¿Imitar o diferenciarse? Claves estratégicas para pequeñas empresas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Beatriz Domínguez Bronchal, Profesora Titular de Universidad en Organización de Empresas, Universidad de Zaragoza

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Ya señaló Aristóteles, hace más de 2 000 años, que en el punto medio está la virtud. Esta idea, trasladada al mundo de los negocios, sirve para que las empresas traten de definir su posicionamiento estratégico en el mercado.

Por un lado, ser distinto al resto permite ocupar un espacio competitivo propio, reduciendo enfrentamientos directos con la competencia. Por otro, imitar a sus rivales hace que el mercado entienda mejor su propuesta y la acepte con naturalidad pues no se sale de lo que se considera habitual. Desde esta perspectiva, un posicionamiento que equilibre imitación y diferenciación parece, a priori, la mejor opción.

En las pequeñas empresas, la elección entre imitar o diferenciarse puede ser clave para su supervivencia. Un estudio reciente aborda este dilema y muestra que, para las pequeñas empresas, el punto medio no siempre es la opción más adecuada. Dicho de forma sencilla, el estudio concluye que la decisión depende de dos cuestiones: a quién se toma como rival de referencia y cuánto se pisa su mismo terreno.

Por qué puede funcionar imitar al líder

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que, para una pequeña empresa, parecerse al líder del sector suele ser una decisión inteligente. Los datos muestran que, habitualmente, imitar al líder da mejores resultados que tratar de diferenciarse de él.

La explicación es sencilla: el líder ya ha educado al mercado y ha mostrado qué prácticas, productos y comportamientos se consideran adecuados. Al imitarlo, no solo se gana legitimidad, sino que se adopta un posicionamiento que ya ha demostrado que funciona. Además, rara vez provoca reacciones en el líder que pequeñas empresas le imiten. Al estar centrado en competir con empresas más grandes, suele prestar poca atención a las pequeñas. Como resultado, imitar al líder otorga mayor legitimidad y, como se opera fuera de su radar competitivo, resulta poco probable recibir sus represalias.




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Pacto tácito y tolerancia mutua entre pymes

La lógica cambia cuando el punto de referencia no es el líder, sino otra pequeña empresa. En ese caso, parecería poco aconsejable que una pequeña empresa imitase a otra de tamaño similar porque aquí sí estaría operando directamente bajo su radar competitivo. Sin embargo, la dinámica que existe entre estas empresas hace que el resultado sea diferente al esperado.

En este contexto, las pequeñas empresas alcanzan una especie de pacto tácito: se evitan ataques directos para no desencadenar una escalada competitiva que acabaría siendo costosa para todos. El hecho de compartir tamaño, recursos y formas de operar facilita el entendimiento. Esto da lugar a que las pequeñas empresas decidan respetarse mutuamente en lugar de intercambiar acciones competitivas. Dicho de otra manera, mientras que al líder las pequeñas empresas no le importan lo suficiente como para competir con ellas, las pequeñas empresas se importan demasiado entre sí como para arriesgarse a competir.

Por eso, parecerse a otras empresas de tamaño similar no siempre intensifica la rivalidad. En muchos casos, rebaja la tensión competitiva y la mantiene dentro de límites manejables. Ahora bien, esta lógica tiene un límite. Los beneficios de la tolerancia mutua no crecen sin fin. Llega un punto donde el exceso de similitud puede incrementar la agresividad competitiva, erosionando los resultados de las empresas.




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El factor clave: dónde se compite

Las consecuencias de la imitación y la diferenciación varían en función de dónde se opera. No es lo mismo que la pequeña empresa se parezca a un competidor lejano que a otro que opera en los mismos mercados, en lo que llamamos solapamiento de mercado. La localización en la misma área geográfica en la que opera el rival altera sustancialmente las consecuencias económicas de la posición competitiva con la que la empresa opera.

Cuando una pequeña empresa se parece mucho al líder y además opera en los mismos mercados, resulta más difícil beneficiarse de la imitación. Aunque el líder siga sin tener a esta empresa en su punto de mira, ambos buscan a los mismos clientes y recursos. Y ahí el tamaño importa. En su lucha por clientes y recursos, el líder cuenta con ciertas ventajas, como mayor poder de negociación, una reputación más consolidada o una capacidad financiera superior. Por eso, aunque imitar al líder sigue siendo una buena estrategia para reafirmar la legitimidad de la pequeña empresa, su rentabilidad se reduce cuando el solapamiento entre ambos es elevado.

El solapamiento de mercado también cambia las reglas cuando el punto de referencia son otras pequeñas empresas. Como decíamos antes, los beneficios de la imitación no son ilimitados: existe un punto de inflexión en el que se rompe la tolerancia mutua y surge una mayor rivalidad.

Cuando las empresas pequeñas coinciden en muchos mercados, ese punto de inflexión se alcanza antes y es mejor diferenciarse más que cuando el solapamiento de mercado es bajo. Una imitación excesiva puede tensar la relación competitiva hasta hacerla insostenible y romper la tolerancia mutua. El reto está en seguir siendo lo suficientemente parecido para coexistir, pero diferenciándose lo bastante como para no resultar intercambiables a ojos del cliente.




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Lecciones clave para pequeñas empresas

Para definir el posicionamiento estratégico óptimo de una pequeña empresa se debe atender a dos cuestiones clave: cuál es su punto de referencia y dónde compite la empresa.

La dinámica competitiva con el líder del sector es muy distinta de la que se establece con otras pequeñas empresas, y los efectos de imitar o diferenciarse dependen de la medida en que las empresas coincidan en los mismos mercados. Cuanto mayor es la coincidencia, menores son las ventajas de la imitación y mayores los beneficios de diferenciarse.

The Conversation

Beatriz Domínguez Bronchal recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y del Gobierno de Aragón para la financiación de sus trabajos de investigación.

Raquel Orcos Sánchez recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y de la Universidad de La Rioja para el desarrollo de sus líneas de investigación.

Sergio Palomas Doña recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y del Gobierno de Aragón para la financiación de sus trabajos de investigación.

– ref. ¿Imitar o diferenciarse? Claves estratégicas para pequeñas empresas – https://theconversation.com/imitar-o-diferenciarse-claves-estrategicas-para-pequenas-empresas-274234

Cómo preservar el esfuerzo en la era de la inteligencia artificial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Melián Ortiz, Vicedecano del Grado en Fisioterapia. Profesor titular de las asignaturas de Trabajo Fin de Grado y de Fisioterapia del Aparato Locomotor, Universidad Pontificia de Salamanca

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¿Qué sentido tiene esforzarse cuando ChatGPT, Claude o Gemini pueden resolver problemas en segundos? Si un estudiante usa estas herramientas para resolver un caso complejo al instante, ¿qué ocurre con el proceso de pensar, equivocarse y aprender? Conceptos como la mentalidad de crecimiento y la práctica deliberada ofrecen un camino para no renunciar al esfuerzo humano.

La mentalidad de crecimiento –término acuñado por Carol Dweck en 2006 (aunque la idea data de los años 70)– distingue a quienes ven el talento como maleable de quienes lo consideran inmutable. En estudios pioneros, Dweck observó que algunos alumnos confiaban en que sus capacidades podían mejorar con esfuerzo, estrategia y una buena enseñanza.

Estos alumnos están más dispuestos a enfrentarse a retos difíciles y a entender el error como información para aprender y no como una etiqueta de “no valgo”. Suelen pedir y aprovechar orientación concreta para mejorar, perseveran más ante la dificultad y muestran mayor curiosidad y disposición a probar enfoques nuevos. Tienen lo que ella definió como “mentalidad de crecimiento”. En cambio, otros estudiantes con mentalidad fija huían del riesgo para no quedar en ridículo.

La mentalidad de crecimiento ha demostrado ser mejor para el rendimiento académico. Por ejemplo, en el estudio de PISA 2022 (España) los estudiantes con mentalidad de crecimiento superaron en matemáticas a los de mentalidad fija por hasta 7 puntos promedio, y además reportaron menos ansiedad ante los exámenes. Otro estudio de 2024 confirma que esta mentalidad promueve la resiliencia y el compromiso educativo en diversos contextos.

¿Cómo alcanzar la mentalidad de crecimiento?

La mentalidad de crecimiento no es innata: es una forma de pensar que se puede aprender y reforzar tanto en casa como en la escuela. Para ayudar a desarrollarla en la infancia podemos:

  • Cuidar el lenguaje del elogio: pasar de “qué listo eres” a “me gusta cómo has buscado otra estrategia” o “has mejorado porque has practicado mucho”. Se refuerza el proceso, no la etiqueta de capacidad fija.

  • Normalizar el error: tratar los fallos como información (“¿qué podemos aprender de esto?”) en lugar de como fracaso (“no valgo para esto”).

  • Enseñar estrategias, no solo pedir esfuerzo: no basta con “esfuérzate más”; hay que ofrecer caminos concretos: dividir la tarea, usar ejemplos, practicar por pasos, pedir ayuda.

Practicar con propósito, no por rutina

Por otro lado, el psicólogo sueco Anders Ericsson desarrolló el concepto de “práctica intencional” o “deliberada”: repetir tareas específicas con objetivos claros, bajo supervisión y con retroalimentación inmediata.

La diferencia clave es que la práctica deliberada siempre tiene propósito claro, dificultad ajustada y corrección inmediata; la práctica normal suele ser repetir sin mucha guía ni reflexión. Por tanto, la práctica deliberada no es hacer más, sino hacer mejor: con objetivo específico, dificultad a medida, corrección rápida y repetición hasta notar el progreso.

Ejemplos de práctica deliberada

En primaria, mientras que una práctica normal suele ser que el alumno lea un cuento completo varias veces, sin objetivos concretos, solo para mejorar la rapidez de la lectura, la práctica deliberada supondría que el docente elija tres frases difíciles, trabaje solo en pronunciación de ciertos sonidos, corrija al momento y repita hasta que se noten avances.

Al final se pueden transmitir retroalimentaciones específicas como: “Hoy has mejorado mucho en la ‘r’ porque la hemos practicado varias veces”.




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En la universidad, por ejemplo en ciencias de la salud, una práctica habitual es que los estudiantes lean muchos casos clínicos resueltos o hagan exámenes tipo test.

En cambio, la práctica deliberada puede consistir en centrarse solo en un paso del razonamiento clínico (por ejemplo, formular hipótesis alternativas). En cada caso, el estudiante debe escribir al menos dos hipótesis, justificarlas y el profesor (o una IA guiada) cuestiona cada una. Se repite con varios casos breves hasta que el estudiante mejora claramente en ese punto concreto.




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Cada vuelta de la práctica deliberada enriquece la mentalidad de crecimiento, demostrando al estudiante que sus habilidades se cultivan con dedicación, no por arte de magia.

Tanto la mentalidad de crecimiento como las prácticas deliberadas son fundamentales a la hora de enfrentarnos al uso de inteligencia artificial en el aprendizaje. Aunque bien usada puede diseñar recursos personalizados y liberar al docente para la empatía, el debate y el acompañamiento, un uso pasivo conlleva el riesgo de dependencia cognitiva, una especie de “pereza mental”.

Diálogo, error y razonamiento

Por ello, la IA debe rediseñarse como provocadora de preguntas, no como dispensadora de respuestas. Un buen ejercicio es que el estudiante compare su trabajo con el que generó la herramienta, analice las diferencias, critique ambos y construya uno nuevo con su propio sello. Este diálogo crítico convierte la tecnología en apoyo del pensamiento, no en atajo.

En tercero del Grado en Fisioterapia hemos pedido a los alumnos que trabajen sobre un caso clínico complejo mientras una herramienta de inteligencia artificial generativa actúa como un “tutor socrático” digital. Los estudiantes, en pequeños grupos, proponen un diagnóstico o plan de tratamiento, y la IA sólo responde con preguntas (una por turno): “¿Cómo justificas esta elección?”. Las preguntas varían y siguen un flujo lógico según las respuestas del estudiante, nunca son repetitivas, porque la IA adapta cada pregunta al contenido específico que acaba de escribir el estudiante, manteniendo siempre el tono socrático: provocar reflexión profunda sin dar la solución.

Así, en lugar de recibir soluciones, el estudiante debe explicar sus ideas en voz alta y reflexionar. La actividad finaliza cuando la IA (o el profesor) considera que la explicación del estudiante demuestra comprensión sólida y un razonamiento clínico adecuado. Esta forma de trabajar el razonamiento clínico está incluida dentro de un proyecto de innovación docente que hemos denominado IA-LOCOM, y cuyos resultados acaban de ser publicados.




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Pero la herramienta no está evaluando al estudiante, su función no es asignar notas ni medir competencias. La calidad final del razonamiento es evaluada por el profesor.

Integrar la IA de este modo promueve activamente la mentalidad de crecimiento: el estudiante aprende que sus propias preguntas y correcciones llevan a la solución correcta. Este “diálogo socrático asistido por IA” ejemplifica cómo favorecer el aprendizaje activo, la metacognición y la mentalidad de crecimiento, al situar al estudiante como agente responsable de su progreso.

Curiosos, resilientes y creativos

La mentalidad de crecimiento combinada con la práctica deliberada será la ventaja competitiva de las universidades que incorporen de esta manera la inteligencia artificial. Este modelo desarrolla habilidades como la curiosidad, cuestionando las respuestas de la IA; la resiliencia, al aprender de cada traspié; y la creatividad, pues van más allá de lo programado.

El verdadero talento del mañana no será quién use mejor esta herramienta, sino quién la supere con esfuerzo consciente, pensamiento original y pasión por aprender. Cultivar la mentalidad de crecimiento en la era de la inteligencia artificial no es un lujo: es el camino para formar ciudadanos críticos, adaptables e insustituibles por la tecnología, capaces de convertir cada desafío en una oportunidad de crecimiento profesional.

The Conversation

Alberto Melián Ortiz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cómo preservar el esfuerzo en la era de la inteligencia artificial – https://theconversation.com/como-preservar-el-esfuerzo-en-la-era-de-la-inteligencia-artificial-277865

Rusia sigue silenciando las voces de Chernóbil que recogió Svetlana Alexiévich

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miquel Cabal Guarro, Professor lector, Secció d’Estudis Eslaus, Departament de Llengües i Literatures Modernes, Universitat de Barcelona

Svetlana Alexiévich es una entrevista en Brasil en 2016. Tomaz Silva/Agência Brasil, CC BY

En junio de 2018 tuve la oportunidad de visitar Minsk, la capital de Bielorrusia. En una de las grandes librerías del centro de la ciudad, bajo la mirada inquisidora de los omnipresentes retratos del dictador Lukashenko, pedí a la librera uno de los volúmenes de las obras completas de Svetlana Alexiévich. La editorial rusa Vremia las había publicado de nuevo después de que la autora recibiera el Premio Nobel de Literatura en 2015.

Pero la entonces nueva edición de La guerra no tiene rostro de mujer, el libro que acababa de traducir yo en aquel momento al catalán, no se encontraba en el estante que le hubiera correspondido: la librera me sorprendió sacando el ejemplar de debajo del mostrador.

La obra completa de la única premio nobel bielorrusa estaba oculta a los lectores bielorrusos. Había que solicitar sus libros, como si de algo exclusivo, prohibido o incluso peligroso se tratara. Supongo que hicieron la vista gorda conmigo porque era extranjero, pero sospecho que los compradores locales de libros de la autora pasarían entonces directamente a un registro estatal. Y digo entonces porque albergo dudas de que en la actualidad la obra de Alexiévich siga estando disponible en las librerías de su tierra.

La plegaria y las voces

La breve escena parecía resumir la condición incómoda que sus libros habían ido adquiriendo en Bielorrusia y en todo el espacio postsoviético.

Edición española de _Voces de Chernóbil_ de Svetlana Alexiévich.
Edición española de Voces de Chernóbil de Svetlana Alexiévich.
Penguin Libros

Pero iba a vivir un episodio quizá más revelador: a los tres meses de visitar Minsk, un congreso de traducción literaria me llevó a Moscú. Como me faltaban buenas ediciones de la autora, aproveché la visita a Rusia para repetir la “operación Alexiévich”, esta vez en una gran librería de la céntrica calle Tverskaya. Allí, las obras completas no estaban fuera de la vista de los clientes, sino fuera de su alcance: en un estante pegado al techo divisé el volumen que me interesaba, Voces de Chernóbil. Al preguntarle a la librera cómo podía ascender a tales alturas, me respondió con una descortesía tajante: “Ya encontrará usted alguna escalera por ahí”.

Y vaya si la encontré.

Se cumplen cuarenta años del accidente nuclear de Chernóbil, uno de los muchos factores que contribuyeron a precipitar el hundimiento de la Unión Soviética. Con motivo de esta fatídica efeméride, trazaremos los orígenes del menosprecio crítico hacia Alexiévich en su país natal y en Rusia a propósito de su libro Voces de Chernóbil.

Editada por Debate y DeBolsillo, la obra se puede leer en la traducción castellana de Ricardo San Vicente, introductor de la autora en el ámbito hispánico. Dicha traducción fue publicada por primera vez por la editorial Casiopea de Barcelona a principios de 2002 con el título La plegaria de Chernóbyl: crónica del futuro, el mismo con el que la obra es conocida entre el público lector en lengua rusa.

Desde su exilio en Berlín, la propia autora afirmaba en un artículo reciente: “Me temo que hoy en día toda persona moderna debería saber algo sobre el átomo y sus peligros”, y por ello sigue recomendando Voces de Chernóbil como puerta de entrada a su universo literario.

Una primera lectura de Alexiévich

El texto original apareció en el primer número de 1997 de la revista rusa La amistad de los pueblos (Дружба народов), que lo reconoció como una de las diez contribuciones más destacadas del año, lo que le supuso una temprana legitimación literaria.

Fotografía en blanco y negro de una mujer sonriente apoyada en una barandilla.
Svetlana Alexiévich en la Villa Waldberta, 1996.
Barbara Niggl Radloff /Museo Municipal de Múnich, CC BY-SA

Ese mismo año, el poeta y crítico Valeri Lipnévich le dedicó una extensa reseña en una de las revistas literarias rusas más relevantes del siglo XX: El nuevo mundo (Новый мир). Titulada “Despidiendo a la eternidad”, la crítica interpretaba el libro como una reflexión sobre el colapso del progreso científico y moral del hombre soviético, destacando la decisión de Aleхiévich de “no escribir, sino anotar, documentar” una polifonía de voces.

Escribía Lipnévich:

“En el caso de Svetlana Alexiévich, se nos presenta un fenómeno decididamente nuevo. Аunque la escritura documental como tal no sea nueva, hasta ahora habíamos leído principalmente una escritura documental ideologizada, es decir, una escritura que se disfrazaba de documental pero que no se interesaba por la realidad. Lo que hace hoy Alexiévich podría denominarse nueva literatura de los hechos. Han sido precisamente la glásnost y la apertura social las que han permitido que aparezcan sus libros. En ellos se transmite la voz del pueblo tal cual, sin adornos”.

Entre 1997 y 1999, las críticas y reseñas siguieron esta misma línea. Subrayaban el carácter ético y testimonial de la obra y su inserción en la tradición de la prosa documental rusa (cabría mencionar aquí las figuras históricas de los escritores Alexandr Solzhenitsyn, Alés Adamóvich o Daniil Granin). Asimismo, señalaban el alto nivel literario de la propuesta documental de la autora. Parece que el aperturismo de los salvajes noventa en el mundo postsoviético acompañaba la recepción de la obra de Alexiévich.

Recepción a partir de los 2000

No obstante, y ya desde que se publicara su primera obra en plena perestroika, la citada La guerra no tiene rostro de mujer (1985), la narrativa crítica sobre la autora arrastraba algunas de las acusaciones ideológicas y políticas que marcarían su recepción a partir de los años 2000.

Proliferaron entonces en los foros de internet y en las valoraciones de los lectores las acusaciones de rusofobia y antisovietismo, la denominación de panfleto político y el reproche creciente al método literario de la autora, basado justamente en un conjunto de percepciones complementarias y a veces contrapuestas sobre algunos de los mayores traumas colectivos del país del homo sovieticus.

Pero el gran giro llegó a propósito del Premio Nobel y su discurso de aceptación: la visibilidad internacional de alguien que ponía en tela de juicio los relatos de exaltación nacional que promovía el Kremlin no pasó desapercibida. Y la situación se agravó más aún si cabe con la serie Chernóbil, que HBO estrenó en 2019.

Como recogió el medio independiente Meduza, las cabeceras afines al Kremlin (Argumenty i Fakty, Express-Gazeta, Rossískaya Gazeta o Komsomólskaya Pravda, entre otras) aprovecharon el lanzamiento para lanzar críticas furibundas contra la serie y también contra Alexiévich y su Voces de Chernóbil, del que la primera había tomado algunas líneas argumentales.

Unos hombres de espaldas observan la explosión de lo que parece una fábrica delante de ellos.
Fotograma de la serie Chernóbil.
HBO

El cierre en Rusia de los medios independientes y los espacios de memoria histórica, la falta de libertad de expresión y manifestación, la rehabilitación del pasado soviético (Stalin y Gulag incluidos) y las suspicacias hacia las narrativas críticas y no heroicas de la historia nacional han terminado de configurar un contexto en el que Voces de Chernóbil y el resto de libros de la autora dejan de leerse como una aportación literaria poliédrica y humanística para convertirse en textos simplemente incómodos y de espinosa deglución.

En abril de 2024, el Servicio Federal de Supervisión en el Ámbito de la Educación y la Ciencia de Rusia abrió una investigación a raíz de la aparición de un fragmento de Voces de Chernóbil en la plataforma en línea para la preparación del examen de la selectividad rusa. La presidenta del Comité de la Duma para la Protección de la Familia, la diputada Nina Ostánina, denunció que las obras de Alexiévich “están impregnadas de odio hacia Rusia y la cultura rusa”.

No falta mucho para que la obra de esta autora se prohíba totalmente: de momento, sus textos se disimulan y sus libros se esconden, se retiran de las bibliotecas o se colocan en estantes difícilmente accesibles.

Esperemos que quede alguna escalera por ahí…

The Conversation

Miquel Cabal Guarro es miembro del PEN Català, de la Asociación de Escritores en Lengua Catalana y del Consejo Europeo de Asociaciones de Traductores Literarios.

– ref. Rusia sigue silenciando las voces de Chernóbil que recogió Svetlana Alexiévich – https://theconversation.com/rusia-sigue-silenciando-las-voces-de-chernobil-que-recogio-svetlana-alexievich-281045

Nuevo estudio: los antibióticos pueden alterar nuestra microbiota durante años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ignacio López-Goñi, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), Universidad de Navarra

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Cuando tomamos un antibiótico, sabemos que estamos eliminando las bacterias “malas” que nos causan enfermedades. Para eso los usamos, para curar dolencias infecciosas que pueden incluso ser mortales. Lo que muchas veces olvidamos es que también estamos alterando profundamente a las bacterias “buenas” que viven en nuestro intestino: ese complejo ecosistema de miles de especies distintas, la microbiota intestinal.

Una microbiota abundante y diversa está relacionada con un buen estado de salud. Por el contrario, el uso recurrente y prolongado de antibióticos se asocia con un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular o cáncer colorrectal.

Sabemos que unos días después de un ciclo de antibióticos orales, ocurre una drástica alteración en el microbioma intestinal: se reduce la diversidad de especies bacterianas y la riqueza de genes microbianos. Por ejemplo, se ha descrito una mayor presencia de potenciales patógenos como Escherichia coli y una menor abundancia de géneros como Dialister, Veillonella y Eubacterium, un enriquecimiento de genes de resistencia antimicrobiana y un mayor riesgo de infección por Clostridioides difficile.

¿Cuánto dura el efecto de los antibióticos en el microbioma intestinal?

Aunque los efectos antimicrobianos a corto plazo son bien conocidos, no se han realizado investigaciones poblacionales a gran escala que examinen sus consecuencias con un horizonte más amplio. La gran pregunta es: ¿cuánto duran esas consecuencias del consumo de antibióticos sobre el microbioma intestinal? Un estudio reciente publicado en Nature Medicine aporta una respuesta sorprendente: los efectos pueden prolongarse hasta 8 años.

Los investigadores hicieron un estudio a lo grande: analizaron el microbioma intestinal de muestras de heces de 14 979 adultos en Suecia y cruzaron esos datos con la información del Registro Nacional de Medicamentos –que recoge todos los antibióticos y otros medicamentos recetados a pacientes ambulatorios en ese país– para comprobar qué pasaba en el microbioma intestinal durante 8 años.

La técnica empleada de metagenómica de secuenciación profunda permite identificar las bacterias a nivel de especie. Esto es importante: no se trata de ver si hay más o menos bacterias, sino exactamente de quién está ahí. Así, se pudieron analizar alrededor de 1 340 especies bacterianas distintas.

El análisis demostró que los antibióticos reducen la diversidad bacteriana. El efecto más drástico ocurrió en el primer año tras el uso de los fármacos, pero el impacto aún era detectable hasta entre 4 y 8 años después de tomarlos, en un 10-15 % de las especies bacterianas.

No todos los antibióticos afectan por igual

Uno de los puntos más interesantes del estudio es que no todos los antibióticos afectan igual a la microbiota. Los más agresivos fueron la clindamicina, las fluoroquinolonas y la flucloxacilina. Por ejemplo, un solo tratamiento con clindamicina se asoció con la pérdida de hasta 47 especies bacterianas.




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La clindamicina inhibe la síntesis de proteínas al unirse al ribosoma bacteriano. Se emplea especialmente para tratar infecciones graves causadas por bacterias anaerobias y Gram positivas. En segundo lugar, las fluoroquinolonas son antibióticos de amplio espectro que inhiben la replicación del ADN al bloquear la enzima ADN girasa bacteriana. Son usadas para tratar infecciones graves urinarias y respiratorias. Y, por último, la flucloxacilina es una penicilina de espectro reducido que actúa contra algunas bacterias Gram positivas.

En cambio, otros bactericidas más comunes (como algunas penicilinas de amplio espectro y la nitrofurantoína) tuvieron efectos mucho más suaves. La mayoría de los antibióticos disminuían la abundancia bacteriana, mientras que algunos favorecían la aparición de patógenos oportunistas. En este caso, más es menos: cuantos más cursos de tratamiento con antibióticos, menor fue la diversidad bacteriana.

Una recuperación completa podría tardar años

Otro hallazgo interesante consistió en observar que la microbiota no se recupera del todo. Hasta ahora se pensaba que la comunidad microbiana vuelve a la “normalidad” después del tratamiento con antibióticos. Pero este estudio revela que, aunque la recuperación fue rápida en los primeros meses, después es lenta e incompleta y no siempre se recobra exactamente el estado original.

Una recuperación completa podría tardar años, según el tipo de antibiótico. Cuanto mayor sea el efecto negativo en la biodiversidad bacteriana, más tiempo se tardará en recuperar la microbiota previa. En algunos casos, incluso, se llega a un nuevo ecosistema en equilibrio diferente al original.

Por otra parte, no hace falta tomar muchos antibióticos: una sola tanda puede tener efectos detectables años después. Esto cambia bastante la narrativa clásica de “por una vez no pasa nada”. Algunos de estos medicamentos tienen un mayor efecto en mujeres, quizá por factores hormonales.

Muchas de las bacterias que cambian están relacionadas con la obesidad, la diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares o enfermedad inflamatoria intestinal. Ojo: esto no significa que los antibióticos causen estas enfermedades directamente, pero sí que pueden influir en el ecosistema microbiano que las modula.

Entonces… ¿debemos dejar de usar antibióticos?

No. Y esto es clave: los antibióticos salvan vidas y son imprescindibles en infecciones bacterianas. Aunque este estudio se ha hecho solo en Suecia, donde el uso de estos fármacos está muy restringido y se registra un bajo nivel de resistencia de las bacterias a sus efectos, los resultados refuerzan algo muy importante: hay que usarlos mejor, no más. Hay que evitar su administración innecesaria, elegir el medicamento adecuado y no prolongar tratamientos sin motivo.

Recetar antibióticos de forma precisa ya no sirve solo para combatir la resistencia antimicrobiana, sino para preservar la biodiversidad del ecosistema intestinal del paciente y sus consecuencias en la salud metabólica y gastrointestinal a largo plazo.


Una versión de este articulo ha sido publicada en el blog microBIO del autor.


The Conversation

Ignacio López-Goñi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Nuevo estudio: los antibióticos pueden alterar nuestra microbiota durante años – https://theconversation.com/nuevo-estudio-los-antibioticos-pueden-alterar-nuestra-microbiota-durante-anos-281356

¿Afectan las mareas a los animales acuáticos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ibon Cancio, Associate Profesor in Cell Biology, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Estrellas de mar y otros habitantes de una zona intermareal donde se ha retirado el agua. visionteller/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por el curso de 3º de la ESO de Aranzadi Ikastola. Bergara (Gipuzkoa)


La vida bajo el efecto de las mareas es una vida en la frontera, una especie de Far West que ofrece múltiples oportunidades para los innovadores, los más rápidos y fuertes y los mejor adaptados.

Se llama intermareal al espacio de la costa que está sumergido durante la marea alta o pleamar y queda expuesto al aire durante la marea baja o bajamar. Lo pueblan una gran diversidad de invertebrados como moluscos, crustáceos, quelicerados, anélidos, equinodermos, cnidarios, tunicados, acelomorfos, turbelarios, briozoos, poríferos…

Expulsados dos veces al día de su hábitat

Bajo la influencia principalmente de la fuerza gravitatoria de la Luna, el nivel del mar sube y baja. La gravedad lunar atrae el agua de los océanos, generando mareas altas en el lado de la Tierra más cercano a ella. Cuando el Sol, la Luna y nuestro planeta están alineados, tenemos mareas vivas y cuando se encuentran en ángulo recto, mareas muertas, menos intensas.

En el intermareal rocoso baten las olas, con momentos de fuerte exposición al sol y desecación, y hay aporte de agua dulce que cambia la salinidad en pozas. La presión depredadora es fuerte, y la competición por el espacio también, pero el número de diferentes microhábitats es ingente.
Todas las fotos son del autor.

El agua viene y va en ciclos de alrededor de 6 horas, así que que dos veces al día los organismos litorales son “abducidos” del medio que les da alimento, oxígeno, humedad y cobijo. ¿Cómo salen adelante? El espacio intermareal no es uniforme y en él se generan diversos microhábitats que ofrecen recursos y desafíos únicos para sus pobladores.

Sobrevivir fuera del agua

Primero, si el agua desaparece, los animales deben evitar desecarse. Con ese fin, muchos invertebrados desarrollan conchas duras y herméticas que mantienen cerradas en marea baja, mientras que otras especies generan coberturas mucosas capaces de absorber agua.

Los pulpos son un buen ejemplo de cuerpo flexible para hacer frente a las olas y guarecerse bajo las rocas. Tienen piel mucosa y gran capacidad de camuflaje, pero además su sangre (hemolinfa), bombeada por tres corazones, es de color verde azulado por la presencia de una sustancia llamada hemocianina.

Una deshidratación parcial produciría el colapso de proteínas y otras macromoléculas esenciales para vivir, y por eso también acumulan azúcares que evitan la pérdida de agua. Además, muchos mejillones, anémonas, percebes y balanos (un tipo de crustáceos) forman colonias donde el hacinamiento ralentiza la pérdida de humedad.

Para acceder al oxígeno fuera del agua, los cangrejos pueden respirar aire humedeciendo sus branquias, mientras que algunos peces respiran por la piel u órganos modificados. En general, los animales consumen menos oxígeno y desarrollan un metabolismo dual: aeróbico (usando oxígeno) y anaeróbico (sin oxígeno). Para ello, acumulan reservas de glucógeno como almacén de energía, lo que explica por qué los moluscos y crustáceos son tan nutritivos.

Resistiendo los embates de las olas

El segundo reto es resistir a la fuerza de las olas en el espacio entre mareas, y lo consiguen con sistemas que les permiten quedarse fijos en el sustrato. Así, encontramos proteínas especializadas que funcionan como una especie de pegamento (en bivalvos y percebes) o pies que hacen “chupón” sobre la roca (lapas).

Por su parte, las almejas del género Pholas y los erizos de mar horadan pequeños agujeros en la roca como refugio, mientras anémonas, briozoos y percebes poseen cuerpos flexibles con los que “surfear” las olas sin soltarse. Y en la arena y el fango, almejas, anélidos o gusanos acelomorfos han desarrollado receptores sensoriales con los que identifican la llegada de la marea para excavar y refugiarse cuando viene la mar.

Los erizos de mar pueden excavar pequeños orificios en la roca (la especie Paracentrous lividus) sobre la que se asientan, además de producir unos apéndices retráctiles (Sphaerechinus granularis) que les permiten una fuerte adhesión.

Cambio extremo de temperaturas y salinidad

Otro problema son las grandes variaciones térmicas (de hasta 20–25 °C) debido a la exposición al aire. Durante la bajamar, los animales intermareales producen gran cantidad de “proteínas de choque térmico” que les permiten reparar proteínas dañadas por el aumento de las temperaturas.

Adicionalmente, esas oscilaciones podrían volver rígidas o demasiado fluidas las membranas celulares, por lo que es necesario ajustar la composición de los lípidos que las forman. Esto se logra modulando los niveles de colesterol y produciendo ácidos grasos poliinsaturados cuando las temperaturas bajan y saturados cuando suben.

Por efecto de las lluvias y la evaporación en las pozas, el agua se puede diluir o volver extremadamente salada. Y aquí entra en escena la ósmosis, que no es una diosa egipcia, sino una propiedad física que explica el movimiento del agua a través de una membrana semipermeable como la de una célula y que los animales intermareales han afinado con sofisticadas estrategias. Así mantienen el equilibro de su composición química y no estallan (si el agua está demasiado diluida) o se quedan secos como una bacalada (por exceso de salinidad).

Adaptaciones ante cambios de pH y a la exposición al sol

En las pozas de marea también se acumula CO₂, el cual hace descender el pH y, en consecuencia, vuelve más ácidos los fluidos en los organismos que los habitan. Para contrarrestarlo, estos animales cuentan con sistemas “tamponadores” que usan bicarbonatos y fosfatos para mantener estable el pH de cualquier fluido. Además, a lo largo de la evolución han adquirido enzimas que ajustan la concentración de los protones causantes de la acidificación, a lo que se suma que muchas de sus proteínas resisten a posibles cambios de pH interno.

El género de gusanos poliquetos Eulalia está formado por 20 especies de intensa coloración verde que adquieren por acumulación de una sustancia química natural llamada porfirina. Ademas de ser fotoprotectora, funciona como compuesto antibacteriano y antioxidante. La pigmentación en planarias es también muy espectacular, como en el caso de Yungia aurantiaca (derecha). Se especula que adquiere tal coloración a través de su dieta carnívora de tunicados y briozoos y que puedan producirla carotenoides o porfirinas. Su función posiblemente sea la de disuadir a depredadores, pero seguramente tambíen antioxidante. Se protegen entre las algas en marea alta, y cuando quedan aisladas en pozas intermareales se mueven para alimentarse como auténticas bailarinas.

Y por si fuera poco, la exposición al Sol y la radiación ultravioleta producen radicales libres de oxígeno, o sea, moléculas con electrones “sueltos” potencialmente muy dañinas para proteínas, lípidos o el ADN de las células. Cuando emergen, los animales intermareales activan genes responsables de generar proteínas que reparan los daños. También elevan los niveles de enzimas y pigmentos antioxidantes como los carotenoides, que otorgan su característico color anaranjado a la carne de los mejillones.

Un erizo Sphaerechinus granularis parapetado bajo piedras, conchas vacías y demás protectores que ejercen de sombrilla contra el efecto de la exposición al Sol.

Otros, como los erizos y las anémonas, han adquirido protección mediante adaptaciones del comportamiento: a falta de gorras y sombrillas, se cubren de piedras y conchas en bajamar para evitar el contacto directo con el astro rey.

Algunos animales han hecho de esa exposición al Sol virtud. Muchos moluscos y cnidarios (corales, anémonas) establecen relaciones de simbiosis con organismos fotosintéticos (algas unicelulares) que les permiten realizar la fotosíntesis. Por ejemplo, el gusano Simsagittifera roscoffensis establece una fotosimbiosis con el alga verde unicelular Tetraselmis convoluta, sin cuyo aporte energético no podría sobrevivir. Sale a la superficie del arenal en marea baja para recibir el baño de luz que haga posible esa fotosíntesis, y en cuanto viene la ola se sumerge de nuevo en la arena.

El gusano de Roscoff o gusano de salsa de menta (S. roscoffensis) mide apenas unos milímetros de longitud. El color es debido a que incorpora algas unicelulares verdes del genero Tetraselmis en simbiosis, lo que le permite hacer la fotosíntesis. En marea baja sale a la película de agua que queda sobre la arena, y en cuanto viene la ola se introduce en la arena.

El formidable reto de reproducirse

Y, por último, el éxito de la reproducción de las criaturas intermareales depende de la capacidad de sincronizarla con las mareas y ciclos lunares que determinan las mareas vivas y muertas. Para ello, necesitan desarrollar relojes biológicos: mecanismos internos circadianos (de 24 horas), circamareales (12 horas y 25 minutos) y circalunares (29 días y 12 horas) que regulan los tiempos de liberación sincronizada de los gametos, es decir, las células sexuales –masculinas y femeninas– que al unirse forman el huevo.

Una liberación de gametos o larvas durante la luna llena o nueva, con mareas de mayor amplitud, favorece la dispersión por corrientes, disminuye el riesgo de depredación e incrementa las probabilidades de que esas células sexuales se encuentren en el agua. Muchos cnidarios, esponjas y poliquetos son famosos por explosiones reproductivas sincronizadas con la Luna.

Ciertos tipos de gusanos se reproducen asexualmente en el fondo del mar, pero de forma periódica necesitan hacerlo de forma sexual. Esto sólo puede ocurrir en la superficie marina, mediante la sincronización del encuentro de los gametos de ambos sexos con la luna llena. Algunas especies sufren entonces una metamorfosis denominada epitoquía: el gusano completo o una porción escindida que contiene los gametos sube a la superficie, donde una explosión total produce la liberación y el encuentro de las células sexuales.

En cualquier lugar de nuestro Planeta Océano, el intermareal es un lugar de innovación evolutiva. Como bien sabían en la película Piratas del Caribe, las mareas pueden ser misteriosas…


La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


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The Conversation

Ibon Cancio recibe fondos de investigación del Gobierno Vasco, MCIU, Horizon Europe e Interreg Atlantic Area.

– ref. ¿Afectan las mareas a los animales acuáticos? – https://theconversation.com/afectan-las-mareas-a-los-animales-acuaticos-278445

Mandelson vetting: Starmer’s reluctance to engage with the details shows a lack of political leadership

Source: The Conversation – UK – By Stefan Stern, Visiting Professor of Management Practice, Bayes Business School, City St George’s, University of London

For all of Keir Starmer’s undoubted abilities, steady nerve and top-level experience in the legal profession, his tenure as prime minister has been fraught with difficulty. This is no doubt partly due to his limited enthusiasm for the (at times banal) realities of political leadership.

It is also due to his reluctance to engage sufficiently with the details of important decisions. At key moments, he has chosen to look the other way and defer to others to execute.

The most recent and consequential example of this is the appointment of Peter Mandelson as ambassador to Washington DC, which we now know was driven primarily by former chief of staff Morgan McSweeney. A quick refresh on recent Labour party history should have been enough to deter this decision. Instead, Starmer outsourced political judgment to others. Now that it has backfired, he is attempting to deflect the blame for his own misjudgments, perhaps not realising – or not accepting – that the buck ultimately stops with him.

He has lost goodwill by removing a range of colleagues, including two cabinet secretaries, two chiefs of staff, and now a top civil servant. He has not focused enough on the detail of policy, but has rather made broad and vague calls for change and asked others to deliver it. Good leaders delegate with clear instructions to people who are capable of fulfilling specific tasks.

A strong sense of leadership from the centre is needed to make the UK government system work. This was understood by the last Labour government with the introduction of the Delivery Unit, a mechanism to provide performance management across key departments.

The Starmer government got off to a false start in the summer of 2024 and has never really recovered. There was misalignment, to put it mildly, between Starmer’s original (and short-lived) chief of staff, Sue Gray, and other colleagues. A clumsily introduced cut to winter fuel allowance had to be reversed, raising no extra revenue but costing a good deal of political goodwill.

There have been other missteps. Starmer sparked anger among some MPs with his speech warning about the UK becoming “an island of strangers”, only to concede subsequently that he was uneasy with that phrase. He was opposed to his own speech.

Welfare reform was necessary until backbenchers rebelled. A harsher line on immigration did nothing to halt Reform’s rise. A seeming reluctance to criticise Israel’s assault on Gaza cost the Labour party support and helped drive the Green party’s new popularity.

And while Starmer did not know and had no particular fondness for Mandelson, he was persuaded McSweeney that he would be the right person to send to Washington DC as a new ambassador. Hence the rushed process to appoint him, and the subsequent political mess that afflicts Starmer now.

All of these suggest a disengagement with the nitty gritty of politics, the consequences of which are now being made clear.

Understanding the job

Amanda Goodall, a professor of leadership at Bayes Business School, has long argued that “domain knowledge” (or professional expertise) is a vital requirement for those in a leadership position. It pays to have someone in charge who understands and has a profound feel for the world in which they are operating.

Credibility among colleagues is established by being good at the core elements of a job and having proven experience. This was always going to be difficult to achieve for a latecomer to politics like Starmer.

In Westminster, Starmer has always been a fish out of water. He has only been a member of parliament since 2015. He emerged as a viable leadership candidate in the aftermath of Labour’s 2019 election defeat. He succeeded as a figure with calm authority, in contrast to the uncertainty created by Boris Johnson and Liz Truss.

Even under the steadier figure of Rishi Sunak, and undermined by the rise of Reform, the Conservative government was doomed to defeat. In July 2024, the quirks of the UK’s voting system gifted Labour a massive 170-seat majority on a vote share of 34% – a “loveless landslide”. The government was never really all that popular even at the outset. A more politically savvy prime minister might have recognised this and led the new government differently.

Starmer became prime minister without ever having established a distinct political identity or programme. He proudly said that there was no such thing as Starmerism, and never would be. That sort of modesty may have been authentic and appealingly British, in a way. But it left the new government without a song to sing.

Politics, it has been said, is “show business for ugly people”. Charisma is overrated, and after Boris Johnson I suspect the country has had enough of performative prime ministers. The PM does not have to be a stand-up comedian or a “celebrity”. But there should be a purpose to what he or she is doing. A more politically engaged prime minister would have weighed up the risks in appointing Mandelson more carefully, and been aware of warnings that the appointment was being “weirdly rushed”.

Effective political leaders have a coherent and compelling story to tell. They strengthen and give credibility to this story when they make important political decisions with conviction and a sense of ownership. This is what Starmer has lacked all along, and it will be his undoing.

The Conversation

Stefan Stern does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. Mandelson vetting: Starmer’s reluctance to engage with the details shows a lack of political leadership – https://theconversation.com/mandelson-vetting-starmers-reluctance-to-engage-with-the-details-shows-a-lack-of-political-leadership-281191

AI has crossed a threshold – what Claude Mythos means for the future of cybersecurity

Source: The Conversation – UK – By Gerald Mako, Research Affiliate, Cambridge Central Asia Forum, University of Cambridge

The limit of what artificial intelligence can achieve, known as frontier AI, has crossed another threshold. AI can now plan and execute sophisticated cyber operations with minimal guidance at speeds far beyond human capability.

That, at least, is the evidence from an independent test of Claude Mythos Preview, the latest and most advanced model in the Claude family of AI systems, developed by US tech firm Anthropic. Similar to ChatGPT, these can understand and generate human-like text, analyse information, and solve complex problems.

The finance sector is alarmed. It relies on highly interconnected digital systems that are especially attractive targets for sophisticated cyber-attacks. A successful breach could disrupt payments, freeze access to funds, and erode public trust in the banking system.

Major UK and US banks are preparing controlled trials under strict safeguards. They will be granted secure, supervised access to the Mythos Preview model in isolated environments, to evaluate its ability to detect vulnerabilities in their systems while minimising any risk of misuse. It’s a bit like dangerous viruses being examined in high-security laboratories.

The UK’s AI Security Institute, a research organisation within the government’s Department for Science, Innovation and Technology, has already tested Mythos Preview on a demanding benchmark known as The Last Ones. As the name suggests, this series of challenges has been designed as the final hurdle AI systems need to complete before being deemed able to fully automate complex, real-world cyber-attacks from start to finish.

In the controlled test, Mythos Preview autonomously surfaced thousands of “zero day” vulnerabilities – flaws unknown even to the software’s own developers – across every major operating system and popular web browser. Some of these had remained undetected for up to 27 years, even though the software had been carefully checked millions of times.

Under controlled conditions, a skilled human operator would typically need around 20 hours to complete the exercise. In ten independent runs, Mythos achieved full success three times, making this preview version the first AI model to solve the entire attack chain end-to-end.

Video: Bloomberg TV.

The results show genuine autonomous chaining of complex sequential actions. Mythos Preview thus represents a major leap in the ability of an AI to act as a truly autonomous agent, planning and executing complex, multi-step tasks over extended periods with minimal human intervention.

But the significance of this technological breakthrough extends well beyond cyber-attacks. The same capability could soon allow AI to autonomously manage software development, scientific research, supply chains or financial operations. Mythos Preview signals a shift from powerful assistant to genuinely autonomous operator, with wide-reaching implications across many industries.

The dual-use dilemma

Rather than releasing it publicly, Anthropic has so far restricted access through its Project Glasswing, an initiative that gives selected technology companies and critical infrastructure providers including Apple, Google, Microsoft, Cisco and Amazon controlled access to the model.

Anthropic’s stated idea is to “to secure the world’s most critical software” by identifying and fixing security weaknesses in the operating systems, browsers and critical libraries that underpin virtually all modern digital systems, before they can be exploited. Only after that will Mythos see wider deployment as a general-purpose AI system.

Traditional vulnerability management is the process of identifying, assessing and fixing weaknesses in software and systems before attackers can exploit them – a slow, labour-intensive task performed by experts. Mythos could change this process dramatically – in both positive and negative ways.

Its emergence creates a classic dual-use dilemma: the same breakthrough that strengthens cyber defence can also lower the barrier for offensive operations.

On the positive side, it could enable defenders to discover and patch thousands of previously unknown vulnerabilities at unprecedented speed and scale, potentially making critical software far more secure and reducing the window for attacks.

Many current cybercrimes such as ransomware succeed by exploiting known or easily discoverable weaknesses in unpatched systems. These could be significantly reduced if Mythos-class models are widely used for defensive vulnerability discovery.

However, more sophisticated or targeted ransomware attacks – especially those using stolen credentials, social engineering, or already-compromised accounts – are far less likely to be affected, as they often bypass traditional software vulnerabilities altogether.

On the negative side, the same capabilities could dramatically lower the barrier for malicious actors, allowing them to find and chain weaknesses much faster than human teams. This would accelerate sophisticated cyber-attacks if the technology spreads beyond controlled environments.

There is no public evidence that Mythos Preview has reached criminal groups or nation-state adversaries – yet. But the history of cybersecurity technology suggests that well-resourced actors, either state-sponsored or criminal, may develop comparable systems or gain indirect access within the near future.

The future of cybersecurity

In the short term, governments are likely to revise their cybersecurity protocols and incident-response frameworks to incorporate mandatory AI-assisted vulnerability scanning. This would require organisations to continuously scan their systems using AI, rather than relying on occasional human checks.

While this could dramatically improve security by finding flaws faster, it is likely to raise costs significantly and carries the risk of system slowdowns, false alarms, or brief operational disruptions when fixes are applied.

Cyber insurers will almost certainly begin demanding evidence of such defences as a condition of coverage, driving up insurance premiums, while critical-infrastructure operators accelerate deployment of automated monitoring and response systems. This change will impact not only banks and financial institutions, but also critical infrastructure operators in energy, healthcare, telecoms, and transport.

Of course, Mythos is not the final chapter. Future models developed by Anthropic and other leading AI companies are being designed to function as highly autonomous AI agents, capable of independently planning, adapting and executing long, complex sequences of tasks. As well as discovering vulnerabilities, this could mean coordinating large-scale operations or managing sophisticated real-world workflows – all with minimal human guidance.

Moments like this demand both urgency and measured action. Careful governance, international cooperation, and sustained investment in defensive applications will be essential. The genie is out of the bottle – the challenge now is ensuring it serves security rather than chaos.

The Conversation

Gerald Mako does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. AI has crossed a threshold – what Claude Mythos means for the future of cybersecurity – https://theconversation.com/ai-has-crossed-a-threshold-what-claude-mythos-means-for-the-future-of-cybersecurity-281308

What a ‘post-antibiotic era’ could mean for modern medicine

Source: The Conversation – UK – By Steven W. Kerrigan, Professor of Precision Therapeutics, School of Pharmacy and Biomolecular Sciences, RCSI University of Medicine and Health Sciences

nobeastsofierce/Shutterstock

Antibiotics are one of the greatest breakthroughs in medical history. They turned once-deadly infections into treatable illnesses and made modern healthcare possible. But bacteria are changing, and some of the drugs we have depended on for decades are becoming less effective.

Around the world, infections are becoming harder to treat. This problem is known as antimicrobial resistance. It happens when bacteria evolve ways to survive medicines designed to kill them. It is estimated that drug-resistant infections already cause about 1.27 million deaths every year worldwide.

The World Health Organization has warned that we may be moving towards a “post-antibiotic era” in which common infections once again become dangerous, and even routine injuries or procedures carry serious risk.

A century ago, that was normal. A cut from gardening, a sore throat or childbirth could turn into a life-threatening infection. Doctors had few effective treatments, and infectious diseases such as pneumonia, tuberculosis and diarrhoea disease were among the leading causes of death. The arrival of antibiotics changed that dramatically.

Penicillin, discovered by Alexander Fleming in 1928, marked the beginning of one of the most important revolutions in medicine. Before antibiotics, tuberculosis was one of the world’s deadliest infectious diseases. In 1882, it killed one in seven people living in the US and Europe. Once antibiotics became available, many bacterial infections that had once been deadly could be treated effectively.

Antibiotics not only cured infections, but also made modern medicine far safer. Many procedures rely on them to prevent or treat infection, including caesarean sections, organ transplants, joint replacements and cancer chemotherapy.

Without effective antibiotics, these treatments would become much more dangerous. Fleming himself recognised that risk. When he accepted the Nobel Prize in 1945, he warned that misuse of penicillin could lead to resistance.

Living in a microbial world

The human body contains about 30 trillion human cells, but it also carries tens of trillions of bacteria on the skin and inside the body. Together, these communities form the microbiome, the vast collection of microbes that live in and on us. Many of them are not harmful. In fact, they help digest food, produce vitamins and support the immune system, the body’s defence system against disease.

So life is a finely balanced relationship between humans and the microbial world. But bacteria are ancient and extraordinarily adaptable. They have existed on earth for more than 3.5 billion years and survive in some of the harshest places imaginable, from deep-sea vents to polar ice.

Bacteria multiply very quickly and can also swap genetic material, meaning they can share useful survival traits with one another. Some produce substances that break down antibiotics before the drugs can do any damage. Others alter the parts of their cells that antibiotics are designed to attack.

Some develop tiny molecular pumps that push antibiotics back out of the bacterial cell. Others find alternative ways to carry out the jobs that the drug was meant to block.




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Bacteria ‘shuffle’ their genetics around to develop antibiotic resistance on demand


These changes happen through random genetic variation, which means natural differences arise as bacteria reproduce. But heavy antibiotic use creates strong evolutionary pressure. When antibiotics kill bacteria that are vulnerable to them, the resistant bacteria are left behind to survive and multiply.

Conditions for resistance

Antibiotics are among the most commonly prescribed medicines in the world, and they are often used when they are not needed. In some countries, they are still prescribed for illnesses such as colds and flu, even though antibiotics do not work against viruses. In the UK, prescribing is more tightly controlled, but inappropriate use and public misunderstanding remain a concern.

Large amounts are also used in agriculture and livestock production. This can further encourage resistant bacteria to emerge and spread.

Across Europe, antimicrobial resistance is now recognised as a major public health threat. The European Centre for Disease Prevention and Control estimates that antibiotic-resistant infections cause more than 35,000 deaths each year across the EU and European Economic Area.

Doctors are now seeing infections that are difficult, and sometimes impossible, to treat. Some of the most worrying include methicillin-resistant staphylococcus aureus (MRSA), vancomycin-resistant enterococci (VRE) and carbapenem-resistant enterobacterales (CRE). MRSA can resist several commonly used antibiotics. VRE no longer responds to vancomycin, while CRE can withstand carbapenems, some of the most powerful antibiotics available.

What a post-antibiotic world could look like

If antibiotic resistance continues to rise, the consequences for healthcare could be severe. Many routine medical procedures depend on antibiotics to prevent infection. Without them, surgeries such as hip replacements, organ transplants and some cancer treatments may become too risky to perform.

Even common infections could once again become life-threatening. A simple urinary tract infection could spread into the bloodstream. A skin wound could develop into a severe invasive infection, meaning an infection that spreads deep into the body.

One of the greatest concerns is sepsis, a life-threatening condition in which the body overreacts to an infection and begins damaging its own tissues and organs. Early treatment with antibiotics saves many lives. But when bacteria are resistant, those treatments may fail. That makes sepsis much harder to treat, and in severe cases doctors may have very few options left.




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Why sepsis is becoming harder to treat in Europe


Healthcare could begin to resemble the pre-antibiotic era, when infection was one of the biggest dangers of everyday life.

Reasons for hope

The situation is serious, but it is not hopeless. Scientists are developing new ways to fight infection. Some researchers are exploring bacteriophages, often shortened to phages, which are viruses that infect and kill bacteria.

Others are working on anti-virulence drugs. Rather than killing bacteria outright, these drugs aim to disarm them by blocking the tools they use to cause disease. The hope is that this may place less evolutionary pressure on bacteria to develop resistance.

Another promising approach is host-targeted therapy. This means boosting the body’s own ability to fight infection, rather than attacking the bacteria directly.

Better diagnostic tests, stronger infection prevention and more careful use of antibiotics could also help preserve the drugs we still have. Antibiotics transformed medicine in the 20th century and saved countless lives. But they were never a permanent victory over microbes.

The challenge now is not just to develop new treatments, but to protect the antibiotics that still work. If we can do that, the post-antibiotic future many scientists warn about may never arrive.




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Antibiotic resistance could undo a century of medical progress – but four advances are changing the story


The Conversation

Steven W. Kerrigan does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. What a ‘post-antibiotic era’ could mean for modern medicine – https://theconversation.com/what-a-post-antibiotic-era-could-mean-for-modern-medicine-278231

How scientists changed their view of insomnia

Source: The Conversation – UK – By Iuliana Hartescu, Senior Lecturer in Psychology, Loughborough University

Ground Picture/Shutterstock

Insomnia may have been torturing humanity since ancient times, but over the last 20 years scientists have made progress in their understanding of chronic sleep deprivation.

Today, sleep deprivation is one of the most widespread reported psychological problems in Britain, with about a third of the adult population in England reporting frequent insomnia symptoms.

Insomnia rarely occurs on its own, which brings us to one of the biggest changes scientists have made in our understanding of chronic sleep deprivation. The vast majority of people with insomnia often have other mental and physical health conditions, like diabetes, hypertension, chronic pain, thyroid disease, gastrointestinal problems, anxiety or depression.

In its diagnostic history, insomnia coupled with another illness or disorder was called secondary insomnia. That meant that insomnia was considered a consequence of those other underlying conditions. As such, until fairly recently clinicians did not generally attempt to treat secondary insomnia.

But in the early 2000s, both research and clinical practice evidence started to indicate that this approach was wrong. Scientists argued that insomnia could precede or long survive a primary condition. Abandoning this distinction between primary and secondary insomnia was a major advance in acknowledging that insomnia frequently was an independent disorder, requiring its own treatment.

What’s more, researchers have been accumulating strong evidence that helping people with their sleeping problems could actually lead to improvements in their other health conditions. Chronic pain, chronic heart failure, depression, psychosis, alcohol dependency, bipolar disorder, PTSD, can all improve for patients if they address their sleeping problems.

Who gets insomnia?

Over the past two decades, we have acquired more rigorous and international data illustrating how ubiquitous insomnia is. Insomnia affects almost everyone, though women, older people, and people of lower socio-economic status are more vulnerable to it.

These groups experience a combination of biological, psychological and social risk factors that expose them to long-term sleep-disruption. For example, women often experience acute hormone fluctuations, pregnancy and birth, breastfeeding, menopause, domestic violence, caregiving roles, higher prevalence of depression and anxiety – all of which can lead to more opportunities for prolonged sleep disruption.

Some current issues in insomnia research include the need to understand different types of insomnia symptoms, and their relationship to health and performance risks. For example, there is evidence that difficulty initiating sleep (as opposed to difficulty staying asleep, or waking up too early in the morning) is associated with an increased risk of depression. Similarly, scientists still have questions on changes in things like brain activity, heart rate, or stress hormones that accompany insomnia. In common with all other mental health disorders, we are still yet to find biomarkers of insomnia.

However, research has helped us understand some things people can do to prevent insonmia episodes progressing to chronic insomnia, which is harder to treat. When insomnia symptoms happen more nights than not, and last for more than three months, then a diagnosis of insomnia disorder, or chronic insomnia, can be made.

Plasticine sheep jumping among clouds
Insomnia keeping you up?
Lizavetta/Shutterstock

One of the most common and harmful habits that develop during periods of insomnia is lying in bed, trying to sleep. Scientists have learned that lying in bed awake leads to perpetual cognitive arousal and, in time, it teaches your brain to stop connecting bed and being asleep.

Thus, if you cannot sleep at night, get up and do something else absorbing, but calming – read, write a list for the following day, listen to calming music or do some breathing exercises. When you feel sleepy again, get back to bed. If you are tired the following day, a well-placed short nap is fine, in the afternoon, for a maximum of 20 minutes. However, one must be careful with daytime sleeping, as it may reduce sleepiness at nighttime, and going to sleep may become even more difficult.

For those who do struggle with insomnia, there are effective treatments recommended. The story of the profound changes from secondary insomnia to insomnia disorder speaks of the power of clinical diagnosis in providing a pathway to treatment.

Cognitive behavioural treatment for insomnia (CBTI) is a package of techniques designed to maximise sleepiness at bedtime. It involves structured steps which aim to modify behaviour and mental activity. There are some predictors of treatment success: shorter duration of insomnia symptoms (years, rather than decades), less depression or pain and more positive expectations towards CBTI. But CBTI is broadly effective across all groups of people with insomnia.

Even so, only a tiny proportion of people reporting insomnia symptoms seek medical help. People may consider insomnia symptoms trivial or manageable, or they may be unaware of the options. It may also be due to the unavailability of treatment options. CBTI remains largely unavailable in clinical practice, mainly due to clinicians’ unfamiliarity with the treatment programme, and limited funding.

This pushes patients towards sleeping tablets, which are not an acceptable long-term solution. Sleeping tablets are associated with significant cognitive and motor impairment, increased risk of falls, dependence, tolerance and withdrawal symptoms, daytime lethargy, dizziness and headaches.

The main truly “new” class of sleeping pills are the dual orexin receptor antagonists (DORAs), which have shown a safety profile in many ways better than the traditional sedatives, especially around dependence concerns. But DORAs are not risk free or “mild” pills. They are relatively new to the market, first approved in the UK in 2022. So we lack long-term data to assess their safety for long-term use in people with insomnia.

A decent alternative is online self-delivered CBTI, on platforms such as Sleepful, which are free to access.

We have made great strides in sleep medicine over the past 20 years for people with insomnia, we just need to realise the potential of such profound changes by providing the right help for those suffering with it.

The Conversation

Iuliana Hartescu receives funding from the Medical Research Council; the Engineering and Physical Sciences Research Council.

– ref. How scientists changed their view of insomnia – https://theconversation.com/how-scientists-changed-their-view-of-insomnia-279585

Has the Strait of Hormuz emerged as Iran’s most powerful form of deterrence?

Source: The Conversation – UK – By Christian Emery, Associate Professor in International Politics, UCL

One of the US and Israel’s justifications for launching the war on Iran was to ensure the regime in Tehran could never possess nuclear weapons, the ultimate deterrent against external attack. But the main lesson that has been taken from the war, according to some commentators, is that Iran’s own geography already provides it with all the deterrent it needs.

The US-Israeli strikes have inflicted massive damage on Iran’s leadership and have destroyed billions of US dollars worth of military and civilian infrastructure. However, this display of force has proved unable to stop Iran from controlling who enters the Strait of Hormuz, a maritime chokepoint through which around 20% of the world’s oil supply flows.

This has led to the suggestion that Iran could emerge from the conflict with a new blueprint for shielding itself against future threats, regardless of whether it agrees to US demands to dismantle or severely limit its nuclear programme.

Geography is arguably Iran’s greatest strategic asset. The Strait of Hormuz is shallow and narrow, with just two-mile-wide navigable shipping channels. There are also a huge number of coves and inlets along Iran’s southern coastline, providing cover for launching small boats to attack shipping or lay mines, as well as anti-ship missiles and drones.

And there is a vast belt of rugged mountains running from Iran’s north-western border with Turkey all the way down to the Strait of Hormuz. Iran can store, conceal, produce and launch more drones and missiles here than it would ever need to threaten Gulf shipping.

A rural road winding through Iran's Zagros mountain range.
Iran’s Zagros mountain range provides the space to store, conceal, produce and launch the drones and missiles needed to threaten Gulf shipping.
Peter Chovanec / Shutterstock

However, Iran’s capacity to close the strait is not new. For decades, Iran has repeatedly threatened to respond to any external attack by closing the strait. It has also, albeit in a more measured way, demonstrated the capability to make the strait commercially unusable.

In response to Donald Trump’s “maximum pressure” policy across both his first and second terms as US president, Iran has harassed shipping with fast boats, rehearsed loading mines on to vessels, test-fired anti-ship ballistic missiles and even seized a British tanker. These are all classic forms of deterrence signalling.

Multiple analysts had warned of the catastrophic economic consequences of full-scale war with Iran precisely because of Iran’s ability to close the Strait of Hormuz. The only person who seems not to have understood this is Trump.

When pressed in March on whether Trump had been briefed before the war that Iran would seek to block Hormuz, his director of national intelligence, Tulsi Gabbard, would not be drawn. But she acknowledged that it “has long been an assessment of the intelligence community that Iran would likely hold the Strait of Hormuz hostage”.

Another challenge to the claim that geography may replace nuclear weapons as Iran’s primary source of deterrence is that its nuclear programme was never a core part of its deterrence. A 2019 report by Chatham House determined that Iran saw its asymmetric capabilities – particularly ballistic missiles and its ability to mobilise its proxy groups in the region – as essential to its national security. Iran’s ability to exercise control of the Strait of Hormuz is another pillar of this strategy.

There is ample reason to believe Iran was engaged in nuclear “hedging” – preserving the option to build a weapon at some point without crossing the line in a verifiable way. But if nuclear deterrence was the core aim, it is unlikely that Iran would have committed to a 2015 nuclear deal that most of the international community argued blocked its path to a bomb.

Regional implications

If a country is attacked, by definition its deterrence has failed. But the perception of restored deterrence can help create conditions for deescalation by justifying an end to the fighting and convincing an adversary that costs can still be imposed. In this sense, Iran’s control of Hormuz may help bring the current war to an end.

Iran’s confidence in having proven its ability to blockade Hormuz may also provide cover for dialling down its nuclear ambiguity posture. And it could compensate for the degradation of its network of proxies that has enabled Iran to project influence across Lebanon, Syria, Iraq, Yemen and Gaza.

The weakening of this so-called “Axis of Resistance” in recent years has reduced (though far from eliminated) Tehran’s ability to raise the regional cost of any direct attack on Iran. And Hezbollah, which is widely considered the strongest group in this proxy network, has paid a high price for defending Iran since the start of the war.

Iran is highly unlikely to abandon its proxies completely. However, it may now conclude that using them as a form of forward deterrence to avoid being directly attacked has manifestly failed and roll back on the strategy. This would be an extremely positive move for regional stability.

Iran’s demonstrated capacity to close the strait is likely to shape the regional order for some time. But Iran is unlikely to be willing to rely on this single pillar of deterrence.

Its sustained missile strikes on neighbouring Gulf states, and damage to critical infrastructure, had already created an appetite for a negotiated end to the conflict among the US’s Arab allies. Trump himself admitted he did not anticipate this reaction.

This makes forcing Iran to suspend its ballistic missile capability extremely difficult in upcoming negotiations, which will leave its neighbours nervous and anxious about their own lack of any deterrence capacities.

The Conversation

Christian Emery does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. Has the Strait of Hormuz emerged as Iran’s most powerful form of deterrence? – https://theconversation.com/has-the-strait-of-hormuz-emerged-as-irans-most-powerful-form-of-deterrence-281284