La receta de una obra maestra: el ‘panettone’ según la ciencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Cervera March, Agente de Innovación en FoodUPV, Universitat Politècnica de València

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¿Qué es un panettone? ¿Un dulce navideño italiano? ¿Un brioche de tamaño XL? ¿Una bomba de calorías? ¿Una masa formada por redes de gluten, almidones gelificados, azúcares, aromas y alveolos? La respuesta es que todos ellos, ya que depende del punto de vista con el que se mire. Lo que parece indiscutible es que estamos ante una obra maestra de la cocina.

Desde Italia al mundo

En Argentina es conocido desde el siglo XIX como pan dulce, del italiano pandolce. La imagen muestra un anuncio de diciembre de 1930.
Wikimedia commons, CC BY

El panettone es un dulce italiano muy famoso en todo el mundo, especialmente por Navidad. Tiene una típica forma de cúpula y una altura de entre 12 y 15 centímetros, aproximadamente. Desde hace ya unos cuantos años, se ha vuelto muy popular también en España, compartiendo mesa con otros dulces navideños tan típicos como el turrón, los polvorones o el roscón de Reyes. Todos estos productos son deliciosos y están asociados a momentos en familia o con amigos, felices o incluso mágicos.

Aunque “mágico” es un término muy bonito, especialmente para las niñas y los niños, es bueno recordar que todos estos productos tienen una base científica sólida. Y es que todo lo que comemos es ciencia, y gracias a ella podemos disfrutar de estas maravillas navideñas.

Gastronómicamente, un panettone puede definirse como un tipo de pan brioche, grande y esponjoso, elaborado con masa madre y harina de fuerza, que requiere de varias fermentaciones, reposos… ¡y hasta una vuelta abajo! algo nada habitual.

Un maestro panadero podría hacer una descripción más bonita, pero resulta que soy tecnólogo de alimentos, así que me corresponde describirlo desde un punto de vista científico.

Más gluten, más volumen

El primer paso en un panettone es preparar la masa prefermentada. Para ello, utilizamos harina de fuerza, que aporta más proteína capaz de formar el gluten, una red viscoeslástica similar a una malla, actuando como un “andamio” capaz de atrapar gas y aportar volumen al producto. De ahí que los productos sin gluten tengan muchas dificultades para imitarlos.

Añadimos también masa madre y/o levadura de panadería, es decir, los microorganismos vivos que van a fermentar la masa, generando CO₂, aromas y sabores y suavizando la textura de la misma.

La masa madre, por simplificar, es una masa donde se han mantenido los microorganismos vivos, madurando y generando aromas y sabores más complejos. Por hacer una especie de comparación, una masa madre es como una IA en sus últimas actualizaciones, con respuestas más rápidas y elaboradas, mientras que una masa con levadura fresca recién hecha es como IA más inicial, funcional pero no compleja.

También se incorpora agua, azúcar, mantequilla y yemas de huevo, ingredientes que hidratan y aportan alimento para los microorganismos (azúcares), así como enzimas y grasas.

Ingredientes del panettone: Harina, masa madre, mantequilla, yemas de huevo, azúcar, fruta confitada y pasas.
Wikimedia commons, CC BY

La masa del panettone es especial porque debe ser flexible y resistente al mismo tiempo. Tiene que estirarse para crecer, pero sin romperse. Por eso requiere fermentaciones largas y cuidadosas que permitan que la estructura interna se desarrolle de forma adecuada y estable.

El amasado, gases y aromas

Muy importante es realizar un correcto amasado, con movimientos envolventes, para que se integren bien todos los ingredientes y se vaya formando la red de gluten. Poco a poco la mezcla se va convirtiendo en una masa y el almidón de la harina se va hidratando y extendiendo sus cadenas de amilosa y amilopectina (moléculas del almidón), lo que hace que la mezcla vaya espesando.

Este trabajo de amasado, de duración variable, termina con una primera masa que reposará a temperatura ambiente durante dos horas aproximadamente, dejando que las levaduras presentes vayan fermentando los azúcares (porque es lo más sencillo, luego irán a por otros componentes), generando gases (responsables de las burbujas) y compuestos aromáticos como aldehídos o ácidos orgánicos.

La malla del panettone

Después de esta primera masa prefermentada o primer impasto, se incorpora una segunda ronda de los mismos ingredientes, a los que se añaden sal, vainilla, corteza de naranja o las pepitas de chocolate (también pueden ser pasas u otras frutas). Esta nueva mezcla se vuelve a amasar y dejar reposar el mismo tiempo, permitiendo que la estructura integre los nuevos ingredientes y que las levaduras sigan fermentando la masa y generando gases, sabores y aromas.

Cuando la masa haya doblado su volumen, se divide y se bolea, es decir, se toman porciones y se les da forma redonda y tensa (como una bola). Se hacen bolos según el número de panettones que queramos. Es importante que este paso se realice rápidamente para no desgasificar demasiado ni desestructurar la red, ya formada por una fase continua que combina la red de gluten con los gránulos de almidón gelificado, junto a una fase dispersa compuesta de gas encerrada en alveolos.

Hechos los pastones (bolos), se colocan dentro de los típicos moldes del panettone, dejándoles reposar y que así vuelvan a doblar su volumen. Una vez levados (cuando la mezcla ha crecido), se puede pintar la parte superior con yema o azúcar glas, lo que protegerá la cubierta durante el horneado, evitando un excesivo secado o incluso quemado.

El horneado y la vuelta

El horneado, de en torno a los 40 minutos y 180⁰ C, siempre precalentado, hará que la masa se transforme física y químicamente, alcanzando su volumen final, produciéndose reacciones de caramelización, desnaturalización proteica y de Maillard (a la que se debe el color y aroma a tostado tan característicos). Las redes de gluten se consolidan y el almidón se endurece, fijando la miga, su esponjosidad y el tamaño de los alveolos.

Para comprobar que el horneado ya ha terminado, hacemos la tradicional prueba del palillo o cuchillo: si pinchamos y sale limpio, está listo; si sale sucio, queda un poco.

Una vez fuera del horno, viene un paso muy característico: un volteado boca abajo. Esto se hace para evitar que baje el panettone. La masa aún está muy caliente y puede hundirse. Cuando se enfríe, la estructura interna estará plenamente consolidada y no se hundirá. Esto es habitual, por ejemplo, al hacer un bizcocho, pero teniendo en cuenta que un panettone es muy alto, que se hunda su masa dejaría un producto mucho más compacto y duro, no tan esponjoso y suave.

Aquí también hay un fundamento científico, pues lo que se produce es la retrogradación de la amilosa del almidón durante el enfriamiento, reordenándose y fijando así la estructura de la miga. Con esto tendríamos terminado nuestro panettone, más allá de decoraciones exteriores que ya dependen de gustos y marketing.

Y el último paso, comerlo. Realmente es mágico que podamos disfrutar de un dulce tan maravilloso. Felices fiestas.

The Conversation

Javier Cervera March no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La receta de una obra maestra: el ‘panettone’ según la ciencia – https://theconversation.com/la-receta-de-una-obra-maestra-el-panettone-segun-la-ciencia-271972

Las viñetas han dejado de denunciar la guerra y el genocidio en Palestina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Pérez Elena, Coordinadora del Seminario Permanente de Estudios de Cómic, Universidad de Alcalá

Viñeta de Mohammad Sabaaneh para el periódico de la autoridad palestina _Al-Hayat al-Jadida_ recogidas en el libro _Cartoonists for Palestine_. Mohammad Sabaaneh/Cartoonists for Palestine, CC BY-NC

El pasado 23 de septiembre, la profesora Olga Cruz Moya se preguntaba qué pasaría si dejásemos de recibir imágenes de Gaza. A mediados de diciembre de 2025, la cuestión parece resuelta: Ola Al Azanoun y Motaz Azaira, reporteros de la Franja y premiados por Reporteros sin Fronteras, sentencian en el periódico El País: “El mundo pasa a otra cosa”.

La atención mediática está dejando de mirar a Palestina y al genocidio de su pueblo: su actualidad ya no se encuentra en portada. Así lo denuncian los periodistas palestinos, únicos reporteros que han tenido la posibilidad de cubrir desde dentro la masacre por ser su propio país, vetado a la prensa y a los medios internacionales. Son ellos quienes siguen hablando a través de sus redes sociales –espejo de sus vidas cotidianas–, pero también mediante la literatura, la fotografía o la viñeta y la ilustración (en cuentas como las de Flyers for Falastin), que es el ámbito en el que se va a centrar este artículo.

El ‘fin’ de la guerra y el plan de ‘paz’

La actualidad y la vida siguen, así como el desarrollo del conflicto.

Hamás y el Gobierno israelí de Benjamin Netanyahu pactaron el pasado 9 de octubre un “alto el fuego” inmediato. No es el primero, pero sí el último hasta la fecha. En este caso, sigue el “plan de paz” de veinte puntos propuesto por el gobierno estadounidense de Donald Trump. Negociado y mediado también por otros actores internacionales, establece un primer estadio que incluía la liberación de los rehenes israelíes y de los presos palestinos, así como el repliegue, en Gaza, de las tropas israelíes a unas líneas marcadas por el gobierno de Netanyahu.

Asimismo, el pasado 17 de noviembre se aprobó la resolución 2803 del Consejo de Seguridad de la ONU que avalaba y legitimaba este plan y contemplaba la posibilidad futura de un Estado palestino, ya que la solución de los dos estados pasa en una primera instancia por este reconocimiento. A 22 de septiembre de 2025, 148 de los 193 países que forman la ONU reconocen a Palestina como Estado, entre los que se incluye España.

Con todo, Israel incumple el “alto el fuego” y la paz de forma constante. Sin embargo, el seguimiento del estado actual de la situación en Palestina no está siendo tan mediático.

Dónde están las imágenes de Palestina

¿Qué ocurre con las imágenes actuales de Palestina? Hace unos meses poblaban los medios y se convertían en vehículo de denuncia. Ahora no trascienden a las grandes audiencias, no inundan los feeds de las redes sociales ni tampoco abren los telediarios.

Lo mismo ha ocurrido con la viñeta de prensa, expresión artística de denuncia y crítica social por antonomasia que también había funcionado como catalizador para la movilización ciudadana y había poblado los medios y las redes sociales desde el inicio de la guerra.

Así lo evidenciaron iniciativas como la del colectivo Cartoonists for Palestine, archivo online de dibujantes de prensa que han denunciado la violencia y el genocidio, la iniciativa Dibujos por Palestina, en beneficio de la UNRWA (la agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina), o la exposición Cómic palestino. Voces propias, grito colectivo en Madrid. En este último caso, diez de los relatos expuestos han sido digitalizados.

Keep talking about Palestine” (“Sigan hablando de Palestina”) demandan muchos de los artistas desde el inicio de la invasión. En este artículo queremos rescatar aquellas viñetas combativas que, desde ambos lados del Atlántico, miraban, señalaban y denunciaban la masacre de un pueblo. Dos ejemplos –España y Estados Unidos– de dos países con tradición de viñeta de prensa que han cubierto la guerra desde puntos muy diversos y que han pausado la publicación de contenido relacionado desde el “alto el fuego”.

Qué denuncian las viñetas

En general, cuatro han sido los ejes que han vertebrado las viñetas de ambos países: el genocidio de Palestina; la responsabilidad directa de Netanyahu y el proyecto sionista de su gobierno; la complicidad del gobierno estadounidense personificado en Trump, y el fin de la guerra con el tratado de paz.

Todos los trabajos tienen como denominador común la ironía y, sobre todo, una sátira mordaz. Con tal fin, y para que sean lo más contundentes posible, abunda el uso de metáforas y metonimias visuales: véase la representación de Israel y Palestina a través de sus banderas y colores o la personificación de Israel en la estrella de David o en la figura de Netanyahu.

Voces españolas

En España, revistas satíricas como El Jueves o Mongolia han dedicado numerosas portadas a denunciar el genocidio desde el inicio de la guerra en 2023, poniendo el énfasis en la culpabilidad directa de Netanyahu y en la destrucción total de Palestina. Asimismo, han señalado la mediación de Estados Unidos en el conflicto como un posible pretexto del presidente estadounidense de hacerse con el Nobel de la Paz.

Con todo, los periódicos de tirada nacional también han contado, generalmente en su sección de opinión, con trabajos de dibujantes e ilustradores en favor de la causa palestina.

Así se ve en El País, con artistas como Riki Blanco, Flavita Banana, El Roto y Peridis. Estos autores, además, han querido reflejar la repercusión del conflicto en la política y sociedad española, dibujando la Freedom Flotilla Coalition o la interrupción de la última etapa de la Vuelta ciclista a España por manifestantes en favor de Palestina. También ha habido un número importante de viñetas referidas a la declaración del “alto el fuego”.

Voces estadounidenses

En Estados Unidos, este tipo de imágenes no han aparecido en las portadas de revistas satíricas o dedicadas a la viñeta. Algunos medios generalistas, como el New Yorker o el Washington Post, sí las han utilizado para ilustrar sus reportajes sobre la destrucción de Palestina y la posibilidad de la creación de un Estado. Sin embargo, la mayor parte de las obras han sido colaboraciones puntuales o iniciativa de los propios artistas en sus redes sociales. Así sucede en los casos de Nick Anderson, Jen Sorensen, Matt Bors y Mark Fiore.

Las temáticas, en estos casos, han versado sobre el sionismo/antisemitismo (comprensible dadas las históricas relaciones de Estados Unidos con Israel y la numerosa población judía en el país). También han hablado de la implicación de la política estadounidense en el conflicto, desafiando hasta cierto punto la aparente figura intocable del presidente de Estados Unidos.

Sin embargo, de la misma manera que las noticias sobre la situación de Palestina han disminuido, la producción gráfica relacionada con este tema también se ha detenido.

La viñeta denuncia y moviliza

El genocidio sigue en marcha y la creación del Estado palestino permanece en la utopía: un territorio destruido controlado por Israel y con planes para convertirse en “la Riviera de Oriente Medio” a manos de Estados Unidos.

Palestina es hoy un lugar masacrado. La paz verdadera, la de la reconstrucción, el duelo, la de los palestinos, solo llegará si esta tierra puede levantarse después de los trágicos eventos de los últimos años y la comunidad internacional la sostiene.

La viñeta es un arma y un altavoz que señala, critica y moviliza. Por ese motivo, esperamos la reactivación de la producción gráfica acerca de lo que está sucediendo para concienciar a la población sobre todo el camino que queda por recorrer. “Keep drawing Palestine”. Sigan dibujando Palestina.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Las viñetas han dejado de denunciar la guerra y el genocidio en Palestina – https://theconversation.com/las-vinetas-han-dejado-de-denunciar-la-guerra-y-el-genocidio-en-palestina-267706

El gran dilema de los Gobiernos ante la epidemia de gripe: ¿informar o alertar a la población?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alicia Mariscal, Profesora del Área de Lingüística General y miembro del Instituto de Investigación en Lingüística Aplicada (ILA), Universidad de Cádiz

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En los últimos días, estamos siendo testigos de un incremento sustancial de los casos de gripe A en España. Los medios de comunicación hablan ya de una “epidemia”, de una “explosión” de casos de gripe y de una alerta sanitaria por el “avance” de la “supergripe”. Todo ello es atribuido a una “ola”, causada por una variante más contagiosa que “dispara” el número de personas afectadas.

Estos recursos tan sugerentes y sensacionalistas actúan a modo de “gancho”, para motivar a los lectores a querer saber más sobre el tema, aunque para ello haya que apelar al miedo, con metáforas (“explosión”, “ola”, “se dispara”), intensificadores (“supergripe”) y la personificación del virus mediante su “avance” sin tregua.

Frente al alarmismo que esos titulares podrían despertar en la población, el Ministerio de Sanidad y Política Social español prefiere optar por mensajes que informen a la ciudadanía sobre la epidemia de gripe, pero sin provocar el pánico colectivo.

Un mensaje de tranquilidad

Lo primero que destaca cuando visualizamos su página web es el uso de la cita “la pasé como una gripe normal”, en la que se trata de restar gravedad a la nueva variante. Esta minimización de los riesgos se ve reforzada, además, con la afirmación de que “muchas personas ya han pasado la gripe A sin problemas”, con el objetivo de tranquilizar a la sociedad por medio de la técnica denominada “prueba social”, que se apoya en que la mayoría de la gente acaba curándose.

Los estudios realizados sobre la efectividad del miedo en las campañas sanitarias insisten en que no solo resulta fundamental controlar el nivel de intensidad de este sobre la audiencia, sino también acompañar los mensajes de las recomendaciones necesarias y reducir el temor provocado previamente. En este caso, el Ministerio de Sanidad recomienda la vacunación “si no la has pasado y perteneces a un grupo de riesgo”, dirigiéndose directamente a la ciudadanía y hablándole de “tú” para favorecer el acercamiento emocional.

Se trata, en todo caso, de enunciados con una estructura bastante simple y léxico no especializado, salvo cuando se enumeran las “condiciones clínicas especiales” que han de reunir los grupos de población considerados prioritarios. Este lenguaje sencillo se complementa con otros recursos no verbales, como la utilización del color rojo para destacar las ideas más importantes, la presentación de la información en epígrafes en negrita y la inclusión de un apartado de “preguntas frecuentes”, clasificadas según su temática.

Explicaciones para todos los públicos

En primer lugar, se proporciona una definición de la gripe en general, redactada sin la presencia de tecnicismos, para permitir que sea entendida por una audiencia mucho más amplia. Nos indican, por ejemplo, que esta enfermedad “afecta desde la antigüedad a las personas y a otras especies animales” y “causa epidemias cada año, principalmente durante los meses de invierno”, con lo que se tiende a dar normalidad al incremento de casos en estas fechas.

Para que la gente entienda por qué esta vez la gripe es algo diferente a la de años anteriores, se aclara que surge “por distintos tipos de virus que, además, pueden combinarse entre ellos” y eso puede dar lugar a nuevas variantes.

Aunque, por un lado, se enfatiza su gran capacidad de contagio (“la gripe es muy contagiosa”), por otro, se vuelve a tranquilizar a la población explicándole que “se comporta como una gripe cualquiera”. Con esto, pretenden que el ciudadano entienda que no se enfrenta a un nuevo virus, como ocurrió con el coronavirus, sino simplemente a una variante de aquel. Esta técnica de persuasión se apoya en la idea implícita de que si antes nos hemos curado, ahora también, y que “si usted tiene gripe, en la mayoría de las ocasiones podrá cuidarse en el domicilio”.

En lugar de órdenes, el texto ofrece recomendaciones, como se observa en el epígrafe Necesitas informarte, donde por medio de comparaciones conocemos que, con esta nueva variante del virus, “se contagia mucha más gente de lo habitual” porque aún “no tenemos defensas” contra él.

No es la gripe española

Los contrastes continúan con la comparativa entre la gripe actual y la de 1918 (conocida como “gripe española”) y recalcan la diferencia entre esta última, que “produjo muchas muertes”, y la actual, ya que en el pasado “no se disponía de los sistemas de salud con los que ahora contamos”.

Si bien con estas comparaciones el Gobierno intenta restarle gravedad a la enfermedad, también insiste, por medio de expectativas negativas de futuro, en que no debemos confiarnos, sino tomar precauciones, vacunarnos y evitar contagiar a otras personas, para que no acabe convirtiéndose en una pandemia.

Como ya sucedió durante la covid-19, con este discurso el Ministerio de Sanidad español, más que apelar al alarmismo y al miedo de la población, se propone persuadirla. El objetivo es convencernos de que nos comportemos como una sociedad responsable, donde los ciudadanos no solo se protejan a sí mismos, sino a quienes los rodean.

Una difícil decisión para los Gobiernos

La comunicación estratégica basada en el miedo suele ser utilizada en las campañas de publicidad social a modo de prevención y constituye una estrategia de persuasión institucional ampliamente utilizada por los Gobiernos para modificar las conductas insalubres de la población, aunque puede variar según cada país.

Si comparamos la información del Ministerio de Sanidad español con la del Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido, se aprecia un mayor empleo de la apelación al miedo por parte del Gobierno británico. Por ejemplo, este advierte sobre una “supergripe” (super flu), que ha aumentado en un 50 % las hospitalizaciones en tan solo una semana, con un promedio de 2 660 pacientes al día. De hecho, se llega incluso a afirmar que cada día el número de pacientes atendidos por gripe podría llenar más de tres hospitales.

Estas diferencias entre países no hacen más que demostrar lo difícil que resulta para los Gobiernos desarrollar campañas de salud que informen al ciudadano sobre las crisis sanitarias sin causar alarma social, puesto que actualmente no existe unanimidad entre los expertos acerca de la efectividad del uso del miedo en el ámbito sanitario.

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Alicia Mariscal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El gran dilema de los Gobiernos ante la epidemia de gripe: ¿informar o alertar a la población? – https://theconversation.com/el-gran-dilema-de-los-gobiernos-ante-la-epidemia-de-gripe-informar-o-alertar-a-la-poblacion-272296

‘Aro Berria’, la memoria cinematográfica de las comunas que cuestionaron la familia y sembraron la utopía

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Toledo Machado, Investigador postdoctoral en Historia Contemporánea, Universidade de Santiago de Compostela

Desde finales de los años 60, España vio florecer numerosas comunas contraculturales más allá de las grandes ciudades o la meca hippie de Ibiza. La película Aro Berria, primer largometraje de Irati Gorostidi –que obtuvo una mención especial en el Festival de San Sebastián–, retrata la expresión de este movimiento en el valle de Ulzama (Pirineo navarro) durante la Transición.

Pese a su diversidad –rurales, urbanas, anarquistas o místicas–, todas estas comunas compartían un objetivo: construir una alternativa a la familia y anticipar la creación de un mundo utópico.

Irati Gorostidi no eligió una comunidad cualquiera. Arco Iris, por la que pasaron sus padres, fue una de las más controvertidas. Denostada por una parte de la prensa alternativa y repudiada por sus propios exmiembros, sus métodos no dejaron indiferente a nadie. Tras un extenso trabajo documental, la cineasta revisita aquellos experimentos desde un presente carente de utopías.

Cuando la lucha obrera fue insuficiente

La cinta presenta la vida cotidiana como un campo de batalla fundamental de la Transición. La primera parte muestra la derrota política de unos jóvenes obreros, desencantados con la izquierda tradicional y los sindicatos de clase, incapaces de entenderse con los más veteranos de la fábrica. Influenciados por el feminismo, el psicoanálisis y la contracultura, para ellos no bastaba acabar con el patrón: querían matar al padre.

Estos jóvenes consideraban a la familia nuclear como la piedra angular del sistema social. Inculcaba, desde el nacimiento, comportamientos egoístas y competitivos en los individuos, perpetuando la desigualdad y abocando a la humanidad al colapso. Así, no bastaba con tomar el poder, sino que veían necesario cambiar las relaciones humanas.

Laboratorios utópicos

Las comunas aparecieron como la solución natural al problema de la familia. La segunda parte del largometraje ilustra este tránsito. En Arco Iris, los colores grises de la fábrica se sustituyen por los de una comunidad habitada por jóvenes sonrientes que visten ropas de colores y comparten habitación.

Los mantras, meditaciones y expiaciones públicas de este grupo protagonizan una gran parte de la película. Gorostidi reunió a actores y actrices no profesionales y los sometió a algunas de estas terapias. ¿Por qué practicaban rituales tan extraños? ¿Por qué la directora le dedica tanta atención a estas escenas?

No se retrata la comuna como simple grupo de jóvenes hedonistas en busca de sexo y drogas, sino como un ambicioso proyecto de revolución vital –Aro Berria significa “nueva era” en euskera– a la altura de los falansterios fourieristas, las colonias anarquistas o los sanatorios naturistas. Al igual que estos, las comunas se basaron en la creencia rousseauniana de que, al cambiar las reglas de socialización, emergería el “buen salvaje” que el sistema social se había encargado de reprimir y enajenar.

Las comunas optaron por diversos métodos para anticipar la nueva vida. Algunas crearon arte y otras experimentaron con psicodélicos o iniciaron la vuelta al campo. Arco Iris, en cambio, optó por las terapias más extremas de la época, combinando el esoterismo –al estilo de la Rajneeshpuram de Osho, popularizada por la serie Wild wild country–, con una interpretación radical del psicoanálisis que recuerda a la actitud irreverente de la Kommune 1 de Berlín o, en su deriva más sectaria, la Friedrichshof de Otto Muehl.

Por tanto, las largas sesiones que aparecen en la película no son decorativas. Permiten entender el extenuante camino que algunos emprendieron para poder vivir en armonía.

La comuna, ¿utopía o distopía?

Irati Gorostidi no cae en la idealización. Históricamente, estas comunidades arrojaron resultados inesperados y no lograron erradicar de un plumazo los comportamientos que pretendían deconstruir. El hombre y la mujer nuevos no aparecieron por arte de magia al sustituir la familia por la comuna. Persistieron las desigualdades de género, algunas personas vieron amenazada su autonomía individual y surgieron hiperliderazgos. Resulta sorprendente que Gorostidi haya preferido no tratar esta cuestión, pues Arco Iris contó con la figura carismática de Emilio Fiel, también conocido como “Miyo”.

A pesar de sus problemas, sería un error calificar estos experimentos de fracaso total. Si bien no culminaron su utopía, la realidad social no volvió a interpretarse en los mismos términos. Donde más evidente se hizo esta ruptura fue en la concepción de la familia y la sexualidad. En sintonía con el feminismo y los movimientos LGTB+, las comunas erosionaron la rígida autoridad patriarcal, impulsaron la autonomía de los hijos y allanaron el terreno cultural para la normalización del divorcio o el derecho al aborto. Además, sin aquella ruptura, hoy carecerían de su significado actual conceptos como “neorrural”, “cohousing” o “poliamor”. Cambiaron el mundo, aunque no siempre en la dirección esperada.

El estreno de la película abre, pues, un debate necesario. Medio siglo después, todavía experimentamos paradojas similares. Seguimos buscando esa misma autenticidad y conexión con los demás y la naturaleza, pero lo hacemos a través de un prisma individualista y mercantilizado: retiros de yoga de fin de semana, “colivings” de diseño y filtros de Instagram. También padecemos una importante crisis existencial –que ilustran el predominio de las distopías y los augurios catastrofistas–, pero carecemos de la capacidad de imaginar utopías igualitarias, justas y resilientes.

En definitiva, Aro Berria, devolviéndonos la mirada al pasado, nos permite evaluar con empatía y cierta distancia crítica los intentos recientes más radicales de hacer la utopía realidad. Que active (o no) la imaginación de otros mundos posibles ya es responsabilidad del público.

The Conversation

Luis Toledo Machado recibe fondos de la Consellería de Educación, Ciencias, Universidades e Formación Profesional de la Xunta de Galicia (Axudas de apoio á etapa de formación posdoutoral 2024) y es miembro de los proyectos de investigación PID2024-155185NB-I00 y PID2024-157039NB-I00, financiados por la Agencia Estatal de Investigación.

ref. ‘Aro Berria’, la memoria cinematográfica de las comunas que cuestionaron la familia y sembraron la utopía – https://theconversation.com/aro-berria-la-memoria-cinematografica-de-las-comunas-que-cuestionaron-la-familia-y-sembraron-la-utopia-272208

¿Por qué hablamos con los ‘chatbots’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Matosas López, Profesor e Investigador Tecnología Aplicada a la Empresa, Universidad Rey Juan Carlos

Hasta hace poco, la idea de mantener una conversación con una máquina sonaba a ciencia ficción. Hoy, sin embargo, es algo cotidiano. En los últimos años, los chatbots o asistentes de IA se han integrado en nuestras rutinas diarias. Están en sitios web para la atención al cliente, en aplicaciones de servicios bancarios, en plataformas de comercio electrónico o en portales de reservas turísticas.

Incluso, para consultas médicas u orientación psicológica, muchas personas recurren a estos asistentes antes que a un ser humano. Esto les permite mantener un aparente anonimato y les genera una sensación de control y alivio.




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Pero los chatbots también están omnipresentes en tareas triviales, como cuando preguntamos al asistente del móvil si va a llover, al de la TV por una película o al de nuestro portátil sobre cómo podemos escribir un correo más formal.

Estos son solo algunos ejemplos de situaciones en las que diariamente recurrimos a estas tecnologías. Pero, más allá de la novedad, ¿por qué las personas usamos chatbots? ¿Qué nos lleva a interactuar con un asistente de IA como si fuera una persona?

Las respuestas revelan tanto cómo es nuestra relación con la tecnología como cuáles son nuestras necesidades humanas. Aunque cada usuario tiene sus motivos, los expertos agrupan las razones en tres grandes categorías: utilitarias, hedónicas y sociales. Y, si lo pensamos bien, todas están presentes en nuestro día a día.

Factores utilitarios: cuando buscamos eficiencia y resultados

La primera razón –y más evidente– es la utilidad. Hablamos con chatbots porque nos facilitan la vida. Son rápidos, resuelven tareas sin demora y lo hacen 24 horas al día. Sea lo que sea, siempre están ahí. Incluso cuando el problema surge fuera del horario laboral.

Si queremos saber el estado de un pedido, pedir una cita en la peluquería o redactar un texto, un chatbot puede hacerlo en segundos. Esa eficiencia encaja perfectamente con el estilo de vida actual. Queremos soluciones inmediatas y sin complicaciones.

Además, los avances en el procesamiento de lenguaje natural o NLP han hecho que escribir “como hablamos” sea suficiente para obtener buenos resultados. Ya no necesitamos buscar menús, aprender comandos ni seguir pasos engorrosos. Basta con preguntar al asistente de IA. Así, el chatbot satisface una necesidad práctica, ahorra tiempo y reduce esfuerzos. En un mundo donde el tiempo es oro, eso ya es una gran razón.

Factores hedónicos: cuando buscamos satisfacer nuestra curiosidad

Más allá de la utilidad, hay un componente que no siempre reconocemos: el entretenimiento o la satisfacción de la curiosidad humana. A muchos usuarios les atrae el simple hecho de probar cómo responde un asistente de IA. Queremos ver hasta dónde llega, si entiende el humor, si puede escribir, o incluso debatir sobre cine, fútbol, o literatura.

Esa curiosidad natural convierte la interacción con el chatbot en algo lúdico. No solo trabajamos con ellos, también jugamos, exploramos y aprendemos. En ese proceso descubrimos que estas tecnologías no son tan impersonales como pensábamos. Los asistentes de IA nos sorprenden, hacen reír e inspiran nuevas ideas.

En ese sentido, funcionan como otras tecnologías con un componente lúdico asociado. Caso, por ejemplo, de los videojuegos o las redes sociales. Así, en muchos casos, los chatbots nos entretienen y estimulan mentalmente.

Factores sociales: cuando buscamos conexión

Y luego está el tercer motivo, quizás el más humano: la necesidad de conexión con otro ente. Aunque, en este caso, sea virtual. Aun sabiendo que estamos hablando con una máquina, muchas personas encuentran en estos asistentes de IA una forma de compañía o de desahogo. No juzgan, no se impacientan y siempre están disponibles para escuchar (o, en este caso, leer). En muchos casos, un chatbot representa una voz cercana, una oportunidad de practicar un idioma, mejorar la comunicación, o simplemente “conversar con alguien”.

En este plano, estas tecnologías han evolucionado enormemente. En la actualidad los chatbots son capaces de mantener interacciones fluidas empleando un tono cercano, e incluso familiar. Este aspecto social se ha vuelto especialmente relevante en entornos donde la soledad o la falta de interacción son frecuentes.




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Por consiguiente, en estos asistentes de IA, no solo buscamos respuestas, también buscamos cercanía. Una cercanía que, por las dinámicas del estilo de vida moderno es, en ocasiones, poco frecuente.

No hay que olvidar los riesgos

Cuando hablamos con un chatbot estamos expresando tres facetas de lo que somos. Somos seres prácticos que buscan soluciones, seres curiosos que disfrutan explorando, pero también seres sociales que necesitan conexión.

A pesar de todo no hay que perder la perspectiva de que los chatbots tienen importantes limitaciones que pueden proyectarse en los tres planos señalados:

  1. En el plano utilitario, pueden facilitar información inexacta o deficiente.

  2. Cuando se abusa de su uso con fines lúdicos, puede generar situaciones de adicción.

  3. En el plano social, y si el usuario no termina de entender la dinámica de su funcionamiento, existe el riesgo de que transmita una falsa sensación de apoyo y acompañamiento.




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En los próximos años el debate no estará en si usamos o no estas tecnologías. La cuestión será cómo convivimos con ellas y qué tipo de experiencias se quieren construir en ese diálogo entre humanos y máquinas.

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Luis Matosas López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué hablamos con los ‘chatbots’? – https://theconversation.com/por-que-hablamos-con-los-chatbots-269132

Cómo mejorar la orientación académica para limitar el abandono universitario y el paro juvenil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier M. Valle, Director del Grupo de Investigación sobre Políticas Educativas Supranacionales, Universidad Autónoma de Madrid

Mladen Mitrinovic/Shutterstock

Imaginemos un estudiante español, Carlos: desde la educación primaria, tiene un tutor o tutora por curso que le acompaña y ayuda a resolver diferentes conflictos en el aula. También gestionan juntos alguna situación emocional complicada para él.

Pero a medida que se acerca el final de la educación secundaria obligatoria y el momento de decidir sobre su futuro, Carlos no ha podido explorar con ninguno de sus tutores de manera individual distintos sectores laborales, ni valorar sus aptitudes profesionales o tantear sus intereses vocacionales.

En cuarto curso de la ESO, el último año de la educación obligatoria en España, Carlos puede elegir la materia de Formación y Orientación Personal y Profesional, pero como es optativa, él no la escoge porque otras materias, como robótica o francés, capturan más su atención. De esta manera, es muy probable que Carlos llegue al término de su escolaridad obligatoria sin haber tenido contacto con un orientador que le guíe en sus decisiones posteriores en cuanto a los itinerarios académicos más óptimos para él o en los caminos de formación profesional que mejor se adapten sus aptitudes en su contexto sociolaboral. Le toca decidir, pero le falta orientación.

Descartando carreras de letras, pues se le dieron mal las asignaturas de Lengua y literatura e Historia, y habiendo optado en bachillerato por la rama tecnológica porque en casa le han dicho que tiene “más futuro”, Carlos acabó solicitando plaza en un grado de Informática. El primer año es un choque: la mayoría de las asignaturas no son lo que espera y, con malos resultados y muchas dudas, no sabe si cambiar de opción.

Elegir itinerario en Canadá

Bien distinta es la situación de John. Vive en la región de la British Columbia en Canadá. Desde el jardín de infancia hasta el grado 9 (equivalente a tercero de la ESO) cursó el área Career Education (que podríamos traducir como “educación profesional”) de manera trasversal y obligatoria. Posteriormente, en los grados 10 al 12 completó con éxito las áreas (también obligatorias y evaluables) Career-Life Education y Career-Life Connections. Se trata de asignaturas en las que se desarrollan habilidades de planificación profesional y vital, como el equilibrio entre el trabajo y la vida personal, la reducción del estrés, la alfabetización financiera, la redacción de currículums y la capacidad de establecer redes profesionales y comunitarias.

Con la asesoría de su mentor, concluyó con su Capstone Project o proyecto final, elegido por él: diseñó y desarrolló una página web para una empresa local. El proyecto fue presentado ante su mentor, un profesor de Informática y un representante de la comunidad. En la presentación, John habló sobre el impacto del proyecto para las pequeñas empresas. También entregó un informe final y actualizó su portafolio digital con la evaluación de su proyecto y cartas de referencia. Con el Capstone superado, su portafolio y referencia en mano, John solicitó un Diploma en Diseño Interactivo.

Estas dos historias revelan una inmensa diferencia entre modelos de orientación: España delimita dicha orientación básicamente al acompañamiento tutorial y solo aparece como materia optativa en el último año de la ESO, mientras que en Canadá se ofrece la orientación como un proceso progresivo y continuo a lo largo de toda la escolarización infantil y juvenil. John ha podido pensar en la utilidad y sentido de lo que aprende mucho antes de tener que enfrentarse a la decisión de qué camino profesional tomar.




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Orientación académica en distintos países

Ante un mundo en constante cambio, hiperconectado y donde las posibilidades de elección se multiplican, elegir qué camino seguir tras la educación básica se ha vuelto un desafío que los distintos sistemas educativos responden de modo muy diferente. Una buena orientación académica es clave en el éxtio del sistema educativo.

En nuestro estudio reciente hemos investigado el papel de la orientación académica en España y otros nueve países de nuestro entorno –Alemania, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Francia, Italia, Países Bajos, Portugal y Reino Unido– con la intención de entender en qué aspectos sus sistemas aplican mejor las recomendaciones internacionales y cómo puede hacerse mejor.

Los países con sistemas de orientación académica y profesional más robusto presentan mejores resultados de inserción laboral. Por ejemplo, en el caso de los titulados en Bachillerato o FP de grado medio, España registra un 12.3 % de desempleo, muy por encima de Alemania (2.8 %), Países bajos (3.3 %), Reino Unido (5.4 %) y demás países de nuestro estudio en un nivel similar de estudios.




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Además, los países con modelos de orientación más integrados y personalizados, como Canadá, Finlandia, Francia y Países Bajos, suelen tener mejor rendimiento educativo en las evaluaciones internacionales como PISA.

Curiosamente, los modelos de orientación más exitosos no solo dependen del nivel de inversión (que en el caso de España es similar a la media de la OCDE), sino en cómo esa inversión se distribuye en políticas de orientación más estructuradas y tempranas.

Modelos de orientación que inspiran

Los países estudiados combinan modelos de orientación que se mueven entre:

  1. Enfoques de carácter más educativo, como el sistema portugués, que brinda apoyo a la orientación académica y profesional a través de los Servicios de Psicología y Orientación (de manera similar a España).

  2. Enfoques más profesionales como los adoptados en Reino Unido, que priorizan la conexión entre las escuelas y el entorno laboral a través del modelo The Eight Gatsby Benchmarks.

El modelo inglés fomenta la interacción más allá de la secundaria, con encuentros con empleadores y experiencias introductorias en entornos laborales reales (job shadowing). A este enfoque, donde la orientación se dirige más hacia el mundo profesional, se suman países como Alemania, Dinamarca e Italia (con módulos de orientación de 30 horas).

Por su parte, Canadá, Finlandia, Francia y Países Bajos ofrecen modelos que combinan ambos enfoques, tanto el educativo como el profesional, lo que resulta en sistemas de orientación más flexibles y más personalizados.

En Finlandia, por ejemplo, los estudiantes reciben orientación personal, académica y vocacional, que tiene también conexión con la sociedad y la vida laboral. Durante la educación básica (grado 1 al 9), trabajan esa orientación como contenido transversal. Además, en los grados 7, 8 y 9, puede ser implementada como asignatura independiente.

La implicación de las familias

Otro elemento de comparación es cómo se involucra a las familias en la orientación. En el caso finlandés se propician actividades con ellas: reuniones informativas, ferias educativas o sesiones de orientación compartidas que suponen un alto grado de trabajo conjunto entre la escuela y la familia a la hora de construir un andamiaje orientador para los niños y jóvenes envueltos en procesos educativos.

El último elemento que compara el estudio es la evaluación sistemática de los procesos de orientación como elemento importante para su mejora. España y Portugal no cuentan con una evaluación nacional global, ni instrumentos sistematizados de seguimiento, en comparación con los demás países analizados.

Los puntos claves de una buena orientación

La orientación académica debería ocuparse tanto del rendimiento académico como de la orientación vocacional y profesional, y acompañar al estudiante en las elecciones de itinerarios en educación superior.

En el caso de España, esto supondría añadirla como un área o asignatura transversal y obligatoria desde Educación infantil hasta mediados de la ESO. A partir de ese momento, podría ser una materia específica obligatoria y evaluable hasta finales del bachillerato, concluyendo con un proyecto real de proyección futura académica y profesional.

Además, cada centro podría elaborar un plan de orientación con actividades, en colaboración con estudiantes, tutores o padres de familia, así como con protagonistas del tejido socioeconómico y laboral del contexto. También debería hacer un seguimiento del éxito de las decisiones de los estudiantes que ya han acabado sus estudios en el centro.

Cada centro escolar debería darle a la orientación un espacio protagonista en el proyecto educativo y trabajarla en el marco de las “competencias clave”, especialmente en la competencia personal, social y de aprender a aprender. Sería muy recomendable establecer redes de centros que permitan compartir experiencias de buenas prácticas. Y también, por supuesto, conectar más el centro con el entorno social en el que se encuentra; por ejemplo, con proyectos de aprendizaje-servicio.

Estudios como éste permiten una reflexión sobre una pieza crucial de los sistemas educativos, tan complejos en la sociedad contemporánea. Aunque no hay modelos de orientación perfectos, la mejora de los aspectos que hemos desgranado sería un buen punto de partida para una orientación más eficiente.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Bacterias golosas, sal y bambú: prometedoras soluciones al problema de los plásticos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel Torralba, Catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, IMDEA MATERIALES

Los plásticos suponen un daño para los ecosistemas de todo el planeta. Sin embargo, la ciencia va encontrando interesantes alternativas. Naja Bertolt Jensen / Unsplash., CC BY

Nos rodean en ordenadores, botellas, embalajes, muebles, coches, aviones e, incluso, en la mayoría de la ropa que usamos. Su bajo coste y aparente reciclabilidad han hecho que los polímeros –o plásticos– sean omnipresentes. Pero presentan dos grandes problemas.

El primero, que solo los termoplásticos son reciclables y, aun así, menos del 10 % se recicla. Además, después de cada ciclo de reciclado, se degradan sus cadenas, o que limita su reutilización. El resto acaba en vertederos, ríos y mares.

El segundo es que los plásticos son blandos y se degradan con facilidad, formando microplásticos y nanopartículas que acaban en el agua, el aire y los suelos. También llegan a nuestro organismo y al de otros seres vivos. Incluso, son transportados por las abejas junto al polen.

Apuesta biodegradable

Los materiales que fueron protagonistas del siglo XX ahora resulta que no son “sostenibles”, están generando un problema medioambiental importante y, además, pueden dañar nuestra salud. La buena noticia es que tiene solución.

Para lograrlo, hace falta combinar dos cosas: una legislación que premie la utilización de materiales alternativos y una gran inversión en I+D que permita desarrollar plásticos más reciclables y, sobre todo, biodegradables.

En esta última dirección hay muchas posibilidades. Por ejemplo, buscar polímeros alternativos a los que utilizan derivados del petróleo (que hoy son la mayoría).

Desintegrados en sal

En el RIKEN Center for Emergent Matter Science, en colaboración con la Universidad de Tokio, en Japón, han desarrollado un polímero (aun en fase de investigación) que se desintegra al entrar en contacto con la sal.

Esto permite que, en el agua de mar, el material se disuelva en unas pocas horas. Además de ser no tóxico y resistente al fuego, no libera dióxido de carbono durante su degradación. Aún no ha sido comercializado, pero numerosas empresas, especialmente del sector del empaquetado, se han interesado por él.

Estos nuevos polímeros son tan resistentes como los habitualmente utilizados en el sector. La diferencia es que, al descomponerse de forma natural, sus componentes son biodegradados por bacterias que existen en su entorno y, por tanto, no se acumulan ni forman microplásticos. De igual manera, existen sales en los suelos, donde también se pueden descomponer.

Bacterias golosas

Por otro lado, un grupo de investigación de la Universidad de Kobe (Japón) ha desarrollado el ácido piridindicarboxílico (PDCA), un polímero biológico que puede alcanzar las prestaciones de algunos plásticos como el PET, el más utilizado para embotellar agua y refrescos.

Sin embargo, a diferencia del PET, el PDCA es totalmente biodegradable y su origen es la síntesis a partir de bacterias y enzimas. Entre ellas, la bacteria Escherichia coli, alimentada con glucosa para acelerar la producción.

Micrografía electrónica, de baja temperatura, de un cúmulo de bacterias E. coli ampliado cien mil veces. Cada cilindro redondeado es un individuo.
Wikimedia Commons., CC BY

Esta bacteria y su afición por la glucosa protagonizaron otro estudio reciente –publicado en Nature Chemistry– sobre cómo generar biocombustibles de manera natural.

Materiales competitivos

En China, están desarrollando plásticos a partir de la celulosa del bambú. Según un estudio publicado en Nature Communications, mediante el empleo de disolventes se deshace la red de enlaces de hidrógeno de la celulosa del bambú. A continuación, mediante estimulación molecular ayudada por etanol, se reconstruyen los enlaces de hidrógeno y se consigue un bioplástico con una resistencia mecánica excepcional que, además, se puede fabricar mediante tecnologías convencionales de moldeo por inyección.

Este material supera a la mayoría de los plásticos y bioplásticos comerciales en propiedades mecánicas y termomecánicas. Además, es totalmente biodegradable en el suelo en 50 días. En el estudio también se presenta un análisis técnico y económico que demuestra la competitividad del material en cuanto a costes, lo que permite salvar la brecha entre la sostenibilidad y la escalabilidad industrial.

Microplásticos convertidos en grafeno

Al mismo tiempo, empiezan a aparecer soluciones para los microplásticos. En la universidad James Cook, de Australia, han hecho un estudio donde tratan los microplásicos con una técnica llamada síntesis por plasma en un horno de microondas a presión atmosférica –atmospheric pressure microwave plasma (APMP)–, para transformarlos en grafeno, un material de alto valor añadido.

Los investigadores de este trabajo aseguran que pueden convertir 30 mg de microplásticos en 5 mg de grafeno en 1 minuto. Esta tecnología es mucho más rápida, funciona a temperaturas mucho más bajas y presenta un consumo de energía menor que tecnologías más tradicionales, como la pirólisis o la carbonización catalítica.

Así, la transformación eficaz de microplásticos de polietileno procedentes de botellas desechadas en grafeno es una realidad.

Hace falta voluntad política e inversión

Como vemos, existe en el ámbito científico la madurez suficiente para abordar estos problemas con soluciones viables.

Eso sí, es necesaria la voluntad política para poner en marcha programas de I+D que orienten a los grupos de investigación, mediante financiación suficiente, para que se haga realidad el sueño de tener polímeros totalmente reciclables, biodegradables y no contaminantes.

The Conversation

José Manuel Torralba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Bacterias golosas, sal y bambú: prometedoras soluciones al problema de los plásticos – https://theconversation.com/bacterias-golosas-sal-y-bambu-prometedoras-soluciones-al-problema-de-los-plasticos-269826

Publication de documents dans l’affaire Epstein : pourquoi les victimes méritent plus d’attention que la « liste » des hommes puissants

Source: The Conversation – in French – By Stephanie A. (Sam) Martin, Frank and Bethine Church Endowed Chair of Public Affairs, Boise State University

L’adoption de la loi sur la transparence des dossiers Epstein, soutenue par de nombreuses victimes présumées et membres de la famille d’Epstein, a conduit le ministère de la Justice états-unien à commencer à divulguer certains des dossiers Epstein. AP Photo/J. Scott Applewhite

**Contrainte par la loi, l’administration Trump a rendu publics, vendredi 19 décembre, plusieurs milliers de documents relatifs au criminel sexuel Jeffrey Epstein, décédé en 2019. Mais, alors que les hommes puissants associés à l’affaire sont nommés, analysés et disséqués en détail, les survivantes, en revanche, restent dans l’ensemble une entité floue, reléguée à l’arrière-plan.

Le ministère de la Justice états-unien a procédé à la divulgation partielle de documents issus de ce que l’on appelle désormais couramment les « dossiers Jeffrey Epstein ». D’autres publications sont attendues, à une date qui n’a pas encore été précisée. Sur une page dédiée de son site Internet, intitulée « Epstein Library », le ministère met à disposition divers documents, notamment des pièces judiciaires et d’autres archives rendues publiques en réponse à des demandes fondées sur la loi sur la liberté de l’information.

Leur publication a été ordonnée par le Congrès dans le cadre d’une loi bipartisane adoptée en novembre 2025. La date butoir fixée au 19 décembre 2025 a été respectée : le ministère de la Justice a rendu publics une partie des documents en sa possession environ huit heures avant l’expiration du délai.

Ces dossiers seront désormais scrutés, commentés et débattus par les responsables politiques comme par le grand public, avant d’être largement relayés dans les médias. Il s’agit du dernier épisode d’une affaire qui fait les gros titres depuis des années, mais selon un cadrage bien particulier. Une question domine en effet la couverture médiatique : « Quels hommes riches et puissants pourraient figurer sur la fameuse “liste” associée à ces dossiers ? » Les journalistes comme le public attendent de voir ce que ces documents révéleront au-delà des noms déjà connus, et si la supposée liste des clients” dont la rumeur fait état depuis déjà longtemps finira par se matérialiser.

Jusqu’à présent, les titres se sont surtout concentrés sur des élites anonymes et sur les personnalités susceptibles d’être compromises ou mises en cause, reléguant au second plan celles dont la souffrance a pourtant rendu cette affaire digne de l’attention médiatique : les jeunes filles et les jeunes femmes victimes d’abus et de trafic sexuels de la part de Jeffrey Epstein.

capture d’écran d’un site web intitulé « epstein library »
Le ministère de la Justice états-unien a commencé à publier les dossiers Epstein vendredi en fin d’après-midi.
Capture d’écran du site web du ministère de la Justice états-unien

Parallèlement, de nombreux sujets ont été consacrés aux victimes dans les médias. Certains d’entre eux, notamment sur CNN, ont régulièrement donné la parole aux victimes d’Epstein et à leurs avocats pour qu’ils puissent réagir aux derniers développements de l’affaire. Ces articles, émissions et reportages rappellent qu’il existe une autre version des faits, centrée sur les jeunes femmes au cœur de cette affaire, pour essayer de comprendre ce qu’elles ont vécu. Cette approche traite les victimes comme de véritables sources d’information, et non comme de simples preuves de la chute ou de la disgrâce d’autrui.

La coexistence de ces deux récits met en lumière un problème plus profond. Après l’apogée du mouvement #MeToo, le traitement médiatique des violences sexuelles et le débat public à leur sujet ont clairement évolué. Davantage de victimes prennent aujourd’hui la parole publiquement sous leur propre nom, et certains médias ont su s’adapter à cette évolution.

Pourtant, des conventions solidement ancrées quant à ce qui est considéré comme une information journalistique — conflits, scandales, figures influentes et rebondissements dramatiques — continuent de déterminer quels aspects de la violence sexuelle accèdent à la une des journaux et lesquels demeurent relégués en marge de l’actualité.

Cette tension soulève une question essentielle : alors même que la loi autorise largement la divulgation de l’identité des victimes de violences sexuelles, et que certaines survivantes demandent explicitement à témoigner à visage découvert, pourquoi les pratiques journalistiques continuent-elles si souvent à taire leurs noms et à reléguer ces victimes au second plan dans le traitement de l’information ?

Un sujet de « CBS Evening News » du 12 décembre 2025 dévoile plusieurs photos révélées par les démocrates de la Chambre des représentants, montrant des hommes célèbres en compagnie de Jeffrey Epstein.

Ce que la loi autorise aux États-Unis — et pourquoi les rédactions s’en abstiennent le plus souvent

La Cour suprême des États-Unis a, à de nombreuses reprises, jugé que le gouvernement ne peut généralement pas sanctionner les organes de presse pour avoir publié des informations véridiques issues de documents publics, y compris lorsque ces informations révèlent l’identité d’une victime de viol.

Lorsque, dans les années 1970 et 1980, certains États ont tenté de punir les médias qui identifiaient des victimes à partir de noms déjà mentionnés dans des documents judiciaires ou des rapports de police, la Cour suprême a estimé que ces sanctions violaient le premier amendement.

La réaction des rédactions a toutefois été paradoxale : plutôt que d’assouplir leurs pratiques, elles ont renforcé les limites qu’elles s’imposaient. Sous la pression des militantes féministes, des associations de défense des victimes et parfois de leurs propres journalistes, de nombreux médias ont adopté des politiques interdisant purement et simplement l’identification des victimes d’agressions sexuelles, en particulier sans leur consentement explicite.

Les codes de déontologie journalistique encouragent désormais les journalistes à « minimiser les dommages », à faire preuve d’une extrême prudence lorsqu’ils nomment des victimes de crimes sexuels et à tenir compte des risques de retraumatisation ou de stigmatisation.

Autrement dit, ce que la loi américaine autorise est précisément ce que les règles éthiques des rédactions déconseillent.

Comment l’anonymat est devenu la norme et comment le mouvement #MeToo a rebattu les cartes

Des manifestants contre la culture du viol rassemblés en foule
Le mouvement anti-viol aux États-Unis a contraint les rédactions à revoir leurs idées reçues sur les personnes dont les témoignages doivent être mis en avant dans le cadre d’un article.
Cory Clark/NurPhoto via Getty Images

Pendant une grande partie du XXe siècle, les victimes de viol étaient systématiquement nommées dans les médias américains — une pratique qui reflétait profondément les inégalités de genre de l’époque. La réputation des victimes était perçue comme un bien public, tandis que les hommes accusés de violences sexuelles faisaient souvent l’objet de portraits empathiques et détaillés.

À partir des années 1970 et 1980, les mouvements féministes ont mis en lumière le sous-signalement massif des agressions sexuelles et la stigmatisation des victimes. Les militantes ont fondé des centres d’aide et des lignes d’assistance, documenté la rareté des poursuites judiciaires et souligné qu’une femme craignant de voir son nom publié dans la presse pouvait renoncer à porter plainte.

Les législateurs ont adopté des « lois sur la protection des victimes de viol » qui limitaient l’utilisation des antécédents sexuels des victimes devant les tribunaux. Certains États sont allés jusqu’à interdire explicitement la publication de leur identité.

Dans ce contexte, et sous l’effet conjugué de ces réformes et de la pression féministe, la plupart des rédactions ont adopté, dans les années 1980, une règle par défaut consistant à ne pas nommer les victimes.

Plus récemment, le mouvement #MeToo a marqué un nouveau tournant. Des victimes issues du monde professionnel, politique ou du divertissement ont choisi de témoigner publiquement, souvent sous leur propre nom, pour dénoncer des abus systémiques et des stratégies de dissimulation institutionnelle. Ces prises de parole ont contraint les rédactions à reconsidérer les voix qu’elles mettaient en avant dans leurs enquêtes.

Pourtant, #MeToo s’est aussi inscrit dans des conventions journalistiques préexistantes, où l’attention reste largement focalisée sur des hommes puissants et médiatisés, leurs chutes spectaculaires et des « moments de révélation ». Ce cadrage laisse peu de place aux réalités moins sensationnelles, mais essentielles, du processus de reconstruction, des incertitudes juridiques et des réponses communautaires.

Les effets involontaires du maintien de l’anonymat des survivantes

Il existe de bonnes raisons de préserver l’anonymat des victimes.

Les survivantes peuvent être exposées au harcèlement, à des discriminations professionnelles ou à des représailles de la part de leurs agresseurs si leur identité est révélée. Pour les mineures, se posent en outre des enjeux liés à la persistance des traces numériques. Dans certaines communautés où la violence sexuelle est fortement stigmatisée, l’anonymat peut littéralement constituer une protection vitale.

Mais des recherches sur le cadrage médiatique montrent que la manière dont les noms — ou leur absence — sont mobilisés n’est pas neutre.

Lorsque la couverture médiatique s’attache à décrire l’auteur présumé comme une figure complexe — dotée d’un nom, d’une carrière et d’une trajectoire — tout en reléguant la personne agressée au statut abstrait de « victime » ou « d’accusatrice », le public tend davantage à éprouver de l’empathie pour le suspect et à scruter le comportement de la victime.

Dans des affaires très médiatisées comme celle de Jeffrey Epstein, cette dynamique est exacerbée. Les hommes puissants qui lui sont associés sont nommés, analysés et disséqués. Les survivantes, sauf lorsqu’elles parviennent elles-mêmes à se faire entendre, demeurent une entité indistincte, reléguée à l’arrière-plan. L’anonymat censé les protéger tend alors à lisser leurs expériences, réduisant des récits singuliers de manipulation, de coercition et de survie à une catégorie sans visage.

Ce que cela révèle de notre conception de « l’actualité »

Cet effacement contribue à éclairer ce qui se joue aujourd’hui dans l’affaire Epstein. Le suspense médiatique ne réside pas tant dans la possibilité que d’autres victimes prennent la parole que dans les répercussions que ces témoignages pourraient avoir sur les hommes influents dont les noms seraient cités. Le cœur du récit s’est déplacé vers une question implicite : quels noms sont jugés dignes d’entrer dans l’espace médiatique — et lesquels restent en marge de l’histoire.

En anonymisant systématiquement les survivantes tout en traquant sans relâche une supposée liste de clients d’hommes puissants, les médias envoient, souvent malgré eux, un message clair sur les personnes qui comptent le plus.

Dans ce cadre, le scandale Epstein ne se concentre plus d’abord sur ce qui a été infligé pendant des années aux jeunes filles et aux jeunes femmes concernées, mais sur les membres de l’élite susceptibles d’être embarrassés, impliqués ou exposés publiquement.

Une approche journalistique véritablement centrée sur les survivantes partirait d’un autre ensemble de questions : quelles survivantes ont choisi de témoigner officiellement, et pour quelles raisons ? Comment les médias peuvent-ils respecter l’anonymat lorsqu’il est demandé, tout en continuant à restituer l’identité, la trajectoire et l’humanité des victimes ?

Il ne s’agit pas seulement d’un enjeu éthique, mais aussi d’un choix éditorial. Il revient aux rédacteurs et aux journalistes de s’interroger sur ce qui fait réellement l’importance d’un article comme celui sur Jeffrey Epstein : la révélation du prochain nom célèbre sur une liste, ou le récit de la vie des personnes dont les abus ont précisément conféré à ces noms leur valeur médiatique.

The Conversation

Stephanie A. (Sam) Martin ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Publication de documents dans l’affaire Epstein : pourquoi les victimes méritent plus d’attention que la « liste » des hommes puissants – https://theconversation.com/publication-de-documents-dans-laffaire-epstein-pourquoi-les-victimes-meritent-plus-dattention-que-la-liste-des-hommes-puissants-272504

Sexe, jazz, alcool et jeux : comment Montréal vivait la nuit au XXᵉ siècle

Source: The Conversation – in French – By Matthieu Caron, Postdoctoral Fellow, Department of History, Simon Fraser University

La vie nocturne montréalaise entre 1963 et 1967. (BiblioArchives /LibraryArchives/4943640/Flickr), CC BY

L’histoire de la réglementation nocturne à Montréal montre comment la gestion de la vie nocturne a accru les pouvoirs et les budgets de la police, tout en frappant de manière disproportionnée les travailleuses et travailleurs du sexe, la communauté queer et les employés de l’hôtellerie et de la restauration.

Pendant la majeure partie de la première moitié du XXe siècle, Montréal s’est forgé une réputation de capitale nord-américaine de la vie nocturne. Les touristes fréquentaient les cabarets, les clubs de jazz et les bars ouverts après les heures légales, et déambulaient dans le quartier du Red Light, où le sexe, les jeux de hasard et l’alcool étaient librement accessibles à toute heure.

Cette permissivité reposait sur un arrangement tacite, mais illégal : policiers, politiciens, tenancières de maisons closes, membres de la pègre, chauffeurs de taxi, artistes et propriétaires d’établissements participaient tous à une économie nocturne protégée.

Au milieu des années 1950, cette tolérance est devenue le point de départ de l’une des plus grandes expansions de l’autorité policière dans l’histoire urbaine canadienne.

Comme je l’examine dans mon livre Montreal After Dark : Nighttime Regulation and the Pursuit of a Global City (pour l’instant disponible en anglais uniquement), les dirigeants politiques de Montréal ont commencé à considérer le contrôle de la vie nocturne non pas comme une question marginale, mais comme un élément central de l’ordre civique et de la modernité. Ce changement a profondément transformé la police, et en retour la société montréalaise et québécoise.

Quand la nuit devient un enjeu de maintien de l’ordre

Dans les années 1940, le service de police de Montréal était déjà surchargé. Les agents faisaient respecter le couvre-feu en temps de guerre, protégeaient les sites industriels et luttaient contre les infections sexuellement transmissibles parmi les soldats et la population civile. La surcharge du service, combinée à de faibles salaires et à un contrôle constant des économies clandestines, créait un terrain propice à la corruption et aux pots-de-vin.

Une brigade de policiers (« l’escouade de la moralité ») — renforcée pendant la guerre en raison des inquiétudes liées à la délinquance — patrouillait dans les théâtres, les bars, les parcs et les lieux fréquentés par les personnes queers ou les jeunes.

Les jeunes femmes étaient fréquemment arrêtées pour comportement « immoral », tandis que les hommes homosexuels étaient piégés et harcelés. La brigade de Montréal ressemblait à ses homologues nord-américaines, notamment à Toronto où le département de la moralité avait été dissous dans les années 1930.

À la recherche d’un nouvel ordre urbain

Pacifique « Pax » Plante, procureur municipal, a alors pris la tête de la brigade. Il a exigé que les agents appliquent des lois longtemps ignorées, en procédant à des descentes dans les maisons closes, les maisons de jeux et les boîtes de nuit longtemps protégées par la police. Sa croisade a mis en péril les partenariats qui soutenaient l’économie nocturne, ce qui a conduit à son licenciement en 1948.




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Mais la situation était déjà scellée : sa campagne a déclenché l’enquête Caron (1950-1953), qui a révélé l’implication profonde de la police dans la vie nocturne qu’elle devait réglementer.

Pour « assainir » la ville, il fallait plus que du zèle moral. Les réformateurs ont cherché à instaurer un nouvel ordre urbain, centralisant l’autorité, augmentant les budgets et renforçant la formation policière. La surveillance de la vie nocturne est devenue l’une des principales justifications de cette expansion.

Construire une force de police moderne

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Pacifique Plante, à droite, avec Jean Drapeau, à gauche, qui a été maire de Montréal de 1954 à 1957 et de 1960 à 1986.
(WikiMedia/Le Mémorial du Québec)

Après l’enquête, la Ligue d’action civique de Jean Drapeau a remporté les élections municipales de 1954 avec sa devise, « servir et non se servir », c’est-à-dire rétablir l’honnêteté et l’intégrité à Montréal. Mais pour cela, il fallait reconstruire le Département de police. À cette époque, le Département était important, mais démoralisé, discrédité par des scandales et méprisé par les Montréalais·e·s.

Tout au long des années 1950 et 1960, la Ville a investi massivement dans la professionnalisation de la police. Des consultants européens venus de Londres et de Paris ont réorganisé le service, rationalisé les structures de commandement et introduit de nouvelles normes de formation et de discipline, à l’image de réformes similaires à Chicago et Los Angeles. Des centaines de nouveaux agents ont été recrutés, et les patrouilles de nuit renforcées. Les descentes dans les cabarets, clubs et petits bars sont devenues monnaie courante.

À la fin des années 1960, le budget de la police avait fortement augmenté. Le climat politique à Montréal, marqué par des activités nocturne telles que des manifestations, des marches, des conflits sociaux, des dissensions et la crainte d’activités radicales, a encouragé les élus à poursuivre cette expansion.

La grève des policiers et des pompiers de 1969 a plongé la ville dans une nuit de chaos : pillages, incendies et émeutes. L’administration municipale en a profité pour demander de nouveaux investissements policiers, alimentant ainsi une spirale de croissance budgétaire et d’autorité.




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Augmentation du budget de la police

Les épisodes de désordre n’étaient pas quotidiens, mais ils créaient un climat où des hausses budgétaires paraissaient indispensables.

Entre le milieu des années 1950 et 1970, le budget de la police de Montréal est passé de 9,6 millions à 49,7 millions de dollars, soit une hausse de plus de 400 %, bien au-delà de l’évolution des dépenses municipales globales.

Pourtant, ce n’est pas l’exceptionnel, mais le quotidien qui occupait la police. Les agents passaient leurs nuits à patrouiller les rues, les parcs, les clubs et les cabarets, appliquant les lois sur la moralité et les règlements municipaux.

Ils ciblaient les travailleurs du sexe, les hommes et les femmes homosexuels et les artistes de scène travaillant après la tombée de la nuit. Les contrôles dans la rue, comme les arrestations pour prostitution, ont façonné le travail quotidien de la police, reliant directement la croissance du service à la gestion de l’espace public nocturne.

La surveillance nocturne — qu’il s’agisse de faire respecter les heures d’ouverture des bars ou de contrôler le travail du sexe dans la rue — s’inscrit dans un projet municipal plus large, qui associe ordre, propreté et sécurité à des ambitions mondiales.

Expo 67, Jeux olympiques de 1976

Femmes vêtues de vestes et de jupes assorties aux couleurs pastel, inspirées du style mod des années 60
Uniformes des hôtesses de l’Expo 67.
(Bibliothèque et Archives Canada), CC BY

Alors que Montréal officialisait sa place sur la scène mondiale, d’abord lors de l’Expo 67 puis lors des Jeux olympiques de 1976, la surveillance de la vie nocturne s’est intensifiée.

Craignant que l’Expo n’attire des travailleuses et travailleurs du sexe ou de petits délinquants, la Ville adopte alors le règlement 3416 interdisant toute fraternisation entre les employés d’établissements servant l’alcool de s’asseoir, de boire ou même de parler avec les clients. La police l’appliquait de manière particulièrement sévère envers les femmes. Des danseuses, chanteuses, serveuses et hôtesses dans des cabarets et clubs de nuit ont été arrêtées pour des interactions mondaines sur leur lieu de travail. Dès lors, ce règlement brouillait la frontière entre le milieu du spectacle et travail du sexe, criminalisant de fait la participation des femmes à l’économie nocturne.

Règlements anti-prostitution

Au début des années 1980, comme d’autres grandes villes canadiennes, Montréal a introduit des règlements dit « anti-prostitution » pour élargir les pouvoirs de la police malgré les limites imposées par la Cour suprême du Canada. Cette politique a conduit à un examen pancanadien du travail du sexe.

Ces mesures ciblaient de manière disproportionnée les femmes, les personnes transgenres et les travailleuses et travailleurs du sexe racisés, qui étaient de plus en plus souvent arrêtés simplement pour se trouver dans des espaces publics la nuit.

À qui appartient la nuit ?

Dans les années 1980, Montréal se présentait comme un centre culturel mondial, avec de grands festivals, des théâtres et une vie nocturne florissante et « respectable ». Cette transformation reposait cependant sur la surveillance policière continue de nombreuses personnes qui avaient historiquement soutenu l’économie nocturne.

Le service de police était devenu l’une des dépenses les plus importantes de la ville, et les interventions nocturnes constituaient l’une de ses activités les plus visibles.

Les conséquences sont encore perceptibles aujourd’hui : les salles indépendantes font face à des plaintes pour nuisance sonore et à des coûts réglementaires accrus, avec la menace de fermeture.

Le récent fonds de soutien aux petites salles mis en place par la Ville apporte un certain soulagement, mais il ne répond pas à la question centrale : qui peut façonner Montréal et ses nuits, et qui est exclu au nom de l’ordre ?


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D’un point de vue nocturne, l’histoire de Montréal — comme celle de nombreuses villes — montre que la « sécurité » n’est jamais neutre. Dès les années 1950, l’augmentation des budgets alloués à la police reposait sur l’idée que la nuit était intrinsèquement indisciplinée et nécessitait un contrôle constant.

Débats sur les droits

Plutôt que d’allouer des ressources aux préoccupations soulevées par le mouvement féministe La rue, la nuit, femmes sans peur ou par les nouvelles organisations queers, la Ville s’est concentrée sur la réglementation morale, un modèle qui visait systématiquement les personnes vivant et travaillant après la tombée de la nuit.

Un groupe de femmes marchant dans les rues, certaines brandissant des pancartes de protestation telles que « no rape » (non au viol) et « a nous la nuit » (la nuit est à nous)
Le mouvement « La rue, la nuit, femmes sans peur » lutte contre les violences sexuelles et revendique le droit des femmes et des personnes de genre divers à se déplacer librement et à profiter de la nuit.
(Howl Arts Collective/Flickr), CC BY

Alors que les villes débattent de la manière de soutenir leur économie nocturne tout en assurant la sécurité de leurs habitants, l’histoire de Montréal rappelle que la façon dont la nuit est gérée détermine qui a le droit d’y appartenir.

Pour les décideurs et les habitants d’aujourd’hui, la leçon est simple : les débats sur la vie nocturne sont aussi des débats sur les droits, l’inclusion et l’utilisation équitable de l’espace public. Des nuits plus sûres ne se construisent pas seulement grâce à la police, mais aussi grâce à l’investissement, à la participation et à la reconnaissance des communautés qui font vivre la ville une fois la tombée de la nuit.

La Conversation Canada

Matthieu Caron ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Sexe, jazz, alcool et jeux : comment Montréal vivait la nuit au XXᵉ siècle – https://theconversation.com/sexe-jazz-alcool-et-jeux-comment-montreal-vivait-la-nuit-au-xx-siecle-272393

The climate insurance gap is widening, and it’s leaving marginalized Canadians behind

Source: The Conversation – Canada – By Anne E. Kleffner, Professor, Risk Management and Insurance, University of Calgary

Every year, extreme weather events wreak havoc across Canada, disrupting the lives of tens of thousands. Financial losses from these events have surged, surpassing $7 billion in 2024, due in part to climate change, asset accumulation and more people living in high-risk areas.

Evidence from Canada, the United States and Europe shows that weather-related disasters aren’t experienced equally. The people hardest hit are often those with the fewest resources to cope.

Lower-income and marginalized populations face greater exposure, have fewer resources to prepare or recover and incur a higher proportion of losses not covered by insurance.

Even if they are insured, many people have difficulty covering the deductible because they lack emergency savings. This means damage is not repaired, people live in unsafe or unhealthy conditions and the financial and personal risk of future events is increased.

Insurance helps households recover and can prevent them from falling — or falling deeper — into poverty after a disaster. But across Canada, insurance is becoming costlier and, in some places, harder to get. Between 2019 and 2023, average home insurance premiums rose by 21 per cent overall. For lower-income Canadians, that increase was 40 per cent.

A widening protection gap

Canada’s growing insurance protection gap is a serious concern, and it’s widening at a time when weather-related disasters are becoming more frequent and more severe.

When households are uninsured, losses can strain household budgets and leave people unable to meet their basic needs. As extreme weather escalates, so does the likelihood that more families will find themselves unable to recover.

Affordability is the primary driver of the protection gap, but it is not the only one. Many Canadians do not understand the benefits of insurance, or underestimate the probability and cost of suffering a loss.

Accessibility to insurance is also a challenge, especially in remote areas where it is usually purchased in person. While the growth of digital purchasing channels helps, it is not a solution for those without reliable internet or sufficient digital skills.

Finally, the market itself does not always meet the needs of low-income or otherwise marginalized groups. There is a lack of insurance products designed for these groups, leaving many without the protection they need.

Strengthening community resilience

Better insurance options, stronger investments in mitigation and better support for consumers can help reduce inequities and strengthen resilience.

Community-level mitigation is a good starting point. Land-use planning that steers development away from high-risk areas can prevent future losses. Programs like FireSmart, which reduces wildfire losses, and infrastructure designed for a changing climate also help limit damage as severe weather becomes more frequent.




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National assessments show that making housing more resilient reduces exposure for lower-income and marginalized households that are more likely to live in older or poorly maintained homes, putting them at greater risk.

While major retrofits can be costly, even small upgrades such as improving drainage, installing backwater valves or fire-resistant materials can help prevent damage. Many municipalities provide targeted subsidies and incentive programs that support these upgrades, particularly for households facing greater financial constraints.

Making hazard information easier to find and understand can also help ensure no one is left behind when disasters strike. Many Canadians lack clear information about the hazards they face and how to prepare for them. Some residents, including newcomers and seniors, may face barriers in accessing or acting upon available information.

Finally, community supports can further strengthen resilience. People with strong social ties and access to community organizations recover more quickly after disasters. Programs that build local networks and support neighbourhood groups can help accomplish this at a relatively low cost.

Closing the protection gap

A critical step in reducing the unequal impacts of weather-related hazards is closing Canada’s insurance protection gap. Microinsurance is one promising solution, and these simplified, low-cost policies can provide basic protection at a fraction of the cost for households that cannot afford traditional coverage.

Embedded tenant insurance — automatically included when renters sign a lease — is another approach that ensures basic coverage.

Digital tools, such as mobile-friendly sign-up platforms and plain-language policy explanations, can reduce barriers for those who struggle with technology.

Public support for income-tested premium subsidies or credits can bring essential coverage within reach for low-income households, while community-based catastrophe insurance — where local governments or community groups arrange coverage on behalf of residents — offers another option.

While Canadians can’t stop extreme weather, we can work together to prevent it from worsening inequality. Increasing awareness, reducing losses, closing insurance gaps and building resilience are key to protecting those at greatest risk.

The Conversation

Derek Cook is the Director of the Canadian Poverty Institute that receives funding from The Co-operators Insurance Company. The Canadian Poverty Institute is also a partner with The Resilience Institute on a collaborative project that is funded by the Canada Mortgage and Housing Company (CMHC).

Mary Kelly has received funding from Finance Canada and the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada. She is also on the board of directors of Heartland Mutual Insurance Company.

Anne E. Kleffner does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. The climate insurance gap is widening, and it’s leaving marginalized Canadians behind – https://theconversation.com/the-climate-insurance-gap-is-widening-and-its-leaving-marginalized-canadians-behind-270417