Por qué perdura la corrupción: vigilar y castigar no basta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandro Hortal, Visiting assistant professor, Wake Forest University; University of North Carolina – Greensboro

PeopleImages.com/Shutterstock

Los casos de corrupción se suceden con una regularidad casi previsible. Cambian los nombres, pero no la lógica que los sostiene. A menudo se presentan como simples episodios de avaricia o fallos éticos individuales. Sin embargo, esta explicación es incompleta si no tenemos en cuenta los contextos institucionales que facilitan estas conductas. La corrupción adopta múltiples formas, erosiona la confianza en las instituciones, influye en la desigualdad y obstaculiza el desarrollo social.

Durante mucho tiempo, la corrupción se ha explicado como un problema de control (modelo principal–agente). Los ciudadanos o el Estado delegan poder en funcionarios o políticos, que pueden aprovecharse de esa posición. La solución, según este enfoque, consiste en controlar y sancionar con mayor dureza.

Esta explicación no basta para entender por qué la corrupción persiste y se normaliza, incluso cuando no responde a necesidades económicas. El modelo asume decisiones racionales e ignora cómo influyen los sesgos, las normas sociales y el contexto institucional. Para entender y reducir la corrupción debemos también atender a lo que se ha venido a llamar la arquitectura de las decisiones: cómo se estructuran y diseñan los entornos e instituciones en los que las personas actúan.

Cómo el entorno moldea nuestras decisiones

La economía de la conducta muestra que nuestras decisiones están influidas por la complejidad del entorno, sesgos cognitivos y por limitaciones de atención y memoria. En muchas situaciones no decidimos tras un análisis cuidadoso, sino mediante atajos mentales propios de una racionalidad acotada. El entorno y la forma en que se presentan las opciones influyen de manera decisiva.

Desde esta perspectiva, las conductas corruptas no son solo inmorales y están relacionadas con la avaricia, sino que también pueden aparecer cuando los incentivos, las normas sociales y el diseño de los procedimientos las facilitan. Esto no significa que no haya responsabilidad moral o legal, sino que es importante reconocer que existen entornos que hacen que comportarse de forma indebida resulte más fácil, más tentador o incluso esperable.

Cuando la corrupción se vuelve normal

Muchos estudios muestran que tendemos a imitar lo que hacen los demás. Cuando la corrupción parece habitual, aumenta la disposición a aceptarla. Si “todo el mundo lo hace”, nadie quiere ser el tonto honesto que se queda fuera. Así se crea una trampa social que se reproduce y se normaliza.

Además, vigilar y castigar no siempre reduce la corrupción y, en algunos contextos, puede incluso incrementarla al transformar la decisión en un cálculo estratégico de riesgos. Cuando las personas saben que existen inspecciones o castigos, pueden dejar de evaluar la conducta en términos morales y pasar a hacerlo en términos de un juego probabilístico: “¿me descubrirán o no?”.

En la corrupción política, las respuestas habituales suelen fallar. Más castigo penal llega tarde, más leyes no resuelven el problema y apelar a la ética individual no basta si el sistema empuja en la dirección contraria. Por eso, las soluciones más prometedoras pasan por reducir la discrecionalidad, aumentar la trazabilidad y rediseñar los procesos de decisión para que la corrupción sea más difícil, más visible y más costosa.

Además, es crucial evitar que la corrupción se perciba como algo habitual, ya que, como hemos visto, cuando se ve como frecuente aumenta la probabilidad de que ocurra.

Cambiar el contexto para cambiar conductas

Para explicar por qué el contexto importa, el economista y politólogo estadounidense Herbert Simon recurrió a la imagen de una hormiga en la playa. Si miramos solo a la hormiga, no entendemos su comportamiento. Para comprenderlo, debemos observar la playa, los montículos de arena y los obstáculos que debe sortear. Del mismo modo, nuestras decisiones solo se entienden si atendemos al entorno en el que actuamos. Como diría Simon, nuestras decisiones se parecen a unas tijeras, cuyas hojas inseparables son nuestras capacidades y el entorno.

Como las reformas legales y los controles no han logrado reducir de forma sostenida la corrupción, resulta clave rediseñar los contextos de decisión. Esto incluye medidas organizativas –como la rotación de personal, la reducción de intermediarios o la limitación de interacciones discrecionales– y el uso de políticas públicas conductuales como nudges: pequeños cambios en los procedimientos que aumentan la transparencia, introducen fricciones al comportamiento corrupto y facilitan denunciar y actuar de forma honesta.

Algunos ejemplos ilustran este enfoque:

  • Argentina: los pagos vinculados a programas sociales y ayudas se han digitalizado mediante plataformas como Mercado Pago, reduciendo el uso de efectivo y aumentando la capacidad de seguimiento, lo que limita oportunidades de corrupción.

  • Chile: la plataforma ChileCompra estandarizó y transparentó la contratación pública, limitando la discrecionalidad administrativa.

  • Nigeria: estudios sobre contratación pública digital (e-procurement) muestran que estos sistemas reducen la discrecionalidad y el contacto directo entre funcionarios y proveedores, lo que dificulta prácticas corruptas.

No se trata de sustituir a las leyes, sino de reforzarlas modificando los contextos en los que se toman las decisiones. Si queremos dejar de sorprendernos ante cada nuevo escándalo, quizá convenga mirar menos a las “manzanas podridas” y más al cesto que las contiene: combatir la corrupción exige repensar el diseño de nuestras instituciones y los comportamientos que estas facilitan.

The Conversation

Alejandro Hortal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué perdura la corrupción: vigilar y castigar no basta – https://theconversation.com/por-que-perdura-la-corrupcion-vigilar-y-castigar-no-basta-273642

A las marismas de Doñana podrían quedarles 60 años de vida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emilio Ramírez Juidías, Tenured Lecturer at University of Seville (Spain). Founding member of the knowledge-based company RS3 Remote Sensing S.L.., Universidad de Sevilla

Caballos pastando en las marismas de Doñana. Right Perspective Images/Shutterstock

Las marismas de Doñana constituyen uno de los ecosistemas más valiosos de Europa. Situadas en el suroeste de la península ibérica, actúan como refugio para cientos de especies de aves migratorias, regulan el ciclo natural del agua y desempeñan un papel clave en el equilibrio ecológico del territorio. Sin embargo, este paisaje emblemático se encuentra hoy en una situación crítica.

Un humedal único que se está secando

Los datos científicos más recientes indican que Doñana está perdiendo agua a un ritmo constante y preocupante. Si esta tendencia continúa, las marismas podrían desaparecer en torno a 60 años, transformándose en un territorio seco e incapaz de cumplir las funciones ecológicas que lo han caracterizado durante siglos. Esta previsión no es alarmismo: es el resultado de un análisis riguroso basado en observaciones satelitales y modelos científicos.

Imágenes del proyecto Aplicación del tratamiento digital de imágenes para el monitoreo de recursos hídricos en línea con la Agenda 2030.
Emilio Ramírez.

Lo que los satélites nos dicen

Durante décadas, el seguimiento de los humedales se ha basado principalmente en observaciones de campo. Hoy, la tecnología permite ir mucho más allá. Gracias a los satélites del programa europeo Copernicus, en particular Sentinel-2, es posible observar con gran detalle la presencia de agua superficial y su evolución en el tiempo.

A partir de estas imágenes, se ha desarrollado un índice espectral específico (WIMI, Water Inference Moisture Index o Índice de Humedad de Inferencia de Agua) que permite detectar con precisión las zonas inundadas y medir cómo varía el agua en la marisma año tras año.

Zona de marismas en el Parque Natural de Doñana, en 1999.
Wikimedia Commons., CC BY-NC-SA

El análisis de largas series temporales revela una tendencia clara: la superficie inundada disminuye progresivamente, incluso en años que no pueden considerarse excepcionalmente secos.

Este enfoque, apoyado además en técnicas de aprendizaje automático, permite identificar patrones que antes pasaban desapercibidos. La conclusión es inequívoca: Doñana se está secando de forma estructural, no puntual.

Las causas: menos lluvia y más presión humana

El deterioro de las marismas de Doñana responde a una combinación de factores naturales y humanos. El primero es el cambio climático. En el sur de la península ibérica, las precipitaciones han disminuido en las últimas décadas y, cuando llueve, lo hace de forma más irregular. Esto reduce la recarga natural tanto de las marismas como de los acuíferos que las alimentan.

A este problema se suma la sobreexplotación de las aguas subterráneas. El crecimiento de la agricultura intensiva en el entorno de Doñana ha incrementado la extracción de agua, muchas veces por encima de la capacidad de recuperación del sistema.

Aunque no siempre visible, esta pérdida de agua subterránea tiene un efecto directo sobre la marisma, que depende del equilibrio entre agua superficial y freática.

Imágenes Sentinel-2 L2A del índice WIMI (valores en mm/h): (a) 10 de marzo de 2016, (b) 24 de enero de 2017, (c) 17 de abril de 2018, (d) 15 de febrero de 2019, (e) 24 de mayo de 2020, (f) 3 de enero de 2021, (g) 15 de febrero de 2022, (h) 19 de diciembre de 2023 y (i) 9 de abril de 2024. La línea azul representa las marismas de Doñana.
Emilio Ramírez, a partir del VI Informe de Expertos en Cambio Climático (2021)

Por último, el aumento de las temperaturas incrementa la evaporación, lo que acelera la pérdida de agua y agravando aún más el desequilibrio hídrico.

Consecuencias ecológicas de un humedal herido

La pérdida progresiva de agua en las marismas de Doñana tiene consecuencias ecológicas profundas, acumulativas y, en muchos casos, irreversibles. Las lagunas temporales, que constituyen uno de los elementos clave del sistema marismeño, dependen de ciclos naturales de inundación y desecación para mantener su biodiversidad. Cuando estos ciclos se acortan o se interrumpen, muchas especies no logran completar sus fases reproductivas.

Anfibios, macroinvertebrados acuáticos y plantas hidrófilas ven reducido su hábitat disponible, lo que provoca una simplificación progresiva del ecosistema.

Las aves acuáticas y migratorias se encuentran entre los grupos más afectados. Doñana ha funcionado históricamente como un enclave estratégico en las rutas migratorias entre Europa y África, ofreciendo alimento y descanso en momentos críticos del año.

La reducción de la superficie inundada disminuye la disponibilidad de recursos tróficos y de refugio, lo que obliga a muchas especies a modificar sus rutas, concentrarse en zonas cada vez más limitadas o abandonar el humedal. Estas alteraciones no solo afectan a Doñana, sino que tienen repercusiones a escala continental.

Un regulador natural de sequías

Además, la desaparición de la marisma implica la pérdida de un regulador natural frente a eventos extremos. Un humedal sano amortigua inundaciones, almacena carbono y contribuye a la estabilidad climática local.

Por el contrario, la degradación del sistema reduce su capacidad para retener agua durante episodios de lluvias intensas y para liberarla de forma gradual en periodos secos, aumentando así la vulnerabilidad del territorio frente a sequías prolongadas y fenómenos meteorológicos extremos.

A estas consecuencias, se suma la degradación progresiva del suelo y de los procesos biogeoquímicos asociados al humedal. La pérdida de humedad favorece la oxidación de los sedimentos, altera la disponibilidad de nutrientes y puede incrementar la salinización del terreno, dificultando la regeneración natural del ecosistema, incluso, en escenarios futuros de recuperación hídrica. Este deterioro del sustrato compromete la resiliencia del sistema y reduce su capacidad de respuesta ante medidas de restauración.

En términos ecológicos, Doñana no se estaría “transformando”, sino colapsando como sistema funcional.

Aún estamos a tiempo de evitarlo

El horizonte de 60 años no es una fecha escrita en piedra. Es una advertencia basada en datos actuales que puede cambiar, si se toman decisiones valientes y urgentes. La misma tecnología que permite detectar el problema ofrece también una herramienta poderosa para evaluar soluciones y medir su eficacia en tiempo real.

Reducir la extracción de agua subterránea, restaurar el funcionamiento natural del acuífero, apostar por una agricultura verdaderamente sostenible y reforzar las políticas de adaptación al cambio climático son medidas imprescindibles. Pero también lo es asumir que Doñana no puede seguir soportando la presión actual.

Salvar sus marismas no es solo conservar un espacio natural emblemático: es decidir qué modelo de gestión del agua y del territorio queremos para el futuro. Los datos científicos ya han hablado.

Ahora, la respuesta debe ser política y social.

The Conversation

Emilio Ramírez Juidías no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. A las marismas de Doñana podrían quedarles 60 años de vida – https://theconversation.com/a-las-marismas-de-donana-podrian-quedarles-60-anos-de-vida-272461

¿Qué piensa la generación Z de la imagen que proyecta la publicidad de las personas mayores?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Fernández Blanco, Profesora Titular de Planificación Estratégica Publicitaria, Universidad Pontificia de Salamanca

Davor Geber/Shutterstock

Durante años, la publicidad ha venido mostrando una imagen limitada de las personas mayores. Abuelas ligadas al hogar o jubilados pasivos han sido figuras habituales en muchos anuncios.

Sin embargo, esta imagen no refleja la realidad social. Ahora, en el espacio público, el consumo y los medios, conviven varias generaciones. Y la publicidad no puede permanecer ajena a este cambio.

Porque la publicidad no solo vende productos. También transmite valores y modelos sociales. Por eso puede influir en cómo entendemos la vejez y en el lugar que damos a las personas mayores.

¿Cómo perciben los jóvenes esta representación? ¿Rechazan a las personas mayores en la publicidad o rechazan la forma en que se las muestra?

Silver y Z: dos generaciones clave para las marcas

La generación Silver la conforman aquellos miembros de la generación del baby boom (1946-1964) que, se dice, están viviendo una segunda juventud por su mejor calidad de vida frente a la que tuvieron generaciones anteriores en ese mismo periodo vital. El aumento de la esperanza de vida y unas pensiones suficientes hacen que su número crezca y su papel económico sea cada vez mayor. Este grupo concentra una parte relevante del consumo y protagoniza lo que se conoce como economía silver.




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Por su parte, la generación Z agrupa a las personas nacidas entre finales de la década de 1990 y principios de los 2000. Es un grupo con peso cultural, fuerte presencia digital y capacidad de influir en el consumo. Sus valores y actitudes interesan mucho a las marcas.

Ambas generaciones son estratégicas para el marketing. El crecimiento del consumo de los silver ha ido en aumento en los últimos cinco años, y los zeta tienen sus propias pautas de consumo. Sin embargo, no reciben el mismo trato en la publicidad. Las personas mayores aparecen menos y, cuando lo hacen, suelen ocupar roles simples o secundarios.

Este tratamiento refuerza prejuicios ligados a la edad. Reduce la vejez a estereotipos y limita su diversidad. Este fenómeno se conoce como edadismo.




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El objeto de nuestra investigación

Hemos analizado cómo perciben los jóvenes la presencia de personas mayores en la publicidad. Encuestamos a 200 estudiantes universitarios españoles para medir sus actitudes, percepciones y emociones ante anuncios protagonizados por personas mayores. También analizamos su valoración de campañas publicitarias emitidas en España.

Nuestro objetivo era saber si la generación Z rechaza la vejez o rechaza su mala representación en la publicidad. Con este enfoque pusimos el acento en la percepción: no analizamos únicamente qué dicen los anuncios sino también cómo los interpretan los jóvenes.

Una percepción mayoritariamente positiva

Los resultados muestran una percepción generalmente positiva. La vejez no genera rechazo entre los jóvenes. Más del 94 % reconoce el valor de la experiencia y el conocimiento de las personas mayores. Muchos destacan su papel social y su trayectoria vital. También valoran las relaciones sociales y afectivas en esta etapa de la vida y reconocen su capacidad para disfrutar del ocio y del tiempo libre.

Estos datos cuestionan la idea de un conflicto generacional. Para la generación Z, la vejez no es un problema en sí misma.

Estereotipos que aún persisten

Esta valoración positiva convive con algunos prejuicios. Muchos jóvenes creen que las personas mayores dominan peor la tecnología. También dudan de su influencia como prescriptores publicitarios.

Que estas ideas sigan presentes en el imaginario juvenil genera una percepción ambivalente. Se valora a las personas mayores, pero se las sitúa en ciertos límites simbólicos. No hay rechazo a la vejez sino una visión parcial de ella.

La diversidad de edades suma

La diversidad generacional es uno de los aspectos mejor valorados. Los jóvenes aprecian que la publicidad muestre distintas edades. Más del 85 % cree que esta diversidad refleja mejor la realidad social. También considera que mejora la comunicación de las marcas.

Además, la edad no actúa como barrera. Más del 70 % afirma que consumiría marcas que promueven vínculos entre generaciones. Para la generación Z, la presencia de personas mayores puede humanizar los mensajes y aumentar la credibilidad del anuncio.

Qué tipo de anuncios funcionan mejor

No todas las campañas generan la misma respuesta. El enfoque narrativo marca la diferencia. Los jóvenes valoran mejor los anuncios con historias emocionales y también aquellos que muestran relaciones entre generaciones.

Las campañas que rompen estereotipos conectan más. Generan empatía y mejor recuerdo de marca. En cambio, los mensajes basados en clichés funcionan peor. La caricatura crea distancia y reduce la identificación.

Los jóvenes no rechazan a las personas mayores. Rechazan las representaciones poco creíbles.




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Los jóvenes detectan fácilmente la autenticidad, un factor clave para la generación Z. Los anuncios creíbles generan emociones positivas y favorecen la empatía. Cuando la emoción parece forzada, el rechazo aumenta. El problema no es la edad del protagonista si no la falta de coherencia del relato.

La responsabilidad de la publicidad

La publicidad construye imaginarios sociales. Decide quién aparece y cómo aparece.
Sus imágenes influyen en cómo se entiende la vida, incluida la vejez, y en el lugar que ocupan las personas mayores en la sociedad.

La publicidad puede reforzar el edadismo, pero también puede cuestionarlo. Representar bien la vejez no implica idealizarla. Implica mostrar su pluralidad real. Los resultados muestran apertura a una representación más realista: los jóvenes valoran la autenticidad y la diversidad.




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Una representación diversa de la generación Silver puede reforzar la confianza en las marcas y la empatía entre generaciones. En una sociedad que envejece, la publicidad tiene una responsabilidad clara. Cómo muestra la vejez influye en cómo la entendemos hoy y en cómo la imaginamos mañana.

The Conversation

Esta investigación ha sido premiada con la Mejor Comunicación en el VII Congreso Internacional de Silver Economy (Zamora, noviembre 2025). https://www.congresosilvereconomy.es/es

Pedro Luis García Linarez y Sandra Lizzeth Hernández Zelaya no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. ¿Qué piensa la generación Z de la imagen que proyecta la publicidad de las personas mayores? – https://theconversation.com/que-piensa-la-generacion-z-de-la-imagen-que-proyecta-la-publicidad-de-las-personas-mayores-271188

¿Exámenes en primaria? Todo depende de cómo, cuándo y para qué

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Matxalen Belausteguigoitia Arrien, Profesora docente investigadora especializada en Dificultades del aprendizaje y trastornos del lenguaje, así como en Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) y formación online, Universidad de Deusto

Anastasia Shuraeva/Pexels, CC BY

Sara tiene 8 años y, aunque no está enferma, lleva dos días entrando al colegio con “dolor de tripa”. Su tutora conoce el motivo: el examen del viernes. Historias como la de Sara explican por qué los exámenes en educación primaria se convierten en debate: para muchas familias y docentes, el concepto sigue ligado al juicio, el estrés y las posibles etiquetas.

Esta disyuntiva entre rigor académico y bienestar emocional desplaza el debate hacia “exámenes sí o no” y oculta lo realmente relevante. El impacto de una prueba no depende del formato, sino de su finalidad, del contexto y la temporalidad en que se aplica, y de cómo se comunican los resultados, además de sus consecuencias. La cuestión central es: ¿qué evidencias de aprendizaje necesitamos en cada etapa del desarrollo, cómo las recogemos y con qué finalidad las utilizamos?

Evidencias para orientar

Desde esta perspectiva, evaluar no es verificar resultados en un momento puntual, sino acompañar el proceso de aprendizaje para saber cómo orientar la enseñanza. La evaluación solo es útil si las evidencias recogidas sirven para intervenir a tiempo y ofrecen oportunidades reales de mejora.

La investigación indica que cuando se prioriza esta función reguladora de una prueba, de manera que permita ajustar el proceso de enseñanza mientras ocurre, el estudiante comprende mejor sus propios mecanismos de aprendizaje y alcanza un conocimiento transferible y profundo.




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Evaluar, no calificar

Deberíamos distinguir entre la evaluación, entendida como la búsqueda e interpretación de evidencias, de la calificación, que no deja de ser un acto administrativo. Gran parte del estrés, la desmotivación y ese estudio superficial que vemos en los exámenes nacen, precisamente, de utilizarlos para comparar y etiquetar.

Si el examen se convierte en una “sentencia”, el alumno deja de mirar lo que aprende para mirar solo su nota. En cambio, cuando se aplica con fines diagnósticos o formativos, y se desvincula de consecuencias sancionadoras (malas notas), pueden contribuir al rendimiento académico y la autorregulación. Es lo que el experto Dylan William denomina evaluación formativa, un escenario donde enseñar y evaluar son, sencillamente, dos caras de la misma moneda.

Recuperación activa: la importancia del examen

El examen, entonces, no es el problema. Precisamente es la herramienta que nos hace trabajar la “recuperación activa” (recordar sin apoyos), un mecanismo necesario para consolidar la memoria a largo plazo. De hecho, así lo demuestran diferentes estudios: los alumnos que realizan tareas de recuerdo retienen mejor la información que aquellos que se limitan a releer, incluso cuando su desempeño inmediato es inferior. Un ejemplo es la práctica y repetición espaciada en el tiempo de contenidos del código de circulación utilizando test de autocorrección inmediata.

Sin embargo, los metaanálisis más recientes subrayan que estos efectos no son automáticos, sino que dependen de factores como la frecuencia, el tipo de tarea y, especialmente, las emociones asociadas a su aplicación. Esto indica que el uso del examen como herramienta de aprendizaje requiere un diseño cuidadoso y una implementación sensible al contexto.

Experiencia emocional

Como muestra el caso de Sara, la evaluación en primaria es una experiencia profundamente emocional. En estas edades, con un sistema neurocognitivo aún en desarrollo, la ansiedad aparece cuando el examen se vive como un evento impredecible o una sentencia. Sin embargo, este estrés no es una consecuencia inevitable de evaluar, sino del diseño de la prueba.

La evidencia científica determina que si las evaluaciones son frecuentes, de baja presión calificativa y con una devolución inmediata del profesor, no solo reducen el cortisol sino que activan la participación.

Retroalimentación imprescindible

A partir de esta evidencia, resulta esencial destacar el valor de la retroalimentación como componente clave de una evaluación eficaz. Retroalimentación entendida como la información que ayuda a reducir la distancia entre el estado actual y el deseado. Aunque los estudios de síntesis confirman su impacto positivo, también advierten que, para ser eficaz, debe ser clara, específica y orientada a la mejora, ajustándose al momento y nivel cognitivo del alumno.

Este planteamiento se extiende a la capacidad del alumnado para interpretar y aplicar la retroalimentación recibida: una capacidad que debemos ayudarles a desarrollar.




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Enseñar a usar esa retroalimentación

En primaria, al ser la autorregulación una capacidad en desarrollo, su enseñanza debe ser progresiva y explícita. Asimismo, para que las prácticas de autoevaluación y coevaluación –que han demostrado efectos positivos sobre el rendimiento académico y el desarrollo de la autorregulación– sean efectivas en edades tempranas, deben introducirse de forma gradual y adaptadas al contexto, con orientaciones claras, acompañamiento sistemático y espacios estructurados de reflexión.

Finalmente, ningún modelo evaluativo puede ser eficaz sin respetar el ritmo madurativo del niño. Pretender que un mismo formato de examen sirva para todo el alumnado carece de sentido pedagógico, pues ignora las diferencias individuales en autorregulación, lectura o expresión escrita.

Por eso es necesario ofrecer múltiples formas de demostrar lo aprendido a los alumnos es lo que permite asegurar la equidad sin rebajar la exigencia.

Diseñar un examen

Para que las pruebas de evaluación sirvan como herramientas para el aprendizaje, debería responder a estas preguntas:

  • El propósito: ¿Qué decisión pedagógica o ajuste en la enseñanza/aprendizaje se tomará a partir de los resultados de esta prueba?

  • La utilidad de la información: ¿Qué información práctica se obtendrá para que el docente y el alumno puedan aplicarla?

  • Compromiso con la mejora: ¿Existe un plan y tiempo asignado para la reenseñanza, la práctica adicional o el reintento basado en los resultados?

  • Equidad y transparencia: ¿La prueba es justa y accesible (lenguaje, formato, apoyos), y los criterios de evaluación son claros y concretos, comprensibles por el alumnado?

  • Prioridad del aprendizaje: ¿El enfoque se centra en cómo la prueba guía el proceso de aprendizaje, haciendo que la calificación sea secundaria a la retroalimentación?

Un buen uso pedagógico del examen

En definitiva, la evidencia no avala posiciones a favor o en contra de los exámenes en primaria: su impacto depende de su función, diseño y frecuencia y, sobre todo, del uso pedagógico de la información que generan. Si una prueba no cambia lo que el docente hará la semana siguiente, no es evaluación para aprender: es clasificación.

Por ello, la cuestión debería ser: qué evidencias de aprendizaje se necesitan en cada etapa, cómo recogerlas y con qué finalidad para que la evaluación contribuya al desarrollo integral del alumnado.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Exámenes en primaria? Todo depende de cómo, cuándo y para qué – https://theconversation.com/examenes-en-primaria-todo-depende-de-como-cuando-y-para-que-274079

Feliz cumpleaños, infrarrojos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Manuel Peña García, Catedrático del Área de Ingeniería Eléctrica, Universidad de Granada

Imagen de un bosque, tomada con una cámara térmica. Wolfgang Hasselmann / Unsplash. , CC BY-NC-SA

Luz y calor son fenómenos relacionados, aunque sus efectos sobre nosotros puedan ser muy diferentes. Ambos son energía en tránsito, pero el principal efecto de la luz es provocar una reacción en nuestra retina que desemboca en la sensación visual, mientras que el calor fluye de un sistema a otro y, con frecuencia, lo asociamos a una diferencia de temperatura. La primera es una radiación electromagnética, como las microondas con las que calentamos los alimentos. La segunda también puede serlo, aunque no siempre. El nexo entre ambos conceptos, como en tantas ocasiones, vino… de las estrellas.

Del cielo a la mesa

William Herschel (1738-1822), astrónomo y músico germano-británico, descubridor del planeta Urano y de otros numerosos objetos celestes.
Lemuel Francis Abbott.

Enumerar las contribuciones del gran astrónomo anglo-alemán William Herschel a la astronomía no es tarea precisamente fácil. Acompañado de su hermana Caroline, Herschel escudriñó los cielos durante décadas con los telescopios que él mismo construía, descubriendo miles de objetos celestes, entre los que destaca el planeta Urano.

Pero hoy no hablaremos de su pericia observando los espacios siderales, sino del día en que midió donde no debía.

El siglo XVIII tocaba a su fin cuando Herschel comenzó a preguntarse por el calor que transporta la luz solar. Para ello, diseñó un experimento en el usaba un prisma para descomponerla, con la intención de medir la temperatura asociada a cada color con termómetros de mercurio.

Dicho y hecho, el 11 de febrero de 1800, hace hoy 226 años, llevaba a cabo las medidas cuando de manera accidental para unos y completamente intencionada para otros, dejó un termómetro más allá del extremo rojo del arcoíris que se había formado sobre su mesa. Lo que ocurrió revolucionó la física y la tecnología desde todas las perspectivas imaginables. Y no era para menos, porque en esa zona sin luz ni color, Herschel observó que la temperara del termómetro subía de manera inexplicable.

¿Cómo podía subir el mercurio sin ninguna luz que lo calentase? Esa subida es lo que, en ciencia, se llama “cambio”. Y nosotros sabemos que la energía es la posibilidad de producir cambios. Herschel también lo sabía: debía estar llegando una radiación solar invisible capad de transportar energía en forma de calor. Así que la bautizó con un nombre poco original: rayos calóricos.

Luz invisible para ver lo que no vemos

Pasados los años y dado que esta misteriosa radiación se situaba por debajo del rojo en el espectro solar, pasó a denominarse “infrarrojo”. Sigue sin ser muy original, pero lo perdonamos por las maravillas que nos enseña gracias a sus peculiares propiedades físicas.

Por ejemplo, todos los cuerpos emiten radiación debido a su temperatura y, en el rango del mundo en que nos movemos, la mayor parte es infrarroja. Es invisible porque no provoca en nuestra retina la reacción que desencadena el proceso visual.

Sin embargo, sabemos construir aparatos que lo detectan y lo “traducen” a luz visible, proporcionando esas bonitas termografías con las que nos divertimos en las exposiciones científicas y cuyas aplicaciones van desde la medicina a la astronomía.

Diferencia entre la luz visible e infrarroja en la Galaxia del Sombrero o Messier 104.
NASA., CC BY

Su papel en la atmósfera y otras aplicaciones

Otra peculiaridad del infrarrojo es que el CO₂ y el vapor de agua lo absorben. Cuando esto ocurre en la atmósfera, parte del infrarrojo que emite la Tierra es capturado por estos gases y radiado otra vez hacia abajo. Es el “efecto invernadero”, que aunque modera de forma natural la temperatura de nuestro planeta, también puede aumentarla en exceso si no controlamos la concentración de estas moléculas.

Al mismo tiempo, el hecho de que sea radiado por la Tierra durante la noche permite que la diferencia de temperatura a lo largo de un día sea tolerable

Además, en astronomía, las imágenes infrarrojas del universo nos informan sobre procesos atómicos que tienen lugares a millones de años luz. Y también es ampliamente utilizado en comunicaciones.

Los materiales con mayor emisividad parecen estar más calientes. En esta imagen térmica, el cilindro cerámico parece estar más frío que su recipiente cúbico (hecho de carburo de silicio), mientras que en realidad tienen la misma temperatura.
Bancquo / Wikimedia Commons., CC BY

Por otro lado, el hecho de que los circuitos eléctricos emitan infrarrojo al calentarse, requiere que los aparatos basados en esa tecnología incorporen sofisticados sistemas de enfriamiento pues de lo contrario su propio infrarrojo interferiría con el que quieren detectar o utilizar. Por cierto, menudos momentos de gloria han dado al cine los sistemas de enfriamiento con nitrógeno líquido, pero ésa es otra historia.

Hoy conmemoramos el día en que aprendimos que existía una radiación maravillosa que acompaña a la luz en su viaje desde el Sol. Una radiación que nos calienta y que, a su vez, emiten nuestros cuerpos. Nos muestra lo que nuestros ojos no pueden ver, la usamos para detectar enfermedades o para comunicarnos, entre otras cosas, y se descubrió… dejando un termómetro encima de una mesa.

The Conversation

Antonio Manuel Peña García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Feliz cumpleaños, infrarrojos – https://theconversation.com/feliz-cumpleanos-infrarrojos-275481

¿La inteligencia artificial tiene género?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nàdia Alonso López, Profesora e investigadora. Departamento de Comunicación Audiovisual, Documentación e Historia del Arte, Universitat Politècnica de València

La inteligencia artificial (IA) suele presentarse como objetiva: datos, estadística y predicción. Sin embargo, su mirada nace del mundo humano y eso incluye desigualdades de género.

La brecha comienza antes del código

En España, las mujeres son mayoría en la universidad (57 % en grado y máster), pero su presencia cae en las áreas STEM más tecnológicas: 28,1 % en Ingeniería y Arquitectura y 17,2 % en Informática. En doctorado, el descenso continúa, en línea con la “tubería que pierde talento” descrita en el informe Científicas en Cifras (2025). Esto conecta con los datos nacionales de brecha digital de género correspondientes al año 2025, que concentran el desequilibrio precisamente en las áreas de Informática e Ingeniería.

El hombre como patrón científico

En biomedicina, el análisis de centenares de ensayos médicos ha demostrado que aproximadamente dos tercios no informan sobre resultados diferenciados por sexo ni justifican por qué no lo hacen. Un caso paradigmático es el del fármaco hipnótico zolpidem (Ambien): durante años, se comercializó con una posología única, hasta que en 2013 se recomendó reducirla a la mitad para las mujeres, al descubrirse un riesgo mucho mayor de efectos adversos. En el conocido ensayo Invisible Women (2019), la periodista y activista británica Caroline Criado-Perez describe este sesgo farmacológico como una laguna sistémica: la consideración del patrón masculino como “universal” y de lo femenino como una desviación “invisible” en los datos.

La IA puede amplificar lo que ya tiene sesgo

Por supuesto, el fenómeno de los sesgos de género no es nuevo: se repite, con matices, en cada avance científico y tecnológico a lo largo de la historia. La tecnología actual no es una excepción. La IA se ha convertido en una auténtica revolución que, más allá del potencial tecnológico, supone una verdadera fuerza transformadora de la economía y el mercado laboral. En este escenario, un sesgo automatizado no es anecdótico, sino que escala a miles de decisiones.

Las alertas han venido, a menudo, de mujeres expertas. La socióloga estadounidense Safiya Umoja Noble mostró cómo buscadores aparentemente neutrales pueden producir resultados profundamente racistas y sexistas. La experta en computación etíope Timnit Gebru evidenció –junto con Joy Buolamwini– errores graves en reconocimiento facial y advirtió sobre los riesgos de los modelos de lenguaje masivos. Y la científica de datos estadounidense Cathy O’Neil sostiene que muchos modelos actúan como “armas de destrucción matemática”, porque convierten prejuicios en matemáticas operativas.

Por qué el lenguaje importa tanto

Los sesgos en la IA provienen de cuatro fuentes principales: datos de entrenamiento, decisiones de diseño, interacción con usuarios y procesos de alineación con feedback humano. Esto se ha demostrado empíricamente: por ejemplo, en GPT-3 (OpenAI) se comprobó que el término “musulmán” solía aparecer asociado a violencia o terrorismo en un porcentaje muy alto, reflejando patrones del corpus de internet –colección masiva, estructurada y digitalizada de textos, documentos y, a veces, audio, extraídos directamente de la World Wide Web para su uso en análisis lingüístico, lingüística computacional y entrenamiento de IA–.

Ahora bien, si abordamos el vínculo entre IA y lenguaje, es importante subrayar que los sesgos discriminatorios también pueden ser implícitos. Las lenguas no son sexistas por naturaleza, lo que puede ser sexista es la comunicación: las elecciones lingüísticas (conscientes o no) que invisibilizan o rebajan a un grupo.

A veces, incluso sin marcas gramaticales explícitas, existen marcos conceptuales que orientan qué “deducimos” las personas a partir de un discurso. Según este estudio, esta lógica de inferencia es, de hecho, la misma que “aprende” un traductor automático: cuando el sistema debe asignar género en una traducción, puede acabar eligiéndolo a partir de estereotipos sexistas (quién cocina, quién arregla muebles) y no sobre la base de información real.

La conversación también discrimina

Otro punto crítico son los asistentes de voz. La elección recurrente de voces femeninas para tareas de atención consolida el binomio “mujer-cuidadora / hombre-técnico”. Esto podría vincularse a una asignación comercial del género: la IA no tiene sexo, pero se le asigna una personalidad femenina sumisa para encajar con expectativas sociales y maximizar aceptación.

Más mujeres y más conciencia lingüística

A fin de cuentas, la solución no pasa solo por incorporar “más datos”, sino por desarrollar una mirada más diversa y consciente. En términos generales, incluir mujeres y diversidad en los equipos que diseñan y validan sistemas de IA es una condición de calidad científica.

Asimismo, desde la lingüística, es necesario asumir que el lenguaje crea categorías y activa inferencias: si los corpus retratan a la mujer científica como una excepción, el algoritmo lo normalizará. Por eso conviene auditar corpus, prompts y resultados con pruebas específicas de género, así como revisar los valores “por defecto” (voz, roles) y ampliar la pluralidad de perspectivas en el diseño y entrenamiento.


Queremos expresar nuestro agradecimiento a Marcos García Martí por su valiosa ayuda en la localización y selección de las fuentes, así como por sus aportaciones al contenido y a la redacción de este artículo. Su colaboración ha sido esencial para dar coherencia y solidez al trabajo final.


The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿La inteligencia artificial tiene género? – https://theconversation.com/la-inteligencia-artificial-tiene-genero-275484

¿Puede una máquina oler alimentos en mal estado antes que nosotros?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ekaitz Esteban Echeverria, Coordinador de Ciencia y Tecnología en Basque Culinary Center, especializado en análisis de datos, Mondragon Unibertsitatea

Nicoleta Ionescu/Shuterstock

Abrimos el frigorífico y dudamos. Un yogur a punto de caducar, un pescado comprado hace dos días, restos de comida conservados desde hace tiempo. Acercamos la nariz, inhalamos y tomamos una decisión: se come o se tira.

Esa misma lógica se aplica en una cocina profesional, en un restaurante o en la recepción de materias primas de una empresa alimentaria. Confiamos en el olfato como primera línea de defensa frente a los alimentos en mal estado. Pero ¿hasta qué punto es fiable?

El olfato humano es una herramienta poderosa, pero también sorprendentemente frágil. Se adapta rápido, se fatiga con facilidad y está condicionado por la experiencia, las expectativas o, incluso, el contexto.

La ciencia lleva años estudiando estas limitaciones y buscando formas de complementarlas, especialmente, en ámbitos donde una decisión errónea puede tener consecuencias económicas o sanitarias. En ese cruce entre sentidos y tecnología, aparece una propuesta tan sugerente como poco conocida: la nariz electrónica.

Señales de alarma

El deterioro de un alimento no ocurre en silencio. A medida que avanza la actividad microbiana, se liberan compuestos volátiles responsables de olores característicos. En pescado, carne u otros productos frescos, aparecen compuestos orgánicos derivados del amoniaco conocidos como aminas, como la putrescina o la cadaverina, estrechamente asociadas a procesos de descomposición. Nuestro cerebro aprende a reconocer estos olores como señales de alarma.

El problema es que no todos los percibimos igual. El umbral olfativo varía enormemente entre personas y puede verse alterado por la habituación, el cansancio o la exposición continuada. Lo que para alguien “huele raro”, para otra persona puede pasar desapercibido. En casa esto suele traducirse en desperdicio alimentario o en decisiones tomadas con cierta inseguridad. En restauración o en cocinas profesionales, el impacto puede ser mayor.

Oler es también una ciencia

En gastronomía y restauración organizada, el olfato sigue siendo una herramienta clave. Cocineros, jefes de partida o responsables de calidad utilizan sus sentidos para evaluar ingredientes y platos. Sin embargo, incluso los profesionales más experimentados están sujetos a la fatiga sensorial y a la subjetividad. Por eso, el análisis sensorial científico nació como una forma de entrenar y estructurar esa percepción.

Aun así, mantener paneles sensoriales entrenados no siempre es viable, sobre todo, para evaluaciones rápidas o repetitivas. De hecho, en muchos contextos, el análisis sensorial se acompaña de técnicas instrumentales que aportan objetividad y reproducibilidad. Es en este punto donde la tecnología empieza a “oler” con nosotros.

¿Qué es una nariz electrónica?

El término puede parecer ciencia ficción, pero la idea lleva más de cuatro décadas desarrollándose. Estos dispositivos nacieron con el objetivo de imitar el sistema olfativo de los mamíferos: detectar mezclas complejas de compuestos volátiles y reconocer patrones asociados a distintos olores.

Una nariz electrónica combina varios sensores químicos con sistemas de análisis de datos. Cada olor genera una respuesta específica en el conjunto de sensores, una especie de huella olfativa. Mediante algoritmos de reconocimiento de patrones y aprendizaje automático, el sistema puede aprender a identificar olores concretos tras un periodo de entrenamiento.

A diferencia de técnicas analíticas clásicas como la cromatografía de gases, que separa e identifica individualmente los compuestos volátiles de un alimento, muchas narices electrónicas trabajan con la señal global del olor. Cuando los sensores se exponen a una mezcla de compuestos, su respuesta cambia a lo largo del tiempo.

La forma de esa señal, cómo aumenta, se estabiliza o disminuye, contiene información suficiente para distinguir un olor de otro. Es este patrón temporal, más que la identificación química exacta de cada molécula, lo que permite reconocer estados de frescura o deterioro sin necesidad de equipos de laboratorio complejos.

Izquierda: Análisis del estado de descomposición de un alimento en la sala de análisis sensorial del Basque Culinary Center mediante una nariz electrónica (Smell Inspector). Derecha: Gráficos temporales que evidencian dos rampas de detección distintas asociadas a cadaverina y putrescina, reflejando diferentes tiempos de respuesta. El eje vertical indica un índice de detección de aromas.
Basque Culinary Center.

De la cocina profesional al frigorífico de casa

En los últimos años, estas tecnologías se han aplicado, sobre todo, en el control de calidad de alimentos como carne o pescado, donde permiten detectar cambios asociados al deterioro antes de que sean evidentes para el consumidor. Sensores basados en nanotubos de carbono, por ejemplo, reaccionan ante compuestos volátiles y generan señales que pueden interpretarse en tiempo real.

Pero su potencial va más allá de la industria. En restauración organizada, una nariz electrónica podría servir como apoyo en la recepción de materias primas, ayudando a estandarizar decisiones y reducir la dependencia exclusiva del olfato humano.

En un futuro no tan lejano, no es descabellado imaginar versiones simplificadas integradas en cámaras frigoríficas o sistemas domésticos, para que alerten de olores anómalos antes de que abramos la puerta.

Tecnología como aliada de los sentidos

Cada vez que olemos un alimento, estamos tomando una decisión basada en una señal invisible. Entender que el olor es información que puede medirse y analizarse cambia nuestra forma de relacionarnos con la comida. Enseñar a una máquina a oler no es quitarle protagonismo a los sentidos humanos, sino reforzarlos. Ya sea en una gran industria, en una cocina profesional o frente al frigorífico de casa, el futuro de la seguridad alimentaria también pasa por aprender a oler mejor.

Conviene insistir en una idea clave: estas herramientas no están pensadas para sustituir a las personas. El olfato humano sigue siendo insustituible en términos de percepción global y contexto.

Sin embargo, la nariz electrónica ofrece algo que nuestros sentidos no pueden garantizar: consistencia, repetibilidad y ausencia de fatiga.

Aun así, a día de hoy, siguen existiendo retos técnicos importantes, como la interferencia entre compuestos o la sensibilidad en entornos abiertos. Mientras, la evidencia científica muestra que estas tecnologías avanzan rápidamente y que su integración en sistemas de calidad y seguridad alimentaria es cada vez más realista.

Todo ello está impulsando la necesidad de nuevos perfiles capaces de interpretar datos sensoriales, entender la percepción humana y dialogar con la tecnología. La formación en análisis sensorial ya no es solo una especialización técnica, sino un puente entre ciencia, gastronomía y toma de decisiones en contextos reales.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Puede una máquina oler alimentos en mal estado antes que nosotros? – https://theconversation.com/puede-una-maquina-oler-alimentos-en-mal-estado-antes-que-nosotros-273830

Así afecta el frío a los ingresos hospitalarios por rotavirus

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Soledad Ascaso Sánchez, Técnico Especializado de Investigación, Instituto de Salud Carlos III

Pixel-Shot/Shutterstock

Las infecciones por rotavirus constituyen la principal causa de enfermedad diarreica aguda grave en lactantes y niños menores de cinco años a nivel mundial, aunque se puede sufrir a cualquier edad y repetidamente a lo largo de la vida. De hecho, estos patógenos son responsables de más de 25 millones de consultas ambulatorias y más de 2 millones de hospitalizaciones cada año.

Los rotavirus son virus ARN de doble cadena clasificados en diferentes grupos. De ellos, los A, B y C pueden producir infecciones en humanos, siendo el grupo A el más frecuente.

En la mayoría de los casos, la enfermedad cursa de forma leve, pero los síntomas como fiebre, vómitos y diarrea pueden desencadenar complicaciones. La deshidratación grave es una de las más relevantes. Esta situación puede evolucionar hacia un cuadro de shock hipovolémico –por pérdida de fluidos corporales– y, en ausencia de intervención médica, incluso la muerte.

Sin embargo, aunque en España se dispone de dos vacunas seguras y efectivas desde 2006, no se incluyeron en el calendario vacunal oficial hasta el 1 de octubre de 2024.

Estacionalidad de las infecciones por rotavirus

Numerosas infecciones virales, incluidas las causadas por rotavirus, se caracterizan por presentar una marcada estacionalidad que refleja la sensibilidad, tanto del virus como del huésped, a las condiciones ambientales.

Concretamente, la infección por rotavirus se manifiesta en niveles endémicos bajos a lo largo del año, interrumpidos por brotes estacionales significativos. En general, se ha reportado una mayor incidencia durante los meses fríos y secos, lo que sugiere que la humedad y la temperatura podrían actuar como moduladores del comportamiento epidémico del virus.

Esto enfatiza el riesgo de las bajas temperaturas durante la estación invernal, cuya mortalidad sigue siendo superior a la estival a pesar del efecto de las olas de calor sobre la salud. Además, la previsión es que siga ocurriendo de este modo en las próximas décadas.

Con el objetivo de analizar y cuantificar cómo el frío y las olas de frío influyen en los ingresos hospitalarios con carácter de urgencia por infecciones por rotavirus, hemos llevado a cabo un estudio –actualmente en proceso de revisión– en la Comunidad de Madrid.

Se registraron un total de 3 831 ingresos hospitalarios urgentes por rotavirus entre los años 2013 y 2018. La distribución temporal de estos ingresos evidenció una clara estacionalidad, con un aumento progresivo de casos a partir del mes de noviembre, alcanzando un pico máximo en marzo, y descendiendo gradualmente hasta el mes de julio.

Días fríos y olas de frío

En epidemiología medioambiental distinguimos los días fríos de los días de ola de frío. Si representamos la mortalidad en función de la temperatura mínima diaria, observaremos curvas que por lo general tienen formas cóncavas, típicamente con forma de U o V. Suele observarse un punto de temperatura donde la mortalidad es mínima (temperatura de mínima mortalidad). De modo que desde esta temperatura tenemos dos ramas ascendentes. Una se corresponde con la mortalidad asociada a las bajas temperaturas, y la otra con la mortalidad vinculada a las temperaturas elevadas.

Se denominan días fríos aquellos cuya temperatura mínima diaria está por debajo de la temperatura de mínima mortalidad. Sin embargo, todos los días fríos no son días de ola de frío. Existe otro umbral de temperatura bajo el cual la mortalidad aumenta de forma brusca. Este segundo umbral es el que define cuándo da comienzo la ola de frío desde una aproximación epidemiológica.

Para el caso de la Comunidad de Madrid en el período estudiado, determinamos que son días fríos aquellos en los que la temperatura mínima diaria desciende por debajo de los 15 ºC. Por otro lado, los días de ola de frío fueron aquellos en los que estas temperaturas bajaban de los 1,9 ºC, siguiendo el umbral establecido por
el plan frente a bajas temperaturas de la Comunidad de Madrid.

Siguiendo estas definiciones, de los 2 191 días que comprendía el periodo de estudio, 1 504 se consideraron días fríos. Durante estos días se contabilizaron 3 831 ingresos hospitalarios urgentes debido a infección por rotavirus. De estos días fríos, 160 fueron además días de ola de frío, sumando 2 507 ingresos, lo que representa aproximadamente el 65 % del total anual.

Por tanto, los resultados del estudio indican, como cabría esperar, que las olas de frío favorecen considerablemente la hospitalización urgente debida a rotavirus. Por cada disminución de un grado Celsius en la temperatura mínima diaria bajo el umbral de ola de frío, y en los meses de invierno, el riesgo de ingreso aumenta en un 20,29 %. En cambio, en los días que son fríos pero más moderados, durante todos los meses del año, por cada grado que la temperatura mínima diaria desciende de los 15 ºC el riesgo de hospitalización crece en un 8,86 %.

La humedad también mostraba relación con el número de hospitalizaciones, en este caso con signo negativo (a menos humedad más ingresos), y con menor impacto que la temperatura mínima diaria.

Una forma de mejorar la prevención

Es fundamental comprender la relación entre la infección por rotavirus y las variables meteorológicas ambientales para poder adecuar la prevención y los recursos necesarios para la prestación de la asistencia sanitaria y, con ello, reducir costes.

Asimismo, conocer el patrón estacional de la infección y sus efectos en la aparición de la enfermedad podría ayudar a desarrollar programas de intervención utilizando las vacunas de forma eficaz y de esta forma, reducir su incidencia en la población.

Seguir investigando y monitoreando los efectos del cambio climático en la salud pública, considerando tanto los riesgos asociados al calor como los del frío extremo, nos ayudan a desarrollar estrategias de prevención y adaptación realmente efectivas para mejorar la salud de la población.

The Conversation

María Soledad Ascaso Sánchez es miembro de sindicato CSIF-ISCIII.

Cristina Linares Gil recibe fondos de Instituto de Salud Carlos III

Julio Díaz recibe fondos del Instituto de Salud Carlos III

José Antonio López Bueno y Miguel Ángel Navas Martín no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Así afecta el frío a los ingresos hospitalarios por rotavirus – https://theconversation.com/asi-afecta-el-frio-a-los-ingresos-hospitalarios-por-rotavirus-275158

They escaped appalling conditions in scam factories. Now, they are living on the streets in Cambodia

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Ivan Franceschini, Lecturer, Chinese Studies, The University of Melbourne

Indonesians freed from scam centres wait outside the Indonesian embassy in Phnom Penh for help returning home. Magdalena Chodownik/Anadolu via Getty Images

“I was running from the war, and I got to a war again.” This is how Eric, a young man from central Africa, described how he ended up at a scam compound in Cambodia – and then stranded in the country with no way out.

Eric’s story is like that of many people deceived into the scamming world. After fleeing conflict in his home country and living in extreme deprivation, Eric received an email offering a US$2,000 (A$2,800) monthly job in Cambodia. The recruiter quickly persuaded him to accept. (We are using a pseudonym and not disclosing his country of origin to protect him.)

Upon arriving in Phnom Penh late last year, he was taken directly from the airport to a notorious scam compound near the Thai border, where he was forced to defraud people through online scams.

When he tried to warn one of his targets that he was being scammed, the managers found out and savagely beat him to the point he thought he might die. In the following weeks, he witnessed others being severely abused and the disappearance of co-workers. One jumped from a window in an apparent suicide and was never seen again.

A month later, Eric managed to escape when the Thai military began bombing Cambodia in a skirmish over their shared border. His freedom was short-lived, though. He was re-trafficked to another compound and spent another month in captivity before finally fleeing in mid-January.

Government crackdown

Eric is now stranded in Cambodia, along with thousands of other foreigners who were freed from scam compounds in recent weeks as rumours spread of a massive government crackdown on the industry.

The crackdown began last month after the arrest of Chinese tycoon Chen Zhi, whom the US Justice Department called “the mastermind behind a sprawling cyberfraud empire”.

Chen’s arrest added to growing international pressure on Cambodia to finally confront its role in the booming online scam industry, which brings in billions of dollars a year in illicit revenue and has seen hundreds of thousands of workers trafficked into appalling “scam factories” in Southeast Asia and beyond.

Cambodian authorities have raided compounds before, but these operations have been limited and appeared mainly tokenistic.

The recent crackdown felt different – much broader in scope. Multiple compounds suddenly opened their doors to let people out in January, and a prominent Cambodian businessman linked to the industry and several high-ranking Cambodian officials were arrested.

Stuck in limbo

The mass exodus of workers from the compounds, many of whom lack passports, money or anywhere to go, has now led to what Amnesty International is calling a “growing humanitarian crisis”.

Two of us (Ling and Ivan) were in Cambodia to monitor scam compounds when the crackdown occurred. We saw desperate people without documents queuing in front of their embassies in Phnom Penh, trying to get help to return home.

The Indonesian embassy said more than 3,400 people have sought consular assistance. Based on our conversations with embassy officials, Uganda and Ghana have about 300 stranded nationals each, and Kenya has more than 200.




Read more:
Scam Factories: the inside story of Southeast Asia’s brutal fraud compounds


The Chinese and Indonesian embassies have managed to convince the Cambodian government to move their citizens into facilities while they await deportation. Kenya has obtained a waiver of any fines their citizens may face for lacking documents or overstaying their visas and stranded Kenyans are now scrambling to raise funds to pay for their flights.

Survivors from other countries, however, have been stonewalled by the Cambodian bureaucracy.

Most of the Africans we met are in dire situations. They are from countries without diplomatic representation in Cambodia and have been turned away from international agencies and their local partners because of purported “resource constraints” and limitations imposed by local regulations.

Many survivors have pooled their resources to rent rooms in guesthouses that accept undocumented people, while others are being forced to sleep on the streets or rely on the charity of good samaritans. Many live in fear of arrest because the police are conducting inspections of homes and hotels to check people’s documentation.

Eric is one of the relatively fortunate who have secured temporary shelter, but his future remains deeply uncertain. He has no passport, no family and no country to return to. When asked about his hopes, he says simply he wants a place where he can start over – it doesn’t matter where. He is also desperate to start searching for his family back home. He doesn’t even know if they are still alive.

End of an industry?

Cambodian officials have framed the operations as a decisive break with the past. They have vowed to eradicate the powerful online scam networks in the country by April.

However, it’s unclear if the raids signal a sustained policy shift or are a temporary response to heightened diplomatic scrutiny. Although this is the most comprehensive action Cambodia has taken to date, it is far from the first time the government has cracked down. The industry has always survived.

Empty compounds remain guarded, but we managed to visit one since the crackdown. While the computers, cameras and other items have largely been removed, the physical infrastructure remains intact and ready to be reactivated.

And pockets of the industry remain active. Based on our monitoring of Telegram groups used by scammers and conversations with industry insiders, many are still operating in areas such as Koh Kong and Poipet.

Moreover, scam groups are continuing to recruit workers trapped inside the country. Many of the stranded victims have told us of being approached with job offers, presented as an easy way to earn enough money for a flight home.

Job advertisements are also circulating on Telegram, targeting these same individuals with purported “opportunities” at precisely the moment when they are most vulnerable. Many have endured severe abuse and are in urgent need of psychological support.

So far, the survivors’ appeals to the international community have largely gone unanswered. Without a timely and coordinated intervention to help them, the outlook is bleak, and the advantage will once again lie with the scammers.

The Conversation

In 2024, Ivan co-founded EOS Collective, a non-profit organisation dedicated to investigating the dynamics of the online scam industry and the criminal networks behind it, and supporting survivors of forced criminality in these operations.

Charlotte Setijadi has previously received research funding from Singapore’s Ministry of Education and the Singapore Social Science Research Council. She is currently one of the co-convenors of the University of Melbourne’s Indonesia Forum.

In 2024, Ling Li co-founded EOS Collective, a non-profit organisation dedicated to investigating the dynamics of the online scam industry and the criminal networks behind it, and supporting survivors of forced criminality in these operations.

ref. They escaped appalling conditions in scam factories. Now, they are living on the streets in Cambodia – https://theconversation.com/they-escaped-appalling-conditions-in-scam-factories-now-they-are-living-on-the-streets-in-cambodia-275218

From Bridgerton to Heated Rivalry, what’s the secret to a good book-to-TV romance?

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Jodi McAlister, Senior Lecturer in Writing, Literature and Culture, Deakin University

HBO/Netflix/The Conversation

Outside of classics like Pride and Prejudice, romance fiction has not historically been adapted often for the screen, despite its immense popularity.

The success of Bridgerton (2020–) led to countless articles about what romance novels should be adapted for the screen next when it first premiered.

Now more and more romance adaptations are starting to appear – but what makes the translation from page to screen really sing?

The history of romance novel adaptations

Romance adaptations have given us cultural juggernauts, such as Twilight (2008–12), Fifty Shades of Grey (2015–18) and To All The Boys I’ve Loved Before (2018–21).

But romance adaptations have historically been low-budget and escaped mainstream notice.

Authors like Nora Roberts and Debbie Macomber have proved fruitful grounds for made-for-TV adaptations by Hallmark and Lifetime. Passionflix entered the streaming market in 2017 with the sole purpose to adapt romance novels – including Lick (2024) by Australian author Kylie Scott.

Canadian streamer Crave has turned several romances into TV movies, such as Recipe for Romance (2025), an adaptation of Sweet on You by Filipino author Carla de Guzman. Amazon has also joined the game.

The proportion of books that have made it to the screen (and into cultural conversation) is still small. But the needle is moving. This year sees adaptations of Ali Hazelwood’s The Love Hypothesis, Katherine Center’s The Bodyguard, Elle Kennedy’s Off Campus and Emily Henry’s People We Meet On Vacation.

This is to say nothing of the game-changing popularity of a romance adaptation by Crave released late in 2025: Heated Rivalry.

While it has always been popular, romance has become too prominent to ignore: BookTok and Bookstagram have made romance – and its enormous audience – more visible than ever before.

What makes a good romance adaptation?

Romance readers will embrace or reject an adaptation depending on whether the creators love and respect the genre or misunderstand and misrepresent it – or, worse, condescend to and exploit it.

Heated Rivalry shows what happens when a creator truly, in romance critic Olivia Waite’s words, “accept[s] romance’s invitations”.

Rival hockey players Shane Hollander (Hudson Williams) and Ilya Rozanov (Connor Storrie) commence a clandestine affair as rookies and gradually fall in love. The series has surpassed 600 million viewing minutes and shows no sign of slowing down.

It has been so successful that Netflix promised the new season of Bridgerton would take audiences to “the cottage”: a reference to that series’ third episode – and a term now synonymous with Heated Rivalry’s finale and happy ending.

The happy ending is crucial to the romance genre, but it is not the only thing Heated Rivalry gets right. While not all romance novel adaptations should be carbon copies of this series, anyone considering adapting romance for the screen in future would be well served to look at what it does right.

Romance novels are stories of a small, compact universe. At the centre is a couple (or polycule’s) attraction and journey towards a serious relationship. Sub-plots and supporting characters matter to the extent that they are part of this journey. In a romance, the leads are all romance fans care about.

This is something Bridgerton has struggled with. While it centres a new lead couple each season, it is also concerned with servicing the plotlines of past and future leads. This has led to a proliferation of subplots, which often distract from the romantic spine.

Heated Rivalry consistently centres Shane and Ilya. Taking place over ten years, during which period both men presumably live full lives, creator Jacob Tierney spotlights the sporadic, stolen moments they are together. The secondary romance between hockey player Scott Hunter (François Arnaud) and his secret smoothie barista boyfriend Kip (Robbie CK) is mostly siloed to its own self-contained episode, with its relevance to the main plot made crystal clear at the end of episode five.

The love plot must be central, and must be treated with the deepest sincerity and gravity. Romance is an inherently earnest genre. It is often funny, but it is never ironic.

Red, White & Royal Blue (2023), adapted from Casey McQuiston’s book, received mixed reviews for glossing over many of the book’s complexities. But one of its successes is treating the high-concept love plot between a British prince and the son of the United States president seriously. (Their happy ending is bound up with a broader political one: a successful US re-election representing a liberal wing; the potential promise of a more progressive monarchy.)

The love at the romance novel’s heart – and the attendant joy and hope of the happy ending – is serious business, and must be treated as such for an adaptation to succeed.

This aspect of romance is often positioned as a “guilty pleasure”, something to be embarrassed by or make fun of, but it is hard to overstate how vital it is to the success of the form.

The worst mistake an adaptation of a romance can make is being ashamed of where it came from. Romance readers are well aware when someone is sneering at them, or trying to take advantage of the lucrative market they represent while trying to “elevate” the genre by chipping away at its core tenets and pleasures.

Heated Rivalry is the only adaptation that has entirely and wholeheartedly embraced the invitations of the romance genre, foregrounding romance and leaning pronouncedly into sincerity. We hope many more adaptations will learn from it going forward.

The Conversation

Jodi McAlister is the current president of the International Association for the Study of Popular Romance.

Jayashree Kamble is past President of the International Association for the Study of Popular Romance

ref. From Bridgerton to Heated Rivalry, what’s the secret to a good book-to-TV romance? – https://theconversation.com/from-bridgerton-to-heated-rivalry-whats-the-secret-to-a-good-book-to-tv-romance-273577