Ni ‘abuelos’ ni ‘pensionistas’, son adultos mayores: cómo los medios alimentan el edadismo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Idoia Camacho Markina, Profesora de Formación de Portavoces y Periodismo Especializado, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

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Imagine abrir el periódico cada mañana y descubrir que el retrato que se hace de la gente de su edad es el de personas frágiles, dependientes y sin voz propia. Pues bien, esa es la realidad que enfrentan las personas mayores que aparecen en los medios de comunicación. Y lo preocupante es que esas imágenes no solo influyen en cómo la sociedad las ve, sino también en cómo ellas se perciben a sí mismas.

Hemos analizado 21 estudios internacionales sobre la representación de los adultos mayores en la prensa, la radio y la televisión. La conclusión fue clara: los medios los muestran poco, y cuando lo hacen suelen recurrir a narrativas negativas o estereotipadas.

Invisibles, estigmatizadas o presionadas

Las personas mayores aparecen en los medios mucho menos de lo que correspondería a su peso demográfico, y cuando aparecen es habitual que otras voces hablen por ellas en lugar de ofrecerles un espacio directo para expresarse. Esa ausencia de protagonismo refuerza su invisibilidad en la sociedad.

Además, las noticias tienden a presentarlas como una carga económica o familiar. O bien se las reduce a la imagen del abuelo entrañable, pero pasivo, sin capacidad de decisión.

El resultado es el edadismo o estigmatización de la vejez, que identifica esta etapa de la vida con un colectivo homogéneo que no refleja la diversidad real de experiencias que tienen los individuos que lo forman.

En los medios abundan los estereotipos negativos sobre las personas mayores. También ocurre que, en ocasiones, promueven una visión excesivamente positiva, la del “envejecimiento exitoso” basado en mantenerse eternamente joven, activo y productivo.

Aunque pueda parecer un retrato amable, esta narrativa genera nuevas presiones, porque si no encajas en ese modelo idealizado quedas excluido. La vejez se convierte así en un examen constante donde solo aprueban quienes logran ocultar los signos del paso del tiempo.

Palabras y fotografías que pesan

El lenguaje construye realidades. Y, en el caso de la vejez, muchas palabras siguen cargadas de connotaciones negativas. Los estudios analizados muestran que los términos empleados con frecuencia en la prensa –“dependientes” o “ancianos”– consolidan visiones excluyentes. Expresiones como “pensionistas” y “abuelos” reducen a las personas mayores a una sola faceta, borrando su individualidad.

Por el contrario, hablar de “personas mayores” o “adultos mayores” ayuda a reconocerlas como sujetos plenos de derechos y a reflejar la diversidad de trayectorias vitales existentes.

Si las palabras importan, las imágenes también. Aunque no abundan las investigaciones que analicen cómo se ilustran las noticias sobre personas mayores, los estudios disponibles apuntan a un patrón repetido: fotografías de bastones, manos arrugadas o grupos de gente sin rostro definido.

Estas imágenes refuerzan la idea de fragilidad y dependencia. Rara vez muestran a adultos mayores en entornos laborales o en posiciones de liderazgo, a pesar de que muchos de ellos forman parte activa de la vida social, económica y cultural.

Un espejo social deformado

El envejecimiento de la población es una de las transformaciones sociales más significativas del siglo XXI, con implicaciones en casi todos los ámbitos. Las Naciones Unidas han designado el 1 de octubre como el Día Internacional de las Personas de Edad. Es un llamamiento a la acción colectiva para reconocer las contribuciones de las personas mayores y construir un futuro más inclusivo.

Este llamamiento tiene en los medios de comunicación un aliado clave. Porque los medios no solo informan, también construyen realidad. Deciden qué temas entran en la agenda pública, qué voces se escuchan y cuáles permanecen en silencio.

Representar mal la vejez tiene consecuencias directas en la autoestima, la salud y la participación social de las personas mayores. Cuando la única narrativa disponible las describe como frágiles, improductivas o fuera de lugar, se corre el riesgo de que esas visiones se interioricen y se conviertan en profecías autocumplidas.

A la vez, los estereotipos mediáticos influyen en cómo el resto de la sociedad se relaciona con ellas, desde políticas públicas que no atienden a sus necesidades hasta actitudes cotidianas de condescendencia o exclusión.

Cómo cambiar la historia

Organismos internacionales y asociaciones de periodistas han elaborado guías que ofrecen recomendaciones para revertir el edadismo mediático:

  • Utilizar un lenguaje respetuoso y evitar términos y expresiones estigmatizantes.

  • Incluir la voz directa de las personas mayores como fuentes informativas, no solo como testimonios emocionales.

  • Mostrar su diversidad: hay mayores activos, frágiles, profesionales, voluntarios, cuidadores y líderes comunitarios.

  • Utilizar imágenes que los muestren en roles variados y en contextos positivos.

Es urgente que el periodismo asuma su responsabilidad. Así como ya nadie cuestiona la necesidad de un tratamiento responsable en las noticias de la violencia de género o del racismo, la vejez también merece un relato justo, plural y libre de prejuicios.

Los medios tienen la capacidad, y el deber, de contar esas historias diversas en toda su complejidad. Porque cuando la vejez se narra con respeto, no solo se combate el edadismo, también se construye una sociedad más inclusiva para todos, en cualquier etapa de la vida.

The Conversation

Idoia Camacho Markina no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Habilidades para gestionar los conflictos, clave en las parejas adolescentes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrés A. Fernández Fuertes, Área de Psicología Evolutiva y de la Educación, Departamento de Educación, Universidad de Cantabria

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Laura y Marcos, de 18 años, llevan apenas dos meses saliendo cuando surge su primera discusión. El viernes Marcos quedó con sus amigos sin decírselo a Laura. Ella, que contaba con verle, se enteró por las redes de dónde y con quién estaba. Laura se sintió desplazada y optó por ignorar los mensajes de Marcos. Él al principio bromeaba, tratando que quitar importancia, pero después se enfadó: se sentía despreciado.

¿Resulta familiar? Podemos cambiar los personajes o la situación concreta y seguramente la escena nos suene. ¿Quién no ha tenido un conflicto? Los conflictos forman parte de la vida cotidiana. Especialmente en relaciones de pareja, porque hay mucha intimidad. Son casi inevitables.

Pero cuando hablamos de las primeras relaciones sexuales y de pareja, las que establecemos en la adolescencia y primera juventud, la manera en la que hemos aprendido a gestionar estos conflictos (normalmente influida por lo que hemos visto en casa o entre los demás compañeros o iguales) puede resultar determinante no solo para la viabilidad de esa relación, sino para cómo nos enfrentamos y establecemos otras relaciones en nuestra vida adulta.




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En ocasiones, la ausencia de una educación sexual integral, sumada al consumo de pornografía y al uso abusivo de redes sociales incrementa el riesgo de gestionar mal los conflictos, incluso con agresividad. Nuestro reciente estudio con parejas jóvenes concluyó que, cuando los conflictos se afrontan mal, es más probable que también se cometan agresiones sexuales.

Afrontar los conflictos

Una buena pareja no es aquella que no tiene discusiones, sino la que gestiona sus diferencias bien. Incluso en medio del conflicto aparecen gestos positivos que indican cariño (algo de humor, caricias, empatía,…) y amortiguan lo negativo. Cuando el afecto y la comprensión faltan, las relaciones se desgastan, aumentando el riesgo de ruptura. De hecho, las parejas con dificultades serias suelen caer en bucles de negatividad: a una reacción dura le sigue otra igual o peor (sarcasmo, desprecios…) que inflama el conflicto.

El conflicto de Laura y Marcos se puede afrontar de maneras bien distintas. Si se hace con agresividad o indiferencia, da pie a hacer lo mismo o a responder con ironía y reproches. Si además se ignoran otros posibles puntos de vista y se usan etiquetas (“siempre”, “nunca”,…), probablemente aparecerá más rencor, suspicacias y distanciamiento. Consecuencia: hostilidad, recelo, intentos de control e insatisfacción con la relación.

Pero se podría abordar constructivamente: Laura expresando cómo se sintió (“ninguneada al enterarme la última”) y pidiendo algo concreto (“avísame si tienes otros planes”); por su parte, Marcos puede validar el malestar de Laura (“entiendo que te haya molestado”) y dar su versión. También pueden acordar tener una comunicación más clara y no esquivar los conflictos bromeando. Consecuencia: comprensión, afecto y confianza que fortalecen la relación.

Relaciones de buena calidad

¿Tienen algo que ver las habilidades para resolver conflictos con problemas como la agresividad? Sí: el uso de estrategias constructivas (negociación colaborativa, escucha empática, asertividad,…) es un claro indicador de calidad relacional (satisfacción, compromiso, complicidad,…). Por el contrario, las estrategias negativas (confrontación hostil, obviar los problemas, manipular,…) se relacionan con la presencia de agresiones, quizá porque revelan falta de comprensión y respeto hacia necesidades ajenas.

¿Cómo se desarrollan esas habilidades? Resolver conflictos es una habilidad compleja. Combina procesos cognitivos (analizar el problema, generar opciones,…), emocionales (autorregularse, tolerar la frustración) y sociales (escuchar, negociar,…). Esto se adquiere en contextos sociales, observando qué hacen otros y cuáles son las consecuencias. También actuando personalmente y ajustando el comportamiento según los resultados.




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Lógicamente aquellos con quienes tenemos una relación más estrecha (familia, amigos y pareja) condicionan más lo que pensamos, sentimos y hacemos. Por tanto, aunque toda la sociedad educa –y de diferentes maneras–, durante la infancia y la adolescencia, la escuela y la familia son protagonistas.

Enseñar a resolver conflictos en la escuela

La escuela es un lugar idóneo para aprender a resolver conflictos reales de forma constructiva. La educación emocional es clave, con prácticas diarias que fomenten diálogo, respeto y tolerancia. He aquí algunas estrategias útiles:

  • Juegos de rol, en los que practicar cómo reaccionar ante situaciones ficticias (mi pareja me presiona para tener sexo sin preservativo).

  • Asambleas, en las que compartir preocupaciones (cómo se sabe si ya no funciona la relación).

  • Entrenamiento en habilidades comunicativas, como asertividad y escucha activa (cómo decir y recibir que algo gusta o no gusta).

El ejemplo del personal del centro es decisivo: si la conducta contradice el discurso, el mensaje pierde fuerza. Cuando un adulto es irrespetuoso, agresivo, abusa de su autoridad o minimiza necesidades u opiniones del alumnado, ¿de qué sirve pedir que resuelvan sus conflictos constructivamente? El ejemplo diario cala más que cualquier intervención formal. Actuar con serenidad ante un conflicto, pedir al alumnado que se explique, escuchar sin cuestionar ni juzgar y buscar soluciones justas y realistas genera aprendizajes duraderos.

La familia como lugar seguro

La manera de abordar los conflictos en la familia, especialmente durante la infancia, tiene una influencia profunda en cómo los afrontan los más jóvenes. Al igual que en la escuela, los ejemplos de discusiones respetuosas, sin gritos ni desprecios o silencios que dañan, es la mejor manera para interiorizar estos aprendizajes.

Sentir que se validan nuestras emociones y necesidades, que se nos tiene en cuenta y que merecemos ser escuchados, aunque quizá no tengamos razón, anima a hacer lo mismo. En familia deberíamos sentirnos libres para expresar opiniones y obligados a escuchar las de los demás. Aunque pueda haber conflictos serios, nunca debería estar en cuestión el amor. Las familias deben ser lugares seguros, donde el conflicto es una oportunidad de crecimiento, nunca una amenaza.

De la convivencia positiva a las relaciones sanas

En nuestro estudio con parejas jóvenes se concluía la importancia de fomentar precozmente vínculos seguros en estas relaciones, buscando el equilibrio en la toma de decisiones y promoviendo estrategias positivas de gestión del conflicto. La educación sexual integral, así como la ética del cuidado y del respeto mutuos, enseñan habilidades que facilitan establecer relaciones saludables.

Enseñar a manejar conflictos constructivamente desde la infancia lleva a sociedades basadas en el respeto, la comprensión y el afecto auténticos. Porque es mejor aprender a construir puentes que muros, a escuchar que ignorar o gritar, a comprender que simplemente juzgar.

The Conversation

Andrés A. Fernández Fuertes recibió fondos de la Junta de Castilla y León (SA121G18) y del Ministerio de Economía y Competividad (PSI2013-46830-P) para la realización de este estudio.

Isabel Vicario-Molina recibe fondos de la Junta de Castilla y León (SA121G18) y del Ministerio de Economía y Competividad (PSI2013-46830-P) para la realización de este estudio.

ref. Habilidades para gestionar los conflictos, clave en las parejas adolescentes – https://theconversation.com/habilidades-para-gestionar-los-conflictos-clave-en-las-parejas-adolescentes-262526

Más allá de la especialización: las ventajas de la colaboración entre saberes en la universidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Francisco Alfonso Jaramillo, Profesor del área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Universidad de Huelva

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Imaginemos que una universidad decide poner en marcha un proyecto para diseñar un automóvil de carreras. Necesitaría un equipo interdisciplinar: además de ingenieros mecánicos, aerodinámicos y electrónicos, harían falta también programadores de software, diseñadores industriales, expertos en seguridad y especialistas en estrategias y análisis de datos, así como un equipo de comunicación o marketing, entre otros.

Este tipo de proyectos solamente son posibles con una colaboración entre diferentes disciplinas, no necesariamente relacionadas. En un mundo caracterizado por desafíos complejos y en constante cambio, ser capaces de pensar más allá de los límites de nuestra especialidad nos prepara para los futuros retos laborales e incrementa nuestra motivación.

¿Qué es la interdisciplinariedad?

¿Cómo podemos definir el concepto de interdisciplinariedad? Es un método para resolver problemas que combina conocimientos y formas de pensar de diferentes disciplinas.

Por ejemplo, diseñar estrategias de prevención frente a una pandemia requeriría de la colaboración entre disciplinas como la medicina, la sociología, la economía o la comunicación. Ninguna de estas ciencias, por sí sola, sería capaz de trazar un plan integral que abarque el problema en toda su amplitud. Solo mediante la interdisciplinariedad podemos llegar a desarrollar todo nuestro potencial.

Es el enfoque más eficaz para comprender y afrontar problemas complejos, al integrar diversas perspectivas que ninguna disciplina ofrece por sí sola. De hecho, su papel en la educación ha sido revitalizado gracias a la difusión de las metodologías STEM, que parten de problemáticas aplicadas al mundo real, incentivándose su resolución mediante el trabajo en equipo entre diferentes saberes.




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Formación integral del estudiante

Uno de grandes los beneficios de la interdisciplinariedad es que fomenta el aprendizaje significativo. Al enfrentarse a diferentes formas de entender el conocimiento, los estudiantes desarrollan un pensamiento más crítico y una mejor capacidad para analizar problemas en diversos escenarios.

El pensamiento crítico es una de las habilidades más necesarias para el desempeño profesional en un futuro marcado, previsiblemente, por avances tecnológicos rápidos e impredecibles.

Involucrarse en proyectos interdisciplinares, además, da la oportunidad de poner en práctica los conocimientos propios de su especialidad en un contexto más amplio, comprendiendo la conexión de su área con otras. De esta manera, los estudiantes que participan en experiencias interdisciplinares desarrollan una mayor comprensión de cómo se conectan los conceptos y cómo se aplican sus conocimientos en el mundo real.




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A continuación, enumeramos más ventajas de la interdisciplinariedad universitaria.

1. Promoción de la innovación y la creatividad

Cuando estudiantes y docentes de distintas disciplinas trabajan en equipo, se potencia la creatividad. Esa colaboración da lugar a la aparición de ideas que difícilmente surgirían si cada uno trabajara por separado.

La innovación no es más que una práctica que implica la combinación de diferentes tipos de saberes. Las estructuras universitarias deben facilitar estos procesos para mantenerse relevantes ante los desafíos del siglo XXI.

2. Fortalecimiento del compromiso social universitario

Las universidades tienen la responsabilidad de generar impacto más allá de sus aulas. Las intervenciones interdisciplinares, especialmente cuando se orientan a comunidades externas y construyen proyectos para dar respuesta a necesidades reales pueden llegar a provocar impactos duraderos. La comunidad universitaria sale de sus límites y participa más activamente de la realidad social.

3. Incentivo a la investigación colaborativa

El trabajo interdisciplinar en las universidades suele dar lugar a proyectos de investigación más fuertes y colaborativos. Además, facilita el acceso a fuentes de financiamiento que priorizan la unión de diferentes áreas del conocimiento.

Este tipo de colaboración no solo mejora la calidad de las investigaciones: también amplía su visibilidad y alcance, logrando impactar a audiencias más amplias.

4. Mejora de la empleabilidad de los egresados

El mundo laboral exige mucho más que conocimientos técnicos. Las experiencias interdisciplinares ayudan a los estudiantes a trabajar en equipos diversos, tomar decisiones éticas y comunicarse con claridad en diferentes ámbitos.

Según el World Economic Forum, la adaptabilidad, la resolución de problemas complejos y la colaboración multidisciplinar son competencias esenciales para los trabajos del futuro. Todas estas cualidades se fortalecen cuando se apuesta por la interdisciplinariedad.

Transformación de las estructuras universitarias

El reto no es sencillo. Implementar prácticas interdisciplinares implica repensar las estructuras organizativas. Esto incluye currículos más flexibles, programas compartidos entre distintas facultades y métodos de enseñanza más activos.

Las universidades que adoptan modelos interdisciplinares tienden a generar estructuras más dinámicas y resilientes, capaces de adaptarse a entornos educativos en constante cambio.

La pandemia obligó al sistema educativo a reorganizarse y digitalizarse a todos los niveles para garantizar la educación virtual. A partir de aquellas circunstancias, se pusieron en marcha proyectos interdisciplinares. En Ecuador, por ejemplo, se estableció el plan educativo Aprendamos juntos, reforzando la interdisciplinariedad a través de proyectos diseñados aunando Ciencias, Arte, Educación Física y Matemáticas para asegurar la continuidad y calidad de la educación en línea en un contexto de emergencia.

Ejemplos de proyectos interdisciplinares

Cualquier campo del conocimiento permite trabajar con distintos enfoques combinados. Desde trabajos para abordar el cambio climático usando energías renovables para tratar la transición energética en países africanos, a iniciativas para facilitar el análisis de prensa histórica digitalizada a gran escala, pasando por proyectos para diseñar e implementar un programa interdisciplinar sobre aprendizaje automático e inteligencia artificial.

Estudiantes que han participado en proyectos de este tipo afirman haber ampliado perspectivas.

La educación con una perspectiva transversal promueve una ciudadanía más crítica.

Adoptar este enfoque exige compromiso institucional, innovación curricular y voluntad de transformación. Sin embargo, los resultados son claros: una universidad más inclusiva, flexible, relevante y conectada con los tiempos que vivimos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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De panaceas a venenos: así ha cambiado la percepción de algunos elementos químicos a lo largo de la historia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Culleré Varea, Profesora titular de la Facultad de Ciencias de la Salud., Universidad San Jorge

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De sobra se conoce la toxicidad que presenta la exposición a algunos elementos químicos de la tabla periódica, como el radio, mercurio, plomo o el arsénico. No obstante, se ha necesitado mucho tiempo para que el avance de la ciencia fuera evidenciando su verdadero efecto de en nuestra salud. Un impacto que no siempre se percibió como nocivo, sino todo lo contrario.

¿Cuál eran los usos de estos elementos en sociedades antiguas y qué creencias había en torno a ellos?

Radio: un descubrimiento digno del Premio Nobel

Este elemento radioactivo fue descubierto en 1898 por Marie y Pierre Curie cuando estaban estudiando el uranio y sus propiedades, un hallazgo por el que ambos científicos recibieron el Premio Nobel.

El radio es el único metal alcalino-térreo radiactivo, y el más raro. Se forma en pequeñas cantidades cuando átomos de metales más comunes como el uranio o el torio se desintegran. Aunque en la actualidad se sabe que el radio causa, entre otros efectos adversos, anemia, cataratas, fractura de dientes, cáncer y muerte, todavía se desconoce la relación entre la cantidad y el tiempo necesarios para provocarlos.

Teniendo en cuenta lo dañino que puede llegar a ser este metal, es sorprendente que a principios del siglo XX se usara de manera tan frecuentemente. Entre otros muchos ejemplos, las pinturas luminosas, como las empleadas en las esferas de los relojes que brillaban en la oscuridad, contenían radio, lo que solía hacer enfermar por cáncer a las personas que trabajan con ellas.

Más llamativo resulta todavía saber que hasta la década de 1940 existía la creencia de que su radiactividad era beneficiosa, haciendo más fuerte a quien lo ingiriera y proporcionándole energía. Por ello, se comercializaban viales con uno de sus compuestos (el cloruro de radio), así como cremas elaboradas con este metal para mejorar la piel. Tal era el desconocimiento sobre sus efectos adversos que a principios del siglo pasado existían los surtidores de radio, que lo añadían al agua con el fin de hacerla más saludable.




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Un traguito de mercurio para alcanzar la eternidad

El mercurio (Hg), único metal líquido a temperatura ambiente, es un mineral que puede ser muy dañino para los sistemas nerviosos, digestivo e inmunitario, así como para los pulmones, los riñones, piel y ojos cuando se inhala o ingiere.

Está clasificado por la OMS como una de las 10 sustancias químicas más peligrosas para la salud pública y, si bien su uso es en la actualidad muy limitado, todavía se sigue usando en algunas pilas y bombillas fluorescentes compactas de bajo consumo.

La intoxicación por este metal líquido puede producir el síndrome del sombrerero loco, un cuadro psicótico o depresivo acompañado de manifestaciones neurológicas (cefaleas, temblores, ataxia cerebelosa, etc.).

A pesar de su toxicidad, en la antigüedad se usaban en tratamientos para enfermedades como la lepra o el estreñimiento, y los alquimistas creían que su consumo incluso podía prolongar la vida hasta hacer alcanzar la inmortalidad. Pero, además de sus aplicaciones en salud, durante los imperios egipcio y romano se usaba como elemento de bisutería y pigmento en cosmética.




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Plomo: de la medicina a la guerra

El plomo es un elemento altamente tóxico y acumulativo que afecta principalmente al sistema nervioso de niños y adultos. También puede producir debilidad en los dedos, las muñecas o los tobillos, y anemia tras una exposición prolongada.

A día de hoy tiene un uso muy limitado, dirigido a la fabricación de baterías para vehículos, en blindaje radiológico (gracias a su capacidad para proteger contra radiación), así como cubierta para cables de teléfono, televisión o Internet.

Antiguamente, era un material mucho más extendido. Por ejemplo, siglos atrás se utilizaba en láminas para escribir, en la antigua Roma servía para fabricar tuberías y en la Edad Media se incorporaba a los revestimientos del armazón de madera de las flechas [https://desguacesballestero.es/el-plomo-un-metal-con-mucha-historia-2/].

Diversos compuestos con plomo se usaban además como astringentes, en farmacia y medicina, para controlar la secreción de fluidos, así como en pinturas, tintes del cabello e insecticidas.




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Arsénico: el elixir que tantas enfermedades curaba

El uso del arsénico (As) ha disminuido considerablemente debido a sus propiedades tóxicas, limitándose a la industria para la fabricación de vidrios y componentes electrónicos. Pero, aproximadamente 2400 años atrás, se empleó en la preparación de productos terapéuticos por médicos griegos tan importantes como Hipócrates y Dioscórides.

La popularidad de este metal como agente terapéutico llegó a su cúspide a principios y mediados del Siglo XX, cuando era empleado para tratar patologías diversas, desde enfermedades venéreas como la sífilis, pasando por la diabetes, hasta ser recetados como tónicos (vigorizantes), fortificantes y elixires. Hasta principios del S XIX la mezcla de este mineral con oro se molía y se añadía a pinturas; y las puntas de las balas se elaboraban con arsénico fusionado con plomo.

Sabiendo ya algunos detalles del uso de estos cuatro elementos a lo largo de la historia, merece la pena prestar atención a una frase del célebre médico y alquimista del Renacimiento Paracelso, considerado el padre de la toxicología: “todo es tóxico dependiendo de la dosis, la presentación, la vía de exposición y los factores medioambientales”. Una frase que se podría completar añadiendo una puntilla: “y de los avances científicos de la época”.

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Laura Culleré Varea no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Jimmy Kimmel no es primer cómico censurado en Estados Unidos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Doina Repede, Profesora de Lengua española, Universidad de Granada

Jimmy Kimmel con el actor Billy Crystal en un programa de _Jimmy Kimmel Live!_ de 2024. Jimmy Kimmel Live!

A lo largo de la historia, la comedia ha sido una de las mejores formas de cuestionar el poder y burlarse de él. Ya en la antigua Grecia, dramaturgos como Aristófanes se reían de los líderes y mostraban sus abusos. En la Edad Media, los bufones podían decirle al rey lo que nadie más se atrevía.

También hoy en día los cómicos ridiculizan el poder, señalan sus errores y los critican. Por eso, la risa, muchas veces, más que entretenimiento, funciona como una herramienta para mantener la democracia viva y la sociedad alerta.

De la crítica y sátira política a la censura

Caricatura en la que el rey Jorge III recibe un puñetazo en la nariz del presidente estadounidense James Madison durante la Guerra de 1812.
En esta caricatura de William Charles, el rey Jorge III recibe un puñetazo en la nariz del presidente estadounidense James Madison durante la Guerra de 1812.
Librería del Congreso de los Estados Unidos.

Por ejemplo, en Estados Unidos, la crítica y la sátira política tienen una historia larga. En el siglo XVIII, los colonos ya se burlaban del gobierno británico con caricaturas y escritos. Benjamin Franklin usaba la sátira para cuestionar a los británicos durante la independencia. En el siglo XIX, escritores como Mark Twain recurrían a ella y a la ironía para criticar la esclavitud y el racismo presente en el país.

En los siglos XX y XXI la tradición no se detuvo. La sátira encontró en los presidentes su blanco favorito. Así, hubo risas a costa de Richard Nixon, Ronald Reagan, Bill Clinton, George Bush, Barack Obama y… Donald Trump.

Pero cuando uno ya no se siente libre para opinar, criticar, reírse del poder, la democracia empieza a tambalearse. Y no hay señal más peligrosa para una democracia que cuando el poder intenta callar a quienes lo cuestionan, ya sea con amenazas, persecuciones o censura.

La situación actual

Es el caso reciente de Jimmy Kimmel y su programa Jimmy Kimmel Live! (ABC), que se canceló de forma repentina poco después de un comentario que aludía al movimiento MAGA (siglas de Make America Great Again), tras el asesinato de Charlie Kirk.

La Casa Blanca negó haber ejercido presiones, pero lo cierto es que Donald Trump celebró públicamente la cancelación. Además, Brendan Carr, presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) nombrado por Trump, llegó a pedir directamente que se despidiera a Kimmel, asegurando que había que tomar medidas “por las buenas o por las malas”. Y la petición –o, mejor dicho, la amenaza– se cumplió.

Nueve días después, tras días de titulares y un fuerte respaldo por parte de la población, el programa volvió a emitirse en Estados Unidos. Kimmel regresó con un monólogo cargado de emoción, ironías y un contundente desafio: “No hay nada más antiestadounidense que cancelar a un cómico”. El desafío no gustó, evidentemente.

El monólogo de regreso de Jimmy Kimmel duró más de lo normal y aprovechó para tratar el tema de su cancelación y la libertad de expresión.

El presentador Stephen Colbert sí que parece que tendrá ese destino, ya que CBS no renovará su late night en 2026. La emisora afirma que el motivo es económico, pero se sospecha que la cancelación tiene que ver con las críticas que el presentador hizo a un acuerdo al que la cadena llegó con Trump. Parece que para el poder no existe la regla más sabia de todas las reglas: no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti.

Lo ocurrido con Kimmel y Colbert no es un caso aislado en Estados Unidos. En el pasado, otros cómicos corrieron –con mayor o menor fortuna– la misma suerte por atreverse a ridiculizar el poder.

El humor como contrapoder

Mort Sahl (1927-2021) fue uno de los primeros comediantes en Estados Unidos en usar la comedia para hablar de política y actualidad. Su estilo era directo, irónico y muy cercano al público. Subía al escenario con notas en la mano y comentaba noticias y decisiones de los líderes con humor y crítica. Su éxito empezó a decaer tras el asesinato de John F. Kennedy en 1963. Su interés por los detalles del caso, su cuestionamiento de la versión oficial y su humor más oscuro hicieron que las cadenas de televisión se distanciaran de él y muchos de sus shows fueran cancelados. Aunque no fue prohibido oficialmente, su carrera en la televisión se vio afectada.

Durante los años 50, Lenny Bruce, uno de los comediantes más importantes de Estados Unidos, también fue vetado en televisión. Su humor no era solo para hacer reír: era para abrir los ojos. Hablaba de todo lo que la sociedad de aquel entonces prefería callar: política, religión, racismo, sexualidad… y lo hacía sin tapujos. No le importaba incomodar. Su objetivo era cuestionar las normas y mostrar las contradicciones de la sociedad. Y por su humor “obsceno” fue arrestado y juzgado varias veces.

Por su parte, Dick Gregory cambió por completo la forma de hacer humor afroamericano. Tenía un estilo sofisticado, satírico y evitaba los estereotipos y los chistes manidos. Fue el primer afroamericano en aparecer como invitado en el Tonight Show de la NBC, un logro histórico para la época. Pero a medida que su activismo político crecía, su presencia en televisión comenzó a disminuir. A finales de los años 60 muchas cadenas y programas evitaban invitarlo, mostrando cómo el humor podía incomodar.

De los Smothers Brothers a Howard Stern

Artículo en el que se anuncia la cancelación del programa de los Smothers Brothers.
Artículo en el que se anuncia la cancelación del programa de los Smothers Brothers.
The Calgary Herald, 3 de abril de 1969.

Quizás uno de los actos de censura política hacia cómicos más claros en una democracia fue el que sufrieron los hermanos Smothers. Tom y Dick Smothers tenían su show de comedia y variedades, The Smothers Brothers Comedy Hour, en la CBS. El programa era un éxito en horario de máxima audiencia, combinando música, comedia y activismo político.
Pero CBS empezó a recortar partes “molestas” del programa para ajustarse a los censores de la cadena, hasta que canceló el programa repentinamente en 1969. Bromas sobre Lyndon B. Johnson y Richard Nixon, críticas a la guerra de Vietnam e invitados molestos hicieron que las presiones políticas y el miedo a perder dinero de los anunciantes terminaran con el programa prematuramente.

Los Smothers Brothers demandaron y ganaron el juicio a CBS, pero el daño ya estaba hecho.

A Kathy Griffin su humor irónico y a veces ofensivo le causó serios problemas. En 2017 posó con una cabeza ensangrentada del presidente Donald Trump. La broma fue considerada de muy mal gusto. Perdió su trabajo en CNN, varios de sus shows fueron cancelados e incluso fue investigada e interrogada por el Servicio Secreto.

La censura llegó también a la radio. Howard Stern, una de las figuras más icónicas de las ondas en Estados Unidos, era famoso por su estilo provocador. Su forma directa y a veces escandalosa de hablar le generó tanto críticas como un público fiel, convirtiéndolo en un referente de lo denominado “shock jock”, es decir, la utilización de bromas o melodramatismos exagerados para entretener a la audiencia –aunque alienando a una parte de ella–. A lo largo de su carrera, Stern se enfrentó a la censura y las multas de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), lo que le convirtió en un símbolo de los debates sobre libertad de expresión en los medios.

A la vista está que la risa puede incomodar, ofender o irritar, pero mantiene viva la democracia. Y cuando se intenta silenciarla, lo que se apaga no es solo una broma, es la posibilidad misma de cuestionar el poder.

The Conversation

Doina Repede no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Jimmy Kimmel no es primer cómico censurado en Estados Unidos – https://theconversation.com/jimmy-kimmel-no-es-primer-comico-censurado-en-estados-unidos-265722

Fragilidad y discapacidad en la vejez: dos caras de la misma moneda

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jaime Barrio Cortes, Médico de familia e investigador senior en Fundación para la Investigación e Innovación Biosanitaria en Atención Primaria (FIIBAP). Director del Máster en Salud Escolar y docente en Facultad de Salud, Universidad Camilo José Cela

PeopleImages.com – Yuri A/Shutterstock

El mundo está envejeciendo a un ritmo sin precedentes. Según la Organización Mundial de la Salud, en 2030 una de cada seis personas tendrá más de 60 años, y en 2050 este grupo alcanzará los 2 100 millones.

Llegar a edades más avanzadas es un logro de la sociedad moderna, pero no siempre va acompañado de buena salud. Se calcula que entre el 10 % y el 50 % de los mayores de 65 años presentan fragilidad, especialmente a partir de los 80, mientras que la discapacidad afecta a 1 300 millones de personas en todo el mundo (es decir, al 16 % de la población). Mantener la autonomía y la calidad de vida de los mayores es, por tanto, una prioridad de salud pública global.

Aunque vivimos más años que nunca, no siempre lo hacemos con la salud que desearíamos. La fragilidad es habitual y silenciosa: pasa desapercibida hasta que se producen caídas, hospitalizaciones o pérdida de independencia. Sin embargo, lejos de ser un destino inevitable, puede detectarse a tiempo y, con intervenciones sencillas, prevenirse o incluso revertirse.

Qué significa ser “frágil”

La fragilidad es un síndrome multidimensional que no equivale simplemente a envejecer. Muchas personas de 80 o 90 años mantienen plena independencia, mientras que otras experimentan pérdida de fuerza y energía en edades más tempranas. Entonces, el organismo dispone de menos reservas fisiológicas y responde con mayor dificultad a situaciones de estrés como una infección, una caída o una cirugía.

Los signos más característicos son la debilidad muscular, la fatiga persistente, la lentitud al caminar y la pérdida de peso no intencionada. Una persona frágil todavía puede realizar sus actividades diarias, pero lo hace con menor eficacia y mayor riesgo de complicaciones. Sin un abordaje temprano, esta vulnerabilidad puede progresar hacia la discapacidad, es decir, la dificultad para vestirse, bañarse, cocinar o moverse de forma autónoma.

Cómo se relacionan la fragilidad y la discapacidad

Aunque estrechamente ligadas, la fragilidad y la discapacidad no suponen lo mismo. La primera se puede revertir, mientras que la segunda tiende a ser más estable e irreversible. Sin embargo, ambas condiciones suelen coexistir y se retroalimentan: la fragilidad aumenta el riesgo de discapacidad, y la discapacidad acelera el deterioro físico y psicológico.

Además, tanto una como otra no solo afectan a la salud individual, sino también al entorno familiar y social. Cuando una persona mayor desarrolla fragilidad o discapacidad, aumenta la carga de cuidados que deben asumir sus allegados y el sistema sociosanitario, con consecuencias emocionales, económicas y laborales.

Cómo detectar la fragilidad a tiempo

El gran reto es que la fragilidad no siempre resulta evidente. Por eso los expertos recomiendan realizar cribados periódicos a partir de los 70 años en consultas de atención primaria. Existen pruebas sencillas como medir la fuerza de agarre con la mano o la velocidad al caminar unos metros y realizar cuestionarios breves que ayudan a identificar a las personas en riesgo.




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Reconocer este estado de forma precoz es crucial, ya que en ese momento las intervenciones tienen mayor impacto. Además, la educación sanitaria juega un papel fundamental: si la población y las familias saben reconocer signos como la fatiga crónica, la reducción de actividad o la pérdida de peso, será más fácil pedir ayuda a tiempo.

Estrategias de prevención

La buena noticia es que la fragilidad no es inevitable. Numerosos estudios muestran que adoptar ciertos hábitos puede retrasar o incluso prevenir su aparición.

  • Actividad física regular: el ejercicio es la intervención más efectiva. Programas que combinan fuerza, resistencia, equilibrio y flexibilidad –como caminar, hacer ejercicios con bandas elásticas y practicar yoga o taichí– reducen el riesgo de caídas, mejoran la movilidad y refuerzan la masa muscular. Es importante que sea adaptado a las capacidades de cada persona y que resulte agradable y sostenible en el tiempo.

  • Nutrición adecuada: una alimentación equilibrada, con suficiente proteína diaria (carne, pescado, legumbres, lácteos), es clave para preservar músculo y energía. También son fundamentales la vitamina D, el calcio y la vitamina B12, nutrientes que suelen escasear en mayores y que influyen en huesos, músculos y sistema nervioso. Mantener una buena hidratación resulta igualmente esencial.

  • Cuidado de la mente y el ánimo: el deterioro cognitivo y la depresión a menudo se asocian a la fragilidad. Participar en actividades intelectuales (leer, aprender cosas nuevas, resolver juegos), mantener vínculos sociales y pedir apoyo psicológico cuando es necesario ayuda a conservar la motivación y la autoestima.

  • Redes sociales y comunitarias: el aislamiento es un gran enemigo del envejecimiento saludable. Contar con amistades, familia, asociaciones o centros comunitarios no solo aporta compañía, sino que también favorece la adherencia a rutinas saludables y proporciona ayuda en momentos de necesidad.

  • Revisiones médicas y manejo de la medicación: controlar enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes, fibrilación auricular o insuficiencia cardíaca evita complicaciones que precipitan la fragilidad. Además, la polimedicación (tomar muchos fármacos a la vez) puede aumentar riesgos como mareos o caídas; por eso es recomendable revisar periódicamente los tratamientos con un profesional de salud.

Una mirada social y colectiva

La prevención de la fragilidad no depende solo de las decisiones individuales. También influyen el entorno y las políticas públicas. Ciudades amigables con las personas mayores, con calles accesibles, transporte adaptado, espacios verdes y servicios comunitarios, favorecen un envejecimiento activo y seguro.

Además, invertir en programas comunitarios de ejercicio, nutrición y apoyo a cuidadores reduce la carga sobre hospitales y residencias, a la vez que mejora la calidad de vida de las personas mayores.

La fragilidad y la discapacidad no deben asumirse como un destino inevitable de la vejez. Detectar la fragilidad temprano y actuar con medidas sencillas –ejercicio, buena alimentación, vínculos sociales y revisiones médicas– permite conservar la independencia y retrasar el deterioro.

En definitiva, se trata de cambiar la mirada sobre el envejecimiento: en lugar de esperar a que aparezcan las complicaciones, adoptar un enfoque preventivo y activo que favorezca una vejez más saludable, autónoma y plena.

The Conversation

Jaime Barrio Cortes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Fragilidad y discapacidad en la vejez: dos caras de la misma moneda – https://theconversation.com/fragilidad-y-discapacidad-en-la-vejez-dos-caras-de-la-misma-moneda-264426

‘Candidozyma auris’, el peligroso patógeno que surgió del cambio climático

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Guillermo Quindós-Andrés, Catedrático de Microbiología Médica, Departamento de Inmunología, Microbiología y Parasitología, Facultad de Medicina y Enfermería (UPV/EHU) & Instituto de Investigación Sanitaria Biobizkaia, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Microfotografía de _Candidozyma auris_. CDC / Stephanie Rossow

Hace relativamente poco que sabemos de su existencia: Candidozyma auris –sinónimo de Candida auris– fue descrito por primera vez en 2009 en Japón, en una paciente que padecía una otitis externa (su apellido “auris” significa “del oído”). Pero rápidamente se ha convertido en una amenaza global para la salud pública.

El principal motivo de preocupación es que este hongo microscópico resiste a los antifúngicos empleados habitualmente en el tratamiento de las candidiasis: fluconazol, anfotericina B y, en menor medida, las equinocandinas. A esto debemos añadir que es un hongo termotolerante, resistente a la desecación y persistente en la piel humana y en los ambientes hospitalarios, lo que permite su contagio por contacto entre personas.

Cabe recordar aquí también que las micosis, infecciones por hongos microscópicos, causan cada año la muerte de más de 1,5 millones de personas, una mortalidad superior a la causada por la tuberculosis o la malaria. Además, las micosis resistentes a los tratamientos son cada más frecuentes. Por este motivo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó en 2022 una lista de hongos de interés prioritario que requieren más atención y recursos para su diagnóstico y tratamiento.

Así actúa Candidozyma auris

En contraste con otras especies de Candida que forman parte de la microbiota intestinal, Candidozyma auris coloniza la piel. Las personas afectadas eliminan grandes cantidades de hongos, contaminando la ropa, el suelo y los instrumentos médicos (fómites). En estos lugares, el hongo resiste al estrés ambiental y puede persistir semanas. Para conseguir su erradicación se requiere una limpieza intensiva con productos clorados, luz ultravioleta o vapor de peróxido de hidrógeno y una estricta higiene de manos.

En general, las micosis superficiales (pie de atleta, tiña o candidiasis vaginal) son muy frecuentes, pero no implican riesgos importantes. Y aunque la mayoría de las personas colonizadas por Candidozyma auris tampoco desarrollan una enfermedad, algunas sí pueden sufrir candidiasis graves: la mortalidad es superior al 30 % en personas con inmunodeficiencia cuando penetra en heridas quirúrgicas o en la sangre a través de dispositivos intravenosos. Puede afectar a órganos internos, como corazón (endocarditis y miocarditis), huesos (osteomielitis) o cerebro (meningitis).




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Los brotes infecciosos resultan más frecuentes en UCI, unidades de reanimación y residencias geriátricas, donde los pacientes son más vulnerables.

El diagnóstico es complejo porque las técnicas convencionales no son suficientes y se requieren técnicas moleculares que no están disponibles en todos los laboratorios. Además, el tratamiento es difícil por la resistencia de muchos de los aislamientos clínicos de Candidozyma auris, lo que obliga, en ocasiones, a combinar fármacos durante semanas para conseguir la curación.

Una rápida expansión en Europa

En Europa, según el último informe publicado por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) (11 de septiembre de 2025), la propagación de Candidozyma auris mantiene un ritmo acelerado y representa una amenaza para las personas ingresadas en hospitales. Hasta 2023, se han declarado 4 012 candidiasis y colonizaciones de piel y mucosas en la Unión Europea, con una mayor incidencia en España (1 807 infecciones), Grecia (852) e Italia (712). Solo en 2023 hubo 1 346 casos en 18 países.

Han tenido lugar brotes muy recientes en Chipre, Francia y Alemania, y se ha alcanzado el nivel de endemia en regiones de España, Grecia, Italia y Rumanía en menos de siete años.

La punta del iceberg

El informe detecta lagunas importantes en los sistemas de vigilancia epidemiológica y en las directrices para la prevención y el control de las infecciones. Aunque la mayoría de los países cuentan con laboratorios de referencia en micología, solo 17 tienen un sistema nacional de vigilancia y 15 disponen de esas directrices.

Cabe suponer, entonces, que las cifras citadas serían solo la punta del iceberg, ya que se desconoce la frecuencia de la enfermedad fuera de los hospitales. Así mismo, con el aumento del número de infecciones y su distribución geográfica, el control de la epidemia se complica y el riesgo de propagación crece.

España fue el primer país de Europa en notificar un brote de infección hospitalaria por Candidozyma auris. Ocurrió en 2016 en el Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia y todavía persiste. Según Javier Pemán, microbiólogo médico de este hospital, “las infecciones siguen concentrándose en los mismos servicios y hospitales, pero hay una mayor concienciación de médicos y pacientes, se han establecimiento protocolos específicos de vigilancia y se aplican de forma más temprana medidas de control”.

Origen de Candidozyma auris
Posible origen de Candidozyma auris y retos médicos asociados con este hongo.
Elena González-Miranda

Al calor del cambio climático

La aparición simultánea de diferentes linajes de Candidozyma auris ha reforzado la hipótesis de su origen ambiental. El aumento de la temperatura global asociado al cambio climático habría favorecido a este hongo, resistente a los ciclos de humedad y desecación, y permitido su posterior adaptación al entorno humano.

En cuanto a su origen, es probable que Candidozyma auris haya saltado desde las marismas al ambiente rural y de aquí al entorno urbano, gracias a la participación de hospedadores-transmisores como aves migratorias, pequeños mamíferos y personas. El aislamiento del hongo en muestras de marismas, playas, piscinas, polvo atmosférico, perros y anfibios refuerza esta hipótesis.

Es su adaptación al aumento de temperatura lo que le habría permitido superar nuestra barrera de endotermia (zona de exclusión térmica): muchos hongos no sobreviven en los mamíferos por su elevada temperatura corporal. La alteración de los nichos ecológicos por la agricultura, el uso de pesticidas o la urbanización habría facilitado este paso.




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Por lo demás, los estudios de secuenciación genómica completa (WGS) han identificado seis linajes o clados de Candidozyma auris, geográfica y genéticamente distintos, con variable virulencia y resistencia a los antifúngicos. Sin embargo, hay candidiasis causadas por cualquiera de los linajes en todo el mundo debido al aumento de los desplazamientos de las personas.

Linajes de Candidozyma auris
Características de los linajes de Candidozyma auris.
Guillermo Quindós-Andrés

Actualmente, el reto más importante al que nos enfrentamos es entender mejor la biología de Candidozyma auris para poder desarrollar formas más eficaces de prevención de su diseminación, métodos más rápidos de diagnóstico y nuevos fármacos y vacunas más efectivos.

The Conversation

Guillermo Quindós-Andrés no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Candidozyma auris’, el peligroso patógeno que surgió del cambio climático – https://theconversation.com/candidozyma-auris-el-peligroso-patogeno-que-surgio-del-cambio-climatico-265449

As the UK plans to introduce digital IDs, what can it learn from pioneer Estonia?

Source: The Conversation – UK – By Alex Hardy, Postdoctoral research associate, University of Liverpool

Prime Minister Sir Keir Starmer has announced that all UK citizens and legal residents are to have a mandatory digital ID to prove their right to live and work in the country.

Starmer and Liberal Democrat leader Sir Ed Davey have cited Estonia as an example of where digital IDs have proven successful. Davey noted that “times have changed” since the unsuccessful ID card plan under the Blair government.

He also enthused about the liberal Estonian government that had delivered digital IDs while maintaining liberal values. He has now chosen to row back on that position due to pressure from within his party.

The government has, driven by political necessity, led with claims about how the digital ID can minimise illegal working and misuse of public services as it seeks to build a consensus with the public for its plans.

Nevertheless, it needs to navigate concerns from both the political left and right. The Estonian case remains perhaps the leading example of digital ID in Europe, and is a particularly mature case, with more than two decades of success to highlight.

I have a long track record researching the politics of digitalisation, and spent several years living in Estonia. Drawing from that experience, there are various opportunities and pitfalls the UK government needs to be aware of.

Opportunities include enhanced public service delivery through efficiency. No more
arduous need to prove who you are with paper bills, driving licences and different
authentication processes for each service. In Estonia, a technology system, dubbed “X-Road”, allows all relevant organisations to securely interact with digital ID holders.

The UK could potentially emulate this model. It can minimise the grey economy (economic activities that are not taxed or monitored by the government). It can also prevent illegal work and tax avoidance, prevent false benefit claims and speed up interactions with the state.

Digital society

Estonia saves around 2% GDP annually thanks to the use of digital signatures to cut bureaucracy. “E-Estonia” (the Estonian term for their “digital society”) is closely associated with stimulating economic growth by empowering business creation.

Estonia has the highest per capita number of start-up unicorns – tech companies now valued at over US$1 billion (£743 million). Given the UK government’s focus on AI and the tech industry as a way to “turbocharge” the economy, there are plenty of reasons to be optimistic about the potential for digital IDs in Britain.

Amid widespread scepticism from the left and right, trust can be built through positive experience. If a service works, evidence from Estonia has suggested that it enhances public trust and can be expanded further.

A popular critique is that digital ID represents a security and privacy risk. Of course, any data can be potentially hacked or leaked. However, security and privacy is built into the system in the form of a decentralised data exchange, the X-Road, that provides timestamps and records of access.

This ensures only appropriate people have access to digital ID data and is designed to reassure the user. In Estonia, people can identify themselves in various ways, for example using a physical ID card inserted into a card reader or SmartID – another system for authenticating users online – using a mobile device.

There’s also plenty of evidence that shows this system works well. It can also be complimented by positive experiences once the system is actually working. General research on technological acceptance shows that users judge any given innovation on its perceived usefulness and attitudes toward it.

In Estonia, the public quickly adapted to services that made a demonstrable positive impact. However, Estonia proved that it could work with and adapt the technology at pace.

The UK government has promised to roll out the scheme by the “end of parliament”, which contrasts with Estonia passing a bill in the Riigikogu – Estonia’s unicameral parliament – in 2000, having a working pilot in 2001 and progressing to national deployment on December 17 2001. Ensuring that development does not run over time and budget could enhance trust, perhaps by adapting existing technology.

Transparency vital

Beyond usefulness, transparency is vital. Transparency in how the digital ID will
work, who will be able to access data and accountability for misuse must be carefully considered, communicated and rules rigorously enforced.

Estonia has established strong legislation to this effect and punished those who have broken these laws. It has also been transparent in events of failure. Ultimately, the devil will be in the detail and the success of Britain’s digital ID may be determined as much by politics as by the technology.

Nevertheless, key questions remain around authentication processes (to ensure people are who they say they are) and systems. Who will develop, implement and maintain the project? Crucially, how much will it cost and when will it be ready? The British state has a poor recent record of project delivery generally, including in the realm of major digital investment.

Public spending has frequently run over schedule and over budget. The NHS track and trace app, for example, was extremely costly, not widely used and marred by claims that it did not actually help prevent the spread of Covid-19.

Estonia is far from the only nation using digital ID, and much criticism in the UK relates to ID in general. Many functioning democracies across Europe and beyond
mandate ID in some form, often digitally. This will increase with the EU’s eIDAs (electronic identification, authentication and trust services) 2.0 regulation – which is designed to ensure secure cross-border monetary transactions, with a focus on electronic identification.

Yet in Estonia, users are not mandated to use it by law. In Estonia, you can throw your card in a drawer and not bother with any aspect of the digital state, if you like. Nor do you need to produce it on command.

The lesson from the Baltic nation is that a functional digital ID will not necessarily turn Britain into a police state. But if implemented quickly, efficiently and transparently, it could modernise the British state.

The Conversation

Alex Hardy does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. As the UK plans to introduce digital IDs, what can it learn from pioneer Estonia? – https://theconversation.com/as-the-uk-plans-to-introduce-digital-ids-what-can-it-learn-from-pioneer-estonia-266303

Calm in a can? Here’s what the evidence says about the chill-out drink craze

Source: The Conversation – UK – By Dipa Kamdar, Senior Lecturer in Pharmacy Practice, Kingston University

Studio Romantic/Shutterstock

In a world that rarely slows down, a new wave of “functional beverages” is promising to help us do exactly that. So-called “chill-out drinks”, marketed as natural stress relievers, are appearing in supermarkets and online stores as a calming alternative to caffeinated energy drinks or alcohol. But do they work and are they safe?

These drinks typically combine herbal extracts, amino acids and adaptogens – compounds believed to help the body cope with stress. Popular ingredients include L-theanine, a naturally occurring amino acid in green tea, ashwagandha, lion’s mane mushroom and CBD (cannabidiol). Each has a different scientific story.

L-theanine has been shown to promote relaxation and reduce stress without causing drowsiness. Research suggests it influences brain chemicals such as serotonin and dopamine while lowering cortisol, the body’s primary stress hormone, creating a sense of calm that doesn’t blunt alertness.

Magnesium, a mineral essential for healthy heart and brain function, has also been linked to better sleep and reduced insomnia. Studies indicate that it supports melatonin production and binds to Gaba receptors, which help quiet nerve activity and promote relaxation. Low magnesium levels have been associated with a higher risk of depression, and several trials hint that supplementation may ease depressive symptoms, though more research is needed.

Ashwagandha, a traditional ayurvedic herb, has been shown in clinical trials to lower cortisol and reduce anxiety, though long-term safety data remain limited. The amounts used in those studies are also higher than the doses typically found in ready-to-drink products.

Lion’s mane, a mushroom native to east Asia, has demonstrated stress-reducing effects in small clinical studies, but the evidence base is still relatively slim.

Another popular ingredient, CBD, the non-psychoactive compound derived from cannabis, has shown early promise in reducing anxiety and stress scores compared with placebo, although large, high-quality trials are still lacking.

Part of the appeal of chill-out drinks is their branding. They present a natural, non-intoxicating way to unwind; designed for regular use without the crash of caffeine or the fog of alcohol. For young professionals or anyone seeking a midday mental reset, the idea of cracking open a can of calm can be tempting. And sometimes the ritual matters as much as the recipe: the very act of slowing down to enjoy a drink can create its own sense of pause.




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Despite their wholesome image, these beverages are not risk-free. Herbal compounds can interact with prescription medicines or cause side-effects, especially when consumed in high doses or alongside other supplements.

Ashwagandha can interfere with thyroid medications and immunosuppressants. CBD may alter liver enzyme activity and interact with drugs such as antidepressants.

High intakes of magnesium can lead to diarrhoea and may clash with certain antibiotics or osteoporosis medicines. Lion’s mane appears to be well tolerated so far, but researchers still know little about its long-term effects.

Another concern is quality control. The functional beverage market is only lightly regulated, so the potency and purity of ingredients can vary considerably from brand to brand. That’s a particular worry for people who are pregnant, breastfeeding or managing chronic health conditions, and it underscores the importance of checking labels and seeking medical advice before making chill-out drinks part of a daily routine.




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A can of calm may offer a brief sense of relief, but these drinks are no substitute for professional mental health care. Chronic anxiety, depression or ongoing sleep problems require proper diagnosis and treatment. While chill-out drinks might help take the edge off a hectic day, they cannot address the underlying causes of stress.

These beverages tap into a broader wellness trend that reflects our collective desire to slow down and feel better. Their ingredients show some promise and, when used mindfully and in moderation, they may play a small part in managing everyday stress. Just don’t mistake them for a cure-all: a chilled drink can be a pleasant pause, but lasting calm still depends on the habits and support systems that lie beyond the can.

The Conversation

Dipa Kamdar does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Calm in a can? Here’s what the evidence says about the chill-out drink craze – https://theconversation.com/calm-in-a-can-heres-what-the-evidence-says-about-the-chill-out-drink-craze-263934

A new exhibition explores John le Carré’s writing process and what it says about his political conscience

Source: The Conversation – UK – By Jessica Douthwaite, Historian and curator, University of Oxford

To what do we owe our conscience? John le Carré once stated that all his fictional characters were, one way or another, navigating a world where duty to self is not necessarily duty to society.

A new exhibition at the Bodleian Library in Oxford explores John le Carré’s conscience – his personal, political and professional visions. Taking a global angle, the exhibition draws on an abundance of archival material bequeathed to the Bodleian Library special collections and made available to researchers, of whom I am one of the first.

The exhibition, which I curated with Professor of Criminology Federico Varese, takes le Carré’s methodology as a starting point, exploring how he built fictions from real events, people and places. Of the nine novels chosen for this exhibition, each sits within a broader global context and each – whether implicitly or explicitly – pursues a political or social debate.




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Reading le Carré towards the end of his career it’s hard to believe that he was once viewed as a mouthpiece of the British establishment: the upper class, Oxbridge-educated, writerly former spy. And yet, many fondly remember him in nostalgic sepia tones that hark back to an era of plummy post-war accents, tweed suits and quintessentially British (poorly-executed) spy manoeuvres.

However, as he aged, he was increasingly criticised for being too leftwing and outspoken. This was especially the case with Donald Trump’s first presidency and the Brexit referendum.

Le Carré’s privileged position as one of the UK’s best-known, most profitable spy authors made him a ripe target for criticism. Also, with increased publicising of his real past as a spy, working for both MI5 and MI6, came accusations of hypocrisy.

Despite his misdemeanours, le Carré has always questioned how global systems and structures facilitate immorality, profit the richest, exploit the poorest, promote self-interest, and destroy the liberties that are supposed to constitute a “free” society.

This exhibition showcases items and ephemera that have never been on public display. Visitors can see doodles and notes that reveal the inception of his characters and plots, and last minute amendments that chime with the designs of his book covers. Through photography, field notes, handwritten drafts, correspondence, sketches and illustrations it charts le Carré’s life and times through his practices.

Many have speculated on how his own experiences of betrayal, deceit and secrecy fuelled the imagined worlds of his novels. Yet, beyond those interpretations, while curating this exhibition, I realised that le Carré’s method embodied the political points he wanted to make. His worldview is borne out in the idiosyncrasies of his factual research, acute observations, obsession with accuracy, compulsion to travel and interest in the humans behind the news events.




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Le Carré embraced ambiguity: tension caused by ideological, political and romantic conflict was at the heart of the interactions between his characters. This blurring of moral lines was produced in part from the research that he did with expert collaborators. These experts were people who may not have agreed with each other, but through whom le Carré chose to accumulate and amalgamate knowledge in the lead up to drafting his novels.

His network comprised diverse informants, from corporate whistleblowers to humanitarian aid workers. Such breadth of intelligence, gave le Carré an unrivalled insight into the contentions and discord produced by topics like healthcare in the or war developing countries in Africa, Asia and Latin America.

Weaving real life events with fantasy, le Carré gave equal weight to academic expertise and ordinary experience. Such an approach suggests that to an extent the realities of everyday life mattered more than theory.

His emphasis on interviewing people who knew more than him allowed their stories to reach a much larger audience. He made field trips to experience events and cultures himself. Travel was an exercise in humility, exposing gaps in his knowledge. The act of sharing his work with people for their thoughts and criticism was similarly humbling. Le Carré was glad to be told a description was wrong, a detail inaccurate or a dialogue phoney. He strove for credibility because it underscored the realities of his themes.

The integrity of le Carré’s writing approach was always consistent with his eye for immorality, injustice and lawlessness. Does it matter, then, that with age le Carré became progressively more passionate about the issues he deemed most threatening to global stability: health inequalities, financial transparency, or ethical resource mining, for example?




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In 2003, le Carré marched with thousands of protestors against the British government’s decision to support the invasion of Iraq and wrote a polemical article in The Times decrying a new era of paranoid American warfare. For some time after the invasion of Afghanistan in 2004, le Carré even refused to visit the United States.

In a memo written around the same time, le Carré jotted down his thoughts on the purpose of a “political novel”, conversely, he wrote, a “non-political novel accepts the status quo”. Though he was thinking specifically of the contemporary moment of America’s foreign affairs, the status quo has always been under attack in his novels; so, in a sense they have all been political.

John le Carré: Tradecraft is open at The Bodleian Library in Oxford from October 1 2025 to April 6 2026


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The Conversation

Jessica Douthwaite received funding from the AHRC from 2014-2017 and 2021-2024.

ref. A new exhibition explores John le Carré’s writing process and what it says about his political conscience – https://theconversation.com/a-new-exhibition-explores-john-le-carres-writing-process-and-what-it-says-about-his-political-conscience-264927