‘Sadfishing’: exhibir el sufrimiento en las redes sociales para buscar compasión (y reacciones)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

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Una joven publica en TikTok un vídeo llorando, sin dar muchos detalles. Alguien en Instagram comparte un texto largo sobre una ruptura o una crisis personal. Un influencer cuenta su diagnóstico de salud mental en un directo. Son escenas que se repiten, con distintos rostros y matices, pero una misma dinámica de fondo: mostrar el sufrimiento personal de forma pública, con la intención de recibir consuelo, apoyo o validación. Este comportamiento se conoce como sadfishing.

¿Qué es el sadfishing?

El término sadfishing fue acuñado por la escritora Rebecca Reid en un artículo publicado en 2019, donde analizaba publicaciones emocionales en redes sociales que parecían buscar una respuesta de apoyo masiva. El neologismo, que transforma el término “catfishing” (crear una identidad falsa en redes) cambiando “cat” (gato) por “sad” (triste), hace alusión a la idea de utilizar la tristeza como cebo para atraer atención emocional.

No se trata simplemente de expresar emociones en redes, algo completamente válido y humano. El sadfishing apunta a un uso más estratégico o exagerado del sufrimiento, que genera una respuesta del entorno digital: likes y comentarios de apoyo, interacciones que refuerzan la conducta.

Una necesidad de ser vistos (y validados)

Psicológicamente, es posible entender el sadfishing como una forma de búsqueda de validación social. En entornos donde la autoestima se construye (al menos en parte) a través de la respuesta de los demás, mostrar vulnerabilidad puede ser una estrategia para sentirse visto, querido o comprendido, una forma de pedir apoyo emocional y reconocimiento afectivo.

Esta necesidad se relaciona con el concepto de “sostén emocional” o “apoyo contenedor”: la capacidad del entorno (en este caso, digital) para acoger la expresión emocional sin juicio y con empatía. Así, la pertenencia no surge solo de la conexión, sino del reconocimiento de la vulnerabilidad compartida.

Algunas investigaciones también indican que ese uso emocional de las redes sociales está vinculado con la necesidad de regulación emocional y con estilos de apego más ansiosos. Esto sugiere que la relación entre emociones y plataformas digitales es profunda y merece atención clínica y educativa.

También hay un componente cultural. En la era digital, muchas personas han crecido narrando su vida online. Compartir emociones, incluso las dolorosas, se convierte en una extensión de esa narrativa. Las fronteras entre lo público y lo privado, entre lo auténtico y lo performativo, se vuelven borrosas.

¿Autenticidad o estrategia emocional?

El sadfishing plantea preguntas complejas sobre la autenticidad. Algunos casos pueden parecer manipulativos o exagerados, pero juzgar intenciones en un entorno como el digital es difícil. Lo que para un espectador puede parecer una dramatización, para la persona que publica puede constituir una forma genuina de procesar sus emociones.

Desde un punto de vista psicológico, conviene observar el contexto y la frecuencia. Si alguien recurre constantemente a publicar contenido triste para obtener reacciones, podría estar cayendo en un patrón de regulación emocional poco saludable. En cambio, si se trata de una expresión puntual en un momento difícil, podría considerarse una vía válida de catarsis.

Riesgos psicológicos

Aunque compartir emociones puede ser liberador, el sadfishing también tiene riesgos. Uno de ellos es la exposición emocional vulnerable en contextos poco empáticos. Internet no siempre responde con cuidado. Quienes comparten su malestar pueden ser objeto de burla, incredulidad o incluso acoso.

Otro riesgo es la dependencia de la reacción externa. Cuando el alivio emocional depende exclusivamente de la respuesta digital, se debilita la capacidad de autogestión emocional. Esto puede reforzar un ciclo en el que la persona necesita publicar para desahogarse, generando una suerte de “recompensa intermitente” similar a la de otras conductas adictivas.

Este mecanismo también está presente en el uso compulsivo de redes sociales. Diversos estudios en neurociencia han demostrado que estas plataformas activan los mismos circuitos de recompensa que otras adicciones conductuales, especialmente a través del refuerzo social intermitente (como los “me gusta” y los comentarios). Estas investigaciones explican que este tipo de retroalimentación impredecible potencia la conducta repetitiva y difícil de controlar.

Además, el sadfishing puede trivializar problemas serios de salud mental. Cuando todo se convierte en contenido, existe el peligro de reducir el sufrimiento a una narrativa estética o a una marca personal. Algunos expertos han advertido sobre los riesgos de la “hipervisibilidad emocional” entre adolescentes en plataformas como Instagram y TikTok.

Una cultura emocional hiperconectada

Vivimos en una cultura donde la emocionalidad se ha vuelto visible, compartible y muchas veces monetizable. El sadfishing se vela como un síntoma de esa transformación. No es un fenómeno patológico en sí mismo, pero sí refleja cómo las plataformas han cambiado la forma en que nos vinculamos con nuestras emociones y con los demás.

La clave está en fomentar una alfabetización emocional que permita distinguir entre expresión saludable y dependencia digital. Y también en promover espacios (online y offline) donde mostrar vulnerabilidad no sea una estrategia desesperada, sino una posibilidad segura y contenida.

El sadfishing nos recuerda que, tras las pantallas, hay personas buscando alivio, conexión o simplemente ser escuchadas. Como sociedad digital, necesitamos dejar de juzgar rápidamente las formas en que otros expresan su malestar y, en su lugar, abrir conversaciones más empáticas sobre cómo acompañarnos emocionalmente en estos tiempos hiperconectados.

A veces, el llanto en un vídeo no es solo una estrategia: es una pregunta lanzada al vacío, esperando que alguien responda.

The Conversation

Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Sadfishing’: exhibir el sufrimiento en las redes sociales para buscar compasión (y reacciones) – https://theconversation.com/sadfishing-exhibir-el-sufrimiento-en-las-redes-sociales-para-buscar-compasion-y-reacciones-269689

Cómo evitar que nos sepulte la montaña de basura que generamos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Rodiel, Director de Tecnología, IMDEA MATERIALES

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¿Son los españoles adictos a la basura? No a la comida basura, ni a la “telebasura” que nos engancha a muchos por la tarde-noche, sino a la basura en sí: la que llena nuestros vertederos y, más allá, nuestros ríos, mares y nuestro entorno en general.

Pues, según las estadísticas, la respuesta es sí: enviamos 223 kg por persona al vertedero al año, más del doble que la media de la Unión Europea. Este dato, entre otros, revela que, aunque avanzamos, la economía española sigue respondiendo a un modelo lineal de “extraer-producir-usar-tirar”, que ya no es viable ni sostenible.

La economía circular: conocida por muchos, lograda por pocos

Durante la última década, España ha avanzado de forma notable en su conciencia pública sobre la economía circular.

Según el último informe de la Fundación COTEC, hoy un 60 % de la población conoce el significado de este concepto, mientras que en 2013 lo hacía solo un 11 %, gracias a la mayor presencia del tema en políticas públicas, empresas y medios.

Para el otro 40 %, clarificamos: la economía circular es aquella en la que el valor de los productos, los materiales y los recursos se mantiene en la economía durante el mayor tiempo posible, y en la que se reduce al mínimo la generación de residuos.

La transición hacia una economía circular ofrece tanto beneficios ambientales como ventajas económicas y estratégicas más amplias: mayor seguridad de recursos, avances hacia la neutralidad climática, reducción de la contaminación, apoyo a la actividad industrial local, nuevas oportunidades de negocio, creación de empleo, etc.

Sin embargo, el mismo informe advierte que seguimos lejos de lograr un modelo realmente sostenible.

Más allá del volumen de basura que generamos, solo reciclamos el 41 % de los residuos municipales y apenas el 8,5 % de los materiales se reintroduce en la economía.

El reciclaje: un elemento importante, no suficiente

Desde hace muchos años hemos aprendido la importancia de reciclar. Pero ¿hasta qué punto se pueden reciclar los materiales? Porque no todos los tipos de materiales se reciclan igual de bien (¿o mal?).

Los cerámicos (como el hormigón y el cemento, los ladrillos, etc.) constituyen una importante familia de materiales (en volumen, los más utilizados del mundo) y son difícilmente reciclables.

Se fabrican mediante una tecnología denominada sinterización, que hace que, una vez consolidados, no exista una posible vuelta atrás en el proceso de fabricación. Las técnicas de reciclado pasan por moler las cerámicas y utilizar las partículas generadas como “relleno” en otros materiales, siendo el volumen de material reciclado escaso y de poco valor añadido.

El vidrio, primo hermano de las cerámicas, se recicla mejor, alcanzando en Europa tasas superiores al 80 %.

El dilema de los plásticos

Mientras tanto, suele asumirse que los polímeros, lo que conocemos como “plásticos”, son materiales reciclables. Sin embargo, solo una familia de ellos (los termoplásticos) es reciclable. Los plásticos “termoestables”, muchos de ellos resinas utilizadas también para fabricar materiales compuestos, en su gran mayoría no se pueden reciclar.

Y aunque la mayoría de los plásticos con los que convivimos en nuestro día a día son termoplásticos, supuestamente reciclables, menos de un 10 % del plástico producido globalmente es de origen reciclado.

El gran reto de los polímeros es aumentar su reciclabilidad y sustituir sus materias primas (procedentes del petróleo) por materiales que puedan hacerlos biodegradables. Así se conseguirá que su huella de carbono como contaminante se reduzca considerablemente.

Repensar los compuestos

El problema de los materiales compuestos es que combinan plásticos poco reciclables con materiales de refuerzo, en especial fibras, muy difíciles de separar, lo que hace que su reciclaje sea complejo y en muchos casos, poco viable.

En el diseño de nuevos materiales compuestos, si queremos apostar por la circularidad necesitamos, de forma ineludible, pensar en nuevas resinas reciclables, fibras de refuerzo recuperables, recubrimientos que faciliten el desensamblado o estructuras que permitan separar los componentes sin perder propiedades y calidad.

Aprovechar la chatarra

Y, por último, tenemos los metales, posiblemente la familia de materiales con más recorrido en su reciclado y los beneficios asociados. Usando chatarras como materias primas, evitamos tener que recurrir al consumo directo de metales críticos.

La utilización de la chatarra también minimiza de forma considerable la emisión de CO₂ en el desarrollo de una aleación. Un caso muy estudiado es el de las emisiones que se producen al fabricar acero a partir de chatarra o a partir de mineral de hierro, lo que resulta en una reducción de emisiones de entre el 75 y el 80 %.

Sin embargo, nuestro nivel de reciclado en este campo dista mucho de lo deseable. La tasa de recogida de residuos eléctricos y electrónicos en la UE se sitúa en apenas el 37,5 %, muy por debajo del objetivo del 65 %, y la situación respecto a la chatarra no es mucho mejor. En Europa, como término medio, solo se recicla entre el 40 y el 50 % de la chatarra que se genera, siendo el acero la aleación que más se reutiliza (alrededor del 85 %).

Pero ¿qué tiene que ver todo esto con la ciencia e ingeniería de materiales? La respuesta es: todo.

Ingeniería de materiales

El reciclaje, por sí solo, no puede hacer frente al reto que tenemos por delante. Además, es necesario actuar en otras direcciones para mejorar la circularidad.

Ya no vale solo con que el material que se desarrolle e introduzca en el mercado tenga buenas propiedades y tenga bajo coste, es decir “bueno, bonito y barato”. Los materiales deben desarrollarse y diseñarse desde un principio, asegurando que son sostenibles (duraderos, reutilizables y/o refabricables y/o reciclables) y seguros para las personas y el mediambiente.

También debemos seguir desarrollando técnicas de fabricación que consuman menos energía y minimicen la generación de residuos. Por ejemplo, en el caso de aleaciones metálicas, hoy en día existen técnicas de fabricación aditiva que pueden reducir el consumo total de energía entre el 30 y el 60 % frente a tecnologías de fabricación que incluyen más procesos intermedios y mecanizado.

Otro ámbito clave es la extensión de la vida útil de los productos. En un modelo de economía circular, reparar no es un simple gesto opcional, sino una auténtica estrategia de sostenibilidad.

Aquí la ingeniería de materiales investiga soluciones que permiten que los productos duren más y fallen menos a través de recubrimientos anticorrosión; sensores embebidos que detectan daños antes de que sean críticos; materiales que se autorreparen cuando aparecen microgrietas; o herramientas digitales que predicen cuándo una pieza debe ser reparada o sustituida.

La dependencia de materias primas

Si queremos reducir nuestra dependencia de materias primas externas que en muchas ocasiones pone en riesgo las cadenas de suministro de sectores estratégicos, disminuir la presión sobre nuestros ecosistemas y construir una economía competitiva, los materiales deben situarse en el centro de la estrategia.

La buena noticia es que la ciencia e ingeniería de materiales ya está proporcionando soluciones y trabajando en las que necesitamos.

La circularidad no es una opción, es una necesidad crítica. Y si España apuesta con decisión por la investigación, la innovación y la colaboración en el campo de los materiales, podrá conseguir que su economía sea fuerte, resiliente y sostenible.

Es urgente hacer frente a la montaña de basura que generamos, o nos sepultará.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cómo evitar que nos sepulte la montaña de basura que generamos – https://theconversation.com/como-evitar-que-nos-sepulte-la-montana-de-basura-que-generamos-271877

Políticas antimujer en Estados Unidos: el laboratorio reaccionario que deberíamos vigilar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miren Gutiérrez, Investigadora, Universidad de Deusto

Las salidas de tono de Donald Trump se viralizan rápidamente, como ocurrió cuando llamó piggy (“cerdita”) a una periodista que le preguntaba sobre sus relaciones con Jeffrey Epstein. Después insultó a otra reportera.

Estos dos episodios dieron la vuelta al mundo. Y es normal que así fuera porque no se trata de anécdotas aisladas, sino de una estrategia que usa la misoginia para silenciar la crítica.

Ponemos mucha atención a lo escandaloso –que lo es–, pero menos en los profundos cambios que se despliegan silenciosamente en EE. UU. contra el bienestar de las mujeres como parte de una ofensiva autoritaria y patriarcal.

El aumento de la mortalidad materno-infantil

En primer lugar, el cierre de los servicios de salud reproductiva ha provocado un aumento de la mortalidad materna e infantil en los estados que han impuesto prohibiciones; la evidencia demuestra que las restricciones tienen un impacto directo en la vida y la salud de las madres

En 2022, con la anulación de la sentencia Roe vs. Wade –que reconocía el derecho constitucional al aborto en 1973–, la Corte Suprema de EE. UU. eliminó la protección constitucional del derecho al aborto, dejando a cada estado la facultad de prohibirlo. Desde entonces, una docena de estados han impuesto vetos casi totales, lo que ha llevado al cierre de clínicas de aborto y a la desaparición de servicios de salud reproductiva en amplias regiones del país.

Estos cierres no solo afectan el acceso al aborto, sino también a la atención prenatal, la anticoncepción, la detección de cáncer y el manejo de complicaciones del embarazo.

Un análisis del Gender Equity Policy Institute muestra que las mujeres que viven en estados con prohibición tienen casi el doble de riesgo de morir durante el embarazo, el parto o en el posparto que las que residen en estados donde el aborto es legal.

Texas, que implementó una prohibición casi total, ofrece un ejemplo extremo. En el primer año bajo la aplicación de esta medida, la mortalidad materna aumentó un 56 %, con disparidades raciales profundas: las mujeres negras tuvieron una tasa de mortalidad materna 2,5 veces mayor que la de las blancas.

Esto viene acompañado de un aumento de la mortalidad infantil. En Texas, las muertes de niños o niñas crecieron un 13 % en el año posterior a la prohibición, con un aumento de los fallecimientos atribuibles a anomalías congénitas graves, lo que sugiere que muchos embarazos que antes se interrumpían por razones médicas ahora se llevan a término, con consecuencias fatales.

Deterioro de la esperanza de vida

Las desigualdades en el acceso a la salud han tenido un impacto en la expectativa de vida de las mujeres negras, especialmente en estados del sur, rurales y segregados, donde la precariedad sanitaria se solapa con el racismo estructural.

Aunque diversos análisis muestran que la esperanza de vida de la población negra ha sido sistemáticamente inferior a la de la población blanca, las mejoras en este área se han estancado.

Cuando se observa la situación de las mujeres negras en condados rurales y estados históricamente segregados, varios estudios muestran que su esperanza de vida media está en un rango de 72,5 a 74,9 años, por debajo de los más de 80 años que alcanzan en promedio la población femenina blanca.

Organizaciones como Black Women’s Health Imperative han documentado cómo la combinación de sesgo racial en la atención, falta de seguro médico, mayores tasas de enfermedades crónicas y barreras para desplazarse para recibir atención se traducen en más muertes evitables y una reducción de años de vida.

Análisis como los del National Partnership for Women & Families documentan cómo las sucesivas administraciones de Trump han impulsado un desmantelamiento de programas orientados a promover la igualdad. Por ejemplo, la eliminación de programas de apoyo a la conciliación ha echado a cientos de miles de mujeres fuera del mercado de trabajo o hacia empleos más precarios, revirtiendo avances logrados en materia de protección frente a la discriminación en el trabajo.

Un eje central de este retroceso ha sido la eliminación o vaciamiento de programas federales de equidad de género. La reinterpretación de normas como la Orden Ejecutiva 11246 –que obligaba a los contratistas federales a aplicar programas de acción afirmativa–, junto con órdenes que paralizan las actividades de promoción de la igualdad, han supuesto la eliminación de mecanismos que promovían la contratación de mujeres y minorías en sectores estratégicos.

La calidad de vida de las familias de bajos ingresos –entre ellas, un elevado porcentaje de mujeres solas– se ha visto afectada por recortes de subvenciones destinadas a cumplir la Fair Housing Act –Ley de Vivivenda Justa–. Investigaciones periodísticas muestran que la Casa Blanca ha ordenado la cancelación de las ayudas que el Departamento de Vivienda destinaba a organizaciones sin ánimo de lucro encargadas de investigar denuncias de discriminación en alquileres e hipotecas. La reducción de esta financiación deja a muchas comunidades sin defensa frente a desalojos injustos, cláusulas abusivas o discriminación por género, raza y discapacidad.

Otras áreas de retroceso

También se han reducido los fondos a programas de apoyo a las víctimas de violencia de género y trata. Un informe del Brennan Center for Justice detalla que se han cancelado cientos de millones de dólares en subvenciones, incluyendo programas que proporcionan servicios a las afectadas.

A su vez, un análisis del Council on Criminal Justice describe cómo estos recortes afectan así mismo la formación de enfermeras forenses que atienden a víctimas de violencia sexual.

Los recortes se combinan con cambios normativos y más condiciones para otorgar ayudas. La revista The New Republic documenta cómo se imponen nuevas normas a las beneficiarias de fondos federales, prohibiendo destinar recursos a programas que aborden la violencia como problema estructural.

En paralelo, se han impulsado medidas que restringen el derecho al voto. El Brennan Center for Justice, que monitorea la legislación electoral, advierte de que varias iniciativas buscan imponer requisitos más estrictos de prueba de ciudadanía y documentación de identidad, lo que privaría del voto a millones de electores que no disponen de pasaporte o certificado de nacimiento actualizado.

Estas exigencias podrían tener un impacto sobre las mujeres que han cambiado de apellido tras el matrimonio o el divorcio, pues muchas no tienen documentos que coincidan con su nombre legal actual: se estima que hasta 69 millones de mujeres están en esta situación.

Organizaciones como la NAACP Legal Defense Fund y la ACLU –Unión Americana de Libertades Civiles– han llevado a los tribunales disposiciones administrativas que intentaban introducir requisitos adicionales de prueba de ciudadanía.

Estos cambios se suman a la reducción de oficinas, horarios y recursos para el voto anticipado o por correo, lo que dificulta el acceso al voto de quienes enfrentan más barreras de tiempo, movilidad y cuidado –como mujeres cuidadoras o trabajadoras con varios empleos–, y se inscriben en una tendencia más amplia de debilitamiento del legado de la Voting Rights Act.

La experiencia estadounidense demuestra que las políticas regresivas tienden a perjudicar a los sectores más vulnerables, especialmente a las mujeres de bajos ingresos.

The Conversation

Miren Gutiérrez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Políticas antimujer en Estados Unidos: el laboratorio reaccionario que deberíamos vigilar – https://theconversation.com/politicas-antimujer-en-estados-unidos-el-laboratorio-reaccionario-que-deberiamos-vigilar-271173

¿Aprender Matemáticas en Historia? Así se conectan asignaturas, conocimientos y experiencias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Alejandro Garrido, Estudiante de Doctorado, Universidad de Huelva

Sala de profesores del centro en el que se hizo la investigación. Paula Alejandra Garrido.

La mente no es un vaso para llenar, sino una lampara para encender, decía Plutarco. Sin embargo, en muchos países –incluido España– el modelo escolar convencional sigue centrado en llenar vasos: transmitir contenidos, seguir el libro de texto, completar fichas y evaluar con exámenes escritos. Este enfoque prioriza memorizar y volcar después esos contenidos en un papel, aunque se olvidarán con facilidad y no es siempre cómo nuestro cerebro aprende.

En una sociedad marcada por el cambio constante, esta forma de enseñar corre el riesgo de no ser útil. Por ejemplo, fragmentar el aprendizaje por áreas o asignaturas no siempre ayuda a prepararse para un mundo que nos exigirá adaptarnos a nuevas realidades, comprender la interconexión de todo y realizar un buen uso de la tecnología si no se enseñan prácticas conscientes y responsables.

Cada vez que se revisan los currículos académicos, se modifican asignaturas, contenidos, metodologías… pero ¿y si lo que necesitamos no es añadir más, sino conectar mejor? Esta es la idea que está detrás del enfoque de “currículum integrado”.

Del fragmento a la conexión

El currículum integrado no es una moda metodológica, sino una manera distinta de concebir la enseñanza. Su finalidad es superar la fragmentación del conocimiento, conectando saberes y experiencias.

Frente al enfoque disciplinar, es decir, a la división del conocimiento en diferentes áreas y asignaturas, propone trabajar problemáticas cercanas a partir de los intereses, necesidades o preguntas reales del alumnado.




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Por ejemplo, no es lo mismo trabajar el cuidado y conservación del entorno de manera aislada, que aprovechar el comentario de un alumno acerca de ello para elaborar un proyecto.

Esto se puede conseguir a través de distintas metodologías:

  • Las WebQuest, que consisten en el empleo de recursos digitales con los que el alumnado explora y analiza información online mediante tareas diseñadas a priori por el docente. De esta manera, se prima el desarrollo de competencias digitales, habilidades de pensamiento crítico y de búsqueda de información, en un entorno controlado y seguro.

  • El “pensamiento de diseño” (design thinking) combina colaboración, creatividad y producciones tangibles buscando, de forma innovadora, abordar y solucionar problemas, delegando al docente la tarea de guía y promotor de ideas.

  • En el aprendizaje basado en proyectos se desarrollan productos que integran las diferentes áreas de conocimiento con la finalidad de potenciar tanto habilidades duras como blandas. Esta estrategia prima la colaboración y parte del contexto real teniendo en cuenta los intereses del alumnado.

Redes neuronales, experiencias y contextos

La neurociencia explica que las redes neuronales constituyen sistemas dinámicos formados por muchas unidades simples interconectadas, que aprenden a través de la contextualización y asociación de experiencias. En definitiva, se trata de un modelo que “aprende” ajustando sus conexiones internas de acuerdo a los estímulos que recibe.

El pedagogo y psicólogo estadounidense Jonh Dewey ya advertía que los aprendizajes desligados de la experiencia cotidiana acaban volviéndose inservibles a largo plazo. El conocimiento cobra sentido cuando se convierte en experiencia viva recurriendo a saberes y contenidos muy diversos.




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Esto no elimina el valor del trabajo disciplinar. Contenidos como la resolución formal de operaciones matemáticas o ciertos aspectos de gramática pueden abordarse de una forma más directa dentro del proyecto: calcular distancias, escribir textos vinculados a la temática o mejorar la caligrafía para elaborar un producto final. En estos casos, trabajar ciertos componentes de forma aislada facilita la comprensión de los mismos.

Estudio de un caso: una escuela que conecta

Para analizar qué ocurre al llevar estas ideas a la práctica, realizamos un estudio de caso en un centro público rural de carácter compensatorio, puesto que atiende a una población con desventajas socioeducativas significativas. En este centro, situado en la provincia de Huelva, se ha puesto en marcha un currículo basado en el aprendizaje basado en proyectos. A través de entrevistas, observaciones y documentos, recogimos las voces de docentes y estudiantes.

En el caso del curso que hemos documentado, el proyecto central que vertebraba todo el aprendizaje de ese año era La huella del tiempo, dedicado a Albert Einstein. Los demás proyectos –que se trabajan a lo largo del curso y se conectan entre sí– se organizan en cinco ejes estables: “Vivir en sociedad” (entorno y patrimonio), “El mundo en el que vivimos” (del pueblo al universo), “Actividad científica y tecnológica”, “Seres vivos” y “Ser humano y salud”.




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Un ejemplo de esta conexión fue la canción sobre la fotosíntesis: se compuso en Música, se escribió en Lengua y se explicó en Conocimiento del Medio dentro del proyecto de “Seres vivos”, propio del tercer trimestre. Aunque no pertenece directamente al proyecto de Einstein, forma parte de esta lógica globalizadora en la que todos los proyectos se conectan y el aprendizaje fluye entre áreas y momentos del año.

Cada curso, los trabajos y creaciones del alumnado se recogen en un libro que se imprime y cada estudiante recibe un ejemplar. En el aparecen textos, fotografías, experimentos, dibujos y relatos elaborados durante los proyectos. Las familias colaboran aportando materiales, participando en actividades y contribuyendo a algunas de las creaciones. El libro se convierte así en un símbolo de unión y aprendizaje compartido entre escuela, comunidad y entorno.

Dar sentido al aprendizaje: mejorar la motivación

Una docente explicaba la importancia de este tipo de enfoques educativos en un contexto con alumnado con muy baja motivación: “No es igual que uno explique cosas aleatorias a que le demos un sentido coherente. Trabajando de esta forma, ese granito de motivación se puede transformar en algo muy grande”. Cuando los proyectos parten de la realidad cercana, los niños se implican de otra manera y los aprendizajes se vuelven significativos y duraderos.

En este curso, Einstein se volvió cercano gracias a experimentos sencillos sobre luz y energía, la recreación de su infancia y la conexión con fenómenos cotidianos. El alumnado descubría que este genio también había sido un niño curioso y con dificultades.

Ilusionar a los propios docentes

Otra profesora confesó: “Nosotras nos nutrimos de la ilusión de los niños, pero también de la nuestra propia.”. El enfoque integrado permitió a muchos redescubrieron como profesionales creativos, capaces de diseñar experiencias más vivas y menos burocráticas.

Esta ilusión se podría ver reflejada en gestos cotidianos: docentes que buscan ideas nuevas desde casa, maestras que diseñan canciones o materiales propios, equipos que se quedan por la tarde decorando pasillos para sorprender al alumnado y la energía colectiva que envuelven preparativos como la jornada de puertas abiertas.

‘Me gusta mi escuela’: la cohesión de la comunidad

El currículum integrado, en esta escuela, favorece la coordinación entre docentes, genera un clima de colaboración con las familias y refuerza la identidad del centro como comunidad educativa. Todo ello lo podemos comprobar a través de las entrevistas y la observación: las familias participan decorando espacios, asistiendo a actividades, colaborando en talleres y acompañando la lectura en casa. Los docentes destacan que esta metodología ha mejorado la comunicación con las familias y ha fortalecido el sentido de pertenencia al centro.

Las resistencias, sin embargo, existen: apego al libro de texto, miedo a perder nivel académico o dudas de algunas familias. El centro las aborda mediante el diálogo, evidencias y transparencia. Mostrar el trabajo, compartir los productos finales y observar la evolución de los estudiantes ayudan a transformar estas ideas.

Más que leyes, prácticas vivas

Desde la LOGSE (1990) hasta la LOMLOE, las leyes educativas españolas han introducido términos como globalización, interdisciplinariedad o competencias clave. La UNESCO exige currículos “más relevantes y contextualizados”, y la OCDE pide un enfoque flexible y centrado en el alumnado.

Pero, en la práctica, los marcos legales se convierten en obstáculos si no se acompañan de recursos y confianza. Las leyes deberían traducirse en tiempo, formación práctica, estabilidad de los claustros y confianza institucional para que los centros innoven sin miedo. Sin estos apoyos, los discursos sobre competencias y globalización se quedan en papel.

Un currículum integrado no es una receta mágica, pero sí una brújula. Nos recuerda que aprender tiene que ver con conectar: conectar unos conocimientos con otros, conectar al profesorado y al alumnado, conectar saberes y emociones, escuela y vida.

Volviendo a Plutarco, quizá el reto de la escuela del siglo XXI sea precisamente este: encender lámparas en lugar de llenar vasos. La experiencia analizada demuestra que, cuando se apuesta por integrar y no fragmentar, en las aulas prende la curiosidad y la creatividad y florece el sentido de comunidad.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Aprender Matemáticas en Historia? Así se conectan asignaturas, conocimientos y experiencias – https://theconversation.com/aprender-matematicas-en-historia-asi-se-conectan-asignaturas-conocimientos-y-experiencias-267804

¿Se puede tener a la vez déficit de atención y trastorno obsesivo compulsivo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sylvie Pérez Lima, Psicopedagoga. Psicóloga COPC 29739. Profesora tutora de los Estudios de Psicología y Educación, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Denis Moskvinov/Shutterstock

Cuando hablamos del trastorno del déficit de atención e hiperactividad y del trastorno obsesivo compulsivo solemos imaginar dos mundos separados: uno asociado a la impulsividad y las dificultades para mantener la atención; el otro, a la necesidad de control, la rigidez y la repetición.

Pero la realidad clínica y educativa es bastante más compleja. Un estudio reciente ha encontrado que ambos trastornos se presentan juntos con más frecuencia de la que imaginamos, y cuando lo hacen transforman la manera en que los síntomas se expresan. Condicionan la respuesta terapéutica y qué tipo de acompañamiento resulta más adecuado, tanto en la escuela como en la vida diaria.

Las personas que en la edad adulta tienen el doble diagnóstico han solido presentar un inicio más precoz. Han sido niños o adolescentes con síntomas más marcados, problemas de conducta o incluso tics, afectándoles de manera más intensa en su vida diaria.

Déficits compartidos en funciones ejecutivas

Podemos atender y acompañar mejor a los niños y niñas en los que se presentan ambos trastornos si comprendemos el origen neurobiológico de las conductas que desarrollan: los déficits compartidos en TDAH y TOC en la inhibición, flexibilidad cognitiva, planificación o atención sostenida.




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Los circuitos frontoestriatales del cerebro están en la base de estas funciones.
Recientes estudios muestran que tanto en TDAH como en TOC aparecen alteraciones en ellos, aunque en sentido contrario:

  • En el TDAH suele observarse hipoconectividad, que se traduce en impulsividad, dificultad para sostener la atención o iniciar tareas, así como una fuerte implicación de los procesos de recompensa. Es decir, en el TDAH, los circuitos cerebrales que responden a estímulos inmediatos o gratificantes están más activos o son más determinantes en la conducta. Se produce entonces una mayor sensibilidad a las recompensas inmediatas, lo que hace que resulte más fácil centrarse en actividades estimulantes y más difícil iniciar o mantener tareas que no ofrecen un beneficio rápido.

  • En el TOC predomina la hiperconectividad, que se asocia a la sobreinhibición, el perfeccionismo y la rigidez cognitiva. Esto implica una inhibición exagerada de la respuesta, que no tiene que ver con ser introvertido, sino con un exceso de control que favorece el perfeccionismo y los patrones de repetición propios del TOC. Estos patrones de hipercontrol, junto a la tendencia a frenar en exceso la propia conducta y el pensamiento, son los que dificultan el poder detener una acción o idea una vez iniciada.

Un cerebro que acelera y bloquea

La presencia simultánea de circuitos hiperactivados, característicos del TOC, y otros hipoactivados, propios del TDAH, explica por qué algunos niños y adolescentes pueden oscilar entre impulsividad y sobrecontrol. Parecen hipervigilantes con los demás y, al mismo tiempo, incapaces de regularse.

Ambos trastornos comparten parte de su vulnerabilidad genética, y existen genes o variantes que aumentan el riesgo de ambos. Pero estos mecanismos de riesgo no buscan “explicar” a la persona desde un déficit. Se trata de entender para ajustar expectativas y sostener mejor a quienes viven con un cerebro que acelera y bloquea a la vez.




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Lo que nos dice la investigación es que cuando TDAH y TOC coexisten no es por casualidad. Hay piezas que se cruzan: déficits en funciones ejecutivas, circuitos frontoestriatales implicados en el control cognitivo e incluso ciertos factores genéticos compartidos. Pero también hay piezas que funcionan de forma muy distinta.

Este doble movimiento, convergente y divergente a la vez, nos recuerda que, más que pensar en diagnósticos separados, necesitamos comprender cómo se organizan estos mecanismos en cada caso, porque es ahí donde se juega el acompañamiento clínico y educativo.

¿Qué observamos en casa y en el aula?

Cuando el TDAH y el TOC conviven, la clínica se mezcla, dando lugar a patrones que desconciertan tanto a las familias como al profesorado.

En el aula, podemos encontrarnos con alumnos que parecen impulsivos, pero que, al mismo tiempo, necesitan verificar constantemente todo para sentirse seguros. O con aquellos que quieren empezar una tarea, pero quedan atrapados revisando mentalmente si lo ha entendido “bien”, mientras la inquietud propia del TDAH les impide sostener la atención para avanzar.

A ojos de los demás, esta combinación puede verse así:

  • Tiempos de trabajo muy irregulares: momentos de rapidez e impulsividad seguidos de bloqueos provocados por dudas o rituales internos.

  • Cambios bruscos entre movimiento y rigidez: pasar de no parar quieto a quedarse fijado en un detalle mínimo.

  • Dificultad para iniciar tareas (por miedo a equivocarse o por falta de foco) y dificultad para terminarlas (por revisiones excesivas).

  • Errores que parecen despistes. A menudo vienen de pensamientos intrusivos, de la necesidad de sentir control o de las dificultades en sostener la atención.

  • Frustración elevada. Vivir entre la desorganización del TDAH y la autoexigencia rígida del TOC es especialmente agotador.

¿Qué ocurre en la adolescencia?

En la adolescencia, se intensifican las demandas: emocionalmente, por la propia etapa; académicamente, por el aumento de la carga escolar y social. Las obsesiones pueden volverse más intrusivas y la impulsividad más disruptiva, generando una tensión entre control y autonomía.

Este tira y afloja frecuentemente se refleja en dificultades para planificar o completar tareas largas, gestionar el estrés académico y encontrar un sentido de identidad: muchos adolescentes se preguntan por qué lo que les parece fácil a otros, a ellos les cuesta tanto.

Desde fuera, puede parecer que “hay dos versiones del mismo alumno”. Y, en parte, es cierto: el sistema ejecutivo tira en direcciones distintas —una hacia la impulsividad y la rapidez; otra hacia el control y la repetición— y la persona queda en medio intentando regular ambas fuerzas, muchas veces sin tener aún las herramientas para hacerlo.

¿Qué puede ayudar en el día a día?

Para quien acompaña (sea familia o escuela), es importante entender que no se trata de “confundir diagnósticos”, sino de reconocer su posible combinación. No basta con tratar solo el TDAH o solo el TOC, sino que puede ser necesario pensar en estrategias que respondan a su interacción. Algunas claves para esta cotidianidad son:

  • Entender qué fuerzas se mueven por dentro. Un mismo niño puede ser muy impulsivo y muy rígido. No es una contradicción: es una forma de buscar calma. Si lo entendemos, dejamos de pensar “lo hace a propósito” o “no quiere”. Conviene entonces recordar que no es elección, observar sin juzgar y pensar qué necesita regular.

  • Dar estructura sin agobiar. La estructura ha de aportar seguridad. Pero no debe ser inflexible, para no aumentar la ansiedad. Puede ser útil llevar a cabo rutinas visibles, fragmentar las tareas en pasos cortos y establecer límites claros desde la calma.

  • Evitar que el tiempo se les caiga encima. El TDAH desordena y el TOC bloquea, así que las ayudas externas deben contribuir al equilibrio. Las herramientas que nos pueden servir son: temporizadores visuales, establecer pausas programadas, anticipar los cambios de actividad o entornos, y acompañar verbalmente cuándo parar.

  • Reducir la presión por buscar la perfección. Tenemos que recordar que por dentro estos niños y niñas viven una lucha: quiero que quede perfecto, pero no puedo sostenerlo. Y eso les desgasta enormemente y puede afectar su autoestima. Les ayuda que valoremos especialmente el proceso más que el resultado y los pequeños éxitos o avances. También recordarnos en voz alta que no es necesaria la perfección y evitar comparaciones.

  • Validar lo que sienten y recuperar el control. Muchos de los bloqueos parecen desobediencia pero son miedo o saturación. Si conseguimos nombrarlo, diciendo por ejemplo “veo que esto te cuesta, vamos a hacerlo por partes”, la tensión suele bajar.
    También es importante dar las instrucciones de una en una, y evitar preguntas abiertas, ofreciendo por ejemplo alternativas. Si en vez de preguntar “qué quieres hacer”, les proponemos si hacer X o Y, pueden recuperar un control seguro y ganar en autonomía.

  • Trabajar desde el vínculo. Para favorecer la regulación es importante que haya un vínculo con los adultos de referencia. De este modo favorecemos el aprendizaje. La clave se encuentra en no entrar en confrontación.

Acompañar a un niño con TDAH y TOC no va de corregir, sino de comprender. Adoptar una perspectiva más humana, más pedagógica y más compartida entre casa, escuela y salud ayuda a entender el comportamiento para encontrar las estrategias que optimicen el acompañamiento.

The Conversation

Sylvie Pérez Lima no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Se puede tener a la vez déficit de atención y trastorno obsesivo compulsivo? – https://theconversation.com/se-puede-tener-a-la-vez-deficit-de-atencion-y-trastorno-obsesivo-compulsivo-269951

El colonialismo visual: cómo la fotografía moldeó la mirada sobre los pueblos indígenas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Puig-Samper Mulero, Profesor de Investigación ad honorem en el Instituto de Historia del CSIC, Departamento de Historia de la Ciencia., Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Indígenas de Seris Sonora (México) retratados por Alfredo Laurent en 1865. Archivo de la Soc. anthropologique de Paris, déposées au Muséum national d’Histoire naturelle. 155_07_0097

Desde su aparición en el siglo XIX, la fotografía se convirtió en una herramienta poderosa para documentar el mundo. Pero más allá de su función técnica, también fue un instrumento de poder. En pleno auge del colonialismo europeo, las imágenes capturadas por fotógrafos –profesionales y aficionados– ayudaron a construir una visión del “otro” que reforzaba estereotipos, jerarquías raciales y narrativas de dominación.

Durante la expansión colonial, las cámaras en manos de fotógrafos profesionales, soldados, misioneros, funcionarios y colonos registraron escenas de territorios y poblaciones sometidas. Estas imágenes no solo ilustraban relatos de viajes o informes oficiales, sino que también alimentaban la curiosidad y el control simbólico desde las metrópolis. La fotografía parecía ofrecer una “verdad objetiva”, pero en realidad reflejaba los prejuicios y aspiraciones del mundo occidental.

El “otro” en el espacio y en el tiempo

En el siglo XIX, Occidente construyó dos figuras del “otro”: el salvaje espacial, vinculado a tierras lejanas, y el humano prehistórico, asociado a un pasado remoto. Estas representaciones se difundieron en revistas ilustradas, novelas, exposiciones universales y museos, consolidando una visión racista que justificaba la exclusión social de los pueblos no occidentales.

Niños puertorriqueños en traje de domingo, de Strohmeyer & Wyman. 1900
Niños puertorriqueños en traje de domingo, de Strohmeyer & Wyman. 1900.
Archivo General de Puerto Rico ADQ.87-04-92

En América Latina, esta mirada colonial tuvo continuidad incluso después de la independencia. En países como México, Argentina, Chile, Perú o Brasil, la fotografía se usó para representar a indígenas y afrodescendientes en el marco de los proyectos de construcción nacional. La antropología, que crecía como disciplina científica, se apoyó en la imagen para clasificar y estudiar la “diferencia cultural”. Así, muchos países latinoamericanos se convirtieron en laboratorios visuales donde se buscaba definir tipos raciales y culturales, a menudo desde una perspectiva eurocéntrica.

Incluso fotógrafos locales adoptaron esta mirada colonial hacia sus propias comunidades indígenas, como ocurrió en Estados Unidos, Australia, Argentina o Chile. La colonialidad no solo se expresaba en quién tomaba las fotos, sino también en cómo se miraba y representaba al otro.

Francia: ciencia, fotografía y jerarquías raciales

Paul Broca por Pierre Petit.
Biblioteca Nacional de Francia Gallica

En Francia, desde mediados del siglo XIX, se consolidaron dos grandes escuelas antropológicas que usaron la fotografía como herramienta científica. La primera, liderada por Paul Broca, fundó la Sociedad de Antropología de París en 1859 y promovió una visión biologicista de la humanidad. La antropometría –medición del cuerpo humano– y la craneometría –medición del cráneo– eran centrales para establecer jerarquías raciales. La fotografía ayudaba a documentar estos estudios, mostrando rostros de frente y perfil, como si fueran fichas científicas.

La segunda escuela, encabezada por Jean Louis Armand de Quatrefages, también se interesó por los artefactos culturales y las costumbres de las civilizaciones “primitivas”. En 1878 se fundó el Museo de Etnografía de Trocadero, antecedente del actual Museo del Hombre, dedicado exclusivamente a la diversidad cultural.

Ambas corrientes compartían la idea de que las razas humanas podían ordenarse en una jerarquía natural. A veces se manifestaron voces muy radicales en significar la desigualdad racial, alineadas con la escuela antropológica poligenista norteamericana que encabezaban Samuel Morton, George Glidden y Josiah Nott.

Colonos de Guinea con mujeres y niña.
Colonos de Guinea con mujeres y niña.
Archivo General de la Administración, Alcalá de Henares, 33-00797-00030-034-r

En otras ocasiones, voces diferentes defendían la posible igualdad de las distintas razas, o al menos su capacidad para progresar al considerar que las influencias ambientales, más que la herencia, eran las responsables de la diferencias raciales. Así sucedió con los hombres de la Sociedad de Etnografía Oriental y Americana. En este contexto, la fotografía antropológica se convirtió en una disciplina auxiliar para “probar” la existencia de tipos raciales distintos y estables.

Roland Bonaparte y los “zoos humanos”

Uno de los personajes más activos en la fotografía antropológica fue el príncipe Roland Bonaparte, sobrino nieto de Napoleón. Bonaparte reunió una vasta colección de imágenes, muchas tomadas por él mismo o por fotógrafos contratados. En 1882, por ejemplo, Pierre Petit fotografió a los kaliña en el Jardín de Aclimatación de París, y al año siguiente se sumaron retratos de indígenas de la Araucanía chilena, Ceilán y Siberia.

El Jardín de Aclimatación se convirtió en un escenario de exhibiciones humanas, siguiendo el modelo del empresario alemán Carl Hagenbeck, que había mostrado a un grupo de lapones en Hamburgo en 1874. En París, se presentaron africanos, inuits, fueguinos (kawésqar), cingaleses, mapuches, calmucos siberianos y nativos americanos, entre otros. Estas exhibiciones mezclaban espectáculo y ciencia, y eran documentadas con rigor fotográfico por Bonaparte y sus colaboradores.

Las imágenes se publicaban en revistas como La Nature o L’Illustration, y mostraban a los indígenas en poses estandarizadas, con adornos y armas, reforzando su exotismo. En 1885, Bonaparte fotografió a un grupo de aborígenes australianos que habían sido parte de un “zoo humano” organizado por R. A. Cunningham. De los nueve que iniciaron la gira, solo cuatro llegaron vivos a París, donde fueron alojados en el Jardín de Aclimatación y actuaron en el Folies-Bergère.

Roland Bonaparte, Australianos en Folies Berger. 1885.
Roland Bonaparte, Australianos en Folies Berger. 1885.
Archivo de la Soc. anthropologique de Paris, déposées au Muséum national d’Histoire naturelle 155_08_0096

Estas prácticas, aunque hoy nos resultan inaceptables, fueron parte de una lógica colonial que usaba la imagen para clasificar, exhibir y controlar. La fotografía no solo capturaba rostros: construía discursos, jerarquías y fronteras entre “nosotros” y “ellos”.

La fotografía fue mucho más que una técnica de registro: fue una herramienta de poder que ayudó a consolidar el imaginario colonial. Desde los estudios antropológicos en París hasta los retratos de indígenas en América Latina, las imágenes contribuyeron a definir al “otro” como objeto de estudio, espectáculo o subordinación. Hoy, revisar este legado visual nos permite entender cómo se construyeron las desigualdades.


Este artículo surge de la colaboración con la Fundación Ignacio Larramendi, institución centrada en desarrollar proyectos relacionados con el pensamiento, la ciencia y la cultura en Iberoamérica con el objetivo de ponerlos a disposición de todo el público.

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The Conversation

Miguel Ángel Puig-Samper Mulero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El colonialismo visual: cómo la fotografía moldeó la mirada sobre los pueblos indígenas – https://theconversation.com/el-colonialismo-visual-como-la-fotografia-moldeo-la-mirada-sobre-los-pueblos-indigenas-269530

Crisis de la vivienda en España: ¿funciona premiar fiscalmente a quien alquila barato?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Albert Navarro García, Profesor titular de Derecho Financiero y Tributario, Universitat de Girona

Óscar González Fuentes / Shutterstock

La tensión en el mercado del alquiler ha aumentado de forma constante en los últimos años. Los precios suben, la oferta de vivienda es escasa y la competencia entre inquilinos es cada vez mayor. Ante esta situación, las Administraciones públicas han buscado nuevas fórmulas para ampliar la oferta de vivienda asequible sin depender exclusivamente de la construcción de nuevo parque público, un proceso lento y que exige grandes inversiones.




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Por este motivo, los incentivos fiscales dirigidos a propietarios privados han vuelto a ocupar un lugar central en la política de vivienda. La pregunta es evidente: ¿estos incentivos cambian realmente la conducta de los arrendadores en un mercado donde las alternativas, como el alquiler turístico o la venta, resultan más rentables y aparentemente más seguras?

La fiscalidad como herramienta de política de vivienda

La política de vivienda en España está repartida entre diferentes niveles de gobierno. Las comunidades autónomas tienen la competencia exclusiva en esta materia, pero los instrumentos fiscales más relevantes, como el IBI y el IRPF, dependen de los ayuntamientos y del Estado. Esta combinación ha generado un mapa fiscal muy diverso según el territorio.

En este contexto, las Administraciones han recurrido a tres grandes tipos de instrumentos:

  1. Las bonificaciones en el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) destinadas a las viviendas que se incorporan a programas públicos de alquiler asequible.

  2. Las reducciones reforzadas del IRPF aplicables a los arrendadores que cumplen determinados requisitos.

  3. Los programas autonómicos que combinan ayudas directas con distintos incentivos fiscales para fomentar el alquiler a precios moderados.

La finalidad común es clara: animar a los pequeños propietarios a ofrecer viviendas en alquiler estable, con precios moderados y contratos de larga duración, evitando el desplazamiento de viviendas hacia usos más lucrativos, pero menos accesibles.




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En la cuestión de la vivienda asequible participan pequeños y grandes propietarios, públicos y privados


El IBI: útil, pero insuficiente en solitario

El IBI es uno de los impuestos municipales más relevantes. Su regulación permite que los ayuntamientos bonifiquen hasta un 95 % la cuota cuando la vivienda se incorpora a programas públicos de alquiler asequible. Esta posibilidad, prevista en el artículo 74.6 del texto refundido de la Ley Reguladora de las Haciendas Locales, se ha utilizado con resultados desiguales.

Barcelona es el ejemplo más sólido. Allí, la bonificación del 95 % se acompaña con programas de mediación pública y garantías frente a impagos. Esta combinación ha permitido captar muchas viviendas privadas para alquiler social, generando una vía de acceso estable y con continuidad.

Sin embargo, otros municipios han logrado un impacto mucho más limitado. Málaga es un caso ilustrativo: su bonificación, además de limitarse al 50 %, se aplica exclusivamente a edificios completos de nueva construcción, destinados íntegramente al alquiler con renta limitada. Esto deja fuera a la gran mayoría del parque de viviendas ya existente y, por tanto, reduce el alcance del incentivo. La medida, por sí sola, no puede movilizar vivienda usada que podría incorporarse al alquiler asequible.

Además, los propietarios suelen valorar otros factores que no dependen del IBI: seguridad en el cobro, mediación profesional, seguros frente a impagos o daños, rapidez en los trámites y apoyo administrativo. Si estos elementos no existen, la simple bonificación resulta insuficiente para compensar el riesgo percibido.

El impacto en las finanzas municipales también es relevante. En las grandes ciudades, el coste fiscal se puede asumir mejor. En municipios medianos o pequeños, la pérdida de ingresos complica la aplicación de estas bonificaciones y exige un análisis riguroso de su sostenibilidad presupuestaria.

Reducciones en IRPF: un mecanismo potente pero poco operativo

La Ley 12/2023, de 24 de mayo, por el derecho a la vivienda creó un sistema reforzado de reducciones en el IRPF para el alquiler de vivienda habitual. El incentivo más destacado es una reducción del 90 % del rendimiento neto para nuevos contratos firmados en zonas tensionadas, siempre que exista además una rebaja del precio respecto al contrato anterior.

Sobre el papel, se trata de uno de los incentivos fiscales más ambiciosos diseñados hasta ahora para influir en el mercado del alquiler. Pero, en la práctica, su aplicación real es baja. La razón principal es simple: la reducción del 90 % solo puede aplicarse si la comunidad autónoma declara zonas tensionadas. Sin esa declaración, no puede aplicarse en absoluto. Y la mayoría de las comunidades no lo ha hecho. Entre ellas: Madrid, Comunidad Valenciana, Andalucía y Galicia, que han rechazado la declaración por motivos ideológicos, técnicos, o porque consideran que este modelo no encaja en sus políticas de vivienda.

En la práctica, esto ha dejado desactivado el incentivo en una gran parte de España.

A ello se suma la complejidad técnica de la norma. Para acceder a las reducciones reforzadas se exige acreditar la rebaja del contrato previo, cumplir requisitos formales y asumir posibles comprobaciones fiscales.




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Comunidades autónomas: cuándo los incentivos funcionan (y cuándo no)

La experiencia demuestra que los incentivos fiscales solo funcionan cuando se integran en políticas de vivienda coherentes, coordinadas y con recursos suficientes.

El País Vasco es el ejemplo más sólido. Allí se combinan deducciones fiscales relevantes, garantías públicas de cobro y programas profesionalizados como Bizigune o ASAP. Esta estructura ha permitido captar miles de viviendas privadas y reducir notablemente el riesgo para los arrendadores.

En Cataluña, especialmente en municipios como Barcelona, las bonificaciones del IBI se coordinan con mediación pública, seguros frente a impagos y trámites simples. Esta integración explica los resultados positivos en la captación de vivienda.

En cambio, el caso de Andalucía muestra las limitaciones producidas por la falta de coordinación. La Consejería de Fomento reconoce que solo un 8 % de los municipios que tienen vivienda pública de la Junta aplican la bonificación del IBI. Este nivel tan bajo de aplicación revela un desajuste entre administraciones y dificulta que incluso la vivienda pública pueda beneficiarse de los incentivos disponibles.

La fiscalidad acompaña pero no sustituye las políticas de vivienda

Los incentivos fiscales pueden contribuir a aumentar la oferta de alquiler asequible, pero solo cuando funcionan dentro de una estrategia global. La evidencia muestra que la fiscalidad no transforma el mercado por sí sola. Para que sea eficaz, necesita apoyarse en una gestión pública profesionalizada, y ofrecer seguridad jurídica y garantías reales a los propietarios.

Sin coordinación institucional, programas estables e inversión pública, los incentivos se convierten en medidas aisladas con poco impacto. La fiscalidad puede orientar comportamientos y apoyar la política de vivienda, pero no puede reemplazarla. Es un complemento necesario, no una solución suficiente.

The Conversation

Albert Navarro García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Crisis de la vivienda en España: ¿funciona premiar fiscalmente a quien alquila barato? – https://theconversation.com/crisis-de-la-vivienda-en-espana-funciona-premiar-fiscalmente-a-quien-alquila-barato-271330

School breaks privilege Christmas, and classroom strategies are needed to foster inclusion

Source: The Conversation – Canada – By Amina Yousaf, Associate Head, Early Childhood Studies, University of Guelph-Humber

What some school boards now call the “winter break,” over the days leading up to and after Christmas, is approaching.

But in Canada’s diverse public schools, centring one religious holiday sends a subtle message to many children: your family’s traditions don’t quite belong here.

Our publicly funded schools are designed to be welcoming to everyone. Ministries of education and school curricula acknowledge the importance of equity and inclusion in supporting student learning, yet how this is applied in different contexts and classrooms can vary widely.

The focus around Christmas — experienced as holidays that privilege this festival, and sometimes also experienced as winter-themed events that pick up Christmas aspects — can make students from different cultural and religious backgrounds feel marginalized or left out.

As educators look to best practices for implementing guidance around supporting inclusion and affirming diversity in their classrooms, there are opportunities to build in-classroom activities that genuinely reflect and embrace every learner in our vibrant pluralistic communities.

The real impact of feeling left out

When a child’s family life, traditions or identity are missing from the school environment, this can have adverse consequences.

Research shows that school social exclusion is consistently linked to poorer well‑being, higher emotional distress and even changes in adolescent brain development. Large-scale studies have also shown that exclusion undermines belonging, while belonging acts as a protective factor for mental health and engagement. In other words, inclusion isn’t optional, it is essential for students’ emotional safety and academic success.

On the flip side, when students feel they belong, they thrive. Feeling personally accepted and socially valued at school is associated with better mental health and stronger academic trajectories, including lower depression, anxiety and stress into young adulthood. Creating a truly inclusive school environment is therefore not just an extra step, it’s fundamental to student well-being.

Four simple, powerful strategies for inclusion

While overhauling the entire school calendar may be out of reach, educators can start with four classroom changes that research shows are meaningful.

1. Start a storytelling circle with a trauma-informed lens.

Where generic holiday parties exist near the end of term, instead consider a storytelling circle: invite students to share “something special I enjoy in winter,” “a tradition from my community” or “a tradition I’d like to create.”

This keeps open invitations for students who may not have stable family contexts, such as children in foster care or those who’ve experienced loss.




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Why storytelling? Oral storytelling, especially when culturally referenced and developmentally scaffolded, builds identity, empathy and early literacy and has shown measurable gains for Indigenous learners. Story‑based routines are also a powerful vehicle for culturally responsive teaching across subjects.

Guidance from the the National Association for the Education of Young Children, a non-profit organization in the U.S., emphasizes that holiday activities should be approached through an anti-bias lens, ensuring they affirm all children’s identities rather than privileging one tradition.

Evidence shows that storytelling circles can support both cultural identity and emotional safety when implemented thoughtfully, through predictable routines and student choice. Trauma-informed classroom frameworks emphasize safety, trust and empowerment as core principles — all of which align with open-ended storytelling prompts.

So, instead of focusing on family-centric tasks, try the following:

  • Make participation voluntary and provide alternative options;

  • Use broad prompts that don’t require family disclosures;

  • Embed predictable routines and emotional safety as recommended by trauma-informed frameworks.

2. A “celebrations wall.”

Mindful of open-ended prompts and children’s emotional safety, create a “celebrations wall” or “seasonal traditions corner” that invites students and families to share images, artifacts or descriptions of winter or year‑end traditions.

These could include religious and cultural festivals such as Hanukkah, Kwanzaa and Lunar New Year.

It could also include personal family traditions such as a special recipe or a trip.

Culturally responsive environments and tasks increase engagement and participation among diverse learners.

Feeling recognized in affirmative ways also strengthens belonging, which relates to motivation and persistence. Practical exemplars from classrooms show how inclusive displays foster voice and connection.

3. Use language that includes everyone.

Language signals who belongs. Replace event names and communications that tie activities to one tradition with neutral, inclusive terms (for example, “winter celebration,” “year‑end gathering”) alongside culturally affirming practices.

Canadian federal guidance provides explicit strategies for inclusive wording that avoids bias across gender, culture, religion and ability. Equity, diversity and inclusion resources align with these practices and emphasize mirroring how people self‑identify. Resources such as Celebrate! An Anti-Bias Guide to Including Holidays in Early Childhood Programs provide practical steps for creating inclusive celebrations.

4. Partner with communities.

Reach beyond school walls. School‑community partnerships bring cultural expertise, resources and authentic experiences into classrooms, and are associated with better attendance, engagement, social‑emotional outcomes and academics.




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This reduces the burden on educators while widening access to experiences that enrich curriculum and affirm diversity.

Examples could include nurturing community partnerships that support Indigenous storytelling, Lunar New Year presentations or settlement supports for refugee children.

A call for active inclusion

Fostering an inclusive environment is an active choice. It means examining inherited structures and building classroom cultures that affirm every student’s sense of self.

By celebrating the many narratives students bring, educators counteract the emotional toll of exclusion, strengthen resilience and equip young people to navigate a pluralistic society with confidence and respect.

The most important message schools can offer during holidays, and year round, is the certainty that every child belongs.

The Conversation

Amina Yousaf does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. School breaks privilege Christmas, and classroom strategies are needed to foster inclusion – https://theconversation.com/school-breaks-privilege-christmas-and-classroom-strategies-are-needed-to-foster-inclusion-271671

Spotify Wrapped reminds us even our leisure time is being surveilled and sold

Source: The Conversation – UK – By John Singleton, Lecturer in Journalism & Global Media Studies, University of Galway

Each year as Spotify Wrapped drops, social media timelines fill with neon slides declaring who we “really” are. We trade our top artists and most-played songs like postcards from a year already fading.

It feels communal, a party game to end the year of listening. But this cheerful ritual shows how deeply surveillance has woven itself into our leisure – and, how readily we accept it. It’s what the social psychologist and philosopher Shoshana Zuboff describes in her book The Age of Surveillance Capitalism the “claiming of human experience as free raw material” for predictive data.

Wrapped does more than reflect our taste. It turns private listening into public connection, and connection into content. What looks like play can instead be seen as work. And what feels like recognition of our uniqueness is a reflection of how well we have conformed to the algorithm.


No one’s 20s and 30s look the same. You might be saving for a mortgage or just struggling to pay rent. You could be swiping dating apps, or trying to understand childcare. No matter your current challenges, our Quarter Life series has articles to share in the group chat, or just to remind you that you’re not alone.

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At first glance, it’s simple. You listen, Spotify counts. Then it wraps those counts in bright colours and confident language, diagnosing who you are, or who the platform imagines you to be.

Wrapped acts as an identity machine: statistics made into self-portrait. You appear as the “indie purist” or “pop maximalist”. But behind the graphics lies the attention economy, turning every pause into data. What looks like a mirror is really a map drawn to lead you back to using Spotify. That map is built from collecting data on your skipping habits, workout playlists and time-of-day listening.

Leisure once stood apart from labour. Datafication – turning everyday behaviour into trackable, monetisable data – is an answer to an old problem: how to profit from free time. Through this perspective, nearly every facet of life now includes some form of labour.

With apps like Spotify, every engagement creates the highly valuable byproduct of data. Every skip or replay generates data that can be traded and sold. Every share is free advertising. Even when we think we’re unwinding, we’re producing value for someone else.

The sociologist David Beer, who researches the role of data in social and cultural life, wrote that his Wrapped “in some ways … feels like a performance review of [his] leisure time”.

Being told you’re in the top 1% of listeners of a certain artist feels like recognition, but that pleasure masks a loss of agency. Beer felt his Wrapped was humouring him and rewarding him for being a “good listener”, which seems like a byword for “worker”.

By telling him how long and “well” he had listened, by informing him he had “found ways to grow”, he felt like it was boosting his sense of self in order to keep him coming back.

It is an effective platform strategy. Wrapped spikes app downloads and engagement each December, with Spotify crediting it as a major driver of growth.

Narrowing your tastes

Another thing to be wary of is how Wrapped and Spotify’s algorithm could be shaping your taste. Research suggests recommendation loops tend to reinforce existing habits rather than expand them, producing what scholars call “taste tautology”.




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Four ways to cultivate a unique taste in music in the age of streaming algorithms


These recommendations – new albums like the ones you love, artists spotlighted who are like your favourites – are presented on the interface so readily or built into the design. For instance, the feature where tracks chosen by the algorithm start playing immediately when the song or album you put on ends. Or “curated” playlists like Discover Weekly – described as “your shortcut to hidden gems, deep cuts, and future faves”.

But the more we click on these curated options and the more data we feed the app about our listening habits the more we teach the algorithm to serve more of the same rather than surprise us.

Engagement becomes affirmation of who we seemingly are as predictions reshape preferences, and the preferences it serves us harden into identity. Research suggests that rather than expanding your taste by introducing you to new tracks and artists, this type of algorithmic recommendation can actually narrow your taste.

What kind of individuality can exist in a system that decides what we see and rewards compliance? This subtle erosion of choice isn’t accidental. Wrapped struggles to capture eclectic or erratic listening, flattening diversity into generic categories that distort more than they reveal.

Posting your Wrapped is a small cultural performance, part taste, part humour, part self-awareness. Friends reply with theirs; brands join in. The ritual doubles as free global marketing. Each share delivers a flicker of pleasure that keeps the attention economy turning, our emotions becoming raw material.

A better use of Wrapped is to treat it as a prompt, not a verdict or refelection. Close the app, follow a friend’s suggestion, watch a band live. Keep some of your taste uncounted. Not because numbers are evil, but because taste is more than what can be measured and you deserve to find something you love off the beaten track.

The Conversation

John Singleton does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Spotify Wrapped reminds us even our leisure time is being surveilled and sold – https://theconversation.com/spotify-wrapped-reminds-us-even-our-leisure-time-is-being-surveilled-and-sold-270119

Canada’s North is warming from the ground up, and our infrastructure isn’t ready

Source: The Conversation – Canada – By Mohammadamin Ahmadfard, Postdoctoral Fellow, Mechanical & Industrial Engineering, Toronto Metropolitan University

On a winter day in Northern Canada, the cold feels absolute. Snow squeaks underfoot and rivers lie silent beneath thick ice. Yet beneath that familiar surface, the ground is quietly accumulating heat.

That hidden warming is destabilizing the frozen foundation on which northern communities depend. Permafrost — the permanently frozen ground that supports homes, roads, airports and fuel tanks across much of Northern Canada — is warming as a result of climate change. The North has warmed roughly three times faster than the global average, a well-documented effect of Arctic amplification — the process causing the Arctic to warm much faster than the global average.

Permafrost does not fail suddenly. Instead, it responds slowly and cumulatively, storing the heat of warm summers year after year. Over time, that heat resurfaces in visible ways: tilted buildings, cracked foundations, slumping roads and buckling runways. Long-term borehole measurements across Northern Canada confirm that permafrost temperatures continue to rise even in places where the ground surface still refreezes each winter.

Communities in the Northwest Territories, Nunavut and the Yukon are already living with these consequences. As permafrost degrades, it undermines housing and transportation corridors and disrupts mobility and land-based activities. The impacts are uneven, with Indigenous communities often facing the greatest exposure and paying the highest costs.

A damaged access road or unstable fuel tank is not just an engineering inconvenience; it can interrupt supply chains, emergency access and daily life. What these patterns reveal is that permafrost thaw is not simply a surface problem. It’s the result of long-term, uneven warming below ground that reshapes soils, water, ice and infrastructure together, often accelerating damage well after climate warming begins.




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Permafrost failure

A map of canada with areas of the north shaded in different colours
A map showing areas of Canada with continuous permafrost (purple) and discontinuous permafrost (blue) and sporadic permafrost (green).
(Natural Resources Canada)

Monitoring and numerical modelling point to a consistent conclusion: permafrost degradation is controlled less by individual warm years than by the long-term balance of heat entering and leaving the ground. Accumulated energy, combined with the large amount of heat required to thaw ice-rich soils, explains why damage often accelerates long after warming begins.

Summer warmth penetrates deeper into the ground than winter cold can fully remove. Snow further reshapes this balance by insulating the ground, especially as a warmer, more moisture-laden atmosphere delivers heavier snow in cold regions, earlier autumn cover, longer spring persistence and uneven accumulation around infrastructure, all of which limit winter heat loss.

Buildings, foundations and buried infrastructure add their own steady sources of warmth. Each input may seem modest on its own. Over decades, their combined effect becomes decisive.

For much of the past century, northern engineering has been designed to keep heat out of frozen ground. Practices such as elevating structures on piles, minimizing ground disturbance and installing passive cooling systems like thermosyphons have proven effective under historically cold conditions. But these approaches depend on long, reliably cold winters. As winters shorten and insulating snow arrives earlier, the benefits of those practices are becoming harder to sustain.




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From blocking heat to managing it

Engineers in Canada have already demonstrated ways to deliberately influence subsurface temperatures. Along northern highways and embankments, ventilated shoulders and air-convection systems have been used to increase winter heat loss from permafrost foundations, measurably cooling the ground beneath key infrastructure. These projects show that underground temperatures can be deliberately managed, not just endured.

More recently, work in the Yukon has shown that sloped thermosyphons installed beneath highway embankments can lower permafrost temperatures and raise the permafrost table, stabilizing ice-rich ground that would otherwise continue to settle. These systems are effective but only as long as winters remain cold enough to drive heat extraction.

Geothermal engineering offers a more adaptable approach. In southern Canada and elsewhere, some buildings already use foundation piles that serve two purposes: structural support and heat exchange. Rather than allowing waste heat to leak passively into surrounding soil, these systems circulate fluid to move heat in or out of the ground as conditions require.

In northern permafrost regions, the same principle could be applied differently. Instead of allowing heat from buildings, pipelines or power systems to migrate downward into thaw-sensitive soils, foundation piles could intercept some of that energy and return it to buildings during winter, when heat demand is highest. In summer, operation would focus on limiting new heat input, preserving seasonal cooling gains.

This is not about turning permafrost into an energy resource. It is about preventing uncontrolled heat leakage, sustaining the very foundations that hold northern infrastructure in place.

Protecting what holds communities together

The implications extend far beyond individual buildings. Roads, airstrips, fuel storage facilities, water treatment plants, power lines and communication systems across Northern Canada all depend on stable ground. Many also introduce persistent sources of warmth through traffic, buried utilities and electrical infrastructure.

As thaw progresses, roads deform, fuel tanks shift and runways become unsafe. A settling airport runway, for example, can ground flights that deliver food, fuel and medical supplies for weeks at a time.

For infrastructure expected to remain in service for 50 years or more, managing subsurface temperature may matter as much as structural design itself. When these systems fail, the effects ripple outward, increasing isolation, raising costs and limiting access to essential services.

Indigenous partnership is essential

The impacts of permafrost thaw are not shared equally. Indigenous communities are often the most exposed, facing disproportionate damage to housing and infrastructure that underpins mobility, food security and access to health and education services.

Many northern communities also remain heavily dependent on diesel for heat and electricity, locking in energy systems that add persistent heat to the ground and raise the long-term cost of maintaining infrastructure.

Any approach to geothermal or ground-temperature management must therefore be developed in genuine partnership with Indigenous governments and residents. Engineering solutions that stabilize the ground while reducing fuel dependence will only succeed if they align with local priorities and support long-term community self-determination.

None of this replaces the need to rapidly reduce greenhouse-gas emissions. No technology can preserve all permafrost under unchecked warming. But in Northern Canada, adaptation is no longer optional.

Research shows that long before damage becomes visible, heat accumulates underground, weakening soils and reshaping landscapes. This is where infrastructure can play a central role, by influencing how heat enters, moves throughout and leaves the ground.

Canada now faces a choice: it can continue building as if frozen ground were static, or it can design for permafrost as what it is: a sensitive thermal system with a long memory. The heat accumulated below ground over decades reflects past decisions. But how much heat we add next, and how carefully we manage it, is a choice.

The Conversation

Mohammadamin Ahmadfard receives funding from the Natural Sciences and Engineering Research Council of Canada and Mitacs Inc. for his postdoctoral research at Toronto Metropolitan University.

Ibrahim Ghalayini receives funding from the Natural Sciences and Engineering Research Council of Canada (NSERC) and Mitacs, and has also been the recipient of academic scholarships in support of his research at Toronto Metropolitan University.

Seth Dworkin does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Canada’s North is warming from the ground up, and our infrastructure isn’t ready – https://theconversation.com/canadas-north-is-warming-from-the-ground-up-and-our-infrastructure-isnt-ready-272005