Los estropajos y las esponjas son un entorno perfecto para que crezcan microbios

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología, Universidad de Salamanca

Viki Pavlovna/Shutterstock

Las esponjas de baño, las bayetas y los estropajos de cocina, tan usados en el día a día, tienen un lado siniestro: proporcionan un entorno oscuro, húmedo y rico en nutrientes, ideal para la proliferación de bacterias, algunas inofensivas y otras patógenos oportunistas. De ahí que constituyan una fuente importante, aunque a menudo subestimada, de contaminación doméstica en cocinas y baños.

Eso no impidió que el mercado mundial de esponjas y estropajos alcanzase un valor de 5 700 millones de dólares en 2025. Es más, se prevé que llegue a los 7 200 millones de dólares en 2034.

¿Cómo es posible que estos artículos de limpieza estén contaminados, si los “lavamos” continuamente? Muy sencillo: una vez que los microorganismos entran en contacto con ellos, encuentran condiciones favorables para su persistencia y multiplicación, con la presencia constante de humedad, temperatura benigna y, especialmente, de residuos orgánicos (nutrientes para los microbios) provenientes de alimentos, productos cosméticos o residuos corporales.

La temperatura del agua caliente que utilizamos para fregar o ducharnos, y que, para evitar achicharrarnos las manos o el cuerpo, rara vez supera los 40 °C o 45 °C, no es suficiente para eliminar los microbios de las esponjas y de los estropajos.

Húmedos y porosos

No podemos obviar que la estructura de una esponja o de un estropajo proporciona numerosos espacios pequeños donde los microbios pueden adherirse, refugiarse y multiplicarse. El ambiente húmedo y poroso de un estropajo de cocina crea una incubadora ideal para esos microorganismos, permitiendo que la densidad alcance hasta 54 000 millones de bacterias por centímetro cúbico.

Varios autores han analizado los estropajos utilizados en cocinas domésticas, informando de un alto nivel de contaminación por patógenos como Salmonella spp, Staphylococcus aureus, Campylobacter spp, Moraxella spp., Enterobacter cloacae, Escherichia coli, Klebsiella oxytoca, Cronobacter sakazakii o Listeria monocytogenes. En concreto, un análisis realizado en 1997 en 10 cocinas estadounidenses encontró que el 33 % de los estropajos analizados fueron positivos para Escherichia coli y el 67 % para coliformes fecales. Y también hay evidencias de que E. coli, Salmonella y Staphylococcus aureus pueden sobrevivir y persistir hasta 16 días en un estropajo de cocina y hasta 13 días en bayetas de microfibra.

El uso de un estropajo contaminado puede propagar bacterias por las superficies de la cocina, incluyendo mesas, utensilios y platos. El riesgo aumenta al limpiar los jugos de la carne cruda; por ejemplo, del pollo.

Esto resulta inquietante si tenemos en cuenta que un estudio realizado en 2020 sobre la calidad microbiológica de los estropajos utilizados en residencias universitarias reveló que los estudiantes los usaban para lavar artículos como cubiertos, platos y vasos, pero también para limpiar el horno (32 %), el fregadero (26 %), el frigorifico (10 %) e incluso derrames en el suelo (4 %). Y que, además de estar repletos de bacterias patógenas humanas, muchas de ellas fueron resistentes a antibióticos como la amoxicilina, la cefalotina, la cefoxitina y el cefuroxima-axetilo.

Los paños de cocina no son mucho mejores

Por otra parte, un trabajo publicado en 2025 reveló una contaminación generalizada en la evaluación microbiana de 50 muestras de paños de cocina recolectados de hogares en el distrito de Hyderabad de Pakistán. Casi todos dieron positivo para diversos microorganismos: 98 % para bacterias coliformes, 84 % para Staphylococcus aureus, 82 % para Vibrio cholerae, 74 % para Shigella, 54 % para Salmonella, 54 % para Escherichia coli y 26 % para Pseudomonas aeruginosa. En un estudio realizado hace más de dos décadas, se demostró que los paños de cocina incluso podían transferir más bacterias que los estropajos.

Los resultados de una encuesta aplicada en seis países europeos revelaron que el 16 % de los usuarios mantiene prácticas de riesgo, tales como limpiar jugos de carne cruda con el paño de cocina, no cambiarlo inmediatamente y no colgarlo para que se seque.

Los paños que se guardan arrugados retienen la humedad y permiten una rápida multiplicación de Salmonella y una mayor persistencia de Campylobacter. Por el contrario, colgar los paños extendidos para que se sequen reduce significativamente la carga bacteriana, independientemente del material del que estén hechos.

Cortinas, esponjas y patitos de goma en el baño

Las esponjas de lufa, utilizadas para la limpieza y la exfoliación de la piel, son un accesorio común en la ducha, y han sido relacionadas con infecciones de la piel y los tejidos blandos, debido a su capacidad para albergar bacterias patógenas como Streptococcus pyogenes y causar microtraumatismos en la piel. Las cortinas de ducha de vinilo también son propensas a acumular microbios. En cuanto a los patitos de goma que hacen que la hora del baño sea tan divertida para los más pequeños, en su interior pueden contener hasta 9,5 millones de bacterias por centímetro cuadrado.

Lavado en el lavavajillas

Tenga en cuenta que un ciclo de lavado con agua caliente en la lavadora ayuda a limpiar a fondo las bayetas y los paños de cocina, facilitando la eliminación de los microbios.

Reducir el crecimiento microbiano en las esponjas y en los estropajos no requiere métodos de desinfección complicados. Algunos estudios sugieren que basta con aplicar algunas medidas sencillas, como limpiar las esponjas y estropajos de cocina con cloro (lejía), hervirlos o lavarlos en el lavavajillas con un programa intensivo. No obstante, recuerde que también es conveniente renovar y reemplazar con regularidad nuestros estropajos y esponjas, sobre todo si están visiblemente sucios o desprenden un olor desagradable.

The Conversation

Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Los estropajos y las esponjas son un entorno perfecto para que crezcan microbios – https://theconversation.com/los-estropajos-y-las-esponjas-son-un-entorno-perfecto-para-que-crezcan-microbios-284967

El mito del virus amable: por qué la evolución no garantiza patógenos más benignos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isidoro Martínez González, Científico Titular de OPIs, Instituto de Salud Carlos III

vectorfusionart/Shutterstock

Durante la pandemia de covid-19 caló profundamente en la sociedad una idea tan extendida como reconfortante: que la evolución haría que el virus fuera cada vez más contagioso, pero menos peligroso. A primera vista, el razonamiento parece impecable. Si un virus mata a su huésped de forma fulminante, la cadena de transmisión se trunca. Por tanto, la lógica dicta que un virus inteligente debería atenuarse para permitir que el enfermo mantenga su movilidad y, así, disemine el patógeno.

Sin embargo, la biología nos demuestra que esta es solo una de las muchas posibilidades. La evolución es un proceso ciego que no tiene un propósito definido, ni premia a los virus buenos o compasivos. Simplemente, la selección natural favorece a aquellos organismos que logran dejar más copias de sí mismos, lo que conocemos como eficacia biológica.

Dependiendo de la ecología de cada patógeno, maximizar ese éxito reproductivo a veces conlleva una menor virulencia, pero en muchas otras ocasiones exige exactamente lo contrario.

El dilema del compromiso evolutivo

La pregunta crucial es qué combinación de transmisión y daño maximiza el éxito reproductivo.

Para responder a esta pregunta, la ciencia recurre a la hipótesis del compromiso evolutivo. Un virus que se replica mucho puede alcanzar altas cargas virales y transmitirse con facilidad, pero también puede producir más daño. Si ese daño inmoviliza o mata al huésped antes de que contagie a otros, la selección natural favorecerá variantes menos virulentas.

Sin embargo, si la transmisión ocurre antes de la enfermedad grave, la virulencia posterior apenas supone un coste evolutivo. En ese caso, no hay presión clara hacia la benignidad.

Cuando hacer menos daño es ventajoso

Existen, por supuesto, evidencias de casos en los que hacer menos daño ayuda a una mejor transmisión. El ejemplo paradigmático es el virus de la mixomatosis en los conejos. Al introducirse una cepa altamente letal en Australia para controlar las plagas de conejos, su virulencia disminuyó rápidamente. Las cepas de virulencia intermedia triunfaron porque los conejos sobrevivían lo suficiente para que los mosquitos que los picaban difundieran el virus.

El VIH ilustra este mismo principio. Una carga viral elevada facilita la transmisión, pero acelera el colapso inmunitario, por lo que la selección natural favorece una virulencia intermedia.

Tanto el virus de la mixomatosis como el VIH ofrecen claros ejemplos de cómo opera el compromiso evolutivo. Las cepas de virulencia intermedia ganan porque producen más infecciones secundarias a lo largo de la vida infecciosa del hospedador. Las más patológicas eliminan al hospedador demasiado rápido. Por el contrario, las menos patológicas no se replican o transmiten lo suficiente.

Recientemente, la variante ómicron del SARS-CoV-2 pareció confirmar el mito de la atenuación al propagarse con enorme facilidad y presentar un menor riesgo de ingreso en la UCI. Sin embargo, la realidad es que el patógeno se topó con un paisaje inmunológico distinto: una población con robustas defensas por vacunas e infecciones previas. Su impacto real resultó de una compleja interacción inmunológica, no de una regla universal hacia la inocuidad.

Por qué más contagioso no significa más leve

La otra cara de la moneda nos demuestra que una mayor transmisibilidad no equivale a una menor virulencia. El propio SARS-CoV-2 evidenció que los virus no siempre se vuelven más leves: las variantes alfa y delta fueron más transmisibles, pero también aumentaron significativamente el riesgo de ingreso hospitalario y muerte.

La clave reside en la “ventana de transmisión”: si un patógeno se transmite eficientemente antes de causar una enfermedad grave, la selección natural es completamente ciega a la letalidad posterior. En la covid-19, los contagios ocurren días antes del colapso respiratorio. Esta separación temporal anula cualquier presión selectiva hacia una menor virulencia y al virus le es indiferente el destino final del paciente si ya ha saltado a otro huésped.

Asimismo, la ecología de la transmisión explica por qué patógenos letales como el ébola mantienen brotes devastadores. Su contagio a través de fluidos se ve facilitado por contextos sanitarios precarios, donde la alta letalidad no impide la propagación.

La letalidad es cosa de dos: el papel determinante del huésped

Debemos comprender, además, que la letalidad no es un rasgo inmutable del genoma viral, sino el resultado de una interacción con el huésped. Aquí entran en juego otros factores como edad, inmunidad y la atención médica. Por ello, es crucial distinguir entre transmisibilidad, la virulencia intrínseca y la letalidad observada.

A menudo, la patología grave se desarrolla en órganos que no participan en la transmisión. La poliomielitis lo ilustra a la perfección: el virus se replica en el intestino, lo que facilita su propagación asintomática. Sin embargo, la temida parálisis ocurre solo si invade el sistema nervioso, un callejón sin salida anatómico que no ofrece ninguna ventaja para el contagio.

La salud pública no puede depender del azar

Cuando un virus, nuevo o no, se convierte en un problema de salud pública, es una grave imprudencia epidemiológica asumir que sus futuras variantes serán más leves.

No podemos esperar que la selección natural haga el trabajo de la salud pública. Por ello, instituciones como la OMS insisten en la vigilancia genómica continua de virus como el SARS-CoV-2. Medidas preventivas como vacunar o ventilar reducen la circulación del patógeno, quitándole billetes de lotería para explorar mutaciones peligrosas.

Debemos desterrar el mito del final feliz garantizado. Los virus no tienen intenciones ni evolucionan para convivir pacíficamente con nosotros, su única directriz es seguir circulando. A veces eso los hace más amables. Muchas otras veces, no.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. El mito del virus amable: por qué la evolución no garantiza patógenos más benignos – https://theconversation.com/el-mito-del-virus-amable-por-que-la-evolucion-no-garantiza-patogenos-mas-benignos-283223

Nuevo prefijo para identificar las llamadas comerciales: ¿cómo puede afectar a las empresas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Sáez Ortuño, Profesora Dept. Empresa, Universitat de Barcelona, Universitat de Barcelona

PerfectWave/Shutterstock

La forma en que se regulan las llamadas comerciales en España ha ido cambiando, y si hasta ahora se prohíbe usar números de teléfonos móviles y se pide el consentimiento de la gente, desde octubre de 2026, por ley, todas las llamadas comerciales deberán usar el prefijo 400. De este modo se aporta más transparencia al sector, pero también podría afectar al empleo y a la actividad económica.

Un sector de peso para el empleo

En España, el sector de los centros de llamadas mueve casi 4 800 millones de euros al año y da trabajo a unas 120 000 personas. Además, su actividad sirve a muchos otros sectores, como telecomunicaciones, banca, seguros y servicios.

Pero en los últimos años su productividad ha decrecido. En 2024 el empleo bajó un 5,16 % y cayó la facturación. La causa fue la deslocalización y la automatización de las llamadas. Las nuevas reglas podrían agravar estas tendencias.

El efecto rechazo: menos respuesta por la identificación

El principal riesgo del prefijo 400 es económico. Nace del llamado efecto etiqueta: al ver que una llamada es comercial, la gente no la coge. Da igual si la llamada puede serle útil o no.

  1. Si los call centers contactan menos con los clientes producirán menos, lo que implicaría menos ingresos. Eso llevaría a recortar gastos y, en un sector donde los sueldos pesan mucho, esto se traduciría en menos empleo.

  2. La incertidumbre puede acelerar cambios ya en marcha como, por ejemplo, un mayor uso de los canales digitales o el traslado de los centros a otros países.

  3. Los centros de llamadas ayudan a vender y dan servicio a muchos sectores. Si su eficacia baja al punto de reducir los ingresos de las empresas, la actividad económica total también caería y, por tanto, los impuestos recaudados.

De hecho, la Asociación Española de Expertos en la Relación con Clientes (AEERC) ha recurrido esta norma ante la Audiencia Nacional. Sostiene que puede causar un “daño irreversible”: al estigmatizar las comunicaciones empresariales reduciría la respuesta de los clientes. Incluso la de aquellos que, con la normativa actual, ya otorgaron su permiso expreso.

La experiencia chilena

En 2025, Chile introdujo un sistema de prefijos obligatorios para distinguir llamadas comerciales solicitadas (600) de no solicitadas (809). El objetivo era dar más transparencia a los contactos comerciales y frenar el riesgo de fraude. Pero su aplicación también ha tenido efectos negativos:

Dado que el aumento de los impagos por la dificultad para contactar con los clientes deudores altera las cuentas de las empresas y limita su disponibilidad de crédito, tras un fallo de la Corte Suprema chilena, en mayo de 2026 las llamadas de cobranza quedaron fuera de la obligación legal de identificar las llamadas comerciales.

Hacia un enfoque más equilibrado

La pregunta no es si regular el sector, sino cómo hacerlo. La experiencia chilena ofrece algunas ideas:

  • Segmentar las llamadas según su finalidad (comercial, informativa o contractual) para definir cuáles quedan sujetas al uso del prefijo comercial.

  • Usar listas blancas, que señalan qué emisores son de confianza, ofrece más transparencia a los clientes y evita el fraude.

  • Desarrollar distintos canales de comunicación (teléfono, correo, canales digitales) para el contacto con los clientes.

Debe haber un equilibrio entre los intereses de clientes y empresas para que menos llamadas molestas no impliquen peores resultados para las empresas, con el riesgo de que haya menos crecimiento económico.

The Conversation

Laura Sáez Ortuño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Nuevo prefijo para identificar las llamadas comerciales: ¿cómo puede afectar a las empresas? – https://theconversation.com/nuevo-prefijo-para-identificar-las-llamadas-comerciales-como-puede-afectar-a-las-empresas-284918

¿Dónde están las geólogas y paleontólogas en los libros divulgativos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dánae Sanz Pérez, Investigadora postdoctoral en Paleontología, Universidad Complutense de Madrid

Ilustración de las tres geólogas de países hispanohablantes mencionadas en los libros de divulgación analizados. De izquierda a derecha: Adriana Ocampo (Colombia), Carmina Virgili (España) y María Fernanda Campa Uranga (México). Dánae Sanz Pérez.

Marie Curie, Rosalind Franklin o Jane Goodall forman parte del imaginario colectivo cuando pensamos en mujeres científicas. Sus historias aparecen en libros, documentales y materiales educativos de todo el mundo. ¿Pero a cuántas geólogas o paleontólogas podríamos nombrar?

La dificultad no se debe a que no existan. A través del tiempo, mujeres de todo el mundo han realizado contribuciones fundamentales para comprender el pasado de la Tierra, los procesos que la modelan y la evolución de la vida en nuestro planeta. Sin embargo, sus nombres rara vez llegan al público general.

Es un hecho con implicaciones más allá de la mera curiosidad estadística, si tenemos en cuenta que la divulgación científica es un puente entre la ciencia y la comunidad. No solo acerca el conocimiento al público, también define qué historias se cuentan, qué referentes se visibilizan y, finalmente, a quiénes reconocemos como protagonistas de los avances científicos.

Es importante, entonces, que los contenidos que se comunican sean inclusivos y representen la diversidad de voces que conforman la ciencia. No obstante, los resultados de nuestro estudio muestran que la representación de las científicas en los principales libros de divulgación está marcada por fuertes desequilibrios disciplinarios, geográficos y lingüísticos.

Ciencia contada desde una mirada poco realista

En nuestra investigación, identificamos 194 científicas de 18 disciplinas diferentes, aunque no todas ocupaban el mismo espacio.

La medicina, la biología, la astronomía y las matemáticas concentran cerca de la mitad de los nombres presentes en los libros analizados. En cambio, en disciplinas como la geología y la paleontología apenas aparecen: para ser exactos, solo había 14 geólogas y tres paleontólogas.

La situación es especialmente llamativa en paleontología. La mayoría de los libros recurren a una misma figura: Mary Anning (1799-1847), conocida en todo el mundo por sus importantes hallazgos de los lechos marinos del período Jurásico en la localidad inglesa Lyme Regis, donde vivía. Su importancia histórica es indiscutible, pero una disciplina no puede resumirse en un solo nombre.

Otras investigadoras cuyos trabajos han sido trascendentales para la ciencia apenas se citan o están completamente ausentes. Por ejemplo, ninguno de los libros mencionó a Tilly Edinger, pionera del estudio de los cerebros fósiles o paleoneurología; a Elisabeth Vrba, reconocida por sus estudios que trasformaron la comprensión de la evolución, o a Mary Leakey, responsable de algunos de los hallazgos más importantes sobre evolución humana del siglo XX.

El idioma también marca diferencias

Los desequilibrios en la representación no afectan solo a las disciplinas. También encontramos un claro sesgo geográfico. Así, la mayoría de las científicas destacadas en los libros de divulgación provienen de países angloparlantes –Estados Unidos y el Reino Unido–. Solo el 5,7 % procede de países hispanohablantes.

Esta concentración geográfica refuerza la idea de que el conocimiento científico solo se genera en ciertas regiones y en determinados idiomas. Además, limita la diversidad de referentes disponibles para niñas y jóvenes, dificultando que encuentren modelos cercanos a su realidad cultural, lingüística o geográfica.

¿Dónde están las paleontólogas y geólogas hispanohablantes?

La brecha, de nuevo, es más evidente en las geociencias. Entre las 14 geólogas identificadas, solo tres proceden de países hispanohablantes: Adriana Ocampo (Colombia), Carmina Virgili (España) y María Fernanda Campa Uranga (México).

La situación es todavía más extrema en paleontología, ya que no encontramos ninguna paleontóloga hispanohablante en los libros de divulgación. Esta ausencia no refleja la realidad de la disciplina. América Latina y España cuentan con investigadoras reconocidas internacionalmente. Algunos ejemplos son la argentina Zulma Brandoni de Gasparini, la colombiana María Páramo Fonseca o la española Asunción Linares.

El problema, por tanto, no es la falta de referentes, sino que sus nombres permanecen invisibles para el público general.

La divulgación también puede reproducir sesgos

No debemos olvidar que la divulgación científica, además de acercar la investigación a la sociedad, influye en la imagen que construimos sobre la ciencia.

Los libros no solo explican descubrimientos. También muestran quién hace ciencia, desde dónde se produce conocimiento, qué disciplinas consideramos importantes y qué historias merecen ser recordadas. Estas narrativas son especialmente importantes durante la infancia y la adolescencia, etapas en las que se identifican vocaciones y se construyen referentes que ayudan a imaginar posibles trayectorias profesionales. Cuanto más diversos son esos modelos, más oportunidades existen para que niñas y jóvenes se vean reflejadas en ellos.

El objetivo de nuestro trabajo es resaltar el rol social de los contenidos divulgativos para, a partir de ello, reflexionar sobre quiénes se quedan fuera de estos relatos y con qué consecuencias. Cuando son excluidas determinadas disciplinas, países o idiomas, también se limita la diversidad de historias y trayectorias que integran esa imagen.

Para contribuir a cambiar esta situación, hemos puesto en marcha una base de datos abierta de paleontólogas de países hispanohablantes. La iniciativa busca reunir trayectorias, líneas de investigación y contextos geográficos diversos. Para ello, se ha habilitado un formulario abierto, dirigido a mujeres de esta disciplina.

Y es que las paleontólogas hispanohablantes existen y han realizado contribuciones fundamentales al conocimiento científico. El reto ahora es que sus historias también formen parte de los relatos divulgativos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Dónde están las geólogas y paleontólogas en los libros divulgativos? – https://theconversation.com/donde-estan-las-geologas-y-paleontologas-en-los-libros-divulgativos-284595

‘Weekendismo’: así es la tendencia que ha convertido los fines de semana en días agotadores

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sandra Bravo Durán, Socióloga y Doctora en Creatividad Aplicada, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Zhenny-zhenny/Shutterstock

El jueves por la tarde cambia algo en el ambiente. Los grupos de WhatsApp empiezan a llenarse de mensajes sobre escapadas, brunches, cenas o rutas improvisadas. El viernes ya no parece exactamente un día laboral, sino una transición emocional hacia otra vida más deseable. Y el domingo, casi siempre demasiado pronto, aparece esa mezcla extraña de ansiedad, cansancio y frustración difusa: el fin de semana tampoco ha sido suficiente.

Quizá llevamos años viviendo bajo una lógica contemporánea que apenas habíamos nombrado: el weekendismo. Aunque el término pueda sonar reciente, en realidad fue utilizado ya en 1963 por el antropólogo Theron Núñez para describir el turismo de fin de semana de las clases urbanas hacia pequeños pueblos y zonas rurales cercanas. Pero hoy el fenómeno parece haber adquirido una dimensión mucho más profunda.

El weekendismo contemporáneo ya no consiste únicamente en viajar durante el fin de semana. Consiste, sobre todo, en convertir el tiempo libre en un espacio de rendimiento emocional, social y simbólico. Dicho de otro modo, el fin de semana ha dejado de funcionar como pausa para convertirse en proyecto.

El descanso ahora también es una tarea

El sociólogo Hartmut Rosa lleva años explicando cómo la aceleración se ha convertido en una de las lógicas centrales de la vida contemporánea. Vivimos atrapados en una sensación permanente de falta de tiempo, intentando aprovechar cada minuto mientras sentimos, paradójicamente, que nunca llegamos a nada. Y esa aceleración ya no afecta solo al trabajo: también organiza el descanso.

En apenas 48 horas intentamos recuperar sueño, vida social, bienestar físico, cultura, ocio y autocuidado: hacer deporte, quedar con amigos, descubrir restaurantes, escaparse a otra ciudad, leer o, simplemente, desconectar.

La paradoja es evidente: el ocio empieza a parecerse demasiado al trabajo. Hay personas agotadas no solo por trabajar demasiado, sino por intentar tener un fin de semana a la altura de internet. Descansar ya no significa detenerse, sino seguir produciendo una versión deseable de uno mismo.

El bienestar convertido en identidad

El filósofo y ensayista surcoreano Byung-Chul Han explicaba en La sociedad del cansancio que hemos pasado de una sociedad disciplinaria a una sociedad del rendimiento donde el individuo ya no se siente obligado desde fuera, sino impulsado constantemente a optimizarse desde dentro.

Esa lógica va más allá del trabajo: afecta al cuerpo, las relaciones, el descanso y el ocio. Incluso el bienestar parece haberse convertido en una tarea productiva.

El auge global de la llamada wellness economy refleja precisamente esta transformación. Según el Global Wellness Institute, la economía mundial del bienestar ya superó los seis billones de dólares en 2023. Running clubs, pilates, mindfulness, journaling o entrenamientos como Hyrox funcionan cada vez más no solo como prácticas saludables, sino también como símbolos culturales asociados a disciplina, autocuidado y estatus aspiracional. El bienestar deja de ser únicamente bienestar: se convierte también en identidad.

Algo parecido sucede con la gastronomía, el deporte o el turismo. Las escapadas exprés, los brunches virales o determinados rituales contemporáneos del ocio funcionan cada vez más como formas de construir una narrativa visible de una vida interesante.

El economista y sociólogo estadounidense Thorstein Veblen, célebre por fundar la escuela institucionalista, observó a finales del siglo XIX cómo el ocio podía actuar como forma de exhibición social. Hoy esa exhibición se ha intensificado radicalmente a través de las redes sociales.

Más que interrumpir la lógica productiva, el ocio actual simplemente la disfraza de bienestar, autocuidado y autenticidad.

Vivir… y que parezca que vivimos bien

Además de vivir el fin de semana, ahora se documenta y se comparte. Gran parte de nuestra vida social funciona como una representación teatral: actuamos, construimos escenas y gestionamos constantemente la imagen que proyectamos hacia los demás.

Como consecuencia, el descanso contemporáneo también se estetiza. El café del domingo ya no es solo un café: es el matcha en una taza minimalista, el libro estratégicamente colocado sobre la mesa y la luz natural entrando por la ventana. El paseo debe parecer cinematográfico.
Incluso quedarse en casa necesita ahora cierta estética para resultar deseable.

Conceptos como aesthetic, main character energy o la romantización de la vida cotidiana reflejan precisamente cómo las redes sociales han transformado el ocio en narrativa visual aspiracional. Disfrutar el fin de semana se nos queda corto: debe parecer visualmente atractivo, equilibrado e interesante a ojos de los demás.

Basta abrir TikTok o Instagram un domingo por la mañana para encontrar una repetición casi coreografiada de rituales contemporáneos: cafés estéticos, carreras grupales, comidas fotogénicas, escapadas rápidas o rutinas de autocuidado convertidas en contenido visual. Hashtags como #slowliving –vida pausada o lenta–, #thatgirl –en redes sociales se utiliza para describir a una mujer que parece tener su vida perfectamente organizada, que es exitosa, se viste bien y mantiene hábitos saludables–, #weekendvibes –ambiente de fin de semana– o #romanticizeyourlife –convierte tu vida en algo romántico– acumulan millones de visualizaciones, mostrando una vida aparentemente pausada y consciente que, paradójicamente, exige una enorme producción estética constante.

Y es la pescadilla que se muerde la cola, porque deseamos no solo aquello que necesitamos, sino aquello que observamos constantemente en nuestro entorno social y digital.

La desaparición de la pausa

Ahí aparece una de las grandes contradicciones contemporáneas. Pasamos gran parte de la semana soñando con la libertad del fin de semana. Pero cuando finalmente llega ese tiempo libre, solemos ocuparlo siguiendo deseos, ritmos y aspiraciones que no hemos elegido completamente nosotros. Como advertia Jonathan Crary en 24/7: Capitalismo tardío y el fin del sueño, los espacios improductivos están desapareciendo.

Diversas investigaciones en psicología y comportamiento digital muestran además una creciente intolerancia contemporánea al tiempo vacío, al tiempo improductivo, que empieza a percibirse como tiempo desperdiciado. Hasta el descanso parece exigir ahora cierta utilidad: recuperarse, optimizarse, reconectar, mejorar hábitos o producir bienestar visible. El domingo ya no termina con descanso, sino muchas veces con la sensación de haber gestionado mal el tiempo libre.

Lo revolucionario ahora es recuperar formas de ocio que no necesiten productividad ni validación. Pasear sin objetivo. Escuchar música sin mirar el móvil. Tomar un café mirando por la ventana. Leer sin convertirlo en contenido. Quedarse en casa sin sentir culpa.

Quizá el verdadero lujo contemporáneo ya no sea viajar más, consumir más experiencias o llenar la agenda de planes, sino recuperar algo mucho más simple y cada vez más escaso: la posibilidad de descansar sin sentir que deberíamos estar haciendo algo mejor. Sin que los fines de semana sean otra forma más de rendimiento.

The Conversation

Sandra Bravo Durán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ‘Weekendismo’: así es la tendencia que ha convertido los fines de semana en días agotadores – https://theconversation.com/weekendismo-asi-es-la-tendencia-que-ha-convertido-los-fines-de-semana-en-dias-agotadores-283635

¿Quién tomará el relevo de la pesca europea? La ciencia alerta de un problema silencioso

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lluís Miret Pastor, Catedrático de Economia Aplicada, Universitat Politècnica de València

jef77/Shutterstock

Pasear por el muelle y fotografiar las barquitas nos gusta y nos proporciona una indescriptible sensación de autenticidad. Pero ¿cuánto tiempo más se podrá disfrutar de las barcas y de los pescadores en los puertos españoles?

España tiene un problema con la pesca o, mejor dicho, muchos problemas. A menudo se habla de los impactos medioambientales y se responsabiliza a los pescadores de buena parte de los males que sufre el mar. En otras ocasiones, se pone el foco en los elevados precios del pescado y en los cambios de hábitos de consumo que, progresivamente, alejan a sus consumidores de la dieta mediterránea. Ahora bien, de lo que se habla muy poco es de los pescadores.

La pesca a pequeña escala está muriendo

Podemos discutir la velocidad, las causas o, simplemente, no hacer nada. Pero no hace falta ningún estudio estadístico para darse cuenta de que la flota pesquera española se ha reducido de manera drástica y continua desde, al menos, los años ochenta.

No es sencillo encontrar datos históricos, pero algunas cifras son muy reveladoras: entre 1990 y 2023 el número de barcos pesqueros en España ha caído un 57 %, y solo entre 2008 y 2021 el número de pescadores ha disminuido un 31 %.

En la actualidad, en España hay unos 31 000 pescadores, de los cuales unos 24 000 lo son a tiempo completo. Algunas estimaciones indican que hace pocas décadas podían superar los 100 000.

Hacerse a la mar con más de 45 años

El análisis de la edad confirma esta tendencia: la edad media de los pescadores es de 45 años, muy elevada, y solo la incorporación de emigrantes ha contribuido a paliar parcialmente el problema.

Aun así, la pesca tiene un problema muy grave de relevo generacional. No hay jóvenes que quieran hacerse a la mar. Las causas son múltiples: las duras condiciones laborales, las dificultades de acceso a la profesión, su imagen social, la irregularidad en los ingresos. Todo esto, además, en un contexto de crisis general del sector primario.

Este problema no es exclusivo del Mediterráneo ni de España. Se trata de una situación compartida, como mínimo, con el resto de la Unión Europea. Las cifras en el resto de países son similares o incluso peores. De hecho, solo tres países en la UE tienen más de 10 000 pescadores a tiempo completo (España, Italia y Grecia).

Los problemas del mar, más allá de la sobreexplotación pesquera

Alguien podría pensar que muerta la pesca, muerta la sobreexplotación pesquera y que, a partir de ahí, las especies marinas se recuperarán y el mar volverá a estar vivo, precioso y lleno de peces.

Desgraciadamente, la realidad no es tan sencilla. Los problemas del mar no provienen solo de la pesca: también hay vertidos, residuos, plásticos, acidificación, calentamiento, De hecho, en este contexto, es posible que pronto oigamos hablar de especies invasoras que entran desde el mar Rojo por el canal de Suez y se adaptan a un mar que ya no es tan frío.




Leer más:
Catástrofe invisible: peces invasores en los ríos mediterráneos


Paralelamente, la creciente popularidad del concepto de economía azul (sostenible y centrada en la gestión, uso y conservación de los recursos marinos y costeros) es un indicador claro de que la atención de la economía y de la geopolítica está puesta en la explotación de los mares y océanos. Cada vez habrá más intereses y más actores involucrados –energía eólica marina, transporte comercial, minería submarina, turismo, acuicultura– y, en consecuencia, una presión creciente sobre los recursos marinos.

Una política pesquera rigurosa y con criterio

La pesca tiene una responsabilidad medioambiental importante, especialmente en lo que respecta a las poblaciones de peces. En cualquier caso, en la Unión Europea, las medidas de control sobre las pesquerías han sido muy estrictas durante las últimas décadas. Se pueden discutir los resultados obtenidos –que varían según las especies y las regiones–, pero hay consenso sobre la necesidad de una política pesquera rigurosa y basada en criterios científicos.

De hecho, allí donde se aplica con coherencia, suele haber resultados. Son muchas y variadas las medidas aplicadas a nivel europeo: establecimiento de cuotas y límites de captura, planes plurianuales de gestión, limitación de días de actividad, prohibición de los descartes, aumento del control y la supervisión, o la creación de áreas marinas protegidas.

No obstante, muchos pescadores se sienten como los grandes damnificados de estas políticas, sometidos a una avalancha de restricciones, requisitos burocráticos y a una persistente sensación de señalamiento.

Mientras la política pesquera europea continúe midiendo el éxito exclusivamente en términos de biomasa y cuotas, sin integrar la dimensión social y cultural del sector, el declive continuará.

¿Quién pesca ahora y dónde?

A menudo, desde el propio sector se señala la Política Pesquera Común como una de las principales responsables de la caída sostenida de la pesca en la Unión Europea desde los años ochenta.

De hecho, a escala mundial no se ha producido una reducción similar: globalmente se pesca una cantidad comparable, lo que ha cambiado es quién pesca. De hecho, cabe preguntarse por los efectos globales que tiene la pesca europea, cuando hoy los barcos europeos representan menos del 2 % de los barcos globales. Europa solo es capaz de autoabastecerse con productos del mar en un 38 % y, solo entre 2013 y 2022, el déficit comercial en productos del mar creció un 56 %. Con estos datos, resulta inevitable preguntarse si el rumbo actual tiene mucho sentido.

Para concluir

Está muy bien –y es necesario– tener altos niveles de exigencia en términos medioambientales y de seguridad, pero, sobre todo en el medio marino, los problemas medioambientales son, por definición, globales.

Se está desmantelando la pesca europea. Quizás en un futuro no demasiado lejano no exista en Europa la pesca a pequeña escala y dependa de terceros países para seguir comiendo pescado. Esto implicará no tener ninguna capacidad de influencia sobre cómo se pesca ni con qué criterios. Y, de paso, se corre el riesgo de perder una parte significativa de la identidad y la cultura europeas.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Quién tomará el relevo de la pesca europea? La ciencia alerta de un problema silencioso – https://theconversation.com/quien-tomara-el-relevo-de-la-pesca-europea-la-ciencia-alerta-de-un-problema-silencioso-282170

Cómo responden a la misma pregunta de examen ChatGpT, Gemini y Claude, las tres IA más usadas del mundo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Esteban Vázquez-Cano, Catedrático de Universidad (Facultad de Educación), UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

Munthita/Shutterstock

Probemos algo sencillo. Demos a ChatGPT, Gemini y Claude la misma pregunta de un examen real de universidad y pidámosles que respondan en español, con el mismo tono y la misma extensión. ¿Qué esperaríamos?

Lo normal sería pensar que responderán de forma parecida. Al fin y al cabo, las tres producen textos fluidos, ordenados y aparentemente correctos. Pero la pregunta interesante no es solo si escriben bien. Es otra: ¿construyen igual las frases? ¿Organizan igual las ideas? ¿Usan los mismos patrones gramaticales? ¿Nos ayudan a pensar o nos empujan, sin notarlo, hacia una forma concreta de escribir?

La respuesta, según una investigación comparativa desarrollada por el Grupo de Investigación RADTE, de la UNED, es que no. ChatGPT, Gemini y Claude pueden parecerse en la superficie, pero difieren en cómo organizan el discurso. Y esto es importante.

Organizar una idea

Cuando leemos un texto generado por inteligencia artificial solemos fijarnos en si suena bien. Pero para entender qué hace cada modelo con esa misma pregunta hay que mirar otra cosa: cómo organiza una misma idea.

En nuestra investigación, hicimos una comparación controlada muy sencilla. Analizamos 90 textos académicos en español, 30 de ChatGPT, 30 de Gemini y 30 de Claude. Para que la comparación fuera justa, los tres trabajaron con el mismo prompt (el comando o petición que se realiza a la herramienta), el mismo texto de partida, el mismo registro y sesiones independientes.

En este sentido, una de las tareas fue responder una pregunta real de un examen de cuarto curso del Grado en Pedagogía de la UNED, a partir del mismo material que habían utilizado los estudiantes. La pregunta abordaba qué es y cuáles son las funciones de la dirección de los centros educativos, una pregunta pertinente para los estudiantes de Pedagogía. Aunque las tres respuestas parecían correctas a primera vista, no organizaban igual la explicación. Veamos el ejemplo:

1. ChatGPT: suma acciones con frecuencia en tríos

Respuesta a la pregunta de examen: “La dirección del centro coordina equipos, organiza recursos y supervisa acuerdos para mantener la actividad diaria, atender incidencias y sostener una línea común de trabajo”.

Aquí domina la coordinación: varios verbos en serie, enlazados por “y”, con avance por acumulación.

2. Gemini: ordena y delimita mejor el concepto

Respuesta a la pregunta de examen: “La dirección del centro, entendida como la función que articula la gestión pedagógica con la organización institucional, permite distribuir responsabilidades y sostener un proyecto compartido que dé coherencia a las decisiones”.

Aquí la diferencia se nota en la especificación: “que articula” y “que dé coherencia” no solo añaden información, sino que delimitan mejor el concepto.

3. Claude: matiza, contrasta y condiciona

“La dirección del centro resulta eficaz cuando coordina al profesorado, pero también cuando crea condiciones para que los equipos revisen sus decisiones y ajusten la respuesta educativa a cada contexto”.

Aquí manda el matiz: “cuando” y “pero también cuando” introducen una escritura más argumentativa y orientada al encaje entre ideas.

Lo que se analizó fue la salida directa de cada sistema.

Para entenderlo no hace falta imaginar una máquina “pensando”. Basta con leer el texto como una redacción en clase. Hay quien suma ideas, quien explica causas y quien llena la frase de matices. Ninguna opción es mejor por sí sola, pero todas cambian la manera de explicar y argumentar. Con la IA ocurre lo mismo: no importa solo qué dice, sino cómo lo dice.

Eso explica algo que ya vemos en el aula. Dos respuestas pueden ser correctas y, sin embargo, empujar a formas distintas de pensar. ChatGPT tiende a sumar. Gemini precisa más. Claude argumenta más. No solo cambian las palabras: cambia la construcción del razonamiento. Por eso es fundamental preguntarse qué forma de responder nos está proporcionando y cuáles son sus claves interpretativas.

Y eso tiene consecuencias. Si un estudiante trabaja siempre con el mismo modelo, o con el mismo prompt, puede acabar delegando su forma de ordenar e interpretar el mundo en patrones de escritura enlatados y con escaso juicio crítico.

Enseñar los patrones de la IA

Por eso, enseñar a utilizar IA no debería limitarse a pedirle cosas. También habría que enseñar a leer sus patrones: cómo empiezan, qué conectores repiten, cómo justifican y qué palabras usan para concluir. Se trata de que el alumnado actual aprenda a ver que la escritura artificial no es neutra y puede acabar imponiendo un modelo de pensamiento

La intervención educativa tiene que ser didáctica, no policial. Si enseñamos a reconocer estos patrones, también enseñamos a leer y escribir con más criterio. El estudio identificó correctamente el modelo generador en el 91 1% de los casos, aunque eso no significa que exista una huella infalible. Significa algo más útil: estas herramientas no son neutrales cuando escriben. Ordenan el discurso de una manera determinada.

La pregunta no es si escriben bien, sino cómo escriben y qué puede pasar si dejamos que esos patrones escriban por nosotros. No podemos depositar nuestro discurso en el algoritmo sin el suficiente conocimiento para criticarlo, enjuiciarlo y modificarlo.

The Conversation

Esteban Vázquez-Cano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cómo responden a la misma pregunta de examen ChatGpT, Gemini y Claude, las tres IA más usadas del mundo – https://theconversation.com/como-responden-a-la-misma-pregunta-de-examen-chatgpt-gemini-y-claude-las-tres-ia-mas-usadas-del-mundo-281544

Immigration : pourquoi le débat est-il si peu objectif ?

Source: The Conversation – in French – By Antoine Pécoud, Professeur de sociologie, Université Sorbonne Paris Nord

Alors que les institutions et les chercheurs multiplient la publication de données pour rétablir la vérité factuelle, pourquoi, en matière d’immigration, le débat démocratique est-il si peu objectif ?


Dès qu’il s’agit d’immigration, ce sont toujours les mêmes clichés qui reviennent : les migrants refusent de s’intégrer ; ils volent les emplois des nationaux ; ils islamisent l’Europe et « grand-remplacent » ses habitants ; ils profitent de l’« Europe passoire » pour abuser de la protection sociale ; ils feraient mieux de rester chez eux et de développer leur pays – et ainsi de suite.

Ces préjugés sont aussi anciens que l’immigration. Au XIXᵉ siècle, Marx et Engels débattaient déjà des effets préjudiciables de l’immigration irlandaise sur la classe ouvrière anglaise et, malgré une réalité sensiblement plus nuancée, la crainte que le travailleur étranger ne pénalise le « natif » reste ancrée dans le débat public. En France, les stéréotypes actuels sur les immigrés d’Afrique subsaharienne ou du Maghreb ressemblent beaucoup à ceux que subissaient les Italiens ou les Polonais il y a un siècle.

Aujourd’hui comme hier, ces idées reçues ont des conséquences bien réelles. Elles renforcent le rejet des immigrés et empêchent de tirer profit de leur apport économique ou démographique. En biaisant le débat démocratique, elles alimentent une demande pour des politiques restrictives, mais inefficaces, car en décalage avec la réalité qu’elles prétendent gouverner.

À titre d’exemple, malgré la nouvelle loi française sur l’immigration de janvier 2024 (« loi Darmanin »), malgré le pacte européen sur la migration et l’asile de 2024, malgré plusieurs mesures prises par le gouvernement britannique, et malgré un nouvel accord franco-britannique en été 2025, les traversées de la Manche ont atteint le chiffre de 41 000 en 2025, au plus haut depuis 2022.

Une multiplication des efforts

La lutte contre ces préjugés est donc une priorité pour un vaste éventail d’acteurs. Au niveau des pouvoirs publics, c’est le cas de l’Union européenne, qui s’alarme des fake news, des théories conspirationnistes, et de leurs effets sur l’adhésion au projet européen. En France, le ministère de l’Europe et des affaires étrangères s’est employé à combattre les rumeurs concernant, par exemple, son soutien au Pacte mondial pour des migrations sûres, ordonnées ou régulières (ou « Pacte de Marrakech »). En 2024, c’est le premier ministre espagnol Pedro Sanchez qui invalidait les idées fausses (bulos) sur le sujet devant le Parlement.

Au niveau international, le Forum d’examen des migrations internationales qui s’est tenu à l’ONU, en mai 2026, a été l’occasion pour le secrétaire général Antonio Guterres de dénoncer la désinformation sur l’immigration. Des agences comme le Haut-Commissariat pour les réfugiés (HCR) ou l’Organisation internationale pour les migrations (OIM) conduisent des programmes de lutte contre les stéréotypes qui affectent les migrants et les réfugiés. Une des stratégies de ces agences est de fournir des données sur le sujet, comme en atteste la création par l’OIM du Global Migration Data Analysis Centre en 2015. L’Union européenne a publié en 2025 un « Atlas of migration », partageant cet objectif de mettre à disposition les chiffres à même de combattre les fake news.

Plusieurs ONG et associations de premier plan (parmi lesquelles Oxfam, le Syndicat de la magistrature, Emmaüs solidarité, Médecins du monde ou Médecins sans frontières) se sont réunies autour de la chercheuse en droit des étrangers Sophie-Anne Bisiaux pour publier, en 2025, En finir avec les idées fausses sur les migrations, un ouvrage qui réfute de façon systématique un vaste éventail de préjugés. Un inventaire récent a identifié plus de 200 publications visant le même objectif depuis 1990, dont 46 en français : pour les spécialistes de l’immigration, la lutte contre les idées reçues est donc un travail à plein temps.

Une tâche sisyphéenne ?

Pour vulgariser les résultats de la recherche scientifique, les chercheurs font pourtant face à des obstacles importants.

La réfutation d’une idée reçue demande sensiblement plus de temps et d’énergie que sa production : c’est la « loi de Brandolini », en vertu de laquelle ceux qui débitent des inepties ont toujours un temps d’avance sur ceux qui les corrigent.

Un second obstacle tient à la posture de l’expert ou du chercheur. Déconstruire des préjugés peut s’avérer compliqué à mettre en œuvre lorsque les « sachants » sont soupçonnés de vouloir imposer leurs vues. À l’instar du « grand remplacement », nombre de préjugés anti-immigration et de théories conspirationnistes sont imprégnés d’une hostilité à l’égard des élites, accusées d’être déconnectées de la réalité, voire d’agir sciemment contre les intérêts du peuple.

Les acteurs qui se positionnent contre les idées reçues se placent enfin dans une posture défensive, qui confère paradoxalement une visibilité accrue aux préjugés. On parle d’« effet Streisand » pour désigner ce mécanisme par lequel, en voulant combattre la diffusion d’une idée, on contribue à la placer au centre de l’attention, voire même à la légitimer.

Limites et ambiguïtés des chiffres

Une stratégie éprouvée pour réfuter les idées reçues est le recours aux données produites par les statistiques publiques.

Les chiffres indiquent par exemple que, contrairement à une affirmation fréquente, il n’y a pas beaucoup de réfugiés en France. Entre 2014 et 2020, dans le contexte de la guerre en Syrie, la France a reçu 25 000 demandes d’asile en provenance de ce pays, contre 633 000 en Allemagne. Pareil avec la guerre en Ukraine en 2022, suite à laquelle la France a protégé environ 73 000 personnes, sur un total de plus de 4 millions de réfugiés ukrainiens en Europe, et là où l’Allemagne et la Pologne en ont chacun accueilli autour d’un million.

Quelques incontestables que soient ces données, force est toutefois d’admettre qu’elles n’empêchent pas l’antienne habituelle selon laquelle la France serait excessivement laxiste ou généreuse. Le président du Rassemblement national, Jordan Bardella, tenait en septembre 2025 les propos suivants :

« Chaque année, 500 000 personnes entrent dans notre pays. Et sur ce demi-million, seulement 50 000 viennent pour travailler. La question est simple : que font les 450 000 autres, et surtout, qui paie ? »

Il s’agit là d’une accumulation de contre-vérités.

En 2024, environ 343 000 premiers titres de séjour ont été délivrés en France (et non 500 000), et le taux d’emploi parmi les immigrés s’élève à environ 63 % (et non 10 %). Mais il peu probable que l’auditoire se scandalise de ces inexactitudes : ce qui compte, c’est le récit qui lui est proposé ainsi que ses valeurs sous-jacentes, fondées sur la distinction entre « eux » et « nous » et sur les difficultés socioéconomiques vécues par une partie de la population française.

Les chiffres entraînent en outre le débat sur un terrain parfois glissant. Imaginons que la situation s’inverse et que la France accueille plus de Syriens et d’Ukrainiens que l’Allemagne, serait-ce une catastrophe ?

Les politiques migratoires ne se résument pas aux chiffres. Elles soulèvent des questions fondamentales en termes de valeurs. Que le nombre de réfugiés en France soit de mille ou d’un million est alors secondaire. Ce qui compte, c’est l’importance accordée à certains principes, comme le droit d’asile, et le type de société que l’on souhaite : plus ou moins ouverte sur le monde, plus ou moins cosmopolite ou solidaire.

Ce débat-là ne peut se passer des chiffres (ce n’est pas pareil d’accueillir un millier ou un million de réfugiés), mais les interrogations qu’il pose vont bien au-delà des querelles statistiques.

Un débat polarisé

Une dernière difficulté soulevée par la lutte contre les idées reçues est que la méthode peut s’inverser. C’est le cas avec un livre récent du directeur d’un think tank nommé « Observatoire de l’immigration et de la démographie », Nicolas Pouvreau-Monti, très commenté depuis sa parution dans les médias marqués à droite. Intitulé Immigration, mythes et réalités, il confronte les idées reçues à l’analyse, à ceci près que ce sont cette fois les « mythes » qui seraient favorables à l’immigration, tandis que l’analyse de la « réalité » inviterait à lutter encore davantage contre l’immigration.

La démarche n’est pas très crédible.

D’une part, et malgré une réalité souvent complexe, l’hostilité à l’égard de l’immigration est bien présente dans la société française et une trentaine de lois ont été adoptées depuis 1980, toutes plus restrictives les unes que les autres : il est donc incorrect de dire que les idées reçues dominantes en France sont excessivement bienveillantes à l’égard de l’immigration.

D’autre part, la « réalité » décrite par ce livre ne fait pas l’objet d’une analyse scientifique rigoureuse, car l’objectif est moins de comprendre les dynamiques migratoires que d’élaborer un programme radical en vue des élections de 2027 en France, clairement aligné sur les positions de l’extrême droite.

En janvier 2025, cet institut disait par exemple craindre l’afflux de 580 millions de réfugiés en France, ce qui multiplierait par cinq le nombre total de personnes déplacées dans le monde (117 millions selon le HCR), et par huit la population du pays… Mais un tel scénario suppose que non seulement l’ensemble des personnes affectées par les conflits quittent leur pays, mais aussi qu’elles décident toutes de venir en France. Ces deux conditions sont aussi irréalistes l’une que l’autre, et un tel pronostic ne vise donc qu’à électriser le débat et à appeler au démantèlement du droit d’asile.

Cette lutte inversée contre les idées reçues n’en est pas moins symptomatique d’une forte polarisation, qui voit chaque camp délégitimer la position de son adversaire en la traitant d’idée reçue – avec le risque de ne parler qu’à ses propres coreligionnaires, et au détriment de la qualité démocratique, mais aussi de la prospérité du pays et des droits des migrants et des réfugiés.

The Conversation

Antoine Pécoud ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Immigration : pourquoi le débat est-il si peu objectif ? – https://theconversation.com/immigration-pourquoi-le-debat-est-il-si-peu-objectif-282212

SARS-CoV-2, mpox, chikungunya, hantavirus, Ebola… Pourquoi les émergence virales se multiplient-elles ?

Source: The Conversation – in French – By Yannick Simonin, Virologiste spécialiste en surveillance et étude des maladies virales émergentes. Professeur des Universités, Université de Montpellier

L’actualité virale pour le moins chargée de ces dernières semaines nous l’a tristement rappelé : nous sommes régulièrement confrontés à l’émergence ou à la réémergence de virus. Pourquoi ? Quels sont les facteurs qui favorisent aujourd’hui l’apparition (ou la réapparition) et la diffusion de ces virus ? Tour d’horizon des principaux facteurs impliqués.


Depuis la pandémie de SARS-CoV-2, qui a touché plus de 700 millions de personnes dans le monde et provoqué environ 7 millions de décès, les virus occupent régulièrement le devant de la scène. Chikungunya, mpox, hantavirus, Ebola, virus de Crimée-Congo… Ces noms, autrefois connus des seuls spécialistes, ont quitté les colonnes des publications spécialisées pour faire la une des médias.

Pourquoi les émergences virales semblent-elles plus fréquentes aujourd’hui que par le passé ? Il n’existe pas de réponse simple à cette question, car une telle émergence est toujours le résultat de paramètres multiples. Pour qu’elle survienne, une alchimie doit s’opérer entre plusieurs ingrédients.

Du réchauffement climatique aux déplacements de population en passant par les modes d’élevage intensif, les conditions d’une « tempête parfaite » virale ne sont pas gravées dans le marbre. Mais leur multiplicité doit nous inciter à nous préparer à de futures pandémies. Explications.

Des émergences à répétition

En 2022, alors que la pandémie de Covid-19 n’était pas encore terminée, la variole du singe, désormais rebaptisée mpox par l’Organisation mondiale de la santé (OMS), a fait une entrée fracassante sur le devant de la scène. Cette maladie virale, qui était autrefois essentiellement cantonnée aux régions d’Afrique centrale et de l’Ouest, est sortie de sa zone habituelle de circulation de façon inattendue, pour se diffuser rapidement à l’échelle mondiale.

Initialement transmis à l’être humain par des animaux, dont certains rongeurs, le virus mpox s’est ensuite propagé rapidement de personne à personne. Entre 2022 et 2023, près de 100 000 cas ont été confirmés dans plus de 120 pays. En France, plus de 4 000 cas confirmés ont été signalés, majoritairement en 2022, faisant du pays l’un des plus touchés en Europe occidentale. Une situation totalement inédite pour ce virus…

Plus récemment, l’année 2025 a été marquée en France par une circulation inhabituelle de virus transmis par les moustiques. Les infections par le chikungunya ont, par exemple, atteint des niveaux exceptionnels, avec plus de 800 cas autochtones recensés (dix fois plus que le précédent record !).

Notre espèce n’a pas été la seule touchée par les émergences de maladies infectieuses : la même année, des maladies animales à fort impact sanitaire et économique, telles que la dermatose nodulaire bovine, ont également nécessité la mise en œuvre de programmes de surveillance et de contrôle à grande échelle en France, et plongé nombre d’agriculteurs dans le désarroi et l’incompréhension.

L’année 2026 ne fait pas exception, loin de là… En mai, le foyer de hantavirus Andes, à bord du MV Hondius, ou encore la flambée d’Ebola en République démocratique du Congo rappellent que ces menaces sont plus que jamais présentes.

Les virus, maîtres incontestés de l’adaptation

Habituellement utilisés dans le milieu restreint des laboratoires, les termes « variant », « souche » ou « mutants » ont essaimé bien au-delà du cercle des spécialistes. Ils illustrent la capacité extraordinaire des virus à s’adapter à leur environnement.

Les virus sont en effet capables d’évoluer de plusieurs façons. Leur génome peut subir de petites modifications (on parle de mutations ; celles-ci se produisent lorsque les virus se multiplient, et si certaines d’entre elles confèrent un avantage à leur porteur, lui permettant par exemple de contaminer plus facilement ses hôtes, celui-ci se voit favorisé). Ils peuvent aussi échanger des morceaux de matériel génétique entre eux (de tels échanges sont appelés des recombinaisons). Enfin, ils peuvent aussi troquer des segments beaucoup plus longs, correspondant à des pans entiers de leur matériel génétique (on parle alors de réassortiments).

Pour ces raisons, dans le monde vivant, les virus sont de loin les entités les plus rapides à évoluer. Ils mutent en moyenne de 100 à 10 000 fois plus vite que les bactéries, environ 1 000 fois plus vite que les parasites, et jusqu’à 100 000 fois plus vite que nos propres cellules ! Un combat profondément inégal dans la course a l’évolution, dont les virus sortent largement gagnants.

Des virus majoritairement discrets

La plupart du temps, les virus circulent en toute discrétion, bien souvent sans même provoquer de symptômes. Cette propagation silencieuse se fait le plus fréquemment au sein de réservoirs animaux.

Le problème se pose lorsque ces animaux, que l’on peut considérer comme des « porteurs sains », rencontrent une autre espèce sensible à ces virus « silencieux ». Le virus peut alors provoquer des symptômes plus ou moins sévères et se propager, jusqu’à entraîner une épizootie chez les animaux, ou une épidémie chez l’être humain.

On estime à l’heure actuelle que les trois quarts des virus émergents impliqués dans des maladies chez l’être humain proviennent des animaux. Les maladies qu’ils provoquent chez l’homme sont désignées sous l’appellation « zoonose ».

Et c’est bien là que réside le cœur du problème : cette rencontre, en apparence inhabituelle, entre un animal réservoir porteur d’un virus au potentiel dévastateur et l’être humain, devient de plus en plus fréquente.

La cause principale ? L’action de l’être humain sur l’environnement. En transformant profondément la nature, nous modifions les conditions de circulation des agents infectieux à l’échelle mondiale.

Des écosystèmes fragilisés

Si les virus sont les acteurs principaux de l’émergence virale, c’est bien nous qui en écrivons le scénario.

La déforestation et la fragmentation des écosystèmes, comme en Amazonie, en Afrique centrale ou en Asie du Sud-Est, détruisent les habitats naturels des animaux, les forçant à se rapprocher des zones habitées. Cette promiscuité génère des conditions particulièrement favorables à la transmission des virus.

Ces bouleversements créent ce qu’on appelle des « points chauds » (« hot spots » en anglais) de transmission où animaux sauvages, animaux domestiques et humains interagissent plus fréquemment. Ces échanges facilitent le passage des virus d’une espèce animale à l’autre et potentiellement à l’être humain, levant les barrières naturelles qui cloisonnaient les virus au sein d’une espèce animale donnée.

L’émergence du dangereux virus Nipah, responsable de graves syndromes neurologiques pouvant entraîner le décès des personnes infectées, illustre parfaitement ce phénomène. Ce virus a été signalé pour la première fois en Malaisie en 1998. Dans ce pays, la transformation des forêts a rapproché les chauves-souris des élevages porcins, ainsi que des humains qui s’en occupaient. Cette nouvelle configuration a permis au virus de franchir plusieurs barrières d’espèces successives, jusqu’à provoquer des cas humains.

De manière similaire, les épidémies d’Ebola en Afrique centrale sont étroitement liées à la perturbation des écosystèmes forestiers et à l’augmentation des contacts entre la faune sauvage, notamment les chauves-souris frugivores, qui sont les réservoirs présumés du virus, et les populations humaines. L’émergence et la propagation récente du virus Ebola Bundibugyo en République démocratique du Congo s’inscrivent dans ce contexte. Dans des régions où la déforestation, l’exploitation des ressources naturelles et les déplacements de population modifient profondément les écosystèmes, leur fragmentation favorise des interactions accrues entre espèces et augmente les probabilités de franchissement de la barrière d’espèce.

Les modifications de la biodiversité peuvent aussi favoriser l’émergence de virus. En effet une biodiversité variée peut limiter la propagation des maladies, en « diluant » les agents pathogènes entre de nombreuses espèces plus ou moins efficaces pour les transmettre.

À l’inverse, la perte de diversité des espèces que nous observons ces dernières années peut faciliter la transmission des agents infectieux en supprimant cet effet de dilution et en favorisant ainsi la dominance d’espèces particulièrement efficaces pour transmettre ces pathogènes.

Des élevages intensifs qui amplifient les virus

La promiscuité n’est malheureusement pas l’apanage de l’être humain. L’augmentation de la population mondiale s’accompagne également de la hausse significative des élevages d’animaux. Poulets, porcs, bovins ou encore canards sont élevés à des densités parfois très élevées dans des espaces restreints.

À titre d’exemple, la production mondiale de viande de volaille est passée d’environ 9 millions de tonnes en 1961 à plus de 130 millions de tonnes aujourd’hui, tandis que plus de la moitié des porcs sont désormais élevés en systèmes intensifs. Ces conditions favorisent la transmission rapide des virus et leur évolution. Ces élevages devenant ainsi de véritables amplificateurs de maladies.

Les porcs, par exemple, peuvent être infectés simultanément par plusieurs virus grippaux, ce qui facilite l’apparition de nouveaux variants. Ce phénomène a notamment conduit à l’émergence du virus grippal H1N1 en 2009.

Des villes qui accélèrent les épidémies

Plus de la moitié de la population mondiale vit désormais en zone urbaine, un chiffre en constante augmentation. Les villes densément peuplées, et notamment les grandes métropoles, sont devenues des lieux propices à la propagation des virus.

La promiscuité dans les transports, les écoles ou les lieux de travail multiplie les contacts rapprochés. Dans certains quartiers surpeuplés, les conditions sanitaires renforcent encore ces risques.

La pandémie de Covid-19, comme les épidémies de dengue, ont montré à quel point les grandes métropoles peuvent agir comme des accélérateurs d’épidémies.

À titre d’exemple, citons le cas emblématique de New Delhi, capitale de l’Inde et mégalopole de près de 30 millions d’habitants. La densité de population, les flux quotidiens de millions de voyageurs dans les transports en commun et les insuffisances des infrastructures sanitaires y forment un terrain idéal pour la propagation des virus. Conséquence : la ville est régulièrement touchée par des épidémies de dengue. Le virus y circule à un tel niveau que, selon certaines estimations, près de 40 % à 50 % de la population, voire davantage selon les quartiers, auraient été infectés au moins une fois par le virus de la dengue !

Lors de la pandémie de Covid-19, Mumbai, la capitale économique de l’Inde, et New Delhi ont également figuré parmi les foyers les plus touchés du pays, illustrant une fois de plus comment la concentration urbaine amplifie la vitesse et l’ampleur de la contagion.

Des pratiques humaines à risque

Certaines activités humaines créent des passerelles directes entre les espèces. La chasse dite « de subsistance », encore pratiquée dans de nombreuses régions d’Afrique et d’Asie, le commerce d’animaux sauvages ou encore différentes pratiques culturelles exposent les humains à des virus inconnus.

Les marchés d’animaux vivants, où différentes espèces sont entassées dans des conditions sanitaires bien souvent précaires, sont des lieux à haut risque d’émergence virale. Bien que la séquence précise de l’émergence du coronavirus SARS-CoV-2 à l’origine de la pandémie de Covid-19 n’ait pas encore pu être élucidée, le marché d’animaux vivants de Wuhan, désormais célèbre, est soupçonné d’y avoir joué un rôle central…

À cela s’ajoutent certaines pratiques culturelles et religieuses, telles que les festivals ou les cérémonies au cours desquels des animaux vivants sont sacrifiés et manipulés, créant autant de passerelles potentielles pour la transmission virale. Les épidémies d’Ebola ont également mis en évidence le rôle de certains rites funéraires traditionnels impliquant des contacts étroits avec les corps des défunts emportés par la maladie dans l’amplification de la transmission du virus au sein des communautés.

Les conflits armés favorisent les virus

Les virus exploitent également les fractures profondes de nos sociétés. Les conflits armés, les déplacements massifs de populations et les crises humanitaires constituent des contextes particulièrement favorables à la diffusion des agents infectieux.

Dans ces situations, les systèmes de santé se dégradent, le diagnostic est rendu plus compliqué, les programmes de vaccination sont perturbés, voire interrompus, et l’accès aux traitements devient limité ou irrégulier. Par ailleurs, l’insécurité alimentaire et la malnutrition fragilisent les organismes et la diffusion de maladie, tandis que la mise en œuvre des mesures de prévention et de contrôle des infections devient difficile, voire irréalisable. L’ensemble de ces facteurs crée des conditions propices à l’émergence ou à la réémergence d’épidémies parfois considérées comme maîtrisées.

La circulation actuelle du virus Ebola en Ituri, dans l’est de la République démocratique du Congo, illustre clairement cette dynamique. Cette région, marquée par une insécurité chronique liée aux conflits armés, des déplacements répétés de populations et un accès limité aux infrastructures de santé, constitue un terrain particulièrement favorable à la persistance et à la propagation du virus.

La mondialisation accélère les épidémies

Autrefois, les épidémies mettaient des mois, voire des années à se propager au rythme du transport terrestre ou maritime. Aujourd’hui, la vitesse de diffusion des épidémies est devenue vertigineuse, un virus pouvant traverser la planète en moins de 24 heures !

L’explication principale dans cette diffusion express des virus se trouve dans l’intensification du trafic aérien ces dernières années, qui favorise le flux de marchandises, d’animaux et des êtres humains. À cela s’ajoutent aujourd’hui d’autres facteurs de mobilité, notamment le développement massif des réseaux ferroviaires à grande vitesse.

Par exemple, l’expansion rapide du réseau de trains à grande vitesse en Chine a profondément modifié les dynamiques de circulation interne, facilitant des déplacements massifs de population. C’est le cas notamment lors des déplacements saisonniers, liés en particulier aux grandes fêtes traditionnelles, comme le Nouvel An chinois, qui donnent lieu à des déplacements massifs de population à l’échelle du pays.

La pandémie de Covid-19 a illustré cette accélération sans précédent puisque, en à peine 6 à 8 semaines, le virus s’est propagé sur plusieurs continents. En moins de 12 semaines, l’OMS déclarait une pandémie mondiale. On connaît la suite, le virus s’étant propagé à plus de 180 pays…

Changement climatique, le point de bascule

Si tous les facteurs mentionnés précédemment jouent un rôle important, le plus puissant accélérateur des épidémies est probablement le changement climatique. Largement lié aux activités humaines, il agit comme un puissant moteur d’émergence et de réémergence des maladies virales.

Ce phénomène ne se limite pas uniquement à la hausse continue des températures que nous observons ces dernières années, mais il englobe également l’intensification des événements extrêmes (sécheresses, inondations, canicules, tempêtes…), ainsi que des perturbations majeures des écosystèmes.

Les sécheresses, par exemple, poussent de nombreux animaux à se rapprocher des zones habitées à la recherche d’eau et de nourriture, tandis que les fortes pluies et inondations favorisent la prolifération des rongeurs en augmentant les ressources disponibles et en les déplaçant vers les zones habitées, ce qui accroît notamment le risque de transmission de virus comme les hantavirus.

De même, l’augmentation des températures et des épisodes de fortes pluies en France a favorisé l’expansion des moustiques tigres, contribuant à une circulation record du chikungunya en 2026, y compris dans des zones où il était auparavant rarement détecté.

Pour conclure, une émergence virale est un phénomène complexe qui ne dépend jamais d’un seul facteur, mais plutôt de la convergence de multiples éléments : un virus capable de se transmettre efficacement qui rentre en contact avec l’être humain, une population vulnérable, des systèmes de santé fragiles, une forte mobilité humaine, des conditions climatiques favorables…

C’est ce cocktail explosif, davantage que les caractéristiques du virus lui-même, qui transforme une infection locale en épidémie ou en pandémie. Ainsi, l’émergence virale relève d’un équilibre complexe et très difficile à anticiper.

Ce qui est certain, en revanche, c’est que les conditions actuelles sont particulièrement favorables à l’avènement de l’ère des virus émergents. Ces dernières années, nous n’en avons probablement observé que les prémices…

The Conversation

Yannick Simonin a reçu des financements de Horizon Europe, ANR, ANRS-MIE, PREZODE, région Occitanie, Université de Montpellier.

– ref. SARS-CoV-2, mpox, chikungunya, hantavirus, Ebola… Pourquoi les émergence virales se multiplient-elles ? – https://theconversation.com/sars-cov-2-mpox-chikungunya-hantavirus-ebola-pourquoi-les-emergence-virales-se-multiplient-elles-283910

Terres rares : l’Europe est-elle toujours dans la course ?

Source: The Conversation – in French – By Gaetan Lefebvre, Ingénieur géologue, BRGM

C’est en Europe que l’histoire des terres rares a commencé, mais ce n’est plus sur le Vieux Continent que s’écrivent désormais les grandes réussites industrielles autour de ces ressources. La Chine en a aujourd’hui le monopole, mais l’Europe – et notamment la France – veulent inverser la vapeur. Est-ce possible, et à quelles conditions ? Le sujet a été placé en tête de l’agenda dans le cadre de la présidence française du G7, qui se déroule du 15 au 17 juin à Évian.


L’histoire des terres rares a débuté en Europe il y a plus de deux siècles, précisément en 1787, lorsque le lieutenant et chimiste suédois Carl Axel Arrhenius découvrit un minéral noir à Ytterby, à vingt kilomètres au nord-est de Stockholm. S’ensuivit une grande histoire de découvertes scientifiques et de développements industriels autour de ce qui sera identifié comme un groupe de 17 éléments chimiques, les terres rares, aboutissant progressivement au paysage actuel : une industrie ultra-dominée par la Chine.

Les terres rares sont, aujourd’hui, un instrument géopolitique majeur. Elles relèvent d’enjeux de souveraineté, car elles sont indispensables à toute économie développée, en particulier dans le cadre de la transition énergétique. On en retrouve en effet tant dans les éoliennes, les véhicules électriques que dans l’électronique grand public. Dans ce contexte, une question légitime se pose : l’Europe a-t-elle encore sa place dans cette histoire ?

Aujourd’hui, l’expertise européenne se remobilise pour faire émerger une filière des terres rares qui s’affranchirait, du moins partiellement, du monopole chinois en cas de crise géopolitique.

Présenté le 5 mai 2026, le plan national de résilience « Terres rares et aimants permanents » va dans ce sens. Ce plan s’inscrit dans un double cadre :

Une brève histoire des terres rares

Avant de devenir essentielles aux technologies modernes, les terres rares ont eu de nombreuses applications. D’abord exploitées pour des usages très spécifiques et en faibles volumes, elles se sont peu à peu généralisées à plus large échelle.

À cette évolution correspondent plusieurs phases de découvertes et d’exploitation industrielle des terres rares, impliquant en particulier des acteurs suédois, autrichiens et français, puis états-uniens et chinois.

Tableau périodique de Mendeleïev illustrant la position des terres rares, famille chimique des lanthanides auxquelles s’ajoutent l’yttrium et le scandium.
Fourni par l’auteur

(Source : Charles et coll., 2024)

À la suite de la découverte du « minéral d’Ytterby » en 1787, nombre de scientifiques européens contribuent à l’identification et à la séparation progressive des différents éléments de terres rares. À commencer par le professeur Johan Gadolin, nommant ce minéral « ytterbia » en 1794, ensuite transformé en « yttria », puis « yttrium », tel que nous le connaissons aujourd’hui dans le tableau de Mendeleïev.

De nouvelles terres rares sont ensuite peu à peu identifiées et réparties en deux groupes :

  • les terres « yttriques » découvertes à la suite de l’yttria,

  • et celles dites « cériques », à la suite de la découverte de la céria (oxyde de cérium) par Martin Heinrich Klaproth et, pratiquement en même temps, par Jöns Jacob Berzelius et Wilhelm Hisinger en 1803.

Historique de la découverte des différents éléments de terres rares, séparés en deux catégories.
Fourni par l’auteur

Parallèlement à ces découvertes, des usages industriels émergent, toujours en Europe. Ainsi, l’Autrichien Carl Auer von Welsbach sépare le néodyme et le praséodyme en 1885 par cristallisation fractionnée et remarque aussi la forte luminescence de certains éléments des terres rares.

Affiche publicitaire pour les becs Auer, en 1895.
Étienne Moreau-Nélanton, BNF Gallica

Par la suite, il développe les lampes à gaz « Auer », imbibées d’oxydes de cérium et de thorium, qui révolutionnent l’éclairage urbain en Europe dans la première partie du XXᵉ siècle. En 1903, il invente également la pierre à briquet (en anglais flint lighter), constituée d’un alliage ductile mêlant cérium, lanthane, néodyme et fer, utilisé encore aujourd’hui.

Au début du XXᵉ siècle, les terres rares sont également utilisées comme poudres de polissage. L’oxyde de cérium devient alors indispensable dans la fabrication du verre optique, des lentilles, des miroirs de précision.

C’est également en médecine que des applications apparaissent, par exemple avec l’oxalate de cérium utilisé comme antiémétique dans la « Peremesin » pour lutter contre le mal de mer et les nausées, ou encore avec le néodyme pour lutter contre les thromboses avec le « Thrombodym ».

Pour autant, les quantités exploitées restent minimes et le peu d’éléments de terres rares employés créent, à cette époque, des stocks de matière non utilisées.

Ce constat va pousser à de nouvelles découvertes, comme celle des propriétés catalytiques dans le raffinage du pétrole de certaines terres rares (comme le lanthane et le cérium), puis à l’utilisation en tonnages de plus en plus importants d’éléments de terres rares, à partir des années 1950 et 1960.

Cette évolution se traduit de la même manière en matière de gisements exploités. L’extraction dominante de la monazite, minéral principalement situé dans les « sables à minéraux lourds » des côtes, notamment au Brésil ou en Inde, évolue vers des gisements de carbonatites riches en terres rares, comme celui de Mountain Pass aux États-Unis, puis de Bayan Obo en Chine.




À lire aussi :
Connais-tu le lien entre ton téléphone portable et les cailloux ?


Terres rares, la séquence états-unienne

La découverte aux États-Unis du gisement de Mountain Pass, en 1949, constitue un événement majeur. Celle-ci survient dans le contexte de la recherche pour les grands programmes atomiques de l’époque, notamment le projet Manhattan.

La production minière à Mountain Pass commence en 1952, d’abord à petite échelle puis croît rapidement, jusqu’à produire 70 % des terres rares mondiales au début des années 1980. Cet essor fait suite à la demande croissante en terres rares, notamment en europium, alors utilisé dans les tubes cathodiques des écrans de télévision.

La mine de Mountain Pass, en Californie, en 2022, vue aérienne.
Tmy350/Wikimedia, CC BY-NC-SA

À partir des années 1980, une véritable révolution technologique a lieu avec les aimants samarium-cobalt (SmCo), puis néodyme-fer-bore (NdFeB), qui jouent un rôle clé dans la fabrication d’aimants permanents.




À lire aussi :
Terres rares : Ces nouveaux venus qui entendent concurrencer la Chine et les États-Unis


Le développement du monopole chinois

Ce succès n’échappe pas à la Chine, qui identifie elle aussi, dans les années 1980, les terres rares comme un levier stratégique de développement industriel et de puissance nationale. Pékin met alors en place une politique volontariste combinant investissements publics, planification étatique et faibles contraintes environnementales.

Profitant de vastes gisements, notamment en Mongolie intérieure autour de Bayan Obo, la Chine augmente rapidement sa production et inonde les marchés mondiaux à bas prix dans les années 1990. Cette stratégie entraîne progressivement le déclin des producteurs concurrents, incapables de soutenir cette compétition.

Au début des années 2000, la Chine assure déjà l’essentiel de l’extraction mondiale, puis étend sa domination au raffinage et à la transformation, étapes clés de la chaîne de valeur. Sur l’ensemble de la chaîne de valeur, les risques de dépendance à la Chine se sont accentués depuis que cette dernière a accéléré ses restrictions. D’abord sur l’exportation de certaines technologies et équipements, en 2022 et en 2023), puis sur les terres rares ou aimants permanents directement en 2025.

Comment convaincre les acteurs européens de relocaliser une industrie des terres rares ?

Le potentiel géologique en terres rares en Europe et au Groenland est réel. Mais deux freins majeurs subsistent : les gisements sont le plus souvent situés dans des points chauds environnementaux et présentent une minéralogie complexe (c’est-à-dire qu’ils ne sont pas nécessairement faciles à exploiter avec les technologies conventionnelles).

Tout cela peut pénaliser la rentabilité économique des projets européens, du moins en l’état actuel des technologies d’extraction. Et quand bien même une mine finirait par ouvrir, toutes les problématiques sur le sol européen ne seraient pas résolues, car les conditions de structuration d’une chaîne de valeur sur les aimants permanents sont délicates à assurer.

En effet, le véritable problème est que la Chine vend aujourd’hui ses aimants moins cher que les terres rares qu’ils contiennent. C’est le point majeur à résoudre pour faire émerger une filière souveraine, des terres rares aux aimants permanents.

Certes, des acteurs européens – et notamment français – sont aujourd’hui positionnés à chaque étape de la chaîne de valeur avec une forte expertise, un atout majeur dans le contexte mondial. Mais ce qu’il reste à créer, c’est un écosystème vertueux, c’est-à-dire qui développe à la fois des capacités de financement et des débouchés pour les aimants à l’échelle du continent.

Autrement dit, il faut pouvoir construire une véritable chaîne de valeur des aimants permanents, de la mine (extraction) à l’aimant (usage final), qui intègre des acteurs industriels européens et français afin de réduire les risques de dépendance aux importations chinoises.

Chaîne de valeur, de la mine à la production d’aimants permanents.
BRGM, Fourni par l’auteur

Si l’on veut pouvoir créer cette chaîne de valeur des terres rares en Europe, il faudra pouvoir s’affranchir d’un risque trop important de volatilité des prix. C’est un élément extrêmement contrôlé par la Chine à l’heure actuelle, qui crée des difficultés pour les acteurs européens. Pour gagner en indépendance vis-à-vis de la Chine, l’enjeu n’est donc pas de couvrir l’ensemble des besoins en aimants, mais de garantir un niveau minimal de capacité de production, et ce, à toutes les étapes de la chaîne de valeur.

Pour cela, il faut des engagements de la part des acteurs européens, c’est-à-dire qu’ils acceptent de produire et d’acheter ces aimants à un coût unitaire supérieur, en considérant cette nouvelle capacité à produire comme une assurance mutualisée en cas de rupture totale d’approvisionnement, et c’est là que se trouve l’argument de souveraineté.

Le plan national de résilience « Terres rares et aimants permanents » répond à ces défis en articulant mobilisation de la demande, soutien à l’offre et coopération internationale.

Les conditions de succès sont les suivantes :

  • il s’agit d’abord de garantir une part d’achats des aimants européens par les industries européennes des secteurs d’aval, c’est une condition indispensable pour la viabilité industrielle des projets à chaque étape, pour leur assurer des débouchés solides et pérennes.

  • D’autre part, il faut conserver une diversité suffisante dans la fabrication des aimants. La filière européenne ne peut pas se concentrer uniquement sur les aimants à forte valeur ajoutée, comme ceux de la mobilité électrique ou des éoliennes, au risque de rester dépendante (pour un secteur comme l’automobile, par exemple, les petits aimants sont aussi indispensables au fonctionnement des véhicules).

  • Enfin, pour viabiliser les projets européens, il apparaît nécessaire d’imaginer que des garanties d’État puissent s’appliquer en cas de crise. Reste toutefois à en déterminer les meilleures modalités.




À lire aussi :
La guerre de l’information autour des métaux stratégiques



Les auteurs remercient Anne Bialkowski et Stéphane Bourg (BRGM/OFREMI) pour leurs conseils et relecture attentive.


L’Ofremi est soutenu dans le cadre de France 2030 par l’Agence nationale de la recherche (ANR), qui finance en France la recherche sur projets. L’ANR a pour mission de soutenir et de promouvoir le développement de recherches fondamentales et finalisées dans toutes les disciplines, et de renforcer le dialogue entre science et société. Pour en savoir plus, consultez le site de l’ANR.

The Conversation

Gaetan Lefebvre a reçu des financements de l’ANR ou Horizons Europe dans le cadre de projets de recherche, comme l’OFREMI.

Théo Arnaud a reçu des financements de l’ANR dans le cadre de projets de recherche, en particulier l’OFREMI.

Nicolas Charles ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Terres rares : l’Europe est-elle toujours dans la course ? – https://theconversation.com/terres-rares-leurope-est-elle-toujours-dans-la-course-284490