Suplemento cultural: nuestra vida desde Jesse y Céline

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Cultura, The Conversation

Julie Delpy e Ethan Hawke en ‘Antes del amanecer’. IMDB

Este texto se publicó por primera vez en nuestro boletín Suplemento cultural, un resumen quincenal de la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música. Si quiere recibirlo, puede suscribirse aquí.


Mi madre me llevó en 1995, hace 30 años, a los Minicines de Oviedo a ver Antes del amanecer. Yo tenía 9 años y me pareció un castañazo épico. “No se callaban”, le eché en cara cuando salimos. No tardé mucho, probablemente un lustro, en reconciliarme con la película y rendirme al encanto de la historia de amor de Jesse y Céline, trenzada a base de conversaciones.

Esta semana, tras editar el estupendo artículo de Celestino Deleyto y Marimar Azcona, volví a revisitarla y me quedé atrapada en un comentario que hace Jesse en los primeros minutos de la película. Cuando Céline le pregunta qué tal le está yendo en ese viaje a través de Europa en el que está inmerso, dice algo como que ha sido un asco pero que “estar sentado en un tren mirando por la ventana durante dos semanas le ha dado para pensar ideas que no se le hubiesen ocurrido de otra forma”. Esa frase me produjo escalofríos porque primero pensé “¿hace cuánto que no viajo en tren durante horas solo mirando por la ventana?” y eso me llevó al segundo razonamiento: “¿cuántas cosas interesantes no estoy pensando porque no le estoy dejando espacio al cerebro?”

De repente, Antes del amanecer, un relato precioso que idealizaba el enamoramiento joven, la magia de la conexión y el encanto de una vieja ciudad europea, se revelaba como una narración, hoy en día, mucho más cercana a la ciencia ficción que, por ejemplo, el Minority Report de Steven Spielberg.

Cómo ha cambiado el mundo… a pesar de que los seres humanos seguimos siendo los mismos.

To ChatGPT or not to ChatGPT?

El filósofo germano-coreano Byung-Chul Han ha sido galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Su figura enciende debates entre quienes aprecian su cercanía a la gente y su claridad expositiva y aquellos que creen que, en esencia, utiliza pocas palabras para decir… también poco.

Jesús Zamora Bonilla es uno de los críticos con el personaje, un punto de vista que expuso en un artículo académico. Cuando le propusimos sintetizar sus tesis hizo algo poco ortodoxo y muy macarra que ha acabado resultando ser desternillante: le preguntó a ChatGPT cuáles son las principales críticas que se le hacen a Han. Cuando vio que la respuesta era, prácticamente, la misma que la suya y que estaba bien argumentada decidió mantener el texto hecho por la inteligencia artificial alegando que si el filósofo no hacía más que meterse con la IA, la IA debía tener derecho de réplica.

El artículo coincidió en el tiempo con otro, de Ronald Forero-Álvarez, en el que el investigador debatía si, al utilizar a ChatGPT para escribir un libro, la autoría debía compartirse entre el ideólogo y la máquina, y se preguntaba quién tenía que rendir cuentas en esos casos: el humano o la tecnología. En nuestro caso podemos decir que Zamora Bonilla es el responsable de su texto y que no le hemos pedido a ChatGPT que rellene una ficha de autor.

Merece la pena leer ambos artículos, tan lejanos a la Viena de Antes del amanecer, y plantearse preguntas exclusivas del mundo de hoy.

Peter Hujar y la primera imagen del Orgullo

Hace unos años leí un libro titulado Los optimistas, escrito por Rebecca Makkai, que narraba los primeros tiempos del sida en Estados Unidos (en concreto, en Chicago). La cubierta del libro era la foto (que está sobre estas líneas) de unos jóvenes que parecían manifestarse en medio de la calle de una ciudad. Sonreían, por lo que imaginé que iba acorde con el optimismo del título.

Después supe, gracias a Arte compacto y su imprescindible pódcast sobre la historia del arte, que la foto era obra de Peter Hujar.

Y finalmente Noemí Díaz Rodríguez escribió un estupendo artículo sobre esta imagen, creada para ilustrar el cartel que buscaba reclutar a gente para unirse a la que se convertiría, en 1970, en la primera marcha del Orgullo celebrada en Nueva York.

Cajón desastre

Después del susto que nos dio a finales de 2024, Raphael ha retomado su gira española. Estrella Fernández-Jiménez explica por qué, si cerramos los ojos y pensamos en el cantante, además de verle entonar seremos capaces de recrear en nuestra mente unos gestos que son solo suyos y que ha ido trabajando a lo largo de su carrera.

No tuvo una acogida tan popular, pero unos años después de Shakespeare enamorado se estrenó una película titulada Belleza prohibida, que narraba la revolución que supuso en el teatro inglés que las mujeres pudiesen volver a subirse a los escenarios.

Y esa época describe precisamente Laura Martínez García en su artículo, centrándose en lo revolucionario que fue que, de repente, en una sociedad tremendamente segregada, las actrices y dramaturgas pudiesen ocupar el espacio público.

Y para acabar cerrando el círculo, volvamos a los 90. Entre mi visita a los Minicines y este 20 de junio la comedia en España ha pasado de venderse en formatos como No te rías que es peor a promocionar los monólogos de Ignatius Farray o, hablando de ocupar el espacio público, a lanzar late nights presentados por mujeres como Henar Álvarez.

Si eso ha pasado en 30 años, ¡qué no habrá pasado en 120! De recopilar, documentar y analizar la historia del humor oral en España desde principios del siglo XXI se encargará a partir de ahora Humcor, el primer archivo digital dedicado a esta especialidad en el país. Doina Repede, su directora, aprovecha para explicar cómo hemos cambiado en esto de reírnos.

The Conversation

ref. Suplemento cultural: nuestra vida desde Jesse y Céline – https://theconversation.com/suplemento-cultural-nuestra-vida-desde-jesse-y-celine-262532

Why do some clothes shrink in the wash? A textile scientist explains how to ‘unshrink’ them

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Nisa Salim, Director, Swinburne-CSIRO National Testlab for Composite Additive Manufacturing, Swinburne University of Technology

Ricardo Gomez Angel/Unsplash

When your favourite dress or shirt shrinks in the wash, it can be devastating, especially if you followed the instructions closely. Unfortunately, some fabrics just seem to be more prone to shrinking than others – but why?

Understanding more about the science of textile fibres can not only help you prevent the shrinkage of clothing, but also might help you “rescue” the occasional garment after a laundry accident.

It’s all down to the fibres

To know more about clothing shrinkage, we first need to understand a little about how textiles are made.

Common textile fibres, such as cotton and linen, are made from plants. These fibres are irregular and crinkled in their natural form. If you zoom deeper inside them, you’ll see millions of tiny, long-chain cellulose molecules that naturally exist in coiled or convoluted shapes.

Extreme close-up of a sewing thread shows the individual fibres, made up of millions of invisible convoluted cellulose molecules.
Hadrian/Shutterstock

During textile manufacturing, these fibres are mechanically pulled, stretched and twisted to straighten and align these cellulose chains together. This creates smooth, long threads.

On a chemical level, there are also links between the chains called hydrogen bonds. These strengthen the fibre and the thread and make it more cohesive.

Threads are woven or knitted into fabrics, which locks in the tension that holds those fibres side by side.

However, these fibres have good “memory”. Whenever they’re exposed to heat, moisture or mechanical action (such as agitation in your washing machine), they tend to relax and return to their original crinkled state.

This fibre memory is why some fabrics wrinkle so easily and why some of them may even shrink after washing.

Cotton fabric under 40x magnification, showing the threads ‘locked’ in against each other.
Kateryna Kon/Shutterstock

How does washing shrink the fabric?

To understand shrinkage, we again need to zoom down to the molecular level. During laundering, hot water helps to increase the energy level of fibres – this means they shake more rapidly which disrupts the hydrogen bonds holding them in place.

The way a fabric is knitted or woven also plays a role. Loosely knitted fabrics have more open spaces and loops, making them more susceptible to shrinkage. Tightly woven fabrics are more resistant because the threads are locked into place with less room to move.

Additionally, cellulose is hydrophilic – it attracts water. Water molecules penetrate inside the fibres, causing swelling and making them more flexible and mobile. Adding to all this is the tumble and twist action inside the washing machine.

The whole process makes the fibres relax and recoil back to their natural, less stretched, crinkled state. As a result, the garment shrinks.

It’s not just hot water – here’s why

This doesn’t just happen with hot water, as you may have experienced yourself with clothes made of rayon, for example.

Cold water can still penetrate into fibres, making them swell, along with the mechanical action of the tumbling in the washing machine. The effect is less dramatic with cold water, but it can happen.

To minimise shrinkage, you may use cold water, the lowest spin speed or the gentlest cycle available, especially for cotton and rayon. Machine labels don’t always fully explain the impact of spin speed and agitation. When in doubt, choose a “delicate” setting.

What about wool?

Different fibres shrink in different ways; there is no single mechanism that fits all.

While cellulose-based fabrics shrink as described above, wool is an animal-derived fibre made of keratin proteins. Its surface is covered in tiny, overlapping scales called cuticle cells.

Wool fibre under a microscope with the cuticles visible as overlapping scales.
snap the reel/Shutterstock

During washing, these cuticles open up and interlock with neighbouring fibres causing fibre entanglement or “felting”. This makes the clothing feel denser and smaller – in other words, it shrinks.

Why don’t synthetics shrink as much?

Synthetic fibres such as polyester or nylon are made from petroleum-based polymers, engineered for stability and durability.

These polymers contain more crystalline regions that are highly ordered and act as an internal “skeleton”, preventing the fibres from crinkling.

The weave of nylon stockings under a microscope shows how the threads are much smoother and more crystalline than natural fibres.
Alexander Klepnev/Wikimedia Commons, CC BY

Textile scientists and engineers are also working on fabrics that resist shrinkage through advanced material design. Among promising innovations are blended yarns that combine natural and synthetic fibres.

Some researchers are working on shape-memory polymers that can change shape – or return to a previous shape – in response to temperature or water, for example. This is different to stretch fabrics (such as those used in activewear) that are made up of highly elastic fibres which “bounce back” to their original state after stretching.

How can I unshrink a piece of clothing?

If a favourite garment has shrunk in the wash, you can try to rescue it with this simple method.

Gently soak the item in lukewarm water mixed with hair conditioner or baby shampoo (approximately one tablespoon per litre). Then, carefully stretch the fabric back into shape and dry it flat or under gentle tension – for example, by pegging the garment to a drying rack.

The reason this works is because conditioners have chemicals known as cationic surfactants. These will temporarily lubricate the fibres, making them more flexible and allowing you to gently pull everything back into place.

This process can’t completely reverse extreme shrinkage but it can help recover some of the lost size, making the clothes wearable again.

The Conversation

Nisa Salim does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Why do some clothes shrink in the wash? A textile scientist explains how to ‘unshrink’ them – https://theconversation.com/why-do-some-clothes-shrink-in-the-wash-a-textile-scientist-explains-how-to-unshrink-them-259388

How do you feel about doing exams? Our research unearthed 4 types of test-takers

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Andrew J. Martin, Scientia Professor and Professor of Educational Psychology, UNSW Sydney

Johnny Greig/ Getty Images

If you had to do a test, how would you respond? Would you relish the chance to demonstrate your knowledge? Or worry you were about to fall short of the mark and embarrass yourself?

Research tells us students’ attitudes towards taking tests or doing exams can have an impact on their performance. This is because what they think about themselves, the test questions, and the consequences of the test can impact their motivation and focus during the test.

To date, this research has largely grouped students into two main types of test-takers. One group sees tests as a challenge they can cope with. Another sees tests as a threat they will not be able to handle.

But some studies have suggested these groupings may be too broad to give useful support to students.

In our new study, the largest of its kind, we explored Australian high school students taking a science test. By capturing diverse psychological data, such as students’ brainwaves and stress responses, we found there are four types of test-takers.

Our study

We studied 244 male and female students from three Sydney schools in years 8 to 10 as they did a science test.

It is the largest study of its kind to collate diverse information on students’ brain wave activity, physiological responses and self-reported attitudes while they are doing a test.

This is significant because this kind of research is usually done in labs with large functional magnetic resonance imaging (fMRI) machines, a setting quite different from a real classroom. Our approach allowed us to get a well-rounded look at the different psychological indicators at play when students do a test.

The students were part of a larger research project looking at science engagement. The test was developed by our research team, with guidance from science teachers.

How we set up our research

Students wore an electroencephalogram (EEG) headset during the test to capture their brain activity, via alpha and theta waves.

The alpha waves measured how much students were focusing on the test and the theta waves looked at the strain on their working memory (which students need to use to solve problems in a test). Both these capacities can be disrupted if a person feels threatened or stressed.

Students also wore a biometric wristband that measured their sweat glands. In our study, lower “electrodermal activity” scores indicated a calmer and more positive state, and higher scores indicated stress.

Midway through the test, students reported how confident they were about meeting the demands of the test and how anxious they felt about not meeting the demands.

We then used a statistical technique called latent profile analysis to help us identify different types of test-takers. This technique enables researchers to identify subgroups based on certain variables.

4 types of test-takers

We were able to identify four groups of students who had distinct patterns on these different measures.

1. Confident striders: these students took the test “in their stride”. They reported high confidence and low anxiety, and recorded an optimal balance of attention and working memory. Their wristband readings indicated they were calm. They made up 27% of the group.

2. Confident battlers: also reported they were confident and low in anxiety, but other data suggested they were battling behind the scenes. Their wristband readings suggested their “fight or flight” system was aroused. Their brain waves also showed their working memory did not have as much capacity to problem-solve as the confident striders, which also indicates a level of stress. They made up 8% of the group.

3. Ambivalents: these students were average across all of the indicators, reflecting that they didn’t see the test as a challenge or a threat. They made up 38% of the group.

4. Fearers: reported low confidence and high anxiety. Their wristband readings indicated they were stressed, and their brain wave readings showed they were not directing much direction to the actual test. They made up 27% of the group.

How did these test-takers perform on the test?

We then looked at the test performance for each of these four test-takers. Not surprisingly, confident striders were the highest achievers. Confident battlers also did well on the test, but not as well as striders. Ambivalents scored lower on the test, but not as low as fearers.

These results were measured against students’ previous science results (in school tests and assignments), because we wanted to know whether students performed above or below their usual level. This was to ensure we were measuring the impact of students’ psychological approach to the test, rather than just how good they are at science.

Taken together, our findings suggest that believing in themselves, confronting any fearful thoughts, and having a clear mind to concentrate on the task, puts students in the strongest position to perform well.

What can teachers do?

Our findings also provide guidance for teachers to target the factors that defined the test-takers.

  • To help build confidence, students can be taught how to challenge doubts about themselves. This can include reminding students of their strengths as they approach the test. For example, students could reflect on how well they conducted the experiments in their science lessons if the test includes questions about those experiments.

  • To ease anxiety, students can be taught constructive ways to think about challenging schoolwork. For example, students can remind themselves of the knowledge they have learned that will be helpful. Students can also be taught to use breathing and mindfulness exercises to ease stress. This can reduce a physical stress response and help focus their attention on the task at hand.

  • To optimise working memory, for in-class assessments teachers can match the test to students’ abilities and prior learning. This means the test is challenging enough, but not so overwhelming that it excessively burdens working memory while they are problem solving. This can also help build confidence ahead of other, higher-stakes exams.

The Conversation

Andrew J. Martin received funding from the Australian Research Council and The King’s School for this research. He also receives funding from Commonwealth and state departments of education.

Emma Burns receives funding from the Australian Research Council, is an associate editor for the Australian Educational Researcher and is on the board of the Australian Educational Research Organisation.

Joel Pearson receives funding from The Australian Research Council.

Rebecca J. Collie receives funding from Commonwealth and State Departments of Education. She has also received funding from the Australian Research Council.

Roger Kennett received funding from the Australian Research Council and The King’s School for this research.

ref. How do you feel about doing exams? Our research unearthed 4 types of test-takers – https://theconversation.com/how-do-you-feel-about-doing-exams-our-research-unearthed-4-types-of-test-takers-261552

New Trump tariffs: early modelling shows most economies lose – the US more than many

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Niven Winchester, Professor of Economics, Auckland University of Technology

Getty Images

The global rollercoaster ride of United States trade tariffs has now entered its latest phase.

President Donald Trump’s April 2 “Liberation Day” announcement placed
reciprocal tariffs on all countries. A week later, amid financial market turmoil, these tariffs were paused and replaced by a 10% baseline tariff on most goods.

On July 31, however, the Trump Administration reinstated and expanded the reciprocal tariff policy. Most of these updated tariffs are scheduled to take effect on August 7.

To evaluate the impact of these latest tariffs, we also need to take into account recently negotiated free trade agreements (such as the US-European Union deal), the 50% tariffs imposed on steel and aluminium imports, and tariff exemptions for imports of smartphones, computers and other electronics.

For selected countries, the reciprocal tariffs announced on April 2 and the revised values of these tariffs are shown in the table below. The revised additional tariffs are highest for Brazil (50%) and Switzerland (39%), and lowest for Australia and the United Kingdom (10%).

For most countries, the revised tariffs are lower than the original ones. But Brazil, Switzerland and New Zealand are subject to higher tariffs than those announced in April.

In addition to the tariffs displayed above, Canadian and Mexican goods not registered as compliant with the US-Mexico-Canada Agreement are subject to tariffs of 35% and 25% respectively.

Economic impacts

The economic impacts of the revised tariffs are examined using a global model of goods and services markets, covering production, trade and consumption.

A similar model was used to assess the impacts of the original reciprocal tariffs and the outcome of a US-China trade war.

GDP impacts of the tariffs are displayed in the table below. The impacts of the additional tariffs are evaluated relative to trade measures in place before Trump’s second term. Retaliatory tariffs are not considered in the analysis.

An economic own goal

The tariffs reduce US annual GDP by 0.36%. This equates to US$108.2 billion or $861 per household per year (all amounts in this article are in US dollars).

The change in US GDP is an aggregate of impacts involving several factors.

The tariffs will compel foreign producers to lower their prices. But these price decreases only partially offset the cost of the tariffs, so US consumers pay higher prices.

Businesses also pay more for parts and materials. Ultimately, these higher prices hurt the US economy.

The tariffs decrease US merchandise imports by $486.7 billion. But as they drive up the cost of US supply chains and shift more workers and resources into industries that compete with imports, away from other parts of the economy, they also decrease US merchandise exports by $451.1 billion.

Global impacts

For most other countries, the additional tariffs reduce GDP. Switzerland’s GDP decreases by 0.47%, equivalent to $1,215 per household per year. Proportional GDP decreases are also relatively large for Thailand (0.44%) and Taiwan (0.38%).

In dollar terms, GDP decreases are relatively large for China ($66.9 billion) and the European Union ($26.6 billion).

Australia and the United Kingdom gain from the tariffs ($0.1 billion and $0.07 billion respectively), primarily due to the relatively low tariffs levied on these countries.

Despite facing relatively low additional tariffs, New Zealand’s GDP decreases by 0.15% ($204 per household) as many of its agricultural exports compete with Australian commodities, which are subject to an even lower tariff.

Although the revised reciprocal tariffs are, on average, lower than those announced on April 2, they are still a substantial shock to the global trading system.

Financial markets have been buoyant since Trump paused reciprocal tariffs on April 9, partly on the hope that the tariffs would never be imposed. US tariffs of at least 10% to 15% now appear to be the new norm.

As US warehouses run down inventories and stockpiles, there could be a rocky road ahead.

The Conversation

Niven Winchester has previously received funding from the Productivity Commission and the Ministry of Foreign Affairs and Trade to estimate the impacts of potential trade policies. He is affiliated with Motu Economic & Public Policy Research.

ref. New Trump tariffs: early modelling shows most economies lose – the US more than many – https://theconversation.com/new-trump-tariffs-early-modelling-shows-most-economies-lose-the-us-more-than-many-262491

Your phone is covered in germs: a tech expert explains how to clean it without doing damage

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Meena Jha, Head Technology and Pedagogy Cluster CML-NET, CQUniversity Australia

nikkimeel/Shutterstock

We wash our hands, sanitise shopping trolleys and wipe down cafe tables. But what about our phones? We touch these devices dozens of times a day, and take them everywhere from the kitchen to the dining table, and even the bathroom.

Phones can be contaminated with many kinds of potential germs. When was the last time you wiped down yours – and with what?

If you use the wrong cleaning agents or tools, you could strip your phone’s protective coatings, degrade waterproof seals, or even affect its touch sensitivity.

Do phones really need cleaning?

Touchscreens get covered in fingerprints and smudges, so there are aesthetic and functional reasons to wipe down your screen.

Another reason comes down to potential health concerns. Whenever mobile phones are swabbed for microorganisms, scientists inevitably find hundreds of species of bacteria and viruses.

While not all of these cause sickness, the potential for transmission is there. We use phones while in the bathroom and then put them near our mouths, touch them while eating, and pass them between people in meetings, cafes, parties and classrooms.

Unlike hands, which can be washed many times a day, phones are rarely cleaned properly – if at all.

If you do want to sanitise your phone, it’s also important to not damage it in the process.

Some cleaning products will damage your phone

You might think a quick swipe with a household cleaner or hand sanitiser is a clever shortcut to keeping your phone clean. However, many of these products can actually degrade your device’s surface and internal components over time.

For example, both Apple and Samsung advise against using bleach, hydrogen peroxide, vinegar, aerosol sprays, window cleaners or high-concentration alcohol wipes (above 70%) on their devices.

Most smartphones are coated with an oleophobic layer – a thin film that helps resist fingerprints and smudges. Harsh chemicals such as alcohols, acetone or ammonia-based cleaners can strip this coating, making your screen more vulnerable to smudging, and diminished touch responsiveness.

Vinegar, a common DIY disinfectant, can corrode aluminium or plastic edges due to its high acidity. Bleach and hydrogen peroxide, though highly effective as disinfectants, are also too aggressive for the delicate materials used in consumer electronics.

High-alcohol content wipes may dry out plastics and make them brittle with repeated use.

In short: if the cleaner is tough enough to disinfect your kitchen bench, it is probably too harsh for your phone.

A smartphone outdoors on a table with water beading on its screen.
The oleophobic coating on a device screen can help repel fingerprints – but can be destroyed with harsh cleaning chemicals.
Shuvro Mojumder/Unsplash

How should I clean my phone then?

The good news is that cleaning your phone properly is simple and inexpensive. You just need to follow the guidelines backed by major manufacturers. You should also unplug and remove any protective cases or accessories when cleaning your phone.

Most tech companies recommend using 70% isopropyl alcohol wipes (not higher), soft microfibre cloths, and anti-static soft-bristled brushes made of nylon, horsehair or goat hair to clean delicate areas like speaker grills and charging ports.

During the COVID pandemic, Apple revised its cleaning guidelines to permit the use of Clorox disinfecting wipes and 70% isopropyl alcohol on iPhones, provided they are used gently to avoid damaging screen coatings or allowing moisture to seep into the device.

Samsung offers similar advice, recommending users wipe down their phones with a microfibre cloth lightly dampened with a 70% alcohol solution, while steering clear of direct application to ports and openings.

Prevent accidental damage when using these tips

Never spray liquid directly onto the phone, as moisture can seep into ports and internal components, leading to short circuits or corrosion.

Submerging your phone in any cleaning solution is also risky, even for water-resistant models: the seals that prevent water from getting in, such as rubber gaskets, adhesives, nano-coatings and silicone layers, can degrade over time.

Avoid using paper towels, tissues, or rough cloths which may leave scratches on the screen or shed lint that clogs openings.

Finally, be cautious about over-cleaning. Excessive wiping or scrubbing can wear down protective coatings, making your phone more susceptible to fingerprints, smudges, and long-term surface damage.

How often should I clean my phone?

While there is no strict rule for how often you should clean your phone, giving it a proper wipe-down at least once a week under normal use would make sense.

If you regularly take your phone into high-risk environments such as public transport, hospitals, gyms, or bathrooms it is wise to clean it more frequently.

If you’re serious about hygiene, cleaning not just your hands but one of the things you touch most every single day makes sense.

Doing it wrong can slowly damage your device. But doing it right is simple, affordable, and doesn’t take much time.

The Conversation

Meena Jha does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Your phone is covered in germs: a tech expert explains how to clean it without doing damage – https://theconversation.com/your-phone-is-covered-in-germs-a-tech-expert-explains-how-to-clean-it-without-doing-damage-259908

El liderazgo positivo beneficia la salud física y mental de las personas trabajadoras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Esther Lopez-Zafra, Catedrática de Psicología Social, Universidad de Jaén

Studio Romantic/Shutterstock

A principios de este siglo surgió la psicología positiva, cuya finalidad es investigar el funcionamiento humano positivo para poder incrementarlo o potenciarlo. En el ámbito laboral, esta rama de la psicología indaga en las fortalezas y virtudes que fomentan el bienestar en el trabajo.

En un entorno en que, por las condiciones de crisis económicas, sanitarias o sociales, merma la salud de las personas trabajadoras nos preguntamos qué recursos personales y laborales pueden ayudarles a sobrellevar estas dificultades.

¿Cómo afrontar las dificultades derivadas de situaciones excepcionales?

Siguiendo la teoría de las demandas y recursos laborales –que sugiere que cuando no hay equilibrio entre las exigencias del trabajo y los recursos disponibles se generan estrés y agotamiento–, hemos analizado su influencia en los niveles de salud de las personas empleadas. Los resultados de nuestra investigación nos permiten señalar cuáles son los recursos personales y sociales necesarios para atender con bienestar las distintas situaciones laborales.

Para algunos personas trabajadoras, la covid-19 supuso la implementación forzosa del teletrabajo, una contingencia para la que no estaban preparadas y que afectó al bienestar laboral.




Leer más:
Retos del teletrabajo en tiempos de coronavirus


Comprobamos que el apoyo social, un recurso interpersonal muy valioso, aumentaba los niveles de vigor en el trabajo, pero solo en situaciones presenciales, y que estos efectos desaparecían en cualquier modalidad de teletrabajo. Se entiende como vigor laboral a la sensación de poseer fuerza física, energía emocional y agilidad cognitiva mientras se realiza el trabajo.

Vigor, estrés y actividad física

En su día a día, las personas trabajadoras se enfrentan a múltiples situaciones de estrés que afectan negativamente a su salud mental. Hemos encontrado que ese efecto se produce cuando se reducen los niveles de vigor en el trabajo.

Este recurso psicológico positivo se compone de tres dimensiones: fuerza física (las capacidades físicas de la persona), vivacidad cognitiva (relativa a la agilidad mental y la fluidez del pensamiento) y energía emocional (la capacidad de mostrar empatía y compasión).

Mientras que el estrés afecta negativamente a la salud mental de las personas trabajadoras, el vigor tiene un efecto diametralmente opuesto. No obstante, los niveles altos de estrés reducen significativamente los de vigor en relación con la energía, la resiliencia, la persistencia y el esfuerzo.

En un estudio previo (2022), investigamos cómo incide el ejercicio regular en el estrés y el vigor en el trabajo. Vimos que una actividad física intensa potencia –en los trabajadores más estresados– los efectos negativos del estrés sobre el vigor en el trabajo. Esto podría deberse a que dicha actividad física intensa aumente el agotamiento. Por tanto, en situaciones de estrés laboral elevado es recomendable un nivel controlado de actividad física en términos de tipo, duración y frecuencia, para no superar el umbral en el que se ven afectados los niveles de vigor de las personas trabajadoras.

Por otra parte, investigadores daneses hicieron en 2012 un descubrimiento paradójico: mientras que la actividad física relacionada con el trabajo aumenta el riesgo a largo plazo de baja por enfermedad, la que se realiza en el tiempo libre disminuye este mismo riesgo.

¿Por qué es importante el liderazgo positivo?

Ejercer un liderazgo positivo (auténtico, ético o transformacional) favorece la salud física y mental de las personas trabajadoras.

En el caso del liderazgo auténtico, su relación con la satisfacción laboral, tanto en organizaciones privadas como públicas, se explica a través del engagement (compromiso) y el vigor que genera en el trabajo.

Además, la percepción de un estilo de liderazgo auténtico aumenta la probabilidad de pertenecer al grupo de personas trabajadoras con mayores recursos personales, lo que a su vez conlleva mayores niveles de bienestar propio.

Los efectos del liderazgo transformacional

Comparar dos estilos positivos de liderazgo, el auténtico y el transformacional, nos permitió comprobar que este último tiene un mayor efecto sobre el vigor y el compromiso en el trabajo que el liderazgo auténtico.

Este tipo de liderazgo puede definirse como aquel en que el líder se conoce bien a sí mismo y al contexto en que se encuentra, y establece objetivos en base a principios y valores éticos. Estos factores le hacen capaz de incrementar la motivación, el compromiso y la satisfacción de su equipo.

Por su parte, el líder transformacional busca provocar un cambio positivo y profundo en los equipos y las organizaciones. Inspira y motiva, generando cambios positivos en los individuos, el equipo y las organizaciones. De ahí que sea un liderazgo muy estudiado en la psicología positiva.

Mediante un análisis profundo del estilo de liderazgo transformacional, comprobamos que favorece el compromiso con la organización a nivel individual y de equipo, y tanto directa (mediante la motivación y la inspiración) como indirectamente, al crear un ambiente de trabajo positivo.

No obstante, también vemos que este efecto varía en función de si se trabaja en una organización pública o privada. En las organizaciones privadas es más relevante que en las públicas cómo perciben las personas trabajadoras el estilo de su líder. Así, mientras que en las primeras el liderazgo transformacional favorece el desempeño, en las organizaciones públicas se asocia con una menor productividad.

Liderazgo y bienestar

Si revisamos los estudios sobre el papel del liderazgo positivo en la salud de las personas trabajadoras), vemos que quienes lo reciben suelen tener un perfil más positivo (son enérgicas, vivaces y entusiastas), tienen recursos personales positivos, hacen más actividad física y están más comprometidas con su trabajo. Estos factores inciden en su bienestar emocional.

En resumen, en nuestra investigación hemos comprobado que el liderazgo positivo en el trabajo es un recurso fundamental para procurar mayor y mejor salud a las personas trabajadoras.

The Conversation

Esther Lopez-Zafra ha recibido fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación para la realización de este proyecto. Estos fondos se obtienen de forma competitiva.

Daniel Cortés-Denia ha recibido fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación para la realización de este proyecto. Estos fondos se obtienen de forma competitiva.

Manuel Pulido Martos ha recibido fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación para la realización de este proyecto. Estos fondos se obtienen de forma competitiva..

María del Pilar Berrios Martos ha recibido fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación para la realización de este proyecto. Estos fondos se obtienen de forma competitiva..

ref. El liderazgo positivo beneficia la salud física y mental de las personas trabajadoras – https://theconversation.com/el-liderazgo-positivo-beneficia-la-salud-fisica-y-mental-de-las-personas-trabajadoras-259634

Peligros de la exposición de menores en redes sociales: una moda que debemos y podemos evitar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis M. Rojo Bofill, Facultativo Especialista en Psiquiatría en H. La Fe, Valencia, Spain. Profesor Asociado, Universitat de València

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El sharenting, la exposición de información relacionada con menores por parte de sus cuidadores –una práctica que incluye imágenes, vídeos, o datos personales del menor– se ha vuelto cada vez más común.

Aunque el término hace referencia a los progenitores y cuidadores cercanos, atañe también a otras figuras de su entorno, como el profesorado. Todos ellos son referentes y modelos para el menor, quien puede resultar muy vulnerado por esta práctica en auge en las redes sociales.




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Información personal y huella digital

Una fuente de riesgos relacionados con el sharenting es la aportación de información que facilita la identificación e interacción con el menor. Este tipo de datos, como sus gustos o sus rutinas, son susceptibles de ser utilizados por terceros de manera inadecuada.

Además, la acumulación de información sobre la identidad y el pasado de una persona, su huella digital, también puede resultar fuente de muchos problemas. Una imagen comprometida, por ejemplo, podría dar lugar a una situación de acoso escolar, o formar parte de la misma. Por otro lado, compartir datos sobre la salud podría tener consecuencias futuras. Pese a esto, las publicaciones sobre los menores se comparten frecuentemente sin su consentimiento, un fenómeno que se ha disparado en los últimos años.

Esa exposición en redes sociales podría además tener consecuencias psicológicas en los menores, según están empezando a plantear algunos profesionales de la salud mental.




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Sharenting y autoimagen

La importancia que se concede a la imagen o al éxito cuando se genera contenido sobre el menor puede impactar en su manera de percibirse a sí mismo y a lo que le rodea. En estos casos, ese niño o niña es frecuentemente consciente de que su imagen está siendo compartida y, por tanto, juzgada por otros, lo que puede tener especial repercusión en una persona con un autoconcepto y pensamiento crítico que se encuentran en proceso de construcción.

Además, si la imagen es previamente editada, el mensaje que se transmite puede entenderse como: “tal y como eres no es suficiente para ser aceptado; tu imagen debe ser modificada para agradar”. Estos aprendizajes, que en el sharenting son promovidos por el entorno del menor, influyen en cómo la persona se considera y se compara con los demás.




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La mercantilización de los menores

Por otro lado, cuando el contenido en redes sociales está relacionado con menores tiene una mayor difusión. Esto promueve que, en ocasiones, los cuidadores compartan información, buscando más visibilidad, así como beneficios directos o indirectos. Ello supone una mercantilización de la imagen del niño o niña.

Es más, la repercusión aumenta si la información incluye imágenes comprometidas o del menor sufriendo. Aquí, no solo se nutre la huella digital, sino que el cuidador puede llegar a generar situaciones artificiales para grabarles en situaciones desagradables (por ejemplo, creando vídeos en los que se les humilla).

En algunos casos, cuando el pequeño está sufriendo, en vez de responder a su malestar de una manera que les ayude a regular sus emociones, se les graba, propiciando aprendizajes peligrosos sobre cómo gestionar las emociones.




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Desconfianza en su figura de referencia

Las dinámicas que ocurren en torno al sharenting influyen, además, en la relación entre el menor y sus cuidadores. Las situaciones que genera esta práctica puede incrementar la desconfianza hacia ellos. En casos extremos, los niños podrán llegar a dudar de si un paseo responde a un deseo de disfrutar juntos o a una necesidad de generar likes, o incluso de si un regalo es únicamente fruto de una colaboración.

De la misma forma, esta práctica pone en duda los límites de la intimidad propia y de la relación con el cuidador: si como hijo te cuento una experiencia muy personal o si como alumno te escribo una carta que acaba siendo pública, ¿qué parte de mí puedo confiarte? ¿Qué debería dejar de compartir sobre mí con los demás?

Responsabilidad compartida

El sharenting puede llevar la exposición de los menores al extremo, monetizándola, buscando impacto y seguidores. Pero no hace falta llegar tan lejos: una sola imagen ofrece datos de lugares, de edades, etc. Además, la propia fotografía puede ser empleada con finalidades malintencionadas. Por tanto, como profesionales, debemos recomendar evitar compartir datos de los menores en redes sociales.

Como familias, intentemos no subir imágenes de los pequeños de la casa a cualquier red social y, en caso de hacerlo, debería ser siempre de forma consciente, meditada, consentida y responsable. Precisamente ahora, en verano, no podemos dejar de señalar los riesgos potenciales de compartir imágenes o vídeos de menores en playas o piscinas.

Recordemos que esto incluye las fotos de perfil de Whatsapp, red en la que tenemos contactos con los que puede hacer años que no hablamos o con los que no tenemos confianza o son completamente desconocidos. Por eso resulta importante revisar la configuración o evitar poner imágenes con menores.




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Como educadores no debemos subir fotografías del alumnado a nuestras redes, ni a nivel personal ni como centros educativos. Aunque tengamos el permiso de los progenitores, deberíamos buscar otros modos de trasladar nuestras actividades por medios privados o sin exponer a los estudiantes. Al fin y al cabo, compartir experiencias del aula o del centro en redes sociales identificando al menor no responde a ningún objetivo didáctico o pedagógico.

Finalmente, como usuarios de redes sociales, intentemos no viralizar, compartir, comentar o dar like a vídeos, imágenes o a información relacionada con menores. Desde todos los ámbitos de la sociedad podemos contribuir, de un modo u otro, a cuidar a nuestros niños y niñas.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Peligros de la exposición de menores en redes sociales: una moda que debemos y podemos evitar – https://theconversation.com/peligros-de-la-exposicion-de-menores-en-redes-sociales-una-moda-que-debemos-y-podemos-evitar-261501

¿Funcionan las mantas refrescantes virales en TikTok?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Dolores Martín Alonso, Materials Science PhD, IMDEA MATERIALES

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TikTok tiene la asombrosa capacidad de convertir objetos cotidianos en milagros virales. Un día es una crema que borra las arrugas en segundos, al siguiente, una manta que promete noches frescas sin aire acondicionado. Las “mantas refrescantes” son el nuevo fetiche del algoritmo: vídeos con millones de visualizaciones muestran a influencers envolviéndose en tejidos que, según ellos, “absorben el calor corporal”.

Uno de los vídeos más comentados es el del portal SlashGear, que realizó una prueba práctica con una de las mantas virales más vendidas. Dejaron esa manta y una convencional al sol. ¿El resultado? La manta “refrescante” mostraba hasta 6 °C menos en su superficie exterior. A simple vista, parece una victoria… pero la física, como suele ocurrir, pide una segunda opinión.

La bajada de temperatura con la manta

¿Por qué muestra esa bajada en la temperatura si ni siquiera hay contacto humano? La clave está en cómo cada tejido absorbe, refleja o disipa el calor del entorno. Algunos materiales sintéticos, como el nailon o el polietileno modificado, reflejan más la radiación solar o se calientan menos al sol, lo que puede explicar esa diferencia superficial.

Esa diferencia, sin embargo, no garantiza automáticamente una sensación de frescor duradera cuando entramos en contacto con la manta. La sensación de alivio térmico al contacto se debe principalmente a la conductividad térmica. Algunos tejidos, como los mencionados nailon o polietileno, transfieren el calor de nuestra piel de forma más eficiente que otros, como el algodón. Es el mismo principio por el que un pasamanos metálico se percibe mucho más caliente al sol que uno de madera, aunque ambos estén expuestos a las mismas condiciones.

Por eso, muchas personas que prueban estas mantas en una habitación templada dicen que “sí, se nota más fresca”, al menos al principio. Pero esa sensación inicial no dura. En foros como Reddit es fácil encontrar experiencias que contrastan con la euforia inicial. “Los primeros diez minutos, genial. Luego fue como envolverme en papel film.”

El efecto desaparece al romper el equilibrio térmico

Lo que ocurre es que, tras absorber nuestro calor corporal, el tejido alcanza rápidamente el equilibrio térmico. Si ese calor no se disipa, por ejemplo, si estamos tumbados sin ventilación o hace mucho calor ambiental, la manta deja de ser fresca. Es decir, si no hay un mecanismo que mantenga el gradiente térmico, el efecto desaparece.

Sin embargo, hay mantas que sí logran mantener ese gradiente durante más tiempo. Lo hacen gracias a materiales específicamente diseñados para ello. Y ahí es donde entra en juego la física.

La física básica: un cambio de fase

El truco no está en el tejido, ni en la textura, ni en una fórmula secreta al estilo Coca-Cola. Está en un principio básico de la física térmica: el cambio de fase.

Cuando un material cambia de estado (por ejemplo, de sólido a líquido), necesita absorber una gran cantidad de energía sin aumentar su temperatura. Esa energía se llama calor latente de fusión. El ejemplo más cotidiano es el hielo: puede absorber mucho calor al derretirse, pero permanece a 0 °C hasta que se ha convertido en agua por completo.

En el caso de las mantas realmente refrescantes, se utilizan materiales llamados PCM (Phase Change Materials por sus siglas en inglés), diseñados para fundirse a temperaturas cercanas al confort térmico humano, entre 18 y 21 °C. Durante ese cambio de estado, absorben el calor del cuerpo sin calentarse hasta que todo el PCM haya fundido, lo que permite mantener una sensación de frescor durante más tiempo.

Imaginemos que nos tapamos con una manta llena de “cubitos invisibles” que se derriten justo a la temperatura ideal. Mientras lo hacen, se “beben” parte del calor que generamos al dormir. Esa es, literalmente, la esencia de una manta con PCM. Y lo mejor es que, una vez que el material ha terminado de fundirse, se puede “recargar” dejándola en un lugar fresco para que se solidifique de nuevo.

La manta del futuro

Para conseguir estas mantas realmente refrescantes necesitamos echar mano de la ciencia de materiales. No todos los sólidos se funden a temperaturas útiles para el confort humano que, al mismo tiempo, absorban una cantidad significativa de calor. Los PCMs más comunes se dividen en tres grandes grupos: orgánicos, inorgánicos y eutécticos.

Los PCMs orgánicos, como las parafinas, son populares por su estabilidad y bajo coste. Están compuestos por largas cadenas hidrocarbonadas que, al fundirse, absorben calor y se mantienen estables durante muchos ciclos térmicos. Su temperatura de fusión puede ajustarse eligiendo el número de átomos de carbono.

En el contexto de las mantas, estos PCMs se encapsulan en microestructuras, normalmente cápsulas poliméricas, que les permiten pasar de sólido a líquido sin escapar ni dañar el textil. El encapsulado protege al material de la degradación y permite que la manta soporte muchos ciclos sin perder eficacia.

¿Y están ya en el mercado o aún son ciencia de laboratorio?

Los cubitos invisibles ya son una realidad

Aunque hablar de “cubitos invisibles” suene a ciencia ficción, los materiales de cambio de fase ya están presentes en productos reales, no solo en mantas, sino también en ropa deportiva, calzado técnico o arquitectura bioclimática.

En el sector textil, varias marcas han comenzado a comercializar tejidos que incorporan microcápsulas de PCM. Una de las más conocidas es Outlast Technologies, que surgió a partir de colaboraciones con la NASA y aplica estas tecnologías en ropa térmica, sábanas o chaquetas.

Mientras tanto, la investigación sigue avanzando. Las líneas más activas se centran en mejorar la estabilidad a largo plazo, aumentar la conductividad térmica y desarrollar materiales más sostenibles y con el mayor calor latente de fusión por masa posible. El reto ya no es demostrar que funcionan, sino lograr que lo hagan de forma fiable, asequible y cómoda.

Como muchas modas virales, las mantas refrescantes tienen un pie en la realidad y otro en la exageración. Algunas sí funcionan, pero no por arte de magia ni por una “fórmula secreta guardada en un sobre lacrado”, sino gracias a principios bien conocidos de la física y la ingeniería de materiales. Y aunque su efecto no sea eterno ni milagroso, tal vez sea suficiente para pasar una noche de verano sin sudar la gota gorda.

The Conversation

María Dolores Martín Alonso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Funcionan las mantas refrescantes virales en TikTok? – https://theconversation.com/funcionan-las-mantas-refrescantes-virales-en-tiktok-261779

El nacionalismo vuelve con fuerza: del siglo XIX al MAGA de Trump

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Torres Aguilar, Catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones y director de la Cátedra UNESCO de Resolución de Conflictos, Universidad de Córdoba

Un seguidor de Trump lleva la gorra con el lema MAGA. Roschetzky Photography/Shutterstock

La ideología nacionalista nacida a finales del siglo XIX marcó buena parte de la historia desde entonces hasta casi la primera mitad del XX. Ahora está llamando de nuevo a nuestro presente.

Algunos ejemplos actuales revisten elementos compartidos con esa vieja ideología. Uno se viene arrastrando desde hace mucho tiempo: la reivindicación de China sobre Taiwán. Otro lo tenemos a las puertas de Europa desde hace menos tiempo: la aspiración de Rusia a ser la Gran Rusia, con todo lo que ello conlleva.

Los grandes fastos de EE. UU en 2026

Ahora se une a este florecer del nacionalismo excluyente el MAGA –Make America Great Again, “Haz América Grande Otra Vez” en español– de Donald Trump, que va a encontrar en la celebración del 250 aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica, en 2026, su formulación más integrista y provocadora: la política antiinmigración y el renacido y furibundo nacionalismo MAGA.

Por su parte, en Europa los partidos de ultraderecha tratan de imitar el modelo, reivindicando el sentimiento nacional por encima de cualquier propuesta de multilateralismo o integración y tratando de atacar los cimientos de la Unión Europea con argumentos de lo más pintoresco.

De este modo hacen el trabajo sucio, cual caballo de Troya, al proyecto de Trump de debilitar y, si es posible, romper la Pax Europaea que se construyó sobre las cenizas de más de 55 millones de muertos.

Algunas de las actividades previstas para las celebraciones del próximo año en Norteamérica recuerdan mucho a los desfiles de nibelungos, deidades y mitos pangermánicos, exaltaciones de la pureza aria y demás que llenaron las calles de Alemania en los años previos a la II Guerra Mundial.

EE. UU. va a tener en 2028, una vez más, hasta unos Juegos Olímpicos –en Los Ángeles–, por si faltase algún ingrediente.

No es cuestión baladí el mensaje que quiere transmitirse desde el gobierno trumpista. El proyecto de reescritura de la historia norteamericana que están llevando a cabo –bajo la premisa de que hay que eliminar todas las mentiras introducidas por la cultura de la “izquierda radical”– cumple su deseo de hacer una historia sin historiadores. En ese sentido, se trabaja en una historia que modifique contenidos, museos, archivos y bibliografía, si es preciso, para exaltar el valor de lo propio frente a cualquier otro elemento integrador.

Raíces del nacionalismo

El nacionalismo tal y como lo conocemos no siempre ha acompañado a la humanidad. Es una ideología que apareció entre los años 1880-1914, aunque tiene sus atencedentes tras la Revolución Francesa. El término comenzó a usarse en Francia, Italia y Alemania para definir a los grupos ideológicos de derecha extrema que utilizaban las apelaciones a la patria frente a extranjeros, liberales y socialistas.

La base del nacionalismo es la voluntad de identificar emocionalmente al individuo con los elementos identitarios de su nación, frente a otros a los que considera inferiores, de modo que quien no comparta estos principios sea simplemente un traidor a la patria.

De otra parte, en cuanto a las conmemoraciones, celebraciones, centenarios y demás, no es algo que hunda sus raíces en la memoria de los tiempos. Es un invento también ligado al nacionalismo.

Baste recordar que, por mucho que busque cualquier investigador, no encontrará ninguna referencia al III Centenario del descubrimiento de América, y menos al segundo o al primero. Sencillamente, era algo que no existía en la conciencia política. Los reyes solo celebraban sus cumpleaños, onomásticas y algún que otro asunto religioso. La primera vez que se conmemoró tal efeméride fue en 1892, con motivo de los 400 años del viaje de Cristóbal Colón.

“Patria” y “España” no siempre fueron sinónimos

Con el ánimo de seguir relativizando la fortaleza de estos conceptos, es preciso recordar que en español la palabra “patria” no fue sinónimo de España hasta el siglo XIX, con anterioridad el término se refería a la localidad de nacimiento.

Algo parecido pasa con el italiano y la palabra “paese”. Cuando las comunidades locales tales como la aldea, el pueblo, la comarca iban debilitándose, la patria se convirtió en la metáfora para integrar al imaginario de la nación. La escuela, los nuevos medios de comunicación de masas, incluso la religión, fueron contribuyendo a crear y fortalecer el concepto de la comunidad, del yo frente a la comunidad del otro.

Es paradigmático el caso del Imperio austrohúngaro, en el que la conciencia de pertenencia a una nación no fue incompatible con la idea del apoyo a la monarquía habsbúrgica. Claro está, hasta que saltó por las aires tras la caída del Imperio y las naciones centroeuropeas acrecentaron su idea nacional, que desembocaría en las guerras europeas del siglo XX.

A la altura de 1914 ya no era la gloria individual o la conquista lo que inspiraba a los beligerantes, sino la idea de la amenaza al nosotros, de la agresión del ellos contra nuestra libertad y nuestra civilización. No es casual que la xenofobia encontrara también en este momento su mejor caldo de cultivo. Nuestra victoria ya no era la de nuestra gloria, sino la de la patria.

Solo basta recordar que después de la Gran Guerra, como la patria ya eran todos, se abandonó la idea del campo de batalla y nació el concepto de guerra total que encontraría su cenit en la II Guerra Mundial. En ella, los muertos eran todos, no solo los soldados, y las bombas iban contra todos: niños, mujeres, ancianos, civiles en general. Exactamente como hoy se hacen las guerras, atacando más a las retaguardias, a los civiles, y haciendo a toda la comunidad objetivo militar.

Desgracias en nombre de la nación

La nación, la patria, ha sido desde finales del siglo XIX el origen de las mayores desgracias de la humanidad. En cambio, los proyectos colectivos y de integración –Naciones Unidas, Unesco, Organización Mundial de la Salud, FAO y, por supuesto, la Unión Europea– han traído las épocas de mayor prosperidad y solidaridad mundial o regional y paz.

Advertidos estamos porque tenemos cerca los dos modelos. Después de Napoleón, hasta el nacimiento de los nacionalismos, Europa había vivido en paz. Luego acabó todo. El renovado protagonismo de esta ideología nada bueno puede augurar.

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Manuel Torres Aguilar no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El nacionalismo vuelve con fuerza: del siglo XIX al MAGA de Trump – https://theconversation.com/el-nacionalismo-vuelve-con-fuerza-del-siglo-xix-al-maga-de-trump-261333

No existe una varita mágica para eliminar todo el plástico del planeta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Diaz Marcos, Profesor departamento materiales y microscopista , Universitat de Barcelona

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En apenas 70 años, hemos pasado de producir dos toneladas de plástico al año (en 1950) a más de cuatrocientas (en 2022). Además, estas cifras se han acelerado en el siglo XXI. Desde el año 2000, se ha fabricado más de la mitad de la cantidad total de plástico existente. Si seguimos esta progresión, se espera que para el 2050 la producción se acerque a los 1 500 millones de toneladas.

De esta enorme cantidad total de plásticos, se recicla menos de un 20 %. Está claro que a los grandes beneficios del plástico les acompaña una terrible mochila: la contaminación ambiental asociada, que cada día es más grande.

¿Y si con una varita pudiéramos eliminar los plásticos?

A pesar de que existe un amplio debate crítico sobre los plásticos, si nos queremos plantear de forma seria, sin demagogia, su sustitución, hemos de implicar a otros materiales como el vidrio, el metal, la madera o la cerámica. Estas alternativas, aunque útiles, presentan desafíos significativos.

En primer lugar, son materiales más pesados, lo que implica costes energéticos más altos. Por ejemplo, una botella de vidrio de un litro puede pesar hasta veinte veces más que una de igual capacidad de plástico.

Por otra parte, ¿qué sería de la deforestación de los bosques si la madera sustituyera a los plásticos y se utilizara de forma masiva? ¿Qué residuos se generarían por la producción masiva de vidrios y metales? Además, producirían residuos de difícil postprocesado y reciclado. La suma de todos estos factores implicaría un impacto muy pernicioso para nuestro planeta.

El caso de los hospitales

Los plásticos han transformado de forma irreversible nuestras vidas, pero su ausencia cambiaría radicalmente nuestra sociedad. Es, por lo tanto, crucial su uso responsable y el desarrollo de alternativas sostenibles para asegurar un futuro más limpio y saludable.

Así, sectores como la medicina o la automoción han evolucionado de una manera exponencial gracias al desarrollo de los plásticos. A todos los críticos de este material, que ven viable su sustitución, les preguntaría: ¿cómo gestionarían un hospital sin plástico? ¿De qué material fabricarían los guantes, tubos, jeringas o las bolsas de sangre y suero? ¿Qué implicaciones tendría la ausencia de plásticos en la seguridad y la higiene en los hospitales?

Es lícito y realista plantear, eso sí, que el plástico de un solo uso se utiliza en exceso en los centros sanitarios. Por ejemplo, un estudio en un hospital del Reino Unido demostró que una simple operación de amigdalitis generaba más de un centenar de piezas separadas de residuos de plástico.

En este momento, el plástico es esencial e insustituible en medicina; sin él se perderían muchas vidas.

¿Irremplazable o usado en exceso?

No solo el sector médico depende del plástico, otros también demandarían soluciones si este se eliminara. Desde el sector alimentario al de servicios o el tecnológico, plantearían preguntas tan básicas como: ¿podríamos mantener el ritmo frenético de crecimiento de dispositivos electrónicos en la sociedad actual? ¿Qué sería de las nuevas tecnologías?

La afirmación de que, sin plástico, nuestro sistema alimentario se desmoronaría es arriesgada, pero bastante realista. ¿Qué tipo de envases tendríamos? ¿Podríamos mantener igual de frescos y seguros los alimentos? ¿Podríamos garantizar el abastecimiento de comida a todos los confines del planeta?

¿Podemos entonces convivir sin plásticos? La respuesta es no, pero esto no es óbice para observar cómo el crecimiento desmesurado e insostenible de su utilización plantea un problema de difícil solución: la contaminación plástica.

La nanotecnología entra en acción

Si queremos tener un equilibrio respecto al uso responsable de los plásticos, debemos repensar fundamentalmente la forma en que los fabricamos, usamos y reutilizamos, para que no se conviertan únicamente en residuos sin uso. La economía circular puede ser un enfoque interesante para lograr este objetivo.

Es aquí donde entran en juego nuevos avances, como la nanotecnología diseñada para detectar cambios microbianos o bioquímicos en los alimentos. En este contexto, diversos equipos de investigación trabajan en “embalajes inteligentes”, que nos proporcionará información sobre el producto que contiene.

También será clave en el futuro la mejora de las técnicas de reciclaje y la apuesta decidida por el reciclaje químico, donde los residuos poliméricos cambian su estructura química para ser utilizados como materia prima en la fabricación de nuevos plásticos. Un enfoque totalmente ajustado a la economía circular. A pesar de sus beneficios, aquí todavía debemos superar ciertas barreras, como las energéticas y las de rendimiento en comparación con el reciclado mecánico.

Cambio de hábitos

Un mundo sin plásticos no es posible, pero un mundo con el actual consumo de ellos, tampoco. Así, una llamada a la acción para poner fin a nuestra dependencia de los plásticos debe ir acompañada de pasos claros y tangibles, con una comprensión de las implicaciones de nuestras elecciones.

Si queremos transitar hacia una economía circular, solo queda alejarnos del modelo actual de “consumir, fabricar, desechar”. Debemos rediseñar productos para que sean más duraderos, reutilizables, reparables y reciclables. ¿Estamos preparados para cambiar nuestros hábitos? La respuesta a esta pregunta marcará nuestro futuro con o sin plásticos.

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Jordi Diaz Marcos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. No existe una varita mágica para eliminar todo el plástico del planeta – https://theconversation.com/no-existe-una-varita-magica-para-eliminar-todo-el-plastico-del-planeta-260530