Trump se crea sus propios dolores de cabeza: golpea el mercado petrolero, amenaza la economía global y ya no sabe cuándo acabará la guerra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eszter Wirth, Profesora de Economía Internacional (ICADE), Universidad Pontificia Comillas

Robert V Schwemmer/Shutterstock

El anuncio de la liberación de 400 millones de barriles de petróleo de las reservas estratégicas de la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés) no ha logrado el efecto calmante esperado. El petróleo Brent sigue cotizando cerca de 100 dólares por barril y el gas natural TTF, de referencia en Europa, supera los 50 euros por megavatio hora. Los mercados tampoco dieron credibilidad a las declaraciones de Trump, quien aseguró que el conflicto en Irán estaba cerca de terminar.

Un parche temporal poco útil

Es más, el nerviosismo se exacerbó ante los nuevos bombardeos contra tres buques petroleros en Irak y Dubái, que acabaron en llamas. Estas acciones sugieren que el conflicto se prolongará semanas y el estrecho de Ormuz seguirá bloqueado, la situación que la administración Trump pretendía evitar.

Hay que recordar que por el estrecho de Ormuz transitan, en circunstancias normales, una quinta parte del petróleo mundial y una cuarta parte del gas natural licuado. La cantidad de reservas estratégicas que la IEA ha prometido liberar (entre 1,2 y 4 millones de barriles diarios durante unos meses) no se acerca a los entre 15 y 20 millones de barriles diarios que circulan por el estrecho. Por tanto, el mercado percibe la acción de la IEA como un simple parche temporal.

Esta liberación es mucho mayor en volumen que la de 2022, cuando Rusia invadió Ucrania, pero se enfrenta a un shock más brusco. Aquel año, los 32 países de la IEA liberaron unos 182,7 millones de barriles, la mitad de lo anunciado ayer, pero su objetivo fue mitigar las sanciones impuestas voluntariamente por los países occidentales contra las exportaciones rusas.

¿Un fracaso estratégico para Trump?

Trump probablemente quería volver a conseguir un cambio de régimen al estilo venezolano, sustituyendo al líder supremo por una figura más dócil para la Casa Blanca, forzar un acuerdo de paz desfavorable para Irán y desmilitarizar al país. Pero las autoridades iraníes se niegan a seguir negociando con Trump y acaban de nombrar como líder a Mojtaba, el hijo de Alí Jameneí, quien proviene de un ala más dura que su padre. Para lograr una desmilitarización nuclear, Estados Unidos probablemente necesitaría llevar a cabo una invasión terrestre arriesgada.

Mientras tanto, las relaciones diplomáticas estadounidenses con sus aliados del Golfo, que abogaban por evitar el conflicto militar, están empeorando. Acusan al régimen de Trump de no proveer sistemas de defensa antiaérea o interceptores contra los ataques iraníes. También hay rumores de que Israel les está empujando a la guerra con ataques falsamente atribuibles a Irán.

Lo que no vio Trump

Todavía no se ve una espiral inflacionista plena en los datos estadísticos (que se actualizarán a finales de marzo). El último dato disponible del IPC estadounidense aún refleja la situación previa al shock: la inflación general de febrero estaba en torno al 2,4 % interanual y la subyacente en 2,5 %, muy cerca del objetivo de la Reserva Federal (Fed). Pero el banco central estadounidense y los economistas advierten de que si se alarga el shock energético puede reavivar la inflación, llevándola por encima del 3 %.

Ese escenario chocaría con la prioridad de Trump de frenar la subida de los precios antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato para mantener el mayor número posible de escaños republicanos, ya que el ciudadano medio hará responsable de lo que pasa. Irónicamente, la Fed tendrá menos margen para llevar a cabo otro de los grandes deseos de Trump: bajar tipos de interés.

El presidente estadounidense intenta amortiguar el coste político mediante varias acciones. Del paquete total de 400 millones de barriles aprobado por la IEA, Estados Unidos aportará algo más del 40 %, sacrificando una parte de sus propias reservas. Además, EE. UU. ha suavizado las sanciones a la exportación de los hidrocarburos rusos, al emitir una licencia temporal que permite entregar y vender a la India crudo y productos petrolíferos rusos hasta abril, para que el petróleo siga transitando en el mercado global.

Resulta paradójico que Rusia, aliada política de Teherán, sea uno de los países que más se han beneficiado del conflicto militar en términos económicos. Tras dos años de sanciones, precios hidrocarburíferos bajos y déficits fiscales, el shock petrolero de las últimas semanas juega a favor del régimen de Putin.

The Conversation

Eszter Wirth no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Trump se crea sus propios dolores de cabeza: golpea el mercado petrolero, amenaza la economía global y ya no sabe cuándo acabará la guerra – https://theconversation.com/trump-se-crea-sus-propios-dolores-de-cabeza-golpea-el-mercado-petrolero-amenaza-la-economia-global-y-ya-no-sabe-cuando-acabara-la-guerra-278260

La Agencia Internacional de la Energía libera 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas y provoca un efecto rebote en los mercados

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando De Llano Paz, Profesor Titular de Universidad en Departamento de Empresa. Línea de investigación: Economía de la Energía, Universidade da Coruña

Andrew Angelov/Shutterstock

La decisión de la Agencia Internacional de la Energía de liberar 400 millones de barriles de petróleo no ha servido para calmar los mercados. Al contrario, más bien parece que ha contribuido a la alarma, visto el impulso de los precios: una nueva subida del 10 %, hasta valores ya cercanos a los 100 dólares para el barril Brent. Recordemos que hace tres meses, en diciembre de 2025, el mismo barril cotizaba sobre los 60 dólares. Por tanto, el incremento en estos tres meses es de en torno al 70 %.

Infraestructuras atacadas y Ormuz cerrado: se prende la mecha

El conflicto bélico entre Israel-EE. UU e Irán está provocando inestabilidad en los mercados y una subida de precios mantenida desde comienzos de marzo. El 2 fue el primer día de cotización de los mercados energéticos tras el inicio de los ataques, y en los 12 primeros días del mes, el precio del petróleo Brent ha pasado de los 73 dólares al cierre del viernes 27 de febrero a los 99 dólares del mediodía del jueves 12 (con un pico de casi 110 dólares el día 8).

Estos ascensos son el efecto tanto del cierre del estrecho de Ormuz como de los ataques a las infraestructuras petroleras de los países de la región y a los buques petroleros que todavía se encuentran en el estrecho, que se ha convertido en un punto geopolítico caliente. Recordemos que por allí pasa en torno al 35 % del petróleo comercializado por vía marítima y que su destino principal es la zona de Asia-Pacífico, con China, India y Japón a la cabeza.

¿Qué son las reservas estratégicas de petróleo?

Ante este comportamiento alcista se pueden activar algunos mecanismos para contener los efectos negativos sobre la economía mundial. Así, hay un grupo de 32 países, todos pertenecientes a la OCDE y que conforman la Agencia Internacional de la Energía, que disponen de una carta: la liberación de parte de sus reservas estratégicas. En otras ocasiones, esta medida ha logrado distender el mercado: en 1991, durante la guerra de Irak; en 2005, tras el paso del huracán Katrina; en 2011, tras la subida provocada por la Primavera Árabe; y dos veces en 2022, tras el estallido de la guerra de Ucrania.

Después de la crisis del petróleo de 1973, los países de la OCDE tomaron la decisión de almacenar preventivamente petróleo y gas natural. El objetivo no es otro que protegerse ante el riesgo de una posible ruptura de suministro. De esta forma, cada país está llamado a almacenar crudo en su territorio por una cantidad mínima: al menos el equivalente al consumo de petróleo y sus derivados durante 90 días y de gas natural durante 20 días.

Liberación de reservas y efecto rebote

La decisión tomada por unanimidad por los 33 países miembros de la IEA este 12 de marzo implica la mayor liberación de reservas de petróleo de su historia: 400 millones de barriles. Nada más y nada menos que un tercio de todas sus reservas estratégicas almacenadas. A efectos de dimensionar esta decisión, pensemos que dicha cantidad es más del doble de la liberada tras el inicio de la guerra de Rusia contra Ucrania y el equivalente a cuatro días de demanda mundial de petróleo.

El mercado sabía, y posiblemente esperaba, que se pondría en marcha el mecanismo de la liberación de reservas para tratar de minorar los precios. Con lo que no contaba era con el mensaje oculto: si se liberan tantas reservas, posiblemente sea porque el riesgo de ruptura de suministro sea mayor del que reflejaba un barril a 90 dólares.

Lo que el mercado está captando con esos 400 millones de barriles en la calle es que la vuelta a la normalidad, el día después del final del conflicto, no parece que vaya a ser inmediato. Los buques podrán volver a pasar el estrecho de Ormuz, pero seguramente la capacidad de producción, que es o que garantiza que haya oferta de petróleo, será menor que la que había antes de esta guerra.

The Conversation

Fernando De Llano Paz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La Agencia Internacional de la Energía libera 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas y provoca un efecto rebote en los mercados – https://theconversation.com/la-agencia-internacional-de-la-energia-libera-400-millones-de-barriles-de-sus-reservas-estrategicas-y-provoca-un-efecto-rebote-en-los-mercados-278233

¿Qué es el estrecho de Ormuz y por qué su cierre es tan importante para la economía mundial?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Warren Mabee, Director, Queen’s Institute for Energy and Environmental Policy, Queen’s University, Ontario

El ataque conjunto lanzado por Estados Unidos e Israel contra Irán comenzó el 27 de febrero y ha desencadenado un conflicto de rápida evolución que podría extenderse por todo Oriente Medio.

La respuesta de Irán ya ha incluido ataques contra bases estadounidenses en países vecinos tan lejanos como Catar y Omán, y ha cerrado el estrecho de Ormuz, amenazando con incendiar los barcos que entren en él.

El estrecho de Ormuz es un brazo de mar de 55 kilómetros de ancho entre Irán y Omán, que separa el golfo Pérsico del mar Arábigo. Se trata de una zona geográfica especialmente importante en términos del sector energético y una de las rutas marítimas más transitadas y estratégicamente significativas del mundo.

El cierre ha interrumpido los envíos de petróleo y gas desde la región y ha sacudido los mercados de todo el mundo. Normalmente, por estas aguas circulan unos 13 millones de barriles de petróleo al día, lo que supone alrededor del 31 % de los envíos mundiales de petróleo. El bloqueo del paso por el estrecho está afectando, sin duda, a los precios mundiales del petróleo.

De hecho, un cierre de corta duración de partes del estrecho, en febrero de 2025, provocó un aumento del 6 % en el precio del petróleo.

Por qué es importante el estrecho de Ormuz

El cierre del estrecho afecta a los principales puertos de Irak, Kuwait, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, así como al propio Irán. Para varios de estos países, es la principal ruta por la que el petróleo llega a los mercados mundiales.

El 2 de marzo, el primer día de cotización tras el inicio de los ataques, el crudo Brent, el principal petróleo de referencia en los mercados, alcanzó unos 79 dólares por barril antes de descender ligeramente. El West Texas Intermediate, el índice de referencia norteamericano, alcanzó los 71 dólares por barril, lo que supuso un aumento del 6 %.

Los aumentos se han mantenido y podrían persistir mientras el conflicto siga interrumpiendo el tráfico de petroleros a través del estrecho de Ormuz. A 12 de marzo, el precio del barril de Brent cotiza en torno a los 98 dólares (aunque el 8 de marzo llegó a costar unos 109 dólares el barril).

A lo largo de los últimos 50 años, las subidas del precio del petróleo han presagiado a menudo una próxima recesión económica. Algunos acontecimientos, como la primera y la segunda crisis del petróleo en los años 70 y principios de los 80, provocaron cambios estructurales en las economías mundiales.

¿Podría volver a ocurrir esto hoy en día?

Lecciones de la primera crisis del petróleo

La primera crisis del petróleo comenzó en octubre de 1973, cuando la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo (OAPEC, más tarde OPEP) impuso un embargo a las exportaciones de petróleo a Estados Unidos como respuesta al apoyo de este país a Israel.

Esto provocó que los precios del petróleo se cuadruplicaran en dos meses, lo que causó una caída de la bolsa y una recesión en Estados Unidos. En aquel momento, los países de la OPEP estaban bien coordinados y Estados Unidos no tenía suficiente capacidad de producción para satisfacer sus propias necesidades.

Aunque EE. UU. tenía los medios económicos para importar petróleo de otras fuentes, esta medida mantuvo altos los precios mundiales y muchos otros países sufrieron el aumento de los costes. Las consecuencias de la primera crisis del petróleo afectaron al sector del automóvil, al sector energético y a la política energética estadounidense.

Hoy en día, los países de la OPEP no colaboran estrechamente con Irán. En cambio, muchos de estos países, junto con Rusia y otras naciones productoras de petróleo, acordaron aumentar la producción, nada más comenzar el conflicto, en unos 206 000 barriles diarios para intentar estabilizar los mercados. Ahora, la Agencia Internacional de la Energía acaba de anunciar que saca 400 millones de barriles de petróleo de sus reservas estratégicas, en un intento de contener los precios.

Paralelismos con la segunda crisis del petróleo

El conflicto actual en Irán puede tener más paralelismos con la segunda crisis del petróleo. En 1979, la Revolución iraní provocó una caída de la producción mundial de petróleo de aproximadamente un 7 %.

Aunque esta caída puede parecer pequeña, el precio del crudo se duplicó en los primeros meses de 1980, lo que provocó escasez de combustible y recesiones económicas en muchos países. Hoy en día, sin embargo, Irán desempeña un papel menos importante en el mercado mundial del petróleo, con una producción que representa alrededor del 4 % del total anual.

Según la Agencia de Información Energética de Estados Unidos, los mayores productores de energía son Estados Unidos (22 %), Arabia Saudí (11 %) y Rusia (11 %), seguidos de Canadá (6 %) y China (5 %).

La capacidad de Irán para influir en el mercado mundial se ha reducido, mientras que el papel de Estados Unidos ha aumentado drásticamente. Por lo tanto, es menos probable que el mercado responda con importantes aumentos de precios ante el conflicto actual.

La incógnita en la situación actual es el estrecho de Ormuz. El mayor puerto para las exportaciones de petróleo de Arabia Saudí es Ras Tanura, en el golfo Pérsico, donde la refinería local fue objeto de un ataque con drones el 2 de marzo.

Un cierre total del estrecho supone una pérdida potencial de al menos cinco millones de barriles diarios en los envíos desde Ras Tanura, que probablemente no podrían ser absorbidos rápidamente por el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, especialmente ahora que la capacidad de refinado se ve afectada por el conflicto.

¿Crisis corta o crisis larga?

Al empezar los ataques, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, dijo que el conflicto duraría al menos entre cuatro y cinco semanas, pero podría prolongarse mucho más.

Que la crisis actual sea una perturbación a corto plazo o el comienzo de un acontecimiento geopolítico de mayor envergadura dependerá en gran medida de la evolución de la situación en el estrecho de Ormuz y sus alrededores en los próximos días y semanas.

The Conversation

Warren Mabee recibe financiación del Consejo de Investigación en Ciencias Naturales e Ingeniería.

ref. ¿Qué es el estrecho de Ormuz y por qué su cierre es tan importante para la economía mundial? – https://theconversation.com/que-es-el-estrecho-de-ormuz-y-por-que-su-cierre-es-tan-importante-para-la-economia-mundial-278215

¿Por qué cuando alguien bosteza nos contagia su bostezo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Romero-Castillo, Profesor de Psicobiología e investigador en Neurociencia Cognitiva, Universidad de Málaga

Ver a dos personas bostezando a la vez aumenta la probabilidad de que te contagien sus bostezos (y leer la palabra “bostezo” también genera contagio). Entonces, puedes contar las veces que bostezas leyendo este artículo…¿Cuántas serán? (Andrey Sayfutdinov/Shutterstock)

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por el curso de 1⁰ Bachillerato del IES África (Madrid)


Abres la mandíbula por completo, inhalas profundamente, luego exhalas brevemente y cierras la mandíbula. ¡Ah! Este es uno de los ritos más antiguos del reino animal.

Sí, del reino animal. Lo que quiere decir que las mascotas también bostezan. Algo que seguro has visto si tienes gatos o perros en casa. Pero eso no es todo. La mayoría de animales con columna vertebral lo hacen: aves, cocodrilos, tortugas… ¡Incluso los peces! Es más, se ha descubierto recientemente que los peces se contagian los bostezos.

Y es que esa es una de las propiedades más notables de este fenómeno: su contagio. Pero resulta que los seres humanos no solo bostezamos al ver a alguien hacerlo, sino que simplemente leer sobre ellos o pensar en ellos puede provocarlos. La cuestión entonces es: ¿por qué se nos “pegan” con tanta facilidad?

Abriendo boca con los primeros bostezos

El verbo «bostezar» deriva del latín oscitāre, que significa abrir la boca (el gesto más característico). Una vez abierta, el bostezo progresa con la inevitabilidad de un estornudo. Es decir, cuando empieza, no se puede frenar.

En el desarrollo humano, surge en el tercer trimestre de gestación. A este lo llamamos bostezo espontáneo y persiste tras el nacimiento. Después, a medida que crecemos, la frecuencia y sus desencadenantes aumentan. Y surge el otro tipo de bostezo: por contagio.

Pero sucede algo curioso: no es posible contagiárselo a una niña o niño menor de 5 años (aproximadamente). Asimismo, leer o escuchar un cuento sobre bostezos tampoco tiene efecto antes de los 6 años. Esto se debe a que las dos capacidades cognitivas más importantes para entender a otros seres maduran más tarde: hablamos de la empatía y la cognición social.

Una señal para facilitar la supervivencia

Efectivamente, la neurociencia apunta a que los bostezos están vinculados a la empatía (comprender los sentimientos y emociones de otra persona) y la cognición social (inferir sus pensamientos e intenciones) porque sincronizan el comportamiento de los grupos. Es decir, han llegado hasta nuestros días porque comunican sin necesidad de palabras un mensaje casi universal. Pero ¿cuál?

Se trata de un mensaje relacionado con estados desagradables: somnolencia, aburrimiento, hambre y estrés.

Especialmente, el bostezo serviría como aviso para facilitar la supervivencia. Esto es, al observar a una persona abrir la boca, instintivamente intuyes que está experimentando uno de esos estados, por lo que se activa en ti una señal automática de aumentar la vigilancia. Y, además, su contagio permitiría sincronizar una mayor vigilancia en todo el grupo, mejorando así la preparación colectiva contra amenazas externas.

También se han ofrecido otras explicaciones para los bostezos: enfriar el cerebro, reestablecer gases pulmonares o igualar la presión auditiva. Pero no tienen consenso entre la comunidad científica. Y, debido a su efecto contagioso, este comportamiento no puede explicarse recurriendo exclusivamente a funciones fisiológicas. Por eso, la hipótesis comunicativa es por el momento la más aceptada.

Desde el punto de vista de quien debe recibir estos avisos, se ha descubierto que el contagio está alterado en personas con trastornos que afectan a la empatía y la cognición social, como el autismo y la esquizofrenia. Y al contrario, las personas más empáticas se contagian más.

Estos resultados indican que el contagio depende de tener buenas aptitudes sociales. Unas aptitudes en las que participan unas células muy especiales del cerebro: las neuronas espejo.

Mecanismos cerebrales del contagio

Las neuronas espejo se activan simplemente cuando observamos a alguien realizar alguna acción. Es como si sus movimientos se recrearan en nuestro cerebro (como si fuera un espejo donde se reflejan), aunque no lleguemos físicamente a hacerlos. Estas neuronas desempeñan un papel fundamental para comprender o imitar las acciones de otras personas.

Al ver una cara de bostezo, las neuronas espejo de una zona del cerebro llamada giro frontal inferior se ponen a trabajar. Y no solo ellas: las técnicas de neuroimagen han identificado otras regiones cerebrales más específicamente relacionadas con el contagio del bostezo. Estas son el cíngulo posterior, el surco temporal superior y la corteza prefrontal ventromedial, todas relacionadas con la empatía y el comportamiento social.

Para cerrar boca

En suma, el bostezo es una forma de comunicación no verbal ancestral, una manera de decir “permanece alerta tú que yo ahora mismo no puedo”. Y su contagio serviría para transmitir ese mensaje al resto de integrantes de un grupo. Además, no hay que olvidar que está presente en multitud de animales, lo que corrobora la enorme antigüedad de este ritual.

Un detalle final, por si te lo habías preguntado: los bostezos también se pueden contagiar entre especies. Puedes comprobarlo por tu cuenta e intentar “pegárselo” a tu gato, tu perro o tu cocodrilo. O contagiarte tú de sus bostezos. La empatía también actúa con otros animales porque el ser humano nunca ha dejado de serlo.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Jorge Romero-Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué cuando alguien bosteza nos contagia su bostezo? – https://theconversation.com/por-que-cuando-alguien-bosteza-nos-contagia-su-bostezo-276316

Why Friday the 13th was bad luck for the Knights Templar and their legacy

Source: The Conversation – UK – By Patrick Masters, Lecturer, University of Portsmouth

In Ridley Scott’s 2005 epic Kingdom of Heaven, The Knights Templar are portrayed as violent extremists. The film is about a crusader, Balian of Ibelin, who is fighting to defend the Crusader Kingdom of Jerusalem from the first Sultan of Egypt and Syria, Saladin.

The Knights Templar were formed on Christmas Day 1119, as a revolutionary type of knighthood in which knights lived as monks, taking vows of poverty and piety. Their mission was to protect travellers on the dangerous roads of the Kingdom of Jerusalem. So it struck me as interesting that in Scott’s crusades film they would be portrayed as antagonists of the Crusader Kingdom.

Their singling out in Kingdom of Heaven was the spark that led to my book The Knights Templar: Crusade, Myth and Hollywood. What I found was that villainising the order was fairly common in films that include them. However, rather than being a modern trope, their vilification can be traced back to 700 years ago.

On Friday October 13 1307, the grandmaster Jacques de Molay was arrested by a debt-ridden pope along with every other Templar found in France. The sudden arrest caused widespread shock throughout Europe. Some of the confessions that would be extracted from them would have a mysterious occult edge and it would be these that would shape the order’s legacy from then on.

The Templars amassed vast riches, land, and political power for nearly 200 years. Their downfall began in 1291 with the loss of the Crusader states, or Outremer (modern Israel, Lebanon, Syria, and Turkey). After the Crusader capital of Acre fell to the Mamluk forces of Egypt and Syria, the Templars were left without a cause, making the order appear redundant and vulnerable to criticism.

The two figures central to their downfall were French Pope Clement V and French King Phillip IV, who was burdened with significant debt and had previously moved against groups within his power, such as Italian bankers in 1291 and the Jews in 1306, seizing their property and assets to ease his financial problems.

Friday 13th

On Friday October 13 1307, Jacques de Molay was in France negotiating another crusade. That military campaign would never happen and instead, he and every Templar in France (around 2000 of them) were suddenly arrested and imprisoned in the Paris Temple.

Although the news shocked Christendom, Clement V had written to Phillip IV in 1305 detailing the rumours about the Templars and plans for an investigation. Phillip IV issued the Templars’ arrest order a month prior, charging them with blasphemy, sodomy and heresy.

The first charges related to the initiation into the order, where, according to the Order for Arrests, initiates must deny Christ and spit on an image of him three times. The document then details how the initiate is stripped naked and kisses the receiving Templar on “the lower part of the dorsal spine”, “the navel” and “on the mouth”.

Once in the King’s clutches, the Templars were deprived of sleep and shackled with irons. Templar Ponsard de Gizy described in detail how he was unable to move in a pit for three months, with his hands tied behind his back so tightly that blood ran down his fingernails.

Those who did not confess faced the rack and suffered the strappado – this is where the victim was strung up by the hands, which were bound behind their back. Under these horrific conditions, 134 of the of the 138 Templars questioned in Paris confessed to some or all of the charges. Under torture, even the grandmaster admitted to denying Christ, but instead of spitting on his image, he claimed to have spat on the floor instead.

It wasn’t the charge of blasphemy, however, that haunted the Templars’ legacy, it was the accusations of worshipping false idols.

Extracted under torture, Hugues de Pairaud describes worshipping a head with two feet under its face and two feet behind it. Very few Templars had any knowledge of the mysterious head idol, and only nine admitted to knowing about it. Those who did gave contradictory accounts: the head with feet was described as having a beard, of being painted on a beam and made of wood, silver, and gold leaf. Others claimed to worship an idol called Baphomet and a bearded head called Yalla.

The origin and identity of the idol Baphomet are mysterious. However, historian Sharan Newman suggests it’s most likely a corruption of the name Mohammed.

The Templar order was abolished in 1312 and Jacques de Molay was burned at the stake in 1314 as a relapsed heretic. The majority of the Templars caught in France were either executed or confined to prison indefinitely. However, it wasn’t until the 16th century that the Templars’ heresy entered popular imagination.

The German physician Heinrich Agrippa’s 1531 book De Occulta Philosophia, recontextualised the failed order alongside witchcraft. While French writer Guillaume Paradin detailed the Templars’ sordid heresy in his 1552 Chronicle of Savoy. In his history of Savoy, the Templars engage in orgies with women after initiates worshipped an image covered in human skin with glowing carbuncles for eyes.

The salacious occult imagery of the 16th century remained a widely held perception of the Templars into the 20th and 21st centuries. This lasting association is clear in cinema.

The 1972 Spanish/Portuguese horror film Tombs of the Blind Dead portrays undead Templars rise from their graves to prey on a group of teenagers. The undead Templar recently resurfaced again in the 2017 film The Mummy, where the titular villain raised Templars from their tombs to act as her minions.

There are Templars across cinema enacting evil and its interesting to think about how this all came to be because of a handful of confessions about worshipping false idols, which were obtained through torture.

This article features references to books that have been included for editorial reasons, and may contain links to bookshop.org. If you click on one of the links and go on to buy something from bookshop.org The Conversation UK may earn a commission.

The Conversation

Patrick Masters wrote the book The Knights Templar: Crusade, Myth and Hollywood. In 2018, he received funding from the Templar Heritage Trust to present a paper at the International Medieval Conference.

ref. Why Friday the 13th was bad luck for the Knights Templar and their legacy – https://theconversation.com/why-friday-the-13th-was-bad-luck-for-the-knights-templar-and-their-legacy-278033

Have we passed ‘peak sheep’?

Source: The Conversation – UK – By Caroline Flanagan, Head of School, Agriculture, Anglia Ruskin University

Farmers are drastically reducing their sheep flocks. EddieCloud/Shutterstock

The classic view of British countryside is of hilly green fields, stone walls and sheep dotted about in the distance.

But that scene could be disappearing as farmers move away from keeping sheep, or reduce their flocks, in many areas of the country.

The total number of sheep and lambs decreased by 3.8%, to 13.3 million in June 2025. Breeding flock numbers have also dropped from 6.8 million in 2021 to 6.4 million in 2025.

Meanwhile, the nation’s eating habits also appear to be shifting as mutton and lamb production has dropped from 400,000 tonnes per year in the early 1990s to 276,000 tonnes today.

The geographical distribution of sheep across the UK is changing too, with Scotland – long celebrated for its hill flocks – reporting marked declines of sheep numbers particularly in the northwest and the Highlands.

So has the UK reached “peak sheep”?

The largest fall in sheep numbers occurred after the 2001 foot and mouth outbreak, and in England this decline deepened when government subsidies related to numbers of sheep were replaced with subsidies for looking after the land in 2024/25. This reduced the incentive to keep large flocks and led farmers to retain fewer animals. Simultaneously, UK and global dietary habits have been changing. UK red meat consumption fell by 13.7g per day per head between 2008 and 2019.

Cost, health concerns and the difficulty of positioning lamb as a fast food option have reduced demand. In 2021 60% of lamb was purchased by shoppers aged 55 plus, with younger consumers increasingly preferring alternative protein sources such as chicken and processed meat.

Planning for the future on low-income hill farms is also problematic. In the UK, 84% of farmers are over 45 (and 38% over 65), with many young people reluctant to enter an uncertain industry. On upland and hill farms, the average farm profit was just £32,000 in 2023/24, 69% of which came from government payments due to be phased out by 2027.

However, sheep are adaptable to changing circumstances and their ability to select plants to sustain themselves might offer a route to securing their future as the national flock continues to shrink.

A Scottish sheep farmer talks about some of his challenges.

That fastidious eating, once essential for survival, is proving invaluable for conservation. Many native breeds excel at balancing shrub browsing with grazing in areas inaccessible to machinery. Conservation success stories include the restoration of violets vital for fritillary butterflies and the maintenance of biodiverse mosaic grasslands.

Sheep eat different plants to cattle, so they can be deployed as appropriate to eat selectively, tackling problem plants that cattle might not. They also have less impact on the soil, which in some instances is beneficial.

Some rewilding supporters worry that sheep can harm nature in certain situations, but when they’re carefully managed, sheep can actually help store carbon and are important for looking after landscapes such as fens, saltmarshes, moorland and meadows.

Poorly managed, they can hinder conservation efforts, grazing too close to the soil. But the rise of “flying flocks” – mobile groups shepherded across different sites – demonstrates how sheep can support flexible land use on both lowland and upland farms. Meanwhile, the UK’s commitment to net zero, and the expansion of solar energy have created another niche.

Sheep, conveniently sized and behaviourally suited, are ideal for grazing underneath solar panels, keeping vegetation under control.

So, where does this leave the UK’s sheep industry?

We may be witnessing a move to lower levels with new breeds, and other changes emerging. In lowland areas, you may already be seeing more sheep, as arable farmers turn to them to graze cover crops which are used to avoid soils laying bare over long periods of time. Cover crops enhance soil structure and biodiversity, providing nutrients to the soil.

Lowland sheep are heavier, better suited to meat production and can be stocked more densely than on upland terrain, boosting efficiency. A growing proportion of the UK’s lamb supply is likely to come from lowland flocks, with reducing reliance on the traditional flow of breeding ewes from the hills. So sheep are more likely to be seen on the lower levels, and there could be fewer of them.

Beyond their ecological contributions, sheep produce a remarkable annual bonus. From carpets and jumpers to natural insulation and high-end suits, wool is natural, renewable, sustainable and biodegradable. As the clothing industry increases the use of natural fibres, demand and prices are rising, this could offer a more lucrative alternative product for sheep farmers to sell.

Sheep still have a vital place in the UK. The country may have reached “peak sheep”, but given their versatility, their capacity to thrive in tough environments, our growing commitment to sustainable land management and our deepening understanding of their grazing behaviour, sheep are well placed to help us be better custodians of our landscapes.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Have we passed ‘peak sheep’? – https://theconversation.com/have-we-passed-peak-sheep-277815

Protéger les filles, canaliser les garçons ? L’éducation à l’information face aux stéréotypes de genre

Source: The Conversation – in French – By Anne Cordier, Professeure des Universités en Sciences de l’Information et de la Communication, Université de Lorraine

Plus enclines à douter de leurs pratiques d’information, les filles sont aussi plus souvent questionnées sur leurs émotions face à l’actualité. Prendre conscience des biais de genre qui pèsent sur les usages numériques est un préalable pour faire de l’éducation à l’information un levier d’émancipation et aider adolescentes et adolescents à construire leur autonomie critique. Explications.


Travail, santé, espace public… Chaque année, en mars, dans le sillage de la Journée internationale des droits des femmes, on s’arrête sur les inégalités de genre dans différents domaines de la vie sociale. Et si nous faisions ce pas de côté dans un champ moins visible, celui des pratiques d’information des adolescents et de leur accompagnement ?

Lire l’actualité, chercher des sources pour un exposé, suivre des créateurs et créatrices de contenus, débattre en ligne : ces activités font partie intégrante de leur quotidien. En tant que pratiques culturelles, elles sont traversées par les mêmes rapports sociaux de genre que le reste de la vie sociale.

En outre, le numérique n’est pas un espace « hors-sol », neutre ou désincarné, mais un espace socialement situé où se rejouent des normes et des tensions sociétales. Les inégalités de genre y prennent des formes parfois spécifiques, mais toujours en lien avec les contextes sociaux, médiatiques et politiques. Et leur traitement éducatif n’échappe pas à ces cadrages.

Dès l’enfance, un numérique sous conditions

Les rapports genrés au numérique, à l’information et aux médias se construisent tôt, dans la socialisation familiale.

Des enquêtes de terrain menées auprès de collégiennes avaient en 2015 montré combien l’utilisation d’Internet au sein de la famille se faisait en fonction de la réalisation des tâches ménagères à destination de la collectivité. Autrement dit les filles déclaraient devoir s’acquitter d’impératifs liés à la vie, notamment matérielle, de la famille en général. Les garçons, eux, n’évoquaient quasiment jamais cette conditionnalité.

Dix ans plus tard, lors d’une enquête ethnographique menée au sein d’un collège d’éducation prioritaire, les adolescentes glissent les mêmes impératifs de tâches de gestion familiale lors de l’évocation de leurs pratiques numériques à domicile.

Ces observations font écho aux travaux sur la division sexuée du travail domestique dès l’enfance, prolongeant également les recherches sur l’informatique et les cultures numériques historiquement construites comme des territoires masculins. Cette assignation symbolique continue d’agir, y compris dans les usages informationnels, ceux-ci étant fortement dépendants de l’accès aux objets techniques.

Autorités masculines, expertes invisibles

Les contenus consultés et les légitimités associées sont aussi marqués par une distinction fortement genrée. Quand on demande aux adolescentes et adolescents de citer des figures d’autorité à leurs yeux dans le champ de l’information, les noms masculins dominent largement. De Hugo Décrypte à Mister Géopolitix en passant par Gaspard G, les modèles invoqués sont très majoritairement masculins. Ce sont également eux qui sont les plus reconnus par les adultes, à l’école comme dans les médias,

Les créatrices de contenu diffusant des savoirs scientifiques, dans le domaine de la santé ou de l’histoire, médiatiques et politiques, existent pourtant (citons pour exemples Camille Aumont-Carnel ou encore Charlie Danger. Mais elles sont moins citées, moins reconnues comme autorités. Lorsque des figures féminines sont évoquées, elles sont souvent renvoyées à l’influence, au marketing, à l’esthétique ou au lifestyle.

Cette dissymétrie rappelle le phénomène des « oubliées du numérique » décrit par Isabelle Collet : les femmes ont contribué à l’histoire de l’informatique, mais leur rôle a été invisibilisé. Aujourd’hui, ces femmes participent aux médiations des savoirs en ligne et à l’enrichissement des cultures juvéniles, mais leur reconnaissance est inégale.




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Or ces modèles comptent dans la construction des adolescentes : renvoyant à des hiérarchies symboliques, ils peuvent orienter la façon dont elles se projettent, ainsi que leurs sentiments de légitimité, en structurant la représentation de qui « sait », qui « explique », qui « fait autorité ».

Chez les filles, plus d’autocensure, moins de confiance en soi

Dans les nombreuses enquêtes menées auprès d’adolescents âgés de 13 à 17 ans, tous milieux sociaux confondus, il ressort que le sentiment de compétence informationnelle est fortement genré.

Lorsqu’on demande aux adolescentes et aux adolescents si elles ou ils ont « peur de prendre une information fausse pour une vraie », le constat est sans appel : les filles répondent à l’affirmative, là où les garçons apparaissent plus nuancés. Plus encore, lorsqu’on leur demande si cela leur est déjà arrivé de prendre une information fausse pour une vraie, les filles sont très majoritairement convaincues que oui, alors que les garçons envisagent de façon très minoritaire la possibilité d’avoir cru une fausse information.

Rien n’indique pourtant une supériorité cognitive masculine dans l’évaluation de l’information. Les études sur les compétences informationnelles montrent que la difficulté à distinguer l’information fiable de l’information trompeuse est largement partagée.

Le doute des filles n’est pas le signe d’une incompétence ; il est le reflet de mécanismes bien connus d’autocensure et de moindre confiance en soi des filles dans des domaines perçus comme techniques ou stratégiques. Il peut aussi être interprété comme une prudence épistémique. À l’inverse, la sur-confiance peut exposer à des biais. Mais cette dissymétrie alimente des prises de parole inégales et des dynamiques de légitimité différenciées.

Travailler le sentiment de compétence pour dépasser les assignations

Ces représentations sociales se prolongent dans les dispositifs éducatifs. Les émotions face à l’information – choc, peur, dégoût – sont plus aisément verbalisées par les filles. Les garçons sont moins sollicités sur leur ressenti face à des contenus violents, comme si la robustesse émotionnelle était attendue d’eux.

Dans les discours politiques et médiatiques, les filles apparaissent fréquemment comme un public à protéger des dangers du numérique, notamment des violences sexistes et sexuelles. Cette vulnérabilité est bien réelle, dans l’espace public hors ligne comme en ligne, comme le rappelle le rapport 2026 de l’Anses sur l’usage des réseaux sociaux numériques et la santé des adolescents.

Mais, protéger sans outiller, c’est maintenir dans une position de fragilité. Symétriquement, les garçons sont souvent perçus comme porteurs de comportements problématiques qu’il faudrait « canaliser », selon une logique d’essentialisation qui rappelle d’autres espaces sociaux.

Cette essentialisation pose question. Elle ne doit pas conduire à nier les vulnérabilités bien réelles des filles confrontées à des problématiques singulières, mais elle ne peut constituer l’horizon exclusif de l’action éducative.

« Tour de France de l’éducation aux médias et à l’information : les scolaires sensibilisés à Poitiers » (France 3 Nouvelle-Aquitaine).

L’éducation aux médias et à l’information (EMI) gagnerait à dépasser cette double assignation, d’abord en intégrant systématiquement des créatrices de contenus scientifiques et journalistiques dans les corpus scolaires comme dans les discussions en famille.

Pour travailler explicitement le sentiment de compétence, il s’agit d’inciter les jeunes à verbaliser les stratégies d’évaluation, en montrant qu’elles s’apprennent, qu’elles ne relèvent ni d’un « don » ni d’un tempérament. Et l’on peut interroger les émotions de toutes et tous face à l’information perçue comme violente ou anxiogène, en proposant des espaces de discussion sur le ressenti face à l’information.

L’enjeu est d’accompagner filles et garçons vers une autonomie critique joyeuse, faisant la part belle à l’expérimentation, au débat, à la production de l’information, et la compréhension des logiques économiques et politiques. Il s’agit que toutes et tous se perçoivent comme acteurs informationnels légitimes dans l’espace public.

Les pratiques informationnelles juvéniles ne sont ni futiles ni homogènes. Elles sont des lieux d’expérimentation, de sociabilité et de construction de soi. Les penser au prisme du genre ne vise pas à opposer mais à comprendre pour mieux accompagner.

The Conversation

Anne Cordier a reçu des financements de la Direction du Numérique pour l’Education, dans le cadre du projet GTnum EMILIE.

ref. Protéger les filles, canaliser les garçons ? L’éducation à l’information face aux stéréotypes de genre – https://theconversation.com/proteger-les-filles-canaliser-les-garcons-leducation-a-linformation-face-aux-stereotypes-de-genre-277866

Peut-on encore éviter la disparition du saumon sauvage en France ?

Source: The Conversation – in French – By Étienne Prévost, Directeur de recherche, Inrae

Alors que la pêche à la truite va rouvrir le 14 mars 2026, celle du saumon atlantique sauvage restera, cette année encore, interdite. Pas de miracle à attendre toutefois de cette mesure : le déclin alarmant que connaît cette espèce emblématique semble d’abord lié à la dégradation de ses conditions de vie. Peut-on encore préserver ce poisson grand migrateur dans les rivières françaises ? Dans un souci d’efficacité à court terme, la priorité est de rétablir la continuité écologique des milieux, c’est-à-dire de réduire le nombre d’obstacles (barrages en particulier) qui se dressent sur sa route.


La pêche du saumon atlantique sauvage (Salmo salar) a été interdite partout en France en 2025. Cette mesure sans précédent a été reconduite en 2026. Cette décision est la conséquence de très faibles retours de saumons adultes dans les rivières françaises.

Comment en est-on arrivé là ? Poisson grand migrateur vivant alternativement en rivière et en mer, le saumon atlantique est une espèce emblématique qui a fortement régressé au fil des siècles, particulièrement en France. En cause, le développement des activités humaines sur les cours d’eau et, en premier lieu, la construction de barrages, qui font obstacle à ses migrations, depuis et vers ses zones de reproduction.

Aujourd’hui, il est aussi menacé par le changement climatique. La France est en effet située sur la marge sud de l’aire de répartition de cette espèce d’eau froide. Le saumon pourrait-il bientôt déserter les cours d’eau français ? Peut-on encore l’en empêcher ? État des lieux.

Une détérioration brutale ces dernières années

À l’état sauvage, le saumon ne subsiste plus naturellement en France que dans certains cours d’eau du fond du golfe de Gascogne – principalement le bassin de l’Adour – ainsi que dans des fleuves côtiers de l’extrémité ouest de la péninsule bretonne et de la côte normande.

Il a disparu de tous les grands fleuves français, à l’exception de l’Allier, affluent amont de la Loire, qui héberge encore une population, désormais en danger d’extinction. La conservation des populations est la priorité reconnue au plan international et national.

Après une forte diminution observée depuis au moins les années 1970, les effectifs d’adultes remontant les rivières s’étaient plutôt stabilisés en France à partir des années 1990.
Les toutes dernières années, en particulier depuis 2024, ont toutefois été marquées par un nouveau fléchissement, vraisemblablement sous l’effet d’une dégradation soudaine des taux de survie de l’espèce dans l’océan Atlantique Nord. Celle-ci semble avoir affecté plus particulièrement les populations de saumon les plus au sud de la façade ouest-européenne.




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Au-delà de l’interdiction de pêche, quelles solutions pour enrayer le déclin ?

S’agit-il d’une turbulence passagère, ou bien d’une transition vers des conditions adverses plus pérennes du fait du changement climatique ? Cette question reste ouverte.

Dans l’urgence, la fermeture de la pêche décidée en 2025 en France permet d’alléger le fardeau que l’humain impose au saumon, mais il ne faut pas trop en attendre. En effet, son exploitation légale est actuellement à des niveaux historiquement bas. Les captures accidentelles, lorsqu’elles ne sont pas illégales, devraient bien sûr être minimisées, mais il est très improbable qu’elles puissent expliquer, à elles seules, les baisses drastiques récemment observées sur l’ensemble des cours d’eau français.

Tacon (jeune saumon).
Katie Marony/USFWS

Il pourrait être tentant de supplémenter artificiellement les populations par des déversements de juvéniles produits en élevage. Mais il est aujourd’hui établi que ces pratiques, largement mises en œuvre depuis plus d’un siècle, sont le plus souvent inefficaces, voire nocives, et en aucun cas durables.

Pour ce qui est du milieu marin, on ne dispose pas vraiment de levier d’action, faute de connaissances scientifiques suffisamment précises sur la vie en mer du saumon et en raison de l’ampleur du domaine océanique dans lequel l’espèce évolue.

L’option la plus pertinente reste la restauration de conditions environnementales plus favorables au saumon en rivière, où se déroule la reproduction, étape clé du renouvellement des populations. La priorité doit être donnée à la restauration d’une liberté de migration vers l’amont et vers l’aval, aujourd’hui restreinte par nombres d’obstacles le long des cours d’eau.




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La meilleure solution : détruire les barrages

Depuis quelques décennies, une politique proactive d’aménagement des obstacles pour faciliter leur franchissement par les poissons a été mise en place, en France et en Europe, sur à peu près tous les bassins encore colonisés par le saumon. Elle a montré son efficacité en contribuant à stabiliser la situation de l’espèce jusqu’à très récemment.

Évolution du taux de retour du saumon sauvage en France jusqu’en 2020.
Clément Lebot, Étienne Rivot, Laurent Beaulaton, Mathieu Buoro, Marie Nevoux, et al.., Fourni par l’auteur

Cette politique est aussi une voie d’adaptation à privilégier et à amplifier sans attendre face aux nouvelles menaces à venir, en particulier le changement climatique. Lorsqu’elle est ciblée sur des bassins où le saumon est encore présent à l’état sauvage, les effets positifs peuvent être rapides, significatifs et durables.

Parce qu’elle permet le maintien des usages, la construction de dispositifs de franchissement (type « passes à poissons ») est la « solution » la plus fréquemment mise en œuvre, bien que leur efficacité ne soit pas toujours garantie. Elle peut aussi être drastiquement réduite dans les cas où l’on rencontre plusieurs aménagements successifs le long d’un même cours d’eau, même lorsque chacun est individuellement performant. Le recours aux dispositifs de franchissement est également plus risqué, car leur efficacité pourrait être altérée par des changements à venir dans les régimes hydrauliques des rivières.

Le barrage hydroélectrique de la Roche-qui-boit (Ducey, Manche), sur la Sélune, a été détruit en 2022.
Epncantonducey/Wikimanche, CC BY-SA

Pour restaurer la libre circulation des poissons dans les cours d’eau, la destruction des ouvrages, en particulier quand ils n’ont plus d’usage, est la solution de choix. Après d’autres plus anciens, les arasements récents de barrages sur la Sélune en Normandie et la Nivelle au Pays basque constituent des exemples de réussite à suivre et à multiplier.

À la clé, des déplacements plus rapides depuis et vers des zones de reproduction et d’élevage des jeunes plus vastes, plus diversifiées et situées plus en amont des cours d’eau. Les bénéfices sont multiples pour faire face à aux conditions environnementales nouvelles, réchauffement des eaux et régimes hydrauliques plus contrastés (étiages et crues extrêmes), qui pourraient découler du changement climatique.

  • Tout d’abord, cela permet d’étendre les milieux colonisables, et donc d’augmenter les effectifs des populations. De quoi favoriser aussi la diversité génétique et accroître les opportunités d’adaptation.

  • Ensuite, cela réduit la mortalité due aux obstacles et aux infrastructures associées – canaux de dérivation, turbines hydroélectriques, installations piscicoles… On peut ainsi compenser d’éventuelles baisses de la survie en mer.

  • Enfin, les zones à l’amont des cours d’eau, souvent plus fraîches, peuvent jouer un rôle de refuge thermique pour cette espèce d’eau froide.

Suppression du barrage Urrutienea sur la Nivelle (Pyrénées-Atlantique).

Le saumon sauvage, victime collatérale de la décarbonation ?

Alors que l’expertise scientifique est aujourd’hui trop souvent traitée comme une opinion parmi d’autres, nous avons conscience que l’amplification de la politique de restauration de la libre circulation, défendue ici, n’est pas et ne sera pas une évidence pour tous.

L’issue du combat pour tenter de préserver le saumon en France étant incertaine, la tentation première de ne rien faire est grande. D’autant plus que les travaux scientifiques spéculant sur le devenir des populations, toujours par essence discutables, peuvent être mal interprétés ou instrumentalisés par des acteurs qui ont intérêt à réduire les entraves aux usages de l’eau. Certains argueront ainsi que, pour le saumon, le combat face au changement climatique est perdu d’avance.

Paradoxalement, l’espèce pourrait aussi être la victime collatérale de la lutte contre le changement climatique. En effet, la production d’électricité décarbonée (d’origine hydraulique, mais aussi nucléaire) est aujourd’hui promue, alors qu’elle nuit directement (de par les obstacles, mais également les changements de températures) à la libre circulation des poissons en rivière.

Restaurer la libre circulation du saumon sur les quelques bassins où il est encore présent naturellement aurait un coût marginal faible à l’échelle nationale, mais sa mise en œuvre est complexe dans la mesure où elle implique d’intervenir sur chaque obstacle aux migrations. À cette échelle, le coût économique et sociétal peut devenir un élément bloquant pour certains acteurs et parties prenantes.

Enfin, les pêcheurs, bien que leur activité dépende très directement de la conservation des populations de saumon, se montrent souvent plus préoccupés par des questions à court terme de partage de la ressource. Les conflits entre pêche professionnelle et pêche de loisir mobilisent beaucoup d’efforts, y compris des services de l’État, qui pourraient être mieux utilisés pour faire face collectivement au défi de la restauration de la libre circulation.

Le saumon est une espèce emblématique, avec qui nous entretenons des rapports particuliers depuis plusieurs siècles. Il est aujourd’hui au cœur de conflits qui le dépassent : enjeux à court vs long terme, locaux vs globaux, transition énergétique vs préservation de la biodiversité… Son statut en France, d’ici la fin du siècle, sera révélateur des priorités et des compromis que nous aurons collectivement mis en œuvre.

The Conversation

Etienne Prevost a reçu des financements publics.

Amaia Lamarins et Mathieu Buoro ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur poste universitaire.

ref. Peut-on encore éviter la disparition du saumon sauvage en France ? – https://theconversation.com/peut-on-encore-eviter-la-disparition-du-saumon-sauvage-en-france-277406

Peut-on faire confiance aux sondages politiques ? Un statisticien nous donne les clés pour les décrypter

Source: The Conversation – in French – By Léo Gerville-Réache, Modélisation statistique, Université de Bordeaux

En vue de l’élection présidentielle de 2027, nous allons être matraqués de sondages. Quelle confiance accorder à ces chiffres ? Pour le comprendre, il faut se pencher sur les statistiques, déterminer comment elles sont construites et déterminer les biais et les incertitudes.


Le dimanche 7 juillet 2024, le verdict des urnes a balayé des semaines de « certitudes statistiques ». Alors que les instituts plaçaient le Rassemblement national (RN) et ses alliés en tête avec une fourchette de 170 à 230 sièges, les résultats définitifs ont figé le compteur à 143 sièges, reléguant le parti à la troisième place.

Comment un appareil statistique aussi sophistiqué a-t-il pu manquer la physionomie de l’Assemblée à ce point ? La réponse ne réside pas seulement dans de « mauvais chiffres », mais dans un décalage structurel entre ce que la loi encadre, ce que la statistique permet, et ce que le public entend.

Le « sondage » contrôlé contre la « projection » libre

Depuis la loi no 2016-508 du 25 avril 2016, la Commission des sondages est chargée de veiller au respect de la réglementation. Elle s’est dotée d’un site donnant accès aux notices explicatives de l’ensemble des sondages électoraux publiés, et publie régulièrement des communiqués. Le 18 juin 2024, à l’occasion des élections législatives, la commission alerte sur une distinction juridique fondamentale qui échappe souvent au grand public :

  • Le sondage (contrôlé) : une enquête statistique sur un échantillon représentatif de l’ensemble du territoire hexagonal. La commission exerce ici un contrôle systématique sur la méthode de sélection, les quotas et les redressements.

  • La projection en sièges (non contrôlée) : c’est un exercice de « traduction » du vote national en sièges parlementaires. La commission est formelle : elle n’exerce aucun contrôle sur ces chiffres et recommande la prudence.

Pourquoi ? Parce que la projection est tributaire de 577 réalités locales : offre politique spécifique, notoriété des candidats et, surtout, les configurations de seconds tours (triangulaires, désistements) qui dépendent du taux de participation. En somme, la loi encadre la « matière première » (l’intention de vote), mais laisse le « produit fini » (la projection en sièges) dans une zone grise méthodologique.

Le mirage des marges d’erreur

L’un des plus grands malentendus réside dans l’affichage des marges d’erreur, perçues à tort comme une mesure globale de la fiabilité. Depuis la loi de 2016, chaque première publication d’un sondage doit obligatoirement indiquer sa marge d’incertitude. Pourtant, la quasi-totalité des instituts français utilise la méthode des quotas, une technique sur laquelle la notion mathématique de marge d’erreur n’a techniquement « pas de sens », comme les instituts l’admettaient eux-mêmes devant le Sénat.

En « théorie des sondages », on distingue explicitement :

  • les sondages « aléatoires », où chaque individu de la population cible du sondage a une probabilité connue et non nulle de faire partie de l’échantillon de répondants, et on se sert de ces probabilités pour établir des marges d’erreur. Ici la « représentativité » est, par construction, indiscutable.

  • les sondages par « quotas » où il s’agit de contrôler que la structure de l’échantillon de répondants au sondage est similaire à celle de la population cible (essentiellement : sexe, âge, catégorie socioprofessionnelle, région de résidence et catégorie d’agglomération). Ici, la « représentativité » est seulement partiellement contrôlée, et la probabilité de chaque individu, d’appartenir à l’échantillon, est inconnue.

Pour comprendre l’origine de cette ambiguïté sur les marges d’erreur, il faut remonter au rapport no 54 du Sénat de 2010 qui a entériné un glissement sémantique majeur en estimant qu’il était « tout à fait possible » de considérer que les quotas génèrent des incertitudes « similaires » à la méthode aléatoire.

Or, Pascal Ardilly (inspecteur général de l’Insee et auteur de l’incontournable livre les Techniques de sondage), auditionné par le Sénat, précisait explicitement que faire l’hypothèse de marges d’erreur similaires pour les résultats d’un sondage, qu’il soit issu de la méthode des quotas ou de la méthode aléatoire, relevait d’une hypothèse très forte et non vérifiée d’absence de biais pour la méthode des quotas.

Un glissement analogue apparaît avec l’usage tronqué de la notion d’« échantillonnage contrôlé » attribuée à Jerzy Neyman (considéré comme l’un des fondateurs de la statistique moderne).

En omettant le mot « aléatoire » dans l’expression originelle « échantillonnage aléatoire contrôlé », on fait comme si le contrôle des quotas pouvait se substituer au hasard. Pourtant, scientifiquement, le mot « aléatoire » change tout : le « contrôlé » n’est pas une ambiance mais un hasard encadré par un plan de sélection rigoureux qui permet de construire mathématiquement des marges d’erreur.

C’est ce qui rend la notion de « représentativité » si exigeante : elle ne peut être revendiquée que si les marges d’erreur découlent scientifiquement du plan de sélection, ce que la méthode des quotas ne peut pas invoquer, en toute généralité. En reprenant une formulation de compromis – « les marges d’erreur… le cas échéant par référence à la méthode aléatoire » – la loi a figé des mots statistiques sans en figer les conditions de validité, laissant croire au public que la marge d’erreur affichée (en général, seulement lors de la première publication) est l’assurance tous risques d’un chiffre qui se veut destin.

Quand la convergence fabrique l’erreur collective

En science, il est souvent rassurant de constater que diverses études donnent des résultats « compatibles ». Malheureusement, il peut s’agir d’une hallucination collective !

En 2024, les principaux instituts de sondage dont les travaux étaient relayés dans les médias, donnaient, quelques jours avant le second tour, des projections très éloignées des résultats définitifs.

Ce phénomène est ce que j’appelle une « communauté de biais ». Lorsque plusieurs instituts utilisent des méthodes similaires et des redressements basés sur les mêmes hypothèses (comme le report de voix entre blocs), une erreur commune peut se produire. La stabilité des chiffres n’est alors pas un gage de fiabilité, mais le symptôme d’une confiance collective dans une erreur collective.

La présidentielle : un cadre « pur » qui n’élimine pas les biais

Dans le cadre de l’élection présidentielle, le dispositif semble pourtant idéal : on sort des incertitudes liées aux 577 scrutins locaux pour revenir au « sondage pur », tel que défini et strictement contrôlé par la commission. Cependant, il est impératif de comprendre que le contrôle réglementaire assure une transparence démocratique, mais ne garantit en rien une « vérité » statistique. Le malentendu principal réside dans la confusion entre la marge d’erreur théorique et la fiabilité globale.

Lors de l’élection présidentielle de 2012, par exemple, pour une intention de vote de 25 %, les marges d’erreur « théoriques » affichées étaient de l’ordre de 1,8 à 2,7 points (selon le nombre de répondants). Après analyse statistique des écarts des résultats de tous les candidats entre le scrutin et les dernières estimations, elles se situaient en réalité entre 4 et 6 points. Pour exemple, un candidat crédité de 25 % d’intention de vote était essentiellement prévu entre 23 % et 27 % alors que la précision sincère du sondage se situait entre 21 % et 29 %.

Ce décalage s’explique par la nature même de l’erreur totale, qui n’est pas qu’une simple variance (un flou lié à la taille de l’échantillon et sa variabilité), mais peut aussi être un biais (un décalage structurel). Ce biais est alimenté par la vie réelle des sondages : non-réponses, indécisions, modes de collecte ou ajustements méthodologiques plus ou moins assumés.

Lorsque tous les acteurs utilisent des méthodes de redressement et des panels « similaires » (électeurs recrutés essentiellement sur Internet et qui répondent régulièrement aux sondages qui leur sont soumis), ils peuvent produire une histoire cohérente… mais erronée dans la même direction.

Ce constat impose, il me semble, une véritable « hygiène du commentaire » : il faut cesser de considérer les « fourchettes » affichées (lorsqu’elles le sont) comme le curseur permettant de décider si une campagne « stagne », « bouge » ou « bascule ».

2027 : Vers une maturité de l’information électorale ?

À l’approche du double scrutin de 2027 – l’élection présidentielle suivie d’élections législatives – l’enjeu n’est pas seulement de savoir qui « gagnera », mais de définir comment nous acceptons d’être informés (voire influencés). La séquence de 2024 a servi de rappel brutal : un appareil « statistique », aussi sophistiqué soit-il, peut totalement manquer la physionomie d’une assemblée si l’on confond l’intention de vote nationale avec la projection locale en sièges.

Pour l’élection présidentielle de 2027, le défi sera de ne pas se laisser enfermer dans le confort d’un chiffre unique. Le cadre sera « pur » et contrôlé par la Commission des sondages, mais l’expérience de 2012 (et en réalité celle de bien d’autres) nous rappelle qu’une marge d’erreur « théorique » de deux points peut masquer une imprécision réelle de plus de cinq points une fois les biais potentiels intégrés. Il est temps que les médias et le public adoptent un « pacte de sobriété » : privilégier les fourchettes larges et admettre qu’à trois points (voire cinq points) d’écart, rien n’est clair.

Concernant les législatives qui suivront, la vigilance devra être redoublée sur les projections en sièges. Comme l’a souligné la Commission des sondages, ces exercices ne bénéficient d’aucun encadrement méthodologique strict et dépendent de paramètres locaux (offres politiques, désistements) qu’un sondage national ne peut saisir. Continuer à présenter ces projections comme des résultats scientifiques et fiables, c’est entretenir une « confiance collective dans une erreur collective ».

En définitive, mon propos appelle une alliance entre culture statistique et culture civique. La loi de 2016 a ouvert la « boîte noire » en imposant la transparence des notices. Il appartient désormais aux acteurs du débat public de transformer cette transparence en une véritable « hygiène du commentaire ».

Un chiffre n’est pas un destin, c’est une mesure ; et en démocratie, le destin n’appartient qu’au vote, une fois les hypothèses, les méthodes, les estimations et les projections remises à leur juste place.

Et pour les élections municipales ? Dans les grandes villes (Paris, Lyon, Marseille…), les instituts s’appuient le plus souvent sur leurs panels, puis filtrent les répondants pour ne retenir que les personnes inscrites sur les listes électorales de la commune (et, le cas échéant, de l’arrondissement/secteur). La méthode des quotas et les redressements restent les principaux outils statistiques mobilisés pour estimer les intentions de vote. Restons vigilants !

The Conversation

Léo Gerville-Réache ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Peut-on faire confiance aux sondages politiques ? Un statisticien nous donne les clés pour les décrypter – https://theconversation.com/peut-on-faire-confiance-aux-sondages-politiques-un-statisticien-nous-donne-les-cles-pour-les-decrypter-276475

Le pouvoir des communes face à l’État : enjeu caché des municipales

Source: The Conversation – in French – By Luc Rouban, Directeur de recherches (CNRS) au Cevipof, Sciences Po

À un an de l’élection présidentielle, les municipales de 2026 sont un scrutin charnière, révélateur de l’état réel du paysage politique français. Cependant, derrière l’affrontement partisan se joue un enjeu plus profond : savoir si la commune reste un lieu essentiel de notre démocratie, ou si elle s’est muée en simple rouage administratif.


Les élections municipales de 2026 vont revêtir une importance particulière. Tout d’abord, parce qu’elles vont constituer un test pour mesurer les rapports de force politiques avant l’élection présidentielle de 2027 qu’elles précèdent immédiatement, une situation qui ne s’était pas reproduite depuis 2001. Ensuite, parce qu’elles interviennent dans un contexte de trouble, voire d’usure démocratique. La séquence ouverte par les élections législatives de 2024, faite d’instabilité et d’impuissance gouvernementale, est venue parachever un processus de décomposition et de recomposition politique amorcé depuis 2017 et la première victoire d’Emmanuel Macron.

Mais derrière les enjeux partisans se profile un enjeu caché, celui de la conception même du rapport au politique. Les élections municipales de 2026 vont raviver un très ancien débat sur ce que sont les communes et le pouvoir local. S’agit-il d’une forme d’organisation urbaine destinée à rationaliser l’action publique ou bien de l’expression plus ou moins spontanée de libertés venant se concrétiser dans une communauté ?

La nationalisation des élections municipales

Bien qu’elles soient locales par définition, les élections municipales vont revêtir une valeur nationale. Dans l’état actuel de confusion politique, chaque parti entend montrer qu’il dispose d’un ancrage territorial et se trouve ipso facto en mesure de répondre aux attentes des Français sur le terrain. Le Rassemblement national (RN) est devenu le parti dominant, mais n’a pas pu réunir un vivier d’élus locaux suffisant pour démontrer son omniprésence et a préparé environ 700 listes. Son espoir est de conquérir quelques grandes villes, comme Calais ou Toulon. La question se posera de savoir si la suprématie des Républicains (LR) dans les villes de plus de 9 000 habitants, actée en 2020, pourra se prolonger sans entériner « l’union des droites » avec le RN.

À gauche, la fin du Nouveau Front populaire met en concurrence La France insoumise (LFI) et le Parti socialiste (PS) pour le leadership dans la perspective de la présidentielle de 2027, avec l’engagement de députés LFI à l’assaut de Paris ou de Marseille. Le PS va mesurer la portée de sa stratégie de recentrage et d’alliance avec Les Écologistes pour espérer récupérer des villes passées à droite en 2014, comme Reims ou Toulouse. Pour le bloc central, l’enjeu est celui de savoir ce que pèse encore le macronisme, alors que Renaissance a préféré soutenir des candidats Horizons (à Paris), divers droite (à Lyon) ou d’anciens LR (à Marseille).

Projeter sur les élections municipales les enjeux de l’élection présidentielle permet aux partis politiques de renforcer leur légitimité alors qu’ils sont désormais faibles et incapables de canaliser la violence sociale. Cette instrumentalisation occulte cependant la nature du débat démocratique que soulèvent ces élections.

Une histoire du long terme

Pour comprendre ce dont se revêt le pouvoir municipal dans la France de 2026, il faut bien cerner l’importance d’un débat historique qui entoure l’apparition du fait communal au détour des IXe et Xe siècles. Les communes, souvent issues des paroisses catholiques, se sont alors multipliées dans un cadre juridique nouveau, celui de chartes passées avec des autorités de tutelle – rois, seigneurs, autorités ecclésiastiques – qui leur concédaient des libertés de gestion mais, surtout, reconnaissaient l’existence de pouvoirs sociaux autonomes : les communes deviennent des personnes morales.

On doit surtout retenir le fait qu’elles deviennent l’expression d’une solidarité entre les habitants, qui se doivent « foi, assistance et conseil ». Ceux-ci participent à des assemblées générales convoquées « à corz cornant et à cloiche sonant », selon un modèle institutionnel qui se diffuse en Europe.

Deux facteurs sociopolitiques vont jouer un rôle décisif dans l’invention de la commune, que l’on retrouve très clairement dans la France du XXIe siècle : d’une part, un mouvement de différenciation et d’individuation, qui conduit à l’affirmation d’une identité locale collective ou communautaire et, d’autre part, un effondrement du pouvoir central, marqué par l’instabilité et l’inefficacité. Petit parallèle historique : Louis II dit le Bègue reste roi des Francs deux ans (877-879), Charles III le Gros trois (884-887), tout comme Louis III (879-882), et le dernier roi carolingien, Louis V, un an (986-987). Comme le souligne Émile Durkheim dans un texte de 1903 : « L’activité de la société est en raison inverse de l’activité de l’État. » L’émancipation de la société conduit à inventer de nouvelles structures politiques qui permettent de se protéger et d’affirmer ses libertés.

De l’institution communautaire à l’institution oligarchique

Cette conception de la commune va disparaître sous l’effet d’un mouvement de concentration oligarchique qui s’opère à partir du XIVe siècle, puis d’une nouvelle doctrine juridique venant à l’appui de la centralisation monarchique à partir du XVIᵉ siècle, qui fera progressivement de la commune un simple rouage de la puissance royale, dont les représentants, les maires, ne sont plus élus mais titulaires d’offices, dont l’achat devient une aubaine financière pour l’État. En 1555, un édit royal crée les généralités (ancêtres de nos préfectures) sous la conduite d’un intendant nommé par le roi qui va contrôler les finances communales et vérifier si les élus ne s’octroient pas trop d’indemnités.

Cette évolution oligarchique et de concentration du pouvoir municipal est le produit de deux facteurs opposés. Le premier, apparu très tôt, est le besoin de disposer de maires ayant fait des études juridiques et disposant d’un bagage universitaire. Très vite, dès le XIIIe siècle, les bourgeois sont à la recherche de bons maires pour leur commune, ce qui implique déjà un certain savoir-faire professionnalisé. Cette nouvelle élite va s’associer à la bourgeoisie marchande et aux Parlements pour contrer le pouvoir royal mais, de ce fait, s’insérer dans de plus vastes réseaux sociaux et familiaux. Le second, inverse, mais jouant paradoxalement dans le sens d’une dévitalisation de l’idée communale et communautaire originelle, tient à la construction de l’État moderne, qui impose de disposer de rouages locaux et appuie les élites locales dans leur lutte contre la noblesse et les seigneurs.

Les conseils et les « jurés » ou les « échevins » vont rapidement s’imposer, tandis que les assemblées de citoyens disparaissent peu à peu. Bien que la Révolution et les régimes républicains qui lui succèdent fassent de l’élection démocratique le ressort du pouvoir municipal, ce dernier se réduit désormais à un contre-pouvoir plus ou moins fragile par l’insertion des maires dans la notabilité, qui conduit aux fonctions politiques nationales.

Le pouvoir municipal à la croisée des chemins

En 2026, le pouvoir municipal se retrouve en tension entre ces deux acceptions de la commune. La première est celle du pouvoir direct des citoyens, tel qu’il s’exprime positivement dans l’investissement dans les assemblées participatives locales et, négativement, dans les agressions dont les maires font l’objet en nombre croissant. L’idée d’un pouvoir de proximité, efficace et rapide, est partagée par une majorité de citoyens. Le Baromètre de la confiance politique du Cevipof montre ainsi qu’a émergé une autre idée du pouvoir politique, moins partisan et plus soucieux du détail des vies ordinaires.

Alors que le pouvoir central est fortement critiqué, le pouvoir local est apprécié : si 22 % des enquêtés ont encore confiance dans l’institution présidentielle, 60 % font confiance à leur maire, 58 % à leur conseil municipal. Bien plus, la demande de décentralisation est forte. Les enquêtés estiment à 79 % qu’il faudrait donner plus de pouvoir aux collectivités locales face l’État. Cette moyenne ne varie ni en fonction du niveau de diplôme, ni de la catégorie socioprofessionnelle, ni même du vote au premier tour de l’élection présidentielle de 2022 puisque cette proportion est de 82 % chez les électeurs de Jean-Luc Mélenchon, de 81 % chez ceux d’Emmanuel Macron et de 83 % chez ceux de Marine Le Pen. On est donc en présence d’une demande générale.

La commune reste le lieu de l’efficacité immédiate et de son évaluation rapide par les administrés. La gestion municipale reste d’ailleurs assez étrangère aux engagements partisans. Ce n’est pas par hasard si le facteur qui joue le plus sur le niveau de confiance dans les maires, bien avant la position politique ou les variables sociologiques lourdes, est constitué par le niveau de confiance dans les entreprises privées. Cette observation introduit cependant la seconde dimension du pouvoir municipal.

Celui-ci s’est concentré entre les mains des maires dans un cadre institutionnel où la « prime majoritaire » du scrutin laisse peu de place aux oppositions puisqu’une victoire modeste dans les urnes peut conduire à disposer d’une majorité écrasante de conseillers municipaux. Jusqu’à 50 000 habitants, en moyenne, les listes gagnantes ont obtenu en 2020 autour de 80 % des conseillers, 73 % entre 50 000 et 100 000 habitants et 69 % dans les grandes villes au-delà de 100 000 habitants avec une diversification de la compétition électorale.

Mais on observe aussi un renforcement récent du caractère oligarchique du pouvoir municipal, notamment par le développement des politiques de communication qui personnalisent fortement l’action municipale et valorisent la seule image du maire. Le profil socioprofessionnel des maires est devenu par ailleurs de plus en plus étroit, privilégiant les catégories supérieures ou moyennes diplômées. Entre 2014 et 2020, la proportion de maires issus des catégories supérieures est passée en moyenne dans l’Hexagone de 25 % à 43 %, et dans les outre-mer de 42 % à 49 %. Le mouvement est général, même si la taille des communes vient le moduler, puisque cette proportion passe de 34 % dans les communes de moins de 500 habitants à 72 % dans celles de 30 000 habitants et plus.

Origine sociale des maires de France en 2019 et 2025

Même si les maires bénéficient d’un crédit perdu par le personnel politique national, ils constituent néanmoins une oligarchie souvent impuissante. Les communes dépendent étroitement des dotations financières de l’État et doivent s’insérer dans un carcan de normes nationales tant en matière de santé, d’environnement que de développement urbain ou économique. L’autonomie locale est encore réduite par la nécessité de s’insérer dans des intercommunalités qui décident de plus en plus de la vie quotidienne des habitants, en matière de transports ou de voirie. La décentralisation a été interprétée comme une déconcentration de l’État, laissant les tâches routinières et ingrates au local.

La question municipale résume donc, en 2026, les deux orientations contradictoires qui mettent la démocratie à l’épreuve de l’arbitrage entre deux efficacités politiques. La première reste fidèle à une anthropologie politique faisant du local un lieu de solidarité, de participation et d’identité, ce qui explique pourquoi la France a toujours 35 000 communes. La seconde fait de la gestion municipale un facteur d’adaptation territoriale d’une action publique unitaire et verticale supposée intégrer la société française.


Luc Rouban, est l’auteur de la Société contre la politique aux Presses de Sciences Po. Cet article est publié en partenariat avec Conférence Sciences Po.

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Luc Rouban ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Le pouvoir des communes face à l’État : enjeu caché des municipales – https://theconversation.com/le-pouvoir-des-communes-face-a-letat-enjeu-cache-des-municipales-276931