Estados Unidos abandona la relación de contención con Cuba y legitima una posible intervención militar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raisiel Damián Rodríguez González, Profesor de Teoría Política y Humanidades en la Facultad de Derecho, Empresa y Gobierno., Universidad Francisco de Vitoria

Tomas Ragina/Shutterstock

La publicación el pasado 20 de julio del informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos Cuba: La capital del comunismo del siglo XXI marca un punto de inflexión en la política exterior de Washington hacia La Habana.

Durante décadas, la geopolítica interpretó las relaciones bilaterales bajo el paradigma geopolítico de la contención (containment): un marco estratégico orientado a aislar y desgastar a un régimen autoritario sumido en un estancamiento permanente, pero considerado militarmente inofensivo y gestionable.

Sin embargo, el diagnóstico oficial estadounidense altera este escenario al clasificar al régimen como un nodo activo de guerra asimétrica, inteligencia y contrainteligencia hostil y patrocinio al extremismo internacional.

Esta redefinición altera el cálculo estratégico internacional. El informe, que ve la luz tras las recientes órdenes ejecutivas sancionadoras de la Administración Trump y las acusaciones judiciales contra la cúpula castrista, especialmente Raúl Castro, sienta las bases legitimantes para una posible intervención. Lo hace al calificar a La Habana como un santuario del terrorismo global y una plataforma militar avanzada para potencias rivales. Aquello que las violaciones de derechos humanos no lograron justificar durante décadas podría encontrar su puerta de entrada en las premisas de este informe.

Terrorismo y amenaza asimétrica

El elemento medular del documento es la vinculación del régimen cubano con el extremismo internacional. El informe trasciende la denuncia de los derechos humanos para detallar el uso del territorio insular como refugio operativo de organizaciones armadas y fugitivos.

Junto al cobijo histórico a prófugos de la Black Liberation Army; a Los Macheteros, un violento grupo armado puertorriqueño, así como a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional Puertorriqueña (FALN), el reporte registra alianzas estratégicas con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), el Frente Popular para la Liberación de Palestina (PFLP), Hezbolá y las Fuerzas Quds de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán.

A este marco se suma una dimensión militar asimétrica inédita: la adquisición de drones de ataque iraníes por parte de Cuba y el asesoramiento de Teherán para su uso.

Esta capacidad ofensiva se complementa con dieciocho instalaciones de inteligencia de señales (SIGINT) distribuidas en la isla, destacando los centros operados por China en Bejucal, y la presencia multiplicada de agentes rusos. Para los planificadores de defensa en Washington, esta acumulación tecnológica convierte a Cuba en una plataforma hostil que vulnera directamente la seguridad del territorio estadounidense.

El marco idóneo para la acción directa

En la teoría del derecho internacional y la seguridad estratégica, cuando la inteligencia estatal demuestra que un territorio alberga activos militares de adversarios y redes de apoyo a organizaciones terroristas, el principio de actuación se desplaza desde la promoción democrática hacia la legítima defensa preventiva.

El informe del Departamento de Estado proporciona precisamente el sustento fáctico para este giro. Al recalificar a la cúpula castrista no como un gobierno legítimo, sino como una dictadura militar que alberga capacidades de agresión intercontinental, además de capacidades de subversión dentro del país, Washington construye el argumento para legitimar una eventual acción armada. Esta no sería una agresión a la soberanía cubana, sino la neutralización de un peligro inminente para su propia seguridad nacional.

Este argumento se refuerza al denunciar la existencia de infraestructura subversiva en suelo estadounidense. El reporte detalla la penetración de espías en la diplomacia y el Pentágono durante décadas (como Víctor Manuel Rocha y Ana Belén Montes), el uso de organizaciones que considera de fachada, como el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), y la detección de protocolos como el Plan Nacional de Respuesta Rápida de la National Network on Cuba (NNOC), que mapea más de 1 300 instalaciones militares en EE. UU. para activar protestas e interrupciones en caso de conflicto.

La interacción con otros escenarios de cambio

Es evidente que el escenario de una intervención militar no opera en el vacío, sino que interactúa con otras dinámicas de cambio en la isla:

  • El estallido social por colapso sistémico: agravado por la hiperinflación, la dolarización y una severa crisis sanitaria, el malestar social acumulado tras miles de protestas por apagones y desabastecimiento refleja un límite social evidente. En el marco del quinto aniversario del 11J (protestas ciudadanas del 11 de julio de 2021), la indignación ciudadana puede desbordar el aparato represivo de las Fuerzas Armadas y desencadenar una escalada violenta del régimen. Si así sucede, Washington contaría con el marco perfecto para justificar una intervención de carácter humanitario.

  • La transición económica negociada: la élite burocrática y los herederos del poder (asociados al conglomerado militar GAESA) buscan convertir su dominio político en derechos de propiedad privada para consolidarse como oligarcas en un modelo postsoviético. Sin embargo, la pretensión de estos sectores de pactar una inmunidad diplomática choca frontalmente con los hallazgos del informe, que clausuran la legitimidad de negociar con quienes albergan inteligencia hostil.

En la actual situación, la opción militar actúa como el factor de presión determinante que acelera o condiciona a los demás. Si la vía negociada fracasa o el régimen profundiza su alianza militar con Teherán, Pekín y Moscú, la acción directa se convierte en la herramienta por defecto para neutralizar la amenaza.

A la espera de un detonante decisivo

El informe del Departamento de Estado cierra definitivamente la era del containment iniciada tras la crisis de los misiles de 1962. Al clasificar a Cuba como una plataforma asimétrica interconectada con el terrorismo global y las potencias rivales de Occidente, Washington ha articulado la arquitectura doctrinal suficiente para justificar la acción directa. El interrogante decisivo ya no es si existen los argumentos jurídicos y estratégicos para una intervención, sino bajo qué detonante específico la Administración estadounidense decidirá ejecutarla.

The Conversation

Raisiel Damián Rodríguez González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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‘La casa del dragón’: cuatro mujeres reales que inspiraron la serie

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Stacy Olive Jarvis, PhD Candidate in in Musicology, University of Birmingham

Puede que los dragones sean ficticios, pero la lucha por el trono, la influencia y la legitimidad en La casa del dragón tiene sus raíces en conflictos que marcaron la historia real.

Mucho antes de la ficticia Poniente, las mujeres de toda Europa y Asia se enfrentaban a rivales que reclamaban el trono, a facciones políticas y a sistemas diseñados para mantenerlas alejadas del poder.

Al igual que Rhaenys Targaryen, Alicent Hightower y otras mujeres poderosas de la serie, aprendieron a desenvolverse en la corte, forjar alianzas, gestionar la opinión pública y luchar por su lugar en el orden político. A continuación, presentamos a cuatro inspiraciones reales de los personajes de la serie de televisión.

1. Rhaenyra Targaryen y la emperatriz Matilde (1102–1167)

Al igual que la verdadera emperatriz Matilde en Inglaterra, la ficticia Rhaenyra Targaryen (interpretada por Emma D’Arcy) se enfrenta a las críticas de sus contemporáneos y rivales por unas cualidades que a menudo se ganan la admiración de los gobernantes masculinos, entre ellas la determinación, el orgullo y la ambición política. Aunque ambas mujeres estuvieron a punto de alcanzar sus objetivos y casi conservaron el poder, ninguna de las dos lo mantuvo durante mucho tiempo.

Ambas se enfrentaron a una oposición decidida por parte de pretendientes rivales. Matilde entró en Londres en 1141 y fue reconocida como gobernante de Inglaterra, pero fue expulsada antes de ser coronada.

Ilustración medieval de una reina sosteniendo un crucifijo
La emperatriz Matilda tal y como aparece representada en los Evangelios de Enrique el León (hacia 1188).
Biblioteca Estatal de Baviera, Múnich

El derecho de Matilde al reino fue impugnado por su primo Esteban de Blois, cuya usurpación del trono inglés desencadenó la guerra civil conocida como la Anarquía inglesa.

De manera similar, en La casa del dragón, el derecho de Rhaenyra al trono fue cuestionado por su medio hermano Aegon II, a pesar de que su padre la había designado claramente como heredera. La coronación de Aegon divide a Poniente y la sumerge en el conflicto.

En ambos casos, las crisis surgen porque facciones poderosas se oponen a una gobernante femenina. El autor de la serie de libros Juego de Tronos que inspiró la serie, George R. R. Martin, ha citado este periodo en la historia inglesa como fuente de inspiración para los conflictos de Poniente.

2. Rhaenys Targaryen y Leonor de Aquitania (h. 1124-1204)

Al igual que Rhaenys Targaryen (interpretada por Eve Best), Leonor de Aquitania ocupó un cargo que le otorgó prestigio e influencia: reina de Francia y, más tarde, de Inglaterra. Aunque ninguna de las dos llegó a ser la gobernante principal de su reino, ambas ejercieron un considerable poder político a través de los lazos familiares, la diplomacia y su reputación.

Leonor era respetada por su perspicacia política y su capacidad para sortear los conflictos dinásticos, al igual que Rhaenys.

Cuadro de la reina Eleanor sosteniendo un cáliz
La reina Eleanor, de Frederick Sandys (1858).
Museo Nacional de Cardiff

Desempeñó un papel clave entre Francia e Inglaterra, mientras que Rhaenys es una de las voces más experimentadas y sensatas dentro de la familia Targaryen. Ambas comparten una visión común de la sucesión y las alianzas familiares, forjando el futuro político de sus descendientes más allá de su propia generación.

Leonor de Aquitania fue una figura política que sirvió como regente, negoció alianzas y gobernó directamente el Estado. Por el contrario, Rhaenys ejerce su influencia a través del consejo, los lazos familiares y su posición en la dinastía Targaryen. El poder de Leonor abarcó reinos y décadas, mientras que el papel de Rhaenys se limita en gran medida a la lucha entre los aspirantes rivales al Trono de Hierro –la sede del poder en Poniente–.

3. Alicent Hightower y Catalina de Médici (1519–1589)

Al igual que Alicent Hightower (Olivia Cooke) en La casa del dragón, la reina consorte de Francia Catalina de Médici trató de asegurar el futuro de sus hijos y fortalecer su dinastía en un contexto de inestabilidad política.

En la serie, Alicent utiliza las alianzas matrimoniales dinásticas como herramientas políticas, considerando que los vínculos de sus hijos son fundamentales para salvaguardar el futuro de su familia, tal y como hizo Catalina en la vida real.

Retrato de Catalina de Médici con atuendo de luto
Retrato de Catalina de Médici con atuendo de luto, obra de François Clouet (hacia 1560).
Wiki Commons

Ambas mujeres se vieron en el centro de los acontecimientos en tiempos de crisis: Alicent durante la “danza de los dragones” (una catastrófica guerra civil sucesoria), y Catalina durante las guerras de religión francesas (ocho importantes conflictos civiles librados entre católicos franceses y protestantes calvinistas).

Aunque dedicadas al futuro de sus hijos, ambas mujeres acabaron siendo testigos de una tragedia dinástica. Catalina sobrevivió a varios de sus hijos, mientras que en La casa del dragón, Alicent ve cómo la guerra civil destruye a su familia.

Tras la muerte de Enrique II en 1559, Catalina se convirtió en una figura destacada de la política francesa, ejerciendo como regente de su hijo Carlos IX y, más tarde, como consejera principal de algunos de los reyes de la dinastía Valois, una rama de la dinastía capeta que gobernó Francia desde 1328 hasta 1589.

Por el contrario, Alicent ejerce su influencia gracias a su condición de reina, madre del rey y miembro de la familia Hightower. Es devota de la Fe de los Siete, la religión dominante en Poniente, y justifica sus acciones con retórica religiosa. Catalina, aunque católica, adoptó un enfoque pragmático, dando prioridad a la estabilidad dinástica y a los intereses de la corona francesa por encima de la lealtad confesional.

4. Helaena Targaryen y Zinaida Volkonskaya (1792-1862)

No todas las mujeres influyentes a lo largo de la historia han buscado el poder directamente. Al igual que Helaena Targaryen (Phia Saban) en La casa del dragón, la princesa rusa Zinaida Volkonskaya pertenecía a las altas esferas, pero se mantuvo al margen de la política.

En la serie, Helaena es conocida como la “soñadora de la Casa Targaryen”, y se distingue del resto de su familia por sus visiones proféticas. Volkonskaya, por su parte, era conocida por sus intereses intelectuales y artísticos. Al igual que Helaena, muy querida en Desembarco del Rey, la capital de Poniente, ella también despertaba admiración más allá de sus círculos. Los salones de Volkonskaya atraían al zar Alejandro I.

La diferencia clave entre Volkonskaya y la ficticia Helaena radica en cómo expresaban sus talentos. Helaena se ha mantenido al margen de la vida pública, y rara vez ha convertido sus visiones o ideas en acciones políticas. Por el contrario, Volkonskaya transformó sus intereses intelectuales y artísticos en influencia cultural.

Retrato de Zinaida Volkonskaya con un vestido verde y un gran sombrero rosa.
Retrato de Zinaida Volkonskaya por Orest Kiprensky (hacia 1830).
Museo del Hermitage

Además de organizar salones en Moscú y Roma, escribió poesía, compuso música, actuó en teatros privados y se convirtió en mecenas de las artes. Mientras que la influencia de Helaena es personal y simbólica, la de Volkonskaya fue activa, pública y cultural, ejercida a través de las redes que ella misma creó.

Las mujeres reales cuyas historias se reflejan en las heroínas de La casa del dragón ejercieron el poder de formas muy diferentes. Sus historias nos recuerdan que el poder femenino nunca se ha limitado a un único modelo. Algunas gobernaron; otras asesoraron, negociaron, ejercieron el mecenazgo o inspiraron. Pero a todas ellas les une su capacidad para moldear el mundo que las rodeaba, a pesar de las limitaciones que se les imponían.


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The Conversation

Stacy Olive Jarvis no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Lecturas veraniegas: cuatro propuestas para adolescentes que aún no han encontrado su libro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel de Amo Sánchez-Fortún, Catedrático de Universidad en el área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Universidad de Almería

Kochneva Tetyana/Shutterstock

No a todo el mundo le gusta leer. O, al menos, no cualquier libro, en cualquier momento o de cualquier manera. Cuando un adolescente dice que leer le aburre o que no le gusta, lo más probable es que sea porque no ha encontrado el libro ideal. A menudo, si las experiencias de lectura previas no respondían a sus gustos o procedían, sobre todo, de las lecturas escolares obligatorias, no es fácil identificar la lectura con una actividad placentera.

Las vacaciones pueden ser un buen momento para probar otra vez. Hay menos presión y más libertad para elegir un libro, dejarlo si no convence o empezar otro porque alguien lo ha sugerido. También permiten leer sin objetivo ni presión: no hay que preparar después un resumen o demostrar que se ha entendido correctamente.




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Para ese grupo de chicos y chicas que no forman parte del 76,9 % que leen por ocio, y cuyos gustos no coinciden con lo que se recomienda a través de vídeos breves, BookTok o comunidades de fanfiction, hemos preparado una lista alternativa de libros infalibles.

1. Para quienes quieren instalarse en otro mundo: Una corte de rosas y espinas, de Sarah J. Maas

Cubiera de Una corte de rosas y espinas, de Sarah J. Maas.
Una corte de rosas y espinas, de Sarah J. Maas.
Crossbooks / Editorial Planeta

Una novela de más de cuatrocientas páginas puede parecer una elección arriesgada para alguien que no suele leer. Sin embargo, en esta saga la extensión forma parte de su atractivo: ofrece tiempo para adentrarse en un universo, conocer a sus personajes y prolongar una experiencia que no se agota en unas pocas horas.

Sarah J. Maas facilita la entrada mediante una historia con ecos de La Bella y la Bestia. El lector reconoce algunos elementos del cuento, pero pronto descubre un territorio más complejo, poblado por criaturas mágicas, amenazas, alianzas cambiantes y personajes cuyas intenciones nunca están del todo claras. Esa combinación entre lo familiar y lo imprevisible permite orientarse sin perder la curiosidad.

A medida que avanza la lectura, importa no solo lo que pueda ocurrir, sino también volver a determinados lugares, reencontrarse con los personajes y comprobar cómo cambian sus relaciones. La incertidumbre sentimental, las traiciones y los conflictos morales favorecen que el lector tome partido y se implique emocionalmente en la historia. Así, la dificultad inicial de aprender nombres, espacios y reglas puede convertirse en una recompensa: comprender ese mundo produce la satisfacción de sentirse dentro de él, y las numerosas páginas dejan de intimidar porque permiten permanecer más tiempo junto a personajes que ya importan.

La lectura se prolonga, además, fuera de la novela. La saga ha generado comunidades de seguidores que comparten teorías, ilustraciones y opiniones. Para muchos adolescentes, leer significa también participar en esas conversaciones y sentirse parte de un grupo unido por una historia común.

2. Para quienes quieren descubrir la verdad: Asesinato para principiantes, de Holly Jackson

Cubierta del libro Asesinato para principantes.
Asesinato para principiantes, de Holly Jackson.
Crossbooks / Editorial Planeta

Algunos lectores necesitan algo más que seguir una historia: quieren intervenir en ella. Asesinato para principiantes les permite hacerlo. La novela combina narración, entrevistas, mensajes y notas de investigación que entregan al lector una parte de las pruebas y lo invitan a comparar testimonios, detectar contradicciones y formular hipótesis junto a Pip. Una frase que parecía insignificante puede adquirir otro sentido varias páginas después.

Esa estructura convierte una posible resistencia –la dificultad para mantener la atención– en una ventaja. Concentrarse tiene un propósito: cualquier detalle puede acercarnos a la solución. El placer no está solo en descubrir al culpable, sino también en participar en la construcción de la verdad, equivocarse y revisar aquello que se daba por seguro.

El comienzo se toma cierto tiempo para presentar el caso y sus numerosos implicados, pero esa aparente lentitud permite conocer la versión que todos han aceptado antes de empezar a desmontarla. Pip no investiga únicamente un asesinato: cuestiona la facilidad con la que una comunidad construye reputaciones y decide quién merece confianza. El lector debe valorar los indicios, desconfiar de las explicaciones cómodas y aceptar que incluso la protagonista puede equivocarse.

2. Para quienes quieren vivir la historia desde dentro: Lágrimas en el mar, de Ruta Sepetys

Cubierta del libro Lágrimas en el mar, de Ruta Sepetys.
Lágrimas en el mar, de Ruta Sepetys.
Maeva Ediciones.

La historia puede parecer lejana cuando llega convertida en fechas, cifras y nombres. Lágrimas en el mar recupera el hundimiento del crucero alemán Wilhelm Gustloff, una tragedia poco conocida de la Segunda Guerra Mundial, y lo acerca a través de cuatro voces jóvenes.

Sus protagonistas no saben cómo terminará el conflicto ni qué lugar ocuparán después en los libros de historia. Solo saben que deben huir, proteger un secreto, decidir en quién confiar o ayudar a alguien cuando ellos mismos están en peligro. El frío, el miedo, una herida o una maleta permiten comprender la dimensión humana del pasado sin convertir la novela en una lección.

Los capítulos breves y la alternancia de voces dan agilidad al relato. Al principio hay que recordar quién habla y qué sabemos de cada personaje; pronto esa pequeña exigencia se transforma en uno de los placeres de la lectura: relacionar las piezas y descubrir cómo se cruzan sus vidas. Los protagonistas tienen miedos, afectos y contradicciones reconocibles, aunque se enfrenten a circunstancias extremas.

Su mayor logro llega quizá después de la última página, cuando nace el deseo de averiguar qué ocurrió realmente. La ficción no sustituye al conocimiento histórico: hace que queramos buscarlo porque las personas que vivieron aquel episodio ya nos importan. El pasado deja entonces de ser algo que debe memorizarse y se convierte en una historia que no queremos olvidar.

4. Para quienes disfrutan preguntándose ‘¿Y si…?’: El efecto Frankenstein, de Elia Barceló

Cubierta de El efecto Frankenstein, de Elia Barceló.
El efecto Frankenstein, de Elia Barceló.
Edebé.

La ciencia suele presentarse mediante respuestas. Esta novela entra en ella a través de preguntas: ¿todo lo que podemos crear debería existir? ¿Qué responsabilidad tiene quien pone algo nuevo en el mundo? ¿Quién podía estudiar, investigar o decidir hace doscientos años?

Elia Barceló retoma las grandes cuestiones de Frankenstein, de Mary Shelley, y las convierte en una aventura juvenil con viajes en el tiempo, intriga y atmósfera gótica. No hace falta conocer el clásico para disfrutarla. Al contrario, la novela puede despertar el deseo de leerlo después.

La obra permite contemplar el siglo XVIII desde la mirada de una estudiante de Medicina del presente. El viaje temporal hace visibles diferencias que una explicación histórica podría dejar en abstracto: Nora debe modificar su ropa, su forma de hablar e incluso la identidad que muestra para desenvolverse en una sociedad que no concede a las mujeres las mismas posibilidades.

La ambientación histórica y el diálogo con un clásico se convierten así en una fortaleza. El lector entra por la aventura y acaba pensando en los límites de la ciencia, la desigualdad y las consecuencias de nuestras decisiones. La documentación histórica, la evolución de los personajes y la fluidez de la trama fueron algunos de los aspectos destacados por el jurado que le concedió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2020.

Frente a otras novelas que utilizan la ciencia como un decorado espectacular, esta recuerda que crear algo implica también responsabilizarse de ello. Su singularidad está en tratar al lector como alguien capaz de disfrutar y pensar al mismo tiempo.

Encontrar una razón para continuar

Estos cuatro títulos no forman una lista de obras que todos los adolescentes deban leer. Son puertas de entrada a deseos distintos: escapar, descubrir, comprender y hacerse preguntas. Familias, docentes y bibliotecas pueden acompañar esa búsqueda prestando atención a lo que cada joven ya disfruta y ampliando las opciones, no imponiendo un único camino.




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También conviene permitir el abandono. Dejar un libro que no atrae no significa rechazar la lectura; a veces forma parte del aprendizaje de elegir. El gusto por leer no suele nacer de terminar cualquier obra, sino de encontrar una historia que dé una razón para pasar a la página siguiente.

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José Manuel de Amo Sánchez-Fortún recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación porque es investigador principal (IP) de un proyecto I+D+I obtenido en concurrencia competitiva y financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España.

Kevin Baldrich no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Lecturas veraniegas: cuatro propuestas para adolescentes que aún no han encontrado su libro – https://theconversation.com/lecturas-veraniegas-cuatro-propuestas-para-adolescentes-que-aun-no-han-encontrado-su-libro-286766

Beneficios récord de las empresas, ¿comparados con qué?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá

Estos días, en plena temporada de resultados semestrales, los titulares se repiten en los periódicos españoles:

Se subraya la cifra, se compara con el año anterior, y, si es máximo histórico, se corona con la palabra mágica: récord.

Casi nunca aparecen los datos que permiten juzgar si ese beneficio es bueno, malo o mediocre: cuánto capital ha hecho falta para generarlo, cómo se financia y cuánto cuesta.

Para celebrar que alguien ha ganado 1 000 euros hay que saber antes si invirtió 2 000 o 200 000. La misma ganancia es un pelotazo en el primer caso y una ruina en el segundo.

Crear valor, destruir valor

Dos compañías ganan 500 millones cada una. Mientras que la primera emplea 2 500 millones de capital, la segunda, 10 000. O lo que es lo mismo: la primera tiene una rentabilidad del 20 % frente al 5 % de la segunda. Si una crea valor, la otra probablemente lo destruye. Toda la diferencia vive en un dato, el capital empleado, que el lector no llega a ver.

La ratio que muestra esta relación es el de rentabilidad sobre el capital empleado (ROCE):

O su prima hermana (ROIC), de rentabilidad sobre capital invertido. Basta con dividir el resultado operativo por el capital que lo sostiene.

El espejismo del récord

Hay una razón por la que los máximos históricos pueden ser relativos: una empresa que retiene sus beneficios engorda mecánicamente su capital. Si gana 500 millones y no los reparte, al año siguiente arrancará con 500 millones más trabajando. Aunque la eficiencia sea idéntica –o incluso algo peor–, el beneficio absoluto tenderá a subir por acumulación.

La propia Iberdrola ha atribuido parte de su avance del semestre a una mayor base de activos (más capital invertido), y no a que cada euro rente más.

La letra pequeña

Hay un segundo matiz: puede que una parte de esos récords no proceda del negocio, sino de operaciones puntuales. Si el beneficio de Banco Santander ha crecido un 31 %, el ordinario solo sube un 15 %: la diferencia son casi 1 900 millones de plusvalía por la venta de su filial polaca.

El salto del 22 % de Iberdrola se apoya en más de 950 millones por desprenderse de su negocio en México. Depurado el extraordinario, el avance es de en torno al 8 %.

El caso más elocuente es el de Repsol. Si su beneficio neto se multiplica por más de tres (un 265 % más), el ajustado –el que mide el negocio ordinario– crece un 135 %. La diferencia es de 823 millones de efecto patrimonial: la revalorización contable del crudo almacenado al subir los precios por la crisis de Oriente Medio. El año anterior, ese mismo efecto restó unos 400 millones, y aquel semestre estaba además penalizado por el apagón de abril de 2025, lo que rebaja la base de comparación.

Ese 265 % mide, pues, un movimiento de precios internacionales sobre existencias, una base de partida anormalmente baja y unos márgenes de refino ensanchados por la geopolítica. Nada de ello dice si el capital de la compañía rinde por encima de su coste. Es la marea, no el nadador.




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La única vara de medir

El capital no es gratis: los accionistas exigen rentabilidad y los acreedores cobran intereses. La media ponderada de ambos costes es el coste de capital (WACC). Y única pregunta que importa es:

¿La rentabilidad sobre el capital supera a su coste?

Si la respuesta es sí la empresa crea riqueza. Si es no, la destruye, por mucho que la cuenta de resultados luzca un beneficio creciente.

Una compañía que gana 600 millones sobre 10 000 millones de capital rinde un 6 %. Si su coste de capital es del 9 %, destruye unos 300 millones de valor al año mientras titula estupendamente.

Ganar dinero contable y destruir valor a la vez

La estructura de financiación también importa. Sustituir fondos propios por deuda eleva la rentabilidad por acción pero no mejora el negocio: el apalancamiento
amplifica los retornos y también el riesgo, pero solo el beneficio cabe en el titular.

El capital también entra y sale. Si el beneficio sube un 12 % pero el capital empleado crece un 20 %, la rentabilidad ha caído: el beneficio absoluto sube y, a la vez, empeora el desempeño.

Repsol destinó unos 2 400 millones a hacer crecer sus inventarios a la vez que aprobó recompras de acciones por varios cientos de millones. Una recompra es lo contrario de una inversión: la compañía devuelve capital porque no encuentra dentro proyectos que rindan por encima de lo que cuesta.

Una propuesta modesta

La razón de que no estén todos los datos es comprensible: el beneficio absoluto es inequívoco, no exige supuestos, mientras que estimar el coste de capital es algo más complicado. Pero el resultado es que esa forma de contarlo premia el tamaño sobre la eficiencia, la acumulación sobre la rentabilidad y el apalancamiento sobre la prudencia.

No hace falta convertir cada crónica de resultados en un informe de valoración. Bastaría con acompañar el beneficio de un solo dato: la rentabilidad sobre el capital empleado, y a ser posible una frase que indique si supera a su coste y cómo ha variado el capital en el periodo. Una ratio. Una línea más.

Con ese pequeño gesto, el lector dejaría de saber solo cuánto gana una empresa para empezar a saber si gana bien.

The Conversation

Enrique Parra Iglesias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Beneficios récord de las empresas, ¿comparados con qué? – https://theconversation.com/beneficios-record-de-las-empresas-comparados-con-que-288252

D’où viennent les plus gros diamants du monde ? La géologie apporte de nouvelles réponses

Source: The Conversation – in French – By Geoffrey Howarth, Associate Professor, University of Cape Town

Certaines des pierres précieuses les plus extraordinaires jamais découvertes appartiennent à une catégorie rare de diamants appelés « CLIPPIR » (Cullinan-like, Large, Inclusion-Poor, Pure, Irregular, Resorbed). Ils représentent moins de 1 % de l’ensemble des diamants présents sur Terre et figurent parmi eux trois des plus gros diamants jamais extraits : le Cullinan, d’un poids de 3 106 carats, découvert dans la mine Premier en Afrique du Sud ; le Lesedi La Rona de 1 111 carats, découvert à la mine de Karowe au Botswana en 2015 et vendu pour 53 millions de dollars américains en 2017 ; et le Motswedi de 2 492 carats extrait de la mine de Karowe en 2024.

Les CLIPPIR ne sont pas des diamants ordinaires. Ils font partie d’un groupe appelé « diamants superprofonds », qui se forment à plus de 400 km sous nos pieds, dans une région de l’intérieur profond de la Terre appelée « zone de transition du manteau ». Cette profondeur est bien supérieure à celle des diamants de qualité gemme ordinaires. Ces derniers se forment généralement à des profondeurs pouvant atteindre 200 km sous les anciens continents dans les racines épaisses et rigides du manteau. Le manteau est l’épaisse couche de roche chaude située entre le noyau terrestre et la « coque » externe appelée croûte.

Au-delà de leur taille et de leur valeur, ces diamants nous intéressent parce qu’ils racontent une histoire. Comme ils proviennent de profondeurs bien au-delà de notre portée, ces diamants offrent des informations précieuses sur l’intérieur de la Terre que nous ne pouvons pas observer directement. Les CLIPPIR sont des messagers particulièrement rares en provenance du manteau profond. Les étudier est l’un des rares moyens dont nous disposons pour comprendre comment les roches et le carbone sont recyclés dans les profondeurs de la Terre et comment notre planète se remodèle au fil de centaines de millions d’années.

En tant que géologue à l’université du Cap, je me suis spécialisé dans les magmas qui transportent les diamants jusqu’à la surface, appelés magmas kimberlites. Mes collègues et moi-même avons entrepris d’étudier ce que les plus gros diamants du monde pouvaient nous révéler sur le système de recyclage caché de la Terre – plus précisément, sur les roches qui abritaient ces diamants rares, et sur la manière dont ils ont finalement été amenés à la surface.

Nous avons exploré ces questions en nous concentrant sur l’olivine, un minéral présent dans les roches kimberlitiques. Les kimberlites sont des roches magmatiques rares qui remontent rapidement des profondeurs de la Terre. Elles agissent comme des ascenseurs naturels qui transportent les diamants et d’autres minéraux du manteau vers la surface.

L’olivine est le minéral le plus abondant dans le manteau. À mesure que les magmas de kimberlite remontent, ils captent de l’olivine provenant des roches du manteau qu’ils traversent. La composition chimique de cette olivine nous fournit une « empreinte » de ces roches profondes, notamment des indices sur leur teneur en fer et leurs signatures isotopiques de l’oxygène. Cela nous aide à comprendre les régions du manteau d’où les kimberlites sont issues, y compris les zones où les diamants ont pu être stockés avant d’être ramenés à la surface.

Mais les diamants de type CLIPPIR n’ont été découverts que dans un petit nombre de kimberlites à travers le monde. Nous ne comprenons toujours pas pleinement pourquoi certaines kimberlites contiennent ces diamants exceptionnels alors que la plupart n’en contiennent pas.

Nos résultats apportent de nouvelles pièces au puzzle. Nous avons identifié des domaines inhabituels riches en fer dans le manteau, associés aux kimberlites contenant des diamants de type CLIPPIR. Cela nous fournit de nouveaux indices sur les roches qui abritaient ces diamants avant qu’ils ne soient transportés à la surface. Nos résultats offrent également un outil pratique pour la prospection diamantifère, car les kimberlites contenant de l’olivine riche en fer en abondance et des minéraux apparentés présentent un potentiel plus élevé d’abriter des diamants CLIPPIR.

Voyage au cœur de la Terre

Des études antérieures avaient montré que les diamants CLIPPIR se formaient à une profondeur bien plus grande que les diamants ordinaires. Leur composition chimique suggérait également un lien avec d’anciennes roches du fond océanique, appelées la croûte océanique, qui ont été entraînées dans les profondeurs de la Terre par la tectonique des plaques – le mouvement lent et l’interaction des différentes plaques qui constituent la lithosphère terrestre. Lorsque deux plaques se rencontrent, l’une peut être poussée sous l’autre. Ce processus, appelé subduction, entraîne la croûte océanique profondément dans le manteau, où elle est transformée par la chaleur, la pression et l’interaction avec les roches environnantes. Dans ces conditions extrêmes, le carbone contenu dans ces roches peut se transformer en diamant.

De nouvelles preuves issues de notre analyse de la composition chimique de l’olivine suggèrent que les kimberlites contenant des diamants CLIPPIR sont liées à un type particulier de matière recyclée : une ancienne croûte océanique basaltique qui avait été altérée par des fluides chauds circulant à travers le fond océanique avant d’être entraînée dans les profondeurs de la Terre. Cette croûte océanique altérée par des processus hydrothermaux semble avoir donné naissance à des roches denses et riches en fer dans le manteau profond.

Cette découverte apporte une réponse à l’une des questions en suspens concernant les diamants CLIPPIR : dans quel type de roche se trouvaient-ils avant que les magmas kimberlitiques ne les transportent à la surface ?

Mais nos résultats soulèvent également une autre question. Ces roches riches en fer sont si denses qu’elles ne peuvent pas seules remonter vers la surface terrestre. Des hypothèses antérieures suggéraient que la roche abritant ces diamants pouvait remonter passivement à travers le manteau. Nos résultats indiquent que ce parcours était probablement plus complexe.

Au lieu de remonter passivement, cette matière dense et riche en fer aurait eu besoin d’un puissant coup de pouce. Les panaches mantelliques constituent un mécanisme possible : il s’agit de colonnes de roche surchauffée qui s’élèvent depuis les profondeurs de la Terre et peuvent capturer des matières denses, les forçant à remonter. Ces remontées auraient pu transporter la matière contenant des diamants vers le haut jusqu’à ce qu’elle se dépose à la base de la lithosphère, cette racine épaisse et rigide située sous les anciens continents, où elle est probablement restée pendant des centaines de millions d’années.

Bien plus tard, des magmas rares formés dans les profondeurs de la Terre ont traversé ces régions diamantifères. Ces magmas se sont rapidement élevés jusqu’à la surface et se sont solidifiés sous forme de roches kimberlitiques, emportant avec eux les diamants et les minéraux associés.

En d’autres termes, les diamants de type CLIPPIR ne sont pas seulement des pierres précieuses rares et de grande valeur. Ils témoignent d’un long parcours géologique : de l’ancien fond océanique au manteau profond, puis aux racines des continents, pour enfin atteindre la surface lors de rares éruptions volcaniques.

À la recherche d’autres diamants CLIPPIR

Nos découvertes pourraient également orienter l’exploration diamantifère.

Dans certaines régions d’Afrique, notamment en Sierra Leone et en Angola, de très gros diamants de type CLIPPIR ont été découverts dans les graviers fluviaux. Ces diamants doivent provenir de roches mères primaires, telles que les kimberlites, mais dans de nombreux cas, ces sources restent inconnues. Les rivières peuvent transporter les diamants loin de leur lieu d’éruption d’origine. Cela fait qu’il est difficile de remonter jusqu’aux roches qui les ont amenés à la surface.

Le célèbre Star of Sierra Leone, par exemple, était un diamant de 969 carats récupéré en 1972 dans des dépôts alluviaux du district de Kono. Pourtant, des décennies d’exploitation minière dans la région n’ont pas permis d’identifier clairement une source de kimberlite pour des diamants de ce type. Plus récemment, des diamants de type CLIPPIR ont été extraits de la kimberlite de Meya, dans le même district, démontrant ainsi que des sources primaires pour ces diamants exceptionnels existent bel et bien dans cette région.

Notre approche fournit aux équipes d’exploration un nouvel indice à suivre. Les kimberlites contenant de l’olivine riche en fer en abondance et des minéraux apparentés présentent un potentiel plus élevé d’abriter des diamants de type CLIPPIR. Cela ne garantit pas la découverte de diamants géants, mais aide les géologues à déterminer quelles kimberlites méritent d’être étudiées plus en détail.

D’après nos conclusions, nous nous attendrions à ce que les kimberlites les plus prometteuses dans des régions telles que la Sierra Leone et l’Angola soient celles qui présentent cette signature chimique riche en fer. Il existe encore de nombreuses kimberlites mal étudiées dans ces zones. Certaines pourraient cacher quelques-uns des diamants les plus rares au monde.

Les plus gros diamants du monde ont traversé les profondeurs de la Terre pendant des centaines de millions d’années. En décryptant les indices chimiques conservés dans les roches qui les ont amenés à la surface, nous commençons à comprendre non seulement où ces diamants peuvent se trouver, mais aussi ce qu’ils révèlent sur les processus profonds qui façonnent notre planète.

The Conversation

Geoffrey Howarth does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. D’où viennent les plus gros diamants du monde ? La géologie apporte de nouvelles réponses – https://theconversation.com/dou-viennent-les-plus-gros-diamants-du-monde-la-geologie-apporte-de-nouvelles-reponses-288163

‘Yo veo el murmullo’: crónica del curso de verano ‘La aventura de divulgar’ ciencia en español’ 2026

Source: The Conversation – (in Spanish) – By The Conversation España, Editor, The Conversation

“Yo veo el murmullo. Noto que hay mucha gente. Se pone delante de mis ojos algo, como una barrera de calor, una energía…”.

Rubén El Albino y el experto en genética del CSIC Lluis Montoliu durante su intervención.
The Conversation, CC BY

Quien habla es Rubén Romero García, divulgador conocido en redes como @rubenelalbino, con una alta discapacidad visual. Había subido al escenario del salón de baile del Palacio de La Magdalena junto al genetista del CSIC Lluís Montoliu, para conversar sobre albinismo y enfermedades raras.

El rumor que Rubén puede “ver” es el que producen setenta alumnos sentados frente a él en el curso La aventura de divulgar ciencia en español con éxito, organizado un año más por The Conversation en la sede de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). El curso, que ha celebrado su quinta edición, ha sido posible gracias al apoyo de la Fundación Ramón Areces, la Fundación Lilly y la Universidad de Navarra.

Sentado junto a Rubén, de manera pausaba, Montoliu explica que las personas con albinismo tienen frecuentemente una importante discapacidad visual: “ven el mundo como cualquiera de nosotros lo hace con el rabillo del ojo, sin fóvea, sin ese punto diminuto de la retina donde se concentra el mayor número de foto receptores”. La falta de visión les da otros “superpoderes”, entre ellos ver esos murmullos o saber en qué paredes de una habitación hay ventanas solo por el “sonido que devuelven”. No ven mal: ven como ven.

Mesa inaugural. De izda a decha: Elena Sanz, codirectora del curso; Cristina Rico, gerente de la Fundación Lilly; Ana de la Puebla, secretaria general de la UIMP; Rafael Sarralde, Director Gral de The Conversation; Ignacio López Goñi, catedrático de Microbiología y Dir. Museo de Ciencias universidad de Navarra y Lorena Sánchez, codirectora del curso.
Juanma Serrano/UIMP, CC BY

¿Cómo nos vamos a gobernar en un mundo con máquinas?

Bajo el título Lo humano, primero, el encuentro convocó a investigadores, divulgadores, periodistas, filósofos, matemáticos, músicos, cocineros y estudiantes de disciplinas muy distintas con un objetivo: encontrar cómo ponemos en valor lo humano a la divulgación de la ciencia en la era de la IA.

El encargado de inaugurar el curso fue el físico José Ignacio Latorre, director del Centre for Quantum Technologies de Singapur. Arrancó con esta propuesta: “Hagamos un pacto con las máquinas, no nos queda otra”.

Resumen gráfico de la exposición de José Ignacio Latorre, realizada por @pelopanton, ilustrador y alumno del curso.
@pelopanto, CC BY

Hoy, dijo, “lo que más se pregunta a la IA, en el mundo, es sobre salud y amor, no precisamente cuestiones prácticas”. Y los jóvenes de entre 17 y 21 quieren tener una amiga artificial, advirtió.

Él mismo se definió como “un científico aumentado” a quien la IA le ahorró seis meses de trabajo al demostrar que su línea de investigación para mejorar el algoritmo de Shor no era válida. Comparte que la IA ya revisa todos los artículos científicos que salen de su centro, donde ha detectado centenares de errores en papers que ya habían sido publicados.

“Si hacemos máquinas, nos debilitamos”, advertía Latorre, convencido de que llegará un momento en que las inteligencias artificiales hablen entre ellas en un lenguaje que los humanos ya no podremos comprender.

Aun así, el experto terminó reivindicando aquello que ninguna máquina parece capaz de sustituir: “Me gusta el teatro, que salga a escena un actor y me arranque el alma, sin fuegos artificiales”.

La conversación dio entonces un interesante giro. Era el momento de abordar una cualidad que compartimos con la IA: ¿Mentimos más (o menos) que ChatGpT?

La mentira como cualidad humana

Candela Antón durante su intervención, con el muñeco de su hija.
The Conversation, CC BY

La antropóloga Candela Antón, conductora del podcast “Desenterrando el pasado”, salió a escena con un muñeco de peluche, el favorito de su hija. Había prometido que se lo llevaría al curso y más de una vez estuvo a punto de esconderlo para evitar el engorro de viajar con un juguete. Pero decidió no mentirle… esta vez. Candela habló de las (muchas) veces en que mentimos a los nuestros para no hacerles daño. Desde la antropología, destacó Candela, la mentira es “un preciosísimo ejemplo de tecnología social: puede servir para hacer daño, y también para protegernos”.

Candela abordaba este asunto en una conversación con Juan Luis Manfredi, experto en diplomacia, y Ramón Salaverría, peso pesado en los laberintos del periodismo.

Sobre la mentira como rasgo humano. Intervenieron de izda a decha Juan Luis Manfredi, catedrático de relaciones internacionales en la UCL, la antropóloga Candela Antón y Ramón Salaverría, catedrático de periodismo en la Universidad de Navara.
The Conversation, CC BY

Juan Luis Manfredi arrancó diciendo que en diplomacia nadie habla de mentira. “Lo llamamos estrategia: mentimos para encubrir errores”, explicaba. Y el periodista Ramón Salaverría recordó que “hoy sustituimos el valor del argumento por el valor de la emoción”. Y nos regaló una de las frases más sonadas del día: “Convence más una lágrima que una prueba”.

En busca de lo que nos hace humanos, la respuesta podía encontrarse en el hilo de una cometa.

Una cometa volando en el bosque

El investigador del CSIC y referente en cambio climático, Fernando Valladares, sacó a los alumnos del aula y los llevó al bosque. Allí les enseñó a hacer mudos de alondra antes de levantar el vuelo de un puñado de cometas por encima de los pinos. Habló de cambio climático. Habló del juego como actividad libre de gases efecto invernadero. Habló de las emociones. “La divulgación no tiene que rehuir lo recreativo”, defendía. Y tampoco hay obligación de esconder las emociones.

Fernando Valladares en una esplanada en el bosque que rodea el Palacio de la Magdalena.
Juanma Serrano/UIMP, CC BY

Fernando Valladares lanzó una pregunta al alumnado: ¿sabéis por qué una cometa puede volar?. Lo más directo es pensar que se lo debemos al viento. Pero no: si vuelan es porque están sujetas por un hilo. “Es una buena metáfora para salir del colapso caótico al que nos está llevando el cambio climático, y caminar hacia un decrecimiento planificado”, concluía.

“Necesitamos salir más, vernos más, jugar más”, decía una alumna mientras las cometas se elevaban en el cielo.

La jornada de los invisibles

Clara Grima es profesora en la Universidad de Sevilla, y habló de su especialidad, las matemáticas, que ayudan a explicar cómo entendemos el mundo. “La falta de conocimiento matemático es peligrosa”, subrayaba la reconocida divulgadora.

Habló de los peligros del anumerismo. De quienes confunden un billón europeo con uno estadounidense. De Google. De algoritmos invisibles que sostienen la vida cotidiana. “No son los chinos: son las matemáticas”, bromeaba.

Clara también habló de empatía y del “espejismo de la mayoría”, que explica por qué dos personas pueden contemplar realidades completamente distintas sin que ninguna se considere irracional.

La matemática Clara Grima durante su exposición.
The Conversation, CC BY

Ponerse en el lugar del otro, ya sea alguien con una enfermedad rara como Rubén, ya sea alguien con una realidad sesgada que, con la información de la que dispone interpreta incorrectamente la realidad, nos ayuda a construir un mundo más humano.

Talleres prácticos

El curso regresaba una y otra vez a la misma pregunta. ¿Qué nos hace humanos? ¿Acaso la creatividad, acaso el pensamiento científico? O quizás es el trabajo en equipo, que también tuvo cabida en el curso.

Los talleres prácticos de la V edición del curso La aventura de divulgar ciencia comenzaron poniendo sobre la mesa herramientas innovadoras para la divulgación, propuestas por la periodista Pilar Perla, coordinadora del suplemento de ciencia Tercer Milenio de Heraldo de Aragón. Y aprendimos a hacer vídeos con IA de la mano de Bienvenido León, catedrático de Periodismo en la Universidad de Navarra, realizador, productor y guionista de reportajes y documentales.

Trabajo en equipo: La periodista Pirla Perla propuso un taller en busca de propuestas de divulgador innovadoras.
The Conversation, CC BY

Hubo lugar para prácticas dedicadas a diseñar proyectos de comunicación científica integrando activamente a colectivos históricamente “invisibles”, con especial foco en personas con discapacidad. El taller lo impartió parte del equipo del Museo de Ciencias de la Universidad de Navarra: Marta Revuelta, coordinadora de su programación, y Marie Anne Reynell, directora de desarrollo.

Si hubiera que elegir: ¿arte o ciencia?

El filósofo Ricardo Piñero.
The Conversation, CC BY

El planteamiento del debate que abría la última jornada del encuentro era éste: imaginen un escenario apocalíptico el que tenemos que renunciar o bien a la ciencia, o bien al arte. ¿Qué elegimos si no hay otra opción que quedarse con una única alternativa?

Ricardo Piñero, catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Navarra, invitó a imaginar un mundo sin arte y cuestionó si ese escenario sería posible, dado que “el arte es la primera forma humana de estar en el mundo”.

“Pero el arte es elitista, solo está en manos de unos pocos”, defendía el microbiólogo Ignacio López Goñi, que aupaba la ciencia como la gran obra colectiva de la humanidad. “Sin ciencia no habría vacunas, solo un pequeño porcentaje de los que estamos hoy aquí estaríamos vivos”. Un argumento que remataba con otro: “Sin ciencia hay más dolor”.

Ambos, Piñeiro y Lóepz Goñi, coincidieron en que arte y ciencia están profundamente relacionados. Como ejemplos de esa conexión citaron el mapa del genoma humano y un cuadro de Piet Mondrian.

Pero fue una frase de Piñero la que resonó como victoria en la sala y levantó vítores: “Sin ciencia viviríamos poco, pero podríamos ser felices”.

Cápsula sonora musical

Había llegado el momento de que sonara la música.

Mario Muñoz, conductor del pódcast Correspondencias de RNE y crítico musical, pidió apagar las luces de la sala y cerrar las cortinas. Construyó un relato a partir de la música que viaja en el Disco de Oro de las sondas Voyager, esa cápsula sonora concebida por el divulgador entre divulgadores Carl Sagan, para presentarnos ante una posible inteligencia extraterrestre.

Lo primero que escucharían los extraños sería Dark Was the Night, Cold Was the Ground, una legendaria canción de gospel-blues de 1927, interpretada por Blind Willie Johnson, que fue seleccionada para formar parte del Disco de Oro de la Voyager en 1977.

Mario nos regaló la play list con las canciones de su charla.

El crítico musical Mario Muñoz con la antropóloga Candela Antón.
The Conversation, CC BY

El aperitivo efímero del eclipse

No hubo una conclusión oficial para el debate ni para el curso. Hubo una tapa.

Yasser Ríos, profesor del Basque Culinary Center y experto en tecnología de alimentos, concibió el aperitivo del eclipse como un bocado tan efímero como el fenómeno astronómico al que rendía homenaje.

Yasser Ríos con la tapa terminada.
Juanma Serrano/UIMP, CC BY

La base era un pan transparente. Sobre él, un tartar cuyo ingrediente principal era la sandía (redonda, como la Luna), aderezada con una salsa elaborada con insectos nocturnos: grillos. Con aquella pequeña creación entre las manos, que todos degustamos con curiosidad, prolongamos unos minutos más una conversación que nadie parecía dispuesto a terminar. Había llegado el fin de curso.

Cristina López Ubierna, alumna, compartió su resumen de lo vivido: “Podría citar a cada uno de los ponentes. Todos estuvieron brillantes. Pero, curiosamente, lo que permanece no son los solos, sino la obra completa. Porque el verdadero acierto fue la partitura. The Conversation dirigió una orquesta en la que cada intervención encontraba sentido en la siguiente, donde las ideas se respondían entre sí aunque cambiaran de escenario, de disciplina o de lenguaje. Una sinfonía que sonó natural, coherente y sorprendente. Y cuando termina un concierto así, uno no sale tarareando una melodía, sale con ganas de interpretarla”.

Durante tres días todos intentaron responder qué nos hace humanos. Rubén, quizá, había dado en el clavo. Antes de empezar a hablar de genética, de inteligencia artificial, de matemáticas o de música, había explicado cómo veía a quienes tenía delante. No veía caras. Veía movimiento. Veía calor. Veía una energía que ocupaba la sala. Veía el murmullo de lo que somos.

The Conversation

– ref. ‘Yo veo el murmullo’: crónica del curso de verano ‘La aventura de divulgar’ ciencia en español’ 2026 – https://theconversation.com/yo-veo-el-murmullo-cronica-del-curso-de-verano-la-aventura-de-divulgar-ciencia-en-espanol-2026-288135

Si incendiar un monte puede costar hasta 20 años de cárcel, ¿por qué apenas hay condenas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alfredo Abadías Selma, Coordinador del Máster en Derecho penal económico UNIR. Profesor de Derecho penal y Criminología, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

arafatmyt/Shutterstock

Provocar un incendio que ponga en peligro la vida de alguien puede castigarse en España con hasta veinte años de prisión, la misma pena que un homicidio. Sin embargo, entre 2021 y 2025 los tribunales españoles dictaron solo 478 sentencias condenatorias por incendios forestales. Menos de cien al año, en un país donde arden cada verano decenas de miles de hectáreas. Solo hay que ver los violentos incendios que han tenido lugar en los últimos días en todo el territorio español.

Esa desproporción entre la dureza de la ley y su escaso uso real resume el problema. El derecho penal español castiga los incendios con enorme severidad sobre el papel, pero casi nunca llega a aplicarse. Y mientras tanto, el cambio climático está convirtiendo el fuego en un fenómeno que nuestras leyes, escritas en 1995, no previeron.

Un Código Penal pensado para otro fuego

Cuando el legislador diseñó los delitos de incendio, tenía en mente una imagen concreta: alguien prende un fuego en un sitio determinado, el fuego se extiende hasta cierto punto y los bomberos lo apagan. Un suceso a escala humana con un culpable identificable.

Ese modelo se ha quedado antiguo. El verano de 2025 lo demostró. En España ardieron en 2025 unas 350 000 hectáreas según el Ministerio para la Transición Ecológica y cerca de 400 000 según los satélites del sistema europeo EFFIS.
Fue, además, la peor campaña jamás documentada en la Unión Europea, con más de un millón de hectáreas quemadas. Y la extinción dejó de ser cosa solo de los bomberos: la Unidad Militar de Emergencias intervino de forma casi sistemática. En verano de 2026, los incendios se han multiplicado por seis entrando varias regiones en emergencia nacional.

El problema no son las penas, es la prueba

Aquí está la clave que suele perderse en el debate público. Después de cada gran incendio se pide endurecer las penas. Pero las penas ya son durísimas y apenas se aplican.

¿Por qué? La Fiscalía lo explica sin rodeos: la dificultad de la prueba. Investigar un incendio en el monte es enormemente complicado. El propio fuego destruye los rastros, la lluvia y el viento degradan lo que queda, y no suele haber testigos ni cámaras. Se puede sospechar de alguien; otra cosa es demostrar ante un juez que fue esa persona quien encendió la cerilla.

El resultado es un sistema que amenaza mucho y condena poco. Los penalistas llamamos a esto derecho penal simbólico: normas que tranquilizan a la opinión pública pero no cambian nada sobre el terreno. Subir de veinte a veinticinco años una pena que casi nunca se impone no reduce ni una hectárea quemada.

Una laguna difícil de justificar

Desde 2010, en España las empresas pueden ser penalmente responsables de determinados delitos: no solo el empleado que comete el hecho, también la sociedad, si es que el delito se produjo por una mala organización interna. Es lo que han impulsado los programas de compliance.

Pues bien, los delitos de incendio no están en esa lista, no se contemplan dentro de esos casos. Una empresa no puede ser condenada penalmente por un incendio forestal, por mucho que el fuego se haya originado por su negligencia organizativa.

Cuesta explicar el contraste. Si una compañía contamina gravemente un río, responde penalmente. Si esa misma compañía provoca un incendio que arrasa un espacio protegido –por ejemplo, por no desbrozar la vegetación bajo sus líneas eléctricas–, queda fuera del Código Penal. El daño ambiental es equiparable; la respuesta jurídica, no.

Corregirlo sería sencillo: bastaría con ampliar una remisión que ya existe en el artículo 358 bis, que establece que las penas y medidas especiales previstas para los delitos contra los recursos naturales y el medio ambiente también se aplican a los delitos de incendio. Y tendría un efecto práctico inmediato, porque obligaría a las empresas del sector eléctrico, forestal y agrícola a organizarse para prevenir incendios, igual que hoy se organizan para prevenir la corrupción o el blanqueo.

Cuatro medidas importantes

La gravedad de los incendios justifica la necesidad de aplicar el derecho penal. Pero debe ser el último recurso, no el primero ni el único. Y para que sirva de algo, harían falta cuatro medidas concretas:

  1. Una ley más precisa. El Código Penal agrava el castigo cuando el incendio afecta a una “superficie de considerable importancia” o causa “graves efectos erosivos”. Nadie sabe exactamente qué significa eso. Cada tribunal lo interpreta a su manera, y de ello depende que la pena sea de uno a cinco años o de tres a seis.

  2. Jueces y fiscales especializados. Estos casos exigen entender informes periciales sobre comportamiento del fuego, erosión de suelos y daño ecológico. No es materia improvisable.

  3. Medios de investigación. Es el punto decisivo. Sin unidades policiales especializadas, con formación y equipos para trabajar sobre un terreno calcinado, seguiremos teniendo leyes severas y sentencias escasas. Investigar bien es lo que convierte una norma en una condena.

  4. Prevención. La mayoría de los grandes incendios no se explican solo por quien los inicia, sino por la enorme cantidad de combustible vegetal acumulado tras décadas de abandono rural. Un monte gestionado, arde; un monte abandonado, explota.

Hay una idea que resume todo esto: los incendios se apagan en invierno. Es decir, en los meses fríos, con desbroces, gestión forestal y planificación. El verano solo enseña lo que no se hizo antes.

El Código Penal tendrá que adaptarse a una realidad que no existía cuando se escribió. Pero conviene no engañarse: ningún artículo apagará un incendio de sexta generación. Eso solo lo consigue un territorio cuidado y unos medios suficientes para vigilarlo, investigarlo y defenderlo.

The Conversation

Alfredo Abadías Selma no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Si incendiar un monte puede costar hasta 20 años de cárcel, ¿por qué apenas hay condenas? – https://theconversation.com/si-incendiar-un-monte-puede-costar-hasta-20-anos-de-carcel-por-que-apenas-hay-condenas-288161

Loi d’urgence agricole : pourquoi la droite et le centre ne lâchent rien sur les néonicotinoïdes et le stockage de l’eau

Source: The Conversation – in French – By François Dedieu, Directeur de recherche en sociologie, Inrae

La loi d’urgence agricole a été adoptée par le 21 juillet. Elle réaffirme les choix controversés de la loi « Duplomb » de juillet 2025, autorisant certains néonicotinoïdes dangereux et facilitant le stockage de l’eau. Comment expliquer une telle obstination, malgré une importante mobilisation citoyenne et la censure du Conseil constitutionnel ?


Rien n’y fera. Ni une pétition signée par 2,5 millions de citoyens, ni les censures du Conseil constitutionnel. La dernière loi d’urgence agricole reprend plusieurs dispositions déjà vivement contestées de la loi Duplomb : un accès facilité aux infrastructures de stockage de l’eau et une autorisation dérogatoire de certains néonicotinoïdes, désormais limitée à certaines filières et subordonnée à un avis de l’Anses. Comment expliquer cette remarquable obstination à faire adopter des mesures aussi controversées ?

La colère des agriculteurs contre les normes écologiques : un nouveau capital politique

Dès 2022, trois sénateurs – Laurent Duplomb (LR, Haute-Loire), Daniel Gremillet (LR, Vosges, vice-président de la commission des affaires économiques) et Marie-Lise Housseau (Union centriste) – tirent la sonnette d’alarme sur la perte de compétitivité de l’agriculture française en publiant un rapport consacré à ce sujet, dont les constats sont par ailleurs corroborés par d’autres études.

Les sénateurs identifient plusieurs facteurs expliquant ce décrochage. Selon eux, des exigences environnementales plus strictes en France créent des distorsions de concurrence, notamment en matière d’usage de produits phytosanitaires. Ils dénoncent également une complexité administrative excessive, qui freinerait le développement des retenues d’eau destinées à l’irrigation.

En 2022, le déclenchement de la guerre en Ukraine s’accompagne d’une forte hausse des coûts de production, sous l’effet de l’augmentation des prix des engrais et des carburants. Le projet de suppression de l’avantage fiscal sur le gazole non routier (GNR), annoncé en 2023, met le feu aux poudres. En janvier 2024, le mouvement des panneaux de communes retournés prend une tournure plus radicale. Les manifestations ciblent alors les normes environnementales, présentées comme la principale entrave à la compétitivité de l’agriculture française. Le mouvement bénéficie d’un large soutien de l’opinion publique, une majorité de Français déclarant comprendre ou partager la colère des agriculteurs.

Les difficultés de compétitivité de l’agriculture française relèvent avant tout de facteurs macroéconomiques. La stagnation des rendements des céréales s’explique par une hausse tendancielle des coûts de production, conjuguée à une forte pression concurrentielle sur les prix dans un marché mondialisé. Parmi les solutions avancées figurent entre autres les « tunnels de prix », qui visent à corréler les coûts de production et les prix d’achat. Actuellement expérimenté dans la filière laitière, ce dispositif produit des résultats encore incertains dans les autres filières et suscite de vives réserves de la part des industriels et des interprofessions.

Ce type de réponse structurelle étant complexe, coûteux et long à mettre en œuvre, il apparaît politiquement plus avantageux de privilégier les mesures de court terme. Celles-ci permettent non seulement d’alléger certaines charges pesant sur les exploitations, mais en reposant sur l’assouplissement des normes environnementales, elles présentent aussi un fort intérêt symbolique dans les circonscriptions rurales. Le premier ministre de l’époque, Gabriel Attal, en a bien conscience et annonce dès janvier 2024 une série de mesures allant dans ce sens, parmi lesquelles la suspension provisoire puis la réorientation du plan Écophyto visant une réduction durable des pesticides grâce à un changement d’indicateurs. La FNSEA, mais aussi et surtout la majorité sénatoriale Centre-Les Républicains, relayée in fine par le gouvernement, font le pari de cette stratégie de recul environnemental au profit d’un apaisement temporaire de l’opinion, sans toutefois revendiquer explicitement leur alliance.

L’alliance de trois fragilités

Depuis quelques années, l’influence de la FNSEA est pourtant de plus en plus contestée dans les urnes. Pour nombre d’observateurs, le syndicat a perdu une partie de sa capacité d’influence politique. Mais c’est justement dans ce contexte qu’il devient essentiel pour le syndicat de l’agro-industrie de renforcer ses appuis politiques, en particulier issus de la droite traditionnelle, son alliée historique. Le profil de Laurent Duplomb s’inscrit pleinement dans cette dynamique. Agriculteur de profession, à la tête d’une exploitation laitière à Saint-Paulien, il a présidé les Jeunes Agriculteurs, organisation proche de la FNSEA. Il a également présidé la chambre d’agriculture de la Haute-Loire sous l’étiquette de la FDSEA, la branche départementale de la FNSEA, et siégé au conseil de surveillance du groupe Candia.

Le parti Les Républicains traverse pour sa part une période de fragilité. Les élections présidentielles de 2017 et de 2022 se sont soldées par des échecs sévères, tandis que son espace politique s’est progressivement réduit sous l’effet de la concurrence exercée à la fois par le centre et par l’extrême droite. Dans ce contexte, faire de la défense des agriculteurs face aux normes environnementales un nouveau marqueur politique répond à une logique électorale classique : consolider un électorat tenté par la dispersion mais qui demeure majoritairement acquis à la droite républicaine et au centre sur ce champ de revendications. Cette stratégie est d’autant plus attractive qu’elle s’inscrit dans un registre populiste consistant à opposer le « bon sens » des agriculteurs à des élites politiques, administratives ou scientifiques, accusées de produire des normes écologiques déconnectées des réalités du terrain.

Les Républicains disposent néanmoins de deux atouts majeurs : leur fort ancrage dans les collectivités territoriales et, surtout, leur position dominante au Sénat, où ils constituent le premier groupe politique avec 131 sièges sur 348.

Le poids du Sénat

La haute assemblée a vu sa capacité d’influence s’accroître mécaniquement avec l’instabilité de l’Assemblée nationale depuis la dissolution de 2024. Cette fragmentation parlementaire place les gouvernements d’Emmanuel Macron dans une situation de fragilité permanente, comme en témoigne la succession de cinq gouvernements entre 2024 et 2026. Dans ce contexte, l’exécutif est contraint de rechercher en permanence le soutien du Sénat et de sa majorité pour faire adopter les textes qu’il juge prioritaires.

Cette nécessité se traduit dans la composition des gouvernements. Le gouvernement Barnier comptait ainsi neuf anciens sénateurs, un record sous la Ve République. Plus largement, des formes de coopération se sont développées entre les gouvernements successifs et la majorité sénatoriale de droite et du centre. L’exécutif choisit ainsi fréquemment d’engager la navette parlementaire en commençant par le Sénat afin de favoriser la recherche de compromis en commission mixte paritaire.

La réforme des retraites de 2023, priorité du gouvernement, a ainsi été adoptée par le Sénat avant d’être définitivement adoptée à l’Assemblée nationale à la suite du recours à l’article 49, alinéa 3, et du rejet des motions de censure. De même, la majorité sénatoriale LR-centristes a joué un rôle important dans l’élaboration de la loi de finances pour 2026, même si son adoption juridique est finalement intervenue à l’Assemblée nationale.

À l’inverse, cette configuration permet tout autant à la majorité sénatoriale de faire progresser des textes qui lui sont chers. Traditionnellement qualifié de « vigie législative », le Sénat voit son pouvoir d’initiative renforcé par l’absence de majorité stable à l’Assemblée nationale. Son travail en commission s’est intensifié, tout comme son influence dans les commissions mixtes paritaires. Au cours de la session 2022-2023, près de 30 % des lois définitivement adoptées étaient issues de propositions de loi sénatoriales, un niveau inédit sous la Vᵉ République.

Cette convergence d’intérêts entre l’exécutif et la majorité sénatoriale de droite et du centre contribue à expliquer la remise en cause répétée de certaines contraintes environnementales dans les lois agricoles. La loi Duplomb est ainsi adoptée en juillet 2025 à l’issue d’un accord trouvé en commission mixte paritaire, grâce aux voix des Républicains, du Rassemblement national et d’une partie de la majorité gouvernementale. Le Conseil constitutionnel censure toutefois les dispositions relatives à la réintroduction de l’acétamipride et formule plusieurs réserves d’interprétation concernant le régime applicable aux ouvrages de stockage de l’eau.

Quelques mois plus tard, la loi d’orientation agricole reprend plusieurs dispositions sans prise en compte des réserves constitutionnelles, là encore sous pression sénatoriale. Au Sénat, un amendement porté par la majorité de droite et du centre propose notamment d’inscrire le principe selon lequel il ne devrait pas y avoir « d’interdiction sans solution » en matière de produits phytopharmaceutiques. La ministre de l’Agriculture, Annie Genevard, déclare s’en remettre dès lors à la « sagesse » du Sénat.

En 2026, le gouvernement dépose un projet de loi d’urgence pour la protection et la souveraineté agricoles, examiné en premier lieu par… Le Sénat. Laurent Duplomb est désigné corapporteur du texte. Les amendements adoptés par la commission réintroduisent, sous une rédaction différente, plusieurs dispositions proches de celles précédemment censurées ou contestées : facilitation des projets de stockage de l’eau et autorisations dérogatoires, limitées dans le temps et à certaines filières, pour des substances phytopharmaceutiques. Après une nouvelle réunion de la commission mixte paritaire, le texte est définitivement adopté le 16 juillet 2026.

Pour le gouvernement, le compromis tient à l’introduction d’un avis favorable de l’Anses comme condition préalable à toute dérogation. Pour mesurer réellement la portée de cette contrainte, il faudra donc attendre les conclusions de l’Anses, une agence elle-même en lutte pour le maintien de son autonomie. Ce court historique révèle néanmoins le rôle fondamental joué par l’alliance tacite entre l’exécutif, la FNSEA et la majorité sénatoriale, pour une suspension des normes environnementales dans les lois agricoles.

The Conversation

François Dedieu ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Loi d’urgence agricole : pourquoi la droite et le centre ne lâchent rien sur les néonicotinoïdes et le stockage de l’eau – https://theconversation.com/loi-durgence-agricole-pourquoi-la-droite-et-le-centre-ne-lachent-rien-sur-les-neonicotino-des-et-le-stockage-de-leau-288367

Indonésie et Asie du Sud-Est : la France a une carte à jouer

Source: The Conversation – in French – By Laurent Vilaine, Docteur en sciences de gestion, ancien officier, enseignant en géopolitique à ESDES Business School, ESDES – UCLy (Lyon Catholic University)

Pendant que Washington et Pékin se disputent l’Indo-Pacifique, l’Asie du Sud-Est cherche des partenaires qui ne lui imposent pas de choisir un camp. Cette situation constitue une fenêtre d’opportunité que l’Europe et la France ne doivent pas laisser passer.


Il y a quelques mois, nous montrions ici comment la Zone économique exclusive (ZEE) française pouvait devenir, dans le duel Washington-Pékin, un levier de puissance pour Paris.

La maîtrise des espaces maritimes n’est qu’une moitié de l’équation indopacifique. L’autre se joue plus à l’est, dans une région sur laquelle l’attention médiatique occidentale se porte trop peu, alors qu’elle pèse chaque année davantage dans l’économie mondiale : l’Asie du Sud-Est. Or, c’est précisément là, et spécialement en Indonésie, que l’Europe et la France disposent d’une carte à jouer face à la bipolarisation sino-américaine.

Le nouveau centre de gravité de l’économie mondiale

Depuis le début des années 2000, l’Association des nations de l’Asie du Sud-Est (Asean) affiche une croissance soutenue, de l’ordre de 4 à 5 % par an, portée par l’industrialisation, l’essor des classes moyennes et l’intégration commerciale.

Au centre de cet ensemble, l’Indonésie est, avec environ 280 millions d’habitants, le 4e pays le plus peuplé du monde, derrière l’Inde, la Chine et les États-Unis : sa population dépasse à elle seule celles de l’Allemagne, de la France, du Royaume-Uni et de l’Italie cumulées. Cette réalité démographique se double d’une trajectoire économique remarquable : l’Indonésie devrait intégrer le top 5 des économies mondiales d’ici à 2050, dépassant l’Allemagne.

Ce pays, qui pèsera bientôt plus lourd économiquement que la plupart des pays européens réunis, demeure pourtant quasiment absent des journaux occidentaux. L’Europe regarde encore le monde à travers ses propres priorités, alors que l’Asie génère désormais près de 60 % de la croissance économique mondiale, un basculement que nous documentons dans Le retour de la puissance en géopolitique.

Ce dynamisme s’accompagne d’une intégration commerciale sans équivalent ailleurs : le Partenariat économique régional global (RCEP), entré en vigueur en 2020, réunit 15 pays – les dix membres de l’Asean, plus la Chine, le Japon, la Corée du Sud, l’Australie et la Nouvelle-Zélande – pour environ 30 % du PIB mondial et 2,2 milliards de consommateurs, sans qu’aucune puissance occidentale traditionnelle n’y figure.

Cette intégration commerciale se double d’une intégration physique avec l’Asean Power Grid (APG), réseau électrique régional qui doit permettre aux dix pays membres de s’échanger leur production d’électricité, et le Trans-Asean Gas Pipeline (TAGP), réseau de gazoducs reliant les principaux gisements aux centres de consommation.

L’Union européenne contribue déjà à ces deux projets (100 milliards de dollars sur 20 ans) via un fonds d’assistance technique dédié. L’objectif est limpide : permettre à chaque État de ne plus dépendre d’un seul fournisseur d’énergie – qu’il soit chinois, américain, ou même seulement régional.

Jakarta et la politique du « million d’amis, zéro ennemi »

Au cœur de cette dynamique, l’Indonésie occupe une position singulière. Héritière de la conférence de Bandung et du mouvement des non-alignés, Jakarta poursuit une politique étrangère « un million d’amis, zéro ennemi ».

En 2025, l’Indonésie est devenue le premier pays d’Asie du Sud-Est à rejoindre les BRICS, tout en engageant simultanément sa candidature à l’OCDE, le club des économies occidentales développées.

Il n’est pas question pour elle de choisir son camp entre Washington et Pékin. Il s’agit de multiplier les partenariats, comme le font déjà l’Inde – membre à la fois des BRICS et du Dialogue quadrilatéral pour la sécurité (Quad) aux côtés des États-Unis, de l’Australie et du Japon –, la Turquie – alliée de l’OTAN qui coopère avec la Russie et achète des missiles S-400 – ou encore le Brésil, qui négocie avec Washington et Bruxelles tout en restant ancré dans les BRICS.

Panama, Ormuz, Malacca : les détroits au cœur du jeu mondial

En Amérique centrale, la Cour suprême a annulé les concessions portuaires du groupe hongkongais CK Hutchison aux deux extrémités du canal de Panama, dans un bras de fer entre Washington et Pékin pour le contrôle d’une voie qui concentre environ 5 % du commerce maritime mondial.

Au Moyen-Orient, le conflit déclenché en 2026 entre les États-Unis, Israël et l’Iran a entraîné la quasi-paralysie du détroit d’Ormuz, par lequel transitent ordinairement près de 20 % du pétrole mondial.

Et en Asie du Sud-Est ?

Malacca, qui sépare la Malaisie et l’Indonésie, est le détroit le plus emprunté de la planète. On y a relevé 74 % d’actes de piraterie supplémentaires en 2025, soit le niveau le plus élevé depuis 20 ans.

Et le risque sécuritaire ne se limite pas à la criminalité. Pékin a théorisé son propre « dilemme de Malacca » : en cas de conflit ouvert dans la région, la marine américaine et ses alliés pourraient bloquer ce passage, coupant l’essentiel des importations énergétiques chinoises, japonaises et sud-coréennes. Cette vulnérabilité éclaire l’actualité autour de Taïwan : tenir les premières chaînes d’îles pour la Chine, c’est demain se donner les moyens de desserrer l’étau de Malacca et d’accéder au Pacifique sans dépendre d’un passage sous contrôle extérieur. La question de Taïwan n’est pas seulement idéologique – elle est géostratégique.

Pour s’affranchir de cette dépendance, la Chine a investi des dizaines de milliards de dollars dans des corridors terrestres alternatifs, à commencer par le corridor économique Chine-Pakistan et le port en eau profonde de Gwadar. Les routes alternatives indonésiennes (détroits de la Sonde et de Lombok) restent peu praticables, faute de profondeur suffisante.

Indonésie, Malaisie et Singapour n’ont aucun intérêt à voir leur prospérité dépendre d’un seul point de passage, ni à voir celui-ci sécurisé par une seule puissance extérieure. D’où leur attente de partenaires capables d’apporter infrastructures, technologies et présence navale sans exiger d’allégeance exclusive.

Ces crises – l’une en Amérique centrale hier, l’autre au Moyen-Orient aujourd’hui, la prochaine (peut-être) en Asie du Sud-Est demain – illustrent une réalité que nous détaillons dans Le retour de la puissance en géopolitique : contrôler un détroit, c’est contrôler un flux vital pour des économies entières.

Le nickel indonésien : un avantage géologique menacé de dépendance industrielle

L’Indonésie concentre à elle seule près de la moitié des réserves mondiales de nickel, matière première indispensable aux batteries de véhicules électriques. Mais l’essentiel des fonderies installées sur place reste sous capitaux chinois, ce qui transforme un avantage géologique en nouvelle dépendance industrielle.

Diversifier les partenaires capables de financer le raffinage – et pas seulement l’extraction – devient un enjeu de souveraineté économique aussi structurant que celui des détroits.

Le paradoxe américain et la carte européenne

Ce besoin de diversification est renforcé par un paradoxe assumé de la politique commerciale américaine. En 2025, l’administration Trump a imposé à presque tous les pays d’Asie du Sud-Est des droits de douane de près de 20 %.

Washington pénalise à coups de droits de douane les pays avec lesquels il prétend construire un front face à Pékin. Dans le même temps, la région multiplie les accords de libre-échange : via le RCEP, mais aussi avec l’Union européenne. Washington taxe et sanctionne ; l’Europe, elle, signe.

C’est précisément là que se trouve la carte européenne. L’UE et l’Indonésie ont conclu en 2025 les négociations d’un accord de partenariat économique global (CEPA), créant une zone de libre-échange de plus de 700 millions de consommateurs et faisant économiser environ 600 millions d’euros par an de droits de douane aux exportateurs européens.

L’accord sécurise notamment l’approvisionnement européen en matières premières critiques, nickel et cobalt en tête. L’Indonésie est déjà le premier producteur mondial de nickel et, portée par cette même industrie, elle est devenue en quelques années le deuxième producteur mondial de cobalt, loin derrière la République démocratique du Congo mais devant tous les autres pays – un outil de diversification face à la mainmise chinoise sur le raffinage de ces métaux.

Cet accord nous renvoie à l’autre bout du monde, l’Union européenne ayant également signé début 2026 (après 20 ans de négociations) un accord historique avec le Mercosur, déjà appliqué à plus de 90 % (ratification complète en cours), pour une économie de plus de 4 milliards d’euros par an pour les entreprises européennes.

Le parallèle est frappant : deux zones de libre-échange de plusieurs centaines de millions de consommateurs, l’un en Amérique du Sud, l’autre en Asie du Sud-Est, que l’Europe négocie patiemment pendant que Washington choisit la taxation. La méthode est lente – c’est aussi son point faible – mais elle construit, accord après accord, un réseau de partenariats que ni la Chine ni les États-Unis n’égalent en diversité géographique.

Paris, de son côté, a fait de l’archipel un partenaire de défense de premier plan : 42 Rafale commandés en 2022, deux sous-marins Scorpène signés avec Naval Group en 2024, et de nouvelles discussions engagées lors de la visite d’État d’Emmanuel Macron à Jakarta en 2025.




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Ce déplacement visait à affirmer la France, première puissance européenne dotée d’une stratégie indopacifique depuis 2019, comme une « puissance d’équilibre » entre Chine et États-Unis – une diplomatie facilitée par les quelque 7 000 militaires français déjà stationnés en permanence dans la région, de La Réunion à la Polynésie.

Ni Washington ni Pékin n’offrent cette possibilité : ils demandent un alignement. La France et l’Europe, elles, peuvent vendre de la souveraineté partagée.

La stabilité internationale ne se construit plus par blocs, mais par la multiplication de partenariats à géométrie variable. L’Indonésie n’invente d’ailleurs rien : elle rejoint une famille de puissances – l’Inde, la Turquie et le Brésil dont nous avons évoqué plus haut les diplomaties pluridimensionnelles qui ont fait du multi-alignement leur principale ressource diplomatique. Reste à savoir si l’Europe, souvent plus lente que ses concurrents à transformer un accord commercial en présence stratégique durable, saura tenir le rythme imposé par une région qui, elle, n’a pas attendu pour avancer.

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Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. Indonésie et Asie du Sud-Est : la France a une carte à jouer – https://theconversation.com/indonesie-et-asie-du-sud-est-la-france-a-une-carte-a-jouer-287087

Peu importe ce que les enfants lisent, tant qu’ils lisent ? Dépasser les préjugés sur les « bonnes » et « mauvaises lectures »

Source: The Conversation – in French – By Caroline Cauchi, Reader in Creative Writing, University of Hull

Une personne qui dévore des romans et des classiques est d’emblée considérée comme un lecteur ou une lectrice. Mais n’est-ce pas aussi le cas de celle qui ne lit que des magazines ou des mangas ? Pour donner aux enfants le goût de lire, peut-être faut-il d’abord en finir avec les catégories figées et avec les critères datés sur les « bonnes » ou « mauvaises lectures » pour partir des centres d’intérêts de chacun.


2026 a été décrétée Année nationale de la lecture au Royaume-Uni et, cet été, la manifestation s’associe à des personnalités du monde du sport comme Joe Wicks, Clare Balding et Georgia Stanway, afin d’encourager le public à lire. Cette initiative, qui s’inscrit dans le programme « Summer of Sport » (L’été du sport) de la campagne, associe la lecture aux grands événements sportifs tels que Wimbledon, la Coupe du monde de football de la FIFA, des tournois de cricket ou des championnats de Formule 1.

Les capitaines d’équipe tels que Wicks, Balding et Stanway partageront leurs recommandations de lecture, discuteront de la manière dont la lecture a façonné leurs intérêts sportifs et encourageront le public à s’adonner à la lecture sous diverses formes.

Le principe est simple. Des millions de personnes sont déjà passionnées par le sport. Plutôt que de demander aux gens de s’intéresser à la lecture en tant que telle, la campagne cherche à associer la lecture à leurs centres d’intérêt personnels. C’est une approche judicieuse, mais elle soulève également une question qui est au cœur de nombreux débats actuels sur la lecture : qu’est-ce qui est considéré comme une bonne lecture ?

Les débats publics sur la lecture portent souvent sur la qualité des textes. Les discussions concernant l’utilisation des écrans, les réseaux sociaux et les habitudes de lecture soulèvent fréquemment des inquiétudes quant au temps que les gens consacrent à la lecture de textes longs. Nous nous demandons si les écrans sont en train de remplacer les livres. Nous discutons de la capacité d’attention et de la « lecture approfondie » (où on lit de manière active et réfléchie).

Derrière bon nombre de ces débats se cache l’hypothèse selon laquelle certaines formes de lecture auraient plus d’importance que d’autres. Mais avant de nous demander si les gens lisent bien, nous devrions peut-être nous poser une question plus fondamentale : comment devient-on lecteur, au juste ?

Devenir lecteur

L’intérêt pour lecture peut prendre des chemins inattendus : un annuaire de football, une série de mangas, les mémoires d’une célébrité empruntées à un ami. L’envie de lire ne naît généralement pas d’un discours théorique sur les vertus de la lecture. Elle vient de la rencontre avec quelque chose qui capte notre attention et nous donne envie de tourner les pages. Pour un enfant, ce seront peut-être des statistiques de football. Pour un autre, des romans fantastiques, des romans d’amour ou des magazines de jeux vidéo. La lecture commence souvent par des sujets qui nous tiennent déjà à cœur.

C’est une réalité que les chercheurs en lecture reconnaissent depuis longtemps : la motivation joue un rôle essentiel. Les gens sont bien plus enclins à lire lorsqu’ils perçoivent un lien entre ce qu’ils lisent et leurs propres centres d’intérêt, leur identité ou leurs expériences.

Pourtant, ces formes de lecture sont parfois considérées comme de moindre valeur. Il existe d’ailleurs une longue tradition consistant à établir des distinctions entre « bons » et « mauvais » lecteurs, le plus souvent en fonction de ce que les gens lisent et de leur manière de lire.

Les bandes dessinées, la littérature populaire, les romans d’amour et la littérature de genre ont tous, à différentes époques, été considérés comme inférieurs à la littérature dite « sérieuse ». Il en résulte que certains lecteurs en viennent à penser que ce qu’ils aiment lire ne compte pas vraiment. Si un adolescent passe l’été à lire des magazines de football, des comptes rendus de matchs et des biographies de joueurs parce qu’il suit une saison sportive, est-il pour autant devenu un meilleur lecteur ?

La réponse dépend de ce que nous attendons de la lecture.

Si l’objectif est l’acquisition de connaissances culturelles, on peut accorder plus d’importance à certains textes qu’à d’autres. Si l’objectif est la concentration, on peut privilégier la lecture d’ouvrages volumineux. Si l’objectif est l’empathie, on peut se tourner vers la fiction littéraire. Mais si l’objectif est de développer une habitude de lecture, de renforcer la confiance en soi, de découvrir le plaisir de lire ou de se forger une identité de lecteur, la situation est tout autre.

Un adolescent qui choisit de consacrer du temps à lire des ouvrages sur le football est bel et bien en train de lire. Plus important encore, il est peut-être en train de nouer avec la lecture une relation qui perdurera bien au-delà d’une seule saison sportive.

Ce que les non-lecteurs peuvent nous apprendre

Une grande partie du débat public sur la lecture est menée par des personnes qui ont toujours été des lectrices et des lecteurs. L’accent est souvent mis sur la préservation d’une pratique considérée comme précieuse. Mes propres recherches et mes rencontres avec des auteurs m’ont conduit dans une direction légèrement différente. En travaillant sur l’engagement en faveur de la lecture, notamment dans les prisons, je m’intéresse de plus en plus aux personnes qui ne se considèrent absolument pas comme des lecteurs.

Je rencontre sans cesse des personnes dont les habitudes de lecture ne correspondent pas aux attentes classiques. En prison, j’ai rencontré des gens qui se décrivent comme « n’étant pas des lecteurs » alors qu’ils étaient en train de discuter des biographies de footballeurs, des journaux ou des romans policiers qu’ils viennent de terminer.

D’autres lisent en cachette, craignant que la lecture ne les fasse sortir du lot d’une manière ou d’une autre. Certains ont arrêté de lire il y a des années avant de s’y remettre plus tard. D’autres encore ne lisent qu’un seul type de livres. Ce qui les unit, c’est que leur rapport à la lecture est souvent bien plus complexe que ne le laisse supposer l’étiquette de « lecteur ».

Devenir lecteur est souvent moins simple qu’on ne l’imagine. L’enjeu n’est pas toujours de convaincre les gens que la lecture est précieuse. Il consiste plutôt à les aider à trouver une forme de lecture qui fasse écho à leur vie.

Des campagnes telles que l’« Été du sport » de l’Année nationale de la lecture mettent en lumière un point essentiel : on ne se met pas toujours à lire par le biais de la littérature. On peut y venir par le football, les interviews de célébrités, les magazines ou les histoires qui se cachent derrière ses sportifs préférés. Le chemin emprunté importe moins que le fait d’y parvenir.

On se demande souvent si les gens lisent les bons livres. Mais les expériences de nombreux « non-lecteurs », de ceux qui se remettent à la lecture ou de ceux qui se définissent eux-mêmes comme tels suggèrent qu’une autre question pourrait être tout aussi importante : qui a le droit de décider, au fond, ce qui fait qu’on est un lecteur ?

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Caroline Cauchi ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Peu importe ce que les enfants lisent, tant qu’ils lisent ? Dépasser les préjugés sur les « bonnes » et « mauvaises lectures » – https://theconversation.com/peu-importe-ce-que-les-enfants-lisent-tant-quils-lisent-depasser-les-prejuges-sur-les-bonnes-et-mauvaises-lectures-287799