Cómo lograr unas vacaciones verdaderamente reparadoras para nuestro cerebro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Patricia Teea Gligan Gligan, Estudiante de Doctorado. Área de Psicología y Actividad Física, Universidad de Castilla-La Mancha

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Verano significa vacaciones y desconexión para muchos trabajadores: apagamos el ordenador, olvidamos el correo electrónico, desaparecen las reuniones, el jefe y, con un poco de suerte, hasta la voz que nos dice: “Deberías estar produciendo”. Ponemos el cuerpo en modo pausa y salimos a la caza de relax y diversión en dosis generosas.

El ritmo laboral, su coqueteo constante con el estrés y el riesgo de sobrecarga mental nos empujan a soñar con un verano sin pensar. Incluso a dejar el cerebro en modo “encefalograma plano”, porque nos parece que eso es descansar. Pero es un error.

Como nos demuestra la neurociencia, el cerebro no se “apaga” en estado de reposo. No hacer nada no implica no pensar en nada. Más bien al contrario: nuestro cerebro divaga, algo que no es precisamente relajante. Y así, nos podemos encontrar con que cuanto más queremos olvidarnos del trabajo o del estrés, tumbados bajo la sombrilla y con el relajante sonido del mar de fondo, más volvemos sobre determinadas ideas nada tranquilizadoras.




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Las funciones ejecutivas en vacaciones

Una manera de evitarlo y de lograr que nuestro cerebro verdaderamente descanse y recargue su energía es mantener bien encendidas las funciones ejecutivas. Son las que nos permiten controlar nuestro pensamiento y conducta, sin abandonarnos a la vida en piloto automático o al impulso inmediato y dependen sobre todo de la corteza prefrontal, esa área encargada de mantener activos nuestros objetivos, las reglas necesarias para alcanzarlos y focalizar el resto de nuestra actividad cognitiva en perseguirlos.

Las funciones ejecutivas se dividen en frías y calientes. Las primeras son esos procesos cognitivos que ponemos en marcha al razonar, planificar o cambiar de estrategia en situaciones abstractas y poco cargadas de emotividad. Las calientes, en cambio, entran en juego cuando hay emoción de por medio: una tentación, un riesgo, una victoria, una derrota. En este segundo caso, dependen de una red neuronal algo distinta, con más peso de zonas cerebrales conectadas a circuitos de emoción y motivación.

Y así, si a lo largo del curso la memoria de trabajo nos ayuda a sacar mejores notas o lograr mejores objetivos laborales; la flexibilidad cognitiva –que nos permite cambiar de una tarea a otra sin bloquearnos– predice cuánto riesgo asumimos en decisiones financieras; y la inhibición de la conducta –o el don de mordernos la lengua antes de meter la pata– nos permite tomar mejores decisiones y liderar bajo presión, durante el verano todas ellas necesitan ejercitarse de otras maneras para que la desconexión resulte verdaderamente reparadora.

Juegos de mesa y deportes

Un buen juego de mesa permite poner a punto las funciones ejecutivas: leer el reglamento ya reta a la memoria de trabajo. Las primeras partidas exigen flexibilidad e inhibición (funciones ejecutivas frías). Pero es la competición, querer ganar, ver cómo perdemos nuestra ficha estrella, gestionar el pique con nuestro cuñado, lo que enciende las funciones ejecutivas calientes. Tratar de controlar la frustración, tolerar la incertidumbre y decidir con la adrenalina disparada. Por eso, si sentimos que nos “pica” la competitividad en el Trivial, podemos estar tranquilos: son nuestras funciones ejecutivas dándolo todo, no un ataque de mal perder.

Con el deporte pasa algo parecido. No es lo mismo correr en solitario (funciones ejecutivas frías) que estrenarnos en un deporte con oponente, incertidumbre y adrenalina. Pádel, escalada, tenis de mesa, deportes de “habilidad abierta” son actividades en las hay que reaccionar en tiempo real a lo que hace el otro, y por lo tanto, entrenan más las funciones ejecutivas calientes que los deportes predecibles y en solitario.

Y de paso, aprender un deporte nuevo genera cambios estructurales en regiones cerebrales vinculadas a la función ejecutiva: es decir, se crean conexiones neuronales nuevas. Así que el golpe inicial con la raqueta en la cara se traduce, con suerte, en convertirnos en una persona más competente después de las vacaciones.

La fórmula ideal en verano

El verano regala una oportunidad relajada para hacer esta puesta a punto. Las actividades recreativas al aire libre, poco estresantes, son especialmente buenas para la atención, la inhibición de la conducta y la flexibilidad cognitiva. Romper con el sedentarismo también moviliza los circuitos prefrontales y su eficiencia neuronal.

Entonces, ¿a qué dedico el tiempo libre? La fórmula ideal es: con bajo estrés, el cuerpo en movimiento y afrontando un reto cognitivo con algo de picante emocional, una partida que queremos ganar o un deporte que aún no dominamos. Entrenamiento cerebral perfecto, funciones ejecutivas frías y calientes a la vez.

Incluso antes de irnos de vacaciones, podemos poner en marcha descansos activos (actividad física ligera entre horas de trabajo o estudio), añadiéndoles un pequeño reto cognitivo (sentadillas contando de tres en tres hacia atrás desde 50). La propia tarea de elegir el juego de mesa al que vamos a retar a alguien este verano también implica planificación y toma de decisiones.




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Un tiempo reparador

¿De qué sirve todo esto cuando nos toque volver al trabajo? Pues tiene un efecto importante. Las evidencias científicas más recientes apuntan a que, para recargar pilas (lo que en la investigación se llama “recuperación laboral”) necesitamos lograr cuatro cosas: desconectar psicológicamente, relajarnos, tener autonomía y capacidad de decisión sobre qué hacemos con nuestro tiempo libre y aprender algo nuevo o superar un reto, algo que disminuye la sensación de agotamiento y nos ayuda a sentirnos competentes.

Los beneficios de las vacaciones no son eternos y ya en las primeras semanas de vuelta a la rutina podemos dejar de sentir sus efectos. Por eso, el reto cognitivo con pinceladas emocionales marca la diferencia: no solo prolonga el efecto “buenas vacaciones”, sino que deja las funciones ejecutivas más entrenadas para encajar mejor ese primer lunes de vuelta.

The Conversation

Patricia Teea Gligan Gligan cuenta con el apoyo de un contrato de investigación predoctoral cofinanciado por el Fondo Social Europeo Plus (FSE+) en el marco del Plan de Investigación de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), convocatoria PREDOCTORALES 2024.

Sixto González-Víllora recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Marta Torrijos-Muelas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo lograr unas vacaciones verdaderamente reparadoras para nuestro cerebro – https://theconversation.com/como-lograr-unas-vacaciones-verdaderamente-reparadoras-para-nuestro-cerebro-285627

El implante cerebral chino, NEO, marca un cambio de era en la medicina y la sociedad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Kemel A. Ghotme, MD. PhD, Neurocirujano pediatra, profesor en neurociencia traslacional, Universidad de La Sabana

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Hace apenas unos meses, Dong Hui volvió a escribir su nombre. Puede parecer un acto cotidiano. Para él significó recuperar una parte de su vida.

Seis años antes, este hombre de 39 años había sufrido un accidente que lo dejó completamente paralizado desde el cuello hacia abajo. La comunicación entre su cerebro y el resto de su cuerpo había quedado interrumpida. Perdió la capacidad de caminar, mover los dedos, sostener un bolígrafo o abotonarse una camisa.

Tras una cirugía para implantar un novedoso dispositivo cerebral y once meses de rehabilitación, volvió a tomar un bolígrafo. Escribió su nombre y luego añadió una palabra: “Gracias”. La historia fue relatada por la revista MIT Technology Review. Lo extraordinario no fue únicamente que volviera a escribir, sino la forma en que lo consiguió.

Un pequeño implante llamado NEO, desarrollado por la empresa china de tecnología médica Neuracle Technology en colaboración con investigadores de la Universidad de Tsinghua, en Pekín, registraba la actividad de su corteza motora mientras algoritmos de inteligencia artificial aprendían a interpretar esas señales cada vez que intentaba mover la mano.

Cuando el cerebro encuentra una nueva vía

Una lesión medular no impide que el cerebro produzca la orden de mover una mano.
El problema es que esa orden nunca llega a su destino. Es como si una persona enviara cartas todos los días, pero el puente que conecta con el otro lado hubiera colapsado. Los mensajes existen pero no pueden cruzar.

Las interfaces cerebro-computadora, o BCI por sus siglas en inglés (Brain-Computer Interface), intentan recuperar esa comunicación. En lugar de esperar a que la señal viaje por la médula lesionada, registran directamente la actividad eléctrica de la corteza cerebral, la traducen mediante algoritmos y la convierten en instrucciones para un computador o un dispositivo robótico.

En el caso de Dong Hui, esas instrucciones controlaban un guante robótico que le permitió volver a entrenar movimientos de la mano. Pero el objetivo no era únicamente mover un dispositivo externo. Los investigadores plantearon una hipótesis mucho más ambiciosa: sincronizar las señales descendentes del cerebro con las señales sensoriales que aún llegan desde la mano para estimular la capacidad natural del sistema nervioso de reorganizarse. Este mecanismo podría potenciar la rehabilitación, incluso sin recurrir a la estimulación eléctrica. El concepto, conocido como bridging neural repair, representa una de las aportaciones más novedosas del sistema.

El momento en que la innovación se convierte en medicina

En los últimos años, empresas como Neuralink han llevado las interfaces cerebro-computadora a los titulares. Por eso muchos interpretaron la aprobación de NEO como una carrera tecnológica entre China y Estados Unidos. Sin embargo, esa no es la noticia más importante.

Lo verdaderamente novedoso es que por primera vez una interfaz cerebro-computadora invasiva ha dejado de ser únicamente un experimento para convertirse en un dispositivo médico comercial.

Reuters informó que la autorización del organismo regulador chino permite su uso en personas con tetraplejia secundaria a lesión medular cervical que cumplen criterios clínicos específicos.

Puede parecer un detalle regulatorio, pero representa un cambio histórico. Una tecnología desarrollada durante décadas en laboratorios comienza a recorrer el mismo camino que siguieron los marcapasos, los implantes cocleares o los estimuladores cerebrales profundos: pasar de la investigación a la práctica clínica.

¿Por qué NEO llegó primero?

A diferencia de otros dispositivos, como Neuralink, cuyos microelectrodos penetran directamente el tejido cerebral, NEO registra la actividad cortical desde la superficie de la duramadre, la membrana que protege el cerebro. Aunque de todos modos requiere una operación (que dura alrededor de una hora y media), esta nueva estrategia es menos invasiva y reduce algunos riesgos quirúrgicos, como la hemorragia o la cicatrización del tejido cerebral, y puede facilitar el proceso regulatorio.

También influyó otro factor. China lleva varios años considerando las interfaces cerebro-computadora como una tecnología estratégica. NEO es fruto de esa política: una colaboración entre una empresa emergente y uno de los centros de investigación más prestigiosos del país, respaldada por inversión pública y un entorno regulatorio que ha acelerado su llegada a la atención de pacientes en escenarios reales.

El verdadero debate apenas ha comenzado

Cada avance tecnológico abre nuevas posibilidades, pero también nuevas responsabilidades y riesgos. Cuando un dispositivo empieza a registrar la actividad cerebral de una persona aparecen preguntas que hasta hace poco pertenecían a la ciencia ficción.

¿Quién será el propietario de esos datos? ¿Cómo deberán protegerse frente a ciberataques? ¿Quién responderá si un algoritmo interpreta incorrectamente una intención motora? Y quizá la pregunta más importante desde la salud pública: ¿quién podrá acceder a esta tecnología?

La innovación suele llegar primero a quienes enfrentan menos barreras para acceder a ella. Sin políticas que promuevan un acceso equitativo, las interfaces cerebro-computadora podrían ampliar las inequidades globales en salud en lugar de reducirlas.

Dong Hui recuperó una forma de actuar sobre el mundo. Su historia nos recuerda que detrás de cada avance tecnológico hay un paciente que intenta recuperar funciones tan sencillas como escribir, comer o abrazar a su familia. Ese sigue siendo el propósito fundamental de las interfaces cerebro-computadora.

Ahora que estas tecnologías empiezan a salir del laboratorio para entrar en los hospitales, el desafío es demostrar que funcionan, pero también garantizar que sean seguras, equitativas y respetuosas de los derechos de quienes confiarán en ellas.

Durante décadas la neurocirugía buscó reparar las lesiones del sistema nervioso; hoy empieza a establecer un diálogo directo con el cerebro.

Estamos ante uno de los giros conceptuales más profundos de la medicina contemporánea. El desafío ya no consiste únicamente en desarrollar esta tecnología, sino en asegurar que su enorme potencial se traduzca en una medicina más humana, sin comprometer aquello que precisamente busca proteger: nuestra autonomía, nuestra privacidad y nuestra dignidad.

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Kemel A. Ghotme, MD. PhD no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El implante cerebral chino, NEO, marca un cambio de era en la medicina y la sociedad – https://theconversation.com/el-implante-cerebral-chino-neo-marca-un-cambio-de-era-en-la-medicina-y-la-sociedad-285551

La desregulación ambiental supone un peligroso retroceso en los compromisos climáticos y de biodiversidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Javier Durá Alemañ, Investigador Ramón y Cajal. Derecho de la Biodiversidad., Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA – CSIC)

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La política ambiental se ha convertido en un campo de batalla ideológico. Bajo el lema de la “simplificación administrativa” y la lucha contra el “fanatismo climático”, las opciones de ultraderecha tanto en España como en otros países europeos y en Estados Unidos proponen una desregulación significativa de la normativa ambiental vigente, orientada a favorecer sectores como el agrícola intensivo, la caza, la tauromaquia y la energía.

Sin embargo, estas propuestas de desregulación no se producen en un vacío jurídico. El derecho ambiental moderno está blindado por el principio de no regresión. Este principio fundamental establece que, una vez alcanzado un nivel de protección ambiental, no se puede retroceder, eliminando o debilitando las normas existentes, salvo justificaciones excepcionales y científicamente demostradas.

El principio de no regresión: un blindaje necesario

A nivel internacional y europeo, aunque no siempre está recogido en un solo tratado global, el principio de no regresión se fundamenta en resoluciones y directrices como la Declaración de Estocolmo (1972) y la Declaración de Río +20 (2012).

En el ámbito de la Unión Europea, su cumplimiento se deriva de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE y del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, que exigen un alto nivel de protección medioambiental. Funciona como un mandato limitante para evitar que los poderes públicos reduzcan los estándares de protección ya alcanzados.

En España, este principio se deriva del artículo 45 de la Constitución, que obliga a los poderes públicos a velar por la utilización racional de los recursos naturales y la protección del medio ambiente. Se incluye de forma explícita en la Ley 7/2021, de 20 de mayo, de cambio climático y transición energética, que lo establece como uno de los principios rectores de las políticas públicas.

En la vía jurisprudencial, ha sido desarrollado y consolidado como un límite para el legislador y los planes urbanísticos por órganos como el Tribunal Supremo. Destacan sentencias clave como la sentencia de 22 de marzo de 2023, que fija la doctrina sobre la no regresión en la planificación territorial (abarcando el ámbito ambiental).

Los ejes de la desregulación

La propuesta de estos grupos políticos en materia ambiental se centra en eliminar lo que denominan “burocracia verde”. Esto se traduce en medidas concretas que implican una desprotección directa:

1. Flexibilización en la gestión del agua y regadíos

Proponen una gestión del agua basada en la disponibilidad inmediata para el sector agroindustrial, lo que a menudo implica la relajación de controles sobre pozos ilegales o la reducción de caudales ecológicos, el flujo mínimo de agua que debe circular por un río para mantener su biodiversidad. Esto vulnera directamente la Directiva Marco del Agua de la UE, que obliga a mantener el buen estado ecológico de las masas de agua. Reducir la protección de acuíferos ya regulados o suavizar los planes de cuenca es una regresión directa en la calidad y cantidad de agua protegida.




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2. Desprotección de espacios naturales y red natura 2000

Estas formaciones han abogado por la reducción de las protecciones en algunas áreas protegidas, incluyendo la Red Natura 2000, argumentando que impiden el desarrollo económico local. La Directiva Hábitats prohíbe la pérdida de protección de un espacio natural protegido a menos que la ciencia demuestre que los valores que motivaron su protección han desaparecido de forma natural. El objetivo de estas formaciones de descatalogar áreas para permitir usos industriales o agrícolas contraviene el núcleo de la no regresión, al debilitar la conservación del patrimonio natural.

3. Relajación de evaluaciones de impacto ambiental

Se propone eliminar o “simplificar” los procesos de evaluación de impacto ambiental para proyectos de infraestructura, energía o agricultura intensiva. Las evaluaciones de impacto son herramientas preventivas. Su eliminación o debilitamiento impediría la evaluación de riesgos, permitiendo proyectos que degraden el medio ambiente.

4. Ataque a las políticas de cambio climático

Estas fuerzas políticas rechazan la Agenda 2030, promoviendo la anulación de leyes de transición energética.

El principio de no regresión también se aplica a los objetivos de reducción de emisiones. Revocar normativas autonómicas o nacionales de cambio climático, una vez asumidos los compromisos internacionales (Acuerdo de París), constituye un retroceso en el nivel de protección de la atmósfera y la salud pública.




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3. Consecuencias jurídicas y ambientales

En el caso de España, la aplicación de este esquema supone riesgos jurídicos y ambientales severos:

  • Incompatibilidad con el Derecho de la Unión Europea: las reformas impulsadas por estos partidos pueden vulnerar directivas europeas como las expuestas anteriormente. Esto conlleva el riesgo de sanciones económicas millonarias por parte de la Comisión Europea.

  • Daños irreversibles: el principio de no regresión busca evitar daños que no puedan ser reparados. La desecación de humedales, la contaminación de acuíferos o la pérdida de biodiversidad en áreas protegidas son, a menudo, irreversibles.

  • Conflictos de competencias y prejudiciales: Las medidas de desregulación autonómica pueden acabar siendo paralizadas por el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional o mediante cuestiones prejudiciales ante el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE).

El “sentido común” contra el derecho ambiental

La narrativa de estos discursos contrapone la protección ambiental con el desarrollo rural y el bienestar económico, etiquetando las normas ambientales como “terrorismo climático”. Sin embargo, la ciencia y la jurisprudencia demuestran que la degradación ambiental (incendios, sequías, pérdida de suelo) afecta directamente a la productividad agraria a largo plazo.

El enfoque de desregulación no es una “simplificación”, sino una desprotección. Al intentar eliminar normas de protección de suelos, aire, agua y biodiversidad, se ignora que la normativa ambiental no es un “lujo”, sino una necesidad para la habitabilidad del territorio. El principio de no regresión está ahí para garantizar que el interés económico a corto plazo no destruya los recursos naturales que sostienen la vida y la economía a largo plazo.

La protección del medio ambiente es un derecho

En el caso específico de la UE, la falta de cumplimiento de la normativa medioambiental descrita resulta difícil de conciliar con la Estrategia Europea de Conservación de la Biodiversidad 2030 y el Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza, cuyo objetivo es reforzar el marco jurídico de la UE para la recuperación de la naturaleza y aumentar el cumplimiento de la legislación medioambiental europea. Lo mismo sucede con el Tratado de la Unión Europea relativo al compromiso de proteger y mejorar el medio ambiente.

Al pretender reducir los estándares de protección del agua, la biodiversidad y el clima, las políticas de desregulación constituyen una regresión estructural del derecho ambiental. En España, la protección del medio ambiente es un mandato constitucional y un derecho de los ciudadanos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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¿Cuál era el significado de los eclipses en la antigua Roma?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Andreu Pintado, Catedrático de Historia Antigua y Director del Diploma en Arqueología, Universidad de Navarra

Dos filósofos observando un eclipse, en un grabado de Pierre Brébiette. Metropolitan Museum of Art

El próximo mes de agosto en España miraremos al cielo para contemplar un histórico eclipse de Sol. Sabemos cuándo comenzará, cuánto durará y qué parte del disco solar quedará oculto por la Luna. Aplicaciones móviles permiten calcular el instante exacto del máximo oscurecimiento y recomiendan lugares concretos desde los que poder contemplarlo.

Sin embargo, durante buena parte de la historia de la humanidad, gracias a la fascinación que, como astro rey, generaba el Sol, estos fenómenos fueron mucho más que una curiosidad astronómica: eran acontecimientos capaces de alterar el orden del mundo.

Medallón escultórico situado en el Arco de Constantino en Roma que representa al dios romano Sol ascendiendo a los cielos en su cuadriga.
Medallón escultórico situado en el Arco de Constantino en Roma que representa al dios romano Sol ascendiendo a los cielos en su cuadriga.
bradhostetler/Wikimedia Commons, CC BY

La antigua Roma no fue una excepción. Con un notable protagonismo del Sol en su primitiva religiosidad, aunque las élites conocían las explicaciones científicas heredadas de la astronomía griega, los eclipses –etimológicamente, en griego, “desaparición del sol”– siguieron interpretándose como señales de los dioses a las que convenía estar atento dado el carácter religioso de la cultura romana.

Ambas formas de entender el fenómeno –la científica y empírica y la prodigiosa y supersticiosa– convivieron durante siglos y nos permiten comprender cómo concebían los romanos la relación entre naturaleza, religión y poder. Esta relación estaba sintetizada en la voz latina omen, presagio que acompañaba a un personaje o a un acontecimiento, definiéndolo.

Tenebrae facta sunt: mucho más que una sombra sobre el Sol

Ya los astrónomos babilonios habían descubierto que los eclipses eran cíclicos y podían ser previstos con métodos que posteriormente heredaron los griegos y, a través de ellos, también Roma. Sobre ellos teorizaron, en la Historia Natural y en Tiestes, los escritores e intelectuales Plinio el Viejo y Séneca. El conocimiento astronómico romano, por tanto, estaba lejos de ser rudimentario y bebía de una tradición que, para el mundo clásico, arranca en la literatura homérica.

Un ejemplo significativo lo ofrece el emperador Claudio. El historiador romano Dion Casio cuenta que, antes de un eclipse ocurrido el 1 de agosto del año 45, el cuarto emperador de la dinastía Julio-Claudia hizo anunciar públicamente el fenómeno para evitar que la población cayera presa del pánico. El poder imperial era, pues, consciente tanto de la posibilidad de predecir el eclipse como del temor que, por su carácter tenebroso, este provocaba en la población.

Prodigia et metum: ciencia y religión no eran incompatibles

Pero conocer la explicación astronómica no significaba renunciar a una interpretación religiosa. Para un romano, el universo estaba gobernado por los dioses y un fenómeno natural podía tener una causa física y, a la vez, transmitir un mensaje divino.

El historiador Plutarco, en la Vida de Rómulo, cuenta como en junio del 708 a. C., la muerte del primer rey de Roma fue acompañada de la conversión del día en noche. Acaso por eso, los eclipses pertenecían con frecuencia al ámbito de los prodigia, anuncios de la ruptura del equilibrio entre dioses y hombres que requerían una respuesta de la religión estatal. Las obras del también historiador Tito Livio están repletas de ejemplos. En el año 340 a. C., un eclipse coincidió con una lluvia de piedras y el Senado decretó rituales para restaurar la paz con los dioses. Otro eclipse, el 17 de julio de 188 a. C., oscureció Roma durante cerca de dos horas. Livio cuenta que el fenómeno provocó tal inquietud que se decretaron tres días de purificación en el sagrado monte Aventino.

Pintura en la que un hombre señala al cielo, donde la Luna está cubriendo el Sol.
Dionisio el Areopagita convierte a los filósofos paganos, de Antoine Caron (siglo XVI).
Getty Museum

La coincidencia entre eclipses y momentos de crisis política reforzó su carácter ominoso. En los años de la expansión romana en Macedonia un eclipse se interpretó como antecedente de la derrota de los griegos en la batalla de Pidna del año 168 a. C. En el 49 a. C., Dion Casio menciona un eclipse total de Sol entre una serie de prodigios que anunciaban desgracias para Roma. El impacto fue tal que algunos magistrados llegaron a retrasar la toma de posesión de sus cargos por considerar desfavorable el momento. El político y filósofo Cicerón interpretó como mal augurio para su consulado del 63 a. C. el eclipse parcial de Sol vivido el 18 de mayo de ese año. Y la tradición evangélica alude al eclipse posterior a la muerte de Jesús en época tiberiana como expresión máxima de los prodigia que siguieron a la crucifixión.

En Roma el interés por los eclipses no residía únicamente en que oscurecieran el cielo durante unos minutos sino en el significado que se atribuía a aquella oscuridad. El cosmos y la historia formaban parte de un mismo orden, y cualquier alteración en el firmamento debía ser adecuadamente interpretada. De hacerlo mejor o peor dependían, en buena medida –o esa era la creencia–, el futuro y la salus del pueblo y, sobre todo, del estado.

Mentes hominum: lo que sabía el pueblo

La inmensa mayoría de la población romana nunca había leído a Aristóteles o a Posidonio, ni tenía acceso a los textos de Séneca o Plinio. Su experiencia del eclipse era muy distinta. Garante de la luz, el calendario y el orden cotidiano, el Sol desaparecía inesperadamente en pleno día y era lógico interpretar aquella oscuridad como una temible alteración cósmica.

Constan supersticiosas reacciones populares que Roma heredó de otros pueblos, que también las emplearon: hacer ruido golpeando calderos para ayudar al Sol a recuperar su luz o ahuyentar las fuerzas que parecían amenazarlo haciéndolo desaparecer del cielo. De ese modo, la población creía contribuir a espantar un fenómeno que alteraba el orden cotidiano y que, por tanto, como todo lo desconocido, generaba incertidumbre.

Ante el eclipse de agosto nuestra reacción no será de temor o de desazón. Sin embargo, como acontecimiento histórico que sin duda viviremos, cuando el próximo día 12 el eclipse nos lleve de nuevo a mirar al cielo podremos pensar que también miraron a él los romanos. Y que, al hacerlo, se preguntaban algo a lo que la astronomía no podía responder: ¿qué querían decir los dioses con aquella repentina desaparición del Sol?


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Javier Andreu Pintado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cuál era el significado de los eclipses en la antigua Roma? – https://theconversation.com/cual-era-el-significado-de-los-eclipses-en-la-antigua-roma-287638

¿Por qué nos mareamos en los barcos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Koldo Lopez Guridi, Médico. Programas de Cribado de Osakidetza. Profesor de la EHU en la Escuela Naútica., Osakidetza – Servicio Vasco de Salud

Nicoleta Ionescu/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por estudiantes de 3º de la ESO del Instituto de Educación Secundaria Berriz. Berriz (Bizkaia).


Es verano, estás de vacaciones en Mallorca y, además, es tu cumpleaños. Para celebrarlo, tu padre ha tenido una idea que parece de anuncio: alquilar un barco y salir a navegar para descubrir esas calas de agua turquesa a las que solo se llega desde el mar. Planazo, ¿no? Sol, mar, fotos espectaculares y cero deberes. ¿Qué podría salir mal?

Al principio todo va de maravilla. El sol brilla, el motor hace “brrrr” suavemente y la costa se va quedando atrás. Pero, al cabo de un rato, empiezas a notar algo extraño. Te sudan las manos, te pones pálido, el estómago se te revuelve y solo piensas en una cosa: que el barco se detenga cuanto antes. Te has mareado. Y lo peor es que todavía no habéis llegado ni a la primera cala.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo es posible que un plan tan bonito acabe con ganas de bajarte del barco y besar el suelo? La respuesta está dentro de tu cabeza, en un lugar diminuto pero importantísimo: el oído interno.

Un GPS escondido en tus oídos

Dentro de cada oído, mucho más adentro de lo que llega un bastoncillo, tienes un órgano increíble llamado sistema vestibular. Está formado por unos conductos minúsculos llenos de líquido y cubiertos por miles de pelitos microscópicos. Cuando mueves la cabeza, el líquido se desplaza, los pelitos lo detectan y mandan un mensaje al cerebro: “nos movemos hacia delante”, “estamos girando”, “vamos hacia arriba”.

Es como un GPS o un nivel de burbuja escondido en tu cabeza. Gracias a él sabes en todo momento si estás de pie, tumbado o dando una voltereta, aunque tengas los ojos cerrados. Es el sistema que evita que vayas por la vida cayéndote como un personaje de videojuego sin control.

Cuando los sentidos discuten

El problema es que en el barco tu cuerpo recibe información contradictoria. Por un lado, el oído interno nota perfectamente el balanceo: arriba, abajo, a un lado, al otro… Por otro lado, tus ojos, si están mirando el suelo de la cubierta, el móvil o el interior del barco, ven cosas que parecen quietas respecto a ti.

Entonces ocurre algo curioso: los oídos le gritan al cerebro “¡nos movemos un montón!”, mientras los ojos le dicen, tan tranquilos, “aquí no se mueve nada”. El cerebro recibe dos mensajes que se contradicen y no sabe a quién creer. Los científicos llaman a esto conflicto sensorial, y es la causa principal del mareo, que en lenguaje técnico se llama cinetosis.

¿Y por qué entran ganas de vomitar?

Aquí viene la parte más sorprendente: ¿qué tiene que ver una discusión entre los ojos y los oídos con las ganas de vomitar?

Hay una explicación que convence a muchos científicos. Durante miles de años de evolución, casi la única situación en la que el cerebro recibía señales tan confusas era cuando el cuerpo había comido algo en mal estado o venenoso que afectaba al sistema nervioso. Por eso, ante esa confusión, el cerebro toma una decisión de emergencia: “puede que nos hayamos intoxicado, mejor vaciamos el estómago por si acaso”. Y provoca náuseas y vómitos.

En realidad, en el barco no hay ningún veneno: es una falsa alarma. Pero tu cerebro reacciona como si fuera de verdad, y por eso te sientes fatal.

Trucos para engañar al cerebro

La buena noticia es que, una vez entiendes qué está pasando, puedes ayudar a tu cuerpo a calmarse. El mejor truco es mirar al horizonte: esa línea lejana donde el mar se junta con el cielo. Al hacerlo, tus ojos también perciben el movimiento y dejan de contradecir a tus oídos. De pronto, todos los sentidos se ponen de acuerdo y el cerebro se relaja.

Otros consejos que funcionan: salir a la cubierta para tomar aire fresco, no leer ni mirar la pantalla del móvil, sentarte mirando hacia delante y no llenarte demasiado el estómago antes de salir. Incluso existen unas pulseras especiales que aprietan suavemente un punto de la muñeca y que a algunas personas les ayudan a sentirse mejor, además de medicamentos que el médico o el farmacéutico pueden recomendar.

Final feliz: tierra firme, por favor

Así que tranquilo: marearse en barco no significa que el mar no sea para ti. Le pasa a muchísima gente, incluso a marineros con años de experiencia, y casi siempre se puede prevenir.

Eso sí, después de la aventura de hoy, seguro que mañana lo tienes clarísimo: nada de barcos. La única pulsera que pensáis usar es la del todo incluido, esa que te pone en la muñeca al llegar al hotel y que da derecho a tumbona, piscina y buffet sin moverte de tierra firme. Y, oye, también es una forma estupenda de celebrar un cumpleaños. Menos épica marinera, sí, pero mucho menos vómito también. Y eso también cuenta.

La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Por qué nos mareamos en los barcos? – https://theconversation.com/por-que-nos-mareamos-en-los-barcos-286310

Vente de la Coupe du monde : le bras de fer entre la FIFA et l’Europe

Source: The Conversation – France in French (3) – By David Rowe, Emeritus Professor of Cultural Research, Institute for Culture and Society, Western Sydney University


L’ESSENTIEL

  • Le président de la FIFA Gianni Infantino veut ouvrir les compétitions mondiales à des investisseurs privés via une nouvelle filiale commerciale.

  • L’UEFA et plusieurs fédérations européennes dénoncent un projet contraire à l’esprit de ces compétitions et évoquent un boycott.

  • Au-delà de ce bras de fer, c’est l’avenir de la gouvernance et de la commercialisation du football mondial qui se joue.


Un peu plus d’une semaine après la finale de la Coupe du monde masculine 2026, remportée par l’Espagne face à l’Argentine, le football mondial semble au bord d’une guerre ouverte. Au cœur du conflit se trouve une proposition du président de la FIFA, Gianni Infantino, qui souhaite céder à des investisseurs privés une participation dans une nouvelle filiale chargée d’exploiter les droits commerciaux des principales compétitions de la FIFA.

Le projet est si controversé que plusieurs fédérations européennes ont même évoqué un possible boycott des prochaines Coupes du monde. Pourquoi la proposition d’Infantino suscite-t-elle une telle levée de boucliers ? Et pourquoi autant de pays s’y opposent-ils ?

La « FIFA Forward Enterprise »

L’idée de Gianni Infantino est de créer une filiale commerciale dotée de 20 milliards de dollars américains (environ 17,3 milliards d’euros, baptisée FIFA Forward Enterprise (FFE), qui serait chargée de gérer les principales compétitions de la FIFA, notamment les Coupes du monde masculine et féminine ainsi que la Coupe du monde des clubs.

Le projet devrait être approuvé par les 211 fédérations nationales membres de la FIFA. Celles-ci pourraient ensuite accéder à ces financements pour soutenir leurs programmes de développement.

Si Gianni Infantino présente cette initiative comme une « démocratisation du football à l’échelle mondiale », son projet de privatisation partielle de la FIFA a suscité une vive opposition.

Hier, Gianni Infantino a accentué la pression sur les fédérations membres de la FIFA pour qu’elles approuvent le projet d’ici au 19 septembre. Il a annoncé que chaque fédération recevrait 40 millions de dollars (environ 35 millions d’euros) de financement si elle votait en faveur de la proposition. En revanche, en cas de rejet, leur financement serait réduit de près de 75 %.

Cette initiative constitue aussi une nouvelle illustration des liens étroits qu’entretient Gianni Infantino avec le président américain Donald Trump et son entourage. Parmi les investisseurs privés pressentis figure Thrive Eternal, une société de capital-risque fondée et dirigée par Joshua Kushner, frère de Jared Kushner, le gendre de Donald Trump.

La stratégie d’Infantino

Bien que Gianni Infantino ait été secrétaire général de l’UEFA, il considère de plus en plus que son avenir – et celui de la FIFA – se joue en dehors de l’Europe. Il a ainsi noué des relations politiques et commerciales étroites aux États-Unis, premier marché mondial du sport, ainsi qu’au Moyen-Orient, devenu l’un des investisseurs les plus ambitieux et les mieux dotés financièrement dans le sport mondial.

En reprenant une stratégie initiée par l’ancien président de la FIFA João Havelange, Gianni Infantino s’est assuré le soutien de nombreuses fédérations en augmentant les financements distribués à un plus grand nombre de pays. Il a également élargi le nombre de participants aux Coupes du monde masculines et féminines. Il compte sur la majorité des fédérations membres pour le réélire en 2027 pour un dernier mandat de quatre ans, mais aussi pour faire approuver la création de la FIFA Forward Enterprise.

Depuis qu’il a succédé en 2016 à Sepp Blatter, discrédité par une vaste affaire de corruption, Infantino a supervisé des Coupes du monde masculines organisées dans des régimes peu libéraux – la Russie en 2018 et le Qatar en 2022 – puis en 2026 aux États-Unis de Donald Trump, un pays dont plusieurs observateurs estiment que la qualité démocratique est en recul.

Lorsque l’UEFA a de nouveau obtenu l’organisation du Mondial 2030, confié à l’Espagne et au Portugal, Infantino a orchestré un partage inédit de la compétition avec le Maroc ainsi qu’avec l’Uruguay, le Paraguay et l’Argentine. Cette décision a eu pour effet de faire basculer l’édition suivante vers l’Asie, ouvrant la voie à l’attribution de la Coupe du monde 2034 à l’Arabie saoudite, un proche allié d’Infantino.

Tout comme il a travaillé étroitement avec Donald Trump pour marginaliser l’UEFA, Gianni Infantino a également renforcé sa collaboration avec le prince héritier d’Arabie saoudite, Mohammed ben Salmane.

Cette relation s’est notamment traduite par une tentative avortée en 2018 de créer une Ligue des nations mondiale, un projet qui aurait fragilisé les compétitions les plus prestigieuses de l’UEFA : la Ligue des champions et le Championnat d’Europe.

Face aux critiques européennes qui l’accusent de se rapprocher de dirigeants autoritaires, Infantino balaie ces reproches en les qualifiant de « leçons de morale à sens unique » et d’« hypocrisie ». Les journalistes n’ont pas été épargnés non plus.

Plus tôt cette semaine, Gianni Infantino semblait viser directement l’UEFA et les médias dans un long message publié sur Instagram. Il y dénonçait « ceux qui passent leur temps et leur énergie à nous détester », ajoutant que « notre monde a besoin d’amour, pas de haine ; de tolérance, pas de divisions ; de célébration, pas de deuil ».

Le football mondial au bord de la fracture

Il n’était certainement pas question d’amour, de tolérance ou de célébration du côté de l’UEFA lorsque Donald Trump a fait pression sur Gianni Infantino pour obtenir une réduction de la suspension de l’attaquant américain Folarin Balogun pendant la Coupe du monde 2026, afin qu’il puisse disputer le match contre la Belgique.

Si la FIFA a assuré que cette décision relevait uniquement de sa commission de discipline indépendante, beaucoup ont soupçonné que ce revirement avait été obtenu sous la pression de son président.

L’UEFA n’est toutefois pas exempte de reproches. Son mode de gouvernance a lui aussi fait l’objet de critiques, tout comme son fonctionnement, souvent accusé de favoriser les plus grands clubs et les fédérations les plus riches, au détriment du reste du football européen.

Un boycott inédit des prochaines Coupes du monde, accompagné d’un refus des dizaines de millions de dollars promis par la FIFA, représenterait un coût considérable pour les fédérations concernées. Au regard des logiques financières très agressives qui dominent également chez les principaux acteurs de l’UEFA, un tel sacrifice paraît toutefois peu probable.

L’instance européenne semble plutôt déterminée à faire échouer le projet de FIFA Forward Enterprise, ou au moins à en obtenir une profonde révision, afin de préserver ses propres intérêts.

Les autres confédérations de la FIFA – notamment celles d’Asie, d’Afrique et d’Océanie – verraient probablement d’un bon œil un affaiblissement de la domination historique de l’UEFA. Mais l’inquiétude est plus large face aux évolutions du football mondial, que beaucoup jugent de plus en plus soumises à une logique d’hypercommercialisation. La Confédération de football d’Amérique du Nord, d’Amérique centrale et des Caraïbes (CONCACAF), qui vient tout juste d’organiser la Coupe du monde, s’est elle aussi jointe aux critiques contre le projet de FIFA Forward Enterprise.

Certains observateurs estiment même que Gianni Infantino préparerait déjà sa reconversion après la fin de son mandat, en 2031, en se réservant un poste très lucratif au sein de la branche commerciale de la FIFA qu’il est aujourd’hui en train de créer. Si ce scénario se concrétise, Gianni Infantino continuera de représenter une épine dans le pied de l’UEFA bien après avoir quitté le siège de la FIFA, à Zurich.

The Conversation

David Rowe ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Vente de la Coupe du monde : le bras de fer entre la FIFA et l’Europe – https://theconversation.com/vente-de-la-coupe-du-monde-le-bras-de-fer-entre-la-fifa-et-leurope-288759

La caméra au service de la recherche : l’expérience d’un documentaire à Madagascar

Source: The Conversation – in French – By Quentin Grislain, Chercheur en géographie politique, Cirad

Scène de tournage du film « Histoires paysannes des Hautes Terres de Madagascar », réalisée au sein d’une parcelle agricole.
© Mathilde Le Graciet, Fourni par l’auteur

Et si la caméra était bien plus qu’un moyen de présenter des résultats scientifiques ? En réalisant un documentaire auprès d’agriculteurs des Hautes Terres de Madagascar, le chercheur Quentin Grislain, a découvert que sa caméra influençait aussi son enquête. Elle a fait émerger des échanges inattendus et transformé son rapport au terrain.


Dans les sciences sociales, le terrain se raconte le plus souvent par l’écriture. La réalisation d’un documentaire auprès d’agriculteurs dans les Hautes Terres de Madagascar m’a amené à reconsidérer ce postulat.

En effet, certaines dimensions de l’expérience vécue se laissent difficilement saisir par le texte. J’ai constaté que la caméra ne se contentait pas de rendre visibles les pratiques agricoles, les évolutions du paysage et les savoirs paysans : elle transformait aussi la manière d’enquêter, de dialoguer avec les personnes rencontrées et, plus tard, de restituer les résultats de la recherche.

Affiche du film « Histoires paysannes des Hautes Terres de Madagascar ».
Cliquer pour zoomer, Fourni par l’auteur

Bien plus qu’un simple support de diffusion scientifique, le film est ainsi devenu un véritable outil de production et de circulation des connaissances qui a ouvert un espace inédit de dialogue entre chercheurs et habitants.

Quand le terrain appelle une mise en image

À l’origine, rien ne prédestinait cette enquête à devenir un documentaire. Mon travail portait sur les transformations des territoires ruraux dans une commune des Hautes Terres malgaches. Comme de nombreux chercheurs en sciences sociales, je menais des observations de terrain et des entretiens approfondis avec les habitants.

Mais au fil des semaines, une évidence s’est imposée. Les récits recueillis étaient indissociables des paysages dans lesquels ils s’inscrivaient. Les agriculteurs commentaient l’évolution des collines cultivées, montraient les parcelles héritées de leurs parents ou expliquaient les difficultés d’accès à l’eau directement au milieu des rizières. Certaines réalités semblaient difficiles à restituer à travers une écriture académique. Le projet de documentaire est né de cette volonté de montrer le terrain afin de mieux le comprendre.

Paysage des Hautes Terres de Madagascar (commune de Mandritsara).
Sergio Castro Pacheco, Fourni par l’auteur

Des moyens de tournage modestes

Le documentaire a été réalisé sans financement spécifique, avec un équipement léger et une équipe réduite à trois personnes : le chercheur, sa compagne et une traductrice-interprète.

Réalisé en 2024, le tournage s’est déroulé dans une commune rurale enclavée, dépourvue d’accès à l’électricité. Chaque jour, il a fallu composer avec l’autonomie limitée des batteries et s’assurer du stockage des images. Mais ces contraintes ont fini par avoir un effet inattendu. En restant discret et peu intrusif, le dispositif de captation s’est intégré plus facilement au quotidien des habitants. La caméra a progressivement cessé d’être un objet étranger pour devenir un outil à part entière de l’enquête de terrain.

Scène de tournage du film.
Quentin Grislain, Fourni par l’auteur

Ce que la caméra donne à voir

L’un des principaux intérêts du documentaire réside dans sa capacité à saisir des dimensions du réel, que la seule écriture peine à retranscrire.

Les paysages agricoles, par exemple, occupent une place centrale dans la compréhension des dynamiques rurales. Une image permet de percevoir immédiatement l’organisation des parcelles, les systèmes d’irrigation ou l’extension des cultures sur les versants. Là où plusieurs pages seraient parfois nécessaires pour décrire un territoire, quelques secondes de film donnent accès à une compréhension sensible de l’espace.

La caméra permet également de documenter les gestes. Le travail du sol, l’entretien des canaux d’irrigation ou les pratiques quotidiennes des familles agricoles s’expriment à travers des savoir-faire et des interactions avec l’environnement. Le film rend visibles ces dimensions souvent absentes des publications scientifiques classiques.

Entretien filmé en extérieur avec un agriculteur expliquant les pratiques d’entretien des canaux d’irrigation (extrait du film « Histoires paysannes des Hautes Terres de Madagascar »).
Quentin Grislain, Fourni par l’auteur

L’entretien filmé capte, en outre, davantage que des mots. Il enregistre les silences, les hésitations, les regards ou les émotions. La parole apparaît alors incarnée, replacée dans le contexte matériel et social qui lui donne sens.

Le regard des enquêtés sur leur histoire filmée

Deux ans après le tournage, en juin 2026, le documentaire a été projeté dans la commune où il avait été réalisé.

La projection a réuni plusieurs dizaines d’habitants venus découvrir leur territoire, leurs voisins et parfois eux-mêmes sur grand écran. Certaines séquences ont suscité des réactions immédiates. Les vues aériennes du village ont provoqué l’étonnement, tandis que l’apparition de lieux familiers ou de figures locales a déclenché sourires et commentaires.

Projection collective du film dans la commune rurale de Mandritsara.
Quentin Grislain, Fourni par l’auteur

Surtout, les spectateurs ont largement reconnu les situations décrites dans le film. Les témoignages consacrés aux difficultés d’accès à l’eau, aux transformations du paysage ou aux contraintes foncières ont été spontanément validés par de nombreuses personnes présentes. Ce moment a nourri une discussion animée des résultats de la recherche, rarement possible à travers les supports académiques.

Le documentaire comme espace de dialogue et de circulation des savoirs

La projection n’a pas été qu’un exercice de validation. Elle a aussi donné lieu à des critiques, des compléments et de nouvelles interrogations.

Plusieurs habitants ont estimé que le film insistait davantage sur les difficultés rencontrées que sur les solutions développées localement. D’autres ont évoqué des problèmes peu abordés dans le documentaire, comme l’augmentation du coût des intrants agricoles ou les difficultés d’accès au financement.

Ces échanges ont produit de nouvelles informations et permis de réinterroger certaines interprétations effectuées lors du montage. En ce sens, la projection a prolongé l’enquête au lieu d’y mettre un terme.

Cette expérience rappelle que le documentaire peut occuper une place singulière entre recherche et espace public. Parce qu’il est accessible à des publics variés, il facilite la circulation des savoirs au-delà du monde académique. Les habitants ne sont plus seulement des personnes enquêtées : ils deviennent aussi spectateurs, critiques et parfois coproducteurs du sens donné aux résultats.

Échange avec les participants à la suite de la projection du film.
Mathilde Le Graciet, Fourni par l’auteur

Cette dynamique de circulation dépasse le cadre de la projection locale. Au-delà des échanges immédiats suscités par le visionnage, une attente forte s’est exprimée autour de la diffusion future du film. Pour plusieurs participants, le documentaire ne devrait pas seulement être vu localement. Ils souhaitent qu’il soit diffusé auprès des décideurs politiques — notamment des ministères et services déconcentrés de l’État — afin de mettre en lumière des réalités qu’ils jugent largement méconnues de ceux qui élaborent les politiques de développement agricole.

À l’heure où les chercheurs sont de plus en plus invités à dialoguer avec la société, le documentaire apparaît comme un outil précieux. Non pas pour remplacer l’écriture scientifique, mais pour la compléter en ouvrant de nouveaux espaces de rencontre et de partage des connaissances.

The Conversation

Quentin Grislain est accueilli au FOFIFA (Centre national de la recherche appliquée au développement rural) à Madagascar. Il a bénéficié d’un financement de l’initiative DeSIRA DINAAMICC (UE) pour mener une recherche sur l’évolution de l’occupation territoriale, qui a servi de base à cet article.

ref. La caméra au service de la recherche : l’expérience d’un documentaire à Madagascar – https://theconversation.com/la-camera-au-service-de-la-recherche-lexperience-dun-documentaire-a-madagascar-287405

Habiter en hauteur : un immobilier cher et recherché, mais vulnérable aux fortes chaleurs

Source: The Conversation – in French – By Geoffrey Mollé, Chercheur en géographie urbaine, IMT Mines Alès – Institut Mines-Télécom


L’ESSENTIEL

  • Dans les principales zones urbaines françaises, les logements se vendent d’autant plus cher que l’on monte dans les étages : plus de lumière, plus de vue, moins de vis-à-vis.

  • Ces hauts étages sont pourtant les plus vulnérables à la chaleur en période de canicule, selon une enquête geographique récente.

  • Les habitants des étages élevés des « immeubles de belle hauteur », souvent des résidences de standing, ont acheté leur appartement à prix d’or, ce qui ne les empêche pas d’être désemparés face aux canicules.


Alors que la France connaît déjà son quatrième épisode caniculaire – et a connu cet été 2026 le plus intense jamais enregistré – le débat public s’est tout naturellement focalisé sur les « bouilloires-thermiques », mot-valise qui combine le défaut d’isolation thermique des logements et la vulnérabilité aiguë aux fortes chaleurs de leurs habitants.

Une récente étude de la Fondation pour le Logement montre que les quartiers populaires cumulent ces situations délétères. Les habitants des chambres de bonne, sous les toits en Zinc de Paris, sont particulièrement exposés.

Ce cadrage de l’habitabilité des milieux urbains en période de forte chaleur laisse toutefois dans l’ombre la question de la hauteur des logements, et pas seulement du dernier étage. Car en France, l’habitat urbain continue de se verticaliser.




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Depuis 2014, les 30 premières unités urbaines (ce qui correspond aux 30 principales agglomérations du pays) accueillent de plus en plus d’immeubles résidentiels de quinze ou seize étages (96 livrés, 88 en chantier ou en instruction à fin 2022). Ces tours « nouvelle génération », parfois appelées « immeubles de belle hauteur » pour ne pas utiliser le mot « tour », s’adressent à des ménages aisés.

Elles vendent précisément ce que les canicules rendent insoutenable : une ouverture paysagère, une exposition atmosphérique à l’air extérieur des métropoles. Or mon enquête dans les tours des agglomérations lyonnaise, stéphanoise et grenobloise montre que dans le neuf, les logements les plus chers, les plus hauts, sont parfois les plus invivables l’été.

La hauteur, ou le prix de l’exposition

En France, le prix de l’immobilier grimpe avec l’étage. Selon une étude du portail MeilleursAgents, un appartement au dernier étage d’un immeuble avec ascenseur se vend 15 % plus cher qu’un rez-de-chaussée en province, 19 % à Paris. Les rares travaux sur le gradient vertical des prix du logement confirment l’existence d’une « prime d’étage » positive, à laquelle s’ajoute celle de l’orientation. À Shanghai, un logement exposé sud vaut en moyenne 14 % de plus.

Ces primes rémunèrent un accès à la lumière, à la vue dégagée, à l’air, au calme supposé des sommets urbains. Les promoteurs des nouvelles tours en ont fait leur argument central : « Prenez de la hauteur, vous verrez la différence », promettait un programme parisien.

Panoptique des hauteurs du 16ᵉ (en haut à gauche) au RDC (en bas à droite) de l’îlot Moderne (Lyon 3ᵉ). L’usage d’une lentille noire et du grand angle accentue les contrastes et la profondeur, mais cette image donne à voir la corrélation entre luminosité de l’habitat et hauteur du logement.
Fourni par l’auteur

Cette hiérarchie est aussi sociale : dans les immeubles neufs, les premiers étages accueillent les logements dits « abordables », les derniers d’onéreux duplex. « Il y a vraiment une fracture sociale à la verticale », résume une chargée de mission habitat de la métropole de Lyon.

Résultat, depuis 2018, plus aucun projet de tour recensé n’intègre durablement de logement social.

« On est cuits », ou le revers de la promesse immobilière

Entre 2019 et 2021, j’ai mené 70 entretiens dans une quinzaine de tours de l’agglomération lyonnaise, anciennes et récentes, sociales et de standing, complétés par des entretiens à Saint-Étienne et à Grenoble.

En haut des tours neuves, la déconvenue thermique a tout de suite été un sujet de discussion.

« On est cuits. Là où on était, on avait un rafraichissement par le sol, là on n’a rien du tout et moi j’ai du 30/33 °C en étant beaucoup plus proche du soleil », raconte Marie-France, 65 ans, depuis son logement au seizième étage acheté 875 000 euros dans une tour livrée en 2019 à Lyon-Confluence.

Chez Marie-France, au 16ᵉ d’une tour de l’éco-quartier de la Confluence (Lyon 2ᵉ), tous les volets étaient baissés quand je suis arrivé, 31 °C à l’intérieur, orage annoncé.
Fourni par l’auteur

Deux étages plus bas, un autre retraité décrit :

« un appartement invivable l’été » ; « quand vous avez des canicules, la chaleur ne s’évacue plus parce qu’elle est bien isolée, et vous dormez dans des chambres à 32 °C ».

Le point décisif est que ces logements ne sont pas des passoires. Ce sont des produits neufs conformes aux réglementations (RE2020).

Chez Jérôme et Lydia, 14ᵉ d’une nouvelle tour dans le quartier de la Part-Dieu (Lyon 3ᵉ), il est midi et il règne un soleil de plomb en ce 31 juillet 2020.
Fourni par l’auteur

Leur surchauffe n’est pas un défaut de fabrication et découle même de ce qui fait leur prix. Les étages élevés bénéficient également d’un ensoleillement « optimal », sans ombre portée. L’absence de vis-à-vis, n’est donc pas seulement une forme de tranquillité vis-à-vis du voisinage : c’est aussi l’absence de masque au rayonnement du soleil et une plus grande distance avec les arbres rafraichissants au sol.

L’isolation haute performance, enfin, qui permet de se couper du bruit du boulevard urbain, retient la chaleur la nuit. Et ouvrir la fenêtre pour aérer, lorsque la vitesse du vent le permet, fait entrer ce que la hauteur n’enraye pas, comme le bruit qui monte.

« Ou je veux le bruit, ou je veux la vue », résume Marie-France. Il faudrait désormais compléter : « ou la chaleur, le bruit, le vent, ou la vue ».

Pourtant, rien de nouveau sous le soleil. En 1957, un inspecteur général de la santé décrivait déjà les étages élevés des grands ensembles comme « de véritables fournaises l’été ». Le problème était connu, mais la vue semble avoir gagné en valeur immobilière avec le renforcement des politiques de densification urbaine.




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Vers une déstabilisation des hiérarchies verticales ?

Dans la même résidence que Marie-France, Ophélie, 34 ans, institutrice, occupe un premier étage ombragé donnant sur le jardin en cœur d’îlot. Elle ironise :

« Ah ben on peut pas avoir un logement lumineux et être au frais ! »

Mais la hiérarchie verticale des étages commence à perdre de son effet graduel.

Chez Ophélie, au 1ᵉʳ d’une tour de l’éco-quartier de la Confluence (Lyon 2ᵉ), la végétation et l’ombre portée maintiennent son balcon relativement au frais les jours d’été.
Fourni par l’auteur

Le couple du quatorzième me dit louer un studio à la montagne « dès que la canicule arrive sur le bulletin météo » et envisagerait même de « faire machine arrière » en déménageant, deux réflexes (la fuite vers une résidence secondaire à l’océan ou à la montagne et/ou un déménagement pur et simple) corroborés par une récente étude de Leboncoin sur l’inconfort thermique.

Pourtant, le marché immobilier ne semble pas suivre l’épreuve des corps. En pleine canicule, les professionnels de l’immobilier constatent que les derniers étages et les expositions sud restent très valorisées.

Pire : les solutions techniques développées par le Cerema pour améliorer le confort d’été des logements collectifs, comme les volets roulants à lame orientable, sont « non préconisés dans les étages hauts et exposés au vent ».

Des recherches récentes suggèrent que les marchés finissent par apprendre. Aux États-Unis, le risque d’inondation non intégré aux prix représente 121 à 237 milliards de dollars de survalorisation immobilière ; face à la montée des eaux, les acheteurs ont fini par exiger une décote, mais la capitalisation d’un risque nouveau n’est « ni instantanée ni automatique ».

Il n’a fallu qu’une quinzaine d’années pour que les urbanistes marseillais revoient à la baisse la hauteur des immeubles sous les effets du mistral. Combien de canicules faudra-t-il encore pour que la vulnérabilité des étages élevés à la chaleur fasse l’objet d’enquêtes, de rapports et de mesures dédiés ?




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L’étagement, dans l’angle mort de l’urbanisme

La variabilité de l’exposition à la chaleur en fonction de la hauteur est avérée. L’effet cheminée, par exemple, peut concentrer chaleur et polluants dans les étages supérieurs. L’épidémiologie a mis en évidence une surmortalité aux derniers étages lors de la canicule de 2003 à Paris.

Ces savoirs ne circulent pourtant pas jusqu’aux enquêtes de géographie sociale qui, depuis quelques années, prennent au sérieux la façon dont les citadins vivent la chaleur. Les enquêtes coordonnées par Guillaume Faburel dans le sud de la France et par Géraldine Molina dans la métropole nantaise montrent que les corps et les logements ne sont pas égaux devant les surchauffes urbaines. Mais ces travaux analysent avant tout l’effet du quartier, du type de bâti ou du profil du ménage, au détriment de l’étagement.

Or l’étagement fait la ville. Habiter en milieu urbain, c’est vivre à un certain endroit du mille-feuille vertical. En exagérant le trait, on pourrait dire que le cas des tours révèle la production, étage par étage, d’inégalités climatiques hautement différenciées selon les coordonnées tridimensionnelles de l’habitant et de son logement.

Cet aspect structurant de l’urbanité contemporaine vis-à-vis de la chaleur pourrait avoir des implications colossales puisqu’il mettrait potentiellement en défaut le renforcement des politiques de densification des métropoles actuellement à l’œuvre.




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Pour l’instant, cependant, pas de changement de cap significatif pour les politiques d’aménagement urbain. Les effets des phénomènes d’îlot de chaleur urbain continuent de s’intensifier et, avec eux, ceux de la dépendance croissante à la climatisation, qui commence à être intégrée par les prix du marché et les balcons des tours.

Cercle vicieux : sur un quartier lyonnais modélisé pendant la canicule de 2019, les climatiseurs de façade ont élevé la température de l’air d’environ 1,75 °C. La réponse individuelle repousse le problème vers le bas, vers la rue, vers les logements modestes des premiers niveaux, vers ceux qui n’ont pas payé la vue, et retarde le moment où il faudra le penser collectivement. Les habitants des tours font déjà rentrer l’étagement dans leurs arbitrages quotidiens. Et vous ?

L’étagement de la ville est longtemps resté dans l’angle mort des enquêtes de géographie sociale sur la chaleur.
Fourni par l’auteur

The Conversation

Geoffrey Mollé a reçu une bourse doctorale de la Chaire “Habiter Ensemble la Ville de Demain” du LabEx Intelligence des Mondes Urbains pour réaliser ses recherches sur les tours résidentielles.

ref. Habiter en hauteur : un immobilier cher et recherché, mais vulnérable aux fortes chaleurs – https://theconversation.com/habiter-en-hauteur-un-immobilier-cher-et-recherche-mais-vulnerable-aux-fortes-chaleurs-288423

Les limites de l’économie, au-delà des caricatures

Source: The Conversation – in French – By Olivier Bargain, Professeur, Directeur du magistère de sciences économiques, Université de Bordeaux

Les critiques d’une science économique hors sol et technocratique méritent d’être entendues, mais elles ignorent souvent la transformation profonde de la discipline. Devenue largement empirique, celle-ci mobilise l’identification causale pour analyser les politiques publiques et les comportements, tandis que ses approches normatives interrogent les choix éthiques qui fondent nos décisions collectives. Encore faut-il la critiquer pour ce qu’elle est devenue, et non pour ce qu’elle a été.


Dans une récente tribune, Gaspard Kœnig reproche aux (micro)économistes de se comporter « comme s’ils pratiquaient une science exacte », d’énoncer des conclusions « bien connues » et de s’être « déconnectés de toute réflexion éthique ». Si la charge séduit, c’est en partie parce qu’elle flatte une méfiance diffuse envers l’expertise et l’abstraction mathématique. Mais elle repose en partie sur une représentation dépassée de l’économie contemporaine, tout en invitant à reformuler les bonnes critiques.

Depuis trente ans, la discipline s’est profondément transformée. L’attention s’est déplacée des grands modèles à vocation universelle vers l’identification rigoureuse des effets causaux. La science économique est ainsi devenue largement empirique : il s’agit désormais moins de construire une explication générale que de déterminer les effets d’un phénomène donné, comme une pandémie ou un choc climatique, ou d’une politique publique, qu’il s’agisse d’une réforme fiscale, d’une politique éducative ou d’un programme d’aide à l’emploi.

Les effets étudiés ne se limitent plus aux comportements traditionnellement qualifiés d’« économiques », tels que l’investissement, la consommation ou l’emploi. Ils concernent aussi la santé, les performances scolaires, les comportements environnementaux, le bien-être ou encore la confiance. Cette extension à des questions sociétales plus larges, et les empiètements qu’elle peut entraîner sur le terrain des autres sciences sociales suscitent parfois des réticences. Elle traduit pourtant une ambition féconde : mobiliser les outils de l’inférence causale dans des domaines toujours plus nombreux.

Bien au-delà des évidences

On entend parfois que la recherche économique ne ferait que confirmer des évidences. C’est souvent l’inverse. Par exemple, une expérimentation randomisée menée au Kenya par Esther Duflo et ses coauteurs montre que regrouper les élèves par niveau, pratique souvent soupçonnée d’accroître les inégalités, améliore en réalité les résultats des élèves les plus faibles autant que ceux des plus forts.




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Et même lorsqu’un résultat paraît conforme à l’intuition, l’enjeu n’est pas seulement d’en connaître le signe. Il faut mesurer sa taille, son hétérogénéité (quelles sous-populations réagissent le plus à telle mesure ?), ses effets secondaires, etc. Notamment, mesurer la taille relative d’un effet par rapport à celle du dispositif mis en place permet d’anticiper l’ampleur des effets futurs en cas de réforme et de conseiller ainsi le décideur public dans la phase de conception des réformes.

Des outils en constante amélioration

Comme toute science empirique, il ne s’agit évidemment pas d’une science « exacte ». Les comportements humains sont hétérogènes, les anticipations changent les résultats, les données sont imparfaites. Ces limites structurent justement les méthodes empiriques modernes. Les intervalles de confiance, les tests de robustesse ou les analyses de sensibilité ne produisent pas une illusion de certitude ; ils reconnaissent explicitement les limites de nos connaissances. Donner un intervalle de confiance à un décideur public, ce n’est pas affaiblir le message : c’est indiquer honnêtement le degré d’incertitude autour d’un résultat.

Les économistes améliorent aussi leurs outils, à la fois en termes de justesse et de précision. En particulier, les expériences randomisées offrent des résultats plus justes que les vieilles méthodes économétriques tout en reposant sur un principe simple – comparer un groupe traité et un groupe de contrôle – et sur des hypothèses d’identification clairement énoncées et généralement vérifiables. Les données administratives, de leur côté, réduisent les erreurs de mesure et, parce qu’elles portent souvent sur de très grands échantillons, permettent d’estimer plus précisément des effets moyens (loi des grands nombres).

La vraie critique est ailleurs

Les vraies critiques que l’on pourrait faire aux sciences économiques modernes sont d’une autre nature. La première concerne la hiérarchie des sujets. Les grandes revues d’économie valorisent fortement la qualité de l’identification causale, parfois plus que l’importance sociale de la question. Un article étroit, mais doté d’une démonstration impeccable, est généralement préféré à un article sur le chômage ou la pauvreté jugé moins convaincant causalement. Poussée à l’extrême, cette tendance a donné naissance au style « Freakonomics », qui trahit le goût de certains économistes pour des analyses exotiques ou surprenantes, parfois au prix d’un éloignement des enjeux socialement les plus importants. Ce type de biais, combiné à la pression intense exercée sur les chercheurs pour publier dans les meilleures revues, peut conduire les doctorants à privilégier des stratégies expérimentales ou quasi expérimentales offrant une identification causale convaincante, au détriment de la pertinence de la question posée et de son utilité sociale.

On pourrait croire que les recherches portant directement sur les politiques publiques échappent à ces critiques. Un second problème peut néanmoins se poser. Si les évaluations (quasi-)expérimentales ont beaucoup apporté, notamment en économie du développement, elles tendent à privilégier les questions qui se prêtent à une identification causale convaincante, souvent au moyen d’essais randomisés. Incitations scolaires, programmes de vaccination ou dispositifs de protection sociale : les politiques ainsi étudiées sont importantes. Mais certains facteurs plus macroéconomiques ou structurels, comme la fiscalité, les institutions ou le commerce international, sont plus difficiles à analyser selon ces critères, notamment faute de pouvoir construire un groupe de comparaison crédible. Une hiérarchie implicite peut alors s’installer entre les questions de recherche, non selon leur poids explicatif ou leur importance sociale, mais selon leur compatibilité avec une stratégie d’identification causale. Les travaux récents tendent à corriger en partie ce déséquilibre, en étendant l’analyse causale à des phénomènes plus structurels, en intégrant les effets d’équilibre général ou en combinant différentes approches. La forte centralité accordée aux essais « randomisés » demeure néanmoins.

Experts des méthodes plus que du contexte ?

La troisième critique porte sur le contexte. Devenus experts de méthodes (quasi) expérimentales robustes, les économistes peuvent les appliquer à des domaines qu’ils connaissent imparfaitement. Ils peuvent identifier assez correctement l’effet causal d’un dispositif tout en ignorant les institutions et normes sociales qui conditionnent cet effet. Cela peut conduire à surestimer la généralité d’un résultat. La réplication devient alors un passage obligé, car on ne sait pas toujours si un effet observé dans un environnement donné se reproduira ailleurs. Parallèle aux efforts de réplication, un meilleur dialogue avec les autres sciences sociales devrait s’engager et permettre de mieux interpréter et comprendre les mécanismes sous-jacents et le rôle du contexte social et institutionnel.

Il faut toutefois noter que beaucoup de travaux modernes, notamment en économie du développement, partent désormais d’entretiens avec les acteurs de terrain et les personnes potentiellement concernées par le programme étudié. Cette phase qualitative fournit beaucoup d’information sur le contexte. De plus, en ce qui concerne les politiques publiques nationales, plusieurs centres d’évaluation tentent de métisser les outils économiques avec ceux d’autres disciplines. À côté des centres classiques comme l’Institut des Politiques publiques, le centre PRISM de l’Université de Bordeaux croise économie, psychologie et santé publique, tandis que le LIEPP de Sciences Po Paris mobilise la sociologie et les sciences politiques.

Une branche pour expliciter les principes éthiques

Reste la critique éthique. Si Gaspard Kœnig a raison de rappeler que l’économie ne peut se réduire au calcul technique, il est cependant inexact de dire qu’elle serait déconnectée de toute réflexion morale. L’économie n’a jamais cessé de dialoguer avec la philosophie, comme le rappelle l’influence majeure de John Rawls.

Une branche entière, l’économie normative, consiste à expliciter les principes éthiques qui sous-tendent les choix collectifs et les critères d’évaluation sociale. Les travaux d’Amartya Sen, John Roemer ou Marc Fleurbaey montrent que la formalisation mathématique peut prolonger la réflexion morale. L’économie normative part d’axiomes simples qui traduisent des exigences morales élémentaires – efficacité parétienne, priorité aux plus défavorisés, compensation des circonstances subies, responsabilité individuelle – puis examine quels critères d’évaluation sociale sont compatibles avec ces exigences. Elle ne prétend pas découvrir scientifiquement ce qui est juste. Elle rend explicites les arbitrages éthiques qui restent souvent implicites dans le débat public.

CNRS 2025.

Dans ce domaine, le vrai problème est plutôt que l’approche normative est devenue moins visible au sein de la discipline économique. Pour faire carrière, il est difficile de se spécialiser en économie axiomatique. Les revues spécialisées sont peu nombreuses (on peut citer Social Choice and Welfare). Il existe pourtant un champ où ces considérations restent très présentes et donnent lieu à des applications empiriques concrètes : l’économie de la santé. En effet, évaluer une politique sanitaire ou le degré d’inégalité d’accès aux soins nécessite d’expliciter les dimensions normatives des calculs coût-bénéfice ou les critères de justice mobilisés, par exemple le rôle de la responsabilité individuelle (effort) par rapport à celui des circonstances (chance).

En somme, la critique de Kœnig trouve un écho, mais pas exactement là où il le situe. Le problème n’est pas que l’économie produise nécessairement des réponses triviales ni qu’elle prétende être devenue une science exacte. Ses outils modernes sont au contraire extrêmement utiles pour mesurer les effets des politiques publiques et améliorer leur conception.

La difficulté tient plutôt à la hiérarchie des questions qu’instaure parfois la discipline. La recherche économique tend à privilégier les objets qui se prêtent à une identification causale convaincante, quitte à reléguer au second plan des enjeux socialement cruciaux ou des facteurs explicatifs plus structurels. À cela s’ajoute la marginalisation relative des approches normatives, qui peut laisser croire que l’accumulation de résultats empiriques suffit à orienter la décision publique.

Remédier à ces déséquilibres suppose de mieux articuler les différentes approches de la discipline : identification causale, analyse des mécanismes, économie du bien-être et explicitation des choix normatifs. C’est à cette condition que l’économie pourra continuer à contribuer utilement au bien commun.

The Conversation

Olivier Bargain ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Les limites de l’économie, au-delà des caricatures – https://theconversation.com/les-limites-de-leconomie-au-dela-des-caricatures-287237

Qu’est-ce que la littérature « jeune adulte » ?

Source: The Conversation – in French – By Lylette Lacôte-Gabrysiak, Maître de conférences en sciences de l’information et de la communciation, Université de Lorraine

Les romans « jeune adulte » mettent en scène des héros qui font face à des choix de vie, explorent leur identité, vivent leurs premiers amours ou luttent dans des mondes extraordinaires. Pexels, CC BY

Les romans de la littérature dite « jeune adulte » comportent des caractéristiques communes, bien que la catégorie reste encore peu floue sous certains aspects.


Née aux États-Unis, la littérature pour jeunes adultes est apparue en France au tournant des années 1980 avec la création de collections dédiées. Elle est vraiment devenue populaire avec l’émergence de la série Harry Potter, pourtant publiée en tant que roman jeunesse par les éditions Gallimard mais considérée assez largement par les professionnels du livre et les critiques comme des romans pour adolescents.

Ainsi, aux habituelles mentions d’un âge minimal indicatif (« pour les plus de 13 ans », « pour les plus de 15 ans ») sur les couvertures des livres et dans les outils professionnels, a pu parfois se substituer la mention « young adult » sans plus de précisions même si celle-ci était souvent considérée comme une sous-catégorie des romans jeunesse.

Une catégorie en construction

Depuis peu, la base de données des livres disponibles en France du Cercle de la librairie, Electre, mentionne, au niveau du public visé par une publication, la catégorie « Jeune adulte » au même niveau que la catégorie « Adulte » avec deux sous-catégories « pour les plus de 16 ans » et « pour les plus de 18 ans » mais ces ajouts sont récents et la position des éditeurs n’est pas totalement fixée. On peut penser que ce changement est dû aux polémiques liées à la dark romance et à son public souvent constitué de jeunes filles mineures jugées trop jeunes pour ces lectures inadaptées.

Pourtant, les livres incriminés sont parus dans des collections pour adulte où aucune mention d’âge n’est préconisée. Ils sont considérés outre-Atlantique comme faisant partie du « new adult » contenant des scènes de nature sexuelle explicite et visant des lectrices et de lecteurs majeurs – en France cette catégorie est très peu présente et c’est la « New Romance », marque déposée par Hugo Publishing, le principal éditeur du genre, qui s’y substitue.

Destinée, comme son nom l’indique, à un public de jeunes adultes, ce nouveau genre montre dès l’abord son ambiguïté : qu’est-ce qu’un jeune adulte ? Si la teneur des romans et l’absence de scènes de nature sexuelle explicite permettent de situer la cible visée par les éditeurs dès l’adolescence (elle-même indéfinie en termes d’âge), jusqu’à quel âge peut-on lire ces romans ? A priori, l’une des caractéristiques du genre est de pouvoir être lu, également, par des adultes plus si jeunes, ce qui a été le cas notamment des séries adaptées au cinéma comme Harry Potter mais aussi Hunger Games, Twilight et autres Divergente. Cette littérature fait souvent l’objet d’adaptations audiovisuelles, ce qui participe à son large succès.

Des genres diversifiés, mais des points communs

Les romans de cette catégorie peuvent être aussi bien des romans d’amour (la romance a fait une entrée forte et remarquée dans le jeune adulte), de science-fiction ou de fantasy, des romans policiers ou d’apprentissage voire de la sick-lit (comme le célébrissime Nos étoiles contraires de John Green, dans lequel les deux héros, amoureux l’un de l’autre, sont atteints d’une maladie grave).

Malgré leur diversité de genre, ils ont des traits communs : les héros ont entre 10 et 20 ans, il y a beaucoup de personnages féminins (comme il y a beaucoup de lectrices et d’autrices dans le jeune adulte), la famille est absente ou peu présente. Le cadre peut être réaliste ou pas du tout (le héros peut avoir des pouvoirs, vivre dans un monde totalement imaginaire), l’histoire peut se dérouler dans le passé, le présent ou le futur (y compris dystopique où il s’agit de survivre sur une terre dévastée). Les références (musique, personnes connues, livres, expressions) renvoient à une culture jeune ou scolaire.

Dans l’histoire, on note la présence forte des premières fois (entrée au lycée ou à la fac, premières amitiés, amours, trahisons… ), la présence d’un obstacle à surmonter, la mise en avant du courage du héros et de ses valeurs. Le roman est écrit à la première ou à la troisième personne en focalisation interne (on entre dans la tête du personnage).

Il s’agit de plaire à des adolescents en pleine construction, attirés par des aventures qu’ils peuvent vivre par procuration et susceptibles de les aider à trouver leur voie et leur voix. Tout est fait pour permettre l’identification. On peut y voir une illustration d’une des modalités de l’effet-personnage théorisé par Vincent Jouve : le personnage est souvent perçu comme une personne et un prétexte pour vivre des expériences inédites.

Le style est assez simple, il y a beaucoup de dialogues, l’histoire est vive, prenante, parfois difficile (mais on peut aussi aimer pleurer en lisant une fiction), c’est avant tout une littérature d’aventure et, à ce titre, une littérature populaire. C’est peut-être la raison qui pousse des post-adolescents et des adultes plus mûrs à l’apprécier : non seulement il s’agit de littérature consentante – art d’agrément qui relève de l’artisanat et fleurit à l’écart de la critique, notamment des romans sentimentaux ou historiques, selon Dominique Viart – mais aussi d’histoires sans longues descriptions ou effets de style, ce qui peut être recherché par des lecteurs, et des lectrices, qui trouvent ces ouvrages particulièrement divertissants.

The Conversation

Lylette Lacôte-Gabrysiak ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Qu’est-ce que la littérature « jeune adulte » ? – https://theconversation.com/quest-ce-que-la-litterature-jeune-adulte-288455