Cuando los ojos atacan: el odio en la mirada

Source: The Conversation – (in Spanish) – By A. Victoria de Andrés Fernández, Profesora Titular en el Departamento de Biología Animal, Universidad de Málaga

Melnikov Dmitriy/Shutterstock

Pocos gestos intimidan más que una mirada de odio.

Recibir esa manifestación de hostilidad por parte de unos ojos ajenos nos despierta una mezcla de miedo y rechazo que hace que nos invada un malestar automático e irracional. Y es que no se trata sólo de una declaración de malas intenciones por parte del emisor: esta silenciosa “agresión emocional” nos saca inmediatamente de nuestro estado de armonía para obligarnos a ponernos en guardia, medir nuestra seguridad y sopesar nuestra fortaleza emocional. En otras palabras, nos asusta.

Sentir odio dirigido hacia nosotros es un desagradable recordatorio de nuestra vulnerabilidad, una incómoda autoevaluación de fragilidad y una activación del más viejo de nuestros instintos animales: el instinto de supervivencia.

El origen de las miradas de odio

Los ojos no solo ven. También hablan.

Son unos curiosos órganos sensoriales que, a diferencia de las papilas gustativas, los oídos o los receptores de temperatura, no solamente reciben señales del medio externo sino que también son capaces de emitir información.

Lo hacen porque, ayudados por la musculatura periocular y por la posición de los párpados, contribuyen decisivamente a la expresión facial, una manera muy antigua que tenemos los homínidos de comunicarnos.

De hecho, se ha descubierto hace pocos meses que chimpancés, bonobos y gorilas no solo utilizan los gestos como expresiones fijas de mensajes estereotipados simples. Es mucho más que eso: expresan la amenaza, la alegría, la rivalidad o la sumisión de forma muy dinámica según sea el contexto, aportando matices variables y discriminantes en intercambios comunicativos sociales muy sofisticados.

Esto nos dice que las “miradas asesinas”, entre otras formas comunicativas no verbales, no son patrimonio exclusivamente humano: forman parte de un sistema de comunicación complejo presente en nuestros ancestros mucho antes del desarrollo del lenguaje oral.

Miradas que ahorran energía

Estas formas de comunicación se seleccionaron positivamente por puro ahorro energético. Y en dos sentidos.

Primero, porque ofrecían una forma de resolver problemas evitando la violencia y el desgaste físico que ésta supone, tanto en mortalidad como en morbilidad. Marcar la dominancia o proteger el territorio ya no implicaba la necesidad de lucha física. Lo vemos actualmente en nuestros “primos” gorilas, donde mirar fijamente a un congénere es suficiente para decir “no te acerques” sin llegar al explícito combate corporal.

En segundo lugar, reconocer estas señales aporta ventajas claras, como anticipar peleas o evitar fraguarnos enemistades potencialmente peligrosas.

Resumiendo, la mirada de odio es un vestigio estratégico de comunicación ancestral para leer la intención de otros y reaccionar preventivamente antes de que se desencadenen consecuencias irreversibles.

La sofisticación de la mirada de odio humana

Pero los humanos no nos hemos contentado con heredar este utilísimo “radar” de conflictos. Lo hemos optimizado y de una forma bastante creativa: jugando con los contrastes de color.

Los Homo sapiens tenemos la esclerótica blanca, a diferencia de otros primates donde suele ser oscura o del mismo tono que el iris. Esto nos permite detectar inmediatamente la orientación de la mirada e interpretar rápidamente su objetivo. Esta precisión ha sido de lo más útil: una simple alteración en la coloración de la esclerótica ha transformado los ojos en órganos capaces de mandar mensajes mucho más sutiles y personalizados que los del resto de primates.

Por otra parte, la esclerótica blanca también amplifica la expresión de las emociones. La sorpresa, la alegría o la amenaza que puedan transmitir movimientos o cambios mínimos del iris se perciben con mucha más claridad en un ojo de “colores contrastados”. Esta precisión fina en la mirada nos proporcionó una herramienta muy poderosa a la hora de facilitar la comunicación de intenciones en una estirpe eminentemente social como la nuestra, favoreciendo claramente la cooperación grupal.

La interpretación cerebral de las miradas de odio

Pero de poco nos serviría emitir señales oculares mucho más sofisticadas que el resto de primates si no fuésemos capaces de descodificarlas en toda su pluralidad y complejidad. Y, ahí, nuestro cerebro interviene brillantemente interpretando la señal de amenaza que supone una mirada de odio de dos formas diferentes pero hábilmente complementarias.

Una primera respuesta, rápida, supone una reacción automática del cuerpo que tensiona músculos, aumenta el ritmo cardíaco e, incluso, cambia el ritmo respiratorio. Así nos preparamos para luchar o para huir, dependiendo de en qué situación (de superioridad o inferioridad) estemos ante el agresor. Esta vía, denominada magnocelular y resultante de la activación del circuito neuronal tálamo-amígdala, dispara una alerta inmediata mucho antes de que hayamos realizado un análisis mínimamente consciente de la situación.

Pero no solo hay automatismos. Junto con esta preparación automática de nuestro cuerpo para responder a la amenaza, se activa la vía parvocelular, ruta mucho más precisa y lenta que permite decidir con “voluntariedad sopesada”. Intercalando un paso intermedio por la corteza cerebral (tálamo-corteza prefrontal-amígdala), valoramos el peligro y modulamos “juiciosamente” la respuesta. Así “nos pensamos” si actuar o dejar sin contestación física a la amenaza del “fanfarrón”.

Aunque en nuestro contexto civilizado actual rara vez los conflictos personales suponen un peligro físico, nuestra biología sigue reaccionando igual que millones de años atrás. Y con un dato añadido de especial trascendencia: es mejor sobrerreaccionar ante posibles amenazas que subestimarlas. Es lo que se denomina el sesgo de negatividad, que nos hace percibir hostilidad incluso cuando no la hay. En otras palabras, que nuestro cerebro prioriza la seguridad sobre la exactitud y tiende a dar galletas antes de que te las den.

Por eso hay que insistir tanto en la educación: para evitar tirarse directamente a la yugular del que osa enviarnos una mirada de odio y prevenir escenas tan poco evolucionadas como las que manifiestan algunas competiciones deportivas o los plenos de algunos parlamentos.

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A. Victoria de Andrés Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando los ojos atacan: el odio en la mirada – https://theconversation.com/cuando-los-ojos-atacan-el-odio-en-la-mirada-281271

¿Son menores, adolescentes o niños? El debate sobre cómo nombrar la minoría de edad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Casado-Neira, Titular de universidad de sociología, Universidade de Vigo

JLco Julia Amaral/Shutterstock

Hay nombres que se usan por acuerdo común, como niñas y niños, adolescentes, jóvenes o menores de edad. La cosa parece estar clara. Pero hay un problema: son categorías desiguales que se entrecruzan. En algunas ocasiones se usan como sinónimos, otras de forma complementaria y otras, excluyente.

A veces, la palabra menor se utiliza con cierta connotación negativa, es burocrática y poco empática. Aparece frecuentemente en los medios de comunicación en noticias sobre infracciones, vulnerabilidades o conflictos.

Actualmente hay un rechazo a usar “menores de edad” para referirse a las niñas, niños y adolescentes. La acusación es de adultocentrismo e infravalorización. De hecho, México, desde 2023, ha prohibido el uso de “menor” para respetar los principios de interés superior y derechos a la igualdad y no discriminación. A la vez que, constitucionalmente, establece la niñez hasta los 12, la adolescencia hasta los 18 y la minoría de edad en los 18 años. No se puede usar la palabra, pero siguen siendo menores. Un lío.

Ni siquiera el nombre de la Convención sobre los Derechos del Niño –Convention on the Rights of the Child– está exento de controversia. El genérico children –niños– hoy nos resulta excluyente de las niñas y de las personas no binarias.

¿Cuál es la definición de “niño”?

La Convención define así al niño: “Para los efectos de la presente Convención, se entiende por niño todo ser humano menor de dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad”. Si no se establece a quién se aplican estos derechos, la Convención sería casi papel mojado.

En esta definición hay tres elementos fundamentales:

  1. Ese límite de edad se aplica a los objetivos de la Convención, no de forma abstracta.

  2. Es extensible a todos los seres de la especie Homo sapiens.

  3. Establece que el “niño” es una persona jurídica autónoma en base a la edad oficial (la del registro de nacimiento).

Este último punto no es banal. Es precisamente su identificación lo que permite que a alguien le sean reconocidos o no estos derechos. Sin una edad oficial no hay derechos que valgan. De ahí la importancia y trascendencia de las pruebas de determinación de edad en menores sin identificación. Sobre todo en circunstancias como un juicio, cuando se decide si alguien es juzgado como persona adulta o no.

En la Constitución española también se establece que la minoría de edad ocupa de los 0 hasta los 18 años cumplidos: “Los españoles son mayores de edad a los dieciocho años”. Precisamente se ha definido la infancia, la niñez o la adolescencia por oposición al mundo adulto.

Un actor social con voz propia

Desde 1989, la Convención ha definido al “niño” como una persona jurídica que puede ejercer y reclamar sus derechos. Esto ha provocado una mayor concienciación sobre su situación e impulsado debates sobre esos derechos. Emerge un actor social con voz propia.

Históricamente, en Europa la definición del menor era como hija o hijo, en base a su pertenencia familiar. Hasta que se emancipase al fundar una familia propia, la responsabilidad recaía en los cabezas de familia. Ahora, al “niño” se le reconoce como sujeto de derecho propio, independientemente de la familia y condición social. Desde que nace es un sujeto (un futuro ciudadano) con derechos específicos.

Todo esto nos pone ante el dilema de cómo nombrar a las personas no adultas. No nombrar no es una solución, como tampoco lo son los eufemismos, que nombran lo mismo con otras palabras.

Qué palabras podemos usar

¿Se puede cambiar la realidad solamente usando otras palabras? Se abren tres escenarios:

  1. La confluencia del mundo del “niño” con el del adulto. Esto supondría su disolución o, en otras palabras, la desaparición de la niñez.

  2. Un simple cambio de nombre, una denominación aparentemente más neutra y empática. Se seguiría perpetuando el principio de “no adulto” bajo otro nombre.

  3. El reforzamiento de un estatus propio, lo que implicaría seguir siendo identificado como diferente al adulto, pero no discriminado, sino con mayor peso social.

Infantes, niñas y niños, preadolescentes, adolescentes y jóvenes

La alternativa de usar “niñas, niños y adolescentes” no está exenta de dificultades. Se refieren a unas u otras franjas de edad dependiendo del ámbito desde el que se habla. De acuerdo al desarrollo cognitivo, estadio sensomotor (0-2 años), preoperacional (2-7), de operaciones concretas (7-12) y formales (de los 12 en adelante), y son franjas aproximadas.

La Organización Mundial de la Salud diferencia entre infantes (neonato, desde el nacimiento hasta 1 mes; bebé, de 1 mes a 1 año), niñas y niños (que incluye primera infancia, 1-5 años; infancia media, 5-10 años; preadolescentes, 10-15; adolescentes, 15-19 y jóvenes (de 15 a 24). Si atendemos a la madurez sexual, no coincide, y las franjas son aún más difusas y variables: a partir de los 8 años en niñas y 9 en niños. Y el aspecto físico en las proximidades a la adultez o en la pubertad tampoco ayuda a ser precisos en establecer la edad.

Sujetos de derechos propios

La discusión, abierta y fundamental, gira en torno al adultocentrismo, la discriminación por edad (edadismo) y la falta de reconocimiento de derechos o de capacidad.

Menor de edad hace referencia a quién se beneficia de unos derechos específicos, no a las características innatas de una persona. Llamémoslas niñas y niños, adolescentes o de otra forma, pero tienen que ser identificados por su edad para ser reconocidos como sujetos de derechos propios. Una alternativa podrían ser pruebas de madurez, pero eso sería otra historia.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Son menores, adolescentes o niños? El debate sobre cómo nombrar la minoría de edad – https://theconversation.com/son-menores-adolescentes-o-ninos-el-debate-sobre-como-nombrar-la-minoria-de-edad-281700

Ciberacoso: ¿cómo pueden ayudar los docentes?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Mérida López, Profesor Ayudante Doctor en el área de Psicología Social, Universidad de Málaga

Dmytro Zinkevych/Shutterstock

“Todo empezó con una foto editada con inteligencia artificial”, relata Ana. Un compañero la compartió en un grupo privado y, en horas, la humillación circulaba por todo el centro. Ahora Ana no solo sufre mensajes hirientes en redes, también se enfrenta al silencio cómplice de los pasillos y a notas crueles en su pupitre. Para ella, el mundo digital y el físico se han fundido en un único espacio de malestar del que no puede escapar.

El caso de Ana no es una excepción. Relatos como este son habituales en el ámbito educativo. En una clase promedio de 30 estudiantes, las estadísticas de informes como los de UNICEF o de la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación ANAR indican que, de media, dos o tres estudiantes por aula podrían estar sufriendo esta situación en silencio.

El ciberacoso tiene efectos devastadores en la salud mental: depresión, ansiedad, alteraciones del sueño, sentimientos de soledad y, en los casos más graves, ideación suicida. A pesar de los esfuerzos institucionales y de los debates sobre la restricción de dispositivos, las investigaciones sugieren que las medidas puramente punitivas no bastan.


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Las competencias emocionales del profesorado

Si bien las competencias emocionales del alumnado funcionan como un recurso de afrontamiento clave, la ciencia está poniendo el foco en un factor social determinante: la percepción que el alumnado tiene de las competencias emocionales de su profesorado.

Nuestra investigación reciente revela que cuando los estudiantes perciben en sus docentes comportamientos emocionalmente competentes (empatía, escucha activa y validación), la cibervictimización tiene menos consecuencias psicológicas graves.




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El clima emocional del aula actúa como un “amortiguador”, y en este clima no solo influye que el alumnado disponga de buenas herramientas emocionales, sino que sienta apoyo o comprensión de su profesorado.

Una influencia positiva

No se trata de responsabilizar al profesorado de lo que ocurre tras las pantallas, sino de reconocer su influencia en el ambiente emocional del aula. En el caso de Ana, un profesor o profesora emocionalmente competente habría detectado cambios en su comportamiento (por ejemplo, menos participación, mayor aislamiento o descenso en el compromiso académico) y habría generado un espacio de conversación privada para preguntarle cómo se encontraba y ofrecer herramientas para intervenir.

Una formación sólida en competencias emocionales facilita la detección temprana y permite ofrecer a víctimas como Ana un entorno seguro que amortigüe el impacto psicológico mientras se ponen en marcha las medidas institucionales y restaurativas necesarias.

Clima emocional y docente

Para que los profesores y profesoras sean percibidos por sus estudiantes como figuras en las que confiar y capaces de construir un clima positivo en el aula, se pueden poner en práctica una serie de comportamientos en el día a día.

Algunas claves pueden ser:

  • Mostrar a chicos y chicas que nos importa cómo se sienten. Iniciar la clase con preguntas como: “¿Qué tal el día?” o “¿Cómo estáis?” puede parecer un gesto sencillo, pero prestar atención a las respuestas, mostrar interés o retomar más tarde algo que hayan comentado ayuda a transmitir que su bienestar importa.

  • Mostrarse accesible y facilitar la comunicación más allá de los contenidos académicos. Por ejemplo, aprovechar los cambios de clase o el inicio para mantener conversaciones informales. Esto puede ayudar a crear un clima de cercanía donde el alumnado se sienta cómodo compartiendo preocupaciones.

  • Validar las emociones del alumnado sin minimizarlas. Por ejemplo, si surge una discusión entre estudiantes en una clase el o la docente puede reconocer primero el enfado o la frustración antes de intervenir para resolver el conflicto. De esta forma se reduce la tensión inicial y el alumnado se siente escuchado, lo que facilita reconducir la situación.

  • Identificar cambios en el comportamiento y generar espacios seguros de conversación. Prestar atención a señales como una menor participación en clase, mayor aislamiento de los compañeros o una caída repentina en el rendimiento académico puede ayudar a detectar situaciones de malestar. Por ejemplo, si una estudiante como Ana que suele participar activamente lleva varias semanas sin hacerlo, puede ser útil buscar un momento tranquilo al final de la clase o en una tutoría para preguntarle cómo se encuentra.




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Estos comportamientos fortalecen el vínculo entre docentes y estudiantes y pueden ayudar a que el profesorado sea percibido como una figura de referencia. Además, prestar atención a las claves emocionales del aula facilita la detección temprana de situaciones de malestar o de posibles dinámicas de acoso o ciberacoso.

Hacia una cultura del respeto

La prevención del ciberacoso es responsabilidad de toda la comunidad educativa. Además de la implicación del profesorado, es necesaria la formación socioemocional y digital del alumnado y el acompañamiento activo de las familias.




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No se trata únicamente de activar protocolos ante un conflicto, sino de sostener una cultura escolar que prevenga el daño antes de que aparezca. Y la prevención eficaz no nace únicamente de normas y sanciones, sino de relaciones personales sólidas y entornos educativos donde el respeto y la empatía forman parte de la experiencia diaria del alumnado. Cuando estas competencias se trabajan de manera sistemática y transversal apostando por la implicación de todos los agentes educativos es cuando se reducen las conductas de riesgo.

The Conversation

Este trabajo forma parte del proyecto de I+D+i PID2020-117006RB-I00, financiado por MCIN/AEI/10.13039/ 501100011033/ y el Grupo PAIDI CTS-1048 (Junta de Andalucía). Esta investigación también ha sido apoyada por la Universidad de Málaga. Financiación parcial para el cargo de acceso abierto: Universidad de Málaga / CBUA.

Este trabajo deriva parcialmente del apoyo de la Junta de Andalucía bajo el contrato POSTDOC 21 00364.

Jorge Gómez Hombrados recibe fondos del Ministerio de Universidades (FPU21/02323).

Natalio Extremera Pacheco no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ciberacoso: ¿cómo pueden ayudar los docentes? – https://theconversation.com/ciberacoso-como-pueden-ayudar-los-docentes-273936

¿Por qué Europa quiere sacar WhatsApp de los despachos oficiales?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Profesor de Derecho Internacional y de Relaciones Internacionales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Los sistemas de mensajería instantánea para uso institucional están a punto de dejar de pertenecer a Meta. John Smith / Unsplash. , CC BY-SA

WhatsApp no va a desaparecer de los móviles de los europeos, pero sí está perdiendo terreno en los despachos oficiales. La razón es simple: la Unión Europea y varios gobiernos nacionales quieren separar la comunicación privada de la institucional, y hacerlo con herramientas que estén bajo control europeo, por motivos de soberanía digital, seguridad y protección de datos.

Durante años, WhatsApp se convirtió en una especie de lengua franca digital. Se usa para organizar reuniones, coordinar equipos y, también, para intercambiar mensajes de trabajo.

El problema es que, cuando esa costumbre entra en la administración pública, deja de ser solo una cuestión de comodidad: pasan a circular por una plataforma privada asuntos sensibles, con un riesgo evidente para la confidencialidad y para la trazabilidad de la información.

El peligro del cifrado de extremo a extremo

Muchas veces se piensa que, si una aplicación tiene cifrado de extremo a extremo, ya es suficiente. Pero el debate europeo va mucho más allá. Aunque el contenido del mensaje esté protegido, siguen existiendo los metadatos: quién habla con quién, cuándo, desde dónde y con qué frecuencia. Ese rastro puede ser muy valioso para fines comerciales, pero también para inteligencia o espionaje.

Además, el servicio pertenece a Meta, una empresa estadounidense, y eso abre otra discusión: quién controla la infraestructura, bajo qué jurisdicción opera y qué ocurre cuando entran en juego leyes extraterritoriales. La Unión Europea quiere reducir esa dependencia tecnológica porque la considera un problema estratégico, no solo técnico.

Europa crea sus propias soluciones

La transición no es uniforme, pero sí va en la misma dirección. Francia ha sido uno de los casos más visibles: desarrolló Tchap como plataforma segura para funcionarios y, en 2025, dio un paso más al imponer su uso para comunicaciones oficiales.

En Alemania, el Bundesmessenger se ha consolidado como alternativa institucional; Bélgica ha impulsado BIM. Otros países, como Países Bajos, Luxemburgo y Polonia, también avanzan en soluciones propias.

La Comisión Europea, por su parte, está reforzando su estrategia de soberanía digital. Bruselas insiste en que la autonomía estratégica no significa aislarse, sino controlar mejor las infraestructuras críticas y reducir vulnerabilidades frente a actores externos.

Conflicto inevitable con Meta

El choque con Meta añade un problema adicional. La Comisión Europea ha investigado a la empresa por posibles prácticas abusivas vinculadas a WhatsApp y a la integración de chatbots de inteligencia artificial en la plataforma. En febrero de este año, se informó de que Bruselas estudia obligar a Meta a que retire restricciones que habrían dificultado la entrada de asistentes rivales en WhatsApp.

Ese conflicto importa porque muestra algo más amplio: la UE quiere evitar que una plataforma dominante condicione el mercado digital europeo, usando herramientas más seguras. El debate sobre WhatsApp toca privacidad, competencia y poder económico al mismo tiempo.

Soberanía digital en el sector público

La idea central es que Europa no quiere depender de una aplicación extranjera para comunicaciones oficiales sensibles. Si una administración maneja presupuestos, sanciones, contratos, seguridad o diplomacia por una app comercial, está cediendo parte del control sobre su información y sobre sus canales de trabajo.

Por eso, el movimiento se interpreta como una política de soberanía digital. Se trata de establecer una frontera clara entre la mensajería cotidiana de los ciudadanos y la comunicación institucional de los Estados.

A corto plazo, el cambio parece más probable en el sector público que en la población general, si la UE consolida servicios interoperables, seguros y sencillos. Si las alternativas europeas logran unir privacidad, facilidad de uso y adopción institucional, el abandono de WhatsApp en la administración se convertirá en tendencia irreversible.

Para los ciudadanos, en cambio, WhatsApp sigue siendo muy difícil de reemplazar por el efecto red: lo usa casi todo el mundo y eso hace costoso cambiar de plataforma.

Impactos del cambio

Para las administraciones públicas europeas, este cambio supondrá una transformación profunda en la gestión diaria. Los funcionarios pasarán de depender de una sola app universal a herramientas diseñadas específicamente para entornos institucionales, con protocolos estrictos de auditoría y retención de mensajes. Esto blindaría la confidencialidad y facilitaría el cumplimiento de normativas como el RGPD, además de evitar multas millonarias por fugas accidentales de datos sensibles.

El impacto económico también será notable. Invertir en plataformas propias –como Tchap en Francia o BIM en Bélgica– requerirá presupuestos iniciales elevados, pero a largo plazo generará ahorros al eliminar licencias de servicios extranjeros y reducir riesgos cibernéticos. También impulsará un ecosistema de proveedores europeos, creando empleo en ciberseguridad y desarrollo de software, alineado con la estrategia de autonomía tecnológica de la UE.

Finalmente, desde el punto de vista operativo, se espera una mayor interoperabilidad entre países. Como ejemplo concreto, imaginemos a un diplomático español que se coordina operaciones diplomáticas sensibles con su homólogo alemán sin fricciones técnicas: los sistemas federados permitirían fluidez y seguridad, fortaleciendo la cohesión europea frente a eventuales crisis.

El riesgo principal es una curva de aprendizaje inicial –la resistencia natural al cambio entre usuarios–. Aun así, si la transición avanza al ritmo previsto, el abandono de WhatsApp tenderá a consolidarse en ministerios y agencias a partir de este año.

The Conversation

Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué Europa quiere sacar WhatsApp de los despachos oficiales? – https://theconversation.com/por-que-europa-quiere-sacar-whatsapp-de-los-despachos-oficiales-282110

South Africans are far less tolerant of migrants than before – hotspots, drivers and solutions

Source: The Conversation – Africa (2) – By Steven Gordon, Chief Research Specialist., Human Sciences Research Council

Anti-immigrant marches in several major South African cities (such as Tshwane and Johannesburg) in early May 2026 once again led to questions being asked about xenophobia in post-apartheid South Africa.

In the wake of the protests President Cyril Ramaphosa called on South Africans to embrace solidarity with their African neighbours. For their part, foreign governments lodged their protests while police sought to curtail violence.

The tension in the country was palpable.

Are the recent outbreaks of anti-immigrant activism a harbinger of a wider uptick in anti-migrant sentiment amongst South Africans? Recent public opinion data from the Human Sciences Research Council (HSRC) suggests that this might be the case.

The HSRC’s South African Social Attitudes Survey is an important source of information on what ordinary South Africans think about international migration. The survey series consists of nationally representative, repeated cross-sectional surveys that have been conducted annually by the HSRC since 2003.

The latest data, from the 2025 survey, show that South Africans are more hostile towards immigrants than at any other time before since the survey began in 2003. An important dimension of the change has been an attitudinal shift and hardening of attitudes towards migrants among poorer and working-class adults. In addition, the recent growth of anti-immigrant sentiment has been geographically concentrated in four provinces: Mpumalanga, Gauteng, Limpopo and KwaZulu-Natal.




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The rise in anti-immigrant sentiment is particularly concerning given that the country is due to hold local government elections on 4 November 2026. Aspirant political parties, in an attempt to maintain or gain power, may seek to exploit anti-immigrant sentiment for their own ends. In this way elections can provide a potential accelerant for xenophobia.

Growing hostility may even provoke xenophobic violence in a country that has a long history of collective anti-immigrant hate crime. and is home to more than two million international migrants.

Declining Hospitality

South African Social Attitudes Survey has included the following in its questionnaire since 2003:

Please indicate which of the following statements applies to you? I generally welcome to South Africa… (i) All immigrants; (ii) Some immigrants; (iii) No immigrants; and (iv) Uncertain.

In 2003 about a third (34%) of the South African adult population said that they would welcome all immigrants. The remainder indicated that they would accept either none (32%) or some (35%).

The proportion of the public that would be prepared to welcome foreigners tended to fluctuate within a narrow band over the 2003-2017 period.

But around the time of the COVID-19 pandemic in early 2020, the research data began to show an upswing in anti-immigrant sentiment.




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About a quarter (26%) of those surveyed said that they would welcome all immigrants during the 2021 survey round. This was similar to figures in the mid-2010s.

But the share that held this hospitable attitude fell in subsequent survey rounds. In 2025 15% of adults said that they would welcome all foreigners.

Conversely, the proportion of the public adopting a hostile position (in other words ‘welcome no immigrants’) increased from 30% in 2021 to 42% in 2025.

Geography and class

The provinces with the highest growth in anti-immigrant sentiment – Mpumalanga, Gauteng, Limpopo and KwaZulu-Natal – are ones through which most immigrants travel and often settle.

The situation has become particularly delicate in KwaZulu-Natal. The share of adults in the province who said that they would welcome no immigrants grew from 23% in 2021 to 45% in 2023 and then again to 60% in 2025.

The upsurge in hostility in KwaZulu-Natal could be linked to growing popular anger against the current economic and political status quo. A staggering 88% of provincial residents are unhappy with present economic conditions, and an equal proportion expect conditions to worsen over the next five years.

The notable attitudinal shift among poor people is also concerning.

South Africa is a highly unequal nation characterised by stark economic divisions. Most citizens can be found on the wrong side of these divides and could be classified as economically disadvantaged.

Historically, as research has shown, anti-immigrant sentiment in the country tended to cut across class divisions. But in the years following the COVID-19 pandemic, something changed.

Before the pandemic, South African Social Attitudes Survey data showed a linear relationship between economic disadvantage and anti-immigrant sentiment. In the years following the pandemic, however, a clear pattern emerged. As the lockdowns ended and the post-pandemic recovery began, most socioeconomic groups in South Africa became more and more hostile towards immigrants. But antipathy grew at a much more aggressive rate for the low and lower middle socioeconomic groups.

During the 2025 survey round, adults in these groups were much more hostile towards foreigners than those in the upper middle and high socio-economic groups.

The drivers

What could have caused the economically disadvantaged to become more antagonistic towards immigrants over the last five years or so?

It could be argued that the poor have become more likely to scapegoat foreigners for the failures and inequalities of the post-pandemic economic recovery. Poor people have been badly affected by a cost of living crisis and persistent deindustrialisation. They need someone to blame and foreigners have long provided a handy scapegoat.

The South African economy has struggled in the last few years, dealing with doggedly high unemployment. The country also has notoriously high crime rates. Such problems, as experts have argued again and again, cannot be directly laid at the feet of immigrants living in the country. But it would appear that they are getting blamed anyway.

What should be done?

The South African government has a National Action Plan to Combat Racism, Racial Discrimination, Xenophobia and Related Intolerance.

Implemented in March 2019, one of its goals was to reduce public hostility towards migrants. Clearly, whether because of a lack of resources or government coordination, the plan has not succeeded.

The country needs to reinvigorate it and its associated processes. What’s needed is political, civic and community leaders to address legitimate socio-economic grievances without allowing immigrants to become scapegoats for deeper structural failures in society.

Efforts to strengthen social cohesion, improve economic inclusion, enhance public trust in governance and promote responsible political leadership are also crucial.

Well-provisioned and effective anti-xenophobia strategies are urgently required to address the worsening situation. The alternative is to allow hatred to flourish.

The Conversation

Steven Gordon has received funding from South Africa’s National Research Foundation. He is affiliated with the University of Johannesburg.

ref. South Africans are far less tolerant of migrants than before – hotspots, drivers and solutions – https://theconversation.com/south-africans-are-far-less-tolerant-of-migrants-than-before-hotspots-drivers-and-solutions-282389

For preschoolers, fear of new foods is common — and responding can feel anything but simple

Source: The Conversation – Canada – By Jessie-Lee McIsaac, Associate Professor, Canada Research Chair in Early Childhood: Diversity and Transitions, Mount Saint Vincent University

Feeding children can be challenging. It is sometimes hard to know if you’re getting it right.

We want the best for our children, and we often think that means making sure they eat the right amounts of the right foods. Research tells us that we also need to think about how we’re supporting children to eat, and the messages they receive about food.

With more children attending child care for the vast majority of their day, early learning settings are critically important for promoting children’s optimal growth and development during foundational years.

Opportunities for nourishment in these settings are especially important as more than one in four children experience food insecurity at home.

What does responsive feeding mean?

Children are born with the ability to recognize their own hunger and fullness.

Over time, this capacity may shift as cultural and social beliefs around feeding young children — and financial stress or food insecurity — can result in caregivers overriding children’s internal cues by controlling their food intake. This can involve pressuring them to eat, restricting food or using food to reward behaviour.

It takes time for young children to learn about different foods and textures. Some children are adventurous eaters who may be excited to try new foods and accept them more quickly. Other children may be naturally more cautious eaters and need support or extra time.

A responsive feeding environment allows children to communicate their feelings of hunger and fullness, and in this way encourages children to regulate their own eating.

When caregivers respect a child’s autonomy, children can build comfort with a wide variety of foods and textures. This allows children to practise self-regulation by responding to feelings of hunger and fullness, and develop a lifelong healthy relationship with food.

Responsive feeding in child care

We established the CELEBRATE Feeding project, which stands for Coaching in Early Learning Environments to Build a Responsive Approach to Eating and Feeding.

Our project has worked with child-care programs in Nova Scotia and Prince Edward Island. It supports early childhood educators to build their confidence and skills in responsive feeding — while fostering the joy of eating through an environment that celebrates diversity and inclusion.

We developed the CELEBRATE Feeding Approach as a flexible framework to support key educator behaviours in priority areas of change. These areas include mealtime routines and how educators talk about food throughout the day.

Educators discovered their powerful impact through role modelling when they sit and eat the same foods as children.

When we support children in having control of what and how much goes on their plate, they build autonomy with their decisions about the food as well as physical and fine-motor skills.

Reducing pressure

Through CELEBRATE Feeding, educators reshaped their language to reduce pressure on children to eat more or less, or to eat certain foods.

This meant moving away from coercing, praising or rewarding children based on what they were eating. Children may take a bite when pressured to eat, but in the long-term this pressure can backfire and make them less willing to accept the food.

We encouraged educators to focus on more neutral language by avoiding labelling foods as good or bad, and not pressuring children to eat more or less of certain foods.

Table talk

Educators also engaged children in conversations at the table that were not just about food. Focusing on connection and fun at the table, rather than worrying about what children are eating, can especially help children who may be stressed at mealtime because of household food insecurity or because they have been labelled as difficult or picky eaters.

We want to create a safe, positive environment for children to enjoy a variety of foods and avoid attaching feelings of guilt and shame to food.




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Encouraging food exploration

Educators were coached to provide repeated opportunities for children to explore foods, without the expectation to eat or taste. This was achieved through meals and play, gardening, cooking, sensory activities and food-related books, songs and materials.

Children explored food through sight, smell, touch and taste in positive and joyful ways to support their curiosity and confidence as competent eaters.

Basil Bunny video, created in partnership with Celebrate Feeding at the University of Prince Edward Island and ‪@Tunesandtalltales‬.

Shifting perspectives around eating

Changing our approach around food can be hard. As adults, our own personal values and beliefs around food have been shaped throughout our lives. Our cultural and social beliefs around food, financial stress or food insecurity influence what we say and do when we’re with children.

Engaging families in this process and keeping equity and inclusion at the forefront can help create food environments that support everyone.

One director of a child-care program told us that in every facet of a child’s life, educators viewed children as capable and confident except when it came to food. Participating in the CELEBRATE Feeding project was a game-changer for shifting perspectives for her and her team.

A perspective shift means that we need to trust that while adults’ concern for children’s nutrition is genuine and well-meaning, children are capable of practising self-regulation by responding to feelings of hunger and fullness.

Prioritizing curiosity and joyfulness

Educators have been overwhelmingly receptive to rethinking their approach to feeding children by prioritizing curiosity and joyfulness rather than coercion and obligation.

We are continuing to share these messages through professional development and resources on our website.

While it sometimes feels hard to get it right when feeding children, we encourage caregivers to take a breath and aim for connection at the table.

Creating trust, confidence and enjoyable food memories are perhaps more important for long-term health than one resentful bite of broccoli.

The Conversation

Jessie-Lee McIsaac has received funding from the Canadian Institutes of Health Research for the CELEBRATE Feeding project and other research. She has also received project funding from the Social Sciences and Humanities Research Council, Public Health Agency of Canada, Margaret and Wallace McCain Family Foundation, and the Nova Scotia Department of Education and Early Childhood Development. Her research program is undertaken, in part, thanks to funding from the Canada Research Chairs program. McIsaac is a board member of a non-profit child care centre in Nova Scotia.

Our Celebrate Feeding intervention used the Nourishing Beginnings program from the Dairy Farmers of Canada as one training opportunity for educators. While Dairy Farmers of Canada is an industry group, Nourishing Beginnings was designed to align with evidence-based responsive feeding and child nutrition guidelines. The workshop offered to educators during our intervention was delivered by our Coaches (Registered Dietitians) with support from Dairy Farmers of Canada Dietitians. No team members received personal financial benefit from Dairy Farmers of Canada related to their work with CELEBRATE Feeding.

Julie E. Campbell receives research funding from the Government of Nova Scotia

Melissa (Misty) Rossiter received project funding from the Canadian Institutes of Health Research and the Social Sciences and Humanities Research Council and has been supported by a Jeanne and J.-Louis Lévesque Research Professorship in Nutrisciences and Health.

ref. For preschoolers, fear of new foods is common — and responding can feel anything but simple – https://theconversation.com/for-preschoolers-fear-of-new-foods-is-common-and-responding-can-feel-anything-but-simple-280899

We developed a biodegradable wash that can remove pesticides and keep fruit fresh longer

Source: The Conversation – Canada – By Tianxi Yang, Assistant Professor, Food Science, University of British Columbia

Such washes can help remove pesticides and keep produce fresh, appealing and more likely to be eaten. (Unsplash/Melissa Askew)

Many grocery shoppers know the routine: bring fruit and vegetables home, rinse them, dry them and hope they stay fresh long enough to be eaten. But fresh produce is delicate. Grapes shrivel, apple slices brown and berries can spoil quickly.

At the same time, many people worry about what may remain on the surface of fruit they buy, including pesticide residues.

Cleaning and freshness are usually treated as separate problems that require different treatments. Washing feels like a simple act of control. But it’s not quite that simple.

The U.S. Food and Drug Administration recommends rinsing produce under running water and says soap, detergent and commercial produce washes are not recommended. Water helps, but it does not solve every problem.

Our new study suggests those goals may be combined. We developed a dual-function biodegradable wash that is able to remove surface pesticide residues and form a thin protective layer to help fruit stay fresh for longer.

The timing matters. Around one quarter of fruits and vegetables are lost or wasted globally each year. For fresh produce, even small gains after harvest can matter because quality can change quickly during shipping, storage and daily use at home.

What’s inside and how does it works?

Food science professor Tianxi Yang explains how the biodegradabe wash works. (UBC)

The wash developed in the study is made from starch nanoparticles, tannic acid and iron. Starch is a plant-based material often used in food science because it can form films. Tannic acid is a plant compound found in many foods and plants. Iron helps connect tannic acid into a fine network on the surface of the starch particles.

In plain terms, starch provides the base, tannic acid adds useful plant chemistry and iron helps hold the structure together. During rinsing, this structure can interact with some pesticide molecules on the fruit’s surface and helps wash them away.

When immersed, the same wash can form a very thin coating layer. This is not meant to be a heavy wax-like layer. It is closer to a light surface film that can slow water loss and help maintain appearance. That matters because people often decide whether to eat or throw away fruit based on how it looks and feels.

Removing surface pesticide residues

The cleaning results were strong. On apple surfaces, the wash removed more than 85 per cent of thiabendazole, compared with 48 per cent for tap water, 65 per cent for baking soda and 61 per cent for native starch.

Thiabendazole is a fungicide used on some fresh produce post-harvest. We also tested two other pesticides. The wash removed 93 per cent of the acetamiprid residues and 89 per cent of imidacloprid from apple surfaces. These results suggest the wash can work across more than one type of pesticide residue, rather than only one special chosen compound.

There is, however, an important limit. The study focused on residues on the fruit surface. Some pesticides can move into plant tissue while the fruit is growing, which makes them much harder to remove after harvest.

A better wash should not be understood as a way to erase all pesticide exposure. It’s a tool for reducing what’s on the surface of a fruit or vegetable.




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Keeping produce fresh longer

a grape and apple slice at different stages of decay
Grapes and apples dipped in the UBC wash lost less moisture and browned more slowly compared to samples not treated with the wash.
(Tianxi Yang/UBC Media Relations)

The second part of our study looked at freshness. Over 15 days, untreated grapes lost around 45 per cent of their weight, while grapes treated with our wash system lost only 21 per cent. Fresh-cut apples also lost less weight over 48 hours, dropping from 17 per cent in untreated samples to nine per cent.

Those changes can impact what people buy. Treated grapes looked fresher after storage, and apple slices stayed lighter for longer. That kind of change matters outside the lab because produce that looks dried out or browned is less likely to be eaten.

The coating also showed an ability to slow oxidation and inhibited a test bacterium in laboratory experiments. This doesn’t mean the wash has completed all the safety tests needed for consumer use. However, it does suggest the coating may do more than simply sit on the surface.

What this could mean in practice

For now, a realistic use for our wash would likely be in post-harvest processing plants, not kitchen sinks. Processing facilities can control washing time, concentration, water handling and disposal more carefully than households can. We estimated the raw-material cost is less than US$0.032 per apple. Meanwhile, we are actively working on developing a household spray formulation for consumer use.

More work is needed. The wash should be tested on more fruits and vegetables, under commercial conditions and through the regulatory steps required before real-world use.

Still, the idea is useful because it reframes the problem. A fruit wash doesn’t have to be only a rinse. It could clean more effectively and then keep working, helping produce stay fresh, appealing and more likely to be eaten.

The Conversation

The research discussed in this article received funding from the Natural Sciences and Engineering Research Council of Canada (NSERC).

Ling Guo and Tzu-Cheng (Ivy) Chiu do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. We developed a biodegradable wash that can remove pesticides and keep fruit fresh longer – https://theconversation.com/we-developed-a-biodegradable-wash-that-can-remove-pesticides-and-keep-fruit-fresh-longer-280902

What the jet fuel crisis means for your summer flights and travel plans

Source: The Conversation – Canada – By John Gradek, Faculty Lecturer and Academic Program Co-ordinator, Supply Network and Aviation Management, McGill University

For many residents in the Northern Hemisphere, the advent of the summer season has always signalled travel. Travel with family, travel with friends, adventure travel, sightseeing travel, travel by automobile, travel by train, travel by air.

Air travel for Canadians this summer is looking to be one of the most turbulent seasons in decades, squeezed by a U.S. travel boycott that began in early 2025 and a global aviation fuel crisis triggered by the closure of the Strait of Hormuz.

What might air travel this summer look like, and what should passengers expect when making travel plans?

Canadians are still boycotting the U.S.

Since early 2025, Canadians have shunned travel to the United States in response to U.S. President Donald Trump’s tariff threats and repeated remarks about Canada becoming the “51st state.”
Canadian return trips from the U.S. are down 32 per cent compared to March 2024, according to Statistics Canada. Canadians instead preferred domestic or other international travel locations.

The air travel industry has taken notice. Canadian airlines cut capacity to the U.S. by 10 per cent in the first quarter, according to aviation data firm OAG. Air Transat even plans to end all its U.S. flights by June.

Air Canada expanded flights to and from Mexico and has introduced new air routes. WestJet has also announced new domestic routes for the summer, along with adding additional flights between Eastern and Western Canada.

To characterize these plans as aggressive would be an understatement.

The ongoing fuel crisis

On Feb. 27, the U.S.-Israeli military campaign against Iran began. Iran’s subsequent closure of the Strait of Hormuz — through which roughly one-fifth of the world’s oil normally moves — has sent aviation fuel prices soaring, affecting supplies destined for Asia and Europe.




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Since the war began, jet fuel prices have risen nearly 70 per cent, according to the Platts Global Jet Fuel Index. Air carriers have been forced to adjust their capacity plans and increase airfares.

Several global regions are facing imminent shortages of aviation fuel. Several Asian and Western European countries have begun to ration fuel products such as gasoline, diesel and aviation fuel as local reserves dwindle.

Some carriers have begun to implement capacity reductions in response to rationing measures, impacting both aircraft and staff levels.

Spirit’s collapse as a warning

Financial turmoil has now become the the subject of heated conversation in airline boardrooms, with any number of initiatives being considered to conserve liquidity in an environment that threatens the survival of many carriers.

The clearest illustration of that pressure came May 2 when Spirit Airlines shut down. Spirit ranked eighth among U.S. airlines by seats offered in 2025. Its closure has left roughly 17,000 employees without jobs and stranded tens of thousands of passengers who held tickets for future travel.

U.S. Transportation Secretary Sean Duffy said the airline “was in dire straits long before the war with Iran,” but the fuel price spike removed any remaining margin for survival. Spirit Airlines CEO Dave Davis told The Wall Street Journal the airline’s recovery plan would have succeeded if not for the Iran war and soaring fuel prices.




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Spirit’s exit will remove one of the few remaining ultra-low-cost options for American travellers, and could push fares higher across the industry.

Its closure has brought the aviation fuel cost crisis into immediate focus with both regulators and the travelling public. Are other U.S. carriers at risk of the same fate as Spirit? Are other airlines globally at risk as well?

What this means for summer 2026 travel

For Canadians planning summer travel, the picture divides roughly along domestic and international lines.

Airlines have increased fares to recover fuel cost increases, cut services on routes that have become unprofitable and begun redrawing growth schedules to reflect geopolitical uncertainties.

For travellers contemplating international travel this summer, airfares have increased substantially. Domestic Canadian fares are also higher than 2025 levels, though the increase is more modest.

Demand on domestic routes has remained strong, and carriers have given no indication of softening. Competition among carriers — a key driver of lower airfares — has been muted at best, with airlines focused on profitability and, in some cases, survival.

Like all such crises, this aviation fuel crisis will eventually end. The question of when is the subject of debate and consternation. The International Air Transport Association has noted that even if the Strait of Hormuz were to reopen, recovering normal jet fuel supply could take months.

For travellers still finalizing summer plans, the central question is how much risk they can tolerate. Further capacity cuts are possible if not likely, and passengers will get minimal notice if flights are cancelled.

Those who want a straightforward, low-stress trip would do well to look closer to home and stick to domestic flights. Those with more flexibility and appetite for uncertainty will find that international travel this summer will be one for the record books.

The Conversation

John Gradek does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. What the jet fuel crisis means for your summer flights and travel plans – https://theconversation.com/what-the-jet-fuel-crisis-means-for-your-summer-flights-and-travel-plans-281093

Conférence de Santa Marta : les nouvelles pistes de la diplomatie climatique qui émergent hors des COP climat

Source: The Conversation – France (in French) – By Jean-Baptiste Meyer, Directeur de recherche (Centre Population et Développement), Institut de recherche pour le développement (IRD)

Et si la diplomatie climatique se réinventait en dehors du format traditionnel des COP ? En Colombie, à l’occasion d’une conférence organisée à Santa Marta du 24 au 29 avril 2026, une dynamique alternative a émergé : plus ouverte, elle cherche à dépasser les blocages multilatéraux en plaçant la diversité des savoirs au cœur des décisions.


S’il y a un constat sur lequel convergent les « climato-négationnistes » et les activistes climatiques radicaux, c’est l’inutilité des COP, organisées sous l’égide des Nations unies (Convention-cadre des Nations unies sur les changements climatiques, UNFCC de son acronyme en anglais). Dans les deux cas, on leur reproche une inefficacité de plus en plus apparente, où les décisions sont nécessairement prises au consensus. En conséquence, le consensus devient tellement mou qu’il n’en exprime plus rien de significatif ni d’opératoire.

Ainsi le résume la bande-annonce d’un film documentaire à venir dans le courant de l’été 2026, en partenariat avec l’Institut de recherche pour le développement (IRD) et l’Université nationale de Colombie.

Bande-annonce du documentaire De Los Andes a Belém (2026).

Du 24 au 29 avril 2026 à Santa Marta, en Colombie, une conférence inédite a voulu replacer enfin la sortie des combustibles fossiles au cœur de l’agenda international. Co-organisée par la Colombie et les Pays-Bas, elle a regroupé 57 États volontaires (et l’Union européenne en tant que telle, NDLR).

Qu’a-t-il été décidé à cette occasion ? À rebours des COP climat, où ce sont avant tout les textes finaux qui comptent, pesés au mot près, car votés par les représentants d’États, c’est ici surtout la méthode de travail qui diffère, beaucoup moins rigide. Elle ne s’accompagnait d’aucune obligation de production particulière, si ce n’est d’engager le processus de constitution d’une feuille de route pour la sortie des énergies fossiles. La rencontre a ainsi inauguré de nouvelles modalités de coopération mondiale sur les enjeux socio-environnementaux.




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Dépasser le blocage des COP grâce à une coalition de volontaires

Le débat sur la paralysie des négociations multilatérales en général – et celle des COP climat en particulier – n’est guère nouveau. Leur répétition annuelle exacerbe les frustrations de ceux qui souhaitent réellement progresser sur les questions climatiques.

À la COP30 de Belém, en novembre 2025, une quarantaine de pays avaient exprimé leur mécontentement quant à l’absence de mention de la sortie des énergies fossiles dans la déclaration finale. Plus de 80 se sont associés à l’initiative encourageant à poursuivre les travaux d’élaboration d’une feuille de route en ce sens.

La Colombie et les Pays-Bas ont alors invité les États qui souhaitaient travaillaient sur ce point à se réunir dans une conférence en marge des COP. Autrement dit, la conférence de Santa Marta ne s’est certes pas tenue dans le cadre onusien, mais s’est toutefois inscrite dans le prolongement de la précédente COP climat.

Préparée dans un laps de temps exceptionnellement court (moins de la moitié d’une année, contre un an pour les COP climat), cette conférence inédite avait une organisation moins cadrée au plan organisationnel. Aux dires d’observateurs et de participants, on y percevait un petit côté brouillon : davantage d’improvisation, voire parfois un manque de clarté sur les livrables attendus et les prochaines étapes.

Pourtant, ces faiblesses – inhérentes au format de la conférence spontanée, point d’étape entre la COP30 du Brésil et la COP31 en Turquie – ont, aux dires des participants, pu être dépassées, notamment grâce à son caractère volontaire. Juan Carlos Monterrey Gómez, envoyé climatique du Panama, cité dans le Climate Diplomacy Brief, a par exemple déclaré :

« Santa Marta est un moment historique, car c’est la première fois que nous pouvons ouvrir nos cœurs, ouvrir nos esprits et avoir une véritable conversation sans ces stupides demandes de mise au vote, sans ces stupides procédures qui font dérailler toute la séance et ne nous laissent que dix minutes pour aborder le fond. »




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La méthode Santa Marta ? Un bouillon de culture plutôt que des zones bleue et verte

Concrètement, la conférence a successivement réuni trois composantes : un panel académique (baptisé Academic Dialogue) où les scientifiques du monde entier ont pu émettre des recommandations, un « sommet des peuples », avec notamment des représentants associatifs, communautaires et syndicaux et, enfin, un segment de haut niveau (Transition Away from Fossil Fues, ou TAFF, regroupant essentiellement des représentants gouvernementaux spécialisés.

Cette concentration de thématiques, de compétences et de volontés dans des espaces restreints a favorisé un véritable bouillon de culture permettant des échanges fertiles. Il contraste avec l’organisation physique des COP, où plusieurs milliers de participants se retrouvent dans une multitude de pavillons, souvent sur plusieurs bâtiments. L’espace y est alors divisé entre zone bleue, réservée aux délégations nationales, aux organismes onusiens et aux ONG observatrices, et où se déroulent les négociations officielles de la COP28, et zone verte, ouverte à toutes les autres parties prenantes.




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Contrairement aux COP, où ce sont les délégations nationales qui débattent (les discussions relatives à l’état de la science, par exemple, se déroulent à un autre moment, sous l’égide d’un organe subsidiaire, la conférence de Santa Marta a proposé une méthodologie transversale, impliquant en amont 15 groupes de travail transnationaux. Une grande hétérogénéité a caractérisé l’ensemble de ces groupes, allant des représentants des sciences à ceux de la société civile, en passant par les entités publiques à différentes échelles, ainsi que des agences de financement ou des entreprises multinationales.

Au cours des deux mois qui ont précédé la rencontre, ces derniers ont planché sur trois enjeux fondamentaux : la dépendance structurelle aux combustibles fossiles, l’action sur l’offre et la demande et les modalités de la coopération internationale et de la diplomatie climatique.

Répartition des groupes de travail en amont de la conférence de Santa Marta (Colombie).
Fourni par l’auteur

Malgré la diversité de statuts et d’intérêts des participants à ces groupes de travail, un certain nombre de points de convergence sont apparus :

  • les progrès réalisés par les alternatives aux fossiles sont irréversibles,

  • il est indispensable de mettre fin aux soutiens fiscaux et juridiques à l’extraction des combustibles,

  • pour y parvenir, la concertation et la dialogue sont essentiels.

Remettre la science au centre, sans oublier les savoirs autochtones

À Santa Marta, la science a gardé un rôle fondamental, acté à la fin de la conférence par l’instauration d’un conseil spécifique. Sa fonction est de nourrir les processus de décision, à partir de connaissances élaborées de façon rigoureuse. Lors de la conférence, les participants ont exprimé leur foi dans une politique fondée sur les preuves (evidence based policy). Elle confère une responsabilité majeure à la communauté scientifique.

Mais, en parallèle, cette communauté est aussi de plus en plus sollicitée pour s’ouvrir à d’autres modes de connaissances (traditionnelles/ancestrales, locales…). D’aucuns verraient dans cette coopération des contradictions insurmontables, du fait d’une incompatibilité irréductible des savoirs. Mais dans les faits, ce cheminement commence déjà à porter ses fruits.

L’hétérogénéité de la participation des corps sociaux à la conférence a ainsi permis d’introduire de véritables porte-paroles des entités naturelles. Au-delà des chercheurs, régulièrement convoqués pour en expliquer les comportements et la dégradation, elles ont également mis à l’honneur les communautés indigènes, paysannes ou afro-descendantes

Le mariage cognitif entre ces savoirs hétérogènes requiert toutefois un travail transépistémique. Les épistémies varient considérablement entre celles fondées sur le scepticisme organisé (les disciplines scientifiques) et celles recourant aux explications traditionnelles parfois d’ordre religieux, qui font intervenir des entités spirituelles, par exemple. Pourtant, des convergences notables existent, notamment pour ce qui est de la conscience écologique, susceptibles d’influencer les positions politiques qui en découlent.

Malgré tout, une certaine hiérarchie a pu perdurer durant la conférence entre ces acteurs de la diversité culturelle et ceux de la gouvernance, inscrite dans la division successive des séquences (académique, société civile puis représentation gouvernementale) et leur degré d’exclusivité. Mais la tendance à l’ouverture et à l’inclusion manifeste plus qu’un changement idéologique : c’est aussi une modification (partielle mais réelle) des références objectives.

On retrouve en effet, dans la nouvelle diplomatie climatique portée à Santa Marta, une « esquisse du Parlement des choses », telle que décrite par Bruno Latour en 2018. Elle consiste à revoir les rôles attribués au politique, à l’expertise et à la technocratie, et où ce ne serait plus seulement les humains qui auraient le droit d’être représentés.

Ce concept pose de nouvelles questions au droit et à l’économie politique internationale. Un ouvrage à paraître prochainement, issu d’un projet européen et latino-américain sur la transition écologique auquel j’ai collaboré, entame la remise en question de la conception de la géopolitique centrée sur l’humain.

Vers une nouvelle géopolitique climatique ?

Les efforts déployés à Santa Marta ont transcendé les clivages nationaux, mais aussi nord-sud, d’une certaine manière. Avec une présidence bicéphale eurolatino (colombo-néerlandaise), et euro-océanique pour la prochaine conférence qui sera co-organisée par l’Irlande et Tuvalu, le grand partage manichéen des responsabilités historiques de l’empreinte écologique (qui, historiquement, est un point d’achoppement des COP climat) n’a, certes, pas été complètement effacé. Il a toutefois été adouci par le cadrage de la conférence sur la recherche de solutions.

Toutes les régions du monde étaient représentées, avec une majorité relative de l’Europe (plus d’un tiers des pays officiellement présents), suivie de l’Amérique latine, puis de l’Asie, de l’Afrique et de l’Océanie. Aucun des grands pays à prétention hégémonique n’était invité – ni les États-Unis, ni la Chine, ni la Russie – et le seul des grands émergents à participer était le Brésil.

En janvier 2026, le premier ministre canadien Mark Carney évoquait justement un tel modèle à l’occasion du Forum économique de Davos : celui où la volonté des pays intermédiaires permettrait de construire et de viabiliser des coalitions alternatives, face à l’imposition unilatérale de l’hyperpuissance.

Déclaration du premier ministre canadien Mark Carney, lors du Forum de Davos, en janvier 2026.

Mais la vision de la conférence de Santa Marta s’affirme et se distingue sur au moins deux points :

  • le premier concerne l’importance accordée au Sud global,

  • et le deuxième, l’irruption des non-humains dans le champ de la géopolitique.

Même si la prégnance du Nord demeurait dans les coordinations, la composition de l’assistance lors des réunions privilégiait naturellement la participation de ressortissants du Sud. Les sujets abordés reflétaient des enjeux qui les concernent au premier chef, puisque les impacts écologiques actuels les affectent en priorité. En mettant le Sud au cœur des débats, une telle rencontre participe du rééquilibrage de ces derniers et renouvelle la façon de les aborder.

Avec ce renouvellement de la contradiction à son endroit, le négationnisme climatique (qui peut, on l’a vu avec la sortie des États-Unis de l’accord de Paris, trouver des relais à l’échelle des États) a de fortes chances d’être progressivement confronté à un isolement accru. Ses velléités d’entraînement ont fait long feu à Belém, où aucun pays n’est sorti de l’accord de Paris. Elles pourraient se voir débordées par des initiatives telles que celles explorées à Santa Marta, qui a aussi voulu anticiper ses effets pervers. Des mécanismes ont ainsi été envisagés pour contrer l’augmentation de la demande d’hydrocarbures que pourrait générer une baisse des prix du fait de la croissance des énergies renouvelables.

La crise économique mondiale causée par les tensions sur l’approvisionnement en pétrole passant par le détroit d’Ormuz rappelle, dans tous les cas, l’urgence d’accélérer la transition énergétique.

The Conversation

Jean-Baptiste Meyer a reçu des financements de son institut l’IRD.

ref. Conférence de Santa Marta : les nouvelles pistes de la diplomatie climatique qui émergent hors des COP climat – https://theconversation.com/conference-de-santa-marta-les-nouvelles-pistes-de-la-diplomatie-climatique-qui-emergent-hors-des-cop-climat-282288

Hacker la bombe ? Ce que l’IA Mythos révèle du pari de la dissuasion nucléaire

Source: The Conversation – France in French (3) – By Thomas Fraise, Postdoctoral research fellow, University of Copenhagen; Sciences Po

Claude Mythos est une intelligence artificielle de pointe, développée par la société Anthropic, dont les capacités avancées en cybersécurité offensive suscitent autant de fascination que d’inquiétude. Gguy/Shutterstock

L’apparition de l’IA Mythos, présentée comme capable de détecter rapidement des failles informatiques majeures, montre que les capacités offensives dans le cyberespace progressent très vite. Cette évolution pourrait rendre les systèmes nucléaires plus vulnérables et augmenter le risque d’erreurs, de sabotage ou d’escalade accidentelle.


En 1983, le film WarGames imaginait un adolescent qui, entré par accident dans un système informatique du Pentagone, déclenchait un programme de simulation, lequel était interprété comme un prélude à une guerre nucléaire. Le film avait tant marqué Ronald Reagan qu’il avait interrogé ses conseillers sur la possibilité d’une telle intrusion dans les systèmes américains les plus sensibles. Une semaine plus tard, la réponse était venue : « Monsieur le Président, le problème est bien plus grave que vous ne le pensez. »

Les politiques autour de l’armement nucléaire reposent sur une série de paris, souvent lointains, sur l’avenir de la dissuasion nucléaire. D’abord, les pays dotés de l’arme nucléaire considèrent que la peur de leur riposte suffira toujours à empêcher un adversaire de les attaquer en premier, et qu’ils disposeront toujours de l’expertise et de la chance nécessaires pour prévenir des explosions accidentelles. Ils estiment donc que la possession de l’arme nucléaire sera pour eux, au cours des décennies à venir, source de sécurité et non d’insécurité.

Or, comme nous le montrons avec mes collègues Sterre van Buuren et Benoît Pelopidas, il existe plusieurs scénarios futurs plausibles dans lesquels posséder des armes nucléaires engendrera plus de coûts réels que de bénéfices potentiels dans un monde où la température aura augmenté de plusieurs degrés. Maintenir un arsenal crédible et sûr exigera de faire des choix budgétaires, au détriment d’autres dépenses rendues urgentes par la crise climatique. L’univers des risques existentiels pour un Etat, qui pourrait justifier l’usage de l’arme nucléaire, peut aussi s’élargir. Des experts s’inquiètent que des risques de pénurie d’eau au Pakistan et en Inde ne deviennent un terrain fertile pour un conflit menant à une escalade nucléaire.L’univers des risques existentiels pour un État, qui pourrait justifier l’usage de l’arme nucléaire, peut aussi s’élargir. Des experts s’inquiètent que des risques de pénurie d’eau au Pakistan et en Inde ne deviennent un terrain fertile pour un conflit menant à une escalade nucléaire.

Mais il existe un autre pari, bien plus implicite : celui que les arsenaux nucléaires, qui sont des systèmes technologiques complexes et hautement digitalisées, ne possèdent aucune vulnérabilité cyber qui pourrait être exploitée par un acteur souhaitant empêcher son fonctionnement normal.

La récente percée de l’intelligence artificielle Mythos révèle à quel point les conditions de ce pari peuvent changer sur le long terme.

Mythos et l’avenir de la cybersécurité

Le 7 avril 2026, la compagnie Anthropic – qui commercialise la série de grands modèles de langages (LLM) Claude – annonçait la création de son nouveau modèle d’intelligence artificielle (IA) : « Mythos ». Ce modèle, qui n’a pas été mis sur le marché mais rendu disponible à un groupe de travail restreint composé d’une douzaine des principaux géants américains de la technologie (Google, Microsoft, Apple, NVidia, Amazon Web Services, etc.), obtiendrait un taux de succès sans précédent en matière de détection des failles dans les systèmes informatiques.

Mythos aurait ainsi été capable de détecter, avec un impressionnant taux de succès, des failles « zero-day » dans différents navigateurs informatiques, logiciels ou systèmes d’exploitation. Une faille « zero-day » est une faille de sécurité critique dans un système d’information, contre laquelle aucune protection n’existe pour l’instant, rendant ainsi possible une attaque laissant un délai de « zéro jour » pour réagir. Selon Anthropic, Mythos aurait réussi à développer en un temps record (sans doute moins d’une journée) des méthodes permettant d’exploiter ces failles avec un taux de succès de 72,4 %, largement supérieur aux autres modèles existants.

Si ces informations proviennent de la compagnie elle-même – qui a tout intérêt à exagérer les résultats –, certaines preuves publiques ont toutefois été apportées. Sylvestre Ledru, le directeur de l’ingénierie chez Mozilla responsable du navigateur Firefox, a déclaré que Mythos avait permis de découvrir un nombre « proprement hallucinant » de vulnérabilités dans leurs logiciels. Une faille de sécurité vieille de près de vingt-sept ans, ayant survécu à un grand nombre d’audits, a par exemple été découverte dans un système d’exploitation libre très utilisé par des services de sécurité informatique, OpenDSB.

Mythos révèle un problème de fond : l’augmentation des capacités offensives – non seulement des États, mais aussi d’acteurs privés comme des cybercriminels – dans le cyberspace risque d’être accélérée par le développement de l’IA, et une incertitude émerge quant à la capacité des acteurs défensifs à réagir suffisamment vite pour corriger les vulnérabilités existantes.

Même dans le cas où Mythos ne serait pas à la hauteur des performances annoncées, le développement des LLM depuis le début des années 2020 a montré à quel point leurs performances s’améliorent vite. Nous faisons donc face à une accélération du développement des capacités offensives et de la diffusion de celles-ci à un nombre d’acteurs plus large. Cela signifie une potentielle tendance à la hausse de la probabilité de succès d’une cyberattaque, ainsi qu’une augmentation du nombre absolu de ces attaques.

La vulnérabilité des arsenaux nucléaires

Pour comprendre la vulnérabilité des armes nucléaires aux cyberattaques, il faut avoir à l’esprit le fait que par « arsenal nucléaire », on entend bien plus qu’un stock de têtes nucléaires. Le fonctionnement normal des arsenaux nucléaires modernes repose sur une large configuration de technologies : têtes nucléaires, missiles permettant de transporter ces armes, technologies de communication (permettant d’assurer que l’ordre soit transmis depuis le président jusqu’à l’opérateur chargé d’actionner ces armes), ainsi qu’un ensemble de technologies d’alerte avancée servant à surveiller le ciel à la recherche de potentiels signaux d’une attaque nucléaire adverse. Ces éléments doivent être capables de communiquer entre eux pour assurer le contrôle de ces armes.

Et ils sont plus nombreux qu’on pourrait le penser. Comme le note Herbert Lin, chercheur à l’Université de Stanford et auteur d’une étude sur les cybermenaces contre les armes nucléaires, la métaphore du « bouton nucléaire » est simplifiée : une fois que le président appuie dessus, un ensemble de « cyber-boutons » doivent être pressés pour déclencher les opérations nucléaires, et les contrôler – autant d’échelons où des attaques informatiques pourraient s’insérer pour empêcher, par exemple, l’arrivée de l’information pertinente.

Le président pourrait ne pas recevoir suffisamment d’informations – ou ne pas en recevoir du tout – pour déterminer qu’une attaque est en cours. Ou alors, il pourrait ne pas être en mesure de communiquer à ses forces sous-marines l’ordre de tir. Pis, on pourrait voir se réaliser le scénario catastrophe imaginé depuis les années 1950 : un faux ordre de tir pourrait être communiqué aux opérateurs de missiles.

Les scénarios n’ont pas besoin d’être aussi radicaux : l’ordre pourrait être communiqué, mais avec un retard, ou ne pas être communiqué à l’ensemble des forces, menant à une riposte moindre que celle désirée. Ladite riposte pourrait être bloquée : en 2010, un centre de commandement américain a perdu la communication avec une cinquantaine de missiles nucléaires pendant près d’une heure. Un adversaire pourrait savoir tirer profit de telles failles.

Alternativement, une cyberattaque d’ampleur menée par des acteurs non étatiques pourrait créer l’impression qu’un adversaire cherche à s’en prendre à notre arsenal nucléaire, créant un risque d’escalade par « inadvertance ».

On peut aussi imaginer des actions cyber contre les armes elles-mêmes, le hardware plutôt que le software de l’arsenal. Bien sûr, les acteurs de la sécurité nucléaire ne se contentent pas d’attendre qu’une attaque survienne sur l’un de ces systèmes. Ils développent et testent leurs capacités défensives de manière continue. Le problème est que la complexité des systèmes existants ne permet pas d’affirmer avec certitude qu’il n’existe « aucune vulnérabilité ».

C’est James Gosler, ancien responsable de la sécurité informatique des systèmes nucléaires américains au sein du laboratoire Sandia, qui l’affirme : à partir des années 1980, du fait de la complexification exponentielle des composants internes aux armes nucléaires, « vous ne pouvez désormais plus affirmer que l’ensemble des microcontrôleurs (destinés à assurer le fonctionnement du mécanisme déclenchant l’explosion) sont invulnérables ».

Cela ne signifie pas non plus que des vulnérabilités existent nécessairement. Mais cela veut dire qu’aucun acteur n’est en mesure de savoir s’il y en a. Alors, faut-il craindre que l’arsenal nucléaire français, ou bien n’importe quel autre arsenal ciblant la France, soit « hacké » dans le futur ?

En fait, on ne sait pas. Des scénarios de ce type sont de l’ordre du possible : il n’existe pas de large système d’information complexe dont on puisse garantir, avec une totale certitude, la fiabilité totale. L’évolution des outils permettant des cyberattaques, et leur potentielle diffusion auprès d’un large nombre d’acteurs étatiques et non étatiques, rend ce type de scénario futur potentiellement plus probable et, dans tous les cas, plausible.

Un nouveau pari sur le futur

Mythos met en lumière une nouvelle modalité du pari nucléaire, née du développement des nouvelles technologies et de leur intégration aux arsenaux nucléaires.

Nous parions d’abord sur l’absence de vulnérabilité au sein de ces systèmes – alors même qu’il est impossible de mesurer cette probabilité avec certitude. Elle évolue avec le temps, au rythme des systèmes mis à jour, remplacés, connectés à d’autres. Si une vulnérabilité existe malgré tout, nous parions ensuite sur le fait que, en temps voulu, l’évolution des capacités offensives dans le cyberespace sera constamment égalée, et toujours à temps, par l’évolution des capacités défensives – y compris à l’ère de l’intelligence artificielle. Là encore, cette probabilité est elle aussi indéterminable, puisque le développement de capacités défensives est réactif : il se fait en fonction de la connaissance que l’on a de la nature des capacités offensives et des vulnérabilités existantes, qui sont indéterminables. On fait donc le pari que nos défenses, et celle des autres États dotés d’armes nucléaires, suffiront.

Nous faisons donc le pari que nos défenses contre les cyberattaques, et celle des autres États dotés d’armes nucléaires, seront suffisantes. Dans le cas contraire, alors on fait le pari que la chance sera de notre côté et que les vulnérabilités existantes ne seront pas détectées – comme celle qui existait depuis 27 ans dans le code d’OpenDSB. Il s’agit d’un pari sur la chance puisque dans ce scénario, c’est l’incapacité ou l’absence de volonté adverse, sur laquelle nous n’avons aucun contrôle, à développer des capacités efficaces qui nous sauve.

La capacité des pratiques existantes de contrôle à remplir leur tâche est rendue plus incertaine par l’arrivée de grands modèles d’IA capables de détecter des vulnérabilités et concevoir des cyberattaques de façon massive et automatisée. Faire le choix d’une politique de sécurité fondée sur les armes nucléaires revient à parier sur le fait que, dans le futur comme par le passé, la chance restera toujours de notre côté.

The Conversation

Ce travail a été financé par le Conseil Européen de la Recherche (ERC) au titre du programme-cadre de l’Union européenne pour la recherche et l’innovation Horizon Recherche (projet RITUAL DETERRENCE, convention de subvention n°101043468).

ref. Hacker la bombe ? Ce que l’IA Mythos révèle du pari de la dissuasion nucléaire – https://theconversation.com/hacker-la-bombe-ce-que-lia-mythos-revele-du-pari-de-la-dissuasion-nucleaire-281557