¿Qué bilingüismo se valora en la escuela?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rosa M. Rodríguez-Izquierdo, Catedrática en Educación en el Dpto. Educación y Psicología Social, Universidad Pablo de Olavide

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En escuelas cuyo alumnado tiene distintos orígenes, muchos optan por restringir el uso de las lenguas maternas para acelerar el aprendizaje del idioma vehicular. Sin embargo, este gesto perpetúa la visión de la lengua como problema, tratando la diversidad lingüística como un déficit en lugar de aprovecharla como el potente recurso pedagógico que realmente es.

A veces se hace con buena intención, pensando que así aprenderán antes el idioma de la escuela. Otras, por miedo a que el resto no entienda la conversación. Pero ¿qué sucede cuando la escuela ignora la lengua materna de un estudiante? ¿Estamos educando para la inclusión o levantando barreras invisibles?




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España es hoy un país profundamente diverso. Sin embargo, seguimos funcionando con una idea muy rígida de multilingüismo: para pertenecer, hay que dejar la lengua propia en la puerta del colegio.

En general, celebramos el bilingüismo inglés–español como un recurso simbólico clave dentro del sistema educativo, asociándolo a elitismo, prestigio y distinción social. Paradójicamente, cuando un estudiante llega al aula hablando otras lenguas suele percibirse como un reto, o incluso un osbtáculo. Muchas familias pagan academias para que sus hijos aprendan idiomas (en su mayoría, inglés), pero miles de alumnos llegan ya siendo bilingües o multilingües y el sistema educativo apenas reconoce ese capital.

El potencial de la lengua materna

Para muchos docentes, el alumnado inmigrante debe pasar por aulas de acogida o grupos específicos para acelerar el aprendizaje del español e “integrarse”. Sin embargo, cuando estas medidas se prolongan demasiado tiempo, pueden producir el efecto contrario, reforzando el estigma y ralentizando la integración.




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Estas creencias señalan diferencias en la preparación del profesorado. Mientras los docentes especialistas muestran una mayor sensibilidad lingüística hacia la lengua materna del alumnado, existe una falta de formación en el profesorado tutor sobre cómo funciona la adquisición de segundas lenguas, lo que termina convirtiendo estas medidas de apoyo en barreras involuntarias que invisibilizan el idioma familiar.

Cuantas más lenguas, mejor

La investigación científica lleva décadas demostrando que la lengua origen no es ningún estorbo. Es más, la hipótesis de la interdependencia lingüística de Jim Cummins sostiene que las competencias desarrolladas en una lengua ayudan a adquirir otras. Dicho de forma sencilla: el alumnado con una buena base en su lengua materna tiene más herramientas cognitivas para aprender español o inglés.




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Es cierto que los datos internacionales indican que usar principalmente la lengua de instrucción en casa se asocia con mejores puntuaciones en lectura, pero esto no significa que las familias deban renunciar a su idioma; al contrario, traslada la responsabilidad a las instituciones. Para equilibrar esta balanza, la escuela debería ayudar al estudiantado a afianzar su lengua de origen mediante clases específicas.

La UNESCO defiende desde hace años la educación multilingüe como herramienta de inclusión y equidad. Porque una lengua no es solo un instrumento de comunicación: también es memoria, afecto e identidad. Cuando el sistema transmite que una lengua estorba, el alumnado aprende algo más que gramática: identifica qué partes de sí mismo son aceptables y cuáles conviene ocultar.

Entre la inclusión y la vigilancia

En una investigación reciente sobre profesorado de Primaria y Secundaria hemos explorado esta tensión. Muchos docentes desean apoyar la diversidad lingüística, pero al mismo tiempo se ven presionados por normas, evaluaciones y culturas escolares que priorizan el monolingüismo.

Aquí aparece el fenómeno del gatekeeping lingüístico: una presión invisible que empuja al profesorado, muchas veces sin intención, a actuar como guardián de una única lengua legítima dentro de la escuela.




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La diferencia entre etapas educativas es especialmente significativa. En primaria suele existir más flexibilidad: estrategias de traducción, mediación entre compañeros o actividades donde las familias participan usando sus lenguas. El profesorado adopta con más frecuencia un papel de acompañamiento.

En secundaria, en cambio, el sistema se vuelve más rígido. El peso del currículo y las evaluaciones convierte la lengua en un filtro invisible. Las lenguas maternas desaparecen del espacio educativo justo cuando los adolescentes están construyendo su identidad.

Esa barrera ayuda a entender parte del abandono escolar temprano entre jóvenes de origen inmigrante. No se trata solo de dificultades lingüísticas, sino de estudiantes que sienten que para encajar deben dejar fuera una parte esencial de quienes son.

Integrarse sin renunciar a la identidad

Nadie cuestiona que aprender español sea fundamental para participar plenamente en la sociedad. El problema aparece cuando integrarse significa renunciar a la propia identidad. Las consecuencias son reales: menor participación, sensación de no pertenencia y desvinculación progresiva de la escuela.

Algunos centros ya están explorando caminos distintos: bibliotecas con libros multilingües, actividades en las que el alumnado comparte palabras de su idioma o proyectos en los que las familias participan contando historias en su lengua materna.

Son iniciativas pequeñas, pero poderosas, porque cambian el mensaje institucional: tu lengua también tiene valor aquí. La educación multilingüe, como recuerda Naciones Unidas, es clave para un aprendizaje inclusivo y de calidad.

El alumnado debe aprender la lengua vehicular de la enseñanza de cada país, sin duda. Pero la pregunta es cómo queremos que lo haga: sintiéndose menos o sintiéndose parte. Y esa decisión, aunque a veces pase desapercibida en un recreo cualquiera, puede cambiar por completo la experiencia escolar de miles de niños y niñas.

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Rosa M. Rodríguez-Izquierdo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Qué bilingüismo se valora en la escuela? – https://theconversation.com/que-bilinguismo-se-valora-en-la-escuela-282200

¿Tienen sentimientos y pueden experimentar dolor las plantas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marcial Escudero, Catedrático del Departamento de Biología Vegetal y Ecología, Universidad de Sevilla

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Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Daniel Adán Panondo, de 13 años. Centro Educativo Santo Domingo, Granada.


Cuando nos preguntamos si una planta sufre al cortarla, la respuesta no empieza en la botánica, sino en nuestro propio cerebro. La culpa de que sintamos pena por un árbol talado o una flor marchita la tienen unas células fascinantes llamadas neuronas espejo.

Estas células son el motor de la empatía humana: nos permiten ponernos en el lugar de los demás. Gracias a ellas, si ves a un compañero caerse en el recreo, casi puedes sentir su golpe. Nuestro cerebro es tan social que, a menudo, nuestras neuronas espejo “se pasan de frenada” y nos hacen proyectar esos mismos sentimientos hacia los vegetales.

Pero para saber si esa planta está realmente triste o dolorida, primero tenemos que entender qué es exactamente el dolor.

El dolor es una alarma de incendios

Para los seres humanos y los animales, el dolor no es un castigo, sino una herramienta de supervivencia que nos ha dado la evolución. Imagina que tocas sin querer una sartén caliente. Inmediatamente, sientes un dolor agudo que hace que tu cerebro envíe una orden ultrarrápida a tus músculos: ¡quita la mano de ahí!

Aunque, a veces, nos gustaría no sufrir, vivir sin dolor es peligrosísimo. En medicina, se han documentado casos reales de familias que, por una mutación genética, nacen sin la capacidad de sentir daño físico. Aunque suene a superpoder de película, en la vida real es un problema gravísimo. Al no tener esa “alarma” interna que les avise de que se están quemando o de que se han roto un hueso, sufren accidentes constantes y, tristemente, muchos de los miembros de estas familias mueren muy jóvenes. La capacidad de sentir dolor es nuestra mejor garantía para sobrevivir.

Pero, para que esta alarma funcione y podamos experimentar dolor físico o emociones complejas como el miedo, un ser vivo necesita una especie de “ordenador central” y una red de cables que lo conecten con el resto del cuerpo. Es decir, necesita un cerebro y un sistema nervioso.

Las plantas carecen por completo de este equipamiento. No tienen cerebro, ni nervios, ni receptores de dolor. Por lo tanto, desde el punto de vista científico, la respuesta es rotunda: las plantas no tienen sentimientos ni experimentan dolor. Simplemente no tienen el hardware necesario para sufrir dolor.

Los superpoderes que derivan de vivir anclado al suelo

Llegados a este punto, es normal preguntarse por qué la evolución no les dio un cerebro y un sistema nervioso para protegerse y sobrevivir. La respuesta está en su forma de vivir.

A diferencia de los animales, que podemos correr, volar o escondernos cuando hay un incendio o un depredador, las plantas son lo que los biólogos denominamos organismos sésiles. Esto significa que viven ancladas al suelo durante toda su vida. Si se acerca una manada de cabras hambrientas, un trébol no puede salir corriendo.

La evolución es tremendamente práctica y no selecciona y fija rasgos inútiles. Si no puedes huir de una amenaza, tener un sistema nervioso que te haga sentir un dolor insoportable mientras un insecto te come las hojas sería una tortura innecesaria y, en definitiva, poco adaptativo.

Como las plantas no pueden escapar, la naturaleza no las ha dotado con la capacidad de sufrir dolor. En su lugar, han sustituido la capacidad de huir por un alucinante arsenal químico y fisiológico. Para sobrevivir sin moverse, utilizan sensores celulares repartidos por todo su cuerpo que detectan cualquier estímulo externo y responden adaptando su crecimiento, cerrando sus hojas o fabricando sus propios venenos defensivos.

Huelen, escuchan y avisan

Que no sientan dolor no significa que sean estatuas de madera que no se enteran de nada. Las plantas son seres vivos increíbles, capaces de detectar el daño y reaccionar ante él, aunque lo hagan sin emociones.

Seguro que te encanta el olor a hierba recién cortada cuando alguien pasa el cortacésped. Para nosotros, es un aroma que recuerda a los días de piscina en verano, pero para la planta, es una auténtica señal de emergencia. Cuando sufre un daño físico, la planta libera al aire unas sustancias químicas llamadas compuestos orgánicos volátiles.

Con este “olor”, la planta herida está avisando a sus vecinas. Al recibir el mensaje, las otras plantas empiezan a fabricar toxinas en sus hojas para que, si el insecto hambriento va a por ellas, le sepan fatal. ¡Incluso hay plantas capaces de liberar sustancias que atraen a avispas depredadoras para que vengan a comerse a las orugas que las están atacando! Es un sistema de defensa sofisticado y alucinante, pero puramente físico-químico.

Una ensalada libre de culpa

Por todo esto, aunque la biología nos demuestra que podemos comernos una ensalada con total tranquilidad porque la lechuga ni sufre ni guarda rencor, la preocupación que esconde la pregunta a la que respondemos en este artículo es maravillosa.

De hecho, desde la psicología, sabemos que la empatía es una cualidad humana preciosa que debemos cuidar y fomentar. Aunque la ciencia nos explique que las plantas son biológicamente ciegas a nuestras emociones, el hecho de que nosotros sí sintamos ese respeto y cariño hacia ellas nos convierte en los mejores guardianes posibles de la naturaleza.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Tienen sentimientos y pueden experimentar dolor las plantas? – https://theconversation.com/tienen-sentimientos-y-pueden-experimentar-dolor-las-plantas-283006

¿Qué es la ‘magnífica humanidad’ que promueve el papa y cómo afronta el futuro tecnológico?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Euclides Eslava, Profesor Asociado, director del Centro Ratzinger y de la Maestría en Teología, Universidad de La Sabana

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Al elegir el nombre de León XIV, el nuevo papa hacía una declaración de intenciones sobre su programa. Retomaba la estela de León XIII, pontífice entre 1878 y 1903 y autor de 86 encíclicas; entre ellas, la Rerum novarum. Se vinculaba así a un papado que enfrentó los desafíos sociales de la Revolución Industrial. Una adscripción al pasado que conecta con los retos actuales de la humanidad: dignidad de la persona, trabajo y justicia. Todo ello en el contexto de una nueva revolución industrial y tecnológica atravesada por el poder de la inteligencia artificial.

Ese programa tomó forma de encíclica. El 25 de mayo de 2026, aniversario de la Rerum novarum de León XIII –con la que nació la doctrina social de la Iglesia–, León XIV presentó su primera encíclica: la Magnifica humanitas.

Conviene aclarar desde el principio que no se trata solo de una encíclica sobre la inteligencia artificial, ni contra ese desarrollo tecnológico. Es una actualización de la doctrina social de la Iglesia para el siglo XXI.

Nehemías y la Torre de Babel

Como marco de esa apuesta, León XIV acude a dos imágenes bíblicas contrapuestas. Por un lado, la Torre de Babel, una empresa sin referencia a Dios, edificada sobre el orgullo y la pretensión de bastarse a sí misma. Por otro, la figura de Nehemías, quien reconstruyó las murallas de Jerusalén. Esta gesta se interpreta desde la centralidad de Dios, pero con énfasis en la responsabilidad compartida de todo el pueblo.

“El relato muestra cómo la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo: sacerdotes, artesanos, jefes de familia, mujeres y jóvenes. Es una obra que tiene a Dios en el centro y reconstruye los vínculos incluso antes que las piedras”.

En palabras del propio León XIV, la Iglesia no pretende imponerse en el diálogo sobre la inteligencia artificial, pues reconoce su incompetencia técnica. Solo desea aportar su sabiduría acerca de la humanidad, que tanta falta hace hoy:

“Cada persona es única e irremplazable, un sujeto libre e inteligente dotado de conciencia, capaz de buscar a Dios, de servirse mutuamente y de cuidar nuestra casa común”.

Por eso, León XIV formula un nuevo humanismo que propone el desarrollo humano integral como alternativa a la deshumanización tecnológica, y llama a custodiar al ser humano en medio de las actuales rivalidades geopolíticas y comerciales. El centro de ese humanismo es la dignidad de la persona, que debe presidir las discusiones sobre el poder y el progreso, tanto bélico como tecnológico.




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El papa advierte que ese poder de innovación, que antes se encontraba en manos de los Estados, ahora se concentra en actores privados, a menudo transnacionales, con recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. Lo cual convierte a la pregunta sobre quién controla la inteligencia artificial en un interrogante político y moral.

De ahí que la encíclica articule su discurso en torno a varios imperativos: redescubrir la verdad en la vida pública y en la educación como bien común; proteger la dignidad del trabajo y la fragilidad de las familias en el entorno digital; y salvaguardar la libertad frente a las nuevas formas de esclavitud.

Entre esas formas de esclavitud, León XIV señala una que considera “particularmente insidiosa”: la ideología que obliga a cada persona a ganarse o justificar su propio valor, atribuyendo mayor valía a quien es más eficiente y productivo. En esa lógica, la persona queda reducida a medio para obtener resultados y deja de ser reconocida como un fin en sí misma. Un riesgo que la IA agudiza.

Superación de la guerra justa

En esa misma línea, renueva doctrinas como la de la guerra justa, que considera superada:

“La humanidad cuenta con instrumentos mucho más eficaces y capaces de promover la vida humana para afrontar los conflictos, como el diálogo, la diplomacia y el perdón”.

En diálogo con autores tan variados como Platón, Hannah Arendt y J.R.R. Tolkien, y con referencias a figuras como Martin Luther King, Nelson Mandela, san Óscar Romero y santa Laura Montoya, la Magnifica humanitas recuerda el valor del trabajo, la familia y la educación. La primera encíclica de León XIV invita a aplicar los criterios que permiten que el desarrollo sirva a la humanidad: la dignidad de la persona, el bien común y el destino universal de los bienes, entre los cuales incluye “patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas y datos”. También la subsidiariedad, que ya no concierne solo al Estado sino también a empresas y plataformas digitales, la solidaridad y la justicia.

El subtítulo de la encíclica cifra su esperanza: “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. Para alcanzarla, León XIV apuesta por la formación y la ética como brújula. Solo así la humanidad podrá construir, en medio de los nuevos desafíos tecnológicos y culturales, lo que él mismo llama “una nueva civilización del amor”.

Anthropic como símbolo

El acto de lanzamiento fue en sí mismo un símbolo, pues contó con la participación de Chris Olah, cofundador de la compañía de desarrollo de IA Anthropic. Este resaltó la necesidad de que “más sectores del mundo –comunidades religiosas, sociedad civil, académicos, gobiernos y, de hecho, todas las personas de buena voluntad– hagan lo que Su Santidad ha hecho aquí: tomarse esto en serio, analizarlo con detenimiento e impulsar los acontecimientos hacia una dirección mejor (…). Que sea también un primer paso decisivo hacia un futuro esperanzador para la magnífica humanidad”.




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Euclides Eslava no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Qué es la ‘magnífica humanidad’ que promueve el papa y cómo afronta el futuro tecnológico? – https://theconversation.com/que-es-la-magnifica-humanidad-que-promueve-el-papa-y-como-afronta-el-futuro-tecnologico-283875

Cambios drásticos en Google: la IA toma el mando

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pavel Sidorenko Bautista, Profesor Titular de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

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Google es el buscador más utilizado del mundo. Durante más de un cuarto de siglo, la acción de buscar en internet ha seguido el ritual de introducir una pregunta o palabras clave en una caja en blanco para que un algoritmo nos devolviera una lista ordenada de enlaces azules relacionados. Nosotros, como usuarios, asumíamos el esfuerzo de hacer clic, saltar de una página a otra, contrastar la información y construir nuestra propia conclusión con base en las fuentes que considerábamos más apropiadas.

Hoy, este proceso se encuentra ante su mayor transformación histórica, tal y como la compañía acaba de anunciar. La transición tecnológica impulsada por la inteligencia artificial generativa, especialmente tras la integración total del modelo de asistente virtual Gemini dentro de la plataforma, ha redefinido las reglas del juego.

El buscador ya no quiere ser un simple intermediario, sino que aspira a convertirse en el protagonista y destino final para cualquier requerimiento que tengamos.

De indexar la web a sintetizar la información

El cambio más visible y disruptivo que se propone es el despliegue generalizado de las respuestas generativas en la parte superior de la página de resultados. Cuando un usuario realiza una consulta compleja, la IA lee en milisegundos una ingente cantidad de fuentes indexadas, de las que extrae los puntos clave y redacta un texto de síntesis personalizado.

Esto ya venía ocurriendo con el llamado “modo IA” desplegado en algunos países de forma experimental. Ahora pasa a convertirse en la norma.

Pero el proceso ya no se limita a ofrecer un párrafo plano de texto. El motor de búsqueda es capaz de estructurar la información sobre la marcha, generar tablas comparativas de productos o diseñar diagramas explicativos o esquemas de los pros y contras de una decisión médica o financiera, de forma visual e interactiva.

El usuario obtiene una respuesta inmediata sin necesidad de salir del ecosistema del buscador ni visitar los sitios web que originalmente produjeron esos datos, aunque el buscador sí que referencia el origen de dicha información, como ya ha venido haciendo.

De esta manera, la IA generativa invierte el rol del usuario, quien pasa de contrastar de forma activa múltiples fuentes web a consumir de forma pasiva resúmenes predigeridos por el algoritmo.

Búsqueda conversacional y agentes en segundo plano

Otro cambio importante radica en la desaparición de la rigidez en las consultas. Tradicionalmente, debíamos aprender a hablar el idioma buscador, seleccionando palabras clave inconexas y utilizando las comillas u otros signos para procurar resultados más precisos.

Las actualizaciones recientes consolidan una interfaz completamente conversacional y multimodal, que da importancia al contexto que proporciona el usuario sobre el requerimiento que tiene. Es decir, ahora la búsqueda estará más orientada a prompts contextuales, tal como ocurre en interacciones directas con chatbots –ChatGPT, Gemini, Claude o similares–.

Así, podemos encadenar preguntas de forma fluida, pidiendo aclaraciones, simplificaciones o un cambio de tono sobre el resultado anterior. Además, no hace falta introducir lo que queremos solo en texto escrito: será habitual cruzar modalidades, subir fotografías, documentos de texto, pestañas de Google Chrome o fragmentos de vídeos.

De esta manera, podemos pedirle al buscador que analice un problema o que ubique el precio más bajo de un producto. O, incluso, que localice el minuto exacto donde se explica un concepto en un tutorial de YouTube.

Dicho esto, es posible afirmar que el sistema ha dejado de ser reactivo para volverse proactivo mediante el uso de los llamados “agentes de búsqueda”.

Estos programas especializados o bots operan en segundo plano de manera autónoma para resolver tareas complejas delegadas por el usuario, como monitorizar la fluctuación de tarifas o la aparición de determinados productos –como ediciones limitadas de zapatillas, por ejemplo–; evaluar la compatibilidad de componentes técnicos de diferentes marcas; o trazar un itinerario de viaje completo, coordinando horarios, presupuestos y preferencias personales.

Es decir, la búsqueda ya no se limita a un momento determinado, sino que trasciende en el tiempo, lo que ofrece al usuario una actualización constante sobre aquello que necesita, si lo amerita.

Una experiencia hiperpersonalizada

Este nuevo paradigma implica un impacto sociológico y técnico trascendental, relacionado con la fragmentación de la experiencia de búsqueda. Bajo el algoritmo tradicional, una consulta idéntica realizada por dos personas diferentes arrojaba resultados muy similares. Existía una suerte de consenso digital, similar a la idea de una plaza pública de información compartida.

Con la IA generativa, las respuestas ahora se adaptan dinámicamente al contexto, al historial y al perfil conversacional de cada individuo. Dicho de otra manera, ahora la experiencia de búsqueda estará afinada y condicionada, a medida de cada usuario.

¿Cómo afecta todo esto al usuario?

En este contexto, no todo son beneficios. Dos usuarios que pregunten lo mismo pueden recibir resúmenes redactados de manera distinta o con enfoques radicalmente dispares. Si bien esto optimiza la relevancia, también abre interrogantes éticos sobre la creación de cámaras de eco informativas aún más cerradas y los llamados sesgos de programación de estas tecnologías y cómo actúan ante determinados perfiles.

Si ya existía poca transparencia al respecto, no cabe duda de que los nuevos cambios no van a hacer más que añadir opacidad al sistema.

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Pavel Sidorenko Bautista no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cambios drásticos en Google: la IA toma el mando – https://theconversation.com/cambios-drasticos-en-google-la-ia-toma-el-mando-283781

Por qué la caja negra de la IA preocupa al Vaticano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María-José Varela Salinas, Profesora Titular de Universidad en Traducción e Interpretación, Universidad de Málaga

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Que un papa publique una encíclica sobre IA puede parecer llamativo, pero no es extraño. Desde el siglo XIX, la Iglesia católica se ha pronunciado en diversas encíclicas sobre las grandes transformaciones sociales cuando afectaban a la persona y a su dignidad.

De la Revolución Industrial a la inteligencia artificial

La primera encíclica de León XIV, Magnifica humanitas, tiene un valor simbólico especial. Se firmó el 15 de mayo (aunque se presentó el 25), justo 135 años después de Rerum novarum, con la que León XIII respondió a los conflictos sociales de la Revolución Industrial.

Si entonces la cuestión central era la dignidad del trabajador ante los cambios de la era industrial, hoy el reto es proteger la dignidad de la persona ante el creciente poder de la IA.

León XIV ya la había presentado como la nueva “revolución industrial” en su primer discurso al Colegio Cardenalicio, el 10 de mayo de 2025, dejando claro que sería una de las grandes preocupaciones de su pontificado.

En Magnifica humanitas, esa preocupación se concreta en una idea central: la IA no es neutral. Puede ampliar capacidades humanas, pero también concentrar poder, volver opacas algunas decisiones y perjudicar especialmente a quienes tienen menos recursos para defenderse.

Ningún papa antes había presentado personalmente una encíclica. Pero es que, además, León XIV compartió el acto de presentación con Christopher Olah, cofundador de Anthropic y experto en interpretabilidad, es decir, en cómo funcionan los modelos de IA por dentro. Su elección no es casual: tanto el trabajo de Olah como la posición pública de la empresa conectan con varios puntos de la encíclica.

Abrir la caja negra

En primer lugar, el criterio de no usar indiscriminadamente lo que no se comprende. La IA generativa no es una herramienta más, sino un punto de inflexión. Hace décadas que usamos sistemas algorítmicos –buscadores, asistentes de voz, GPS–, pero ahora existen máquinas que parecen reflexionar o responder con empatía, y podemos olvidar que estamos ante dichos algoritmos. Sin embargo, las respuestas lógicas que recibimos no significan que la máquina comprenda y pueda comunicarse con nosotros de verdad.

Por otro lado, Olah advierte de que el funcionamiento interno de la IA muestra fenómenos difíciles de interpretar, lo que exige prudencia y discernimiento antes de usarlos masivamente. El cofundador de Anthropic dirige precisamente el área de investigación que intenta abrir la “caja negra” de los modelos para entender cómo producen respuestas.

¿Quién es el responsable?

Si se delega en un sistema, la decisión sobre quién recibe un crédito, qué paciente se opera antes o qué solicitante de asilo pasa el primer filtro, y ni sus creadores saben explicar exactamente por qué el sistema toma una decisión concreta, ¿quién es el responsable de esa decisión? No es una preocupación abstracta: en los Países Bajos, el escándalo de las ayudas para el cuidado infantil mostró cómo un sistema de detección de fraude basado en perfiles de riesgo podía señalar injustamente a miles de familias, con efectos devastadores sobre personas vulnerables.

La encíclica recoge, precisamente, esa preocupación: que la IA perjudique los derechos de las personas, especialmente de las más vulnerables. Que Olah comparte esa preocupación lo mostró recordando en su exposición que el debate sobre la IA debe tener en cuenta en primer lugar nuestra responsabilidad hacia los más pobres del mundo.

Negativa a usar la IA para desarrollo de armas autónomas

Otro punto de conexión puede ser la decisión de Anthropic de negarse a que sus modelos se usen para armas totalmente autónomas o vigilancia doméstica masiva. Olah reconoció que los principales laboratorios de IA compiten en un entorno en el que puede haber conflictos éticos. Por eso, pidió que haya críticos competentes y voces morales independientes que puedan señalar los errores. La decisión de Anthropic conecta con Magnifica humanitas, que, aparte de oponerse a la guerra como un mal, reclama límites éticos estrictos para la IA militar y exige que la responsabilidad humana se pueda identificar siempre.

En definitiva, la presencia de Olah reforzó una idea central de la encíclica: no todo lo técnicamente posible está moralmente permitido.

En el acto fue moderado por el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, e intervinieron además los cardenales Víctor Manuel Fernández (prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe) y Michael Czerny (prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral) y las teólogas Anna Rowlands (catedrática de Pensamiento Social Católico en la Universidad de Durham) y Leocadie Lushombo (profesora de Ética Teológica en Santa Clara University). Con esta composición, el Vaticano quiso tratar la IA desde enfoques diversos y dar voz no solo a los que la diseñan o regulan, sino también a quienes reflexionan sobre sus consecuencias éticas y sociales.

Según Olah, las preguntas que plantea la IA superan a los científicos y no pueden solucionarlas ellos solos o las empresas tecnológicas. Y ahí es donde una voz como la de León XIV adquiere un peso particular, pues tiene una proyección moral que va más allá de la Iglesia. Cuando se pronuncia sobre temas clave como la IA, se le presta atención en foros internacionales muy diversos.

Gobernar la IA, no someterse a ella

La nueva encíclica puede leerse como una actualización de la cuestión social. Rerum novarum respondió al riesgo de una deshumanización provocada por la lógica industrial, mientras que Magnifica humanitas responde al riesgo de que la persona quede sometida a una lógica tecnocrática. Es decir, que la tecnología deje de estar al servicio del ser humano y empiece a exigir que sea el ser humano quien se adapte a ella. No se trata, sin embargo, de rechazar la IA, cuya utilidad en muchos campos reconoce León XIV. La cuestión es diseñarla y gobernarla con principios morales que beneficien al ser humano y a la sociedad.

La encíclica no aparece aislada. El 18 de mayo, el Vaticano presentó un Observatorio sobre IA y medio ambiente que estudiará las consecuencias de la IA sobre el medioambiente. Mayo de 2026 deja así una señal clara: para el Vaticano, la inteligencia artificial no es un asunto secundario, sino uno de los grandes retos sociales de nuestro tiempo.

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María-José Varela Salinas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Elecciones colombianas: otro capítulo del manual para concentrar el poder sin importar la ideología

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Andrés Morales-Barreto, Coordinador académico y profesor del Departamento de Teoría Jurídica y de la Constitución de la Facultad de Estudios jurídicos, políticos e internacionales, Universidad de La Sabana

Abelardo de la Espriella, candidato de extrema derecha a la presidencia de Colombia, durante La Marcha del Silencio en Bogotá por la recuperación del precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay (15 de junio de 2025), quien sufrió un atentado y falleció posteriormente. Anamaria Mejia/Shutterstock

Existe un patrón que recorre América Latina de izquierda a derecha, desde gobiernos que prometen seguridad hasta gobiernos que alientan la transformación social. No se trata solamente de lo que dicen. Es cómo entienden el poder.

Repasamos algunos ejemplos con nombre propio de esta tendencia. Además de a gobernantes en ejercicio, el análisis atañe también a los tres principales candidatos de las elecciones presidenciales colombianas del 31 de mayo: Iván Cepeda, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella.

Instituciones y contrapesos se presentan como estorbos

Cuando líderes electos presentan a los tribunales como obstáculos, al Congreso como bloqueo, a la prensa como enemiga, a los órganos de control como sabotaje y a la oposición como un impedimento para gobernar, la democracia constitucional comienza a mutar. Milei, Bukele y Petro, con ideologías opuestas y promesas contradictorias, comparten una misma tentación peligrosa, concebir las instituciones democráticas como estorbos para realizar su idea auténtica de nación.

La comparación relevante no es ideológica sino institucional. La pregunta importante es si los líderes consideran que los límites son condiciones necesarias de la democracia o simples trabas que deben superarse.

La erosión explícita desde la derecha

Javier Milei en Argentina llegó denunciando a la “casta política” y prometiendo desmontar el Estado. Su lógica de confrontación permanente con el Congreso, sectores judiciales y universidades públicas parte de una idea. Según esta, las instituciones tradicionales son responsables del fracaso argentino y deben ser neutralizadas. La nación productiva justifica la batalla frontal contra los supuestos obstáculos institucionales.

En El Salvador, Nayib Bukele encarna una versión más intensa y popular. Su éxito en reducir drásticamente la violencia es innegable: El Salvador pasó de ser uno de los países más peligrosos del mundo a registrar índices mínimos de homicidios. Sin embargo, lo logró mediante un régimen de excepción prolongado, detenciones masivas con garantías judiciales suspendidas e informes constantes sobre abusos y torturas. Para millones de salvadoreños, la seguridad justifica subordinar los controles democráticos. La nación segura termina imponiéndose sobre las mediaciones institucionales.

El candidato de extrema derecha a la presidencia de Colombia Abelardo de la Espriella representa otra expresión contemporánea de esta lógica. A las puertas de las elecciones presidenciales del 31 de mayo, su propuesta de “Patriotismo Constitucional” defiende formalmente la Constitución de 1991, la independencia judicial y la prensa. Rechaza una reforma constituyente, pero al mismo tiempo propone elevar a rango constitucional la prohibición de la combinación de todas las formas de lucha. Eso implicaría declarar inconstitucionales ciertas huelgas, bloqueos y formas de movilización social, utilizando la ley para restringir expresiones de conflicto político que considera amenazas al orden. No destruye la Constitución abiertamente: busca reescribirla para limitar el disenso.

La derecha autoritaria erosiona la democracia de forma frontal, mediante estados de excepción permanentes, liderazgo personalista, controles ejecutivos directos y restricciones abiertas al conflicto democrático.

La erosión gradual desde la izquierda

La izquierda latinoamericana tampoco escapa a esta deriva. Maduro en Venezuela constituyó el caso extremo de concentración progresiva de poder, persecución de opositores y destrucción de la competencia electoral. El chavismo convirtió las instituciones en herramientas del proyecto revolucionario hasta vaciarlas de pluralismo.

En Brasil, Lula da Silva continúa siendo una figura de la izquierda democrática, y el país mantiene elecciones competitivas. Sin embargo, el Partido de los Trabajadores ha cultivado una narrativa según la cual sectores judiciales, empresariales y mediáticos representan enemigos estructurales del pueblo brasileño.

Después de los excesos del caso Lava Jato (la mayor investigación sobre corrupción en Brasil y Latinoamérica), parte del lulismo comenzó a justificar una creciente politización institucional. Esta tendencia se amparaba en la necesidad de corregir desequilibrios históricos. El riesgo que entraña no es una ruptura inmediata de la democracia, sino la normalización de la idea de que ciertas instituciones independientes son obstáculos frente a proyectos considerados superiores.

En México ocurre algo similar. La presidenta, Claudia Sheinbaum, heredó el proyecto político de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, aunque ya ha anunciado una revisión de la reforma judicial de este. Su partido, Morena, que opera dentro de marcos democráticos formales, ha impulsado reformas que generan preocupación por la autonomía judicial, la concentración de poder y el debilitamiento progresivo de contrapesos. La apelación constante al pueblo verdadero y a la legitimidad popular comienza a sustituir la lógica clásica de limitación constitucional.

En Colombia, el presidente, Gustavo Petro, y el candidato oficialista, Iván Cepeda, representan esta versión institucional de erosión democrática. Petro ha impulsado una transformación estructural del modelo político, mientras que Cepeda mantiene una posición ambigua frente a una eventual Asamblea Constituyente.

Semanas atrás, el candidato del Pacto Histórico parecía distanciarse de esta propuesta. Sin embargo, recientemente dejó abierta la posibilidad si existiera consenso entre sectores políticos y económicos. La incertidumbre sobre los compromisos de ambos candidatos frente a los límites constitucionales revela una pauta común: la disposición a cambiar las reglas del juego cuando se considere necesario.

Una Asamblea Constituyente no es un trámite ordinario. Supone reescribir normas fundamentales, fortalecer el Ejecutivo y alterar los mecanismos de alternancia. Formalmente, tiende a presentarse como una opción democrática. Estructuralmente, puede convertirse en un mecanismo de concentración irreversible de poder.

La izquierda autoritaria suele erosionar la democracia de manera más gradual, mediante reformas constitucionales, expansión permanente del Ejecutivo y debilitamiento progresivo de los órganos de control, todo presentado como profundización democrática y soberanía popular.

Dos caminos hacia el mismo riesgo

La derecha y la izquierda autoritarias utilizan métodos distintos, pero terminan compartiendo una misma sospecha frente al pluralismo liberal. Para unos, los controles constitucionales impiden combatir el crimen, garantizar el orden o liberar la economía. Para otros, evitan transformar estructuras consideradas injustas y realizar cambios históricos. En ambos casos aparece la misma conclusión: existe una voluntad popular auténtica que no debería estar limitada por demasiadas mediaciones institucionales. Y precisamente ahí reside el verdadero peligro.

Colombia conoce bien las consecuencias de subordinar las instituciones a proyectos absolutos de nación. Las guerrillas justificaron la violencia armada en nombre de una revolución. Los paramilitares, que han sido en ocasiones vinculados a partidos como el Centro Democrático (fundado por el expresidente Álvaro Uribe y liderado por la candidata Paloma Valencia), han justificado masacres y persecuciones en nombre del orden y la seguridad. Unos y otros creyeron representar una versión superior de la patria.

La democracia constitucional no fue diseñada para producir gobiernos rápidos, homogéneos o plenamente eficientes. Fue diseñada para impedir que una mayoría o un líder concentren todo el poder sin límites.

La lección incómoda de la historia latinoamericana es clara: las democracias rara vez mueren únicamente mediante golpes militares. Se erosionan lentamente desde dentro, cuando los líderes elegidos democráticamente descubren que es más fácil desmontar los límites constitucionales que respetarlos.

The Conversation

Sergio Andrés Morales-Barreto no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Elecciones colombianas: otro capítulo del manual para concentrar el poder sin importar la ideología – https://theconversation.com/elecciones-colombianas-otro-capitulo-del-manual-para-concentrar-el-poder-sin-importar-la-ideologia-283043

¿Tiene sentido cobrar la misma ecotasa a todos los turistas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Aythami Santana Padrón, Assistant researcher, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Viajeros en el Aeropuerto Tenerife Sur, Islas Canarias.
Nigel J. Harris/Shutterstock

Las ecotasas turísticas son una realidad en varios destinos. Dos ejemplos: Barcelona aplica una de las más elevadas de Europa, y Bali (Indonesia) cobra desde 2024 un valor fijo para todos los visitantes internacionales (incluido niños).

Mientras tanto, se mantiene abierto el debate sobre su aplicación (que se destinaría a la conservación ambiental o a la adaptación climática) en Canarias, un territorio donde los efectos del cambio climático –sequías, olas de calor, presión sobre los recursos hídricos– generan una preocupación creciente, tal y como reconoce la Estrategia Canaria de Acción Climática.

La cuestión es que la mayoría de esas contribuciones económicas siguen compartiendo una misma lógica: cobrar prácticamente lo mismo a todo el mundo. Y ahí aparece la pregunta: ¿tiene sentido que pague lo mismo una persona que gasta 60 euros al día que otra que gasta 500?

Una investigación sobre más de 70 000 turistas que viajaron a las islas Canarias muestra que aplicar la misma ecotasa a todos los visitantes puede ser una estrategia poco eficiente.

El turista no es un perfil único

Muchas políticas turísticas siguen tratando al visitante como si todos reaccionaran igual ante una tasa ambiental.

Sin embargo la realidad es mucho más compleja. El proceso de decisión no es único: decidir “pagar” no es lo mismo que decidir cuánto se está dispuesto a aportar como compensación al destino visitado.

Existen turistas muy sensibles a cualquier incremento de precio y otros para quienes pequeñas contribuciones adicionales apenas modifican el coste total del viaje. También hay diferencias importantes en capacidad económica, sensibilidad ambiental o predisposición a contribuir a la sostenibilidad del lugar que se visita.

Esto resulta especialmente relevante en territorios donde el turismo depende directamente de la calidad ambiental. Según ONU Turismo, la sostenibilidad se ha convertido en uno de los principales retos estratégicos del turismo.

Financiar la adaptación climática

Los resultados de este estudio en Canarias muestran que muchos visitantes aceptarían realizar pequeñas aportaciones sin demasiado rechazo. Pero, además, existe un segmento más reducido –normalmente asociado a perfiles de mayor gasto– dispuesto a asumir cantidades considerablemente más elevadas para financiar sostenibilidad o adaptación climática.

Esta idea conecta con investigaciones previas sobre ecotasas turísticas y aceptación social de impuestos ambientales, que han analizado cómo la percepción sobre el uso de los recursos recaudados condiciona el apoyo de los visitantes a estas medidas.

El coste ambiental del turismo

El turismo genera riqueza, empleo y actividad económica. Pero también incrementa la presión sobre recursos naturales e infraestructuras públicas.

En los territorios insulares este impacto resulta especialmente visible: mayor demanda de agua y energía sin que varíe significativamente la oferta, más residuos, mayor presión sobre los espacios naturales y la aparición de nuevas infraestructuras alimentan un debate creciente en destinos turísticos maduros, como es el caso de Canarias.

A esto se suma el cambio climático. El Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) lleva años alertando sobre el impacto creciente de fenómenos extremos, sequías, olas de calor o erosión costera, especialmente en regiones vulnerables como las islas.

Diversos estudios sobre turismo y cambio climático alertan de que muchos destinos insulares tendrán enormes dificultades para financiar la adaptación climática y transición energética durante las próximas décadas.

Todo ello obliga a realizar inversiones públicas cada vez mayores en adaptación climática, conservación o transición energética.

Un problema de eficiencia

Muchas ecotasas se diseñan bajo sistemas planos o casi uniformes. Sin embargo, tratar igual a perfiles turísticos completamente distintos puede ser poco eficaz tanto económica como socialmente.

El diseño de modelos más progresivos y adaptados a distintos perfiles de gasto podrían aumentar considerablemente el dinero disponible para políticas ambientales, sin afectar demasiado a la demanda turística.

La lógica es relativamente sencilla. Un turista que realiza un viaje premium suele tener una sensibilidad mucho menor al cobro de tasas ambientales que otro con un presupuesto mucho más ajustado. Cobrar lo mismo a todos puede terminar reduciendo la capacidad de los destinos para financiar sostenibilidad.

Además, diversos estudios indican que muchos turistas valoran positivamente que parte de los recursos obtenidos se destinen realmente a proteger el territorio que visitan. Investigaciones sobre aceptación de impuestos ambientales turísticos muestran que el apoyo aumenta cuando existe transparencia sobre el uso del dinero recaudado.

Más allá del debate turístico

El debate sobre las ecotasas ya no trata solo de turismo. También refleja una discusión más amplia sobre cómo financiar sostenibilidad y cómo repartir los costes de la transición ecológica en territorios especialmente dependientes del turismo.

Destinos como Canarias afrontan una presión creciente para compatibilizar la competitividad turística, la protección ambiental y la adaptación climática.

En este contexto de creciente presión ambiental y climática, quizá el debate ya no es si aplicar ecotasas, sino cómo diseñarlas.

The Conversation

Los autores han participado en un proyecto competitivo financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y la Agencia Estatal de Investigación, financiación que se ha utilizado para el desarrollo de la citada investigación.

Los autores han participado en un proyecto competitivo financiado por la Comisión Europea a través del programa Erasmus+, financiación que se ha utilizado para el desarrollo de la citada investigación.

Aythami Santana Padrón y Yen E. Lam González no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

– ref. ¿Tiene sentido cobrar la misma ecotasa a todos los turistas? – https://theconversation.com/tiene-sentido-cobrar-la-misma-ecotasa-a-todos-los-turistas-283191

¿Necesitamos narrativas de la esperanza o solo sirven para manipularnos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristina M. Gámez-Fernández, Profesora Titular de Universidad especializada en literaturas y culturas en lengua inglesa, Universidad de Córdoba

Solemos auparnos en la esperanza a veces para justificar situaciones complejas. Rois AM/Shutterstock

¿Quién no se ha visto alguna vez haciendo listas para el año nuevo, imaginándose una mejor versión de su vida en la que todo funciona a la perfección? ¿Quién no se ha suscrito a cualquier pódcast, cuenta de Instagram o TikTok que le ayude a aprender “esas estrategias infalibles” para lograr sus metas? ¿O quién no ha dudado de su estado físico al percatarse de que va a pilates solo un par de veces a la semana mientras su compañera de trabajo tiene un entrenador personal y se suplementa con creatina?

En todos estos ejemplos queda patente que las historias de superación personal y los autodenominados especialistas, coaches y demás personajes mediáticos están más de moda que nunca. ¿Qué motiva este fenómeno?

A la búsqueda de una solución

Ante la aceleración por estar “en forma”, cuidar de la salud mental, acompañar a los mayores, supervisar a los hijos, destacar en el trabajo y ser buena persona, el agotamiento no tarda en asomar.

Aun así, el motor sigue estando ahí: mantengo la ilusión de que puedo convertirme en mi mejor versión, poner mi granito de arena para frenar el cambio climático o dejar un mundo más decente del que me encontré. Sin embargo, ante la avalancha de retos, el agotamiento regresa de nuevo. Y es normal, porque el discurso que he ido interiorizando a lo largo de los años se desmorona cuando la exigencia se hace cada vez mayor.

Entonces, en ese momento, busco urgentemente una nueva narrativa de esperanza que me ayude a mantener este ritmo frenético.

Virtud, emoción… faro

Hoy en día podemos encontrar la palabra “esperanza” en cualquier conversación, ya sea en la cola del supermercado o en un eslogan rotulado en una taza y un llavero.

Pero… ¿qué es realmente la esperanza? Comúnmente se define como un horizonte remoto de posibilidad de cambio que nos orienta en momentos de adversidad como si fuera un faro. El ejemplo más cercano que todos compartimos, en el que buscamos esperanza, es la pandemia, todavía fresca en nuestras retinas como una experiencia que nos puso a prueba individual y colectivamente.

El concepto se aborda desde múltiples campos académicos, e incluso en estudios inter- o transdisciplinares. Por ejemplo, se clasifica como una virtud en el ámbito de la teología y los estudios sobre las religiones; como una emoción en la psicología, la neurociencia o la filosofía moral y política, e incluso como un mecanismo afectivo en la crítica literaria y teórica.

Este enorme interés de la ciencia, así como en el día a día de las redes sociales, los medios de comunicación y la cultura, responde a la necesidad creciente en nuestras sociedades de encontrar esos faros. Pero ¿qué efectos tiene en quienes la consumimos? Y, más interesante aún, ¿son solo efectos positivos?

No siempre es un buen motor

En nuestra experiencia personal normalmente revestimos estos relatos de un halo positivo. Como ejemplo nos sirve el título de la Bula del Jubileo ordinario del año 2025 del papa Francisco que era “Spes non confundit”: la esperanza no defrauda.

Por lo general, se relaciona la pérdida de la esperanza con la depresión y, en última instancia, con la muerte. De ahí las famosas frases “la esperanza es lo último que se pierde” o “mientras hay vida, hay esperanza”.

Pero nada más lejos de la realidad. El término no remite necesariamente a lo positivo. Pensemos en la esperanza de crear un “mundo mejor” que tenían tanto Nelson Mandela como… Adolf Hitler. La visión de un futuro diferente subyace al discurso esperanzador de ambos. Los diferencia radicalmente que, mientras Mandela buscaba acoger a diferentes grupos sociales, para el genocida cualquier pueblo que no fuese el ario debía desaparecer de su territorio.

Dibujo de una mujer que sujeta un recipiente del que salen luces.
Según el mito griego de ‘la caja de Pandora’, todos los males se repartieron por el mundo y solo quedó la esperanza. El dibujo es de James Gillray.
National Portrait Gallery

Aunque pueda sorprender, esta ambigüedad de las narrativas de esperanza no es nueva. La tradición cultural occidental integra una interpretación negativa de la esperanza junto con la vertiente optimista más conocida. El poeta griego Hesíodo ya decía que la esperanza era la única desgracia que no consiguió liberarse de la caja de Pandora y Eurípides advertía de su maldad, que se representaba con la diosa Elpis.

Desde Platón, pasando por Nietzsche, hasta críticos contemporáneos como Lauren Berlant, Mark Fisher y Franco “Bifo” Berardi, muchos son los autores que exploran el perjuicio de las narrativas de esperanza. La pregunta entonces es otra: ¿cómo contribuyen estas a manipularnos?

Un mensaje dañino

Tener esperanza no es negativo en sí mismo, por supuesto. Los problemas comienzan en los momentos difíciles, cuando nos sentimos vulnerables, perdidos y abrumados por las muchas tareas pendientes. Entonces, empezamos a prestar demasiada atención a todo ese ejército mediático de narrativas. Y necesitamos creer en ellas desesperadamente.

En este caldo de cultivo, es más fácil convencernos del mensaje que transmiten: “tú puedes, pero solo si haces el sacrificio personal incondicional para alcanzar tu ideal”. Por ejemplo, hazme creer a pies juntillas que el trabajo duro me garantizará la independencia económica que tanto necesito a mis ya 30 años, y estaré más dispuesta a trabajar 10 horas con un contrato a media jornada.

Ojo, que este fenómeno se puede complicar todavía más. La tormenta perfecta combina las narrativas de la esperanza con los discursos del miedo. Estos últimos normalizan ideologías claramente discriminatorias para que aceptemos políticas que justifican la injusticia y la violencia. Pero las narrativas de la esperanza son más insidiosas, porque se aseguran de controlar a las personas a través de sus propios deseos sin tener que vigilarlas.

¿Podemos escapar de este fenómeno? No existe una solución simple ni rápida dada la complejidad del problema. Pero la literatura y el arte son herramientas muy útiles para desmantelar esas narrativas cómplices con nuestra forma de vida neoliberal. Sus reflexiones nos permiten visibilizar la brecha que existe entre qué poseemos y lo que creemos que deberíamos tener, cómo nos sentimos y cómo deberíamos hacerlo o quiénes somos y quiénes deberíamos ser. Nos ayudan a darnos cuenta de que quizás no merezca la pena perseguir esas aspiraciones a toda costa e, incluso algunas, ni siquiera perseguirlas.

Porque… ¿cuáles son las que siguen operando en su propio horizonte sin que se dé cuenta?


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Cristina M. Gámez-Fernández es la Investigadora Principal del proyecto de investigación “Resistencias ante el Capitaloceno: Narrativas de esperanza en el siglo XXI” (referencia PID2023-147494NB-I00), financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la Agencia Estatal de Investigación y por el FEDER.

– ref. ¿Necesitamos narrativas de la esperanza o solo sirven para manipularnos? – https://theconversation.com/necesitamos-narrativas-de-la-esperanza-o-solo-sirven-para-manipularnos-280675

¿Qué ocurre en el cerebro cuando corremos una maratón?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Matute, Professor, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

BABAROGA/Shutterstock

Cuando pensamos en una maratón imaginamos músculos agotados y pulmones al límite. Pensamos también en un cuerpo falto de energía. Pero hay otro órgano que trabaja sin descanso durante esos 42 kilómetros: el cerebro.

Aunque pesa solo un kilo y medio, el cerebro consume cerca del 20 % de la energía del cuerpo. Incluso cuando dormimos sigue activo, de ahí que demande combustible de forma constante. No en vano controla la respiración, la temperatura corporal, el movimiento y los pensamientos.

Por lo que sabíamos hasta ahora, y a diferencia de otros órganos, el cerebro almacena muy poca energía. Depende de un aporte continuo de glucosa y oxígeno. Por eso, una maratón supone un gran reto para él. Sin embargo, en estas situaciones, podría echar mano de una reserva energética inesperada: la mielina.

Mucho más que un aislante

La mielina es una capa grasa que rodea las neuronas y ocupa cerca de la mitad del volumen del cerebro humano. Funciona de forma parecida al plástico que cubre un cable eléctrico: ayuda a que las señales nerviosas viajen más rápido y con menos gasto de energía.

Durante años se pensó que solo servía para aislar y proteger las neuronas. Pero esa idea está cambiando.

Ya en 1928, el científico español Pío del Río Hortega sugirió que las células que producen mielina también ayudaban a alimentar a las neuronas. Durante mucho tiempo esa idea pasó desapercibida.

Hoy, sin embargo, sabemos que esas células aportan energía cuando las neuronas trabajan más. Es decir, participan de forma activa en el metabolismo del cerebro. ¿Quiere eso decir que la propia mielina puede servir como fuente de energía durante un esfuerzo extremo?

Qué ocurre después de correr 42 kilómetros

Para responder a esa pregunta estudiamos a corredores de maratón utilizando resonancia magnética avanzada. Analizamos sus cerebros antes de la carrera y también entre uno y dos días después. Más tarde, durante la recuperación, repetimos las pruebas. Y los resultados fueron sorprendentes.

Después de la maratón observamos una reducción temporal de mielina en varias zonas del cerebro. El cambio aparecía sobre todo en regiones relacionadas con el movimiento, la sensibilidad y las emociones.

Dos meses después, la mielina se había recuperado. En otras palabras, el cerebro parecía haber usado parte de esa mielina durante el esfuerzo. Y luego, la reconstruyó.

Una batería recargable

Nuestros resultados apoyan una idea nueva: la mielina podría actuar como una especie de batería del cerebro. Durante una maratón, el cuerpo consume enormes cantidades de energía, agotando lentamente las reservas habituales, como el glucógeno almacenado en músculos e hígado.

En esa situación, nuestro órgano pensante podría recurrir de forma temporal a las grasas presentes en la mielina. Eso explicaría por qué no vimos señales de daño cerebral. Los corredores mantuvieron sus funciones normales; los cambios observados fueron reversibles.

Esto sugiere que estamos ante un mecanismo normal de adaptación al esfuerzo extremo.

Más allá del deporte

El hallazgo puede tener importancia en muchas enfermedades.

La mielina se altera en trastornos como la esclerosis múltiple o algunas formas de demencia. Si también funciona como reserva energética, podríamos entender mejor qué ocurre en esas dolencias. Sin olvidar que este mecanismo podría estar relacionado con el envejecimiento cerebral.

Aún quedan muchas preguntas abiertas. No sabemos exactamente qué partes de la mielina se consumen ni cómo se regeneran después. Tampoco sabemos si ocurre lo mismo en otros deportes de resistencia o en situaciones de ayuno prolongado. Pero sí tenemos claro algo importante: la mielina no es un material pasivo.

El cerebro cambia y se adapta continuamente. Y quizá una maratón nos permita observar esa capacidad de adaptación de una forma especialmente clara.

Tal vez correr 42 kilómetros no solo ponga a prueba el corazón y los músculos: también obliga al cerebro a buscar nuevas formas de mantener la energía. Y eso convierte a cada corredor de larga distancia en un experimento biológico fascinante.

The Conversation

Carlos Matute trabaja en el Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibersitatea (EHU)

– ref. ¿Qué ocurre en el cerebro cuando corremos una maratón? – https://theconversation.com/que-ocurre-en-el-cerebro-cuando-corremos-una-maraton-281501

Soins de longue durée : qu’est-ce qui influence le choix des enfants pour leurs parents âgés?

Source: The Conversation – in French – By Marie-Louise Leroux, Professeure titulaire en Sciences Economiques, Université du Québec à Montréal (UQAM)

Qui s’occupera de nous en vieillissant, et à quel prix pour ceux qui restent ? Entre obligations familiales et contraintes professionnelles, les choix des futurs proches aidants sont loin d’être évidents. Dans un contexte de vieillissement rapide de la population, cette question devient centrale.


Qui prendra en charge les personnes âgées en cas de perte d’autonomie ? Si les systèmes publics jouent un rôle essentiel, ils ne peuvent répondre seuls à la demande croissante de soins de longue durée. Actuellement, une large part des soins repose sur les proches.

Comment les individus envisagent-ils ce rôle ? Qui sont-ils prêts à aider, de quelle manière et à quel prix ?

À partir d’une enquête que nous avons menée en 2023 auprès de 2300 personnes âgées de 45 à 58 ans au Québec et en Ontario, nous avons pu mettre en évidence des tendances dans les choix envisagés par les proches aidants potentiels.

L’enquête s’appuie notamment sur des questions visant à mieux comprendre leurs intentions futures en matière de conciliation entre travail et famille, dans l’éventualité où un parent ou un beau-parent perdrait en autonomie. Nos résultats montrent que ces décisions relèvent d’arbitrages complexes, qui ne sont pas uniquement déterminés par l’affection ou les ressources financières.


Cet article fait partie de notre série La Révolution grise. La Conversation vous propose d’analyser sous toutes ses facettes l’impact du vieillissement de l’imposante cohorte des boomers sur notre société, qu’ils transforment depuis leur venue au monde. Manières de se loger, de travailler, de consommer la culture, de s’alimenter, de voyager, de se soigner, de vivre… découvrez avec nous les bouleversements en cours, et à venir.





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Aider ses parents… plutôt que ses beaux-parents

Premier enseignement : les liens familiaux jouent un rôle déterminant et la solidarité familiale reste fortement structurée par la filiation directe. Lorsqu’on demande aux répondants s’ils seraient davantage enclins à aider leurs parents ou leurs beaux-parents, une majorité nette privilégie ses propres parents : 79 % des femmes et 68 % des hommes aideraient prioritairement leurs parents.

Cette préférence est encore plus marquée chez les personnes qui ne sont plus en couple. Lorsque le lien conjugal disparaît, les obligations envers la belle-famille s’effacent presque entièrement, avec plus de 90 % des répondants qui aideraient leurs parents.

Rester à domicile… ou entrer en établissement ?

Dans un deuxième temps, l’enquête demandait aux futurs aidants quels types de soins ils souhaiteraient privilégier entre des soins à domicile assurés par la famille ou les proches, des soins à domicile assurés par des professionnels ou un placement en CHSLD.

Parmi les répondants ayant exprimé une préférence claire (environ 74 %), près de la moitié anticipent un recours aux CHSLD, tandis qu’environ 30 % privilégieraient les soins familiaux à domicile.

Ces choix semblent fortement liés à des contraintes concrètes auxquelles font face les proches aidants. En particulier, les personnes travaillant à temps plein sont plus susceptibles de vouloir recourir à des soins professionnels à la maison plutôt que de prendre en charge ces soins eux-mêmes. De même, lorsque les répondants anticipent une espérance de vie de la personne dépendante plus longue, et donc si la perte d’autonomie est perçue comme durable, les solutions institutionnelles sont plus souvent envisagées.

Un engagement souvent limité par le manque de temps

Enfin le troisième volet de l’enquête abordait le temps que les personnes interrogées seraient susceptibles de consacrer à leur proche. Parmi les personnes ayant exprimé une préférence stricte pour un nombre d’heures donné (environ 83,5 % d’entre eux), 8 % envisagent un engagement de moins d’une heure, et environ 41 % un engagement entre une heure et dix heures par semaine. À l’autre extrême, environ 15 % des répondants déclarent vouloir donner plus de 20 heures par semaine.

Les 54 à 58 ans déclarent plus souvent vouloir offrir une aide minimale (moins d’une heure par semaine) plutôt qu’un faible volume d’heures (1 à 10 heures), surtout lorsque l’état de santé du bénéficiaire est jugé très bon ou excellent, ce qui suggère que l’aide s’ajuste aux besoins perçus.

À l’inverse, plusieurs facteurs diminuent la probabilité d’un engagement aussi limité : le fait d’avoir un diplôme secondaire, de disposer d’un niveau d’épargne plus élevé, ainsi que le fait que le bénéficiaire soit un parent plutôt qu’un beau-parent.

Pour une aide intensive (plus de 20 heures par semaine), plusieurs facteurs ressortent clairement. Ce type d’engagement (par rapport à un nombre d’heures faible) est plus souhaité chez les répondants femmes et ceux âgés de 54 à 58 ans.

Elle est également fortement liée aux besoins du bénéficiaire, notamment lorsque son état de santé est jugé passable ou mauvais. L’anticipation d’un départ tardif à la retraite est associée à une plus forte probabilité d’engagement intensif. Le lien filial joue ici encore un rôle central, en augmentant significativement la probabilité de fournir un volume d’aide élevé.

En revanche, le fait d’occuper un emploi à temps plein constitue un frein majeur, en réduisant fortement la probabilité d’un tel engagement, ce qui souligne le rôle contraignant des obligations professionnelles.

Somme toute, les résultats de cette étude démontrent clairement que les décisions d’aide ne relèvent ni d’un altruisme pur, ni d’un simple calcul économique. Elles résultent essentiellement d’arbitrages où interviennent les contraintes professionnelles, les normes de genre, la relation filiale et les besoins perçus du proche. Mais leur poids varie selon les situations.




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Anticiper aujourd’hui pour mieux vieillir demain

Cette étude met en avant que les décisions d’aide se construisent en amont des situations de dépendance. Elles reposent sur des anticipations, des contraintes perçues et des normes sociales. Mieux comprendre les mécanismes à l’origine des décisions prises par les proches aidants permettra d’anticiper les besoins futurs et d’adapter les politiques publiques en conséquence.

Si les proches aidants doivent jouer un rôle central, encore faut-il leur en donner les moyens. Plusieurs pistes apparaissent essentielles : faciliter la conciliation entre emploi et rôle d’aidant ; offrir un soutien financier pour limiter les pertes de revenus ; développer une offre de services professionnels accessible et complémentaire à l’aide familiale.

Dans un contexte de vieillissement accéléré, la reconnaissance de ces enjeux et la mise en place de politiques efficaces sont nécessaires afin de garantir à la fois le bien-être des personnes proches aidantes et de leurs parents, ainsi que la viabilité des systèmes de soins.

La Conversation Canada

Marie-Louise Leroux a reçu des financements du FRQSC- Société et Culture.

Raquel Fonseca et Witnie Compère ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur poste universitaire.

– ref. Soins de longue durée : qu’est-ce qui influence le choix des enfants pour leurs parents âgés? – https://theconversation.com/soins-de-longue-duree-quest-ce-qui-influence-le-choix-des-enfants-pour-leurs-parents-ages-279043