Cómo la inteligencia artificial está transformando los videojuegos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ricardo Fernández Rafael, Investigador Predoctoral en Ocio, Cultura y Comunicación, Universidad de Deusto

Una imagen del juego _Retail Mage_. Jam and Tea Studio

Imagine entrar en su videojuego favorito y que cada personaje no jugable (NPC) le ofrezca una conversación única e improvisada a su medida. O que el juego ajuste la dificultad en tiempo real según detecte su frustración, calma o modo de jugar.

Escenarios así están dejando de ser ciencia ficción: gracias a los avances tecnológicos, la forma en la que jugamos se está transformando radicalmente. Casi uno de cada cinco juegos nuevos publicados en la plataforma Steam durante 2025 utiliza ya alguna forma de IA generativa.

De NPC predecibles a personajes que improvisan

La IA en videojuegos ha existido durante décadas para controlar el comportamiento de enemigos o aliados, pero seguía guiones rígidos o programas muy definidos. Ahora, con modelos generativos de lenguaje –similares a ChatGPT– los personajes no jugables pueden hablar e interactuar de forma mucho más libre y natural.

Un ejemplo reciente es Retail Mage (2024), un videojuego de rol (RPG) en el que se atiende una tienda mágica cuyos clientes son NPC impulsados por IA generativa. En lugar de limitarse a frases predefinidas, el jugador puede teclear cualquier consulta o respuesta y el personaje no jugable improvisa un diálogo coherente en tiempo real. Esto permite conversaciones insospechadas y situaciones cómicas o creativas: los desarrolladores reportan que las posibilidades y la experiencia se multiplican al no haber “líneas de diálogo” agotables o que puedan repetirse fácilmente.

Otro caso es Mecha BREAK (2025), un videojuego de disparos multijugador (shooter). En la gran feria del videojuego europea, la Gamescom de 2024, se mostró una versión piloto con un personaje no jugable que hablaba e interactuaba gracias a la IA. El jugador podía preguntarle libremente sobre la próxima misión y este respondía con consejos tácticos generados en ese mismo momento.

Mundos creados sobre la marcha

La IA generativa no solo da voz improvisada a personajes, también puede inventar historias, misiones y mundos enteros conforme jugamos.

AI Roguelite (2023) es un caso llamativo: se presenta como “el primer videojuego de rol de texto en el que la inteligencia artificial determina al 100 % cada ubicación, enemigo, objeto y mecánica”. En cada partida, el juego genera descripciones, escenarios, eventos e incluso imágenes y música diferentes usando modelos de IA. Los jugadores destacan la flexibilidad casi infinita de este enfoque: es posible vivir desde la épica clásica de caballeros contra dragones hasta disparatadas aventuras surrealistas, todo dependiendo de las entradas del usuario y la creatividad del modelo.

También hay proyectos híbridos que combinan contenido artesanal con generación por IA. Por ejemplo, Nyric permite crear mundos sandbox en 3D (entornos virtuales en los que el jugador tiene libertad para explorar, construir y modificar sin una línea argumental predefinida) a partir de simples descripciones de texto, usando la IA para rellenarlos y adaptarlos sobre la marcha. Imagine escribir “un bosque encantado bajo una noche estrellada” y ver cómo el juego construye un paisaje inmersivo que puede explorar.

Del mismo modo, inZOI utiliza IA para generar texturas y objetos únicos según indicaciones del usuario, y emplea pequeños modelos de lenguaje integrados para dotar de mayor “profundidad psicológica” a sus personajes no jugables. Es decir, estos no solo tienen diálogos diferentes en cada partida, sino que “piensan” y actúan con cierta autonomía simulando motivaciones más complejas.

Estos ejemplos muestran cómo la IA puede servir de director creativo auxiliar, produciendo narrativas y contenido que antes requerían mucho trabajo manual. Algunos estudios en 2016 ya auguraban esta posibilidad, señalando que los juegos con adaptación basada en el afecto podían modificar sus características “de forma dinámica para mejorar la inmersión y el desafío del jugador”. Ahora, con las herramientas generativas modernas, esa adaptabilidad se extiende a la creación de tramas y escenarios enteros en tiempo real.

Juegos que sienten

Otra faceta revolucionaria es la IA afectiva, aquella que mide y responde a las emociones del jugador. La premisa es sencilla: si jugar es una experiencia emocional, ¿por qué no hacer que el juego reaccione a cómo nos sentimos?

Un pionero en este campo ha sido Nevermind (2015), un juego de terror psicológico que utiliza biofeedback. Mediante un sensor de frecuencia cardíaca o la cámara, el sistema detecta el estrés y el miedo del jugador. Si nota que está demasiado tranquilo, incrementa la dificultad y los sustos para inducirle presión, y si detecta pánico puede aliviar la intensidad. En otras palabras, el juego nos observa y adapta la experiencia para mantenernos en esa franja óptima entre el aburrimiento y la ansiedad conocida como flow.

Imagen de un árbol desnudo en medio de dos edificios que se doblan hacia él.
Captura de pantalla del juego Nevermind.
Nevermind/Flying Mollusk

Imaginemos títulos futuros que integren un lazo afectivo completo y logren involucrar emocionalmente al usuario. Por ejemplo, juegos de terror que calibren dinámicamente su atmósfera según nuestro miedo real, o aventuras narrativas que cambien la música, los diálogos o incluso el desenlace según detecten tristeza, frustración o euforia en el jugador.

Investigaciones recientes han demostrado que esto es viable. Así, se ha logrado clasificar el nivel de experiencia y compromiso de un jugador midiendo sus ondas cerebrales (EEG) con algoritmos de machine learning.

El jugador en el centro: dificultad y experiencias a medida

Más allá de las emociones, la IA está permitiendo adaptar juegos a las preferencias y estilo de cada jugador de formas inéditas. Durante años hemos visto sistemas básicos de ajuste de dificultad: desde elegir modo fácil/difícil hasta el “AI Director” de Left 4 Dead que modulaba la intensidad de los enemigos según nuestro desempeño.

La nueva generación de IA lleva esto mucho más lejos. Por ejemplo, MIR5, un videojuego de rol de acción de próximo lanzamiento, anunció que contará con “jefes finales” controlados por IA. Los jefes finales son los enemigos principales de un nivel o de la propia narrativa del juego. Estos personajes están diseñados para suponer un gran reto y suelen marcar momentos clave de la historia. En este caso, y gracias a la IA, aprenderán y se adaptarán a las tácticas del jugador, de forma que cada enfrentamiento sea personalizado y siempre constituya un desafío.

La personalización de contenidos es otra área en crecimiento. Si un jugador tiende a explorar mucho y hablar con todos los personajes, la IA podría detectar ese patrón y generarle más misiones narrativas; si otro prefiere la acción rápida, el juego podría ofrecerle combates adicionales u omitir diálogos extensos. De cierta manera, se podrá “perfilar” al jugador y presentar la versión de la historia más acorde a los gustos y comportamiento del usuario.

Diversos estudios académicos llevan tiempo trabajando en el modelado de los jugadores (player modeling) para identificar estas preferencias y estados óptimos de compromiso e interacción. La diferencia ahora es que el motor del juego podría reconfigurarse sobre la marcha gracias a la IA generativa.

Así, en el futuro se podrá ajustar a un modelo del jugador y no permanecer estático o enfocado en un número determinado de perfiles.


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The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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¿Contribuye tener mascota al bienestar emocional en la infancia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Llúcia González Safont, Investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red en Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) y miembro de la Unidad Mixta de Investigación en Epidemiología, Ambiente y Salud FISABIO-Universitat Jaume I -Universitat de València, Fisabio

New Africa/Shutterstock

“¿Deberíamos tener un animal de compañía?, “¿va a beneficiar a la salud mental de nuestro hijo o nuestra hija?” Estas y otras preguntas son habituales en muchas familias, y de lo más pertinentes: más de la mitad de hogares españoles cuenta hoy con uno o más animales de compañía, de acuerdo con la Asociación Española de la Industria y el Comercio del Sector del Animal de Compañía.

Cuestión de apego

Se llama apego a los lazos emocionales que se crean entre un bebé y su figura cuidadora como parte de su desarrollo, aportando seguridad y consuelo. Este vínculo puede formarse en cierto grado también con los animales, que, según las evidencias, pueden ejercer efectos beneficiosos de diferentes formas:

Pero, más allá de estas virtudes, ¿cómo afecta realmente a la salud mental de los más pequeños la convivencia con animales en casa? Nos referimos de manera específica a la mayor o menor presencia de problemas categorizados como internalizantes (síntomas de depresión, ansiedad, somatización…) y externalizantes (los que se relacionan con la conducta y pueden incomodar al entorno del menor, como la agresividad o la ruptura de normas).

Estudio dentro del Proyecto INMA

Cohortes INMA incluídas en el análisis (cuadro rojo). Número de participantes (mujeres embarazadas) en el periodo del reclutamiento para el estudio.
Llúcia González, CC BY

Para averiguarlo, analizamos los datos que proporciona el Proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente). Se trata de un estudio de cohortes, o sea, un seguimiento periódico de los participantes –en este caso, desde el embarazo hasta los 6-7 años– a través de cuestionarios, mediciones ambientales y pruebas clínicas.

Gráfico descriptivo de animales en las familias.

Concretamente, nuestro trabajo incluía unas 1 900 familias de Asturias, Gipuzkoa, Sabadell (Barcelona) y Valencia. De ellas, el 52,3 % tenía o tuvo uno o más animales de compañía; un 19,1 % convivió con perros; un 8,7 %, con gatos; un 14,8 %, con pájaros; y un 28,6 %, con otros animales como hámsteres, conejos, tortugas o peces.

Cuando evaluamos la relación entre la presencia de animales y la salud mental, observamos que los niños y las niñas que nunca habían tenido mascota manifestaban las puntuaciones más positivas. Según algunas tendencias, aunque no pueden considerarse significativas, quienes siempre convivieron con alguna mostraban resultados ligeramente más negativos. Por su parte, quienes solo habían tenido animales puntualmente presentaban riesgos más altos de experimentar problemas. No obstante, hay que aclarar que este patrón solo fue significativo para el caso de los gatos.

Relación entre tenencia de mascotas y salud mental infantil.

Para considerar otros factores que podrían estar influyendo en esta relación, realizamos análisis múltiples que nos permitieron ajustar los resultados en función de la clase social, el sexo, la edad o la cohorte, entre otros. Así pudimos observar que no había diferencias entre quienes nunca habían convivido con animales y quienes los habían tenido siempre o solo puntualmente. Esto se aplicaba a la variable que estudiaba cualquier tipo de mascota, así como las específicas que evaluaban la relación con perros y pájaros.

Lo más curioso es que tener un gato a los 4-5 años edad sí se podía asociar con más problemas de salud mental, mientras que contar con otro tipo de animales como hámsteres, conejos, tortugas o peces de forma consistente a lo largo de la primera infancia parecía ejercer un efecto protector en los niños y las niñas.

Explicaciones para estos hallazgos

En los primeros años de vida, los lazos afectivos pueden no estar totalmente formados. Por eso, es posible que la presencia de perros o pájaros no afecte mucho la salud mental. Además, otras variables no incluidas en nuestro estudio podrían haber influido en los resultados.

En el caso de los gatos, su forma de interactuar con las personas podría explicar los efectos observados. Son más independientes, lo que limita el vínculo emocional. Adicionalmente, puede influir que algunas familias que eligen este animal como mascota tengan hijos o hijas con necesidades emocionales.

Además, la toxoplasmosis es más común en gatos que en otros animales. Esta infección, provocada por el parásito Toxoplasma gondii y que puede transmitirse a humanos, se relaciona con problemas de comportamiento y está vinculado a trastornos mentales graves como el trastorno bipolar y la esquizofrenia.

Por último, tener peces, tortugas y hámsteres de manera constante sí parece proteger a los niños y niñas frente a problemas de salud mental. Estas mascotas no solo procuran un contacto estable y fácil, sino que también ayudan a aprender responsabilidad, empatía y autocontrol.

El impacto real de tener una mascota

En conclusión, nuestro estudio no asoció claramente la presencia de algunos animales de compañía, como perros y pájaros, con beneficios o perjuicios en la salud mental infantil. Esto podría deberse a que el trabajo está centrado en una exposición muy temprana del menor y, por tanto, se requerirían estudios centrados en edades más avanzadas.

Además, los menores que convivieron con animales como hámsteres, conejos, peces o tortugas de forma constante obtuvieron mejores resultados que los que solo las tuvieron de manera puntual. Esto sugiere que la continuidad del vínculo puede ser más beneficiosa que la exposición esporádica. Y aunque vivir con una mascota puede fomentar la responsabilidad, empatía y autorregulación emocional, su impacto real depende de factores como el tipo de vínculo, la edad y el estilo de crianza.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Los fondos de inversión españoles sostenibles y su huella de carbono

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raquel López García, Profesora Titular de Universidad, Departamento de Análisis Económico y Finanzas, Universidad de Castilla-La Mancha

Midnight Studio TH/Shutterstock

Las decisiones financieras que tomamos día a día tienen implicaciones en el cambio climático. Las acciones, los títulos de deuda pública o privada o los fondos en los que invertimos tienen asociados, cada uno, una huella de carbono distinta.

Esa huella se deriva de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) generadas por las actividades de las empresas. Cuando colocamos nuestro dinero en activos con una baja huella de carbono estamos financiando actividades menos perjudiciales para el cambio climático.

En 2017 se creó un grupo de trabajo para establecer qué métricas deben usar los bancos o las gestoras de fondos para medir la huella de carbono de sus carteras de préstamos o de inversión. Sin embargo, esto sólo se está aplicando de forma parcial y con carácter experimental.

¿Es un dato público y disponible?

En el caso de los fondos de inversión, ¿qué información tienen los inversores particulares comprometidos con el cambio climático para seleccionar unos u otros?

Los proveedores globales de información sobre fondos no ofrecen datos de manera gratuita sobre la huella de carbono que dejan. Por otra parte, existen ratings de sostenibilidad para este tipo de herramienta de inversión. Sin embargo, se basan en factores ASG, relativos al impacto de las empresas que forman parte de los fondos en los ámbitos medioambiental, social y de gobernanza, por lo que el enfoque es mucho más amplio que el de la huella de carbono. Además, los criterios de aplicación pueden estar sesgados o ser poco transparentes.

Un informe de Bloomberg mostró que, en 2020, MSCI, una compañía propiedad de Morgan Stanley que analiza la sostenibilidad de las empresas, elevó el rating de sostenibilidad de McDonald’s (a más sostenible) aunque sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) habían aumentado un 7 % en los cuatro años previos.

Calculando la huella de carbono

En España ha ido creciendo el porcentaje de hogares que invierten en fondos de inversión. En 2022 fue el 9,56 %, cuando 20 años atrás era el 6,85 %. Además, el peso de dichos fondos en la cartera de activos financieros de los hogares pasó del 9,4 % en 2002 al 12 % en 2022.

Pese a este crecimiento, tampoco las gestoras de fondos de inversión españolas publican la huella de carbono de los fondos que manejan. La información suministrada sólo permite conocer si promueven acciones a favor del medioambiente o del desarrollo social, o si tienen objetivos de inversión sostenible. De este modo, cumplen con los artículos 8 y 9 de la normativa europea en materia de divulgación de información relativa a la sostenibilidad.

Intentando paliar esta falta de información, hemos calculado la huella de carbono de 45 fondos de inversión que invierten en acciones de empresas cotizadas españolas. Para ello, utilizamos los datos sobre emisiones de GEI que proporcionan en sus memorias de sostenibilidad las empresas incluidas en los fondos. Siguiendo los criterios del Greenhouse Gas Protocol, el estándar internacional más utilizado para que organizaciones y gobiernos midan, gestionen y reporten sus emisiones de gases de efecto invernadero, consideramos emisiones directas (de alcance 1) e indirectas (de alcance 2 y 3).

Un ranking de fondos sostenibles

De este análisis obtuvimos que, por cada 1 000 euros invertidos en los fondos de inversión españoles, en 2022 se emitieron a la atmósfera, de media, 497 kilos de CO₂ equivalente (los gases de efecto invernadero distintos del CO₂, como metano, óxido nitroso o hidrofluorocarburos, son convertidos a su valor equivalente en CO₂). Este resultado es muy similar al que tendríamos si hubiéramos recorrido 3 075 kilómetros (casi como viajar de Madrid a Estocolmo) con un coche diésel que consumiera 6,5 litros cada 100 kilómetros (gastando 350 euros si el litro de diésel costara 1,5 €).

A partir de ahí podemos establecer un ranking de fondos de inversión, según su huella de carbono por euro invertido. Encontramos una gran variabilidad en los resultados. Los 5 fondos más sostenibles financian actividades que emiten a la atmósfera, de media, 281 kilos de CO₂ equivalente por cada mil euros de inversión. Mientras, los 5 fondos menos sostenibles emiten, de media, 842.

Así, los más contaminantes tienen un impacto hasta 5,8 veces mayor, en términos de huella de carbono, que los más sostenibles.

¿Cuáles son las empresas españolas que más contribuyen a la huella de carbono de los fondos de inversión? Por orden, son: Gestamp, Iberdrola, Acerinox, IAG y Repsol. Estas 5 forman parte de las 10 compañías (de 85 incluidas en los fondos de inversión) que generaron más emisiones de carbono en 2022.

La huella de carbono de Gestamp, Iberdrola y Acerinox se relaciona fundamentalmente con las emisiones indirectas de alcance 3 (por ejemplo, las asociadas con los metales que utilizan Gestamp o Acerinox como materia prima). Por su parte, las emisiones de carbono de IAG y Repsol son principalmente emisiones directas (de alcance 1), o sea, producidas directamente por el uso de combustibles fósiles, como el queroseno utilizado por IAG en sus aviones.

La figura de abajo ofrece una clasificación de los fondos en cuatro niveles de riesgo de carbono según las emisiones consideradas (alcance 1, 2 o 3 aguas arriba). Fondos de riesgo bajo (por debajo del percentil 25), riesgo medio-bajo (del percentil 25 al 50), riesgo medio-alto (del percentil 50 al 75) y riesgo alto (por encima del percentil 75). Al comparar las columnas 1 y 3, se observa que, de los 45 fondos de inversión, 19 cambian de color y que la identificación de la sostenibilidad de los fondos depende del tipo de emisiones consideradas. Se concluye que ignorar las emisiones de alcance 3 conduce a una identificación incorrecta de los fondos de riesgo bajo y medio-bajo, ya que son estos los que presentan un aumento más notable en sus emisiones.

En conclusión

Tanto los ciudadanos como los inversores profesionales requieren contar con información veraz y comprensible para la toma de decisiones de inversión. Establecer un sistema de medida de la calidad de la huella de carbono de las distintas alternativas de inversión, como Nutri-Score mide la calidad de los alimentos, facilitaría la identificación de aquellas más sostenibles.

La falta de información, o su complejidad, abre la posibilidad de que las empresas apliquen estrategias de ecopostureo o de greenwashing, y dificulta a los ciudadanos comprometidos con la lucha contra el cambio climático contribuir al proceso de descarbonización a través de sus inversiones.

The Conversation

Raquel López García es investigadora colaboradora de un proyecto financiado por el MInisterio de Ciencia, Innovación y Universidades

Luis Antonio López Santiago recibe fondos del Programa Horizon Europe, de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y de la Universidad de Castilla-La Mancha.

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Recordar para seguir adelante: por qué idealizamos el pasado

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tatiana Romero Arias, Facultad de Ciencias de la Salud. Dpto. de Psicología, Universidad Europea

En redes sociales se multiplican estos días las imágenes comparativas. Una foto de 2016 aparece junto a otra de 2026. Diversos textos las acompañan: “Así éramos entonces”, “cuando todo era más sencillo”, “antes de que el mundo se torciera”. Contemplamos rostros más jóvenes, sonrisas despreocupadas. Una vida que, vista desde hoy, parece más ligera.

No es solo una moda visual. Detrás de estas comparaciones late una idea cada vez más extendida: que 2016 fue el “último año bueno”. Un tiempo previo a la pandemia, a las crisis encadenadas y a la sensación de incertidumbre permanente que define el presente. Pero ¿es correcta esta percepción?

Llega un momento en la vida en que el pasado empieza a parecer más amable. No importa si hablamos de la infancia, de la juventud o de cuando trabajábamos. Algo cambia y, de pronto, los recuerdos se llenan de veranos interminables, conversaciones sin prisas y problemas que hoy parecen pequeños. Entonces surge la frase: “Antes se vivía mejor”.

Pero ¿realmente vivíamos mejor entonces? ¿O estamos mirando ese pasado a través del filtro de la nostalgia? ¿Y si lo que ha cambiado no es tanto lo que vivimos, sino la forma en que lo recordamos?

Para entender por qué tendemos a idealizar determinados momentos de nuestra vida y por qué lo hacemos con tanta fuerza cuando el presente se vuelve incierto, conviene fijarse menos en lo que ocurrió en 2016 y en cómo funciona nuestra memoria.

Recordar no es volver atrás

Solemos pensar que la memoria funciona como una especie de archivo: guardamos experiencias y, cuando queremos, las sacamos intactas. Sin embargo, la memoria no reproduce el pasado: lo reconstruye. Cada recuerdo es una versión actualizada de lo que vivimos, filtrada por lo que somos hoy.

Cada vez que recordamos, el recuerdo se activa, se reordena y se guarda de nuevo. Por eso el pasado no permanece fijo. Cambia con nosotros. Recordar es, en cierto modo, reinterpretar.

Esto explica algunas experiencias que todos hemos vivido alguna vez. Por ejemplo, cómo un mismo episodio puede parecernos distinto con los años. O cómo dos personas recuerdan de forma muy diferente una historia compartida.

La memoria no guarda todo, ni lo guarda igual

Nuestra memoria no es neutral. No almacena cada detalle ni trata todos los recuerdos por igual. Algunos permanecen accesibles durante décadas; otros se van difuminando sin que sepamos muy bien cuándo.

Las emociones tienen mucho que ver con esto. Los recuerdos cargados de emoción se consolidan mejor que los neutros, pero con el tiempo ocurre algo curioso: muchas experiencias negativas pierden fuerza, mientras que las positivas se mantienen más vivas. No porque las primeras desaparezcan, sino porque se vuelven menos accesibles.

Olvidar, en este sentido, no es un fallo: es una forma de protección.

Cuando el pasado se vuelve más bonito

Esto da lugar a lo que la psicología llama “sesgo de positividad”: la tendencia a recordar nuestra vida como mejor de lo que fue en realidad. No es que inventemos recuerdos felices, sino que los negativos ocupan cada vez menos espacio cuando miramos atrás.

Este sesgo se intensifica con la edad y se vuelve especialmente visible a partir de los 60 años. En ese momento el recuerdo del pasado empieza a cumplir otra función. Ya no sirve tanto para aprender o planificar, sino para dar sentido, reafirmar quiénes somos y sentirnos bien con la vida vivida.

La jubilación: cuando cambia la forma de mirar atrás

La jubilación suele marcar un antes y un después. No solo porque cambie la rutina, sino porque cambia la manera en que percibimos el tiempo. El futuro deja de ser un espacio infinito y se vuelve más concreto. Y cuando eso ocurre, nuestras prioridades psicológicas se reorganizan.

En esta etapa muchas personas se vuelven más hábiles regulando sus emociones. Aprenden, a veces sin darse cuenta, a no recrearse tanto en lo negativo y a rescatar con más facilidad los recuerdos que aportan calma, orgullo y afecto. La memoria autobiográfica se convierte en una aliada para mantener el equilibrio emocional en un momento de grandes cambios.

Por eso, al mirar atrás, la vida parece más amable. No porque lo fuera más, sino porque ahora necesitamos que lo sea.

Nostalgia: no es debilidad, es adaptación

La nostalgia suele verse como una forma de vivir anclados en el pasado. Sin embargo, desde la psicología sabemos que cumple una función importante. Recordar “los buenos tiempos” refuerza nuestra identidad, nos recuerda de dónde venimos y nos ayuda a afrontar el presente con más serenidad.

La nostalgia no nos aleja de la realidad, sino que nos permite habitarla con más sentido. Solo se vuelve problemática cuando impide vivir el presente. En la mayoría de los casos, recordar con cariño es una forma sana de seguir adelante.

Entonces, ¿antes todo era mejor?

Probablemente no, pero nuestra memoria no está diseñada para ser justa con el pasado, sino útil para el presente. Al seleccionar, suavizar y reconstruir lo vivido, la memoria nos ayuda a mantener una historia personal coherente y emocionalmente sostenible.

Quizá, cuando decimos que antes todo era mejor, no estamos hablando del pasado. Estamos hablando de una memoria que hace lo que siempre ha hecho: cuidarnos.

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Tatiana Romero Arias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Qué clima nos espera en los próximos meses? Esto dicen las predicciones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrés Navarro, Profesor ayudante doctor. Física aplicada, Universidad de León

Nieve en las azoteas de Madrid el 28 de enero de 2026. Fer99/Shutterstock

Las predicciones estacionales de los grandes centros internacionales, como el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF, por sus siglas en inglés), los Centros Nacionales de Predicción Ambiental estadounidenses (NCEP) y el Servicio Meteorológico Nacional británico (Met Office) proporcionan un marco de referencia fundamental para comprender el comportamiento de variables meteorológicas clave.

Si bien no ofrecen certezas inmutables, estas herramientas dibujan escenarios probabilísticos sobre precipitaciones y temperaturas que permiten identificar tendencias y riesgos con varios meses de antelación.

¿Qué son las predicciones estacionales?

Las predicciones estacionales se fundamentan en la inercia térmica de los océanos –su capacidad para absorber, almacenar y liberar calor lentamente– y su acoplamiento con la atmósfera. Gracias a esta inercia, la temperatura superficial del mar evoluciona mucho más lentamente que la atmósfera, actuando como una señal persistente que permite estimar las tendencias meteorológicas a largo plazo.

Sin embargo, como la atmósfera es un sistema caótico, los meteorólogos necesitan ejecutar múltiples simulaciones con ligeras variaciones para evaluar el grado de certeza que podemos asignar a los resultados. Este proceso despliega un abanico de escenarios posibles, lo que permite cuantificar la incertidumbre: si la mayoría de las ejecuciones coinciden, la predicción es más fiable; de lo contrario, la incertidumbre es alta.

Para visualizar este consenso, la mayoría de los centros utilizan mapas de probabilidad. En lugar de ofrecer un dato único, dividen el clima en tres categorías o terciles: inferior a lo normal, normal y superior a lo normal. El mapa final nos dice dónde han caído la mayoría de las simulaciones de ese abanico.

Así, un color intenso no indica necesariamente una lluvia torrencial, sino una alta confianza (muchos miembros del modelo coincidiendo) en que la estación será más húmeda o seca de lo habitual. Otros productos más específicos, como los del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), ofrecen mapas de anomalías medias que cuantifican la diferencia entre las condiciones previstas respecto a una climatología de referencia.




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Por qué las predicciones meteorológicas aciertan cada vez más (aunque no lo parezca)


Despedimos a La Niña

El final de año estuvo marcado por un enfriamiento anormal de las aguas del Pacífico ecuatorial, un fenómeno que se conoce como La Niña. Este forma parte de un ciclo global del clima conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO, por su acrónimo en inglés) que cambia irregularmente cada 2-7 años entre fases cálidas (El Niño), frías (La Niña) y neutras.

Aunque 2026 arranca todavía bajo la influencia de La Niña, los informes más recientes del Centro de Predicción Climática de la NOAA apuntan a un cambio de ciclo: existe una alta probabilidad de que el sistema evolucione hacia una fase ENSO-neutral en los próximos meses.

Esto implica que, al desaparecer un patrón climático dominante, los pronósticos estacionales pierden fiabilidad y los factores locales ganan peso en la dinámica atmosférica. Esto da lugar a un escenario meteorológico mucho más volátil y complejo de anticipar. Además, si la transición hacia una fase positiva (El Niño) se produce de manera rápida, podríamos asistir a una reorganización de los patrones globales de precipitación y temperatura para la segunda mitad de 2026.




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Así puede influir El Niño en el calentamiento global


La señal unívoca de los modelos para la temperatura

Si hay una variable donde los modelos muestran una señal especialmente consistente en la primera mitad de 2026, esa es la temperatura, tanto oceánica como atmosférica. Lejos de ser un resultado excepcional, los mapas refuerzan la tendencia ya observada en los últimos años: el pulso entre la variabilidad natural asociada al Pacífico y el calentamiento global, pulso que sigue decantándose a favor de este último.

Mapa que muestra las anomalías en la temperatura del océano, donde predomina el color rojo
Anomalías de la temperatura de la superficie del mar según el modelo del ECMWF para el período marzo-abril-mayo del 2026. El mapa destaca las regiones con una probabilidad mayor del 40% de situarse en el tercil cálido (rojo) o frío (azul) respecto a la climatología.
Climate Change Service, Copernicus, CC BY-SA

Los datos indican que la capacidad de enfriamiento de la fase fría del Pacífico (La Niña) ya no es suficiente para generar anomalías frías persistentes a escala global. Su influencia se limita a mantener la región ecuatorial en valores cercanos al promedio, mientras que en la mayor parte del planeta domina la probabilidad de temperaturas superiores a lo normal.

Los mapas capturan, además, otra señal característica del cambio climático: la presencia de una temperatura anormalmente fría al sur de Groenlandia, conocida como warming hole o agujero de calentamiento, una región donde el calentamiento se ha ralentizado en comparación con el promedio global y que suele asociarse a cambios en la circulación oceánica del Atlántico Norte.

La precipitación, una variable esquiva al consenso

La señal que ofrecen los diferentes centros de predicción sobre el comportamiento de la precipitación para los próximos meses diverge notablemente según la región de interés. No es casualidad: la precipitación es el principal talón de Aquiles de los modelos, especialmente en latitudes medias, donde cualquier pequeño error en la simulación de vientos o temperatura se multiplica al estimar la lluvia.

En este sentido, nos enfrentamos a una clara disparidad en el grado de consenso. Si observamos el pronóstico del sistema C3S de Copernicus –que unifica y promedia la visión de los modelos de distintas instituciones–, la diferencia de nitidez entre la franja tropical y el continente europeo es palpable.

Para las regiones tropicales y América existe un mayor grado de acuerdo: la inercia de La Niña sigue dominando, proyectando precipitaciones por debajo de lo normal en el sur de EE. UU. y anomalías húmedas en el norte de Sudamérica.

De forma paralela, en el Sudeste Asiático los modelos también convergen. Proyectan condiciones más secas en Sumatra y Borneo, un comportamiento que podría interpretarse como consecuencia de la transición hacia una fase ENSO-neutral. Esta señal seca sugiere que el mecanismo de vientos alisios, que habitualmente intensifica las lluvias en el archipiélago malayo durante La Niña, estaría perdiendo intensidad.

Esta claridad de respuesta se desvanece al mirar hacia el norte. En Europa, donde no existe una influencia oceánica tan directa, el consenso desaparece. Mientras algunos modelos individuales apuntan a una primavera más húmeda en ciertas regiones, el promedio multimodelo apenas muestra una señal definida, lo que pone de relieve la dificultad de identificar un patrón común en este continente.

En definitiva, y según los datos de los que disponemos, el arranque de 2026 muestra una señal clara para las temperaturas, que serán más cálidas de lo normal, pero mantiene la incertidumbre sobre las lluvias. Es fundamental recordar que las predicciones estacionales no están diseñadas para anticipar eventos meteorológicos concretos –como una dana o una ola de frío puntual–, sino para definir las condiciones de fondo que favorecen o inhiben este tipo de fenómenos. Por ello, la estrategia más inteligente será tomar estas tendencias como guía general y complementarlas siempre con la predicción meteorológica a corto plazo.

The Conversation

Andrés Navarro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué clima nos espera en los próximos meses? Esto dicen las predicciones – https://theconversation.com/que-clima-nos-espera-en-los-proximos-meses-esto-dicen-las-predicciones-273845

Anti-ICE protesters are following same nonviolent playbook used by people in war zones across the world to fight threats to their communities

Source: The Conversation – USA – By Oliver Kaplan, Associate Professor of International Studies, University of Denver

In Detroit, Mich., volunteers with the Detroit People’s Assembly put together whistle kits designed to alert the community when immigration agents are nearby. Jim West/UCG/Universal Images Group via Getty Images

From coast to coast, groups of people are springing up to protect members of their communities as Immigration and Customs Enforcement and Border Patrol agents threaten them with violent enforcement.

In Portland, Oregon, community volunteers have delivered food boxes to migrant families scared to leave their homes. In Portland, Maine, nearly a thousand people turned out for a virtual American Civil Liberties Union “Know Your Rights” training event. And in Minneapolis and St. Paul, volunteers have formed networks to give warning with whistles and phone apps when ICE is prowling the streets.

As someone who for two decades has studied nonviolent movements in war zones, I see many parallels between these movements abroad and those that have been organized recently across the U.S. The communities I have studied – from Colombia to the Philippines to Syria – teach lessons about surviving in the midst of danger that Americans have been discovering instinctively over the past year.

These experiences show that protection of their neighbors is possible. Violence can bring feelings of fear, isolation and powerlessness, but unity can overcome fear, and nonviolence and discipline are key for denying the powerful pretexts for further escalation and harm.

But at the same time, the deaths of Americans Renée Good and Alex Pretti, who were part of a nonviolent movement and were killed by immigration agents in Minneapolis, make it clear that acting to protect neighbors requires courage, and prospects are not always certain.

Here are the core lessons I have learned from the people and the groups I have researched.

Two people on a sidewalk, one blowing a whistle and the other filming with a camera at something on the road.
Members of the public take videos and blow whistles at what they think are Immigration and Customs Enforcement agents in unmarked cars driving by in South Portland, Maine, on Jan. 23, 2026.
Joseph Prezioso/AFP via Getty Images

1. Organizing is the first step

Community organizing is the act of building social ties, setting decision-making procedures, sharing information and coordinating activities.

In Colombia, I found that it was the more organized communities with vibrant local councils that were better able to protect themselves by avoiding or opposing violence when caught between heavily armed insurgents, paramilitaries and state forces. These organizations provide reassurance to the more hesitant and encourage more people to join in.

America has a strong civic culture and history of organizing, dating back to the Civil Rights Movement and long before, and Minnesota is known for its strong social cohesion. It’s no wonder so many Minnesotans, as well as Chicagoans, Angelenos and other Americans have organized to aid their neighbors and press for justice.

Make no mistake, the act of organizing itself is powerful. I found that insights from the combatants of armed conflicts shed light on this. A former insurgent I interviewed in Colombia quoted to me an adage of Aristotle and Shakespeare: “A single swallow doesn’t make a summer” – meaning there’s safety in numbers.

A mass of people on its own can shift the calculus and behavior of those with weapons and deter them. It’s why there are now many visuals of ICE agents leaving the scene when outnumbered by community members.

2. Adopting nonviolent strategies

Organizing also enables communities to adopt nonviolent methods for accountability and protection without ratcheting up conflict.

These strategies are less political or partisan, since there is usually consensus around promoting safety, which makes it difficult for political figures to oppose. While recent polling on presidential approval and immigration policy still shows a partisan split, ICE is widely unpopular, and a large majority opposes its aggressive tactics.

Americans have taken up many of these nonviolent strategies. They have established early warning networks just as communities did in the Democratic Republic of Congo to guard against attacks by the Lord’s Resistance Army rebel group.

Whether with whistles or WhatsApp, such networks of protectors are sharing information with each other to identify threats and come to each other’s aid.

A screenshot of a Facebook post from the ACLU of Maine noting the large turnout for a 'Know Your Rights training' event on Jan. 23, 2026.
A Facebook post from the ACLU of Maine notes the large turnout for a ‘Know Your Rights’ training event on Jan. 23, 2026.
Facebook

3. Setting up safe zones

Communities in places such as the Philippines have also set up safe zones or “peace zones” to publicize their desire to keep violence away from their residents. This is akin to the declaration of “sanctuary cities” in the U.S. for the issue of immigration.

Communities may also apply different kinds of pressure on armed aggressors. While protest is the most visible approach, dialogue is also possible. Pressure can take the form of persuasion as well as shaming to make trigger-happy agents think twice about what they’re doing and use restraint.

In the U.S., protectors have shown great creativity when it comes to exerting pressure. Grandmas and priests are visible symbols who have influence through their moral and spiritual status. The use of humor and farcesuch as protesters dressed in frog suits – can help to de-escalate tensions.

It may not always seem like it, but reputations and concerns about accountability matter, even to bullies. That’s why ICE agents don’t want to be seen enacting violence. Hence the face masks, the snatching of protesters’ phones and the misleading statements by officials about violent encounters.

A line of people on their knees, praying, some wearing items that denote they are part of the clergy, with police behind them.
A large group of protesters, including clergy, gather at Minneapolis-St. Paul International Airport in frigid temperatures on Jan. 23, 2026, to demonstrate against immigration enforcement operations in the Twin Cities metro area.
Elizabeth Flores/The Minnesota Star Tribune via Getty Images

4. Finding the facts

In the “fog of war,” the powerful may try to twist the facts and mislead and stigmatize communities and individuals to create pretexts for even greater uses of force.

In Colombia and Afghanistan, armed groups falsely accused individuals of being enemy collaborators. Communities addressed this by conducting their own investigations of those accused, after which community elders could vouch for them.

In the U.S., Americans are recording cellphone videos and collecting community evidence to counter official lies, such as accusations of domestic terrorism – and for future efforts to pursue accountability.

Standing up for others

Finally, what’s known as “accompaniment” is also important.

For example, international humanitarian staff and volunteers have gone to communities in places such as Colombia, Guatemala and South Sudan to let armed groups know that outsiders are watching them and acting as unarmed bodyguards for human rights defenders.

In the U.S., volunteers, citizens and religious leaders have used their less vulnerable social statuses to stand up for noncitizens who are under threat, even positioning themselves between immigration agents and those who may be at risk. People from around the country have also sent messages and traveled in solidarity to the cities and states where operations have been carried out.

Yet that can have consequences even for those who believe themselves less likely to be attacked. An ICE agent on Sept. 19, 2025, shot a clergyman in the head with a pepper ball while he was protesting at an ICE detention facility in Chicago.

Acting to protect oneself, other people and communities can involve risks. But civil society has power, too, and many communities in war zones in other countries have outlasted their oppressors. Americans are learning and doing what civilians in war zones worldwide have done for decades, while also writing their own story in the process.

The Conversation

Oliver Kaplan does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Anti-ICE protesters are following same nonviolent playbook used by people in war zones across the world to fight threats to their communities – https://theconversation.com/anti-ice-protesters-are-following-same-nonviolent-playbook-used-by-people-in-war-zones-across-the-world-to-fight-threats-to-their-communities-274498

Suivre la faune grâce à l’ADN : une percée scientifique en collaboration avec une communauté autochtone

Source: The Conversation – in French – By Valérie S. Langlois, Professor/Professeure titulaire, Eau Terre Environnement Research Centre, Institut national de la recherche scientifique (INRS)

Orignaux, caribous, cerfs… Ils traversent les forêts depuis des millénaires et façonnent les écosystèmes autant que les cultures humaines. Mais comment confirmer leur présence sans les observer, les capturer ou les déranger ? La réponse tient parfois à l’invisible : des fragments d’ADN laissés dans la neige, la poussière ou transportés par des insectes.

Cette approche, appelée ADN environnemental (ADNe), transforme le suivi de la faune terrestre, à condition d’en adapter les méthodes aux réalités du territoire.

Au Canada, la protection de la biodiversité se fait sous des pressions croissantes liées à l’exploitation des ressources et aux changements climatiques. Le Cerf de Virginie, par exemple, se déplace vers le nord, empiétant sur les habitats d’orignal et du caribou. Il peut transporter avec lui des maladies qui mettent à risque des populations entières de cervidés. La progression de l’espèce est suivie de près, mais repose sur des informations parfois difficiles à obtenir.

Il en va de même pour le suivi des espèces rares et difficiles à observer, comme le carcajou, dont la présence dans plusieurs régions du nord du Québec demeure incertaine, faute de données tangibles pour la confirmer.

Pour orienter les décisions nécessaires à la protection de la biodiversité, l’ensemble des acteurs — gouvernements, organismes de conservation, industrie et Peuples autochtones — ont besoin de données fiables, comparables et produites de manière socialement responsable. Or, les outils de suivi traditionnels (observation directe, capture, colliers GPS ou pièges photographiques) sont souvent coûteux, intrusifs ou difficiles à déployer dans des régions éloignées.

L’ADN environnemental : promesses et limites

L’ADNe repose sur un principe à la fois simple et puissant : tous les organismes vivants libèrent des fragments de leurs cellules contenant de l’ADN dans leur environnement, notamment par leurs excréments, leur urine, leur salive, leur peau ou leurs poils. En analysant ces traces génétiques présentes dans l’eau, le sol, la neige ou l’air, il devient possible d’identifier les espèces qui fréquentent un milieu donné, sans contact direct ni perturbation des animaux.

Si cette approche est aujourd’hui bien établie pour les espèces aquatiques, son application aux animaux terrestres demeure un défi scientifique majeur. Contrairement aux milieux aquatiques, l’ADNe est dispersé de façon inégale. Sa détection dépend étroitement du comportement des espèces, des conditions climatiques, de la nature des substrats (sol, poussière, neige) et des processus de dégradation de l’ADN dans l’environnement. Ces facteurs rendent le suivi plus complexe et nécessitent des méthodes adaptées aux réalités locales.

Dans ce contexte, un récent article scientifique publié dans la revue Environmental DNA a marqué une avancée majeure pour le suivi de la biodiversité au Canada. Nous y présentons de nouveaux outils permettant de suivre 125 espèces animales d’Amérique du Nord de manière non invasive. Fait marquant, près de la moitié de ces espèces ont été sélectionnées par des partenaires autochtones à travers le pays, pour leur importance culturelle, écologique ou alimentaire. Parmi elles figure le caribou, une espèce emblématique et culturellement centrale pour de nombreuses Nations autochtones.

C’est précisément à l’interface entre ces promesses technologiques et ces défis scientifiques qu’est née une collaboration étroite entre des chercheuses et chercheurs de l’Institut national de la recherche scientifique (INRS) et la Première Nation Abitibiwinni à Pikogan, au nord d’Amos en Abitibi-Témiscamingue, dans le cadre du projet pancanadien iTrackDNA.




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Une recherche co-construite sur le territoire

En 2021, la communauté anicinape s’est jointe au projet iTrackDNA afin de développer des outils de suivi de la faune répondant à ses priorités culturelles et territoriales. Les gardiens du territoire, les biologistes communautaires et les chercheuses et chercheurs ont d’abord identifié des espèces clés, dont l’orignal, le caribou forestier et le cerf de Virginie, qui suscitent des préoccupations sur les plans culturel, écologique et de subsistance.

Une première campagne d’échantillonnage, fondée sur la filtration classique de l’eau, s’est soldée par des résultats décevants. Malgré la présence confirmée des espèces, les taux de détection étaient faibles, voire inexistants. Loin d’être un échec, ce revers a mis en lumière une réalité essentielle : les méthodes standards d’ADNe ne sont pas universelles et doivent être adaptées aux contextes écologiques et sociaux dans lesquels elles sont utilisées.

Repenser les méthodes, ensemble

Plutôt que d’abandonner, l’équipe a choisi de repenser entièrement l’approche. Une étude expérimentale rigoureuse a été menée sur le territoire ancestral de la Nation Abitibiwinni, en forêt boréale au Québec, afin de comparer différentes méthodes de collecte d’ADNe pour le suivi de la faune terrestre. Les protocoles ont été co-développés avec les gardiens du territoire, en privilégiant des matériaux peu coûteux, accessibles et applicables en régions éloignées.

Quatre grandes approches ont été testées : l’échantillonnage de la neige de surface, la collecte de poussières et d’invertébrés (mouches charognardes), l’échantillonnage de l’eau locale et l’échantillonnage de l’eau en aval. Les essais ont été réalisés dans des environnements contrôlés, notamment au refuge faunique Pageau et dans un enclos gouvernemental de caribous, afin de comparer clairement l’efficacité de chaque méthode.

La neige, alliée inattendue du suivi faunique

Les résultats, récemment publiés dans la revue scientifique Journal of Applied Ecology, sont sans équivoque. L’échantillonnage de la neige de surface s’est révélé la méthode la plus performante, avec une détection parfaite de l’ADN des trois espèces ciblées. La neige agit comme un excellent conservateur : froide, sombre et peu perturbée, elle accumule et préserve l’ADNe déposé par les animaux en déplacement.

Les méthodes basées sur les invertébrés et la poussière aérienne ont également montré une forte efficacité. Ces approches sont prometteuses pour les saisons sans neige ou pour les espèces qui ne sont actives que l’été. À l’inverse, l’échantillonnage de l’eau s’est avéré moins fiable pour certaines espèces terrestres, sauf dans des contextes très spécifiques, soulignant la nécessité d’une validation locale préalable.




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Partager les nouvelles connaissances

Suite à cette collaboration fructueuse, une formation unique sur l’ADNe, co-organisée par l’INRS, la Première Nation Abitibiwinni et l’Institut de développement durable des Premières Nations du Québec et du Labrador, a réuni des membres de 12 communautés et organismes autochtones. L’objectif était de renforcer les capacités locales en matière de suivi de la faune à l’aide d’outils scientifiques adaptés aux réalités du territoire.

Les participantes et les participants ont acquis des compétences concrètes, allant de la conception d’un plan d’échantillonnage à l’interprétation des résultats de laboratoire. Les méthodes enseignées, développées conjointement par des chercheuses, des chercheurs et des gardiens du territoire, sont respectueuses des animaux, fiables et applicables en milieux éloignés avec du matériel accessible. Cette formation illustre comment une technologie de pointe peut être appliquée localement pour soutenir la gestion du territoire, tout en respectant les savoirs, les cultures et les priorités des communautés.




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Une science utile, ancrée et durable

Au-delà des résultats techniques, cette recherche montre la force d’une démarche menée conjointement, où les savoirs écologiques autochtones et la génomique moderne se complètent et se renforcent. Les protocoles développés sont désormais accessibles à d’autres organisations autochtones et non autochtones, au Canada comme ailleurs, et contribuent directement à l’élaboration de normes canadiennes pour l’analyse de l’ADNe.

Si l’ADNe n’apporte pas encore toutes les réponses, il constitue un outil puissant et adaptable pour appuyer la gouvernance territoriale et la conservation de la biodiversité. En misant sur la collaboration, l’innovation méthodologique et l’ancrage territorial, cette approche ouvre la voie à un suivi de la faune plus inclusif, plus fiable et mieux aligné avec les défis environnementaux d’aujourd’hui et de demain.

La Conversation Canada

Valérie S. Langlois a reçu des financements de Génome Canada, Génome Québec et du programme de Chaires de recherche du Canada pour effectuer ce projet de recherche.

Annie Claude Bélisle a reçu des financements de Mitacs Élévation et de la Première Nation Abitibiwinni.

ref. Suivre la faune grâce à l’ADN : une percée scientifique en collaboration avec une communauté autochtone – https://theconversation.com/suivre-la-faune-grace-a-ladn-une-percee-scientifique-en-collaboration-avec-une-communaute-autochtone-272110

Winter storms don’t have to be deadly – here’s how to stay safe before, during and after one hits

Source: The Conversation – USA (2) – By Brett Robertson, Associate Professor and Associate Director of the Hazards Vulnerability and Resilience Institute, University of South Carolina

A powerful winter storm that swept across the United States in late January 2026, leaving hundreds of thousands of people without power in freezing temperatures for days, has been linked to at least 70 deaths. And several East Coast states are under a new winter storm warning just days later.

The causes of the deaths and injuries varied. Some people died from exposure to cold inside their homes. Others fell outside or suffered heart attacks while shoveling snow. Three young brothers died after falling through ice on a Texas pond. Dozens of children were treated for carbon monoxide poisoning from improperly used generators or heaters.

These tragedies and others share a common theme: Winter storms pose multiple dangers at once, and people often underestimate how quickly conditions can become life-threatening.

A man stands by the open door of a car stuck on a road with deep snow.
If you plan to drive in a winter storm, be prepared to be stranded, as this driver was in Little Rock, Ark., on Jan. 24, 2026. Cars can slide off roads, slide into each other or get stuck in snow drifts. Having warm winter gear, boots and a charged cell phone can help you deal with the cold.
Will Newton/Getty Images

I’m the associate director of the Hazards Vulnerability and Resilience Institute at the University of South Carolina, where we work on ways to improve emergency preparedness and response. Here is what people need to know to reduce their risk of injury during severe winter weather.

Prepare before the storm arrives

Preparation makes the biggest difference when temperatures drop, and services fail. Many winter storm injuries happen after power outages knock out heat, lighting or medical equipment.

Start by assembling a basic emergency kit. The Federal Emergency Management Agency recommends having water, food that does not require cooking, a flashlight, a battery-powered radio, extra batteries and a first-aid kit, at minimum.

Some basics to go into an emergency kit
In addition to these basics, a winter emergency kit should have plenty of warm clothes and snacks to provide energy to produce body heat.
National Institute of Aging

In wintertime, you’ll also need warm clothing, blankets, hats and gloves. When you go out, even in a vehicle, make sure you dress for the weather. Keep a blanket in the car in case you get stranded, as hundreds of people did for hours overnight on a Mississippi highway on Jan. 27 in freezing, snowy weather.

Portable phone chargers matter more than many people realize. During emergencies, phones become lifelines for updates, help and contact with family. Keep devices charged ahead of the storm and conserve battery power once the storm begins.

If anyone in your home depends on electrically powered medical equipment, make a plan now. Know where you can go if the power goes out for an extended period. Contact your utility provider in advance to ask about outage planning, including whether they offer priority restoration or guidance for customers who rely on powered medical equipment.

What to do if the power goes out

Loss of heat is one of the most serious dangers of winter storms. Hypothermia can occur indoors when temperatures drop, especially overnight.

If the power goes out, choose one room to stay in and close its doors to keep the warmth inside. Cover windows with curtains or blankets. Wear loose layers and a knit hat to keep your own body heat in, even indoors. Remember to also eat regular snacks and drink warm fluids when possible, since the body uses energy to stay warm.

Five people sit around a table, each wrapped up in warm clothes and hats. Two children are studying.
Wearing knit caps, lots of layers and staying together in one room can help with warmth. If you light candles, use them carefully to avoid fires.
SimpleImages/Moment via Getty Images

It might seem tempting, but don’t use camp stoves, outdoor grills or generators inside a home. These can quickly produce carbon monoxide, an odorless and deadly gas. During the January storm, one Nashville hospital saw more than 40 children with carbon monoxide poisoning linked to unsafe heating practices.

If you must use a generator, keep it outdoors and far from windows and doors. Make sure your home’s carbon monoxide detectors are working before storms arrive.

If your home becomes too cold, go to a warmer place, such as a friend’s home, a warming center or a public shelter. You can call 2-1-1, a nationwide hotline, to find local options. The American Red Cross and the Salvation Army also list open shelters on their websites. Several states maintain online maps for finding warming centers and emergency services during winter storms, including Kentucky, Louisiana, Mississippi, New York, Tennessee, and Texas.

Be careful outside – ice changes things

Winter storms make everyday activities dangerous. Ice turns sidewalks into slippery hazards. Snow shoveling strains the heart.
Frozen ponds and lakes might look solid but often are not as the ice can change quickly with weather conditions.

Walking on icy surfaces, even your own sidewalk, requires slow steps, proper footwear and full attention to what you’re doing. Falls can cause head injuries or broken bones, and it can happen with your first step out the door.

A group of kids scream as they sled down a hillside, legs flying in the air.
Playing in the snow, like this group was at Cherokee Park in Louisville, Ky., can be the best part of winter, but be sure to do it safely. At least three people died in accidents while being towed on sleds behind vehicles on icy streets during the January 2026 storm.
Jon Cherry/Getty Images

Shoveling snow is a common risk that people often overlook, but it deserves special caution. The actions of shoveling in cold weather can place intense strain on the heart. For people with heart conditions, it that extra strain can trigger heart attacks.

Why shoveling snow is more stressful on your heart than mowing your lawn. Mayo Clinic.

If you’re shoveling, take frequent breaks. Push snow instead of lifting when possible. And stop immediately if you feel chest pain, dizziness, or shortness of breath.

Communication saves time and lives

Winter storms disrupt information flows. Cell service fails. Internet access drops. Power outages silence televisions.

In my research on heat and storm emergencies, people frequently rely on personal networks to share updates, resources, and safety information. With that in mind, check on family, friends and neighbors, especially older adults and people who live alone.

Research I have conducted shows that nearby social ties matter during disasters because they help people share information and act more quickly when services are disrupted. Make sure that the information you’re sharing is coming from reliable sources – not everything on social media is. Also, let others know where you plan to go if conditions worsen.

A woman in a puffy jacket, hat and scarf walks up snow-covered subway stairs.
Walk carefully on snow and ice, particularly stairs like these in a New York subway station on Jan. 25, 2026. At home, be sure to clear snow off your steps soon after a storm so ice doesn’t build up.
Spencer Platt/Getty Images

Use multiple sources for information. Battery-powered radios remain critical during winter storms. Sign up for local emergency alerts by email or text. Studies have found that in regions accustomed to frequent hazardous weather, people often take actions in response to risks more slowly when they don’t have reliable local updates or clear alerts.

Practice matters

Many injuries happen because people delay actions they know they need to take. They wait to leave a house that’s getting too cold or at risk of damage by weather, such as flooding. They wait to ask for help. They wait to adjust plans.

In research I contributed to on evacuation drills involving wildfires, people who practiced their evacuation plan in advance were more likely to react quickly when conditions changed. Talking through evacuation plans for any type of emergency, whether a hurricane or a winter storm, builds people’s confidence and reduces their hesitation.

Take time each winter to review your emergency supplies, communication plans, and heating options.

Winter storms will test your preparation, judgment, and patience. You cannot control when the next one arrives, but you can decide how ready you will be when it does.

The Conversation

Brett Robertson receives funding from the National Science Foundation (Award #2316128). Any opinions, findings, conclusions, or recommendations expressed in this material are those of the author and do not necessarily reflect the views of the National Science Foundation.

ref. Winter storms don’t have to be deadly – here’s how to stay safe before, during and after one hits – https://theconversation.com/winter-storms-dont-have-to-be-deadly-heres-how-to-stay-safe-before-during-and-after-one-hits-274605

Les inégalités économiques croissantes pavent la voie à la montée des autoritarismes

Source: The Conversation – in French – By Jonathan Martineau, Professeur de philosophie, Liberal Arts College, Université Concordia, Concordia University

En concentrant la richesse et le pouvoir entre les mains d’une minorité, le système économique dominant fragilise les démocraties et ouvre la voie aux autoritarismes, révèle le dernier rapport d’Oxfam, publié la semaine dernière en marge de l’ouverture du Forum économique mondial de Davos, un choix de calendrier loin d’être anodin.


Alors que les élites économiques et politiques mondiales s’y réunissaient pour débattre du « nouvel ordre mondial » et de stratégies pour diversifier les marchés et maintenir la croissance économique mondiale à flots, le rapport d’Oxfam dresse quant à lui un constat accablant : le système économique dominant produit des niveaux d’inégalités sans précédent historique.

Loin d’être des anomalies conjoncturelles, ces inégalités apparaissent comme le symptôme structurel d’un modèle économique fondé sur l’exploitation, dont les effets menacent de plus en plus la stabilité démocratique à l’échelle mondiale.

Professeur de philosophie au Liberal Arts College de l’Université Concordia, mes recherches portent sur le temps, la technologie et l’économie politique du capitalisme contemporain.




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Un système inégalitaire

Le rapport souligne d’abord l’extrême concentration de la richesse. Les 12 milliardaires les plus riches de la planète possèdent aujourd’hui une richesse équivalente à celle détenue par la moitié la plus pauvre de l’humanité, soit environ 4 milliards de personnes. Ce chiffre, déjà frappant en soi, illustre une dynamique propre au capitalisme contemporain. Les inégalités ne sont pas qu’un résultat indésirable du système, mais une structure fondamentale de son fonctionnement.

Les marchés mondiaux reposent sur une série de relations sociales structurées par des rapports de propriété et de pouvoir asymétriques entre les personnes et les pays. Le système ne fait pas que concentrer la richesse une fois qu’elle est produite, il « crée » de la richesse sur la base de rapports sociaux inégaux. La richesse des uns dépend de la pauvreté des autres.

L’un des constats les plus préoccupants du rapport réside justement dans cette mise en parallèle de l’augmentation de la richesse des milliardaires et de la progression de l’insécurité alimentaire à l’échelle mondiale. Les données présentées indiquent que ces deux phénomènes suivent des trajectoires similaires. Alors qu’une fraction infinitésimale de la population mondiale voit sa richesse croître de manière exponentielle, des centaines de millions de personnes basculent ou demeurent dans des situations de précarité alimentaire.

Cette relation n’est pas fortuite : le système privilégie la maximisation du profit plutôt que la satisfaction des besoins fondamentaux, et l’accès aux nécessités dépend de la capacité de payer, et non d’un droit humain.

De l’économique au politique

L’évolution récente de la fortune des milliardaires renforce ce diagnostic, et ouvre également sur les dimensions politiques du problème des inégalités.

Depuis la seconde élection de Donald Trump en novembre 2024, la richesse des milliardaires a augmenté à un rythme trois fois supérieur à la moyenne observée au cours des cinq années précédentes. Cette accélération ne peut être comprise indépendamment des choix politiques favorables au capital : déréglementation, baisses d’impôts sur les hauts revenus et le capital, affaiblissement des mécanismes de redistribution et du pouvoir de négociation du travail.

Aux États-Unis, la convergence entre les intérêts des milliardaires de la tech et les politiques économiques de l’administration Trump illustre également cette dynamique. Le rapport met ainsi en lumière l’imbrication étroite entre la sphère politique et les inégalités économiques.

Ces inégalités économiques ont également des conséquences majeures sur les processus démocratiques. Le rapport d’Oxfam montre que les milliardaires ont environ 4000 fois plus de chances d’occuper un poste politique que les citoyennes et citoyens ordinaires. Cette surreprésentation des élites économiques dans les sphères du pouvoir contribue à orienter les politiques publiques en fonction de leurs intérêts propres.

Dans un tel contexte, les institutions démocratiques tendent à fonctionner de manière formelle, tandis que leur substance – l’égalité politique et la souveraineté populaire – s’érode progressivement.

Les données comparatives présentées dans le rapport renforcent ce constat : les pays caractérisés par les niveaux d’inégalités économiques les plus élevés présentent un risque sept fois plus important de voir leur démocratie s’affaiblir que ceux où les inégalités sont les moins prononcées. Loin d’être un simple enjeu de justice distributive, l’inégalité apparaît ainsi comme un facteur structurel de déstabilisation démocratique.

Lorsque de larges segments de la population sont exclus des bénéfices économiques et privés de toute influence politique réelle, la confiance envers les institutions décline, ouvrant la voie à des formes politiques autoritaires.




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La parade des CEO à Davos

Contrôle, répression et délégitimation

Dans ce contexte, l’argument selon lequel le capitalisme contemporain engendre des formes politiques autoritaires mérite une attention particulière. Plus les inégalités se creusent, plus le maintien de l’ordre social existant requiert des dispositifs de contrôle, de répression et de délégitimation des revendications populaires.

Par exemple, les discours anti-immigration de ce point de vue peuvent servir de diversion afin de canaliser la grogne populaire non pas envers les classes dominantes, mais envers des boucs-émissaires vulnérables. La montée des droites autoritaires dans de nombreux contextes nationaux peut ainsi être interprétée non pas comme une rupture avec le système économique dominant, mais comme l’une de ses modalités de stabilisation politique face à des contradictions internes croissantes.

En dernière analyse, le récent rapport d’Oxfam met en évidence un enchaînement préoccupant : concentration extrême de la richesse, aggravation de la précarité matérielle, captation du pouvoir politique et érosion démocratique. Le rapport invite donc à dépasser une lecture strictement morale ou technocratique des inégalités.


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Celles-ci ne sont pas de simples « excès » qu’il suffirait de corriger à la marge par des ajustements fiscaux. Elles constituent le produit normal d’un système économique fondé sur l’exploitation et la précarité du plus grand nombre, et la subordination de la démocratie aux intérêts économiques.

Dans ce cadre, la défense de la démocratie ne peut se limiter à la protection des procédures électorales ; elle suppose également une transformation plus profonde des structures économiques qui conditionnent l’exercice effectif de la citoyenneté.

Résister à la montée des autoritarismes implique dès lors de s’attaquer aux causes structurelles de ces dynamiques. Cela passe non seulement par des politiques de redistribution ambitieuses, mais aussi par le développement de formes d’organisation économique et sociale alternatives au capitalisme, plus à même de mettre l’économie et le travail au service des besoins de tous et toutes, plutôt qu’à l’accumulation privée des richesses par une poignée de milliardaires.

La Conversation Canada

Jonathan Martineau a reçu des financements du Conseil de recherche en sciences humaines du Canada (CRSH), du Fonds de recherche du Québec, Société et Culture (FRQ-SC), et de l’Observatoire international sur les impacts sociétaux de l’intelligence artificielle (Obvia).

ref. Les inégalités économiques croissantes pavent la voie à la montée des autoritarismes – https://theconversation.com/les-inegalites-economiques-croissantes-pavent-la-voie-a-la-montee-des-autoritarismes-274520

CAN 2025 de football : les réussites et les ratés de l’édition marocaine

Source: The Conversation – in French – By Chuka Onwumechili, Professor of Communications, Howard University

La 35e édition de la Coupe d’Afrique des nations (CAN) 2025, organisée par le Maroc, a été riche en frissons et en rebondissements avec du bon et du moins bon. Elle s’est terminée par une victoire du Sénégal, qui remporte ainsi son deuxième titre de champion d’Afrique. Si la victoire 1-0 contre le Maroc était méritée, la finale s’est terminée sur une note amère. Les supporters ont envahi le terrain et l’équipe victorieuse a quitté le terrain pendant 16 minutes.

Je suis chercheur en communication sportive et auteur de plusieurs ouvrages sur le football en Afrique.

Les quatre points positifs du tournoi ont été les suivants :

  • des matchs de qualité disputés sur des terrains impeccables

  • une couverture médiatique élargie

  • un intérêt mondial accru

  • une augmentation du nombre de supporters.

En revanche, nous avons assisté à l’abandon de l’équipe sénégalaise lors de la finale, à de mauvaises décisions arbitrales, en particulier dans les matchs impliquant le Maroc, et à des problèmes de billetterie.

Cette CAN 2025 a offert des exemples à suivre comme la qualité des terrains et le marketing réussi, dont les futurs pays organisateurs devraient s’inspirer. Cependant, la Confédération africaine de football (CAF) doit tirer les leçons de ce tournoi en matière de sécurité autour du terrain et de formation des arbitres.

Ce qui a bien fonctionné

Les infrastructures de la CAN ont démontré que le Maroc était prêt à accueillir la Coupe du monde plus tard dans l’année. Rien que pour les six stades, le pays a dépensé 1,4 milliard de dollars américains. Pas moins de 10 milliards de dollars américains ont été dépensés pour les infrastructures publiques connexes dans le domaine des transports. Les matchs ont été de grande qualité et se sont déroulés sur d’excellentes pelouses.

Les supporters qui ont assisté à ce spectacle de football ont été transportés par un système ferroviaire à grande vitesse et d’autres moyens de transport fluides.

La qualité des surfaces a peut-être contribué au fait qu’il y ait eu moins de surprises ou de bouleversements. Les quatre équipes qui ont atteint les demi-finales – l’Égypte, le Maroc, le Nigeria et le Sénégal – étaient toutes en tête de leur groupe.

Finalement, la finale a opposé les deux équipes africaines les mieux classées. Le match a été exceptionnel, les grands noms ayant produit un football mémorable tout au long du tournoi.




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Couverture médiatique élargie

La décision de s’étendre à d’autres marchés a conduit à une couverture médiatique élargie en Chine, au Brésil et sur les principaux marchés européens. La participation de plusieurs joueurs de renom issus de clubs européens a permis d’assurer une audience mondiale au tournoi. Des équipes telles que le Real Madrid, le PSG, le Bayern Munich, Manchester United et Liverpool ont vu certains de leurs joueurs participer à la compétition.

À ceux-ci s’ajoutaient des joueurs de renommée mondiale tels que Sadio Mané, Riyad Mahrez et Pierre-Emerick Aubameyang. Ces noms étaient assurés d’attirer l’attention des médias du monde entier.

L’audience a globalement augmenté, avec des hausses remarquables en Europe. La France a enregistré 3,4 millions de téléspectateurs et le Royaume-Uni 1,7 million de téléspectateurs.

Intérêt mondial accru

La CAF a annoncé une augmentation de 90 % de ses revenus. Le chiffre d’affaires s’est élevé à 192,6 millions de dollars (114 millions de dollars américains de bénéfices), contre 105,6 millions de dollars dont 72 millions de bénéfices lors de la précédente CAN. Cela montre une augmentation constante, avec le nombre de partenaires qui passe de 9 à 17 entre 2021 et 2023. Une plus grande couverture médiatique a suscité l’intérêt commercial autour du tournoi.

L’affluence dans les stades a aussi nettement progressé. Les chiffres annoncés à la fin de la compétition ont montré que 1,34 million de personnes ont assisté aux matchs. En 2023, en Côte d’Ivoire, le nombre de spectateurs était de 1,1 million.

Cela montre clairement l’intérêt croissant pour le tournoi. La proximité du Maroc avec l’Europe a également été un facteur déterminant. Davantage de spectateurs ont fait le déplacement depuis le continent et d’ailleurs.

Les primes remises aux équipes lors du tournoi ont également battu des records, le Sénégal remportant 11,6 millions de dollars. Les équipes éliminées lors de la phase de groupes ont reçu chacune 1,3 million de dollars américains.




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Erreurs

Scènes de colère : La finale a été gâchée par un retrait du terrain des Sénégalais, qui protestaient contre un penalty accordé au Maroc pendant les arrêts de jeu. Le match a été suspendu pendant 16 minutes. Les Sénégalais étaient furieux suite à l’annulation de leur but dans les dernières minutes du temps réglementaire. Les protestations contre le penalty accordé au Maroc ont duré jusqu’à ce que l’une des figures emblématiques de l’équipe, Sadio Mané, demande à ses coéquipiers de poursuivre le match.

À ce moment-là, les supporters sénégalais en colère avaient arraché des sièges dans les tribunes et de nombreuses bagarres ont éclaté. Finalement, le Maroc n’a pas réussi à convertir le penalty et le Sénégal a marqué un but mémorable pour remporter la victoire.

Questions relatives à l’arbitrage : Tout au long du tournoi, le Maroc a semblé être favorisé par plusieurs décisions et absences de décision arbitrales. La CAF devrait envisager des programmes d’échange d’arbitres avec d’autres confédérations afin d’améliorer l’arbitrage. Cela aiderait non seulement la CAN, mais permettrait également aux arbitres de découvrir d’autres événements continentaux.

Il est également préoccupant que des ramasseurs de balles marocains aient été vus en train d’arracher les serviettes des gardiens de but des équipes adverses lors des matchs Nigeria-Maroc et Sénégal-Maroc.

Problèmes de billetterie : Il y a également eu des problèmes de billetterie. Alors que les billets étaient tous vendus, plusieurs stades étaient déserts pendant les matchs de groupe. Cela peut s’expliquer par des problèmes liés au fait que les revendeurs secondaires ont peut-être acheté plus de billets qu’ils ne pouvaient en revendre. Néanmoins, chaque match a attiré en moyenne 21 167 spectateurs. La présence des médias a également augmenté pendant le tournoi. Selon certaines informations, plus de 3 800 journalistes ont couvert l’événement depuis le Maroc.

Perspectives

La compétition a démontré que le Maroc était prêt à accueillir les matchs de la Coupe du monde en 2030. Le Maroc, ainsi que l’Espagne et le Portugal, accueilleront les matchs, auxquels participeront 48 équipes. Les six villes utilisées pour la CAN 2025 accueilleront le monde entier en 2030. Le Portugal n’aura que deux villes hôtes et l’Espagne fournira neuf sites.




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Il sera difficile pour les pays hôtes de la CAN 2027 d’égaler la réussite du Maroc.

Les trois pays hôtes de la CAN 2027 – le Kenya, la Tanzanie et l’Ouganda – devraient au moins atteindre le niveau de la Côte d’Ivoire qui avait accueilli l’édition de 2023.

Ils peuvent au moins s’inspirer de la Côte d’Ivoire en cherchant à améliorer le système de billetterie, la sécurité autour des stades et former les ramasseurs de balles afin de protéger les équipes en déplacement.

Mais les perturbations sur le terrain ne doivent occulter ni les nombreuses réalisations de ce tournoi ni les infrastructures déployées.

The Conversation

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ref. CAN 2025 de football : les réussites et les ratés de l’édition marocaine – https://theconversation.com/can-2025-de-football-les-reussites-et-les-rates-de-ledition-marocaine-274558