La sorprendente capacidad de las conchas de ostras y mejillones para atrapar tierras raras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Diego Rodríguez-Blanco, Ussher Associate Professor in Nanomineralogy, Trinity College Dublin

En muchas zonas costeras es habitual encontrar montículos que contienen caparazones calcáreos de ostras y mejillones desechados. Son los restos de una industria global de productos marinos que genera millones de toneladas de residuos cada año. Al mismo tiempo, lejos del litoral, ocultos en formaciones rocosas, se encuentra otro recurso muy diferente: las tierras raras. Estos metales son cada vez más demandados por la industria, dado que resultan esenciales para tecnologías como las turbinas eólicas, los vehículos eléctricos y la mayoría de los dispositivos electrónicos de uso cotidiano.

Nuestro grupo de investigación ha descubierto una conexión interesante entre estos residuos marinos y las tierras raras. Hemos observado que las conchas calcáreas marinas –especialmente las de ostra– pueden capturar tierras raras disueltas en el agua. De este modo, pasan de ser un desecho para convertirse en una herramienta potencial para limpiar la contaminación asociada a la transición energética.

Los japoneses suelen describir las tierras raras como “las vitaminas de la industria moderna”: al igual que ocurre con las vitaminas en el cuerpo humano, son esenciales, pero se necesitan en cantidades muy pequeñas. Sin embargo, la extracción y el procesamiento de los minerales que contienen tierras raras generan aguas residuales muy contaminantes y además liberan estos elementos químicos al medio ambiente.

Una “piel” mineral sobre las conchas

En nuestros laboratorios del Trinity College Dublin hemos investigado si las conchas y caparazones calcáreos podrían ayudar a abordar este problema. Lo primero que hicimos fue obtener conchas de ostras, mejillones y berberechos de playas irlandesas. Después, las limpiamos para eliminar materia orgánica y las trituramos hasta obtener pequeños fragmentos. Una vez hecho eso, mezclamos los fragmentos con agua que contenía tierras raras –concretamente, lantano, neodimio y disprosio– con concentraciones similares a las observadas en casos de contaminación industrial severa.

Lo que ocurrió a continuación no es observable a simple vista, pero sí empleando microscopios… y fue sorprendente. En la superficie de cada fragmento del caparazón calcáreo comenzó una reacción química: el carbonato cálcico que forma esta estructura comenzó a disolverse y fue progresivamente reemplazado por nuevos minerales que contenían tierras raras. Pasados unos días, se había formado una capa muy fina, como una especie de “piel” mineral que recubría el fragmento.

Empleando microscopía electrónica de alta resolución, pudimos observar este proceso con todo detalle. Al principio se observaban pequeños cristales, parecidos a agujas, que después crecían y se unían formando una costra continua. En algunos casos, esta costra –similar a una armadura– acababa interrumpiendo la reacción química y deteniendo todo el proceso.

Sin embargo, no todos los experimentos dieron los mismos resultados. Los caparazones calcáreos de ostra están formados por capas muy finas y poros que permiten que el agua y los elementos químicos disueltos circulen con mayor facilidad por su interior. Esto permitió que la reacción no se limitase a su superficie, sino que continuase hacia su interior, hasta reemplazar completamente la estructura.

Los resultados fueron muy prometedores: en condiciones adecuadas, 1 gramo de concha calcárea de ostra llegó a capturar aproximadamente 1.5 gramos de tierras raras presentes en el agua. En lugar de adsorberse en su superficie, estos elementos pasaron a formar parte de un nuevo mineral, un carbonato de tierras raras muy estable.

De la descontaminación a la recuperación de recursos

Muchos materiales utilizados en el tratamiento y descontaminación de aguas se basan en la adsorción, un proceso fisicoquímico mediante el cual los contaminantes se adhieren directamente a una superficie. Sin embargo, en nuestros experimentos lo que sucede es una transformación mineral, en la que las tierras raras se incorporan a los nuevos cristales sólidos, impidiendo que estos elementos vuelvan a liberarse al medio ambiente.

Una vez capturadas las tierras raras, estas podrían procesarse posteriormente para recuperarlas y reutilizarlas. Al estar concentrados en un sólido, sería posible aplicar métodos químicos de extracción bien establecidos para reciclarlos. De esta forma, los caparazones calcáreos desechados podrían servir no sólo para limpiar la contaminación, sino también para recuperar recursos valiosos que de otro modo se perderían.




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Las conchas marinas no son un recurso escaso: la naturaleza las genera en grandes cantidades y sin coste. La acuicultura de moluscos también genera toneladas de residuos cada año a escala mundial, muchos de los cuales terminan en vertederos o acumulados cerca de las costas. Estas conchas, trituradas, podrían utilizarse en sistemas de filtrado o barreras reactivas permeables, sistemas en los que el agua contaminada fluye a través de un material altamente reactivo que atrapa los contaminantes.

Estas soluciones se emplean para eliminar metales pesados. No obstante, garantizar la estabilidad de su rendimiento a largo plazo sigue siendo el principal desafío. Nuestros experimentos mostraron que algunos tipos de caparazones calcáreos desarrollaban rápidamente recubrimientos impermeables que limitaban su rendimiento. Sin embargo, los caparazones de las ostras, gracias a su estructura, son especialmente adecuados para superar esta limitación.

Para que este tipo de tecnología funcione a gran escala, lo realmente importante no es encontrar nuevos materiales, sino diseñar sistemas que aprovechen al máximo el contacto entre el agua contaminada y las superficies reactivas, evitando al mismo tiempo que estas se bloqueen y pierdan eficacia con el tiempo.

El método que hemos desarrollado no eliminará la necesidad de extraer tierras raras mediante minería, ya que la demanda mundial de estos metales es enorme y continúa creciendo con gran rapidez. Sin embargo, puede contribuir a una gestión más sostenible y “circular” de estos materiales críticos, al ofrecer una forma de capturar tierras raras de aguas residuales, reducir la contaminación ambiental y recuperar parte de lo que actualmente se pierde durante el procesamiento.

Transformar este método de laboratorio en una aplicación real requerirá ensayos en condiciones aún más complejas, ya que las aguas residuales industriales contienen mezclas de metales con diferentes concentraciones y además están en constante movimiento. Por tanto, será necesario realizar estudios piloto que permitan evaluar el rendimiento, la durabilidad y la velocidad a la que los fragmentos de caparazones calcáreos atrapan tierras raras y determinar si es posible evitar la formación de costras que interrumpan el proceso de descontaminación.

También existen otras cuestiones prácticas que deberán ser abordadas: ¿cómo será necesario preparar los caparazones (limpieza, trituración) para aprovechar al máximo su eficiencia? ¿Podrá este proceso aplicarse de forma económicamente viable a gran escala? ¿Qué limitaciones tendrá? Además, si el objetivo final es recuperar tierras raras para su uso industrial, será imprescindible desarrollar métodos eficientes que permitan extraerlas de los nuevos minerales formados sobre la superficie de los caparazones calcáreos. Abordar estos retos será esencial para que esta tecnología llegue a convertirse en una solución medioambiental realmente viable.

The Conversation

Juan Diego Rodriguez-Blanco recibe fondos de .Science Foundation Ireland (Research Ireland), Geological Survey Ireland y Environmental Protection Agency de Irlanda.

ref. La sorprendente capacidad de las conchas de ostras y mejillones para atrapar tierras raras – https://theconversation.com/la-sorprendente-capacidad-de-las-conchas-de-ostras-y-mejillones-para-atrapar-tierras-raras-280945

Mi cuerpo, su voz: el ‘lip sync’ como expresión cultural en TikTok

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Teresa Piñeiro Otero, Profesora Titular en el Departamento de Sociología y Ciencias de la Comunicación de la UDC., Universidade da Coruña

La misma canción y múltiples “intérpretes” usando _lip sync_. Composicion de Teresa Piñeiro a partir de TikTok.

Una persona se asoma desde la pantalla. Mueve los labios, pero la voz que escuchamos no es suya. Puede ser una canción, un sketch cómico, un discurso político. Sabemos que esa voz no pertenece a ese cuerpo, pero aceptamos la unión. De hecho, ahí está buena parte del sentido.

Desde las primeras semanas del confinamiento con la covid-19, TikTok convirtió la sincronización de labios –funcionalidad heredada de Musical.ly– en uno de sus rasgos expresivos y en una puerta de entrada para públicos más adultos.

Impacto a gran escala

El lip sync puede parecer un pasatiempo. Alguien dobla un tema de moda, interpreta un audio viral o reproduce un diálogo de película. Sin embargo, por su uso extensivo en redes, se ha transformado en una práctica cultural que tensa las costuras del contrato audiovisual.

La ilusión audiovisual se sustenta en la sincronía imagen-sonido y en su verosimilitud: si una boca se mueve al ritmo de una voz, tendemos a vincular ese sonido con una fuente en pantalla, real o sugerida. TikTok conserva la sincronía y, al mismo tiempo, explota la falta de fidelidad como parte de su atractivo.

Esa separación entre sonido y fuente, la acumastización, no es nueva. La historia del medio audiovisual está llena de voces desplazadas, doblajes, playbacks, números musicales… La novedad aquí es que la herramienta se está usando a gran escala.

Antes, estas operaciones dependían de una infraestructura técnica o industrial. Hoy basta con elegir un audio en el móvil, grabarse, sincronizar el gesto y publicarlo. La pregunta ya no es si la voz es auténtica, sino cuál es su efecto expresivo.

El significado cambia según el contexto

Una voz puede cambiar de contexto con enorme facilidad. Un mismo audio puede servir para quejarse de un examen, ironizar sobre un cliente insoportable o dramatizar una situación cotidiana. La voz se repite, pero el sentido cambia.

Por eso, el lip sync es más que una imitación. Aunque el cuerpo no habla, el lenguaje corporal sí reorienta el significado. Una mirada, una ceja levantada o una sonrisa incómoda pueden cambiar por completo el sentido de un audio. Repetir lo que dijo otra persona, en este contexto, puede ser una forma de apropiarse, traducir, parodiar, denunciar o desplazar un significado.

En un momento en que la inteligencia artificial generativa ha facilitado el acceso a la creación de vídeos sintéticos, cuando cientos de aplicaciones nos permiten fabricar discursos que no se pronunciaron, reemplazar rostros o sincronizar labios y gestos faciales con una precisión cada vez mayor, TikTok revindica la imperfección para poner énfasis en el gesto, el contexto o la intención de alguien que hace suya una voz que no le pertenece.

Cuando se usa con fines activistas

Ese uso puede tener una dimensión crítica. Algunas creadoras se apropian de audios que indican cómo debe comportarse una mujer mientras friegan, se maquillan o miran a la cámara con hartazgo. El audio afirma una cosa; el cuerpo responde otra.

Por otro lado, canciones como Labour, de Paris Paloma, se convirtieron en fenómenos virales, como un himno de rabia feminista que resuena con millones de mujeres jóvenes. La canción, que aborda de manera cruda y poética la fatiga ante roles de género tradicionales, la carga mental y el trabajo doméstico, es hoy un grito de guerra de “feminist.rage” –rabia feminista– en boca de cientos de jóvenes.

En otros casos, el lip sync sirve para señalar formas de racismo cotidiano. Frases aparentemente bienintencionadas –“¿De dónde eres realmente?”, “Hablas muy bien”, “No pareces de aquí”– pueden interpretarse con ironía. Esta práctica no derriba estructuras, pero puede intervenir en la circulación de ciertos significados.

Banalización de contenidos y minorías

En la otra cara de la moneda, la reutilización de voces, acentos y músicas no siempre funciona como homenaje o crítica. En su análisis de los lip sync de creadores oyibo –“persona blanca” en el idioma yoruba de Nigeria– sobre audios de humor, música y pidgin –lengua mixta– nigerianos, un estudio reciente señala que esta circulación puede ampliar la visibilidad de determinadas formas culturales, pero también vaciarlas de contexto y convertir la diferencia en espectáculo.

Por eso, no basta con celebrar el lip sync como una práctica creativa. Su sentido depende de quién usa la voz, desde qué posición, ante qué comunidad y con qué beneficio. La misma operación puede funcionar como traducción cultural, parodia, reconocimiento o apropiación.

Usuarios con discapacidad auditiva

El fenómeno se vuelve aún más complejo si se observa desde la experiencia de las personas sordas y con discapacidad auditiva, a las que TikTok brinda otras formas de presencia. La lengua de signos, los subtítulos, los gestos, la música, el doblaje o el lip sync permiten participar en tendencias sonoras desde registros distintos.

Sin embargo, esa participación no está libre de tensiones. La posibilidad de intervenir en tendencias sonoras desde registros visuales no implica que la plataforma reconozca estas formas de comunicación en igualdad de condiciones. Buena parte de las dinámicas de TikTok continúan organizadas en torno a una lógica oyente, basada en la escucha de un audio, su reproducción mediante la voz o la boca y la sincronización entre sonido, cuerpo e imagen.

Así, la participación de personas sordas exige una continua labor de traducción y ajuste entre lengua de signos, subtítulos, gestualidad, ritmo, música y texto.

Al mismo tiempo, algunos usuarios que reclaman a la comunidad creadora la incorporación de voz para mejorar la comprensión de los vídeos. Aunque un vídeo pueda construir sentido mediante lengua de signos, subtítulos o expresión corporal, la ausencia de voz hablada sigue percibiéndose como una carencia.

En este sentido, una investigación reciente constató que prácticas como el subtitulado, el doblaje, la música o el lip sync permiten a las personas sordas intervenir en una cultura atravesada por el sonido, pero no desactivan la norma oyente que sigue organizando buena parte de sus modos de participación.

La misma canción, infinitos intérpretes

Ante este panorama, si hay una práctica que domina el lip sync, es la musical. Basta buscar “lipsync” para encontrar una sucesión de vídeos de chicas jóvenes con el mismo encuadre, filtros y gestos, interpretando cualquier tema viral. A veces, parece que vemos el mismo vídeo una y otra vez. Y, en parte, esa es la lógica de la plataforma.

La canción deja de circular como una obra completa. El corte se impone al tema, al álbum o a su intérprete. La propia plataforma favorece esa fragmentación al ofrecer sonidos listos para reutilizar y al premiar las formas que mejor se adaptan a la repetición. La música se dobla, se imita, se contesta y transforma.

De este modo, surgen formas diversas de cocreación musical. Los usuarios completan canciones, hacen versiones, traducen gestos o mezclan estilos desde lugares muy distintos y con medios mínimos. Así, músicas no occidentales, rurales, migrantes u orientales pueden circular por vías que no dependen del todo de los filtros tradicionales de la industria.

Aunque no conviene idealizarlo. TikTok también toma parte de esa gran industria musical dominante y elige qué ritmos, idiomas y gestos se van a convertir en plantilla.




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The Conversation

Teresa Piñeiro Otero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Mi cuerpo, su voz: el ‘lip sync’ como expresión cultural en TikTok – https://theconversation.com/mi-cuerpo-su-voz-el-lip-sync-como-expresion-cultural-en-tiktok-281914

Dilema en la economía venezolana: ¿dolarizarse o devolver al banco central su autonomía?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Antonia Moreno, Profesor Investigador Asociado, Universidad Católica Andrés Bello

testing/Shutterstock

Tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales estadounidenses el 3 de enero de 2026, en Venezuela han surgido expectativas optimistas respecto a su economía, como si una fuerza poderosa estuviera a punto de transformarla y devolverla a lo que fue hace décadas, y de donde, según algunos, nunca debió haberse desviado.

¿En qué se sustentan tales esperanzas? Las repercusiones de los cambios políticos y económicos de estos meses son tan incompletas que no está claro si conducirán a un sendero sostenible de desarrollo y bienestar.

A ello se añade la incertidumbre generada por las propuestas para legislar la dolarización de la economía del país. Este artículo se centra en las implicaciones de esta opción, argumentando que el camino hacia una estabilidad macroeconómica efectiva reside en establecer una independencia confiable del Banco Central de Venezuela (BCV).




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De inflaciones e hiperinflaciones

Un argumento a favor de la dolarización es la persistencia de periodos de alta inflación: la característica más prominente de la economía venezolana desde hace varias décadas.

En efecto, la variación promedio mensual del índice de precios al consumidor (IPC) de Venezuela no solo se ha mantenido en niveles por encima del 2 %, sino que ha escalado a promedios de más del 11 %, incluso a una hiperinflación entre diciembre de 2017 y enero de 2021, con un promedio mensual de 58 %. Si bien su ritmo de crecimiento ha disminuido desde entonces, el promedio actual (11,6 %) es todavía muy alto en relación con los niveles hacia los cuales ha tendido el promedio mundial de la inflación.

La tendencia creciente del coeficiente de variación (CV) de la inflación promedio intermensual refleja también un alto nivel de volatilidad del IPC. Esta tendencia sugiere que cualquier intento de las autoridades monetarias de reducir la inflación ha sido meramente temporal.

Dicho coeficiente de variación (CV) mide la volatilidad de la inflación mes a mes. Un CV bajo indica que la inflación mensual es constante y predecible. Uno alto, que la inflación mensual fluctúa mucho, con meses de subidas muy altas y otros más bajas.




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Dolarización, ¿sí o no?

Ahora bien, al proponer la dolarización por ley para Venezuela se dejan de lado cuestiones de importancia tales como:

  • El reconocimiento de que una de las fuentes relevantes de la inflación tiene que ver con la insostenibilidad de los déficits fiscales (cuando los ingresos por impuestos y otras fuentes son inferiores a los gastos públicos en un año) y su financiamiento por el BCV.

  • El desconocimiento de que otros países latinoamericanos con la misma experiencia, como por ejemplo Perú y Brasil, lograron controlar la inflación sin dolarizar su economía (Banco Mundial, 2024). Sobre todo tomando en cuenta que, en Venezuela, tanto la inflación como la depreciación cambiaria siguen tendencias alcistas.

Pero, más importante aún, es que, con la propuesta de dolarización, se dejan de lado las posibles causas de la persistencia de las autoridades económicas venezolanas en ignorar que, en los países donde se han establecido objetivos de inflación (inflation targeting), se ha conseguido reducirla a tasas compatibles con un crecimiento económico sostenido y mejoras en el bienestar social de la población.

¿Por qué oponer la dolarización a la política de metas de inflación? ¿Es que la autonomía del banco central es viable para otras naciones, pero no para el de Venezuela? ¿Cómo se puede aceptar tal premisa? La dolarización puede ofrecer una solución a corto plazo para frenar las inflaciones elevadas. Pero, a la larga, se convierte en una camisa de fuerza que conlleva costos y riesgos persistentes.

Peor aún, no solo deja sin resolver los problemas subyacentes de la economía, sino que conlleva, al atar la economía nacional a una divisa extranjera, una renuncia irreversible a la capacidad de establecer políticas económicas propias.




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Lo que hay que cambiar

En un país cuya economía se contrajo considerablemente desde comienzos del siglo XXI, estos costos y riesgos pueden atenuarse con la adopción de una política de metas de inflación. Esto requiere restituir la independencia del Banco Central de Venezuela en la toma decisiones y la formulación de políticas monetarias, sin injerencias políticas.

Los cambios legales para conseguirlo no deberían tomarse un tiempo muy prolongado, pues la autonomía e independencia del BCV constituyen un mandato constitucional desde 1999. Además, con la flexibilización de las sanciones estadounidenses que ha venido produciéndose desde principios de año, la reforma de la Ley del BCV podría agilizarse, tal y como ocurrió con la aprobación de las recientes reformas de la Ley Orgánica de Hidrocarburos y la Ley Orgánica de Minas.

Implementar estos cambios permitiría a Venezuela pasar de una economía pequeña y distorsionada a una regida por los incentivos adecuados para impulsar un crecimiento sostenible y equitativo.




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Una fiscalidad mejorada

Para mejorar la gestión de la institución monetaria, además de la restitución legal de su autonomía, sería necesario restablecer otras normas fiscales que se fueron debilitando y abandonando.

Estas normas incluyen el restablecimiento de límites razonables de endeudamiento público, la coordinación de la planificación monetaria y fiscal a largo plazo contemplada en la Constitución, la implementación de un fondo de estabilización macroeconómica (una entidad de ahorro soberano para acumular recursos durante periodos de altos ingresos que contrarresten la volatilidad del ciclo petrolero), y la reforma del sistema tributario para convertirlo en un estabilizador automático efectivo.

Un estabilizador fiscal automático suaviza los efectos de las fluctuaciones cíclicas de la economía sin intervención gubernamental directa. Por ejemplo, los impuestos progresivos, como el impuesto sobre la renta, hacen que, en periodos expansivos de la economía, aumente la recaudación tributaria fortaleciéndose la capacidad de ahorro del fisco. En períodos de contracción económica, este ahorro permite a los gobiernos financiar políticas dirigidas a contrarrestar su impacto negativo en la demanda agregada. De esta manera, el ciclo contractivo del PIB se suaviza, al disminuir el gasto de las familias menos de lo que lo hace el PIB.

Restaurar la confianza y la credibilidad

La aplicación de los cambios propuestos, que permitirían incorporar mecanismos estabilizadores automáticos, erradicar la dominancia fiscal (que resta capacidad a la para controlar la inflación) y eliminar la rigidez del gasto público asociada a la búsqueda de rentas o rent-seeking (un fenómeno estructural por el que una parte del presupuesto se destina a grupos de interés que buscan asegurarse beneficios propios), podrían restaurar la confianza y credibilidad en las políticas fiscales, cuestiones tan necesarias en el desenvolvimiento eficiente de los mercados y la actividad productiva.

Aunque lograr estos objetivos requiere consenso político, no debería ser difícil alcanzarlo si se tiene en cuenta que la inflación siempre es un mal negocio para todos los sectores sociales, económicos y políticos.

The Conversation

María Antonia Moreno no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Dilema en la economía venezolana: ¿dolarizarse o devolver al banco central su autonomía? – https://theconversation.com/dilema-en-la-economia-venezolana-dolarizarse-o-devolver-al-banco-central-su-autonomia-282758

¿Qué hace un fragmento de la ‘Ilíada’ de Homero dentro de una momia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Stephan Blum, Research Associate, Institute for Prehistory and Early History and Medieval Archaeology, University of Tübingen

Achilles Lamenting the Death of Patroclus by Gavin Hamilton (1760-1763). National Galleries of Scotland Collection

Los arqueólogos han encontrado algo inesperado en el interior de una momia egipcia de la época romana de hace 1 600 años: un fragmento de la Ilíada de Homero. No estaba colocado junto al cuerpo, sino dentro del abdomen de la momia. Pero la verdadera sorpresa no es solo dónde se encontró el fragmento. Es cómo llegó allí. Para entenderlo, debemos retroceder: a la propia Ilíada y a lo que llegó a ser en el mundo romano.

En la Ilíada, un poema escrito en el siglo VIII a. .e. c. y atribuido a Homero, la guerra de Troya no termina en triunfo ni en renacimiento. Termina en devastación. El poema concluye al borde del colapso, con Troya reducida a un paisaje de ruinas heroicas. Y, sin embargo, la historia no acaba aquí.

Según la tradición romana posterior, un troyano escapó. Eneas –hijo de Anquises y de la diosa Afrodita– huyó de la ciudad en llamas llevando a su padre a hombros y a los dioses domésticos en las manos. Se dirigió hacia el oeste, cruzando el Mediterráneo, hacia Italia, donde se convirtió en el antepasado de Roma.

Esta continuación no proviene de la propia Ilíada. Se configuró siglos más tarde, sobre todo en la Eneida de Virgilio. Pero cambió por completo el significado de la guerra de Troya. El pasado, en otras palabras, se reorganizó activamente a través de historias que podían reelaborarse, ampliarse y conectarse a través del tiempo y el espacio.

Pintura de Pompeo Batoni (1753), que representa a Eneas huyendo de la ciudad de Troya en llamas con su padre Anquises y los dioses domésticos, mientras la caída de Troya se reconfigura como el comienzo de un viaje hacia la fundación de Roma.
Cuadro de Pompeo Batoni (1753), que representa a Eneas huyendo de la ciudad de Troya en llamas con su padre Anquises y los dioses domésticos, ya que la caída de Troya se reinterpreta como el comienzo de un viaje hacia la fundación de Roma.
Galleria Sabauda

Convertir la derrota en origen

Para el público romano, la guerra de Troya era más que una leyenda griega. Se convirtió en una forma de pensar sobre los orígenes, la identidad y el poder.

Afirmar el linaje troyano no implicaba solo un rastreo; requería un trabajo cultural constante –a través de la narración, la educación y el conocimiento compartido–. La Ilíada proporcionaba la materia prima: personajes, acontecimientos y genealogías que podían remodelarse y reutilizarse a lo largo de las generaciones.

En todo el Imperio romano, las élites cultas estudiaban a Homero como parte de su formación. Lo citaban en discursos, lo analizaban en las aulas y lo utilizaban para demostrar autoridad cultural. Conocer la Ilíada era hablar un idioma que otros en todo el imperio entendían.

Un senador en Roma, un profesor en Asia Menor o un estudiante en Egipto podían recurrir a las mismas historias. El poema creó un marco de referencia compartido, uno que permitía a personas muy diferentes situarse dentro de un pasado común.

Plano de la ciudadela de Troya de la Edad del Bronce Tardía
Plano de la ciudadela de Troya de la Edad del Bronce Tardía (c. 1300–1109 a. C.) mostrado en rojo, con las estructuras de la época romana en azul, integradas en la antigua fortificación de tal manera que los muros conservados funcionaban como un telón de fondo teatral de la ‘antigüedad auténtica’, transformando la profundidad arqueológica en una experiencia deliberadamente escenográfica.
Universidad de Tubinga, CC BY-SA

En la época del Imperio romano, el yacimiento de la antigua Troya –situado en la actual Turquía– se convirtió en un destino turístico. Los emperadores invirtieron en su desarrollo, vinculándolo directamente a los supuestos orígenes troyanos de Roma. Bajo el emperador Augusto, Troya se integró en el discurso político del imperio. Y bajo el emperador Adriano, pasó a formar parte de una cultura más amplia de viajes, memoria y patrimonio.

Un visitante de Troya en el siglo II se habría encontrado con un paisaje cuidadosamente diseñado. Había baños, lugares donde alojarse y espacios para espectáculos. Se construyó un pequeño teatro –el Odeón– directamente en la antigua ciudadela, de modo que los restos de la ciudad de la Edad del Bronce, entendida como el escenario de las legendarias batallas en torno a Troya, formaban un escenario dramático.

Los visitantes podían pasear por lo que se presentaba como el escenario de la epopeya homérica, experimentando la guerra de Troya como algo arraigado en el suelo bajo sus pies.

De Troya a Egipto

Por todo el Imperio romano, la Ilíada circulaba como un texto vivo: se copiaba, se enseñaba y se leía. Egipto, una de las provincias más importantes de Roma, no fue una excepción. Sin embargo, aquí Homero circulaba dentro de un panorama cultural que difería en aspectos importantes del mundo literario griego en el que el poema había tomado forma por primera vez.

Para los observadores romanos, Egipto solía aparecer como un lugar donde la antigüedad se conservaba materialmente, además de recordarse, a través de templos, monumentos y prácticas que enfatizaban la continuidad con el pasado. Al mismo tiempo, era una sociedad profundamente híbrida, donde las tradiciones egipcias, griegas y romanas interactuaban de forma compleja.

Homero fue uno de los autores más copiados en el Egipto romano: se leía y se enseñaba como un indicador de educación y pertenencia cultural, y estaba profundamente arraigado en la cultura literaria cotidiana.

Un pequeño teatro romano cubierto
El Odeón de Troya, un pequeño teatro cubierto integrado en el tejido de la antigua ciudadela y construido a principios del siglo II, ejemplifica la reconfiguración romana del paisaje urbano y cultural del lugar.
Universidad de Tubinga, CC BY-SA

La versión homérica de la Guerra de Troya era especialmente popular entre la élite de habla griega, sobre todo en centros urbanos como Oxirrinco, donde se encontró la momia. Otras versiones de la historia –que ponían mayor énfasis en la estancia de Paris y Helena en Egipto, tal y como relató Heródoto basándose en los relatos de los sacerdotes egipcios– probablemente estaban más extendidas entre la población egipcia en general.

La cobertura mediática inicial del descubrimiento del fragmento dentro de la momia egipcia sugería que el texto había sido elegido deliberadamente para acompañar al difunto como un objeto de significado personal, tal vez reflejo de su educación o identidad cultural.

Sin embargo, la explicación más reveladora puede ser la más sencilla. Los papiros desechados o dañados podían reutilizarse como material barato. Por lo tanto, el fragmento pudo haber servido como relleno: se ataban en un haz y se insertaban en la cavidad corporal sin prestar especial atención a su contenido literario.

Sin embargo, el mero hecho de que un trozo de la Ilíada pudiera acabar como relleno desechable pone de manifiesto hasta qué punto Homero había calado en la vida cotidiana del Egipto romano.

Un texto en movimiento

Dar sentido al pasado en el mundo romano significaba moverse entre la historia y el monumento, entre la genealogía y el tiempo profundo. Cada perspectiva hacía más inteligibles las demás.

La Ilíada ayudó a crear un mundo en el que se podían conectar, comparar y remodelar diferentes pasados. Al vincular historias, lugares y tradiciones a lo largo del Mediterráneo, el mundo romano convirtió el pasado en un recurso flexible, capaz de generar identidad, autoridad y pertenencia en contextos cambiantes.

Por eso era importante el poema: circulaba por muchos entornos diferentes. Moldeó la educación de la élite, pero también formaba parte de la cultura lectora cotidiana. En Troya, contribuyó a transformar la ciudad en un lugar de memoria cultural. El texto en sí mismo también tuvo una larga vida material posterior, sobreviviendo no solo como una historia autorizada, sino a través de manuscritos y materiales de escritura que se copiaban, se transmitían o incluso se reutilizaban con fines totalmente diferentes.

Su idea más perdurable es, por lo tanto, esta: el pasado no es algo que simplemente se conserva, sino algo que se crea y se recrea continuamente.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Qué hace un fragmento de la ‘Ilíada’ de Homero dentro de una momia? – https://theconversation.com/que-hace-un-fragmento-de-la-iliada-de-homero-dentro-de-una-momia-282924

Bottom trawling is scraping oceans of wildlife

Source: The Conversation – Canada – By Sarah Foster, Program Leader, Project Seahorse and Senior Researcher, Institute for the Oceans and Fisheries, University of British Columbia

Bottom trawlers extract one-quarter of the world’s fisheries catches by weight and raise significant ecological, economic and social concerns. Given that, you’d think there would be an answer to basic questions in fisheries: how many fish species are being caught, and what are they?

In reality, though, bottom trawling is often proceeding blindly.

Bottom trawling is widespread and problematic. Gears operate by dragging large weighted nets across the ocean floor (some as wide as a 45-storey building is tall), sweeping up most of the life they encounter along the way and destroying habitat.

a yellow seahorse in the water
By far the biggest threat to seahorses is their incidental capture in bottom trawls.
(Unsplash/Giulia Salvaterra)

Hundreds of thousands of bottom trawlers operate all over the world, often dependent on subsidies, implicated in human rights violations and exacerbating climate change.

We lead a conservation team called Project Seahorse, dedicated to ensuring there are more fish in the ocean in healthier ecosystems. We focus our work on securing healthy populations of seahorses — and to save seahorses, we have to save the seas.

By far the biggest threat to seahorses is their incidental capture in bottom trawls. As such, seahorses provide an index of the tremendous intensity of bottom trawling.

It was while developing a briefing on bottom trawl impacts that we realized no one knew the actual tally or diversity of fish getting caught up in nets. So we set out to provide an answer and in so doing unveiled more about the pressure bottom trawling is placing on marine species, ecosystems and fisheries worldwide.

Endangered species

Our research was anchored in tedious work as our co-authors took a deep dive into studies and reports hosted on the Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO) document repository, supplemented by an ad hoc exploration of additional literature.

The FAO is an intergovernmental organization that, among other things, collates worldwide fisheries data. We extracted more than 9,000 reports of fish species in bottom trawl catches, spanning from 1895 to 2021.

The first of our worrying findings is that a huge number of species are affected. We documented around 3,000 different fish species in bottom trawl catches but our modelled estimates suggest the true number could be double that.

Our data also showed that bottom trawls extract all or most species in some fish families. These include both the ocean’s most nutritious and commercially critical fish, such as jacks and croakers, and rare, distinct fish such as giant guitarfish and plough-nosed chimera.

Our second discovery is that many of the species we documented are already known to be of conservation concern. Among those on the International Union for Conservation of Nature’s (IUCN) Red List, about one in seven are classified as threatened or near-threatened with extinction. Bottom trawling was also cited in threat assessments for two-thirds of those species.

a guitarfish lying on the ground among other fish and mollusks
A giant guitarfish is among the species being caught by bottom trawling.
(Sarah Foster)

Insufficient data

Our third finding was that there is limited information on the conservation status for many of the fish caught in bottom trawls. About one-quarter of the species we recorded were listed as “data deficient” or “not evaluated” by IUCN, meaning their conservation status is essentially unknown.

People tend to focus on the threatened species, which certainly need our attention; seahorses among them. However, we also need to be concerned about the species in trawls that lack conservation assessments, which may also be faring badly.

Finally, we found that many species are not even being recorded. Our database includes relatively few records of smaller demersal species (animals that live near the bottom of the sea), with fisheries often just lumping them together as “various” or “trash fish.”

As many fish are so often overlooked or ignored in catch records, we often don’t actually know what bottom trawlers are catching. When species are not recorded, we lose critical information about biodiversity, population status and ecosystem impacts, not to mention the loss of resources that people depend on for food and livelihoods.

Bottom trawl fisheries should be required to demonstrate that they are ecologically, economically and socially sustainable before being considered acceptable. As it stands, the burden of proof falls on those trying to demonstrate harm — not on the industry causing it. This needs to be reversed, paying full attention to all the fish in the nets.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Bottom trawling is scraping oceans of wildlife – https://theconversation.com/bottom-trawling-is-scraping-oceans-of-wildlife-280780

Comment les sols sont-ils devenus un enjeu climatique ? Le regard de la sociologie

Source: The Conversation – France (in French) – By Céline Granjou, directrice de recherches, Inrae

Longtemps pensés uniquement à l’aune de leur fertilité, les sols sont aujourd’hui redécouverts pour leur statut de puits de carbone. Autrement dit, leur capacité à séquestrer le carbone en fait des contributeurs de premier plan à la lutte contre le changement climatique. Une étude sociologique menée auprès de scientifiques, politiques et acteurs publics territoriaux met en évidence cette redéfinition climatique des sols et ses conséquences concrètes.


Si le rôle climatique des forêts comme puits de carbone est connu depuis les années 1990, celui des sols l’est moins. Ces derniers contiennent pourtant trois fois plus de carbone et jouent un rôle clef dans son cycle global. Lors de la COP21 à Paris en 2015, le gouvernement français avait lancé l’initiative 4 pour 1000 afin d’encourager les agricultrices et agriculteurs à séquestrer du carbone dans les sols.

En augmentant les stocks de carbone des sols, la démarche visait à compenser les émissions fossiles tout en améliorant la qualité des sols. Mais la capacité des sols à séquestrer du carbone requiert l’adoption de pratiques agricoles spécifiques : implantation de couverts végétaux, réduction du labour, plantation de haies ou d’arbres, ou encore restitution à la terre des résidus de cultures comme les pailles. La préservation des zones humides, des forêts et des prairies, dont les sols sont particulièrement riches en carbone, contribue aussi à atténuer le changement climatique.

Comment ces diverses pratiques de séquestration du carbone modifient-elles les conceptions des sols ? L’équipe du projet ANR Posca a mené une vaste enquête sociologique pour répondre à cette question. À la clé, plus de 250 entretiens approfondis avec des scientifiques, des décideurs publics, des agents de collectivités territoriales et des acteurs agricoles.

Cette enquête montre que l’essor des pratiques de séquestration s’accompagne d’une redéfinition climatique des sols. Longtemps considérés principalement sous l’angle de la fertilité agricole, les sols sont désormais également vus comme des puits de carbone. Et cela, dans une large gamme de mondes sociaux : la recherche scientifique, mais également les politiques agricoles nationales et les territoires.




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Des recherches pour penser les sols à l’aune du climat

Il y a plusieurs décennies que les scientifiques travaillent sur le carbone des sols, souvent appréhendé en termes de matière organique ou d’humus. Ce carbone est en effet essentiel dans la fertilité des sols. Mais depuis le début des années 1990, une partie de leurs recherches se focalise désormais sur la description et la modélisation du rôle que joue le carbone des sols dans le changement climatique.

Les chercheurs ont notamment adapté leurs questions de recherche afin d’interroger les processus qui permettent de stabiliser le carbone dans les sols. Cela a permis de faire évoluer les modèles représentant ces mécanismes, dans le but de contribuer à améliorer les scénarios climatiques. Ils ont également créé de nouvelles infrastructures de surveillance des stocks de carbone dans les sols à l’échelle nationale, et noué de nouvelles collaborations avec les sciences du climat.

Les enjeux climatiques ont par ailleurs conduit les scientifiques des sols à produire de nouveaux travaux d’expertise, à la fois dans le cadre du Groupe d’experts intergouvernemental sur l’évolution du climat (GIEC) à l’échelle internationale, mais aussi à l’échelle nationale, pour estimer le potentiel de stockage du carbone dans les sols. Ces réorientations de leurs travaux permettent de fournir des éléments d’appui aux politiques publiques et aux développements économiques liés à la séquestration du carbone.

Les chercheuses et chercheurs ont ainsi transformé leurs agendas et pratiques de recherche pour produire des connaissances qu’ils estiment utiles à la lutte contre le changement climatique. Mais cela n’a pas été sans créer de nouvelles tensions au sein de cette discipline, notamment autour de la question de la non-permanence du carbone dans les sols.

Des crédits carbone pour les sols agricoles qui stockent

De nouvelles conceptions climatiques des sols sont également véhiculées par l’initiative du 4 pour 1000, depuis sa publication fin 2015 par le ministère de l’Agriculture. Cette initiative tire son nom du calcul selon lequel augmenter tous les ans d’environ 0,4 % le stock global de carbone contenu dans les sols permettrait de compenser l’augmentation annuelle des émissions de gaz à effet de serre.

Plus récemment, une étude coordonnée par Inrae a permis de préciser le potentiel de séquestration des sols nationaux. Celui-ci équivaut à environ 40 % des émissions de gaz à effet de serre du secteur agricole en France – soit 6,5 % du total des émissions nationales. Certes, c’est loin de pouvoir compenser l’ensemble des émissions nationales de gaz à effet de serre, mais cela reste une contribution bienvenue à l’effort d’atténuation, que le gouvernement souhaite encourager.

Cette promesse de séquestration est d’autant plus mise en avant aujourd’hui qu’elle permet de repositionner le secteur agricole comme solution au changement climatique, dans une période où celui-ci est fortement critiqué – quand bien même le secteur reste émetteur net de gaz à effet de serre.

Le gouvernement français a ainsi lancé son label bas carbone (LBC) fin 2018. Cadre de certification des réductions d’émissions et des pratiques séquestrantes, il vise, entre autres, à rétribuer les efforts des agriculteurs qui adoptent de nouvelles pratiques vertueuses. Il permet notamment d’attester du nombre de tonnes de carbone séquestrées, pour que les agriculteurs puissent vendre les crédits carbone correspondant à des entreprises ou des collectivités. Le principe est celui du marché carbone : ces acheteurs pourront, à leur tour, alléguer d’une contribution à l’effort d’atténuation du changement climatique.

Le label bas carbone contribue à véhiculer une vision des sols agricoles comme puits de carbone optimisables grâce aux changements de pratiques agricoles. Pour autant, son impact reste actuellement limité, car les projets qui en relèvent mobilisent finalement très peu la séquestration du carbone, mais plutôt des pratiques de réduction des émissions.

Des collectivités qui quantifient le carbone dans leurs sols

Depuis 2016, une nouvelle législation exige par ailleurs que les collectivités de plus de 20 000 habitants évaluent le potentiel de séquestration de carbone par les forêts et les sols. Elles doivent ainsi concevoir un plan climat air énergie territorial (PCAET) qui mesure, entre autres, la quantité de carbone contenu dans les sols et détaille des stratégies possibles pour augmenter ces stocks. La réglementation reste cependant muette sur les moyens et les outils utiles pour quantifier et gérer les stocks de carbone des sols.

Dans ce contexte, les collectivités territoriales mobilisent divers instruments de quantification du carbone des sols. Les analyses de terre étant longues et coûteuses à mettre en œuvre, ces outils reposent généralement sur des données et des modèles numériques qui prédisent l’évolution des stocks de carbone en fonction de différents scénarios de gestion.

L’Ademe a par exemple développé l’outil Aldo, qui permet aux fonctionnaires territoriaux et aux bureaux d’études d’obtenir aisément des valeurs de stocks de carbone.

Agro-Transfert, un organisme de recherche et développement agricole, a également créé l’outil Simeos-AMG. Initialement pensé pour aider les agriculteurs à conserver des sols fertiles et riches en matière organique, il est désormais mobilisé par les professionnels agricoles pour connaître l’impact carbone de leurs pratiques, ainsi que par certaines administrations territoriales pour concevoir leur plan climat air énergie territorial. Le carbone des sols devient ainsi un nouvel objet d’action publique dans les territoires.

Vers une redéfinition climatique des sols

Notre recherche a ainsi mis en lumière la façon dont les sols se trouvent redéfinis à l’aune des enjeux climatiques, que ce soit dans les mondes de la recherche scientifique, des politiques agricoles nationales ou des territoires. Nos résultats montrent que cette climatisation des sols se traduit d’ores et déjà concrètement par de nouvelles pratiques, des engagements et des instruments inédits qui se développent.

Les sols ne sont par ailleurs pas réduits au rôle de simples réservoirs de carbone à optimiser. L’enquête révèle que nombre d’acteurs, en particulier scientifiques, rappellent que ce carbone à séquestrer peut être relargué dans l’atmosphère, notamment si les pratiques agricoles de séquestration ne sont pas maintenues sur le long terme.

De ce fait, il est crucial d’inscrire ces changements dans le long terme. Et cela d’autant plus que ces pratiques sont aussi alignées avec des gains en termes de fertilité et de qualité des sols, les principales préoccupations dont ils faisaient jusqu’ici l’objet. La redéfinition climatique des sols relie ainsi les questions d’atténuation climatique avec les questions de maintien de la fertilité agricole et de conservation de la qualité des sols.

The Conversation

Céline Granjou a reçu des financements de l’Agence Nationale de la Recherche pour le projet ANR-20-CE26-0016

Antoine Doré a reçu des financements de l’Agence Nationale de la Recherche.

Hélène Guillemot a reçu des financements de l’ANR pour le projet POSCA.

Laure Manach a reçu des financements de l’Agence nationale de la recherche et de la Fondation TTI.5.

Léo Magnin a reçu des financements de Agence Nationale de la Recherche (ANR) dans le cadre du projet POSCA.

Robin Leclerc a reçu des financements de l’ANR

Stéphanie Barral a reçu des financements de l’Agence Nationale de la Recherche.

ref. Comment les sols sont-ils devenus un enjeu climatique ? Le regard de la sociologie – https://theconversation.com/comment-les-sols-sont-ils-devenus-un-enjeu-climatique-le-regard-de-la-sociologie-281474

Agriculture in Africa: science and research can’t make an impact without investment and good policies

Source: The Conversation – Africa (2) – By Pape Abdoulaye Seck, chercheur, Académie nationale des sciences et techniques du Sénégal (ANSTS)

Agriculture is the lifeblood of Africa. More than 60% of African households depend directly or indirectly on the land for their livelihoods. And the continent has nearly 60% of the world’s uncultivated arable land.

Farming is a fragile sector, however. It has to deal with climate change, market volatility, weak infrastructure and demographic pressure. Addressing these challenges requires political commitment and investment. It also requires science, innovation and high-quality research.

I have been involved in scientific research, particularly agricultural research, for more than four decades. My roles have included researcher, member of multiple science academies, director general of the Africa Rice Center/CGIAR, and Senegal’s minister in charge of agricultural research.

Throughout these years, one criticism has repeatedly surfaced: agricultural research is often perceived as expensive while delivering little for people. This perception is widely shared and frequently echoed in political and media debates.

Based on my experience, I believe the criticism rests on a questionable assumption: that the impact of science depends exclusively on those who produce it. When innovations fail to change the world, scientists themselves are often presented as the culprits.

The reality is far more complex. The history of agricultural transformation across the world shows that research alone never changes societies. Impact follows when an agricultural ecosystem effectively connects science to producers, markets, finance, institutions and public policy.

International institutions have highlighted the difficulties many developing countries face in turning scientific knowledge into development. The reasons include weak innovation ecosystems, too little infrastructure and limited institutional coordination.

An example of what success looks like is the Green Revolution in Asia. Scientific breakthroughs improved wheat and rice varieties which transformed agriculture. It was not simply because the science was strong. There were other factors too. They included governments investing in irrigation, extension services, rural infrastructure, credit systems and market organisation.

In India and Vietnam, for example, science operated within a coherent system linking researchers, farmers, institutions and markets.

Science generates knowledge, informs policies, stimulates innovation and opens new possibilities. But it does not change societies on its own.

The missing parts

Recent decades have brought advances on a number of fronts. In seeds, irrigation, soil fertility management, climate adaptation, biotechnology, digital agriculture, agroecology and sustainable food systems.

African researchers, universities and international agricultural research centres have contributed enormously to this progress.

Rwanda and Ethiopia provide useful examples of how coordinated ecosystems can speed up change. In both, stronger links between research, extension systems, public investment and farmer support mechanisms have made a difference. They have contributed to faster uptake of new technologies. And they have led to productivity gains in several strategic crops such as maize, rice, cassava, beans and soybeans.

Another example is rice. During my years at AfricaRice, I saw major scientific advances in rice research. This included the development of New Rice for Africa varieties.

These resulted from years of scientific work combining the high productivity potential of Asian rice with the resilience of African rice, particularly its tolerance to drought, poor soils and local climatic stresses. It wasn’t easy, because the two rice species are genetically distant.

Farmers quickly took up the new varieties. Farmer incomes and food production improved in countries where governments, seed systems, extension services and development partners worked together. In Uganda, Guinea and several west African countries, coordinated programmes helped accelerate adoption among smallholder farmers.

These examples show that effective agricultural innovation will only be adopted and scaled if several conditions are met together. These include:

  • access to inputs and technologies

  • accessible financing

  • efficient extension services

  • functioning infrastructure

  • organised markets

  • coherent, predictable public policies.

Without these conditions, innovations often remain confined to research stations, pilot projects or scientific publications. Where seed systems, rural financing or market organisation are weak, good science makes little difference.

In several African countries, farmers aren’t using improved seed varieties because they can’t get certified seeds at scale. Likewise, promising innovations in irrigation, post-harvest technologies or digital agriculture have struggled because of weaknesses in infrastructure, rural credit or institutional coordination.

What’s needed

Debates on agricultural research in Africa must go beyond simplistic criticism. Agricultural research should not be viewed as a cost. Rather it is a strategic investment in food security, economic sovereignty, environmental sustainability, public health, social stability and human dignity.

Blaming science for lacking impact masks the weaknesses of broader development systems.

As Africa faces the defining challenge of the 21st century – feeding its population without destroying the planet – it would be a mistake to weaken scientific research. The continent must instead strengthen alliances between science, policy, finance, private sector actors, farmers, universities and civil society.

Across Africa, emerging innovation platforms show that when these actors work together, scientific advances can create tangible economic and social change. The challenge now is to broaden this beyond isolated successes.

In the end, the impact of science is a collective responsibility.

And science can only change the world when societies decide to give it the means to do so.

The Conversation

Pape Abdoulaye Seck served as director general of the Africa Rice Center/CGIAR and was Senegal’s minister in charge of agricultural research.

ref. Agriculture in Africa: science and research can’t make an impact without investment and good policies – https://theconversation.com/agriculture-in-africa-science-and-research-cant-make-an-impact-without-investment-and-good-policies-282430

Un groupe d’experts pour éclairer la gouvernance de l’IA par la science

Source: The Conversation – in French – By Catherine Régis, Professeure titulaire, Faculté de droit, Chaire Canada-CIFAR en IA et Chaire de recherche du Canada en droit et politiques de la santé, Université de Montréal

Les États sont en compétition afin de développer le plus rapidement possible des modèles d’intelligence artificielle (IA). Les intérêts nationaux et internationaux des différents acteurs divergent en fonction de leurs enjeux et réalités propres. Ce développement tous azimuts de l’IA suscite des préoccupations croissantes. Un groupe d’experts a été créé afin de dépasser les rivalités et de développer un consensus scientifique à l’échelle de la planète autour de l’IA.

Le 3 février 2026, 40 expertes et experts ont été nommés parmi 2600 candidatures. Sélectionnés pour un mandat de trois ans par la communauté internationale, les candidats constituent ainsi le premier « Groupe scientifique international indépendant de l’intelligence artificielle » (Groupe d’experts). Ce groupe de haut niveau, co-présidé par le professeur québécois Yoshua Bengio, est chargé de rédiger un rapport annuel fondé sur des données fiables synthétisant les recherches existantes sur les « promesses, risques et répercussions » de l’IA, sans toutefois devoir se prononcer sur les enjeux, pourtant de taille en gouvernance mondiale de l’IA, liés au militaire.

Ce groupe constitue un cas d’étude particulièrement intéressant pour les travaux que nous menons dans le cadre de la Chaire en Diplomatie scientifique et gouvernance mondiale de l’IA à l’Université de Montréal puisqu’il représente un exemple prometteur de diplomatie scientifique appliquée à l’IA.

Les dangers de l’IA

Que ce soit en raison de leur conception, de leur mise au point ou de leur utilisation, les systèmes d’IA présentent des risques aujourd’hui connus et documentés.

Par exemple, les systèmes d’IA utilisés pour le diagnostic médical peuvent reproduire des biais présents dans les données sur lesquelles ils sont entraînés, avec des taux d’erreur plus élevés pour les femmes et les personnes racisées.




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De même, les outils de génération de contenu permettent de produire en quelques secondes des milliers de faux articles ou de fausses déclarations, saturant l’espace public de désinformation, difficile à contrer. Quant aux systèmes de reconnaissance faciale déployés par certains États, ils permettent une surveillance de masse sans consentement, avec des erreurs d’identification documentées ayant conduit à des arrestations injustifiées.

Dans ces circonstances, la création du Groupe d’experts apparaît plus qu’opportune puisqu’il a pour mandat de fournir des connaissances scientifiques vis-à-vis des risques de l’IA et cela de manière indépendante, sans ingérence politique.

Une impasse persistante

Les effets de l’IA dépassent largement les frontières des pays, ce qui plaide en faveur d’une réponse mondiale organisée.

Différents mécanismes et outils de gouvernance ont été adoptés par le passé, que ce soit en recourant à l’éthique (ex : Recommandation sur l’éthique de l’IA de l’Unesco), aux stratégies (ex : Stratégie continentale sur l’IA de l’Union africaine), aux standards (ex : norme ISO/IEC 42001) ou encore aux normes créant des obligations pour les États (ex : Convention-cadre du Conseil de l’Europe sur l’IA et les droits de l’homme, la démocratie et l’État de droit).

Ces différentes initiatives ont posé les premières pierres pour une gouvernance mondiale de l’IA. Pour autant, ces efforts multilatéraux sont limités : peu d’obligations juridiques pour contraindre les entreprises et les États, peu de moyens d’obtenir réparation en cas de violations de ces obligations et, surtout, de nombreux États sont en dehors du champ d’application des quelques normes contraignantes qui existent pour encadrer les systèmes d’IA et les données qu’ils mobilisent à l’échelle internationale.




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C’est notamment le cas des États-Unis ou de la Chine. La course à l’IA ayant pris de l’ampleur et les États ayant affirmé des positions parfois complètement antagonistes (ex : réguler versus libre développement), ces dynamiques nous ont plongés dans une impasse qui essouffle les efforts de gouvernance mondiale de l’IA. La perspective d’un traité international sur l’IA regroupant tous les États semble vaine pour le moment.


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L’ONU choisit la science

C’est dans cette impasse que s’inscrit le pari du Groupe d’experts, qui se distingue des initiatives précédentes puisqu’il ne vise aucunement à dire ce qu’il faudrait faire (caractère normatif), mais à évaluer scientifiquement les risques et les opportunités de l’IA. L’ONU mise ainsi sur la science pour développer des consensus à l’échelle de la planète.

Ce pari peut surprendre au regard du contexte actuel où la science doit faire face à des attaques croissantes sur sa légitimité et à une perte de confiance observée depuis la pandémie de Covid-19. Pourtant, c’est précisément parce que l’IA est une technologie complexe et évolutive que seule une évaluation scientifique rigoureuse permettra d’en saisir les risques réels, d’en anticiper les effets et d’éclairer, ensuite, les décideurs.

Le Groupe d’experts réunit des profils délibérément variés, avec des expertises multidisciplinaires (apprentissage automatique, cybersécurité, droits humains, gouvernance des données…). Cela lui permet de produire des évaluations qui dépassent le seul champ technique pour intégrer les dimensions sociales et éthiques de l’IA.

Le groupe va ainsi entreprendre de bâtir une compréhension commune et globale de l’IA « fondée non pas sur l’idéologie, mais sur la science ; non pas sur les fausses informations, mais sur la connaissance ». En pratique, cela signifie que le groupe produira des évaluations qui s’imposent par leur rigueur, en limitant l’interférence des intérêts nationaux et des entreprises privées.

Cependant, les experts ne disposeront d’aucun pouvoir décisionnel en matière de politiques publiques. Les rapports qu’ils produiront viseront plutôt à fournir un baromètre scientifique sur les avancées de l’IA pour ensuite permettre aux États de prendre les décisions appropriées sur cette base. Le Groupe d’experts représente ainsi une expression récente d’efforts en matière de diplomatie scientifique.

Un laboratoire inédit pour observer la diplomatie scientifique

Entendue au sens large, la diplomatie scientifique constitue « l’ensemble des pratiques se situant à l’intersection de la science et de la diplomatie », dont la finalité est d’apporter une contribution significative aux défis mondiaux. En l’occurrence, étant notamment appelé à éclairer les discussions engagées lors du Dialogue mondial, une rencontre annuelle entre les gouvernements et les parties prenantes sur l’IA, le Groupe d’experts constitue une forme concrète de diplomatie scientifique.

Ce qui confère au Groupe d’experts un intérêt particulier, au-delà de ses livrables, c’est qu’il va se positionner comme un acteur incontournable de la diplomatie scientifique liée à une technologie numérique de pointe en temps réel. Cela est d’autant plus pertinent qu’il va permettre d’observer la diplomatie scientifique telle qu’elle s’exprime dans une période de reconfiguration.

D’ailleurs, sur ce point, le secteur privé occupe actuellement une place significative tant dans la production scientifique que dans la diplomatie. Par exemple, les géants de la Tech ont participé aux différents sommets sur l’IA, qui sont des rendez-vous pour définir les priorités mondiales et influer sur les négociations et décisions à venir.

Face à des acteurs privés dont l’influence sur les négociations internationales n’a cessé de croître, le Groupe d’experts incarne une logique différente : celle où les conclusions sont guidées par la rigueur scientifique plutôt que par des intérêts économiques. Toutefois, le Groupe ne cherche pas à exclure le secteur privé, qui reste une source essentielle d’innovation.

Les experts éclaireront, mais seront-ils écoutés et suivis ?

Reste la question centrale : la science parviendra-t-elle à faire converger des intérêts nationaux et mondiaux qui peinent à se rejoindre et, surtout, les évaluations scientifiques trouveront-elles écho auprès des décideurs qui restent libres de les ignorer ?

La réponse dépendra en grande partie de la capacité du Groupe à faire valoir ce qui constitue l’un de ses seuls leviers réels : l’expertise reconnue de ses membres, leur capacité à colliger des données de qualité tirées tant de la recherche universitaire que de l’industrie où l’IA de pointe est généralement concentrée et leur indépendance formelle.

Son premier rapport, attendu pour juillet prochain, constituera bien plus qu’un document technique : en moins de six mois d’existence, le Groupe d’experts testera en conditions réelles si la science peut encore faire office de langage commun entre des États aux intérêts profondément divergents, ce qui constituera un laboratoire d’étude précieux sur la diplomatie scientifique de demain dans un contexte géopolitique sous forte tension.

La Conversation Canada

Catherine Régis a reçu des financements des Fonds de recherche du Québec, de CIFAR, des Instituts de recherche en santé du Canada et du Conseil de recherches en sciences humaines du Canada.

Gaëlle Foucault a reçu des financements de IVADO pour ses recherches postdoctorales.

Michel Audet ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Un groupe d’experts pour éclairer la gouvernance de l’IA par la science – https://theconversation.com/un-groupe-dexperts-pour-eclairer-la-gouvernance-de-lia-par-la-science-280760

100 million African children are not in school. What’s driving the trend and how to reverse it

Source: The Conversation – Africa – By Moses Ngware, Senior Research Scientist, African Population and Health Research Center

Many countries across Africa have embraced universal basic education policies in recent decades. But recent data has revealed that more than 100 million children and adolescents remain out of school, out of a total potential population of 469 million. The latest statistics suggest that after some years of progress, the situation is deteriorating. Education and youth empowerment scholar Moses Ngware and his co-researchers recently carried out an analysis of trends going back 25 years. Their main findings are set out below.

What are the school attendance trends in Africa across all age groups?

In 2000, the number of out-of-school children in primary school, lower secondary and upper secondary was above 100 million. It was down to about 90 million in 2014, and then up again to 100 million by 2025.

Viewed against Africa’s high population growth of above 2.5%, these absolute numbers suggest that school participation is not keeping pace.

Nevertheless, between 2000 and 2024, the proportion of out-of-school children and adolescents declined at all education levels. It fell from 37% to 20% for primary schools; from 47% to 35% for lower secondary and from 56% to 47% for upper secondary school-age children. This is despite the absolute numbers of out-of-school children remaining high.

Countries that showed greatest improvement included Côte d’Ivoire, Ethiopia, Guinea, Madagascar and Mozambique. Improvements were driven by at least two main factors. First, targeted policy responses that enabled them to achieve good coverage in a short time. Second, a strong political will combined with a multi-sectoral approach. The approaches included combining conditional cash transfers for households, food supplies, expanding access to schools and implementing universal education policies that reduce cost of schooling for households.

On the other hand, there are countries that made little or no progress. They include Angola, Cape Verde, Lesotho, South Sudan and Zimbabwe. The main drivers of the low progress are:

  • political instability, as seen in South Sudan

  • poor economic performance, as witnessed in Zimbabwe

  • the high opportunity cost of schooling, as seen in Lesotho, where boys drop out due to poverty related coping mechanisms, including herding cattle, with only one in every five boys completing grade 12.

What are the notable changes in recent years?

In the past five years, we have seen a steady increase in absolute numbers of out-of-school children and adolescents from 95 million to 100 million, with an average of about 1 million children either not transitioning from primary to secondary school or leaving school or not joining school at all.

There are two main drivers of such a trend. First, finance – the fizzling effect of the universal basic education subsidies of the early 2000s. These subsidies made basic education affordable to many households. Of the 42 African countries with free education in their policies, only three were in a position to offer free schooling in 2025. Donor funding of education by multilateral organisations has also been reduced, with education aid in Africa declining by 7% in 2024. Second, the negative impact of COVID-19, with about 10 million who left school due to the lockdowns never to return, for various reasons, including forced marriages among girls and child labour for boys.

Across all the schooling levels, higher than before rates of out-of-school children and adolescents were observed in the Sahel region, in Central African Republic, Chad, Mauritania and northern Nigeria. These countries or regions are characterised by politically motivated violence, harsh climatic changes and a history of low school participation.

Why is school completion important for societies?

The main benefits to societies of school completion include transition to decent work, girls’ empowerment, and improved health outcomes. An additional year of schooling increases an individual’s lifetime earnings by about 10% on average, with a potential to increase an individual’s purchasing power. Such benefits can also trickle down to households through providing household financial stability and enhanced family support.

For girls, school completion is critical for participation in decision making at societal level. Research shows that a woman’s power to make decisions, such as education for her children or where to invest, increases with education attainment. This has a bearing on economic independence and gender equity within the society.

Furthermore, and related to these two benefits, children of mothers who have completed secondary education have a 45% lower under-3 mortality rate. This implies that such children have about half the risk of death before age 3 compared to those born to mothers with no education.

What are the gender dynamics?

By 2025, the proportion of males that were out of school, at 51%, was only slightly higher than that of females. However, the out-of-school female rate was on the rise – up by two percentage points in 10 years.

If this growth continues, then the proportion of out-of-school females will overtake that of males in the coming years. This will compound the vulnerabilities disadvantaged girls face in their schooling journey and transition to work.

In addition, the gains made in the last three decades in closing gender gaps in education will be eroded. Eroding the gains made in education has severe consequences, especially for girls. For instance, we are likely to see an increase in females getting married much earlier, and child bearing among adolescents may also increase.

What lessons can we learn from the better-placed countries?

There are a number of important lessons to be learnt from countries that have lowered the number of out-of-school children and adolescents.

First, Algeria, Ghana, Kenya and Rwanda have relied on a strong national policy framework backed by political good will, high-level central coordination and donor-partner support.

Second is the importance of targeted social support such as school feeding and conditional cash transfers. Close evaluations using hard data are needed.

Third is the elimination of significant direct fees or levies at basic education level, with timely financial disbursements and school supplies.

Fourth is the lesson that affirmative action for vulnerable populations is an invaluable investment. These populations include disadvantaged girls, children from remote rural areas, children with disabilities, and children from poor households.

Finally, there are other interventions that can add value depending on the context. These include reducing travel distance through expanding infrastructure, and flexible school entry, such as late entry to improve participation. Another is catch-up programmes, which means accelerating progression to recover lost time and learning.

The Conversation

Moses Ngware receives funding from.

African Population and Health Research Center (APHRC)

ref. 100 million African children are not in school. What’s driving the trend and how to reverse it – https://theconversation.com/100-million-african-children-are-not-in-school-whats-driving-the-trend-and-how-to-reverse-it-280637

Better-designed homes could cut three major child diseases by up to 44% – Tanzania trial

Source: The Conversation – Africa (2) – By Steve Lindsay, Emeritus professor, Durham University

Malaria, diarrhoea and pneumonia are preventable childhood diseases that are major causes of death in young children. They’re transmitted largely in and around the home, where children spend most of their time.

For example, around 80% of malaria transmission in Africa occurs when people are bitten by malarial mosquitoes indoors at night. Diarrhoea results usually from food and water that’s been contaminated by faeces. It can also be spread through poor hygiene. Pneumonia is spread through overcrowding and poor ventilation, and is exacerbated by indoor air pollution.




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Africa needs 50 million new homes, but building is bad for the environment: how to finance ‘green’ solutions


We are an international group of specialists from different fields including architecture, communications, global health, medical anthropology, public health entomology, engineering and statistics.

To see if it might be possible for a newly designed house to help prevent malaria, pneumonia and diarrhoea in children, one of us (Danish architect Jakob Knudsen) came up with a new design. We called it the Star home.

This house costs 24% less in materials than a conventional single-storey cement-block house. It also uses 73% less concrete, and generates 57% less embodied carbon (the amount of carbon emissions released from the time raw materials are turned into building materials for the house to the end of the home’s life). Our analysis revealed a fourfold return on investment over 50 years once health, water, cooling and energy savings are accounted for.

The features of the Star home are:

  • Double-storey buildings. Bedrooms are positioned on the upper floor, away from mosquitoes, which are most abundant at ground level.
  • Cross-ventilation, where air passes across the room. We increased ventilation inside the home by using walls made of shade net, instead of solid walls. These also cooled sleeping areas and deterred mosquitoes from entering the room.

  • Mosquito screens on doors and windows. These screens keep malaria mosquitoes and flies out.

  • Self-closing doors. These minimise the entry of mosquitoes and flies.

  • Clean water harvesting, improved pit latrines and improved cooking stoves.

We put the Star home through a three year, peer-reviewed trial to see if it could reduce malaria, diarrhoea and pneumonia among children.

Our findings were startling: After three years, children living in the Star homes had 44% less clinical malaria, 30% less diarrhoea and 18% less pneumonia than those living in traditional houses.




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Because they were protected from three serious illnesses, their overall health improved and the children grew taller than children living in traditional houses.

Our study also demonstrated that the new, comfortable Star house has a lower carbon footprint than the cement-block houses that are currently built in sub-Saharan Africa. Put simply, we used less energy to build a Star home than is used in building a typical cement house constructed in a village.




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We also found that passive cooling in the Star home made the home more comfortable in hot weather even though it did not have air conditioning, which consumes energy.

Our study demonstrates that small improvements in design are likely to make a major health impact on the lives of children in Africa.

The ground work

We first set about understanding how the pathogens causing the three diseases spread in and around the home.

Malaria: How mosquitoes enter houses has been the subject of research for decades.
Research shows that they find people mainly by smell. From far away, they follow the carbon dioxide humans breathe out, and when they get closer, they are guided by smells produced by bacteria on human skin.

Diarrhoea: Houses with a regular supply of clean water, clean food preparation areas, fly-proof latrines and kitchens can help reduce the spread of this disease.

Pneumonia: This is spread through air-borne pathogens and is made worse by smoke-filled kitchens which damage the lungs.

We then developed the Star homes and tested whether they were healthier by carrying out a randomised controlled trial in southern Tanzania, an area with high levels of malaria.

In the trials, we recruited children under 13 years of age and randomly allocated them to 110 Star homes and 513 traditional mud and thatched-roof houses.

These children were followed weekly for signs of illness for three years and the data from the clinical trial were analysed.

Africa’s housing boom: a chance to build healthier homes

Africa’s population is the most rapidly expanding in the world, with the current population of 1.5 billion people expected to increase to 2.7-3.7 billion by 2070.

Hundreds of millions of new homes will need to be constructed soon.

There has never been a better time to build healthier homes on the continent. Improvements in rural housing are increasing at a fast pace.




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Governments can take a number of steps to help. For example, they can facilitate the construction of better rural homes by assuring ownership rights (titles). These are essential for homeowners who want to apply for loans to carry out healthy home improvements. Governments could also reduce import taxes on fly screening, and provide advice and support for the construction of healthy homes.

We hope that this study will stimulate further innovation by people working in the built environment who could collaborate with local communities to construct healthier homes for rural people in low- and middle-income countries. Simple improvements in housing can have profound impacts on improving public health.

(About our team: Salum Mshamu, a Tanzanian scientist, carried out trials on the Star home as part of his PhD studies at Oxford University. Jakob Knudsen has been designing healthy and cooler homes in the tropics, particularly in Tanzania, for over 30 years. Lorenz von Seidlein is a paediatric clinician who has studied the epidemiology and control of childhood infections, principally malaria, in different parts of the tropics. Steve Lindsay has over 40 years of experience working on the control of mosquitoes and flies, including running clinical trials of housing interventions.)

The Conversation

Emeritus Professor Steve Lindsay receives funding from Hanako Foundation, Singapore, BBSRC GCRF Network Grant (BB/R00532X/1) and Sir Halley Stewart Trust.

The Royal Danish Academy / Jakob Brandtberg Knudsen receives funding from Hanako Foundation for the Star Homes Project

The Star Homes project has been funded by the Hanako Foundation, Singapore.

Salum Ahmed Mshamu does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Better-designed homes could cut three major child diseases by up to 44% – Tanzania trial – https://theconversation.com/better-designed-homes-could-cut-three-major-child-diseases-by-up-to-44-tanzania-trial-281890