Sí a Dios, pero no a la Iglesia: así es el cambio religioso para muchos latinoamericanos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Matthew Blanton, PhD Candidate, Sociology and Demography, The University of Texas at Austin

Una mujer participa en una procesión del Cristo de Mayo en Santiago de Chile, llevando en procesión por la ciudad una reliquia del crucifijo de una iglesia destruida. AP Photo/Esteban Felix

En una región conocida por sus cambios tumultuosos, algo se ha mantenido notablemente constante durante siglos: América Latina se considera católica.

La transformación de 500 años de la región en un bastión católico pareció culminar en 2013, cuando el argentino Jorge Mario Bergoglio fue elegido como el primer papa latinoamericano. América Latina es, desde entonces, el corazón de la Iglesia católica: alberga a más de 575 millones de fieles, más del 40 % de todos los católicos del mundo. Las siguientes regiones más grandes son Europa y África, cada una de las cuales alberga al 20 % de los católicos del mundo.

Aún así, el panorama religioso de la región está cambiando. En primer lugar, los grupos protestantes y pentecostales han experimentado un crecimiento espectacular. En 1970, solo el 4 % de los latinoamericanos se identificaban como protestantes; en 2014, la proporción había aumentado hasta casi el 20 %.

Pero, incluso mientras aumentaba el número de protestantes, otra tendencia ganaba terreno silenciosamente: una proporción cada vez mayor de latinoamericanos abandonaba por completo la fe institucional. Y, como muestra mi investigación, este declive religioso presenta una diferencia sorprendente con respecto a los patrones de otros lugares: aunque cada vez son menos los latinoamericanos que se identifican con una religión o asisten a los servicios religiosos, la fe personal sigue siendo fuerte.

Tres mujeres con túnicas blancas y gorros de noche junto a una gran cruz de madera.
Mujeres conocidas como ‘animeras’, que rezan por las almas de los difuntos, caminan hacia una iglesia para las festividades del Día de los Muertos en Telembi, Ecuador.
AP Photo/Carlos Noriega

Declive religioso

En 2014, el 8 % de los latinoamericanos afirmaba no profesar ninguna religión. Esta cifra es el doble del porcentaje de personas que se criaron sin religión, lo que indica que el crecimiento es reciente y proviene de personas que abandonaron la iglesia ya en la edad adulta.

Sin embargo, desde entonces no se había realizado ningún estudio exhaustivo sobre el cambio religioso en América Latina. Mi nueva investigación, publicada en septiembre de 2025, se basa en dos décadas de datos de encuestas realizadas a más de 220 000 personas en 17 países latinoamericanos. Estos datos proceden del Americas Barometer, una gran encuesta regional realizada cada dos años por la Universidad de Vanderbilt (EE. UU.) que se centra en la democracia, la gobernanza y otras cuestiones sociales. Dado que plantea las mismas preguntas sobre religión en todos los países y a lo largo del tiempo, ofrece una visión inusualmente clara de los patrones cambiantes.

En general, el número de latinoamericanos que declaran no tener afiliación religiosa aumentó del 7 % en 2004 a más del 18 % en 2023. La proporción de personas que dicen no tener afiliación religiosa creció en 15 de los 17 países, y se duplicó con creces en siete.

En promedio, el 21 % de las personas en Sudamérica dicen no tener afiliación religiosa, en comparación con el 13 % en México y Centroamérica. Guatemala, Perú y Paraguay son los países tradicionalmente más religiosos, con menos del 9 % que se identifica como sin afiliación, mientras que Uruguay, Chile y Argentina son los tres países menos religiosos de la región.

Otra pregunta que suelen utilizar los estudiosos para medir el declive religioso es la frecuencia con la que las personas acuden a la iglesia. Entre 2008 y 2023, la proporción de latinoamericanos que acuden a la iglesia al menos una vez al mes disminuyó del 67 % al 60 %. Por su parte, el porcentaje de personas que nunca acuden a la iglesia aumentó del 18 % al 25 %.

El patrón generacional es evidente. Entre las personas nacidas hasta la década de 1940, algo más de la mitad afirma acudir a la iglesia con regularidad. Cada generación posterior muestra un descenso más pronunciado, hasta llegar a solo el 35 % en el caso de los nacidos en la década de 1990. La afiliación religiosa muestra una trayectoria similar: cada generación está menos afiliada que la anterior.

Religiosidad personal

Sin embargo, en mi estudio, también examiné una medida de religiosidad menos utilizada, que cuenta una historia diferente.

Esa medida es la “importancia religiosa”: la importancia que las personas otorgan a la religión en su vida cotidiana. Podríamos considerarla como religiosidad “personal”, en contraposición a la religiosidad “institucional”, vinculada a congregaciones y denominaciones formales.

Un foco ilumina una fila en zigzag de personas que llevan chaquetas, mientras que el resto de la multitud permanece oculta en la oscuridad.
Personas asisten a una misa con motivo del Día Internacional contra el Abuso y el Tráfico Ilícito de Drogas en Buenos Aires, Argentina, el 26 de junio de 2024.
AP Photo/Rodrigo Abd

Al igual que la asistencia a la iglesia, la importancia religiosa general es alta en América Latina. En 2010, aproximadamente el 85 % de los latinoamericanos de los 17 países cuyos datos analicé dijeron que la religión era importante en su vida cotidiana. El 60 % dijo “muy importante” y el 25 % dijo “algo importante”.

En 2023, el grupo que la consideraba “algo importante” se redujo al 19 %, mientras que el grupo que la consideraba “muy importante” aumentó al 64 %. La importancia personal de la religión estaba creciendo, incluso cuando la afiliación y la asistencia a la iglesia estaban disminuyendo.

La importancia de la religión muestra el mismo patrón generacional que la afiliación y la asistencia: las personas mayores tienden a reportar niveles más altos que los jóvenes. En 2023, el 68 % de las personas nacidas en la década de 1970 afirmaron que la religión era “muy importante”, en comparación con el 60 % de las personas nacidas en la década de 1990.

Sin embargo, cuando se compara a personas de la misma edad, el patrón se invierte. A los 30 años, el 55 % de las personas nacidas en la década de 1970 calificaron la religión como muy importante. Compárese eso con el 59 % de los latinoamericanos nacidos en la década de 1980 y el 62 % de los nacidos en la década de 1990. Si esta tendencia continúa, las generaciones más jóvenes podrían acabar mostrando un mayor compromiso religioso personal que sus mayores.

Afiliación frente a creencia

Lo que estamos viendo en América Latina, en mi opinión, es un patrón fragmentado de declive religioso. La autoridad de las instituciones religiosas está disminuyendo: cada vez menos personas profesan una fe y menos asisten a los servicios religiosos. Pero las creencias personales no se están erosionando. La importancia de la religión se mantiene estable, e incluso está creciendo.

Este patrón es muy diferente al de Europa y Estados Unidos, donde el declive institucional y las creencias personales tienden a ir de la mano.

El 86 % de las personas no afiliadas en América Latina dicen creer en Dios o en un poder superior. Esto contrasta con solo el 30 % en Europa y un 69 % en Estados Unidos.

Una proporción considerable de latinoamericanos no afiliados también cree en los ángeles, los milagros e incluso están convencidos de que Jesús volverá a la Tierra durante su vida.

En otras palabras, para muchos latinoamericanos, dejar atrás una etiqueta religiosa o dejar de ir a la iglesia no significa dejar atrás la fe.

Un hombre con un colorido gorro de punto y un jersey o chaqueta brillante sostiene una pequeña muñeca con una túnica blanca rodeada de volutas de humo.
Un guía espiritual indígena aimara bendice una estatua del niño Jesús con incienso después de una misa de Epifanía en una iglesia católica de La Paz, Bolivia, el 6 de enero de 2025.
«AP

Este patrón distintivo refleja la historia y la cultura únicas de América Latina. Desde la época colonial, la región ha estado marcada por una mezcla de tradiciones religiosas. A menudo, la gente combina elementos de las creencias indígenas, las prácticas católicas y los nuevos movimientos protestantes, creando formas personales de fe que no siempre encajan perfectamente en una iglesia o institución concreta.

Debido a que los sacerdotes solían ser escasos en las zonas rurales, el catolicismo se desarrolló en muchas comunidades con poca supervisión directa de la iglesia. Los rituales domésticos, las fiestas de los santos locales y los líderes laicos contribuyeron a configurar la vida religiosa de forma más independiente.

Esta realidad pone en tela de juicio la forma en que los estudiosos suelen medir el cambio religioso. Los marcos tradicionales para medir el declive religioso, desarrollados a partir de datos de Europa occidental, se basan en gran medida en la afiliación religiosa y la asistencia a la iglesia. Pero este enfoque pasa por alto la vibrante religiosidad fuera de las estructuras formales y puede llevar a los estudiosos a conclusiones erróneas.

En resumen, América Latina nos recuerda que la fe puede prosperar incluso cuando las instituciones se desvanecen.

The Conversation

Matthew Blanton recibe fondos del Instituto Nacional Eunice Kennedy Shriver de Salud Infantil y Desarrollo Humano. El contenido es responsabilidad exclusiva de los autores y no representa necesariamente las opiniones oficiales de los Institutos Nacionales de Salud.

ref. Sí a Dios, pero no a la Iglesia: así es el cambio religioso para muchos latinoamericanos – https://theconversation.com/si-a-dios-pero-no-a-la-iglesia-asi-es-el-cambio-religioso-para-muchos-latinoamericanos-271645

Coups in Africa: how democratic failings help shape military takeovers – study

Source: The Conversation – Africa (2) – By Ernest Harsch, Researcher, Institute of African Studies, Columbia University

Mali, Burkina Faso, Niger, Guinea and Gabon have all suffered regime change in the last five years, led by men in military uniform.

Madagascar and Guinea-Bissau experienced the same fate in 2025. Benin looked to join the list in early December, but the civilian government held onto power – just.

The academic literature on coups in Africa has highlighted a wide range of influences and triggers. These include:

  • personal and institutional rifts within the armed forces

  • susceptibility to both elite manipulation and popular pressure

  • instigation by foreign powers against governments deemed hostile to their interests.

In a recent paper I added a further question: to what extent were democratic failings an element in the coups of the past six years?

I am a journalist and academic who has focused on African political and development issues since the 1970s. Among my most recently published books is Burkina Faso: A History of Power, Protest and Revolution.

In the paper I explored underlying shortcomings of Africa’s democracies as one major factor leading to military seizures. I focused on the recent coups in Mali, Guinea, Burkina Faso, Niger and Gabon.

I selected those cases because each of their takeovers was mounted against an elected civilian government. In some instances, I found, factors other than poor elections were also at play. The juntas in both Burkina Faso and Niger cited political defects of their elected, if somewhat ineffective, governments. But they mainly blamed their predecessors’ failure to put down growing jihadist insurgencies.

Insecurity was also a factor in Mali. But Mali, Guinea and Gabon all had elections commonly perceived to have been rigged or in violation of constitutional term limits. They provoked popular opposition which prompted officers to step in.

My main finding was thus that popular disappointment in elected governments was a prominent element. It established a more favourable context enabling officers to seize power with a measure of popular support.

That finding suggests that in order to better protect democracy in Africa, it is not sufficient to simply condemn military coups (as Africa’s regional institutions, such as the African Union and Economic Community of West African States, are quick to do). African activists, and some policymakers, have urged a step further: denouncing elected leaders who violate democratic rights or rig their systems to hang onto power.

If elected leaders were better held to account, then potential coup makers would lose one of their central justifications.

Problems are bigger than rigged polls

The problems, however, go beyond rigged polls, errant elected leaders, and violated constitutions. Many African governments, whether they are democratic or not, have great difficulty meeting citizens’ expectations, especially for improvements in their daily lives.

The deeper structural weaknesses of African states further contribute to hampering effective governance. As Ugandan anthropologist Mahmood Mamdani, Kenyan political scholar Ken Ochieng’ Opalo, and other African scholars have pointed out, those shortcomings include the externally oriented and fragmentary nature of the states inherited from colonial rule. These exclude many citizens from active political engagement and ensure government by unaccountable elites.

In particular, a neoliberal model of democracy has been widely adopted in Africa since the 1990s. That model insists that democracy be tethered to pro-market economic policies and greatly limit the size and activities of African states. That in turn hinders the ability of even well-elected governments to provide their citizens with security and services.




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Conducting elections while continuing to subject African economies to the economic policy direction of the International Monetary Fund and World Bank has left them with a “choiceless democracy,” as Malawian economist Thandika Mkandawire termed it. That is, while voters may sometimes be able to change top leaders, they cannot alter basic economic policies. Such policies generally favour austerity and cutbacks over delivering jobs, education and healthcare.

So in addition to improving the quality of democratic systems on the continent, “coup proofing” African states will also require giving greater scope to popular input into real decision making, in both the political and economic spheres.

That will depend primarily on Africans themselves fighting for the democracies they want. Clearing the way for them means ending the all-too-common repression of street mobilisations and alternative views that displease the ruling elites.

Support for democracy

There may be general unhappiness with the flaws of Africa’s electoral systems. Surveys nevertheless demonstrate continued strong support for the ideals of democracy. Many ordinary Africans, moreover, are mobilising in various ways to advance their own conceptions of democratic practice.

For example, when the Macky Sall government in Senegal used repression and unconstitutional manoeuvres to try to prolong his tenure, tens of thousands mobilised in the streets in 2023-24 to block him and force an election that brought radical young oppositionists to power.

In Sudan, the community resistance committees that mobilised massively against the country’s military elites outlined an alternative vision of a people’s democracy encompassing national elections, decentralised local assemblies, and participatory citizen engagement.




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Findings by the Afrobarometer research network, which has repeatedly polled tens of thousands of African citizens, provide solid grounds for hope. Surveys in 39 countries between 2021 and 2023 show that 66% of respondents still strongly preferred democracy to any alternative form of government.

For anyone committed to a democratic future for Africa, that is something to build on.

The Conversation

Ernest Harsch does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Coups in Africa: how democratic failings help shape military takeovers – study – https://theconversation.com/coups-in-africa-how-democratic-failings-help-shape-military-takeovers-study-271565

Roger Lumbala is accused of horrific war crimes in DRC: can his trial in France bring justice?

Source: The Conversation – Africa (2) – By Kerstin Bree Carlson, Associate Professor International Law, Roskilde University

The Democratic Republic of Congo (DRC) has been called “the worst place on earth to be a woman” and “the rape capital of the world”. A 2014 survey estimated that 22% of women and 10% of men had experienced sexual violence during the conflict in the country’s east. After years of impunity, Roger Lumbala, a 67-year-old former member of parliament who once led a rebel group in eastern DRC, is facing trial for these crimes. He is charged in a French court with complicity in crimes against humanity, including summary executions, torture, rape, pillage and enslavement. Kerstin Bree Carlson, a scholar of international criminal law and transitional justice, explains the significance of this trial and the controversies it has sparked.

What is the special war crimes chamber in Paris? And what is ‘universal jurisdiction’?

Lumbala is being tried before a special war crimes tribunal in Paris because France exercises “universal jurisdiction” over international atrocity crimes like genocide, crimes against humanity and war crimes. These are the crimes that are the remit of the International Criminal Court (ICC). Because the ICC is designed to be a court of last resort, hearing international atrocity crimes only when states cannot or will not, all ICC member states must criminalise international atrocity crimes in their domestic criminal codes.

Although courts usually only try cases against their own citizens or which occur on their own territory, France’s “universal jurisdiction” law allows it to hear cases regarding atrocity crimes committed outside France by non-French nationals. The law restricts the application of universal jurisdiction to individuals residing in France who are citizens of countries that are ICC members. Prosecutors in France’s special war crimes unit (“OCLCH”) furthermore enjoy discretion over which cases they pursue.

Prosecutions unfold as they do for any criminal case in France: a claim made by the prosecutor is sent to an investigative judge. The judge examines the claim neutrally, weighing evidence of guilt and innocence, to determine whether to issue an indictment. These findings can be appealed. When the appeals are finalised, if the indictment stands, the indicted individuals are put on trial before a panel of judges and a jury who will determine guilt (and an eventual sentence).

In addition to prosecution and defence, victims can participate in the proceedings as “civil parties”. Civil parties are full participants; they may call witnesses, address the court through argumentation, and question witnesses brought by prosecution and defence.

Lumbala’s path to the Paris court

Lumbala’s trial opened on 12 November 2025. The indictment alleges that Lumbala conspired to and was complicit in the commission of crimes against humanity in relation to Operation “Effacer le tableau” (Wipe the Slate Clean). This was a military campaign that terrorised eastern Congo in 2002-3.

The civil parties in Lumbala’s case played a central role in bringing Lumbala before the court. These include international NGOs such as TRIAL International, the Clooney Foundation for Justice, the Minority Rights Group, Amnesty International, We are not Weapons of War and others. These groups have recorded atrocity crimes in the DRC for decades, and some assisted in the 2010 Mapping report by the UN, a seminal document which detailed the extent of the violence between 1993 and 2003.

Lumbala has resided in France on and off since 2013. It was his application for asylum that put him on French authorities’ radar, and they opened an investigation into his alleged crimes in connection with his role as leader of a rebel group turned political party, Rally of Congolese Democrats and Nationalists (RCD-N). In late 2020, French authorities arrested him. Investigative judges issued an indictment against him in November 2023; that indictment was upheld by the appeals court in March 2024, leading to the opening of the trial. If convicted, Lumbala could face life imprisonment.

What is at stake in this trial?

Although a few low-level soldiers in the DRC have been tried, no high-ranking leader has been convicted for the pervasive practice of using rape as a weapon of war. A decade ago, one of Lumbala’s allies, Jean-Pierre Bemba, was prosecuted by the ICC for war crimes, including sexual violence committed in Central African Republic. Bemba’s 2016 conviction was widely celebrated as a victory for victims. His 2018 acquittal on appeal for procedural reasons was a bitter pill.

Victims wanting to address Lumbala directly have been served their own bitter pill. At the end of the first day of the trial, Lumbala announced that he did not recognise the court’s jurisdiction and would not participate in the trial. He told the court:

This is reminiscent of past centuries. The jury is French; the prosecutor is French. This court does not even know where DRC is.

Lumbala left the court and has not attended the trial since then. Every morning he is brought from jail, and sits in the basement of the court house instead of in the courtroom. He also fired his lawyers, who in turn refused to assist the court in providing a defence in absentia.

Technically, there is no problem; the trial may continue.

Symbolically, Lumbala’s absence deprives civil parties of the chance to address the defendant personally. For a victim, being able to face the alleged perpetrator as a rebalance of power is one of the purposes of trial, and contributes to justice; Lumbala’s absence may make the trial less fair for victims.

Without the participation of the defence, will the trial seem fair to others? For Lumbala and his team, who have been fighting France’s jurisdiction over this case for years, the move is in keeping with their general defence strategy of sowing doubt.

What this means for the court, and for the prosecution of universal jurisdiction cases more generally, is the larger question. If defendants can endanger judicial legitimacy by refusing to participate, it will not be the last time we see this strategy. Universal jurisdiction has been challenged in other countries: Belgium’s wide-reaching 1993 universal jurisdiction law was repealed in 2003 after a decade of practice. France’s more limited practice, akin to extraterritorial jurisdiction, is a test case for how individual countries can help support the work of the ICC. Although the ICC can investigate any case in or involving its member states, the unfulfilled arrest warrants against Russia’s Vladimir Putin and Israel’s Benjamin Netanyahu are a reminder of how difficult it can be for the ICC to take custody over defendants.

The greater significance of the Lumbala case is therefore what it may mean for France, or any country or institution, to prosecute atrocity crimes outside its borders, which will in turn have an impact on impunity for international atrocity crimes.

The Conversation

Kerstin Bree Carlson receives funding from Independent Research Fund Denmark (DFF)

ref. Roger Lumbala is accused of horrific war crimes in DRC: can his trial in France bring justice? – https://theconversation.com/roger-lumbala-is-accused-of-horrific-war-crimes-in-drc-can-his-trial-in-france-bring-justice-270482

Thiaroye massacre: report on the French killing of Senegalese troops in 1944 exposes a painful history

Source: The Conversation – Africa (2) – By Martin Mourre, Historien et anthropologue spécialisé dans les armées coloniales et postcoloniales en Afrique de l’Ouest, École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS)

The Thiaroye camp near Dakar was a Senegalese army barracks housing African soldiers called “tirailleurs sénégalais” (Senegalese riflemen). It welcomed men returning from the European front of the second world war, where the riflemen had been held as German prisoners of war while serving on the side of France. They were waiting for their long-overdue back pay and bonuses.

But at dawn on 1 December 1944, they were shot by their own French officers. What should have been a time of celebration became a bloodbath. France sought to downplay or deny the massacre for many years.

In 2024, ahead of the 80th anniversary commemorations of the massacre, Senegal’s Prime Minister Ousmane Sonko appointed a commission to establish the truth of what happened, to ensure proper recognition and reparations for the victims, and to assert Senegal’s sovereignty to write its own history.

Chaired by Professor Mamadou Diouf of Columbia University, one of its tasks was to draft a new report (a white paper) on Thiaroye. This was presented to President Bassirou Diomaye Faye on 17 October 2025.

Martin Mourre, a historian and anthropologist specialising in colonial armies, has studied this issue and explains what the new report brings to light and why Thiaroye remains so sensitive.


What happened at Thiaroye?

On 21 November 1944, the first group of former prisoners of war arrived at the Thiaroye camp to be demobilised. They were owed substantial sums, mainly the back pay accumulated during their captivity.

The French army refused to give them what they were owed, even though the funds were reportedly available in Dakar.

On 27 November, tensions escalated, prompting the intervention of a senior officer. He planned a repression operation that, on 1 December, turned into a massacre.




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Even though a number of questions remain unanswered, the event is fairly well documented. The main debate revived by the new report and echoed in the media focuses on two issues: the death toll and the burial site of the victims.

Regarding the death toll, one may rely on a literal reading of the archives, which consistently report 35 deaths (or 70 in one officer’s report, phrased in a particularly obscure way).

On this point, the white paper does not appear to go further than previous research, which supports a higher estimate of 300 to 400 deaths.

How has France responded to the Thiaroye issue over the years?

France actively sought to erase the events at Thiaroye. In the weeks following the tragedy, French officials declared, according to archival records, that adequate measures must be taken to hide these hours of madness. The language reveals a deliberate effort to downplay and conceal the atrocity.

This continued long after independence in 1960. One of the most infamous examples is the censorship of the acclaimed film The Camp at Thiaroye by Senegalese filmmakers Ousmane Sembène and Thierno Faty Sow, which failed to find distributors in France when it was released.

However, things began to change in the 2000s, particularly when President Abdoulaye Wade organised official commemorations of the massacre. For the first time, a special French ambassador attending the commemoration acknowledged the colonial army’s responsibility for the tragedy.




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A more prominent gesture came in 2014 when President François Hollande visited the military cemetery. He delivered a speech and handed over a batch of archives to Senegalese President Macky Sall. He claimed – falsely, as it later turned out – that these represented all the documents France possessed on the massacre.

These archives were not available for analysis in Senegal until an executive order was issued by President Bassirou Diomaye Faye in 2024. The reason for the decade-long blockade was never adequately explained.

In 2024, President Emmanuel Macron went further than his predecessor by officially recognising events at Thiaroye as “a massacre”. A word his predecessor had avoided. Macron made this statement in a letter to Faye.

What new information does the report provide?

The main new element presented in the white paper is the initial outcome of archaeological excavations of the burial site, carried out by a team from Dakar’s Cheikh Anta Diop University. They have so far uncovered the remains of seven individuals.

All indications are that these men were victims of the massacre. Investigators highlighted the rushed and irregular nature of the graves and the burials, with bodies still dressed in military uniforms.

A black and white photo of African men in trenchcoats standing in a line with a European man in the foreground.
Senegalese Tirailleurs, 1940.
RaBoe/Wikimedia Commons, CC BY-SA

French administrative records had offered no answers about where or how the victims were laid to rest. This left the question of potential mass graves unresolved and shrouded in uncertainty.

These new findings from the report verify that victims were buried at this site. They also challenge official French narratives. The investigation continues. The archaeological team plans to expand their search, believing that more remains may lie hidden across the site.

What momentum led to the search at the grave site?

The issue of excavations of this site has a longer history. In 2017, several pan-African organisations urged Senegalese authorities to carry out such searches at Thiaroye. Among them was the party of Ousmane Sonko, today prime minister of Senegal but then a member of parliament.

Ten years earlier, during the construction of a highway crossing part of the military camp, historian Cheikh Faty Faye had already raised the issue publicly. Faye, who died in 2021, had worked on Thiaroye since the 1970s. He was part of a tradition of activist-scholars connected to pan-Africanist movements.

Through decades of commemoration and organising, these groups transformed the cemetery into a site of collective memory.




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The cemetery holds 202 graves, roughly 30 of which stand apart from the others. To my knowledge, no scientific work has traced its origins, but it likely dates back to the first world war, when the Thiaroye camp was built.

It’s located about 1km from the camp’s main entrance. It served as the burial ground for west African riflemen from Senegal and numerous other French colonial territories who died during training. Their remains were never repatriated.

If future research confirms that the recently discovered bodies belong to the men killed on 1 December, it would be an important step towards clarifying the death toll.

What else is important in this report?

While the white paper dedicates considerable attention to the death toll, it also signals an interest in recovering the individual life stories of the Thiaroye riflemen.

Yet in my view, a crucial question remains unaddressed: the distinctly colonial character of the violence itself.

This is a form of violence inherent to the colonial context, marked by racialisation, a sense of impunity, and the distance between the colony and mainland France.

The challenge today is no longer just to document what happened at Thiaroye. It is ensure that this history is passed on to future generations. Integrating it into school curricula – anchored in rigorous scholarly work – shows how understanding the past illuminates the present and helps build a collective memory on solid foundations.

The Conversation

Martin Mourre does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Thiaroye massacre: report on the French killing of Senegalese troops in 1944 exposes a painful history – https://theconversation.com/thiaroye-massacre-report-on-the-french-killing-of-senegalese-troops-in-1944-exposes-a-painful-history-271035

Newly discovered link between traumatic brain injury in children and epigenetic changes could help personalize treatment for recovering kids

Source: The Conversation – USA – By Lacey W. Heinsberg, Assistant Professor of Nursing and Human Genetics, University of Pittsburgh

The effects of traumatic brain injuries go beyond what meets the eye. Naeblys/iStock via Getty Images Plus

A newly discovered biological signal in the blood could help health care teams and researchers better understand how children respond to brain injuries at the cellular level, according to our research in the Journal of Neurotrauma.

In the future, this information could help clinicians identify children who need more tailored follow-up care after a traumatic brain injury.

Basics of epigenetics

As part of our work as a nurse scientist and neuropsychologist studying traumatic brain injury, we wanted to look for biological markers inside cells that might help explain why some children recover smoothly after brain injury while others struggle.

To do this, we focused on DNA, the instruction manual of cells. DNA is organized into regions called genes, each of which codes for proteins that carry out different functions like repairing tissues.

While your DNA generally stays the same throughout your life, it can sometimes collect small chemical changes called epigenetic modifications. These changes act like dimmer switches, turning genes up or down without changing the underlying code. In general, dialing up the activity of a gene increases production of the protein it codes for, while dialing down the gene decreases production of that protein.

Epigenetic changes play a significant role in how your body functions and develops.

One common type of epigenetic modification is called DNA methylation. DNA methylation is not fixed but can instead change in response to what you eat, how you move your body or even how stressed you are. We wondered if these epigenetic changes might also change in response to brain injury in children.

Epigenetic changes in traumatic brain injury

To explore this idea, we enrolled nearly 300 children at UPMC Children’s Hospital of Pittsburgh in our study. Of these children, 189 had a traumatic brain injury serious enough to require at least one night in the hospital, while the others had broken bones but no head injury.

We collected blood samples while they were in the hospital, and again at six and 12 months after their injury. We then measured DNA methylation in a gene called brain-derived neurotrophic factor (BDNF), which plays a role in how the brain develops and repairs.

Within approximately 30 hours of injury, children with traumatic brain injury had lower levels DNA methylation than children without brain injury. Interestingly, these differences were not connected to how severe the child’s injury appeared based on tests that health care teams use in the clinic, such as brain scans or evaluations of consciousness. This suggests that two children who look very similar to the eye may be responding to their injury differently at the cellular and epigenetic level.

Our findings also suggest that DNA methylation could help researchers understand something completely new about the brain’s response to injury that existing clinical tools cannot detect.

Doctor looking at panel of brain scans.
Brain scans don’t show what’s happening at the cellular and genetic level.
mady70/iStock via Getty Images Plus

Improving recovery after traumatic brain injury

When a child comes to the hospital with a traumatic brain injury, health care teams can assess the injury based on what it looks like and how the child is currently handling symptoms. But they cannot necessarily determine how a child’s body is responding to their injury, or what other factors put them at risk for poor recovery. That gap makes it difficult to predict which children may later experience problems with thinking, attention or behavior. Because the brains of children are still developing, early injuries can disrupt development and lead to long-term cognitive or behavioral issues.

Our findings indicate that epigenetic signals like DNA methylation might help clinicians and researchers develop more effective treatment strategies. While it’s still unclear whether these epigenetic changes influence children’s cognitive function after injury, further research could enable DNA methylation to offer a more precise guide to rehabilitation. In fact, our team is currently examining how DNA methylation patterns across all genes affect long-term outcomes in children with traumatic brain injury.

Pairing what clinicians can observe at the bedside with information at the cellular and epigenetic level can bring medicine one step closer to individualized care plans matching children with treatments that can most effectively help them heal.

The Conversation

Lacey W. Heinsberg receives funding from the National Institutes of Health.

Amery Treble-Barna receives funding from the National Institutes of Health.

ref. Newly discovered link between traumatic brain injury in children and epigenetic changes could help personalize treatment for recovering kids – https://theconversation.com/newly-discovered-link-between-traumatic-brain-injury-in-children-and-epigenetic-changes-could-help-personalize-treatment-for-recovering-kids-271453

La consommation d’alcool chez les hommes nuit aux femmes et aux enfants

Source: The Conversation – in French – By Leane Ramsoomar, Public health researcher, South African Medical Research Council

On sait que la consommation d’alcool est dangereuse pour la santé. Mais ses effets ne s’arrêtent pas là. Par exemple, les hommes subissent plus de conséquences liées à leur propre consommation que les femmmes. Ils sont plus touchés par l’agressivité, les accidents et les blessures. Mais lorsqu’un homme boit, les femmes et les enfants qui lui sont proches en paient souvent le prix également.

Je fais partie d’un groupe mondial de chercheurs en santé qui s’est attelé à étudier comment et dans quelle mesure la consommation d’alcool des hommes nuit aux femmes et aux enfants.

Notre étude récente s’appuie sur trois grandes revues de la littérature sur le sujet. Elle porte des résultats obtenus à partir d’études menées dans des pays riches, pauvres et à revenu intermédiaire. Celles-ci portaient sur les préjudices causés aux femmes, aux enfants et aux options politiques visant à réduire la consommation nocive d’alcool chez les hommes. Les analyses ont porté sur 49 études et 11 analyses couvrant la période 1990-2023.

Nous avons synthétisé les données afin d’éclairer les politiques publiques, les pratiques et les futures recherches. Nos résultats suggèrent des pistes de changement systémique et d’amélioration de la santé et du bien-être des femmes et des enfants dans le monde.

Ce que nous avons découvert

Les trois études révèlent que les hommes boivent plus que les femmes. Sous l’effet de l’alcool, ils adoptent parfois des comportements nocifs : agressivité, violence, tension dans la famille, contrôle du partenaire et la coercition sexuelle. Ils s’absentent aussi souvent du foyer pour aller boire et ne mettent pas toujours les besoins des femmes et des enfants en priorité. Quand les hommes dépensent l’argent du ménage pour l’alcool, il n’en reste pas assez pour la nourriture, les frais scolaires ou les médicaments. Cela nuit directement aux femmes et aux enfants.

Les femmes interrogées rapportent les actes de violence et d’agression liés à l’alcool. Il s’agit notamment de coups de poing, de coups de pied, des brûlures et des passage à tabac.

Mais les effets de la consommation d’alcool des hommes ne sont pas toujours visibles. Beaucoup de femmes parlent de préjudices cachés subis avec un partenaire alcoolique : l’embarras, la honte, l’isolement pour éviter les humiliations en public et le sentiment de solitude lié au fait d’avoir un partenaire alcoolique. Ce stress peut conduire à la dépression, à l’insomnie, voire à des pensées suicidaires.

Une femme a déclaré :

Je déteste vraiment ce que l’alcool lui fait. On se dispute à la maison. Ensuite, il débarque ivre à mon travail et exige qu’on parle de notre dispute sur place. Il m’humilie devant mes collègues.

Une autre a dit :

Je ressens une sorte de réaction traumatique lorsque les gens boivent trop autour de moi. Donc je ne fréquente pas beaucoup ce milieu.

Les enfants sont également touchés

Lorsque les hommes boivent de l’alcool, cela peut avoir directement ou indirectement des conséquences préjudiciables aux enfants. Les hommes peuvent mettre en danger la sécurité et le bien-être de leurs enfants en les exposant à leur propre violence, soit comme cibles, soit comme témoins.

Des recherches ont montré que lorsque les enfants grandissent dans des foyers où règne la violence, ils courent le risque de subir toute une série de conséquences négatives. On peut en citer de mauvais résultats scolaires, une faible estime de soi et le fait que les enfants deviennent eux-mêmes auteurs ou victimes de violence. Lorsqu’il y a des disputes à la maison, les enfants deviennent des victimes actives ou silencieuses.

Les études examinées montrent que la consommation d’alcool chez les hommes peut également conduire à la négligence et à la maltraitance des enfants. Les enfants dont les pères boivent beaucoup peuvent ne pas se sentir aussi proches d’eux sur le plan émotionnel, car ils ont peur de leurs pères lorsqu’ils sont ivres. L’alcool peut créer des conflits dans le foyer, dont un désengagement des responsabilités par ou une distanciation progressive.

La consommation d’alcool est souvent considérée comme une question privée, mais elle est influencée par de nombreux facteurs au niveau de la société, de la communauté et du foyer.

Par exemple, les lois et les politiques en matière d’alcool ont une incidence sur la disponibilité de l’alcool, le nombre de points de vente d’alcool dans les quartiers et l’âge approprié pour acheter de l’alcool. La consommation d’alcool a un impact sur le bien-être et la sécurité dans les foyers, les communautés et la société.

Nous avons constaté que les femmes et les enfants des pays pauvres sont les plus touchés par les effets de la consommation d’alcool des hommes, car ils disposent de moins de ressources. De plus, dans ces sociétés, il est plus souvent considéré comme normal que les hommes boivent ou abusent des femmes, comparé aux pays plus riches.

Que peut-on faire pour y remédier ?

Les gouvernements et les autorités sanitaires se concentrent principalement sur la réduction des risques encourus par les buveurs eux-mêmes. Par conséquent, les politiques, les programmes et les services mis en place sont centrés sur l’individu.

Bien que les recherches montrent que les buveurs peuvent être aidés grâce à des programmes de soutien par les pairs comme les Alcooliques Anonymes, ou par un accompagnement psychologique individuel incluant des interventions brèves, ces programmes doivent s’inscrire dans un environnement social et politique qui encourage un changement positif et tient compte des questions de genre.

Notre étude a révélé que les politiques et les programmes doivent tenir compte des préjudices par les autres, en particulier les femmes et les enfants. Une façon d’y parvenir consiste à associer les interventions en matière d’alcoolisme à des interventions communautaires axées sur les préjudices qui touchent spécifiquement les femmes et les enfants. Une première étape utile consiste à concevoir des interventions qui sensibilisent à l’abus d’alcool en tant que problème de santé publique touchant de manière disproportionnée les femmes et les enfants. Il faut combiner ces actions avec avec des programmes de traitement et de dépistage dans les établissements de soins primaires.

On peut aussi instaurer des « zones sèches » où la consommation d’alcool est interdite. Ces zones peuvent couvrir un quartier, une ville ou une région. Mais généralement les restrictions et les interdictions de vente d’alcool ne concernent que les espaces publics comme les parcs et abords des routes.

Les gouvernements du monde entier doivent donner la priorité aux politiques en matière d’alcool qui se sont avérées efficaces et rentables :

  • réduire la disponibilité et l’accessibilité financière de l’alcool

  • garantir qu’il ne soit pas vendu à des personnes n’ayant pas l’âge légal pour consommer de l’alcool

  • limiter l’exposition des enfants à la commercialisation et la publicité de l’alcool.

Cependant, les gouvernements doivent aller plus loin en tenant compte des effets de l’alcool et ses méfaits sur les femmes et les enfants. Les politiques de lutte contre l’alcool ne peuvent pas être séparées des questions de genre et de pouvoir qui, dans de nombreuses sociétés, contribuent à ses méfaits.

The Conversation

Leane Ramsoomar reçoit un financement du Conseil sud-africain de la recherche médicale.

ref. La consommation d’alcool chez les hommes nuit aux femmes et aux enfants – https://theconversation.com/la-consommation-dalcool-chez-les-hommes-nuit-aux-femmes-et-aux-enfants-271410

Trains de nuit : une relance peut cacher une pause

Source: The Conversation – in French – By Guillaume Carrouet, Maître de conférences en Géographie, Université de Perpignan Via Domitia

Alors que le train connaît un engouement depuis la fin du Covid-19, les difficultés pèsent sur certains segments du secteur ferroviaire, comme le train de nuit. Le (re)déploiement de ce service populaire et bas carbone est contraint par une pluralité de facteurs.


Que ce soit à l’international ou à l’échelle de la France, la relance du train de nuit se fait attendre au regard de ce qu’annonçait le gouvernement au sortir de la crise du Covid-19. Si le contexte semble favorable avec près de 114 milliards de voyageurs-kilomètre et une hausse de 6 % par rapport à 2023 et de 14 % par rapport à 2019, l’un des parents pauvres du secteur ferroviaire de voyageurs semble être le train de nuit.

Alors que le rapport additionnel à la LOM prévoyait une colonne vertébrale, avec un réseau structurant composé d’une dizaine de lignes, la situation à la fin de 2025 n’est pourtant pas flamboyante. En France métropolitaine, la ligne Paris-Aurillac, ouverte en 2023, est la dernière en date d’un plan de relance ligne par ligne (Paris-Tarbes-Lourdes, Paris-Nice), initié il y a quelques années par l’État.




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Le bilan de la relance des dessertes de nuit en Europe est plus négatif, du moins vu depuisla France. Si l’Autriche, par l’intermédiaire de son champion ÖBB, est le fer de lance des lignes européennes depuis quelques années déjà, les liaisons internationales au départ ou à destination de la France peinent à être relancées. Quand elles ne disparaissent pas purement et simplement.

Un exemple du renouveau des lignes internationales

Le cas récent des lignes Paris-Berlin et Paris-Vienne mises en place en décembre 2023 et qui seront arrêtée le 14 décembre prochain, est particulièrement éclairant sur les contraintes fortes qui viennent contrarier la relance du train de nuit à l’échelle européenne. cette réouverture était pourtant présentée comme l’exemple du renouveau des lignes internationales de nuit, notamment suite à l’arrêt en 2021 d’une autre ligne Paris-Milan-Venise opérée par Thello, une entreprise née de l’entente entre Veolia et Trenitalia.

La ligne s’insèrerait pourtant très bien dans les objectifs européens de réduction des émissions de gaz à effet de serre, en sachant que le secteur des transports est le premier émetteur de CO2 en France. Le déploiement de l’usage du train, et du train de nuit en particulier, répond aux objectifs du Green Deal européen annoncé en 2019 avec l’objectif d’une neutralité carbone pour toute l’économie à l’horizon 2050. Pourtant, seulement 2 années plus tard, l’ensemble des partenaires du projet (ÖBB, Deutsche Bahn et SNCF) ont annoncé la fin du service, avec pour principale raison, l’arrêt de la subvention de l’État français.

Pas de compensation au retrait français

À l’origine, la participation de l’État était conditionnée à la mise en place d’une desserte quotidienne entre l’ensemble des villes avec un train comptant 12 wagons, avec séparation en 2 : 6 voitures pour Berlin et 6 pour Vienne. Face au constat de la mise de seulement 3 allers-retours par semaine, l’État français a décidé de suspendre la participation, ce qui a mécaniquement condamné la ligne, dans un contexte où les autres partenaires ne souhaitent pas compenser ce retrait.

Tout n’est pourtant pas perdu pour les lignes internationales de nuit puisque, devant cet échec, l’entreprise belgo-néerlandaise European sleeper constituée sous forme de coopérative a souhaité reprendre la ligne pour une ouverture prévue le 26 mars 2026. Détail non négligeable, l’opérateur, déjà présent sur le segment Bruxelles-Prague, ne bénéficierait pas de subvention publique pour le fonctionnement de la desserte.

Les difficultés d’une relance

À l’image du cas des lignes intérieures en France, cet exemple international souligne toutes les difficultés de relance d’un mode de transport alors qu’il répond à des enjeux de décarbonation du secteur. Cette expérience met en évidence le faisceau de contraintes qui pèsent sur le train de nuit. Elles ne se réduisent pas uniquement au caractère internationale de ce type de ligne, comme les changements de locomotives ou encore la planification des horaires pour plusieurs pays.

En effet, si le taux de remplissage de la ligne était jugé correct (près de 70 %), ce service et plus généralement l’ensemble des trains de nuit sont contraints par un déficit d’investissement dans le matériel roulant. En France, l’État a financé dans le cadre du Plan de relance, une rénovation du matériel, en particulier pour les trains de nuit, qui aujourd’hui a plus de 45 ans. Certaines compagnies, n’ayant pas le matériel en propre, se tournent vers la location notamment dans le cas des Rosco (Rolling Stock Company). Dans ce schéma, des entreprises achètent le matériel roulant et le louent aux compagnies. L’intérêt est de ne pas supporter des coûts d’investissements très importants avec une maintenance intégrée. Néanmoins, le bilan financier est moins intéressant sur l’ensemble de la durée de location.

C’est dans l’air France TV 2025.

À ces contraintes matérielles s’ajoute le pan financier inhérent au fonctionnement des lignes de nuit (équipage, contrôleur) et l’impossibilité de faire plusieurs rotations compte tenu de la longueur des parcours, comparativement à des TER, TGV et même par rapport à l’aérien. Ajoutons le coût du péage et l’utilisation du réseau la nuit qui coïncide avec les phases de travaux. Ces derniers ont eu un impact non négligeable sur les problèmes de ponctualité du Paris-Berlin et du Paris-Vienne.

Concurrence interne

Enfin, last but not least, le train de nuit souffre de la concurrence, y compris dans son propre segment. À titre d’exemple, on peut rappeler l’ouverture d’une liaison à grande vitesse en ICE (InterCity Express) Paris-Berlin direct, depuis décembre 2024, portée par un partenariat entre les opérateurs SNCF et Deutsche Bahn. Le trajet en ICE, c’est-à-dire à grande vitesse, s’effectue en 8 heures avec la desserte de quelques villes intermédiaires comme Strasbourg ou Karlsruhe.

Le train de nuit s’inscrit depuis plusieurs années dans un contexte de fortes incertitudes sur la pérennité de l’offre, du moins dans le cas de la France. Il semble en effet que la SNCF, par ses réticences, souffle le chaud et le froid. Simultanément, aucun opérateur ne semble être à l’heure actuelle en mesure de développer une offre propre, comme en témoigne l’expérience ratée de Midnight Trains pour des questions principalement financières.

The Conversation

Guillaume Carrouet ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Trains de nuit : une relance peut cacher une pause – https://theconversation.com/trains-de-nuit-une-relance-peut-cacher-une-pause-271351

Internationally experienced teachers: An overlooked resource to address teaching shortages

Source: The Conversation – Canada – By Gloria Ramirez, Associate Professor of Education, Thompson Rivers University

The increasing teacher shortage is a concerning global crisis. It will reach a shortfall of 44,000,000 teachers by 2030, according to the United Nations Educational Scientific and Cultural Organization.

From rural and remote school districts struggling to recruit staff to urban districts scrambling to cover classrooms, the signs are everywhere: unfilled positions, growing reliance on uncertified substitutes and an overextended workforce.




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Canada is no exception. Ontario anticipates a full-blown shortage in core areas like French immersion by 2027. In British Columbia, uncertified teachers filled an estimated 20 per cent of teaching positions in the Peace River South district during 2023–24.

Teacher shortages are concerning because study after study has shown teaching quality is the most important in-school factor for student learning and well-being.

Yet, as our research is examining, internationally educated and experienced teachers (IETs) remain sidelined, underemployed or forced into careers outside education.

Ten years ago, a report by the Council of Ministers of Education, Canada noted that
thousands of internationally educated teachers apply for certification in Canada each year.

In our ongoing study with IETs in the B.C. interior, and in our work there, we’ve seen that many IETs have masters degrees or PhDs.

Findings from a 2024 study conducted on behalf of B.C.’s Ministry of Education and Child Care revealed systemic barriers to certification in the province for internationally educated and experienced teachers, including long wait times, unclear application procedures and high costs. The study included more than 730 survey responses and numerous interviews.

Barriers to teaching

Many internationally experienced and educated teachers who participated in the B.C. ministry study expressed frustration. Some considered abandoning their goal of teaching in B.C. altogether.

Key obstacles included requirements such as completing a new practicum and taking additional coursework at Canadian universities. Many study participants perceived these additional requirements as redundant and exclusionary given their prior qualifications and professional experience.

This begs the question, why are highly qualified IETs less able to secure teaching jobs in Canadian public schools?

Canadian teaching standards

The argument made by Canadian credentialing bodies is that their processes are in place to protect Canadian professional teaching standards. No one would argue with the importance of maintaining high standards, particularly in an education system highly regarded around the world, with students ranking comparatively highly on international tests.

One could argue that underneath the surface, these reasons mask unconscious biases that few are willing to recognize and acknowledge. Some researchers have said IETs are viewed as inexperienced, insufficiently attuned to local contexts or suspect. Their education systems are often seen as less rigorous and their professional identities as somehow inferior. There have been calls to use a more personal approach to better assess their qualifications.

The demographics of internationally educated and experienced teachers mirror the diversity of Canadian classrooms. Despite diverse Canadian classrooms, the teaching workforce remains predominantly white. The systemic distrust for internationally educated and experienced teachers comes at a steep price.

Students lose out on the diversity of perspectives and the cultural wealth these professionals bring. Schools miss out on teachers fluent in multiple languages, familiar with global education and research — and ways of teaching experienced in contexts of migration, displacement and resilience.

Ongoing research

Our ongoing study examines the experiences of 11 IETs who are participating in an orientation to Canadian kindergarten to Grade 12 education course and learning in K-12 classrooms in an interior city of B.C.

Early data from interviews with these study participants, teacher mentors and district administrators confirms the benefits of integrating IETs into our classrooms. Students in K-12 respond positively to seeing a teacher in the classroom who looks like them.

Many of the IETs participating in our study have moved from large metropolitan areas in their country of origin. Their ability to move from cities such as Shanghai, Manila, Jakarta, Delhi, Tokyo — with recorded populations of well over 25 million — to a small semi-rural urban centre of less than 100,000 people shows great adaptability.

While the adjustment requires a reorienting of thinking, these IETs do adjust, demonstrating adaptability. They come to love the open space and access to nature that Canada offers. They also value the sense of community found in small cities.

They want to stay. They are willing to relocate to stay. They need to work, and they want to be teachers. They just need an opportunity to demonstrate skills.

Extensive prior experience, resilience

One factor fuelling Canada’s teacher shortage is burnout. Many leave the profession within just a few years, citing overwhelming workloads, lack of support and mental health strain.

Around 25 to 75 per cent of Canadian teachers report experiencing moderate to severe burnout, with high emotional exhaustion affecting up to three quarters of teachers in some provinces.

Against this backdrop, IETs represent a formidable, yet under-tapped, resource. These educators have already demonstrated resilience. Many have taught in environments with class sizes of 50 or more, managed demanding schedules with little institutional support and thrived where resources are scarce.

Learning curve is expected for many teachers

The concern that internationally educated teachers lack Canadian classroom experience is no different from the learning curve faced by novice teachers educated in Canada.

Findings from the 2021-22 British Columbia New Teachers Survey reveal that many new B.C.-trained teachers begin their careers feeling under-prepared for essential aspects of teaching — from managing diverse learning needs to handling workload pressures and classroom complexity.

In contrast, IETs often bring extensive prior experience and resilience.

Fear from employers

The fear — often unspoken — is that recognizing their qualifications would mean lowering standards. But this argument has no validity.

The B.C. Teacher Regulation Branch (TRB) currently grants internationally certified teachers temporary teaching permits, typically valid for three years. But rather than assessing these teachers’ suitability based on demonstrated classroom performance during that period, the TRB requires them to complete multiple additional university courses before obtaining a full B.C. teaching certificate.

The best way to understand existing school systems is to work in them — to teach, to interact with students and colleagues, to participate in the daily life of a school.

By denying internationally trained teachers this route, B.C. undermines its own educational philosophy.

If Canada is serious about addressing the teacher shortage, it must take immediate steps to dismantle credentialing barriers for IETs. Canada cannot afford to let bias stand in the way of solutions. Internationally educated and experienced teachers are not a problem to be fixed — they are part of the solution for a system under strain.

The Conversation

Gloria Ramirez receives funding from The Social Sciences and Research Council of Canada

Victoria Handford and Wei Lin Ang do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Internationally experienced teachers: An overlooked resource to address teaching shortages – https://theconversation.com/internationally-experienced-teachers-an-overlooked-resource-to-address-teaching-shortages-267171

War of words between China and Japan is fuelling real tension in the Asia-Pacific region

Source: The Conversation – Canada – By Kuan-Wei Chen, Researcher, Air and Space Law, McGill University; Bond University

In a now deleted social media post, the Consul General of the People’s Republic of China to the Japanese city of Osaka recently threatened to “cut off” Japanese Prime Minister Sanae Takaichi’s “filthy head.”

This graphic threat was in response to Takaichi’s suggestion that Japan’s Self-Defense Forces may exercise the right of collective self-defence and become involved in the event of a Chinese attack on Taiwan.

China has called on Takaichi to retract her “erroneous remarks.”

The Chinese outrage is apparently intensifying after Chinese military planes were accused of locking their radar on Japanese fighter jets near the Okinawa islands. China also imposed a ban on Japanese seafood imports.

China’s response has political and nationalistic undertones. China views Taiwan as an “inalienable part” of its territory, a reminder of the “century of humiliation” when the [island was ceded by Imperial China to Japan and became a Japanese colony in 1895].

A matter of history — and law

Even after the Second World War ended, sovereignty over Taiwan was never formally settled. China believes Taiwan must be “reunified” with the motherland, if necessary by force.

The number and intensity of Chinese military drills aimed at intimidating Taiwan have significantly increased in recent years. Chinese leader Xi Jinping has reportedly begun mobilizing the People’s Liberation Army for an invasion of Taiwan by 2027.

Taiwan’s status is complicated under international law. While it has a functioning government, population and defined territory — all necessary elements of statehood — much of the world does not officially recognize Taiwan as a state.

Most countries, including Canada and the United States, engage with Taiwan in a non-official capacity and simply “acknowledge” China’s insistence that Taiwan is part of China.

This respect paid to China is a matter of geopolitics and strategic ambiguity likely due to China’s global economic and political clout, and has little foundation in law.

International resolutions, declarations

China often asserts the 1943 Cairo Declaration as the legal basis for its claim over Taiwan. However, this unsigned media communiqué lacks legal force under international law, something pointed out by British Prime Minister Winston Churchill in 1955.

At the outbreak of the Korean War, U.S. President Harry Truman stated unequivocally that the “determination of the future status of (Taiwan) must await the restoration of security in the Pacific, a peace settlement with Japan or consideration by the United Nations.”

The 1951 Treaty of San Francisco, which ended the war between Japan and the Allied powers, is a legally binding treaty. While Japan renounced “all right, title and claim” to Taiwan, there was no mention of the People’s Republic of China — established only two years earlier — in terms of Taiwanese sovereignty.

The United Nations has never considered, let alone decided upon, the issue of sovereignty over Taiwan. China often cites the UN’s General Assembly Resolution 2758 in 1971 as another legal basis for its assertion of sovereignty over Taiwan. But that resolution only addresses the status of the People’s Republic of China as the legitimate representative of China and makes no mention of Taiwan.

The European Parliament and the parliaments of Australia, the Netherlands, as well as U.S. congress, have openly opposed China’s distortion of the UN resolution and attempts to exert undue influence over international organizations for political ends.

Japan-Taiwan proximity

Takaichi’s remarks are simply a reiteration of the late Japanese Prime Minister Shinzo Abe’s remarks that “a Taiwan emergency is a Japan emergency (台湾有事は日本有事).”

This is no surprise since, at their closest point, Japan and Taiwan are just over 100 kilometres apart. Japan’s deployment of anti-air missiles on the Okinawa prefecture’s Yonaguni Island and long-range anti-ship missiles at the mouth of the Miyako Strait are clearly aimed at countering a potential Chinese offensive.

The site of the largest American Air Force base in East Asia just a 90-minute flight from Taiwan, and is similarly already gearing up for a potential Chinese missile attack amid rising tensions.




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Why a row over military bases on Okinawa spells trouble for US-Japan relations


Taiwan itself is situated at the crossroads of vital maritime and aviation routes, and manufactures more than 70 per cent of the world’s microchips.

If China opts to blockade or attack Taiwan, it will severely impact the world economy since a fifth of global maritime trade, valued at $2.5 trillion, transits through the Taiwan Strait.

It’s in no one but China’s interests if the Chinese mount an attack, and certainly it’s not the will of the 23 million inhabitants of the independent island nation who enjoy some of the highest levels of political and civil liberties in the world.

The U.S. continues to bolster Taiwan’s defence to deter a Chinese attack since Taiwan’s security is pivotal to America’s strategic standing in the Asia-Pacific region and the world.

Global peace and security

With great power comes great responsibility, and this is true for all states. Threats of invasion, the use of force and non-peaceful means of settling disputes are all prohibited under international law. Undiplomatic rhetoric and distortions of history and the law is also detrimental to peace.

If Taiwan truly is a part of China, then there would be no need for an invasion or threats to “crush” any foreign interference. Through its wolf-warrior diplomacy and shows of force, China is in effect globalizing the Taiwan issue.

As the recent G7 statement states, the international community has “an interest in the preservation of peace and stability across the Taiwan Strait” as China’s military drills and threats of war jeopardize “global security and prosperity.”

In a world beset by conflict in the Middle East and an enduring war in Ukraine, tensions are again heating up in East Asia. Will cooler heads prevail?

The Conversation

Kuan-Wei Chen is the recipient of a Australian Government Research Training Program scholarship.

ref. War of words between China and Japan is fuelling real tension in the Asia-Pacific region – https://theconversation.com/war-of-words-between-china-and-japan-is-fuelling-real-tension-in-the-asia-pacific-region-270434

Des œufs de papillon à l’hybridation des ours polaires : conversation avec la réfugiée scientifique Camille Parmesan

Source: The Conversation – France (in French) – By Camille Parmesan, Director, Theoretical and Experimental Ecology Station (SETE), Centre national de la recherche scientifique (CNRS); University of Plymouth; The University of Texas at Austin

En étudiant les changements d’habitat du papillon damier d’Édith, la biologiste Camille Parmesan a été la première à démontrer l’impact certain du changement climatique sur la faune sauvage.
Lloyd Russell, Fourni par l’auteur

C’est une écologue des États-Unis mondialement connue pour avoir été la première à démontrer l’impact certain du changement climatique sur une espèce sauvage : le papillon damier d’Édith. Ces dernières années, cependant, Camille Parmesan n’est plus seulement célèbre pour son expertise sur l’avenir de la biodiversité dans un monde en surchauffe ou bien pour le prix Nobel qu’elle a reçu avec ses collègues du Giec, mais aussi en raison de son statut de scientifique réfugiée en Europe.

À deux reprises dans sa vie, elle a choisi de déménager dans un autre pays afin de pouvoir continuer à travailler dans un contexte politique favorable à la recherche sur le changement climatique. Elle a ainsi quitté l’Amérique de Trump en 2016, puis la Grande-Bretagne post-Brexit. Elle vit aujourd’hui à Moulis, en Ariège, où elle dirige la station d’écologie théorique et expérimentale du CNRS.

S’entretenir avec elle permet de mieux comprendre comment protéger une biodiversité pleine de surprises, comment faire face à l’hybridation croissante des espèces ou encore que répondre au climatoscepticisme ambiant.


The Conversation : Vos premiers travaux sur les habitats du papillon damier d’Édith vous ont rapidement valu une reconnaissance internationale. Concrètement, comment avez-vous démontré qu’un papillon pouvait être affecté par le changement climatique ? Quels outils avez-vous utilisés ?

Camille Parmesan : Un pick-up, une tente, un filet à papillons, de bonnes lunettes de lecture pour repérer les œufs minuscules et les dégâts causés par les chenilles sur les feuilles, un cahier et un crayon pour prendre des notes ! Sur le terrain, vous n’avez besoin de rien d’autre.

Mais avant de me lancer dans mon travail de terrain, j’ai passé un an à parcourir les musées des États-Unis, quelques autres au Canada, et même à Londres et à Paris, afin de rassembler toutes les données disponibles sur le damier d’Édith. Je recherchais des informations très précises sur sa localisation, par exemple « Il se trouvait à cet endroit, à un mile [1,6 km] de Parsons Road, le 19 juin 1952 ». Car cette espèce vit en petites populations et est sédentaire. Ce processus m’a pris environ un an, car, à l’époque, il n’existait pas d’archives numérisées. Je devais donc examiner des spécimens épinglés et noter à la main les informations relatives à leur collecte.

Le damier d’Edith
Le damier d’Édith.
Singer et Parmesan, Fourni par l’auteur
Damiers d’Edith au stade larvaire sur des feuilles de Penstemon
Damiers d’Édith au stade larvaire sur des feuilles de Penstemon.
Singer et Parmesan, Fourni par l’auteur

Une fois sur le terrain, mon travail consistait à visiter chacun de ces sites pendant la saison de vol des papillons. Comme cette saison ne dure qu’environ un mois, il faut estimer quand ils voleront à chaque endroit afin de pouvoir effectuer un recensement correct. Pour cela, on commence par rechercher les adultes. Si on n’en voit pas, on ne s’arrête pas là. On recherche des œufs, des traces de toile de soie des jeunes chenilles, des marques de dégâts causés par les larves qui commencent à se nourrir après avoir hiberné…

On examine aussi l’habitat : dispose-t-il d’une quantité suffisante de plantes hôtes saines ou de plantes nectarifères pour nourrir les adultes ? Si l’habitat n’était pas satisfaisant, je n’incluais pas le site en question dans mon étude. Car je souhaitais isoler l’impact du changement climatique d’autres facteurs, tels que la dégradation de l’habitat, la pollution… Sur les sites plus vastes, j’ai souvent examiné plus de 900 plantes avant d’estimer avoir effectué un recensement suffisant.

Aujourd’hui, lorsque vous retournez sur les sites que vous avez examinés ainsi il y a plusieurs décennies, voyez-vous des choses que vous ne pouviez pas voir au début de votre travail ?

C. P. : Disons que je regarde des choses que je ne regardais pas vraiment lorsque j’ai commencé, il y a quarante ans, ou que mon mari Michael, [le biologiste Michael C. Singer] ne regardait pas lorsqu’il a commencé il y a cinquante ans. Nous avons découvert, par exemple, que la hauteur à laquelle les œufs sont pondus est désormais légèrement plus élevée, ce qui s’avère être une adaptation très importante au changement climatique.

Camille Parmesan et son mari et collègue le biologiste Michael C. Singer
Camille Parmesan et son mari et collègue, le biologiste Michael C. Singer.
Fourni par l’auteur

Les œufs sont en fait pondus plus haut parce que le sol devient beaucoup trop chaud. L’été dernier, nous avons mesuré des températures de 78 °C au sol. Ainsi, si une chenille tombe, elle meurt. On peut également voir des papillons se poser et partir immédiatement, car il fait beaucoup trop chaud pour leurs pattes, alors ils s’envolent vers la végétation ou se posent sur vous.

À mes débuts, je n’aurais jamais pensé que la hauteur à laquelle les œufs sont pondus pouvait être importante. C’est pourquoi il est si important pour les biologistes de tout simplement observer l’organisme qu’ils étudient, son habitat, et d’y prêter vraiment attention. Je vois aujourd’hui beaucoup de jeunes biologistes qui veulent se précipiter, attraper le plus possible de spécimen de l’espèce qu’ils étudient, les examiner en laboratoire ou bien les broyer et faire de la génétique. C’est très bien, mais si vous ne passez pas de temps à observer votre espèce et son habitat, vous ne pouvez pas relier tous vos résultats de laboratoire à ce qui se passe réellement dans la nature.

Damier d’Edith femelle et œufs pondus sous une feuille
Damier d’Édith femelle et œufs pondus sous une feuille.
Singer et Parmesan, Fourni par l’auteur

Grâce à votre travail et à celui de vos collègues, nous savons désormais que les organismes vivants sont fortement affectés par le changement climatique et que de nombreuses espèces doivent modifier leur aire de répartition pour survivre. Mais nous savons également qu’il peut être difficile de prédire où elles pourront persister à l’avenir. Que faire donc pour les protéger ? Quelles terres préserver pour leur permettre de survivre ?

C. P. : C’est la grande question qui tourmente les biologistes spécialisés dans la conservation. Si vous allez à des réunions sur la biologie de la conservation, vous constaterez que beaucoup de gens tombent en dépression parce qu’ils ne savent pas quoi faire.

Différences de couleur des damier d’Édith à basse altitude (gauche) et haute altitude (droite). Des recherches menées sur d’autres espèces de papillons montrent que les tons foncés sur les ailes sont une adaptation aux climats plus froids, car ils aident les papillons à se réchauffer au soleil.
Singer et Parmesan, Fourni par l’auteur

Nous devons en fait changer notre façon de concevoir la conservation et passer d’une protection stricte à quelque chose qui s’apparente davantage à un bon portefeuille d’assurance. Nous ne connaissons pas l’avenir, nous devons donc élaborer un plan très flexible, que nous pourrons adapter au fur et à mesure que nous observerons ce qui se passe sur le terrain.

En d’autres termes, on ne doit pas s’enfermer dans un seul plan, plutôt partir d’une série d’approches, car vous ne savez pas laquelle fonctionnera.

Nous venons de publier un article scientifique préconisant d’adapter pour la conservation des écosystèmes certaines approches décisionnelles qui existent depuis les années 1960 dans des domaines connus pour leur imprévisibilité, comme l’économie ou la politique urbaine de l’eau. C’est un domaine où l’on ne sait pas à l’avance si l’année suivante sera humide ou sèche. Les urbanistes ont donc mis au point des approches pour faire face à cette incertitude.

Avec les ordinateurs modernes, vous pouvez simuler 1 000 scénarios futurs et vous demander : si nous prenons cette mesure, que se passera-t-il ? Vous constatez alors que certains scénarios sont favorables, d’autres défavorables, et d’autres encore mitigés. À partir de là, il faut chercher un ensemble de mesures dites « robustes », c’est-à-dire qui donnent de bons résultats dans le plus grand nombre de scénarios futurs.

Pour la conservation des écosystèmes, nous avons commencé par utiliser des modèles bioclimatiques standards. Nous avions environ 700 scénarios pour 22 espèces. Il s’avère que si nous nous contentons de protéger les endroits où ces espèces sont présentes aujourd’hui, la plupart des organismes ne survivront pas. Seuls 1 % ou 2 % des scénarios prévoient la présence d’une espèce au même endroit qu’aujourd’hui.

Mais que se passerait-il si on protège l’endroit où elle se trouve actuellement, mais aussi les zones où elle devrait se trouver 30 % du temps, 50 % du temps, 70 % du temps… ? Vous avez comme cela divers seuils. Et, à partir de ces différentes possibilités futures, nous pouvons déterminer, par exemple, que si nous protégeons cet endroit et celui-là, nous pouvons couvrir 50 % des zones où les modèles prédisent que l’espèce persistera à l’avenir. En procédant ainsi, vous pouvez constater que certaines actions sont en fait assez solides, et qu’elles comprennent des combinaisons de conservation traditionnelle et de protection de nouvelles zones en dehors de celles où elles se trouvent actuellement. Protéger les zones actuelles est généralement une bonne chose, mais cela n’est souvent pas suffisant.

Il faut également garder à l’esprit que plus c’est grand, mieux c’est. Nous devons bien sûr continuer à protéger les écosystèmes, et plus les territoires protégés seront grands, mieux ce sera, en particulier dans les zones à forte biodiversité. Il faut continuer à protéger ces endroits, car des espèces vont les quitter, mais aussi d’autres s’y installer. Une zone à forte biodiversité pourrait comme cela finir par abriter un ensemble d’espèces complètement différent de celui qu’on connaît aujourd’hui, tout en restant un haut lieu de biodiversité, parce qu’elle compte par exemple de nombreuses montagnes et vallées et bénéficie d’une grande diversité de microclimats.

À l’échelle mondiale, nous devons disposer de 30 % à 50 % des terres et des océans comme habitat relativement naturel, sans nécessairement exiger une protection stricte.

Entre ces zones, nous avons également besoin de corridors pour permettre aux organismes de se déplacer sans être immédiatement tués. Prenez un ensemble de terres agricoles, des champs de blé par exemple, tout ce qui tente de les traverser risque de mourir. Il faut donc développer des habitats semi-naturels qui serpentent à travers ces zones. Si vous avez une rivière qui traverse ces champs, un très bon moyen d’y parvenir est simplement de créer une grande zone tampon de chaque côté de la rivière afin que les organismes puissent se déplacer. Il n’est pas nécessaire que ce soit un habitat parfait pour une espèce en particulier, il suffit simplement qu’il ne les tue pas.

Un autre point à souligner, et que le grand public ignore souvent, c’est que les jardins de particuliers peuvent aussi servir de corridors. Si vous avez un terrain de taille raisonnable, laissez une partie non tondue, avec des mauvaises herbes. Les orties et les ronces sont des corridors importants pour de nombreux animaux. Cela peut également être fait sur le bord des routes.

Certaines mesures incitatives pourraient encourager cela. Par exemple, accorder des allégements fiscaux aux personnes qui laissent certaines zones privées non développées. Il existe toutes sortes de façons d’aborder la question une fois que l’on a changé d’état d’esprit. Mais pour les scientifiques, donc, le changement important consiste à ne pas mettre tous ses œufs dans le même panier. On ne peut pas se contenter de protéger les sites actuels ni choisir un seul endroit où l’on pense qu’un organisme va se trouver parce que c’est ce que dit votre modèle préféré ou parce que votre collègue au bout du couloir utilise ce modèle.

On ne peut pas non plus sauver tous les sites où une espèce pourrait se trouver à l’avenir, car cela serait trop coûteux et irréalisable. Il faut plutôt constituer un portefeuille de sites à protéger aussi solide que possible, compte tenu des contraintes financières et des partenariats disponibles, afin de s’assurer que nous ne perdrons pas complètement cette espèce. Ainsi, lorsque nous aurons stabilisé le climat, elle disposera d’un habitat à recoloniser et sera saine et sauve.

Une autre question qui préoccupe beaucoup les acteurs de la protection de la biodiversité aujourd’hui est celle de l’hybridation. Comment appréhendez-vous ce phénomène, qui devient de plus en plus courant ?

C. P. : Aujourd’hui, les espèces se déplacent comme elles ne l’ont jamais fait depuis des milliers d’années. Au cours de leurs déplacements, elles se rencontrent désormais régulièrement. Les ours polaires, par exemple, sont contraints de quitter leur habitat en raison de la fonte de la banquise. Cela les oblige à côtoyer des ours bruns et des grizzlis, avec lesquels ils s’accouplent. Il arrive parfois que ces accouplements soient fertiles et donnent naissance à des hybrides.

Historiquement, les biologistes spécialisés dans la conservation ne voulaient pas d’hybridation, ils voulaient protéger les différences entre les espèces, leur comportement, leur apparence, leur régime alimentaire, leur génétique… Ils voulaient préserver cette diversité. De plus, les hybrides ne sont généralement pas aussi performants que les deux espèces d’origine, leur aptitude à survivre est plus réduite. Les gens ont donc essayé de séparer les espèces, et ont parfois été amenés à tuer les hybrides pour y parvenir.

Mais le changement climatique remet tout cela en question. Les espèces se rencontrent sans cesse, c’est donc une bataille perdue d’avance. Nous devons donc repenser notre approche de la biodiversité. Historiquement, préserver la biodiversité signifiait protéger toutes les espèces et toutes les variétés. Mais je pense que nous devons élargir notre réflexion : l’objectif devrait être à présent de préserver une grande variété de gènes.

Car lorsqu’une population présente une forte variation génétique, elle peut évoluer et s’adapter à un environnement qui change à une vitesse incroyable. Si nous luttons contre l’hybridation, nous risquons en fait de réduire cette capacité des espèces à évoluer avec le changement climatique. Pour maintenir une grande diversité post-changement climatique, si jamais ce jour arrive, nous devons conserver autant de gènes que possible, quelle que soit leur forme. Cela peut signifier la perte de ce que nous considérons comme une espèce unique, mais si ces gènes sont toujours présents, ils pourront évoluer assez rapidement, comme nous l’avons vu avec les ours polaires et les grizzlis.

Car au cours des périodes chaudes passées, ces espèces sont entrées en contact et se sont hybridées. Et si l’on regarde tous les fossiles que nous avons, nous perdons la trace des ours polaires pendant certaines périodes, ce qui suggère qu’ils étaient alors très peu nombreux. Mais lorsque le climat s’est refroidi, les ours polaires réapparaissent beaucoup plus rapidement que si leur espèce avait évolué à partir de rien. Ils ont probablement évolué à partir de gènes qui ont persisté chez les grizzlis. Nous avons des preuves que cela fonctionne et que c’est extrêmement important.

Il y a quelque chose qui reste difficile à appréhender pour les non-scientifiques. Nous avons quantité d’exemples remarquables d’adaptation et d’évolution dans la nature, avec, par exemple, des arbres qui modifient la composition chimique de leurs feuilles en réponse à la prédation de certains herbivores, ou bien des papillons qui changent de couleur en fonction de l’altitude et de la température… Mais en même temps, nous assistons à une perte massive de biodiversité à l’échelle mondiale. La biodiversité semble, d’un côté, pouvoir incroyablement bien s’adapter, de l’autre s’effondrer. Ces deux réalités peuvent sembler difficiles à concilier. Comment l’expliqueriez-vous à des profanes ?

C. P. : Cela s’explique en partie par le fait que le changement climatique actuel se produit très rapidement. Il faut également avoir en tête que chaque espèce a une niche physiologique assez fixe dans laquelle elle peut vivre. C’est ce que nous appelons un « espace climatique » [climate space, en anglais], un mélange particulier de précipitations, d’humidité et de sécheresse. Il peut exister certaines variations au sein de cet espace, mais lorsque l’on atteint ses limites, l’organisme meurt. Nous ne savons pas vraiment pourquoi cette limite est si stricte.

Lorsque les espèces sont confrontées à d’autres types de changements, tels que la pollution par le cuivre, la pollution lumineuse et sonore, beaucoup d’entre elles présentent certaines variations génétiques qui leur permettent de s’adapter. Cela ne signifie pas que ces changements ne les affectent pas, mais certaines espèces sont capables de s’adapter. Dans les environnements urbains actuels, par exemple, on observe des moineaux domestiques et des pigeons qui ont réussi à s’adapter.

Il y a donc certaines choses que font les humains face auxquelles certaines espèces peuvent s’adapter. Mais face au changement climatique, la plupart des organismes ne disposent pas des variations génétiques nécessaires pour survivre. La seule chose qui peut apporter de nouvelles variations pour s’adapter à un nouveau climat est soit l’hybridation, qui apporte de nouveaux gènes, soit la mutation, mais c’est un processus très lent. Il faudrait d’un à deux millions d’années pour que les espèces actuelles finissent par évoluer pour s’adapter au climat dans lequel nous entrons.

Si l’on remonte plusieurs centaines de milliers d’années en arrière, à l’époque des glaciations du Pléistocène, lorsque les températures mondiales variaient de 10 °C à 12 °C, on constate que les espèces se sont déplacées. Elles ne sont pas restées sur place pour évoluer.

Mais si l’on remonte encore plus loin, à l’Éocène, les changements étaient encore plus importants, avec des niveaux de CO2 extrêmement élevés, des températures extrêmement chaudes, et des espèces ont disparu. Comme elles ne pouvaient pas se déplacer suffisamment loin, elles se sont éteintes. Cela montre donc que l’évolution face au changement climatique n’est pas quelque chose que l’on peut attendre à l’échelle de quelques centaines d’années. Elle se situe plutôt à l’échelle de centaines de milliers, voire de quelques millions d’années.

Dans l’une de vos publications, vous écrivez : « Les populations qui semblent être très exposées au changement climatique peuvent néanmoins résister à l’extinction, ce qui justifie de continuer à les protéger, à réduire les autres facteurs de stress et à surveiller leurs capacités d’adaptation. » Pouvez-vous donner un exemple de cette réalité ?

C. P. : Bien sûr, je peux vous parler du damier d’Édith, car c’est ce que je connais le mieux. Le damier d’Édith compte plusieurs sous-espèces très distinctes qui sont génétiquement très différentes les unes des autres, avec des comportements et des plantes hôtes distinctes. Une sous-espèce du sud de la Californie a été isolée suffisamment longtemps des autres pour devenir un cas génétique assez particulier. C’est le damier de Quino.

Damier de Quino pondant ses œufs sur Plantago erecta
Damier de Quino pondant ses œufs sur Plantago erecta.
Larry Gibert et Michael C Singer, Fourni par l’auteur

Il s’agit d’une sous-espèce présente dans la partie sud de l’aire de répartition du damier, qui est très durement touchée par le changement climatique. Elle a déjà perdu une grande partie de ses populations en raison du réchauffement climatique et de la sécheresse. Sa minuscule plante hôte se dessèche trop rapidement. Elle a également beaucoup souffert de l’urbanisation : les étalements de San Diego et de Los Angeles ont détruit la majeure partie de son habitat. On pourrait donc se dire qu’il faut abandonner tout espoir, n’est-ce pas ?

Mon mari et moi étions impliqués dans la planification de l’habitat du damier de Quino au début des années 2000. À cette époque, environ 70 % de sa population avait disparu.

Nous avons alors fait valoir que le changement climatique allait les détruire si nous ne protégions que les zones où ils existaient actuellement, car il s’agissait de sites de faible altitude. Mais nous nous sommes dit : pourquoi ne pas protéger des sites, par exemple à plus haute altitude, où ils n’existent pas encore ?

Il existait des plantes hôtes potentielles à plus haute altitude. Il s’agissait d’espèces différentes qui avaient une apparence bien distincte des plantes habituelles, mais dans d’autres régions, des damiers d’Édith utilisaient des espèces similaires. Nous avons donc amené des papillons de basse altitude vers cette nouvelle plante hôte, et les papillons l’ont appréciée. Cela nous a montré qu’aucune évolution n’était nécessaire. Il suffisait que les damiers de Quino montent à cette altitude, et ils pourraient se nourrir de cette plante et survivre.

Il fallait donc protéger la zone où ils se trouvaient à ce moment-là, afin qu’ils puissent migrer, ainsi que ce nouvel habitat plus élevé.

C’est ce qui a été fait. Par chance, la zone la plus élevée appartenait au service forestier américain et à des communautés autochtones, et ces tribus étaient très heureuses de participer à ce plan de conservation.

Dans la zone d’origine, une mare vernale a également été restaurée. Les mares vernales sont de petites dépressions dans le sol dont le fond est argileux. Elles se remplissent d’eau en hiver et tout un écosystème s’y développe. Les plantes poussent à partir de graines qui se trouvaient dans la terre sèche et brûlée. On y trouve également des crevettes féeriques et toutes sortes de petits animaux aquatiques. La plante hôte du damier de Quino pousse au bord des mares vernales. Il s’agit d’un habitat très particulier qui s’assèche vers le mois d’avril. À cette période, le damier de Quino a terminé son cycle de vie et est désormais en dormance. Toutes les graines sont tombées et sont elles aussi en dormance. Le cycle recommence ensuite au mois de novembre suivant.

Mare vernale du Carrizo Plain National Monument en Californie
Mare vernale du Carrizo Plain National Monument en Californie.
Mikaku/Flickr, CC BY

Malheureusement, San Diego a rasé toutes les mares printanières pour construire des maisons et des immeubles. Afin de protéger le damier de Quino, le service chargé de la protection des espèces menacées a donc restauré une mare vernale sur un petit terrain qui était jonché de déchets et de quads. Ils ont soigneusement creusé une dépression peu profonde, l’ont recouverte d’argile et ont planté de la végétation pour la rendre viable. Ils ont planté entre autres du Plantago erecta, dont se nourrit le damier de Quino.

En trois ans, cette zone restaurée abritait presque toutes les espèces menacées pour lesquelles elle avait été conçue. La plupart d’entre elles n’avaient même pas été introduites. Elles ont simplement colonisé cette nouvelle mare, y compris le damier de Quino.

Par la suite, certains damiers de Quino ont également été trouvés dans des habitats situés à plus haute altitude. Pour être honnête, j’ai été époustouflée. Nous ne savions pas que ce papillon serait capable d’aller en montagne. Je pensais que nous devrions ramasser les œufs et les déplacer. Les distances ne sont pas grandes, quelques kilomètres ou 200 mètres de dénivelé, mais n’oubliez pas que ce papillon ne se déplace généralement pas beaucoup : il reste principalement là où il est né.

Y avait-il un corridor biologique entre ces deux zones ?

C. P. : Il y avait quelques maisons, mais elles étaient très clairsemées, avec beaucoup de broussailles naturelles entre elles. Il n’y avait pas vraiment de plantes hôtes pour les damiers de Quino. Mais cela leur a quand même permis de voler, de trouver en chemin des plantes sauvages à nectar et de ne pas être tués. C’est le plus important. Un corridor n’a pas besoin de soutenir une population. Il suffit qu’il ne la tue pas.

Vous aussi vous avez dû déménager au cours de votre carrière afin de poursuivre vos recherches en écologie sans être affectée par le climat politique. Au cours de l’année écoulée, en France, vous avez été invitée à vous exprimer à plusieurs reprises sur ce sujet et avez fait l’objet de nombreux articles vous décrivant comme une réfugiée scientifique. Aux États-Unis, ce parcours suscite-t-il également la curiosité et l’intérêt des médias ?

C. P. : Beaucoup de collègues, mais aussi des personnes que je connais mais avec lesquelles je n’ai pas nécessairement collaboré, m’ont demandé : « Comment as-tu fait cela ? Est-ce difficile d’obtenir un visa ? Les gens parlent-ils anglais en France ? »

Mais ce qui est intéressant, c’est que les médias américains ne s’y sont pas intéressés. L’attention médiatique est entièrement provenue de l’extérieur des États-Unis – du Canada et d’Europe.

Je ne pense pas que les Américains comprennent l’ampleur des dégâts actuels causés au monde universitaire, à l’éducation et à la recherche. Même ma propre famille ne réalise pas trop cela. C’est difficile de leur expliquer, car plusieurs d’entre eux sont des partisans de Trump, mais on pourrait penser qu’au moins les médias en parleraient.

La plupart des médias ont publié des articles sur les dommages causés à la structure universitaire et à l’éducation, par exemple l’interdiction de certains livres ou la tentative de mettre en place un système éducatif qui n’enseigne que ce que J. D. Vance [le vice-président des États-Unis] veut que les gens apprennent. Mais ces articles ne parlent pas beaucoup des personnes qui partent. Je pense que les Américains peuvent parfois être très arrogants. Ils partent du principe que les États-Unis sont le meilleur pays au monde et que personne ne quitterait les États-Unis pour aller travailler ailleurs.

Et c’est vrai que les [chercheurs aux] États-Unis ont traditionnellement bénéficié d’opportunités incroyables, avec des financements très importants provenant de toutes sortes de sources : des nombreuses agences gouvernementales, finançant divers projets, mais aussi des donateurs privés, des ONG… Tout cela s’est littéralement arrêté net.

Afin d’intéresser les gens à la conservation de la biodiversité et de sortir certains de leur déni, il peut être tentant de mettre en avant certains sujets, tels que l’impact du changement climatique sur la santé humaine. C’est un sujet sur lequel vous avez déjà travaillé. Est-ce qu’il trouve davantage d’écho ?

C. P. : J’ai toujours été intéressée par la santé humaine. Au départ, je voulais faire de la recherche médicale puis j’ai changé d’avis. Mais dès que j’ai commencé à publier les résultats que nous obtenions sur l’ampleur des mouvements des espèces, la première chose qui m’est venue à l’esprit a été : « Les maladies vont, elles aussi, se déplacer. » Le travail de mon laboratoire sur la santé humaine se concentre donc sur la façon dont le changement climatique affecte la propagation des maladies, de leurs vecteurs et de leurs réservoirs. L’une de mes étudiantes a ainsi documenté la propagation de la leishmaniose au Texas, qui s’est déplacée vers le nord en raison du changement climatique.

Au sein du Giec, nous avons également mis en avant que le paludisme, la dengue et trois autres maladies tropicales ont fait leur apparition au Népal, où elles n’avaient jamais été observées auparavant, du moins d’après les archives historiques. Cela est lié au changement climatique, et non aux changements agricoles.

De nouvelles maladies apparaissent également dans le Grand Nord. Mais peu de gens vivent dans cette région. Ce sont surtout des communautés inuites qui sont touchées, ce qui explique pourquoi les politiciens minimisent le problème. En Europe, le moustique tigre se propage en France et apporte avec lui ses maladies.

La leishmaniose est également déjà présente en France. Il n’y a qu’une seule espèce à ce jour, mais les prévisions suggèrent que quatre ou cinq autres espèces pourraient arriver très prochainement. Les maladies transmises par les tiques sont également en augmentation et se propagent vers le nord de l’Europe. Nous constatons donc déjà les effets du changement climatique sur la santé humaine en Europe. Les gens n’en ont tout simplement pas conscience.

Vous avez mentionné votre famille, qui compte des partisans de Trump. Pouvez-vous parler de votre travail avec eux ?

C. P. : Dans ma famille, la seule option envisageable est de ne pas en parler, et sur ça, tout le monde s’accorde. C’est comme ça depuis longtemps pour la politique, et même pour la religion. Nous nous aimons tous, nous voulons nous entendre. Nous ne voulons pas de divisions. Nous avons donc grandi en sachant qu’il y a certains sujets dont on ne parle pas. Parfois, le changement climatique est abordé, cela devient tout de suite difficile, et cela nous rappelle alors pourquoi nous n’en parlons pas. Il n’a donc pas été possible d’avoir une conversation ouverte à ce sujet. J’en suis désolée, mais je ne veux pas perdre ma famille. Je ne vais donc pas non plus essayer de les convaincre. Si un jour cependant, ils veulent un jour en savoir plus, ils savent où me trouver.

Mais j’ai également travaillé avec des personnes qui ont des convictions très différentes des miennes. Lorsque j’étais encore au Texas, j’ai travaillé avec l’Association évangélique nationale. Nous nous accordions sur la nécessité de préserver la biodiversité. Ils la considèrent comme la création de Dieu, je pense simplement que l’humain n’a pas à détruire la Terre et je suis athée, mais cela n’a pas posé de problème. Nous avons donc réalisé ensemble une série de vidéos dans lesquelles j’expliquais les effets du réchauffement climatique. Le résultat était formidable.

Propos recueillis par Gabrielle Maréchaux.


Cet article est publié dans le cadre des 20 ans de l’Agence nationale de la recherche (ANR). Camille Parmesan est lauréate du programme « Make Our Planet Great Again » (MOPGA) géré par l’ANR pour le compte de l’État. L’ANR a pour mission de soutenir et de promouvoir le développement de recherches fondamentales et finalisées dans toutes les disciplines, et de renforcer le dialogue entre science et société.

The Conversation

Camille Parmesan ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Des œufs de papillon à l’hybridation des ours polaires : conversation avec la réfugiée scientifique Camille Parmesan – https://theconversation.com/des-oeufs-de-papillon-a-lhybridation-des-ours-polaires-conversation-avec-la-refugiee-scientifique-camille-parmesan-271504