiment se joue aux marges du système, c’est-à-dire dans la rigueur des contrôles Know Your Customer, la réactivité des plateformes, et la coopération internationale.

Trois priorités semblent aujourd’hui s’imposer :

  • harmoniser les règles pour éviter l’arbitrage entre des juridictions permissives et d’autres, strictes ;

  • doter les enquêteurs de moyens techniques et juridiques adaptés ;

  • sanctionner réellement les intermédiaires défaillants, afin de transformer la transparence en responsabilité.

Au vu de l’expérience de la coopération internationale pour lutter contre les paradis fiscaux, on peut supposer que le chemin sera, sans nul doute, périlleux pour atteindre ces priorités. Sans elles, la blockchain restera un registre ouvert où les criminels savent tourner les pages sans y laisser leur nom.

The Conversation

Jean-Marc Figuet ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Blanchiment d’argent : l’illusion de la transparence des cryptomonnaies – https://theconversation.com/blanchiment-dargent-lillusion-de-la-transparence-des-cryptomonnaies-273051

Cuando ir a trabajar produce terror: violencia e impunidad hacia los temporeros en el campo de Huelva

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Castillo Rojas-Marcos, Investigador en Estudios Migratorios y Sociología, Universidad Pontificia Comillas

Diegyms/Shutterstock

Algunas de las transformaciones sociales más profundas de los últimos tiempos, incluyendo los cambios en las relaciones entre hombres y mujeres o la menor estigmatización de grupos históricamente marginados, comenzaron con una toma de conciencia colectiva sobre violencias que, hasta ese momento, la mayoría no veíamos.

A veces se trata de comportamientos cotidianos, cuyo efecto violento sobre quien los recibe no reconocíamos. En otras ocasiones, hablamos de violencias que simplemente desconocíamos o no éramos conscientes de su frecuencia y envergadura. En todos los casos, la llave que abre la primera puerta hacia una revisión profunda de las prácticas sociales es denunciar y visibilizar lo que ocurre. Lograr, al menos, que nadie pueda volver a afirmar de forma creíble que no sabía lo que pasaba.

Un ámbito atravesado por fuertes violencias invisibles al debate público son las relaciones laborales. Sobre todo en empleos de clase trabajadora (de baja remuneración y estatus simbólico, que muy a la ligera solemos llamar “no cualificados”), el día a día a veces incluye verdaderos relatos de terror, incluyendo acoso, violaciones flagrantes de los derechos laborales o persecución de la actividad sindical, todo ello a manos de las empresas.

Una muestra abundante, variada y difícilmente contestable de todo ello puede consultarse, por ejemplo, en Abusos Patronales, un repositorio de testimonios acumulados durante años por un grupo de investigadores de la UPO y otras universidades.

Se ha estudiado también desde las ciencias sociales la incidencia y gravedad del trato abusivo y violento hacia las trabajadoras domésticas, en trabajos como estos.

Un hallazgo casi casual

En una investigación reciente con temporeros migrantes del sector de la fresa de Huelva, los hallazgos han sido verdaderamente preocupantes. Lo cierto es que (a pesar de cierta notoriedad pública y mediática de los abusos en este contexto) obtuvimos un resultado emergente que no esperábamos en una investigación sobre determinantes sociales de la salud.

Aunque nuestro guión de entrevista original ni siquiera incluía preguntas al respecto, uno de los temas que más mencionaban los trabajadores era el trato abusivo recibido en muchas empresas. Los resultados completos del estudio pueden consultarse en este informe; aquí simplemente revisaré algunos hallazgos relacionados con esa violencia empresarial cotidiana.

Una parte enorme de los trabajadores contaban cómo el modus operandi de muchos manijeros (los capataces que supervisan cuadrillas de decenas de temporeros) consiste en gritar, insultar y atosigar a los trabajadores, dándoles un trato humillante, a veces dirigido señalar a quien va algo más lento en el trabajo.

Gritos e insultos a diario

Resulta ilustrativo el hecho de que varias trabajadoras marroquíes que no hablaban prácticamente una palabra de español, habían aprendido sin embargo perfectamente a pronunciar insultos a fuerza de escucharlos a diario.

Me gustaría que quien lea esto se tome un momento para intentar visualizar la experiencia que describo. Lleva una, dos, tres, seis horas… con la espalda arqueada en todo momento para recoger unas fresas que crecen a ras de suelo, dolorido por lo forzado de la postura, bajo el sol de justicia de la primavera andaluza y el bochorno pegajoso del invernadero. Y, por si no fuera ya suficientemente duro en lo físico, tiene en todo momento al lado a alguien que le atosiga, le grita y le insulta y humilla delante de los compañeros.

En muchos testimonios esto último es, en realidad, lo verdaderamente difícil de sobrellevar. Más que la dureza del trabajo, su inestabilidad, los salarios o las viviendas hacinadas, la gota que acaba colmando el vaso de la rabia o la angustia es el trato recibido.

Esto no significa que todas las empresa se comporten de esta forma. Pero para quienes lo hacen el clima de impunidad es total: aislamiento espacial en fincas remotas, miedo de los trabajadores a perder la única fuente de ingresos a la que tienen acceso, escasa supervisión institucional…

Por otra parte, esta violencia verbal es la más habitual, pero no la única ni la más grave. El mismo clima de impunidad que habilita a insultar permite también ir mucho más allá. Hemos encontrado, entre otras cosas, trabajadoras a quienes les secuestran el pasaporte como medida de control; a quienes el jefe, en plena discusión, empuja a un charco de barro o da una bofetada u otras a quienes el manijero presiona en el costado con un palo de madera cuando son las más lentas de la cuadrilla.

La mayoría de estos casos más extremos se dan contra mujeres trabajadoras, marroquíes y sin permiso de residencia permanente: a más vulnerabilidades, más agresores impunes. Respecto a las violencias sexuales, ninguna entrevistada nos relató experiencias en primera persona (punto ciego, quizá, provocado por haber sido hombres quienes hacíamos las entrevistas), pero muchas afirman saber que ocurren y que hasta son frecuentes en las fincas.

No son casos aislados

A veces, algún caso de abusos en esta línea o más graves, en Huelva o en enclaves agroindustriales similares, logra saltar del silencio y aislamiento de las fincas al debate público, aunque sea momentáneamente, y va quedando cierto poso de conciencia sobre las malas condiciones de vida y de trabajo. Pero siempre se nos presentan como casos aislados, acciones puntuales de algún individuo monstruoso.

Nunca vemos (o elegimos no ver, o se esfuerzan para que no veamos) que lo que hace posible esas agresiones es una estructura productiva, a su vez apoyada en una estratificación social racial, de la que todas las empresas del sector, también las que no agreden de esa manera, se están beneficiando.

Es la desigualdad abismal de poder en las relaciones laborales, diseñada por las empresas y la administración para maximizar la rentabilidad del sector, la que produce un clima de impunidad que abre la puerta al horror.

The Conversation

Juan Castillo Rojas-Marcos recibe fondos del proyecto europeo de investigación ‘SafeHabitus: Strengthening Farm Health and Safety Knowledge Innovation Systems (GA 101084270)’, financiado a su vez a través de la convocatoria Horizon Europe de la Comisión Europea.

ref. Cuando ir a trabajar produce terror: violencia e impunidad hacia los temporeros en el campo de Huelva – https://theconversation.com/cuando-ir-a-trabajar-produce-terror-violencia-e-impunidad-hacia-los-temporeros-en-el-campo-de-huelva-273547

Qué es la diabetes tipo 5, la nueva variante vinculada a la desnutrición y la pobreza

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gonzalo Martín Pérez Arana, Profesor Titular de Anatomía y Embriología Humanas, Universidad de Cádiz

PeopleImages.com /Shutterstock

La diabetes mellitus es una enfermedad que provoca unos niveles de azúcar en sangre elevados. Hoy día la variante más común es la diabetes tipo 2, muy asociada al estilo de vida de los países desarrollados. Sin embargo, es menos conocido que la desnutrición también puede causar esta patología. Recientemente se ha reconocido una nueva variante relacionada con una dieta pobre: la diabetes tipo 5.

Quizá conozca a alguien con diabetes tipo 2. Esta variante está asociada al sedentarismo, la dieta rica en carbohidratos y grasas y, en definitiva, a la obesidad. Todas estas condiciones favorecen el agotamiento del páncreas, que pierde su capacidad de producir insulina, la hormona necesaria para mantener unos adecuados niveles de glucosa en sangre.

Por su relación con la obesidad, la diabetes tipo 2 se ha convertido en un quebradero de cabeza para las instituciones sanitarias occidentales. Según las previsiones, en el año 2050 se esperan 140 millones de diabéticos tipo 2 en Europa y Estados Unidos. El costo sociosanitario de estos pacientes se estima en 8 600 millones de euros anuales solo en España. Es algo difícil de sostener incluso para el más robusto sistema nacional de salud.

La diabetes tipo 5

Paradójicamente, hace unos meses los expertos han reconocido oficialmente una nueva variante de la diabetes. Se trata de la diabetes tipo 5 –los tipos 3 y 4 se usan más en un contexto académico, por lo que no los explicaremos en este artículo–.

La diabetes tipo 5 se define como aquella forma de diabetes debida a un déficit de producción de insulina en el páncreas, pero asociado a la desnutrición prolongada en niños y adolescentes. No se trata de algo recién descubierto: los expertos no han hecho sino nombrar una enfermedad que ya se trataba en los países en vías de desarrollo de la mejor manera posible desde hace años. La cifra de afectados, aunque se estima elevada, se desconoce oficialmente.

Resulta irónico que dos situaciones antagónicas (la dieta hipercalórica frente a la dieta pobre y la desnutrición) puedan conducir, por caminos distintos, a un fenómeno común. Tanto en países ricos –tipo 2– como en los que se encuentran en vías de desarrollo –tipo 5– el problema subyacente es la pérdida de producción de insulina en los pacientes.

¿Qué podemos hacer?

Conocida desde la Antigüedad, desde entonces los tratamientos han sido muchos y variados. Ya en época romana el médico y enciclopedista Aulo Cornelio Celso prescribía dieta y ejercicio. Más adelante, desde la segunda mitad del siglo XX, se recurrió a los antidiabéticos orales y a la insulina exógena.

Hoy existe un punto en común que lleva al incremento de ambos tipos de diabetes, tanto la de tipo 2 como la de tipo 5. Nos referimos a los bajos ingresos en la población.

En los países pobres, estos limitan el acceso a cualquier tipo de alimento y condenan a la malnutrición crónica a niños y adolescentes, lo que favorece los casos de diabetes tipo 5. En los países desarrollados, un estrato cada vez mayor de la población tiene dificultades para acceder a los alimentos frescos y de calidad. Como resultado, basan su dieta en productos ultraprocesados y ricos en azúcares, mucho más baratos. Esto, unido al estilo de vida sedentario, favorece un incremento en la prevalencia de la obesidad, acompañada de una de sus mayores complicaciones: la diabetes tipo 2.

Para enfrentarnos a esto, un primer paso debe ser el tratamiento de los pacientes de ambas formas de diabetes. Este resulta, en muchos casos, parecido: implica apoyo nutricional y uso de fármacos antidiabéticos orales.

Pero lo que parece sencillo en Occidente supone una dificultad en los países subdesarrollados. Por un lado, por la imposibilidad económica para adquirir los fármacos y su disponibilidad en cantidades suficientes. Por otro, por la limitada capacidad de distribución y mantenimiento, ya que algunos requieren conservación en frío.

Aun así, se están implementando programas desde organismos internacionales como el Pacto Mundial contra la Diabetes de la OMS y las campañas de la World Diabetes Foundation – WDF para facilitar ese acceso.

Facilitar el acceso a una alimentación sana

Más allá de esto, hace también falta una estrategia común para frenar la expansión de las dos variantes de la diabetes. Esta pasa por facilitar el acceso a una alimentación sana y de calidad en ambos casos. En los países occidentales, podría concretarse con medidas encaminadas a la disminución del precio de productos frescos y sanos. Por ejemplo, mediante reducciones de impuestos o bonificaciones en su compra para las rentas más bajas. Todo ello junto a políticas de concienciación y educación dietética y nutricional para el público.

En los países más pobres resulta más complicado. Estas son algunas medidas que pueden ayudar a paliar la lacra de la diabetes tipo 5:

  • El apoyo a los pequeños productores locales.

  • La implementación de proyectos de innovación agrícola y ganadera.

  • Medidas directas de ayuda y protección social a colectivos vulnerables como niños y adolescentes.

De esta forma se podría facilitar el acceso a una dieta idónea a la población. Como resultado, se reducirían los casos de malnutrición y de diabetes tipo 5. Desde luego, todo ello implicará un arduo trabajo para años venideros.

La diabetes no hace sino recordarnos que dos realidades tan alejadas como la del primer y el tercer mundo a veces sufren problemas que, aunque pueden presentar distinto rostro, comparten raíces comunes.

The Conversation

Gonzalo Martín Pérez Arana no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Qué es la diabetes tipo 5, la nueva variante vinculada a la desnutrición y la pobreza – https://theconversation.com/que-es-la-diabetes-tipo-5-la-nueva-variante-vinculada-a-la-desnutricion-y-la-pobreza-271171