¿Qué nos cuentan los fósiles humanos hallados en Asia en el último siglo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Jordana Butticaz, Catedrático emérito, Universidad de Navarra

Reconstrucción facial forense de _Homo erectus pekinensis_ Cícero Moraes. , CC BY-SA

Al hablar de los fósiles del género Homo, restos de nuestros antecesores, es habitual recordar que los más antiguos están en África: África del Sur, Etiopía, con el valle del río Omo, o Tanzania, entre otros. Una parte fundamental de fósiles de homínidos proceden de este continente y en él se siguen descubriendo otros nuevos. Hay también yacimientos importantes en Europa (El Sidrón, Atapuerca, Dmanisi, valle de Neander, monte Carmelo, Petralona, etc.), aunque cada vez adquieren más importancia Asia y, en especial, el sudeste asiático.

Un reguero de “eslabones perdidos”

Fue en Java, en 1891, donde el anatomista francés Eugène Dubois creyó encontrar el “eslabón perdido”, al descubrir algunos dientes sueltos, un fragmento craneal y un fémur en las excavaciones en el río Solo, cerca de Trinil. Dubois publicó en 1894 el hallazgo de lo que bautizó como Pithecanthropus erectus (“mono-hombre erguido”), conocido popularmente como “hombre de Java”. Desde 1963, cuando comenzó mi interés en el tema, he visto anunciar muchos supuestos “eslabones perdidos”.

A comienzos del siglo XX, el geólogo y paleontólogo alemán Gustav Heinrich Ralph von Koenigswald obtuvo nuevos fósiles de Trinil y de localidades como Sangiran, a unos 75 km, donde halló un cráneo atribuido a Pithecanthropus.

Entre 1921 y 1937, el paleontólogo austriaco Otto Zdansky excavó la Colina del Hueso del Dragón o Longgushan–en Zhoukoudian, cerca de Pekín, China– y encontró un diente, que estudió el anatomista Davison Black.

Con financiación internacional, Black dirigió más excavaciones en la zona y a la especie a la que pertenecían los fósiles la denominó Sinanthropus pekinensis. Posteriormente, cuando se estableció la identidad o cercanía con los hallados en Trinil, terminaron llamándose Homo erectus pekinensis.

Réplica de un cráneo del hombre de Pekín en el Museo Paleozoológico de China.
Wikimedia Commons., CC BY

En las excavaciones encontraron un buen número de fósiles, pero se perdieron en su traslado a Estados Unidos. Solo se conservaron los moldes que habían tenido la precaución de realizar. Estos moldes han permitido corroborar la existencia de ese fósil, al compararlos con los pocos encontrados en el mismo lugar después de la Segunda Guerra Mundial, entre 1949 y 1979.

Siguen apareciendo nuevas especies

En tiempos recientes, nuevos descubrimientos en el sudeste asiático han cobrado especial relevancia. En 2004, el paleoantropólogo Peter Brown y colaboradores describieron el Homo floresiensis, hallado en la cueva de Liang Bua (isla de Flores, Indonesia), una especie extinguida hace unos 50 000 años. Se ha propuesto que su antepasado podría ser H. erectus, ya presente en la región, y que su reducido tamaño corporal sería resultado del típico proceso de enanismo insular.

Reconstrucción facial forense del LB1 de la especie Homo floresiensis.
Cicero Moraes / Wikimedia Commons., CC BY

Por otro lado, en 2009, el equipo de la paleoantropóloga australiana Debbie Argue publicó un análisis en el que parece que el Homo floresiensis puede estar relacionado con el Homo habilis, hallado en África, lo que supondría la admisión de una primera salida desde África de esta especie. Esto lo vincularía también con el Homo georgicus, de la localidad de Dmanisi –en Georgia, entre entre Europa Oriental y Asia Occidental–, que tiene un volumen cerebral algo mayor que H. floresiensis, pero no el doble, como lo tiene el H. erectus.

En al año 2019, el investigador francés Florent Detroit y sus colaboradores describieron formalmente el Homo luzonensis, con los escasos fósiles encontrados en la cueva del Callao (Filipinas) a lo largo de los años 2007-2010. Este podría estar relacionado con H. sapiens o con H. floresiensis, pero de un modo incierto.

El homínido de Denísova

Todas estas investigaciones cambian súbitamente con los hallazgos en las cuevas de Denísova, en el macizo de Altai (Siberia, Rusia). Junto a artefactos atribuidos a neandertales, se encontró una falange de una niña de la que el biólogo sueco-estonio Svante Pääbo pudo extraer el ADN mitocondrial. Este hallazgo dio lugar al homínido de Denísova; confirmado cuando se encontró una niña híbrida, de madre neandertal y padre denisovano, en el año 2018.

Mientras, en la localidad de Yunxian (China central), se descubrieron tres cráneos, entre 1989 y 2022, con una antigüedad estimada en 2026 de 1,77 millones de años. Pueden ser asociados a Homo erectus, pero con una capacidad craneana de 1143 centímetros cúbicos. Este fósil es más pequeño que los cráneos de Homo longi –en chino, “hombre dragón”–, que en estos momentos se considera un denisovano.

El cráneo virtual resultante de los estudios realizados revela una mezcla de rasgos considerados primitivos o ancestrales y derivados o novedosos. Su capacidad endocraneal es mayor que la de H. erectus. El análisis comparativo de cráneo y mandíbula muestra similitudes con H. erectus y H. heidelbergensis, pero también con H. longi –que incluye fósiles de Dali, Jinniushan, Xujiayao y Hualongdong, Xiahe y Penghu– y con H. sapiens.

Todos estos hallazgos recientes permiten considerar cinco grupos de fósiles de este periodo en Asia: Homo erectus asiático, Homo heidelbergensis, neandertales, Homo sapiens y Homo longi. La mezcla de rasgos indicaría hacia un ancestro común de las líneas evolutivas H. longiH. sapiens (con apomorfías o novedades evolutivas) y H. erectusH. heidelbergensis, con una antiguedad de 1,77 millones de años.

En busca de un ancestro común

Entre 2014 y 2015, se encontraron fósiles datados en unos 300 000 años en Hualongdong (HLD), provincia de Anhui, sur de China: un cráneo con 14 dientes. Mientras que el cráneo, las extremidades y la mandíbula muestran predominantemente rasgos primitivos compartidos con los primeros ejemplares de Homo, los huesos faciales muestran afinidades más cercanas a los humanos modernos.

Parece que hay dos explicaciones posibles. Por una parte, el flujo genético con una forma más arcaica, como H. erectus, ya presente en la zona. Por otro, una población de Homo estrechamente relacionada con H. sapiens y distinta de H. erectus, los neandertales y denisovanos.

No obstante, el antropólogo estadounidense Alan Rogers y colaboradores, en un artículo de 2020, postulan que, cientos de miles de años antes, los ancestros de los neandertales y los denisovanos se cruzaron con sus propios predecesores euroasiáticos: miembros de una población “superarcaica” que se separó de otros humanos hace aproximadamente 2 millones de años.

Baste este comentario para mostrar cómo la historia de la evolución humana tiene un interesante comienzo en Asia, se traslada a África y vuelve a buscar soluciones –o complicaciones– otra vez en Asia.

The Conversation

Rafael Jordana Butticaz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué nos cuentan los fósiles humanos hallados en Asia en el último siglo? – https://theconversation.com/que-nos-cuentan-los-fosiles-humanos-hallados-en-asia-en-el-ultimo-siglo-279340

Veranos eternos en el Mediterráneo: ¿cómo prepararnos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eric Gielen, Profesor Permanente Laboral en el Departamento de Urbanismo, Universitat Politècnica de València

Valencia. Maxime Vandenberge / Unsplash., CC BY

Durante generaciones, el Mediterráneo ha vivido al ritmo de estaciones reconocibles: inviernos y primaveras suaves, otoños templados y veranos intensos. Sin embargo, las proyecciones climáticas apuntan que este equilibrio se está rompiendo. En ciudades como Valencia, las olas de calor se multiplican, duran más y alcanzan valores extremos.

Lo que antes era una anomalía estival se está convirtiendo en un nuevo estado climático permanente, acompañado, además, de episodios puntuales de lluvias intensas que incrementan el riesgo de inundaciones. La pregunta ya no es si los veranos serán más largos, sino cómo nos preparamos para convivir con un calor extremo cada vez más prolongado.

Ola de calor permanente

Las olas de calor han aumentado casi dos episodios por década desde 1979 y su duración media ha pasado de menos de diez días a más de veinticinco. Es la conclusión de una investigación realizada en la Universitat Politècnica de València, entre el Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente (IIAMA) y el Departamento de Urbanismo, parte del proyecto europeo The HuT (The Human-Tech Nexus). Muestra un escenario preocupante: para finales de siglo, las olas de calor en Valencia podrían durar varios meses, alcanzando hasta 182 días bajo el escenario de alto calentamiento SSP370 y 319 días bajo el de emisiones extremas SSP585.

En este contexto, el concepto tradicional de “ola de calor” perdería sentido. Estos valores sugieren una transformación radical del ciclo estacional; podríamos estar ante una ‘temporada de calor’ permanente.

En la ciudad, un riesgo silencioso pero desigual

A consecuencia del cambio climático, el efecto de isla de calor urbana intensifica las temperaturas en barrios densamente construidos, con abundancia de asfalto y escasez de vegetación. Las diferencias son conocidas: caminar en julio por zonas sin sombra y muy artificializadas puede parecer atravesar una plancha encendida, mientras que el Jardín del Turia ofrece un oasis de frescor a pocos metros.

Sin embargo, en la ciudad, estas diferencias no afectan a toda la población por igual. Una investigación reciente demuestra que el calor urbano es también un fenómeno social.

Los barrios más cálidos suelen coincidir con aquellos con menor renta, mayor desempleo o poblaciones envejecidas. En Valencia, sectores como Benicalap, Patraix, Nou Moles o Russafa muestran temperaturas superficiales claramente superiores a zonas con renta más alta. El “código postal”, como recuerda el epidemiólogo Julio Díaz, pesa más que el código genético cuando hablamos de vulnerabilidad térmica.

Y es que las consecuencias del cambio climático se reflejan también en la salud. Solo en 2025, Europa registró más de 24 000 muertes relacionadas con el calor extremo; en España, se contabilizaron más de 3 800 fallecimientos atribuibles a las altas temperaturas y, en la Comunitat Valenciana, 433.

Por qué nuestras ciudades son como hornos

La raíz del problema está en cómo las hemos construido. Los materiales urbanos más comunes (asfalto, hormigón, cubiertas oscuras) absorben y almacenan calor durante el día y lo liberan lentamente por la noche. Si a esto añadimos calles estrechas, ventilación deficiente, tráfico intenso y usos urbanos que emiten calor, el resultado es un microclima mucho más cálido que el entorno rural. Además, este varía según la morfología urbana dentro de una misma ciudad.

A ello se suma la ausencia de vegetación, que proporcionaba sombra y evapotranspiración, dos mecanismos naturales de enfriamiento. La diferencia entre una calle sin árboles y otra con arbolado maduro puede superar entre los 8 y los 10 °C en temperatura superficial. Sin embargo, muchos barrios carecen de ese “aire acondicionado natural”.

Claves para un Mediterráneo habitable

Ante los veranos que se alargan, las respuestas deben ser múltiples, integradas y adaptadas al tipo de ciudad, a partir de dos enfoques complementarios: adaptar en lo que ya existe y mitigar en lo que construyamos. A partir de esta estrategia, la literatura científica y técnica propone una serie de criterios de actuación para ciudades más resilientes frente al calor:

  • Más vegetación, más sombra, más vida urbana. Las soluciones basadas en la naturaleza (vegetación, cubiertas verdes, corredores verdes-azules) son la medida más eficaz para reducir la temperatura y mejorar el confort. No se trata solo de plantar árboles, sino de hacerlo estratégicamente: en calles de mucho tránsito peatonal, en patios escolares, en plazas duras y en itinerarios críticos de movilidad diaria. En barrios vulnerables, estas actuaciones deben ser prioritarias: no solo refrescan, sino que reducen desigualdades y mejoran la salud pública.

  • Materiales fríos y diseño urbano climático. Cubiertas frías, pavimentos reflectantes, fachadas claras y suelos permeables pueden reducir varios grados la temperatura superficial.

  • Refugios climáticos. En la ciudad consolidada, más que mitigar, debemos adaptar y proteger a quienes más lo necesitan. Los refugios climáticos (espacios públicos o equipamientos con sombra, agua y climatización accesible) son esenciales durante episodios extremos, especialmente, para mayores, infancia y personas sin recursos.

  • Rehabilitación térmica y justicia climática. No todas las viviendas están preparadas para soportar veranos perpetuos, por lo que se deben rehabilitar edificios (aislamiento, protecciones solares, ventilación natural) para reducir el calor interior y la dependencia del aire acondicionado, que a su vez alimenta la isla de calor. Las políticas energéticas deben priorizar a los hogares con menor renta, garantizando un acceso justo al confort térmico.

  • Gobernanza climática y sistemas de alerta. Mapas de calor en tiempo real, sensores urbanos, redes de cuidado vecinal y alertas tempranas permiten anticipar episodios críticos. La coordinación entre salud pública, urbanismo y servicios sociales será clave para reducir la mortalidad y proteger a la población más vulnerable.

Un futuro caluroso, pero con resiliencia

El Mediterráneo se encamina hacia veranos más largos, intensos y persistentes. Es tiempo de actuar: tenemos conocimiento, tecnología y experiencia para construir ciudades más frescas, más saludables y más justas.

El reto ya no es evitar que las temperaturas suban, porque eso es ya una realidad, sino prepararnos para vivir con ellas. Responder al calor extremo es, en última instancia, una oportunidad para redefinir nuestro modelo urbano y hacerlo más humano, más verde y más resiliente.

The Conversation

Eric Gielen no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Veranos eternos en el Mediterráneo: ¿cómo prepararnos? – https://theconversation.com/veranos-eternos-en-el-mediterraneo-como-prepararnos-271110

El comercio electrónico crece y la logística redibuja la periferia de las ciudades

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Gabriel Tirado Ballesteros, Profesor e investigador del Departamento de Geografía, Universidad de Salamanca

Scharfsinn/Shutterstock

Mientras usted lee este artículo, miles de paquetes transitan por el espacio terrestre y son almacenados en grandes plataformas a la espera de ser entregados en su domicilio. Según los últimos datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, España registra una media de unas 3 600 transacciones en comercio electrónico por minuto.

Una parte considerable de este volumen corresponde a servicios intangibles, como la reserva de un hotel o la compra de un billete de avión. Pero la verdadera presión está en el retail físico –bienes de consumo, moda, electrónica– que representa cerca del 40 % del volumen total de negocio. Este hecho se ha visto notoriamente acrecentado por el aumento de la circularidad en los mercados de segunda mano, tendencias que redundan de igual modo en el aumento del tráfico logístico.

Tras numerosas investigaciones desde la disciplina de geografía económica debemos advertir que el gesto aparentemente inocuo de “añadir al carrito”, tiene notables implicaciones territoriales. Estas nuevas formas de consumo están redibujando el espacio urbano y periurbano, además de tener otras implicaciones espaciales de carácter laboral y ambiental.

El emergente impacto de la logística

El comercio electrónico no es nuevo ni su auge responde a una necesidad coyuntural, pero el confinamiento social provocado por la covid-19 actuó como un acelerador de cambio, especialmente para aquellos segmentos de la población de edad avanzada más reticentes a comprar por internet, que se vieron forzados a desarrollar sus competencias digitales.

Los datos de Eurostat confirman esta tendencia: el 77 % de los internautas en la UE ya realizan compras online. De ellos, un tercio lo hace con una frecuencia de tres a cinco veces por trimestre. Los amplios periodos de prueba y devoluciones gratuitas, los probadores virtuales, el acceso casi instantáneo a una oferta global constante y la usabilidad de las plataformas web han creado ecosistemas digitales confiables para el pago electrónico.

Esto ha obligado a los centros comerciales a adoptar funcionalidades mucho más ociosas y diferenciadas para poder sobrevivir a la presión que ejercen estos marketplaces de la economía de plataformas. Pero el consumidor rara vez percibe que por cada establecimiento local que se cierra en los centros urbanos, se levantan naves logísticas de 10 hectáreas en la periferia de las ciudades.

Inmobiliaria logística en torno a las grandes ciudades

Según datos del Observatorio del Transporte y la Logística en España, la superficie destinada de plataformas logísticas de distribución ha pasado de 8,5 millones de metros cuadrados en 2015 a más de 14 millones en 2025, lo que representa un aumento de más del 65 %. Cataluña y la Comunidad de Madrid aportan casi 5 millones de metros cuadrados de la nueva superficie creada en estos últimos 10 años, pero especialmente Castilla-La Mancha ha absorbido gran parte de este crecimiento, que ha multiplicado por cuatro su superficie logística.

Estos procesos de “logistización” tienen una explicación geoeconómica: los operadores logísticos han pasado de buscar la proximidad con el cliente a la optimización de los hubs logísticos, centros nodales situados cerca de grandes infraestructuras de transporte donde se clasifican las mercancías para luego redistribuirlas rápidamente.

En estas nuevas ubicaciones, el carácter multimodal de la logística se convierte en el factor determinante. La convergencia de infraestructuras críticas –buenas carreteras, vías de ferrocarril para pasajeros y mercancías, puertos secos, aeropuertos–, permite una gestión eficiente de los flujos de mercancías, minimizando los tiempos de respuesta y los costes operativos. Estas infraestructuras se benefician también de localizaciones en la intersección de viales radiales y orbitales de alta capacidad.

Las nuevas localizaciones de la logística también se explican por la necesidad de ocupar grandes extensiones de suelo a bajo coste, inalcanzables y casi inexistentes en las zonas urbanas consolidadas, lo que empuja la actividad hacia nuevas periferias. La tipología de las nuevas plataformas logísticas de e-commerce demandan parcelas que a menudo supera los 100 000 metros cuadrados. Solo los municipios que tienen en su planeamiento urbanístico terrenos de estas características pueden ser competitivos en el mercado del sector inmobiliario de la logística.

En España, la logística se ubica a menudo en zonas limítrofes regionales aprovechando el efecto frontera (por ejemplo, para Madrid, Toledo o Guadalajara). Eso permite a los operadores logísticos tener beneficios como convenios colectivos con costes salariales más bajos o precios del suelo más bajos. Toda esta transformación e impacto territorial es especialmente visible en los alrededores de Madrid, Barcelona, Zaragoza o Valencia. En el caso del área metropolitana de la capital de España, los dos ejes que vertebran la logística son el Corredor del Henares y la comarca de La Sagra toledana.

Análisis comparativo del desarrollo logístico: Corredor del Henares (2020-2024).
Elaboración propia a partir de ortofotografía aérea PNOA. Instituto Geográfico Nacional (IGN), CC BY

La milla de oro logística

El Corredor del Henares, nodo tradicional de localización industrial, ahora es un distrito logístico que cubre desde el almacenamiento de mercancías de gran volumen hasta la última milla (el último tramo previo a la entrega), con dos puertos secos, intermodalidad completa (la autovía A-2, la línea ferroviaria Madrid-Zaragoza-Barcelona y el aeropuerto Adolfo Suárez Barajas), centralidad peninsular y proximidad al mercado madrileño.

Municipios como Alcalá de Henares, Torrejón de Ardoz, San Fernando de Henares y Coslada han transformado sus antiguos polígonos industriales y espacios agrarios en polígonos logísticos. De hecho, Amazon eligió San Fernando de Henares en 2012 para instalar su primera plataforma logística en España y, desde la pandemia, el corredor cuenta con tres más. Por el negocio que supone, Coslada es conocida desde hace tiempo como la milla de oro de la logística.

Evolución del uso del suelo en la Plataforma Central Iberum de Illescas (2018-2024).
Elaboración propia a partir de ortofotografía aérea PNOA. Instituto Geográfico Nacional (IGN), CC BY

De distrito industrial a ‘hub’ logístico

En La Sagra toledana, el caso de la Plataforma Central Iberum en la localidad de Illescas es paradigmático. De ser un distrito industrial del mueble y el ladrillo, Illescas ha pasado a ser, en menos de un lustro, un espacio orientado a la logística e-commerce e inversa, donde las economías de aglomeración han generado un efecto llamada a las grandes corporaciones globales.

Lo que antes eran suelos rústicos y agrícolas, hoy está cubierto por enormes naves industriales con una alta especialización funcional e infraestructuras orientadas al tráfico pesado. Este dinamismo ha alterado incluso las lógicas de movilidad tradicionales, generando flujos pendulares inversos que movilizan a más de 7 000 empleados diariamente, en una población de 33 000 habitantes censados. Cuenta con dos plataformas logísticas de Amazon, además de Michelin, Airbus, Toyota, Zalando y otras muchas.

Documentación gráfica del desarrollo urbano logístico. Plataforma Central Iberum en Illescas.
Por los autores., CC BY

¿Hacia la sostenibilidad de la nueva logística?

En los últimos años, la logística ha incorporado certificaciones de sostenibilidad en sus plataformas y utiliza materiales reciclados, placas solares, gestión de residuos e incluso ajardinamientos con especies autóctonas (plantas aromáticas, olivos o viñas). Sin embargo, desde una mirada geográfica crítica, hay que cuestionar si esa sostenibilidad puede limitarse al diseño ecoeficiente de una nave logística y su paisaje circundante.

Aunque estos modelos compactos optimizan las transacciones y reducen la huella de carbono mediante el uso de taquillas de entrega y recepción de envíos, así como rutas de entrega optimizadas, el sistema territorial en su conjunto revela otras externalidades, como saturaciones de viales de acceso y periferias mal conectadas por transporte público.

Cambia el modelo de consumo

En el Día Europeo de la Logística, que se celebra el 16 de abril, es necesario sensibilizar a la población sobre las implicaciones de los nuevos hábitos de consumo. El comercio electrónico ha convertido los hogares en probadores y pasarelas de moda. Detrás de cada clic en las tiendas online, los consumidores han asumido la devolución sistemática, que se traduce en pedir varias tallas de una misma prenda o usar un producto y luego devolverlo.

Ese modelo genera una presión sobre las infraestructuras, los ecosistemas y los trabajadores. Estas dinámicas muestran el síntoma más visible del capitalismo global e hiperacelerado.

The Conversation

Rosa Mecha López recibe fondos del proyecto de I+D+i PID2024-156170OB-C31, titulado “Innovación socioeconómica y gobernanza metropolitana ante el cambio ambiental en la región de Madrid”, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033/ y por FEDER/UE.

Juan Gabriel Tirado Ballesteros no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El comercio electrónico crece y la logística redibuja la periferia de las ciudades – https://theconversation.com/el-comercio-electronico-crece-y-la-logistica-redibuja-la-periferia-de-las-ciudades-277141

Cuando los estudiantes se implican, la escuela se siente como propia y la convivencia mejora

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Granizo González, Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Madrid

VH-studio/Shutterstock

Valeria tiene 15 años y ha llegado a Madrid desde Venezuela hace dos semanas. Es febrero: allí el curso escolar comienza ahora, aquí está a mitad de curso con el grupo ya formado.

Aunque habla español, muchas expresiones le resultan desconocidas y su manera de hablar provoca a veces risas que la incomodan. Está sola en los recreos y en clase solo la incluyen en los grupos cuando el profesor lo propone. A menudo siente que puede aportar poco: muchos contenidos no los ha visto nunca, aunque en su país sacaba buenas notas. Tampoco entiende cómo funcionan las evaluaciones, las entregas o la plataforma digital del centro. Le da vergüenza preguntar.

El reto del alumnado migrante

Todos hemos vivido lo que supone llegar a un lugar nuevo y no entender cómo funcionan las cosas. En la adolescencia, cuando el grupo de iguales adquiere un papel central, sentirse solo o diferente en el lugar donde pasas más horas supone un reto enorme.

Siendo alumnado migrante (que en España es casi un 13 % del total, pero no repartido de manera equilibrada), se suman dificultades emocionales como el duelo migratorio: la lejanía de familia y amistades, la pérdida de referentes y la ruptura con la vida conocida.

¿Pueden los centros educativos ayudar a mejorar el bienestar de este alumnado, en particular, y de toda la comunidad educativa en general? La respuesta es sí, si entendemos el concepto del “clima escolar” y cómo se construye cada día en los pasillos, en las aulas, en los recreos y en las reuniones. El clima escolar parte del tipo de relaciones que se establecen en un centro. Pero depende también de las normas, de cómo se organizan los tiempos, de los espacios físicos y, sobre todo, de las oportunidades reales de participación.


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Convivir y participar

Los centros son espacios de aprendizaje y de convivencia, y lo primero difícilmente se sostiene cuando lo segundo no se cuida. La convivencia se cuida cuando el alumnado y sus familias se sienten bienvenidos, comprenden el funcionamiento del centro y perciben que sus particularidades se respetan, pero también que tienen voz y agencia, entendida como capacidad de acción.

A todos nos gusta sentirnos valiosos: eso es una escuela inclusiva, la que anima a toda la comunidad a compartir y valora esta retroalimentación. Pero una cosa es la teoría, y otra las dificultades para lograrlo.

Recientemente hemos evaluado el grado de bienestar de los estudiantes de secundaria recogiendo las opiniones de alumnado, profesorado y familias mediante cuestionarios y entrevistas en diversos centros de zonas con alto porcentaje de inmigración de Madrid, con estudiantes procedentes de muy diversos orígenes. Hemos comprobado que el alumnado de origen migrante percibe más barreras para su bienestar (relacionales, académicas y económicas).

Diseñar a partir de la realidad

Con esa información, y la revisión de lo que funciona en otros programas, pusimos en marcha la segunda fase de este proyecto. Diseñamos un programa concreto de intervención con la participación de alumnado, familias, entidades sociales, profesorado e instituciones (ayuntamientos, casas de la juventud, centros de apoyos a familias de la comunidad de Madrid, policías tutores –especializados en la protección de menores y la prevención de conflictos en el entorno escolar y familiar–). Y lo estamos llevando a cabo en el IES Antonio López García de Getafe, en el sur Madrid.

Con el apoyo del equipo directivo, al principio del curso creamos un “equipo motor” con voluntarios: familias, docentes, alumnado, entidades del barrio e instituciones. Este equipo analiza a lo largo del curso qué se necesita para mejorar la escuela y qué estrategias del programa general de mejora del clima escolar son más idóneas para su entorno particular.

Soledad en el recreo y espacios tranquilos

Chicos y chicas del instituto se ocuparon de hacer un análisis de necesidades a través de grupos de discusión, entrevistas, cuestionarios elaborados por los propios estudiantes y observaciones en diversos espacios.

En una de las actividades, el alumnado elaboró un mapa del instituto señalando los lugares donde se sentía cómodo y aquellos donde detectaba problemas. Esta dinámica permitió visibilizar cuestiones como la soledad en algunos recreos, la falta de espacios tranquilos o las dificultades de acogida del alumnado recién llegado.




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Plan de bienvenida

A partir de este análisis, se han priorizado para este curso varias actuaciones. Por ejemplo, el centro ya tenía un plan de acogida para alumnos que se incorporan, pero el equipo motor se ocupó de proponer una actualización de dicho plan, para que quienes se incorporan comprendan mejor las dinámicas del centro y se sientan acompañados. También para que todos tengan claro su papel para favorecer esa acogida y evitar lo que ha sentido Valeria. Incluye, entre otros aspectos, un “kit de bienvenida” y un “directorio de recursos comunitarios”.

También se ha propuesto la creación de un programa de compañeros y compañeras ayudantes, orientado a mejorar la convivencia y ofrecer apoyo emocional.

Formación integral

Con la idea de reforzar el sentimiento de pertenencia se han propuesto actividades extraescolares (audiovisuales, deportivas y artísticas) impulsadas por el alumnado. Pueden contribuir familias, docentes y entidades del barrio.

En el instituto no solo se forma el alumnado. También se plantean sesiones formativas para docentes y familias. Son desarrolladas por profesionales externos o por miembros de la comunidad educativa. Se centran en temáticas variadas: acogida, adolescencia, currículo intercultural o prevención de microagresiones.




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Cambios en el medio y largo plazo

Los efectos de estas actuaciones sobre el clima escolar se verán a medio (tras la evaluación a final de curso) y largo plazo. Las relaciones y dinámicas de un centro no cambian de un día para otro: requieren tiempo, coherencia y compromiso compartido. Lo importante es que los chicos y chicas en la situación de Valeria sientan que el centro les cuida y entiende. Por ahora, quienes participan para conseguirlo valoran positivamente el proceso.

Cuidar el clima escolar desde la participación mejora la convivencia diaria, y contribuye a formar una ciudadanía que aprende, desde la infancia, que su aportación importa y que los problemas colectivos se resuelven mejor cuando se piensan y atienden en común.

The Conversation

Laura Granizo González recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación, Proyectos de Generación de Conocimiento (PID2021-126886OA-I00).

Cristina del Barrio participa en el Proyecto SURE que recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación, Proyectos de Generación de Conocimiento (PID2021-126886OA-I00).

Kevin van der Meulen participa en el Proyecto SURE que recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación, Proyectos de Generación de Conocimiento (PID2021-126886OA-I00).

Rocío Herrero Romero recibe fondos de PID2021-126886OA-I00/AEI/FEDER10.13039/501100011033

ref. Cuando los estudiantes se implican, la escuela se siente como propia y la convivencia mejora – https://theconversation.com/cuando-los-estudiantes-se-implican-la-escuela-se-siente-como-propia-y-la-convivencia-mejora-274345

¿Suenan mejor los vinilos que otro tipo de formato de reproducción de música?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana María Barbancho Perez, Profesora Titular de Universidad en el área de Teoría de la Señal y Comunicaciones, Universidad de Málaga

Los vinilos vuelven a estar de moda… ¿o dejaron de estarlo alguna vez? HopeNFPhotography/Shutterstock

Hace unas décadas parecía que los discos de vinilo habían desaparecido de nuestras vidas. En un entorno digital –con dispositivos para escuchar música que van desde los CDs a las plataformas de streaming–, los requerimientos (de tiempo y espacio) que exigía la música analógica parecían condenar a los vinilos a su desaparición. Pero han vuelto o, en cierta medida, su vuelta demuestra que nunca se habían ido. Actualmente son el mayor referente del resurgimiento de lo analógico y muchos defienden su existencia por encima de cualquier otra opción.

Pero la gran pregunta sigue en el aire: ¿realmente suenan mejor los vinilos que la música digital?

Proceso de grabación: vinilo vs. digital

Para responder, veamos primero cómo se registra la música en un vinilo y en un sistema digital.

En los discos, el sonido se graba en un surco en espiral que se extiende desde el borde exterior hasta el centro del disco. Los surcos tienen forma de “V”, lo que permite almacenar la información en estéreo, ya que cada canal se graba en una de las paredes de esa “V”. Los surcos deben ser poco profundos para evitar problemas mecánicos, como perforaciones o movimientos bruscos que hagan saltar la aguja.

Estos surcos registran variaciones microscópicas proporcionales a la presión del sonido original. Sin embargo, antes de grabarla, la señal musical se modifica: se reducen los sonidos graves y se amplifican los agudos. Esto se realiza para adaptarse al funcionamiento de la aguja. Por eso, los tocadiscos incluyen un circuito que invierte este proceso: se amplifican los graves y se atenúan los agudos.

Almacenar audio en formato digital, como puede ser un CD, es muy diferente. La señal analógica no se guarda de manera continua, sino que para “representarla” se obtiene un determinado número de muestras del audio. En el caso de los CDs hablamos de 44 100 muestras por cada segundo. Tras esto hay que cuantificarlas, es decir, aproximar el valor de la muestra a los valores del conversor A/D (analógico-digital), para que este le asigne un código binario. Este valor se asigna usando 16 bits por muestra, lo que significa que disponemos de todas las combinaciones posibles de esos 16 bits. Esto se traduce en 65 536 valores.

Estos valores cumplen las condiciones necesarias para que se reproduzcan correctamente todas las frecuencias que el oído humano percibe. Sin embargo, este proceso no es perfecto y produce un pequeño error que se manifiesta como un leve ruido añadido a la señal original.

Los estudios de grabación utilizan formatos de audio profesional con más calidad que los de los CDs. Para esto, usan una frecuencia de muestreo mayor y más bits por muestra (24bits). Así, consiguen una representación más precisa de la señal y reducen el ruido introducido durante la conversión digital. Sin embargo, estos archivos requieren mucho más espacio de almacenamiento y no son prácticos para su uso doméstico. Por ello, se adaptan para que en un CD se puedan almacenar unos 80 minutos de música (aproximadamente 15-20 canciones).

Una torre de CDs con unos auriculares alrededor.
¿Están los CDs también muertos o solo esperan su momento de resurrección?
Jakub Adamczuk/Shutterstock

Otros formatos de grabación y reproducción de música, como el popular MP3, son modelos de representación del audio con pérdidas. Esto significa que se elimina parte de la información original del sonido para que ocupe menos espacio. Por ello, su calidad siempre va a ser inferior a la de los vinilos y CDs. Las plataformas de streaming usan esos modelos con el objetivo de que las canciones carguen más rápido y consuman menos datos.

Calidad de sonido en casa: ¿vinilo o CD?

Para comparar de forma justa, en un entorno doméstico, qué formato sonaría mejor entre un disco de vinilo y un CD utilizaremos el mismo equipo de reproducción, compatible con ambos, y asumiremos que los dos están recién comprados.

En este escenario, el vinilo ofrecerá mejor sonido. Será más limpio, libre de ruido de muestreo o cuantificación, y con un rango de frecuencias completo. Aunque parte de estas frecuencias no son audibles, en determinados espacios sí tienen efecto en la percepción del sonido. Además, el vinilo aplica un proceso de ecualización propio que aporta un carácter particular distinto al del formato digital. De hecho, muchos sistemas de grabación digital actuales incluyen complementos o plugins que imitan esta característica sonora de los vinilos.

Además, el equipo utilizado para reproducir vinilos puede incluir amplificadores de gran calidad, incluso, en algunos casos, amplificadores de válvulas. Aunque estos últimos generan cierta distorsión, se considera que aportan calidez al sonido, haciendo su escucha más agradable.

Una imagen en la que se ven un vinilo, una cinta casete, un CD, un MP3...
A lo largo de las décadas los formatos de reproducción de audio han ido cambiando.
Luigi Bertello/Shutterstock

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que el vinilo pierde con el uso, por desgaste. También el CD, si no es original o se ha conservado mal, puede dañarse y sufrir fallos en la lectura de las muestras digitales, lo que influye en la calidad del audio e incluso llega a provocar interrupciones en la reproducción.

Depende de la audiencia

Al llevarlo a ejemplos concretos, existen pequeños matices en los que se pueden diferenciar ambos sonidos.

Si pensamos en una guitarra acústica, en el CD habrá un silencio absoluto antes de que empiece a sonar, mientras que en el vinilo se percibirá primero un ligero sonido de fondo que proporciona calidez. De igual forma, en el vinilo el roce de los dedos del guitarrista contra las cuerdas se escuchará dulce y aterciopelado, mientras que en el CD será más agudo, dado que reproduce el sonido sin ningún tipo de suavizado y resulta más metálico.

Aunque en el caso de la música digital en streaming o CD, a menudo la audiencia no se preocupa por estos elementos, en este aspecto gana de nuevo el vinilo. No obstante, hay que recordar que el audio digital ofrece una calidad constante. Además, es fácil de transportar y almacenar, mientras que los vinilos se deterioran con cada reproducción y requieren más espacio y cuidados para su conservación.

Sin embargo, no podemos negar que estos ofrecen un sonido más cálido y completo que el formato digital. Tal vez por ello sigan atrayendo tanto a nostálgicos como a nuevas generaciones.


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The Conversation

Ana María Barbancho recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de los Proyectos PID2021-123207NB-I00 y PID2024-156798OB-I00, financiados por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y FEDER UE, y por Universidad de Málaga, Junta de Andalucía: TIC208-G-FEDER.

Isabel Barbancho recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de los Proyectos PID2021-123207NB-I00 y PID2024-156798OB-I00, financiados por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE y por Universidad de Málaga, Junta de Andalucía: TIC208-G-FEDER.

Lorenzo José Tardón García recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de los Proyectos PID2021-123207NB-I00 y PID2024-156798OB-I00, financiados por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y FEDER UE, y por Universidad de Málaga, Junta de Andalucía: TIC208-G-FEDER.

ref. ¿Suenan mejor los vinilos que otro tipo de formato de reproducción de música? – https://theconversation.com/suenan-mejor-los-vinilos-que-otro-tipo-de-formato-de-reproduccion-de-musica-275628

Iran’s military forces combine state-of-the-art drones and hackers with out-of-date conventional weapons

Source: The Conversation – USA – By Paul J. Springer, Professor of Comparative Military Studies, Air University

Revolutionary Guard personnel stand under an Iranian-made unmanned aerial vehicle, the Shahed-136, while participating in a military rally in Tehran, Iran, on Jan. 10, 2025. Morteza Nikoubazl/NurPhoto via Getty Images

Six weeks of U.S. and Israeli bombardment have served to degrade Iran’s nuclear facilities and cripple parts of its military.

But the Islamic Republic’s offensive capabilities have been built up over nearly 50 years, during which Iran has been either at war or under the threat of conflict.

As an expert in military history and theory, I believe that to understand what may come next in Operation Epic Fury, it’s valuable to grasp the development of Iran’s modern military structure, capabilities and international activities.

Iranian military technology

Prior to the establishment of the Islamic Republic of Iran in 1979, Iran’s military was largely supplied by Western powers, particularly the United States.

It entered the Iran-Iraq war in 1980 with a substantial amount of then-modern equipment. That included nearly 80 F-14 fighter aircraft, over 200 F-4 and F-5 aircraft and thousands of tanks.

But Iran’s military was exhausted when the war ended in 1988. And the government had by then become a world pariah, making resupply all but impossible.

Although Iran imported some military equipment from the Soviet Union and China in 1990, its economy could not support substantial military spending.

Ironically, the arms embargoes that Iran faced during and after its war with Iraq made the regime self-reliant on its weapons stockpiles. And that triggered the development of a substantial domestic arms industry.

Most modern Iranian military equipment consists of reverse-engineered American and Soviet equipment, much of it obsolete. Since 1990, however, Iranian missile technology has substantially improved. That’s due to domestic production and importing expertise from other marginalized states, such as North Korea.

Smoke rises from a warehouse in an open field.
Smoke rises from an oil warehouse on the outskirts of Erbil, the capital of Iraq’s Kurdistan region, following a suspected drone strike on April 1, 2026.
Gailan Haji/Middle East Images/AFP via Getty Images

Starting in the 1990s, Iran also innovated a series of one-way attack drones, a relatively inexpensive way to attack distant targets.

The modern Iranian military

The Iranian military is split into the regular military, or “Artesh,” and the Islamic Revolutionary Guard Corps. The Artesh plays a domestic defense role akin to a militia, while the Revolutionary Guard serves as the more professional military force.

The Revolutionary Guard projects regional power. During the 2003 U.S.-Iraq war, for instance, it provided improvised explosive devices to insurgents targeting American forces.

The Revolutionary Guard tends to receive the bulk of Iranian military resources, including the best personnel and equipment. Quds Force, the unconventional warfare wing of the Revolutionary Guard, has long played a role in exporting the revolutionary beliefs of the Iranian rulers. The Quds Force provides arms and guidance to proxies throughout the Middle East, primarily by fomenting insurrections against Arab Sunni governments.

Iran has long been the patron of Hezbollah, based in Lebanon, whose primary goal is the eradication of Israel. More recently, Iran has also engaged in substantial support of Hamas in Gaza, despite the fact that Hamas is a Sunni organization, while the rulers of Iran are members of the Shiite branch of Islam.

Iran has constantly sought means of exerting military influence beyond its borders, without risking external attack. It has embraced the use of cyber warfare, a method of attack with a relatively low cost for participation and a potentially outsized influence on the world stage.

Iranian hackers have attacked Western military and government networks, including a hack of FBI Director Kash Patel’s personal emails. Iranian-backed hackers have also launched attacks on infrastructure and cultural institutions, including U.S. wastewater treatment plants and electrical grids.

Missile traces are seen in the sky.
Missile traces are seen over Damascus, Syria, during Iran’s missile attacks against Israel on June 14, 2025.
Hummam Sheikh Ali/Xinhua via Getty Images

Iran’s pursuit of atomic weaponry

Iran’s government has relentlessly pursued nuclear weapons since at least the 1980s.

The Iranian government has always maintained that its nuclear program is to provide power for the developing nation, rather than weaponry. But definitive evidence of uranium enrichment far beyond the requirements of power generation have caused Western states to demand an end to the Iranian nuclear program.

In 2010, cybersecurity researcher Sergey Ulasen discovered an incredibly complex malware program, dubbed Stuxnet, that was created to undermine the Iranian nuclear program by disrupting the function of enrichment centrifuges. No nation has ever taken responsibility for the attack, which set back Iranian uranium enrichment efforts by years.

In 2015, after negotiations with the five permanent members of the U.N. Security Council and Germany, Iran agreed to halt its uranium enrichment program in exchange for relief from economic sanctions and the release of frozen Iranian assets. The negotiations resulted in the Joint Comprehensive Plan of Action, or JCPOA.

Although the Trump administration withdrew the U.S. from the JCPOA in 2018, the agreement continued to function, and Iran seemed poised to reenter the global economy.

A machine produces a yellow substance.
Machines use yellow cakes to produce uranium hexafluoride at the uranium conversion facilities in Isfahan, Iran, on Feb. 3, 2007.
Behrouz Mehri/AFP via Getty Images

However, in 2020 the Iranians restarted their nuclear program. They also ramped up production of ballistic missiles and one-way attack drones.

In June 2025, the United States and Israel launched a massive aerial attack on Iranian nuclear facilities, an effort that Trump characterized as having destroyed Iran’s nuclear facilities.

Iran responded by launching a wave of ballistic missiles and drones toward Israel, most of which were intercepted before entering Israeli airspace.

The missile and interceptor war

Prior to Operation Epic Fury, analysts estimated that Iran possessed 3,000 ballistic missiles and tens of thousands of one-way attack drones. They also concluded that Iran had a substantial production capacity to increase its stockpiles.

In the first six weeks of the current conflict, Iran expended at least 650 missiles in attacks on Israel and hundreds more against other targets in the region.

The U.S. has placed a heavy emphasis on attacking missile production and storage facilities. But it’s difficult to ascertain how many missiles and drones the Iranian military might still possess.

Iranian production and transportation has almost certainly sustained substantial losses in capacity. And U.S. and Israeli aircraft prowl the skies over Iran seeking signs of mobile launchers or attempts to transport missiles to firing locations.

The rate of Iranian missile fire has substantially declined since the first days of the conflict, but it has never dropped to zero. That has led some analysts to suspect that Iran maintains a significant cache of long-range weaponry in reserve, while U.S. Secretary of Defense Pete Hegseth argues that it has lost the capacity to launch major barrages.

The Conversation

Paul J. Springer is a Senior Fellow of the Foreign Policy Research Institute. His comments represent his own opinion and do not reflect the official policy of the United States Government, the U.S. Department of Defense, or the U.S. Air Force.

ref. Iran’s military forces combine state-of-the-art drones and hackers with out-of-date conventional weapons – https://theconversation.com/irans-military-forces-combine-state-of-the-art-drones-and-hackers-with-out-of-date-conventional-weapons-280547

Canada cannot afford to lose international research talent — here’s what needs to change

Source: The Conversation – Canada – By Evren Altinkas, Adjunct Professor, Department of History, University of Guelph

The Canadian government launched the Global Impact+ Research Talent Initiative in December 2025 designed to entice international researchers to come to Canada.

The initiative, which the government says will “invest up to $1.7 billion over 12 years to attract and support more than 1,000 leading international and expatriate researchers,” is a significant investment.

This is especially important amid declining cross-country budgets for post-secondary education and research.

But our work shows there are important challenges with recruiting and retaining internationally trained researchers.

Problems with points

International researchers face limited specific immigration pathways.

The comprehensive ranking system (CRS), also known as the point system), is the primary mechanism for skilled workers to attain permanent residence in Canada. The CRS ranks prospective immigrants based on their scores in relation to age, education, language and work experience. The federal government then invites candidates at or above a certain cutoff score to apply for permanent residency.

However, research by Christina Clark-Kazak, the second author of this story, shows how age-based points are inconsistent with the Canadian Charter of Rights and Freedoms. Section 15 of the Charter, on equality rights, prohibits discrimination on the basis of age.

At the same time, these age-based points don’t make sense alongside work experience points. The result? An incoherent policy.

It takes many years to obtain a PhD. In Canada’s immigration ranking system, a PhD only yields 14-15 more points than a Master’s and 28-30 more than a Bachelor’s degree.

At the same time, applicants aged 30-40 years lose five points per year. After they turn 45, they receive no points.

The average age of a PhD graduate is 35. It can take several years to land an academic job in Canada.

Due to this age discrimination and undervaluing of education in the CRS, many talented colleagues with extensive training and experience don’t meet the points threshold.

To partially address this issue, Immigration, Refugees and Citizenship Canada (IRCC) introduced new categories for express entry in February 2026. These include a category for “researchers and senior managers with Canadian work experience.”

Immigration Minister Lena Metlege Diab has described the new categories as a way to “drive innovation and growth.”

However, in a March 4 announcement of invitations to apply for permanent residence under the revamped Express Entry system (the only draw to date since IRCC introduced new categories), only 250 invitations were announced, and none went to researchers.

Immigration status is an equity issue

Evren Altinkas, the first author of this story, has analyzed collective agreements across Canadian universities. This analysis demonstrates a systematic absence of immigration status as a recognized equity category within hiring frameworks.

Across dozens of institutions — including institutions that have significant global rankings, like the University of Toronto, University of British Columbia and McGill University — there is no explicit contractual language addressing internationally trained or displaced scholars.

Many collective agreements contain general employment equity or diversity clauses. But these overwhelmingly focus on domestically recognized categories such as gender, race and Indigeneity, leaving immigration status unaddressed.

This omission reflects a broader pattern of “invisibility” of non-status and precarious migrants in Canadian institutional frameworks.

Even where limited references exist — such as provisions connected to the Scholars at Risk Network at institutions like University of Ottawa or the University of Guelph — these remain exceptional rather than systemic.

Policies and agreements are barriers

Current equity, diversity and inclusion (EDI) policies and collective agreements therefore pose interconnected practical, legal and behavioural barriers to recruiting and retaining internationally trained researchers.

Pervasive hiring norms include asking about Canadian experience — only recently set to change for some employers in Ontario
— and contribute to underemployment and skill mismatch.




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The limited recognition of foreign credentials also systematically disadvantages immigrants.

Legally, immigration regimes create uncertainty that institutions and unions are not structurally equipped to accommodate. This is particularly the case with Canada’s increasingly complex “two-step” system of temporary to permanent residency.

The absence of immigration status within EDI discourse reinforces a narrow conception of diversity. This overlooks transnational academic trajectories.

Research shows that internationally educated researchers face persistent labour market barriers. These include visa precarity and limited institutional pathways into stable academic employment.




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Even when funding mechanisms exist to support EDI-related scholarship or professional development, these are rarely designed to address structural constraints faced by internationally trained researchers.

This gap ultimately reveals a misalignment between Canada’s reliance on highly skilled immigrants and the institutional barriers embedded within academic labour systems.

Talented researchers voting with their feet

In this context, research shows both underemployment of talent and the departure of university-educated immigrants from Canada.

The Institute for Canadian Citizenship demonstrates “those with doctorates are nearly twice as likely to leave as those with a bachelor’s degree.”

The Canadian economy cannot afford to lose internationally trained academic and research talent. This is particularly true amid ongoing trade tensions with the United States and broader global economic uncertainty.

Canada’s competitiveness increasingly depends on its ability to attract and retain highly skilled workers in research, innovation and higher education.

Reports from the federal government emphasize that immigrants account for a significant share of growth in the highly educated labour force, especially in STEM and knowledge sectors.

Canada needs domestic innovation

Trade disruptions and protectionist policies — particularly in relation to the United States — have heightened the need for domestic innovation capacity.




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Failing to integrate internationally trained researchers into stable academic positions risks exacerbating “brain waste,” where highly skilled people are underemployed despite labour shortages.

In a period marked by inflation, supply chain instability and shifting global alliances, retaining global talent is not only an equity issue but an economic imperative.

Canada’s long-term resilience depends on aligning immigration policy with institutional hiring practices in higher education and research sectors.

A path forward

We recommend three key changes to immigration policy and hiring practices.

First, along with more than 100 signatories of an open letter to the federal government organized through the interdisciplinary research partnership network UnborderED Knowledge (the “ED” in the name emphasizes education), we call for designated permanent residence pathways for internationally trained researchers.

The February 2026 Express Entry announcement provides an opportunity for IRCC to make a specific draw for researchers with a point threshold that redresses age biases in the CRS. They should do so as soon as possible.

Second, hiring practices in research institutions must acknowledge and accommodate immigration status as an equity issue, as outlined in the Tri-Agency Best Practices Guide for Recruitment, Hiring and Retention.

Third, in line with findings from the Ontario Human Rights Commission, federal and provincial governments should work with employers across all sectors to ensure that international researchers are not unfairly penalized for foreign credentials and experience.

The Conversation

Christina Clark-Kazak receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

Evren Altinkas does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Canada cannot afford to lose international research talent — here’s what needs to change – https://theconversation.com/canada-cannot-afford-to-lose-international-research-talent-heres-what-needs-to-change-276799

How commercial sand dredging is reshaping the largest lake in the UK – new study

Source: The Conversation – UK – By Neil Reid, Reader (Associate Professor) in Conservation Biology, Queen’s University Belfast

Algal blooms on Lough Neagh have harmful effects on wildlife and water quality. Studio 70SN/Shutterstock

At Lough Neagh in Northern Ireland, sand has been dredged commercially for decades. Large vessels remove sand from the lakebed and transport it to the shore. Because this happens underwater, the scale of the activity is largely invisible. Regulation has focused on where dredging is allowed and how much sand is removed.

Sand is used by the construction industry to make concrete. Demand for sand as a raw material is rising globally. Much of it taken from rivers, coasts and lakes.

But my team’s new research shows that this sand dredging is not just disturbing specific parts of the lakebed. That disruption is much more widespread and may be affecting the entire ecosystem.

Lough Neagh, the largest lake in the UK, supplies drinking water to 41% of the population of Northern Ireland and supports fisheries, wildlife and local livelihoods. Yet it is now at the centre of an environmental crisis. Toxic blue-green algal blooms caused by an overgrowth of the cyanobacteria Microcystis aeruginosa clog up the entire ecosystem.

Lough Neagh has experienced severe blue-green algal blooms each year since 2023, which can damage both environmental and public health. These blooms are mainly driven by nutrient pollution, warming waters and invasive species. Cumulative release of phosphorus and sustained sediment disturbance by dredging probably frees up nutrients in the system that could contribute to thresholds necessary for algal blooms to occur.

The current management by the Lough Neagh Action Plan focuses on reducing nutrient pollution and doesn’t yet consider sand dredging as a contributing factor.

To understand what is happening below the surface, my team worked with researchers at Newcastle University using sonar mapping to examine parts of the lakebed. Our findings revealed major physical changes. In some areas, dredging had carved deep depressions into the sediment, lowering the lakebed by up to 17 metres. These are not small disturbances. They reshape the lake’s structure.

The lakebed is a living habitat. It supports organisms such as the larvae of Lough Neagh flies, which form the base of the food web as prey for fish and other animals. It is also where commercially important fish like pollan and eel spawn. When this habitat is removed or repeatedly disturbed, ecosystem recovery can be slow or stall.

Our most striking finding was how far disturbance from dredging spreads. Satellite images showed plumes of sediment trailing behind dredging vessels, sometimes stretching more than a mile at the surface.

Such plumes are not created only during dredging itself, but also when boats move between sites, stirring up sediment in this unusually shallow lake with their powerful propellers. So-called “turbidity corridors” at times cover half of the lake’s surface. Sediment was also seen running off shoreline unloading yards, extending up to more than a mile offshore.

Dredging does not stay where it happens. Its footprint moves with the boats and spreads across the lake.

When sediment is stirred up, the effects ripple through the ecosystem. Cloudy water makes it harder for fish and birds to feed. More importantly, sediments store nutrients, especially phosphorus that may be released back into the water if disturbed.

Lough Neagh holds large amounts of what is known as legacy phosphorus. This has built up as a result of natural processes as well as decades of farm runoff, human wastewater treatment overflows and leaky septic tanks among other sources. When sediments are disturbed, stored pollution could potentially be released back into the water. Because the lake is shallow, that release can quickly affect the whole system.

The consequences for wildlife are significant. Disturbing the lakebed may damage fish spawning grounds and disrupt invertebrates that support the food web. Increased cloudiness can reduce feeding success for fish and birds. Powerful boat wakes could erode shorelines and disturb protected nesting birds. There is also concern for the eel fishery that recently collapsed.

While many factors are involved, widespread disturbance adds further pressure on an ecosystem already at the point of collapse.

Rethinking regulation

Current rules focus on the licensed dredging area and how much sand is removed. Our research suggests that approach is too narrow.

The wider effects including lakebed disturbance, sediment plumes, boat movement, propeller disturbance and runoff from the shore also need to be considered. If efforts to restore the lake focus only on reducing nutrient runoff from the land, other important drivers of decline may be overlooked.

There are practical ways to reduce the environmental footprint of dredging. Adjusting the force of suction used to collect sediment could reduce disturbance. Limiting overflow from the hopper – the part of the flat-bottomed barge used to collect dredged sand and water after suction – could reduce water containing sediment discharging back into the lake. Slower vessel speeds and fixed shipping lanes could confine disturbance.

In shallow waters, boats moving less forcefully – or protecting the lakebed – could stop sediment being churned up. On land, covering sand piles and using ponds or vegetation can help trap runoff before it flows into the lake.

Lough Neagh reflects a global issue. Demand for sand is increasing rapidly, putting pressure on aquatic environments worldwide. This research is the first attempt to measure how far the consequences of sand dredging extend across the UK and Ireland’s largest lake. The effects go well beyond the point of extraction.

If Lough Neagh is to recover, management will need to reflect the true scale of disturbances, including those unseen beneath the surface.

The Conversation

Neil Reid does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How commercial sand dredging is reshaping the largest lake in the UK – new study – https://theconversation.com/how-commercial-sand-dredging-is-reshaping-the-largest-lake-in-the-uk-new-study-279732

Netflix’s ‘The Dinosaurs’ rehashes a very old story — of empire and conquest

Source: The Conversation – Canada – By Frederick Oliver Beeby Maglaque, Exhibition Researcher, Pacific Museum of Earth and Masters student in Art History, University of British Columbia

“This is the story of the dinosaurs as it has never been told before,” narrates Morgan Freeman in the opening of Neflix’s The Dinosaurs docuseries.

The four-part series combines advanced CGI with real nature footage to create cutting-edge photorealistic visuals and tell a compelling story. The Dinosaurs is undeniably a technical and scientific achievement.

Netflix’s marketing has emphasized the show’s accuracy and engagement of more than 50 scientific advisers. Meanwhile, experts describe some scenes as “speculative,” given our evolving knowledge of the Mesozoic Era.

What The Dinosaurs does tell us, with great accuracy, is a lot about ourselves.

Tracing the rise and extinction of dinosaurs from the Triassic period to the Late Cretaceous period, the show — much like the dinosaur media that came before it — reflects our own reckoning with possibilities of human extinction that is only more necessary as our planet changes rapidly due to climate change.

It also reinforces another familiar narrative: the story of life on Earth as a story of conquest.

A Spinosaurus baits a shark in this dramatic clip from ‘The Dinosaurs.’ (Silverback Films)

Exotic beasts to be tamed, classified

Dinosaurs first entered the visual culture of western science in the 19th century. Famous depictions include two full-sized dinosaurs — an Iguanodon and Megalosaurus — that were unveiled at Crystal Palace Park in London in 1854.

Dinosaur-like figures in the foreground, Crystal Palace in the background.
Engraving The ‘Crystal Palace’ from the Great Exhibition, by George Baxter, after 1854.
(Wikimedia Commons), CC BY

The Crystal Palace itself was designed for the 1851 Great Exhibition — which displayed animals, minerals, cultural objects and more from across the British Empire. It was a steel and glass monument to industrial modernity and imperial power.

These “exotic” fake dinosaurs were placed on small, artificial islands, within lakes in the palace park, where visitors could view them from afar. They were positioned as beasts to be viewed with as much wonder as terror that the combined authority of science and empire could tame and classify. They are still there today.

(Friends of the Crystal Palace Dinosaurs)

Imperial fantasies of extraction

The film Jurassic Park, released in 1993, followed its 19th-century predecessors, depicting dinosaurs as creatures that dwell in distant exotic realms that humans, typically white explorers or scientists, must journey to.

The film is set on the imaginary Costa Rican island of Isla Muerta, where dinosaurs are born from amber extracted from the fictional Mano de Dios mine.




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Like the Crystal Palace dinosaurs, they evoke an unknown exotic frontier — shaped by imperial fantasies of extraction. And yet, films like Jurassic Park also question this framing. Characters who seek to dominate nature — the businessman, the lawyer, the big game hunter — ultimately meet their downfall.

A scene inside the fictional Mano de Dios mine in the 1993 movie Jurassic Park.

Dinosaurs versus Earth

So, what happens when these familiar tropes are presented through the hyperrealism of modern dinosaur documentaries, alongside real paleontological discoveries, as “accurate?”

“In a savage and ever-changing world, some will rise and some will fall. But through it all, the dinosaurs will expand their empire and advance relentlessly to seize Earth’s final frontiers,” narrates Morgan Freeman in Episode 3 of The Dinosaurs.

Throughout the series, dinosaurs are portrayed as seeking to colonize the planet. This is evident in the episode titles — Rise, Conquest, Empire, Fall — and in how the other organisms are depicted.




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The first episode concludes with a cowboy-style showdown between a dinosaur and a rauisuchian, a Triassic reptile described as a monstrous, lesser “other.” This scene marks the beginning of the dinosaurs’ so-called “reign.”

Again and again, The Dinosaurs tells a story of dinosaurs versus Earth, where natural events like volcanism are described as “Earth’s darkest forces.” The planet itself becomes something to be overcome in the dinosaurs’ pursuit of empire.

This Mesozoic, non-human history is also told as a story that is always moving toward a known ending. The first episode opens with a Tyrannosaurus rex (T.rex) in the aftermath of the Chicxulub impact, a 100- million megaton blast that struck the Gulf of Mexico region and devastated the planet.

The T.rex closes its eyes as ash falls across an apocalyptic landscape. Dinosaurs are portrayed as conquerors of Earth and as always already doomed to fail — ruled by this so-called “tyrant lizard king.”

A Tyrannosaurus rex takes on an Ankylosaurus in this dramatic clip from ‘The Dinosaurs.’ (Silverback Films)

A story of human mastery

The Dinosaurs engages in what we could call the “dino dialectic” — a trope where dinosaurs are presented as allegorical stand-ins for humans, reflecting an anthropocentric and often colonial vision of the human subject.

As media theorist W.M.T. Mitchell writes, “Dinos R Us.”

At the same time, their inevitable extinction is used to define them as primitive and inferior. Dinosaurs are us, but we remain superior, masters of our fates and of our planetary dominion.

If The Dinosaurs, the latest in an increasing number of contemporary dinosaur documentaries, reflects our own apocalyptic anxieties while reiterating this “dino dialectic,” we are continuing to tell the same story that led us here.

These documentaries are examples of what visual culture scholar Nicholas Mirzoeff calls “Anthropocene visuality” — a way of seeing that “keeps us believing that somehow the war against nature that western society has been waging for centuries is not only right; it is beautiful and it can be won.”

The Conversation

Frederick Oliver Beeby Maglaque receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council (SSHRC).

Kirsten F. Hodge receives funding from the Natural Sciences and Engineering Research Council of Canada and the Canadian Association of Science Centres.

ref. Netflix’s ‘The Dinosaurs’ rehashes a very old story — of empire and conquest – https://theconversation.com/netflixs-the-dinosaurs-rehashes-a-very-old-story-of-empire-and-conquest-279162

Canada urgently needs a civilian defence strategy — before the next crisis forces one

Source: The Conversation – Canada – By William Michael Carter, Adjunct professor, Applied Systems Anthropologist (Defence & Security), Toronto Metropolitan University

On April 9, 1917, my great-grandfather, A. Harold Carter, was a 16-year-old underage Canadian Expeditionary Force soldier from the 5th Canadian Mounted Rifles, 8th Brigade, 3rd Division.

At 5:30 am, he went over the trench at Vimy Ridge. He was a scrawny, 5’4″ kid from London, Ont., who defied his mother and signed up two years earlier at age 14. He survived.

Almost 109 years after the war that was to end all wars, Canada must once again consider training its citizens, as it did my great-grandfather, for a potential global conflict.

Prime Minister Mark Carney’s first mandate letter in May 2025, a month after his election, clearly prioritized Canada’s industrial, military and civilian global sovereignty as a key pillar of his new government.

His first budget, entitled Canada Strong, attempted to lay the fiscal foundation for Canada to act boldly and decisively, specifically on the much-neglected defence portfolio.

The June 2025 Building Canada Act has begun to cement that industry/civilian vision into reality, and the Canadian Armed Forces (CAF) Inflection Point 2025 seeks to enable the CAF to be “Ready, Resilient and Relevant” to fulfil this mandate.

Canadian needs

Not since the Second World War have all levels of Canadian society — government, industry, citizenry and military — been fully aligned to “ensure that Canada is once again the master of its own defence,” as Carney puts it.

But either by intention or incompetence, the ill-timed leak in November 2025 of the CAF’s Defence Mobilization Plan raised serious concerns due to its suggestion that more than 300,000 federal employees should be trained for emergency quasi-combat duties. The intent was valid, but the context wasn’t.

The CAF’s “Defence of Canada” vision prioritizes a total defence framework. Canada currently deploys an emergency management, whole-of-society governance strategy, which is a layer of total defence, to ensure that all levels of society recover quickly from a crisis.

It’s a tested and proven model used by South Korea’s Civil Defence Corps and Australia’s State Emergency Service, which are primarily focused on disaster relief.

The recently revised Humanitarian Workforce Program is Canada’s primary federal funding vehicle for building a professional, civilian, disaster-response capacity training, led by non-governmental partners.

In practice, a whole-of-society approach is designed to free up the military from non-combat duties during major crises. But a total defence doctrine supports both civilian auxiliary and military roles and responsibilities. Canada is missing that piece of the equation.

A Finnish solution?

Canada’s 400-year legacy of voyageurs, militia, pathfinders and rangers reflects a long tradition of civilian contribution to defence. Since the War of 1812, the country has not faced invasion, due in part to co-ordinated efforts among regular forces, allied Indigenous Nations and civilian auxiliaries.

That history raises a contemporary question: if civilian capability once played a decisive role in national defence, what form should it take today? As modern threats evolve beyond conventional warfare, Canada must reconsider how to structure, train and mobilize civilian expertise, not as an ad hoc reserve, but as a genuine component of national resilience.

Canada could draw from the very successful defence-adjacent, civilian-co-managed National Defence Training Association of Finland (MPK), a mixed-model approach that supports annual training for ex-military personnel, reservists and, specifically, non-military civilians.

The Finnish system is based on a total defence doctrine adopted and successfully deployed primarily by the Scandinavian and Baltic states as a direct result to their proximity to Russia, a much larger adversarial nation. The doctrine recognizes that survival and mobilization of their civilian population is necessary in the face of an existential threat or a major war.

National defence has consequently becomes not only a military function, but also a societal capability.

A Finnish-inspired Canadian Defence Training Organization would align with the intent of the CAF’s Defence Mobilization Plan, while expanding civilian participation beyond national and provincial public service employees to a broader, self-selecting and even transnational pool of defence-minded Canadians.

For Canadians who want to contribute

As part of a broader civilian defence system, volunteers could receive annual training in practical skills like first aid, logistics, communications and evacuation. Over time, the program could also expand to include drone use and countermeasures, as well as small arms training.

It would function as a distributed, community-based resilience network — a modern civilian defence initiative similar to the Canadian Rangers training programs, but adapted for civilian use in southern urban and rural settings.

It would not replace the CAF’s Reserve Force, but instead offer a complementary pathway for civilians who want to contribute to defence in a supporting role.




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Using the Finnish model would boldly address Carney’s mandate letter and captures the spirit of the Defence Mobilization Plan within a more Canadian sensibility. It’s defence-oriented without being alarmist.

Many civilians want to contribute to national defence, but are put off by the demands of reserve service and the challenge of fitting it into established civilian lives. This approach would give willing, highly skilled volunteers a way to help defend Canada without taking on a major, immediate commitment.

By adopting the shared military–civilian governance model of Finland’s MPK and drawing on the Canadian Rangers’ strong sense of community and resilience, a Canadian defence training organization could serve as both a force multiplier in times of crisis and a community builder in times of peace.

The Conversation

William Michael Carter does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Canada urgently needs a civilian defence strategy — before the next crisis forces one – https://theconversation.com/canada-urgently-needs-a-civilian-defence-strategy-before-the-next-crisis-forces-one-280194