Los efectos del cannabis medicinal en los pacientes con diabetes: ¿qué se sabe y qué no?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Manuel Guzmán Flores, Investigador sobre procesos moleculares y celulares de las enfermedades cronico-degenerativas., Universidad de Guadalajara

OMfotovideocontent/Shutterstock

Cada vez se escucha hablar más del cannabis medicinal como una posible ayuda para las personas con diabetes. Las redes sociales y la publicidad lo suelen presentar como una solución natural y sin riesgos. Pero ¿qué dice realmente la ciencia?

Hasta la fecha, no existe evidencia científica de que el cannabis controle la diabetes. Puede ayudar a aliviar dolor y mejorar un poco el sueño en algunas personas, pero también tiene efectos secundarios. En caso de decidir usarlo, se recomienda que sea junto con el medicamento recetado por un profesional y con vigilancia médica.

Si bien en algunos países como Uruguay o Italia, el uso medicinal del cannabis está regulado desde hace años, otros apenas empiezan a hacerlo. Uno de ellos es España, donde apenas hace unas semanas se aprobó un Real Decreto todavía pendiente de implementarse y que únicamente podrá ser prescrito por médicos especialistas en el ámbito hospitalario.

En México, donde desde el 2021 es legal consumir cannabis con fines medicinales, sólo puede emplearse mediante medicamentos con registro sanitario y prescripción, pero no existe una autorización general para tratar la diabetes ni para que los pacientes la consuman con receta de forma rutinaria por esa indicación. Por otro lado, los productos que hay en el mercado mexicano se comercializan como suplementos y en este caso la legislación no es tan estricta.

Qué se sabe del cannabis

Consumir cannabis no afecta siempre igual. El THC es la sustancia que produce el efecto psicoactivo, mientras que el cannabidiol, conocido como CBD, no cuenta con esa cualidad y suele tener un perfil de seguridad distinto. Es decir, cada una de las dos sustancias tiene propiedades distintas y, por lo tanto, riesgos diferentes.

Por otro lado, los productos elaborados de cannabis varían en cantidad, pureza y forma de uso (gotas, cápsulas o vaporizado). Por eso, comparar resultados entre personas o estudios científicos resulta tan difícil.

En cuanto a sus efectos en las personas con diabetes, esto es lo que se sabe:

1) No controla la glucosa. No existe un medicamento de cannabis aprobado para “bajar el azúcar”. Hay que desconfiar de tales promesas.

2) En personas con dolor neuropático, un síntoma típico en personas que llevan varios años padeciendo diabetes, el cannabis o algunos aceites pueden disminuir el dolor. Sin embargo, los estudios realizados son pequeños, es decir, cuentan con un número limitado de participantes. Y si bien han demostrado mejoría en algunos casos, no funciona para todos ni reemplaza a otros tratamientos.

3) Su efecto en el sueño. Aunque algunas personas duermen mejor tras su consumo, sobre todo si el dolor mejora, el efecto en promedio se considera modesto.

4) El uso recreativo de cannabis en personas con diabetes 1 se ha relacionado con más episodios de cetoacidosis, un problema de salud originado cuando las cetonas, sustancias fabricadas por el cuerpo cuando descompone grasas para obtener energía, se producen rápidamente y se acumulan en la sangre y en la orina, acidificando ambos fluidos.




Leer más:
Todo lo que debemos saber sobre el cannabidiol


Lo que todavía se desconoce

Aún existen muchas preguntas relacionadas con los efectos del cannabis sin respuesta. Por ejemplo, no se sabe qué producto, a qué dosis y por cuánto tiempo son los adecuados para tratar algunos de los síntomas de la diabetes.

Los aceites, cápsulas y vaporizadores disponibles poseen mezclas de cantidades distintas de THC, CBD y otros compuestos y, a día de hoy, no contamos con una dosis estándar para personas que presentan la enfermedad. Por lo que comparar resultados es complicado.

Otro aspecto clave es que no se ha descrito a quién benefician y quién no. Puede que ciertos grupos respondan mejor, pero no tenemos marcadores confiables que nos digan a que tipo de perfiles le conviene su consumo o, por el contrario, podría hacerle daño.

Los efectos del cannabis a largo plazo tampoco están claros. ¿Qué consecuencias puede tener en el hígado, el ánimo, la memoria, el corazón o el apetito su uso durante meses o años?

Y tampoco está bien establecido en qué cantidades estas combinaciones son seguras ni cómo se puede ajustar la dosis, así que se requiere de vigilancia médica.

Además, falta información sobre sus resultados en grupos como adolescentes, embarazadas y adultos mayores.

Lo que sí se sabe es que el CBD y el THC pueden cambiar la farmacodinámica de algunos medicamentos comunes, es decir, sus efectos bioquímicos y fisiológicos en nuestro cuerpo.

Existe, adicionalmente, un gran problema con la calidad de los productos disponibles. Muchos de ellos, por ejemplo, no están elaborados de los compuestos que dicen que lleva su etiqueta y, a veces, sus fórmulas incluyen contaminantes. Para que los pacientes sepan qué están exactamente consumiendo se necesita una mejor regulación y análisis de laboratorio obligatorios.

¿Cómo podría actuar en el cuerpo?

Nuestro organismo cuenta con un sistema natural llamado endocannabinoide, el cual funciona como si las sustancias del cannabis se comportaran como “llaves” que se unen a “cerraduras” en el cuerpo, los receptores.

Este mecanismo modula la intensidad del dolor, disminuyéndolo, y regula tanto el apetito como la inflamación. El problema de interferir en este engranaje es que también puede causar efectos no deseados, como ansiedad, somnolencia, hambre o cambios de ánimo. Por esta razón, encontrar la dosis y mezcla correctas resulta un cometido difícil.

¿Qué aporta la farmacología de redes al conocimiento sobre el cannabis?

Este enfoque surge como una forma moderna de investigar. En lugar de ver una diana a la vez, se observan redes de genes y proteínas que sufren cambios en las personas con diabetes. Gracias a esta técnica, probamos en computadora qué moléculas del cannabis podrían encajar en varias dianas a la vez y tener menos efectos en el organismo.

Esto no es una prueba en humanos. Pero sirve para priorizar qué vale la pena estudiar en el laboratorio y, después, en ensayos clínicos. Así evitamos prometer “curas” sin evidencia.




Leer más:
Nos hemos liado con el cannabis


Consejos prácticos

  1. Nunca se deben reemplazar medicamentos como metformina o la insulina, dieta o ejercicio por cannabis. Es importante, además, informar al médico sobre las posibles interacciones del producto a base de cannabis con los fármacos recetados. Para pacientes con diabetes 1, se recomienda evitar el uso recreativo de esta droga. En caso de hacerlo es importante tener un control sobre los niveles de cetonas en orina y sangre, hidratarse bien y no olvidar tomar la insulina.

  2. Hay que verificar siempre la calidad del producto. Para eso es importante solicitar un certificado de análisis con el contenido real de CBD/THC y la ausencia de contaminantes o, al menos, revisar la etiqueta.

  3. En caso de decidir consumir cannabis, empezar a hacerlo de forma paulatina, llevando un registro de cómo afecta al sueño, el dolor y a las lecturas de glucosa. Si aparecen síntomas como mareo fuerte, vómito, palpitaciones, confusión o subidas y bajadas repentinas de azúcar, se debe cesar su uso de forma inmediata.

  4. Hay que desconfiar de los engaños de marketing: si alguien promete “curar” o “bajar el azúcar rápido”, es señal de alarma.

  5. Evitar fumar para no dañar los pulmones por el humo. Si se usa con fines médicos, es mejor elegir formas orales o sublinguales (gotas o cápsulas).

  6. No conducir tras consumirlo para evitar acarrear accidentes viales.




Leer más:
Certezas e incertidumbres sobre la legalización del cannabis


Qué falta por investigar y por regular

Si bien se han realizado distintos estudios sobre el consumo y efectos del cannabis, todavía se requieren ensayos grandes, llevados a cabo con cientos de personas, que integren productos estandarizados y un seguimiento de 6 a 12 meses como mínimo.

Se debe, además, medir lo que importa: el dolor, sueño, niveles de hemoglobina glicosilada (análisis de glucosa en la sangre), peso, calidad de vida y seguridad.

Por otro lado, tenemos que conocer bien como nos beneficia, buscando biomarcadores para personalizar el uso del cannabis. Y, además, crear certificados claros de calidad, a través de un etiquetado honesto y controles estrictos de contaminantes.

Como apunta la evidencia, el cannabis no controla la diabetes. Puede ayudar un poco a disminuir el dolor y a mejorar el sueño en algunas personas. Pero acarrea sus riesgos, especialmente en pacientes con diabetes 1.

Si alguien decide probarlo, que sea junto al tratamiento, con acompañamiento médico y eligiendo productos confiables. La ciencia avanza en cuanto al conocimiento de los efectos de cannabis, pero todavía hay más preguntas que la rondan que respuestas.

The Conversation

Juan Manuel Guzmán Flores no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los efectos del cannabis medicinal en los pacientes con diabetes: ¿qué se sabe y qué no? – https://theconversation.com/los-efectos-del-cannabis-medicinal-en-los-pacientes-con-diabetes-que-se-sabe-y-que-no-264460

Sí que existen los vampiros

Source: The Conversation – (in Spanish) – By A. Victoria de Andrés Fernández, Profesora Titular en el Departamento de Biología Animal, Universidad de Málaga

Ejemplar de vampiro común (_Desmodus rotundus_), una especie de murciélago que se alimenta de sangre. Mendesbio/Shutterstock

Pocos mitos hay tan redondos como el del Conde Drácula. Es una creación literaria perfecta, tanto que ha trascendido la intención de Bram Stoker para hacerse eterno en la vida real. Porque aunque Drácula se ha ido metamorfoseando con los tiempos, adaptándose a estéticas y modas variadas, siempre ha mantenido su misterioso y ambiguo atractivo.

Empezó en el contexto más puro del romanticismo, inspirándose en ese tenebroso príncipe de Valaquia que pasó a la historia como Vlad III, el Empalador. Más tarde, y tras saltar de las páginas de los libros para hacerse pieza clave del terror clásico, terminó haciendo extrañas incursiones en escenografías tan insospechadas como la erótica o la cómica. Actualmente (y por desgracia), ha perdido una gran parte de su original glamour para pasar a ser uno más de los “cutredisfraces” del Halloween de bazar barato que nos invade.

Esperando que vuelva algún día a recuperar su dignidad aristocrática, me centro en lo que lo hace un personaje único: su hematofagia.

¿Qué significado biológico tiene ser hematófago?

Alimentarse es caro, biológicamente hablando. Hay que buscar el alimento, ingerirlo y trocearlo en la boca, digerirlo con los enzimas digestivos y absorber los principios inmediatos con el intestino. Estos pasan a la sangre, que los distribuye a todas y cada una de las células de nuestro cuerpo.

Lo mismo ocurre con la respiración. El oxígeno entra por la vías respiratorias y, al llegar a los capilarizados alveolos pulmonares, difunde hacia la sangre. La hemoglobina lo capta y, en el interior de los glóbulos rojos, lo reparte por todo el cuerpo.

Nutrientes y oxígeno. Los dos requisitos para mantener el metabolismo celular y, con ello, la vida. La sangre es vida y mantenerla es caro.

Pensemos una alternativa: alimentarnos a costa de la sangre de otro. Nos ahorraríamos gran parte del trabajo. La hematofagia, desde una óptica energética, es muy rentable biológicamente. Como la naturaleza no entiende de justicia ni de moral, ha seleccionado esta manera tan “poco ética” de vivir en grupos animales muy diferentes.

Vampiros de toda índole

La hematofagia constituye un caso típico de convergencia evolutiva, esto es, llegar a Roma (la suculenta sangre del vertebrado) por diferentes caminos (líneas evolutivas muy distintas y distantes).

Quizás el caso más conocido de todos sea el de los mosquitos. Su eficacia alimenticia depende de su sorprendente aparato bucal, una versión biológica de una auténtica aguja hipodérmica conectada a una bomba de aspiración. Detectan el vaso sanguíneo quimiotáctica y térmicamente, pinchan con precisión mejor que la cualquier enfermero y… ¡a tragar!

Las chinches (hemípteras y homópteras) y las pulgas (sifonápteros) presentan un pico chupador análogo, pero con diferentes piezas bucales. Aunque quizás, y siguiendo con los insectos, la lucha más desesperante es la que mantenemos contra los piojos. No solo se limitan a alimentarse a nuestra costa, sino que se se quedan a vivir y a reproducirse en nuestras cabezas.

Una pulga succionando sangre en una piel humana.
Tomasz Klejdysz/Shutterstock

Las sofisticadas sanguijuelas

No obstante, el invertebrado más sofisticado en este aspecto son las sanguijuelas. Aseguran que no se le escape su presa pegándose a ella mediante potentes ventosas. En el centro de una de ellas se abre la boca, de potentes mandíbulas que cortan la piel y producen una herida que sangra a borbotones.

La razón estriba en su compleja y plural saliva, que contiene un anestésico insensibilizador de la zona sangrante que hace que la víctima ni se percate de lo que le está ocurriendo. También incluye en su composición un vasodilatador que procura el sangrado a borbotones. Termina esta sofisticada formulación química con hirudina, un potente inhibidor de la coagulación. Por todo ello, y en los tiempos en los que se creía que muchas enfermedades las causaba la “mala sangre”, las sanguijuelas se utilizaban en escenas de sangrías a enfermos más propias de una película de terror que de una técnica científica.

Ejemplar de sanguijuela.
Juta/Shutterestock

Actualmente ya no se utilizan estas drásticas terapias, aunque sí que se aprovechan las propiedades de la hirudina en el ensayo de nuevos fármacos para el tratamiento de pacientes con síndrome coronario agudo, trombosis venosa profunda o la embolia pulmonar donde los riesgos de trombosis son muy elevados.

Aunque la adaptación evolutiva de la hematofagia de quienes nos chupan la sangre “desde fuera” no está mal, es mejor hacerlo desde dentro. Nematodos (como Ancylostoma duodenale y _Necator americanus)_ o trematodos (como Schistosoma mansoni, S. haematobium o S. japonicum) son unos espantosos gusanos que pueden parasitarnos desde el interior de nuestros intestinos o nuestros vasos sanguíneos. No los rechazamos porque su adaptación parasitaria es tal que son capaces de producir moléculas inmunosupresoras para poder alimentarse de nuestra sangre sin ser eliminados por el sistema inmune. Horrible para nosotros, fascinante para la biología.

Vampiros de leyenda

Pero de todos los “chupasangre”, los más noveleros son los que encarnan la universal leyenda de los vampiros. Quizás sea debido a que estos quirópteros (mamíferos alados), tres especies de murciélago pertenecientes a la subfamilia Desmodontinae, funcionan de una manera bastante bruta y cruenta. Con sus afilados incisivos (no caninos, como los de su alter ego el Conde Drácula) cortan la piel y la musculatura subyacente de su víctima para que la herida produzca sangre.

Para que el delicioso “maná” no deje de brotar, también utilizan su anticoagulante saliva, pero la aplican de una manera mucho más espeluznante. Con el fin de evitar la formación del tapón plaquetario (que los dejaría sin postre), los vampiros, cada ratito, dejan de succionar y lamen la herida. Desde nuestro antropomórfico punto de vista, este hecho nos produce, cuanto menos, escalofríos.

La fuerza potencial del gesto lo supo ver muy bien Francis Ford Coppola. En su película Drácula (1992), un espléndidamente caracterizado Gary Oldman lame el borde de la sangrienta navaja en una escena de terror con una estética difícil de olvidar.

Más que chupasangres

Está clara la acción desvitalizante que nos producen todos estos organismos, pero es que hay mucho más. Mosquitos, pulgas o chinches pican a unos y saltan a otros, lo que trasforman a sus “agujas biológicas” en vehículos de transmisión de enfermedades bacterianas, víricas y protozoáricas. La malaria, por poner un ejemplo de una de las primeras causas de muerte de la humanidad, es causada por un protozoo transmitido a través de picaduras de mosquitos del género Anopheles.

Y después están los vampiros de dos patas, esos que te chupan la ilusión, la confianza y la filantropía. Pero esos se escapan del campo de la biología.

The Conversation

A. Victoria de Andrés Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Sí que existen los vampiros – https://theconversation.com/si-que-existen-los-vampiros-268501

Morir no es igual en todas partes: cómo las culturas viven el duelo y reescriben el sentido de la pérdida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Belén Jiménez Alonso, Profesora e investigadora en el departamento de Psicología (UOC), especialista en duelo, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Celebración del Día de los Muertos en Tzintzuntzan (Michoacán, México). Claudio Briones/Shutterstock

La pérdida no solo hiere: desordena el mundo. Después de una muerte, no desaparece solo una persona, sino el entramado de gestos y significados que sostenían la vida. El duelo es ese proceso que intenta recomponer el sentido.

Desde hace décadas, la psicología cultural ha mostrado que el duelo no es “superar”, sino reconstruir. En lugar de cerrar el vínculo, muchas culturas buscan seguir conversando con los muertos, mantenerlos presentes en los relatos y los objetos. Las mediaciones culturales –una tumba, una foto, un canto, un perfil digital– son los puentes que permiten seguir en relación con lo ausente, rehaciendo la historia desde la fractura.

Las muchas formas de acompañar a los muertos

El mundo está lleno de lenguajes para el duelo. En Madagascar, las familias celebran el famadihana o “vuelta de los huesos”, un reencuentro festivo en el que se desenvuelven los cuerpos de los ancestros, se les cambia la mortaja y se baila con ellos.

Celebración de la famadihana en Antsirabe (Madagascar).
Vladislav Belchenko/Shutterstock

En Japón, muchas familias conservan en casa un butsudan, un pequeño altar budista con las tablillas de los antepasados –los llamados ihai se colocan en el altar con el nombre y la fecha de la muerte del difunto–. Allí se ofrecen flores o incienso como forma de mantener viva su presencia.

Un butsudan en Goshogawara (Japón).
Wikimedia Commons, CC BY

En Ghana, los funerales pueden durar días y reunir a cientos de personas; los ataúdes se tallan con formas simbólicas –un pez, una herramienta– que representan la historia o el oficio de quien ha muerto.

En México, el Día de Muertos celebra el regreso simbólico de los difuntos al mundo de los vivos. En casas y cementerios se levantan altares con flores, pan, velas y objetos personales, mientras las familias se reúnen entre música, comida y calaveras literarias que, con humor, conversan con la muerte.

En los Andes, entre comunidades quechuas y aymaras, la muerte se entiende como regreso al territorio. Los cuerpos se confían a la tierra o al agua que los vio nacer, porque el vínculo entre persona y paisaje se transforma. Las cosmologías, silenciadas por la colonización, recuerdan que morir también puede ser volver a la trama que nos sostiene.

Estas prácticas muestran algo esencial: no existe una sola manera de llorar. Cada cultura ha inventado herramientas para transformar la ausencia en relación y la memoria en cuidado.

Europa y la pérdida del lenguaje del duelo

En gran parte de Europa, el duelo se ha vuelto más íntimo y menos visible. La muerte suele tener lugar en instituciones, lejos de los espacios domésticos, y muchos de los rituales que antes acompañaban la pérdida se han ido diluyendo.

La discreción ha sustituido en gran medida a las formas colectivas de despedida.
En España, como en otros países europeos, aún cuesta hablar del duelo y la muerte sin incomodidad. Iniciativas como el Festival Vida al final de la vida invitan a la ciudadanía a participar en actividades artísticas y conversaciones abiertas sobre ello.

Pensar el duelo desde una mirada decolonial implica también reconocer que no todas las muertes pesan lo mismo, ni todas las culturas han tenido el mismo derecho a elaborarlas.

Las historias coloniales de desplazamiento, racismo o violencia estructural han generado duelos sin reconocimiento: migraciones forzadas, desaparecidos, pueblos enteros privados de sus ritos.

La modernidad colonial no solo administró cuerpos, sino también muertes: decidió cuáles eran dignas de luto y cuáles podían ser olvidadas. Frente a ello, muchas comunidades han hecho del duelo una forma de resistencia.

Las madres de los desaparecidos que marchan con las fotos de sus hijos o los altares improvisados en las fronteras encarnan una práctica afectiva que no busca cerrar la herida, sino sostenerla en común para reconocer la violencia que la produjo y recuperar la capacidad de cuidar más allá del marco colonial.

Mediaciones nuevas, memorias viejas

En el siglo XXI, el duelo también se ha desplazado a los espacios digitales. Las redes sociales albergan memoriales, perfiles donde los vivos siguen escribiendo a los muertos, y los llamados deathbots –programas que reproducen la voz o los mensajes de una persona fallecida– prolongan esas conversaciones más allá de la vida.

Las pantallas, los rituales, los cuerpos, los paisajes… todos median la continuidad entre vida y muerte. En esa diversidad de mediaciones –ancestrales o tecnológicas– se manifiesta la misma necesidad: seguir hablando con lo ausente, aunque el idioma cambie.

Mirar el duelo desde la diferencia cultural y desde la herida colonial no significa idealizar otras prácticas, sino recordar que llorar también es un acto de conocimiento y de justicia.

Cada cultura encarna una forma de relación con el tiempo y con la memoria, y todas reconocen que el dolor, cuando se comparte, reconstruye comunidad.

En un mundo que acelera el olvido, el duelo puede ser una forma de resistencia: una práctica que devuelve lentitud, vínculo y sentido. Morir no es igual en todas partes. Tampoco lo es recordar.

En los modos en que cada sociedad acompaña la pérdida se revela su idea de vida, de justicia y de mundo. El duelo, lejos de ser una enfermedad del alma, es una mediación entre la memoria y el porvenir, entre la ausencia y la continuidad de la vida.

The Conversation

Belén Jiménez Alonso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Morir no es igual en todas partes: cómo las culturas viven el duelo y reescriben el sentido de la pérdida – https://theconversation.com/morir-no-es-igual-en-todas-partes-como-las-culturas-viven-el-duelo-y-reescriben-el-sentido-de-la-perdida-268438

Charles Aznavour, una vida en canciones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana María Iglesias Botrán, Profesora del Departamento de Filología Francesa en la Facultad de Filosofía y Letras. Doctora especialista en estudios culturales franceses y Análisis del Discurso, Universidad de Valladolid

Charles Aznavour, en el concierto por su 90 aniversario en Ereván, capital de Armenia. President of the Republic of Armenia/Wikimedia Commons

Tras ocho décadas de carrera musical, 80 películas, más de 180 millones de discos vendidos –cantados en hasta 8 idiomas– y conciertos en 110 países, el legendario cantante Charles Aznavour murió en octubre de 2018 a los 94 años, plenamente en activo. De hecho, su último concierto en España fue el 20 de abril de ese mismo año.

Su contribución a la canción francesa fue de tal importancia que Francia le dedicó un funeral de estado al que asistieron, entre otras muchas personalidades, el presidente de Francia y el primer ministro de Armenia, país natal de sus padres, y fue retrasmitido en directo por los medios de comunicación franceses. Emmanuel Macron, en un emotivo discurso, terminó diciendo “Parce qu’en France, les poètes ne meurent jamais” (“Porque en Francia, los poetas nunca mueren”).

Y así es, porque Charles Aznavour es universal y sigue de total actualidad. La prueba: tras un éxito rotundo de taquilla en Francia y cuatro nominaciones a los premios César, llega a España la película francesa que cuenta su travesía vital, Monsieur Aznavour (2024). Una ocasión perfecta para repasar sus canciones más inolvidables.

“La bohème” (1965)

Su canción quizá más icónica y que nunca dejó de interpretar en sus conciertos. Aparece en el álbum con el mismo nombre en 1966 y estuvo en el número 1 en Francia durante varias semanas. La cantó también en español, inglés, alemán y portugués.

La letra nos transporta al París bohemio de finales del siglo XIX. Además del amor por el arte, es una reflexión sobre el paso del tiempo, de un mundo artístico que ya no existe y del efímero optimismo de la juventud.

Se compuso para la opereta Monsieur Carnaval, con libreto del escritor Frédéric Dard. Aznavour la cantó antes del estreno, lo cual generó algunas tensiones entre su discográfica y la del cantante que la interpretaría en la opereta, Georges Guétary. Sin embargo, el éxito fue tan rotundo que el desencuentro se disipó. En escena, Aznavour llevaba siempre un pañuelo blanco que dejaba caer al final de la canción, metáfora de la juventud que se escapa.

Hoy, en Montmartre (París), el Belvédère de la Bohème recuerda su legado, un mirador que celebra la magia de su voz y la eternidad de sus sueños.

“Tous les visages de l’amour” (1974)

Se asocia en las últimas décadas a la banda sonora de la película Notting Hill (1999), cuyo tema central en inglés, “She”, está interpretado por Elvis Costello.

En esta versión, la original, la música es de Aznavour y la letra de Herbert Kretzmeren. Se compuso para la serie de televisión británica Seven Faces of woman (1974) y fue durante cuatro semanas el número 1 en el Reino Unido. Después, Aznavour la grabó también en alemán, italiano y francés, con el título “Tous les visages de l’amour” (“Todos los rostros del amor”).

“Hier encore” (1964)

Esta canción también retoma el tema de la nostalgia de la juventud pero con una tonalidad triste, desde la mirada que aporta la madurez, haciendo una profunda reflexión en el presente sobre las decisiones tomadas y los errores cometidos.

La letra es de Aznavour y la música de Georges Garvarentze. El texto se tradujo y se adaptó a varios idiomas: al español como “Ayer aún”, al inglés como “Yesterday When I was Young” y a otros, como el armenio o japonés.

Su melodía sigue estando de moda sesenta años después. No sólo porque el cantante Bad Bunny haya insertado un sample en su canción “Mónaco”, sino también porque su letra continua siendo atemporal y universal:

Hier encore/

J’avais vingt ans/

Mais j’ai perdu mon temps/

À faire des folies/

Qui ne me laissent au fond/

Rien de vraiment précis/

Que quelques rides au front/

Et la peur de l’ennui.

(Ayer todavía/ tenía veinte años/ pero perdí mi tiempo/ haciendo locuras/ que no me dejan, en el fondo/ nada realmente concreto/ salvo algunas arrugas en la frente/ y el miedo al aburrimiento)

“Emmenez-moi”(1967)

Un sueño convertido en canción, una invitación a escapar y dejar atrás la rutina. Charles Aznavour nos conduce hacia lugares lejanos, exóticos, llenos de luz y felicidad. Por eso fue la última canción que sonó en su funeral al salir de los Inválidos de París.

“Llévame hasta los confines de la tierra, llévame al país de las maravillas; me parece que la miseria sería menos dolorosa al sol.”

La estela brillante de la canción trascendió al cine con la película homónima (2005), donde un fan de Aznavour decide emprender un viaje para encontrarse con su ídolo, mostrando cómo la música puede inspirar, guiar e influir en la vida de quienes la escuchan.

No se pierdan esta interpretación de 1972: magistral y emocionante.

Cantante poéticamente comprometido

Aznavour se consideraba política y poéticamente incorrecto, y no faltan pruebas.

Aunque él mismo reconoció que le costó mucho escribirla, en 1974 lanzó “J’ai connu”, sobre el Holocausto. Nunca olvidó que sus padres huyeron del genocidio armenio y que él mismo asistió a los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

En 1972 publicó una canción sobre la homosexualidad, “Comme ils disent”. Fue pionero, arriesgado y adelantado a su tiempo cuando en Francia no se trataba este tema abiertamente. Sin embargo, el público la recibió con respeto, precisamente por tratarse de él.

Canciones para otros artistas

Interpretó sus temas en dúos con cantantes como Frank Sinatra, Plácido Domingo, Julio Iglesias, Céline Dion, Elton John, Laura Pausini, Johnny Hallyday, Nana Mouskori o Sting, entre otros. También con Édith Piaf, su descubridora y gran amiga, para la que compuso “Jezebel” (1951) y “C’est un gars” (1950).

Entre las canciones que escribió para otros, todas ellas de gran éxito, se encuentran “Retiens la nuit” para Johnny Hallyday, “La plus belle pour aller danser” para la joven yeyé Sylvie Vartan, o “Je hais les dimanches” para Juliette Gréco. También compuso para artistas actuales, como la cantante Amel Bent, para quien creó “Je reste seule”.

Aznavour inolvidable, hasta en los Juegos Olímpicos

Las competiciones y ceremonias de los Juegos Olímpicos de París en 2024 estuvieron repletas de referencias culturales francesas. Las canciones de Charles Aznavour también fueron protagonistas.

En la inauguración, la cantante Aya Nakamura interpretó un mix de dos de sus canciones con segmentos de “For me, Formidable”, que previamente había sido interpretada a capela por la Guardia Republicana. Asimismo, incluyó la melodía de “La bohème” para anunciar su aparición. Además, uno de los momentos más emotivos de la clausura fue cuando sonó “Emmènez-moi”, cantada a coro por las miles de personas que asistían como público.

Charles Aznavour es la prueba de que, efectivamente, los poetas no mueren nunca.

The Conversation

Ana María Iglesias Botrán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Charles Aznavour, una vida en canciones – https://theconversation.com/charles-aznavour-una-vida-en-canciones-266731

¿Queda mucho por saber sobre la vida en los océanos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oihane Díaz de Cerio Arruabarrena, Profesora de Biología Celular, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Un buceador explora los corales del mar de Célebes, en la parte occidental del océano Pacífico. Bahaman Hashim/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por el curso de 3º de la ESO de Aranzadi Ikastola. Bergara (Gipuzkoa)


“¿Dónde están las llaves? ¡En el fondo del mar!”, dice la canción infantil. La llave al conocimiento se encuentra en el fondo de los océanos. Aunque la vida se formó bajo el agua, realmente no sabemos apenas nada sobre lo que habita allí y aún menos sobre cómo viven esos habitantes.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el término “vida” tiene 18 acepciones. La cuarta es la más estudiada en la investigación del océano: “Existencia de seres vivos en un lugar”. En otras palabras, la biodiversidad. Pero la vida tiene más dimensiones: relacionarse, producir energía para no morir, adaptarse al lugar y mantenerse vivo un tiempo, entre otras. Esto es, la ecología marina.

¿Conocemos qué vida hay en los océanos?

La respuesta es no. La ciencia estima que hemos visualizado el 0,001 % de los seres vivos gracias más de 44 000 inmersiones de diferentes expediciones. ¿Por qué un porcentaje tan pequeño? Porque en una vasta extensión el océano tiene 200 metros o más de profundidad. La presión a esas profundidades es tan alta que hacen falta tecnologías muy avanzadas que la soporten. A medida que se desarrollan, se descubren nuevas especies.

Por ejemplo, en septiembre de 2025 ha culminado la expedición Uruguaya (Uruguay sub200). Gracias al robot ROV SuBastian, los investigadores han explorado profundidades superiores a los 1 200 metros y han descubierto más de 30 especies potencialmente nuevas que ahora toca verificar. Pero su mayor hallazgo ha sido un arrecife de coral que vive en aguas más profundas de lo que está científicamente descrito. El siguiente paso es averiguar cómo se mantiene vivo en ese ambiente.

A vista de lupa o microscopio

No hace falta irse a las lejanas profundidades del océano para realizar nuevos descubrimientos. Si descendemos en la escala de observación, abrimos la puerta a otro universo de biodiversidad. Las lupas y microscopios siguen siendo hoy en día herramientas útiles.

Por ejemplo, en 2020, en la costa de Mutriku (Gipuzkoa), un grupo de científicos localizó entre la arena una nueva especie de acelo, un pequeño gusano aplanado al que bautizaron como Faerlea assembli. Y en 2022, un investigador de la estación marina PiE-UPV/EHU descubrió en pequeños crustáceos un parásito al que llamó Txikispora philomayo. Este nuevo género puede incluso ayudar a entender evolutivamente cómo se formaron los organismos multicelulares.

Bajemos aún mas en escala de tamaño. Las bacterias y arqueas que viven en aguas oceánicas constituyen el microbioma marino. Compone casi dos tercios de la biomasa oceánica, pero es el gran desconocido. Para estudiar su diversidad usamos una técnica molecular llamada metagenómica. Consiste en secuenciar el ADN extraído del agua de diferentes puntos y profundidades del océano. Con los resultados se identifican grupos y comunidades de microorganismos gracias a las habilidades de la bioinformática y la inteligencia artificial.




Leer más:
Microbioma oceánico: el Leviatán bondadoso que cuida de nuestro planeta


Aquí surge un problema: no podemos identificar lo que ignoramos. Las identificaciones se basan en el conocimiento del ADN de microorganismos que hemos sido capaces de cultivar en el laboratorio, pero de muchos otros lugares extremos del océano no han sido cultivados aún. Por eso, numerosas secuencias de ADN quedan huérfanas de identificación. Es la llamada “materia oscura”.

Recapitulemos:

  • Desconocemos los organismos grandes (macroorganismos) que habitan zonas abisales. Faltan medios.

  • A escalas más pequeñas, ni siquiera conocemos los que pisamos al caminar por la arena de la playa.

  • Desconocemos los parásitos que cohabitan con especies ya conocidas.

  • Y si vamos a organismos más pequeños, en el caso del microbioma… ¡andamos entre materia oscura!

Un océano de desconocimiento

Y de lo que hemos identificado, ¿sabemos cómo se mantiene la vida en el océano?

Piensa en el cuerpo humano. Conocemos nuestra anatomía y los tejidos, que llevamos siglos investigando. Pero aún ignoramos muchos detalles: cómo funciona nuestra consciencia, cómo guardamos información o recuerdos en el cerebro, cómo reacciona nuestro cuerpo a nuevas enfermedades, cómo respondemos a la contaminación, cómo nos adaptamos en ambientes extremos, etc. No sabemos al 100 % cómo funcionan nuestras unidades de vida, las células.

Si lo extrapolamos a cada especie que habita en el océano, nos queda muchísimo por averiguar. Si no conocemos todo lo que vive en las aguas marinas, no podemos saber cómo interactúan con el medio; cómo se relacionan con otras especies; cuánto tiempo viven y pueden vivir en situaciones de contaminación; qué tipo de células tienen; cómo funcionan y se comunican esas células… Podríamos seguir así hasta el infinito y más allá.

En definitiva, el océano guarda la llave a muchos hallazgos a diferentes niveles, de ecosistemas y de biodiversidad, por no hablar de la vida a nivel celular y molecular. Si recopiláramos el código genético de todos los organismos marinos descubiertos y aún por descubrir, escribiríamos nuevas enciclopedias de la vida con volúmenes e idiomas nuevos para cada especie. Las baldas del conocimiento sobre los habitantes de los océanos aún están casi vacías.


La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Algunos de los ejemplos que he usado han sido descritos por compañeros de investigación del centro en el que trabajo o por investigadores invitados al centro.

ref. ¿Queda mucho por saber sobre la vida en los océanos? – https://theconversation.com/queda-mucho-por-saber-sobre-la-vida-en-los-oceanos-266177

4 urgent lessons for Jamaica from Puerto Rico’s troubled hurricane recovery – and how the Jamaican diaspora could help after Melissa

Source: The Conversation – USA (2) – By Ivis García, Associate Professor of Landscape Architecture and Urban Planning, Texas A&M University

Hurricane Melissa’s 185 mph winds and storm surge tore apart buildings and left streets strewn with debris in Black River, Jamaica, on Oct. 28, 2025. Ricardo Makyn/AFP via Getty Images

Across Jamaica, streets are littered with torn-off roofs, splintered wood and other debris left in the wake of Hurricane Melissa. Downed power lines have left communities in the dark, and many flooded and wind-damaged homes are unlivable.

Recovering from the devastation of one of the Atlantic’s most powerful storms, which struck on Oct. 28, 2025, will take months and likely years in some areas. That work is made much harder by the isolation of being an island.

As a researcher who has extensively studied disaster recovery in Puerto Rico after Hurricane María in 2017, I know that the decisions Jamaica makes in the days and weeks following the disaster will shape its recovery for years to come. Puerto Rico’s mistakes hold some important lessons.

An aerial view of a business district shows buildings and homes with roofs and siding shredded, with mud covering the streets.
An aerial view shows some of the widespread damage caused by Hurricane Melissa’s storm surge and powerful winds in Black River, Jamaica.
Ivan Shaw/AFP via Getty Images

Why island recovery is different

Islands face obstacles that most mainland communities don’t experience. Geographic isolation compounds every problem in ways that make both the emergency response and the long-term recovery fundamentally harder.

Communities can easily be cut off by damaged roads, particularly in rugged areas like Jamaica’s Blue Mountains. Every damaged port facility, every closed airport, every blocked road multiplies isolation in both the short and long term.

People push shopping carts on a muddy street with tangled power lines and damaged homes and vehicles.
Power was out in communities across Jamaica after Hurricane Melissa, and several coastal communities were caked with mud. On the U.S. mainland, surrounding states will send fleets of repair trucks and linemen to rebuild power infrastructure quickly, but on an island, that kind of fleet isn’t available, and the damage is often widespread.
Ricardo Makyn/AFP via Getty Images

As Puerto Rico saw after Hurricane Maria, in the early days after a disaster, basic emergency supplies like tarps, batteries, fresh food and water and generators can become scarce.

Weeks and months later, reconstruction materials can still take a long time to arrive, extending the recovery time far beyond what most mainland communities would experience. This isn’t just a price-gouging ploy; it’s the reality of island supply chains and shipping infrastructure under stress.

Research on Hurricane Maria’s impact on Puerto Rico has shown how an island’s isolation, limited port capacity and dependence on imports create unique vulnerabilities that slow disaster recovery.

Local organizations: From response to recovery

One of the most important lessons I saw in Puerto Rico is that local nonprofits and community organizations are essential first responders in the emergency phase and then transition into recovery leaders.

These organizations know their communities intimately: who is elderly and homebound, which neighborhoods will have the greatest need, and how to navigate local conditions.

Two people put a piece of metal in place on a roof with a view of mountains in the background.
People use sheet metal to cover a home after Hurricane Melissa tore the roof off. Getting supplies for many repairs will take time on an island with so much damage.
Ricardo Makyn/AFP via Getty Images

Right now, Jamaican churches, community groups and local organizations are in emergency response mode — checking on residents, distributing water and providing shelter. For example, the Jamaica Council of Churches, which has extensive disaster response experience, has started to coordinate relief efforts though its community networks.

Over the long term, my research shows that local organizations are crucial for helping families recover. They help to navigate insurance claims, organize rebuilding efforts, provide mental health support, and advocate for community needs in recovery planning, among many roles.

However, many disaster recovery funding sources favor larger, international nonprofits over local groups, even for distribution once supplies have arrived. In Puerto Rico after Hurricane María, only 10% of the nearly US$5 billion in federal contracts went to Puerto Rico-based groups, while 90% flowed to mainland contractors.

Several houses covered with blue tarps to keep the rain out
In Puerto Rico, blue tarps covered homes with damaged roofs for months after Hurricane Maria, as owners waited for the supplies and repair help. Even the tarps were hard to come by at times.
AP Photo/Carlos Giusti

Jamaica will face similar dynamics as international funding arrives from sources such as the World Bank and Inter-American Development Bank. Ensuring the recovery funding goes through established Jamaican organizations can help the recovery.

The diaspora: Urgent help, long-term support

When institutional systems such as the Federal Emergency Management Agency and the government of Puerto Rico could not offer aid fast enough after Hurricane Maria, diaspora communities became crucial lifelines. Puerto Ricans in Chicago, New York and Florida organized relief efforts, raised funds and shipped supplies within days.

Months later, Puerto Ricans living on the U.S. mainland continued providing financial support. They hosted displaced family members and advocated for federal aid. As my co-author Maura I. Toro-Morn and I document in our book “Puerto Ricans in Illinois,” diaspora communities that mobilized statewide in the aftermath of Hurricane Maria demonstrated how Puerto Ricans supported the island during crisis.

The Jamaican diaspora in London, Toronto, New York and Miami represents a massive potential resource for both immediate relief and long-term recovery.

A map shows where millions of Jamaicans live overseas, led by the U.S. (1.1 million), United Kingdom (400,000) and Canada (300,000).
Where Jamaicans lived outside their homeland in the early 2020s.
Maps Interlude/Wikimedia Commons, CC BY

In the hours after Melissa made landfall, these communities were already trying to reach family members and organize help. In Florida, Jamaican American student associations at several universities set up a GoFundMe page for relief efforts in Jamaica. In Connecticut, Caribbean social groups were gathering their communities to send support.

Jamaica’s government has multiple diaspora engagement platforms, such as JA Diaspora Engage, the Global Jamaica Diaspora Council and JAMPRO. But these primarily focus on economic development and investment rather than disaster response coordination. In contrast, Haiti established the Haitian Diaspora Emergency Response Unit in 2010 specifically for disaster coordination. After the 2021 earthquake, it coordinated relief efforts across more than 200 organizations, raising $1.5 million within weeks.

A worker gestures for more supplies while filling a cardboard box with package snacks.
Volunteers assemble relief packages to help Jamaica in the aftermath of Hurricane Melissa at the Global Empowerment Mission headquarters in Miami. Foreign-based organizations can coordinate large quantities of supplies, but distribution on the ground can be more efficient when run by local organizations that know where people are in need.
Chandan Khanna/AFP via Getty Image

Jamaica could adapt its existing diaspora infrastructure to include an emergency response component. It could provide regular updates on community needs during disasters, verify trusted local partners for aid distribution, and facilitate logistics for shipping supplies over the years of recovery.

The out-migration risk: When emergencies becomes permanent

Perhaps the most devastating long-term impact of Hurricane María was massive population loss — a recovery failure that began with emergency response decisions.

Of Puerto Ricans who applied for federal assistance, approximately 50% had new addresses on the U.S. mainland. Their displacement that began as a temporary evacuation became permanent when Puerto Rico couldn’t restore viable living conditions quickly enough.

Without housing, employment or basic services for months, families had little choice but to leave. About a quarter of Puerto Rico’s schools were closed by the storm damage. I saw similar patterns in Maui, Hawaii, as it recovered from devastating wildfires in 2023. Limited lodging and high costs made it impossible for many displaced residents to stay.

Researchers estimated that of the nearly 400,000 people who left Puerto Rico in 2017 and 2018 after María, maybe 50,000 had returned by 2019.

Jamaica faces similar risks. The out-migration crisis doesn’t happen all at once – it’s a slow bleed that accelerates as emergency response transitions into prolonged recovery.

The time to prevent that pressure to leave is now. The government can help by communicating realistic timelines for service restoration and prioritizing school reopening. Every week increases the risk that temporary displacement becomes permanent emigration.

Building back better: Recovery, not just response

Disasters create opportunities to build back better, but that requires thinking about the future rather than simply recreating what existed before.

Jamaica can prioritize speed in emergency response by rebuilding the old system, or it can invest in a recovery that also builds resilience for the future. Climate change is fueling more intense and destructive hurricanes, leaving Caribbean islands at growing risk of damage.

Hurricane Maria revealed serious infrastructure vulnerabilities as the aging power grid collapsed under Category 4 winds. Puerto Rico could have rebuilt with more modern, resilient infrastructure. However, RAND Corporation research found that reconstruction largely restored the old, vulnerable centralized power system, rather than transforming it with distributed renewable energy, hardened transmission lines and microgrids that could withstand future storms.

Solar panels on roofs and apartment balconies
Many businesses and homeowners in Puerto Rico added solar panels after Hurricane Maria to help manage frequent power grid outages. Rebuilding the U.S. territory’s grid and power system was slow, and it continued to rely on fossil fuels.
Ricardo Arduengo/AFP via Getty Images

Water systems, roads, schools and hospitals could also be rebuilt to better withstand storms and with redundancy – such as backup power sources and distributed water systems – to help the island recover faster in future hurricanes.

These improvements are expensive, and Jamaica will need international donors to help fund the recovery, not just the immediate emergency response.

The decisions made today will echo for years. Jamaica’s recovery doesn’t have to repeat Puerto Rico’s mistakes.

The Conversation

Ivis García receives funding from National Science Foundation, U.S. Department of Housing and Urban Development, Ford Foundation, National Academy of Sciences, Fundación Comunitaria de Puerto Rico, UNIDOS, Texas Appleseed, Natural Hazard Center, Chicago Community Trust, American Planning Association, and Salt Lake City Corporation.

ref. 4 urgent lessons for Jamaica from Puerto Rico’s troubled hurricane recovery – and how the Jamaican diaspora could help after Melissa – https://theconversation.com/4-urgent-lessons-for-jamaica-from-puerto-ricos-troubled-hurricane-recovery-and-how-the-jamaican-diaspora-could-help-after-melissa-268631

How the physics of baseball could help Kevin Gausman and the Blue Jays win the World Series

Source: The Conversation – Canada – By Patrick Clancy, Assistant Professor, Physics & Astronomy, McMaster University

There are few sports more exciting than playoff baseball, but behind every pitch there is also a fascinating story of physics. From gravity to spin, the science shaping the game can be just as compelling as the action on the field.

When the World Series returns to Toronto for Game 6, right-handed pitcher Kevin Gausman will take the mound. Gausman’s best pitch is the splitter, an off-speed pitch that looks like a conventional fastball but travels more slowly and drops more sharply before it crosses the plate.

Physicists consider the flight of a baseball as an example of projectile motion. The trajectory of the ball depends on several forces: the force of gravity (pulling the ball downwards), the drag force (slowing the ball as it moves through the air), and the Magnus force (which causes the ball to curve if it spins as it travels).

Why splitters are so hard to hit

So why is the splitter so difficult to hit? Start with speed. The average speed of Gausman’s fastball is 95 miles per hour (or 42.5 meters a second). Since the distance from the pitcher’s mound to home plate is 18.4 meters, this means that it takes 430 milliseconds, or less than half a second, for Gausman’s fastball to reach the batter.

In contrast, the splitter, which travels at an average speed of 85 mph (or 38.0 m/s), takes 490 milliseconds. That 60 millisecond-difference may seem small, but it can be enough to separate a strike from a base hit.

For context, a typical swing for a major league batter takes approximately 150 milliseconds. This includes time for the batter’s eye to form a picture of the ball leaving the pitcher’s hand, for their brain to process this information and send signals to the muscles in their arms, legs and torso, and for their muscles to respond and swing the bat.

This means a batter has roughly a quarter of a second to judge the trajectory of a pitch and decide whether to swing. Considering that it takes approximately 100 milliseconds for a blink of the human eye, it’s remarkable that batters can hit any major league pitch at all.

The importance of the drop

The second secret to the splitter is the drop. All baseball pitches drop as they travel towards home plate due to the force of gravity, which causes a baseball (or any object in freefall) to accelerate downwards.

If there were no other forces acting on the ball, this would cause Gausman’s fastball to drop by about 92 centimetres on the way to home plate, and his splitter to drop by approximately 115 centimetres.

In practice, however, there is another important force that acts on the ball to oppose the effect of gravity — the Magnus force. The Magnus force arises from the rotation or spin of an object (like a baseball) as it passes through a fluid (like air).

The ball’s rotation makes air move faster over one side than the other. On the side spinning in the same direction as the airflow, air speed increases; on the opposite side, it slows down. This difference in air speed creates a pressure imbalance, generating a force that acts perpendicular to the ball’s path.

This is an example of Bernoulli’s Principle, the same phenomenon that generates lift as air passes around the wing of an airplane.

In the case of a fastball, the pitcher creates a strong backspin by pulling back with their index and middle fingers as they release the ball. This rotation results in an upwards force, which causes the ball to drop far less than it would under the effect of gravity alone. The faster the rotation, the stronger this lift force becomes.

Gausman’s signature pitch

Gausman’s fastball typically drops 25 to 30 centimetres on the way to home plate — less than one third of the drop experienced by a “dead ball” without spin.

On the splitter, he changes his grip to dramatically reduce the amount of backspin, weakening the Magnus force and allowing the ball to fall much farther, about 50 to 75 centimetres, before it hits the plate. The result is a pitch that doesn’t reach the batter when or where they expect it to be.

Kevin Gausman explains the art of the splitter. (Toronto Blue Jays)

As the Blue Jays edge closer to third World Series title — their first in 32 years — Gausman’s splitter offers an example of how physics can shape performance in elite sport. Understanding the science behind the pitch offers a new way to appreciate the game.

The Conversation

Patrick Clancy does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How the physics of baseball could help Kevin Gausman and the Blue Jays win the World Series – https://theconversation.com/how-the-physics-of-baseball-could-help-kevin-gausman-and-the-blue-jays-win-the-world-series-268732

Drinking tequila and mezcal sustainably on the Day of the Dead

Source: The Conversation – Canada – By Brendon Larson, Professor, School of Environment, Resources and Sustainability, University of Waterloo

People in Mexico and elsewhere will soon be marking the annual Día de Muertos (Day of the Dead) on Nov. 2. Many will celebrate the day with the quintessential Mexican beverage, tequila; perhaps in the form of a slushy margarita or a shot.

Tequila comes from a single species, blue agave. Agaves are fleshy plants of arid lands that accumulate sugars over several years to power their sole blooming. To produce tequila, the leaves and flower stalk are removed, the agave hearts (called piñas) roasted, and their sugars fermented and distilled.

Tequila was intentionally branded for a global market in the late 19th century, and it’s become an industrial product. There are vast blue-gray monocultures of it across the state of Jalisco, centred around the namesake town of Tequila.

Yet, in the interest of ethical consumption, we must consider the environmental impacts of industrial tequila production. There are several issues here. In Jalisco, the region’s ecosystems are being destroyed and replaced by a uniform crop that is prone to pest outbreaks.

Tequila’s manufacturing process consumes huge amounts of energy, water and agrochemicals. While some in the tequila industry make lots of money (such as celebrities who have their own brands), those who harvest the crops make significantly less.

In addition, despite the marketing, most commercial tequilas taste alike given their uniform source, standard yeast and mechanical production, not to mention added sugars and artificial flavours.

The mezcal shift

People have recently been turning to mezcal, perceiving it as a more authentic, tastier alternative. After all, tequila is simply mezcal from Tequila.

Mezcal-making derives from a relationship between Indigenous Peoples and their landscape that goes back millennia. They learned that agave fibers have many uses, for architecture, medicines and textiles. They drank the sweet, non-alcoholic sap, known as aguamiel and realized it could be fermented.

This history is the basis of peasant communities’ continued harvest of agave to make mezcal. They collect dozens of types of wild agave or grow them among other crops. They roast the hearts for several days in an earthen pit, then ferment them in a homegrown bacteria-and-yeast soup.

The distillation appears to be a more recent, colonial addition to the process. The resulting spirit has vital cultural meaning, not least in festivals such as Día de Muertos, where it honours those who have died and connects people to them.

Traditional production is slow and varied. It distils the diversity of life and the people’s history into a delightful bouquet: not just smoky, as many people think, but floral, fruity, herbal, metallic and so much more.

Is mezcal sustainable?

Many consumers find the narrative of mezcal’s authenticity and sustainability appealing. Its volume is a blip relative to tequila, so surely it must be better for both people and the planet. It’s never simple to assess sustainability, though, and the rapid growth of the industry — with eight per cent more expected annually through 2030 — raises a flag.

Traditional practices have been co-opted, and the same powerful families and multinational brands that drove tequila’s rise grow the main agave used for mezcal, espadín, in large farms of clones.

The spread of commercial farming destroys habitat, specifically the tropical dry forest where many of Mexico’s restricted, native species occur. In San Juan del Río, an Indigenous Zapotec town in the state of Oaxaca, remote sensing has shown an increase in agave cover from six to 22 per cent in 26 years. In addition to soil degradation and loss, these cash crops supplant ones grown for local consumption and strain traditional governance.

From a biodiversity perspective, it’s an open question whether family-scale operations are better given the pressure to expand. Agave and the trees used for firewood for roasting and distilling are interwoven ecological hubs in this dry landscape, along with the bats who visit them for nectar. Overharvesting can lead to ecosystem strain, if not collapse.

Connoisseurs have worsened the problem by developing a taste for particular species like cuish, jabalí and tepeztate, some of which cannot be cultivated, take decades to mature or yield less mezcal.

There has been a documented decline in desirable species of agave, including tobalá, which is listed as vulnerable. Many agaves used for mezcal production are rare.

Sustainability concerns

A few studies have begun to quantify the broader impacts, reinforcing questions about sustainability. It takes two tobalá plants, which require 10-15 years to mature, to produce one bottle of mezcal. Ten kilograms of both liquid and solid waste are released. Even if firewood is used rather than fuel, its weight may match that of the hearts.

Overall, production of one bottle requires the equivalent of about five litres of gasoline. While this may be less carbon than tequila, it’s more than beer and wine.

Mezcal production may bring money into communities, but the interface with global markets brings its own issues. For example, mezcal is now controlled under a Denomination of Origin (DO) certification. While this geographic indicator was ostensibly intended to protect small producers, evidence suggests they’re struggling to meet its standards (and cost) while power and profits concentrate elsewhere.

If you are celebrating this Día de Muertos with mezcal, consider buying from a collaborative that still relies on traditional practices: caring for agave and the land by leaving some flowers for the bats, replanting, reducing chemical use and recycling waste. Bear in mind that growing human consumption is at the root of unsustainability, which just adds to the reasons to moderate one’s drinking.

This article was co-authored by Diana Pinzón, a forestry engineer and co-founder of Zinacantan Mezcal and Fondo Agavero Asociación Civil.

The Conversation

Brendon Larson receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

Ronda L. Brulotte has received funding from the U.S. Fulbright Program.

Raymundo Martínez Jiménez does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Drinking tequila and mezcal sustainably on the Day of the Dead – https://theconversation.com/drinking-tequila-and-mezcal-sustainably-on-the-day-of-the-dead-268119

Les cyclistes ont peut-être raison de brûler arrêts et feux rouges. Voici pourquoi

Source: The Conversation – in French – By Steve Lorteau, Long-Term Appointment Law Professor, L’Université d’Ottawa/University of Ottawa

Écoutez cet article en version audio générée par l’IA.

Sur nos routes, les interactions entre les différents usagers de la route sont souvent une source de frustration, avec en tête d’affiche celles entre automobilistes et cyclistes.

Par exemple, plusieurs automobilistes sont frustrés de voir les vélos traverser une intersection sans s’immobiliser complètement, alors qu’eux-mêmes se voient dans l’obligation de le faire.

Pour beaucoup, ce geste est perçu comme une marque d’indiscipline, voire une double mesure pour les cyclistes. En effet, les cyclistes ne semblent pas encourir de véritable risque à ralentir au passage d’un panneau d’arrêt plutôt qu’à s’y immobiliser.

En comparaison, les automobilistes risquent une amende salée pour conduite dangereuse s’ils brûlent un arrêt.

Alors, faut-il exiger des cyclistes qu’ils respectent les mêmes règles de la route que les automobilistes, ou au contraire, reconnaître que ces règles ne reflètent pas toujours la réalité du vélo en ville ?

En tant que professeur de droit à l’Université d’Ottawa spécialisé dans les questions d’urbanisme, j’ai étudié diverses approches réglementaires adoptées à travers le monde, qui présentent différents avantages et désavantages.


Cet article fait partie de notre série Nos villes d’hier à demain. Le tissu urbain connaît de multiples mutations, avec chacune ses implications culturelles, économiques, sociales et – tout particulièrement en cette année électorale – politiques. Pour éclairer ces divers enjeux, La Conversation invite les chercheuses et chercheurs à aborder l’actualité de nos villes.

L’égalité stricte entre les cyclistes et les conducteurs

Au Québec, comme dans d’autres juridictions, les codes de la route s’imposent à tous les usagers, qu’ils soient automobilistes ou cyclistes.

Par exemple, tous les usagers doivent faire un arrêt complet aux arrêts et aux feux rouges. Lorsqu’ils contreviennent à ces règles, les cyclistes « sont assujetti(s) aux mêmes obligations que le conducteur d’un véhicule », selon les mots de la Cour suprême du Canada.

Ainsi, peu importe les différences entre une voiture et un vélo, la loi les traite de façon égale. Bien sûr, cette égalité demeure souvent théorique, car l’application des règles varie selon les contextes et les comportements.




À lire aussi :
À Montréal, même en doublant les pistes cyclables, les voitures conserveraient 90 % de la chaussée


Une égalité trompeuse

L’application uniforme des règles de la route peut sembler juste, mais peut créer une fausse égalité dans les faits.

D’une part, les risques associés aux différents moyens de transport sont incommensurables. Une voiture qui franchit un feu rouge peut causer des blessures graves, voire mortelles. Un cycliste, en revanche, peut difficilement infliger de tels dommages.

Une pancarte électorale borde une piste cyclable
L’enjeu des pistes cyclables est au centre de la campagne électorale de Montréal.
La Conversation Canada, CC BY

D’autre part, l’efficacité du vélo dépend du maintien de la vitesse. S’arrêter complètement, encore et encore, décourage l’usage du vélo, malgré ses nombreux bénéfices pour la santé, l’environnement et la fluidité du trafic.

Traiter de la même manière deux moyens de transport si différents revient donc à privilégier implicitement l’automobile, un peu comme si l’on imposait les mêmes limitations de vitesse à un piéton et à un camion.

L’arrêt Idaho

Plutôt que de traiter les vélos et les voitures comme étant égaux, certaines juridictions ont opté pour une autre voie. Un exemple notable d’un traitement différent est celui de l’État de l’Idaho.

En Idaho, depuis 1982, les cyclistes peuvent traiter un panneau d’arrêt comme un cédez-le-passage et un feu rouge comme un panneau d’arrêt. Plusieurs États américains (comme l’Arkansas, le Colorado et l’Oregon) et pays, comme la France et la Belgique, ont adopté des règlements semblables. Au Canada et au Québec, des discussions sont en cours pour adopter un tel règlement.




À lire aussi :
Moins de cyclistes… ou répartis autrement ? Le Réseau Express Vélo (REV) à l’épreuve des données


Il est important de noter que l’arrêt Idaho ne cherche pas à légaliser le chaos sur les routes. En effet, les cyclistes doivent quand même céder la priorité aux voitures qui les précèdent au panneau d’arrêt, ainsi qu’en tout temps aux piétons, et ne peuvent s’engager dans l’intersection que lorsqu’elle est libérée.

L’arrêt Idaho a trois avantages principaux.

Premièrement, la règle reconnaît que les dynamiques du vélo diffèrent fondamentalement de celles de la voiture, et ainsi, que ceux-ci ne peuvent pas être traités de façon équivalente.

Deuxièmement, l’arrêt Idaho permet de décharger les tribunaux et les policiers de contraventions.

Troisièmement, l’efficacité du vélo dépend de la conservation de l’élan. S’arrêter complètement, encore et encore, décourage l’usage du vélo, malgré ses nombreux bénéfices pour la santé, l’environnement et la fluidité du trafic.


Déjà des milliers d’abonnés à l’infolettre de La Conversation. Et vous ? Abonnez-vous gratuitement à notre infolettre pour mieux comprendre les grands enjeux contemporains.


Les effets de la réforme

Face à ces deux approches très différentes quant au Code de la route des vélos, on peut se demander laquelle est la plus appropriée.

Plusieurs études empiriques indiquent que l’adoption de l’arrêt Idaho n’entraîne pas d’augmentation des collisions routières.

Certaines études suggèrent même une diminution modeste des collisions avec l’Arrêt Idaho. En effet, les cyclistes libèrent plus rapidement les intersections, ce qui réduit leur exposition aux voitures. De plus, les automobilistes deviennent plus attentifs aux mouvements des cyclistes.

D’ailleurs, la majorité des usagers de la route, automobilistes comme cyclistes, ne respectent souvent pas les arrêts de façon stricte. Selon une étude menée par la Société de l’assurance automobile du Québec (SAAQ), seulement 35 % des automobilistes font leurs arrêts correctement. Encore selon la SAAQ, seulement 27 % des cyclistes déclarent faire un arrêt complet aux panneaux d’arrêt obligatoires.

Bref, l’adoption de l’arrêt Idaho ne créerait pas le chaos, mais viendrait encadrer une pratique déjà commune, et ce, sans compromettre la sécurité publique, contrairement à certaines inquiétudes. Les cyclistes, qui s’arrêtent rarement complètement en l’absence de circulation, ralentissent toutefois avant de traverser, conscients de leur vulnérabilité.

Un changement de culture

Par ailleurs, l’arrêt Idaho au Québec invite à une réflexion plus large.

Depuis des décennies, nos lois et nos infrastructures routières sont conçues principalement pour les voitures. Plusieurs automobilistes considèrent encore que les cyclistes sont dangereux et adoptent des comportements délinquants.




À lire aussi :
À Montréal, même en doublant les pistes cyclables, les voitures conserveraient 90 % de la chaussée


Pourtant, il est important de se souvenir que les voitures représentent le principal danger structurel sur nos routes, et que les cyclistes sont en réalité vulnérables. Ce danger structurel s’est d’ailleurs accru avec la croissance des véhicules utilitaires sport (VUS) et camions, ce qui augmente les risques pour les piétons et des cyclistes.

L’adoption de l’arrêt Idaho ne donne pas un passe-droit aux cyclistes, mais reconnaît leurs réalités, et légitimise le vélo comme mode de transport, avec un code routier adapté à ses risques et à ses bénéfices. Cette réforme, modeste mais symbolique, pourrait s’inscrire dans un ensemble plus vaste de changements qui offriraient aux citoyens une véritable liberté et sécurité pour se déplacer.

La Conversation Canada

Steve Lorteau a reçu des financements du Conseil de recherches en sciences humaines, l’Association du Barreau canadien et les Instituts de recherche en santé du Canada.

ref. Les cyclistes ont peut-être raison de brûler arrêts et feux rouges. Voici pourquoi – https://theconversation.com/les-cyclistes-ont-peut-etre-raison-de-bruler-arrets-et-feux-rouges-voici-pourquoi-265049

Voters lose when maps get redrawn before every election instead of once a decade − a trend started in Texas, moving to California and likely spreading across the country

Source: The Conversation – USA – By David Patterson Soule, Lecturer of Economics, University of Richmond

The new congressional districts in Texas, and the ones proposed for California, are pervasive upheavals of the relationship between voters and those they elect. Douglas Rissing/iStock/Getty Images Plus

After the U.S. census is conducted every 10 years, each state must redraw its congressional districts to account for any loss or gain of congressional seats and to maintain an equal population in each district.

But in 2025, breaking from standard practice, President Donald Trump has asked Republican states to redraw their districts mid-decade to provide a greater Republican advantage in the upcoming 2026 midterm elections.

Not to be outdone, the Democrats have responded by starting a redistricting effort in California to offset the Republican gains in Texas. Californians will decide whether to approve those changes in a ballot measure on Nov. 4, 2025.

As other states join the fray, this battle for control of the U.S. House of Representatives has escalated to what the media has called a “Redistricting War.” In this war, the control of the House may be determined more by how each party is able to redistrict states they control and less by how citizens vote.

The media and politicians focus on which party is winning or losing seats. But are the citizens winning or losing in this conflict?

Studies have shown that districts contorted for political purposes make it more difficult for constituents to know who their representatives are, reduces representative-citizen interactions and lowers voter participation in elections.

Changing a resident’s congressional district will sever any existing relationship or understanding of who their current representative is and how to seek help or share policy concerns. This forces residents to navigate unfamiliar political terrain as they figure out their new district, who is running, and what the candidates stand for. This added complexity discourages residents from voting.

More importantly, it diminishes their faith in the democratic process.

Two people with question mark bubbles over their heads.
Districts being contorted for political purposes makes it more difficult for constituents to know who their representatives are and lowers voter participation in elections.
Circlon Tech/Getty Images

Staggering scale of changes

Just how big are the changes already enacted in Texas and proposed in California?

The University of Richmond Spatial Analysis Laboratory, which co-author Kyle Redican directs, has analyzed the impact of the mid-decade redistricting changes. The number of redistricting casualties – residents reassigned to a new congressional district – caused by these mid-decade changes in Texas and California is nearly 20 million. That’s about 6% of the overall U.S. population.

The scale of the changes is staggering: 10.4 million Texas residents, about 36% of the state’s population, and 9.2 million California residents, about 23% of the state’s population, will find themselves in new, unfamiliar congressional districts.

Only one district in Texas, of 38 total districts, and eight districts in California, of 52 total districts, remain untouched, making this a pervasive upheaval, not a surgical adjustment.

Most dramatically, nine districts in California and eight districts in Texas will have more than 50% new residents, fundamentally changing the overall composition of those districts.

The 41st District in California will have 100% new residents, while the 9th District in Texas will have 97% new residents, essentially becoming entirely different constituencies.

Making a change of this size mid-decade, as opposed to once every decade, will be highly disruptive and represent a major tear in the fabric of representative democracy.

Lawmakers picking their voters

So who exactly is being moved? The demographic patterns reveal the calculated nature of these partisan manipulations.

In Texas, Black and Hispanic residents are disproportionately shuffled into new districts compared to white residents.

Minorities constitute 67.1% of Texans who have been moved into a new district, while minorities constitute only 56.4% of Texans who get to remain in their same district. By moving more minorities out of a district and into another reliably Republican district, partisan mapmakers are able to reduce the likely Democratic voter share in that district and swing it to be a Republican-leaning district.

California follows the opposite playbook: White residents are disproportionately moved.

There, 41.2% of those moved into a new district are white, while only 32.7% of those who get to remain in their same district are white. In this case, California is moving likely Republican voters into another reliably Democratic district, which reduces the Republican voter share in the original district and swings it to be a Democratic-leaning district.

In either case, legislators are making deliberate decisions about which residents to move to achieve a political goal.

Yet fundamental to a representative democracy is a simple principle: The people choose their representatives. It’s not that representatives choose their constituents. The founders envisioned the House of Representatives as the people’s house, representing and accountable to the voters.

In the current mid-decade redistricting, the legislators are handpicking their constituencies.

Mocking the fundamental idea

Does the redistricting battle ever end?

If mid-decade redistricting becomes an accepted way to win elections, each time a party wins control of a state legislature and governorship they will have the incentive to redistrict. Each of these future redistrictings will continue to negatively affect citizens’ participation in the representative process and mock the fundamental idea that citizens should choose their representatives.

It’s entirely possible that redistricting could happen every two years – though that is an extreme outcome of this competition.

Texas and California have fired the opening shots in the redistricting arms race. Other states – Missouri, North Carolina and Virginia – are joining the fight, each time diminishing the public trust in our democratic process.

Today, it’s 20 million Americans caught in the crossfire. Tomorrow, it could be 100 million as this conflict spreads from state to state. With tit-for-tat redistricting offsetting gains in seats, who is really winning?

For sure, we know who is losing – the people and representative democracy.

Spatial Analysis Lab intern Ryan Poulsen worked on the block data processing for this story.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Voters lose when maps get redrawn before every election instead of once a decade − a trend started in Texas, moving to California and likely spreading across the country – https://theconversation.com/voters-lose-when-maps-get-redrawn-before-every-election-instead-of-once-a-decade-a-trend-started-in-texas-moving-to-california-and-likely-spreading-across-the-country-268181