¿Por qué los barcos siguen chocando, a pesar de la tecnología y de conocer sus respectivas posiciones?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria

Veyadira/Shutterstock

El 2 de septiembre de 2026, a las tres y cuarto de la madrugada, el carguero Tuğberk İmamoğlu y el petrolero Alsu chocaron en el mar de Mármara, a 18 millas (unos 29 kilómetros) de la costa de Estambul. El carguero, de 90 metros de eslora, se hundió 11 minutos después, con 10 tripulantes a bordo.

¿Cómo fue posible la colisión, si los dos barcos sabían dónde estaba el otro? A bordo, tenían operativo el radar, el sistema de navegación por satélite y las comunicaciones. De hecho, sus capitanes habían hablado por radio poco antes del impacto.

Pero, aunque parezca raro, este accidente no es una excepción. Las colisiones siguen apareciendo en las estadísticas de accidentes marítimos, pese a que un puente de mando moderno cuenta con más información que nunca.

Saber dónde está no es saber adónde va

Un buque conoce su posición mediante sistemas de navegación por satélite. El sistema de identificación automática (AIS) permite, además, que los barcos intercambien información como su identidad, posición, rumbo y velocidad.

El radar es otra fuente de información independiente. Emite ondas de radio y analiza los ecos que regresan de los objetos situados alrededor. Los sistemas de ayuda automática para el punteo radar (ARPA) utilizan esos ecos para seguir otros buques y calcular dos datos especialmente útiles: a qué distancia mínima pasarán si mantienen sus trayectorias y cuánto tiempo falta para que lleguen a ese punto. Si la distancia prevista es demasiado pequeña, existe riesgo de colisión. Pero el cálculo contiene una condición importante: supone que los dos barcos seguirán navegando como hasta ese momento. Con que uno de ellos cambie de rumbo o velocidad, el resultado se modifica.

Y es que los sensores permiten saber con bastante precisión dónde está otro barco y cómo se está moviendo. Lo que no pueden medir es qué piensa hacer su capitán en los próximos dos minutos.

Un barco no frena

A esa incertidumbre se añade un problema de escala. Un coche que circula a 50 kilómetros por hora puede detenerse en unas decenas de metros, mientras que un buque necesita mucho más espacio.

Las normas de maniobrabilidad de la Organización Marítima Internacional (OMI) establecen que, en determinadas condiciones, la distancia recorrida durante una parada de emergencia no debe superar quince veces la eslora del barco. En los grandes buques, esto implica que detenerse puede requerir kilómetros.

Tampoco pueden cambiar de dirección de forma instantánea. Aunque el timón empiece a modificar la trayectoria, el casco continúa avanzando mientras gira.

Por eso, las colisiones se deben evitar mucho antes de que los barcos estén cerca. Además, la maniobra debe ser suficientemente clara para que pueda ser detectada desde el otro puente de mando. De lo contrario, una corrección pequeña de rumbo puede no ser evidente y hacer que el otro barco continúe tomando decisiones como si nada hubiera cambiado.

Es decir, el problema no consiste solo en detectar el peligro. Hay que detectarlo con tiempo suficiente.

Quién se aparta

Para evitar que dos capitanes tengan que adivinar qué hará el otro existe el Reglamento Internacional para Prevenir los Abordajes (COLREG), que establece cómo deben actuar los buques cuando sus trayectorias pueden entrar en conflicto.

Estas reglas dictan de qué manera deben comportarse los barcos en situaciones frecuentes. Por ejemplo, si dos buques se aproximan de frente, ambos modifican su rumbo. Si sus trayectorias se cruzan, uno debe ceder el paso. En un adelantamiento, el barco que alcanza al otro debe mantenerse apartado.

La finalidad es decidir quién tiene prioridad y hacer que el comportamiento de ambos sea previsible. Si uno debe maniobrar y el otro mantener rumbo y velocidad, el primero puede calcular su movimiento suponiendo que el segundo seguirá haciendo lo esperado. Sin embargo, el problema aparece cuando alguien no lo hace.

Cuando hablar tampoco basta

Los barcos también pueden comunicarse por radio de muy alta frecuencia (VHF). Si dos capitanes tienen dudas sobre sus intenciones, pueden hablar y acordar cómo cruzarse. En principio, eso debería reducir la incertidumbre, pero no siempre ocurre.

En seguridad marítima, se utiliza la expresión “colisión asistida por VHF” para describir accidentes en los que la conversación entre dos barcos contribuye a crear una interpretación equivocada de la maniobra. Puede haber dudas sobre cuál de los varios barcos visibles está hablando, dificultades con el idioma o instrucciones ambiguas.

Esto fue lo que pasó, en 2017, cuando el Huayang Endeavour y el Seafrontier chocaron en el estrecho de Dover después de haberse comunicado por radio. La investigación británica posterior concluyó que las conversaciones contribuyeron a que los dos equipos de puente desarrollaran interpretaciones distintas de cómo iban a pasar uno respecto al otro. Hablar había añadido información y, también, una posibilidad nueva de equivocarse.

Por su parte, el accidente en el mar de Mármara continúa bajo investigación para determinar qué sucedió antes del impacto. Pero el hecho de que ocurriera después de haber hablado los capitanes de ambos buques es un buen ejemplo de por qué disponer de un canal de comunicación tampoco elimina por sí solo una colisión.

Más sensores no eliminan el problema

En 1956, el Andrea Doria y el Stockholm colisionaron frente a Nantucket, en Estados Unidos. Los dos barcos contaban con radar y ambos habían detectado al otro antes del accidente. Setenta años después, los instrumentos son mucho mejores. Al radar se han añadido el GPS, el AIS, las cartas de navegación electrónicas y sistemas capaces de seguir automáticamente numerosos objetivos y calcular en todo momento el riesgo de colisión.

Sin embargo, hay una parte del problema que sigue siendo la misma. Los instrumentos describen la situación, pero después alguien tiene que decidir. ¿Y si ese “alguien” fuera una máquina?

El siguiente capitán puede estar en tierra

En julio de 2026 entró en vigor el primer código internacional de seguridad para buques autónomos de la Organización Marítima Internacional. Por ahora, su aplicación es voluntaria y abarca distintos grados de automatización, desde barcos con tripulación asistida por sistemas automáticos hasta buques controlados desde tierra. Evitar colisiones es uno de los problemas que tendrán que resolver.

Un sistema automático tiene algunas ventajas: puede vigilar simultáneamente numerosos objetivos y recalcular sus trayectorias de forma continua, y además no sufre fatiga durante una guardia nocturna. Las situaciones regladas también son relativamente sencillas de traducir a un algoritmo: detectar el riesgo, determinar qué regla se aplica y ejecutar la maniobra correspondiente.

El gran reto son las excepciones. Un pesquero pequeño puede no transmitir AIS. Otro barco puede realizar una maniobra inesperada. Un capitán puede no cumplir la regla prevista. El radar puede ofrecer información incompleta y una situación inicialmente clara puede cambiar mientras se ejecuta la maniobra. En este contexto, la capacidad que tiene un sistema autónomo para reaccionar a imprevistos es limitada.

Durante décadas, la tecnología ha permitido saber cada vez mejor dónde están los barcos. La siguiente etapa consiste en automatizar qué hacer con esa información. Porque conocer la posición es un problema de medida, pero evitar una colisión es un problema de predicción.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Por qué los barcos siguen chocando, a pesar de la tecnología y de conocer sus respectivas posiciones? – https://theconversation.com/por-que-los-barcos-siguen-chocando-a-pesar-de-la-tecnologia-y-de-conocer-sus-respectivas-posiciones-291302

La IA ya puede diseñar genomas de virus que funcionan

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ignacio López-Goñi, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), Universidad de Navarra

El estudio se realizó con ADN de virus bacteriófagos, es decir, que infectan bacterias. Teacherx555/Shutterstock

El pasado mes de agosto, investigadores de la Universidad de Stanford y el Arc Institute anunciaron en Science una nueva y sorprendente aplicación de la IA: gracias ella, lograron diseñar genomas completos de bacteriófagos, es decir, virus que infectan bacterias. Algunos de esos genomas fueron sintetizados en el laboratorio y dieron lugar a virus funcionales capaces de infectar y reproducirse en la bacteria Escherichia coli.

Esto no significa que una IA pueda diseñar seres vivos a la carta. Estamos muy lejos de eso (o no, quién sabe). Pero sí demuestra algo importante: un modelo entrenado con enormes cantidades de secuencias de ADN puede aprender algunas de las reglas que organizan un genoma y utilizarlas para proponer secuencias nuevas que funcionan en el mundo real.

Del lenguaje humano al lenguaje del ADN

Los investigadores utilizaron Evo 1 y Evo 2, dos grandes modelos de lenguaje genómico. Su modo de funcionamiento es similar al de ChatGPT, con la diferencia que, en lugar de aprender de palabras y textos, Evo lo hace de secuencias de ADN.

Así, su alfabeto tiene solo cuatro letras (A, G, C y T, los cuatro nucleótidos o moléculas que conforman la estructura del ADN), y durante el entrenamiento intenta predecir qué nucleótido debería aparecer a continuación. Después de analizar millones de genomas, el modelo acaba identificando regiones asociadas a genes, secuencias reguladoras y secuencias que codifican proteínas, además de entender cómo es la organización genómica.

De la misma manera que ChatGPT comprende el lenguaje humano y es capaz de escribir textos con sentido, Evo entiende el lenguaje del ADN y escribe genomas con sentido.

En 2024, Evo 1 fue entrenado con 2,7 millones de genomas de bacterias, arqueas y virus bacteriófagos. En 2026, la nueva versión Evo 2 ha ampliado enormemente la cantidad y diversidad de secuencias analizadas y la longitud de ADN que puede analizar: contiene más de 40 000 millones de parámetros y ha sido entrenada con billones de nucleótidos de genomas no solo de procariotas (arqueas y bacterias) y virus, sino también de eucariotas (las células que forman los animales, plantas, hongos y protistas).

Aparte de reconocer genes y las regiones o señales relacionadas con la traducción de la información genética, lo interesante es que estos modelos también pueden generar nuevas secuencias de ADN siguiendo las reglas que han aprendido. No solo lo leen, sino que lo escriben. La pregunta es: ¿podrían llegar a escribir un genoma completo que funcionara?

Un pequeño virus como banco de pruebas

Para comprobarlo, los investigadores escogieron al bacteriófago ΦX174, un virus muy conocido que infecta Escherichia coli. Tiene un diminuto genoma circular de ADN de tan solo 5 386 nucleótidos y ocupa un lugar histórico en la biología molecular: fue el primer genoma completo de ADN que se consiguió secuenciar, allá por los años setenta.

Diseñar un genoma viral no consiste simplemente en colocar genes uno detrás de otro: todo el sistema debe funcionar coordinadamente. El ADN tiene que replicarse, los genes deben expresarse correctamente y en un orden determinado, sus proteínas tienen que interaccionar, el genoma debe empaquetarse dentro de una cápside proteica y, finalmente, la nueva partícula viral tiene que reconocer una bacteria, infectarla y completar su ciclo de reproducción.

No basta, por tanto, con escribir palabras que tengan sentido: hay que conseguir que funcione toda la historia.

Los investigadores especializaron Evo 1 y Evo 2 utilizando unas 15 000 secuencias de virus pertenecientes a la familia Microviridae, a la que pertenece ΦX174. A partir de esa información, los modelos generaron miles de posibles genomas nuevos.

De una secuencia informática a un virus real

Tras aplicar diferentes filtros computacionales, se seleccionaron cerca de 300 genomas para comprobarlos experimentalmente. Solo 16 de ellos produjeron bacteriófagos viables capaces de infectar E. coli y reproducirse. Es decir, de miles de genomas generados por IA, 300 fueron seleccionados y poco más del 5 % funcionaron. En suma, la tasa de éxito fue muy baja: la IA todavía falla mucho y no sabe escribir de forma fiable un genoma funcional. Pero que 16 de esos genomas diseñados por inteligencia artificial funcionaran demuestra que los modelos habían captado suficientes relaciones entre las distintas partes del genoma como para generar combinaciones biológicamente compatibles. Los autores llamron “Evo-Φ” a estos nuevos fagos generados por IA.




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Otro resultado muy interesante fue que los nuevos bacteriófagos no eran simples copias de ΦX174 con unas pocas mutaciones. Algunas de sus proteínas eran muy diferentes de las del virus de referencia, pero seguían funcionando integradas dentro del conjunto. La IA no parecía estar aprendiendo únicamente cómo debía ser cada pieza, sino también algunas de las reglas que permiten que esas nuevas piezas funcionen juntas. Es como si hubiera aprendido las reglas de la evolución.

Y esto, ¿para qué sirve?

Igual que se vuelven inmunes a los antibióticos, las bacterias también pueden hacerse resistentes a la infección por bacteriófagos. Esto representa uno de los problemas de la fagoterapia, como se denomina la utilización de virus bacterianos para combatir determinadas infecciones.

Los investigadores obtuvieron cepas de E. coli resistentes al ΦX174 original y después las enfrentaron a diferentes combinaciones de los nuevos fagos Evo-Φ diseñados mediante IA. Pues bien, un cóctel determinado de fagos Evo-Φ consiguió superar rápidamente la resistencia a ΦX174 en tres cepas bacterianas.

Esto no significa que dispongamos de una nueva terapia. El experimento se realizó en el laboratorio y no demuestra que estos bacteriófagos sean eficaces o seguros para tratar infecciones humanas. Pero es una “prueba de concepto” muy interesante. Quizás, en el futuro, ante una bacteria resistente, podamos utilizar modelos de IA para explorar rápidamente miles de posibles variantes de fagos y seleccionar después experimentalmente aquellas que tengan las propiedades que buscamos.

Una nueva etapa de la biología sintética

La importancia de este trabajo va más allá de los bacteriófagos. Lo que ha demostrado es que una IA puede proponer desde cero secuencias de genomas virales que, después de ser sintetizadas, producen fagos funcionales.

Esta capacidad de diseñar genomas completos funcionales abre muchas posibilidades en biología sintética y biotecnología. En el caso concreto de los fagos, podría ayudar a modificar su especificidad, ampliar el rango de bacterias que pueden infectar o generar nuevas combinaciones útiles frente a bacterias resistentes.

Sin embargo, también plantea cuestiones de bioseguridad. Quienes desarrollaron el sistema Evo 2 excluyeron deliberadamente de su entrenamiento los virus que infectan eucariotas; entre ellos, los que infectan humanos y animales. El objetivo era reducir la capacidad del modelo para generar este tipo de virus que podrían ser nuevos patógenos.

La capacidad técnica para generar secuencias biológicas debe avanzar acompañada de mecanismos de evaluación y control. Cuanto más potentes sean estos modelos, más importante será decidir con qué objetivo se hacen, con qué datos se entrenan, qué capacidades se liberan, cómo se evalúan sus posibles riesgos y quién es el responsable. El mayor problema de la IA es la falta de transparencia y que está en manos de unos pocos: ¿quién vigila al vigilante?


Una versión de este articulo ha sido publicada en el blog microBIO del autor.


The Conversation

Ignacio López-Goñi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La IA ya puede diseñar genomas de virus que funcionan – https://theconversation.com/la-ia-ya-puede-disenar-genomas-de-virus-que-funcionan-292478

¿Estamos solos en el universo? El telescopio Nancy Grace Roman buscará respuesta entre 100 000 exoplanetas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

¿Hasta qué punto es especial nuestro sistema solar?

Desde que en los años noventa se confirmó la existencia de los primeros planetas fuera del Sistema Solar, los astrónomos han descubierto ya más de 6 000 exoplanetas. Pero esta colección está lejos de ser representativa de la población planetaria de la Vía Láctea: nuestros métodos de detección favorecen determinados tipos de mundos y, sobre todo, las estrellas relativamente próximas al Sol.

El telescopio espacial Nancy Grace Roman, lanzado por la NASA el pasado 30 de agosto, puede cambiar esa situación. Durante su misión principal, prevista para cinco años, observará enormes cantidades de estrellas y podría descubrir alrededor de 100 000 nuevos exoplanetas.

No se trata simplemente de aumentar un catálogo: Roman pretende realizar un auténtico censo de los mundos que habitan nuestra galaxia.

Un telescopio construido para mirar a lo grande

Roman tiene un espejo principal de 2,4 metros de diámetro, prácticamente idéntico al del telescopio espacial Hubble. Sin embargo, hay una diferencia fundamental: su instrumento principal, el Wide Field Instrument, posee un campo de visión al menos 100 veces mayor que el de Hubble.

Espejo primario del Telescopio Nancy Grace Roman.
Wikimedia Commons, CC BY

Esto permite observar enormes regiones del cielo de una sola vez. El telescopio espacial trabajará principalmente en el infrarrojo cercano, una característica especialmente importante para observar el interior de la Vía Láctea, donde las estrellas están mucho más concentradas y el polvo interestelar dificulta las observaciones en luz visible. A lo largo de su misión, el telescopio podrá medir la luz de alrededor de mil millones de galaxias, además de estudiar cientos de millones de estrellas de nuestra propia galaxia.

Para encontrar planetas, esta capacidad resulta especialmente valiosa. No basta con tener un telescopio sensible: hay que observar muchas estrellas durante mucho tiempo y detectar cambios diminutos en su brillo.

Una población de planetas que apenas conocemos

La gran novedad del Nancy Grace Roman será su capacidad para encontrar mundos que han quedado fuera del alcance de las principales campañas de búsqueda de exoplanetas.

Una de sus técnicas será el tránsito, mediante el que se detecta el pequeño descenso de brillo de una estrella cuando un planeta pasa por delante de ella. Roman podría encontrar unos 100 000 planetas mediante este método, incluidos mundos situados a miles de años luz y, potencialmente, al otro lado de la galaxia.




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Pero el verdadero salto cualitativo llegará con la microlente gravitacional.

Cuando dos estrellas se alinean casi exactamente desde nuestra perspectiva, la gravedad de la estrella más cercana curva y amplifica la luz de la más distante. Si la estrella que actúa como lente tiene planetas, estos producen pequeñas alteraciones adicionales en el patrón de luz. El fenómeno puede durar apenas horas, por lo que es necesario observar millones de estrellas con una cadencia muy alta.

Cuando un exoplaneta pasa por delante de una estrella más distante, su gravedad hace que la trayectoria de la luz de la estrella se desvíe y, en algunos casos, provoca un breve aumento del brillo de la estrella de fondo tal como lo observa un telescopio.

Ilustración del efecto conocido como lente gravitacional.
Wikimedia Commons, CC BY-SA

El telescopio espacial Nancy Roman dedicará aproximadamente 15 meses de su misión a un programa de observación del bulbo galáctico, realizando exposiciones repetidas con intervalos de unos 12 minutos durante determinadas campañas. El objetivo es detectar miles de eventos de microlente y extraer de ellos información sobre la población planetaria.

La ventaja es que esta técnica es sensible a mundos muy diferentes de los que predominan en los catálogos actuales. Puede encontrar planetas situados lejos de sus estrellas, incluidos gigantes de hielo similares a Urano y Neptuno y planetas rocosos con masas comparables a la Tierra o incluso Marte. También puede detectar planetas errantes, cuerpos que han perdido su estrella y vagan solos por la galaxia.

¿Cuántos sistemas como el nuestro existen?

Esta es posiblemente la pregunta más importante que El telescopio espacial ayudará a responder.

Los planetas que conocemos actualmente no constituyen una muestra aleatoria. Es mucho más sencillo encontrar un gigante gaseoso que orbita muy cerca de su estrella que un planeta pequeño situado a una distancia comparable a la de la Tierra respecto al Sol.

Roman permitirá comparar poblaciones planetarias en distintas regiones de la Vía Láctea. Su sondeo penetrará hasta el bulbo galáctico y las regiones del otro lado de la galaxia, mucho más lejos que la mayoría de los exoplanetas conocidos actualmente. Así podremos comprobar si los sistemas planetarios tienen características similares independientemente de dónde se formen o si nuestro vecindario cósmico es una excepción.

El resultado será una distribución estadística de tamaños, masas y distancias orbitales. En lugar de preguntarnos únicamente «¿hemos encontrado otra Tierra?», podremos plantearnos una cuestión mucho más poderosa: ¿con qué frecuencia aparece un planeta parecido a la Tierra?

Un primer paso hacia la búsqueda de vida

Roman no está diseñado para detectar directamente vida extraterrestre. Su contribución será anterior: identificar una enorme población de mundos y determinar cuáles merecen ser estudiados con instrumentos más especializados.

Además del gran sondeo planetario, probará una tecnología especialmente interesante: un coronógrafo capaz de bloquear la luz de una estrella para obtener imágenes directas de planetas cercanos. Su objetivo será estudiar mundos gigantes y discos de material alrededor de otras estrellas, demostrando técnicas que podrían ser utilizadas por futuros telescopios para fotografiar planetas rocosos potencialmente habitables.

Imagen de TWA 7 b a través de un coronógrafo de alto contraste.
Wikimedia Commons, CC BY

El telescopio también estudiará la materia y energía oscuras, la evolución de las galaxias, las supernovas y otros fenómenos astrofísicos. Pero su legado en el campo de los exoplanetas puede ser especialmente profundo.

Porque quizá la respuesta a «¿estamos solos?» no comience encontrando una civilización extraterrestre ni detectando una señal procedente de otro mundo. Puede comenzar con una estadística.

Si Roman descubre que los planetas pequeños y las órbitas similares a las de nuestro sistema son habituales, la Tierra dejará de parecer un caso excepcional. Si, por el contrario, nuestro tipo de sistema resulta extraordinariamente raro, habremos descubierto algo igualmente fascinante.

Roman no buscará directamente vida. Buscará algo que necesitamos conocer antes: cuántas oportunidades ha tenido el universo para crearla.

The Conversation

Carlos Vázquez Monzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Estamos solos en el universo? El telescopio Nancy Grace Roman buscará respuesta entre 100 000 exoplanetas – https://theconversation.com/estamos-solos-en-el-universo-el-telescopio-nancy-grace-roman-buscara-respuesta-entre-100-000-exoplanetas-291172

Luis Martínez Zoroa, el español clave en el hito del Problema del Milenio: “Sigo haciendo matemáticas con lápiz y papel”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Sánchez, Responsable de Eventos. Editora de Ciencia y Tecnología, The Conversation

El profesor Luis Martínez Zoroa y las ecuaciones de Navier-Stokes en la pizarra. CUNEF, CC BY

Mientras OpenAI conmocionaba a la comunidad científica al anunciar la resolución de las ecuaciones de Navier-Stokes –uno de los célebres Problemas del Milenio–, saltaba la agridulce noticia de que la arquitectura conceptual del trabajo utilizaba desarrollos (sin citarlos) de dos matemáticos españoles: Diego Córdoba (ICMAT-CSIC) y Luis Martínez Zoroa, profesor en CUNEF.

Bullían las ollas mediáticas de medio mundo, y las científicas, con acusaciones de plagio (que OpenAI ha desmentido), cuando Martínez Zoroa, al despertar aquella mañana, comprobaba aún aturdido que en su vida había tenido tantos mensajes de WhatsApp antes de desayunar. Hemos hablado con él.

¿Haces matemáticas con papel y lápiz, sin usar la IA?

Sí. Bueno, hace no tanto trabajaba así todo el mundo. Me va a tocar adaptarme, pero es verdad que hasta ahora yo no he usado inteligencia artificial.

Entonces, los desarrollos que has llevado a cabo junto con el profesor Diego Córdoba, que han sido fundamentales en la resolución del problema del milenio, ¿los has hecho con lápiz y papel?

Sí, pero no es raro, ¿no?

En la publicación de OpenAI con la resolución al Problema del Milenio, ¿puedes identificar que los 80 000 agentes de IA empleados para ello han usado vuestros desarrollos?

Mirando el artículo, es verdad que hay varias ideas que creo que podrían tener origen en nuestra investigación. También es evidente que ha usado un montón de resultados de este cuerpo de investigación, las matemáticas, que se han ido desarrollando en las últimas décadas.

¿Como es posible que puedan identificarse vuestras ideas y no la de otros miles de matemáticos que están trabajando en modelos similares?

Básicamente porque nuestra idea no era la más prometedora, y es llamativo que la utilizaran. Solo nosotros estábamos trabajando en esa línea de aproximación, y a partir de nuestro trabajo, Tristan Buckmaster, que ha sido quien reconoció el trabajo y dio la voz de alarma. Es posible identificar que son nuestras ideas porque solo nosotros las habíamos planteado. Aparte de la de Tristan, ha habido muy poca investigación en la dirección que nosotros proponíamos.

En cualquier caso, nosotros estamos contentísimos porque demuestra en cierto modo que teníamos razón y que habíamos dado con herramientas muy poderosas que tenían capacidad para abrir nuevas puertas.

¿Hasta dónde habíais llegado? ¿Dónde está vuestro logro?

El objetivo era demostrar la formación de singularidades, situaciones donde la velocidad de un fluido se vuelve infinita en algún punto, lo cual no es físicamente observable en la realidad y suele indicar que el modelo es incorrecto o requiere variaciones. Habíamos conseguido demostrar esta singularidad en otros modelos. Decíamos que, con las herramientas que nosotros habíamos descubierto o desarrollado, uno podía potencialmente intentar atacar problemas más difíciles, como la formación de singularidades en Navier-Stokes. Pero nosotros no habíamos trabajado directamente en estas ecuaciones.

¿Estaba en vuestra cabeza hacerlo?

Sí, nuestra intención era hacerlo, digamos, a medio plazo. Pero un equipo humano habría necesitado ocho años de trabajo.

Ha sido OpenAI quien lo ha hecho…

Correcto, sí. Con agentes de IA han sido capaces de combinar las distintas líneas de investigación que había para atacar este problema. Y dar una respuesta.

El conflicto estalla cuando es una inteligencia artificial quien recoge esa información y se alimenta de todo ello sin dar el crédito correspondiente. ¿Por qué esto es tan relevante en ciencia?

Tal y como está montado el sistema de investigación, los desarrollos son abiertos a la comunidad científica, pero es fundamental que se referencie a aquellos en los que está basado cada trabajo. Esta falta de reconocimiento afecta a los investigadores más jóvenes en la búsqueda de empleo y a los más experimentados en la obtención de financiación para proyectos. Aquí hay una problemática fundamental: la IA se ha alimentado de todo lo que se ha hecho hasta ahora y muchas de las ideas que utiliza no se sabe necesariamente de dónde han salido.

¿Crees que en algún momento OpenAI, y cualquiera que use IA, se va a plantear referenciar el trabajo de los investigadores humanos? ¿Es un momento fundamental para la investigación y las matemáticas?

Hicieron correcciones al artículo donde ya se nos mencionaba, pero carece de bastantes citas de otros, cuando en un artículo de investigación típico estarían presentes. Esto no ha sentado muy bien en general. Espero que hagan un esfuerzo por dar más reconocimiento a toda la investigación previa en el campo que sea. Sí, estamos ante un momento decisivo para trazar como van a referenciarse los desarrollos de IA.

También es verdad que es un tema un poco difícil cuando tu artículo lo ha escrito una inteligencia artificial y en tu empresa no hay necesariamente ni siquiera expertos en el tema. No sería de extrañar que publicaran un artículo en un campo donde no tienen a ningún especialista, lo cual también dificulta hacer un buen trabajo. Dicho esto, creo que deberían hacer un esfuerzo más grande en esa dirección.

¿Y qué va a ser del millón de dólares que el Clay Mathematics Institute ofrece a quien resuelva el problema?.

¡Ay, el millón de dólares! De eso no vamos a ver ni un euro. Ya te lo digo.

The Conversation

– ref. Luis Martínez Zoroa, el español clave en el hito del Problema del Milenio: “Sigo haciendo matemáticas con lápiz y papel” – https://theconversation.com/luis-martinez-zoroa-el-espanol-clave-en-el-hito-del-problema-del-milenio-sigo-haciendo-matematicas-con-lapiz-y-papel-292327

Filles ou garçons : le prestige des études n’influence pas leurs choix d’orientation de la même manière

Source: The Conversation – in French – By Magali Jaoul-Grammare, Chargée de Recherche CNRS en Economie, Université de Strasbourg

Pourquoi choisit-on une filière universitaire plutôt qu’une autre ? Est-ce avant tout une question de débouchés professionnels et d’attentes salariales ?

La recherche que nous publions dans la revue Formation et emploi montre qu’un autre facteur joue un rôle central : le prestige social associé aux professions. Mais ce prestige n’agit pas de la même façon auprès des filles et des garçons.

À partir de plus de 120 ans de données sur les inscriptions universitaires en France (1899-2022), nous mettons en évidence une dissymétrie marquée entre les trajectoires masculines et féminines dans deux filières historiquement prestigieuses : le droit et la médecine.

Chez les garçons, ces deux formations fonctionnent comme des filières concurrentes. Chez les filles, au contraire, elles apparaissent complémentaires. Autrement dit, les choix d’orientation ne relèvent pas des mêmes arbitrages selon le genre, même lorsque les filières offrent un prestige social comparable.

Pourquoi ce résultat est-il important ?

Médecin et avocat figurent depuis le XIXe siècle parmi les professions les plus valorisées socialement. Cette proximité symbolique fait que les études de droit et de médecine peuvent, dans certains cas, apparaître comme des alternatives lorsque l’accès à l’un des cursus devient plus incertain.

C’est précisément ce que l’on observe chez les étudiants : lorsque les effectifs masculins en médecine diminuent, ceux du droit augmentent. Le prestige nourrit alors une logique de concurrence et de gestion du risque social, le droit jouant le rôle de filière de repli permettant de préserver un haut niveau de statut et de reconnaissance sociale.

Les trajectoires des étudiantes racontent une autre histoire. L’augmentation du nombre de femmes en médecine s’accompagne d’une progression de leur présence en droit. Loin d’une substitution, on observe un effet d’entraînement. La réussite féminine dans une filière prestigieuse agit comme un signal collectif, qui légitime et diffuse les ambitions scolaires vers d’autres carrières longues et socialement valorisées. Le prestige fonctionne ici moins comme un instrument de concurrence que comme un levier d’émancipation progressive, contribuant à la féminisation globale de l’enseignement supérieur.

Comment avons-nous procédé ?

Notre analyse repose sur une base de données originale retraçant, sur longue période, les effectifs d’étudiants et d’étudiantes en droit et en médecine en France. Pour identifier les interactions entre filières, nous avons mobilisé des modèles statistiques permettant d’analyser les relations dynamiques et causales entre séries temporelles, sans imposer a priori leur sens.

Cette approche s’inscrit dans une analyse plus large des phénomènes d’engorgement dans l’enseignement supérieur. Lorsqu’une filière prestigieuse devient saturée ou fortement régulée, les étudiants ajustent, historiquement selon leur origine sociale, leurs choix avec retard, en fonction des signaux perçus sur les débouchés et le prestige. Ces décalages produisent des mouvements cycliques comparables à un effet « cobweb », ou « modèle de la toile d’araignée », bien connu en sciences sociales : les décisions prises aujourd’hui en réaction à une situation passée contribuent à créer les déséquilibres de demain.

Nous avons également isolé la période 1971-2020 afin d’analyser le rôle du numerus clausus en médecine. Cette contrainte institutionnelle apparaît comme un instrument majeur de régulation indirecte du système universitaire, modifiant l’équilibre des filières d’élite, mais de manière différenciée selon le genre.

Quelles perspectives ?

Nos résultats montrent que les dispositifs de sélection, même lorsqu’ils se veulent neutres, produisent des effets genrés durables. Chez les hommes, le numerus clausus agit principalement comme une contrainte directe, entraînant des réorientations vers d’autres filières prestigieuses.

Chez les femmes, il s’inscrit dans une dynamique plus circulaire, où la montée des ambitions féminines s’articule, avec un certain décalage, à des mécanismes de régulation institutionnelle.

Cette mise en perspective historique adresse un message essentiel aux responsables des politiques éducatives : en l’absence d’un pilotage anticipatif, les systèmes de formation tendent à reproduire, cycle après cycle et génération après génération, des phénomènes d’engorgement et de désajustement, étroitement liés aux contextes historiques et institutionnels dans lesquels ils s’inscrivent.

Intégrer les effets du prestige, du genre et des anticipations dans la régulation de l’offre de formation apparaît dès lors comme une condition clé pour éviter la répétition des déséquilibres passés et concevoir un enseignement supérieur à la fois performant et plus équitable.


Tout savoir en trois minutes sur des résultats récents de recherches, commentés et contextualisés par les chercheuses et les chercheurs qui les ont menées, c’est le principe de nos « Research Briefs ». Un format à retrouver ici.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. Filles ou garçons : le prestige des études n’influence pas leurs choix d’orientation de la même manière – https://theconversation.com/filles-ou-garcons-le-prestige-des-etudes-ninfluence-pas-leurs-choix-dorientation-de-la-meme-maniere-275697

Pourquoi est-il si difficile de rénover les copropriétés ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Emilie Moncaut, Ingénieure d’études en sociologie urbaine, Université de Strasbourg


L’ESSENTIEL

  • Rénover une copropriété en France ne consiste pas seulement à isoler des façades ou à remplacer une chaudière.

  • Il faut parfois convaincre jusqu’à des dizaines de copropriétaires, organiser la prise de décision, coordonner une multitude d’acteurs et accompagner de nouveaux usages.

  • Derrière chaque rénovation se cache un travail collectif indispensable à la transition énergétique, comme le montre notre enquête.


Les vagues de chaleur en été et les vagues de froid en hiver rappellent une évidence : les logements doivent être adaptés afin de rester vivables, face à la problématique des « passoires » et « bouilloires » thermiques. Rénover les bâtiments est l’un des principaux leviers.

Avec 43 % de la consommation d’énergie, le secteur du bâtiment résidentiel tertiaire est le plus gourmand en énergie en France, et les copropriétés représentent près d’un tiers du parc de logements.




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Pourtant, malgré des aides publiques, des techniques désormais maîtrisées et des bénéfices sociaux et environnementaux avérés (économies d’énergie, moins de gaz à effet de serre, amélioration du confort et de la santé des occupants, réduction de la précarité énergétique…), les rénovations globales restent compliquées à enclencher. On sait qu’il y a un décalage entre la « rentabilité sociale » des rénovations et le temps de retour sur investissement, en moyenne autour de 50 ans.

Dans le cadre du projet Mérite, nous avons mené entre janvier et mars 2026 une enquête auprès d’une douzaine d’acteurs de la rénovation énergétique en région Grand Est, que nous avons complétée par une revue de littérature académique et experte. Ses résultats conduisent à déplacer le regard et mettent en évidence qu’une copropriété est, avant même de pouvoir rénover son immeuble, un collectif d’habitants confronté au fait de construire une décision commune ou de trouver un compromis acceptable.

La décision se construit bien avant le vote

Si l’Assemblée générale (AG) entérine ou non des travaux, auparavant il faut expliquer les scénarios, clarifier les financements, entendre les réticences et convaincre une majorité de copropriétaires. Ce long processus se déroule au fil de réunions préparatoires, d’échanges avec le conseil syndical, mais aussi dans des discussions plus informelles au téléphone ou dans les cages d’escalier.

La rénovation énergétique en copropriété en France : un état de l’art vu des sciences sociales.
Philippe Hamman, Émilie Moncaut, Fourni par l’auteur

Comme le résume une gestionnaire de copropriété à Saint-Avold, il faut lever les points bloquants avant de présenter un projet en AG :

« Ça va être justement toute cette première partie en amont, toute l’information et tout ce qui va faire que le jour de la décision, les copropriétaires généralement ont déjà fait leur choix. C’est plus tout ce qui va être fait en amont, les informations, les échanges et qu’ils puissent avoir en main tous les éléments pour eux pour pouvoir dire s’ils sont d’accord ou pas. »

Autrement dit, la rénovation énergétique suppose d’abord de fabriquer un accord collectif. Ceci rejoint plusieurs travaux en sciences sociales, qui montrent que les décisions de rénovation résultent d’un cheminement de conviction plutôt que d’un simple vote.

Des « leaders énergétiques »

Au cœur de cette dynamique apparaissent quelques copropriétaires investis plus que d’autres. Ces « leaders énergétiques » deviennent les moteurs d’un projet.

Ils traduisent les informations techniques, relaient les inquiétudes de voisins, entretiennent la mobilisation lorsque le projet s’enlise et servent d’intermédiaires entre les habitants et le syndic, comme le rapporte un gestionnaire de copropriété du Ban-Saint-Martin :

« Mme X, elle a pris quand même un rôle à cœur et elle a pris un bon fonctionnement, c’est-à-dire les gens ne téléphonent pas à moi, ils téléphonent à Mme X. En fait, elle a fait le véritable travail de relais, d’assistance. »

Derrière une rénovation se cache ainsi un travail de médiation largement invisible, mais pourtant décisif.

Une multitude d’intermédiaires

Mobiliser un collectif n’est pas tout ; encore faut-il faire avancer le projet. Le syndic occupe ici une position centrale, afin de coordonner les entreprises, suivre les études, répondre aux copropriétaires, dialoguer avec les banques, monter les dossiers de financement et accompagner un chantier qui peut durer plusieurs années.

Les entretiens montrent que cette fonction dépasse largement le métier traditionnel de syndic. Plusieurs professionnels décrivent une charge de travail massive. L’un d’eux estime par exemple qu’un seul projet de rénovation représente déjà près d’un quart de son activité :

« C’est un sujet qui arrive régulièrement sur la table. La rénovation énergétique qui touche les copropriétés. C’est hyper dur pour nous, les gestionnaires. Vous mettez trois rénovations énergétiques et vous faites un burn out. »

Cette complexité explique l’émergence d’un véritable système d’acteurs d’accompagnement : assistants à maîtrise d’ouvrage (AMO), agences locales de l’énergie, opérateurs spécialisés ou encore nouveaux opérateurs « ensembliers » proposant une offre intégrée. Leur rôle dépasse largement l’expertise technique. Ils visent à coordonner les intervenants, hiérarchiser les priorités et sécuriser le montage financier.

Cette multiplication des intermédiaires révèle une transformation plus profonde : la réussite d’une rénovation dépend aujourd’hui moins d’un acteur isolé que de la capacité de plusieurs structures à coopérer autour d’un même projet.




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Transformer les façons d’habiter

Les interventions sur le bâtiment visent aussi à changer la manière d’habiter un logement.

Les recherches en sciences sociales soulignent que les économies d’énergie ne dépendent pas uniquement de la qualité des travaux réalisés, mais aussi de la manière dont les habitants utilisent leur logement : réglage du chauffage, ventilation, nouvelles habitudes… Les écarts de performance entre les consommations attendues après les travaux et les consommations réellement observées l’illustrent.

Ces pratiques sont façonnées par les conditions de vie, les trajectoires de socialisation et les normes de confort. Ainsi, des logements techniquement comparables peuvent-ils présenter des consommations très différentes : une étude observe un écart pouvant aller jusqu’à un facteur 3,5 entre des logements similaires, les usages des occupants jouant un rôle déterminant. La rénovation énergétique implique donc aussi une évolution des façons d’habiter.

Or, l’essentiel des efforts est consacré à faire émerger le projet, à obtenir les financements et à conduire les travaux, tandis que l’accompagnement après la rénovation demeure encore limité.

La rénovation énergétique, un contexte incertain

La dernière contrainte qui pèse sur la rénovation des copropriétés tient à la fluctuation des dispositifs d’aide qui changent régulièrement, au coût des matériaux qui évoluent à la hausse et aux financements qui restent difficiles à mobiliser si l’on ne réalise pas de rénovation ambitieuse.

Face à cette incertitude, toutes les copropriétés ne sont pas égales : les petites et celles en difficulté disposent souvent de moins de ressources humaines et organisationnelles, comme l’explique le responsable du pôle copropriétés chez Oktave :

« Peut-être qu’il y a un modèle qui reste à inventer ou adapter pour les toutes petites copropriétés de cinq logements ou moins. On voit là que le modèle touche ses limites sur le coût des travaux à supporter et les subventions obtenues. […] Et on a aussi les acteurs bancaires qui ont du mal à aller sur ces petites copropriétés. Donc en plus de payer un reste à charge plus important pour des travaux équivalents, ils perdent le bénéfice des prêts bancaires auxquels les autres ont accès. »

En cela, la rénovation énergétique repose aussi sur la capacité des politiques publiques à créer des conditions stables permettant aux copropriétés d’apprendre, ensemble, à agir.




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Le projet Mérite (Modèle économique de rénovation innovant pour la transition énergétique) est lauréat de l’appel à projets Oreno – Opérateurs ensembliers de la rénovation, opéré par l’Ademe pour le compte de l’État dans le cadre de France 2030, et regroupe Demathieu Bard Énergie, le Crédit agricole de Lorraine, le groupe d’assurances Roederer et, pour le volet de sciences sociales, l’Université de Strasbourg (UMR 7363 SAGE – Sociétés, Acteurs, Gouvernement en Europe/SATT Conectus).

The Conversation

Emilie Moncaut a reçu des financements de l’appel ORENO — Opérateurs ensembliers de la rénovation, opéré par l’ADEME pour le compte de l’État (France 2030), dans le cadre du projet MERITE qui regroupe également Demathieu Bard Énergie, le Crédit Agricole de Lorraine et le groupe d’assurances Roederer.

Philippe Hamman a reçu des financements de l’appel ORENO — Opérateurs ensembliers de la rénovation, opéré par l’ADEME pour le compte de l’État (France 2030), dans le cadre du projet MERITE qui regroupe également Demathieu Bard Énergie, le Crédit Agricole de Lorraine et le groupe d’assurances Roederer.

– ref. Pourquoi est-il si difficile de rénover les copropriétés ? – https://theconversation.com/pourquoi-est-il-si-difficile-de-renover-les-coproprietes-287698

Et si les débats sur l’héritage rataient l’essentiel : supprimer la réserve héréditaire ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Thierry Aimar, Maître de conférences en sciences économiques, Université de Lorraine

La réserve héréditaire institue-t-elle un « communisme familial », comme l’écrivait Émile Durkheim ? Le débat sur l’héritage ne devrait pas esquiver la question de son maintien. Logan Weaver/Unsplash, CC BY

L’ESSENTIEL

  • À l’approche de la présidentielle et sur fond de budget difficile à boucler, la question de la taxation de l’héritage revient.

  • Les débats se concentrent trop sur les taux et l’assiette de la fiscalité liée à la transmission d’un patrimoine.

  • Le débat omet la question de la réserve héréditaire. Et si, autant qu’un problème philosophique, cela constituait aussi un facteur d’inefficience économique majeure.


La question de l’héritage est revenue en force dans le débat public. À gauche, les propositions vont d’une taxation accrue des successions (Place publique) à leur interdiction au-dessus d’un plafond de 12 millions d’euros (LFI). À droite, certains réclament au contraire la suppression pure et simple des droits de transmission. Sur le plan syndical, certains préconisent un prélèvement de 1 % sur tous les héritages (CFDT). Regarde-t-on du bon côté ?

Si défendre la liberté de disposer d’un patrimoine légitimement acquis est un principe libéral promu par Frédéric Bastiat, la liberté de permettre à un individu de s’enrichir par un privilège de naissance, sans rapport à sa propre création de valeur l’est beaucoup moins.

Les libéraux contre la rente

La question mérite d’autant plus d’être posée que, selon le Conseil d’analyse économique (CAE), la part du patrimoine des ménages provenant des successions (héritage et donations) est passée de 35 % en 1970 à plus de 60 % aujourd’hui. La richesse dépend de moins en moins de l’effort et de l’épargne personnelle, mais de plus en plus de la famille. En d’autres termes, l’héritier capte une rente, c’est-à-dire qu’il bénéficie d’un niveau de richesse supérieur à sa propre contribution à la production. Or, le libéralisme combat les rentes, d’où qu’elles proviennent.




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Par ailleurs, et c’est peut-être la conséquence la plus importante de l’héritage, il produit selon la naissance des inégalités d’accès au territoire des opportunités. Logement, études, mobilité géographique, stages, premiers emplois… La dotation familiale conditionne de plus en plus la capacité à entrer et à évoluer positivement dans le jeu économique. Ainsi, sur le marché immobilier, 25 % des jeunes ménages (la part la plus modeste de la population) n’a que 3 % de chances de devenir propriétaire sans aide familiale.

Cumul des inconvénients

Ceux qui sont condamnés à rester locataires consacrent alors une part majeure de leurs revenus au logement sans pouvoir dégager un surplus transmissible à leurs enfants, qui resteront eux aussi locataires. Les avantages comme les handicaps issus de la famille d’appartenance se cumulent et se renforcent d’une génération à la suivante.

La même logique s’exerce pour l’éducation. Le coût pour les étudiants de résider dans les grandes villes universitaires constitue pour les plus défavorisés une véritable barrière à l’entrée vers les formations prestigieuses, comme vers les bassins d’emplois les plus attractifs. Les héritages familiaux ne produisent donc pas seulement chez les jeunes une inégalité dans leur capacité de jouir de leur présent ; ils créent une discrimination sociale et géographique dans leur possibilité de se construire un avenir. En mai 2023, 17 % des jeunes de 18 et 24 ans déclarent avoir renoncé à leurs études, à cause du prix du logement

L’héritage, une incitation à l’oisiveté ?

Les effets négatifs ne s’arrêtent pas aux non-héritiers. Comme le remarquait déjà au début du XXᵉ siècle Andrew Carnegie, le célèbre milliardaire américain philanthrope, le bénéficiaire d’une succession peut se voir désincité à travailler, entreprendre et épargner. L’héritage familial, au-delà d’un certain seuil, réduit le taux d’effort des privilégiés. Mais si une part des bénéficiaires produit moins, l’assiette fiscale basée sur la création de valeur se réduit également.

Pour financer des dépenses publiques croissantes, la pression fiscale se reporte sur le travail et le capital. Un cercle vicieux se développe alors : la rente décourage d’abord l’effort de ceux qui la reçoivent. Puis, l’accroissement nécessaire de la fiscalité pour en compenser les effets délétères décourage l’effort des entreprises et salariés qui créent la richesse. Par ce jeu d’externalités négatives, l’oisiveté rentière débouche sur un véritable coût macroéconomique.

La taxation sur les héritages aurait une cohérence, si, comme le propose Raphaël Glucksmann, elle devait s’accompagner d’une baisse significative des prélèvements sur le travail ou le capital productif. Elle frapperait alors la rente plutôt que la création de valeur. Mais personne n’y croit. L’État n’a guère l’habitude de respecter ses promesses en matière d’impôt, comme on l’a vu récemment avec la [contribution exceptionnelle sur les grandes entreprises]. Alors qu’elle ne devait s’appliquer qu’à l’année 2025, elle a été reconduite en 2026 et le sera encore très probablement en 2027. L’argent récupéré par l’autorité publique est souvent mal géré ou détourné du projet initial.

Faut-il alors réduire les taxes sur les successions, voire les supprimer ? Mais cela revient à légitimer des rentes privées, lesquelles nourrissent inévitablement, sous forme de compensation, la demande de rentes publiques de la part des défavorisés de naissance.

Une erreur d’appréciation

On regrette que ce débat entre gauche et droite se limite à la question de l’impôt. L’erreur consiste à demander à la fiscalité de réparer ce que le droit successoral a d’abord institué. L’impôt prélève sur des droits jugés légitimes ; le droit, lui, décide qui peut légitimement recevoir quoi. Il est normal qu’une taxe soit perçue comme une spoliation si elle frappe un bien dont le droit reconnaît par ailleurs l’acquisition comme légitime.

La réflexion doit donc se déplacer de la question de la fiscalité vers les fondements mêmes du droit de propriété individuel et de son rôle dans l’économie de marché. La première étape devrait alors conduire vers la suppression de la réserve héréditaire, qui oblige un individu à transmettre la majeure partie de son patrimoine à ses descendants biologiques. Du point de vue du propriétaire, la réserve héréditaire supprime sa liberté de choisir ses légataires, en contradiction avec les principes défendus au XIXᵉ siècle par les libéraux Courcelle-Seneuil ou Dunoyer.

Du point de vue des enfants, elle consacre un droit sur la richesse de leurs parents fondé sur leur seule naissance, et non sur les rapports avec eux, leurs comportements ou leurs mérites. Mais pourquoi un enfant aurait naturellement droit au patrimoine de ses parents ? Pourquoi pas celui du voisin, plus méritant au regard du légataire ? Et pourquoi tous les enfants d’un même sang auraient-ils un droit à l’héritage, sans parler des injustices à l’égard de ceux qui font partie de familles recomposées ?

Arte 2026.

Archaïque communisme familial

Dans les deux cas, la réserve héréditaire traite le patrimoine comme un bien communautaire et non comme une propriété individuelle. Ce « communisme familial », pour reprendre une expression de Durkheim, qui attribue le pouvoir économique selon un critère biologique, est un véritable archaïsme.

C’est une fausse note dans la symphonie moderne du marché. Comme l’a démontré une étude du think tank Génération libre), elle favorise la concentration du capital, ralentit sa circulation et augmente les inégalités intergénérationnelles. On doit séparer statut et patrimoine. En d’autres termes, il s’agit de rétablir la liberté de tester, telle qu’elle existe dans de nombreux pays de culture anglo-saxonne, aux États-Unis, au Canada, au Royaume-Uni, en Irlande, en Australie, en Nouvelle-Zélande. Autant de pays marqués par leur souplesse, leur capacité d’adaptation et leur dynamisme économique.

On est bien obligé de relever un savoureux paradoxe. Ceux qui, à droite (Bruno Retailleau, Sarah Knafo) dénoncent avec le plus de vigueur l’existence de droits de succession (subis de fait par moins de 15 % des héritiers, selon le CAE), ne critiquent jamais la réserve héréditaire qui viole pourtant la liberté de 100 % des propriétaires. Une parfaite traduction politique de la schizophrénie de la société française, toujours prompte à dénoncer l’inégalité sociale, mais à défendre parallèlement bec et ongles le principe héréditaire de l’héritage, alors qu’il est à la source même de cette inégalité.

Après redistribution, l’inégalité de revenus en France entre les ménages les plus pauvres et les plus riches passe d’un rapport de 18 à 3. À l’inverse, l’inégalité de patrimoine demeure immense : les 5 % les plus riches possèdent 34 % du patrimoine total alors que les 50 % les plus pauvres n’en bénéficient qu’à hauteur de 7 %. À la différence des politiques, le rôle de l’analyse économique n’est pas de flatter une opinion publique culturellement dominée par le modèle familialiste, mais d’éclairer ses contradictions. Sur l’héritage, la première réforme nécessaire n’est pas donc de taxer davantage ou non. Elle est de rompre avec le privilège de naissance.

The Conversation

Thierry Aimar ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Et si les débats sur l’héritage rataient l’essentiel : supprimer la réserve héréditaire ? – https://theconversation.com/et-si-les-debats-sur-lheritage-rataient-lessentiel-supprimer-la-reserve-hereditaire-291880

Le changement climatique, un défi narratif de taille pour le cinéma hollywoodien

Source: The Conversation – France (in French) – By Tom van Laer, Professor of Persuasive Language and Storytelling, SKEMA Business School


L’ESSENTIEL

  • Les films, produits par les studios d’Hollywood, qui évoquent le changement climatique doivent relever un défi délicat : captiver sans simplifier à outrance, émouvoir sans manipuler.

  • Une équipe de chercheurs en sciences sociales a analysé 35 longs-métrages sortis depuis 1980 pour mieux comprendre leurs ressorts narratifs.

  • Pour qu’une fiction entraîne une prise de conscience, elle doit présenter un savant dosage de rigueur sur le fond et de séduction sur la forme.


Dans le film Don’t Look Up (2021), deux astronomes découvrent qu’une comète va détruire la Terre. Ils préviennent les autorités, s’expriment dans les médias, présentent les faits. Rien à faire. Le danger devient successivement objet de communication politique, divertissement télévisé et bataille idéologique. Jusqu’au moment où l’un des scientifiques, joué par Leonardo DiCaprio, craque en direct à la télévision.

Difficile de ne pas y voir une parabole du changement climatique. Cependant, une question demeure : ce type de récits nous aide-t-il réellement à comprendre la crise en cours ? Ou le spectacle de la catastrophe finit-il au contraire par occulter le problème qu’il prétend raconter ?

Avec Shirin Yazgulieva et Inna Lyubareva, d’IMT Atlantique, et Allègre Hadida, de l’Université de Cambridge, nous avons analysé cette tension dans une étude récemment publiée dans le Journal of Business Ethics. Nous avons étudié 35 films de fiction climatique, de Blade Runner (1982) à Interstellar (2014), en passant par le Jour d’après (The Day After Tomorrow, 2004), Avatar (2009) et Don’t Look Up (2021). Nous y avons identifié des ressorts de persuasion qui se combinent selon quatre grandes stratégies narratives.

Les films climatiques sont plus rationnels qu’on ne le croit

Quand on évoque les grands films consacrés aux catastrophes environnementales, on pense volontiers tsunamis, villes englouties, incendies, tempêtes ou planète désertique. Du grand spectacle et de l’émotion. Or, dans notre corpus, l’appel à la raison est le ressort persuasif le plus fréquent.

Les références aux données, aux explications scientifiques, aux experts ou à la résolution rationnelle de problèmes représentent environ 15 % de l’ensemble des ressorts persuasifs. L’émotion, elle, arrive loin derrière, autour de 8 %. Le cinéma hollywoodien ne se contente donc pas de nous faire peur, il cherche aussi à nous expliquer.

Pourtant, raison et émotion ne fonctionnent jamais seules. C’est leur combinaison qui distingue les quatre grandes manières de raconter le climat, que nous avons observées.

La première, que nous appelons « immersion éco-sociale », met en avant la nature, l’expérience sensorielle et les valeurs sociales. Elle cherche à nous faire ressentir notre appartenance à un monde naturel et collectif, comme dans Bo Burnham: Inside (2021), qui mise fortement sur l’expérience sensorielle et de la nature.

La deuxième repose davantage sur le pouvoir et l’action : des personnages dotés d’autorité prennent des décisions, combattent la menace et entraînent les autres, comme dans Avengers: Endgame (2019), où des héros tentent d’organiser la réponse à une catastrophe planétaire brutale. C’est cette stratégie qui présente la recette médiane au box-office la plus élevée. Une action spectaculaire et la mise en avant de figures d’autorité semblent donc particulièrement compatibles avec les impératifs commerciaux du cinéma grand public.

Une troisième stratégie place l’émotion et l’esthétique au centre du récit, notamment dans certains drames comme Le garçon qui dompta le vent (The Boy Who Harnessed the Wind, 2019).

Enfin, la stratégie la plus fréquente dans notre corpus (16 films, pour la plupart dystopiques, comme le Jour d’après) combine plus largement raison, émotion et valeurs sociales. Dans notre article scientifique, nous la qualifions de « narration inclusive » : non pas au sens politique ou social habituel du terme, mais parce qu’elle inclut plusieurs modes de persuasion au lieu de tout miser sur un seul. C’est peut-être là que se trouve la piste la plus intéressante pour raconter le climat.

La tortue et le paon

La chercheuse Martine Bouman a proposé, il y a plus de vingt ans, une jolie métaphore pour décrire une tension récurrente dans l’entertainment-education : celle de la tortue et du paon.

Le paon attire le regard. Il déploie ses plumes. Il provoque l’émotion, crée le spectacle et donne envie de regarder. La tortue avance de façon moins spectaculaire, mais elle est solide. Elle porte l’information, la cohérence et l’exactitude du message.

Tout le problème de la communication climatique pourrait presque se résumer à cette question : comment être à la fois tortue et paon ? Trop de tortue, et le risque est grand de produire un cours magistral que personne ne va apprécier. Trop de paon, et la catastrophe devient un spectacle fascinant mais simplificateur : on l’assimile à un cataclysme soudain plutôt qu’à un phénomène systémique, on l’identifie à un personnage de méchant plutôt que d’évoquer un réseau complexe de responsabilités, ou bien on se concentre sur un héros providentiel plutôt que de raconter une transformation collective.

Or, le climat se prête particulièrement mal à ces simplifications. Ses causes sont multiples, ses conséquences s’étendent sur plusieurs siècles et continents, les responsabilités sont inégalement réparties et personne n’est en mesure de « vaincre » seul le changement climatique à la fin du troisième acte. C’est précisément ce qui en fait un défi narratif.

Le danger de la fascination

Le cinéma peut ainsi contribuer à définir ce que nous imaginons possible, inquiétant, normal ou désirable. C’est une forme de pouvoir qui crée aussi une responsabilité.

Pour intéresser plusieurs millions de spectateurs à un problème lent, complexe et souvent invisible, la tentation est forte d’augmenter la température dramatique. Une crise devient apocalypse. Les responsabilités se concentrent sur quelques personnages. La science devient certitude instantanée. Surtout, il faut que quelque chose explose. Le procédé est compréhensible : le paon a pour objectif de nous ouvrir les yeux.

Pourtant, ce système narratif peut produire du fatalisme ou simplement une distance confortable : ce qui se déroule devant nous paraît tellement gigantesque que le changement climatique redevient, paradoxalement, de la science-fiction. Le spectateur admire la catastrophe, fasciné, plutôt que de se demander comment agir sur ses causes.

Le problème n’est donc pas de susciter une émotion, mais de parvenir à la mobiliser sans l’exploiter, à créer de l’urgence sans déformer une représentation plausible de la réalité et à faire appel à l’autorité sans fermer le débat. C’est précisément cet équilibre entre capacité d’attention et exactitude que notre étude place au cœur d’une forme d’éthique de la « persuasion climatique ».

Hollywood peut-il vraiment être écologiste ?

Un dernier paradoxe complique encore le tableau : ces récits critiques du changement climatique sont eux-mêmes produits par une industrie fortement consommatrice en déplacements, décors, énergie et ressources. Un blockbuster peut dénoncer notre rapport destructeur à la planète tout en mobilisant une énorme machine industrielle pour fabriquer les images de cette destruction. Cela n’annule évidemment pas son message. Mais cela rend le mot « efficacité » encore plus difficile à manier.

Qu’attend-on vraiment d’un film climatique ? Qu’il transforme les comportements ? Qu’il crée une conversation ? Qu’il rende visible une injustice ? Qu’il permette d’imaginer un autre avenir ? Selon la réponse, on ne jugera pas son succès de la même manière.

Nos résultats invitent donc moins à chercher la seule bonne recette pour faire du « cinéma climatique » qu’à examiner les compromis incorporés dans chaque récit. Les films qui rencontrent le plus grand public semblent privilégier davantage l’action et l’autorité, tandis que des formes plus réflexives parviennent mieux à préserver la complexité morale du problème.

L’enjeu n’est probablement pas de choisir entre les deux. Le climat a besoin du paon : sans attention, même le message le plus rigoureux reste invisible. Il a aussi besoin de la tortue : sans exactitude, responsabilité et possibilité d’action, le spectacle risque de ne laisser derrière lui que les images potentiellement fascinantes de la fin du monde.

Le défi pour Hollywood est donc peut-être moins de nous montrer la catastrophe avec toujours plus de réalisme que d’accomplir quelque chose de beaucoup plus difficile : nous captiver sans nous tromper sur ce qui nous arrive et nous émouvoir sans nous faire croire que nous sommes impuissants.

The Conversation

Tom van Laer ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Le changement climatique, un défi narratif de taille pour le cinéma hollywoodien – https://theconversation.com/le-changement-climatique-un-defi-narratif-de-taille-pour-le-cinema-hollywoodien-291604

Et si les bactéries devenaient nos alliées contre le gaspillage alimentaire et les risques sanitaires ?

Source: The Conversation – France in French (2) – By Françoise Leroi, Directrice de recherche, Ifremer


L’ESSENTIEL

  • Les pertes et le gaspillage des produits de la mer sont estimés à 30 %.

  • De « bonnes » bactéries peuvent être utilisées pour lutter contre les bactéries toxiques ou contre celles qui peuvent altérer le produit. C’est la biopréservation.

  • Des souches ont été sélectionnées et sont utilisées dans certains produits que vous avez peut-être déjà consommés.


Les produits de la mer peu transformés (saumon fumé, gravelax, crevettes cuites ou filets de poisson sous atmosphère protectrice) sont exposés à des risques microbiologiques majeurs. Malgré des protocoles d’hygiène stricts, une chaîne du froid mal maîtrisée peut entraîner le développement de bactéries pathogènes comme Listeria monocytogenes, Vibrio ou Salmonella, ou de bactéries qui dégradent la qualité organoleptique de la chair, menaçant la santé des consommateurs et générant des pertes considérables. Notre réponse ? Utiliser des bactéries pour combattre les bactéries ! Dans notre laboratoire, nous avons isolé, caractérisé et sélectionné des souches de bactéries capables de neutraliser ces menaces en reproduisant, de manière contrôlée, un mécanisme de défense déjà présent dans la nature.

Gaspillage et sécurité : des enjeux majeurs

Les produits de la mer sont particulièrement périssables. Les pertes et le gaspillage sont estimés à 30 % du volume total des produits pêchés, attribués pour une part importante à l’altération provoquée par des microorganismes : mauvaises odeurs, saveurs indésirables ou dégradation de la texture. S’y ajoutent des risques sanitaires, comme celui posé par la bactérie Listeria monocytogenes, une préoccupation majeure pour les produits de la mer prêts à consommer. Les cas de listériose restent rares, mais peuvent avoir des conséquences graves, voire mortelles, chez les personnes vulnérables (femmes enceintes, personnes âgées ou immunodéprimées). La détection de Listeria peut également conduire au rappel de lots, voire à l’arrêt temporaire d’une production, avec des conséquences économiques importantes.

Pour des raisons nutritionnelles et gustatives, certaines pratiques de conservation se modifient (réduction du taux de sel, de fumage, produits consommés crus…). Le froid et l’hygiène restent indispensables, mais ne suffisent pas toujours. Par ailleurs, les consommateurs se montrent de plus en plus réticents à l’utilisation de conservateurs chimiques et recherchent des solutions perçues comme plus naturelles.

Dans ce contexte, la biopréservation apparaît comme une solution complémentaire, douce et naturelle, pour garantir à la fois la sécurité et la qualité des produits de la mer. L’idée d’utiliser des bactéries pour lutter contre d’autres bactéries peut sembler paradoxale. C’est pourtant cette approche que nous avons décidé de mettre en place. Dans la nature, certaines bactéries utilisent un arsenal de stratégies pour éliminer leurs concurrentes (compétition nutritionnelle, production de composés antimicrobiens, etc.). Le défi de la biopréservation ? Sélectionner des bactéries aux propriétés antimicrobiennes ciblées et les introduire en grande quantité dans l’aliment, sans production de composés toxiques ni de modification de la qualité nutritionnelle et gustative, un défi difficile à relever pour des produits de la mer aux flaveurs particulièrement délicates.

Les bactéries lactiques, des bactéries « amies »

Parmi les milliers d’espèces bactériennes recensées, celles appartenant au groupe des bactéries lactiques sont particulièrement intéressantes. Elles produisent souvent des composés antimicrobiens, sont généralement considérées comme sûres et bénéficient d’une image positive auprès du public, notamment grâce aux ferments utilisés pour fabriquer les yaourts. Par ailleurs, certaines sont déjà naturellement présentes dans les produits de la mer, comme le saumon fumé. En sélectionnant les plus intéressantes, nous ne faisons donc que renforcer un processus naturel, sans introduire d’éléments étrangers.

Notre méthode, mise au point et perfectionnée depuis 30 ans à l’Ifremer, en partenariat avec l’école ONIRIS VetAgroBio Nantes, suit un processus rigoureux en plusieurs étapes. Nous prélevons d’abord des bactéries dans différents produits de la mer – poisson, crustacées, transformés ou non, conditionnés sous diverses formes – qui viennent enrichir notre collection, unique en Europe. Celle-ci compte déjà plus de 5000 souches, dont de nombreuses bactéries lactiques. Elles sont donc adaptées aux conditions spécifiques des produits de la mer (températures basses, faible teneur en sucres, etc.), des caractéristiques de croissance peu communes chez ce groupe de bactéries.

Chaque souche est ensuite testée afin d’évaluer leur capacité à tuer ou à empêcher la croissance des principales bactéries pathogènes et altérantes. Les plus prometteuses sont caractérisées et soumises à des contrôles de sécurité : absence de production de toxines, de résistance aux antibiotiques transmissibles et de gènes de virulence, notamment.

Les souches sélectionnées sont ensuite cultivées et introduites en grand nombre (~ 5 millions de bactéries par gramme d’aliment) dans les produits souhaités, qui sont ensuite conservés dans des conditions typiques (entre 0 et 4 °C) ou abusives (8 °C) pour simuler les ruptures de chaîne du froid. Nous vérifions leur efficacité pour empêcher le développement des pathogènes et leurs conséquences sur la qualité organoleptique, grâce à notre jury d’analyse sensorielle composé d’une vingtaine de personnes.

Enfin, la souche doit pouvoir être produite en quantité et conserver ses propriétés après lyophilisation pour une application industrielle réaliste.

Du laboratoire à l’assiette

Après des années de recherche, le travail et la patience ont fini par payer. Quatre souches de bactéries lactiques isolées à partir de produits de la mer et appartenant aux espèces Carnobacterium maltaromaticum, Carnobacterium divergens et Lactococcus piscium, permettent de limiter la croissance de Listeria monocytogenes dans certains aliments comme le saumon fumé, le gravlax ou les crevettes cuites. Leur intérêt ne s’arrête pas là. Ces bactéries peuvent également ralentir l’altération organoleptique, un bouclier deux-en-un unique en son genre.

Une autre souche, Latilactobacillus sakei, a fait l’objet d’un brevet pour sa capacité à prévenir la production d’histamine dans le thon, molécule produite par certaines bactéries qui peut provoquer des intoxications lorsqu’elle s’accumule dans l’aliment. Une première dans le domaine de la biopréservation.

La biopréservation n’est plus une simple promesse de laboratoire : elle est déjà une réalité industrielle. Nos résultats ont été transférés à des producteurs de ferments sous la forme de licences commerciales, avec des retombées sous forme de royalties pour l’Ifremer et ONIRIS. Avec les souches sélectionnées, les industriels ont aussi développé plusieurs gammes de produits, pour de nouvelles applications dans les aliments carnés et laitiers. Nos bactéries sont donc utilisées dans l’industrie alimentaire et vous les avez peut-être déjà consommées !

Les recherches sont toutefois loin d’être terminées. Deux projets européens – MICROORC et FOODGUARD – visent à augmenter le degré d’industrialisation de la biopréservation. L’Ifremer optimise la technologie et teste ses performances dans des produits moins transformés (concentration en sel réduite par exemple) et avec des emballages plus durables. Une validation industrielle dans les ateliers de production de saumon fumé en France est attendue pour 2027. Le procédé a également été expérimenté avec succès sur de la daurade d’élevage, une avancée inédite pour le poisson frais et un beau marché potentiel !

Pour que ces solutions puissent se généraliser, il reste certains obstacles réglementaires et sociétaux à lever. Alors que certaines bactéries protectrices sont déjà utilisées, leur statut réglementaire fait encore l’objet de discussions au niveau européen, notamment pour déterminer dans quelles conditions elles doivent être considérées comme des ingrédients ou des additifs. Une réglementation claire et harmonisée permettrait de faciliter leur adoption par les industriels.

L’acceptabilité par les consommateurs constitue un autre enjeu. Les études disponibles montrent une perception positive des ferments alimentaires, mais il reste essentiel d’expliquer ce que sont ces bactéries, pourquoi elles sont utilisées et quelles garanties encadrent leur emploi.

La biopréservation n’est pas une solution miracle, mais une réponse concrète, naturelle et durable aux défis de la conservation des produits de la mer et des aliments en général. Déjà adoptée par des industriels en France et dans le monde, elle a le potentiel de transformer en profondeur notre façon de conserver les aliments, pour le bénéfice des consommateurs, des producteurs et de la planète.


Cet article est publié dans le cadre de la Fête de la science (qui a lieu du 2 au 12 octobre 2026), dont The Conversation France est partenaire. Cette nouvelle édition porte sur la thématique « Saveurs savantes ». Retrouvez tous les événements de votre région sur le site Fetedelascience.fr.

The Conversation

Françoise Leroi ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Et si les bactéries devenaient nos alliées contre le gaspillage alimentaire et les risques sanitaires ? – https://theconversation.com/et-si-les-bacteries-devenaient-nos-alliees-contre-le-gaspillage-alimentaire-et-les-risques-sanitaires-290889

Cancers pédiatriques : Pourquoi les innovations thérapeutiques contre le cancer arrivent-elles si lentement chez l’enfant et l’adolescent ?

Source: The Conversation – France in French (3) – By Gilles Vassal, Professeur, Université Paris-Saclay


L’ESSENTIEL

  • En matière de cancers pédiatriques, les innovations thérapeutiques sont peu nombreuses.

  • Les différences entre cancers de l’enfant et cancers de l’adulte expliquent en partie cette situation, mais ce n’est pas la principale raison.

  • Le modèle économique du secteur pharmaceutique et la réglementation actuelle sont aussi en cause.


Depuis plus de trente ans, des avancées majeures ont eu lieu dans la prise en charge d’un grand nombre de cancers de l’adulte : diagnostics précoces, nouveaux médicaments différents de la chimiothérapie, techniques chirurgicales et de radiothérapie innovantes et plus performantes.

Malheureusement, ces innovations thérapeutiques n’arrivent que très lentement chez l’enfant et l’adolescent.

Les raisons de cette lenteur sont en partie d’origine biologique, car les cancers de l’enfant sont très différents de ceux de l’adulte. Toutefois, d’autres facteurs entrent aussi en ligne de compte, notamment le modèle économique du secteur pharmaceutique, et l’existence de certaines failles réglementaires. Explications.

Les cancers de l’enfant ne sont pas ceux de l’adulte

La biologie des cancers pédiatriques est très différente de celles des cancers de l’adulte. Chez les enfants, pas de cancer du sein, du poumon, de la prostate ou du colon… On recense néanmoins plus de 60 cancers pédiatriques différents, les plus fréquents étant les leucémies et les tumeurs cérébrales.

Chaque année en France, 2 300 enfants et adolescents de moins de 18 ans sont diagnostiqués d’un cancer. Les plus fréquents sont les leucémies (650 cas par an) et les tumeurs cérébrales (550 cas par an).

Les cancers pédiatriques surviennent depuis la naissance jusqu’à l’adolescence. Soulignons qu’il n’existe pas, à ce jour, de programme de prévention des cancers pédiatriques ni de dépistage. En effet, un enfant ne boit pas, ne fume pas, et n’a pas 50 ans de mauvaise hygiène de vie derrière lui. S’il est exposé au soleil, c’est à l’âge adulte qu’il risque de développer un cancer de la peau.

Par ailleurs, à ce jour, il n’y a pas de facteurs cancérogènes exogènes connus des cancers pédiatriques. Des programmes de prévention ne peuvent donc être mis en œuvre. En revanche, on sait que la vaccination contre les papillomavirus des adolescents prévient les cancers du col utérin et de la sphère ORL chez l’adulte.

Au plan thérapeutique, les cancers de l’enfant diffèrent aussi beaucoup des cancers de l’adulte. En effet, ils sont pour la plupart très sensibles à la chimiothérapie. Depuis plus de soixante ans, les hémato-oncologues pédiatres ont donc mené des essais cliniques afin d’adapter aux enfants les chimiothérapies des adultes.

Cette approche a permis d’augmenter très significativement les taux de guérison, qui sont passés de moins de 30 % à plus de 80 %.

Malheureusement, 20 % des enfants et adolescents ont un cancer qui résiste à la chimiothérapie. Des innovations thérapeutiques sont donc urgemment nécessaires pour guérir plus et mieux les enfants et les adolescents atteints par la maladie.

Les cancers pédiatriques en chiffres
Le cancer reste la première cause de décès par maladie au-delà d’un an : plus de 400 enfants et adolescents meurent chaque année du cancer en France ;
Dans plus de 90 % des cas, la cause n’est pas connue ;
Grâce aux progrès thérapeutiques des soixante dernières années, plus de 8 enfants sur 10 guérissent en France et en Europe ;
Un tiers des patients guéris ont des séquelles à long terme qui impactent leur quotidien et leur qualité de vie.

Le problème est que, contrairement aux chimiothérapies qui ont pu être utilisées chez l’adulte et chez l’enfant jusqu’à présent, les nouvelles approches les plus innovantes, telles que les thérapies ciblées et les immunothérapies, ciblent spécifiquement la biologie des cancers de l’adulte. Elles ne sont donc pas nécessairement directement transposables aux cancers pédiatriques, car la biologie des cancers de l’enfant est différente de celles des cancers de l’adulte.

En conséquence, le développement de nouveaux traitements chez l’enfant nécessite la mise en place de programmes spécifiques. Et donc des investissements spécifiques. Or, c’est justement là que réside une partie du problème.

Un retour sur investissement jugé trop faible par les industriels

Le modèle économique du secteur pharmaceutique repose sur d’importants retours sur investissement (de 20 à 30 % espérés, tandis que le retour sur investissement médian est de 13 %).

Le retour sur investissement constitue un moteur majeur pour le développement des innovations thérapeutiques en matière de lutte contre le cancer. Or, les cancers de l’enfant sont rares. Ils ne concernent qu’une faible population et ne représentent qu’un petit marché, contrairement aux cancers de l’adulte. Pour les acteurs de l’industrie pharmaceutique, cela signifie donc une absence de retour sur investissement suffisant.

C’est ce qui explique notamment que les industriels du médicament n’ont pas investi dans le développement des chimiothérapies chez l’enfant. Dans le cas de l’adaptation des chimiothérapies des adultes aux enfants évoquées précédemment, les progrès ont été obtenus grâce aux acteurs de la recherche clinique académique, qui ont utilisé les médicaments disponibles dans les pharmacies des hôpitaux.

Un grand nombre des chimiothérapies utilisées en routine pour traiter des enfants et des adolescents n’ont d’ailleurs pas d’indication pédiatrique dans leur autorisation européenne de mise sur le marché, alors qu’elles ont été parfaitement validées par la recherche clinique académique.

Le secteur académique, acteur essentiel de la lutte contre les cancers pédiatriques

C’est un point important à souligner : les progrès considérables qui ont été réalisés depuis vint ans dans la compréhension de la biologie des cancers pédiatriques l’ont été par des chercheurs académiques, financés par les programmes de financements français et européens, ainsi que par des associations, telles qu’Imagine for Margo, capables de mobiliser la générosité du public.

Grâce à ces efforts, des cibles thérapeutiques potentielles ont été identifiées, spécifiques de certains cancers pédiatriques. Mais une fois de telles cibles identifiées, il faut investir dans le développement de médicaments pour augmenter les taux de guérison, comme le montre le cas du médulloblastome.

Cette tumeur cérébrale de l’enfant était considérée au siècle dernier comme une maladie unique. Sa prise en charge incluait la chirurgie, la chimiothérapie et la radiothérapie, et 50 % des enfants guérissaient, pour les deux tiers avec des séquelles cognitives importantes.

Des recherches menées par les acteurs académiques ont permis de démontrer que, en réalité, il s’agit de plus de quatre maladies différentes, disposant chacune d’un profil biologique spécifique, d’un pronostic différent et de cibles thérapeutiques spécifiques potentielles.

Malheureusement, malgré ces découvertes, faute d’investissement pas un seul nouveau médicament n’a été mis au point pour traiter les enfants atteints par un médulloblastome de mauvais pronostic. Ces derniers reçoivent donc aujourd’hui toujours le même programme thérapeutique qu’au siècle dernier, malgré les avancées majeures des connaissances.

Cet exemple souligne à quel point il est urgent d’investir dans le développement de nouveaux traitements contre les cancers pédiatriques. C’est l’un des objectifs que s’est donné l’Europe en 2020 dans son plan Cancer européen actuellement en vigueur. Or, justement, la question de la réglementation, notamment européenne, est capitale en matière de lutte contre les cancers pédiatriques.

Faire évoluer la réglementation

Depuis près de vingt ans, le règlement (CE) n° 1901/2006 du Parlement européen et du Conseil relatif aux médicaments à usage pédiatrique oblige les industriels à investir dans le transfert de leurs médicaments développés pour l’adulte chez l’enfant (ce texte les récompense également, en leur offrant une prolongation de leurs droits d’exclusivité, donc en retardant de six mois l’arrivée des formes génériques du médicament).

Concrètement, dans le cadre de la demande d’autorisation de mise sur le marché d’un nouveau médicament, les industriels sont tenus de présenter des résultats d’études cliniques réalisées dans un contexte pédiatrique (ce qui permet de déterminer si le médicament est utile également pour soigner les enfants, et dans quelles conditions). Ce règlement a bien fonctionné dans certaines disciplines pédiatriques, comme les maladies infectieuses et la rhumatologie.

Cependant, il a été décevant en oncologie pédiatrique. En effet, cette obligation d’évaluer un nouveau médicament chez l’enfant fait l’objet d’une dérogation si son indication (la maladie chez l’adulte) n’existe pas chez l’enfant. Or, on l’a vu, les cancers de l’adulte « n’existent pas » chez l’enfant. De ce fait, les industriels se retrouvaient dispensés de l’obligation de mener des études pédiatriques de leur médicament anticancéreux.

Un très (trop…) grand nombre de dérogations a donc été accordé. Or, rien ne justifie de telles dispenses. En effet, le mécanisme d’action d’un médicament peut aussi s’avérer efficace pour combattre des cancers pédiatriques, quand bien même ceux-ci sont différents du cancer de l’adulte pour lequel la thérapie avait initialement été conçue. Encore faut-il le tester…

Pour remédier au problème, en décembre prochain, le Parlement européen doit voter une nouvelle réglementation pharmaceutique. L’obligation de développer un médicament chez l’enfant reposera dorénavant sur la pertinence de son mécanisme d’action pour la maladie pédiatrique, et non plus sur l’existence de la même maladie chez l’adulte et chez l’enfant. Finies, donc, les dérogations scientifiquement et médicalement injustifiées. Cela suffira-t-il ?

L’avenir le dira. Mais pour mettre toutes les chances du côté des enfants, il faudra conjuguer les efforts de tous les acteurs. Les équipes académiques, les parents, les autorités réglementaires et les industriels ont appris à travailler ensemble. Les recherches scientifiques progressent, grâce notamment à la générosité du public.

Il faut maintenant mobiliser ces ressources ainsi que celles des investisseurs, des family officesLes family offices sont des structures privées gérant les investissements et les biens des familles à très hauts patrimoines., des industries responsables vis-à-vis de la société, de l’Europe et des programmes nationaux pour soutenir et accélérer le développement d’innovations thérapeutiques et diagnostiques à partir des découvertes des chercheurs académiques, en particulier le développement de médicaments spécifiques des cancers pédiatriques, qui cibleront leur biologie, différente de celles des cancers de l’adulte. Un nouveau modèle économique est possible. Let’s do it ! Faisons-le !

The Conversation

Gilles Vassal est membre du conseil d’administration de la Société Européenne d’Oncologie Pédiatrique (SIOPE) et membre du comité d’Orientation Stratégique de l’association Imagine for Margo.

– ref. Cancers pédiatriques : Pourquoi les innovations thérapeutiques contre le cancer arrivent-elles si lentement chez l’enfant et l’adolescent ? – https://theconversation.com/cancers-pediatriques-pourquoi-les-innovations-therapeutiques-contre-le-cancer-arrivent-elles-si-lentement-chez-lenfant-et-ladolescent-290680