Las derechas y las izquierdas: todos quieren a Darwin en sus filas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By A. Victoria de Andrés Fernández, Profesora Titular en el Departamento de Biología Animal, Universidad de Málaga

Dennis van de Water/Shutterstock

Todas las civilizaciones tienen una cosmovisión característica. Los pueblos se desarrollan en un conjunto de creencias, supuestos y formas de interpretar la realidad que les sirven de referencias para entender la vida. Esto incluye tanto la forma de contemplar la naturaleza humana como la manera de concebir el orden social, los valores morales o las propias concepciones sobre qué es la verdad.

A veces todo da un vuelco y aparecen personas que revolucionan esta manera específica de concebir el mundo. Normalmente son filósofos, religiosos o políticos. En 1859 fue un científico el que puso patas arriba la cosmovisión de Occidente. Se llamaba Charles Darwin.

¿Por qué El Origen de las Especies levantó tantas ampollas?

La propuesta de que la selección natural era el mecanismo que explicaba la evolución fue una idea brillante. Dado que aún no se conocía la existencia de los genes, la intuición de Darwin fue muy meritoria. Aunque lo realmente rompedor no fue la hipótesis en sí sino lo que implicaba: que el ser humano dejaba de ser algo único y excepcional. Tumbaba de un plumazo nuestro ego con una idea revolucionaria: los sapiens ya no nos situábamos en el último peldaño de la escalera hacia una supuesta perfección.

Desde esta nueva perspectiva, los humanos éramos, tan sólo, una ramita del frondosísimo árbol de la vida, un animal más de la esplendorosa naturaleza donde todos compartíamos un mismo origen.

Con los años, esta osada apuesta pasó de ser la intuición de Darwin a una realidad constatada en el laboratorio. El descubrimiento del ADN demostró que todos los seres vivos estamos emparentados genéticamente. La vida estaba escrita con el mismo código para todos.

Genial para unos. Demoledor para otros.

Descendientes de LUCA

Aunque hoy día está claro y cristalino que todos los seres descendemos de LUCA, nuestro último antecesor común (Last universal common ancestor), las cosas sonaban de forma muy diferentes a mitad del siglo XIX. Asegurarle a muchos que estaban emparentados con un rábano o un alcornoque no era tarea fácil. Como tampoco lo era asumir que los narigudos monos de Borneo eran primos cercanos.

Por otra parte, quitarle al ser humano su estatus diferencial tenía unas connotaciones filosóficas muy difíciles de asumir porque trascendían lo puramente material de nuestra presencia en el planeta. Con la hipótesis de Darwin sobre la mesa, la moral, los valores éticos y las capacidades reflexivas consideradas netamente humanas dejaban de constituir algo eterno e inmutable. Pasaban a ser el resultado de un proceso adaptativo equiparable al que conformó la forma de nuestras orejas o al que seleccionó el funcionamiento de nuestro hígado.

Es más, nuestra propia existencia tampoco tendría por qué obedecer a una finalidad premeditada. Podría ser explicada, tan solo, como el fruto de un camino azaroso lleno de casualidades evolutivas.

Esta representación gráfica de la evolución humana es tan conocida como inexacta, tanto por dar una visión finalista y determinista del proceso evolutivo como por considerar que el origen de los diferentes homínidos ha sido anagenética (unidireccional) en vez de cladogenética (ramificada)
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No sabría decir cuál fue el pilar que más se tambaleó con las ideas de Darwin, si la biología, la filosofía o la teología. Pero ni las reticencias a asumirlas ni las encolerizadas críticas pudieron frenar lo que resultó ser una evidencia científica.

Superviviente de las más iracundas batallas, Darwin empezó a considerarse como uno de los grandes talentos de todos los tiempos.

Arrimando el ascua a su sardina: las diferentes apropiaciones del darwinismo

El potencial de las ideas encerradas en El Origen de las Especies no pasó inadvertido a sociólogos y políticos.

Darwin era un filón: el argumento aséptico y neutro que todos buscaban para dar a sus postulados un barniz científico. Y por eso todos se aprovecharon de la objetividad de la ciencia para justificar la subjetividad de sus ideologías. Curiosamente, y desde posturas claramente antagónicas, todos cometieron el mismo error metodológico: mezclar churras con merinas.

Por una parte, y si empezamos por la versión más despiadada del liberalismo capitalista, apareció lo que vino en llamarse el darwinismo social. Conceptos puramente biológicos como “selección natural” o “supervivencia del más apto” supusieron una perita en dulce para, una vez aplicados a la sociología, la economía y la política, justificar el desmedido abuso de poder de los “más fuertes” en detrimento de “los más débiles”. El “todo vale” en la lucha competitiva en los mercados era, para pensadores como Herbert Spencer, una simple manifestación en lo social de la “supervivencia del más apto” en lo natural.

Este uso manipulado del darwinismo tuvo una orientación distinta cuando el escenario de los diferentes estamentos sociales de la aterradora Inglaterra de la Revolución Industrial se sustituyó por grupos nacionales o raciales. En estos contextos, un perverso uso del darwinismo se utilizó para justificar ideas tan execrables como la eugenesia o el racismo.

Pero las izquierdas no se quedaron atrás. Marx sutituyó la lucha por la supervivencia por la lucha de clases, simplemente cambiando el marco natural por el histórico. Tanto es así que Engels, en el entierro de su colega, afirmó que “Marx descubrió la ley de la evolución de la historia humana”, sin mencionar el hecho de que Darwin renunció explícitamente a defender el ateísmo. En una carta dirigida al activista Edward Aveling, fechada el 13 de octubre de 1880 y preservada en el Darwin Correspondence Project, se conserva la renuncia de nuestro científico a respaldar los argumentos que contra el cristianismo hacía el materialismo histórico. Muy sabiamente, Darwin, aludiendo a su falta de competencia en estos menesteres, manifestó su claro y directo deseo de quedarse exclusivamente confinado en el campo de la ciencia.

A la ciencia lo que es de la ciencia

Esta separación clara del darwinismo científico del darwinismo ideológico, curiosamente, no la presentan muchos científicos actuales. A diferencia de grandes biólogos evolutivos como Theodosius Dobzhansky, Francisco José Ayala, Stephen Jay Gould o Francis Collins, otros se empeñan en tratar de fundamentar una serie de dogmas intangibles en los textos de Darwin. Son los llamados darwinistas ortodoxos, que se empecinan hoy, al igual que los ateístas científicos del siglo XIX, en considerar que es lo mismo poder explicar la evolución de las especies por selección natural que poseer una prueba para negar la presunta existencia algo parecido a Dios.

Da un poco de pereza intelectual pero es que esta obsoleta y superada pugna ciencia-religión continúa siendo periódicamente resucitada. Parece ser que muchos no terminan de admitir que se trata de un falso dilema, un [reducionismo] que, en realidad, no es más que una trampa metodológica.

Darwin lo tuvo muy claro: a la ciencia, exclusivamente lo que es de la ciencia. Y no es que la política y/o la religión no tengan sus verdades y/o falsedades. Es que, simplemente, implican subjetividades que, ni pertenecen al campo del conocimiento científico, ni funcionan metodológicamente de la misma manera.

The Conversation

A. Victoria de Andrés Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las derechas y las izquierdas: todos quieren a Darwin en sus filas – https://theconversation.com/las-derechas-y-las-izquierdas-todos-quieren-a-darwin-en-sus-filas-278725

L’Afrique perd ses professionnels de santé au pire moment : les racines coloniales d’une crise

Source: The Conversation – in French – By Danica Sims, Senior lecturer in Medical Education, University of Oxford

L’Afrique a du mal à relever le défi de retenir les professionnels de santé dont elle a besoin.

L’Organisation mondiale de la santé estime à 11 millions le déficit mondial en professionnels de santé d’ici 2030. L’Afrique doit faire face à une pénurie comprise entre cinq et six millions de professionnels. Ce déficit est calculé en fonction de la charge de morbidité et des besoins de santé de la population. Il s’agit de la taille et de la structure de la population, ainsi que de la prévalence des maladies et des facteurs de risque. Il tient aussi compte du type et de la fréquence des interventions sanitaires prévues ou nécessaires pour traiter les maladies, affections et facteurs de risque identifiés.

Cette pénurie est très inégale. Bon nombre des 83 pays qui se situent déjà en dessous du seuil minimum recommandé en matière de main-d’œuvre se trouvent en Afrique. En 2022, seuls quatre pays (Seychelles, Namibie, Maurice et Afrique du Sud) dépassaient le ratio recommandé de 4,45 médecins, infirmiers et sages-femmes pour 1 000 habitants.

Madagascar, le Malawi, le Togo, le Bénin, le Soudan du Sud, le Tchad, la République centrafricaine et le Niger ont déclaré moins de 0,5 médecin, infirmier et sage-femme pour 1 000 habitants en 2018. Dans de nombreux pays africains, il est difficile de fournir des services de base, de réduire les décès évitables et de parvenir à une couverture sanitaire universelle.

En revanche, l’Europe fait état d’un ratio compris entre 5,43 et 20,0 médecins, infirmiers et sages-femmes pour 1 000 habitants.

Dans le même temps, les pays plus riches tels que le Royaume-Uni, les États-Unis, le Canada et l’Australie dépendent de plus en plus de personnel formé à l’étranger. En 2023, près de la moitié des nouveaux médecins rejoignant le marché du travail britannique avaient été formés à l’étranger.

Ce phénomène est souvent qualifié de « fuite des cerveaux », qui s’explique par des facteurs répulsifs (faibles salaires, mauvaises conditions de travail) et des facteurs « d’attraction » (meilleurs salaires et opportunités à l’étranger).

Je m’intéresse à ce sujet, en tant que travailleuse internationale : je suis une chercheuse sud-africaine en éducation sanitaire travaillant au Royaume-Uni, où je forme des professionnels de santé et mène des recherches sur les questions liées à la main-d’œuvre.

Dans un article récent, je soutiens que cette explication est incomplète. Le cadre « push-pull » (répulsion-attraction) passe à côté d’un point crucial : les flux de professionnels de santé ne sont pas aléatoires. Ils se déplacent systématiquement des pays les plus pauvres vers les plus riches — une tendance qui suit de près les lignes tracées par l’histoire coloniale.

Le terme « fuite des cerveaux » suggère un flux naturel, presque inévitable, de talents. Mais la migration des professionnels de santé n’est ni neutre ni équitable ; elle est façonnée par l’histoire, l’économie et le pouvoir.

Je soutiens que ce phénomène ne se résume pas à une « fuite des cerveaux » motivée par des choix individuels. Il s’inscrit plutôt dans un système mondial plus profond et inégalitaire, façonné par l’héritage colonial — avec des implications majeures pour les politiques de santé, d’éducation et de main-d’œuvre.

Cela permet de recentrer le débat : il ne s’agit plus de blâmer les médecins et les infirmières qui partent, mais de s’intéresser aux systèmes qui déterminent ces choix en premier lieu.




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Les trois facteurs en jeu

Ma recherche s’appuie sur une perspective décoloniale pour repenser la migration des professionnels de santé. Plutôt que de considérer la migration comme une série de décisions individuelles, elle examine les systèmes mondiaux qui structurent ces décisions.

La décolonialité soutient que le colonialisme européen a créé une matrice de pouvoir qui continue d’organiser :

  • le pouvoir (qui contrôle les ressources et la main-d’œuvre)

  • la connaissance (quelle expertise est valorisée)

  • l’être (qui est valorisé).

À travers ce prisme, je soutiens que la migration des professionnels de santé ressemble moins à un marché du travail neutre ou à un malheureux sous-produit de la mondialisation, et davantage à une continuation de l’exploitation historique. En d’autres termes, les mêmes hiérarchies mondiales façonnées pendant le colonialisme influencent toujours qui contrôle et tire profit des ressources et de la main-d’œuvre africaines, quelle expertise est reconnue, et comment les travailleurs internationaux sont perçus et traités.

Pouvoir : Premièrement, les pays plus riches sous-investissent souvent dans la formation de leur propre main-d’œuvre, puis recrutent dans des pays disposant de bien moins de ressources. Cela entraîne un transfert de capital humain du Sud vers le Nord. Les pertes financières sont considérables : une étude a estimé que les pays d’Afrique subsaharienne ont perdu des millions, voire des milliards de dollars, en raison de l’émigration de médecins, tandis que les pays d’accueil ont réalisé des économies sur les coûts de formation.

Connaissances : Deuxièmement, les hiérarchies mondiales du savoir influencent la mobilité professionnelle. La formation médicale en Europe et en Amérique du Nord est souvent considérée comme la référence absolue, tandis que les diplômes délivrés par des établissements africains peuvent être remis en question ou nécessiter une validation supplémentaire. Cela renforce l’idée selon laquelle partir vers le nord est nécessaire pour progresser dans sa carrière et acquérir une légitimité.

Bien-être : Troisièmement, de nombreux professionnels de santé formés à l’étranger sont confrontés à une discrimination qui a un impact négatif sur leur bien-être et leur progression de carrière.
Ils risquent en outre une déprofessionnalisation. Les professionnels de santé internationaux pouvant être employés à des postes d’un niveau inférieur à celui pour lequel ils sont qualifiés, cela peut entraîner une perte de leurs compétences. Cela reflète la déshumanisation et l’exploitation coloniales.

En bref, les systèmes mondiaux favorisent les départs et profitent davantage aux pays d’accueil qu’aux pays d’origine.




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Développer un système plus équitable

Si la migration des professionnels de santé est façonnée par des inégalités structurelles, les solutions doivent également agir à ce niveau.

1. Investir dans les professionnels de santé locaux et les retenir

Les gouvernements africains devraient s’attaquer aux facteurs « d’incitation » en développant les possibilités de formation et d’emploi, en améliorant les conditions de travail et en garantissant une rémunération équitable et des perspectives de carrière, afin de faire du maintien sur place une option viable et attrayante. La formation des professionnels de santé devrait être alignée sur les besoins sanitaires locaux, afin de donner aux professionnels de santé les moyens de répondre avant tout aux besoins de santé de la population dans leur propre contexte.

2. Réformer le recrutement mondial et redistribuer les ressources

Les pays à revenu élevé doivent réduire leur dépendance au recrutement international en investissant davantage dans la formation nationale. Des codes de recrutement éthiques existent mais ne sont pas appliqués de manière cohérente. Il existe également de solides arguments en faveur de mesures de réparation – notamment une compensation financière ou des investissements – afin de compenser les pertes subies par les pays qui forment des professionnels de santé qui émigrent ensuite.

Des partenariats plus équilibrés, tels que les programmes de migration circulaire (dans le cadre desquels les professionnels de santé rentrent chez eux après avoir suivi une formation à l’étranger) ou les accords bilatéraux de formation (dans lesquels l’expertise des deux pays est reconnue et les deux contextes en tirent profit), pourraient favoriser l’échange de compétences sans vider de manière permanente les capacités. Mais ceux-ci doivent inclure des parcours clairs pour le retour et des investissements significatifs dans les systèmes de santé des pays d’origine.

3. Reconnaître et valoriser les connaissances et les professionnels du Sud

S’attaquer à la « colonialité du savoir » signifie reconnaître la légitimité de la formation et de l’expertise développées dans les contextes africains. Dans le même temps, s’attaquer à la « colonialité de l’être » nécessite de lutter contre le racisme, les préjugés et la discrimination sur les lieux de travail du secteur de la santé à l’échelle mondiale.

Perspectives

Lorsque les systèmes de santé africains peinent à retenir leur personnel, ce n’est pas uniquement dû à une mauvaise planification nationale. Bon nombre de ces systèmes fonctionnent sous le poids de l’héritage de l’exploitation coloniale.

Reconnaître cette réalité plus profonde ouvre de nouvelles possibilités. Un système de santé mondial plus équitable est possible – mais seulement s’il ne repose plus sur la perte de l’Afrique au profit d’autrui.

The Conversation

Danica Sims bénéficie d’un financement de l’université d’Oxford pour ses travaux de recherche. Elle est rattachée à l’université d’Oxford et à l’université de Johannesburg.

ref. L’Afrique perd ses professionnels de santé au pire moment : les racines coloniales d’une crise – https://theconversation.com/lafrique-perd-ses-professionnels-de-sante-au-pire-moment-les-racines-coloniales-dune-crise-280471

​Who is Hungary’s Péter Magyar and how he overturned Viktor Orbán’s illiberal democracy

Source: The Conversation – UK – By Gemma Ware, Host, The Conversation Weekly Podcast, The Conversation

 The day after Péter Magyar ousted Victor Orbán as prime minister of Hungary, he gave a combative press conference. He spoke in Hungarian, but was talking to the world – and particularly to Europe.

“We will do everything to restore the rule of law, plural democracy, and the system of checks and balances,” Magyar said, calling his election a historic moment for Hungary.

During 16 years in power, Orbán and his Fidesz party managed to take control of many of Hungary’s levers of power, from the judiciary to state-owned media, and weakened the institutions that could keep them accountable. Orbán liked to call it an illiberal democracy.

Magyar also urged the Hungarian president to move swiftly to install him as prime minister, before any more damage could be done by Orbán’s loyalists. “We know that people have been destroying documents, just like in the old communist age, that shredders are working full time,” he said.

In this episode of The Conversation Weekly podcast, Zsolt Enyedi, professor of political science at the Central European University and an expert in Hungarian politics, explains how Magyar, a former member of Fidesz, manage to beat Orbán, his former boss.

Magyar’s moment

Enyedi describes Magyar as a centre-right figure with some nationalistic attributes, who is a bit eurosceptic with “some reservations against progressive way of speaking”. However, Enyedi says Magyar changed since first entering politics in 2024, when he gave an explosive interview criticising Orbán’s regime.

Back then he was “clearly someone who reproduced many of the ideological panels of this Orbánist regime, but he was very critical of the corruption that exists in the regime”. He was likened to a clean, young version of Orbán himself.

Since then, Magyar has spent two years travelling around Hungary speaking to people across the country on the campaign trail. “He started to understand better the enormous harm done by the Fidesz regime, and he also became more pro-European in his rhetoric, embracing the democratisation agenda,” says Enyedi.

Magyar is now able to “provide the lowest common denominator for all pro-democratic forces,” says Enyedi. “In that sense, he’s more than simply representative of one political ideological current.”

As European leaders breathe a sign of relief at Magyar’s victory, Enyedi says although Europe has not gained an “enthusiastic partner”, he will be a much more constructive one. “Partly out of conviction, partly because he needs EU money and he needs that money soon. So he cannot play games. He has to make a deal with the EU leadership.”

Listen to the interview with Zsolt Enyedi on The Conversation Weekly podcast. This episode was written and produced by Gemma Ware, Mend Mariwany and Katie Flood. Mixing by Eleanor Brezzi and theme music by Neeta Sarl.

Newsclips in this episode from CNN, CRM News, euronews and Partizán.

Listen to The Conversation Weekly via any of the apps listed above, download it directly via our RSS feed or find out how else to listen here. A transcript of this episode is available via the Apple Podcasts or Spotify apps.

The Conversation

Zsolt Enyedi has received EU Horizon funding.

ref. ​Who is Hungary’s Péter Magyar and how he overturned Viktor Orbán’s illiberal democracy – https://theconversation.com/who-is-hungarys-peter-magyar-and-how-he-overturned-viktor-orbans-illiberal-democracy-280651

Embargo à Cuba : l’agroécologie pour éviter l’effondrement alimentaire

Source: The Conversation – France (in French) – By Raphaël Belmin, Chercheur en agronomie, photographe, accueilli à l’Institut sénégalais de recherches agricoles (ISRA, Dakar), Cirad

Entre embargo, polycrise et pénuries, l’île résiste à une crise alimentaire majeure. Par quels mécanismes et pour combien de temps ? R. Belmin/Cirad, CC BY-NC-ND

Comment éviter l’effondrement alimentaire lorsqu’un pays vit sous embargo durable et voit ses alliances se fragiliser ? Une étude récente à Cuba met en évidence la réactivation d’une agroécologie déjà mobilisée lors des crises antérieures, aujourd’hui réinvestie sous des formes plus hybrides et décentralisées.


Depuis la révolution de 1959, nourrir la population est un pilier du projet politique cubain. L’État a fait de l’alimentation un service public : centralisation des importations, planification de la production et rationnement à travers la libreta, un carnet distribué à chaque famille permettant d’accéder à des produits de première nécessité dans des magasins d’État à prix subventionnés.

L’objectif était clair dès l’origine : garantir un accès universel à l’alimentation. Cuba n’a pas dévié de cet objectif, malgré l’embargo durable mis en place par les États-Unis dès 1962. Dans ce contexte, l’alliance cubaine avec l’Union soviétique a longtemps permis de stabiliser ce modèle en assurant énergie, pesticides et engrais agricoles, semences et plants, fournitures vétérinaires et devises.

Un modèle alimentaire étatique sous dépendance extérieure (années 1960-1980)

Le système cubain reposait alors sur un appareil productif fortement centralisé. L’agriculture d’État – le sector estatal – a regroupé les exploitations héritières des grandes entreprises agricoles nationalisées après 1959. Ces fermes publiques, gérées par des entreprises d’État, fonctionnaient avec des salariés agricoles rémunérés par un salaire fixe, des objectifs de production planifiés et des circuits d’approvisionnement centralisés en pesticides, en engrais et en énergie. À leur apogée dans les années 1980, les entreprises agricoles d’État couvraient près de 80 % de la surface agricole nationale, ne laissant que 20 % entre les mains du secteur privé.

Cette architecture institutionnelle et productive a tenu tant que des appuis extérieurs amortissaient les chocs, qu’ils soient internes ou géopolitiques. Mais, au début des années 1990, l’effondrement de l’Union soviétique a provoqué à Cuba une chute brutale des échanges commerciaux, des soutiens financiers ainsi que des approvisionnements en énergie, en engrais et en pesticides. Fragilisé dans ses bases économiques et productives, le pays s’est vu contraint de réinventer son modèle agricole.

Peinture ornant les murs d’une station de recherche agricole cubaine. Dans la pensée révolutionnaire cubaine, l’agriculture d’État incarne la souveraineté nationale : travailler la terre devient un acte politique, garant de l’autonomie alimentaire et de la dignité collective. Crédit photo : R. Belmin/Cirad.
CC BY-NC-ND

De l’agroécologie contrainte à l’institutionnalisation politique (années 1990-2010)

Ce contexte de pénurie du début des années 1990, connu sous le nom de « período especial » (« période spéciale »), a entraîné un virage profond du système productif cubain. Diversification des cultures, recyclage de la matière organique, traction animale, production de bio-intrants  (produit d’origine biologique utilisé en agriculture pour remplacer ou réduire les intrants chimiques, ndlr) : une agroécologie de survie s’est progressivement installée et diffusée à grande échelle, à la fois dans les campagnes et au cœur des villes.

Ces transformations sont, d’une part, encouragées par une politique agraire consistant à transformer certaines fermes d’État en coopératives et à redistribuer des terres en usufruit à des producteurs. Elles sont, d’autre part, accompagnées par un vaste programme étatique d’agriculture urbaine et suburbaine visant à rapprocher producteurs et consommateurs, sur des bases majoritairement organiques : exploitations maraîchères de petite taille, souvent conduites en planches bio-intensives (voir photo ci-dessous), avec des modes de rémunération réformés pour être davantage incitatifs.

D’abord vécue comme une adaptation pragmatique à la pénurie, cette dynamique a ensuite été institutionnalisée, jusqu’à constituer un référentiel politique et idéologique articulant souveraineté alimentaire, justice sociale et résilience nationale.

Les années 2000 et 2010 ont ensuite été marquées par une forme de normalisation relative. Le soutien vénézuélien, la reprise partielle des importations et le retour d’engrais et de pesticides de synthèse ont relégué l’agroécologie au second plan dans certaines filières, sans toutefois effacer les compétences et les pratiques acquises. Les données nationales indiquent une augmentation sensible de la production agricole, notamment pour les racines et tubercules (manioc, malanga, igname, pomme de terre…), les légumes et les légumineuses, malgré des niveaux d’intrants durablement inférieurs à ceux de la période pré-1990.

Les exploitations agroécologiques cubaines sont le plus souvent de petites fermes familiales diversifiées, peu mécanisées et cherchant l’autonomie en intrants et en énergie. On y trouve des cultures maraîchères diversifiées, des haricots, des racines et tubercules, des bananes plantains, des fruits et des céréales. Dans les zones urbaines et périurbaines, la crise des années 1990 a favorisé l’essor des canteros (photo du haut), des planches de culture surélevées conduites en bio-intensif, permettant de produire davantage sur de très petites surfaces grâce au travail manuel et au recyclage local de la matière organique. Dans un contexte de forte raréfaction des intrants, ces systèmes ont permis d’améliorer l’efficacité d’usage des ressources. Crédit photo : R. Belmin/Cirad.
CC BY-NC-ND

Cuba en polycrise : un système alimentaire centralisé devenu vulnérable (années 2020)

Mais au tournant des années 2020, l’accumulation de chocs énergétiques, économiques et géopolitiques révèle la vulnérabilité structurelle du modèle alimentaire centralisé cubain et précipite son entrée en polycrise.

La dégradation de la situation au Venezuela à partir de 2016 entraîne une chute des livraisons pétrolières, tandis que le durcissement de l’embargo américain complique l’accès aux engrais, aux pesticides, à l’énergie et aux financements. À ces contraintes externes, s’ajoutent des fragilités internes : forte dépendance aux importations alimentaires, vétusté des infrastructures et dysfonctionnements logistiques persistants. Si bien que, à partir de 2017, la production agricole nationale recule dans la plupart des filières stratégiques – riz, légumes, légumineuses, racines et tubercules, fruits et agrumes.

En 2020, cette fragilité bascule en crise systémique : la pandémie de Covid-19 interrompt brutalement les recettes touristiques, principale source de devises du pays. Privé de ressources extérieures, l’État cubain voit ses marges de manœuvre financières se contracter fortement, fragilisant le modèle centralisé d’approvisionnement, de distribution et de don. La réunification monétaire engagée en 2021, en générant une forte inflation, accentue encore cette dynamique.

Résultat : Cuba importe aujourd’hui 70 % à 80 % de son alimentation, pour un coût annuel proche de deux milliards de dollars (plus de 1,6 milliard d’euros). Si les produits alimentaires sont partiellement exemptés de l’embargo depuis 2000, ces importations s’effectuent sous fortes contraintes, notamment l’obligation de paiement comptant, sans accès au crédit. À l’inverse, les engrais et pesticides agricoles et l’énergie restent fortement affectés par le durcissement des sanctions.

Dans ce contexte, l’accès économique à l’alimentation se dégrade fortement. Le système de rationnement de la libreta, longtemps pilier de la sécurité alimentaire, ne couvre plus qu’une part limitée des besoins.

Cette situation révèle une tension structurelle : un système fortement centralisé et dépendant d’approvisionnements extérieurs, qui devient particulièrement vulnérable lorsque ces flux se contractent. Pensé comme un dispositif de sécurisation alimentaire universel, le modèle étatique cubain se trouve ainsi confronté à une accumulation de chocs qu’il peine à absorber.

« Cuba : la colère monte contre les pénuries alimentaires » : un reportage de 2024 sur France 24.

Résister sous contrainte : l’agroécologie comme ressort discret de la résilience cubaine

Cependant, malgré la dégradation marquée de la sécurité alimentaire, certains indicateurs nutritionnels restent étonnamment stables. La prévalence de la sous-alimentation chronique demeure limitée, la mortalité infantile reste basse, et la disponibilité énergétique alimentaire est comparable à la moyenne mondiale, largement au-dessus du seuil critique de 2 100 calories (kcal) par personne et par jour. Ce décalage entre fragilisation du système centralisé et maintien relatif des équilibres alimentaires interroge les ressorts réels de la résilience cubaine.

Des travaux récents expliquent ce paradoxe par un déplacement progressif du centre de gravité du système alimentaire cubain. À mesure que les dispositifs étatiques d’approvisionnement s’affaiblissent, les capacités productives et adaptatives du secteur non étatique prennent le relais. La résilience du système alimentaire cubain ne repose plus sur son architecture centralisée, mais sur un basculement vers des dynamiques décentralisées.

Les fermes du secteur non étatique assurent aujourd’hui l’essentiel de la production alimentaire nationale : avec environ 40 % des terres cultivées, elles contribuent à plus de 80 % de l’offre alimentaire. Dans un contexte de contraintes croissantes, elles constituent également le principal foyer d’innovation agroécologique.

Elles expérimentent de nouvelles techniques culturales, investissent dans les énergies renouvelables, développent des circuits courts, et réhabilitent des techniques de conservation et de transformation, comme la déshydratation de fruits et de plantes aromatiques, la fabrication de coulis de tomate, de fromage de chèvre et de pickles de légumes en saumure. La polycrise agit ainsi comme un catalyseur, accélérant la décentralisation de la production et de l’innovation.

L’agroécologie s’impose à Cuba comme une stratégie d’adaptation à l’incertitude et aux pénuries, sans pour autant relever d’une logique d’autarcie stricte. Les fermes restent hybrides, ajustant en permanence leurs stratégies aux conditions d’accès aux ressources. Les producteurs alternent entre autoproduction de bio-intrants et recours aux engrais importés, et combinent traction animale et mécanisation afin d’assurer la continuité des travaux agricoles malgré les contraintes énergétiques. Les productions alimentent à la fois les circuits étatiques (magasins publics, hôpitaux, libreta) et des marchés locaux informels, devenus essentiels pour l’écoulement des surplus et l’accès à la liquidité.

Face aux pénuries d’énergie et d’intrants, les exploitations agricoles cubaines cherchent à renforcer leur autonomie en mobilisant des ressources locales : petits méthaniseurs produisant du biogaz à partir de déchets organiques, dispositifs de récupération d’eau de pluie ou encore recours à des sources d’énergie éolienne, solaire et hydraulique. Pour autant, il ne s’agit pas d’une recherche d’autonomie totale. Les systèmes restent fondamentalement versatiles, capables d’alterner entre ressources locales et intrants importés selon les contraintes. Ainsi, la traction animale (bœufs pour le labour, chevaux pour le transport) coexiste avec le recours au tracteur et à des circuits informels d’approvisionnement en carburant. Crédit photo : R. Belmin/Cirad.
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Cette capacité à naviguer entre différents régimes techniques et institutionnels, plutôt qu’à s’enfermer dans un modèle unique, constitue un ressort central de la résilience cubaine. Elle s’accompagne toutefois d’une fragilité croissante : l’émigration des jeunes actifs réduit la main-d’œuvre disponible, compromettant la transmission des savoir-faire et limitant les capacités d’innovation dans des systèmes intensifs en travail.

Il n’existe pas de chiffre unique permettant de quantifier précisément le nombre d’exploitations agroécologiques à Cuba. Une étude de référence avance que plus de 200 000 producteurs participent au mouvement agroécologique Campesino a Campesino, couvrant plus d’un million d’hectares et représentant environ de 50 % à 60 % du secteur paysan. Cependant, seule une fraction de ces exploitations – environ 3 600 fermes – disposent d’une certification agroécologique par l’Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).

Ces chiffres doivent toutefois être interprétés avec prudence : ils agrègent des niveaux d’engagement très hétérogènes et incluent des fermes de démonstration ou expérimentales accompagnées par des programmes publics ou de coopération, dont la représentativité reste à documenter.

Bio-intrants et biofabriques : un révélateur des tensions du modèle cubain

Les bio-intrants offrent un point d’entrée particulièrement révélateur des tensions et des capacités d’adaptation du système alimentaire cubain.

Dans un contexte de pénurie chronique d’engrais de synthèse et de pesticides de synthèse importés, les bio-intrants – notamment à base de microorganismes autochtones bénéfiques – occupent une place stratégique dans la capacité du système agricole cubain à continuer de produire. Cuba dispose à cet égard d’un capital scientifique ancien en microbiologie agricole et d’un réseau historique de biofabriques publiques pensées comme des infrastructures de souveraineté technologique et alimentaire.

La biofabrique IHPLUS de la station Indio Hatuey (province de Matanzas) produit un biofertilisant à base de microorganismes, avec une capacité de 1 million de litres par an. Autrefois largement diffusé, le biofertilisant connaît depuis deux ans une chute drastique de production, inhérente à des difficultés structurelles, au premier rang desquelles les coûts élevés du carburant freinant la distribution. Crédit photo : R. Belmin/Cirad.
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À l’image du secteur agricole dans son ensemble, les biofabriques étatiques voient leur fonctionnement fortement contraint par les pénuries d’énergie et d’intrants. L’augmentation du coût du carburant freine la distribution et a conduit à l’arrêt des services techniques qui assuraient la promotion et la diffusion du produit dans les territoires. Les difficultés de transport limitent également la capacité des agriculteurs à s’approvisionner directement à l’usine, comme ils le faisaient auparavant. À cela s’ajoutent des contraintes d’accès aux substrats, aux milieux de culture, aux emballages et aux pièces détachées, indispensables à la production régulière de bio-intrants.

Il en résulte un décalage croissant entre l’existence d’une infrastructure publique formelle et sa capacité opérationnelle à répondre aux besoins des producteurs.

Face à ces limites, des formes d’innovation paysanne et collective se développent à l’échelle locale : à l’image des fermes Cinco Palmas et de Punta Las Cuevas (photos ci-dessous), où la production artisanale de bio-intrants soutient la production de plantules, alimente d’autres exploitations et s’insère dans des circuits courts. Loin d’émerger ex nihilo, ces dynamiques mobilisent et recomposent des savoirs, des réseaux et des dispositifs hérités, réactivés et adaptés aux contraintes contemporaines. Elles illustrent plus largement un déplacement des capacités d’innovation du système cubain, du secteur étatique vers des formes décentralisées et informelles.

Cependant, cette agroécologie décentralisée reste largement invisible et peu reconnue dans les cadres réglementaires existants, ce qui limite sa diffusion et sa montée en échelle. C’est à cette interface que s’inscrivent différents projets de recherche qui visent à documenter les pratiques émergentes, à en évaluer les performances et à analyser les conditions institutionnelles de leur reconnaissance.

Face aux pénuries d’intrants importés, une dynamique d’innovation décentralisée émerge à Cuba : à la ferme, les producteurs fabriquent leurs propres biopesticides à base d’huiles essentielles, biofertilisants, éliciteurs et microorganismes autochtones bénéfiques (MAB), renforçant l’autonomie productive et la résilience des systèmes agricoles. crédit photo : R. Belmin/Cirad.
CC BY-NC-ND

Quand l’agroécologie redéfinit le rôle de l’État

L’expérience cubaine montre qu’un système alimentaire peut encaisser des chocs extrêmes et s’adapter par la transformation de ses structures sans s’effondrer. Sous embargo, crises économiques multiples et recompositions géopolitiques régionales, Cuba évite encore une crise nutritionnelle majeure. Mais cette résilience ne tient plus à la planification centralisée : elle repose désormais sur un basculement vers des formes décentralisées et hybrides d’agroécologie portées par le secteur non étatique.

Paradoxalement, ce mouvement d’autonomisation productive et de décentralisation n’entre pas frontalement en tension avec l’État : il trouve aujourd’hui un écho explicite dans le discours officiel. Le décret-loi 128/2025 sur la promotion de l’agroécologie, entré en vigueur en septembre 2025, inscrit l’agroécologie comme levier stratégique de souveraineté alimentaire, de préservation des écosystèmes et de protection de la santé publique.

Ce texte marque une inflexion importante, puisque l’État ne se présente plus seulement comme planificateur et distributeur, mais aussi comme facilitateur d’une transition visant à renforcer l’autonomie en intrants, la relocalisation productive et la résilience territoriale.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Embargo à Cuba : l’agroécologie pour éviter l’effondrement alimentaire – https://theconversation.com/embargo-a-cuba-lagroecologie-pour-eviter-leffondrement-alimentaire-277038

Orbán’s downfall is a positive for EU-Hungary relations – but the reset will not be smooth

Source: The Conversation – UK – By Michael Toomey, Lecturer in Politics and International Relations, University of Glasgow

Hungary’s Tisza party won parliamentary elections on April 12, bringing an end to the 16-year tenure of Viktor Orbán as prime minister. The result is a seismic one for Hungarian domestic politics. But it is also a major development in the trajectory of Hungary’s relations with the EU.

Throughout Orbán’s term, but particularly since the full-scale Russian invasion of Ukraine in 2022, he was consistently a thorn in the side of the EU. He flouted European norms, values and legislation as he went about building what he called an “illiberal state”.

One example was his 2011 decision to lower the mandatory retirement age for Hungarian judges and prosecutors from 70 to 62. This forced a large proportion of the country’s judiciary into retirement, allowing Orbán to replace them with party loyalists. The European Court of Justice ruled against the change in 2013, but many of Orbán’s appointees remained in their positions.

Orbán’s continued defiance of EU policies eventually resulted in the suspension of his Fidesz party from the powerful European People’s Party grouping in the European parliament. Its membership of the alliance was terminated two years later. The European Commission’s 2022 decision to withhold €30 billion (£26.1 billion) in funds from Hungary caused relations to plummet further.

And Orbán subsequently sought to leverage the EU’s need for solidarity and unanimity to support Ukraine and sanction Russia. Hungarian obstinance and disruption became so frequent that the country has been described by some political figures in Europe as not being aligned with European or Ukrainian interests when it comes to Russia.

In a thinly veiled reference to Orbán during a 2024 parliamentary speech, the president of the European Commission, Ursula von der Leyen, said: “There are still some who blame this war not on the invader but on the invaded. Not on Putin’s lust for power but on Ukraine’s thirst for freedom. So I want to ask them: would they ever blame the Hungarians for the Soviet invasion of 1956?”

A true low point in EU-Hungary relations was reached in early April 2026 when leaked audio recordings showed Orbán and his foreign minister, Peter Szijjarto, actively coordinating with the Russian government. The recordings show that Szijjártó had used breaks in closed EU ministerial sessions two years earlier to call his Russian counterpart, Sergei Lavrov, and brief him on the state of internal discussions.

Szijjártó is also accused of sharing confidential documents with Lavrov relating to minority language requirements in Ukraine’s EU accession negotiations. The French foreign minister, Jean-Noël Barrot, has described this as a “betrayal”. Had Orbán managed to prevail in the recent elections, the relationship between the EU and Hungary is likely to have reached a breaking point.

Rupture or continuity?

As it is, EU officials will be breathing a sigh of relief. The incoming prime minister, Péter Magyar, has a huge incentive to restore Hungary’s relations with the EU – if for no other reason than to secure the release of roughly €17 billion in allocated EU funds that are still suspended. Warmer relations would also help Hungary access a possible further €17 billion in discounted defence loans.

Given the global economic ramifications of the war in Iran and the costs Magyar will incur as he reforms and dismantles Orbán’s oligarchic economic system, his government will rely on these funds to ease some of the budgetary pressures they will face.

However, unfreezing these funds is not a foregone conclusion. Von der Leyen has already announced that reforms will need to be made in order to achieve this and has presented Hungary’s incoming government with 27 conditions that will need to be satisfied.

Some of these reforms will be relatively easy for Magyar to achieve. For instance, tackling corruption was an explicit part of Tisza’s election manifesto. However, other EU funds that were suspended due to infringements on LGBTQ+ rights or asylum procedures will be more politically costly to access.

Hungarians remain deeply conservative and more eurosceptic than the average European. According to a 2025 survey conducted on behalf of the European Commission, only 55% of Hungarians consider the country’s EU membership to be “a good thing”. This is lower than the EU average of 62%. Reforms that are seen to be at odds with Hungarian values may thus provoke domestic resistance.

Perhaps of most global interest will be how Magyar approaches the war in Ukraine. He has indicated an interest in rapprochement with Ukraine as part of his broader goal of realigning Hungary with the EU and Nato. Most notably, he has stated that Orbán should lift his veto on the provision of a €90 billion EU loan to Ukraine.

However, there may also be more continuity with the Orbán regime than those in Brussels might like. Magyar has stated that he intends to continue importing Russian energy until at least 2035 and that he will need to put any future possibility of Ukrainian EU membership to a referendum.

In a country where opinion polls show 50% of voters – and 36% of Tisza voters – see Ukraine as a threat, such a referendum would be highly likely to upend the entire process of Ukraine’s EU accession.

Orbán’s downfall is undoubtedly a positive for EU-Hungary relations. However, while Magyar himself has asserted his determination to restore a friendly relationship, this reset will face multiple sizeable tests over the coming months and years.

The Conversation

Michael Toomey does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Orbán’s downfall is a positive for EU-Hungary relations – but the reset will not be smooth – https://theconversation.com/orbans-downfall-is-a-positive-for-eu-hungary-relations-but-the-reset-will-not-be-smooth-280681

De la Casa Blanca a Jerusalén: el peso del nacionalismo religioso en la estrategia de Trump

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Alvarado, Associate professor, Universidade de Vigo

Benjamín Netanyahu y Donald Trump. Joshua Sukoff/Shutterstock

Altos cargos que marcan la deriva internacional de la administración Trump son la expresión más visible de la alianza entre poder ejecutivo y teología. Pete Hegseth, el secretario de Guerra, lleva tatuado en el brazo el lema Deus Vult –grito de las cruzadas medievales–. En su libro American Crusade afirma que el islam no es una religión de paz y que quien ame los valores americanos debe amar a Israel.

Mike Huckabee, embajador estadounidense en Jerusalén, niega la existencia del pueblo palestino y sostiene que las santas escrituras otorgan ese territorio a los israelíes. Preguntado por el comentarista político conservador Tucker Carlson sobre los límites bíblicos de Israel, que el Génesis extiende del Nilo al Éufrates, Huckabee respondió que estaría bien que Israel lo tomara todo.

La republicana Elise Stefanik, representante ante la ONU, confirmó en el Senado que Israel tiene un “derecho bíblico” sobre Judea y Samaria, y rechazó reconocer la autodeterminación palestina.

El sionismo cristiano tiene una base electoral que le otorga un peso político específico. Los evangélicos blancos, que representan alrededor del 25 % del electorado, votaron por Trump en un porcentaje del 81 % en 2024.

Su respaldo a Israel no responde a consideraciones geopolíticas. Esta corriente religiosa sostiene que el control hebreo de toda Palestina, incluidos los territorios ocupados, es condición necesaria para la Segunda Venida de Cristo. Un acuerdo nuclear con Teherán no equivaldría para esa base a una mera cesión diplomática, sino a una traición a un mandato sagrado.

Órdenes bíblicas a soldados estadounidenses

La Military Religious Freedom Foundation ha recibido desde el inicio de las operaciones en Irán denuncias de oficiales y soldados a los que se le dieron órdenes redactadas con lenguaje del “fin de los tiempos bíblicos”, un hito sin precedentes en el ejército estadounidense.

Este fenómeno supera lo que John Mearsheimer y Stephen Walt, referentes de la corriente neorrealista de las relaciones internacionales, describieron en su ya clásico The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy (“El lobby israelí y la política exterior estadounidense”), donde se destaca la distorsión del interés nacional estadounidense por parte de grupos de presión israelíes con acceso privilegiado a la administración.

En Money, Lies, and God (“Dinero, mentiras y Dios”), la periodista de investigación Katherine Stewart documenta cómo el nacionalismo cristiano ha construido a lo largo de décadas toda una red de think tanks (laboratorios de ideas), fundaciones y megaiglesias orientada a ir más allá de la influencia externa y ocupar paulatinamente el aparato del Estado.

La lógica de juegos de dos niveles de Robert Putnam, considerado uno de los politólogos más influyentes de Estados Unidos, permite comprender las implicaciones diplomáticas. Según esta teoría, cualquier negociación entre países tiene una dimensión exterior, la del acuerdo entre gobiernos, y una dimensión interior, que es la viabilidad política de ese acuerdo dentro de cada país. Cuando la dimensión doméstica está bloqueada por imperativos religiosos que imposibilitan cualquier concesión, el arreglo resulta imposible.

Qué significa la seguridad de Israel para Estados Unidos

La Estrategia de Seguridad Nacional firmada por Trump en noviembre de 2025 da cuenta de ese bloqueo. El documento advierte contra quienes busquen “arrastrar a Estados Unidos a conflictos ajenos” y, al mismo tiempo, destaca la seguridad de Israel como “interés nacional central”, presentando los ataques del 21 de junio de ese año contra Irán como un “logro presidencial”.

Por su parte, la república islámica iraní se rige desde 1979 por el principio del velayat-e faqih, que establece que la autoridad política suprema corresponde a los jurisconsultos islámicos. En la práctica, el poder efectivo lo ejercen los Guardianes de la Revolución, también conocidos como Pasdarán, una estructura militar-industrial de unos 190 000 efectivos que controla el arsenal balístico y el programa nuclear con funciones disuasorias concretas.

La Guardia mantiene en jaque las más de cien bases militares estadounidenses del golfo Pérsico, Irak y Siria, elevando el coste de cualquier ataque. El propio Ali Jameneí emitió una fatua que declara las armas atómicas contrarias al islam. El iranólogo Bernard Hourcade define este programa como la “clave de bóveda de toda la política nacional”, no un mandato religioso, sino un símbolo de soberanía que los Pasdarán no pueden abandonar.

Siempre se ha interpretado el régimen iraní desde una lógica teológica, pero el funcionamiento del poder en Teherán sigue un interés de Estado, articulado sobre poderes mundanos y no sobre cálculos religiosos. Algo que no parece ocurrir en un Estado liberal moderno como es EE.UU..

François Mabille, director del Observatorio geopolítico y religioso en el Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS) en París considera que en los regímenes de fuerte legitimación religiosa como el de Teherán, el conflicto prolongado refuerza los aparatos de seguridad sin suprimir la función legitimadora del clero.

Desde abril de 2025, Irán y Estados Unidos mantuvieron varias rondas de negociaciones a través de la mediación de Omán, en Mascate primero y en Ginebra después. El 26 de febrero de 2026, al término de la tercera ronda en la capital suiza, el mediador Badr Al Busaidi habló de “progreso significativo” y anunció que las conversaciones continuarían en Viena.

Netanyahu visitó la Casa Blanca el 11 de febrero para intentar que Washington no firmase ningún acuerdo nuclear con Teherán. Dos días después de esa sesión ginebrina más avanzada comenzaron los ataques. El senador Mark Warner, número dos del Comité de Inteligencia del Senado, expresó una convicción que circulaba en sectores de la elite política al afirmar que la guerra había sido dictada por los objetivos y el calendario de Israel.

Las fracturas en el seno del trumpismo

La contienda con Irán ha provocado las primeras fracturas serias en el seno del trumpismo. Tucker Carlson, expresentador de Fox News convertido en el podcaster más influyente de la ultraderecha, calificó la retórica presidencial de “moralmente corrupta” y “malvada”.

Ann Coulter, columnista conservadora y autora de In Trump We Trust, acusó a Trump de crímenes de guerra.

Marjorie Taylor Greene, excongresista y hasta hace poco leal aliada del presidente, y otros destacados perfiles de la galaxia MAGA (siglas de Make America Great Again) exigieron su destitución en aplicación de la 25.ª enmienda al sentirse “traicionados”. Es el caso de Alex Jones, animador estrella del portal conspiracionista infoWars

Joe Kent, director del Centro Nacional de Contraterrorismo, dimitió alegando razones de conciencia, afirmando que “Irán no suponía ninguna amenaza inminente” y que la guerra se inició “por presión de Israel y su poderoso lobby americano”.

Las corrientes principales del movimiento MAGA comprenden populistas nacionalistas, realistas conservadores, libertarios no intervencionistas, antiglobalistas, neoconservadores y nacionalistas religiosos. Solo estas dos últimas respaldan la guerra incondicionalmente, unos por convicción estratégica y otros por motivaciones puramente escatológicas.

El 8 de abril, Trump anunció un alto el fuego de dos semanas para proclamar su “victoria total y completa”. Horas después, Israel lanzó 160 bombas sobre el Líbano provocando más de 250 muertos, apresurándose Netanyahu a precisar que el acuerdo no incluía este frente.

Una guerra sin objetivo claro

Trump demuestra su fuerza haciendo del combate un fin en sí mismo a través de una guerra sin metas definidas ni criterios de éxito compartidos. El régimen iraní está herido, pero se mantiene funcional y conserva los fundamentos de su arsenal y su programa nuclear. En modo alguno Washington puede ofrecer concesiones que su base electoral interprete como apostasía.

El primer ministro israelí, que arrastró a Estados Unidos al conflicto, sigue su propia agenda al margen de cualquier tregua. Cuando la guerra responde a imperativos teológicos, ningún resultado puede proclamarse un triunfo. No existe logro estratégico o material que satisfaga un mandato divino.

The Conversation

David Alvarado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De la Casa Blanca a Jerusalén: el peso del nacionalismo religioso en la estrategia de Trump – https://theconversation.com/de-la-casa-blanca-a-jerusalen-el-peso-del-nacionalismo-religioso-en-la-estrategia-de-trump-280539

Adolescentes e inglés: ¿merece la pena reforzar con clases extraescolares?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Roberto Arias-Hermoso, Investigador (predoctoral) en educación multilingüe, Mondragon Unibertsitatea

JESUS DE FUENSANTA/Shutterstock

Uno de los principales objetivos de los sistemas educativos actuales es desarrollar la competencia lingüística de los estudiantes en todas sus lenguas. El inglés como lengua extranjera en el colegio (y fuera de él) es la elección más frecuente. España se coloca en un nivel medio en Europa en cuanto al nivel en inglés, en la posición 26 de 37. ¿Cómo podríamos mejorar? ¿Es beneficioso reforzar el aprendizaje en la etapa de secundaria con clases extraescolares?

Muchas familias piensan que cuanto antes empiecen los niños o niñas a aprender inglés, mejor, aunque esto no siempre es así. Pero aparte de la edad de comienzo o de la cantidad de horas semanales, hay otros factores que influyen en el aprendizaje. Uno de ellos es la interacción entre la madurez mental del estudiante y el tipo de exposición al idioma.

El inglés dentro y fuera de clase

En primer lugar, los niños y adolescentes ya no aprenden inglés únicamente en un aula. La música, películas o videojuegos en inglés son cada vez más comunes. Esto es a lo que los investigadores han llamado exposición extramural o fuera del aula.

A este tipo de exposición más informal donde el aprendizaje ocurre de manera más accidental, por lo general, se le suman la exposición fuera del aula más formal (clases en academias, donde el aprendizaje es más estructurado y guiado) y la instrucción dentro del aula. En teoría, cuanta más exposición, mejor, pero en la práctica no todas las formas de exposición funcionan igual ni en todas las edades.




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Un estudio con más de 500 adolescentes

Para entender mejor esta cuestión, hemos analizado la calidad de la escritura en inglés de más de 500 estudiantes de entre 12 y 16 años en el País Vasco, procedentes de 5 centros públicos. Todos ellos eran bilingües (euskera y español) y aprendían inglés como tercera lengua extranjera en el instituto. El alumnado recibía entre 3–4 horas de inglés semanales en el aula. Aproximadamente la mitad iba a una academia de inglés fuera del colegio.

Especialmente, nos interesaba una pregunta: ¿Cómo influyen la edad y los diferentes tipos de exposición al inglés (academias e informal) en su rendimiento escrito? Los resultados fueron claros, pero también sorprendentes.


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La edad, el factor más importante

El principal hallazgo fue que la edad es el factor que más influye en la calidad del inglés del alumnado: los estudiantes mayores obtenían mejores resultados en escritura que los más jóvenes. Las variables de exposición fuera del aula también tuvieron un efecto positivo, pero menor en comparación a la edad.

La importancia de la edad puede parecer obvia, pero tiene implicaciones muy importantes. No se trata solo de acumular horas de aprendizaje, sino de desarrollo cognitivo y madurez. A medida que los estudiantes crecen, mejora su capacidad de expresarse por escrito, tanto de los que van a academia como los que no.




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Ir o no ir a la academia

Uno de los resultados más interesantes del estudio es que no todos los tipos de exposición afectan igual en todas las edades.

Nuestros resultados muestran que las academias (el aprendizaje extraescolar más estructurado) sí marcan la diferencia en los primeros cursos de secundaria. Los alumnos más jóvenes que asisten a academias obtiene mejores resultados que los que no. Sin embargo, este efecto se va reduciendo a lo largo de la ESO hasta desaparecer: en 4º de la ESO, ir a la academia ya no supone una ventaja frente a no ir. De hecho, el efecto de las horas acumuladas en academia se va reduciendo con la edad, de modo que la ventaja desaparece a finales de la ESO.

Por otro lado, ocurre lo contrario con la exposición informal. En los primeros años de la ESO, ver series en inglés o escuchar música no parece tener un impacto significativo en el rendimiento de los alumnos. Pero a medida que los estudiantes crecen, esto empieza a marcar la diferencia: en 3º y 4º de la ESO, estas actividades (en especial: ver programas o películas, escuchar música y usar redes sociales en inglés) se asocian con mejores resultados en escritura. Este efecto positivo está relacionado, seguramente, con la importancia de una base más sólida para poder sacar partido de estos contenidos más informales.

En resumen, el mismo tipo de exposición no funciona igual a los 12 que a los 16 años.

Varias claves prácticas

Estos resultados tienen implicaciones claras para familias, profesorado y responsables educativos. Más que apostar por una única fórmula, parece más eficaz adaptar las estrategias a la edad del alumnado.

  1. En edades tempranas, mejor aprendizaje guiado. En los primeros años de la ESO, el alumnado se beneficia más de contextos estructurados (como una academia). Sin embargo, aquí entran factores sociales y económicos, ya que las academias suelen tener un coste elevado y no están al alcance de todos. Por ello, sería interesante que los institutos pudieran adoptar metodologías más cercanas a las academias, con una enseñanza más estructurada y adaptada por niveles dentro del propio sistema educativo.

  2. En edades más avanzadas, hay que aprovechar más el inglés fuera del aula. A partir de cierta edad, el contacto con el inglés en contextos reales (series, música, etc.) se vuelve muy valioso. Profesorado y familias deberían fomentar este uso informal para aprovechar estas ventajas.

  3. No se trata de cantidad de horas, sino del momento y el tipo de exposición. Muchas veces pensamos que “más es mejor”, pero la clave es combinar distintos tipos de exposición que se ajusten a la edad del alumnado.

En conclusión, es importante tener en cuenta la edad y madurez del alumnado para que puedan sacar provecho de los diferentes contextos para aprender inglés. En ese sentido, proponemos un enfoque flexible en el que esos contextos van evolucionado con el alumnado: contextos más formales y estructurados van dejando paso a oportunidades de uso real del idioma fuera del aula. No se trata de sustituir, sino de combinar estratégicamente estos tipos de exposición.

The Conversation

Roberto Arias-Hermoso ha recibido fondos del Gobierno Vasco para desarrollar esta investigación, PRE_2021_1_0001 & IT1664-22.

ref. Adolescentes e inglés: ¿merece la pena reforzar con clases extraescolares? – https://theconversation.com/adolescentes-e-ingles-merece-la-pena-reforzar-con-clases-extraescolares-279359

¿Es mejor trabajar sentado o de pie?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandro J. Almenar Arasanz, Profesor área de Fisioterapia, Universidad San Jorge

Chay_Tee/Shutterstock

Durante años hemos escuchado que “sentarse es el nuevo tabaco”. La frase tiene gancho, se recuerda bien y parece resumir un problema real, pero también simplifica demasiado.

Porque si sentarse fuera siempre lo peor, bastaría con levantarse. Y no es así.

Para millones de personas, trabajar de pie no es una alternativa saludable, sino una exigencia diaria: sanitarios, docentes, personal de comercio, camareros, operarios de industria o peluqueros pasan muchas horas sobre sus pies. Y eso también pasa factura.

Los trastornos musculoesqueléticos siguen siendo el problema de salud laboral más frecuente en Europa. Afectan a la espalda, al cuello, a los hombros, a las piernas y a los pies. En España, según el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, el 29 % de los accidentes laborales con baja en 2024 se debió a sobreesfuerzos físicos, y los trastornos musculoesqueléticos representaron el 78 % de las enfermedades profesionales.

El cuerpo no está hecho para quedarse quieto

Entonces, teniendo esto en cuenta, ¿es mejor trabajar sentado o de pie? Quizá estamos formulando mal la pregunta, porque, en realidad, lo importante es cuánto tiempo pasamos en cada postura y cuántas veces nos movemos durante la jornada.

El cuerpo humano tolera mal las posturas mantenidas: mientras que pasar largas horas sentado suele favorecer molestias en la zona lumbar, el cuello y los hombros, permanecer muchas horas de pie se asocia más con fatiga, dolor lumbar y sobrecarga en piernas y pies. En otras palabras, estar sentado y de pie no duele igual. Pero, desde luego, ninguna de las dos posturas resulta inocua si se prolonga demasiado.

El pie: el gran olvidado

Por otra parte, cuando hablamos de dolor laboral casi siempre pensamos en la espalda, pero el cuerpo empieza a soportar la jornada desde abajo.

El pie es la base mecánica sobre la que se apoya todo lo demás: contacta con el suelo, reparte presiones y transmite fuerzas hacia tobillo, rodilla, cadera y columna. Si esa base pasa horas trabajando sin apenas descanso, el resto de la cadena también puede resentirse.

De hecho, en un estudio reciente realizado con trabajadores de línea de montaje, una jornada completa de trabajo de pie se asoció a cambios medibles en la postura del mismo y en la distribución de las presiones plantares, además de molestias frecuentes en la zona lumbar, las rodillas y los propios pies.

En otras palabras, no todos los pies responden igual a las mismas exigencias laborales, y esa diferencia biomecánica puede influir en la aparición de molestias.

Entonces, ¿qué es mejor?

Como insiste la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA, lo más saludable suele ser alternar posturas, introducir movimiento y reducir el tiempo continuo en posiciones estáticas.

A veces buscamos soluciones llamativas: mesas elevables, “sillas milagro”, plantillas o dispositivos de moda, como correctores posturales, cojines ergonómicos o soportes lumbares prefabricados. Algunas herramientas pueden ayudar, pero ninguna compensa por sí sola una jornada mal diseñada.

La prevención real suele ser menos vistosa y más eficaz: pausas breves, rotación de tareas, ajuste del puesto, calzado adecuado, ejercicio físico y organización del trabajo que permita moverse.

En definitiva, no hace falta demonizar la silla ni idealizar estar de pie. Necesitamos entender que el organismo está hecho para cambiar, adaptarse y moverse. Cuando el trabajo nos obliga a permanecer demasiado tiempo en la misma posición, entonces es cuando empiezan los problemas.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Es mejor trabajar sentado o de pie? – https://theconversation.com/es-mejor-trabajar-sentado-o-de-pie-278680

What is the 25th Amendment and could it be used to remove Trump from office?

Source: The Conversation – Global Perspectives – By John Hart, Emeritus Faculty, US government and politics specialist, Australian National University

US President Donald Trump’s recent intemperate exchanges with the pope, his depiction of himself as a Christ-like figure and his threat to wipe out the civilisation of Iran have raised questions about his mental capacity to carry out his job.

This week, former CIA Director John Brennan joined calls for the 25th Amendment of the US Constitution to be invoked to remove Trump from the presidency, which he said was “written with Donald Trump in mind”.

So what is the 25th Amendment and how would it work?

What does the amendment say?

The amendment is designed to clarify some constitutional ambiguities in the event the president is unable to continue in the role. The first three sections of the amendment are straightforward and uncontroversial.

Section 1 simply states that if a vice president succeeds on the death or resignation of the president, they become president (that is, not merely acting president).

Section 2 provides the mechanism for filling a vacancy in the vice presidency.

Section 3 provides for the president to temporarily hand over the powers and duties of office to the vice president during a period of incapacity (for example, such as undergoing anaesthetic).

Section 4 is a much more complex and potentially difficult arrangement to relieve a president of the duties and responsibilities of office temporarily. The 25th Amendment tackles the problem of presidents who are unfit to continue in office, but don’t recognise their disability.

It is this section of the amendment that is currently making news because of the reaction to Trump’s recent social media posts and behaviour, and the efforts of some leading figures in Washington to invoke the 25th Amendment provision to remove Trump from the presidency.

The disability clause

Section 4 of the amendment works like this. The vice president and a majority of departmental heads declare to the speaker of the House of Representatives and the president pro tem of the Senate – the Senate’s second-highest ranking official – that the president is “unable to discharge the powers and duties of his office”. If approved, the vice president becomes acting president until such time as the president submits “a written declaration to the contrary.”

After that declaration is made, the president resumes the powers and duties of office unless the vice president and a majority of the heads of the executive departments challenge the president’s response within four days.

If that happens, Congress has 21 days to debate and decide the issue by a two-thirds vote of both houses.

It should be noted the amendment refers to “a majority of the principal officers of the executive departments” and not the Cabinet, as is often mentioned when the disability clause is reported in the media. Trump’s Cabinet consists of 21 members, only 15 of whom are principal officers of executive departments.

So, if the disability provision were to be implemented, the vice president would need eight of the department heads to join him.

The process also depends on the willingness of just one person – the vice president – to implement it, because the procedure doesn’t work with only a majority of the departmental heads.

Finally, even if the amendment was implemented, it wouldn’t actually remove Trump from the presidency. He would remain president, albeit relieved of the powers and duties of office for a temporary period. And JD Vance would only have the title of acting president.

How would it work in Trump’s case?

Even assuming the very unlikely possibility that Vance and eight of the 15 department heads would be willing to implement it, there would be a lot of uncertainty about how the 25th Amendment would work against Trump.

The major weakness of the amendment in Trump’s case would be the provision that allows the president to override the determination of the vice president and the majority of department heads by simply informing Congress that “no inability exists”.

No medical evidence is required, and the amendment doesn’t define “inability”.

Whatever his mental state may be, Trump is not physically disabled, so there would appear to be no physical impediment to him signing a piece of paper declaring that “no inability exists.”

The amendment doesn’t even require Congress to review the president’s “no inability exists” letter. Trump would be restored to the presidency the moment he transmitted the document.

For the process to be taken further, the vice president would have to move against Trump a second time, both houses of Congress would have to debate Trump’s mental state, and super-majorities in both chambers would be necessary to relieve Trump of his duties again. It would risk the 25th Amendment turning into a constitutional crisis.

All of this means any claim the 25th Amendment was “written with Donald Trump in mind” must be questioned. It may be appropriate for a president who is suffering major physical disabilities, such as Woodrow Wilson following his stroke in 1919, or James Garfield’s slow lingering death in 1881. But it is less well equipped to deal with a president who may or may not be mentally incapacitated but is physically able to fight back.

The 25th Amendment is about dealing with the temporary disability of a president not a method of impeaching the president by other means. Impeachment remains the only constitutional way of holding a president to account.

The Conversation

John Hart does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. What is the 25th Amendment and could it be used to remove Trump from office? – https://theconversation.com/what-is-the-25th-amendment-and-could-it-be-used-to-remove-trump-from-office-280732

Nicole Kidman is training to be a ‘death doula’. What is a death doula?

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Symon Braun Freck, PhD Candidate, School of Engineering, DeathTech Research Team, The University of Melbourne

This week, Nicole Kidman revealed she is training to become a death doula. She told an audience at the University of San Francisco it “may sound a little weird”, but she was inspired after her mother died in 2024.

Observing how her family wasn’t able to provide the support they hoped they could, Kidman wished there were “people in the world that were there to sit impartially and just provide solace and care”. This is how she came to explore the field of death doulaship.

The concept of a doula is often familiar: you might have heard of a birth doula, who supports a family through pregnancy. A death doula works in a similar capacity, as a community partner offering support to the dying.

There is no singular definition for doulas, but those within the field often describe their work as “holding space” for their client. They act as a neutral third-party, working between the family, end-of-life care professionals and funeral professionals.

Though there are training programs that offer certifications for death doulas, their work varies widely depending on the preferences of the doula and the type of assistance sought by the client.

You may have even acted as a death doula within your own community, aiding the dying or their loved ones without the official title.

A new model for dying

Dying, death and funerals were once a sacred communal process taken care of by family in the comfort of their home. As death became institutionalised, medicalised and professionalised over the late 19th and early 20th centuries, loved ones were pushed to the wayside as they did not have the proper training to care for the dead in the eyes of the industry.

By the mid 1900s, the family parlor was no longer the central meeting spot to lament over mortality, and the funeral industry as we understand it today was in full swing.

This shift slowly gave way to a host of paraprofessionals. Death doulas and death midwives, an ancient practice, reemerged in the early 2000s.

Stemming from the Greek term δούλα, meaning female servant, doulas serve as community helpers in liminal periods, most commonly birth and death. They seek to fill the gaps medical and funeral personnel are unable to attend.

Clasping hands.
Death doulas seek to fill the gaps medical and funeral personnel are unable to attend.
National Cancer Institute/Unsplash

Not everyone who acts in this role calls themselves a “death doula”. They are also known as soul guides, compassionate companions and vigilers, among other titles.

I volunteered, researched and worked in thanatology – the study of death and dying – for over a decade before completing my death doula training. The hands-on experience I gained working with death before my training program was crucial in shaping my ability to communicate about mortality.

Most people want to talk about death, but they’re faced with the conversation too late. In their most vulnerable hour, the dying and their loved ones are expected to make impossible decisions with little guidance. That’s where death doulas come in.

Easing the burden

Kidman said “as my mother was passing, she was lonely, and there was only so much the family could provide”.

While many family members are elected as surrogate decision-makers throughout the end-of-life process, it is common they feel highly uncertain about the choices they’re making.

The assistance and support of third-party advocates, like death doulas, helps ease the burden on family members and offers a neutral perspective during a vulnerable period.

I came into this work because I experienced deaths at a young age, and I understood my capacity to deal with death. Similarly to Kidman, many doulas I have interviewed came to the work after a loss of their own, with a newfound desire to share what they learned through their experience to help others in an inevitable time of need.

Death doulas can specialise their work, electing to work with pets, stillbirths, children, cognitive decline and many other types of loss.

Some doulas may enter work with a client years before a death, working on more administrative tasks like advanced care planning. Others may join right before a death occurs, focusing on sitting bedside. A third doula may specialise their work around funeral planning, coming in to help facilitate an at-home funeral.

No two doula practices are identical, just like no two deaths are identical.

If you are wondering if you should join a death doula training program, my response would be that increasing your death literacy is always beneficial, but there are many ways to get a death education.

Before diving in, explore what is drawing you to the profession and if you want to do this work for others or if you are seeking the knowledge for yourself. Both are wonderful motivations, but they could lead to different outcomes in the type of program you choose to attend or the kind of death education you seek.

We’re all going to die, and it’s never too soon to start talking about it.

The Conversation

Symon Braun Freck receives funding from the University of Melbourne as part of her research. Symon also runs a consulting firm (SBF Creative), a death-tech company (AI Death Doula), and a personal blog, all focused on thanatology. She received her death doula training from the University of Vermont. Symon is a Certified Thanatologist through ADEC and affiliated with NEDA, The Open to Hope Foundation, and Death with Dignity.

ref. Nicole Kidman is training to be a ‘death doula’. What is a death doula? – https://theconversation.com/nicole-kidman-is-training-to-be-a-death-doula-what-is-a-death-doula-280725