6-7, parasocial y ‘rage bait’: 2025 en tres palabras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pavel Sidorenko Bautista, Profesor Titular de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Calabaza de Halloween que hace referencia al meme de 6 7. Wikimedia Commons., CC BY

En 2024, “brainrot” (que podemos traducir al español como “podredumbre cerebral”) fue elegida como palabra del año por el Diccionario Oxford. El término pone en evidencia el deterioro mental causado por el consumo excesivo de contenido digital trivial y de baja calidad.

Este año 2025, tres instancias lingüísticas de prestigio, Dictionary.com, Diccionario Cambridge y Diccionario Oxford de inglés, sugieren el paso a una fase más activa y compleja. La “jerga” digital apunta a las tácticas de manipulación emocional (“rage bait”), las ilusiones de intimidad (“parasocial”) y los códigos absurdos de pertenencia (“6-7”) como la radiografía de la cultura actual.

6-7: el código del absurdo

Skrilla, el rapero autor de la canción Doot Doot (6 7).
Aux Cable Label / Wikimedia Commons., CC BY

Dictionary.com seleccionó “6-7” (o simplemente “67”) como su palabra del año. Este término sólo parece tener sentido para la generación alfa (nacidos entre 2010 y 2024). Su origen remite a la canción “Doot Doot (6 7)” del rapero Skrilla y se ha popularizado a través de memes virales en TikTok y YouTube, convirtiéndose en el ejemplo perfecto de la velocidad vertiginosa de la jerga o slang digital.

Lo que destaca de “6-7” no es su definición, sino la ausencia de ésta. A menudo acompañada de un gesto de manos, significa “más o menos”, “quizás esto o aquello”, aunque, a veces, no significa absolutamente nada.

No existe un acuerdo por parte de la generación alfa sobre su significado exacto. Es utilizada, incluso, como elemento de burla o incordio hacia los adultos o profesores.

Dictionary.com la describe como una muestra de “jerga brainrot”, es decir, términos intencionalmente absurdos y sin sentido diseñados para ser remezclados infinitamente, como ya ocurriera con los “Italian brainrots”.

Su uso es una señal de identidad tribal, un “shibboleth” –rasgo de una lengua que indique o ponga de manifiesto el origen social o regional de una persona– digital, generado por la comunidad de usuarios. Esto demuestra que la cultura online valora la conexión y la performance por encima del significado semántico tradicional.

Parasocial: la intimidad artificial

Mientras “6-7” habla de diferencias generacionales, la palabra del año que propone el Diccionario Cambridge, “parasocial”, señala una desesperada búsqueda de reconocimiento.

El término fue acuñado en 1956 para explicar la intimidad ficticia que las audiencias formaban con figuras mediáticas. En 2025, cobra una nueva dimensión al calor de las redes sociales y la inteligencia artificial.

El concepto define una relación unilateral entre una persona anónima y una celebridad o influencer que desconoce el afecto de la primera (fan). Este año, el término se expandió debido a fenómenos como la relación entre Taylor Swift y Travis Kelce, pero también por la cada vez mayor vinculación humana con la inteligencia artificial.

Taylor Swift es una de los famosos que han sido objeto de relaciones parasociales, en las que sus admiradores establecen una relación unilateral de afecto con los primeros.
Wikimedia Commons., CC BY

En el actual ecosistema digital, los usuarios están desarrollando relaciones emocionales con chatbots y compañeros virtuales. Las interacciones digitales con IA y algoritmos está reconfigurando la soledad humana. Es una forma de llenar el vacío social con simulacros que, aunque unilaterales, generan sentimientos genuinos de lealtad y afecto.

Rage bait: la monetización de la ira

Finalmente, el Diccionario Oxford se ha decantado por “rage bait” (en español, algo así como “cebo de ira”) como su palabra del año. Este concepto destaca un cambio fundamental en cómo se capta la atención en internet. Rage bait es la evolución del clickbait (“cebo de clics”) y se refiere a contenido diseñado deliberadamente para provocar indignación, ofensa o ira, con el único fin de aumentar la interacción.

El auge del término evidencia que los algoritmos de las redes y plataformas digitales han aprendido una lección peligrosa: la ira se propaga más rápido y genera más compromiso que la alegría o la neutralidad. Así, el rage bait convierte las emociones negativas en ingresos publicitarios para otros.

Oxford señala que el uso de este término se triplicó en el último año. Su impacto tiene que ver con cómo el algoritmo manipula a los usuarios haciendo que participen en debates polarizantes. Las consecuencias son dejar a la ciudadanía mentalmente exhausta y deteriorar las instituciones y el modelo democrático.

Adaptación a un entorno hostil

Al analizar “6-7”, “parasocial” y “rage bait” en conjunto, surge una fotografía de cómo la esfera digital influye en la sociedad. Estas palabras no son meras curiosidades lingüísticas, sino la prueba de una adaptación conductual a un entorno hostil determinado por la tecnología.

La falta de valores unida a un exceso de información y manipulación hacen que los usuarios más jóvenes respondan con el “6-7” casi de manera irracional. Esta suerte de mecanismo de defensa utiliza el absurdo y el sinsentido (características del brainrot) para crear comunidad sin necesidad de contenido sustancial. Es la respuesta lúdica al agotamiento informativo. Una forma de crear comunidad sin hacer problema de nada concreto.

Asimismo, la reaparición de “parasocial” demuestra que la hiperconexión digital no ha resuelto la soledad básica. Simplemente, la ha redirigido hacia entidades que corresponden los afectos de forma sucedánea. La tecnología permite simular compañía, alterando la capacidad para distinguir entre vínculos reales y transaccionales.

Por último, el dominio del rage bait confirma la vulnerabilidad social a algoritmos que explotan los instintos y conductas más básicas de defensa y agresión. Si el brainrot es el cansancio por el scroll pasivo, el rage bait es la fatiga por la manipulación activa de nuestras emociones.

Las palabras del año 2025 plantean que la cultura digital es un agente activo de la psicología social. Basculando entre el absurdo intraducible, la falsa intimidad y la ira manufacturada, el año 2025 grita que las emociones están siendo hackeadas, reprogramadas, empaquetadas y vendidas. ¿Está el lenguaje cambiando para poner palabras a esto nuevo que nos pasa?

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. 6-7, parasocial y ‘rage bait’: 2025 en tres palabras – https://theconversation.com/6-7-parasocial-y-rage-bait-2025-en-tres-palabras-271228

25 años sin Carlos Cano: no es canción, se llama copla

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Romero Ferrer, Catedrático de Literatura Española, Universidad de Cádiz

Retrato de Carlos Cano. Sony Music

Heredero directo y sin complejos de la copla y el pasodoble, la figura de Carlos Cano supuso un importante punto de inflexión respecto a la tradición de la canción española. Cano apareció justo en unos momentos, los años del tardofranquismo y la transición, donde todo ese mundo musical en blanco y negro destilaba un penetrante olor a nacionalcatolicismo y a una Andalucía de charanga y pandereta.

25 años después de su fallecimiento tenemos la distancia suficiente como para ofrecer una lectura sosegada sobre su significativa aportación a la cultura musical –y literaria– española. Tampoco debemos olvidar el fuerte compromiso social y artístico con los desheredados de la tierra asociado al autor de “Luna de abril”.

Carlos Cano nació a finales de los años 40 en una Granada caciquil anclada al pasado. Lo hizo, además, dentro de una familia muy castigada por el régimen franquista: su abuelo materno fue sentenciado a muerte a principios de la guerra civil, con todo lo que ello implicaba como estigma social.

En ese ambiente de posguerra y restricciones su banda sonora se nutrió, como la de todos los españoles de la época, de la copla y el flamenco. A través de la radio y el cine escuchó “Tatuaje” de Concha Piquer, “El emigrante” de Juanito Valderrama, “Los campanilleros” y los fandangos de La Niña de la Puebla.

Memoria histórica y cultura del exilio

Estas coplas y canciones de orígenes bastante humildes, también de consumo popular, adquirieron con el tiempo un papel esencial en la obra y trayectoria de Carlos Cano, para transformarlas en patrimonio cultural, social y político.

Durante su carrera, el cantante elaboró un interesante juego de complicidades éticas y estéticas muy comprometido con la lucha antifranquista y la defensa del nacionalismo andaluz. Así, reivindicó la copla como una categoría musical autónoma más allá de las manipulaciones, las lecturas y la apropiación interesada y esclerótica que de ella había hecho el régimen franquista. Esta apropiación se había realizado eludiendo los obvios orígenes republicanos del género, así como sus coqueteos con los aires libertinos y la obscenidad del cuplé.

Lo cierto es que la copla se había institucionalizado durante la II República española y fue símbolo de identidad en quienes tuvieron que exiliarse durante la dictadura al otro lado del Atlántico. Muchos de sus letristas y músicos siguieron compartiendo credos republicanos, como el caso de Ramón Perelló, anarquista, afiliado a la CNT y autor de los populares “Mi jaca”, “La bien pagá” y “La falsa monea”.

Cano recuperó letras y músicas de las obras de Perelló, pero no solo. Recogió el testigo de figuras como el polifacético y purgado por el régimen Miguel de Molina, el exiliado Ángel Sampedro Montero, “Angelillo” –uno de los más abiertos defensores de la República–, o el maestro Salvador Valverde –autor de “María de la O”–.

También se hizo eco del trabajo de Agustín Castellón Campos, “Sabicas” –uno de los pilares fundamentales de la guitarra flamenca– y de Encarnación López Júlvez, “La Argentinita”, y su hermana Pilar López –ambas herederas de “La Argentina”–. Nombres que destacan dentro de un amplio elenco de artistas que, tras la guerra civil y la represión franquista, tuvieron que huir al exilio para, en muchos casos, no regresar a España.

Padre musical del andalucismo

En 2025 –el 19 de diciembre– se cumple el 25 aniversario de la muerte de este cronista de su tiempo. Y el 28 de enero de 2026 Cano hubiese cumplido ochenta años como coplero y cantautor granadino estrechamente vinculado a las tierras gaditanas. A ellas les dedicó algunos de sus grandes éxitos, como las “Habaneras de Cádiz”.

Padre musical del andalucismo con su himno “Verde, blanca, verde”, el cantante también musicalizó varias obras de los poetas prohibidos, de Miguel Hernández a Federico García Lorca –Diván de Tamarit: Gacelas y Casidas–. Igualmente, reivindicó la música y las letras de la copla con sus álbumes Cuaderno de coplas, Quédate con la copla y La copla; memoria sentimental.

En ellos interpretó temas republicanos como “¡Ay, Maricruz!” (1934), “Chiclanera” (1936) o “Falsa moneda” (1939), pero también coplas nuevas, como “María la Portuguesa”, o las populares “Habaneras de Sevilla”, con letra de Antonio Burgos. En su obra también merece recordarse su antología personal del género: De lo perdido y otras coplas.

El propio Cano llegó a afirmar que se puso a cantar copla en un momento en que era un género marginal, de homosexuales y franquistas, y que su labor ayudó a normalizar la situación. No obstante, también cultivó otros géneros como el bolero, el fado, el fandango, la murga, el pasodoble o el tango.

Nuevos aires para la copla

Un cuarto de siglo después de su fallecimiento, su legado, siempre en estado latente, vuelve con mucha fuerza gracias a una recodificación contemporánea en donde la tradición dialoga con los ritmos del jazz, el pop, el rock, el rap o la electrónica.

Así sucede, por ejemplo, con el pasodoble de Genaro Monreal, Camilo Murillo y Francisco Naranjo, “Campanera” (1953) dentro de la canción “Demasiadas mujeres”, de C. Tangana. En otro orden, también se está llevando a cabo la recuperación del repertorio histórico para públicos desconocidos gracias a voces como Pasión Vega –Pasión por Cano–, Diana Navarro, o los talent shows de copla como La bien cantá.

En todas estas realidades de la copla, hoy se siente el magisterio y compromiso de Cano, de la literatura a la música y de la música a la conciencia andaluza, de acuerdo con un pueblo y una cultura con una fuerte marca de identidad.

The Conversation

Trabajo de divulgación científica de los proyectos: La copla. Género literario, musical y escénico. De la Segunda República al franquismo (1931-1975) (COPLALIT), ref. PID2023-146552NB-I00, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE; La Copla: una cartografía cultural y patrimonial de Andalucía», ref. FEDER-UCA-2024-A2-54, financiado por el Programa Operativo FEDER Andalucía 2021-2027; y El exilio artístico de la copla: de La Argentinita a Miguel de Molina (COPLAEXIL), Nº Exped. 0215-AV-2025. Subvenciones destinadas a actividades relacionadas con la recuperación de la Memoria Democrática y las víctimas de la Guerra Civil y de la Dictadura. Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, 2025.

ref. 25 años sin Carlos Cano: no es canción, se llama copla – https://theconversation.com/25-anos-sin-carlos-cano-no-es-cancion-se-llama-copla-272276

Miami’s new mayor faces a housing affordability crisis, city charter reform and a shrinking budget

Source: The Conversation – USA – By Sean Foreman, Adjunct Professor of Political Science, Barry University

Miami Mayor-elect Eileen Higgins speaks to supporters as she celebrates her victory on Dec. 9, 2025. Joe Raedle/Getty Images via Getty Images North America

After its first competitive mayoral election in 20 years, the city of Miami has a new mayor: former Miami-Dade County commissioner Eileen Higgins.

During the heated campaign, both national political parties were active in organizing voters and providing resources. Many high-profile politicians weighed in with endorsements and visits. Notably, Republicans President Donald Trump and Gov. Ron DeSantis endorsed Higgins’ opponent, Emilio Gonzalez. Meanwhile, Democrats Ruben Gallego – a senator from Arizona – and former Transportation Secretary Pete Buttigieg supported Higgins.

Still, Miami’s mayoralty is officially a nonpartisan position. And as the saying goes, there are no Democratic or Republican potholes; they are all of local concern.

I’m a political scientist with a particular interest in local government, and I’ve lived in the Greater Miami area for 30 years.

So what are the “potholes” confronting Miami’s new mayor?

Civility on the dais

Former Mayor Francis Suarez has a charismatic persona, but was not a forceful presence on the dais. During his tenure, City Commission meetings turned into spectacles, with shouting matches, name-calling,
and allegations of corruption.

Higgins, a bilingual, soft-spoken policy wonk, has promised to set a new tone, leading with civility and compassion. The day after the election, she reiterated that promise: “The era of commissioners yelling at one another and threatening to punch one another is going to stop.”

Affordable housing

Affordability and the cost of living were the major substantive campaign issues, with the cost of housing topping the list.

For the second year in a row, the financial services firm UBS lists Miami as the city at highest risk for a housing bubble. Another study ranked the Miami metro area as the least affordable housing market nationally.

Skyscrapers in Miami, with a couple of cranes working in the background.
A lot of the city’s recent growth has occurred in the form of new high-rise condos, which are unaffordable on a working-class salary.
Joe Raedle/Getty Images News via Getty Images North America

The good news: This rise in price appears to be fueled by a strong employment market. But the shortage of housing priced for middle- and working-class families is unsustainable.

While housing supply and prices are largely determined by market forces, government officials can set conditions to promote targeted investments. Higgins has suggested forming a city-run housing trust fund, similar to Miami-Dade County. She has also proposed dedicating city-owned land to affordable housing projects and reforming the city’s permit process.

Charter reform

Charter reform issues, including moving city elections from odd to even years to align with national elections, are on the agenda. Though a court deemed the City Commission’s attempt to move this year’s election invalid, Higgins said she supports moving the election date, pledging to cut her term short to facilitate. This change would require commissioners to hold a referendum and voters to support it.

There also is a debate about changing the size of the City Commission from five to seven or nine commissioners. Higgins supported this idea, noting that other Florida cities the size of Miami have larger commissions. This charter change would also require voter approval, but needs the commission to act or for citizens to initiate the process. The mayor’s role would be to advocate for the need for greater representation of neighborhoods and government responsiveness.

Immigration enforcement

In a city where nearly 60% of the population is foreign-born, immigration issues loom large.

In June 2025, after a contentious meeting, the commission voted 3-2 to approve a 287(g) agreement with Immigration and Customs Enforcement, or ICE, to aid Trump’s enforcement measures.

While Higgins cannot remove the city from the agreement, she plans to minimize Miami’s involvement with immigration enforcement. “There’s no reason in the city of Miami that our police department should be in the job of federal immigration enforcement,” she told the press.

City finances

Municipal budgets have been squeezed by state policies and state Department of Government Efficiency efforts. Recent federal cuts to social service and transportation grants have exacerbated the problem.

Now, state leaders are proposing to eliminate property taxes in 2026, further straining local coffers. Public spending will need to be reduced, or revenues replaced. The mayor makes budget proposals, but it is commissioners who approve them. Higgins will need to lead through persuasion and clear explanations.

The Conversation

Sean Foreman does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Miami’s new mayor faces a housing affordability crisis, city charter reform and a shrinking budget – https://theconversation.com/miamis-new-mayor-faces-a-housing-affordability-crisis-city-charter-reform-and-a-shrinking-budget-269480

Ces pointes de flèches prouvent-elles la présence d’Homo Sapiens au cœur de l’Eurasie il y a 80 000 ans ?

Source: The Conversation – France in French (2) – By Hugues Plisson, archéologue spécialisé en tracéologie (reconstitution de la fonction des outils préhistoriques par l’analyse de leurs usures), Université de Bordeaux

Des pointes de flèche retrouvées en Asie centrale. Malvina Baumann, Fourni par l’auteur

De minuscules pointes de projectile triangulaires ont été identifiées à partir de leurs fractures d’impact dans les plus anciennes couches d’occupation du site d’Obi-Rakhmat en Ouzbékistan, vieilles de 80 000 ans. Elles ont la dimension de pointes de flèches et sont identiques à celles découvertes dans une couche beaucoup plus récente d’un site de la vallée du Rhône, en France, à la toute fin du Paléolithique moyen, correspondant à une incursion d’Homo Sapiens en territoire néanderthalien il y a 54 000 ans. Cette nouvelle étude, publiée dans la revue « PLOS One », apporte un argument décisif pour la réécriture du scénario de l’arrivée d’Homo Sapiens en Europe.


Développés en Europe occidentale et plus particulièrement en France à partir de la seconde moitié du XIXe siècle, les cadres chrono-culturels et anthropologiques de la Préhistoire et les modèles évolutifs qu’ils inspirèrent furent d’abord linéaires et européocentrés : Cro-Magnon descendant de Néanderthal posait les fondements d’une supériorité civilisationnelle dont se prévalait alors cette partie du monde. Ce n’est qu’un siècle plus tard que sera mise en évidence l’origine africaine d’Homo Sapiens et des traits technologiques et sociaux structurants du Paléolithique supérieur occidental, de ~ 45 000 à 12 000 ans avant le présent (productions symboliques, réseaux à grande distance, outillages et armements lithiques et osseux diversifiés).

Les plus anciennes évidences de présence d’Homo Sapiens en Australie vers 65 000 ans précèdent de 10 millénaires celles de l’Europe dont les modalités du peuplement demeurent sujet de discussion. À ce jour, le calage chronologique des toutes premières occupations européennes du Paléolithique supérieur par rapport à celles de l’est du bassin méditerranéen, pourtant regardées comme les plus proches, demeure insatisfaisant. Soit les données sont issues de fouilles trop anciennes pour avoir été suffisamment précises, soit elles ne s’inscrivent pas dans la filiation directe supposée entre le Levant et l’Europe. Les racines mêmes du Paléolithique supérieur initial levantin, malgré la proximité africaine, sont incertaines. Une origine centre asiatique, a été suggérée par l’archéologue Ludovic Slimak en 2023.

Un site en Asie centrale

Vue depuis l’abri d’Obi-Rakhmat sur l’extrémité du Tien Shan.
Fourni par l’auteur

Corridor entre l’ouest et l’est du continent ou zone refuge, selon les phases climatiques, l’Asie centrale n’est encore documentée que par quelques sites paléolithiques, mais qui sont autant de références de l’histoire de la Préhistoire.

Parmi ceux-ci figure l’abri sous roche d’Obi-Rakhmat en Ouzbékistan découvert en 1962. Ce gisement livre sur 10 mètres de stratigraphie, entre 80 000 et 40 000 ans, une industrie lithique qui par certains traits s’inscrit clairement dans la continuité du Paléolithique moyen ancien du Levant mais par d’autres fut rapprochée du Paléolithique supérieur initial. Ce Paléolithique moyen ancien du Levant, associé dans le site de Misliya à de l’Homo Sapiens archaïque, disparut du Proche-Orient vers 100 000 ans. À Obi-Rakhmat, les restes crâniens d’un enfant trouvés dans une couche à ~ 70 000 ans, présentent des caractères regardés comme néanderthaliens et d’autres comme anatomiquement modernes, combinaison pouvant résulter d’une hybridation.

Lames massives mais pointes microlithiques

Éléments de l’industrie lithique de la couche 21 d’Obi-Rakhmat : lames brutes (1-2), grande lame retouchée (3), lames retouchées en pointe (4-5), pointes retouchées impactées (6-8), micro pointe Levallois brute (9), micro-pointes brutes impactées (10-11).
Fourni par l’auteur

C’est dans ce contexte que notre équipe internationale, dirigée par Andrei I. Krivoshapkin, a identifié dans les couches les plus anciennes de minuscules pointes de projectiles triangulaires. Mesurant moins de 2 cm de large et ne pesant que quelques grammes, elles sont impropres par leurs dimensions et leur fragilité à avoir été montées sur des hampes de lances. Leur étroitesse correspond au diamètre (inférieur ou égal à 8 mm) des hampes documentées ethnographiquement sur tous les continents pour les flèches tirées à l’arc droit.

Deux micro-pointes brutes de la couche 21 du site d’Obi-Rakhmat, l’une intacte, l’autre brisée et rayée par son usage en armature de projectile. L’allumette matérialise leur minuscule dimension.
Fourni par l’auteur

Question de balistique

Les armes perforantes projetées constituent des systèmes complexes dont les éléments ne sont pas interchangeables d’un type d’arme à l’autre, car répondant à des contraintes différentes en intensité et en nature.

L’importante force d’impact des lances tenues ou lancées à la main fait de la robustesse de l’arme un paramètre essentiel, aussi bien en termes d’efficacité que de survie du chasseur, la masse assurant à la fois cette robustesse, la force d’impact et la pénétration. À l’opposé, la pénétration des traits légers tirés à grande distance repose sur leur acuité, car l’énergie cinétique, beaucoup plus faible, procède là essentiellement de leur vitesse, laquelle, à la différence de la masse, décroit très rapidement sur la trajectoire et dans la cible. Cette vitesse ne pouvant être atteinte par la seule extension du bras humain, elle est obligatoirement tributaire de l’emploi d’un instrument de lancer. Les pointes de flèche et celles de lances ou de javelines ne sont donc pas conçues selon les mêmes critères et ne se montent pas sur les même hampes, les dimensions et le degré d’élasticité desquelles sont par ailleurs essentiels en terme balistique. Ainsi, comme en paléontologie où la forme d’une dent révèle le type d’alimentation et suggère le mode de locomotion, les caractéristiques d’une armature fournissent des indices sur le type d’arme dont elle est l’élément vulnérant.

Un armement propre à Sapiens ?

Le minuscule gabarit des pointes d’Obi-Rakhmat ne peut être regardé comme un choix par défaut, car non seulement la matière première lithique de bonne qualité dont on a tiré de grandes lames ne manque pas à proximité du site, mais l’inventaire des traces d’usage relevées à la loupe binoculaire et au microscope met en évidence au sein du même assemblage des pointes retouchées beaucoup plus robustes (15 à 20 fois plus lourdes et 3 à 4 fois plus épaisses) et du gabarit des têtes de lance ou de javeline.

En retournant à la bibliographie et à nos propres travaux sur des outillages du Paléolithique moyen, nous avons constaté que la présence dans un même ensemble d’armatures de divers types, pour partie microlithiques et produites à cette fin, n’était à ce jour connue que dans les sites à Homo Sapiens. Les plus anciennes occurrences documentées sont en Afrique du Sud dans les couches culturelles Pre-Still Bay (plus de 77 000 ans) et postérieures du gisement de Sibudu. Dans l’univers néanderthalien, les pointes lithiques endommagées par un usage en armature de projectile sont rares, elles sont de fort gabarit et ne se distinguent ni par leurs dimensions, leur facture ou leur type de celles employées à d’autres activités que la chasse, telles que la collecte de végétaux ou la boucherie. Cette distinction dans la conception des outillages et des armements prend valeur de marqueur anthropologique.

Pointes levallois du site d’Um el-Tlel en Syrie, Paléolithique Moyen récent levantin attribué à Néanderthal. De gauche à droite : reconstitution graphique à partir d’un fragment planté dans une vertèbre d’âne, lame de couteau à plante, lame de couteau de boucherie. Ces pointes polyvalentes sont 2 à 3 fois plus larges que les micro-pointes d’Obi-Rakhmat.
Fourni par l’auteur

En raison de leurs dates respectives, de la distance entre l’Afrique du sud et l’Asie centrale (14 000 km) et de la différence de facture des armatures d’Obi-Rakhmat et de Sibudu (lithique brut de débitage vs lithique façonné ou retouché, osseux façonné), l’hypothèse de foyers d’invention indépendants est la plus vraisemblable.

Des piémonts du Tien Shan à la vallée du Rhône 25 000 plus tard

La seule forme d’armature miniature de projectile identique actuellement connue est beaucoup plus récente. Elle fut découverte par Laure Metz, sur le site de Mandrin, en vallée du Rhône en France, qui livra aussi une dent de lait d’Homo Sapiens déterminée par Clément Zanolli. L’ensemble est daté d’environ 54 000 ans, soit une dizaine de milliers d’années avant la disparition des Néanderthaliens locaux. La similitude des micro-pointes d’Obi-Rakhmat et de Mandrin, pourtant séparées par plus de 6 000 km et 25 millénaires, est telle que les unes et les autres pourraient être interchangées sans qu’aucun autre détail que la roche ne trahisse la substitution.

Similitude des micro-pointes d’Obi-Rakhmat et de Mandrin brisées par leur usage en armature de projectile. La localisation et l’extension de leur fracture (surlignement en rouge et en bleu et détail macroscopique) signent l’impact axial.
Fourni par l’auteur

Des travaux récents publiés par Leonardo Vallini et Stéphane Mazières définissent le Plateau perse, à la périphérie nord-est duquel est situé Obi-Rakhmat, comme un concentrateur de population où les ancêtres de tous les non-Africains actuels vécurent entre les premières phases de l’expansion hors d’Afrique – donc bien avant le Paléolithique supérieur – et la colonisation plus large de l’Eurasie. Cet environnement riche en ressources pourrait avoir constitué une zone de refuge propice à une régénération démographique après le goulet d’étranglement génétique de la sortie d’Afrique, à l’interaction entre les groupes et par conséquent aux innovations techniques.

De part et d’autre du plateau perse (encadré orange), identifié génétiquement comme une aire refuge de concentration et développement démographique des Homo Sapiens sortis d’Afrique, Obi-Rakhmat et Mandrin ont en commun, à 25 000 ans et 6 000 km de distance, les mêmes micro-pointes de projectile.
Fourni par l’auteur

Mandrin et Obi-Rakhmat représentent probablement deux extrémités géographiques et temporelles d’une phase pionnière de peuplement telle qu’entrevue par Ludovic Slimak, marquée par ce que les typologues qualifiaient jadis de fossile directeur et qui ici recouvrirait la propagation d’une invention fondamentale propre à Homo Sapiens. Jusqu’à présent passées inaperçues parce que brutes de débitage, minuscules et fragmentaires, il est à parier que les micro-pointes de projectile dont les critères de reconnaissance sont maintenant posés commenceront à apparaître dans des sites intermédiaires entre l’Asie centrale et la Méditerranée occidentale.

Prémisses d’un nouveau scénario du peuplement occidental d’Homo Sapiens

Cette découverte est stimulante à plusieurs titres. Elle valide la cohérence de l’étude du site de Mandrin qui concluait à une brève incursion en territoire néanderthalien de Sapiens armés d’arcs, mais dont plusieurs éléments avaient été critiqués – ce qui est cependant le jeu scientifique habituel lorsqu’une proposition nouvelle s’écarte par trop des connaissances admises – et dont la dimension prédictive n’avait alors pas été considérée.

La similitude des micro-pointes de Mandrin et d’Obi-Rakhmat ne peut être une simple coïncidence. Elle ne porte pas seulement sur leur forme, mais aussi sur leur mode de fabrication, qui requière un réel savoir-faire comme en témoigne la préparation minutieuse de leur plan de frappe avant débitage, et sur leur fonctionnement. On pourra débattre de l’instrument approprié au tir de flèche armées de si minuscules armatures, l’arc étant en filigrane, ou si l’on préfère garder une certaine réserve ne parler que de tir instrumenté, mais cela contraste déjà avec ce que l’on connait des armes de chasse de Néanderthal et de leur conception.

L’autre aspect remarquable, encore peu habituel, est la convergence et la complémentarité de données provenant de la culture matérielle et de la mémoire de nos gènes, qui ne purent s’influencer au regard des dates d’étude et de publication respectives. Les deux conjuguées esquissent la réécriture du scénario de l’arrivée d’Homo Sapiens en Europe : on le pensait venu directement d’Afrique par le chemin le plus court, il y a 45 000 ans, et on le découvre implanté depuis fort longtemps au cœur du continent eurasiatique, bien avant qu’il n’en sorte en quête de nouveaux territoires.

The Conversation

Plisson Hugues a reçu des financements du CNRS et de l’université de Bordeaux

Andrey I. Krivoshapkin ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Ces pointes de flèches prouvent-elles la présence d’Homo Sapiens au cœur de l’Eurasie il y a 80 000 ans ? – https://theconversation.com/ces-pointes-de-fleches-prouvent-elles-la-presence-dhomo-sapiens-au-coeur-de-leurasie-il-y-a-80-000-ans-267375

La transition verte, un contrat social à réinventer

Source: The Conversation – in French – By Rawane Yasser, Researcher, Agence Française de Développement (AFD)

Parmi les mesures destinées à atténuer les effets du changement climatique, les politiques fiscales et sociales jouent un rôle central pour garantir une transition écologique équitable. Cela suppose toutefois de prendre en compte les différences de situation et les vulnérabilités propres aux différents groupes sociaux. Des études menées en 2024 par des chercheuses et chercheurs de l’AFD en partenariat avec des universités en Afrique du Sud, en Colombie et au Mexique ont évalué ces dispositifs. Leurs conclusions apportent des pistes concrètes pour que les politiques sociales et fiscales accompagnent efficacement les transitions écologiques non seulement sans accroître les inégalités, mais également en contribuant activement à les réduire.


Le changement climatique constitue sans aucun doute le défi le plus important auquel l’humanité est confrontée.

En menaçant les progrès en termes de réduction de la pauvreté, d’amélioration des conditions de travail et de développement durable, il rend d’autant plus urgents les efforts visant à atténuer ses effets. Cependant, il devient également essentiel d’intégrer les questions d’équité dans les discussions, car les impacts du changement climatique ne sont pas répartis de manière uniforme.

Les transitions écologiques, conçues pour répondre à la crise climatique en évoluant vers un modèle de développement résilient et durable, impliquent de transformer en profondeur nos économies et nos modes de production pour les rendre plus durables. Cependant, ces transitions, pouvant provoquer des chocs socio-économiques et des pertes d’emploi, risquent de creuser les inégalités à travers un impact négatif disproportionné sur les plus vulnérables si la justice n’en constitue pas le socle. Elles sont avant tout un choix de société qui repose sur la répartition des coûts, des opportunités et des protections face aux changements à venir. D’où l’urgence de faire des transitions écologiques des transitions justes.

C’est dans cette perspective que le rôle des politiques sociales et fiscales devient essentiel. Elles doivent être repensées pour construire un contrat social plus équitable qui sera capable de répondre à l’aggravation des inégalités et d’accompagner les changements qu’impliquent les transitions écologiques.

Dans une synthèse des travaux récents menés avec nos partenaires, nous avons analysé comment les politiques sociales et fiscales peuvent être à la fois un facteur d’atténuation des risques de la transition, mais aussi un levier de transformation sociale.

Le cœur de notre analyse est que les transitions écologiques doivent se structurer autour de deux piliers fondamentaux : ne laisser personne de côté et répartir équitablement les coûts et les bénéfices.

Pour ce faire, nous proposons des éclairages et des outils pratiques pour rendre cette équité opérationnelle et concilier objectifs climatiques et sociaux, en mobilisant des exemples de l’Afrique du Sud, du Mexique et de la Colombie.

Nous prenons la transition juste comme point de départ, car elle est de plus en plus reconnue comme le cadre de référence pour la construction d’économies durables. Cette approche met l’accent sur la dimension sociale de la transition écologique et énergétique et souligne la nécessité de garantir les moyens de subsistance des personnes affectées négativement par cette transition. Elle prône une transition inclusive vers une économie sobre en carbone et durable, qui ne laisse personne de côté.

Quels effets des transitions écologiques sur les inégalités ?

Cette approche juste est indispensable en raison des effets potentiellement inégaux des politiques de transitions sur les différents groupes sociaux. La transformation structurelle qu’implique la transition écologique crée à la fois des opportunités et des vulnérabilités, et risque d’exacerber les inégalités existantes. Certains travailleurs seront en mesure de s’adapter et bénéficier des nouvelles technologies bas-carbone, d’autres risquent d’être laissés pour compte.

Certains groupes de la population sont particulièrement exposés à ces risques.

Un travail de recherche mené en Colombie constate que les femmes, les personnes issues d’une formation technique et les travailleurs informels ont moins de chance de pouvoir occuper des « emplois verts », c’est-à-dire des emplois qui contribuent à protéger les écosystèmes et la biodiversité ; réduire la consommation d’énergie, de matériaux et d’eau ou encore de diminuer l’intensité carbone de l’économie.

Introduire des instruments fiscaux – taxes énergétiques, réformes de subventions – peut également produire des effets inégalitaires lorsqu’ils ne sont pas accompagnés de mécanismes de redistribution. Le cas d’une taxe sur les carburants au Mexique le démontre : les ménages à faibles revenus consacrent une part plus importante de leurs revenus à leurs besoins énergétiques, ont une capacité d’adaptation limitée, et sont particulièrement vulnérables aux politiques de transition inéquitables.

Une approche juste des transitions vertes, qui prend en compte ces vulnérabilités, devient donc essentielle. Mais comment traduire efficacement ces principes en politiques sociales et fiscales ?

Quelles politiques sociales pour soutenir une transition juste ?

Pour éviter que les transitions écologiques accentuent les inégalités, nos recherches ont conclu que les politiques sociales doivent soutenir les personnes les plus exposées en identifiant les groupes à risque.

Une étude réalisée sur le secteur minier du charbon en Afrique du Sud établit le profil des travailleurs qui risquent une perte d’emploi suite à une transition énergétique : près de 80 % de ces travailleurs sont des jeunes (entre 15 et 35 ans) employés dans la province de Mpumalanga, au nord-est du pays. Par ailleurs, dans le Mpumalanga, le taux de personnes ni en emploi, ni en études, ni en formation (NEET) s’élève à 45,9 % en 2023 chez les jeunes avec de fortes disparités en termes de genre.

Ces données désagrégées sont importantes car elles permettent d’orienter des politiques ciblées et adaptées aux vulnérabilités spécifiques des différents groupes, ici les jeunes et les femmes. Parmi ces politiques, les priorités les plus urgentes visent à faciliter la transition des jeunes à faibles revenus vers des emplois verts, ainsi que la mise en place des mesures renforçant l’économie des soins (petite enfance, soutien aux familles), pour lutter contre les obstacles limitant la participation des femmes au marché du travail tout en créant des opportunités d’emploi et de la diversification économique.

Le travail de recherche sur les politiques de transitions justes appliquées au secteur minier en Afrique du Sud propose des mesures de protection sociale (aide ponctuelle au revenu, aide à la mobilité, formations et options de retraite anticipée) adaptées aux cohortes spécifiques de travailleurs déplacés en fonction de leur âge et de leurs compétences.

Pour être efficaces, les politiques sociales doivent également investir dans des compétences adaptées aux secteurs émergents (carburants durables, services aux entreprises). Les stratégies de formation doivent aller au-delà des savoir-faire génériques pour privilégier des parcours vers l’emploi, notamment dans les zones fortement dépendantes du charbon comme Nkangala en Afrique du Sud.

L’étude de l’écosystème de compétences des micros, petites et moyennes entreprises révèle des biais structurels des politiques et stratégies actuelles de transition en faveur des grandes entreprises. Des formations spécifiques conçues avec les entreprises pourront également garantir une adéquation avec la demande réelle du marché du travail.

Quelles politiques fiscales pour financer une transition équitable ?

Réorienter les subventions énergétiques pour créer de l’espace fiscal est un premier levier pour une transition juste. Les rediriger vers des investissements verts ciblés socialement – en particulier pour les ménages à faible revenu – élargis à la fois l’espace fiscal et améliore l’équité de la transition. C’est ce que montre les travaux de recherche au Mexique qui proposent de réallouer les subventions à l’électrique vers l’installation de panneaux solaires dans des municipalités stratégiques. Cette reconfiguration des flux financiers permettra de générer une part d’électricité entre 6,9 % et 9,2 % de la consommation régionale totale sans construction de nouvelles centrales et bénéficierait directement aux ménages.

Au-delà des réallocations des ressources existantes, une transition juste nécessite la mobilisation de nouvelles recettes d’une manière progressive et durable. Sans mesures compensatoires adéquates, la fiscalité environnementale risque d’accroître les inégalités. Au Mexique, l’effet régressif d’une taxe sur les carburants a été démontré. Un transfert universel pur serait un mécanisme efficace pour compenser ces effets régressifs. Ça consiste en un montant égal par habitant et inconditionnel pour l’ensemble de la population.

Au-delà des outils et des mesures techniques, ces travaux démontrent la nécessité de repenser notre contrat social. Une transition écologique juste ne se résume pas à corriger des effets indésirables : elle doit redéfinir la manière dont nos sociétés répartissent l’effort, la protection et les opportunités. Les travaux de l’Institut de recherche des Nations unies pour le développement social (UNRISD) rappellent d’ailleurs que sans un nouveau pacte social, fondé sur la justice et la redistribution, les transitions risquent de renforcer les fractures existantes.

Reconnaître que certains supporteront davantage les coûts de la transition – parce que leur emploi, leur territoire ou leurs conditions de vie les exposent plus fortement – est un point de départ essentiel. Dans un contexte de polarisation croissante, remettre la solidarité au centre est indispensable : elle seule permet de maintenir l’adhésion collective face aux transformations à venir.

Une transition juste suppose donc d’assumer collectivement ces asymétries et d’organiser une solidarité réelle : entre générations, entre territoires, entre groupes sociaux. C’est ce qui permettra à la transition verte d’être non seulement possible, mais aussi légitime et durable.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. La transition verte, un contrat social à réinventer – https://theconversation.com/la-transition-verte-un-contrat-social-a-reinventer-270843

Universities’ work towards Indigenous identity policies signal difficult conversations

Source: The Conversation – Canada – By Frank Deer, Professor, Faculty of Education, University of Manitoba

In recent years, members of the Canadian public have witnessed the misrepresentation of Indigenous identities.

Recently, we learned that University of Guelph professor emeritus Thomas King is not Indigenous. The highly regarded author of literary works such as The Inconvenient Indian: A Curious Account of Native People in North America and The Back of the Turtle captured the imagination of readers interested in Indigenous experiences.

Both non-Indigenous readers, either less or more familiar with Indigenous lives, and Indigenous readers trusted and respected King. Many of us revered him.

In King, we had a source of literary representation that informed knowledge of the Indigenous experience, and inspired curiosity about who Indigenous people are — and how we might understand “their” or “our” knowledge, histories and experiences.

King’s situation is yet another in a queue of high-profile individuals such as Buffy Sainte-Marie, Carrie Bourassa and Vianne Timmons who have made dubious claims about Indigenous identities.




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Some Canadian universities have begun to develop policies to address erroneous claims to indigeneity. Some have already been affected by the fallout of such cases, while others wish to mitigate potential problems of misrepresentation.

Our respective research interests are in Indigenous education related to Indigenous identity and languages and interdisciplinary research related to intersectional justice, decolonization and equity.

We are both “Status Indian,” who consider ourselves to have connections to our respective communities, in Kanienkeha’ka (Frank) and Wendat (Annie) territories. In our own cases, and many others, these connections are also made complicated by migration, work/life changes and relationships.

Universities address Indigenous identity

Many universities are attempting to develop appropriate policies for Indigenous identity verification that will address and possibly prevent false claims to Indigenous identity.

For example, community consultations at the University of Manitoba and working groups at the University of Winnipeg have provided some valuable input into the problem of false claims of Indigenous identity and potential approaches to address them.

The University of Montréal is also in the process of developing a policy on Indigenous self-declaration, although it has not yet been formally adopted.

While there are many aspects to take into consideration, policies may vary from one institution or community to another. Yet across contexts, policy development about Indigenous identity will often lead to difficult conversations.

Indentity is personal and complex

As such policies emerge, it ought to be acknowledged that Indigenous identity is profoundly personal and complex. For instance, some Indigenous people may lack connections due to the Sixties Scoop phenomenon.




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Viewing the complexities that may exist when considering an individual’s Indigenous identity as “challenges” might adversely affect our orientations toward the exercise.

Fundamentally, the constituent elements of one’s Indigenous identity ought to be treated charitably. This approach should not be understood as a dismissal of the problems experienced when one misrepresents their identity as being Indigenous. The concern here is the impact that such dialogue has upon Indigenous people and Peoples at large.

Rights of individuals, nations

We acknowledge the prevailing notion that claims of Indigenous identity ought to be consistent with the rights of nations: this has become an important concern for how Indigenous Peoples understand membership in their communities.

The current prevailing view among many is that some sort of national affiliation is central to any personal declaration to Indigenous identity.

Many academics have expressed confidence in the notion that Indigenous communities are in the best positions to determine how Indigenous identity may be understood in their respective communal or national contexts.

It is also important to include the rights of individuals in the conversation on Indigenous identity. This reflects what is contained in Article 33 of the United Nations Declaration on the Rights of Indigenous Peoples which affirms Indigenous peoples’ right to define their own identity and membership based on their customs and traditions.

Although connections to Indigenous communities are regarded as essential to claims of Indigenous identity, many Indigenous people may not be connected to their community.

Thus, claims to indigeneity made by those without such apparent connections must be considered carefully.

Non-material harms of false claims

While prospective policies around Indigenous identity are developed to regulate situations that would lead a person to make a false claim for material benefits — like access to funding or Indigenous-specific hiring — we believe that non-material impacts, such as community well-being and trust, should also be considered.

False declarations unquestionably impact the person and, sometimes, the reputation of the institution. These also also harm other groups like Indigenous academics, and wider research communities, through division and the erosion of confidence.

Impacts of misrepresentation

Although the Tribal Alliance Against Frauds highlighted the dubiousness of King’s claims to indigeneity, King has owned up publicly to his misrepresentation.

In an essay in The Globe and Mail, King shared what he had learned of his non-Cherokee ancestry, family stories shared about his darker skin, as well as the impacts that his misrepresentation has had on others.

Perhaps we can be charitable to a man who has learned about himself, set the record straight and contributed to a difficult conversation.

The Conversation

Frank Deer receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

Annie Pullen Sansfaçon receives funding from the Canada Research Chair Program. She is member of the National Indigenous University Senior Leaders’ Association (NIUSLA)

ref. Universities’ work towards Indigenous identity policies signal difficult conversations – https://theconversation.com/universities-work-towards-indigenous-identity-policies-signal-difficult-conversations-271074

Sex, jazz, liquor and gambling: How Montréal’s nightlife shifted in the mid-20th century

Source: The Conversation – Canada – By Matthieu Caron, Postdoctoral Fellow, Department of History, Simon Fraser University

Montréal street at night, 1963-1967. (BiblioArchives /LibraryArchives/4943640/Flickr), CC BY

The history of Montréal’s night-time regulation reveals how managing nightlife expanded police power and budgets — and how burdensome effects of these changes fell disproportionately on sex workers, the queer community and hospitality industry workers.

For much of the first half of the 20th century, Montréal built a reputation as a North American nightlife capital. Tourists sought out cabarets, jazz clubs and after-hours bars, and moved through the red-light district where sex, gambling and liquor were openly available.

This permissiveness relied on a well-understood but illicit arrangement: police officers, politicians, madams, taxi drivers, performing artists and business owners all participated in a protected nighttime economy.

By the mid-1950s, however, this tolerance became the starting point for one of the largest expansions of police authority in Canadian urban history.

As I examine in my book Montreal After Dark: Nighttime Regulation and the Pursuit of a Global City, Montréal’s political leadership came to see nightlife control not as a marginal issue but as a central measure of civic order and modernity. And that shift transformed the police force.

When night became a policing problem

In the 1940s, the Montréal Police Department was already stretched thin. Officers enforced wartime blackouts, guarded industrial sites and cracked down on sexually transmitted infections among soldiers and civilians.

The Morality Squad (“Escouade de la moralité”) — enlarged during wartime fears over delinquency — patrolled theatres, bars, parks and known queer or youth meeting places.

Young women were frequently arrested for “immoral” behaviour, while queer men faced entrapment and harassment. In this, Montréal’s squad resembled its North American counterparts, variously labelled vice squads — or, in Toronto’s case, the Morality Department, disbanded in the 1930s.

Pursuing a new urban order

Pacifique “Pax” Plante, a city prosecutor, took over the Morality Squad at this time.

He insisted that officers apply laws long ignored, raiding brothels, gambling houses and nightclubs that had operated under longstanding police protection. His crusade threatened the partnerships that sustained Montréal’s nighttime economy, and this led to his dismissal in 1948.




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But the damage had been done; his campaign pushed the city into the 1950–53 Caron Inquiry, which laid bare a police force deeply entangled in the very nightlife it was meant to regulate.

Cleaning up the city required more than moral zeal. Reformers pursued a new urban order which led to hiring, retraining, centralizing authority and expanding the budget. Nightlife policing became one of the clearest justifications for growth.

Building a modern police force

Two men in black robes with white ties in a black and white photo.
Pacifique Plante, on the right, with Jean Drapeau, left, who served as Montréal mayor between 1954–57 and 1960–86.
(WikiMedia/Le Mémorial du Québec)

After the inquiry, Jean Drapeau’s Civic Action League won the 1954 municipal election on a promise to restore honesty and order. But doing so required rebuilding the police. At mid-century, the force was large but demoralized, discredited by scandal and mistrusted by residents.

Throughout the 1950s and 1960s, the city invested heavily in police professionalization. European consultants from London and Paris reorganized the department, streamlined command structures and introduced new standards of training and discipline — reforms similar to those underway in Chicago and Los Angeles. Hundreds of new officers were hired and night patrols increased. Raids on cabarets, clubs and small bars became routine.

By the late 1960s, the police budget had risen sharply. Montréal’s political atmosphere — defined by protests, marches, labour disputes, dissent and fears of radical activity — gave elected officials strong incentives to keep expanding the force.

The 1969 police and firefighter strike plunged the city into chaos: looting, fires and riots. The municipal administration used the event to argue for further investment in policing, reinforcing an upward spiral in budget growth and authority.




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Growing police budget

Moments of unrest were not daily occurrences, but they created a climate in which constant budget increases appeared necessary.

Tellingly, between the mid-1950s and 1970, Montréal’s police budget grew from $9.6 million to $49.7 million — an increase of more than 400 per cent and far outpacing overall municipal spending.

Yet, the everyday, not the exceptional, absorbed the department’s time. Officers spent their nights patrolling streets, parks, clubs and cabarets, enforcing morality laws and municipal bylaws.

They targeted sex workers, queer men and women and performing artists working after dark. Street checks, like arrests for prostitution charges, shaped the routine work of policing, linking the department’s growth directly to the governance of nighttime public space.

Nighttime surveillance — from enforcing bar hours to policing street sex work — became part of a broader municipal project that linked order, cleanliness and safety to global ambitions.

Expo 67, 1976 Olympics

Women in pastel-coloured 60s mod-inspired matching jackets and skirts.
Hostess uniforms of Expo 67.
(Library and Archives Canada/Bibliothèque et Archives Canada), CC BY

As Montréal formalized its place on the global stage, first during Expo 67 and later during the 1976 Olympics, the policing of nightlife intensified.

For example, fearing that Expo would attract sex workers and petty crime, the city adopted a controversial “anti-mingling” bylaw.

This forbade employees in licensed establishments from sitting, drinking or even talking with customers. Because this bylaw was designed to curb sex workers from soliciting in drinking establishments, police enforced the regulation most aggressively against women.

Dancers, singers, barmaids and hostesses were arrested for ordinary workplace interactions. The bylaw blurred the line between hospitality work and sex work, effectively criminalizing women’s participation in the nighttime economy.

Anti-prostitution bylaws

By the early 1980s, the city — along with other Canadian urban centres — introduced “anti-prostitution” bylaws to expand police powers despite limits imposed by the Supreme Court of Canada. This led to a pan-Canadian review of sex work in society.

These local tools disproportionately targeted women, transgender people and racialized sex workers, who were increasingly arrested simply for being in public spaces at night.

Whose night?

By the ‘80s, Montréal presented itself as a global cultural hub — home to major festivals, theatres and a thriving, “respectable” nightlife. That transformation, however, rested on the continued policing of many of the people who had historically sustained the nighttime economy.

The police department had become one of the city’s largest expenses, and nighttime enforcement one of its most visible activities.

The legacy is visible today. Independent venues face noise complaints, rising regulatory costs and the threat of closure.

The city’s recent support fund for small venues offers some relief, but it doesn’t answer the central question: who is allowed to shape Montréal and its nights, and who is pushed out in the name of order?

Seen from a nocturnal angle, Montréal’s history — like the history of many cities — shows that “safety” is never neutral. From the 1940s onward, expanding police budgets rested on the idea that the night was inherently unruly and needed constant control.

Debates about rights

Rather than allocating resources toward the concerns raised by the feminist Take Back the Night movement or by emerging queer organizations, the city focused on moral regulation — a pattern that consistently targeted those living and working after dark.

A group of women seen walking in the streets, some with protest signs like 'no rape' and 'a nous la nuit' (the night is for us)
The ‘Take Back the Night’ movement stands against sexual violence and asserts the rights of women and gender-diverse people to move freely in, and enjoy, the night.
(Howl Arts Collective/Flickr), CC BY

As cities debate how to sustain their nighttime economies while keeping residents safe, Montréal’s past reminds us that the way we govern the night determines who gets to belong in it.

For policymakers and residents today, the lesson is simple: debates about nightlife are also debates about rights, inclusion and the fair use of public space. Safer nights are built not only through policing, but through investment, participation and recognition of the communities that bring the city to life after dark.

The Conversation

Matthieu Caron does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Sex, jazz, liquor and gambling: How Montréal’s nightlife shifted in the mid-20th century – https://theconversation.com/sex-jazz-liquor-and-gambling-how-montreals-nightlife-shifted-in-the-mid-20th-century-268733

En Polynésie, on croise savoirs locaux et science pour mieux gérer les lagons

Source: The Conversation – France (in French) – By Marguerite Taiarui, Doctorante au Criobe, Centre de ressources pour les rahui, UMR241 Secopol, École pratique des hautes études (EPHE)

Les lagons polynésiens connaissent un déclin marqué de certaines populations de poissons. Dans ce contexte, la science seule ne suffira pas à prendre des décisions pour améliorer l’état de ces écosystèmes : les connaissances acquises par les pêcheurs à travers leur expérience de terrain apportent un regard complémentaire précieux. Ces deux formes de savoirs peuvent être alliées au service d’une gestion plus durable de la pêche.


La nuit est tombée depuis longtemps sur le récif barrière de Mo’orea. Je suis dans l’eau, lampe éteinte, guidée seulement par les silhouettes de deux pêcheurs et d’un collègue anthropologue. Nous sommes là pour observer une technique de pêche que je ne connaissais jusqu’ici qu’à travers des récits, et qui est souvent qualifiée de ravageuse : le ha’apua.

Plus tôt dans la journée, les pêcheurs ont passé plusieurs heures à disposer des filets, formant un cœur et menant à une cage. À l’endroit précis où ils ont installé ce dispositif, ils savent que les poissons se mettront en mouvement et s’y engouffreront.

Le signal est donné. Nous allumons nos lampes et les agitons dans l’eau. Nous avançons en ligne, sans vraiment comprendre ce que nous faisons, jusqu’à distinguer, dans la pénombre, les reflets argentés d’une cage pleine de ’ī’ihi (poissons-soldats). Ce qui me frappe n’est pas tant la quantité de poissons que la finesse de la manœuvre : tout repose sur une compréhension du lagon que ces pêcheurs ont reçu de leurs aînés mais ont également construite par l’observation, l’expérience et l’affûtage de leurs pratiques.

Cette expédition nocturne en dit long sur la pêche récifo-lagonaire en Polynésie française : une pratique à la fois ancienne, complexe et exigeante. Essentielle à la vie des communautés, elle nourrit les familles, soutient une économie locale et porte une dimension culturelle forte. Cependant, pêcheurs, scientifiques et habitants observent désormais des changements inquiétants : diminution de l’abondance et des tailles de certaines espèces pêchées, dégradation des habitats, prolifération de macroalgues. Les causes sont multiples : surpêche, croissance démographique, urbanisation, pollution terrigène, réchauffement climatique.

Que faire pour gérer durablement la ressource face à ces transformations ? On aurait tendance à se tourner vers la science pour obtenir des chiffres, les analyser puis définir des règles. Pourtant, les savoirs locaux sont immenses : la finesse du ha’apua, orchestré dans la nuit noire par deux pêcheurs expérimentés, révèle une compréhension du lagon qu’aucun instrument scientifique ne peut remplacer.




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Des savoirs à croiser pour comprendre le lagon

Comprendre ce qui se passe dans les lagons polynésiens nécessite de mobiliser plusieurs formes de connaissances. La science, d’un côté, apporte des outils puissants pour étudier la biologie des espèces ciblées, mesurer certaines tendances et quantifier l’effet des pressions environnementales. Ces repères sont indispensables pour imaginer des règles de gestion cohérentes : tailles minimales de capture, seuils d’effort de pêche, fermetures spatiales ou temporelles.

Mais ces approches reposent en général sur des données abondantes, standardisées et recueillies sur de longues périodes. Dans les lagons polynésiens, elles sont difficiles à collecter : le nombre de pêcheurs est inconnu, les captures rarement déclarées, les ventes souvent informelles, les techniques variées et plusieurs dizaines d’espèces sont ciblées. S’ajoute à cela une contrainte simple : les scientifiques ne peuvent pas être partout, tout le temps. Documenter finement chaque portion de lagon, pour chaque engin de pêche et chaque espèce demanderait des moyens considérables, alors même que les changements environnementaux se produisent dès maintenant. Nous n’avons ni le temps, ni la possibilité de revenir en arrière pour savoir comment les choses ont évolué.

C’est précisément là que les savoirs locaux deviennent essentiels. Les pêcheurs observent le lagon au quotidien, parfois depuis des décennies. Ils détectent des signaux, des variations d’abondance ou de comportement que les suivis scientifiques peinent à capter. Leurs connaissances fines constituent un matériau précieux pour comprendre le fonctionnement du lagon. Mais ces savoirs ont aussi leurs limites : ils sont situés, fragmentés, liés à des pratiques spécifiques. Ils ne suffisent plus toujours pour anticiper l’avenir dans un contexte de changements rapides.

Science et savoirs locaux éclairent chacun une facette du lagon, sans jamais en offrir une vision complète. C’est la complémentarité de ces deux systèmes de connaissances, et non leur opposition, qui permet d’imaginer des solutions plus justes, plus robustes et adaptées au terrain.




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Des règles à construire ensemble

Le lendemain de notre expédition nocturne, je dissèque, sous le regard attentif des deux pêcheurs, quelques ’ī’ihi capturés dans le ha’apua, dans le cadre d’une étude de traits biologiques. L’un d’eux me glisse :

« Tu verras, ils sont tous matures. Cette espèce, ça commence à se reproduire tôt, autour de 12 centimètres. »

Ce moment, en apparence anodin, résume pourtant le cœur du travail engagé depuis plusieurs mois à Tahiti et Mo’orea. Les pêcheurs, les gestionnaires et les scientifiques ont choisi six espèces de poissons à étudier, en fonction de leurs préoccupations. Parmi ces dernières, la mise en place de tailles minimales de capture revient régulièrement. Les pêcheurs le demandent depuis longtemps : ils voient eux-mêmes que certains prélèvent des poissons trop petits et que la pression augmente. Mais comment fixer ces tailles ?

Nous sommes en mars 2023. Après quatre années d’interdiction, la zone de pêche réglementée de Tautira s’apprête à rouvrir à la pêche pour deux demi-journées. Le comité de gestion souhaite instaurer des tailles minimales de capture et se tournent vers des scientifiques pour les conseiller. Sur la base d’études menées ailleurs dans le Pacifique, les recommandations tombent : 18 cm pour les ’ī’ihi et 25 cm pour les ume tārei (nasons).

Les pêcheurs contestent immédiatement : « on ne voit jamais d’individus de ces tailles ». Après discussion, la taille des ’ī’ihi est abaissée à 15 cm mais celle des ume tārei est maintenue.

Les résultats de l’ouverture confirment la complexité de l’exercice. Sur 1 490 ’ī’ihi capturés, seuls 7 % mesuraient moins de 18 cm. À l’inverse, moins d’une vingtaine de ume tārei ont pu être pêchés et 69 % étaient en dessous de 25 cm. La biologie « importée » ne reflétait pas la réalité locale, tandis que l’intuition des pêcheurs sur les ’ī’ihi ne traduisait pas non plus les tailles réelles de cette espèce sous l’eau.

Ces deux exemples montrent bien que ni pêcheurs ni scientifiques ne détiennent, seuls, la solution complète. Les premiers apportent leur observation continue du terrain ; les seconds des repères biologiques indispensables. La question n’est pas d’avoir raison, mais d’apprendre à se comprendre pour élaborer ensemble des règles réalistes, légitimes et applicables.

Une gestion fondée sur le respect et l’écoute mutuelle

Les pêcheurs sont souvent présentés comme les premiers responsables du déclin des stocks. Pourtant, ceux que l’on accuse si facilement sont aussi ceux qui nourrissent la population.

Leur connaissance fine du milieu, construite au fil des saisons et de l’expérience, n’est pas opposée à la science : elle la complète là où les données manquent ou arrivent trop tard. La science, de son côté, apporte des repères indispensables pour comprendre la biologie des espèces et anticiper les effets des changements en cours.

Reconnaître ces savoirs à égalité, c’est faire preuve d’empathie et d’intelligence : accepter que chacun voit une part du lagon, selon son histoire et ses outils. C’est en croisant ces regards, plutôt qu’en les hiérarchisant, que peuvent émerger des solutions durables, légitimes et réellement applicables.


Cet article est publié dans le cadre de la Fête de la science (qui a eu lieu du 3 au 13 octobre 2025), dont The Conversation France est partenaire. Cette nouvelle édition porte sur la thématique « Intelligence(s) ». Retrouvez tous les événements de votre région sur le site Fetedelascience.fr.

The Conversation

Marguerite Taiarui est membre du Centre de ressources pour les rāhui, du Criobe (UAR3278) et de l’UMR241 Secopol. Elle a reçu des financements de la Direction des ressources marines de la Polynésie française, de la Fondation de France, de l’Association nationale pour la recherche et technologie et de Bloomberg Philanthropies. Elle tient à remercier les pêcheurs pour le partage de leurs connaissances et de leur temps, ainsi que les collègues et étudiants ayant contribué aux travaux mentionnés dans cet article.

ref. En Polynésie, on croise savoirs locaux et science pour mieux gérer les lagons – https://theconversation.com/en-polynesie-on-croise-savoirs-locaux-et-science-pour-mieux-gerer-les-lagons-271884

Les calendriers de l’Avent pour les animaux de compagnie, un signe d’attachement de leur propriétaire

Source: The Conversation – France (in French) – By Aurore Ingarao, Maitre de conférences en Marketing , Université d’Orléans

Même les animaux de compagnie ont désormais le droit à des calendriers de l’Avent. Rien d’étonnant alors que les « pets » occupent une place de plus en plus grande dans la vie des personnes. Il était fatal que le monde des affaires et du marketing s’intéressât à ce marché prometteur.


La période des fêtes de fin d’année est l’occasion pour les marques de s’enrichir, en raison des nombreux rendez-vous qui sont autant d’occasions de cadeaux qui sont aussi des achats payés en monnaie sonnante et trébuchante. Entre les fêtes et les secret santa, la tradition du calendrier de l’Avent est devenue importante, créant un attachement symbolique et émotionnel avec les consommateurs. Les calendriers de l’Avent représentent ainsi un marché particulièrement porteur avec plus de 35 millions de vente chaque année en France.

Si l’origine du calendrier de l’Avent est religieux, il a évolué vers une véritable machine marketing. Depuis quelques années, nous assistons à une diversité des calendriers proposés, traduisant l’ouverture croissante de cette pratique, autrefois réservée aux enfants et désormais plébiscitée aussi par les adultes. Décriés par certains car les traditions collectives seraient de cette façon mises au service du consumérisme, voire du capitalisme, les calendriers de l’Avent n’en finissent pas pour autant de séduire. Illustrant le succès des calendriers, certains sites se spécialisent et le site calendrierdelavent.com s’affiche comme le site de référence dédié. Ce sont plus de 30 catégories et 450 calendriers différents qui y sont alors proposés. Sur ce site, par exemple, une catégorie connaît un succès particulier : les calendriers destinés aux animaux de compagnie (pets en anglais et dans la langue du marketing).

Si, en 2025, le calendrier de l’Avent pour animaux « tendance » se veut éco-responsable, fabriqué à partir de matériaux recyclés, avec des friandises naturelles ou des jouets issus de l’artisanat local, le site calendrierdelavent.com propose une catégorie pour animaux : 10 pour les chats, 20 pour les chiens et… deux pour les rongeurs, avec des prix variants de 5,99€ à 59,99€.

75 millions de clients en France

Ce marché trouve toute sa place en France qui compte parmi les pays européens ayant le plus d’animaux de compagnie. On dénombre, en effet, 75 millions d’animaux domestiques détenus par 61 % de Français, soit un marché de pas moins de 6,6 milliards d’euros.




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Les chiffres du marché témoignent de l’évolution du statut de l’animal de compagnie, qui a fortement évolué depuis le 18 février 2015. La loi n°2015-177 (Code civil, art. 515-14) stipule que « Les animaux sont des êtres vivants doués de sensibilité. Sous réserve des lois qui les protègent, les animaux sont soumis au régime des biens ».

Un membre de la famille

L’animal de compagnie est ainsi un véritable membre de la famille, comme le clame le slogan de Santévet, une assurance pour animaux : « Votre animal fait partie de votre famille : assurez sa santé ».

L’attachement aux animaux de compagnie se révèle être un levier efficace pour le succès des entreprises. Étudié par les chercheurs, notamment via le budget consacré à l’alimentation des animaux de compagnie, le concept d’attachement trouve ses origines dans la psychologie sociale, à partir des travaux sur les relations interpersonnelles.

Pour Géraldine Michel, professeure à l’IAE de Paris-Sorbonne, le calendrier de l’Avent est un « produit qui ne connaît pas les crises parce que c’est un objet symbolique qui a une dimension sociale, régressive et d’attachement. Aussi bien pour les enfants que pour les parents_ ». Et quand l’animal de compagnie est un véritable membre de la famille, impossible de le priver de cette symbolique de l’attachement et la théorie du même nom qui se basent sur plusieurs critères principaux, tels que la recherche de proximité ou encore le sentiment de sécurité. Les relations homme-animal de compagnie se construisent ainsi selon ces critères dans leurs relations d’attachement. La théorie du même nom se base sur plusieurs critères principaux, tels que la recherche de proximité ou encore le sentiment de sécurité. Les relations homme-animal de compagnie se construisent ainsi selon ces critères dans leurs relations d’attachement.

Un calendrier personnalisé

Les calendriers à destination des pets sont divers : du format très classique offrant des friandises ou des jouets, aux conseils ou activités à partager, des formules proposent même de créer son propre calendrier ou de le personnaliser avec le prénom de son animal.

Ces calendriers permettent de générer un rituel et accentuent l’inclusion de l’animal dans la vie familiale, de même qu’un enfant attend d’ouvrir la petite fenêtre magique chaque soir. Le rituel vient alors s’inscrire comme une activité familiale.

Un moment privilégié

Du point de vue du discours, les entreprises jouent la carte de la séduction : « Partagez chaque jour du mois de décembre une parenthèse de bonheur avec votre fidèle compagnon, grâce à notre sélection de calendriers de l’Avent animaux ». Il s’agit de stimuler « la curiosité et la gourmandise », instaurer « un moment de complicité unique » et valoriser « votre animal aux yeux de toute la famille ».

Le discours intègre l’animal à la vie de famille. On s’adresse aux « amoureux des animaux » à qui l’on propose de « partager la féérie de Noël » en « instaurant une tradition festive qui ravit toute la famille ». Tous ces arguments proviennent de sites Internet proposant des calendriers de l’Avent pour les animaux.

France24 2025.

Les marques misent sur « le plaisir, la santé et la sécurité », car les calendriers de l’Avent sont proposés par les meilleures marques qui répondent aux propriétaires soucieux de la composition des produits pour « leur offrir une expérience sensorielle originale ». Le discours est orienté vers le bien-être mais également le plaisir des animaux. Et pour rassurer leur propriétaire, ce sont des produits éco-responsables, en circuits courts ou présentés en éditions limitées. Les mots ne sont pas anodins et font écho au discours des marques alimentaires pour enfants, dont les industriels cherchent à rassurer les parents quant à leur qualité.

Un jeu de questions réponses

Et pour finir de convaincre les propriétaires hésitants, certains adoptent une approche pédagogique avec un jeu de questions/réponses : « Qu’est-ce qu’un calendrier de l’Avent animaux et pourquoi en offrir un ? », « Comment choisir un calendrier de l’Avent animal adapté à son compagnon ? », ou encore « Quels sont les bienfaits d’un calendrier de l’Avent animaux au quotidien ? »…

Si les calendriers de l’Avent ne cessent de monter en gamme, nous pouvons imaginer ce que pourront être les prochaines éditions ? Pourquoi pas des accessoires tels que des colliers ou manteaux qui répondraient aux critères de l’originalité ? Des produits inédits de la part des marques de luxe, comme les colliers Louis Vuitton ou les hoodies Prada pour répondre aux attentes de luxe des propriétaires de nos amis à quattre pattes ?

The Conversation

Aurore Ingarao ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Les calendriers de l’Avent pour les animaux de compagnie, un signe d’attachement de leur propriétaire – https://theconversation.com/les-calendriers-de-lavent-pour-les-animaux-de-compagnie-un-signe-dattachement-de-leur-proprietaire-271113

With wolves absent from most of eastern North America, can coyotes replace them?

Source: The Conversation – USA – By Alex Jensen, Postdoctoral Associate – Wildlife Ecology, North Carolina State University

Coyotes have expanded across the United States. Davis Huber/500px via Getty Images

Imagine a healthy forest, home to a variety of species: Birds are flitting between tree branches, salamanders are sliding through leaf litter, and wolves are tracking the scent of deer through the understory. Each of these animals has a role in the forest, and most ecologists would argue that losing any one of these species would be bad for the ecosystem as a whole.

Unfortunately – whether due to habitat loss, overhunting or introduced specieshumans have made some species disappear. At the same time, other species have adapted to us and spread more widely.

As an ecologist, I’m curious about what these changes mean for ecosystems – can these newly arrived species functionally replace the species that used to be there? I studied this process in eastern North America, where some top predators have disappeared and a new predator has arrived.

A primer on predators

Wolves used to roam across every state east of the Mississippi River. But as the land was developed, many people viewed wolves as threats and wiped most of them out. These days, a mix of gray wolves and eastern wolves persist in Canada and around the Great Lakes, which I collectively refer to as northeastern wolves. There’s also a small population of red wolves – a distinct and smaller species of wolf – on the coast of North Carolina.

The disappearance of wolves may have given coyotes the opportunity they needed. Starting around 1900, coyotes began expanding their range east and have now colonized nearly all of eastern North America.

A map of central to eastern North America. Parts of southern Canada are marked as 'current northeast wolf range,' the northeast US is marked 'current coyote and historical wolf range,' the rest of the southern and eastern US is marked 'red wolf range' and to the west is marked 'coyote range ~1900.'
Coyotes colonized most of eastern North America in the wake of wolf extirpation.
Jensen 2025, CC BY

So are coyotes the new wolf? Can they fill the same ecological role that wolves used to? These are the questions I set out to answer in my paper published in August 2025 in the Stacks Journal. I focused on their role as predators – what they eat and how often they kill big herbivores, such as deer and moose.

What’s on the menu?

I started by reviewing every paper I could find on wolf or coyote diets, recording what percent of scat or stomach samples contained common food items such as deer, rabbits, small rodents or fruit. I compared northeastern wolf diets to northeastern coyote diets and red wolf diets to southeastern coyote diets.

I found two striking differences between wolf and coyote diets. First, wolves ate more medium-sized herbivores. In particular, they ate more beavers in the northeast and more nutria in the southeast. Both of these species are large aquatic rodents that influence ecosystems – beaver dam building changes how water moves, sometimes undesirably for land owners, while nutria are non-native and damaging to wetlands.

Second, wolves have narrower diets overall. They eat less fruit and fewer omnivores such as birds, raccoons and foxes, compared to coyotes. This means that coyotes are likely performing some ecological roles that wolves never did, such as dispersing fruit seeds in their poop and suppressing populations of smaller predators.

A diagram showing the diets of wolves and coyotes
Grouping food items by size and trophic level revealed some clear differences between wolf and coyote diets. Percents are the percent of samples containing each level, and stars indicate a statistically significant difference.
Alex Jensen, CC BY

Killing deer and moose

But diet studies alone cannot tell the whole story – it’s usually impossible to tell whether coyotes killed or scavenged the deer they ate, for example. So I also reviewed every study I could find on ungulate mortality – these are studies that tag deer or moose, track their survival, and attribute a cause of death if they die.

These studies revealed other important differences between wolves and coyotes. For example, wolves were responsible for a substantial percentage of moose deaths – 19% of adults and 40% of calves – while none of the studies documented coyotes killing moose. This means that all, or nearly all, of moose in coyote diets is scavenged.

Coyotes are adept predators of deer, however. In the northeast, they killed more white-tailed deer fawns than wolves did, 28% compared to 15%, and a similar percentage of adult deer, 18% compared to 22%. In the southeast, coyotes killed 40% of fawns but only 6% of adults.

Rarely killing adult deer in the southeast could have implications for other members of the ecological community. For example, after killing an adult ungulate, many large predators leave some of the carcass behind, which can be an important source of food for scavengers. Although there is no data on how often red wolves kill adult deer, it is likely that coyotes are not supplying food to scavengers to the same extent that red wolves do.

Two wolves walking through the grass. One is sniffing a dead deer on the ground.
Wolves and coyotes both kill a substantial proportion of deer, but they focus on different age classes.
imageBROKER/Raimund Linke via Getty Images

Are coyotes the new wolves?

So what does this all mean? It means that although coyotes eat some of the same foods, they cannot fully replace wolves. Differences between wolves and coyotes were particularly pronounced in the northeast, where coyotes rarely killed moose or beavers. Coyotes in the southeast were more similar to red wolves, but coyotes likely killed fewer nutria and adult deer.

The return of wolves could be a natural solution for regions where wildlife managers desire a reduction in moose, beaver, nutria or deer populations.

Yet even with the aid of reintroductions, wolves will likely never fully recover their former range in eastern North America – there are too many people. Coyotes, on the other hand, do quite well around people. So even if wolves never fully recover, at least coyotes will be in those places partially filling the role that wolves once had.

Indeed, humans have changed the world so much that it may be impossible to return to the way things were before people substantially changed the planet. While some restoration will certainly be possible, researchers can continue to evaluate the extent to which new species can functionally replace missing species.

The Conversation

Alex Jensen does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. With wolves absent from most of eastern North America, can coyotes replace them? – https://theconversation.com/with-wolves-absent-from-most-of-eastern-north-america-can-coyotes-replace-them-270235