El peso de las desigualdades: así influye el lugar donde vivimos en la salud mental

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Nájera López, Profesor de Radiología y Medicina Física en la Facultad de Medicina de Albacete. Coordinador de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación (UCLMdivulga), Universidad de Castilla-La Mancha

Calle de Barcelona. malgosia janicka/Shutterstock

Si alguna vez se ha parado a pensar en por qué sufrimos determinadas enfermedades, en particular aquellas relacionadas con la salud mental, seguramente se le hayan venido a la cabeza factores como la genética, las experiencias personales o el consumo de ciertas sustancias.

Pero ¿y si el lugar donde vivimos también jugara un papel clave? Nos referimos al barrio, a la calle, a la zona de la ciudad en la que desarrollamos nuestra vida y que, seguramente, está muy condicionada por factores socioeconómicos.

Una de las patologías mentales más impactantes son los primeros episodios psicóticos. Se trata de alucinaciones, delirios, conductas desorganizadas e, incluso, ideaciones suicidas asociadas a la angustia que suelen manifestarse entre el final de la adolescencia y los 30 años y afectan a todas las áreas de la vida. Por eso, su detección precoz implicaría contener las consecuencias sobre el futuro laboral, la formación y, en definitiva, el proyecto vital de la persona afectada.

Mapeando la salud mental de una ciudad

Un grupo de investigadores e investigadoras nos hicimos la siguiente pregunta: ¿podría la dirección de nuestra casa condicionar el hecho de sufrir, por ejemplo, un primer episodio psicótico? Para averiguarlo, analizamos 106 casos de pacientes que lo experimentaron entre 2016 y 2022 en la ciudad de Albacete. Todos los casos se recogieron a través de un programa especializado del Hospital Perpetuo Socorro de esta localidad.

Primero se ubicaron en el mapa y se compararon con 383 controles aleatorios. Tales controles permiten, entre otras cosas, determinar las zonas con una mayor densidad de población y filtrar ese efecto sobre el número de episodios psicóticos: de no hacerlo así, tendríamos más casos allá donde vive más gente y no podríamos determinar si el factor que queríamos estudiar era el culpable o no. Esta metodología permitió identificar zonas donde el riesgo real era significativamente más alto.

El análisis no solo se centró en la situación geográfica del domicilio del paciente, sino que se tuvieron en cuenta otros factores de riesgo individuales ya conocidos como el consumo de sustancias. Pero lo novedoso aquí fue el análisis de cómo factores socioeconómicos y geográficos pueden contribuir a la aparición de un primer episodio psicótico.

Desigualdades económicas y género

Los resultados revelaron que las áreas con menores ingresos registraban tasas significativamente más altas de incidencia de ese primer episodio. Así se pone de manifiesto que las desigualdades económicas, lejos de ser un factor aislado, ejercen una influencia importante en la vulnerabilidad a trastornos mentales graves, amplificando las brechas ya existentes en la salud mental.

Además, las mujeres de esas áreas se perfilaron como un grupo especialmente vulnerable, no solo por las adversidades económicas, sino también por enfrentarse a una intersección de factores que agravan su situación.

Este escenario evidencia la urgente necesidad de diseñar e implementar enfoques de intervención que sean profundamente sensibles al sexo, reconociendo las realidades diferenciadas que afronta la población femenina. Abordar dicha vulnerabilidad con estrategias específicas es clave para romper el círculo de desigualdad y garantizar una atención en salud mental más equitativa y efectiva, con especial atención a las zonas de la ciudad más desfavorecidas.

La precisión espacial como herramienta de salud pública

El uso de herramientas de estadística espacial permitió ajustar los datos por densidad poblacional, asegurando que los resultados reflejaran riesgos reales y no simples concentraciones de población. Esto hace posible dirigir recursos hacia las áreas más vulnerables con intervenciones específicas, como programas de detección temprana o mejora en el acceso a servicios de salud mental.

Por otra parte, integrar herramientas como la cartografía catastral en futuros estudios podría aportar un nivel de precisión sin precedentes al análisis espacial. La cartografía catastral, con su capacidad para proporcionar datos detallados sobre el uso del suelo, la densidad y características de las edificaciones, la distribución de recursos y las características demográficas, ofrece una base sólida para identificar con exactitud las áreas de mayor riesgo. Este enfoque representa un cambio de paradigma, aportando evidencias relevantes de la importancia de considerar el entorno como un elemento crucial en la salud mental.

Hacia un modelo inclusivo y sostenible

Nuestro estudio no solo representa un avance académico, sino que puede constituir una hoja de ruta para diseñar políticas públicas más equitativas y centradas en las necesidades reales de las comunidades. Al conectar los puntos entre salud mental, desigualdades económicas y planificación urbana, se resalta el papel fundamental del entorno en la prevención y tratamiento de trastornos psicóticos.

Porque, como demuestra este trabajo, el lugar donde vivimos importa, pero también importa quiénes somos y las desigualdades que afrontamos. Abordar esas disparidades estructurales no es solo una cuestión de justicia, sino una necesidad para construir un futuro más saludable, equitativo y sostenible.

Prevenir trastornos como el primer episodio psicótico no debe ser visto como una tarea individual, sino como un esfuerzo colectivo que coloque a las mujeres y a las comunidades más vulnerables en el centro de las estrategias de salud pública.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El peso de las desigualdades: así influye el lugar donde vivimos en la salud mental – https://theconversation.com/el-peso-de-las-desigualdades-asi-influye-el-lugar-donde-vivimos-en-la-salud-mental-271440

Personalidad resistente: cómo hacer del estrés laboral un motor de crecimiento personal

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mihaela Enache Zegheru, Profesora, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Imagine a dos profesionales que atraviesan una misma situación laboral complicada: hay reorganizaciones internas, presión por cumplir objetivos y un clima de incertidumbre. Mientras uno se desmotiva y acaba agotado, el otro consigue mantener la calma y aprovechar la experiencia como aprendizaje. ¿Qué marca la diferencia? La psicología tiene una respuesta: la personalidad resistente (cognitive hardiness), un recurso que permite transformar la presión en oportunidades de crecimiento.

La psicóloga Suzanne Kobasa acuñó este concepto a finales de los años setenta tras estudiar a directivos sometidos a altos niveles de estrés. Observó que algunos, pese a estar expuestos a las mismas dificultades que sus colegas, presentaban menos problemas de salud. La clave no estaba en la ausencia de obstáculos, sino en la forma de interpretarlos.

Junto con el profesor e investigador Salvatore Maddi, Kobasa definió un modelo basado en tres dimensiones:

  1. El compromiso, que supone implicarse activamente en la vida personal y profesional y encontrar un propósito vital.

  2. El control, entendido como la convicción de que nuestras acciones influyen en los resultados y reducen la sensación de indefensión.

  3. El reto, que se refiere a la disposición a ver los cambios como oportunidades de aprendizaje en lugar de amenazas.

El estilo resistente no elimina el estrés pero cambia su impacto: lo convierte en motor de crecimiento personal y profesional.

Un protector frente al estrés crónico

Numerosas investigaciones han mostrado que la personalidad resistente actúa como un factor protector frente al estrés crónico. Quienes la desarrollan recurren con más frecuencia a estrategias activas, como resolver problemas o buscar apoyo social, en lugar de evadir la situación. Esto se traduce en una mayor capacidad de adaptación a reorganizaciones, en la posibilidad de mantener el rendimiento en entornos inciertos y en una menor probabilidad de sufrir ansiedad, depresión o burnout.

Un estudio con bomberos españoles demostró que aquellos con mayor nivel de personalidad resistente presentaban menos riesgo de agotamiento profesional, a pesar de trabajar en las mismas condiciones extremas que sus compañeros.




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Beneficios no solo en la salud individual

En el ámbito organizacional, los trabajadores con personalidad resistente suelen mostrar mayor perseverancia y capacidad para resolver tareas complejas, lo que favorece el rendimiento global. En los líderes, esta disposición se traduce en la transmisión de confianza y en la capacidad de guiar a los equipos con serenidad frente a la incertidumbre. Cuando las empresas fomentan actitudes de compromiso, control y percepción del cambio como reto, generan climas laborales más resilientes, caracterizados por la cooperación y la orientación a soluciones.

La relevancia de la personalidad resistente en el ámbito laboral es tal que el interés académico por el tema ha seguido creciendo y se proyecta como una línea de estudio clave en los próximos años. Algunos ejemplos actuales:

  • La transformación digital suele generar ansiedad en los equipos debido a la rapidez con la que se incorporan nuevas tecnologías. Sin embargo, cuando este proceso se interpreta como una oportunidad de aprendizaje, la adaptación se acelera y los resultados son más positivos.

  • En los equipos globales y virtuales, cada vez más frecuentes, la personalidad resistente facilita la cohesión y ayuda a gestionar malentendidos derivados de la comunicación a distancia o de las diferencias culturales.

  • En el mundo del emprendimiento, quienes trabajan en contextos de incertidumbre y riesgo constante dependen de esta resistencia para mantener la motivación y transformar los fracasos en aprendizajes valiosos.




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Entrenar la resistencia

Una buena noticia es que, a diferencia de otros rasgos más estables de la personalidad, la resistencia psicológica puede entrenarse. Existen programas de formación e intervenciones psicoeducativas que han demostrado su eficacia.

Entre las estrategias más habituales se encuentran el entrenamiento en resolución de problemas y toma de decisiones bajo presión, el diseño de programas que conectan metas personales con objetivos organizacionales, la promoción de la autonomía para reforzar la percepción de control y la construcción de una cultura de aprendizaje continuo. Muchas empresas han incorporado prácticas de mindfulness, programas de mentoring y talleres de gestión del cambio que fortalecen la confianza y el compromiso en entornos laborales exigentes.




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Y en el futuro, ¿qué?

El futuro del trabajo seguirá marcado por transformaciones rápidas e impredecibles. La pandemia, la digitalización y la globalización de los equipos muestran que la incertidumbre no es una excepción.

En este contexto, la personalidad resistente se convierte en un recurso imprescindible tanto para los propios individuos como para sus organizaciones. Invertir en su desarrollo no solo protege la salud mental de los trabajadores, sino que también impulsa la innovación, la productividad y la sostenibilidad empresarial.

La evidencia científica demuestra que esta capacidad puede entrenarse y potenciarse. Hacerlo será, sin duda, una de las claves para afrontar con éxito los desafíos del mundo laboral en los próximos años.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Personalidad resistente: cómo hacer del estrés laboral un motor de crecimiento personal – https://theconversation.com/personalidad-resistente-como-hacer-del-estres-laboral-un-motor-de-crecimiento-personal-268309

¿Es realmente más eficiente la gestión privada de los hospitales? Lo que dicen los datos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Recio Menéndez, PROFESOR TITULAR UNIVERSIDAD DEL DEPARTAMENTO DE ECONOMÍA Y EMPRESA, Universidad de Almería

PRIYA2025/Shutterstock

En las cafeterías y en los parlamentos, el debate sobre la sanidad suele simplificarse en una dicotomía casi futbolística: si la gestión privada es sinónimo de eficiencia y agilidad, la sanidad pública garantiza la equidad pero se ahoga en burocracia.

Sin embargo, cuando analizamos la economía de la salud con el bisturí de los datos, descubrimos que esa premisa de “lo privado gestiona mejor los recursos” vemos que no estamos ante una ley universal. La realidad es mucho más matizada: la titularidad del hospital importa menos que las reglas del juego, los incentivos y, sobre todo, el tipo de paciente que se atiende.

¿Qué dice la evidencia científica internacional y la experiencia reciente en España sobre quién lo hace mejor?

El mito de la eficiencia económica pura

El argumento principal a favor de la gestión privada (especialmente en el modelo de concesión administrativa o modelo Alzira) es el ahorro. Y es cierto: diversos informes de la Sindicatura de Comptes han mostrado en el pasado que el coste per cápita en hospitales de gestión privada puede ser inferior al de los centros de gestión directa, cifrando ahorros de entre el 20 y el 25 %.

No obstante, en economía sanitaria, comparar costes sin ajustar por riesgo es hacerse trampas al solitario. Aquí entra en juego el concepto de selección de riesgos (o cream skimming, por su acepción en inglés), es decir, quedarse_ con los pacientes con menor riesgo o menos costosos de tratar, mientras se evitan los pacientes de alto coste o con enfermedades crónicas.

La sanidad privada tiende a ser muy eficiente en procesos estandarizables y de riesgo moderado (partos, operaciones de cataratas, prótesis de cadera). Pero la sanidad pública asume el grueso de la “no rentabilidad”: pacientes crónicos pluripatológicos, ancianos con largas estancias y urgencias de alta complejidad.

Estudios sobre la derivación de pacientes y selección de riesgos sugieren que si un hospital privado deriva los casos más costosos a la red pública, sus balances parecerán más eficientes artificialmente. Sobre todo si, como ocurre en España, no tiene que pagar por ello. La eficiencia técnica real solo se puede comparar cuando ambos modelos tratan exactamente a los mismos pacientes.

¿El ánimo de lucro afecta a la calidad asistencial?

La pregunta incómoda es: ¿se traduce el ahorro de costes en peores resultados de salud?

La evidencia académica más reciente ha endurecido sus conclusiones. En febrero de 2024, una revisión sistemática publicada en The Lancet Public Health por investigadores de la Universidad de Oxford analizó décadas de estudios internacionales sobre externalización sanitaria. Su conclusión fue contundente: la conversión de hospitales públicos a gestión privada no generó los ahorros prometidos y, en la mayoría de los casos analizados, se asoció con una peor calidad asistencial.

Los autores del estudio señalan que el afán de lucro genera incentivos para reducir personal o limitar servicios poco rentables. Eso explicaría por qué la privatización a menudo se correlaciona con peores resultados de salud que en la gestión pública directa.

La hipótesis económica detrás de estos datos es la asimetría de información. El paciente no sabe exactamente qué necesita pero el médico/gestor sí. En un entorno de gestión privada enfocado al beneficio, existe el incentivo perverso de recortar en aquellas cosas que el paciente no ve (ratio de enfermería por cama, cualificación del personal de guardia) pero que son determinantes para la supervivencia en situaciones críticas.

En España, la calidad de la red privada es indudable en términos de confort y tecnología diagnóstica, pero la red pública sigue ostentando la superioridad técnica en alta complejidad y formación de especialistas (MIR), aglutinando el 97 % de las plazas de formación médica.

La lección española: del auge a la reversión

España ha sido un laboratorio europeo de la colaboración público-privada. El “Modelo Alzira” (hospitales públicos de gestión privada) prometió traer lo mejor de los dos mundos.

Durante años, este modelo logró reducir listas de espera. Sin embargo, la Generalitat Valenciana revirtió estas concesiones (Alzira en 2018, Torrevieja en 2021) volviendo a la gestión directa. ¿Por qué?

Más allá de la ideología política, surgieron problemas de gestión económica estructural reflejados en auditorías públicas:

  1. Falta de transparencia: La dificultad para auditar realmente los costes y la facturación cruzada entre la concesionaria y la administración (la llamada “liquidación”).

  2. Rigidez contractual: La sanidad cambia rápido. Un contrato a 15 años difícilmente prevé una pandemia o una revolución tecnológica, lo que obligaba a renegociaciones constantes.

La lección económica es que externalizar no exime a la administración de controlar. Y controlar una concesión sanitaria es tan costoso y complejo que, a veces, elimina el ahorro que se pretendía conseguir.

¿Qué preferimos: hotelería o seguridad?

Para el ciudadano, la percepción de calidad varía según su necesidad.

La gestión privada ha demostrado ser superior en logística y hotelería hospitalaria: habitaciones individuales, menores tiempos de espera y agilidad administrativa, según reflejan los datos comparativos de satisfacción de 2024. Si usted necesita una operación de menisco, la privada probablemente le ofrezca una experiencia de usuario superior en términos de rapidez.

Sin embargo, la gestión pública es imbatible en equidad y seguridad ante catástrofes. La eficiencia de lo público no se mide en el dividendo, sino en la capacidad de mantener una red de seguridad que cubra el 100 % de las eventualidades. Informes de la Sociedad Española de Salud Pública (SESPAS) recuerdan recurrentemente que la equidad es el mayor activo del Sistema Nacional de Salud.

Eficiencia no es gastar menos sino tener más salud

El debate “Sanidad pública vs. Sanidad privada” es, en muchos sentidos, un falso dilema. La titularidad pública con herramientas de gestión empresarial (profesionalización de gerentes, incentivos por productividad) sería el modelo más robusto. Los sistemas sanitarios más exitosos no son los que eligen uno u otro, sino los que integran ambos con reglas claras.

La gestión privada tiene un rol fundamental como complemento para aliviar la presión asistencial en la sanidad pública. Pero, para abordar situaciones sanitarias de alta complejidad y garantizar la equidad, se sigue necesitando el músculo y la lógica del servicio público.

La eficiencia no es solo gastar menos. Eficiencia es obtener la mayor cantidad de salud posible con los recursos disponibles. Y en esa métrica, cuando la enfermedad se pone seria, el modelo público sigue siendo el refugio más seguro

The Conversation

Manuel Recio Menéndez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es realmente más eficiente la gestión privada de los hospitales? Lo que dicen los datos – https://theconversation.com/es-realmente-mas-eficiente-la-gestion-privada-de-los-hospitales-lo-que-dicen-los-datos-271651

What does international law tell us about the US seizure of an oil tanker off the coast of Venezuela?

Source: The Conversation – UK – By Mark Chadwick, Lecturer in Law, Nottingham Trent University

“We’ve just seized a tanker on the coast of Venezuela – a large tanker, very large, the largest one ever seized actually,” said Donald Trump on December 10. In a dramatic operation, US forces had just taken over an oil tanker called Skipper, which was sanctioned by the US in 2022 while sailing under a different name. “I assume we’re going to keep the oil,” the US president added later.

Venezuela has been under US-imposed sanctions since 2019, when Trump was first in the White House. And recent months have seen US forces target several vessels in the Caribbean, predominantly off the coasts of Venezuela and Colombia, each alleged to be trafficking drugs from the region. These strikes have killed more than 80 people so far.

The seizure of the Skipper marks the latest episode in the increasingly hostile relationship between Trump and Venezuela’s president, Nicolás Maduro. But what does international law have to say about the seizure?

Offering an official legal justification, US attorney-general Pam Bondi stated that US forces acted in execution of “a seizure warrant for a crude oil tanker used to transport sanctioned oil from Venezuela and Iran”. She added that the tanker had been sanctioned for many years “due to its involvement in an illicit oil shipping network supporting foreign terrorist organisations”.

The exact position of the seizure is not clear. Some accounts say it was seized “on the coast of Venezuela”, while others suggest the operation took place “in international waters”.

Assuming the seizure took place either in Venezuelan coastal waters or on the high seas, the international legal regime is governed by the 1982 UN Convention on the Law of the Sea (Unclos). The US is not a party to the convention, though it accepts the content as binding.

As a starting point, Unclos confers exclusive jurisdiction to the “flag state”. The Skipper appears to have been flying the flag of Guyana, which borders Venezuela, though Guyanese authorities were quick to attest that the ship was not registered there.

No other state is permitted to board or to enforce jurisdiction unless the seizure takes place in the seizing state’s coastal waters or the situation falls within a specific exception set out within Article 110 of the convention.

Such exceptions apply where there are reasonable grounds for suspecting that the ship is engaged in piracy, the slave trade or, in certain circumstances, unauthorised broadcasting. Exceptions also apply when the ship is without nationality or when the ship is, in reality, of the same nationality as the seizing warship.

Thus, it appears that Bondi’s claim that the Skipper was seized in accordance with domestically imposed sanctions has no standing in international law.

The International Tribunal on the Law of the Sea is also clear that states cannot unilaterally and arbitrarily board and enforce domestic law against foreign-flagged ships outside their own coastal waters unless Unclos provides an exception for doing so. Claims of suppressing criminality or terrorism would not, of themselves, suffice – certainly in relation to seizures on the high seas.

However, the fact that the ship’s registration in Guyana has come under question does open up a possible legal avenue for the seizure. This is because Unclos permits boarding in circumstances where a ship “is without nationality”.

In such circumstances, international law treats ships as “stateless vessels” and as outside the protection of any country. This is a claim that the US advanced in 1982 when seizing a stateless vessel off the eastern US coast controlled by suspected drug traffickers.

Researchers are divided, though, on whether there is a general right to retain the proceeds of such seizures under international law. And notwithstanding the doubts over the Skipper’s registration, this is not the legal approach that the US has sought to rely on.

A further, and perhaps more consequential, question remains: whether the seizure of the Skipper could be characterised as an act of war on the part of the US. International law is concerned with the objective existence of armed conflict rather than declarations of war and, in theory, an instance of “invasion or attack by the armed forces of a state on the territory of another state” would qualify. This could, potentially, include the seizure of another state’s vessel.

Relatively small-scale engagements, however, are not thought to qualify as “armed conflict”. For instance, France’s sinking of a UK-flagged ship called Rainbow Warrior in Auckland, New Zealand, in 1985 is not generally considered to have created a situation of “armed conflict”. Similarly, the Israeli raid on the Comoros-flagged Mavi Marmara in 2010 is not considered to have created a situation of armed conflict between those states.

Other approaches to establishing the existence of armed conflict look at levels of intensity or the organisation of any fighting between militaries. Though, at least for now, the threshold is unlikely to be met with regards to Venezuela and the US. The apparently stateless nature of the Skipper also creates a technical barrier to establishing a situation of “invasion” and, in turn, “armed conflict”.

One last question remains: whether Venezuelan officials were right to characterise the US military as “pirates, high seas criminals, [and] buccaneers”. It’s a tempting comparison to make, certainly, with the tendency to brand waterborne foes as “pirates”, an age-old rhetorical device that dates at least as far back as Roman orator Cicero, writing in the first century BC.

However, it is erroneous to apply the label to state or state-sponsored acts, with Article 101 of Unclos being clear that piracy can only be committed by private actors operating from private vessels. Whatever other legal issues the seizure might raise, being characterised as piracy is not one of them.

The Conversation

Mark Chadwick has previously received funding from the Arts & Humanities Research Council

ref. What does international law tell us about the US seizure of an oil tanker off the coast of Venezuela? – https://theconversation.com/what-does-international-law-tell-us-about-the-us-seizure-of-an-oil-tanker-off-the-coast-of-venezuela-271859

America’s anti-European attitudes are centred on perceptions of military weakness and the decline of native populations

Source: The Conversation – UK – By Roman Birke, Assistant Professor in Modern European History, Dublin City University

The new US national security strategy marks a significant historical turn. It shifts the focus from global overpopulation to anxieties around population decline in the western world. Coupled with renewed criticism of Europe’s military weaknesses, the strategy updates longstanding anti-European narratives.

US-European relations have so profoundly influenced the course of the 20th and 21st centuries that New York University historian Mary Nolan refers to this era as the “transatlantic century”. The relationship revolved around military interventions and consumer cultures.

American involvement was decisive in both world wars and in the European wars following the breakup of Yugoslavia. Europe also emerged as a crucial area for the expansion of American consumerism and market norms.

On both sides of the Atlantic, the interplay between military interventions and market cultures shaped not only cooperation but also mutual resentment. In Europe, as early as 1902, people were beginning to express anti-American sentiments which were often centred on fears of cultural domination.

Later, British bands such as the Clash and the German band Rammstein amplified these perceptions in popular culture, with songs such as I’m So Bored with the U.S.A. (the Clash) and Amerika (Rammstein).

The Clash: I’m So Bored with the U.S.A.

In turn, anti-European ideas in the US centred on perceived European military weakness – a critique with some historical evidence to support it. The lend-lease agreements supplied the UK and the Soviet Union with desperately needed military aid. Without it, neither country would have been able to sustain their war efforts against the Nazi advance in Europe.

After the cold war, Americans expected Europeans to assume a greater share of global security responsibilities. But, in two major cases, Europe fell short of these expectations.

During the internationally coordinated intervention against Iraq’s invasion of Kuwait in 1991, the US contributed more than half a million troops. The UK, France, and Italy together only contributed 93,000.

Germany supported the military campaign only financially. This imbalance prompted US commentator Charles Krauthammer to label the US “the lonely superpower”.

At the end of the 1990s, the Nato-led bombing campaign against Serbia was likewise carried largely by the US. US aircraft conducted 70% of strike missions and 90% of defence missions. Without American intelligence support, meanwhile, the campaign would have faltered.

As one leading German diplomat admitted: “Kosovo was two or three sizes too big for us.”

The Iraq war in 2003 reinforced US perceptions of European weakness. Countries like Germany and France did not support the war and, in the language of the hawkish American right, these countries were cast as emasculated and mocked as “Euroweenies” and “EU-nuchs”.

US defence secretary Donald Rumsfeld, a leading advocate of the war, was celebrated as a hyper-masculine “stud”.

It is a striking twist that today’s “America first” conservatives embrace the critique of the Iraq intervention that had been aired in Europe. It is, they say, not their war. But Europe’s continued dependence on the US, particularly in its support to Ukraine, appears to confirm perceptions of military weakness.

Population enters the debate

Anti-European sentiments related to military interventions have a long history. Now, concerns about Europe’s native population decline represent a new element of the US national security strategy.

In modern history, population trends have consistently generated anxiety. They ranged from Malthusian fears of food shortages in the late 18th century to 20th-century worries about global overpopulation.

As I show in my own research, Europe and American thinkers were key in shaping this debate. Advocates of population control on both sides of the Atlantic coordinated campaigns to reduce global fertility rates, particularly in developing countries.

Overpopulation arguments still simmer. But it has recently been overshadowed by a major shift towards concerns about population decline.

Elon Musk has become the American embodiment of this trend. Not only did he father many children but turned demographic decline into a political cause. He has argued that a “collapsing birth rate is the biggest danger civilization faces by far”.

Line graph showing a decline in the fertility rate in Europe.
There are concerns about the declining fertility rate in Europe.
Eruostat

In Europe, this position is embraced by populist anti-immigration parties. Their resentments resonate because they tap into real demographic trends.

Between 1990 and 2020, central and eastern Europe’s population fell by 8%. The sharpest declines were experienced by some of the poorest countries, among them, Bulgaria – where population fell by 24% – and Romania – where it fell by 17%.

Populist rightwing parties in the US and in Europe advocate boosting native birth rates. They present this as an alternative to a perceived western European model that relies on immigration to sustain welfare states.

In their 2020 study for the Journal of Democracy, sociologist Ivan Krastev and legal expert Stephen Holmes note that the “preoccupation with demographic collapse … manifests as a fear that the arrival of unassimilable foreigners will dilute national identities and weaken national cohesion”.

The speeches of leading rightwing populists, including Hungary’s prime minister, Victor Orban, and Serbia’s president, Aleksandar Vučić, vividly illustrate this worldview. Orban insists that, contrary to western Europe, “we Hungarians have a different way of thinking. Instead of just numbers, we want Hungarian children. Migration for us is surrender.”

Vučić similarly warns that without a demographic turnaround, Serbians “will stand small chances to speak about our own survival in the territory of the rest of Serbia”. Comparable sentiments are echoed by western European anti-immigration parties, including Germany’s AfD or France’s Rassemblement National and became a major feature of Trump’s presidency.

Overall, the new US national security strategy marks the culmination of a wider realignment in which the conservative right on both sides of the Atlantic has rallied around demographic decline as a central political concern.

This perceived decline now constitutes a central pillar of US national security thinking. For Europe, meanwhile, Washington’s attempts to bolster European rightwing parties may themselves become a source of instability and polarisation in the years to come.

The Conversation

Roman Birke does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. America’s anti-European attitudes are centred on perceptions of military weakness and the decline of native populations – https://theconversation.com/americas-anti-european-attitudes-are-centred-on-perceptions-of-military-weakness-and-the-decline-of-native-populations-271800

Comment survivre au début de l’âge adulte ? Voici des stratégies d’adaptation

Source: The Conversation – in French – By Virginie Paquette, Chercheuse postdoctorale en psychologie organisationnelle/industrielle, Université du Québec à Trois-Rivières (UQTR)

Des bouleversements majeurs surviennent chez les jeunes adultes âgés entre 18 et 29 ans : départ du foyer familial, études supérieures, entrée sur le marché du travail, formation de relations significatives et, parfois, venue des enfants.

Tout cela en l’espace d’une décennie ! Ces changements, chez ce qu’on appelle l’«adulte émergent», peuvent parfois sembler insurmontables. Toutefois, le mot-clé ici est « peuvent ».

Dans une étude conduite par le Substantive Methodological Synergy Research Laboratory de l’Université Concordia, nous montrons que les jeunes adultes qui utilisent des combinaisons de stratégies d’adaptation majoritairement centrées sur la tâche traversent plus facilement cette période, alors que ceux qui utilisent majoritairement des stratégies centrées sur les émotions, ou qui recourent très peu aux stratégies d’adaptation, éprouvent plus de difficultés.


25-35 ans : vos enjeux, est une série produite par La Conversation/The Conversation.

Chacun vit sa vingtaine et sa trentaine à sa façon. Certains économisent pour contracter un prêt hypothécaire quand d’autres se démènent pour payer leur loyer. Certains passent tout leur temps sur les applications de rencontres quand d’autres essaient de comprendre comment élever un enfant. Notre série sur les 25-35 ans aborde vos défis et enjeux de tous les jours.

Les stratégies d’adaptation comme « outils »

Pour illustrer ces cheminements, prenons les cas de deux personnages fictifs : Christina et Laura. Diplômées en droit, elles tentent toutes deux d’entrer sur le marché du travail en tant qu’avocates. Face à un milieu très compétitif, Christina effectue des recherches sur différents cabinets, identifie leurs besoins et suit des formations pour améliorer sa prise de parole en public. Laura, en revanche, se sent anxieuse et rumine, craignant de ne pas être à la hauteur. Elle s’évade en jouant à des jeux vidéo ou en sortant avec des amis, plutôt que d’envoyer sa candidature.

Christina et Laura s’appuient sur différentes combinaisons de stratégies d’adaptation, ou « outils », pour gérer cette situation stressante. Selon Norman S. Endler et James D. A. Parker, deux chercheurs canadiens en psychologie, il existe trois types de stratégies d’adaptation : centrées sur la tâche, centrées sur les émotions et centrées sur l’évitement.

Christina incarne les stratégies centrées sur la tâche : elle identifie la cause de son stress et organise un plan d’action pour y faire face. Laura, en revanche, utilise des stratégies centrées sur les émotions : elle se concentre sur ses réactions émotionnelles (p. ex., elle rumine). Elle utilise aussi des stratégies centrées sur l’évitement : elle se distrait seule (jeux vidéo) ou via des interactions sociales (sorties entre amis).

La grande majorité des recherches ont examiné l’effet des stratégies d’adaptation de manière isolée, révélant que les stratégies centrées sur la tâche sont plus efficaces face aux situations stressantes que celles centrées sur les émotions ou l’évitement. Toutefois, comme le démontre notre exemple, les individus ont tendance à combiner différentes stratégies pour faire face aux situations stressantes. Ces combinaisons sont appelées profils d’adaptation.

L’approche de la « boîte à outils »

Ces profils peuvent être considérés comme des « boîtes à outils ». Chaque individu possède une boîte à outils représentant l’ensemble des stratégies, ou « outils », sur lesquelles il s’appuie pour affronter l’adversité.

Afin d’identifier les profils d’adaptation, ou « boîtes à outils », utilisés par les jeunes adultes lors de grandes transitions de vie (p. ex., poursuivre aux études supérieures ou entrer sur le marché du travail), nous avons mené une étude sur un large échantillon représentatif de jeunes adultes suivis de 19 à 29 ans.




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Notre étude a révélé six profils distincts : (1) Centré sur les émotions et l’évitement, (2) Centré sur les émotions, (3) Faible adaptation, (4) Adaptation moyenne, (5) Centré sur la tâche et l’évitement, et (6) Centré sur la tâche.

  • Les jeunes adultes appartenant aux profils Centré sur les émotions et l’évitement et Centré sur les émotions ont tendance à se concentrer sur les émotions négatives, et sur l’évitement dans le cas du premier profil.

  • Ceux des profils Faible adaptation et Adaptation moyenne ont recours à toutes les stratégies à des niveaux similaires (faibles ou moyens, respectivement).

  • Enfin, les individus des profils Centré sur la tâche et l’évitement et Centré sur la tâche tentent principalement de résoudre les problèmes, bien que les premiers aient parfois recours à l’évitement.

Dans notre exemple, Christina appartient au profil Centré sur la tâche : sa boîte à outils est remplie d’outils visant à régler directement les problèmes rencontrés. Laura, elle, relève du profil Centré sur les émotions et l’évitement. Sa boîte contient deux types d’outils : ceux visant à traiter les émotions négatives (p. ex., rumination) et ceux visant l’évitement (p. ex., jouer à des jeux vidéo ou sortir avec des amis).


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Les « boîtes à outils » ne sont pas égales

Les « boîtes à outils » ne sont pas toutes égales. Nos résultats montrent que les profils où prédominent les stratégies centrées sur la tâche sont les plus efficaces, tandis que ceux centrés sur les émotions sont généralement moins adaptés.

Surprenamment, nos résultats ont révélé qu’avec le temps, les profils centrés sur les émotions devenaient plus adaptatifs. Les individus dans ces profils ont vu leurs émotions positives augmenter et leurs symptômes physiques (p.ex., maux de tête) diminuer dans le temps.




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Si les profils centrés sur la tâche sont plus efficaces pour résoudre les problèmes à court terme, il semble que les profils centrés sur les émotions peuvent aider à traiter les expériences émotionnelles et à réduire les effets négatifs du stress sur la santé à long terme.

Ainsi, Laura pourrait ruminer ses angoisses pendant un moment, puis en parler à une amie qui l’aiderait à les surmonter. Ce soutien émotionnel pourrait lui donner la confiance nécessaire pour postuler à des postes.

Les « boîtes à outils » peuvent évoluer

Un autre résultat intéressant de notre recherche est que les jeunes adultes peuvent changer de profil au fil du temps.

Les mécanismes de ces changements restent encore flous, mais cela donne espoir : les individus ne sont pas contraints à une seule boîte à outils pour toujours. Ils peuvent expérimenter et trouver la combinaison de stratégies la plus appropriée à leurs besoins.

En résumé, notre recherche suggère que les jeunes adultes utilisent une combinaison de stratégies (boîte à outils) afin de s’adapter aux changements dans leur vie. Celles où prédominent les stratégies centrées sur la tâche sont plus efficaces, surtout à court terme.

Heureusement, les jeunes adultes peuvent apprendre quelles stratégies leur conviennent le mieux avec le temps et changer de « boîte à outils ».

La Conversation Canada

Virginie Paquette a reçu du financement de la bourse Horizon de l’Université Concordia et des Fonds de Recherche du Québec – Société et Culture (FRQSC).

Adam Danyluk a reçu des financements de Concordia University et de Simon Fraser University.

ref. Comment survivre au début de l’âge adulte ? Voici des stratégies d’adaptation – https://theconversation.com/comment-survivre-au-debut-de-lage-adulte-voici-des-strategies-dadaptation-267072

L’accès à la propriété, la fausse promesse canadienne

Source: The Conversation – in French – By Nick Revington, Professeur de logement et dynamiques urbaines, Institut national de la recherche scientifique (INRS)

Écoutez cet article en version audio générée par l’IA.

Avec l’augmentation des prix des maisons au cours des deux dernières décennies, l’accès à la propriété est devenu de plus en plus difficile pour les jeunes ménages au Canada, et ce, malgré un fort soutien dans les politiques publiques. Devenir propriétaire de son chez-soi demeure néanmoins désiré par les jeunes pour assurer une stabilité résidentielle difficilement retrouvée ailleurs.

Chercheurs en études urbaines à l’Institut national de la recherche scientifique, nous nous sommes penchés sur la question des aspirations des jeunes à accéder à la propriété dans ce contexte difficile à travers des entretiens approfondis avec une vingtaine de ménages dans le grand Montréal.


25-35 ans : vos enjeux, est une série produite par La Conversation/The Conversation.

Chacun vit sa vingtaine et sa trentaine à sa façon. Certains économisent pour contracter un prêt hypothécaire quand d’autres se démènent pour payer leur loyer. Certains passent tout leur temps sur les applications de rencontres quand d’autres essaient de comprendre comment élever un enfant. Notre série sur les 25-35 ans aborde vos défis et enjeux de tous les jours.

Des dispositifs pour l’accès à la propriété

Le dispositif le plus connu pour encourager l’achat d’une maison est peut-être le Compte d’épargne libre d’impôts pour l’achat d’une première propriété (CELIAPP), mais il existe d’autres programmes dont le Régime d’accession à la propriété, qui permet de retirer des fonds d’un régime enregistré d’épargne-retraite (REER) pour l’achat ou la construction d’une maison.




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L’État fédéral assure les prêts hypothécaires par le biais de la Société canadienne d’hypothèques et de logement (SCHL), ce qui accroît la disponibilité du capital destiné à l’achat de la propriété résidentielle.

Plusieurs municipalités offrent également des incitatifs pour les premiers acheteurs. Par exemple, dépendamment du statut du ménage et de la propriété, un nouveau propriétaire à Montréal pourrait obtenir une aide financière de la Ville, allant de 5000 $ à 15 000 $. La Ville de Québec, quant à elle, offre à des familles qui respectent certains critères d’admissibilité des prêts sans intérêt ni versement représentants 5,5 % du prix d’achat d’un logement neuf pour compléter une mise de fonds.

Le Canada en fait assez… pour les propriétaires

En parallèle cependant des dispositifs mis en place par le gouvernement pour encourager l’achat d’une première maison, d’autres dispositifs plus importants et souvent moins connus travaillent à enrichir les propriétaires existants. Cela représente une incitation majeure à rejoindre les rangs des propriétaires.

C’est le cas, par exemple, de l’exonération de l’impôt sur le gain en capital pour résidence principale. Autrement dit, le profit réalisé lors de la revente de votre maison n’est pas imposable. Cette subvention d’autour de 15 milliards $ par année dépasse le budget annuel de la Stratégie nationale sur le logement.

Encore plus ésotérique est la notion de « loyer imputé » : elle désigne tout propriétaire qui occupe le logement dont il est propriétaire. En occupant sa propriété, le propriétaire se verse à lui-même un loyer fictif. Contrairement aux Pays-Bas et à la Suisse, ce loyer imputé n’est pas imposable au Canada. Cette absence d’imposition représente un biais fiscal favorisant les propriétaires, car si le propriétaire décidait de louer ce logement plutôt que de l’occuper, il paierait des impôts sur ce revenu, qui sont, au final, payés par le locataire.

Toutefois, l’accession à la propriété promue par le Canada semble être une « fausse promesse ». Avec les politiques en place, les jeunes et les ménages à revenu modeste se trouvent progressivement exclus des opportunités d’accumulation de richesse qu’offre la propriété. Le logement devient dans ces conditions un vecteur d’inégalités importantes.


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Politiques pour la propriété, contre la location

En même temps, les politiques publiques canadiennes et québécoises défavorisent la location, ce qui rend la propriété encore plus attrayante. Les politiques actuelles s’éloignent du modèle des logements sociaux et communautaires, où les loyers sont déterminés en fonction de la capacité des ménages à payer. Elles promeuvent à la place le logement « abordable » relatif à la valeur marchande, avec des loyers qui sont en dessous du prix courant, mais qui sont parfois néanmoins hors de la portée des ménages à faible revenu.




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Dans le marché locatif, la pression du marché immobilier rend visibles les limites du régime québécois de protection des locataires à travers les hausses de loyers, reprises de logements, et rénovictions.

En permettant au locateur de refuser sans motif sérieux une cession de bail, la loi 31 adoptée en 2024 a éliminé l’un des derniers moyens de trouver un appartement à bon prix.

Une diversité de motivations pour accéder à la propriété

Nos recherches menées auprès de jeunes ménages aspirant à la propriété dans la grande région de Montréal révèlent une diversité de motivations. Si l’ensemble des ménages rencontrés se heurtent à la difficulté d’accéder à la propriété, pour la plupart, l’achat d’une maison n’est pas un objectif en soi.

Certains désirent un espace convenable pour leurs jeunes enfants, qu’ils ont de la difficulté à trouver dans le marché locatif. D’autres perçoivent la propriété comme un bon investissement. Plusieurs sont préoccupés par leurs expériences de précarité résidentielle, ou expriment des craintes face aux rénovictions, aux hausses de loyer ou à la négligence de propriétaires dans le marché locatif.

D’ailleurs, plusieurs d’entre eux ne sont pas contre la location à long terme. Ils sont nombreux à être attachés à la vie de leur quartier. Dans la mesure où l’achat d’une propriété nécessite souvent de se relocaliser dans un quartier dont les prix sont plus bas, la location reste fréquemment désirable. À cela s’ajoute que l’achat est souvent perçu comme un surétirement financier, qui amène un risque plutôt qu’une stabilité.




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Une remise en cause des politiques favorisant la propriété ?

À la lumière de cette diversité des motivations, serait-il nécessaire de remettre en cause les politiques publiques favorisant l’accession à la propriété ?

Au lieu de promouvoir la propriété dans l’espoir qu’elle répondra aux besoins des ménages, nos politiques en logement devraient satisfaire directement à ces besoins.

En tenant compte de la littérature scientifique sur le sujet, les politiques publiques devraient favoriser la stabilité ou la sécurité résidentielle, peu importe le mode d’occupation, en mettant en place une approche centrée sur une politique d’habitation neutre en matière de mode d’occupation. C’est ce qu’on appelle en anglais la « tenure-neutral housing policy ». Cette approche, contrairement aux politiques actuelles, ne privilégie aucun mode d’occupation par rapport à un autre.

Nos politiques en logement devraient, de la même manière, augmenter le financement du logement social et communautaire, et inciter la construction d’appartements qui répondent aux besoins des ménages avec enfants, par exemple avec une meilleure insonorisation et un accès à une cour intérieure.

Elles devraient enfin renforcer les protections des locataires contre des hausses abusives des loyers, des rénovictions et la discrimination.

Réduire la dépendance à la propriété

L’attrait de la propriété comme investissement demeure indéniable. Favoriser d’autres types d’investissements, comme des fonds de placement ou des actions, aurait le double avantage de diversifier les opportunités d’investissement des ménages et de libérer des capitaux qui sont investis dans l’immobilier en raison des augmentations des prix et non en raison de l’augmentation de l’offre.

Une amélioration des régimes de retraite publics ferait que l’achat d’une propriété ne soit pas perçu comme nécessaire pour sécuriser son avenir.

Plusieurs obstacles freinent toutefois la refonte des politiques de logement. Environ deux tiers des ménages canadiens et la majorité des ménages québécois sont propriétaires de leur logement. Il serait politiquement difficile de réduire les avantages dont bénéficie ce bloc électoral pour mettre en œuvre des solutions plus équitables.

Il demeure toutefois essentiel de maintenir ce débat, surtout pour assurer la sécurité résidentielle de la part des ménages qui sera inévitablement exclue de l’accession à la propriété.

La Conversation Canada

Nick Revington a reçu des financements du Fonds de recherche du Québec (FRQ) et du Conseil de recherche en sciences humaines du Canada (CRSH).

Emory Shaw a reçu des financements du Fonds de recherche du Québec (FRQ).

Mathiaz Lazo Mackay a reçu des financements du Fonds de recherche du Québec (FRQ).

ref. L’accès à la propriété, la fausse promesse canadienne – https://theconversation.com/lacces-a-la-propriete-la-fausse-promesse-canadienne-268154

How misinformation may be fuelling teen vaping

Source: The Conversation – UK – By Andy Levy, Reader in Psychology, Edge Hill University

Aleksandr Yu/Shutterstock

Vaping among teenagers is a growing global health problem.

In the UK, schools are reporting a surge in young people struggling with dependence, including cases of students needing medical attention after vaping in class. In the Netherlands, researchers have found that many teenagers wake up at night specifically to vape, a sign of growing nicotine addiction in adolescents.

And in New Zealand, a widely shared image of a teenager’s blackened, shrivelled lung after three years of vaping renewed fears about the speed at which harm can develop.

These stories show how far vaping has drifted from its original purpose. Once introduced as a safer alternative to cigarettes, it is now embedded in youth culture, driven as much by social influence as by nicotine itself.

E-cigarettes have now become a lifestyle accessory: sleek, flavoured and often perceived as harmless. But behind the clouds of “strawberry ice” and “blueberry burst” vapour lies a powerful lesson in how misinformation shapes behaviour, based less on chemistry than on psychology.

Understanding why vaping feels safe, appealing and difficult to quit requires looking not only at the device but at how our minds process risk, reward and social cues.

Psychology shows that people rarely process health information in nuanced ways. Faced with complex or uncertain evidence, including emerging research on vaping, our brains reduce it to simple categories, such as safe or unsafe.

This mental shortcut helps us make quick decisions without examining every detail. When people hear that vaping is less harmful than cigarettes, many take it to mean harmless, because judging relative risk feels complicated. Brightly coloured devices, sweet flavours and wellness-focused marketing reinforce the perception that vaping is good or safe, even without long-term evidence.

This simplification helps explain why misinformation spreads easily. Once a behaviour is mentally categorised as safe or desirable, people are less likely to question it or seek contradicting evidence. Our natural tendency to think in binaries leaves complex health messages open to distortion, strengthening the influence of marketing and social cues.

Social influence then amplifies the effect. When friends, peers and influencers post vaping content online, the behaviour becomes not just visible but celebrated, making it feel socially normal and desirable. Social proof encourages experimentation and reinforces the idea that quitting would mean losing belonging, identity or enjoyment.

Social media platforms magnify these cues, circulating anecdotes, trends and endorsements. The result is 1 million people in England vaping despite never having smoked regularly, under the illusion of safety.

Vaping took off not only because people were misinformed, but because their brains had reasons to keep believing it was safe. Loss aversion, the tendency to feel losses more intensely than gains, explains part of this.

When vaping seems harmless, the perceived losses of quitting, such as stress relief, enjoyable flavours, social connection and identity, feel immediate and real, while the long-term risks seem distant or unlikely. People hold on to vaping not just because they underestimate the dangers, but because stopping feels like giving up something valuable.




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Together, these forces create a self-reinforcing cycle. Binary thinking simplifies risk, social proof builds desirability and loss aversion makes quitting feel costly. Misinformation does not just mislead. It reshapes how people think, turning a harm-reduction tool into a socially embedded, hard-to-quit habit.

The rise of vaping reveals a deeper issue in how health information spreads. In the digital age, public understanding changes faster than scientific consensus. Online trends and anecdotes often outrun the slow, careful process of research, and young people are particularly susceptible.

Once misinformation takes hold, it is difficult to reverse. One in ten UK secondary school pupils currently vape, even though the NHS warns that long-term effects remain uncertain.

If misinformation helped drive the vaping boom by exaggerating its benefits, reversing the trend requires changing what people believe they stand to gain. Improving media literacy is a start, helping people spot when relatable content is actually advertising, when trends are engineered or when claims are overstated.

Public health messages also need to meet people where they are, using short, engaging content that feels native to social media. When influencers and peers highlight the real costs of vaping, such as money, energy and lung capacity, and expose the marketing behind its appeal, perceptions can shift. This taps into loss aversion by making continued vaping feel like the bigger loss.

Combining media literacy with relatable, well-targeted content can change vaping perceptions, make psychological biases work in favour of health and help people resist misleading narratives.

Ultimately, addressing the vaping boom requires understanding the minds and social environments of those caught up in it, not just the science behind the device.

The Conversation

Andy Levy does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How misinformation may be fuelling teen vaping – https://theconversation.com/how-misinformation-may-be-fuelling-teen-vaping-269476

Asia’s scamming gangs target Timor-Leste as their next frontier – but they may have misjudged the small island nation

Source: The Conversation – UK – By Gemma Ware, Host, The Conversation Weekly Podcast, The Conversation

joaolobomachado/Shutterstock

Oecusse, a rugged, remote district of Timor-Leste in south-east Asia, is usually a pretty sleepy place. It’s located on the western side of Timor island, part of Indonesia, and is isolated geographically from the rest of Timor-Leste, which has governed the eastern side of the island since 2002.

But in August, Oecusse was rocked by a large police raid on a suspected scam centre, later linked by a UN report to organised crime networks running scamming operations across south-east Asia. Dozens of foreign nationals were arrested.

All this came at a bad time for Timor-Leste, shortly before its admission into the Association of South East Asian Nations (ASEAN) in October.

And then in early September, a Facebook post by one of Timor-Leste’s highest political officials made some explosive allegations about a  murky criminal underworld trying to get a foothold in the country.

In this episode of The Conversation Weekly podcast, we speak to Michael Rose, an anthropologist and adjunct lecturer at the University of Adelaide who has lived and worked in Timor-Leste, about how Asia’s scamming gangs set their sights on Timor-Leste as their next frontier – and the movement to keep them out.

Listen to the interview with Michael Rose on The Conversation Weekly podcast, and read the article he wrote for The Conversation about the issue.

This episode of The Conversation Weekly was written and produced by Katie Flood and Gemma Ware, with production assistance from Mend Mariwany. Mixing by Michelle Macklem and theme music by Neeta Sarl. Gemma Ware is the executive producer.

Newsclips in this episode from Australia News 7, CNN and ABC News Australia.

Listen to The Conversation Weekly via any of the apps listed above, download it directly via our RSS feedor find out how else to listen here. A transcript of this episode is available via the Apple Podcasts or Spotify apps.

The Conversation

Michael Rose does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Asia’s scamming gangs target Timor-Leste as their next frontier – but they may have misjudged the small island nation – https://theconversation.com/asias-scamming-gangs-target-timor-leste-as-their-next-frontier-but-they-may-have-misjudged-the-small-island-nation-271776

Nnena Kalu has won the 2025 Turner prize – working with her has inspired my work and academic research

Source: The Conversation – UK – By Lisa Slominski, PhD with the Department of Historical and Critical Studies, Kingston University

The 2025 Turner prize has been won by Nnena Kalu. It’s a historic win and a groundbreaking moment in the prestigious prize’s history.

Kalu is the first learning-disabled artist, the first artist with limited verbal communication, and the first artist whose practice is facilitated through a specialised studio (ActionSpace, established to support artists with learning disabilities) to win the prize. Her win is both extraordinary and overdue – a pivotal moment for inclusivity in British art and for the visibility of learning-disabled artists.

Kalu’s practice is defined by repetition, rhythm, and layering. She builds sculptural forms by tightly wrapping materials into pulsing, tactile structures, and her drawings accumulate depth through swirling, vortex-like motions.

After more than two decades of working, her recognition has accelerated. There have been acquisitions by Tate and the Arts Council Collection. She secured representation with gallerist Arcadia Missa.

She also presented to wide acclaim at Barcelona’s Manifesta 15 gallery in 2024 and Liverpool’s Walker Art Gallery in 2024 to 2025. These accomplishments have all contributed towards her Turner prize win.

I first met Kalu in 2018 when I curated her work in a group exhibition in North London. I worked with her longtime ActionSpace facilitator, Charlotte Hollinshead who helped Kalu to develop her individual arts practice and deliver an extensive range of commissions, projects, events and exhibitions.

Learning of Kalu’s interest in responding to existing architecture, we set aside a structural pillar in the gallery. When they arrived on site, Kalu began wrapping it with tape, film and string. I watched as the form accumulated colour, tension and movement. I was completely hooked.

Over the years, I continued to curate her work – including her first American exhibition in 2020 – and wrote about her practice in my book Nonconformers: A New History of Self-Taught Artists. As I spent more time with her, one question began to preoccupy me: how should curators address Kalu’s position as a learning-disabled artist when she cannot narrate her practice or its relationship to her identity in conventional communication terms?

This question has since become the centre of my PhD research at Kingston University. I now work closely with Kalu and ActionSpace to explore new, more expansive forms of curatorial and interpretive practice – including approaches that acknowledge facilitation, and support structures without diminishing artistic agency.

Kalu’s nomination in April unexpectedly became a critical case study for my research. Watching how the prize, its partners, and the media represented her offered a rare and highly visible window into how institutions handle practices that do not fit standard models of authorship or communication.

Some of the most promising work came from Tate’s Body in Rhythm, Line in Motion film – a short artist video that accompanies each Turner nominee. What stood out was how clearly and transparently it acknowledged the supportive ecosystem around Kalu.

Named contributors spoke from their specific positions – facilitators, curators, and long-time supporters – describing what they observe in her process rather than speculating about intention. The video foregrounded the sounds of her making, the rhythm of her gestures, and the material build-up of the work as legitimate ways of understanding her practice.

If the Tate film offered examples of progress, excerpts of wider media responses revealed how much work remains. Some commentary simply misunderstood the context. A high-profile columnist dismissed the shortlist as “the soppiest ever” and described Kalu’s work as “academic” – an odd accusation for an artist who works entirely through processes developed instinctively at ActionSpace, which were not informed by an art historical discourse.

More troubling were moments when journalists framed Kalu’s disability as a reason to lower artistic expectations. One critic, speaking on BBC Front Row, remarked: “As an art critic, I found it very disappointing; as a human being, I feel I have to support it.”

This kind of response strips learning-disabled artists of agency. It assumes they cannot be both disabled and ambitious, disabled and professional, disabled and excellent. It conflates access with charity, facilitation with compromise, and disability with lack.

Kalu’s career, and now her Turner Prize success, demonstrate precisely the opposite.

Her win is an extraordinary milestone, but it is not an endpoint. The structures surrounding learning-disabled artists remain precarious. Supported studios like ActionSpace are essential cultural infrastructures, yet they operate with limited resources. Curators and institutions are still learning how to communicate about practices that do not fit familiar narratives of artistic intention or authorship.

The Turner Prize has cracked something open. It has made visible what many of us working in this field have long argued: that excellence emerges in many forms, that facilitation can be a creative engine rather than an obstacle, and that disabled artists are central, not peripheral, to contemporary art.

What comes next, how we talk about this win, how institutions respond, and which structures are resourced, will determine whether this moment becomes symbolic or genuinely transformative.

This article features references to books that have been included for editorial reasons, and may contain links to bookshop.org. If you click on one of the links and go on to buy something from bookshop.org The Conversation UK may earn a commission.


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The Conversation

Lisa Slominski does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Nnena Kalu has won the 2025 Turner prize – working with her has inspired my work and academic research – https://theconversation.com/nnena-kalu-has-won-the-2025-turner-prize-working-with-her-has-inspired-my-work-and-academic-research-271802