Catástrofe invisible: peces invasores en los ríos mediterráneos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Cano-Barbacil, Investigador postdoctoral en ecología, Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC)

Originaria de América del Norte, la perca sol (_Lepomis gibbosus_) fue introducida en la península ibérica entre 1910 y 1913. Kuttelvaserova Stuchelova/Shutterstock

Los resultados de un reciente estudio en el que analizamos la presencia de peces introducidos en los ríos de la región mediterránea son alarmantes: hay más de 150 especies invasoras en el territorio. Y su llegada está estrechamente vinculada a las actividades humanas. De estas especies, 106 han logrado establecer poblaciones, es decir, se mantienen por sí mismas sin intervención humana.

Los países con mayor número de peces invasores son Italia, España y algunos estados balcánicos. En ciertos sistemas acuáticos, la magnitud de este fenómeno resulta especialmente llamativa. En el río Segura (España) o en el lago Pamvotis (Grecia), más del 70 % de las especies de peces presentes son introducidas, lo que refleja hasta qué punto se ha transformado la composición original de estas comunidades.

Sospechosos habituales

Las especies más extendidas en la región mediterránea son la gambusia, establecido ya en 21 países, y la carpa, en 20. La perca sol, presente en 16 países, es la tercera en la lista.

Las especies más ampliamente distribuidas comparten una serie de rasgos comunes: suelen tener una alta capacidad reproductiva y gran tolerancia ambiental. Sus introducciones suelen estar vinculadas a actividades humanas dado su interés comercial o recreativo. Este es el caso de algunos salmónidos, o especies como el siluro, uno de los más buscados en la pesca deportiva de agua dulce en Europa.




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¿Cómo han llegado a nuestras aguas?

Si bien una parte de los peces introducidos en los países mediterráneos provienen de regiones lejanas, como Asia oriental y Norteamérica, la mayoría llegaron de países vecinos. Curiosamente, ha existido un “intercambio” de especies entre países cercanos, favoreciendo una “homogeneización” de la fauna acuática de la región. En España, por ejemplo, especies como el lucio o el alburno han sido introducidas desde Centroeuropa, mientras que alguna especie ibérica como el barbo del Ebro se ha establecido en algunos ríos italianos.

La principal vía de introducción son los escapes de cría en cautividad en piscifactorías o acuarios que terminan llegando al medio natural. También son relevantes las liberaciones intencionadas motivadas por la pesca deportiva o el control biológico, como ocurre con el siluro o la gambusia, respectivamente.

Aunque en menor medida, también existen introducciones accidentales, que ocurre cuando especies son transportadas de forma inadvertida junto a equipos de pesca o en aguas contaminadas.

Economía, embalses y clima: claves en las invasiones biológicas

La presencia de peces introducidos no es producto del azar, sino que está relacionada con diferentes factores ambientales y socioeconómicos. De acuerdo con diversos estudios, los países con mayor producto interior bruto tienden a tener más especies introducidas. En regiones con más comercio, más transporte y un desarrollo más intenso de actividades como la acuicultura o la pesca recreativa se incrementan las oportunidades de introducción.

Del mismo modo, los embalses funcionan como auténticas “puertas de entrada”. Estos ecosistemas profundamente alterados tienen condiciones más favorables para los peces invasores, mejor adaptadas que las autóctonas. Y se ha observado que las zonas con climas más favorables y más hábitats acuáticos disponibles albergan más especies introducidas.




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Un impacto profundo en la biodiversidad

Las especies invasoras afectan a las autóctonas de múltiples maneras. Peces como el siluro actúan como depredadores directos, alimentándose de fauna autóctona. Y otros como la gambusia causan “cascadas tróficas”, compitiendo por los recursos disponibles con la fauna autóctona y también atacándola directamente.

A estos efectos se suman impactos menos visibles, pero igualmente importantes, como la transmisión de enfermedades y parásitos, o la hibridación con especies autóctonas. Además, la presencia de especies introducidas altera las cadenas tróficas y cambia el equilibrio natural de los ecosistemas. Como resultado se produce una pérdida progresiva de biodiversidad global.

Un reto para el futuro

Las invasiones biológicas se han convertido en uno de los grandes desafíos ambientales del siglo XXI. Una vez que una especie introducida logra establecerse en un ecosistema, su erradicación a menudo no es posible o resulta extremadamente difícil y costosa. Por ello, los expertos coinciden en que la clave no está tanto en su eliminación, sino en la prevención de nuevas introducciones.

Esto implica reforzar el control del comercio de especies, regular la acuicultura y la pesca recreativa y desarrollar sistemas de alerta temprana para detectar nuevas introducciones lo antes posible. A ello se suma la necesidad de fomentar la educación y la concienciación pública, ya que algunas de estas introducciones están relacionadas directa o indirectamente con actividades humanas cotidianas. Asegurar el equilibrio de nuestros ecosistemas no es solo una función de las autoridades, es responsabilidad de toda la ciudadanía.

The Conversation

Carlos Cano-Barbacil recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España (MICIU/AEI/10.13039/501100011033) y FSE+.

Emili García-Berthou recibe fondos para sus proyectos de investigación. Actualmente, de la Agencia Estatal de Investigación (Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, MICIU/AEI/10.13039/501100011033) (proyecto PID2023-146173NB-C21)

Francisco José Oliva Paterna recibe fondos de Investigación. Parte del estudio al que hace referencia el artículo queda incluído en las acciones After-LIFE del proyecto LIFE INVASAQUA (Aquatic Invasive Alien Species of Freshwater and Estuarine Systems: Awareness and Prevention in the Iberian Peninsula) (LIFE17 GIE/ES/000515) subvencionado por el Programa LIFE de la Unión Europea. .

ref. Catástrofe invisible: peces invasores en los ríos mediterráneos – https://theconversation.com/catastrofe-invisible-peces-invasores-en-los-rios-mediterraneos-282245

Iluminar mejor no es iluminar más: estrategias para reducir el consumo de la luz en interiores sin perder confort visual

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Roberto Alonso González-Lezcano, Catedrático de Universidad en el área de Construcciones Arquitectónicas, Universidad CEU San Pablo

A great shot of/Shutterstock

La iluminación, pese a ser uno de los gastos de energía más constantes en viviendas y oficinas, rara vez se considera como algo importante. Sin embargo, puede suponer alrededor del 10 % al 20 % del uso de electricidad en viviendas y en una proporción mayor en locales comerciales.

Globalmente, el gasto de la iluminación representa casi el 8 % de la energía eléctrica usada mundialmente, según datos de la Agencia Internacional de la Energía. Pero también es uno de los sistemas de consumo con mayor potencial para optimizar: mediante la tecnología adecuada, un diseño inteligente y una buena gestión del encendido, es posible reducir el consumo sin perder confort e incluso mejorando la salud y el bienestar.

Led: eficiencia energética con impacto en el bienestar

Los sistemas led son un gran avance en eficiencia energética, ya que pueden reducir el consumo de la iluminación entre un 50 % y un 80 % frente a tecnologías más antiguas.

Pero su impacto va más allá del ahorro eléctrico. Los led reducen la emisión de calor, lo que merma la carga térmica interior y puede disminuir el uso del aire acondicionado.

Además, el tipo de luz también influye en el cuerpo: afecta al sueño, la atención y el metabolismo. Su efecto depende sobre todo de la intensidad. La luz rica en componente azul (muy habitual en led fríos o pantalla) puede alterar la producción de melatonina y afectar al sueño y a los ritmos circadianos. En cambio, los led cálidos y bien regulados pueden minimizar ese efecto y, además, son mucho más eficientes energéticamente que otras tecnologías.

Iluminar mejor no es iluminar más

Un típico error en edificios es la iluminación total y uniforme: encender las luces de todo el espacio sin considerar el uso real de cada zona. Sin embargo, las necesidades lumínicas son muy diferentes: un pasillo requiere apenas 100–200 lux, mientras que un puesto de trabajo necesita alrededor de 500 lux, según la normativa europea.

Usar estrategias de zonificación puede reducir el consumo entre un 20 % y un 40 % sin afectar al confort visual. A esto se suma la iluminación inteligente mediante sensores de presencia y regulación automática, que puede generar ahorros extra del 20–60 %.

Además, es frecuente la sobreiluminación: algunos proyectos superan los niveles recomendados sin aportar mejoras perceptibles, generando un consumo energético innecesario.

En resumen: necesitamos emplear menos energía, pero mejor adaptada a las personas.




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Beneficios de la luz natural

La luz natural es uno de los recursos más eficientes en los edificios. En el exterior puede superar los 10 000 lux, mientras que en interiores rara vez llega a 500 lux. Aun así, es habitual mantener la luz artificial encendida durante el día, lo que aumenta el consumo energético y reduce la exposición a luz natural.

Un buen diseño que aprovecha la luz natural en oficinas y viviendas puede reducir el consumo de iluminación eléctrica entre un 40 % y un 70 %. Además, mejora el rendimiento, reduce la fatiga visual, mejora el estado de ánimo y ayuda a regular el reloj biológico.

La luz artificial por la noche puede alterar el sueño al reducir la melatonina, la hormona que nos ayuda a dormir. En cambio, la luz natural durante el día favorece un mejor descanso nocturno y un ritmo circadiano más equilibrado. Como cada persona responde de forma distinta, es importante adaptar la iluminación a los usuarios.




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Temperatura de color

Además, la temperatura de color influye en cómo nos sentimos: la luz fría ayuda a estar más atentos, mientras que la luz cálida favorece la relajación y el descanso.

Los sistemas de luz dinámica permiten adaptar la iluminación durante el día, mejorando el confort y evitando usar más luz de la necesaria.

Certificaciones sostenibles: LEED y WELL

En los últimos años, la eficiencia energética en iluminación ha dejado de ser un objetivo aislado para integrarse en sistemas de certificación global que evalúan edificios de forma integral. Entre ellos, destacan dos especialmente relevantes: LEED y WELL.

LEED: eficiencia energética y diseño sostenible

El sistema LEED (Leadership in Energy and Environmental Design) se ha convertido en uno de los estándares más utilizados a nivel mundial para evaluar la sostenibilidad de edificios.

En iluminación, LEED no solo valora el consumo energético, sino también el uso de luz natural, la reducción de carga conectada en iluminación, el uso de control automático y sensores y la calidad lumínica en espacios interiores

Los estudios muestran que los edificios certificados LEED pueden reducir significativamente el consumo energético global, con impactos directos en iluminación y climatización.

En la práctica, LEED impulsa edificios más eficientes energéticamente, donde la iluminación se diseña como un sistema integrado y no como un elemento aislado.

WELL: la iluminación como herramienta de salud

Mientras la certificación LEED se centra en la eficiencia, el estándar WELL Building Standard pone el foco en la salud humana. En el apartado de iluminación, WELL evalúa la exposición a luz natural y su duración diaria, el control del deslumbramiento, la calidad espectral de la luz artificial, la alteración de los ritmos circadianos y la exposición nocturna y la flexibilidad lumínica según actividad y hora del día.

Esto supone un cambio de paradigma: la iluminación deja de ser solo un parámetro técnico para convertirse en un determinante directo del bienestar físico y mental.
Estudios recientes han demostrado que entornos alineados con criterios WELL mejoran la calidad del sueño, reducen la fatiga y aumentan el rendimiento cognitivo.

WELL introduce una idea clave: la iluminación no solo debe ahorrar energía, sino también proteger la salud.




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Diseño de interiores para mejorar la eficiencia energética

El diseño del espacio también es un factor decisivo en el consumo de iluminación. Superficies claras pueden reflejar hasta el 80 % de la luz, mientras que materiales oscuros incrementan la necesidad de iluminación artificial.

Investigaciones han demostrado que decisiones de diseño pasivo pueden reducir entre un 30 % y un 50 % del consumo de iluminación sin cambios tecnológicos. Algunos elementos clave son la orientación hacia luz natural, el uso de materiales reflectantes, el control del deslumbramiento y la integración de iluminación indirecta.

Diseñar bien un espacio puede ahorrar tanta energía como renovar toda la instalación de iluminación.

La iluminación del futuro: eficiente, saludable y certificada

Reducir el consumo de iluminación no depende de una sola tecnología, sino de una estrategia integrada que incluye los puntos mencionados, desde la iluminación led al diseño de los espacios.

No existe un único porcentaje oficial que resuma el ahorro total al aplicar todas esas estrategias juntas, porque depende mucho del tipo de edificio, clima y uso. Pero sí conocemos los rangos. Los proyectos de modernización de la iluminación en edificios de oficinas pueden conseguir reducciones del consumo energético de la luz de entre un 60 % y un 90 %, dependiendo de su nivel de optimización.

Pero la iluminación ya no puede entenderse solo como un consumo energético. Es también un factor clave de salud, productividad y bienestar. Por tanto, el futuro de los edificios no será solo más eficiente, sino también más saludable y certificado bajo criterios que integran energía, salud y diseño.

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Roberto Alonso González-Lezcano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Iluminar mejor no es iluminar más: estrategias para reducir el consumo de la luz en interiores sin perder confort visual – https://theconversation.com/iluminar-mejor-no-es-iluminar-mas-estrategias-para-reducir-el-consumo-de-la-luz-en-interiores-sin-perder-confort-visual-280972

El ‘sorteo genético’: ¿por qué el hantavirus es más letal para algunas personas que para otras?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Narcisa Martínez Quiles, Catedrática de Inmunología (UCM) y Especialista en Inmunología (Ministerio de Sanidad), Universidad Complutense de Madrid

peterschreiber.media/Shutterstock

Cuando hablamos de infecciones virales, solemos culpar al patógeno. Sin embargo, en el caso de los hantavirus, virus transmitidos por roedores que pueden causar síndromes cardiopulmonares o renales letales, la gravedad de la enfermedad es, en gran medida, una cuestión de “lotería genética”.

¿Por qué algunas personas solo presentan una infección más leve mientras que otras terminan en cuidados intensivos con una fuga masiva de líquidos en sus pulmones? La respuesta se esconde en nuestro propio ADN; en concreto, en los factores genéticos que controlan la respuesta inmunitaria: la inmunogenética.

La “lotería” de los alelos y la tormenta de citoquinas

Uno de los grandes protagonistas en cómo reaccionamos frente a una infección es el sistema HLA (siglas en inglés de antígenos leucocitarios humanos), que se encarga de mostrarle a nuestras células inmunitarias fragmentos seleccionados del virus. Sin embargo, no todos los seres humanos presentamos el mismo sistema: existen muchas variantes genéticas (alelos) diferentes de estos genes HLA, y algunas parecen influir en la gravedad de la enfermedad.

Se conoce que ciertas de esas variantes, como el alelo HLA-B*08, actúan como un “empujoncito” hacia una enfermedad grave tras la infección con el hantavirus Puumala (común en el norte de Europa y de Rusia), provocando una respuesta inflamatoria exagerada que daña nuestros propios tejidos. Por el contrario, los afortunados portadores del alelo HLA-B*27 tienden a experimentar un curso clínico mucho más leve y controlado, aunque la interpretación de este tipo de estudios no es tan simple.

Pero antes de que el sistema HLA entre en acción, se libra una batalla silenciosa en nuestras células que conlleva la producción de interferones, proteínas defensivas que son bloqueadas por el hantavirus Andes, el responsable del brote en el crucero MV Hondius. Si, además de este sabotaje, la persona infectada posee variaciones menos adecuadas (producción elevada o disminuida) en los genes que deben responder a esta alarma (como el gen Mx1, encargado de fabricar una proteína clave para frenar la replicación viral), el patógeno gana una ventaja devastadora desde el primer minuto.

Cuando el sistema inmunitario reacciona ante la invasión masiva, entra en pánico y se desata la denominada “tormenta de citoquinas”, en la que se liberan grandes cantidades sustancias inflamatorias sin control. Pequeñas variaciones en el código genético de los genes que codifican dichas citoquinas, sus receptores o mediadores –como el factor de necrosis tumoral (TNF)– determinan si esta inflamación será benéfica o destructiva.

En los pacientes más graves, esta hiperactivación provoca que las paredes de los vasos sanguíneos pierdan su impermeabilidad, causando las temibles hemorragias y la “fuga capilar” que inunda los pulmones o colapsa los riñones.

Atención también a las mutaciones genéticas en el virus

Aunque no solo las mutaciones de nuestros propios genes influyen en el transcurso de la enfermedad: también lo van a hacer las del propio virus. Antes, hay que recordar cómo se produce la infección.

El receptor principal para las cepas de hantavirus más letales del continente americano, como los virus Andes y Sin Nombre, es una proteína humana llamada protocadherina-1 (PCDH1), que funciona en el control de las uniones entre las células. Este receptor recubre los vasos sanguíneos de nuestros pulmones y también se expresa en el cerebro, los riñones y otros órganos.

En la envoltura externa del virus se encuentran unas pequeñas “espículas”, llamadas glicoproteínas, que se acoplan directamente a ese receptor como si de una llave en una cerradura se tratase.

El ARN del hantavirus está dividido en tres fragmentos –grande (L), mediano (M) y pequeño (S)– y cada uno contiene información para distintas funciones. El “segmento M”, el mediano, es especialmente importante porque codifica para esas glicoproteínas responsables de la entrada viral. Por lo tanto, mutaciones relevantes en el “segmento M” podrían facilitar o dificultar la entrada del virus.

Se sabe que en los humanos hay un aminoácido –fenilalanina F83– en la proteína PCDH1 que es esencial para la entrada del virus. El ratón colilargo, principal sospechoso de hospedar al virus, presenta el mismo aminoácido, mientras que el del ratón común es distinto y por ello no es infectado.

Es decir, el ser humano se ha convertido “por casualidad” en un organismo “hospedador”, con la diferencia de que nuestra respuesta inmunitaria no está tan adaptada al hantavirus como la del ratón.

Y por si fuera poco, el gen PCDH1 posee ciertas variantes que favorecen la hiperreactividad de las vías respiratorias, debido a que la proteína del mismo nombre que produce regula la función de la barrera epitelial de las vías respiratorias a través de mecanismos que aún no están claros. Dichas variantes genéticas podrían tener, pues, un efecto negativo en la infección del hantavirus, aunque no se ha estudiado.

Representación del equilibrio inmunogenético que controla la respuesta inmunitaria frente al hantavirus Andes, que determina el nivel de gravedad de la enfermedad. Figura realizada por Zhiwen Hai y Weihua Yang, contratados predoctorales en la Universidad Complutense de Madrid.

Los roedores y su sistema genético adaptado para sobrevivir

Curiosamente, los verdaderos maestros en la gestión de este virus son los roedores que lo transmiten. A lo largo de miles de años de evolución conjunta, ratones (y topillos) han ajustado su genética para no enfermar.

Algunos estudios revelan que variaciones en los propios genes de inmunidad innata de los roedores hacen que funcionen con una intensidad diferente. Es el caso del gen Mx2 –el equivalente a nuestro Mx1, citado más arriba–, que produce una proteína (MxA) que evita la replicación del ARN viral; o los receptores TLR4, que reconocen proteínas del patógeno. Estas proteínas con variantes diferentes a las humanas permiten al virus y al animal hospedador llegar a un “acuerdo de paz”. Es decir, el sistema inmunitario del roedor mantiene a raya al virus lo justo para no morir, tolerándolo.

En conclusión, sobrevivir a un hantavirus no depende únicamente de la agresividad del intruso, sino de la arquitectura genética del hospedador que lo recibe. Comprender este complejo equilibrio nos acerca cada vez más a proteger mejor a las personas más vulnerables.


Este artículo fue publicado previamente por la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI) de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).


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Narcisa Martínez Quiles no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El ‘sorteo genético’: ¿por qué el hantavirus es más letal para algunas personas que para otras? – https://theconversation.com/el-sorteo-genetico-por-que-el-hantavirus-es-mas-letal-para-algunas-personas-que-para-otras-282978

Cuando el petróleo sube, pero las monedas caen: el papel oculto del riesgo político

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Simón Sosvilla-Rivero, Catedrático de Análisis Económico, Universidad Complutense de Madrid

En economía solemos asumir una regla sencilla: cuando suben los precios de las materias primas (petróleo, gas, metales), las monedas de los países que las exportan deberían fortalecerse. Tiene sentido. Si un país vende más caro lo que produce ingresa más divisas, mejora su balanza comercial y su moneda se aprecia.

Pero los acontecimientos de los últimos años han puesto esta lógica patas arriba. La invasión rusa de Ucrania en 2022 o las tensiones actuales en el golfo Pérsico han mostrado un patrón desconcertante: los precios de las materias primas se disparan y, sin embargo, las monedas de muchos países productores no suben. A veces, incluso caen.

En un estudio reciente intentamos entender por qué. Y la clave está en un factor que suele quedar en segundo plano: el riesgo político.

Cuando la teoría deja de funcionar

Durante décadas, la relación entre materias primas y divisas parecía sólida. Países como Canadá, Australia o Noruega veían cómo sus monedas se fortalecían cuando el petróleo o los metales subían de precio. Era un mecanismo casi automático: mejores términos de intercambio, mayores expectativas de crecimiento, más inversión.

Sin embargo, esa relación ya no es tan estable como parecía. El estudio muestra que, en momentos de tensión geopolítica, el vínculo puede debilitarse o incluso invertirse. Eso fue exactamente lo que ocurrió al inicio de la guerra en Ucrania: el petróleo y los productos agrícolas se encarecieron, pero las monedas de varios países exportadores se depreciaron.

¿Por qué ocurre algo tan contraintuitivo?

El riesgo político como interruptor invisible

La aportación central de nuestra investigación es clara: el riesgo político actúa como un interruptor que puede cortar la relación tradicional entre materias primas y divisas.

La cuestión es que, cuando estalla un conflicto o aumenta la tensión internacional, suceden dos cosas a la vez. Por una parte, los precios de las materias primas suben porque los mercados temen interrupciones en el suministro. Por la otra, el miedo de los inversores también aumenta, y, con él, la prima de riesgo (la rentabilidad adicional que los inversores exigen por comprar activos de riesgo, como monedas o deuda pública, de un país en comparación con otro considerado más seguro).

Ese miedo tiene consecuencias muy concretas pues, cuando se percibe mayor probabilidad de crisis o eventos extremos, los inversores exigen más rentabilidad para asumir riesgos, y parte del capital huye hacia activos refugio como el dólar o los bonos estadounidenses.

El resultado es paradójico: aunque un país exportador gane más por sus recursos naturales, su moneda puede debilitarse si el entorno político se vuelve incierto.

El espejo del presente: tensiones en el golfo Pérsico

Lo que ocurre hoy en el golfo Pérsico, una región esencial para el suministro global de gas y petróleo, encaja perfectamente con este patrón. Cada vez que aumenta la tensión militar en la zona, los mercados anticipan posibles interrupciones y se produce una subida de los precios del crudo. Pero también aumenta la incertidumbre global, por lo que los inversores buscan refugio para su dinero. Y, cuando esto pasa, el dinero no suele quedarse en las monedas de países percibidos como vulnerables, incluso aunque sean ricos en recursos naturales.

Por eso, en el contexto actual no es extraño ver, en pleno boom de precios, se observan depreciaciones en las monedas de los exportadores energéticos.

La prima de riesgo: cuando el miedo pesa más que la economía

En nuestro trabajo conectamos este fenómeno con la teoría de los desastres raros: en tiempos normales los mercados se comportan de forma racional y predecible, mientras que en tiempos de crisis, el miedo domina.

En resumen: en épocas tranquilas, manda el efecto positivo del comercio, y en épocas turbulentas, lo hace la prima de riesgo. Y cuando prevalece la prima de riesgo, la lógica económica clásica deja de ser suficiente.

Este cambio de dinámica tiene implicaciones importantes para distintos actores. En primer lugar, a los inversores ya no les basta con seguir la evolución del precio de las materias primas como el petróleo para anticipar movimientos en los mercados de divisas, porque el riesgo político puede alterar por completo esa relación.

Para los gobiernos, la lección es que la estabilidad institucional y la credibilidad política pueden ser tan valiosas como los propios recursos naturales a la hora de sostener la fortaleza de una moneda.

Y para los analistas geopolíticos, este fenómeno demuestra que los mercados financieros no reaccionan a los conflictos únicamente de forma directa —por ejemplo, mediante subidas en los precios de la energía—, sino también de manera indirecta y más profunda. La incertidumbre política puede alterar relaciones económicas que tradicionalmente parecían estables, como la existente entre las materias primas y las monedas de los países exportadores, transformando las tensiones geopolíticas en episodios de volatilidad económica y financiera.
En un mundo marcado por tensiones crecientes, las relaciones económicas tradicionales ya no funcionan de manera automática.

Más volatilidad

Por lo tanto, el encarecimiento del petróleo o del gas ya no garantiza una moneda fuerte para los países exportadores. En un entorno de incertidumbre global, el riesgo político puede romper ese vínculo y convertir un boom energético en una fuente adicional de volatilidad.

La lección es clara: en los mercados globales, la política pesa tanto como la economía (y a veces mucho más).

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cuando el petróleo sube, pero las monedas caen: el papel oculto del riesgo político – https://theconversation.com/cuando-el-petroleo-sube-pero-las-monedas-caen-el-papel-oculto-del-riesgo-politico-282519

How not to say you’re sorry: Why governments keep getting apologies wrong

Source: The Conversation – Canada – By Reza Hasmath, Professor in Political Science, University of Alberta

In December 2025, the parliament of Victoria — Australia’s second-most populous state — delivered a formal apology to First Peoples for laws and policies that “took land, removed children, broke families, and tried to erase culture.”

The motion, introduced by Premier Jacinta Allan as a milestone in Victoria’s ongoing treaty process, passed by a vote of 56-27. The opposition coalition voted against it and has pledged to repeal the underlying treaty legislation within 100 days if it wins November’s state election.

The apology was barely out of the premier’s mouth before its credibility was contested.

For Canadians watching from a distance, the parallels are hard to miss. And the pattern is the point: across democracies, the cost of apologizing badly can exceed the cost of staying silent.

The apology paradox

In my research on government apologies, the explanation is psychological as much as political. Governments apologize to restore their own trustworthiness, but apologies only succeed when they focus squarely on rehumanizing victims.

That inversion is the apology paradox, and it has practical implications for whether reconciliation is successful.

The canonical case is Willy Brandt’s 1970 Kniefall, when the West German chancellor unexpectedly knelt before the Warsaw Ghetto memorial. The silent gesture is still remembered 55 years on, long after Germany’s formal verbal apologies have faded. It was well-received because Brandt absorbed a political cost without trying to extract a benefit.

Analyses on political apologies have found effective apologies function as a costly signal: when governments sacrifice something tangible, such as political capital, money or policy commitments, victimized communities see genuine contrition.

Other research identifies four ingredients of a complete apology: acknowledging the wrong, accepting responsibility, expressing remorse and committing to concrete reparations. Most government apologies fail that test.

Consider F.W. de Klerk’s 1997 statement to South Africa’s Truth and Reconciliation Commission.

On its face, it was comprehensive: “Apartheid was wrong. I apologize…” Under questioning, however, de Klerk distanced National Party leadership from torture, murder and rape by state agents, and did not commit to any material amends.

Victims rejected it. De Klerk sought a position of pride rather than shame: the apology tried to rehumanize the apologizer without addressing what victims had suffered. That is almost always a sign of a sub-standard apology.

Learning from Canada

Canada has its own experiences with weak apologies. In 1998, Jean Chretien’s government responded to findings about residential schools with a Statement of Reconciliation read by junior minister Jane Stewart at a lunchtime ceremony. The prime minister was absent.

The content was not the problem; the symbolism told Indigenous Canadians the government was not serious. A decade later, Stephen Harper apologized in Parliament, alongside a $1.9-billion settlement, an independent assessment process and a Truth and Reconciliation Commission.

Harper publicly credited a political rival, NDP Leader Jack Layton, with persuading him, an admission that surprised observers. Harper’s earlier apology to Chinese Canadians for the Head Tax went further, reframing Chinese immigrants’ “back-breaking labour” as essential to building the country.

The Head Tax apology was generally received positively across Chinese Canadian and broader Canadian communities. However, some Chinese Canadians remained skeptical of the government’s motives and focused on whether the structural disadvantages rooted in the Head Tax era had truly been addressed.

In other words, victimized groups wait to see whether words will lead to real change. It is also important to acknowledge that the Head Tax was a limited grievance involving a defined group of victims, while residential schools were part of an ongoing colonial relationship with effects that endure today. Some apologies are therefore far more difficult than others.

When apologies face criticism

That difficulty is amplified by a nationalism trap. For citizens who strongly identify with national identity, acknowledging past injustice can feel like personal indictment, fuelling backlash that erodes the apology in victims’ eyes.

Brandt faced exactly this as conservative opposition questioned his patriotism. In Australia, Victoria’s coalition opposition has framed the First Peoples treaty as a divisive imposition, and that criticism, not the apology’s wording, may determine whether it survives.




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There is a structural risk to further consider. Promising to do better raises the standard the apologizer will be judged against. When Canada ultimately failed to implement the Truth and Reconciliation Commission’s recommendations, when violence against Indigenous women continued, when over-representation in the criminal justice system persisted, Harper’s from years earlier apology lost credibility. Trust, once broken twice, becomes exponentially harder to restore.




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Hence the paradox: an apology must be costly to improve the reputation of the apologizer, but an apology made with that benefit in mind lowers the cost and signals self-interest. The best way to apologize involves making the victims the primary focus, not the apologizing state. Apologies that prioritize rehumanizing victims prove more effective at rehumanizing apologizers too.

That is the test Victoria now faces, and one Canada keeps facing. The Victorian premier’s words last December were strong. Whether that apology leads to meaningful change depends less on what was said than on whether the treaty institutions survive November. Canadians should watch carefully.

The Conversation

Reza Hasmath does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How not to say you’re sorry: Why governments keep getting apologies wrong – https://theconversation.com/how-not-to-say-youre-sorry-why-governments-keep-getting-apologies-wrong-282778

Summers are getting longer each year, and it isn’t all fun and games

Source: The Conversation – Canada – By Ted Scott, PhD Student, Department of Geography – Climate and Coastal Ecosystems Group, University of British Columbia

The cumulative heat in summers is rising, meaning there is less relief from warm temperatures once summer begins. (Unsplash/Evgeniy Beloshytskiy)

Do you have the sense that summers feel different than when you were younger? That they start earlier, arrive quickly and remain intense until the fall? If you live in the mid-latitudes of either the Northern or Southern Hemispheres, chances are you answered yes.

For many, the idea of a longer and warmer summer conjures up images of spending more time at the beach, playing sports or enjoying family picnics, but there are concerning downsides. Summer is also the season of wildfires, droughts and heatwaves, like the June 2021 heat dome in the Pacific Northwest of North America.

Recent research shows that devastating heat dome event was amplified by its proximity to the summer solstice, which is the calendar start of summer, and by ground already dried out from earlier spring warmth. Earlier starts to the warmest season are making preconditions worse in areas prone to wildfire, extending fire seasons.

My colleagues and I at the University of British Columbia recently published research into how summer conditions are lasting longer and transitions into and out of summer are becoming more abrupt.

The cumulative heat in summers is rising, meaning there is less relief from warm temperatures once the season begins. Human-driven climate change is impacting the warmest season of the year. These changes challenge our expectations of the natural seasonal cycle being gradual and predictable.




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Longer summers

To allow for a flexible definition of summer length, we defined typical summer weather based on daily average temperatures during the warmest 25 per cent of days from 1961 to 1990. This gave us a threshold daily temperature to define when summer began and ended in a given year and location.

We found that the number of days with typical summer weather has been growing 1.5 times faster over the past 30 years than in prior reports. On average, in mid-latitude regions, summers have lengthened by around six days every decade since 1990. These rates are similar across land, ocean and coastal areas.

We examined 10 cities using local weather station data, including Paris, St. Petersburg and Tokyo. A few of the cities stood out: in my hometown of Minneapolis, Minn., summertime has been lengthening by almost one additional day every year since 1990.

Toronto summers are gaining an average of eight days every decade, with summer conditions lasting four weeks longer now than in 1990. Sydney, Australia, added 1.5 additional days in each of those years. Sydney summers now last over one-third of the year.

Impacts of accumulating heat

The buildup of heat during summer is also rising quickly; it’s three times faster over land since 1990. As heat builds up in more areas, cooling demand can be expected to increase.

This change is not confined to continental interiors but is also happening in coastal areas. Perceived as favourable with their maritime climates, these areas face growing populations and often higher climate risk.

The percentage of Canadians with air conditioning varies by province and by income, but we know those who are most vulnerable struggle to stay cool.

Incentives for heat pumps will help those who can afford to make the switch, and have the benefit of also replacing natural gas heating in the winter, but regardless of cooling method, electricity needs will rise.

Longer summers and earlier starts will undoubtedly also affect agriculture, perhaps encouraging earlier planting. However, a complication is that the hours of daylight are not shifting. The impact of seasonal changes on farming practices and food supply is an active area of study.

We also found that spring and autumn seasons are shrinking because the transitions from spring to summer and from summer to fall are becoming more abrupt. For areas that rely on mountain snow for fresh water throughout the year, this snow will melt earlier and more quickly, potentially leading to flooding. Additionally, those batteries of fresh water are running out and drought seasons are lasting longer.




Read more:
Warming winters are reshaping Canada’s snowpack


Adapting to longer summer

Many other aspects of society are linked to the timing of the summer season, like the start and end of the school year, or outdoor sports. How should we adjust if it’s simply too warm for strenuous outdoor activity, whether it’s recreational or work-related?

If these trends continue, we can expect further impacts on the planting season, the timing and pace of snowmelt and the connection with water supply, the length of the fire season, and especially on the energy demand for cooling.

Governments and experts have a lot of work to do to mitigate and adapt to the consequential changes humans have brought about through our dependence on fossil fuels.

These changes to summer are noticeable because they are already disrupting lives. While some places will still occasionally have cooler years and significantly warmer years, the data tells us the trends for summers are headed in one direction.

The Conversation

Ted Scott does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Summers are getting longer each year, and it isn’t all fun and games – https://theconversation.com/summers-are-getting-longer-each-year-and-it-isnt-all-fun-and-games-280884

Rosalind Franklin, la « dark lady » de la structure de l’ADN ou comment on exclut les femmes des sciences

Source: The Conversation – in French – By Clotilde Policar, Professeure, directrice des études sciences à l’ENS, École normale supérieure (ENS) – PSL

Rosalind Franklin, la « dark lady » de l’ADN, mourrait le 16 avril 1958 d’un cancer de l’ovaire. Cristallographe avertie, spécialiste d’analyses de structure moléculaire, elle commence sa carrière indépendante (après sa thèse) à Paris au CNRS. Que nous apprend son histoire sur l’exclusion des femmes des carrières scientifiques ?


Dans les années 1950, une véritable course scientifique pour la découverte de la structure de l’ADN est lancée. Elle implique principalement trois équipes, celle de Linus Pauling à Caltech (États-Unis), et deux au Royaume-Uni : celle de James Watson et Francis Crick à Cambridge et celle de Maurice Wilkins du département de biophysique du King’s College à Londres dirigé par John Randall.

C’est dans ce contexte que ce dernier propose à Rosalind Franklin de monter sa propre équipe d’analyse structurale pour étudier la structure de l’ADN : l’enjeu est de taille, et Rosalind Franklin s’installe à Londres en janvier 1951. Les relations sont très vite tendues avec Maurice Wilkins, qui ne la vit pas comme une chercheuse indépendante (on dirait aujourd’hui « principal investigator »), mais plutôt comme travaillant dans son équipe, comme sa collaboratrice, voire son assistante ainsi que la désigne Watson. John Randall est probablement responsable de ne pas l’avoir accueillie dans des conditions claires pour ses collègues.

Elle travaille avec un doctorant, Raymond Gosling, et cherche à aligner les fibres d’ADN pour enregistrer des clichés de diffractions aux rayons X. Un des problèmes expérimentaux est l’existence de deux structures entremêlées dont la proportion dépend du degré d’humidité. Rosalind Franklin se propose de préparer un échantillon avec une unique structure pour avoir une image plus claire et elle y parvient. Le cliché n°51, devenu célèbre, lui permet d’obtenir, avec Raymond Gosling, la preuve expérimentale de la structure hélicoïdale. Mais ce cliché est dévoilé à James Watson par Maurice Wilkins : il lui a été transmis par Raymond Gosling, et il n’y a aucune trace d’un accord de Rosalind Franklin (ni Watson, ni Wilkins n’évoquent Franklin quand ils relatent cet échange dans leurs livres respectifs).

Ce cliché est la pierre angulaire expérimentale qui manquait aux réflexions de Watson et Crick sur la structure de l’ADN. Ils rédigent alors un article qu’ils destinent à Nature. Leur proposition a le mérite de justifier la stabilité de la structure en interaction par paires via des liaisons hydrogène : c’est important mais ne devrait pas occulter l’apport de Franklin dont le travail constitue la preuve expérimentale de la double hélice avec la présence du squelette phosphate à l’extérieur de la structure.

Les publications dans Nature

En 1953, John Randall, rencontrant l’éditeur de Nature, Lionel Brimble, apprend la publication imminente de la proposition de Watson et Crick, et il le convainc, sans évoquer celui de Franklin, de publier l’article de Wilkins, lui aussi sur la structure de l’ADN. Rosalind Franklin, déjà lassée par l’environnement peu inclusif de King’s College, est sur le départ pour aller à Birkbeck College où elle arrivera en mars 1953. Elle a déjà quasiment terminé de rédiger son propre travail sur l’ADN. Il lui fallut, apprenant que l’article de Watson et Crick et celui de Wilkins allaient être publiés, exiger elle-même, alors que l’avancée de sa recherche était parfaitement connue à King’s College, que le sien paraisse dans le même numéro.

Trois articles seront donc publiés en 1953, l’un après l’autre, sous un chapeau commun « Molecular structure of nucleic acids » : l’article de Watson et Crick, qui apparaît en premier, celui de Wilkins puis celui de Franklin. Une note de l’article de Watson et Crick indique clairement que leur proposition théorique repose sur les travaux expérimentaux, non publiés jusqu’alors, de Wilkins et de Franklin.

Remerciements de Watson et Crick article Nature. Traduction : Nous sommes très reconnaissants au Dr Jerry Donohue pour ses conseils et ses remarques constructives, notamment en ce qui concerne les distances interatomiques. Nous avons également été inspirés par la connaissance de la nature générale des résultats expérimentaux non publiés et des idées du Dr M. H. F. Wilkins, du Dr R. E. Franklin et de leurs collaborateurs au King’s College de Londres. L’un d’entre nous (J.D.W.) a bénéficié d’une bourse de la Fondation nationale pour la paralysie infantile.

Aujourd’hui, les canons d’un article scientifique veulent qu’on décrive tout d’abord les résultats « bruts », expérimentaux, qui sont analysés, décodés, pour amener à une discussion plus théorique des implications de ce qui a été mis au jour. Ici, l’éditeur a mis l’article théorique devant les deux articles expérimentaux. Certes sous un chapeau commun « Molecular structure of DNA », mais qui, aujourd’hui, est uniquement référencé (Web of science fin 2025) comme lié à l’article de Watson et Crick ! C’est sans doute, justement, parce qu’il est le premier de la série de trois. N’aurait-on pas pu imaginer un unique article avec les contributions expérimentales appuyant la proposition théorique ?

Est-ce important ? Il semble que oui : même si les nombres de citations doivent être manipulés avec précaution, on doit constater que le premier article, celui de Watson et Crick, est cité plus de 12 000 fois, alors que celui de Franklin et Gosling, ca. 1140 fois et celui de Wilkins, Stokes et Wilson ca. 740 fois (chiffres issus du site Web of science fin 2025).

Le Nobel : les femmes oubliées

On dit souvent que Rosalind Franklin n’a pas pu avoir le prix Nobel avec Watson, Crick et Wilkins en 1962 car il n’est pas décerné à titre posthume. Mais, on oublie alors que la règle qui l’interdit date de 1974. Avant 1962, au moins deux prix Nobel ont été attribués à titre posthume (Erik Axel Karlfeldt en 1931 et Dag Hammarskjöld en 1961). Mais voilà, il y a trois lauréats au prix de 1962, nombre maximal pour un prix Nobel, et Rosalind Franklin a été le « quatrième homme » (!), comme ce fut le cas de Jocelyn Bell, découvreuse des pulsars ou de Lise Meitner pour la fission nucléaire. Alors que le prix Nobel n’affiche qu’un peu plus de 6 % de lauréates, beaucoup sont citées comme étant sur cette « quatrième » marche !

Rosalind Franklin a été systématiquement écartée d’un réseau d’échanges (y compris d’échange de données, celles du cliché 51) et de discussions dans un environnement fortement sexiste. Par exemple, le salon des enseignants-chercheurs à King’s College est à l’époque interdit aux femmes. Or, ces endroits permettent des rencontres informelles cruciales dans les rapports entre scientifiques.

Sans ressentiment, semble-t-il, contre Watson et Crick, elle quitte le King’s College peu de temps après pour mener à Birkbeck College des travaux pionniers fondamentaux sur la structure des virus.

L’éditorial de Nature du 27 avril 2023, 70 ans après la publication des trois articles, discute de cette question et conclut :

« Malheureusement, cela reste vrai : le titre d’un article publié dans Nature (en 2022) « Les femmes sont moins reconnues que les hommes dans le domaine scientifique », en dit long. La diversité, l’équité et l’inclusion sont des concepts que certains considèrent encore comme des modes passagères et comme un anathème pour la « bonne » science. L’histoire de l’ADN prouve pourtant qu’ils sont les fondements d’une collaboration fructueuse et du progrès scientifique ».

Une exclusion insidieuse pérenne : que faire ?

Il est important de faire évoluer le vocabulaire : pourquoi ne pas choisir de parler de la « double hélice de Franklin, Watson et Crick » ? Et surtout il faudrait raconter cette histoire, en cours à l’école, au lycée, à l’université : c’est aussi de notre responsabilité en tant qu’enseignants, enseignantes, universitaires de transmettre des messages à nos publics étudiants sur la place des femmes en sciences. S’il ne s’agit évidemment pas de taire les noms de Watson et Crick, pensons, de manière inclusive, à mentionner ceux de Franklin et des autres femmes scientifiques : Jeanne Barret en botanique, Ada Lovelace pionnière de la programmation informatique, Lise Meitner et la découverte de la fission nucléaire, Maud Menten pour les modèles cinétiques de catalyse enzymatique, Marie Tharp pour les cartes des fonds sous-marins et sa contribution à la théorie de la tectonique des plaques, Marthe Gautier dans le contexte de la découverte de l’origine chromosomique du syndrome de Down, Chien-Shiung Wu pour ses études sur les interactions faibles, Jocelyn Bell pour les pulsars, et toutes les autres…

Les oublier, c’est ancrer chez les jeunes femmes l’idée que le monde de la science est fait pour les hommes et les en exclure : c’est le mécanisme aujourd’hui bien connu de la menace du stéréotype, concept proposé en 1995 par Claude Steele et Joshua Aronson : le stéréotype (par exemple, « les femmes sont moins douées que les hommes en sciences », « les garçons sont moins doués que les filles en dessin »), même s’il est sans fondement biologique, induit chez celles et ceux qui le connaissent, et particulièrement qui en sont victimes, un comportement qui le confirme.

Comme Rosalind Franklin, les femmes sont toujours partiellement exclues des lieux de sciences et des lieux de pouvoir scientifique mais c’est plus subtil qu’une salle des professeurs exclusivement masculine comme c’était le cas à King’s College. Le film Picture a Scientist notamment nous en montre des exemples : parcours de recrutement puis de carrière plus difficiles, espaces de travail plus réduits, parole non entendue, efforts plus importants demandés aux femmes, ou même réflexions faites sur les tenues vestimentaires…

Il faut en parler et promouvoir le recueil de données genrées pour permettre l’identification de ces biais, prérequis à leur prise en compte et aux actions pour les contrer. Si c’est souvent fait pour documenter les effets de genre sur les recrutements (et vérifier que les processus sont vertueux), cela n’est pas ou peu le cas pour les conditions de travail (soutien aux activités des femmes, allocations d’espace de travail, bureaux partagés ou non, contributions aux tâches collectives, sursollicitation singulièrement pour des tâches peu gratifiantes pour la carrière en lien avec l’exigence de quotas…). Ne faut-il pas envisager, le temps que la parité devienne effective, des mesures compensatoires pour que les femmes ne soient pas pénalisées dans les carrières scientifiques ? On pourrait penser à renforcer les aides au moment du congé maternité par exemple : sans défavoriser les collègues masculins, cela contribuerait à rendre, par là même, ces carrières plus accueillantes pour les jeunes filles. Car, aujourd’hui plus que jamais, face aux défis qui menacent notre planète, nous avons besoin de tous les cerveaux pour trouver des solutions et on ne peut pas se permettre d’exclure de facto la moitié de la population ! Beaucoup de chemin reste à parcourir pour une société scientifique plus juste et plus efficace !


Je remercie vivement Sophie Vriz d’avoir attiré mon attention sur la note de Watson et Crick dans l’article de 1953, Elisabeth Bouchaud de m’avoir signalé que l’interdiction des prix Nobel posthumes date de 1974 et pour sa magnifique série de pièces de théâtre « Les Fabuleuses » à la Reine Blanche, Dominique Guianvarc’h de m’avoir signalé le nom “dark lady” de l’ADN, et à toutes celles et tous ceux qui, comme Bernold Hasenknopf, systématiquement, chaque année, citent les femmes scientifiques dans leurs cours.

The Conversation

Clotilde Policar ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Rosalind Franklin, la « dark lady » de la structure de l’ADN ou comment on exclut les femmes des sciences – https://theconversation.com/rosalind-franklin-la-dark-lady-de-la-structure-de-ladn-ou-comment-on-exclut-les-femmes-des-sciences-281277

Des archéologues ont découvert des dés vieux de 12 000 ans : voici ce qu’ils nous apprennent sur l’histoire du jeu

Source: The Conversation – in French – By Aris Politopoulos, Assistant Professor in Archaeology and Cultural Politics, Leiden University

Les êtres humains ont toujours eu le goût du jeu. Mais pendant la majeure partie de notre histoire, le jeu n’a laissé que peu de traces. Contrairement aux outils ou aux ossements, les jeux se conservent rarement, et les plaisirs éphémères qu’ils procurent sont encore plus difficiles à retrouver.


La récente découverte de dés vieux de 12 000 ans, publiée dans American Antiquity, apporte un nouvel éclairage sur le caractère ludique des sociétés humaines dans un passé lointain.

L’archéologue Richard J. Madden a identifié 565 dés provenant de sites à travers l’Amérique du Nord, notamment dans le Wyoming, le Colorado et le Nouveau-Mexique. Ils datent du XIXe siècle et remontent jusqu’à 12 000 ans. La reconnaissance de ces artefacts comme étant des dés repousse de plusieurs milliers d’années les preuves matérielles du jeu chez l’homme, à travers ce que Madden interprète comme des preuves de jeux de hasard et de paris. Il estime que les Amérindiens jouaient aux dés 6 000 ans avant tout le monde.

Pour identifier ces objets comme des dés, Madden a rassemblé des données sur des objets comparables issues de publications archéologiques et de bases de données sur les vestiges, en s’appuyant sur une étude antérieure exhaustive des objets de jeu amérindiens.

Des dés binaires

Ces objets ne ressemblent pas aux dés à six faces que nous utilisons aujourd’hui. Il s’agit plutôt de dés binaires : des pièces plates, rondes ou rectangulaires marquées d’un côté et vierges de l’autre. Si vous êtes un fan de Donjons et Dragons comme nous, vous pourriez appeler un tel dispositif de lancer un d2. En effet, on peut comparer le lancer de l’un de ces dés anciens à un tirage au sort avec une pièce de monnaie – bien que cette découverte souligne également que les dés sont bien plus anciens que les pièces.

Richard Madden parle de sa découverte.

Lorsqu’on évalue des recherches révolutionnaires de ce type, il est essentiel de réfléchir à la nature des vestiges archéologiques de ce passé très lointain. Nous dépendons d’un éventail très limité d’objets, car beaucoup ne survivent pas dans le sol. Souvent, lorsque nous jouons, même aujourd’hui, nous n’utilisons aucun objet matériel. Pensez à un jeu de chat ou de cache-cache. Imaginez maintenant un jeu similaire se déroulant il y a 12 000 ans. Un archéologue pourrait-il jamais en trouver des traces ?

Même lorsque le jeu nécessite du matériel, comme dans les jeux de société, les traces ne sont souvent pas conservées.

En effet, des études ethnographiques des études ont montré que les gens jouent fréquemment à des jeux de société d’une manière qui ne laisse aucune trace archéologique. Pour de nombreux jeux, les gens creusent des trous et tracent des lignes au sol pour le transformer en plateau, et utilisent des pierres, des graines, des coquillages et même des excréments d’animaux séchés comme pions.

Les objets naturels font également l’affaire : des bâtons à deux extrémités et des cauris (coquillages) peuvent servir de dés binaires. Ce n’est pas seulement une pratique du passé ou propre à des contrées lointaines : partout dans le monde, on joue chaque jour en utilisant de manière créative toutes sortes d’objets – bouchons de bouteille, boîtes de conserve, ficelle, bâtons, cailloux et autres bricoles – qui ne sont pas facilement identifiables comme des jouets. C’est pourquoi, pour nous, archéologues qui étudions le jeu, les dés constituent des découvertes spéciales, car ce sont sans ambiguïté des outils qui servent à jouer.

Les dés anciens

Les archéologues trouvent des dés plus souvent que vous ne le pensez, sous toutes sortes de formes intéressantes. L’un des exemples les plus célèbres est celui des os astragales, les os de la cheville d’animaux à sabots (principalement des moutons et des chèvres). Ils possèdent quatre faces distinctes et ont été couramment utilisés comme dés.

L’un des jeux les plus anciens de l’histoire de l’humanité, le jeu des 20 cases (une version ultérieure du Jeu royal d’Ur), est connu pour avoir utilisé de tels dés, car des os d’astragale ont été retrouvés dans les tiroirs des boîtes de jeu. Dans de nombreux cas, plutôt que de prélever ces os sur des animaux abattus, les gens les reproduisaient dans d’autres matériaux tels que la pierre, le verre ou le métal. Des exemplaires en ivoire ont été découverts avec les jeux qui se trouvaient dans la tombe égyptienne de Toutankhamon. Cela suggère que les gens n’ont commencé à fabriquer des objets ressemblant à des dés qu’après avoir déjà utilisé des objets naturels adaptés à ce même usage.

Dans son étude, Madden soutient que les dés témoignent d’une évolution continue des jeux qui impliquent une dimension économique. Nous souhaitons orienter ce débat dans une autre direction. Le jeu existe en dehors du cadre des jeux d’argent ou des jeux qui impliquent des transactions, et l’analyse contextuelle nécessaire pour identifier véritablement le jeu d’argent dans le passé fait défaut dans cette étude. De plus, cette étude aborde le jeu exclusivement sous un angle fonctionnaliste, en particulier à travers des cadres évolutifs et économiques.

Nous avons fait valoir ailleurs que des études comme celles-ci tiennent rarement compte d’un point fondamental : le jeu existe souvent pour le seul plaisir de jouer. Parfois, on lance la pièce pour gagner, mais souvent, on la lance juste pour s’amuser.

Bien que nous ne soyons pas convaincus que ces anciens peuples amérindiens géraient des réseaux de jeux d’argent, il s’agit d’une découverte passionnante. Ce que ces dés, ainsi que d’autres trouvés dans des contextes archéologiques à travers le monde, mettent en évidence, c’est la beauté fascinante du jeu, aujourd’hui comme par le passé. Ainsi, la prochaine fois que vous lancerez des dés, sachez que vous participez au même esprit ludique – le suspense, la joie, la déception d’un mauvais lancer – que celui que ressentaient déjà les gens il y a 12 000 ans.

The Conversation

Aris Politopoulos a reçu des financements au titre de la subvention de démarrage « Archaeological Futures » et du prix Ammodo Science Award for Groundbreaking Research pour le projet Past♥Play. Aria est membre du conseil d’administration de la fondation Stichting VALUE.

Angus Mol a reçu des financements du Conseil néerlandais de la recherche (NWO) dans le cadre de la bourse NWO-VIDI « Playful Time Machines » et du prix Ammodo pour la recherche scientifique novatrice, pour le projet Past♥Play. Il est membre du conseil d’administration de la fondation VALUE.

Walter Crist a reçu des financements du programme COST (Coopération européenne en science et technologie) pour le projet GameTable : Techniques informatiques pour le patrimoine des jeux de société, et de Game-in-Lab pour le projet « Play and the City » : Étude du patrimoine culturel des jeux de la ville de Rome. Il siège au conseil d’administration de l’Institut chypriote-américain de recherche archéologique (CAARI).

ref. Des archéologues ont découvert des dés vieux de 12 000 ans : voici ce qu’ils nous apprennent sur l’histoire du jeu – https://theconversation.com/des-archeologues-ont-decouvert-des-des-vieux-de-12-000-ans-voici-ce-quils-nous-apprennent-sur-lhistoire-du-jeu-282191

Why Putin will have been watching the Trump-Xi summit nervously

Source: The Conversation – UK – By Stefan Wolff, Professor of International Security, University of Birmingham

The opening headlines from the summit between Donald Trump and Xi Jinping in Beijing signal an openness on the Chinese side towards stabilising relations with the US. In his opening remarks, the Chinese president noted that China and the US “should be partners not rivals”. But he warned Trump that a crisis over Taiwan could lead to “clashes and even conflicts”.

With Xi also indicating that there will be more opportunities for US companies to do business in China, the stage is set for a relatively successful summit. Both sides can claim it as a success because it offers some concrete benefits in the form of a trade war avoided and at least the prospect of cooperation on global issues such as the Iran war. It also sets a generally more positive tone for relations between the two countries.

Such an outcome is particularly troubling for Russia’s president, Vladimir Putin, who will see his relevance and leverage diminished by more stable and predictable US-China relations. Putin’s aspirations to position Russia as a great power depend on Moscow either being strategically useful to Washington and Beijing, or gaining leverage with them by demonstrating a capacity to be disruptive.

However, on both counts, Putin’s hand has been substantially weakened. His war against Ukraine is no longer a priority issue for the US, with the two main American interlocutors in peace talks, Steve Witkoff and Jared Kushner, focused on negotiations with Iran.

Putin’s latest phone call with Trump on April 29 will have been disappointing for the Russian leader. His offer to take Iran’s highly enriched uranium to Russia was reportedly rebuffed by Trump, who told him to focus on “ending the war with Ukraine”. And days later the Kremlin was forced to scale back its annual military parade in Moscow, due to concerns that it could be targeted by Ukrainian forces.

On the Chinese side, things are possibly even more troubling. The last face-to-face meeting between Xi and Putin took place in September 2025. They have only held one video conference since then. A Kremlin statement during the Trump-Xi summit that Putin will visit China soon smacks more of desperation than confirmation.

Putin’s leverage

While Putin appears sidelined in the US-China relationship, he is not without cards of his own. Major global issues – including wars in Ukraine and Iran, energy security and the future of the international order – are still connected to Russia. This provides Putin with a degree of leverage in his relations with both Xi and Trump.

But exercising this leverage comes with significant risks, especially in areas where Chinese and US interests are more aligned with each other than with Russia. Take the case of the Iran war as an example.

Russia benefits most from this conflict continuing. The disruption it is causing to global energy flows has pushed up oil and gas prices, keeping Moscow’s war economy afloat. It has also reduced the flow of US arms to Ukraine. Unsurprisingly, therefore, Russia has expanded its support for Iran – from intelligence and cyber support to providing unjammable drones.

While Russian support is unlikely to enable Iran to win the war, it will give the regime in Tehran more time to avoid defeat and increase the costs for the US, its regional allies and the global economy. This is not going to play well with Trump, who is under mounting domestic pressure to wind down the war in Iran.

Beijing has offered Iran some support throughout the war, for example by helping it bypass western sanctions on the export of its oil. But there are clear limits to how far China will go. For China, its relationship with the US is far more important than the one with Iran. This tilts the balance of preferences in Beijing towards an end of the conflict rather than towards its continuation.

This does not mean that China and the US will now align against Russia. Relations between Russia and China are longstanding and deep across a range of issues. Their “no-limits partnership” may be increasingly asymmetric, but there is still a great deal of anti-American and anti-western alignment between them.

The US under Trump is also more ambivalent about its stance on Russia than under previous administrations. Trump’s transactional foreign policy – and his urge to make deals rather than pursue a consistent strategy – is something Russia will continue to try to leverage to its own advantage.

Ahead of the Trump-Xi summit, Kremlin spokesman Dmitry Peskov released a statement in which he said “the path to the implementation of a whole range of economic projects will be open” if the White House agrees to decouple trade from the war in Ukraine. This indicates that Moscow is fully aware of this opportunity – as well as the challenge to offer the US something China cannot.

The Xi-Trump summit is a party to which Putin was not invited. The fact that the US and China seem to be heading towards a period of better-managed relations indicates that his efforts to make his presence felt have largely failed. This does not bode well for his aspirations to restore Russia to its Soviet-era status as a great power – but it does not imply that he will give up.

The Conversation

Stefan Wolff is a past recipient of grant funding from the Natural Environment Research Council of the UK, the United States Institute of Peace, the Economic and Social Research Council of the UK, the British Academy, the NATO Science for Peace Programme, the EU Framework Programmes 6 and 7 and Horizon 2020, as well as the EU’s Jean Monnet Programme. He is a Trustee and Honorary Treasurer of the Political Studies Association of the UK and a Senior Research Fellow at the Foreign Policy Centre in London.

ref. Why Putin will have been watching the Trump-Xi summit nervously – https://theconversation.com/why-putin-will-have-been-watching-the-trump-xi-summit-nervously-282610

Eurovision Song Contest: what the science of statistics reveals about an infamous voting scandal

Source: The Conversation – UK – By Robin Hankin, Senior Lecturer in Applied Statistics, Department of Mathematics, University of Stirling

Georgia’s entry Circus Mircus during the controversial second semi-final of the 2022 Eurovision Song Contest. Michael Doherty/Wikimedia, CC BY-NC-SA

The Eurovision Song Contest was founded 70 years ago as a way for Europe, divided after war, to come together by celebrating its music. Every year, several dozen countries across the continent – and, more recently, far beyond – compete in what is considered the world’s most viewed non-sporting event.

As a cultural institution that last year attracted around 166 million viewers, the results of Eurovision have a big impact – not least by deciding the venue of the following year’s event. Yet the issue of bloc voting, where countries tend to vote more favourably within regional or cultural blocs, has long been a controversial aspect of the contest.

In 2008, the BBC’s Eurovision commentator Terry Wogan spoke out against bloc voting by Eastern European countries, saying: “You have to say that this is no longer a music contest. I have to decide whether I want to do this again.” He didn’t – it was his final show in the commentary hotseat.

On occasion, suspiciously friendly voting has strayed into something even more troubling. The 1968 contest, held at the Royal Albert Hall in London, saw a major upset when home favourite Congratulations, sung by Cliff Richard, was pipped by the Spanish entry La, La, La.

Forty years later, Spanish Eurovision host Jose Maria Inigo claimed that the vote had been rigged at the behest of Spain’s military dictator, Franco. His claims were later supported by an Irish TV investigation.

The modern, expanded Eurovision features two semi-finals as well as the grand final, held this year in Vienna on May 16. Its scoring combines a jury panel with a public vote, reducing the impact of each jury. But that didn’t stop another major voting scandal emerging in 2022.

The 2022 scandal

During the 2022 grand final in Turin, Italy, the European Broadcasting Union (EBU) announced that six juries’ scores from the second semi-final – Azerbaijan, Georgia, Montenegro, Poland, Romania and San Marino – had been nullified after “certain irregular voting patterns were identified in the results of [these] countries”.

The countries’ votes were replaced with an aggregate score “based on the results of other countries with similar voting records” for both the semi-final and grand final. This process was acknowledged by Eurovision’s Independent Voting Monitor.

The countries’ broadcasters strongly denied any wrongdoing, with Georgia even suggesting their first-place vote in the final had been wrongly allocated as a result of the imposed system. Among online audiences, there was immediate speculation of a cover-up. After the final, the EBU issued a long explanation for their decision.

So had there really been collusion? Colleagues and I from the University of Stirling, including Riley Uttley, have re-assessed the 2022 voting scandal using applied statistical methods.

Each five-member Eurovision jury selected their ten favourite songs, with 12 points going to their favourite, ten points for second, then eight down to one for their tenth-best song. A similar points system was used to reflect each country’s public vote, doubling the total number of votes awarded by each country.

The jury results prior to the EBU’s intervention are shown below. The six juries whose scores were nullified – marked in red – awarded each other a total of 251 points. This is just seven points shy of the absolute maximum they could have given each other: 6 x (12+10+8+7+6) = 258 points.

Eurovision jury scores, 2022 second semi-final

Table shows votes cast in second Eurovision semi-final, 2022
Scores in red were later nullified. Points include three non-competing juries: Germany, Spain and UK.
Robin Hankin, CC BY

If the scores were allocated randomly, the odds of the six countries awarding each other 251 points would be less than 1 in 10,000. Such a low probability provides strong objective evidence that the six juries were indeed colluding.

But applied statistics can precisely quantify the strength of this collusion – using a version of the Bradley-Terry (BT) method of paired comparisons, first published in December 1952.

Calculating the strength of collusion

Say we have two songs, a and b, and want to know the probability that a is judged better than b. Using the BT method, this probability is:

p(a) / p(a) + p(b)

where p(a) and p(b) are the respective strengths of the two songs.

This idea can be extended to the ranking of any number of songs. If we observe, say, that a ≻ b ≻ c ≻ d ≻ e (that is, song a is the best, then b, down to e), the probability of this voting decision is:

Plackett-Luce likelihood function

This is known as a Plackett-Luce likelihood function. While calculating each value is difficult, we can use standard optimisation techniques to maximise this probability, and thereby estimate the strengths of the songs.

When it comes to identifying the strength of collusion in the 2022 contest, my own technique known as reified Bradley-Terry can be applied to this likelihood function.

The unfair advantage of collusion is represented by adding an extra strength term to any competitor who benefitted from collusion. In the equation below, S represents the strength of the collusion effect, and is applied to song b. So, we replace every occurrence of p(b) with p(b)+S. Then, the probability of a ≻ b ≻ c ≻ d ≻ e is now:

Reified Bradley-Terry method is used to estimate the degree of jury collusion (term S)

The Eurovision 2022 semifinal had 18 songs and 21 juries, leading to a probability equation like the one above – but with a total of 220 terms. While this is a lot for a person to work with, it can be easily handled by the R programming language, an open-source statistical tool designed to handle masses of data and produce graphics and visualisations.

The removed juries all appeared to have very similar behaviour, so we represented the strength of the collusion of all six as a single number S, which we calculated to be 0.262. We then calculated the probability of S being as high, or higher, than this value on the assumption of no collusion.

We calculated this probability to be one in 58,000. Put another way, if you have 2.5km of matchsticks laid out end-to-end and burn one, it’s the probability of picking the burnt one. We can, therefore, confidently conclude that collusion did take place.

The 2026 voting system explained. Video: Eurovision Song Contest.

A final quirk

The 2022 Eurovision voting scandal had ramifications beyond the nullification of the six collusive scores. Jury voting for semi-finals was discontinued from 2023 until this year’s contest. Perhaps perversely, this made the juries carry more weight in each grand final.

With the semi-finals decided purely by public votes, which tend to be more dispersed and unpredictable, this meant the juries’ more concentrated voting patterns played a more significant role in deciding the ultimate winner.

Jury voting was reinstated for the semi-finals of this year’s contest. However, the juries are larger (seven members rather than five) and chosen from a more diverse background.

The clear favourites, Finland, will hope this is another step towards eradicating the controversial voting patterns that have haunted past contests – and made Eurovision a focus of keen interest for some applied statisticians.

The Conversation

Robin Hankin does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Eurovision Song Contest: what the science of statistics reveals about an infamous voting scandal – https://theconversation.com/eurovision-song-contest-what-the-science-of-statistics-reveals-about-an-infamous-voting-scandal-282908