Un nuevo informe de Naciones Unidas alerta de que hemos entrado en “bancarrota hídrica”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Kaveh Madani, Director of the Institute for Water, Environment and Health, United Nations University

El mundo está utilizando tanta agua dulce, en un contexto marcado por el cambio climático, que ha caído en bancarrota hídrica, y muchas regiones ya no pueden recuperarse de las frecuentes escaseces de agua.

Alrededor de 4 000 millones de personas, casi la mitad de la población mundial, viven con una grave escasez de agua durante al menos un mes al año, sin acceso a agua suficiente para satisfacer todas sus necesidades. Y muchas más están viendo las consecuencias del déficit de agua: embalses secos, ciudades que se hunden, malas cosechas, racionamiento de agua, incendios forestales y tormentas de polvo.

Las señales de la crisis hídrica están por todas partes, desde Teherán, donde las sequías y el uso insostenible del agua han agotado los embalses de los que depende la capital iraní, lo que ha avivado las tensiones políticas, hasta Estados Unidos, donde la demanda de agua ha superado el suministro del río Colorado, una fuente crucial de agua potable y riego para siete estados.

Una mujer llena recipientes con agua de un pozo. Detrás de ella, en un paisaje árido, se ven vacas.
Las sequías han dificultado la búsqueda de agua para el ganado y han provocado una malnutrición generalizada en algunas zonas de Etiopía en los últimos años. En 2022, UNICEF estimó que hasta 600 000 niños necesitarían tratamiento por malnutrición grave.
Demissew Bizuwerk/UNICEF Etiopía, CC BY

La bancarrota hídrica no es solo una metáfora del déficit de agua. Es una condición crónica que se desarrolla cuando un lugar utiliza más agua de la que la naturaleza puede reemplazar de forma fiable, y cuando el daño a los activos naturales que almacenan y filtran esa agua, como los acuíferos y los humedales, se vuelve difícil de revertir.

Un nuevo estudio que he dirigido desde el Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud concluye que el mundo ha superado ya las crisis hídricas temporales. Muchos sistemas hídricos naturales ya no pueden volver a sus condiciones históricas. Estos sistemas se encuentran en un estado de colapso: la quiebra hídrica.

Consecuencias del colapso hídrico

En la quiebra financiera, las primeras señales de alerta suelen parecer manejables: retrasos en los pagos, préstamos y venta de bienes que se esperaban conservar. Luego, la espiral se acelera.

La quiebra hídrica tiene etapas similares.

Al principio, extraemos un poco más de agua subterránea durante los años secos. Utilizamos bombas más grandes y pozos más profundos. Transferimos agua de una cuenca a otra. Drenamos humedales y enderezamos ríos para hacer espacio para granjas y ciudades.




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Entonces aparecen los costes ocultos. Los lagos se reducen año tras año. Los pozos necesitan ser más profundos. Los ríos que antes fluían durante todo el año se vuelven estacionales. El agua salada se filtra en los acuíferos cercanos a la costa. El propio suelo comienza a hundirse.

Así se redujo el mar de Aral entre 2000 y 2011. El lago de agua salada era antes más ovalado y cubría las zonas de color claro hasta la década de 1980, pero el uso excesivo para la agricultura de varios países lo redujo.
NASA

Este último, el hundimiento, suele sorprender a la gente. Pero es un síntoma de la escasez de agua. Cuando se extrae agua subterránea en exceso, la estructura subterránea, que retiene el agua casi como una esponja, puede colapsar. En Ciudad de México, el terreno se hunde unos 25 centímetros al año. Una vez que los poros se compactan, no se pueden rellenar fácilmente.

El informe Global Water Bankruptcy, publicado el 20 de enero de 2026, documenta lo extendido que se está volviendo este fenómeno. La extracción de agua subterránea ha contribuido a un importante hundimiento del terreno en más de 6 millones de kilómetros cuadrados, incluidas zonas urbanas donde viven cerca de 2 000 millones de personas. Yakarta, Bangkok y Ciudad Ho Chi Minh son algunos de los ejemplos más conocidos en Asia.

Un gran sumidero cerca de campos agrícolas.
Un sumidero en el corazón agrícola de Turquía muestra cómo el paisaje puede colapsar cuando se extrae más agua subterránea de la que la naturaleza puede reponer.
Ekrem07/Wikimedia Commons, CC BY

La agricultura es el mayor consumidor de agua del mundo, responsable de aproximadamente el 70 % de las extracciones de agua dulce a nivel mundial. Cuando una región se queda sin agua, la agricultura se vuelve más difícil y más cara. Los agricultores pierden sus puestos de trabajo, aumentan las tensiones y la seguridad nacional puede verse amenazada.




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Alrededor de 3 000 millones de personas y más de la mitad de la producción mundial de alimentos se concentran en zonas donde el almacenamiento de agua ya está disminuyendo o es inestable. Más de 1,7 millones de kilómetros cuadrados de tierras de cultivo irrigadas sufren un estrés hídrico alto o muy alto. Esto amenaza la estabilidad del suministro de alimentos en todo el mundo.

Hileras de docenas de almendros muertos yacen en un campo abierto junto al equipo utilizado para retirarlos.
En California, una grave sequía y la escasez de agua obligaron a algunos agricultores en 2021 a retirar los cultivos que requieren mucho riego, incluidos los almendros.
Robyn Beck/AFP via Getty Images

Las sequías también están aumentando en duración, frecuencia e intensidad a medida que aumentan las temperaturas globales. Más de 1 800 millones de personas, casi uno de cada cuatro seres humanos, se enfrentaron a condiciones de sequía en distintos momentos entre 2022 y 2023.

Estas cifras se traducen en problemas reales: aumento de los precios de los alimentos, escasez de energía hidroeléctrica, riesgos para la salud, desempleo, presiones migratorias, disturbios y conflictos.

¿Cómo hemos llegado a esta situación?

Cada año, la naturaleza proporciona a cada región una cantidad de agua, en forma de lluvia y nieve. Piense en ello como una cuenta corriente. Esa es la cantidad de agua que recibimos cada año para gastar y compartir con la naturaleza.

Cuando la demanda aumenta, podemos recurrir a nuestra cuenta de ahorros. Extraemos más agua subterránea de la que se repone. Robamos la parte de agua que necesita la naturaleza y, en el proceso, drenamos los humedales. Esto puede funcionar durante un tiempo, al igual que la deuda puede financiar un estilo de vida derrochador durante un tiempo.

Las marcas equivalentes a las de una bañera muestran lo mucho que ha bajado el nivel del agua en un embalse
Las orillas expuesta en la presa de Latyan (cerca de Teherán, Irán) muestra unos niveles de agua significativamente bajos el 10 de noviembre de 2025. El embalse, que suministra parte del agua potable de la capital, ha experimentado un fuerte descenso debido a la prolongada sequía y al aumento de la demanda en la región.
Bahram/Middle East Images/AFP via Getty Images

Esas fuentes de agua a largo plazo están desapareciendo ahora. El mundo ha perdido más de 4,1 millones de kilómetros cuadrados de humedales naturales en cinco décadas. Los humedales no solo retienen el agua. También la limpian, amortiguan las inundaciones y sustentan la flora y la fauna.

La calidad de agua también está disminuyendo. La contaminación, la intrusión de agua salada y la salinización del suelo pueden hacer que el agua esté demasiado sucia y salada para su uso, lo que contribuye a la escasez de agua.

Un mapa muestra que la mayor parte de África, el sur de Asia y gran parte del oeste de los Estados Unidos tienen altos niveles de riesgo relacionados con el agua.
Las puntuaciones generales de riesgo hídrico reflejan el valor agregado de la cantidad de agua, la calidad del agua y los riesgos normativos y de reputación para el suministro de agua. Los valores más altos indican mayores riesgos relacionados con el agua.
Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud, basado en Aqueduct 4.0, CC BY

El cambio climático está agravando la situación al reducir las precipitaciones en muchas zonas del mundo. El calentamiento aumenta la demanda de agua de los cultivos y la necesidad de electricidad para bombear más agua. También derrite los glaciares que almacenan agua dulce.

A pesar de estos problemas, los países siguen aumentando la extracción de agua para apoyar la expansión de las ciudades, las tierras de cultivo, las industrias y ahora los centros de datos.

No todas las cuencas hidrográficas y naciones están en bancarrota hídrica, pero las cuencas están interconectadas a través del comercio, la migración, el clima y otros elementos clave de la naturaleza. El colapso hídrico en una zona ejercerá más presión sobre otras y puede aumentar las tensiones locales e internacionales.

¿Qué se puede hacer?

La quiebra financiera termina transformando el gasto. La quiebra hídrica necesita el mismo enfoque.

  • Detener la hemorragia: el primer paso es admitir que el balance está roto. Eso significa establecer límites de uso del agua que reflejen la cantidad de agua realmente disponible, en lugar de limitarse a perforar más profundamente y trasladar la carga al futuro.

  • Proteger el capital natural, no solo el agua: proteger los humedales, restaurar los ríos, recuperar la salud del suelo y gestionar la recarga de las aguas subterráneas no son solo algo deseable. Son esenciales para mantener un suministro de agua saludable, al igual que un clima estable.

Una mujer empuja una carretilla con un recipiente lleno de agua dulce. El océano se ve detrás de ella.
En pequeños Estados insulares como Maldivas, el aumento del nivel del mar amenaza el suministro de agua cuando el agua salada penetra en los acuíferos subterráneos y arruina los pozos.
PNUD Maldivas, 2021, CC BY
  • Usar menos, pero hacerlo de forma justa: gestionar la demanda de agua se ha convertido en algo inevitable en muchos lugares, pero los planes de quiebra hídrica que recortan el suministro a los pobres mientras protegen a los poderosos fracasarán. Entre los enfoques serios se incluyen las protecciones sociales, el apoyo a los agricultores para que realicen la transición a cultivos y sistemas que requieran menos agua y la inversión en eficiencia hídrica.

  • Medir lo que importa: muchos países siguen gestionando el agua con información parcial. La teledetección por satélite puede supervisar los suministros y las tendencias del agua y proporcionar alertas tempranas sobre el agotamiento de las aguas subterráneas, el hundimiento del terreno, la pérdida de humedales, el retroceso de los glaciares y el deterioro de la calidad del agua.

  • Planificar para menos agua: la parte más difícil de solucionar la quiebra es psicológica. Nos obliga a abandonar las antiguas referencias. El colapso hídrico requiere rediseñar las ciudades, los sistemas alimentarios y las economías para vivir dentro de nuevos límites antes de que esos límites se estrechen aún más.

Con el agua, al igual que con las finanzas, la bancarrota puede ser un punto de inflexión. La humanidad puede seguir gastando como si la naturaleza ofreciera crédito ilimitado, o puede aprender a vivir dentro de sus medios hidrológicos.

The Conversation

Kaveh Madani no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Un nuevo informe de Naciones Unidas alerta de que hemos entrado en “bancarrota hídrica” – https://theconversation.com/un-nuevo-informe-de-naciones-unidas-alerta-de-que-hemos-entrado-en-bancarrota-hidrica-273850

Experimentos Pitesti y Milgram: ideología y obediencia absoluta para desatar la maldad humana

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco López Cantos, Ciencias de la Comunicación, experto en comunicación pública de la ciencia., Universitat Jaume I

Jack_the_sparow/Shutterstock

El siglo XX fue un espejo terrible al que seguimos asomados para entender algunas formas de dominio total basadas en la ideología y el poder del relato. Destacan episodios escalofriantes de ingeniería social, que tuvieron como finalidad lograr que los individuos siguieran ciegamente mecanismos de obediencia absoluta.

En algunos casos, el objetivo fue la reeducación de disidentes a través de la violencia y la coerción. Otras veces se persiguió poner a prueba la capacidad del ser humano de infligir dolor a sus semejantes mediante un reflejo condicionado, que activa mecanismos de obediencia y sumisión.

Dos hitos de manipulación ideológica

El experimento Pitesti se implementó en una cárcel de Rumanía durante el régimen comunista entre 1949 y 1951. Una década más tarde, en 1961, el experimento Milgram recreó una experiencia de modelado social en un entorno de laboratorio en la Universidad de Yale (EE.UU.).

El experimento Milgram tuvo como finalidad analizar el uso y conformación del poder y la asignación de roles carcelario/preso o dominante/dominado, en un entorno controlado y supervisado por investigadores. Lo acabaron interrumpiendo dada la barbarie de violencia en que se había sumido el entorno carcelario simulado que sirvió para el experimento.

Los experimentos Pitesti y Milgram se desarrollaron en el contexto de irreconciliable confrontación ideológica y crecientes tensiones geopolíticas posteriores a la II Guerra Mundial, en lo que se ha venido denominando Guerra Fría.

Pitesti, una cárcel para “reeducar”

Hacia 1949 se empezó a trasladar a la cárcel de Pitesti, ciudad cercana a Bucarest y capital de la región histórica de Valaquia, a algunos de los presos que se consideraba contrarios a la doctrina del régimen.

Entre ellos se encontraba un grupo de fervientes creyentes que seguían manteniendo su fe cristiana y que, a pesar de todos los recursos que el aparato del Estado había movilizado para erradicar las creencias religiosas y construir una sociedad comunista y laica, seguían sin renunciar a su religión.

El objetivo del experimento Pitesti consistía en reeducar a los prisioneros, alterando su personalidad para obtener de ellos una obediencia absoluta. Existen diferentes estimaciones del número de presos que sufrieron torturas, con cifras que van de los 700 a los 5 000 reclusos.

En paralelo, se establecieron algunas negociaciones con la Iglesia, ya que resultaba más sencillo y práctico mantener a los poderes religiosos contenidos y controlados para utilizar su capacidad de influencia en la población.

El régimen, que por entonces lideraba Gheorghe Gheorghiu-Dej, a quien sucedería Nicolae Ceaușescu tras su muerte en 1965, lo había intentado todo. Adoctrinaban a la población con la censura y la prensa, empleaban la represión y el terror y tenían al poder eclesiástico domesticado. Pero no conseguían convertir a los irreductibles. Y a algunos de ellos los llevaban a Pitesti, a ver si se enderezaban en la cárcel y asumían la doctrina “correcta”.

Personas normales convertidas en torturadores

En Pitesti se utilizaron los métodos de reeducación popular más extremos, tras fracasar otros esfuerzos previos por controlar y adoctrinar a la población mediante el discurso propio del aparato del estado y su ideología.

Para reeducarles en la “virtud”, en este caso del comunismo, les hacían comer y cagar en el mismo recipiente, pisotear y escupir los crucifijos y recibían violentas palizas. Pobres personas en manos de unos transmisores del régimen que, como ocurría en el Holocausto, sentían que solo cumplían ordenes y estaban haciendo lo “correcto”. Incluso algunos eran creativos e imaginaban formas de tortura nuevas. Lo importante era cumplir con los preceptos que marcaba la ideología.

El terror se prolongó hasta 1951. El 12 de julio de ese año, el médico Ion Simionescu, de 67 años, sometido al proceso de reeducación, se arrojó contra el alambre de espino para que los guardias lo mataran. Su muerte se hizo pública y las autoridades iniciaron una investigación. Esta se saldó con la ejecución de algunos implicados y una cortina de humo por parte de la justicia comunista.

Cómo imponer un ideal de sociedad

Pitesti no era un laboratorio de investigación, ni siquiera fue un experimento en sentido estricto, aunque así se ha conocido. Más bien era parte de un proyecto institucional de reeducación moral de las masas. Representaba al régimen comunista y al ideal de sociedad que se pretendía.

Una sociedad en la que los diferentes roles estaban perfectamente establecidos entre quienes ostentaban el poder y el resto. Aquellos que no los asumieran, ya sabían el destino que les esperaba. La cárcel era el lugar asignado a las personas “desviadas” y difíciles de convertir a la ideología del régimen. Todo ello como forma de reeducación, si habían tenido la suerte de no ser aniquilados físicamente antes.

El resultado de tales intentos de ocupar el espacio público, y las mentes de la ciudadanía, utilizando el discurso o la violencia no fue el esperado. Bien al contrario, tras el asesinato de Ceaușescu se produjo una eclosión religiosa inmediata y masiva. A día de hoy, en Rumanía, el 85 % de la población se declara cristiana ortodoxa y practicante, sin distinciones significativas entre franjas de edad.

Milgram y la sumisión social

A diferencia de lo sucedido en Pitesti, el experimento Milgram estaba diseñado para analizar el ejercicio del poder y la sumisión e intentar explicar, desde la psicología social, el Holocausto. Por ello se simuló en unas condiciones de laboratorio, sin que existiera un poder omnisciente como el que sí se daba en Rumanía.

Stanley Milgram, un psicólogo estadounidense, estableció un mecanismo para medir el grado de obediencia a la autoridad. Este se basaba en una experiencia mediante la cual unos voluntarios, reclutados a cambio del pago de cuatro dólares, seguían órdenes que provocaban graves daños a otros mediante descargas eléctricas.

En realidad, las supuestas descargas eléctricas eran simuladas, al igual que el sufrimiento de las víctimas. Pero los verdugos voluntarios desconocían este hecho.

El experimento de Stanley Milgram mostró con crudeza la vigencia de las reflexiones de Hannah Arendt en torno a la banalidad del mal y la irracional condición humana. También pretendía revelar los peligros que supone el uso de la violencia física o simbólica cuando se utiliza para la conformación de discursos políticos extremistas.

De aquellos barros, estos lodos.

En aquellas agitadas décadas posteriores a la segunda guerra mundial, germen de los profundos cambios sociales que llegan hasta la actualidad, se desarrollaron los experimentos Pitesti y Milgram. También se produjeron significativas confrontaciones académicas estrechamente ligadas a las diferentes perspectivas ideológicas propias de los bloques enfrentados. Muestra de ello son los históricos debates entre Noam Chomsky y Michel Focault en torno a la validez de la ciencia frente al poder del discurso. O el que sostuvieron Jean-Paul Sartre y Marcel Camus en relación a la justificación de los medios para la consecución de los fines ideológicos.

Estos debates, y aquellos “experimentos”, nos acercan lecciones de la historia en torno a los nocivos efectos derivados de la simplificación y confrontación ideológica y la ingenua confianza en la eficacia y los efectos de la comunicación y el poder del relato para promover el cambio social.

El lado perverso del relato

Se ha creído ingenuamente que el poder del relato puede servir para implementar masivamente una determinada transformación social, sea de la ideología que sea. Cuando esto sucede, los resultados son impredecibles a corto y medio plazo. Oscilan entre sus efectos narcotizantes y las devastadoras consecuencias gobbelianas de su extensión y adopción irracional. En cualquier caso, sus frutos no son otros que el incremento de la polarización y la confrontación pública.

El exceso del relato y la comunicación siempre es bienvenido como práctica extensiva de carácter cultural, como ficción en sí misma que explora los límites y características de la propia condición humana y la sociedad de cada época. Pero no debería ser una práctica común en el ámbito de la comunicación pública, tal como estamos viendo en estos tiempos en que todo el mundo parece haber asumido que el éxito político y social consiste en “ganar el relato”.

Hay que tener cuidado con los experimentos sociales y la confianza en las bondades de la comunicación para imponer una particular visión ideológica. Resulta bastante sencillo convertir un inocuo club de fans de tal o cual saga literia o cinematográfica en un bastante peligroso club de fanáticos de la ideología de turno que promueve tal relato, o de la opuesta.

Y en las democracias europeas, de larga tradición académica pero cada vez más amenazadas por los extremismos ideológicos, parece que las Humanidades todavía tienen algo que decir frente el progresivo deterioro de la política y el conocimiento. Un deterioro resultado de la extrema simplificación y mitificación del relato académico en torno al poder y bondades de la comunicación.

The Conversation

Francisco López Cantos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Experimentos Pitesti y Milgram: ideología y obediencia absoluta para desatar la maldad humana – https://theconversation.com/experimentos-pitesti-y-milgram-ideologia-y-obediencia-absoluta-para-desatar-la-maldad-humana-244703

Café y tostadas con mermelada, un perfecto desayuno poliploide

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Benítez Benítez, Profesora Ayudante Doctor, Universidad de Sevilla

Muchos de los alimentos en nuestra mesa existen gracias a antiguas mutaciones genéticas en el reino vegetal. The Design Lady / Unsplash. , CC BY-SA

¿Imagina un mundo sin pan tostado ni aroma de café recién hecho por la mañana? Ese desayuno cotidiano solo es posible gracias a una larga historia de mutaciones genéticas acumuladas durante millones de años.

Las mutaciones son cambios en la información (secuencia de nucleótidos) o en la estructura del material genético que, aunque a menudo se asocian con enfermedades o defectos, constituyen, en realidad, la fuente principal de variación sobre la que actúa la evolución. Gracias a ellas, la vida en nuestro planeta ha podido transformarse y diversificarse.

La evolución en la despensa

No todas las mutaciones son pequeñas modificaciones en el ADN. A veces, los cambios ocurren a gran escala y afectan a regiones de gran tamaño o a cromosomas enteros (paquetes de material genético). Estos cambios, conocidos como mutaciones cromosomáticas, han tenido un papel fundamental en la historia evolutiva de las plantas y, en consecuencia, en la enorme diversidad de alimentos que hoy forman parte de nuestra dieta diaria.

En términos simples, estas mutaciones pueden afectar a la composición o el número de los cromosomas, con pérdidas, reordenamientos o intercambios de sus fragmentos.

En algunos casos, pueden multiplicar conjuntos completos de cromosomas, que contienen la información necesaria para el desarrollo de un individuo. La mutación cromosómica que aumenta el nivel de ploidía –número de juegos completos de cromosomas en una célula– se conoce como poliploidía.

Se trata de un proceso común en plantas que ha sido clave durante la evolución de muchos de sus principales linajes (entre ellos, las angiospermas o plantas con flores y frutos). En concreto, es responsable de la aparición de nuevas especies y de la gran variedad de cultivos que hoy sustentan nuestra alimentación.

El efecto gigas

La poliploidía es la condición en la que un organismo posee más de dos juegos completos de cromosomas en sus células. Mientras los seres humanos somos diploides (2x) (con dos copias homólogas de cada cromosoma), muchas plantas son tetraploides (4x), hexaploides (6x) o, incluso, presentan niveles de ploidía todavía mayores.

Este fenómeno puede surgir por errores durante la meiosis –división celular en los organismos de reproducción sexual que reduce la cantidad de cromosomas en los gametos– o por hibridaciones entre diferentes especies. Lejos de ser un problema, la poliploidía suele desencadenar ventajas evolutivas, como plantas más grandes, que llegan antes a la edad adulta o una mejor adaptación a condiciones ambientales cambiantes.

El aumento del tamaño celular y del vigor asociado a esta condición se conoce como el “efecto gigas”. Gracias a él, las plantas poliploides suelen desarrollar hojas más grandes, flores más vistosas y frutos más carnosos, características que las han convertido en aliadas clave para la mejora de la agricultura.

Asimismo, el hecho de tener juegos de cromosomas “de repuesto” se traduce en que las mutaciones genéticas perjudiciales pueden no afectarles tan negativamente como a especies diploides. Ello les ha dotado de una mayor tolerancia al estrés ambiental y colonizar exitosamente entornos hostiles, como hábitats de latitudes y altitudes elevadas.

En nuestro desayuno

Triticum vulgare.
Amédée Masclef en el _Atlas des plantes de France_ (1891).

Muchos de los cultivos más importantes del mundo deben su éxito a antiguos eventos cromosomáticos que los hicieron más resistentes, productivos y sabrosos. El estudio del ADN de plantas ha revelado que casi todas las especies actuales han experimentado, al menos, una duplicación completa de su material genético a lo largo de su historia evolutiva.

El trigo (Triticum aestivum), por ejemplo, es un hexaploide (6x) surgido de la hibridación entre especies de gramíneas distintas. Esta compleja combinación genética le dio granos más grandes y una notable capacidad para adaptarse a diferentes tipos de climas.

Algo similar ocurre con la fresa (Fragaria × ananassa), un octoploide (8x) nacido del cruce entre especies americanas y europeas. Su elevado número de cromosomas, unido al proceso de domesticación y selección humana, ha contribuido a que desarrolle frutos más grandes, jugosos y dulces.

Tampoco podemos olvidar al café arábico (Coffea arabica), un tetraploide (4x) necesario para muchos cada mañana, resultado de un antiguo cruce entre dos especies africanas.

Así que cuando desayunamos tostada de pan de trigo con mermelada de fresa y una taza de café, estamos disfrutando de una auténtica degustación de poliploides.

En nuestro día a día

Asimismo, una de las bebidas más antiguas y apreciadas por la humanidad, la cerveza, está relacionada con la poliploidía. Su ingrediente principal, la cebada (Hordeum vulgare), presenta formas diploides (2x) y tetraploides (4x) que han sido seleccionadas por sus propiedades y su resistencia a condiciones ambientales diversas.

Además, la levadura de la cerveza (Saccharomyces cerevisiae), responsable de la fermentación, puede presentar distintos niveles de ploidía, lo que influye en los aromas y matices de la bebida.

Otras plantas comestibles comunes también tienen un origen poliploide bien documentado, como el plátano y la banana (Musa sp., 3x), la patata (Solanum tuberosum, 4x) o la caña de azúcar (Saccharum officinarum, 8x).

Fruto maduro del algodón.
Michael Bass-Deschenes / Wikimedia Commons., CC BY

La poliploidía, además, se encuentra en otras plantas ampliamente usadas por los humanos con propósitos no alimenticios, como el tabaco (Nicotiana tabacum, 4x) o el algodón (Gossypium sp., 4x).

Mutaciones artificiales

Pero la poliploidía no es solo un fenómeno del pasado. Hoy en día, siguen ocurriendo mutaciones cromosomáticas, tanto de forma natural como inducidas por la acción humana.

Los programas de mejora vegetal la aprovechan para crear cultivos más productivos, resistentes a plagas o adaptados al cambio climático, pues permite combinar en el híbrido características beneficiosas de ambos progenitores.

Un buen ejemplo es el nabicol o colinabo (Brassica napobrassica), un híbrido natural originado en el siglo XVII entre la col (Brassica oleracea) y el nabo (Brassica rapa) y seleccionado para su cultivo por el ser humano. Este cruce combina el material genético de ambas especies, que da lugar a una planta con raíces carnosas, hojas nutritivas y una gran tolerancia al frío.

Como vemos, la poliploidía ha dotado a muchas plantas de características que han resultado ser muy beneficiosas desde el punto de vista de su aprovechamiento agrícola. En consecuencia, buena parte de los alimentos que consumimos a diario son el resultado directo de estos “errores afortunados” de la naturaleza.

The Conversation

Marcial Escudero recibe fondos de la Agencia Estatal de la Investigación (DiversiChrom PID2021-122715NB-I00).

Alegría Montero Ramírez, Ana Valdés Florido, Carmen Benítez Benítez, Inés Gómez Ramos, Joan Cuscó Borràs, Letícia Rodrigues Novaes, Rogelio Sánchez Villegas y Santiago Martín-Bravo no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Café y tostadas con mermelada, un perfecto desayuno poliploide – https://theconversation.com/cafe-y-tostadas-con-mermelada-un-perfecto-desayuno-poliploide-272082

Cuando la realidad también descarrila: comprender el ‘shock’ y el duelo tras un accidente grave

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Teresa Bobes Bascarán, Profesora asociada en Ciencias de la Salud, Universidad de Oviedo · Psicóloga clínica, SESPA · Investigadora en salud mental (CIBERSAM, ISPA, INEUROPA), Universidad de Oviedo

shisu_ka/Shutterstock, CC BY

Hay sucesos que no sólo interrumpen un trayecto, sino que alteran el mapa interno con el que nos movemos por el mundo. Lo que hasta ese momento era rutina, subir a un tren, confiar en un horario, asumir la seguridad como algo dado, se quiebra de forma abrupta. En cuestión de segundos, lo cotidiano se vuelve amenazante y lo previsible, frágil.

Tras una tragedia colectiva como la ocurrida el pasado domingo con el descarrilamiento y choque de dos trenes en la provincia de Córdoba –por el momento hay 41 fallecidos–, no se detiene únicamente un servicio o una agenda. Se resiente algo más profundo: la percepción de seguridad, la relación con el tiempo y la confianza básica en que el mundo funciona como esperamos. Por eso, el impacto no se limita a quienes estuvieron directamente implicados. Se extiende, de forma silenciosa, a muchas otras personas.

En este contexto, una de las preguntas más frecuentes es si las reacciones emocionales que aparecen como el aturdimiento, el miedo o la sensación de irrealidad son normales. Desde la psicología, la respuesta es clara y basada en la evidencia: sí, lo son.

Una respuesta esperable

El shock psicológico es una reacción automática del organismo ante una amenaza extrema. Desde el punto de vista neurobiológico, se produce una activación intensa de los sistemas de alarma del cerebro, especialmente los relacionados con la respuesta al estrés, lo que puede afectar temporalmente a funciones como la atención, la memoria o la regulación emocional.

En las primeras horas o días tras un accidente grave es frecuente experimentar sensación de irrealidad, dificultades para concentrarse, recuerdos fragmentados, emociones embotadas o muy intensas, alteraciones del sueño o síntomas físicos como temblor y agotamiento. Estas manifestaciones forman parte de lo que se conoce como respuesta aguda al estrés, recogida en los principales manuales diagnósticos y descrita ampliamente en la literatura científica.

La evidencia empírica muestra que entre el 70 y el 80 % de las personas expuestas a una catástrofe presentan este tipo de reacciones iniciales, que en la mayoría de los casos disminuyen de forma progresiva sin necesidad de intervención especializada.

Por qué algunas tragedias impactan más que otras

No todas las tragedias colectivas generan el mismo impacto psicológico. En accidentes de gran magnitud como el que acabamos de vivir en España confluyen varios factores que intensifican la conmoción social:

  • Ruptura de una sensación de seguridad muy asentada. El transporte ferroviario de alta velocidad se percibe como un entorno controlado y seguro. Cuando falla un sistema asociado a la rutina diaria, se resiente la confianza básica en lo previsible.

  • Alta identificación social. Viajar en tren es una experiencia común. Esto favorece la identificación masiva con las víctimas y activa pensamientos del tipo “podría haber sido yo”, que aumentan la intensidad emocional.

  • Carácter súbito e inesperado. Los sucesos repentinos, sin tiempo de anticipación, generan mayor sensación de indefensión y dificultan la integración psicológica inicial.

  • Magnitud humana y exposición continuada. El número de víctimas, la gravedad de los heridos y la repetición de imágenes incrementan la carga emocional, incluso en personas no directamente afectadas.

  • Activación de la memoria colectiva. La investigación sobre el descarrilamiento del tren en Santiago de Compostela en 2013 muestra cómo las tragedias ferroviarias no solo generan impacto inmediato, sino que reactivan duelos previos y emociones latentes a nivel social, amplificando el malestar colectivo.

El impacto indirecto también cuenta

Las investigaciones en trauma psicológico describen el llamado impacto vicario o indirecto. Personas que no han estado presentes pueden experimentar ansiedad, hipervigilancia, miedo persistente o alteraciones del sueño tras una tragedia de gran repercusión.

Se estima que entre un 10 y un 20 % de la población expuesta indirectamente puede presentar malestar clínicamente significativo durante semanas, sin que ello implique un trastorno mental, sino una respuesta humana ante la percepción de amenaza.

El duelo no es un proceso lineal

Para quienes han perdido a un ser querido, el duelo no sigue una secuencia ordenada ni unos plazos fijos. En los primeros momentos suele predominar el aturdimiento; más adelante pueden aparecer tristeza intensa, rabia, culpa o preguntas sin respuesta.

La evidencia indica que alrededor del 10-15 % de las personas en duelo pueden desarrollar complicaciones si concurren factores de riesgo previos o si no cuentan con apoyos adecuados. Por ello, el acompañamiento temprano y respetuoso es un elemento clave de prevención.

La importancia de la intervención comunitaria

La psicología subraya el valor de las intervenciones comunitarias tempranas. Crear espacios de escucha y atención, por ejemplo, en estaciones de tren u otros lugares de tránsito, permite reducir el aislamiento, normalizar reacciones y favorecer la regulación emocional.

Hablar con otros viajeros, compartir experiencias o simplemente estar acompañado actúa como factor protector. Estas intervenciones, basadas en los principios de los primeros auxilios psicológicos, han demostrado ser eficaces para disminuir el malestar y prevenir problemas posteriores.

Cuándo buscar ayuda profesional

En la mayoría de los casos, el malestar disminuye con el paso de las semanas. Sin embargo, si los síntomas persisten, se intensifican o interfieren de forma significativa en la vida cotidiana, la atención psicológica especializada es una herramienta eficaz y necesaria.

Cuando ocurre una tragedia de este tipo, es tentador buscar explicaciones rápidas o exigir una recuperación inmediata. Sin embargo, los procesos psicológicos no siguen la lógica de la urgencia ni de los plazos administrativos. El shock, el duelo y el miedo necesitan tiempo, acompañamiento y contextos seguros para poder elaborarse.

La evidencia científica muestra que la mayoría de las personas logrará integrar lo vivido con el paso de las semanas o los meses. Pero también señala algo igualmente importante: que el apoyo social y comunitario temprano marca una diferencia significativa. Espacios de escucha, presencia sin juicio y recursos accesibles ayudan a que el impacto no se transforme en aislamiento o cronificación del sufrimiento.

Pedir ayuda profesional cuando el malestar persiste no es un signo de debilidad, sino una forma de cuidado y de prevención. Porque, tras una experiencia que sacude los cimientos de la normalidad, cuidar la salud mental no es un añadido: es una necesidad.

Cuando la realidad se descarrila, acompañar y dejarse acompañar es una forma de volver a poner las vías.

The Conversation

Teresa Bobes Bascarán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando la realidad también descarrila: comprender el ‘shock’ y el duelo tras un accidente grave – https://theconversation.com/cuando-la-realidad-tambien-descarrila-comprender-el-shock-y-el-duelo-tras-un-accidente-grave-273871

Los trabajadores son los guardianes del conocimiento de las organizaciones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elene Igoa Iraola, Profesora e Investigadora Universitaria, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Deusto

New Africa/Shutterstock

Las cifras hablan por sí solas: se prevé que, en los próximos años, se jubilarán 5,3 millones de trabajadores españoles, mientras que sólo 1,8 millones de jóvenes se incorporarán al mercado laboral.

En las próximas décadas esta descompensación va a generar dificultades a las empresas a la hora de contratar personal, y, además, existe el riesgo de fuga de conocimientos. Esta situación no solo pone de relieve la pérdida de personal cualificado sino que va más allá y recalca la necesidad de preservar la memoria colectiva de las organizaciones.

La memoria colectiva organizacional

Para que una organización sea competitiva en el tiempo es necesario que tenga bien identificados los conocimientos críticos que hacen que su producto o servicio destaque dentro del mercado. En muchas ocasiones, lo que marca la diferencia es el conocimiento tácito que existe en la organización acerca de cómo se realiza una tarea en concreto.

Este conocimiento no está escrito en manuales sino que se transmite entre trabajadores. Se centra en la forma de trabajo y está conformado por el cúmulo de experiencias, prácticas informales, redes de relaciones y valores a la hora de trabajar. Así, la memoria colectiva se construye a lo largo del tiempo, no pertenece a una sola persona y vive en la interacción entre los miembros de la organización. En cómo se hacen las cosas, cómo se toman las decisiones, qué se valora, qué se evita y qué historias se cuentan dentro de la empresa.

Para poder mantener la memoria colectiva organizacional es necesario reconocer que los trabajadores son portadores de conocimiento estratégico y que su experiencia constituye una ventaja competitiva para la organización.

Las organizaciones que entienden esto desarrollan planes de retención del conocimiento, identificando los conocimientos críticos para garantizar que estos no se pierdan cuando alguien se va de la empresa o se jubila. Estas estrategias ponen en valor las aportaciones de los trabajadores porque miran más allá de las tareas que realizan para centrarse en los aportes intangibles de los empleados: sus vivencias, habilidades blandas y aprendizajes informales.

Estrategias para preservar el conocimiento organizacional

Las empresas que prevén la problemática de la pérdida de talento no improvisan, diseñan programas para transferir conocimiento y fortalecer la colaboración intergeneracional. Algunas iniciativas clave incluyen:

  • Plataformas colaborativas: estas herramientas tecnológicas facilitan el intercambio de información, ideas y experiencias entre los empleados. Permiten documentar aprendizajes, compartir buenas prácticas y fomentar el trabajo en red, de modo que el conocimiento no queda aislado en una sola persona o departamento sino que se pone al servicio de toda la organización.

  • Mapas de conocimiento: son una herramienta visual que permite identificar qué conocimientos son críticos para la organización y en qué personas o equipos reside ese saber. Permite detectar brechas, planificar la transferencia de conocimiento y priorizar acciones.

  • Mentoring: emparejar empleados veteranos con profesionales jóvenes favorece el intercambio de conocimiento. Este proceso bidireccional fortalece el aprendizaje y el vínculo intergeneraciones.

  • Procesos de relevo generacional: su planificación garantiza la continuidad del conocimiento, los valores y las competencias clave dentro de la empresa pese a la jubilación de los empleados. Incluyen fases de transferencia, acompañamiento y adaptación.

  • Comunidades de práctica: grupos formados por profesionales que comparten un mismo interés, reto o área de especialización, y que se reúnen de forma periódica para intercambiar soluciones, aprendizajes y buenas prácticas.

Cuidar la memoria y el conocimiento

La implementación de estas estrategias ayuda a una mejor adaptación a las dificultades, especialmente en tiempos de incertidumbre. Las empresas que son capaces de identificar y gestionar su conocimiento crítico hacen del aprendizaje continuo su seña de identidad y son capaces de reinventarse.

El futuro pertenece a las empresas que cuidan la memoria, el conocimiento y a los empleados de la organización porque entienden que su mayor activo no está en sus productos ni en sus servicios, sino en las personas que hacen realidad su propósito organizacional.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Los trabajadores son los guardianes del conocimiento de las organizaciones – https://theconversation.com/los-trabajadores-son-los-guardianes-del-conocimiento-de-las-organizaciones-270655

Usar ‘walkie-talkies’ durante años tampoco aumenta el riesgo de cáncer

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Nájera López, Profesor de Radiología y Medicina Física en la Facultad de Medicina de Albacete. Coordinador de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación (UCLMdivulga), Universidad de Castilla-La Mancha

Jota Buyinch Photo/Shutterstock

Las ondas electromagnéticas que emite cualquier dispositivo inalámbrico llevan años alimentando miedos por sus posibles efectos sobre la salud. Seguro que ha oído alguna vez que es mejor no dormir con el móvil en la mesilla, pero no son los únicos aparatos que emiten radiaciones. Las emisoras de servicios de emergencia como la policía y los bomberos también lo hacen. Son walkie-talkies que muchos agentes llevan en el chaleco durante horas. Como era de esperar, también han generado inquietud por el miedo a las radiaciones. ¿Acaso podrían aumentar el riesgo de cáncer?

En Europa los cuerpos de emergencias utilizan el sistema de comunicaciones TETRA (del inglés, Trans European Trunked Radio). Es una versión muy mejorada y profesional de los walkie-talkies de toda la vida. No está pensado para el gran público, como la telefonía móvil, sino para situaciones críticas. Esas en las que la fiabilidad, la robustez y la cobertura pueden ser cuestión de vida o muerte.

Cuando un agente habla, el dispositivo emite campos electromagnéticos de radiofrecuencia. Son los mismos que generan los móviles y el wifi, aunque a frecuencias más bajas (para cubrir grandes áreas con menos antenas). Además, lo hacen a ráfagas muy breves –en lugar de en conexiones continuas– y solo cuando el agente pulsa para hablar –no continuamente–. Esto hace que el patrón de exposición sea muy diferente al de otros dispositivos inalámbricos. Por lo tanto, la forma en la que se estudia también es diferente.

Esto plantea dudas lógicas. Si un policía usa este equipo a diario durante años, ¿podría aumentar su probabilidad de desarrollar cáncer, especialmente en zonas cercanas como la cabeza y el cuello? Si lo usa más minutos, ¿aumenta el riesgo?

Para responder estas preguntas hace falta un estudio grande, bien diseñado y basado en datos de uso reales. Fue lo que se hizo en un trabajo reciente que analizó a casi 50 000 policías británicos que habían utilizado las radios durante más de una década.

Un estudio con 50.000 agentes durante once años

Entre 2004 y 2015, investigadores del Imperial College London (Reino Unido) reclutaron a 53 245 participantes de cuerpos policiales del país. Estos fueron tomados de la cohorte Airwave, creada para analizar la salud de las fuerzas policiales británicas. La mayoría eran hombres, adultos y estaban en activo cuando se incorporaron al estudio.

Los investigadores combinaron cuestionarios sobre salud, hábitos y tipo de trabajo con registros del Ministerio del Interior del uso de la emisora de radio. Esto permitió determinar cuántos minutos al mes hablaba cada persona por su radio y durante cuántos años la había utilizado. Es decir, no dependían solo de la memoria de los participantes: recopilaron datos objetivos.

Esta información se cruzó con los registros nacionales de cáncer y mortalidad, en un seguimiento de unos 11 años. En ese tiempo se diagnosticaron 1 502 cánceres. De estos, 146 afectaban a la cabeza, el cuello o el sistema nervioso central, las zonas que más preocupaban. En el análisis final se incluyeron 48 547 participantes sin diagnóstico previo de cáncer. Dos tercios de ellos eran usuarios habituales de radio.

Ni más cáncer ni más riesgo

Los investigadores compararon grupos de personas similares –en edad, sexo, consumo de tabaco, alcohol, peso, educación, rango profesional– pero con diferente exposición a las radios.

Así encontraron que quienes usaban la radio no presentaron un riesgo mayor de cáncer que quienes no lo hacían. El riesgo relativo para cualquier cáncer no mostró diferencias relevantes. Lo mismo ocurrió al analizar por separado los cánceres de cabeza y cuello y los tumores cerebrales y meníngeos.

Tampoco apareció un patrón preocupante al estudiar la intensidad de uso. Doblar los minutos mensuales de conversación no se asoció a un aumento significativo del riesgo. Incluso entre los agentes con mayor exposición, que hablaban diez veces más de lo normal, no se detectó incremento.

Por si quedaba alguna duda, repitieron el análisis solo con policías operativos. El objetivo era excluir al personal administrativo, que usaba la radio poco o nada y podía diluir las diferencias. El resultado no cambió. Además, el estudio evaluó el uso del móvil personal. Si existiera algún efecto combinado entre móvil y radio, podría reflejarse ahí. Tampoco encontraron señales de un mayor riesgo.

Tranquilizador a pesar de la incertidumbre

En ciencia no existe el riesgo cero. Este estudio, como cualquiera, tiene márgenes de incertidumbre. Los tumores cerebrales y de determinadas zonas de la cabeza son poco frecuentes incluso en cohortes enormes. Esto deja cierto margen estadístico para la incertidumbre.

Aun así, los autores son claros. No han encontrado ninguna señal de que las radios TETRA aumenten el riesgo de cáncer. Los datos no permiten descartar del todo un hipotético efecto muy pequeño, pero sí los riesgos grandes o moderados. Si existieran, habrían aparecido con claridad en un seguimiento tan prolongado y con una exposición tan bien medida.

Quienes hacemos ciencia somos muy tiquismiquis: si no estamos seguros al cien por cien preferimos ser prudentes. Pero cuando varios análisis independientes coinciden, el mensaje a transmitir a la sociedad debe ser claro y contundente.

No existe una epidemia silenciosa entre profesionales

Para los policías el mensaje es tranquilizador: usar radios TETRA no se asocia a un mayor riesgo de cáncer. No aparece rastro alguno de una epidemia silenciosa entre los cuerpos de seguridad.

Para el resto, este estudio se suma a una lista creciente de evidencias que apuntan en la misma dirección. A los niveles habituales de exposición las radiofrecuencias de móviles, wifi, antenas y equipos profesionales no representan un riesgo relevante para la salud.

Esto no significa que haya que dejar de investigar. La tecnología evoluciona, las pautas de uso cambian y la vigilancia científica debe continuar. Sí ayuda a colocar el debate en un punto más razonable y menos dominado por el miedo y la desinformación.

Y no olvidemos que, lejos de causar un daño sobre la salud, estas radiaciones de las emisoras TETRA y los móviles, permiten salvar vidas.

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Alberto Nájera López es Director Científico del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS)

Jesús González Rubio forma parte, como vocal, del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS)

ref. Usar ‘walkie-talkies’ durante años tampoco aumenta el riesgo de cáncer – https://theconversation.com/usar-walkie-talkies-durante-anos-tampoco-aumenta-el-riesgo-de-cancer-271815

¿Trabajos bien escritos que no dicen nada? Qué es el ‘workslop’ de la IA y cómo evitarlo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Isabel Labrado Antolin, Profesor Ayudante Doctor Organización de Empresas, Universidad Complutense de Madrid

Lucky Business/Shutterstock

Imagine un estudiante que se encuentra ante esta tarea: “Analizar la expansión internacional de Starbucks en mercados emergentes. Considere factores culturales, económicos y de gobernanza”. En lugar de investigar y reflexionar, el estudiante copia la instrucción completa y la pega en ChatGPT con un simple “desarrolla esto”.

Algunos minutos después recibe un texto perfectamente estructurado. Párrafos elaborados, vocabulario académico, referencias a teorías de gestión internacional y conclusiones que suenan profundas. Sin leerlo en profundidad, lo entrega.

El profesor lo lee y se encuentra con párrafos como estos:

“La expansión internacional de Starbucks en mercados emergentes representa un caso paradigmático de la tensión entre estandarización global y adaptación local. Desde la perspectiva del modelo CAGE de Pankaj Ghemawat, la compañía ha navegado exitosamente las distancias culturales, administrativas, geográficas y económicas. Su enfoque híbrido, que combina elementos universales de la marca con ajustes contextuales, ilustra la sofisticación necesaria para triunfar en
mercados heterogéneos.”

Suena impecable. Jerga académica correcta, teoría legítima citada, estructura impecable. Pero es completamente intercambiable: podría ser sobre Nike, Coca-Cola o Inditex sin cambiar una palabra. No menciona ningún mercado específico. No reflexiona sobre contradicciones reales. No muestra investigación personal.

Eso que acaba de leer es workslop: contenido que aparenta estar bien elaborado pero que carece completamente de sustancia.

Contenido ‘basura’ con buen aspecto

El término, que ha ganado tracción recientemente en los círculos académicos y empresariales, describe un fenómeno cada vez más común en la era de las herramientas de inteligencia artificial generativa. El sustantivo “slop” se refiere, en inglés, a una comida más líquida de lo que debería con un aspecto nada apetecible, o a un líquido sucio de desecho. Una posible traducción al castellano de este neologismo podría ser “contenido basura”, “palabrería vacía” o “relleno de baja calidad”…

No se trata simplemente de plagio o copia textual. El workslop es más insidioso: es contenido nuevo, que parece académicamente sólido, y supera una lectura superficial. En realidad, no aporta valor intelectual alguno porque nunca fue producto del pensamiento genuino. Es la basura con aspecto de joyería: algo perfecto en forma pero vacío en esencia.

La carga de procesar el ‘workslop’

El workslop no se detecta a simple vista porque cumple los estándares formales: jerga académica apropiada, estructura lógica, citas correctas. Pero le falta profundidad. Las conclusiones son genéricas, los argumentos superficiales, aplicables a múltiples contextos. Para el receptor, tramitar este contenido supone una pérdida de tiempo en decodificación, evaluación y retroalimentación. La experiencia es equivalente a la de un espejismo académico: promete conocimiento donde sólo hay vacío.

Este tipo de contenido basura con aspecto solvente crea una ilusión engañosa: la apariencia del progreso mientras que la realidad es que la carga cognitiva se transfiere del que crea al que recibe.




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En el entorno académico, además de la pérdida de productividad, este tipo de contenidos erosiona la confianza entre profesores y alumnos. Cuando alguien recibe workslop, no solo ha perdido tiempo decodificando el contenido; también ha formado juicios negativos sobre quien lo envió. Se pregunta: “¿Por qué enviaron esto? ¿No pueden hacer su trabajo? ¿No valoran mi tiempo?”.

La IA como problema y como solución

Pero la misma tecnología que genera workslop también puede ayudarnos a evitarlo. Todo depende de cómo usemos la inteligencia artificial.

Uno de nuestros estudios recientes revela patrones sorprendentes sobre los factores que influyen en que la IA devuelva contenido inane o vacío, o contenido de más calidad. Tras analizar conversaciones de estudiantes de educación superior con chatbots de IA durante tareas de análisis estratégico, descubrimos que la forma en que un estudiante se comunica con la IA determina la calidad del contenido obtenido.

Los estudiantes que adoptan un tono relacional con la IA demuestran pensamiento crítico más profundo, produciendo así respuestas académicas de más calidad. Por ejemplo, ante una respuesta del chatbot un estudiante prosige: “Interesante, puedes darme una explicación a ….?”. Este estilo y tono más “relacional” se consigue a través de preguntas de seguimiento y muestras de curiosidad cognitiva. Con ello, los alumnos logran indagar en mayor profundidad el caso que se les planteaba.




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Por el contrario, aquellos que empleaban un tono neutral y realizaban preguntas pasivas mostraban menor compromiso cognitivo con la tarea. En otras palabras, cuando los estudiantes interactúan con la IA confiando en el valor esperado, emulando una conversación genuina, el contenido resultante refleja ese pensamiento más sofisticado. Cuando simplemente envían instrucciones frías y esperan respuestas, obtenemos el workslop.

Tratar a la IA como a un colaborador

He aquí dos ejemplos de cómo utilizar una herramienta de inteligencia artificial para elaborar un trabajo académico:

Enfoque que genera workslop:

Copiar el enunciado de la tarea y pedir “desarrolla esto” (sin ninguna reflexión previa sobre qué es lo que realmente necesita analizar o entender).

Enfoque que evita el workslop:

“He leído que Starbucks enfatiza la adaptación local. ¿Eso contradice su posicionamiento global como marca “premium”? ¿Cómo lo resuelven en Asia? Y si lo resuelven así en Asia, ¿por qué no aplican la misma estrategia en América Latina?“

En el segundo caso, el estudiante está creando un diálogo real, está cuestionando, está buscando consistencia lógica. La IA, a su vez, proporciona respuestas más profundas porque se le está pidiendo que lo haga de manera reflexiva. El resultado es contenido académico que refleja genuina cognición crítica, no frases bien construidas sin una aportación de contenido útil o de calidad.

Pensamiento crítico imprescindible

La IA no genera necesariamente workslop. Lo hace cuando la usamos sin pensamiento crítico genuino. Cuando la usamos para profundizar razonamientos, manteniendo diálogo auténtico y buscando alineación real entre intenciones intelectuales y respuestas, la IA se convierte en amplificador de pensamiento, no sustituto.

Del resultado de nuestro estudio se destilan tres recomendaciones para estudiantes: usar la IA como compañero de pensamiento, no como sustituto, prestar atención al tono emocional utilizado en la comunicación, y validar el texto generado y su aportación de valor respondiendo a la pregunta: “¿el texto añade algo nuevo o reorganiza lo obvio?” Si es lo segundo, puede usted estar generando workslop.

El desafío no es la tecnología. Es nuestra disposición a usarla de manera genuinamente reflexiva. La verdadera pregunta que todo estudiante o investigador debe hacerse no es “¿Puede la herramienta hacer esto?”, sino “¿Estoy usando esto para mejorar realmente mi pensamiento?”. De nosotros depende la diferencia.

The Conversation

María Isabel Labrado Antolin no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Trabajos bien escritos que no dicen nada? Qué es el ‘workslop’ de la IA y cómo evitarlo – https://theconversation.com/trabajos-bien-escritos-que-no-dicen-nada-que-es-el-workslop-de-la-ia-y-como-evitarlo-273657

Trump: el orden y el caos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Luis Manfredi, Professor International Studies & Journalism, Universidad de Castilla-La Mancha

Trump ha firmado 225 órdenes ejecutivas durante el primer año de su segundo mandato. IAB Studio/Shutterstock

Estremece leer la Carta del Atlántico, firmada en agosto de 1941 por Franklin Delano Roosvelt y Winston Churchill. Los principios políticos compartidos, la solidaridad entre ambas potencias, la apuesta por mecanismos de seguridad colectiva y la libertad sin miedo asentaron las bases del sistema internacional de inspiración liberal.

Estados Unidos se ha independizado de dicho orden, ha renunciado a su rol como líder global y se ha retirado a su hemisferio.

El nuevo orden que viene se asemeja sobremanera a la primera globalización (1870-1914): una competición entre grandes potencias por el control de los recursos y la geografía, la debilidad de las instituciones multilaterales, un nacionalismo reaccionario y la coerción –y la guerra– como mecanismo de solución de controversias.

Asistimos al nacimiento de un mundo desglobalizado, menos seguro y más inestable. Tal es el legado del primer aniversario de la segunda presidencia de Donald Trump, una auténtica revolución cultural, política y filosófica.

225 órdenes ejecutivas y 13 países visitados

El presidente Trump ejerce el poder. Ha firmado 225 órdenes ejecutivas, más que en su primer mandato, y ha visitado 13 países. Toma decisiones y actúa rápido. Tiene prisa porque se le agota el tiempo, dada su edad y las elecciones de medio término.

La expansión del poder presidencial enrarece el ambiente de la política doméstica, donde los líderes políticos y sociales no aciertan a responder ante tanta iniciativa. En la producción de la agenda y de la realidad mediática, el presidente ha ganado la partida. En el plano jurídico, el presidente se asigna poderes de emergencia para casi todo: aranceles y tarifas, control de fronteras, lucha contra el narcotráfico, reformas energéticas o la Guardia Federal.

Su popularidad no despega, anclada en menos del 40 %. Los recortes en la administración, la subida de precios asociada a los aranceles o la falta de oportunidades en vivienda limitan el discurso de affordability –algo así como “asequibilidad”– que le llevó a la Casa Blanca.

Más aún, el ataque a la independencia de la Reserva Federal, las actuaciones violentas del ICE –Servicio de Control de Inmigración y Aduanas– y el despliegue de la Guardia Federal en distintas ciudades son decisiones desconcertantes. En su propio electorado, el movimiento MAGA se divide entre los partidarios del vicepresidente J. D. Vance y la agitación del secretario de Estado Marco Rubio.

En materia de política exterior, la Estrategia de Seguridad Nacional ha explicitado el Corolario Trump, una estrategia ofensiva de poder duro sin más límite que su propia moralidad. Ha bombardeado Yemen, Siria, Irán, Nigeria o Somalia, pero se resiste a poner botas sobre el terreno. La coerción es aérea y económica. La captura de Venezuela anticipa una era de intervencionismo regional y potestad sobre los recursos económicos.

El hemisferio occidental es un corredor geográfico, de Groenlandia a la Patagonia, que produce la seguridad material de los Estados Unidos: energía, cadenas de suministro y mercados de consumo. La verticalización del poder se construye sobre una mirada geográfica Norte-Sur y abandona el interés por las cuestiones del eje Este-Oeste, sea China-Taiwán, sea Rusia-Unión Europea. El futuro de Oriente Medio es una incógnita y la estabilidad regional aún espera el resultado de la revolución iraní.

Sin compromiso con la democracia

Trump argumenta una política exterior soberanista y sin compromiso con la democracia o los derechos humanos. Sin valores políticos compartidos, los países medianos y pequeños cambiarán de bando y alianzas con mayor frecuencia. Indonesia ha anunciado la adquisición de tecnología militar china, mientras los europeos se dejan seducir por la potencia asiática.

Las esferas de influencia benefician a China y Rusia, que apenas han manifestado interés público por los sucesos de Venezuela o Groenlandia. Solo me queda una duda, ¿dónde queda India en este reparto postcolonial? No es una estrategia para pensar la próxima década, sino una respuesta para adaptar Estados Unidos a un mundo que ha pasado de la globalización a la geoeconomía.

En economía se confirma la fusión entre política energética, tecnología, comercio y seguridad. Estados Unidos produce unos 14 millones de barriles de petróleo al día, más que Arabia Saudí y Rusia, y casi lo mismo que Rusia, Irán y China juntos. Además, se ha aprobado la construcción de nuevos minirreactores nucleares. No habrá descarbonización ni transición energética en una economía orientada hacia los servicios digitales y la inteligencia artificial.

El capitalismo patriótico recupera el mercantilismo industrial y funda unas viejas nuevas compañías de indias digitales. El modelo privatiza el futuro, la ciencia y el conocimiento, limitando la competencia. El Stargate Project, impulsado por la compañía OpenAI, cuenta con inversión privada, capital saudí y catarí. La desregulación de las criptomonedas va en la misma dirección.

Las guerras culturales, el ocaso de la cultura woke y el debilitamiento de las políticas de identidad han creado un marco propicio para revisar qué significa ser estadounidense.

Los museos del Smithsonian Institute tienen la orden de revisar sus narrativas para alienarse con el nuevo ideal. Las universidades renuncian a oficinas y programas DEI –Diversidad, Equidad e Inclusión– para no perder financiación federal.

Un Arco del Triunfo en Washington

Entretanto, se anuncia la construcción de un Arco del Triunfo en el Mall de Washington para conmemorar el 250 aniversario de la República. El cuadro se completa con una política semántica que renombra el Golfo de América, el Departamento de Guerra o el Trump Kennedy Center.

En suma, el presidente Trump ha acelerado el tiempo histórico y nos conduce de manera inexorable, como a Los sonámbulos del historiador Christopher Clark, a un mundo postliberal y postamericano.

The Conversation

Juan Luis Manfredi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Trump: el orden y el caos – https://theconversation.com/trump-el-orden-y-el-caos-273887

Valentino entendió que la elegancia también cotizaba en bolsa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Mir, Profesor de la Facultad de Económicas y Director Académico de ISEM Fashion Business School, Universidad de Navarra, Universidad de Navarra

Valentino en una imagen promocional de _Valentino: el último emperador_, con modelos vistiendo diseños ‘rojo Valentino’. Valentino Movie

Roma despedirá el viernes 23 de enero a Valentino Garavani, el diseñador italiano que convirtió un matiz rojo en símbolo universal del glamour y transformó la alta costura en un negocio multimillonario. Su empresa sobrevivió cuatro cambios de dueño y sigue funcionando 17 años después del retiro de quien le dio su nombre.

Fallecido a los 93 años, en su residencia romana, Valentino deja un legado que va mucho más allá de las pasarelas. En 1959 fundó su casa de moda, cuando la industria italiana competía por dejar atrás la etiqueta de simple manufacturera de París. Y consiguió convertirla en una máquina de generar prestigio y beneficios que culminó con su adquisición, por parte del grupo italiano HdP, por 300 millones de dólares en 1998, una cifra que triplicaba sus ventas directas de entonces.

La operación con HdP marcó un hito en la profesionalización de las casas de moda familiares. Valentino y su socio Giancarlo Giammetti –quien tras conocer al diseñador, en 1960, abandonó su carrera en el mundo de la arquitectura para gestionar el negocio– demostraron que una marca podía cotizar por su valor simbólico, no solo por sus cuentas de resultados.

Cuatro años después, HdP vendió la empresa al grupo Marzotto por apenas 210 millones de euros, lo que dejó en evidencia los riesgos de comprar glamour sin infraestructura. En 2012, el fondo catarí Mayhoola pagó 700 millones de dólares por ella, consolidando su posición en el mercado del lujo global.

Exclusiva y popular

Pero la genialidad de Valentino no residió en las hojas de balance sino en haber entendido, antes que nadie, que la alta costura podía ser simultáneamente exclusiva y mediática.

Mientras sus competidores protegían celosamente sus talleres, él invitó a la prensa a documentar cada puntada, cada prueba, cada capricho. El documental de 2008 Valentino: el último emperador mostró sin filtros el ego, las manías y el perfeccionismo de un creador que exigía 30 pruebas para un solo vestido.

La construcción de su marca descansó sobre tres pilares que cualquier escuela de negocios reconocería hoy como fundamentales.

Una mujer con un vestido negro con pequeñas líneas blancas sujeta una estatuilla.
Julia Roberts recogió su Óscar a la mejor actriz por Erin Brokovich con un icónico vestido de Valentino.
Featureflash Photo Agency/Shutterstock

En primer lugar, la diferenciación extrema mediante el “rojo Valentino”, un tono con matices naranjas que supuestamente descubrió durante una visita a la ópera en Barcelona. En segundo lugar, su asociación con una clientela prescriptora, desde Jackie Kennedy –quien eligió vestir de Valentino para su boda con Aristóteles Onassis, en 1968– hasta Julia Roberts recogiendo su Óscar. Y en tercer lugar, la expansión estratégica desde la alta costura al prêt-à-porter, los accesorios y las licencias, sin diluir el prestigio de la marca madre.

A estos tres pilares se sumaba un cuarto, quizás el más determinante desde una perspectiva de marketing: Valentino se convirtió en la personificación de su propia marca. Este mecanismo –denominado founder-brand identity, es decir, “identidad del fundador de la firma”– se da cuando el creador deja de ser simplemente el diseñador para convertirse en el activo intangible más valioso de la empresa.

Su imagen impecablemente cuidada, su presencia mediática constante y su estilo de vida ostensiblemente refinado no eran vanidad sino estrategia: cada aparición pública reforzaba los valores de marca. No era Valentino quien vestía de Valentino: era Valentino quien era Valentino.

Este fenómeno tiene precedentes selectos en la industria: Coco Chanel encarnó la liberación femenina que vendían sus diseños, Giorgio Armani proyectó la sobriedad elegante de sus trajes y Ralph Lauren ha construido un universo aspiracional americano del que él mismo es protagonista. Pero pocos ejecutaron esta fusión con tanta coherencia durante seis décadas.

Un zapato de éxito

Paradójicamente, fue después de su retiro cuando la marca alcanzó uno de sus mayores éxitos comerciales en calzado. En 2010 lanzaron el Rockstud, un stiletto decorado con tachuelas piramidales inspiradas en el bugnato, un detalle arquitectónico romano que adornaba los palacios de la ciudad eterna.

Fotografía de unos pies con unos zapatos.
Fotografía de los ‘Rockstud’.
KKCreative/Shutterstock

El zapato no solo se convirtió en objeto de culto –ganó el premio del Council of Fashion Designers of America–, sino que demostró que Valentino había construido una plataforma de marca lo suficientemente sólida como para generar iconos sin su presencia física. Desde su debut, la línea Rockstud impulsó el crecimiento de ventas de la casa en un 36 %, con los accesorios representando la mitad del volumen de negocio. La colección se expandió a bolsos, bailarinas, sandalias e incluso líneas para mascotas, consolidando un código visual propio que compite en reconocimiento inmediato con cualquier monograma del lujo.

Con precios desde 720 euros, los Rockstud hicieron que Valentino fuese (un poco) más accesible sin traicionar su esencia: seguían siendo aspiracionales, impecablemente ejecutados y portadores de una narrativa de prestigio.

Una mujer rubia alta y un hombre de traje muy bronceado.
Gwyneth Paltrow y Valentino Garavani en el estreno del documental Valentino: el último emperador en Los Ángeles, en 2009.
s_bukley/Shutterstock

Su método de trabajo anticipó lo que décadas después se llamaría marketing de influencers. No esperaba a que las actrices llamaran: las vestía gratis para los Óscar, generaba imágenes icónicas y convertía cada alfombra roja en un escaparate valorado en millones. Jessica Lange, Julia Roberts, Anne Hathaway o Jennifer López entendieron que llevar un Valentino no era solo lucir un vestido. Era apropiarse de una narrativa de elegancia atemporal.

Un estilo de vida

El aspecto más fascinante de su trayectoria empresarial fue cómo monetizó su estilo de vida. Moviéndose entre residencias en Roma, Capri, Gstaad, Londres y Nueva York, con un yate de 46 metros y una colección de arte que incluía Picassos y Mirós, Valentino no solo vendía ropa: vendía aspiración. Sus clientes no compraban prendas sino el acceso simbólico a ese universo de belleza implacable.

La marca ha tenido directores creativos dispares y Alessandro Michele, fichado en 2024, es el encargado ahora de reinventarla. Todos trabajan bajo la tutela financiera de Mayhoola (70 %) y Kering (30 %). Este último grupo ejercerá el control total en 2028 o 2029, según opciones contractuales.

La lección de Valentino para la industria de la moda no fue solo estética sino estratégica: demostró que el lujo funciona como negocio cuando se construye sobre códigos visuales reconocibles, cuando se alimenta con disciplina narrativa y cuando se gestiona la escasez como recurso de posicionamiento. El “rojo Valentino” no era un color, era una patente emocional.

Sus últimos años los dedicó a la Fundación Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti. En 2023 inauguró PM23, un espacio cultural en la Piazza Mignanelli de Roma donde se exhibe su archivo. Fue su forma de controlar el relato póstumo: convertir sus creaciones en patrimonio antes de que otros decidieran qué hacer con ellas.

El viernes 23 de enero desfilarán por su funeral en la Basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri la aristocracia europea, la industria de la moda y las clientas que durante décadas confiaron en él para los momentos que requerían no solo belleza sino autoridad estética. Porque Valentino no solo hizo que las mujeres lucieran elegantes: construyó un sistema para que esa belleza cotizara en bolsa.

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Pedro Mir no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Valentino entendió que la elegancia también cotizaba en bolsa – https://theconversation.com/valentino-entendio-que-la-elegancia-tambien-cotizaba-en-bolsa-273922

Tratado de Alta Mar: una noticia esperanzadora para la salud de los océanos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Villa Caro, Profesor de Ingeniería Naval y Oceánica, Universidade da Coruña

Prashanth Bala/Shutterstock

Más del 60% del océano corresponde a aguas de alta mar: aquellas que se encuentran fuera de las zonas jurisdiccionales de los países ribereños. El resto, las jurisdiccionales, que ocupan un tercio de los océanos, llevan bastante tiempo reguladas. Pero el ordenamiento de aquellas más alejadas de la costa se lleva discutiendo desde hace dos décadas y solo recientemente se ha firmado un Tratado de Alta Mar.

El Convenio del Derecho del Mar, firmado en Montego Bay (Jamaica) el 10 de diciembre de 1982, regula las aguas jurisdiccionales. Pero el nuevo Tratado de Alta Mar solo se aplica a partir de las zonas económicas exclusivas de los Estados. Es decir, en las aguas alejadas más de 200 millas de los territorios soberanos.

El tratado BBNJ (según sus siglas anglosajonas) es el tercer acuerdo de aplicación de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. El pacto incluye la protección de la biodiversidad y el uso sostenible de los recursos marinos.

Ratificación y entrada en vigor

Fruto de las reuniones mantenidas previamente, el 17 de enero de 2026 entró en vigor el nuevo acuerdo, denominado Tratado sobre la Conservación y el Uso Sostenible de la Diversidad Biológica Marina fuera de las Jurisdicciones Nacionales.

Más conocido como el Tratado de Alta Mar, ha obtenido la ratificación 81 países. En febrero de 2025, España se convirtió en el primer país europeo en depositar su ratificación ante la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York. Marruecos y Sierra Leona se unieron recientemente (septiembre 2025) al total de Estados que lo han firmado. Se convirtieron en los países 60 y 61 en respaldar el tratado, permitiendo que entrara en vigor lo firmado en junio del año 2023.

El objetivo principal del acuerdo (dotado de 76 artículos repartidos en 12 partes) se centra en mejorar la coordinación entre los países y establecer un enfoque integral destinado a la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad en las aguas afectadas.

Por lo tanto, se busca garantizar el uso de los recursos del océano en alta mar a un ritmo y de una manera adecuados. Es decir, que su aprovechamiento no provoque una reducción (en el presente y a largo plazo) de las especies animales y vegetales. Adicionalmente, el reparto de los beneficios obtenidos del uso de los recursos genéticos marinos debe ser llevado a cabo de una manera equitativa. Y ello creando áreas protegidas y fortaleciendo la cooperación científica.




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Preocupación en el sector pesquero

En referencia a la pesca, el artículo 10 del tratado refleja de manera clara lo que pretende en este aspecto. El acuerdo no busca invadir las competencias de otros organismos internacionales en referencia al reparto de los cupos de pesca. Se enfoca principalmente en el cambio climático, la acidificación de los mares, la contaminación y la explotación tecnológica.

No obstante, debido al fin ambientalista del pacto, es normal que se cree un posible foco de incertidumbre sobre sus posibles implicaciones para la pesca. Ello puede traer la consiguiente desconfianza por parte de los afectados.

El tratado permite el establecimiento de áreas marinas protegidas en alta mar. Asimismo, pretende que estén conectadas formando una red, una meta importante para poder alcanzar la protección del 30 % de los océanos (objetivo “30×30”) antes del año 2030. Actualmente, solo el 0,9 % de las aguas de alta mar está totalmente protegida.




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Dos barcos pesqueros fondeados en la costa, con la orilla al fondo
Barcos pesqueros en Viveiro (Lugo).
Raúl Villa Caro, CC BY-SA

Implicaciones jurídicas

Desde una óptica estrictamente jurídica, las normas del Tratado de Alta Mar no van en contra del Convenio del Derecho del Mar de las Naciones Unidas, sino que lo complementan en las áreas fuera de las aguas jurisdiccionales de los países. Así, se presentan como las primeras normas que tendrán efectividad en alta mar.

Adicionalmente, el tratado crea un nuevo órgano para conservar y gestionar la biodiversidad: la Conferencia de las Partes, que será el foro especializado para ejecutarlo.

Este tratado, como cualquier otro instrumento de derecho internacional, contiene una lista de principios. Estos deben tenerse en cuenta para su aplicación. Entre ellos destacan los de “quien contamina, paga” y “distribución justa y equitativa de los beneficios”, es decir, se obliga a quien contamina a asumir la responsabilidad y se garantiza una distribución equitativa de los beneficios derivados de los recursos marinos.

81 países lo incorporarán a su legislación

Tras su reciente entrada en vigor, el tratado pasa a ser jurídicamente vinculante. Afectará a los más de 80 países que lo han ratificado hasta ahora. Esto significa que aceptan incorporarlo a su legislación nacional.

El éxito del acuerdo dependerá de su traducción en medidas operativas y de los países implicados. Todos los Estados de la Unión Europea lo han firmado y ratificado. También lo han hecho otros países de América Latina, África y pequeños Estados vulnerables a la degradación oceánica, como las islas Seychelles y Palaos. Incluso China se ha sumado al pacto.

Pero existen países que, a pesar de firmarlo, aún no lo han ratificado, como Estados Unidos, Reino Unido y Rusia. Esto genera un escenario de adhesión desigual que condiciona el alcance real del tratado. En cualquier caso, la eficacia en su aplicación dependerá de la capacidad de los órganos institucionales ya existentes. Además, la puerta sigue abierta para que más Estados lo ratifiquen.

The Conversation

Raúl Villa Caro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Tratado de Alta Mar: una noticia esperanzadora para la salud de los océanos – https://theconversation.com/tratado-de-alta-mar-una-noticia-esperanzadora-para-la-salud-de-los-oceanos-273834