¿Cuáles son las verdaderas posibilidades de encontrar vida inteligente extraterrestre?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

El ser humano sigue buscando vida extraterrestre inteligente, a pesar de que las incógnitas son muchas más que las certezas. Joshua Earle / Unsplash. , CC BY-SA

La pregunta sobre si estamos solos en el universo es hoy más científica que filosófica. Sabemos que el cosmos está lleno de planetas y que la química de la vida no es exclusiva de la Tierra. Sin embargo, cuando descendemos al detalle –cuántos planetas son realmente habitables y qué sabemos de sus atmósferas– la respuesta se vuelve mucho más cauta. La realidad es que nuestros datos son todavía escasos y, en muchos casos, indirectos.

Astrobiología, lo que sabemos… y lo que no

La astrobiología ha demostrado que los ingredientes básicos de la vida (carbono, agua, fuentes de energía) son comunes. En la Tierra, algunos microorganismos sobreviven en ambientes extremos: volcanes submarinos, desiertos hipersalinos o regiones polares. Esto sugiere que la vida podría surgir en contextos muy variados.

Pero solo tenemos un ejemplo de vida: el terrestre. No sabemos si la aparición de organismos complejos fue casi inevitable o un accidente improbable. Tampoco sabemos si la inteligencia tecnológica es una consecuencia frecuente de la evolución o una rareza extraordinaria. La hipótesis del “gran filtro” plantea que existe un obstáculo, en algún punto entre materia inerte y civilizaciones interestelares, que hace que las segundas sean extremadamente improbables.

Exoplanetas habitables, abundantes, pero mal conocidos

Desde el descubrimiento del primer exoplaneta alrededor de una estrella parecida al Sol en 1995, el catálogo ha crecido hasta sumar miles. Misiones como Kepler y TESS han mostrado que los planetas son comunes en la galaxia.

Muchos se encuentran en la llamada “zona habitable”, la región alrededor de una estrella donde podría existir agua líquida en superficie. Pero este concepto es simplificador: estar en la zona habitable no garantiza océanos, ni atmósfera estable, ni protección frente a radiación intensa.

Y aquí aparece el punto crucial: los datos que tenemos sobre exoplanetas potencialmente habitables son extremadamente limitados.

En la mayoría de los casos, solo conocemos su radio, masa estimada y periodo orbital. A partir de esos datos, inferimos densidades promedio, lo que permite clasificar un planeta como probablemente rocoso o gaseoso. Pero desconocemos su tectónica, su campo magnético, su actividad volcánica o la composición real de su superficie.

Investigando condiciones habitables

En cuanto a atmósferas, nuestro conocimiento es aún más precario. Solo en algunos casos (generalmente planetas grandes y cercanos) se han podido estudiar mediante espectroscopía de tránsito. Incluso el potente James Webb Space Telescope apenas comienza a caracterizar atmósferas de “supertierras” o “minineptunos”, no de auténticas “Tierras gemelas” del tamaño y condiciones exactas de nuestro planeta.

Composición atmosférica del exoplaneta WASP-96 b.
NASA, ESA, CSA, STScI

Detectar oxígeno, metano u otros posibles biomarcadores en planetas rocosos pequeños es, hoy por hoy, extremadamente difícil. Las señales son débiles, los datos ruidosos y las interpretaciones ambiguas. El oxígeno, por ejemplo, puede generarse por procesos no biológicos, y el metano puede tener origen geológico. Separar señal biológica de procesos abióticos requiere observaciones repetidas y modelos atmosféricos muy detallados que todavía están en desarrollo.

En otras palabras, aunque hablamos de “planetas habitables”, en realidad estamos trabajando con estimaciones estadísticas más que con caracterizaciones completas. Nuestra muestra de mundos rocosos con atmósferas bien estudiadas es, literalmente, inexistente en comparación con la diversidad que suponemos que existe.

Buscar inteligencia: señales de radio y tecnofirmas

La búsqueda directa de vida inteligente se canaliza principalmente a través de iniciativas como la del Instituto SETI Institute, que emplea radiotelescopios para detectar señales artificiales en el rango de microondas, una banda relativamente silenciosa del espectro natural.

VLA (Very Large Array), un conjunto de 27 radio antenas colocadas en Nuevo México.
Alex Savello/NRAO

El problema es doble. Primero, temporal: una civilización tecnológica podría generar señales detectables solo durante una fracción muy breve de su existencia. La humanidad lleva poco más de un siglo emitiendo radio al espacio. Segundo, espacial: la Vía Láctea tiene unos 100 000 años luz de diámetro. Incluso una señal enviada desde “solo” 1 000 años luz implicaría un retraso milenario en cualquier respuesta.

Además, estamos suponiendo que otras civilizaciones utilicen tecnologías comparables a las nuestras. Podrían emplear métodos de comunicación que no detectamos o no reconocemos como artificiales. Por eso, también se buscan “tecnofirmas” o huellas indirectas de actividad tecnológica, como contaminación industrial en atmósferas lejanas o patrones energéticos anómalos.

Ejemplos de ‘tecnofirma’, cualquier propiedad o efecto que pueda ser medible y que proporcione evidencia científica de la existencia de tecnología y, por tanto, vida inteligente en el espacio, bien sea en el pasado o en la actualidad.
Wikimedia Commons., CC BY

Las distancias: el límite físico

La exploración directa es prácticamente inviable con la tecnología actual. La estrella más cercana, Próxima Centauri, está a más de cuatro años luz. A las velocidades de nuestras sondas más rápidas, un viaje hasta allí requeriría decenas de miles de años. Incluso propuestas futuristas que contemplan velas impulsadas por láser apenas rozan la viabilidad teórica.

Concepto de nave con una vela solar.
Bert Willemsen/ArtStation

Esto convierte la búsqueda en un ejercicio de paciencia y estadística. Observamos miles de estrellas, acumulamos datos y esperamos detectar anomalías consistentes.

Entonces, ¿cuáles son las posibilidades?

Sabemos que:

  • Los planetas son comunes.

  • Algunos están en zonas potencialmente habitables.

  • La química orgánica es abundante en el cosmos.

Pero no sabemos:

  • Cuán frecuente es la vida microbiana.

  • Si la vida compleja es habitual.

  • Si la inteligencia tecnológica es común o excepcional.

  • Cuánto duran las civilizaciones emisoras.

Y, sobre todo, no conocemos con suficiente detalle las atmósferas y condiciones reales de los exoplanetas rocosos en zonas habitables. Nuestra muestra es pequeña y nuestros instrumentos aún están en fase de aprendizaje.

La conclusión es prudente: las posibilidades no son despreciables, pero nuestra capacidad de evaluación todavía es limitada. En cierto sentido, estamos en una etapa preliminar, similar a la biología antes del microscopio moderno.

Las próximas décadas, con telescopios más grandes y técnicas más refinadas, podrían cambiar radicalmente el panorama. Hasta entonces, la pregunta sigue abierta, sostenida más por el asombro que por la evidencia concluyente.

The Conversation

Carlos Vázquez Monzón ha recibido fondos de la Unión Europea-NextGenerationEU, y de la Xunta de Galicia bajo la beca ED 431B 2020/38

ref. ¿Cuáles son las verdaderas posibilidades de encontrar vida inteligente extraterrestre? – https://theconversation.com/cuales-son-las-verdaderas-posibilidades-de-encontrar-vida-inteligente-extraterrestre-277276

Por qué cuando nos hacemos mayores el sueño se vuelve más ligero y cómo repercute en la salud

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Urrestarazu Bolumburu, Consultor Clínico. Servicio de Neurofisiología Clínica. Unidad de Sueño., Universidad de Navarra

Microgen/Shutterstock

Con el paso de los años, es normal notar que nuestro sueño cambia. Dormimos menos horas, nos despertamos más durante la noche y nos cuesta más conciliar el sueño. De hecho, existe una idea generalizada de que las personas mayores necesitan menos descanso nocturno.

Sin embargo, la evidencia científica sugiere que el problema no es una menor necesidad, sino una menor capacidad para generar un sueño profundo y continuo. El cerebro envejecido continúa necesitando descansar, pero le cuesta más hacerlo bien. Sigue “durmiendo”, pero lo hace de forma más superficial. Es como si el interruptor que mantiene el sueño estable perdiera firmeza con el paso del tiempo.

Qué ocurre en el cerebro para que el sueño se vuelva más ligero

Uno de los principales factores del peor descanso con el avance de la edad es la pérdida de estabilidad del sistema que regula el sueño y la vigilia. En el cerebro joven, este sistema funciona como un interruptor firme: o estamos despiertos o estamos dormidos. Según cumplimos años, algunas neuronas encargadas de promover y mantener el sueño se van perdiendo, y otras que sostienen la vigilia también se debilitan. Como consecuencia, el cerebro cambia de estado con mayor facilidad, lo que favorece un sueño más ligero y fragmentado.

A esto se suma el envejecimiento del reloj biológico. El núcleo supraquiasmático, un grupo de neuronas que coordina los ritmos circadianos de todo el organismo, sigue funcionando, pero el día se vuelve más corto y se adelanta, y además su señal se vuelve menos intensa. Esto favorece que las personas mayores tiendan a dormirse y despertarse antes y explica por qué el sueño nocturno es menos consolidado y más sensible a estímulos externos, al tiempo que aumenta la somnolencia durante el día. El cerebro recibe una señal menos clara de cuándo debe dormir y cuándo mantenerse despierto.

Otro cambio importante afecta a la llamada presión de sueño, que se acumula a lo largo del día y nos empuja a dormir por la noche, y que depende en parte de una sustancia conocida como adenosina. En el envejecimiento, el cerebro sigue acumulando cansancio, pero responde peor a esa señal. Aunque la necesidad de dormir sigue existiendo, le cuesta más traducirse en un sueño profundo y continuo.

Además, dicho sueño profundo, fundamental para la recuperación cerebral, también se ve directamente afectado por los cambios estructurales del cerebro. Esta fase del sueño se genera sobre todo en regiones frontales, que con la edad pierden grosor y conexiones. Como resultado, las ondas cerebrales lentas que caracterizan el sueño profundo se vuelven más débiles y menos frecuentes –especialmente al inicio de la noche–, cuando antes eran más abundantes.




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Durante el sueño, el cerebro también emite señales breves que ayudan a consolidar los recuerdos del día. Con el envejecimiento, esas señales disminuyen y se coordinan peor con el sueño profundo.. Esto contribuye a que el aprendizaje y la memoria se vuelvan menos eficientes, incluso en personas mayores sanas.

Por último, el envejecimiento afecta a las conexiones que permiten que las distintas regiones del cerebro trabajen de forma sincronizada durante la noche. Aunque las neuronas que generan el sueño sigan presentes, sus señales se propagan peor. El resultado es un sueño menos profundo, más fragmentado y menos reparador.

Es importante destacar que, aunque el sueño del anciano sano es más frágil, estos cambios no implican necesariamente problemas cognitivos, sino que se consideran parte del envejecimiento fisiológico del cerebro.

No todo es biología

A estos cambios biológicos se suman factores no estrictamente cerebrales que influyen de forma decisiva en el sueño de la persona anciana y que, a menudo, interactúan con los mecanismos neurobiológicos ya descritos. La pérdida de rutinas diarias, como horarios laborales regulares, actividad física estructurada o exposición constante a la luz natural, debilita las señales externas que ayudan a sincronizar el reloj biológico, amplificando la fragmentación del sueño.

En esta época de la vida son más frecuentes los trastornos del sueño como el insomnio y la apnea obstructiva del sueño que van a fragmentarlo. Al mismo tiempo, una mayor carga de enfermedades crónicas, como el dolor persistente, las enfermedades cardiovasculares o respiratorias, y los trastornos del estado de ánimo, introducen despertares nocturnos adicionales y reduce la continuidad del descanso.

A ello se añade el uso frecuente de fármacos que, aunque necesarios, pueden alterar la arquitectura del sueño: desde hipnóticos y ansiolíticos que modifican el descanso profundo, hasta antidepresivos, betabloqueantes o diuréticos que interfieren con el inicio, la estabilidad o la continuidad del sueño.

En conjunto, estos factores actúan como moduladores que no explican por sí solos el envejecimiento del sueño, pero sí pueden intensificarlo y hacerlo clínicamente relevante cuando se superponen a un cerebro ya más vulnerable.




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Cuando el sueño deja de ser “normal”: deterioro cognitivo y demencia

En los últimos años se ha acumulado una evidencia creciente sobre los efectos nocivos de la privación de sueño y de los trastornos del sueño en la salud cerebral. Dormir mal no solo se asocia a peor rendimiento cognitivo a corto plazo, sino también a un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia a largo plazo.

Este creciente interés ha puesto el foco en el sueño de las personas mayores, una etapa de la vida en la que el descanso cambia de forma casi universal. Sin embargo, uno de los mayores retos actuales es trazar una línea clara entre los cambios del sueño que forman parte del envejecimiento normal, sin consecuencias negativas físicas o mentales, y aquellos que pueden constituir una manifestación temprana de procesos neurodegenerativos aún subclínicos. Ante una persona que con la edad comienza a percibir empeoramiento de las características de su sueño (más despertares, más superficial, etc), no existen biomarcadores que permitan determinar si son cambios esperables normales con la edad o efectivamente se trata de una manifestación de procesos neurodegenerativos.

Aunque es normal que el sueño se vuelva más ligero con la edad, algunos cambios van más allá de lo esperable y pueden indicar un envejecimiento cerebral no saludable. Uno de los principales signos de alerta es una fragmentación marcada y progresiva del sueño, con múltiples despertares nocturnos prolongados y una sensación persistente de descanso no reparador, incluso cuando el tiempo total en cama es adecuado. A diferencia del envejecimiento normal, en estos casos el sueño pierde estabilidad y continuidad.




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Otro signo relevante es la aparición o el empeoramiento rápido de somnolencia diurna excesiva, especialmente cuando interfiere con la actividad cotidiana o aparece de forma desproporcionada respecto a las horas dormidas. Este patrón sugiere una pérdida de la capacidad del sueño para cumplir su función restauradora.

Desde el punto de vista neurocognitivo, resulta especialmente preocupante la coexistencia de alteraciones del sueño con cambios cognitivos sutiles, como dificultades recientes de memoria, atención o aprendizaje, aunque todavía no cumplan criterios de deterioro cognitivo. La investigación indica que esta combinación puede reflejar procesos neurodegenerativos incipientes.

También se consideran señales de alarma los cambios cualitativos del sueño, más que su simple acortamiento: desaparición casi completa del sueño profundo, reducción clara del sueño REM o una inversión progresiva del ritmo sueño–vigilia, con mayor actividad nocturna y somnolencia diurna. Estos patrones no son típicos del envejecimiento sano.

Por último, merece atención la necesidad creciente de hipnóticos o sedantes para dormir, así como la pérdida brusca de eficacia de tratamientos que antes sí funcionaban. En estos casos, el problema no suele ser solo de insomnio, sino de una alteración subyacente de los mecanismos cerebrales del sueño. Todos estos signos no permiten por sí solos diagnosticar una enfermedad neurodegenerativa, pero sí señalan la conveniencia de evaluar el sueño como un posible marcador temprano de riesgo, especialmente cuando los cambios son recientes, progresivos y se asocian a alteraciones cognitivas.

The Conversation

Elena Urrestarazu Bolumburu no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué cuando nos hacemos mayores el sueño se vuelve más ligero y cómo repercute en la salud – https://theconversation.com/por-que-cuando-nos-hacemos-mayores-el-sueno-se-vuelve-mas-ligero-y-como-repercute-en-la-salud-277924

Colombia tendrá un Congreso fragmentado y su próximo presidente dependerá de alianzas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mariana Ramos Algarra, Asesora de procesos académicos de la Especialización en Derechos Humanos, Derecho Internacional Humanitario y Justicia Transicional y Profesora de la Facultad de Estudios Jurídicos, Políticos e Internacionales, Universidad de La Sabana, Universidad de La Sabana

Las elecciones legislativas del 8 de marzo de 2026 dejaron un mensaje político claro: el sistema de partidos colombiano continúa profundamente dividido. Ningún proyecto político logró consolidar una mayoría que le permita gobernar sin alianzas. El nuevo Congreso, que entrará en funciones el próximo 20 de julio, estará caracterizado por su fragmentación.

La jornada electoral, que coincidió con consultas presidenciales de tres coaliciones, no solo redefinió la composición del Congreso para el periodo del 2026-2030, sino que también ofreció señales tempranas sobre el tipo de competencia política que marcará la carrera hacia la presidencia.

Más que una simple redistribución de curules (escaños), los resultados revelan un Congreso plural, un recambio parcial de liderazgos legislativos y una competencia presidencial que comienza a estructurarse alrededor de cuatro bloques políticos relevantes.

  • En primer lugar, el bloque progresista cercano al Gobierno y primera fuerza política en el recién electo Congreso. Está representado por el Pacto Histórico, cuyo candidato presidencial, Iván Cepeda, aparece liderando las encuestas.

  • En segundo lugar, el sector de derecha representado por Abelardo de la Espriella, quien no participó en las consultas presidenciales, pero cuya lista al Senado obtuvo cuatro curules.

  • En tercer lugar, la coalición de derecha y centroderecha, fortalecida en las consultas presidenciales tras la victoria de Paloma Valencia y con una presencia significativa en el Congreso. Esta convergencia partidista está encabezada por el Centro Democrático, partido liderado por el expresidente Álvaro Uribe.

  • En cuarto lugar, un espacio de centro que no salió fortalecido en las elecciones legislativas y que mostró menor capacidad de movilización en las consultas, pero que aún busca consolidarse como alternativa y podría resultar decisivo en la conformación de mayorías en el próximo Congreso.

Un Congreso plural y sin mayorías clara

Los resultados del Senado muestran que el partido oficialista Pacto Histórico se consolida como la mayor fuerza política con 25 escaños. Le sigue el partido de oposición Centro Democrático con 17. Detrás se encuentran partidos tradicionales como el Partido Liberal, con 13, el Partido Conservador, con 10, el Partido de la U, con 8, y Cambio Radical, con 7, además de otras fuerzas políticas minoritarias que completan el mapa legislativo.

Aunque el bloque progresista del Pacto Histórico emerge como la mayor bancada, está lejos de alcanzar las mayorías. En el Senado, requiere 52 curules para alcanzar la mayoría simple y controlar la agenda legislativa. El resultado confirma que ningún proyecto político podrá gobernar sin negociar con otras fuerzas.

El panorama en la Cámara de Representantes refuerza esta tendencia. De un total de 161 representantes, el Pacto Histórico consolida 37 escaños, once más que en las elecciones legislativas del 2022. El Centro Democrático alcanzó 28 curules, doce adicionales a las elecciones pasadas. El Partido Liberal logró otros 28, perdiendo cinco escaños con respecto al periodo anterior, y el Partido Liberal obtuvo 19, ocho menos.

La dispersión de fuerzas en ambas Cámaras muestra que el próximo presidente necesitará construir acuerdos amplios para aprobar reformas, incluso si cuenta con una bancada significativa. Ninguna de las dos fuerzas políticas dominantes –Pacto Histórico y Centro Democrático– logra acercarse a una mayoría legislativa, lo que implicará para el próximo Gobierno negociar con partidos tradicionales y bancadas intermedias que conservan un papel decisivo en la formación de coaliciones.

Este escenario no es completamente nuevo en la política colombiana. Desde la apertura multipartidista de las últimas décadas, los presidentes han gobernado a través de coaliciones legislativas. Sin embargo, la actual fragmentación refuerza la importancia que han tomado los partidos medianos y el peso de los acuerdos políticos posteriores a la elección presidencial.

Recambio político parcial en el Congreso

Más allá de la distribución de curules, estas elecciones también dejaron un fenómeno llamativo: varias figuras con trayectoria, relevancia y peso político no lograron regresar al Congreso.

Entre quienes quedaron fuera se encuentran líderes con amplia visibilidad y peso en sus regiones, como Jorge Enrique Robledo, catalogado como mejor senador en las encuestas. Tampoco estarán presentes los liberales Richard Aguilar, Alejandro Chacón, Jaime Durán, Horacio José Serpa, Juan Carlos Lozada ni los verdes Angélica Lozano, Inti Asprilla y Katherine Miranda. Tampoco tendrán espacio parlmentario los conservadores Antonio Zabaraín, Germán Blanco, Juan Diego Gómez y Soledad Tamayo, ni los congresistas del Partido de la U José Alfredo Gnecco y Juan Felipe Lemos y el senador de Cambio Radical Carlos Fernando Motoa, entre otros.

La salida de algunos de estos dirigentes refleja un recambio político parcial dentro del legislativo. No se trata, sin embargo, de una renovación completa: muchas de las estructuras partidistas tradicionales continúan presentes e incluso lograron la reelección de congresistas investigados. Al mismo tiempo, varias figuras con alto perfil en la opinión pública, pero con menor respaldo de estructuras electorales o maquinarias partidistas, tampoco consiguieron mantener su escaño. Lo que se observa es, más bien, una recomposición de liderazgos y redes electorales dentro del Congreso.

En varios casos, estas derrotas también sugieren cambios en las dinámicas electorales, donde nuevas figuras comienzan a disputar espacios que estuvieron dominados por liderazgos consolidados.

Las consultas presidenciales ordenan la competencia

La jornada electoral incluyó así mismo las consultas presidenciales de tres coaliciones políticas, un mecanismo mediante el cual diferentes coaliciones seleccionan un candidato único para competir en la elección presidencial.

En la consulta de la derecha y centro derecha se impuso la senadora Paloma Valencia con más de 3,23 millones de votos. Un poderoso respaldo para la candidata más votada de la jornada, que consolida su posición dentro de ese bloque político.

Otro de los resultados más llamativos fue el del economista Juan Daniel Oviedo, quien pertenecía también a la consulta de la derecha y se convirtió en el segundo candidato más votado entre todas las consultas, obteniendo cerca del 18 % del total de los votos emitidos.

La consulta del centro fue finalmente ganada por Claudia López, aunque con niveles de participación relativamente bajos, obteniendo apenas 573 000 votos. Algo similar ocurrió con la consulta del bloque progresista, donde el vencedor Roy Barreras obtuvo una votación de poco más de 256 000 votos.

La disparidad en los niveles de participación entre consultas ofrece pistas sobre la capacidad de movilización de cada bloque político y abren paso a una nueva tercera opción viable. Según estos análisis, la disputa estaría entre los candidatos que lideran las encuestas: Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella.

Un sistema político en reacomodo

Las elecciones del 8 de marzo no produjeron un giro abrupto en la política colombiana, pero sí evidencian un sistema en proceso de reacomodo. El Congreso sigue evidenciando un desgaste de los partidos tradicionales y una profunda fragmentación política, mientras que las consultas presidenciales terminaron de definir el tarjetón del próximo 31 de mayo.

Los resultados no solo anticipan la competencia presidencial que se desarrollará en los próximos meses. También delinean las condiciones bajo las cuales ejercerá el poder una vez termine la contienda electoral. El presidente que llegue a la Casa de Nariño enfrentará un Congreso plural, donde ninguna fuerza domina el escenario y donde su capacidad de impulsar su agenda legislativa, en buena medida, dependerá de su capacidad para articular mayorías legislativas duraderas.

The Conversation

Mariana Ramos Algarra no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Colombia tendrá un Congreso fragmentado y su próximo presidente dependerá de alianzas – https://theconversation.com/colombia-tendra-un-congreso-fragmentado-y-su-proximo-presidente-dependera-de-alianzas-277926

Inside the Manosphere: Louis Theroux opts for superficial spectacle over serious scrutiny

Source: The Conversation – UK – By Annabel Hoare, PhD Candidate in Gender-Based Political Violence, Anglia Ruskin University

The recent Netflix hit series Adolescence crystallised growing public concern about the proliferation of male supremacist beliefs targeted at young men. So Inside the Manosphere, Louis Theroux’s new documentary for the same platform, arrives at a critical moment in the masculinity debate.

Inside the Manosphere sets out to explore a group of prominent “manfluencers” who promise young men status, wealth and sexual success through a worldview shaped by misogynistic and male-supremacist beliefs about gender and power.

By crafting a stylised storyline that focuses on the few people benefiting from this phenomenon, the documentary risks presenting an idealised portrait of the manosphere that downplays the insecurity, hostility and exploitation that sustains it.

Despite moments of scrutiny, this documentary’s glamorisation of its subjects (epitomised by a slow motion shot of one subject stepping out of a sports car) renders the interrogation superficial. In other words, the show presents performative, profit-driven masculinity through the same aspirational lens that fuels these figures online appeal.

In doing so, Inside the Manosphere simplifies the vast range of misogynistic and male-supremacist attitudes, beliefs and identities circulating online and downplays the sheer scale of the harm caused by it.

What the documentary reveals

While this documentary is limited in its portrayal, it does offer viewers a glimpse behind the curtain of a growing “manfluencer” economy.

In following around several notable figures, Theroux places a spotlight on how these influencers carefully curate online identities that project moral authority, financial success and masculine credibility. And all while functioning as lucrative personal brands built on selling solutions to the anxieties of their audience. In this way, Theroux exposes the commercial logic that is driving the rise in extreme misogyny, where provocation, controversy and algorithmic engagement translate directly into profit and visibility.

The film also introduces viewers to the notion of “the red pill”, a metaphor borrowed from The Matrix (1999). This is widely used in manosphere spaces to describe an awakening to what some believe are the hidden truths governing gender relations and social power.

Through his exploration of the red pill idea, Theroux repeatedly stumbles upon an idea at the crux of what makes this worldview so exploitable: that men need to earn their worth in society. The red pill worldview frames modern society as hostile and stacked against men, portraying mainstream institutions and feminism as forces that have obscured the “true” rules governing gender and status.

In response, the red pill philosophy reframes masculinity as a competitive hierarchy that must be continuously navigated and optimised. By casting masculine value as something that must continually be earned, followers are left striving to keep up with ever-shifting standards of status and success. Meanwhile, influencers profit from offering the supposed path to achieving them.

Although the documentary repeatedly brushes against this critical dynamic, it rarely pauses to interrogate its significance, nor the harms these masculine norms produce, including the mental health struggles of those who internalise them. As a result, it falls short of the kind of sustained scrutiny that Theroux himself has argued is what gives spotlighting such figures its social value.

Instead, this documentary portrays the manosphere through a stylised and aspirational aesthetic. Slow-motion shots of his subjects in the gym, driving high-performance sportscars, wearing expensive watches and living in luxury apartments frame these influencers’ lifestyles with a cinematic sheen.

This means the show echoes the same aspirational aesthetics that underpin much of these influencers’ own branding. Elsewhere, clips of manfluencer content appear against stylised backdrops of red and black binary code over-dubbed with synth-wave music. This has the effect of rendering the content closer to internet theatre than a harmful ideological phenomenon.

The result risks trivialising the gravity of the misogynistic and male-supremacist ideas being promoted. Rather than showing how this booming economy has contributed to the normalisation of misogynistic ideas that have inspired mass violent attacks, and violence against women and girls, this documentary risks misleading viewers that the manosphere is no more than an entertainment culture.

The narrative framing of this documentary becomes clear in the way Theroux himself describes the manosphere’s composition, origins and ideological epicentre. Far from being largely made up of “relatively uncontroversial comedians and podcasters”, the manosphere encompasses a far broader network of forums, content and communities united by an anti-feminist and male-supremacist worldview.

While the misogynistic beliefs and male oppression narratives commonly seen online seem new due to their crossover with modern lifestyle, fitness, financial and entertainment cultures, these ideas did not originate with contemporary influencers, as Theroux suggests. Rather, they draw on much older traditions of anti-feminist thought.

These include “men’s self-help” movements centred on reclaiming declining masculine identities and political men’s rights movements that predate the internet. Recognising these historical roots is important because their familiarity makes these ideas more resonant and persistent.

While Theroux’s characterisation appears intended to justify the documentary’s focus on manfluencers, it inadvertently falls into the very trap that allows manosphere content to proliferate online: its ability to hide in plain sight.

The attention economy

How this documentary portrays the manosphere matters, not just for how it informs viewers, but for how it interacts with the forces that feed the phenomenon itself. On the internet, attention functions as the most valuable currency. Content that is provocative and engaging spreads quickly, rewarded by social media algorithms and amplified by cycles of debate and outrage.

In attempting to place a spotlight on the manosphere, this documentary becomes entangled in the spectacle that sustains it. The danger is that viewers may come away with a clear understanding of the style and aspirations of the manosphere. But they are left in the dark as to its harmful effects both to young men and women – and how this harm occurs.

As a result, Inside the Manosphere further fuels the attention economy that allows these figures to thrive. In these spaces, visibility equals power: controversy attracts clicks, clicks drive engagement, and engagement extends the reach and legitimacy of the ideas themselves.

This article features references to books that have been included for editorial reasons, and may contain links to bookshop.org; if you click on one of the links and go on to buy something, The Conversation UK may earn a commission.

The Conversation

Annabel Hoare does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Inside the Manosphere: Louis Theroux opts for superficial spectacle over serious scrutiny – https://theconversation.com/inside-the-manosphere-louis-theroux-opts-for-superficial-spectacle-over-serious-scrutiny-277902

Iran’s ruling structure explained

Source: The Conversation – USA (3) – By Eric Lob, Associate Professor of Politics and International Relations, Florida International University

People gather in a rally to support Ayatollah Mojtaba Khamenei, the successor to his late father, Ayatollah Ali Khamenei, as supreme leader, in Tehran, Iran, on March 9, 2026. AP Photo/Vahid Salemi, File

Iran’s new ruler is already a marked man.

U.S. President Donald Trump has said Mojtaba Khamenei, who replaced his slain father, Ayatollah Ali Khamenei, as the country’s supreme leader, is an unacceptable choice and threatened to assassinate him if he does not agree to U.S. demands.

Although the supreme leader possesses disproportionate power, he is not the single authority. Instead, he is one of several positions and institutions through which the Islamic Republic’s 47-year-old regime organizes its ruling structure. Below is a rundown of how each of these entities functions and interacts with one another.

The supreme leader

After the Iranian Revolution of 1979, the position and office of supreme leader was created by the Iranian Constitution. It is based on the concept of the Guardianship of the Jurist, or “Velayat-e Faqih.”

Under Twelver Shiism – the sect of Shiite Islam that Iranians follow – the concept asserts that state affairs should be administered by righteous jurists, or faqih, until the return of the 12th imam, who is believed to have gone into hiding in 874 C.E. This concept was conceived by the first supreme leader, Ayatollah Ruhollah Khomeini, who ruled Iran for 10 years until his death in 1989.

Initially, the constitution called for the supreme leader to be a grand ayatollah and “source of emulation,” or marja’ al-taqlid – the highest-ranking cleric in the Shiite religious hierarchy. In 1989, the constitution was amended to allow Khamenei, who was a midranking cleric at the time, to assume the position from the ailing Khomeini.

Although the supreme leader is a lifetime appointment, Article 111 of the constitution authorizes the Assembly of Experts to dismiss him if he is deemed politically and religiously incapable or unqualified.

Inside the Islamic Republic or ruling system, the supreme leader is the ultimate religious and political authority. He commands the armed forces, supervises the state media and appoints the chief justice, who is the head of the judiciary.

According to articles 57 and 110 of the constitution, the supreme leader sets domestic and foreign policy and supervises all branches of the government, including the executive, legislature and judiciary. Through the Guardian Council, he has the power to vet electoral candidates and veto parliamentary laws.

The presidency

Following the revolution in 1979, the new constitution established the position, or office, of the president. The first presidential election was held in 1980.

While the supreme leader is the head of state, the president is the head of the government. After the supreme leader, the president is the second-in-command of the executive branch. As such, he answers to the supreme leader and executes his decrees.

Every four years, presidential elections take place with the participation of Iranians at least 18 years old.

A man sits on the floor next to a man seated on a chair.
Iranian President Masoud Pezeshkian, left, sits next to Supreme Leader Ayatollah Ali Khamenei in a mourning ceremony on July 12, 2024.
Office of the Iranian Supreme Leader via AP

If reelected, the president cannot consecutively serve for more than two terms. It should be noted that every president has done so, except for Ebrahim Raisi, who governed from 2021 to 2024 and died in a helicopter crash before the end of his first term.

Before the election, all candidates are vetted by the Guardian Council, which is controlled by the supreme leader.

As the chairman of the Cabinet, the president appoints its ministers, pending a parliamentary vote of confidence. That said, the supreme leader has the authority to dismiss and reinstate them, along with the vice president.

Assembly of experts

In 1979, the Assembly of Experts of Leadership, or Majles-e Khobregan-e Rahbari, was created in the new constitution and held its first election the same year. Article 111 of the constitution authorizes the assembly to appoint, supervise and, if necessary, remove the supreme leader.

In this sense, the assembly acts as a deliberative body and is legally required to convene at least twice every six months. Its proceedings have remained strictly confidential and closed to the public.

The Assembly of Experts contains around 80 members. As ayatollahs or mujtahids, they are experts in Islamic law and exercise independent reasoning, or ijtihad. During the Islamic Republic’s history, the number of members has ranged from 82 in 1982 to 88 in 2016 and 2024. They serve eight-year terms and are directly or popularly elected by Iranians citizens.

At the same time, and as with other elections, the Guardian Council – which is controlled by the supreme leader– vets all the candidates who apply to run for office or enter the election, making the process far from free and fair.

In essence, the supreme leader approves the candidates who are potentially elected to a body that oversees him. For this reason, as observers point out, the assembly has not been known to seriously supervise or overtly challenge him.

A group of men in Shia Muslim religious attire gather at a political forum.
Members of Iran’s Assembly of Experts meet after an election that decided the composition of the new assembly in May 2024.
AP Photo/Vahid Salemi

In the past two elections for the Assembly of Experts in 2016 and 2024, the Guardian Council disqualified hundreds of candidates. Many of them were moderates and reformists who opposed the supreme leader on various issues.

Consequently, the choice among voters was largely limited to conservatives and hard-liners who currently dominate the assembly.

Guardian Council

According to the Iranian Constitution, the Guardian Council, or Shoura-ye Negahban, has the power to veto laws passed by the popularly elected parliament. It is also authorized to vet candidates in elections, including those for the presidency, parliament and Assembly of Experts.

The council is composed of 12 jurists and lawyers who specialize in Islamic law and jurisprudence. They serve six-year phased terms in which half the members change every three years. The supreme leader appoints half of the council’s members and can dismiss them at will anytime. The chief justice appoints the other half, with a parliamentary vote of confidence.

Since the supreme leader also appoints the chief justice, he consequently controls the council. At the same time, the council has been known to assert a degree of agency and autonomy, as evidenced by the supreme leader occasionally ordering it to reverse bans on particular people running for public office.

Since the late 1990s, the council has disqualified a growing number of reformist candidates, many of whom have been at odds with the supreme leader over certain issues.

Consequently, conservatives and hard-liners, including those affiliated with the Revolutionary Guard, have increasingly dominated the parliament and Assembly of Experts.

Nevertheless, the Guardian Council has been unable to prevent reformists and moderates from participating in elections and even winning them, as in the case of current President Masoud Pezeshkian.

Expediency Discernment Council

In 1988, the constitution was amended to establish the Expediency Discernment Council of the System, or Majma’-e Tashkhis-e Maslahat-e Nezam.

The council’s chairman and other members are appointed by the supreme leader every five years. The council originally consisted of 13 members.

The Expediency Discernment Council initially acted as an administrative assembly that mediated and resolved disputes and differences between the Guardian Council and parliament over legislation.

Throughout the years, and based on articles 110 and 111 of the constitution, the council evolved into a body that advises the supreme leader on domestic and foreign policy and strategy.

Between the late 1990s and early 2000s, Khamenei relied on the Expediency Discernment Council to reduce the powers of the reformist-majority parliament and pressure it to approve the chief justice’s six appointees to the Guardian Council.

He also expanded the Expediency Discernment Council to 34 members – 25 of whom he appointed – and stacked it with conservatives.

Since 2007 it has consisted of 27 members, all of whom are appointed by the supreme leader. In the mid-2000s, Khamenei delegated some of his authority to the council to supervise the three branches of government.

A wide angle photo of a political body and its permanent seats.
The Iranian parliament in Tehran, Iran, on Sept. 28, 2025.
AP Photo/Vahid Salemi

Iran’s parliament

The Islamic Consultative Assembly of Iran serves as Iran’s parliament and consists of a unicameral national legislative body. Representatives serve four-year terms and are elected by a popular vote.

Alongside the executive branch, the parliament can introduce legislation or propose new laws. That said, its capacity to pass laws is constrained when the Guardian Council construes them as contradicting or conflicting with the constitution and religion.

The parliament votes to approve the president’s Cabinet appointees. Alongside the supreme leader, it can also dismiss them and impeach the president for official misconduct.

Since 1979, the parliament has been chaired or led by six speakers, including, since 2020, Mohammad Bagher Ghalibaf, a conservative former commander of the Revolutionary Guard, which serves as the main armed force of Iran.

During the 2024 parliamentary election, which had a historically low voter turnout of 41%, the Guardian Council disqualified most moderate and reformist candidates. This paved the way for conservatives and hard-liners to secure a sweeping majority of 233 out of 290 seats.

It is inside this complex landscape of individuals and institutions that Mojtaba Khamenei has been appointed supreme leader. Although he stands at the pinnacle of the Islamic Republic’s ruling structure, it does not rely on him alone.

The Conversation

Eric Lob is affiliated with the Carnegie Endowment for International Peace.

ref. Iran’s ruling structure explained – https://theconversation.com/irans-ruling-structure-explained-277913

How governments can help Indigenous communities disproportionately impacted by wildfires

Source: The Conversation – Canada – By Tara McGee, Professor, Earth & Atmospheric Sciences, University of Alberta

Nearly every summer over the past decade, the story has been the same across many parts of Canada: wildfires rage out of control and skies are filled with smoke. Communities are often forced to evacuate.

Wildfires disproportionately impact Indigenous communities. Over the last four decades, 42 per cent of wildfire evacuations across Canada have been of Indigenous communities.

Thirteen years ago, there was little understanding of evacuation experiences of First Nations’ communities, despite them being so frequently impacted. That’s when we partnered with seven First Nations in Alberta, Saskatchewan and Ontario, as well as 16 departments and agencies involved in wildfire evacuations, to establish the First Nations Wildfire Evacuation Partnership (FNWEP).

Since 2013, the FNWEP has explored the evacuation experiences of First Nation residents, identified factors that affect experiences in positive and negative ways and recommended ways to reduce negative impacts of wildfire evacuations.

In 2021, we published our book, First Nations Wildfire Evacuation Experiences: A guide for communities and external agencies. The book is laid out so that each chapter is a stage of a wildfire evacuation, all the way from seeing smoke in the distance to returning to the community after the event is over.

We summarized findings from our research in each chapter, along with practical recommendations and steps that communities and external agencies can take to better prepare for wildfire evacuations.

Evacuation challenges

A video explaining the FNWEP and the challenges faced by evacuated Indigenous communities (SSHRC)

Through our research, we learned that many First Nations often lack adequate resources to prepare for and respond to wildfires, and many do not have anyone devoted full-time to emergency management.

Specific factors that complicate the evacuation of Indigenous Peoples from their community include:

  1. Being out on the land when the decision to evacuate is made, making it difficult to notify people and arrange transportation

  2. The fear of home loss compounded by existing housing shortages

  3. A lack of media interest in the evacuation of Indigenous communities, so it’s harder to get information

  4. Language issues and lack of translation

  5. Poverty caused by colonization

  6. Large multi-generational families living in one home, making transportation coordination difficult

  7. Health concerns

  8. Worries about the costs of evacuation and reimbursement

Additional challenges include short warning times, transportation challenges including multi-stage evacuations, inadequate information available for evacuees, crowded accommodation, culture shocks, family separation and racism.




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Separated families

One of the most severe cases of family separation occurred in 2011 when people from Sandy Lake First Nation were sent to 12 different host communities, which led to reduced support for evacuees. In some cases, community leaders and a select group of residents stayed behind in the community to communicate with government agencies and evacuees, provide advice, deal with problems and look after the community.

We documented other things that just didn’t make sense. For example, when âmaciwîspimowinihk (Stanley Mission) in northern Saskatchewan was evacuated in 2014, car seats were not allowed on evacuation buses. Evacuees had to hold babies for the entire journey to the host communities. One host community was Regina, with evacuees on the road for almost 12 hours.

The most inappropriate case of accommodation for evacuees was when Deer Lake First Nation was accommodated in the Rideau Regional Centre in Smiths Falls, Ontario in 2011.

The centre was built to house people with developmental disabilities in 1951 and closed in 2009, two years before the evacuation occurred. The site and its condition were inappropriate. Some evacuees slept on the floor because they were not given a cot, some rooms were not cleaned and the shower stalls in common washrooms had no curtains or doors.

Community resilience

We found many other cases where evacuation experiences were improved because of the resiliency of people from the communities. Community leaders played the critical role of liaisons between their own and the host community, attended agency meetings, communicated what they learned to evacuees, advocated for evacuees and dealt with problems that arose.

In Sandy Lake First Nation, the chief who remained in the community recorded videos in Oji-Cree and English so evacuees could see community leaders and their community and receive daily updates during their evacuation.

Youth in Mishkeegogamang Ojibway Nation and other First Nations set up private Facebook groups so evacuees could share information. In addition to community liaison roles, First Nation community members volunteered to help in many ways, including sitting with Elders, organizing and picking up prescriptions, providing child-care services and security, and dropping off meals.

Recommendations for better evacuations

An overarching factor that affected all evacuations was jurisdiction. Wildfire management and emergency management are under provincial jurisdiction, but First Nations are under federal jurisdiction. This adds significant complexity to every wildfire evacuation. We documented examples where community leaders did not know which external agency to call to initiate an evacuation.

However, despite consistent research findings and advocacy, many of the communities we worked with who were evacuated between 2011-15 have been re-evacuated since, and again experienced many of the same issues we documented.

In 2025, the Auditor General of Canada again pointed to consistent failures in emergency management by Indigenous Services Canada, despite a dramatic increase in funding over the last decade from $13 billion in 2019-20 to almost $24 billion in 2023-24. The auditor general also found that evacuation services standards have only been met in one province: Ontario.

Federal and provincial governments should increase and provide long-term funding directly to First Nations for emergency management. They can also support the construction of buildings with air scrubbers and purifiers so that people do not have to evacuate their communities only because of air quality. In addition, they could simplify reimbursement processes to make post-wildfire recovery a less daunting process.

Governments must also increase investment in wildfire prevention and mitigation to reduce the need for evacuations including FireSmart programs. They should also fund and support Indigenous fire guardian programs across Canada, where Indigenous Peoples are employed year-round to do fire prevention, mitigation, response and recovery.

As wildfire season becomes more severe year after year, governments can take concrete steps now to ensure the most affected communities are well-equipped to deal with evacuations — and recover from them.

The Conversation

Tara McGee receives funding from Natural Resources Canada for the First Nations Wildfire Evacuation Partnership. The partnership previously received funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

Amy Cardinal Christianson is affiliated with the Indigenous Leadership Initiative. She previously worked for the Canadian Forest Service (Natural Resources Canada) and Parks Canada. Her association with the First Nations Wildfire Evacuation partnership over the last decade has been through in-kind contributions.

ref. How governments can help Indigenous communities disproportionately impacted by wildfires – https://theconversation.com/how-governments-can-help-indigenous-communities-disproportionately-impacted-by-wildfires-275198

As Paralympians compete for medals, the world debates Russia’s right to be there

Source: The Conversation – Canada – By Laura Misener, Professor & Director, School of Kinesiology, Western University

At the 2026 Milano-Cortina Winter Paralympic Games, the biggest debate surrounding the event has little to do with sport.

This year’s Paralympics represent the first major international sporting event since the 2014 Paralympic Winter Games in Sochi in which Russia has competed under its national flag. The ban included the recent Olympic Games, where Russia and Belarus were not allowed to send teams.

Six Russian and four Belarusian para-athletes are competing at the Paralympics, marking the end of a 12-year period of exclusion rooted first in state-sponsored doping and then Russia’s war against Ukraine.

The decision to let Russia and Belarus back in has sparked heated public debate. People are asking hard questions about fairness, disability rights and who gets to decide the rules of international sport.

While some international sport federations cling to the idealistic notion that sport and politics are separate, this situation demonstrates the deeply entrenched role of geopolitics in major sporting events.

Rule 50 of the Olympic Charter explicitly prohibits political demonstrations and displays. Yet the reality for those at the Games is very different.




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Russia returns to the Paralympics

In 2022, Russian athletes competed under the International Paralympic Committee (IPC) flag rather than their national flag. This sanction was already in place as punishment for the preceding Russian doping scandal.

However, as Russia’s invasion of Ukraine unfolded in the lead-up to the Games, the IPC went further, ruling that results for Russian and Belarusian athletes would not be counted in the official medal table.

At the IPC General Assembly in 2025, members voted to allow Russia and Belarus to return to the Games. This meant that athletes from those countries could compete under their own flags and national anthems.

Following this decision, 16 countries formally boycotted the Paralympic opening ceremony. Fewer than 40 per cent of athletes were present, with many deliberately absent from opening ceremonies in an act of solidarity with Ukraine.

Inclusion for athletes, silence for victims

On the one hand, the IPC’s founding mission is to “make for an inclusive world through Para sport.” The exclusion of athletes on the basis of their government’s actions appears to conflict with this principle of universality.

IPC president Andrew Parsons framed the reinstatement of Russia and Belarus as consistent with what the movement stands for: a democratic organization treating all national Paralympic committees equally under due process.

People with disabilities, including para athletes, are often excluded or overlooked in society. Supporters argued that punishing disabled athletes for their government’s conduct conflicts with disability-rights principles.

Disability rights work aims to dismantle discriminatory practices that exclude people because of social, political or embodied difference.

But the decision exposed a deeper tension. The IPC already includes athletes from states involved in active conflicts. That makes it harder to argue exclusions are applied consistently.

On the other hand, the IPC’s mission of building “an inclusive world” is undermined when a state actively destroys the lives and bodies of civilians, many of whom may themselves become disabled.

Rob Koehler, director general of Global Athlete, stated: “There is simply no justification for allowing Russia and Belarus back while the invasion continues.”

The Canadian Paralympic Committee opposed the reinstatement, indicating that the ongoing war contradicts the Olympic Truce. Further, Karen O’Neill, the committee’s president, stated that no evidence has emerged to suggest the doping issue has been resolved.

The inclusion of Russian war veterans injured fighting in the war with Ukraine has been upsetting for some athletes. Yet this debate continues to overshadow the far more pressing issue of Paralympic athletes receiving the attention and respect they have long been denied.

When neutrality becomes complicity

While the IPC president maintains that the focus must remain on sport and athletic competition, this stance carries a serious risk.

Allowing Russia back could send the wrong message that sport has no red lines; it suggests participation matters more than accountability. The IPC had a defining opportunity to demonstrate moral leadership.

History shows that international sport is capable of precisely this kind of leadership. As Richard Pound, a former Canadian International Olympic Committee member, has argued, sport has a proud tradition of standing in opposition to oppressive regimes.

In 1970, South Africa was banned from the Olympics because of apartheid — the government’s policy of racial segregation. It was a powerful moment when sport took a clear moral stand.

Giovanni Malagò, president of the Milano-Cortina organizing committee, said in his opening-ceremony speech:

“We cannot ignore that these Games are taking place in an increasingly and profoundly divided world, torn apart by wars, grief and suffering, at one of the most dramatic turning points of our time.”

This sentiment has cast a shadow on the messaging and importance of inclusion and celebration of sport at the Paralympic Games. Paralympic athletes have fought hard for recognition, and the politics of these Games have dominated public attention.

What the debate reveals about sport and politics

Sport has always been more than entertainment. It reflects the social and political climate in which it takes place, often exposing tensions and contradictions within society.

This is especially clear in the Paralympic context, where questions of inclusion, disability rights and geopolitical conflict sit side-by-side. The debates surrounding Russia’s return to the 2026 Winter Paralympic Games show how sport can both mirror and magnify broader ethical dilemmas.

Athletes and sporting bodies have long been part of wider social change, but the current events reveal how sport is also entangled with deeper issues — discrimination, war, unresolved doping concerns and the struggle over who gets to participate and under what conditions.

The Paralympic movement was built on the idea that sport should be open to everyone. But that ideal is being tested by a world dealing with war, political division and unresolved cheating scandals.

It is unfortunate that this controversy is drowning out what the Paralympics are meant to be about — celebrating remarkable athletes and promoting inclusion.

The Conversation

Laura Misener receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

ref. As Paralympians compete for medals, the world debates Russia’s right to be there – https://theconversation.com/as-paralympians-compete-for-medals-the-world-debates-russias-right-to-be-there-278019

Seis pasos para integrar la IA en el aula universitaria

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jessica Ortega Barón, Profesora del Departamento de Psicología Social, Universitat de València

Kotin/Shutterstock

La rápida incorporación de la inteligencia artificial en el contexto universitario ha generado tanto entusiasmo como preocupación. Por un lado, para los docentes promete mayor capacidad de personalización de la enseñanza al perfil de cada estudiante, permitiendo así una educación más inclusiva.

Por otro lado, preocupa el impacto que su uso indiscriminado puede tener en los estudiantes, no solo en su aprendizaje sino incluso en su desarrollo cognitivo.

En un estudio reciente se evaluó la actividad cerebral mediante electroencefalogramas en alumnado universitario durante la realización de una tarea en tres condiciones: sin ayuda, con motores de búsqueda en internet y con herramientas de IA. Los resultados mostraron una menor activación y conectividad neuronal en el grupo que utilizó estas herramientas, lo que plantea interrogantes sobre su impacto en los procesos cognitivos implicados en el aprendizaje.

¿Qué opinan los estudiantes?

En nuestra investigación reciente, hemos comprobado que un 61.4 % utilizan chatbots en sus estudios universitarios (36.3 % raramente, 62.1 % ocasionalmente y un 0.7 % siempre).

La percepción del alumnado respecto a su uso es ambivalente: aunque consideran que mejora su comprensión de los conceptos, también les preocupa la dificultad para distinguir si la información es fiable, la posible dependencia en la realización de tareas académicas y el deterioro de sus habilidades de expresión escrita.

¿Qué pueden hacer los docentes? La clave no es evitar la IA sino hablar de su uso en el aula, y establecer unas pautas para utilizarla de forma responsable. En esta línea, y a partir de nuestro estudio sobre la percepción del alumnado, ofrecemos una serie de recomendaciones prácticas para integrarla en la docencia universitaria sin comprometer la adquisición de competencias y habilidades.

1. Límites claros y espacios libres de inteligencia artificial

El alumnado valora positivamente que el profesorado establezca directrices claras desde el inicio de la asignatura sobre el uso de la IA, con el fin de evitar confusiones y malentendidos.

El docente debe especificar si permite su uso, en qué tareas está autorizado y en cuáles no, ofreciendo orientaciones claras. Por ejemplo, puede permitirse usar la IA puede para obtener una visión general de la temática, pero no para resolver las preguntas de la actividad planteada. Asimismo, resulta importante establecer las consecuencias de un uso inadecuado, como la repetición de la tarea.




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Ante la preocupación del alumnado por una posible dependencia excesiva de la IA o por la pérdida de habilidades, como la expresión escrita, resulta recomendable combinar actividades con y sin el uso de esta herramienta.

Algunas tareas en las que es preferible no utilizar la IA ni ningún dispositivo electrónico son los debates en el aula, la resolución de casos o la exposición oral de trabajos, ya que fomentan la reflexión, el pensamiento crítico y las competencias comunicativas.

Por el contrario, la IA puede ser especialmente útil en tareas más automatizadas, como la búsqueda de artículos sobre una temática concreta o la elaboración de listados de recursos relevantes, como vídeos o lecturas.

2. Declaración responsable de uso

Más que intentar detectar de forma infalible si un trabajo se ha hecho con IA, algo que hoy por hoy ninguna herramienta puede garantizar al cien por cien, resulta más efectivo adoptar un enfoque preventivo y pedagógico.

Una medida útil es solicitar al alumnado que acompañe sus trabajos con una declaración responsable en la que indiquen si han utilizado la IA, expliquen cómo la han empleado y confirmen que se han ajustado a las directrices establecidas al inicio por el profesorado.




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También conviene diseñar actividades personalizadas, vinculadas a experiencias de aula, procesos de trabajo o reflexiones propias, e incorporar explicaciones orales de los trabajos entregados.

3. Trabajar en clase la elaboración de comandos

El alumnado reconoce que le gustaría recibir formación para saber usar mejor la IA por parte de la universidad. Por tanto, además de realizar cursos específicos, es conveniente que el profesorado enseñe a elaborar comandos adecuados con ejemplos relacionados con la asignatura.

Los expertos señalan cinco pautas para elaborar adecuadas instrucciones a la IA: contextualizar la instrucción; utilizar un lenguaje claro y conciso; ser específico; concretar el tipo de respuesta que se desea; y refinar el resultado obtenido con nuevas indicaciones.

4. Trabajar las respuestas de la IA en el aula

El alumnado reconoce que la IA no siempre ofrece información verídica. Sin embargo, un 23 % copia literalmente o realiza cambios menores en el contenido generado para sus tareas académicas.

Plantear actividades que incorporen el uso de la IA y que permitan al profesorado guiar al alumnado, ayudándole a discernir si la información generada es adecuada, verídica y pertinente para el propósito de la tarea, es una manera de potenciar la reflexión crítica.

5. Tutorías intermedias, borradores y defensas orales

El alumnado también señala que el uso de la IA puede facilitar la realización automática de tareas sin garantizar una comprensión real de los contenidos. Por tanto, es conveniente diseñar actividades de evaluación centradas en el proceso y no solo en el producto final.

Estas pueden ser tutorías intermedias, la entrega de borradores o la defensa oral del trabajo, actividades obligan al alumnado a explicar, argumentar y responder sobre el contenido de sus tareas y el procedimiento seguido para elaborarlas, permitiendo al profesorado comprobar su nivel de comprensión y reduciendo el riesgo de que deleguen el proceso de aprendizaje en la IA.

6. Unificar criterios entre la facultad

Como el alumnado percibe discrepancias entre las demandas de cada docente respecto al uso de la IA, también resulta conveniente que, si la universidad ha establecido guías de buenas prácticas o directrices específicas, tanto el profesorado como el alumnado las conozcan y las apliquen de forma coherente. Eso sí, siempre en consonancia con los objetivos pedagógicos de la asignatura.

Estos seis pasos pueden ayudar enormemente a un uso más abierto y controlado de esta tecnología con enorme capacidad para optimizar el ámbito educativo. Si los estudiantes entienden que lo que se busca es proteger su capacidad de aprendizaje y su propio desarrollo cognitivo, se sentirán más seguros a la hora de decidir cómo usar la IA para que complemente, y no sustituya, su desarrollo.

The Conversation

Jessica Ortega Barón recibe fondos de Vicerectorat de Formació Permanent, Transformació Docent i Ocupació de la Universitat de València (PIEE-2734305 y PIEE-3328636).

Vicerectorat de Formació Permanent, Transformació Docent i Ocupació de la Universitat de València (PIEE-2734305 y PIEE-3328636).

Maria Dolores Gil Llario recibe fondos de Vicerectorat de Formació Permanent, Transformació Docent i Ocupació de la Universitat de València (PIEE-2734305 y PIEE-3328636

Olga Fernández García recibe fondos de Vicerectorat de Formació Permanent, Transformació Docent i Ocupació de la
Universitat de València (PIEE-2734305 y PIEE-3328636).

Verónica Estruch García recibe fondos de Vicerectorat de Formació Permanent, Transformació Docent i Ocupació de la Universitat de València (PIEE-2734305 y PIEE-3328636).

Vicente Morell-Mengual recibe fondos del Vicerectorat de Formació Permanent, Transformació Docent i Ocupació de la Universitat de València (PIEE-2734305 y PIEE-3328636).

ref. Seis pasos para integrar la IA en el aula universitaria – https://theconversation.com/seis-pasos-para-integrar-la-ia-en-el-aula-universitaria-274452

‘El agente secreto’, memoria del pasado y presente brasileño

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Carlos Pérez García, Profesor Titular de Universidad – Área de Dibujo, Universidad de Málaga

Wagner Moura en una imagen de _El agente secreto_. MK2

“Nunca he hecho una película ambientada, por ejemplo, en 1900 porque no es lo que he vivido. En 1977 tenía nueve años y recuerdo algo”, ha declarado Kleber Mendonça Filho a propósito de su última obra, El agente secreto. El filme comienza de manera significativa con fotografías fijas documentales, sugiriendo desde el principio su vocación de memoria histórica. A continuación, un texto indica que estamos en el Brasil de la dictadura militar, durante el carnaval de 1977, como indicaba su director.

Retrato del cineasta Kleber Mendonça Filho en el rodaje de _El agente secreto_.
Retrato del cineasta Kleber Mendonça Filho en el rodaje de El agente secreto.
Festival de cine de Cannes

El agente secreto se presentó en el Festival de Cannes, donde consiguió premios importantes, y es candidata a los Óscar de 2026 en cuatro categorías, incluyendo mejor película internacional y mejor película. No parece casualidad que se haya estrenado menos de un año después que Aún estoy aquí, un sobrio docudrama premiado en los Óscar de 2025 como mejor película internacional. En él, su director, Walter Salles, reconstruía la detención, tortura y asesinato en 1971 del arquitecto Rubens Paiva, opositor a la dictadura brasileña.

“Creo que hay algo en el aire. Los últimos diez o doce años en Brasil han sido traumáticos en cierto modo y, probablemente, han revelado heridas que no han sanado completamente porque a mí país no se le da bien mirar al pasado”, afirma Mendonça Filho. “En Brasil, cuando la extrema derecha comenzó a surgir hace diez años pensé que era realmente extraño y raro que estuvieran trayendo de vuelta cosas que se guardaban en un museo: palabras, actitudes, misoginia, homofobia, racismo interno”.

Contra la desmemoria

El director se refiere al gobierno de Jair Bolsonaro, presidente de Brasil desde 2019 a 2023, cuyo mandato conllevó amplios recortes presupuestarios para el sector público, en particular para la educación. De acuerdo con el tema que nos ocupa, también desmanteló los programa estatales de memoria y verdad sobre la represión de la dictadura militar brasileña.

En este sentido, ambas películas pueden verse como una respuesta artística a esas políticas de extrema derecha. Aún estoy aquí optó por un naturalismo dramático de tratamiento más clásico, al estar basada en un libro de Marcelo Rubens Paiva, hijo de la víctima protagonista. Por contraste, Mendonça Filho apuesta en El agente secreto por abordar la memoria histórica brasileña desde la ficción, con un audaz planteamiento de múltiples tonos y texturas que termina desbordando etiquetas y géneros.

El agente secreto es un thriller político dramático, pero también un artefacto politonal que navega con ritmo lento y sinuoso por la sátira social, la comedia negra, lo grotesco e incluso lo “fantástico” en cierto sentido. Así, en una escena chocante se literaliza la leyenda urbana de la “pierna peluda”, un eufemismo utilizado en la prensa de entonces para eludir la censura al referirse a la violencia policial sobre transeúntes nocturnos en zonas de cruising.

La película se erige así en un ambicioso retrato de costumbres de la época que aspira a reconstruir la memoria colectiva de Brasil desde un cine sensorial, que representa la naturalización de la corrupción y la violencia cotidiana pero también sus particularidades culturales. Lo primero se detecta en la larga escena inicial de la gasolinera, en donde la tensión viene dada por la presencia constante de un cadáver a cielo abierto. También se ve en el elevado (y aparentemente rutinario) recuento en la prensa de los muertos del carnaval. “Por un Brasil mejor, con menos violencia”, dice uno de los personajes cuando brindan en una escena posterior. La película incluye también un homenaje al cine, las salas y los proyeccionistas de aquellos años, con especial alusión a Tiburón (1975), una película que obsesionó realmente a Mendonça Filho siendo un niño.

Detrás de ese rico resultado está la decisión estética inicial del cineasta de no realizar una película “sobre la dictadura”, sino de ampliar el foco para representar la atmósfera del Brasil de los setenta e incorporar recuerdos emocionales de su propia infancia.

Memoria colectiva y personal

El director ha explicado que la investigación con material de archivo de su anterior película, el documental ensayístico Retratos fantasmas, le preparó para El agente secreto.

Cartel de _Lucio Flavio o passageiro da agonia_.
Cartel de Lucio Flavio o passageiro da agonia.
FilmAffinity

Su primera intención era realizar un thriller al estilo de los años setenta, tomando como referentes el cine del Nuevo Hollywood y películas brasileñas de malandros como Lucio Flavio: el pasajero de la agonía, de Héctor Babenco. Pero el intenso trabajo documental que realizó sobre las viejas salas cines de su ciudad natal, Recife, para aquel documental le llevó a un territorio artístico más amplio que conectó con sus recuerdos de niñez.

El cineasta también retoma sus preocupaciones previas sobre violencia social, como ya ocurría en sus películas Doña Clara y Bacurau (codirigida esta última con Juliano Dornelles). El guion de El agente secreto, escrito por Mendonça Filho a lo largo de tres años, se le fue revelando: sus amigos leyeron los borradores y enseguida le indicaron que su historia sobre la dictadura brasileña en 1977 resonaba claramente con el Brasil de Bolsonaro.

Por ejemplo, el acoso a la educación superior pública es encarnado en la película por un empresario corrupto conectado con el régimen militar. El personaje visita la universidad del protagonista con el objetivo de someterla a recortes y despidos y así privatizar sus investigaciones en favor de su propia empresa. También se retrata el enfrentamiento clasista y racista que genera la desigualdad estructural entre el sur, más desarrollado y rico, y el norte de Brasil, una fractura social que aparece en varias escenas.

La lógica del pasado también dialoga con el Brasil contemporáneo de otras formas. El personaje de Doña Sebastiana (Tânia Maria), la anciana que acoge a refugiados y disidentes perseguidos por el régimen militar, está inspirada en algo que Mendonça Filho detectó durante la época de Bolsonaro. Ese algo estaba en el malestar popular, en las conversaciones cotidianas y en el hecho de que la gente, especialmente en Recife, buscó unirse de nuevo para ayudar a los demás.

Las noticias falsas de corrupción que publica la prensa sobre Armando, el protagonista (Wagner Moura), parecen entroncar con el amplio uso de las fake news que hace hoy la extrema derecha. Y los programas recientes de memoria histórica aparecen encarnados en dos jóvenes investigadoras del presente, incluyendo las dificultades que afrontan en su trabajo.

“No voy a hablar de esto contigo”, dice el hijo de Armando tras admitir que apenas recuerda lo sucedido con su padre cuando huía de la represión de la dictadura brasileña. A diferencia de otros países donde se han enjuiciado crímenes de dictaduras previas y se ha afrontado la memoria sobre ellos, esa es, para Mendonça Filho, una descripción precisa de la relación que muchos de sus compatriotas siguen teniendo con un pasado “demasiado desagradable”.


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The Conversation

Juan Carlos Pérez García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘El agente secreto’, memoria del pasado y presente brasileño – https://theconversation.com/el-agente-secreto-memoria-del-pasado-y-presente-brasileno-277112

¿Qué hacer ante el discurso radical de un adolescente?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Silvia Díaz Fernández, Investigadora Ramón y Cajal, Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS – CSIC)

Shooting Star Studio/Shutterstock

Comentarios irónicos que normalizan estereotipos, bromas reiteradas sobre colectivos concretos, referencias constantes a “lo políticamente correcto” o uso de jerga específica que denota familiarización con entornos de potencial radicalización (por ejemplo, uso de palabras como simp)… ¿qué podemos hacer los adultos, en casa y en la escuela, ante estos posicionamientos por parte de los adolescentes?

Nuestra reacción puede marcar la diferencia. Si respondemos señalando, culpabilizando o prohibiendo, reforzamos el marco que este perfil de usuario ya maneja: la idea de que existe una élite moral que silencia a quienes “dicen la verdad”. La estigmatización puede convertirse en combustible identitario.

¿Piensan eso realmente?

Cuando escuchemos una expresión, una frase o un discurso claramente radicalizado o que incita al odio por determinados colectivos, debemos ser conscientes de que esas ideas no suelen partir del adolescente que las dice, sino de lo que las redes han querido enseñarles. Eso no quiere decir que haya que pasarlo por alto.

Plataformas como TikTok, YouTube o Instagram no son simples espacios de sociabilidad; son entornos diseñados bajo una lógica empresarial muy concreta. Su modelo económico depende de capturar y retener atención, por lo que siempre priorizan contenido controvertido y que genere tráfico.




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Por eso, los mensajes antifeministas, racistas o contra la libertad de identidad sexual no deben entenderse como un fenómeno aislado o meramente ideológico. Muchos chicos que consumen este contenido no lo hacen, al menos de entrada, porque “odien el feminismo” o el progresismo social en general. Lo hacen porque se lo encuentran más, porque lo potencian los algoritmos para activar emociones potentes –agravio, frustración, sensación de injusticia– y se articulan en formatos breves, virales y fácilmente compartibles.

Un malestar con base real

Por ejemplo, en el caso del antifeminismo, nos encontramos ante la siguiente situación. Muchos adolescentes crecen en un contexto de transformación acelerada de los roles de género sin que necesariamente dispongan de herramientas simbólicas para interpretar esos cambios.




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Al mismo tiempo que el discurso público plantea –con razón y urgencia– la necesidad de masculinidades más igualitarias, corresponsables y no violentas, los procesos de socialización masculina siguen anclados, en buena medida, en lógicas tradicionales de éxito asociadas a la competencia, la acumulación y la validación a través del estatus. Es decir, reciben constantemente, y por diferentes vías, planteamientos contradictorios.

Empatizar y escuchar

Desde una perspectiva preventiva, el primer movimiento debería ser empático. Empatía no significa legitimar posiciones reaccionarias, sino reconocer que detrás de ciertos discursos hay experiencias de desorientación o pérdida de referencias.

Escucharles, entender sus necesidades y deseos desde su perspectiva, es la mejor manera de prevenir y contrarrestar esos mensajes.

Es importante abrir espacios de conversación, tanto en casa como en los centros educativos, en los que se puedan discutir tensiones y conflictos sin reducirlos a consignas.

Y también trabajar la alfabetización mediática desde una perspectiva crítica: comprender cómo operan los algoritmos, por qué ciertos contenidos se recomiendan de forma recurrente, qué significa que una plataforma priorice la interacción por encima de la deliberación. Existen experiencias muy interesantes al respecto.




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Gobernanza tecnológica

Y, sobre todo, implica asumir que esto no va sólo de adolescentes. El ecosistema digital responde a intereses económicos y decisiones políticas. Si las plataformas premian el conflicto porque genera clics, estamos ante una cuestión de gobernanza tecnológica y regulación del mercado, no ante un déficit moral juvenil. Desplazar la responsabilidad exclusivamente hacia las familias o hacia los propios chicos es una forma de invisibilizar esa dimensión estructural.

Hablar, explicar y escuchar no es ingenuidad; es estrategia. La radicalización no se desactiva mediante el silencio ni mediante el castigo automático, sino generando condiciones para que otras formas de pertenencia y de masculinidad sean pensables y vivibles.

Diálogo para elaborar pensamiento

En lugar de plantear la confrontación como “corregir”, es más útil crear condiciones en las que adolescentes puedan hablar de lo que han visto o escuchado en redes y sentir que se les toma en serio. Mantener conversaciones en las que los adolescentes puedan expresarse favorece que elaboren sus propias ideas en lugar de limitarse a reproducir consignas.

Desde ese punto, se puede trabajar el pensamiento crítico de forma gradual y contextualizada, animando a explorar distintas fuentes por curiosidad, no por obligación. Fomentar que compartan su perspectiva y escuchar sin juzgar mejora la comunicación y genera oportunidades para que miren más allá de lo que les “enseñan” los algoritmos sin que sientan que su identidad está siendo atacada.

Desde nuestra acción individual no podemos cambiar la estructura del capitalismo digital, que explota malestares sociales específicos en edades tempranas con fines económicos. Pero lo que sí está en nuestras manos es reflexionar sobre nuestra participación en las redes sociales, el contenido que recibimos y ser conscientes de que ningún mensaje radical suele ser fortuito y espontáneo, sino que está meditado y medido. Hagamos al menos lo mismo, reflexionemos antes de escribir, compartir o comentar.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Qué hacer ante el discurso radical de un adolescente? – https://theconversation.com/que-hacer-ante-el-discurso-radical-de-un-adolescente-275707