Adolescentes e inglés: ¿merece la pena reforzar con clases extraescolares?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Roberto Arias-Hermoso, Investigador (predoctoral) en educación multilingüe, Mondragon Unibertsitatea

JESUS DE FUENSANTA/Shutterstock

Uno de los principales objetivos de los sistemas educativos actuales es desarrollar la competencia lingüística de los estudiantes en todas sus lenguas. El inglés como lengua extranjera en el colegio (y fuera de él) es la elección más frecuente. España se coloca en un nivel medio en Europa en cuanto al nivel en inglés, en la posición 26 de 37. ¿Cómo podríamos mejorar? ¿Es beneficioso reforzar el aprendizaje en la etapa de secundaria con clases extraescolares?

Muchas familias piensan que cuanto antes empiecen los niños o niñas a aprender inglés, mejor, aunque esto no siempre es así. Pero aparte de la edad de comienzo o de la cantidad de horas semanales, hay otros factores que influyen en el aprendizaje. Uno de ellos es la interacción entre la madurez mental del estudiante y el tipo de exposición al idioma.

El inglés dentro y fuera de clase

En primer lugar, los niños y adolescentes ya no aprenden inglés únicamente en un aula. La música, películas o videojuegos en inglés son cada vez más comunes. Esto es a lo que los investigadores han llamado exposición extramural o fuera del aula.

A este tipo de exposición más informal donde el aprendizaje ocurre de manera más accidental, por lo general, se le suman la exposición fuera del aula más formal (clases en academias, donde el aprendizaje es más estructurado y guiado) y la instrucción dentro del aula. En teoría, cuanta más exposición, mejor, pero en la práctica no todas las formas de exposición funcionan igual ni en todas las edades.




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Un estudio con más de 500 adolescentes

Para entender mejor esta cuestión, hemos analizado la calidad de la escritura en inglés de más de 500 estudiantes de entre 12 y 16 años en el País Vasco, procedentes de 5 centros públicos. Todos ellos eran bilingües (euskera y español) y aprendían inglés como tercera lengua extranjera en el instituto. El alumnado recibía entre 3–4 horas de inglés semanales en el aula. Aproximadamente la mitad iba a una academia de inglés fuera del colegio.

Especialmente, nos interesaba una pregunta: ¿Cómo influyen la edad y los diferentes tipos de exposición al inglés (academias e informal) en su rendimiento escrito? Los resultados fueron claros, pero también sorprendentes.


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La edad, el factor más importante

El principal hallazgo fue que la edad es el factor que más influye en la calidad del inglés del alumnado: los estudiantes mayores obtenían mejores resultados en escritura que los más jóvenes. Las variables de exposición fuera del aula también tuvieron un efecto positivo, pero menor en comparación a la edad.

La importancia de la edad puede parecer obvia, pero tiene implicaciones muy importantes. No se trata solo de acumular horas de aprendizaje, sino de desarrollo cognitivo y madurez. A medida que los estudiantes crecen, mejora su capacidad de expresarse por escrito, tanto de los que van a academia como los que no.




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Ir o no ir a la academia

Uno de los resultados más interesantes del estudio es que no todos los tipos de exposición afectan igual en todas las edades.

Nuestros resultados muestran que las academias (el aprendizaje extraescolar más estructurado) sí marcan la diferencia en los primeros cursos de secundaria. Los alumnos más jóvenes que asisten a academias obtiene mejores resultados que los que no. Sin embargo, este efecto se va reduciendo a lo largo de la ESO hasta desaparecer: en 4º de la ESO, ir a la academia ya no supone una ventaja frente a no ir. De hecho, el efecto de las horas acumuladas en academia se va reduciendo con la edad, de modo que la ventaja desaparece a finales de la ESO.

Por otro lado, ocurre lo contrario con la exposición informal. En los primeros años de la ESO, ver series en inglés o escuchar música no parece tener un impacto significativo en el rendimiento de los alumnos. Pero a medida que los estudiantes crecen, esto empieza a marcar la diferencia: en 3º y 4º de la ESO, estas actividades (en especial: ver programas o películas, escuchar música y usar redes sociales en inglés) se asocian con mejores resultados en escritura. Este efecto positivo está relacionado, seguramente, con la importancia de una base más sólida para poder sacar partido de estos contenidos más informales.

En resumen, el mismo tipo de exposición no funciona igual a los 12 que a los 16 años.

Varias claves prácticas

Estos resultados tienen implicaciones claras para familias, profesorado y responsables educativos. Más que apostar por una única fórmula, parece más eficaz adaptar las estrategias a la edad del alumnado.

  1. En edades tempranas, mejor aprendizaje guiado. En los primeros años de la ESO, el alumnado se beneficia más de contextos estructurados (como una academia). Sin embargo, aquí entran factores sociales y económicos, ya que las academias suelen tener un coste elevado y no están al alcance de todos. Por ello, sería interesante que los institutos pudieran adoptar metodologías más cercanas a las academias, con una enseñanza más estructurada y adaptada por niveles dentro del propio sistema educativo.

  2. En edades más avanzadas, hay que aprovechar más el inglés fuera del aula. A partir de cierta edad, el contacto con el inglés en contextos reales (series, música, etc.) se vuelve muy valioso. Profesorado y familias deberían fomentar este uso informal para aprovechar estas ventajas.

  3. No se trata de cantidad de horas, sino del momento y el tipo de exposición. Muchas veces pensamos que “más es mejor”, pero la clave es combinar distintos tipos de exposición que se ajusten a la edad del alumnado.

En conclusión, es importante tener en cuenta la edad y madurez del alumnado para que puedan sacar provecho de los diferentes contextos para aprender inglés. En ese sentido, proponemos un enfoque flexible en el que esos contextos van evolucionado con el alumnado: contextos más formales y estructurados van dejando paso a oportunidades de uso real del idioma fuera del aula. No se trata de sustituir, sino de combinar estratégicamente estos tipos de exposición.

The Conversation

Roberto Arias-Hermoso ha recibido fondos del Gobierno Vasco para desarrollar esta investigación, PRE_2021_1_0001 & IT1664-22.

ref. Adolescentes e inglés: ¿merece la pena reforzar con clases extraescolares? – https://theconversation.com/adolescentes-e-ingles-merece-la-pena-reforzar-con-clases-extraescolares-279359

How Trump’s repeated efforts to fire Federal Reserve Chair Powell harm the economy – and make battling inflation harder

Source: The Conversation – USA (2) – By Ana Carolina Garriga, Professor or Political Science, Department of Government, University of Essex

President Donald Trump has repeatedly threatened to fire Fed Chair Jerome Powell. AP Photo/Julia Demaree Nikhinson

President Donald Trump has again threatened to oust Federal Reserve Chair Jerome Powell, putting at risk a keystone of good economic policy and inflation management: central bank independence.

The president said on April 15, 2026, that he would fire Powell if the Fed chair stayed on in that role after his term officially ends on May 15. Powell has said he intends to remain at the helm after that if his replacement has not yet been confirmed by the Senate. Legally, Powell is allowed to do this.

Trump has promised to fire Powell a number of times, and his Department of Justice has launched a criminal investigation into renovations at the Fed building. Trump has also tried to oust another Fed governor, Lisa Cook, over allegations of mortgage fraud. In an unprecedented video response to the investigation, Powell called it and other actions “pretexts” for Trump’s ultimate goal of getting the Fed to lower interest rates.

While Trump’s actions are seen as particularly aggressive, as political economists, we are not surprised to see politicians try to exert influence on central banks. For one thing, central banks remain part of the government bureaucracy, and independence granted to them can always be reversed – either by changing laws or backtracking on established practices.

An economic power struggle

At the heart of threats to Powell and Cook – and other moves to undermine the Fed by the Trump administration – is a power struggle.

Central banks, which are public institutions that manage a country’s currency and its monetary policy, have an extraordinary amount of power. By controlling the flow of money and credit in a country, they can affect economic growth, inflation, employment and financial stability.

These are powers that many politicians would like to control or at least manipulate. That’s because monetary policy can provide governments with economic boosts at key times, such as around elections or during periods of falling popularity.

The problem is that short-lived, politically motivated moves may be detrimental to the long-term economic well-being of a nation. They may, in other words, saddle the economy with problems further down the line.

That is why central banks across the globe tend to receive significant leeway to set interest rates independently and free from the electoral wishes of politicians.

In fact, monetary policymaking that is data-driven and technocratic, rather than politically motivated, has been seen as the gold standard of governance of national finances since the early 1990s and has largely achieved its main purpose of keeping inflation relatively low and stable.

But despite independence being seen to work, central banks over the past decade have come under increased pressure from politicians.

Trump is one recent example. In his first term as president, he criticized his own choice to head the Federal Reserve and demanded lower interest rates.

Attacks on the Fed have accelerated in Trump’s second administration. In April 2025, Trump lashed out at Powell in an online post, accusing him of being “TOO LATE AND WRONG” on interest rate cuts, while suggesting that the central banker’s “termination cannot come fast enough!” And in August, Trump took the unprecedented step of firing Cook, which a court later blocked. The Supreme Court is expected to issue a ruling in the case this year.

Moreover, the reason politicians may want to interfere in monetary policy is that low interest rates remain a potent, quick method to boost an economy. And while politicians know that there are costs to besieging an independent central bank – financial markets may react negatively, or inflation may flare up – short-term control of a powerful policy tool can prove irresistible.

a white man and a Black woman sit at chairs at a table
Fed Governors Jerome Powell and Lisa Cook have both been on the receiving end of Trump’s attacks.
AP Photo/Mark Schiefelbein

Legislating independence

If monetary policy is such a coveted policy tool, how have central banks held off politicians and stayed independent? And is this independence being eroded?

Broadly, central banks are protected by laws that offer long tenures to their leadership, allow them to focus policy primarily on inflation, and severely limit lending to the government.

Of course, such legislation cannot anticipate all future contingencies, which may open the door for political interference or for practices that break the law. And sometimes, central bankers are unceremoniously fired.

However, laws do keep politicians in line. For example, even in authoritarian countries, laws protecting central banks from political interference have helped reduce inflation and restricted central bank lending to the government.

In our own research, we have detailed the ways that laws have insulated central banks from the rest of the government, but also the recent trend of eroding this legal independence.

Politicizing appointees

Around the world, appointments to central bank leadership are political – elected politicians select candidates based on career credentials, political affiliation and, importantly, their dislike or tolerance of inflation.

But lawmakers in different countries exercise different degrees of political control.

A 2025 study shows that the large majority of central bank leaders – about 70% – are appointed by the head of government alone or with the intervention of other members of the executive branch. This ensures that the preferences of the central bank are closer to the government’s, which can boost the central bank’s legitimacy in democratic countries, but at the risk of permeability to political influence.

Alternatively, appointments can involve the legislative power or even the central bank’s own board. In the U.S., while the president nominates members of the Federal Reserve Board, the Senate can and has rejected unconventional or incompetent candidates.

Moreover, even if appointments are political, many central bankers stay in office long after the people who appointed them have been voted out. At the end of 2023, the most common length of the governors’ appointment was five years, and in 41 countries, the legal mandate was six years or longer.

And the Fed chair position has traditionally been protected by law, as Powell himself acknowledged in November 2024: “We’re not removable except for cause. We serve very long terms, seemingly endless terms. So we’re protected into law. Congress could change that law, but I don’t think there’s any danger of that.”

In the 2000s, several countries shortened the tenure of their central banks’ governors to four or five years. Sometimes, this was part of broader restrictions in central bank independence, as was the case in Iceland in 2001, Ghana in 2002 and Romania in 2004.

fruits on sale at a market
One of a central bank’s most important duties is to keep consumer prices in check, which becomes harder when its independence is questioned.
AP Photo/Matt Rourke

The low inflation objective

As of 2023, all but six central banks globally had low inflation as their main goal. Yet many central banks are required by law to try to achieve additional and sometimes conflicting goals, such as financial stability, full employment or support for the government’s policies.

This is the case for 38 central banks that either have the explicit dual mandate of price stability and employment or more complex goals. In Argentina, for example, the central bank’s mandate is to provide “employment and economic development with social equity.”

Conflicting objectives can open central banks to politicization. In the U.S., the Federal Reserve has a dual mandate of stable prices and maximum sustainable employment. These goals are often complementary, and economists have argued that low inflation is a prerequisite for sustainable high levels of employment.

But in times of overlapping high inflation and high unemployment, such as in the late 1970s or when the COVID-19 crisis was winding down in 2022, the Fed’s dual mandate has become active territory for political wrangling.

Since 2000, at least 23 countries have expanded the focus of their central banks beyond just inflation.

Limits on government lending

The first central banks were created to help secure finance for governments fighting wars. But today, limiting lending to governments is at the core of protecting price stability from unsustainable fiscal spending.

History is dotted with the consequences of not doing so. In the 1960s and 1970s, for example, central banks in Latin America printed money to support their governments’ spending goals. But it resulted in massive inflation while not securing growth or political stability.

Today, limits on lending are strongly associated with lower inflation in the developing world. And central banks with high levels of independence can reject a government’s financing requests or dictate the terms of loans.

Yet over the past two decades, almost 40 countries have made their central banks less able to limit central government funding. In the more extreme examples – such as in Belarus, Ecuador or even New Zealand – they have turned the central bank into a potential financier for the government.

Scapegoating central bankers

In recent years, governments have tried to influence central banks by pushing for lower interest rates, making statements criticizing bank policy or calling for meetings with central bank leadership.

At the same time, politicians have blamed the same central bankers for a number of perceived failings: not anticipating economic shocks such as the 2007-09 financial crisis; exceeding their authority with quantitative easing; or creating massive inequality or instability while trying to save the financial sector.

And since mid-2021, major central banks have struggled to keep inflation low, raising questions from populist and antidemocratic politicians about the merits of an arm’s-length relationship.

But chipping away at central bank independence, particularly in the name of lowering interest rates to boost the economy, as Trump appears to be doing by threatening to fire the Fed chair and his attempted removal of a member of the bank’s Board of Governors, is a historically sure way to high inflation.

This is an updated version of an article that was originally published on June 14, 2024.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How Trump’s repeated efforts to fire Federal Reserve Chair Powell harm the economy – and make battling inflation harder – https://theconversation.com/how-trumps-repeated-efforts-to-fire-federal-reserve-chair-powell-harm-the-economy-and-make-battling-inflation-harder-280766

Le raton laveur et vos poubelles : un casse-tête à résoudre pour cet animal ingénieux et astucieux

Source: The Conversation – in French – By Hannah Griebling, PhD Candidate in the Department of Forest and Conservation Sciences, Faculty of Forestry and Environmental Stewardship, University of British Columbia

Imaginez : vous vous réveillez et découvrez qu’un raton laveur astucieux a renversé votre poubelle, dispersant vos déchets partout dans la rue…


Les ratons laveurs — parfois surnommés « pandas des poubelles » — sont réputés pour être d’excellents innovateurs et des solutionneurs de problèmes capables de surmonter les obstacles les plus complexes dans leur quête de nourriture.

Un raton laveur se tient debout sur une boîte transparente, penchant ses pattes par-dessus le bord pour manipuler un casse-tête
Un raton laveur s’efforce d’ouvrir une boîte à casse-tête à solutions multiples.
(Hannah Griebling)

Comment les ratons laveurs ajustent-ils leurs stratégies lorsque les tâches deviennent plus difficiles ? Et continuent-ils à chercher des solutions même sans récompense alimentaire ? Nous avons mené une expérience pour le savoir.

Nous avons été surpris de constater que les ratons laveurs continuaient à résoudre plusieurs casse-têtes pendant un essai de 20 minutes, même lorsque cela ne leur donnait pas accès à une guimauve irrésistible.

Des cerveaux innovants, comparables à ceux des primates

Les ratons laveurs doivent souvent faire preuve d’ingéniosité pour trouver de la nourriture dans des milieux dominés par les humains, et ils ont plusieurs adaptations qui les y aident.

Tout d’abord, ils possèdent un nombre élevé de neurones concentré dans un cerveau relativement petit. Leur densité neuronale est plus proche de celle des primates que de celle des autres carnivores.

Ils possèdent également des pattes avant très habiles adaptées à la recherche de nourriture dans les cours d’eau, ainsi qu’un régime alimentaire généraliste qui leur permet de manger presque tout ce que nous jetons.

Un raton laveur perché sur une fontaine, en train de boire
Les ratons laveurs utilisent fréquemment les équipements et technologies domestiques humains à leurs propres fins.
(Unsplash/Fr0ggy5)

En tant que chercheurs, nous voulions savoir si les ratons laveurs modifient leurs stratégies lorsque les problèmes deviennent plus difficiles. Par exemple, que fait un raton laveur si la poubelle est ouverte, par rapport à une poubelle munie d’un couvercle ou dont le couvercle est verrouillé ?

Nous étions également curieux de savoir si leur résolution de problèmes suit ce que nous appelons un compromis entre exploration et exploitation.




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Une récompense irrésistible : une guimauve

Pour explorer ces questions, nous avons donné aux ratons laveurs une boîte à énigmes à accès multiples. Ces boîtes sont utilisées dans la recherche sur la cognition animale pour étudier la résolution de problèmes et l’innovation. Elles comportent plusieurs problèmes à résoudre afin que l’animal puisse accéder à une seule récompense alimentaire.

En général, les chercheurs donnent à l’animal une boîte à accès multiples et le laissent résoudre le casse-tête de son choix pour accéder à la récompense. Ensuite, le chercheur verrouille cette solution et l’animal doit trouver une nouvelle façon d’accéder à la boîte.

Plutôt que de verrouiller les solutions de la boîte, nous nous sommes demandé : que se passerait-il si nous laissions la boîte déverrouillée et permettions aux ratons laveurs de la manipuler librement ? Reviendraient-ils systématiquement aux solutions qu’ils connaissaient déjà, ou exploreraient-ils de nouvelles façons de résoudre le problème ?

Ouvriraient-ils la boîte une seule fois, prendraient leur récompense — une guimauve — et s’en contenteraient-ils ? ? Ou continueraient-ils à jouer avec la boîte même après que la récompense alimentaire ait disparu ?

Un raton laveur tente d’ouvrir une boîte équipée de boutons rotatifs et de cadenas
Un raton laveur a réussi à ouvrir une solution à bouton rotatif sur la boîte à énigmes à solutions multiples et s’efforce de retirer un cadenas déverrouillé du loquet à gâchette.
(Hannah Griebling)

Les ratons laveurs résolvent des problèmes pour le plaisir

Le comportement des ratons laveurs nous a surpris. Nous nous attendions à ce qu’ils trouvent plusieurs solutions pour la boîte, et non pas à ce qu’ils continuent à chercher des solutions après avoir trouvé la seule guimauve à l’intérieur de la boîte à casse-tête.

Ils semblaient intrinsèquement motivés à trouver plusieurs solutions au cours d’un essai de 20 minutes, même lorsque la résolution du casse-tête ne menait pas directement à une récompense sous forme de guimauve.

En fait, les ratons laveurs découvraient plusieurs solutions pour la boîte à casse-tête, même lorsque les problèmes devenaient plus difficiles et qu’ils constataient, en la manipulant avec leurs pattes avant, qu’aucune autre guimauve n’y était.


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Quand les choses se compliquent

À mesure que ces problèmes devenaient plus difficiles, les ratons laveurs ont commencé à se concentrer rapidement sur une seule solution à laquelle ils revenaient sans cesse.

Cela correspond à ce qu’on appelle un compromis entre exploration et exploitation : lorsqu’un problème devient plus difficile, il est souvent plus avantageux pour le raton laveur de se concentrer sur une seule solution, car la résolution demande plus de temps et d’efforts.

Un raton laveur se tient derrière une boîte à casse-tête, essayant de trouver un moyen d’y entrer
Un raton laveur travaille sur une solution de difficulté moyenne.
(Hannah Griebling)

Imaginez-vous dans une rue, en ville, affamé. Vous apercevez votre restaurant préféré, où vous adorez la cuisine, et vous remarquez un nouvel établissement intéressant juste à côté. Où choisissez-vous de manger ?

Les humains et les animaux non humains sont constamment confrontés à ce genre de décisions : quand il faut « explorer » et essayer quelque chose de nouveau, et quand il vaut mieux « exploiter » nos connaissances existantes.

Si ce nouveau restaurant au bout de la rue est cher, vous serez sans doute moins tenté de l’essayer que de savourer votre plat préféré dans votre restaurant habituel.

Réussir dans des villes en constante évolution

Cette propension à innover et à résoudre des problèmes, même lorsqu’elle ne rapporte pas directement de récompense tangible comme la nourriture, est sans doute familière à beaucoup d’entre nous. C’est ce qui anime notre envie de résoudre des mots croisés ou de venir à bout d’un nouveau jeu vidéo.

Cette motivation intrinsèque pourrait aider les ratons laveurs à s’épanouir en milieu urbain. En ville, les ressources changent rapidement : un soir, un raton laveur fouille dans les poubelles, et le lendemain, quelqu’un y place une brique pour l’en empêcher.

Plus les ratons laveurs apprennent à résoudre des problèmes, plus ils peuvent accéder aux ressources dans des villes en constante évolution. Bien sûr, cela peut agacer certains d’entre nous, mais il est difficile de ne pas admirer la capacité des ratons laveurs à s’adapter et à prospérer à nos côtés.

La Conversation Canada

Sarah Benson-Amram reçoit des financements du Conseil de recherches en sciences naturelles et en génie du Canada, de la Habitat Conservation Trust Foundation, de l’Université de la Colombie-Britannique, de la Fondation canadienne pour l’innovation et du British Columbia Knowledge Development Fund.

Hannah Griebling ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Le raton laveur et vos poubelles : un casse-tête à résoudre pour cet animal ingénieux et astucieux – https://theconversation.com/le-raton-laveur-et-vos-poubelles-un-casse-tete-a-resoudre-pour-cet-animal-ingenieux-et-astucieux-280219

La vida después del cáncer colorrectal: el desafío de vivir con una bolsa de ostomía

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristina Díaz Sánchez, Enfermera. Doctoranda., Universidad de Castilla-La Mancha

Sheeyla/Shutterstock

Cuando a una persona le dicen que ha superado un cáncer todo parece indicar un final feliz. Sin embargo, para muchos pacientes con cáncer colorrectal ese momento no marca un cierre, sino un punto de inflexión. La enfermedad queda atrás, pero comienza otra etapa: aprender a vivir con una ostomía. Este procedimiento quirúrgico consiste en crear una abertura en el abdomen para eliminar las heces a través de una bolsa externa.

La ostomía es en muchos casos imprescindible para salvar la vida, pero también implica un cambio profundo. Transforma la rutina diaria, la percepción del propio cuerpo y, en ocasiones, la forma de relacionarse con los demás.

Pese a todo esto, sigue siendo un tema del que apenas se habla.

Lo que no se ve tras el alta médica

Tras el tratamiento, el seguimiento clínico suele centrarse en la evolución de la enfermedad: revisiones, pruebas, control de posibles recaídas. Pero la vida cotidiana plantea otros retos menos visibles.

Quienes viven con una ostomía tienen que adaptarse a nuevas rutinas de autocuidado, gestionar posibles fugas o molestias y anticipar situaciones que antes eran automáticas. Nos referimos a actividades tan rutinarias como salir de casa, hacer ejercicio e incluso mantener relaciones íntimas.

A esto se suma el impacto emocional. La imagen corporal cambia y pueden aparecer sentimientos de vergüenza, inseguridad y miedo al rechazo.

No es solo una cuestión médica. Es, sobre todo, una cuestión de calidad de vida.

La calidad de vida disminuye

En los últimos años la investigación ha empezado a cuantificar estas experiencias. En un trabajo reciente analizamos conjuntamente los resultados de múltiples estudios sobre supervivientes de cáncer colorrectal.

La conclusión es clara: las personas con ostomía presentan, en promedio, una calidad de vida inferior a la de quienes no la tienen. Esta diferencia, aunque de magnitud moderada, es consistente en distintos contextos y momentos de seguimiento, lo que refuerza la solidez del hallazgo.

Más allá del impacto generalizado que supone la ostomía hay un mensaje importante. Las áreas más afectadas no son únicamente físicas. Además de disminuir la salud física, otros aspectos como la participación social, el desempeño en la vida diaria, la imagen corporal y el bienestar emocional concentran buena parte del impacto.

Además, algunos pacientes parecen especialmente vulnerables. Por ejemplo, los más jóvenes o quienes sufren complicaciones relacionadas con la apertura (estoma). Para ellos, la adaptación puede ser todavía más compleja.

Un problema invisible

Una de las paradojas de la ostomía es que, siendo un cambio tan significativo, suele permanecer oculta. Esta invisibilidad puede dar una falsa sensación de normalidad desde fuera, pero también contribuye a que las dificultades pasen desapercibidas.

A diferencia de otros efectos del cáncer más visibles o socialmente reconocidos, la ostomía rara vez forma parte de la conversación pública. Esto limita la comprensión social y puede aumentar la sensación de aislamiento en quienes la viven.

El resultado es que muchos pacientes tienen que reconstruir su día a día sin referentes claros y, a menudo, sin el apoyo necesario.

Necesitamos un enfoque más amplio

Los datos apuntan a una idea clave: curar no es suficiente. La atención a los supervivientes de cáncer debe ir más allá del control de la enfermedad.

Esto implica integrar apoyo psicológico y programas de rehabilitación y educación en el manejo de la ostomía dentro de la atención sanitaria. También significa prestar atención a la reintegración social, ayudando a las personas a recuperar su autonomía y confianza.

No se trata solo de añadir recursos, sino de cambiar el enfoque. El objetivo es poner en el centro la experiencia del paciente.

Al mismo tiempo, la investigación futura deberá centrarse en identificar qué intervenciones funcionan mejor para mejorar la adaptación y la calidad de vida a largo plazo. Entender el problema es solo el primer paso que nos permite darle importancia a las iniciativas de salud pública.

Hablar para avanzar

El aumento de la supervivencia al cáncer colorrectal es una buena noticia. Pero plantea un reto que no podemos ignorar: cómo garantizar que esa supervivencia vaya acompañada de una buena calidad de vida.

Para quienes viven con una ostomía, la recuperación no termina al salir del hospital. Continúa en cada pequeño gesto cotidiano, en cada interacción social, en la forma de mirarse al espejo. Y afecta a múltiples dimensiones: fisiológica, psicológica, social y funcional. Es por ello que la educación en salud debe impartirse por un equipo completo.

En este contexto, el papel de la enfermería es esencial, tanto en la atención como en la formación del paciente con ostomía. Sobre todo en lo relacionado con el aprendizaje de los cuidados propios. Incluso puede ser necesario un psicólogo para evitar complicaciones psicosociales.

En definitiva, el objetivo terapéutico no debe limitarse a la supervivencia o al control de la patología de base, sino que debe incluir la optimización de la calidad de vida. Para ello, resulta esencial promover que el paciente retome sus actividades habituales, mantenga sus relaciones interpersonales y conserve su independencia funcional. Y aunque hablar de ostomía sigue siendo incómodo para muchas personas, visibilizar estas experiencias no solo ayuda a reducir el estigma, sino que también puede facilitar que quienes pasan por ello se sientan comprendidos y acompañados.

Porque sobrevivir es solo el principio. Aprender a vivir después es, muchas veces, la parte más difícil.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La vida después del cáncer colorrectal: el desafío de vivir con una bolsa de ostomía – https://theconversation.com/la-vida-despues-del-cancer-colorrectal-el-desafio-de-vivir-con-una-bolsa-de-ostomia-278915

¿Qué nos cuentan los fósiles humanos hallados en Asia en el último siglo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Jordana Butticaz, Catedrático emérito, Universidad de Navarra

Reconstrucción facial forense de _Homo erectus pekinensis_ Cícero Moraes. , CC BY-SA

Al hablar de los fósiles del género Homo, restos de nuestros antecesores, es habitual recordar que los más antiguos están en África: África del Sur, Etiopía, con el valle del río Omo, o Tanzania, entre otros. Una parte fundamental de fósiles de homínidos proceden de este continente y en él se siguen descubriendo otros nuevos. Hay también yacimientos importantes en Europa (El Sidrón, Atapuerca, Dmanisi, valle de Neander, monte Carmelo, Petralona, etc.), aunque cada vez adquieren más importancia Asia y, en especial, el sudeste asiático.

Un reguero de “eslabones perdidos”

Fue en Java, en 1891, donde el anatomista francés Eugène Dubois creyó encontrar el “eslabón perdido”, al descubrir algunos dientes sueltos, un fragmento craneal y un fémur en las excavaciones en el río Solo, cerca de Trinil. Dubois publicó en 1894 el hallazgo de lo que bautizó como Pithecanthropus erectus (“mono-hombre erguido”), conocido popularmente como “hombre de Java”. Desde 1963, cuando comenzó mi interés en el tema, he visto anunciar muchos supuestos “eslabones perdidos”.

A comienzos del siglo XX, el geólogo y paleontólogo alemán Gustav Heinrich Ralph von Koenigswald obtuvo nuevos fósiles de Trinil y de localidades como Sangiran, a unos 75 km, donde halló un cráneo atribuido a Pithecanthropus.

Entre 1921 y 1937, el paleontólogo austriaco Otto Zdansky excavó la Colina del Hueso del Dragón o Longgushan–en Zhoukoudian, cerca de Pekín, China– y encontró un diente, que estudió el anatomista Davison Black.

Con financiación internacional, Black dirigió más excavaciones en la zona y a la especie a la que pertenecían los fósiles la denominó Sinanthropus pekinensis. Posteriormente, cuando se estableció la identidad o cercanía con los hallados en Trinil, terminaron llamándose Homo erectus pekinensis.

Réplica de un cráneo del hombre de Pekín en el Museo Paleozoológico de China.
Wikimedia Commons., CC BY

En las excavaciones encontraron un buen número de fósiles, pero se perdieron en su traslado a Estados Unidos. Solo se conservaron los moldes que habían tenido la precaución de realizar. Estos moldes han permitido corroborar la existencia de ese fósil, al compararlos con los pocos encontrados en el mismo lugar después de la Segunda Guerra Mundial, entre 1949 y 1979.

Siguen apareciendo nuevas especies

En tiempos recientes, nuevos descubrimientos en el sudeste asiático han cobrado especial relevancia. En 2004, el paleoantropólogo Peter Brown y colaboradores describieron el Homo floresiensis, hallado en la cueva de Liang Bua (isla de Flores, Indonesia), una especie extinguida hace unos 50 000 años. Se ha propuesto que su antepasado podría ser H. erectus, ya presente en la región, y que su reducido tamaño corporal sería resultado del típico proceso de enanismo insular.

Reconstrucción facial forense del LB1 de la especie Homo floresiensis.
Cicero Moraes / Wikimedia Commons., CC BY

Por otro lado, en 2009, el equipo de la paleoantropóloga australiana Debbie Argue publicó un análisis en el que parece que el Homo floresiensis puede estar relacionado con el Homo habilis, hallado en África, lo que supondría la admisión de una primera salida desde África de esta especie. Esto lo vincularía también con el Homo georgicus, de la localidad de Dmanisi –en Georgia, entre entre Europa Oriental y Asia Occidental–, que tiene un volumen cerebral algo mayor que H. floresiensis, pero no el doble, como lo tiene el H. erectus.

En al año 2019, el investigador francés Florent Detroit y sus colaboradores describieron formalmente el Homo luzonensis, con los escasos fósiles encontrados en la cueva del Callao (Filipinas) a lo largo de los años 2007-2010. Este podría estar relacionado con H. sapiens o con H. floresiensis, pero de un modo incierto.

El homínido de Denísova

Todas estas investigaciones cambian súbitamente con los hallazgos en las cuevas de Denísova, en el macizo de Altai (Siberia, Rusia). Junto a artefactos atribuidos a neandertales, se encontró una falange de una niña de la que el biólogo sueco-estonio Svante Pääbo pudo extraer el ADN mitocondrial. Este hallazgo dio lugar al homínido de Denísova; confirmado cuando se encontró una niña híbrida, de madre neandertal y padre denisovano, en el año 2018.

Mientras, en la localidad de Yunxian (China central), se descubrieron tres cráneos, entre 1989 y 2022, con una antigüedad estimada en 2026 de 1,77 millones de años. Pueden ser asociados a Homo erectus, pero con una capacidad craneana de 1143 centímetros cúbicos. Este fósil es más pequeño que los cráneos de Homo longi –en chino, “hombre dragón”–, que en estos momentos se considera un denisovano.

El cráneo virtual resultante de los estudios realizados revela una mezcla de rasgos considerados primitivos o ancestrales y derivados o novedosos. Su capacidad endocraneal es mayor que la de H. erectus. El análisis comparativo de cráneo y mandíbula muestra similitudes con H. erectus y H. heidelbergensis, pero también con H. longi –que incluye fósiles de Dali, Jinniushan, Xujiayao y Hualongdong, Xiahe y Penghu– y con H. sapiens.

Todos estos hallazgos recientes permiten considerar cinco grupos de fósiles de este periodo en Asia: Homo erectus asiático, Homo heidelbergensis, neandertales, Homo sapiens y Homo longi. La mezcla de rasgos indicaría hacia un ancestro común de las líneas evolutivas H. longiH. sapiens (con apomorfías o novedades evolutivas) y H. erectusH. heidelbergensis, con una antiguedad de 1,77 millones de años.

En busca de un ancestro común

Entre 2014 y 2015, se encontraron fósiles datados en unos 300 000 años en Hualongdong (HLD), provincia de Anhui, sur de China: un cráneo con 14 dientes. Mientras que el cráneo, las extremidades y la mandíbula muestran predominantemente rasgos primitivos compartidos con los primeros ejemplares de Homo, los huesos faciales muestran afinidades más cercanas a los humanos modernos.

Parece que hay dos explicaciones posibles. Por una parte, el flujo genético con una forma más arcaica, como H. erectus, ya presente en la zona. Por otro, una población de Homo estrechamente relacionada con H. sapiens y distinta de H. erectus, los neandertales y denisovanos.

No obstante, el antropólogo estadounidense Alan Rogers y colaboradores, en un artículo de 2020, postulan que, cientos de miles de años antes, los ancestros de los neandertales y los denisovanos se cruzaron con sus propios predecesores euroasiáticos: miembros de una población “superarcaica” que se separó de otros humanos hace aproximadamente 2 millones de años.

Baste este comentario para mostrar cómo la historia de la evolución humana tiene un interesante comienzo en Asia, se traslada a África y vuelve a buscar soluciones –o complicaciones– otra vez en Asia.

The Conversation

Rafael Jordana Butticaz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué nos cuentan los fósiles humanos hallados en Asia en el último siglo? – https://theconversation.com/que-nos-cuentan-los-fosiles-humanos-hallados-en-asia-en-el-ultimo-siglo-279340

Veranos eternos en el Mediterráneo: ¿cómo prepararnos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eric Gielen, Profesor Permanente Laboral en el Departamento de Urbanismo, Universitat Politècnica de València

Valencia. Maxime Vandenberge / Unsplash., CC BY

Durante generaciones, el Mediterráneo ha vivido al ritmo de estaciones reconocibles: inviernos y primaveras suaves, otoños templados y veranos intensos. Sin embargo, las proyecciones climáticas apuntan que este equilibrio se está rompiendo. En ciudades como Valencia, las olas de calor se multiplican, duran más y alcanzan valores extremos.

Lo que antes era una anomalía estival se está convirtiendo en un nuevo estado climático permanente, acompañado, además, de episodios puntuales de lluvias intensas que incrementan el riesgo de inundaciones. La pregunta ya no es si los veranos serán más largos, sino cómo nos preparamos para convivir con un calor extremo cada vez más prolongado.

Ola de calor permanente

Las olas de calor han aumentado casi dos episodios por década desde 1979 y su duración media ha pasado de menos de diez días a más de veinticinco. Es la conclusión de una investigación realizada en la Universitat Politècnica de València, entre el Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente (IIAMA) y el Departamento de Urbanismo, parte del proyecto europeo The HuT (The Human-Tech Nexus). Muestra un escenario preocupante: para finales de siglo, las olas de calor en Valencia podrían durar varios meses, alcanzando hasta 182 días bajo el escenario de alto calentamiento SSP370 y 319 días bajo el de emisiones extremas SSP585.

En este contexto, el concepto tradicional de “ola de calor” perdería sentido. Estos valores sugieren una transformación radical del ciclo estacional; podríamos estar ante una ‘temporada de calor’ permanente.

En la ciudad, un riesgo silencioso pero desigual

A consecuencia del cambio climático, el efecto de isla de calor urbana intensifica las temperaturas en barrios densamente construidos, con abundancia de asfalto y escasez de vegetación. Las diferencias son conocidas: caminar en julio por zonas sin sombra y muy artificializadas puede parecer atravesar una plancha encendida, mientras que el Jardín del Turia ofrece un oasis de frescor a pocos metros.

Sin embargo, en la ciudad, estas diferencias no afectan a toda la población por igual. Una investigación reciente demuestra que el calor urbano es también un fenómeno social.

Los barrios más cálidos suelen coincidir con aquellos con menor renta, mayor desempleo o poblaciones envejecidas. En Valencia, sectores como Benicalap, Patraix, Nou Moles o Russafa muestran temperaturas superficiales claramente superiores a zonas con renta más alta. El “código postal”, como recuerda el epidemiólogo Julio Díaz, pesa más que el código genético cuando hablamos de vulnerabilidad térmica.

Y es que las consecuencias del cambio climático se reflejan también en la salud. Solo en 2025, Europa registró más de 24 000 muertes relacionadas con el calor extremo; en España, se contabilizaron más de 3 800 fallecimientos atribuibles a las altas temperaturas y, en la Comunitat Valenciana, 433.

Por qué nuestras ciudades son como hornos

La raíz del problema está en cómo las hemos construido. Los materiales urbanos más comunes (asfalto, hormigón, cubiertas oscuras) absorben y almacenan calor durante el día y lo liberan lentamente por la noche. Si a esto añadimos calles estrechas, ventilación deficiente, tráfico intenso y usos urbanos que emiten calor, el resultado es un microclima mucho más cálido que el entorno rural. Además, este varía según la morfología urbana dentro de una misma ciudad.

A ello se suma la ausencia de vegetación, que proporcionaba sombra y evapotranspiración, dos mecanismos naturales de enfriamiento. La diferencia entre una calle sin árboles y otra con arbolado maduro puede superar entre los 8 y los 10 °C en temperatura superficial. Sin embargo, muchos barrios carecen de ese “aire acondicionado natural”.

Claves para un Mediterráneo habitable

Ante los veranos que se alargan, las respuestas deben ser múltiples, integradas y adaptadas al tipo de ciudad, a partir de dos enfoques complementarios: adaptar en lo que ya existe y mitigar en lo que construyamos. A partir de esta estrategia, la literatura científica y técnica propone una serie de criterios de actuación para ciudades más resilientes frente al calor:

  • Más vegetación, más sombra, más vida urbana. Las soluciones basadas en la naturaleza (vegetación, cubiertas verdes, corredores verdes-azules) son la medida más eficaz para reducir la temperatura y mejorar el confort. No se trata solo de plantar árboles, sino de hacerlo estratégicamente: en calles de mucho tránsito peatonal, en patios escolares, en plazas duras y en itinerarios críticos de movilidad diaria. En barrios vulnerables, estas actuaciones deben ser prioritarias: no solo refrescan, sino que reducen desigualdades y mejoran la salud pública.

  • Materiales fríos y diseño urbano climático. Cubiertas frías, pavimentos reflectantes, fachadas claras y suelos permeables pueden reducir varios grados la temperatura superficial.

  • Refugios climáticos. En la ciudad consolidada, más que mitigar, debemos adaptar y proteger a quienes más lo necesitan. Los refugios climáticos (espacios públicos o equipamientos con sombra, agua y climatización accesible) son esenciales durante episodios extremos, especialmente, para mayores, infancia y personas sin recursos.

  • Rehabilitación térmica y justicia climática. No todas las viviendas están preparadas para soportar veranos perpetuos, por lo que se deben rehabilitar edificios (aislamiento, protecciones solares, ventilación natural) para reducir el calor interior y la dependencia del aire acondicionado, que a su vez alimenta la isla de calor. Las políticas energéticas deben priorizar a los hogares con menor renta, garantizando un acceso justo al confort térmico.

  • Gobernanza climática y sistemas de alerta. Mapas de calor en tiempo real, sensores urbanos, redes de cuidado vecinal y alertas tempranas permiten anticipar episodios críticos. La coordinación entre salud pública, urbanismo y servicios sociales será clave para reducir la mortalidad y proteger a la población más vulnerable.

Un futuro caluroso, pero con resiliencia

El Mediterráneo se encamina hacia veranos más largos, intensos y persistentes. Es tiempo de actuar: tenemos conocimiento, tecnología y experiencia para construir ciudades más frescas, más saludables y más justas.

El reto ya no es evitar que las temperaturas suban, porque eso es ya una realidad, sino prepararnos para vivir con ellas. Responder al calor extremo es, en última instancia, una oportunidad para redefinir nuestro modelo urbano y hacerlo más humano, más verde y más resiliente.

The Conversation

Eric Gielen no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Veranos eternos en el Mediterráneo: ¿cómo prepararnos? – https://theconversation.com/veranos-eternos-en-el-mediterraneo-como-prepararnos-271110

La increíble historia del vacío: del ‘horror vacui’ a la física cuántica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ruth Lazkoz, Catedrática de Física Teórica, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Experimento con un ave en una bomba de vacío, obra de Joseph Wright of Derby en 1970 Wikimedia commons, CC BY

¿Está vacío el vacío? La respuesta depende del nivel de sofisticación de la física al que recurramos.

Si nos limitamos a la física cotidiana del tocar, mirar u oler, podríamos decir que a nuestro alrededor no hay nada. El aire es invisible y, en ese sentido, parece “vacío”. Sin embargo, nuestra propia respiración desmiente esa intuición: el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono en los pulmones depende de un fenómeno físico bien conocido, la difusión, mediante el cual las moléculas se mueven desde regiones donde están más concentradas hacia otras donde lo están menos. Nuestra fisiología explota el hecho de que sí hay algo donde a primera vista no vemos nada.

Algo parecido ocurrió en el largo camino hacia la comprensión del vacío.

La naturaleza aborrece el vacío

Durante siglos, el pensamiento occidental estuvo influido por la idea de Aristóteles de que la naturaleza aborrece el vacío (el llamado horror vacui). Según esta concepción, si en algún lugar apareciera un vacío, la materia se apresuraría a ocuparlo inmediatamente. La idea parecía razonable: en la vida cotidiana no encontramos espacios completamente desprovistos de materia.

Pero la física comenzó a abandonar la especulación puramente filosófica cuando empezó a apoyarse en experimentos cuantitativos.

En el siglo XVII, Galileo Galilei se interesó por un problema práctico: elevar agua desde pozos profundos mediante bombas de succión. Este problema era crucial para el drenaje de minas y el riego agrícola. Sin embargo, Galileo observó un límite intrigante: el agua no podía elevarse más allá de unos 10 metros mediante succión. ¿Por qué existía ese límite?

Su discípulo Evangelista Torricelli, con la colaboración de Vincenzo Viviani, ideó en 1643 un experimento que proporcionó una pista decisiva.

El peso de la atmósfera

Torricelli llenó un tubo de vidrio de aproximadamente un metro de longitud con mercurio, lo tapó y lo invirtió sobre un recipiente que contenía el mismo metal. Al retirar el tapón, el mercurio descendió parcialmente, pero no vació el tubo. Se estabilizó formando una columna de unos 760 milímetros de altura al nivel del mar.

Por encima del mercurio quedó una región transparente aparentemente vacía: el llamado “vacío de Torricelli”.

Torricelli comprobó además que la altura de la columna no dependía de la forma del tubo ni del volumen del espacio superior. Esto indicaba que el fenómeno no se debía a una “succión” desde el interior, sino a una presión ejercida desde el exterior.

La explicación era revolucionaria: el mercurio se sostenía porque el aire que nos rodea tiene peso. La atmósfera ejerce presión sobre la superficie del mercurio del recipiente, empujándolo hacia el interior del tubo.

Había nacido el primer barómetro.

En busca del vacío

El resultado fue confirmado pocos años después por Blaise Pascal. En 1648, su cuñado Florin Périer ascendió al Puy de Dôme, en el centro de Francia, con un barómetro. Observó que la altura de la columna de mercurio disminuía a medida que aumentaba la altitud.

La interpretación era clara: cuanto mayor es la altura, menor es la cantidad de aire sobre nosotros y, por tanto, menor es la presión atmosférica.

La columna de mercurio estaba sostenida por el peso de la atmósfera. El experimento confirmó la existencia de la presión atmosférica y una idea sorprendente: el espacio en la parte superior del tubo podía estar realmente vacío de materia ordinaria.

Las bombas de vacío

Pero el estudio sistemático del vacío requirió instrumentos más sofisticados: las bombas de vacío.

El ingeniero alemán Otto von Guericke construyó en 1650 una de las primeras bombas capaces de extraer aire de un recipiente. Su experimento más célebre tuvo lugar en 1654 en Magdeburgo: unió dos hemisferios metálicos huecos, extrajo el aire de su interior y pidió a dos equipos de caballos que tiraran en direcciones opuestas. Los animales no lograron separarlos. Así mostró de manera espectacular la enorme fuerza ejercida por la presión atmosférica.

Grabado de Gaspar Schott del experimento de Otto von Guericke de los hemisferios de Magdeburgo.
Wikimedia commons, CC BY

Pasaron algunos años, y los científicos Robert Boyle y Robert Hooke perfeccionaron el diseño de las bombas de vacío, permitiendo realizar experimentos más controlados.

Boyle observó varios fenómenos reveladores. Dentro de un cavidad sin aire hizo tañir una campana, y vio que no sonaba. Puso una vela ardiendo, y vio que se apagaba. Y por terquedad o por curiosidad metió distintos animales, observando que a un insecto alado le era imposible volar. También notó que a un ratón o un pájaro le era imposible respirar. El vacío tomaba consistencia, y la idea saltaba del ámbito científico a la cultura popular.

detalle de un cuadro que recrea el experimento con una ave en una bomba de vacío
Detalle del cuadro de Joseph Wright Experimento con un ave en una bomba de vacío.
Wikimedia commons, CC BY

La fascinación por estos experimentos trascendió el ámbito científico. El cuadro Experimento con un ave en la bomba de vacío, del británico Joseph Wright of Derby, representa una demostración pública de los efectos del vacío sobre un ave, símbolo del impacto cultural de estos descubrimientos.

La base de los rayos X

El vacío desempeñó también un papel crucial en el descubrimiento de los rayos X por Wilhelm Conrad Röntgen en 1895. Los tubos de rayos catódicos utilizados en estos experimentos requerían un vacío muy elevado. Si quedara demasiado gas en el interior, los electrones perderían energía al chocar con las moléculas del aire antes de alcanzar su objetivo metálico.

El desarrollo de mejores técnicas de vacío permitió avances decisivos en la física atómica y electrónica.

Sin embargo, la sorpresa mayor llegaría con la física cuántica del siglo XX.

El vacío cuántico no está vacío

En la física clásica, el vacío se entiende como la ausencia de materia. Pero la teoría cuántica de campos lo describe como el estado de menor energía posible de los campos fundamentales que llenan el universo.

Incluso en ausencia de partículas reales, estos campos experimentan fluctuaciones inevitables debidas al principio de incertidumbre. Estas fluctuaciones pueden interpretarse como la aparición efímera de pares de partículas y antipartículas llamadas partículas virtuales.

No pueden detectarse directamente –si pudiéramos hacerlo dejarían de ser virtuales– pero sus efectos sí son medibles.

Un ejemplo notable es el efecto Casimir, predicho en 1948 por Hendrik Casimir y medido con precisión en 1997 por el equipo de Steve K. Lamoreaux.

Si colocamos dos placas metálicas extremadamente próximas en el vacío (separadas por distancias del orden de micrómetros o nanómetros), las fluctuaciones cuánticas permitidas entre ellas son menos numerosas que en el exterior. Esta diferencia genera una pequeña presión neta que empuja las placas entre sí.

Una analogía útil es la vibración de una cuerda de violín: las condiciones en los extremos determinan qué notas son posibles. De manera similar, las placas restringen los modos de vibración del campo cuántico.

El vacío cuántico posee propiedades físicas medibles.

Un vacío lleno de física

Hoy sabemos que el vacío está ligado a algunos de los conceptos más profundos de la física moderna como el campo de Higgs, responsable de la masa de muchas partículas elementales; la constante cosmológica, asociada a la energía del vacío y a la expansión acelerada del universo, y la electrodinámica cuántica, una de las teorías más precisas jamás comprobadas experimentalmente.

El recorrido histórico muestra una ironía interesante: Aristóteles estaba equivocado en los detalles, pero acertó en el espíritu. El vacío nunca resultó ser una simple nada.

The Conversation

Ruth Lazkoz recibe fondos del Ministerio de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Ella es miembro de SEGRE, SEA y AMIT.

ref. La increíble historia del vacío: del ‘horror vacui’ a la física cuántica – https://theconversation.com/la-increible-historia-del-vacio-del-horror-vacui-a-la-fisica-cuantica-279479

El comercio electrónico crece y la logística redibuja la periferia de las ciudades

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Gabriel Tirado Ballesteros, Profesor e investigador del Departamento de Geografía, Universidad de Salamanca

Scharfsinn/Shutterstock

Mientras usted lee este artículo, miles de paquetes transitan por el espacio terrestre y son almacenados en grandes plataformas a la espera de ser entregados en su domicilio. Según los últimos datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, España registra una media de unas 3 600 transacciones en comercio electrónico por minuto.

Una parte considerable de este volumen corresponde a servicios intangibles, como la reserva de un hotel o la compra de un billete de avión. Pero la verdadera presión está en el retail físico –bienes de consumo, moda, electrónica– que representa cerca del 40 % del volumen total de negocio. Este hecho se ha visto notoriamente acrecentado por el aumento de la circularidad en los mercados de segunda mano, tendencias que redundan de igual modo en el aumento del tráfico logístico.

Tras numerosas investigaciones desde la disciplina de geografía económica debemos advertir que el gesto aparentemente inocuo de “añadir al carrito”, tiene notables implicaciones territoriales. Estas nuevas formas de consumo están redibujando el espacio urbano y periurbano, además de tener otras implicaciones espaciales de carácter laboral y ambiental.

El emergente impacto de la logística

El comercio electrónico no es nuevo ni su auge responde a una necesidad coyuntural, pero el confinamiento social provocado por la covid-19 actuó como un acelerador de cambio, especialmente para aquellos segmentos de la población de edad avanzada más reticentes a comprar por internet, que se vieron forzados a desarrollar sus competencias digitales.

Los datos de Eurostat confirman esta tendencia: el 77 % de los internautas en la UE ya realizan compras online. De ellos, un tercio lo hace con una frecuencia de tres a cinco veces por trimestre. Los amplios periodos de prueba y devoluciones gratuitas, los probadores virtuales, el acceso casi instantáneo a una oferta global constante y la usabilidad de las plataformas web han creado ecosistemas digitales confiables para el pago electrónico.

Esto ha obligado a los centros comerciales a adoptar funcionalidades mucho más ociosas y diferenciadas para poder sobrevivir a la presión que ejercen estos marketplaces de la economía de plataformas. Pero el consumidor rara vez percibe que por cada establecimiento local que se cierra en los centros urbanos, se levantan naves logísticas de 10 hectáreas en la periferia de las ciudades.

Inmobiliaria logística en torno a las grandes ciudades

Según datos del Observatorio del Transporte y la Logística en España, la superficie destinada de plataformas logísticas de distribución ha pasado de 8,5 millones de metros cuadrados en 2015 a más de 14 millones en 2025, lo que representa un aumento de más del 65 %. Cataluña y la Comunidad de Madrid aportan casi 5 millones de metros cuadrados de la nueva superficie creada en estos últimos 10 años, pero especialmente Castilla-La Mancha ha absorbido gran parte de este crecimiento, que ha multiplicado por cuatro su superficie logística.

Estos procesos de “logistización” tienen una explicación geoeconómica: los operadores logísticos han pasado de buscar la proximidad con el cliente a la optimización de los hubs logísticos, centros nodales situados cerca de grandes infraestructuras de transporte donde se clasifican las mercancías para luego redistribuirlas rápidamente.

En estas nuevas ubicaciones, el carácter multimodal de la logística se convierte en el factor determinante. La convergencia de infraestructuras críticas –buenas carreteras, vías de ferrocarril para pasajeros y mercancías, puertos secos, aeropuertos–, permite una gestión eficiente de los flujos de mercancías, minimizando los tiempos de respuesta y los costes operativos. Estas infraestructuras se benefician también de localizaciones en la intersección de viales radiales y orbitales de alta capacidad.

Las nuevas localizaciones de la logística también se explican por la necesidad de ocupar grandes extensiones de suelo a bajo coste, inalcanzables y casi inexistentes en las zonas urbanas consolidadas, lo que empuja la actividad hacia nuevas periferias. La tipología de las nuevas plataformas logísticas de e-commerce demandan parcelas que a menudo supera los 100 000 metros cuadrados. Solo los municipios que tienen en su planeamiento urbanístico terrenos de estas características pueden ser competitivos en el mercado del sector inmobiliario de la logística.

En España, la logística se ubica a menudo en zonas limítrofes regionales aprovechando el efecto frontera (por ejemplo, para Madrid, Toledo o Guadalajara). Eso permite a los operadores logísticos tener beneficios como convenios colectivos con costes salariales más bajos o precios del suelo más bajos. Toda esta transformación e impacto territorial es especialmente visible en los alrededores de Madrid, Barcelona, Zaragoza o Valencia. En el caso del área metropolitana de la capital de España, los dos ejes que vertebran la logística son el Corredor del Henares y la comarca de La Sagra toledana.

Análisis comparativo del desarrollo logístico: Corredor del Henares (2020-2024).
Elaboración propia a partir de ortofotografía aérea PNOA. Instituto Geográfico Nacional (IGN), CC BY

La milla de oro logística

El Corredor del Henares, nodo tradicional de localización industrial, ahora es un distrito logístico que cubre desde el almacenamiento de mercancías de gran volumen hasta la última milla (el último tramo previo a la entrega), con dos puertos secos, intermodalidad completa (la autovía A-2, la línea ferroviaria Madrid-Zaragoza-Barcelona y el aeropuerto Adolfo Suárez Barajas), centralidad peninsular y proximidad al mercado madrileño.

Municipios como Alcalá de Henares, Torrejón de Ardoz, San Fernando de Henares y Coslada han transformado sus antiguos polígonos industriales y espacios agrarios en polígonos logísticos. De hecho, Amazon eligió San Fernando de Henares en 2012 para instalar su primera plataforma logística en España y, desde la pandemia, el corredor cuenta con tres más. Por el negocio que supone, Coslada es conocida desde hace tiempo como la milla de oro de la logística.

Evolución del uso del suelo en la Plataforma Central Iberum de Illescas (2018-2024).
Elaboración propia a partir de ortofotografía aérea PNOA. Instituto Geográfico Nacional (IGN), CC BY

De distrito industrial a ‘hub’ logístico

En La Sagra toledana, el caso de la Plataforma Central Iberum en la localidad de Illescas es paradigmático. De ser un distrito industrial del mueble y el ladrillo, Illescas ha pasado a ser, en menos de un lustro, un espacio orientado a la logística e-commerce e inversa, donde las economías de aglomeración han generado un efecto llamada a las grandes corporaciones globales.

Lo que antes eran suelos rústicos y agrícolas, hoy está cubierto por enormes naves industriales con una alta especialización funcional e infraestructuras orientadas al tráfico pesado. Este dinamismo ha alterado incluso las lógicas de movilidad tradicionales, generando flujos pendulares inversos que movilizan a más de 7 000 empleados diariamente, en una población de 33 000 habitantes censados. Cuenta con dos plataformas logísticas de Amazon, además de Michelin, Airbus, Toyota, Zalando y otras muchas.

Documentación gráfica del desarrollo urbano logístico. Plataforma Central Iberum en Illescas.
Por los autores., CC BY

¿Hacia la sostenibilidad de la nueva logística?

En los últimos años, la logística ha incorporado certificaciones de sostenibilidad en sus plataformas y utiliza materiales reciclados, placas solares, gestión de residuos e incluso ajardinamientos con especies autóctonas (plantas aromáticas, olivos o viñas). Sin embargo, desde una mirada geográfica crítica, hay que cuestionar si esa sostenibilidad puede limitarse al diseño ecoeficiente de una nave logística y su paisaje circundante.

Aunque estos modelos compactos optimizan las transacciones y reducen la huella de carbono mediante el uso de taquillas de entrega y recepción de envíos, así como rutas de entrega optimizadas, el sistema territorial en su conjunto revela otras externalidades, como saturaciones de viales de acceso y periferias mal conectadas por transporte público.

Cambia el modelo de consumo

En el Día Europeo de la Logística, que se celebra el 16 de abril, es necesario sensibilizar a la población sobre las implicaciones de los nuevos hábitos de consumo. El comercio electrónico ha convertido los hogares en probadores y pasarelas de moda. Detrás de cada clic en las tiendas online, los consumidores han asumido la devolución sistemática, que se traduce en pedir varias tallas de una misma prenda o usar un producto y luego devolverlo.

Ese modelo genera una presión sobre las infraestructuras, los ecosistemas y los trabajadores. Estas dinámicas muestran el síntoma más visible del capitalismo global e hiperacelerado.

The Conversation

Rosa Mecha López recibe fondos del proyecto de I+D+i PID2024-156170OB-C31, titulado “Innovación socioeconómica y gobernanza metropolitana ante el cambio ambiental en la región de Madrid”, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033/ y por FEDER/UE.

Juan Gabriel Tirado Ballesteros no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El comercio electrónico crece y la logística redibuja la periferia de las ciudades – https://theconversation.com/el-comercio-electronico-crece-y-la-logistica-redibuja-la-periferia-de-las-ciudades-277141

Cuando los estudiantes se implican, la escuela se siente como propia y la convivencia mejora

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Granizo González, Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Madrid

VH-studio/Shutterstock

Valeria tiene 15 años y ha llegado a Madrid desde Venezuela hace dos semanas. Es febrero: allí el curso escolar comienza ahora, aquí está a mitad de curso con el grupo ya formado.

Aunque habla español, muchas expresiones le resultan desconocidas y su manera de hablar provoca a veces risas que la incomodan. Está sola en los recreos y en clase solo la incluyen en los grupos cuando el profesor lo propone. A menudo siente que puede aportar poco: muchos contenidos no los ha visto nunca, aunque en su país sacaba buenas notas. Tampoco entiende cómo funcionan las evaluaciones, las entregas o la plataforma digital del centro. Le da vergüenza preguntar.

El reto del alumnado migrante

Todos hemos vivido lo que supone llegar a un lugar nuevo y no entender cómo funcionan las cosas. En la adolescencia, cuando el grupo de iguales adquiere un papel central, sentirse solo o diferente en el lugar donde pasas más horas supone un reto enorme.

Siendo alumnado migrante (que en España es casi un 13 % del total, pero no repartido de manera equilibrada), se suman dificultades emocionales como el duelo migratorio: la lejanía de familia y amistades, la pérdida de referentes y la ruptura con la vida conocida.

¿Pueden los centros educativos ayudar a mejorar el bienestar de este alumnado, en particular, y de toda la comunidad educativa en general? La respuesta es sí, si entendemos el concepto del “clima escolar” y cómo se construye cada día en los pasillos, en las aulas, en los recreos y en las reuniones. El clima escolar parte del tipo de relaciones que se establecen en un centro. Pero depende también de las normas, de cómo se organizan los tiempos, de los espacios físicos y, sobre todo, de las oportunidades reales de participación.


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Convivir y participar

Los centros son espacios de aprendizaje y de convivencia, y lo primero difícilmente se sostiene cuando lo segundo no se cuida. La convivencia se cuida cuando el alumnado y sus familias se sienten bienvenidos, comprenden el funcionamiento del centro y perciben que sus particularidades se respetan, pero también que tienen voz y agencia, entendida como capacidad de acción.

A todos nos gusta sentirnos valiosos: eso es una escuela inclusiva, la que anima a toda la comunidad a compartir y valora esta retroalimentación. Pero una cosa es la teoría, y otra las dificultades para lograrlo.

Recientemente hemos evaluado el grado de bienestar de los estudiantes de secundaria recogiendo las opiniones de alumnado, profesorado y familias mediante cuestionarios y entrevistas en diversos centros de zonas con alto porcentaje de inmigración de Madrid, con estudiantes procedentes de muy diversos orígenes. Hemos comprobado que el alumnado de origen migrante percibe más barreras para su bienestar (relacionales, académicas y económicas).

Diseñar a partir de la realidad

Con esa información, y la revisión de lo que funciona en otros programas, pusimos en marcha la segunda fase de este proyecto. Diseñamos un programa concreto de intervención con la participación de alumnado, familias, entidades sociales, profesorado e instituciones (ayuntamientos, casas de la juventud, centros de apoyos a familias de la comunidad de Madrid, policías tutores –especializados en la protección de menores y la prevención de conflictos en el entorno escolar y familiar–). Y lo estamos llevando a cabo en el IES Antonio López García de Getafe, en el sur Madrid.

Con el apoyo del equipo directivo, al principio del curso creamos un “equipo motor” con voluntarios: familias, docentes, alumnado, entidades del barrio e instituciones. Este equipo analiza a lo largo del curso qué se necesita para mejorar la escuela y qué estrategias del programa general de mejora del clima escolar son más idóneas para su entorno particular.

Soledad en el recreo y espacios tranquilos

Chicos y chicas del instituto se ocuparon de hacer un análisis de necesidades a través de grupos de discusión, entrevistas, cuestionarios elaborados por los propios estudiantes y observaciones en diversos espacios.

En una de las actividades, el alumnado elaboró un mapa del instituto señalando los lugares donde se sentía cómodo y aquellos donde detectaba problemas. Esta dinámica permitió visibilizar cuestiones como la soledad en algunos recreos, la falta de espacios tranquilos o las dificultades de acogida del alumnado recién llegado.




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Plan de bienvenida

A partir de este análisis, se han priorizado para este curso varias actuaciones. Por ejemplo, el centro ya tenía un plan de acogida para alumnos que se incorporan, pero el equipo motor se ocupó de proponer una actualización de dicho plan, para que quienes se incorporan comprendan mejor las dinámicas del centro y se sientan acompañados. También para que todos tengan claro su papel para favorecer esa acogida y evitar lo que ha sentido Valeria. Incluye, entre otros aspectos, un “kit de bienvenida” y un “directorio de recursos comunitarios”.

También se ha propuesto la creación de un programa de compañeros y compañeras ayudantes, orientado a mejorar la convivencia y ofrecer apoyo emocional.

Formación integral

Con la idea de reforzar el sentimiento de pertenencia se han propuesto actividades extraescolares (audiovisuales, deportivas y artísticas) impulsadas por el alumnado. Pueden contribuir familias, docentes y entidades del barrio.

En el instituto no solo se forma el alumnado. También se plantean sesiones formativas para docentes y familias. Son desarrolladas por profesionales externos o por miembros de la comunidad educativa. Se centran en temáticas variadas: acogida, adolescencia, currículo intercultural o prevención de microagresiones.




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Cambios en el medio y largo plazo

Los efectos de estas actuaciones sobre el clima escolar se verán a medio (tras la evaluación a final de curso) y largo plazo. Las relaciones y dinámicas de un centro no cambian de un día para otro: requieren tiempo, coherencia y compromiso compartido. Lo importante es que los chicos y chicas en la situación de Valeria sientan que el centro les cuida y entiende. Por ahora, quienes participan para conseguirlo valoran positivamente el proceso.

Cuidar el clima escolar desde la participación mejora la convivencia diaria, y contribuye a formar una ciudadanía que aprende, desde la infancia, que su aportación importa y que los problemas colectivos se resuelven mejor cuando se piensan y atienden en común.

The Conversation

Laura Granizo González recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación, Proyectos de Generación de Conocimiento (PID2021-126886OA-I00).

Cristina del Barrio participa en el Proyecto SURE que recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación, Proyectos de Generación de Conocimiento (PID2021-126886OA-I00).

Kevin van der Meulen participa en el Proyecto SURE que recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación, Proyectos de Generación de Conocimiento (PID2021-126886OA-I00).

Rocío Herrero Romero recibe fondos de PID2021-126886OA-I00/AEI/FEDER10.13039/501100011033

ref. Cuando los estudiantes se implican, la escuela se siente como propia y la convivencia mejora – https://theconversation.com/cuando-los-estudiantes-se-implican-la-escuela-se-siente-como-propia-y-la-convivencia-mejora-274345

¿Suenan mejor los vinilos que otro tipo de formato de reproducción de música?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana María Barbancho Perez, Profesora Titular de Universidad en el área de Teoría de la Señal y Comunicaciones, Universidad de Málaga

Los vinilos vuelven a estar de moda… ¿o dejaron de estarlo alguna vez? HopeNFPhotography/Shutterstock

Hace unas décadas parecía que los discos de vinilo habían desaparecido de nuestras vidas. En un entorno digital –con dispositivos para escuchar música que van desde los CDs a las plataformas de streaming–, los requerimientos (de tiempo y espacio) que exigía la música analógica parecían condenar a los vinilos a su desaparición. Pero han vuelto o, en cierta medida, su vuelta demuestra que nunca se habían ido. Actualmente son el mayor referente del resurgimiento de lo analógico y muchos defienden su existencia por encima de cualquier otra opción.

Pero la gran pregunta sigue en el aire: ¿realmente suenan mejor los vinilos que la música digital?

Proceso de grabación: vinilo vs. digital

Para responder, veamos primero cómo se registra la música en un vinilo y en un sistema digital.

En los discos, el sonido se graba en un surco en espiral que se extiende desde el borde exterior hasta el centro del disco. Los surcos tienen forma de “V”, lo que permite almacenar la información en estéreo, ya que cada canal se graba en una de las paredes de esa “V”. Los surcos deben ser poco profundos para evitar problemas mecánicos, como perforaciones o movimientos bruscos que hagan saltar la aguja.

Estos surcos registran variaciones microscópicas proporcionales a la presión del sonido original. Sin embargo, antes de grabarla, la señal musical se modifica: se reducen los sonidos graves y se amplifican los agudos. Esto se realiza para adaptarse al funcionamiento de la aguja. Por eso, los tocadiscos incluyen un circuito que invierte este proceso: se amplifican los graves y se atenúan los agudos.

Almacenar audio en formato digital, como puede ser un CD, es muy diferente. La señal analógica no se guarda de manera continua, sino que para “representarla” se obtiene un determinado número de muestras del audio. En el caso de los CDs hablamos de 44 100 muestras por cada segundo. Tras esto hay que cuantificarlas, es decir, aproximar el valor de la muestra a los valores del conversor A/D (analógico-digital), para que este le asigne un código binario. Este valor se asigna usando 16 bits por muestra, lo que significa que disponemos de todas las combinaciones posibles de esos 16 bits. Esto se traduce en 65 536 valores.

Estos valores cumplen las condiciones necesarias para que se reproduzcan correctamente todas las frecuencias que el oído humano percibe. Sin embargo, este proceso no es perfecto y produce un pequeño error que se manifiesta como un leve ruido añadido a la señal original.

Los estudios de grabación utilizan formatos de audio profesional con más calidad que los de los CDs. Para esto, usan una frecuencia de muestreo mayor y más bits por muestra (24bits). Así, consiguen una representación más precisa de la señal y reducen el ruido introducido durante la conversión digital. Sin embargo, estos archivos requieren mucho más espacio de almacenamiento y no son prácticos para su uso doméstico. Por ello, se adaptan para que en un CD se puedan almacenar unos 80 minutos de música (aproximadamente 15-20 canciones).

Una torre de CDs con unos auriculares alrededor.
¿Están los CDs también muertos o solo esperan su momento de resurrección?
Jakub Adamczuk/Shutterstock

Otros formatos de grabación y reproducción de música, como el popular MP3, son modelos de representación del audio con pérdidas. Esto significa que se elimina parte de la información original del sonido para que ocupe menos espacio. Por ello, su calidad siempre va a ser inferior a la de los vinilos y CDs. Las plataformas de streaming usan esos modelos con el objetivo de que las canciones carguen más rápido y consuman menos datos.

Calidad de sonido en casa: ¿vinilo o CD?

Para comparar de forma justa, en un entorno doméstico, qué formato sonaría mejor entre un disco de vinilo y un CD utilizaremos el mismo equipo de reproducción, compatible con ambos, y asumiremos que los dos están recién comprados.

En este escenario, el vinilo ofrecerá mejor sonido. Será más limpio, libre de ruido de muestreo o cuantificación, y con un rango de frecuencias completo. Aunque parte de estas frecuencias no son audibles, en determinados espacios sí tienen efecto en la percepción del sonido. Además, el vinilo aplica un proceso de ecualización propio que aporta un carácter particular distinto al del formato digital. De hecho, muchos sistemas de grabación digital actuales incluyen complementos o plugins que imitan esta característica sonora de los vinilos.

Además, el equipo utilizado para reproducir vinilos puede incluir amplificadores de gran calidad, incluso, en algunos casos, amplificadores de válvulas. Aunque estos últimos generan cierta distorsión, se considera que aportan calidez al sonido, haciendo su escucha más agradable.

Una imagen en la que se ven un vinilo, una cinta casete, un CD, un MP3...
A lo largo de las décadas los formatos de reproducción de audio han ido cambiando.
Luigi Bertello/Shutterstock

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que el vinilo pierde con el uso, por desgaste. También el CD, si no es original o se ha conservado mal, puede dañarse y sufrir fallos en la lectura de las muestras digitales, lo que influye en la calidad del audio e incluso llega a provocar interrupciones en la reproducción.

Depende de la audiencia

Al llevarlo a ejemplos concretos, existen pequeños matices en los que se pueden diferenciar ambos sonidos.

Si pensamos en una guitarra acústica, en el CD habrá un silencio absoluto antes de que empiece a sonar, mientras que en el vinilo se percibirá primero un ligero sonido de fondo que proporciona calidez. De igual forma, en el vinilo el roce de los dedos del guitarrista contra las cuerdas se escuchará dulce y aterciopelado, mientras que en el CD será más agudo, dado que reproduce el sonido sin ningún tipo de suavizado y resulta más metálico.

Aunque en el caso de la música digital en streaming o CD, a menudo la audiencia no se preocupa por estos elementos, en este aspecto gana de nuevo el vinilo. No obstante, hay que recordar que el audio digital ofrece una calidad constante. Además, es fácil de transportar y almacenar, mientras que los vinilos se deterioran con cada reproducción y requieren más espacio y cuidados para su conservación.

Sin embargo, no podemos negar que estos ofrecen un sonido más cálido y completo que el formato digital. Tal vez por ello sigan atrayendo tanto a nostálgicos como a nuevas generaciones.


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The Conversation

Ana María Barbancho recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de los Proyectos PID2021-123207NB-I00 y PID2024-156798OB-I00, financiados por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y FEDER UE, y por Universidad de Málaga, Junta de Andalucía: TIC208-G-FEDER.

Isabel Barbancho recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de los Proyectos PID2021-123207NB-I00 y PID2024-156798OB-I00, financiados por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE y por Universidad de Málaga, Junta de Andalucía: TIC208-G-FEDER.

Lorenzo José Tardón García recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de los Proyectos PID2021-123207NB-I00 y PID2024-156798OB-I00, financiados por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y FEDER UE, y por Universidad de Málaga, Junta de Andalucía: TIC208-G-FEDER.

ref. ¿Suenan mejor los vinilos que otro tipo de formato de reproducción de música? – https://theconversation.com/suenan-mejor-los-vinilos-que-otro-tipo-de-formato-de-reproduccion-de-musica-275628