Isaac Asimov, Stanley Miller y el misterio del origen de la vida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Moral Pombo, Desarrollo de catalizadores heterogéneos para fijación prebiótica de CO2, IMDEA MATERIALES

Isaac Asimov (1920-1992). Kurt Muller, CC BY

Desde la imaginación visionaria de Isaac Asimov hasta los experimentos pioneros de Stanley Miller, la ciencia lleva décadas tratando de responder una de las preguntas más profundas de la humanidad: cómo surgió la vida.

Isaac Asimov y la química prebiótica

Para quien escribe estas líneas, Isaac Asimov, además de un grandísimo escritor, ha sido una de las grandes mentes de la humanidad a la hora de imaginar mundos y, dentro de estos mundos, de plantear diferentes formas, sistemas y estructuras en las que la vida se ha podido organizar.

El “buen doctor”, como era conocido por sus amistades, no pudo más que vislumbrar los albores de un campo del conocimiento tan oscuro como intrínsecamente humano: el de la química prebiótica. Esta rama de la química –aunque su carácter tremendamente multidisciplinar hace que quizás sea más razonable hablar de “ciencia prebiótica”– se dedica al estudio, sin ambages, del origen de la vida.

Sin embargo, ¿cómo estudiar el origen de algo que, desde la ciencia, ni siquiera sabemos definir? No existe una respuesta evidente a esta pregunta y, sin embargo, parece que la estrategia más sencilla sea la que la comunidad científica trata de llevar a cabo: enunciar las propiedades que observamos en todos los sistemas que podemos considerar “vivos”.

La linde entre lo inerte y lo vivo

Tres son las características fundamentales que trazan la –en ocasiones– desdibujada frontera entre lo vivo y lo inerte, lo animado y lo inanimado, lo cambiante y lo aparentemente impasible. Un sistema “vivo” ha de poseer un metabolismo (es decir, poder obtener y utilizar energía para subsistir); disponer de un material genético (o, en otras palabras, contener en su ser moléculas que almacenen información transmisible a la próxima generación, presumiblemente ADN o ARN); y poder compartimentalizarse (o, dicho de otro modo, separarse físicamente del medio que le rodea).

Siguiendo con esta aproximación a la pregunta de “¿qué define a un sistema vivo?”, la totalidad de ellos están compuestos –hasta donde hemos podido observar– por moléculas orgánicas; es decir, por “ladrillitos” conformados, a su vez, por átomos, de entre los cuales el carbono hace las veces de arcilla. Ahora bien, no siempre que esos ladrillos orgánicos se agrupan forman sistemas vivos.

Tal y como concebimos las personas el espacio-tiempo, y sin ánimo de introducir el pie en las arenas movedizas de la física cuántica –las cuales, sin duda alguna, atraparían al pobre químico que firma este artículo–, tuvo que haber un momento, un lugar y una manera en que el primer sistema que reuniese todas esas características antes descritas emergiese; un instante en que la vida se originase.

¿Dónde y de qué manera pudo surgir la vida?

Como esta cuestión resulta de por sí abrumadora, ciñámonos a este nuestro planeta Tierra. Dos posibilidades caben: que estos primitivos sistemas vivos “llegasen” desde el espacio exterior o que se formasen aquí.

La primera es conocida como la teoría de la panspermia y se fundamenta en el descubrimiento de moléculas orgánicas (los citados ladrillitos de carbono) en cometas y asteroides encontrados en la corteza terrestre. También en el hallazgo de bacterias e incluso seres pluricelulares como los tardígrados o los gusanos de tubo gigantes, en ambientes con temperaturas, salinidades o acideces extremas. Estos seres se consideran, por tanto, “extremófilos”, y su existencia apuntala la idea de que incluso sistemas vivos considerablemente complejos son capaces de sobrevivir en lugares más hostiles que la Tierra.

La vida pudo emerger en la Tierra

Incluso si todo esto fuera cierto, y de forma no excluyente a la panspermia, el origen de los primeros y más primitivos sistemas vivos también pudo haber ocurrido en nuestro planeta. Esta teoría se conoce como la “abiogénesis” y, realmente, se trata de una hipótesis complementaria a la anterior.

Si la “panspermia” habla de cómo se pudo diseminar la vida por el universo, la “abiogénesis” trata de abarcar, nada más y nada menos, el estudio de la transformación de materia inerte en materia viva.

Filósofos presocráticos como Anaximandro, científicos persas como Nasir al-Din al-Tusi, evolucionistas como Charles Darwin o biólogas moleculares como Rosalind Franklin sentaron, de una manera u otra y desde perspectivas diversas, las bases del conocimiento del que disponemos hoy en día a este respecto. Sin embargo, de entre todos los nombres dignos de mención a la hora de dar unas pinceladas sobre la abiogénesis, hay que destacar uno: el de Stanley Lloyd Miller.

Stanley Lloyd Miller, padre de la química prebiótica

Un hombre posa junto detrás de instrumental científico
Stanley Miller, fotografiado en 1999.
Wikimedia Commons, CC BY-SA

Corría el año 1952 y un joven Miller tomaba la decisión de cambiar radicalmente el tema de su tesis doctoral. Llevaba un año bajo la dirección de Edward Teller, “el padre de la bomba H”, estudiando la formación de los elementos en las estrellas, cuando decidió marcharse de Chicago y contactar con Harold Urey. Es a este último a quien plantea una idea experimental arriesgada de cara a la obtención de su título de doctor.

La propuesta de Miller consistía en hacer reaccionar los gases que, se creía, componían la atmósfera de la Tierra primitiva (CH₄, NH₃, H₂O y H₂) para tratar así de obtener moléculas orgánicas. Desoyendo el escepticismo de Urey, Miller consiguió sintetizar de este modo más de 20 aminoácidos, los “ladrillos” que componen las proteínas que encontramos en los seres vivos, a partir de moléculas inorgánicas.

No significa esto, por suerte o por desgracia, que Stanley consiguiera “crear vida” de forma artificial; pero sí que se diera el pistoletazo de salida a una serie de experimentos y líneas de investigación que, en la actualidad, tratan de producir sistemas orgánicos –basados en el carbono– que cumplan algunas de las propiedades inherentes a los seres vivos, como la autorreplicación, la autocompartimentalización o el poseer un protometabolismo (una versión más sencilla de lo que entendemos por metabolismo).

Entre la literatura, la filosofía y la ciencia

En la saga Fundación, Asimov plantea la existencia de un planeta, Gaia, en el cual todas las formas de vida comparten una única consciencia y tratan de alcanzar un bien común absoluto que beneficie al conjunto.

En nuestro planeta Tierra, todas las formas de vida compartimos una serie de características y de propiedades que emergen de ellas. Quizás la inspiración que nos brinda el escritor en sus libros, sumada al avance científico en el estudio del origen de la vida, nos acerque a una comprensión mayor de nuestro lugar en el universo, a una mayor armonía y sostenibilidad para la civilización y el planeta.

Si las palabras de Carl Sagan cuando afirmó que “un organismo en guerra consigo mismo está condenado” son ciertas, merecerá la pena intentarlo.

The Conversation

Jorge Moral Pombo recibe fondos de Volkswagen Foundation, quien paga su salario como investigador postdoctoral en IMDEA Materiales.

ref. Isaac Asimov, Stanley Miller y el misterio del origen de la vida – https://theconversation.com/isaac-asimov-stanley-miller-y-el-misterio-del-origen-de-la-vida-282753

Movimiento 15-M: 15 años de una protesta que cambió la política española

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jesus Casquete, Catedrático de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Concentración en la Puerta del Sol de Madrid el 15 de mayo de 2011. Pedro Rufo/Shuttertock

Se cumplen 15 años desde que miles de ciudadanos y ciudadanas ocuparon las calles y plazas en una movilización inédita en la historia de España. El Movimiento 15-M, también conocido como movimiento de los indignados, no fue la primera ocasión en que un sector de la sociedad salía de forma masiva a la calle para trasladar sus inquietudes y demandas a las autoridades. Su carácter novedoso residió, más bien, en que muchos de sus participantes permanecieron acampados en lugares simbólicos del paisaje urbano, con la madrileña Puerta del Sol como icono más reconocible.

La mayoría de las movilizaciones sociales encuentran su explicación en claves de oportunidad nacionales: por ejemplo, la exigencia de aprobación (o de rechazo) de una ley o la necesidad de poner fin a la corrupción. Otras, en cambio, discurren de forma simultánea y por detonantes similares en diferentes países; forman parte de un mismo ciclo global de protesta. El movimiento de los indignados se explica por un cruce de ambas lógicas.

El domingo 15 de mayo de 2011 se celebraron más de medio centenar de manifestaciones salpicadas por toda la geografía de España bajo un mismo hilo conductor, resumido en la reivindicación de “¡Democracia real ya!”, una crítica poco velada a un bipartidismo esclerotizado entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Popular (PP).

Justo una semana después estaban previstas elecciones municipales en todo el país y autonómicas en trece comunidades, un momento en que, por definición, las élites políticas se muestran más permeables a la comunicación con la ciudadanía. Por encima del clima político nacional planeaba una coyuntura internacional que no puede pasarse por alto para comprender el 15-M. El movimiento representó la traducción española de un malestar global que también se expresó, con sus propias particularidades, en Grecia (en la plaza Syntagma de Atenas) y en Estados Unidos (en Zuccotti Park, en Nueva York).

Estas tres campañas de protesta compartían una crítica al funcionamiento de las democracias liberales realmente existentes, en particular la desconexión entre la ciudadanía y las élites político-económicas (en ese marco cobran sentido eslóganes como el de “no nos representan” y “lo llaman democracia y no lo es” o “we are the 99 %”) y la denuncia de la subordinación de la política a los mercados.

Grecia y España a la cabeza

Todo ello en un contexto de grave crisis económica, al calor de la Gran Recesión de 2008 y sus secuelas posteriores en forma de “austeridad” y de recortes sociales, que sacudió con especial dureza a los países del sur de Europa más afectados por la crisis económica, Grecia y España entre ellos.

Quienes participaron en manifestaciones y acampadas formaban un colectivo socialmente heterogéneo e ideológicamente variopinto. Destacaba –igual que en otros movimientos sociales como el ecologismo o el feminismo– una juventud reducida a la condición de precariado que, pese a un elevado grado de formación, estaba condenada a desempeñarse en los márgenes del mercado laboral y sin perspectivas de futuro en su país. Junto a estos jóvenes estaban muchos de sus progenitores, que contemplaban cómo el esfuerzo formativo de sus vástagos no se traducía en mejores perspectivas de vida.

La esperanza depositada por sus participantes en que la ocupación de la esfera pública bastara para imprimir un cambio de rumbo en la política pronto se vio frustrada. Si se mide por sus objetivos declarados, de por sí bastante difusos (una democracia más genuina, el fin de la precariedad laboral y existencial, la lucha contra la corrupción…), la movilización no tuvo éxito.

El movimiento nunca tuvo vocación de permanencia. Con el reflujo contestatario, sus energías buscaron otros cauces, alcanzando un impacto notable en el devenir de la política española de los años siguientes.

El 15-M incorporó a la política a sectores hasta entonces despolitizados y sirvió de vivero del que nacieron colectivos temáticos con agendas reivindicativas sectoriales, como las “mareas” blanca y verde, volcadas en revertir los recortes y la degradación de los servicios públicos de salud y educación, respectivamente.

Entonces, nació Podemos

Pero, sobre todo, el movimiento de los indignados pavimentó el camino para la fundación en 2014 del partido político Podemos. Sus líderes iniciales procedían de las filas del 15-M y trasladaron su espíritu y demandas al ámbito resolutivo de la política, primero a los parlamentos y, con el tiempo, al Gobierno de España como socio minoritario de la coalición con el PSOE.

Las nuevas tecnologías de la comunicación y las redes sociales han transformado el repertorio de acción de los movimientos sociales. El ciberactivismo, la firma de peticiones online, por ejemplo, se ha sumado a las formas tradicionales de protesta que pivotan sobre la ocupación de la calle, pero sin restarle protagonismo.

En España, y con la salvedad de que el Ministerio del Interior no computa datos del País Vasco ni de Cataluña, el número de manifestaciones durante la última década (sin incluir los años de pandemia) se ha mantenido estable en torno a las 30 000 anuales. En las democracias liberales, el reunirse físicamente en la calle con otras personas afines, experimentar un sentimiento de comunidad y sentirse partícipe de una causa compartida no tiene visos de remitir.

The Conversation

Jesus Casquete no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Movimiento 15-M: 15 años de una protesta que cambió la política española – https://theconversation.com/movimiento-15-m-15-anos-de-una-protesta-que-cambio-la-politica-espanola-282438

Dilema en la economía venezolana: ¿dolarizarse o devolver al banco central su autonomía?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Antonia Moreno, Profesor Investigador Asociado, Universidad Católica Andrés Bello

testing/Shutterstock

Tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales estadounidenses el 3 de enero de 2026, en Venezuela han surgido expectativas optimistas respecto a su economía, como si una fuerza poderosa estuviera a punto de transformarla y devolverla a lo que fue hace décadas, y de donde, según algunos, nunca debió haberse desviado.

¿En qué se sustentan tales esperanzas? Las repercusiones de los cambios políticos y económicos de estos meses son tan incompletas que no está claro si conducirán a un sendero sostenible de desarrollo y bienestar.

A ello se añade la incertidumbre generada por las propuestas para legislar la dolarización de la economía del país. Este artículo se centra en las implicaciones de esta opción, argumentando que el camino hacia una estabilidad macroeconómica efectiva reside en establecer una independencia confiable del Banco Central de Venezuela (BCV).




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De inflaciones e hiperinflaciones

Un argumento a favor de la dolarización es la persistencia de periodos de alta inflación: la característica más prominente de la economía venezolana desde hace varias décadas.

En efecto, la variación promedio mensual del índice de precios al consumidor (IPC) de Venezuela no solo se ha mantenido en niveles por encima del 2 %, sino que ha escalado a promedios de más del 11 %, incluso a una hiperinflación entre diciembre de 2017 y enero de 2021, con un promedio mensual de 58 %. Si bien su ritmo de crecimiento ha disminuido desde entonces, el promedio actual (11,6 %) es todavía muy alto en relación con los niveles hacia los cuales ha tendido el promedio mundial de la inflación.

La tendencia creciente del coeficiente de variación (CV) de la inflación promedio intermensual refleja también un alto nivel de volatilidad del IPC. Esta tendencia sugiere que cualquier intento de las autoridades monetarias de reducir la inflación ha sido meramente temporal.

Dicho coeficiente de variación (CV) mide la volatilidad de la inflación mes a mes. Un CV bajo indica que la inflación mensual es constante y predecible. Uno alto, que la inflación mensual fluctúa mucho, con meses de subidas muy altas y otros más bajas.




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Dolarización, ¿sí o no?

Ahora bien, al proponer la dolarización por ley para Venezuela se dejan de lado cuestiones de importancia tales como:

  • El reconocimiento de que una de las fuentes relevantes de la inflación tiene que ver con la insostenibilidad de los déficits fiscales (cuando los ingresos por impuestos y otras fuentes son inferiores a los gastos públicos en un año) y su financiamiento por el BCV.

  • El desconocimiento de que otros países latinoamericanos con la misma experiencia, como por ejemplo Perú y Brasil, lograron controlar la inflación sin dolarizar su economía (Banco Mundial, 2024). Sobre todo tomando en cuenta que, en Venezuela, tanto la inflación como la depreciación cambiaria siguen tendencias alcistas.

Pero, más importante aún, es que, con la propuesta de dolarización, se dejan de lado las posibles causas de la persistencia de las autoridades económicas venezolanas en ignorar que, en los países donde se han establecido objetivos de inflación (inflation targeting), se ha conseguido reducirla a tasas compatibles con un crecimiento económico sostenido y mejoras en el bienestar social de la población.

¿Por qué oponer la dolarización a la política de metas de inflación? ¿Es que la autonomía del banco central es viable para otras naciones, pero no para el de Venezuela? ¿Cómo se puede aceptar tal premisa? La dolarización puede ofrecer una solución a corto plazo para frenar las inflaciones elevadas. Pero, a la larga, se convierte en una camisa de fuerza que conlleva costos y riesgos persistentes.

Peor aún, no solo deja sin resolver los problemas subyacentes de la economía, sino que conlleva, al atar la economía nacional a una divisa extranjera, una renuncia irreversible a la capacidad de establecer políticas económicas propias.




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Lo que hay que cambiar

En un país cuya economía se contrajo considerablemente desde comienzos del siglo XXI, estos costos y riesgos pueden atenuarse con la adopción de una política de metas de inflación. Esto requiere restituir la independencia del Banco Central de Venezuela en la toma decisiones y la formulación de políticas monetarias, sin injerencias políticas.

Los cambios legales para conseguirlo no deberían tomarse un tiempo muy prolongado, pues la autonomía e independencia del BCV constituyen un mandato constitucional desde 1999. Además, con la flexibilización de las sanciones estadounidenses que ha venido produciéndose desde principios de año, la reforma de la Ley del BCV podría agilizarse, tal y como ocurrió con la aprobación de las recientes reformas de la Ley Orgánica de Hidrocarburos y la Ley Orgánica de Minas.

Implementar estos cambios permitiría a Venezuela pasar de una economía pequeña y distorsionada a una regida por los incentivos adecuados para impulsar un crecimiento sostenible y equitativo.




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Una fiscalidad mejorada

Para mejorar la gestión de la institución monetaria, además de la restitución legal de su autonomía, sería necesario restablecer otras normas fiscales que se fueron debilitando y abandonando.

Estas normas incluyen el restablecimiento de límites razonables de endeudamiento público, la coordinación de la planificación monetaria y fiscal a largo plazo contemplada en la Constitución, la implementación de un fondo de estabilización macroeconómica (una entidad de ahorro soberano para acumular recursos durante periodos de altos ingresos que contrarresten la volatilidad del ciclo petrolero), y la reforma del sistema tributario para convertirlo en un estabilizador automático efectivo.

Un estabilizador fiscal automático suaviza los efectos de las fluctuaciones cíclicas de la economía sin intervención gubernamental directa. Por ejemplo, los impuestos progresivos, como el impuesto sobre la renta, hacen que, en periodos expansivos de la economía, aumente la recaudación tributaria fortaleciéndose la capacidad de ahorro del fisco. En períodos de contracción económica, este ahorro permite a los gobiernos financiar políticas dirigidas a contrarrestar su impacto negativo en la demanda agregada. De esta manera, el ciclo contractivo del PIB se suaviza, al disminuir el gasto de las familias menos de lo que lo hace el PIB.

Restaurar la confianza y la credibilidad

La aplicación de los cambios propuestos, que permitirían incorporar mecanismos estabilizadores automáticos, erradicar la dominancia fiscal (que resta capacidad a la para controlar la inflación) y eliminar la rigidez del gasto público asociada a la búsqueda de rentas o rent-seeking (un fenómeno estructural por el que una parte del presupuesto se destina a grupos de interés que buscan asegurarse beneficios propios), podrían restaurar la confianza y credibilidad en las políticas fiscales, cuestiones tan necesarias en el desenvolvimiento eficiente de los mercados y la actividad productiva.

Aunque lograr estos objetivos requiere consenso político, no debería ser difícil alcanzarlo si se tiene en cuenta que la inflación siempre es un mal negocio para todos los sectores sociales, económicos y políticos.

The Conversation

María Antonia Moreno no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Dilema en la economía venezolana: ¿dolarizarse o devolver al banco central su autonomía? – https://theconversation.com/dilema-en-la-economia-venezolana-dolarizarse-o-devolver-al-banco-central-su-autonomia-282758

Mi cuerpo, su voz: el ‘lip sync’ como expresión cultural en TikTok

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Teresa Piñeiro Otero, Profesora Titular en el Departamento de Sociología y Ciencias de la Comunicación de la UDC., Universidade da Coruña

La misma canción y múltiples “intérpretes” usando _lip sync_. Composicion de Teresa Piñeiro a partir de TikTok.

Una persona se asoma desde la pantalla. Mueve los labios, pero la voz que escuchamos no es suya. Puede ser una canción, un sketch cómico, un discurso político. Sabemos que esa voz no pertenece a ese cuerpo, pero aceptamos la unión. De hecho, ahí está buena parte del sentido.

Desde las primeras semanas del confinamiento con la covid-19, TikTok convirtió la sincronización de labios –funcionalidad heredada de Musical.ly– en uno de sus rasgos expresivos y en una puerta de entrada para públicos más adultos.

Impacto a gran escala

El lip sync puede parecer un pasatiempo. Alguien dobla un tema de moda, interpreta un audio viral o reproduce un diálogo de película. Sin embargo, por su uso extensivo en redes, se ha transformado en una práctica cultural que tensa las costuras del contrato audiovisual.

La ilusión audiovisual se sustenta en la sincronía imagen-sonido y en su verosimilitud: si una boca se mueve al ritmo de una voz, tendemos a vincular ese sonido con una fuente en pantalla, real o sugerida. TikTok conserva la sincronía y, al mismo tiempo, explota la falta de fidelidad como parte de su atractivo.

Esa separación entre sonido y fuente, la acumastización, no es nueva. La historia del medio audiovisual está llena de voces desplazadas, doblajes, playbacks, números musicales… La novedad aquí es que la herramienta se está usando a gran escala.

Antes, estas operaciones dependían de una infraestructura técnica o industrial. Hoy basta con elegir un audio en el móvil, grabarse, sincronizar el gesto y publicarlo. La pregunta ya no es si la voz es auténtica, sino cuál es su efecto expresivo.

El significado cambia según el contexto

Una voz puede cambiar de contexto con enorme facilidad. Un mismo audio puede servir para quejarse de un examen, ironizar sobre un cliente insoportable o dramatizar una situación cotidiana. La voz se repite, pero el sentido cambia.

Por eso, el lip sync es más que una imitación. Aunque el cuerpo no habla, el lenguaje corporal sí reorienta el significado. Una mirada, una ceja levantada o una sonrisa incómoda pueden cambiar por completo el sentido de un audio. Repetir lo que dijo otra persona, en este contexto, puede ser una forma de apropiarse, traducir, parodiar, denunciar o desplazar un significado.

En un momento en que la inteligencia artificial generativa ha facilitado el acceso a la creación de vídeos sintéticos, cuando cientos de aplicaciones nos permiten fabricar discursos que no se pronunciaron, reemplazar rostros o sincronizar labios y gestos faciales con una precisión cada vez mayor, TikTok revindica la imperfección para poner énfasis en el gesto, el contexto o la intención de alguien que hace suya una voz que no le pertenece.

Cuando se usa con fines activistas

Ese uso puede tener una dimensión crítica. Algunas creadoras se apropian de audios que indican cómo debe comportarse una mujer mientras friegan, se maquillan o miran a la cámara con hartazgo. El audio afirma una cosa; el cuerpo responde otra.

Por otro lado, canciones como Labour, de Paris Paloma, se convirtieron en fenómenos virales, como un himno de rabia feminista que resuena con millones de mujeres jóvenes. La canción, que aborda de manera cruda y poética la fatiga ante roles de género tradicionales, la carga mental y el trabajo doméstico, es hoy un grito de guerra de “feminist.rage” –rabia feminista– en boca de cientos de jóvenes.

En otros casos, el lip sync sirve para señalar formas de racismo cotidiano. Frases aparentemente bienintencionadas –“¿De dónde eres realmente?”, “Hablas muy bien”, “No pareces de aquí”– pueden interpretarse con ironía. Esta práctica no derriba estructuras, pero puede intervenir en la circulación de ciertos significados.

Banalización de contenidos y minorías

En la otra cara de la moneda, la reutilización de voces, acentos y músicas no siempre funciona como homenaje o crítica. En su análisis de los lip sync de creadores oyibo –“persona blanca” en el idioma yoruba de Nigeria– sobre audios de humor, música y pidgin –lengua mixta– nigerianos, un estudio reciente señala que esta circulación puede ampliar la visibilidad de determinadas formas culturales, pero también vaciarlas de contexto y convertir la diferencia en espectáculo.

Por eso, no basta con celebrar el lip sync como una práctica creativa. Su sentido depende de quién usa la voz, desde qué posición, ante qué comunidad y con qué beneficio. La misma operación puede funcionar como traducción cultural, parodia, reconocimiento o apropiación.

Usuarios con discapacidad auditiva

El fenómeno se vuelve aún más complejo si se observa desde la experiencia de las personas sordas y con discapacidad auditiva, a las que TikTok brinda otras formas de presencia. La lengua de signos, los subtítulos, los gestos, la música, el doblaje o el lip sync permiten participar en tendencias sonoras desde registros distintos.

Sin embargo, esa participación no está libre de tensiones. La posibilidad de intervenir en tendencias sonoras desde registros visuales no implica que la plataforma reconozca estas formas de comunicación en igualdad de condiciones. Buena parte de las dinámicas de TikTok continúan organizadas en torno a una lógica oyente, basada en la escucha de un audio, su reproducción mediante la voz o la boca y la sincronización entre sonido, cuerpo e imagen.

Así, la participación de personas sordas exige una continua labor de traducción y ajuste entre lengua de signos, subtítulos, gestualidad, ritmo, música y texto.

Al mismo tiempo, algunos usuarios que reclaman a la comunidad creadora la incorporación de voz para mejorar la comprensión de los vídeos. Aunque un vídeo pueda construir sentido mediante lengua de signos, subtítulos o expresión corporal, la ausencia de voz hablada sigue percibiéndose como una carencia.

En este sentido, una investigación reciente constató que prácticas como el subtitulado, el doblaje, la música o el lip sync permiten a las personas sordas intervenir en una cultura atravesada por el sonido, pero no desactivan la norma oyente que sigue organizando buena parte de sus modos de participación.

La misma canción, infinitos intérpretes

Ante este panorama, si hay una práctica que domina el lip sync, es la musical. Basta buscar “lipsync” para encontrar una sucesión de vídeos de chicas jóvenes con el mismo encuadre, filtros y gestos, interpretando cualquier tema viral. A veces, parece que vemos el mismo vídeo una y otra vez. Y, en parte, esa es la lógica de la plataforma.

La canción deja de circular como una obra completa. El corte se impone al tema, al álbum o a su intérprete. La propia plataforma favorece esa fragmentación al ofrecer sonidos listos para reutilizar y al premiar las formas que mejor se adaptan a la repetición. La música se dobla, se imita, se contesta y transforma.

De este modo, surgen formas diversas de cocreación musical. Los usuarios completan canciones, hacen versiones, traducen gestos o mezclan estilos desde lugares muy distintos y con medios mínimos. Así, músicas no occidentales, rurales, migrantes u orientales pueden circular por vías que no dependen del todo de los filtros tradicionales de la industria.

Aunque no conviene idealizarlo. TikTok también toma parte de esa gran industria musical dominante y elige qué ritmos, idiomas y gestos se van a convertir en plantilla.




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TikTok revoluciona la industria musical


The Conversation

Teresa Piñeiro Otero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Mi cuerpo, su voz: el ‘lip sync’ como expresión cultural en TikTok – https://theconversation.com/mi-cuerpo-su-voz-el-lip-sync-como-expresion-cultural-en-tiktok-281914

¿Qué hace un fragmento de la ‘Ilíada’ de Homero dentro de una momia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Stephan Blum, Research Associate, Institute for Prehistory and Early History and Medieval Archaeology, University of Tübingen

Achilles Lamenting the Death of Patroclus by Gavin Hamilton (1760-1763). National Galleries of Scotland Collection

Los arqueólogos han encontrado algo inesperado en el interior de una momia egipcia de la época romana de hace 1 600 años: un fragmento de la Ilíada de Homero. No estaba colocado junto al cuerpo, sino dentro del abdomen de la momia. Pero la verdadera sorpresa no es solo dónde se encontró el fragmento. Es cómo llegó allí. Para entenderlo, debemos retroceder: a la propia Ilíada y a lo que llegó a ser en el mundo romano.

En la Ilíada, un poema escrito en el siglo VIII a. .e. c. y atribuido a Homero, la guerra de Troya no termina en triunfo ni en renacimiento. Termina en devastación. El poema concluye al borde del colapso, con Troya reducida a un paisaje de ruinas heroicas. Y, sin embargo, la historia no acaba aquí.

Según la tradición romana posterior, un troyano escapó. Eneas –hijo de Anquises y de la diosa Afrodita– huyó de la ciudad en llamas llevando a su padre a hombros y a los dioses domésticos en las manos. Se dirigió hacia el oeste, cruzando el Mediterráneo, hacia Italia, donde se convirtió en el antepasado de Roma.

Esta continuación no proviene de la propia Ilíada. Se configuró siglos más tarde, sobre todo en la Eneida de Virgilio. Pero cambió por completo el significado de la guerra de Troya. El pasado, en otras palabras, se reorganizó activamente a través de historias que podían reelaborarse, ampliarse y conectarse a través del tiempo y el espacio.

Pintura de Pompeo Batoni (1753), que representa a Eneas huyendo de la ciudad de Troya en llamas con su padre Anquises y los dioses domésticos, mientras la caída de Troya se reconfigura como el comienzo de un viaje hacia la fundación de Roma.
Cuadro de Pompeo Batoni (1753), que representa a Eneas huyendo de la ciudad de Troya en llamas con su padre Anquises y los dioses domésticos, ya que la caída de Troya se reinterpreta como el comienzo de un viaje hacia la fundación de Roma.
Galleria Sabauda

Convertir la derrota en origen

Para el público romano, la guerra de Troya era más que una leyenda griega. Se convirtió en una forma de pensar sobre los orígenes, la identidad y el poder.

Afirmar el linaje troyano no implicaba solo un rastreo; requería un trabajo cultural constante –a través de la narración, la educación y el conocimiento compartido–. La Ilíada proporcionaba la materia prima: personajes, acontecimientos y genealogías que podían remodelarse y reutilizarse a lo largo de las generaciones.

En todo el Imperio romano, las élites cultas estudiaban a Homero como parte de su formación. Lo citaban en discursos, lo analizaban en las aulas y lo utilizaban para demostrar autoridad cultural. Conocer la Ilíada era hablar un idioma que otros en todo el imperio entendían.

Un senador en Roma, un profesor en Asia Menor o un estudiante en Egipto podían recurrir a las mismas historias. El poema creó un marco de referencia compartido, uno que permitía a personas muy diferentes situarse dentro de un pasado común.

Plano de la ciudadela de Troya de la Edad del Bronce Tardía
Plano de la ciudadela de Troya de la Edad del Bronce Tardía (c. 1300–1109 a. C.) mostrado en rojo, con las estructuras de la época romana en azul, integradas en la antigua fortificación de tal manera que los muros conservados funcionaban como un telón de fondo teatral de la ‘antigüedad auténtica’, transformando la profundidad arqueológica en una experiencia deliberadamente escenográfica.
Universidad de Tubinga, CC BY-SA

En la época del Imperio romano, el yacimiento de la antigua Troya –situado en la actual Turquía– se convirtió en un destino turístico. Los emperadores invirtieron en su desarrollo, vinculándolo directamente a los supuestos orígenes troyanos de Roma. Bajo el emperador Augusto, Troya se integró en el discurso político del imperio. Y bajo el emperador Adriano, pasó a formar parte de una cultura más amplia de viajes, memoria y patrimonio.

Un visitante de Troya en el siglo II se habría encontrado con un paisaje cuidadosamente diseñado. Había baños, lugares donde alojarse y espacios para espectáculos. Se construyó un pequeño teatro –el Odeón– directamente en la antigua ciudadela, de modo que los restos de la ciudad de la Edad del Bronce, entendida como el escenario de las legendarias batallas en torno a Troya, formaban un escenario dramático.

Los visitantes podían pasear por lo que se presentaba como el escenario de la epopeya homérica, experimentando la guerra de Troya como algo arraigado en el suelo bajo sus pies.

De Troya a Egipto

Por todo el Imperio romano, la Ilíada circulaba como un texto vivo: se copiaba, se enseñaba y se leía. Egipto, una de las provincias más importantes de Roma, no fue una excepción. Sin embargo, aquí Homero circulaba dentro de un panorama cultural que difería en aspectos importantes del mundo literario griego en el que el poema había tomado forma por primera vez.

Para los observadores romanos, Egipto solía aparecer como un lugar donde la antigüedad se conservaba materialmente, además de recordarse, a través de templos, monumentos y prácticas que enfatizaban la continuidad con el pasado. Al mismo tiempo, era una sociedad profundamente híbrida, donde las tradiciones egipcias, griegas y romanas interactuaban de forma compleja.

Homero fue uno de los autores más copiados en el Egipto romano: se leía y se enseñaba como un indicador de educación y pertenencia cultural, y estaba profundamente arraigado en la cultura literaria cotidiana.

Un pequeño teatro romano cubierto
El Odeón de Troya, un pequeño teatro cubierto integrado en el tejido de la antigua ciudadela y construido a principios del siglo II, ejemplifica la reconfiguración romana del paisaje urbano y cultural del lugar.
Universidad de Tubinga, CC BY-SA

La versión homérica de la Guerra de Troya era especialmente popular entre la élite de habla griega, sobre todo en centros urbanos como Oxirrinco, donde se encontró la momia. Otras versiones de la historia –que ponían mayor énfasis en la estancia de Paris y Helena en Egipto, tal y como relató Heródoto basándose en los relatos de los sacerdotes egipcios– probablemente estaban más extendidas entre la población egipcia en general.

La cobertura mediática inicial del descubrimiento del fragmento dentro de la momia egipcia sugería que el texto había sido elegido deliberadamente para acompañar al difunto como un objeto de significado personal, tal vez reflejo de su educación o identidad cultural.

Sin embargo, la explicación más reveladora puede ser la más sencilla. Los papiros desechados o dañados podían reutilizarse como material barato. Por lo tanto, el fragmento pudo haber servido como relleno: se ataban en un haz y se insertaban en la cavidad corporal sin prestar especial atención a su contenido literario.

Sin embargo, el mero hecho de que un trozo de la Ilíada pudiera acabar como relleno desechable pone de manifiesto hasta qué punto Homero había calado en la vida cotidiana del Egipto romano.

Un texto en movimiento

Dar sentido al pasado en el mundo romano significaba moverse entre la historia y el monumento, entre la genealogía y el tiempo profundo. Cada perspectiva hacía más inteligibles las demás.

La Ilíada ayudó a crear un mundo en el que se podían conectar, comparar y remodelar diferentes pasados. Al vincular historias, lugares y tradiciones a lo largo del Mediterráneo, el mundo romano convirtió el pasado en un recurso flexible, capaz de generar identidad, autoridad y pertenencia en contextos cambiantes.

Por eso era importante el poema: circulaba por muchos entornos diferentes. Moldeó la educación de la élite, pero también formaba parte de la cultura lectora cotidiana. En Troya, contribuyó a transformar la ciudad en un lugar de memoria cultural. El texto en sí mismo también tuvo una larga vida material posterior, sobreviviendo no solo como una historia autorizada, sino a través de manuscritos y materiales de escritura que se copiaban, se transmitían o incluso se reutilizaban con fines totalmente diferentes.

Su idea más perdurable es, por lo tanto, esta: el pasado no es algo que simplemente se conserva, sino algo que se crea y se recrea continuamente.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Qué hace un fragmento de la ‘Ilíada’ de Homero dentro de una momia? – https://theconversation.com/que-hace-un-fragmento-de-la-iliada-de-homero-dentro-de-una-momia-282924

Trump-XI summit: US president says he will discuss arms sales to Taiwan – breaking decades of US policy

Source: The Conversation – UK – By Andrew Gawthorpe, Lecturer in History and International Studies, Leiden University

Donald Trump and Xi Jinping are likely to discuss many issues as they meet this week in Beijing. But alongside trade, technology and the war in Iran, one topic of conversation will stand out – the future of Taiwan.

Taiwan has long been a sensitive issue in Sino-American relations. Beijing regards the island as a breakaway province which must be reunited with the mainland. The United States has long opposed such a step. Yet in recent months, Trump has fuelled speculation that he may be ready to change key aspects of US policy on the issue, potentially granting Beijing long-sought concessions.

Trump’s apparent readiness to make these moves means that Taiwan is one of the issues on which we might see the most significant policy developments at the summit. And that could happen simply through the famously voluble president uttering just a few simple words.

The president’s policy towards Taiwan has been inconsistent and seemingly more malleable than that of previous administrations. Advocates for Taiwan point out that his administration recently approved the largest ever US arms sale to the island. But at the same time, he has sowed doubts about the strength of his support for Taiwan’s independence.

US policy towards Taiwan has traditionally been based on two principles. The first is “strategic ambiguity”, which means that the US declines to explicitly state whether it would actively use its military to defend Taiwan from attack by China. This policy is supposed to deter China while also discouraging Taiwan from formally declaring its independence from Beijing.

The second principle is the “one China policy”. According to this policy, the US recognises Beijing as the legitimate government of China, while opposing any violent solution to its dispute with Taiwan. It also retains robust informal links to the Taiwanese government in Taipei.

Observers are concerned that Trump may water down these principles during his summit with Xi. For instance, he might state that the US not only “does not support” Taiwanese independence but actively “opposes” it. Or he might double down on previous comments he has made indicating that whether or not Xi invades Taiwan is “up to him”.

Trump has also explicitly stated that he will discuss future US arms sales to Taiwan with Xi during this week’s summit. This violates one of the so-called Six Assurances that the US has upheld towards Taiwan since the 1980s, and which were endorsed by the US Congress in 2016.

Even securing a discussion of arms sales would be a victory for Xi, who would welcome an opportunity to chip away at the Six Assurances. Presumably he would then try to weaken the US commitment to the other five, which include a US commitment not to change its position on Taiwan’s sovereignty.

More concretely, if Xi succeeds in making US arms sales to Taiwan a legitimate topic of negotiation in Sino-American relations, then he could head them off in the future by offering the US concessions in other areas. For instance, if Trump or a future president asks Beijing for its help settling a conflict like that in Iran, Beijing might demand an end to US arms sales to Taiwan as the price.

High stakes

Given Trump’s reputation as a formidable China hawk, his attitude towards Taiwan may seem surprising. But it’s actually part of a longstanding pattern.

In relations with China, Trump has arguably always prioritised economic issues, while appearing less concerned about the security of America’s regional allies. He has also raised doubts about whether Taiwan is even defensible. In his first term, he reportedly told aides that: “Taiwan is like two feet from China. We are 8,000 miles away. If they invade, there isn’t a fucking thing we can do about it”.

Trump is also both highly transactional and less focused on abstract principles of foreign policy than most previous presidents. He views America’s support of allies such as Taiwan as a gift that it gives them, one that is often not worth the cost. If he can achieve a concrete victory for himself today by trading away support for Taiwan tomorrow, he may well be willing to do so.

All of these developments matter because they make a violent conflict between China and Taiwan, potentially ultimately involving the US, more likely. If Trump makes concessions to Xi, it will be the latest signal that US support for Taiwan is wavering. That made be read in Beijing as permission to violently change the status quo. Even though such an act might belatedly then be met with force from Washington in response, it is made more likely by Trump’s stance today.

Even worse for Trump, the summit comes at a time when American power and the wisdom of its long-term strategy are being visibly called into question in the Middle East. The US is bogged down in an intractable conflict and has severely damaged its deterrent capacity in the Indo-Pacific by burning through advanced munitions at a high rate. Trump’s personal unpopularity is also rising at home amid the war and its economic fallout.

This weakened position makes it even more likely that Trump will want to strike a deal with Xi to help end the war in Iran or ease trade tensions to help the economy at home. Taiwan may be the price of that – and, ultimately, peace.

The Conversation

Andrew Gawthorpe is affiliated with the Foreign Policy Centre in London.

ref. Trump-XI summit: US president says he will discuss arms sales to Taiwan – breaking decades of US policy – https://theconversation.com/trump-xi-summit-us-president-says-he-will-discuss-arms-sales-to-taiwan-breaking-decades-of-us-policy-282894

State opening of parliament 2026: experts on plans for cost of living, EU ties, tourist tax and more

Source: The Conversation – UK – By Simon Usherwood, Professor of Politics & International Studies, The Open University

©House of Lords/Roger Harris, CC BY-NC

The government has set out its legislative agenda for the new parliamentary session in the king’s speech. Our panel of experts reveals the key points.

Measures to ease high living costs

Jonquil Lowe, Visiting Academic, The Open University

Surveys suggest that the cost of living is still a major concern for UK households, with energy and food prices topping the list of worries. In response, some campaigners have called on the government to use the energy independence bill announced in the king’s speech to break the link between electricity and gas prices and volatile global gas prices. And they want it to provide support, especially for low-income households, to switch away from heating homes with fossil fuels.

Among other measures, the bill aims to ensure landlords upgrade their properties to reduce tenants’ energy bills. These kinds of measure need to be introduced urgently if they are to save households from heftier energy bills expected this winter.

Other cost-of-living reliefs are welcome, although their impact may be small. For example, a move to “strengthen ties with Europe” may ease food inflation by reducing red tape and border checks on some imported foods.

The leasehold and commonhold reform bill (carried over from the previous parliamentary session) will help owners of leasehold flats and houses by capping ground rents at £250 a year, and then reducing them to a negligible amount after 40 years. Meanwhile, the social housing renewal bill aims to increase the stock of affordable social homes.

A ‘Bresignation’ bill: options for UK-EU closer relationship remain limited

Miriam Sorace, Associate Professor in Comparative Politics, University of Reading

The government clearly recognises that to improve the UK’s economic and trade security, strengthening ties with the European Union is paramount. But public attitudes are still characterised by “bresignation” rather than wholehearted “bregret”.

While support for rejoining the EU sits at around 55%, this obscures deep polarisation and strong conditionality. Support drops sharply in rejoining scenarios that require the UK to relinquish its previous opt‑outs, notably euro adoption and participation in the Schengen agreement on free movement. These would probably be among the concessions demanded by the EU, given public opinion across member states. Support for rejoining the single market (48%) or the customs union (50%) lags behind support for rejoining the EU and remains highly polarised.

The least polarising and most popular option is a broadly defined “closer relationship” with the EU, supported by around 63% of the public and even attracting a sizable minority (40%) of Reform UK voters (and 56% of previous Leave voters). Yet this plea reflects a degree of wishful thinking. Given the UK’s and EU’s red lines, marginal adjustments to the Trade and Cooperation Agreement are the only real options short of the various rejoin alternatives.

The status quo is widely disliked (only 33% prefer the current UK-EU relationship), but there is no other politically viable alternative to tinkering around the edges. “Closer relations” is not a concrete policy: it’s the default expression of living under sub-optimal constrained choice. In other words: “bresignation”. The UK is likely to remain locked into a status quo of continual negotiation with the EU for the foreseeable future, unless public opinion shifts towards accepting the significant concessions required to initiate rejoining negotiations.

Tourist taxes – England plays catch-up

Rhys Ap Gwilym, Senior Lecturer in Economics at Bangor University’s Business School

England is set to become the 26th country in Europe to introduce a tourist tax. The overnight visitor levy bill, announced in the king’s speech, follows recent moves in Scotland and Wales allowing local authorities to tax overnight stays.

In Scotland, Edinburgh will lead the way, adding a 5% levy to accommodation bills from July 24 this year. In Wales, Cardiff intends to introduce charges from April 2027: £1.30 per person per night in hotels and Airbnbs, and 75 pence in campsites and hostels. Such measures have proved controversial, with strong opposition from parts of the tourism industry.

The UK government has framed this as “the first step in a new era of fiscal devolution in England”. In practice, it is a modest one. Revenues are likely to be small relative to existing local taxes and mayors may place greater weight on reforms to council tax caps or business rate retention.

That said, international evidence suggests well-designed tourist taxes can work. Even modest revenues can help fund destination management, ease pressures on local communities and improve the visitor experience. The detail of the legislation will ultimately determine whether England achieves these gains.

Plans to make it easier to align UK law with EU agreements

Simon Usherwood, Professor of Politics & International Studies, The Open University

For all the talk from Prime Minister Keir Starmer of putting the UK at “the heart of Europe”, the proposed European Partnership Bill is a relatively modest and technical move. It would give the government powers to make adjustments to domestic legislation to ensure it complies with agreements being made with the EU. This would apply to those currently under negotiation (like youth mobility, food and veterinary standards, or emissions trading) or those that might be considered in future.

This streamlines a process that would have been necessary in any case, and remains reliant on those EU deals actually being struck. So there’s nothing particularly remarkable about the content. However, the repeated mention of “where it benefits the national interest” highlights how the government is trying to package this as something more.

Decisions about when to align are necessarily attached to decisions to sign up to deals with the EU, not to whether to make the domestic adjustments (which international law would consider to be an obligation). Much like Starmer’s flowery rhetoric in his speech on Monday, the substance doesn’t really match up.

Nationalising steel for security – but debts could burden the taxpayer

Phil Tomlinson, Professor of Industrial Strategy and Regional Development, University of Bath

Plans to nationalise British Steel offer some comfort to UK steel workers in the form of preserving jobs and providing stability. More pertinently, the move represents a renewed willingness for the state to intervene in a strategically important industry facing financial difficulties, high energy costs, fierce global competition and the challenges of the green transition.

Steel is a critical element in UK sectors such as car manufacturing and defence, infrastructure projects like railways, and low-carbon technologies including wind turbines. Nationalisation should offer the UK a degree of security over steel supply in an increasingly uncertain geopolitical climate.
The risk is that British Steel continues to lose out in global markets and makes substantial losses. This will impose a huge financial burden on the UK taxpayer, at a time when public finances are tight. But public ownership could align steel production with the UK’s broader industrial strategy goals, such as infrastructure development and net-zero targets.

And state financing could allow for long-term investment in new electric steel furnaces and decarbonisation. In the future, the government could use other levers to ensure a market for British Steel, such as strategies which favour UK-sourced, low-carbon steel for green infrastructure projects.

Plans to clean up our rivers and seas could be watered down

Alex Ford, Professor of Biology, University of Portsmouth

Water bills are rising, public anger over sewage pollution has not abated, and the government has now set out a major overhaul of water regulation in England and Wales in the king’s speech.

The proposed water reform bill signals a shift in emphasis. Rather than focusing solely on water companies, the legislation aims to address pollution more broadly, including contributions from agriculture and industry. This is a welcome change. The bill also promises a more unified regulatory system to end the fragmented oversight that has characterised the sector for decades.

Yet despite the language of reform, the vision looks less like a radical reset and more like a reboot of privatisation. This focus will worry campaigners, as it suggests continuity with an economic model widely blamed for under-investment, rising bills and environmental harm.

Immigration bill to tighten rules on right to family life

Joelle Grogan, Senior Visiting Research Fellow, University College Dublin

The government says the new immigration and asylum bill will “tighten the application” of Article 8 of the European Convention on Human Rights. The Article 8 right to family life is inherently restricted, and both national courts and the European Court of Human Rights generally defer to government migration policy. So more detail of the bill in future will be welcome.

The background briefing notes state that Article 8 is stopping the removal of those living illegally in the UK, saying that 86% of people from January to September 2022 who raised rights-based applications in detention were released. However, this highlights the lack of data – both on how many removals have been stopped by the ECHR and its connection with the number of illegal arrivals. Research on available data on the ECHR and foreign national offenders indicate that numbers are very low.

The bill will define family life to ensure that it is limited to the core family unit of spouse, parents and children. But the European Court of Human Rights emphasises the “dependence” of one family member on another (for example by providing sole financial support) in migration cases as the trigger for Article 8. So by defining “family unit” without the condition of “dependence”, the government may unintentionally widen the definition rather than narrow it.

The Conversation

Simon Usherwood has received funding from the Economic and Social Research Council, as a Senior Fellow of the UK in a Changing Europe initiative.

Alex Ford has received funding from UKRI research councils, EU, charities and industrial partners including the water industry.

Joelle Grogan, Jonquil Lowe, Miriam Sorace, and Phil Tomlinson do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. State opening of parliament 2026: experts on plans for cost of living, EU ties, tourist tax and more – https://theconversation.com/state-opening-of-parliament-2026-experts-on-plans-for-cost-of-living-eu-ties-tourist-tax-and-more-282895

Stardust trapped in Antarctic ice reveals tens of thousands of years of Solar System’s past

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Dominik Koll, Honorary Lecturer, Nuclear Physics, Australian National University

Alfred-Wegener-Institute/Esther Horvath

When you think of outer space, you’re likely picturing stars, planets and moons. But much of space is filled with clouds of gas, plasma and stardust – known as interstellar clouds.

In the local parts of our galaxy alone there’s a complex of roughly 15 individual interstellar clouds. The Solar System is currently traversing one of them, aptly named the Local Interstellar Cloud. The origin and history of these clouds are believed to be tightly connected to the birth and death of stars. But we can see their imprints right here on Earth, in a place you might not expect – Antarctic ice.

My colleagues and I have been studying stardust trapped in old Antarctic snow and ice to trace the history of our solar neighbourhood, including the Solar System itself.

In a new study published in Physical Review Letters, we found a subtle clue that reveals our Solar System’s movement through the local interstellar environment over the past 80,000 years.

Looking down to see the sky

Astronomy usually looks outward. Telescopes collect light from distant stars and galaxies, allowing us to observe events across vast stretches of space and time. From these observations, we infer how stars live and die, how elements are formed, and how the universe evolves.

Our approach turns that idea on its head.

Instead of observing the light coming to us, we study the debris of exploding stars right here on Earth. As cosmic furnaces, stars forge many elements in their cores, from carbon and oxygen to calcium and iron. This includes rare isotopes (variants of chemical elements) such as iron-60.

When massive stars explode into supernovae at the end of their life, these elements are ejected into space and become interstellar dust.

Tiny grains of this dust then drift through the galaxy and occasionally find their way to Earth’s surface. Radioactive iron-60, a fingerprint of stellar explosions, is embedded within these grains. By searching for these atoms in geological archives on Earth, we can probe astrophysical events like supernovae long after their light has faded.

This is why Antarctica is so valuable. Its snow accumulates slowly and remains largely undisturbed, forming a layered record that stretches back tens of thousands of years. Each layer captures a snapshot of the material that was present in our cosmic neighbourhood at the time.

Finding stardust in Antarctic ice

When we studied 500kg of recent snow in Antarctica, we unexpectedly found this rare radioactive isotope. Where did it come from? There was no recent near-Earth supernova.

But our solar neighbourhood is filled with 15 clouds, with the Solar System currently traversing at least one of them. Is the stardust waiting in the clouds to be picked up by Earth? If yes, then the amount of stardust Earth collects should be related to their structure: the denser the clouds, the more iron-60 they contain. This was our educated guess in 2019.

Soon, other explanations were brought forward. Millions of years ago Earth received large showers of iron-60 from massive supernovae. Is the iron-60 in Antarctic snow the last remnant or an echo of this signal? A rain that became a drizzle?

To find out, we analysed a 300kg section of Antarctic ice, dating from 40,000 to 80,000 years ago. The process is painstaking. The ice needs to be melted and chemically treated to isolate tiny amounts of iron, including the iron-60 from the stardust.

Then, using the sensitive atom counting technique of accelerator mass spectrometry at the Heavy-Ion Accelerator Facility at Australian National University, we counted individual atoms of iron-60.

The expectation was straightforward: based on previous measurements from surface snow of Antarctica and several thousand-year-old ocean sediments, we anticipated a certain steady level of iron-60 deposition.

Instead, we found less. Not zero, but noticeably lower than expected.

This result suggests that less interstellar dust was reaching Earth during that period. This is a remarkable change on a comparatively short astrophysical timescale and does not fit the long timescales of the iron-60 deposits that landed here millions of years ago. Instead, we needed to look for a smaller, more local source for the isotope.

The Orion Molecular Cloud Complex is a type of interstellar cloud.
NASA/JPL-Caltech

A fitting story

Naturally, astronomers are also quite interested in the clouds around the Solar System. Last year, a study reconstructing the history of the clouds arrived at the conclusion that they most likely originated in a stellar explosion. Furthermore, they found the Solar System has been traversing the Local Interstellar Cloud from sometime between 40,000 and 124,000 years ago.

If that’s correct, we would expect that the amount of iron-60 collected on Earth should have changed sometime in the same time period – between 40,000 and 124,000 years ago.

This is exactly what our results showed in Antarctica.

The story doesn’t fit perfectly, though. If these clouds did originate directly from an exploding star, we would expect way more iron-60 than we actually see in Antarctic ice.

Nevertheless, these clouds are imprinted in Earth’s geological record. If we look deeper and analyse even older ice, we might soon unravel the mystery of these local interstellar clouds, revealing their full history and uncertain origins.

The Conversation

Dominik Koll receives funding from the Australian Institute of Nuclear Science and Engineering (AINSE).

ref. Stardust trapped in Antarctic ice reveals tens of thousands of years of Solar System’s past – https://theconversation.com/stardust-trapped-in-antarctic-ice-reveals-tens-of-thousands-of-years-of-solar-systems-past-279745

Bottom trawling is scraping oceans of wildlife

Source: The Conversation – Canada – By Sarah Foster, Program Leader, Project Seahorse and Senior Researcher, Institute for the Oceans and Fisheries, University of British Columbia

Bottom trawlers extract one-quarter of the world’s fisheries catches by weight and raise significant ecological, economic and social concerns. Given that, you’d think there would be an answer to basic questions in fisheries: how many fish species are being caught, and what are they?

In reality, though, bottom trawling is often proceeding blindly.

Bottom trawling is widespread and problematic. Gears operate by dragging large weighted nets across the ocean floor (some as wide as a 45-storey building is tall), sweeping up most of the life they encounter along the way and destroying habitat.

a yellow seahorse in the water
By far the biggest threat to seahorses is their incidental capture in bottom trawls.
(Unsplash/Giulia Salvaterra)

Hundreds of thousands of bottom trawlers operate all over the world, often dependent on subsidies, implicated in human rights violations and exacerbating climate change.

We lead a conservation team called Project Seahorse, dedicated to ensuring there are more fish in the ocean in healthier ecosystems. We focus our work on securing healthy populations of seahorses — and to save seahorses, we have to save the seas.

By far the biggest threat to seahorses is their incidental capture in bottom trawls. As such, seahorses provide an index of the tremendous intensity of bottom trawling.

It was while developing a briefing on bottom trawl impacts that we realized no one knew the actual tally or diversity of fish getting caught up in nets. So we set out to provide an answer and in so doing unveiled more about the pressure bottom trawling is placing on marine species, ecosystems and fisheries worldwide.

Endangered species

Our research was anchored in tedious work as our co-authors took a deep dive into studies and reports hosted on the Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO) document repository, supplemented by an ad hoc exploration of additional literature.

The FAO is an intergovernmental organization that, among other things, collates worldwide fisheries data. We extracted more than 9,000 reports of fish species in bottom trawl catches, spanning from 1895 to 2021.

The first of our worrying findings is that a huge number of species are affected. We documented around 3,000 different fish species in bottom trawl catches but our modelled estimates suggest the true number could be double that.

Our data also showed that bottom trawls extract all or most species in some fish families. These include both the ocean’s most nutritious and commercially critical fish, such as jacks and croakers, and rare, distinct fish such as giant guitarfish and plough-nosed chimera.

Our second discovery is that many of the species we documented are already known to be of conservation concern. Among those on the International Union for Conservation of Nature’s (IUCN) Red List, about one in seven are classified as threatened or near-threatened with extinction. Bottom trawling was also cited in threat assessments for two-thirds of those species.

a guitarfish lying on the ground among other fish and mollusks
A giant guitarfish is among the species being caught by bottom trawling.
(Sarah Foster)

Insufficient data

Our third finding was that there is limited information on the conservation status for many of the fish caught in bottom trawls. About one-quarter of the species we recorded were listed as “data deficient” or “not evaluated” by IUCN, meaning their conservation status is essentially unknown.

People tend to focus on the threatened species, which certainly need our attention; seahorses among them. However, we also need to be concerned about the species in trawls that lack conservation assessments, which may also be faring badly.

Finally, we found that many species are not even being recorded. Our database includes relatively few records of smaller demersal species (animals that live near the bottom of the sea), with fisheries often just lumping them together as “various” or “trash fish.”

As many fish are so often overlooked or ignored in catch records, we often don’t actually know what bottom trawlers are catching. When species are not recorded, we lose critical information about biodiversity, population status and ecosystem impacts, not to mention the loss of resources that people depend on for food and livelihoods.

Bottom trawl fisheries should be required to demonstrate that they are ecologically, economically and socially sustainable before being considered acceptable. As it stands, the burden of proof falls on those trying to demonstrate harm — not on the industry causing it. This needs to be reversed, paying full attention to all the fish in the nets.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Bottom trawling is scraping oceans of wildlife – https://theconversation.com/bottom-trawling-is-scraping-oceans-of-wildlife-280780

From ‘French leave’ to ‘Irish goodbyes’: why you may be right to exit a party without saying goodbye

Source: The Conversation – UK – By Trudy Meehan, Lecturer, Centre for Positive Psychology and Health, RCSI University of Medicine and Health Sciences

Rawpixel.com

Whether you call it an Irish goodbye, French leave or filer à l’anglaise (leave in the English style), as the French prefer, the act of quietly slipping out of a party without fanfare is a familiar social impulse. The Brazilians called it sair à francesa (French style), the Germans a Polnischer Abgang (Polish departure), and Australians call it ninja bombing. Whatever name it goes by, the concept is the same: one moment you’re there, the next you’ve vanished into the night without a drawn-out round of explanations, hugs and promises to catch up soon.

The pattern is telling: every culture has a term for it, and every culture blames someone else. That collective deflection suggests we already know, on some level, that slipping out unannounced is a social transgression.

But for those of us with anxiety, that silent exit isn’t rudeness. While etiquette traditionalists will probably insist that leaving without saying goodbye is a social no-no, some psychologists argue that it’s a coping strategy. Here’s why sneaking out without saying goodbye might be the healthiest decision you make all evening.

When you break it down – and let’s be honest, those of us who are anxious, introverted, neurodivergent or dealing with chronic illness have all broken this down into agonising detailed steps – saying goodbye is a loaded cultural ritual. It’s a performance that demands a high degree of social skill, accuracy and nuance.

Goodbyes are high-demand situations and, sadly, by the end of a social occasion, many of us are already depleted and don’t have the energy to handle all the steps involved.

For many of us, socialising can mean feeling overwhelmed, constantly monitoring how we come across, trying to fit into other people’s expectations, comparing ourselves to others and worrying about rejection. It can be exhausting to feel like you’re constantly trying to act like your best version of normal.

When socialising means constantly adapting yourself to other people’s expectations, the healthy choice becomes using your last bit of energy to recharge and take care of yourself. Don’t leave the party completely drained with nothing left to recover with.

Sometimes we want to leave quietly because leaving loudly feels like shouting out: “I matter! Look at me, I’m leaving!” The fact is, many of us sit with the belief that we don’t really matter that much, so we don’t say goodbye because we don’t feel we are worth the performance.

Sometimes a silent exit is about self-respect, minding your energy reserves, even if you really enjoyed the evening. At other times, though, it’s an act of self-erasure. You leave without saying goodbye because you think no one will care, that you don’t matter enough to make a fuss when leaving.

Leaving quietly can become a way to protect yourself from the discomfort of saying goodbye. But the quiet exit cuts both ways. Ask yourself whether leaving without a word made your life bigger – you conserved enough energy to recover and you’re glad to go back next time – or whether it shrank it, adding another reason to avoid socialising altogether.

If you are going to pick apart your goodbye and negatively assess it, the next goodbye will feel even harder. Be careful to reality-test your post-event ruminations. It’s usually not as bad as you think, especially if you are assessing your performance through the distorting lens of anxiety.

A woman lying in bed, hands over her face, suggesting remembering something bad.
It’s probably not as bad as you remember it.
GBALLGIGGSPHOTO/Shutterstock.com

The healthiest choice of all

There is always a tension between wanting to belong and wanting to be yourself. If saying goodbye starts to feel so pressured and so performed that you lose any sense of being authentic, then the connection is starting to cost more than it’s worth.

If you feel like you need to be a chameleon to survive the complexities of socialising, the healthiest choice is to find a way to be who you really are. Find a way to tell your friends and family that leaving quietly is something you need because of how your nervous system and psychology are made, and not a reflection of the relationship. Research shows that being your truest self and having the best social connections go hand in hand.

And if you are neurodivergent, being open about what you need can feel like a risk, but it can also be a way to find acceptance, support and understanding when you let people know what you need and like.

If you’re anxious, it’s worth letting your host know in advance that you might need to slip away quietly. Otherwise, there’s a risk that people will read it the wrong way, as coldness or indifference, say.

Get ahead of it by letting people know you’ll leave without saying goodbye, and that you’re grateful to have been invited. Anxious people aren’t bad at relationships. Relationships just work better when everyone understands the other person’s needs.

Less is more

There’s a growing idea that being choosy about your social life isn’t antisocial – some psychologists call it “selective sociality”. Picking your moments carefully means you have more to give when it counts. The goal isn’t to retreat, but to invest in deeper relationships and in real presence, rather than the hollow churn of online contact – unless it supports meaningful connection.

In a world where being seen to do the right thing has begun to outweigh doing the right thing, selective sociality offers a way forward. Knowing our limits and being open about them, when possible, doesn’t weaken connection – it helps create relationships that feel real and sustainable.

If sneaking out without a fuss makes it more likely you will go to the next party, then it’s a choice for more social connection and therefore your health.

The Conversation

Trudy Meehan does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. From ‘French leave’ to ‘Irish goodbyes’: why you may be right to exit a party without saying goodbye – https://theconversation.com/from-french-leave-to-irish-goodbyes-why-you-may-be-right-to-exit-a-party-without-saying-goodbye-281994