El hallazgo de un mecanismo que protege contra las enfermedades autoinmunes, Nobel de Medicina 2025

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ignacio J. Molina Pineda de las Infantas, Catedrático de Inmunología, Centro de Investigación Biomédica, Universidad de Granada

Representación de un linfocito T, célula clave en la inmunidad humana. Vink Fan/Shutterstock

La respuesta inmunitaria humana es capaz de reconocer a los antígenos (sustancias que nuestro sistema inmune identifica como extrañas o potencialmente peligrosas) gracias a un receptor expresado en la superficie de unos glóbulos blancos llamados linfocitos, que permitirá a cada linfocito reconocer a un antígeno y solamente a uno. Gracias a que ese receptor se genera de manera completamente aleatoria durante el desarrollo celular, vamos a generar una cantidad enorme de receptores diferentes. Así podremos reconocer a una cantidad también enorme de antígenos presentes en la naturaleza.

Ahora bien, si la generación del receptor se produce al azar, es muy posible que algunos de ellos reconozcan por error las moléculas del organismo, lo que daría lugar a autoinmunidad, o sea, una respuesta inmunitaria contra nuestro propio cuerpo. Para evitarlo, contamos con poderosos mecanismos que eliminan a estos linfocitos autorreactivos mientras se están generando, de manera que evitamos que salgan a la sangre (la periferia). Es lo que conocemos como tolerancia central.

Pero ¿qué pasa si a este procedimiento biológico se le escapa alguna célula autorreactiva? En este caso, el desarrollo de autoinmunidad parece inevitable.

No tan deprisa: afortunadamente, tenemos otro mecanismo para asegurar que esas células que hubieran podido escapar son inactivadas en la periferia, evitando así el desarrollo de patologías autoinmunes como la diabetes tipo I, la enfermedad celíaca o el lupus. Este es el sensacional descubrimiento que ha deparado el Premio Nobel de Medicina 2025 al japonés Shimon Sakaguchi y los estadounidenses Mary E. Brunkow y Fred Ramsdell.

Dibujo de una mujer y dos hombres
Mary E. Brunkow, Fred Ramsdell y Shimon Sakaguchi, los galardonados con el Premio Nobel de Medicina y Fisiología 2025.
Premio Nobel

Las células T reguladoras salen a la luz

Desde la década 1970, los expertos postulaban la existencia de células que tuvieran la capacidad de suprimir la respuesta inmunitaria en la periferia, evitando así una reacción excesiva que pudiera ocasionar efectos adversos en el organismo. Se sugirió que eran una subpoblación de los linfocitos T CD8+, pero fue imposible demostrarlo experimentalmente. Durante años se instauró entre los inmunólogos la idea de que esas células supresoras no existían.

Shimon Sakaguchi, sin embargo, no se dio por vencido y siguió investigando en este campo. Sus esfuerzos, en contra del pensamiento imperante, se vieron recompensados en 1995, cuando probó claramente la existencia de células con capacidad de regular negativamente la respuesta inmunitaria. Sakaguchi las llamó células T reguladoras.

Lo sorprendente fue que estas células no se encontraban en el compartimento de células T CD8+, como se pensó inicialmente, sino en la otra gran subpoblación de linfocitos T: los llamados CD4+. Sakaguhi demostró, igualmente, que se caracterizaban por expresar en la superficie celular otra molécula, llamada CD25. Sencillamente, se había estado buscando estas células en el linaje equivocado.

Identificando la mutación

En paralelo, los otros dos ganadores del premio, Mary E. Brunkow y Fred Ramsdell, trabajaban en la resolución de otro misterio. Desde hacía años, los científicos disponían de una cepa de ratones muy peculiares que se había originado espontáneamente. Eran los ratones scurfy (escamosos), caracterizados por el desarrollo de una autoinmunidad grave, generalizada y multiorgánica, que daba como resultado la muerte prematura de los animales. Brunkow y Ramsfell observaron que la mutación que dio lugar a esa cepa se encontraba en un gen que bautizaron como Foxp3.

¿Y cómo conectamos ambos descubrimientos? Los investigadores desde hoy reconocidos con el Nobel también estudiaron una enfermedad en humanos muy similar a la sufrida por los ratones, y así contribuyeron a descubrir que la mutación en personas del gen equivalente al Foxp3 de ratón (su ortólogo) producía una enfermedad conocida como IPEX, que cursaba con una autoinmunidad igualmente devastadora. La razón es que Foxp3 es imprescindible para que se generen las llamadas células T reguladoras naturales. Producidas en la glándula del timo, son las que previenen el desarrollo de autoinmunidad y el mantenimiento de la tolerancia periférica.

Al carecer de estas células, los pacientes aquejados de IPEX no pueden mantener la tolerancia y desarrollan procesos autoinmunitarios graves y generalizados (caracterizados por una desregulación de la respuesta inmunitaria, poliendocrinopatía, endocrinopatía y un patrón de herencia asociado al cromosoma X). Fue un descubrimiento fundamental: las células T reguladoras son las guardianas de la tolerancia periférica, un hecho que fue corroborado más tarde por muchos otros estudios.

Células T reguladoras inducidas

Adicionalmente, en el esfuerzo de prevenir autoinmunidad, la naturaleza nos ha dotado de un segundo mecanismo para mantener la proverbial tolerancia periférica. Las células T reguladoras no solo se producen a nivel central en el timo, sino que pueden inducirse en la periferia. En efecto, si las células vírgenes T CD4+ son estimuladas en presencia de determinados factores solubles (citocinas) podemos conseguir que se expandan y viajen hacia esa subpoblación reguladora, añadiendo una capa más en el control de la autoinmunidad.

¿Y podemos aplicar estos descubrimientos a la clínica? Desde luego que sí. Si expusiéramos a un paciente con autoinmunidad a una potente acción de las células T reguladoras, entonces quizá podríamos detener o incluso revertir su problema. Esta idea está siendo perseguida con ahínco, y hay registrados un total de 338 ensayos clínicos que intentan modular la actividad de las células T reguladoras para tratar ciertas enfermedades autoinmunes.

Pero no solo eso. También podrían usarse en la prevención del rechazo de trasplantes e, incluso, en el tratamiento de tumores. En este último caso, buscaríamos justo lo contrario: disminuir la actividad de las células T reguladoras para que el sistema inmunitario montase una respuesta antitumoral más potente.

Estos hallazgos nos vuelven a mostrar cómo un descubrimiento de las ciencias básicas es aplicado al tratamiento de enfermedades humanas. Gracias a Shimon Sakaguchi, Mary E. Brunkow y Fred Ramsdell sabemos que las células T reguladoras brillan con luz propia en la regulación de la respuesta inmunitaria.

The Conversation

El laboratorio del Dr. Ignacio J. Molina ha recibido fondos competitivos de investigación de organismos ministeriales españoles, autonómicos (Junta de Andalucía) y de Action for AT, United Kingdom Charity.

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El dolor sin pixelar de la infancia gazatí: la publicación de imágenes de niños muertos y heridos cuando no son de los ‘nuestros’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Guillermo Gurrutxaga Rekondo, Periodista. Profesor de Periodismo., Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

El rostro de un niño asoma entre las sábanas azules que cubren parte de su pequeño cuerpo. No tendrá más de cinco años. En su cabeza aún son visibles las manchas de sangre que impregnan las vendas que rodean su cráneo. Cinco hombres sostienen la camilla metálica sobre la que yace en lo que parece la morgue de un hospital.

La fotografía, tomada en Gaza, es del pasado jueves 25 de septiembre y fue difundida por una agencia y publicada por medios internacionales, entre ellos, españoles. Es de esas fotos ante las que cuesta mostrarse indiferente, aunque la reacción que causa en quien la ve sea tan breve que, incluso con los ojos humedecidos, continúe con sus quehaceres diarios.

La escena recoge el funeral del pequeño, según indica el pie de foto. A falta, incluso, de féretro, se ve al detalle su cara. Difícilmente podrá saberse si su madre y su padre viven o forman parte, como él, de las 680 000 personas que, según la relatora especial de la ONU para los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, han fallecido a consecuencia de lo que la propia organización denomina genocidio.

Afortunadamente, en nuestro contexto no hay bombardeos que maten a niños o los dejen sin hogar. Pero esto último, salvadas las distancias, ocurrió también en la dana que el 29 de octubre de 2024 asoló a la Comunidad Valenciana. En ese caso no fueron bombas, sino la lluvia, la que convirtió sus viviendas en insalubres. No los vimos llorando frente a la cámara. No, al menos, con su rostro identificado.

Qué dice la legislación española

Por un lado, la legislación española impide la difusión de la imagen de un niño o niña incluso en situaciones tan cotidianas como una riña en el parque. Lo hacen desde la propia Constitución española hasta la Ley Orgánica 8/2021, cuyo artículo 3 incide en la protección de “la imagen del menor desde su nacimiento hasta después de su fallecimiento”.

Por otro, en los propios medios de comunicación españoles se imponen códigos éticos. Están recogidos en manuales y libros de estilo internos que todas las personas que conforman la redacción deben cumplir. Entre las directrices hay normas que, con frecuencia, van más allá, incluso, que las propias leyes.

Pero ni leyes ni códigos éticos se están cumpliendo en el actual contexto de violencia indiscriminada al que están sometidos estos niños y niñas por parte del Gobierno de Israel. Tampoco en lo relacionado con sus imágenes.

No es algo nuevo, ni siquiera en relación con Palestina. Una investigación halló que la mayoría de fotografías publicadas en la prensa generalista española durante 2010 sobre el conflicto palestino-israelí en las que aparecían bebés, niños y jóvenes transgredía la normativa legal y vulneraba principios de la deontología periodística.

Porque, por ejemplo, el Manual de Estilo de RTVE justifica la difusión de imágenes de menores, incluso en informaciones contrarias a sus intereses, siempre que se “empleen los medios precisos para garantizar su anonimato”, como no incluir su “su nombre ni su imagen” o “distorsionar su rostro”.

De Kim Phuc a Aylan

El mundo conserva en su retina el rostro de Kim Phuc, la niña vietnamita de 9 años que corría desnuda junto a otros niños ante la pasividad de unos soldados, mientras la piel se le caía afectada por las quemaduras ocasionadas por el napalm lanzado sobre civiles. Aquella fotografía le valió el Pulitzer al fotógrafo vietnamita Nick Ut, aunque hay controversia sobre su autoría.

Afortunadamente, la sociedad cuenta con el impagable trabajo de reporteras y reporteros gráficos que, en muchas ocasiones, se juegan la vida para trasladar al mundo el sufrimiento humano y, en concreto, el de las personas más vulnerables. Gracias a su labor, también las generaciones posteriores podemos vislumbrar, con una sola foto, la injusticia, el horror y el terror.

El 2 de septiembre se cumplían 10 años de la icónica imagen del niño sirio Aylan. La fotoperiodista turca Nilufer Demir inmortalizó su cuerpo de tres años postrado, boca abajo, en una orilla del Mediterráneo. Viajaba con su madre, su hermano y su padre en la huida a una Europa que les cerraba, como sigue cerrando, las puertas a quienes huyen de la guerra y el hambre. Su pequeña embarcación de madera volcó.

La publicación de la fotografía parecía romper la indiferencia de quienes en aquel entonces gobernaban Europa. El primer ministro británico entonces, David Cameron, se confesó “conmovido” y la canciller alemana, Angela Merkel, se mostró concernida por la tragedia que aquella imagen reflejaba.

Solo unos pocos medios pixelaron, es decir, difuminaron hasta hacerla borrosa, la cara del pequeño Aylan, a quien su padre tuvo que enterrar, al igual que a la madre y a otro hermano del pequeño.

Pocas cosas habrá tan íntimas como el recuerdo de un hijo muerto. Pero el padre de Aylan no podrá borrar de su memoria la cabeza del pequeño, con su pelo corto, la camiseta roja y el pantaloncito azul, al igual que los zapatitos sin calcetines que vestía aquel fatídico 2 de septiembre.

Argumentos a favor

La publicación de rostros de niñas y niños sin un retoque que impida su identificación tiene argumentos a favor. Entre ellos, y sobre todo, dar a a conocer para concienciar y cambiar las cosas por su capacidad de impactar.

Desde aquella fotografía de Aylan, otras 30 000 personas han muerto en el Mediterráneo. Muchas de ellas, niñas y niños como él. Como los de Gaza, a quienes con frecuencia se retrata sin preservar su rostro con el alma y el cuerpo castigados por las bombas y el hambre. Tan niños y niñas como los nuestros, pero a los que los medios de comunicación, al igual que la injusticia, tratan de manera diferente. ¿Será que no tienen futuro?

The Conversation

Guillermo Gurrutxaga Rekondo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El dolor sin pixelar de la infancia gazatí: la publicación de imágenes de niños muertos y heridos cuando no son de los ‘nuestros’ – https://theconversation.com/el-dolor-sin-pixelar-de-la-infancia-gazati-la-publicacion-de-imagenes-de-ninos-muertos-y-heridos-cuando-no-son-de-los-nuestros-265951

La industria audiovisual convierte a Turquía en un destino de telenovela

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Martín Flores Almendárez, PTC Asociado "B"; Especialista en Capital Humano e integrante del CA en Gestión, Innovación Educativa y Tecnología, Universidad de Guadalajara

Imagen de la serie turca _Aski Hatirla_ (Recuerda el amor). IMDB

En la era digital, la información y el entretenimiento viajan a la velocidad de un clic. Un fenómeno cultural logra trascender fronteras y, sorprendentemente, convertirse en motor económico: así ha ocurrido con el auge de las series de televisión y telenovelas turcas.

Lo que en principio fue una forma de escape y drama para millones de personas, se transformó en puente que conecta la ficción con la realidad, impulsando un inesperado movimiento de turismo internacional hacia Turquía.

Para entender este fenómeno, debemos hablar del concepto de soft power (“poder blando”), una herramienta cultural y política que un país utiliza de manera sutil para influir en otros. A diferencia del hard power, en el que el país se basa en la fuerza militar o económica, el soft power se centra en la atracción y la persuasión. Turquía ha dominado esta estrategia a través de sus producciones televisivas.

Un viaje sin salir de casa

Las series turcas no son solo historias de amor y desamor. Son, en esencia, ventanas a un mundo fascinante.

Cuando un espectador se sienta a ver, por ejemplo, Binbir Gece o Kara Sevda, no solo se sumerge en la trama de los personajes, sino que también es testigo de la imponente belleza de Estambul, la mística Capadocia o la historia de Ankara.

Una pareja habla delante de unas ruinas.
Una escena de la serie turca Atiye con los yacimientos arqueológicos de Anatolia como telón de fondo.
IMDB

Los majestuosos paisajes, los bazares llenos de vida y los monumentos históricos se convierten en el telón de fondo de cada escena, generando en los espectadores una conexión visual y emocional tan fuerte que despierta en ellos un deseo profundo de conocer esos lugares.

Esta experiencia se asemeja a un déjà vu, una sensación de haber caminado ya por esas calles o de haber contemplado esos atardeceres. Las series actúan como una especie de “teletransportador” visual, que reduce la distancia y hace que destinos que antes parecían lejanos e inaccesibles, se sientan cercanos y alcanzables.

Este vínculo entre la ficción y la realidad no es causal, es el resultado de una estrategia deliberada y exitosa.

El salto de espectador a turista

Algunos estudios y datos económicos han confirmado la relación directa entre el crecimiento de las exportaciones de series turcas con el aumento del turismo internacional en el país.

La correlación entre los picos de audiencia y el incremento en las búsquedas de vuelos y reservas de hoteles es innegable. Pero ¿cómo se logra este salto de ser un simple espectador a convertirse en un turista? Existen varios mecanismos clave:

  1. El imaginario espacial: la televisión tiene el poder de hacer que lugares lejanos se sientan familiares. Al ver continuamente la belleza del Bósforo o las cúpulas de la Mezquita Azul, estos sitios se graban en la mente de los espectadores y se convierten en “sueños alcanzables”.

  2. La identificación emocional: los espectadores se enamoran de los personajes, sus historias y vidas, y desean replicar sus experiencias. Surge el deseo de visitar el café donde se conocieron, el bazar donde compraron el regalo o el puente donde se declararon su amor. Estos deseos se transforman en metas de viaje concretas que dan forma a un itinerario.

  3. La viralidad en redes sociales: la popularidad de las series ha generado comunidades de seguidores en línea que, a través de hashtags, vídeos e historias, amplifican la belleza de Turquía. La promoción boca a boca o, en este caso, de pantalla a pantalla, convierte locaciones específicas en “lugares imperdibles” para tomarse una foto para Instagram, transformando un simple destino en un punto de visita obligada para los fans.

  4. El efecto “celebridad”: la fama de los actores y las historias detrás de los rodajes han inspirado la creación de “tours de locaciones”, un concepto similar a los que existen para sagas como Harry Potter o series como Emily en París. La gente viaja para seguir los pasos de sus personajes favoritos, creando itinerarios temáticos que profundizan su conexión con la historia y el lugar, y que incluso les permiten sentir que son parte de la narrativa.

Un hombre y una mujer hablan en un parque.
Escena de la serie turca Kara Sevda.
IMDB

Un fenómeno con lecciones globales

Si bien es difícil cuantificar con exactitud cuántos turistas viajan a Turquía impulsados únicamente por las telenovelas, la ficción televisiva ha demostrado ser un “impulsor de demanda turística”. No se reemplazan otras motivaciones para viajar, pero sí aumenta significativamente el número de visitantes y el gasto que éstos realizan en el destino.

En resumen, este fenómeno nos enseña una lección valiosa sobre la economía y la cultura en el siglo XXI. Revela que una audiencia que a menudo se considera pasiva puede convertirse en la fuerza motriz de un movimiento transnacional. Más allá de las tramas de amor y desamor, las series turcas han demostrado que la cultura también viaja. Al hacerlo, deja una huella imborrable en la economía global.

Así que, la próxima vez que se siente a ver una serie, recuerde que no solo está viendo una historia; está, sin saberlo, soñando con un nuevo destino. Y tal vez, solo tal vez, ese sueño lleve a su próxima gran aventura, donde el protagonista será usted.


Diana Laura Núñez Ornelas, estudiante de Negocios Internacionales y becaria honorífica, ha participado en la redacción de este artículo.

The Conversation

Juan Martín Flores Almendárez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La industria audiovisual convierte a Turquía en un destino de telenovela – https://theconversation.com/la-industria-audiovisual-convierte-a-turquia-en-un-destino-de-telenovela-264948

Del punk a los memes: la risa rebelde que sigue cuestionando las narrativas oficiales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sebastian Silva C., Profesor de Comunicación Social, Universidad de La Sabana

Concierto de Green Day en Berlín en 2009. Gillyberlin/Flickr, CC BY

El punk enseñó que reírse del sistema era también resistirlo. Ese gesto, lejos de ser un vestigio contracultural del pasado, sigue vivo en la cultura digital. La risa rebelde que todavía se canta en conciertos ahora circula en pantallas y timelines de Instagram y TikTok. Unas formas de expresión que cuestionan lo políticamente correcto y recuerdan que la comunicación auténtica es un acto de libertad humanista, porque permite reír, cuestionar y crear vínculos sin filtros, en pleno auge de la inteligencia artificial.

En los años setenta, una generación de jóvenes en Londres y Nueva York levantó su voz –y su guitarra eléctrica– contra el sistema. No lo hicieron con solemnidad, sino con una carcajada inconforme, una estética estridente y una ideología que defendía la libertad individual, la crítica al consumismo, el rechazo a las jerarquías hegemónicas y la incorrección política. Así nació el punk: una filosofía que transformó la música, la moda y que hoy sirve de metáfora para entender el papel de la risa y la resistencia en la cultura digital.

Del garaje a los macroconciertos

El punk no fue únicamente un género musical nacido del rock; fue una declaración política y cultural. Inspirado por el hartazgo frente a la crisis económica, el desempleo juvenil y la rigidez de las instituciones, defendió valores como el do it yourself (hazlo tú mismo), la horizontalidad, la crítica al poder y la desconfianza hacia los discursos dominantes.

En los setenta, los Sex Pistols fueron pioneros en convertir la inconformidad y la incorrección en discurso mainstream, como lo relata el investigador Jon Savage en el libro England’s Dreaming: Sex Pistols and Punk Rock. The Clash, por su parte, expandió ese gesto con fusiones musicales y contenido político consciente. Hoy, sus lecciones resuenan de forma análoga a un meme. Este puede ser tan revelador como un riff de guitarra para cuestionar estructuras de poder.

The Clash interpretan ‘Should I Stay or Should I Go’ en directo en Nueva York.

En los noventas y los dos mil, bandas como Green Day llevaron el “hazlo tú mismo” y la crítica social a audiencias masivas, mostrando que la rabia juvenil podía también escalar a la cultura del entretenimiento y lo aparentemente insignificante.

Concierto de Green Day en el festival de Reading (1995).

Por su parte, los integrantes de NOFX, activos desde 1983, tradujeron la irreverencia punk en un lenguaje cotidiano y humorístico, mezclando melodías pegajosas con una sátira que cuestionaba el orden social desde lo cotidiano.

El meme es el mensaje

Si entre los setenta y los dos mil el escenario era el garaje o el concierto improvisado, hoy ese escenario es el “ambiente digital”. Este lo conforman las redes sociales, los medios e internet en general, según la definición del teórico de la comunicación Sergio Roncallo-Dow.

La risa rebelde heredada del punk se ha transformado en un lenguaje universal basado en memes, hilos virales y vídeos irónicos que ridiculizan las narrativas oficiales. Además de la guitarra distorsionada, ahora circula un gif que desarma al político de turno o un meme que expone con humor lo absurdo de ciertas políticas públicas.

Marshall McLuhan, gran teórico de la comunicación, advirtió que el medio no solo transmite mensajes, sino que moldea la forma en que vivimos. En la cultura digital, los memes y las plataformas funcionan como los nuevos entornos donde se juega la inconformidad frente a las narrativas que dominan la opinión pública. La risa cuestionadora es hoy un acto comunicativo que humaniza, conecta y genera conversaciones genuinas sobre las realidades desnudas de la política y el poder.

Conexión cultural pop

Como dejó escrito Sergio Roncallo-Dow y recogen otros autores, la comunicación auténtica no puede desligarse de la cultura que la produce. La cultura pop y los entornos mediáticos no son simples distracciones, sino escenarios donde se configuran sensibilidades y formas de pensamiento. Desde esta mirada, la risa rebelde del punk y su eco en las formas actuales de interacción entre personas son una muestra de cómo la comunicación puede y debe tener una conexión cultural profunda, entendiendo que la cultura no es sólo lo “culto” de las élites, sino también lo popular.

En palabras de Roncallo-Dow: “La cultura pop piensa, y lo hace desde sus propios lenguajes, generando formas de sensibilidad y de conocimiento que no deben ser subestimadas”.

El arte de la incorrección política

La fuerza del punk no radicaba solo en la estridencia de su música, sino en la capacidad de reírse del sistema, de ridiculizar lo solemne y de transformar la incomodidad en un espectáculo colectivo.

En la cultura digital, los memes (visuales, rápidos, con humor ácido y sátira viral) representan la continuidad de esa tradición. Se ríen de presidentes, de algoritmos y de instituciones. Parafraseando a Roncallo-Dow, “la cultura pop piensa” y, podríamos añadir, también ríe.

En ese sentido, un meme político no es un chiste banal: es un gesto artístico que revela contradicciones y hace visibles tensiones sociales que otros discursos prefieren silenciar.

El arte, ya sea un pogo (baile) en un concierto punk o un gif que recorre timelines, humaniza porque nos permite reconocernos en la risa compartida. La incorrección política es su combustible: un recordatorio de que no todo debe ser solemne, de que el humor es una manera de pensar y de resistir. En tiempos donde las narrativas oficiales buscan imponer extremos ideológicos y uniformidad, el arte de reírse del poder es un acto de libertad y, sobre todo, de humanidad.

The Conversation

Sebastian Silva C. no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Qué necesitan saber los escolares sobre sexo? Respuestas desde la psicología infantil y juvenil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sylvie Pérez Lima, Psicopedagoga. Psicóloga COPC 29739. Profesora tutora de los Estudios de Psicología y Educación, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Monkey Business Images/Shutterstock

Entre las múltiples demandas que se le hacen a la escuela del siglo XXI, una de las más relevantes es su papel en la educación sexual. Una educación sexual rigurosa, inclusiva y basada en evidencia, como defiende la UNESCO, es la mejor manera de garantizar o, al menos, contribuir a que los niños y adolescentes puedan tomar decisiones informadas, y puedan cuidar de su salud y de su bienestar afectivo, emocional y social.

Pero ¿cuáles son los contenidos adecuados, según la edad, y qué cuestiones deben dejarse para el ámbito familiar?

Llegar antes que la pornografía

Diversos estudios evidencian que el conocimiento del alumnado favorece el uso de anticonceptivos y reduce las conductas de riesgo. Incluso puede ayudar a retrasar el inicio de las relaciones sexuales, cuya tendencia actual es a adelantarse.

También se ha generalizado la exposición a contenido sexual a través de internet, en muchos casos a edades muy tempranas. Cuando esto sucede sin tener conocimientos previos puede generar reacciones emocionales fuertes como asco, shock o confusión en un primer momento, pero también otras más profundas como síntomas evitación emocional (ocurre en más del 50 % de los casos).

¿Qué debe enseñar la escuela y cuándo?

En primer lugar, es necesario diferenciar primaria y secundaria, distinguiendo qué priorizar en cada etapa. Los niños pequeños aprenden primero a reconocer emociones básicas, mientras que en la adolescencia se intensifica la experiencia emocional y la búsqueda de identidad.
La evidencia sugiere una progresión coherente que ya recoge en mayor o menor medida, por ejemplo, el currículum educativo de las diferentes comunidades autónomas en España.

  1. En educación primaria conviene centrarse en habilidades socioemocionales, conocimiento básico del cuerpo, límites y respeto, así como en la prevención del abuso de manera adecuada a la edad.

    En primero y segundo (6-8 años), los objetivos son desarrollar la autoestima y seguridad personal, aprender a comprender y expresar emociones y reconocer la importancia de los límites propios y de los otros. Se puede trabajar con cuentos sobre la diversidad familiar, juegos que identifiquen las emociones o actividades que ayuden a conocer las partes del cuerpo.

    En tercero y cuarto (8-10 años) los objetivos se amplían a saber pedir ayuda, normalizar los cambios en el cuerpo o identificar situaciones de incomodidad. Podemos trabajar con dinámicas de grupo sobre amistad y respeto, y empezar con las primeras nociones sobre la pubertad.

    En ciclo superior (10-12 años) conviene reforzar la prevención del abuso y el conocimiento sobre los cambios físicos y emocionales de la pubertad y adolescencia. A esta edad ya se empiezan a introducir talleres para luego poder trabajar con debates.

  2. En secundaria se incorporan contenidos más concretos sobre anticoncepción, diversidad, pornografía, consentimiento y prevención de la violencia. Los objetivos de trabajo se focalizan en proporcionar conocimientos, pensamiento crítico y competencias socioemocionales que complementen lo aprendido en primaria y acompañen su desarrollo.

    Por ejemplo, puede explicarse de manera práctica el uso del preservativo y presentar distintos métodos anticonceptivos, para que, cuando ocurra la relación sexual, sea segura y consentida. También se puede trabajar la diversidad afectivo-sexual y de género con ejemplos cotidianos, sin imponer modelos de vida, sino desnaturalizando la discriminación.

    Respecto a la pornografía y el consumo de contenidos sexuales en internet, se trata de favorecer un pensamiento crítico que permita diferenciarla de la sexualidad real y reflexionar sobre estereotipos y consentimiento. En esta etapa educativa, se incorpora el trabajo con dinámicas y debates sobre relaciones sanas y tóxicas, el consentimiento expreso y la prevención de la violencia sexual y de género.




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Educación emocional y educación sexual

Aprendizaje y educación están condicionados por el desarrollo cognitivo y emocional de los alumnos: no sólo la edad es importante, sino el momento individual de desarrollo y la madurez. Esto es posible si integramos la educación afectiva y emocional en la educación sexual.

Las competencias emocionales son un conjunto de habilidades que permiten identificar, comprender y regular las emociones propias y ajenas, así como utilizar esta información para guiar el pensamiento y la conducta. Están ligadas al bienestar psicológico, el rendimiento académico y la prevención de conductas de riesgo. Desarrollarlas fortalece la autoestima y contribuye tanto a promover relaciones sanas como a prevenir conductas sexuales de riesgo o comportamientos impulsivos o agresivos.




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¿Qué dice la ley sobre la educación emocional en la escuela?


En este sentido, podemos decir que la educación sexual se cimenta en una buena educación emocional. Cuanto mejor sepan los niños y niñas de primaria conocerse, entender sus emociones, expresarlas y gestionarlas y comprender las de los demás, no sólo estaremos favoreciendo un clima de convivencia sano en la escuela, sino que estaremos sentando las bases para una buena educación sexual.

Neurodiversidad y educación sexual

Aunque falta aún investigación relativa al alumnado con discapacidad intelectual, autismo u otras necesidades especiales, crece la evidencia sobre la necesidad de adaptar contenidos de consentimiento, relaciones y derechos a su comprensión. Estudios recientes recuerdan adaptar a esta situación la educación sexual y afectiva. Es crucial reconocer y promover los derechos sexuales de todas las personas, incluyendo a aquellas con necesidades educativas especiales.

Esto implica garantizar su derecho a la información, a la educación y a la toma de decisiones sobre su cuerpo y sus relaciones, fomentando su autonomía personal y su autoestima. Por ejemplo, proponiendo formatos como pictogramas, vídeos con lenguaje de señas o material en lectura fácil, y asegurando personas o lugares de referencia donde acudir en caso de necesidad.

Calidad y duración de los programas

Las actuaciones breves y puntuales tienen poco impacto; la recurrencia y la evaluación continua aumentan la efectividad. Un metaestudio de 2023 confirma que los programas con mayor duración, mejor estructura y contenidos diversos (incluyendo afectividad, sexualidad y derechos) tienen efectos más sólidos sobre actitudes, conocimientos y conductas. Por ello no basta con un taller o charla, sino que la educación sexual debe formar parte de los contenidos curriculares.

¿Qué evitar desde la escuela?

Los valores personales, las creencias familiares y la moral individual son espacio de la familia y del entorno cultural o religioso de cada alumno. La UNESCO recuerda que no corresponde a la educación formal transmitir visiones particulares sobre sexualidad o género ni emitir juicios sobre orientación sexual o identidad de género.

Por esta razón se deben evitar discursos de vergüenza, culpa o miedo como método de prevención y eludir aspectos muy íntimos como prácticas sexuales específicas si no hay permiso familiar o el uso de lenguaje muy explícito que no sea apropiado para la edad.

El futuro de la educación sexual

Fomentar la transparencia y la colaboración con las familias es el camino a seguir. En estudios donde los padres recibieron sesiones de formación o recursos para hablar de sexualidad, aumentó la comodidad y frecuencia de esas conversaciones, mejorando el efecto de la educación escolar. Recientes investigaciones europeas coinciden en señalar que cuando la familia se implica, se ve reforzado el éxito de los programas que se aplican.

En cualquier caso se trata de un esfuerzo conjunto que no podemos seguir retrasando: una encuesta realizada en noviembre de 2023 en España mostraba que la mitad de los jóvenes de 16 a 29 años no había recibido educación sexual alguna, ni de su familia, ni en su centro educativo.

Todavía es mayor el porcentaje de jóvenes que declaran que no han obtenido una educación afectivo-sexual de calidad. Y sólo poco más del 10 % de ellos se muestra completamente satisfecho con este tipo de educación recibida en el ámbito familiar (11,1 %) o escolar (12,2 %).

Es responsabilidad de todos revertir esta tendencia: la educación sexual no solo contribuye a una vida más informada y plena, sino también a una sociedad más sana e igualitaria.

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Sylvie Pérez Lima no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué necesitan saber los escolares sobre sexo? Respuestas desde la psicología infantil y juvenil – https://theconversation.com/que-necesitan-saber-los-escolares-sobre-sexo-respuestas-desde-la-psicologia-infantil-y-juvenil-265303

Compensación con carbono azul: ¿el nuevo oro de la mitigación climática o una moda pasajera?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando G. Brun Murillo, Catedrático de Ecología, Universidad de Cádiz

El cambio climático está influyendo de un modo directo e indirecto en todos los aspectos de la vida humana a nivel global. Lo que ha derivado en que, en los últimos años, tanto en la Unión Europea como en España, se haya puesto en marcha una amplia batería de normativas ambientales.

Una de las más recientes ofrece la posibilidad de compensar las emisiones de los gases de invernadero con proyectos desarrollados en ecosistemas marinos (carbono azul), que ahora pueden sumarse a las iniciativas de absorción desarrolladas en el medio terrestre (carbono verde) que se llevan a cabo desde hace unas décadas.

El interés por desarrollar proyectos de este tipo está actualmente sufriendo un crecimiento exponencial. Pero los retos a los que se enfrenta son muchos: complejidad legislativa, ausencia de normativas específicas, incertidumbre científica, coste de los proyectos y de las certificaciones, etc.

Todas estas barreras están retrasando la puesta en marcha de proyectos a nivel europeo y nacional, limitando todos beneficios climáticos, ecológicos y económicos que acarrean.




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En 2023, la Junta de Andalucía puso en marcha el primer estándar para la certificación de créditos de carbono azul desarrollado por una administración pública a nivel europeo. Todos los retos que ha enfrentado, y que sigue solventando, constituyen un buen ejemplo del camino que aún queda por recorrer para que esta nueva oportunidad para la mitigación climática y ambiental no acabe transformándose en una moda pasajera vacía de contenido.

El estándar andaluz: pionero en la Unión Europea

Un año después de la aprobación del estándar andaluz para la certificación de créditos de carbono azul, la Unión Europea publicó el Reglamento (UE) 2024/3012, el cual busca establecer un marco común para la certificación de absorciones de carbono en todo su territorio.

En España, la reciente aprobación del Real Decreto 214/2025 también contempla ya la posibilidad de compensar con carbono azul a nivel nacional. Sin embargo, para poder hacerlo posible, las absorciones deben estar sometidas a certificación mediante un estándar reconocido. Y, a día de hoy, el único estándar existente en el ámbito nacional para este tipo de carbono es el andaluz.

Debido a la reciente aprobación de este estándar y a su novedad, ni las administraciones públicas ni los promotores privados son aun conscientes de esta nueva posibilidad de compensación. Esto explica, en parte, por qué todavía no se ha puesto en funcionamiento ningún proyecto de absorción en un ecosistema de carbono azul.

A pesar de este complejo escenario, hace algo más de un año se anunció en Cádiz la puesta en marcha del primer proyecto basado en dicho estándar. Y, recientemente, fue noticia el plan de iniciar otro proyecto de absorción de carbono azul también en salinas degradadas de la bahía de Cádiz.




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Complejas barreras que sortear

El lugar donde se desarrollan estos proyectos, zonas costeras someras, presenta una alta complejidad normativa, con la participación de múltiples administraciones públicas con diversas competencias. También, estos espacios, suelen encontrarse bajo diferentes figuras de protección ambiental, retrasando y complicando los trámites administrativos. Además, se trata de áreas que se encuentran bajo la figura del dominio público-marítimo terrestre (DPMT), en el que la titularidad de las absorciones generadas tras la inversión de un promotor, ya sea público o privado, no está claramente definida.

El carbono azul tampoco está contemplado a día de hoy entre los usos y actividades autorizadas en las concesiones de estos terrenos públicos, lo que genera, desde un inicio, una barrera para su desarrollo. A este problema se suma que los distintos usos en el DPMT implican el pago de un canon, es decir, una tasa en función de la actividad realizada y de la superficie ocupada.

El carbono azul aún no está regulado ni cuantificado como uso, lo que genera incertidumbre para los promotores, quienes desconocen cuál sería el coste anual derivado de la puesta en marcha de este tipo de proyectos. Un coste que podría oscilar entre la exención total del pago del canon o decenas de miles de euros anuales.




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Muchas incertidumbres y algunas certezas

A las barreras administrativas y normativas se suman aún numerosas incertidumbres científicas. Estas se deben, principalmente, a la falta de datos y al desconocimiento sobre el comportamiento de ciertos procesos clave para la captura de carbono a largo plazo en los ecosistemas marinos restaurados.

La cuantificación tanto de la captura de carbono como de la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) debe realizarse con rigor, garantizando además la permanencia del carbono secuestrado durante toda la vida útil del proyecto.

Entre otros ejemplos, la alta variabilidad espacial y temporal en los flujos de otros potentes GEI como el metano (CH₄) o el óxido nitroso (N₂O), y la respuesta que tendrán tras la implementación de estos proyectos, no está aún clara. Si estos flujos se incrementaran, por la degradación del carbono orgánico que se está acumulando, se podrían reducir los beneficios climáticos de estos proyectos.

Por otro lado, existen reservorios de carbono poco explorados, como el carbono orgánico disuelto refractario, que, a pesar de su relevancia como secuestrador del elemento a largo plazo, aún no cuenta con suficiente investigación que respalde su comportamiento a medida que el proceso de restauración avance en el área de proyecto.

El mar: un ecosistema costoso

Otro obstáculo importante es el económico. El medio marino resulta un entorno hostil para la realización de actividades técnicas y la obtención de datos. Los proyectos en estas zonas suelen tener costes significativamente más altos debido a la necesidad de maquinaria especializada y personal altamente cualificado. Lo mismo ocurre con las campañas de toma de datos necesarias para la certificación de las capturas de carbono, cuyo coste es considerablemente superior al requerido en proyectos de carbono verde.




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Los proyectos de compensación con carbono azul tienen un periodo de permanencia elevado –superior a 50 años–, y el promotor solo puede obtener créditos por las capturas que se certifiquen y verifiquen en cada ciclo de verificación. En el estándar andaluz es cada 7-8 años, lo que supone una carga económica importante que se añade a los costes iniciales de implementación y al mantenimiento del proyecto durante todo ese tiempo.

Reducir estos costes, aumentar la fiabilidad de los datos obtenidos y mejorar la solidez de las asunciones científicas dependerá de la generación de más datos, tanto a través de la financiación de investigación básica en estas temáticas emergentes como mediante la medición de datos reales a medida que se pongan en marcha nuevos proyectos. Asimismo, es necesaria una mayor coordinación entre administraciones, además de agilidad legislativa para adaptar o crear normativas de acuerdo con las nuevas necesidades y desafíos que plantean este tipo de iniciativas.

El desarrollo de proyectos de absorción en ecosistemas de carbono azul representa una gran oportunidad de mejora medioambiental y económica para la sociedad. Una que va más allá de la lucha contra el cambio climático: se trata de una oportunidad estratégica que debemos aprovechar. Trabajemos en conjunto para hacer realidad esta nueva “mina de oro” de la mitigación climática.


La versión original de este artículo fue publicada en la Revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

Fernando G. Brun Murillo recibe fondos de Proyecto de investigación DAME (PDC2021-120792-100), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación y por la Unión Europea “NextGenerationEU” y proyecto FINOCAME (PCM_00104. C17 . I03.) Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Financiado por la Unión Europea NextGenerationEU. En la actualidad es co-responsable del Grupo Español de Expertos en Ecosistemas de Carbono Azul (G3ECA), del Laboratorio de Carbono Azul de la Universidad de Cádiz, y asesor en temas de carbono azul para la Oficina Andaluza de Cambio Climático.

ref. Compensación con carbono azul: ¿el nuevo oro de la mitigación climática o una moda pasajera? – https://theconversation.com/compensacion-con-carbono-azul-el-nuevo-oro-de-la-mitigacion-climatica-o-una-moda-pasajera-261806

Ontario’s colleges were founded to serve local and regional needs — have we forgotten that?

Source: The Conversation – Canada – By Emilda Thavaratnam, PhD student, Leadership and Higher Education, University of Toronto

The establishment of Ontario’s colleges of applied arts and technology 60 years ago marked a pivotal moment in the province’s educational history. The founding vision was based on principles of accessibility and community, as colleges were designed to strengthen Ontario’s growing social and economic fabric.

Today, this promise is unravelling. Students now face limited program choices with the cancellation or suspension of 600 programs over the past year, rising fees and mounting debt, while faculty and staff contend with precarious contracts and widespread layoffs.

As students settle into fall semesters, it’s essential to reflect on the history of Ontario’s colleges in order to envision a future that safeguards the public mission on which these institutions were founded.

Founding vision

Ontario redefined post-secondary education in 1965 by creating a new college system under the leadership of William G. Davis, then the province’s education minister, later its premier. This marked a turning point in Ontario’s educational history and the birth of the college system.

In response to the province’s rapid demographic and economic shifts, Davis proposed a model of affordable, accessible vocational education aimed at preparing students for the workforce.

The foundational principles emphasized that college programs should be “occupation-oriented” and “designed to meet the needs of the local community”;
Additionally, the plans highlighted there should be a “close relationship between any college program and the long-term economic development plans for a particular region” to respond to immediate labour market demands and broader societal needs, including arts, health, science and technical fields.

This approach ensured that the founding vision was connected to regional development, allowing colleges to address Ontario’s diverse social, economic and cultural needs across multiple sectors.

In a 1967 Department of Education publication, Davis cited an earlier 1964 report that named the unique role that colleges would play:

“In the present crisis .. we must turn our attention to the post-secondary level, where we must create a new kind of institution that will provide, in the interests of students for whom a university course is unsuitable, a type of training which universities are not designed to offer.”

This mandate gave colleges their distinctive purpose of filling gaps that universities were never meant to address.

Economic and social development

There are now 24 colleges with campuses in 200 communities throughout Ontario. This college system plays a vital role in the province’s education and economy.

Davis’s legacy is evident in the generations of students who have attended these institutions. Since 2018, an average of 140,000 people have graduated annually from Ontario’s colleges.

It is reported that an average of 83 per cent of Ontario college graduates are employed within six months of graduation. These outcomes highlight the pivotal role that colleges play in contributing to Ontario’s economic and social development.

Shifts in funding

The financial foundation of Ontario colleges has shifted dramatically over the past six decades. When colleges were first established most operating expenses were financed by the province, with tuition contributing to a lesser extent.

By the late 1980s, however, per-student funding had already fallen by roughly one-third. The trend accelerated in 1995 when $120 million was cut. Rather than raising tuition directly, colleges responded by introducing ancillary fees, expanding international student enrolment, postponing capital projects and turning to private funding.




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From the 1990s onward, tuition increasingly replaced public investment as the financial backbone of the college system. Data from the Higher Education Quality Council of Ontario illustrates that between 1992 and 2008, total college revenue rose from $972 million to $1.6 billion, but this growth was driven primarily by student fees. Tuition revenue more than tripled during this period, while government funding shrank as a proportion of overall revenue.

This reliance on student-paid fees deepened in the following decade. Between 2010-11 and 2022-23, provincial grants per student operating revenue (adjusted for inflation) declined by 29 per cent, while tuition revenue once again tripled.

By 2022-23, Ontario colleges received approximately $11,081 per full-time-equivalent student, compared to the national average of $19,292. This figure is just 56 per cent of the Canadian average across provinces.

A 2023 provincial report, Ensuring Financial Sustainability for Ontario’s Post-Secondary Sector, confirms the crisis surrounding underfunding.

What does this mean for students?

These funding changes have reshaped the classroom experience. For students, this means higher tuition and shifted program priorities that limit access and opportunity.

For the public, it’s the loss of an original promise of accessible vocational education. Rising tuition fees have created barriers to access, especially for low-income, first-generation Canadian students.

At the same time, the Ontario government has framed college funding heavily around immediate provincial and national economic pressures, for example in trades and construction, as well as STEM and health care.




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While public funding of colleges has been eroded, the Ontario Public Service Employees Union reports that Ontario has also spent significant funds cultivating “non-college training providers and projects” through a Skills Development Fund.

It also notes that while public colleges are required to disclose a great deal about their funding and outcomes:

“… very little is known about the funding levels, training quality or employment outcomes of SDF-funded projects. Instead, the province relies on campaign-style funding announcements, often showcasing private companies receiving multi-million dollar training grants.”

Move away from founding vision

Davis’s founding vision was rooted in regional development. Programs were designed to serve the long-term needs of communities, including the arts, local culture and community services. The goal was to strengthen entire regions and broaden opportunities through a balanced system that reflected both economic and social priorities.

This shift reflects the broader marketization of higher education. Education is valued less for cultivating critical thinking, civic participation and community life and more for producing workers to meet short-term market needs.

For students, this means diminishing autonomy as their choices are increasingly shaped by labour market pressures rather than broader civic needs and personal vocational interests. These funding trends raise concerns about the fate of a broader range of programs that sustain the social fabric of communities.

Ongoing college support staff strike

Finally, these policy shifts ignore the immediate impact on students, faculty and staff. The ongoing support staff strike at Ontario colleges is one expression of these pressures, and its complexity deserves discussion beyond the scope of this piece.

The question remains: where is our government in all this, and what will be done to save our colleges?

Today, Davis’s legacy is being dismantled by chronic underfunding. The future of our colleges depends on renewal. We must reclaim these values and call on our federal and provincial leaders to support a truly public system of higher education that serves the communities it was created to serve.

The Conversation

Emilda Thavaratnam does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Ontario’s colleges were founded to serve local and regional needs — have we forgotten that? – https://theconversation.com/ontarios-colleges-were-founded-to-serve-local-and-regional-needs-have-we-forgotten-that-262760

Nasa’s Artemis II mission is crucial as doubts build that America can beat China back to the Moon

Source: The Conversation – UK – By Jessie Osborne, Research Assistant, RAND Europe

Nasa/Frank Michaux

For the first time in half a century, America stands on the threshold of sending astronauts back to the Moon. Slated for launch no earlier than February 2026, Artemis II will not land on the lunar surface, but it will carry four astronauts on a flyby of Earth’s only natural satellite.

The ten day mission will take the crew further from Earth than any human has travelled since the Apollo missions. It’s a crucial test of Nasa’s Orion spacecraft and Space Launch System (SLS) rocket, determining whether the United States can safely push beyond low Earth orbit once again. The stakes are immense: technical risks, billions in financial commitments and an increasingly competitive international race for lunar leadership.

Indeed, even vocal supporters of America’s effort are now expressing doubts that Nasa will be able to beat the Chinese space agency in the race to send humans back to the lunar surface. China has been making great strides in its lunar effort and is targeting a Moon landing by 2030. America’s programme, on the other hand, is beset with problems, including the lack of a working lunar landing system and lunar surface spacesuits that are behind schedule.

Further underlining the US’ now precarious hopes of returning first to the Moon, China completed a critical landing and take off test of its crewed lunar lander in August.

The astronauts aboard Artemis II will test critical systems required to perform in the harsh deep space environment. After separation from the core stage of their rocket, they will confront an extreme environment where deep space rescue is impossible.

During the uncrewed Artemis I mission in 2022, the Orion crew module sustained unexpectedly high levels of damage to its heat shield, during the return through Earth’s atmosphere. The heat shield protects the occupants of the spacecraft from the superheated gases around the spacecraft during re entry.

Nasa has been working hard to resolve this problem ahead of Orion’s first mission with humans aboard. The problem highlights the complexity of returning to lunar travel after a 50-year hiatus.

The Orion heat shield after the Artemis I mission, showing cavities from the loss of large chunks during re entry.
Nasa

Landing challenges

Even if Artemis II is successful, major uncertainties surround the next mission: Artemis III. This is intended to be the first American mission to return to the lunar surface since 1972. The landing vehicle will be based on SpaceX’s Starship vehicle and is known as the Starship Human Landing System (HLS). SpaceX has been carrying out test flights of Starship from its launch site in southern Texas. While the most recent of these was successful, several previous flights resulted in spectacular explosions.

However, Starship faces many further challenges before it can be used to carry astronauts down to the lunar surface. The vehicle must demonstrate that it can refuel in orbit, connecting to another Starship that acts solely as a tanker. The 50 metres tall spacecraft must also be able to land vertically on the Moon. Its ability to act as a lunar habitat for the astronauts creates opportunities for extended missions, but its size and complexity creates risk too.

While these hurdles remain unresolved, Nasa faces the possibility of having to reimagine Artemis III, including the possibility that the mission becomes another lunar flyby rather than the long-awaited return to the surface.

Artemis is ambitious, but also precarious. Each SLS rocket costs US $2 billion (£1.4 billion) to launch. This extraordinary cost has already raised questions in Congress about long term sustainability. As such, some US lawmakers are pushing for a transition to cheaper commercial rockets after Artemis III. For now, funding is secured through the 2025 “One Big Beautiful Bill Act”, but the political consensus may not last.

International competition adds urgency to the financial considerations. The implications of lunar leadership extend beyond national prestige. They include access to lunar resources, such as the water ice locked up at the lunar poles, which could be used to support a Moon base. Nasa’s acting administrator Sean Duffy has asserted that “we are going to beat the Chinese to the Moon” , echoing the cold war narrative 63 years on from John F Kennedy’s “we choose to go to the Moon” speech in 1962.

But Nasa must also demonstrate that Artemis delivers scientific value beyond national prestige. It must justify the massive investment through discoveries that benefit humanity’s understanding of the Moon, Earth and solar system.

Lunar space station

The intended impact of the lunar return extends far beyond individual missions. A space station around the Moon called the The Lunar Gateway represents Nasa’s commitment to a sustained presence rather than Apollo-style flags-and-footprints landings. The Gateway’s first modules, scheduled for a 2027 launch, will create a staging point for future lunar operations and deep space exploration.

The Artemis IV mission will deliver additional Gateway modules in 2028, while Artemis V in 2030 will introduce Blue Origin’s competing lunar lander, reducing dependence on SpaceX as a single contractor. The cargo version of Blue Origin’s lander could be ready long before that, as the company is hoping to launch the uncrewed vehicle on a mission to the lunar surface sometime this year.

Next year’s Artemis II mission is not just another spaceflight, it is the proving ground for America’s return to the Moon. It is the test of whether the United States can sustain its most ambitious exploration program since Apollo. It is also the foundation for future voyages to Mars. Success will reaffirm American leadership in space. Failure could cede it to others.

The Conversation

Jessie Osborne does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Nasa’s Artemis II mission is crucial as doubts build that America can beat China back to the Moon – https://theconversation.com/nasas-artemis-ii-mission-is-crucial-as-doubts-build-that-america-can-beat-china-back-to-the-moon-266385

First woman archbishop of Canterbury can’t preside over communion in hundreds of churches

Source: The Conversation – UK – By Sharon Jagger, Lecturer in Religion, York St John University

As an academic specialising in gender and the church, the news that Bishop Sarah Mullally would be the next archbishop of Canterbury came as a pleasant shock to me. The announcement of a woman as leader of the Church of England and the “first among equals” in the worldwide Anglican communion came as a surprise to others too. One woman priest told me she was “stunned but pleased”.

What is not surprising, though, is the immediate condemnation from church conservatives, many outside the Church of England. Social media naysayers made their views known too – I read comments arguing that a female archbishop makes a “mockery of tradition” and that such “feminist rebellion” spells the death of the church.

This type of abusive commentary has been aimed at women priests for years. My own research explores the gendered abuse faced by women in the church.

The appointment of a woman as archbishop is a welcome show of resistance by the church against such misogyny. But it is by no means a panacea for the sexism and misogyny built into the church’s structure.

Before 1993, women were not permitted to be ordained in the Church of England. The campaign for women’s ordination has a long history, gathering pace from the 1970s. Finally, in 1992, General Synod – the church’s governing council – voted in favour of allowing women to be priests. The vote was close, and many in the church remained opposed to the move.

To accommodate those who could not accept women in the priesthood, the Act of Synod (1993) facilitating the ordination of women established a dual structure, allowing individual parishes to refuse the ministry of women priests and to have pastoral oversight from a bishop who did not ordain women (nicknamed “flying bishops”).

In 2014, legislation was passed to allow women bishops. The House of Bishops agreed on a document detailing Five Guiding Principles. This document paradoxically states the church is unequivocal in its commitment to women’s ordination, while also committing to the continuing provision for those who do not accept women can or should be priests.

The discriminatory structure, with its no-go parishes for women clergy, was maintained. The church can do this because it is exempt from UK equality legislation in matters of belief and conscience.

Today, about 5% of Church of England parishes officially object to women priests, though there are also churches where women’s ministry is unofficially curtailed. The official number of parishes avoiding women’s ministry is a minority, but they have had a disproportionate impact on the structure of the church. The open disavowal of women’s priesthood will erode the authority and status of the next archbishop of Canterbury.

There are currently nearly 600 parishes that officially bar women priests. The Church of England must now deal with an extraordinary situation: the archbishop of Canterbury will not be able to preside over communion in these churches.

In my recent book, Women Priests, Symbolic Violence and Symbolic Resistance, I detail the damage this structural discrimination does to women priests. It affects them materially, emotionally, psychologically, and undermines their status by allowing some to claim they are not priests.

To that end, the historic appointment of a woman as archbishop of Canterbury is a bold and significant move by the church. And it may, to an extent, ameliorate the damage to women’s status and bring the church’s own discriminatory practices against women clergy back onto the agenda.

Structural inequality

With guarded optimism, Martine Oborne, the chair of Women and the Church, an organisation campaigning against the Five Guiding Principles, writes about the church’s need to challenge its institutional misogyny: “Hopefully, the appointment of our first female archbishop of Canterbury will be a big step towards this.” But without the dismantling of the current structure, the misogyny that infects the church will not be tackled.

I think it is unlikely that the new archbishop will instigate the end of the dual structure. Bishop Mullally may describe herself as a feminist, but it remains to be seen whether she will create the conditions for real change that is needed to give women priests dignity and equality.

British professor of theology Linda Woodhead has praised Mullally’s emphasis on unity in the church, saying it is “exactly what the church, and nation, needs right now”.

Yet, unity may still be a tall order for the soon-to-be archbishop. Conservatives and traditionalists within the Church of England and in the worldwide Anglican communion may have trouble dealing with a woman’s authority and leadership, precluding any dramatic structural change. And women in the church may be disappointed that their circumstances will not be improved greatly.

The Conversation

Sharon Jagger has received past funding from Women and the Church.

ref. First woman archbishop of Canterbury can’t preside over communion in hundreds of churches – https://theconversation.com/first-woman-archbishop-of-canterbury-cant-preside-over-communion-in-hundreds-of-churches-266719

Will Rachael Reeves’ youth unemployment scheme force her to bend her own rules?

Source: The Conversation – UK – By Maha Rafi Atal, Adam Smith Senior Lecturer in Political Economy, School of Social and Political Sciences, University of Glasgow

Jacob Lund/Shutterstock

UK chancellor Rachel Reeves has set out a “youth guarantee” aimed at ending long-term unemployment among young people. Under the plan, a young person who has been out of work for 18 months would be offered a temporary job, apprenticeship or college place.

The UK has just under a million young people who are not in employment, education or training (Neet) – thought to be around 13% of the country’s 16- to 24-year-olds.

Under Reeves’ plans, those who refuse the offer could face benefit sanctions. The scheme is being positioned as a way to boost growth while keeping to Labour’s fiscal rules ahead of November’s budget.

The idea has some logic. Long-term youth unemployment has consequences that reach far beyond the individual. Research from the Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD) and the Institute for Fiscal Studies shows that young people who are out of work for extended periods often face lower earnings for decades afterwards, as well as poorer health and social outcomes.

Economists sometimes describe this as “scarring” – that is, lasting negative economic effects. By contrast, job losses that come mid-career tend to have less lasting economic impact because these workers have more experience or skills that they can use to get their next job.

So the argument that tackling youth unemployment offers particularly high returns is, in theory, credible.

Long-term future

The difficulty is whether the guarantee, as outlined by Reeves, can deliver anything more than temporary relief. It is not yet clear where the promised jobs will come from.

If the government pays firms to create placements, they will have been specially created for the scheme, rather than representing real gaps that the firms need to fill to grow their business. When the government subsidy ends, the firms may have no reason to keep the young person on. And a short placement may not provide enough skills development to allow the young person to get a job elsewhere.

What’s more, the government is not proposing to pay the full cost of these placements. If the onus falls on businesses to absorb additional young workers in newly created roles at their own expense, the effect may be negligible. This is because Labour’s wider programme – from higher employer national insurance contributions to new employment rights – already imposes extra costs on employers.

That tension points to a broader issue in Reeves’ strategy. She has pledged not to increase headline tax rates. Instead she is seeking to expand the overall tax base by growing employment and productivity.

Yet that kind of growth usually requires sustained public investment in skills, infrastructure and industrial policy. A scheme that subsidises wages for 12 months may help individuals back into work, but it is unlikely to shift the productivity dial or generate lasting fiscal dividends without a wide programme of investment.

For Reeves, the challenge is that the guarantee must be large enough to create real career pathways and business growth. But to do so requires precisely the kind of government expenditure that is made difficult by her own “non-negotiable” fiscal rules.

Instead of a way to grow within the rules then, the youth guarantee may be added to the list of promises the government cannot fulfil without bending them.

The Conversation

Maha Rafi Atal does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Will Rachael Reeves’ youth unemployment scheme force her to bend her own rules? – https://theconversation.com/will-rachael-reeves-youth-unemployment-scheme-force-her-to-bend-her-own-rules-266716