El póster científico: una propuesta sencilla con multitud de beneficios para el aprendizaje

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María José Madrid Martín, Profesora del área de Didáctica de la matemática, Universidad Pontificia de Salamanca

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¿Se imagina resumir en un solo vistazo el contenido de un artículo científico? ¿Explicar meses de investigación de forma clara, visual y comprensible para cualquiera?

El reto se vuelve aún mayor cuando el tema es complejo: explicar qué es la neuropsicología y cómo aplicarla en educación, diseñar un programa de intervención para estudiantes con dificultades en lectura o presentar estrategias para favorecer el desarrollo de la competencia matemática en estudiantes con discalculia. Y hacerlo en un soporte físico de 70 x 120 centímetros.

Esta propuesta pedagógica puede sorprender en un contexto tan digitalizado como el actual, pero lejos de resultar antigua o anacrónica, permite convertir el aula en un espacio de exposición, diálogo y construcción compartida del conocimiento favoreciendo la capacidad de síntesis, la organización visual de la información o la comunicación oral. Además, potencia el desarrollo de habilidades transversales como el pensamiento crítico, el trabajo en equipo o la competencia investigadora.

Una propuesta visual que obliga a pensar

El póster académico obliga a presentar la información de manera clara, visual y concisa para que el contenido pueda entenderse con un solo vistazo. A diferencia de una exposición oral más tradicional, el póster permanece expuesto en el aula y puede analizarse con calma, al ritmo de cada persona, atendiendo la diversidad de capacidades en un aula.

Captar la esencia de un trabajo completo en un único formato visual nos obliga a centrarnos en los aspectos más importantes. En el ámbito académico, es una manera eficaz para presentar resultados, generar discusión y recibir retroalimentación.

El aula como congreso científico

Nuestra experiencia se desarrolló en una asignatura del grado en maestro en educación primaria. El reto planteado al alumnado fue en primer lugar, elegir un artículo científico relevante relacionado con la asignatura. A continuación, analizarlo y transformarlo en un póster académico que posteriormente deberían defender públicamente antes sus pares, simulando un congreso.

El proceso implicaba varias fases: búsqueda del documento en una base de datos como Scopus o Web of Science considerando los contenidos de la asignatura. Para evitar que se duplicaran los artículos seleccionados, se creó una wiki en la que fueron poniendo los datos del texto elegido. Para elaborar el póster, era necesario llevar a cabo una lectura comprensiva, identificar los objetivos y la metodología, seleccionar los resultados relevantes y realizar una síntesis de conclusiones.

Lo verdaderamente transformador ocurrió después. Durante las sesiones de exposición, el aula cambió de dinámica. El formato generó un clima de escucha activa y debate académico poco habitual en las clases tradicionales.

Al permanecer expuestos simultáneamente en el aula, los trabajos permitieron comparar enfoques, establecer conexiones entre investigaciones y generar una visión más global del conocimiento. El aprendizaje dejó de ser individual y fragmentado para convertirse en colectivo y relacional.

Profundización y apropiación

Los resultados fueron reveladores. El alumnado manifestó un aumento claro del interés por la asignatura y una percepción elevada de aprendizaje. Especialmente valoraron que la actividad les obligara a profundizar en un tema concreto y a comprender la estructura real de un artículo científico, algo que consideraban últil para futuros trabajos académicos.

La actividad de creación y exposición del póster ha incrementado el interés por la asignatura: en una escala del 1 al 5 se obtiene un resultado de 4,3. A su vez, la pregunta de si las exposiciones de los distintos temas realizadas por los estudiantes han permitido ampliar los conocimientos de la asignatura obtuvo una valoración de 4,42.

Más allá de las cifras, lo más significativo fue el cambio en la actitud: pasaron de estudiar contenidos para reproducirlos en un examen a apropiarse de ellos para explicarlos y defenderlos.

Un recurso con potencial inclusivo

El póster, además, introduce un elemento de inclusión poco visible, pero muy relevante. Al combinar información visual, síntesis escrita y explicación oral, activa distintos canales de aprendizaje para comunicar el contenido.

En lugar de un único formato de evaluación, se abre un espacio donde caben diferentes competencias: análisis, diseño, expresión oral, capacidad argumentativa y trabajo colaborativo.

Este enfoque resulta especialmente pertinente en la formación de futuros docentes. Si aspiramos a que diseñen aulas inclusivas, es necesario que experimenten primero metodologías que contemplen la diversidad de ritmos, estilos y fortalezas. El póster no homogeniza: amplía posibilidades.




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Una manera de representar las matemáticas

El póster científico es una herramienta altamente adaptable a otros niveles educativos, desde primaria hasta secundaria.

Por ejemplo, en el área de Matemáticas en educación primaria el currículo actual en España reconoce la dimensión matemática de la comunicación y de la representación, y la relevancia de fomentarla desde edades tempranas. Los pósteres pueden utilizarse para presentar ideas matemáticas, resolución de problemas o incluso demostraciones, fomentando la creatividad, la síntesis de ideas y la organización visual de la información.

En niveles superiores, su uso puede orientarse a profundizar en la metodología científica y en la presentación rigurosa de resultados, incorporando gráficos, estadísticas o citas bibliográficas.




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Recuperar la profundidad en tiempos de inmediatez

En la era de la inmediatez digital, donde la información se consume en segundos y se olvida con la misma rapidez, el póster académico introduce una pausa necesaria. Obliga a pensar antes de diseñar, a comprender antes de explicar y a dialogar antes de concluir.

Frente a la lógica del “copiar y pegar”, exige elaboración. Frente a la acumulación de diapositivas, demanda síntesis. Frente a la exposición unidireccional, promueve la conversación.

Quizá la verdadera innovación educativa no consista en añadir más pantallas al aula, sino en proponer tareas que exijan mayor profundidad cognitiva. En un entorno saturado de estímulos, detenerse a construir, explicar y debatir en torno a un soporte visible y compartido puede ser, paradójicamente, unas de las experiencias más innovadoras de la educación actual.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Más allá de ‘la charla’: la educación sexual depende de todos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Teresa Vélez Barquilla, Personal investigador en Global Education: investigación de nuevos escenarios para la ciudadanía global, Universidad de Cantabria

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Ninguna generación tuvo tanto acceso a información. Sin embargo, esto no ha mejorado nuestro bienestar emocional ni relacional. Tener el mundo en la palma de la mano no garantiza construir relaciones sanas, poner límites, reconocer las emociones, comprender el consentimiento…

El acceso a tanta información ha generado, de hecho, una contradicción: circulan más mensajes que nunca, pero faltan herramientas para interpretarlos críticamente, dotarlos de sentido y convertirlos en aprendizajes para la construcción de vínculos saludables.

Una charla puntual en el aula difícilmente puede contrarrestar el aprendizaje informal y constante que genera la pornificación digital, concepto de la experta española Mónica Alario, que señala cómo lo pornográfico se ha filtrado en la cultura digital.

El currículum sexual invisible

La sexualidad se construye a través de múltiples fuentes y estímulos. No se aprende solo cuando un adulto toma la palabra; se construye en los silencios, en la incomodidad percibida ante ciertos temas o en los comentarios cotidianos que escuchamos en casa, en la escuela y en los medios.

Encontramos modelos de relación en series, películas y redes sociales, donde la empatía se diluye frente a la lógica del consumo. En plataformas como Instagram o TikTok las relaciones se exhiben como escaparates: gestos de cariño convertidos en contenido o rupturas narradas para atraer visitas. Esa lógica de exposición también moldea las primeras nociones sobre la sexualidad.




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Este flujo de contenidos facilita un acceso temprano a la pornografía, cuyos contenidos están alejados del cuidado mutuo y del consentimiento y sostenidos por dinámicas de violencia y explotación sexual.

Expectativas y sobreestimulación

Todo ello está acompañado de una narrativa diseñada para la sobreestimulación cerebral, que moldea las expectativas de los más jóvenes y condiciona su respuesta neurológica mucho antes de su primera experiencia física.

Y, sin duda, el aprendizaje también viene de cómo reacciona la sociedad ante sucesos de violencia sexual. Cuando los medios de mayor alcance cuestionan a la víctima o analizan qué hacía, están lanzando un mensaje pedagógico muy potente. Esta narrativa de burla o sospecha cala muy hondo porque les enseña a desconfiar y a perpetuar el silencio en lugar de fomentar el cuidado.

La paradoja de la supervisión

Es común que familias y profesorado se señalen entre sí cuando algo falla. Las familias se sienten desbordadas por el mundo digital y las escuelas sienten que no pueden asumir más carga educativa.

Parece que, por mucho que vigilemos el dispositivo o demos una charla en clase, no es suficiente. Y aquí es donde aparece lo que podemos denominar la paradoja de la supervisión. Creer que blindar el entorno doméstico protege al menor.




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En un mundo hiperconectado, la educación de un adolescente depende de lo que consumen y comparten sus amistades. De poco sirve que un joven no tenga móvil si en su grupo de iguales el código de conducta lo marca el último vídeo viral o el porno.

Al entender que el problema es del entorno y no de la familia a nivel individual, la culpa se transforma en una responsabilidad compartida.

‘Mi hijo no hace eso’

En mis talleres con familias, escucho a menudo una frase: “Mi hijo no ve esas cosas, no le dejo el móvil”. Ante esto, mi respuesta es siempre doble.

Primero, que la educación sexual debe ser para todas las personas: para quienes cuentan con un entorno presente, pero también para quienes no lo tienen. Si la dejamos en manos de cada familia, reproducimos desigualdades y dejamos fuera a quienes viven en silencio o desinformación. En un mismo aula puede haber adolescentes que hablan abiertamente sobre límites y consentimiento y otros que nunca han tenido ese espacio. La educación sexual debe garantizar que nadie dependa de su suerte o de su contexto para acceder a herramientas de cuidado.

Segundo, debemos entender que estos chicos y chicas se relacionan entre sí y se influyen. Ninguna familia es una isla.

Un ejemplo claro lo vemos en las chicas: aunque consumen menos porno, su sexualidad está influida por él. Sus deseos y prácticas se construyen en relación con chicos que sí han educado su mirada desde ese modelo.

Protegernos juntos

La organización social actual, marcada por el individualismo, nos aleja de la comunidad y nos hace delegar la responsabilidad en “otros”: la escuela, la tecnología o las familias. La violencia que vemos en la sexualidad es un reflejo de nuestra sociedad, no solo de quienes la ejercen.

Para ello, debemos entender que la educación sexual no ocurre en una burbuja, sino en un tejido social donde cada hilo cuenta. Una sesión puntual en la escuela puede profundizar en el consentimiento, pero lo que realmente sostiene ese aprendizaje es lo que ocurre fuera del aula: en la familia y en los entornos informales donde los jóvenes socializan; lo que circula en redes y lo que transmitimos los adultos en el ámbito digital. La sexualidad se aprende sobre todo ahí, en lo cotidiano. Los adultos somos responsables de los modelos de relación que mostramos.

Más allá del entorno doméstico

El reto está en comprometernos con el desarrollo saludable de todos: no solo de nuestros hijos, sino también de sus amistades y de cualquier menor que pasa gran parte de su tiempo en entornos digitales.

Preguntémonos qué discursos circulan, qué imaginarios se normalizan, qué herramientas tienen los jóvenes. Ayudémosles a acceder de manera progresiva a la autonomía digital antes de que aparezcan los conflictos y acompañémosles en el uso. Esto obliga a los adultos a conocer códigos, lenguajes y plataformas –por ejemplo, cómo funcionan TikTok, Twitch o Instagram–, a no intervenir desde titulares virales o alarmas descontextualizadas y a hablar sobre vínculos, poder, intimidad, exposición, responsabilidad…

Necesitamos entornos –familiares, escolares, comunitarios y digitales– donde los jóvenes puedan comprenderse, expresarse y pedir ayuda. Cuando toda la sociedad se implica, la sexualidad deja de estar marcada por la lógica del consumo y puede vivirse desde el respeto.

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María Teresa Vélez Barquilla no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Más allá de ‘la charla’: la educación sexual depende de todos – https://theconversation.com/mas-alla-de-la-charla-la-educacion-sexual-depende-de-todos-275027

¿Por qué en las crisis los precios de los combustibles suben como cohetes pero caen como plumas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rubén Garrido-Yserte, Director del Instituto Universitario de Análisis Económico y Social, Universidad de Alcalá

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La guerra en torno a Irán ha vuelto a disparar el petróleo. La economía energética y la economía del comportamiento ayudan a explicar por qué los precios del diésel y la gasolina reaccionan de forma tan desigual.

Un conflicto a miles de kilómetros puede terminar reflejándose en el precio que pagamos al repostar. Eso es exactamente lo que está ocurriendo en 2026. La guerra ha alterado profundamente el funcionamiento del mercado petrolero mundial tras la interrupción del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, una de las principales arterias energéticas del planeta.

Según el informe de marzo de 2026 de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), casi 20 millones de barriles diarios de crudo y productos petrolíferos que normalmente circulan por ese estrecho se han visto afectados por la crisis. Se trata de una perturbación de una magnitud excepcional en el mercado energético mundial.

Los precios que suben

Los mercados reaccionaron rápidamente a esta situación de estrés. Tras el inicio de las hostilidades, el precio del petróleo Brent pasó de los 71 dólares previos al inicio de la contienda a situarse en una horquilla de entre los 90 y 100 dólares.

Pero para muchos consumidores, el fenómeno más visible ocurre después. Cuando el petróleo sube, los precios de la gasolina y el diésel parecen aumentar casi de inmediato en las estaciones de servicio. Y cuando el petróleo baja, el descenso suele ser mucho más lento.

Los economistas conocen bien este patrón. Se denomina “cohetes y plumas” (rockets and feathers): los precios suben como cohetes y bajan como plumas. Este comportamiento ha sido documentado en estudios clásicos, como el de los economistas Severin Borenstein, A. Colin Cameron y Richard Gilbert, publicado en 1997 en el Quarterly Journal of Economics.

Del barril al surtidor

Para entender este fenómeno conviene recordar cómo se forma el precio del combustible.

El primer eslabón es el mercado internacional del petróleo, donde el precio responde a factores geopolíticos, expectativas financieras o decisiones de producción de los grandes países exportadores.

El segundo nivel es el mercado mayorista de productos refinados. El petróleo debe transformarse en gasolina, diésel o queroseno en refinerías. En Europa, uno de los principales mercados de referencia se sitúa en la región Ámsterdam-Róterdam-Amberes.

El tercer nivel es el mercado minorista, donde operan distribuidores y estaciones de servicio. A ese precio se añaden además los impuestos, que en Europa representan una parte considerable del precio final del combustible. La Comisión Europea publica un boletín semanal con estos datos.

Cuando el petróleo sube, los costes mayoristas aumentan rápidamente y las estaciones de servicio suelen trasladar ese incremento con rapidez. Cuando el petróleo baja, el ajuste suele producirse con mayor retraso.

El shock energético de 2026

La crisis actual ilustra bien cómo se transmite un shock energético global.

La Agencia Internacional de la Energía estima que la oferta mundial de petróleo podría reducirse en unos 8 millones de barriles diarios en marzo debido a la paralización de exportaciones y al cierre de infraestructuras energéticas en varios países del Golfo.

La interrupción del transporte marítimo ha obligado también a algunos productores a reducir su producción por la falta de capacidad de almacenamiento o transporte.

Para amortiguar el impacto sobre el mercado, los países miembros de la IEA han acordado liberar 400 millones de barriles de reservas estratégicas, una medida destinada a estabilizar el suministro global.

Sin embargo, estas intervenciones solo pueden suavizar temporalmente las tensiones. La evolución futura de los precios dependerá en gran medida de la duración del conflicto y de la reapertura de las rutas marítimas.

La competencia en el mercado de carburantes

Durante mucho tiempo se pensó que la explicación del fenómeno “cohetes y plumas” estaba únicamente en la estructura del mercado.

Los mercados de carburantes suelen tener características oligopolísticas. Es decir, las grandes compañías petroleras suelen estar integradas verticalmente –refino, transporte y distribución– y el número de estaciones de servicio que compiten directamente en una zona concreta puede ser relativamente limitado.

En este contexto, cuando los costes aumentan, las empresas trasladan rápidamente ese incremento al precio final para evitar una reducción de márgenes. En cambio, cuando los costes disminuyen, reducir precios rápidamente puede resultar menos atractivo si los competidores no lo hacen.

Pero esta explicación, basada únicamente en la competencia, no basta para entender completamente el fenómeno.

El comportamiento de los consumidores

La otra parte de la explicación se encuentra en el comportamiento de los consumidores.

Desde finales del siglo XX, la economía ha incorporado aportaciones de la psicología para entender cómo tomamos decisiones. Herbert Simon introdujo el concepto de racionalidad limitada (a falta de tiempo y conocimientos, las personas no optimizan sus decisiones, buscan soluciones satisfactorias), y Daniel Kahneman desarrolló la teoría de la perspectiva; esto es, que las personas valoran más las pérdidas que las ganancias (en cantidades equivalentes).

En el mercado de carburantes, los consumidores afrontan costes de búsqueda. Encontrar gasolina más barata implica tiempo, información y desviarse de la ruta habitual.

Por eso utilizamos precios de referencia basados en nuestra experiencia reciente. Cuando el precio supera ese nivel, muchos consumidores reaccionan rápidamente y buscan estaciones más baratas.

Cuando el precio baja ligeramente, en cambio, muchos consideran que el ahorro potencial no compensa el esfuerzo de búsqueda. La demanda se vuelve menos sensible al precio y las estaciones de servicio tienen menos incentivos para reducir precios rápidamente.

El resultado agregado de millones de decisiones individuales genera precisamente el patrón observado.

Por qué el diésel se encarece más

La crisis actual también ha puesto de relieve la vulnerabilidad específica del mercado de diésel.

El informe de la IEA advierte de que los mercados de diésel y queroseno son especialmente sensibles a las interrupciones de las exportaciones de Oriente Medio, debido a la limitada capacidad de refino disponible en otras regiones.

Además, el diésel desempeña un papel central en el transporte de mercancías, la maquinaria industrial y la actividad agrícola, lo que hace que su demanda sea menos flexible. Y esta menor flexibilidad (“inelasticidad” en la jerga de los economistas) siempre se paga en forma de mayores precios ante un shock de oferta como el que estamos experimentando.

El precio de la incertidumbre

En última instancia, los precios de los combustibles no reflejan únicamente el coste del petróleo. También incorporan lo que podríamos llamar el precio de la incertidumbre.

La Agencia Internacional de la Energía estima que un aumento sostenido del 10 % en el precio del petróleo puede reducir el PIB mundial alrededor de un 0,1  %, lo que ilustra hasta qué punto el mercado energético está conectado con la economía global.

La guerra en torno a Irán nos recuerda que la seguridad energética sigue siendo un elemento central de la estabilidad económica mundial. Por ello, además de impulsar la transición energética, muchos países están reforzando sus reservas estratégicas y mecanismos de coordinación internacional para amortiguar futuras crisis.

La próxima vez que repostemos, quizá merezca la pena recordarlo: detrás del número que aparece en el surtidor no solo hay petróleo. También hay geopolítica, mercados globales y la forma en que reaccionamos ante la incertidumbre.

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Rubén Garrido-Yserte no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué en las crisis los precios de los combustibles suben como cohetes pero caen como plumas? – https://theconversation.com/por-que-en-las-crisis-los-precios-de-los-combustibles-suben-como-cohetes-pero-caen-como-plumas-278484

El arte de tomar el relevo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Iñiguez de Onzoño, Presidente IE University, IE University

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¿Alguna vez ha tenido que sustituir a un líder admirado y reconocido? ¿Ha sentido el peso, y a la vez el honor, de tomar el relevo de alguien que ha dejado una huella profunda en su equipo de trabajo?

Pocos desafíos en la vida profesional ponen tan a prueba el carácter como ocupar el lugar de una figura admirada. La manera en que asumimos ese relevo dice mucho de nosotros como personas.

En la bahía de Sídney

Voy a poner un ejemplo del que es protagonista la Ópera de Sídney, una de las construcciones más icónicas de la arquitectura moderna. Con sus blancas conchas en forma de vela que se alzan sobre las aguas del puerto de la ciudad de Sídney, el edificio se alza como un símbolo global de diseño audaz y ambición cultural.

Su historia es de genialidad, ruptura y redención, y ofrece lecciones intemporales sobre la sucesión, el legado y la ética del liderazgo.

En 1957, el arquitecto danés Jørn Utzon ganó el concurso internacional para elegir al arquitecto encargado de diseñar el edificio de la ópera. Su propuesta, una serie de bocetos minimalistas y llamativos, carecía de planos técnicos completos o cálculos estructurales. Pero su visión audaz –una constelación de conchas escultóricas sobre Bennelong Point– capturó la imaginación de los jueces y la construcción comenzó con entusiasmo y optimismo.

Sin embargo, a mediados de la década de 1960, la política y los sobrecostes oscurecieron el proyecto. Un nuevo ministro del Gobierno de Nueva Gales del Sur criticó los retrasos y el aumento descontrolado de gastos y suspendió los pagos a Utzon. Frustrado y reacio a comprometer su visión, Utzon dimitió en 1966 y abandonó Australia, sin regresar jamás para supervisar la finalización de su obra más emblemática.

En este clima tenso entró Peter Hall, un joven arquitecto australiano. Hall afrontó la difícil tarea de traducir el concepto etéreo de Utzon en un edificio terminado. Diseñó las fachadas acristaladas que aportan ligereza a la estructura y completó los interiores de la Sala de Conciertos y del Teatro Joan Sutherland. Según se cuenta, aceptó el cargo solo después de confirmar que Utzon no regresaría, en una designación necesaria pero controvertida, ya que muchos en el mundo de la arquitectura creían que solo su autor original debía concluir la obra.

Hoy, los visitantes disfrutan del legado de ambos: la silueta inolvidable de Utzon y los interiores bellos y funcionales de Hall. Sin embargo, el nombre de este último apenas es conocido fuera de los círculos profesionales, mientras que Utzon se convirtió en un icono global y recibió el Premio Pritzker en 2003. Este desequilibrio en el reconocimiento plantea una cuestión mayor: ¿cómo se puede ocupar el lugar de otro, especialmente cuando ese lugar pertenece a un gigante?

Carrera de relevos

La historia muestra que la sucesión es la norma, no la excepción. Si Bramante trazó el primer plano de la romana basílica de San Pedro, luego Miguel Ángel reimaginó radicalmente su cúpula.

La catedral de Notre Dame, en París, ha ido evolucionando a lo largo de siglos, con generaciones de constructores que la modificaron y restauraron según el gusto y la tecnología de cada época.

Incluso en el cine se han dado situaciones similares: la película Lo que el viento se llevó (1939) fue moldeada por cuatro directores distintos –George Cukor, Sam Wood, William Cameron Menzies y Victor Fleming– y sin embargo es una obra maestra coherente y perdurable.

Confianza y respeto

Rendir homenaje a nuestros predecesores –en arquitectura, en gestión, en cine o en cualquier otro campo– es más que un gesto de cortesía. La disposición a reconocer la obra de otro, sin temor a que pueda disminuir la propia, es una muestra de nobleza y madurez emocional. Los líderes que honran públicamente a quienes sustituyen transmiten confianza, autenticidad y respeto. Son indicadores sutiles, pero poderosos, de credibilidad.

Por el contrario, apropiarse de méritos ajenos, o no reconocerlos, genera sospecha y erosiona silenciosamente la confianza. Los líderes que desprecian las contribuciones pasadas suelen ser recordados menos por lo que construyeron que por los puentes que quemaron.

Un error frecuente es caer en el síndrome del Mesías por el que algunos líderes recién llegados se definen rechazando todo lo anterior. Descartan logros previos, ignoran la continuidad y se presentan como salvadores de un pasado defectuoso. Aunque pueda parecer audaz, este enfoque nace a menudo de la inseguridad y, salvo en casos de crisis total, un inicio de tierra quemada rara vez es la opción de inicio más sabia.

Esto no significa que un nuevo líder deba evitar el cambio. Recibir una hoja en blanco puede ser estimulante. Cuestionar el statu quo, repensar procesos e introducir perspectivas frescas es esencial para el progreso. Pero hay una delgada línea entre la innovación y la arrogancia. En las grandes organizaciones, los giros radicales son pocas veces sostenibles. Más dañino aún es el golpe de Estado cultural, en el que el nuevo liderazgo no busca tanto mejorar como borrar lo que estuvo antes.

La tradición no siempre es un lastre que hunde; a menudo es un lastre que estabiliza. El líder perspicaz distingue entre el peso que frena y el peso que sostiene.

El valor del sucesor

En el mundo corporativo, es habitual que los directivos entrantes se distancien simbólicamente de sus predecesores: cambiando logotipos, reescribiendo la misión, reestructurando equipos. A veces estas medidas son necesarias, otras, meramente performativas. Los observadores suelen percibir la diferencia.

Y aquí reside una verdad crucial, a menudo pasada por alto: los sucesores también merecen reconocimiento. Completar una visión fundacional puede ser tan exigente como concebirla, y a veces más. Requiere una combinación de dominio técnico, habilidad diplomática y humildad para trabajar dentro de parámetros fijados por otro, dejando al mismo tiempo una huella propia. Las competencias necesarias para finalizar, consolidar y custodiar una misión heredada no son menores que las del fundador: son simplemente diferentes.

Mantenerse en la órbita

Lo hemos visto en el arte, donde intérpretes posteriores dan vida a obras de formas que sus creadores quizá nunca imaginaron, y en los negocios, donde la continuidad puede ser tan vital como la innovación. Sin el liderazgo de Tim Cook, por ejemplo, quizá Apple no habría alcanzado el éxito global y sostenido que comenzó a construir Steve Jobs. A menudo, los sucesores complementan a los fundadores: uno lanza el cohete, el otro asegura que alcance la órbita y se mantenga allí.

Este equilibrio entre respeto y renovación es la esencia de la sucesión con gracia. El liderazgo no es un acto en solitario sino una carrera de relevos. Sostenemos el testigo durante un tiempo, corremos nuestro tramo con propósito y lo pasamos.

Honrar a quienes nos precedieron no es pasividad; es nobleza. Y honrar a quienes nos suceden es igualmente vital, pues serán ellos quienes mantengan viva la llama. Como escribió Esopo, “la gratitud es la señal de las almas nobles”. La gratitud pública y sincera –tanto hacia predecesores como hacia sucesores– amplifica la credibilidad de un líder, denota autoconciencia, profundidad emocional y la comprensión de que el liderazgo no consiste en eclipsar a otros, sino en contribuir a un continuo más amplio.

La elegancia en la sucesión no es un protocolo, es una mentalidad. Es la convicción de que la mayor expresión del liderazgo no radica en demostrar ser superior a un predecesor, sino en honrar el pasado, empoderar el futuro y conocer el propio lugar en el largo arco de un esfuerzo compartido.

En una época obsesionada con la disrupción, esta forma de liderazgo tranquila y elegante puede ser el acto más radical de todos.


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Santiago Iñiguez de Onzoño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El arte de tomar el relevo – https://theconversation.com/el-arte-de-tomar-el-relevo-275532

Amelia, el personaje de un videojuego educativo secuestrado por la extrema derecha

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio César Moreno Cantano, Doctor en Historia Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid

Escena de un momento del videojuego _Pathways_ de SOUK. SOUK

En una ironía que subraya la complejidad de la lucha contra el extremismo en la era digital, Amelia, un personaje diseñado originalmente para disuadir a los jóvenes de la radicalización, se ha transformado en un potente meme de la extrema derecha.

Amelia fue concebida como parte de Pathways: Navigating the Internet and Extremism, un videojuego educativo desarrollado por la empresa social británica Shout Out UK (SOUK) y financiado por el Ministerio del Interior del Reino Unido bajo el programa Prevent.

En el juego, Amelia era una chica gótica de pelo morado, un personaje secundario que incitaba a los jugadores a tomar decisiones controvertidas, como unirse a manifestaciones extremistas. La intención era presentarla como una figura a evitar, un arquetipo de las influencias negativas en línea.

Dibujo de un videojuego donde una chica mira un móvil y otra, con el pelo morado, marcha en una protesta contra los inmigrantes.
En el videojuego, Amelia es el personaje que pone a prueba al jugador, invitándole a unirse a marchas extremistas contra los inmigrantes.
SOUK

Sin embargo, lo que SOUK no anticipó fue la reacción adversa. La extrema derecha percibió el juego como una caricatura estatal que demonizaba sus puntos de vista. Así, en un acto de “guerra memética”, decidió reapropiarse del personaje.

A partir del 9 de enero de 2025, una cuenta anónima en X (anteriormente Twitter) comenzó a difundir versiones de Amelia, transformándola de una figura de advertencia en un icono de “resistencia” contra la inmigración masiva y el establishment. Su estética gótica y su pelo morado, tradicionalmente asociados con subculturas de izquierda, fueron cooptados para crear una waifu política, una figura idealizada y sexualizada que atrae a un público joven masculino.

La pureza como signo

La proliferación de Amelia como meme de extrema derecha ha sido exponencial, en gran parte gracias a la IA generativa. Herramientas como Grok han permitido a los usuarios crear miles de variantes del personaje con facilidad, adaptándola a diversos contextos y narrativas. Se han visto imágenes de Amelia ondeando la bandera británica frente al Parlamento, comiendo salchichas de cerdo en desafío a la cultura musulmana o en estilo manga, todas ellas con mensajes xenófobos y anti-inmigración.

Este fenómeno no se ha limitado al Reino Unido. Han surgido versiones de Amelia en toda Europa, como “Maria” en Alemania (defendiendo tradiciones bávaras), “Emma” en los Países Bajos (abogando por una Navidad tradicional) y una Amelia pelirroja en Irlanda (criticando las políticas de “fronteras abiertas” de Bruselas). Cada una de estas adaptaciones utiliza símbolos nacionales para resonar con audiencias locales, demostrando la versatilidad y el alcance de esta táctica memética.

El fenómeno no solo muestra la velocidad con la que los memes se propagan en internet, sino también la existencia de una auténtica “economía del odio”. En torno a su imagen han surgido criptomonedas y tokens que buscan sacar provecho económico de su creciente popularidad. Figuras influyentes como Elon Musk han contribuido a ampliar su alcance y legitimidad al interactuar con publicaciones que promocionan estos activos digitales. En plataformas como X, el humor provocador y el shitposting actúan como mecanismos para atraer al público hacia contenidos más extremos.

Mientras tanto, en espacios menos regulados como Telegram, el discurso se radicaliza, adoptando formas abiertamente racistas o antisemitas. Varias investigaciones han demostrado que distintas comunidades en línea se han apropiado del meme, desde quienes lo comparten con ironía hasta redes abiertamente antiinmigrantes que difunden imágenes deshumanizadoras o violentas. Este proceso ilustra cómo la cultura digital puede transformar el humor en un vehículo de difusión ideológica y de incitación al odio.

Amelia no está sola

No es la primera vez que la extrema derecha coopta símbolos culturales, incluyendo personajes de videojuegos, para sus fines propagandísticos. Esta táctica se basa en la descontextualización y la re-significación, transformando figuras populares en vehículos para ideologías extremistas.

Uno de los casos más conocidos es el de “remove kebab”, un meme que tiene su origen en una canción de propaganda serbia. Fue popularizado en la comunidad de videojuegos de estrategia, especialmente en títulos de la empresa Paradox Interactive como Europa Universalis IV o Crusader Kings II. En este contexto, la expresión se usa para aludir a la eliminación de facciones musulmanas dentro del juego, lo que termina por normalizar, en clave de broma, un imaginario de limpieza étnica en un entorno lúdico.

Algo similar ocurre con “Deus Vult” (“Dios lo quiere”), antiguo grito de guerra de las Cruzadas que ha sido reapropiado por sectores de extrema derecha como consigna identitaria. En combinación con videojuegos como Crusader Kings, esta expresión se convierte en un símbolo de nacionalismo cristiano y de exclusión religiosa. La estética del cruzado medieval –armaduras, escudos, cruces– se utiliza para proyectar una imagen de fuerza, pureza y superioridad ideológica frente a un “otro” percibido como amenaza.

También algunos personajes concretos han sido convertidos en iconos dentro de estos circuitos. Así sucede con Legate Lanius, el brutal líder militar de la Legión de César en Fallout: New Vegas. En determinados memes se le presenta como encarnación de la disciplina férrea y del orden impuesto mediante la violencia, celebrando rasgos autoritarios y vinculándolos a una visión abiertamente fascista que promete “poner fin” a la decadencia social.

El ejemplo de Doomguy, el marine de DOOM que se enfrenta sin descanso a hordas de demonios, sigue la misma lógica. En ciertos espacios extremistas, su figura se reutiliza como metáfora de un “cruzado” moderno contra lo que consideran la “degeneración” de la sociedad: minorías, activistas, feministas u otros colectivos.

El caso de Amelia, en resumen, es una llamada de atención sobre los desafíos que afrontan las estrategias de prevención del extremismo en un paisaje digital en constante evolución. La facilidad con la que la IA generativa puede ser utilizada para subvertir mensajes y crear contenido de odio a gran escala exige una reevaluación de cómo se diseñan y ejecutan estas campañas.


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Antonio César Moreno Cantano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Amelia, el personaje de un videojuego educativo secuestrado por la extrema derecha – https://theconversation.com/amelia-el-personaje-de-un-videojuego-educativo-secuestrado-por-la-extrema-derecha-276575

Agatha Christie, reine des morts, reine des mots

Source: The Conversation – France (in French) – By Isabelle-Rachel Casta, Professeur émérite, culture sérielle, poicière et fantastique, Université d’Artois

La prolifique Agatha Christie ne lésinait pas sur les références littéraires. Michaël Bemelmans/Wikimédia, CC BY

Dans la lignée de Conan Doyle, une femme a su maîtriser comme personne l’énigme à rebondissements et le jeu des références cryptées : c’est Agatha Christie, « duchesse de la Mort », s’il faut en croire le beau titre du critique François Rivière (Seuil, 1981). Les mots, la mort, le crime : bienvenue dans le labyrinthe Christie !


Faut-il relire Agatha Christie ? Oui, car son œuvre, immense, rassemble tous les états de la culture et de la sensibilité britanniques à travers des enquêtes qui sont autant de voyages au pays des savoirs humanistes. Ses détectives sont aussi savants qu’elle, et généralement les coupables le sont également ! Explorer son œuvre, c’est saisir la fusion des codes de l’énigme et de la culture britannique littéraire au sein du genre policier, pourtant longtemps considéré comme éloigné de la tradition classique.

Ainsi Christie fera-t-elle de chaque roman la rencontre insolite du divertissement attendu d’un bon polar avec la présence cryptique des plus notables œuvres du corpus lettré, comme on peut l’entendre dans une récente émission consacrée à l’autrice de légende. Mais les mots et les morts font-ils toujours bon ménage ?

Polars ou poèmes ?

En parcourant l’ensemble de la production d’Agatha Christie, on est frappé par l’importance des références et des citations : comptines inquiétantes (Hickory, Dickory, Dock, Pension Vanilos pour la version française) ou présence mythologique (Nemesis) : les titres plongent toujours dans un passé légendaire ou poétique.

Deux romans tardifs, le Miroir se brisa (The Mirror Crack’d from Side to Side, 1962) et La nuit qui ne finit pas (Endless Night, 1967) semblent construits selon le même système de réminiscences car ils portent, dans leurs titres mêmes, le souvenir de deux grands poètes britanniques : William Blake (1757-1827) et Alfred Tennyson (1809-1892). On a l’impression qu’ils sont les auteurs originels de ces romans, puisque chaque titre est un fragment de leurs propres écrits ! La nuit qui ne finit pas appartient à Blake (« Augures d’innocence ») et le Miroir se brisa est une citation d’un poème de Tennyson consacré à la Dame de Shalott (personnage de la geste arthurienne), poème dont la trame guide l’enquête tout au long du récit.

C’est quasiment toujours dans le passé (personnel ou collectif) qu’il faut trouver les clés des énigmes présentes : cet axiome psychanalytique et policier (mais n’est-ce pas une sorte de pléonasme ?) fonctionne pleinement dans le Miroir se brisa. Les références et les allusions y fourmillent, dominées par l’obsédante présence du poème de Tennyson.

L’intrigue est simple : Marina, une actrice, découvre qu’une admiratrice trop pressante a contaminé jadis l’enfant qu’elle portait, elle. Elle s’arrange alors pour la tuer, et la haine qui s’empare d’elle n’échappe pas à l’une des invitées, surprise de lire dans son regard la même folie que Tennyson prête à son héroïne, la pauvre Dame de Shalott. Or, selon l’universitaire Annie Combes (l’Écriture du crime) chaque référence, même la plus anodine, contient déjà toutes les réponses ! Sans cesse, les vers de « La Dame de Shalott » vont revenir scander l’enquête. Ils apparaissent une première fois dits par une vieille amie de Miss Marple, enquêtrice malgré elle et perspicace observatrice du moindre détail :

« Vous souvenez-vous de “la Dame de Shalott” ? ‘Le miroir se brisa de part en part. Je suis maudite ! cria la Dame de Shalott’. Elle me l’a rappelée. Les gens apprécient peu Tennyson, aujourd’hui, mais la “Dame de Shalott” m’a toujours beaucoup plu. »

La femme qui récite du Tennyson est déjà présente dans un autre roman, Un cadavre dans la bibliothèque : on peut ainsi parler d’autocitation ; de plus, elle dit le poème devant un tableau, donc en joignant la réminiscence littéraire à la compétence picturale. Des fragments du poème sont aussi répétés en écho par Miss Marple, toujours centrés sur la malédiction qui frappe en même temps l’héroïne de Tennyson… et l’actrice contemporaine, sans doute assassinée à la fin par son époux.

Seules de respectables dames anglaises comprennent donc pourquoi Tennyson sert d’épitaphe à la criminelle morte :

« Elle a un beau visage ;
Que Dieu dans sa miséricorde lui accorde sa grâce,
La Dame de Shalott. »

Le film inspiré de l’œuvre conserve d’ailleurs cette indécision finale. Ainsi, d’indice en élucidation, le poème aura couru tout au long du texte comme une lumière noire.

L’air du crime pour un « meurtre familier »…

On a vu que le double de l’auteur, Miss Marple, n’est pas « féminine », au sens stéréotypé du terme : elle est âgée et célibataire, donc conventionnellement asexuée. Mais elle incarne la justice et la vengeance, le Temps et, d’une certaine façon, la Mort… comme le manifeste une œuvre symétrique au roman déjà cité (et ce, même si elle n’apparaît pas spécifiquement).

La nuit qui ne finit pas se présente de fait comme le commentaire d’un texte de William Blake. Mais quelle place reste-t-il à la fiction policière ? Celle d’une parabole : revisiter la littérature anglaise à la lumière du polar contemporain. À cet égard, la disposition de l’exergue, en regard du texte, est assez étrange pour mériter une remarque :

« Chaque nuit et chaque matin, certains naissent pour le malheur. Chaque matin et chaque nuit, certains naissent pour la douce joie, certains naissent pour une nuit sans fin. William Blake.

« Chapitre premier

« J’ai souvent lu ou entendu cette chanson. Elle sonne bien, mais que signifie-t-elle au juste ? »

Il faut donc comprendre que le héros-assassin (qui dit « je ») lit ou entend le texte de Blake, puisque la mention « Chapitre premier » sépare l’exergue de la fiction proprement dite. Il est bien entendu celui qui est « né pour le malheur » ; comme par prémonition, Ellie, sa jeune et adorable femme « née pour la douce joie », fredonne elle aussi ces mots… Ainsi l’angoisse suscitée par le poème devient-elle le leitmotiv de la catastrophe imminente. Celle qui était « née pour le bonheur » périt assassinée, car dans ce monde on tue pour de l’argent (Michael ne l’a épousée que pour en hériter, d’accord avec sa maîtresse Greta) et on devient fou… La chanson la venge, et chaque apparition des fameux vers accompagne la chute vers l’abîme du criminel Michael Rogers.

L’assassin qui, à la fin, sombre dans la folie, ne jouira évidemment pas de l’argent de la femme qu’il a tuée : « […] Dans la nuit sans fin où je me suis perdu. » Dans le film qui tire son nom de celui du roman, l’interprétation sensible de Hywel Bennett renvoie d’ailleurs plutôt bien à la paranoïa du personnage.

Ce roman reprend, rappelons-le, les procédés narratifs qui firent la gloire de son auteur. En effet, en 1967, plus de quarante ans après l’affaire Ackroyd, Agatha Christie opte une nouvelle fois pour le récit au « je » du meurtrier, avec un « blanc » typographique où s’inscrit la commission du forfait : « En arrivant à un croisement… nous la découvrîmes » (le pronom « la » renvoie bien sûr au corps sans vie d’Ellie, empoisonnée par son mari juste avant une promenade à cheval).

On notera que le narrateur s’appelle Rogers, presque comme la victime du Meurtre de Roger Ackroyd ; ce fil ténu relie les œuvres, et sans doute ne faut-il pas chercher ailleurs les difficultés d’adaptation filmique des romans, notés par certains : les jeux de mots « visualisés » y sont laborieux, et la modernisation de certaines intrigues alourdit la finesse du trait… par exemple dans la mini-série de Chris Chibnall, les Sept Cadrans.

Alors restons au pied de la lettre !

Se perdre dans le labyrinthe ?

En 1971, quelques années avant sa mort, la « reine des mots » livre Nemesis, roman qui éclaire rétroactivement tout le corpus :

« II s’agissait d’une jeune fille très douce, absolument adorable. […] Cependant, elle est morte. – De quoi ?, demanda doucement miss Marple. – D’amour […], reprit sa compagne d’une voix chargée de tristesse et d’amertume. L’amour. »

Pourquoi cette histoire paraît-elle une conclusion acceptable ? Parce que s’appeler Verity (comme la jeune fille morte) et reposer dans une terre ignorée illustre la grande affaire du polar : réhumaniser la victime comme le coupable, tout en semant des indices, la plupart du temps issus de la grande culture encyclopédique ou du fonds légendaire. Tout se passe comme dans un Cluedo géant, où les bribes du passé forment un étrange rébus : celui qui le déchiffre comprend qui est le coupable.

Pourtant, conservatrice et nostalgique, Christie l’a toujours été, même si avec elle vient le temps des vieilles dames malignes et des détectives belges, qui enquêtent sans ressentiment ni complaisance. Infanticide et démence prennent ainsi les rythmes équivoques d’une comptine ou d’un poème, car « chacun lit Agatha Christie à sa manière : de la dévoration de la découverte au suçotement de celui qui connaît l’histoire » (Sophie de Mijolla-Mellor, Meurtre familier, 1995).

The Conversation

Isabelle-Rachel Casta ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Agatha Christie, reine des morts, reine des mots – https://theconversation.com/agatha-christie-reine-des-morts-reine-des-mots-275282

Comment lutter contre ces aliments ultratransformés poussés par des intérêts commerciaux, et non par les choix des consommateurs

Source: The Conversation – France in French (3) – By Phillip Baker, ARC Future Fellow and Sydney Horizon Fellow, School of Public Health, University of Sydney, University of Sydney

Nuggets, boissons gazeuses, chips, barres de céréales… les aliments ultratransformés sont fabriqués à partir d’ingrédients souvent modifiés par des procédés industriels, auxquels sont ajoutés additifs, colorants et autres émulsifiants. Tanya Barrow/Unsplash

Si les pouvoirs publics ne prennent pas les mesures qui s’imposent et en l’absence de réponse coordonnée au niveau mondial, les aliments ultratransformés vont occuper une place croissante dans notre alimentation et nuire à notre santé, mais aussi à l’économie. Cette mise en garde s’appuie sur trois articles scientifiques publiés dans The Lancet, une revue médicale de premier plan.


Les aliments ultratransformés sont en train de remplacer les aliments et repas traditionnels à l’échelle mondiale, en dégradant la qualité du régime alimentaire et en contribuant à l’augmentation des maladies chroniques liées à l’alimentation.

Et même si l’ensemble des dépenses publicitaires des principales entreprises qui commercialisent des aliments ultratransformés dépassent largement le budget total de l’Organisation mondiale de la santé (OMS), les gouvernements, les communautés et les professionnels de la santé peuvent faire beaucoup.

C’est ce que conclut la série de trois articles phares consacrée aux aliments ultratransformés que nous avons récemment publiés dans la revue The Lancet.

Ces produits sont fabriqués à partir d’ingrédients industriels et d’additifs alimentaires, qui contiennent généralement peu ou pas d’ingrédients intacts. On pourrait citer pour exemple les boissons gazeuses, les chips et de nombreuses céréales pour le petit-déjeuner.

Dans la classification Nova (présentées dans le schéma ci-dessous), les aliments et boissons sont répértoriés dans quatre groupes en fonction de leur degré de transformation :

  • Groupe 1 : Aliments non transformés ou transformés minimalement.
  • Groupe 2 : Ingrédients culinaires transformés.
  • Groupe 3 : Aliments transformés.
  • Groupe 4 : Aliments ultratransformés.

De notre point de vue, le problème ne réside pas dans un manque de volonté de la part des individus, mais tient avant tout à des considérations commerciales – il est le résultat d’une industrie puissante.

Ce que démontrent les données disponibles

Le premier article résume les données disponibles et montre que les aliments ultratransformés se répandent à l’échelle mondiale. La part des produits ultratransformés dans l’alimentation n’a cessé d’augmenter au fil des décennies dans les pays du monde entier.

Aux États-Unis, au Royaume-Uni et au Canada, leur part dans l’alimentation est à des niveaux élevés depuis des décennies (environ 50 % de l’apport énergétique quotidien). Les aliments ultratransformés constituent l’essentiel du régime alimentaire national. Il en va de même en Australie.

Deuxièmement, cette étude montre que les régimes riches en aliments ultratransformés favorisent la suralimentation et sont pauvres sur le plan nutritionnel : ils contiennent davantage de sucres, de graisses saturées et ont une densité énergétique plus élevée. En revanche, ils sont plus pauvres en fibres, en vitamines et minéraux essentiels, et contiennent moins d’aliments complets.

Troisièmement, cet article résume les risques que ces aliments ultratransformés font courir pour la santé. Nous avons mené une revue systématique de la littérature scientifique qui a inclus 104 études faites sur le long terme. Cette revue systématique a révélé que 92 de ces études faisaient état d’un risque accru de contracter une ou plusieurs maladies chroniques. Les méta-analyses de ces études ont confirmé des associations avec l’obésité, le diabète de type 2, l’hypertension artérielle, l’hypercholestérolémie (l’excès de cholestérol, ndlr), les maladies cardiovasculaires, la maladie rénale chronique, la maladie de Crohn, la dépression et la mortalité prématurée toutes causes confondues.

Il est essentiel de comprendre qu’il ne s’agit pas simplement d’une question d’« excès de sucre, de sel et de graisses ». Des essais cliniques ainsi que des études scientifiques montrent que quand les adultes suivent un régime alimentaire riche en aliments ultratransformés, ils consomment environ 500 à 800 calories supplémentaires par jour, prennent du poids ainsi que de la masse graisseuse, et mangent plus rapidement, par rapport à un régime non ultratransformé contenant les mêmes proportions de macronutriments. Cela s’explique probablement par la densité énergétique plus élevée, le goût appétissant et la texture moelleuse de ces aliments, qui favorisent la surconsommation.

De toute évidence, des recherches supplémentaires sont nécessaires. Cependant, les données disponibles sont désormais suffisamment solides pour justifier une réponse mondiale en matière de santé publique.

Les options sur le plan politique

Notre deuxième article présente les options politiques qui s’offrent aux gouvernements désireux de s’attaquer à ce problème. Quatre d’entre elles se distinguent particulièrement :

1. Modifier les produits : la reformulation – qui consiste à remplacer le sucre par des édulcorants ou les matières grasses par des additifs qui confèrent une texture similaire à celle des matières grasses – ne résout pas le problème. Les gouvernements pourraient plutôt fixer des limites pour une sélection d’additifs et utiliser des « marqueurs d’aliments ultratransformés » comme les colorants, les arômes et les édulcorants non sucrés (ainsi que les teneurs élevées en sucre, en graisses et en sel) pour identifier les produits ultratransformés à réglementer.

2. Améliorer l’environnement des produits alimentaires. Parmi les mesures fondées sur des données probantes, on peut citer :

  • L’adoption d’étiquettes d’avertissement obligatoires sur le devant des emballages, qui se révèlent efficaces pour informer les consommateurs et réduire les achats.

  • La protection des enfants de moins de 18 ans – en particulier sur les plateformes numériques – contre la publicité pour les aliments ultratransformés et le fait d’étendre ces protections au-delà des « heures réservées aux enfants ».

  • Des taxes sur les boissons sucrées (à 20 % minimum) ainsi que certains aliments ultratransformés ; et d’utiliser ces recettes financières pour subventionner les fruits, les légumes et les plats préparés sur place destinés aux ménages à faibles revenus.

  • La suppression des aliments ultratransformés des écoles, des hôpitaux et d’autres établissements publics, le fait de limiter la part des aliments ultratransformés dans les rayons des supermarchés et de réduire leur mise à disposition à proximité des écoles.

3. Limiter le pouvoir des entreprises : les gouvernements pourraient prendre davantage de mesures pour réglementer les gammes de produits des entreprises, ainsi que pour surveiller et limiter la part des ventes d’aliments ultratransformés ; il convient aussi de renforcer la politique de concurrence et d’envisager des réformes fiscales qui viseraient à limiter le pouvoir excessif de ce marché.

4. Réformer les subventions comme les chaînes d’approvisionnement : les gouvernements pourraient réorienter les subventions à l’agriculture afin de réduire le soutien accordé aux ingrédients issus de la monoculture utilisés dans les aliments ultratransformés (comme le maïs, le soja et le sucre), et d’aligner les politiques environnementales – concernant des questions telles que la réduction des plastiques ou l’utilisation de l’eau – sur les objectifs nutritionnels.

Le succès passera par des solutions sur mesure et coordonnées : il n’y a pas de recette miracle.

Lutter contre l’industrie des aliments ultratransformés

Notre troisième article s’interroge sur les raisons pour lesquelles les aliments ultratransformés envahissent l’alimentation humaine et sur la manière de mettre en place une réponse mondiale en matière de santé publique.

La réponse est la suivante : il faut s’attaquer au pouvoir des entreprises et à leur recherche de profit. Les aliments ultratransformés constituent le modèle économique le plus rentable du secteur alimentaire. Les plus grandes multinationales sont à la tête de réseaux mondiaux d’approvisionnement, de commercialisation et de lobbying qui élargissent les marchés, influencent la science ainsi que le débat public, et font obstacle à la réglementation.

Les fabricants d’aliments ultratransformés peuvent utiliser leurs bénéfices pour consacrer des sommes bien plus importantes au marketing, construire des usines, étendre la distribution de ces produits à l’échelle mondiale et financer des groupes de pression.

Par exemple, en 2024, les grandes entreprises agroalimentaires ont dépensé bien plus en publicité que l’ensemble du budget de fonctionnement de l’Organisation mondiale de la santé.

Les entreprises et les groupes qui y sont affiliés suivent le même scénario que les industries du tabac et des combustibles fossiles : du lobbying, du contentieux, de l’autorégulation et de la recherche scientifique qu’elles financent pour retarder la mise en place de mesures politiques.

Notre article plaide pour une réponse mondiale en matière de santé publique :

  • remettre en cause le modèle économique des aliments ultratransformés, en taxant leur production, en rendant obligatoire le recyclage des plastiques par les entreprises et en réorientant les ressources vers le soutien aux producteurs d’aliments sains et aux familles

  • protéger l’élaboration des politiques et la science contre toute ingérence, grâce à des mesures de prévention des conflits d’intérêts et à des règles d’engagement claires pour le secteur privé. Nous devons cesser de nous en remettre à l’autorégulation du secteur privé et recourir aux politiques publiques et à la législation.

  • former des coalitions pour mener des actions de plaidoyer auprès des décideurs politiques et favoriser les changements politiques, qu’il s’agisse de soutiens juridiques ou de communications stratégiques

Des sucettes disposées sur une étagère dans un magasin
Nos articles montrent que les aliments ultratransformés sont en train de supplanter les aliments et les repas traditionnels à l’échelle mondiale.
Alan Pope/Unsplash

Nos études montrent que, sans mesures politiques ni réponse mondiale coordonnée, la part des aliments ultratransformés dans l’alimentation humaine continuera d’augmenter, au détriment de la santé, des économies, de la culture et de la planète. Il est temps d’agir.

The Conversation

Phillip Baker a reçu des financements de l’Australian Research Council, de Bloomberg Philanthropies et de l’Unicef pour des projets de recherche portant sur les aliments ultratransformés.

Camila Corvalan a a bénéficié de financements pour ses recherches de la part de l’Agence nationale chilienne de recherche (ANID), de Bloomberg Philanthropies et du Centre de recherches canadien pour le développement international (CRDI). Elle fait partie du groupe stratégique de la Communauté de pratique sur la nutrition et la santé en Amérique latine et dans les Caraïbes (COLANSA), du Next Generation Leadership Collective et de l’Alianza Global para la Alimentación Saludable de Niñas, Niños y Adolescentes en Amérique latine. Elle est membre du groupe de travail sur les politiques et la prévention de la Fédération mondiale de l’obésité et du groupe de travail sur les aliments ultratransformés de l’Union internationale des sciences de la nutrition (IUNS). Elle occupe actuellement le poste de présidente de la Société latino-américaine de nutrition.

Gyorgy Scrinis a reçu des financements de Bloomberg Philanthropies destinée à financer les travaux de recherche menés dans le cadre de la série publiée dans « The Lancet ».

Priscila Machado a reçu des financements accordés par le Conseil national de la santé et de la recherche médicale (NHMRC), la Fondation australienne pour le cœur, la Fondation de recherche de São Paulo et le réseau thaïlandais Sweet Enough Network/ThaiHealth pour des projets de recherche portant sur les aliments ultratransformés.

Carlos Monteiro ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Comment lutter contre ces aliments ultratransformés poussés par des intérêts commerciaux, et non par les choix des consommateurs – https://theconversation.com/comment-lutter-contre-ces-aliments-ultratransformes-pousses-par-des-interets-commerciaux-et-non-par-les-choix-des-consommateurs-278151

Aliments ultratransformés : Comment aider les consommateurs à les repérer et à les éviter ?

Source: The Conversation – France in French (3) – By Pierrick Gomez, Professeur associé de marketing, Neoma Business School

La question de l’ultratransformation des aliments constitue aujourd’hui un enjeu majeur tant pour l’industrie agroalimentaire que pour les pouvoirs publics. La liste d’ingrédients, information obligatoire qui figure sur les emballages alimentaires, apparaît comme un outil intéressant pour aider les consommateurs à repérer ces aliments dans les rayons. Toutefois, son efficacité reste à établir.


L’offre d’aliments ultratransformés occupe une place prépondérante sur les rayons de produits alimentaires de nombreux pays occidentaux, alors même que les consommateurs demeurent encore peu nombreux à savoir ce que recouvre cette catégorie et comment l’identifier.

Cette situation est problématique car la question de l’ultratransformation des aliments constitue aujourd’hui un enjeu majeur de santé publique. De nombreuses études scientifiques mettent en évidence une association entre la consommation d’aliments ultratransformés et un risque accru de diverses maladies chroniques, voire de mortalité.

Or, en dehors de leurs croyances personnelles, les consommateurs disposent de peu d’indices tangibles leur permettant de déterminer si un produit est ultratransformé, ou non.

À retenir

  • C’est quoi les aliments ultratransformés ? Biscuits et pains industriels, barres chocolatées, soupes en poudre, nuggets… on parle d’aliments ultratransformés pour désigner des aliments obtenus à partir d’ingrédients traditionnels qui ont subi diverses transformations industrielles (ajout d’huiles hydrogénées, « cracking » ou fractionnement d’un aliment brut en plusieurs ingrédients…) et auxquels ont été ajoutés des additifs, des colorants, des émulsifiants, etc.
  • Pourquoi les industriels procèdent-ils à ces transformations ? Ces procédés ont pour but de conférer un certain nombre de propriétés aux aliments (améliorer la texture ou le goût, allonger la durée de conservation…).
  • À ce jour, il n’existe pas de consensus concernant la définition des aliments ultratransformés, selon l’Agence nationale de sécurité sanitaire (Anses). Toutefois, parmi les différentes classifications fondées sur le degré de transformation des produits, les études épidémiologiques menées pour évaluer les effets sanitaires potentiels des aliments ultratransformés utilisent le plus souvent la classification Nova, développée par des chercheurs brésiliens.

Pour l’heure, la liste d’ingrédients constitue la principale source d’information figurant sur les emballages qui permet aux consommateurs d’identifier le degré de transformation des aliments, notamment parce qu’elle leur donne accès à la composition des produits qu’ils achètent.

Pourtant, on sait encore peu de choses sur son usage réel par les consommateurs et sur sa capacité à les aider à repérer et à éviter les aliments ultratransformés. Qui lit la liste d’ingrédients ? Cette information suffit-elle à orienter les choix vers des produits moins transformés ? Des avertissements sanitaires placés sur la face avant des emballages seraient-ils plus efficaces à cet égard ?

Nous avons cherché à apporter des éléments de réponse dans un article récemment publié dans Journal of Consumer Policy qui repose sur trois études expérimentales menées auprès de 1 088 consommateurs états-uniens et britanniques.

Qui lit la liste des ingrédients sur les emballages ?

Dans une première étude, nous nous sommes intéressés aux usages de la liste d’ingrédients et avons observé qu’environ 43 % des participants déclaraient la consulter régulièrement lors de leurs achats alimentaires. Ce résultat est déjà instructif : il montre que cet usage n’est pas marginal, tout en suggérant que plus de la moitié des consommateurs ne la consultent qu’occasionnellement, voire pas du tout.

Surtout, nos analyses indiquent que cet usage est fortement influencé par des caractéristiques individuelles. Les utilisateurs fréquents déclarent de meilleures compétences culinaires et un niveau de connaissance plus élevé en matière d’aliments ultratransformés, manifestent une préférence marquée pour les aliments naturels et se montrent plus attentifs à leur santé.

Autrement dit, l’usage de la liste d’ingrédients semble associé à des facteurs qui ne sont pas également répartis au sein de la population. Dès lors, s’appuyer sur cet outil pour orienter les choix alimentaires risque de renforcer certaines inégalités. Des analyses complémentaires mettent d’ailleurs en évidence des différences d’usage significatives selon le niveau d’éducation.

Longueur ou contenu : quelle caractéristique de la liste d’ingrédients influence les intentions d’achat ?

Le caractère ultratransformé d’un aliment peut, en théorie, s’apprécier à travers deux dimensions de la liste d’ingrédients : sa longueur (plus la liste est longue, plus on peut soupçonner un degré de transformation élevé) et son contenu (présence d’additifs et d’ingrédients d’origine industrielle). Dans une deuxième étude expérimentale, nous avons précisément isolé ces deux dimensions afin d’évaluer leur influence sur les évaluations des consommateurs.

Les participants devaient évaluer un pain industriel emballé, avec la possibilité d’accéder à la liste d’ingrédients figurant au dos de l’emballage, laquelle variait selon le contenu (modérément versus fortement transformé) et la longueur (liste courte versus longue). Par rapport à la première étude, une proportion plus élevée de participants (66 %) a choisi d’examiner la liste d’ingrédients.

Les résultats sont sans ambiguïté : le contenu de la liste l’emporte largement sur sa longueur. La présence d’additifs et d’ingrédients perçus comme industriels accroît significativement la perception de transformation du produit. Ce résultat est cohérent avec un mécanisme psychologique bien documenté en comportement du consommateur, à savoir le biais de négativité : les consommateurs accordent davantage de poids à des signaux négatifs, facilement identifiables (additifs, ingrédients industriels), qu’à la longueur de la liste dont l’interprétation reste ambiguë (un aliment peut comporter un nombre conséquent d’ingrédients sans être ultratransformé).

Un autre résultat mérite toutefois d’être souligné : bien que la présence d’additifs dans la liste modifie les perceptions, elle ne réduit pas directement l’intention d’achat du produit ultratransformé.

Ainsi, le degré de transformation ne constitue qu’un critère de choix parmi d’autres : le prix, le goût, la praticité ou encore les bénéfices perçus pour la santé peuvent peser davantage dans la décision et neutraliser l’effet de la liste d’ingrédients.

Un avertissement sur la face avant de l’emballage peut-il changer la donne ?

La troisième étude examine l’effet additionnel d’un outil plus facilement accessible et interprétable par les consommateurs : un avertissement sanitaire apposé sur la face avant de l’emballage qui signale le caractère ultratransformé des produits. Les participants recrutés devaient choisir entre trois barres de céréales présentant des niveaux de transformation différents (modérément versus fortement transformé), avec ou sans avertissement. Ils avaient par ailleurs accès à leurs compositions.

Les résultats sont sans équivoque : la présence d’un avertissement accroît fortement la probabilité de choisir le produit le moins transformé. La part de choix en faveur de l’option modérément transformée passe ainsi de 39,6 % en l’absence d’avertissement à 62,7 % lorsqu’un avertissement est présent. L’avertissement renforce la capacité des consommateurs à distinguer les produits selon leur degré de transformation et à orienter leurs choix en conséquence.

Quelles implications en matière de santé publique ?

Au final, la liste d’ingrédients apparaît comme un outil utile mais insuffisant. Elle est utilisée par un nombre limité de consommateurs et si elle permet à certains d’identifier les produits transformés, davantage à travers son contenu que sa longueur, elle ne génère pas une impulsion suffisante pour influencer directement l’intention d’achat.

Ainsi, en l’absence d’outils complémentaires, son usage risque de laisser de côté les consommateurs les moins motivés, renforçant ainsi des inégalités d’accès à l’information. À l’inverse, un avertissement simple et visible apposé sur la face avant des emballages semble nettement plus efficace pour que l’identification des produits ultratransformés se traduise en choix effectifs.

Ces résultats devront être répliqués dans des situations d’achat réelles, en interaction avec d’autres dispositifs existants (par exemple l’étiquetage nutritionnel Nutri-Score présent sur les emballages des produits alimentaires, des allégations relatives au pourcentage d’ingrédients naturels dans la composition et autres « clean labels » qui promeuvent une alimentation plus saine, ainsi que dans d’autres contextes culturels.

Ces travaux dessinent néanmoins une orientation claire pour les décideurs en santé publique : si l’objectif est d’orienter les choix des consommateurs vers des aliments moins transformés, la seule liste d’ingrédients risque de ne pas suffire ; des instruments plus persuasifs, tels que des avertissements sanitaires spécifiques, apparaissent dès lors nécessaires.

The Conversation

Pierrick Gomez ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Aliments ultratransformés : Comment aider les consommateurs à les repérer et à les éviter ? – https://theconversation.com/aliments-ultratransformes-comment-aider-les-consommateurs-a-les-reperer-et-a-les-eviter-277656

Droits humains et droits de la nature, pivots d’un développement vraiment durable

Source: The Conversation – France in French (3) – By Farid Lamara, Responsable de programmes de recherches, Agence Française de Développement (AFD)

Toutes les données disponibles indiquent que l’Agenda 2030 adopté en septembre 2015 par les 193 États membres de l’Organisation des Nations unies sera loin d’être mené à bien dans le délai imparti. Dans un contexte de recul massif des démocraties et des droits humains, d’explosion des inégalités, de rétrécissement de l’espace civique et de dépassement des limites planétaires, l’approche fondée sur les droits (humains et du vivant), qui n’a été que très partiellement intégrée par la communauté internationale dans la déclinaison opérationnelle des Objectifs de développement durable, apparaît comme un levier plus nécessaire que jamais.


Les États membres des Nations unies ont adopté à l’unanimité en 2015, le programme de développement durable. Il entend garantir un développement qui « répond aux besoins du présent sans compromettre la capacité des générations futures à répondre aux leurs » (rapport Brundtland de 1987, « Notre avenir commun »). Cet agenda déroule 17 Objectifs du développement durable (ODD) et décline 169 cibles à atteindre en 2030. Elles représentent le cadre de redevabilité du programme.

Aucun des 17 Objectifs de développement durable (ODD) n’est spécifiquement consacré aux droits humains. Ceux-ci, en réalité, sont partout – au cœur de la vie sociale, économique, culturelle, civile et politique de tous les habitants du monde, mais également au centre des enjeux écologiques contemporains, ce qu’a acté l’Assemblée générale des Nations unies en 2022 par une résolution historique reconnaissant le droit à un environnement sain comme un droit humain.

Selon le Danish Institute for Human Rights (DIHR), 92 % des cibles des ODD sont ancrées dans le droit international des droits humains. La promotion, le respect et la protection des droits humains constituent donc la colonne vertébrale des ODD.

La « soutenabilité forte », condition pour préserver la nature et l’universalité des droits humains

Dans l’ensemble, les ODD combinent les enjeux écologiques, économiques, de développement humain et de gouvernance. Mais plusieurs visions fondées sur des hypothèses économiques et écologiques différentes se confrontent sur la manière de les réaliser. On parle de soutenabilité faible ou forte. Cette dernière est un concept qui vise à renforcer le développement durable en évitant que les politiques économiques compromettent (ou sacrifient) le développement humain, l’environnement ou la nature. Contrairement à la soutenabilité faible (technosolutionniste, fondée sur les concepts de la substituabilité du capital naturel), la soutenabilité forte pose pour principe que le capital naturel est irremplaçable et doit être préservé.

On retiendra trois principes de la soutenabilité forte : la finitude de la nature ; la justice sociale ; et les limites de la croissance économique. Dans cette vision, l’approche fondée sur les droits humains et celle fondée sur les droits de la nature sont essentielles pour un développement véritablement durable. Il s’agit ici de reconnaître la nature — écosystèmes et entités naturelles – comme sujet de droit. Aujourd’hui, plus de 650 initiatives de reconnaissance des droits de la nature sont répertoriées. Sans ces approches, le système actuel aggrave les inégalités et menace l’habitabilité de la planète.

C’est ce que documentent plusieurs recherches et conférences internationales de l’Agence française de développement (AFD) consacrées à l’analyse des enjeux croisés entre les droits humains et le développement durable, avec des angles d’études spécifiques tels que la transition écologique, les inégalités multidimensionnelles ou encore les droits de la nature. Mais également les travaux conduits par l’AFD avec le DIHR sur les questions relatives aux droits humains et aux politiques climatiques.

De cet ensemble, il ressort que la crise écologique (anthropique) aggrave les inégalités et affaiblit massivement les droits humains tant substantifs (droit à la vie, à la santé, à l’alimentation, à l’habitat, etc.) que procéduraux (droit de participation, d’information, de réparation), et en premier lieu ceux des populations en situation de vulnérabilité : enfants, femmes, peuples autochtones et communautés locales, défenseurs des droits humains et de l’environnement, migrants et déplacés.

Pourtant, la gouvernance environnementale reste défaillante, les États et le secteur privé se limitant généralement à une démarche de réduction des risques (« ne pas nuire ») sans redevabilité ni vision intégrée et pro-active des droits humains, du droit à un environnement sain et des droits de la nature. Il apparaît ainsi urgent de proposer des modèles alternatifs intégrant redevabilité, justice (sociale et environnementale) et participation citoyenne pour concilier écologie et droits humains dans une approche écocentrée et non plus anthropocentrée.

En particulier à l’heure où les limites planétaires sont largement dépassées.

Les limites planétaires sous le prisme des droits humains

Ces limites (voir graphiques ci-dessous) définissent l’espace opérationnel sûr pour l’humanité par rapport au système terrestre et sont associées aux sous-systèmes ou processus biophysiques de la planète. Aujourd’hui, 7 limites sur 9 sont dépassées. Et depuis l’adoption des ODD en 2015, 3 l’ont été.


Stockholm Resilience Centre. Cliquer pour zoomer

Au-delà de l’impact majeur sur la nature, les impacts sur les droits humains sont systémiques. Pour le droit à la santé par exemple, il est démontré que chaque limite planétaire a des conséquences directes sur la santé humaine, animale et des écosystèmes.

Pour la santé humaine, les pollutions chimiques (pesticides, plastiques, polluants éternels) génèrent des maladies chroniques multiples et une croissance des cancers. La seule pollution de l’air provoque plus de 4 millions de décès annuels à l’échelle planétaire. Les décès prématurés liés aux vagues de chaleur (climat), à la malnutrition (changement du cycle de l’eau) ou encore à la dégradation des sols ou à la chute de la biodiversité alourdissent plus encore le bilan sanitaire et la mortalité humaine, en premier lieu pour les populations les plus pauvres, qui plus est dans un monde régi par un modèle profondément asymétrique et inégalitaire.

Les inégalités comme moteur de la crise écologique et du recul des droits humains

Selon le rapport 2025 sur les inégalités climatiques du World Inequality Lab, les 50 % les plus pauvres de la population mondiale émettent 10 % des gaz à effet de serre (GES), soit bien moins que les émissions des 1 % les plus riches. Ces derniers sont par ailleurs responsables à eux seuls de 41 % des GES liés à la détention d’actifs (financiers et non financiers).

Par ailleurs, les 50 % les plus pauvres ne sont pas seulement les moins responsables. Ils sont également les plus exposés aux pertes et dommages tout en ayant le moins de capacités financières pour y faire face. Et si l’on regarde les inégalités en matière de revenu et de patrimoine, on constate que les 10 % les plus riches de la planète captent plus de revenus que les 90 % restants. Au global, bien que les inégalités croissent fortement à l’intérieur des pays depuis plusieurs décennies, ces résultats indiquent de très fortes asymétries Nord/Sud. Or plus les inégalités croissent, plus les capacités à faire valoir ses droits diminuent.

Les inconséquences d’un modèle asymétrique et inégal sur l’Agenda 2030

Dans ces conditions, les résultats attendus de l’agenda 2030 sont loin d’être atteints. Le rapport 2025 des Nations unies sur les ODD montre que sur les 169 cibles des ODD, seules 18 % sont atteintes ou en passe de l’être en 2030. Et 66 % d’entre elles indiquent des progrès marginaux, en stagnation ou en régression.


The Sustainable Development Goals Report 2025

L’analyse plus détaillée, ODD par ODD, indique que plusieurs d’entre eux n’atteindront aucune cible d’ici à 2030. C’est le cas notamment pour les ODD 1 (pauvreté), 5 (genre), 6 (eau), 16 (Paix, justice et institution fortes). Alors que les ODD 2 (faim), 3 (santé), 4 (éducation), 10 (inégalités) et 13 (climat) ne devraient n’en atteindre qu’une seule.

Considérant que les droits humains sont la colonne vertébrale des ODD, ces résultats démontrent que les enjeux de justice restent marginaux dans leur déclinaison opérationnelle. Or, le recul des démocraties, le déclin des droits humains et le rétrécissement extrême de l’espace civique — qui se traduit par exemple par la censure, la répression violente des journalistes, des défenseurs des droits et de l’environnement, des manifestants pacifiques, etc. — dans le monde sont autant de freins supplémentaires à leur réalisation.

Aujourd’hui, selon le Civicus Monitor, seuls 7,2 % de la population mondiale vit dans un espace civique « ouvert » ou « rétréci ». Le reste dans un espace « entravé » (19,9 %), réprimé (42,3 %) ou fermé (30,7 %).

Il devient ainsi urgent que la communauté internationale en général et les acteurs du développement en particulier donnent toute leur place aux approches fondées sur les droits humains et du vivant dans la réalisation de l’Agenda 2030.


Civicus Monitor

Droits humains et droits de la nature, une symbiose vitale pour les générations futures

Pour ce faire, il faudra considérer les enjeux liés au modèle économique dominant ainsi qu’à la gouvernance mondiale. Ce qui dépasse largement la sphère juridique. Néanmoins, les droits de la nature constituent des leviers puissants pour renforcer les droits humains et vice versa, ce qu’a récemment reconnu l’Union internationale pour la conservation de la nature (IUCN) par l’adoption de plusieurs résolutions.

Ainsi, l’approche fondée sur les droits humains et du vivant devrait être intégrée dans toutes les politiques publiques pour la réalisation des ODD dans une optique de soutenabilité forte. C’est bien ce que dit la décision de la COP15 de Kunming-Montréal sur la diversité biologique qui appelle à des actions en faveur de la Terre nourricière, c’est-à-dire d’une « approche écocentrique et fondée sur les droits, propice à la mise en œuvre d’actions visant à établir des relations harmonieuses et complémentaires entre les populations et la nature, à promouvoir la pérennité de tous les êtres vivants et de leurs communautés et à éviter la marchandisation des fonctions environnementales de la Terre nourricière ».

The Conversation

Farid Lamara ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Droits humains et droits de la nature, pivots d’un développement vraiment durable – https://theconversation.com/droits-humains-et-droits-de-la-nature-pivots-dun-developpement-vraiment-durable-277313

La position délicate de la Turquie face à la guerre en Iran

Source: The Conversation – France in French (3) – By Albert Kandemir, Chercheur doctorant contractuel en Relations internationales, Université Paris-Panthéon-Assas

Pour la Turquie, la République islamique d’Iran est à la fois une rivale en matière de suprématie régionale et un modèle idéologique très différent du sien. Mais Téhéran est aussi un fournisseur d’énergie important, un partenaire en matière de répression des combattants kurdes. Globalement, c’est un voisin encombrant, mais dont Ankara a appris à s’accommoder. Une éventuelle chute du régime iranien pourrait, en outre, s’accompagner d’un afflux de réfugiés sur le territoire turc. Au-delà de la condamnation de la guerre, d’autant que celle-ci est conduite en large partie par Israël, avec qui la Turquie est à couteaux tirés, le gouvernement d’Erdogan cherche donc à jouer les médiateurs pour éviter une déstabilisation majeure de l’ensemble du Proche-Orient.


Lorsque l’on décrit la nature des relations pluriséculaires entre l’Iran et la Turquie, de nombreux analystes considèrent que le traité de Zuhab (1639) a été un point de bascule. En effet, cet accord mit fin à près de 150 ans de conflits entre l’Empire ottoman et l’Empire safavide et fixa la frontière entre les deux États. Certains vont jusqu’à affirmer que ce traité a survécu aux hommes et aux siècles, et n’a jamais été remis en cause. En réalité, de nombreux conflits ont surgi après le traité de Zuhab. Seulement, à l’issue de chacune des guerres, les deux empires sont systématiquement revenus à une frontière proche de celle définie en 1639. Ainsi s’est établi un équilibre des puissances structurel entre le monde turc et le monde perse : ni l’un ni l’autre n’a jamais réussi à absorber ou à détruire le voisin.

Cet équilibre a favorisé l’émergence d’une culture diplomatique complexe de la coexistence contrainte qui perdure aujourd’hui et qui explique le sang-froid et la prudence de la Turquie vis-à-vis de la guerre initiée par Israël et les États-Unis contre l’Iran le 28 février 2026.

La coexistence contrainte : des relations oscillant entre méfiance structurelle et pragmatisme

Si la Turquie et l’Iran étaient après la Seconde Guerre mondiale des partenaires enracinés dans le camp occidental et unis par le Pacte de Bagdad (1955), cette alliance prit fin après la révolution islamique (1979), Téhéran ayant érigé une théocratie aux frontières de la Turquie, dont la laïcité est un pilier national. Cependant, les divergences idéologiques furent rapidement mises au second plan au bénéfice d’un pragmatisme qui perdure encore aujourd’hui et qui repose sur quatre fondements.

Tout d’abord, l’interdépendance économique. En effet, lors de la guerre Iran-Irak (1980-1988), la Turquie fut un débouché économique majeur pour l’Iran. Aujourd’hui encore, l’Iran est le troisième fournisseur de gaz d’Ankara derrière la Russie et l’Azerbaïdjan. Dans un contexte où l’économie iranienne fonctionne au ralenti et où la Turquie est totalement dépendante des fournisseurs d’énergie étrangers, les deux pays se trouvent donc dans une situation de besoins mutuels.

Ensuite, l’Iran, bien qu’il entretienne des relations économiques et stratégiques avec la Russie et la Chine, est un pays plus ou moins isolé à l’échelle internationale en raison des sanctions américaines et de son soutien à des organisations considérées comme terroristes par des pays occidentaux comme le Hezbollah libanais ou les Houthis yéménites. La Turquie, en revanche, est à la fois partenaire économique de la Russie, intégrée aux nouvelles routes de la soie chinoises… et membre de l’OTAN. La relation avec Ankara offre donc à l’Iran une forme de désenclavement régional et international. D’ailleurs, la Turquie s’est largement impliquée en tant qu’intermédiaire dans les négociations entre la République islamique et les Occidentaux sur le nucléaire iranien.

En outre, les deux pays partagent une culture répressive contre toute velléité d’autonomie politique kurde (rappelons que les Kurdes représentent environ un quart de la population en Turquie et un cinquième de la population en Iran).

Zones où les Kurdes sont présents en nombre.
Jacques Leclerc, 2023/Université Laval

Ainsi, pendant la guerre civile syrienne, malgré leurs divergences, Ankara et Téhéran ont parfois collaboré afin de neutraliser des positions kurdes. De façon générale, les autorités turques et iraniennes assument leur coopération afin de lutter contre les organisations kurdes classifiées comme terroristes, notamment le PKK (Parti des travailleurs du Kurdistan) et le PJAK (Parti pour une vie libre au Kurdistan), les deux organisations appartenant à l’Union des communautés du Kurdistan, accusée d’œuvrer au démembrement de la Turquie et de l’Iran et d’être soutenue par des puissances extérieures, notamment Israël et les États-Unis.

C’est là qu’un autre déterminant apparaît dans les relations entre Ankara et Téhéran : la méfiance vis-à-vis de l’État hébreu.

Pourquoi la Turquie craint une victoire politique et militaire israélienne contre l’Iran

Pour comprendre la position turque vis-à-vis de la guerre en Iran, il faut donc partir de trois postulats. Tout d’abord, la prudence turque ne traduit en rien une affinité idéologique d’Ankara à l’endroit de Téhéran. Comme évoqué ci-dessus, la Turquie est largement dépendante des fournitures de gaz en provenance d’Iran. De plus, en raison des différents conflits régionaux, la Turquie est devenue le deuxième pays comptant le plus de réfugiés au monde – spécialement des Syriens. Cette situation provoque de nombreuses tensions sociales, économiques et politiques. L’une des motivations du soutien turc aux groupes rebelles ayant contribué au renversement de Bachar Al-Assad syriens résidait d’ailleurs dans le refus persistant de ce dernier de négocier les conditions d’un retour des trois millions de réfugiés syriens présents en Turquie. Or l’Iran est le pays accueillant le plus de réfugiés au monde, très majoritairement des Afghans. Un renversement du régime menant à un vide de pouvoir est donc vu par la Turquie comme un danger imminent qui pourrait provoquer un nouvel afflux de réfugiés sur son territoire. Ces derniers jours, la Turquie a militarisé sa frontière avec l’Iran pour prévenir ce risque.

De plus, Israël et les États-Unis ont plusieurs fois évoqué la possibilité d’utiliser des groupes rebelles kurdes pour renverser le régime iranien. Pour l’instant, aucune source fiable confirme l’implication de ces derniers contre le régime. En revanche, si cela se matérialisait, il est probable que la Turquie fournira des renseignements à Téhéran afin de neutraliser ces forces. Ankara affirme déjà qu’elle surveille de près les activités du PJAK. S’il semble peu probable que la Turquie mène une opération directe sur le sol iranien, c’est toutefois une possibilité à prendre en compte. Rappelons que l’objectif de la première opération militaire turque en Syrie (« Bouclier de l’Euphrate ») le 24 août 2016 fut de prévenir une autonomisation politique kurde dans le nord de la Syrie, à la frontière turque.

Enfin, en Turquie, il existe ainsi une conviction trans-partisane, à savoir que Tel-Aviv cherche à neutraliser toute puissance du Proche et du Moyen-Orient ayant des intérêts contraires aux siens. Alors que le chef de l’État, Recep Tayyip Erdogan, s’est dit « profondément attristé et inquiet » de l’attaque lancée contre l’Iran par les États-Unis et Israël, qu’il a attribuée à « une provocation de Benyamin Nétanyahou », le président du CHP (principal parti d’opposition), Özgür Özel, a tenu des propos similaires : « Israël a attaqué l’Iran. Notre parti condamne ces attaques avec la plus grande fermeté. Nous transmettons nos sentiments de solidarité au peuple iranien. »

Si la Turquie a été le premier pays à majorité musulmane à reconnaître l’État d’Israël, depuis la fin des années 2000, avec le « One minute speech » d’Erdogan et l’attaque de la flottille de Marmara par Israël, les relations entre Ankara et Tel-Aviv se sont profondément dégradées. Malgré des tentatives ponctuelles de reprise du dialogue, les tensions se sont intensifiées ces dernières années – notamment du fait de la condamnation très forte par la Turquie de la guerre menée par Israël à Gaza en représailles aux attaques du Hamas du 7 octobre 2023 – et ont culminé après la chute de Bachar Al-Assad en décembre 2024.

En effet, la Turquie prétend œuvrer à l’intégrité du territoire syrien et accuse Israël d’œuvrer à son morcellement, en soutenant des groupes factieux tels que les Druzes ou les Kurdes, et sa spoliation, en ayant étendu son emprise illégale sur le plateau du Golan. Ainsi, les deux pays se trouvent en compétition hégémonique en Syrie. Par conséquent, du point de vue de la Turquie, si l’Iran tombe, en raison de sa propre montée en puissance, Ankara serait le prochain sur la liste d’Israël.

De nombreuses déclarations de responsables israéliens abondent dans ce sens. Naftali Bennet, ancien premier ministre (2021-2022), a ainsi déclaré le 17 février 2026 : « Une nouvelle menace turque émerge. La Turquie est le nouvel Iran. Erdogan est dangereux et cherche à encercler Israël ». Sans être aussi explicites, des personnalités politiques actuellement au pouvoir préparent l’opinion publique israélienne à faire face à la « menace turque ». Par exemple, Benyamin Nétanyahou a déclaré le 22 février 2026 :

« L’objectif est de créer un axe de nations qui partagent la même vision de la réalité, des défis et des objectifs face aux axes radicaux – tant l’axe chiite radical, que nous avons frappé de plein fouet, que l’axe sunnite radical émergent. »

Depuis au moins le début des années 2020, de nombreuses opérations des services du renseignement turc ont été menées contre des agents clandestins accusés de collaborer avec Israël et d’utiliser le territoire turc comme un terrain de lutte contre des agents d’influence palestiniens ou iraniens. Ces opérations sont donc un révélateur de tensions croissantes mais encore diffuses et tacites.

Dans une région où plusieurs régimes définis comme des menaces par Israël ont été neutralisés (Saddam Hussein en Irak, Mouammar Khadafi en Libye, Bachar Al-Assad en Syrie) et où certains pays ont normalisé leurs relations avec l’État hébreu à travers les Accords d’Abaraham, la Turquie considère avec inquiétude la perspective d’une victoire politique et militaire israélienne en Iran, qui mènerait à la chute du régime des ayatollahs.

Des nuances importantes à apporter

La Turquie a été le seul pays de l’OTAN (avec l’Espagne) à dénoncer sans ambages le bellicisme israélo-américain et le seul à avoir présenté ses condoléances à l’Iran à la suite de l’assassinat de l’ayatollah Ali Khamenei. Pour autant, la Turquie et l’Iran se sont livré de véritables guerres d’influence, notamment en Syrie où l’Iran soutenait Bachar Al-Assad tandis que la Turquie armait les rebelles de l’Armée nationale syrienne ; en Irak, les Iraniens développaient leur réseau d’influence chiite là où la Turquie appuyait les partis sunnites, ou encore, plus récemment, dans le Caucase.

En effet, la Turquie a fourni un soutien actif à l’Azerbaïdjan dans la guerre menée contre les Arméniens du Haut-Karabakh, alors que l’Iran voit avec beaucoup de méfiance la montée en puissance de Bakou. L’Iran s’est d’ailleurs explicitement opposé à la création du corridor de Zangezur – là encore soutenu par la Turquie – censé faire la jonction entre l’Azerbaïdjan et la province autonome azerbaïdjanaise du Nakhitchevan, car cela marginaliserait Téhéran, ce dernier perdant son rôle de transit. Or l’Azerbaïdjan est l’un des plus grands alliés d’Israël. De nombreuses sources iraniennes affirment que le pays sert de point de départ à des opérations israéliennes visant l’Iran, dont l’Azerbaïdjan est frontalier.

Récemment, des drones iraniens se sont écrasés sur la province du Nakhitchevan. La réaction du président Ilham Aliev a été très virulente et il a promis une réponse forte. Si pour l’heure, Bakou semble privilégier la prudence, une implication dans le conflit contraindrait la Turquie à composer à la fois avec son allié azerbaïdjanais, avec une déstabilisation de l’Iran et avec sa rivalité avec Tel-Aviv.

Un rôle de médiateur pour Ankara ?

La Turquie a elle-même été touchée par deux missiles iraniens. Si Téhéran a nié la responsabilité de ces frappes, Recep Tayyip Erdogan a averti l’Iran que la patience de la Turquie « avait ses limites ». Si Ankara veut empêcher une déstabilisation de l’Iran, elle ne souhaite pas pour autant que la riposte iranienne se fasse à ses dépens, n’étant pas dans une posture passive et attentiste, contrairement aux pays du Golfe.

De plus, à la différence des autres pays définis comme des menaces par Israël, la Turquie est un membre de l’OTAN et un allié des États-Unis. Depuis l’élection de Donald Trump, les relations américano-turques ont été valorisées et l’ambassadeur américain en Turquie, Tom Barrack, œuvre à un renforcement des liens entre Ankara et Washington. Une proximité qui tempère les ardeurs israéliennes. Si les déclarations du secrétaire d’État Marco Rubio sur les raisons de l’entrée en guerre des États-Unis semblent indiquer un suivisme de l’administration Trump vis-à-vis d’Israël, le président américain a plusieurs fois rappelé qu’il espérait une guerre courte. Or la Turquie cherche précisément à prévenir un embrasement régional. Dès lors, Ankara cherche plutôt à jouer un rôle de médiateur dans ce conflit qui oppose l’Iran et Israël, deux pays qu’elle perçoit comme des rivaux géopolitiques au Moyen-Orient et dans le Caucase.

La prudence turque vis-à-vis de cette guerre s’explique donc par un souhait de maintenir un équilibre des puissances et d’empêcher une hégémonie israélienne, mais également iranienne.

The Conversation

Albert Kandemir ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. La position délicate de la Turquie face à la guerre en Iran – https://theconversation.com/la-position-delicate-de-la-turquie-face-a-la-guerre-en-iran-278226