La inteligencia artificial ya tiene su laberinto legal: guía para no perderse entre normas y regulaciones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor Machado Carvajal, Abogado procesalista | Mediador civil | Doctorando en D° Privado, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria


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Estamos en una semana en la que inteligencia artificial (IA) copa los medios de comunicación. El pasado martes 26 de mayo, el Consejo de Ministros aprobó el Proyecto de Ley Orgánica para el buen uso y la gobernanza de la inteligencia artificial. Se trata de la primera norma de ámbito nacional que aspira a regular la IA y que prevé trasladar la reglamentación europea de IA a la legislación española.

Asistimos a un proceso en el que la IA preocupa no solo a los gobiernos de los estados miembros, sino también a los actores internacionales, como la OCDE – que en mayo de 2019 publicó la Declaración de Principios de la IA , que actualizó en 2024– y la ONU –que en septiembre de 2024, publicó el Informe final sobre la gobernanza de la Inteligencia Artificial (IA) en beneficio de la humanidad–.

En esta carrera, la Unión Europea (UE) tampoco se ha quedado cruzada de brazos. En 2024 se promulgó el Reglamento (UE) 2024/1689 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 13 de junio de 2024, por el que se establecen normas armonizadas en materia de inteligencia artificial (IA Act), un alambicado reglamento cuya importancia es indiscutible, pero que, en consonancia con el espíritu de la agenda política europea, se complementa con otros cuerpos normativos.

Asimismo, líderes de peso alzan la voz en estos tiempos de cambio, una era de grandes descubrimientos frente a la que podemos permanecer de perfil o, por el contrario, aceptar este nuevo orden y ser permeables a los retos que traerá consigo la IA. Entre ellos el papa León XIV, que en su primera encíclica, Magnifica humanitas, ha dado especial protagonismo a la IA. Su carta invita a reflexionar sobre la importancia de que la tecnología esté al servicio de la dignidad humana gracias, entre otros, al establecimiento de “marcos jurídicos adecuados”.

Alineado con las políticas europeístas, el sumo pontífice apela a la ética, pero también al derecho, para no quedar sumidos en la incierta deriva del control del poder por la élite tecnócrata.

La normativa de la UE

Con el objetivo de establecer un marco jurídico que garantice la seguridad, la transparencia y la responsabilidad en el uso ético de esta tecnología, la regulación de la IA en la UE ha evolucionado significativamente en los últimos años. Como pone en relieve la catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Cádiz Zurita Martín, la ingente producción de documentos por parte de la UE a la hora de abordar esta materia hace difícil a cualquiera no perderse entre la maraña que impide abordar unos “desafíos o amenazas de carácter transnacional”.

Por eso es tan importante contar con (al menos) una regulación internacional sobre la IA. Como dice Mustafa Suleyman, solo se puede lograr mediante el juego de “alianzas estratégicas y la cooperación internacional”. El que fuera cofundador de Deep Mind considera que “la ola de tecnología que viene llevará a la historia de la humanidad a un punto de inflexión y, si contenerla es imposible, las consecuencias serán dramáticas y potencialmente nefastas”. El mismo autor apunta que la contención se hace esencial, y, por ello, postula las alianzas y tratados internacionales como uno de los “diez pasos” para frenar la ola. Una regulación que se anticipe a las dificultades que puedan aparecer por el uso de los sistemas de IA no solo es necesaria, sino que se muestra como una “política acertada”.

Poner puertas al campo

Desde hace unos años, estamos siendo testigos de una floreciente producción normativa mundial en materia de derecho, IA e internet de las cosas. Frente al avance imparable de las tecnologías se suscita el dilema de si deben ponerse “puertas al campo”. Corresponde a las instituciones y poderes públicos dotarnos de un marco jurídico ético y confiable con herramientas que aporten certeza, confianza y seguridad jurídica. Además de ofrecer respuestas a los retos y desafíos que plantean los avances tecnológicos garantizando seguridad jurídica, pero sin desincentivar la inversión.

La implantación de la IA en la vida diaria ya se ha producido y su desarrollo tecnológico va a ser cada vez mayor. Por eso, los problemas éticos, jurídicos y sociales que plantea no pueden dejarse para un futuro y hay que encararlos sin demora. Prohibir la IA no es la solución. Ignorarla es aún peor. Lo más conveniente es gobernar su uso con inteligencia humana.

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Víctor Machado Carvajal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Hasta qué punto nos podemos fiar de la IA para seguir una dieta saludable?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén Ropero Lara, Profesora Titular de Nutrición y Bromatología – Directora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández

No podemos negarlo: es una revolución. La llegada de la inteligencia artificial (IA) está suponiendo un cambio tan profundo que nos obliga a replantear, incluso, cómo cuidamos nuestra dieta. Pero ¿podemos confiar en ella como una aliada fiable en nutrición?

Las consultas a la IA son mucho más fáciles que las que podemos hacer a través de los buscadores en internet. Comprende lo que le preguntamos, maneja grandes volúmenes de información y presenta sus conclusiones de manera convincente.

Sin embargo, le otorgamos una credibilidad que aún no se ha ganado. Su naturaleza probabilística hace que sus respuestas no puedan considerarse información verificada, lo que en temas de salud entraña un riesgo considerable.

Atracón de aplicaciones

Un dato revelador: según datos de OpenAI, una de cada cuatro consultas semanales a ChatGPT es sobre salud. Aunque no existen cifras concretas para nutrición, la tecnología lleva años presente en este ámbito.

En 2022, las apps de nutrición contaban con 1 400 millones de usuarios en todo el mundo y nada menos que el 30 % de los propietarios de teléfonos móviles tienen ya este tipo de aplicaciones instaladas. La integración de la IA en ellas avanza rápido: se prevé que los datos de 2025 confirmen que la mitad de esas apps ya la incorporaban.

Fiabilidad, el gran reto

Los modelos de IA generativa ChatGPT, Gemini, Claude y Copilot son los más usados en el mundo, y todos se nutren principalmente de internet. El problema es que la fiabilidad de la Red en ciertas materias es muy reducida.

Como ya discutimos en un artículo anterior, gran parte de la información que hay en internet sobre nutrición no es fiable. Por ejemplo, un estudio de 2022 analizó la información online sobre las declaraciones de salud que se hacían sobre yogur, kéfir, kombucha, fibra y prebióticos. El resultado de la evaluación fue una puntuación de apenas 3 sobre 10: un rotundo suspenso.

Como heredera aventajada de internet, la IA cuenta con nuestra confianza de manera implícita. En una encuesta realizada en Estados Unidos, solo uno de cada cuatro personas creía que la información sobre salud generada por IA no es muy fiable o nada fiable.

Pero si la analizamos, la IA tampoco aprueba. Un estudio que comparó las respuestas de dietistas y ChatGPT a 928 preguntas sobre dieta resultó en un coeficiente de concordancia de 0,42, por debajo del 0,5 considerado como mínimo aceptable.

Errores para personalizar la dieta

Si la IA general ya muestra estas limitaciones de fiabilidad, el reto se complica cuando intentamos aplicarla a la nutrición personalizada. Para que pueda actuar como un nutricionista de cabecera, sus recomendaciones deben haber sido validadas en estudios rigurosos que confirmen que son precisas, seguras y adecuadas para el perfil de cada usuario. Y hoy por hoy, esa validación es todavía inexistente.

El nutricionista basa su trabajo en una evaluación integral: qué y cuánto come el paciente, sus parámetros bioquímicos y físicos, su actividad física y si padece alguna patología.

Uno de los principales escollos que debe superar la IA es realizar un registro preciso de la ingesta. Esto incluye: identificar la comida que aparece en las imágenes, separar los alimentos en sus distintos componentes o partes, calcular el tamaño de las raciones y las sobras para estimar cuánto se ha comido realmente y estimar la ingesta de nutrientes.

Por el momento, los modelos generales de IA no realizan esta tarea con precisión. ChatGPT hace una buena valoración del peso en raciones pequeñas, mientras que en raciones medianas o grandes lo subestima hasta en un 50 %. Un estudio en adolescentes mostró, además, que los modelos de IA de uso general infravaloran la ingesta de nutrientes frente a la estimación de los dietistas.

Las apps de nutrición presentan limitaciones similares, especialmente en platos elaborados con varios ingredientes, como los guisos. Por otra parte, el uso de los dispositivos disponibles en el mercado para registrar la actividad física y calcular el gasto energético acumulan errores que no pueden ignorarse.

Cómo usar la IA de forma responsable

Ante este panorama, cabe preguntarse: ¿podemos usar la IA en nutrición de forma responsable? La respuesta es sí, pero con dos condiciones imprescindibles.

La primera condición es desarrollar lo que se conoce como alfabetización digital en salud. La OMS la define como:

“la capacidad de buscar, hallar, comprender y evaluar información sobre la salud procedente de recursos electrónicos, así como de aplicar los conocimientos adquiridos para resolver problemas relacionados con la salud”.

Sin esta competencia, el usuario queda expuesto a seguir recomendaciones incorrectas, incompletas o directamente peligrosas. La brecha digital no es solo una cuestión de acceso a la tecnología, sino también de capacidad para usarla de forma crítica.

La segunda condición es no perder de vista el papel del profesional. La IA tiene un potencial enorme para apoyar la práctica de la nutrición: puede ayudar a procesar grandes volúmenes de datos, identificar patrones en la dieta o facilitar el acceso a información general. Sin embargo, no puede reemplazar la evaluación clínica individualizada que realiza un profesional. La nutrición es una disciplina que requiere contexto, criterio y empatía, cualidades que la IA aún no posee.

El camino más sensato es el de la complementariedad. Una IA bien validada, usada por una persona con suficiente alfabetización digital, al servicio de un profesional que interpreta sus resultados. Solo así el puente entre inteligencia artificial y nutrición podrá construirse sobre cimientos sólidos.

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Ana Belén Ropero Lara no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Abelardo de la Espriella, el ‘outsider’ colombiano que aprovecha el desgaste democrático para llegar al poder

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Cvitanic, Docente de Relaciones Internacionales, Universidad de La Sabana

El candidato Abelardo de la Espriella pronuncia un discurso en Cali (Colombia) en septiembre de 2025. Anamaria Mejia/Shutterstock

Cuando la temperatura de un motor supera los 100 grados centígrados, este se recalienta. Entran en juego factores como la falta de líquido refrigerante, fugas en el sistema o un ventilador averiado. Como ese motor viejo funciona la democracia en Latinoamérica, donde los problemas no han dejado de ser los mismos: corrupción, inseguridad y desigualdades.

A las puertas de las elecciones presidenciales del 31 de mayo en Colombia, la contienda electoral se definirá entre tres candidatos: Paloma Valencia, representante del uribismo, Iván Cepeda, candidato del oficialismo, y Abelardo de La Espriella, el outsider que gana terreno en las encuestas y que, probablemente, será el rival de Cepeda en la segunda vuelta, prevista para el 21 de junio.

La contienda final deja a la vista dos escenarios: Paloma Valencia contra Iván Cepeda o Iván Cepeda contra Abelardo de La Espriella. En cualquier escenario, la historia se repite como ha ocurrido en las otras elecciones presidenciales del continente: la derecha contra la izquierda. Un resultado de la polarización, que reproduce la cíclica oscilación entre periodos gobernados por uno de los dos perfiles ideológicos.

Como telón de fondo, los rigores de siempre para las clases desfavorecidas y la clase media. Impuestos, inseguridad y dificultad para acceder a la salud, a la pensión y a la educación de calidad.

La figura del outsider

La figura del outsider en Latinoamérica no es nueva, se recicla. La vimos con el expresidente colombiano Álvaro Uribe, que llegó desde el anonimato a la Casa de Nariño y se volvió institucional. Su lema fue la mano dura, después de los intentos fallidos de su predecesor, Andrés Pastrana, por negociar la paz a través del diálogo del Caguán.

Javier Milei, en Argentina, dejó la vida mediática para ganarse la confianza de un país cansado del kirchnerismo, mientras Pedro Castillo, profesor peruano y líder sindical, saltó al poder con la consigna “no más pobres en un país rico”.

El caso de Abelardo de la Espriella, apodado “el tigre” y cuyo lema es “firme por la patria”, responde a las mismas necesidades de una población cansada, como ese carro (automóvil) viejo con el motor recalentado. El candidato de la derecha ofrece manejar el país con rigor, bajo sus propias leyes. Ese planteamiento resulta atractivo porque la gente no lo vincula con el actual desgaste institucional y genera emociones.

Además, De La Espriella ha tomado el discurso de la seguridad como caballo de batalla, tal como han hecho José Antonio Kast, en Chile, y Nayib Bukele, en El Salvador. Este aspecto es clave para la gente, porque sin seguridad no hay crecimiento, no hay inversión y no hay desarrollo.

Colombia vive hoy una oleada de movimientos insurgentes que dominan gran parte del territorio y muchos ven en De la Espriella la solución. Sin embargo, hay que tener en cuenta que no todos los problemas de seguridad se pueden abordar con mano dura.

Su programa de gobierno no cuenta con propuestas rigurosas sobre aspectos que preocupan, como la crisis de la salud, las pensiones y la educación.

Lo cierto es que, ante el aumento de inseguridad y la percepción de permisividad, los sectores de derecha se fortalecen. En cambio, cuando fenómenos como la migración y las tensiones sociales se vuelven menos evidentes y más latentes, la batuta la empuñan los discursos asociados a la izquierda.

Antisistema, pero con estrategia

En medio de ese escenario aparece una paradoja: Abelardo de la Espriella se presenta como abogado, empresario, escritor y outsider. Incluso evita identificarse como político tradicional. Sin embargo, detrás de su narrativa antisistema hay una estrategia profundamente política, que interpreta el descontento social y capitaliza las mismas tensiones que hoy están redefiniendo el ascenso de las nuevas derechas en la región.

De quedar vencedor en la contienda, tendrá que seguir luchando por gobernar, porque está comprobado que es difícil hacerlo sin partidos y sin aparato político. Cuando se carece de ello, las promesas de campaña no trascienden ni se vuelven hechos. Algo de eso le está ocurriendo a Javier Milei, cuya imagen ha dejado de ser favorable ante la opinión pública y actualmente registra un 60 % de desaprobación.

Desgaste de la democracia

La política es el muy noble arte de trabajar para el otro. Pero la mayor parte de la clase política en el mundo y en Colombia está bajo sospecha de haberse servido de ella. Esto provoca un desgaste en la percepción de legitimidad y despierta un sinsabor en el pueblo, que termina por preferir un modelo autoritario. El voto cada cuatro o cinco años no garantiza la democracia. Esta implica participación y solución de consenso a todos los problemas que enfrentan las sociedades con carencias en su desarrollo.

A pesar de todo, suele decirse que la democracia representa la forma menos mala de elegir gobierno, aunque no necesariamente sea un sistema ideal, ya que no existe una forma perfecta de organización política.

La visión crítica está respaldada por datos, como revela la investigación basada en encuestas que lleva por título: ¿Prodemocráticos, pero no antiautoritarios? Entendiendo las actitudes ambivalentes hacia los regímenes.

El estudio señala que 44 % de los participantes adopta posiciones ambivalentes. Es decir, considera que la democracia es un buen sistema y que un “líder fuerte que no tenga que preocuparse por el parlamento ni las elecciones” resulta igualmente positivo. Ese porcentaje es ligeramente superior al de quienes apoyan la democracia, pero rechazan la autocracia (42 %).

Para traerlo al terreno colombiano, recientemente once universidades de Colombia y algunas organizaciones privadas se unieron para medir el termómetro electoral. A través de la encuesta Cuidar la democracia, pudieron determinar que seis de cada diez colombianos consideran que la democracia en el país se está debilitando. La buena noticia es que se mantiene la esperanza. Un 92 % de los colombianos confía en que votar genera cambios reales, mientras un 72 % tiene la firme intención de acudir a las urnas.

¿Qué puede pasar el domingo?

Existen pocas certezas sobre lo que puede suceder en las elecciones colombianas, que viven el próximo domingo su primera vuelta.

Se estima que la votación será masiva. Un total de 41 287 084 colombianos están habilitados para ejercer su derecho y solo tras el recuento habrán indicios sobre para qué lado se mueve el péndulo. Es decir, si continúa basculado a la izquierda o se traslada a la derecha.

La disyuntiva, para muchos, está entre la igualdad y libertad. Cuando hay mucha libertad surge la desigualdad económica porque el mercado es cruel. Por el contrario, cuando hay mucha igualdad se tiene menos libertad. En ambos escenarios persiste la lección histórica que es difícil ignorar: todas las revoluciones que prometían liberar al hombre lo terminaron esclavizando.

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Fernando Cvitanic no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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La vida en el vientre materno puede dejar una huella duradera en la salud adulta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge López-Tello, Investigador Principal (Programa Cesar Nombela), Universidad Autónoma de Madrid

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Puede que su salud no empiece con usted. Ni con lo que come. Ni con el ejercicio que hace. Ni siquiera con las decisiones que toma como adulto. Puede que empezara antes de que naciera, incluso antes de que tuviera un cuerpo formado.

Durante mucho tiempo hemos pensado que nuestra salud es, en gran medida, el resultado del estilo de vida, algo que no es falso, pero sí incompleto. Hoy sabemos que parte de lo que seremos, incluido nuestro riesgo de enfermar, se define en un periodo del que no tenemos memoria: la vida dentro del útero.

El desarrollo fetal es uno de los procesos más complejos y, al mismo tiempo, más frágiles de la biología humana. En apenas nueve meses, un organismo pasa de ser un conjunto de células a un sistema perfectamente organizado. En ese proceso, cada señal cuenta.

El feto no se desarrolla aislado, sino en un entorno muy concreto: el cuerpo de su madre. Su estado de salud, su alimentación, su nivel de estrés o las condiciones en las que vive dejan huella desde el principio.

La placenta: el primer intérprete del mundo

Entre madre y bebé existe una conexión tan esencial como poco conocida: la placenta. No es solo un “puente”, sino un órgano activo que decide qué llega, cuánto llega y en qué condiciones. Regula nutrientes, oxígeno y señales hormonales, pero, sobre todo, interpreta el entorno.

Traduce la realidad materna en señales biológicas para el feto. Y, en función de esa información, el organismo en desarrollo se ajusta. Si el entorno es favorable, el desarrollo sigue su curso. Pero si algo cambia –diabetes gestacional, hipertensión o estrés–, la placenta también se modifica.




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Puede transformar su estructura, su tamaño o su forma de funcionar con un objetivo claro: sobrevivir. Sin embargo, esa adaptación tiene un precio. Para seguir adelante en un entorno adverso, el feto puede ajustar su crecimiento o el funcionamiento de sus órganos.

Es una estrategia eficaz a corto plazo, pero esas decisiones biológicas no siempre encajan con el mundo que llegará después.

Enfermedades que se gestan antes de nacer

La idea del origen prenatal de muchas enfermedades empezó a tomar forma en los años 80, cuando el epidemiólogo David Barker observó que las personas con bajo peso al nacer tenían más riesgo de sufrir dolencias cardiovasculares y metabólicas en la edad adulta.

Aquello cambió nuestra forma de entender la salud. Hoy sabemos que factores como la nutrición materna, el metabolismo o el estrés pueden “programar” el organismo en desarrollo, dejando una huella que puede durar toda la vida. Por ejemplo, un estudio realizado en Suiza y Dinamarca con casi siete millones de mujeres mostró que el estrés materno asociado a la pérdida de un familiar cercano durante el tercer trimestre del embarazo se relacionaba con un mayor riesgo de desarrollar cardiopatía isquémica en la descendencia a lo largo de la vida.

Las implicaciones van más allá de lo esperado. Además de influir en el riesgo de sufrir obesidad o enfermedades cardiovasculares, investigaciones recientes sugieren que incluso patologías complejas, como la esclerosis múltiple, podrían tener un componente prenatal.

Así, un estudio reciente con más de un millón de personas ha mostrado que nacer con un peso elevado para la edad gestacional o haber estado expuesto a diabetes materna se asocia con un mayor riesgo de desarrollar esa enfermedad en la edad adulta.

Cuando la historia continúa en la siguiente generación

Aún hay algo más desconcertante: ¿qué ocurre si esas huellas no se quedan solo en nosotros?

Uno de los ejemplos más impactantes proviene de la hambruna que sufrió Holanda en el invierno de 1944-45. Décadas después, quienes estuvieron expuestos a esa desnutrición en el vientre materno presentaban más enfermedades metabólicas y cardiovasculares.

Pero lo inesperado llegó después. Los hijos de hombres que habían vivido esa experiencia en el útero tendían a tener mayor peso e índice de masa corporal en la edad adulta. Es decir, una experiencia antes de nacer podía influir en la siguiente generación.

¿Cómo es posible que el cuerpo recuerde algo que nunca vivimos conscientemente? La clave está en la epigenética, los mecanismos que regulan cómo se expresan los genes sin modificar el ADN. No cambian el texto, pero sí la forma en que se lee. El entorno deja marcas y, en algunos casos, esas marcas pueden transmitirse.

Así, el embarazo no solo construye un cuerpo. También puede transmitir información sobre el mundo en el que ese cuerpo tendrá que vivir.

Pensar el embarazo de otra manera

Todo esto plantea una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿hasta qué punto somos dueños de nuestra salud? La respuesta no es sencilla. Aunque nuestros hábitos importan, no partimos todos del mismo punto de salida, ya que el entorno prenatal, como hemos visto, forma parte de esa historia.

Entenderlo no debería generar culpa ni alarma, sino conciencia. Cuidar el embarazo no es solo acompañar el inicio de una vida. Es influir en su trayectoria futura… y, quizá, en la de las siguientes generaciones.

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Jorge López-Tello recibe fondos de la Comunidad de Madrid a través del programa Atracción de Talento César Nombela (2023-T1/SAL-GL-28960).

Rubén Bermejo Poza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La vida en el vientre materno puede dejar una huella duradera en la salud adulta – https://theconversation.com/la-vida-en-el-vientre-materno-puede-dejar-una-huella-duradera-en-la-salud-adulta-279158

Rosalía, la ópera y la física que se esconde en la acústica de los conciertos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rubén Picó Vila, Catedràtic de Física Aplicada, Universitat Politècnica de València

Fotograma del videoclip de “Berghain”, de Rosalía. Rosalía/Youtube

En “Berghain”, una de las canciones del último álbum de Rosalía, hay fragmentos que pueden sorprender a quien lo escucha. La voz se aleja del registro pop habitual y se acerca a un estilo de canto que recuerda a la ópera: el fraseo es más amplio, el vibrato más sostenido y el sonido más uniforme y proyectado.

La clave no está solo en cómo se produce esta voz, sino en cómo llega al público.
En los conciertos de Rosalía, la voz se capta mediante micrófonos, se procesa electrónicamente y se reproduce a través de altavoces. En una representación operística tradicional, por el contrario, no se utiliza amplificación: la voz debe poderse oír claramente en todo el recinto por sí sola. Esta diferencia modifica por completo el papel de la acústica en la experiencia musical.

La acústica detrás de la frustración de los músicos

Muchos músicos han vivido una situación frustrante muy conocida: tras horas de ensayo y preparación, suben al escenario y el resultado no es el esperado. No porque toquen peor, sino porque no se oyen a sí mismos correctamente o porque el público no percibe con claridad lo que están interpretando. En muchos casos, el problema no es musical sino acústico.

Lo que llega al oyente es una combinación del sonido directo de la voz o del instrumento y de cómo este se refleja en las paredes, el techo y otras superficies. Esta interacción puede entenderse a partir de dos efectos fundamentales: el aumento del nivel sonoro y la persistencia del sonido en el tiempo.

Por un lado, las reflexiones del sonido hacen que este llegue con mayor intensidad y de forma más homogénea a diferentes puntos de la sala. No se trata solo del sonido emitido por el cantante o el instrumentista, sino de cómo el espacio redistribuye ese sonido.

Por otro lado, estas reflexiones también hacen que el sonido persista durante un cierto tiempo después de que la fuente haya dejado de emitirlo. Este fenómeno, conocido como reverberación, es una característica esencial de cualquier sala. Una cierta cantidad de reverberación añade continuidad y riqueza al sonido, especialmente en la voz operística, ya que refuerza la sensación de plenitud y favorece la proyección dentro del teatro.

Si la reverberación es excesiva, sus efectos se vuelven problemáticos: el sonido pierde definición, los detalles se difuminan y las líneas rápidas o articuladas se vuelven confusas. Además, se reduce la inteligibilidad, es decir, la facilidad para comprender el texto cantado. En estas condiciones, se pierde claridad tanto en la música como en la letra.

La voz y la sala: un único instrumento

En el caso de la ópera, todos estos factores son cruciales. La voz y la sala funcionan como un único instrumento que se extiende en el espacio más allá de la fuente sonora. De hecho, la técnica vocal lírica se ha desarrollado, en gran parte, para adaptarse a estas condiciones: para proyectar el sonido de manera eficiente, mantener la claridad del texto y aprovechar las características acústicas del teatro.

En cambio, en los conciertos amplificados, como los de Rosalía, el canal de transmisión es completamente diferente. El sistema electroacústico (compuesto por micrófonos, procesamiento digital y altavoces) permite controlar el nivel sonoro y modificar el timbre o la sensación de espacialidad, recreando cualidades que recuerdan a la ópera, pero en condiciones físicas muy diferentes.

Esto no significa que la acústica deje de ser relevante; lo que cambia es su función. En lugar de ser el principal medio de transmisión, pasa a formar parte de un sistema en el que el sonido puede ajustarse y modelarse tecnológicamente.

Para los músicos, esta realidad tiene una consecuencia clara: la interpretación musical no puede separarse del espacio en el que sucede. Un mismo repertorio puede sonar muy diferente dependiendo del lugar. Una iglesia con mucha reverberación puede favorecer la música coral, pero dificultar los pasajes rápidos. Una sala de conciertos moderna, con muy poca reverberación, puede ofrecer más precisión pero, en algunos casos, un sonido menos envolvente.

Por eso los músicos profesionales se toman su tiempo para familiarizarse con la acústica del lugar donde van a tocar. Probar el sonido, ajustar la dinámica o adaptar el tempo no es un detalle menor: es una parte esencial de la interpretación.

El lugar también forma parte de la música

La próxima vez que asista a un concierto o a una ópera, intente prestar atención no solo a los músicos, sino también al espacio: los materiales de las paredes, ya sean lisos o irregulares; la forma del techo; la presencia de cortinas, madera o superficies duras; cómo cambia el sonido dependiendo de dónde se encuentre.

Muchos de estos elementos forman parte del diseño acústico de la sala. Las superficies irregulares o inclinadas ayudan a dispersar el sonido y a evitar los molestos ecos, mientras que los materiales porosos o los tejidos gruesos absorben parte de la energía sonora y controlan la reverberación.

Algunas salas modernas también utilizan dispositivos ajustables y nuevos materiales acústicos inspirados en la física de las ondas (los llamados metamateriales acústicos) para adaptar la respuesta sonora según el tipo de música.

La música no solo se crea en el escenario: se moldea en el espacio que nos la hace llegar.


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Rubén Picó Vila no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Rosalía, la ópera y la física que se esconde en la acústica de los conciertos – https://theconversation.com/rosalia-la-opera-y-la-fisica-que-se-esconde-en-la-acustica-de-los-conciertos-282649

La flexisécurité scandinave : au-delà des mythes, un vrai modèle de compétitivité

Source: The Conversation – in French – By Serge Besanger, Professeur à l’ESCE International Business School, INSEEC U Research Center, ESCE International Business School

Souvent louée comme un modèle social efficient, la flexisécurité scandinave est aussi largement méconnue. Elle mobilise d’importants moyens pour réduire « quoi qu’il en coûte » ou presque la durée du chômage. Ce faisant, la main-d’œuvre peut aller plus rapidement des secteurs en déclin vers les secteurs en fort développement. C’est ce qui en fait un modèle de compétitivité.


La flexisécurité scandinave est souvent présentée comme une sorte de compromis élégant, presque nordique dans l’âme entre licenciement facile et protection sociale généreuse. Une espèce de miracle social-démocrate où tout le monde serait à la fois libre et protégé. Cette vision, pour rassurante qu’elle apparaisse, n’en est pas moins largement fausse.

La flexisécurité ne compense pas la précarité par des allocations. L’idée est plus brutale : rendre la notion même de précarité obsolète, en organisant une mobilité permanente. On ne protège pas les emplois, on protège la capacité à en retrouver un autre.

Contrairement à l’idée reçue selon laquelle ce serait en quelque sorte « un modèle sympa mais hors de prix », les pays scandinaves ne dépensent pas davantage que d’autres pour la politique de l’emploi ; ils dépensent différemment.




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Forte mobilité du travail

Au Danemark – pays le plus souvent présenté comme le plus « généreux » dans l’accompagnement des travailleurs licenciés, les subventions à l’emploi (emplois aidés, incitations) représentent un montant similaire à celui de la France, soit entre 0,2 et 0,3 % du PIB. La protection de l’emploi est quasi inexistante, ce qui permet une forte mobilité du travail. Le marché est caractérisé par des flux élevés d’entrées et sorties de l’emploi.

Le point sur la très faible protection de l’emploi est documenté par l’OCDE via l’indicateur Employment Protection Legislation (EPL). Au Danemark, l’EPL est de 1,5, soit le score le plus faible parmi les pays de l’OCDE (plus ce score est faible, plus il est facile de licencier). En France, il est de 3,0 ; soit le score le plus élevé, avec celui de l’Italie.

En contrepartie de la facilité de licenciement au Danemark, les allocations chômage peuvent atteindre jusqu’à 90 % du salaire antérieur pour les bas revenus, pendant une durée maximale d’environ 2 ans pour les assurés.

Une gestion du chômage « en mode commando »

Jobcenters, l’équivalent de France Travail, coûte 0,2 % du PIB, c’est-à-dire le double de son homologue français. Chaque conseiller danois gère entre 15 et 25 demandeurs d’emploi (France Travail : entre 60 et 120). Les jobcenters sont des structures municipales placées sous la responsabilité des maires. Leur mission est de s’adapter aux besoins économiques du territoire. Traduction : si le chômage augmente, ce n’est pas un lointain « Copenhague », mais bien le maire qui devra rendre des comptes.

Si la France traite le chômage comme un processus administratif, le Danemark le traite comme une urgence opérationnelle et locale : les jobcenters assurent jusqu’à deux entretiens par semaine, accompagnés d’ateliers obligatoires. Le système repose sur un principe simple : pas de droit sans devoirs immédiats.

Le demandeur d’emploi doit accepter les offres dites « raisonnables », participer aux formations imposées et prouver activement sa recherche. Dans le cas contraire, la sanction, pouvant aller jusqu’à la suspension des allocations, est immédiate. En effet, les aides sociales, ou Kontanthjælp comme on dit localement, sont également gérées par les municipalités.

Triangle d’or

Cette pression forte s’accompagne d’un investissement massif en formation et en coaching, atteignant près de 0,5 % du PIB selon l’OCDE (France : 0,2 %). Les Danois nomment le Gyldne Trekant (le « Triangle d’or ») la combinaison de l’hyperflexibilité des entreprises, de la sécurité des revenus et de la politique active d’insertion.

Le modèle suédois, lui, est à la fois centralisé et privé. L’Arbetsförmedlingen, agence publique suédoise pour l’emploi, fait essentiellement appel à des contractuels. Elle agit comme une acheteuse de services, déléguant l’essentiel du travail à des coachs, des cabinets de reclassement et des organismes de formation rémunérés au résultat. Au total, la Suède affiche des performances solides sur le marché du travail, avec une forte participation au marché du travail (plus de 80 % des 20-64 ans), ce qui la rapproche des standards danois en termes d’insertion et de fluidité.

Le système norvégien est en revanche étatique et centralisé, avec une idée clé assez simple : un seul guichet pour le social et l’emploi. L’Arbeids- og velferdsetaten gère également les allocations. Le système est aussi conditionnel que celui de ses voisins : les formations sont obligatoires, de même que l’acceptation des offres. Cette organisation s’accompagne d’excellents résultats ; la Norvège enregistre un taux de chômage très faible, autour de 3 à 4 % en 2024, soit un niveau comparable à celui du Danemark, avec, de surcroît, une durée moyenne de chômage relativement courte.

Un impact inattendu sur la recherche et l’innovation

Malgré leurs divergences au plan organisationnel, les pays scandinaves poursuivent tous un même objectif, la performance économique, qu’ils atteignent en grande partie grâce à la flexibilité du marché de l’emploi. Cette organisation ne se limite pas à améliorer l’allocation du travail ; elle crée aussi un environnement propice à l’investissement et à l’innovation.

C’est précisément ici que se manifeste l’un des effets les plus sous-estimés de la flexisécurité : son impact sur l’investissement en recherche et développement. Au Danemark, les dépenses de recherche et développement (R&D) atteignent environ 2,9 % du PIB, contre 2,2 % en France. Dans le domaine particulièrement stratégique de la tech, les dépenses de R&D danoises se montent à 1,85 % du PIB, contre seulement 0,4 % en France.

En Suède, l’effort est encore plus marqué, avec des dépenses de R&D autour de 3,4 à 3,6 % du PIB, soit l’un des niveaux les plus élevés au monde, porté par un écosystème très innovant.

France 24, 2017.

Des restructurations plus véloces

Cet écart important ne s’explique pas uniquement par des choix industriels ou technologiques. Il tient aussi et surtout à un cadre institutionnel qui réduit fortement les coûts et les incertitudes liés aux restructurations. En facilitant les ajustements de main-d’œuvre, ce modèle libère des ressources financières et managériales que les entreprises peuvent réallouer vers des activités à plus forte valeur ajoutée, au premier rang desquelles figure l’innovation.

Ainsi, loin d’opposer flexibilité sociale et performance économique, les pays scandinaves montrent que la première peut devenir un levier direct de la seconde, en soutenant durablement l’effort de R&D et la capacité d’adaptation des entreprises.

À cet effet, les restructurations industrielles sont beaucoup plus rapides dans ces pays. En France, une restructuration coûte en moyenne trente-huit mois de salaire. À l’inverse, dans les pays nordiques, une restructuration peut être menée en quelques semaines, sans surcoûts administratifs ou salariaux. Or, la recherche en économie met en évidence une relation inverse frappante : les pays où les coûts de restructuration sont les plus faibles (Danemark, Suède) sont aussi ceux qui investissent le plus en R&D. L’économie française présente un niveau d’investissement nettement inférieur, en ayant un système plus rigide et protecteur. Cela suggère que la flexibilité du marché du travail ne se limite pas à un enjeu d’emploi, mais constitue également un déterminant clé de la capacité d’innovation.

Loin du compromis tiède

Les pays nordiques n’ont pas toujours été des modèles de flexisécurité ; ils reposaient autrefois, comme la France, sur une forte protection de l’emploi, un poids important du secteur public et une logique de stabilisation des carrières, avant d’opérer une transformation radicale vers des marchés du travail beaucoup plus flexibles et centrés sur la mobilité.

Au fond, la flexisécurité scandinave n’a rien d’un compromis tiède. C’est un système assez radical, presque contre-intuitif, qui a fait un pari simple : organiser les flux plutôt que figer les positions. Au cœur de ce modèle se trouve une idée simple mais puissante : il est plus efficace de sécuriser les trajectoires professionnelles que de protéger les postes de travail eux-mêmes.

Ce fonctionnement permet une réallocation rapide de la main-d’œuvre vers les secteurs les plus innovants. En définitive, la flexisécurité n’est pas seulement un modèle social. Elle est un véritable modèle de compétitivité nationale fondé sur une exigence : dans un monde en mutation rapide, la sécurité ne réside pas dans la stabilité des positions, mais dans la capacité à évoluer en permanence.

The Conversation

l’auteur est membre du comité consultatif de Kongsberg Innovation

ref. La flexisécurité scandinave : au-delà des mythes, un vrai modèle de compétitivité – https://theconversation.com/la-flexisecurite-scandinave-au-dela-des-mythes-un-vrai-modele-de-competitivite-281032

Comment les finances publiques peuvent-elles traverser les turbulences de la période de « mi-transition » ?

Source: The Conversation – in French – By Étienne Espagne, Économiste, Agence Française de Développement (AFD)

L’agenda climatique ambitieux fixé en 2015 par l’accord de Paris est aujourd’hui mis à mal par l’instabilité générée par les chocs climatiques et géopolitiques. La part des énergies fossiles peine à reculer malgré l’émergence des secteurs de la transition énergétique. Dans ce contexte, il apparaît urgent de mieux coordonner l’action des ministères des finances et celle des banques de développement, qui peuvent construire conjointement des politiques économiques et des stratégies de financement plus résilientes.


Dix ans après la signature de l’accord de Paris, nous semblons entrer dans une nouvelle période de l’agenda climatique, de plus en plus difficile et instable à mesure que des chocs climatiques affectent plus fortement les pays. De nouveaux secteurs bas carbone émergent, sans parvenir à réduire la part globale des fossiles. Dans le même temps, la domination économique de ces secteurs se combine à des enjeux de reconfiguration géopolitique accélérée.

C’est ce que nous avons appelé ailleurs la « période de mi-transition ». De par ses instabilités intrinsèques, elle produit une tentation forte, au plan politique, de se cantonner à des politiques économiques réactives. Or, celles-ci risquent de renforcer des dépendances passées ou aggraver les vulnérabilités présentes.

Outre la sortie des États-Unis de l’accord de Paris, nous assistons par exemple au recul de certains pays de l’Union européenne sur le sujet de la renégociation du marché carbone (EU-ETS), ou encore au scepticisme de certains pays émergents vis-à-vis de transformations structurelles pourtant inévitables.

Pour éviter qu’une telle période ne se transforme en un régime durable de crises successives, les acteurs financiers publics doivent développer des politiques économiques de transition proactives et des stratégies de financement plus résilientes face à ces instabilités. C’est en particulier le cas pour les ministères des finances et les Banques nationales de développement.

Des scénarios climat et nature pour analyser et anticiper les risques

Pour les banques centrales, la construction de scénarios fournit un cadre pour analyser les risques physiques liés au changement climatique. Par exemple, pour évaluer les conséquences des catastrophes naturelles sur les actifs financiers, ou bien les risques de transition, c’est-à-dire les impacts économiques négatifs susceptibles de survenir pendant le processus de transition vers des économies bas carbone.

Ces scénarios visent à améliorer la surveillance, la stabilité et la résilience des systèmes financiers. Ils aident à définir la réglementation prudentielle (soit l’ensemble des mécanismes qui permettent de s’assurer de la stabilité financière des banques et de limiter le risque de faillite) et les exigences en matière de reporting qui s’appliquent aux institutions financières et aux assureurs.

La construction de tels scénarios climat s’est largement développée au sein de réseaux tels que le Network for Greening the Financial System (NGFS). Mais les scénarios produits par les banques centrales présentent des limites pour une application à des acteurs directs des politiques publiques. En effet, ils ne sont pas prescripteurs pour ce qui est des politiques publiques que les États doivent mener pour respecter leurs engagements climatiques.




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Des objectifs, mais peu d’outils

De nombreux États, souvent sous la coordination des ministères de l’environnement, se sont engagés depuis l’accord de Paris dans des stratégies de décarbonisation. Celles-ci sont centralisées et consolidées par la Convention-cadre des Nations unies sur les changements climatiques (CCNUCC), organisme de l’ONU en charge de l’organisation des COP.

Les contributions nationales déterminées (Nationally Determined Contributions, ou NDC en anglais) et les stratégies de long terme (Long Term Strategies, ou LTS en anglais) permettent d’objectiver l’effort qu’un pays consent à produire et à le partager à la communauté internationale.

Ces engagements donnent une cible à atteindre. Celles-ci peut se décliner dans des mesures sectorielles plus ou moins précises selon les pays. Mais ils restent la plupart du temps silencieux sur les outils à déployer et sur les arbitrages politiques à mener.

Des initiatives ont surgi pour pallier ce manque :

  • par exemple, les Deep Decarbonization Pathways (DDP) pour explorer de quelle manière les pays pourraient atteindre la neutralité carbone ;

  • plus récemment, les « Climate Change and Development Reports » de la Banque Mondiale, ont proposé un état des lieux exhaustif de la situation de chaque pays membre vis-à-vis de ses possibles impacts climatiques et possibilités de transition.

Mais les changements en termes d’économie politique qu’impliquerait une telle transformation, les enjeux de transformation structurelle, de politiques industrielles, leurs impacts fiscaux, sur la dette, ou encore sur les stratégies de financement en restent largement absents.

Des enjeux climatiques et budgétaires indissociables

Pourtant, une littérature abondante démontre l’interconnexion des enjeux climatiques avec les enjeux budgétaires. La structuration récente de coalitions rassemblant des ministères des Finances autour de ces enjeux en témoigne.

Un premier enjeu tient à la vulnérabilité des pays face aux chocs climatiques. Et en particulier, aux déséquilibres budgétaires de court et moyen terme qui peuvent en découler. On parle de « spirale dette-climat » lorsque les conséquences sur les finances publiques du changement climatique contraignent la capacité des gouvernements à mettre en œuvre les politiques d’adaptation, d’atténuation et de soutien des plus vulnérables.

Un deuxième enjeu questionne l’efficacité des instruments à la main des gouvernements pour mettre en œuvre les politiques climatiques. Il peut par exemple s’agir de la taxation des secteurs émissifs, des subventions ou exonérations fiscales au bénéfice des secteurs bas carbone, de la mise en place de marchés carbone… Les transformations structurelles des économies pour répondre à la crise climatique peuvent aussi générer des chocs socio-économiques. Il peut s’agir, par exemple, de pertes d’emploi dans certains secteurs, qu’il convient de compenser. Elles peuvent également générer des opportunités qui se traduisent par des avantages compétitifs dans de nouveaux secteurs, ou encore des cobénéfices liés à la santé et au bien-être.

Les risques climatiques encore trop négligés

Pour faire face à ces problèmes, il est possible de mobiliser différents combinaisons de politiques publiques de façon à ne laisser aucun agent économique de côté.

Alors que les scénarios climat apparaissent comme des outils fondamentaux pour les ministères des finances dans la planification et l’élaboration de stratégies, 70 % des ministères des finances dans le monde déclarent ne pas intégrer les risques climatiques dans leurs cadres de politiques publiques.

La mise en œuvre de ces scénarios varie selon le niveau de développement des pays. Les économies à haut revenu les intègrent plus souvent dans les processus et politiques budgétaires, quoique de manière récente et souvent partielle.

Le rôle croissant des banques de développement

Rassemblées au sein du système Finance in Common (FiCS), les 550 banques publiques de développement (BPD), incluant des banques multilatérales et nationales, jouent un rôle croissant dans le financement du développement international. Elles totalisent plus de 22 000 milliards de dollars (plus de 18 920 milliards d’euros) d’actifs et opèrent à travers la planète dans la mise en œuvre de financements de long terme. Au sein de cet écosystème, 370 banques nationales de développement constituent des institutions puissantes à la main des gouvernements pour répondre aux enjeux de la mi-transition.

De nombreuses études démontrent leur rôle pour financer les plans de développement nationaux, politiques climatiques incluses. Une récente étude du think tank Climate Policy Initiative montre que les engagements climatiques des BPD ont augmenté de 20 % depuis 2015 pour atteindre 307 milliards de dollars (263,6 milliards d’euros) en 2023, après un pic à 377 milliards (323,7 milliards d’euros) en 2022.

Les travaux de recherche consacrés à l’alignement des banques publiques de développement mettent en évidence la nécessité de renforcer les capacités des banques nationales en matière d’action climatique.

Néanmoins, l’adoption de scénarios climat par les banques publiques de développement reste peu documenté. Les premières observations indiquent qu’elles les utilisent principalement pour réaliser une analyse des risques physiques et des risques de transition sur leur portefeuille.

Sur la base d’estimations à horizon 2040, l’Agence française de développement a ainsi estimé qu’environ 60 % de ses clients risquaient de faire face à une catastrophe naturelle dans les prochaines années. Dans son dernier rapport annuel, la Development Bank of Southern Africa (DBSA) indique avoir recours à des scénarios climat pour analyser son portefeuille et définir des objectifs financiers adaptés.

Mieux articuler les stratégies de financement

Jusqu’à la fin des années 2010, peu d’études ont interrogé l’action des BPD en matière d’inégalités. En travaillant étroitement avec les ministères des finances autour de scénarios climat et nature, cela permettrait pourtant de développer une compréhension plus fine des conséquences de l’action des BPD en matière de distribution des richesses dans l’économie.

Pour jouer pleinement leur rôle dans le financement des politiques publiques, les BPD doivent avant tout disposer d’un mandat explicite de la part de leur gouvernement actionnaire. Une élaboration conjointe de scénarios climat et nature contribuerait à préciser le mandat des BPD, en leur ouvrant de nouveaux champs d’intervention en matière d’action climatique. Il s’agit notamment d’identifier un portefeuille de projets prioritaires à fort potentiel transformationnel pour les économies, tout en facilitant la sélection des instruments financiers les plus adaptés.

En tant qu’institutions financières de long terme, les BPD sont appelées à jouer un rôle central pour garantir le succès des plateformes pays. C’est le cas au Brésil, où la Banco Nacional de Desenvolvimento Economicô e Social (BNDES) sert de secrétariat à la plateforme consacrée au financement du climat et de la transformation écologique, en coordination avec le ministère des finances brésilien.

Enfin, une coopération étroite entre les ministères des finances et leurs banques nationales, notamment par la construction de scénarios climat conjoints, doit permettre d’éclairer les mécanismes de transmission du risque bancaire au risque souverain et vice versa. Les garanties publiques, l’exposition des BPD aux titres souverains ou encore le financement d’entreprises publiques constituent autant de canaux de transmission des risques.

Une opportunité pour le multilatéralisme

L’intégration des scénarios climat dans les processus politiques constitue un changement stratégique nécessaire dans la période actuelle. Lorsqu’elles mobilisent des scénarios climatiques pour orienter leur prise de décision, les BPD ne devraient pas se limiter à un simple rôle passif.

En tant qu’opérateurs financiers à la main des gouvernements, elles ont vocation à devenir centrales dans la construction de scénarios climat-nature. Pour cela, elles doivent activement participer au dialogue avec les ministères des finances, les banques centrales et les autorités de régulation, afin de contribuer à l’élaboration et à l’appropriation collective des scénarios climatiques.

Construire une vision prospective commune des politiques économiques nécessaires pour accélérer les dynamiques de transition contribuerait à reconstruire un multilatéralisme de l’action, dans un contexte où la géopolitique des grandes puissances s’impose par la force.

Dans la perspective de la COP31 sur le climat à venir en novembre en Turquie, de la COP17 sur la biodiversité portée par l’Arménie, l’ouverture d’un tel chantier avec une coalition de pays volontaires sera déterminante pour structurer et porter cette réponse ambitieuse, à l’orée d’une deuxième décennie de l’accord de Paris lourde d’incertitudes.

The Conversation

Jean-Baptiste Jacouton est chargé de recherche à l’Agence française de développement (AFD).

Laura Sabogal Reyes et Étienne Espagne ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur poste universitaire.

ref. Comment les finances publiques peuvent-elles traverser les turbulences de la période de « mi-transition » ? – https://theconversation.com/comment-les-finances-publiques-peuvent-elles-traverser-les-turbulences-de-la-periode-de-mi-transition-281416

Changement climatique : une nouvelle étude confirme que la chaleur augmente le risque d’accouchements prématurés

Source: The Conversation – in French – By Dominic Royé, Investigador Ramon y Cajal, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Une nouvelle étude portant sur 36,6 millions de naissances révèle que les chaleurs extrêmes augmentent le risque de naissance prématurées. Les futures mères sont d’autant plus à risque qu’elles sont en situation de vulnérabilité socioéconomique.


Imaginez-vous vivre une journée caniculaire en plein été. Maintenant, imaginez ce que cela peut signifier pour une femme enceinte de huit mois. Inconfortable, c’est le moins que l’on puisse dire… Mais la chaleur n’est pas qu’un simple désagrément : elle peut aussi, dans de nombreux cas, déclencher un accouchement prématuré. Or, le risque de mortalité des bébés nés avant terme – c’est-à-dire avant 37 semaines de gestation – est significativement accru. Ces enfants sont par ailleurs exposés à des complications en matière de santé dont les conséquences peuvent les affecter toute leur vie durant.

Depuis plusieurs décennies, la recherche documente le lien entre exposition à la chaleur et risque de naissances prématurées. Toutefois, jusqu’à présent, la plupart des études se limitaient à l’étude des naissances survenues dans une seule ville ou un seul pays. En outre, les méthodologies mises en œuvre, variables d’une recherche à l’autre, se prêtaient difficilement à la comparaison.

Combien de naissances prématurées la chaleur provoque-t-elle réellement dans le monde ? Toutes les femmes enceintes sont-elles aussi vulnérables les unes que les autres ? Publiée dans la revue Environment International, notre nouvelle étude apporte les réponses les plus complètes à ce jour à ces questions.

Treize pays, 36 millions de naissances

Au cours de nos travaux, nous avons analysé 36,6 millions de naissances survenues durant la période estivale, entre 1979 et 2019, dans 250 villes et agglomérations de 13 pays : Australie, Brésil, Canada, Chili, Équateur, Estonie, Israël, Italie, Japon, Paraguay, Espagne, Suisse et États-Unis. Il s’agit de l’analyse multicentrique (autrement dit portant sur les données de plusieurs sites différents, selon un même protocole, NdT) la plus vaste jamais réalisée sur ce sujet.

Pour estimer la relation entre la température et le risque de naissance prématurée, nous avons eu recours à des modèles statistiques de pointe. Ceux-ci nous ont permis d’identifier les effets différés et non linéaires d’une exposition à la chaleur durant les jours qui précèdent l’accouchement.

Les résultats sont sans ambiguïté : le risque de naissance prématurée augmente de manière linéaire avec la hausse des températures. Lors des journées de chaleur modérée, ledit risque croît de 2,8 %. Lors des épisodes de chaleur extrême, cette augmentation atteint 3,8 %.

Près de 855 naissances prématurées supplémentaires par million

Traduire ces risques en chiffres permet de mieux apprécier l’ampleur du phénomène : selon nos calculs, 1,41 % de l’ensemble des naissances prématurées survenues durant la période estivale est attribuable à la chaleur. En valeur absolue, cela représente 855 naissances prématurées supplémentaires par million de naissances.

Cet ordre de grandeur est comparable à celui d’autres facteurs bien établis. Il dépasse largement, par exemple, la contribution du tabagisme maternel dans les pays à revenu faible et intermédiaire, et se situe au même niveau que celle du paludisme. En d’autres termes, la chaleur constitue d’ores et déjà un facteur de risque environnemental majeur pour la santé reproductive.

À ce sujet, les disparités entre pays sont également éclairantes. Les taux les plus élevés sont enregistrés par le Paraguay, avec 1 347 naissances prématurées par million, tandis que le taux le plus faible est affiché par la Suisse (628 naissances prématurées par million). L’Espagne se situe dans la tranche intermédiaire haute, avec 1 080 par million.

Cette variabilité suggère que le climat, le niveau de développement socio-économique et la capacité d’adaptation de chaque pays influent de manière significative sur la vulnérabilité des femmes enceintes.

Toutes les grossesses ne présentent pas le même risque

L’une des conclusions les plus marquantes de notre étude suggère que la chaleur n’affecte pas toutes les femmes de la même manière. Les jeunes mères célibataires ayant un faible niveau d’éducation et se trouvant en situation de vulnérabilité socio-économique pourraient être exposées à un risque accru de naissance prématurée induite par la chaleur.

Les fœtus de sexe féminin semblent également plus sensibles que les fœtus de sexe masculin. Cependant, la plupart de ces analyses de sous-groupes n’ont pas atteint le seuil de significativité statistique, et des recherches complémentaires seront nécessaires pour les confirmer.

Des mécanismes spécifiques sous-tendent ces disparités. Les personnes en situation de précarité économique sont plus susceptibles de vivre dans des zones particulièrement chaudes en raison de l’effet d’îlot de chaleur urbain. Elles sont aussi plus souvent amenées à travailler en extérieur, et disposent plus rarement d’une climatisation ou d’autres moyens de protection contre la chaleur.




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Inégalités sociales et inégalités climatiques se superposent, et ce sont les femmes enceintes les plus vulnérables qui en paient le prix le plus lourd.

La chaleur influe aussi sur les accouchements à terme

Le résultat le plus inattendu de notre recherche est sans doute celui-ci : l’effet de la chaleur ne se limite pas aux naissances prématurées. Nous avons également observé une augmentation significative du risque d’accouchement dans le cadre de grossesses considérées comme cliniquement « normales », autrement dit survenant entre la 37ᵉ et la 42ᵉ semaine. La chaleur extrême augmente ainsi le risque d’accouchement entre la 37ᵉ et la 38ᵉ semaine de 3,66 %, tandis qu’à 39 semaines et au-delà, ce risque est accru de 2,97 %.

Cela signifie que la chaleur peut agir comme un facteur déclenchant du travail pour des fœtus qui, dans d’autres circonstances, auraient poursuivi leur développement normalement.

La fenêtre gestationnelle la plus sensible s’étend de la 31ᵉ à la 40ᵉ semaine, ce qui signifie qu’elle couvre à la fois des naissances prématurées tardives et des naissances à terme précoces.

Les mécanismes en jeu

Les mécanismes biologiques impliqués sont nombreux. La chaleur peut élever la température corporelle et déclencher des contractions utérines. La déshydratation qu’elle provoque perturbe par ailleurs l’équilibre électrolytique et réduit le débit sanguin placentaire.

La chaleur favorise aussi les processus inflammatoires et le stress oxydatif, lesquels sont susceptibles de compromettre le développement fœtal et d’accélérer la maturation du col de l’utérus.

Les femmes enceintes sont particulièrement vulnérables, car leur organisme produit davantage de chaleur en raison de la croissance fœtale, tout en ayant une capacité réduite à la dissiper, du fait de la prise de poids.

En première ligne du réchauffement climatique

Ces résultats revêtent une dimension particulièrement préoccupante dans le contexte du changement climatique. En effet, au cours des prochaines décennies, les vagues de chaleur deviendront plus fréquentes, plus intenses et plus longues. En cas d’inaction, le fardeau des naissances prématurées attribuables aux fortes températures ne fera que s’alourdir, érodant des décennies de progrès en matière de santé néonatale et infantile.

Une réponse à la hauteur de l’enjeu suppose d’intervenir sur plusieurs fronts. Sur le plan clinique, les systèmes de santé doivent intégrer la chaleur en tant que facteur de risque au cours du suivi de la grossesse, en particulier pour les femmes en situation de vulnérabilité sociale. Sur le plan de l’aménagement urbain, il est urgent de développer des stratégies d’adaptation – espaces verts, îlots de fraîcheur, systèmes d’alerte précoce – pour protéger les femmes enceintes lors des épisodes de chaleur extrême. Enfin, sur le plan politique, ces résultats doivent se traduire par des objectifs ambitieux en matière de réduction des émissions de gaz à effet de serre.

La chaleur extrême n’est plus une simple question de confort. C’est un enjeu de santé publique, d’équité sociale et de justice climatique. Et les femmes enceintes sont en première ligne.

The Conversation

Dominic Royé bénéficie d’un financement du programme Ramón y Cajal (RYC2023-042824-I) et de GAIN, l’agence pour l’innovation de la Xunta de Galicia.

Ana M Vicedo-Cabrera bénéficie d’un financement du Fonds national suisse, de la Coopérative Mobiliar, du Wellcome Trust et de l’Office fédéral de l’environnement (Suisse).

Coral Salvador bénéficie d’un financement de la Xunta de Galicia et reçoit actuellement des fonds du Fonds national suisse de la recherche scientifique (FNS).

Aurelio Tobias et Carmen Íñiguez ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur poste universitaire.

ref. Changement climatique : une nouvelle étude confirme que la chaleur augmente le risque d’accouchements prématurés – https://theconversation.com/changement-climatique-une-nouvelle-etude-confirme-que-la-chaleur-augmente-le-risque-daccouchements-prematures-283991

Comment les vagues de chaleur perturbent la vie sexuelle des abeilles

Source: The Conversation – in French – By James Gilbert, Senior Lecturer in Zoology, University of Hull

Copulation d’osmies rousses Bernard de Go Mars, CC BY

La santé reproductive des abeilles solitaires (osmies) est affectée par les fortes chaleurs. Les insectes, mâles et femelles, même si c’est chez les mâles que la chute est la plus forte, voient la qualité des gamètes produites baisser s’ils ont été exposés à des températures caniculaires pendant leur développement. Ces abeilles sauvages sont pourtant des pollinisateurs vitaux, notamment pour la production fruitière dont nous dépendons.


Il n’existe pas encore beaucoup d’études sur les effets des vagues de chaleur sur les abeilles. Les rares études disponibles se concentrent sur des conditions météorologiques extrêmes susceptibles de tuer une abeille adulte.

Cependant de nouvelles recherches que j’ai menées au Royaume-Uni avec des collègues montrent que les populations d’abeilles solitaires (aussi appelées osmies) pourraient être bien plus sensibles qu’on ne le pensait aux phénomènes météorologiques extrêmes comme la vague de chaleur connue par l’Europe fin mai 2026.

Pour comprendre ce qui arrive à ces abeilles par temps chaud, mon équipe a reproduit la vague de chaleur de trois jours qui a frappé le Royaume-Uni en juillet 2022. Nous avons soumis un groupe de larves d’osmies rousses Osmia bicornis à trois jours où les températures atteignaient quotidiennement 40 °C.

Les osmies rousses sont des abeilles solitaires courantes dans les jardins britanniques (mais aussi français, ndlt). Elles constituent des pollinisateurs importants pour les pommiers et d’autres arbres fruitiers. Parallèlement, un groupe témoin a été exposé aux températures habituelles du mois de juillet à Hull (au nord-est de l’Angleterre, ndlt), où l’étude a été menée, avec des pics quotidiens avoisinant les 25 °C.

Par la suite, nous avons traité les deux groupes de la même manière et les avons laissés tisser leurs cocons et hiberner normalement. Neuf mois plus tard, toutes les abeilles sont sorties en bonne santé : il semblait donc, dans un premier temps, que la vague de chaleur n’avait eu aucun effet. Mais c’était avant que nous n’ayons évalué leur santé reproductive.

Chose stupéfiante, chez les mâles du groupe exposé à la vague de chaleur, l’activité des spermatozoïdes avait diminué de moitié par rapport au groupe témoin, et leur nombre avait baissé d’un tiers. Chez les femelles, on a constaté une réduction de 15 % tant de la taille que du nombre d’ovules en développement.

En somme : la vague de chaleur avait anéanti la fertilité de ces abeilles, et en particulier chez les mâles.

Baisse de la motilité des spermatozoïdes

Graphique illustrant une baisse de 50 % de la motilité des spermatozoïdes dans le groupe exposé à la canicule par rapport au groupe témoin
La vague de chaleur a réduit de moitié la motilité des spermatozoïdes.
Jamie Smith/Journal of Thermal Biology, CC BY

Ces chiffres sont alarmants, car ils indiquent que les populations d’abeilles solitaires sont bien plus sensibles aux chaleurs extrêmes qu’on ne le pensait jusqu’alors. Il faudra en tenir compte dans l’évaluation des répercussions globales du changement climatique. Même les abeilles ne sont pas mortes sur le coup, leur fertilité a été gravement affectée.

Cela signifie qu’une vague de chaleur survenue une année donnée pourrait entraîner une chute spectaculaire du nombre d’abeilles l’année suivante, et donc une pollinisation moins efficace pour des cultures essentielles telles que les pommes, les cerises et le colza.

Cela rendrait les producteurs de fruits encore plus dépendants de la location temporaire de ruches d’abeilles mellifères pour pallier les déficits de pollinisation. Et ce, alors que les recherches montrent de plus en plus que les abeilles sauvages, dont les services sont gratuits, sont de meilleures pollinisatrices que les abeilles mellifères.

Les autres effets des vagues de chaleur

Chez les abeilles mellifères et les bourdons, la vie en groupe est essentielle pour résister aux conditions météorologiques extrêmes. Grâce à leurs ruches sociales, les abeilles mellifères peuvent s’adapter de façon flexible aux périodes de fortes pluies et de vents violents en réaffectant les tâches accomplies par les abeilles ouvrières. Celles-ci peuvent rapidement passer, par exemple, de l’entretien du nid à la recherche de nourriture.

Les abeilles mellifères et les bourdons sont également capables de s’adapter aux variations de température. Les nids sont maintenus à des limites de température strictes, certaines ouvrières se transformant même en radiateurs vivants lorsque les températures baissent, faisant vibrer leurs ailes pour produire de la chaleur qui maintient le couvain à la température idéale pour sa croissance.

Les nids de bourdons débutent par une seule reine qui hiberne pendant l’hiver, puis commence seule à la constitution de sa couvée. De nouvelles recherches ont révélé les secrets de leur résilience : par exemple, les reines de bourdons en hibernation peuvent survivre sous l’eau pendant jusqu’à une semaine lorsque leur nid est inondé.




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Cependant, les abeilles mellifères et les bourdons ne constituent pas la majorité des abeilles. Contrairement aux abeilles mellifères et aux bourdons, la plupart des abeilles sont solitaires, ce qui signifie qu’elles n’ont pas de congénères pour les aider lorsque les temps sont durs : elles travaillent entièrement seules.

Les nids de ces abeilles solitaires sont à la merci des éléments : elles sont donc bien plus vulnérables au changement climatique que les abeilles sociales.

Une osmie rousse femelle ajoute du pollen à son nid. Les alvéoles operculées derrière elle contiennent des œufs ; les larves vont éclore et se nourrir de ce pollen
Une osmie rousse femelle ajoute du pollen à son nid. Les alvéoles operculées derrière elle contiennent des œufs. Les larves vont éclore et se nourrir de ce pollen.
James Gilbert, CC BY

Bien sûr, les vagues de chaleur ne sont pas la seule menace qui pèse sur les abeilles. Elles doivent faire face à toute une série d’autres problèmes : pesticides, maladies, carences nutritionnelles et perte d’habitat, pour n’en citer que quelques-uns.

La priorité est désormais d’étudier comment les abeilles touchées par les vagues de chaleur font également face à ces autres problèmes. Notre laboratoire dirige une étude financée par le gouvernement britannique visant à examiner comment le changement climatique influe sur les besoins nutritionnels des abeilles sauvages en phase de croissance, et comment les abeilles mères répondent à ces besoins.

Nos premiers résultats sont prometteurs : ils suggèrent que les abeilles en croissance ont besoin d’un équilibre nutritionnel différent selon la température à laquelle elles sont élevées. Nous cherchons désormais à déterminer si les osmies mères sont sensibles à ces besoins et si elles sont capables d’adapter le pollen qu’elles butinent pour y remédier.

Les périodes de chaleur extrême sont de plus en plus fréquentes, même dans les pays habituellement tempérés. Ces études montrent que les conditions météorologiques extrêmes, bien qu’elles ne tuent pas nécessairement les abeilles sur le coup, peuvent gravement nuire à la population d’abeilles, avec des conséquences à long terme pour la pollinisation ainsi que pour toute la chaîne alimentaire dont l’humain dépend.

The Conversation

James Gilbert bénéficie actuellement d’un financement de l’UKRI (BBSRC) et l’étude mentionnée dans cet article, dont James est coauteur, a été financée par l’UKRI (NERC).

ref. Comment les vagues de chaleur perturbent la vie sexuelle des abeilles – https://theconversation.com/comment-les-vagues-de-chaleur-perturbent-la-vie-sexuelle-des-abeilles-284012

Tout le monde sait que les entretiens annuels sont inefficaces, alors pourquoi en fait-on encore ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Danaë Anderson, Lecturer in Occupational Health and Safety, Te Herenga Waka — Victoria University of Wellington

Un des défauts de l’entretien annuel est qu’il est principalement tourné vers le passé. Charles Deluvio/Unsplash, CC BY

Pensées pour un monde du travail stable et prévisible, les évaluations annuelles peinent à saisir la complexité des contributions actuelles. Résultat : elles mesurent mal ce qui compte vraiment.


Chaque année, les organisations remettent à jour leur stratégie, annoncent de nouveaux indicateurs de performance, les fameux KPI (pour Key Performance Indicators), et affichent des objectifs ambitieux pour l’année à venir. Mais malgré l’évolution rapide des modes de travail, des technologies et des besoins des équipes, un élément reste étonnamment figé : les évaluations individuelles de performance.

La plupart d’entre nous voient très bien à quoi elles ressemblent : le formulaire classique à cases à cocher, les échelles de notation de un à dix, et cet espace vide un peu gênant réservé aux « commentaires complémentaires ».

Nous savons que ces dispositifs sont dépassés. Des travaux de recherche montrent depuis des années qu’ils regardent vers le passé, peuvent biaiser les comportements et négligent la collaboration ainsi que l’apprentissage. Nous savons qu’ils reposent sur une évaluation rétrospective d’une « performance » individuelle définie de manière étroite. Et nous savons qu’ils reflètent souvent mal le travail réel – par opposition à ce qui est effectivement valorisé. Pourtant, année après année, ils perdurent. Alors pourquoi continue-t-on à les utiliser ? (NDT : En France, la loi exige qu’un entretien professionnel ait lieu tous les deux ans. Cet entretien est à distinguer des évaluations annuelles dont nous parlons ici).

Un décalage avec le travail réel

De nombreux travaux expliquent pourquoi les dispositifs classiques d’évaluation de la performance et les KPI sont décevants. Une partie du problème tient au fait qu’ils brouillent la frontière entre rémunération et performance. Les chercheurs en management distinguent pourtant depuis longtemps la mesure de la performance – utilisée pour les salaires et les promotions – de l’amélioration de la performance, qui relève de l’apprentissage et du développement.

Fusionner ces deux objectifs dans un même processus annualisé crée une tension inhérente entre deux logiques pourtant très différentes. Le calendrier pose également problème. Des retours tardifs, concentrés une fois par an, sont souvent déjà dépassés et d’une utilité limitée, manquant des occasions clés d’amélioration tout au long de l’année.

Un article largement cité conclut d’ailleurs que les systèmes formels, fortement axés sur les notations, sont « fastidieux et de faible valeur ». L’amélioration de la performance, souligne-t-il, passe plutôt par des attentes continues, des retours en temps réel et des opportunités de développement – et non par des rituels annuels.

Une enquête de 2024 sur la gestion de la performance menée par le cabinet de conseil Betterworks va dans le même sens. Si la plupart des dirigeants jugent leurs dispositifs efficaces, les salariés dressent un constat bien différent : 44 % estiment qu’il s’agit d’un « échec significatif ».

Plus largement, les employés sont 57 % moins nombreux que les dirigeants à considérer que ces systèmes fonctionnent correctement. D’où vient un tel décalage – et pourquoi persiste-t-il ?

L’illusion d’objectivité

Le Center for Advanced Human Resource Studies de l’Université Cornell (État de New York) apporte quelques éléments de réponse. Son analyse des tendances en matière de gestion de la performance, publiée en 2025, montre que les systèmes traditionnels perdurent non pas parce qu’ils sont efficaces, mais parce qu’ils sont :

  • profondément ancrés dans les organisations, généralement liés à la rémunération, aux promotions, à la conformité et aux cycles RH,

  • perçus comme objectifs alors qu’ils ne le sont pas,

  • longs et coûteux à réformer, ce qui freine les transformations,

  • décalés par rapport aux attentes des salariés, dont seul un sur cinq se dit motivé par les dispositifs actuels.

Les indicateurs classiques de performance – production horaire, nombre de tâches réalisées, objectifs de vente – ont été conçus pour une époque où le travail était prévisible et ancré dans un lieu. Ils peinent à rendre compte de ce qui fait aujourd’hui la réussite des organisations.

Les sciences sociales rappellent depuis longtemps qu’à partir du moment où un indicateur devient un objectif, il cesse d’être une bonne mesure : les comportements s’ajustent pour maximiser le score plutôt que la réalité qu’il est censé refléter.

Concrètement, la sur-optimisation d’un KPI pousse à « jouer avec les chiffres » ou encourage des comportements contre-productifs. Les salariés prennent des raccourcis ou travaillent excessivement, au lieu d’améliorer réellement le résultat de leur travail.

Les organisations observent le même phénomène à une échelle plus large : se focaliser sur les volumes produits et la poursuite d’objectifs chiffrés peut nuire à la qualité, à la création de valeur à long terme et à la collaboration.

C’est d’autant plus vrai lorsque l’automatisation prend en charge les tâches routinières et que la contribution humaine se déplace vers la créativité, la résolution de problèmes et la production de valeur sur le long terme – autant d’éléments difficiles à résumer en un seul indicateur. À l’inverse, lorsque les indicateurs de performance manquent de clarté, les jugements subjectifs des supérieurs tendent à se substituer aux données réelles.

Pourtant, de nombreuses entreprises continuent de s’appuyer sur ces indicateurs anciens, simplement parce qu’ils sont familiers, quantifiables et profondément ancrés dans leurs pratiques. Le paradoxe est frappant : elles disposent de plus de données que jamais sur leurs salariés, mais leurs systèmes d’évaluation reposent encore sur des instantanés dépassés et des indicateurs réducteurs.

Comme le souligne un expert, des réalités de performance complexes sont souvent simplifiées à l’extrême dans des cadres qui « fabriquent » des données chiffrées pour créer une illusion d’objectivité.

Et si l’on mesurait ce qui compte vraiment ?

Les recherches sur les approches modernes de management de la performance montrent un net basculement : les évaluations annuelles rigides cèdent la place à des échanges continus, accompagnés par les managers.

Parmi les évolutions qui favorisent davantage la motivation et l’engagement des salariés :

  • des retours continus, en temps réel,

  • des objectifs à court terme, ajustables,

  • des échanges informels et réguliers entre managers et collaborateurs,

  • des dispositifs à « 360 degrés », où les retours proviennent de plusieurs collègues, offrant une vision plus équilibrée du travail collectif,

  • une logique de développement tournée vers l’avenir, plutôt que la notation des performances passées.

Ces approches reflètent mieux la manière dont le travail de qualité se construit réellement : progressivement, de façon collaborative et souvent imprévisible. À l’heure où les organisations définissent leurs objectifs pour le nouvel exercice, le véritable indicateur à adopter pourrait bien être celui qui évalue… leurs propres dispositifs de mesure de la performance.

Favorisent-ils la progression ? Captent-ils la valeur réelle du travail ? Suscitent-ils l’engagement ? Reflètent-ils ce que font réellement les équipes ? Répondre à ces questions permet d’identifier ce qui ne fonctionne plus. Et, dans bien des organisations, les systèmes d’évaluation de la performance figurent sans doute parmi les chantiers les plus urgents à lancer.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Tout le monde sait que les entretiens annuels sont inefficaces, alors pourquoi en fait-on encore ? – https://theconversation.com/tout-le-monde-sait-que-les-entretiens-annuels-sont-inefficaces-alors-pourquoi-en-fait-on-encore-281354