Cremas, perfumes, maquillaje y ‘skincare’ pueden esconder un daño para niñas y adolescentes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mariana F. Fernández, Catedrática de Universidad. Facultad de Medicina, Universidad Granada. Investigadora del CIBERESP y del ibs.GRANADA, Universidad de Granada

Las niñas cada vez se aficionan a los productos cosméticos a edades más tempranas. Karina Thomson / Unsplash., CC BY-SA

Cada vez más niñas comienzan a desarrollar sus mamas antes que las generaciones anteriores. No se trata de una impresión aislada de pediatras o endocrinólogos, sino de una tendencia observada en numerosos países durante las últimas décadas. Los estudios epidemiológicos indican que la edad de inicio de la pubertad femenina se ha adelantado progresivamente, un fenómeno que nos invita a preguntarnos en qué medida está influyendo nuestro entorno cotidiano en este cambio.

La pubertad constituye uno de los procesos biológicos más sofisticados del desarrollo humano y depende de una delicada interacción entre genes, hormonas, dieta y factores ambientales. Sabemos que las características genéticas desempeñan un papel importante y que la obesidad infantil puede adelantar su aparición. Sin embargo, estos factores no explican por completo por qué el calendario puberal se ha acelerado en las últimas décadas.

Entre las hipótesis que han despertado más interés, figura la influencia de la exposición a disruptores endocrinos, un amplio grupo de sustancias químicas presentes en el ambiente y en productos que utilizamos todos los días (como envases alimentarios, textiles, juguetes, o cosméticos y productos de cuidado personal, capaces de interferir con el funcionamiento normal del sistema hormonal.

Una exposición mucho más cotidiana de lo que parece

Perfumes, champús, geles de baño, protectores solares, cremas hidratantes, desodorantes o esmaltes de uñas forman parte de la rutina diaria de millones de personas. Algunos de estos productos contienen disruptores endocrinos como ftalatos, parabenos, benzofenonas, bisfenoles o fragancias sintéticas, que muestran actividad hormonal en estudios experimentales.

Esto significa que dichas sustancias químicas pueden comportarse como hormonas o interferir con ellas, alterando los delicados mecanismos que regulan procesos biológicos esenciales. Tanto en modelos animales como estudios de laboratorio se observa, por ejemplo, que pueden modificar la comunicación entre el cerebro y las gónadas, lo que afectaría a los mecanismos implicados en el inicio de la pubertad.

Los estudios de biomonitorización muestran que muchos de estos compuestos están presentes en las muestras biológicas humanas, desde la orina a la sangre o la placenta. La concentración suele ser mayor en personas que utilizan con más frecuencia determinados productos cosméticos. En este sentido, en una investigación reciente en la Universidad de Granada, comprobamos que las niñas que utilizan habitualmente productos de cuidado personal (skincare), cada vez a edades más tempranas, tienen niveles urinarios más elevados de algunos bisfenoles y parabenos. Algo que vienen a corroborar análisis epidemiológicos previos como el estudio Hermosa, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Berkeley (EE. UU.).

¿Es esa exposición suficiente para modificar el desarrollo puberal?

Los estudios realizados en la población infantil ofrecen resultados heterogéneos. Algunos observan asociaciones positivas entre determinados disruptores endocrinos y un inicio más temprano del desarrollo mamario, aunque otros no muestran esa relación. Las diferencias en el diseño de los estudios, la forma de medir la exposición o el tiempo de seguimiento dificultan establecer una conclusión definitiva.

Sin embargo, cuando se analizan conjuntamente los trabajos de mayor calidad metodológica, comienza a dibujarse una tendencia. Las asociaciones más consistentes aparecen con algunos ftalatos, especialmente cuando la exposición tiene lugar durante etapas tempranas de la vida, como el embarazo y la lactancia. Los resultados son menos homogéneos para otros compuestos, como bisfenoles o parabenos.

¿Y si el problema no fueran compuestos individuales?

Durante mucho tiempo, los estudios se han centrado en analizar por separado el efecto de una sustancia química (o de unas pocas): un ftalato, un parabeno o un bisfenol. Sin embargo, esa aproximación no refleja la situación real de exposición de la población. Nadie está expuesto a un único compuesto.

Nuestra vida cotidiana está marcada por exposiciones a mezclas complejas de disruptores endocrinos. Cada mañana, aplicamos sobre nuestra piel cremas, desodorante, perfume, maquillaje, protector solar, etc; además de ingerir alimentos envasados y convivir con numerosos contaminantes presentes en textiles, juguetes, polvo doméstico o productos de limpieza.

Vivimos expuestos a un auténtico cóctel químico. Por eso, estudiar cada compuesto de manera independiente no permite comprender los efectos combinados de las exposiciones ambientales sobre el desarrollo humano. Es necesario investigar si el riesgo podría depender de la suma de muchas exposiciones pequeñas. Los estudios de biomonitorización apoyan esta hipótesis, ya que habitualmente encontramos varios compuestos en las muestras biológicas analizadas.

Este concepto, conocido como exposición acumulativa o efecto mezcla, representa uno de los mayores desafíos de la toxicología moderna. Sustancias presentes en concentraciones muy bajas podrían no producir ningún efecto por separado, pero actuar de forma aditiva –o, incluso, potenciarse–. Además, la exposición no solo depende de la cantidad, sino también del momento. El sistema endocrino es especialmente vulnerable durante determinadas etapas de la vida: embarazo, lactancia y niñez constituyen auténticas “ventanas de oportunidad” para el desarrollo, donde pequeñas alteraciones hormonales pueden tener consecuencias más importantes que durante la edad adulta.

¿Conviene evitar los cosméticos en la infancia?

Aunque la evidencia científica no muestra de manera concluyente que el uso de cosméticos cause pubertad precoz, la ausencia de certeza tampoco implica que el problema pueda descartarse. En salud pública, existe un criterio ampliamente aceptado para situaciones como esta: el principio de precaución, que consiste en adoptar medidas sencillas para reducir una exposición potencialmente evitable, cuando existen indicios científicos de riesgo, aunque subsistan con incertidumbres.

Aplicar cautela, en este caso, significa evitar el uso innecesario de cosméticos y perfumes en población infantil, no introducir rutinas cosméticas a edades tempranas y, cuando sea posible, optar por productos con formulaciones sencillas y sin ingredientes potencialmente disruptores endocrinos.

Estas recomendaciones coinciden con las propuestas de las sociedades científicas de pediatría y endocrinología, que insisten en reducir la exposición global durante, al menos, la gestación, la lactancia y la infancia, etapas especialmente sensibles para el desarrollo humano.

Un cambio de perspectiva

El estudio de las causas ambientales de la pubertad precoz ilustra cómo evoluciona la ciencia. Hemos pasado de investigar si un determinado compuesto químico podía adelantar el desarrollo puberal a un objetivo más ambicioso: investigar cómo interactúan cientos de sustancias ambientales con nuestro sistema hormonal a lo largo de toda la vida.

Lograr este objetivo exige estudios de gran tamaño, capaces de seguir a niños y niñas desde el embarazo hasta la adolescencia, medir de forma repetida las exposiciones químicas y analizar conjuntamente factores como la alimentación, la obesidad, la genética y el entorno social. Solo así podremos distinguir qué parte del adelanto puberal corresponde a los cambios en nuestro estilo de vida y cuál debe atribuirse a las sustancias presentes en el ambiente.

Aunque no existen razones para demonizar los cosméticos, tampoco conviene ignorar las señales que las investigaciones ya revelan. Comprender el efecto combinado de pequeñas exposiciones que acompañan nuestra vida cotidiana desde antes de nacer constituye uno de los grandes retos de la medicina ambiental y de la endocrinología del siglo XXI. Hasta que dispongamos de respuestas más definitivas, reducir el contacto con disruptores endocrinos durante las etapas más vulnerables parece la decisión más acertada.

The Conversation

Mariana F. Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cremas, perfumes, maquillaje y ‘skincare’ pueden esconder un daño para niñas y adolescentes – https://theconversation.com/cremas-perfumes-maquillaje-y-skincare-pueden-esconder-un-dano-para-ninas-y-adolescentes-289856

El ‘wrapped’ que la UCI nunca le envió

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Dueñas-Ruiz, Estudiante de Doctorado en Inteligencia Artificial aplicada a Cuidados Intensivos e Informática Médica, Universidad de Valladolid

Soonthorn Wongsaita/Shutterstock

Imagine que sale del hospital tras dos semanas en cuidados intensivos, abre el móvil y comprueba que le ha llegado un correo electrónico con un asunto que le suena: “Tu wrapped [es decir, el resumen anual de lo escuchado] 2026 está listo”. No es de Spotify: lo envía la UCI. Le dice que pasó 142 horas conectado al respirador, que su pulsioxímetro registró 3,1 millones de latidos, que su artista del año fue la noradrenalina y que su puntuación SOFA tocó techo el martes a las 4:18 de la madrugada con un 12. Abajo, en negrita: “La probabilidad que su equipo médico calculó de que no llegara a este correo: 47 %”.

Es una idea absurda, pero el hospital tenía cada uno de esos datos. Lo único que faltaba era la infografía.

Lo que sigue no es una broma. Una UCI moderna recoge de cada paciente, cada hora, más información de la que Spotify guarda de su música en un año. Electrocardiograma registrado cada milisegundo, presión arterial latido a latido, oxígeno, lactato, plaquetas… El problema no es la falta de datos: es el exceso, cómo extraer de esa avalancha una sola decisión a tiempo. Decisión que, muchas veces, es de vida o muerte.

El ‘wrapped’ que ya existe

La medicina lleva décadas resolviendo ese problema con una herramienta humilde: la puntuación clínica. Es, literalmente, un wrapped: un puñado de números que resumen el estado del paciente en una sola cifra. La más famosa en cuidados críticos se llama SOFA y comparte espíritu con el resumen anual de Spotify: medir seis funciones del cuerpo –respiración, latido, filtración, metabolismo, coagulación y conciencia–, puntuar cada una de 0 a 4 y sumarlas. Un SOFA de 0 es un paciente que respira tranquilo en su cuarto. Un SOFA de 24, alguien que se está muriendo. Cada dos puntos de aumento durante una sepsis multiplican el riesgo de morir.

Ese número viaja por las pantallas de la guardia, se lee en los pases de visita, decide quién entra antes en un ensayo clínico y, durante la primera ola de covid-19, condicionó quién accedía primero a un respirador cuando había más enfermos que máquinas. Toda una arquitectura de decisiones cuelga de seis cifras.

Una fórmula con treinta años en plantilla

El SOFA se diseñó en octubre de 1994, durante una reunión de la Sociedad Europea de Medicina Intensiva, celebrada en Versalles (Francia) y presidida por el intensivista belga Jean-Louis Vincent. Querían una fórmula sencilla y transportable, que cualquiera pudiera calcular con un papel al pie de cualquier cama.

Aquel año, la web aún no había llegado a la mayoría de los hogares, los teléfonos apenas cabían en el bolsillo de un abrigo y los primeros stents cardiacos acababan de llegar al mercado. Tres décadas después, el SOFA seguía casi como entonces, pero la medicina, no.

Imagine que Spotify le mandara cada diciembre un wrapped calibrado con la música de 1994. Que su artista del año tendría que ser, a la fuerza, Ace of Base, porque el algoritmo no sabe que existe Rosalía. En 2026, una parte del SOFA evalúa al paciente con criterios pensados para una UCI que ya no existía: terapias nuevas, dispositivos nuevos, pacientes mayores y más complejos. La fórmula no era mala. Era de su época.

… Y entonces llegó SOFA-2

En octubre de 2025, sesenta intensivistas de nueve países publicaron en la revista JAMA una versión renovada de la fórmula. La llamaron SOFA-2. Para ello revisaron los datos anonimizados de 3,3 millones de pacientes y reescribieron la tabla para incluir fármacos y dispositivos de soporte que en 1994 no existían.

Es un avance considerable. Y también, si me permiten, un wrapped que sale cada treinta años. La medicina cambia más deprisa. Lo siguiente –en lo que muchos investigadores trabajan ahora– es la recalibración continua: que la fórmula se afine sola, alimentada por los datos que ya están entrando en el hospital esta misma noche.

Recalibrar y, mejor aún, pedirle a la inteligencia artificial que la escriba

Calibrar una puntuación clínica es como afinar un piano. Las notas son las mismas, pero antes de cada concierto alguien comprueba que un do siga sonando como un do. La medicina, después de la pandemia, descubrió que muchas de sus puntuaciones estaban desafinadas.

La inteligencia artificial ofrece dos caminos. El primero –el famoso, el que sale en los medios– es el de las cajas negras: redes neuronales que aciertan mucho pero no explican por qué. Un médico no puede firmar una decisión que no entiende. Y desde agosto de 2026, el reglamento europeo de IA obliga a que los sistemas sanitarios de alto riesgo sean transparentes.

El segundo camino, mucho menos contado, consiste en pedirle al algoritmo otra cosa: que no devuelva un número, sino la fórmula que lo produce. El resultado no es una máquina misteriosa, sino una ecuación nueva, escrita en el mismo idioma matemático que el SOFA, que un médico puede leer, criticar y firmar antes de usarla con un paciente.

El ‘wrapped’ no es el alta

Volvamos al correo del principio. La idea no es que la UCI nos mande un wrapped al alta –aunque, confesémoslo, sería un detalle–. La idea es que detrás de cada cama de cuidados críticos hay ya una matemática viva, y que esa matemática merece la misma atención que el resto del cuidado: ser revisada, recalibrada y, cuando haga falta, reescrita. Las fórmulas no curan; curan los equipos clínicos. Pero las fórmulas que ellos consultan pueden estar afinadas o desafinadas, y eso, calladamente, también influye en quién sale por la puerta del hospital.

Si alguna vez le dan el alta de una UCI, no espere un wrapped. Sepa, eso sí, que durante esos días alguien sumó seis números cada mañana para tomar decisiones sobre usted; que esos números vienen de una fórmula con varias décadas de historia; y que, en hospitales y universidades, alguien está intentando ahora mismo que esa fórmula sea, simplemente, un poco más justa.

The Conversation

Este artículo fue finalista del Premio Luis Felipe Torrente de Divulgación sobre Medicina y Salud, organizado por la Fundación Lilly y The Conversation

– ref. El ‘wrapped’ que la UCI nunca le envió – https://theconversation.com/el-wrapped-que-la-uci-nunca-le-envio-289816

De Barranquilla a Macondo: cómo Shakira se fabricó una identidad global

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lourdes Moreno Cazalla, Doctora en Comunicación. Autora del estudio para el Observatorio Nebrija del Español "El boom de la música urbana latina y la expansión del español a nivel global", Universidad Nebrija

Shakira actúa en la final del Mundial 2026. A.RICARDO / Shutterstock.com

Durante septiembre y octubre, Macondo, el ficticio hogar de la familia Buendía en Cien años de soledad, tiene código postal y es madrileño. En Villaverde, se ha creado un pequeño universo para doce noches de esos meses, con un estadio efímero y una artista central: Shakira. El proyecto se llama Es Latina.

La afirmación parece una obviedad: Shakira es colombiana, nacida en Barranquilla. Pero en realidad no lo es. Al llevar más de tres décadas atravesando fronteras con su música, que Shakira “sea latina” no ha significado siempre lo mismo. Su trayectoria permite observar cómo ella ha contribuido a fabricar una identidad global cuando las reglas para llegar a serlo van cambiando.

Esa es una de las cuestiones que planteo en el último informe del Observatorio Nebrija del Español. En el estudio hemos utilizado su trayectoria para observar durante más de tres décadas los cambios en las barreras de acceso a los mercados, las formas de circulación de la música y, a la vez, la manera de construir una identidad capaz de viajar entre ellos.

Cuando ser diferente obligaba a ser legible

En la industria musical de los años 90 y comienzos de los 2000, ser de otro lugar podía aportar un valor diferencial. Sin embargo, esa diferencia tenía que estar pulida y ser legible, lo que se ha llamado “la otredad domesticada”. Una discográfica, una radio, MTV o un DJ en Los Ángeles, Londres o Medellín debían reconocer rápidamente qué artista tenían delante y dónde colocarla.

Una estrella internacional tenía que resultar lo suficientemente distinta para llamar la atención y lo suficientemente familiar para poder ser clasificada, y el idioma también formaba parte de esa negociación. El vídeo y la imagen ayudaban a resolver parte del problema al funcionar como una especie de jeroglífico cultural.

Shakira lo descubrió pronto y buscó los códigos: el pelo claro, las caderas, el baile, el ritmo, el Caribe, la imagen de una diosa… signos de un lenguaje expresivo más allá del idioma capaz de comunicar una procedencia incluso a quien apenas conoce nada de ese lugar, probablemente porque ese lugar es un universo creado.

Para el año 2000, Shakira ya había publicado en español varios álbumes de estudio y un disco en directo. Sin embargo, ninguna canción de esa etapa entraría en el Billboard Hot 100, la lista más importante a nivel mundial para determinar el éxito de un single; su primera aparición llegaría en 2001, con “Whenever, Wherever”. En ese momento empezó a vender discos en Estados Unidos, todavía sin ocupar el escaparate central del pop.

Para eso surge el crossover, una fórmula lingüística. Por ejemplo, la de una cantante colombiana que graba su música en inglés para conquistar el mercado anglosajón. Visto desde 2026, el movimiento de Shakira resulta mucho más sofisticado.

El inglés fue un pasaporte pero, una vez atravesada la frontera, con todo su lenguaje expresivo e identitario, su equipaje solo empezaría a crecer. Shakira fue yuxtaponiendo capas: el español e inglés; el pop, el rock y los ritmos latinoamericanos; colaboraciones anglosajonas e hispanas; referencias colombianas y códigos del pop internacional. Este proceso implicó una construcción cultural de la identidad latina orientada hacerla reconocible y comercializable como un mercado relativamente homogéneo. Lo que inicialmente parecía una adaptación al canon, terminaría funcionando también en sentido contrario.

El crossover ha sido, a largo plazo, una especie de caballo de Troya. Una vez legitimada dentro del pop global, se construye una “audiotopía latina”, unos espacios virtuales y sonoros creados por la música donde los oyentes pueden reimaginar el mundo social y convivir con diferencias culturales.

Shakira ha logrado que su identidad no sea vista solo como folclore local caribeño o asiático, sino como una fuerza capaz de remapear los límites de la ciudadanía contemporánea y un imaginario latino a escala mundial. Incluso cuando en un estadio en Nueva York está interpretando en inglés, la imagen que proyecta es latina.

Shakira interpretando la canción del Mundial 2026, ‘Dai Dai’, en un concierto en Brooklyn, Nueva York.

Cuando ser local ya no impide ser global

Las plataformas digitales cambiaron de nuevo las reglas. Spotify, YouTube o TikTok no acabaron con los intermediarios porque las playlists siguen clasificando y la curaduría de las grandes plataformas continúa decidiendo qué canciones reciben atención. Ahora públicos dispersos geográficamente pueden reunirse alrededor de una propuesta muy específica sin que esta tenga que hacerse comprensible.

Así, la música de Shakira y su identidad forman parte de listas relacionadas con temas latinos o géneros como el reguetón, pero también aparecen en las principales clasificaciones globales de países en los que no se habla español, desde Alemania a Bangladesh.

En el aspecto visual, su domino es sobresaliente. En YouTube, de hecho, con 34 701,7 millones de visualizaciones, es la tercera artista con más reproducciones de la plataforma, por detrás de Bad Bunny y BTS y por delante de la mismísima Taylor Swift.

Las colaboraciones también muestran bien este alcance global. Alejandro Sanz, Karol G o Fuerza Regida no aportan únicamente audiencia a una canción. Conectan escenas, géneros, territorios y comunidades distintas. La identidad deja de funcionar solamente como una etiqueta –latina, anglosajona, colombiana– y se comporta como una red.

En 2023, el éxito de la sesión de Shakira con Bizarrap sirvió para pulverizar la vieja idea del crossover. Una artista colombiana y un productor argentino convirtieron una canción en español en un acontecimiento mundial sin producir ninguna versión. Lo local y lo global ya no funcionan necesariamente como extremos opuestos.

Vídeo de la sesión de Shakira con Bizarrap.

Macondo es un espejo

Por eso la residencia madrileña resulta interesante más allá de sus cifras. Treinta años atrás, unas cuantas imágenes debían bastar para que un espectador situado a miles de kilómetros entendiera de dónde venía Shakira. En 2026 sucede casi lo contrario, la artista puede construir un espacio entero alrededor de ese lugar de procedencia imaginario y convertirlo en destino. Macondo, escribía la propia artista en El País, “no es un pueblo, es un espejo” y ella es el reflejo de ser latina.

Se trata de la primera residencia artística de formato internacional en España, al estilo de las residencias de Las Vegas o de la de Adele en Múnich, pero con un estadio temporal. Ahí está quizá la transformación más interesante de su identidad global. Durante buena parte de su carrera, Shakira tuvo que asimilar cuánta diferencia podía transportar consigo para atravesar cada frontera. Ahora puede construir todo un universo con esa diferencia.

En este sentido, la transformación más significativa de Shakira no consiste únicamente en haber conseguido llevar el español a espacios cada vez más amplios, sino en haber llegado a una posición en la que ya no necesita abandonar ese lugar de origen para ocupar el centro del escenario global. La artista que comenzó atravesando fronteras termina convirtiéndose, ella misma, en un territorio de encuentro.


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The Conversation

Lourdes Moreno Cazalla no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. De Barranquilla a Macondo: cómo Shakira se fabricó una identidad global – https://theconversation.com/de-barranquilla-a-macondo-como-shakira-se-fabrico-una-identidad-global-291915

Le transport aérien en Afrique dépend de hubs éloignés : pourquoi il est temps d’y remédier

Source: The Conversation – in French – By Arthur Shirichena, PhD candidate aviation law, University of Manchester

Lorsque le conflit au Moyen-Orient a éclaté en 2026, ses conséquences se sont fait sentir bien au-delà de la région. Il s’agit notamment de la perturbation de l’espace aérien du Golfe. Les répercussions ont touché le réseau aérien mondial, y compris l’Afrique.

Les compagnies aériennes ont été contraintes de modifier leurs itinéraires. Cela a entraîné une flambée des coûts d’exploitation, des retards dans le transport de fret et des perturbations dans les déplacements des passagers. Pour l’Afrique, cette crise a mis en évidence une faiblesse qui existe depuis des décennies : la dépendance à l’égard des hubs de transit extérieurs pour les liaisons internationales, voire intra-africaines.

Pour de nombreux voyageurs africains, se rendre dans une autre destination nécessite souvent de passer par Dubaï, Doha, Abou Dhabi ou Istanbul, voire par l’Europe.

Les perturbations récentes montrent les risques liés à une dépendance excessive à l’égard d’infrastructures échappant au contrôle du continent. Des liaisons intra-africaine directes permettraient de gagner en efficacité et de renforcer la résilience du système aérien continental.

La dépendance aérienne de l’Afrique à l’égard de l’extérieur a des racines historiques. Les réseaux aériens coloniaux étaient conçus pour relier les territoires africains aux capitales européennes plutôt qu’entre eux. Après l’indépendance, les États ont créé des compagnies aériennes nationales. Mais les accords commerciaux et les liaisons internationales sont restés orientés vers les anciennes puissances coloniales.

Mes travaux de recherche en droit aérien portent sur la libéralisation du transport aérien en Afrique, l’intégration régionale et les cadres juridiques régissant l’accès des compagnies aériennes aux marchés. Mes recherches ont mis en évidence une contradiction persistante : l’Afrique dispose d’un énorme potentiel aérien, mais ses marchés rstent fragmentés et la connectivité intra-africaine reste faible. Cette situation la rend dépendante des compagnies aériennes étrangères et des hubs extérieurs.

L’Association des compagnies aériennes africaines estime que les compagnies non africaines assurent encore près de 70 % de la capacité intercontinentale de l’Afrique. Cela signifie que des perturbations survenant à des milliers de kilomètres peuvent rapidement se transformer en crises pour la connectivité aérienne, le commerce et les coûts de transport en Afrique.

La crise du Golfe est un signal d’alarme. Chaque vol réacheminé, chaque expédition retardée et chaque hausse de facture de carburant mettent en lumière les coûts liés à la fragmentation des marchés et à la faiblesse de la coordination institutionnelle.

La résilience du secteur aérien africain reposera sur la construction d’aéroports ou de l’extension des flottes des compagnies aériennes. Elle dépendra aussi du renforcement des institutions qui régissent le secteur.

Le coût

Les coûts liés à l’instabilité dans la région du Golfe sont immédiats. Les compagnies aériennes doivent emprunter des itinéraires plus longs, ce qui entraîne une consommation de carburant plus importante et une hausse des coûts liés aux équipages. Les primes d’assurance peuvent augmenter lorsque les avions doivent survoler des zones de conflit. La disponibilité des appareils diminue, provoquant des retards sur l’ensemble des réseaux.

Ces surcoûts sont répercutés sur les passagers et les exportateurs.

Le moment ne pouvait pas être plus mal choisi. Les compagnies aériennes africaines ont déjà les coûts d’exploitation les plus élevés au monde. Le kérosène représente entre 30 % et 40 % des coûts d’exploitation. Dans de nombreux aéroports africains, il est plus cher que dans les grands hubs d’Europe ou du Moyen-Orient. Cela s’explique par la dépendance aux importations, les taxes, la fragmentation des chaînes d’approvisionnement et les capacités de raffinage limitées.

La hausse des prix du carburant affecte toutes les compagnies aériennes opérant à partir de ces aéroports. Cependant, les compagnies africaines sont davantage exposées à ces coûts élevés. En effet, beaucoup d’entre elles réalisent une part plus importante de leurs activités au sein du continent. Elles sont donc désavantagées face à la concurrence et ont plus de difficultés à proposer des services aériens intra-africains abordables.

Même avant les dernières tensions dans le Golfe, beaucoup de compagnies africaines devaient rivaliser avec de grandes compagnies aériennes internationales bénéficiant d’économies d’échelle et de systèmes intégrés d’approvisionnement en carburant. Les trajectoires de vol plus longues, dues aux fermetures d’espace aérien, accentuent ce désavantage.

Les conséquences ne concernent pas seulement le transport de passagers. L’Afrique dépend de plus en plus du fret aérien pour exporter des légumes frais vers les marchés mondiaux. Ces exportations de produits périssables dépendent des horaires prévisibles. Des retards de quelques heures seulement peuvent réduire la qualité, augmenter le gaspillage et nuire à la compétitivité des exportateurs africains.

Opportunités

La crise révèle également des opportunités.

Elle met en évidence l’importance stratégique de hubs aériens africains tels qu’Addis-Abeba, Nairobi, Johannesburg, Le Caire et Casablanca. Ces hubs pourraient absorber une plus grande part du trafic si :

  • ils bénéficiaient de régimes de visas plus efficaces

  • les services aériens étaient mieux coordonnés

  • les infrastructures aéroportuaires étaient modernisées.

Mais les infrastructures à elles seules ne suffiront pas à relever les défis de l’aviation en Afrique. Le continent a aussi besoin d’institutions capables de coordonner les réponses en cas de crise.

Ethiopian Airlines montre ce qu’il est possible de réaliser grâce à un soutien institutionnel cohérent et à une autonomie opérationnelle. Mais il s’agit là d’une exception. De nombreuses compagnies aériennes africaines sont confrontées à un accès restreint au marché, à des environnements réglementaires incohérents et à une connectivité continentale fragmentée.

Ce qui existe déjà

Au cours des trois dernières décennies, le continent a mis en place un cadre juridique et institutionnel visant à favoriser l’intégration du secteur aérien.

Mais les progrès ont été pratiquement inexistants. Les intentions de libéralisation ont été compromises par :

  • une mise en œuvre inégale

  • une faible coordination institutionnelle

  • la préférence de nombreux gouvernements pour faire passer les intérêts nationaux avant les engagements continentaux.

Afin de donner un nouvel élan à leurs efforts, les États membres de l’Union africaine ont pris de nouvelles mesures.

Ils ont signé la Déclaration de Lomé, un engagement visant à accélérer les progrès vers un marché unique du transport aérien.

Ils ont également signé la Décision de Yamoussoukro, un cadre juridique régissant le transport aérien intra-africain.

Ce qui manque

Tout d’abord, l’accent doit être mis sur la mise en œuvre concrète. La Commission africaine de l’aviation civile a besoin d’un mandat renforcé et de ressources adéquates pour :

  • coordonner les réponses aux crises à l’échelle du continent

  • veiller au respect des engagements pris par les États membres

  • publier des évaluations périodiques des actions menées

  • faciliter une coopération plus étroite entre les autorités nationales de l’aviation civile, les communautés économiques régionales et la Commission de l’Union africaine.

Deuxièmement, il faut renforcer l’application des règles. C’est l’une des plus principales faiblesses de l’intégration du transport aérien en Afrique. Les compagnies aériennes se heurtent encore à des refus d’accès à certaines liaisons, à des traitements discriminatoires ou à des obstacles réglementaires, malgré les engagements formels pris.

Troisièmement, le mécanisme existant de règlement des différends du Marché unique africain du transport aérien devrait être renforcé. Il aurait deux objectifs :

  • régler les différends entre États ou entre autorités de régulation

  • renforcer la confiance des investisseurs et des compagnies aériennes pour que l’aviation africaine fonctionne selon des règles prévisibles et applicables.

Les chocs externes incitent souvent les gouvernements à protéger leurs compagnies nationales. Les compagnies aériennes ont besoin de l’assurance que les règles convenues seront appliquées de manière cohérente, quelles que soient les pressions politiques ou économiques.

L’Union européenne offre une leçon importante. Le succès du marché unique européen de l’aviation est le fruit de la libéralisation ainsi que de la mise en place d’institutions solides. Celles-ci peuvent interpréter les règles de manière cohérente et résoudre les litiges avec autorité.

L’ouverture des marchés doit donc aller de pair avec l’application effective des règles.

The Conversation

Arthur Shirichena does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. Le transport aérien en Afrique dépend de hubs éloignés : pourquoi il est temps d’y remédier – https://theconversation.com/le-transport-aerien-en-afrique-depend-de-hubs-eloignes-pourquoi-il-est-temps-dy-remedier-292026

Comment les « avalanches » sous-marines transportent les plastiques jusqu’aux abysses

Source: The Conversation – in French – By Yvan Dossmann, Enseignant-chercheur en Mécanique des Fluides, Université de Lorraine

Déchets plastiques (on aperçoit notamment un ancien casque de vélo) à la surface océanique. Une partie de ces déchets sera charriée vers les fonds marins. The Ocean Cleanup, Fourni par l’auteur

L’ESSENTIEL

  • Les continents de plastique qui flottent à la surface des océans ne représentent qu’une infime fraction de la masse totale de plastique qu’abrite l’environnement marin.

  • Où est passé le plastique manquant ? Plusieurs études suggèrent que les courants de turbidité, véritables « avalanches » sous-marines liées à l’écoulement des sédiments côtiers, les transportent vers les fonds marins.

  • Leurs effets sur la biodiversité des grands fonds, elle-même difficile à étudier, sont mal connus, mais pourraient impacter toute la chaîne alimentaire.


Les déchets plastiques sont omniprésents dans l’environnement marin, avec des impacts écologiques et sanitaires préoccupants. Cette problématique est de plus en plus médiatisée : les images de continents flottants de plastiques sur les océans du globe, obtenues lors de campagnes océanographiques associées à des actions de dissémination scientifique de grande ampleur (la mission Tara Microplastiques ou l’expédition Septième Continent, par exemple), ont marqué les esprits.

Cependant, ces plastiques de surface ne représentent qu’une faible fraction de la masse totale des plastiques injectés dans les mers et océans, que ce soit par les rivières depuis les zones côtières ou les navires.

Qu’advient-il de cette masse de plastique manquante ? Quel est son impact sur les écosystèmes marins et terrestres ? Coule-t-elle simplement depuis les zones d’injection ? Est-elle ramenée sur la côte par la houle et les vagues ? L’étude des écoulements sous-marins permet de répondre à cette question.

Les courants de turbidité, véritables « avalanches » sous-marines

Dans les zones côtières – et notamment à proximité des estuaires – se déclenchent fréquemment des écoulements sédimentaires appelés courants de turbidité. Il s’agit de véritables avalanches sous-marines se propageant sur des centaines de kilomètres à des vitesses avoisinant 20 km/h, phénoménales au regard des masses de matière transportées, mille fois plus denses que l’air.

Ces courants charrient avec eux non seulement les sédiments, mais également de grandes quantités de particules plastiques vers les fonds marins. C’est pourquoi la dynamique de ces courants et la manière dont ils transportent les plastiques vers les profondeurs sont étudiés sur le terrain et dans les laboratoires. Il s’agit de l’un de nos projets de recherche.




À lire aussi :
Que deviennent les déchets plastiques rejetés dans l’océan depuis les côtes et les rivières ?


En montagne, les avalanches sont déclenchées par une perturbation dans le manteau neigeux, autrement stable, qui provoque un écoulement de flocons en suspension dans un volume d’air principalement guidé par la topographie du terrain.

Exemple d’avalanche sous-marine dans le Saint-Laurent, au Canada (Radio-Canada).

De manière analogue, les courants de turbidité dans l’eau sont provoqués par des perturbations sous-marines, tels des glissements de terrain, des crues de rivières ou encore la marée. Elles dévalent les pentes sous-marines depuis le plateau continental (qui correspond au prolongement des continents sous la surface des océans, d’un point de vue géophysique) vers les fonds océaniques. Selon les zones géographiques, ces évènements peuvent se reproduire jusqu’à une centaine de fois par ans.

Exemple de turbidites en Italie datant du Miocène (il y a environ 20 millions d’années), vestiges des écoulements sédimentaires océaniques de l’époque.
Geologist, CC BY-SA

Lors de leur avancée, ces courants interagissent avec le plancher océanique. Ils déposent de nouvelles couches sédimentaires, appelées turbidites, et érodent, à chaque passage, des canyons sous-marins, creusant ainsi des sillons de propagation pour les courants suivants. Ils sont également convoyeurs d’oxygène et de nutriments vers l’océan profond.

Ces courants de turbidité peuvent être étudiés en laboratoire au travers d’expériences en conditions contrôlées (dans des canaux) et de simulations numériques. Ces études permettent de mieux comprendre les facteurs qui influencent la dynamique globale du courant et les mécanismes locaux, tels les dépôts sédimentaires lors de l’écoulement. Les propriétés des sédiments, du fluide et de la pente peuvent alors être explorées par des mesures optiques et acoustiques très précises.

Des modèles physiques permettent ensuite de transposer ces résultats pour extrapoler les propriétés des écoulements à échelle réelle, où l’accès à la mesure scientifique est plus limité. Ces travaux contribuent à anticiper les risques liés à ces courants, notamment la prévention de rupture de câbles sous-marins lors de leur passage. Mais qu’en est-il des plastiques injectés depuis la surface ?




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Des autoroutes pour microplastiques

Des mesures en mer ont suggéré un lien entre courants de turbidité et microplastiques. L’analyse d’une campagne de prélèvement menée dans la mer Tyrrhénienne (une partie de la mer Méditerranée, à l’ouest de la Sardaigne) a mis en évidence de fortes disparités entre les zones de dépôt sur les fonds océaniques.

Elle a également montré une forte coïncidence géographique entre les zones « enrichies » en plastiques et les routes principales des courants profonds. L’idée de plastiques « lourds », qui couleraient verticalement après un éventuel transport par les courants de surface, est donc remise en cause par ces observations.

Comment les courants sous-marins transportent les microplastiques dans les fonds marins.
Ian Kane et coll., Science, 2020

Plus récemment (étude publiée en 2025), la même équipe a mené une campagne spécifique dans le canyon de Whittard, à 300 kilomètres au large des côtes britanniques. Celle-ci a confirmé que les courants de turbidité qui y sont générés jouent le rôle d’autoroutes privilégiées pour le transport des microplastiques, jusqu’à des profondeurs dépassant les 3 000 mètres.

Les prélèvements ont mis en lumière des disparités plus fines dans la répartition des microplastiques piégés dans les turbidites. Le courant de turbidité opère, en particulier, un tri naturel entre différentes familles de plastiques : les fibres textiles allongées et déformables et les particules plastiques rigides sont piégées à des profondeurs différentes.

Des expériences pour retracer l’itinéraire des microplastiques dans les fonds marins

Pour mieux comprendre ces mécanismes de transport et de séparation des particules, nous avons mené des expériences en laboratoire grâce aux infrastructures du Laboratoire énergies et mécanique théorique et appliquée (LEMTA) de l’Université de Lorraine à Nancy et au Laboratoire de physique de l’ENS de Lyon. L’objectif de ces expériences, qui consistent à suivre les trajectoires de particules plastiques transportées par un courant de turbidité modèle, était de décrire l’histoire de ces particules, en lien avec la dynamique complexe du courant.

Courant de gravité en laboratoire et gros plan sur les trajectoires des particules plastiques dans le front du courant.
Fourni par l’auteur

De fait, nos résultats montrent que la dynamique tourbillonnaire de l’écoulement envoie les particules vers l’aval du courant. Ce contrôle par la dynamique du courant n’est pas sans conséquence pour l’écologie marine et, par extension, la santé humaine. En effet, les courants de turbidité transportent non seulement des sédiments et des microplastiques, mais aussi des nutriments et de la matière organique indispensables aux écosystèmes des grands fonds.

Les microplastiques s’accumulent ainsi dans des zones particulièrement riches en biodiversité, exposant davantage ces écosystèmes à la pollution. Par ce mécanisme, les microplastiques pourraient être transférés le long de la chaîne alimentaire, jusqu’aux espèces consommées par l’homme, même si les répercussions sanitaires de cette exposition restent encore pour l’heure mal connues.

Longtemps considérés comme des milieux isolés, les grands fonds apparaissent aujourd’hui comme l’un des réceptacles de notre pollution plastique. Comprendre la physique des courants qui les alimentent est devenu indispensable pour anticiper le devenir des plastiques dans l’océan et pour mieux protéger ces écosystèmes encore largement méconnus.




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Le projet PALAGRAM est soutenu par l’Agence nationale de la recherche (ANR), qui finance en France la recherche sur projets. L’ANR a pour mission de soutenir et de promouvoir le développement de recherches fondamentales et finalisées dans toutes les disciplines, et de renforcer le dialogue entre science et société. Pour en savoir plus, consultez le site de l’ANR.

The Conversation

Dossmann Yvan a reçu des financements de l’Agence Nationale de la recherche (https://anr.fr/Projet-ANR-19-CE30-0041)

Mario Humbert ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Comment les « avalanches » sous-marines transportent les plastiques jusqu’aux abysses – https://theconversation.com/comment-les-avalanches-sous-marines-transportent-les-plastiques-jusquaux-abysses-289738

Que valent les solutions low-tech pour rafraîchir nos logements ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Morgan Meyer, Directeur de recherche CNRS, sociologue, Mines Paris – PSL


L’ESSENTIEL

  • L’été 2026 et ses canicules à répétition a vu se populariser des solutions low-tech contre la chaleur, telles que le blanc de Meudon ou les couvertures de survies aux fenêtres.

  • D’autres solutions low-tech moins connues, tenant par exemple à la façon de ventiler les logements, sont déjà employées de façon traditionnelle dans les villes les plus chaudes du monde.

  • Même si la climatisation restera indispensable pour protéger certains publics fragiles, la recherche scientifique démontre qu’elle n’a nul besoin d’être systématisée pour rafraîchir nos villes.


Alors que des températures élevées pour la saison persistent depuis début septembre 2026 sur le quart sud-est de la France, le pays reste marqué par les canicules extrêmes connues tout au long de l’été. Quelles stratégies adopter pour rafraîchir nos logements ?

Nombreux sont ceux qui se sont rués sur les climatiseurs, une solution qui, malgré le confort qu’elle apporte, a le défaut d’être énergivore et de constituer une réponse individuelle à un problème collectif. Car ces appareils ont des conséquences collectives dans la mesure où ils réchauffent l’air extérieur à proximité des logements, contribuant à ce que l’on appelle îlot de chaleur urbain.

Il existe toutefois de nombreuses solutions low-tech pour faire face à la chaleur. Coller des couvertures de survie sur les fenêtres, favoriser la ventilation passive, repenser les parties communes, construire avec des matières alternatives, réaménager les espaces urbains : les stratégies pour faire face à la chaleur vont de bricoles individuelles, jusqu’à des solutions architecturales et urbanistiques plus systémiques.

Que valent-elles ? Tour d’horizon de quelques stratégies low-tech pour faire face aux canicules.

Couvertures de survie, blanc de Meudon… des « microastuces » qui ont gagné en popularité

Commençons par quelques-unes des « microastuces » qui ont gagné le plus de terrain cet été.


Alice Galand-Guillemant, étudiante ENSAAMA et stagiaire chez Depeyre Morand Architectures, Fourni par l’auteur

Parmi ces stratégies, il y a par exemple celles de coller des couvertures de survie sur les fenêtres, ou de les peindre avec du blanc de Meudon (c’est-à-dire, la poudre de craie typiquement utilisée pour masquer les vitrines et fenêtres de commerces en travaux).

Le point commun de ces solutions : bricolées, elles sont « jetables » et ont pour objectif de réduire l’impact du rayonnement solaire en palliant les manquements des installations pérennes (par exemple absence de volets ou de stores).


Alice Galand-Guillemant, étudiante ENSAAMA et stagiaire chez Depeyre Morand Architectures, Fourni par l’auteur

Ces astuces, largement documentées dans les médias et sur les réseaux sociaux, ont eu tellement de succès que de nombreux commerces ont connu des ruptures de stock.

Pour rafraîchir nos logements on peut aussi utiliser d’autres moyens du bord : placer une bouteille d’eau congelée ou un linge mouillé devant un ventilateur, éteindre les appareils électroniques inutiles, éviter de cuisiner chaud, acheter des plantes, et, bien sûr, penser à fermer les fenêtres et volets dès qu’il y a du soleil.




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D’autres solutions moins connues, mais efficaces

Au-delà de ces astuces low-tech relativement connues, il y a aussi des stratégies plus insolites qui méritent notre attention. La période de canicule nous a rendus plus attentifs aux stratégies de notre entourage.

Par exemple, mentionnons le témoignage d’un couple d’architectes, Deborah Feldman et Baptiste Potier (de 127af architectes), qui habitent dans un appartement parisien mono-orienté.

Pour bénéficier de la fraîcheur des parties communes, ils gardent leur porte palière ouverte la journée et ont renforcé le système de sécurité de l’entrebâilleur de la porte pour la garder entrouverte la nuit. Ainsi, ils sont capables de rafraîchir leur appartement en y faisant circuler un maximum d’air.

Dessin Alice GALAND – GUILLEMANT.
Fourni par l’auteur

Alice, étudiante en ENSAAMA, et stagiaire à l’agence Depeyre Morand Architectures pendant la période de canicule, vit sous les toits dans une chambre de bonne de 9 m2, place de la Nation. Elle a tout tenté pour rafraîchir son logement, expériences qu’elle a consignées sous forme de dessins, dont certains illustrent cet article.

Elle a mis en place une solution similaire : laisser les portes ouvertes pour faire circuler l’air par les parties communes et la chambre d’un voisin sur la façade opposée, tentant ainsi de créer un espace traversant.

Ce qui ressemble à du système D est en fait une véritable stratégie déployée de longue date dans des villes historiquement exposées à la surchauffe. Une stratégie similaire a été observée dans la région du M’zab dans le désert Algérien, dans les ksour de Ghardaïa ou de Beni Isguen.

Vue sur le ksar de Ghardaia.
Camille Gillet, CC BY-SA
Une porte munie d’un entrebâilleur ou d’une grille permettant de la sécuriser en position ouverte peut faire beaucoup pour l’aération d’un logement.
Noah Dhainaut, Fourni par l’auteur

Les étudiantes et étudiants du master Atelier du désert de l’ENSAV, coordonné par Eléonore Morand et Alice Grégoire, enseignantes à l’ENSAV, ont relevé le caractère systématique des portes laissées ouvertes qui font fonctionner le principe de la convection thermique de la typologie des maisons à patio.

La porte ouverte capte l’air extérieur, tandis que l’ouverture du patio (chebbek) permet d’évacuer l’air chaud. La porte ouverte est aujourd’hui parfois sécurisée par une grille tandis que l’intimité intérieure est préservée par une entrée en chicane (nommée taskift).




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Repenser l’utilisation du bâtiment

Dans cette même région désertique de l’Algérie, les étudiantes et étudiants de l’ENSAV ont observé les habitudes quotidiennes des mozabites.

Pour cohabiter avec des températures extrêmement élevées, ces derniers n’hésitent pas à opérer des déplacements quotidiens dans leurs maisons pour leur confort thermique. Les nuits du désert sont fraîches : pendant la nuit et la matinée, les espaces extérieurs sont habités, les familles dorment sur la terrasse la nuit.

Déplacements journaliers des occupants.
Thomas Hasenfratz, étudiant Atelier du désert 2025, Fourni par l’auteur

Pendant la journée, lorsque la température augmente, la famille descend au rez-de-chaussée où l’inertie thermique des murs et l’inexistence des ouvertures permet de garder l’espace frais. On y déjeune et, surtout, on y fait la sieste, qui met le corps au repos et permet de passer le temps le plus chaud de la journée. En soirée, les habitants retrouvent les espaces supérieurs qui se refroidissent grâce à la ventilation naturelle et l’arrivée de la nuit.

Certaines études ont montré que le rafraîchissement passif, sans recours à la climatisation, peut faire baisser considérablement les températures intérieures, de l’ordre de 5 à 7 °C par rapport aux températures extérieures.

En ville, l’étroitesse des espaces privatifs des appartements ne permet souvent pas ces types de déplacement au sein des logements. Mais les parties communes pourraient apporter des solutions à explorer, par exemple en partageant les halls d’entrée, des paliers élargis ou des terrasses plantées, tout en identifiant selon les heures de la journée les capacités de ces espaces à nous ressourcer.

L’exposition Parties communes, accueillie de novembre 2025 à mars 2026 par le Pavillon de l’Arsenal à Paris, montre que les parties communes méritent davantage d’attention, non seulement pour faire circuler l’air, mais aussi pour être « réhumanisées ».




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Miser sur des matériaux alternatifs

Les matériaux utilisés pour la construction sont aussi à prendre en compte. La terre crue, par exemple, a une longue histoire et connaît depuis quelques années un certain renouveau.

Les techniques de construction en terre crue ne nécessitent que peu de mécanisation et permettent de construire de façon plus écologique. La terre crue nécessite en effet peu de transports, elle est recyclable et elle émet moins de CO2 que les matières standard comme le béton. Surtout, elle permet de rafraîchir considérablement les habitations, ce qui a été démontré par des études scientifiques.

Construction recouverte de Timchemt, enduit climatique (Couverture de la publication de la recherche collective Atelier du désert ENSAV 2026, co-encadrée par A.Grégoire & E.Morand).
Image fournie par Marin, étudiant de l’ENSAV, Fourni par l’auteur

Mentionnons aussi l’enduit climatique de la région du M’Zab réalisé par la projection de Timchemt, un plâtre local sourcé et utilisé depuis de nombreuses années dans la région Saharienne.

Outre le fait que ce soit une matière locale et traditionnelle, sa mise en œuvre par projection sur les façades permet de créer une structure relativement rugueuse avec des reliefs, créant ainsi des micro-ombres sur la façade, ce qui la refroidit.

Dans de nombreux pays européens, toutefois, l’utilisation de matériaux comme la terre crue et l’argile se heurte à de nombreux obstacles : des régulations et normes contraignantes, la difficulté pour pouvoir assurer certaines constructions, une image négative, l’opposition de l’industrie du béton.

Un problème à l’échelle de la ville

Mais les solutions à déployer ne sauraient faire l’économie de l’échelle de la ville elle-même.

Un article paru dans la revue Nature listait différentes stratégies low-tech décentralisées et locales que les villes déploient pour affronter les canicules : peinture plus claire, créer de l’ombrage, planter plus d’arbres, etc.

Deux chercheuses en architecture et en planification urbaine dressent la liste des éléments à considérer à l’échelle urbaine :

« la densité, l’orientation du tissu urbain et du réseau urbain, le cloisonnement, les intersections, la taille des îlots et leur perméabilité, les cours centrales, les espaces semi-ouverts […], la conception et les proportions des ouvertures et des éléments d’ombrage, la couleur et la capacité thermique des matériaux, ainsi que la végétalisation des cours ».

Planter de façon plus dense l’espace public est une solution économique pour ombrager la ville, mais cette stratégie peut être contrainte par les réseaux souterrains et les infrastructures existantes.

On observe que dans des lieux ayant des sous-sols moins denses, certaines copropriétés ont pris l’initiative de planter massivement leurs espaces extérieurs communs. Pendant les périodes de canicule, ces copropriétés ont pu ressentir directement une importante différence de température entre ces espaces et la rue. Favoriser et généraliser ces types d’initiatives, tout en ajoutant des portes cochères pour les relier à l’espace public, permettrait un transfert par convection thermique, similaire à celui de la maison à patio.




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L’avenir passera-t-il nécessairement par la climatisation ?

Toutes ces solutions – des livres comme The Architecture of Natural Cooling (2019) ou La Fraîcheur sans clim – Le guide des alternatives écologiques (2004) nous le rappellent – montrent qu’il est possible de rafraîchir nos logements sans nécessairement installer de climatiseur.

D’autant plus que l’utilisation massive de climatiseurs pourrait faire augmenter jusqu’à 2 °C la température dans les rues d’une ville comme Paris, d’où la position de certains acteurs de ne recommander les climatiseurs que pour des lieux comme les hôpitaux, les maisons de retraite, ou les écoles.

Une position que semble conforter la recherche :

« Il est possible d’assurer le confort thermique intérieur uniquement par des moyens passifs, écrivaient les auteurs d’un article de recherche examinant la situation au Portugal […] L’inertie thermique élevée de l’enveloppe du bâtiment, une orientation solaire adéquate, des dispositifs d’ombrage et une organisation appropriée des espaces intérieurs constituent des éléments fondamentaux pour maintenir la température de l’air intérieur dans la plage de confort thermique. »




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The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. Que valent les solutions low-tech pour rafraîchir nos logements ? – https://theconversation.com/que-valent-les-solutions-low-tech-pour-rafraichir-nos-logements-280740

Más horas en el aula no bastan: cómo mejorar las prácticas de los futuros maestros

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carles Perea Rodríguez, Professor al Departament de Mètodes d’Investigació i Diagnòstic en Educació i membre del grup de recerca TRALS de la Universitat de Barcelona, Universitat de Barcelona

PeopleImages/Shutterstock

La primera vez que un estudiante del Grado en Educación Primaria o de Educación Infantil se pone delante de una clase descubre algo que ningún manual teórico puede reproducir por completo: explicar un contenido es sólo una mínima parte del trabajo como docente. También hay que saber interpretar silencios, sostener la atención, responder a ritmos distintos y personalizar el aprendizaje, resolver conflictos y modificar sobre la marcha una actividad que no funciona.

Este aprendizaje “situado” es la razón de ser del prácticum (o prácticas formativas) que forma parte de la formación de los futuros maestros. Es un periodo en el que los universitarios entran en centros educativos y aprenden la profesión acompañados por docentes en ejercicio y por tutores de la universidad.

No es un paréntesis entre asignaturas ni una prueba final para comprobar si alguien sirve o no sirve para enseñar: está concebido como el eje que conecta los conocimientos académicos aprendidos en la universidad con las decisiones reales del día a día del aula.

El ‘prácticum’ hoy

En España, los grados de Educación Infantil y Primaria tienen 240 créditos. Las normas que regulan Educación Infantil y Educación Primaria reservan 50 créditos al prácticum, incluido el trabajo de fin de grado. Las prácticas son presenciales, se realizan en centros reconocidos mediante convenios y cuentan con una doble tutoría: un tutor del centro educativo y un profesor universitario.

Los periodos de prácticas pueden repartirse entre varios cursos o concentrarse en los últimos; suelen incluir varias fases, desde la observación del centro y del aula hasta el diseño, desarrollo y evaluación de intervenciones didácticas. El estudiante participa en reuniones, conoce la relación con las familias, atiende la diversidad y elabora memorias, diarios o portafolios para analizar su experiencia.

Sobre el papel, el modelo reúne los elementos esenciales. El problema aparece cuando la estancia se reduce a acumular horas, imitar al tutor o producir una memoria desconectada de lo vivido. También cuando la universidad y la escuela apenas intercambian información o los tutores carecen de tiempo y reconocimiento para acompañar.

La calidad importa más que la duración

Un estudio reciente con participantes de Educación Infantil y Primaria confirma que el prácticum ayuda, especialmente, a aprender a gestionar el aula y atender las diferencias individuales. Pero también detecta una concepción demasiado centrada en aplicar técnicas, que deja en segundo plano la reflexión crítica, la responsabilidad profesional y la capacidad de comprender por qué una decisión funciona en un contexto y no en otro.

Por eso, ampliar las prácticas puede ser útil, pero no basta. La mejora exige al menos cuatro cambios.

1. Comenzar desde primero

Desde los primeros cursos deberían alternarse experiencias breves de observación y colaboración con periodos posteriores de mayor responsabilidad. Así, las preguntas que nacen en la escuela regresan a la universidad, y la teoría vuelve al aula convertida en una hipótesis que puede probarse y revisarse.

2. Profesionalizar la mentoría

El segundo es profesionalizar la mentoría. No todo buen maestro sabe automáticamente formar a otro. Los mentores necesitan selección, preparación específica, tiempo para observar y conversar, criterios compartidos y reconocimiento profesional. La investigación sobre supervisión reclama precisamente modelos colaborativos y una retroalimentación sistemática.




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3. Una alianza también formativa

El tercero es sustituir la relación administrativa entre instituciones por una alianza formativa. La universidad y la escuela han de acordar qué debe aprender el estudiante, qué responsabilidades asumirá y cómo se evaluará su progreso.

Visitas conjuntas, seminarios con las tres partes y rúbricas comunes evitarían que el tutor escolar y el estudiante transmitieran expectativas contradictorias.

4. Actuaciones reales

El cuarto es evaluar actuaciones reales, no solo documentos finales. Planificar una secuencia, enseñarla, recoger evidencias, recibir observaciones y volver a intentarlo genera más aprendizaje que describir retrospectivamente lo sucedido. El vídeo, el portafolio y el análisis de incidentes críticos pueden ayudar, siempre con garantías de privacidad y una finalidad formativa.

Una responsabilidad compartida

El debate en España ya se mueve en esta dirección. El nuevo Libro Blanco de Educación Primaria y el Libro Blanco de Educación Infantil plantean prácticas progresivas, redes de centros acreditados y una mentoría más profesionalizada. Convertir esas ideas en realidad requerirá financiación, coordinación y tiempo reconocido para quienes tutorizan.




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El prácticum será eficaz cuando deje de depender de la suerte de encontrar un buen centro o un mentor especialmente generoso. Aprender a enseñar exige practicar, pero sobre todo practicar acompañado, recibir retroalimentación y pensar críticamente sobre la propia acción.

La cuestión no es cuántos días pasa un futuro maestro en una escuela o las horas que habla con el profesor de la universidad, sino qué aprende allí, cómo lo aprende y quién asume la responsabilidad de ayudarle a aprenderlo.

The Conversation

Carles Perea Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Más horas en el aula no bastan: cómo mejorar las prácticas de los futuros maestros – https://theconversation.com/mas-horas-en-el-aula-no-bastan-como-mejorar-las-practicas-de-los-futuros-maestros-287999

¿Se acaba la migraña cuando termina el dolor? La psicología del miedo entre una crisis y otra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Vanesa Pérez Bencomo, Psicóloga autónoma y profesora en la UEC, Universidad Europea

Gladskikh Tatiana/Shutterstock

Una persona con migraña recibe una invitación para cenar el sábado. Le apetece ir, pero aparece una duda: “¿Y si ese día me da una crisis?”. Llega el sábado y se encuentra bien. Horas antes de salir nota una ligera presión en la cabeza. Quizá no sea nada, pero empieza a observarla: “¿Está aumentando? ¿Será el principio? ¿Y si voy y tengo que volverme?”. Finalmente, cancela.

Aunque la crisis no llega, su sábado ya ha cambiado.

Lo que ocurre entre crisis y crisis

La migraña es una enfermedad neurológica, pero convivir con su imprevisibilidad también puede influir en lo que pensamos, sentimos y hacemos cuando no la sufrimos. Solemos medirla contando los días de dolor, un número que no siempre refleja todo su impacto.

Se denomina carga interictal al potencial impacto que sufre una persona entre una crisis y la siguiente. Concretamente, la literatura científica señala que la ansiedad ante la posibilidad de un nuevo ataque puede reducir la actividad cotidiana y la calidad de vida. Aceptar un viaje, quedar lejos de casa o comprometerse con un plan futuro puede resultar más difícil cuando no sabemos cómo nos encontraremos ese día.

Por eso, además de preguntarnos qué hay que hacer cuando la migraña se manifiesta, podemos plantear otra cuestión: ¿qué se ha dejado de hacer por miedo a tenerla?

Un radar encendido

Ese temor no es absurdo. Tiene una función protectora: nos ayuda a anticiparnos a aquello que podría hacernos daño. Precisamente por eso buscamos reducir la incertidumbre, y una forma intuitiva de llevarlo a cabo es intentar detectar la crisis antes de que llegue.

El problema puede aparecer cuando, para sentirnos más seguros, empezamos a buscar continuamente señales que nos permitan anticiparla. Una ligera presión en la cabeza que otro día quizá habría pasado inadvertida ahora plantea una duda: ¿estará empezando un ataque?

Comprobamos. Volvemos a comprobar. Nuestro cuerpo se convierte en una especie de radar que busca señales de lo que podría ocurrir.

También cabe compararlo con un detector de humo demasiado sensible: necesitamos que nos avise cuando hay fuego, pero si suena cuando hacemos una tostada, terminamos atentos a la alarma aunque no haya ningún incendio. Algo parecido puede ocurrir con la hipervigilancia: conocer nuestro cuerpo no es lo mismo que vivir pendientes de él.

Al final, vigilar tampoco nos da la certeza que buscamos, porque seguimos sin saber si la crisis llegará. Entonces podemos recurrir a otra estrategia: evitar.

Dejar de hacer cosas “por si acaso”

Cuando aparece la incertidumbre, evitar tiene una ventaja inmediata: “mejor no voy”, “mejor no viajo”, “mejor no hago planes”… Al cancelar, sentimos alivio. Y nuestro cerebro aprende de aquello que reduce el malestar: si eludir una situación me hace sentir más seguro ahora, será más fácil volver a esquivarla la próxima vez. No es una respuesta absurda, ya que funciona a corto plazo.

El problema surge cuando ese “por si acaso” empieza a extenderse. Primero puede ser una cena; después, un viaje, y más adelante, quizá dejemos de hacer determinados planes con antelación.

Con estas conductas de evitación, el círculo empieza a completarse: miedo → vigilancia → interpretación de amenaza → evitación → alivio. Y aparece una paradoja: intentamos evitar que la migraña nos quite un día y podemos terminar cediéndole días en los que ni siquiera apareció.

Cuidarse o evitar

Pero ¿significa esto que una persona con migraña debería dejar de cancelar planes o ignorar las señales de su cuerpo? No, porque vivir con este trastorno también exige adaptarse. Descansar durante una crisis, modificar una actividad o cancelar algo cuando realmente no podemos hacerlo puede ser una forma adecuada de cuidarnos.

Pensemos en dos decisiones:

  • “Hoy no voy porque tengo una crisis y necesito descansar”.

  • “No voy a organizar nada para el próximo sábado porque podría darme una crisis”.

En ambos casos podemos acabar en casa, pero psicológicamente no está ocurriendo lo mismo. Mientras que en el primer supuesto respondemos a una necesidad presente, en el segundo intentamos protegernos de una posibilidad futura.

La diferencia no siempre será sencilla, pero podemos hacernos una pregunta: ¿responde esta decisión a lo que necesito ahora o principalmente a lo que temo que pueda pasar?

Recuperar la capacidad de elección

Entonces, si no podemos eliminar la incertidumbre y tampoco se trata de ignorar nuestro cuerpo, ¿qué aporta la psicología? No puede garantizar que no llegue otra crisis ni pretende eliminar el miedo, pero sí puede ayudarnos a responder de otra manera cuando aparece.

Las intervenciones psicológicas forman parte del abordaje complementario de la migraña. Incluyen, por ejemplo, técnicas de relajación y regulación de la activación, atención plena (mindfulness), estrategias para trabajar con pensamientos y emociones difíciles o intervenciones conductuales dirigidas a reducir la evitación y recuperar actividades importantes.

El objetivo es aprender a reconocer cuándo el miedo está intentando protegernos y cuándo esa protección empieza a limitarnos. Esto no significa afirmar que la migraña es una alteración psicológica, porque, como ya apuntamos más arriba, se trata de una enfermedad neurológica. No se trata de vivir sin miedo a la próxima migraña, sino algo más realista: que, cuando ese miedo aparezca, no siempre sea él quien decida.

The Conversation

Vanesa Pérez Bencomo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Se acaba la migraña cuando termina el dolor? La psicología del miedo entre una crisis y otra – https://theconversation.com/se-acaba-la-migrana-cuando-termina-el-dolor-la-psicologia-del-miedo-entre-una-crisis-y-otra-291893

Los populistas afirman hablar en nombre de “el pueblo”, pero ¿a quiénes se refieren realmente?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Clara Juarez Miro, Investigadora Beatriz Galindo, Departament de Ciència Política, Dret Constitucional i Filosofia del Dret, Universitat de Barcelona

CC7/Shutterstock

A medida que crece el apoyo a los movimientos populistas en todo el mundo, el término se ha convertido en una especie de palabra de moda. Se utiliza para describir movimientos y figuras públicas muy diferentes en contextos políticos muy distintos. Estos abarcan desde figuras de la derecha, como Jair Bolsonaro en Brasil y Narendra Modi en la India, hasta figuras de la izquierda, como el estadounidense Bernie Sanders, el español Pablo Iglesias y el sudafricano Julius Malema.

Para complicar aún más esta cuestión, los estudiosos tienden a utilizar diferentes definiciones de populismo. Algunos lo consideran una ideología, otros un tipo de discurso, o incluso una forma de gobierno. A pesar de estas diferencias, la mayoría de las definiciones coinciden en una idea fundamental. El populismo divide a la sociedad en dos grupos opuestos: el “pueblo puro” y las “élites corruptas”.

El concepto de “el pueblo” es la piedra angular del populismo, pero aún sabemos relativamente poco sobre lo que realmente significa para sus seguidores verse a sí mismos como parte de este grupo. Gran parte de la investigación se ha centrado en los propios partidos y líderes populistas, incluyendo cómo presentan su versión de “el pueblo” como moralmente superior a las élites corruptas. Mi propia investigación analiza el otro lado, para averiguar qué significa para los seguidores que votan por ellos para que lleguen al poder.

Un concepto infinitamente flexible

Algunos expertos han argumentado que la vaguedad sobre quiénes son “el pueblo” es, en realidad, un elemento clave del fuerte atractivo del populismo. Al tratarse de un concepto amplio y flexible, puede traspasar fronteras e ideologías políticas, lo que permite a diferentes grupos de votantes identificarse con él e imaginarse a sí mismos como parte de una misma comunidad más amplia.

Esto no solo ocurre con “el pueblo”, sino también con términos como “establishment” o “élites” se utilizan con un efecto similar para identificar de manera general a quienes no forman parte de “el pueblo”.

Esta flexibilidad implica que los miembros de ese grupo pueden variar considerablemente. Los políticos pueden utilizar el término para referirse a quienes comparten una identidad cultural concreta, como hace la populista de derecha francesa Marine Le Pen cuando lo invoca para promover políticas que dan prioridad a los ciudadanos franceses.

Del mismo modo, otros lo consideran directamente superpuesto a las agrupaciones nacionales. Vox, por ejemplo, suele afirmar que habla en nombre de “el pueblo español”.

Sin embargo, otros, como la populista alemana Sahra Wagenknech –cuya posición política combina elementos de la extrema izquierda y la extrema derecha–, utilizan el término para referirse a grupos económicamente desfavorecidos, por ejemplo, defendiendo a aquellos que han sido “olvidados durante años por los políticos”, para promover salarios más altos y prestaciones sociales más sólidas.




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Aunque los miembros de este grupo imaginario pueden ser completamente diferentes, los populistas de todo el espectro político presentan a “el pueblo” como un colectivo unificado y moralmente bueno cuyos intereses están siendo ignorados o traicionados por élites corruptas. Las figuras y los partidos populistas se presentan a sí mismos como la solución, una fuerza que es la única capaz de comprender y servir a un electorado oprimido y desatendido.

Es tan importante prestar atención a quiénes incluyen los políticos en esta comunidad imaginaria como a quiénes excluyen. En la derecha, esto suele seguir líneas culturales o raciales, mientras que la izquierda suele excluir a las clases sociales más ricas.

Los políticos populistas pueden llegar incluso a sugerir que cualquiera que no esté de acuerdo con ellos no pertenece en realidad a “el pueblo”. El británico artífice del Brexit Nigel Farage lo expresó en los términos más literales cuando dijo: “Nosotros somos el pueblo. El Partido del Brexit es el pueblo”.




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Los seguidores populistas

Investigaciones anteriores han medido el grado de identificación de los votantes individuales con “el pueblo”. Sin embargo, para comprender mejor qué significa pertenecer a este grupo, también debemos dar un paso atrás y analizar las interpretaciones, emociones y experiencias que los simpatizantes asocian a esta comunidad imaginada.

Una forma de hacerlo es hablar con miembros de diferentes movimientos populistas, con el fin de comprender su visión. Otra forma puede ser analizar la comunicación entre ellos en comunidades en línea. Estos espacios ofrecen un entorno sin límites geográficos para interpretar conjuntamente los mensajes políticos, desarrollar un sentido compartido de identidad y pertenencia, y negociar quién está incluido –y quién excluido– en “el pueblo”.




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Mi propia investigación ha seguido estas dos líneas. En un estudio reciente, analicé 6 000 interacciones en comunidades en línea, así como 33 entrevistas en profundidad con simpatizantes populistas de derecha e izquierda. El análisis reveló que se identificaban con “el pueblo” de tres maneras: a través de cómo imaginan al grupo, cómo se sienten respecto a él y cómo experimentan el hecho de formar parte de él.

Tal y como sugieren investigaciones anteriores, los seguidores suelen imaginar a “el pueblo” como trabajador, merecedor y moralmente legítimo. Los partidarios de la derecha vinculan esta identidad con la pertenencia cultural, mientras que los de la izquierda hacen hincapié en la identidad de la clase trabajadora.

Sin embargo, esta identificación también es profundamente emocional. Los seguidores expresan un gran afecto y lealtad hacia sus políticos populistas preferidos, al tiempo que muestran ira y miedo hacia las élites, los oponentes y los grupos que consideran una amenaza para la comunidad. También expresan un profundo amor y comprensión hacia los demás miembros de “el pueblo”, tanto si esta comunidad es más abstracta como si está formada por personas concretas con las que están en contacto, ya sea en línea o en el mundo físico.

Asimismo, experimentan el grupo a través de las relaciones y la participación política. La interacción con otras personas que perciben como miembros genera un sentimiento de pertenencia, validación y propósito, mientras que la actividad política –ya sea en persona, en mítines y manifestaciones, o en línea– puede reforzar este sentido de comunidad y fomentar una mayor participación.

En conjunto, esto sugiere que el apoyo populista no se reduce únicamente a ideas o políticas concretas. La identificación con “el pueblo” funciona porque la flexibilidad del término permite a los políticos enmarcarlo de formas convincentes, y porque las interpretaciones de los simpatizantes coinciden con esos mensajes políticos.

Pero también es una fuente de aspiración, ya que ofrece un sentido de comunidad y pertenencia a quienes llegan a verse a sí mismos como parte de este grupo. Ayuda a los seguidores a sentir que pertenecen a algo, que los demás los comprenden y que están conectados a un propósito común.

The Conversation

Clara Juarez Miro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Los populistas afirman hablar en nombre de “el pueblo”, pero ¿a quiénes se refieren realmente? – https://theconversation.com/los-populistas-afirman-hablar-en-nombre-de-el-pueblo-pero-a-quienes-se-refieren-realmente-291933

Los récords del turismo comprometen el agua cuando y donde más escasea en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jaime Martínez Valderrama, Científico Titular, Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA – CSIC)

Veraneantes en una playa de Torrevieja, Alicante. Alex Tihonovs/Shutterstock

Cada año, España bate su récord de turistas. Los 58,1 millones de visitantes hasta julio –otro récord pulverizado– apuntan a que en 2026 rebasará los 100 millones de turistas. Son buenas noticias para las grandes cifras macroeconómicas. Más turistas implica un mayor crecimiento del PIB y del empleo. El sector turístico es un motor de la economía española. Se estima que ha supuesto en el año 2024 un 12,6 % del PIB, una cifra superior en un 109 % a la de 2021, y generó más de 2,7 millones de puestos de trabajo, el 12,3 % del empleo total.

Pero todos esos logros a escala de país no siempre coinciden con la percepción ciudadana. Cuando se orientan cada vez más hacia la demanda turística, los centros urbanos se transforman, perjudicando a la población local. Los barrios pierden su alma al mismo ritmo que las ciudades de todo el mundo adquieren un extraño parecido entre sí.

La presión turística puede terminar desplazando a los propios habitantes. Los precios de la vivienda –que también baten récords– aumentan y cada vez más inmuebles se destinan al alojamiento turístico. Cambia la vida cotidiana: desaparecen comercios de proximidad, sustituidos por negocios orientados al visitante; el ruido y la actividad constante dificultan el descanso y los espacios de encuentro y convivencia se convierten progresivamente en escenarios para el consumo turístico. El descontento ha llegado al extremo de alimentar movimientos contra el turismo masivo y de extender el término turismofobia.

Mayor consumo de agua cuando más escasea

En el plano medioambiental, esta presión turística se traduce, entre otros impactos, en desertificación y, más específicamente, en el deterioro y declive de los recursos hídricos de las zonas áridas. El grueso de turistas visita España en el peor momento del año hidrológico y se siente especialmente atraído por las zonas áridas, es decir, aquellas en las que menos llueve y más agua se evapora, con lo que su balance hídrico es muy pobre.

Mapa que muestra la aridez en las diferentes regiones de España por colores, de verde a rojo (mayor aridez).
Índice de aridez medio en España para el periodo 1991-2020.
Beguería et al. (2025)/Atlas de la Desertificación de España, CC BY-SA

Pasado el mes de junio, las reservas hídricas van menguando y es entonces cuando se llenan miles de piscinas y la población de muchos municipios aumenta considerablemente.

No se trata de un consumo de agua extraordinario si lo miramos a escala de país. El turismo apenas representa una pequeña fracción del abastecimiento urbano –alrededor de 130 hm³ al año, aunque este dato no considera las viviendas de uso turístico–, que a su vez representa el 17 % del consumo de agua (frente al 77 % del uso agrario, unos 22 000 hm³ al año). Sin embargo, al concentrarse en el momento y en los territorios más desfavorables desde el punto de vista hídrico, su incidencia a escala local puede ser mucho mayor de lo que refleja su peso en el consumo total de agua del país.

Las áreas más afectadas

El turismo se concentra principalmente en el litoral mediterráneo, Andalucía atlántica, Canarias y las grandes urbes de Madrid y Barcelona. Estos territorios forman parte de las zonas con un estrés hídrico extremadamente alto, que ocupan un 43 % del país. Este índice representa la ratio entre el total de agua utilizada y el total de recursos renovables y fluctúa entre 1 (poco estrés) y 5 (máximo estrés) de acuerdo al porcentaje de agua extraída anualmente.

Así, en los territorios con estrés hídrico 5 (supone extraer más del 80 % del agua renovable disponible), y durante cualquier período mínimo de sequía, el aumento repentino del consumo (como el causado por turismo) o alteración en la calidad del agua se traduce directamente en una crisis severa de desabastecimiento.

Algunos datos hablan por sí mismos de la presión a la que están sometidos territorios donde no sobra el agua. El 63 % de los municipios con más de un millón de pernoctaciones se encuentran en zonas con un estrés hídrico alto o extremadamente alto, y otro 35 % en zonas con estrés medio-alto. Además, el 69 % de las pernoctaciones entre junio y septiembre –el período más vulnerable desde el punto de vista del suministro de agua– tiene lugar en estas zonas sometidas a mayor estrés hídrico.

Si comparamos la población de los municipios (dato de 2020) con la media anual de turistas que reciben (período 2020-2025), nos encontramos con cifras difíciles de creer. Por ejemplo, Jávea (Alicante), con 20 016 habitantes, recibe una media de 283 590 turistas al año; Ciutadella (Menorca) recibe 15,8 veces más turistas que habitantes (30 588 frente a 485 069) y Roses (Girona), 16,8 veces más (19 807 frente a 332 793).




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Sin duda, esta avalancha de personas contribuye a la economía local, pero también conlleva impactos ambientales que, en muchas ocasiones, pueden ser irreversibles.

A ello se añade la apuesta por un modelo urbano disperso en muchos destinos turísticos, asociado a la búsqueda de una supuesta mayor calidad de la oferta, pero que implica un mayor consumo de recursos naturales, especialmente suelo y agua. En un adosado o un chalet, el consumo de agua puede multiplicar por cuatro o cinco el de un modelo de ciudad compacta.

También hay que considerar la proliferación de piscinas individuales, con ratios inferiores a 20 habitantes por piscina en muchas provincias del litoral mediterráneo, muy por debajo de la media nacional.

Lista y mapa que muestra el número de habitantes por piscina en las provincias españolas
Habitantes por piscina en las provincias españolas.
IGN-CNIG

Dunas, lagunas y ríos alterados

Además de añadir presión a unos recursos hídricos ya de por sí raquíticos, estas cifras del turismo han ido acompañadas del deterioro de buena parte de la franja litoral. Bajo el cemento, las urbanizaciones, los alojamientos turísticos, los campos de golf y las infraestructuras han quedado sepultados ecosistemas dunares y lagunas costeras desde los años sesenta del pasado siglo, al tiempo que se han alterado los desagües naturales del territorio.

Ramblas, rieras y torrentes reaparecen con fuerza durante los temporales de otoño e invierno, con su dinámica torrencial, poniendo de manifiesto las consecuencias de una ocupación poco ordenada del territorio.

La orientación del turismo hacia zonas áridas coincide, en realidad, con los lugares que la población general también ha elegido para vivir. Una gran parte de la población española y el grueso de los turistas que nos visitan se concentran en las zonas dotadas con mejores infraestructuras de todo tipo, las cuales están, en general, en zonas áridas.




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Aunque en el imaginario colectivo las zonas áridas se tienen por territorios pobres y despoblados, en los que el viento arrastra salicornios como en las películas del Oeste, lo cierto es que el 80 % de la población española vive en zonas áridas, una tendencia que se ha ido reforzando con el paso de los años.

Madrid y Barcelona, por ejemplo, se asientan en zonas áridas, como ocurre con otras grandes capitales y con buena parte del litoral mediterráneo. No debe sorprendernos si tenemos en cuenta que el 67 % de España es árido.

La desertificación –y, en este caso, el turismo masivo– debe abordarse desde la planificación territorial, mediante un conjunto de medidas que permitan ajustar las demandas a los recursos disponibles y utilizarlos de manera eficiente, sin olvidar que una parte de esos recursos debe quedar reservada para el sostener las funciones vitales de la naturaleza, imprescindible para nuestra supervivencia y bienestar.

The Conversation

Jaime Martínez Valderrama ha recibido fondos del proyecto ATLAS financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)

Javier Martí Talavera ha recibido fondos del proyecto ATLAS financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)

Jorge Olcina Cantos ha recibido fondos del proyecto ATLAS de la Desertificación en España, financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)

Juanma Cintas recibe fondos del proyecto ATLAS de la Desertificación en España, financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)

Fernando Gallardo Olmedo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Los récords del turismo comprometen el agua cuando y donde más escasea en España – https://theconversation.com/los-records-del-turismo-comprometen-el-agua-cuando-y-donde-mas-escasea-en-espana-289001